miércoles, 24 de junio de 2026

Un mes de gobierno de ultraderecha y ya los trabajadores enfrentan un completo desastre


Fuentes: Rebelión


Por Celso Calfullan | 16/04/2026 | Chile Creemos que llegó la hora de empezar a preparar un plan de organización y lucha. No basta únicamente con llamar a una huelga general, necesitamos organizar comandos locales en cada lugar de trabajo y estudio, en cada población o villa, en cada comuna, en cada región, en cada rincón de este país, para tener una paralización exitosa y obligar a los empresarios y la derecha a respetar nuestros derechos mínimos como seres humanos. Apenas bastó un mes para que la ultraderecha provocara un gran desastre a los trabajadores chilenos y sus familias. Desde el primer día empezaron los ataques sistemáticos contra la clase trabajadora. En apenas un mes del gobierno de la ultraderecha y de los empresarios encabezado por José Kast hemos visto cómo reiteradamente La Moneda ataca los niveles de vida de los trabajadores, estudiantes, pobladores y sectores populares en general. Con el alza brutal del petróleo y la bencina estamos viendo cómo todas las cosas están al alza, fundamentalmente los alimentos de primera necesidad que más consumen las familias populares. El gobierno se negó a usar el MEPCO, que es un mecanismo que tienen los diferentes gobiernos para la estabilización de los precios de los combustibles, traspasando las alzas directamente a la población, porque según ellos el Estado tiene que ahorrar, usando además la excusa de que el Estado chileno está quebrado, algo que los propios economistas tanto de derecha, como socialdemócratas y progresistas han desmentido. Pero por otro lado, vemos cómo los grandes empresarios siguen aumentando sus ganancias vía alza de precios. Además la administración Kast quiere bajar los impuestos a los más ricos del país (el 1% de la sociedad) y de esta forma incrementar aun más las ganancias de los grandes grupos económicos. Pero no conforme con estos ataques a los niveles de vida de la clase trabajadora, también han tomado otras medidas como la de retirar 43 decretos sobre temas ambientales que se están discutiendo en el parlamento y que buscan impedir la destrucción del medio ambiente por parte de las grandes empresas mineras, pesqueras y forestales. Asimismo, se están realizando una serie de ataques en el ámbito de los derechos humanos. En el gobierno anterior (de Boric) se creó un Plan de Búsqueda (una comisión) con la que se pretende encontrar a todos los detenidos desaparecidos bajo la dictadura civil militar (1973-1990) que todavía no se sabe dónde están sus restos. Los principales encargados del Plan de Búsqueda ya fueron despedidos de sus cargos y es casi seguro que no se seguirá haciendo nada con este tema. Otro asunto relevante es el retiro de la ley de pesca que estaba en el parlamento. O sea, se mantiene la ley Longueira, una ley reconocidamente corrupta, que se impuso en base a coimas a varios parlamentarios que terminaron aprobando una legislación que entrega el mar chileno a siete familias, perjudicando a los pescadores artesanales, entre los que se encuentran también los lafquenches (pescadores mapuches), y que sólo beneficia a las grandes pesqueras y empresas salmoneras en Chile. El gobierno además, está aplicando un recorte fiscal de 3% a todos los ministerios. Esto significa que el gasto en Salud se reducirá en más de $517.000 millones de pesos, un área que ya está funcionando al límite, con demasiadas restricciones en la atención y que afectará a más de 15 millones de personas. En educación el recorte es de $524.000 millones de pesos. El ajuste presupuestario en los demás ministerios apunta a limitar los pocos derechos sociales que aún mantienen los sectores más carenciados de la sociedad, como por ejemplo la construcción de viviendas sociales. Chile Rápidamente José Kast ha pasado de sacar un 58% en las elecciones a tener apenas un 41% de aprobación en sólo cuatro semanas. Este debe ser el primer gobierno, desde 1990 hasta la fecha, que ve erosionarse a velocidad lumínica el apoyo de la población. Nuestras propias perspectivas apuntaban que después de seis meses recién veríamos una reacción en contra del gobierno de la ultraderecha. Pero ya comenzaron las movilizaciones masivas, como la del 22 de marzo, Día Mundial del Agua, donde miles de personas marcharon por el centro de Santiago (calle Alameda). También hubo movilizaciones en Valparaíso y otras ciudades. Las marchas organizadas por los movimientos sociales ambientalistas, buscaban protestar contra el retiro de 43 decretos ambientales por el gobierno y alertar sobre los riesgos para ecosistemas y el acceso al agua. Los estudiantes secundarios y universitarios también marcharon en Santiago el 26 de marzo de 2026, a dos semanas de asumir Kast. Las protestas, fueron convocadas por la Aces y Confech (organizaciones de estudiantes secundarios y universitarios) y expresaron el rechazo al recorte del 3% en educación y contra las limitaciones a la gratuidad, que se dirigen hacia un retroceso en educación. ¿Qué debemos hacer los trabajadores, estudiantes y pobladores frente a estos ataques brutales contra nuestros niveles de vida? La clase trabajadora a través de su historia frente a los ataques a sus niveles de vida tiene un solo camino y ese es luchar por defender sus derechos más básicos, como el derecho a una vida digna. Una herramienta fundamental de lucha de los trabajadores ha sido organizar una huelga general para frenar los abusos de los patrones no solo en Chile, sino que en todo el mundo. Creemos que llegó la hora de empezar a preparar un plan de organización y lucha. No basta únicamente con llamar a una huelga general, necesitamos organizar comandos locales en cada lugar de trabajo y estudio, en cada población o villa, en cada comuna, en cada región, en cada rincón de este país, para tener una paralización exitosa y obligar a los empresarios y la derecha a respetar nuestros derechos mínimos como seres humanos. Si los trabajadores no somos capaces de organizar una lucha exitosa, la derecha y los empresarios pasarán por encima de todos nuestros derechos y nos harán volver al siglo pasado o incluso más atrás todavía. La lucha por un gobierno de los trabajadores y una sociedad socialista sigue más vigente que nunca antes en la historia de la humanidad. Socialismo o barbarie, no hay más alternativas.

martes, 23 de junio de 2026

Astrofísica. Michel Mayor, Nobel de Física: “La gente piensa que la humanidad es eterna, pero somos animales y nos extinguiremos”

El astrónomo Michel Mayor, premio Nobel de Física, en un hotel de Madrid.Jaime Villanueva

El descubridor del primer exoplaneta habla con EL PAÍS sobre el próximo gran hallazgo que espera: el primer planeta con vida fuera del sistema solar


La vida de Michel Mayor pudo acabar con una de las peores muertes imaginables. En 1968, este suizo aficionado a la escalada se cayó por la grieta de un glaciar en los Alpes. Una posibilidad era que quedase encajado entre dos asfixiantes paredes de hielo que se lo hubiesen ido tragando poco a poco, con cada grito de auxilio, con cada movimiento para intentar salir. Al final tuvo suerte y le sacaron sus compañeros, ensangrentado, pero vivo.

Gracias a eso, Mayor pudo convertirse en astrofísico y descubrir el primer exoplaneta conocido, en 1995. El hallazgo del primer mundo fuera de nuestro sistema solar fue una revolución que continúa en la actualidad, con más de 6.000 exoplanetas identificados, muchos de ellos en otros sistemas solares, a cada cual más diferente.

En 2019, Mayor recibió el Premio Nobel de Física por aclarar cuál es “el papel de la Tierra en el cosmos”, un planeta entre miles de millones. Mayor está de visita en España para participar este martes en un coloquio sobre exoplanetas en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid. En esta entrevista con EL PAÍS realizada un día antes en un hotel de la capital, Mayor, de 84 años y profesor emérito de la Universidad de Ginebra, habla con la pasión de un joven sobre un nuevo gran reto científico: encontrar el primer exoplaneta donde haya vida.

Pregunta. En 1968, usted se cayó a un glaciar, y la humanidad orbitó la Luna por primera vez con la misión Apolo 8. ¿Qué le parece que se haya vuelto al satélite ahora, más de medio siglo después?
Respuesta. La explicación de aquel hito fue la competición de Estados Unidos con la entonces Rusia soviética. Ahora es igual, pero con China. Las misiones Apolo fueron interesantes porque nos dieron información geológica de la Luna, como los isótopos presentes en sus rocas. Ahora el sueño es tener una estación en la cara oculta donde haya un radiotelescopio. ¿Es una buena idea, teniendo en cuenta el enorme coste que tendrá? No estoy seguro. Es algo más político que científico.

P. ¿Qué le parece la idea que preconizan los nuevos magnates del espacio como Elon Musk, que tenemos que convertirnos ya en una especie multiplanetaria?
R. Soy muy crítico. Musk dice que su sueño es que haya un millón de personas viviendo en Marte en el próximo siglo, todos emigrados de la Tierra. No puedo compartirlo. Marte apenas tiene atmósfera. Es imposible terraformarlo para generar tanto oxígeno como sería necesario. Es completamente irreal. El lugar más infernal de la Tierra es un paraíso comparado con Marte. Y el cambio climático, por fuerte que sea, no cambiará eso.

P. ¿Y la excusa de ir allí para después ir más lejos?
R. Imagínate que encontramos un planeta gemelo de la Tierra a unos 30 años luz. A escala galáctica, esto es muy cerca. Los astronautas [de Artemis 2] tardaron unos tres días en llegar a la Luna. A esa velocidad tardaríamos millones de años en llegar a esa segunda Tierra. La energía que sería necesaria para acelerar y después frenar cerca de nuestro destino es imposible de alcanzar para nosotros. El sueño de colonizar un exoplaneta es imposible.

P. Sin embargo, sabemos que hay muchos exoplanetas como el nuestro, ¿no?
R. Muchísimos. Solo en nuestra galaxia puede haber más de un millón. Pero todos están demasiado lejos. Y luego, ¿hay vida? Determinar esto es el gran reto del futuro. Crear los instrumentos y la química para detectar los llamados biomarcadores: una mezcla de moléculas que probablemente solo puedan producir seres vivos.

P. ¿Cómo de lejos estamos de eso?
R. En la actualidad, el telescopio Espacial James Webb ha detectado muchas moléculas, pero no en planetas rocosos como el nuestro. En esos estamos aún lejos de conseguir biomarcadores. Para llegar al nivel de un gemelo terráqueo necesitamos cosas nuevas, como el telescopio europeo de 39 metros. Pero aún así, no estoy seguro de que pueda hacerlo. Y hay que ser cautos. Hay muchos supuestos descubrimientos de exoplanetas con vida que resultan no ser nada.

P. ¿Podría pasar la próxima década gracias a la próxima generación de observatorios?
R. Sinceramente, no lo sé. Recuerdo que cuando descubrimos el primer exoplaneta, se iban a lanzar dos misiones robóticas, TPF, de la NASA, y Darwin, de la Agencia Espacial Europea, para encontrar planetas terrestres con vida en unos 10 años. Tres décadas después, las dos misiones se cancelaron, y seguimos sin respuestas. En cualquier caso, yo soy optimista y tengo la idea de que la vida existe en muchas partes del universo.

P. ¿Hay alguna otra pregunta importante en este campo que sí podamos responder?
R. Sí. Desde hace unos años podemos hacer imagen directa de exoplanetas, y hemos descubierto algunos así. El problema es que estos mundos son muy grandes y están muy lejos de sus estrellas, a unas 60 unidades astronómicas [60 veces la distancia del Sol a la Tierra]. El mecanismo clásico de formación de planetas no lo puede explicar. Así que ahora sabemos que se pueden formar planetas de otras maneras que antes ni sabíamos.

P. ¿Nuestra visión del universo está sesgada por la tecnología?
R. Siempre lo está. La mayoría de estrellas en el universo son de masa baja, menor que la de nuestro Sol, que no pertenece al tipo más abundante. Los planetas rocosos como la Tierra que hay en los astros de masa baja están mucho más cerca de sus estrellas. Un verdadero gemelo de la Tierra en torno a una estrella como el Sol está mucho más lejos de nosotros y descubrirlo es mucho más difícil. En estrellas de baja masa, los planetas pueden recibir cantidades enormes de radiación: ¿Cmo afecta eso a la posibilidad de vida? Estamos rodeados de sesgos, pero solo lo tenemos que tener en cuenta y seguir buscando.

P. ¿Cree que existen otras civilizaciones y que llegaremos a saber que existen, en caso de que sean más inteligentes que nosotros?
R. Puede que lo sean, pero se rigen por las mismas reglas de la física que nosotros. 30 años luz es demasiado lejos para cualquiera. Me parecen discusiones poco fructíferas, igual que la de desviar asteroides potencialmente peligrosos. El diámetro de los que realmente pueden generar una catástrofe total es de unos 10 kilómetros o más. Para desviar uno de esos tendríamos que construir la mayor bomba atómica imaginable y tenerla preparada durante unos 1.000 años. No olvidemos que en la Tierra hemos tenido gente muy loca como Hitler, Stalin o algunos más actuales. Los riesgos de que nos dé un asteroide creo que no compensan el riesgo de que usemos esa bomba mal, contra nosotros mismos.

P. ¿No tiene mucha confianza en la supervivencia del ser humano a largo plazo?
R. Hace muchos años me invitaron a dar una charla sobre exoplanetas en la parroquia de un pueblo pequeño. El sacerdote no se quedó contento porque esperaba algo más espiritual, que se acercase más a la existencia de la humanidad a largo plazo. Entonces yo contesté que puede que duremos un millón de años más, como mucho. Lo sabemos por la paleontología. Todas las especies aparecen y desaparecen, tienen el tiempo determinado. En la mente de la gente, sin embargo, los humanos aparecemos y ya nunca dejamos de existir. Somos eternos. Pero la verdad es que somos animales y vamos a extinguirnos. Hay que tener en cuenta la probabilidad de impactos como el que acabó con los dinosaurios hace 67 millones de años. Además, en unos 2.000 millones de años ya no estaremos en la zona habitable del sistema solar. Y eso sin tener en cuenta a los humanos locos y peligrosos. Sabemos que nuestro tiempo como humanidad es limitado.

https://elpais.com/ciencia/2026-04-14/michel-mayor-nobel-de-fisica-la-gente-piensa-que-la-humanidad-es-eterna-pero-somos-animales-y-nos-extinguiremos.html#?rel=lom

lunes, 22 de junio de 2026

Repensando las matemáticas en la era de la inteligencia artificial


Los modelos de aprendizaje automático comienzan a demostrar teoremas originales y obligan a replantear tanto la investigación como la enseñanza de esta disciplina.

Durante décadas, la inteligencia artificial (IA) fue una promesa intermitente: deslumbraba en los laboratorios, se apagaba en los inviernos tecnológicos y volvía a encenderse con cada salto de potencia de cálculo. Hoy esa promesa es una realidad, que obliga a repensar múltiples aspectos de nuestra sociedad y así optimizar el delicado equilibrio entre riesgo y oportunidad que siempre acompaña a las revoluciones tecnológicas. Esto resulta especialmente cierto en el caso de la investigación en matemáticas, donde en los últimos tiempos se han empleado modelos de aprendizaje automático (que sustentan la inteligencia artificial moderna) para apoyar la obtención de demostraciones matemáticas originales.

Hasta hace poco, la IA ha tenido un papel menos visible en las matemáticas que en otras áreas científicas. El origen de ese desfase está en las propias raíces de la inteligencia artificial, que contrastan con las de otras áreas más tradicionales de la computación. Mientras estas últimas parten de la lógica matemática, a través de los trabajos fundacionales de Alonzo Church, Alan Turing y, posteriormente, John von Neumann, los sistemas de aprendizaje automático tienen orígenes —también matemáticos— muy distintos. Estos modelos surgen de la estadística y, particularmente, de la necesidad de extraer predicciones fiables a partir de grandes volúmenes de datos ruidosos. Por tanto, desde su origen, en el aprendizaje automático subyace un compromiso entre precisión y tolerancia al error, muy distinto del ideal clásico de las matemáticas, construido sobre demostraciones “duras y claras como diamantes”, en palabras atribuidas al filósofo inglés John Locke.

Sin embargo, pese a ello, en los últimos años las técnicas de aprendizaje profundo se han incorporado al trabajo investigador en matemáticas para acelerar procesos esenciales, como la identificación de patrones y conjeturas, la generación y depuración de ideas o la producción de código. Estos sistemas (que no comprenden la aritmética básica) realizan un amplio rango de cálculos numéricos de forma efectiva usando simples correlaciones, aunque fallan de forma grotesca cuando se salen del territorio aprendido.

Recientemente se ha ido un paso más allá: los modelos de lenguaje ya son capaces de crear demostraciones de forma autónoma, que pueden resultar relevantes bien sea por sí mismas o como pasos auxiliares en el camino hacia a un resultado más complejo. Además, estas pruebas se pueden verificar con herramientas como Lean, un software que traduce las matemáticas a un código que los ordenadores pueden comprobar paso a paso para asegurar que no existen errores.

Todo indica que estas capacidades se ampliarán con rapidez, aunque aún ignoramos dónde se encuentran sus límites o hasta dónde podrá llegar la inteligencia artificial en la generación de ideas verdaderamente nuevas. ¿Estaremos ante sistemas sin duda útiles, pero intrínsecamente limitados, o ante “Einsteins de silicio” capaces de producir de forma autónoma las grandes ideas que darán forma a nuestra cultura? Más que perdernos en un debate sobre la esencia del ser humano y los límites de la cognición, es urgente actuar con criterio para mitigar los riesgos y aprovechar las oportunidades que esta tecnología ofrece a la investigación en matemáticas.

En primer lugar, conviene recordar que las matemáticas no solo se benefician del avance de la inteligencia artificial, sino que también ofrecen un terreno de prueba excepcional para su desarrollo. Igual que el ajedrez, el go o el reconocimiento de imágenes sirvieron para entrenar las primeras generaciones de algoritmos, el razonamiento matemático —por su claridad y su estructura— se perfila ahora como un nuevo laboratorio para la IA. Del diálogo entre matemáticas e IA podrían nacer tecnologías más transparentes y fiables y una mejor comprensión de cómo razona la máquina. Impulsar el encuentro entre estas dos disciplinas, tanto en el ámbito empresarial como en investigación básica, es, por tanto, una tarea urgente. Y esta sinergia sólo puede prosperar con un apoyo fuerte y sostenido a ambas áreas por separado.

Por otro lado, la llegada de la inteligencia artificial generativa permite al matemático liberar tiempo de tareas rutinarias y dedicarlo a objetivos de mayor calado. Las ideas superficiales o los desarrollos repetitivos corren el riesgo de volverse tan obsoletos como los pesados cálculos de las admirables “calculadoras humanas” retratadas en la película Hidden Figures. La tecnología brinda ahora una oportunidad excepcional de concentrarse en lo esencial: pensar con más profundidad, distinguir lo importante de lo accesorio y cultivar una intuición capaz de guiar a la máquina en lugar de ser guiada por ella.

Efectivamente, este tipo de conocimientos (que tienen que ver no sólo con lo que sabemos, sino con cómo lo sabemos) son los que valen más en la era de la inteligencia artificial: visión, intuición, profundidad o capacidad de captar contextos. Estas cualidades diferencian también, según el modelo de adquisición de habilidades de Dreyfus, al experto del principiante. Por ello, la inteligencia artificial multiplica el alcance del experto, pero, en manos del principiante, puede limitarse a amplificar su ruido.

Esta reflexión afecta tanto a la forma en que hacemos investigación como a la manera en que enseñamos y aprendemos matemáticas, dentro y fuera del aula. La clave será desarrollar la intuición y la flexibilidad que distinguen al verdadero experto, una tarea donde la inteligencia artificial también puede servir de aceleradora. Esto supone un giro profundo respecto a los modelos tradicionales educativos, que se conformaban con dotar al principiante de una competencia básica. Hoy el reto es otro: acortar el camino hacia la comprensión genuina.

Alberto Enciso, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), donde dirige el proyecto FLUSPEC del Consejo Europeo de Investigación (ERC), y académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España.

Edición y coordinación: Ágata Timón (Instituto de Ciencias Matemáticas)


domingo, 21 de junio de 2026

Cualquier decisión que tome Cuba

Por Belén Gopegui | 18/03/2026 | Cuba 

Fuentes: Ctxt


A veces escucho o leo argumentos que no comprendo. A veces un periodista pregunta escandalizado: ¿y qué va a hacer el Gobierno cubano para dar soluciones a su pueblo? Es algo así como si en un patio de recreo donde un grupo grande estuviera pegando a un menor solo porque es distinto apareciera un periodista y en lugar de preguntar: ¿y qué vamos a hacer para que dejen de pegarle?, preguntara a la criatura agredida: ¿y qué vas a hacer para que dejen de pegarte?

A veces otros periodistas lamentan que, después de tantos años de revolución, Cuba no tenga más petróleo, olvidando que lo que se le ha prohibido ya no a Cuba, sino al país desde el que habla ese periodista, cualquiera que sea ese país, es vender petróleo a Cuba. Olvidando que cualquier país del mundo no productor de petróleo que sufriera las consecuencias de una prohibición semejante entraría en crisis. Olvidando que la palabra crisis, en este caso, no es una abstracción, son vidas con nombres y apellidos bombardeadas sin bombas, con el asedio, con el hambre de comida y de los recursos que alivian el dolor de las personas más frágiles, recién nacidos, personas ancianas, personas enfermas. El pueblo cubano, acostumbrado como está a los sistemas de protección institucional y comunitaria cuando llegan los huracanes y otras catástrofes, se organiza, se cuida, comparte la escasez, pero a veces todo eso no es suficiente contra un ciclón deliberado de muerte lenta, impuesto por la fuerza y consentido por la comunidad internacional.

Si esta misma prohibición se aplicara a cualquier país europeo, habría, pienso, algunas diferencias. Por un lado, es muy probable que en su población se desatara el resentimiento de los unos contra los otros, porque la convivencia europea se apoya en el abuso y el trato desigual que unos sectores de la población ejercen sobre los que recogen sus cosechas, los que cuidan a sus mayores y a sus hijos, los que limpian sus casas, los que reciben salarios en negro o ridículos para que otros puedan cobrar diez, veinte, cien veces más.

Por otro lado, desde ningún país se organizarían movimientos de solidaridad como los que organizan con Cuba, porque en Europa si algunos países dieron algo fue siempre de lo que les sobraba. Porque en el interior de esos países las prioridades de la economía estuvieron siempre subordinadas a dar más a quién más tenía y no al revés. Porque a la desigualdad interna se suma la externa, dado que la riqueza europea procede en parte de un colonialismo que aún dura bajo la forma de tratos desequilibrados. Y porque desconocemos, o hemos olvidado, aquello que ha sido llamado “sentido del momento histórico” y que hace que las personas se unan pues saben que de su acción depende la posibilidad de acabar con un pedazo de realismo capitalista.

Claro que Cuba no es perfecta, ni tiene obligación de serlo. Las revoluciones no se hacen para conseguir lugares perfectos, porque las personas no lo somos, sino para intentar que existan lugares que sean habitables para todas, y evitar así que el placer de un tanto por ciento de la población se compre con la angustia, la fatiga, el agotamiento y la humillación de otro tanto por ciento. Para intentar construir aspirinas del tamaño del sol y que todas las personas puedan celebrar la suerte de estar vivas. No es posible saber si habrían podido lograrlo, ni si aún podrán. Desde el principio y hasta el día de hoy Estados Unidos les ha estado impidiendo tener relaciones comerciales justas, a veces simplemente tenerlas, por el pánico a que la Revolución avanzara y pudiera ser un camino a seguir.

El regodeo y el regocijo que, al hablar de las negociaciones en marcha entre el Gobierno de Cuba y el de Estados Unidos, emplean determinados opinadores sólo les describe a ellos mismos, y sólo anuncia que, cuando un matón nos pise los talones, esos opinadores estarán ahí, para rendirle pleitesía. Son ellos los que sostienen al matón, los que callan, los que asienten, los que contemplan el abuso y ante los golpes se burlan y le dicen a la persona golpeada: “¿Lo ves?”.

Si hay que hablar de cobardía con respecto a lo que pasa en Cuba, sepamos que cualquier decisión que tome ese país sólo cuestionará a quienes, desde fuera, asisten impasibles a la injusticia y después se miran, quizá nos miramos, preguntándonos con supuesta perplejidad: ¿por qué está pasando lo que está pasando en tantos ámbitos de la política y la vida? Porque hemos callado y hemos aceptado. Qué cobardía, sí, qué tristeza que ningún país europeo haya enviado petróleo a Cuba. Corre por ahí un vídeo de niñas y niños cubanos cantando a oscuras la canción de Silvio Rodríguez:

Me acosa el carapálida norteño por el sur el este y el oeste, por cada latitud,

me acosa el carapálida que ha dividido el sol
en hora de metralla y en hora de dolor.
La tierra me quiere arrebatar
el agua me quiere arrebatar
el aire me quiere arrebatar
y sólo fuego, y sólo fuego voy a dar
Yo soy mi tierra, mi aire, mi agua, mi fuego.
Lo que se ha aprendido en y de Cuba, lo que se aprende, forma parte de lo que somos, sigue y seguirá dando tierra, aire, agua y fuego, a una forma de vivir posible, distinta, una forma de vivir sin pisar el cuello de nadie sólo porque se haya apropiado de menos recursos. Quedan muchos días por delante, cualquier acto de solidaridad es imprescindible, no para ayudar a Cuba sino para ayudarnos, para ayudar a que pueda existir una clase de mundo donde la palabra justicia no haya desaparecido y donde no haya que vivir con vergüenza, miedo y soledad. 

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sábado, 20 de junio de 2026

Formación. Aina Tarabini, socióloga: “El abandono escolar es solo la parte visible de desigualdades mucho más profundas”

Aina Tarabini, profesora de Sociología de la Educación en la Universitat Autònoma de Barcelona.Cortesía de la autora
El fracaso educativo en España está en su mínimo histórico, pero sigue entre los países con peores cifras de la UE. El problema empieza mucho antes de que los alumnos dejen los estudios

En España, uno de cada ocho jóvenes deja el sistema educativo sin completar estudios postobligatorios. Detrás de ese dato —un 12,8% de abandono escolar temprano en 2025— hay una transformación profunda: hace apenas 15 años, la cifra superaba el 30%, y todavía en 2015 se situaba en torno al 20%. La caída ha sido sostenida y significativa, hasta alcanzar el nivel más bajo de la serie histórica; pero ese progreso no cuenta toda la historia.

Porque, pese a la mejora, España sigue entre los países con mayores tasas de abandono de la Unión Europea, y aún se mantiene lejos del objetivo comunitario de situarse por debajo del 9% en 2030. La lectura optimista —la de un sistema que corrige sustancialmente sus cifras— convive con otra más incómoda: la de un fenómeno que persiste, con patrones muy estables en el tiempo.

El abandono, además no se distribuye de forma homogénea, según el último informe de Funcas, sino que es más frecuente en el alumnado de entornos socioeconómicos vulnerables, entre quienes tienen un menor nivel educativo en el entorno familiar o en la población de origen extranjero. Antes de que un joven deje los estudios, además, suele haber un recorrido previo —menos visible— de dificultades acumuladas, desconexión y pérdida de sentido, y es en esa travesía silenciosa donde empieza realmente el problema. Sobre esa tensión entre mejora estadística y desigualdad persistente hablamos con Aina Tarabini, socióloga de la educación y profesora en la Universitat Autònoma de Barcelona.

Pregunta. España ha reducido de forma notable el abandono escolar en los últimos años, pero sigue entre los países con peores cifras de la Unión Europea. ¿Cómo interpreta esa aparente contradicción?
Respuesta. La mejora es real y hay que valorarla, porque pasar de cifras cercanas al 30% a un 12% es un avance importante. En términos estadísticos, hay menos jóvenes que abandonan el sistema y eso es, sin duda, una buena noticia, pero no podemos darnos por satisfechos. A veces tendemos a pensar que un 12% es asumible, como si siempre hubiera un grupo de estudiantes a los que “no les gusta estudiar” o “no tienen capacidad” para ello, y eso es un error.

Un país no puede normalizar que una parte de sus jóvenes no alcance una titulación que hoy se considera mínima para la inclusión social y laboral. Y, además, el propio indicador tiene límites: los datos son solo la punta del iceberg. Reflejan una parte del problema, pero no todo lo que hay detrás, que tiene que ver con desigualdades mucho más profundas.

Si lo miramos en términos comparativos, además, la situación sigue siendo claramente peor que la de otros países europeos, algo que no se corresponde con el nivel de desarrollo del país. Por tanto, sí, es una mejora, pero queda mucho camino por recorrer.

P. El abandono escolar suele resumirse en una cifra, pero detrás hay realidades muy distintas. ¿Qué mide realmente ese indicador?
R. El abandono no es solo el momento en que alguien deja de estudiar. Esa es solo la punta del iceberg; el resultado de un proceso más largo. Antes hay señales como la repetición, el absentismo o las dificultades en la transición a la educación postobligatoria que ya están indicando dificultades que se van acumulando con el tiempo.

El dato, en sí, refleja una parte del problema, pero deja fuera muchos procesos de exclusión educativa que no vemos: hay estudiantes que siguen en el sistema, pero que no están participando realmente del aprendizaje o que transitan por la escuela sin obtener los beneficios que este debería garantizar. Por eso, interpretarlo como una decisión puntual o individual es un error, porque esas decisiones están profundamente condicionadas por las trayectorias previas y por el margen real que tienen para sostener su recorrido educativo.

P. Si el abandono es el resultado final de todo un proceso, ¿qué factores están detrás de esa desvinculación progresiva del sistema educativo?
R. No se puede entender ese proceso sin tener en cuenta la desigualdad social, que no afecta por igual a todos los perfiles: está muy relacionado con las condiciones de vida del alumnado, con los niveles de pobreza o de exclusión y con las oportunidades que tienen fuera de la escuela, y también presenta diferencias claras por género, con tasas más altas entre los chicos.

Pero no es solo una cuestión externa: el propio entorno educativo también influye. En España seguimos teniendo un sistema bastante segregado, con centros que concentran alumnado en situaciones muy difíciles —que ha vivido desahucios, que ha migrado solo o que ni siquiera tiene cubiertas sus necesidades básicas— y otros con condiciones mucho más favorables, y eso tiene un impacto directo en las trayectorias educativas.

También influyen otros elementos del propio sistema: la oferta educativa disponible, el peso de los itinerarios o el menor prestigio que todavía se atribuye a algunas opciones (como la Formación Profesional) frente a otras. También hay factores más internos, como el currículum o la forma de enseñar, que no siempre conectan con la diversidad del alumnado. A eso se suma que la orientación llega tarde y suele ser más informativa que de acompañamiento, de modo que muchos estudiantes acaban eligiendo por descarte.

Y, además, hay una dimensión menos visible, pero fundamental, que tiene que ver con los vínculos. Para mantenerse en la escuela no basta con estar: necesitas sentir que ese es tu lugar, que puedes aprender y que alguien te acompaña. Cuando eso no ocurre, se va produciendo un proceso de desvinculación que, en algunos casos, termina en el abandono.

P. En esos casos en los que el riesgo es mayor, ¿cómo es ese proceso? ¿Qué le pasa a un alumno hasta que se va alejando de la escuela?
R. Ese proceso no empieza de golpe, sino que se va construyendo poco a poco, muchas veces desde etapas bastante tempranas, y a partir de pequeñas señales que se van acumulando: dificultades en el aprendizaje, la sensación de no seguir el ritmo o de no entender lo que se está trabajando en clase, y una progresiva pérdida de sentido.

A partir de ahí, lo que se va generando es una desconexión progresiva, y no solo académica. Hay alumnos que dejan de ver para qué sirve lo que hacen en la escuela o que sienten que no tiene mucho que ver con su vida. Y eso afecta a su implicación, a su relación con el centro y a su participación en el aula.

También influye mucho el contexto en el que están. Hay estudiantes que viven situaciones muy complejas fuera de la escuela, y eso condiciona su trayectoria. Pero no es solo eso: también depende de cómo responde el propio sistema, de los recursos que tienen los centros o de la capacidad de acompañar esos procesos. Muchas veces esas primeras señales no se corrigen, sino que se van acumulando, y eso hace que la distancia con la escuela sea cada vez mayor.

Y llega un momento en que esa desconexión se consolida. El alumno deja de sentirse parte de la escuela y deja de verse capaz. Y entonces el abandono aparece más como el resultado de ese proceso que como una decisión puntual.

P. ¿En qué momento empieza a torcerse ese proceso? ¿Cuándo empiezan a aparecer esas primeras señales de desconexión?
R. Antes de lo que solemos pensar. Muchas veces ya en la educación primaria aparecen las primeras dificultades, aunque no siempre se identifiquen como señales de alerta. Son problemas que se van arrastrando y que condicionan la relación con el aprendizaje desde etapas tempranas.

El paso a la educación secundaria es un momento especialmente delicado. Cambia la organización del aprendizaje, el número de profesores, el nivel de exigencia y también el tipo de relación que se establece con el alumnado, y no todos hacen esa transición en las mismas condiciones. Ahí es donde muchas trayectorias empiezan a torcerse de forma más clara.

A partir de ese momento, si no hay acompañamiento, el riesgo aumenta. Porque esas dificultades previas no desaparecen, sino que se hacen más visibles y más difíciles de revertir dentro del sistema.

P. ¿Hasta qué punto el propio sistema educativo contribuye a que esa desconexión se produzca o se acentúe?
R. El sistema educativo no es neutro en este proceso: puede ayudar a compensar las desigualdades de partida o, por el contrario, reforzarlas. Y en muchos casos no está preparado para dar respuesta a la diversidad del alumnado. La educación secundaria sigue siendo bastante homogénea en su planteamiento, mientras que los estudiantes son cada vez más diversos. Eso hace que algunos no encuentren su lugar ni vean una conexión clara entre lo que ocurre en el aula y su propio futuro.

En ese contexto, el sistema no siempre corrige las dificultades iniciales, sino que tiende a consolidarlas, lo que acaba generando trayectorias educativas muy distintas según el punto de partida.

P. Con este diagnóstico, ¿hasta qué punto se puede prevenir ese abandono? ¿Qué margen real tiene el sistema para intervenir a tiempo?
R. No hay soluciones rápidas ni únicas, porque estamos hablando de procesos complejos que tienen que ver con desigualdades profundas. Pero eso no significa que no haya margen de actuación. Lo hay, y es importante.

Ese margen pasa, sobre todo, por intervenir antes y de forma más sostenida. No tanto con medidas puntuales, sino con la capacidad de detectar dificultades a tiempo, ajustar las respuestas educativas y sostener las trayectorias cuando aparecen los primeros problemas.

También implica repensar algunas inercias del sistema. Muchas veces se actúa cuando el problema ya es muy visible, cuando la desvinculación está avanzada, y ahí las opciones son más limitadas. Porque, en ese sentido, no se trata solo de ampliar la escolarización o de retener más tiempo al alumnado, sino de qué tipo de experiencia educativa se ofrece durante ese tiempo.

P. En ese debate sobre cómo intervenir, a menudo se plantea la posibilidad de ampliar la escolarización obligatoria hasta los 18 años. ¿Podría ser una vía efectiva?
R. Ampliar la escolarización obligatoria puede tener efectos positivos en algunos casos, pero por sí sola no resuelve el problema. Si no cambian las condiciones en las que los estudiantes viven su experiencia educativa, el riesgo es que simplemente prolonguemos situaciones de desvinculación dentro del sistema.

La cuestión no es solo cuánto tiempo están los jóvenes en la escuela, sino qué ocurre durante ese tiempo. Si no se transforman las prácticas educativas, la forma de enseñar o la capacidad de dar respuesta a la diversidad, la medida puede tener un impacto limitado. Por eso, el debate debería centrarse en cómo garantizar trayectorias educativas con sentido, en las que los estudiantes encuentren un lugar y puedan desarrollarse.

P. Durante mucho tiempo se ha hablado de la educación como ascensor social. ¿Sigue cumpliendo hoy esa función?
R. La educación sigue siendo un elemento clave para la movilidad social, pero no opera en las mismas condiciones que hace unas décadas. Hoy sabemos que no basta con acceder al sistema educativo: importa mucho en qué condiciones se transita por él y qué oportunidades reales se abren después.

En ese sentido, el sistema educativo puede contribuir a reducir desigualdades, pero también puede reproducirlas si no corrige las diferencias de partida. No todos los estudiantes recorren el mismo camino ni llegan a los mismos resultados, y eso tiene que ver tanto con su contexto como con las oportunidades que encuentran dentro del propio sistema.

Además, el valor de las credenciales educativas también ha cambiado. Tener un título ya no garantiza por sí mismo una inserción laboral estable, lo que introduce nuevos matices en esa idea de ascensor social. La educación sigue siendo necesaria, pero ya no es suficiente por sí sola.

P. Si esta situación se mantiene, ¿Qué consecuencias tiene para la sociedad?
R. Tiene consecuencias importantes, porque estamos hablando de desigualdades que se consolidan desde edades muy tempranas y que luego son muy difíciles de revertir. Cuando una parte de los jóvenes queda fuera de las oportunidades educativas, eso condiciona su acceso al empleo, pero también su participación social y sus expectativas de futuro.

A medio y largo plazo, esto afecta a la cohesión social. No es solo un problema individual, sino colectivo: implica una pérdida de talento, una mayor fragmentación y una sociedad menos equitativa. Y eso tiene efectos en muchos niveles, también en términos económicos. Por eso, más allá de los datos, el abandono escolar interpela directamente al modelo de sociedad que queremos construir y al tipo de oportunidades que estamos dispuestos a garantizar. 


viernes, 19 de junio de 2026

"Ser o no ser, esa es la cuestión": qué se esconde detrás de la famosa frase de Shakespeare que resuena hasta hoy

David Tennant en la producción de la Royal Shakespeare Company de la obra "Hamlet", de William Shakespeare, dirigida por Gregory Doran, en el Courtyard Theatre de Stratford-upon-Avon.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,David Tennant como Hamlet.

El actor parece estar solo en escena. Recostado contra una pared, tiene el aire de alguien que reflexiona profundamente. El ceño fruncido sugiere sufrimiento. En su voz, angustia. Las palabras salen lentamente, en un murmullo. "Ser o no ser: esa es la cuestión".

Así es como el escocés David Tennant comienza, en la versión para televisión filmada por la BBC en 2009, la primera escena del tercer acto de la obra "Hamlet", de William Shakespeare.

Es difícil evitar los superlativos. Esta es la frase más conocida de la obra más famosa de William Shakespeare. Él, a su vez, es el autor de teatro más célebre de la literatura occidental.

Pero, ¿Cuál es la historia detrás de esta frase?

¿Y qué hace que "Hamlet" sea una obra tan aclamada? ¿De qué trata? ¿Por qué tantos actores famosos quieren interpretar el papel de Hamlet y cuál es la relevancia de esta obra en la actualidad?

Hemos intentado responder a estas preguntas con la ayuda de expertos en Shakespeare y de la directora de interpretación teatral de la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Arts (RADA), Sinéad Rushe.

También traemos un testimonio de archivo en el que Tennant habla de cómo fue para él interpretar a Hamlet y del poder "casi trascendental" de los textos de Shakespeare.

Comencemos con algunos datos básicos sobre la obra y un resumen de la trama. 


William Shakespeare. Óleo sobre lienzo de Louis Coblitz, 1847.

Fuente de la imagen,DeAgostini/Getty Images

Pie de foto,William Shakespeare en un cuadro de Louis Coblitz de 1847.

 Una obra sobre la venganza, pero con una diferencia 

 El inglés William Shakespeare, nacido alrededor de 1564 y fallecido en 1616, escribió "La tragedia de Hamlet" (título completo de la obra) alrededor de 1599. En ese momento, ya era un maestro en el arte de la dramaturgia, y "Hamlet" tuvo un éxito inmediato.

Es la obra más larga del dramaturgo y existen varias versiones de ella. Las más completas superan las cuatro horas de duración.

Hamlet nos dejó, además de "Ser o no ser", otras frases memorables, como "Algo huele a podrido en Dinamarca" y "Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sueña tu filosofía".

La historia, en líneas generales, es la siguiente:

El fantasma del rey de Dinamarca le pide a su hijo, el príncipe Hamlet, que vengue su muerte. Le dice a su hijo que quien lo mató fue su propio hermano, tío de Hamlet y actual rey, Claudio, ahora casado con la madre de Hamlet, Gertrudis. Al borde de la locura —o fingiendo estar al borde de la locura— Hamlet reflexiona sobre la vida y la muerte, y planea matar a su tío.

Temiendo por su vida, Claudio también hace planes para matar a su sobrino. La obra culmina en un duelo al final del cual Claudio, Gertrudis, el oponente de Hamlet y el propio Hamlet están muertos. La familia real está muerta. Entra en escena Fortinbras, el príncipe de Noruega, que ahora asumirá el trono y tomará el poder en Dinamarca.

El resumen anterior no deja lugar a dudas: "Hamlet" es (entre otras cosas) una obra sobre la venganza. Un tema muy popular en el teatro en la época en que fue escrita. Pero Shakespeare lo hizo de otra manera.

"Dramáticamente, la venganza es un gran tema porque contiene acción y reacción, y eso le da estructura a la obra", comentó el profesor Jonathan Bate, de la Universidad de Oxford, en una entrevista con BBC Radio 4 en 2017.

Es decir, al igual que en las películas de acción actuales, las obras de venganza en la Inglaterra de Shakespeare eran espectáculos trepidantes, en los que sucedían muchas cosas.

"Pero lo que es tan innovador en esta obra es que, mientras que las versiones anteriores de las obras de venganza se centraban en las acciones del vengador, Hamlet se detiene y reflexiona", continúa Bate.

"Así, la obra tenía más soliloquios, más momentos de reflexión interior que cualquier otra obra anterior".

El soliloquio es un recurso dramático en el que el personaje habla consigo mismo.

En "Hamlet", el efecto de este recurso es que el príncipe de Dinamarca no revela sus pensamientos a nadie en la corte, sino que desnuda su alma ante todo el público.

Una escena de "Hamlet" producida por Laurence Olivier.

Una escena de "Hamlet" producida por Laurence Olivier.

Fuente de la imagen,Wilfrid Newton/Hulton Archive/Getty Images


Pie de foto,
Hamlet ha sido interpretado por grandes actores como Laurence Olivier, que produjo la obra de Shakespeare también para televisión. 

A lo largo de cuatro siglos, grandes actores, hombres y mujeres (sí, mujeres también), han aprovechado las increíbles líneas que Shakespeare puso en boca de Hamlet para mostrar su talento dramático.

En el siglo XX, Laurence Olivier, Ian McKellen, Ralph Fiennes, Keanu Reeves y Kenneth Branagh fueron algunos de ellos.

En este siglo, Benedict Cumberbatch, por ejemplo. En Brasil, Wagner Moura y Thiago Lacerda aceptaron el reto.

En 2008, por invitación de la prestigiosa compañía teatral británica Royal Shakespeare Company, David Tennant ofreció su versión del príncipe danés. En 2023, recordó la experiencia en una entrevista con la BBC.

"(Hamlet) es uno de esos papeles que, cuando estudias teatro, sueñas con interpretar algún día", cuenta Tennant.

Quizás por eso confiesa que recibir la invitación lo aterrorizó, pero no podía rechazarla.

"Eres consciente de la estirpe de actores queridos que te han precedido y, por supuesto, es maravilloso llevar esa antorcha durante un tiempo. Para un actor, es casi como una prueba olímpica. Sin duda, es el mejor papel del canon".

Tennant continúa: "Como actor, recibes estas palabras que son un poco mágicas y al principio un poco difíciles porque tienen 400 años de antigüedad. Hay que descodificarlas y no encajan inmediatamente en tu boca. Hay que traducirlas, da un poco de trabajo. Desde el punto de vista del público, también ocurre lo mismo".

"Pero hay algo en esas palabras que, cuando te adentras en ellas, cuando las controlas (...), cuando sientes, por un segundo, que eres tú quien dirige las palabras y no ellas a ti... hay algo casi trascendental en ellas".

Entre esas palabras mágicas se encuentran las que dan título a este reportaje.

"Ser o no ser: esa es la cuestión"

La crítica teatral y traductora brasileña Bárbara Heliodora, fallecida en 2015, es autora de la traducción de "Hamlet" más utilizada en Brasil.

Heliodora optó por una versión coloquial de la célebre frase: "Ser o no ser, esa es la cuestión", propuso.

Las siguientes líneas quedaron así:

"¿Es más noble soportar en la mente

los dardos del destino trágico,

o tomar las armas contra un mar de escollos

y, enfrentándolos, vencer?".

Según la entrada "Ser o no ser" de la Enciclopedia Británica, el monólogo expresa la obsesión de Hamlet con una importante cuestión moral. ¿Es correcto que Hamlet vengue la muerte de su padre matando al sospechoso del asesinato, Claudio? El monólogo, dice la entrada, también trata de la preocupación de Hamlet por los conceptos de vida, "ser", y muerte, "no ser".

En cuanto al significado del monólogo, la enciclopedia cita dos líneas interpretativas. Según la primera, Hamlet estaría expresando el temor de que, al matar a su tío Claudio, estaría cometiendo un pecado muy grave. Como resultado, su alma estaría condenada a la perdición eterna.

La segunda interpretación sería que Hamlet estaría considerando suicidarse.

Ambas interpretaciones tienen fuertes defensores y detractores, continúa la entrada de la Enciclopedia Británica. Y los diversos matices en el significado del monólogo reflejan la complejidad psicológica en la construcción del personaje.

¿Cómo es para un director dirigir esta escena?

Eso es lo que BBC News Brasil le preguntó a la irlandesa Sinéad Rushe, que conversa con la reportera al final de un día de ensayos con su propia compañía de teatro para un montaje experimental de "Hamlet" en colaboración con la RADA.

En su respuesta, a veces encarnando al personaje y otras hablando de Hamlet en tercera persona, la directora presenta una posible interpretación del monólogo.

Retrato de Sinéad Rushe.

Retrato de Sinéad Rushe.

Fuente de la imagen,Peter Hallward


Pie de foto,
Rushe describe el mundo desde la perspectiva de Hamlet: sin color, sin vida, lleno de desesperanza, corrupto, maloliente. 

Rushe dice que, en primer lugar, hay que comprender la situación en la que se encuentra el personaje. Está solo, ha perdido a su padre, su tío se ha casado con su madre y ella ya no le presta atención. Hamlet también ve una Dinamarca corrupta, incapaz incluso de cumplir el período adecuado de luto en respeto a su padre fallecido.

"Hamlet se pregunta: ¿merece la pena vivir en este mundo?".

"Mi sufrimiento es tan grande que estoy pensando en retirarme de este mundo".

Mentalmente, el actor se pone en ese estado de ánimo. Y el monólogo se compone de una serie de preguntas, explica ella.

"¿Es mejor seguir vivo o poner fin a mi vida?

¿Es más noble afrontar lo que la vida pone en mi camino o acabar con mi vida?"

Hamlet se imagina muerto y reflexiona que tal vez la muerte le traiga un gran alivio. Quizás pueda dormir, descansar, soñar... pero ¿y si tiene pesadillas? Recuerda lo que le dijo el espíritu de su padre, que estaba atrapado en el purgatorio.

"Si me mato, tal vez vaya al purgatorio, tal vez sufra terriblemente".

Entonces, Hamlet siente miedo, dice Rushe.

"El miedo a lo que hay más allá es tan grande que es por eso que no nos suicidamos, el miedo me impide quitarme la vida y me impide hacer cualquier cosa. Entonces, no hago nada".

Rushe dice que, para ella, el monólogo es interesante porque es una especie de carta suicida interpretada por el actor.

"Una carta que luego se rompe", dice la directora.

¿Un príncipe sediento de poder o al borde de la locura?

Sin embargo, cuando se trata de representar a Shakespeare, las decisiones del director y de la producción pueden transformar profundamente el significado de esa escena y, por supuesto, de toda la obra. Así lo afirma al servicio brasileño de la BBC la experta en Shakespeare Sheila Cavanagh, profesora de la Universidad Emory en Atlanta, Georgia, Estados Unidos.

Una representación de "Hamlet" en el campo de migrantes de Calais.

Una representación de "Hamlet" en el campo de migrantes de Calais.

Fuente de la imagen,Dan Kitwood/Getty Images


Pie de foto,
"Hamlet" es una de las obras de teatro más representadas del mundo. Aquí en una versión de los actores del teatro Globe de Londres en un escenario al aire libre en el campo de migrantes conocido como la "Jungla", en Calais, Francia.

"Una de las grandes cuestiones en 'Hamlet' es si sus facultades mentales están realmente alteradas o si todo forma parte de una estrategia suya".

En producciones protagonizadas por grandes nombres, sin embargo, es mucho más común que Hamlet sea representado como una figura reservada, enigmática, que no está loca, sino que solo finge estarlo, explica.

"Porque cuando tienes a estos grandes actores, quieren parecer que tienen el control. Ahora bien, esta es solo una interpretación de la obra. Otra interpretación sería que Hamlet está realmente perturbado mentalmente. Todo esto se deja de lado por razones que pueden no tener relación con la obra en sí".

La posibilidad de que la salud mental de Hamlet esté afectada tal vez dé peso a los argumentos de quienes defienden que hay connotaciones suicidas detrás de las palabras "Ser o no ser: esa es la cuestión".

Pero dejemos a un lado el monólogo para explorar otros grandes temas presentes en esta obra y la relevancia de Hamlet hoy en día.

Una decisión de la dirección que también altera radicalmente el sentido de la obra, continúa Cavanagh, tiene que ver con la inclusión o no del personaje de Fortinbras, cuyo padre, rey de Noruega, fue asesinado por el padre de Hamlet durante una batalla.

En la versión completa de la obra, Fortinbras se dirige a Dinamarca para vengar la muerte de su padre y recuperar el territorio tomado por Dinamarca en el pasado. En esta versión, Fortinbras llega con su ejército, encuentra a la familia real muerta y toma el poder.

"Cuando se elimina a Fortinbras, (la obra) se convierte en una tragedia doméstica", dice Cavanagh.

Pero eso elimina de la historia una dinámica fundamental, explica. Lo que le sucede a la familia real tiene graves consecuencias para el pueblo danés.

"Creo que eso es algo muy importante en esta obra, ese ir y venir entre los individuos, sus deseos, su egoísmo y la forma en que eso afecta a todos (en la sociedad)".

Llamamiento

Sinéad Rushe afirma que Fortinbras no fue eliminado de su versión de "Hamlet". Y que, en su interpretación de la obra, hay dos guerras en "Hamlet". La externa, entre Dinamarca y Noruega, y la interna, entre Hamlet y Claudio.

"En las interpretaciones modernas de 'Hamlet' se hace hincapié en su duelo, en la pérdida de su padre y en su relación freudiana, edípica, (con su madre)".

Rushe recuerda, sin embargo, que Claudio usurpó el trono cuando, en realidad, Hamlet era el heredero legítimo.

"Y la búsqueda fundamental de Hamlet, su deseo, es recuperar lo que es suyo", argumenta.

"No importa si está preparado o si alguien más cree que sería un buen rey. Nació para ser rey".

Montaje de "Hamlet" dirigido por Sinéad Rushe en el teatro de la Royal Academy of Dramatic Arts (RADA).

Montaje de "Hamlet" dirigido por Sinéad Rushe en el teatro de la Royal Academy of Dramatic Arts (RADA).

Fuente de la imagen,The Hamlet Project (Sinéad Rushe)


Pie de foto,
Montaje de "Hamlet" dirigido por Sinéad Rushe en el teatro de la Royal Academy of Dramatic Arts (RADA). 

En opinión de Rushe, temas como estos, invasiones, conquistas, territorio, poder y la noción de que "el más fuerte ganará" hacen de "Hamlet" una historia actual.

"Para mí, todo esto resuena ahora, políticamente, en lo que respecta a Rusia, Israel y Trump en Estados Unidos", afirma. "En esta idea de que quien tiene el poder tiene la razón".

¿Cómo es posible que un joven actor de hoy en día se identifique con la figura de Hamlet?, pregunto. La respuesta de Rushe puede ser válida también para públicos de todas las edades.

"Me parece interesante pensar en Hamlet como alguien joven y vulnerable, conectado con un futuro que él pensaba que iba a ser de una manera, pero que no será así".

Se siente perdido, en conflicto, no sabe qué hacer consigo mismo, se siente inútil, dice Rushe.

La directora habla de otro tema recurrente en la obra: la vigilancia. Los personajes se vigilan constantemente unos a otros.

"La corrupción en Dinamarca, la vigilancia, el espionaje... todo el mundo está siendo observado y controlado. Esto hace que Hamlet se sienta atrapado, no puede abandonar su vida y elegir un camino diferente".

Son cuestiones con las que los jóvenes pueden identificarse, afirma.

«¿Cómo se siente no tener ninguna autonomía? ¿Cómo se siente ser ignorado, no contar en este mundo? No sé cómo encajar, no sé cuál es mi papel».

«(Hamlet) puede ser un príncipe, pero eso no hace que su situación sea menos difícil existencialmente».

Relevante y actual, la historia del atormentado príncipe danés sigue siendo un éxito de taquilla en todo el mundo.

En el segundo semestre de 2025, solo en Londres hubo al menos dos montajes de la obra. Uno en el National Theatre. Y el dirigido por Rushe, presentado en el teatro George Bernard Shaw, en la Royal Academy of Dramatic Arts.

Le pregunto por qué alguien debería salir de casa para ir a ver Hamlet al teatro.

Rushe se ríe con gusto, tal vez porque, para ella, la pregunta parece casi una provocación. E intenta explicar cuál es, en realidad, el gran atractivo de Shakespeare.

"Bueno, cuando Shakespeare está bien hecho, y el verso se comprende y se incorpora realmente (por el actor), suena tan claro, tan humano, que es difícil de creer", dice Sinéad Rushe. "Suena rico, lleno de matices, divertido, inteligente e increíblemente contemporáneo".

"Es como la gente hablando".

Añade:

"Además, hay tantas frases e imágenes de esta obra en la conciencia colectiva que es maravilloso escucharlas en su contexto".

"Nuestro reto", concluye la directora, "es hacer que suenen frescas, como si nunca se hubieran escuchado antes".

jueves, 18 de junio de 2026

5 libros para atravesar una ruptura amorosa

Ilustración de un hombre que carga una caja con sus pertenencias y atraviesa una gran puerta con forma de libro, mientras una mujer, con gesto sombrío, la cierra detrás de él.
Credit...Monica Garwood

Expertos en salud mental comparten los títulos que más sugieren a quienes atraviesan el final de una relación.

El corazón roto tiene su nombre por una razón. Cuando experimentamos el rechazo o la pérdida de una pareja, lo sentimos en el cuerpo. La angustia emocional incluso activa algunas de las mismas zonas del cerebro que el dolor físico.

La pérdida amorosa también puede afectar nuestra conducta. Puede cambiar el apetito, alterar el sueño o resultar difícil concentrarse. Procesar lo ocurrido puede adoptar muchas formas.

“Desde el punto de vista psicológico, no existe una reacción única”, dijo Cory Newman, director del Centro de Terapia Cognitiva de la Universidad de Pensilvania.

Los libros, sin embargo, pueden ayudar a tranquilizarnos. Algunos explican la ciencia que hay detrás de nuestros apegos y rupturas románticas. Pero, sobre todo, ayudan a quitar “el misterio” de por qué una ruptura duele tanto, dijo Shan Boodram, educadora sexual y presentadora del pódcast Lovers by Shan.

Les pedimos a psicólogos, terapeutas y asesores de citas que compartieran los libros que más recomiendan durante una ruptura: aquellos que exploran lo que ocurre en la mente y el cuerpo, ofrecen perspectiva y brindan apoyo. 
La portada del libro <em>Break Up on Purpose</em> de John Kim es azul. Un subtítulo en amarillo dice, en inglés, “Un catalizador para el crecimiento”.
Credit...
La portada del libro Break Up on Purpose de John Kim es azul. Un subtítulo en amarillo dice, en inglés, “Un catalizador para el crecimiento”.

En este libro de 2024, John Kim —también conocido como “el terapeuta enojado”— replantea el desamor como una oportunidad para comprender tus patrones y crecer, en lugar de verlo como un fracaso.

Destaca ocho tipos de rupturas —como “Me engañaste/Me dejaste por otra persona” y “La ruptura que nunca termina”— junto con historias personales que ayudan a los lectores a darle sentido a sus propias situaciones. Marie Thouin, asesora en citas y relaciones, recomienda el libro porque “les da a las personas un lenguaje con el que pueden identificarse para describir su experiencia interior”.

“Los clientes se sienten menos rotos cuando se dan cuenta de que su experiencia encaja en un patrón”, añadió Thouin. 
La portada del libro <em>Separación consciente</em>, de Katherine Woodward Thomas, es de color azul claro. Los subtítulos de la portada dicen, en inglés, “5 pasos para amar felizmente incluso después” y “Cómo romper de una forma totalmente nueva”.
Credit...Harmony

La portada del libro Separación consciente, de Katherine Woodward Thomas, es de color azul claro. Los subtítulos de la portada dicen, en inglés, “5 pasos para amar felizmente incluso después” y “Cómo romper de una forma totalmente nueva”. Credit...Harmony

Katherine Woodward Thomas, terapeuta matrimonial, escribió Separación consciente (término popularizado por Gwyneth Paltrow) para ayudar a las parejas a terminar sus relaciones con intención y elegancia. Publicado en 2015, el libro incluye anécdotas, ejercicios guiados, guiones y un proceso de sanación en cinco pasos.

Alexandra Solomon, psicóloga clínica y presentadora del pódcast Reimagining Love, destaca el primer paso del proceso, que consiste “en crear una cierta sensación de seguridad emocional y estabilidad” en medio de la tormenta del desamor. En ese paso, Woodward Thomas sugiere que los lectores comiencen creando una intención positiva para el futuro, lo que, según Solomon, “invita a las personas a abrirse a posibilidades que pueden existir junto al dolor”. 
La portada del libro <em>Sé amable contigo mismo</em> de Kristin Neff es blanca y morada. Hay una pequeña imagen de una flor amarilla en la parte inferior.
Credit...William Morrow Paperbacks
La portada del libro Sé amable contigo mismo de Kristin Neff es blanca y morada. Hay una pequeña imagen de una flor amarilla en la parte inferior.

Credit...William Morrow Paperbacks

En su libro, Kristin Neff, profesora asociada de psicología educativa en la Universidad de Texas en Austin, explica la ciencia detrás de la autocompasión y muestra por qué es más saludable que culparse a uno mismo. Habla de su propia experiencia al intentar ser amable consigo misma como madre de un hijo con autismo. También propone hacer ejercicios como la “pausa de autocompasión”, una forma de calmar la tensión mediante una caminata, la meditación o simplemente tomarse un tiempo para respirar.

La autocompasión puede ayudar a combatir la culpa y la vergüenza que suelen acompañar a las rupturas, explicó Solomon, quien también recomendó el libro.

Aunque este libro de 2011 no aborda de manera explícita las rupturas, Erica Schwartzberg, psicoterapeuta en la ciudad de Nueva York, lo recomienda a los pacientes que atraviesan una separación porque enseña a tratarse con mayor amabilidad. 

 La portada del libro <em>How to Be Single and Happy, Science-Based Strategies for Keeping Your Sanity While Looking for a Soul Mate</em>, de Jennifer Taitz, es azul claro con texto blanco.


La portada del libro How to Be Single and Happy, Science-Based Strategies for Keeping Your Sanity While Looking for a Soul Mate, de Jennifer Taitz, es azul claro con texto blanco. 

Este libro de 2018 es una exploración, sustentada en una investigación profunda, de lo que significa construir una vida con sentido estando soltero. Jenny Taitz, psicóloga clínica especializada en terapia cognitivo-conductual y terapia dialéctico-conductual, comparte su propio recorrido, desde un compromiso roto hasta conocer a su pareja. Se basa tanto en su campo que es la psicología, como en una amplia variedad de disciplinas, entre ellas la ciencia, la historia, la filosofía e incluso el yoga.

Uno de los aspectos que hacen útil este libro son los resúmenes de investigación, claros y accesibles, que aparecen al final de cada sección, dijo Newman, psicólogo de la Universidad de Pensilvania. En el fondo, el libro es una reflexión sobre lo que significa vivir bien: “una clase sobre cómo seguir tus valores y, quizá, encontrar a esa pareja”, añadió. 

 La portada del libro <em>You Are the One You’ve Been Waiting For</em>, de Richard Schwartz, es blanca con grandes manchas azules, naranjas, amarillas y moradas.
Credit...Center for Self Leadership

La portada del libro You Are the One You’ve Been Waiting For, de Richard Schwartz, es blanca con grandes manchas azules, naranjas, amarillas y moradas.

Richard Schwartz es un terapeuta familiar que desarrolló el modelo de sistemas familiares internos, un enfoque terapéutico que plantea que estamos formados por distintas “partes” o facetas, cada una con sus propios dones y desafíos. En este libro, publicado originalmente en 2008, aplica este enfoque a las relaciones románticas que atraviesan períodos turbulentos.

En momentos de desamor, este libro funciona como una medicina eficaz, dijo Schwartzberg, porque “ayuda a comprender con mayor profundidad los hábitos repetidos y los patrones de relación”. Las herramientas de Schwartz incluyen ejercicios de escritura reflexiva para fomentar la introspección y animar a los lectores a examinar sus sentimientos en torno al conflicto y las expectativas.

Aunque Schwartz dedica la mayor parte del libro a comprender las fuerzas que actúan entre nuestras distintas partes, lo cierra sugiriendo maneras en que los lectores pueden usar estas prácticas para reparar daños y construir intimidad.