lunes, 20 de abril de 2026

Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico: “El cerebro humano no busca recordar, sino entender” El investigador explora en su nuevo libro, ‘La máquina del olvido’, los entresijos de la memoria, cómo se construye el recuerdo y qué nos define como especie

Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico

El investigador explora en su nuevo libro, ‘La máquina del olvido’, los entresijos de la memoria, cómo se construye el recuerdo y qué nos define como especie.

Hay un poema profundamente soldado en la memoria del neurocientífico Rodrigo Quian Quiroga (Buenos Aires, 58 años). Son unos versos del escritor argentino Hilario Ascasubi que aprendió cuando tenía 12 años, mientras desayunaba una tostada y un chocolate en su casa antes de ir a clase: “Mi madre me quería matar porque no me lo había estudiado para el colegio… Y fue una situación de tanto estrés, porque me iban a poner un cero, que me lo aprendí y me quedó hasta hoy”, cuenta entre risas.

Los recuerdos son caprichosos, volátiles, maleables. Pero son nosotros, reivindica Quian Quiroga, que es coordinador del programa de investigación Mecanismos neuronales de la percepción y la memoria del Hospital del Mar Research Institut (IMIM): “Si a mí me reemplazan un brazo, voy a seguir siendo yo. Si me trasplantan el corazón, también. Pero si me trasplantasen el cerebro, no voy a ser yo, va a ser la otra persona con mi cuerpo. Claramente, la identidad viene ligada al cerebro, a los pensamientos y, en particular, a la memoria”.

De todo eso —y de Aristóteles, Borges, Maradona o de una falsa pelota naranja que habita en su recuerdo— escribe el neurocientífico en su nuevo libro, que llega a las librerías el 28 de enero: en La máquina del olvido (Ariel), Quian Quiroga explora los entresijos de la memoria, cómo se construye y hasta qué punto esa capacidad nos define como humanos.

El investigador sabe de lo que habla. Hace dos décadas, descubrió las llamadas neuronas de Jennifer Aniston, unas células nerviosas en el hipocampo que responden a conceptos específicos y a asociaciones, obviando detalles concretos. Este hallazgo, clave para cimentar la memoria, es también, a su juicio, una pieza fundamental para explicar lo que nos diferencia de otros animales o de la inteligencia artificial.

El investigador atiende a EL PAÍS en su despacho del Parque de Investigación Biomédica de Barcelona, a los pies de la playa de la Barceloneta. “Es sorprendente lo poco que recordamos”, dirá una y otra vez.

Pregunta. ¿Más que memoria, somos máquinas de olvidar?

Respuesta. Sí, porque, a diferencia de otros animales, una característica esencial del pensamiento humano es el olvido. Lo que hacemos todo el tiempo es que seleccionamos información, la procesamos y dejamos de lado los detalles. Al hacer eso, te puedes enfocar en lo esencial y tener una capacidad de razonamiento mucho más avanzada. Hacer esa abstracción implica un olvido.

P. Dice en el libro que “traer al consciente un recuerdo inevitablemente implica cambiarlo”. ¿La memoria está en constante reconstrucción?
R. Cada vez que evocas un recuerdo lo estás cambiando. Y el cambio puede ser brutal. De una memoria, tal vez recuerdas ciertas cosas específicas y las vas consolidando más y más; y otras que no las recuerdas tanto, las vas dejando en el olvido. Y eso para mí es la paradoja filosófica, porque la memoria define la identidad, yo soy mis memorias; pero lo que define mi persona es algo tan volátil...

El cerebro es la máquina del olvido: olvidamos mucho y recordamos muy poco, solo lo que nos interesa"

P. Entonces, ¿recordamos o creemos recordar?
R. El proceso de recordar existe, no es una ilusión, pero el recuerdo es, en gran parte, una construcción y usas sentido común. Hay un montón de cosas que son inferencias inconscientes: infieres cosas e, inconscientemente, vas armando una historia usando el sentido común, pero no necesariamente recuerdas fehacientemente todo lo que pasó.

P. ¿Qué hace una memoria más rigurosa?
R. La clave está en el interés, y eso va ligado a la atención. El cerebro es la máquina del olvido: olvidamos mucho, recordamos muy poco, pero lo poco que recordamos es aquello que nos interesa, aquello a lo que le prestamos atención.

P. Los animales también tienen memoria: un perro sabe volver a casa, reconocen al dueño. ¿Qué distingue a nuestra memoria?
R. Lo que yo propongo es que la memoria del humano funciona distinto a la de otras especies. Empiezo por un argumento de sentido común: la memoria te determina el pensamiento, yo pienso en base a cómo recuerdo las cosas; y creo que la clave del pensamiento humano es que es mucho más abstracto que el de cualquier otro animal. Un mono o una rata recuerda las cosas tal cual pasaron; nosotros recordamos más conceptos, dejamos de lado detalles y eso nos permite hacer asociaciones mucho más avanzadas. El ejemplo que doy es que la gran genialidad de Newton no fue escribir un día la fórmula de la gravedad, sino darse cuenta de que la manzana que cae responde al mismo fenómeno que la luna que gira alrededor de la Tierra. Pero para hacer esa comparación necesitas realmente abstraer, no puedes estar pensando si la manzana es roja o verde. Tienes que dejar de lado un montón de detalles y ahí viene la genialidad.

   

Rodrigo Quian Quiroga, neurocientifico, fotografiado en el patio del Parque de Investigación Biomédica de Barcelona. GIANLUCA BATTISTA

P. ¿Y la clave de todo está en cómo construyes la memoria?
R. El cerebro humano no es tan distinto del cerebro de un chimpancé. Es más grande, pero hay animales que tiene el cerebro más grande que el humano y no son más inteligentes. Yo creo que no es que el cerebro sea distinto, sino que funciona distinto. Y no creo que sea coincidencia que yo en humanos encuentre neuronas respondiendo a conceptos y no a detalles, mientras que en otros animales siempre encuentran neuronas respondiendo detalles y no a conceptos.

P. ¿Las neuronas de concepto, las famosas neuronas de Jennifer Aniston, no se han encontrado en otras especies?
R. No. Y eso me cierra todo: somos nosotros los únicos que hasta ahora tenemos estas neuronas que representan conceptos, abstracciones, lo cual implica olvidos. Eso me permite una capacidad de inteligencia muy superior a la que pueda tener otro animal. Y me puedo estar equivocando, no es un consenso científico, pero lo que yo digo es que estas neuronas son exclusivas del ser humano y que son una base de nuestra inteligencia.

P. Usted rechaza que se asocie la capacidad memorística a la inteligencia.
R. Eso es un error garrafal que está metido en todos lados. El cerebro humano no busca recordar, busca entender. O sea, lo que nos distingue a nosotros no es nuestra capacidad de memoria, sino nuestra capacidad de entendimiento. Un ejemplo: yo no me olvido nunca de que la batalla de Chacabuco de Argentina contra los españoles fue en 1817. Y no es porque tenga una regla nemotécnica, sino porque me acuerdo de que es un año después de la Declaración de Independencia. Lo que hago es poner una fecha en contexto y ya está, no se me va nunca más. Lo decía Aristóteles: la manera más fuerte que tienes de recordar algo es hacer asociaciones. Generas ese telar de la memoria y te queda bien firme. Si tienes hechos aislados, se te pierden.

Cada vez que evocas un recuerdo lo estás cambiando; y el cambio puede ser brutal”

P. ¿Cómo seleccionamos lo que recordamos?
R. Hay cosas que las repetiste tantas veces, que te quedaron automatizadas. Y luego, por la emoción, que está muy claro que es un factor que modifica qué tan profundos son los recuerdos.

P. ¿Por qué no nos acordamos de nada de nuestra primera infancia?
R. Se llama amnesia de la infancia. Y eso es porque el hipocampo, que es un área cerebral clave para la memoria, todavía no se ha desarrollado.

P. Coquetea todo el rato con la idea de qué nos hace humanos: la memoria, el lenguaje, el sentido común, esas inferencias inconscientes… ¿Qué nos hace humanos?
R. Es la misma idea desde distintos ángulos. ¿Qué nos separa de un animal? La capacidad de abstracción. Y eso es porque tenemos neuronas de concepto, lenguaje, entendemos... ¿Qué te separa de un ordenador? Que tiene memoria perfecta, pero no entiende; nosotros olvidamos un montón, pero entendemos.

P. Al principio del libro advierte de que se plantearán varios interrogantes que pueden quedar sin respuesta. ¿Qué no sabe la neurociencia?
R. ⁠La pregunta que todavía es incontestable es qué le falta a un algoritmo, a una inteligencia artificial, para despertar y ser consciente.

No pagar impuestos, el privilegio de la nueva aristocracia

Un manifestante sostiene una pancarta que pide gravar a los ricos, en la ciudad francesa de Nantes, en septiembre de 2025.
Stephane Mahe (REUTERS)

No existe ninguna justificación para un sistema regresivo en el que los más ricos contribuyen menos que el resto

Hoy existen más desigualdades de rentas y riqueza que nunca. En la ciudad de Nueva York, la renta media por hogar es de 131.000 dólares. Si no hubiera esa desigualdad tan pronunciada, los neoyorquinos podrían vivir razonablemente bien. En lugar de ello, un puñado de personas situadas en la cima de la escala acapara una riqueza inmensa mientras millones de habitantes tienen dificultades simplemente para llegar a fin de mes. Algunos no lo consiguen. Para ellos, Nueva York se ha vuelto, en definitiva, inasequible.

Este grado tan desmesurado de desigualdad tiene enormes consecuencias económicas, políticas y sociales. Socava la cohesión social y política, erosiona la confianza en las instituciones y empuja a la gente a pensar, con razón, que el sistema está amañado.

Casi la quinta parte de los multimillonarios de Estados Unidos viven en Nueva York, lo que constituye la mayor concentración de riqueza de todo el país. Pero la desigualdad no es un problema exclusivo de Nueva York, ni siquiera de Estados Unidos, aunque en este país haya más desigualdades que en casi cualquier otra economía avanzada. Es una crisis mundial.

El informe mundial sobre las desigualdades, encargado durante la presidencia sudafricana del G-20, reveló que, entre 2000 y 2024, el 1% más rico acaparó el 41% de toda la riqueza nueva, mientras que la mitad más pobre de la humanidad solo se quedó con el 1%. Este rumbo es insostenible.

Uno de los síntomas más claros de este desequilibrio es el aumento de la riqueza extrema. En 1987, los multimillonarios poseían una riqueza equivalente al 3% del PIB mundial. Hoy, esa élite diminuta —el 0,0001 % de la población mundial— posee una riqueza que equivale nada menos que al 16% del PIB mundial.

A medida que se concentra la riqueza, también lo hace el poder: el poder de influir en las elecciones, determinar las políticas, escorar los mercados y definir los términos del debate público.

Uno de los factores que más impulsan esta tendencia es nuestra incapacidad colectiva para gravar verdaderamente a los más ricos. Hasta hace poco, era difícil medir la magnitud del problema. Los datos públicos no registran las contribuciones fiscales de los ultrarricos. Sin embargo, en los últimos tiempos ha habido una avalancha de estudios que analizan precisamente ese aspecto y llegan a unas conclusiones claras.

En los años sesenta del siglo pasado, los 400 estadounidenses más ricos dedicaban aproximadamente el 50% de sus ingresos a pagar impuestos en las diferentes administraciones públicas. Hoy pagan alrededor del 24%.

No ocurre solo en Estados Unidos. En toda Europa —incluidos Francia, Italia y los Países Bajos— y en países como Brasil, los investigadores observan el mismo patrón: los tipos impositivos reales que pagan los más ricos son prácticamente los más bajos de todos. No solo se les da bien generar riqueza, sino también eludir y evadir impuestos.

Además, cuando pagan, aportan mucho menos de lo que les correspondería, pese a que son ricos, en gran parte, gracias a las inversiones públicas: contratos públicos, una mano de obra muy cualificada, un Estado de derecho que facilita la actividad empresarial y unas buenas infraestructuras e incluso las tecnologías básicas en las que se apoya su “innovación”. El peso recae fundamentalmente sobre los trabajadores, cuyos impuestos sostienen esos mismos sistemas que hacen posible la riqueza extrema.

Ya es hora de que abordemos este problema entre todos.

Podemos discrepar sobre cómo de progresivos deben ser los sistemas impositivos: es decir, sobre cuánta más proporción de sus ingresos deben dedicar los ricos a pagar impuestos que el resto de la población. Pero no existe nada que justifique un sistema regresivo en el que los más ricos contribuyen menos que los demás. Esa es la forma de que las desigualdades aumenten y se perpetúen.

Durante mucho tiempo, se ha descartado la posibilidad de hacer reformas porque se pensaba que eran demasiado complejas o políticamente inviables, a pesar de que los votantes de todas las tendencias políticas apoyan con entusiasmo que los ricos paguen lo que deben.

Eso está empezando a cambiar.

En 2024, bajo la presidencia de Brasil, el G-20 incluyó este problema entre sus prioridades y se comprometió a aplicar una fiscalidad más eficaz a las personas con un patrimonio neto desmesurado. El grupo encargó un informe en el que se proponía un impuesto mínimo sobre el patrimonio del 2% para los más ricos, una forma sencilla de garantizar que cumplan con sus obligaciones para con la sociedad.

La idea, de gran calado, ha tenido un efecto dominó. En 2025, España y Brasil se comprometieron a encabezar una coalición de países para ponerla en práctica. Este fin de semana, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se reúnen en Barcelona con los jefes de Estado de Sudáfrica, México, Colombia y muchos otros países para impulsar el proyecto.

En Francia, la Asamblea Nacional aprobó una variante de este impuesto mínimo, aunque el Senado, conservador, lo bloqueó. Aun así, sigue siendo un tema muy presente en el debate nacional; igual que ocurrió en su día con el propio impuesto sobre la renta, que se encontró con una resistencia similar por parte de las fuerzas conservadoras antes de convertirse en ley. En Estados Unidos se está produciendo un cambio de paradigma. El próximo mes de noviembre, los votantes de California decidirán si se instaura un impuesto sobre el patrimonio de los multimillonarios. El Estado de Washington ha aprobado un impuesto sobre la renta del 9,9 % para las rentas superiores a un millón de dólares, que entrará en vigor en 2028. En Nueva York, estamos pidiendo a las autoridades estatales que aumenten los impuestos a los ricos y a las grandes empresas para cerrar el déficit presupuestario de la ciudad y financiar servicios públicos esenciales, como viviendas asequibles y cuidados infantiles. Y ya estamos progresando en un nuevo impuesto sobre las segundas residencias en la ciudad, que se aplicará a los ultrarricos y a las élites internacionales.

Estos no son más que los primeros pasos para restablecer un principio social básico: que quienes más tienen deben aportar lo que les corresponde para que todo el mundo pueda vivir con dignidad.

La idea de que los multimillonarios deben pagar tipos impositivos más elevados que los trabajadores no es ningún concepto radical. Lo que es radical es un sistema en el que la riqueza extrema convive con las penurias generalizadas y en el que esos multimillonarios, en la práctica, se las arreglan para no contribuir a la sociedad que les ha permitido triunfar.

Cuanto más tardemos en solucionar esta situación, más se atrincherarán la riqueza y el poder económico y político y, por tanto, más se consolidará los privilegios de la aristocracia contemporánea.

Joseph E. Stiglitz es premio Nobel de Economía, catedrático de la Universidad de Columbia y economista jefe del Instituto Roosevelt; Zohran Mamdani es alcalde de Nueva York; Gabriel Zucman es profesor de Economía en la Escuela de Economía de París y en la École normale supérieure – PSL, y director fundador del Observatorio Fiscal de la UE.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

domingo, 19 de abril de 2026

Los mejores deportes para la longevidad


Ilustración de un reloj de arena rodeado de diversas figuras que practican diferentes deportes.
Credit...Suvi Suitiala
El ejercicio regular es una de las formas más eficaces de alargar tu vida.

Las investigaciones demuestran sistemáticamente que la actividad física está relacionada con un menor riesgo de cáncerdepresióndemenciadiabetes de tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

Las pautas federales recomiendan al menos 150 minutos de ejercicio aeróbico de intensidad moderada a la semana, junto con dos días de actividades de fortalecimiento muscular. Pero los beneficios empiezan mucho antes: incluso cuatro o cinco minutos diarios de actividad física vigorosa se han relacionado con beneficios para la longevidad.

“Un poco es bueno, pero más es mejor”, dijo Steven Moore, epidemiólogo metabólico del Instituto Nacional del Cáncer.

Aunque mantenerse activo es fundamental, la práctica de deportes añade un aspecto social y exigencias cognitivas adicionales al ejercicio. Y la investigación sugiere que algunos deportes pueden aportar un impulso de longevidad superior al de otros.

Las razones para elegir el tenis
Caminar puede ser la actividad de referencia en Estados Unidos, pero varios estudios han destacado los beneficios del tenis para la longevidad.

Un estudio de Dinamarca descubrió que los jugadores de tenis vivían casi 10 años más que sus compañeros sedentarios, y más que los jugadores de fútbol, los nadadores y otros atletas recreativos incluidos en el análisis. Otras investigaciones del Reino Unido y de Estados Unidos realizaron un seguimiento de personas durante aproximadamente una década y descubrieron que la práctica de deportes de raqueta estaba vinculada a un menor riesgo de muerte durante el periodo de seguimiento que cualquier otro deporte o forma de ejercicio estudiado.

Estos resultados no prueban que el tenis haga que la gente viva más tiempo, dijo Emmanuel Stamatakis, epidemiólogo de la Universidad de Sídney y autor principal del estudio británico, ya que los estudios no estaban diseñados para revelar por qué un deporte en particular era beneficioso. Es posible, por ejemplo, que quienes juegan deportes de raqueta tiendan a ser más sanos y más acomodados que quienes no lo hacen, aunque los investigadores intentaron tomar en cuenta esas diferencias.

Aun así, los expertos creen que la combinación única de desafíos físicos, cognitivos y sociales del tenis contribuye a un envejecimiento saludable.

Para empezar, el tenis ofrece un entrenamiento de cuerpo completo. El juego también exige cambios rápidos de dirección, lo que puede mejorar el equilibrio y reducir el riesgo de caídas, dijo Moore. La investigación sugiere que jugar con regularidad también puede mejorar la densidad ósea, al fortalecer el cuerpo contra las fracturas, añadió.

En el tenis también se alternan intensas explosiones de movimiento y breves periodos de recuperación, una estructura que imita el entrenamiento por intervalos puede mejorar la condición física de manera eficiente.

Más allá del esfuerzo físico, este deporte también es cognitivamente exigente e intrínsecamente social, dos factores cruciales para la longevidad, dijo Mark Kovacs, un científico del deporte que ha entrenado a tenistas de élite.

Muchos otros deportes ejercitan el cerebro y protegen contra el aislamiento, pero quien practica tenis también tiende a mantenerse en el juego durante más años que en otros deportes, dijo Rochelle Eime, profesora de ciencias del deporte en la Universidad de la Federación de Australia. Al fin y al cabo, sólo se necesita un compañero, y es relativamente suave para el cuerpo, añadió Eime.

¿Y las demás actividades?
Aunque el tenis destaca en algunos estudios, muchos otros deportes recreativos están relacionados con beneficios para la longevidad.

En un estudio de casi 300.000 adultos mayores de Estados Unidos, por ejemplo, el ciclismo se asoció con un 3 por ciento menos de riesgo de morir en un período de 12 años; la natación, con un 5 por ciento menos, y jugar golf, con un 7 por ciento menos, en comparación con quienes realizaban otras actividades, dijo Moore, autor principal de la investigación.

Mientras que el ciclismo trabaja principalmente la parte inferior del cuerpo, la natación añade acondicionamiento a la parte superior. El golf suele implicar una actividad aeróbica más suave, pero también requiere potencia de rotación, equilibrio y control motor fino. Esta mezcla de exigencias físicas podría dar lugar a diferencias modestas en la longevidad, pero los expertos no pueden afirmarlo con certeza, y no recomiendan cambiar de actividad basándose en estos resultados. La lección principal es encontrar un deporte que disfrutes y mantenerte activo, dijo Moore.

El entrenamiento de resistencia también es fundamental para envejecer bien: un metanálisis encontró que una hora semanal reduce el riesgo de morir en 25 por ciento, mientras que otras investigaciones relacionan el entrenamiento de resistencia con un mejor estado de ánimo y una mejor función cognitiva. El fortalecimiento muscular puede ayudar a frenar la pérdida de masa muscular relacionada con la edad, lo que permite mantener la independencia y la funcionalidad diaria, dijo I-Min Lee, epidemióloga en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard.

Cómo optimizar el ejercicio para la longevidad
Desarrollar nuevas habilidades y desafiar a tu cerebro suele ser favorable para un envejecimiento saludable, por lo que vale la pena encontrar un deporte que disfrutes.

Sea cual sea la forma de moverte, conviene tener presentes los siguientes consejos orientados a la longevidad.

Hazlo una actividad social. Durante décadas, la conexión social se ha asociado con mejor salud y una vida más larga. Busca formas de mantenerte activo con otras personas, ya sea apuntándote a un club de atletismo, a una clase de fitness en grupo o probando un deporte nuevo en el centro recreativo de tu barrio o en el parque. Este componente social también ayuda con la motivación y el sentido de responsabilidad, dijo Stamatakis.

Sigue desafiándote. Los deportes enganchan mentalmente porque son dinámicos y orientados a objetivos, dijo Kovacs. Pero puedes llevar esa mentalidad a cualquier forma de ejercicio. Primero, añade una novedad: una ruta distinta, una rutina nueva en el gimnasio o un entorno de juego diferente. En segundo lugar, fíjate metas claras y de corto plazo que te hagan avanzar, como aumentar tu tiempo de caminata o el peso que levantas.

Ejercita todo el cuerpo. Los ejercicios cardiovasculares básicos, como correr o pedalear, son excelentes para mantenerse activo, dijo Moore. Pero combínalo con trabajo de la parte superior del cuerpo, incluido el entrenamiento de resistencia, para lograr un entrenamiento de cuerpo completo y desarrollar músculo. La investigación sugiere que quienes combinan ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza viven más tiempo.

Apunta a la constancia. Los beneficios del ejercicio solo se mantienen si sigues haciéndolo a medida que envejeces, dijo Lee. Aunque a veces se dice que el tenis es un “deporte para toda la vida”, no hace falta que te dediques a una sola actividad para siempre. La variedad puede hacer que el ejercicio se sienta fresco y sea más fácil de sostener, especialmente a medida que tu cuerpo cambia.

En definitiva, toda actividad física mejora la longevidad.

“Encuentra algo que funcione para ti”, dijo Lee. “Lo esencial es moverse más”.

Simar Bajaj cubre salud y bienestar.

sábado, 18 de abril de 2026

Formación. Aprender no es cuestión de talento, sino de método

Ferran Ballard y Alejandra Scherk, autores de 'Aprender con estrategia'.
En ‘Aprender con estrategia’, Ferran Ballard y Alejandra Scherk explican por qué estudiar más no siempre funciona y cómo trasladar el método del aula al trabajo.

Durante años, el mensaje ha sido siempre el mismo: si no aprendes es porque no te esfuerzas lo suficiente; si estudias mucho y aun así lo olvidas, el problema debe de estar en tu memoria. Y si otros llegan más lejos, probablemente sea porque tienen más talento. Aprender con estrategia (Libros Cúpula, 2026), que firman Ferran Ballard y Alejandra Scherk, parte de una premisa menos complaciente: la de que cuando el aprendizaje fracasa, el problema rara vez está en la capacidad de las personas, sino más bien en el método con el que llevan toda la vida intentando aprender.

Más que de una tesis teórica o una provocación editorial, se trata de una conclusión a la que llegaron cuando el sistema que les había funcionado durante años dejó de hacerlo. “En la escuela te enseñan qué tienes que aprender, pero casi nunca cómo hacerlo”, explica Ballard. “Mientras el temario es manejable, puedes salir adelante a base de intuición: leer, subrayar y repetir. Pero el problema surge cuando llegas a la universidad, el volumen crece y la exigencia se dispara. Y ahí, muchas personas piensan que son ellas las que fracasan, cuando lo que falla es el método”.

Ese punto de quiebre —cuando el esfuerzo deja de traducirse en resultados— suele vivirse en silencio y con cierta culpa. Sin embargo, para ellos fue el origen de una pregunta más amplia: si estudiar más ya no bastaba, ¿Qué estaban haciendo distinto quienes sí conseguían aprender de forma sostenida? No los brillantes de un día, sino los que rendían bien a lo largo del tiempo. “Nos dimos cuenta de que no era un problema de horas ni de inteligencia. Había personas que no parecían más listas, pero que aprendían mejor. Y eso tenía que ver con cómo pensaban lo que estudiaban”, recuerda Scherk.

A partir de ahí, decidieron observar, comparar y poner a prueba. Analizaron cómo trabajaban los mejores estudiantes, revisaron la investigación científica existente sobre memoria y aprendizaje y, sobre todo, lo aplicaron a su propia experiencia. “Queríamos un sistema que funcionara en la práctica”, explica Scherk. “Si algo sonaba bien pero no nos servía para aprender de verdad, lo descartábamos”. Con el tiempo, ese proceso se convirtió en un método; y el método, en un libro que, según sus autores, no promete atajos, sino algo menos vistoso y mucho más exigente: la capacidad de aprender a aprender.

Qué hacen distinto quienes aprenden bien
A buen seguro la escena resulta familiar: alguien se sienta a estudiar y hace lo que ha hecho siempre: abre el tema, lee, subraya, relee y, si hay tiempo, memoriza a última hora. El problema no se encuentra en el esfuerzo, sino en el orden y la intención con la que se hace cada cosa, porque aprender bien no consiste en exponerse muchas veces a la información, sino en obligar al cerebro a trabajar con ella.

Por eso el método no empieza ni memorizando ni leyendo a fondo, sino antes, a la hora de tomar apuntes: no se trata de simplemente transcribir lo que se oye o se lee, sino de decidir qué merece ser guardado. Después llega una lectura exploratoria, rápida y sin subrayados compulsivos, cuyo objetivo no es entenderlo todo, sino detectar las ideas principales, reconocer la estructura del tema y anticipar por dónde pueden venir las dificultades.

Solo entonces tiene sentido una lectura de profundización donde el foco ya no esté en marcar frases, sino en comprender de verdad. “Muchas personas confunden estudiar con leer, pero eso es solo el principio. Si no te paras a pensar qué significa lo que estás leyendo y cómo encaja con lo que ya sabes, [el conocimiento] no se consolida”, sostiene Ballard.

A partir de ahí, el método introduce dos pasos que, aunque están presentes en muchas estrategias, suelen usarse de forma superficial: el resumen y la hoja de preguntas. Resumir no significa acortar el contenido, sino reordenarlo con palabras propias y darle una estructura mental; mientras que formular preguntas no es un mero gesto académico, sino una herramienta para detectar posibles lagunas. “Cuando te haces preguntas”, señala Alejandra Scherk, “dejas de estudiar en piloto automático. Te enfrentas a lo que no entiendes, y eso es incómodo, pero es justo ahí donde empieza el aprendizaje”.

El esquema aparece después, y lo hace para visualizar las relaciones entre ideas antes de dar paso a la memorización (o recuperación activa): es el momento de intentar recordar sin mirar y comprobar qué permanece. “La gente cree que memorizar es repetir, pero memorizar bien es probarte, darte cuenta de lo que sabes y, sobre todo, de lo que no”, apunta Ballard.

El último paso, el del repaso espaciado, cumple una función decisiva: evitar que todo ese trabajo se evapore con el tiempo. No se trata de volver a leerlo todo, sino de recuperar la información en momentos estratégicos, cuando el olvido empieza a asomar. Ese gesto pequeño es el que convierte el aprendizaje puntual en conocimiento duradero. “Muchísima gente memoriza sin haber entendido y luego se sorprende cuando lo olvida. El método cambia eso: primero piensas, luego organizas y solo al final memorizas”, resume Scherk.

Cuando el cerebro engaña al estudiar
Uno de los mayores problemas del aprendizaje no es el olvido, sino la sensación de haber aprendido cuando no es así. Releer un texto, subrayarlo o escucharlo varias veces produce una familiaridad engañosa: el contenido “te suena”, pero no necesariamente se sostiene. “Sales de una clase o de una reunión pensando que lo tienes claro, y al cabo de unas horas te das cuenta de que no sabrías explicarlo. No es que lo hayas olvidado: es que nunca llegó a consolidarse”, advierte Ballard.

Esa confusión entre reconocer y recordar es una de las trampas más habituales del estudio tradicional: el cerebro interpreta la repetición como dominio, aunque no exista una comprensión profunda. El método Ballard pretende ayudar al estudiante a recuperarla sin ayuda, y por eso concede tanta importancia a ponerse a prueba, a intentar recordar sin mirar y detectar fallos antes de que sea demasiado tarde.

“Memorizar bien no es repetir hasta que entra”, insiste Ballard. “Es comprobar qué se queda y qué no, y actuar en consecuencia”. Scherk recurre a un ejemplo cotidiano para explicarlo: si te preguntan qué hiciste un día concreto de hace dos años será casi imposible recordarlo, pero basta una pista —un viaje, un lugar, una escena— para que todo reaparezca. No estaba perdido, sino que faltaba el anclaje, lo que se construye cuando el aprendizaje es profundo y está bien organizado, cuando las ideas se conectan entre sí y con conocimientos previos.

Esa falsa sensación de dominio es la que alimenta otro de los grandes mitos alrededor del estudio: el del talento innato. Si aprender dependiera únicamente de una capacidad fija, poco podría hacerse para mejorar, pero cuando se observa con detalle cómo aprenden quienes lo hacen bien, el patrón se repite. “No encontramos dones misteriosos, sino decisiones conscientes, hábitos y método”, señala Scherk. La diferencia no está en cuánto saben, sino en cómo trabajan mentalmente la información.

Por eso, la pregunta clave no es cuánto tiempo se dedica a estudiar, sino qué tipo de trabajo mental se hace durante ese tiempo. El método no elimina el esfuerzo, pero lo desplaza: de la repetición mecánica a la comprensión activa; de estudiar para pasar página a aprender para poder usar lo aprendido.

Aprender fuera del aula: cuando el método importa más que el temario 
El método Ballard no está pensado solo para aprobar exámenes y, de hecho, los propios autores insisten en que su verdadero potencial aparece cuando desaparece el temario cerrado. “En el mundo laboral no hay exámenes, pero hay problemas nuevos todo el tiempo”, explica Ballard. “Y ahí es donde se nota quién sabe aprender y quién solo sabe estudiar”.

La escena vuelve a ser reconocible. Reuniones en las que se toman notas que nunca se revisan, formaciones internas que se olvidan a las pocas semanas, herramientas nuevas que se usan siempre con el manual abierto al lado... No es falta de interés ni de capacidad. Es, otra vez, el método. “Hay personas que dicen tener 20 años de experiencia, pero en realidad tienen un año de experiencia repetido 20 veces”, apunta Ballard. Aprender sin revisar, sin ponerse a prueba y sin extraer conclusiones convierte la experiencia en mera acumulación, no en aprendizaje.

Ahí se juega, en el ámbito profesional, una de las apuestas centrales del libro: no basta con pasar por la información, hay que trabajarla. Preparar una reunión como una lectura exploratoria, identificar las ideas clave antes de profundizar, formular preguntas que ayuden a detectar qué no se entiende y ponerse a prueba después de una formación en lugar de pasar página.

Ese enfoque cobra aún más sentido en un contexto en el que el conocimiento envejece rápido. “Lo que sabes hoy puede dejar de servir mañana”, señala Scherk. “Por eso, lo que marca la diferencia no es el contenido, sino la capacidad de aprender cosas nuevas con rapidez y profundidad”. Aprender a aprender deja de ser una habilidad académica para convertirse en una competencia transversal.

A esta exigencia se suma otro enemigo silencioso: la distracción. 
Para los autores, el problema no es que tengamos menos capacidad de atención que antes, sino que la cedemos constantemente. “La memoria de trabajo es limitada”, recuerda Ballard. “Cada interrupción, cada notificación y cada estímulo visual consume parte de esa capacidad; si no la proteges, no puedes aprender bien”.

De ahí que el método insista también en diseñar entornos favorables. No confiarlo todo a la fuerza de voluntad, sino a reducir estímulos, alejar el móvil y crear rutinas que favorezcan la concentración. “No se trata de ser más disciplinado, sino de entender cómo funciona el cerebro y dejar de ponérselo difícil”, añade Scherk.

viernes, 17 de abril de 2026

¿Qué tan saludable es el aceite de oliva?

Una cuadrícula de nueve imágenes de salpicaduras de aceite de oliva dorado sobre una superficie color melocotón.


Los estudios sugieren que consumir aceite de oliva puede ayudar a prevenir múltiples enfermedades, sobre todo cuando se consume como parte de una dieta mediterránea+

Muchas de las comunidades más sanas del mundo tienen algo en común: dietas ricas en aceite de oliva.

Este ingrediente, especialmente la variedad extra virgen, está repleto de ácidos grasos y compuestos vegetales beneficiosos para la salud llamados polifenoles que lo convierten en un potente antiinflamatorio con beneficios a largo plazo. Los estudios sugieren que consumir aceite de oliva puede ayudar a reducir el riesgo de cardiopatías, enfermedades neurodegenerativas e incluso muerte prematura, sobre todo cuando se consume como parte de una dieta mediterránea.

El aceite de oliva es uno de los “impulsores clave” de los beneficios para la salud de esta dieta, dijo Catherine Itsiopoulos, investigadora en nutrición de la Universidad RMIT de Melbourne, Australia, quien estudia este aceite. Es el “tipo de grasa más saludable” para utilizar en tu dieta, añadió.

Esto es lo que hay que saber, junto con recetas de New York Times Cooking.

Ayuda a mantener sano el corazón
De todos los aceites vegetales, el aceite de oliva es uno de los que contiene concentraciones más grandes de grasas monoinsaturadas y polifenoles. Estos compuestos, sobre todo uno llamado ácido oleico, equilibran los niveles de colesterol, reducen la tensión arterial y mantienen el corazón más sano con el paso del tiempo.

En un amplio ensayo clínico realizado en 2018 en España, las personas con alto riesgo de enfermedad cardiovascular que siguieron una dieta mediterránea complementada con aceite de oliva extra virgen (al menos cuatro cucharadas soperas al día) redujeron su riesgo de sufrir infarto de miocardio, ictus y muerte por causas cardiovasculares en un 30 por ciento, en comparación con un grupo que siguió una dieta baja en grasas.

“Un solo alimento no puede tener el mismo efecto que toda la cocina mediterránea”, dijo Itsiopoulos. “Aun así, incluso unas pocas cucharadas de aceite de oliva que se consuman al día pueden tener un beneficio cardiovascular significativo”.

Puede reducir la inflamación
Junto con sus polifenoles, el aceite de oliva contiene otros antioxidantes como la vitamina E y el escualeno. Todos ellos ayudan a reducir la inflamación y el estrés oxidativo, que pueden causar daños celulares y enfermedades, dijo Elena Yubero Serrano, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, quien estudia la relación entre la alimentación y el envejecimiento.

El aceite de oliva también puede beneficiar a la salud metabólica al mejorar el control del azúcar en sangre y reducir potencialmente el riesgo de diabetes tipo 2, dijo Yubero Serrano.

Es bueno para el cerebro
Las grasas saludables y los antioxidantes del aceite de oliva también ayudan a proteger el cerebro y a reducir el riesgo de deterioro cognitivo, dijo Marta Guasch Ferré, investigadora en nutrición y profesora asociada de la Universidad de Copenhague.

Al analizar los datos de salud de más de 90.000 adultos estadounidenses a lo largo de 28 años, Guasch Ferré y su equipo descubrieron que quienes consumían más de media cucharada de aceite de oliva al día tenían un riesgo un 28 por ciento menor de morir de demencia, en comparación con quienes nunca o casi nunca consumían aceite de oliva. También tenían un riesgo significativamente menor de morir por enfermedad cardiovascular, enfermedad respiratoria y cáncer.

Gran parte de esta investigación es observacional, por lo que es difícil probar la causa y el efecto de un solo alimento. Aun así, los resultados apoyan la sustitución de las fuentes de grasas saturadas (como la mantequilla, la mayonesa o la margarina) por aceite de oliva para evitar una muerte prematura, dijo Guasch Ferré.

¿Cuál es la forma más sana de disfrutarlo?
El aceite de oliva se extrae machacando aceitunas. Al hacerlo a bajas temperaturas se obtiene el aceite de oliva de mayor calidad (extra virgen).Las variedades refinadas y mezcladas, incluido el aceite de oliva normal, se extraen al menos parcialmente mediante calor, productos químicos o métodos mecánicos.

Cuanto más procesado, menos beneficios nutricionales, dijo Yubero Serrano. El aceite de oliva normal es una buena fuente de grasas saludables. Pero el extra virgen es la “máxima referencia” en cuanto a nutrición, por sus polifenoles y otros antioxidantes, dijo.

El aceite de oliva puede tener mala fama porque tiene muchas calorías: unas 120 por cucharada. Pero si lo consumes con moderación, y en lugar de fuentes de grasa menos saludables como la mantequilla, es poco probable que sabotee tus objetivos de salud. Para la mayoría de la gente, de una a cuatro cucharadas soperas al día es un buen objetivo para la salud y la longevidad, dicen los expertos.

Dicho esto, aquí tienes algunas recetas de NYT Cooking.

1. Aderezo casero
Un tarro de vinagreta dorada junto a un plato de ensalada.
Credit...Rachel Vanni para The New York Times. Estilismo de alimentos: Spencer Richards
Un tarro de vinagreta dorada junto a un plato de ensalada. Credit...Rachel Vanni para The New York Times. Estilismo de alimentos: Spencer Richards.
Esta vinagreta de mostaza y chalota, con aceite de oliva, rica y afrutada, consigue su suave equilibrio al añadirle agua tibia.

Receta: Aderezo casero
Yield:1½ cups
  • 1large shallot, very finely diced
  • 2tablespoons plus 1 teaspoon aged sherry vinegar, plus more as needed
  • 1tablespoon warm water
  • 1cup extra-virgin olive oil
  • 1½ teaspoons honey
  • 1½ teaspoons Dijon mustard
  • 1½ teaspoons whole-grain mustard
  • 2thyme sprigs, washed leaves picked and finely chopped (about ½ teaspoon)
  • 1garlic clove, finely grated
  • 1teaspoon kosher salt, plus more as needed
  • ½teaspoon freshly ground black pepper
2. Atún escalfado en aceite de oliva con alioli de ajo

Un filete de atún en un plato rectangular, junto a cebolla morada, rodajas de limón amarillo y un recipiente de alioli. Credit...Christopher Simpson para The New York Times.

Estilismo de alimentos: Susie Theodorou.
Atún escalfado con aceite de oliva y alioli de ajo
Christopher Simpson para The New York Times. Estilista de alimentos: S
Bañar el pescado en aceite de oliva lo hace profundamente sabroso y jugoso. Aquí, el aceite sobrante se mezcla para hacer alioli.

Receta: Atún escalfado en aceite de oliva con alioli de ajo
Esta es una de esas recetas que se sienten lujosas sin esforzarse demasiado. Poco a poco escalfas atún, pez espada o fletán en un gran baño de aceite de oliva infusionado con cáscaras de limón, ajo, tomillo y chiles — básicamente, todo lo que quieres comer. Usa un buen aceite de oliva extra virgen para todos los días, nada demasiado precioso porque vas a usar mucho. (El aceite sazonado que sobra es oro; puedes guardarlo para asar patatas o saltear verduras.) Al escalfar en aceite, el pescado se vuelve sedoso y rico, mientras que la cebolla y el chile se suavizan y adquieren el sabor profundamente sabroso del aceite. ¿Lo mejor? Usas ese mismo aceite para hacer un alioli, que une todo. 

3. Sopa cremosa de coliflor con aceite de oliva al romero

Image

Dos cuencos de sopa de coliflor cubiertos con aceite de romero, crotones de pan y ralladura de limón. Credit...Linda Xiao para The New York Times. Estilismo de alimentos: Monica Pierini.

La infusión de romero fresco en aceite de oliva enriquece esta sopa de coliflor vegana, o cualquier otra sopa, ensalada o plato de verduras.

Receta: Sopa cremosa de coliflor con aceite de oliva al romero

4. Salmón con calabacín y garbanzos braseados en aceite de oliva

Image Una olla llena de rodajas de calabacín, garbanzos y filetes de salmón.

Credit...Bryan Gardner para The New York Times.

Estilismo de alimentos: Barrett Washburne.

Cocer a fuego lento los calabacines en aceite de oliva con ajo intensifica su dulzor natural y les da una textura sedosa.

Receta: Salmón con calabacín y garbanzos braseados en aceite de oliva

5. Pollo al chimichurri

Image 
Una fuente contiene pechugas de pollo a la parrilla untadas en salsa chimichurri verde. Credit...David Malosh para The New York Times.

Estilismo de alimentos: Simon Andrews.

El aceite de oliva realza la frescura de las hojas de perejil y orégano de esta clásica salsa argentina, que aviva cualquier carne, pescado o verdura.

Receta: Pollo al chimichurri



jueves, 16 de abril de 2026

Nueve bocadillos que vale la pena probar en Madrid (y que no son de calamares) Los bocatas viven un buen momento en la capital. Esta es una selección de propuestas que se salen del jamón y la tortilla de siempre


De albóndigas, de huevo frito, de ternera o de verduras: los bocadillos originales y trabajados se están haciendo un hueco en Madrid, y cada vez hay más sitios que van más allá de los típicos de jamón, lomo o tortilla de toda la vida. Que también están muy bien, pero un poco de variedad y de cariño a la hora de practicar  la cocina entre pan y pan no viene mal, sobre todo en un país que siempre ha visto el bocata como una comida rápida de último recurso.

En nuestra selección no hay ningún bocadillo de calamares, y no es porque tengamos manía a esta especialidad tan madrileña, sino porque ya hicimos otro vídeo centrado exclusivamente en ella. En el vídeo de arriba encontrarás propuestas más finolis y otras que apuestan por la cantidad, variedades clásicas y más modernas, y sitios consagrados por completo al bocata junto a bares que solo tienen uno. ¿Nos hemos dejado buenos bocatas en el tintero? Seguramente, y si conoces alguno, te agradeceríamos que nos lo recomendaras en los comentarios.

Bocadillos que aparecen en la ruta

Verde de Pistola
Albóndigas con tomate y albahaca de Oguis 
Muñozito de La Muñoza
Minutejo de Pacto Raíz
Pepito de ternera de Hermanos Vinagre
Zapatilla de Melo’s
Pastrami de León de Petramora 
Cantábrico de Apetito House
Súper completo de Camperos Malagueños

Sigue a El Comidista en Youtube

miércoles, 15 de abril de 2026

Jorge Verstrynge, politólogo: “La derecha española enloquece cuando ve el poder cerca”

‘Rara avis’ política, nacionalbolchevique y populista, fue secretario general de Alianza Popular bajo la presidencia de Manuel Fraga y luego transitó hacia espacios de izquierda. Ahora publica sus memorias

Jorge Verstrynge (Tánger, 77 años), politólogo, expolítico, profesor de la Complutense, es un rara avis ideológico que transitó el poco frecuentado camino de la derecha, como secretario general de Alianza Popular, a la izquierda, como simpatizante de Podemos después de pasar por el PSOE. Recibe en su casa de Madrid, rodeada de pavos reales y árboles con grandes hongos. En la puerta han colocado una biblioteca para el vecindario, o sea, para el pueblo, y el primero que sale a recibir es su enésimo perro boxer, raza de su predilección desde que, de niño, uno “le adoptó”.

Ahora Verstrynge publica sus memorias políticas, sobre todo centradas en su etapa en la naciente AP, bajo la presidencia de Manuel Fraga: Memorias de un transeúnte (El Viejo Topo). ¿Transeúnte? “Bueno, supongo que es porque he estado recorriendo varias posibilidades políticas…”. Pero siempre se define como nacionalbolchevique y populista.

Pregunta. Parece que se ha movido mucho para no moverse tanto. ¿Qué es eso de nacionalbolchevique?
Respuesta. Siempre lo he sido, aunque aquí suene exótico (no tanto en Alemania). Es muy sencillo: es deseable una revolución socialista, incluso comunista, pero no es posible realizarla en tanto el país no sea independiente. Sin independencia no hay revolución: es el resumen al que he llegado. Yo tengo sentido patriótico, aunque tenga tres países: Marruecos, donde nací, Francia y finalmente España.

P. ¿Y populista?
R. La democracia por y para el pueblo parece que no funciona, así que me han gustado aquellos líderes que recurren a plebiscitos o referéndum, o que son elegidos por sufragio directo, como Charles de Gaulle en Francia. Todo eso da al pueblo la posibilidad de intervenir.

P. De Gaulle es para usted una referencia ineludible.
R. De Gaulle es considerado como un señor de derechas, pero era más complicado que todo eso. Hay estudios que intentan demostrar que el gaullismo fue un comunismo de derechas... Yo creo que tampoco tanto, pero sí un socialismo bastante avanzado. Ahí se levanta el Estado de bienestar francés y se nacionalizan muchos sectores. Yo pensé que eso podría ser en España… y que sería Manuel Fraga.

P. ¿Y lo fue?
R. A veces pensé que sí, cuando decía que había que crear una red para que ningún español cayera en la miseria. Pero lo suyo era un gaullismo autoritario.

P. ¿Fraga tenía mala leche?
R. Depende con quien, lo cual es peor, depende de si trataba a un marqués o un subordinado. Pero no hay que exagerar: no era un tirano, pero si veía que no había forma de llegar a una solución, se imponía. Era un tipo paradójico: generoso y duro, de una gran cultura, con gran capacidad memorística, con gran sentido del servicio, pero al mismo tiempo con una ambición de poder muy importante. Cuando llegaba un sondeo que le daba subidas lo terminaba jodiendo, porque volvía a planteamientos más radicales.

P. Como si tuviera vía libre.
S. Exacto. En las últimas elecciones en las que participé vinieron buenos datos. Entonces, en un mitin en Valencia o Alicante, no recuerdo, al lado del obispo, empezó a decir que no al divorcio, que no al aborto… Una parte de AP, yo incluido, quedamos estupefactos. ¡Se ha vuelto loco! La derecha española enloquece cuando ve el poder cerca o cuando ve que se le escapa. Lo he visto en Fraga, también en Aznar.

Jorge Verstrynge, expolítico y politólogo, posa en su casa de Madrid el 12 de diciembre de 2025. Jaime Villanueva

P. En AP usted tuvo que levantar el partido territorialmente y trató de evitar su derechización.
R. Fui secretario de Estudios, luego de Organización, luego General, también diputado… Fraga me quería preparar para sucederle, quería que pasase por todas las comisiones del Congreso, empezando por Interior. Ahí me quité de en medio: Fraga quería aplicar a ETA el decreto Noche y Niebla (Nacht und Nebel) que utilizaban los nazis contra la Resistencia.

P. ¿Qué es eso?
R. Se trataba de hacer desaparecer sin rastro a la gente. Y yo me negaba a aplicar eso con mi propia gente, porque eran españoles. Si la lucha con ETA era una guerra, pues que se dijese claro. Mientras tanto, eran españoles, que podrían merecer un trato duro, acabar en la cárcel, incluso pena de muerte si se decidiese legal, pero no acabar en un cubo de cemento tirado en la bahía. Y Fraga no era el único que quería hacer la guerra sucia, porque estaba claro que aquello era insostenible y que iba a haber un golpe de Estado.

P. ¿Por qué?
R. Cada vez que íbamos al País Vasco era a enterrar a alguien. Recuerdo los entierros, la gente acojonada… En uno de ellos, de pronto un ayudante, Javier Carabias, se me puso a gritar: “¡Vámonos de aquí, vámonos de aquí!”. Decía que había escuchado a alguien decir: “¿Le matamos ahora o no?”. Era de locos. U
na vez llegué a la comandancia de la Guardia Civil de San Sebastián. Me dijeron que ellos dominaban un radio de siete kilómetros. ¿Y fuera? Fuera es ETA.

P. Y hubo un golpe.
R. Sí, ETA sirvió de excusa, pero así un rey que no era legítimo, como Juan Carlos I, se logró legitimar por su supuesta oposición al 23-F. Supuesta, digo, porque luego se ha sabido que fue uno de los inductores.

P. Usted no quería que AP fuera un partido de derechas.
R. Claro, porque yo no lo era. Yo no soy creyente, me la refanfinflan las tradiciones, soy repartoso, me gusta que se reparta la riqueza… Pero ahí encontré la posibilidad de modificar la realidad. Luego me di cuenta de que ellos iban por su camino y yo iba por el mío.

P. ¿Qué hubiera hecho si hubiera llegado a presidente?
R. Como dice mi mujer, no mucho, porque me hubieran puesto una bomba a los tres días. Hubiera nacionalizado la banca, las compañías de seguros, las grandes superficies, las eléctricas, la industria pesada y la automovilística… Así que, de alguna manera, me alegro de no haber llegado.

Si Jorge Verstrynge hubiera llegado a presidente del Gobierno con Alianza Popular hubiera nacionalizado los sectores estratégicos. Jaime Villanueva

P. Luego se hizo del PSOE.
R. Sí, pero cuando yo llegué ellos ya volvían. Me llegó al alma ver que apoyaban la guerra en Serbia. Y también me decepcionó cuando dijeron que había que domiciliar las cuotas en los bancos: un montón de militantes no tenían por qué tener una cuenta. O cuando Felipe González dijo que los que estaban contra el PSOE eran los orillados por la mundialización: era su trabajo que no fueran orillados, o, en todo caso, socorrerlos. Así que me quedé enseñando en la facultad.

P. ¿Por qué es más común que la gente se derechice con la edad, y no a la inversa?
R. Porque la gente se hace excesivamente prudente... o prudente a secas.

P. ¿La izquierda es imprudente?
R. La izquierda, si es izquierda, es osada. Y si no es osada, no es izquierda.

P. Usted llegó a Podemos.
R. Sí, surgió como un movimiento populista transversal…. Estaba en la universidad cuando apareció, me avisó Juan Carlos Monedero de que estaban haciendo un partido. Me interesó porque iba a las manifestaciones del 15-M y la gente no tenía a quién votar. Y ayudé, aunque no siguieron todos mis consejos. No hicieron una implantación territorial profunda que amortiguase un retroceso electoral. Y chocaron contra el Estado profundo, que se los cargó. Y después me jubilé. Siempre he estado buscando el sitio, y, en el fondo, puedo decir que no lo he encontrado.

P. ¿Cómo ve a la izquierda?
R. La izquierda se ha salchichoneado en diferentes colectivos, las mujeres, los inmigrantes, los obreros, la clase media… Y la derecha está encantada con eso. El pueblo unido jamás será vencido, pero si no está unido, está follao.

P. ¿Cuál es su postura con respecto a la migración?
R. La inmigración surge en Europa por un interés empresarial: la mano de obra barata. Ya Karl Marx habló del ejército de reserva que son los parados, y cuando no son parados, pues se traen de fuera. Cuando los alumnos se enfadaban conmigo por esto les decía: ¿Conocen alguna patronal que esté en contra de la inmigración ilegal? No estoy dispuesto a que el nivel de vida de las clases trabajadoras se mantenga bajo por una mano de obra extranjera a la que ni siquiera se trata bien. Llamémosle trata de personas. Dicen que es porque los españoles ya no quieren esos puestos; pero es por los salarios de mierda que se ofrecen. Que paguen mejor.

P. ¿Es usted un rojipardo?
R. No sé muy bien si me reconozco en eso, supongo que es por el pardo de los nazis y el rojo de los comunistas. En fin… Yo lo que conozco es el nacionalbolchevismo.

martes, 14 de abril de 2026

Discurso inaugural de Zohran Mamdani en su toma de posesión como alcalde de Nueva York


Discurso de investidura del alcalde Zohran Mamdani, pronunciado desde la escalinata del Ayuntamiento de Nueva York en la tarde del 1 de enero de 2026:

Queridos neoyorquinos: hoy comienza una nueva era.

Me presento ante vosotros conmovido por el privilegio de prestar este juramento sagrado, con humildad por la fe que habéis depositado en mí y honrado de servir como alcalde vuestro número 111 o 112 de la ciudad de Nueva York. Pero no estoy solo.

Estoy junto a vosotros, las decenas de miles de personas aquí reunidas en el Bajo Manhattan, caldeadas contra el frío de enero por la llama renaciente de la esperanza.

Estoy junto a muchos más neoyorquinos que nos ven desde las apretadas cocinas de Flushing y las barberías del Este de Nueva York, desde los teléfonos móviles apoyados en los salpicaderos de los taxis aparcados en [el aeropuerto] La Guardia, desde los hospitales de Mott Haven y las bibliotecas de El Barrio, quienes durante demasiado tiempo no han conocido más que el abandono.

Estoy junto a los trabajadores de la construcción con botas de punta de acero y los vendedores ambulantes de comida halal, a los que les duelen las rodillas de trabajar todo el día.

Estoy junto a los vecinos que llevan un plato de comida a la pareja de ancianos del final del pasillo, junto a los que, aunque tengan prisa, siguen ayudando a subir los cochecitos de desconocidos por las escaleras del Metro, y a todas las personas que, día tras día, aun cuando parece imposible, deciden llamar a nuestra ciudad su hogar.

Estoy con más de un millón de neoyorquinos que votaron por este día hace casi dos meses, y estoy con la misma determinación con aquellos que no lo hicieron. Sé que hay quienes ven a esta administración con desconfianza o desdén, o quienes consideran que la política está irremediablemente corrompida. Y aunque solo la acción puede cambiar las opiniones, les prometo lo siguiente: si sois neoyorquinos, yo soy vuestro alcalde. Independientemente de si estamos de acuerdo, os protegeré, me alegraré con vosotros, me doleré con vosotros y nunca, ni por un segundo, me esconderé de vosotros.

Doy las gracias a los líderes sindicales y sociales aquí presentes, a los activistas y funcionarios electos que volverán a luchar por los neoyorquinos tan pronto como concluya esta ceremonia, y a los artistas que nos han obsequiado con su talento.

Gracias a la gobernadora Hochul por acompañarnos. Y gracias al alcalde Adams, hijo de Dorothy, un hijo de Brownsville que pasó de lavar platos a ocupar el cargo más alto de nuestra ciudad, por estar también aquí. Él y yo hemos tenido nuestras diferencias, pero siempre me conmoverá que me haya escogido como el candidato a la alcaldía con el que más le gustaría quedarse atrapado en un ascensor.

Gracias a esas dos titanes que, como miembro de la Asamblea [del estado de Nueva York], he tenido el privilegio de que me representaran en el Congreso: Nydia Velázquez y nuestra increíble oradora inaugural, Alexandria Ocasio-Cortez. Vosotras allanasteis el camino para llegar a este momento.

Gracias al hombre cuyo liderazgo más deseo emular, y a quien tan agradecido estoy por tomarme hoy juramento: el senador Bernie Sanders.

Gracias a mis equipos: de la Asamblea, pasando por la campaña, hasta la transición y ahora, al equipo que estoy tan emocionado de encabezar desde el Ayuntamiento.

Gracias a mis padres, Mama y Baba, por criarme, por enseñarme cómo estar en este mundo y por haberme traído a esta ciudad. Gracias a mi familia, de Kampala a Delhi. Y gracias a mi esposa Rama por ser mi mejor amiga y por mostrarme siempre la belleza de las cosas cotidianas.

Por encima de todo, gracias a los neoyorquinos.

Momentos como este son poco frecuentes. Rara vez se nos presenta una oportunidad así para transformar y reinventar. Y aún más raro es que sean las propias personas las que tengan en sus manos las palancas del cambio.

Sin embargo, sabemos que, con demasiada frecuencia en nuestro pasado, los momentos de grandes posibilidades se han rendido rápidamente ante una imaginación limitada y una ambición aún más limitada. Lo que se prometió nunca se llevó a cabo, lo que podría haber cambiado siguió igual. Para los neoyorquinos más ansiosos por ver nuestra ciudad renovada, la carga no ha hecho más que volverse más pesada y la espera, más larga.

Mientras redactaba este discurso, me comentaban que esta es la ocasión para reajustar las expectativas, que debía aprovechar esta oportunidad para animar a los neoyorquinos a pedir poco y esperar aún menos. No voy a hacer tal cosa. La única expectativa que pretendo reajustar es la de las pequeñas expectativas.

A partir de hoy, gobernaremos de forma expansiva y audaz. Puede que no siempre tengamos éxito. Pero nunca se nos acusará de carecer del valor necesario para intentarlo.

A aquellos que insisten en que la era del gran gobierno ha terminado, escuchad lo que tengo que decir: el Ayuntamiento ya no dudará en utilizar su poder para mejorar la vida de los neoyorquinos.

Durante demasiado tiempo, hemos recurrido al sector privado en busca de grandeza, mientras aceptábamos la mediocridad de quienes son servidores públicos. No puedo culpar a nadie que haya llegado a cuestionar el papel del gobierno, cuya fe en la democracia se haya visto erosionada por décadas de apatía. Restauraremos esa confianza siguiendo un camino distinto, en el que el gobierno ya no sea el único recurso final para quienes luchan, en el que la excelencia ya no sea la excepción.

Esperamos grandeza de los cocineros que manejan mil especias, de quienes se suben a los escenarios de Broadway, de nuestra base titular en el Madison Square Garden. Exijamos lo mismo de quienes trabajan en el gobierno. En una ciudad en donde los simples nombres de nuestras calles se asocian con la innovación de las industrias que las habitan, haremos que las palabras «Ayuntamiento» sean sinónimo tanto de determinación como de resultados.

Al embarcarnos en esta tarea, avancemos una nueva respuesta a la pregunta que se le hace a cada generación: ¿A quién le pertenece Nueva York?

Durante buena parte de nuestra historia, la respuesta del Ayuntamiento ha sido sencilla: les pertenece solamente a los ricos y a los que tienen buenos contactos, a aquellos que nunca tienen que esforzarse por captar la atención de los que están en el poder.

Los trabajadores han tenido que lidiar con las consecuencias. Aulas abarrotadas y complejos de viviendas públicas con ascensores averiados; vías públicas llenas de baches y autobuses que llegan con media hora de retraso, si es que llegan; salarios que no suben y empresas que estafan tanto a los consumidores como a los empleados.

Y, sin embargo, ha habido momentos breves y fugaces en los que la ecuación ha cambiado.

Hace doce años, Bill de Blasio se encontraba donde estoy yo ahora cuando prometió «poner fin a las desigualdades económicas y sociales» que dividían nuestra ciudad en dos.

En 1990, David Dinkins prestó el mismo juramento que yo hoy, prometiendo festejar el «precioso mosaico» que es Nueva York, donde todos merecemos una vida digna.

Y casi seis décadas antes que él, Fiorello La Guardia asumió el cargo con el objetivo de construir una ciudad «mucho más grande y hermosa» para los hambrientos y los pobres.

Algunos de estos alcaldes lograron más éxitos que otros. Pero todos ellos estaban unidos por la creencia compartida de que Nueva York podía pertenecerle a alguien más que a unos pocos privilegiados. Podía pertenecerle a quienes hacen funcionar nuestro metro y limpian nuestros parques, a quienes nos alimentan con biryani y hamburguesas de ternera, picanha y pastrami en pan de centeno. Y sabían que esta creencia podía hacerse realidad si el gobierno se atrevía a trabajar más duro por aquellos que trabajan más duro.

En los próximos años, mi administración resucitará ese legado. El Ayuntamiento presentará un programa de seguridad, asequibilidad y abundancia, en el que el gobierno se parezca y viva como la gente a la que representa, no se acobarde nunca en la lucha contra la codicia corporativa y se niegue a doblegarse ante los retos que otros consideran demasiado complicados.

Al obrar así, ofreceremos nuestra propia respuesta a esa vieja pregunta: ¿a quién le pertenece Nueva York? Bueno, amigos míos, podemos fijarnos en Madiba [Nelson Mandela] y en la Carta de la Libertad de Sudáfrica: Nueva York «les pertenece a todos los que viven en ella».

Juntos, contaremos una nueva historia de nuestra ciudad.

No será la historia de una ciudad gobernada sólo por el 1%. Tampoco será la historia de dos ciudades, los ricos contra los pobres.

Será la historia de ocho millones y medio de ciudades, cada una de ellas un neoyorquino con esperanzas y temores, cada una un universo, cada una entrelazada con las demás.

Los autores de esta historia hablarán pastún y mandarín, yiddish y creole. Rezarán en mezquitas, sinagogas, iglesias, gurdwaras [templos sijs], mandirs [templos hinduistas] y templos, y muchos no rezarán en absoluto.

Serán inmigrantes judíos rusos de Brighton Beach, italianos de Rossville y familias irlandesas de Woodhaven, muchos de los cuales llegaron aquí sin nada más que el sueño de una vida mejor, un sueño que se ha desvanecido. Serán jóvenes en abarrotados apartamentos de Marble Hill, donde las paredes tiemblan cuando pasa el metro. Serán propietarios negros de St. Albans, cuyas casas representan un testimonio físico del triunfo tras décadas de trabajo mal remunerado y de discriminación. Serán neoyorquinos palestinos de Bay Ridge, que ya no tendrán que lidiar con una política que habla de universalismo y los convierte luego en la excepción.

Pocos de estos 8 millones y medio encajarán en categorías claras y fáciles de definir. Algunos serán votantes de Hillside Avenue o Fordham Road que apoyaron al presidente Trump un año antes de votar por mí, cansados de que les fallara el establishment de su partido. La mayoría no utilizará el lenguaje que solemos esperar de quienes ejercen influencia. Acojo el cambio con satisfacción. Durante demasiado tiempo, quienes dominan la buena gramática de la cortesía han utilizado el decoro para enmascarar agendas crueles.

Muchas de estas personas se han visto traicionadas por el orden establecido. Pero en nuestra administración, se satisfarán sus necesidades. Sus esperanzas, sueños e intereses se reflejarán de forma transparente en el gobierno. Ellos darán forma a nuestro futuro.

Y si durante demasiado tiempo estas comunidades han existido separadas unas de otras, les acercaremos más a esta ciudad. Reemplazaremos la frialdad del férreo individualismo por la calidez del colectivismo. Si nuestra campaña demostró que los neoyorquinos anhelan solidaridad, entonces dejemos que este gobierno la fomente. Porque no importa lo que comas, el idioma que hables, cómo reces o de dónde vengas, la palabra que más nos define es la que todos compartimos: neoyorquinos.

Y serán los neoyorquinos quienes reformen un sistema de impuestos sobre la propiedad que lleva mucho tiempo sin funcionar. Los neoyorquinos crearán un nuevo Departamento de Seguridad Comunitaria que abordará la crisis de salud mental y permitirá a la policía centrarse en el trabajo para el que se han comprometido. Los neoyorquinos se enfrentarán a los malos propietarios que maltratan a sus inquilinos y liberarán a los propietarios de pequeñas empresas de las cadenas de una burocracia inflada. Y me enorgullece ser uno de esos neoyorquinos.

Cuando ganamos las primarias el pasado mes de junio, muchos dijeron que habían surgido de la nada estas aspiraciones y quienes las defendían. Sin embargo, la nada de unos es el algo de otros. Este movimiento surgió de ocho millones y medio de «algo»: paradas de taxis y almacenes de Amazon, reuniones de los DSA [Democratic Socialists of America] y partidas de dominó en las aceras. Los poderes fácticos habían ignorado estos lugares durante bastante tiempo —si es que los conocían—, por lo que los descartaron como si no existieran. Pero en nuestra ciudad, donde cada rincón de estos cinco distritos tiene poder, no hay ningún lugar que no exista y no hay nadie que no exista. Sólo está Nueva York y sólo están los neoyorquinos.

Ocho millones y medio de neoyorquinos darán voz a esta nueva era. Será ruidosa. Será diferente. Se parecerá al Nueva York que amamos.

No importa cuánto tiempo lleves viviendo en esta ciudad, ese amor ha moldeado tu vida. Sé que ha moldeado la mía.

Esta es la ciudad donde batí récords de velocidad en mis patines Razor a los 12 años. Las cuatro manzanas más rápidas de mi vida.

La ciudad en la que comía donuts espolvoreados en el descanso de los partidos de fútbol de la AYSO [organizadora de la liga juvenil norteamericana] y donde me di cuenta de que probablemente no llegaría a ser profesional, en la que devoré porciones demasiado grandes en Koronet Pizza, jugué al críquet con mis amigos en Ferry Point Park y tomé el tren 1 hasta la BX10 [ruta de transporte del Bronx] sólo para acabar llegando tarde al Bronx Science [instituto de enseñanza].

La ciudad en la que hice huelga de hambre justo a las puertas de este recinto, me senté claustrofóbico en un tren N averiado justo después de Atlantic Avenue y esperé en silencio y con terror a que mi padre saliera del 26 Federal Plaza [edificio del gobierno federal donde se realiza el proceso de naturalización de los inmigrantes].

La ciudad en la que llevé a una hermosa mujer llamada Rama al McCarren Park en nuestra primera cita e hice un juramento diferente para convertirme en ciudadano estadounidense en Pearl Street.

Vivir en Nueva York, amar Nueva York, es saber que somos los guardianes de algo sin igual en nuestro mundo. ¿En qué otro lugar se puede escuchar el sonido del tambor metálico [steelpan], saborear el aroma del sancocho y pagar 9 dólares por un café en la misma manzana? ¿En qué otro lugar un niño musulmán como yo podría crecer comiendo bagels y salmón ahumado todos los domingos?

Ese amor será nuestra guía mientras llevamos a cabo nuestro programa. Aquí, donde nació el lenguaje del New Deal, devolveremos los ingentes recursos de esta ciudad a los trabajadores que la consideran su hogar. No sólo haremos posible que todos los neoyorquinos puedan permitirse una vez más la vida que aman, sino que superaremos el aislamiento que sienten muchos y conectaremos a los habitantes de esta ciudad entre sí.

El coste de las guarderías infantiles ya no disuadirá a los jóvenes de formar una familia, porque ofreceremos guarderías universales para la mayoría mediante la imposición de impuestos a los más ricos.

Quienes viven en viviendas con alquiler estabilizado ya no temerán la última subida de alquiler, porque lo congelaremos.

Subirse a un autobús sin preocuparse por la subida de las tarifas o por llegar tarde a tu destino ya no se considerará un pequeño milagro, porque haremos que los autobuses sean rápidos y gratuitos.

Estas medidas políticas no se refieren simplemente a los costes que eliminamos, sino a las vidas que llenamos de libertad. Durante demasiado tiempo, en nuestra ciudad, la libertad ha sido sólo para aquellos que pueden permitírselo. Nuestro Ayuntamiento cambiará eso.

Estas promesas llevaron nuestro movimiento al Ayuntamiento y nos llevarán de los gritos de guerra de una campaña a la realidad de una nueva era en política.

Hace dos domingos, mientras caía suavemente la nieve, pasé doce horas en el Museo de la Imagen en Movimiento de Astoria, escuchando a neoyorquinos de todos los distritos que me hablaban de la ciudad que es suya.

Hablamos de las horas de construcción en la autopista Van Wyck y de la elegibilidad para el EBT [prestaciones sociales de electricidad], de viviendas asequibles para artistas y de las redadas del ICE. Hablé con un hombre llamado TJ que me contó que, hace unos años, se le rompió el corazón al darse cuenta de que aquí nunca saldría adelante, por mucho que trabajara. Hablé con una tía paquistaní llamada Samina, que me dijo que este movimiento había fomentado algo muy poco común: la ternura en los corazones de las personas. Como dijo en urdu: logon ke dil badalgyehe [“cambiarán los corazones de la gente”]

142 neoyorquinos de entre 8 millones y medio. Y sin embargo, si algo unía a cada una de las personas sentadas frente a mí, era el reconocimiento compartido de que este momento exige una nueva política y un nuevo enfoque del poder.

No nos conformaremos con menos, ya que trabajamos cada día para que esta ciudad le pertenezca a más gente que el día anterior.

Esto es lo que quiero que esperen de la administración que esta mañana se ha instalado en el edificio que hay detrás de mí.

Transformaremos la cultura del Ayuntamiento, pasando de un «no» a un «¿cómo?».

Responderemos ante todos los neoyorquinos, no ante ningún multimillonario u oligarca que piense que puede comprar nuestra democracia.

Gobernaremos sin vergüenza ni inseguridad, sin pedir disculpas por lo que creemos. Fui elegido como socialista democrático y gobernaré como socialista democrático. No abandonaré mis principios por miedo a que me consideren radical. Como dijo en cierta ocasión el gran senador de Vermont: «Lo radical es un sistema que le da tanto a tan pocos y le niega a tanta gente las necesidades básicas de la vida».

Lucharemos cada día para garantizar que ningún neoyorquino se vea privado de ninguna de esas necesidades básicas por motivos económicos.

Y, en todo momento, seguiremos, en palabras de Jason Terrance Phillips, más conocido como Jadakiss o J to the Muah [músico neoyorquino de rap], «ahí fuera», porque este es un gobierno de Nueva York, por Nueva York y para Nueva York.

Antes de terminar, quiero pediros, si podéis, tanto a los que estáis aquí hoy como a los que nos ven desde cualquier otro lugar, que os pongáis de pie.

Os pido que os unáis a nosotros hoy y todos los días que vendrán. El Ayuntamiento no podrá cumplir por sí solo. Y aunque animaremos a los neoyorquinos a exigir más a aquellos que tienen el gran privilegio de servirles, también os animaremos a exigiros más a vosotros mismos.

El movimiento que iniciamos hace más de un año no terminó con nuestra victoria en la noche de las elecciones. No terminará esta tarde. Continúa vivo en cada batalla que libremos juntos; en cada tormenta de nieve e inundación que soportemos juntos; en cada momento de desafío fiscal que superemos juntos con ambición, no con austeridad; en cada forma en que busquemos el cambio en beneficio de los trabajadores, en lugar de que sea a su costa, juntos.

Ya no consideraremos la victoria como una invitación a dejar de ver las noticias. A partir de hoy, entenderemos la victoria de una manera muy sencilla: como algo con el poder de transformar vidas y algo que exige esfuerzo de cada uno de nosotros, todos los días.

Lo que logremos juntos se extenderá por los cinco distritos y resonará mucho más allá. Hay muchos que estarán observando. Quieren saber si la izquierda puede gobernar. Quieren saber si las luchas que les afligen pueden resolverse. Quieren saber si es correcto volver a tener esperanza.

Así que, unidos y con el viento de la determinación a nuestras espaldas, haremos algo que los neoyorquinos hacen mejor que nadie: daremos ejemplo al mundo. Si lo que dijo Sinatra es cierto, demostremos que cualquiera puede triunfar en Nueva York, y en cualquier otro lugar. Demostremos que cuando una ciudad le pertenece al pueblo, no hay necesidad demasiado pequeña como para que no se atienda, ninguna persona demasiado enferma como para que no se cure, ni nadie demasiado solo para que no sienta que Nueva York es su hogar.

El trabajo continúa, el trabajo perdura, el trabajo, amigos míos, no ha hecho más que empezar.

Gracias.

Zohran Mamdani miembro de los Democratic Socialists of America, desempeña desde el 1 de enero de 2026 el cargo de alcalde de la ciudad de Nueva York

Traducción: Lucas Antón