viernes, 18 de octubre de 2019

Maxim Renahy: "Los paraísos fiscales se usan para hacer creer que una fábrica no es rentable y justificar la deslocalización sin pagar planes sociales"

- "Hay bancos y empresas de seguros francesas que pasan por los paraísos fiscales para hacer cosas que están castigadas por la ley, como, por ejemplo, evitar tener suficientes reservas de dinero"

- "La excusa que dan las empresas es que van a esos paraísos fiscales por 'obligación', porque la 'globalización les obliga'. Pero esa es una falsa excusa. Van ahí para evitar que se vean los fraudes que realizan"

- "Hay estructura empresariales, como en Google, que son completamente ilegales pero que se consideran legales porque hay funcionarios que dicen: 'bueno, es ilegal, pero... la empresa emplea, por ejemplo, 3.000 personas aquí'"

Maxim Renahy, autor del libro Là où est l'argent, sobre paraísos fiscales.

Maxim Renahy (Grande-Synthe, 1978) trabajó de espía para los servicios secretos franceses en Jersey, uno de los "peores paraísos fiscales" del mundo, según los términos de la Red para la Justicia Fiscal. Renahy trabajó en esa isla británica situada en el Canal de la Mancha para el gabinete de abogados Mourant. También estuvo al servicio de Mourant en Luxemburgo. Pensando en que las autoridades francesas perseguirían a las empresas que recurrían a esos paraísos fiscales para cometer actividades fraudulentas, entregó información comprometedora a la que él tenía acceso al servicio de la Dirección General de la Seguridad Exterior de Francia (DGSE), los servicios de inteligencia galos. Pero se llevó una mala sorpresa.

Renahy se topó con la "pasividad" del Estado francés ante las irregularidades que cometían las empresas galas. Convencido de que los esfuerzos franceses – y también los del resto de grandes países europeos – contra los paraísos fiscales son insuficientes, escribió un libro relatando su experiencia hasta 2013 en el oscuro mundo de las finanzas en los paraísos fiscales. El volumen se titula Là où est l'argent o Donde está el dinero (Ed. Arènes, 2019). En él, da cuenta de los muchos usos que se siguen dando a esos considerados agujeros negros de las finanzas que son los paraísos fiscales. Es un auténtico ejercicio de whistleblowing a la francesa.

Usted quería entrar en el mundo de las finanzas para, estando dentro, ponerse al servicio de los servicios de inteligencia. ¿Por qué?

Cuando empecé, en 2007 había muy poca información sobre los paraísos fiscales. Tenga en cuenta que 2007 es mucho antes de que hubiera revelaciones como las del Luxleaks o gente como Edward Snowden, gente capaz de descubrir al menos parte del anverso de la escena política y económica internacional. Puede parecer azaroso que yo trabajara en el sector. Pero muchas cosas hicieron que yo trabajara como espía allí.

Yo tenía un fuerte deseo, desde siempre, de ponerme al servicio de mi país y, segundo, había algo que me intrigaba mucho en el secreto de los paraísos fiscales. Esos son los motivos por los que acabé trabajando para el gabinete de abogados Mourant, el mas grande de la isla. Estaba abierto a este tipo de aventuras, incluso si mi formación no tenía que ver con ese mundo tuve la oportunidad de cumplir ese sueño de trabajar para los servicios de inteligencia franceses.

Haciendo público en su libro su trabajo al servicio de la DGSE, ¿Hasta qué punto se ha convertido en un whistleblower?

En mi libro he tratado de mostrar cómo funciona el mundo de las finanzas, la corrupción de políticos y de multimillonarios. También he tratado de explicar la implicación del estado francés en los paraísos fiscales y cómo los servicios secretos defienden, para bien o para mal, los intereses franceses. También he querido dejar algunas pistas para ver cómo se puede servir mejor los intereses franceses y de Europa a través de una mejor gobernanza.

Esa corrupción de la que habla, no es sólo evasión fiscal, ¿verdad?

Los paraísos fiscales también sirven para todo tipo de fraude, ya sea malversación, uso de información privilegiada, creación de monopolios o estructuras offshore para disimular una estructura accionarial, o llevar a cabo liquidaciones fraudulentas en empresas. Sobre esto último, los paraísos fiscales se pueden usar para hacer creer que en Francia, España o Italia, por ejemplo, un centro de producción de una empresa no es rentable, cuando en realidad lo es, para así justificar una deslocalización sin pagar planes sociales, por ejemplo.

Luego están cuestiones como el pago de retrocomisiones o de inversiones prohibidas hechas a través de paraísos fiscales. Hay bancos y empresas de seguros francesas que pasan por los paraísos fiscales para hacer cosas que están castigadas por la ley, como, por ejemplo, evitar tener suficientes reservas de dinero. Hay 15.000 razones para que las empresas usen los paraísos fiscales.

El argumento más utilizado a la hora de justificar esos usos de paraísos fiscales es que se utilizan para competir mejor en los mercados internacionales.

Esa es la excusa que dan las multinacionales para justificar el estar presentes en los paraísos fiscales. Por experiencia propia puedo decirle que cada vez que he visto a multinacionales o multimillonarios pasando por un paraíso fiscal era para cometer fraudes, pero le hablo de fraudes a todos los niveles. La evasión fiscal nunca va sola. Ésta se suma a otras muchas cosas. Hacer uso de un paraíso fiscal no es algo que se haga únicamente por la evasión fiscal. La excusa que dan las empresas es que van a esos paraísos fiscales por 'obligación', porque la 'globalización les obliga'. Pero esa es una falsa excusa. Van ahí para evitar que se vean los fraudes que realizan.

Cuando usted se pone a disposición de los servicios de inteligencia franceses, ¿pensaba que éstos actuarían contra los actores económicos que usted denunciaba en sus informaciones?

Sí, porque yo he sido educado pensando que el Estado francés hacía su trabajo, porque Francia tiene un Estado fuerte. Pero en realidad eso no es así. Si el Estado francés hiciera bien su trabajo – aunque no es el caso – haría falta que los ciudadanos que lo desean pudieran ayudar al Estado francés. Éste no es omnipotente, por mucho que desde la administración se invite a pensar lo contrario. Un estado que hace bien su trabajo sería honesto, haría las cosas correctamente y pediría ayuda a los ciudadanos. Esto es algo a lo que el estado no se atreve. Parecería que hay un miedo. Habría que crear partenariados informales entre el estado y los ciudadanos, pagados o no. Yo trabajaba gratuitamente.

¿Qué es lo que más le ha llamado la atención del comportamiento de las autoridades frente a los paraísos fiscales?

Lo siguiente: ante las empresas que hacen liquidaciones fraudulentas de centros de producción, ante estas empresas, cuando son extranjeras, el Estado francés no se ocupa para nada, o si lo hace lo hace muy poco. No se les persigue y esto es algo completamente inaceptable. En el proceso, nos roban las patentes, la industria, por ejemplo. Además se ponen en la calle a miles de personas, que pierden sus trabajos. En contra partida, el Estado francés no hace nada para que los responsables de esas acciones rindan cuentas ante la justicia. Esto es lo mínimo que se tendría que hacer.

Por eso dice usted en su libro que los paraísos fiscales están asociados a “catástrofes sociales”.

Exacto.

¿Pero no hubo acciones de la DGSE contra ilegalidades en su tiempo al servicios de la administración?

Sí, las hubo. Una información que yo pasé la DGSE la hizo llegar a diferentes estructuras de la Hacienda francesa y otras haciendas extranjeras y así se logró que hicieran pagar impuestos a clientes nuestros [en Mourant]. Sin embargo, me parece insuficiente cuanto la administración llevó a cabo.

Portada del libro de Maxim Renahy sobre paraísos fiscales Là où est l'argent

¿Cuál ha sido el comportamiento de las autoridades fiscales que usted ha visto, por ejemplo, frente a Google?

Hay estructura empresariales, como en Google, que son completamente ilegales pero que se consideran legales porque hay funcionarios que dicen: "bueno, es ilegal, pero... la empresa emplea, por ejemplo, 3.000 personas aquí". Por eso, dentro del Estado francés también hay paraísos fiscales, algo comparable a la 'City' en Londres. Y esto es algo que hay que cambiar para que haya una auténtica justicia fiscal.

En Francia, hay un laissez-faire a través de lo que se llama el 'Candado de Bercy' [un sistema de la administración modificado a finales de 2018 que ponía en manos de altos funcionarios y no de la justicia decisiones relacionadas con la persecución del fraude fiscal]. Pero es que hay casos en los que el derecho internacional no se respeta en Francia. En la legislación francesa está recogida la iniciativa de la OCDE cuyas siglas son BEPS. Está destinada a la lucha contra la evasión fiscal. La iniciativa tendría que llevar a condenar a Amazon y Google. La ley, se supone, prohibe enviar la facturación a Irlanda, entre otras cosas.

¿Cómo ve usted la lucha a nivel europeo contra los fraudes de los que usted da cuenta en su libro?

Lo que yo veo es que Francia no es una excepción en Europa. Tiendo a pensar que en España, Italia, Gran Bretaña o Alemania, pasan las mismas cosas que en Francia.

Hacía usted alusión a Google o Amazon, pero, exactamente, ¿de qué empresas estamos hablando cuando se trata de recurrir a paraísos fiscales con fines fraudulentos?

Podría darle el nombre de decenas de empresas, francesas y extranjeras, implantadas en Francia. Pero siendo la difamación, según la ley francesa, no decir cosas falsas, sino decir cosas que pueden afectar a la reputación y al honor de una persona moral o física, prefiero evitar dar nombres y las consiguientes medidas legales contra mí.

Pero el mensaje de su libro es claro: se deja a las empresas recurrir a paraísos fiscales incluso cuando hay informaciones de los servicios secretos de que allí habrá actividades ilegales.

Eso es, sí. Esas informaciones existen, no sólo por espías o por whistleblowers, sino también por el trabajo de funcionarios que hacen bien su trabajo, porque no todos lo hacen mal. Yo estoy en contacto con un grupo de funcionarios dentro del Ministerio de Finanzas francés que trabaja bien. Ahora bien, yo no quiero echarle toda la culpa a los políticos, pero hay una gran responsabilidad de los políticos en esto. Me refiero a los políticos que, por ejemplo, en España llaman "la casta".

Puede resultar violento ver que hay quienes gozan de un trato de favor por las autoridades, cuando entre el resto de los ciudadanos, por ejemplo, pueden sufrir económicamente, también por causa de la presión fiscal.

Así es. Esto crea mucha violencia. En Francia, por ejemplo, yo apoyo el movimiento de los Chalecos Amarillos, concretamente un grupo que lucha por la justicia fiscal. Pero también, tengo que decírselo, yo me veo en una paradoja: denunciar estas actuaciones de la oligarquía es una forma de ayudarles. El día que haya otra crisis financiera, no sé si todo el mundo tendrá la paciencia que yo tengo para hacer revelaciones puramente factuales. Haciendo revelaciones, en realidad, estamos ayudando también a que quienes viven con el fraude vuelvan al camino de la legalidad.

Fuente:

https://www.eldiario.es/economia/razones-empresas-utilizan-paraisos-fiscales_0_951555141.html

jueves, 17 de octubre de 2019

El acoso a Peter Handke

Rafael Poch de Feliu Blog personal

El Nobel de literatura se interpone en el camino de los apologistas de la guerra humanitaria de la OTAN

Los premios Nobel de literatura -no hablemos ya de los de la Paz- siempre fueron asunto polémico y politizado. Hace unos años el galardón literario se le concedió a Patrick Modiano, autor de una sola novela que se repite, una y otra vez, en toda su extensa obra. En 2010 se le concedió a Mario Vargas Llosa, un gran escritor que, curiosamente se ha ido haciendo mediocre (y hasta plagiador, véase el artículo de Enrique Serbeto sobre La fiesta del chivo) conforme se hacía más reaccionario. En 2016, llegó la broma de considerar un gran literato a Bob Dylan… Políticamente es bastante corriente premiar a los escritores críticos con los gobiernos de países adversarios, lo que hace particularmente notable que autores no disidentes de esos países accedan al título, como fue el caso de Mo Yan en 2012. Considerando todo esto, es doblemente destacado que el Nobel de literatura haya recaído este año en el poeta y dramaturgo austríaco Peter Handke.

Peter Handke

No solo tiene Handke méritos más que sobrados para tal premio, sino que desde los años noventa figuraba en el índice de los apestados, circunstancia que había convencido a todo el mundo, y en primer lugar al propio autor, de que nunca sería premiado. El motivo es que Handke criticó, con toda la razón, el informe mediático occidental contra Serbia que preparó las guerras de Bosnia (1992-1995) y Kosovo (1999). Sin aquello nunca habríamos llegado a comprender que las bombas de Javier Solana explicadas por el infame Jamie Shea, eran necesarias y humanitarias, que la agresión de la OTAN violadora del derecho internacional iba destinada a prevenir el genocidio. Por eso, su publicación, en enero de 1999, del texto Gerechtigkeit für Serbien (“Justicia para Serbia”) lleno de buen sentido, fue el escándalo literario del año en el mundo germanoparlante. Algo parecido le sucedió a Régis Debray en Francia, con su “Carta de un viajero al Presidente de la República” (1999). Ovejas negras que desentonaban en el rebaño. Notas que desafinaban en la disciplinada y gregaria orquesta.

Parecido pero de diferente calidad. Porque los Nouveaux Chiens de garde que sufrió Debray en Francia eran los habituales payasos mediáticos de la derecha parisina, Alain Finkielkraut, André Glucksmann, Bernard-Henri Lévy y similares, mientras que los apologistas de la guerra en Alemania que denigraron a Handke eran gente de mayor categoría, Jürgen Habermas, habitualmente descrito como “el principal filósofo alemán vivo”, Hans Magnus Enzensberger o Peter Schneider. Habermas vio en el ataque de la OTAN a Serbia un “salto en el camino del derecho internacional clásico de los estados hacia el derecho cosmopolita de una sociedad civil mundial”. En ausencia de instituciones responsables de mantener el orden global, la OTAN debía actuar como “instrumento de un derecho superior”.

El texto de Handke se basaba en un viaje que el autor hizo con amigos en noviembre y diciembre de 1995 a través de Serbia. Su propósito era contar la verdad sobre Serbia y el conflicto. “Cuando los criminales de la OTAN bombardean el país, mi lugar está en Serbia”, decía en un contexto dominado por las acusaciones unilaterales y las tergiversaciones mediáticas más groseras. Handke volvió a Yugoslavia en 1999, cuando caían las bombas de la llamada guerra de Kosovo, y publicó sus notas “Unter Tränen fragend” (Preguntando entre lágrimas). Católico practicante, anunció que dejaba la “Iglesia actual” en protesta porque en su mensaje de Pascua, el papa no condenó “el arrollador asalto de la OTAN contra un país pequeño”. Mas tarde visitó a Slobodan Milošević en La Haya y escribió sobre él nuevos textos incorrectos.

Por su comprensión hacia Milosevic, Handke fue comparado con Ezra Pound por sus loas a Mussolini, y con Louis-Ferdinand Céline, ese enorme escritor que fue fan de Hitler, poniendo el signo de igualdad entre actitudes, situaciones y personajes tan diferentes. Como escribió hace unos años el historiador Kurt Gritsch en la revista Hintergrund, “apenas se intentó entender la motivación de Handke, al revés: se cuestionó su credibilidad e integridad”. Es una manera moderada de decirlo.

Lo que hubo fue un linchamiento, algo particularmente asqueroso cuando los pateadores de la víctima hablan alemán, lo que inevitablemente se asocia con perros de presa y un fondo de reflectores y alambre de espino. Se le tachó de “negacionista”, de “tonto útil”, etc., y todo para justificar una enormidad: la primera participación alemana en una guerra desde Hitler. Esa circunstancia no concurría en Francia.

A Habermas en 2001 le dieron el premio de la paz de los libreros alemanes. A Handke se le nominó en 2006 para el premio Heinrich Heine pero el consejo municipal de Düsseldorf protestó recordando la “actitud proserbia del autor” y el entonces presidente de la región de Renania del Norte-Westfalia, Jürgen Rüttgers, declaró indigno de tal premio “a quien ha relativizado el holocausto”.

Este tipo de acusaciones y reproches deshonestos se han mantenido hasta hoy y han resurgido con motivo de la concesión del Nobel de literatura. “Nadie ha convertido en tanta pequeñez las masacres, la guerra y el sufrimiento en los Balcanes tan expresivamente como Peter Handke, para las víctimas, la decisión de Estocolmo tiene un mensaje demoledor”, señalaba hace unos días el Frankfurter Allgemeine Zeitung. “Alemania estaba en guerra con Milosevic por muy buenas razones humanitarias, ¿no honramos ahora a los apologistas del dictador?”, se pregunta en el Tagespiegel el embajador y lobbysta del complejo militar-industrial alemán Wolfgang Ischinger.

Los mismos que en su día contaminaron el informe yugoslavo, sobre el que hoy disponemos de cuadros mucho más completos y realistas  completos y realistas continúan manipulando y tergiversando. Por una vez el Nobel de literatura se les ha atravesado en el camino.

(Publicado en Ctxt)

Fuente: https://rafaelpoch.com/2019/10/16/el-acoso-a-peter-handke/#more-347

miércoles, 16 de octubre de 2019

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista “Quienes practicamos la ciencia somos un segmento privilegiado de la población mundial".

Salvador López Arnal
Rebelión

Profesor de Historia de Europa y de Teoría de la Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Comahue (Argentina), Ariel Petruccelli ha publicado numerosos ensayos y artículos de marxismo, política y teoría de la historia. Es miembro del consejo asesor de la revista Herramienta. En esta conversación nos centramos en su libro Ciencia y utopía, Buenos Aires, Ediciones Herramienta y Editorial El Colectivo, 2016. Se define como “marxista libertario con una amplia participación política en el movimiento estudiantil (en tiempos ya lejanos) y sindical docente”. Ha cultivado el humor político en un colectivo de agitadores culturales (El Fracaso) que editó a lo largo de más de una década dos publicaciones satírico-revolucionarias: La Poronguita y El Cascotazo.

***

Nos habíamos quedado aquí. Para usted los fracasos revolucionarios del siglo XX no permiten concluir que en el futuro tampoco podrá construirse una sociedad genuinamente socialista. Si hablamos de implicación seguramente no, pero ¿no cabe inferir, aunque sea probabilísticamente, que esa tarea es una aspiración demasiado compleja, un ideal hermoso pero demasiado difícil? Podemos soñar, está bien que soñemos, pero el mundo no es una entidad onírica.

Por supuesto, el mundo no es una entidad onírica. Acepto este punto. Pero precisamente: el mundo real en el que vive la gente real corre un peligro mortal justamente por el capitalismo. Este es el punto que hay que discutir hoy. Si usted cree que el capitalismo, incluso sin ser un sistema demasiado bonito, es un sistema capaz de desarrollo indefinido (más o menos como hasta ahora), es una cosa. Pero si usted piensa que el desarrollo capitalista nos lleva a la catástrofe, es otra. Yo pienso lo segundo. Y déjeme precisar. El desarrollo del capitalismo, mirándolo históricamente, nunca me pareció algo uniformemente hermoso: siempre tuvo dos caras, como muy bien vio Marx. Pero ahora la situación es diferente, dado que el desarrollo del capitalismo nos ha colocado a las puestas de un colapso ecológico. Y navegamos al borde del abismo sin que, entre tanto, hayan desaparecido el hambre, la miseria, la pobreza o las guerras (cosas que, al menos en teoría, podrían no existir en el capitalismo; como no sucede con la explotación, por caso, y por ello no la incluí en el listado).

Puestas las cosas así, la alternativa socialista, antes que un sueño (hermoso o no), podría ser vista como una vía para despertarnos de la pesadilla capitalista.

No niego que las dificultades de elaborar un sistema social alternativo al dominado por el capital sean enormes. Pero pienso que seguir (más o menos) como hasta ahora es seguir navegando en dirección a un iceberg.

Por cierto, le he preguntado poco sobre Cuba. ¿Cuba no sería una sociedad que, a su manera, con dificultades, con “contradicciones”, con imperfecciones, intenta construir una sociedad igualitarista, socialista?

Cuba vivió una revolución popular que rápidamente se encaminó a construir el “socialismo” tal y como lo entendían los soviéticos. En su momento tampoco había muchas otras alternativas, dada la ubicación geográfica y el tamaño de Cuba. El Che lo vio muy bien, y mucho no le simpatizaba la situación: por eso prefirió irse a hacer la revolución en el Congo primero y en Bolivia después. Su famoso discurso de Argel es muy claro sobre lo que pensaba de los soviéticos. Pero creo que entendía que, más allá de los deseos, la dirigencia revolucionaria cubana estaba entre la espada y la pared. De todas las sociedades “estilo soviético”, Cuba debe haber sido una de las menos represivas y más igualitaria. En los últimos años, sin embargo, las desigualdades han crecido mucho. Ahora bien, si definimos al socialismo como lo hiciera Ralph Miliband (y yo creo que es una excelente definición), Cuba no es hoy ni ha sido nunca exactamente socialista. Miliban dice que el socialismo debe aunar: a) democracia; b) igualdad; c) socialización de al menos los principales medios de producción. Y bien, la democracia en la que piensa Miliband presupone la libertad de que existan diferentes partidos: no se puede decir que Cuba sea una democracia en este sentido, dado el monopolio del PC. Igualdad ha tenido mucha (como dije, ahora menos), y este punto acaso se le debería conceder. En cuanto a la socialización, hay que decir que en Cuba las empresas son estatales, antes que socializadas en el sentido de Miliband (sentido que se conjuga con la democracia, en virtud del derecho de los trabajadores a participar en la gestión de sus empresas y elegir a sus autoridades).

Le vuelvo a citar: “Aunque es indudable que en la mayor parte de su obra manifestó Marx un respeto y un interés por la ciencia, así como un cierto desprecio o desinterés por la ética y la justicia, no es menos evidente que en su práctica concreta valoró por igual a la ciencia y a los ideales”. No es cualquier cosa eso de que un clásico socialista manifieste cierto desprecio o desinterés (sobre todo lo primero) por la ética y la justicia. Pero, sea como fuere, ¿nos puede dar algún ejemplo concreto donde, en la práctica, Marx valorase por igual ciencia e ideales?

Creo que en sus últimos años es muy evidente cómo valora por igual a sus “amigos científicos”, como Kovalevsky, y a sus “amigos revolucionarios”, como Narodnaia Volia. La meticulosidad con la que estudió el caso ruso (para lo cual aprendió ese idioma a los 56 años) es muestra de la seriedad con la que se tomaba sus investigaciones científicas. Pero nunca abandonó su espíritu revolucionario. Al analizar las posibilidades de la comuna rural, luego de sopesar todos los elementos fácticos, concluyó: “pero no se trata de resolver un problema teórico, sino de vencer a un enemigo”. Más allá de los datos, él estaría con las masas campesinas.

De nuevo sus palabras: “Por otra parte, la completa síntesis entre subjetividad y objetividad -estoy seguro de ello- nunca lograremos alcanzarla”. ¿De dónde su seguridad? ¿No subyace a esa seguridad una implicación que antes rechazaba?

Creo que no. La seguridad de esa expresión es deudora de mi convencimiento en el carácter limitado del conocimiento humano. Siempre tendremos análisis incompletos y muchas veces al menos parcialmente errados. Las consecuencias imprevistas de la acción, además, no pueden ser eliminadas. No creo que sea posible una acción subjetiva basada en un conocimiento perfecto capaz de controlar completamente sus consecuencias ulteriores. Por eso pienso que la completa síntesis entre objetividad y subjetividad nunca lograremos alcanzarla. Pero ello no obsta para que procuremos basar nuestras decisiones en el mejor conocimiento disponible, mientras estamos atentos y dispuestos a examinar críticamente tanto las premisas de las que partimos como las consecuencias de nuestras creencias y acciones.

Sus palabras finales: “Pero si hemos de ser fieles al legado de Marx, entonces habremos de llevar en nuestras mochilas tanto el ropaje del científico riguroso que procura acaso sin éxito pero provechosamente alcanzar la verdad, cuanto los atuendos del apasionado revolucionario dispuesto a realizar los mayores sacrificios en pos de sus ideales”. Ciencia y utopía, pues, concluye. Pero, perdone la insistencia, a día de hoy, finales de septiembre de 2019, mirando el mundo de cara, sin engaños, sin sueños excesivos que enturbien la razón (que pueden producir monstruos), teniendo en cuenta nuestros tres jinetes del Apocalipsis (desigualdades inimaginables, armamento atómico en aumento, calentamiento global y afines), ¿es posible llevar una mochila con ese peso?

Justamente por todo lo que usted señala es que debemos llevar esa mochila. Estando las cosas como están, ya no es ni muy sensato ni muy viable entregarnos a ensoñaciones utópicas despreocupadas de su viabilidad, como a puros análisis de lo que hay mientras el barco se hunde. Por otra parte, quienes practicamos la ciencia, en el mundo contemporáneo, somos por definición un segmento privilegiado de la población mundial. Las mayorías llevan mochilas mucho más pesadas e incómodas, cargadas de miseria, hambre, violencia cotidiana, sufrimientos inauditos. Para mí es casi un imperativo que quienes tenemos el privilegio de que se nos pague para estudiar e investigar debemos asumimos el compromiso de criticar este mundo desquiciado y proponer posibilidades alternativas. Quizá eso haga nuestra mochila más pesada, pero nunca tanto como la que llevan los olvidados de la tierra.

¿Quiere añadir algo más? Por mi parte, muchas, muchísimas gracias. Ha sido gran honor dialogar con usted, aprender de usted, durante todos estos meses (que no han sido pocos). No le extrañe que intente repetir. Le voy a echar en falta. Lo bueno, si ausente, genera melancolía.

Melancolía de izquierdas, que diría Enzo Traverso. Yo también voy a extrañar mucho este intercambio. No se en qué momento decidió usted que este diálogo tendría la extensión que terminó teniendo (al principio yo imaginé algo mucho, mucho más breve); pero en verdad se lo agradezco. He aprendido mucho con usted y de usted. Y he ganado un gran amigo. ¡¡Hasta la victoria siempre, amigo Salvador!!

Hasta la victoria siempre amigo Ariel. Salud, amor, prudencia, indignación ante la injusticia y socialismo en serio.

* Nota de edición. Conversaciones anteriores :

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (I). "La perspectiva materialista en los términos de Marx que asumo puede sintetizarse en la sentencia: ‘el ser social determina la conciencia social'" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=238338

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (II). "El socialismo como la organización de los productores libremente asociados nunca vio la luz, salvo a pequeña escala o por momentos fugaces" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=238571

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía en Marx y en la tradición marxista (III). "Sobre el marxismo sin ismos de Paco Fernández Buey tengo la mejor de las opiniones. En realidad la tengo del conjunto de su obra" (*) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=238794

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (IV). "Antoni Domènech ha realizado un estudio histórico magistral del concepto de fraternidad" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=239177

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (V). "Intento mostrar que Marx tuvo -hasta finales de los sesenta del XIX- una concepción relativamente ingenua del proceso de expansión capitalista" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=239526

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (VI). "Para Marx las cosas verdaderamente valiosas son las que constituyen un fin en sí mismas y no un mero medio para otra cosa" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=239785

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (VII), "La concepción usual de la dialéctica en la tradición marxista se basa en generalidades como la negación de la negación" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=240133

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (VIII). "La pasión política es tomar la política como una necesidad vital, como un fin en sí mismo y en el que se juegan las convicciones" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=240735

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (IX). "Marx, en sus últimos años, corrige algunas concepciones suyas de años anteriores; pero no veo una ruptura total o completa". http://www.rebelion.org/noticia.php?id=241240

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (X). "Engels solía ser más perspicaz que Marx en muchas cuestiones históricas, y en asuntos científicos, por no hablar de los militares" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=241504

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (XI). "Plajanov es un exponente del determinismo tecnológico: una concepción que yo no comparto" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=242601

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (XII). "No hay ningún vínculo necesario entre clase obrera y socialismo" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=242899

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (XIII). Una elite revolucionaria con pocos privilegios materiales sería un gran avance pero no puede ser el objetivo".

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=243199

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (XIV) "Hasta ahora la historia ha sido mucho más padecida que racionalmente creada". http://www.rebelion.org/noticia.php?id=243480

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (XV). “Hay muchas vetas en la producción intelectual de Mariátegui. Es un autor vivo, y cabe esperar que lo seguirá siendo”. h ttp://www.rebelion.org/noticia.php?id=243852

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (XVI). “Mariátegui no rechaza la existencia de una dimensión moral o racial, sino lo que pretendía “explicar” la miseria indígena por elementos raciales o culturales”. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=244104

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista (XVII)“La de Trotsky es una ética de la igualdad, del lado de los oprimidos y explotados, y de la rebeldía”. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=245998

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista. “El hiperrealismo suele estar basado en la aceptación moral, no solamente intelectual, de un estado de cosas deplorable” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246277

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista. “La libertad era para Marx el mayor bien, nunca estuvo dispuesto a sacrificar el principio de la libertad por consideraciones pragmáticas de prudencia” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246858

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista. “Conviene no perder de vista los usos sociales y políticos de las concepciones éticas” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=247348

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista. “Las convicciones socialistas deben afincarse en un plano ético sobre el que empíricamente se puede argumentar, pero nunca demostrar nada concluyente” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=249319

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista

“Igual que con la libertad, las reservas marxianas sobre la justicia son útiles para tener una mirada crítica sobre la misma” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=249588

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista. “Marx concebía la libertad como autodeterminación individual y colectiva para establecer nuestros fines sin coacciones y la capacidad de alcanzarlos” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=251127

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista. “La fuerza del desarrollo tecnológico y económico es el imperativo de la ganancia y no las humanas necesidades en armonía con el medio ambiente”. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=251397

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista. “La igualdad es un valor irrenunciable de la izquierda” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=254618

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista. “Militar en una organización revolucionaria no fue en el siglo XX un juego de niños” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=259892

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista. “Las reservas de Marx sobre la mitología de la igualdad sigue teniendo vigencia.” http://www.rebelion.org/docs/260155.pdf

Entrevista a Ariel Petrucelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista. “Marx se hizo comunista mucho antes de entender cómo funciona exactamente el modo capitalista de producción” http://www.rebelion.org/docs/261057.pdf

martes, 15 de octubre de 2019

El destierro eterno del ‘generalísimo’ francés. A diferencia de lo ocurrido en España, los restos del mariscal Pétain, líder de la Francia colaboracionista con los nazis, reposan en el cementerio de una minúscula isla.

A él le habría gustado que le enterrasen en la necrópolis de Douaumont, donde reposan los soldados muertos en la batalla de Verdún. O habría podido acabar en los Inválidos de París, cerca de Napoleón o de Foch, héroe, como él, de la Primera Guerra Mundial. Pero los restos de Philippe Pétain están enterrados a centenares de kilómetros de los monumentos a los caídos y de todos los honores.

“Philippe Pétain. Mariscal de Francia”, reza la inscripción en una tumba blanca junto al muro del cementerio de Port-Joinville, capital de la Île d’Yeu, una pequeña isla de 4.500 habitantes a 30 minutos en ferri de la costa francesa.

El mariscal Pétain —el comandante que en la Gran Guerra disfrutó como ningún otro de la admiración de los franceses, y que años más tarde encabezó el régimen colaboracionista con la Alemania nazi— acabó sus días en este pedazo de tierra en el Atlántico. Tras la liberación de Francia, fue condenado a muerte por “alta traición” e “inteligencia con el enemigo”, pero el general De Gaulle le conmutó la pena. Después de un paso breve por una fortaleza de los Pirineos, se le trasladó a la isla de Yeu, lejos de todo y de todos. Encarcelado en un fuerte militar, pasó aquí sus seis últimos años. Su esposa, Annie Pétain, conocida como la Mariscala, vivía en el Hôtel des Voyageurs, junto al puerto. Cuando se acercaba la hora final, le trasladaron a una casa de Port-Joinville, cerca de la iglesia. Murió el 23 de julio de 1951. Tenía 96 años.

Pequeño museo
“Me acuerdo bien de la Mariscala yendo a la iglesia. Y la veíamos subiendo por la calle cuando iba a ver al mariscal a la ciudadela”, dice Marie-Louise Nolleau, que tenía 12 años cuando los Pétain llegaron a la isla. El mariscal, en la ciudadela de Pierre-Levée. La Mariscala, en el hotel que regentaban quienes serían los suegros de la mujer, la familia Nolleau. El marido de Marie-Louise Nolleau convivió durante aquellos años con Madame la Maréchale. “Me contaba que era una mujer dura, estricta”, recuerda. Y, mientras tanto, muestra el minúsculo museo dedicado a la memoria de Pétain, situado en la casa de sus suegros, donde Annie Pétain residió. Allí está la cama donde murió el mariscal, así como todo tipo de objetos, desde sellos hasta cartas manuscritas. Y una caja de naranjas —vieja y vacía, con una bandera rojigualda— que Franco envió a Pétain. “Gracias por esta evocación del destino del mariscal Pétain. ¡Muchas gracias! ¡Viva nuestro mariscal!”, ha escrito alguien en el libro de visitas. Y otro: “Gracias por haber sabido conservar los testimonios de una vida extraordinaria de un hombre cuyo recuerdo sigue persiguiendo Francia y la República”.

La isla de Yeu, el minúsculo museo que parece una capilla pétainista, la tumba imponente pero sobria y sin adornos oficiales podrían ser una metáfora del lugar que Pétain ocupa hoy en la historia. Un personaje maldito que representa los momentos más oscuros del siglo XX, incluido su papel en la deportación de los judíos, y, al mismo tiempo, un personaje idolatrado en los años veinte y treinta por su papel en la victoria de 1918 ante los alemanes.

“Su nombre está ligado al traumatismo de la Segunda Guerra Mundial, es sinónimo de la Francia que colaboró con los nazis”, explica la historiadora Bénédicte Vergez-Chaignon, autora de la biografía de referencia sobre Pétain. “Sigue siendo difícil evocar su papel en la Primera Guerra Mundial sin que parezca que se le excusa por lo que hizo en la segunda”.

Desde el mismo momento en que Pétain fue enterrado, empezó el debate sobre los restos. El presidente François Mitterrand, que en su juventud había sido funcionario en el régimen de Vichy y fue condecorado por Pétain, enviaba flores cada año. En el centenario del final de la Gran Guerra, el actual presidente, Emmanuel Macron suscitó una polémica cuando afirmó: “El mariscal Pétain fue un gran soldado, es una realidad. La vida política, como la naturaleza humana, a veces es más compleja”.

El otoño se ha instalado en la Île d’Yeu, la lluvia y la mala mar refuerzan la sensación de encontrarse en una burbuja remota, pese a que la travesía no supera la media hora. La pesca, el turismo y la construcción son el motor económico. En temporada baja, Port-Joinville marcha a medio gas. En el cementerio nada indica que ahí yace Pétain. La tumba es un engorro para una isla donde pocos se identifican con el mariscal: la extrema derecha recoge peores resultados que en el resto del país. En ocasiones es objeto de vandalismo. Los visitantes son escasos. Cada 23 de julio hay una conmemoración. Los fieles envejecen, cada año son menos.

EL FALLIDO COMANDO QUE TRATÓ DE LLEVAR LOS RESTOS A VERDÚN
Hubert Massol, presidente de la Asociación para la defensa del mariscal Pétain, fue protagonista en la noche del 18 al 19 de febrero de 1973 de un episodio rocambolesco: el intento de cumplir la voluntad de Pétain y trasladarlo a Douaumont, junto a Verdún, en el este de Francia. “Un día nos dijimos que había que hacer algo y montamos un pequeño comando. Yo lo dirigí”, recuerda Massol por teléfono. Eran cinco personas. Viajaron en camioneta y en ferri hasta la isla de Yeu. Abrieron la tumba, sacaron el ataúd y lo cargaron en la camioneta. De camino a Verdún, y antes de llegar a París, escucharon en la radio la noticia del secuestro de los restos de Pétain, y por prudencia decidieron esconderlo en un garaje de las afueras de París. Pero la policía localizó a Massol, que les acabó indicando donde estaba escondido el ataúd. “Me di cuenta de que no había salida: no podíamos dejar a Pétain ahí”, explica. Pasó una noche en el calabozo, nada más. No volvió a intentar la operación. Los pétainistas siempre observaron con envidia el Valle de los Caídos, que Massol ha visitado varias veces. Hoy, ante las noticias del anunciado traslado de Franco a un pequeño cementerio en El Pardo, lo tiene claro: “Me parece escandaloso”.

https://elpais.com/politica/2019/10/12/actualidad/1570899646_559645.html

lunes, 14 de octubre de 2019

La importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa No es lo mismo.http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261312

Rafael Poch de Feliu
Blog personal

Cómo el Parlamento Europeo aprueba la versión de la historia de la Segunda Guerra Mundial de la derecha polaca, de acuerdo con los planes estratégicos de Estados Unidos en el continente.

Con su resolución de 19 de septiembre sobre la Importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa, el Parlamento Europeo, ha dado un nuevo y vergonzoso paso en la reescritura de la historia europea. A iniciativa de 19 diputados, 18 de ellos polacos y uno letón, una feliz coalición de conservadores, liberales, nacionalistas, socialdemócratas y algunos verdes, aprobó, por 535 votos a favor, 66 en contra y 52 abstenciones, “un retroceso ideológico hacia los peores tiempos de la guerra fría”, en palabras de la Federación Internacional de combatientes de la Resistencia (FIR).

La resolución afirma la curiosa tesis de que “La Segunda Guerra Mundial fue el resultado directo del infame Tratado de no Agresión nazi-soviético de 23 de agosto de 1939, también conocido como Pacto Molotov-Ribbentrop”. La Unión Soviética y la Alemania nazi, los dos principales adversarios de la Segunda Guerra Mundial, son de nuevo presentados como gemelos: “dos regímenes totalitarios que compartían el objetivo de conquistar el mundo, repartirse Europa en dos zonas de influencia”. Poniendo un nuevo signo de igualdad, se pide a los estados miembros que “conmemoren el 23 de agosto como Día Europeo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo a escala tanto nacional como de la Unión”, y se llama a elevar los ánimos bélicos agitando a las “generaciones más jóvenes” para “fomentar la capacidad de resistencia ante las amenazas modernas que se ciernen sobre la democracia”.

Una vieja ideología de nuevo funcional

Esta amalgama no tiene nada de inocente y está directamente relacionada con las actuales y artificiales tensiones de “nueva guerra fría” a las que han conducido un cuarto de siglo de marginación de Rusia de un sistema de seguridad atlantista contra ella dirigido, vía ampliación de la OTAN, abandono de acuerdos de desarme e instalación de infraestructuras militares junto a sus fronteras. Tampoco es algo nuevo.

En el pasado, poner el signo de igualdad entre nazismo y comunismo fue extremadamente funcional en el periodo de posguerra, cuando el frente aliado de la coalición anti Hitler del que la URSS era pilar fundamental, se fracturó dando lugar a la nueva tensión entre potencias del mundo bipolar que conocemos como guerra fría entre Estados Unidos y la URSS. El paralelismo y la equivalencia entre nazismo y comunismo estalinista rehabilitó a los ex nazis alemanes que construyeron la República Federal Alemana , integrándolos en la primera línea del frente común anticomunista en Europa. Gracias a la teoría de los totalitarismos de uno u otro signo , los ex nazis fueron eximidos de la mitad de su culpa: por un lado eran culpables de atrocidades, pero por el otro habían sido precursores en la lucha contra el nuevo enemigo, al que se habían anticipado identificándolo aunque fuera desde una ideología algo equivocada . En Alemania occidental, donde apenas hubo desnacificación, un pequeño ejercicio verbal de arrepentimiento, les bastó para convertirse en cristiano-demócratas, liberales e incluso socialdemócratas, no solo sin renegar de su pulso contra el comunismo, sino reivindicándolo. Franco sacó buen partido de ese mismo recurso reciclando la criminal alianza de su régimen con las potencias del eje para convertir a España en base militar aeronaval del mundo libre y reserva espiritual de Occidente.

Mantener la división continental

Ahora esa misma ideología, que en la Europa de los años, sesenta, setenta y ochenta habría sido considerada desvergonzado disparate reaccionario, avanza impulsada por la dinámica de nueva tensión con la Rusia postsoviética (cuyo “comunismo” es igual a cero), acusada de “amenazar Europa” pese a que su gasto militar es más de catorce veces inferior al del conglomerado noratlántico que la rodea. En este despropósito, que retrata un aspecto del regreso de la Europa parda, no hay nada de casual.

Algunos países del Este de Europa, enemigos históricos de Rusia son utilizados para la estrategia de división continental impulsada desde Washington. Es sabido, y los documentos oficiales de los estrategas de Washington así lo proclaman desde hace años, que imposibilitar el ascenso de la Unión Europea como sujeto autónomo, por ejemplo con una política independiente en Oriente Medio, es el objetivo estratégico de Estados Unidos en el continente, por lo que es imperativo mantener una tensión artificial con Rusia. Una relación normalizada de la Unión Europea con la nación más poblada de Europa y la más rica en recursos, además de su principal suministrador energético, es condición sine qua non para esa hipotética autonomía.

Los gobiernos de países como Polonia y las repúblicas bálticas actúan como el caballo de Troya de ese propósito, con el que sus gobiernos ultraconservadores sintonizan -por razones históricas bien comprensibles dada la tormentosa relación de esos países con Rusia en el siglo XIX y XX. Su ingreso en la OTAN y en la UE fue priorizado desde Estados Unidos por esa razón y sus gobiernos tienen en ese papel de acicate anti ruso su principal carta de influencia en Washington y en Bruselas. Es significativo que la resolución llame a “fomentar, en particular entre las generaciones más jóvenes, la fuerza de resistencia ante las amenazas modernas que se ciernen sobre la democracia”, dando por buena la leyenda de la “amenaza rusa” sobre Europa que esos países proclaman de forma histérica, así como apelando a tomar “firmes medidas” ante la “guerra de la información librada contra la Europa democrática con el objetivo de dividirla”, es decir a silenciar el aparato de propaganda ruso en el continente que asegura un pluralismo de propagandas que debilita los monopolios establecidos.

La desvergüenza de los diputados polacos, y la tontería de los diputados que han votado esta resolución muchos de ellos seguramente sin leerla o sin entenderla, llega al extremo de solicitar la declaración del “Dia Internacional de los héroes de la lucha contra el totalitarismo, el 25 de mayo, aniversario de la ejecución de un militar anticomunista polaco, Witold Pilecki, que fue internado en Auschwitz por los nazis en una rocambolesca historia y posteriormente ejecutado por los comunistas polacos como agente militar del gobierno polaco en el exilio. Aquí la intención que se adivina es eminentemente nacional: blanquear la escandalosa complicidad polaca en el holocausto, así como la sintonía de la Polonia de preguerra con los nazis, con quienes firmó un acuerdo de no agresión en 1934. Polonia fue cómplice en la desmembración nazi de Checoslovaquia en 1938 y sus dirigentes tuvieron una gran responsabilidad en la posterior ruina de su nación, algo de lo que se prefiere no hablar . Europa debe odiar a los rusos, de acuerdo con el nacionalismo polaco, y para ello se falsifica y manipula lo que haga falta.

“Totalitarismos de uno u otro signo”

La llamada teoría de los totalitarismos intentó explicar el hecho histórico de que en el siglo XX algunos sistemas tuvieron un nivel de coerción y control político tan superior al de la mayoría de las dictaduras, que merecían una nueva categoría. Pero el término totalitarismo no tiene un claro contenido y sí claros inconvenientes. Uno de ellos es que no es un concepto histórico, sino propagandístico cuyo uso se generalizó durante la guerra fría. En la práctica sirvió para rehabilitar a los nazis y movilizar a Occidente contra el comunismo. Desde ese término, los propagandistas occidentales introdujeron la idea del “comunismo” y el estalinismo como despotismos sin relación alguna con el pasado, obviando toda explicación histórica. La historia de la autocracia y el absolutismo rusos, con una larga tradición secular y de la que el estalinismo fue genuina expresión en las condiciones técnicas del siglo XX, simplemente desapareció en beneficio de una cruzada ideológica encaminada a demonizar la peligrosa idea de la nivelación social.

Fue así como una teología de la maldad explicó, por ejemplo, la compleja historia del acuerdo germano-soviético de agosto de 1939, que viene después, y no antes, de acuerdos similares de no agresión firmados por Polonia con los nazis contra la URSS, o del espectáculo de Munich que convenció definitivamente a los soviéticos de que los liberales occidentales acabarían aliándose con los nazis contra la URSS, o por lo menos dejándoles hacer en el Este, tal como el propio Hitler confirma en sus reflexiones póstumas transcritas por su último secretario personal, Martin Bormann.

Tras la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial, la teoría del totalitarismo se utilizó para presentar al nazismo y al comunismo estalinista como hermanos gemelos, ignorando la diferencia ideológica fundamental; que no puede haber un “buen” nazismo, contrario a todo planteamiento humanista, pero sí un “buen” socialismo que desarrolle ideales humanistas radicalmente antagónicos con el antihumanismo estalinista.

El punto de vista de Primo Levi

Todo esto era bastante banal en la Europa de la guerra fría. En uno de los libros más importantes del siglo, la Trilogía de Auschwitz (1971), Primo Levi, un superviviente de aquella catedral de la historia europea, relataba en estos términos las diferencias entre los Lager alemanes y los soviéticos. La principal, decía, “consiste en su finalidad”:

Los Lager alemanes constituyen algo único en la no obstante sangrienta historia de la humanidad: al viejo fin de eliminar o aterrorizar al adversario político, unían un fin moderno y monstruoso, el de borrar del mundo pueblos y culturas enteros. A partir de más o menos 1941, se volvieron gigantescas máquinas de muerte: las cámaras de gas y los crematorios habían sido deliberadamente proyectados para destruir vidas y cuerpos humanos en una escala de millones; la horrenda primacía le corresponde a Auschwitz, con 24.000 muertos en un solo día de agosto de 1944. Los campos soviéticos no eran ni son, desde luego, sitios en los que la estancia sea agradable, pero no se buscaba expresamente en ellos, ni siquiera en los años más oscuros del estalinismo, la muerte de los prisioneros: era un hecho bastante frecuente y se lo toleraba con brutal indiferencia, pero en sustancia no era querido; era, en fin, un subproducto debido al hambre, el frío, las infecciones, el cansancio. En esta lúgubre comparación entre dos modelos de infierno, hay que agregar que en los Lager alemanes, en general, se entraba para no salir: ningún otro fin estaba previsto más que la muerte. En cambio en los campos soviéticos siempre existió un término: en la época de Stalin los “culpables” eran condenados a veces a penas larguísimas (incluso de quince y veinte años) con espantosa liviandad, pero subsistía una esperanza de libertad, por leve que fuera.

De esta diferencia fundamental nacen las demás. Las relaciones entre guardias y prisioneros, en la Unión Soviética, están menos deshumanizadfas: todos pertenecen al mismo pueblo, hablan la misma lengua, no son “superhombres” e “infrahombres” como bajo el nazismo. Los enfermos, aún mal, son atendidos; ante un trabajo demasiado duro es concebible una protesta, individual o colectiva; los castigos corporales son raros y no demasiado crueles: es posible recibir cartas y paquetes de víveres de casa; en una palabra, la personalidad humana no está negada ni se pierde totalmente. En contraposición, al menos por lo que hacía a los judíos y gitanos, en los Lager alemanes el exterminio era casi total: no se detenía ni siquiera ante los niños, que murieron por centenares de miles en las cámaras de gas, caso único entre las atrocidades de la historia humana. Como consecuencia general, los niveles de mortandad resultan bastante diferentes en los dos sistemas. Al parecer, en la Unión Soviética, en el periodo más duro, la mortandad era de un 30 por ciento de la totalidad de los ingresados, un porcentaje sin duda intolerablemente alto; pero en los Lager alemanes la mortandad era del 90-98 por ciento.

En conclusión, los campos soviéticos siguen siendo una manifestación deplorable de ilegalidad y deshumanización. Nada tienen que ver con el socialismo sino al contrario: se destacan en el socialismo soviético como una fea mancha; han de considerarse más bien como una barbarie heredada del absolutismo zarista de la que los gobiernos soviéticos no han sabido o no han querido liberarse. Quien lea las Memorias de la casa de los muertos , escrito por Dostoyevski en 1862, no tendrá dificultad en reconocer los mismos rasgos carcelarios descritos por Solzhenitsin cien años después. Pero es posible o, más bien, es fácil imaginar un socialismo sin Lager: en muchas partes del mundo se ha conseguido. No es imaginable, en cambio, un nazismo sin Lager .

La historia es una obra en construcción. Cada generación, grupo social y nación, la reescribe a su medida constantemente. A lo que asistimos hoy en la Unión Europea es a la reescritura de una versión de la historia de la Segunda Guerra Mundial de la derecha polaca, acorde con los planes estratégicos de Estados Unidos para mantener al continente divido y en tensión interna.

(Publicado en Ctxt)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261312

domingo, 13 de octubre de 2019

Suplemento elaborado por la FAO (Naciones Unidas) La influencia de los precios internacionales de los productos básicos en el Hambre.

FAO
Le Monde Diplomatique

El nuevo incremento del hambre en el mundo es consecuencia de distintos factores, tanto políticos como económicos y sociales. En esta ecuación un factor clave que ha jugado un papel destacado es la dependencia de muchos de los países pobres de los precios de los productos básicos en los mercados internacionales, un factor que afecta de forma directa a la seguridad alimentaria y la nutrición.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261295

sábado, 12 de octubre de 2019

Avance de la nueva novela de Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa regresa con ‘Tiempos recios’, su reconstrucción del golpe militar en Guatemala auspiciado por Estados Unidos. Así arranca la nueva obra del Nobel peruano
Mario Vargas Llosa
AUNQUE DESCONOCIDOS del gran público y pese a figurar de manera muy poco ostentosa en los libros de historia, probablemente las dos personas más influyentes en el destino de Guatemala y, en cierta forma, de toda Centroamérica en el siglo xx fueron Edward L. Bernays y Sam Zemurray, dos personajes que no podían ser más distintos uno del otro por su origen, temperamento y vocación.

Avance de la nueva novela de Mario Vargas Llosa
Avance de la nueva novela de Mario Vargas Llosa
Arriba, Sam Zemurray; abajo, Edward L. Bernays con su esposa, Doris E. Fleischman. E. ELISOFON THE LIFE PICTURE COLLECTION / GETTY IMAGES / BETTMANN ARCHIVE

Zemurray había nacido en 1877, no lejos del Mar Negro y, como era judío en una época de terribles pogromos en los territorios rusos, huyó a Estados Unidos, donde llegó antes de cumplir quince años de la mano de una tía. Se refugiaron en casa de unos parientes en Selma, Alabama. Edward L. Bernays pertenecía también a una familia de emigrantes judíos pero de alto nivel social y económico y tenía a un ilustre personaje en la familia: su tío Sigmund Freud. Aparte de ser ambos judíos, aunque no demasiado practicantes de su religión, eran muy diferentes. Edward L. Bernays se jactaba de ser algo así como el Padre de las Relaciones Públicas, una especialidad que, si no había inventado, él llevaría (a costa de Guatemala) a unas alturas inesperadas, hasta convertirla en la principal arma política, social y económica del siglo xx. Esto sí llegaría a ser cierto, aunque su egolatría lo impulsara a veces a exageraciones patológicas. Su primer encuentro había tenido lugar en 1948, el año en que comenzaron a trabajar juntos. Sam Zemurray le había pedido una cita y Bernays lo recibió en el pequeño despacho que tenía entonces en el corazón de Manhattan. Probablemente ese hombrón enorme y mal vestido, sin corbata, sin afeitarse, con una casaca descolorida y botines de campo, de entrada impresionó muy poco al Bernays de trajes elegantes, cuidadoso hablar, perfumes Yardley y maneras aristocráticas.

—Traté de leer su libro Propaganda y no entendí gran cosa —le dijo Zemurray al publicista como presentación. Hablaba un inglés dificultoso, como dudando de cada palabra.

—Sin embargo, está escrito en un lenguaje muy simple, al alcance de cualquier persona alfabetizada —le perdonó la vida Bernays.

—Es posible que sea falta mía —reconoció el hombrón, sin incomodarse lo más mínimo—. La verdad, no soy nada lector. Apenas pasé por la escuela en mi niñez allá en Rusia y nunca aprendí del todo el inglés, como estará usted comprobando. Y es peor cuando escribo cartas, todas salen llenas de faltas de ortografía. Me interesa más la acción que la vida intelectual.

—Bueno, si es así, no sé en qué podría servirlo, señor Zemurray —dijo Bernays, haciendo el simulacro de levantarse.

—No le haré perder mucho tiempo —lo atajó el otro—. Dirijo una compañía que trae bananos de América Central a los Estados Unidos.

—¿La United Fruit? —preguntó Bernays, sorprendido, examinando con más interés a su desastrado visitante.

—Al parecer, tenemos muy mala fama tanto en los Estados Unidos como en toda Centroamérica, es decir, los países en los que operamos —­continuó Zemurray, encogiendo los hombros—. Y, por lo visto, usted es la persona que podría arreglar eso. Vengo a contratarlo para que sea director de relaciones públicas de la empresa. En fin, póngase usted mismo el título que más le guste. Y, para ganar tiempo, fíjese también el sueldo.

La United Fruit producía más dólares que la mayoría de empresas de Estados Unidos

Así había comenzado la relación entre estos dos hombres disímiles, el refinado publicista que se creía un académico y un intelectual, y el rudo Sam Zemurray, hombre que se había hecho a sí mismo, empresario aventurero que, empezando con unos ahorros de ciento cincuenta dólares, había levantado una compañía que —aunque su apariencia no lo delatara— lo había convertido en millonario. No había inventado el banano, desde luego, pero gracias a él en Estados Unidos, donde antes muy poca gente había comido esa fruta exótica, ahora formaba parte de la dieta de millones de norteamericanos y comenzaba también a popularizarse en Europa y otras regiones del mundo. ¿Cómo lo había conseguido? Era difícil saberlo con objetividad, porque la vida de Sam Zemurray se confundía con las leyendas y los mitos. Este empresario primitivo parecía más salido de un libro de aventuras que del mundo industrial estadounidense. Y él, que, a diferencia de Bernays, era todo menos vanidoso, no solía hablar nunca de su vida.
Una plantación de la United Fruit.
Una plantación de la United Fruit.

https://elpais.com/elpais/2019/09/24/eps/1569316799_047501.html?rel=str_articulo#1570630856356

viernes, 11 de octubre de 2019

"No estés triste", lo peor que se le puede decir a alguien que sí lo está Saber manejar esta emoción básica puede ayudarnos a mejorar, y una buena ayuda de los demás es muy valiosa

ANDRÉS MASA
8 OCT 2019

Nada es casual. Al menos no en el trabajo de la evolución, que hace que todo lo que no ayude a sobrevivir acabe desapareciendo, olvidado, mutado, suprimido sin piedad y, solo quizá, recuperado en un futuro favorable. La tristeza es un buen ejemplo. Esta emoción, que dibuja una precisa y universal expresión facial que cualquier ser humano reconoce al instante, no ha sobrevivido al paso de milenios por casualidad. La tristeza, que también se manifiesta en aspectos como la postura corporal y el tono de la voz, es una llamada de socorro, un mecanismo para reclamar apoyo social notablemente efectivo. Pero la manera en la que nos aproximamos a las personas tristes ya no depende del negociado de la evolución, eso es cosa nuestra, y ahí empiezan los problemas. Algunos son muy fáciles de detectar en el lenguaje. En este código cristalizan frases como "no estés triste", una expresión muy común y una de las peores cosas que se le puede decir a una persona que sí lo está.

No es que debiéramos decir todo lo contrario, pero es poco probable volver a pronunciar esas palabras sin sentir el pellizco del remordimiento después de saber lo bueno que es estar triste cuando la emoción es de una intensidad, frecuencia y duración moderadas. Tras un episodio estresante muy fuerte o una pérdida importante, la tristeza alimenta una conducta ventajosa: encerrarte en casa, a cobijo bajo el edredón, pegajoso porque no quieres tener contacto ni con el jabón de la ducha, puede resultar deprimente a los ojos humanos, pero el sistema inmune no podría pedir nada mejor para recobrar fuerzas.

Además, "es un momento muy bueno para reflexionar acerca de los posibles errores que has podido cometer, de qué manera eres corresponsable de lo que ha ocurrido", explica la psicóloga especialista en ansiedad y estrés Cristina Wood. La tristeza puede marcar un camino para mejorar cuando uno pierde un trabajo o rompe una relación, por ejemplo. "En ese sentido, la tristeza nos ayuda", subraya Wood. También puede aparecer cuando lo que se pierde es la salud, o la juventud, casos en los que debería servir para fijarnos en las cosas buenas que aún nos quedan. Si la experimentamos con ánimo positivo, la tristeza puede ayudarnos a ser más felices; quien no ha experimentado nunca una gran tristeza difícilmente puede sentir una alegría de la misma intensidad. No estropeemos el momento con frases que solo refuerzan el malestar.

Un involuntario empujón hacia la culpa
Si hay algo que hay que evitar es decirle a una persona triste qué debe hacer. Y entre todas las órdenes que hay que evitar, la de "no estés triste" está entre las más dañinas. "La frase produce más presión, le produce estrés a la persona", explica la doctora del centro clínico Área Humana. Además, "uno tiene derecho a estar triste, le están faltando al respeto si se lo dicen, y eso enfada, frustra y puede generar más desesperanza", enumera la psicóloga.

La reacción puede ser muy fuerte y desagradable, y quizá empujar hacia un sufrimiento mayor que tiene su origen en una de las abundantes falacias perniciosas que circula sobre la felicidad, la de que uno no es feliz, sino que lo será en el futuro. Según esta idea, podemos contar con ser bendecidos con la mayor dicha un vez hemos cumplido objetivos como terminar la carrera, pagarse una casa, llamar la atención de una pareja ideal, casarse con esa pareja ideal, que la unión fructifique en niños sanos y alegres... En este contexto, el mensaje de "no estás triste" parece ser el de que, si lo estás a pesar de tener todo lo que has deseado, es por tu culpa. El poder de las palabras empuja, en este caso, hacia una culpabilidad innecesaria.

Eso sí, conviene ser comprensivos con quien lanza el afilado dardo del "no estés triste". "No toleramos que una persona que queremos sufra", y por eso la frase sale tan fácilmente, explica la psicóloga. "Si veo a mi hija llorar, a mí me duele, y por eso se lo digo", añade. Pero lo que debería hacer como madre, o como amiga, en otros casos, "es aprender a tolerar que es normal y que se pasará, y que se va a pasar antes si uno ayuda a las personas a ser un poco más positivas".

Instrucciones para no decir 'no estés triste' nunca más
Si quieres aprender a tratarte bien a ti mismo y a los demás, piensa en tu infancia. Seguro que en alguno de los rincones de tu memoria encuentras situaciones como esta: llegas triste porque te has peleado con tu mejor amigo y a tu padre no se le ocurre otra cosa que aplicar una fórmula del tipo "ya harás más amigos", un "no estés triste" en toda regla y un error de manual. En su lugar, Wood aconseja comenzar por normalizar la tristeza en la casa. "Es muy bueno decirles a los niños cuándo estamos tristes, en seguida dicen que te van a ayudar. Es muy bonito comunicar eso, y además es enseñarles inteligencia emocional", comenta. Luego, ante una situación puntual, lo mejor es sustituir el "no estés triste" por una estrategia más elaborada y eficaz que vale para todas las edades.

Lo primero es permitir expresar la emoción y lo que ha pasado, una tarea en la que los abrazos son de gran ayuda. También es útil mostrar empatía hacia la persona y hacer que se sienta comprendida, incluso cuando uno no es capaz de ponerse en su lugar. Lo deseable es hacerle comprender que no rechazas su tristeza, contándole alguna historia personal, por ejemplo, o admitiendo directamente que no alcanzas a comprender su dolor pero que te das cuenta de que debe de ser muy importante. Una vez la conexión está funcionando, es muy importante preguntar a la persona triste qué piensa hacer o en que le puede uno ayudar. Eso sí, las propuestas deben tener forma de pregunta.

Luego hay que transmitir confianza, hacer ver que puede conseguir superar la tristeza, dar ánimos. "Si dice que no sabe si podrá hacerlo es bueno preguntarle las tres cosas más difíciles que ha hecho en su vida, te puedes agarrar a eso y decirle que si las ha conseguido es que también puede lograr el nuevo objetivo, que es cuestión de entrenarlo", concluye Wood. Así, dice la psicóloga, no solo se sale de la tristeza, sino que se abandona la emoción con mayor fuerza para ser feliz. No se trata exclusivamente de un favor que se hace a los demás, la manera de hablarse a uno mismo también es fundamental.

Cambia el lenguaje y transformarás el mundo
Somos parlanchines por naturaleza. Hasta la persona más reservada y silenciosa del mundo no se calla nunca. Eso sí, habla en una voz tan baja que solo ella la oye. Es el autodiálogo interno que todos tenemos, un carrusel de ideas que nunca se detiene. Si se instala en él un mensaje materialista de que uno tiene todo lo que puede desear y que, por lo tanto, debería ser feliz para siempre, el efecto del "no estés triste" corroe por dentro. Si se le hace demasiado caso, uno acaba metiéndose en un bucle de malestar en el que se viste de víctima y verdugo. De la misma manera que hay que tener empatía con las otras personas a la hora de ofrecerles ayuda, en estos casos uno tiene que llevar a cabo la difícil tarea de empatizar con uno mismo. "Si te pones a buscar, por supuesto que tienes motivos para estar triste, pero tienes que ayudarte a comprender por qué lo estás", dice Wood.

Las personas más autoexigentes, los perfeccionistas que siempre quieren ir más allá, cegados por la idea irreal de que pueden llegar a una meta que, en realidad, no existe, son quienes tienen una relación más estrecha con la tristeza. También poseen menos capacidad de corregir las frases perjudiciales de su diálogo interior. "Muchísima gente no se da cuenta de cómo se habla. Es un problema de educación, por frases que nos han dicho nuestros padres, o por la propia personalidad: si tu autodiálogo interno está plagado de exigencias, eso lleva, tarde o temprano, a la tristeza". Los perfeccionistas lo tienen más difícil para corregir el rumbo de esa conversación permanente, pero pueden conseguirlo de la misma manera que el resto de las personas.

Hay que cambiar el vocabulario y sustituir el "tengo que" por un "me gustaría", "preferiría", "me apetece"... "No es lo mismo decir 'tengo que ir al gimnasio porque he engordado' que 'me apetece ir al gimnasio porque quiero cuidarme", asegura la especialista. Es lo que los psicólogos llaman autoinstrucciones positivas, que pueden conseguir que uno esté más contento, más animado y que se encuentre mejor físicamente. "Todos podemos entrenar eso, pero lo primero es ser consciente, mucha gente ni es consciente de cómo se habla y está siempre comparándose con los demás", olvidando que, por mucho que a veces lo parezca, especialmente en las redes sociales, nadie es perfecto.

jueves, 10 de octubre de 2019

La pareja perfecta no es la persona ideal (si quieres que el amor dure) Las emociones caducan y el romanticismo lleva a la frustración. ¿Qué cualidades debe tener la compañía sentimental para que la relación sea larga?

VERÓNICA PALOMO
13 JUN 2019 -

"¿Qué me dices? No me lo puedo creer, ¡pero si erais la pareja perfecta!" María no ha dejado de escuchar esta frase desde que rompió con Eduardo, su novio de toda la vida. Se conocieron en el instituto y después de 15 años saliendo contrajeron matrimonio. En su entorno fue la boda del año. Después de una fiesta inolvidable y una luna de miel que duró un mes, decidieron compartir la hipoteca de un adosado a las afueras de Madrid, los gastos de un 4x4 y la crianza de un bebé. Los dos eran profesionales con éxito, guapos, deportistas, seres modélicos que nunca dieron pie a un cotilleo. Fieles y perfectos, parecían hechos el uno para el otro. Pero, un buen día, se rompió la relación. Fue un bombazo que descolocó a amigos y familiares, cegados por el brillo de una pareja ideal que no lo era tanto.

Resulta que el escaparate era perfecto pero que, en realidad, María y Eduardo no eran compatibles. Hasta tal punto no funcionaban juntos que nunca fueron capaces de solventar ninguno de los problemas que les salían al paso. Se limitaban a dejarlos aparcados para retomarlos en otro momento, que nunca llegaba (lo que sucede cuando uno no sigue los consejos adecuados en su camino a la felicidad). El que sí llegó fue el día en que aquella bola inmensa de conflictos sin resolver se hizo demasiado grande, excesivamente pesada, y se les cayó encima, aplastándolos. La pareja perfecta quedó tocada y hundida.

La media naranja es un invento del 'marketing'
Puede que el entorno del matrimonio no pudiera explicarse lo sucedido, pero María sabe muy bien lo que ocurrió. La unión se quebró cuando pasó la época de eterna luna de miel, justo cuando ambos comenzaron a sentir los síntomas del síndrome del estrés posromántico, un término acuñado por el psicólogo John Bradshaw para definir el final una fase en la que todo es perfecto, la actividad sexual no decae y las imperfecciones pasan felizmente inadvertidas. Probablemente María juzgó su matrimonio solo por los desayunos en la cama, las rosas rojas y las cenas sorpresa, y se equivocó al pensar que tenía una pareja perfecta. Ahora sabe que eso habría sido imposible.

Y es que preguntar a un psicólogo o sexólogo si existe la pareja perfecta es como mentar al diablo. "Esa media naranja es una idea del marketing, somos seres imperfectos en continuo desarrollo y crecimiento, y nadie te puede satisfacer al 100% en todas tus fuentes de satisfacción. Una relación va creciendo, evolucionando y modificándose a lo largo de la vida", afirma con rotundidad Miren Larrazabal, psicóloga especialista en psicología clínica, sexóloga y presidenta de la Sociedad Internacional de Especialistas en Sexología. Basta hacer un ejercicio de memoria (si tienes mucho estrés, quizá te resulte más difícil), repasar los amores de una vida, platónicos incluidos, y hacernos algunas preguntas para ver que es así. ¿Cuál de ellos se acercó más a lo que consideras perfección? ¿Hay alguna de estas relaciones que no vivió ningún bache, desafío, desengaño o sufrimiento? Si la respuesta es afirmativa, ¿por qué no sigues con esa persona? Seguramente no hubo tiempo de conocerla mucho u ocasión de que llegaran problemas verdaderamente serios a los que enfrentarse.

Y luego hay personas incapaces de ver la realidad, que se obcecan en un ideal del amor que no existe. Es lo que opina Soraya Calvo, sexóloga y profesora en la Universidad de Oviedo, quien insiste en el daño que provoca la propagación de la idea de la pareja ideal o perfecta. "Desvirtúa la vida en pareja porque las metas que genera esa idea romántica del amor son inalcanzables y provocan mucha frustración cuando no se consiguen. Además, lo ideal es algo diferente para cada persona y sociedad, por lo que ni siquiera podríamos definir el concepto", explica. Lo perfecto, si uno quiere que la relación dure, es fijarse en cualidades más mundanas.

Cambio de pareja: de la perfecta a la consciente 
"La mayoría de las personas pensamos que con el amor basta, pero no es cierto, el amor no es suficiente para convivir. Hacen falta habilidades de convivencia, que tienen que ver con la comunicación, con la capacidad de resolución de problemas y las habilidades de negociación. Esto es lo que va a generar la satisfacción y el bienestar de la pareja, algo que tiene poco que ver con lo que la gente entiende como pareja ideal, esa que no tiene problemas. La diferencia entre una persona que se dice satisfecha en su vida en pareja y una infeliz no son los problemas, sino la manera de afrontarlos", opina Larrazabal.

Precisamente es lo que recoge en sus páginas The Secrets of Enduring Love: How to Make Relationships Last, un libro que recopila los resultados de un estudio para el que los científicos entrevistaron a más de 4.000 parejas de Reino Unido y que siguió a fondo el comportamiento de otras 50 para determinar qué es lo que hacía que su relación funcionara. Según los autores, coincidieron en pensar que el éxito de la larga convivencia se debía a la capacidad de comunicación y de resolución de conflictos.

"A la pareja perfecta hay que cambiarle el nombre por el de pareja consciente o compatible. Hay personas que son más o menos compatibles, pero lo que hay que ver es si tenemos metas parecidas, si tenemos maneras de vivir parecidas, si queremos tener o no hijos o si tenemos ocios parecidos. Estos ocios pueden ser diferentes, pero tenemos que ser capaces de gestionar esa diferencia sin que se convierta en algo incompatible para nuestra vida de pareja", según Soraya Calvo. No se trata de hacer las mismas cosas todo el tiempo y estar siempre juntos, pero sí de encontrar un punto en común, porque una pareja tiene que tener, además de los espacios personales, un nutrido espacio en común. "Si no existe, la relación se acaba", concluye la sexóloga.

Cuando el amor romántico impide progresar
También hay otra realidad que no podemos pasar por alto, y es que cada persona, en cada momento de su vida, busca cosas diferentes. Hay parejas que son muy compatibles, pero que pasan por momentos vitales diferentes que terminan modificando su compatibilidad inicial. ¿Cómo influyen estos cambios en una relación consolidada? En una pareja puede generar distancias incluso el hecho de cambiar de turno de trabajo. Si ambas personas llevan años sincronizadas y, de repente, sus rutinas cambian drásticamente, no tener el tiempo en común ya puede crear un problema que hay que saber gestionar. "Y es más difícil solucionarlo si basas la relación en ese amor romántico e ideal, en el que lo más importante es ese tiempo en común que se ha perdido".

Esta actitud puede sonar a inmadurez, pero Miren Larrazabal remarca que no solo la gente joven cree en la pareja ideal. Es un modelo que influye a los jóvenes y a los mayores, "aunque es cierto que, cuando eres muy joven, vives en un contexto que te hace más proclive a sufrir ese estado un poco alterado de consciencia, en el que el enamoramiento se vive con más pasión, pero también te encuentras con personas de 50 años llenas de mitos e ideas distorsionadas sobre lo que es el amor", dice la experta.

La conclusión es que tener expectativas irreales en el amor genera incomprensión y frustración, porque el amor todopoderoso y absoluto no existe. "Es cierto que todos podemos tener ciertas expectativas (ese ideal de hombre o mujer), pero hay que pensar y no dejarte llevar por lo que sientes, porque las emociones caducan, o por lo menos caducan tal y como las entendíamos en un principio de la relación. A lo largo de la vida en pareja, el amor sentido tiene que dejar paso al amor pensado, esa es la clave", explica la sexóloga Soraya Calvo. Al final, la relación que a largo plazo puede ser más fructífera (aunque nunca se puede asegurar) es la consciente o compatible. Si todo se basa en mitos e ideales, hay muchas más probabilidades de no resolver los conflictos que aparezcan en tu vida y que la relación termine en una ruptura.

https://elpais.com/elpais/2019/06/10/buenavida/1560169637_262632.html

miércoles, 9 de octubre de 2019

_- Bruselas reprende a España por la elevada desigualdad y pobreza. La Comisión Europea advierte del riesgo de vincular las pensiones al IPC

_- Cinco años de crecimiento han permitido que España recupere e, incluso, supere el PIB previo a la crisis. Pero las cicatrices de la Gran Recesión aún son muy profundas. Un informe que la Comisión Europea presentará el miércoles y a cuyo borrador ha tenido acceso EL PAÍS advierte de los peligros para la cohesión social que entrañan el elevado desempleo, el “uso generalizado de contratos temporales” y la alta proporción de ciudadanos que permanecen “en riesgo de pobreza o exclusión social” a pesar de la época de bonanza.

Tras una década prácticamente perdida, la economía española sigue creciendo por encima de la zona euro y creando empleo. Pero esas cifras dejan en un segundo plano un ingente paquete de asignaturas troncales y pendientes que Bruselas expone en el análisis del llamado Semestre Europeo, que fija las políticas económicas, fiscales y sociales prioritarias que deben emprender los países en el año en curso. El informe concluye que, en general, los avances de España en el último año han sido “limitados”. Es decir, un aprobado raspado. Y advierte de que esa lentitud se debe también al contexto político de los últimos doce meses, con un cambio de Gobierno y la convocatoria de elecciones en abril.

Ha habido crecimiento. Y se prevé que lo siga habiendo. Pero el informe alerta de que sigue habiendo “desafíos importantes”. El principal: reducir esa capa de ciudadanos que ha quedado apartada de la recuperación. “El paro está cayendo rápidamente, a la vez que conduce a una leve caída de la pobreza y la exclusión social, pero demasiada gente sigue sin un empleo o con contratos laborales temporales y la desigualdad en los ingresos es acusada”, asesta la Comisión Europea.

En comparación con la “robusta” expansión de los últimos años, Bruselas solo ve “ligeras mejoras” en el terreno laboral y social. La tasa de empleo, señala, sigue siendo baja. Y resalta dos factores que ponen de manifiesto la actual precariedad del mercado de trabajo: la posición de “desventaja” que aún sufren las mujeres respecto a los hombres y el “uso generalizado de contratos temporales”, que considera un freno para el “crecimiento potencial” y para la “cohesión social” del país.

Pobreza infantil
La Comisión identifica causas y consecuencias de esa precariedad utilizando indicadores que tratan de medir el desempeño en el llamado pilar social. Y estos arrojan que la tasa de abandono escolar es “aún elevada”. El informe admite que el único terreno en el que ha habido “algunos avances” significativos ha sido el de la modernización de los servicios públicos de empleo, pero sigue apreciando “barreras a la movilidad laboral” que reducen las oportunidades para los solicitantes.

La otra gran tarea por delante es enderezar la “desigualdad en los ingresos y oportunidades” que, según reza el documento, “persisten” en España. La Comisión reconoce ahí que la subida del salario mínimo interprofesional en un 22,3% “podría ayudar” a reducir el volumen de trabajadores que viven en la pobreza. Pero, como ya ha hecho en anteriores informes, avisa de los efectos secundarios de esa medida, especialmente para trabajadores jóvenes y con una baja calificación.

“La proporción de gente con riesgo de pobreza o exclusión social descendió ligeramente en 2017, pero sigue alta, particularmente la infantil”, apunta con rotundidad el documento. El peligro de caer en esa situación, recuerda el estudio, es mayor entre los trabajadores temporales, los que tienen baja cualificación y los inmigrantes de fuera de la Unión Europea. Y España, concluye, no está bien armada para combatir ese fracaso social: el gasto público en prestaciones familiares equivale a “la mitad de la media de la UE” y, además, debería estar mejor enfocado hacia familias con ingresos bajos.

Las pensiones, un problema para las arcas públicas
El próximo Gobierno deberá hallar un complicado equilibrio para afrontar el triple reto que, a tenor del borrador del informe, le plantea la Comisión: seguir creciendo, enderezar las cuentas públicas y reducir la brecha social. Y lo es sobre todo porque, como señala el documento que irá al Colegio de Comisarios el miércoles, la deuda —aunque se ha ido reduciendo— aún representa una fuente de vulnerabilidad.

Como ya ha advertido en otras ocasiones Bruselas, la deuda pública supone un riesgo para la sostenibilidad de las finanzas públicas a medio y largo plazo. La Comisión Europea prevé que esa bola haya encogido hasta el 96,9% del PIB en 2018 y que siga haciéndose más pequeña hasta 2020 por el crecimiento económico y “un pequeño superávit primario” desde 2019. Sin embargo, advierte de que si se tiene en cuenta el ciclo económico “el déficit del Gobierno de España sigue persistentemente alto”, en especial porque el nivel impositivo es bajo respecto a los gastos.

El borrador del informe se detiene también en la sostenibilidad del sistema de pensiones. La Comisión considera “probable” que las “desviaciones temporales recientes” respecto a la reforma de 2013 —se fijó que las pensiones para 2018 y 2019 se revalorizaran de acuerdo con el aumento del coste de la vida— y los planes de “restablecer el vínculo de las pensiones con el índice de precios al consumo” supongan un incremento del gasto “significativo” a medio y largo plazo. A no ser, añade, que se adopten medidas compensatorias adicionales.

Pero no es ese el único factor que pone en jaque la sostenibilidad del sistema de pensiones. También lo es la precariedad laboral, sobre la que Bruselas insiste a lo largo del documento. Los autores del informe señalan que la temporalidad laboral representa un problema. “Las carreras incompletas y rotas”, sostiene el documento, tienen como resultado “bajos derechos de protección social” y pesan sobre “la suficiencia y la sostenibilidad del sistema de pensiones” de España.

El documento también evalúa otros aspectos como la competitividad de la economía española, la deuda privada o la investigación e innovación. En el que mejor parada sale España es en el apartado de medioambiente. Los últimos datos de los que dispone la Comisión indican que en 2017 las energías renovables tenían una cuota de mercado del 17,5%. “España está progresando bien para llegar al objetivo del 20% de 2020”, añade.

Aun así, como siempre, la Comisión evita que se caiga en la complacencia con un tirón de orejas y recrimina a España que las emisiones de dióxido de carbono de los vehículos estén subiendo. “Se requieren más acciones para mejorar la transición hacia una movilidad limpia y sostenible”, concluye.

https://elpais.com/economia/2019/02/23/actualidad/1550940064_334603.html

martes, 8 de octubre de 2019

Los hijos no lo son todo. La forma de reproducirse ha cambiado: la llegada de la descendencia ahora se medita mucho pero en la crianza se invierten más recursos y tiempo.

hijos
Un grupo de amigos con sus hijos, en un parque en Boadilla del Monte (Madrid). CARLOS ROSILLO MARÍA SOSA TROYA

Madrid 23 JUL 2019 - 16:02 CEST

En España bajan los nacimientos mientras aumenta la esperanza de vida. Los jóvenes siguen condenados a la precariedad aun después de la crisis. Sigue cayendo el número de hijos por mujer y se retrasa la edad para ser madre. Las tensiones del sistema, derivadas de una pirámide de población que hace ya tiempo dejó de ser triangular, no tardarán en aflorar. Los expertos rechazan, sin embargo, el tono alarmista. ¿Se tienen menos niños? Sí. Pero los modelos de familia se han reconfigurado y en ellos los hijos no juegan ya un papel tan central. Ahora se decide más cuándo y cuántos se tienen y, sobre todo, se cuidan más. El problema es la brecha entre los deseos y la realidad: que una parte de la población sí quiera descendencia y no pueda permitírselo. Y que se retrasen cambios estructurales vitales para mantener el Estado de bienestar, como el modelo de pensiones.

“La natalidad no solo baja en España. En el último siglo ha habido un cambio en la forma de reproducirse en todo el planeta”, explica Julio Pérez, demógrafo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “Aunque hayan caído los nacimientos [casi un 30% desde 2008], el año pasado fueron unos 370.000. Y los hijos se cuidan más”, continúa Pérez. “Se invierten cada vez más recursos y tiempo, y los niños de hoy tendrán la formación para ser más productivos. Pero todo depende del tipo de mercado laboral. Si se mantienen la precariedad, la sobrecualificación y los bajos salarios, puede que no se materialice ese potencial de productividad”, precisa Teresa Castro, también demógrafa del CSIC.

En la reducción de los nacimientos confluyen factores como el menor número de mujeres en edad de procrear, tras la caída de la natalidad en los ochenta y noventa; la bajada de la inmigración durante la crisis —aunque ahora vuelva a repuntar—; las dificultades para conciliar el empleo y la familia, o la precariedad que sufren los jóvenes —más del 30% de los asalariados de 30 a 34 años tienen contratos temporales, según el Consejo de la Juventud—.

Pero también se explica por el cambio cultural en las sociedades contemporáneas. “Antes la familia modélica era la que tenía varios hijos. Ahora hay más gente que quiere desarrollar primero otros deseos relacionados con la configuración de la propia vida, ya sea estudiar, trabajar, viajar... o darse tiempo para encontrar pareja”, opina Elisa Chuliá, profesora de Sociología en la UNED y directora de Estudios Sociales del think tank Funcas. Un 25% de las mujeres de 18 a 49 años que tuvieron su primer niño más tarde de lo que creían ideal explican que el motivo fue no haber contado con pareja estable, según la Encuesta de Fecundidad del INE. Un 23%, por motivos laborales o de conciliación. Y el número de mujeres de 18 a 44 que no quieren tener hijos aumentó en más de 150.000 de 1999 al año pasado, al pasar de 1,06 millones entonces a 1,21 ahora.

“La generación de nuestros padres no se preguntaba si querían niños o se lo podían permitir. Se casaban y los tenían”, prosigue Chuliá. “Nos hemos vuelto muy exigentes, queremos darles todo”, prosigue. Además, ya el divorcio no se ve como un fracaso. Para ser madre “se busca una pareja responsable”. Y señala: “Ha crecido la importancia del ocio y del empleo. Las mujeres no quieren renunciar a la independencia económica. Que nadie piense que se llegará a la natalidad de los sesenta o setenta [en 1975 se tenían 2,77 hijos por mujer]”.

Pero lo que sí es un problema “grave”, dice Teresa Castro, es el lapso entre las aspiraciones y las realidades reproductivas, es decir, aquellas mujeres que sí quieren tener hijos y no pueden o se ven obligadas a retrasarlo hasta edades en que hay problemas de fertilidad. “Es muy difícil lograr reunir unas condiciones personales, familiares, laborales y residenciales adecuadas”, señala. “Los eurobarómetros confirman que la preferencia por dos hijos es mayoritaria en España, como en el resto de Europa. Pero aquí hay una mayor distancia entre el número medio de hijos deseados, en torno a dos, y los que se tienen: 1,25 de media en 2018, frente a 1,6 en la UE”, apunta. “Que tengamos una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo y una de las edades más tardías al primer hijo, 31 para las mujeres y casi 35 para los hombres, indica que vivimos en una sociedad que no facilita tener niños. Es extremadamente difícil compaginar una carrera profesional con la crianza”, continúa.

EL PAÍS SOCIEDAD NATALIDAD
Los hijos no lo son todo

La forma de reproducirse ha cambiado: la llegada de la descendencia ahora se medita mucho pero en la crianza se invierten más recursos y tiempo Otros hijos Un grupo de amigos con sus hijos, en un parque en Boadilla del Monte (Madrid). CARLOS ROSILLO MARÍA SOSA TROYA

Madrid 23 JUL 2019 - 16:02 CEST

En España bajan los nacimientos mientras aumenta la esperanza de vida. Los jóvenes siguen condenados a la precariedad aun después de la crisis. Sigue cayendo el número de hijos por mujer y se retrasa la edad para ser madre. Las tensiones del sistema, derivadas de una pirámide de población que hace ya tiempo dejó de ser triangular, no tardarán en aflorar. Los expertos rechazan, sin embargo, el tono alarmista. ¿Se tienen menos niños? Sí. Pero los modelos de familia se han reconfigurado y en ellos los hijos no juegan ya un papel tan central. Ahora se decide más cuándo y cuántos se tienen y, sobre todo, se cuidan más. El problema es la brecha entre los deseos y la realidad: que una parte de la población sí quiera descendencia y no pueda permitírselo. Y que se retrasen cambios estructurales vitales para mantener el Estado de bienestar, como el modelo de pensiones.

“La natalidad no solo baja en España. En el último siglo ha habido un cambio en la forma de reproducirse en todo el planeta”, explica Julio Pérez, demógrafo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “Aunque hayan caído los nacimientos [casi un 30% desde 2008], el año pasado fueron unos 370.000. Y los hijos se cuidan más”, continúa Pérez. “Se invierten cada vez más recursos y tiempo, y los niños de hoy tendrán la formación para ser más productivos. Pero todo depende del tipo de mercado laboral. Si se mantienen la precariedad, la sobrecualificación y los bajos salarios, puede que no se materialice ese potencial de productividad”, precisa Teresa Castro, también demógrafa del CSIC.

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Pero también se explica por el cambio cultural en las sociedades contemporáneas. “Antes la familia modélica era la que tenía varios hijos. Ahora hay más gente que quiere desarrollar primero otros deseos relacionados con la configuración de la propia vida, ya sea estudiar, trabajar, viajar... o darse tiempo para encontrar pareja”, opina Elisa Chuliá, profesora de Sociología en la UNED y directora de Estudios Sociales del think tank Funcas. Un 25% de las mujeres de 18 a 49 años que tuvieron su primer niño más tarde de lo que creían ideal explican que el motivo fue no haber contado con pareja estable, según la Encuesta de Fecundidad del INE. Un 23%, por motivos laborales o de conciliación. Y el número de mujeres de 18 a 44 que no quieren tener hijos aumentó en más de 150.000 de 1999 al año pasado, al pasar de 1,06 millones entonces a 1,21 ahora.

“La generación de nuestros padres no se preguntaba si querían niños o se lo podían permitir. Se casaban y los tenían”, prosigue Chuliá. “Nos hemos vuelto muy exigentes, queremos darles todo”, prosigue. Además, ya el divorcio no se ve como un fracaso. Para ser madre “se busca una pareja responsable”. Y señala: “Ha crecido la importancia del ocio y del empleo. Las mujeres no quieren renunciar a la independencia económica. Que nadie piense que se llegará a la natalidad de los sesenta o setenta [en 1975 se tenían 2,77 hijos por mujer]”.

Pero lo que sí es un problema “grave”, dice Teresa Castro, es el lapso entre las aspiraciones y las realidades reproductivas, es decir, aquellas mujeres que sí quieren tener hijos y no pueden o se ven obligadas a retrasarlo hasta edades en que hay problemas de fertilidad. “Es muy difícil lograr reunir unas condiciones personales, familiares, laborales y residenciales adecuadas”, señala. “Los eurobarómetros confirman que la preferencia por dos hijos es mayoritaria en España, como en el resto de Europa. Pero aquí hay una mayor distancia entre el número medio de hijos deseados, en torno a dos, y los que se tienen: 1,25 de media en 2018, frente a 1,6 en la UE”, apunta. “Que tengamos una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo y una de las edades más tardías al primer hijo, 31 para las mujeres y casi 35 para los hombres, indica que vivimos en una sociedad que no facilita tener niños. Es extremadamente difícil compaginar una carrera profesional con la crianza”, continúa.

LA NATALIDAD EN CIFRAS
Más muertes que nacimientos. En España, el año pasado el saldo vegetativo fue negativo en 56.262 personas, según datos del INE sobre el movimiento natural de población.

Más madres de 40. Los nacimientos de madres de 40 años o más han crecido un 63,1% en la última década.

Posponer la maternidad. El 25% de las mujeres de 18 a 49 años que retrasó su primer hijo lo hizo por no tener una relación estable. El 23%, por razones laborales o de conciliación.

No quieren tener hijos. El número de mujeres de 18 a 44 años que no quieren hijos aumentó en más de 150.000 de 1999 a 2018, al pasar de 1,06 millones entonces a 1,21 ahora.

Más optimistas
El INE prevé que a partir de 2024 los nacimientos aumenten, debido a que las generaciones nacidas a partir de la segunda mitad de los noventa, más numerosas, estarán en las edades de mayor fecundidad. Calcula que, con una leve tendencia al alza, cada mujer tendrá de media 1,45 niños en 2050. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) es algo más optimista. Considera que se adoptarán políticas de apoyo a la natalidad ya implementadas en Europa y que en 2050 la cifra estará entre 1,8 y 2 hijos. El organismo también cree que habrá mejores datos respecto a la inmigración, artífice de que ahora España gane población, pese a que hay más muertes que nacimientos. Estima que en los próximos 30 años vendrán de siete a 10 millones de personas, que podrían ayudar a paliar algo los desequilibrios del sistema de pensiones cuando, a partir de 2023, comience a jubilarse la generación del baby boom.

Según las proyecciones del INE, si se mantiene la tendencia actual, en 2033 uno de cada cuatro españoles tendrá 65 años o más. Serán más de 12 millones, frente a los alrededor de nueve actuales. “Estamos en un momento clave en el sistema de pensiones. Vemos cercana la jubilación de grandes grupos de población”, explica Mercedes Ayuso, catedrática de Estadística Actuarial de la Universidad de Barcelona. “A partir de 2030 o 2035, el incremento será más significativo”, añade. “El modelo se creó en los setenta. Había prácticamente ocho personas trabajando por cada pensionista. Ahora somos cerca de 2,5 afiliados por pensionista”, sostiene Ayuso. “Debemos mirar lo que han hecho en países similares al nuestro. El baby boom no es un fenómeno exclusivo de España. Hay que buscar una complementariedad del sistema público, aunque nunca sustituirlo. Por ejemplo, permitir compaginar la pensión con sistemas complementarios de empleo; o apostar por un modelo como el sueco, en el que hay una pensión garantizada, pero los trabajadores aportan otra parte a cuentas individuales a lo largo de su carrera, así que deciden cuándo parar de trabajar. Otra opción es retrasar la jubilación”, indica.

“El mayor éxito que ha conseguido la humanidad es que todo el mundo llegue a la vejez, y a veces parece que se trata como una desgracia”, critica Julio Pérez. “En 1900, uno de cada cinco nacidos vivos en España no cumplía un año. Se compensaba teniendo muchos hijos. Se combatió primero la mortalidad infantil y después se logró aumentar la esperanza de vida”, que ya supera los 83 años. “El cambio social en España ha sido extraordinario y positivo. Pero hay que afrontarlo con tiempo y racionalidad. El ciclo político dificulta estas decisiones porque traen consecuencias electorales. Los problemas a los que nos enfrentamos son a largo plazo. Requieren de pactos de Estado”, resume Elisa Chuliá.

MÁS SERVICIOS PARA AYUDAR A LA CONCILIACIÓN
En España se invierte en políticas de familia e infancia el 1,3% del PIB, frente al 2,4% de media en la UE, según datos de Eurostat correspondientes a 2016. “Aquí hay una hipocresía política muy notable”, sostiene el demógrafo Julio Pérez. “El discurso lo ha liderado la derecha, pero no se han adoptado medidas”, expone. La también demógrafa Teresa Castro cree que, para ayudar a quienes quieren tener hijos, “el aumento progresivo del permiso de paternidad hasta igualarlo al de maternidad es un primer paso”. Pero considera que “hace falta mucho más, como reducir la precariedad laboral de los jóvenes o garantizar guarderías para los menores de tres años”.

Luis Ayala, catedrático de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos, explica que, además de en servicios, España también está retrasada respecto a los países de su entorno en prestaciones monetarias. “Es uno de los siete miembros de la UE sin prestación universal por hijo”, dice. “En España solo tenemos la prestación por hijo a cargo para familias pobres [de 341 a 588 euros anuales] o deducciones fiscales de las que no se pueden beneficiar los más vulnerables”.

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