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lunes, 30 de marzo de 2026

Cosas que decían aquellos personajes


Desde la distancia, después de tantos años, aquellos entrevistados suenan como una forma muy personal de hablar. Lo hacían con la propia voz. Sin imitar a nadie.
 
Allá por los inicios de los años ochenta del siglo pasado realicé una serie de entrevistas a ciertos personajes, políticos, escritores, artistas, que ya lo habían dado todo en la vida y se hallaban medio olvidados fuera del circuito debido a una edad que ya era provecta. Como no tenían que dar cuentas a nadie hablaban con la lengua muy suelta de hechos que habían conocido de primera mano. Uno de ellos era el periodista Luis Calvo, exdirector de Abc, que me contaba: “Una tarde llevaba de paseo en mi Rover descapotable a la cantante La Argentinita, amiga de García Lorca, y me decía que eso de los hombres ya había terminado para ella porque cuando veía a alguno, por muy guapo y joven que fuera, siempre se acordaba del sudor de la calva de su amante, el torero Ignacio Sánchez Mejías, aquella vez que estaba acatarrado y se le quitaban las ganas”.

Pedro Sainz Rodríguez, catedrático especialista en la literatura de los místicos españoles y ministro de Franco durante la guerra, decía: “No sé si sabe usted que yo en los años de la República dirigí la CIAP, una editora que implantó por primera vez el sistema de abrir una cuenta de crédito a los escritores. En aquel tiempo, si se quería ayudar indirectamente a un escritor se le daba un cargo, aunque fuera ficticio. Por ejemplo, el periodista Manuel Bueno fue nombrado nodriza de la inclusa y así afanaba un dinero extra. En mi editorial el escritor cobraba solo por escribir con la modalidad de unas cantidades entregadas a cuenta. Allí conocí a  Alberti y le publiqué Sobre los ángeles. Alberti era muy pedigüeño, siempre estaba pidiendo anticipos. Cuando lo veía entrar por la puerta ya sabía que venía a pedir. Yo le llamaba Villasandino, el poeta menesteroso del cancionero de Baena que elogiaba a los poderosos para recibir sus dádivas. “Señores, para el camino dad a Villasandino”.




Dámaso Alonso, escritor y académico, miembro de la Generación del 27, retratado en octubre de 1969. EFE

Dolores Ibárruri, Pasionaria, me contaba una vez mientras en aquel jardín derruido de la sierra unos amigos le guisábamos una paella: “A mí de joven me gastaba bailar el pasodoble España cañí o lo que fuera. En la plaza de mi pueblo había un kiosco de música y a su alrededor se montaba un baile los domingos por la tarde. Allí danzaba yo con todos los muchachos. Tuve un primer novio que se llamaba Miguel Echevarría, lo recuerdo perfectamente, un chico de Matamoros, ajustador metalúrgico, muy tímido, que venía atravesando los montes desde su pueblo los domingos a sacarme de paseo. Duró poco porque no hablaba nada. Si yo me callaba, él no hablaba. Un día le dije: ‘Ya no vengas más’. Yo entonces pertenecía al Apostolado de la Oración y llevaba un escapulario con el Corazón de Jesús aquí en el pecho”.


El escritor Ernesto Giménez Caballero, en enero de 1943. ARCHIVO DÍAZ CASARIEGO (EFE)
Ernesto Giménez Caballero, moviendo mucho las aspas de sus brazos como uno de los molinos del Quijote, me decía. “En la Nochebuena del año 1941 fui invitado a casa de  Goebbels, allí en Berlín. Antes de cenar yo le había regalado a Goebbels un capote de luces para que toreara a Churchill y en esto Goebbels tuvo que salir porque le había llamado Hitler. Me quedé solo con Magda, su mujer, en un saloncito donde ardía una chimenea. Allí le propuse la fórmula para llegar a un armisticio reanudando al mismo tiempo la dinastía hispanoaustriaca. Se trataba de casar a Hitler con una princesa española, que no era otra que Ernesto Giménez Caballero. Con los ojos humedecidos por la emoción, Magda tomó mis manos y me dijo: ‘No es posible, porque a Hitler durante la Gran Guerra en que era sargento le pegaron un balazo en los testículos y es impotente. Lo de Eva Braun no es más que un tapadillo para disimular”.

El gran poeta y director de la Real Academia Española Dámaso Alonso hablaba de los recuerdos de juventud. “Yo no hice amistad con ningún escritor famoso de entonces. Tenía mucha prevención. Al que traté más fue a Juan Ramón Jiménez. Le tenía mucha admiración, aunque era un hombre muy raro. Primero te recibía con simpatía, pero cuando uno destacaba un poco y empezaba a tomar fama enseguida lo apartaba de su amistad. Era muy mordaz. Por ejemplo, decía que al ir a sentarse un día en casa de Antonio Machado se encontró con que había un huevo frito en la silla.”



El historiador Ramón Carande, en marzo de 1983. EFE
Eran personajes que decían cosas sorprendentes con una libertad y solvencia que, desde la distancia, después de tantos años, suenan como una forma muy personal de hablar. Lo hacían con la propia voz. Sin imitar a nadie. Cada uno con su personalidad. No como hoy en que todo lo que oyes parece intercambiable. El historiador Ramón Carande tenía 95 años cuando le entrevisté. Ante unas famosas judías con chorizo en Casa Portal, que a él le sentaron bien y a mí me destrozaron el estómago, me dijo: “No he tomado una aspirina en toda mi vida y mire usted si soy viejo que he conocido a una persona que le dio la mano a Napoleón”.

Sobre la firma
Manuel Vicent

viernes, 24 de julio de 2020

La olvidada historia de cómo Venezuela fue cedida por años a una acaudalada familia alemana obsesionada con la búsqueda de El Dorado

Bartolomé Welser, El Viejo
Bartolomé Welser, El Viejo, la cabeza de la poderosa familia de banqueros y comerciantes alemanes que colonizó Venezuela por casi dos décadas.

Cuando se habla de las potencias europeas que colonizaron América Latina se suele pensar en España y Portugal.

Pero el Sacro Imperio Romano Germánico -como se conoció hasta el 1800 a la actual Alemania- también tuvo un papel, aunque breve y poco conocido, en la historia de esta región.


Durante 18 años, entre 1528 y 1546, una familia de banqueros y comerciantes alemanes tuvo a su cargo la llamada Provincia de Venezuela, un territorio situado en el norte del actual país caribeño, que acababa de ser descubierto por la corona española.

Se trataba de una transacción económica: la familia en cuestión, los poderosos Welser de Augsburgo, le habían prestado mucho dinero al rey español Carlos I, quien también era emperador del Imperio Romano Germánico (bajo el título de Carlos V).

Fue justamente para obtener este último título, que requería ganar los votos de siete príncipes electores, que el monarca se endeudó fuertemente con algunos banqueros europeos.

Sus principales prestamistas fueron dos familias del sur de Baviera, los Welser y los Fugger (Jakob Fugger). Pero eventualmente los primeros se convirtieron en acreedores de la deuda total, que ascendía a lo que hoy serían unos US$25 millones.

El problema fue que cuando Carlos logró ser nombrado emperador alemán, en 1520, no comenzó a devolver el dinero. Tras años de negociaciones, las partes llegaron a un acuerdo.

En vez de dinero, Bartolomé Welser y su familia recibieron una porción de tierra en el Nuevo Mundo, que podrían explotar para su propio beneficio.

El rey le cedió al banquero alemán la Provincia de Venezuela, que pasó a llamarse Klein-Venedig (Pequeña Venecia, en alemán).

En busca de El Dorado

La región, que también se conoció como Welserland (país Welser) y Welser-Kolonie (Colonia Welser), era de especial interés para esta familia de comerciantes y financieros, ya que en la época muchos estaban convencidos de que allí se encontraba la mítica ciudad de El Dorado, hecha de oro.

La zona que quedó en manos de los alemanes se extendía unos 900 kilómetros, casi desde la actual frontera con Colombia, al oeste, hasta lo que hoy es la ciudad de Barcelona, capital del estado de Anzoátegui, al este.

El acuerdo establecido con la corona era que los Welser fundarían dos ciudades y construirían tres fortalezas, desde las cuales se organizarían las expediciones a la selva para buscar oro.

A cambio, podrían gobernar a gusto: nombrando sus propios gobernadores, usando a los indios como mano de obra forzada y trayendo hasta 4.000 esclavos desde África.

Si bien no tenían que pagar impuestos al rey, se acordó que el monarca se quedaría con un décimo del oro hallado.

Con el fin de encontrar ese tesoro, los Welser nombraron como gobernador de la Provincia de Venezuela al explorador alemán Ambrose von Alfinger, quien ya era representante comercial de los banqueros en la isla de La Española (hoy República Dominicana y Haití).

También enviaron a su colonia a 400 mineros alemanes, que acompañaron a Alfinger en sus expediciones.

El conquistador alemán no encontró El Dorado y tampoco logró hallar las riquezas que anhelaban los Welser.

Sin embargo, sí dejo su huella en la historia de Venezuela: en 1529 fundó Maracaibo, hoy una de las ciudades más importantes del país caribeño.

De mal en peor

Cuando Alfinger falleció en 1533, a causa de una herida producida por una flecha, fue reemplazado por Georg von Speyer, quien no tuvo mejor suerte.

Tras años de expediciones infructuosas, Von Speyer renunció por problemas de salud en 1539 y un año después falleció.

Para entonces, muchos de los colonizadores que habían llegado desde Alemania habían perdido la vida, ya sea a causa de enfermedades locales para los que no estaban inmunizados o en enfrentamientos con los pueblos indígenas.

Pero los Welser no bajaron los brazos. El heredero de la familia, también llamado Bartolomé, como su padre, viajó personalmente a Venezuela en 1540 y se sumó a una larga expedición organizada por el tercer gobernador alemán de la región: Philipp von Hutten, quien ya había explorado la zona junto con Von Speyer.

Por cinco años recorrieron el interior de la provincia.

Ante su ausencia, y cansado de los muchos problemas que había generado tener una colonia alemana en su territorio, el rey Carlos reclamó el derecho de nombrar a un gobernador interino.

Envió a Juan de Carvajal a la capital de la provincia, Santa Ana de Coro.

Cuando los exploradores regresaron, en 1546, Carvajal los capturó y los ejecutó.

El monarca español dio por terminado el acuerdo con los Welser por incumplimiento de contrato.

Así concluyó la principal experiencia colonizadora alemana en América.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-53031171

CARLOS V Y SUS BANQUEROS. RAMON CARANDE. Obra fundamental de la historiografía española para conocer el reinado de Carlos V y sobre todo su economía.