domingo, 17 de mayo de 2026

Cómo responde nuestro cerebro ante las opiniones contrarias (y cómo entrenarlo para aprender a escuchar)

Una mujer apoya los codos sobre una mesa y se tapa la cara mientras un hombre gesticula hablándole.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Cuando escuchamos una opinión contraria a la nuestra, en el cerebro se activan varias regiones implicadas en manejar el dolor y las amenazas.

Escuchar una opinión contraria a la nuestra rara vez es una experiencia neutra. Aunque solemos atribuir esta dificultad a factores culturales o personales, la ciencia muestra que tiene raíces profundas en el funcionamiento del cerebro.

Desde la neurociencia sabemos por qué nos cuesta tanto escuchar opiniones diferentes.

El desacuerdo activa sistemas diseñados para detectar conflicto y mantener la coherencia interna.

Esto explica por qué solemos reaccionar con rapidez y, a menudo, con rigidez ante ideas que desafían lo que creemos.

El cerebro detecta conflicto antes de razonar
Cuando escuchamos una idea que contradice nuestra forma de pensar, el cerebro no empieza evaluando argumentos. Primero detecta que hay un conflicto. Una de las regiones implicadas en este proceso es la llamada corteza cingulada anterior o CCA.

Esta estructura actúa como un radar encargado de identificar inconsistencias entre nuestras expectativas y la realidad, así como conflictos entre respuestas o entre creencias. Por lo tanto, la CCA funciona como un "radar de incongruencias".

La evidencia neurocientífica muestra que la CCA forma parte de circuitos implicados tanto en el control cognitivo como en el procesamiento del dolor físico y del dolor social.

Por eso, una opinión contraria puede ser experimentada como algo incómodo o amenazante, incluso cuando no hay confrontación directa.

Junto a la corteza cingulada anterior se activan otras regiones. Una de ellas, la amígdala, está implicada en la respuesta de amenaza. Otra área importante, la ínsula, está relacionada con la percepción del malestar corporal.

dibujo a lapiz de un cerebro. tiene algunas líneas de color amarillo, azul y rojo. Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

Conocer tu cerebro te puede ayudar a regularlo.
El resultado de este proceso es familiar para todos: nudo en el estómago, tensión corporal y una tendencia a defenderse o cerrar la conversación.

Finalmente entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de funciones como la planificación, la inhibición de impulsos y la toma de decisiones.

El coste cognitivo y emocional de integrar otra perspectiva
Aceptar una visión opuesta exige un esfuerzo considerable. El cerebro debe mantener al mismo tiempo dos modelos mentales incompatibles: "lo que yo creo" y "lo que tú dices".

Además, debe compararlos y decidir si alguno debe modificarse. Desde el punto de vista energético, es una operación exigente.

A este esfuerzo se suma la disonancia cognitiva: el malestar que aparece cuando una información amenaza la coherencia de nuestra visión del mundo o de nuestra identidad.

En muchos casos, este malestar no se resuelve escuchando al otro, sino justificando lo que ya pensábamos. Es lo que se conoce como "razonamiento motivado".

Por otra parte, muchas creencias están ligadas a la pertenencia a un grupo.

Cambiar de perspectiva puede ser experimentado, aunque sea de forma inconsciente, como un riesgo social: quedar mal, perder estatus o sentirse excluido.

El cerebro social está especialmente orientado a evitar ese tipo de amenazas.

El estrés dificulta escuchar y pensar con calma
Un factor clave en todo este proceso es el estrés.

Cuando este es elevado o sostenido, el sistema nervioso funciona en modo de alerta, lo que reduce la capacidad de la corteza prefrontal para regular emociones y sostener el desacuerdo con calma.

En ese estado, escuchar se vuelve especialmente difícil.

radiografías del cerebro en una tablet. Una mano señala el dispositivo. Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,Cambiar de perspectiva también puede interpretarse como un riesgo social, porque muchas creencias están ligadas a pertenecer a un grupo.

La buena noticia es que estos sistemas son plásticos. Las regiones cerebrales implicadas en el conflicto, la emoción y el control cambian con la experiencia y la práctica.

Escuchar desde la calma se puede entrenar
La dificultad para escuchar opiniones contrarias ha ido ganando presencia en el debate social y cultural. Especialmente en contextos donde las decisiones tienen consecuencias compartidas como en equipos de trabajo, instituciones o espacios de liderazgo.

El desacuerdo mal gestionado suele escalar hacia conflictos interpersonales, bloqueos comunicativos y deterioro del clima emocional.

Se trata de algo muy común en entornos laborales de alta demanda.

Afortunamente podemos entrenar la escucha desde la calma, circunstancia que mejora de forma clara el liderazgo y la toma de decisiones.

Prácticas como el mindfulness o el biofeedback reducen la reactividad automática y aumentan la capacidad de observar el desacuerdo sin responder de forma impulsiva.

Por ejemplo, estudios sobre redes cerebrales en reposo muestran que la práctica sostenida de mindfulness modula redes cerebrales implicadas en regulación emocional y flexibilidad cognitiva.

De este modo se favorecen respuestas más adaptativas ante la discrepancia.

Por otra parte, nuestros proyectos de investigación del grupo Neurociencia del Bienestar de la Universidad de Sevilla han mostrado que entrenar la regulación fisiológica y emocional se asocia con una mayor capacidad para pausar antes de responder, escuchar con menos reactividad y gestionar conversaciones difíciles con mayor claridad.

un hombre canoso, sentado en un escritorio y con un computador en frente, se lleva las manos a la cara. Aunque no se le ve el rostro su posición implica que está angustiado.Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

El estrés nos hace estar en alerta, por lo que, en dicho estado, se nos dificulta escuchar a otros. La clave no está en eliminar la incomodidad, sino en aprender a regularla para que no derive en rechazo automático. Escuchar no significa ceder ni renunciar a los propios valores. Significa sostener la incomodidad el tiempo suficiente para ampliar el marco desde el que decidimos. En un mundo cada vez más polarizado, la capacidad de escuchar opiniones contrarias es una habilidad neurocognitiva entrenable. Comprender cómo responde el cerebro al desacuerdo es el primer paso para dejar de reaccionar automáticamente y empezar a responder con mayor calma, claridad y humanidad. *Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer el texto original. 

sábado, 16 de mayo de 2026

La conversación más importante que tendrás antes de morir. Hablar con tus seres queridos de tu voluntad anticipada te facilitará la vida (y la muerte) más adelante.

En lugar de hablar de política en las reuniones familiares de la temporada de fin de año, considera un tema menos complicado: la muerte.

Es algo en lo que pocos queremos pensar, pero la muerte es una realidad con la que todos nos encontraremos; a menudo primero como cuidadores y luego, inevitablemente, cuando llegue a la nuestra.

Por incómodo que pueda resultar, hablar de los cuidados médicos que uno quiere recibir al final de su vida es “una de las cosas más amorosas” que uno puede hacer por su familia, comentó Jennifer Gabbard, directora del Programa de Investigación en Medicina Paliativa de la Facultad de Medicina de la Universidad Wake Forest.

Estar al tanto de tus deseos con antelación puede hacer que las decisiones difíciles sean un poco más fáciles para tus seres queridos, y saber que están haciendo lo correcto será un consuelo.

Estas conversaciones no son solo para las personas que están en sus años dorados. Si eres joven y estás sano, puedes plantearlo como una plática de “por si me atropella un autobús”, explicó Omni Kitts Ferrara, directora de educación de la Asociación Internacional de Doulas para el Final de la Vida.

La muerte es un tema complicado, por lo que vale la pena pensar en cómo hacer que estas conversaciones sean menos estresantes para tus familiares y amigos. He aquí un esbozo de lo que hay que tratar.

Sí, hablamos de un documento de voluntad anticipada
En los cuidados al final de la vida, hay dos cosas principales que considerar, platicar y, en última instancia, poner por escrito. La primera es qué tipos de tratamientos quieres o no quieres recibir, lo que suele denominarse testamento vital. La segunda es quién te gustaría que comunique tus preferencias y tome decisiones sobre tus cuidados en caso de que no puedas hacerlo, lo que se conoce como poder notarial para la atención médica. Juntas, estas instrucciones constituyen tu voluntad anticipada: documentos que puedes compartir con tu familia y con tu médico para que sean archivados junto con tu historial médico.

No es necesario que un médico o un abogado rellenen los documentos de voluntad anticipada, pero sí que los firmen tú y al menos un testigo. En EE. UU., los requisitos exactos difieren de un estado a otro —en algunos lugares, los formularios deben ser autenticados por un notario—, así que asegúrate de averiguar lo que se pide en tu estado.

Primero, enfócate en tu testamento vital
Antes de hablar de tus deseos con los demás, puede ser útil redactar un testamento vital para tener claras tus ideas sobre el tema. Algunos sistemas de salud grandes disponen de formularios que pueden facilitar a los pacientes, o puedes encontrar uno en internet. Varios expertos con los que hablamos recomendaron el sitio web Five Wishes como recurso útil.

En general, el testamento vital se reduce a si “quieres cuidados paliativos solo para tratar tus síntomas” o si “quieres un tratamiento agresivo sea cual sea el pronóstico”, explicó Caitlin Cassady, trabajadora social especializada en el final de la vida y coautora del libro Dying at Home: A Family Guide for Caregiving. (Morir en casa: una guía familiar para el cuidado) Algunos testamentos vitales preguntan si querrías intervenciones médicas específicas para prolongar la vida, como un respirador artificial o una sonda de alimentación. Sin embargo, dado que puede resultar difícil entender lo que estos procedimientos podrían implicar, muchos testamentos vitales se enfocan en tus valores y prioridades además de en los tratamientos específicos, o incluso en lugar de ellos.

Por ejemplo, podrían preguntarte: ¿Qué da sentido a tu vida, y cómo te sentirías si no pudieras hacer esas cosas? ¿Qué condiciones de vida serían inaceptables para ti? Es valioso reflexionar sobre este tipo de preguntas y explorarlas con las personas más cercanas a ti.

Un testamento vital es distinto de una orden de no reanimar o de un documento de órdenes médicas de tratamiento para mantener la vida, ambas cosas destinadas a personas que los médicos consideran que tienen un riesgo más inminente de morir. Estos formularios los facilita y llena el personal del hospital, y solo cubren intervenciones médicas concretas, como la reanimación cardiopulmonar o la intubación.

Toma en cuenta que un testamento vital no es “algo que se hace una sola vez”, dijo Gabbard. Es probable que tus deseos cambien a medida que envejezcas, o que una enfermedad terminal cambie tus planes, así que revísalo cada par de años.

Y cada vez que lo hagas, háblalo con tu familia. Porque aunque redactar un testamento vital es un paso crucial, hablar de tus deseos con tus seres queridos puede ser igual de importante.

Después, designa a tu apoderado médico
Aunque tu familia debe estar informada de tus deseos médicos, tu poder notarial para la atención médica comunicará oficialmente tus preferencias al equipo médico y tomará decisiones sobre tu cuidado en caso de que tú no puedas hacerlo.

Tu apoderado notarial para la atención médica puede ser quien tú quieras —no tiene que ser un familiar—, pero hay algunas cosas que debes tomar en cuenta a la hora de pensar en a quién elegir, comentó Cassady. ¿Qué tan cercano eres a esa persona? ¿Puedes mantener conversaciones difíciles con ella? ¿Sería capaz de cumplir tus deseos, aunque ello supusiera suspender un tratamiento que te salvara la vida? ¿Cómo se comporta en una crisis?

“¿Quién crees que toma decisiones muy buenas en situaciones de estrés?”, dijo Cassady. Los testamentos vitales “realmente no lo cubren todo, y la gente a menudo se encuentra en situaciones en las que toma decisiones que nunca pensó que tomaría”.

Es esencial que hables con antelación con la persona que elijas, para asegurarte de que se siente cómoda estando en esa posición. Y probablemente también valga la pena informar a aquellos a los que no has elegido. “La gente puede sentirse realmente herida si no comunicas” a quién has elegido y por qué, dijo Cassady. Lo último que quieres es un conflicto —o una gran pelea— durante una urgencia médica.

Aunque abordar el tema de la muerte puede dar miedo, quizá te sorprenda cómo te sientes después. “Cuando pensamos en nuestra propia mortalidad”, dijo Ferrara, “eso tiene una forma interesante de recordarnos reflexivamente que estamos vivos”.

Dana G. Smith es periodista del Times y cubre salud personal, en particular el envejecimiento y la salud cerebral. Más de Dana G. Smith

viernes, 15 de mayo de 2026

5 conversaciones que debes tener con tus padres cuando envejecen. Muchas familias posponen estos temas. Pero hablar de ellos ahora puede conducir a un mejor cuidado en el futuro.

 Ilustración de una persona hablando con ternura a un padre anciano mientras están sentados entre grandes recipientes de medicamentos y vitaminas.

Credit...Maria Hergueta
Los estadounidenses viven más años y a menudo lidian con múltiples enfermedades crónicas. Pero muchos hijos adultos no saben realmente qué pasa con la salud de sus padres, hasta que sucede una caída, un viaje en ambulancia o una estancia en el hospital.

Esta falta de comunicación perjudica a todos, dijo Louise Aronson, geriatra de la Universidad de California en San Francisco y autora de Elderhood. En una emergencia, los hijos adultos pueden no saber qué hacer, tener un conflicto con sus hermanos y sentirse culpables durante mucho tiempo por la posibilidad de no haber tomado la decisión correcta. Para los padres, el silencio puede significar que no se entienden sus deseos y que sus hijos sufren innecesariamente el estrés de tener que adivinar.

El Times Una selección de lecturas que no encontrarás en otro lugar, con eñes y acentos. Get it sent to your inbox. Para evitar estas situaciones, hemos preguntado a los expertos qué necesitas saber sobre tus padres de edad avanzada antes de una crisis, y cómo abordar estas difíciles conversaciones.

“Da la sensación de que los estás haciendo pasar por algo difícil, pero estás evitando algo que es mucho, mucho peor”, dijo Aronson.

Conoce su punto de referencia
En caso de urgencia, los médicos solo tienen una instantánea del estado de salud de tus padres, por lo que hacerse una idea de su funcionamiento diario puede ayudarlos a diagnosticar y tratar a tus padres con eficacia.

Primero, pregúntales por sus rutinas. A continuación, hazles preguntas más concretas sobre su movilidad y cognición, dijo Sabrina Taldone, jefa de medicina interna general de University of Miami Health.

Pueden ser temas delicados, así que pide permiso para hablar de ellos y explica por qué lo preguntas: “Porque me preocupo por ti y quiero asegurarme de que puedo apoyarte en caso de emergencia”, dijo Taldone.

A veces lo mejor es hablar del tema indirectamente. En lugar de preguntar si se ha caído o tiene problemas de memoria, intenta preguntar si hay situaciones que evita (como las escaleras, los paseos largos o conducir de noche) o si hay algo que antes le resultaba fácil y ahora le cuesta más esfuerzo (como gestionar las facturas o llevar un registro de las citas).

Taldone dijo que es útil volver a plantear estas preguntas al menos una vez al año, o después de cualquier acontecimiento trascendental relacionado con la salud, como una hospitalización o una intervención quirúrgica. Esto es especialmente importante si no vives cerca y no ves los cambios graduales de primera mano.

Pregunta por su historial médico
Empieza por recopilar una lista de los medicamentos que toman tus padres, junto con los nombres y números de teléfono de sus médicos, alergias y operaciones anteriores, dijo Namita Seth Mohta, profesora adjunta de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard y antigua directora de Ariadne Labs.

Esta lista es especialmente útil en caso de urgencia, porque indica al médico qué enfermedades subyacentes padece el paciente, si un fármaco puede estar contribuyendo a la situación y qué medicamentos deben continuarse o evitarse en el hospital, dijo Mohta.

Si es posible, anota los suplementos que toman tus padres o los medicamentos que no toman con regularidad, ya sea por su costo, por sus efectos secundarios o por olvido.

Apunta también el nombre y el número de su farmacia para que, en caso de urgencia, el médico pueda llamar para verificar qué medicamentos han recogido, dijo Mohta. Esto es especialmente importante si tus padres prefieren no compartir contigo su lista de medicamentos.

Puedes guardar toda esta información en forma de archivo o foto en tu teléfono, pero también vale la pena que guardes una copia en la cartera por si te quedas sin batería.

Aclara qué es lo más importante
Durante una crisis de salud, hay innumerables decisiones que los padres o hijos adultos pueden tener que tomar. Aunque no es posible anticipar todas, hablar de objetivos y valores por adelantado puede ayudar a los padres a sentirse más preparados para una emergencia y a mantener a los hijos adultos en la misma línea.

“No se trata solo de lo que quieres al final de tu vida”, dijo Mohta, “se trata de cómo quieres que sea tu vida” a medida que envejeces.

Explora qué aporta alegría y significado a tus padres, sus mayores preocupaciones, sus prioridades en cuanto a tratamiento médico y lo que quieren evitar. Por ejemplo, un padre o madre puede decir que quiere pasar el mayor tiempo posible en casa, que quiere hacer todo lo posible por sobrevivir o que no quiere que le mantengan con vida las máquinas de la unidad de cuidados intensivos.

“En una urgencia, tomas decisiones de forma apresurada; es algo emocional”, dijo Mohta. “Se trata de una oportunidad para reflexionar con antelación”.

También puedes intentar tratarlo como una actividad de grupo: dedicar tiempo a esto durante una reunión familiar y pedir a todos que compartan lo que les importa, dijo Mohta. Esto puede evitar que tus padres se sientan señalados y, al avisar con antelación, da tiempo a todos para que se preparen, en lugar de sentirse emboscados.

Hablen del entorno en el que viven
Uno de los principales motivos por los que la gente acaba en hospitales o centros de cuidados es la falta de adecuación entre sus capacidades cotidianas y el entorno doméstico, dijo Aronson.

Por lo tanto, habla con tus padres sobre la posibilidad de hacer cambios en casa para ampliar su independencia. Por ejemplo, a medida que empeoran su visión y equilibrio, puede ser útil retirar las alfombras sueltas y el desorden, e instalar mejor iluminación, una silla de ducha y pasamanos. Una caída puede llevar a una hospitalización, una temporada en rehabilitación e incluso el traslado a una residencia de ancianos, así que enmarca estos ajustes como una forma de ayudar a tus padres a mantener el control de su vida cotidiana.

También vale la pena hablar de dónde vivirán tus padres a largo plazo, dijo Aronson, no para animarlos a mudarse, sino para conocer sus preferencias. ¿Querrían tus padres quedarse en casa a cualquier costo? ¿Estarían dispuestos a mudarse a un lugar más pequeño? ¿Considerarían la posibilidad de contratar ayuda, mudarse con la familia o probar la vida asistida?

Tener estas conversaciones de manera previa puede ayudar a maximizar las opciones de tus padres, ya que las listas de espera de los centros pueden ser largas y algunos lugares no pueden atender enfermedades más graves.

A veces es una negociación, dijo Aronson: los hijos adultos pueden dar prioridad a la seguridad, y los padres a su independencia. “La idea es encontrar algo que ofrezca un poco de cada cosa”, dijo.

Nombra a una persona encargada
Cuando un padre o madre está demasiado enfermo para hablar por sí mismo, sus seres queridos pueden tener que intervenir. Pero si el grupo no está alineado o no sabe quién está al mando, los cuidados pueden retrasarse, los mensajes pueden confundirse y los deseos del padre o madre pueden perderse, dijo Aronson.

Por eso los hijos adultos deben preguntar explícitamente a sus padres quién será responsable de la toma de decisiones médicas, y asegurarse de que todo el mundo lo tiene claro. Tener esta conversación es lo mínimo, dijo Taldone, pero también puede ayudar rellenar un documento de voluntad anticipada y un poder notarial para la atención médica, que explicite los deseos de asistencia médica y designe formalmente a una persona para que tome decisiones en caso de urgencia.

Recuerda que no se trata de elegir a un favorito, dijo Taldone, sino de elegir a la persona que tiene las mejores condiciones para hacerlo. Considera a alguien que esté cerca o estrechamente implicado, que entienda lo que quiere el padre o madre y que pueda seguir esos deseos aunque otros no estén de acuerdo, explicó. En otras palabras, podrías ser tú o uno de tus hermanos, pero también la pareja, un amigo cercano o un hermano o hermana de tu padre o madre.

“A menudo, la familia toma las decisiones conjuntamente, pero al final hay una persona que es la responsable”, dijo Taldone.

Simar Bajaj cubre salud y bienestar. 

jueves, 14 de mayo de 2026

El uso de los migrantes como chivos expiatorio. La crueldad como política, y la mentira como estrategia

Narrativas de odio y violencia
Con el inicio del nuevo gobierno de Estados Unidos (EUA), los migrantes, quienes ya enfrentan desde hace años contextos adversos y de exclusión (especialmente los que no cuentan con documentos), han visto una drástica precarización de sus condiciones de vida y trabajo en dicho país del norte global. El titular del ejecutivo estadounidense, y los funcionarios encargados del tema migratorio y de fronteras, proceden mediante tres criterios tendenciosos en lo referente a las migraciones:

1) No basan sus acciones en hechos, pero tampoco en información (estatal y académica) veraz sobre las migraciones y las poblaciones que no son de EUA. Se orientan por prejuicios xenófobos, racistas y clasistas, que consideran a los migrantes como seres humanos inferiores; estigmas que nada tienen que ver con la realidad. Las mentiras son estrategias recurrentes en las narrativas gubernamentales, y mediante flagrantes falsedades se “transmuta” a los migrantes en los responsables de diversos males: el crimen, la merma de recursos, fronteras inseguras.

2) El gobierno de EUA no busca que sus acciones se encuadren de acuerdo con los marcos jurídicos constitucionales, y de los derechos humanos. Por el contrario, considera que, en la consecución de su agenda anti inmigratoria y discriminatoria, todo está permitido; incluso pasar por encima de la ley, y la propia constitución de EUA.

3) Las acciones del ejecutivo y su zar fronterizo también se guían por la lógica de infligir a los migrantes la mayor cantidad de dolor y violencia posible. Los perciben como enemigos (y chivos expiatorios) a los que, no sólo hay que vencer y desterrar, sino también humillar, agredir y castigar. Deliberadamente el gobierno estadounidense produce la crueldad como política hacia determinadas poblaciones extranjeras (particularmente las que carecen de documentos migratorios, y no proceden del norte global).

Con base en esta visión basada en mentiras, la actual administración estadounidense ha recurrido a medidas drásticas, muy cuestionadas, y que muy frecuentan transgreden el “debido proceso” y violan las leyes migratorias de EUA. Estás acciones van desde el cierre y la militarización de la frontera sur de EUA (sin ninguna justificación medianamente razonable) y ampliar las capacidades de diversas agencias federales (para detener migrantes), hasta las redadas masivas, la persecución de las ciudades santuario y las deportaciones ilegales (como las de doscientos venezolanos y el salvadoreño Kilmar Abrego García, quienes fueron forzados violentamente a dejar EUA, pese a las órdenes de jueces federales que prohíben dichas acciones de criminalización migratoria).

Desmontar los discursos de estigmatización y la criminalización

Sin embargo, y siguiendo las reflexiones del teórico de las migraciones Abedelmalek Sayad, frente a escenarios de abierta distorsión de la realidad, se vuelve necesario criticar el uso de narrativas y términos imprecisos e ideológicos que, sin sustento ni evidencia, estigmatizan y deforman las lecturas de los procesos sociales y de los sujetos involucrados.

En este sentido, es pertinente desmontar y cuestionar algunas de las principales mentiras del ejecutivo de EUA sobre las migraciones y los migrantes.

Primera mentira. Las migraciones están desbordadas, y la frontera sur de EUA está rebasada y asediada. Dicha afirmación está lejos de ser verdad. De acuerdo con los propios datos de las instituciones del gobierno estadounidense encargadas de los registros de las detenciones de los migrantes sin documentos en la frontera sur de EUA (el U.S. Custom and Border Protection, 2025), desde 2024 hay una clara reducción de las cifras de este tipo de poblaciones migrantes tratando de ingresar a suelo estadounidense. De hecho, en el año fiscal de EUA de 2023, se registraron casi 2,476,000 detenciones, y para el año fiscal de 2024, hubo un decrecimiento drástico a 2,135,000 (U.S. Custom and Border Protection, 2025).

Y, desde un buen número de meses antes de que llegara el actual titular del gobierno de EUA, se mostraba ya con claridad esta tendencia a la baja respecto a lo acontecido en 2023 y 2022. Y, en lo que va de 2025, la dinámica de decrecimiento se ha mantenido aún de una manera más drástica; el conjunto del acumulado de detenciones de enero, febrero y marzo de 2025 es de menos de 100,000, cifra muchísimo más baja que los registros de los trimestres enero a marzo de 2023 y de 2024 (U.S. Custom and Border Protection, 2025).

Segunda mentira. Los migrantes son una carga económica, y sólo representan una sangría a los recursos del gobierno. Los datos económicos muestran justo lo opuesto. En 2022, los aproximadamente once millones de migrantes sin documentos de EUA (casi el 5% de la fuerza laboral de dicho país) (Pew Research Center, 2024), pagaron cerca de 100 mil millones de dólares en impuestos (BBC, 2024); además, para ese mismo año, se calculó que los hogares de los migrantes sin documentos contribuyeron con aproximadamente 22 mil millones de dólares a la seguridad social, y con casi 6 mil millones a los servicios de salud de medicare (Gobierno de México, 2025). Y el aporte económico en consumo de bienes y servicios por parte de los migrantes en EUA es varias veces más alto que el monto pagado en impuestos en 2022.

Los migrantes sin documentos son, fundamental y en su gran mayoría, trabajadores precarizados y explotados en nichos fundamentales de la economía de EUA, desde la agricultura y la empresa de la construcción, hasta las empaquetadoras de carne y las diversas áreas del sector de servicios: labores de cuidado y limpieza, trabajadores de pequeños negocios, repartidores. Estos migrantes, al recibir menores salarios y estar precarizados, abaratan de forma significativa los costos de producción, y, por tanto, incrementan las ganancias de los empleadores. Son, además, trabajadores jóvenes de los que carece EUA, debido al consolidado proceso de envejecimiento que viene presentando desde hace años. Un ejemplo del rol estratégico de los migrantes indocumentados es la agricultura, donde se calculó que, para 2022, entre el 50 y 40% de todos los trabajadores de dicho sector eran migrantes (BBC, 2024; El Economista, 2025).

Tercera mentira. Los migrantes aumentan la criminalidad, y son una lacra social. Esta es una afirmación falsa, y no se sustenta en datos, ni en investigaciones serias. Por el contrario, trabajos como el de Paolo Minotti y Olivier Marie (The Conversation, 2024) demuestran que los procesos migratorios y la llegada de migrantes no implica necesariamente un incremento de los delitos; no hay una relación lineal y mecánica entre migración y delincuencia (The Conversation, 2024). En este tenor, investigaciones realizadas en la Universidad de Stanford muestran lo contrario, que los migrantes tienen un 30% menos de posibilidad de ser encarcelados (debido a la comisión de delitos serios) que los blancos estadounidenses (quienes son el grupo de ciudadanos de EUA con los menores niveles de encarcelamiento) (Institute for economic policy, 2023).

Ni parias, ni criminales. Los migrantes como trabajadores y sujetos políticos

Como se mostró, los migrantes no son delincuentes, ni drenan las sociedades de destino. Al revés, en su condición de actores sociopolíticos, los migrantes, mediante su trabajo precarizado y sus actividades cotidianas de consumo de bienes y servicios, producen relevantes aportaciones socioeconómicas, políticas y culturales, tanto en los Estados nacionales de destino, como en los lugares de origen (principalmente con el envío de remesas). En este sentido, es pertinente y urgente cuestionar los discursos estatales de EUA cargados de odio y xenofobia, y reconocer el papel y contribuciones de los migrantes como sujetos sociolaborales.

Bibliografía

BBC. (2024). ¿Cuánto aportan los migrantes indocumentados a la economía de EE.UU.? BBC.

El Economista. (2025). EEUU se enfrenta a una crisis inédita en el empleo con la deportación masiva de inmigrantes: la agricultura ya está dando la voz de alarma. El Economista.

Pew Research Center. (2024). What we know about unauthorized immigrants living in the U.S. Pew Research Center.

Gobierno de México. (2025). Las y los migrantes contribuyen a la economía de Estados Unidos; en 2024 aportaron al PIB de EUA 781 mil mdd. Gobierno de México.

The Conversation. (2024). Does immigration really drive up crime? Not according to the evidence. The Conversation.

Institute for economic policy. (2023). The mythical tie between immigration and crime. Institute for economic policy research–Stanford.

U.S. Custom and Border Protection. (2025). Southwest Land Border Encounters (2022, 2023, 2024 y 2025). U.S. Custom and Border Protection.

Guillermo Castillo, UNAM

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

miércoles, 13 de mayo de 2026

_- Las bombas que pulen los cráneos de los muertos

_- Por Vijay Prashad | 21/02/2026 | Mundo 


Fuentes: Instituto Tricontinental de Investigación Social


Con la expiración del tratado Nuevo START, la retirada de EE UU. de los tratados de control de armas y su adopción de doctrinas de “guerra nuclear” aumenta el riesgo de un conflicto catastrófico entre las potencias nucleares.

El 5 de febrero de 2026 expiró el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Nuevo START por su sigla en inglés), poniendo fin a la última restricción legal vigente sobre los arsenales nucleares estratégicos de los Estados Unidos y la Federación Rusa. El Nuevo START, que se firmó en 2010 y entró en vigor en 2011, debería haber sido sustituido por un acuerdo sucesor. El tratado limitaba las ojivas estratégicas y los vectores desplegados por cada parte y establecía un régimen de verificación de inspección, notificación e intercambio de información. Estas medidas no eran cosméticas, sino finos hilos que restringían la maquinaria más destructiva jamás ensamblada.

La expiración del Nuevo START no se produjo de forma repentina. Debido al deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia durante una década, ambas partes suspendieron las inspecciones in situ en marzo de 2020 y nunca las reanudaron. En febrero de 2023, Rusia suspendió su participación en el Nuevo START y Estados Unidos respondió de la misma manera (Rusia ha declarado públicamente que tiene la intención de seguir respetando los límites numéricos del Nuevo START, siempre que Estados Unidos haga lo mismo). Cuando el tratado expiró formalmente, su columna vertebral de verificación ya se había roto.

Ahora vivimos en un mundo en el que las dos mayores potencias nucleares no están sujetas a ningún tratado vinculante que les ponga límites.

Hilma af Klint (Suecia), The Atom Series nº 7 [Serie Átomo nº 7], 1917.

Desde 2002, Estados Unidos ha abandonado unilateralmente uno tras otro los tratados de control de armamento, erosionando la arquitectura que contribuía a estabilizar la disuasión. Entre estos tratados se incluyen los siguientes:

El Tratado sobre Misiles Antibalísticos de 1972: Estados Unidos se retiró en junio de 2002.
El Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio de 1987: Estados Unidos se retiró en agosto de 2019.
El Tratado de Cielos Abiertos de 1992: Estados Unidos se retiró en noviembre de 2020.
El Nuevo START de 2011: expiró en febrero de 2026.
El fin del Nuevo START se produce en el marco de un giro más amplio hacia las doctrinas de “guerra nuclear”, que incluyen un renovado énfasis en la diabólica idea de la contrafuerza, cuyos contornos aparecen en la Revisión de la Postura Nuclear de Estados Unidos (NPR por su sigla en inglés) de 2018. La idea es simple: atacar las fuerzas nucleares y los sistemas de mando del adversario en lugar de sus ciudades. Se considera que este tipo de ataque es más racional e incluso más humano. En realidad, un ataque de este tipo desestabiliza todos los sistemas de disuasión. Las doctrinas de contrafuerza premian la velocidad, la anticipación y la ventaja del primer golpe, lo que reduce el tiempo de toma de decisiones. La doctrina crea una presión de “úselo o piérdalo”, —el temor de que hay que lanzar un ataque antes de que las propias fuerzas sean destruidas— que hace que los errores de cálculo sean estructurales, no accidentales.

A medida que avanzan las tecnologías bélicas, esta lógica se amplifica. Los sistemas de ataque convencionales altamente desarrollados, las defensas antimisiles, los sistemas de lanzamiento hipersónicos y las redes integradas de mando y control (sistemas compartidos que conectan sensores, comunicaciones y toma de decisiones) difuminan la frontera entre la guerra nuclear y la no nuclear. Un misil lanzado con intención convencional puede interpretarse como un ataque nuclear. Las plataformas de doble uso, sistemas que pueden transportar tanto cargas convencionales como nucleares, socavan la claridad de la señalización al dificultar la determinación de si un lanzamiento es convencional o nuclear. Los peldaños para la escalada se acortan. El margen de error se reduce a segundos.

Enrico Baj (Italia), Two Children in the Nuclear Night [Dos niños en la noche nuclear], 1956.
La doctrina de la contrafuerza no es solo un debate abstracto, sino que se ha materializado en los presupuestos gubernamentales y los contratos de adquisición de armas. La NPR de 2022 de Estados Unidos confirmó la modernización de la tríada nuclear: misiles balísticos intercontinentales terrestres, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos estratégicos con capacidad nuclear. Es fundamental señalar que la NPR de 2022 rechaza las políticas de “no ser el primero en utilizar” y “único propósito” (“no ser el primero en utilizar” significa comprometerse a no utilizar armas nucleares en primer lugar; “único propósito” significa limitar su función a la disuasión y, si es necesario, a responder a un ataque nuclear). La política actual sostiene que Estados Unidos solo consideraría el uso de armas nucleares, en “circunstancias extremas”, para defender sus intereses vitales o los de sus aliados y socios, pero no descarta el primer uso y deja abierta una “estrecha gama de contingencias” en las que las armas nucleares pueden disuadir ataques con “efecto estratégico”. Esta postura preserva la opción de atacar las capacidades militares del adversario, incluidas sus fuerzas estratégicas si es necesario, sin comprometerse abiertamente con la doctrina de la contrafuerza. La Comisión del Congreso de 2023 sobre la Postura Estratégica de los Estados Unidos fue más allá, argumentando que la planificación nuclear estadounidense debería seguir apuntando a lo que los adversarios “más valoran”. En estos textos, las armas nucleares no se presentan como trágicas necesidades de la política moderna, sino como herramientas normales que pueden utilizarse en determinadas circunstancias.

La locura que subyace a estas actitudes se ve alimentada por los enormes beneficios que obtiene la industria armamentística, que busca modernizar los sistemas nucleares en torno a la doctrina de la contrafuerza. Un informe de 2025 de PAX y la International Campaign to Abolish Nuclear Weapons (ICAN) [Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares] titulado At Great Cost: The companies building nuclear weapons and their financiers [A un alto precio: Las empresas que fabrican armas nucleares y sus financiadores] reveló que, entre enero de 2022 y agosto de 2024, 260 instituciones financieras mundiales (incluidos fondos de pensiones, compañías de seguros y gestores de activos) financiaron a 24 fabricantes de armas nucleares, con inversionistas que poseían algo menos de 514.000 millones de dólares en acciones y bonos y con alrededor de 270.000 millones de dólares en préstamos y suscripciones. Entre estas empresas se encuentran Airbus, BAE Systems, Bechtel, Boeing, General Dynamics, L3Harris Technologies, Northrop Grumman y Rolls-Royce. El informe de ICAN de 2025, Hidden Costs: Nuclear Weapons Spending in 2024 [Costos ocultos: gasto en armas nucleares en 2024], estima que los 9 países con armas nucleares gastaron 100.200 millones de dólares en sus arsenales nucleares en 2024, y que el sector privado ganó al menos 42.500 millones de dólares en contratos relacionados con armas nucleares. Esa suma podría haber pagado 28 veces el presupuesto de la ONU y alimentado a 345 millones de personas que padecen el hambre más severa durante casi 2 años. La industria de las armas nucleares es un desperdicio sorprendente de recursos humanos.

Le Corbusier (Francia), Composition avec photo de la bombe “H” [Composición con foto de la bomba “H”], 1952. Pese al colapso del régimen bilateral de control de armas, el sistema mundial de disuasión y erradicación nuclear no ha desaparecido. Pero lo que queda está irradiado por el dominio de Estados Unidos sobre la arquitectura de la política nuclear:

El Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP, 1970) sigue en vigor a pesar de que refuerza el sistema de apartheid nuclear (no obstante el artículo VI, que pide a los países con armas nucleares que persigan el desarme). La expiración del Nuevo START agrava la crisis de legitimidad del TNP y pone de manifiesto que la promesa de desarme se aplaza perpetuamente. La India, Israel y Pakistán nunca firmaron el TNP. Corea del Norte lo firmó en 1985, pero se retiró en 2003.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA, 1957) aplica un régimen de salvaguardias que incluye inspecciones, contabilidad de materiales y vigilancia. El Protocolo Adicional al OIEA de 1997 amplía estas capacidades, pero este mecanismo sigue adoleciendo de una aplicación selectiva. Las investigaciones del OIEA sobre Irán, por ejemplo, no se basan en pruebas, sino en la hostilidad del Norte Global hacia el gobierno iraní. El Grupo de Suministradores Nucleares (NSG por su sigla en inglés, 1975) es un régimen informal de control de las exportaciones de tecnologías sensibles y materiales de doble uso utilizados en programas relacionados con el ciclo del combustible nuclear y las armas. Si bien el objetivo del NSG es limitar la proliferación (reforzado por la resolución 1540 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas), acaba reforzando las jerarquías tecnológicas. Los Estados con armas nucleares dominan las instituciones informales, ejerciendo su autoridad e insistiendo en la moderación de los demás.

Krassimir Terziev (Bulgaria), Familia, 2015.
Algunas normas desgastadas siguen estando fuera del control total de Estados Unidos, pero están fracturadas y son incapaces de impulsar una agenda integral. Entre ellas se incluyen:

El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (2017). Se trata de un instrumento jurídicamente vinculante que representa un rechazo categórico de las armas nucleares. A finales de 2025, 99 países habían ratificado o firmado el tratado, pero ninguno de los nueve Estados con armas nucleares del mundo figura entre ellos. En Europa, solo Austria, la Santa Sede (Vaticano), Irlanda, Malta y San Marino han ratificado el tratado. El tratado, impulsado por la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, es en gran medida una iniciativa del Sur Global.

Zonas libres de armas nucleares. Cinco regiones del mundo adoptaron tratados para que sus territorios estuvieran libres de armas nucleares. Estos acuerdos son el Tratado de Tlatelolco (1967), que abarca América Latina y el Caribe; el Tratado de Rarotonga (1985), que abarca el Pacífico Sur; el Tratado de Bangkok (1995), que abarca el Sudeste Asiático; el Tratado de Pelindaba (1996), que abarca África, y el Tratado de Semipalatinsk (2006), que abarca Asia Central. En la práctica, estos tratados se encuentran entre los logros más exitosos en materia de desarme nuclear.

El Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (1996). Este tratado no ha podido entrar en vigor porque varios Estados necesarios no lo han ratificado, pero sigue siendo políticamente significativo porque prohíbe las explosiones nucleares con fines de ensayo y ha contribuido a que las pruebas nucleares sean un tabú a nivel internacional. El sistema de vigilancia del tratado funciona a diario, detectando señales sísmicas y atmosféricas, lo que dificulta ocultar los ensayos.

El panorama posterior al Nuevo START contiene algunas instituciones y normas, pero la restricción central sobre los arsenales nucleares más grandes ha desaparecido. Lo que tenemos ahora son tres crisis que se superponen:

Una crisis de estabilidad. Sin transparencia ni verificación de los arsenales nucleares más grandes, solo hay sospechas entre las grandes potencias. Una crisis de legitimidad. Los países con los arsenales más grandes exigen el cumplimiento de la no proliferación, a la par que abandonan su propio compromiso con el desarme establecido en el tratado.

Una crisis de conciencia. Resulta espantoso que ahora se hable de las armas nucleares como algo utilizable, manejable y necesario, como opciones legítimas en el campo de batalla.

Es necesario volver a un régimen de control de armas. Pero debemos considerar una agenda más amplia. Incluso los mejores tratados solo gestionan el peligro, no lo eliminan. La contradicción más profunda permanece intacta: un mundo en el que unos pocos Estados reclaman el derecho a aniquilar a la humanidad en nombre de la seguridad. La desaparición del Nuevo START nos despoja de ilusiones y revela un orden de armas nucleares que preserva el poder y no promueve la paz.

Libia abandonó su programa de armas nucleares en diciembre de 2003. Ocho años más tarde, la OTAN utilizó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU (n.º 1973) que imponía un embargo de armas y una zona de exclusión aérea para justificar la intervención militar que destruyó el Estado libio. Por lo tanto, era lógico que Corea del Norte probara un arma nuclear en 2006 y construyera un escudo contra las ambiciones de cambio de régimen de Estados Unidos y sus aliados de Asia Oriental. La doctrina de la contrafuerza de Estados Unidos anima a los países a construir ese escudo, una dolorosa realidad en un mundo sumido en la ansiedad provocada por el hiperimperialismo.

Shin Hak-Chul (Corea), Planting Rice [Plantando arroz], 1987.

En 2003, el dramaturgo británico Harold Pinter (1930-2008), exasperado por la guerra global contra el terrorismo, escribió un poderoso poema titulado Las bombas. Recuerdo haber oído a Pinter leer este poema en Londres, con una cadencia poderosa y una esperanza clara en medio de la fealdad. En su memoria, aquí está el poema:

Ya no hay más palabras que decir
Todo lo que nos queda son las bombas
Que brotan de nuestra cabeza
Todo lo que queda son las bombas
Que nos chupan hasta la última gota de sangre
Todo lo que nos queda son las bombas
Que pulen los cráneos de los muertos. 

Fuente: 

martes, 12 de mayo de 2026

_- Las drogas digitales nos tienen enganchados. Esta psiquiatra ve una salida

_- Vivimos en una época en la que todo está disponible en cualquier momento. Solo con tu teléfono, puedes pedir comida, apostar en deportes, leer esta historia, ver porno, chatear con un amigo, chatear con un desconocido, chatear con un enorme modelo de lenguaje o comprar un coche. Anna Lembke dice que toda esa comodidad y abundancia nos están haciendo menos felices, y hay muchas investigaciones que la respaldan: en el mundo desarrollado, estamos más solos, más ansiosos y más deprimidos que nunca.

Lembke es psiquiatra y trabaja en la Clínica de Diagnóstico Dual de Medicina de las Adicciones de la Universidad de Stanford, donde atiende a pacientes con todo tipo de adicciones, desde los opiáceos y el alcohol hasta lo que ella llama “drogas digitales” que, según dice, nos ponen en un “estado de trance en el que perdemos la noción del tiempo”. En su exitoso libro Generación dopamina, sobre la ciencia que hay detrás de la adicción, Lembke argumenta que nuestros cerebros están programados para buscar constantemente la estimulación, y que la vida moderna, con su interminable flujo de contenidos y cosas, hace casi imposible luchar contra ese impulso.

Al mismo tiempo, los avances científicos en las intervenciones médicas y los nuevos hábitos culturales, como la disminución del consumo de alcohol, son prometedores. Mi propia experiencia refleja esos cambios recientes. La adicción me viene de familia. En 2020, mi hermana, quien luchó contra el alcoholismo durante años, murió de insuficiencia hepática, algo que compartí con Lembke antes de que comenzara nuestra entrevista. Su “muerte por desesperación” me hizo cambiar mi propio comportamiento. Tras toda una vida de obesidad, empecé a tomar Ozempic, que redujo mi relación obsesiva con la comida. Y hace dos años, dejé de beber alcohol. Pero aunque me siento físicamente estupenda, perder peso y estar sobria no ha impedido que aparezcan otros comportamientos destructivos, como las compras por internet. Lembke conoce bien esta dinámica, tanto en su trabajo como en su vida personal. Cómo encontrar el equilibrio en un mundo que nos alimenta con tentaciones, dice, es una lucha para todos nosotros.

Listen to the Conversation With Dr. Anna Lembke The psychiatrist and author of “Dopamine Nation” wants us to find balance in a world of temptation and abundance. Suscríbete: Apple Podcasts | Spotify | YouTube | Amazon | iHeart | NYT Audio App

Publicaste Generación dopamina en 2021 con la tesis de que la sobreabundancia de la cultura moderna nos tiene constantemente estimulados por la dopamina. Y creo que eso solo se ha acelerado desde entonces. En general, ¿has visto cosas en tu práctica que antes no estaban ahí? Para ponerlo en perspectiva desde mi asiento clínico de primera fila: a principios de la década de los 2000, observamos un aumento repentino de personas adictas a las mismas pastillas que sus médicos les recetaban para el dolor crónico y leve, lo que condujo a nuestra actual epidemia de opiáceos. Pero también llegaban hombres de mediana edad con una grave adicción a la pornografía en internet y a la masturbación compulsiva. Principalmente, hombres que habían podido consumir pornografía de forma razonablemente moderada y sin grandes perjuicios para sus vidas hasta la llegada de internet y, sobre todo, en la primera década de los 2000, antes de los teléfonos inteligentes. Y esa fue probablemente nuestra señal más temprana de las adicciones conductuales. Y después, hacia 2012 o 2013, empezamos a ver a un montón de adolescentes traídos por sus padres principalmente por trastornos relacionados con los juegos en internet. Más o menos en 2015, 2016, empezamos a ver las primeras señales de adicción a las redes sociales, a las compras en línea y un enorme aumento de la adicción a las apuestas virtuales. Y lo que yo diría que he visto principalmente en los últimos cinco años es una especie de adicción dispersa a internet. La gente tiene su droga preferida, ya sean las compras, las redes sociales, los videojuegos o la pornografía. Pero si eso no está disponible, cambiarán a otra cosa.

Esa línea temporal es —y voy a decirlo así— muy sombría. Sí.

¿Cómo defines la adicción? La adicción es el consumo compulsivo continuado de una sustancia o un comportamiento a pesar del daño causado a uno mismo y/o a los demás. Es importante destacar que no existe ningún escáner cerebral ni análisis de sangre para diagnosticar la adicción, y no existirá durante mucho tiempo, si es que alguna vez llegase a existir. Seguimos basando nuestro diagnóstico en lo que llamamos fenomenología, que son patrones de comportamiento que se repiten en individuos, temperamentos, culturas, periodos de tiempo, etc.

¿Hay alguna diferencia entre las conductas adictivas y ser un adicto? Oh, interesante.

Image Anna Lembke, psiquiatra, dando una charla TED en la Universidad de Stanford en 2017.Credit...Linda A. Cicero, Stanford University

Siempre he entendido que los adictos no pueden controlar su compulsión, y que las conductas adictivas son más bien hábitos que pueden moderarse o controlarse. Pero creo que lo que me dices sugiere que esa no es la forma correcta de pensarlo. Estas cuestiones son discutibles, y el uso del lenguaje es importante. Cuando utilizo el término adicción, hablo de una forma de psicopatología, que es un trastorno del espectro. Así pues, hay adicción leve, moderada y grave. Cuando vemos una adicción grave, todos la reconocemos. Es obvio, ¿verdad? La gente lucha, sufre, hay consecuencias increíbles como resultado de su consumo y, sin embargo, no pueden dejar de consumir sin una ayuda significativa. En el extremo menos grave, es mucho más difícil saber cuándo podemos pasar de un uso recreativo y adaptativo sano de una sustancia o conducta a un uso malsano y desadaptativo. Y a menudo es una cuestión de juicio. Y también tiene una base cultural. Así, por ejemplo, cuando pensamos en algo como la adicción al trabajo: vivimos en una cultura que celebra absolutamente la adicción al trabajo. Así que no lo identificaremos como un problema típico.

Como ya hemos dicho, todos estamos muy vinculados con nuestros teléfonos. Y los teléfonos parecen la puerta de entrada a muchos de estos nuevos comportamientos adictivos. Las apuestas deportivas en línea se han disparado; el consumo de pornografía, como has dicho, ha aumentado aunque el sexo en sí haya disminuido. Leí un estudio que decía que en 2024, la Generación Z pasaría en promedio de seis a siete horas al día escroleando. Así que parece que se trata más de un problema sistémico que de un problema individual. Estoy de acuerdo al cien por ciento. Es un problema colectivo. Yo lo veo como parte del Antropoceno, que es un término que se ha acuñado para describir la era en la que vivimos ahora, cuando la acción humana está cambiando la faz del planeta por primera vez en la historia. El cambio climático se incluye a menudo en esta idea del Antropoceno. Pero creo que también deberían incluirse los factores de estrés de la sobreabundancia. En los países más ricos del mundo, tenemos más tiempo libre, más ingresos personales, más acceso a bienes de ocio que nunca. Y como resultado, todos nos esforzamos por saber qué hacer con todo ese tiempo y dinero extra. Y uno esperaría y pensaría que estaríamos entablando debates filosóficos profundos, ayudándonos unos a otros…

Perdón, me estoy riendo. Pero en lugar de eso, lo que hacemos es pasar un montón de tiempo masturbándonos, comprando y viendo a otras personas hacer cosas en internet. Y lo que ocurre esencialmente es que gastamos cada vez más energía y creatividad invirtiéndolas en este mundo en línea, lo que significa que estamos drenando la energía y creatividad de nuestra existencia en la vida real. Así que cuando intentamos volver al mundo real, efectivamente es más aburrido, porque pasan menos cosas, porque no hay nadie.

Has llamado a esto la paradoja de la abundancia, ¿verdad? Es decir, que cuanto más tenemos, peor estamos, porque nos bombardean todo el tiempo con cosas que producen dopamina, y eso de hecho nos hace sentir peor. Sí, exactamente. Me parece que hemos superado una especie de punto de inflexión de la abundancia, en el que hemos ido más allá de la satisfacción de nuestras necesidades básicas de supervivencia y ahora tenemos tanto acceso a tantas sustancias y comportamientos inductores de placer que puede que estemos cambiando la química de nuestro cerebro de tal modo que nos encontremos en un estado de déficit de dopamina. Ahora necesitamos seguir consumiendo estas drogas y comportamientos altamente estimulantes, no para estar colocados y sentirnos bien, sino para equilibrar la balanza y sentirnos normales.

¿Ahora nos ves a todos como adictos? No, no nos veo así. Creo que todos luchamos con el control del apetito en el mundo moderno, pero sí creo que es importante utilizar el término adicción o, como lo define el DSM (Manual de Trastornos Mentales por su sigla en inglés), trastorno por consumo, para cuando hemos cruzado ese umbral hacia el daño a uno mismo y a los demás que, en cierto nivel, está fuera de nuestro control. Así que no quiero decir simplemente: “Todo el mundo es adicto”. Pero sí creo que el problema del consumo en exceso compulsivo se ha convertido en algo con lo que probablemente todos luchamos de una forma u otra.

Tienes autoridad y experiencia en este ámbito, pero también formas parte de la era del Antropoceno, y eres una humana en este mundo y una madre. ¿Cómo gestionas esto para ti y para tu familia? Mi familia lucha con esto tanto como cualquier otra familia. Pero una cosa que hicimos y por la que estoy muy agradecida, y mis hijos también, es que no tuvimos ningún dispositivo en casa hasta que nuestra hija mayor empezó la secundaria. Cuando nuestra hija empezó la escuela, llegó a casa y dijo: “En realidad, no puedo funcionar como estudiante a menos que tengamos conexión a internet”, y nos dimos cuenta de que era cierto, con los horarios de la escuela en constante cambio, todas las tareas en línea; no había forma de participar en la vida de la secundaria sin conectarse a internet. Y esto fue hace ocho años. Así que nos conectamos a internet, y a partir de ahí todo fue cuesta abajo.

Solo quiero hacer una pausa aquí. ¿Ni siquiera tenías internet en casa? No teníamos internet en casa, y yo no tuve un teléfono inteligente, si puedes creerlo, hasta 2019, cuando me vi obligada a conseguir uno por el trabajo, para poder recetar sustancias controladas mediante Duo Security. Quiero hacer hincapié: no estoy juzgando a otras personas.

Lo entiendo. Simplemente estoy asombrada. Tengo el tipo de trabajo que me permitió hacer eso. La mayoría de la gente no lo tiene.

Voy a decirle a The New York Times que me voy a desconectar de internet, y no creo que me vaya a ir muy bien. Exactamente. Pero, ¿qué puedo decirte? Mis hijos tienen ahora entre 18 y 23 años. Han luchado en diversos grados con su tiempo en internet, pero lo que realmente agradezco es que tengan esa noción básica de que pasar demasiado tiempo en internet no es bueno. Las pasadas vacaciones de invierno decidimos ir al valle de Yosemite en familia. Habíamos tenido montones de vacaciones con los niños, siempre sin dispositivos, lo cual, por cierto, ahora es como ser ciego al viajar. Es literalmente como si no pudieras ver. Pero lo hemos hecho. Y dije: “¿Siguen dispuestos a viajar sin dispositivos?”. Porque hacía un par de años que no nos íbamos de vacaciones juntos. Y estaban entusiasmados. Y desde el momento en que subimos al coche y empezamos a conducir, sentí una clara diferencia en la calidad de la presencia de todos nosotros, incluso en el coche, y duró los tres días completos. Jugamos juegos de mesa, comimos juntos y lo más importante fue: nadie esperaba el final de la comida para ir a revisar su dispositivo, porque no había ningún dispositivo que revisar. Nos entretuvimos. Prolongábamos las conversaciones. Paseábamos después de cenar bajo las estrellas. Era tan diferente. Y me convencí aún más de que necesitamos espacios comunes sin internet. Necesitamos lugares donde nos reunamos —no todo el tiempo, sino parte del tiempo— y nadie esté conectado a internet ni pueda conectarse. Porque cuando se elimina la capacidad de elegir, cambia el estado de deseo.

Imagino esta hermosa utopía en la que tenemos espacios comunes en los que no hay internet. Pero la forma en que se mueve nuestra sociedad es así: ahora tenemos dispositivos portátiles, como las gafas. Se habla de implantes en nuestras cabezas. Y está el auge de la inteligencia artificial. The New York Times acaba de publicar el perfil de una mujer que se enamoró de su novio IA. Parece como si muchas de estas tecnologías en realidad van en la dirección de empujarnos hacia una interacción aún mayor. Sí, creo que es cierto. Ahora recurrimos a estos dispositivos y a internet para satisfacer nuestras necesidades físicas, emocionales, sexuales y educativas. Cada necesidad que tenemos, en realidad ya no la necesitamos de otras personas. Y creo que es una perspectiva muy aterradora, porque significa que cada vez estaremos más aislados. Y al principio la preocupación era: “Oh, están satisfaciendo sus necesidades a través de otras personas en salas de chat o lo que sea, para bien y para mal”. Pero como señalas, ahora con la IA y los grandes modelos lingüísticos, ni siquiera se trata de personas reales. Es como esta amalgama de lenguaje recopilado que crea a una persona simulada. No sé. Es realmente aterrador.

Aunque hemos visto el auge de las tentaciones, también hemos visto el auge de otras cosas para contrarrestarlas. Yo fui una de las primeras en adoptar el Ozempic, que forma parte de esa clase de fármacos conocidos como GLP-1. Había hecho de todo para perder peso, incluida la cirugía, pero esto fue lo primero que realmente me funcionó. Sé que no sabemos exactamente cómo funcionan estos fármacos, pero algo que estamos viendo es que parecen frenar otros comportamientos adictivos. Me pregunto qué opinas tú al respecto. Los datos aquí son realmente preliminares, y necesitamos mucha más investigación, pero hay claramente una señal de que los agonistas del GLP-1 pueden ayudar con la adicción al alcohol. En nuestra clínica tenemos pacientes a los que les han fallado todos los demás tratamientos, a los que les hemos recetado cosas como Ozempic y Mounjaro y hemos visto los beneficios. Se trata de personas que, literalmente, lo han intentado todo y han luchado durante años y años, y que ahora informan de una remisión sostenida del alcohol de una forma tan esperanzadora y maravillosa. Creo que hay algunos estudios que demuestran su beneficio en pacientes con adicciones conductuales como el trastorno del juego y la adicción al sexo. Quiero subrayar que no parecen funcionar para todo el mundo. Así que no es como una especie de cura milagrosa. Y eso es así en todos los ámbitos de nuestros tratamientos farmacológicos para todo tipo de adicciones.

Image +Lembke en un episodio de “The Rich Roll Podcast” en 2021.Credit...Davy Greenberg

En tu libro, pareces escéptica ante las intervenciones médicas. Y un trasfondo de la conversación en torno a los GLP-1 es por cuánto tiempo deben seguir tomándose. ¿Animas a la gente a crear nuevos hábitos para intentar dejar la medicación, o no hay ningún problema, desde tu punto de vista, en seguir tomándolos a largo plazo? Sé que a menudo mi trabajo se interpreta como que soy escéptica respecto a las intervenciones médicas. Supongo que lo matizaría un poco y diría simplemente que he visto que nuestro sistema médico hace demasiado hincapié en recetar pastillas y realizar procedimientos, porque es más lucrativo y más rápido, y porque tenemos un sistema que no está bien preparado para tratar trastornos crónicos recurrentes y remitentes como la adicción y otros problemas de salud mental. Pero yo utilizo todo tipo de intervenciones médicas. Prescribo psicotrópicos y otros tipos de medicamentos todos los días de consulta. Así que lo que busco es un mayor equilibrio y el reconocimiento de que los psicotrópicos se recetan en exceso y que muchos pacientes experimentan una polifarmacia debilitante en la que toman 13, 14, 15 psicotrópicos diferentes, hasta el punto de que no queda nada claro qué funciona y qué no, y además hay interacciones entre fármacos, que pueden ser realmente peligrosas. Pero volviendo a los GLP-1: en realidad, no tengo ninguna opinión sobre si la gente debería tomarlos a largo plazo. Parece que cuando las personas dejan los agonistas del GLP-1, tienen, con la adicción a la comida, un resurgimiento del apetito, y corren el riesgo de volver a ganar peso. He visto informes de personas que ahora utilizan los agonistas del GLP-1 a intervalos, los dejan y vuelven a tomarlos durante breves periodos de tiempo si el peso empieza a aumentar de nuevo o la relación con la comida empieza a ser problemática de nuevo.

Se está escribiendo mucho sobre la tendencia de sobriedad ocasional. Este es el otro lado del espectro: no es un cambio médico, sino cultural. ¿Crees que estos cambios producen resultados a largo plazo, o son solo modas pasajeras? Los cambios culturales pueden tener un gran impacto. Creo que lo estamos viendo con el alcohol. Cada vez más gente, sobre todo en los últimos dos o tres años, parece interesada en beber menos alcohol. Al margen del movimiento por la templanza y de la prohibición, se trata sin duda de una nueva tendencia. Creo que, como la mayoría de las cosas, tiende a ser una oscilación pendular. Solemos ir demasiado lejos en una dirección y luego demasiado lejos en otra. Pero, dada mi profesión y todos los terribles daños que he visto asociados al consumo de alcohol y drogas y a otras sustancias y comportamientos adictivos, me alegro de que haya más conciencia y de que la gente esté interesada en informarse sobre cómo divertirse juntos sin consumir sustancias. Sin embargo, sí tengo miedo de que el progreso en el ámbito de las drogas y el alcohol se deba a que la gente se está pasando a las drogas digitales. Espero que no sea así, pero sí tengo cierta preocupación.

Es interesante la idea de que nos estamos alejando de las dosis de dopamina del mundo real por las dosis de dopamina del mundo digital. Exacto.

¿Estamos en un juego de nunca acabar con nuestras adicciones? Es una buena pregunta. Y creo que, en cierto modo, lo estamos, lo que nos lleva a preguntarnos: “¿Qué pasa con la naturaleza humana? O, yo diría: “¿Qué tiene la vida moderna que nos hace tan vulnerables a estos problemas de adicción?”. Tengo algunas teorías. Totalmente especulativas.

Cuéntame. Creo que esencialmente estamos luchando contra un narcisismo endémico, en el que nuestra cultura nos exige que nos centremos tanto en nosotros mismos que lo que se crea es esta profunda necesidad de escapar de nosotros mismos. Y creo que eso es lo que impulsa gran parte de nuestra búsqueda de intoxicantes como una forma de no tener que pensar en nosotros mismos durante, no sé, una bendita hora o dos. Y no es, digamos, toda la explicación, porque obviamente todo el argumento de Generación dopamina es que también vivimos en este mundo de abundancia con acceso constante, y el acceso en sí mismo es un factor de riesgo. Pero aunque creo que el acceso es importante, y la oferta es más importante de lo que le hemos dado crédito, tenemos que centrarnos en la parte de la demanda de esta ecuación. ¿Qué hay en nuestras vidas actuales que nos hace estar tan desesperados por intoxicarnos de una forma u otra? Y creo que es este obsesivo enfoque en uno mismo.

Resulta extraño que lo diga una terapeuta, porque gran parte de nuestra cultura está inundada de este lenguaje terapéutico, en el que todos intentamos analizarnos y pensar en nosotros mismos y actualizarnos. Es cierto. Creo que podemos, como la mayoría de las cosas, llevarlo demasiado lejos y acabar haciéndonos daño con todo el tiempo que pasamos pensando en nosotros mismos. Ahora bien, dicho esto, una buena terapia nos lleva a un punto en el que podemos observarnos atentamente sin estar ensimismados.

Esto nos lleva a cómo romper el ciclo de la adicción. Es algo en lo que pienso mucho, simplemente porque mi hermana murió a causa de su adicción, y fue uno de los catalizadores que me hicieron dejar de beber. Y son los dos caminos diferentes: yo tomé la sobriedad y a ella, con toda una vida de lucha, de intentar estar sobria, acabó venciéndola. ¿Qué has aprendido sobre por qué algunas personas pueden hacerlo y otras no? Es muy triste que la gente muera a causa de su trastorno mental, ya sea una adicción u otra cosa. Hay muchos factores de riesgo para la adicción. Hay factores de riesgo genéticos. La gente no viene al mundo con el mismo riesgo. Dicho esto, dadas todas las diferentes drogas, incluidas las que no existían antes, y el mayor acceso, creo que incluso sin riesgo genético, ahora todos corremos más riesgo que antes. Hay determinantes sociales de la salud que marcan una gran diferencia en cuanto a la capacidad de las personas para entrar en recuperación. También hay todo un elemento de mera imprevisibilidad. Yo solía pensar que cuando llegaba un paciente podía predecir si sería capaz o no de recuperarse. Hace tiempo que abandoné esa idea. Todavía hay muchas cosas que no sabemos.

Image Lembke en el documental de Netflix “Take Your Pills: Xanax” (2022).Credit...Netflix

¿Qué te hizo convertirte en especialista en adicciones? ¿Hay algo en tu vida que te llevó a ello? El alcoholismo de mi padre fue un factor importante en mi infancia. Era cirujano. Pasaba largos periodos sin beber. Y luego tenía largos periodos en los que bebía grandes cantidades todos los días. Recuerdo llegar a casa de la escuela primaria con mi mejor amiga, Laura, y encontrarlo no en la hamaca, sino debajo de la hamaca, desmayado, y simplemente mirarla y decirle: “Vamos a tu casa”. Así que eso era una especie de espectro en mi infancia. Lo primero que hice con eso en la facultad de Medicina y en la residencia fue no querer tener nada que ver con pacientes adictos. Así que no tenía las herramientas, no sabía qué hacer. Al principio de mi carrera me especialicé en el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo, y en mi clínica traté a una joven con depresión. Sus padres pagaban los cuidados, y yo la veía semanalmente, y hablábamos en profundidad sobre su infancia. Hablaba de todas las conversaciones que había tenido con su madre. Yo le recetaba un antidepresivo. Y observé que a menudo se quedaba dormida en las sesiones y pensé: mmm, qué curioso. Me pregunto por qué tiene tanto sueño. Quizá tenga un metabolismo lento. Intentaba basarme en lo que había aprendido en la facultad de Medicina. Y entonces, un día, su hermano me llamó de improviso y me dijo que había tenido una volcadura en un accidente de coche. Le dije: “Dios mío. Es terrible. ¿Qué pasó?”. Y me dijo: “Bueno, ha estado consumiendo otra vez”. Y yo, literalmente, no entendí la estructura de aquella frase. Dije: “¿Consumiendo qué?”. Y él dijo: “Heroína. ¿No es eso por lo que la has estado tratando?”.

Vaya. Sí, y ese fue el momento en que me di cuenta de que soy una mala psiquiatra. Realmente le estaba haciendo daño a los pacientes por mi ignorancia, y ese fue un gran punto de inflexión en mi carrera. Me di cuenta de que tenía que averiguar algo sobre la adicción o iba a ser una amenaza. Y lo irónico es que en cuanto empecé a preguntar a mis pacientes sobre las drogas y el alcohol, estaban ansiosos de hablar de ello. Y la mayoría de mis pacientes tenían problemas con las drogas y el alcohol. Y cuando empecé a tratar ese problema junto con sus otros trastornos psiquiátricos, mejoraron de un modo que nunca había visto antes. Y el trabajo era divertido. Era muy agradable. La gente se recuperaba. Su recuperación repercutió en sus cónyuges y en sus hijos y en sus padres y en sus trabajadores. Es el trabajo más gratificante.

Así que hemos tenido una conversación muy amplia sobre todo tipo de adicciones y todas las luchas que tenemos. Y no quiero echarte esto encima, pero: ¿Qué se supone que debemos hacer? Lo que yo defiendo es intentar evitar consumir intoxicantes en grandes cantidades con demasiada frecuencia. No es que me imagine que nunca vamos a consumir intoxicantes. No seríamos humanos. Y es una parte profunda de nuestra cultura, y puede ser neutral o incluso beneficiosa. Pero tenemos que tener mucho cuidado con el consumo excesivo de intoxicantes o con consumirlos con demasiada frecuencia. Y creo que, dado este mundo de abundancia, ahora tenemos que buscar intencionadamente cosas que sean difíciles. Dado que nuestras vidas se han vuelto tan fáciles, tan cómodas, tan sedentarias, nuestra configuración básica es un estado de consumo que, en última instancia, no es bueno ni para nuestro cuerpo ni para nuestra mente.

Eso es algo que yo hice. Pero la otra cara de esto es que, aunque soy más feliz y estoy más sana, a veces también me pregunto si me estoy convirtiendo en una ameba. Que toda esta abstinencia me está convirtiendo en alguien que siempre dice no a la dopamina y al placer. ¿Oyes esa preocupación a menudo? Bueno, nunca he oído la analogía de la ameba [risas]. Aquí existe el riesgo de que todo empiece a sonar demasiado escolar, ¿verdad? ¡Esta mujer no quiere que hagamos nada! Creo que lo que defiendo es algo así como replantearnos cuando decidimos no darnos esos placeres. La cultura nos hace decirnos que nos estamos negando a nosotros mismos. Y creo que un replanteamiento potente es: no, en realidad estoy haciendo algo que es bueno para mí y que a largo plazo mejora mi vida. Eso es lo que veo clínicamente. Eso es lo que he experimentado en mi propia vida. Y creo que la gente está buscando, ¿sabes? Creo que la gente es más infeliz de lo que le gustaría y no sabe por qué.

Esta entrevista ha sido editada y condensada. Escucha y sigue “The Interview” en Apple Podcasts, Spotify, YouTube, iHeartRadio, Amazon Music or the New York Times Audio app.

Director de fotografía (video): Aaron Katter

Lulu Garcia-Navarro es escritora y copresentadora de The Interview, una serie centrada en entrevistar a las personas más fascinantes del mundo. Más de Lulu Garcia-Navarro

lunes, 11 de mayo de 2026

5 consejos para controlar tu presión arterial

La hipertensión puede provocar infarto de miocardio e ictus, y también está relacionada con la demencia.

En Estados Unidos, casi la mitad de los adultos padecen hipertensión arterial. Conocida como un “asesino silencioso”, la hipertensión puede contribuir al infarto de miocardio, al ictus y a la insuficiencia cardiaca sin causar nunca síntomas.

Mientras que antes se pensaba que la hipertensión afectaba sobre todo a las personas mayores, las investigaciones muestran ahora que una proporción cada vez mayor de personas de 35 a 64 años mueren de enfermedades cardiacas relacionadas con ella.

“La hipertensión es muy importante porque es el factor de riesgo más modificable de las enfermedades cardiovasculares, los ictus y, ahora, la evidencia sugiere que también puede serlo del deterioro cognitivo”, dijo Eduardo Sanchez, jefe médico de prevención de la Asociación Americana del Corazón. Los cambios en el estilo de vida y la medicación pueden ayudar a reducir la presión arterial, lo que “cambia la trayectoria de forma muy, muy drástica” en lo que respecta al infarto de miocardio y al ictus, añadió.

Incluso unos pasos sencillos pueden ayudar a controlar tu presión arterial.

Conoce tus cifras
Parece obvio, pero conocer tu presión arterial es un buen punto de partida. Según algunas estimaciones, más de la mitad de las personas con hipertensión descontrolada no saben que la padecen.

La presión arterial, la fuerza que ejerce la sangre sobre tus paredes arteriales, se mide en milímetros de mercurio (mm Hg). Se da en dos cifras: la cifra superior, la presión sistólica, mide la fuerza que ejerce la sangre cuando es bombeada por el corazón. La cifra inferior, la presión diastólica, mide la fuerza entre latidos, cuando el corazón se llena de sangre.

La presión arterial normal es inferior a 120 mm Hg y sobre 80 mm Hg. Por encima de ese nivel, dijo Sanchez, empiezan a dañarse los vasos sanguíneos y los órganos que irrigan, incluidos los riñones, el corazón y el cerebro.

Es importante tomarse la presión al menos una vez al año, dijo Jennifer Cluett, directora de la Clínica de Hipertensión Compleja del Centro Médico Beth Israel Deaconess de Boston. Asegúrate de que te la midan correctamente: con el manguito, o brazalete, del tamaño adecuado y cuando estés sentado con ambos pies apoyados en el suelo, tengas la parte superior del brazo apoyada a la altura del corazón y no estés hablando.

“El entorno típico de una clínica de atención primaria con mucho trabajo —en el que alguien está sentado en una mesa de exploración con las piernas colgando y el brazo sin apoyo, mientras alguien le habla— no es el modo correcto”, dijo Cluett.

Hasta el 30 por ciento de los pacientes pueden sufrir también “hipertensión de bata blanca”, cuando los niveles de presión arterial son elevados en la consulta del médico. Por este motivo, las directrices para el control de la presión arterial recomiendan realizar revisiones también en casa, para confirmar el diagnóstico y controlar la enfermedad.

Comprende tu riesgo personal
Puede haber muchas causas de hipertensión, explicó Fátima Coronado, directora asociada de ciencia en la división de prevención de enfermedades cardiacas e ictus de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Se desarrolla con el tiempo como consecuencia de factores tanto genéticos como ambientales, como fumar, el exceso de peso y dormir mal.

Las personas cuyos padres o abuelos sufrieron un infarto de miocardio o un ictus pueden tener un mayor riesgo genético de padecer hipertensión, dijo Coronado.

La edad influye en el riesgo porque nuestras arterias se endurecen a medida que envejecemos. La hipertensión también es más frecuente entre personas negras y los hombres que entre las personas blancas y las mujeres.

Algunas mujeres desarrollan hipertensión durante el embarazo, lo que puede ser peligroso para la madre y el feto. Martha Gulati, directora del Davis Women’s Heart Center del Houston Methodist, dijo que esta afección debe tratarse durante el embarazo y que las mujeres deben ser monitoreadas por un cardiólogo posteriormente, porque corren un mayor riesgo de padecer hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

Sigue una dieta cardiosaludable
Ya lo has oído antes: come sano para tu corazón. En concreto, la dieta DASH (sigla en inglés de dietary approaches to stop hypertension) resultó ser la más eficaz de 22 cambios de estilo de vida y técnicas de reducción del estrés para reducir la presión arterial, según un análisis de más de 100 estudios.

Una de las razones puede ser que se enfoca en los alimentos ricos en potasio, un electrolito que ayuda al organismo a deshacerse del sodio y que relaja las paredes arteriales. El sodio hace que el cuerpo retenga agua, lo que aumenta el líquido y la presión dentro de los vasos sanguíneos.

Los plátanos no son la única fuente fácil de potasio; un aguacate o una taza de melón cortado en cubos lo contienen en mayor cantidad, y los cítricos como las naranjas y las verduras de hoja verde como las espinacas y las acelgas también son ricas en este electrolito.

Puedes reducir aún más tu presión arterial si, en combinación con la dieta DASH, reduces también tu consumo de sodio, dijo Gulati. La Asociación Americana del Corazón recomienda no consumir más de 2300 miligramos de sodio al día, e idealmente, mucho menos. En Estados Unidos, la mayor parte del sodio de la dieta de la gente procede de las comidas de los restaurantes y de los alimentos procesados.

Reducir el consumo de estos alimentos —por ejemplo, cambiando una cena congelada o un trozo de pizza por la ensalada de la barra— o hacer pequeños cambios en la compra puede suponer una gran diferencia. Busca salsas bajas en sodio. Enjuaga las legumbres y verduras enlatadas, que a menudo se almacenan en agua salada para su conservación, antes de comerlas.

El consumo de alcohol también se asocia a un aumento de la presión arterial. Los médicos sugieren aspirar a la abstinencia total. Los beneficios de la reducción parecen mayores para quien consume más de dos copas al día.

Muévete y libera estrés
El ejercicio aeróbico, que fortalece el corazón para que pueda bombear con menos esfuerzo, fue la segunda intervención más eficaz, después de la dieta DASH. Los ejercicios isométricos de resistencia —en los que contraes los músculos y mantienes una posición, como en las sentadillas de pared y las planchas— fueron los terceros. El ejercicio isométrico puede ayudar a dilatar los vasos sanguíneos, lo que mejora el flujo sanguíneo.

El ejercicio también puede reducir el estrés, al igual que la meditación y el yoga. Otros tipos de oración y prácticas religiosas también pueden reducir el estrés, dijo Sánchez.

Y si bien el ejercicio es beneficioso aunque no adelgaces, dijo Cluett, bajar los kilos de más también puede reducir la presión arterial.

No le tengas miedo a los medicamentos
El objetivo de los tratamientos es mantener la presión arterial por debajo de 130/80 mm Hg, aunque por debajo de 120/80 mm Hg es aún mejor. A menudo, eso requiere medicamentos. Hay varias opciones eficaces y genéricas que los médicos pueden recetar.

Los pacientes pueden tener que tomar varios tipos, lo que, según dijeron los médicos, a veces puede ser un factor disuasorio. Las combinaciones de una sola pastilla que incluyen dos o más medicamentos para la presión arterial en un solo comprimido facilitan su toma. Aunque algunos medicamentos pueden causar efectos secundarios, como micción frecuente o hinchazón de piernas, los médicos pueden ajustar los regímenes farmacológicos para mitigarlos.

Aunque tomes medicamentos, los cambios en la dieta y el ejercicio pueden ser útiles y reducir las probabilidades de sufrir todo tipo de consecuencias negativas para la salud. “Los cambios en el estilo de vida ayudan a más cosas que solo la cifra de la presión arterial”, dijo Cluett.

Nina Agrawal es reportera de salud del Times.

domingo, 10 de mayo de 2026

_- Reseña de Igualdad. Qué es y por qué importa. Desde una perspectiva socialdemócrata crítica


_- Fuentes: Rebelión [Imagen: Piketty y Sandel durante la conversación que mantuvieron en la Escuela de Economía de París el 20 de mayo de 2024]




Reseña de Igualdad. Qué es y por qué importa (Debate, 2025), de Thomas Piketty y Michael J. Sandel

Interesante conversación sobre la igualdad (y asuntos complementarios), uno de las aspiraciones centrales de las tradiciones emancipatorias. Una aproximación desde básicamente tres aspectos: económico, relacionado con la distribución de la renta y la riqueza (nada que tenga que ver con la socialización o nacionalización de medios de producción y distribución); político, con referencias interés al poder y a la real participación ciudadana, pero también, en la línea de Sandel, una tercera categoría relativa a la «dignidad», al «estatus», al «respeto», al «reconocimiento», a «la estima». Para el filósofo norteamericano -Thomas Piketti, su interlocutor, no le contradice-, esta tercera dimensión («es una presentimiento, no puedo demostrarlo») es la más potente desde el punto de vista político y tal vez moral. Añade: «Toda esperanza que depositemos en el objetivo de reducir la desigualdad en las dos primeras dimensiones, tanto la económica como la política, dependerá de que sepamos crear las condiciones propicias para una mayor igualdad de reconocimiento, honor, dignidad y respeto.» (p. 146).

Igualdad no solo contiene cuidadas reflexiones filosóficas. Hay también propuestas políticas de interés. La siguiente es de Piketty: «En Europa [que Piketty, este caso es un ejemplo, hace muchas veces equivalente a la UE], yo soy favorable a lo que denomino federalismo social». Aboga por la implantación de un Parlamento europeo diferente del actual, «que funcione como si fuera una asamblea nacional a escala continental para que, mediante la simple aplicación del principio de la mayoría, podamos tener un impuesto europeo al carbono y otro del patrimonio». También defiende la creación de una asamblea conjunta entre la Unión Europea y la Unión Africana [el Sur no está ausente en la conversación], «que posibilite la aplicación de ambos continentes de unos impuestos conjuntos con los que financiar unos bienes públicos internacionales para ambas orillas del Mediterráneo». Así que, sostiene, «soy un internacionalista y un federalista convencido, pero, al mismo tiempo, creo que necesitamos estrategias unilaterales en cada país país para ponernos ya en marcha. No nos interesa escoger entre una estrategia o la otra: necesitamos las dos» (119-120).

Hay también buenos argumentos críticos sobre asuntos no siempre considerados suficientemente en las tradiciones emancipatorias. Una ilustración, una observación de Sandel (con crítica política complementaria): «Michael Young, que fue quien acuñó el término «meritocracia», era muy consciente de esto. Para él la meritocracia no era un ideal, sino un peligro. Y el peligro era precisamente ese: su potencial para cultivar ciertas actitudes antes el éxito, tanto entre ganadores como entre los perdedores, actitudes que nos alejan a los unos de los otros». La meritocracia cultivaría la arrogancia entre los vencedores y la humillación entre quienes se quedaran atrás, « a quienes se les diría (y tal vez se les convencería de ello) que su fracaso, sus problemas, son culpa suya y de nadie más. Esto puede ayudarnos a entender cómo es que nuestras sociedades se han polarizado tanto en las últimas décadas». A medida que la desigualdad se acentuaba y los trabajadores se enfrentaban al estancamiento salarial y a la pérdida de empleo, «los políticos de los partidos tradicionales de centro-izquierda y centro-derecha les daban consejos vigorizantes del tipo: «Si quieres competir y vencer en la economía global, ve a la universidad. Lo que ganes dependerá de lo que estudies. Si te esfuerzas, lo conseguirás» (p. 70).

Lo que estas élites, prosigue Sendal, pasaron por alto fue la afrenta implícita de sus palabras. «Si no te sacaste una carrera, si no tienes un título universitario y estás pasando dificultades con la nueva economía, tu fracaso es seguramente culpa tuya. No hiciste lo que te dijimos que hicieras. El problema -vienen a decir, en la práctica- no son las políticas económicas en marcha. El problema es que no te perfeccionaste a ti mismo tal como te recomendamos» (pp. 70-71) [el énfasis es mío].

Con más concreción política: para Michael Sandel, eso hicieron el Partido Demócrata (al que, en general, considera muy generosamente) de Estados Unidos, el Partido Laborista en Reino Unido, el Partido Socialista de Francia, «formaciones que demostraron estar más identificados con los valores, los intereses y el punto de vista de las clases de los profesionales titulados y con un alto nivel educativo que con los del electorado de clase obrera, que antaño constituía su base principal». No cabe extrañarse entonces, señala Sandel con buenas razones, de que el propio electorado tradicional de esos partidos reaccionaran de manera adversa contra ellos. «Fue una consecuencia, en mi opinión, de que las nociones meritocráticas del éxito terminasen convirtiéndose en compañeras morales de la globalización neoliberal» (71). Desde el punto de vista de este lector: en el centro de la diana.

Un apunte (innecesario) sobre los autores.

Thomas Piketty (Clichy, 1971) es economista y experto en desigualdad económica. Es actualmente responsable de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales y profesor de la École d’Economie de Paris. Entre sus numerosos libros cabe recordar El Capital en el siglo XXI (2013), Capital e ideología (2019) y Una breve historia de la desigualdad (2021). Ha sido reconocido como el Mejor Economista Joven de Francia y Premio Yrjö Jahnsson.

Michael J. Sandel (Minneapolis, 1953) ocupa la cátedra Anne T. y Robert M. Bass de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard. Es, sin duda, uno de los autores de referencia en el ámbito de la filosofía política académica. Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, es autor de ¿Hacemos lo que debemos? (2011), Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado (2013), Filosofía pública. Ensayos sobre moral en política (2020), La tiranía del mérito (2020), El descontento democrático (2023) y Contra la perfección (2024).

Igualdad es la versión editada de una conversación que mantuvieron en la Escuela de Economía de París el 20 de mayo de 2024 Piketty y Sandel, diálogo en el que, en frecuentes ocasiones, Piketti suele tomar la iniciativa y protagonizar los desarrollos más extensos.

Componen el libro una nota previa sobre el origen del texto y nueve capítulos. Falta, probablemente por urgencias editoriales, un índice analítico y onomástico, muy útiles en este caso. Los capítulos: 1. ¿Por qué debe preocuparnos la desigualdad? 2. ¿El dinero debería importar menos? 3. Los límites morales de los mercados. 4. Globalización y populismo. 5. Meritocracia. 6. Loterías: ¿deberíamos reservarles un papel en la admisión de alumnado universitario y en la selección de parlamentarios. 7. Impuestos, solidaridad y comunidad. 8. Fronteras, migración y cambio climático. 9. El futuro de la izquierda: economía e identidad. No reina el desinterés en ninguno de ellos.

No es posible presentar, y mucho menos desmenuzar, todos los temas que desarrollan los autores (que no son dos intelectuales revolucionarios) en su conversación. Tampoco sus numerosas sugerencias a las que, como no podía ser de otro modo, faltan en ocasiones muchas mediaciones políticas. Sirva lo siguiente como aliciente para la lectura de un libro que merece atención y cuidada lectura, sean cuales sean nuestros acuerdos, desacuerdos y matices.

Tanto Piketty como Sandel se mueven en coordenadas político-culturales que aquí solemos llamar socialdemócratas (liberales de izquierdas en USA). Pero desde y con posiciones críticas en muchas aristas. Piketty, que defiende un socialismo democrático, un socialismo internacionalista federal, señala por ejemplo: «Era [la socialdemocracia, el laborismo inglés] un proyecto radical y terminó volviéndose convencional porque tuvo éxito. Es el mismo reto al que nos enfrentamos hoy. Y para abordarlo con garantía, necesitamos solventar ciertas deficiencias importantes de la tradición socialdemócrata del siglo XX» (43). Una de esas deficiencias: se ha detenido la ampliación de la educación y la sanidad públicas. La segunda «la ausencia de participación, no ya en la deliberación y la vida políticas, sino también en la toma de decisiones en las grandes empresas» (45). La tercera: las grandes limitaciones de la dimensión transnacional: «los estados del bienestar se construyeron dentro del contexto de los estados nación del Norte global, obviando con arrogancia las desigualdades Norte-Sur y, lo que es aún más importante, el hecho de que la prosperidad del Norte jamás había sido tal sin la existencia del Sur.» (46).

Sandel, por su parte, recuerda que toda riqueza es una creación colectiva y no un logro individual. «Eso es importante. Pero para sentir, percibir y creer que estamos implicados en un proyecto común, que somos dependientes y responsables uno de otros, necesitamos crear condiciones e instituciones en la sociedad civil que nos recuerden esa comunidad, eso que compartimos en común.» (103).

Piketty se muestra optimista (¿excesivamente?) en temas de igualdad y desigualdad. «Aunque actualmente hay mucha desigualdad en Europa, en Estados Unidos, en India, en Brasil y en todo el mundo, a largo plazo se viene observando una tendencia hacia una mayor libertad». ¿De dónde esa tendencia? Nace de la movilización social «y de una fuerte, enorme, demanda social de igualdad de derechos de acceso a lo que las personas consideran que son los bienes fundamentales, entre los que se incluyen la educación, la salud, el sufragio y, en general, a la máxima participación posible en diversas formas de la vida social, cultural, económica, cívica y política». (p. 12)

No hay un horizonte anticapitalista en la conversación, ni en sus sugerencias y propuestas. Hay poca «fábrica» en el diálogo, poca clase obrera, poco pueblo trabajador. Sea como fuere, Igualdad. Qué es y por qué importa es un libro que se lee muy bien y del que se aprende, más allá de coincidencias, dudas y algunas distancias. No es una conversación estéril, no es un diálogo insustantivo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.