
sábado, 4 de abril de 2026
Cómo una escuela pública rompió con su pasado de drogas y violencia y se convirtió en una de las mejores del mundo

En 2016, el profesor de Historia Régis Marques oyó hablar por primera vez de la Escuela Estatal Parque dos Sonhos tras recibir una llamada telefónica.
Era una invitación para asumir la dirección de la escuela, ubicada en Cubatão, en la costa de São Paulo.
"Investigué sobre la escuela en internet y la primera noticia que vi fue que estaba en un barrio que no era seguro debido a los niveles de violencia. Un segundo reporte afirmaba que alguien había entrado y robado en la escuela", cuenta el ahora director.
"Y luego había un tercer reportaje que decía que, en un festival de junio, unos narcotraficantes habían entrado a la escuela y causado disturbios".
Ante esos alarmantes titulares, dudó en aceptar el cargo.
La mala reputación de la escuela era tan grande que se ganó el apodo de "Parque de las pesadillas".
Pero Régis aceptó el reto.
Nueve años después, la escuela pública, que durante mucho tiempo enfrentó invasiones, robos y episodios de violencia, recibió un premio internacional que reconoce su labor para transformar esta realidad.
La escuela ganó en la categoría "Superando la adversidad".
El 15 de noviembre, el director viajó a Abu Dabi, en Emiratos Árabes Unidos, para asistir a la ceremonia de entrega del Premio a la Mejor Escuela del Mundo 2025, organizado por la entidad británica T4 Education.
La escuela Parque dos Sonhos se encuentra en Jardim Real, un barrio creado para reasentar a familias que vivían en zonas vulnerables y fueron expulsadas de la cadena montañosa Serra do Mar en 2013.
Cuando la escuela abrió en 2014 para atender a los niños de la nueva comunidad, sus alrededores carecían de infraestructura: había un bosque, un río y muy pocas casas.
Al estar ubicada en una zona aislada, en la parte trasera del barrio, los alrededores de la escuela eran frecuentados por personas ajenas a la comunidad escolar, que invadían los lugares para consumir drogas.
Vista aérea de los complejos habitacionales de Cubatão.Fuente de la imagen,Fernando Otto/BBC
Pie de foto,La escuela está ubicada en un barrio creado para reasentar a familias que vivían en zonas de riesgo de la Serra do Mar.
"Era común encontrarse con bolsitas de cocaína, preservativos usados, ropa y sábanas sucias, botellas de bebida, entre otros objetos", relata el director.
"En mi segundo día como director, mi oficina fue apedreada".
A comienzos de 2016, la escuela tenía apenas 116 alumnos matriculados, muy por debajo de la capacidad del edificio.
"La mitad de los estudiantes había pedido traslado porque no quería estudiar aquí: la violencia, las agresiones y las consecuencias de las invasiones lo hacían imposible. Supe entonces que la escuela era conocida como Parque de las pesadillas o Parque del terror", recuerda.
Régis Marques se fijó entonces una meta ambiciosa: convertir, en cinco años, una de las escuelas más vulnerables de la región en la mejor del estado.
Régis Marques, con gafas y una camiseta con un diseño, mira a cámara con los brazos cruzados. Está en un pasillo de la escuela que dirige desde 2016.Fuente de la imagen,Fernando Otto/BBC
Pie de foto,Régis Marques es el director de la escuela desde 2016.
La transformación de la escuela
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Maria de Lourdes Amorim, una profesora de portugués con 32 años de experiencia, dudó inicialmente que Régis Marques fuera a cumplir esa meta.
"¿Te imaginas? Era un joven que llegaba desde São Paulo para decirle eso a un grupo de profesores mayores y con más experiencia que él en educación", recuerda la docente.
"Lo miramos y dijimos: '¿Está loco?'", añade.
Lo primero que hizo fue reconstruir lo más básico: muros, pisos y mobiliario.
Sin fondos suficientes para resolver la mayoría de los problemas estructurales, la escuela buscó apoyo de empresas privadas. Enviaron 135 peticiones por correo y lograron recaudar 100.000 reales (US$18.000).
Para acercarse a la comunidad, la dirección y los docentes implementaron cursos preparatorios para exámenes de ingreso y concursos, y además abrieron la escuela los fines de semana.
Ana Gabriela Lima, vecina del barrio, ha sido testigo del renacimiento de la escuela.
Su hijo mayor fue parte de la primera promoción, y ella se unió al primer equipo de voluntarios.
"La escuela necesitaba apoyo. Por eso, les pedí a algunas madres que ayudaran", afirma Ana, que hoy trabaja en la institución como cuidadora de alumnos con discapacidad.
"Íbamos, limpiábamos la escuela, nos encargábamos de la cocina y ayudábamos en lo que los profesores pedían".
Ana Gabriela LimaFuente de la imagen,Fernando Otto/BBC
Pie de foto,El hijo mayor de Ana Gabriela estuvo en la primera clase que se graduó de la escuela.
La escuela, que funciona a tiempo completo, amplió su currículo más allá de lo tradicional.
Hoy ofrece clases de cocina y deportes poco comunes en la educación pública, como bádminton y patinaje artístico.
"Al mismo tiempo, empezamos a centrarnos en escuchar a los estudiantes y en adoptar una mirada más humanizada, realmente enfocada en ellos", explica Régis Marques.
Para los estudiantes, esta diversidad de actividades transformó por completo su relación con la escuela y con el modelo de jornada completa.
"Al principio pensaba que todo se limitaba a las clases, así que no me gustaba mucho", cuenta Ester Silva, de 12 años, que lleva siete estudiando en la Escuela Parque dos Sonhos.
"Pero luego comenzaron nuevos proyectos y hoy en día es divertido ir a clases, porque no nos quedamos dentro del aula".
Ester encontró su lugar en las clases de teatro, que se realizan en las últimas horas del día.
Alumnas patinando en el patio de la escuela en Cubatão.Fuente de la imagen,Adrielson Gilmars/Educação SP
Pie de foto,La Escuela Estatal Parque dos Sonhos en Cubatão invirtió en proyectos extracurriculares y se inspiró en el modelo cubano.
Inspirado en el modelo cubano
El director afirma que el proyecto más transformador se inspiró en un modelo cubano de educación: visitar a las familias en sus hogares.
Bautizado como "La escuela va a tu casa", el proyecto identifica a los estudiantes con problemas de asistencia o disciplina y programa un encuentro con sus familiares durante el fin de semana.
Es una manera de comprender la vida de los alumnos, tomando en cuenta las condiciones precarias que muchos atraviesan para llegar al aula.
"Es una forma de ponerse en el lugar del estudiante, ver las dificultades que enfrenta y conocer cómo es su hogar", explica Marques.
"Hay muchas cuestiones que los profesores, a menudo, no perciben".
Los pasillos de la escuela también cuentan una historia.
En cada puerta de las aulas de la escuela Parque dos Sonhos hay un grafiti de un personaje histórico relacionado con la lucha por los derechos humanos.
Niños juegan ajedrez en la escuela pública.Fuente de la imagen,Fernando Otto/BBC
Pie de foto,La escuela ha ampliado su currículo de manera extensa.
Figuras como el indio Mahatma Gandhi, el sudafricano Nelson Mandela, la pakistaní Malala Yousafzai, el uruguayo Pepe Mujica y los brasileños Marielle Franco y Paulo Freire.
Son nombres que ya han sido objeto de críticas en un contexto de polarización política, entre ellas por parte del movimiento Escuela Sin Partido, que promueve el fin del "adoctrinamiento ideológico" en las escuelas.
Estas figuras sirven de inspiración para uno de los pilares pedagógicos más importantes de la escuela: la Semana de la No Violencia.
Realizado cada año en octubre, el evento incluye círculos de conversación, estudios sobre íconos pacifistas y prácticas de justicia restaurativa.
Según el director, la propuesta va mucho más allá de "ser amable".
"La no violencia no es poner la otra mejilla. Es cuestionar el sistema que te oprime", afirma Marques.
El director asegura que no les teme a las críticas ideológicas y defiende que la prioridad de la escuela es la unión.
"Es una escuela que parte de ese principio, no de lo que nos diferencia ni de lo que nos aleja, sino de lo que nos une. Los escucho a todos, ya sean de derecha, izquierda, centro, extrema derecha o extrema izquierda".
¿La mejor del mundo?
Los estudiantes celebran el anuncio del premio en la cancha de deportes de la escuela.Fuente de la imagen,Adrielson Gilmars/Educação SP
Pie de foto,El anuncio del premio fue celebrado por los estudiantes.
Las noticias de que la escuela era finalista del Premio a la Mejor Escuela del Mundo 2025, y más tarde de que había sido una de las ganadoras, fueron recibidas en septiembre con euforia por los alumnos en la cancha de la escuela.
"Fue muy emotivo. Había gente llorando. Yo misma me emocioné mucho cuando descubrimos que estábamos en el top. Me dieron ganas de llorar", cuenta Ester, alumna de séptimo grado.
La transformación que hizo que la escuela ahora sea reconocida internacionalmente también impactó en los resultados académicos.
En una década, la escuela pasó de un resultado de 2,2 en el Idesp (indicador que evalúa la calidad de las escuelas en el estado de São Paulo) a 4,6.
Aunque esa calificación aún no coloca a la escuela como la primera del ranking estatal en números absolutos —como era la meta del director—, representa un avance de casi el 100% en el aprendizaje.
Para los docentes, sin embargo, los números cuentan solo una parte de la historia. El éxito se mide, muchas veces, en vidas salvadas y futuros rescatados.
"Nuestra escuela ha evolucionado. El estado pide números, porque es con lo que se trabaja. Pero para nosotros lo importante es cómo está nuestro alumno hoy y cómo estará mañana", reflexiona la profesora Maria de Lourdes.
El director subraya que la escuela se ha convertido en un refugio de protección social.
"Tuvimos cuatro casos en los que las niñas, en la clase de tutoría, contaron que las estaban abusando. Lograr que una niña pueda exponer un problema de su casa es muy importante. La escuela tiene que ser ese lugar donde los niños se sientan seguros", dice Marques.
"Lo que emociona de todo este proceso es ver cómo la escuela puede ser un punto de transformación".
El director reconoce que no todo es perfecto y que la escuela aún tiene áreas por mejorar.
Pero mira hacia atrás para valorar lo lejos que ha llegado y asegura que el futuro promete una expansión aún mayor con la fusión con la escuela vecina.
"Imaginen una escuela que en 2016 estaba a punto de cerrar porque no tenía alumnos y ahora empezará 2026 con 1.200 estudiantes. Es emocionante".
Vista desde un dron de la escuela estatal Parque dos Sonhos en Cubatão.Fuente de la imagen,Fernando Otto/BBC
Pie de foto,Vista desde un dron de la escuela estatal Parque dos Sonhos en Cubatão.
viernes, 3 de abril de 2026
Ocho lasañas para todos los gustos
Con la pinta que tiene, es perfectamente comprensible que la lasaña sea la comida favorita de tanta gente. Con estas ocho recetas diferentes que te damos, directamente colonizará el universo.

Una mezcla de capas de pasta con un relleno jugoso, salsa de tomate y bechamel rematadas con el toque crujiente del parmesano gratinado: es perfectamente comprensible que la lasaña sea la comida favorita de muchísima gente. No hay ambientador que se pueda comparar al aroma de una buena lasaña saliendo del horno, y aunque tradicionalmente es un plato casero se ha ganado por derecho propio un rincón en la alta cocina (de la mano del chef Massimo Bottura).
Aunque la opción más popular es la lasagne alla bolognese -puedes preparar la salsa que le sirve de base y da nombre con la receta que compartimos en este vídeo- se pueden preparar diferentes versiones más o menos canónicas con ingredientes variados. En la entrada de hoy la prepararemos vegetariana y vegana, de temporada e incluso una versión fría (como una ensalada de pasta presentada en capas, que no se nos enfade ningún italiano). Lee nuestras propuestas y ve poniendo a hervir el agua para cocer las placas, porque las vas a necesitar.
Muchas espinacas, un poco de salmón, cebolla y crema agria
Dora dos cebollas hermosas en una sartén grande, con un poco de aceite y un poco de mantequilla (y una pizca de sal). Cuando huelan bien y tengan un color dorado intenso, añade un filete de unos 200 gramos de salmón. Cuando esté cocinado, desmígalo y añade a la sartén un kilo y 200 gramos de espinacas frescas o descongeladas, previamente hervidas durante tres minutos si son grandes y la hoja es un poco dura, algo que no será necesario si son pequeñas.
Prepara una bechamel con el sistema que te mostramos en este vídeo con 600 ml de leche, 40 g de harina y 40 de mantequilla, dorando bien la segunda -pero sin que se queme- para que no tenga sabor a crudo, y añádele unos 200 g de crème fraîche. Guarda una cuarta parte y mezcla bien el resto con la mezcla de espinacas y salmón, ajustando de sal y pimienta. Hierve suficientes placas para hacer tres capas de lasaña en el molde que vayas a usar, monta la lasaña y napa con la bechamel reservada. Si eres de los que no creen en mezclar pescado y queso, puedes espolvorear migas de pan para conseguir un gratinado crujiente.
Rápida y sin pasta
Una versión perfecta para cuando tienes de invitados a comer a tu prima la celíaca y su novio, que siempre está a plan. Esta lasaña no renuncia a la carne -concretamente, en forma de salchicha, por lo que también nos ahorramos tener que aderezarla-, pero sigue siendo bastante más ligera que la versión con pasta, que sustituiremos por unas láminas de calabaza. En lugar de la bechamel, apostamos por un queso ligero como requesón, mató o ricota, para rematar con una buena capa de parmesano que le dé sabor y crujido. ¿Ya te ha convencido? Puedes ver la receta completa en este vídeo.
Calabaza, gorgonzola y frutos secos
La calabaza llega en ese momento del año en el que pasamos de que no nos apetezca comer demasiado por la calorina veraniega a tener hambre de cosas más contundentes cuando llega la hora de ponerse la rebequita. En esta receta le damos un toque de sabor a la bechamel con queso gorgonzola -también puede hacerse con especias, más allá de la nuez moscada, y haciendo una infusión con hierbas o un hueso de jamón, si la vemos a usar para hacer croquetas de ídem-, que realza el sabor de la calabaza.
Los frutos secos también aportan en esta ecuación, no solo sabor sino también una cierta resistencia al mordisco que se suma a la capa de queso gratinado. La cantidad de bechamel que lleva es un poco menor que en las versiones cárnicas porque el relleno ya es muy blandito: si quieres que sea todavía más láctica, puedes poner un litro entero de leche (tienes la receta completa aquí).

Con brócoli, lacón y queso quark
Corta en floretes un brócoli grande o dos pequeños (necesitas aproximadamente un kilo de esta verdura). Hazlo al vapor durante ocho minutos o hiérvelo seis, y ahora que está más blando y manejable córtalo en trozos más pequeños. Tuesta unos piñones en una sartén sin aceite, y luego dora ligeramente 200 g de lacón en dados. En lugar de preparar bechamel mézclalo con 400 gramos de queso quark, móntalo como en el resto de las recetas y termina con queso de tetilla rallado antes de gratinar.
Con boloñesa de soja texturizada
Prepara una boloñesa sustituyendo la carne por 300 gramos de soja texturizada de la más fina hidratada en un litros de caldo vegetal concentrado a la mitad por evaporación (hirviéndolo a fuego medio en un cazo, destapado). Escúrrela antes de meterla en el sofrito para que no suelte demasiado líquido, y prepara la boloñesa con tu receta habitual. Además de para rellenar berenjenas, champiñones, calabacines o cualquier verdura que quieras -y posteriormente cubrirla con queso y hornearla, por supuesto- también puede servirte como base para una estupenda lasaña vegetariana. Prepara la bechamel y parmesano rallado, y procede como en las recetas anteriores. Si preparas el doble de cantidad de salsa y la congelas en raciones individuales, verás la cantidad de comidas que puede salvarte.
Vegana
Puedes rellenarla con la boloñesa de la receta anterior, con tu verdura favorita o con una mezcla de ambas (la boloñesa de soja con guisantes, brócoli, calabaza o berenjena queda de muerte). Pero la parte más difícil de preparar una buena lasaña vegana está en encontrar algo que tenga la textura y el sabor intenso del parmesano tostado de la capa superior. La respuesta a este problemón está en la receta de parmesano de frutos secos de la chef especializada en cocina vegetariana Teresa Carles (publicada en su libro Recetas y principios de la cocina vegetariana). Para prepararlo solo tienes que triturar con un robot de cocina 100 gramos de almendras, 20 de piñones, 15 de levadura nutricional, ½ cucharadita de ajo seco en polvo, una pizca de jengibre seco en polvo y otra de sal: gratinado perfecto asegurado. Para la bechamel puedes usar las mismas proporciones que en las recetas anteriores, sustituyendo la mantequilla por aceite de oliva y la leche por bebida vegetal sin endulzar.
Fría, de bonito, guisantes o encurtidos
Más que lasaña es una ensalada de pasta en forma de trampantojo. Hierve en abundante agua salada durante cinco minutos 800 gramos de guisantes (pueden ser congelados: cuenta a partir de que el agua vuelva a hervir). Pásalos por agua helada para que conserven el color y mézclalos con 300 gramos de bonito, encurtidos y aceitunas al gusto y seis cucharadas de mayonesa con dos de zumo de limón. Monta cuatro "lasañas" individuales poniendo una capa de pasta, encima ⅛ de la mezcla, otra capa de pasta, otra vez ⅛ de la mezcla y finalmente una tercera capa de pasta. Remata con un poco más de mayonesa y encurtidos picados.

Aunque la opción más popular es la lasagne alla bolognese -puedes preparar la salsa que le sirve de base y da nombre con la receta que compartimos en este vídeo- se pueden preparar diferentes versiones más o menos canónicas con ingredientes variados. En la entrada de hoy la prepararemos vegetariana y vegana, de temporada e incluso una versión fría (como una ensalada de pasta presentada en capas, que no se nos enfade ningún italiano). Lee nuestras propuestas y ve poniendo a hervir el agua para cocer las placas, porque las vas a necesitar.
Muchas espinacas, un poco de salmón, cebolla y crema agria
Dora dos cebollas hermosas en una sartén grande, con un poco de aceite y un poco de mantequilla (y una pizca de sal). Cuando huelan bien y tengan un color dorado intenso, añade un filete de unos 200 gramos de salmón. Cuando esté cocinado, desmígalo y añade a la sartén un kilo y 200 gramos de espinacas frescas o descongeladas, previamente hervidas durante tres minutos si son grandes y la hoja es un poco dura, algo que no será necesario si son pequeñas.
Prepara una bechamel con el sistema que te mostramos en este vídeo con 600 ml de leche, 40 g de harina y 40 de mantequilla, dorando bien la segunda -pero sin que se queme- para que no tenga sabor a crudo, y añádele unos 200 g de crème fraîche. Guarda una cuarta parte y mezcla bien el resto con la mezcla de espinacas y salmón, ajustando de sal y pimienta. Hierve suficientes placas para hacer tres capas de lasaña en el molde que vayas a usar, monta la lasaña y napa con la bechamel reservada. Si eres de los que no creen en mezclar pescado y queso, puedes espolvorear migas de pan para conseguir un gratinado crujiente.
Rápida y sin pasta
Una versión perfecta para cuando tienes de invitados a comer a tu prima la celíaca y su novio, que siempre está a plan. Esta lasaña no renuncia a la carne -concretamente, en forma de salchicha, por lo que también nos ahorramos tener que aderezarla-, pero sigue siendo bastante más ligera que la versión con pasta, que sustituiremos por unas láminas de calabaza. En lugar de la bechamel, apostamos por un queso ligero como requesón, mató o ricota, para rematar con una buena capa de parmesano que le dé sabor y crujido. ¿Ya te ha convencido? Puedes ver la receta completa en este vídeo.
Calabaza, gorgonzola y frutos secos
La calabaza llega en ese momento del año en el que pasamos de que no nos apetezca comer demasiado por la calorina veraniega a tener hambre de cosas más contundentes cuando llega la hora de ponerse la rebequita. En esta receta le damos un toque de sabor a la bechamel con queso gorgonzola -también puede hacerse con especias, más allá de la nuez moscada, y haciendo una infusión con hierbas o un hueso de jamón, si la vemos a usar para hacer croquetas de ídem-, que realza el sabor de la calabaza.
Los frutos secos también aportan en esta ecuación, no solo sabor sino también una cierta resistencia al mordisco que se suma a la capa de queso gratinado. La cantidad de bechamel que lleva es un poco menor que en las versiones cárnicas porque el relleno ya es muy blandito: si quieres que sea todavía más láctica, puedes poner un litro entero de leche (tienes la receta completa aquí).

Con setas y panceta
Saltea una cebolla grande y un kilo y 200 gramos de setas variadas como champiñones, shiitake, enoki o setas de cardo -pueden ser congeladas, frescas o mitad y mitad- con 200 gramos de panceta ibérica curada a la pimienta. No pongas demasiado aceite, porque la grasa de la panceta, cuando se funda, también irá a parar al salteado, y no hay nada peor que un relleno de lasaña aceitoso (y lo mismo con la sal). Prepara la misma bechamel que en la receta de espinacas y salmón, separa una cuarta parte y tritura el resto con un boniato cocido. Monta la lasaña con el mismo sistema que en la primera receta, remata con la bechamel sin boniato y, si puedes, gratina con pecorino trufado: la combinación de este queso con setas es imbatible.
Saltea una cebolla grande y un kilo y 200 gramos de setas variadas como champiñones, shiitake, enoki o setas de cardo -pueden ser congeladas, frescas o mitad y mitad- con 200 gramos de panceta ibérica curada a la pimienta. No pongas demasiado aceite, porque la grasa de la panceta, cuando se funda, también irá a parar al salteado, y no hay nada peor que un relleno de lasaña aceitoso (y lo mismo con la sal). Prepara la misma bechamel que en la receta de espinacas y salmón, separa una cuarta parte y tritura el resto con un boniato cocido. Monta la lasaña con el mismo sistema que en la primera receta, remata con la bechamel sin boniato y, si puedes, gratina con pecorino trufado: la combinación de este queso con setas es imbatible.
Con brócoli, lacón y queso quark
Corta en floretes un brócoli grande o dos pequeños (necesitas aproximadamente un kilo de esta verdura). Hazlo al vapor durante ocho minutos o hiérvelo seis, y ahora que está más blando y manejable córtalo en trozos más pequeños. Tuesta unos piñones en una sartén sin aceite, y luego dora ligeramente 200 g de lacón en dados. En lugar de preparar bechamel mézclalo con 400 gramos de queso quark, móntalo como en el resto de las recetas y termina con queso de tetilla rallado antes de gratinar.
Con boloñesa de soja texturizada
Prepara una boloñesa sustituyendo la carne por 300 gramos de soja texturizada de la más fina hidratada en un litros de caldo vegetal concentrado a la mitad por evaporación (hirviéndolo a fuego medio en un cazo, destapado). Escúrrela antes de meterla en el sofrito para que no suelte demasiado líquido, y prepara la boloñesa con tu receta habitual. Además de para rellenar berenjenas, champiñones, calabacines o cualquier verdura que quieras -y posteriormente cubrirla con queso y hornearla, por supuesto- también puede servirte como base para una estupenda lasaña vegetariana. Prepara la bechamel y parmesano rallado, y procede como en las recetas anteriores. Si preparas el doble de cantidad de salsa y la congelas en raciones individuales, verás la cantidad de comidas que puede salvarte.
Vegana
Puedes rellenarla con la boloñesa de la receta anterior, con tu verdura favorita o con una mezcla de ambas (la boloñesa de soja con guisantes, brócoli, calabaza o berenjena queda de muerte). Pero la parte más difícil de preparar una buena lasaña vegana está en encontrar algo que tenga la textura y el sabor intenso del parmesano tostado de la capa superior. La respuesta a este problemón está en la receta de parmesano de frutos secos de la chef especializada en cocina vegetariana Teresa Carles (publicada en su libro Recetas y principios de la cocina vegetariana). Para prepararlo solo tienes que triturar con un robot de cocina 100 gramos de almendras, 20 de piñones, 15 de levadura nutricional, ½ cucharadita de ajo seco en polvo, una pizca de jengibre seco en polvo y otra de sal: gratinado perfecto asegurado. Para la bechamel puedes usar las mismas proporciones que en las recetas anteriores, sustituyendo la mantequilla por aceite de oliva y la leche por bebida vegetal sin endulzar.
Fría, de bonito, guisantes o encurtidos
Más que lasaña es una ensalada de pasta en forma de trampantojo. Hierve en abundante agua salada durante cinco minutos 800 gramos de guisantes (pueden ser congelados: cuenta a partir de que el agua vuelva a hervir). Pásalos por agua helada para que conserven el color y mézclalos con 300 gramos de bonito, encurtidos y aceitunas al gusto y seis cucharadas de mayonesa con dos de zumo de limón. Monta cuatro "lasañas" individuales poniendo una capa de pasta, encima ⅛ de la mezcla, otra capa de pasta, otra vez ⅛ de la mezcla y finalmente una tercera capa de pasta. Remata con un poco más de mayonesa y encurtidos picados.
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de salmón,
Lasaña variadas,
vegana
jueves, 2 de abril de 2026
Volver a ser joven

Este 2026 recuperarás la juventud si aún te sientes orgulloso de aquella lucha que trajo a España la democracia.
Ya verás, este año 2026 que empieza volverás a ser joven como aquel día en que supiste que la Guerra Civil no sucedió como la contaban los padres vencedores. Tenías 20 años cuando cayeron en tus manos dos libros de la editorial Ruedo Ibérico, La guerra civil española, de Hugh Thomas y El laberinto español, de Gerald Brenan. Estaban prohibidos. Un librero amigo los sacó del fondo de la trastienda y te los entregó envueltos en papel de periódico con un gesto misterioso de complicidad. Los leíste con una avidez morbosa como quien se bebía un extraño licor que al mismo tiempo que te turbaba te abría los ojos. Desde aquel momento empezaste a querer saberlo todo sobre aquella contienda fratricida y a partir de entonces fuiste marcado a fuego como una res con la divisa de progresista. Ya verás, este año 2026 volverás a ser joven si sigues imaginando que en Mayo del 68 estuviste en las barricadas de París. Siempre decías que habías estado allí. No importa que confundieras el deseo con la realidad. Lo cierto es que te hubiera gustado llevar una pancarta por el bulevar Saint-Michel y escribir en las paredes del teatro Odeón aquellas proclamas revolucionarias tan estéticas que al recordarlas aún te encienden el corazón: prohibido prohibir; la imaginación al poder; sed realistas, pedid lo imposible; debajo de los adoquines está el mar. Ya verás, este año 2026 volverás a ser joven si todavía te sientes orgulloso de aquella lucha establecida en el asfalto que trajo a España la libertad y la democracia contra la dictadura y a ti te llevó a la cárcel; no importa si el día en que llegó el inevitable desencanto no supiste distinguir el cabreo por verte viejo y el hecho de que tus sueños no se habían cumplido. Lo cierto es que, llegado el momento, te jugaste el tipo a los pies de los caballos de la policía aquella primavera bajo las floridas acacias. Si consideras que esto sucedió ayer mismo y puede volver a suceder mañana, seguirás siendo joven como entonces este año 2026 que empieza.
Sobre la firma Manuel Vicent
miércoles, 1 de abril de 2026
El niño que pasó 2 años escondido en un bosque para escapar de los nazis

Fuente de la imagen,Archivo personal de Maxwell Smart
Un niño judío de 12 años se vio obligado a esconderse durante casi dos años en un bosque para evitar ser capturado y finalmente asesinado por los nazis que habían ocupado su pueblo en Polonia.
Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el pueblo de Buczacz (ahora llamado Buchach y ubicado en el oeste de Ucrania) fue ocupado por tropas soviéticas como parte de un acuerdo secreto entre Hitler y Stalin para dividir Polonia.
Unas semanas después de que las tropas alemanas invadieran el oeste y el norte de Polonia en septiembre de 1939, las tropas soviéticas invadieron el país desde el este.
Pero luego Alemania lanzó su ofensiva contra la Unión Soviética y, en 1941, el pueblo de Buczacz fue ocupado por tropas -y tanques- nazis, que comenzaron a perseguir, arrestar y asesinar a los judíos que vivían allí.
El día en que los judíos del pueblo fueron subidos a un camión para ser deportados a un campo de concentración y exterminio, el joven Oziac Fromm se vio obligado a huir para sobrevivir.
bosque europeo
Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el pueblo de Buczacz (ahora llamado Buchach y ubicado en el oeste de Ucrania) fue ocupado por tropas soviéticas como parte de un acuerdo secreto entre Hitler y Stalin para dividir Polonia.
Unas semanas después de que las tropas alemanas invadieran el oeste y el norte de Polonia en septiembre de 1939, las tropas soviéticas invadieron el país desde el este.
Pero luego Alemania lanzó su ofensiva contra la Unión Soviética y, en 1941, el pueblo de Buczacz fue ocupado por tropas -y tanques- nazis, que comenzaron a perseguir, arrestar y asesinar a los judíos que vivían allí.
El día en que los judíos del pueblo fueron subidos a un camión para ser deportados a un campo de concentración y exterminio, el joven Oziac Fromm se vio obligado a huir para sobrevivir.
bosque europeo

Fuente de la imagen,surogati/Getty Images
Oziac Fromm nació en 1930 de madre checa y padre polaco. De niño, la familia se mudó de lo que entonces era Checoslovaquia a Buczacz, un pueblo de Polonia que ahora forma parte de Ucrania.
Hoy, los pocos recuerdos entrañables que Maxwell tiene de esa década son de su infancia y vida familiar.
"La casa estaba iluminada con velas; no teníamos electricidad", contó Maxwell al programa Outlook de la BBC. "Siempre había un candelabro de plata sobre la mesa blanca. Todos los viernes, mi madre, mi padre, mi abuelo y mi abuela cenábamos juntos. Eran veladas inolvidables. La comida era excelente. Mi madre era muy buena cocinera".
El hogar se caracterizaba por una clara división de trabajos, la madre era la del cariño, el padre era la exigencia.
"Él solo quería saber una cosa: '¿Cómo te va en la escuela?'. No jugaba conmigo de lo ocupado que estaba. Mi madre era la cocinera, la organizadora, quien me enseñó a leer, quien me ayudaba en la escuela.
La quería y ella me quería. Me mortificaban todos los besos que me daba delante de otros niños".
La persecusión
Poco después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, la ciudad fue ocupada inicialmente por las fuerzas soviéticas, pero la familia no se sintió amenazada. Pero en julio de 1941, fue tomada por los nazis.
Según Oziac, las fuerzas soviéticas ofrecieron a la familia un salvoconducto para escapar del avance alemán, pero su madre, quien lideraba la familia, rechazó la oferta.
"Dijo: 'No puedo salir de casa. Los rusos estuvieron aquí dos años y no pasó nada drástico. ¿Qué podría pasar ahora?'. Esa fue la peor decisión que mi madre tomó en su vida, y le costó la vida a 62 miembros de mi familia. Recuerdo que quizás dos días después, llegaron los alemanes, y todo cambió".
Tres semanas después de la ocupación nazi, el nuevo gobierno anunció un llamamiento a todos los judíos de entre 18 y 50 años para que se registraran en la comisaría. Cientos de personas se presentaron, incluido el padre de Oziac. Estos hombres fueron subidos a camiones y se los llevaron.
En ese momento, Buczacz albergaba a unos 8.000 judíos. A las familias se les dijo que los hombres habían sido llevados a Alemania para trabajar, pero en realidad, fueron fusilados en las afueras de la ciudad.
Niños en el gueto judío de Varsovia en 1940

Fuente de la imagen,Imagno/Getty Images
La familia Fromm, al igual que otras familias judías, se vio obligada a mudarse a un gueto en una zona deteriorada de la ciudad.
"Éramos cuatro: mi madre, mi hermana de cinco años, mi abuelo y yo. Vivíamos con otras cuatro personas. Dos familias en una misma habitación", dijo Oziac.
En noviembre de 1942, los nazis comenzaron a asaltar las casas del gueto en busca de judíos para deportarlos a campos de concentración y exterminio.
Un día, la Gestapo allanó la casa donde se alojaba su la familia y varias personas más.
"Los gritos eran insoportables. Los niños lloraban. Unas 20 personas bajaban corriendo las escaleras. Los agentes de la Gestapo entraron en nuestro apartamento y empezaron a echarnos. Mi abuelo estaba enfermo y ciego. Lo empujaron, se cayó por las escaleras y no pudo levantarse. Entonces, un policía bajó con un rifle y disparó, decapitándolo por la mitad. Esa escena me ha marcado para siempre".
Oziac, su madre y su hermana fueron llevados a una cárcel donde, según él, había entre 300 y 400 personas. Estuvieron dos días sin comer, sentados en el suelo. Hasta que abrieron las puertas y todos los que estaban dentro tuvieron que irse.
"Salimos corriendo. Era un caos. Gritaban, empujaban a la gente hacia los camiones. Vi a dos policías agarrando a un bebé por los pies y arrojándolo, como si fuera una bolsa de basura, a un camión".
Su madre entonces lo apartó y le dijo: "Tienes que correr porque nadie de nuestra familia va a salir con vida. Tienes que cuidarte para sobrevivir, ya no puedo ayudarte". Y luego ella se fue con la hija hasta el camión".
"Me levanté, me alejé y me escondí en un rincón. Al cabo de un rato, me levanté, salí y no vi a nadie más. Caminé hasta un puente y allí me interceptó un policía alemán. Me puso una pistola en la cabeza y me preguntó: '¿Eres judío?'". Y le dije: "No". Entonces se dio la vuelta y se fue.
La vida escondido
"Éramos cuatro: mi madre, mi hermana de cinco años, mi abuelo y yo. Vivíamos con otras cuatro personas. Dos familias en una misma habitación", dijo Oziac.
En noviembre de 1942, los nazis comenzaron a asaltar las casas del gueto en busca de judíos para deportarlos a campos de concentración y exterminio.
Un día, la Gestapo allanó la casa donde se alojaba su la familia y varias personas más.
"Los gritos eran insoportables. Los niños lloraban. Unas 20 personas bajaban corriendo las escaleras. Los agentes de la Gestapo entraron en nuestro apartamento y empezaron a echarnos. Mi abuelo estaba enfermo y ciego. Lo empujaron, se cayó por las escaleras y no pudo levantarse. Entonces, un policía bajó con un rifle y disparó, decapitándolo por la mitad. Esa escena me ha marcado para siempre".
Oziac, su madre y su hermana fueron llevados a una cárcel donde, según él, había entre 300 y 400 personas. Estuvieron dos días sin comer, sentados en el suelo. Hasta que abrieron las puertas y todos los que estaban dentro tuvieron que irse.
"Salimos corriendo. Era un caos. Gritaban, empujaban a la gente hacia los camiones. Vi a dos policías agarrando a un bebé por los pies y arrojándolo, como si fuera una bolsa de basura, a un camión".
Su madre entonces lo apartó y le dijo: "Tienes que correr porque nadie de nuestra familia va a salir con vida. Tienes que cuidarte para sobrevivir, ya no puedo ayudarte". Y luego ella se fue con la hija hasta el camión".
"Me levanté, me alejé y me escondí en un rincón. Al cabo de un rato, me levanté, salí y no vi a nadie más. Caminé hasta un puente y allí me interceptó un policía alemán. Me puso una pistola en la cabeza y me preguntó: '¿Eres judío?'". Y le dije: "No". Entonces se dio la vuelta y se fue.
La vida escondido
Soldados alemanes son recibidos con flores en un pueblo ucraniano

Fuente de la imagen,Getty Images
Oziac localizó a una tía que se escondía en un restaurante. Ella lo envió a casa de un granjero polaco que vivía en un pueblo alejado de la ciudad. El granjero se llamaba Jasko y vivía con su esposa, Kasia, y sus dos hijos.
"Tenía una casa pequeña, con un dormitorio con una cama de paja, una sala de estar y una estufa grande. Me dijo que me desnudara y me dio pantalones y una camisa bordada. Cambió mi imagen de chico de ciudad a la de chico de campo. Empezó a llamarme 'Staszek'. Me dio un nombre polaco y me dijo que, a partir de ahora, pertenecía a la familia, que era su sobrino".
Unas semanas después, la policía llamó a la puerta de Jasko buscando judíos fugitivos. "Ese día, estaba ayudando a Kasia a preparar comida para los animales. La policía entró y le dijo a Jasko: 'Nos han dicho que estás escondiendo judíos'".
Lo primero que pensó el niño fue que todo se había acabado.
El mensaje del policía a su protector no dejaba lugar a dudas de la seriedad del momento: "Jasko, quiero decirte algo. Si nos dices dónde están, nos los llevamos y nos vamos. Pero si no nos lo dices y los encontramos, los mataremos. Y te mataremos a ti y a tu familia". ¿Qué dices, Jasko?".
"Me quedé sentado esperando a que dijera que escondía a un judío. Pero Jasko dijo: 'No escondo a ningún judío. Siéntete libre de mirar por la casa'. Y entraron en la sala. Me aparté del banco. Miraron debajo de la mesa. Debajo de la cama. Miraron en el granero, en el establo... y se fueron. No encontraron a ningún judío".
Pero ese fue el final de su tiempo en esa casa.
"Jasko me dijo: 'Staszek, tendrás que irte. No puedo quedarme contigo. ¿Entiendes?' Dije que sí. 'Ven -me dijo- encontraremos un lugar en el bosque para que te quedes'".
Con la ayuda de Jasko, encontraron una guarida, que transformaron en un pequeño refugio forrado de paja. Jasko les dio algunos consejos sobre qué comer y qué no comer, cómo hacer una trampa para conejos y cómo encender una fogata. Y así, Maxwell comenzó a vivir solo, a los 12 años, escondido en el bosque.
Un grupo de mujeres judías polacas esperan a ser llevadas por soldados alemanes en Varsovia en 1943. Fotografía tomada por un comandante de las SS alemanas, utilizada durante los Juicios de Núremberg como evidencia del terrorismo nazi en la capital polaca.
"Tenía una casa pequeña, con un dormitorio con una cama de paja, una sala de estar y una estufa grande. Me dijo que me desnudara y me dio pantalones y una camisa bordada. Cambió mi imagen de chico de ciudad a la de chico de campo. Empezó a llamarme 'Staszek'. Me dio un nombre polaco y me dijo que, a partir de ahora, pertenecía a la familia, que era su sobrino".
Unas semanas después, la policía llamó a la puerta de Jasko buscando judíos fugitivos. "Ese día, estaba ayudando a Kasia a preparar comida para los animales. La policía entró y le dijo a Jasko: 'Nos han dicho que estás escondiendo judíos'".
Lo primero que pensó el niño fue que todo se había acabado.
El mensaje del policía a su protector no dejaba lugar a dudas de la seriedad del momento: "Jasko, quiero decirte algo. Si nos dices dónde están, nos los llevamos y nos vamos. Pero si no nos lo dices y los encontramos, los mataremos. Y te mataremos a ti y a tu familia". ¿Qué dices, Jasko?".
"Me quedé sentado esperando a que dijera que escondía a un judío. Pero Jasko dijo: 'No escondo a ningún judío. Siéntete libre de mirar por la casa'. Y entraron en la sala. Me aparté del banco. Miraron debajo de la mesa. Debajo de la cama. Miraron en el granero, en el establo... y se fueron. No encontraron a ningún judío".
Pero ese fue el final de su tiempo en esa casa.
"Jasko me dijo: 'Staszek, tendrás que irte. No puedo quedarme contigo. ¿Entiendes?' Dije que sí. 'Ven -me dijo- encontraremos un lugar en el bosque para que te quedes'".
Con la ayuda de Jasko, encontraron una guarida, que transformaron en un pequeño refugio forrado de paja. Jasko les dio algunos consejos sobre qué comer y qué no comer, cómo hacer una trampa para conejos y cómo encender una fogata. Y así, Maxwell comenzó a vivir solo, a los 12 años, escondido en el bosque.
Un grupo de mujeres judías polacas esperan a ser llevadas por soldados alemanes en Varsovia en 1943. Fotografía tomada por un comandante de las SS alemanas, utilizada durante los Juicios de Núremberg como evidencia del terrorismo nazi en la capital polaca.

Fuente de la imagen,Getty Images
Se estima que 3 millones de judíos fueron asesinados en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial; en la fotografía de arriba, mujeres judías son deportadas desde Varsovia a campos de concentración y exterminio.
Con el paso del tiempo, el niño empezó a sentirse cada vez más desconectado del mundo y se adaptó a su nuevo entorno.
"Ya ni siquiera parecía humano. Comía con las manos sucias, no me lavaba, era un animal. Y miraba al cielo y me sentía libre. Los pájaros y el bosque me aceptaban, les caía bien. Era parte de ellos".
"Tenía mucha hambre, pasaba días sin comer. Comía hongos de los árboles, porque Jasko me enseñó que los hongos del suelo eran venenosos. Así que solo buscaba hongos en los árboles y bayas silvestres".
Oziac empezó a comprender y a observar los sonidos del bosque, que le servían como una especie de señal de alerta ante la llegada de extraños. Y un día…
"De repente, el bosque quedó en silencio. Vi algunos animales corriendo, y luego, de repente, no pude oír nada. Entonces vi a un niño, quizás dos años menor que yo. Caminaba solo por el bosque. Dijo que estaba escondido con sus padres a unos kilómetros de distancia. Que su madre había ido a buscar comida a un granjero y no había regresado. Luego su padre fue a buscar comida y tampoco había regresado. Dijo que no había comido en dos días, y le di algo de comida. Se lo comió todo. Se llamaba Janek".
Los dos comenzaron a vivir juntos, escondidos en el bosque. Ampliaron la guarida, forraron las paredes con piedra, y el suelo tenía techo, incluso una especie de pequeño horno improvisado hecho con una olla y un poco de carbón que Oziac había guardado. Era suficiente para entrar en calor en invierno.
"Nos desvestíamos, tirábamos la ropa afuera y luego nos sacábamos los piojos y las lombrices. Y hablábamos y jugábamos en el arroyo. Pero ahora tenía que buscar comida no solo para mí, sino también para él. Pero no me importaba porque valía la pena tener a alguien conmigo con quien hablar, con quien decir algo. Y era un niño inteligente, mucho más inteligente que yo."
Pero aún tenían que tener mucho cuidado, por ejemplo, de no dejar rastro. Seguía existiendo la amenaza constante de patrullas de ucranianos simpatizantes de los nazis buscando judíos en el vecindario.
"Tenía mucho cuidado. Siempre conseguíamos entrar en la madriguera cuando pasaba alguien. Era muy pequeña. Nos metíamos a gatas. No podíamos sentarnos dentro de la madriguera, no podíamos hacer nada allí excepto dormir. Teníamos que entrar y acostarnos, lo cual era bueno".
Disparos, gritos y un bebé
Una escena de la película de 2024 'El niño en el bosque', dirigida por Rebecca Snow, basada en el libro del mismo nombre de Maxwell Smart.

Fuente de la imagen,Divulgación/Amazon Prime
La historia llegó al cine en una película llamada "El niño en el bosque".
Una mañana, Oziac y Janek se despertaron al oír gritos y disparos cerca.
"Los gritos y disparos duraron aproximadamente una hora, y luego se hizo el silencio. Convencí a Janek de que echara un vistazo a ver qué había pasado. Había nevado mucho durante la noche y todo estaba blanco. Y helado. Caminamos y usé una rama de pino para borrar nuestras huellas en la nieve. Bajamos al río, porque los disparos venían de allí".
Oziac reconoce que había visto muertos antes, pero dice que lo que vio ese día fue mucho peor. Había ocho muertos, esparcidos por la nieve blanca.
"Janek nunca había visto nada igual y quería salir de allí. Pero yo era un poco más maduro que él y le dije: '¿Viste que llevan buen calzado?' No tenía zapatos, llevaba trozos de tela en los pies porque mi zapato se había desintegrado con el tiempo. Agarramos zapatos, abrigos…"
En el escondite de las víctimas encontraron utensillos y comida. Pero no fue el único hallazgo: "Cuando miré, vi algo moviéndose al otro lado del río. Vi lo que parecía una mujer tumbada, moviéndose".
La primera reacción de Janek fue salir de allí pero él consideró que quizás podían ayudarla.
"El borde estaba congelado y el agua helada. Janek no quería cruzar. Pero lo tiré de la mano y nos metimos en el agua. El agua estaba tan fría que nuestros cuerpos se congelaron al instante, sin sentir dolor alguno. Cuando llegamos, el cuerpo de la mujer no se movía. Pero había un bebé debajo de ella. Le habían disparado y cayó sobre el bebé. Y el bebé estaba vivo".
Oziac y Janek llevaron al bebé al refugio. Le cambiaron la ropa mojada y sucia, vieron que era una niña y usaron ropa que habían sacado de los cuerpos de la orilla del río para hacer un pañal improvisado.
Pronto se dieron cuenta de que no podían cuidar al bebé. Oziac salió del refugio y fue tras un grupo de judíos que sabía que se escondían en la zona. Les contó la historia de los cuerpos en la orilla del río y del bebé que habían encontrado.
"Uno de los hombres me dijo: 'Espera un momento, espera aquí'. Luego salió y trajo a una mujer, quien dijo que el bebé debía ser de su hermana. Los llevé al refugio, y cuando llegamos, Janek estaba muy enfermo con fiebre alta. Pregunté si podían ayudarlo. Pero dijeron que era pequeño y que se pondría bien".
Cuando les preguntó si lo podían cuidar ellos, respondieron que no tenían espacio para ninguno de los dos, y se fueron con el bebé.
Un bosque europeo

Fuente de la imagen,Getty Images
"Unos días después, Janek empeoró. Y nos quedamos sin comida. Decidí hablar con Jasko para ver si podía ayudar a Janek. Janek me dijo: 'No me dejes solo mucho tiempo'. Así que fui".
Cuando Oziac llegó a la granja, Jasko no estaba y tuvo que esperarlo. Para cuando Jasko llegó, ya había anochecido. No fue hasta el día siguiente que Oziac regresó a la madriguera, trayendo el pan y el yogur que Jasko le había dado.
Pero cuando llegó al refugio, el saco que cubría la entrada de la madriguera había sido apartado. La guarida estaba fría y nevada. Janek no estaba.
"'Quizás había ido a buscar agua', pensé. Fui al río. Janek no estaba. Miré por todas partes. Regresé a la guarida, encendí el carbón, comí algo y volví a salir. Era tarde. Decidí buscar en otros lugares, lugares insólitos. Y entonces vi algo que sobresalía junto a un árbol. Me acerqué, quité la nieve, y allí estaba Janek, tirado en el suelo, congelado".
Oziac volvió a buscar a Jasko para que lo ayudara pero cuando volvieron el adulto confirmó que el niño estaba muerto. Entonces decidió que Maxwell regresara con él y su familia.
A pesar de que la situación mejoró para él, Oziac se quedó con una gran culpa por lo ocurrido con Janek.
"No se metió al río por voluntad propia. Se metió porque yo lo jalé. ¿Y por qué fuimos allí a salvar al bebé? No significaba nada para mí. Ella no podía ayudarme, así que ¿por qué me metí al río a ayudarla? Así que era culpable de matar a Janek, y no podía sacármelo de la cabeza. Salvamos una vida, pero ¿Qué significa ser un héroe y no tener a tu mejor amigo?".
"Fui liberado para nada"
Soldados soviéticos levantan la bandera de Polonia

Fuente de la imagen,Getty Images
Maxwell dice que la liberación de su pueblo no significó un gran cambio para él.
Jasko sabía del avance de las tropas soviéticas hacia Alemania, que llegaron en julio de 1944 para liberar la ciudad de Buczacz de los nazis. Pero para Oziac, la liberación no representó un cambio positivo en su vida.
"Me liberaron a la nada. Había comida, escuelas, ropa, la gente tenía casa, pero yo no tenía nada. Y nadie me quería".
A los 14 años, Oziac regresó a Buczacz y descubrió que era el único superviviente de su familia.
En total, 62 familiares fueron asesinados, y de los aproximadamente 8.000 judíos que vivían en la ciudad, solo quedaron 100.
En los años siguientes, continuó sobreviviendo, esta vez no solo en el bosque, sino realizando trabajos esporádicos en el mercado negro. Oziac logró ser incluido en un programa que enviaba a huérfanos judíos a Canadá, y fue allí, viviendo con una familia que lo acogió, donde cambió su nombre a Maxwell Smart en 1948.
Se convirtió en empresario, se casó, tuvo hijos, redescubrió su pasión por la pintura y hoy es dueño de dos galerías en Montreal.
Pasó décadas negándose a hablar de su pasado. Pero en 2019, fue contactado por el equipo de un documental sobre judíos que sobrevivieron milagrosamente al asedio nazi durante la Segunda Guerra Mundial, llamado Cheating Hitler (Engañando a Hitler). Este equipo localizó a familiares de Janek, el niño que vivía con él en el bosque, incluyendo a su tía.
"Fue muy grato conocer a la familia. Lloramos y recordamos a Janek. Y me dijeron que no debía sentirme culpable. 'Lo alimentaste, viviste con él y lo cuidaste', dijeron. 'Gracias por prolongar su vida'".
El equipo del documental aún tenía otra sorpresa reservada para Maxwell. Lo llevaron a Israel, donde conoció, en una residencia de ancianos, a Tova, la bebé que él y Janek habían rescatado de las orillas de aquel río helado. Sus tíos también sobrevivieron al asedio nazi y la criaron.
"Todos llorábamos. No solo encontré a Tova, que estaba enferma en cama, sino también a sus hijos y nietos. No se acordaba de mí, claro, era una bebé, pero no dejaba de acariciarme la mano. Y repetía: 'Todo va a estar bien, todo va a estar bien'".
En 2022, Maxwell Smart publicó el libro El niño en el bosque, que narra su historia. Al año siguiente, el libro se adaptó a una película homónima, protagonizada por Richard Armitage.
Esta es una adaptación al español de una historia publicada originalmente en inglés por BBC Outlook. Para escuchar la versión original, haz clic aquí.
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