martes, 3 de febrero de 2026

Cardiología. Diez consejos de cardiólogos para un corazón sano: miles de pasos, sueño fresco y chequeos a partir de los 40

Diez consejos de cardiólogos para un corazón sano

Seis expertos recomiendan claves como hacer ejercicio, activarse en el trabajo, no fumar y dormir unas ocho horas diarias

Cada hora mueren 13 personas en España por una enfermedad cardiovascular, según los últimos datos de mortalidad publicados por el Instituto Nacional de Estadística. La situación, sin embargo, podría ser muy diferente: la Fundación Española del Corazón (FEC) indica que ocho de cada 10 fallecimientos prematuros por esta causa se pueden prevenir con hábitos de vida saludables. EL PAÍS ha contactado con seis expertos en cardiología para preguntarles por sus trucos para cuidar la salud cardiovascular.

Caminar 10.000 pasos al día
Antonia Delgado, cardióloga del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, recomienda dormir lo suficiente, caminar durante el día y hacer deporte al menos dos veces por semana. Sugiere dar entre 8.000 y 10.000 pasos diarios. Como ella, otros expertos están acostumbrados a andar. Andrés Íñiguez, presidente de la Fundación Española del Corazón (FEC), camina al menos una hora al día. Jorge Solís, coordinador de la Unidad de Imagen Cardiaca del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario 12 de Octubre, busca cualquier excusa para moverse: “Intento levantarme de la mesa de mi consulta o del escritorio cada 60 o 90 minutos para dar un paseo de cinco minutos, estirar o subir escaleras. Esto ayuda a mantener la circulación activa y reduce el impacto negativo del sedentarismo”.

Baila, corre, pedalea: haz ejercicio aeróbico
Priscilla Duran-Luciano, experta en epidemiología cardiovascular y voluntaria de la Asociación Estadounidense del Corazón, también procura dar más de 10.000 pasos diarios. Además, corre unos cinco kilómetros dos veces por semana e intenta hacer yoga al menos una vez para liberar el estrés y mejorar su flexibilidad. Lo ideal sería realizar suficiente actividad para incrementar el consumo energético en 150 o 200 kilocalorías diarias. Así lo indica Íñiguez, que explica que se puede lograr con 30 minutos de ejercicio moderado cinco veces a la semana o 20 minutos de ejercicio intenso tres veces por semana.

“Para entendernos, un ejercicio moderado puede ser andar deprisa, bailar, hacer aerobic, ir en bici… Mientras lo practicamos, aún tenemos la capacidad de ir hablando con quien tengamos al lado, aunque la respiración sea algo acelerada”, explica Paula Awamleh García, cardióloga responsable de la Unidad Coronaria del Hospital Universitario de Getafe. Cuando el ejercicio es vigoroso, como es en el caso del running, la marcha atlética o el ciclismo intenso, “no podríamos hablar normalmente con el compañero, solo podemos centrarnos en respirar”.

Cada edad “tiene su ejercicio”, según Julián Pérez-Villacastín, jefe del servicio de cardiología del Hospital Clínico San Carlos y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid. Si bien correr es “ideal”, “hay que controlarlo cuando te vas haciendo mayor para no dañar las articulaciones”. Además de moverse, recomienda forzar un poco: “Tenemos que sentir que nuestro corazón se acelera”.

Íñiguez sugiere alcanzar una frecuencia cardíaca que esté entre el 60% y el 75% de nuestra frecuencia cardíaca máxima. “Hay una regla práctica para ello, restar a 220 nuestra edad”, explica. Sin embargo, la intensidad dependerá del nivel de entrenamiento: “No es lo mismo si eres sedentario que deportista aficionado o de élite, si padeces una cardiopatía o si estás bajo tratamiento farmacológico”.

Ejercicios de fuerza dos días por semana
Solís aconseja complementar ese ejercicio con dos días de entrenamiento de fuerza —como pesas o bandas— para mantener la masa muscular, que “es protectora del corazón y fundamental según nos hacemos mayores”. “Las personas creemos que con el paso de los años estamos bien si mantenemos el peso. Sí, pero hay que tener en cuenta que reemplazamos músculo por grasa y aunque no variemos el peso, conviene realizar musculación para mantener el tono muscular y evitar la sarcopenia (pérdida de músculo con la edad)”, explica Pérez-Villacastín.

Este experto también recomienda entrenar el equilibrio, un aspecto importante para envejecer con salud. Propone un test sencillo: colocarse de pie con los brazos y los ojos abiertos, levantar una pierna y mantener la posición. Por encima de 30 segundos, se considera “normal”. El equilibrio es una capacidad motora fundamental que ayuda a prevenir caídas y contribuye a mantener la actividad física en adultos mayores.

Dormir de siete a nueve horas cada noche
La falta de sueño afecta actualmente al 36,2% de la población en España, según la última Encuesta de Salud de la Fundación Española del Corazón. Íñiguez explica que las horas de sueño ideales varían según la edad: los menores de cinco años deberían dormir entre 10 y 16 horas, los niños de seis a 12 años entre nueve y 12 horas, los adolescentes de 13 a 18 años entre ocho y 10 horas, y los adultos, entre siete y nueve horas.

Dormir mal o de manera insuficiente puede aumentar la presión arterial, incrementar la inflamación, alterar el metabolismo y dificultar el mantenimiento de un peso saludable. Así lo indica Duran-Luciano, que destaca que estos factores elevan el riesgo cardiovascular a largo plazo. Un metaanálisis publicado en 2020 indica que las personas con insomnio tienen aproximadamente un 45% más de riesgo de desarrollar o morir por enfermedad cardiovascular en comparación con quienes no presentan alteraciones del sueño.

Los expertos consultados aconsejan mantener un horario de sueño constante, incluso los fines de semana, y reducir la exposición a las pantallas al menos una hora antes de dormir. Awamleh describe la pantalla encendida como la gran “enemiga del sueño”. Ella suele tener problemas para conciliarlo. “Lo que suelo hacer es poner en la televisión del dormitorio alguna película o serie que ya haya visto, que no tenga que estar muy pendiente para seguir el argumento, con el sonido bajito y, por supuesto, quitando la imagen”, explica.

Para evitar problemas de insomnio, Delgado aconseja tomar una cena ligera separada del momento del sueño —evitando excitantes y alcohol— y realizar una rutina de desconexión sin pantallas al menos una hora antes de acostarse. Durante ese tiempo, sugiere realizar alguna actividad relajante, como darse una ducha templada, leer, escuchar música tranquila, hacer estiramientos suaves o aprovechar para practicar meditación o mindfulness. También considera útiles los ejercicios de respiración profunda para relajarse. Por ejemplo, realizar de cuatro a seis respiraciones con la inhalación de unos 4 segundos y la exhalación más prolongada de 6 segundos.

Dormir en un lugar fresco y oscuro
El entorno en el que dormimos “influye en la salud cardiovascular”. Así lo indica Duran-Luciano, que aconseja dormir en un lugar cómodo, fresco y oscuro. Algunas investigaciones indican que la exposición a luz artificial durante la noche —como la iluminación intensa en interiores o la luz exterior que entra por la ventana— se asocia a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. “Incluso una exposición moderada a la luz nocturna se asocia con mayor riesgo a largo plazo de enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular”, explica la experta.

Chequeos preventivos a partir de los 40
“En nuestro sistema sanitario juega un papel fundamental el médico de atención primaria para la detección y control de los factores de riesgo cardiovascular, especialmente a partir de los 40 años”, explica Delgado. Solís considera fundamental realizarse chequeos de presión y colesterol: “Mucha gente vive con estos ‘asesinos silenciosos’ sin saberlo, hasta que es demasiado tarde. Nunca debemos esperar a tener síntomas para medir sus valores”.

El experto recomienda un primer chequeo preventivo a partir de los 40 años en hombres y 45 en mujeres. También es recomendable consultar al médico ante cualquier síntoma de alarma, como dolor en el pecho, mareos, pérdida de conocimiento o dificultad para respirar.

No tomar medicamentos sin indicación médica
“Estás matando tu corazón sin saberlo y existe una pastilla que limpia tus arterias”, indica un video viral en TikTok. Acto seguido hace referencia a la trimetazidina, a la que se refiere como “el escudo cardíaco de Europa”, “Si todo fuese tan sencillo como seguir un vídeo en TikTok, acabaríamos rápidamente con la mortalidad cardiovascular en el mundo”, asegura Awamleh. Para Solís, este es un ejemplo claro de desinformación peligrosa que prolifera en redes sociales.

Según explica, la trimetazidina solo está indicada para algunos pacientes con angina de pecho y no “limpia las arterias”, al contrario de lo que señala el video. “Es un medicamento de prescripción que debe ser tomado bajo estricto control médico, no por recomendación de un influencer”, señala el experto.

“El tabaco es veneno y el vapeo también”
Sobre los hábitos que dañan el corazón, Pérez-Villacastín es contundente: “El tabaco es veneno y el vapeo también. La respiración es la forma más directa que tenemos para poner en contacto cualquier sustancia con la sangre”. Por eso, los fumadores ya notan su efecto “con la primera calada”.

Awamleh nunca fumaría. El tabaco es “tremendamente perjudicial para el corazón y desgraciadamente no hay dosis de seguridad”: “Muchas veces se cree que por un par de cigarrillos diarios no pasa nada. Obviamente, la toxicidad que se acumula es mayor si fumas tres paquetes al día, pero ya desde la primera calada hay daño en los vasos sanguíneos”.

Desconexión digital para reducir el estrés
La Sociedad Europea de Cardiología destaca la estrecha relación entre la salud mental y las enfermedades cardiovasculares. Por ejemplo, varios estudios concluyen que la depresión tiene un impacto negativo significativo en el desarrollo de estas patologías. Cada persona debería identificar qué factores le generan estrés o malestar y cuáles le ayudan a reducirlo. Así lo indica Awamleh, que cuenta que su trabajo puede ser muy estresante y absorbente. Por ello, en su día a día necesita desconectar y hacer actividades que no tengan relación con la medicina, como ir al gimnasio y entrenar con el saco de boxeo.

Para reducir el estrés, Solís sugiere la desconexión digital, que consiste en programar momentos del día en los que no se revisen correos electrónicos ni noticias y desconectar del trabajo. También recomienda mantenerse activo —preferiblemente en un entorno natural—, escuchar música para relajarse y practicar ejercicios de respiración.

Preparar la comida en casa
Iñiguez aconseja seguir una dieta mediterránea. Consumir aceite de oliva, cereales no refinados, fruta, verdura, legumbres, frutos secos, pescado, yogur o queso fresco. También propone limitar la carne roja y el consumo de alimentos ultraprocesados, como la bollería industrial, frituras, embutidos y bebidas azucaradas. “Pueden elevar el colesterol, la presión arterial y los triglicéridos (un tipo de grasa presente en la sangre)”, explica.

El desayuno de Solís normalmente es rico en fibra y grasas saludables. Suele incluir una tostada integral con aceite de oliva virgen extra y avena. La comida suele llevarla preparada de casa y está basada en legumbres, vegetales y carnes blancas. Consume al menos dos piezas de fruta al día y cena temprano algo ligero. Evita el azúcar, la comida ultraprocesada y siempre bebe agua. La sal, según explica, es un “enemigo silencioso” que contribuye a la hipertensión. “La mayoría de la sal que consumimos viene de alimentos procesados y no del salero”, explica Solís. La Organización Mundial de la Salud aconseja limitar la ingesta de sal en adultos a menos de 5 gramos al día (el equivalente a una cucharadita).

Delgado también suele comer en el trabajo algo preparado en casa, lo que le ayuda a no abusar de procesados y comer en exceso. En cuanto al café, destaca que hasta tres tazas al día no se asocian a un mayor riesgo cardiovascular. “Las bebidas energéticas son otra cosa: hay evidencias científicas de sus efectos nocivos sobre la presión arterial, las pulsaciones o el riego sanguíneo del corazón. Su consumo no es recomendable”, concluye Awamleh.
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Las cinco ‘edades’ del cerebro humano: hay cambios cruciales alrededor de los 9, los 32, los 66 y los 83 años

Un estudio identifica cuatro puntos de inflexión fundamentales en el desarrollo de las conexiones neuronales a lo largo de la vida, un hallazgo que puede ayudar a comprender alteraciones en la cognición y el comportamiento

En el cerebro humano habitan unos 86.000 millones de neuronas. Son las “misteriosas mariposas del alma”, que las llamaba el nobel Santiago Ramón y Cajal, las células principales del sistema nervioso, las encargadas de llevar y traer toda la información que nos permite pensar, reír, recordar o respirar. Esas mariposas se comunican, decía Cajal, a través de “besos”, las sinapsis, y van tejiendo sofisticadas conexiones para transmitir los impulsos nerviosos que construyen la vida.

Pero esa red de carreteras neuronales que pueblan el cerebro no es estática, cambia y se reconfigura a lo largo de la vida. Una investigación publicada este martes en la revista Nature Communications ha ahondado en cómo se organizan esas estructuras en el tiempo y ha identificado cinco edades del cerebro humano. Esto es, cinco épocas distintas del desarrollo neural. Los autores, un grupo de científicos de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), han concluido que en esa disposición de las redes neuronales hay cambios cruciales alrededor de los 9, los 32, los 66 y los 83 años.

El primer mapa del cerebro en formación permite vislumbrar el origen de los trastornos de la mente
Tras comparar los cerebros de más de 3.800 personas de entre cero y 90 años a través de resonancias magnéticas que mapean las conexiones neuronales, los científicos encontraron esos cuatro puntos de inflexión que marcan el principio y el fin de las edades del cerebro. El hallazgo no es menor, sobre todo, si se tiene en cuenta que la forma en la que el cerebro está conectado está relacionada con trastornos neurológicos, mentales y del neurodesarrollo. “Al comprender los puntos de inflexión clave, podremos entender mejor a qué es más vulnerable el cerebro a diferentes edades. Cuanto más aprendamos sobre los cambios esperados en las conexiones cerebrales a lo largo de la vida, mejor podremos distinguir qué se considera un cambio saludable y típico de los signos de algo relacionado con una enfermedad o un trastorno”, explica Alexa Mousley, autora del estudio.

El primer punto de inflexión que han localizado los investigadores se sitúa en torno a los nueve años. 
Hasta entonces, sostienen, en el cerebro de los niños se produce una “consolidación de la red” neuronal, donde sobreviven las sinapsis más activas y se produce un aumento de la materia gris (que contiene las neuronas) y de la blanca (compuesta por las conexiones). Pero al final de esa primera fase infantil —y coincidiendo con el inicio de la pubertad— el cerebro experimenta un cambio radical en su capacidad cognitiva y en el desarrollo socioemocional y conductual.

La segunda etapa identificada, que los autores llaman “adolescencia”, va de los nueve a los 32 años. 
En ese lapso temporal, la organización de todo el cableado neuronal se mantiene más o menos constante: todo ese entramado se refina cada vez más y las conexiones son cada vez más eficientes.

Ahora bien, que esa segunda fase llegue hasta la treintena no significa que el cerebro sea adolescente hasta esa edad, puntualiza Sandra Doval, profesora Docente Investigadora en la Universidad Internacional de La Rioja. En declaraciones al portal SMC España, la investigadora, que no ha participado en este trabajo, matiza que “el estudio identifica cuándo cambian los patrones de reorganización del cableado cerebral, no cuándo el cerebro madura, envejece o declina en términos funcionales”. De hecho, los propios autores recuerdan que “la transición a la vida adulta está influenciada por factores culturales, históricos y sociales”, lo que la convierte en un cambio más dependiente del contexto que de la biología.

El cambio “más fuerte”
A los 32 años, los investigadores de Cambridge identifican otro punto de inflexión, el cambio en la organización de las redes neuronales “más fuerte de la vida”, dicen. Esto coincide con el pico en la maduración de la sustancia blanca —otros estudios ya habían apuntado que a principios de los 30 se alcanza el techo de conectividad cerebral— y los cambios en la arquitectura de la red neuronal, que hasta entonces se producían de forma rápida, se ralentizan. Esta edad del cerebro es la etapa más larga y va desde los 32 hasta los 66 años. “Este período de estabilidad de la red también se corresponde con una meseta en la inteligencia y la personalidad”, convienen los autores.

Hay otro punto de inflexión a los 66 años, coincidiendo con un cambio importante en la salud y la cognición en los países de altos ingresos, recuerdan los científicos. De hecho, es a partir de esas edades que puede empezar a aparecer la demencia o la hipertensión, que también está relacionada con el deterioro cognitivo y el envejecimiento acelerado. Esa fase de inicio del envejecimiento dura hasta los 83 años.

Alrededor de esa edad, se produce el último de los puntos de inflexión identificados por los investigadores de Cambridge y arranca la última edad del cerebro. Aunque admiten que los datos sobre esta fase son limitados, sí detectan que las distintas áreas del cerebro tienen más dificultad para comunicarse.

Mousley asegura que la manera en la que el cerebro cambia las conexiones a lo largo de la vida podría ayudar a “comprender mejor los cambios relacionados en la cognición y el comportamiento”. “Comprender estas fluctuaciones podría ayudarnos a entender cómo cambian las personas a lo largo de la vida y por qué son vulnerables a diferentes trastornos a distintas edades”, expone la investigadora en una respuesta por correo electrónico.

Rafael Romero García, director del Laboratorio de Neuroimagen y Redes Cerebrales de la Universidad de Sevilla, ha asegurado a SMC que se trata de “un estudio riguroso” y, aunque presenta limitaciones reconocidas por los autores —por ejemplo, no se ha separado el análisis por sexo y hombres y mujeres podrían presentar ritmos de desarrollo distintos—, apunta: “Es una gran aportación que ha permitido identificar momentos de inflexión en el desarrollo y que podría ayudarnos a comprender mejor las alteraciones cerebrales asociadas a trastornos del neurodesarrollo y a la demencia”.

No son “fronteras estrictas”
Este científico, que tampoco ha participado en el estudio, matiza, eso sí, que no hay que interpretar esas etapas en la maduración cerebral como “fronteras estrictas”. “La diferenciación entre maduración y envejecimiento es relativamente arbitraria. Además, hay que tener cuenta que el estudio solo se centra en la conectividad cerebral, no analiza cómo cambian durante estas etapas aspectos cognitivos como el aprendizaje, la memoria, la capacidad para resolver problemas, etc.”, señala.

Para Sandra Doval, “los resultados encajan notablemente bien con hitos conocidos del neurodesarrollo y envejecimiento”, pero hace hincapié también en las limitaciones de la investigación —otro ejemplo: los mayores de 60 probablemente están más sanos que la media de su edad y eso podría no representar fielmente el envejecimiento típico—y pide prudencia al interpretar los hallazgos, aunque reconoce su “relevancia científica”. “Estos hallazgos no generan recomendaciones clínicas directas inmediatas, sino que establecen un contexto científico valioso para futuras investigaciones sobre ventanas críticas de intervención preventiva o terapéutica en diferentes etapas vitales”. 




Las edades del cerebro

La identificación de puntos de inflexión en el desarrollo de las conexiones neuronales tiene un impacto médico pero también social y cultural

El cerebro humano alberga innumerables misterios, pero también ofrece respuestas. Un estudio recién publicado demuestra que la estructura de nuestra materia gris no es algo fijo tras la adolescencia. En el imaginario colectivo asumimos que hay un cerebro extraordinariamente maleable, el de los niños; el reflexivo de los adultos, y quizá uno más frágil al final de la vida, cuando asoman las demencias. Pero este trabajo, realizado por científicos de la Universidad de Cambridge, muestra que hay al menos cinco etapas en el cerebro humano, con unos saltos que se dan en torno a los 9, los 32, los 66 y los 83 años.

En esas edades, la maraña neuronal se reconfigura para dar respuesta a las necesidades del humano que le alberga. Primero se consolida; después gana eficiencia; más tarde madura; luego se reducen algunas conexiones para hacer frente a nuevas vulnerabilidades, y, finalmente, concentra estrategias y rutinas. Son edades muy concretas que debemos leer como hitos en el camino, referencias que refuerzan la idea de que el cerebro cambia a lo largo de la vida, no solo durante la infancia, que no queda fijado tras el periodo volátil de la adolescencia.

El cerebro humano es quizá la herramienta más eficiente de la naturaleza, un procesador potentísimo que sabe reajustar su consumo para hacer con apenas chispazos de energía lo que los ordenadores más potentes todavía no pueden ni soñar hacer devorando cantidades ingentes de vatios. Esas edades de las que habla el estudio británico son puntos de apoyo para entender que la topología del encéfalo se transforma a lo largo de la vida para mejorar esa eficacia que hizo triunfar al sapiens, lo que ayuda a ver con otros ojos las etapas vitales de los humanos.

Del mismo modo que aprendimos que la evolución de las especies no es lineal —la vida avanza de más simple a más sofisticada—, el viaje de la maquinaria mental no es un arco narrativo tan evidente como pensábamos. El envejecimiento del cerebro no implica automáticamente degradación, sino una reorganización funcional. Es un mensaje más matizado y realista, útil para políticas de salud, educación o envejecimiento activo. Tiene un impacto médico —puede ayudar a comprender alteraciones en la cognición y el comportamiento—, pero también social y cultural indudable, para la educación, el trabajo, la jubilación, las expectativas sociales y los roles generacionales.

Ya sabíamos que debíamos escuchar a la ciencia del calendario mental para ajustar políticas, escuelas, ritmos y hábitos de vida a estas ventanas de cambio. Por ejemplo, puede ser poco eficiente pretender que el cerebro de los adolescentes aproveche una clase de Matemáticas a primera hora de la mañana: las neuronas tardan en despertar a esas edades. A medida que la neurociencia avanza, debemos entender qué estilo de vida modula estos puntos de inflexión y qué fases vulnerables atraviesa la centralita neuronal, para integrar la neurología con la sociología: cómo influyen las desigualdades, el estrés y la precariedad en estas etapas para intervenir en ese ordenador central que se formatea cada cierto tiempo de forma automática.

El Pais,

lunes, 2 de febrero de 2026

Pitu Aparicio, educadora sexual: “Los chavales no conocen el clítoris”

Pitu Aparicio

La divulgadora y escritora acaba de recibir uno de los premios anuales que entrega la Felgtbi+ por su defensa de la igualdad y los derechos

Pitu Aparicio (Madrid, 37 años) es mucho: educadora social, educadora sexual y menstrual, monologuista, escritora, divulgadora… Por su ingente labor, la semana pasada recibió un Premio Pluma, los galardones que anualmente entrega la Federación Estatal LGTBI+. En su caso, destacaron “su labor en la promoción de la educación sexual, la igualdad de género y los derechos LGTBI+ y por su uso de las redes sociales para crear espacios seguros para las adolescencias queer”.

“Para mí es un reconocimiento a los años de militancia y activismo, un refuerzo para todos esos momentos en los que he podido pensar que la educación sexual integral no tenía tanta importancia”, cuenta la autora de Autocoñocimiento (Molino). Habla desde el salón de su casa. Ha preparado un té con pastas, que se mezclan en la mesa con materiales que usa para los talleres que imparte: unos cuantos ―y diversos― clítoris, unas tetas de macramé, con areolas de tamaños y tonalidades diferentes, o algunos variopintos penes. Por la mañana ha estado con un grupo de adolescentes en un centro educativo: “Me han estropeado un clítoris. Claro, saben tan poco y tienen tantas preguntas que se emocionan”.

Pregunta. Lleva más de una década impartiendo talleres a chavales, ¿qué ha pasado con la educación sexual en España?
Respuesta. Ojalá poder decirte que ha habido un cambio brutal y estratégico, que la educación sexual no es un privilegio o una excepción… Si pudiéramos ir a los institutos a enseñar educación sexual integral y desde peques hablar de consentimiento, de límites o de placer, nos ayudaría a crecer con más libertad. Al educar sexualmente se puede prevenir el abuso sexual infantil, la violencia o las relaciones de maltrato. Sin embargo, tenemos que escuchar que la educación sexual “adoctrina”. En los centros educativos, muchas veces me encuentro con mensajes de familias supuestamente alarmadas. Luego no están tan preocupadas porque sus hijos puedan estar viendo porno a los 10 años.

P. ¿Qué dicen los padres y madres?
R. El otro día, una jefa de estudios me decía que los padres y madres nunca preguntan sobre el contenido que han dado en matemáticas, lengua o historia. Sin embargo, cuando se enteran de que ha habido ―o va a haber― un taller de educación sexual, se llevan las manos a la cabeza. Tienen un miedo generalizado que al final es una confrontación directa con el deseo de esas criaturas. Mis talleres empiezan con tres preguntas: ¿Cómo te llamas?; ¿cuáles son tus pronombres? ¿cómo estás hoy? Parece que se ha vuelto radical preguntar cómo te sientes.

P. Y usted, ¿cómo se define?
R. Como una mujer lesbiana que pertenece a una generación con muy pocos referentes lésbicos. ¿Quiénes han podido ser: Punky Brewster, Xena, la princesa guerrera? Es muy difícil creer que puedes ser lesbiana si nunca has visto una. No se puede obviar que el sistema, efectivamente, silencia a las lesbianas y que nosotras también estamos cansadas y agotadas. No todo el mundo puede estar haciendo activismo todos los días y poniendo el cuerpo continuamente. Es muy agotador. Por eso, me alegro mucho ahora al ver referentes consolidados como Jenny Hermoso o Nerea Pérez de las Heras. Al final necesitamos esa normalidad. Tengo muchas alumnas que, por sus familias, tienen la sensación de que están haciendo algo mal por sentirse atraídas por una mujer. Esto cuesta años y años quitártelo de encima y poder disfrutar. El alumnado muchas veces considera que la orientación sexual se elige. Yo, con 16 años, no decidí ser lesbiana. No pensé: “Ay, que bien me voy a hacer la vida fácil y me voy a enamorar de la mejor amiga de mi novio”.



P. ¿Cómo son sus talleres? R. Un espacio de seguridad y de confianza. Son dos horas en las que hablamos de emociones, pero también de miedo ―muchos jóvenes tienen miedo al sexo― o dudas. Los jóvenes deben tener más información para tener más potestad sobre su cuerpo, su placer, y poder decidir quiénes son, cómo aman y a quién.

P. ¿Por qué la extrema derecha ―y a veces la derecha― atacan este tipo de contenidos?
R. Si en tu casa, cuando sale en la televisión una escena subida de tono, en lugar de aprovechar para hablar sobre el erotismo y el placer con naturalidad, se aborda desde el miedo; los niños, niñas y niñes entienden que hay algo malo en la sexualidad y en su mención. Ahora, se plantea acompañar las infancias con ternura, naturalidad y humildad. También en el ámbito sexual: enseñar cómo te tocas es más humano y genera menos miedo que imponer silencio. Cambiar ese paradigma choca con lo que a esta gente se le enseñó en su momento. Las personas de mi generación vimos muchas películas Disney en las que todo el mundo era heterosexual y muchas, como yo, no nos hemos convertido en heterosexuales. ¿Qué problema hay por informar de que cada persona pueda elegir libremente sobre su cuerpo?

Pitu Aparicio es autora del libro 'Autocoñocimiento' y ahora tiene en cartel dos monólogos ('La bollera perfecta' y 'Encantada de coñocerme').
 
P. ¿Qué les pasa a los chavales?
R. Depende mucho de la edad. Entre los siete y los ocho años se forma la vergüenza, por lo que siempre es mejor haber empezado a trabajar previamente las habilidades sociales y la sexualidad. Más adelante, ellas empiezan a menstruar, a descubrir su cuerpo y a hacer muchas preguntas. Mientras, ellos están pegándose, tirándose unos encima de otros… son menos maduros. En 1º ESO se ve mucho que las chicas están a un lado; los chicos a otro; y las personas no normativas o fuera de ese binarismo se queda en un limbo. Nuestro sistema escolar empuja al binarismo. Más adelante, en 3º ESO, hay un cambio: ya están teniendo las primeras relaciones y las preguntas que hacen se enfocan al miedo. Me da pena porque no hablan de deseo, de placer, y ni siquiera conocen el clítoris. El clítoris no sale en ningún libro de Biología. Ningún chaval ni chavala de menos de 17 años me puede decir dónde está el clítoris. Por eso yo tengo que enseñárselo mil veces.

P. ¿Qué opinan sobre el condón?
R. En mis stories [Aparicio es una gran divulgadora en redes sociales] muchas veces cuelgo vídeos sobre cómo se abre el condón, tanto la parte externa (el envoltorio), como la interna (el propio preservativo). Porque estamos hablando de prevención, pero también, de placer y de deseo. Cuando les pregunto para qué tenemos relaciones sexuales, muchos me contestan: “Pues para tener hijos, ¿no?”. Tardan un rato en relacionarlas con el disfrute, la comunicación o el conocer gente.

P. También da lecciones de educación menstrual…
R. No estamos dando la libertad para que se hable de la regla con normalidad y no tener este tráfico de compresas y tampones, a escondidas, como si fuera algo malo. Muchas chicas tampoco saben que la regla no tiene por qué doler de manera incapacitante: yo tardé 12 años en que me diagnosticaran mi endometriosis, así que esto me lo tomo como una lucha personal. Parece que las mujeres estamos hechas para que todo el rato haya una lupa apuntando a nuestros cuerpos y realidades para decirnos que nuestra vulva no está bien, que nuestro pelo es seco, o que nuestros coños huelen mal. ¿Cuántos pasillos has visto en el supermercado de productos para el olor a polla? Empezaron con el suavizante de pelo y hemos acabado con el desodorante de coño.

P. ¿Le realizan muchas consultas en redes sociales?
R. Sí, sobre todo los domingos. Ese día, mis mensajes de Instagram serían para escribir un libro: “Me he echado colonia en la vagina”; “tengo un trozo de condón dentro, ¿dónde tengo que ir?“... Si nos explicaran que el conducto vaginal tiene cierre, nos ahorraríamos mucho miedo por pensar que la copa menstrual se nos va a salir por la laringe.

P. Muchas de estas cosas las explicas en tu espectáculo Encantada de coñocerme.
R. Si toda la vida prohíbes hablar de educación sexual y de sexualidad, cuando te ponen a una señora vestida de vulva en un escenario hablando de todo lo que nunca nos contaron, dices: “Quiero ir a ver eso. Quiero poder reírme, llorar, emocionarme”. Este es mi segundo monólogo. El primero fue La bollera perfecta, con el que llevo cinco años girando, y en el que cuento mi propia salida del armario y un buen drama bollo para que todo el mundo empatice.

P. ¿Y qué explica en su libro Autocoñocimiento?
R. Muchas veces yo lo defino como la Superpop que nunca leímos. Ha sido y está siendo un viaje precioso porque a la gente le sirve. Ayer, recibí un mensaje de una persona que me decía que gracias al libro ha entendido que los abusos sexuales que sufrió no se los merecía. También me han escrito señoras con 50 años que no sabían si habían tenido un orgasmo en su vida porque no podían definir las sensaciones físicas al tenerlo y que al probar el succionador de clítoris habían alucinado.

El imperio virtuoso

Fuentes: Blog de Rafael Poch de Feliu, Mentiras y medios


Después de Gaza la pregunta que se hace, desde el vértigo, el sector consciente de la opinión pública europea es la de cómo explicar la complicidad y cooperación de los gobiernos, instituciones y medios de comunicación europeos con el genocidio colonial israelí. La respuesta está en la historia: es la historia colonial europea la que emparenta a los gobiernos occidentales con la masacre israelí.

La industria del entretenimiento es una herramienta fundamental del hegemonismo occidental. En estrecha colaboración con el complejo político, militar, financiero y mediático, su producción penetra diariamente en todos los hogares desempeñando una función ideológica clave, perfectamente identificada y conocida. Mirada en retrospectiva, la industria de Hollywood logró convertir en proezas, epopeyas y románticos relatos, esa enciclopedia universal de la infamia que contiene la historia del colonialismo europeo y muy particularmente la de los británicos, parientes directos del actual hegemón. La lista de las películas ensalzadoras de los grandes crímenes coloniales está aún por hacer, pero basta citar clásicos como “Lawerence de Arabia” (1962), “55 días en Pekín” (1963), “Zulú” (1964) o “Khartum” (1966) para recordar cómo toda una generación creció arrullada y entretenida por ese género exaltador cuya leyenda interiorizó.

Resulta ilustrativo cotejar la lectura de cualquier obra seria sobre la acción del imperio británico en India o China con películas como “Victoria y Abdul” (2017), de Stephen Frears, o “Tai Pan” (1986) de Daryl Duke, para mesurar el nivel de vileza de tal bombardeo. Frears presenta la relación de cálida amistad entre la reina Victoria y su criado indio en una época en la que los indios morían de hambre en espantosas crisis directamente relacionadas con la gestión colonial. La película de Duke se inspira en la figura de William Jardine (1784-1843) para montar una ficción romántica, erótica y heroica alrededor del principal narcotraficante de la historia que condenó a la drogodependencia a 150 millones de chinos y se convirtió en uno de los hombres más poderosos y ricos de su tiempo.

Mantenido durante mas de dos siglos de violencia, racismo y explotación, el imperio británico todavía se presenta de la forma más altiva y arrogante como una empresa civilizadora y modélica, al lado de los imperios francés, español, portugués etc., declarados defectuosos o manifiestamente fallidos.

“Para algunas naciones, España por ejemplo, la apertura del mundo fue una invitación a la prosperidad, al boato y la ambición, un antiguo modo de proceder. Para otras, como Holanda e Inglaterra, fue la ocasión de hacer cosas nuevas, de subirse a la ola del progreso tecnológico”, escribe David S. Landes. (En: La riqueza y la pobreza de las naciones. 1998). Esa coherencia con el más que ambiguo “vector del progreso” que apunta con satisfacción el ilustre historiador de Harvard, quizá explique la actual y renovada nostalgia por el imperio británico, sobre la que advierten dos autores críticos con el fenómeno ( Hickel y Sullivan). “Libros de gran repercusión como Empire: How Britain Made the Modern World, de Niall Ferguson y The Last Imperialist, de Bruce Gilley, han afirmado que el colonialismo británico trajo prosperidad y desarrollo a India y otras colonias. Hace dos años una encuesta de YouGov reveló que el 32% de los británicos se sienten orgullosos de la historia colonial del país”, apuntan.

Ese mismo orgullo hacia el pasado colonial está, sin duda, vergonzosamente vigente en muchas otras viejas naciones imperiales, pero en ninguna parte como entre los “ingleses de ambos lados del Atlántico” que Benjamín Franklin definió como “el núcleo más importante del pueblo blanco”, tiene ese sentir más consecuencias para el presente.

“El imperio tal y como había sido, llegó a su fin formalmente en la década de 1960, pero su infeliz legado sigue presente en el mundo actual, donde se producen numerosos conflictos en los antiguos territorios coloniales”, observa Richard Gott en su compendio sobre el imperialismo británico (Britain´s Empire, 2012). “Si Gran Bretaña tuvo tanto éxito con sus colonias, ¿por qué muchas de ellas siguen siendo fuentes importantes de violencia y disturbios?”, se pregunta. Los británicos -reducidos ahora a la humilde categoría de ayudantes del Sheriff, en aún mayor medida que el resto de los europeos- “han seguido librando guerras en las tierras de su antiguo imperio en el siglo XXI, y gran parte de la población británica ha regresado sin cuestionamientos a su antigua postura de aceptar sin pensar lo que se hace en su nombre en lugares lejanos del mundo”, dice Gott. El papel que en el siglo XIX desempeñaron la “civilización”, el “comercio” y el “cristianismo” impuestos a los “salvajes”, lo desempeña ahora la ideología de los derechos humanos la igualdad de géneros y otras nobles causas. Por todo ello, recordar las ejemplares hazañas de tan virtuoso imperio no es un ejercicio histórico sino un imperativo para la comprensión del presente y muy en particular para la comprensión de la complicidad europea (política, financiera, comercial, militar y mediática) con el genocidio palestino.

El Gulag británico
El imperio británico era una dictadura militar en la que los gobernadores coloniales imponían la ley marcial a la menor disensión. Durante más de 200 años fue escenario de constante revuelta y violencia represora. En la propia metrópoli centenares de miles fueron confinados en el Gulag insular de su majestad. Especialmente después de que la independencia de Estados Unidos cerrara aquel territorio colonial del nuevo mundo – en los treinta años anteriores a 1776 la cuarta parte de los emigrantes llegados a Maryland eran convictos – islas del Caribe como las Bermudas y Roatán, en Honduras, de Asia, como Penang, en Malasia, o del Índico como las Seychelles o Andamán, formaron parte del presidio insular británico, que también envió a muchos reclusos indios y chinos a Singapur. En el XIX, las Seychelles fueron prisión para líderes de revueltas y notables locales, de Zanzibar, Somalia, Egipto o Ghana, que por una u otra razón no podían ser ejecutados. El arzobispo Makarios, líder del nacionalismo helénico de Chipre, estuvo ahí recluido en fecha tan cercana como 1956. Pero fue Australia, la gran isla-continente que ofrecía espacios ilimitados, el gran destino que el gobierno necesitaba para los detritos sociales de su catastrófica revolución industrial, gran hito de ese “progreso” glosado por Landes.

En 1840 la mitad de la población de Tasmania, unos 30.000, la formaban reclusos. Como mantener a los presos en las cárceles metropolitanas era caro, las sentencias mínimas de deportación a Australia para sacárselos de encima, incluso por pequeños hurtos, eran de siete años. Entre 1788 y 1868, 162.000 condenados fueron enviados a Australia, entre ellos 4000 sindicalistas, cartistas, luditas, las famosas “hijas de Rebeca” de Gales, que rompían peajes y barreras para protestar contra la privatización y los peajes en las carreteras, así como 2000 revolucionarios irlandeses.

La terrible situación de represaliados y condenados de la metrópoli represaliando y masacrando a su vez a la población nativa en las colonias, que tan vivamente se dio en los Estados Unidos con las naciones indias, se repitió en otras colonias europeas y también en Australia. En 1824 el gobernador militar de Nueva Gales del Sur, dio licencia a los colonos, muchos de ellos ex convictos deportados, para matar aborígenes a discreción. El gobernador se llamaba Thomas Brisbane y su apellido da hoy nombre a una de las grandes ciudades australianas.

La hambruna de Irlanda
Algunos consideran la hambruna de China durante el Gran Salto Adelante (1958-1962) como la mayor de la historia. Un siglo antes, la hambruna de Irlanda (“An Gorta Mór”) fue bastante peor que la china si se tiene en cuenta la proporción de población implicada. Con ocho millones de habitantes, el hambre y sus consecuencias se llevaron a entre uno y dos millones de irlandeses. Algunos lugares perdieron la tercera parte de su población, la mitad muerta y la otra mitad por emigración. ( Patrick Joyce, 2024 Remembering Peasants. A personal History of a Vanished World).

“He visitado los desoladores restos de lo que en su momento fueron nobles pieles rojas en sus reservas de norteamérica y he explorado los barrios negros donde están degradados y esclavizados los africanos”, escribía en 1847 James Hack Tuke, un filántropo cuáquero inglés en una carta tras su visita a Connaught, “pero nunca he visto tanta miseria, ni una degradación física tan avanzada, como la de los moradores de los lodazales de Irlanda”.

Otros países como Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Rusia, también sufrieron plagas de la patata en 1846/1847, pero a diferencia de lo que ocurrió en Irlanda bajo el dominio británico, paralizaron las exportaciones de los demás alimentos para compensar la pérdida. La política inglesa destinaba a la exportación los alimentos producidos en Irlanda, una estrategia cuyo mantenimiento se consideraba más importante que la vida de los irlandeses. Uno de los protagonistas de esa política, el subsecretario de Hacienda Charles Trevelyan, estaba mas preocupado por “modernizar” la economía irlandesa que por salvar vidas, así que vio en la hambruna una oportunidad para aplicar reformas radicales de libre mercado.

“No nos cabe la menor duda de que, por causa de las inescrutables pero invariables leyes de la naturaleza, el celta es menos activo, menos independiente y menos trabajador que el sajón. Esta es la arcaica condición de su raza”, escribía The Times el diario central del establishment imperial.

The Economist, el mismo semanario que en los años noventa del siglo XX predicaba las virtudes de la terapia de choque rusa, que dejó por el camino una factura demográfica de medio millón -sobre todo hombres en edad laboral – mientras denostaba la mala reforma china, publicaba el 30 de enero de 1847 un editorial dedicado a la crisis irlandesa: “Que los inocentes sufran junto con los culpables es una triste realidad”, decía, “pero es una de las grandes condiciones en las que se basa la existencia de toda sociedad. Cada violación de las leyes de la moral y el orden social conlleva su propio castigo. Esa es la primera ley de la civilización”. (En: The Economist and the Irish Famine — Crooked Timber )

Desde el siglo XVI en Irlanda estaba vigente un diezmo por el cual los irlandeses mayormente católicos debían pagar la décima parte de sus ingresos anuales para financiar la iglesia protestante. Hasta 1829 los católicos que rechazaban el juramento protestante de lealtad a la corona no podían acceder a empleos públicos. Durante la hambruna los teólogos protestantes ingleses atribuían la plaga de la patata al “papismo”, es decir al catolicismo, que había “provocado la cólera de Dios”. El semanario satírico Punch publicaba constantemente caricaturas que presentaban a los irlandeses como simios brutos, sucios, perezosos, violentos y únicos responsables de su propia desgracia.

En 1847, mientras el Times ignoraba los desastres de la hambruna, en Estados Unidos se puso en marcha una campaña de ayuda que puso en evidencia al gobierno de Londres. Los paquetes en los que ponía “Irlanda” eran transportados gratuitamente en ferrocarril y se fletaron 114 barcos con ayuda.

El holocausto irlandés continuaba para los que lograban emigrar. En el último de los tres siglos de la trata negrera a lo largo de la cual unos diez millones de africanos fueron transferidos al nuevo mundo, con la mitad de ellos muertos en el proceso de captura y transporte, según uno de los grandes historiadores de ese tráfico ( Joseph Miller, 1988, en Way of Death), los emigrantes irlandeses conocieron un destino no muy diferente. En los barcos ingleses que transportaban a los emigrantes irlandeses a América, las condiciones eran tan espantosas que uno de cada cuatro moría durante el viaje o en los seis meses posteriores a su llegada al nuevo mundo. La mortandad registrada en lo que fue descrito como “buques ataúd”, no era inferior a la de los barcos que transportaban esclavos africanos a las colonias. Que esa mortalidad fuera particularmente alta en los barcos ingleses, describe una clara negligencia criminal: por cada muerte de un emigrante a bordo de un barco americano, había cuatro en uno británico y por cada enfermo que llegaba a Estados Unidos en un barco norteamericano, llegaban cinco en un buque británico. En 1847 de los 98.000 emigrantes que llegaron a Canadá en barcos ingleses, 25.000 murieron en el viaje o a los seis meses de su llegada. Todo esto fue noticia en la prensa de Estados Unidos y de Canadá, pero el Times de Londres lo ignoraba. El gobierno británico solo comenzó a tomar medidas en 1854, siete años después. (Thomas Gallagher. Hambre en Irlanda: la elegía de Pady. 2007).

La industria del entretenimiento ha ignorado por completo la hambruna de Irlanda, pero en 2018 una rara excepción irlandesa producida en Luxemburgo presentó en 2018 “Black 47”, del director y guionista Lance Daly, una película de acción con trepidante ritmo de western construida sobre el entramado de aquella histórica tragedia. The Times resaltó esta vez la “machista teatralidad” del film del que apuntó que “todo es profundamente absurdo, pero dentro de un entorno inquietantemente profundo”. The Independent destacó el carácter “excesivamente sombrío” de lo que calificó como “western de patatas” en alusión a los spaghetti western, y The Guardian lamentó que “la caricaturización de los villanos disminuya el impacto” de esa estupenda película que de todas formas fue un éxito de taquillaje…

Irlanda en Occidente y Birmania en Oriente fueron los territorios más potentes y tenaces en su resistencia a los ingleses, por lo que la represión fue allí particularmente cruda, pero también en India las convulsiones, hambrunas y revueltas fueron crónicas.

India

Según una estimación reciente, solo en los cuarenta años que van de 1880 a 1920 la colonización británica causó en la India unos 100 millones de muertes provocadas por el empobrecimiento de la población y la mayor frecuencia y mortandad de las hambrunas. (Jason Hickel, Dylan Sullivan, How British colonialism killed 100 million Indians in 40 years). “Se trata de una de las mayores crisis de mortalidad inducida por políticas de la historia de la humanidad”, señalan los autores. “Es mayor que la suma combinada de muertes que se produjeron durante todas las hambrunas de la Unión Soviética, la China de Mao, Corea del Norte, la Camboya de Pol Pot y la Etiopía de Mengistu”, todas ellas en el siglo XX, dicen. Antes de eso, en 1770, una gran hambruna asoló Bengala matando a unos 10 millones de sus habitantes, la tercera parte de la población. La situación fue agravada por el monopolio del arroz y otros productos impuesto por la Compañía Británica de las Indias Orientales que gobernaba el territorio. El colapso y los impuestos, combinados con la sequía y el hambre, marcaron el inicio del dominio inglés en India, un cuadro que se mantendría durante 200 años.

Desde su llegada al subcontinente en el siglo XVII, Gran Bretaña destruyó el sector manufacturero de la India, que exportaba tejidos a todo el mundo. El régimen colonial eliminó los aranceles para los productos textiles británicos y creó un sistema de impuestos y de barreras internas que impedían a los indios vender sus productos dentro del país y aun menos exportarlos. “Si la historia del dominio británico de India tuviera que condensarse en un único dato, sería este: entre 1757 y 1947 no hubo incremento del ingreso per cápita y en la segunda mitad del XIX los ingresos se redujeron seguramente en más de un 50 por ciento”, dice Mike Davis (Late victorian Holocausts, 2002). La nueva economía colonial fragilizó a las poblaciones ante las sequías y fenómenos naturales adversos que propiciaban el hambre. Según el historiador Robert C. Allen (Global Economic History: A Very Short Introduction, 2011) bajo el dominio británico la pobreza extrema pasó del 23% en 1810 a más del 50% a mediados del siglo XX, los salarios reales disminuyeron y las hambrunas se hicieron más frecuentes y más mortales. ¿Pasado remoto?

El político inglés más importante de la Segunda Guerra Mundial, Wiston Churchill, fallecido en 1965, era un racista confeso. En los años cuarenta del siglo XX se refirió a los indios como “un pueblo bestial con una religión bestial” y de la hambruna de 1943 en Bengala, que dejó tres millones de muertos, afirmaba que “fue culpa suya por reproducirse como conejos”. En 1919 Churchill se declaró “totalmente a favor del uso del gas venenoso contra las tribus incivilizadas”. En los años treinta definía a los palestinos como “hordas bárbaras que solo comen estiércol de camello”. Antes de la guerra fue un admirador de Mussolini (“no pude evitar sentirme encantado por su porte gentil y sencillo y su sereno aplomo”) y tenía palabras de elogio para Hitler en 1937, el año de Guernika: “a uno le puede disgustar el sistema de Hitler y, sin embargo, admirar sus logros patrióticos. Si nuestro país fuera derrotado, espero que encontremos un campeón tan admirable que nos devuelva el valor y nos conduzca de nuevo a nuestro lugar entre las naciones”. En la campaña electoral de 1955 Churchill propuso para el partido conservador un lema que muchos europeos suscriben hoy: “mantener a Gran Bretaña blanca”. (Publicado en Ctxt) 

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domingo, 1 de febrero de 2026

Lo que 10 años como negociadora en casos de rehenes me enseñaron en la crianza de los hijos

Nicky Perfect mira a cámara y sonríe. Viste un suéter de lana color crema, está sentada en un sillón amarillo y el fondo es una cortina azul
Pie de foto,Nicky se desempeñó durante 10 años como negociadora en casos de rehenes para la Policía Metropolitana de Londres.

Ser madre y trabajar como una negociadora en casos de rehenes son oficios que no aparentan inmediatamente tener mucho en común, pero alguien que ha tenido experiencia en ambos asegura que las estrategias que aprendió en su profesión pueden funcionar también en el hogar.

Nicky Perfect estuvo más de 30 años con la Policía Metropolitana de Londres, incluyendo 10 años como negociadora internacional, en la unidad élite de Negociación de Rehenes y Crisis de la Nueva Scotland Yard.

Hay momentos, dice, en que lo que hagas o digas como madre o padre puede ser un juego de alto riesgo; la diferencia entre mantener la paz o generar una completa debacle o airada discusión.

Aquí tienes tres técnicas tomadas de su carrera de intensa presión que podrían ayudarte a mantener la calma y estar en control como madre o padre, según le contó al pódcast de la BBC sobre la crianza de hijos Parenting Download.

1. Darles una "opción sin opción"

Un niño, cabizbajo y con los brazos cruzados, rehúsa a negociar con su madre que intenta calmadamente razonar con él

Un niño, cabizbajo y con los brazos cruzados, rehúsa a negociar con su madre que intenta calmadamente razonar con él

Los chicos habitualmente buscan traspasar los límites y suelen querer hacer lo opuesto a lo que les pides.

En este tipo de situaciones, en lugar de imponer tu autoridad y usar la típica frase "¡porque lo digo yo!", intenta el truco de "la opción sin opción", aconseja Nicky.

En otras palabras, replantear la situación reforzando una sola opción, pero haciéndolo de forma que todavía le das a tu hijo o hija una sensación de control e influencia.

Así que, preguntarle al menor si quiere ponerse el abrigo adentro de la casa o cuando salga, por ejemplo, puede ayudarle a sentirse escuchado, respetado e involucrado, mientras todo conduce al mismo resultado.

Otro ejemplo podría ser darle a los hijos que no quieren comer vegetales la opción entre brócoli y coles de Bruselas.

Esto podría no funcionar todo el tiempo, pero puede limitar que se resistan inmediatamente.

2. Espera 90 segundos antes de responder

Un padre intenta trabajar desde casa mientras sus dos hijas le gritan juguetonamente al oído

Un padre intenta trabajar desde casa mientras sus dos hijas le gritan juguetonamente al oído

Cuando se trata de temas sensibles, Nicky recomienda no responder antes de 90 segundos para evitar que tu respuesta sea emocional.

Como un agente del FBI le comentó: "tu trabajo en la vida no es cambiar a las personas… no puedes hacerlo… la única cosa que puedes elegir es cómo responder".

Es importante recordar que esta opción existe aún cuando las emociones amenazan con abrumar la parte lógica de nuestro cerebro.

"La respuesta podría ser simplemente, '¿sabes qué? Me siento un poco sensible, necesito retirarme y pensarlo'", dice Nicky. "O podría ser que simplemente no digas nada y escuches lo que ellos tienen que decir".

Como una persona que comparte los deberes de crianza con su pareja, tuvo que poner esta táctica en práctica cuando su hijastra le compartió que quería pasar la Navidad con su papá y hermanos después de que se mudaron más lejos.

Internamente, Nicky estaba desesperada por que se quedara. Pero comenta que "en algún momento tienes que apretar el botón de pausa… y decir 'esta es tu Navidad. Es apenas un día en mi vida. ¿Qué quieres tú?'".

Al aceptar eso se volvió más fácil para ella decidir cómo pasar su propia Navidad, así como planear una nueva manera de celebrar junto a su hijastra, antes o después.

3. Míralo desde su perspectiva

Una menor sonriente, estirada bocarriba sobre el borde de una cama

Una menor sonriente, estirada bocarriba sobre el borde de una cama

Fuente de la imagen,Getty Imagen


Ver el mundo desde el punto de vista de las otras personas, ya sean grandes o chicas, es clave, subraya Nicky.

De esta manera puedes convencer a la otra persona de los beneficios de tus propuestas, mientras que la haces sentir escuchada.

"Se le llama el 'poder' de la negociación, porque si le das a una persona las razones de por qué algo debería o no suceder, hay más probabilidades de que acepte", indica.

"Se trata de reconocer eso y ser muy sinceros con la gente. Las personas responden a tu sinceridad mucho más de lo que crees".

Tomemos el común problema de las pataletas a la hora de ir a la cama. Los niños frecuentemente pueden tener problemas con la pérdida de autonomía cuando de repente se les anuncia que es hora de ir a la cama.

Una solución, sugiere Nicky, es considerar cómo se siente el niño en ese momento, en lugar de verlo desde la perspectiva del adulto.

Si están disfrutando jugando y de repente les dices que es hora de acostarse, eso puede sentirse abrupto y naturalmente los va a contrariar.

Su sugerencia, en cambio, es preparar a los niños tan pronto como lleguen a casa, hilvanando naturalmente la rutina nocturna dentro de la conversación y reforzándola regularmente durante la velada.

Algo así como "comeremos la cena, luego veremos un poco de TV y, después, a la cama" puede ser una buena forma de enmarcarlo.

De esta manera los niños se sienten más involucrados y conscientes de lo que va a pasar, aunque no les guste necesariamente, lo que ojalá pueda significar menos pataletas.




El arte de la negociación política: ¿truco o trato?.

La disfunción europea: una Unión que no sirve y una Europa imprescindible

En Europa vivimos una paradoja cada vez más evidente. La Unión Europea, tal como está diseñada y gobernada, ya no cumple las funciones históricas que justificaron su creación.

Reconocer este fracaso no puede conducir al rechazo de Europa como espacio político. Al contrario, debe llevarnos a una conclusión más incómoda para quienes se dejan llevar por el prejuicio y la inercia, pero precisamente por eso más fecunda y necesaria. Europa no sirve como está. Y, sin embargo, Europa es hoy más necesaria que nunca.

Esta es la realidad que conviene afrontar sin autoengaños.

La Europa que ya no sirve

La Unión Europea que ha fallado es la que dejó de ser un proyecto político al servicio de la ciudadanía y fue capturada por grandes corporaciones, capital financiero, lobbies empresariales y una clase dirigente que acabó construyendo una arquitectura institucional pensada para blindarse frente a los pueblos a los que decía representar.

No fue una desviación puntual, sino un cambio estructural. La integración europea se orientó deliberadamente hacia la creación de un gran mercado sin ciudadanía política equivalente. Se integraron los capitales, pero no los derechos. Se unificaron las finanzas, pero no los salarios, la fiscalidad ni los sistemas de protección social. Se consagró la libre circulación de mercancías y dinero, mientras se fragmentaba la soberanía democrática.

El resultado es una Unión eficaz cuando se trata de proteger intereses corporativos y lenta, cuando no hostil, a la hora de proteger a las personas.

La Unión Monetaria es el ejemplo más claro de este diseño. El euro no fue concebido como instrumento de integración solidaria, sino como mecanismo disciplinario. Sin unión fiscal, sin presupuesto común relevante, sin mutualización de riesgos y sin un banco central al servicio del empleo y del bienestar, la moneda única no podía generar convergencia. Y no lo hizo. Las divergencias productivas y sociales han aumentado. El euro no ha unido a Europa: la ha jerarquizado.

A esta disfunción interna se ha añadido una subordinación geopolítica creciente. La Unión ha renunciado a actuar como actor autónomo justo cuando Estados Unidos dejaba de comportarse como aliado fiable. Al mismo tiempo, se ha permitido el deterioro del contrato social: crisis de vivienda alimentada por la financiarización, precarización laboral crónica, aumento de la desigualdad y transición ecológica subordinada a intereses corporativos.

A ello se suma una quiebra ética. La Unión Europea usa una constante doble vara de medir en materia de derechos humanos. A los bancos se les rescata con rapidez y generosidad, a quienes sufren se les trata con tacañería burocrática. Hay silencio ante el genocidio del pueblo palestino; ante otros, defensa sin reservas. Ese comportamiento ha erosionado gravemente la autoridad moral de la Unión. Una Europa que proclama valores universales, pero los aplica de forma selectiva pierde legitimidad dentro y fuera.

No es extraño que, en estas condiciones, crezca el rechazo ciudadano.

La Europa que necesitamos

Dejar que este diagnóstico conduzca al euroescepticismo o al repliegue nacional es un gran error histórico. Precisamente porque la Unión Europea no sirve en su forma actual, Europa es ahora más necesaria que nunca.

Ningún Estado europeo dispone por sí solo de la escala necesaria para defenderse y frenar la deriva destructiva y cada vez más incompatible con la democracia del capitalismo global, para disciplinar a las grandes plataformas tecnológicas, garantizar autonomía energética, sostener un modelo social avanzado o desempeñar un papel relevante en la prevención de conflictos. En el mundo actual, la soberanía efectiva es continental o no lo es.

Como advirtió Karl Polanyi, cuando la economía se desincrusta de la sociedad y opera a escala supranacional sin control político equivalente, la democracia queda inerme. La respuesta no puede ser el repliegue, sino la reconstrucción de lo político en la misma escala en la que actúan los poderes económicos. Y hoy día esa escala es europea.

Europa es imprescindible también porque el mundo ha entrado en una fase de inestabilidad estructural por la proliferación de conflictos armados, la crisis climática acelerada, el declive del multilateralismo y el avance del autoritarismo. En este contexto, la jibarización de Europa en beneficio de los Estados nacionales no abriría espacios de emancipación, sino vacíos que serían ocupados por fuerzas menos <,democráticas o más violentas.

Europa sigue siendo uno de los pocos espacios del mundo donde existe una memoria institucional de la paz como proyecto político. Esa experiencia, ciertamente, no garantiza nada, pero ofrece un punto de apoyo que no existe en otros lugares.

Otra Europa, sostenida sobre otros principios y políticas, puede ofrecer una alternativa civilizatoria entre el autoritarismo y el neoliberalismo depredador: no un imperio, no un satélite, no un simple mercado, sino un proyecto político basado en democracia, derechos sociales, cooperación y paz.

Europa dispone además de capacidades reales que hoy utiliza de forma insuficiente: poder regulatorio, capacidad normativa, peso comercial, liderazgo tecnológico y experiencia en sistemas de bienestar. Como ha señalado Jürgen Habermas, el problema europeo no es la ausencia de recursos, sino la falta de voluntad para convertirlos en poder democrático efectivo.

De la necesidad a la virtud: los cambios imprescindibles

Que Europa sea necesaria no significa que lo vaya a ser automáticamente. La necesidad solo se convierte en virtud si se producen cambios profundos y deliberados, tanto a escala de la Unión como en el interior de los Estados que la componen.

Antes incluso de los cambios institucionales, económicos o geopolíticos, Europa necesita reconstruir el vínculo emocional con los pueblos que la componen.

No se trata de una consideración previa puramente retórica, sino la condición de posibilidad de cualquier proyecto político democrático.

No hay comunidad política sin afecto. No hay proyecto compartido si la Unión es percibida como una máquina de imponer sacrificios y disciplinar democracias. Europa solo será viable si protege antes de exigir, si cuida antes de sancionar, si escucha antes de imponer.

Europa conoce bien el precio de la barbarie y sabe, o debería saber, que no hay estabilidad sin justicia social, bienestar y buen gobierno. No puede haber paz sin derechos. Y hoy día esos están siendo sistemáticamente erosionados.

El segundo cambio es político y democrático. Europa necesita una auténtica unión política con poder democrático real que implica: una Comisión sometida a control parlamentario efectivo, un Parlamento Europeo con plena capacidad legislativa y de iniciativa y un Banco Central Europeo con el mandato explícito de impulsar la creación de empleo, cohesión social y transición ecológica.

Sin democracia paneuropea real no hay ciudadanía europea. Y sin ciudadanía no hay proyecto compartido.

El tercer cambio es económico y social. La Unión no puede seguir siendo solo monetaria. Es imprescindible la unión fiscal, un presupuesto común relevante, mecanismos permanentes de mutualización de riesgos, armonización social mínima en salarios, derechos laborales y protección social, y políticas sectoriales conjuntas diseñadas como instrumento de convergencia y progreso productivo.

La Europa basada exclusivamente en mercados que, para colmo, son muy imperfectos ha terminado convertida en un espacio de desconfianza mutua. La integración solo puede sostenerse sobre la protección compartida.

Un cuarto cambio es estratégico y geopolítico. Europa necesita autonomía real en energía, industria, tecnología y en política exterior y de seguridad. No para convertirse en una potencia agresiva más, sino para no ser rehén de potencias externas.

Cada día está más claro: la paz europea no puede depender indefinidamente de la subordinación a intereses ajenos ni del rearme sin proyecto político común.

El quinto cambio es normativo: el bienestar, la cohesión social, la sostenibilidad de la vida y la democracia deben situarse explícitamente por encima de los balances empresariales y los indicadores financieros. Sin ese cambio de prioridades, cualquier reforma será cosmética.

También han de cambiar los Estados miembros

Nada de lo anterior será posible si los Estados siguen utilizando a Europa como coartada para justificar recortes o evitar responsabilidades. Deben democratizar su relación con la UE, implicar a parlamentos y ciudadanía y construir alianzas transnacionales estables.

Además, deben reforzar sus propios Estados sociales. Sin sociedades cohesionadas no hay base social para un proyecto europeo democrático. La Europa social no se construye solo en Bruselas.

Por último, los Estados deben asumir un papel pedagógico. Europa no puede seguir siendo un ente abstracto, opaco y distante. O se convierte en un espacio comprensible, discutido y apropiado por la ciudadanía, o seguirá siendo percibida como una estructura ajena y hostil.

Lo que puede hacer que Europa cambie

La objeción más frecuente a cualquier propuesta de transformación profunda de la Unión Europea es siempre la misma: no es realista. Las correlaciones de poder actuales, el diseño institucional, la captura corporativa y la debilidad democrática parecen hacer quimérico cualquier cambio de fondo. Es cierto, pero también lo es que esa objeción parte de un error de perspectiva. Puede parecer poco realista porque lo que falta es un motor político capaz de hacerlo.

Lo que sí es irrealista es pensar que las actuales élites políticas y tecnocráticas (con quienes ahora mismo se confunde Europa) van a impulsar una transformación de este calibre. Como advertía Antonio Gramsci, las clases dominantes no renuncian voluntariamente a las estructuras que garantizan su poder. Los cambios de época surgen de crisis de hegemonía.

La realidad es que Europa está entrando en una y el impulso para aprovecharla y redirigirla hacia el cambio democrático de Europa no vendrá “desde arriba”, ni tampoco del repliegue nacional.

El motor necesario solo puede surgir de una convergencia transnacional de fuerzas sociales, políticas y culturales, impulsada por cuatro procesos que deben orientarse deliberadamente hacia la transformación democrática de Europa.

En primer lugar, el malestar social estructural, resultado directo del modelo europeo actual, debe encontrar una salida democrática, capaz de frenar su deriva hacia el autoritarismo.

En segundo lugar, la creciente conciencia de impotencia nacional, cuando se hace evidente que muchos problemas no pueden resolverse a escala estatal, debe traducirse en exigencia política de otra Europa, y no en repliegue reaccionario.

En tercer lugar, las redes sociales, sindicales y cívicas transnacionales ya existentes -movimientos por el clima, plataformas por la vivienda, defensa de los servicios públicos, organizaciones de derechos digitales, sindicalismo europeo- deben consolidarse como embriones de un nuevo sujeto político europeo.

Finalmente, las minorías políticas con visión postnacional, tanto en las izquierdas como en sectores democráticos del centro, deben confluir en un proyecto común que asuma que la alternativa no es menos Europa, sino otra Europa diferente.

En todo caso, no se trata de provocar rupturas súbitas. No podrá haber cambios radicales de la noche a la mañana, sino un proceso conflictivo y discontinuo, con avances y retrocesos, que deberá apoyarse en coaliciones de países dispuestos a avanzar, desobediencias selectivas a normas incompatibles con la cohesión social y reformas nacionales que arrastren a otras.

No necesitamos menos Europa, sino otra diferente. Y cuanto más tarde llegue, mayor será el precio económico, social, democrático y moral que paguemos.

Publicado en ctxt.es el 23 de enero de 2026

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sábado, 31 de enero de 2026

El experimento de dar una paga a más de 100 millones de mujeres por su trabajo como amas de casa (y los resultados que arroja)


Mujeres beneficiarias del programa Mukhyamantri Ladaki Bahin Yojana muestran sus libretas bancarias y el mensaje de confirmación de la recepción del dinero del programa en sus teléfonos móviles en Kisan Nagar, Thane, India.

Fuente de la imagen,Hindustan Times vía Getty Images

Pie de foto,Las mujeres de Maharashtra de entre 21 y 65 años reciben una transferencia mensual de 1.500 rupias (US$16).

En una aldea del estado de Madhya Pradesh, en el centro de India, una mujer recibe una pequeña pero constante suma de dinero cada mes: no se trata de un salario, ya que no tiene un trabajo formal, sino de una transferencia monetaria incondicional del gobierno.

Premila Bhalavi cuenta que el dinero le sirve para comprar medicamentos, verduras y pagar la matrícula escolar de su hijo.

La suma, 1.500 rupias (US$16), puede parecer pequeña, pero su efecto —ingresos predecibles, una sensación de control y un atisbo de independencia— es de gran importancia.

Su historia es cada vez más común.

En toda India, 118 millones de mujeres adultas en 12 estados reciben ahora transferencias monetarias incondicionales del gobierno, lo que convierte a este país en el escenario de uno de los experimentos de política social más grandes y menos estudiados del mundo.

Acostumbrada durante mucho tiempo a subsidiar cereales, combustible y empleos rurales, India se ha adentrado en algo más radical: pagar a las mujeres adultas simplemente porque se encargan del funcionamiento del hogar, asumen la carga del trabajo de cuidados no remunerado y constituyen un electorado demasiado numeroso como para ser ignorado.

Los criterios de elegibilidad varían: límites de edad, topes de ingresos y exclusiones para familias con empleados gubernamentales, contribuyentes o propietarios de automóviles o grandes extensiones de tierra.

"Las transferencias monetarias incondicionales representan una expansión significativa de los sistemas de bienestar social de los estados indios a favor de las mujeres", declaró a la BBC Prabha Kotiswaran, profesora de derecho y justicia social en el King's College de Londres.

Las transferencias oscilan entre 1.000 y 2.500 rupias (US$12 y US$30) al mes, sumas modestas que representan aproximadamente entre el 5% y el 12% de los ingresos familiares, y se reciben con regularidad.

Con 300 millones de mujeres que ahora tienen cuentas bancarias, las transferencias se han simplificado administrativamente.

Transferencias sin condiciones
Las mujeres suelen gastar el dinero en las necesidades del hogar y la familia: la educación de los hijos, alimentos, gas para cocinar, gastos médicos y de emergencia, el pago de pequeñas deudas y, ocasionalmente, artículos personales como joyas o pequeños lujos.

Lo que diferencia a India de México, Brasil o Indonesia —países con grandes programas de transferencias monetarias condicionadas— es la ausencia de condiciones: el dinero llega independientemente de que un niño asista a la escuela o de que una familia se encuentre por debajo del umbral de pobreza.

Mujeres votantes hacen fila para emitir su voto en un colegio electoral durante la primera fase de las elecciones a la asamblea legislativa, el 6 de noviembre de 2025, en la circunscripción de Raghopur, en el distrito de Vaishali, en el estado indio de Bihar.Fuente de la imagen,AFP vía Getty Images Pie de foto,

El estado de Bihar transfirió 10.000 rupias a las cuentas bancarias de las mujeres antes de las elecciones. Goa fue el primer estado en lanzar un programa de transferencias monetarias incondicionales para mujeres en 2013.

El fenómeno cobró fuerza justo antes de la pandemia en 2020, cuando Assam, en el noreste del país, implementó un programa para mujeres vulnerables. Desde entonces, estas transferencias se han convertido en una fuerza de la política imparable.

La reciente ola de transferencias monetarias incondicionales se dirige a mujeres adultas, y algunos estados reconocen su trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

Tamil Nadu presenta sus pagos como una "subvención de derechos", mientras que el programa de Bengala Occidental también reconoce las contribuciones no remuneradas de las mujeres.

En otros estados, el reconocimiento es implícito: los responsables políticos esperan que las mujeres utilicen las transferencias para el bienestar del hogar y la familia, según expertos.

Influencia en las elecciones
Este enfoque en el papel económico de las mujeres también ha influido en la política: en 2021, el actor convertido en político Kamal Haasan, del estado de de Tamil Nadu, prometió "salarios para las amas de casa" (aunque luego su incipiente partido perdió).

Para 2024, las promesas de transferencias monetarias dirigidas a las mujeres contribuyeron a las victorias de los partidos políticos en Maharashtra, Jharkhand, Odisha, Haryana y Andhra Pradesh.

En las recientes elecciones en Bihar, el poder político de las transferencias monetarias quedó claramente de manifiesto.

En las semanas previas a las elecciones en el estado más pobre del país, el gobierno transfirió 10.000 rupias (US$112) a 7,5 millones de cuentas bancarias de mujeres en el marco de un programa de generación de medios de subsistencia.

Las mujeres votaron en mayor número que los hombres, influyendo decisivamente en el resultado.

Los críticos lo calificaron de compra de votos descarada, pero el resultado fue claro: las mujeres ayudaron a la coalición liderada por el Partido Bharatiya Janata a obtener una victoria aplastante.

Muchos creen que esta inyección de dinero fue un recordatorio de cómo el apoyo financiero puede utilizarse como palanca política.

Sin embargo, Bihar es solo una parte de un panorama mucho más amplio.

En toda India, las transferencias monetarias incondicionales llegan a decenas de millones de mujeres de forma regular.

Solo Maharashtra promete beneficios para 25 millones de mujeres; el programa de Odisha llega al 71% de sus votantes femeninas.

Trabajo no remunerado
Estos programas son criticados en algunos círculos políticos porque ejercen presión sobre las finanzas estatales: 12 estados tienen previsto gastar alrededor de US$18.000 millones en estos pagos durante este año fiscal.

Un informe del centro de estudios PRS Legislative Research señala que la mitad de estos estados se enfrentan a déficits de ingresos, lo que ocurre cuando un estado se endeuda para pagar gastos regulares sin generar activos.

Pero muchos argumentan que también reflejan un reconocimiento tardío de algo que las feministas indias han defendido durante décadas: el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

Según la última Encuesta sobre el Uso del Tiempo, en 2024 las mujeres en India dedicaron casi cinco horas diarias a este tipo de trabajo, más de 7,6 veces el tiempo que dedicaron los hombres.

Esta carga desproporcionada ayuda a explicar la persistente baja participación de las mujeres en la fuerza laboral en India.

Las transferencias monetarias, al menos, reconocen este desequilibrio, según expertos.

¿Y funcionan? La evidencia aún es escasa, pero reveladora.

Un estudio de 2025 en Maharashtra reveló que el 30% de las mujeres elegibles no se registró, a veces por problemas de documentación, a veces por un sentimiento de autosuficiencia.

Pero entre las que sí lo hicieron, casi todas controlaban sus propias cuentas bancarias.

Mujer cosiendo tela roja en una máquina de coser dentro de una habitación pequeña y oscura, con estantes llenos de frascos y ropa en el fondo, mientras un niño y una niña permanecen de pie cerca.Fuente de la imagen,Swastik Pal Pie de foto,

Soma Das usa el dinero para comprar materiales y confeccionar ropa, que luego vende para mantener a su familia en Bengala Occidental.

Una encuesta realizada en 2023 en Bengala Occidental reveló que el 90% de las mujeres gestionaban sus cuentas personalmente y el 86% decidía cómo gastar el dinero.

La mayoría lo utilizaba para alimentación, educación y gastos médicos; si bien no era algo transformador, la regularidad les ofrecía seguridad y una sensación de autonomía.

Un estudio más detallado realizado por Kotiswaran y sus colegas muestra resultados diversos.

En el estado de Assam, la mayoría de las mujeres gastaban el dinero en necesidades básicas; muchas valoraban la dignidad que les proporcionaba, pero pocas lo relacionaban con el reconocimiento del trabajo no remunerado, y la mayoría seguía prefiriendo un empleo pago.

En Tamil Nadu, las mujeres que recibían el dinero hablaban de tranquilidad, reducción de los conflictos conyugales y una nueva confianza en sí mismas, un beneficio social poco común.

En Karnataka, las beneficiarias informaron que comían mejor, tenían más voz en las decisiones del hogar y deseaban recibir pagos mayores.

Sin embargo, solo una pequeña parte entendía el programa como una compensación por el trabajo de cuidados no remunerado; el mensaje no había llegado.

Aun así, las mujeres afirmaron que el dinero les permitía cuestionar a los políticos y gestionar emergencias.

Autonomía financiera
En todos los estudios, la mayoría de las mujeres tenía control total del dinero.

"La evidencia demuestra que las transferencias de efectivo son enormemente útiles para que las mujeres satisfagan sus propias necesidades inmediatas y las de sus hogares. También devuelven la dignidad a las mujeres que, de otro modo, dependen económicamente de sus maridos para cada pequeño gasto", afirma Kotiswaran.

Es importante destacar que ninguna de las encuestas halla evidencia de que el dinero desincentive a las mujeres a buscar trabajo remunerado ni que refuerce los roles de género, los dos grandes temores de las feministas, según un informe de Kotiswaran junto con Gale Andrew y Madhusree Jana.

Tampoco han reducido la carga de trabajo no remunerado de las mujeres, según los investigadores.

Sin embargo, sí fortalecen la autonomía financiera y, en cierta medida, el poder de negociación.

No son ni la panacea ni un veneno: son herramientas útiles pero limitadas, que operan en una sociedad patriarcal donde el dinero por sí solo no puede deshacer las desigualdades estructurales.

Mujer de pie sosteniendo un micrófono en medio de una reunión comunitaria, rodeada de varias personas sentadas en sillas plásticas, con un fondo azul y blanco que muestra logotipos circulares.Fuente de la imagen,Swastik Pal Pie de foto,

Las mujeres agradecen la dignidad que les proporcionan estas transferencias de dinero en efectivo. ¿Qué sigue?
Las investigaciones emergentes ofrecen pistas claras.

Las normas de elegibilidad deben simplificarse, especialmente para las mujeres que realizan un trabajo de cuidado no remunerado intensivo.

Las transferencias deben seguir siendo incondicionales e independientes del estado civil.

Sin embargo, los mensajes deben enfatizar los derechos de las mujeres y el valor del trabajo no remunerado, y los esfuerzos de educación financiera deben intensificarse, según los investigadores.

Además, las transferencias de efectivo no pueden sustituir las oportunidades de empleo; muchas mujeres afirman que lo que realmente desean es un trabajo remunerado y un respeto duradero.

"Si las transferencias se combinan con mensajes que reconozcan el trabajo no remunerado de las mujeres, podrían alterar la división de género del trabajo cuando surjan oportunidades de empleo remunerado", sostiene Kotiswaran.

La discreta revolución de las transferencias de efectivo en India aún está en sus primeras etapas.

No obstante, ya demuestra que pequeñas sumas regulares, pagadas directamente a las mujeres, pueden modificar las relaciones de poder de maneras sutiles pero significativas.

Que esto se convierta en un camino hacia el empoderamiento o simplemente en una nueva forma de clientelismo político dependerá de lo que India decida construir en torno a este dinero.