lunes, 16 de marzo de 2026
jaques Prevert
Soyez prévenus vieillards
soyez prévenus chefs de famille
le temps où vous donniez vos fils à la patrie
comme on donne du pain aux pigeons
ce temps-là ne reviendra plus
prenez-en votre parti
c'est fini
le temps des cerises ne reviendra plus
et le temps des noyaux non plus
inutile de gémir
allez plutôt dormir
vous tombez de sommeil
votre suaire est fraîchement repassé
le marchand de sable va passer
préparez vos mentonnières
fermez vos paupières
le marchand de gadoue va vous emporter
c'est fini les trois mousquetaires
voici le temps des égoutiers
Lorsque avec un bon sourire dans le métropolitain poliment vous nous demandiez deux points ouvrez les guillemets
descendez-vous à la prochaine
jeune homme
c'est de la guerre dont vous parliez
mais vous ne nous ferez plus le coup du père
Français
non mon capitaine
non monsieur un tel
non papa
non maman
nous ne descendrons pas à la prochaine
ou nous vous descendrons avant
on vous foutra par la portière
c'est plus pratique que le cimetière
c'est plus gai
plus vite fait
c'est moins cher
Quand vous tiriez à la courte paille
c'était toujours le mousse qu'on bouffait
mais le temps des joyeux naufrages est passé
lorsque les amiraux tomberont à la mer
ne comptez pas sur nous pour leur jeter la bouée
à moins qu'elle ne soit en pierre
ou en fer à repasser
il faut en prendre votre parti
le temps des vieux vieillards est fini
Lorsque vous reveniez de la revue
avec vos enfants sur vos épaules
vous étiez saouls sans avoir rien bu
et votre moelle épinière
faisait la folle et la fière
devant la caserne de la
Pépinière
vous travailliez de la crinière
quand passaient les beaux cuirassiers
et la musique militaire
vous chatouillait de la tête aux pieds
vous chatouillait
et les enfants que vous portiez sur vos épaules
vous les avez laissés glisser dans la boue tricolore
dans la glaise des morts
et vos épaules se sont voûtées
il faut bien que jeunesse se passe
vous l'avez laissée trépasser
Hommes honorables et très estimés
dans votre quartier
vous vous rencontrez
vous vous congratulez
vous vous coagulez
hélas hélas cher
Monsieur
Babylas
j'avais trois fils et je les ai donnés
à la patrie
hélas hélas cher
Monsieur de mes deux
moi je n'en ai donné que deux
on fait ce qu'on peut
ce que c'est que de nous...
avez-vous toujours mal aux genoux
et la larme à l'oil
la fausse morve de deuil
le crêpe au chapeau
les pieds bien au chaud
les couronnes mortuaires
et l'ail dans le gigot
vous souvenez-vous de l'avant-guerre
les cuillères à absinthe les omnibus à chevaux
les épingles à cheveux
les retraites aux flambeaux
ah que c'était beau
c'était le bon temps
Bouclez-la vieillards
cessez de remuer votre langue morte
entre vos dents de faux ivoire
le temps des omnibus à cheveux
le temps des épingles à chevaux
ce temps-là ne reviendra plus
à droite par quatre
rassemblez vos vieux os
le panier à salade
le corbillard des riches est avancé
fils de saint
Louis montez au ciel
la séance est terminée
tout ce joli monde se retrouvera là-haut
près du bon dieu des flics
dans la cour du grand dépôt
En arrière grand-père en arrière père et mère en arrière grands-pères en arrière vieux militaires en arrière les vieux aumôniers en arrière les vieilles aumônières la séance est terminée maintenant pour les enfants le spectacle va commencer.
Estén atentos, ancianos
Estén atentos, cabezas de familia
El tiempo en que entregaron a sus hijos a la patria
como se da pan a las palomas
Ese tiempo nunca volverá
Acéptenlo
Se acabó
El tiempo de las cerezas nunca volverá
Y tampoco el tiempo de los huesos
No sirve de nada lamentarse
Duérmanse mejor
Se están quedando dormidos
Su mortaja está recién planchada
Viene el hombre de arena
Preparen sus barbijos
Cierren los párpados
El comerciante de barro está a punto de llevarlos
Los tres mosqueteros han terminado
Este es el tiempo de los trabajadores de las alcantarillas
Cuando, con una amable sonrisa en el metro, nos pediste cortésmente dos puntos
Bájese en la siguiente parada
Joven
Estabas hablando de la guerra
Pero no nos dijiste que no volverás a usar el viejo truco del "padre"
Francés
No, Capitán
No, Sr. Fulano
No, papá
No, mamá
No nos bajaremos en la próxima parada
O te bajaremos antes
Te echaremos por la puerta
Es más práctico que el cementerio
Es más divertido
Más rápido
Es más barato
Cuando se echaba a suertes
Siempre era el grumete el que se comía
Pero se acabó la época de los naufragios alegres
Cuando los almirantes caen por la borda
No cuentes con que les lancemos un salvavidas
A menos que sea de piedra
O de hierro
Tienes que aceptarlo
Se acabó la época de los viejos
Cuando volvías de la revista
Con tus hijos a hombros
Estabas borracho sin haber bebido nada
Y tu médula espinal
se comportaba como un loco y orgulloso
frente al cuartel
La guardería
Trabajabas con tu melena
cuando pasaban los apuestos coraceros
y los militares Música
te hacía cosquillas de pies a cabeza
te hacía cosquillas
y a los niños que cargabas sobre tus hombros
los dejabas resbalar en el lodo tricolor
en la arcilla de los muertos
y tus hombros se encorvaron
la juventud debe tener su aventura
la dejaste morir
Hombres honorables y muy estimados
en tu barrio
te encuentras
te felicitas
te coagulaste
Ay, ay, querido
Señor
Babylas
Tuve tres hijos y los di
a la patria
Ay, ay, querido
Señor de mis dos
Solo di dos
uno hace lo que puede
¿Cómo será para nosotros...?
¿Aún te duelen las rodillas
y una lágrima en el ojo?
el moco falso del luto
el crespón en el sombrero
pies calentitos
coronas funerarias
y ajo en la pierna de cordero
¿Recuerdas la preguerra? Días
Cucharas de absenta, ómnibuses tirados por caballos
Horquillas
Procesiones con antorchas
Ah, qué bonito era
Qué buenos tiempos aquellos
Cállense, viejos
Dejen de retorcer su lengua muerta
entre sus dientes falsos de marfil
El tiempo de los ómnibuses tirados por caballos
El tiempo de las horquillas
Esos días nunca volverán
Cuatro a la derecha
Reúnan sus viejos huesos
El furgón policial
Ha llegado el coche fúnebre del hombre rico
Hijo de San Luis, asciende al cielo
La sesión ha terminado
Toda esta buena gente se reunirá allí
cerca del buen dios de los policías
en el patio del gran Depósito
Bisabuelo, bisabuela, bisabuelos, bisabuelos, bisabuelas, bisabuelas, la sesión ha terminado, ahora para los niños comenzará el espectáculo.
¿Qué dirían hoy los españoles que ayudaron a liberar París de los nazis? Los Gobiernos de España y Francia inauguran una exposición que recuerda el legado de La Nueve: “Los principios del derecho internacional y los valores surgidos tras la II Guerra Mundial”
Miguel Campos Delgado era un panadero canario de 24 años cuando estalló la Guerra Civil. La denuncia de un vecino que aprovechó el conflicto para saldar una riña anterior lo llevó a la cárcel, después a un campo de concentración en Rota (Cádiz); a un batallón de trabajo en Marruecos... Allí consiguió escapar y pasar a territorio francés, para, finalmente, ingresar en las Fuerzas Francesas Libres, donde fue destinado a la novena compañía, conocida como La Nueve. El 25 de agosto de 1944, Campos era uno de los españoles que, tras participar en varios combates contra los nazis, recorrió triunfante los Campos Elíseos del París liberado. Aquel hombre corriente nacido en el pueblo tinerfeño de Güímar que no mucho tiempo atrás había decidido ganarse el pan haciéndolo era ya un valiente soldado herido y condecorado.
El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, quiso empezar por el recuerdo orgulloso a su paisano el discurso de inauguración de la exposición sobre La Nueve que acogen desde este martes y hasta julio los jardines del Campo del Moro, en Madrid. “Su hija, María Teresa, ha vivido con la pena de que su madre falleciera sin saber que su marido había sido un héroe”. “Conocer a los protagonistas de La Nueve, recorrer sus vidas, entender por qué lucharon”, añadió, “nos proporciona herramientas de incalculable valor para afrontar el momento actual, cuando parece que se han roto los principios del derecho internacional y los valores surgidos tras la Segunda Guerra Mundial. Hoy celebramos aquí la victoria que allanó la senda hacia un mundo con nuevas reglas al germinar la semilla del pacifismo como el único camino posible para la supervivencia de la humanidad”, declaró, en alusión al rechazo del Gobierno a la guerra de EEUU en Irán.
La historia de La Nueve, de la que formaban parte 127 españoles republicanos, fue silenciada durante años. El comisario de la exposición, el historiador Diego Gaspar, explicó cómo “la censura y el olvido” ocultaron la epopeya de los españoles, por un lado, porque a la dictadura española no le interesaba darla a conocer, y por otro, porque los franceses también trataron de imponer un relato de resistencia heroica y nacional, despreciando la ayuda de combatientes extranjeros. Eso empezó a cambiar a partir de los años setenta, cuando los historiadores cuestionaron el discurso establecido y comenzaron a destacar el nombre de algunos de aquellos tanques orugas que habían ayudado a liberar París en 1944, con nombres inequívocamente españoles: “Guadalajara”; “Brunete”; ”Guernika; “Don Quijote”...
La ministra delegada ante las fuerzas armadas y los antiguos combatientes de la República francesa, Alice Rufo, invitada al acto de inauguración de la exposición, evocó este martes en los jardines del Campo del Moro aquel desfile triunfal tras la liberación de París: “La multitud los aclamaba sin saber que entre esos soldados había combatientes procedentes de España que se habían convertido para los franceses en auténticos hermanos de armas. Muchos fueron condecorados con la legión de honor, pero demasiados no recibieron el reconocimiento que merecía su compromiso. En toda España hubo un gran número de combatientes dispuestos a defender la libertad. Para nosotros, son ejemplos de valentía en un momento en el que los conflictos se recrudecen a escala internacional y resurgen las lógicas depredadoras y belicosas”.
La exposición recuerda el periplo de algunos de los hombres de La Nueve, como Luis Royo Ibáñez, un zapatero catalán, soldado de la II República, que llegó a pie a la frontera francesa en 1939. O Amado Granell y Federico Moreno, que antes habían tratado de huir del franquismo a bordo de un barco atestado de republicanos, el Stanbrook, que dirigía un capitán desobediente, Archibald Dickson. Tenía el encargo de recoger un cargamento de naranjas, tabaco y azafrán, pero en el puerto de Alicante se encontró aquel abril de 1939 una alfombra humana de hombres, mujeres y niños desesperados que huían de Franco y los subió a bordo del viejo buque con destino a la colonia francesa de Orán, en Argelia.
El camino que llevó a aquellos hombres corrientes a convertirse en héroes había comenzado en la Guerra Civil. La mayoría de los españoles que terminarían formando parte de La Nueve trataron de defender la legalidad republicana y, al ganar Franco, tres años después, huyeron a Francia, que, como admitió en 2015 el entonces primer ministro, Manuel Valls, no estuvo a la altura: “Fueron humillados. Se les quiso arrebatar la dignidad. Los que huían en busca de libertad esperaban otro tipo de acogida. Eso no es Francia”. El país vecino no solo no acogió a los exiliados españoles con los brazos abiertos, sino que los envió a campos de internamiento, separando a familias enteras. Ese penoso recibimiento no impidió que años después, algunos de aquellos hombres combatieran hombro con hombro con los franceses para liberarlos de lo que consideraban un enemigo común: el fascismo.
La exposición también rinde homenaje a las mujeres españolas de la Resistencia, como Marina Vega, a la que este periódico entrevistó en 2008. “Entre 1942 y 1944 hacía dos viajes por semana a Francia. No sé a cuánta gente pude haberme traído. Deduzco que serían judíos franceses que huían de los nazis. También algún inglés”. “Si te cogían los nazis, tenías una pastilla de cianuro en el bolsillo. La metías en la boca; si pasaba el peligro, la escupías, y si veías que estaban a punto de hacerte hablar, la tragabas. Es una muerte automática. Tuve compañeros que lo hicieron. Otro se mató en una celda dándose cabezazos contra la pared”, declaró entonces a EL PAÍS.
Fernando Martínez, secretario de Estado de Memoria Democrática, destaca el “papel de las mujeres” de la Resistencia y celebra que la exposición sea ya una realidad. “Hace mucho tiempo que tendría que haberse visto en España. Los españoles deben conocer esa contribución de sus compatriotas en la defensa de las libertades en Europa”.
Una mujer ve uno de los paneles expositivos durante la inauguración de la exposición ‘Libération. París 1944. Españoles, exilio y resistencia’, en los Jardines de Campo del Moro del Palacio Real, este jueves.
Alejandro Martínez Vélez (Europa Press)
https://elpais.com/espana/2026-03-12/que-dirian-hoy-los-espanoles-que-ayudaron-a-liberar-paris-de-los-nazis.html
domingo, 15 de marzo de 2026
La patronal española contra la Constitución

Fuentes: La voz del sur [Ilustración creada con IA]
Siempre he subrayado en mis artículos, libros y clases la importancia fundamental que tienen las empresas para crear riqueza y bienestar. En ellas se producen los bienes y servicios que necesitamos para vivir, de modo que su buen funcionamiento es condición imprescindible para el progreso económico y social.
Algo que sólo es posible si disponen de una buena organización interna, gobernanza adecuada y un medio ambiente socioeconómico e institucional que favorezca su actividad. Y, desgraciadamente, también he tenido que señalar en muchas ocasiones que el empresariado español ha demostrado con demasiada frecuencia ser uno de los principales obstáculos para mejorar el funcionamiento de sus propias empresas.
Ahora, acabamos de ver otra muestra de su mal gobierno y representación. Las patronales CEOE y Cepyme acaban de emitir un comunicado rechazando participar en la mesa convocada por el gobierno para avanzar en la elaboración de una futura ley de democracia en las empresas que regule la participación de los trabajadores en ellas.
A pesar de contener sólo unas pocas líneas, el comunicado acumula errores jurídicos, afirmaciones empíricamente falsas y descalificaciones retóricas impropias de organizaciones que pretenden representar al empresariado.
La participación de los trabajadores es un mandato constitucional
Uno de los argumentos principales del comunicado empresarial consiste en afirmar que la participación de los trabajadores en el gobierno de la empresa vulneraría principios constitucionales como la libertad de empresa o el derecho a la propiedad privada. Una interpretación de la patronal muy discutible.
Aunque es cierto que la Constitución española reconoce efectivamente el derecho a la propiedad privada (art. 33) y la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado (art. 38), sujeta ambos derechos a límites derivados del interés general y de la función social de la propiedad. Y no sólo eso, contiene además un mandato explícito en el artículo 129.2 que la patronal española olvida mencionar: “Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación en la empresa.”
La participación de los trabajadores en la empresa que el gobierno de Pedro Sánchez se propone favorecer no sólo es jurídicamente posible, sino que constituye un objetivo que el legislador está llamado -por la propia Constitución- a promover.
La patronal desenfoca por completo el asunto: lo que hay que plantear no es si la participación de los trabajadores en las empresas es compatible con la Constitución —lo es— sino qué formas concretas puede adoptar y con qué alcance.
Al negarse siquiera a discutir una propuesta que desarrolla un mandato constitucional explícito, la patronal se sitúa voluntariamente al margen de la Constitución.
Argumentos falsos de la patronal
Un segundo argumento del comunicado empresarial se basa en presentar la democratización de la empresa como un modelo asociado a «un modelo socioeconómico propio de regímenes autoritarios del pasado». Una auténtica falsedad. Pura demagogia populista
Los países europeos con economías más competitivas son precisamente los que han desarrollado desde hace décadas sistemas de participación de los trabajadores en los órganos de gobierno de las empresas. No es posible que la patronal española desconozca que lo que se propone implantar el gobierno existe desde hace años en Austria, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Finlandia, Francia, Hungría, Irlanda, Luxemburgo y Países Bajos
Con diversas modalidades, en todos ellos está regulada la presencia de representantes de los trabajadores en los consejos de supervisión de las grandes empresas, incluso llegando en algunos casos a la paridad con los representantes del capital.
La patronal española incurre en una afirmación objetivamente falsa cuando presenta estos sistemas como incompatibles con una economía de mercado avanzada. La verdad es que, por el contrario, forman parte de modelos productivos capitalistas caracterizados por altos niveles de productividad, innovación industrial y estabilidad institucional. En contra de lo que dicen las patronales, la evidencia muestra que la participación laboral en los órganos de gobierno empresarial no constituye una anomalía institucional, sino una característica relevante de algunos de los sistemas capitalistas más exitosos del mundo desarrollado.
También recurre la patronal a argumentos falsos cuando afirma que promover la democracia en la empresa favoreciendo la participación de los trabajadores en los consejos de administración es un «ataque populista y de profunda carga ideológica contra el mundo de la empresa, con posibles implicaciones negativas» y con el efecto de «desalentar las inversiones en nuestro país».
La evidencia empírica proporcionada por abundante literatura académica al respecto es muy clara. Los efectos observados con mayor frecuencia cuando los trabajadores participan en la gestión y dirección de la empresa son la mejora en los niveles de cooperación entre trabajadores y dirección, la reducción de conflictos laborales, mayor inversión en formación y capital humano y menor desigualdad salarial dentro de la empresa. En contra de lo que aventura la patronal, lo que se ha podido comprobar es que, cuando los trabajadores participan en decisiones estratégicas o en los beneficios de las empresas, disminuyen el oportunismo, la rotación y el absentismo, mejora la información y las decisiones son más acertadas y racionales, y es más fácil adoptar medidas de ajuste ante situaciones de crisis.
Por otro lado, también parece mentira que nada más y nada menos que dos patronales confundan los espacios de la participación de los trabajadores con el de la negociación colectiva, centrada esta en salarios y condiciones laborales y en donde no se aborda la estrategia empresarial, la política de inversiones o las decisiones estructurales de la empresa.
La patronal pasa por alto que, incluso los análisis menos favorables a defender la participación de los trabajadores, sugieren que los efectos sobre productividad y rentabilidad son generalmente neutrales o moderadamente positivos, lo que indica que la codeterminación no supone necesariamente un obstáculo para la competitividad empresarial.
Resulta difícil sostener seriamente que estos mecanismos desalientan la inversión cuando están presentes desde hace décadas en algunas de las economías más competitivas de Europa. La inversión empresarial depende de la estabilidad jurídica, la productividad, el tamaño de mercado, la innovación, los beneficios esperados… y precisamente esas son variables que pueden mejorar cuando hay sistemas de participación laboral.
Los argumentos de la patronal española para presentar estos mecanismos como intrínsecamente perjudiciales para la economía carecen de respaldo empírico.
El trabajo como inversión en capital de la empresa
El comunicado de la patronal deja caer que promover la democracia en la empresa mediante la participación es una anticualla que hoy día no es de recibo. Una muestra más de que los dirigentes de las patronales que supuestamente defienden a los empresarios no son capaces de reconocer los fenómenos más novedosos que se están dando en la vida de las empresas.
Quizá más antiguamente se pudiera defender que el trabajo y el capital son factores separados, de naturaleza diferente. Podría aceptarse que el primero se aporta, se retribuye y desaparece, mientras que el capital perdura. Pero eso ocurre cada vez menos en la actualidad.
La aportación actual a las empresas que hace hoy día quizá la gran mayoría de los trabajadores se produce no sólo en horas de trabajo que se desvanecen una vez que el producto se ha obtenido y vendido. Por el contrario, tiene un gran contenido de información, experiencia y conocimientos acumulados que queda en la empresa, incluso aunque el trabajador deje el empleo. Eso significa que los trabajadores de la economía de la información y del conocimiento de nuestros días aportan también capital cuando trabajan en la empresa. Es un fenómeno singular de nuestra época que no está siendo suficientemente reconocido y menos por patronales ancladas en el pasado y acostumbradas a vivir disponiendo de privilegios y apoyo político, como la española. En la economía del conocimiento, una parte fundamental del capital de la empresa adopta la forma de información, experiencia y capacidades acumuladas por los trabajadores. Ese capital cognitivo permanece en la organización y constituye un activo esencial para su funcionamiento. Ignorar esta realidad supone seguir analizando la empresa con categorías propias de la economía industrial del siglo XIX. Los trabajadores ya no aportan sólo trabajo sino también capital (inmaterial, cognitivo) sin el que la empresa no puede producir. Y, por tanto, tienen el mismo derecho que los propietarios del resto del capital a participar en la toma de decisiones y en el beneficio final que produce.
Una patronal que no sabe defender a las empresas
Lo más curioso del comunicado de la patronal (por calificarlo suavemente) es que recurre a todos esos argumentos falaces, falsos y populistas cuando podría poner sobre la mesa otros que, efectivamente, también deben tenerse en cuenta a la hora de discutir serena y sabiamente y de negociar sobre este asunto.
En la teoría clásica de la empresa se defiende que, puesto que los accionistas son considerados titulares del riesgo final -ya que perciben los beneficios únicamente después de que todos los demás agentes hayan sido remunerados- sólo a ellos debe corresponder la responsabilidad de decidir. No se trata de un argumento menor.
También se ha subrayado que los trabajadores pueden tener incentivos distintos a los de los accionistas (estabilidad del empleo, resistencia a procesos de reestructuración, oposición a determinadas decisiones estratégicas…) o que su participación en el consejo podría, en ciertos contextos, dificultar la adopción de decisiones consideradas eficientes desde el punto de vista empresarial. Incluso podría argumentar la patronal que la inclusión de nuevos actores en los órganos de gobierno puede aumentar los costes de deliberación y ralentizar los procesos de toma de decisiones, o que la discusión sobre los mecanismos de participación debe formar parte de otra más general.
Aunque, precisamente porque todo eso se puede dar, también se puede afirmar que la participación de los trabajadores en el capital de la empresa contribuye a aumentar su corresponsabilidad y apoyo a los intereses generales de la corporación en detrimento de los exclusivamente laborales.
Avergüenza, como dije, que -en lugar de recurrir a razones serias- los máximos representantes de las empresas españolas caigan en el populismo y la falsedad para defender sus intereses.
Una cuestión central que la patronal soslaya
La discusión sobre la democratización de la empresa a la que la patronal española no quiere sumarse plantea finalmente una cuestión más profunda.
Si la participación laboral en los órganos de gobierno empresarial existe desde hace décadas en diversos países europeos con empresas y economías que son mucho más competitivas que las españolas, ¿no será nuestro problema que no hemos desarrollado instituciones similares?
El problema de fondo no es que la participación de los trabajadores en la empresa sea una propuesta radical. Lo verdaderamente llamativo es que España haya tardado tanto en plantearla, mientras otras economías europeas desarrollaban desde hace décadas mecanismos institucionales que mejoraban la gobernanza empresarial, reducían conflictos laborales y fortalecían su competitividad industrial.
Quizá el verdadero problema no sea la propuesta de democratizar la empresa, sino la resistencia de una parte del empresariado español a modernizar las instituciones que regulan su funcionamiento.
Publicado en La Voz del Sur el 13 de marzo de 2026
Fuente:
Algo que sólo es posible si disponen de una buena organización interna, gobernanza adecuada y un medio ambiente socioeconómico e institucional que favorezca su actividad. Y, desgraciadamente, también he tenido que señalar en muchas ocasiones que el empresariado español ha demostrado con demasiada frecuencia ser uno de los principales obstáculos para mejorar el funcionamiento de sus propias empresas.
Ahora, acabamos de ver otra muestra de su mal gobierno y representación. Las patronales CEOE y Cepyme acaban de emitir un comunicado rechazando participar en la mesa convocada por el gobierno para avanzar en la elaboración de una futura ley de democracia en las empresas que regule la participación de los trabajadores en ellas.
A pesar de contener sólo unas pocas líneas, el comunicado acumula errores jurídicos, afirmaciones empíricamente falsas y descalificaciones retóricas impropias de organizaciones que pretenden representar al empresariado.
La participación de los trabajadores es un mandato constitucional
Uno de los argumentos principales del comunicado empresarial consiste en afirmar que la participación de los trabajadores en el gobierno de la empresa vulneraría principios constitucionales como la libertad de empresa o el derecho a la propiedad privada. Una interpretación de la patronal muy discutible.
Aunque es cierto que la Constitución española reconoce efectivamente el derecho a la propiedad privada (art. 33) y la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado (art. 38), sujeta ambos derechos a límites derivados del interés general y de la función social de la propiedad. Y no sólo eso, contiene además un mandato explícito en el artículo 129.2 que la patronal española olvida mencionar: “Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación en la empresa.”
La participación de los trabajadores en la empresa que el gobierno de Pedro Sánchez se propone favorecer no sólo es jurídicamente posible, sino que constituye un objetivo que el legislador está llamado -por la propia Constitución- a promover.
La patronal desenfoca por completo el asunto: lo que hay que plantear no es si la participación de los trabajadores en las empresas es compatible con la Constitución —lo es— sino qué formas concretas puede adoptar y con qué alcance.
Al negarse siquiera a discutir una propuesta que desarrolla un mandato constitucional explícito, la patronal se sitúa voluntariamente al margen de la Constitución.
Argumentos falsos de la patronal
Un segundo argumento del comunicado empresarial se basa en presentar la democratización de la empresa como un modelo asociado a «un modelo socioeconómico propio de regímenes autoritarios del pasado». Una auténtica falsedad. Pura demagogia populista
Los países europeos con economías más competitivas son precisamente los que han desarrollado desde hace décadas sistemas de participación de los trabajadores en los órganos de gobierno de las empresas. No es posible que la patronal española desconozca que lo que se propone implantar el gobierno existe desde hace años en Austria, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Finlandia, Francia, Hungría, Irlanda, Luxemburgo y Países Bajos
Con diversas modalidades, en todos ellos está regulada la presencia de representantes de los trabajadores en los consejos de supervisión de las grandes empresas, incluso llegando en algunos casos a la paridad con los representantes del capital.
La patronal española incurre en una afirmación objetivamente falsa cuando presenta estos sistemas como incompatibles con una economía de mercado avanzada. La verdad es que, por el contrario, forman parte de modelos productivos capitalistas caracterizados por altos niveles de productividad, innovación industrial y estabilidad institucional. En contra de lo que dicen las patronales, la evidencia muestra que la participación laboral en los órganos de gobierno empresarial no constituye una anomalía institucional, sino una característica relevante de algunos de los sistemas capitalistas más exitosos del mundo desarrollado.
También recurre la patronal a argumentos falsos cuando afirma que promover la democracia en la empresa favoreciendo la participación de los trabajadores en los consejos de administración es un «ataque populista y de profunda carga ideológica contra el mundo de la empresa, con posibles implicaciones negativas» y con el efecto de «desalentar las inversiones en nuestro país».
La evidencia empírica proporcionada por abundante literatura académica al respecto es muy clara. Los efectos observados con mayor frecuencia cuando los trabajadores participan en la gestión y dirección de la empresa son la mejora en los niveles de cooperación entre trabajadores y dirección, la reducción de conflictos laborales, mayor inversión en formación y capital humano y menor desigualdad salarial dentro de la empresa. En contra de lo que aventura la patronal, lo que se ha podido comprobar es que, cuando los trabajadores participan en decisiones estratégicas o en los beneficios de las empresas, disminuyen el oportunismo, la rotación y el absentismo, mejora la información y las decisiones son más acertadas y racionales, y es más fácil adoptar medidas de ajuste ante situaciones de crisis.
Por otro lado, también parece mentira que nada más y nada menos que dos patronales confundan los espacios de la participación de los trabajadores con el de la negociación colectiva, centrada esta en salarios y condiciones laborales y en donde no se aborda la estrategia empresarial, la política de inversiones o las decisiones estructurales de la empresa.
La patronal pasa por alto que, incluso los análisis menos favorables a defender la participación de los trabajadores, sugieren que los efectos sobre productividad y rentabilidad son generalmente neutrales o moderadamente positivos, lo que indica que la codeterminación no supone necesariamente un obstáculo para la competitividad empresarial.
Resulta difícil sostener seriamente que estos mecanismos desalientan la inversión cuando están presentes desde hace décadas en algunas de las economías más competitivas de Europa. La inversión empresarial depende de la estabilidad jurídica, la productividad, el tamaño de mercado, la innovación, los beneficios esperados… y precisamente esas son variables que pueden mejorar cuando hay sistemas de participación laboral.
Los argumentos de la patronal española para presentar estos mecanismos como intrínsecamente perjudiciales para la economía carecen de respaldo empírico.
El trabajo como inversión en capital de la empresa
El comunicado de la patronal deja caer que promover la democracia en la empresa mediante la participación es una anticualla que hoy día no es de recibo. Una muestra más de que los dirigentes de las patronales que supuestamente defienden a los empresarios no son capaces de reconocer los fenómenos más novedosos que se están dando en la vida de las empresas.
Quizá más antiguamente se pudiera defender que el trabajo y el capital son factores separados, de naturaleza diferente. Podría aceptarse que el primero se aporta, se retribuye y desaparece, mientras que el capital perdura. Pero eso ocurre cada vez menos en la actualidad.
La aportación actual a las empresas que hace hoy día quizá la gran mayoría de los trabajadores se produce no sólo en horas de trabajo que se desvanecen una vez que el producto se ha obtenido y vendido. Por el contrario, tiene un gran contenido de información, experiencia y conocimientos acumulados que queda en la empresa, incluso aunque el trabajador deje el empleo. Eso significa que los trabajadores de la economía de la información y del conocimiento de nuestros días aportan también capital cuando trabajan en la empresa. Es un fenómeno singular de nuestra época que no está siendo suficientemente reconocido y menos por patronales ancladas en el pasado y acostumbradas a vivir disponiendo de privilegios y apoyo político, como la española. En la economía del conocimiento, una parte fundamental del capital de la empresa adopta la forma de información, experiencia y capacidades acumuladas por los trabajadores. Ese capital cognitivo permanece en la organización y constituye un activo esencial para su funcionamiento. Ignorar esta realidad supone seguir analizando la empresa con categorías propias de la economía industrial del siglo XIX. Los trabajadores ya no aportan sólo trabajo sino también capital (inmaterial, cognitivo) sin el que la empresa no puede producir. Y, por tanto, tienen el mismo derecho que los propietarios del resto del capital a participar en la toma de decisiones y en el beneficio final que produce.
Una patronal que no sabe defender a las empresas
Lo más curioso del comunicado de la patronal (por calificarlo suavemente) es que recurre a todos esos argumentos falaces, falsos y populistas cuando podría poner sobre la mesa otros que, efectivamente, también deben tenerse en cuenta a la hora de discutir serena y sabiamente y de negociar sobre este asunto.
En la teoría clásica de la empresa se defiende que, puesto que los accionistas son considerados titulares del riesgo final -ya que perciben los beneficios únicamente después de que todos los demás agentes hayan sido remunerados- sólo a ellos debe corresponder la responsabilidad de decidir. No se trata de un argumento menor.
También se ha subrayado que los trabajadores pueden tener incentivos distintos a los de los accionistas (estabilidad del empleo, resistencia a procesos de reestructuración, oposición a determinadas decisiones estratégicas…) o que su participación en el consejo podría, en ciertos contextos, dificultar la adopción de decisiones consideradas eficientes desde el punto de vista empresarial. Incluso podría argumentar la patronal que la inclusión de nuevos actores en los órganos de gobierno puede aumentar los costes de deliberación y ralentizar los procesos de toma de decisiones, o que la discusión sobre los mecanismos de participación debe formar parte de otra más general.
Aunque, precisamente porque todo eso se puede dar, también se puede afirmar que la participación de los trabajadores en el capital de la empresa contribuye a aumentar su corresponsabilidad y apoyo a los intereses generales de la corporación en detrimento de los exclusivamente laborales.
Avergüenza, como dije, que -en lugar de recurrir a razones serias- los máximos representantes de las empresas españolas caigan en el populismo y la falsedad para defender sus intereses.
Una cuestión central que la patronal soslaya
La discusión sobre la democratización de la empresa a la que la patronal española no quiere sumarse plantea finalmente una cuestión más profunda.
Si la participación laboral en los órganos de gobierno empresarial existe desde hace décadas en diversos países europeos con empresas y economías que son mucho más competitivas que las españolas, ¿no será nuestro problema que no hemos desarrollado instituciones similares?
El problema de fondo no es que la participación de los trabajadores en la empresa sea una propuesta radical. Lo verdaderamente llamativo es que España haya tardado tanto en plantearla, mientras otras economías europeas desarrollaban desde hace décadas mecanismos institucionales que mejoraban la gobernanza empresarial, reducían conflictos laborales y fortalecían su competitividad industrial.
Quizá el verdadero problema no sea la propuesta de democratizar la empresa, sino la resistencia de una parte del empresariado español a modernizar las instituciones que regulan su funcionamiento.
Publicado en La Voz del Sur el 13 de marzo de 2026
Fuente:
sábado, 14 de marzo de 2026
Avi Loeb y los científicos que se pasan al «lado oscuro»: cuando el enemigo de la razón duerme en casa

Fuentes: El diario [Imagen: El astrofísico y catedrático de la universidad de Harvard Avi Loeb. Montaje de elDiario.es sobre foto de Christopher Michel]
Figuras como el físico de Harvard, que defiende que los cometas interestelares podrían ser naves alienígenas, erosionan la credibilidad de la ciencia desde dentro. Sus perfiles prosperan en un ecosistema mediático que favorece el espectáculo por encima del rigor
En los últimos cinco meses el físico estadounidense Avi Loeb ha publicado tantos disparates sobre el cometa interestelar 3I/ATLAS, que la primera comparecencia de la NASA sobre el tema comenzó cortando de raíz las especulaciones de que se trate de un peligro para la Tierra o de una nave alienígena.
Loeb ha conseguido la atención global hablando de una supuesta aceleración no gravitacional de 3I/ATLAS que podría ser “la firma tecnológica de un motor interno” o deslizando que se trata de un objeto “tecnológico, y posiblemente hostil”. A pesar de los esfuerzos de los verdaderos expertos en asteroides y cometas por explicar la auténtica naturaleza de este objeto estelar, este físico lleva años marcando la agenda y atrayendo el foco mediático hacia las teorías sensacionalistas que empezó a elaborar tras la intrusión del objeto Oumuamua en el sistema solar en 2017.
Una de las claves de su éxito es que Loeb explota su condición de físico de Harvard con una brillante carrera científica anterior, que le otorga un extra de legitimidad a ojos de sus miles de seguidores. Son este tipo de perfiles los que, según los especialistas, más daño hacen a la credibilidad de la ciencia, porque la atacan desde dentro.
“Un científico goza de una confianza pública reforzada, de modo que cuando manifiesta públicamente ideas absurdas hace un gran daño y compromete el papel social de la ciencia”, asegura Joaquín Sevilla, catedrático de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y coautor del libro Los males de la ciencia. “Hace mucho daño a los investigadores y a quienes creen en ellos”, añade Maite Soto-Sanfiel, especialista en comunicación científica de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). “Porque la etiqueta de científico vende y la gente le cree”.
En los últimos cinco meses el físico estadounidense Avi Loeb ha publicado tantos disparates sobre el cometa interestelar 3I/ATLAS, que la primera comparecencia de la NASA sobre el tema comenzó cortando de raíz las especulaciones de que se trate de un peligro para la Tierra o de una nave alienígena.
Loeb ha conseguido la atención global hablando de una supuesta aceleración no gravitacional de 3I/ATLAS que podría ser “la firma tecnológica de un motor interno” o deslizando que se trata de un objeto “tecnológico, y posiblemente hostil”. A pesar de los esfuerzos de los verdaderos expertos en asteroides y cometas por explicar la auténtica naturaleza de este objeto estelar, este físico lleva años marcando la agenda y atrayendo el foco mediático hacia las teorías sensacionalistas que empezó a elaborar tras la intrusión del objeto Oumuamua en el sistema solar en 2017.
Una de las claves de su éxito es que Loeb explota su condición de físico de Harvard con una brillante carrera científica anterior, que le otorga un extra de legitimidad a ojos de sus miles de seguidores. Son este tipo de perfiles los que, según los especialistas, más daño hacen a la credibilidad de la ciencia, porque la atacan desde dentro.
“Un científico goza de una confianza pública reforzada, de modo que cuando manifiesta públicamente ideas absurdas hace un gran daño y compromete el papel social de la ciencia”, asegura Joaquín Sevilla, catedrático de la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y coautor del libro Los males de la ciencia. “Hace mucho daño a los investigadores y a quienes creen en ellos”, añade Maite Soto-Sanfiel, especialista en comunicación científica de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). “Porque la etiqueta de científico vende y la gente le cree”.
Pero esta apelación a la autoridad de Loeb tiene trampa: su especialidad es la cosmología teórica y en materia de cometas y asteroides es solo un principiante, lo que explica sus frecuentes meteduras de pata. Como denuncia el astrofísico Ethan Siegel, se trata del típico “físico arrogante que se adentra sin pudor en un campo que le es nuevo” y se cree capaz de “aportar contribuciones significativas que los científicos mediocres de ese campo inferior no tendrían ninguna posibilidad de hacer”.
Además, señala el astrofísico canario Héctor Socas, Loeb protagoniza una interesante paradoja: solo ahora que se dedica a hacer afirmaciones altamente especulativas ha alcanzado la fama. “Esto ilustra un problema más profundo”, reflexiona en un meticuloso artículo sobre el tema. “Nuestra sociedad es incapaz de reconocer el verdadero talento científico a menos que venga envuelto en sensacionalismo”.
Licencia para decir tonterías
Loeb no es el único científico con una carrera brillante que decide dejar el rigor científico en un cajón y pasarse a opinar sobre cualquier campo en favor del show business. En EEUU hay una larga lista de personajes como el físico Michio Kaku, que ha terminado defendiendo todo tipo de ideas peregrinas en televisión, el médico Robert Lanza, creador de una teoría que defiende que nuestra conciencia crea el universo, o el matemático Eric Weinstein, denostado por los físicos por lanzar una supuesta “teoría de todo” sin pies ni cabeza.
Un científico goza de una confianza pública reforzada, de modo que cuando manifiesta públicamente ideas absurdas hace una gran daño y compromete el papel social de la ciencia (Joaquín Sevilla — Catedrático de la Universidad Pública de Navarra (UPNA)
A menor escala, en España también tenemos investigadores que aprovechan un título científico para dar una pátina de credibilidad a sus posiciones heterodoxas. Durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, se hicieron famosos personajes como el todólogo televisivo César Carballo o el biólogo Fernando López-Mirones, protagonista en redes por sus mensajes descabellados sobre el efecto de las vacunas de ARN y autor del libro Yo, negacionista.
Un caso reciente es el del neurocientífico Álex Gómez Marín, con una brillante carrera en el Instituto de Neurociencias de Alicante, que acaba de publicar La ciencia del último umbral, un libro sobre las experiencias cercanas a la muerte. En 2021, una grave hemorragia interna casi acaba con su vida y le condujo a una experiencia “hiperreal” en la que vio a tres figuras que le esperaban en la luz, como “guías espirituales”. “Soy un hombre que ha pisado el más allá y ahora lo investiga desde el más acá”, escribe. “Soy un científico que ha puesto su credibilidad al servicio de lo desconocido”.
Gómez Marín es muy consciente de que ha conseguido mucha más atención mediática con este relato que con sus trabajos anteriores, pero también de que se ha jugado su reputación y su carrera como investigador. “No lo hago para vender libros porque obviamente de esto no me gano la vida”, explica a elDiario.es. Sí reconoce que el hecho de ser científico refuerza su mensaje y lo hace llegar más lejos. “Claro que juego mis cartas. Todos lo hacemos”, defiende. “Entiendo que se pueda criticar que use la legitimidad que me otorga la ciencia, pero esto no es criticar a la ciencia, es hacerla mejor”.
Enfermos de autoridad
En su libro La teoría de todo lo demás (Capitán Swing, 2025), Dan Schereiber defiende que la mayoría de nosotros tenemos un “granito de chifladura” o alguna creencia estrafalaria, y esto también afecta a los científicos. En el mundillo se conoce como el síndrome del premio Nobel, o “Nobelitis”, al fenómeno por el cual algunos galardonados comienzan a defender ideas extrañas o se consideran expertos en campos que desconocen. Así, Kary Mullis, inventor de la prueba PCR, negaba que el VIH causara el sida y rechazaba el cambio climático o Luc Montagnier, descubridor del VIH, se convirtió en un ferviente activista antivacunas.
Cometemos el error de creer que, solo porque alguien sea increíblemente inteligente en un área, debe tener un amplio espectro de conocimientos sobre todo (Dan Schereiber — Autor de ‘La teoría de todo lo demás’ (Capitán Swing, 2025)
“Cometemos el error de creer que, solo porque alguien sea increíblemente inteligente en un área, debe tener un amplio espectro de conocimientos sobre todo”, comenta Schereiber a elDiario.es. Aunque no quiere especular sobre lo que pasa por la mente de Avi Loeb, al que conoce personalmente, el escritor británico cree que el gran éxito de sus libros y las lucrativas conferencias que da sobre extraterrestres tendrán bastante peso. “Es un gran comunicador y ni siquiera hacía falta añadir la teoría de una nave alienígena para tener éxito. La realidad del objeto interestelar que estamos rastreando ya es bastante espectacular”, asegura.
En su opinión, este tipo de científicos, como Avi Loeb o el controvertido bioquímico británico Rupert Sheldrake, creador de su propia pseudociencia, tienen demasiada prisa por mostrarnos lo que los investigadores solían hacer en privado. “Darwin se sentó durante 20 años antes de publicar sus ideas”, recalca Schereiber. “Si has descubierto extraterrestres, investiga durante 20 años para asegurarte de tener razón antes de publicarlo y antes de que todos estos detectives aficionados se suban al carro y digan:Ahora tenemos un profesor de Harvard. Eso significa que siempre hemos tenido razón. Es una nave extraterrestre”.
Un batiburrillo de sesgos
Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental de la Universidad de Deusto, cree que en los casos en los que los científicos difunden teorías absurdas tiene un papel importante el denominado sesgo de autoridad, pero también un sesgo de confirmación. “Me gusta esta teoría, busco cómo confirmarla, y fíjate, encuentro que este experto está diciendo lo que yo pensaba”, explica. Al hilo de esto, recuerda un estudio reciente realizado por investigadores españoles que mostró con 116 estudiantes cómo las creencias sobre pseudociencias se refuerzan cuando provienen de personas con la etiqueta de “expertos”.
Un científico debería ser capaz de plantearse la posibilidad de estar equivocado y darse cuenta de que si transmite ideas no probadas puede llegar a hacer mucho daño (Helena Matute — Catedrática de Psicología Experimental de la Universidad de Deusto)
“Por eso, como dicen los autores, la autoridad conlleva responsabilidad”, subraya Matute. En su opinión, es fundamental formar bien a todos los profesionales sanitarios, a los científicos y a todos los posibles expertos con autoridad. “Un científico puede llegar a un punto en el que cree que no necesita seguir poniendo a prueba sus teorías, pero debería ser capaz de plantearse la posibilidad de estar equivocado y darse cuenta de que, si se equivoca, y lo que transmite son ideas no probadas, puede llegar a hacer mucho daño, mucho más que un no experto”.
A Joaquín Sevilla le llama la atención el proceso de “conversión” y cómo una persona que se ha dedicado exitosamente a la ciencia puede cambiar hacia este tipo de pensamiento “alternativo”. “Los sistemas de valores personales asociados a la autoimagen y a la pertenencia a un grupo quizá podrían explicarlo”, relata. Diversos trabajos sobre el tema hablan de factores psicológicos, como la búsqueda de la fama o la vocación de iconoclastia, que predisponen a interpretar anomalías como pruebas de teorías extraordinarias. Y también indican que la presión de producción científica puede empujar al investigador a identificarse como “outsider” y buscar legitimidad pública.
En un sistema que premia el impacto y la visibilidad cabe la perversión de que ciertas personas se desvíen más allá de lo éticamente respetable (Maite Soto-Sanfiel — Especialista en comunicación científica de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)
Maite Soto-Sanfiel ha estudiado el fenómeno del “hype” (exageración de los resultados) en el ámbito de la física cuántica y destaca la creciente presión para captar la atención a la que se enfrentan los científicos como uno de los factores determinantes. “Aunque estos casos son excepciones, se producen enun sistema que está premiando la visibilidad, una competición en la que son valorados porque su nombre es mucho más sonado, porque recibe más citas… Y en ese sistema cabe la perversión de que ciertas personas se desvíen más allá de lo éticamente respetable”, señala.
La responsabilidad de los medios
En todo este ecosistema, los medios tienen una gran importancia, porque dirigen el foco hacia temas que despiertan mucha curiosidad, pero que se basan en falsedades o en hechos no probados. Un ejemplo reciente fue el anuncio a través de un documental emitido en RTVE de un estudio que revelaba supuestamente que Cristóbal Colón tenía “rasgos compatibles con origen judío”. Más de un año después, el prometido trabajo científico de José Antonio Lorente, de la Universidad de Granada (UGR), sigue sin publicarse.
La publicación reciente de un perfil sobre el neurocientífico Álex Gómez Marín en el diario El País llevó a la Sociedad Española de Neurociencia (SENC) a manifestar su indignación en una carta de protesta. “Otorgar visibilidad a discursos pseudocientíficos desacredita el trabajo de miles de investigadores e investigadoras y contribuye al retroceso en el progreso y el bienestar colectivo”, escribían. Dar altavoz a estos científicos que se han pasado al lado oscuro, coincide Joaquín Sevilla,“contribuye a que el papel de la ciencia como fuente de conocimiento fiable para la sociedad se vea deslegitimado”.
Para Dan Schereiber, el éxito de los mensajes de Avi Loeb o Gómez Marín se explica porque dicen lo que mucha gente quiere oír: uno anuncia que los extraterrestres están llegando y el otro habla a la gente de lo que ocurre después de la muerte, un asunto que casi siempre tratan personas que no son académicas. “De modo que cuando un académico finalmente se implica y dice que ha experimentado algo, muchos lo interpretan como el abrazo reconfortante de un científico que les dice: no te preocupes, vas a ir al cielo”.
Cualquier científico que se inclina hacia estas áreas —opina el autor británico—, ya sean fantasmas o telepatía, captará inmediatamente una gran atención y las informaciones rigurosas no pueden competir en audiencia. “Porque a Loeb lo llevará Joe Rogan a su programa, y eso es la otra cara preocupante de este fenómeno, que la ciencia se está vinculando cada vez más en muchos medios con la teoría de la conspiración”.
Como dijo el neurocientífico Steven Rose en referencia a las teorías de Rupert Sheldrake, este tipo de hipótesis fantasiosas ofrecen “un grado de fama instantánea que es más difícil de alcanzar mediante la búsqueda rutinaria de la ciencia más convencional”. Y eso es muy difícil de combatir, o prácticamente imposible. Porque no es lo mismo decir en un titular que el cometa interestelar 3I/ATLAS tiene un exceso de CO2 que anunciar que se dirige a la Tierra con intención de destruirla. Controlar nuestros propios impulsos, como comunicadores y como lectores, también es parte de la solución al problema.
Fuente:
viernes, 13 de marzo de 2026
Manuel Castells, sociólogo: “El mundo está en un proceso de autodestrucción”

El intelectual catalán, que es el sociólogo español más citado del mundo, reclama la necesidad de una mayor espiritualidad en tiempos de crisis profunda.
Dice Manuel Castells (Hellín, Albacete, 1942) que la historia contemporánea está llena de paradojas, algo que encaja en quien es vital por temperamento e intenta conciliar sus propias contradicciones. Es un intelectual —el sociólogo español más citado del mundo—, pero estuvo en las barricadas del Mayo Francés. Es anarquista de corazón, pero fue ministro de Universidades. Dedicó su gran obra La era de la información, una trilogía visionaria que pronto cumplirá 30 años, a internet, pero no usa redes. Desconfía de las estructuras de poder, pero es católico.
Castells analiza sociedades a partir de los datos, aunque cree que la salida al proceso autodestructivo contemporáneo puede ser irracional. Ha recibido todos los honores y asesorado a grandes líderes, pero sigue dirigiendo tesis de alumnos. Catedrático de la Universidad del Sur de California y emérito de la de Berkeley, adora visitar la de Tsinghua, en China, cada año. Teórico global, pasa todo el tiempo posible en Barcelona: su primera especialización fue el estudio de las ciudades, y dice que esta es la mejor. Allí nos encontramos, y a lo largo de una charla que comienza en su despacho y continúa con un arroz frente al mar, intentamos aprovechar su visión privilegiada para entender qué demonios pasa en el mundo.
Pregunta. Hace unos meses estuvo en China. ¿Qué ocurre allí?
Respuesta. Un proceso de transformación tecnológico, económico y social como nunca se ha visto en la historia. Es la economía número uno en el mundo, y en tecnología la única alternativa a EE UU, lo cual antes no nos importaba pero ahora nos damos cuenta de lo frágil de depender de una potencia que hasta ahora era amigable, pero que puede no serlo. Las teorías neoclásicas decían que el mercado y la internacionalización tenían que ser los motores del desarrollo. Bueno, la gran historia ha sido Asia: Japón, sudeste asiático y ahora China. En todos los casos, el Estado ha sido el verdadero motor. Podemos estar en desacuerdo políticamente —a mí lo del Estado no me gusta mucho—, pero rompe toda la teoría. La paradoja más extraordinaria es que el gran milagro económico del siglo XXI lo ha dirigido un Estado comunista. La mejor empresa del siglo XXI ha sido un Estado comunista.
P. ¿Hasta qué punto la fiebre por la IA es una huida hacia adelante de un capitalismo agotado?
R. La innovación tecnológica en la IA es absolutamente real, y ha despertado el interés de los mercados financieros. Lo que es totalmente ficción es la idea de que las máquinas en sí son inteligentes y humanas: no pueden tomar decisiones, excepto si las programamos para ello. La IA transforma todos los dominios, es como internet, no es un sector, no está separada de lo que hacemos, es todo. Pedro Sánchez me encargó crear un Consejo Asesor Internacional de Inteligencia Artificial. Es muy incipiente, pero la preocupación es que, incluida en todas las actividades sin control, pueda provocar desajustes. Está el tema de si eliminará trabajo, pero toda la historia de la tecnología es al revés. Cuando incluyes más tecnología, ciertos sectores pierden pero otros aumentan. La novedad es que ahora sean los trabajos más cualificados los que están en peligro. Hay que acompañar la transformación tecnológica de una transformación formativa, sobre todo en la universidad. Los muy formados van a tener que formarse más todavía para adaptarse al nuevo mundo.
P. Dentro de 100 años, ¿qué pensarán de los cambios que estamos viviendo: internet, el móvil, la IA?
R. La actividad humana está determinada por energía e información. La revolución industrial fue la transformación de la energía. La transformación de la información es la revolución informática de los años sesenta y setenta, tan importante como la industrial. Lo que fue el motor eléctrico para difundir la energía a todos sitios ha sido internet. La sociedad ya se ha transformado. Yo la llamo sociedad red porque es una nueva estructura social, distinta de la industrial porque está constituida en redes, la forma organizativa más flexible con diferencia. Hasta que no hemos tenido una tecnología capaz de difundir a través de redes toda la información y toma de decisiones, no ha habido cambio social. Para que esa estructura social exista y se desarrolle, hace falta una digitalización de todo. Y ahí está ese dato de la tesis de uno de mis alumnos: está digitalizado el 99% de toda la información. Ya estamos digitalizados. Nada de lo que tú haces o de lo que yo hago escapa.
P. Han vuelto la meditación, las creencias de todo tipo… ¿Es un repliegue interior ante el caos del mundo, como en los años setenta? ¿No hemos conseguido hacer nada más con nuestras individualidades conectadas?
R. Los que nos lo podemos permitir (hay quien no puede porque si se desconecta se muere de hambre) podemos construir espacios de libertad. Muchísima gente necesita meditar, cortar, purificarse. El mundo en que vivimos es más violento, más despiadado. La religión y otras formas de espiritualidad se hacen cada vez más importantes. No es una cuestión de fe, que quien la tiene la tiene y quien no la tiene no la tiene. La necesidad de que haya algo espiritual más allá de lo que nos agarra cada día es cada vez mayor, y la gente encuentra distintas soluciones. Yo personalmente creo que es fundamental en este momento reclamar el papel de la religión y la espiritualidad como contrapeso a un mundo que se autodestruye. No es solo el clima: las guerras, la tecnología sin control, todo. Ahí tiene que haber una reacción política y no la hay. Con razón o sin ella la gente no se fía de la política. Entonces tienen que ser fuerzas interiores, fuerzas que nazcan de dentro de nosotros para el autocontrol, más que para el control externo. Lo único que nos queda es una pulsión interior que (independientemente de las estructuras religiosas) está ahí. Y de eso no se puede dudar, no se puede romper.
Manuel Castells fue ministro de Universidades entre 2020 y 2021. massimiliano minocri
P. ¿El motivo es la destrucción del papel de las instituciones, del “de arriba abajo” que viene con internet?
R. Absolutamente. De todo lo que he hecho lo que más ha impactado fue una trilogía. Todo el mundo se fijó en el primer volumen: la sociedad red, la tecnología, la economía global… porque lo escribí en los noventa y se ha expandido. No hice futurología, la digitalización ya estaba en su embrión. Pero hay otra cosa: existen dos fuerzas muy contradictorias que organizan nuestra sociedad, lo que he llamado la red y el yo. El segundo volumen va sobre el poder de la identidad. Puede ser macro (cultural, política, etcétera) o una identidad que, si no perteneces o no quieres pertenecer a ninguna comuna cultural, te la buscas tú. Buscas una vida interior. La identidad juega a dos niveles. Muchos intelectuales de izquierda tienen un racionalismo clásico, pero lo importante en la vida es lo que la gente considera importante, y no somos racionales, somos animales emocionales, eso ya está establecido por la neurociencia. Nuestros intelectuales no entienden el nacionalismo catalán o vasco, ni la construcción de comunas religiosas islámicas (que si no son toleradas derivan en radicalismo y destrucción de las estructuras de opresión). El feminismo es identidad. Pero como ataca la base de dominación patriarcal, que es la más antigua, estamos en una reacción violenta contra el feminismo y cualquier otra forma de identidad cultural y sexual. Que está en la base del trumpismo, de Vox y de todos los movimientos de extrema derecha en toda Europa que están ganando.
P. Movimientos que de alguna manera vienen de internet y a la vez reaccionan contra él.
R. Sí, porque internet no es un mundo en sí. Internet somos nosotros. En internet estamos todos. El feminismo se desarrolló mucho con internet, pero también el antifeminismo, el sexismo, el nazismo. Es una plataforma que construimos por cómo somos y qué hacemos cada día. Toda la utopía —en la que yo participé— del principio, del “creamos una comunidad universal y nos relacionamos libremente unos con otros”… Nos relacionamos, sí, pero con quienes queremos. Y si yo soy un racista, pues utilizo internet para encontrar más racistas.
P. Entonces, ¿el problema de internet no es la hiperconexión, sino la homofilia? Ese juntarnos con los que son exactamente iguales que nosotros.
R. Homofilia es una expresión perfecta. Se han inventado otra, las cámaras de eco, pero es exactamente eso. Internet somos nosotros colectivamente a partir del principio que señalas, es decir, yo voy con los míos, yo decido quiénes son. Ahí me encuentro en casa, y no voy con los otros, no leo a los otros, no discuto con los otros, los ignoro o extermino. Y esta es la fragmentación total. Una sociedad con instituciones que ya no cohesionan y en la que internet permite el separatismo cultural. No es culpa de internet, es maravilloso, con comunas maravillosas: el arte, la cultura, la ciencia. Pero también fragmenta. Cuando una sociedad es fragmentada, esa fragmentación se amplifica por internet. Y lo mismo con la IA. El problema no es en sí la tecnología, sino la amplificación de tendencias destructivas en nosotros. Diría que todos somos las dos cosas, ángeles y demonios. Somos unos animales poco controlados que hemos construido unos instrumentos tan potentes que, si nos ponemos en serio a oponernos, nos podemos destruir fácilmente.
P. La teoría era que las comunidades menos favorecidas iban a empoderarse en las redes, pero estamos viendo lo contrario, una unión inédita entre el poder tecnológico y político.
R. Las dos cosas. Por un lado internet fue, y es, la base de grandes movimientos sociales transformadores. El 15-M en España no hubiera podido existir sin él, ni los movimientos sociales que siguen sucediendo en el mundo. Por otro lado, los grupos poderosos dominan cada vez más a través de sistemas de control algorítmico, y los grupos destructivos, antifeministas, racistas, etcétera, también se están organizando por internet. No es que empezáramos con una cosa y luego ocurrió la otra. Es que conforme internet salió de pequeñas comunidades bienintencionadas (científicos, intelectuales…) y se expandió al mundo, pues se ha hecho el mundo. Y el mundo está lleno de, yo digo, no solo de gente mala, sino de la parte mala de todos nosotros. Si lo puedes articular en redes en el ámbito planetario o local, todo esto se amplifica.
P. ¿Conserva el optimismo? ¿Sigue creyendo en la revolución?
R. Bueno, digamos transformación social. La revolución para mí tiene un sentido estricto, que es político. Sucede cuando hay un cambio, una destrucción de un Estado, de un sistema institucional. Hablar de revolución tecnológica también es correcto. Sobre el optimismo: soy un clásico, sigo repitiendo la famosa frase de Gramsci, pesimismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad. Si eres optimista pero no sabes en qué mundo vives, te va a ir mal. Hay que analizar. Y si analizo, veo un mundo actual claramente en proceso autodestructivo.
P. ¿Qué está pasando en EE UU?
R. El cambio fundamental del orden mundial, que lo convierte en desorden. Está siendo (ahí sí puedo usar el término) una revolución: es un cambio de sistema institucional. El trumpismo no es efímero. Viene de un agente del antisistema político que es Trump. No es un antisistema anticapitalista: es el más capitalista de todos. Es otra paradoja de la historia: un multimillonario se convierte en el agente de transformación del sistema político apoyado por la clase obrera.
P. ¿Cree que será importante un Papa estadounidense?
R. Fundamental, como lo ha sido Francisco. El papel de la Iglesia católica puede ser fundamental, pero, si no, será otro grupo religioso. Porque es que no queda nada. La democracia solo existe en las mentes de las personas. Y si la gente no cree en los partidos, en la democracia, en las instituciones, pues se acabó. En ese contexto, cuanto más antisistema político eres, mejor. El éxito de Podemos fue ese, pero cuando pasó a ser parte del sistema, se acabó. Y lo mismo ahora: la política de moda es la antipolítica. Vox es un partido antisistema. El revolucionario Trump no solo está transformando el sistema institucional, sino también la globalización, que estaba basada en la ausencia de fronteras económicas. Los aranceles se usan como estrategia geopolítica. El mundo se mueve otra vez por el nacionalismo, la gran palabra. EE UU, China, Japón. En Europa, los movimientos de extrema derecha son nacionalistas, antieuropeos, empezó con el Brexit. La discusión pública en España era “el nacionalismo es retrógrado, todos somos ciudadanos del mundo”. Y al contrario, había un resurgir en todo el mundo.
P. ¿Es una forma de poner límites a la sociedad digital?
R. Cuando hablamos de que las redes sociales son instrumentos de odio, de racismo, de sexismo, y del nacionalismo de todo tipo, bueno o malo, ¿de qué estamos hablando? De que las tendencias en la sociedad de internet las amplifica. Internet no es, por definición no puede ser, nacionalista. Es global. Pero es la plataforma global para el nacionalismo de cada Estado.
P. Culpamos de todo a internet, pero en su último libro (La sociedad digital, Alianza, 2024) dice que es pánico moral, reacción al cambio.
R. Cualquier cambio importante en el mundo de la comunicación se acompaña de la reacción contraria. Ocurrió con la televisión. A los profesionales de un medio les cuesta pasar a otro. Lo otro son los intelectuales. Los que han tenido alguna influencia histórica ya no tienen, se encuentran desintermediados por internet. Pueden publicar sus columnas o sus libros o sus artículos, igual que cualquiera publica lo que quiere en internet. Los influencers son más influyentes que los intelectuales. Entonces atacan al mensajero. Hombre, si todavía estás pensando en Kant en lugar de ocuparte de lo que pasa en el mundo y proporcionando ideas que a la gente le interesen… Están desorientados con internet porque eran el referente cultural y ahora se pierden en la cacofonía general.
Dice Manuel Castells (Hellín, Albacete, 1942) que la historia contemporánea está llena de paradojas, algo que encaja en quien es vital por temperamento e intenta conciliar sus propias contradicciones. Es un intelectual —el sociólogo español más citado del mundo—, pero estuvo en las barricadas del Mayo Francés. Es anarquista de corazón, pero fue ministro de Universidades. Dedicó su gran obra La era de la información, una trilogía visionaria que pronto cumplirá 30 años, a internet, pero no usa redes. Desconfía de las estructuras de poder, pero es católico.
Castells analiza sociedades a partir de los datos, aunque cree que la salida al proceso autodestructivo contemporáneo puede ser irracional. Ha recibido todos los honores y asesorado a grandes líderes, pero sigue dirigiendo tesis de alumnos. Catedrático de la Universidad del Sur de California y emérito de la de Berkeley, adora visitar la de Tsinghua, en China, cada año. Teórico global, pasa todo el tiempo posible en Barcelona: su primera especialización fue el estudio de las ciudades, y dice que esta es la mejor. Allí nos encontramos, y a lo largo de una charla que comienza en su despacho y continúa con un arroz frente al mar, intentamos aprovechar su visión privilegiada para entender qué demonios pasa en el mundo.
Pregunta. Hace unos meses estuvo en China. ¿Qué ocurre allí?
Respuesta. Un proceso de transformación tecnológico, económico y social como nunca se ha visto en la historia. Es la economía número uno en el mundo, y en tecnología la única alternativa a EE UU, lo cual antes no nos importaba pero ahora nos damos cuenta de lo frágil de depender de una potencia que hasta ahora era amigable, pero que puede no serlo. Las teorías neoclásicas decían que el mercado y la internacionalización tenían que ser los motores del desarrollo. Bueno, la gran historia ha sido Asia: Japón, sudeste asiático y ahora China. En todos los casos, el Estado ha sido el verdadero motor. Podemos estar en desacuerdo políticamente —a mí lo del Estado no me gusta mucho—, pero rompe toda la teoría. La paradoja más extraordinaria es que el gran milagro económico del siglo XXI lo ha dirigido un Estado comunista. La mejor empresa del siglo XXI ha sido un Estado comunista.
P. ¿Hasta qué punto la fiebre por la IA es una huida hacia adelante de un capitalismo agotado?
R. La innovación tecnológica en la IA es absolutamente real, y ha despertado el interés de los mercados financieros. Lo que es totalmente ficción es la idea de que las máquinas en sí son inteligentes y humanas: no pueden tomar decisiones, excepto si las programamos para ello. La IA transforma todos los dominios, es como internet, no es un sector, no está separada de lo que hacemos, es todo. Pedro Sánchez me encargó crear un Consejo Asesor Internacional de Inteligencia Artificial. Es muy incipiente, pero la preocupación es que, incluida en todas las actividades sin control, pueda provocar desajustes. Está el tema de si eliminará trabajo, pero toda la historia de la tecnología es al revés. Cuando incluyes más tecnología, ciertos sectores pierden pero otros aumentan. La novedad es que ahora sean los trabajos más cualificados los que están en peligro. Hay que acompañar la transformación tecnológica de una transformación formativa, sobre todo en la universidad. Los muy formados van a tener que formarse más todavía para adaptarse al nuevo mundo.
P. Dentro de 100 años, ¿qué pensarán de los cambios que estamos viviendo: internet, el móvil, la IA?
R. La actividad humana está determinada por energía e información. La revolución industrial fue la transformación de la energía. La transformación de la información es la revolución informática de los años sesenta y setenta, tan importante como la industrial. Lo que fue el motor eléctrico para difundir la energía a todos sitios ha sido internet. La sociedad ya se ha transformado. Yo la llamo sociedad red porque es una nueva estructura social, distinta de la industrial porque está constituida en redes, la forma organizativa más flexible con diferencia. Hasta que no hemos tenido una tecnología capaz de difundir a través de redes toda la información y toma de decisiones, no ha habido cambio social. Para que esa estructura social exista y se desarrolle, hace falta una digitalización de todo. Y ahí está ese dato de la tesis de uno de mis alumnos: está digitalizado el 99% de toda la información. Ya estamos digitalizados. Nada de lo que tú haces o de lo que yo hago escapa.
P. Han vuelto la meditación, las creencias de todo tipo… ¿Es un repliegue interior ante el caos del mundo, como en los años setenta? ¿No hemos conseguido hacer nada más con nuestras individualidades conectadas?
R. Los que nos lo podemos permitir (hay quien no puede porque si se desconecta se muere de hambre) podemos construir espacios de libertad. Muchísima gente necesita meditar, cortar, purificarse. El mundo en que vivimos es más violento, más despiadado. La religión y otras formas de espiritualidad se hacen cada vez más importantes. No es una cuestión de fe, que quien la tiene la tiene y quien no la tiene no la tiene. La necesidad de que haya algo espiritual más allá de lo que nos agarra cada día es cada vez mayor, y la gente encuentra distintas soluciones. Yo personalmente creo que es fundamental en este momento reclamar el papel de la religión y la espiritualidad como contrapeso a un mundo que se autodestruye. No es solo el clima: las guerras, la tecnología sin control, todo. Ahí tiene que haber una reacción política y no la hay. Con razón o sin ella la gente no se fía de la política. Entonces tienen que ser fuerzas interiores, fuerzas que nazcan de dentro de nosotros para el autocontrol, más que para el control externo. Lo único que nos queda es una pulsión interior que (independientemente de las estructuras religiosas) está ahí. Y de eso no se puede dudar, no se puede romper.
Manuel Castells fue ministro de Universidades entre 2020 y 2021. massimiliano minocri
P. ¿El motivo es la destrucción del papel de las instituciones, del “de arriba abajo” que viene con internet?
R. Absolutamente. De todo lo que he hecho lo que más ha impactado fue una trilogía. Todo el mundo se fijó en el primer volumen: la sociedad red, la tecnología, la economía global… porque lo escribí en los noventa y se ha expandido. No hice futurología, la digitalización ya estaba en su embrión. Pero hay otra cosa: existen dos fuerzas muy contradictorias que organizan nuestra sociedad, lo que he llamado la red y el yo. El segundo volumen va sobre el poder de la identidad. Puede ser macro (cultural, política, etcétera) o una identidad que, si no perteneces o no quieres pertenecer a ninguna comuna cultural, te la buscas tú. Buscas una vida interior. La identidad juega a dos niveles. Muchos intelectuales de izquierda tienen un racionalismo clásico, pero lo importante en la vida es lo que la gente considera importante, y no somos racionales, somos animales emocionales, eso ya está establecido por la neurociencia. Nuestros intelectuales no entienden el nacionalismo catalán o vasco, ni la construcción de comunas religiosas islámicas (que si no son toleradas derivan en radicalismo y destrucción de las estructuras de opresión). El feminismo es identidad. Pero como ataca la base de dominación patriarcal, que es la más antigua, estamos en una reacción violenta contra el feminismo y cualquier otra forma de identidad cultural y sexual. Que está en la base del trumpismo, de Vox y de todos los movimientos de extrema derecha en toda Europa que están ganando.
P. Movimientos que de alguna manera vienen de internet y a la vez reaccionan contra él.
R. Sí, porque internet no es un mundo en sí. Internet somos nosotros. En internet estamos todos. El feminismo se desarrolló mucho con internet, pero también el antifeminismo, el sexismo, el nazismo. Es una plataforma que construimos por cómo somos y qué hacemos cada día. Toda la utopía —en la que yo participé— del principio, del “creamos una comunidad universal y nos relacionamos libremente unos con otros”… Nos relacionamos, sí, pero con quienes queremos. Y si yo soy un racista, pues utilizo internet para encontrar más racistas.
P. Entonces, ¿el problema de internet no es la hiperconexión, sino la homofilia? Ese juntarnos con los que son exactamente iguales que nosotros.
R. Homofilia es una expresión perfecta. Se han inventado otra, las cámaras de eco, pero es exactamente eso. Internet somos nosotros colectivamente a partir del principio que señalas, es decir, yo voy con los míos, yo decido quiénes son. Ahí me encuentro en casa, y no voy con los otros, no leo a los otros, no discuto con los otros, los ignoro o extermino. Y esta es la fragmentación total. Una sociedad con instituciones que ya no cohesionan y en la que internet permite el separatismo cultural. No es culpa de internet, es maravilloso, con comunas maravillosas: el arte, la cultura, la ciencia. Pero también fragmenta. Cuando una sociedad es fragmentada, esa fragmentación se amplifica por internet. Y lo mismo con la IA. El problema no es en sí la tecnología, sino la amplificación de tendencias destructivas en nosotros. Diría que todos somos las dos cosas, ángeles y demonios. Somos unos animales poco controlados que hemos construido unos instrumentos tan potentes que, si nos ponemos en serio a oponernos, nos podemos destruir fácilmente.
P. La teoría era que las comunidades menos favorecidas iban a empoderarse en las redes, pero estamos viendo lo contrario, una unión inédita entre el poder tecnológico y político.
R. Las dos cosas. Por un lado internet fue, y es, la base de grandes movimientos sociales transformadores. El 15-M en España no hubiera podido existir sin él, ni los movimientos sociales que siguen sucediendo en el mundo. Por otro lado, los grupos poderosos dominan cada vez más a través de sistemas de control algorítmico, y los grupos destructivos, antifeministas, racistas, etcétera, también se están organizando por internet. No es que empezáramos con una cosa y luego ocurrió la otra. Es que conforme internet salió de pequeñas comunidades bienintencionadas (científicos, intelectuales…) y se expandió al mundo, pues se ha hecho el mundo. Y el mundo está lleno de, yo digo, no solo de gente mala, sino de la parte mala de todos nosotros. Si lo puedes articular en redes en el ámbito planetario o local, todo esto se amplifica.
P. ¿Conserva el optimismo? ¿Sigue creyendo en la revolución?
R. Bueno, digamos transformación social. La revolución para mí tiene un sentido estricto, que es político. Sucede cuando hay un cambio, una destrucción de un Estado, de un sistema institucional. Hablar de revolución tecnológica también es correcto. Sobre el optimismo: soy un clásico, sigo repitiendo la famosa frase de Gramsci, pesimismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad. Si eres optimista pero no sabes en qué mundo vives, te va a ir mal. Hay que analizar. Y si analizo, veo un mundo actual claramente en proceso autodestructivo.
P. ¿Qué está pasando en EE UU?
R. El cambio fundamental del orden mundial, que lo convierte en desorden. Está siendo (ahí sí puedo usar el término) una revolución: es un cambio de sistema institucional. El trumpismo no es efímero. Viene de un agente del antisistema político que es Trump. No es un antisistema anticapitalista: es el más capitalista de todos. Es otra paradoja de la historia: un multimillonario se convierte en el agente de transformación del sistema político apoyado por la clase obrera.
P. ¿Cree que será importante un Papa estadounidense?
R. Fundamental, como lo ha sido Francisco. El papel de la Iglesia católica puede ser fundamental, pero, si no, será otro grupo religioso. Porque es que no queda nada. La democracia solo existe en las mentes de las personas. Y si la gente no cree en los partidos, en la democracia, en las instituciones, pues se acabó. En ese contexto, cuanto más antisistema político eres, mejor. El éxito de Podemos fue ese, pero cuando pasó a ser parte del sistema, se acabó. Y lo mismo ahora: la política de moda es la antipolítica. Vox es un partido antisistema. El revolucionario Trump no solo está transformando el sistema institucional, sino también la globalización, que estaba basada en la ausencia de fronteras económicas. Los aranceles se usan como estrategia geopolítica. El mundo se mueve otra vez por el nacionalismo, la gran palabra. EE UU, China, Japón. En Europa, los movimientos de extrema derecha son nacionalistas, antieuropeos, empezó con el Brexit. La discusión pública en España era “el nacionalismo es retrógrado, todos somos ciudadanos del mundo”. Y al contrario, había un resurgir en todo el mundo.
P. ¿Es una forma de poner límites a la sociedad digital?
R. Cuando hablamos de que las redes sociales son instrumentos de odio, de racismo, de sexismo, y del nacionalismo de todo tipo, bueno o malo, ¿de qué estamos hablando? De que las tendencias en la sociedad de internet las amplifica. Internet no es, por definición no puede ser, nacionalista. Es global. Pero es la plataforma global para el nacionalismo de cada Estado.
P. Culpamos de todo a internet, pero en su último libro (La sociedad digital, Alianza, 2024) dice que es pánico moral, reacción al cambio.
R. Cualquier cambio importante en el mundo de la comunicación se acompaña de la reacción contraria. Ocurrió con la televisión. A los profesionales de un medio les cuesta pasar a otro. Lo otro son los intelectuales. Los que han tenido alguna influencia histórica ya no tienen, se encuentran desintermediados por internet. Pueden publicar sus columnas o sus libros o sus artículos, igual que cualquiera publica lo que quiere en internet. Los influencers son más influyentes que los intelectuales. Entonces atacan al mensajero. Hombre, si todavía estás pensando en Kant en lugar de ocuparte de lo que pasa en el mundo y proporcionando ideas que a la gente le interesen… Están desorientados con internet porque eran el referente cultural y ahora se pierden en la cacofonía general.
jueves, 12 de marzo de 2026
Los 4 minutos más mágicos y conmovedores de la música
Hay cuatro minutos de Ravel que espero no superar nunca.
“Le Jardin féerique”, traducido habitualmente como el jardín encantado o de las hadas, apenas cobra vida como la apoteosis de los cuentos infantiles que Ravel recopiló bajo el título Ma mère l’oye, o Mi madre, la oca. Ravel no escribió nada más mágico, y quizá nada tan conmovedor.
El Times Una selección de lecturas que no encontrarás en otro lugar, con eñes y acentos. Get it sent to your inbox. Comienza con una atmósfera vacilante y de volúmen bajo, una melodía inefablemente frágil que suspira junto a un acompañamiento suave y poético. Pronto, esto da paso a un tierno dueto para violín y viola solistas, rodeados por un halo de instrumentos de viento madera, con el rasgueo de un arpa y el repique de una celesta de fondo. Lentamente, la música se eleva y vuelve a fundirse en la melodía inicial mientras se consolida para terminar en un do mayor incandescente e irresistible, con una percusión que brilla a través del dosel de cuerdas de tus sueños.
“Disfruto tanto al mirar las caras de los músicos cuando producen todo ese sonido”, dijo en una entrevista el director de orquesta y compositor Esa-Pekka Salonen. “Es un hondo, hondo placer, espiritual, sensual y táctil. Creo que a todo compositor, en el fondo, le gustaría poder hacer algo así”.
“Le Jardin féerique”, traducido habitualmente como el jardín encantado o de las hadas, apenas cobra vida como la apoteosis de los cuentos infantiles que Ravel recopiló bajo el título Ma mère l’oye, o Mi madre, la oca. Ravel no escribió nada más mágico, y quizá nada tan conmovedor.
El Times Una selección de lecturas que no encontrarás en otro lugar, con eñes y acentos. Get it sent to your inbox. Comienza con una atmósfera vacilante y de volúmen bajo, una melodía inefablemente frágil que suspira junto a un acompañamiento suave y poético. Pronto, esto da paso a un tierno dueto para violín y viola solistas, rodeados por un halo de instrumentos de viento madera, con el rasgueo de un arpa y el repique de una celesta de fondo. Lentamente, la música se eleva y vuelve a fundirse en la melodía inicial mientras se consolida para terminar en un do mayor incandescente e irresistible, con una percusión que brilla a través del dosel de cuerdas de tus sueños.
“Disfruto tanto al mirar las caras de los músicos cuando producen todo ese sonido”, dijo en una entrevista el director de orquesta y compositor Esa-Pekka Salonen. “Es un hondo, hondo placer, espiritual, sensual y táctil. Creo que a todo compositor, en el fondo, le gustaría poder hacer algo así”.
Para muchos oyentes, “le Jardin féerique” lanza un hechizo inusual. ¿Por qué?
A menudo considerado un hombre infantil, Ravel escribió la primera de las piezas de Ma mère, “Pavane de la Belle au bois dormant” (Pavana de la Bella Durmiente), en 1908, como un dueto de piano sobre la Bella Durmiente para dos niñitos a los que contaba cuentos de hadas. En 1910, añadió cuatro miniaturas más para convertirlas en una suite para los niños; basó tres de ellas en cuentos antiguos que citaba en la partitura, y terminó con “le Jardin féerique”, que no estaba asociado a ningún cuento. En 1911, Ravel ya había orquestado la suite, y al año siguiente la convirtió también en un ballet, en el que su jardín musical se transformaba en un claro para la Bella Durmiente, quien despierta al amanecer, con el Príncipe Azul muy cerca.
Ravel escribió la “Pavane” poco después de terminar Gaspard de la Nuit, su obra para piano más formidable, pero el virtuosismo significaba poco para él en esta ocasión. “La idea de evocar en estas piezas la poesía de la infancia”, reflexionó, “me llevó de forma natural a simplificar mi estilo y refinar mis medios de expresión”. Resulta revelador que Ravel dedicara una copia de la partitura, como señala la estudiosa Emily Kilpatrick en un nuevo libro, a Erik Satie, quien lo felicitó tras ver el ballet por alcanzar la “grandeza en la simplicidad”.
Los admiradores modernos de Ravel aplauden el mismo milagro. “Me asombra la inmensa sencillez de la escritura”, dijo el compositor George Benjamin, quien ha dirigido las versiones orquestales de Ma mère durante 40 años y ha interpretado a menudo los duetos con su amigo Pierre-Laurent Aimard. “Es muy difícil aprender de ello, porque es casi único en el conjunto de la música del siglo XX, lograr tanta belleza y profundidad de expresión con medios tan modestos”.
Al igual que Benjamin, el pianista Jean-Yves Thibaudet, quien conoce las obras para piano de Ravel como nadie, comparó Ma mère con las obras de Mozart. “Hay tan pocas notas y, sin embargo, es tan conmovedora que te hace llorar”, dijo Thibaudet. “Si existe un paraíso para la música”, añadió al referirse concretamente a “le Jardin féerique”, “seguro que forma parte de él”.
A los directores de orquesta en general les encanta esta música, pero aquellos cuyos gustos suelen inclinarse por partituras más difíciles parecen caer particularmente rendidos. Y los directores de orquesta que también componen son los que más se enamoran de ella. Por ejemplo, pocas veces Pierre Boulez mostró un lado más suave que en sus grabaciones de esta obra en Nueva York y Berlín.
ImageUna fotografía histórica en blanco y negro de Maurice Ravel sentado al piano. Maurice Ravel, quien nació hace 150 años.Credit...DEA Picture Library/De Agostini, vía Getty Images
“En mi vida como músico, me enfrento mucho a la complejidad”, dijo Salonen, quien habla de Ma mère con una emoción poco habitual en él. “Después de haber tocado seis veces Gurrelieder, y Gruppen, y esto y lo otro, estás muy acostumbrado a lidiar con estas masas de notas, y una gran parte de la tarea del director de orquesta consiste en organizar todas esas notas en algo que esté cohesionado y tenga sentido, entre otras cosas”.
Pero Ma mère, dijo, “es todo lo contrario, donde cada nota cuenta, cada nota tiene un valor propio que es como oro puro”.
Otro detalle es que la simplicidad de Ma mère fue, en su época, engañosamente radical. Schoenberg ya prescindía de la tonalidad y, sin embargo, Ravel no solo seguía trabajando con los componentes musicales más básicos, sino que también se enorgullecía de ellos.
“Si te fijas en ‘le Jardin féerique’, el primer minuto y medio más o menos es música sin alteraciones”, dijo Salonen. “Son solo las notas de una escala de do mayor. En el repertorio modernista, la única forma de hacerlo habría sido en una especie de sentido irónico y sarcástico, como cuando Alban Berg pone un acorde de do mayor en Wozzeck cuando empiezan a hablar de dinero”.
Y añadió: “Es un mundo perdido, en cierto modo”, y lo describió como “simplemente, belleza en el mejor sentido de la palabra”.
Para Roger Nichols, biógrafo de Ravel, “le Jardin féerique” es una pieza de nostalgia directa, su ardiente final es un recuerdo del “éxtasis sin paliativos” cuando un “hombre adulto mira hacia atrás, a la época en que él también podía creer en un jardín mágico”. Cuatro breves compases me convencen de que también es una pieza más complicada e incluso muy oscura, pues nos invita a reflexionar sobre nuestros propios sentimientos acerca de la infancia y el inevitable paso del tiempo.
the four bars Pierre Monteux leading the London Symphony Orchestra (Eloquence)
Esos cuatro compases aparecen en el último tercio de la obra, después de que las cuerdas suban suavemente los peldaños de las escalas y Ravel se derrita hacia el cielo. La música parece bastante inocua sobre la página —delicados acordes en movimiento contrario, algunas notas que tardan un segundo en resolverse, ni un bemol ni un sostenido a la vista—, pero casi siempre que escucho Ma mère, rebobino para oírlos una y otra y otra vez, como si no pudiera soportar que terminaran. Benjamin lo describió como una “cadencia absolutamente fabulosa y acariciante que es, por supuesto, uno de los grandes momentos de la música”. Salonen los llamó “los mejores cuatro compases de la vida”.
Hay directores de orquesta que en sus discos los han hecho resplandecer de satisfacción o consuelo, pero para mí, al menos en los últimos años, me han sonado más como una despedida llena de lágrimas y, posiblemente, de arrepentimientos. Quizá no sea de extrañar que se hayan vuelto aún más desgarradores a medida que mis hijos han ido creciendo y han empezado a ver el mundo como realmente es. Esta música es de pérdida, pero también de amor.
Que pueda ser ambas cosas a la vez es señal de una gran partitura. “En última instancia, hay algo en su misterio y en su misteriosa belleza que no podemos explicar”, dijo Salonen. “Pero supongo que para eso tenemos la música”.
A menudo considerado un hombre infantil, Ravel escribió la primera de las piezas de Ma mère, “Pavane de la Belle au bois dormant” (Pavana de la Bella Durmiente), en 1908, como un dueto de piano sobre la Bella Durmiente para dos niñitos a los que contaba cuentos de hadas. En 1910, añadió cuatro miniaturas más para convertirlas en una suite para los niños; basó tres de ellas en cuentos antiguos que citaba en la partitura, y terminó con “le Jardin féerique”, que no estaba asociado a ningún cuento. En 1911, Ravel ya había orquestado la suite, y al año siguiente la convirtió también en un ballet, en el que su jardín musical se transformaba en un claro para la Bella Durmiente, quien despierta al amanecer, con el Príncipe Azul muy cerca.
Ravel escribió la “Pavane” poco después de terminar Gaspard de la Nuit, su obra para piano más formidable, pero el virtuosismo significaba poco para él en esta ocasión. “La idea de evocar en estas piezas la poesía de la infancia”, reflexionó, “me llevó de forma natural a simplificar mi estilo y refinar mis medios de expresión”. Resulta revelador que Ravel dedicara una copia de la partitura, como señala la estudiosa Emily Kilpatrick en un nuevo libro, a Erik Satie, quien lo felicitó tras ver el ballet por alcanzar la “grandeza en la simplicidad”.
Los admiradores modernos de Ravel aplauden el mismo milagro. “Me asombra la inmensa sencillez de la escritura”, dijo el compositor George Benjamin, quien ha dirigido las versiones orquestales de Ma mère durante 40 años y ha interpretado a menudo los duetos con su amigo Pierre-Laurent Aimard. “Es muy difícil aprender de ello, porque es casi único en el conjunto de la música del siglo XX, lograr tanta belleza y profundidad de expresión con medios tan modestos”.
Al igual que Benjamin, el pianista Jean-Yves Thibaudet, quien conoce las obras para piano de Ravel como nadie, comparó Ma mère con las obras de Mozart. “Hay tan pocas notas y, sin embargo, es tan conmovedora que te hace llorar”, dijo Thibaudet. “Si existe un paraíso para la música”, añadió al referirse concretamente a “le Jardin féerique”, “seguro que forma parte de él”.
A los directores de orquesta en general les encanta esta música, pero aquellos cuyos gustos suelen inclinarse por partituras más difíciles parecen caer particularmente rendidos. Y los directores de orquesta que también componen son los que más se enamoran de ella. Por ejemplo, pocas veces Pierre Boulez mostró un lado más suave que en sus grabaciones de esta obra en Nueva York y Berlín.
ImageUna fotografía histórica en blanco y negro de Maurice Ravel sentado al piano. Maurice Ravel, quien nació hace 150 años.Credit...DEA Picture Library/De Agostini, vía Getty Images
“En mi vida como músico, me enfrento mucho a la complejidad”, dijo Salonen, quien habla de Ma mère con una emoción poco habitual en él. “Después de haber tocado seis veces Gurrelieder, y Gruppen, y esto y lo otro, estás muy acostumbrado a lidiar con estas masas de notas, y una gran parte de la tarea del director de orquesta consiste en organizar todas esas notas en algo que esté cohesionado y tenga sentido, entre otras cosas”.
Pero Ma mère, dijo, “es todo lo contrario, donde cada nota cuenta, cada nota tiene un valor propio que es como oro puro”.
Otro detalle es que la simplicidad de Ma mère fue, en su época, engañosamente radical. Schoenberg ya prescindía de la tonalidad y, sin embargo, Ravel no solo seguía trabajando con los componentes musicales más básicos, sino que también se enorgullecía de ellos.
“Si te fijas en ‘le Jardin féerique’, el primer minuto y medio más o menos es música sin alteraciones”, dijo Salonen. “Son solo las notas de una escala de do mayor. En el repertorio modernista, la única forma de hacerlo habría sido en una especie de sentido irónico y sarcástico, como cuando Alban Berg pone un acorde de do mayor en Wozzeck cuando empiezan a hablar de dinero”.
Y añadió: “Es un mundo perdido, en cierto modo”, y lo describió como “simplemente, belleza en el mejor sentido de la palabra”.
Para Roger Nichols, biógrafo de Ravel, “le Jardin féerique” es una pieza de nostalgia directa, su ardiente final es un recuerdo del “éxtasis sin paliativos” cuando un “hombre adulto mira hacia atrás, a la época en que él también podía creer en un jardín mágico”. Cuatro breves compases me convencen de que también es una pieza más complicada e incluso muy oscura, pues nos invita a reflexionar sobre nuestros propios sentimientos acerca de la infancia y el inevitable paso del tiempo.
the four bars Pierre Monteux leading the London Symphony Orchestra (Eloquence)
Esos cuatro compases aparecen en el último tercio de la obra, después de que las cuerdas suban suavemente los peldaños de las escalas y Ravel se derrita hacia el cielo. La música parece bastante inocua sobre la página —delicados acordes en movimiento contrario, algunas notas que tardan un segundo en resolverse, ni un bemol ni un sostenido a la vista—, pero casi siempre que escucho Ma mère, rebobino para oírlos una y otra y otra vez, como si no pudiera soportar que terminaran. Benjamin lo describió como una “cadencia absolutamente fabulosa y acariciante que es, por supuesto, uno de los grandes momentos de la música”. Salonen los llamó “los mejores cuatro compases de la vida”.
Hay directores de orquesta que en sus discos los han hecho resplandecer de satisfacción o consuelo, pero para mí, al menos en los últimos años, me han sonado más como una despedida llena de lágrimas y, posiblemente, de arrepentimientos. Quizá no sea de extrañar que se hayan vuelto aún más desgarradores a medida que mis hijos han ido creciendo y han empezado a ver el mundo como realmente es. Esta música es de pérdida, pero también de amor.
Que pueda ser ambas cosas a la vez es señal de una gran partitura. “En última instancia, hay algo en su misterio y en su misteriosa belleza que no podemos explicar”, dijo Salonen. “Pero supongo que para eso tenemos la música”.
4 minutos magícos de música de Ravel,
miércoles, 11 de marzo de 2026
¿Qué es la gota y por qué va en aumento?

Esta enfermedad es cada vez más frecuente, pero a menudo el estigma impide que los enfermos reciban tratamiento.
Hace unos 13 años, Kyle Edmondson se despertó tras una noche de copas con los amigos y sintió un intenso dolor en la parte superior del pie. Al levantarse de la cama, apenas podía andar.
El médico le dijo a Edmondson, en ese entonces un diseñador de productos veinteañero que vivía en Kentucky, que seguramente se había golpeado y le aconsejó que no lo apoyara. El dolor disminuyó al cabo de varias semanas, pero reapareció unas dos veces al año. A veces, era tan intenso que utilizaba muletas en casa y usaba botas de trabajo porque el más mínimo roce podía ser insoportable.
“Te dan ganas de cortarte el pie”, dijo Edmondson. “Es como si todas tus articulaciones estuvieran llenas de cristales rotos”.
Unos cinco años después, tras una serie incesante de recaídas, Edmondson acudió a un nuevo médico, quien le diagnosticó gota.
En todo el mundo, las tasas de gota han aumentado más de un 20 por ciento desde 1990, junto con las de otras afecciones crónicas como la obesidad, que pueden agravar la enfermedad. En Estados Unidos, afecta a más de 12 millones de personas y es hasta cuatro veces más frecuente en los hombres que en las mujeres, cuyos niveles más altos de estrógeno se cree que tienen un efecto protector.
A pesar de la prevalencia de la gota, anteriormente llamada “enfermedad de los reyes”, sigue existiendo el estigma generalizado de que solo es un problema de glotones o bebedores empedernidos. Incluso los médicos suelen dar más importancia a las medidas dietéticas, como reducir porciones a la mitad, que a los tratamientos probados a largo plazo: solo alrededor de un tercio de los pacientes de gota reciben medicación para el padecimiento, y entre quienes la reciben, muchos lo hacen en dosis demasiado bajas para ser eficaces.
Debido a que los ataques suelen desencadenarse por el consumo excesivo de carne o alcohol, las fiestas decembrinas o las vacaciones pueden ser una época peligrosa para quien no trata la enfermedad. Hemos preguntado a expertos sobre la gota, cómo tratarla y qué alimentos, si los hay, son mejores para ella.
¿Qué es la gota?
La gota es una enfermedad antigua —hay pruebas de ella en un espécimen de tiranosaurio rex—, pero los humanos tenemos una serie de mutaciones que nos hacen más predispuestos a padecerla que el primate promedio.
La enfermedad está causada por un nivel elevado de urato, comúnmente llamado ácido úrico, en la sangre. La mayor parte de ese urato se forma durante la descomposición de la purina, una sustancia química que se encuentra de forma natural en el organismo. Parte de la purina también viene de las plantas y los animales que comemos. La carne roja y las gambas o camarones tienen un contenido relativamente alto de purinas, pero también se encuentra en niveles elevados en algunas verduras como las espinacas y los espárragos.
Normalmente, los riñones filtran el urato sin problemas. Pero en quien desarrolla gota hay demasiado para que el organismo pueda manejarlo, de modo que el urato se cristaliza y se deposita en las articulaciones, como piedras en una caja de cambios. Con el tiempo, esto puede dar lugar a bultos que pueden erosionar las articulaciones y los huesos, aunque el dolor solo dure unas semanas cada vez.
“Lo que lo desencadena es la exposición por la dieta, pero no es la causa de fondo”, dijo Tony Merriman, epidemiólogo de la Universidad de Alabama en Birmingham.
En 2018, Merriman y sus colegas analizaron los resultados de las pruebas de 16.760 personas de ascendencia europea y descubrieron que el riesgo de desarrollar gota se reducía sobre todo a la genética: una dieta rica en purinas explicaba menos de un tercio del 1 por ciento de las diferencias en los niveles de ácido úrico, pero la genética explicaba aproximadamente cien veces más.
Algunas poblaciones, como las personas de ascendencia polinesia o hmong, tienen un riesgo mayor. Además de la obesidad, la hipertensión arterial y las enfermedades cardiacas también son factores de riesgo, y todos ellos afectan al modo en que el organismo controla los niveles de ácido úrico.
¿Cuál es la forma correcta de tratarlo?
En internet abundan los malos consejos sobre la gota. Un análisis de los 116 videos de TikTok más vistos sobre la enfermedad, publicado la semana pasada, reveló que la mayoría hacían hincapié en dietas bajas en purinas y promocionaban remedios herbales cuestionables, como el té de achicoria y gardenia o el jugo concentrado de cereza ácida. Solo dos videos mencionaban el alopurinol, el medicamento de primera línea para reducir los niveles de ácido úrico en los enfermos de gota.
Ivan Haworth, de 45 años, padece gota y una enfermedad renal crónica, y dijo que siguió el consejo del jugo de cereza sobre todo por desesperación. “Tenía ideas suicidas”, dijo. “Hubo varias veces en que se me bloqueaba toda la pierna y la cadera”.
Haworth, quien vive en Knoxville, Tennessee, dijo que pasaron años antes de que un médico le explicara por fin el daño que causa la gota y le recetara la medicación adecuada.
Un solo ataque de gota suele ser tratado por un médico de atención primaria con analgésicos sin receta o colchicina, un antiinflamatorio. Para las personas con dos o más brotes al año o que hayan desarrollado bultos, llamados tofos, el Colegio Estadounidense de Reumatología aconseja medicación para reducir el ácido úrico. También recomienda el tratamiento a las personas con enfermedad renal crónica o antecedentes de cálculos en la vejiga.
Sin embargo, encontrar la dosis adecuada lleva tiempo. El alopurinol debe iniciarse con una dosis baja y luego aumentarse gradualmente a lo largo de varias semanas para evitar los daños renales.
¿Qué papel desempeña la dieta?
Hyon Choi, director del Centro de Gota y Artropatía Cristalina de la Facultad de Medicina de Harvard, dijo que solo deben seguir una dieta baja en purinas a corto plazo las personas que acaban de empezar a tomar la medicación o que tienen dificultades para controlar sus niveles de ácido úrico.
Evitar las purinas a largo plazo suele implicar comer más carbohidratos y grasas, lo que puede empeorar la salud metabólica, dijo. Una dieta rica en jarabe de maíz de alta fructosa, por ejemplo, puede aumentar los niveles de ácido úrico en la sangre. Y las verduras ricas en purinas no parecen aumentar el riesgo de que una persona desarrolle gota.
Él recomienda a las personas con gota concentrarse en la pérdida de peso y adoptar dietas como la DASH o la mediterránea, que se ha demostrado que reducen la tensión arterial.
Choi dijo que las personas que toman Ozempic y otros medicamentos GLP-1 para perder peso podrían controlar mejor sus niveles de ácido úrico, pero los expertos apenas están empezando a estudiarlo.
Además de tomar alopurinol todos los días durante los últimos ocho años, Edmondson se somete cada año a análisis de los niveles de ácido úrico, dijo, para asegurarse de no estar cerca de la zona de peligro, que es por encima de 6,8 miligramos por decilitro de sangre.
Edmondson no ha tenido ningún brote desde hace años, y su lectura del mes pasado fue de 4,8. “Preferiría no tomar medicamento”, dijo. “Pero la alternativa es mucho peor”.
Hace unos 13 años, Kyle Edmondson se despertó tras una noche de copas con los amigos y sintió un intenso dolor en la parte superior del pie. Al levantarse de la cama, apenas podía andar.
El médico le dijo a Edmondson, en ese entonces un diseñador de productos veinteañero que vivía en Kentucky, que seguramente se había golpeado y le aconsejó que no lo apoyara. El dolor disminuyó al cabo de varias semanas, pero reapareció unas dos veces al año. A veces, era tan intenso que utilizaba muletas en casa y usaba botas de trabajo porque el más mínimo roce podía ser insoportable.
“Te dan ganas de cortarte el pie”, dijo Edmondson. “Es como si todas tus articulaciones estuvieran llenas de cristales rotos”.
Unos cinco años después, tras una serie incesante de recaídas, Edmondson acudió a un nuevo médico, quien le diagnosticó gota.
En todo el mundo, las tasas de gota han aumentado más de un 20 por ciento desde 1990, junto con las de otras afecciones crónicas como la obesidad, que pueden agravar la enfermedad. En Estados Unidos, afecta a más de 12 millones de personas y es hasta cuatro veces más frecuente en los hombres que en las mujeres, cuyos niveles más altos de estrógeno se cree que tienen un efecto protector.
A pesar de la prevalencia de la gota, anteriormente llamada “enfermedad de los reyes”, sigue existiendo el estigma generalizado de que solo es un problema de glotones o bebedores empedernidos. Incluso los médicos suelen dar más importancia a las medidas dietéticas, como reducir porciones a la mitad, que a los tratamientos probados a largo plazo: solo alrededor de un tercio de los pacientes de gota reciben medicación para el padecimiento, y entre quienes la reciben, muchos lo hacen en dosis demasiado bajas para ser eficaces.
Debido a que los ataques suelen desencadenarse por el consumo excesivo de carne o alcohol, las fiestas decembrinas o las vacaciones pueden ser una época peligrosa para quien no trata la enfermedad. Hemos preguntado a expertos sobre la gota, cómo tratarla y qué alimentos, si los hay, son mejores para ella.
¿Qué es la gota?
La gota es una enfermedad antigua —hay pruebas de ella en un espécimen de tiranosaurio rex—, pero los humanos tenemos una serie de mutaciones que nos hacen más predispuestos a padecerla que el primate promedio.
La enfermedad está causada por un nivel elevado de urato, comúnmente llamado ácido úrico, en la sangre. La mayor parte de ese urato se forma durante la descomposición de la purina, una sustancia química que se encuentra de forma natural en el organismo. Parte de la purina también viene de las plantas y los animales que comemos. La carne roja y las gambas o camarones tienen un contenido relativamente alto de purinas, pero también se encuentra en niveles elevados en algunas verduras como las espinacas y los espárragos.
Normalmente, los riñones filtran el urato sin problemas. Pero en quien desarrolla gota hay demasiado para que el organismo pueda manejarlo, de modo que el urato se cristaliza y se deposita en las articulaciones, como piedras en una caja de cambios. Con el tiempo, esto puede dar lugar a bultos que pueden erosionar las articulaciones y los huesos, aunque el dolor solo dure unas semanas cada vez.
“Lo que lo desencadena es la exposición por la dieta, pero no es la causa de fondo”, dijo Tony Merriman, epidemiólogo de la Universidad de Alabama en Birmingham.
En 2018, Merriman y sus colegas analizaron los resultados de las pruebas de 16.760 personas de ascendencia europea y descubrieron que el riesgo de desarrollar gota se reducía sobre todo a la genética: una dieta rica en purinas explicaba menos de un tercio del 1 por ciento de las diferencias en los niveles de ácido úrico, pero la genética explicaba aproximadamente cien veces más.
Algunas poblaciones, como las personas de ascendencia polinesia o hmong, tienen un riesgo mayor. Además de la obesidad, la hipertensión arterial y las enfermedades cardiacas también son factores de riesgo, y todos ellos afectan al modo en que el organismo controla los niveles de ácido úrico.
¿Cuál es la forma correcta de tratarlo?
En internet abundan los malos consejos sobre la gota. Un análisis de los 116 videos de TikTok más vistos sobre la enfermedad, publicado la semana pasada, reveló que la mayoría hacían hincapié en dietas bajas en purinas y promocionaban remedios herbales cuestionables, como el té de achicoria y gardenia o el jugo concentrado de cereza ácida. Solo dos videos mencionaban el alopurinol, el medicamento de primera línea para reducir los niveles de ácido úrico en los enfermos de gota.
Ivan Haworth, de 45 años, padece gota y una enfermedad renal crónica, y dijo que siguió el consejo del jugo de cereza sobre todo por desesperación. “Tenía ideas suicidas”, dijo. “Hubo varias veces en que se me bloqueaba toda la pierna y la cadera”.
Haworth, quien vive en Knoxville, Tennessee, dijo que pasaron años antes de que un médico le explicara por fin el daño que causa la gota y le recetara la medicación adecuada.
Un solo ataque de gota suele ser tratado por un médico de atención primaria con analgésicos sin receta o colchicina, un antiinflamatorio. Para las personas con dos o más brotes al año o que hayan desarrollado bultos, llamados tofos, el Colegio Estadounidense de Reumatología aconseja medicación para reducir el ácido úrico. También recomienda el tratamiento a las personas con enfermedad renal crónica o antecedentes de cálculos en la vejiga.
Sin embargo, encontrar la dosis adecuada lleva tiempo. El alopurinol debe iniciarse con una dosis baja y luego aumentarse gradualmente a lo largo de varias semanas para evitar los daños renales.
¿Qué papel desempeña la dieta?
Hyon Choi, director del Centro de Gota y Artropatía Cristalina de la Facultad de Medicina de Harvard, dijo que solo deben seguir una dieta baja en purinas a corto plazo las personas que acaban de empezar a tomar la medicación o que tienen dificultades para controlar sus niveles de ácido úrico.
Evitar las purinas a largo plazo suele implicar comer más carbohidratos y grasas, lo que puede empeorar la salud metabólica, dijo. Una dieta rica en jarabe de maíz de alta fructosa, por ejemplo, puede aumentar los niveles de ácido úrico en la sangre. Y las verduras ricas en purinas no parecen aumentar el riesgo de que una persona desarrolle gota.
Él recomienda a las personas con gota concentrarse en la pérdida de peso y adoptar dietas como la DASH o la mediterránea, que se ha demostrado que reducen la tensión arterial.
Choi dijo que las personas que toman Ozempic y otros medicamentos GLP-1 para perder peso podrían controlar mejor sus niveles de ácido úrico, pero los expertos apenas están empezando a estudiarlo.
Además de tomar alopurinol todos los días durante los últimos ocho años, Edmondson se somete cada año a análisis de los niveles de ácido úrico, dijo, para asegurarse de no estar cerca de la zona de peligro, que es por encima de 6,8 miligramos por decilitro de sangre.
Edmondson no ha tenido ningún brote desde hace años, y su lectura del mes pasado fue de 4,8. “Preferiría no tomar medicamento”, dijo. “Pero la alternativa es mucho peor”.
martes, 10 de marzo de 2026
Ni el más fuerte ni el más apto: la compasión resultó ser nuestra verdadera ventaja evolutiva
Hoy sabemos que la diversidad genética es, precisamente, la clave para la supervivencia de nuestra especie. Pero la sombra de la pureza racial sigue pesando en políticas sociales y económicas
Francis Galton, primo de Charles Darwin, fue el primero que propuso que las teorías darwinistas debían aplicarse a la especie humana. Acuñó el término “eugenesia” en 1883. Consistía en hacer todas las acciones necesarias para mejorar las cualidades raciales de la especie humana. Si se podía mejorar el ganado mediante la cría selectiva, lo mismo debía hacerse con la especie humana, impidiendo la reproducción de los menos aptos, según criterios intelectuales o psicológicos. Darwin siempre fue muy crítico con estas ideas. En su obra El origen del hombre (1871) reconoce que en la sociedad moderna se permite la supervivencia de personas con enfermedades o discapacidades hereditarias, pero la compasión también era un producto evolutivo y no debía ser ignorada.
El camino abierto por Galton fue seguido por otros autores, como Herbert Spencer, filósofo británico que acuñó la expresión “supervivencia del más apto” y que fue uno de los primeros en aplicar la lógica de la evolución a la economía y la organización social. Para Spencer, el libre mercado era el mejor campo de batalla para que los individuos compitieran y “triunfaran” los mejores. Así, acuñó el término de darwinismo social. Las políticas eugenésicas se aplicaron en forma de esterilizaciones forzadas que se practicaron en diferentes países europeos y americanos durante los siglos XIX y XX. El darwinismo social de Spencer se convirtió en un potente argumento político, utilizado para derogar políticas sociales y justificar el capitalismo más desregulado. Esto también influyó en el pensamiento colonialista y racista que veía a ciertas poblaciones como inferiores o “menos evolucionadas”. En su forma más extrema, se convirtió en el sustrato ideológico de las políticas de pureza racial del Tercer Reich, con las consecuencias conocidas por todos.
El pequeño detalle que olvidan los que apoyan estas políticas es que el darwinismo social es a la teoría darwinista de la evolución lo que la astrología a la astronomía. Pura pseudociencia. Para empezar, parte de diferentes falacias argumentales. La primera es que el que propugna la teoría siempre se reserva el derecho de decidir qué criterios deben seguirse para seleccionar quién se considera apto y quién no. Curiosamente, ellos siempre se encuentran en el grupo de los aptos. Otro problema es que parece que no han entendido cómo funciona la evolución biológica. Que una especie se adapte mejor no quiere decir que sea una especie superior, sino que ha tenido la característica adecuada en el lugar adecuado y en el momento adecuado. En muchos casos esta mejor adaptación es pan para hoy y hambre para mañana.
Es muy frecuente que una especie que triunfa en un determinado ecosistema, cuando aparece un cambio mínimo, su ventaja se convierta en desventaja y sea la primera en extinguirse. Hoy sabemos que la diversidad genética aumenta la capacidad de supervivencia de cualquier especie porque siempre tienes más caracteres en el acervo genético y nunca sabes cuál vas a necesitar. No olvidemos que el azar juega un papel importante en la evolución. Aplicar políticas eugenésicas y de darwinismo social en un contexto determinado no llevará a una raza mejorada, sino probablemente a una raza endogámica con poca variabilidad genética incapaz de adaptarse a nuevas condiciones. La aplicación de políticas eugenésicas llevaría a la acumulación de enfermedades genéticas, como sucede en las poblaciones con poca variabilidad.
Y la estocada definitiva es el error de partida de considerar que la especie humana es como una especie animal más. Esto no es cierto. Gracias al desarrollo de la cultura y la tecnología, la especie humana ha adquirido la capacidad de cambiar el entorno en su propio beneficio y ya no está sujeta a las leyes de la selección natural. El Homo sapiens, una especie africana que vivía en la sabana, ha sido capaz de colonizar todos los ecosistemas. Este es el verdadero triunfo. Superar el marco de la selección natural. No tener que correr delante de los leones te permite pararte a pensar e inventar la rueda. Que tu tribu no te deje abandonado cuando tienes una enfermedad como la esclerosis múltiple te permite descubrir la radiación de Hawking y entender cómo funciona el universo. Como dijo Darwin, la compasión y el cuidar unos de otros es el verdadero triunfo de la especie humana, y lo que nos permite sobrevivir.
El argumento de los más productivos
— La base científica del darwinismo social ha sido ampliamente desacreditada, pero su influencia sigue muy presente. Es fácil encontrar sus postulados en algunas doctrinas económicas ultraliberales que presentan el mercado como una selva donde solo sobreviven los “más productivos”, o en políticas donde las ayudas sociales son vistas como algo “antinatural”.
— Cuando se sugieren políticas que discriminan a determinados grupos bajo la excusa de “estar menos preparados”, vemos el rostro de Galton y Spencer. Incluso en libros de autoayuda que utilizan argumentos de “biología del éxito” que reciclan los tópicos del darwinismo social.
Francis Galton, primo de Charles Darwin, fue el primero que propuso que las teorías darwinistas debían aplicarse a la especie humana. Acuñó el término “eugenesia” en 1883. Consistía en hacer todas las acciones necesarias para mejorar las cualidades raciales de la especie humana. Si se podía mejorar el ganado mediante la cría selectiva, lo mismo debía hacerse con la especie humana, impidiendo la reproducción de los menos aptos, según criterios intelectuales o psicológicos. Darwin siempre fue muy crítico con estas ideas. En su obra El origen del hombre (1871) reconoce que en la sociedad moderna se permite la supervivencia de personas con enfermedades o discapacidades hereditarias, pero la compasión también era un producto evolutivo y no debía ser ignorada.
El camino abierto por Galton fue seguido por otros autores, como Herbert Spencer, filósofo británico que acuñó la expresión “supervivencia del más apto” y que fue uno de los primeros en aplicar la lógica de la evolución a la economía y la organización social. Para Spencer, el libre mercado era el mejor campo de batalla para que los individuos compitieran y “triunfaran” los mejores. Así, acuñó el término de darwinismo social. Las políticas eugenésicas se aplicaron en forma de esterilizaciones forzadas que se practicaron en diferentes países europeos y americanos durante los siglos XIX y XX. El darwinismo social de Spencer se convirtió en un potente argumento político, utilizado para derogar políticas sociales y justificar el capitalismo más desregulado. Esto también influyó en el pensamiento colonialista y racista que veía a ciertas poblaciones como inferiores o “menos evolucionadas”. En su forma más extrema, se convirtió en el sustrato ideológico de las políticas de pureza racial del Tercer Reich, con las consecuencias conocidas por todos.
El pequeño detalle que olvidan los que apoyan estas políticas es que el darwinismo social es a la teoría darwinista de la evolución lo que la astrología a la astronomía. Pura pseudociencia. Para empezar, parte de diferentes falacias argumentales. La primera es que el que propugna la teoría siempre se reserva el derecho de decidir qué criterios deben seguirse para seleccionar quién se considera apto y quién no. Curiosamente, ellos siempre se encuentran en el grupo de los aptos. Otro problema es que parece que no han entendido cómo funciona la evolución biológica. Que una especie se adapte mejor no quiere decir que sea una especie superior, sino que ha tenido la característica adecuada en el lugar adecuado y en el momento adecuado. En muchos casos esta mejor adaptación es pan para hoy y hambre para mañana.
Es muy frecuente que una especie que triunfa en un determinado ecosistema, cuando aparece un cambio mínimo, su ventaja se convierta en desventaja y sea la primera en extinguirse. Hoy sabemos que la diversidad genética aumenta la capacidad de supervivencia de cualquier especie porque siempre tienes más caracteres en el acervo genético y nunca sabes cuál vas a necesitar. No olvidemos que el azar juega un papel importante en la evolución. Aplicar políticas eugenésicas y de darwinismo social en un contexto determinado no llevará a una raza mejorada, sino probablemente a una raza endogámica con poca variabilidad genética incapaz de adaptarse a nuevas condiciones. La aplicación de políticas eugenésicas llevaría a la acumulación de enfermedades genéticas, como sucede en las poblaciones con poca variabilidad.
Y la estocada definitiva es el error de partida de considerar que la especie humana es como una especie animal más. Esto no es cierto. Gracias al desarrollo de la cultura y la tecnología, la especie humana ha adquirido la capacidad de cambiar el entorno en su propio beneficio y ya no está sujeta a las leyes de la selección natural. El Homo sapiens, una especie africana que vivía en la sabana, ha sido capaz de colonizar todos los ecosistemas. Este es el verdadero triunfo. Superar el marco de la selección natural. No tener que correr delante de los leones te permite pararte a pensar e inventar la rueda. Que tu tribu no te deje abandonado cuando tienes una enfermedad como la esclerosis múltiple te permite descubrir la radiación de Hawking y entender cómo funciona el universo. Como dijo Darwin, la compasión y el cuidar unos de otros es el verdadero triunfo de la especie humana, y lo que nos permite sobrevivir.
El argumento de los más productivos
— La base científica del darwinismo social ha sido ampliamente desacreditada, pero su influencia sigue muy presente. Es fácil encontrar sus postulados en algunas doctrinas económicas ultraliberales que presentan el mercado como una selva donde solo sobreviven los “más productivos”, o en políticas donde las ayudas sociales son vistas como algo “antinatural”.
— Cuando se sugieren políticas que discriminan a determinados grupos bajo la excusa de “estar menos preparados”, vemos el rostro de Galton y Spencer. Incluso en libros de autoayuda que utilizan argumentos de “biología del éxito” que reciclan los tópicos del darwinismo social.
Cuatro descubrimientos científicos que cambiaron radicalmente el mundo en el que vivimos | BBC Mundo
Martin Kamen y Sam Ruben, descubrieron el carbono 14.
Einstein explicó (1905) el origen del efecto foto eléctrico.
Heinrich Hertz alrededor de 1890, descubridor del efecto fotoeléctrico.
lunes, 9 de marzo de 2026
PENSIONES. Así quedan las pensiones mínimas, máximas y no contributivas en 2026, según el nuevo decreto publicado en el BOE
Las cuantías son las mismas que en el aprobado en diciembre y que rechazó la mayoría del Congreso en enero por ir mezcladas con otras medidas
El Boletín Oficial del Estado (BOE) de este miércoles recoge dos decretos aprobados en el Consejo de Ministros de ayer relacionados con la protección social. Las medidas contenidas en los mismos iban juntas en uno solo en el BOE del 24 de diciembre, pero el rechazo del Congreso a la convalidación de esa iniciativa el 27 de enero ha rectificado la acción del Gobierno. Esta vez, el Ejecutivo plantea las medidas por separado para, al menos, salvar las relacionadas con la Seguridad Social, especialmente el incremento de las pensiones.
En esa materia, el decreto es un calco del anterior. Estas son las principales medidas que contiene y las cuantías de las pensiones mínimas, máximas y no contributivas en 2026, coincidentes con las que ya recogía el anterior decreto.
Pensiones mínimas contributivas
El tope de ingresos para la aplicación de cuantías mínimas de pensión es de 9.442 euros al año sin cónyuge a cargo y de 11.013 con cónyuge a cargo.
Euros al año
Tabla con 4 columnas y 16 filas.
Clase de pensión Con cónyuge a cargo Sin cónyuge: unidad económica unipersonal Con cónyuge no a cargo
Jubilación
Titular con 65 años 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Titular menor de 65 años 17.592,00 12.263,00 11.591,00
Titular con 65 años y procedente de gran incapacidad 26.386,00 19.660,00 18.662,00
Incapacidad permanente
Gran incapacidad 26.386,00 19.660,00 18.662,00
Absoluta 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Total: Titular con 65 años 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Total: Titular con entre 60 y 64 años 17.592,00 12.263,00 11.591,00
Total: Derivada de enfermedad común menor de 60 años 9.663,00 9.663,00 9.580,00
Parcial del régimen de accidentes de trabajo: Titular con 65 años 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Viudedad
Titular con cargas familiares 17.592,00
Titular con 65 años o con discapacidad en grado igual o superior al 65% 13.107,00
Titular con edad entre 60 y 64 años 12.263,00
Titular con menos de 60 años 9.932,00
Fuente : Boletín Oficial del Estado / EL PAÍS
Tabla con 2 columnas y 13 filas.
Clase de pensión Euros al año
Orfandad
Por beneficiario 4.011
Por beneficiario menor de 18 años con una discapacidad en grado igual o superior al 65% 7.882
En la orfandad absoluta el mínimo se incrementará en 9.931,60 euros/año distribuidos, en su caso, entre los beneficiarios
Prestación de orfandad
Un beneficiario 11.603
Varios beneficiarios: a repartir entre número de beneficiarios 19.560
En favor de familiares
Por beneficiario 4.011
Si no existe viudo ni huérfano pensionistas
Un solo beneficiario con sesenta y cinco años 9.684
Un solo beneficiario menor de sesenta y cinco años. 9.127
Varios beneficiarios: El mínimo asignado a cada uno de ellos se incrementará en el importe que resulte de prorratear 5.920,60 euros/año entre el número de beneficiarios
Fuente : Boletín Oficial del Estado / EL PAÍS
La pensiones mínimas son las cuantías más bajas mensuales de las prestaciones contributivas, las que se generan por la aportación en cotizaciones a lo largo de la vida laboral. Cuando un pensionista no llega a ese mínimo, una vez calculada qué prestación le correspondería, se activan los conocidos como complementos a mínimos, también determinados por las circunstancias del beneficiario. Según los últimos datos de la Seguridad Social hay 2,11 millones de pensiones complementadas a mínimos en España.
Pensión no contributiva
Esta prestación está pensada para los mayores que no han cotizado lo suficiente a la Seguridad Social a lo largo de su vida y que carecen de recursos suficientes. Se elevan un 11,4% respecto a 2025. La Seguridad Social abona 471.000 prestaciones de carácter no contributivo, seis de cada diez a mujeres.
Según establece el Gobierno, las pensiones no contributivas del sistema de la Seguridad Social de incapacidad y jubilación tendrán un importe anual de 8.803,2 euros en 2026 (629 euros al mes en 14 pagas, 64 euros más al mes que en 2025).
Esta cuantía se ve complementado por distintas circunstancias familiares, detalladas en el BOE. Por ejemplo, en el supuesto de hijo menor de dieciocho años y de menor a cargo en régimen de acogimiento familiar permanente o guarda con fines de adopción con un grado de discapacidad igual o superior al 33%, será en cómputo anual de 1.000 euros.
Pensión máxima
El BOE establece que, “hasta que se apruebe la Ley de Presupuestos Generales del Estado para el año 2026″, el límite máximo de las pensiones públicas será de 3.359,6 euros mensuales o 47.034,4 euros anuales. Es un incremento del 2,815%, algo superior al 2,7% que aplica por norma general al sistema por la evolución de los precios en los últimos 12 meses.
El incremento, que solo aplica a los nuevos pensionistas, es superior por el recargo en las cotizaciones de los salarios más altos, cuyo principal objetivo es el refuerzo de los ingresos del sistema ante la presión creciente del envejecimiento poblacional.
El resto de pensiones
Por norma general, las pensiones crecen un 2,7%, en línea con la evolución de los precios en el último año para no perder poder adquisitivo. La pensión media actual se sitúa en 1.363 al mes, un 4,5% más que el año anterior.
Estas cantidades ya se abonaron en enero y volverán a darse en febrero, a la espera de una nueva convalidación que previsiblemente apoyará la mayoría del Congreso.
Sube la base máxima y el MEI
El decreto ley establece la base máxima de cotización de 2026 en 5.101,2 euros mensuales, un 3,9% más que en 2025 (4.909,5). También se eleva la cotización correspondiente al Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que da un paso más en la senda pactada por Gobierno y sindicatos y llega a los 0,9 puntos porcentuales (dos décimas más que en 2025). Este es uno de los recargos en las cotizaciones ideado para reforzar los ingresos del sistema de pensiones. De esos 0,9 puntos, 0,75 quedan a cargo de la empresa y 0,15 del empleado.
En la misma línea, sube la cuota de solidaridad que aplica a los salarios más altos. El Gobierno establece que en 2026 llegue al 1,15% en la parte de la retribución comprendida entre 5.101 euros y 5.611 (0,96% a cargo de la empresa y el 0,19% a cargo del empleado); el 1,25% a la parte comprendida entre 5.611 euros y 7.652 euros (1,04% a cargo de la empresa y el 0,21% del trabajador); y el 1,46% a la parte de la nómina que supere los 7.651,80 euros (1,22% a cargo de la empresa y 0,24% a cargo del empleado).
Cuotas de autónomos
El decreto ley prorroga las cuotas de los autónomos a la Seguridad Social. Ante la falta de acuerdo con los agentes sociales y mucho menos con los grupos parlamentarios, el ministerio de Elma Saiz mantiene las tarifas de 2025 en 2026.
Sin declaración de la renta para parados
Las personas en paro que perciben prestaciones no tendrán que presentar la declaración de la renta el año que viene. Esta obligación se aprobó en 2024 y se había retrasado hasta 2026, pero quedó descartada en el decreto del 24 de diciembre. Su falta de convalidación puso en duda este precepto, que vuele ahora al BOE.
Según explica el Gobierno en el texto, la intención de la norma era dotarse de “una fuente adicional de información”, pero considera necesaria la supresión por la carga administrativa extra que supone para los parados, entre otros motivos. “No resulta adecuada”, indica el Ejecutivo.
Sin prórroga del SMI
El Ministerio de Trabajo ha decidido no incorporar la prórroga del salario mínimo interprofesional de 2025, medida que sí incluía el anterior decreto, porque considera que la nueva cuantía está a la vuelta de la esquina, ya acordada con los sindicatos en 1.221 euros brutos al mes en 14 pagas. Según los planes de Trabajo, se aprobará en dos semanas y se aplicará en las empresas de forma retroactiva desde el 1 de enero.
Así lo explicó este martes el secretario de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, quien también precisó de que, mientras llega la aprobación definitiva del SMI, “la Dirección General de Trabajo ha emitido ha emitido una circular interpretativa para dar tranquilidad, recordando (a las empresas) que la función de suelo salarial del salario mínimo no puede desaparecer en ningún caso como consecuencia de la no convalidación del real decreto ley”.
El País.
El Boletín Oficial del Estado (BOE) de este miércoles recoge dos decretos aprobados en el Consejo de Ministros de ayer relacionados con la protección social. Las medidas contenidas en los mismos iban juntas en uno solo en el BOE del 24 de diciembre, pero el rechazo del Congreso a la convalidación de esa iniciativa el 27 de enero ha rectificado la acción del Gobierno. Esta vez, el Ejecutivo plantea las medidas por separado para, al menos, salvar las relacionadas con la Seguridad Social, especialmente el incremento de las pensiones.
En esa materia, el decreto es un calco del anterior. Estas son las principales medidas que contiene y las cuantías de las pensiones mínimas, máximas y no contributivas en 2026, coincidentes con las que ya recogía el anterior decreto.
Pensiones mínimas contributivas
El tope de ingresos para la aplicación de cuantías mínimas de pensión es de 9.442 euros al año sin cónyuge a cargo y de 11.013 con cónyuge a cargo.
Euros al año
Tabla con 4 columnas y 16 filas.
Clase de pensión Con cónyuge a cargo Sin cónyuge: unidad económica unipersonal Con cónyuge no a cargo
Jubilación
Titular con 65 años 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Titular menor de 65 años 17.592,00 12.263,00 11.591,00
Titular con 65 años y procedente de gran incapacidad 26.386,00 19.660,00 18.662,00
Incapacidad permanente
Gran incapacidad 26.386,00 19.660,00 18.662,00
Absoluta 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Total: Titular con 65 años 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Total: Titular con entre 60 y 64 años 17.592,00 12.263,00 11.591,00
Total: Derivada de enfermedad común menor de 60 años 9.663,00 9.663,00 9.580,00
Parcial del régimen de accidentes de trabajo: Titular con 65 años 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Viudedad
Titular con cargas familiares 17.592,00
Titular con 65 años o con discapacidad en grado igual o superior al 65% 13.107,00
Titular con edad entre 60 y 64 años 12.263,00
Titular con menos de 60 años 9.932,00
Fuente : Boletín Oficial del Estado / EL PAÍS
Tabla con 2 columnas y 13 filas.
Clase de pensión Euros al año
Orfandad
Por beneficiario 4.011
Por beneficiario menor de 18 años con una discapacidad en grado igual o superior al 65% 7.882
En la orfandad absoluta el mínimo se incrementará en 9.931,60 euros/año distribuidos, en su caso, entre los beneficiarios
Prestación de orfandad
Un beneficiario 11.603
Varios beneficiarios: a repartir entre número de beneficiarios 19.560
En favor de familiares
Por beneficiario 4.011
Si no existe viudo ni huérfano pensionistas
Un solo beneficiario con sesenta y cinco años 9.684
Un solo beneficiario menor de sesenta y cinco años. 9.127
Varios beneficiarios: El mínimo asignado a cada uno de ellos se incrementará en el importe que resulte de prorratear 5.920,60 euros/año entre el número de beneficiarios
Fuente : Boletín Oficial del Estado / EL PAÍS
La pensiones mínimas son las cuantías más bajas mensuales de las prestaciones contributivas, las que se generan por la aportación en cotizaciones a lo largo de la vida laboral. Cuando un pensionista no llega a ese mínimo, una vez calculada qué prestación le correspondería, se activan los conocidos como complementos a mínimos, también determinados por las circunstancias del beneficiario. Según los últimos datos de la Seguridad Social hay 2,11 millones de pensiones complementadas a mínimos en España.
Pensión no contributiva
Esta prestación está pensada para los mayores que no han cotizado lo suficiente a la Seguridad Social a lo largo de su vida y que carecen de recursos suficientes. Se elevan un 11,4% respecto a 2025. La Seguridad Social abona 471.000 prestaciones de carácter no contributivo, seis de cada diez a mujeres.
Según establece el Gobierno, las pensiones no contributivas del sistema de la Seguridad Social de incapacidad y jubilación tendrán un importe anual de 8.803,2 euros en 2026 (629 euros al mes en 14 pagas, 64 euros más al mes que en 2025).
Esta cuantía se ve complementado por distintas circunstancias familiares, detalladas en el BOE. Por ejemplo, en el supuesto de hijo menor de dieciocho años y de menor a cargo en régimen de acogimiento familiar permanente o guarda con fines de adopción con un grado de discapacidad igual o superior al 33%, será en cómputo anual de 1.000 euros.
Pensión máxima
El BOE establece que, “hasta que se apruebe la Ley de Presupuestos Generales del Estado para el año 2026″, el límite máximo de las pensiones públicas será de 3.359,6 euros mensuales o 47.034,4 euros anuales. Es un incremento del 2,815%, algo superior al 2,7% que aplica por norma general al sistema por la evolución de los precios en los últimos 12 meses.
El incremento, que solo aplica a los nuevos pensionistas, es superior por el recargo en las cotizaciones de los salarios más altos, cuyo principal objetivo es el refuerzo de los ingresos del sistema ante la presión creciente del envejecimiento poblacional.
El resto de pensiones
Por norma general, las pensiones crecen un 2,7%, en línea con la evolución de los precios en el último año para no perder poder adquisitivo. La pensión media actual se sitúa en 1.363 al mes, un 4,5% más que el año anterior.
Estas cantidades ya se abonaron en enero y volverán a darse en febrero, a la espera de una nueva convalidación que previsiblemente apoyará la mayoría del Congreso.
Sube la base máxima y el MEI
El decreto ley establece la base máxima de cotización de 2026 en 5.101,2 euros mensuales, un 3,9% más que en 2025 (4.909,5). También se eleva la cotización correspondiente al Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que da un paso más en la senda pactada por Gobierno y sindicatos y llega a los 0,9 puntos porcentuales (dos décimas más que en 2025). Este es uno de los recargos en las cotizaciones ideado para reforzar los ingresos del sistema de pensiones. De esos 0,9 puntos, 0,75 quedan a cargo de la empresa y 0,15 del empleado.
En la misma línea, sube la cuota de solidaridad que aplica a los salarios más altos. El Gobierno establece que en 2026 llegue al 1,15% en la parte de la retribución comprendida entre 5.101 euros y 5.611 (0,96% a cargo de la empresa y el 0,19% a cargo del empleado); el 1,25% a la parte comprendida entre 5.611 euros y 7.652 euros (1,04% a cargo de la empresa y el 0,21% del trabajador); y el 1,46% a la parte de la nómina que supere los 7.651,80 euros (1,22% a cargo de la empresa y 0,24% a cargo del empleado).
Cuotas de autónomos
El decreto ley prorroga las cuotas de los autónomos a la Seguridad Social. Ante la falta de acuerdo con los agentes sociales y mucho menos con los grupos parlamentarios, el ministerio de Elma Saiz mantiene las tarifas de 2025 en 2026.
Sin declaración de la renta para parados
Las personas en paro que perciben prestaciones no tendrán que presentar la declaración de la renta el año que viene. Esta obligación se aprobó en 2024 y se había retrasado hasta 2026, pero quedó descartada en el decreto del 24 de diciembre. Su falta de convalidación puso en duda este precepto, que vuele ahora al BOE.
Según explica el Gobierno en el texto, la intención de la norma era dotarse de “una fuente adicional de información”, pero considera necesaria la supresión por la carga administrativa extra que supone para los parados, entre otros motivos. “No resulta adecuada”, indica el Ejecutivo.
Sin prórroga del SMI
El Ministerio de Trabajo ha decidido no incorporar la prórroga del salario mínimo interprofesional de 2025, medida que sí incluía el anterior decreto, porque considera que la nueva cuantía está a la vuelta de la esquina, ya acordada con los sindicatos en 1.221 euros brutos al mes en 14 pagas. Según los planes de Trabajo, se aprobará en dos semanas y se aplicará en las empresas de forma retroactiva desde el 1 de enero.
Así lo explicó este martes el secretario de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, quien también precisó de que, mientras llega la aprobación definitiva del SMI, “la Dirección General de Trabajo ha emitido ha emitido una circular interpretativa para dar tranquilidad, recordando (a las empresas) que la función de suelo salarial del salario mínimo no puede desaparecer en ningún caso como consecuencia de la no convalidación del real decreto ley”.
El País.
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