miércoles, 30 de septiembre de 2026

Atentado contra Hitler

¿Qué pasó con la familia del Coronel von Stauffenberg? 

Puede ser una imagen de 4 personas, niño(a) y flequillos

 En la imagen; Claus von Stauffenberg junto a sus hijos.

Tras el intento de asesinato en la guarida del lobo. Durante algunas horas todo marchó como habían planeado... hasta que Hitler compareció en la radio confirmando que estaba vivo y que los traidores serían perseguidos. Las tropas no tardaron en llegar al cuartel general en Berlín para arrestar a los miembros de la resistencia. Tras un tiroteo, en el que Stauffenberg fue herido en su hombro, todos pasaron a ser prisioneros.

En lo que bien pudo ser un intento de salvarse a sí mismo, el General Fromm, comandante en jefe del ejército de la reserva en Berlín, acusó de conspiración a los detenidos y ordenó su fusilamiento inmediato. Antes de la una de la madrugada, en el patio del cuartel, bajo las luces encendidas de un camión militar, un pelotón de fusilamiento acabó con la vida de los sublevados. Al llegar su turno, Claus von Stauffenberg gritó las palabras: Es lebe unser heiliges Deustchland!, en español, ¡viva nuestra sagrada Alemania!

El General Fromm permitió que los muertos fueran enterrados con honores militares en el cementerio de la Iglesia de Mateo, en el distrito berlinés de Schöneberg. En ese lugar existe hoy en día una placa conmemorativa.

Sin embargo, al día siguiente, 21 de Julio de 1944, soldados de las SS desenterraron el cuerpo de Stauffenberg, arrancaron todas las condecoraciones y quemaron el cadáver.

Después del fracaso del Complot del 20 de julio, cada miembro de la familia Stauffenberg, por sangre o matrimonio, fue detenido. Esto fue conectado con la doctrina de Sippenhaft—originalmente una costumbre en las poblaciones germánicas precristianas donde la familia de un criminal podía ser considerada culpable del crimen cometido por su pariente. Como todas las cosas germánicas paganas, la Sippenhaft fue idolatrada por Himmler—pero a diferencia de la mayoría de las fantasías neopaganas de Himmler, la práctica de tomar represalias contra las familias de los "delincuentes" del régimen se convirtió en un hecho y se extendió rápidamente después del Complot del 20 de julio.

Su hermano mayor, Berthold Schenk Graf von Stauffenberg, fue acusado de conspiración el 10 de Agosto de 1944 y junto a otros ocho sospechosos fue ejecutado con estrangulación lenta (realizada colgando a los acusados en ganchos de acero mediante cuerdas de piano). En total más de 200 personas (militares y civiles) fueron ejecutadas como represalia, por orden directa de Hitler, algunas fuentes llegar a hablar de casi mil ejecutados, si bien el número final es muy difícil de confirmar.

En 1980 el gobierno alemán inauguró un memorial al grupo de resistencia de Stauffenberg en una parte del antiguo edificio del cuartel central del ejército en Berlín, dónde se ejecutó el plan de sublevación contra Hitler. Así mismo a la calle dónde se encuentra este cuartel se la llamó Stauffenbergstrasse. Una placa conmemorativa indica el lugar exacto en el patio del cuartel, donde Stauffenberg y sus seguidores fueron fusilados.

Alexander Schenk Graf von Stauffenberg, el tercero de los hermanos, fue detenido en Berlín tras el atentado del 20 de Julio. Siguiendo órdenes de Hitler, todas las personas que estuvieran relacionadas con la familia de Stauffenberg o llevaran su apellido debían ser detenidas inmediatamente. Hitler llegó incluso a prohibir ese nombre en Alemania durante el tiempo que aún vivió antes de su suicidio.

Tuvo mejor suerte que sus dos hermanos, ejecutados ambos, y Alexander fue enviado, junto al resto de adultos detenidos, a campos de concetración en Alemania. El 5 de Mayo de 1945 fue liberado por el 5 US Army. La guerra había terminado.

Desde 1948 enseñó historia en la Universidad de Munich, puesto que desempeñaría hasta su muerte, en 1964.

En cuanto a la mujer, llamada Nina, e hijos de Claus von Stauffenberg: Una interesantísima entrevista al hijo de Claus, Berthold von Stauffenberg (tenía 10 años aquel 20 de Julio de 1944) publicada en el diario británico The Daily Telegraph, revela todos los pormenores que tuvo que sufrir la familia de Claus von Stauffenberg hasta el final de la guerra.

El día después del atentado, Berthold y su hermano pequeño de ocho años, escucharon por la radio las noticias pero su madre no quiso explicarles nada al respecto. El 22 de Julio, Nina contó a los cuatro hijos lo sucedido, y que su padre había colocado la bomba.

El día 23 la Gestapo detuvo a Nina y al resto de miembros adultos de la familia. Los niños quedaron bajo custodia de la niñera, más dos agentes de la Gestapo que permanecieron en la residencia de los Stauffenberg.

El 17 de Agosto de 1944 los niños fueron enviados a una residencia infantil, dirigida por una autoritaria y fanática nazi llamada Frau Kohler, en Nordhausen. Allí se encontraron con otros niños de familias acusadas de colaborar en el atentado. Y si bien Frau Kohler era muy temida, el resto del personal era muy amable con los niños. Lo que no sabían en ese momento es que Hitler había ordenado que el apellido de los niños fuera cambiado a "Meister" (de hecho incluso el nombre Stauffenberg debía desaparecer) e iban a ser entregados en adopción a familias de las SS. Antes de esto, los niños deberían ser "rehabilitados" en el campo de concentración de Buchenwald.

La suerte estaba de su parte: al llegar a los suburbios de la ciudad el convoy de camiones hubo de detenerse. Los americanos estaban comenzando un bombardeo sobre la ciudad así que el convoy tuvo que retroceder a Nordhausen. Días más tarde, el 12 de Abril de 1945, todos fueron liberados por tropas americanas. Guardianes y enfermeras abandonaron la residencia para volver a sus hogares. Hubo dos niñeras que decidieron quedarse a cuidar de los niños y así transcurrieron los días hasta que el 11 de Junio, la tía Alexandrine, que había trabajado durante toda la guerra en la Cruz Roja, llegó como por arte de magia en una furgoneta y se llevó a los niños de vuelta a su hogar en Lautlingen.

La guerra había terminado pero no el sufrimiento. Berthold recuerda la Alemania de los días siguientes a la capitulación. Kilómetros y kilómetros de ruinas... miseria, hambre y destrucción estaban por todas partes. Ninguna noticia aún de su madre, tíos y abuela.

.. En Julio de 1945, justo un año después del atentado, se pudo reunir finalmente la madre con sus hijos en Lautlingen.

Tras su arresto, Nina von Stauffenberg había sido interrogada durante días por la Gestapo. Después fue transladada al campo de concentración para mujeres en Ravensbrueck. De allí se la trasladó a una residencia maternal en Frankfurt (an der Oder), donde dio a luz a una niña (el quinto nacimiento en la familia) de nombre Constanza, en Enero de 1945. Los rusos se estaban acercando y todo el personal del hospital fue evacuado. Huyendo de las tropas soviéticas, y siempre bajo custodia de la Gestapo, fue enviada a Postdam, Berlín. Tras recuperarse de su parto, se la iba a enviar de regreso a una campo de concentración. Sin embargo la guerra se estaba acabando y el único policía asignado para custodiarla decidió abandonarla y marcharse a casa, no sin antes hacer que Nina firmara un documento en el que confirmaba que el agente había cumplido con su labor.

Nina siguió su camino hacia el oeste hasta que cerca de Schoenberg, se encontró con las tropas americanas. La guerra se había acabado así que pudo regresar lo más rápido que le fue posible a Lautlingen.

Lo peor estaba aún por llegar. En Lautlingen las tropas marroquíes del ejército francés de ocupación sembraron el terror con violaciones, saqueos... La gente del pueblo buscó refugio durante semanas en la noble residencia de los Stauffenberg. Cómo anécdota Berthold señala cómo tuvieron que dar cobijo a familias de ex-agentes de la Gestapo que todavía meses antes ¡los habían estado custodiando!

... Años más tarde Berthold von Stauffenberg comenzaría una carrera militar exitosa que le llevaría a comandar las divisiones Panzer en la zona sur de Alemania, hasta su retiro en 1994.

Muchas veces Berthold se hizo la pregunta de por qué tantos generales y oficiales se escudaron en su juramento de fidelidad a Hitler y Alemania, y no actuaron como su padre, de manera contundente. Sin duda alguna la historia habría sido bien distinta y millones de vidas se hubieran salvado.

Su madre, Nina von Stauffenberg, murió en el 2006, a los 92 años de edad. Tras la muerte de su marido Claus el 20 de Julio de 1944, nunca más volvió a casarse.

Cuatro de los cinco hijos de Claus von Stauffenberg siguen vivos, e incluyen a un general retirado de la Bundeswehr y un diputado del Bundestag retirado—uno de los cinco, su hija Valerie, murió en 1966.

De hecho, uno de los nietos de Claus von Stauffenberg actuó como un ayudante de Henning von Tresckow en la película Valkyrie de 2008, centrada en el complot que llevó a la ejecución de su abuelo.

Fuentes y libros sobre el tema en Español;

-"Operación Valquiria: El complot contra Hitler" Autor: Jesús Hernández. Editorial: Edaf, 2009

-"Los verdugos también mueren: La resistencia alemana contra Hitler" Autor: Guido Knopp. Editorial: Editorial Crítica

-"La conspiración contra Hitler" Autor: Joachim Fest. Editorial: Taurus, 2004

[https://elpais.com/.../internacional/1090274401_850215.html](https://elpais.com/.../internacional/1090274401_850215.html?

martes, 29 de septiembre de 2026

Generales de la República asesinados por lealtad

Encuentro este libro en una importante librería de Madrid (Marcial Pons) 

 Recoge los consejos de guerra contra 10 generales que por permanecer leales a la República fueron fusilados por orden de otros generales, golpistas compañeros suyos de profesión, que les acusaron de "auxilio a la rebelión"- 

El cinismo de los sublevados contra el legítimo Gobierno de la Republica no podía ser más falaz e inmoral: los rebeldes golpistas acusando de rebeldes a los generales que fueron leales al régimen que legítimamente se habían dado democráticamente los españoles. 

 Se comprueba que las primeras víctimas de los golpistas fueron sus compañeros militares leales a la República, tantos generales, coroneles, comandantes, oficiales, suboficiales y soldados asesinados sin piedad, a los que se les arrebató la vida pistola en mano, para quitarles el mando jerárquico que legítimamente ostentaban. 

 Fue más trágico y masivo todavía lo que los militares golpistas hicieron inmediatamente después contra todos los paisanos civiles, dirigentes de partidos, sindicatos, asociaciones y ciudadanos en general, por el mero hecho de ejercer sus derechos constitucionales de asociaciones, reunión manifestación o sufragio, a los que sometieron a una represión fríamente decidida y calculada, acusándoles igualmente de "auxilio a la rebelión". 

 Por eso la necesidad de una Memoria democrática para que hechos semejantes no vuelvan a repetirse nunca más.

lunes, 28 de septiembre de 2026

Victoria Kent

Hace 39 años que moría en el exilio una de las mujeres imprescindibles en la historia reciente de nuestro país.

Victoria Kent Siano (Málaga, 6 de marzo de 1891-Nueva York, 22 de septiembre de 1987) fue una abogada y política republicana española. Fue la primera mujer en ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid en 1925, en plena dictadura de Primo de Rivera y la primera mujer del mundo que ejerció como abogada ante un tribunal militar.

Victoria Kent fue una de las figuras femeninas más destacadas de la historia siglo XX. Fue pionera en muchas de las cosas a las que se dedicó con profunda entrega y determinación. Una de las primeras mujeres en ser colegiada como abogada, primera mujer en participar como tal en un consejo de guerra y primera mujer en ocupar un cargo político al asumir la Dirección General de Prisiones. En su exilio forzado por la Guerra Civil, cuidó del bienestar de los más indefensos, los niños. Curiosamente, a pesar de ser una mujer defensora de su género, se negó a defender el sufragio femenino.

De un hogar liberal a un consejo de guerra Victoria Kent Siano nació en Málaga el 3 de marzo de 1889 en el seno de una familia liberal. Su padre, José O'Kent Román, era un comerciante de ascendencia inglesa, y su madre, María Siano González, era ama de casa. Era la tercera de cinco hermanos, todo varones menos ella, quienes cuidaron de su única hermana con gran cariño. La infancia de Victoria transcurrió tranquila en el barrio malagueño de la Victoria.

Victoria recibió su primera formación de manos de su madre, quien le enseñó a leer y escribir, hasta que la familia contrató a profesores particulares y posteriormente se matriculó en la Escuela Normal donde se sacó el título de maestra. En 1916 se trasladó a vivir a Madrid para empezar sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid. En 1924, tras haber obtenido la licenciatura en derecho, conseguía también el doctorado y se convertía en la primera mujer en ingresar en el Colegio de Abogados. En los años que vivió en la capital, Victoria se instaló en la Residencia de Señoritas que dirigía María de Maetzu, otra gran mujer de su tiempo y de quien aprendió mucho y con quien colaboró estrechamente. Primero ocupándose de la biblioteca de la residencia y posteriormente participando con María en la fundación del Lyceum Club Femenino, una institución de la que nacería la Casa del Niño, una de las primeras guarderías de nuestro país.

Victoria Kent continuó ejerciendo como abogada durante los años siguientes. Pero fue su intervención en el Consejo Supremo de Guerra lo que le dio un mayor prestigio. Fue en el año 1931 cuando dicho consejo juzgaba al Comité Revolucionario Republicano. Victoria asumió la defensa de Álvaro de Albornoz convirtiéndose en la primera mujer que participaba en un consejo de guerra.

Aquel mismo año, meses después, Victoria Kent fue elegida por el presidente de la república, Alcalá-Zamora, como Directora General de Prisiones, cargo ocupado por primera vez por una mujer.

Durante los tres años que ocupó el cargo, Victoria tuvo un objetivo principal, dignificar y humanizar las prisiones así como priorizar la inserción por encima del castigo. Entre las distintas medidas que tomó para conseguir sus fines, se encuentran la mejora de las instalaciones, de la comida, la libertad de culto y la sustitución de las religiosas por funcionarias civiles formadas para ejercer su tarea en las prisiones.

Quizás el gesto más significativo fue la eliminación de grilletes y cadenas que recogió para fundirlos y erigir una estatua en honor a otra gran mujer, Concepción Arenal.

La proclamación de la República en 1931 trajo consigo muchos avances liberales en lo que a leyes en favor de las mujeres se refiere. Una de ellas fue el sufragio femenino, defendido fervientemente por la diputada Clara Campoamor pero rebatida, curiosamente, por Victoria Kent. Ambas mujeres protagonizaron encendidos debates en el parlamento. Clara, como representante del Partido Radical, creía que el sufragio femenino era un paso necesario para avanzar en el camino de la emancipación de la mujer. Victoria, del Partido Radical-Socialista, por su parte, creía que la mayoría de mujeres aún no estaban preparadas para ejercer el voto. Primero había que formarlas y alejarlas de la influencia de la iglesia y de las clases conservadoras. En este sentido, Victoria estaba convencida de que si se aprobaba el sufragio femenino, el triunfo de la derecha estaba asegurado. No se equivocaba, la derecha ganó en las primeras elecciones en las que participaron las mujeres en 1933, aunque puede que la razón no fuera tanto la inclusión del voto femenino como la profunda división de la izquierda. Sea como fuere, ninguna de las dos mujeres salió elegida como diputada.

Con el estallido de la Guerra Civil española, como muchos otros republicanos, Victoria marchó al exilio. Su primer destino fue París. Antes de marchar hizo distintos llamamientos a la población para que no abandonaran a los niños de los soldados que debían luchar en el frente. A muchos de ellos los acompañó en su evacuación hacia las provincias del norte para poder pasar la frontera. Debido a su dedicación, Victoria fue nombrada Primera Secretaria de la embajada española en París para que pudiera hacerse cargo de los niños refugiados.

Victoria dedicó todos sus esfuerzos a los exiliados en la capital francesa hasta que empezó la Segunda Guerra Mundial y se instaló el Gobierno colaboracionista de Vichy. Victoria se refugió en la embajada mexicana donde permaneció un año hasta que la Cruz Roja le proporcionó un piso en el barrio del Bosque de Bolonia. Allí permaneció hasta 1944 con una identidad falsa. Aquellos años, convertida en "Madame Duval", Victoria escribió Cuatro años en París, un libro de marcados tintes autobiográficos.

El largo exilio

En 1948 Victoria marchó a su nuevo destino en el exilio. Esta vez a México donde permaneció dos años trabajando en la creación de la Escuela de Capacitación para el personal de prisiones. En 1950 marchaba a Nueva York a petición de Naciones Unidas, institución que reclamó su presencia y su experiencia en temas de prisiones. Fue en Estados Unidos donde vivió su más largo exilio. Allí fundó la revista Ibérica por la Libertad dirigida a todos los exiliados que como ella permanecían lejos de su patria.

En 1977, casi cuarenta años después de marchar a Francia, Victoria Kent volvía a España donde fue recibida con cariño por todos aquellos que admiraron su labor. Pero Victoria terminaría sus días en su patria de adopción, los EEUU, donde moriría con 90 años, el 22 de septiembre de 1987.

Atrás dejaba una larga vida de lucha por sus ideales.

Fuente: artículo de Graciela Souto Suarez, una mujer que contó y difundió las historias de muchas mujeres silenciadas.

Este post sirva tambien para recordarla y agradecerle su labor de difusión en redes atraves de su blog “Mujeres inconformistas💔”

domingo, 27 de septiembre de 2026

Posguerra

Tras la Guerra Civil Española (1936-1939), España quedó sumida en una situación de profunda devastación, aislamiento internacional y represión extrema. El régimen franquista, encabezado por el general Francisco Franco, instauró una dictadura que transformó radicalmente la vida política, social y económica del país. 


A continuación, detallo los aspectos clave de cómo quedó España y qué pasó durante este periodo:

1. Devastación económica y demográfica

* Destrucción material: El conflicto arrasó infraestructuras clave (puentes, carreteras, ferrocarriles), industrias y numerosas ciudades y pueblos. La escasez de materias primas y maquinaria paralizó la producción.

* Autarquía y miseria: España adoptó un modelo económico de autarquía (autosuficiencia económica), que resultó ser un fracaso absoluto. Esto provocó una penuria generalizada, caracterizada por:

* Hambre crónica y desnutrición en amplias capas de la población.

* El racionamiento de alimentos básicos mediante la infame cartilla de racionamiento, que duró hasta 1952.

* El auge del mercado negro (el "estraperlo") como única vía para conseguir productos básicos a precios inaccesibles para la mayoría.

2. Represión política y social * Dictadura totalitaria: 

Se abolieron la Constitución de 1931, el sistema democrático y los Estatutos de Autonomía. Se prohibieron los partidos políticos y los sindicatos, quedando como única formación legal el Movimiento Nacional (FET de las JONS).

* Represión implacable: El régimen desató una caza de brujas contra los vencidos ("rojos"). Hubo miles de ejecuciones sumarias, juicios sin garantías legales y una población reclusa masiva en condiciones infrahumanas.

* Exilio: Cientos de miles de republicanos (intelectuales, políticos, artistas y ciudadanos comunes) se vieron obligados a huir al exilio, principalmente a Francia, México y otros países de América Latina, privando al país de un talento invaluable.

3. Aislamiento internacional

* Neutralidad en la Segunda Guerra Mundial: Aunque Franco simpatizaba con las potencias del Eje (Alemania e Italia) y envió a la División Azul a luchar contra la Unión Soviética, España declaró su neutralidad (más tarde "no beligerancia") al ver que los Aliados tomaban ventaja.

* Marginación de la posguerra: Tras la derrota del fascismo en 1945, el régimen franquista quedó políticamente aislado del mundo. La ONU recomendó retirar a los embajadores de España y el país quedó excluido de los planes de reconstrucción europeos (como el Plan Marshall) y de organismos internacionales, sufriendo un bloqueo económico inicial.

4. Ideología y control cultural

* Nacionalcatolicismo: La Iglesia Católica recuperó un poder absoluto e ideológico, convirtiéndose en el pilar moral y educativo del régimen. La religión católica pasó a ser obligatoria en la enseñanza y la vida pública.

* Censura estricta: Se impuso un férreo control sobre los medios de comunicación, la literatura, el cine y la educación para eliminar cualquier atisbo de disidencia y ensalzar los "valores patrios y tradicionales".

* Centralismo radical: Se suprimieron las lenguas y culturas catalana, vasca y gallega en el ámbito público e institucional, imponiendo el castellano como única lengua oficial.

De Internet

sábado, 26 de septiembre de 2026

Murió Frances Saunders



Murió Frances Saunders, la investigadora que destapó la red de intelectuales al servicio de la CIA. Frances Stonor Saunders murió el pasado 31 de agosto, a los 60 años, víctima de un tumor cerebral.

Con ella desaparece una de esas investigadoras que logran algo infrecuente: escribir un libro después del cual resulta imposible contemplar de la misma manera toda una época histórica o el perfil de algunos de sus personajes .

“Who Paid the Piper? The CIA and the Cultural Cold War”, publicado en 1999 y conocido en su versión castellana con el título de “La CIA y la guerra fría cultural”, no fue simplemente una simple investigación sobre operaciones de espionaje. Fue la reconstrucción minuciosa, elaborada y sin concesiones de uno de los mayores dispositivos conocidos de intervención política sobre la cultura y la intelectualidad occidental.

Saunders había llegado a aquella historia casi accidentalmente. Nacida el 14 de abril de 1966 en Windsor, Berkshire, era hija de Julia Stonor y de Donald Saunders, nacido Donald Slomnicki cerca de Bucarest y llegado a Gran Bretaña como refugiado después de la Segunda Guerra Mundial. Sus padres se separaron cuando ella tenía ocho años. Estudió Literatura Inglesa en St Anne's College, Oxford, y se graduó en 1987. Tras pasar por Roma y por el ambiente cultural británico de finales de los ochenta, comenzó a trabajar como documentalista para televisión.

Sería precisamente la televisión la que la conduciría hacia el asunto que marcaría su vida intelectual. En 1995 realizó para Channel 4 la serie documental Hidden Hands: A Different History of Modernism. Mientras investigaba las relaciones entre el expresionismo abstracto estadounidense, sus instituciones culturales y los organismos de inteligencia norteamericanos, Saunders encontró los primeros hilos de una trama mucho mayor.

Una CIA que no necesitaba llevar pistola

Lo que Saunders descubrió era extraordinario porque mostraba otra cara del poder imperial estadounidense. No se trataba ahora de golpes de Estado, operaciones paramilitares, intervenciones militares o espionaje convencional. Era una lucha por determinar qué libros se leían, qué revistas adquirían prestigio, qué escritores viajaban por el mundo, qué exposiciones llegaban a las grandes capitales europeas y qué concepciones políticas podían presentarse como expresión espontánea de la intelectualidad occidental.

El eje de aquella enorme operación fue el Congress for Cultural Freedom, el Congreso por la Libertad de la Cultura, creado en 1950 y financiado clandestinamente por la CIA. La propia historia oficial de la agencia acabaría definiéndolo como una de sus operaciones encubiertas más audaces y eficaces de la Guerra Fría.

Desde París, y bajo la dirección administrativa de Michael Josselson, que era agente de la CIA, aquella organización estuvo articulando durante años una red internacional de intelectuales, revistas, congresos, conciertos, traducciones, exposiciones y organizaciones culturales. En su momento de mayor expansión llegó a tener presencia en decenas de países y sostuvo más de veinte publicaciones de prestigio.

Saunders siguió el dinero. Revisó documentos desclasificados, archivos privados y correspondencia y entrevistó durante años a protagonistas de aquel mundo.

El resultado demostraba que detrás de una parte nada desdeñable de la aparente espontaneidad de la vida cultural occidental existía una verdadera política de Estado. Su libro obtuvo el premio Gladstone de la Royal Historical Society, fue traducido a numerosos idiomas —el periódico The Guardian cifra actualmente en 17 las traducciones— y convirtió a una autora que apenas superaba los treinta años en una referencia internacional.

Revistas como Encounter en Gran Bretaña, Preuves en Francia o Der Monat en Alemania formaron parte de aquel universo. La CIA organizó o financió congresos, sufragó viajes, promovió publicaciones y utilizó fundaciones y organizaciones intermediarias para ocultar el origen del dinero. También impulsó internacionalmente determinadas manifestaciones de la vanguardia estadounidense: el expresionismo abstracto podía presentarse ante Europa como demostración de que Estados Unidos era el territorio de la libertad creadora frente al realismo socialista soviético. Jackson Pollock se convirtió así, sin necesidad de recibir instrucciones de un agente de inteligencia, en una pieza de aquella representación cultural de la superioridad estadounidense.

Los grandes nombres de la intelectualidad occidental

Y aquí residía probablemente la parte más explosiva de la investigación de Saunders: los nombres.

Por aquellas páginas desfilaban algunos de los escritores, filósofos, historiadores, críticos y artistas más importantes del siglo XX.

Arthur Koestler, Sidney Hook, James Burnham, Melvin Lasky, Irving Kristol, Stephen Spender, Ignazio Silone, Nicolas Nabokov, Isaiah Berlin, Hannah Arendt, Robert Lowell, Leonard Bernstein, Bertrand Russell, Mary McCarthy, Arthur Schlesinger Jr. y Jackson Pollock aparecen, con relaciones de naturaleza y grado muy diferentes, dentro del enorme entramado cultural que investigó Saunders. La presentación estadounidense de The Cultural Cold War menciona expresamente a Arendt, Berlin, Bernstein, Lowell, Orwell y Pollock como figuras convertidas en instrumentos idóneos de aquella guerra cultural.

Pero precisamente por respeto al rigor de Saunders conviene hacer una distinción decisiva: no todos aquellos intelectuales fueron agentes directos de la CIA ni todos conocían la procedencia del dinero. Ese matiz vuelve todavía más inquietante la historia.

Michael Josselson sí era un hombre de la CIA y dirigió el aparato del Congreso durante años. Otros intelectuales participaron intensamente en organismos, congresos o revistas sostenidos clandestinamente por la agencia, aunque su grado de conocimiento sobre el origen de los fondos continúa siendo objeto de controversia historiográfica. La propia CIA reconoce, por ejemplo, que Arthur Koestler actuó inicialmente sin saber que estaba contribuyendo a una operación patrocinada por la agencia, y que Sidney Hook participó en actividades anteriores cuyo respaldo secreto desconocía.

Encounter, negaron haber sabido que detrás del Congreso se encontraba la CIA. La controversia sobre qué sabía cada cual y desde cuándo acompañaría para siempre a aquella generación.

Por eso, reducir el hallazgo de Saunders a una relación de escritores “comprados” por la CIA empobrecería extraordinariamente su investigación. Su descubrimiento era bastante más profundo. El poder no necesitaba necesariamente decirle a un novelista qué debía escribir. Podía seleccionar qué novelista recibía traducciones, revistas, viajes, congresos, premios, difusión internacional y acceso a determinados circuitos de prestigio.

Podía crear el escenario. Y dejar que los intelectuales actuaran dentro de él. Esa es posiblemente la revelación más perdurable de “La CIA y la guerra fría cultural”.

Incluso George Orwell, cuyo nombre aparece en la investigación y en las presentaciones posteriores de la obra, exige esa precisión. No fue exactamente un “agente de la CIA”. Sus conocidas relaciones se produjeron fundamentalmente con el aparato policial británico de propaganda anticomunista. Saunders lo integró en una reconstrucción mucho más amplia de aquella red atlántica de instituciones, intelectuales y servicios occidentales. Lo mismo ocurre con numerosos artistas e intelectuales cuya obra fue promovida o instrumentalizada sin que necesariamente conociesen quién estaba detrás de determinados mecanismos de financiación. El propio subtítulo conceptual del libro podría resumirse así: instrumentos del servicio secreto estadounidense, lo supieran o no.

Justo ahí radicaba también la enorme trascendencia política del trabajo. Saunders no descubría simplemente que Washington “hacía propaganda” —como también la hacía la Unión Soviética—, sino que demostraba la contradicción existente entre el discurso de una cultura occidental supuestamente independiente del Estado y el funcionamiento real de una formidable política clandestina destinada a orientar aquella cultura.

Incluso la CIA, décadas después, reconocería sin ambages que el Congreso había sido una operación encubierta propia y que su propósito consistía en disputar la influencia comunista entre artistas e intelectuales.

Mucho más que un solo libro

El extraordinario impacto de aquella investigación corrió algunas veces el riesgo de ocultar el resto de la obra de Saunders.

En 2004 publicó Hawkwood: Diabolical Englishman, sobre el mercenario inglés del siglo XIV John Hawkwood. Seis años después apareció The Woman Who Shot Mussolini, la biografía de Violet Gibson, la aristócrata angloirlandesa que en 1926 disparó contra Benito Mussolini y estuvo a punto de matarlo. Saunders tenía una extraordinaria capacidad para encontrar detrás de personajes aparentemente secundarios, una puerta de entrada hacia las grandes estructuras históricas.

Trabajó asimismo como responsable de cultura del semanario británico New Statesman, produjo numerosos documentales radiofónicos para la BBC y presentó “Meeting of Minds”, dedicado a encuentros decisivos entre figuras de la historia intelectual. En 2018 fue elegida miembro de la Royal Society of Literature.

Pero su último gran libro sería muy diferente a todos los que le precedieron. En “The Suitcase: Six Attempts to Cross a Border”, publicado en 2021, la investigadora que había pasado décadas abriendo los archivos secretos de instituciones poderosas abrió finalmente el archivo de su propia familia.

Una vieja maleta que había pertenecido a su padre contenía cartas, fotografías y documentos que la condujeron hacia la historia del joven Donald Slomnicki, refugiado de Europa oriental que terminaría reconstruyendo su vida en Gran Bretaña. El libro se convirtió en una meditación sobre el exilio, las fronteras, la memoria y el progresivo hundimiento de su padre en el Alzheimer.

The Suitcase obtuvo en 2022 el PEN Ackerley Prize, dedicado a las memorias y autobiografías literarias. Era casi el reverso perfecto de “Who Paid the Piper?”: después de investigar cómo los Estados fabrican memoria y relato, Saunders se preguntaba cómo una familia reconstruye los suyos cuando quedan apenas una maleta, unas fotografías y algunos documentos dispersos.

Frances Stonor Saunders supo antes de morir que “Who Paid the Piper?” sería reeditado nuevamente. Difícil imaginar un destino más apropiado para un libro escrito hace casi tres décadas y cuya pregunta central permanece completamente viva: ¿Quién paga aquello que una sociedad termina considerando cultura independiente, pensamiento libre y opinión espontánea?

La respuesta que Saunders encontró para los años de la Guerra Fría resultó incómoda porque obligaba a mirar más allá de los discursos. Allí donde parecía existir solamente una revista prestigiosa podía haber una Fundación. Detrás de aquella Fundación podía encontrarse otra institución. Y detrás de esta, finalmente, podía estar una Agencia de inteligencia. Su mérito consistió, justamente, en seguir esos entrelazados hilos hasta el final.

Por eso, su prematura muerte, conocida con cierto retraso, ha tenido para mí un significado especialmente doloroso. La lectura de su libro “La CIA y la guerra fría cultural” me permitió comprender en toda su dimensión el papel desempeñado por una parte significativa de la intelectualidad europea en las grandes batallas políticas e ideológicas de la Guerra Fría.

Aquellos mismos años sesenta habían coincidido, además, con el final de mi adolescencia, una etapa marcada por una insaciable necesidad de leer y de conocer, vivida en un país donde acceder a determinados libros podía convertirse todavía en una aventura incierta y, en no pocas ocasiones, también frustrante.

Frances Stonor Saunders nos deja, —me deja— , una enseñanza elemental a la hora de tratar de comprender la naturaleza del poder: nunca basta con saber quién habla. Hay que averiguar también quién construyó el escenario desde el que lo hace, quién fue el que le abrió las puertas, quién se encargó de “distribuirle” el prestigio y, sobre todo, quién fue el que se encargó de pagarle al flautista.

De la pág Cubadebate.

viernes, 25 de septiembre de 2026

Por qué Zeus creó a Pandora, la primera mujer según la mitología griega y ¿realmente abrió una caja?

Pandora, 1871. Pintada por el artista Dante Gabriel Rossetti, en rojos profundos, con abundante cabellera y sosteniendo una caja adornada

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Pandora significa "la de todos los dones" (cuadro de Pandora del artista Dante Gabriel Rossetti, 1871).


Zeus, el rey de los dioses del Olimpo, estaba iracundo.

Le había echado un vistazo al mundo y al ver resplandores supo, sin que nadie se lo tuviera que contar, que Prometeo había desobedecido sus órdenes, robando el fuego y dándoselo a los hombres.

Pero Prometeo no sería el único que sufriría.

Zeus le encomendó al dios Hefesto que moldeara un figura en barro, con forma de mujer.

Le quedó hermosa, pues se inspiró en las más preciosas deidades del Olimpo.

Luego, Afrodita, la diosa de la belleza, la sensualidad y el amor, le dio la vida a la figura, y le enseñó sus amorosas artes.

Atenea, la diosa de la guerra, la sabiduría y las artes, la instruyó en las labores del hogar y en el tejido de primorosas telas, y la vistió con una resplandeciente toga plateada.

Hera, la reina de los dioses, le otorgó gracia y mesura.

Otras deidades la adornaron con flores y finas coronas, collares y pulseras. Quien la viera, mortal o inmortal, se quedaría sin aliento.

Finalmente Hermes, el dios mensajero, la instruyó en el habla y en las artes de la persuasión, la astucia y, crucialmente, la dotó de curiosidad.

Fue él quien la nombró Pandora, y la llevó a la casa en la que Prometeo y su hermano Epimeteo vivían entre los hombres.

Prometeo no estaba, pero le había advertido a su hermano que no recibiera ningún regalo divino, anticipando que Zeus urdiría algún plan maléfico.

Epimeteo, sin embargo, no pudo resistir la tentación.

No sólo solía actuar antes de pensar, sino que además tenía en frente a la criatura más bella que había visto jamás.

¡Y se la estaban ofreciendo como esposa!

Pandora tenía hasta un regalo de bodas, el de Zeus: una caja sellada que, le habían dicho claramente, no podía abrir.

Así lo hizo... por un tiempo, pero la curiosidad finalmente la venció: abrió la caja y, horrorizada, vio como salían todas las desgracias que aquejarían al mundo.

Cuando logró cerrarla, lo único que quedaba adentro era la esperanza.

Pandora, derrotada sobre un elegante cofre, semidesnuda y con cabello largo.

Fuente de la imagen,Getty Images

 

Pie de foto,La caja llegó a ser hasta cofre, pero ¿Qué era originalmente? (Pandora, del artista Walter Crane, 1885).

Pandora, derrotada sobre un elegante cofre, semidesnuda y con cabello largo. 

La caja llegó a ser hasta cofre, pero ¿Qué era originalmente? (Pandora, del artista Walter Crane, 1885).

Probablemente recuerdas al menos parte de esta historia de la creación de la primera mujer según la mitología griega.

Es la que dio origen a una expresión que quizás has usado, pues se afianzó en varios idiomas para describir una situación en la que una acción desencadena múltiples problemas imprevistos: la caja de Pandora.

Pero este recuento, como tantos otros, suscita dudas que despiertan aquello que sintió la protagonista: la curiosidad.

¿Por qué Zeus castigó a los hombres si fue Prometeo quien lo desobedeció? ¿Por qué el fuego fue objeto de tan gran discordia?

¿Por qué lo que quedó en la caja fue la esperanza y qué hacía metida ahí con todos los males?

Y otras dos preguntas que quizás te sorprendan: ¿fue Pandora la que abrió la caja y fue una caja lo que abrió Pandora?

¿El fuego?

El titán Prometeo había sido artífice de la creación de los hombres, modelándolos en arcilla a imagen y semejanza de los dioses. Una vez listos, Zeus le pidió a su hija Atenea que les diera el soplo de la vida.

Ambos quedaron contentos con esa raza tan distinta a los otros animales, pero el rey de los dioses los prefería primitivos y dependientes, lo que garantizaba que siempre lo adorarían. Prometeo disentía.

Escultura de bronce fundido dorado de Prometeo llevando en su mano fuego, y cayendo a través de un anillo que representa los cielos hacia la tierra representada por una montaña y el mar (la fuente).


Escultura de bronce fundido dorado de Prometeo llevando en su mano fuego, y cayendo a través de un anillo que representa los cielos hacia la tierra representada por una montaña y el mar (la fuente).

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Pie de foto,"Prometeo, maestro en todas las artes, trajo el fuego que ha demostrado ser un medio para los mortales para fines poderosos", se lee en la icónica escultura de Paul Manship en el Rockefeller Center en Nueva York.

El titán les tenía gran afecto, tanto que pasaba más tiempo entre ellos que en el Olimpo, y, como observa en su libro "Mythos" el autor británico Stephen Fry, "le entristecía que solo se le hubiera permitido crear hombres".

"Sentía que esa raza clonada de un solo sexo carecía de variedad tanto en su perspectiva, disposición y carácter como en su incapacidad para reproducirse y crear nuevos tipos".

Además pensaba que les faltaba precisamente lo que Zeus había prohibido que se les diera: fuego, que en la antigua Grecia simbolizaba no solo el calor y la luz, sino también el conocimiento, la tecnología y la civilización.

Por eso mismo, era indispensable para las criaturas que había creado, y no sólo para protegerse del frío, cocinar alimentos o forjar herramientas; requerían también "un fuego creativo interior, un fuego divino, que les permitiera pensar, imaginar, atreverse y actuar".

Y, temía Zeus, desarrollarse al punto de poder retar a los dioses.

Así que cuando Prometeo se robó ese elemento divino y se lo dio a los humanos, su venganza fue calculada para que estos nunca recuperaran el bienestar que hasta entonces habían gozado.

Y para darle al titán un duro golpe en donde más le dolía: aquello que amaba.

¿La caja de Pandora?

Según cuenta Hesíodo...

"Zeus, que las nubes amontona, indignado le habló (a Prometeo):

«Japetionida, ya que tú, sabedor de mis designios, te regocijas de robarme el fuego y ultrajas mi poder, a ti y tu prole he de infligir un daño irreparable. Un mal, con ese fuego, a los humanos daré que les deleite; un mal que ansíen como si fuera un bien".

Ese mal fue Pandora y el regalo de Zeus que ella llevaba... y no, no era una caja.

Mujer semidesnuda apoyada sobre un cráneo humano, con una mano sobre la jarra. 


Mujer semidesnuda apoyada sobre un cráneo humano, con una mano sobre la jarra.

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Pie de foto,Jean Cousin pintó "Eva Prima Pandora", alrededor de 1550, no sólo mostrando la mezcla con la narrativa cristiana, sino siendo más fiel al mito: su mano izquierda aferra la temida jarra, que aún no ha abierto.

Lo que el rey de los dioses le dio a Pandora fue una gran jarra de arcilla, o pithos, en griego.

Los pithoi se usaban para almacenar vino, aceite, grano u otras provisiones, o, ritualmente, como recipiente para enterrar un cuerpo humano, del cual se creía que las almas escapaban y necesariamente regresaban.

Pero en algún momento del Renacimiento, la jarra se tornó en caja, y se suele responsabilizar nada menos que al gran humanista del siglo XVI Erasmo de Rotterdam.

En su colección de proverbios "Adagia", de 1508, tradujo pithos al latín pyxis, que significa caja... y el resto es historia, reforzada por un gran número de obras de arte en las que esa caja es cada vez más adornada, y en ocasiones llega a ser un baúl.

No se sabe con exactitud cuándo se descubrió el error, pero a finales del siglo XIX los eruditos clásicos comenzaron a señalar públicamente la mala traducción.

Para entonces, la "caja de Pandora" ya estaba demasiado arraigada en la cultura como para dar vuelta atrás.

En cualquier caso, el error de Erasmo no es lo único interesante de esa obra: su relato del episodio revela algo más.

La razón por la cual se refirió a la caja fue para ilustrar un dicho latino que reza: «Malo accepto stultus sapit», que significa algo así como "El tonto aprende solo cuando algo malo le sucede".

Como notarás, está en masculino, y eso es porque en la narración de Erasmo quien abre la caja es Epimeteo.

Y no, no fue otro error de Erasmo.

Hombre con toga abriendo un enorme jarrón, del cual salen figuras que vuelan 


Hombre con toga abriendo un enorme jarrón, del cual salen figuras que vuelan

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Pie de foto,En el siglo XVI el dibujante y grabador Giulio Bonasone ilustró a Epimeteo abriendo la jarra.


Es cierto que, de lo que sobrevivió de los antiguos griegos, la versión más antigua que tenemos de la creación de la primera mujer es la del poeta Hesíodo, de finales del siglo VIII a.C.

En ese recuento hesiódico, Pandora es "el bello mal", culpable de que los males se dispersaran por el mundo provocando el fin de la Edad de Oro de los hombres.

Esa narrativa perduró, pero había relatos alternativos de jarras o urnas que contenían bendiciones y males otorgados a la humanidad en el mito griego.

Tras Hesíodo, en la fábula de Esopo "Zeus y la Jarra de las Cosas Buenas", las manos humanas que reciben la jarra son masculinas, el contenido son "todas las cosas útiles", y cuando son liberadas, desaparecen.

"El hombre, sin autocontrol, quiso saber qué contenía el jarrón, así que apartó la tapa, dejando que esas cosas regresaran a la morada de los dioses. Así, todos los bienes volaron, elevándose sobre la Tierra, y solo quedó la esperanza".

Antes que Esopo, el poeta griego del siglo VI a.C. Teognis de Megara había hablado también de una jarra llena de bienes, abierta por alguien no especificado, y afirmó que...

"La esperanza es el único dios bueno que queda entre la humanidad; los demás se han ido al Olimpo.

"La Confianza, una diosa poderosa, se ha ido; la Cordura se ha ido de los hombres, y las Gracias, amigo mío, han abandonado la Tierra.

"Ya no hay juramentos de fiar entre humanos ni justos, ni nadie venera a los dioses inmortales; la raza de los hombres piadosos ha perecido y ya no reconocen las reglas de conducta ni los actos de piedad".


Pero, así las jarras estuvieran repletas de bondades o males, tenían algo en común: lo que quedaba.

Volviendo a Esopo, "solo la Esperanza se encuentra entre la gente, prometiendo que nos concederá a cada uno de nosotros los bienes que se han perdido".

¿La esperanza?

4 pinturas representando a Pandora o el contenido de su caja o jarra.

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Pie de foto,La curiosidad llevó a Pandora a abrir el recipiente; el mito ha inspirado a pintores y ceramistas, así como a escritores y dramaturgos. Aquí, interpretaciones del japonés Tsukioka Yoshitoshi y de los franceses Jules Joseph Lefebvre y Odilon Redon.

4 pinturas representando a Pandora o el contenido de su caja o jarra. 

En las variantes en las que la jarra contenía bienes o dones, todo parece tener más sentido.

El que la esperanza compartiera ese espacio con virtudes como la armonía, justicia, misericordia, libertad, felicidad o paz, no desentona.

Pero en la historia de Pandora, ¿por qué estaba en ese recipiente junto con males como el engaño, la miseria, la muerte violenta, la vejez, las plagas, el sufrimiento o el trabajo duro?

Eso es algo que ha suscitado intrigantes debates entre los estudiosos.

Hay eruditos que resaltan que ese mal que no se escapó de la caja se llama Elpis, que si bien se puede traducir como esperanza, también puede ser premonición, en otras palabras, el miedo, una sensación inminente de fatalidad.

Según esa interpretación, Elpis era el más maligno de los espíritus; sin él, la humanidad al menos puede vivir sin la sombra constante de su ineludible destino: el dolor y la muerte.

Otros expertos señalan que en el pensamiento griego antiguo, la esperanza, aunque podía alentar y sostener, también podía ser una ilusión peligrosa, un consuelo que adormecía a la gente, impidiendo que reconocieran la realidad o actuaran a tiempo.

Eso la convertía en ocasiones en algo similar al delirio y una fuente potencial de ruina.

La visión del filósofo Federico Nietzsche va aún más lejos.

En su reinterpretación del mito de Pandora, en "Humano, demasiado humano" (1878), el que Elpis se quedara atrapada era parte del plan de Zeus: así, la humanidad guardaría ese cofre como un gran tesoro que usaría cuando lo deseara.

El hombre "no sabe que el recipiente que Pandora trajo era un cofre de males, y toma el mal que queda dentro por el mayor de los bienes mundanos: es la esperanza.

"Zeus no quiso que el hombre, por muy atormentado que esté por los otros males, se quitara la vida, sino que continuara dejándose atormentar una y otra vez. Por eso le da la esperanza -en realidad es el peor de todos los males, porque prolonga el tormento del hombre".

Pero recordemos que la esperanza era un concepto ambivalente en la tradición griega, de manera que también era una bondad.

Y hay otras interpretaciones, como la del filólogo M. L. West, uno de los más respetados editores y comentaristas de la obra de Hesíodo, quien propone una lectura optimista del mito.

Para él, que la esperanza quedara a salvo dentro de la jarra quiere decir que, aunque el mundo se llenara de desgracias, no todo estaba perdido: la esperanza permaneció como un último recurso, aquello que le permite a los seres humanos seguir adelante sin rendirse ante las calamidades. 

jueves, 24 de septiembre de 2026

Juana de Ibarbourou.

Imagen de Juana de Ibarbourou


Fue una de las poetisas más famosas y leídas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Su padre, Vicente Fernández, español de Galicia, había nacido en Lorenzana, provincia de Lugo

Los días 7, 8 y 9 de septiembre estuve trabajando en las ciudades uruguayas de Melo y Río Branco. Intensas jornadas de reflexión con jóvenes, familias y docentes de las escuelas de ambas localidades. Poderosa cuestión la educación en Uruguay y en el mundo. La historia de la humanidad, dice Herbert Wells, es una larga carrera entre la educación y la catástrofe. La educación es, a mi juicio, la tarea más importante, difícil y hermosa que se le ha encomendado al ser humano en la historia. Conviene tener en cuenta que no se debe confundir educación con mera instrucción, ni con socialización ni con adoctrinamiento. En esta como en muchas otras ocasiones el lenguaje nos puede jugar malas pasadas. Todos conocemos a personas con muchísimos conocimientos que, al estar de espaldas a la esfera de la ética utilizan todo lo que han aprendido para engañar, someter y explotar al prójimo. Más les valdría a sus víctimas que no supieran tanto. Por eso digo que no hay conocimiento útil si no nos hace mejores personas.

La intensa agenda de actividades estaba organizada por la Coordinadora de los Sindicatos de la Educación de Uruguay, específicamente su filial departamental en Cerro Largo. Me gusta que las intervenciones se realicen en zonas vulnerable del país que recaba mi participación en eventos de esta naturaleza.

También me agrada que se convoque a la prensa para compartir las preocupaciones, las propuestas, las inquietudes, los proyectos, los temores que suscita la reflexión educativa. Agradezco la presencia a los medios de comunicación y les felicito por su sensibilidad ya que, es estos casos, acuden para pensar en la importancia del proceso educativo y no para hacerse eco de un escándalo, un conflicto o un problema…

Todos los medios de comunicación del mundo dan cuenta hoy del terrible asesinato de la joven estudiante Claudia Tacoronte Aguilera de cuarto curso de Educación Infantil de la Universidad de Granada que ha sido acuchillada por una persona a la que grabaron las cámaras… Estaba realizando un intercambio académico en la Universidad Autónoma del estado de Morelos. México. Pocas veces es noticia el trabajo silencioso en las aulas y el aprendizaje que se realizada en las pasantías…

También dediqué dos sesiones (una en Merlo y otra en Río Branco) a plantear algunas ideas sobre la creación de la Universidad de Educación (UNED). He comprobado la enorme ilusión que está despertando este proyecto que se ocupará en el país de la pieza más importante de la calidad de la educación: la formación de los profesionales que se dedicarán a la enseñanza. Les hice entrega de un documento que había redactado para llamar la atención sobre algunas cuestiones políticas, sociales, éticas, organizativas, pedagógicas y económicas… Les decía que la racanería con el dinero en educación se convierte ipso facto en masoquismo económico. La educación es cara pero la ignorancia lo es por partida doble.

Me alojé en Melo en el Hotel Juana. Así, a secas, Hotel Juana, Estoy seguro de que la mayoría de los uruguayos y uruguayas hubieran sabido de quién se trataba. Yo lo fui descubriendo en esos días. Y fui sintiéndome más feliz a medida que hice el hallazgo. Les sugerí a los responsables del hotel que agregasen el apellido de la poetisa y prosista uruguaya nacida en la ciudad de Melo, aunque el apellido Ibarbourou era el apellido de su marido, el capitán Lucas Ibarbourou, con quien se casó a los veinte años. Es probable que la ascendencia genealógica de Lucas sea francesa o vasco francesa. Todos se refieren a ella como Juana de Ibarburu.

Tuve el honor de que el artista local Pablo Vigoda acudiera al hotel para explicarme cuatro hermosas obras que había creado en honor de la escritora melense, que figura en los billetes de mil uruguayos. Pablo me explicó el significado de una hermosa placa de hierro cargada de símbolos. Una pluma de más de dos metros, fijada al suelo, había dejado escrita una hermosa frase de la poetisa en la cristalera que daba acceso al restaurante. En el Hall del hotel, metido en una caja de cristal, se encuentra un precioso libro creado por Pablo textos de personas que escriben sobre la vida y la obra de la poetisa. Finalmente, creo que conté bien, en huecos de una pared pueden mirarse y admirarse doce recipientes pequeños, cado uno compitiendo en belleza con el otro.

Todos sabemos que las mujeres han sido condenadas durante muchos siglos al silencio. Algunas han firmado con el apellido de su marido, otras han firmado con pseudónimo y otras prefirieron abrazarse al anonimato. Las han ocultado las costumbres, los estereotipos, las tradiciones… Las ha ocultado también el lenguaje sexista.

¿Quién fue Juana de Ibarbourou? Juana nació en Melo el 8 de marzo de 1892 con el nombre y apellidos de Juana Fernández Morales. Muere en Montevideo el 15 de junio de 1979. Fue una de las poetisas más famosas y leídas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Su padre, Vicente Fernández, español de Galicia, había nacido en Lorenzana, provincia de Lugo, cuya biblioteca municipal lleva el nombre de la poetisa. Vicente, que apenas sabía leer, le recitaba a Juana de pequeña los versos de los poetas de su Galicia natal. Su madre, Valentina Morales, pertenecía a una de las familias españolas de Uruguay. Hoy, cuando en mi país se demoniza a los inmigrantes y se les considera personas de segunda categoría, reconforta encontrarse con el caso de esta familia, cuyas raíces estaban tan lejos. La adaptación de Juana fue difícil porque rechazaba vivir en la ciudad. Con los años, sin embargo, terminó considerando Montevideo como su ciudad.

Vivió en Melo hasta los 8 años. Y, sobre esta etapa, escribe: «Fue mi paraíso al que no quise volver nunca más para no perderlo, pues no hay cielo que se recupere ni edén que se repita. Va conmigo, confortándome en las horas negras, tan frecuentes (...) Allí volará mi alma cuando me toque dormir el sueño más largo y pacificado que Dios me conceda a mí, la eterna insomne (...).

La obra consta de un libro en prosa poética, siendo escrito por la autora ya establecida en Montevideo desde 1918, y en él reproduce su amor por la naturaleza y su paz interior. Introduce la figura de su hijo niño jugando y rodeado de animalitos del mundo natural: la mariposa, los grillos, las chicharras, entre otros.

Juana de Ibarbourou presenta en estos relatos su mundo íntimo, su relación con los animales, el agua, la luna, las estaciones y su dedicación a las tareas propias de las mujeres de su época: tejer, cuidar de su hijo, descansar bajo el parral de su casa. Todas las imágenes utilizadas muestran la luz y el color local de su tierra: los veranos sofocantes y el sol cayendo a pleno.

Juana envía al rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, su primer poemario, ‘Las lenguas de diamante’, con el encargo de hacérselo llegar a los hermanos Machado y a Juan Ramón Jiménez. Son famosas las palabras del rector para responder a esa misiva. «He leído, señora mía, primero con desconfianza y luego con grandísimo interés y agrado su libro las lenguas de diamante». Y añade: «Me ha sorprendido gratísimamente la castísima desnudez espiritual de la poesías de usted, tan frescas y tan ardorosas a la vez». La felicita por su valentía de escribir y de publicar sobre estos temas siendo mujer.

Unamuno explica que, en su opinión, muchas escritoras habían ocultado la expresión amorosa bajo una especie de hoja de parra de religiosidad o de convencionalismo. Por eso le sorprende especialmente la poesía de Ibarbourou, porque considera que expresan el amor y el deseo con una sinceridad y una desnudez espiritual excepcionales.

El 10 de agosto de 1929 recibió en el Salón de los Pasos Perdidos del palacio legislativo uruguayo el título de ‘Juana de América’ de la mano de Juan Zorrilla de San Martín, frente a una multitud de poetas y personalidades. Fue enterrada con honores de Ministra de Estado en el panteón de su familia del Cementerio del Buceo.

Me hubiera encantando encontrar en la mesita de noche de la habitación 102 un libro de Juana. Y una plaquita de Pablo Vigoda al pie de sus cuatro preciosas obras que rinden tributo a la poetisa de Melo.

El Adarve.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

La izquierda: tristeza y melancolía

Conmemoración del Golpe de Estado en Santiago, el 11 de septiembre.
Cristian Soto Quiroz
La tristeza es por la certeza psicológica que entregaba algo que se perdió irremediablemente: un espíritu de época, un optimismo sobre el futuro, un suelo desde donde saltar, la utopía de que algo distinto era posible, un horizonte al cual acercarse

Cada día se entienden mejor las razones del declive electoral, sociológico y cultural (sí, cultural, en el sentido de la capacidad de moldear los significados de este mundo, la hegemonía) de las izquierdas: la paradoja es que esas mismas izquierdas no las entienden, o no las quieren ver ni entender. ¿Por qué tamaña incomprensión? Porque las razones del declive son poderosas, difíciles de aceptar, intelectualmente complejas y, sobre todo, porque la emoción es el principal obstáculo a vencer. Es sobre esta emoción que me quiero detener.

Si tuviese que utilizar un par de adjetivos para describir a las izquierdas, no diría que están perdidas (aunque lo estuvieron en los primeros meses del Gobierno de Kast), tampoco diría que se encuentran huérfanas de alguna fuente intelectual inspiradora (hay muchas disponibles, el problema es unificarlas). Lo que describe a las izquierdas es que están tristes, y ese sentimiento tan desmovilizador se traduce en melancolía.

La tristeza es por la certeza psicológica que entregaba algo que se perdió irremediablemente: un espíritu de época, un optimismo sobre el futuro, un suelo desde donde saltar, la utopía de que algo distinto era posible, un horizonte al cual acercarse. Lo que se perdió no fue el Zeitgeist propiamente tal, sino la posibilidad de actuar en el convencimiento de que se está luchando en la misma dirección de lo que grandilocuentemente podríamos llamar la Historia: esa fue la función que cumplió en términos pretéritos la Revolución rusa, la Revolución cubana, y hasta hace poco la socialdemocracia. Pues bien, es precisamente eso lo que está ocurriendo: el debilitamiento del horizonte de sentido que descansaba no solo en una idea, sino en experiencias políticas concretas que descansaban en una idea emancipatoria. Detrás de esa pérdida de sentido están actuando una infinidad de lógicas y dinámicas gatilladas por el propio capitalismo, un sistema camaleónico y ferozmente adaptativo a las circunstancias que él mismo genera, en este caso a través de nuevas fuerzas radicales de derechas que reinterpretan con innegable éxito todos los malestares del mundo. Son demasiadas las señales que están indicando que las clases sociales a las cuales la izquierda clásica les hablaba con fuerza y claridad están desapareciendo, y que lo que queda de ellas no votan por esa izquierda: a lo sumo, votan por algún candidato de izquierdas, sin ninguna fidelidad, o simplemente no votan, en el entendido que las clases trabajadoras, especialmente obreras, se están extinguiendo (de allí que los partidos comunistas no tengan ningún destino al haberse pegado a modelos de socialismo que se desplomaron o se encuentran al borde del colapso —como Cuba—, y que los socialistas correrán un similar destino si no son capaces de reconectar los modelos socialdemócratas con grupos nuevos, muchos de ellos precarios). Todo esto plantea la pregunta por el público de las izquierdas: pues bien, ese público existe, pero ya no es un público “natural”, tampoco manual.

El público de las izquierdas es cada vez más educado, de clase media, precario y vulnerable, a menudo frustrado por las expectativas que se forjó cuando era estudiante y que en la realidad de las cosas fue defraudado. Las izquierdas chilenas han intuido la existencia de este público y la necesidad de fidelizarlo: allí está el compromiso de eliminar el CAE, por ejemplo, el que choca con las condiciones económicas de posibilidad y, también, con el deseo de una parte relevante de ese público educado de clase media en ser reconocido por su propio mérito. He aquí una importante ceguera de las izquierdas: merecer una posición, sentirse orgulloso de haber alcanzado un estatus distinto de los padres (y qué decir de los abuelos) es ideológicamente castigado como expresión de neoliberalismo, y hasta de ‘fachopobrismo’ (una expresión chilena horrenda que se originó hace unos 10 años y que ha causado estragos a la hora de votar). Mientras el socialismo no incorpore en su imaginario el mérito bien ganado, sin perder de vista que junto al mérito y la victoria hay muchos perdedores, hay poco que hacer.

La tristeza de izquierdas tiene entonces como trasfondo un mundo que se fue, y que no volverá, el de clases y fracciones de clases identificables por sus lugares de trabajo y por su función en el proceso de generación de la riqueza. El mundo en el que se desenvuelven hoy las izquierdas no las acomoda, dada su inestabilidad, la velocidad de sus mutaciones, cuyos grupos sociales contienen más a individuos que a clases, quienes se mueven por intereses y pasiones personales más que por intereses colectivos. Este es el trasfondo de la tristeza, la que se expresa en una subjetividad melancólica: esa subjetividad demasiado volcada hacia el pasado impregna a viejas y nuevas izquierdas, y bien podría estar constituyendo el principal sedimento de una cultura e identidad que, de continuar, terminará por morir. Cada 11 de septiembre nos retrotrae a tiempos que ya no existen, al deseo de que quienes nacieron mucho tiempo después experimenten de la misma forma no solo la última catástrofe de Chile, sino esa gran esperanza de cambio social que fue aplastada por el golpe de Estado. La última expresión de esta melancolía que, por un rato muy corto, fue alegre (aterrando a muchos) tuvo lugar en septiembre de 2022, cuando todas las izquierdas se movilizaron por el voto Apruebo de una Constitución que aspiraba a eternizar en un solo texto un conjunto de imágenes del futuro. Esa melancolía adoptó una expresión nostálgica en el acto de cierre de la campaña por el Apruebo: medio millón de personas en las calles, cantando “el pueblo unido jamás será vencido” y entonando el nombre de Allende. En esas condiciones, era imposible ganar el plebiscito: aun menos triunfar en una elección popular. Recién ahora nos estamos dando cuenta de la necesidad de hablarle no a un mundo ideológico, sino al pueblo entero.

Tristeza y melancolía: dos emociones débiles, que no movilizan, sino que espantan cuando la nostalgia es dominante. McEwan describió muy bien este sentimiento en Máquinas como yo:
—Me siento…-abrió la boca buscando la palabra- nostálgico.
—¿De qué?
—De una vida que nunca he tenido. De lo que podría haber sido.
Alfredo Joignant es sociólogo y analista político 

martes, 22 de septiembre de 2026

Armas atómicas

El pasado 6 de agosto se cumplen 81 años del bombardeo atómico de Hiroshima. Tres días después, el 9 de agosto, se conmemorará el mismo aniversario del bombardeo de Nagasaki. Ambos ataques provocaron una destrucción difícil de dimensionar y dejaron consecuencias que se prolongaron mucho después del final de la Segunda Guerra Mundial.

 Decenas de miles de personas murieron durante las explosiones y en los días posteriores. Las estimaciones varían, pero se calcula que para finales de 1945 habían fallecido alrededor de 140.000 personas en Hiroshima y unas 74.000 en Nagasaki. La mayoría eran civiles: niños, ancianos, trabajadores, estudiantes y familias enteras. Entre las víctimas también había numerosos coreanos y personas trasladadas a Japón como trabajadores forzados durante el periodo colonial.

Estados Unidos lanzó la bomba de uranio Little Boy sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Tres días después, lanzó la bomba de plutonio Fat Man sobre Nagasaki. Entre ambos bombardeos, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón y, durante la madrugada del 9 de agosto, inició una gran ofensiva contra las fuerzas japonesas en Manchuria.

La decisión estadounidense continúa siendo objeto de debate. Quienes la defienden sostienen que aceleró la rendición de Japón y evitó una invasión terrestre que, según sus estimaciones, habría causado una cantidad todavía mayor de muertos. Sus críticos argumentan que Japón ya se encontraba militarmente debilitado, que podían haberse explorado otras vías y que la entrada de la Unión Soviética en la guerra también fue determinante para que el Gobierno japonés aceptara la derrota.

No existe una interpretación única que haya cerrado por completo esta discusión. Más allá del debate sobre las razones que llevaron a utilizar las bombas, fueron lanzadas sobre ciudades habitadas y causaron la muerte de una enorme cantidad de civiles.

Recordar esta tragedia es necesario. Comprenderla plenamente también exige recordar el contexto de la guerra que la precedió y a las víctimas que el Imperio japonés dejó en diferentes partes de Asia.

Antes de los bombardeos, el Imperio japonés había librado durante años una guerra de expansión. Esa ofensiva incluyó la colonización de Corea, la ocupación de Manchuria, la invasión de China, la masacre de Nankín, el ataque japonés a Pearl Harbor del 7 de diciembre de 1941 y la posterior expansión por el sudeste asiático. Durante ese proceso se cometieron ejecuciones, torturas, trabajo forzado, violencia sexual y matanzas de civiles.


***

Estados Unidos se convirtió en el primer (y único) país en lanzar una bomba atómica contra la población civil siendo Hiroshima el objetivo.

A las 8:15 del 6 de agosto, el Enola Gay lanzó "Little Boy"; tres días después, el Bockscar arrojó "Fat Man" sobre Nagasaki.

En cuestión de segundos miles de personas fueron incineradas o aplastadas. Para finales de 1945 habían muerto unas 140.000 en Hiroshima y cerca de 74.000 en Nagasaki. Los hibakusha (sobrevivientes de los ataques nucleares) padecieron durante décadas quemaduras, leucemias, cánceres y las secuelas de la radiación. En Hiroshima, más de 51.000 edificios quedaron destruidos o calcinados.

La versión oficial afirma que este crimen era inevitable para forzar la rendición y evitar una invasión a la isla. Pero Japón estaba militarmente derrotado: sufría un bloqueo devastador, carecía de combustible y materias primas y ciudades como Tokio también habían sido bombardeadas por EE. UU. Una parte de su cúpula militar buscaba terminar el conflicto preservando al emperador y esperaba una mediación soviética.

Esa esperanza desapareció el 8 de agosto, cuando la URSS declaró la guerra. El Ejército Rojo lanzó una ofensiva fulminante, destrozó al Ejército de Kwantung y hundió el dominio japonés en Manchuria. El colapso militar, la entrada soviética en la guerra y la posibilidad de conservar la institución imperial ofrecían alternativas reales al exterminio nuclear provocado por EE. UU.

Ni siquiera existió unanimidad sobre entre los altos mandos estadounidenses. Eisenhower sostuvo que Japón ya estaba derrotado y que emplear la bomba era innecesario; el almirante William Leahy la calificó de arma bárbara que no aportó ayuda material para vencer.

La verdad es que Hiroshima y Nagasaki no fueron los últimos bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, sino que fueron una demostración de poder ante la URSS y el primer acto de la naciente Guerra Fría. EE. UU mostró que pretendía imponer su hegemonía mediante el terror nuclear. Años después se consolidó el mito político de que cientos de miles de soldados estadounidenses habían sido salvados porque se evito la invasión a Japón, transformando una matanza de civiles en un acto de necesidad.

"La inmensa mayoría de la evidencia documental disponible hoy en día demuestra que, antes de que se lanzara la bomba atómica, los principales responsables políticos y militares estadounidenses sabían que Japón estaba derrotado de forma exhaustiva y que intentaba rendirse. [...] El peso abrumador de la evidencia sugiere que el principal motivo de la rápida decisión de Truman de utilizar esta nueva arma fue su deseo de impresionar a la Unión Soviética con el poderío estadounidense. La bomba fue vista como un martillo diplomático para asegurar que Estados Unidos tuviera el control en la configuración del mundo de la posguerra, particularmente en Europa del Este y Asia."

-Gar Alperovit (1995): La decisión de usar la bomba atómica y la arquitectura de un mito americano.

lunes, 21 de septiembre de 2026

Quevedo

El 8 de septiembre de 1645 murió en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) Francisco de Quevedo y Villegas, escritor del Siglo de Oro, uno de los más destacados de la Historia de España que cultivó un humor ingenioso, cruel y divertido. Tocó todos los géneros literarios de su época. Junto con Luis de Góngora, con quien mantuvo una enemistad durante toda su vida, es reconocido como uno de los más notables poetas de la literatura española. Además de su poesía, fue un prolífico escritor de narrativa y teatro, así como de textos filosóficos y humanísticos.

 En sus últimos años, estuvo en la cárcel cuatro años; se dice que por ser acusado de conspirar con los franceses, que pudo ser por alguna sátira escrita contra Olivares, el valido del rey, o por oponerse a que Santa Teresa de Jesús fuera patrona de España en favor de Santiago Apóstol. Envejecido y enfermo, mientras redactaba sus últimas obras meditativas y neoestoicas (Providencia de Dios, El Job, La caída para levantarse...), componía romances festivos, escribía contra portugueses y catalanes o releía a los clásicos. Sólo consiguió la libertad en el verano de 1643, meses después de la caída del conde-duque de Olivares, a instancias de un viejo conocido suyo, Juan de Chumacero, el nuevo presidente del Consejo Real.

Volvió a Madrid, en donde pasó un año, “aprendiendo a andar”, arreglando sus asuntos e imprimiendo algunas de sus obras (Marco Bruto, La caída para levantarse), para retirarse nuevamente a La Torre, en donde trascurrió el último año de su vida, esperando recobrar la salud para recoger sus poesías y editar su obra, mientras meditaba sobre la decadencia de España y las miserias de la condición humana, ahora que las padecía tan dolorosamente. Un precioso epistolario guía a través de esos meses, cuenta su enfermedad, sus ilusiones, sus esperanzas y, finalmente, su abandono. Trasladado al Convento de dominicos de Villanueva de los Infantes, allí murió en septiembre de 1645. No se sabe con certeza dónde descansan sus restos actualmente. 

Se cuenta que su tumba fue profanada días después por un caballero que deseaba tener las espuelas de oro con que había sido enterrado y que dicho caballero murió al poco en justo castigo por tal atrevimiento.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Largo Caballero y los bulos contra él

El señor Rubén Cientocero, autor del libro "La historia de la guerra civil que no te cuentan", en un vídeo titulado "Clase de historia para progres", menciona a Largo Caballero como "Lenin español"; introduce la falsa cita atribuida al líder socialista en Ginebra en 1934 y le acusa de "ceder" el 70% de las reservas de oro de España a Stalin. 

 🟥 1) En el cine Monumental de Madrid, el 17 de noviembre de 1933, Francisco Largo Caballero comentó en un mitin: «He observado que los trabajadores, en mi presencia, han dado vivas al Lenin español. Yo tengo que manifestar que los primeros que me denominaron así fueron nuestros enemigos. Comprenderéis que no lo decían con buena intención. Por consiguiente, no debéis imitarles. En nuestro partido no hay personas. No hay más que ideas». Y termina diciendo: «Porque si se extiende la creencia de que un hombre solo lo va a hacer todo, contribuiremos a crear un mesianismo peligroso». Página 331. del libro "Largo Caballero" de don Julio Aróstegui. Editorial Debate (2013). Poco más que añadir. 

 🟨 2) La falsa cita atribuida a Largo Caballero "No creemos en la democracia...", la introdujo Manuel Martínez Aguiar en su libro "¿A dónde va el Estado Español?", publicado en 1935. Dice lo siguiente: «Basta para descubrir su origen leer lo que la Prensa socialista viene afirmando en estos últimos tiempos y conocer la manera con que se producen sus oradores más autorizados. La tesis que defienden viene a reducirse a este esquema: La República española vive porque nosotros queremos que viva. (…) No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad.» Es decir, el autor ni menciona a Largo Caballero, ni menciona Ginebra. Un bulo como una catedral que se repite como mantra 

 🟪 3) Sobre el uso de las reservas de oro del Banco de España, ya lo hemos comentado varias veces: la República lo utiliza para defenderse del golpe de Estado de 1936 comprando armas y suministros, sin ese golpe, las reservas no se habrían utilizado. ¿Quién es el responsable de esa pérdida?: los golpistas. La república recurre a Rusia porque las potencias "democráticas" se niegan a auxiliar a la España democrática. Para saber más basta leer algunos libros del catedrático don Ángel Viñas. Por otra parte, recordar que al golpista Franco la guerra no le salió gratis y que prácticamente endeudó a la nación por un importe similar al utilizado por la República.

sábado, 19 de septiembre de 2026

Laffer en Madrid: el oráculo conservador, la economía contra el bienestar común

Fuentes: Economistas frente a la crisis [Foto: el economista estadounidense Arthur Laffer]


Invitado por el partido Vox, el economista estadounidense Arthur Laffer disertó en el Congreso de los Diputados, en la sala Ernest Lluch (si el gran catedrático de historia económica y pensamiento económico levantara la cabeza…), explicando las tesis que marcan el frontispicio económico no solo de la ultraderecha, sino igualmente de la derecha conservadora, a saber: deben bajarse los impuestos a los más ricos y es necesario reducir el Estado en la economía. Esto equivale a inferir que deben hacerse recortes en los sectores estratégicos del bienestar –sanidad y educación, principalmente– e impulsar privatizaciones de esos servicios. Reducir impuestos a los más pudientes tiene como efecto –ha vuelto a indicar Laffer– una mayor inversión en el país y, por tanto, más recaudación. Digámoslo claro, sin rodeos: la evidencia histórica no respalda esto. La experiencia de las rebajas fiscales estadounidenses de los años ochenta ha demostrado que no existe compensación completa de la pérdida de ingresos.

Recordemos que el presidente Ronald Reagan aprobó una enorme reducción de impuestos: el tipo marginal máximo del impuesto federal sobre la renta pasó del 70% al 28% durante su presidencia, y venía de porcentajes mucho más elevados desde la década de 1950 –llegando al 90%–, con administraciones tanto republicanas como demócratas. Con esa fiscalidad, el crecimiento económico se consolidó, la productividad aumentó, la recaudación se incrementó y se pudieron sufragar los grandes ejes de la política de Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial: su consolidación como potencia mundial. El giro copernicano de Reagan supuso que los ingresos federales no aumentaron como consecuencia directa de los recortes en la magnitud necesaria para compensarlos; de hecho, las reducciones iniciales de ingresos confirmaron un importante deterioro fiscal. La revisión histórica señala que los ingresos federales cayeron en términos reales durante los primeros años posteriores a la reforma de 1981 –inspirada en Laffer–, tal y como demuestran (entre otros muchos economistas) las investigaciones de Emmanuel Saez, Joel Slemrod y Seth Giertz (2012). Además, el déficit federal creció, con datos oficiales del National Bureau of Economic Research (NBER). No se recaudó más, se ampliaron los desequilibrios presupuestarios y se incrementó la deuda pública.

La posición de Laffer no puede ser más abstracta: no señala cuál es el tipo impositivo que maximiza la recaudación en una economía determinada, sobre qué base tributaria y en qué momento. Se limita a lanzar un mensaje espurio: bajen los impuestos en general, y todo funcionará mejor. Laffer considera, de entrada, que los impuestos son demasiado elevados, sin que nos indique cuál sería para él el “impuesto óptimo”, tema sobre el que la teoría económica ha debatido (por ejemplo: Mirrlees, 1976). Al mismo tiempo, su planteamiento no sugiere cuánto puede aumentar la producción con la reducción tributaria, cuánto aumentaría la recaudación, quién saldría beneficiado, quién perjudicado y, en definitiva, si todo ello mejora el bienestar de la población. La nada.

Un ejemplo reciente, ya canónico, del fracaso estrepitoso de esta política económica se observó en el gobierno de la premier británica Liz Truss y de su ministro económico Kwasi Kwarteng, en 2022, que propusieron un presupuesto con una medida estrella: rebaja impositiva de 45 mil millones de libras a las rentas más altas, cancelación de la subida en el impuesto de sociedades, mantenimiento del gasto público y financiación por medio de deuda pública. Se pretendía una reactivación económica pensando que el recorte de los impuestos a los más poderosos contribuiría a “inundar” de dinero el mercado, todo en un contexto en el que el Banco de Inglaterra estaba subiendo los tipos de interés por la inflación. Laffer sobrevolaba sobre todo esto, en unas coordenadas complejas agravadas por las consecuencias del Brexit y de la guerra de Ucrania. Pero su idea de bajar impuestos era, en efecto, la pieza medular. El resultado: el desplome de la libra esterlina y depreciación en el tipo de cambio con el dólar, crisis en los fondos de pensiones, incremento de costes en el endeudamiento nacional e intervención del Banco de Inglaterra para evitar un default. Truss tuvo que destituir a su gurú económico, un economista proveniente de Cambridge y Harvard (poca broma) y ella mismo dimitió sin haber llegado a los dos meses de gobierno. La curva de Laffer es tortuosa, con efectos letales incluso en gobiernos muy conservadores.

Curva de Laffer - Wikipedia, la enciclopedia libre
Curva de Laffer - Wikipedia, la enciclopedia libre
La curva de Laffer

Pero avancemos. Las investigaciones de más largo plazo que se han ido publicando delatan un hecho clave: los estudios a nivel macro sobre las consecuencias económicas de reducir las tasas marginales más altas de impuestos sobre la renta en Australia, Nueva Zelanda y Noruega, determinan su escaso impacto sobre la génesis de un crecimiento económico robusto (Angelopoulos et alt., 2007; Piketty et alt., 2014; Rubolino-Waldenström, 2020). Como decíamos, esta línea de razonamiento ha sido medular en los argumentos presentados a favor de varias reformas fiscales importantes, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña. Pero, insistimos, las evidencias empíricas no acompañan a tales premisas benefactoras para el crecimiento y el empleo, a raíz de una reducción impositiva (véase también Trabandt-Uhlig, 2011).

Una publicación reciente ofrece datos muy robustos y definitivos. Se trata del trabajo de David Hope y Julian Limberg (Hope-Limberg, 2022), en el que se ofrecen nuevas metodologías y cálculos econométricos –claramente explicitados en su texto– que concluyen que las contracciones impositivas a la franja más rica de la población no aportan prácticamente nada a la consecución del crecimiento económico. Esta es la conclusión seminal de la investigación de Hope y Limberg. El trabajo, con amplia perspectiva, analiza todas las reducciones importantes en los impuestos sobre los ricos en 18 países de la OCDE desde 1965 hasta 2015: nada más y nada menos que ¡cincuenta años de datos! La batería estadística es de impresión, incontestable. Los resultados son palmarios. Uno: los grandes recortes de impuestos para los ricos aumentan la desigualdad de ingresos; dos: la magnitud del efecto es considerable ya que, en promedio, cada reforma importante conduce a un aumento de más de 0,7 puntos porcentuales en la participación del 1% superior del ingreso nacional antes de impuestos; tres: el crecimiento económico, medido por el PIB real per cápita y la tasa de desempleo no se ve significativamente afectado por importantes recortes de impuestos para los ricos.

Lo expuesto supone una severa crítica, demostrada empíricamente, a la tesis de Laffer y sus derivadas. Estos hallazgos sobre los efectos del crecimiento y el desempleo aportan evidencia en contra de las teorías del lado de la oferta, que sugieren que los impuestos más bajos para los ricos inducirán respuestas de la oferta laboral de las personas de altos ingresos (más horas de trabajo, más esfuerzo, etc.), lo cual impulsará la actividad económica. En relación con esto, los resultados de las investigaciones muestran –acotamos más esta idea– poco apoyo a la influyente tesis político-económica de que los recortes de impuestos para los ricos “se permean” para impulsar un desarrollo económico más amplio. Reiteramos de nuevo que la realidad de los resultados es otra: se certifica que las moratorias del impuesto sobre la renta, las ganancias inesperadas y los recortes de impuestos dirigidos al decil superior de la distribución del ingreso, no inducen a las personas a alterar significativamente la cantidad de trabajo que realizan.

De hecho, los ricos no tienen mayores incentivos para trabajar e invertir cuando se reducen los impuestos, dado que no se encuentran efectos estadísticamente relevantes sobre el crecimiento, el desempleo o la inversión a partir de la retirada de impuestos sobre ese segmento social. En otros términos, para Hope y Limberg los impuestos más bajos sobre los ingresos más altos inducen a los ricos a negociar de manera más agresiva, para aumentar así sus propias recompensas en detrimento de los que están más abajo en la distribución del ingreso.

Este es el modelo fiscal que defiende el conservadurismo económico, con Laffer como uno de sus referentes. Ya se está aplicando en las comunidades autónomas en las que las derechas están gobernando. Esto es lo que se ha expuesto, una vez más, en una de las salas del Congreso de los Diputados, con discursos alambicados del propio Laffer, alejados de la economía real. Aplaudidos y jaleados por las derechas. Y ello significa, en román paladino: reducir los impuestos a las franjas más ricas va a contraer los ingresos y, por tanto, reducirá las asignaciones a la educación, la sanidad, los servicios sociales. Es el desplome del gasto social, en definitiva; el que se distribuye a la población. El que proporciona una parte esencial del bienestar.

Referencias

ANGELOPOULOS, K. et alt. (2007): “Tax-Spending Policies and Economic Growth: Theoretical Predictions and Evidence from the OECD”, European Journal of Political Economy, 23, pp. 885-902.

HOPE, D.-IMBERG, J. (2022): “The economic consequences of major tax cuts for the rich”, Socio-Economic Review, vol. 00, pp. 1-21.

MIRRLEES; J. A. (1976): Optimal Tax Theory: A Synthesis”, Journal of Public Economics, 6, pp. 327-358.

PIKETTY, T. et alt. (2014): “Optimal Taxation of Top Labor Incomes: A Tale of Three Elasticities”, American Economic Journal, 6, pp. 230-271.

RUBOLINO, E.-WALDENSTRÖM, D. (2020): “Tax Progressivity and Top Incomes Evidence from Tax Reforms”, The Journal of Economic Inequality, 18, pp. 261-289.

SAEZ, E.-SLEMROD, J.-GIERTZ, S. (2012): “The Elasticity of Taxable Income with Respect to Marginal Tax Rates: A Critical Review”, Journal of Economic Literature, 50 (1), pp. 3–50.

TRABANDT, M.-UHLIG, H. (2011): “The Laffer curve revisited”, Journal of Monetary Economics, 38, 4, pp. 305-327.

Carles Manera. Catedrático de Historia e Instituciones Económicas, en el departamento de Economía Aplicada de la Universitat de les Illes Balears. Doctor en Historia por la Universitat de les Illes Balears y doctor en Ciencias Económicas por la Universitat de Barcelona. Miembro de Economistas Frente a la Crisis 


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