martes, 30 de junio de 2026

Esclavos

«La esclavitud no se ha abolido, se ha puesto en nómina». 
Perich

«El mundo hoy tiene más esclavos que nunca». 
Org. Walk Free

Aparte de hacernos recordar algunas verdades tales como la de que «el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros desde los pies hasta la cabeza» (Marx, El Capital), o la de que «el europeo no ha podido hacerse hombre sino fabricando esclavos y monstruos» (Jean-Paul Sartre, Prefacio a Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon), además de suscitar vergüenza e indignación en muchos argentinos por un voto que no los representa, la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas relativa a la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos (25/03/26) nos lleva a repensar el pasado y presente de nuestra «civilización occidental y cristiana», y también el concepto de esclavitud y sus manifestaciones presentes, y nuestra respuesta frente a ellas.

El concepto «esclavitud moderna» está referido a la trata de personas, el trabajo forzoso, el trabajo infantil y el matrimonio forzado. Unos 50 millones de personas, según la Organización Internacional del Trabajo están sometidas en la actualidad a «esclavitud moderna»: 28 millones en trabajos forzados, 22 millones en matrimonios forzados. Algo así como que toda la población de España estuviera sometida al régimen de esclavitud. Las mujeres y los niños, y desproporcionadamente, son los más vulnerables. Más de la mitad de los niños están en situación de explotación sexual comercial.

¿Quién es esclavo? Esclava es la persona que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra, una sujeción excesiva por la que una persona somete a otra a una obligación o trabajo. La esclavitud es un mal muy vigente y «en casi todos los países, atraviesa líneas culturales, étnicas y religiosas» (1).

Una entrevista realizada a Andrés de Francisco (2) contribuye a arrojar luz sobre este fenómeno, cuya actualidad también se resalta, siendo particularmente revelador el aserto de que «una de las grandes cuestiones del mundo moderno (…) es que hay formas de esclavitud camufladas detrás de la ley y perfectamente compatibles con una noción puramente formal de libertad. Es lo que ocurre con las relaciones de dependencia caracterizadas por asimetrías de poder». Lo que enseguida nos viene a la mente, claro, es la relación más conocida entre el trabajador y el capitalista. Pero hay otras formas que también merecen ser atendidas, como las que se observan en los cuidados y el rol desempeñado por las mujeres.

Es conocido cómo los procesos de endeudamiento de los países y los ajustes estructurales a los que son arrastrados resultan devastadores desde el punto de vista de los derechos humanos. Esto se nota mucho en Argentina, donde con fecha 10/04 se informa que el recorte en asistencia social es récord. El empobrecimiento y la reducción de los servicios sociales impone a la mujer habitualmente una sobrecarga de tareas sin compensación económica, en un proceso de feminización de la pobreza que atenta contra los derechos humanos, la cohesión social y la democracia.

Otras formas en las que impera «la falta de la libertad en una de las partes y la capacidad de interferencia arbitraria de la otra», son las que se agrupan bajo el concepto de «trabajo precario», caracterizadas por la inestabilidad, la escasa o nula protección social y los insuficientes salarios. Aquí encontramos a los trabajadores de plataformas digitales, que prestan servicios a través de aplicaciones o sitios web: se estima que, en todo el mundo, ascienden a 435.000.000. Se hace hincapié en el carácter independiente de la relación laboral («trabajadores autónomos», «contratistas independientes», «freelancers»), pero eso está fuertemente cuestionado; estos trabajadores están impedidos de fijar el precio de su trabajo y están lejos de poder negociar las condiciones laborales, del acceso a la protección social, del derecho de sindicalización y negociación colectiva. Además, las condiciones en las que realizan su tarea los empujan a la autoexplotación, lo que los pone en situación de riesgo. En todo caso, resulta innegable que lo que más arriba se describe como situación de dominación, de desequilibrio de poder entre las partes, no puede ser más evidente, tanto que parece que para encontrar algo semejante deberíamos remontarnos a los comienzos del siglo pasado o al siglo XIX. Si bien en algunos países se han intentado reformas tendientes a suavizar las aristas más cuestionables de este modo de trabajo, permanece inalterado el hecho de que se sustenta en una total asimetría entre las partes y que, en el fondo, se trata de darle un tinte que haga que resulte más aceptable para las «buenas conciencias», un enmascaramiento de la relación de explotación.

El capitalismo no solo no impidió la esclavitud, sino que, por el contrario, multiplicó sus formas, las hizo más eficaces, y las globalizó. Generó las condiciones de posibilidad para que esto sucediera a partir de innovaciones tecnológicas y profundas transformaciones en el terreno económico que necesariamente repercutieron en el ámbito de lo social, lo político y también lo cultural: estrechamente relacionadas con ese fenómeno, las batallas culturales emprendidas por derechas y ultraderechas en su guerra por la conquista de la subjetividad, necesaria para mantener una relación de dominación favorable a ellas. En cuanto a esto último cabe preguntarse no solo acerca de las tácticas y estrategias utilizadas por las derechas, sino también acerca de lo que hizo que las subjetividades, por así decirlo, quedasen expuestas a recibir todo el impacto de las mismas.

En ciertos ámbitos, todavía se manifiesta cierta perplejidad acerca del apoyo popular a movimientos reaccionarios que prosperan en distintos puntos del globo. También se suele incurrir, de manera más o menos explícita, en la culpabilización de determinados grupos, lo que es peor. Esto no ayuda a comprender, y sin comprender no hay solución para el problema. Cuando el desencanto y la frustración resultantes de gestiones políticas incapaces de dar adecuada respuesta a las expectativas populares se suman a la ausencia de propuestas, programas y dirigentes capaces de encolumnar detrás de un proyecto emancipatorio, cuando año tras año el empeoramiento de las condiciones de vida sumergen en la precariedad a amplios sectores de la población cabe esperar el estallido, la explosión, o la implosión social, de acuerdo con las circunstancias históricas del caso. «La implosión es crisis replegada y ajustada en un interiorismo cada vez más recargado: barrio adentro, casa adentro, cuerpo adentro», como sostienen Leandro Barttolota e Ignacio Gago (3). En la implosión, lo que predomina es el cansancio y las implosiones sociales son la regla cuando lo que impera es la precariedad (dificultad para cubrir necesidades básicas y ejercitar derechos), que es padecimiento común de sectores cada vez más grandes de la sociedad. Este es el terreno en el cual prosperan hoy las diferentes formas de esclavitud, un mundo en el que -tal como lo expone Jorge Millones- «el individualismo extremo, la falta de redes de apoyo sólidas, la desaparición de lazos comunitarios y la creciente desconexión social dejan a los individuos enfrentando a sus temores y ansiedades en solitario» (4), el mundo que ha entronizado la figura del «empleado autoexplotado del empresario que él mismo es» (Byung-Chul Han), lo que conocemos como «emprendedor», ejemplar en tanto consagración del individualismo y presunto ejercicio de «libertad».

La esclavitud no es un fenómeno encapsulado en el pasado: formas pretéritas de ella coexisten hoy con otras nuevas desarrolladas por la tecnología e impulsadas por la globalización. Oponerse a todas debe ser prioridad de cualquier proyecto que, si fuera emancipatorio, no podrá sino combatir «las formas de esclavitud camufladas detrás de la ley y perfectamente compatibles con una noción puramente formal de libertad», asumiendo que es esclava «la persona que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra, una sujeción excesiva por la que una persona somete a otra a una obligación o trabajo».

(1) UNHCR-ACNUR. «Esclavitud moderna: qué es, qué tipos existen y cómo combatirla»

(2) «Pensar la esclavitud y sus expresiones contemporáneas»

(3) «Implosión. Apuntes sobre la cuestión social en la precariedad»

(4) Jorge Millones, «Inteligencia artificial y estupidez colectiva»

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



lunes, 29 de junio de 2026

Sabía que ibas a venir

La amistad echa sus raíces en la empatía. Es la capacidad de sentir con el otro, de entender sin condenar, de acompañar sin tener prisa, de llorar al lado En un mundo en el que impera la violencia, el individualismo, la competitividad, la traición, el egoísmo y la deslealtad, busco dónde alimentar la esperanza, el optimismo y la fuerza para seguir confiando en la especie humana y en su capacidad de convivencia armoniosa, solidaria y empática. Al escuchar hace unos minutos la siguiente anécdota de labios del ilusionista argentino Héctor René Lavandera he pensado que uno de esos asideros es la amistad. René Lavand, de esta forma era conocido, fue un famoso cartomago argentino fallecido en 2015 en la ciudad de Tandil. Perdió el brazo derecho cuando tenía 9 años, atropellado por un joven de 17 que conducía el coche de su padre. Hacía sus juegos de cartas con la mano izquierda, mostrando una asombrosa habilidad. También era famoso por las historias que contaba. Esta es la que acabo de escuchar: Thanks for watching! Había terminado la guerra. Un soldado pide permiso a su capitán para volver al campo de batalla en busca de un amigo. El capitán le niega el permiso. Es inútil que vayas, está muerto, le dice. El soldado desobedece la orden y va a por su amigo. Regresa con él en brazos, muerto. -Te lo dije. Era inútil que fueras. - No, mi capitán. No fue inútil. Cuando llegué aun estaba con vida y solamente dijo: - Sabía que ibas a venir. Mereció la pena la desobediencia, el tiempo y el esfuerzo. Aquel soldado murió reconfortado por la fidelidad inquebrantable de su amigo: sabía que ibas a venir. Creo que la amistad es una de las columnas que sostienen el mundo. La amistad que teje relaciones humildes de escucha, de ayuda, de acompañamiento, de comprensión y de ternura. Y lo hace de forma completamente desinteresada. La amistad hace mejor nuestro planeta, lo redime de la maldad, de la brutalidad, de la inmisericordia. Sus raíces se hunden en la tierra de la convivencia y se nutren de forma constante para que el árbol de la amistad dé sus frutos: la compañía, la escucha, la diversión, la comprensión, las risas, la diversión, el consuelo, la corrección… Una de las raíces es la confianza. Sin confianza la amistad no se sostiene. La confianza es saber que puedes hablar sin miedo, que tus palabras no serán utilizadas en tu contra y que el otro estará incluso cuando no tengas nada que ofrecer. El amigo es esa persona que, a pesar de conocerte muy bien, muy bien te sigue queriendo. Otra raíz reside en la lealtad. La lealtad es permanecer, incluso cuando es incómodo. No se trata de estar siempre de acuerdo, sino de estar, de no abandonar, de no cansarse. Es defender al amigo cuando no está presente y acompañarlo cuando todo se complica. La generosidad es otra raíz de la amistad. El amigo da sin llevar cuentas. A veces es tiempo, otras veces escucha, otras simplemente presencia. La amistad crece cuando uno da porque quiere, no porque espera algo a cambio. La generosidad ha tachado de sus lemas el interesado ‘do ut des’. No hay amistad sin honestidad. No todo es agradar. Un amigo (qué redundancia es decir un buen amigo o un amigo verdadero) corrige, advierte y ayuda a crecer, incluso cuando incomoda. El amigo nunca engaña. Dice la verdad aunque sea dura e incómoda. La amistad echa sus raíces en la empatía. Es la capacidad de sentir con el otro, de entender sin condenar, de acompañar sin tener prisa, de llorar al lado, de comprender con calma, de tratar de descifrar lo que quiere decir y no sabe o no puede expresar. La amistad necesita tiempo. Las raíces no crecen súbitamente, de un momento para otro. La amistad necesita paciencia, experiencias compartidas, tiempos de escucha y compañía, largas conversaciones y superación conjunta de dificultades. Hay, a mi juicio, amistades que fraguan en diferentes etapas de la vida y que, por consiguiente, tienen diferente naturaleza y hacen recorridos diferentes. Ya sé que no se puede circunscribir el nacimiento de una amistad solo a estas circunstancias ya que hay amistades que nacen en un viaje, en un encuentro fortuito, en una fiesta, en un accidente… Existen los amigos de la infancia. Aquellos con quienes hemos compartido la primera etapa de la vida, los juegos de la infancia, las primeras travesuras, los descubrimientos y hallazgos más sorprendentes, la celebración de los primeros cumpleaños… Los veinte quintos de Grajal de Campos (provincia de León) nos reunimos cada año para celebrar el paso de los años. También se fraguan amistades en las diferentes etapas escolares. Es frecuente que los compañeros de promoción se reúnan para evocar recuerdos y tomar el pulso a la vida. No todos quienes comparten experiencias escolares acaban fraguando amistades, claro está. La mayoría no van más allá de ser simples compañeros. Me viene a la mente aquella escena escolar en la que un alumno lleva a cuestas a un compañero que se había hecho daño en una pierna en el patio del colegio. El lesionado es más alto y más fuerte que el que lo lleva sobre las espaldas. Alguien le dice al porteador: - Pesa, ¿eh? Y él contesta: - Qué va, si es mi amigo. Un tercer grupo de amistades cuajan en el trabajo. Acabo de leer una sugerente novela, opera prima de Paula Ducay (Altamarea, 2024) titulada ‘La ternura’, en la que describe la relación de amistad entre un hombre maduro y casado y una mujer joven, compañeros de trabajo en una empresa. La obra describe los avatares de la relación amistosa durante la invitación que él le hace a ella para pasar una semana de vacaciones en el seno de su familia. No me resisto a dejar constancia de las relaciones de amistad que se establecen entre las personas y los animales. Creo que también hacen más habitable la convivencia en el planeta. Nos hacen mejores a las personas. No comparto la opinión de quienes piensan que el afecto que entregamos a nuestras mascotas reste fuerza y atención a las relaciones humanas. Todo lo contrario: las enriquecen. Y son los animales quienes nos enseñan una lealtad incondicional. En Córdoba (Argentina) un perro llamado Capitán vivía con su familia. Cuando su dueño, Miguel Guzmán, falleció en 2006, Capitán desapareció poco después del funeral. Pasados unos días la familia lo encontró en el cementerio junto a la tumba de su amo. Nadie lo había llevado hasta allí. Había encontrado el lugar por su cuenta. Desde entonces Capitán permaneció en el cementerio durante años regresando cada noche a dormir junto a su amo. Incluso cuando la familia intentó llevarlo de vuelta a casa, él siempre volvía. Decía Epicuro: «Cada mañana, la amistad recorre la tierra para despertar a las personas, de modo que puedan hacerse felices». Es una hermosa visión de la historia humana. La vida se teje de pequeñas anécdotas que se van trenzando en la cotidianeidad y en la emergencia. Los recuerdos se van sucediendo y nos van marcando. Cuando pienso en la amistad siempre recuerdo a mi admirado y querido Manuel Alcántara, maestro en amistades, que contaba esta aleccionadora historia. Un hijo pregunta a su padre: -¿Cuántos amigos tienes? -Uno solo, hijo. - ¿Uno solo? Tú has pedido la vida, yo tengo más de mil, le dice, orgulloso, enseñándole a sus seguidores en el móvil. -¿ Estás seguro de que son amigos de verdad? -Claro que sí, me lo han dicho muchas veces. Mira, hijo, vas a realizar una prueba. Vas a matar una oveja y la metes en un saco, de modo que se vea la sangre. Vas a casa de esos amigos y les dices que has tenido una horrible debilidad y que has matado a un niño. Y les pides que te ayuden a esconder el cadáver que llevas en el saco. Así lo hace. Va a la casa del primer y mejor amigo y le cuenta lo acordado. El amigo responde: -¡Tú eres un asesino! ¿Cómo he podido pensar que eras mi amigo? Lárgate de aquí cuanto antes. No quiero que me vean contigo. No quiero que me impliquen a mí en el asesinato. Que no te vuelva a ver por aquí. Estoy avergonzado de ti. Uno tras otro le rechazan con diferentes argumentos. Ni uno solo le ayuda. Se acuerda entonces del amigo de su padre. Va con el saco a su casa. Le dice que es hijo de su amigo. Y le explica lo mismo que ha venido diciendo en las casas de sus amigos. Y el amigo de su padre le dice: -Anda, entra rápidamente, vamos a enterrar ahora mismo el cadáver en el jardín. ¡Ah, y de esto no le digas ni media palabra a tu padre! Los amigos están ahí. De forma incondicional. Los amigos y las amigas, lo digo ahora y debería haberlo dicho desde el comienzo. Muchas veces de forma silenciosa, siempre de forma eficaz. Están en el silencio y en la distancia. Hay que practicar la amistad. Es hermoso aquel proverbio chino: recorre frecuentemente, el camino que lleva al huerto del amigo, de lo contrario crecerá la hierba y no podrás encontrarlo fácilmente. En algunos países se celebra el 20 de julio el Día del Amigo. Abogo por esa gozosa celebración. https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2026/04/11/sabia-ibas-venir-128969195.html

domingo, 28 de junio de 2026

El negocio de la guerra. Los políticos europeos han actuado como marionetas cuyos hilos ha manejado a su antojo el presidente de los EE.UU con los aplausos del señor Rutte

No me explico por qué se han plegado a las exigencias de Donald Trump todos los presidentes de los países que integran la comunidad europea. Porque Portugal, Italia, Reino Unido y muchos otros no van a poder cumplir aquello que han firmado si no es con grandes recortes que no podrán ni querrán hacer. ¿Por qué han dejado solo al presidente Sánchez? ¿Por qué no han secundado su rechazo a la propuesta del señor Trump? ¿Tienen miedo a las represalias?

Los políticos europeos han actuado como marionetas cuyos hilos ha manejado a su antojo el presidente de los EE.UU con los aplausos del señor Rutte. No han tenido ni las agallas ni la dignidad necesarias para decir “no vamos a cometer ese disparate en perjuicio de nuestros ciudadanos y ciudadanas”. Trump no solo amenaza con el uso de la fuerza sino que acude a la reunión de la OTAN después de haber bombardeado Irán. El juego es perfecto. Creemos la inseguridad y el miedo, multipliquemos por lo más posible el presupuesto de defensa y que se enriquezcan sin límites los productores de armamento.

No ha existido ni el más mínimo debate sobre el porqué y la cuantía del aumento. Si hubiera existido, es probable que los argumentos les hubiesen llevado a aumentar de forma elevada el presupuesto destinado no a defensa sino a educación. Para acabar con la guerra, más que armas necesitamos principios. La solidaridad, la confianza, el respeto nos alejarán de la guerra. Si todos nos cogemos de la mano, ¿Quién empuñará las armas?

“La exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas en la educación. Hasta tal punto precede a cualquier otra que no creo deber ni poder fundamentarla”, dice el filósofo alemán Theodor Adorno.

No son las armas lo que nos va a librar de ese tipo de desastres, va a ser la educación. La escuela formará a los líderes y a los ciudadanos que van a elegirlos, a seguirlos o a defenestrarlos si no se atienen a los principios en los que se han formado.

¿Por qué el 5%? ¿Por qué no el 3, el 15 o el 20? No hubo ningún dato, ningún estudio, ninguna investigación, ningún tipo de argumentación para fijarlo. Fue una decisión caprichosa del señor Trump. Y el Secretario General de la OTAN, el neerlandés Mark Rutte, considera que se trata de un éxito sin precedentes del Presidente americano. El servilismo del Secretario General causa bochorno. Llamar “dady” a este cacique resulta casi ridículo. Y esa actitud servil le lleva a callarse cuando Trump, como un mafioso, amenaza de forma indecente a nuestro país con tener que pagar el doble, con reventar el éxito de su economía. Pero, ¿en qué orden moral se mueven estos gobernantes? ¿De qué paz pueden hablar si están dejando actuar libremente a la fuerza bruta?

¿Qué decir de nuestra patriótica oposición? Tanto Abascal como Feijóo se han callado como muertos ante las mafiosas amenazas del presidente de los Estados Unidos sobre la economía española. Nunca han valorado que la economía vaya bien, hecho que reconoce hasta el excéntrico presidente americano, pero nada les importa si la echan a perder.

Armarse hasta los dientes no es un modo de asegurar la paz sino de aumentar el riesgo de guerra. No es el miedo al otro lo que disuade de verdad, es el respeto a la dignidad de los seres humanaos. No es cierto que a más armas, más paz. Más bien sucederá lo contrario.

La guerra es un modo irracional, cruel y estúpido de resolver los conflictos. No tiene lógica ni justicia pensar que quien más muertes cause al enemigo, que quien destruya con más eficacia al adversario es quien tiene razón.

Me parece admirable la postura del presidente español. Se siente uno orgulloso de ser una excepción por este motivo. Que, como se ha visto, ha llevado al matón de la Casa Blanca a amenazar de forma indecente y abusiva a nuestro país.

Van a pagar el doble, amenaza Trump.
¿Por qué el doble? Pues como un castigo por oponerse a su deseo que todos han convertido en una orden. Lo suyo sería decir que acabará pagando pero, ¿el doble?

Y no solo eso, Donald Trump reconoce que la economía española marcha muy bien y se permite formular una amenaza indecente:

- Puedo hundir su economía.
¿Cuáles son los principios morales de este personaje, cuáles son sus reglas del juego? Pues muy sencillo: el uso arbitrario del poder. Tengo la sensación de que se ha entregado a un loco sentado en un arsenal de pólvora, un mechero que puede hacer volar al mundo por los aires.

Lo que es indiscutible es el que el planteamiento de Trump tiene un efecto más que positivo en el negocio armamentístico. El negocio de las armas se ha visto bendecido por este cacique al que los estadounidenses han conferido un poder que puede ponerse al servicio de la destrucción.

Todos los países tienen un Ministerio de Defensa. Pero, si todos sin excepción tratan de defenderse y no hay ningún Ministerio de Ataque resultará que no habrá ocasión de defenderse de nadie.

He leído atentamente un excelente artículo del economista Juan Torres, querido excompañero y siempre amigo, titulado “No es defensa, es negocio”. En él dice el catedrático de la Universidad de Sevilla:

“No es verdad que los ejércitos de hoy día se mantengan y financien para ser instrumentos que defiendan a sus pueblos de amenazas exteriores, o para garantizar su independencia y la soberanía de sus naciones. No protegen la unidad o la integridad de sus patrias, sino que, en su mayor parte, está controlada, a su vez, por grandes fondos de inversión. El gasto militar no responde a necesidades reales de defensa nacional. El proceso es justo el contrario del que se nos cuenta. Para alimentar al negocio armamentístico se genera miedo e inseguridad, se incentiva el conflicto bélico y se dinamita la diplomacia, porque la negociación y los acuerdos son el peor enemigo de las empresas de armamentos.

Son estas grandes corporaciones las que fijan sus demandas de inversión y presionan a los políticos y legisladores para que aumenten sin cesar el gasto militar. El vicepresidente de Boeing lo dijo claramente al Wall Strett Journal en octubre de 2001: «Cualquier miembro del Congreso que no vote por los fondos que necesitamos para defender este país buscará un nuevo trabajo después del próximo noviembre».

Y añade:
“El reclamo de Donald Trump para que los países miembros de la OTAN dediquen un 5% de su PIB a gasto militar es la más desvergonzada imposición de rentas feudales que se haya visto nunca en el capitalismo moderno. Trump se comporta como lo que ha sido siempre, un casero rico que trata a sus inquilinos como seres indeseables, aunque ahora estos sean sus propios socios comerciales y militares. No se puede consentir”.

El gasto militar sigue creciendo y creciendo en el mundo, pero el mundo no es hoy más seguro. Más bien, sucede lo contrario. Hace ya mucho tiempo que se ha comprobado que la sentencia si vis pacem para bellum encierra una falsedad difícilmente contestable.

Hay que salir de la OTAN que, como se ve, es una organización feudalizada por los EE.UU. Trump no es un aliado, es un capo. Ya se ha visto cómo amenaza a quien no se pliega a sus caprichos. Hay que conseguir que la Unión Europea elabore una estrategia propia encaminada a la seguridad, a la paz, a la ayuda a los ciudadanos ante catástrofes y a la defensa de los derechos humanos.

sábado, 27 de junio de 2026

6 cosas que los hombres deberían saber sobre su salud mental. Para algunos hombres puede ser difícil darse cuenta de cuándo la están pasando mal y cuándo tienen que buscar ayuda.

Ilustración collage con la cabeza de un hombre silueteado de perfil que contiene las siguientes imágenes: un padre dando de comer a un bebé, un talonario de recetas, trazos de pintura evocadores, pesas y un anciano melancólico.
Credit...Claire Merchlinsky/The New York Times; fotografías por Getty
Antes incluso de que los niños lleguen a la pubertad, ya están absorbiendo lecciones de la sociedad sobre lo que significa ser un hombre. Con demasiada frecuencia se les dice que deben menospreciar el dolor emocional y dar la espalda a la ayuda de los demás.

“De alguna manera, planteamos la búsqueda de ayuda como un fracaso”, dijo Matt Englar-Carlson, profesor de asesoramiento en la Universidad Estatal de California, Fullerton. “No importa si estás pidiendo indicaciones para llegar a algún lugar o si vas a ver al médico o al psicólogo”.

Muchos hombres acaban ignorando los problemas de salud mental o tratando de afrontarlos solos. Una encuesta realizada en 2024 a unos 70.000 adultos estadounidenses reveló que alrededor del 20 por ciento de los hombres experimentaron algún problema de salud mental, como depresión o ansiedad, durante el año anterior. Otros estudios han demostrado que los hombres son menos propensos a buscar atención médica que las mujeres, tardan más en sentirse mejor y es más probable que abandonen el tratamiento.

Al mismo tiempo, los hombres tienen más del doble de probabilidades que las mujeres de abusar de las drogas y el alcohol y, en 2023, los hombres murieron por suicidio casi cuatro veces más que las mujeres.

Lo mejor que puede hacer la gente para protegerse de estos riesgos, dicen los psicólogos, es establecer vínculos sociales más fuertes con la familia y los amigos. Pero también es importante saber cuándo es el momento de acudir a un profesional de la salud mental.

Con esto en mente, preguntamos a los psicólogos qué quieren que sepan los hombres sobre su salud mental. Esto es lo que dijeron.

La depresión suele tener un aspecto diferente en los hombres

A los hombres se les diagnostica depresión aproximadamente a la mitad de la tasa que a las mujeres. Pero esto se debe en parte a que los hombres deprimidos suelen mostrar síntomas ligeramente diferentes, dijo Derek Griffith, profesor de ética médica de la Universidad de Pensilvania.

“No está totalmente claro que la forma en que estamos diagnosticando a los hombres esté identificando con precisión a los hombres que lo necesitan”, dijo.

Los estudios demuestran que, aunque tanto las mujeres como los hombres con depresión expresan síntomas como el letargo o la pérdida de interés por las actividades, los hombres son más propensos a expresar una actitud de riesgo; sentimientos de ira e irritabilidad; o incluso síntomas físicos como dolores de cabeza o problemas estomacales.

Esto suele denominarse depresión enmascarada o de tipo masculino, dijo Daniel Singley, psicólogo del Centro para la Excelencia Masculina de San Diego. Cuando se tienen en cuenta estos síntomas de depresión de tipo masculino, dijo Griffith, desaparecen las diferencias en las tasas de diagnóstico entre hombres y mujeres.

Es posible que muchos hombres ni siquiera reconozcan que están deprimidos. Sentirse irritable y enfadado de vez en cuando pueden ser signos del estrés cotidiano, pero si sientes estas emociones todo el tiempo, o tus seres queridos se han dado cuenta, pregúntate si podrían ser síntomas de depresión, dijo Singley.

Convertirse en padre puede afectar a la salud mental

La depresión posparto es un riesgo para la salud bien reconocido entre las mujeres, que afecta a entre el 10 y el 20 por ciento de las madres primerizas. Pero hasta un 10 por ciento de los nuevos padres también la padecen.

“Pasar de ser un chico a ser padre supone un cambio importante en la identidad”, dijo Singley.

Convertirse en padre primerizo puede ser especialmente estresante para quienes tienen un historial de mala salud mental y puede provocar la reaparición de síntomas como la ansiedad, añadió.

Singley dijo que los papás primerizos suelen pensar que su único papel es apoyar a su pareja, descuidando su propio bienestar. Es crucial que también se cuiden a sí mismos, añadió, durmiendo bien, comiendo bien, haciendo ejercicio y relacionándose con amigos. Esto puede ser difícil con un nuevo bebé, pero incluso unos minutos al día para ti mismo pueden ayudar. Contar con apoyos sociales fuertes más allá de tu pareja o familia inmediata también es importante, dijo Singley.

“Sé comprensivo, pero no te detengas ahí”, dijo.

Los hombres blancos mayores tienen un alto riesgo de suicidio

En términos generales, los estadounidenses de mediana y avanzada edad tienen el mayor riesgo de suicidio, con las tasas más altas entre los hombres mayores de 75 años. Los nativos estadounidenses y los nativos de Alaska tienen el mayor riesgo, seguidos de los hombres blancos no hispanos.

Pero una mirada más atenta a la demografía complica esta historia. Entre la mayoría de los grupos raciales y étnicos, el riesgo de suicidio alcanza su punto máximo antes de los 35 años y desciende con la edad. Pero entre los hombres blancos, aumenta de forma constante.

Los investigadores se han centrado en gran medida en el estatus socioeconómico más bajo como impulsor de peores resultados en salud mental, dijo Griffith. Como consecuencia, los hombres mayores, que a menudo son más ricos que los más jóvenes, han recibido generalmente menos atención por parte de la investigación en salud mental y las campañas de concientización, añadió. Sin embargo, es igual de crucial reconocer los signos de una mala salud mental, como el aumento del consumo de alcohol o un peor sueño, en los hombres mayores.

El ejercicio es estupendo para la salud mental, hasta cierto punto

Todos los expertos coincidieron en que los hombres pueden mejorar su salud mental forjando vínculos con los demás. Muchos lo hacen quedando con amigos para hacer ejercicio en el gimnasio o uniéndose a un equipo deportivo. Obtienen los beneficios combinados para la salud mental de la forma física y la comunidad.

Pero no te excedas, dijo Englar-Carlson. Él atiende a muchos hombres que creen que solo los grandes cambios de estilo de vida, como correr un maratón o conseguir un abdomen de lavadero, ayudarán a levantar un periodo de bajo ánimo, dijo. “Se dejan convencer por el gran éxito”, dijo.

En su lugar, enfócate en rutinas de ejercicio regulares pero no excesivas. Un estudio de 2018 sobre adultos estadounidenses descubrió que quienes participaban en deportes de equipo, montaban en bicicleta o iban al gimnasio de tres a cinco veces por semana tenían menos días de mala salud mental al mes. Pero las personas que hacían más ejercicio tenían peor salud mental.

Los hombres pueden ser víctimas de abusos

Varios psicólogos mencionaron que las relaciones problemáticas pueden causar malestar emocional, pero es posible que los hombres no reconozcan el daño que puede derivarse de ellas o que no busquen apoyo. Eso incluye el maltrato psicológico o físico, dijo Saed Hill, especialista en apoyo comunitario de la Universidad de Yale.

No hay duda de que las mujeres tienen muchas más probabilidades de ser víctimas de maltrato doméstico que los hombres. Aun así, casi uno de cada siete hombres ha sufrido violencia física por parte de su pareja, según una encuesta nacional.

El aislamiento y la vergüenza les impiden a menudo compartir este maltrato con los profesionales de la salud, dijo Ben Hine, psicólogo de la Universidad de West London, autor de un estudio realizado en 2022 sobre hombres que llamaron a una línea de atención telefónica por violencia doméstica.

“Pensaban que debían ser de las pocas personas a las que les había pasado esto”, dijo.

Organizaciones como la Línea Nacional contra la Violencia Doméstica y muchos refugios ofrecen servicios a los hombres que han sufrido malos tratos.

Los hombres están empezando a buscar más ayuda

Aunque la sociedad todavía puede empujar a los hombres a reprimir sus sentimientos, los expertos dijeron que muchos están encontrando el valor para tender la mano. Aunque los hombres son menos propensos que las mujeres a buscar ayuda en salud mental, en 2023 más del triple de hombres buscaron ayuda que en 2014.

Los expertos dijeron que los hombres deberían acudir a terapia en cualquier etapa de su camino hacia una mejor salud mental, no solo durante una crisis.

“No pasa nada por no saber cómo te sientes o cuál es exactamente el problema”, dijo Will Elder, psicólogo del Sistema de Atención Sanitaria a Veteranos del Sur de Texas.

A muchos hombres les preocupa que su terapeuta intente presionarlos de algún modo durante las sesiones, dijo Elder. Pero tú tienes el control de todo lo que ocurre durante la terapia, añadió.

“El trabajo de tu psicólogo es simplemente ayudarte a tomar grandes decisiones para que te sientas bien con lo que estás haciendo”, dijo.

viernes, 26 de junio de 2026

Cada trabajador genera 262.730 euros de media al año, pero solo recibe 39.900

Un informe revela que por cada euro de salario, cada trabajador produce 6,6 euros de ingreso a su patrón, mientras la productividad sigue creciendo.

Los trabajadores del Estado español generan de media 262.730 euros al año por asalariado, pero apenas reciben 39.900 euros, según datos de Analistas Económicos de Andalucía (AEA) a partir de la información de los Registros Mercantiles correspondiente al ejercicio 2023. Esta brecha de más de 222.830 euros por trabajador representa el excedente que la clase obrera produce y que los empresarios se apropian, destinando una parte a gastos y embolsándose el resto.

El informe Análisis Económico-Financiero de la Empresa Española 2025, elaborado por AEA sobre una muestra homogénea de 711.000 sociedades mercantiles, desglosa con claridad esta dinámica de explotación. El informe evidencia que la productividad supera con creces los salarios en todas las comunidades autónomas. Araba, Bizkaia y Gipuzkoa lideran con 350.412 euros generados frente a solo 47.811 euros recibidos; Nafarroa registra 327.162 euros frente a 46.643; Galizia alcanza 310.899 euros frente a 37.448; Catalunya suma 263.443 euros generados y únicamente 44.182 recibidos. La media estatal se sitúa en 262.730 euros de productividad y 39.900 euros en salarios, lo que arroja una ratio de 6,6 euros, es decir, por cada euro pagado en salario, cada trabajador genera 6,6 euros en ingresos al empresario.

Según AEA, los ingresos de explotación por empleado en sectores como el comercio (429.408 euros) o la industria (414.200 euros) contrastan con los servicios no comerciales (148.244 euros), pero en todos los casos los sueldos quedan muy por debajo. En lugares como Canarias (173.165 euros generados vs. 30.845 euros de salario) o Extremadura (186.923 vs. 29.010) la brecha es aún más abismal.

Productividad creciente
La evolución de los últimos años confirma esta tendencia de transferencia de rentas del trabajo al capital. Según los datos históricos del mismo equipo de analistas, en 2021 las ganancias empresariales por empleado rondaban los 234.000-261.000 euros de media según la muestra, con sueldos en torno a 36.000-39.000 euros.

El informe también menciona la productividad de los trabajadores en las empresas del Estado español, medida como «ingresos de explotación por empleado», y cómo esta ha mostrado una tendencia alcista en los últimos años, pasando de niveles cercanos a los 234.000-261.000 euros en 2021 a los 262.730 euros registrados en 2023. Aunque el crecimiento de las ventas se moderó ese año tras el fuerte repunte del 23% en 2022, los ingresos generados por cada trabajador continuaron aumentando.

Estos datos, además de cuantificar la explotación de la clase trabajadora, ponen en tela de juicio los discursos sobre «el absentismo laboral», a menudo inducidos por las patronales y medios de comunicación afines.

Fuente: 

https://diariosocialista.net/2026/03/29/cada-trabajador-genera-262-730-euros-de-media-al-ano-pero-solo-recibe-39-900/

jueves, 25 de junio de 2026

Cómo lograr que un bebé se entretenga solo sin necesidad de recurrir a las pantallas

Bebé jugando con objetos sobre una alfombra

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Sitiar los materiales en un espacio delimitado, como una alfombra comunica al niño que ese es su lugar de exploración autónoma mientras el adulto está ocupado.

Cualquier persona con hijos pequeños sabe que la atención que requiere un bebé no es comparable a ninguna otra exigencia de la vida cotidiana. Por muy implicados que estemos y por mejores intenciones que pongamos en la crianza, es inevitable no poder responder siempre al 100 %.

Desde un viaje en autobús a la espera en una visita médica, pasando por una llamada urgente que es indispensable atender o simplemente preparar una comida, en la vida cotidiana hay multitud de situaciones en las que es necesario que se "entretenga" un rato solo.

Pero a menudo, basta que el niño o niña note que no estamos pendientes de ellos para que reclamen más nuestra atención.

En estos momentos recurrimos a lo más accesible y eficaz a corto plazo: un video en un soporte digital, cuyos colores, movimientos y sonidos garantizan mantenerle absorto por unos minutos.

Sin embargo esta herramienta tan útil conlleva multitud de desventajas a mediano plazo.

Por eso, en este artículo queremos proponer microescenarios de juego libre diseñados intencionalmente, en los que sostener la autonomía del niño y fomentar su desarrollo.

Cinco objetos, mejor que una pantalla

Bien planeados y elegidos, a estas edades basta con disponer de dos a cinco objetos abiertos –es decir, materiales no estructurados que pueden usarse de muchas maneras– y seguros, que inviten a llenar, vaciar, encajar, apilar, transportar o abrir y cerrar, siguiendo la lógica del cesto de los tesoros y del juego heurístico, es decir, aquel que se desarrolla sin intervención de nadie ni nada más que la propia imaginación del niño.

Madre con su bebé viajando en autobúsFuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

La idea es que el niño se pueda entretener solo explorando los objetos que tiene al alcance.

Situar estos materiales en un espacio delimitado, como una manta o alfombra, proporciona contención y comunica al niño que ese es su lugar de exploración autónoma mientras el adulto realiza otra tarea cercana.

Ayuda también incorporar un ritual breve de inicio y cierre –un par de frases constantes– que estructura el tiempo y favorece la autorregulación emocional.

Por ejemplo, iniciar con una frase como: "Ahora toca explorar. Toma tu bolsita de sorpresas"; y cerrar diciendo: "Ya hemos terminado. Vamos a recoger".

Kits de objetos transportables

Los objetos seleccionados pueden concretarse en kits transportables para distintos contextos: 

  • En la mesa de casa o un restaurante, bebés de 0–12 meses pueden explorar una cuchara de madera, un aro de silicona y un pañuelo con nudos durante breves periodos de 5–10 minutos.

  • Entre 12 y 24 meses, una minibolsa con 10–12 objetos cotidianos seguros y en pares permite pequeños ciclos de clasificación y descubrimiento a través del juego heurístico 

  • Entre 24 y 36 meses, materiales como contenedores, pinzas grandes y tapones favorecen "proyectos" autónomos mientras el adulto observa sin dirigir.    

Conviene ofrecer pocos objetos Cada vez: entre uno y cinco, según la edad, porque un exceso de estímulos dispersa su atención y dificulta una exploración profunda.

Menos es más: cuando los materiales son escasos y seleccionados, el niño puede dedicarles más tiempo, repetir acciones y descubrir nuevas posibilidades.

También ayuda alternar los objetos cada cierto tiempo para que vuelvan a resultar interesantes sin saturar el entorno.

En las primeras ocasiones es útil acompañar brevemente, mostrando cómo manipular con calma y dejando espacios de silencio; poco a poco, el bebé va replicando esta rutina de manera autónoma.

Bebé jugando con un pañuelo


Bebé jugando con un pañuelo

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,

La propuesta es buscar objetos que sigan la lógica del cesto de los tesoros y del juego heurístico, es decir, aquel que se desarrolla sin intervención de nadie ni nada más que la propia imaginación del niño.

En el autobús o en el coche, un tubo transparente con piezas y un pañuelo facilitan acciones repetitivas y calmadas sin necesidad de sonido; en una sala de espera, un pequeño set de "abrir y cerrar" –monedero con cremallera grande sin monedas, bote con tapa de rosca y cinta con broches– sostiene la concentración y la motricidad fina; y en una tarde de lluvia, un sencillo circuito motriz con cojines y una caja-túnel, seguido de una transición a la mesa baja con actividades de precisión, permite la secuencia moverse → representar → calmar.

En todos los casos, la seguridad es imprescindible: materiales mayores de 4 centímetros para menores de 3 años, revisión frecuente para evitar roturas, ausencia de piezas pequeñas sueltas y supervisión visual intermitente.

A más pantallas, más aburrimiento

En cambio, recurrir a las pantallas –sea en móviles, tabletas o pantallas de televisión– antes de tiempo o demasiado a menudo puede empobrecer ciertas experiencias esenciales en la primera infancia (el contacto corporal, el tiempo compartido, la espontaneidad, la exploración sensorial…).

Por supuesto, esto no quiere decir que las videollamadas breves con familiares no sean una excepción positiva.

Simplemente es importante entender que la exposición a estímulos intensos pero que no invitan al movimiento, como son los videos, "resuelven" un momento puntual, pero no contribuyen a crear una rutina de entretenimiento autónomo saludable.

Más bien al contrario, harán al niño más dependiente de este tipo de estímulos y menos interesado en otros más pausados e interactivos, como indican estudios recientes.
 
Familia con un bebé hablando por videollamada

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Hay excepciones positivas, como por ejemplo las llamadas breves por video con familiares.
Por eso, tanto la Organización Mundial de la Salud como la Asociación de Pediatría Española recomiendan evitar pantallas completamente antes de los 12 o 18 meses. Incluso recientes investigaciones elevan la edad hasta los 6 años.

Sabiendo esto, la próxima vez que sintamos la necesidad de recurrir a la pantalla en un momento dado, pensemos si no es posible sustituirla por algo más físico y manipulable.

Fomentar la exploración autónoma con estos objetos y estrategias no solo contribuye a un mejor desarrollo motriz y cognitivo, sino que sienta las bases para una manera de entender el ocio y el juego de forma más presencial y paciente, y menos dependiente de estímulos externos.

*Mª Pilar Rodrigo Moriche es profesora ayudante doctor del departamento de Pedagogía - Directora Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid. Carmen Andrés Viloria es profesora e investigadora especializada en Atención Temprana y formación docente, Universidad Autónoma de Madrid. Paloma Valdivia Vizarreta es Lectora Serra Húnter del departamento de teorías de la educación y pedagogía social, Universidad Autónoma de Barcelona.


miércoles, 24 de junio de 2026

Un mes de gobierno de ultraderecha y ya los trabajadores enfrentan un completo desastre


Fuentes: Rebelión


Por Celso Calfullan | 16/04/2026 | Chile Creemos que llegó la hora de empezar a preparar un plan de organización y lucha. No basta únicamente con llamar a una huelga general, necesitamos organizar comandos locales en cada lugar de trabajo y estudio, en cada población o villa, en cada comuna, en cada región, en cada rincón de este país, para tener una paralización exitosa y obligar a los empresarios y la derecha a respetar nuestros derechos mínimos como seres humanos. Apenas bastó un mes para que la ultraderecha provocara un gran desastre a los trabajadores chilenos y sus familias. Desde el primer día empezaron los ataques sistemáticos contra la clase trabajadora. En apenas un mes del gobierno de la ultraderecha y de los empresarios encabezado por José Kast hemos visto cómo reiteradamente La Moneda ataca los niveles de vida de los trabajadores, estudiantes, pobladores y sectores populares en general. Con el alza brutal del petróleo y la bencina estamos viendo cómo todas las cosas están al alza, fundamentalmente los alimentos de primera necesidad que más consumen las familias populares. El gobierno se negó a usar el MEPCO, que es un mecanismo que tienen los diferentes gobiernos para la estabilización de los precios de los combustibles, traspasando las alzas directamente a la población, porque según ellos el Estado tiene que ahorrar, usando además la excusa de que el Estado chileno está quebrado, algo que los propios economistas tanto de derecha, como socialdemócratas y progresistas han desmentido. Pero por otro lado, vemos cómo los grandes empresarios siguen aumentando sus ganancias vía alza de precios. Además la administración Kast quiere bajar los impuestos a los más ricos del país (el 1% de la sociedad) y de esta forma incrementar aun más las ganancias de los grandes grupos económicos. Pero no conforme con estos ataques a los niveles de vida de la clase trabajadora, también han tomado otras medidas como la de retirar 43 decretos sobre temas ambientales que se están discutiendo en el parlamento y que buscan impedir la destrucción del medio ambiente por parte de las grandes empresas mineras, pesqueras y forestales. Asimismo, se están realizando una serie de ataques en el ámbito de los derechos humanos. En el gobierno anterior (de Boric) se creó un Plan de Búsqueda (una comisión) con la que se pretende encontrar a todos los detenidos desaparecidos bajo la dictadura civil militar (1973-1990) que todavía no se sabe dónde están sus restos. Los principales encargados del Plan de Búsqueda ya fueron despedidos de sus cargos y es casi seguro que no se seguirá haciendo nada con este tema. Otro asunto relevante es el retiro de la ley de pesca que estaba en el parlamento. O sea, se mantiene la ley Longueira, una ley reconocidamente corrupta, que se impuso en base a coimas a varios parlamentarios que terminaron aprobando una legislación que entrega el mar chileno a siete familias, perjudicando a los pescadores artesanales, entre los que se encuentran también los lafquenches (pescadores mapuches), y que sólo beneficia a las grandes pesqueras y empresas salmoneras en Chile. El gobierno además, está aplicando un recorte fiscal de 3% a todos los ministerios. Esto significa que el gasto en Salud se reducirá en más de $517.000 millones de pesos, un área que ya está funcionando al límite, con demasiadas restricciones en la atención y que afectará a más de 15 millones de personas. En educación el recorte es de $524.000 millones de pesos. El ajuste presupuestario en los demás ministerios apunta a limitar los pocos derechos sociales que aún mantienen los sectores más carenciados de la sociedad, como por ejemplo la construcción de viviendas sociales. Chile Rápidamente José Kast ha pasado de sacar un 58% en las elecciones a tener apenas un 41% de aprobación en sólo cuatro semanas. Este debe ser el primer gobierno, desde 1990 hasta la fecha, que ve erosionarse a velocidad lumínica el apoyo de la población. Nuestras propias perspectivas apuntaban que después de seis meses recién veríamos una reacción en contra del gobierno de la ultraderecha. Pero ya comenzaron las movilizaciones masivas, como la del 22 de marzo, Día Mundial del Agua, donde miles de personas marcharon por el centro de Santiago (calle Alameda). También hubo movilizaciones en Valparaíso y otras ciudades. Las marchas organizadas por los movimientos sociales ambientalistas, buscaban protestar contra el retiro de 43 decretos ambientales por el gobierno y alertar sobre los riesgos para ecosistemas y el acceso al agua. Los estudiantes secundarios y universitarios también marcharon en Santiago el 26 de marzo de 2026, a dos semanas de asumir Kast. Las protestas, fueron convocadas por la Aces y Confech (organizaciones de estudiantes secundarios y universitarios) y expresaron el rechazo al recorte del 3% en educación y contra las limitaciones a la gratuidad, que se dirigen hacia un retroceso en educación. ¿Qué debemos hacer los trabajadores, estudiantes y pobladores frente a estos ataques brutales contra nuestros niveles de vida? La clase trabajadora a través de su historia frente a los ataques a sus niveles de vida tiene un solo camino y ese es luchar por defender sus derechos más básicos, como el derecho a una vida digna. Una herramienta fundamental de lucha de los trabajadores ha sido organizar una huelga general para frenar los abusos de los patrones no solo en Chile, sino que en todo el mundo. Creemos que llegó la hora de empezar a preparar un plan de organización y lucha. No basta únicamente con llamar a una huelga general, necesitamos organizar comandos locales en cada lugar de trabajo y estudio, en cada población o villa, en cada comuna, en cada región, en cada rincón de este país, para tener una paralización exitosa y obligar a los empresarios y la derecha a respetar nuestros derechos mínimos como seres humanos. Si los trabajadores no somos capaces de organizar una lucha exitosa, la derecha y los empresarios pasarán por encima de todos nuestros derechos y nos harán volver al siglo pasado o incluso más atrás todavía. La lucha por un gobierno de los trabajadores y una sociedad socialista sigue más vigente que nunca antes en la historia de la humanidad. Socialismo o barbarie, no hay más alternativas.

martes, 23 de junio de 2026

Astrofísica. Michel Mayor, Nobel de Física: “La gente piensa que la humanidad es eterna, pero somos animales y nos extinguiremos”

El astrónomo Michel Mayor, premio Nobel de Física, en un hotel de Madrid.Jaime Villanueva

El descubridor del primer exoplaneta habla con EL PAÍS sobre el próximo gran hallazgo que espera: el primer planeta con vida fuera del sistema solar


La vida de Michel Mayor pudo acabar con una de las peores muertes imaginables. En 1968, este suizo aficionado a la escalada se cayó por la grieta de un glaciar en los Alpes. Una posibilidad era que quedase encajado entre dos asfixiantes paredes de hielo que se lo hubiesen ido tragando poco a poco, con cada grito de auxilio, con cada movimiento para intentar salir. Al final tuvo suerte y le sacaron sus compañeros, ensangrentado, pero vivo.

Gracias a eso, Mayor pudo convertirse en astrofísico y descubrir el primer exoplaneta conocido, en 1995. El hallazgo del primer mundo fuera de nuestro sistema solar fue una revolución que continúa en la actualidad, con más de 6.000 exoplanetas identificados, muchos de ellos en otros sistemas solares, a cada cual más diferente.

En 2019, Mayor recibió el Premio Nobel de Física por aclarar cuál es “el papel de la Tierra en el cosmos”, un planeta entre miles de millones. Mayor está de visita en España para participar este martes en un coloquio sobre exoplanetas en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid. En esta entrevista con EL PAÍS realizada un día antes en un hotel de la capital, Mayor, de 84 años y profesor emérito de la Universidad de Ginebra, habla con la pasión de un joven sobre un nuevo gran reto científico: encontrar el primer exoplaneta donde haya vida.

Pregunta. En 1968, usted se cayó a un glaciar, y la humanidad orbitó la Luna por primera vez con la misión Apolo 8. ¿Qué le parece que se haya vuelto al satélite ahora, más de medio siglo después?
Respuesta. La explicación de aquel hito fue la competición de Estados Unidos con la entonces Rusia soviética. Ahora es igual, pero con China. Las misiones Apolo fueron interesantes porque nos dieron información geológica de la Luna, como los isótopos presentes en sus rocas. Ahora el sueño es tener una estación en la cara oculta donde haya un radiotelescopio. ¿Es una buena idea, teniendo en cuenta el enorme coste que tendrá? No estoy seguro. Es algo más político que científico.

P. ¿Qué le parece la idea que preconizan los nuevos magnates del espacio como Elon Musk, que tenemos que convertirnos ya en una especie multiplanetaria?
R. Soy muy crítico. Musk dice que su sueño es que haya un millón de personas viviendo en Marte en el próximo siglo, todos emigrados de la Tierra. No puedo compartirlo. Marte apenas tiene atmósfera. Es imposible terraformarlo para generar tanto oxígeno como sería necesario. Es completamente irreal. El lugar más infernal de la Tierra es un paraíso comparado con Marte. Y el cambio climático, por fuerte que sea, no cambiará eso.

P. ¿Y la excusa de ir allí para después ir más lejos?
R. Imagínate que encontramos un planeta gemelo de la Tierra a unos 30 años luz. A escala galáctica, esto es muy cerca. Los astronautas [de Artemis 2] tardaron unos tres días en llegar a la Luna. A esa velocidad tardaríamos millones de años en llegar a esa segunda Tierra. La energía que sería necesaria para acelerar y después frenar cerca de nuestro destino es imposible de alcanzar para nosotros. El sueño de colonizar un exoplaneta es imposible.

P. Sin embargo, sabemos que hay muchos exoplanetas como el nuestro, ¿no?
R. Muchísimos. Solo en nuestra galaxia puede haber más de un millón. Pero todos están demasiado lejos. Y luego, ¿hay vida? Determinar esto es el gran reto del futuro. Crear los instrumentos y la química para detectar los llamados biomarcadores: una mezcla de moléculas que probablemente solo puedan producir seres vivos.

P. ¿Cómo de lejos estamos de eso?
R. En la actualidad, el telescopio Espacial James Webb ha detectado muchas moléculas, pero no en planetas rocosos como el nuestro. En esos estamos aún lejos de conseguir biomarcadores. Para llegar al nivel de un gemelo terráqueo necesitamos cosas nuevas, como el telescopio europeo de 39 metros. Pero aún así, no estoy seguro de que pueda hacerlo. Y hay que ser cautos. Hay muchos supuestos descubrimientos de exoplanetas con vida que resultan no ser nada.

P. ¿Podría pasar la próxima década gracias a la próxima generación de observatorios?
R. Sinceramente, no lo sé. Recuerdo que cuando descubrimos el primer exoplaneta, se iban a lanzar dos misiones robóticas, TPF, de la NASA, y Darwin, de la Agencia Espacial Europea, para encontrar planetas terrestres con vida en unos 10 años. Tres décadas después, las dos misiones se cancelaron, y seguimos sin respuestas. En cualquier caso, yo soy optimista y tengo la idea de que la vida existe en muchas partes del universo.

P. ¿Hay alguna otra pregunta importante en este campo que sí podamos responder?
R. Sí. Desde hace unos años podemos hacer imagen directa de exoplanetas, y hemos descubierto algunos así. El problema es que estos mundos son muy grandes y están muy lejos de sus estrellas, a unas 60 unidades astronómicas [60 veces la distancia del Sol a la Tierra]. El mecanismo clásico de formación de planetas no lo puede explicar. Así que ahora sabemos que se pueden formar planetas de otras maneras que antes ni sabíamos.

P. ¿Nuestra visión del universo está sesgada por la tecnología?
R. Siempre lo está. La mayoría de estrellas en el universo son de masa baja, menor que la de nuestro Sol, que no pertenece al tipo más abundante. Los planetas rocosos como la Tierra que hay en los astros de masa baja están mucho más cerca de sus estrellas. Un verdadero gemelo de la Tierra en torno a una estrella como el Sol está mucho más lejos de nosotros y descubrirlo es mucho más difícil. En estrellas de baja masa, los planetas pueden recibir cantidades enormes de radiación: ¿Cmo afecta eso a la posibilidad de vida? Estamos rodeados de sesgos, pero solo lo tenemos que tener en cuenta y seguir buscando.

P. ¿Cree que existen otras civilizaciones y que llegaremos a saber que existen, en caso de que sean más inteligentes que nosotros?
R. Puede que lo sean, pero se rigen por las mismas reglas de la física que nosotros. 30 años luz es demasiado lejos para cualquiera. Me parecen discusiones poco fructíferas, igual que la de desviar asteroides potencialmente peligrosos. El diámetro de los que realmente pueden generar una catástrofe total es de unos 10 kilómetros o más. Para desviar uno de esos tendríamos que construir la mayor bomba atómica imaginable y tenerla preparada durante unos 1.000 años. No olvidemos que en la Tierra hemos tenido gente muy loca como Hitler, Stalin o algunos más actuales. Los riesgos de que nos dé un asteroide creo que no compensan el riesgo de que usemos esa bomba mal, contra nosotros mismos.

P. ¿No tiene mucha confianza en la supervivencia del ser humano a largo plazo?
R. Hace muchos años me invitaron a dar una charla sobre exoplanetas en la parroquia de un pueblo pequeño. El sacerdote no se quedó contento porque esperaba algo más espiritual, que se acercase más a la existencia de la humanidad a largo plazo. Entonces yo contesté que puede que duremos un millón de años más, como mucho. Lo sabemos por la paleontología. Todas las especies aparecen y desaparecen, tienen el tiempo determinado. En la mente de la gente, sin embargo, los humanos aparecemos y ya nunca dejamos de existir. Somos eternos. Pero la verdad es que somos animales y vamos a extinguirnos. Hay que tener en cuenta la probabilidad de impactos como el que acabó con los dinosaurios hace 67 millones de años. Además, en unos 2.000 millones de años ya no estaremos en la zona habitable del sistema solar. Y eso sin tener en cuenta a los humanos locos y peligrosos. Sabemos que nuestro tiempo como humanidad es limitado.

https://elpais.com/ciencia/2026-04-14/michel-mayor-nobel-de-fisica-la-gente-piensa-que-la-humanidad-es-eterna-pero-somos-animales-y-nos-extinguiremos.html#?rel=lom

lunes, 22 de junio de 2026

Repensando las matemáticas en la era de la inteligencia artificial


Los modelos de aprendizaje automático comienzan a demostrar teoremas originales y obligan a replantear tanto la investigación como la enseñanza de esta disciplina.

Durante décadas, la inteligencia artificial (IA) fue una promesa intermitente: deslumbraba en los laboratorios, se apagaba en los inviernos tecnológicos y volvía a encenderse con cada salto de potencia de cálculo. Hoy esa promesa es una realidad, que obliga a repensar múltiples aspectos de nuestra sociedad y así optimizar el delicado equilibrio entre riesgo y oportunidad que siempre acompaña a las revoluciones tecnológicas. Esto resulta especialmente cierto en el caso de la investigación en matemáticas, donde en los últimos tiempos se han empleado modelos de aprendizaje automático (que sustentan la inteligencia artificial moderna) para apoyar la obtención de demostraciones matemáticas originales.

Hasta hace poco, la IA ha tenido un papel menos visible en las matemáticas que en otras áreas científicas. El origen de ese desfase está en las propias raíces de la inteligencia artificial, que contrastan con las de otras áreas más tradicionales de la computación. Mientras estas últimas parten de la lógica matemática, a través de los trabajos fundacionales de Alonzo Church, Alan Turing y, posteriormente, John von Neumann, los sistemas de aprendizaje automático tienen orígenes —también matemáticos— muy distintos. Estos modelos surgen de la estadística y, particularmente, de la necesidad de extraer predicciones fiables a partir de grandes volúmenes de datos ruidosos. Por tanto, desde su origen, en el aprendizaje automático subyace un compromiso entre precisión y tolerancia al error, muy distinto del ideal clásico de las matemáticas, construido sobre demostraciones “duras y claras como diamantes”, en palabras atribuidas al filósofo inglés John Locke.

Sin embargo, pese a ello, en los últimos años las técnicas de aprendizaje profundo se han incorporado al trabajo investigador en matemáticas para acelerar procesos esenciales, como la identificación de patrones y conjeturas, la generación y depuración de ideas o la producción de código. Estos sistemas (que no comprenden la aritmética básica) realizan un amplio rango de cálculos numéricos de forma efectiva usando simples correlaciones, aunque fallan de forma grotesca cuando se salen del territorio aprendido.

Recientemente se ha ido un paso más allá: los modelos de lenguaje ya son capaces de crear demostraciones de forma autónoma, que pueden resultar relevantes bien sea por sí mismas o como pasos auxiliares en el camino hacia a un resultado más complejo. Además, estas pruebas se pueden verificar con herramientas como Lean, un software que traduce las matemáticas a un código que los ordenadores pueden comprobar paso a paso para asegurar que no existen errores.

Todo indica que estas capacidades se ampliarán con rapidez, aunque aún ignoramos dónde se encuentran sus límites o hasta dónde podrá llegar la inteligencia artificial en la generación de ideas verdaderamente nuevas. ¿Estaremos ante sistemas sin duda útiles, pero intrínsecamente limitados, o ante “Einsteins de silicio” capaces de producir de forma autónoma las grandes ideas que darán forma a nuestra cultura? Más que perdernos en un debate sobre la esencia del ser humano y los límites de la cognición, es urgente actuar con criterio para mitigar los riesgos y aprovechar las oportunidades que esta tecnología ofrece a la investigación en matemáticas.

En primer lugar, conviene recordar que las matemáticas no solo se benefician del avance de la inteligencia artificial, sino que también ofrecen un terreno de prueba excepcional para su desarrollo. Igual que el ajedrez, el go o el reconocimiento de imágenes sirvieron para entrenar las primeras generaciones de algoritmos, el razonamiento matemático —por su claridad y su estructura— se perfila ahora como un nuevo laboratorio para la IA. Del diálogo entre matemáticas e IA podrían nacer tecnologías más transparentes y fiables y una mejor comprensión de cómo razona la máquina. Impulsar el encuentro entre estas dos disciplinas, tanto en el ámbito empresarial como en investigación básica, es, por tanto, una tarea urgente. Y esta sinergia sólo puede prosperar con un apoyo fuerte y sostenido a ambas áreas por separado.

Por otro lado, la llegada de la inteligencia artificial generativa permite al matemático liberar tiempo de tareas rutinarias y dedicarlo a objetivos de mayor calado. Las ideas superficiales o los desarrollos repetitivos corren el riesgo de volverse tan obsoletos como los pesados cálculos de las admirables “calculadoras humanas” retratadas en la película Hidden Figures. La tecnología brinda ahora una oportunidad excepcional de concentrarse en lo esencial: pensar con más profundidad, distinguir lo importante de lo accesorio y cultivar una intuición capaz de guiar a la máquina en lugar de ser guiada por ella.

Efectivamente, este tipo de conocimientos (que tienen que ver no sólo con lo que sabemos, sino con cómo lo sabemos) son los que valen más en la era de la inteligencia artificial: visión, intuición, profundidad o capacidad de captar contextos. Estas cualidades diferencian también, según el modelo de adquisición de habilidades de Dreyfus, al experto del principiante. Por ello, la inteligencia artificial multiplica el alcance del experto, pero, en manos del principiante, puede limitarse a amplificar su ruido.

Esta reflexión afecta tanto a la forma en que hacemos investigación como a la manera en que enseñamos y aprendemos matemáticas, dentro y fuera del aula. La clave será desarrollar la intuición y la flexibilidad que distinguen al verdadero experto, una tarea donde la inteligencia artificial también puede servir de aceleradora. Esto supone un giro profundo respecto a los modelos tradicionales educativos, que se conformaban con dotar al principiante de una competencia básica. Hoy el reto es otro: acortar el camino hacia la comprensión genuina.

Alberto Enciso, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), donde dirige el proyecto FLUSPEC del Consejo Europeo de Investigación (ERC), y académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España.

Edición y coordinación: Ágata Timón (Instituto de Ciencias Matemáticas)


domingo, 21 de junio de 2026

Cualquier decisión que tome Cuba

Por Belén Gopegui | 18/03/2026 | Cuba 

Fuentes: Ctxt


A veces escucho o leo argumentos que no comprendo. A veces un periodista pregunta escandalizado: ¿y qué va a hacer el Gobierno cubano para dar soluciones a su pueblo? Es algo así como si en un patio de recreo donde un grupo grande estuviera pegando a un menor solo porque es distinto apareciera un periodista y en lugar de preguntar: ¿y qué vamos a hacer para que dejen de pegarle?, preguntara a la criatura agredida: ¿y qué vas a hacer para que dejen de pegarte?

A veces otros periodistas lamentan que, después de tantos años de revolución, Cuba no tenga más petróleo, olvidando que lo que se le ha prohibido ya no a Cuba, sino al país desde el que habla ese periodista, cualquiera que sea ese país, es vender petróleo a Cuba. Olvidando que cualquier país del mundo no productor de petróleo que sufriera las consecuencias de una prohibición semejante entraría en crisis. Olvidando que la palabra crisis, en este caso, no es una abstracción, son vidas con nombres y apellidos bombardeadas sin bombas, con el asedio, con el hambre de comida y de los recursos que alivian el dolor de las personas más frágiles, recién nacidos, personas ancianas, personas enfermas. El pueblo cubano, acostumbrado como está a los sistemas de protección institucional y comunitaria cuando llegan los huracanes y otras catástrofes, se organiza, se cuida, comparte la escasez, pero a veces todo eso no es suficiente contra un ciclón deliberado de muerte lenta, impuesto por la fuerza y consentido por la comunidad internacional.

Si esta misma prohibición se aplicara a cualquier país europeo, habría, pienso, algunas diferencias. Por un lado, es muy probable que en su población se desatara el resentimiento de los unos contra los otros, porque la convivencia europea se apoya en el abuso y el trato desigual que unos sectores de la población ejercen sobre los que recogen sus cosechas, los que cuidan a sus mayores y a sus hijos, los que limpian sus casas, los que reciben salarios en negro o ridículos para que otros puedan cobrar diez, veinte, cien veces más.

Por otro lado, desde ningún país se organizarían movimientos de solidaridad como los que organizan con Cuba, porque en Europa si algunos países dieron algo fue siempre de lo que les sobraba. Porque en el interior de esos países las prioridades de la economía estuvieron siempre subordinadas a dar más a quién más tenía y no al revés. Porque a la desigualdad interna se suma la externa, dado que la riqueza europea procede en parte de un colonialismo que aún dura bajo la forma de tratos desequilibrados. Y porque desconocemos, o hemos olvidado, aquello que ha sido llamado “sentido del momento histórico” y que hace que las personas se unan pues saben que de su acción depende la posibilidad de acabar con un pedazo de realismo capitalista.

Claro que Cuba no es perfecta, ni tiene obligación de serlo. Las revoluciones no se hacen para conseguir lugares perfectos, porque las personas no lo somos, sino para intentar que existan lugares que sean habitables para todas, y evitar así que el placer de un tanto por ciento de la población se compre con la angustia, la fatiga, el agotamiento y la humillación de otro tanto por ciento. Para intentar construir aspirinas del tamaño del sol y que todas las personas puedan celebrar la suerte de estar vivas. No es posible saber si habrían podido lograrlo, ni si aún podrán. Desde el principio y hasta el día de hoy Estados Unidos les ha estado impidiendo tener relaciones comerciales justas, a veces simplemente tenerlas, por el pánico a que la Revolución avanzara y pudiera ser un camino a seguir.

El regodeo y el regocijo que, al hablar de las negociaciones en marcha entre el Gobierno de Cuba y el de Estados Unidos, emplean determinados opinadores sólo les describe a ellos mismos, y sólo anuncia que, cuando un matón nos pise los talones, esos opinadores estarán ahí, para rendirle pleitesía. Son ellos los que sostienen al matón, los que callan, los que asienten, los que contemplan el abuso y ante los golpes se burlan y le dicen a la persona golpeada: “¿Lo ves?”.

Si hay que hablar de cobardía con respecto a lo que pasa en Cuba, sepamos que cualquier decisión que tome ese país sólo cuestionará a quienes, desde fuera, asisten impasibles a la injusticia y después se miran, quizá nos miramos, preguntándonos con supuesta perplejidad: ¿por qué está pasando lo que está pasando en tantos ámbitos de la política y la vida? Porque hemos callado y hemos aceptado. Qué cobardía, sí, qué tristeza que ningún país europeo haya enviado petróleo a Cuba. Corre por ahí un vídeo de niñas y niños cubanos cantando a oscuras la canción de Silvio Rodríguez:

Me acosa el carapálida norteño por el sur el este y el oeste, por cada latitud,

me acosa el carapálida que ha dividido el sol
en hora de metralla y en hora de dolor.
La tierra me quiere arrebatar
el agua me quiere arrebatar
el aire me quiere arrebatar
y sólo fuego, y sólo fuego voy a dar
Yo soy mi tierra, mi aire, mi agua, mi fuego.
Lo que se ha aprendido en y de Cuba, lo que se aprende, forma parte de lo que somos, sigue y seguirá dando tierra, aire, agua y fuego, a una forma de vivir posible, distinta, una forma de vivir sin pisar el cuello de nadie sólo porque se haya apropiado de menos recursos. Quedan muchos días por delante, cualquier acto de solidaridad es imprescindible, no para ayudar a Cuba sino para ayudarnos, para ayudar a que pueda existir una clase de mundo donde la palabra justicia no haya desaparecido y donde no haya que vivir con vergüenza, miedo y soledad. 

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sábado, 20 de junio de 2026

Formación. Aina Tarabini, socióloga: “El abandono escolar es solo la parte visible de desigualdades mucho más profundas”

Aina Tarabini, profesora de Sociología de la Educación en la Universitat Autònoma de Barcelona.Cortesía de la autora
El fracaso educativo en España está en su mínimo histórico, pero sigue entre los países con peores cifras de la UE. El problema empieza mucho antes de que los alumnos dejen los estudios

En España, uno de cada ocho jóvenes deja el sistema educativo sin completar estudios postobligatorios. Detrás de ese dato —un 12,8% de abandono escolar temprano en 2025— hay una transformación profunda: hace apenas 15 años, la cifra superaba el 30%, y todavía en 2015 se situaba en torno al 20%. La caída ha sido sostenida y significativa, hasta alcanzar el nivel más bajo de la serie histórica; pero ese progreso no cuenta toda la historia.

Porque, pese a la mejora, España sigue entre los países con mayores tasas de abandono de la Unión Europea, y aún se mantiene lejos del objetivo comunitario de situarse por debajo del 9% en 2030. La lectura optimista —la de un sistema que corrige sustancialmente sus cifras— convive con otra más incómoda: la de un fenómeno que persiste, con patrones muy estables en el tiempo.

El abandono, además no se distribuye de forma homogénea, según el último informe de Funcas, sino que es más frecuente en el alumnado de entornos socioeconómicos vulnerables, entre quienes tienen un menor nivel educativo en el entorno familiar o en la población de origen extranjero. Antes de que un joven deje los estudios, además, suele haber un recorrido previo —menos visible— de dificultades acumuladas, desconexión y pérdida de sentido, y es en esa travesía silenciosa donde empieza realmente el problema. Sobre esa tensión entre mejora estadística y desigualdad persistente hablamos con Aina Tarabini, socióloga de la educación y profesora en la Universitat Autònoma de Barcelona.

Pregunta. España ha reducido de forma notable el abandono escolar en los últimos años, pero sigue entre los países con peores cifras de la Unión Europea. ¿Cómo interpreta esa aparente contradicción?
Respuesta. La mejora es real y hay que valorarla, porque pasar de cifras cercanas al 30% a un 12% es un avance importante. En términos estadísticos, hay menos jóvenes que abandonan el sistema y eso es, sin duda, una buena noticia, pero no podemos darnos por satisfechos. A veces tendemos a pensar que un 12% es asumible, como si siempre hubiera un grupo de estudiantes a los que “no les gusta estudiar” o “no tienen capacidad” para ello, y eso es un error.

Un país no puede normalizar que una parte de sus jóvenes no alcance una titulación que hoy se considera mínima para la inclusión social y laboral. Y, además, el propio indicador tiene límites: los datos son solo la punta del iceberg. Reflejan una parte del problema, pero no todo lo que hay detrás, que tiene que ver con desigualdades mucho más profundas.

Si lo miramos en términos comparativos, además, la situación sigue siendo claramente peor que la de otros países europeos, algo que no se corresponde con el nivel de desarrollo del país. Por tanto, sí, es una mejora, pero queda mucho camino por recorrer.

P. El abandono escolar suele resumirse en una cifra, pero detrás hay realidades muy distintas. ¿Qué mide realmente ese indicador?
R. El abandono no es solo el momento en que alguien deja de estudiar. Esa es solo la punta del iceberg; el resultado de un proceso más largo. Antes hay señales como la repetición, el absentismo o las dificultades en la transición a la educación postobligatoria que ya están indicando dificultades que se van acumulando con el tiempo.

El dato, en sí, refleja una parte del problema, pero deja fuera muchos procesos de exclusión educativa que no vemos: hay estudiantes que siguen en el sistema, pero que no están participando realmente del aprendizaje o que transitan por la escuela sin obtener los beneficios que este debería garantizar. Por eso, interpretarlo como una decisión puntual o individual es un error, porque esas decisiones están profundamente condicionadas por las trayectorias previas y por el margen real que tienen para sostener su recorrido educativo.

P. Si el abandono es el resultado final de todo un proceso, ¿qué factores están detrás de esa desvinculación progresiva del sistema educativo?
R. No se puede entender ese proceso sin tener en cuenta la desigualdad social, que no afecta por igual a todos los perfiles: está muy relacionado con las condiciones de vida del alumnado, con los niveles de pobreza o de exclusión y con las oportunidades que tienen fuera de la escuela, y también presenta diferencias claras por género, con tasas más altas entre los chicos.

Pero no es solo una cuestión externa: el propio entorno educativo también influye. En España seguimos teniendo un sistema bastante segregado, con centros que concentran alumnado en situaciones muy difíciles —que ha vivido desahucios, que ha migrado solo o que ni siquiera tiene cubiertas sus necesidades básicas— y otros con condiciones mucho más favorables, y eso tiene un impacto directo en las trayectorias educativas.

También influyen otros elementos del propio sistema: la oferta educativa disponible, el peso de los itinerarios o el menor prestigio que todavía se atribuye a algunas opciones (como la Formación Profesional) frente a otras. También hay factores más internos, como el currículum o la forma de enseñar, que no siempre conectan con la diversidad del alumnado. A eso se suma que la orientación llega tarde y suele ser más informativa que de acompañamiento, de modo que muchos estudiantes acaban eligiendo por descarte.

Y, además, hay una dimensión menos visible, pero fundamental, que tiene que ver con los vínculos. Para mantenerse en la escuela no basta con estar: necesitas sentir que ese es tu lugar, que puedes aprender y que alguien te acompaña. Cuando eso no ocurre, se va produciendo un proceso de desvinculación que, en algunos casos, termina en el abandono.

P. En esos casos en los que el riesgo es mayor, ¿cómo es ese proceso? ¿Qué le pasa a un alumno hasta que se va alejando de la escuela?
R. Ese proceso no empieza de golpe, sino que se va construyendo poco a poco, muchas veces desde etapas bastante tempranas, y a partir de pequeñas señales que se van acumulando: dificultades en el aprendizaje, la sensación de no seguir el ritmo o de no entender lo que se está trabajando en clase, y una progresiva pérdida de sentido.

A partir de ahí, lo que se va generando es una desconexión progresiva, y no solo académica. Hay alumnos que dejan de ver para qué sirve lo que hacen en la escuela o que sienten que no tiene mucho que ver con su vida. Y eso afecta a su implicación, a su relación con el centro y a su participación en el aula.

También influye mucho el contexto en el que están. Hay estudiantes que viven situaciones muy complejas fuera de la escuela, y eso condiciona su trayectoria. Pero no es solo eso: también depende de cómo responde el propio sistema, de los recursos que tienen los centros o de la capacidad de acompañar esos procesos. Muchas veces esas primeras señales no se corrigen, sino que se van acumulando, y eso hace que la distancia con la escuela sea cada vez mayor.

Y llega un momento en que esa desconexión se consolida. El alumno deja de sentirse parte de la escuela y deja de verse capaz. Y entonces el abandono aparece más como el resultado de ese proceso que como una decisión puntual.

P. ¿En qué momento empieza a torcerse ese proceso? ¿Cuándo empiezan a aparecer esas primeras señales de desconexión?
R. Antes de lo que solemos pensar. Muchas veces ya en la educación primaria aparecen las primeras dificultades, aunque no siempre se identifiquen como señales de alerta. Son problemas que se van arrastrando y que condicionan la relación con el aprendizaje desde etapas tempranas.

El paso a la educación secundaria es un momento especialmente delicado. Cambia la organización del aprendizaje, el número de profesores, el nivel de exigencia y también el tipo de relación que se establece con el alumnado, y no todos hacen esa transición en las mismas condiciones. Ahí es donde muchas trayectorias empiezan a torcerse de forma más clara.

A partir de ese momento, si no hay acompañamiento, el riesgo aumenta. Porque esas dificultades previas no desaparecen, sino que se hacen más visibles y más difíciles de revertir dentro del sistema.

P. ¿Hasta qué punto el propio sistema educativo contribuye a que esa desconexión se produzca o se acentúe?
R. El sistema educativo no es neutro en este proceso: puede ayudar a compensar las desigualdades de partida o, por el contrario, reforzarlas. Y en muchos casos no está preparado para dar respuesta a la diversidad del alumnado. La educación secundaria sigue siendo bastante homogénea en su planteamiento, mientras que los estudiantes son cada vez más diversos. Eso hace que algunos no encuentren su lugar ni vean una conexión clara entre lo que ocurre en el aula y su propio futuro.

En ese contexto, el sistema no siempre corrige las dificultades iniciales, sino que tiende a consolidarlas, lo que acaba generando trayectorias educativas muy distintas según el punto de partida.

P. Con este diagnóstico, ¿hasta qué punto se puede prevenir ese abandono? ¿Qué margen real tiene el sistema para intervenir a tiempo?
R. No hay soluciones rápidas ni únicas, porque estamos hablando de procesos complejos que tienen que ver con desigualdades profundas. Pero eso no significa que no haya margen de actuación. Lo hay, y es importante.

Ese margen pasa, sobre todo, por intervenir antes y de forma más sostenida. No tanto con medidas puntuales, sino con la capacidad de detectar dificultades a tiempo, ajustar las respuestas educativas y sostener las trayectorias cuando aparecen los primeros problemas.

También implica repensar algunas inercias del sistema. Muchas veces se actúa cuando el problema ya es muy visible, cuando la desvinculación está avanzada, y ahí las opciones son más limitadas. Porque, en ese sentido, no se trata solo de ampliar la escolarización o de retener más tiempo al alumnado, sino de qué tipo de experiencia educativa se ofrece durante ese tiempo.

P. En ese debate sobre cómo intervenir, a menudo se plantea la posibilidad de ampliar la escolarización obligatoria hasta los 18 años. ¿Podría ser una vía efectiva?
R. Ampliar la escolarización obligatoria puede tener efectos positivos en algunos casos, pero por sí sola no resuelve el problema. Si no cambian las condiciones en las que los estudiantes viven su experiencia educativa, el riesgo es que simplemente prolonguemos situaciones de desvinculación dentro del sistema.

La cuestión no es solo cuánto tiempo están los jóvenes en la escuela, sino qué ocurre durante ese tiempo. Si no se transforman las prácticas educativas, la forma de enseñar o la capacidad de dar respuesta a la diversidad, la medida puede tener un impacto limitado. Por eso, el debate debería centrarse en cómo garantizar trayectorias educativas con sentido, en las que los estudiantes encuentren un lugar y puedan desarrollarse.

P. Durante mucho tiempo se ha hablado de la educación como ascensor social. ¿Sigue cumpliendo hoy esa función?
R. La educación sigue siendo un elemento clave para la movilidad social, pero no opera en las mismas condiciones que hace unas décadas. Hoy sabemos que no basta con acceder al sistema educativo: importa mucho en qué condiciones se transita por él y qué oportunidades reales se abren después.

En ese sentido, el sistema educativo puede contribuir a reducir desigualdades, pero también puede reproducirlas si no corrige las diferencias de partida. No todos los estudiantes recorren el mismo camino ni llegan a los mismos resultados, y eso tiene que ver tanto con su contexto como con las oportunidades que encuentran dentro del propio sistema.

Además, el valor de las credenciales educativas también ha cambiado. Tener un título ya no garantiza por sí mismo una inserción laboral estable, lo que introduce nuevos matices en esa idea de ascensor social. La educación sigue siendo necesaria, pero ya no es suficiente por sí sola.

P. Si esta situación se mantiene, ¿Qué consecuencias tiene para la sociedad?
R. Tiene consecuencias importantes, porque estamos hablando de desigualdades que se consolidan desde edades muy tempranas y que luego son muy difíciles de revertir. Cuando una parte de los jóvenes queda fuera de las oportunidades educativas, eso condiciona su acceso al empleo, pero también su participación social y sus expectativas de futuro.

A medio y largo plazo, esto afecta a la cohesión social. No es solo un problema individual, sino colectivo: implica una pérdida de talento, una mayor fragmentación y una sociedad menos equitativa. Y eso tiene efectos en muchos niveles, también en términos económicos. Por eso, más allá de los datos, el abandono escolar interpela directamente al modelo de sociedad que queremos construir y al tipo de oportunidades que estamos dispuestos a garantizar.