lunes, 23 de marzo de 2026

MAIA, la escuela que lleva de la pobreza a la élite académica a niñas indígenas en Guatemala

Yazmín, de 14 años
Pie de foto,Yazmín, de 14 años, quiere contribuir a aumentar el ratio de 1,5% de mujeres indígenas que completan la universidad.

Cincuenta niñas de pueblos mayas ingresan cada año a una escuela que cambia no solo su futuro, sino también el de sus familias y el de una de las comunidades más desfavorecidas de Guatemala.

Para conocer su historia. BBC Mundo viajó a Sololá, un departamento bañado por el lago Atitlán con vistas privilegiadas al imponente volcán San Pedro.

Pese al frecuente flujo de visitantes en uno de los principales enclaves turísticos del país, la pobreza predomina en la provincia, donde el 96% de la población pertenece a comunidades mayas y el 75% vive con menos de US$2 al día.

En una de las carreteras que suben hacia las montañas desde el municipio cabecera de Sololá llegamos al Colegio Impacto MAIA, un oasis educativo en este entorno rural marcado por la falta de desarrollo y oportunidades.

En sus instalaciones, que incluyen un edificio de tres plantas con aulas, comedor, biblioteca y espacios deportivos, más de 300 alumnas de 40 comunidades indígenas reciben una educación de alto rendimiento que combina el currículo oficial con programas de liderazgo, acompañamiento familiar y formación socioemocional.

Cada estudiante permanece siete años en MAIA con la meta de alcanzar al menos 15 años de escolaridad y acceder a la universidad o a un empleo formal.

Los resultados son contundentes: en las pruebas nacionales de matemáticas, las alumnas alcanzan un 86% frente al 13% del promedio nacional, y el 60% ya estudia en la universidad.

Todo ello en el país con los peores datos educativos de América Latina: Guatemala invierte US$841 por estudiante cada año, la cifra más baja entre 56 naciones analizadas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Solo un 35% de los jóvenes guatemaltecos finaliza secundaria y el ratio baja al 14,7% en el caso de las mujeres indígenas, de las que solo un 1,5% logra completar estudios universitarios.

En casa de Yazmín.

Yazmín en su casa

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Visitamos la casa de Yazmín, donde asistimos a una sesión de acompañamiento con su familia.

Más de la mitad de niñas indígenas guatemaltecas son madres antes de los 20 años, según datos de Unicef, y en áreas rurales como Sololá es frecuente que se casen y queden embarazadas a los 15 o 16.

MAIA trata de brindar un espacio para cambiar estas estadísticas y que las jóvenes no dejen los estudios a edades tempranas.

Es el caso de Yazmín, de 14 años, que cursa segundo grado en MAIA, donde llegó procedente de la escuela pública de su comunidad en Sololá donde "lo que enseñaban no era mucho", y además "había estudiantes preferidos, que eran varones".

"Ya tienes 15, estás lista para casarte" es un consejo habitual que los adultos transmiten a las jóvenes en su comunidad, afirma Yazmín.

Cuando la joven ingresó en MAIA un curso atrás estaba muy rezagada, con bajos niveles en comprensión lectora y ciencias, pero asegura haber avanzado mucho desde entonces.

No es un caso aislado: según explican las educadoras del colegio, la mayoría de alumnas ingresa a los 11, 12 o 13 años con un nivel equivalente al de tercero o cuarto de primaria, pese a que ya deberían estar en secundaria.

Para cerrar esa brecha, MAIA aplica un programa intensivo de nivelación y acompañamiento que, en cuestión de meses, permite a las jóvenes recuperar el terreno perdido y adaptarse a un estándar académico más alto.

Alumnas con un microscopio

Alumnas con un microscopio

Fuente de la imagen,MAIA


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Las prácticas y experimentos son prioritarios en las clases.

La escuela también aplica dinámicas grupales y juegos didácticos para potenciar las habilidades sociales de las alumnas.

"Antes era una chica muy apagada, sin relacionarme con los demás. Ahora soy muy sociable, tanto con mis compañeras como con los profesores", nos explica Yazmín.

Esa misma tarde acudimos con ella a una actividad extraescolar un tanto peculiar: Ana Yaxón, mentora de MAIA, visita su domicilio para una sesión de acompañamiento.

Para llegar hasta donde vive la joven con sus padres y sus dos hermanos caminamos ladera arriba durante 10 minutos por estrechas e intrincadas veredas de tierra entre plantaciones de maíz.

En su casa nos reciben Carlos, ayudante de albañil, y María, ama de casa, a quienes acompañamos en la sesión con su hija Yazmín y la mentora, Ana.

Familia de Yazmín y la mentora de MAIA 

Familia de Yazmín y la mentora de MAIA

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A través de juegos, la mentora de MAIA enseña la importancia de que las niñas estudien y se empoderen.

En una mezcla de español con su idioma ancestral, el kaqchikel, los cuatro participan en un juego de mesa que representa la vida de una joven guatemalteca: la casilla de completar estudios de secundaria permite lanzar de nuevo el dado; la de quedarse embarazada a los 15 devuelve la ficha casi al inicio.

Al finalizar, reflexionan sobre el resultado y debaten las enseñanzas que les ha brindado el tablero.

Los padres de Yazmín se casaron jóvenes -"yo estaba por cumplir 16", dice María; "yo tenía 18", añade Carlos- pero, a diferencia de otros vecinos en la comunidad, ellos visualizan un destino diferente para su hija.

"Queremos que nuestra hija se gradúe y que sea una profesional, que ella construya su propio futuro, que cumpla lo que yo no cumplí. No le voy a decir 'no te cases', pero lo primero es el estudio", nos comenta su madre.

La familia reconoce que la economía siempre ha sido un obstáculo a la hora de recibir educación, e incluso a veces les ha faltado comida o dinero para el autobús que cada mañana lleva a Yazmín a la escuela.

Por eso, con el asesoramiento de MAIA, instalaron pequeños hábitos financieros: "Tenemos alcancías en la casa para guardar cada quetzal que nos sobra, y mi mamá abrió una cuenta para un ahorro familiar".

Familia de Yazmín en la cocina

Familia de Yazmín en la cocina

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La escuela potencia la disciplina y la organización en la vida familiar, lo que multiplica el rendimiento académico de las alumnas.

Yazmín tiene claros sus dos objetivos: a medio plazo quiere ganar una beca para estudiar en el extranjero -aún no ha decidido qué carrera- y, como meta final, anhela "construir una nueva casa para que estemos cómodos y bien protegidos".

Le preguntamos si ve posible prosperar sin salir de Guatemala.

"Es casi imposible, porque aquí hay pocas oportunidades y mucha corrupción", responde.

Guatemala padece elevados niveles de corrupción -ocupa el puesto 146 de 180 países en el ranking de Transparencia Internacional-, un problema que según expertos distorsiona no solo la economía del país, sino también sus perspectivas de desarrollo y justicia social.

Una fábrica de líderes

MAIA nació en 2017 como el primer colegio en Centroamérica dedicado a ofrecer una educación de élite a jóvenes mujeres indígenas de áreas rurales deprimidas.

La organización, sin embargo, comenzó a gestarse mucho antes, tras la experiencia de un programa de microcréditos para mujeres.

"Las mujeres, cuando tenían acceso a microcrédito, invertían sus ganancias en la familia, en la educación de los niños, en la vivienda, en la salud… Y se preguntaron: ¿hasta dónde llegaría una mujer indígena con este talento si hubiera ido a la escuela? Entonces, nace MAIA", resume Andrea Coché, su directora ejecutiva.

Clase en MAIA

Clase en MAIA

Fuente de la imagen,MAIA


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Las clases en MAIA, que combinan teoría y ejercicios prácticos, fomentan más el pensamiento crítico que la memorización.

El Colegio Impacto MAIA abrió sus puertas en 2017 y este año superó las 400 alumnas procedentes de 40 comunidades indígenas.

Cada año ingresan unas 50 nuevas estudiantes, que permanecen siete años para alcanzar al menos 15 de escolarización.

El colegio selecciona cada año a niñas indígenas de entre 11 y 13 años que vivan cerca de Sololá, con buen rendimiento escolar, motivación personal y apoyo familiar.

Tras un proceso de casi un año que incluye solicitudes, evaluaciones académicas, entrevistas y estudios socioeconómicos, las admitidas reciben una beca completa y sus familias se comprometen a participar activamente en sesiones y asumir parte de los costos de transporte.

Sostener este modelo tiene un costo elevado: "en cada niña invertimos US$4.000 anuales. Incluye todo: el programa académico, el acompañamiento familiar, el programa de liderazgo, más la nutrición y la salud preventiva", detalla Coché.

Esta cantidad , que contrasta con el dato ya mencionado de US$841 anuales que el Estado guatemalteco invierte por alumno, no incorpora fondos públicos

"Vivimos de donaciones individuales y de grandes fundaciones cuando salen proyectos. Siempre estamos en búsqueda constante de recursos", afirma la directora.

En su breve historia, MAIA ha ganado prestigio internacional: en 2023 fue incluido en el Top 10 de los mejores colegios del mundo (World's Best School Prizes) y ha recibido otros reconocimientos, como el premio Zayed de Sostenibilidad de Emiratos Árabes.

Sus estudiantes han representado a Guatemala en foros internacionales, desde Japón hasta Nueva York, y el propio Ministerio de Educación ha comenzado a interesarse en replicar algunas de sus estrategias.

"De hecho, este año estamos en un programa donde compartimos con ellos las mejores prácticas que son viables en un sistema público", añade Coché.

Alumnas de MAIA

Alumnas de MAIA

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Cada año MAIA abre oportunidades para 50 nuevas estudiantes.

Unas 150 alumnas ya se han graduado del colegio, mientras el equipo de la organización -formado en su mayoría por mujeres de pueblos indígenas- ha crecido y se ha profesionalizado hasta contar con 15 mentoras y un cuerpo docente local que recibe más de 50 horas de capacitación profesional cada año.

"Empoderamos a mujeres jóvenes indígenas a través de la educación para transformar su historia, su comunidad y su país. De ahí nuestro lema: 'Una mujer empoderada es un impacto infinito'", sentencia la directora.

La historia de Dulce

A diferencia de Yazmín, que lleva menos de dos años en MAIA, Dulce es toda una veterana a punto de completar su sexto curso en la institución.

Conversamos con esta joven de 17 años, cuya elocuencia denota un alto nivel de preparación académica.

Explica con nostalgia que en unos meses se graduará y dejará atrás MAIA: "Ha sido más que un colegio. Es más como mi segunda casa. Por mí, me quedaría a vivir aquí", afirma.

Dulce con un laptop

Dulce con un laptop

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Dulce está a punto de graduarse tras 6 años en la escuela.

Siendo la hija mayor de tres hermanos, su infancia estuvo marcada por la ausencia de su padre -que se fue a Ciudad de Guatemala- y los precarios trabajos de su madre en casas ajenas.

"Fue un poco duro, porque mi mamá tenía que trabajar de casa en casa y a mí me tocaba también. Cuando ingresé a la escuela lo consideré mi salvación, porque no me gusta trabajar fuera", recuerda.

A Dulce siempre le apasionó estudiar: en primaria fue abanderada, distinción otorgada a los mejores promedios académicos, y princesa maya, un reconocimiento escolar ligado a la representación cultural de su comunidad, además de figurar en el cuadro de honor de su escuela pública.

Sin embargo, sus recuerdos de aquella etapa están marcados por una enseñanza casi robótica: "Siempre era como un 'copia y pega', copia lo que tú tienes en el libro, te dictamos lo que tú tienes en el libro y pega, y frustraba un poco".

Dulce y su familia


Dulce y su familia
Pie de foto,Los parientes de Dulce la apoyan en su plan de ser la primera universitaria de la familia.

La diferencia con lo que encontró al ingresar en MAIA fue abismal.

"Creo que se expandió mi cerebro. Mi forma de pensar se volvió mucho más crítica. Antes no era así; sinceramente, no me importaba mucho. Ahora pienso más, analizo mejor", resume.

Para Sofía Cuc, educadora del área numérica del colegio, esa evolución responde a una metodología distinta.

"Aquí no decimos 'Vamos a ver esto, háganlo'. Usamos la exploración, juegos, experimentos, problemas… Las jóvenes van descubriendo el nuevo conocimiento, van asentando todos los procesos y al final les confirmamos: 'Sí, se hace de esta manera'", nos explica.

El nivel académico con el que llegan muchas estudiantes es bajo: "muchas ingresan sin poder sumar, dividir o restar. Nosotros esperamos que lleguen a dominar trigonometría y combinatoria, y puedan aplicar todo ese aprendizaje en su vida cotidiana, en la toma de decisiones", señala.

Dulce confirma que la exigencia en MAIA va más allá de repetir lo escrito en un libro: "Cuando me enfrento a un examen aquí es totalmente diferente que en mi escuela anterior. Es más de análisis. En matemáticas no es solo practicar, es pensar", relata.

Experimentó el mismo contraste en la sexualidad, un gran tabú en Guatemala, donde predominan las doctrinas conservadoras de las iglesias evangélicas, implantadas con especial fuerza en las zonas rurales e indígenas con bajo nivel educativo y socioeconómico.

"En mi escuela de primaria sacaban de la clase a los niños para enseñar el aparato reproductor femenino y viceversa. Aquí nos enseñan todo sin tabús y nos dicen que vayamos a nuestras casas, a nuestras comunidades, y les mostremos que todos tenemos los mismos derechos", indica.

Alumnas con laptop

Alumnas con laptop

Fuente de la imagen,MAIA


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A diferencia de las escuelas rurales, las clases de MAIA cuentan con equipos informáticos.

Tras graduarse, su propósito es comenzar la carrera de contabilidad "para ser auditora y hacer todo justo y legal, ya que no me gusta la corrupción ni la idea de que el dinero puede comprar todo", afirma.

Al igual que Yazmín, Dulce quiere expandir sus horizontes fuera de Guatemala.

"Escuché hace un año de la beca She Can (un programa para mujeres guatemaltecas que desean cursar estudios de licenciatura en una universidad de Estados Unidos) y me enamoré", expresa.

"Dan una oportunidad a las mujeres indígenas como yo. Tengo un potencial y necesito expandirlo; no lo voy a dejar aquí", concluye. 

domingo, 22 de marzo de 2026

Enriqueta Compte y Riqué: la mujer que revolucionó la enseñanza en América Latina tratando a los niños “como plantas de jardín y no de invernadero"


Enriqueta Compte i Riqué con 23 años.

Fuente de la imagen,Cortesía de Elizabeth Ivaldi

Pie de foto,Enriqueta Compte y Riqué fundó, en Uruguay, el primer jardín de infantes público de América Latina.

"Se debe dejar crecer, dejar pensar, dejar hacer, y no intervenir contra el crecimiento, el pensamiento y la acción".

Bajo esa idea, Enriqueta Compte y Riqué fundó en Uruguay el primer jardín de infantes público de América Latina en 1892 y contribuyó de forma decisiva a la enseñanza preescolar pública en el país sudamericano y en toda la región.

Pero el legado de esta educadora va mucho más allá. Algunos planteamientos que aún a día de hoy se consideran revolucionarios ella ya los implantaba en su jardín de infancia a principios de siglo XX, con métodos que resaltaban el individuo y la creatividad de los niños.

Pionera en América Latina
"Sin duda, Enriqueta Compte y Riqué es una de las precursoras de la educación latinoamericana, y sobre todo de la educación de la primera infancia", le dijo a BBC Mundo la investigadora Elizabeth Ivaldi, autora de varios artículos sobre la figura de esta precursora latinoamericana.

"Todos los alumnos tienen talento": qué está aprendiendo América Latina de la educación en Finlandia

Nacida en Barcelona, España, en 1866, Compte y Riqué llegó con su familia a Uruguay en 1873.

Fue en el pequeño país sudamericano donde desarrolló su trabajo en educación preescolar, siendo pionera de la enseñanza pública y laica.

Enriqueta Compte i Riqué con 14 años.

Enriqueta Compte i Riqué con 14 años.

Fuente de la imagen,Cortesía de Elizabeth Ivaldi.


Pie de foto,
Compte y Riqué nació en Barcelona y llegó con su familia a Uruguay en 1873.

Con solo 19 años obtiene el título de maestra en 1884, cuatro años después viaja a Europa junto con otros dos maestros seleccionados por el gobierno uruguayo. Durante su recorrido por Bélgica, Alemania, Holanda, Francia y Suiza, la educadora uruguaya entra en contacto con el sistema froëbeliano.

El científico alemán Friedrich Fröbel creó el concepto de kindergarten (jardín de niños) y acuñó el término en 1840. El kindergarten de Fröbel se basaba en un sistema de juegos diseñados para que entendieran los principios sencillos en los que está basado el universo.

Desde el punto de vista del pedagogo alemán, "jugar es la expresión más alta del desarrollo humano. Es la libre expresión de lo que hay en el alma de un niño".

Compte y Riqué incorporó ese pensamiento y tras su regreso a Uruguay funda el primer Jardín de Infantes Público de Uruguay y toda Latinoamérica en 1892, adaptando los principios fröebelianos a la realidad uruguaya.

"Cuando llega a Uruguay, Enriqueta dijo que no iba a hacer una copia, sino que iba a desarrollar un estilo propio de la educación de la primera infancia", explica Ivaldi.

Local del jardín de infancia.

Local del jardín de infancia.

Fuente de la imagen,Cortesía de Elizabeth Ivaldi


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El local del jardín de infancia fundado por Compte y Riqué.

Adelantada a su tiempo
Según un artículo de Ivaldi, las crónicas de la época describen a Enriqueta Compte y Riqué como "una mujer pequeña, de una ternura comunicativa que traspasaba a las personas y a las cosas, y de una voluntad de ideas y de acción que no parecía caber en aquel cuerpo mínimo".

"Dueña de una inteligencia robusta, una memoria asombrosa y una imaginación exuberante se destacaba por su modestia, su desinterés, su enorme bondad. Repudiaba la violencia pero amaba la rebeldía constructiva".

"Enriqueta decía que era preciso saber reír con los niños y sentir simpatía por aquellos que miran, charlan, tocan y desobedecen, en lugar de considerar como mejor alumno al metódico, acartonado, vestido como si fuera un muñeco de escaparate", escribió la experta.

Gracias a sus libros de registro podemos saber cómo eran sus clases. En uno de ellos escribió:

"Creemos haber tratado a los niños como plantas de jardín y no de invernadero. Ellos están expuestos a todas las impresiones del exterior que sufren y combaten bajo nuestra dirección, pero con sus propios esfuerzos; la vida de la escuela solo se distingue de la que vendrá después en que tiene más alegrías y menos contratiempos; pero de ahí se ha de partir poco a poco; entretanto el recuerdo feliz de la infancia queda en el alma como un amparo contra el efecto de futuras tristezas".

En el aula, uno de sus principios era lo que llamó la lección del incidente.

"Le llamaba la lección del incidente a tomar un tema que viera que a los niños les llamara la atención, por ejemplo, un hormiguero en el patio del jardín, y desde allí elaboraba toda una lección, cuando estábamos en la época de las lecciones de los objetos, a partir del objeto el docente dictaba una clase", le explica Ivaldi a BBC Mundo.

"Promovía las vivencias, el escuchar a los niños… posturas que a día de hoy nos resultan desafiantes".

Compte i Riqué rodeada de niñas.

Compte i Riqué rodeada de niñas.

Fuente de la imagen,Cortesía de Elizabeth Ivaldi


Pie de foto,
Fotografía de Compte y Riqué rodeada de niñas que le muestran sus bordados.

Para la experta "es una mujer muy adelantada a su tiempo, muy inteligente, muy trabajadora, y fue sobre todo una mujer de acción".

Ese se refleja, por ejemplo, en que Compte y Riqué incluso utilizaba la fotografía en sus aulas.

"Tenemos fotografías de esa época, sacadas por ella misma, incluso hay una en la que está ella jugando con unas niñas en la lección de bordado, porque todo esto hay que contextualizarlo en una época, cuando la fotografía no había sido inventada mucho antes, lo que llama la atención".

Una mujer comprometida
Además de crear el jardín de infantes, Compte y Riqué, dirigió un Laboratorio de psicopedagogía que funcionaba en su jardín de infancia y en el que se introdujeron las llamadas Biografías Escolares, en las que se detallaban aspectos del alumno como datos físicos, rasgos de personalidad, desarrollo del trabajo y capacidad mental.
Además, también forma a los primeros maestros especializados en alumnos preescolares.

Enriqueta Compte i Riqué.

Enriqueta Compte i Riqué.

Fuente de la imagen,Cortesía de Elizabeth Ivaldi


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La actividad de Compte y Riqué no se detuvo en la niñez, sino que fue una defensora de los derechos de la mujer. 

En 1929 presentó el Proyecto de creación de la Facultad de Pedagogía para cursar las carreras de maestro y de profesor. "Con la Pedagogía tratamos de ejercer influencia sobre el alma, como los médicos tratan con la medicina, de ejercerla sobre el cuerpo para conseguir la sana integridad de sus funciones", escribió.

Ivaldi destaca que además dictó conferencias y cursos especiales, y actuó en casi todos los congresos de educación que se realizaron en América.

Pero su actividad no se detuvo en la infancia y la pedagogía.

También ejerció la presidencia de la Sección Escolar del Consejo Nacional de Mujeres y luchó por el voto femenino en Uruguay.

"La concesión de derechos políticos a la mujer transformará hondamente la condición social de los pueblos. ¿Cómo no es posible concebirlo? Es indudable que será para su provecho, pues los errores de la inexperiencia pronto quedarán compensados por el beneficio que aportarán las cualidades femeninas, al fundirse en un mismo propósito, con las del hombre".

Además, con el estallido de la Guerra Civil en España, su país natal, forma parte de la Comisión para la Paz, y fue defensora de la República y de las libertades.

Ya en sus últimos años, acostumbraba a visitar presos en las cárceles, porque creía que había que apoyarlos.

Monumento a Enriqueta Compte i Riqué en un parque de Montevideo.

Monumento a Enriqueta Compte i Riqué en un parque de Montevideo.

Fuente de la imagen,Cortesía de Elizabeth Ivaldi


Pie de foto,
Monumento a Enriqueta Compte y Riqué en un parque de Montevideo.

Afirmaba que "todos los seres humanos nacen buenos y que solo un medio desfavorable llega a apartarlos del bien".

A día de hoy, su jardín de infancia sigue funcionando y lleva su nombre.

En un parque de Montevideo, un monumento recuerda su legado: "A Enriqueta Compte y Riqué -1866-1849- Fundó el primer Jardín de Infantes del Uruguay- Maestra, soñó, creó, realizó con talento y amor una obra imperecedera". 


sábado, 21 de marzo de 2026

Cómo el arresto de una mujer en Londres cambió la vida de los niños de todo el mundo

Retrato a colores de Eglantyne Jebb, con imágenes de niños superpuestas

Fuente de la imagen,Sam Rodriguez/Save the Children

Pie de foto,Un retrato de Eglantyne Jebb realizado por el artista Sam Rodríguez con motivo del Día Internacional de la Mujer de 2023

Un día nublado de abril de 1919, una mujer llamada Eglantyne Jebb llegó a Trafalgar Square, la gran plaza de Londres.

Llevaba su cabello rojo recogido en un moño. Era alta, delgada, pálida, con ojos del azul de las flores nomeolvides.

Trafalgar Square era un lugar donde el descontento a menudo se transformaba en protesta.

Era donde los cartistas se habían congregado en 1848 para exigir reformas políticas a favor de los obreros, y luego las sufragistas, para luchar por el derecho a votar.

Eglantyne también estaba allí con un propósito: repartirle a los transeúntes un folleto con la fotografía de una niña con un cuerpo pequeño y una cabeza enorme.

Era una niña austríaca de dos años y medio que debería estar riendo, corriendo y persiguiendo mariposas, pero no podía mantenerse en pie por sí sola.

Lo que parecía ser una cabeza agrandada era consecuencia de la desnutrición que había impedido que su cuerpo se desarrollara apropiadamente.

La pequeña pesaba unos 5,5 kilos. El peso promedio de un niño de esa edad era de unos 13 kilos.

La Primera Guerra Mundial había terminado un año antes, pero en Europa persistían grandes penurias, con 800 personas muriendo de hambre cada semana.

No obstante, a algunos británicos no les conmovía la difícil situación de sus recientes enemigos.

Eglantyne Jebb, escribiendo en un escritorio lleno de papeles y libros


Eglantyne Jebb, escribiendo en un escritorio lleno de papeles y libros

Fuente de la imagen,Save the Children

Pie de foto,

Eglantyne Jebb, cofundadora de la ONG Save the Children en 1919, redactó la primera declaración de los Derechos del Niño, un legado trascendental de alcance perdurable.

Aunque ayudar a prevenir el hambre de los niños en todas partes es una idea excelente y compasiva, en aquel momento, la obra de Eglantyne fue considerada sediciosa.

La policía llegó para arrestarla y ella se fue pensando que quizás podría usar su detención para amplificar su mensaje.

Eglantyne Jebb era una mujer difícil, en el mejor de los sentidos.

Defendió a los niños más vulnerables a pesar de que en esa época hacerlo la convirtió en una figura de odio para algunos y en una delincuente ante la ley.

Curiosamente, a ella los niños le gustaban... de lejos.

Aunque dedicó su vida a protegerlos, no disfrutaba de su compañía.

De la dicha al dolor
Eglantyne nació en 1876, en el seno de una familia muy próspera, y tuvo una infancia idílica en una granja en la campiña inglesa en Shropshire, cerca de Gales.

Era la cuarta de seis hijos y muy unida a sus hermanos más pequeños, Gamul y Dorothy.

"Eran una pequeña pandilla: inseparables y muy traviesos", cuenta Clare Mulley, autora de "The Woman Who Saved the Children" ('La mujer que salvó a los niños').

Pero cuando creció y quiso la misma educación que sus hermanos, "su padre objetó: no quería que su hermosa hija se convirtiera en una intelectual con la que nadie querría casarse", señala Mulley.

Por suerte, contaba con el apoyo de una formidable tía, Louisa, una de las llamadas "nuevas mujeres" victorianas: emancipada, educada, independiente y autosuficiente que desafiaba los roles de género tradicionales.

Ella no sólo aseguró que Eglantyne obtuviera una educación universitaria, y proporcionó dinero para mantenerla, sino que tuvo una influencia significativa para que desarrollara su conciencia social en una época de terrible desigualdad.

Eglantyne sentada en el escalón de la entrada de la casa con su tía y familiares


Eglantyne sentada en el escalón de la entrada de la casa con su tía y familiares

Fuente de la imagen,Save the Children

Pie de foto,
Eglantyne sentada en el escalón de la entrada de la casa con su tía y familiares, en 1882. 

Eglantyne fue a la Universidad de Oxford, para estudiar historia.

En aquel momento, la universidad se negaba a conceder títulos a mujeres, pero les permitía asistir a clases y tutorías e incluso presentarse a exámenes si pagaban las tasas.

Eglantyne aprovechó y disfrutó la vida universitaria.

Era popular y tenía todo a su favor: linaje, belleza e inteligencia.

"Era divertida y creativa. Escribía obras satíricas y las montaba con sus amigos, y se la pasaba de fiesta en fiesta", relata Mulley.

Pero de repente, en 1896, recibió un telegrama de su madre que la destrozó: su adorado hermano Gamul había muerto de neumonía.

"Tuvo pesadillas terribles, y empezó a imaginar a Gamul como una especie de Peter Pan, ese símbolo de la juventud. Y se preguntó: si él no iba a poder a contribuir a la sociedad como médico, ¿qué podía aportar ella a la sociedad para honrar los ideales que compartieron cuando eran pequeños?".

Dejó de ir a fiestas, se aisló de sus amigos y se dedicó a la lectura de la Historia y al estudio de la Ética.

"Fue a ver a los menos privilegiados de la sociedad de Oxford y, sorprendida por los niveles de pobreza, se deshizo de todo lo que tenía en su habitación, en una especie de rechazo abierto a los valores materiales".

El episodio fue descrito como un ataque de locura. Finalmente, la convencieron de que permitiera volver a poner muebles en su cuarto. Pero desde ese momento, dedicó su vida a ayudar a los demás.

Sin héroes ni villanos
Eglantyne quería intentar nivelar la sociedad y ofrecer oportunidades a todos.

Tras graduarse, se le ocurrió ser profesora, y encontró trabajo en un colegio femenino en un barrio obrero de Marlborough, Inglaterra.

Descubrió que esa no era su vocación.

"No tengo ninguna de las cualidades naturales de una maestra", escribió en su diario. "No me interesan los niños, no me interesa la enseñanza".

Se mudó a Cambridge y trabajó con la historiadora Florence Ada Keynes, reformadora social y política británica, en la Charity Organisation Society, cuyo objetivo era aportar un enfoque científico moderno a las obras de caridad.

Escribió un estudio social sobre Cambridge en 1906. Concluyó que la injusticia, no la desgracia, causaba la pobreza.

Y se enamoró de la hija de Keynes, Margaret, hermana del economista John Maynard Keynes.

Planeaban vivir juntas pero Margaret quería tener hijos, así que se casó con el fisiólogo y futuro premio Nobel Archibald Hill, en 1913.

Eglantyne con un vestido largo y claro, apoyada en una silla

Eglantyne con un vestido largo y claro, apoyada en una silla

Fuente de la imagen,Save the Children


Pie de foto,
Eglantyne cuando era estudiante en la Universidad de Oxford.

Devastada, Eglantyne dirigió sus energías hacia una crisis en los Balcanes, y se unió al Fondo de Auxilio Macedonio.

La Liga Balcánica -una alianza entre Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro- le había declarado la guerra en 1912 al Imperio Otomano, que administraba gran parte de la región.

Miles de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares

. A Eglantyne la enviaron con dinero para financiar esfuerzos humanitarios, proporcionando comida y ropa, y trabajando para reunificar familias separadas.

Había crecido con ideas románticas sobre la guerra, rodeada de retratos de antepasados venerables como Richard Jebb, que luchó junto al rey Carlos I en la Guerra Civil inglesa.

La cruda realidad hizo trizas esas fantasías.

Constató que cuando los hombres iban a la guerra, dejaban atrás un mar de mujeres desesperadas y niños temblorosos.

"La única vez que no veía a un niño hambriento y helado era después de que se comía la sopa que ella le había dado", cuenta Mulley.

"En esas situaciones, dijo, el único idioma internacional del mundo es el llanto de un niño".

Pronto aprendió a detestar la guerra.

Viajando en los trenes por los Balcanes escuchaba a cada bando describiendo a los otros como infrahumanos, y comprendió que no había héroes o villanos, sino que la guerra misma deshumanizaba.

"Esas condiciones de desesperación, miedo y patriotismo envueltas en propaganda restaban humanidad.

"Era la guerra en sí contra la que había que luchar. Fue un verdadero punto de inflexión para ella".

La Gran Guerra y la paz
Regresó a Londres revitalizada por una nueva misión.

Pero el mundo no estaba en la misma sintonía. En julio de 1914, estalló la Gran Guerra en Europa.

Al mismo tiempo, sufrió un colapso físico, necesitó una cirugía y pasó gran parte del resto de la guerra convalesciendo con su hermana, Dorothy Buxton.

Bosquejo en carbón de ella caminando

Bosquejo en carbón de ella caminando

Fuente de la imagen,Save the Children


Pie de foto,
Un autorretrato de Eglantyne Jebb titulado "La Caminante Campeona".

Dorothy había solicitado un permiso para traducir secciones de la prensa extranjera y hacía un resumen semanal de reportajes internacionales para el Cambridge Magazine, que se convirtió en una publicación importante en esa época en la que la censura era muy común y la verdad, difícil de encontrar.

Eglantyne empezó a trabajar con su hermana en 1917; quería que los británicos dejaran de demonizar a los enemigos y entendieran que la gente estaba sufriendo.

El 11 de noviembre de 1918, cesó el fuego.

Tras unas 10 millones de muertes militares y cuatro años brutales, la guerra finalmente terminó.

El primer ministro británico, David Lloyd George, convocó rápidamente elecciones, y prometió un tratado de paz que obligara a los agresores a pagar.

Ganó con una amplia mayoría.

"El ánimo general del público no era misericordioso. Querían reparaciones por el costo militar y social de una guerra que los británicos no habían ni querido ni iniciado".

Pero la devastación en los países derrotados persistía y cobraba víctimas.

Por toda Europa, millones de desplazados intentaron regresar a sus hogares, algunos en trenes que a menudo se estropeaban.

"Ese invierno llegaron informes horribles de trenes que se varaban en las vías y cuando finalmente llegaba auxilio, encontraban en los carruajes mujeres completamente desnudas pues se habían quitado toda la ropa para arropar a sus hijos.

"Los encontraban agrupados, muertos y congelados. Un reportaje se enfocaba en las lágrimas congeladas en las mejillas de los niños".

El juicio por la foto del folleto
Mientras las negociaciones de paz continuaban, los bloqueos económicos británicos seguían impidiendo que la ayuda llegara a sus antiguos enemigos.

Algunas familias tuvieron que tomar decisiones devastadoras, como "dejar morir a sus hijos o ayudarles activamente a salir de su miseria", relata Mulley.

Eglantyne y Dorothy, horrorizadas, continuaron trabajando en traducciones de la prensa extranjera, con la esperanza de que publicar detalles sobre la terrible situación que se vivía en esos lugares marcara la diferencia.

"Como ellas, otras personas visionarias reconocieron que existía una necesidad humana urgente entre las naciones derrotadas.

"También hubo quienes advirtieron que aprobar reparaciones que destruyeran economías en el extranjero no sería bueno a largo plazo para nadie, pues provocaría ira y resentimiento que podría desembocar en un conflicto mayor".

Retrato coloreado de Eglantyne Jebb

Retrato coloreado de Eglantyne Jebb

Fuente de la imagen,Save the Children


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"No tengo enemigos menores de 7 años", solía decir Eglantyne.

Las hermanas se unieron a otras mujeres afines para crear el Consejo de Lucha contra la Hambruna cuya presión logró poner fin al bloqueo en ciertos países, pero no en Austria, Alemania y Rusia.

Fue entonces cuando Dorothy viajó a Suiza y regresó con fotos, entre ellas aquella de la niña austríaca dolorosamente desnutrida del folleto que Eglantyne repartió en Trafalgar Square.

Las fotos no habían sido oficialmente autorizadas para su uso, ya que legalmente debían cumplir con una ley conocida como DORA (siglas de Defensa del Reino en inglés), una medida aprobada como disposición de emergencia de guerra en 1914.

Por eso, en mayo de 1919, Eglantyne fue citada ante el tribunal en Mansion House en Londres.

Mansion House era utilizada a menudo por políticos y dignatarios para eventos formales y proclamaciones, pero también era donde habían sido juzgadas muchas sufragistas.

"La estaban presentado como una mujer histérica ante el público", apunta Mulley.

Eglantyne eligió defenderse sola.

Sabía que era culpable ante la ley, así que se centró en el aspecto moral, dándole a los reporteros judiciales presentes mucho material para llenar sus columnas.

"Argumentó que DORA ya no debería aplicarse debido al armisticio, y que ella actuaba puramente por motivos humanitarios, una campaña para salvar vidas, nada relacionado con el ejército o la política.

"Pero sobre todo, se enfocó en el hambre de los niños. Y para acercarlo a la gente, relató historias de soldados británicos que compartieron sus raciones con niños en los trenes para salvarlos.

"Alegó que ese era el verdadero espíritu británico, uno de humanidad y compasión que todos deberían sentir".

Sir Archibald Bodkin, el fiscal -y director de la fiscalía pública- la declaró culpable, pero sólo le impuso una multa de £5.

Y, ante la mirada de los reporteros, una vez dictado su veredicto, se acercó a la recién condenada, sacó un billete de £5 -que en ese entonces era un documento grande-, lo desdobló y se lo entregó.

Con ese gesto, Sir Archibald declaró públicamente que, aunque Eglantyne había perdido desde el punto de vista legal, moralmente había triunfado.

Eglantyne le dijo que pagaría su propia multa, pero que aceptaría su dinero y lo usaría en una nueva organización para ayudar a salvar a los niños: Save the Children, hoy una ONG internacional presente en más de 100 países que ha mejorado la vida de millones de niños.

Así que la primera donación a Save the Children fue del fiscal de la Corona británica en el caso contra su fundadora.

Por si eso fuera poco...

"Cada generación de niñas y niños ofrece a la humanidad la posibilidad de reconstruir al mundo de su ruina", dice una cita de Eglantyne Jebb

Fuente de la imagen,Save the Children


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Una de las ilustraciones del libro para niños "Eglantyne Jebb, una vida dedicada a la niñez", producido por Save the Children México en 2019, para celebrar el centenario de la ONG.

Eglantyne había ganado algunos corazones... aunque no todos.

Al día siguiente, la historia apareció en todos los diarios importantes y, para aprovechar la publicidad, ella y Dorothy decidieron celebrar una reunión pública para la cual reservaron el recinto más grande de Londres: el Royal Albert Hall.

Acudió una multitud tan grande que no hubo sitio para alojarla, pero no todo el público apoyaba su causa.

Muchos las consideraban traidoras, y llegaron con bolsas llenas de frutas y verduras podridas para lanzárselas a las hermanas sediciosas.

Cuando la voz de Eglantyne se elevó con pasión diciendo que seguramente era imposible que, como seres humanos, pudieran ver a niños morir de hambre sin intentar salvarlos, los opositores guardaron sus papas y tomates en las bolsas y sacaron sus billeteras.

Espontáneamente, hubo una recolección de dinero en todo el recinto que ayudó a Save the Children a salvar vidas en Viena.

La frase de Eglantyne "No tengo enemigos menores de 7 años" fue ampliamente difundida por el grupo y se convirtió en un lema para las campañas de recaudación de fondos de la organización.

En 1921 se mudó a la Ginebra políticamente neutral y trasladó allá la sede de la ONG que había cofundado con su hermana.

Y un domingo del verano siguiente, tras escalar el Mont Salève, mientras admiraba la panorámica vista, tuvo un destello de inspiración.

"Concibió el concepto de que todos los niños en el mundo debían gozar de los mismos derechos humanos universales que hasta entonces los había excluido", señala Mulley.

Sacó un lápiz y papel y redactó un acta de 5 puntos.

Detalle de la Declaración de Ginebra de los Derechos del Niño, con sus 5 puntos.

Detalle de la Declaración de Ginebra de los Derechos del Niño, con sus 5 puntos.

Fuente de la imagen,Save the Children


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La Declaración de Ginebra de los Derechos del Niño fue el primer texto internacional en reconocer derechos específicos para la infancia, estableciendo que la humanidad debe al niño lo mejor que pueda ofrecerle.

Pronto se convirtió en representante voluntaria para el bienestar de la madre y el niño en la nueva Sociedad de Naciones, precursora de las Naciones Unidas.

E impulsó, a pesar de una enorme resistencia, lo que se conoció como la Declaración de Ginebra sobre los Derechos del Niño, que abogaba por la protección, alimentación y alojamiento de los niños.

El documento fue adoptado en 1924 por la Sociedad de Naciones; 65 años después, la ONU formalizó la Convención sobre los Derechos del Niño.

"Es el instrumento de derechos humanos más universal de la historia: ha sido ratificado por todos los países del mundo salvo uno (EE.UU.)

"Y sigue siendo enormemente influyente para la organización de todo tipo de instalaciones estatales, y también en los fundamentos del derecho a una infancia sana y segura, al derecho a refugio, a jugar, a la comida, a los medicamentos y a una vida plena", ilustra la autora.

Eglantyne Jebb falleció en 1928, a los 52 años de edad.

"¿Importa que a Eglantyne no le gustaran los niños?", se pregunta Mulley.

"Ella los respetaba como individuos, como seres humanos, y eso sí importa: cambió la forma en que el mundo entero ve, considera y trata a sus niños", concluye.