sábado, 31 de octubre de 2026

Qué debes comer para proteger a las bacterias beneficiosas de tu boca

Boca

Todo el mundo sabe que los alimentos azucarados pueden provocar caries dentales al alimentar a las bacterias dañinas de nuestra boca. Pero resulta que mantenerlas a raya depende tanto de lo que comes como de lo que no comes. Y desde las frutas hasta el queso, los alimentos más beneficiosos podrían sorprenderte.

La investigación está empezando a revelar la importancia del microbioma oral.

Esta comunidad está compuesta por 700 especies diferentes de bacterias, además de virus, hongos y otros microorganismos.

Puede tener un efecto profundo en nuestra salud. Sin embargo, actualmente suele ser descuidada.

No tiene por qué ser así.

Es fácil cuidar los microbios de la boca y, al igual que ocurre con el intestino, la dieta es un factor fundamental. Esto es lo que necesitas saber para alimentarte de manera que favorezca unos dientes sanos.

Hombre joven cepillándose los dientes. 


Hombre joven cepillándose los dientes.
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Cepillarse los dientes es crucial para la salud bucal.

En el ajetreado vecindario de tu boca, los microbios ocupan nichos ecológicos y cada especie prefiere un hábitat distinto. Mientras algunas bacterias eligen habitar la superficie de los dientes, otras prefieren la lengua o se esconden en las diminutas hendiduras entre los dientes y las encías.

Algunos de estos microbios son una mala noticia. Es el caso de Streptococcus mutans, que se encuentra en la superficie de los dientes y adora consumir azúcar. Esta bacteria transforma los azúcares en ácidos que desgastan el esmalte protector dental. Con el tiempo, esto puede provocar agujeros o caries.

Otros microbios bucales son activamente beneficiosos. Por ejemplo, si bacterias beneficiosas como Veillonella, Actinomyces, algunas especies de Streptococcus o Neisseria hacen de tu boca su hogar, pueden impedir que cepas patógenas dañinas se establezcan allí.

Otras consecuencias

Tener un buen microbioma oral no solo es importante para la salud dental.

Si no te cepillas los dientes con regularidad o de forma suficientemente minuciosa, pueden formarse pequeñas bolsas en el espacio entre los dientes y las encías. En este entorno pobre en oxígeno, microorganismos como Porphyromonas gingivalis pueden prosperar.

Una vez allí, P. gingivalis causa enfermedades de las encías, pero también aumenta el riesgo de problemas de salud como enfermedades cardiovasculares, depresión, enfermedad de Alzheimer, diabetes, enfermedad inflamatoria intestinal, artritis reumatoide e incluso parto prematuro.

En los últimos años, los científicos han vinculado cada vez más un microbioma oral deficiente con el cáncer de colon y de páncreas.

En un estudio reciente, un equipo de científicos de distintos puntos de Estados Unidos analizó la saliva de los participantes y posteriormente evaluó su riesgo de desarrollar cáncer.

Se descubrió que quienes tenían en su microbioma oral determinadas especies bacterianas asociadas con la caries dental o levaduras del género Candida presentaban un mayor riesgo de cáncer de páncreas.

También están surgiendo pruebas de que, como ocurre con el intestino, es importante contar con una mezcla diversa de microorganismos. Por ejemplo, un estudio reciente halló que una menor diversidad de microbios en la boca está asociada con la depresión.

Pero, lo que es crucial, cepillarse los dientes por sí solo no basta para mantener esta comunidad microbiana. Todo lo que comes, ellos también lo comen, y eso tiene un efecto directo sobre cuáles pueden prosperar.

Boca sonriente en primer plano

Boca sonriente en primer plano


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La dieta es fundamental para cuidar el microbioma oral.

Qué comer y qué evitar

Los tentempiés o bebidas que conviene evitar son aquellos compuestos principalmente por grandes cantidades de azúcar, ya que las bacterias responsables de las caries los devoran.

También es recomendable limitar el consumo de carbohidratos procesados, porque se descomponen fácilmente en azúcares dentro de la boca. Entre los tentempiés ricos en almidón que conviene evitar se encuentran el pan blanco, las galletas saladas, las galletas dulces, los pasteles y los pretzels.

Favorecer el crecimiento de las bacterias "buenas" es útil por dos razones.

Compiten por el alimento y el espacio con las bacterias asociadas a las caries y las enfermedades, reduciendo así sus poblaciones. Pero además, algunas atacan directamente a las que no quieres que se instalen en tu boca.

"Dentro de la familia más amplia de estos microbios amantes del azúcar, los Streptococcus, hay algunos [tipos de bacterias] que prácticamente no producen ácido y que, de hecho, atacan a algunos de los microbios que sí producen ácido", explica Laura Weyrich, profesora asociada de Antropología y Bioética de la Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos, que estudia el microbioma oral y cómo ha cambiado a lo largo de la historia.

Una mujer comiendo dos donas.

Una mujer comiendo dos donas.


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Los microbios aman el azúcar.

"Son como luchadores por la libertad: tienen sus propios antibióticos que utilizan como armas. Así que, si tienes estas bacterias, estarás en una muy buena situación", afirma Weyrich. Por ejemplo, la bacteria beneficiosa S. salivarius produce proteínas capaces de eliminar una amplia variedad de microbios no deseados.

Entre ellos se incluyen patógenos resistentes a los antibióticos convencionales.

Si quieres cultivar un microbioma oral saludable, una de las mejores cosas que puedes hacer es comer abundantes verduras de hoja verde. Alimentos como la col rizada, las espinacas, la remolacha y los rábanos contienen grandes cantidades de nitrato, que es consumido por las bacterias Neisseria presentes en nuestra boca.

Estos microorganismos convierten el nitrato en nitrito, que posteriormente otras bacterias del intestino transforman en ácido nítrico. El ácido nítrico circula por la sangre y contribuye a reducir la presión arterial, beneficiando la salud cardiovascular. Por ejemplo, en un ensayo, los adultos mayores que bebieron jugo de remolacha rico en nitratos dos veces al día durante dos semanas vieron disminuir su presión arterial.

Curiosamente, masticar ajo, aunque quizá no haga maravillas por tu aliento, también puede beneficiar la salud oral, ya que contiene una sustancia química llamada alicina que ataca a las bacterias responsables de las caries y las enfermedades de las encías.

Seguir una dieta basada principalmente en alimentos de origen vegetal también puede beneficiar al microbioma oral de otras maneras. La razón está relacionada con una clase de compuestos presentes en las plantas llamados polifenoles.

Cuando hace demasiado calor, frío o sol, los animales pueden simplemente levantarse y trasladarse a un entorno más favorable. Las plantas no tienen ese lujo, por lo que producen polifenoles, antioxidantes especiales que protegen sus células y tejidos frente a los daños.

Mal aliento

Sin embargo, los polifenoles también pueden proteger frente a las bacterias dañinas. Por ejemplo, las investigaciones han demostrado que los polifenoles presentes en el té pueden inhibir las bacterias orales "malas" responsables de las caries y las enfermedades de las encías, además de impedir que se agrupen y se adhieran a la superficie de los dientes.

"Los polifenoles inhiben una de las enzimas responsables de la adhesividad de la placa dental", explica Christine Wu, profesora de odontología pediátrica en la Facultad de Odontología de la Universidad de Illinois en Chicago, en Estados Unidos, cuya investigación se centra en alimentos que podrían ayudar a combatir los patógenos orales.

En el estudio de Wu, beber té también pareció inhibir las bacterias responsables del mal aliento, que viven en la parte posterior de la lengua.

Venta de diferentes quesos. Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

Masticar queso aporta algunos beneficios para nuestras comunidades orales.


Venta de diferentes quesos.
 

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Otros alimentos ricos en polifenoles son muchas frutas, especialmente las bayas de color oscuro. Por eso, y en contra de lo que podría esperarse, estos alimentos ricos en azúcar y ácido pueden beneficiar la salud oral.

Las investigaciones de Wu han demostrado que beber jugo de arándano puede prevenir el crecimiento de la placa dental e inhibir las bacterias asociadas con las caries y las enfermedades periodontales.

La miel también está repleta de polifenoles y asimismo ha demostrado prevenir la formación de placa y combatir las bacterias que causan caries.

También se cree que masticar queso aporta algunos beneficios para nuestras comunidades orales.

En un pequeño estudio realizado por investigadores en Italia, se pidió a nueve participantes que comieran queso Grana Padano todos los días durante cinco días. Al final del estudio, los científicos descubrieron que las firmas genéticas de las comunidades bacterianas de sus bocas habían cambiado ligeramente, con una menor presencia de S. mutans, amante del azúcar, y una mayor presencia de S. sanguinis, una bacteria que suele encontrarse con más frecuencia en bocas sanas.

El queso también puede contrarrestar parte del daño causado por S. mutans.

"El queso es fantástico porque tiene todas las propiedades beneficiosas de la leche, pero es sólido, así que al masticarlo aumenta la producción de saliva", dice Wu. "La saliva elimina parte del exceso de azúcar presente en los dientes o en la boca y, además, como es neutra, amortigua el ácido que se produce en la boca".

Los alimentos fermentados también pueden beneficiar al microbioma oral porque contienen bacterias beneficiosas que compiten con las "malas". Por ejemplo, una revisión reciente encontró que beber kéfir, un producto lácteo fermentado, podría inhibir ciertos patógenos orales e impedir que produzcan su biopelícula pegajosa.

Sin embargo, según Gaetano Isola, profesor asociado de Periodoncia en la Universidad de Catania, Italia, no existe un único "superalimento" para la salud oral, y lo que realmente importa es el patrón general de alimentación.

"Si consumimos repetidamente azúcares refinados y carbohidratos fácilmente fermentables, favorecemos a los microorganismos que son especialmente eficientes a la hora de producir y tolerar ácidos", afirma.

Explica que, con el tiempo, esto puede alterar la comunidad microbiana y conducir a un desequilibrio.

"Por el contrario, una dieta globalmente más rica en alimentos vegetales integrales, fibra y carbohidratos complejos, y con una menor exposición frecuente a azúcares refinados, es más compatible con el mantenimiento de un ecosistema oral estable".

Un consejo práctico sencillo de Isola es dar prioridad a los alimentos vegetales integrales, como verduras, frutas enteras, legumbres y cereales integrales, en lugar de los carbohidratos refinados.

Dieta mediterránea

Un estudio reciente en el que participó Isola encontró que las personas que seguían más de cerca una dieta de estilo mediterráneo, conocida por su énfasis en frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables, tendían a presentar enfermedades de las encías menos graves. Los pacientes que seguían la dieta mediterránea con menor fidelidad tendían a sufrir enfermedades de las encías más severas, especialmente si consumían carne roja con frecuencia.

No está claro qué podría explicar la asociación entre la carne roja y las enfermedades de las encías. Una hipótesis es que la proteína podría crear un entorno oral que favorezca a microbios perjudiciales, como P. gingivalis.

Por supuesto, cepillarse los dientes y usar hilo dental sigue siendo fundamental. El uso del hilo dental se ha asociado con concentraciones más bajas del patógeno dental S. mutans, mientras que el cepillado de los dientes y de la lengua reduce significativamente los microbios relacionados con enfermedades dentales.

Los científicos aún no saben cómo afectan los enjuagues bucales de venta libre al microbioma oral. La esperanza es que algún día puedan utilizarse para equilibrar las comunidades microbianas en lugar de simplemente reducir la cantidad total de bacterias presentes.

Por otro lado, se sabe que algunos enjuagues bucales que contienen clorhexidina alteran el equilibrio de los microbios orales. Aun así, pueden ayudar a tratar enfermedades de las encías y ciertas afecciones orales a corto plazo.

Una mujer en el baño a punto de hacerse un enjuague bucal. 


Una mujer en el baño a punto de hacerse un enjuague bucal.
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Algunos enjuagues bucales pueden alterar el micriobioma oral.

Pero para conseguir un microbioma bucal más saludable, comer los alimentos adecuados es una herramienta poderosa.

"Es lo mismo que todo el mundo dice siempre, algo que resulta un poco aburrido: seguir una dieta equilibrada, con muchas verduras, muchas hortalizas de hoja verde, proteínas magras y limitando el consumo de azúcar, especialmente de bebidas azucaradas", afirma Weyrich.

Así que ¿por qué no prepararte una ensalada abundante o una selección de excelentes quesos acompañados de una taza de té caliente? No solo estarás beneficiando a tu organismo: también estarás haciendo felices a los buenos microbios que viven en tu boca. 


viernes, 30 de octubre de 2026

El 37,6% de los trabajadores españoles están sobrecualificados para el puesto que desempeñan. Un estudio de la Fundación Afi revela que casi la mitad de las personas cuenta con una formación distinta a la que requiere su labor

Una trabajadora analiza unas muestras de olivo en un laboratorio en Antequera, España.Pablo Blázquez Domínguez (Getty Images
Los trabajadores en España cuentan con más formación que nunca. Las personas con estudios superiores aumentaron de 6 millones en 2002 a más de 14 millones en 2025. En contraste con esta tendencia positiva, casi uno de cada dos trabajadores ocupa un puesto que no corresponde con su nivel de formación. A estas conclusiones ha llegado el estudio Productividad, habilidades y futuro en España. El reto del capital humano en la era de la inteligencia artificial, presentado este jueves por la Fundación Afi. El documento revela que los sobrecualificados lideran el desajuste, con una concentración del 37,6%.

Encaje de nivel de formación y ocupación

En porcentaje de ocupados, 2025

Puesto cualificación básica
Puesto cualificación media
Puesto cualificación avanzada

Formación baja

19,3
9,1
0,7
Formación media

13,4
9,4
1,1
Formación alta

7,7
16,5
22,7
Fuente: INE. Afi

Entre el grupo de sobrecualificados, los trabajadores con un nivel alto de formación y un puesto con cualificación media tienen el mayor peso. “España sigue caracterizada porque le falta mucho nivel educativo medio”, ha explicado una colaboradora del informe. Mientras los estudios superiores aumentaron un 119% entre 2002 y 2025, los medios se mantuvieron en niveles menores y se incrementaron solo un 70% en el mismo periodo.

Otra pieza importante del análisis de la sobrecualificación, según el estudio, es la población inmigrante. Los datos muestran que muchas de las personas nacidas en el extranjero se han integrado al mercado laboral en trabajos que están por debajo de su formación. El documento argumenta que esto puede ocurrir por la dificultad que enfrentan para homologar sus títulos, porque el sistema no reconoce la experiencia fuera del país o por la necesidad urgente que algunas veces tienen para encontrar un empleo.

La otra cara de la moneda es la infracualificación, que representa un 10,9% de los ocupados. El documento considera que esta situación, en la que los trabajadores ocupan puestos para los que no tienen las habilidades necesarias, puede “coexistir” con el fenómeno de la sobrecualificación. Detalla que los empresarios pueden afrontar problemas para encontrar perfiles técnicos, industriales o digitales.

El estudio complementa los resultados de la formación con un análisis de las habilidades cognitivas. Los españoles muestran un rezago claro frente a la media europea compuesta por países comparables a España (Austria, Bélgica, Croacia, República Checa, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Países Bajos, Portugal, Eslovaquia y Suecia). La encuesta PIAAC, realizada a personas en edad de trabajar, revela que el país está detrás del promedio en comprensión lectora, capacidad matemática y resolución de problemas.

Puntuación media por competencia

España
UE14 Comprensión lectora

254
267
Capacidad matemática

257
272
Resolución de problemas

247
257
Los países incluidos en UE14 son Austria, Bélgica, Croacia, República Checa, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Países Bajos, Portugal, Eslovaquia y Suecia

Fuente: OCDE (PIAAC). Afi

Pese a esta diferencia, España se encuentra cerca del promedio europeo en habilidades socioemocionales. La PIAAC divide estas competencias en cinco rasgos de personalidad: responsabilidad, estabilidad emocional, extroversión, amabilidad y apertura. María Romero, socia directora de la Fundación Afi, ha señalado que estos resultados demuestran que “no todo está perdido, porque se trata de habilidades que son más complementarias y menos sustitutivas con las nuevas tecnologías de inteligencia artificial que vienen”.

La revolución de la IA representa grandes retos para el capital humano. El equipo de la Fundación Afi estimó, a partir de investigaciones publicadas en EE UU, que alrededor de 11,6 millones de empleos están expuestos a esta tecnología en España. El estudio matiza que estos puestos no se sustituirán directamente, sino que algunos podrán complementarse. Además, existen diferencias entre sectores según el grado de trabajo físico o presencial. Las estimaciones revelan que los trabajos en industrias intensivas en conocimiento, como los servicios financieros, tienen una tasa de exposición cercana a un 100%, frente a los agricultores y pescadores que registran tasas menores a un 20%.

La evidencia apunta a que la IA reestructura el trabajo en lugar de destruirlo, según lo que recoge el estudio. Las tareas que más se beneficiarán del uso de la tecnología son las que procesan información, como son, por ejemplo, la edición de textos, la elaboración de informes o la traducción. Sin embargo, la última encuesta del uso de nuevas tecnologías revela que aún hay empresas en España que no utilizan la IA. Un colaborador del estudio ha explicado que “uno de los principales argumentos es que faltan conocimientos especializados”.

Pese a los retos, Romero ha llegado a una conclusión optimista: “Aunque en el corto plazo genere problemas y efectos negativos, pensamos que, a medio y largo plazo, la IA debería contribuir a que aparezcan otras ocupaciones que ahora mismo desconocemos”. El estudio prevé que, ante un escenario base en el que el PIB de España crece una media anual de un 1,6% en los próximos años, la adopción intensiva de la tecnología puede elevar la tasa a un 2%. 

Para evitar que gobierne la ultraderecha, sí hay votos más útiles que otros. Por Juan Torres López.

En democracia todo voto es útil. Incluso el que se deposita en el partido más minúsculo expresa una preferencia que existe en la sociedad, y una democracia sana necesita que se conozcan todas. Desde ese punto de vista, el de la expresión de la preferencia, no hay votos inútiles y todos valen exactamente lo mismo.

Pero nuestro voto no solo sirve para expresar lo que pensamos, sino también para decidir quién gobierna. Y visto así, me parece que hay momentos históricos en los que algunos son mucho más útiles que otros. Por ejemplo, cuando lo que se decide en las urnas no es solo qué políticas concretas se van a aplicar, sino si se mantienen en pie la democracia, el modelo de sociedad, la libertad, el pluralismo, la independencia de las instituciones, o el respeto a quien piensa distinto. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo hoy en muchos lugares del mundo con el avance de la ultraderecha.

Allí donde ha llegado al poder, la involución es un hecho palpable. En los Estados Unidos de Donald Trump se presiona e insulta a la prensa, se asfixia a las universidades que no se pliegan, se utiliza el aparato de justicia contra los adversarios políticos, se despliegan fuerzas armadas en las calles de ciudades gobernadas por la oposición y se convierte la persecución de los inmigrantes en espectáculo, mientras se redistribuye sin pudor la renta a favor de los más ricos. En la Argentina de Javier Milei, la célebre motosierra no ha caído sobre ningún privilegio sino sobre la población jubilada y de menores ingresos, sobre los servicios públicos, la ciencia o la atención a la salud y la discapacidad, mientras las protestas se reprimen, quien discrepa recibe el insulto como respuesta y se malvende la riqueza del país al capital privado.

Nada de esto es ajeno a España. Hace apenas unos días, en plena precampaña, Milei visitó Madrid, insultó al presidente del Gobierno y a varias periodistas, y en una videollamada con Santiago Abascal le confesó que para él «es un placer patear culos zurdos». Abascal le respondió que «todo muy bien dicho» y, preguntado por si aplicaría aquí la motosierra, anunció que, si tiene capacidad de decisión tras el 29 de noviembre, las partidas de gasto social “serán revisadas”. Otros portavoces de su partido, como el eurodiputado Jorge Buxadé, han ido más lejos: «La motosierra de Javier se va a quedar en nada cuando lleguemos y tengamos una puñetera mayoría absoluta. ¡Bulldozer!».

Las elecciones generales del 29 de noviembre son uno de esos momentos en los que cada voto es imprescindible, vital. Pero lo es todavía más el que se traduce efectivamente en escaños de fuerzas progresistas, frente al que se dirige a candidaturas que, por mucho que merezcan nuestro respeto, es materialmente imposible que los obtengan; bien porque tradicionalmente cuentan con menos apoyo, bien porque nuestra ley electoral, desgraciadamente, discrimina el voto según dónde se emita.

Esta reflexión no se plantea para las circunscripciones grandes del Congreso de los Diputados en las circunscripciones grandes, como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, en las que el reparto de muchos escaños permite que incluso partidos con un apoyo modesto obtengan representación. Ahí, el voto de preferencia sigue teniendo pleno sentido. Pero en muchas provincias que eligen tres, cuatro o cinco escaños las cosas son muy distintas: allí, la barrera real para obtener uno se sitúa muy elevada, y la probabilidad de que un partido progresista minoritario consiga representación es prácticamente nula. Cuando eso ocurre, esos votos no solo se pierden: al no sumarse a la candidatura progresista que sí podía disputar el último escaño, pueden acabar decidiendo que este vaya al Partido Popular o a Vox. El voto del corazón puede servir, sin quererlo, a quien más se desea que no gobierne.

La cuestión del voto para el Senado del 29N está, por el contrario, mucho más clara. Su sistema electoral es casi mayoritario: en las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores y cada elector puede votar hasta a tres, de modo que la candidatura más votada suele llevarse tres puestos y la segunda, uno. Así, con el voto de las izquierdas dividido, la derecha se queda con las tres cuartas partes de los escaños, aunque la suma de los votos progresistas sea mayor.

El Partido Popular y Vox no están disimulando lo que pretenden hacer, tal y como se informó sin remilgos en el diario El Español: «El objetivo compartido es asegurar la mayoría cualificada de tres quintos de la Cámara, 161 de los 267 escaños». Con esa mayoría podrían designar sin el resto de fuerzas políticas a los cuatro magistrados del Constitucional que corresponden al Senado (por eso están retrasando fraudulentamente su renovación, incumpliendo la Constitución que dicen defender) y a los diez vocales del CGPJ que elige la Cámara. Es decir, controlar el tribunal que decide qué leyes caben en la Constitución y el órgano que gobierna a los jueces, para poder seguir utilizando la administración de justicia como un instrumento más de su estrategia política.

Solo la concentración del voto progresista puede impedir que eso ocurra, y a esa necesidad imperiosa responde la coalición Senado de Progreso, la candidatura unitaria que el PSOE, Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid, Compromís, Chunta Aragonesista, Batzarre y otras fuerzas presentarán en 47 circunscripciones. Lo hacen como fruto de un acuerdo que nació del empeño de miles de personas de toda España que, desde la sociedad civil, lo reclamamos durante meses como expresión de nuestro compromiso cívico por la defensa a ultranza de la libertad, la democracia y el respeto a las instituciones y a quienes no piensan como nosotras y nosotros.

Votar a Senado de Progreso no es entregar el voto a un programa político desarrollado ni a un ideario que se comparte necesariamente en su totalidad, como ocurre cuando se vota a un partido. Es hacerlo a una coalición que tiene un mínimo común -la defensa de la democracia y de instituciones plurales-, y es solo a ese mínimo común a lo que se vota. Quien deposite la papeleta de Senado de Progreso no renuncia a su identidad ni a sus diferencias. Todo lo contrario, lo que hace es tratar de ponerlas a salvo.

El trasfondo de todo esto lo explicó bien Max Weber. Este distinguió entre la ética de la convicción, la de quien actúa conforme a sus principios sin atender a lo que resulte de ellos, y la ética de la responsabilidad, la de quien sabe que debe responder de las consecuencias previsibles de sus actos. No se trata de elegir entre una y otra, pero sí es imprescindible saber cuándo la segunda ha de primar sobre la primera. Y, a mi juicio, este es uno de esos momentos.

A mi juicio, hay que votar siendo conscientes de ello para impedir que se consolide una mayoría de las fuerzas que tratan como enemigos a quienes no comparten su idea de España. Y eso significa que cada persona progresista debería preguntarse qué consecuencias tiene su voto, según la circunscripción en la que vote, para el futuro de la democracia en España y qué efectos puede producir depositarlo sabiendo que no se va a traducir en escaños.

Se me podrá decir que esto supone apoyar una coalición en la que hay partidos con los que no se comparte ideología ni proyecto, o a los que incluso se critica, quizá con razón, por lo que han hecho o dejado de hacer. Lo entiendo, y no pido a nadie que olvide sus críticas. Me limito a pedir que no nos fijemos en este momento en las rayas finas que separan las distintas corrientes de las izquierdas y del progreso, sino en la línea gruesa que se está trazando cada vez con más claridad entre quienes quieren defender la libertad y la democracia y quienes ya están empezando a acabar con ellas.

No es una suposición. Donde PP y Vox gobiernan juntos, como en Castilla y León, ya hay censura en las ayudas al cine y una obra sobre Lorca suspendida. Y en la Comunidad Valenciana y Andalucía ya se ha impuesto una “prioridad nacional” que en realidad solo sirve para enfrentar a los pobres entre sí mientras se entrega el dinero público a la iniciativa privada.

Votar el próximo 29 de noviembre siendo conscientes de la utilidad real de nuestro voto no es, como a veces se dice, un simple gesto de generosidad o de confianza, aunque puede que también lo sea. Es, sobre todo, una expresión de inteligencia política por una sencilla razón. Querer aprovechar las elecciones para reforzar nuestra sigla preferida es legítimo, desde luego; pero si, por dispersar el voto, dejamos que gane la ultraderecha el 29N, quizá muy pronto ya no podamos seguir haciéndolo en libertad.

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jueves, 29 de octubre de 2026

Muere a los 96 años Dolores Huerta, líder histórica del movimiento por los derechos civiles de los latinos y los trabadores migrantes en EE.UU.

Primer plano de Dolores Huerta, con una chaqueta morada y unos pendientes dorados, en el estreno de "American Pachuco: The Legend Of Luis Valdez" en Vidiots, Los Ángeles, California, Estados Unidos, el 22 de julio de 2026.  (Foto: Michael Tullberg/Getty Images)
Pie de foto,Dolores Huerta fundó en los 60 lo que hoy se conoce como la Unión de Trabajadores Campesinos (United Farm Workers, UFW).

Dolores Huerta, la líder histórica del movimiento por los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos, murió a los 96 años.

Así informó su familia este miércoles a través de las redes sociales.

"Nos entristece profundamente anunciar que nuestra querida madre, Dolores Huerta, ha fallecido hoy a la edad de 96 años", se lee en un mensaje compartido en Instagram.

"Como pueden imaginar, este es un momento increíblemente difícil para nosotros, y pedimos que se respete nuestra privacidad mientras superamos esta enorme pérdida", prosigue el texto.

"Sabemos que muchos de ustedes en todo el mundo comparten nuestro duelo, y seguiremos adelante para rendir homenaje y celebrar su increíble vida y legado".

El portavoz de la familia, Erik Olvera, le confirmó al diario Los Angeles Times que la causa de la muerte fue un cáncer.

Progresista y feminista, Huerta cofundó en la década de los 60 el que es hoy el mayor sindicato de trabajadores agrícolas del país, la Unión de Trabajadores Campesinos (United Farm Workers, UFW, por su sigla en inglés).

La lanzó junto a otro ícono del movimiento de los derechos civiles, el fallecido César Chávez, a quien Huerta había acusado recientemente de haberla violado.

Lo hizo en marzo, en reacción a una investigación de The New York Times que apuntaba a que Chávez habría manipulado y abusado de mujeres jóvenes y menores del entorno del movimiento que lideró desde los años 60 hasta su muerte en 1993.

Huerta mantuvo su agenda ocupada prácticamente hasta el final de su vida, participando en protestas y dando charlas en ciudades de todo el país sobre raza, pobreza, derechos de los trabajadores inmigrantes, la comunidad LGBTQ+ y derechos de las mujeres.

En 2003, creó junto a sus tres hijas la Fundación Dolores Huerta con sede en el Valle Central de California, un lugar emblemático para la lucha de los trabajadores agrícolas de EE.UU.

La activista estadounidense y cofundadora de los Trabajadores Agrícolas Unidos de América (UFW), Dolores Huerta, habla en el escenario durante una manifestación de la UFW en California, en 1975 o 1976. Ella lleva un poncho con el logo de la UFW. (Foto de Cathy Murphy




La activista estadounidense y cofundadora de los Trabajadores Agrícolas Unidos de América (UFW), Dolores Huerta, habla en el escenario durante una manifestación de la UFW en California, en 1975 o 1976. Ella lleva un poncho con el logo de la UFW. (Foto de Cathy Murphy/Getty Images)



La determinación de Huerta consolidó su lugar en la historia como una de las líderes sindicales más influyentes del país, icono de los derechos civiles y activista feminista.

El eslogan que le acompañó toda su vida, "Sí, se puede", refleja la creencia que mantuvo a lo largo de su vida en que la capacidad de la gente de generar cambios.

Su trabajo a lo largo de las décadas le valió numerosos reconocimientos, incluida la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil del país.

Cuando el entonces presidente Barack Obama le entregó el premio en 2012, elogió a Huerta como una líder tenaz y bromeó diciendo que había tomado su eslogan para su campaña de 2008.

Décadas de activismo

Nacida el 10 de abril de 1930 en Dawson, una comunidad minera y agrícola de Nuevo México, Huerta creció en Stockton, California, donde su madre administraba un hotel y restaurante.

Con conciencia social desde joven, comenzó su labor en la Community Service Organization (CSO), donde luchó contra la segregación, la brutalidad policial y promovió el registro de votantes.

En 1962 cofundó la National Farm Workers Association (NFWA), precursora de la Unión de Trabajadores Campesinos (United Farm Workers, UFW), junto a César Chávez y Gilbert Padilla.

Con ellos participó en la histórica huelga de la uva en Delano (1965) y lideró campañas de boicot que lograron mejoras laborales para trabajadores agrícolas.

Al frente del sindicato, Huerta impulsó leyes que permitieron exámenes de conducir en español, la eliminación del Programa Bracero y promovió derechos para familias de bajos ingresos.

Nada más conocerse la noticia, UFW publicó en X un mensaje honrando el legado de su fundadora.

"La Unión de Trabajadores Campesinos lamenta el fallecimiento de y celebra la vida de Dolores Huerta", reza el texto.

"El mayor tributo posible a su vida es que su trabajo organizativo continúe", prosigue. "Nuestro mayor monumento a su memoria es que el sindicato que ayudó a fundar siga creciendo. Sabemos que allí donde los trabajadores agrícolas se unan para organizarse, podremos contar con su presencia".

El mensaje acaba con "¡Que viva Dolores Huerta!".

Dolores Huerta animando a la multitud de estudiantes y profesores en el campus de Pasadena City College el 2 de mayo de 2002. (Foto de Keith Birmingham/MediaNews Group/Pasadena)


Dolores Huerta animando a la multitud de estudiantes y profesores en el campus de Pasadena City College el 2 de mayo de 2002. (Foto de Keith Birmingham/MediaNews Group/Pasadena Star-News vía Getty Images)


El gobernador de California, Gavin Newsom, y su pareja, Jennifer Siebel, elogiaron la figura de Huerta, describiéndola como "la mejor entre todos nosotros" y reconociendo que abrió el camino para generaciones.

El estado ordenó que las banderas ondeen a media asta en su honor.

Por su parte, el demócrata por California Josh Harder, quien representa en la Cámara de Representantes al Valle de San Joaquín, la describió como "una gigante".

También quiso honrar su memoria la alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass.

"Hoy, hemos perdido a un ícono. Dolores Huerta fue una mujer extraordinaria, una líder valiente que luchó por los derechos civiles y promovió el movimiento laboral durante décadas", escribió Bass.

"Dolores inspiró a muchos de nosotros a implicarnos en el activismo. La admiré desde muy joven, y fue un honor y un privilegio increíble no solo conocerla y tratarla, sino también poder llamarla amiga. Me inspiró en momentos difíciles y me enseñó a nunca rendirme. Me apoyó en cada campaña y desafío que enfrenté", agregó Bass, quien se disputa la alcaldía de la ciudad californiana con la demócrata socialista Nithya Raman.

"Su trabajo con los trabajadores agrícolas cambió nuestro estado y nuestra nación", prosigue el texto. Pero "no se detuvo allí. Dolores llevó la lucha a todos los ámbitos donde a las personas se les negaba la voz".

También quisieron destacar su legado funcionarios y figuras públicas de otras partes del país.

"Dolores Huerta pasó toda su vida luchando por los demás. Su impacto en Arizona, en la comunidad latina y en todo nuestro país es inmensurable. Le debemos mucho a su valentía y a su liderazgo. Su legado vivirá por generaciones", destacó así la fiscal general de Kris Arizona, Mayes.

Las acusaciones contra César Chávez

"Mi silencio acaba aquí", arrancaba diciendo el comunicado que Huerta publicó en marzo de este año después de que The New York Times sacara a la luz un reportaje señalando a Chávez de presuntos abusos contra menores.

En su indagación, el diario recopiló las acusaciones de varias mujeres, ya adultas, que callaron los abusos que sufrieron de niñas durante décadas, por vergüenza, pero también por miedo a alzar la voz contra una figura emblemática para la comunidad latina.

"Tengo casi 96 años y durante los últimos 60 he guardado un secreto porque creí que exponiendo la verdad dañaría al movimiento de los campesinos por el que he luchado toda mi vida", reconoció, con esa misma lógica, la propia Huerta.

"Ya había experimentado abuso y violencia sexual antes, y me convencí a mí misma de que estos eran incidentes que debía soportar sola y en secreto", explicó la sindicalista, quien aseguró que se quedó embarazada tras dos encuentros sexuales forzados con Chávez.

Los líderes de United Farm Workers, Dolores Huerta y Cesar Chavez, muestran fotos de las condiciones que los trabajadores agrícolas enfrentan en los campamentos laborales del Valle de San Joaquín durante una conferencia de prensa afuera del Tribunal de Distrito de EE. UU. en Fresno, California, el 21 de noviembre de 1989. (Richard Darby/Fresno Bee archivo/Tribune News Service vía Getty Images)

Dolores Huerta dijo que guardó el presunto abuso de César Chávez en secreto durante tantos años por temor a que perjudicara al movimiento que ambos crearon. 


Los líderes de United Farm Workers, Dolores Huerta y Cesar Chavez, muestran fotos de las condiciones que los trabajadores agrícolas enfrentan en los campamentos laborales del Valle de San Joaquín durante una conferencia de prensa afuera del Tribunal de Distrito de EE. UU. en Fresno, California, el 21 de noviembre de 1989. (Richard Darby/Fresno Bee archivo/Tribune News Service vía Getty Images)
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"Elegí mantener mis embarazos en secreto y, después de que los niños nacieron, arreglé para que fueran criados por otras familias que pudieran darles vidas estables".

Las alegaciones provocaron la indignación entre ciudadanos, líderes comunitarios y funcionarios electos, y un llamado a realizar un escrutinio más a fondo de una figura tras la cual se han bautizado calles y parques a lo largo de EE.UU. e incluso un feriado conmemorativo.

"Ahora entiendo que soy una sobreviviente, de la violencia, del abuso sexual, de hombres dominantes que me vieron a mí y a otras mujeres como propiedades u objetos que podían controlar", dijo Huerta. 


miércoles, 28 de octubre de 2026

Qué comer para que tu piel se vea más joven y sana

Una mujer se mira al espejo sonriendo mientras se aplica cremas en la cara.
Además de las cremas y lociones, diversos estudios indican que la alimentación desempeña un papel importante en el cuidado de la piel.


La piel es el órgano más grande del cuerpo y debe acompañarnos durante toda la vida. Además de ayudarnos a mantener un aspecto juvenil, una piel bien cuidada también beneficia nuestra salud en general.

Sin embargo, al actuar como barrera entre nuestro organismo y el mundo exterior, la piel está expuesta a un desgaste constante. Según Jean Krutmann, profesor de dermatología del Instituto Leibniz de Investigación en Medicina Ambiental (Alemania), diversos factores ambientales, como la contaminación atmosférica, el ozono y el cambio climático, contribuyen al envejecimiento cutáneo.

"Durante décadas, creímos que la radiación ultravioleta era el principal factor del envejecimiento de la piel provocado por el entorno. Ahora sabemos que eso no es así", afirma Krutmann.

"Otras longitudes de onda presentes en la luz solar natural, como la luz visible y la radiación infrarroja, también pueden contribuir al envejecimiento. Incluso un aumento de la temperatura puede influir en este proceso", añade.

Por otro lado, está el paso del tiempo. A medida que envejecemos, perdemos gradualmente colágeno, la proteína que aporta estructura y firmeza a la piel, lo que puede favorecer la aparición de arrugas.

Un factor que a menudo se pasa por alto, pero que resulta clave para mantener la piel en mejor estado, es nuestra alimentación.

Desde grasas saludables hasta alimentos fermentados beneficiosos para la microbiota intestinal, existen diversas opciones que podemos incorporar a nuestra dieta.

Una mesa llena de vegetales, frutas y otros alimentos. 

Una mesa llena de vegetales, frutas y otros alimentos.

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Una dieta que incluya vegetales y frutas coloridas, así como pescados azules y frutos secos ayuda a evitar las arrugas.

1. Frutas y verduras de colores

Numerosos estudios demuestran que una dieta rica en alimentos de origen vegetal es fundamental para mantener la piel sana.

Es recomendable optar por frutas y verduras coloridas, ya que contienen potentes antioxidantes que ayudan a proteger la piel frente a los daños causados por la contaminación y la radiación solar.

Las zanahorias, los pimientos y los tomates, por ejemplo, son ricos en carotenoides, como la luteína, el licopeno y el betacaroteno.

"Estos compuestos se almacenan en el tejido adiposo y ofrecen protección contra los rayos UV", explica Volker Böhm, profesor de química de los alimentos en la Universidad Friedrich Schiller de Jena (Alemania).

Aunque el uso de protector solar sigue siendo esencial, Böhm señala que la gente suele aplicárselo solo cuando pasa mucho tiempo al aire libre, en lugar de hacerlo a diario.

El consumo habitual de alimentos ricos en carotenoides proporciona "una protección base continua frente a los rayos UV —equivalente a un factor de protección de entre 2 y 3— durante todo el año", afirma.

Añadir una pequeña cantidad de grasa saludable, como aceite de oliva, a los tomates o a las zanahorias facilita que el organismo absorba estos antioxidantes.

El betacaroteno también puede transformarse en vitamina A, esencial para el crecimiento y la renovación de las células cutáneas, además de proteger la piel frente a infecciones.

Los carotenoides pueden ayudar a las células de la piel a producir ácido hialurónico. Esta molécula contribuye a mantener la firmeza y la elasticidad de la piel, y está presente en muchos productos hidratantes y cremas "antienvejecimiento" disponibles en el mercado.

Estos mismos pigmentos también podrían favorecer el aumento de colágeno. Un pequeño estudio reveló que mujeres que tomaron un suplemento diario de carotenoides durante diez meses mostraron una mejora en los niveles de colágeno y elastina de su piel, lo que sugiere que podrían ayudar a prevenir la degradación del colágeno.

Un mango amarillo troceado sobre un plato de madera.

Un mango amarillo troceado sobre un plato de madera.
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Consumir mangos ricos en antioxidantes podría reducir los signos visibles del envejecimiento, según unos estudios. 

Por último, se ha observado que el consumo abundante de frutas y verduras coloridas aporta a la piel un aspecto más saludable y luminoso.

Para obtener estos beneficios, es necesario consumir estos alimentos de forma constante, señala Krutmann: "Independientemente del antioxidante que se ingiera, para lograr una protección frente a los factores ambientales, suele ser necesario un periodo de ocho a diez semanas antes de observar un efecto medible".

Se ha descubierto que el mango ayuda a mantener un aspecto más joven en la piel a medida que envejecemos.

Un estudio realizado con mujeres posmenopáusicas, dirigido por Vivien Fam de la Universidad de California en Davis (Estados Unidos), analizó a participantes que consumieron 85 gramos de mango cuatro veces por semana durante 16 semanas.

Los investigadores observaron que esto redujo tanto el tamaño de las arrugas existentes como la aparición de otras nuevas.

Aunque se requiere más investigación, los autores sugieren que estos efectos beneficiosos podrían deberse a los carotenoides, así como a otros antioxidantes como los flavonoides y la mangiferina.

Sorprendentemente, el estudio reveló que el consumo de unos 250 gramos de mango al día provocaba un aumento de las arrugas. Robert Hackman, profesor de nutrición en la Universidad de California en Davis y coautor del estudio, señala que, si bien no se conoce la causa exacta, podría deberse al alto contenido de azúcares naturales que contiene el mango.

"Nuestra propuesta es que el azúcar provoca cierto daño a las moléculas de la piel", afirma Hackham. Y, aunque el estudio fue de pequeña escala, investigaciones posteriores —aún no publicadas— han replicado los resultados, añade.

Los mangos y los cítricos también son ricos en vitamina C. Esta vitamina ayuda a producir colágeno y actúa como antioxidante, lo que puede proteger la piel frente a los daños causados por el sol.

Algunos estudios sugieren que la vitamina C podría contribuir a mejorar la hidratación cutánea y reducir la pigmentación. Por este motivo, se utiliza ampliamente tanto en productos para el cuidado de la piel como en suplementos, señala Krutmann.

Un mano sostiene una botella de aceite de oliva mientras lo echa sobre un plato con una ensalada.

Un mano sostiene una botella de aceite de oliva mientras lo echa sobre un plato con una ensalada.

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Las nueces y el aceite de oliva son otros alimentos que los expertos aseguran ayudan a prevenir el evenjecimiento de la piel.

2. Grasas saludables

Aunque no suelo ser muy fan de las almendras o las nueces, he empezado a trocearlas y añadirlas a mis ensaladas: el resultado me está gustando mucho más de lo que esperaba. Lo hago porque el consumo frecuente de frutos secos y semillas podría beneficiar nuestra piel.

Un pequeño estudio aleatorio y controlado reveló que las personas que consumieron almendras como tentempié durante 16 semanas presentaban menos arrugas visibles en comparación con quienes tomaron otro tipo de aperitivo.

La vitamina E, presente en abundancia en los frutos secos y las semillas, también puede proteger la piel frente al daño celular y el envejecimiento.

La carencia de esta vitamina puede afectar a la salud cutánea, provocando, por ejemplo, una cicatrización más lenta de las heridas. Entre las buenas fuentes de vitamina E se incluyen las almendras, las avellanas, los piñones y muchos aceites derivados de semillas.

Los frutos secos también contienen ácidos grasos omega-6, que pueden reforzar la barrera cutánea y ayudar a mantener la piel mejor hidratada.

Otro tipo de grasa saludable beneficiosa para la piel es el omega-3, presente en el pescado azul y las algas.

Pescados ricos en omega-3, como el salmón, las sardinas y la caballa, han sido objeto de pequeños estudios que sugieren que podrían reducir la sensibilidad de la piel al sol y ayudar así a protegerla frente al daño solar.

Además, los pescados azules contribuyen a preservar el colágeno existente y a reducir la inflamación.

Una mujer envasa kimichi, un plato elaborado con repollo encurtido y picante.

Una mujer envasa kimichi, un plato elaborado con repollo encurtido y picante.
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El kimchi, uno de los alimentos más emblemáticos de la gastronomía coreana, no solo beneficia a la microbiota intestinal, sino que también puede ayudar a proteger la piel.

3. Favorables a la microbiota intestinal

Cuando seguimos una dieta variada, rica en productos frescos, frutos secos y semillas, nuestra microbiota intestinal se beneficia; y, con ella, nuestra piel. Esto se debe a que la salud intestinal y la piel están estrechamente relacionadas. Los investigadores denominan a esta conexión "eje intestino-piel".

Cuando consumimos una gran variedad de alimentos de origen vegetal, los microbios de nuestro intestino liberan compuestos con propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. Estos también afectan a nuestra piel, señala Hackman.

Un microbioma intestinal más saludable puede, además, mejorar afecciones cutáneas al fortalecer nuestro sistema inmunológico.

Una forma de obtener estos beneficios es consumir una amplia gama de alimentos de origen vegetal, lo que incluye frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, hierbas y especias. Esto puede reducir el estrés, mejorar la calidad del sueño y protegernos frente a afecciones de la piel como la psoriasis.

Los alimentos fermentados —como el chucrut, el kimchi, la kombucha o el yogur— también resultan especialmente beneficiosos para nutrir a los microbios de nuestro intestino.

Puede que a los 60 años no aparentes tener 30, pero seguir una dieta saludable ayudará a que tu piel tenga las mejores probabilidades de mantenerse sana en los años venideros. Ah, y no olvides usar protector solar.

*Melissa Hogenboom es corresponsal sénior de salud en la BBC. Puedes encontrarla en Instagram como @melissa_hogenboom. 

martes, 27 de octubre de 2026

Enrique Javier Díez Gutiérrez. Ser antifascista y antifranquista es un deber de toda «persona de bien».

Memoria del despertar a la conciencia en el posfranquismo.

Soy hijo de militar. Nací, crecí y viví en un entorno militar. Donde se consideraba que una «persona de bien» era quien iba a misa (católica), tenía valores tradicionales (patria, bandera y orden), aspiraba a ser rico o al menos a intentar medrar en la sociedad y estaba de acuerdo con el «orden establecido» (que unos pocos se enriquecieran a costa de los demás), sin cuestionar las órdenes recibidas.

En esa ideología nos educaban nuestras familias. Familias militares que vivían en casas militares, compartían espacios de ocio en cuarteles militares, iban juntos a piscinas y clubes militares… En un entorno militar, donde la endogamia y la relación entre los integrantes de esos círculos se establecía de una forma casi de secta. Donde, además, no se admitían disidencias (fueran ideológicas, de sexo o de cualquier otro tipo). Donde «mantener la apariencia» era casi una religión, aunque por detrás o sin que se supiera, se podían hacer otras cosas que no eran las «prescritas» normativamente.

Mi padre me tenía organizada la «carrera militar», como tantos otros padres militares a sus hijos. Los hijos de militares éramos los únicos que podíamos hacer la «mili» a los quince años (sin ser aún mayores de edad) y pasar posteriormente a la academia de oficiales para llegar pronto a cargos de relevancia en el ejército. Fue ahí, en la mili, donde empezó a despertar mi conciencia de lo que era el franquismo, la dictadura, la cultura de la «obediencia debida», la ideología conservadora, los privilegios de los militares y la sociedad en la que estábamos.

Mi objeción de conciencia y mi insumisión, así como mi militancia pacifista, nacieron de la experiencia de la barbarie que suponía la mera existencia de hombres armados entrenados para matar, para asesinar a otros seres humanos. Empecé a preguntarme cómo era posible la existencia de los ejércitos y cómo era posible que se hubiera normalizado justificarlos. Hoy me lo sigo preguntando. O cómo es posible que el gobierno actual, autodenominado «el más progresista de la historia», haya destinado (de mis impuestos también) más de 20.000 millones de euros a armamento y tenga previsto aumentar todavía más, siguiendo las órdenes de Trump, como si fuéramos su colonia.

Desde esa primera militancia, desde esa primera toma de conciencia, fui progresivamente distanciándome de la esfera ideológica familiar. Mi padre, que era militar, «pero poco», que diría el dramaturgo Miguel Mihura, no se lo tomó tan mal como mi madre, que consideraba que todo lo hacía por llevar la contraria a mi padre. Como si la disidencia del «espíritu del franquismo» fuera una cuestión de juventud, un síntoma de rebeldía pasajero frente al mundo adulto. Aunque esto siguió pensándolo incluso cuando yo tenía ya cuarenta años. Supongo que, para una madre, un hijo sigue siendo un eterno adolescente. Y, en parte, no les falta razón.

Si esa fue mi primera grieta en la conciencia, mi primer paso en la concientización, que diría Paulo Freire, el segundo paso fue cuando conocí a mi pareja, hija de represaliados de la dictadura franquista y nací a la conciencia de la memoria histórica democrática.

Yo soy nieto de falangista. No lo supe hasta que fui muy mayor. Porque de eso no se hablaba. Como no se hablaba de que mi abuelo, como cacique del pueblo, se dedicaba al estraperlo o mantenía una amante, que no tenía más remedio que depender de él (nunca supe si fue una de las represaliadas) para poder sobrevivir en el pueblo. Solo lo descubrí cuando, ya siendo mayor, empecé a preguntar a mi familia y noté los silencios, las respuestas esquivas, los eufemismos con los que parecían ocultar más que explicar lo que había sucedido.

Por eso mi segundo paso en la conciencia fue definitivo. Descubrí lo que no me habían enseñado en la escuela. Lo que me habían ocultado en mi familia. Que hubo un golpe de estado fascista y que, tras el triunfo del fascismo, la parte que se sentía vencedora convirtió el país en una inmensa cárcel a cielo abierto para quienes habían defendido la democracia, la libertad, la justicia social y la igualdad durante la II República.

Lo descubrí, no tanto por lo que conseguí sonsacar a duras penas a mi familia, sino a través de los documentales de memoria histórica que empecé a hacer con mi compañera. Cuando preguntábamos a las familias de personas represaliadas por el fascismo y repetían sistemáticamente aquello de que durante cuarenta años de dictadura y también durante la transición, e incluso ahora, seguía persistiendo la consigna de «silencio, silencio, silencio».

Me impresionó cómo el fascismo había aterrorizado tanto a las personas y familias que habían defendido la democracia y la justicia (y que habían sobrevivido a los campos de concentración, las torturas, ejecuciones y fusilamientos masivos) que había conseguido que transmitieran a sus hijos e hijas e incluso a sus nietos y nietas la consigna del «silencio». De no hablar de ello. De olvidarse del pasado. De «lobotomizarse» esa parte de la memoria de la dignidad y la justicia, para poder sobrevivir.

Pero gracias a una parte de esa generación de nietas y nietos, y a la memoria de la dignidad que algunas personas siguieron preservando, se ha empezado a recuperar la historia de la barbarie fascista que ocurrió en este país. Y que, al igual que el nazismo y el fascismo en Europa, supuso un genocidio, un holocausto en España del que se quiere seguir sin hablar. Sin que se refleje en los libros de texto escolares. Sin que se enseñe en las escuelas, porque la actual ley educativa, la LOMLOE, en su disposición adicional cuadragésima primera reduce la memoria histórica democrática a estudiar la «historia de la democracia y su contribución al fortalecimiento de los principios y valores democráticos definidos en la Constitución española».

Es increíble que la LOMLOE establezca expresamente como saber básico que todo el alumnado debe conocer y estudiar el holocausto judío, pero no el español, como lo denominó P. Preston. Y no es por un error o un despiste. Sino porque no hay voluntad política. Porque cuando hemos ido a hablar con la ministra de Educación no ha querido cambiar ni un ápice de este memoricidio en la ley. Por lo que hemos comprobado que lo que no hay es «voluntad política».

Concluyo. Si yo, que nací en un entorno endogámico militar y en una familia con abuelo falangista, he nacido a la conciencia y he llegado a ser antifascista, antifranquista y anticapitalista, toda persona de bien puede llegar a serlo. Porque si algo tenemos claro, a estas alturas del siglo XXI, es que para ser demócrata hay que ser antifascista. Y para ser una «persona de bien» no solo hay que ser antifascista (porque el fascismo es incompatible con los derechos humanos), sino que hay que ser igualmente anticapitalista (pues el capitalismo es incompatible con la justicia social y los derechos fundamentales).

Otro día, si eso, ya hablamos sobre cómo nací a la conciencia de la igualdad entre hombres y mujeres, y cómo esto afecta profundamente a la educación y a mi labor como profesor. Que eso da para otra extensa narración. Y en eso andamos, también.

lunes, 26 de octubre de 2026

La Leyenda Rosa: cómo el hispanismo sigue blanqueando un genocidio en pleno siglo XXI

Fuentes: Resumen Latinoamericano. La otra cara de las noticias de América y el Tercer Mundo


A más de quinientos años de la conquista, una corriente intelectual y política insiste en presentar la invasión europea de América como una empresa civilizatoria. La evidencia histórica demuestra lo contrario: fue un proceso de violencia, despojo y dominación que aún hoy se niega a asumir su carácter fundacional.


Un debate que no es sobre el pasado

Cuando en la Argentina contemporánea —y en buena parte de América Latina— resurgen voces que reivindican la conquista española como una gesta civilizatoria, no estamos ante un simple debate historiográfico. Estamos ante una batalla cultural por el presente. La llamada «Leyenda Rosa» —esa narrativa que presenta la colonización como una empresa providencial de evangelización y progreso— no busca comprender el pasado, sino legitimar un orden social jerárquico que hunde sus raíces en la violencia fundacional de 1492.

Sus defensores esgrimen argumentos que, a fuerza de repetición, han logrado instalarse en ciertos claustros académicos y en el discurso público: que España abrió escuelas y universidades, que evangelizó, que el mestizaje produjo una identidad armónica, que sin la conquista los indígenas se habrían exterminado entre sí. Todos estos argumentos comparten un mismo mecanismo: seleccionar hechos aislados para ocultar un proceso global de destrucción.

La evidencia histórica, sin embargo, es contundente. Y desmontarla no es un ejercicio de «resentimiento» o «antihispanismo», sino un acto de honestidad intelectual.

El problema de las categorías: nombrar desde el poder

Antes de desmontar los argumentos de la Leyenda Rosa, es necesario detenerse en un problema más profundo: las categorías mismas con las que describimos este proceso son eurocéntricas. Términos como «descubrimiento», «encuentro», «conquista», «civilización», «barbarie», «paganismo», «idolatría», «arte», «artesanía» o «mestizaje» no son neutros. Fueron acuñados por los propios colonizadores y cargan con una jerarquía de valores que presupone la superioridad de Europa.

Hablar de «descubrimiento» de América implica que el continente no existía antes de que los europeos lo nombraran. Hablar de «encuentro» sugiere una simetría que nunca existió. Hablar de «civilización» frente a «barbarie» invierte la carga de la prueba: obliga a los pueblos originarios a demostrar que eran civilizados según un estándar ajeno. Hablar de «paganismo» o «idolatría» para referirse a las cosmologías indígenas es adoptar el punto de vista del evangelizador que las condenaba.

Incluso el término «conquista» —que parece el más descriptivo— oculta que se trató de una invasión con proyecto de dominación. Y el «mestizaje», como veremos, es una categoría que edulcora la violencia sexual fundacional.

Reconocer este problema no es un capricho posmoderno. Es una exigencia de rigor histórico: no podemos analizar un proceso de dominación con el vocabulario que los dominadores crearon para justificarlo. Nombrar la invasión como invasión, el genocidio como genocidio y la violencia sexual como violencia sexual no es un acto de resentimiento: es un acto de precisión histórica. Y la precisión histórica es el primer paso para desmontar las jerarquías que aún hoy estructuran nuestras sociedades.

El mito de las instituciones «civilizatorias»

Es cierto que la Corona española ordenó fundar escuelas y universidades en Indias. Pero el contexto desmiente la idea de un beneficio generalizado. Las escuelas para «hijos de caciques» tenían como objetivo formar a un sector reducido de la nobleza indígena que sirviera de intermediario para la administración colonial y la difusión del cristianismo. La universidad hispanoamericana, si bien permitió cierta movilidad a individuos talentosos, lo hizo dentro de un sistema que clasificaba racialmente a la población y reservaba los puestos de poder para los peninsulares y sus descendientes.

Más importante aún: la labor educativa y evangelizadora no puede separarse de la conquista. Como señala un análisis de la UNAM, «los intereses imperiales y los principios católicos estaban en armonía» porque el cristianismo podía justificar guerras y, al mismo tiempo, predicar amor universal. La evangelización fue clave para el plan español de expansión y sometimiento: se buscaba convertir a los indígenas para que fueran «susceptibles de ser explotados». Lejos de ser una labor humanitaria desinteresada, era parte de la estructura de dominación.

La catástrofe demográfica: el dato que la Leyenda Rosa no puede ocultar

El núcleo de la negación hispanista es minimizar la magnitud de la destrucción. Los datos, aunque sujetos a debate en sus cifras exactas, apuntan a una catástrofe de proporciones inimaginables. Las estimaciones sobre la población precolombina varían enormemente, desde los 13 millones hasta los 100-110 millones para todo el continente. Lo que no está en disputa es la hecatombe: entre 1492 y 1570 se calculan unos dos millones y medio de muertos solo en el primer período, y para 1630 la población indígena se había reducido a 750.000 en algunas regiones.

Las causas combinaron la violencia directa, las epidemias, la sobreexplotación laboral y el despojo de tierras. La consecuencia no fue solo demográfica, sino también cultural: en muchos lugares supuso «la extinción de las poblaciones aborígenes y la desaparición de su cultura». La narrativa hispanista, al presentar la colonización como un «encuentro» beneficioso, invisibiliza las estructuras políticas, económicas y simbólicas preexistentes y las reduce a un estado de «barbarie» o inexistencia histórica.

El mestizaje: de la violación fundacional al mito identitario

Quizás ningún argumento haya sido tan eficaz para blanquear la conquista como el del mestizaje armónico. Según esta narrativa, la mezcla de españoles e indígenas habría producido una nueva raza, una identidad latinoamericana que trasciende el conflicto. La realidad histórica es otra.

El mestizaje latinoamericano se hizo esencialmente por la coerción. Los testimonios de la época, como el del propio Miguel de Cuneo, describen episodios de violación sexual de mujeres indígenas por parte de los conquistadores. En el Chile colonial, el primer contacto «se caracterizó por ser esencialmente violento y forzoso», y «fueron recurrentes las violaciones que perpetraron los españoles a las mujeres indígenas». El cronista Pedro Mariño de Lobera dejó constancia de que «hubo semanas que parieron sesenta indias de las que estaban en su servicio». Sobre la conquista de México, se concluye que «el mestizaje tuvo como inicio la violación de las indias».

Esta realidad violenta fue luego transmutada en un discurso identitario. El objetivo era construir la figura del «mestizo» como una categoría que, en la práctica, buscaba negar la existencia de europeos e indios como sujetos distintos y en conflicto. Al convertir el mestizaje en el «ser nacional», se invisibilizó la persistencia de las estructuras coloniales de poder y se presentó la violencia fundacional como un simple «encuentro» que produjo una nueva raza.

Como señala la crítica feminista decolonial, el «mestizaje compulsivo» fue una de las formas de violencia sexual de la colonización contra las que los movimientos latinoamericanos han tenido que resistir. En Brasil, la narrativa popular lo resume con crudeza: el país es hijo del «estupro colonial».

La falacia de la «salvación» por alianzas indígenas

Otro de los argumentos hispanistas sostiene que la conquista española «salvó» la vida de muchos indígenas al utilizar la rivalidad entre etnias para beneficio propio. El caso tlaxcalteca es el ejemplo más citado: sin la colaboración de este pueblo, enemigo histórico de los mexicas, la conquista de México no habría sido posible.

Pero esta lectura confunde la estrategia militar con una misión humanitaria. Los españoles no llegaron como árbitros benevolentes. Su alianza con los tlaxcaltecas fue vital para su supervivencia y éxito, pero no los «salvó» de la dominación; simplemente cambió un yugo por otro. Tras la conquista, los aliados indígenas también fueron sometidos a la estructura de poder colonial. La pregunta clave que desmonta esta falacia es: «¿por qué los tlaxcaltecas tenían más intereses en común con los habitantes de Tenochtitlan que con los guerreros de Cortés?». La respuesta es que no los tenían; eran pueblos distintos con intereses propios. Además, las propias crónicas españolas minimizaron y ocultaron el papel decisivo de los aliados indígenas para presentar la conquista como una gesta exclusivamente hispánica.

La «salvación» nunca fue el objetivo; la victoria y el sometimiento, sí.

La evangelización: montaje sobre creencias preexistentes

Cuando se produce el proceso de evangelización, los misioneros no llegaron a un vacío espiritual. Se montaron sobre creencias preexistentes que los europeos llamarían «paganismo», y lo mismo pasó con los conocimientos arquitectónicos. No se trató de un reemplazo limpio, sino de una superposición violenta sobre estructuras preexistentes, con una asimetría de poder brutal.

La Virgen de Guadalupe en el Tepeyac se asoció al culto previo a Tonantzin; muchas fiestas patronales se montaron sobre calendarios agrícolas y rituales locales; santos y vírgenes ocuparon lugares de deidades locales. Pero eso no significa que los europeos «respetaran» esas creencias: las clasificaban como paganismo e idolatría y buscaban erradicarlas. Hubo campañas sistemáticas de destrucción de templos, quemas de códices y objetos rituales, y castigos a prácticas indígenas. La «superposición» fue muchas veces borrado y reemplazo físico: construir el templo cristiano sobre el sitio sagrado para demostrar la derrota de los dioses locales.

Lo mismo ocurre con la arquitectura. La Catedral Metropolitana de Ciudad de México se construyó en parte con piedras del Templo Mayor y sobre el centro ceremonial mexica; el Convento de Santo Domingo en Cusco se erigió sobre el Coricancha, el principal templo inca. No fue solo «aprovechar materiales»: fue una política de demostración de superioridad y borrado simbólico. Los españoles se apropiaron del saber y del trabajo indígena, y luego negaron su valor.

El arte indígena: de la obra maestra a la «artesanía»

Este punto merece una atención especial, porque revela con particular claridad cómo opera la jerarquía cultural impuesta por la «civilización». Los pueblos originarios de América produjeron arte de un altísimo valor estético: esculturas monumentales como las cabezas colosales olmecas o la Coatlicue mexica; pinturas murales como las de Teotihuacán o Bonampak; cerámicas de una sofisticación técnica y simbólica extraordinaria, como las de Nazca, Moche o Tlatilco; textiles de una complejidad incomparable, como los paracas o los incas; orfebrería en oro y plata de una maestría que asombró a los propios europeos.

Sin embargo, el arte era únicamente civilizado y europeo. Lo que producían los indígenas era clasificado como «artesanía» o «arte popular», categorías que degradaban su valor estético y lo reducían a una manifestación «folclórica», «primitiva» o «decorativa». Esta distinción no es inocente: es una operación ideológica que reproduce la jerarquía colonial en el terreno de la estética. Al negar el estatuto de «arte» a las producciones indígenas, se niega también la complejidad intelectual, espiritual y técnica de sus creadores. Se los confina al lugar del «artesano» —un productor de objetos útiles o decorativos— y se reserva el lugar del «artista» —un sujeto con genio creador— para el europeo.

Esta jerarquía persiste hoy. En los museos, las piezas indígenas suelen exhibirse como «arte precolombino» o «etnografía», no como «arte» a secas. En el mercado, una cerámica indígena contemporánea se vende como «artesanía» mientras una obra europea de similar antigüedad se subasta como «arte». La distinción entre «arte» y «artesanía» no describe una diferencia real de valor estético: describe una diferencia de poder. Y desmontarla es también parte de desmontar la Leyenda Rosa.

El caso paradigmático de las misiones jesuíticas

Las misiones jesuíticas en Argentina y Paraguay son un caso especialmente ilustrativo de este «montaje» cultural. Allí los indígenas pasaron a adoptar el modelo de familia monogámica, la tradicional vivienda familiar europea, la educación formal. Se dotó a la lengua guaraní de escritura, se permitió que las iglesias fueran decoradas con motivos indígenas. Pero nada de esto dejó de constituir un proceso de montaje de una cultura sobre otra.

La vivienda guaraní tradicional, de planta alargada y habitada por familias extensas bajo la autoridad de un cacique, fue modificada internamente para imponer un modelo completamente ajeno: se la compartimentó para alojar a familias nucleares monogámicas, tal como las concebía la Iglesia. El objetivo explícito era erradicar la poligamia y las «uniones libres», instituyendo el matrimonio cristiano indisoluble y la patria potestad europea. Como señala un estudio, la base de la reestructuración social en las reducciones fue «la imposición de la familia monogámica y patriarcal».

La dotación de escritura al guaraní es otro ejemplo de cómo una herramienta aparentemente «civilizatoria» operó como un instrumento de «reducción». El propio lenguaje jesuita es revelador: hablaban de «reducir a escritura» y «reducir a arte» la lengua, en paralelo a la «reducción» socio-política de los indígenas a pueblos de misión. La creación de un «guaraní clásico» no fue un acto de preservación cultural desinteresado. Fue una política lingüística deliberada para crear un vehículo estandarizado de comunicación de la doctrina cristiana. La escritura, por tanto, no «salvó» al guaraní: lo domesticó para el proyecto colonial.

Los guaraníes, sin embargo, no fueron receptores pasivos. La historiografía reciente subraya que muchos grupos vieron en las misiones una estrategia de supervivencia frente a otros grupos indígenas hostiles y, sobre todo, ante la amenaza mucho más brutal de los colonos españoles y los esclavistas portugueses. Aceptaron el «montaje» porque la alternativa era peor. Pero eso no convierte la misión en una «república utópica» ni en un ejemplo de convivencia armónica. Fue una administración colonial en una frontera disputada, con una población mayoritariamente indígena, pero bajo dirección y fines europeos.

La doble moral de la «civilización»

Si algo revela la persistencia del relato civilizatorio es su doble moral. Se juzga la propia historia con un estándar de intenciones («llevar la civilización», «salvar almas») mientras se ignoran o minimizan los métodos y las consecuencias reales para las poblaciones sometidas.

La comparación con los Aliados en la Segunda Guerra Mundial es históricamente pertinente. Intelectuales como Aimé Césaire y Frantz Fanon señalaron la contradicción de potencias coloniales que condenaban los crímenes nazis mientras cometían atrocidades similares en sus imperios. Césaire constató la «coherencia histórica del colonialismo y del nazismo». Fanon, por su parte, calificó abiertamente a los colonizadores como «criminales de guerra». Esto no equipara a los Aliados con el Eje, pero sí demuestra que la narrativa de «los buenos contra los malos» oculta que los «buenos» también cometieron actos de extrema violencia contra civiles.

De la misma manera, presentar a España como una potencia «civilizadora» que «salvó» a los indígenas oculta que su empresa estuvo marcada por la violencia, el despojo y la imposición de un sistema de dominación. El legado de la empresa «civilizatoria» no es la ilustración y el progreso, sino la persistencia de jerarquías raciales que continúan marginando a las mismas poblaciones que fueron colonizadas. La Unión Europea reconoce que el racismo está «profundamente arraigado en las instituciones» y el Parlamento Europeo ha declarado formalmente que «el Holocausto y las injusticias históricas, incluidos el colonialismo y la esclavitud, siguen configurando el racismo estructural en Europa hoy».

¿Por qué persiste la justificación académica en el siglo XXI?

La pregunta es la más incisiva. ¿Cómo es posible que, con toda la evidencia disponible, se siga sosteniendo en pleno siglo XXI que la conquista fue parte de un proceso civilizatorio y no una invasión?

La respuesta no está en la falta de evidencia, sino en el uso político del pasado. Lo que se disputa no es la verdad histórica, sino la legitimación de un orden jerárquico y de una identidad que se niega a asumir su carácter fundacional violento.

La corriente que justifica la conquista se articula en torno a la «Leyenda Rosa», una narrativa que la conceptualiza como una «empresa fundamentalmente civilizatoria y evangelizadora de carácter providencial». Esta visión minimiza el genocidio demográfico y la expropiación, y presenta la conquista como un «encuentro» beneficioso que integró a sociedades percibidas como «carecientes de complejidad» a la modernidad europea.

Esta narrativa no es solo histórica; es un proyecto de identidad. El hispanismo sostiene la idea de una «patria espiritual» y una jerarquía donde los pueblos colonizados deben reconocer a España como «la creadora de su propio ser». Desde esta óptica, se rechazan las contribuciones de los pueblos originarios y se presenta a España con una suerte de «autoridad moral» tutelar sobre las naciones americanas.

El objetivo de estas relecturas no es tanto comprender el pasado, sino «ganar la batalla cultural del presente». El hispanismo revisionista busca influir en la educación y el discurso público para consolidar una determinada identidad nacional que se siente amenazada por las demandas de justicia histórica y los movimientos indígenas actuales. Y no es casual que estos gestos de revisión histórica coincidan con intereses económicos concretos, como la presencia de miles de empresas españolas en América Latina.

Es crucial matizar que la academia no es un bloque monolítico. Existe una sólida tradición crítica que ha desmontado estos mitos. Obras como Seven Myths of the Spanish Conquest de Matthew Restall demuestran, con evidencia documental, la falsedad de relatos como el del «puñado de hombres excepcionales» o la «superioridad tecnológica decisiva». Sin embargo, la persistencia de la Leyenda Rosa en ámbitos académicos y políticos muestra la fuerza de un relato que no busca tanto la verdad histórica como la legitimación de un orden jerárquico.

Conclusión: nombrar la invasión, nombrar el arte, nombrar la violencia

A más de quinientos años, seguir sosteniendo que la conquista fue parte de un proceso civilizatorio y no una invasión no es un simple error académico. Es una toma de posición en la disputa por el presente. La evangelización se montó sobre creencias preexistentes para reemplazarlas y controlarlas; la arquitectura colonial se montó sobre templos y saberes indígenas para borrarlos y aprovecharlos; el mestizaje se impuso por la fuerza sobre los cuerpos de las mujeres indígenas; las misiones jesuíticas erigieron un orden nuevo sobre los cimientos de una sociedad preexistente, vaciándola de su lógica propia. Y el arte indígena —esculturas, pinturas, cerámicas, textiles, orfebrería de altísimo valor estético— fue degradado a «artesanía» para reservar el estatuto de «arte» a la producción europea.

Llamar a eso «civilización» es una coartada ideológica. Y desmontarla no es negar la complejidad de la historia ni adoptar una postura «victimizante». Es reconocer que el relato de la «civilización» fue, en gran medida, la justificación de la dominación. Nombrar la invasión como invasión, el genocidio como genocidio, la violencia sexual como violencia sexual y el arte indígena como arte no es un acto de resentimiento: es un acto de justicia histórica. Y la justicia histórica es el primer paso para desmontar las jerarquías raciales y culturales que aún hoy estructuran nuestras sociedades.

La pregunta no es por qué seguimos discutiendo esto. La pregunta es por qué algunos se empeñan en que dejemos de hacerlo.


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