miércoles, 4 de noviembre de 2026

Las lecciones del estudio Milgram, el perturbador experimento sobre la obediencia ciega que se sigue replicando hoy en día

Una ilustración de una mano apretando el interruptor de una caja que tiene una medidor con una aguja que apunta a una cifra elevada, y seis luces, cuatro de las cuales están encendidas en rojo

  • Sophie Hardach
  • Título del autor,BBC Future
En junio de 1961, apareció un anuncio en el periódico de Connecticut New Haven Register, reclutando a personas para un experimento en la Universidad de Yale que sonaba inocuo: "Te pagaremos US$4 por una hora de tu tiempo. Se requieren personas para un estudio de la memoria".

Se buscaban trabajadores de fábrica, barberos, empresarios y una amplia variedad de otros profesionales, según el anuncio. No se necesitaba educación especial ni experiencia. Los interesados debían enviar sus datos por correo a Stanley Milgram, profesor del Departamento de Psicología de Yale.

Cuarenta hombres terminaron inscribiéndose a la prueba inicial del experimento. Entraron en un laboratorio y, bajo el pretexto de una tarea de aprendizaje de palabras, se les pidió que administraran descargas eléctricas a un desconocido, que podían llegar hasta un nivel potencialmente letal.

La mayoría de los hombres -26 de los 40, o el 65%- acabaron aplicando la descarga máxima y letal. En estudios posteriores con otros voluntarios, la mayoría aplicó la máxima descarga incluso si la víctima se presentaba como paciente con un problema cardíaco o si se la oía suplicar para ser liberada.

Los hombres no tenían ni idea que los shocks eran en realidad falsos y que todo el estudio estaba amañado. No se trataba en absoluto de la memoria. En cambio, era un estudio sobre la obediencia y la crueldad, que se convertiría en uno de los ejemplos más conocidos de personas comunes haciendo cosas brutalmente impensables cuando se les ordenaba hacerlo en un laboratorio.

Desde entonces, los investigadores han utilizado versiones modificadas y más leves del experimento de Milgram para estudiar uno de los aspectos más inquietantes de la naturaleza humana: cómo, por qué y cuándo obedecemos una orden inmoral.

Sus hallazgos, junto con detalles de los experimentos originales de Milgram, no solo arrojan luz sobre algunos de los peores impulsos de la humanidad, sino que también ofrecen sorprendentes ideas sobre lo que puede ayudarnos a resistir.

"Quedamos boquiabiertos"

Es difícil imaginar que una persona común y corriente inflija daños extremos a un ser humano. La mayoría de la gente está convencida de que ellos mismos no lo harían, y que resistirían en un experimento como el de Milgram. Incluso los psicólogos que investigan este comportamiento pueden quedar sorprendidos cuando sucede ante sus propios ojos.

"Fue bastante impresionante ver a estas personas, que parecían perfectamente normales, individuos felices y maravillosos, apretar esas palancas y no objetar", comenta Jerry Burger, profesor emérito de psicología social en la Universidad de Santa Clara en California.

En 2009, Burger realizó una versión modificada del estudio de Milgram, deteniendo al voluntario cuando aplicaba un shock menor (falso). Esperaba que sus resultados fueran aproximadamente iguales a los de Milgram. Pero al ver a los participantes en un monitor, él y su equipo seguían sorprendidos. "Al principio quedamos boquiabiertos: ¡No puedo creer que esta persona esté haciendo esto!", recuerda.

En el estudio de Burger de 2009, el 70% de los participantes obedecieron hasta el final del experimento. A diferencia de Milgram, Burger evaluó tanto a hombres como a mujeres y no encontró diferencias importantes.

"Nos gusta pensar en nosotros mismos como personas independientes y morales que resistirían una orden si entrara en conflicto con nuestros valores", dice Tomasz Grzyb, profesor de psicología social en la Universidad SWPS de Polonia, que realizó un estudio de réplica parcial en 2015. "Pero la evidencia sugiere que deberíamos estar mucho menos seguros de eso. Bajo suficiente presión, en la situación social precisa, las personas pueden encontrarse haciendo cosas que en realidad no quieren hacer".

Un panel de fondo amarillo con cinco interruptores rojos que están señalados con signos de corriete que suben en intensidad eléctrica. Un dedo aprieta el quinto interruptor que es el más intenso


Un panel de fondo amarillo con cinco interruptores rojos que están señalados con signos de corriete que suben en intensidad eléctrica. Un dedo aprieta el quinto interruptor que es el más intenso
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Para los investigadores fue sorprendente ver personas aparentemente normales apretar las palancas de shock eléctrico más intenso. 


En el estudio de réplica de Grzyb, que también incluyó niveles máximos de shock más bajos que el estudio de Milgram, el 90% de los participantes obedecieron hasta el final. No hubo diferencias significativas entre hombres y mujeres.

Tras el experimento, un psicólogo conversó con los voluntarios sobre su experiencia para asegurarse de que estaban bien. Una joven "empezó a llorar muy intensamente", expresa Grzyb.

"Entre lágrimas, dijo algo como: 'Este es el tipo de persona que soy. Hago lo que la gente me dice que haga. Y solo ahora, tras participar en este experimento, me he dado cuenta. Por eso las cosas en mi vida suceden como suceden'".

¿Qué explica tal obediencia, aun cuando entra en conflicto con nuestros valores personales?

Desobedecer consume más recursos cerebrales

Emilie Caspar, profesora de psicología experimental en la Universidad de Gante, en Bélgica, estudia cómo la obediencia influye en la actividad cerebral humana. En sus estudios, voluntarios administran descargas eléctricas reales y leves a otro voluntario.

Caspar y su equipo utilizan métodos de imagen cerebral, como la resonancia magnética funcional (fMRI), para observar qué ocurre en el cerebro del voluntario cuando administra una descarga bajo una orden; y, por separado, cuando administra una descarga porque decide hacerlo libremente.

"Las descargas son reales, no son falsas como en Milgram, pero están calibradas según el umbral de dolor de la víctima", explica. "Es real y doloroso, pero tolerable para la víctima".

Caspar y su equipo han descubierto que varios procesos cerebrales son diferentes cuando una persona obedece una orden en comparación con cuando elige libremente.

Por ejemplo, cuando las personas administran las descargas bajo una orden, las regiones asociadas a la empatía, la culpa y un sentido de agencia o responsabilidad son menos activas en comparación con cuando las dan libremente.

Cuando están bajo una orden, también consideran que las descargas que están aplicando son menos dolorosas. Esto puede explicar cómo la obediencia nubla la moralidad y permite que las personas causen daño a otros, sugiere Caspar.

Un monitor registra tractos de fibra de materia blanca (izquierda) e imágenes de fMRI de un cerebro. 25 de abril de 2014



Un monitor registra tractos de fibra de materia blanca (izquierda) e imágenes de fMRI de un cerebro. 25 de abril de 2014
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Con la resonancia magnética funcional (fMRI), la doctora Caspar pudo identificar las regiones del cerebro que se activan según se toman decisiones por orden o de libre albedrío.

De hecho, en sus propios experimentos, "la gente es extremadamente obediente", dice Caspar. De unos 800 voluntarios en sus estudios, en diferentes países, solo 21 (2,6%) se negaron a propinar las descargas. Recuerda a un participante que no dio ninguna descarga cuando tuvo libre albedrío, pero cumplió completamente todas sus órdenes: "Dijo, 'Cuando empezaste a darme órdenes, era tan fácil obedecer la orden'".

"Eso es, en realidad, una de las cosas clave (de la obediencia)", dice, refiriéndose a la sensación del voluntario de que es más fácil que desobedecer. Señala que la empatía, la culpa y la responsabilidad son procesos cerebrales que requieren energía. Cuando seguimos órdenes y estos sentimientos se reducen, puede sentirse menos esforzador que desobedecer.

"El cerebro es un órgano que no quiere gastar demasiados recursos cuando no es necesario", explica. "Desobedecer consume más recursos cerebrales que simplemente seguir órdenes".

Aunque podamos pensar que rasgos de personalidad individuales, como la empatía, ayudarían a resistir una orden malvada, la investigación cuenta una historia diferente.

"La personalidad y el temperamento son sorprendentemente malos predictores de quién obedecerá y quién se negará en una situación determinada", dice Grzyb.

La empatía puede ser, de hecho, un arma de doble filo, sugiere la investigación: la gente puede empatizar con quien da órdenes inmorales y no querer decepcionarla.

Sin embargo, hay algo que podemos hacer para ayudarnos a tomar mejores decisiones morales, indica la investigación: comprender los poderosos factores sociales y ambientales que influyen en nuestras decisiones, no solo en un laboratorio, sino en la vida cotidiana.

"Si nos demandan, ¿Quién es responsable?"

Burger destaca cuatro aspectos específicos del estudio de Milgram -y especialmente, la forma en que se organizó- que ayudan a explicar por qué tanta gente obedeció.

La configuración de Milgram era sencilla. Al entrar en el laboratorio, cada voluntario era recibido por un "experimentador", un científico con bata de laboratorio (en realidad, un asistente que actuaba el papel). Se le pedía que seleccionara su tarea al azar (pero ya estaba predeterminada) y se le asignaba el papel de "profesor" en una tarea de aprendizaje de memoria.

Luego, se le indicaba que evaluara a un "aprendiz" (otro asistente que actuaba ese papel), que estaba sentado en otra sala, aparentemente conectado a una máquina de descargas eléctricas. Se le indicaba al profesor que le diera una descarga cada vez que diera una respuesta incorrecta, pulsando una serie de botones.

El presentador Michael Portillo ve una réplica de uno de los experimentos más controvertidos de la historia, el estudio de Milgram, para un documental de la BBC. Está frente a un gran tablero con palancas y luces rojas encendidas rotuladas con voltajes ascendentes y descripciones de shock eléctrico que van desde “moderado” a “intenso”. Gran parte del tablero es un espejo que refleja la cara del presentador y detrás, en segundo plano, un observador con una bata blanca sentado frente a una pantalla de computador Pie de foto,

En 2009, la BBC produjo un documental en el cual se replicó el experimento de Milgram, con el presentador Michael Portillo haciendo del "profesor" voluntario que administra los shocks eléctricos.



El presentador Michael Portillo ve una réplica de uno de los experimentos más controvertidos de la historia, el estudio de Milgram, para un documental de la BBC. Está frente a un gran tablero con palancas y luces rojas encendidas rotuladas con voltajes ascendentes y descripciones de shock eléctrico que van desde “moderado” a “intenso”. Gran parte del tablero es un espejo que refleja la cara del presentador y detrás, en segundo plano, un observador con una bata blanca sentado frente a una pantalla de computador
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Tanto en el estudio original como en las réplicas, el experimentador asumía toda la responsabilidad de cualquier cosa que le ocurriera a la víctima.

Esto, que el experimentador asuma la responsabilidad, fue crucial, afirma Burger.

"Ahora sabemos por investigaciones que si haces que las personas sean anónimas, o dices que es responsabilidad de otra persona, ellos pueden adoptar comportamientos muy malos", dice.

En el propio estudio de Burger, una participante se volvió hacia el experimentador y preguntó: "No va a haber ninguna demanda, ¿verdad?". El experimentador respondió: "Si le pasa algo, yo soy responsable". La mujer entonces dijo: "¡Eso es lo que necesitaba oír!".

"Y ella se dio la vuelta y pulsó los botones", asegura Burger.

De hecho, investigaciones independientes han demostrado que existe una ilustración moderna de este efecto de anonimato: el comportamiento online. El anonimato está vinculado a la ciberagresión, según estudios de 2023 y 2026.

"La gente dice y hace todo tipo de cosas horribles (en internet)", expresa Burger. "Si te sentaras cara a cara con alguien y asumieras las consecuencias de tus palabras, sería menos probable que lo hicieras. El anonimato permite deshacerse de la responsabilidad personal".

Una persona en camisa blanca está fuera de foco, contra un fondo negro. En su mano derecha sostiene un teléfono inteligente del cual brotan emojis con expresiones negativas y manos con el pulgar inclinado hacia abajo en s

Una persona en camisa blanca está fuera de foco, contra un fondo negro. En su mano derecha sostiene un teléfono inteligente del cual brotan emojis con expresiones negativas y manos con el pulgar inclinado hacia abajo en señal de desagrado
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El anonimato permite deshacerse de la responsabilidad personal y eso está asociado a la ciberagresión actual.

En el estudio de Milgram, después del experimento se les preguntó a los voluntarios sobre quién recaía la responsabilidad de que la persona hubiera recibido los shocks eléctricos.

Los que obedecieron tendían a atribuir la responsabilidad principal al experimentador. Quienes se negaron, solían decir que la responsabilidad principal recaía en ellos mismos.

Milgram también analizó qué ocurría cuando la víctima estaba en el mismo cuarto que el voluntario. En esa situación, solo el 40% obedeció la orden hasta el final; y cuando la mano de la víctima tocaba la del voluntario, solo el 30% obedeció.

Milgram sugirió que la proximidad pudo haber hecho que las descargas eléctricas fueran menos abstractas. Como apunta Burger, es más difícil decir o hacer cosas crueles cuando uno se enfrenta cara a cara con una persona.

"¿Soy el tipo de persona que hace esto?"

Burger destaca otros dos factores: en el experimento de Milgram, la gente se encontraba en una situación que la mayoría nunca había vivido antes. Y entonces no tenían tiempo para reflexionar sobre qué hacer. Cada vez que dudaban, el experimentador les animaba con frases como: "No tienes otra opción, debes seguir adelante".

Cuando tenemos que tomar una decisión en una situación nueva, tendemos a buscar a alguien cercano con más experiencia y a tomar referencias de su comportamiento, explica Burger. En el estudio de Milgram, la única otra persona en la sala era el experimentador, que insistía en continuar. Eso, junto con la secuencia rápida, dificultó que los voluntarios formaran una opinión propia, dice Burger.

Si el experimentador hubiera dicho: "¿por qué no te tomas 10 minutos para pensar qué hacer?", probablemente habría habido más desobediencia, cree Burger. Una pausa habría dado a los voluntarios la oportunidad de preguntarse: "¿Esto está bien o mal, soy yo el tipo de persona que hace esto?", arguye.

La escalada gradual de los niveles de shock eléctrico también fue un factor, añade Burger. Si una persona acepta una solicitud pequeña, es más probable que acepte también solicitudes mayores, comenta, un fenómeno conocido como el efecto "pie en la puerta".

En la vida real, una forma de contrarrestar estos efectos puede ser pensar en una situación con antelación, sugiere Burger, y en una situación novedosa, e intentar tomarse un tiempo para reflexionar.

Grzyb sugiere que cultivar ciertos hábitos mentales puede ser útil, como "crear distancia psicológica con la figura de autoridad, reconocer cuando la responsabilidad se nos está apartando, preguntarnos si una instrucción es legítima y darnos permiso para parar".

Pero una lección clave es que "deberíamos construir sistemas que dificulten el abuso de autoridad", dice Grzyb. "Si a una persona se le concede el poder sin control sobre otra, tarde o temprano existe un serio riesgo de que ese poder sea mal utilizado".

"Siempre podemos elegir otra opción"

Hay otra poderosa fuente de valentía moral: ver a los demás actuar moralmente.

Caspar ha realizado investigaciones sobre antiguos perpetradores, testigos y rescatadores reales en el genocidio de 1994 contra la comunidad tutsi en Ruanda.

"Uno de los principales factores que distingue a los rescatadores de los perpetradores de genocidio es la presencia de modelos a seguir en su primera infancia", afirma, basándose en la investigación de su equipo. "Por ejemplo, los rescatadores tienen más probabilidades de haber presenciado a sus padres u otros familiares ayudando a otros seres humanos".

Señala que, incluso si una pequeña minoría desobedece una orden inmoral o rescata a personas en un genocidio real, eso demuestra que se puede hacer.

"Los rescatadores son un buen recordatorio de que siempre podemos elegir otra opción", dice.

Una joven, con el pelo recogido y una camisa suelta de rayas azules, hace la señal de parar con el brazo extendido y la palma de la mano hacia adelante. Un globo de pensamiento tiene un círculo rojo atravesado con una línea roja diagonal



Una joven, con el pelo recogido y una camisa suelta de rayas azules, hace la señal de parar con el brazo extendido y la palma de la mano hacia adelante. Un globo de pensamiento tiene un círculo rojo atravesado con una línea roja diagonal
 
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Los estudios de la profesora Caspar indican que es posible negarse a obedecer.

De hecho, incluso en el estudio original de Milgram, hubo quienes se resistieron.

"No, esto no está bien. Es un experimento del diablo. El tipo está sufriendo ahí dentro. No, no quiero seguir", dijo un voluntario desobediente. Cuando le dijeron que no tenía otra opción que continuar, otro respondió bruscamente: "Si esto fuera Rusia, quizá, pero no en Estados Unidos".

Joe Dimow, un participante desobediente en el estudio original de Milgram, escribió un ensayo en 2016 sobre su experiencia. Dijo que su crianza en una familia que cuestionaba la autoridad, así como su propio activismo político y sus enfrentamientos con las autoridades, probablemente le ayudaron a resistir las órdenes del experimentador.

"Tenía una comprensión poco ortodoxa de la autoridad y no era probable que me impresionara una bata blanca", escribió.

Lo que la obediencia ciega no puede explicar

La investigación de Caspar también pone de manifiesto las fases cruciales en las que podríamos tomar una decisión moral, mucho antes de encontrarnos realmente en una situación en la que la obediencia parezca la única salida.

Esto llena un importante vacío dejado por Milgram. Milgram argumentó que sus hallazgos podrían ayudar a explicar cómo personas aparentemente ordinarias acabaron cometiendo atrocidades, en particular, cómo tantos alemanes conspiraron y llevaron a cabo el asesinato de millones de judíos en el Holocausto.

Pero como muchos han señalado, la obediencia ciega ni siquiera empieza a explicar las complejidades del genocidio real. En el Holocausto, por ejemplo, la persecución ocurrió ampliamente sin órdenes directas e implicó actos de pura crueldad y codicia.

"El genocidio suele describirse como un proceso de etapas, donde hay discriminación, categorización, deshumanización (en una secuencia en escalada)", sostiene Caspar. "La parte de obediencia está más en la fase final, la fase de exterminio. Es como un detonante, decirle a la gente que ya puede seguir adelante (con la matanza)".

Negarse a demonizar a un grupo de personas y cultivar la creencia en la humanidad compartida puede ayudar a combatir la persecución en esas primeras etapas, dice.

Una línea de las transcripciones de Milgram, citando a uno de los voluntarios desobedientes, quizá lo expresa mejor: "Lo siento, no puedo hacerle eso a un hombre", insistió el voluntario, y se detuvo. 


martes, 3 de noviembre de 2026

Cómo evitar una intoxicación por setas y por qué no hay que fiarse de las aplicaciones del móvil. Expertos en micología explican cómo recolectarlas con seguridad y respeto para el campo

Los expertos recomiendan recoger las setas con cuidado, respetar el entorno natural y contar con ciertos conocimientos sobre las diferentes especies.Eva-Katalin (Getty Image
Dice un popular dicho italiano: “Tutti i funghi sono commestibili, ma alcuni solo una volta” (todos los hongos son comestibles, aunque algunos solo una vez). A las setas hay que tenerles respeto. Y también conviene tener algunos conocimientos sobre ellas. No hay que adentrarse en el bosque, con el cesto en el brazo y la navaja en la mano, sin saber qué se va a recoger o, al menos, sin conocer previamente una o dos especies. Lo explica Juan Andrés Oria de Rueda, director de la Cátedra de Micología de la Universidad de Valladolid: “Es importante saber algo sobre ellas, porque las hay mortales. Está muy de moda salir a coger setas, pero hay que hacerlo con conocimiento. Últimamente la gente utiliza aplicaciones del teléfono móvil, pero eso no garantiza una seguridad absoluta, porque puede que, a través de la foto que se envía, la aplicación no calcule bien el tamaño y ese error lleve a intoxicaciones mortales”. Según explica, esto puede ocurrir con especies como la Macrolepiota procera, también conocida como parasol o galamperna, cuyo pie, muy delgado, puede llegar a medir entre 12 y 30 centímetros. Sin embargo, puede confundirse con especies venenosas e incluso mortales del género Lepiota, de menor tamaño, como Lepiota cristata, Lepiota brunneoincarnata o Lepiota helveola.

“Todas las setas tienen hermanas tóxicas”, afirma Isaac Petràs, propietario de Bolets Petràs, un referente del sector micológico en España con más de 50 años de trayectoria. Cita el caso de la deliciosa oronja o Amanita caesarea —de tallo, anillo y láminas amarillas y sombrero naranja—, que pertenece al género Amanita y comparte rasgos morfológicos con otras especies de la misma familia, aunque con propiedades muy distintas. Entre ellas figuran la Amanita muscaria —de sombrero rojo y pie, anillo y láminas blancos—, conocida como matamoscas o falsa oronja y de efectos alucinógenos, y la Amanita phalloides —de sombrero verde oliva o amarillo pálido y láminas y pie blancos—, considerada una de las setas más tóxicas de los bosques. “Hay que tener mucha precaución y, ante la duda, a la basura”, aconseja Petràs.

La Amanita phalloides es mortal y afecta al hígado. “No es fea, huele bien y, para analizarla, hay que observarla entera, no solo el sombrero. Porque uno de los errores más frecuentes es hacer la foto para enviarla a la aplicación del móvil desde arriba y, de esta manera, no se muestran bien las láminas ni el pie. Hay que coger la seta con cuidado. Recomiendo levantarla, no cortarla, y observarla entera. El gran peligro hoy no son las setas, son los móviles”, apunta Oria de Rueda, que solo recomienda cortar con la navaja la seta de cardo. El proceso de recogida tiene que hacerse con esmero, según este experto: se coge el hongo con la mano, se limpia la tierra y después se coloca en la cesta.

Por el contrario, Petràs asegura que lo mejor es cortarla con un cuchillo, ya que de esta manera no se arranca el micelio, la parte vegetativa de la seta. “Creo que es importante no dañarlo, pero yo soy comerciante, es mi humilde opinión; hay académicos que saben más de esto”, señala este experto, en plena campaña de recogida. Añade que la seta es un hongo frágil que nace de un micelio al que no se debe perjudicar. “Debemos cuidar la tierra; con esa finalidad existe regulación y cuotas de acceso, que se deberían reinvertir para cuidar el bosque”, añade. Por ejemplo, la ordenanza municipal del Ayuntamiento de Jarandilla de la Vera (Cáceres) para la recogida de setas contempla un permiso recreativo para autoconsumo, con una tarifa de cinco euros y un límite máximo de cuatro kilos por persona y día. Si el permiso es con fines comerciales, el precio asciende a mil euros.

El reglamento del citado municipio también incluye una serie de normas de obligado cumplimiento, como la prohibición de remover el suelo, utilizar hoces, rastrillos, azadas o cualquier otra herramienta que altere la capa superficial del suelo, así como estropear o destruir las setas que no se conozcan o que no sean comestibles. Para su traslado y almacenamiento dentro del monte se utilizarán cestas o recipientes que permitan su aireación y la diseminación de sus esporas, por lo que no está permitido el uso de bolsas de plástico. El corte de la seta también aparece entre las condiciones generales de recolección: los níscalos, setas de cardo, llanegas, negrillas y capuchinas se cortarán por el pie con una navaja. Las restantes especies deberán extraerse cuidadosamente de la tierra y tapar después el hueco practicado. Tampoco está permitido recoger ejemplares que no hayan alcanzado su tamaño normal de madurez, dejando en el lugar, sin deteriorarlos, los ejemplares pasados, rotos o alterados y aquellos que no sean objeto de recolección.

“Cada vez hay un porcentaje destacado de gente aficionada y es por ello por lo que existen en diferentes regiones acotamientos micológicos. Es algo que se ha establecido con éxito y era necesario porque, en las zonas donde existe, el recolector encuentra más”, agrega Oria de Rueda, quien cree que este año la temporada de setas será próspera y se prolongará durante meses, dado que con el cambio climático cada vez se retrasa más la aparición de estos pequeños tesoros gastronómicos. “Ahora tardan más en salir. Las setas antes eran de otoño, pero ahora también son de invierno”, prosigue. “Este año van tarde y a mí me gustan cuando van tarde porque se prolongan durante más meses. El año pasado tuvimos setas hasta marzo”, apunta Petràs, que trabaja con 32 países recolectores de Europa.

Entre sus preferencias, este experto señala las setas humildes y discretas, como la angula de monte o la Tricholoma terreum, también conocida como negrillo o fredolic (en catalán, por su resistencia al frío). “Ahora gustan mucho el boletus, el níscalo o la amanita porque son más gastronómicas, pero hay que valorar las setas humildes, que tienen gran sabor y valor añadido, ya que, como las otras, tienen numerosos usos en cocina, desde una pizza o un escabeche hasta el relleno de un canelón”, afirma Petràs.

Sobre el momento idóneo de la recolección, añade Oria de Rueda que debe realizarse en los días posteriores a un buen chaparrón. “Si hay lluvia, hay setas. Se necesita la lluvia para que se desarrolle el micelio que forma la seta. Entre la precipitación y la aparición masiva de setas hay que esperar una semana o diez días, aunque si hace frío tardarán un poco más”. Y asegura que al Boletus aereus le gustan las tormentas fuertes, que la Amanita caesarea reacciona ante las tormentas intensas incluso con pedrisco, o que la seta de cardo (Pleurotus eryngii), “muy apreciada”, necesita que haya rebaños, ya que el ganado favorece su proliferación.

“Esta seta disminuye trágicamente debido al abandono del pastoreo”, añade el docente de la Universidad de Valladolid. Destaca que el perrechico, muy apreciado en el País Vasco, brota en primavera en las zonas donde pastan las vacas. Entre las más apreciadas destaca, además de las anteriormente mencionadas, la trompeta de la muerte (Craterellus cornucopioides), “que siempre se ha conocido como la trufa de los pobres y es muy buscada en esta época en muchas zonas de España, aunque en el sur suele aparecer en diciembre”. Para el Lactarius deliciosus hay que esperar hasta enero o febrero.

CÓMO RECONOCER SEIS SETAS SALVAJES

1 Seta de cardo (Pleurotus eryngii)

Es habitual en el centro de la Península, sobre todo en Castilla y León, aunque también se encuentra en Castilla-La Mancha y Madrid. Tiene una cola larga y ligeramente desplazada, y su color, según describe Llorenç Petràs en el libro Comer setas (Planeta Gastro), puede variar en función de si ha crecido en zonas más o menos húmedas. Combina especialmente bien con recetas elaboradas con huevo.

2 Rebozuelo (Cantharellus cibarius)



Rebozuelos ('Cantharellus cibarius'). Johner Images (Getty Images/Johner RF)

Es una de las especies más abundantes y aparece en numerosas regiones, como Galicia, el País Vasco, Extremadura, Cataluña o Andalucía. Una de sus principales ventajas, apunta Llorenç Petràs en su libro, es que raramente presenta gusanos, por lo que resulta muy apreciada en cocina y fácil de trabajar. Presenta forma de embudo y un color que va del amarillo pálido al anaranjado. Puede cocinarse con huevos o combinarse con otras setas. Es una de las mejores para acompañar pescados, dado que es bastante aromática.

3 Trompeta de la muerte (Craterellus cornucopioides)

Trompeta de la muerte ('Craterellus cornucopioides').

mabelgurb (Getty Images/iStockphoto)

Es una de las setas que más tarde se incorporó a las cocinas, según apunta Llorenç Petràs, fundador del conocido puesto de setas Petràs, en el mercado de La Boqueria de Barcelona. Los franceses la conocen como la trufa de los pobres, ya que, una vez seca, cortada en finas láminas y mezclada con embutidos, resulta un auténtico manjar. Pertenece a la familia de los rebozuelos, puesto que crece en el mismo entorno. Aparece en invierno y es una de las últimas setas del año en hacer acto de presencia. Puede cocinarse en pasteles, acompañando huevos fritos o con pescados. Su color varía del gris oscuro y el pardo al negro, en función del grado de humedad y de su estado de desarrollo. La parte inferior, el himenio, es más clara que el sombrero, con un tono grisáceo y una superficie lisa o ligeramente rugosa.

4 Níscalo (Lactarius deliciosus)

Níscalo ('Lactarius deliciosus'). David Expósito

Ha sido siempre una de las setas silvestres más vendidas y apreciadas por los consumidores. Su popularidad se debe, en parte, a que es fácilmente reconocible. Suele consumirse rehogada, con un toque de ajo y perejil, aunque admite numerosas preparaciones y también se utiliza como guarnición en diferentes platos. Se distingue por su característico color anaranjado, sus láminas finas y apretadas y un pie corto, cilíndrico y macizo.

5 Boletus (Boletus edulis)

Boletus ('Boletus edulis')

Mataya (Getty Images)

Es una de las joyas de la cocina actual. Abunda en los bosques de pinos de Galicia, Extremadura, el País Vasco y Cataluña, así como en algunas zonas de Castilla y León, como Soria. Se trata de una seta muy apreciada de la que se aprovecha todo, desde el sombrero hasta el pie. “Es como el cerdo de las setas, del que se aprovecha hasta los andares. Incluso las partes menos apetecibles se trituran y se utilizan para pizzas”, afirma Llorenç Petràs, que también recomienda congelarla. “Puede ganar puntos cuando se consume congelada, ya que durante la congelación sufre un proceso de oxidación que acentúa su perfume”. Aporta profundidad y aroma a cualquier plato: desde arroces y caldos caseros hasta salteados, tortillas o carpaccios. Se distingue por su sombrero de color marrón claro, un pie robusto y alargado de color blanco y la ausencia de láminas en la parte inferior.

6 Oronja (Amanita Caesarea)

Oronja ('Amanita caesarea'). Cristina Moliner (Getty Images/iStockphoto) Es una de las setas más apreciadas y de las primeras en aparecer en otoño, aunque también puede encontrarse en primavera, especialmente en bosques de castaños, alcornoques y robles. Se da sobre todo en Extremadura, Andalucía y Cataluña, según se detalla en el libro Comer setas. La oronja nace con forma de huevo y, a medida que se desarrolla, se va abriendo. De color anaranjado, presenta una carne compacta de tono amarillo, igual que su robusto pie cilíndrico. Puede consumirse en carpaccio, cortada en láminas finas y aliñada con un chorro de aceite de oliva. Cuando aún está cerrada, resulta fácil confundirla con otras especies de su mismo género especialmente peligrosas, como la Amanita muscaria (alucinógena) y la Amanita phalloides (venenosa y mortal).

Fe de errores
Dos de las fotos incluidas en este reportaje, las de las setas de cardo (que eran de cultivo) y los níscalos, han sido sustituidas porque generaban confusión. Procedían del banco de imágenes de Getty y se dieron por buenas, ya que aparecían identificadas con su nombre científico. 
Ver en el País.

lunes, 2 de noviembre de 2026

La fascinante historia del kohl, el delineador de ojos usado desde la época de Nefertiti

La imagen muestra a una mujer beduina vestida con un atuendo elaborado, ricamente adornado con joyas y textiles. La prenda es de un vibrante color rojo con intrincados patrones dorados.
Pie de foto,Kohl es como se conoce ampliamente en el mundo árabe.

"Cuando me pongo el delineador en mi apartamento de Brooklyn, tan lejos de casa, siento que me conecto con mi madre, mi abuela y con mujeres de todo Medio Oriente", cuenta la periodista Zahra Hankir a BBC Global Women.

En diciembre pasado, la Unesco, la agencia cultural de la ONU, reconoció la importancia del kohl árabe al incluirlo en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

El kohl, un pigmento oscuro que tradicionalmente se aplica alrededor de los ojos tanto en hombres como en mujeres, tiene raíces que se remontan miles de años, hasta las civilizaciones antiguas.

Aunque se conoce como kohl en el mundo árabe, recibe distintos nombres en otras regiones: kajal en el sur de Asia, tiro en Nigeria y sormeh en Irán.

Tradicionalmente se elaboraba a partir de antimonio, plomo u otros minerales; los productos modernos de kohl incluyen otros ingredientes.

El cosmético ocupa un lugar especial para la escritora británico-libanesa Zahra Hankir, cuya familia se trasladó a Inglaterra desde el Líbano para escapar de la guerra civil de 1975.

"Solía ver a mi madre aplicarse el maquillaje cuando vivíamos lejos de casa", explica.


"Sentía que ella se conectaba con algo muy profundo".

Es la misma conexión que, según dice, ella siente cuando se pone el delineador.

Una mujer de cabello negro y rizado, vestida con una camiseta sin mangas negra y aros dorados.


Una mujer de cabello negro y rizado, vestida con una camiseta sin mangas negra y aros dorados.


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La periodista Zahra Hankir ha viajado por todo el mundo para descubrir la historia del delineador.

Hankir, autora de Eyeliner: A Cultural History (Delineador de ojos: una historia cultural), asegura que el reconocimiento de la Unesco enmarca al kohl "no como una moda o un producto, sino como una práctica cultural viva que merece ser protegida".

"Este tipo de reconocimiento ayuda a preservar los conocimientos, rituales y artesanía que rodean a la fabricación y el uso del kohl, asegurando que se documenten, transmitan y valoren a lo largo de las generaciones, en lugar de diluirse o perderse en la cultura globalizada del maquillaje comercial", explica.

Fue el hecho de sacar un tarro de este maquillaje durante la cena con una amiga iraní lo que dio pie a una conversación sobre su historia y simbolismo, e inspiró a Hankir a profundizar en la historia del kohl y en el uso del delineador en general.

"Fue esa comprensión de que el kohl significa algo muy profundo para las mujeres, para las mujeres de minorías y para las mujeres que viven en la diáspora", señala.

"Más que belleza"

La mano de una mujer sostiene una antigua herramienta de maquillaje para delineador kohl y un viejo recipiente de almacenamiento.


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La mano de una mujer sostiene una antigua herramienta de maquillaje para delineador kohl y un viejo recipiente de almacenamiento.

Los recipientes de kohl se llaman generalmente makhala, y la herramienta utilizada para aplicarlo en los ojos se conoce como merwad. Las raíces del kohl se remontan a las civilizaciones antiguas de Egipto, Mesopotamia y Persia.

En el Antiguo Egipto, según Hankir, lo usaba todo el mundo, sin importar el género o la clase social.

"Lo llevaban por motivos que iban mucho más allá de la belleza", explica, indicando que también servía para trasmitir espiritualidad y proteger los ojos de enfermedades.

"Los antiguos egipcios enterraban sus tarros de kohl con ellos, para llevárselos al más allá, lo que demuestra la importancia que tenía".

Fue probablemente la reina egipcia Nefertiti quien se convirtió en la primera "influencer" en lo que respecta al uso del delineador, señala Hankir.

El famoso busto de Nefertiti, hallado por un equipo arqueológico alemán encabezado por Ludwig Borchardt en 1912 en Egipto, muestra el uso inconfundible del kohl en los ojos.

"Sus cejas están arqueadas, perfectas en forma y rellenadas con un tinte negro ahumado, posiblemente kohl. El contraste de color es marcado, pero la apariencia general de la reina es impecable", escribe Hankir en su libro.

En Alemania, las mujeres intentaban emular su apariencia "exótica" usando kohl, asociándolo con belleza, autoridad y empoderamiento, añade Hankir.

El maquillaje de Nefertiti sigue estando de moda:

"Hay cientos de tutoriales en YouTube, TikTok e Instagram que imitan el rostro de la reina con un grado sorprendente de precisión", escribe Hankir.

Una escultura de la cabeza de la reina egipcia Nefertiti sobre un fondo negro, mostrando sus ojos delineados con kohl negro.

El busto de la reina egipcia Nefertiti se presentó al mundo a principios del siglo XX.


Una escultura de la cabeza de la reina egipcia Nefertiti sobre un fondo negro, mostrando sus ojos delineados con kohl negro.
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El delineador más allá del kohl

La investigación de Hankir sobre el delineador la ha llevado por todo el mundo.

Desde Kerala hasta Chad, México, Jordania y Japón, sus viajes revelan que, aunque el delineador se utiliza ampliamente y varía en aplicación y significado, su función como forma de protección sigue siendo un hilo común.

Sus usos van desde protegerse del sol y del "mal de ojo" hasta rituales religiosos y fines medicinales.

En Japón, habló con geishas -las tradicionales artistas japonesas especializadas en música, danza y conversación- que usan delineador rojo, un símbolo de protección que perdura hasta hoy.

Mientras tanto, en la cultura chola mexicano-estadounidense, el delineador es un poderoso símbolo de identidad, resistencia y orgullo cultural, explica Hankir.

Y, al igual que en el Antiguo Egipto, Hankir ha observado que, en algunas partes del mundo, el delineador no es usado exclusivamente por mujeres.

En Chad, Hankir pasó tiempo con los Wadabi, un grupo nómada fulani conocido por su concurso anual de belleza, donde las mujeres juzgan a los hombres por su apariencia.

"Los hombres beduinos en Petra, Jordania, usan delineador no solo para protegerse del sol o expresar su religiosidad, sino porque también saben que los hace ver bien", dice riendo.

"Además, es un rito de paso hacia la adultez y un marcador de soltería".

Una geisha japonesa con maquillaje blanco y delineador negro y rojo, vistiendo un tocado adornado con flores y ornamentos.

En Japón, se cree que el uso de delineador rojo por las geishas aleja los malos espíritus.


Una geisha japonesa con maquillaje blanco y delineador negro y rojo, vistiendo un tocado adornado con flores y ornamentos.
 

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El delineador también se aplica con frecuencia en los ojos de los niños, una práctica que algunos consideran protectora.

De hecho, es común que en los países de habla árabe se den nombres como Kajal o Kahilain, reflejando la importancia cultural del delineador.

Hankir afirma que el reconocimiento del kohl por parte de la Unesco "tardó en llegar" y da "crédito a las comunidades del Sur Global, especialmente en el mundo árabe, que han preservado y sostenido esta tradición durante siglos, a menudo frente al desplazamiento, el colonialismo y la pérdida cultural".

Pero, para la escritora, la conexión con su propia cultura es lo que hace que el acto de aplicar kohl sea tan significativo.

"Es casi un acto espiritual. Es casi ritual cuando te lo pones. Te estás conectando con mucho más que solo trazar una línea en los ojos", dice.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Eric Hobsbawm, historiador de las derrotas

Fuentes: Jacobin América Latina


Eric Hobsbawm estaba en Berlín cuando Hitler llegó al poder, en París durante el apogeo del Frente Popular y seguía siendo miembro del Partido Comunista cuando el comunismo se derrumbó. La nueva biografía de Émile Chabal reconstruye la trayectoria de un historiador que nunca dejó de preguntarse qué seguía siendo posible después de la derrota.

Cinco años después de la caída del Muro de Berlín, el historiador comunista Eric Hobsbawm publicó su exitosa historia del siglo XX, Historia del siglo XX. El libro presentaba a un hombre que intentaba asumir el destino del proyecto político al que había dedicado su vida adulta, al tiempo que procuraba comprender el siglo XX como una época histórica. Aunque se hizo famoso por su pesimismo, el libro, como la obra de muchos autores de izquierda en la década de 1990, también ofrecía una oportunidad para repensar en qué podía convertirse el proyecto de la izquierda tras el derrumbe del comunismo.

En sus últimas páginas Hobsbawm reflexionaba sombríamente sobre el futuro. El «titánico desarrollo económico y tecnocientífico» del capitalismo, escribió, había desencadenado fuerzas capaces de destruir «los fundamentos materiales de la vida humana», al tiempo que erosionaba los vínculos sociales del pasado, incluidos aquellos de los que depende el propio capitalismo. «Nuestro mundo corre el riesgo tanto de explotar como de implosionar. Debe cambiar». La humanidad no podría sobrevivir al tercer milenio prolongando el pasado o el presente, advirtió, y «el precio del fracaso, es decir, la alternativa a una sociedad transformada, es la oscuridad».

Casi veinte años después, en 2011, estallaron protestas masivas en todo el mundo. La Primavera Árabe derrocó las dictaduras de Egipto y Túnez, mientras que el levantamiento en Siria desembocó en una guerra civil. En otros lugares, surgió el movimiento Occupy Wall Street en Estados Unidos y el movimiento de los Indignados ocupó las calles y plazas de España. Yo participé en esas manifestaciones y, por entonces, estaba leyendo Historia del siglo XX con mis compañeros de clase. El libro dejó una huella duradera en nuestra forma de pensar tanto el pasado como las posibilidades del futuro. No se trataba solo de la historia que narraba Hobsbawm, sino también de la sensación de que, de algún modo, estábamos viviendo de nuevo una historia semejante.

Para una izquierda que, desde el derrumbe del comunismo, había tenido dificultades para articular una visión de futuro, el movimiento de los Indignados abrió un momento de imaginación política en el que parecía posible un futuro diferente. Para una nueva generación de historiadores comprometidos políticamente, las luchas de Eric Hobsbawm —un comunista que había vivido en Berlín cuando los nazis llegaron al poder, estado en París en el apogeo del Frente Popular de 1936 y viajado a España durante la Guerra Civil— podían resultar inspiradoras.

No era un caso aislado. En 2018 el historiador Émile Chabal viajó a Delhi, donde conoció a un grupo de estudiantes de izquierda que admiraban su obra. Lo animaron a buscar el hashtag #Hobsbawm. Para su sorpresa, encontró numerosas publicaciones en redes sociales que mostraban los libros del historiador: por lo general, una computadora portátil abierta junto a un ejemplar de Historia del siglo XX, acompañados de hashtags sobre los desafíos de la vida estudiantil. Pero, como se pregunta Chabal, ¿qué puede enseñarnos hoy la vida de Hobsbawm —la figura histórica, más que el mito— sobre las perspectivas de la izquierda?

sábado, 31 de octubre de 2026

Qué debes comer para proteger a las bacterias beneficiosas de tu boca

Boca

Todo el mundo sabe que los alimentos azucarados pueden provocar caries dentales al alimentar a las bacterias dañinas de nuestra boca. Pero resulta que mantenerlas a raya depende tanto de lo que comes como de lo que no comes. Y desde las frutas hasta el queso, los alimentos más beneficiosos podrían sorprenderte.

La investigación está empezando a revelar la importancia del microbioma oral.

Esta comunidad está compuesta por 700 especies diferentes de bacterias, además de virus, hongos y otros microorganismos.

Puede tener un efecto profundo en nuestra salud. Sin embargo, actualmente suele ser descuidada.

No tiene por qué ser así.

Es fácil cuidar los microbios de la boca y, al igual que ocurre con el intestino, la dieta es un factor fundamental. Esto es lo que necesitas saber para alimentarte de manera que favorezca unos dientes sanos.

Hombre joven cepillándose los dientes. 


Hombre joven cepillándose los dientes.
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Cepillarse los dientes es crucial para la salud bucal.

En el ajetreado vecindario de tu boca, los microbios ocupan nichos ecológicos y cada especie prefiere un hábitat distinto. Mientras algunas bacterias eligen habitar la superficie de los dientes, otras prefieren la lengua o se esconden en las diminutas hendiduras entre los dientes y las encías.

Algunos de estos microbios son una mala noticia. Es el caso de Streptococcus mutans, que se encuentra en la superficie de los dientes y adora consumir azúcar. Esta bacteria transforma los azúcares en ácidos que desgastan el esmalte protector dental. Con el tiempo, esto puede provocar agujeros o caries.

Otros microbios bucales son activamente beneficiosos. Por ejemplo, si bacterias beneficiosas como Veillonella, Actinomyces, algunas especies de Streptococcus o Neisseria hacen de tu boca su hogar, pueden impedir que cepas patógenas dañinas se establezcan allí.

Otras consecuencias

Tener un buen microbioma oral no solo es importante para la salud dental.

Si no te cepillas los dientes con regularidad o de forma suficientemente minuciosa, pueden formarse pequeñas bolsas en el espacio entre los dientes y las encías. En este entorno pobre en oxígeno, microorganismos como Porphyromonas gingivalis pueden prosperar.

Una vez allí, P. gingivalis causa enfermedades de las encías, pero también aumenta el riesgo de problemas de salud como enfermedades cardiovasculares, depresión, enfermedad de Alzheimer, diabetes, enfermedad inflamatoria intestinal, artritis reumatoide e incluso parto prematuro.

En los últimos años, los científicos han vinculado cada vez más un microbioma oral deficiente con el cáncer de colon y de páncreas.

En un estudio reciente, un equipo de científicos de distintos puntos de Estados Unidos analizó la saliva de los participantes y posteriormente evaluó su riesgo de desarrollar cáncer.

Se descubrió que quienes tenían en su microbioma oral determinadas especies bacterianas asociadas con la caries dental o levaduras del género Candida presentaban un mayor riesgo de cáncer de páncreas.

También están surgiendo pruebas de que, como ocurre con el intestino, es importante contar con una mezcla diversa de microorganismos. Por ejemplo, un estudio reciente halló que una menor diversidad de microbios en la boca está asociada con la depresión.

Pero, lo que es crucial, cepillarse los dientes por sí solo no basta para mantener esta comunidad microbiana. Todo lo que comes, ellos también lo comen, y eso tiene un efecto directo sobre cuáles pueden prosperar.

Boca sonriente en primer plano

Boca sonriente en primer plano


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La dieta es fundamental para cuidar el microbioma oral.

Qué comer y qué evitar

Los tentempiés o bebidas que conviene evitar son aquellos compuestos principalmente por grandes cantidades de azúcar, ya que las bacterias responsables de las caries los devoran.

También es recomendable limitar el consumo de carbohidratos procesados, porque se descomponen fácilmente en azúcares dentro de la boca. Entre los tentempiés ricos en almidón que conviene evitar se encuentran el pan blanco, las galletas saladas, las galletas dulces, los pasteles y los pretzels.

Favorecer el crecimiento de las bacterias "buenas" es útil por dos razones.

Compiten por el alimento y el espacio con las bacterias asociadas a las caries y las enfermedades, reduciendo así sus poblaciones. Pero además, algunas atacan directamente a las que no quieres que se instalen en tu boca.

"Dentro de la familia más amplia de estos microbios amantes del azúcar, los Streptococcus, hay algunos [tipos de bacterias] que prácticamente no producen ácido y que, de hecho, atacan a algunos de los microbios que sí producen ácido", explica Laura Weyrich, profesora asociada de Antropología y Bioética de la Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos, que estudia el microbioma oral y cómo ha cambiado a lo largo de la historia.

Una mujer comiendo dos donas.

Una mujer comiendo dos donas.


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Los microbios aman el azúcar.

"Son como luchadores por la libertad: tienen sus propios antibióticos que utilizan como armas. Así que, si tienes estas bacterias, estarás en una muy buena situación", afirma Weyrich. Por ejemplo, la bacteria beneficiosa S. salivarius produce proteínas capaces de eliminar una amplia variedad de microbios no deseados.

Entre ellos se incluyen patógenos resistentes a los antibióticos convencionales.

Si quieres cultivar un microbioma oral saludable, una de las mejores cosas que puedes hacer es comer abundantes verduras de hoja verde. Alimentos como la col rizada, las espinacas, la remolacha y los rábanos contienen grandes cantidades de nitrato, que es consumido por las bacterias Neisseria presentes en nuestra boca.

Estos microorganismos convierten el nitrato en nitrito, que posteriormente otras bacterias del intestino transforman en ácido nítrico. El ácido nítrico circula por la sangre y contribuye a reducir la presión arterial, beneficiando la salud cardiovascular. Por ejemplo, en un ensayo, los adultos mayores que bebieron jugo de remolacha rico en nitratos dos veces al día durante dos semanas vieron disminuir su presión arterial.

Curiosamente, masticar ajo, aunque quizá no haga maravillas por tu aliento, también puede beneficiar la salud oral, ya que contiene una sustancia química llamada alicina que ataca a las bacterias responsables de las caries y las enfermedades de las encías.

Seguir una dieta basada principalmente en alimentos de origen vegetal también puede beneficiar al microbioma oral de otras maneras. La razón está relacionada con una clase de compuestos presentes en las plantas llamados polifenoles.

Cuando hace demasiado calor, frío o sol, los animales pueden simplemente levantarse y trasladarse a un entorno más favorable. Las plantas no tienen ese lujo, por lo que producen polifenoles, antioxidantes especiales que protegen sus células y tejidos frente a los daños.

Mal aliento

Sin embargo, los polifenoles también pueden proteger frente a las bacterias dañinas. Por ejemplo, las investigaciones han demostrado que los polifenoles presentes en el té pueden inhibir las bacterias orales "malas" responsables de las caries y las enfermedades de las encías, además de impedir que se agrupen y se adhieran a la superficie de los dientes.

"Los polifenoles inhiben una de las enzimas responsables de la adhesividad de la placa dental", explica Christine Wu, profesora de odontología pediátrica en la Facultad de Odontología de la Universidad de Illinois en Chicago, en Estados Unidos, cuya investigación se centra en alimentos que podrían ayudar a combatir los patógenos orales.

En el estudio de Wu, beber té también pareció inhibir las bacterias responsables del mal aliento, que viven en la parte posterior de la lengua.

Venta de diferentes quesos. Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

Masticar queso aporta algunos beneficios para nuestras comunidades orales.


Venta de diferentes quesos.
 

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Otros alimentos ricos en polifenoles son muchas frutas, especialmente las bayas de color oscuro. Por eso, y en contra de lo que podría esperarse, estos alimentos ricos en azúcar y ácido pueden beneficiar la salud oral.

Las investigaciones de Wu han demostrado que beber jugo de arándano puede prevenir el crecimiento de la placa dental e inhibir las bacterias asociadas con las caries y las enfermedades periodontales.

La miel también está repleta de polifenoles y asimismo ha demostrado prevenir la formación de placa y combatir las bacterias que causan caries.

También se cree que masticar queso aporta algunos beneficios para nuestras comunidades orales.

En un pequeño estudio realizado por investigadores en Italia, se pidió a nueve participantes que comieran queso Grana Padano todos los días durante cinco días. Al final del estudio, los científicos descubrieron que las firmas genéticas de las comunidades bacterianas de sus bocas habían cambiado ligeramente, con una menor presencia de S. mutans, amante del azúcar, y una mayor presencia de S. sanguinis, una bacteria que suele encontrarse con más frecuencia en bocas sanas.

El queso también puede contrarrestar parte del daño causado por S. mutans.

"El queso es fantástico porque tiene todas las propiedades beneficiosas de la leche, pero es sólido, así que al masticarlo aumenta la producción de saliva", dice Wu. "La saliva elimina parte del exceso de azúcar presente en los dientes o en la boca y, además, como es neutra, amortigua el ácido que se produce en la boca".

Los alimentos fermentados también pueden beneficiar al microbioma oral porque contienen bacterias beneficiosas que compiten con las "malas". Por ejemplo, una revisión reciente encontró que beber kéfir, un producto lácteo fermentado, podría inhibir ciertos patógenos orales e impedir que produzcan su biopelícula pegajosa.

Sin embargo, según Gaetano Isola, profesor asociado de Periodoncia en la Universidad de Catania, Italia, no existe un único "superalimento" para la salud oral, y lo que realmente importa es el patrón general de alimentación.

"Si consumimos repetidamente azúcares refinados y carbohidratos fácilmente fermentables, favorecemos a los microorganismos que son especialmente eficientes a la hora de producir y tolerar ácidos", afirma.

Explica que, con el tiempo, esto puede alterar la comunidad microbiana y conducir a un desequilibrio.

"Por el contrario, una dieta globalmente más rica en alimentos vegetales integrales, fibra y carbohidratos complejos, y con una menor exposición frecuente a azúcares refinados, es más compatible con el mantenimiento de un ecosistema oral estable".

Un consejo práctico sencillo de Isola es dar prioridad a los alimentos vegetales integrales, como verduras, frutas enteras, legumbres y cereales integrales, en lugar de los carbohidratos refinados.

Dieta mediterránea

Un estudio reciente en el que participó Isola encontró que las personas que seguían más de cerca una dieta de estilo mediterráneo, conocida por su énfasis en frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables, tendían a presentar enfermedades de las encías menos graves. Los pacientes que seguían la dieta mediterránea con menor fidelidad tendían a sufrir enfermedades de las encías más severas, especialmente si consumían carne roja con frecuencia.

No está claro qué podría explicar la asociación entre la carne roja y las enfermedades de las encías. Una hipótesis es que la proteína podría crear un entorno oral que favorezca a microbios perjudiciales, como P. gingivalis.

Por supuesto, cepillarse los dientes y usar hilo dental sigue siendo fundamental. El uso del hilo dental se ha asociado con concentraciones más bajas del patógeno dental S. mutans, mientras que el cepillado de los dientes y de la lengua reduce significativamente los microbios relacionados con enfermedades dentales.

Los científicos aún no saben cómo afectan los enjuagues bucales de venta libre al microbioma oral. La esperanza es que algún día puedan utilizarse para equilibrar las comunidades microbianas en lugar de simplemente reducir la cantidad total de bacterias presentes.

Por otro lado, se sabe que algunos enjuagues bucales que contienen clorhexidina alteran el equilibrio de los microbios orales. Aun así, pueden ayudar a tratar enfermedades de las encías y ciertas afecciones orales a corto plazo.

Una mujer en el baño a punto de hacerse un enjuague bucal. 


Una mujer en el baño a punto de hacerse un enjuague bucal.
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Algunos enjuagues bucales pueden alterar el micriobioma oral.

Pero para conseguir un microbioma bucal más saludable, comer los alimentos adecuados es una herramienta poderosa.

"Es lo mismo que todo el mundo dice siempre, algo que resulta un poco aburrido: seguir una dieta equilibrada, con muchas verduras, muchas hortalizas de hoja verde, proteínas magras y limitando el consumo de azúcar, especialmente de bebidas azucaradas", afirma Weyrich.

Así que ¿por qué no prepararte una ensalada abundante o una selección de excelentes quesos acompañados de una taza de té caliente? No solo estarás beneficiando a tu organismo: también estarás haciendo felices a los buenos microbios que viven en tu boca.