viernes, 13 de marzo de 2026

Manuel Castells, sociólogo: “El mundo está en un proceso de autodestrucción”

Manuel Castells

El intelectual catalán, que es el sociólogo español más citado del mundo, reclama la necesidad de una mayor espiritualidad en tiempos de crisis profunda.

Dice Manuel Castells (Hellín, Albacete, 1942) que la historia contemporánea está llena de paradojas, algo que encaja en quien es vital por temperamento e intenta conciliar sus propias contradicciones. Es un intelectual —el sociólogo español más citado del mundo—, pero estuvo en las barricadas del Mayo Francés. Es anarquista de corazón, pero fue ministro de Universidades. Dedicó su gran obra La era de la información, una trilogía visionaria que pronto cumplirá 30 años, a internet, pero no usa redes. Desconfía de las estructuras de poder, pero es católico.

Castells analiza sociedades a partir de los datos, aunque cree que la salida al proceso autodestructivo contemporáneo puede ser irracional. Ha recibido todos los honores y asesorado a grandes líderes, pero sigue dirigiendo tesis de alumnos. Catedrático de la Universidad del Sur de California y emérito de la de Berkeley, adora visitar la de Tsinghua, en China, cada año. Teórico global, pasa todo el tiempo posible en Barcelona: su primera especialización fue el estudio de las ciudades, y dice que esta es la mejor. Allí nos encontramos, y a lo largo de una charla que comienza en su despacho y continúa con un arroz frente al mar, intentamos aprovechar su visión privilegiada para entender qué demonios pasa en el mundo.

Pregunta. Hace unos meses estuvo en China. ¿Qué ocurre allí?
Respuesta. Un proceso de transformación tecnológico, económico y social como nunca se ha visto en la historia. Es la economía número uno en el mundo, y en tecnología la única alternativa a EE UU, lo cual antes no nos importaba pero ahora nos damos cuenta de lo frágil de depender de una potencia que hasta ahora era amigable, pero que puede no serlo. Las teorías neoclásicas decían que el mercado y la internacionalización tenían que ser los motores del desarrollo. Bueno, la gran historia ha sido Asia: Japón, sudeste asiático y ahora China. En todos los casos, el Estado ha sido el verdadero motor. Podemos estar en desacuerdo políticamente —a mí lo del Estado no me gusta mucho—, pero rompe toda la teoría. La paradoja más extraordinaria es que el gran milagro económico del siglo XXI lo ha dirigido un Estado comunista. La mejor empresa del siglo XXI ha sido un Estado comunista.

P. ¿Hasta qué punto la fiebre por la IA es una huida hacia adelante de un capitalismo agotado?
R. La innovación tecnológica en la IA es absolutamente real, y ha despertado el interés de los mercados financieros. Lo que es totalmente ficción es la idea de que las máquinas en sí son inteligentes y humanas: no pueden tomar decisiones, excepto si las programamos para ello. La IA transforma todos los dominios, es como internet, no es un sector, no está separada de lo que hacemos, es todo. Pedro Sánchez me encargó crear un Consejo Asesor Internacional de Inteligencia Artificial. Es muy incipiente, pero la preocupación es que, incluida en todas las actividades sin control, pueda provocar desajustes. Está el tema de si eliminará trabajo, pero toda la historia de la tecnología es al revés. Cuando incluyes más tecnología, ciertos sectores pierden pero otros aumentan. La novedad es que ahora sean los trabajos más cualificados los que están en peligro. Hay que acompañar la transformación tecnológica de una transformación formativa, sobre todo en la universidad. Los muy formados van a tener que formarse más todavía para adaptarse al nuevo mundo.

P. Dentro de 100 años, ¿qué pensarán de los cambios que estamos viviendo: internet, el móvil, la IA?
R. La actividad humana está determinada por energía e información. La revolución industrial fue la transformación de la energía. La transformación de la información es la revolución informática de los años sesenta y setenta, tan importante como la industrial. Lo que fue el motor eléctrico para difundir la energía a todos sitios ha sido internet. La sociedad ya se ha transformado. Yo la llamo sociedad red porque es una nueva estructura social, distinta de la industrial porque está constituida en redes, la forma organizativa más flexible con diferencia. Hasta que no hemos tenido una tecnología capaz de difundir a través de redes toda la información y toma de decisiones, no ha habido cambio social. Para que esa estructura social exista y se desarrolle, hace falta una digitalización de todo. Y ahí está ese dato de la tesis de uno de mis alumnos: está digitalizado el 99% de toda la información. Ya estamos digitalizados. Nada de lo que tú haces o de lo que yo hago escapa.

P. Han vuelto la meditación, las creencias de todo tipo… ¿Es un repliegue interior ante el caos del mundo, como en los años setenta? ¿No hemos conseguido hacer nada más con nuestras individualidades conectadas?
R. Los que nos lo podemos permitir (hay quien no puede porque si se desconecta se muere de hambre) podemos construir espacios de libertad. Muchísima gente necesita meditar, cortar, purificarse. El mundo en que vivimos es más violento, más despiadado. La religión y otras formas de espiritualidad se hacen cada vez más importantes. No es una cuestión de fe, que quien la tiene la tiene y quien no la tiene no la tiene. La necesidad de que haya algo espiritual más allá de lo que nos agarra cada día es cada vez mayor, y la gente encuentra distintas soluciones. Yo personalmente creo que es fundamental en este momento reclamar el papel de la religión y la espiritualidad como contrapeso a un mundo que se autodestruye. No es solo el clima: las guerras, la tecnología sin control, todo. Ahí tiene que haber una reacción política y no la hay. Con razón o sin ella la gente no se fía de la política. Entonces tienen que ser fuerzas interiores, fuerzas que nazcan de dentro de nosotros para el autocontrol, más que para el control externo. Lo único que nos queda es una pulsión interior que (independientemente de las estructuras religiosas) está ahí. Y de eso no se puede dudar, no se puede romper.

Manuel Castells fue ministro de Universidades entre 2020 y 2021. massimiliano minocri

P. ¿El motivo es la destrucción del papel de las instituciones, del “de arriba abajo” que viene con internet?
R. Absolutamente. De todo lo que he hecho lo que más ha impactado fue una trilogía. Todo el mundo se fijó en el primer volumen: la sociedad red, la tecnología, la economía global… porque lo escribí en los noventa y se ha expandido. No hice futurología, la digitalización ya estaba en su embrión. Pero hay otra cosa: existen dos fuerzas muy contradictorias que organizan nuestra sociedad, lo que he llamado la red y el yo. El segundo volumen va sobre el poder de la identidad. Puede ser macro (cultural, política, etcétera) o una identidad que, si no perteneces o no quieres pertenecer a ninguna comuna cultural, te la buscas tú. Buscas una vida interior. La identidad juega a dos niveles. Muchos intelectuales de izquierda tienen un racionalismo clásico, pero lo importante en la vida es lo que la gente considera importante, y no somos racionales, somos animales emocionales, eso ya está establecido por la neurociencia. Nuestros intelectuales no entienden el nacionalismo catalán o vasco, ni la construcción de comunas religiosas islámicas (que si no son toleradas derivan en radicalismo y destrucción de las estructuras de opresión). El feminismo es identidad. Pero como ataca la base de dominación patriarcal, que es la más antigua, estamos en una reacción violenta contra el feminismo y cualquier otra forma de identidad cultural y sexual. Que está en la base del trumpismo, de Vox y de todos los movimientos de extrema derecha en toda Europa que están ganando.

P. Movimientos que de alguna manera vienen de internet y a la vez reaccionan contra él.
R. Sí, porque internet no es un mundo en sí. Internet somos nosotros. En internet estamos todos. El feminismo se desarrolló mucho con internet, pero también el antifeminismo, el sexismo, el nazismo. Es una plataforma que construimos por cómo somos y qué hacemos cada día. Toda la utopía —en la que yo participé— del principio, del “creamos una comunidad universal y nos relacionamos libremente unos con otros”… Nos relacionamos, sí, pero con quienes queremos. Y si yo soy un racista, pues utilizo internet para encontrar más racistas.

P. Entonces, ¿el problema de internet no es la hiperconexión, sino la homofilia? Ese juntarnos con los que son exactamente iguales que nosotros.
R. Homofilia es una expresión perfecta. Se han inventado otra, las cámaras de eco, pero es exactamente eso. Internet somos nosotros colectivamente a partir del principio que señalas, es decir, yo voy con los míos, yo decido quiénes son. Ahí me encuentro en casa, y no voy con los otros, no leo a los otros, no discuto con los otros, los ignoro o extermino. Y esta es la fragmentación total. Una sociedad con instituciones que ya no cohesionan y en la que internet permite el separatismo cultural. No es culpa de internet, es maravilloso, con comunas maravillosas: el arte, la cultura, la ciencia. Pero también fragmenta. Cuando una sociedad es fragmentada, esa fragmentación se amplifica por internet. Y lo mismo con la IA. El problema no es en sí la tecnología, sino la amplificación de tendencias destructivas en nosotros. Diría que todos somos las dos cosas, ángeles y demonios. Somos unos animales poco controlados que hemos construido unos instrumentos tan potentes que, si nos ponemos en serio a oponernos, nos podemos destruir fácilmente.

P. La teoría era que las comunidades menos favorecidas iban a empoderarse en las redes, pero estamos viendo lo contrario, una unión inédita entre el poder tecnológico y político.
R. Las dos cosas. Por un lado internet fue, y es, la base de grandes movimientos sociales transformadores. El 15-M en España no hubiera podido existir sin él, ni los movimientos sociales que siguen sucediendo en el mundo. Por otro lado, los grupos poderosos dominan cada vez más a través de sistemas de control algorítmico, y los grupos destructivos, antifeministas, racistas, etcétera, también se están organizando por internet. No es que empezáramos con una cosa y luego ocurrió la otra. Es que conforme internet salió de pequeñas comunidades bienintencionadas (científicos, intelectuales…) y se expandió al mundo, pues se ha hecho el mundo. Y el mundo está lleno de, yo digo, no solo de gente mala, sino de la parte mala de todos nosotros. Si lo puedes articular en redes en el ámbito planetario o local, todo esto se amplifica.

P. ¿Conserva el optimismo? ¿Sigue creyendo en la revolución?
R. Bueno, digamos transformación social. La revolución para mí tiene un sentido estricto, que es político. Sucede cuando hay un cambio, una destrucción de un Estado, de un sistema institucional. Hablar de revolución tecnológica también es correcto. Sobre el optimismo: soy un clásico, sigo repitiendo la famosa frase de Gramsci, pesimismo de la inteligencia y optimismo de la voluntad. Si eres optimista pero no sabes en qué mundo vives, te va a ir mal. Hay que analizar. Y si analizo, veo un mundo actual claramente en proceso autodestructivo.

P. ¿Qué está pasando en EE UU?
R. El cambio fundamental del orden mundial, que lo convierte en desorden. Está siendo (ahí sí puedo usar el término) una revolución: es un cambio de sistema institucional. El trumpismo no es efímero. Viene de un agente del antisistema político que es Trump. No es un antisistema anticapitalista: es el más capitalista de todos. Es otra paradoja de la historia: un multimillonario se convierte en el agente de transformación del sistema político apoyado por la clase obrera.

P. ¿Cree que será importante un Papa estadounidense?
R. Fundamental, como lo ha sido Francisco. El papel de la Iglesia católica puede ser fundamental, pero, si no, será otro grupo religioso. Porque es que no queda nada. La democracia solo existe en las mentes de las personas. Y si la gente no cree en los partidos, en la democracia, en las instituciones, pues se acabó. En ese contexto, cuanto más antisistema político eres, mejor. El éxito de Podemos fue ese, pero cuando pasó a ser parte del sistema, se acabó. Y lo mismo ahora: la política de moda es la antipolítica. Vox es un partido antisistema. El revolucionario Trump no solo está transformando el sistema institucional, sino también la globalización, que estaba basada en la ausencia de fronteras económicas. Los aranceles se usan como estrategia geopolítica. El mundo se mueve otra vez por el nacionalismo, la gran palabra. EE UU, China, Japón. En Europa, los movimientos de extrema derecha son nacionalistas, antieuropeos, empezó con el Brexit. La discusión pública en España era “el nacionalismo es retrógrado, todos somos ciudadanos del mundo”. Y al contrario, había un resurgir en todo el mundo.

P. ¿Es una forma de poner límites a la sociedad digital?
R. Cuando hablamos de que las redes sociales son instrumentos de odio, de racismo, de sexismo, y del nacionalismo de todo tipo, bueno o malo, ¿de qué estamos hablando? De que las tendencias en la sociedad de internet las amplifica. Internet no es, por definición no puede ser, nacionalista. Es global. Pero es la plataforma global para el nacionalismo de cada Estado.

P. Culpamos de todo a internet, pero en su último libro (La sociedad digital, Alianza, 2024) dice que es pánico moral, reacción al cambio.
R. Cualquier cambio importante en el mundo de la comunicación se acompaña de la reacción contraria. Ocurrió con la televisión. A los profesionales de un medio les cuesta pasar a otro. Lo otro son los intelectuales. Los que han tenido alguna influencia histórica ya no tienen, se encuentran desintermediados por internet. Pueden publicar sus columnas o sus libros o sus artículos, igual que cualquiera publica lo que quiere en internet. Los influencers son más influyentes que los intelectuales. Entonces atacan al mensajero. Hombre, si todavía estás pensando en Kant en lugar de ocuparte de lo que pasa en el mundo y proporcionando ideas que a la gente le interesen… Están desorientados con internet porque eran el referente cultural y ahora se pierden en la cacofonía general. 

jueves, 12 de marzo de 2026

Los 4 minutos más mágicos y conmovedores de la música

Hay cuatro minutos de Ravel que espero no superar nunca.

“Le Jardin féerique”, traducido habitualmente como el jardín encantado o de las hadas, apenas cobra vida como la apoteosis de los cuentos infantiles que Ravel recopiló bajo el título Ma mère l’oye, o Mi madre, la oca. Ravel no escribió nada más mágico, y quizá nada tan conmovedor.

El Times Una selección de lecturas que no encontrarás en otro lugar, con eñes y acentos. Get it sent to your inbox. Comienza con una atmósfera vacilante y de volúmen bajo, una melodía inefablemente frágil que suspira junto a un acompañamiento suave y poético. Pronto, esto da paso a un tierno dueto para violín y viola solistas, rodeados por un halo de instrumentos de viento madera, con el rasgueo de un arpa y el repique de una celesta de fondo. Lentamente, la música se eleva y vuelve a fundirse en la melodía inicial mientras se consolida para terminar en un do mayor incandescente e irresistible, con una percusión que brilla a través del dosel de cuerdas de tus sueños.

“Disfruto tanto al mirar las caras de los músicos cuando producen todo ese sonido”, dijo en una entrevista el director de orquesta y compositor Esa-Pekka Salonen. “Es un hondo, hondo placer, espiritual, sensual y táctil. Creo que a todo compositor, en el fondo, le gustaría poder hacer algo así”.

 

 

 Para muchos oyentes, “le Jardin féerique” lanza un hechizo inusual. ¿Por qué?

A menudo considerado un hombre infantil, Ravel escribió la primera de las piezas de Ma mère, “Pavane de la Belle au bois dormant” (Pavana de la Bella Durmiente), en 1908, como un dueto de piano sobre la Bella Durmiente para dos niñitos a los que contaba cuentos de hadas. En 1910, añadió cuatro miniaturas más para convertirlas en una suite para los niños; basó tres de ellas en cuentos antiguos que citaba en la partitura, y terminó con “le Jardin féerique”, que no estaba asociado a ningún cuento. En 1911, Ravel ya había orquestado la suite, y al año siguiente la convirtió también en un ballet, en el que su jardín musical se transformaba en un claro para la Bella Durmiente, quien despierta al amanecer, con el Príncipe Azul muy cerca.

Ravel escribió la “Pavane” poco después de terminar Gaspard de la Nuit, su obra para piano más formidable, pero el virtuosismo significaba poco para él en esta ocasión. “La idea de evocar en estas piezas la poesía de la infancia”, reflexionó, “me llevó de forma natural a simplificar mi estilo y refinar mis medios de expresión”. Resulta revelador que Ravel dedicara una copia de la partitura, como señala la estudiosa Emily Kilpatrick en un nuevo libro, a Erik Satie, quien lo felicitó tras ver el ballet por alcanzar la “grandeza en la simplicidad”.

Los admiradores modernos de Ravel aplauden el mismo milagro. “Me asombra la inmensa sencillez de la escritura”, dijo el compositor George Benjamin, quien ha dirigido las versiones orquestales de Ma mère durante 40 años y ha interpretado a menudo los duetos con su amigo Pierre-Laurent Aimard. “Es muy difícil aprender de ello, porque es casi único en el conjunto de la música del siglo XX, lograr tanta belleza y profundidad de expresión con medios tan modestos”.

Al igual que Benjamin, el pianista Jean-Yves Thibaudet, quien conoce las obras para piano de Ravel como nadie, comparó Ma mère con las obras de Mozart. “Hay tan pocas notas y, sin embargo, es tan conmovedora que te hace llorar”, dijo Thibaudet. “Si existe un paraíso para la música”, añadió al referirse concretamente a “le Jardin féerique”, “seguro que forma parte de él”.

A los directores de orquesta en general les encanta esta música, pero aquellos cuyos gustos suelen inclinarse por partituras más difíciles parecen caer particularmente rendidos. Y los directores de orquesta que también componen son los que más se enamoran de ella. Por ejemplo, pocas veces Pierre Boulez mostró un lado más suave que en sus grabaciones de esta obra en Nueva York y Berlín.

ImageUna fotografía histórica en blanco y negro de Maurice Ravel sentado al piano. Maurice Ravel, quien nació hace 150 años.Credit...DEA Picture Library/De Agostini, vía Getty Images

“En mi vida como músico, me enfrento mucho a la complejidad”, dijo Salonen, quien habla de Ma mère con una emoción poco habitual en él. “Después de haber tocado seis veces Gurrelieder, y Gruppen, y esto y lo otro, estás muy acostumbrado a lidiar con estas masas de notas, y una gran parte de la tarea del director de orquesta consiste en organizar todas esas notas en algo que esté cohesionado y tenga sentido, entre otras cosas”.

Pero Ma mère, dijo, “es todo lo contrario, donde cada nota cuenta, cada nota tiene un valor propio que es como oro puro”.

Otro detalle es que la simplicidad de Ma mère fue, en su época, engañosamente radical. Schoenberg ya prescindía de la tonalidad y, sin embargo, Ravel no solo seguía trabajando con los componentes musicales más básicos, sino que también se enorgullecía de ellos.

“Si te fijas en ‘le Jardin féerique’, el primer minuto y medio más o menos es música sin alteraciones”, dijo Salonen. “Son solo las notas de una escala de do mayor. En el repertorio modernista, la única forma de hacerlo habría sido en una especie de sentido irónico y sarcástico, como cuando Alban Berg pone un acorde de do mayor en Wozzeck cuando empiezan a hablar de dinero”.

Y añadió: “Es un mundo perdido, en cierto modo”, y lo describió como “simplemente, belleza en el mejor sentido de la palabra”.

Para Roger Nichols, biógrafo de Ravel, “le Jardin féerique” es una pieza de nostalgia directa, su ardiente final es un recuerdo del “éxtasis sin paliativos” cuando un “hombre adulto mira hacia atrás, a la época en que él también podía creer en un jardín mágico”. Cuatro breves compases me convencen de que también es una pieza más complicada e incluso muy oscura, pues nos invita a reflexionar sobre nuestros propios sentimientos acerca de la infancia y el inevitable paso del tiempo.

the four bars Pierre Monteux leading the London Symphony Orchestra (Eloquence)

Esos cuatro compases aparecen en el último tercio de la obra, después de que las cuerdas suban suavemente los peldaños de las escalas y Ravel se derrita hacia el cielo. La música parece bastante inocua sobre la página —delicados acordes en movimiento contrario, algunas notas que tardan un segundo en resolverse, ni un bemol ni un sostenido a la vista—, pero casi siempre que escucho Ma mère, rebobino para oírlos una y otra y otra vez, como si no pudiera soportar que terminaran. Benjamin lo describió como una “cadencia absolutamente fabulosa y acariciante que es, por supuesto, uno de los grandes momentos de la música”. Salonen los llamó “los mejores cuatro compases de la vida”.

Hay directores de orquesta que en sus discos los han hecho resplandecer de satisfacción o consuelo, pero para mí, al menos en los últimos años, me han sonado más como una despedida llena de lágrimas y, posiblemente, de arrepentimientos. Quizá no sea de extrañar que se hayan vuelto aún más desgarradores a medida que mis hijos han ido creciendo y han empezado a ver el mundo como realmente es. Esta música es de pérdida, pero también de amor.

Que pueda ser ambas cosas a la vez es señal de una gran partitura. “En última instancia, hay algo en su misterio y en su misteriosa belleza que no podemos explicar”, dijo Salonen. “Pero supongo que para eso tenemos la música”.


4 minutos magícos de música de Ravel,       

miércoles, 11 de marzo de 2026

¿Qué es la gota y por qué va en aumento?

Credit...Ben Wiseman

Esta enfermedad es cada vez más frecuente, pero a menudo el estigma impide que los enfermos reciban tratamiento.

Hace unos 13 años, Kyle Edmondson se despertó tras una noche de copas con los amigos y sintió un intenso dolor en la parte superior del pie. Al levantarse de la cama, apenas podía andar.

El médico le dijo a Edmondson, en ese entonces un diseñador de productos veinteañero que vivía en Kentucky, que seguramente se había golpeado y le aconsejó que no lo apoyara. El dolor disminuyó al cabo de varias semanas, pero reapareció unas dos veces al año. A veces, era tan intenso que utilizaba muletas en casa y usaba botas de trabajo porque el más mínimo roce podía ser insoportable.

 “Te dan ganas de cortarte el pie”, dijo Edmondson. “Es como si todas tus articulaciones estuvieran llenas de cristales rotos”.

Unos cinco años después, tras una serie incesante de recaídas, Edmondson acudió a un nuevo médico, quien le diagnosticó gota.

En todo el mundo, las tasas de gota han aumentado más de un 20 por ciento desde 1990, junto con las de otras afecciones crónicas como la obesidad, que pueden agravar la enfermedad. En Estados Unidos, afecta a más de 12 millones de personas y es hasta cuatro veces más frecuente en los hombres que en las mujeres, cuyos niveles más altos de estrógeno se cree que tienen un efecto protector.

A pesar de la prevalencia de la gota, anteriormente llamada “enfermedad de los reyes”, sigue existiendo el estigma generalizado de que solo es un problema de glotones o bebedores empedernidos. Incluso los médicos suelen dar más importancia a las medidas dietéticas, como reducir porciones a la mitad, que a los tratamientos probados a largo plazo: solo alrededor de un tercio de los pacientes de gota reciben medicación para el padecimiento, y entre quienes la reciben, muchos lo hacen en dosis demasiado bajas para ser eficaces.

Debido a que los ataques suelen desencadenarse por el consumo excesivo de carne o alcohol, las fiestas decembrinas o las vacaciones pueden ser una época peligrosa para quien no trata la enfermedad. Hemos preguntado a expertos sobre la gota, cómo tratarla y qué alimentos, si los hay, son mejores para ella.

¿Qué es la gota?
La gota es una enfermedad antigua —hay pruebas de ella en un espécimen de tiranosaurio rex—, pero los humanos tenemos una serie de mutaciones que nos hacen más predispuestos a padecerla que el primate promedio.

La enfermedad está causada por un nivel elevado de urato, comúnmente llamado ácido úrico, en la sangre. La mayor parte de ese urato se forma durante la descomposición de la purina, una sustancia química que se encuentra de forma natural en el organismo. Parte de la purina también viene de las plantas y los animales que comemos. La carne roja y las gambas o camarones tienen un contenido relativamente alto de purinas, pero también se encuentra en niveles elevados en algunas verduras como las espinacas y los espárragos.

Normalmente, los riñones filtran el urato sin problemas. Pero en quien desarrolla gota hay demasiado para que el organismo pueda manejarlo, de modo que el urato se cristaliza y se deposita en las articulaciones, como piedras en una caja de cambios. Con el tiempo, esto puede dar lugar a bultos que pueden erosionar las articulaciones y los huesos, aunque el dolor solo dure unas semanas cada vez.

“Lo que lo desencadena es la exposición por la dieta, pero no es la causa de fondo”, dijo Tony Merriman, epidemiólogo de la Universidad de Alabama en Birmingham.

En 2018, Merriman y sus colegas analizaron los resultados de las pruebas de 16.760 personas de ascendencia europea y descubrieron que el riesgo de desarrollar gota se reducía sobre todo a la genética: una dieta rica en purinas explicaba menos de un tercio del 1 por ciento de las diferencias en los niveles de ácido úrico, pero la genética explicaba aproximadamente cien veces más.

Algunas poblaciones, como las personas de ascendencia polinesia o hmong, tienen un riesgo mayor. Además de la obesidad, la hipertensión arterial y las enfermedades cardiacas también son factores de riesgo, y todos ellos afectan al modo en que el organismo controla los niveles de ácido úrico.

¿Cuál es la forma correcta de tratarlo?
En internet abundan los malos consejos sobre la gota. Un análisis de los 116 videos de TikTok más vistos sobre la enfermedad, publicado la semana pasada, reveló que la mayoría hacían hincapié en dietas bajas en purinas y promocionaban remedios herbales cuestionables, como el té de achicoria y gardenia o el jugo concentrado de cereza ácida. Solo dos videos mencionaban el alopurinol, el medicamento de primera línea para reducir los niveles de ácido úrico en los enfermos de gota.

Ivan Haworth, de 45 años, padece gota y una enfermedad renal crónica, y dijo que siguió el consejo del jugo de cereza sobre todo por desesperación. “Tenía ideas suicidas”, dijo. “Hubo varias veces en que se me bloqueaba toda la pierna y la cadera”.

Haworth, quien vive en Knoxville, Tennessee, dijo que pasaron años antes de que un médico le explicara por fin el daño que causa la gota y le recetara la medicación adecuada.

Un solo ataque de gota suele ser tratado por un médico de atención primaria con analgésicos sin receta o colchicina, un antiinflamatorio. Para las personas con dos o más brotes al año o que hayan desarrollado bultos, llamados tofos, el Colegio Estadounidense de Reumatología aconseja medicación para reducir el ácido úrico. También recomienda el tratamiento a las personas con enfermedad renal crónica o antecedentes de cálculos en la vejiga.

Sin embargo, encontrar la dosis adecuada lleva tiempo. El alopurinol debe iniciarse con una dosis baja y luego aumentarse gradualmente a lo largo de varias semanas para evitar los daños renales.

¿Qué papel desempeña la dieta?
Hyon Choi, director del Centro de Gota y Artropatía Cristalina de la Facultad de Medicina de Harvard, dijo que solo deben seguir una dieta baja en purinas a corto plazo las personas que acaban de empezar a tomar la medicación o que tienen dificultades para controlar sus niveles de ácido úrico.

Evitar las purinas a largo plazo suele implicar comer más carbohidratos y grasas, lo que puede empeorar la salud metabólica, dijo. Una dieta rica en jarabe de maíz de alta fructosa, por ejemplo, puede aumentar los niveles de ácido úrico en la sangre. Y las verduras ricas en purinas no parecen aumentar el riesgo de que una persona desarrolle gota.

Él recomienda a las personas con gota concentrarse en la pérdida de peso y adoptar dietas como la DASH o la mediterránea, que se ha demostrado que reducen la tensión arterial.

Choi dijo que las personas que toman Ozempic y otros medicamentos GLP-1 para perder peso podrían controlar mejor sus niveles de ácido úrico, pero los expertos apenas están empezando a estudiarlo.

Además de tomar alopurinol todos los días durante los últimos ocho años, Edmondson se somete cada año a análisis de los niveles de ácido úrico, dijo, para asegurarse de no estar cerca de la zona de peligro, que es por encima de 6,8 miligramos por decilitro de sangre.

Edmondson no ha tenido ningún brote desde hace años, y su lectura del mes pasado fue de 4,8. “Preferiría no tomar medicamento”, dijo. “Pero la alternativa es mucho peor”.

martes, 10 de marzo de 2026

Ni el más fuerte ni el más apto: la compasión resultó ser nuestra verdadera ventaja evolutiva

Hoy sabemos que la diversidad genética es, precisamente, la clave para la supervivencia de nuestra especie. Pero la sombra de la pureza racial sigue pesando en políticas sociales y económicas

Francis Galton, primo de Charles Darwin, fue el primero que propuso que las teorías darwinistas debían aplicarse a la especie humana. Acuñó el término “eugenesia” en 1883. Consistía en hacer todas las acciones necesarias para mejorar las cualidades raciales de la especie humana. Si se podía mejorar el ganado mediante la cría selectiva, lo mismo debía hacerse con la especie humana, impidiendo la reproducción de los menos aptos, según criterios intelectuales o psicológicos. Darwin siempre fue muy crítico con estas ideas. En su obra El origen del hombre (1871) reconoce que en la sociedad moderna se permite la supervivencia de personas con enfermedades o discapacidades hereditarias, pero la compasión también era un producto evolutivo y no debía ser ignorada.

El camino abierto por Galton fue seguido por otros autores, como Herbert Spencer, filósofo británico que acuñó la expresión “supervivencia del más apto” y que fue uno de los primeros en aplicar la lógica de la evolución a la economía y la organización social. Para Spencer, el libre mercado era el mejor campo de batalla para que los individuos compitieran y “triunfaran” los mejores. Así, acuñó el término de darwinismo social. Las políticas eugenésicas se aplicaron en forma de esterilizaciones forzadas que se practicaron en diferentes países europeos y americanos durante los siglos XIX y XX. El darwinismo social de Spencer se convirtió en un potente argumento político, utilizado para derogar políticas sociales y justificar el capitalismo más desregulado. Esto también influyó en el pensamiento colonialista y racista que veía a ciertas poblaciones como inferiores o “menos evolucionadas”. En su forma más extrema, se convirtió en el sustrato ideológico de las políticas de pureza racial del Tercer Reich, con las consecuencias conocidas por todos.

El pequeño detalle que olvidan los que apoyan estas políticas es que el darwinismo social es a la teoría darwinista de la evolución lo que la astrología a la astronomía. Pura pseudociencia. Para empezar, parte de diferentes falacias argumentales. La primera es que el que propugna la teoría siempre se reserva el derecho de decidir qué criterios deben seguirse para seleccionar quién se considera apto y quién no. Curiosamente, ellos siempre se encuentran en el grupo de los aptos. Otro problema es que parece que no han entendido cómo funciona la evolución biológica. Que una especie se adapte mejor no quiere decir que sea una especie superior, sino que ha tenido la característica adecuada en el lugar adecuado y en el momento adecuado. En muchos casos esta mejor adaptación es pan para hoy y hambre para mañana.

Es muy frecuente que una especie que triunfa en un determinado ecosistema, cuando aparece un cambio mínimo, su ventaja se convierta en desventaja y sea la primera en extinguirse. Hoy sabemos que la diversidad genética aumenta la capacidad de supervivencia de cualquier especie porque siempre tienes más caracteres en el acervo genético y nunca sabes cuál vas a necesitar. No olvidemos que el azar juega un papel importante en la evolución. Aplicar políticas eugenésicas y de darwinismo social en un contexto determinado no llevará a una raza mejorada, sino probablemente a una raza endogámica con poca variabilidad genética incapaz de adaptarse a nuevas condiciones. La aplicación de políticas eugenésicas llevaría a la acumulación de enfermedades genéticas, como sucede en las poblaciones con poca variabilidad.

Y la estocada definitiva es el error de partida de considerar que la especie humana es como una especie animal más. Esto no es cierto. Gracias al desarrollo de la cultura y la tecnología, la especie humana ha adquirido la capacidad de cambiar el entorno en su propio beneficio y ya no está sujeta a las leyes de la selección natural. El Homo sapiens, una especie africana que vivía en la sabana, ha sido capaz de colonizar todos los ecosistemas. Este es el verdadero triunfo. Superar el marco de la selección natural. No tener que correr delante de los leones te permite pararte a pensar e inventar la rueda. Que tu tribu no te deje abandonado cuando tienes una enfermedad como la esclerosis múltiple te permite descubrir la radiación de Hawking y entender cómo funciona el universo. Como dijo Darwin, la compasión y el cuidar unos de otros es el verdadero triunfo de la especie humana, y lo que nos permite sobrevivir.

El argumento de los más productivos
— La base científica del darwinismo social ha sido ampliamente desacreditada, pero su influencia sigue muy presente. Es fácil encontrar sus postulados en algunas doctrinas económicas ultraliberales que presentan el mercado como una selva donde solo sobreviven los “más productivos”, o en políticas donde las ayudas sociales son vistas como algo “antinatural”.

— Cuando se sugieren políticas que discriminan a determinados grupos bajo la excusa de “estar menos preparados”, vemos el rostro de Galton y Spencer. Incluso en libros de autoayuda que utilizan argumentos de “biología del éxito” que reciclan los tópicos del darwinismo social.

Cuatro descubrimientos científicos que cambiaron radicalmente el mundo en el que vivimos | BBC Mundo

 

Martin Kamen y Sam Ruben, descubrieron el carbono 14

Einstein explicó (1905) el origen del efecto foto eléctrico.

Heinrich Hertz alrededor de 1890, descubridor del efecto fotoeléctrico.

lunes, 9 de marzo de 2026

PENSIONES. Así quedan las pensiones mínimas, máximas y no contributivas en 2026, según el nuevo decreto publicado en el BOE

Las cuantías son las mismas que en el aprobado en diciembre y que rechazó la mayoría del Congreso en enero por ir mezcladas con otras medidas

El Boletín Oficial del Estado (BOE) de este miércoles recoge dos decretos aprobados en el Consejo de Ministros de ayer relacionados con la protección social. Las medidas contenidas en los mismos iban juntas en uno solo en el BOE del 24 de diciembre, pero el rechazo del Congreso a la convalidación de esa iniciativa el 27 de enero ha rectificado la acción del Gobierno. Esta vez, el Ejecutivo plantea las medidas por separado para, al menos, salvar las relacionadas con la Seguridad Social, especialmente el incremento de las pensiones.

En esa materia, el decreto es un calco del anterior. Estas son las principales medidas que contiene y las cuantías de las pensiones mínimas, máximas y no contributivas en 2026, coincidentes con las que ya recogía el anterior decreto.

Pensiones mínimas contributivas

El tope de ingresos para la aplicación de cuantías mínimas de pensión es de 9.442 euros al año sin cónyuge a cargo y de 11.013 con cónyuge a cargo.

Euros al año
Tabla con 4 columnas y 16 filas.

Clase de pensión Con cónyuge a cargo Sin cónyuge: unidad económica unipersonal Con cónyuge no a cargo

Jubilación

Titular con 65 años 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Titular menor de 65 años 17.592,00 12.263,00 11.591,00
Titular con 65 años y procedente de gran incapacidad 26.386,00 19.660,00 18.662,00
Incapacidad permanente

Gran incapacidad 26.386,00 19.660,00 18.662,00
Absoluta 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Total: Titular con 65 años 17.592,00 13.107,00 12.442,00
Total: Titular con entre 60 y 64 años 17.592,00 12.263,00 11.591,00
Total: Derivada de enfermedad común menor de 60 años 9.663,00 9.663,00 9.580,00
Parcial del régimen de accidentes de trabajo: Titular con 65 años 17.592,00 13.107,00 12.442,00

Viudedad

Titular con cargas familiares 17.592,00
Titular con 65 años o con discapacidad en grado igual o superior al 65% 13.107,00
Titular con edad entre 60 y 64 años 12.263,00
Titular con menos de 60 años 9.932,00
Fuente : Boletín Oficial del Estado / EL PAÍS

Tabla con 2 columnas y 13 filas.

Clase de pensión Euros al año

Orfandad

Por beneficiario 4.011
Por beneficiario menor de 18 años con una discapacidad en grado igual o superior al 65% 7.882

En la orfandad absoluta el mínimo se incrementará en 9.931,60 euros/año distribuidos, en su caso, entre los beneficiarios

Prestación de orfandad
Un beneficiario 11.603
Varios beneficiarios: a repartir entre número de beneficiarios 19.560
En favor de familiares
Por beneficiario 4.011
Si no existe viudo ni huérfano pensionistas
Un solo beneficiario con sesenta y cinco años 9.684
Un solo beneficiario menor de sesenta y cinco años. 9.127
Varios beneficiarios: El mínimo asignado a cada uno de ellos se incrementará en el importe que resulte de prorratear 5.920,60 euros/año entre el número de beneficiarios
Fuente : Boletín Oficial del Estado / EL PAÍS

La pensiones mínimas son las cuantías más bajas mensuales de las prestaciones contributivas, las que se generan por la aportación en cotizaciones a lo largo de la vida laboral. Cuando un pensionista no llega a ese mínimo, una vez calculada qué prestación le correspondería, se activan los conocidos como complementos a mínimos, también determinados por las circunstancias del beneficiario. Según los últimos datos de la Seguridad Social hay 2,11 millones de pensiones complementadas a mínimos en España.

Pensión no contributiva
Esta prestación está pensada para los mayores que no han cotizado lo suficiente a la Seguridad Social a lo largo de su vida y que carecen de recursos suficientes. Se elevan un 11,4% respecto a 2025. La Seguridad Social abona 471.000 prestaciones de carácter no contributivo, seis de cada diez a mujeres.

Según establece el Gobierno, las pensiones no contributivas del sistema de la Seguridad Social de incapacidad y jubilación tendrán un importe anual de 8.803,2 euros en 2026 (629 euros al mes en 14 pagas, 64 euros más al mes que en 2025).

Esta cuantía se ve complementado por distintas circunstancias familiares, detalladas en el BOE. Por ejemplo, en el supuesto de hijo menor de dieciocho años y de menor a cargo en régimen de acogimiento familiar permanente o guarda con fines de adopción con un grado de discapacidad igual o superior al 33%, será en cómputo anual de 1.000 euros.

Pensión máxima
El BOE establece que, “hasta que se apruebe la Ley de Presupuestos Generales del Estado para el año 2026″, el límite máximo de las pensiones públicas será de 3.359,6 euros mensuales o 47.034,4 euros anuales. Es un incremento del 2,815%, algo superior al 2,7% que aplica por norma general al sistema por la evolución de los precios en los últimos 12 meses.

El incremento, que solo aplica a los nuevos pensionistas, es superior por el recargo en las cotizaciones de los salarios más altos, cuyo principal objetivo es el refuerzo de los ingresos del sistema ante la presión creciente del envejecimiento poblacional.

El resto de pensiones
Por norma general, las pensiones crecen un 2,7%, en línea con la evolución de los precios en el último año para no perder poder adquisitivo. La pensión media actual se sitúa en 1.363 al mes, un 4,5% más que el año anterior.

Estas cantidades ya se abonaron en enero y volverán a darse en febrero, a la espera de una nueva convalidación que previsiblemente apoyará la mayoría del Congreso.

Sube la base máxima y el MEI
El decreto ley establece la base máxima de cotización de 2026 en 5.101,2 euros mensuales, un 3,9% más que en 2025 (4.909,5). También se eleva la cotización correspondiente al Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que da un paso más en la senda pactada por Gobierno y sindicatos y llega a los 0,9 puntos porcentuales (dos décimas más que en 2025). Este es uno de los recargos en las cotizaciones ideado para reforzar los ingresos del sistema de pensiones. De esos 0,9 puntos, 0,75 quedan a cargo de la empresa y 0,15 del empleado.

En la misma línea, sube la cuota de solidaridad que aplica a los salarios más altos. El Gobierno establece que en 2026 llegue al 1,15% en la parte de la retribución comprendida entre 5.101 euros y 5.611 (0,96% a cargo de la empresa y el 0,19% a cargo del empleado); el 1,25% a la parte comprendida entre 5.611 euros y 7.652 euros (1,04% a cargo de la empresa y el 0,21% del trabajador); y el 1,46% a la parte de la nómina que supere los 7.651,80 euros (1,22% a cargo de la empresa y 0,24% a cargo del empleado).

Cuotas de autónomos
El decreto ley prorroga las cuotas de los autónomos a la Seguridad Social. Ante la falta de acuerdo con los agentes sociales y mucho menos con los grupos parlamentarios, el ministerio de Elma Saiz mantiene las tarifas de 2025 en 2026.

Sin declaración de la renta para parados
Las personas en paro que perciben prestaciones no tendrán que presentar la declaración de la renta el año que viene. Esta obligación se aprobó en 2024 y se había retrasado hasta 2026, pero quedó descartada en el decreto del 24 de diciembre. Su falta de convalidación puso en duda este precepto, que vuele ahora al BOE.

Según explica el Gobierno en el texto, la intención de la norma era dotarse de “una fuente adicional de información”, pero considera necesaria la supresión por la carga administrativa extra que supone para los parados, entre otros motivos. “No resulta adecuada”, indica el Ejecutivo.

Sin prórroga del SMI
El Ministerio de Trabajo ha decidido no incorporar la prórroga del salario mínimo interprofesional de 2025, medida que sí incluía el anterior decreto, porque considera que la nueva cuantía está a la vuelta de la esquina, ya acordada con los sindicatos en 1.221 euros brutos al mes en 14 pagas. Según los planes de Trabajo, se aprobará en dos semanas y se aplicará en las empresas de forma retroactiva desde el 1 de enero.

Así lo explicó este martes el secretario de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, quien también precisó de que, mientras llega la aprobación definitiva del SMI, “la Dirección General de Trabajo ha emitido ha emitido una circular interpretativa para dar tranquilidad, recordando (a las empresas) que la función de suelo salarial del salario mínimo no puede desaparecer en ningún caso como consecuencia de la no convalidación del real decreto ley”.

El País.

La socialdemocracia sueca murió con Olof Palme

El asesinato de Olof Palme, líder más importante de la socialdemocracia sueca, ocurrido el 28 de febrero de 1986 en pleno centro de Estocolmo, sigue siendo una gran incógnita. Es uno de los crímenes más desconcertantes de la historia contemporánea europea. Hace 40 años a las 23:21 de la noche, mientras caminaba con su esposa Lisbet después de salir de un cine ubicado en la calle Sveavägen, un hombre se acercó por detrás y le disparó un tiro en la espalda con un revólver Magnum .357. Palme murió minutos después en el hospital.

El autor huyó a pie por las calles nevadas y subió 89 gradas para perderse en otra calle, sin dejar rastro alguno. El no saber quién asesinó a Olof Palme, ha causado un trauma nacional que no cicatriza la herida. Cada 28 de febrero de cada año revive la pregunta en los medios de comunicación suecos: ¿quién es el asesino?, ¿por qué el sistema falló tan estrepitosamente? Y así, el fantasma de Palme continúa rondando por las calles de Estocolmo año tras año. Para muchos jóvenes, la figura de Palme es algo ambiguo que pertenece al pasado, y que alguna vez escucharon hablar de su persona. En cambio, las personas mayores no se olvidan de ese disparo mortal de aquel viernes de un crudo invierno. La investigación policial se vio empañada por fallos, escándalos y discusiones que no llevaron a un buen puerto. En un reciente artículo publicado en el periódico «Expressen», Joakim Palme, el hijo mayor del primer ministro asesinado criticó el trabajo deficiente de la Policía.

El caso Palme ha inspirado a escribir novelas negras, libros, artículos, series, documentales y debates interminables. Muchos suecos han dedicado gran parte de su vida a teorías alternativas sobre: la extrema derecha sueca, los servicios secretos sudafricanos (por el apoyo de Palme al ANC), la CIA (por su crítica a Vietnam), la policía de seguridad (Säpo) o incluso conspiraciones en la sociedad sueca. Se ha desatado una cierta desconfianza hacia las instituciones judiciales y policiales. Muchos ven en el manejo del caso no solo incompetencia, sino un posible encubrimiento. Una teoría reveladora apareció a principios del año 2013 en el periódico sueco «Noticias del Día» (Dagens Nyheter). La exfuncionaria de alto rango de la ONU y la UE, Inga-Britt Ahlenius, escribió sugiriendo que la red secreta «Stay Behind» podría haber estado involucrada en la muerte de Palme.

Cabe señalar que muchas personas consideraban a Palme como un político de gran envergadura tanto en su propio país como en el extranjero. Pero también es cierto que mucha gente le odiaba, le ofendía y le acusaba de ser traidor a la clase burguesa y a su patria. En la actualidad, existen individuos que siguen arrojando un odio póstumo desbordante. Pero digan lo digan, Palme dejó herencias inolvidables, entre otras: reformas en el sistema educativo, la posibilidad de préstamos del Estado para los estudiantes que quieran seguir una carrera universitaria, subsidios para la vivienda, subsidios para los niños y niñas menores de 18 años. Dejó bien claras las ideas de igualdad entre sexos. El cuidado de los ancianos y de los minusválidos alcanzó altos niveles gracias a sus ideas de solidaridad. El derecho a quedarse en casa con sueldo pagado para cuidar a los hijos, ya sea por parte de la madre o del padre, también es obra de él. Además, puso el nombre de Suecia en el mapa del mundo, como si se tratara de una estrella pacificadora en medio de la Guerra Fría. Fue él quien diseñó la política exterior de este país nórdico desde la década de los 60 hasta mediados de los años 80. Criticó los bombardeos norteamericanos contra Vietnam, comparándolos con la de los nazis. Jugó un papel importante, como mediador, en el conflicto bélico entre Irán e Irak. Apoyó firmemente a los movimientos de liberación en los países del Sur Global.

Su brillante pensamiento pacifista fue plasmado en conceptos de seguridad que están definidos por la Comisión Independiente sobre el Desarme y la Seguridad (Comisión Palme). Su preocupación por la seguridad internacional y el desarme, lo llevó por diferentes países del mundo a exponer sus juicios sobre este tema. Decía que no se alcanza la paz atemorizando al enemigo con poderío bélico, porque este hecho no lleva sino a una escalada con armas nucleares. El informe Palme afirma: «En su búsqueda de seguridad, las naciones deben esforzarse por alcanzar objetivos más ambiciosos que la estabilidad militar. La meta del sistema actual, en el que la seguridad se basa en los armamentos, no se puede mantener indefinida».

La Comisión Palme apuntaba a que los enemigos políticos e ideológicos se sentarán a la mesa de negociaciones para trabajar juntos, y evitar una guerra nuclear. Es decir, se pretendía crear un corredor libre de armas nucleares en Europa Central. Se exigía a las potencias a terminar con las pruebas de armas nucleares. Se deseaba una zona libre de armas químicas, pero también el desarme de armas convencionales en el Sur Global.

Los historiadores Daniele Ganser de la Universidad de Basel (Suiza) y Mats Deland de la Universidad de Uppsala (Suecia) han investigado sobre el Movimiento de Resistencia Secreta en Suecia. Y sus planteamientos los han publicado en la revista sobre Inteligencia, Propaganda y Estudios de Seguridad (Jornal, Intelligence, Propaganda and Security Studies). Los Movimientos de Resistencia Secreta (Stay Behind Movements) eran grupos paramilitares no democráticos y controlados por la OTAN. El objetivo principal era combatir al comunismo, y defender el país en el cual operaban en caso de ser invadidos por la ex Unión Soviética. Suecia siempre «ejerciendo una doble moral». A pesar de su neutralidad, formó parte de esta red que actuaba entre los dos bloques antagónicos. El periodista Mikael Holmström ha escrito varios artículos acerca de los contactos de Suecia con las potencias de Occidente en plena Guerra Fría. Según sus investigaciones, existía un gran interés de que Suecia tuviera un poderoso Ejército capaz de defender la parte Norte de Escandinavia. Pero también existían acuerdos, completamente secretos, de que Occidente se comprometía a defender a Suecia inmediatamente de ser atacada.

En realidad, los pueblos y las naciones del mundo quieren vivir en paz sin Ejércitos alienados, ni gobiernos empeñados en armarse hasta los dientes. La Paz Mundial debe ser prioridad en la agenda de cada país. Y el poder en las relaciones internacionales debe descansar en los principios de respeto, de justicia y de imparcialidad para evitar cualquier conflicto bélico. En consecuencia, los conceptos planteados por la Comisión Palme, siguen vigentes porque sirven para frenar la proliferación de armas nucleares y para alcanzar el equilibrio. Pero, sobre todo, sirven para lograr la paz mundial; tan anhelada en estos tiempos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

domingo, 8 de marzo de 2026

5 reglas de las aerolíneas que te convendría conocer


An illustration features a calendar with images of various travel destinations: a beach, New York City, mountain ranges, et cetera. Just above the calendar is a paper airplane made out of a dollar bill. Inside it are three tourists, one in a ski hat, another in a sun hat, another wearing a pink jacket. They carry skis, suitcases and other travel gear.
Credit...Kyle Ellings
Las normas que rigen los viajes aéreos pueden ser complejas y a veces disparatadas. Descubre algunas que hicieron tropezar a los lectores en 2025.


Estimados lectores,
Acabemos el año 2025 con una historia hipotética de terrible suerte al viajar.

De camino de Nueva York a Londres y París con tu pareja, alguien te roba la bolsa del compartimento superior. La compañía aérea te pide disculpas, pero no se hace responsable de los equipajes de mano. Te encoges de hombros y acabas divirtiéndote tanto en Inglaterra que prolongas tu estancia, te saltas el vuelo a París y te vas allá en tren unos días más tarde. Pero cuando te preparas para salir de París, te das cuenta de que tu vuelo de vuelta a Nueva York ya no aparece en la aplicación de la compañía aérea. Cuando llamas, la aerolínea te dice que ha cancelado tu vuelo porque no te presentaste al tramo intermedio de tu itinerario. Así que compras nuevos boletos, pero en el estrés de la situación transpones tu segundo nombre y el de tu pareja, y cuando llegan al aeropuerto, no los dejan registrarse. Ahora tienes que cambiar los boletos por otros aún más caros de última hora. De vuelta a casa, acabas por convencer a la aerolínea para que te conceda un crédito por el vuelo original anulado, válido durante un año. Nueve meses después, intentas reservar un nuevo viaje y descubres que el crédito ha caducado.

Entonces nos escribes a esta sección para quejarte.

Te respondo con malas noticias: las normas que rigen los viajes aéreos pueden ser complejas y a veces disparatadas, pero la compañía aérea no incumplió ninguna de ellas.

He aquí cinco de esas normas (y una regla general). Puedes discrepar con ellas cuando quieras, pero si las vas a ignorar que sea por tu cuenta y riesgo.

Omite un tramo, pierde el resto
Si un pasajero no se presenta a un vuelo, en muchos casos la mayoría de las compañías aéreas anulan instantáneamente el resto del viaje para liberar espacio a otros viajeros. Y una vez que esos vuelos desaparecen, según informan los lectores, los trabajadores de servicio de atención al cliente dicen que no pueden recuperarlos, al menos no por el mismo precio.

Es una norma que plausiblemente podría defenderse, aplicada de forma a menudo draconiana. Por ejemplo, Stephen, de Connecticut, quien me escribió después de que él y su compañero de viaje perdieron el primer tramo de su viaje redondo en Emirates (de Nueva York a Delhi vía Dubai) porque confundieron a. m. y p. m. Acabaron pagando más de 3000 dólares extra para volver a reservar todo el itinerario (y pasar la noche en un hotel).

Emirates no respondió a mis peticiones de comentarios, pero sospecho que la compañía aérea podría alegar que solo seguía las normas.

En lugar de cancelar, ¿no podrían las compañías simplemente enviar un correo electrónico o un mensaje de texto a los que no se presentan y decirles: “Hola, nos hemos dado cuenta de que has perdido tu vuelo. Haz clic en ‘Sí’ para conservar los trayectos restantes, o en ‘No’ para cancelar el resto del itinerario”?

Mientras eso sucede, llama a la compañía aérea en cuanto sepas que vas a perder el trayecto y pide que conserven el resto del viaje. (Un saludo a Virgin Atlantic, que, a diferencia de otras compañías aéreas que he consultado, otorga explícitamente a los pasajeros dos horas para llamar después de perder un vuelo).

Vigila tus pertenencias
Cuando Virginia, de Washington, de 92 años, me escribió en enero para decirme que su saco Ralph Lauren de 180 dólares había desaparecido después de que una azafata de American Airlines se ofreció a colgarlo, pensé que teníamos un caso clarísimo. ¡Justicia para el saco de Virginia! Pero Andrea Koos, una vocera de la compañía aérea, amablemente me transmitió sus normas al respecto, que son muy claras: como la mayoría de las aerolíneas, American no se hace responsable de “artículos que usted lleva en el avión”. En cambio, es un asunto policial.

En este caso, American reembolsó a Virginia en marzo, pero eso es lo que consiguen la presión mediática y una víctima comprensiva. (Lamentablemente, Virginia murió en mayo, según me dijo su yerno el mes pasado). Si pierdes un artículo de tu equipaje de mano, informa a un miembro de la tripulación o —si te das cuenta después de desembarcar— a la policía del aeropuerto. Y espera que tu seguro de viaje, de vivienda o de alquiler lo cubra.

Registre bien tu nombre
Nuestros nombres son lo primero que aprendemos a escribir, y sin embargo, muchos lectores se las arreglan para equivocarse cuando compran un boleto de avión. Así que asegúrate de que tu nombre coincide con el del documento de identidad que utilizarás para volar. (No pasa nada si aparecen varios nombres juntos, pero aparte de eso, generalmente deben coincidir con precisión).

Como suele ocurrir, las cosas se complican si no reservas directamente con la compañía aérea. Gary, de Nueva York, reservó vuelos a través de American Express para él y su pareja, Michael, para volar de Newark a Atenas en Emirates, pero puso “Mike” como nombre de su pareja. En el aeropuerto, me dijo Gary, una representante de Emirates dijo que podría haber hecho el pequeño cambio si él hubiera reservado directamente, pero que en este caso tenía que hacerlo la agencia de viajes. American Express no pudo o no quiso, y la pareja gastó 7000 dólares más para volver a reservar en el último minuto.

Recibí una queja ligeramente distinta de Michael, de Fairfield, Connecticut, quien descubrió mucho antes de un vuelo en Lufthansa que, de algún modo, su reserva de Amex tenía el segundo nombre incorrecto para uno de sus hijos. En este caso, Amex lo intentó, pero la política de Lufthansa permite a las agencias de viajes hacer cambios solo por erratas o apodos, no por segundos nombres completamente distintos.

“Hay ocasiones en que se puede cambiar el nombre de una reserva, si la compañía aérea lo permite”, escribió en un comunicado Emily Vicker, vocera de Amex. “Si se permite un cambio, colaboraremos con la aerolínea en consecuencia”.

Hazte un favor y comprueba tu nombre en cuanto te llegue el correo electrónico de la reserva. Si hay un error, anula y vuelve a reservar en 24 horas, lo cual la legislación estadounidense permite sin penalización, siempre que falten más de siete días para tu vuelo.

Cuando un año dura ocho meses
Si tienes que anular un billete no reembolsable, las compañías aéreas a veces te ofrecen crédito de vuelo, normalmente válido durante un año.

El problema es que algunas aerolíneas empiezan a contar el tiempo retroactivamente desde la fecha en que reservaste el billete. Young Ju, de East Syracuse, Nueva York, fue una de las muchas personas que escribieron sobre el tema, al quejarse de que su crédito de Air Canada caducaba menos de ocho meses después de su vuelo.

Me imaginé que probablemente había alguna oscura razón corporativa para esta norma, y la aerolínea no me decepcionó.

En un correo electrónico, Peter Fitzpatrick, vocero de la aerolínea, señaló que Air Canada no es la única que aplica esta norma —lo cual es verdad— y explicó: “Los billetes son un contrato que conlleva obligaciones para ambas partes y, como tales, son finitos, por lo que necesitamos una fecha de finalización clara, y esa fecha se establece en el momento de la compra”.

Consejo adicional: si tú o un miembro de tu familia enferma o se lesiona en los días previos a un vuelo, puedes recibir un crédito de vuelo o un reembolso. Aunque algunas compañías aéreas lo ofrecen por política o por cortesía, no hay ninguna norma que obligue a ello. Esta situación es precisamente para lo que sirve el seguro de viaje.

Puede que necesites una nota del médico
La mayoría de las compañías aéreas tienen normas bastante similares. Pero hay casos atípicos, y uno de los más extraños es el de Turkish Airlines. Los pasajeros con enfermedad de Parkinson tenían que presentar una carta de “apto para volar” de un médico. La política no mencionaba ninguna otra enfermedad, y ninguna otra compañía aérea que yo haya podido encontrar tenía una norma específica para esa enfermedad. (Algunas compañías aéreas sí exigen esas cartas a las pasajeras que están con embarazos muy avanzados, lo cual, por supuesto, no es una enfermedad).

Judy, de Chapel Hill, Carolina del Norte, no conocía la norma cuando su marido, Carl, reveló que tenía Parkinson al registrarse para un vuelo nacional en Turquía y fue remitido a un médico del aeropuerto, quien le cobró unos 400 dólares por una carta de última hora. La BBC informó de un caso similar de un periodista, Mark Mardell, quien no pudo registrarse para un vuelo de Estambul a Londres por el mismo motivo. Mardell me escribió en un correo electrónico que también le dijeron que podía acudir a un médico del aeropuerto, pero pensó que era una estafa.

La semana pasada, la aerolínea dijo en un correo electrónico que había eliminado el requisito, y añadió que le “entristecía profundamente” que la política “para garantizar la seguridad de nuestros pasajeros durante el vuelo” fuera “percibida de esta manera”. La aerolínea también ha reembolsado a Judy y Carl unos 400 dólares (en liras turcas) por la visita al médico.

No confíes en su palabra
Por último, no es tanto una norma como una regla general: las promesas verbales no valen nada. Jean, de Berkeley, California, me escribió con una historia trágica muy típica. Su viaje de San Francisco a Syracuse, Nueva York, en United fue cancelado por problemas mecánicos, y un trabajador de United no pudo encontrar la forma de llevarla a Syracuse en otros vuelos de United. Jean encontró para ella, su pareja y su hijo asientos en un vuelo de JetBlue para el mismo día por algo menos de 3000 dólares en total y pidió a la trabajadora que lo reservara. No quiso hacerlo —en Estados Unidos, las compañías aéreas pueden, pero no están obligadas, a reservarte en otras compañías— y le aseguró a Jean (tres veces, según dijo) que United le devolvería el costo del vuelo original y la compensaría por la diferencia.

He leído suficientes historias de este tipo (en las que están implicadas muchas compañías aéreas diferentes) como para saber lo que iba a ocurrir a continuación. United reembolsó los 656 dólares del costo total de los tres billetes, como le exige la ley, pero no la diferencia de más de 2000 dólares.

“¿Debería haberlo hecho por escrito? ¿Haberla grabado?”, escribió Jean. Pero dudo que la trabajadora hubiera estado de acuerdo con alguno de los dos planes, ya que los empleados de primera línea no suelen estar autorizados a hacer ese tipo de promesas.

Charlie Hobart, un portavoz de United, me dijo en un correo electrónico que si el episodio ocurrió como dijo Jean, la trabajadora estaba mal informada. “Nuestros agentes comprenden nuestras políticas y trabajan para apoyar a los clientes cuando sus planes de viaje se ven alterados”, dijo.

El domingo pasado, pensé en Jean cuando hacía cola en el mostrador de atención al cliente de Air France después de que mi esposa y yo perdimos nuestra conexión en París de camino a casa desde Marrakech, Marruecos. La trabajadora, tranquila y profesional, dijo que si no podía reservarnos un vuelo para el mismo día, podríamos solicitar el reembolso de los gastos de hotel.

Pero no llegó a prometernos el reembolso, y supe por qué. Nuestro itinerario pasaba por la Unión Europea, pero no empezaba ni terminaba allí, lo que significaba que probablemente no se aplicaría la ley europea que obliga a las compañías aéreas a pagar un hotel si se pierde una conexión.

Nos puso en el último vuelo del día, lo cual es bueno porque hay una regla que no necesitas que te diga: las habitaciones de hotel de última hora en París no son baratas.

Si necesitas consejo por un plan de viaje que salió mal, envía un correo electrónico a TrippedUp@nytimes.com.

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Cómo viajar con solo un artículo personalLas tarifas aéreas más baratas vienen con restricciones más estrictas, sobre todo en términos de equipaje. Estos consejos te ayudarán a empacar menos. 

El suicidio moral de la Unión Europea

Ayer escribí un artículo en el que, entre otras cosas, dije:

Ayuda igualmente a que se produzcan crímenes, violaciones graves del derecho internacional humanitario y violencia sin cesar el que la defensa de los derechos humanos, del imperio de la ley y de la paz se asuma selectivamente. Como algo que se activa sólo cuando el agresor es nuestro adversario.

Si se invoca el derecho internacional, ha de hacerse siempre; si se condena el autoritarismo, ha de condenarse en todas sus manifestaciones; si reclamamos dignidad humana, no podemos hacerlo sólo en función del pasaporte de las víctimas. Si defendemos a un pueblo, hagámoslo sea quien sea el que lo reprime, domina o humilla.

Pocas horas después y tras una reunión extraordinaria de los ministros de exteriores de la Unión Europea, la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, pidió en un comunicado a Irán que se abstenga de realizar ataques militares indiscriminados y calificó de inexcusables los ataques iraníes y la violación de la soberanía de varios países de la región. No hizo mención alguna a la intervención y bombardeos de Estados Unidos e Israel. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tampoco se refirió ni condenó la intervención inicial.

Si a los actuales dirigentes de la Unión Europea (con muy pocas salvedades, como la del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez) les quedaba algo de dignidad, la han perdido ya por completo.

Al utilizar el derecho internacional como una herramienta táctica y no como un principio universal y al recurrir a la legalidad de forma selectiva Europa pierde toda la autoridad moral que pudiera tener. Cuando lo usa como arma arrojadiza contra los adversarios, mientras guarda silencio cómplice ante sus aliados que lo quebrantan, la Unión Europea no está defendiendo un orden internacional basado en reglas, como tantas veces se dice, sino en lo que en cada momento interesa a sus alianzas y estrategias de poder.

Los dirigentes europeos han legitimado el cinismo global que permite que unos pocos actores puedan establecer unilateralmente las condiciones con que mueven sus fichas para jugar siempre sucio.

Habíamos soñado con que la Europa de nuestro tiempo se construiría hacia el interior y proyectándose al exterior sobre los principios de defensa del derecho, la multilateralidad y la dignidad humana. Ahora, ella misma muestra sin disimulo que son otros y que los aplica en función de quién actúe, con relativismo cobarde e inmoral

Europa ha preferido situarse del lado de quienes reducen el orden internacional a una arquitectura de poder en la que unos pocos deciden unilateralmente qué reglas rigen y cuándo dejan de regir.

En esta nueva crisis de Oriente Medio no hay un único responsable, sino al menos tres actores cuya conducta merece un mismo e inequívoco reproche: el régimen iraní que oprime y asesina a su pueblo y desestabiliza el orden mundial; el Gobierno israelí por su constante e inhumana vulneración de las leyes y los derechos humanos y la Administración estadounidense que se permite intervenir militarmente sin ni siquiera respetar las suyas propias ni las del derecho internacional.

La Unión Europea no sólo comete así un auténtico suicidio moral que la deja desnuda ante el mundo, huérfana de razón y autoridad, sino que destruye el fundamento mismo del proyecto que dice representar.

Fuente: https://juantorreslopez.com/el-suicidio-moral-de-la-union-europea/

sábado, 7 de marzo de 2026

Graham Greene, el opio de Indochina

Fowler, el cínico y descreído reportero de El americano impasible, sabía que “los recuerdos felices son los peores”, y Greene reconoció que durante los años de Indochina el opio era su recuerdo más feliz. Indochina lo atrapó, aunque se interesó también por muchos otros países: desde su primer viaje en 1954, siempre estuvo preocupado por Haití y los haitianos, un país gobernado por el siniestro Duvalier, cuya dictadura condenó, impresionado por la miseria y las atrocidades de papá Doc. Se interesó también por la Cuba de Batista, cuando ya Fidel Castro combatía en las montañas, y por El Salvador, Panamá, y ayudó económicamente en Nicaragua a los sandinistas en la lucha contra Somoza. Y por el México de El poder y la gloria, o la Sierra Leona de El revés de la trama.

Todas esos viajes y los reportajes y libros que alimentaron están documentados. Norman Sherry, que murió no hace mucho (en 2024) tras haber dedicado años a investigar la vida de Graham Greene, nos dejó tres volúmenes con ello; el primero, entre 1904 y 1939, el segundo, de 1939 hasta 1955, y el tercero desde 1955 hasta la muerte del escritor en 1991. Por lo visto, el primer volumen de Sherry, el único que Greene pudo leer antes de morir, no le gustó. También disponemos de la biografía escrita por Michael Shelden (que también investigó a Orwell), y de las conversaciones de su viuda, Yvonne Cloetta, con Marie-Françoise Allain, (hija de Yves Allain, amigo de Greene y miembro de la resistencia contra los nazis en Borgoña). Además, Shirley Hazzard publicó Greene en Capri aprovechando que conoció al escritor en esa isla italiana, para trazar un personaje desagradable y feroz. Greene también escribió una especie de autobiografía en un par de libros, Una forma de vida y Formas de escapar.

Era un hombre peculiar, maltratado por sus compañeros escolares, reservado y melancólico, que parecía albergar en su interior varias personalidades, era católico pero frecuentaba los burdeles, como hizo en Londres, Nápoles o en La Habana, y obstinado viajero, no dejó de ir a misa cada domingo de su vida, y se sentía atraído por las sombras, por la clandestinidad, los secretos, el anonimato; sufría escribiendo pero se refugiaba en su casa de Capri para hacerlo. La fugaz militancia de Greene en el Partido Comunista británico, y su conversión al catolicismo siendo joven, la dedicación a la literatura y el espionaje, el prolífico trabajo como reportero en numerosos países, y su simpatía por la izquierda, delimitan un personaje singular, capaz incluso de interpretar a un fugaz vendedor de seguros en la película de Truffaut, La noche americana. Greene estuvo casado hasta su muerte con Vivien Dayrell-Browning, aunque solo vivieron juntos durante una década; conoció a Dorothy Glover en la primavera de 1939 y se fue a vivir con ella, mientras su familia permanecía en el campo. Ya había viajado por Liberia, algo que hizo posible su libro Viaje sin mapas. Durante la Segunda Guerra Mundial, Greene se veía con Kim Philby, y con Glover actuó a veces como bombero del vecindario. Tras la guerra, siguieron viviendo juntos hasta el verano de 1948, cuando fue a vivir cerca de Catherine Walston, a quien había conocido el año anterior. Después, Greene intimó con Yvonne Cloetta en África, en el Camerún de 1959: era una mujer francesa veinte años menor que él, casada y que tenía dos hijos, con la que compartió su vida más de treinta años, los últimos del escritor, casi siempre habitando en distintos techos. Debía tener algo de Pyle, su americano impasible, que miraba a las mujeres “como si nunca hubiera visto ninguna”.

Su trabajo en el MI6, el servicio secreto británico, no fue circunstancial: ingresó durante la Segunda Guerra Mundial, vivió durante un par de años en Sierra Leona en una misión de espionaje, pero renunció en mayo de 1944. Aunque Cloetta limita la pertenencia de Greene al MI6 a los años de la guerra, según su biógrafo Norman Sherry estuvo enviando informes al servicio secreto durante toda su vida, algo que sustenta la idea de un constante doble juego (aunque tal vez Sherry se basase en los frecuentes encuentros de Greene con espías británicos, en activo o retirados, que vivían en la Costa Azul) con su interés por la traición como recurso humano y por una lealtad resbaladiza y confusa que aparece con frecuencia en sus libros. Greene deslizó una dedicatoria en un ejemplar de El americano impasible que regaló a Yves Allain en 1959 (siete años antes de su asesinato), firmando “Graham, el viejo espía de Indochina”. De hecho, Greene siguió manteniendo contactos con el MI6 y facilitaba información conseguida durante sus viajes. No podemos saber si recibía ingresos por ello. Le gustaban Conrad, Stevenson, Henry James; y su relación con Chaplin, cuya amistad fue tan importante para ambos, choca con su pelea en los periódicos con Anthony Burgess, que terminó con el aprecio que se tuvieron. También admiró a Fidel Castro, con quien se reunió junto con García Márquez, y le interesó la figura de Omar Torrijos, a quien conoció en 1974 y de quien puso una fotografía en su casa de Vevey; como mantuvo una gran amistad con Herbert Read y con Evelyn Waugh; y los encuentros con Ho Chi Minh, Fidel Castro, Torrijos, Gorbachov o los dirigentes sandinistas, muestran la relevancia mundial que alcanzó.

Y la guerra civil española es el telón de fondo de su novela El agente confidencial, que publicó en 1939, aunque la acción transcurre en Gran Bretaña. Para Greene, España estaba presente también en la compañía del sacerdote gallego Leopoldo Durán, con quien viajó por la península ibérica y que le sirvió de modelo para Monseñor Quijote. África le atraía mucho, aunque en uno de sus viajes, con su prima Barbara, contrajo unas fiebres en Liberia que casi lo mataron. Años después de Sierra Leona, Greene estuvo varias semanas en una leprosería en el Congo belga, y visitó otros lazaretos cuando preparaba materiales para su libro Un caso agotado, inmerso en una etapa de depresión y apatía. También le interesó América Latina, e Indochina, claro: tal vez El americano impasible sea su mejor novela.

Estuvo en Moscú en 1957, con su hijo, y volvió en 1961, y en septiembre de 1986, como muestra esa fotografía de Greene y Cloetta en Moscú cuando se reunieron con la esposa de Kim Philby. Philby, que murió dos años después, era amigo suyo y había sido su superior en el servicio de espionaje británico, y sus memorias fueron publicadas con un prólogo de Greene. Pese a ello, entregó las cartas que había recibido de Philby al Foreign Office. Greene regresó a Moscú al año siguiente para participar en una conferencia, y entonces conoció a Gorbachov. Es significativo que, contrario como era a ser entrevistado en televisión (y eso que su hermano Hugh fue director general de la BBC en los años sesenta), la única vez que aceptó hacerlo fue en la Unión Soviética. Tal vez lo explique que, en esos años ochenta, Greene confiaba en un acercamiento entre un comunismo más moderado y un catolicismo preocupado por la vida terrenal. En El poder y la gloria, que publicó en 1940, Greene muestra a las víctimas, católicos, y en El americano impasible, que publicó quince años después, evita mostrar simpatía por los vietnamitas pero también por los franceses; después, expresó su condena de las atrocidades estadounidenses en Vietnam y mantuvo una constante denuncia de la guerra impuesta por Washington.
 
Tenía simpatías por la Unión Soviética y por el comunismo, aunque criticó la intervención en Checoslovaquia de 1968, y fue amigo de Václav Havel, pero es probable que a Greene no le hubiera gustado la evolución posterior del dramaturgo checo con su defensa de la OTAN y de las matanzas estadounidenses, como hizo Havel en la guerra de Iraq y con su apoyo a George Bush. Greene también mantuvo diferencias con Moscú sobre el encarcelamiento de Anatoli Scharanski, un supuesto disidente soviético y defensor de los derechos humanos que posteriormente adoptó en Israel el nombre de Natán Sharanski, llegó a ministro de Ariel Sharón y apoyó las colonias israelíes en Gaza, los asesinatos de dirigentes palestinos y el robo de tierras en la Franja, en Cisjordania y en todos los territorios usurpados. Aunque no podemos saberlo, es muy probable que Greene hubiese condenado su actitud.

Greene solía escribir cada jornada unos mil caracteres, apenas medio folio, y vendió veinte millones de ejemplares de sus libros. Siempre depresivo, establecido en Antibes desde los años sesenta, encargaba camisas de seda en Malasia para que se las enviaran a Europa, aunque no era un hombre atildado. Dejó su dinero, medio millón de dólares, a su viuda, Vivien, y sus dos hijos. Tuvo siempre en la memoria el olor de África, las víctimas de América Latina, el húmedo monzón de la Indochina colonial y el aroma inigualable del opio en las largas pipas de bambú.

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Cuando terminó la guerra en Europa, muchos de los franceses que Greene conocía fueron enviados al Camerún. Él viajó a Malasia en noviembre de 1950, donde su hermano Hugh era el responsable del MI6. El escritor trabajaba entonces para la revista Life y viajó por Indochina entre 1951 y 1955. No fue al sudeste asiático por casualidad: el cónsul británico en Hanói era Arthur Geoffrey Trevor-Wilson, también espía del MI6, amigo de Greene desde la guerra, y fue a visitarlo. Allí conoció, en enero de 1951, al general Jean de Lattre de Tassigny, comandante de las tropas coloniales francesas, quien después lo acusó de ser un espía. Lattre, cuya agonía en París aparece en El americano impasible, facilitó a Greene un avión con el que pudo sobrevolar el país, en una guerra en la que había guerrilleros comunistas del Viet Minh con el agua hasta el cuello en los arrozales, legionarios franceses, marroquíes, senegaleses, alemanes y agentes de la CIA y a donde pronto llegaron los militares norteamericanos. Conoció entonces la importancia de Trinh Minh Thé, jefe de Estado mayor del ejército del Cao Dai, una secta religiosa que mezclaba el cristianismo, budismo y confucianismo, que Greene descubrió con sorpresa. En una carta a su hermano Hugh, Greene escribió que los sectarios “tienen un Papa, mujeres cardenales, y sus santos son Cristo, Buda, Mahoma, Víctor Hugo y Auguste Comte”. “Son dos millones y tienen un ejército privado que ahora apoya a los franceses.”

Volvió a Inglaterra, pero regresó a Vietnam en octubre de 1951. La tensión en todo el territorio era constante, y hasta los restaurantes tenían rejas de hierro para protegerse de la guerra, con ejércitos privados que cambiaban de bando con facilidad. Y Greene conocía lo que Trevor-Wilson estaba haciendo. En una carta que envió a Catherine Walston le dijo que había hablado con el productor de cine Alexander Korda (también antiguo agente del MI6), a quien el servicio secreto quería proponerle un trabajo. Es probable que tras esa propuesta estuviera la promoción de la “solución católica” para Vietnam, que estaba considerando Estados Unidos y examinaba Londres. Las autoridades coloniales francesas desconfiaban de la actividad de los diplomáticos y espías británicos, y la policía del Corps Expéditionnaire Français en Extrême-Orient, CEFEO, con autoridad en los protectorados de Camboya, Laos, Tonkín, Cochinchina y Annam, controlaba los movimientos de Greene, de quien recelaban: el general Lattre le preguntó directamente si era miembro del MI6: las frecuentes reuniones del escritor con espías y su búsqueda de informaciones daban pábulo a la sospecha.

Indochina atrapó a Greene. Su amigo Evelyn Waugh señaló que a Greene le atraía el “inquietante inframundo de chismes, espionaje, soborno, violencia y traición”. El país de los arrozales dorados, de las mujeres vietnamitas con pantalones de seda, los cafés del puerto de Saigón, las noches del casino Grand Monde en Cholón, el mayor del mundo, con sus paredes amarillas, sus croupiers y guardaespaldas, donde Greene hace que se conozcan el cínico Fowler y la delicada Fuong en El americano impasible, y donde se jugaban fortunas, pero también se bailaba en la gran sala y se escuchaba a la orquesta con músicos de smoking blanco y pajarita, donde se comerciaba con la prostitución, las drogas, el contrabando de oro, las falsificaciones, el mercado negro de dólares, en medio del peligro y la emoción del estallido de las granadas en Saigón y en los canales del Mekong, de los patrullajes de las tropas francesas tras los guerrilleros del Viet Minh, de los chismorreos de periodistas y espías, de las chicas en bicicleta por la calle Catinat, del ruido seco de las mesas donde se jugaba al Mah-Jong. Todo lo cautivó.

Greene se alojaba en el hotel Continental de la calle Catinat de Saigón, en la habitación 214, justo en la esquina del edificio, desde donde podía ver a los conductores esperando o durmiendo en sus rickshaw, junto a la acera. Toda esa vida del Vietnam colonial aparece en El americano impasible. Fowler, el protagonista, vive también en la calle Catinat, la actual Đồng Khởi que ya ha olvidado al mariscal del que procedía su nombre francés, tiene un ayudante hindú llamado Domínguez para hacer sus trabajos de reportero, y va a beber cerveza a la terraza del Continental, como tantas veces hizo Greene. En ese escenario de las calles de Saigón, Greene señala la ambigüedad ética más perversa presentada con el rostro de la inocencia, como hace con Pyle, el americano impasible. Pyle (su hombre tranquilo, inocente, seguro de las razones morales de su país y de su empeño por la democracia y la libertad) entrega los explosivos plásticos a quienes realizarán las acciones terroristas y achacarlas después a los comunistas: Pyle, aunque él se crea un hombre justo, es la inocencia perversa, la mentira de la propaganda, el horror de Langley, el anuncio de la sangre con que el Pentágono ahogará poco después a toda Indochina.

La novela de Greene se convirtió en un libro imprescindible para todos los periodistas destinados a Vietnam y a Indochina. “Acostarse con una anamita es como acostarse con un pájaro; gorjean y cantan sobre la almohada” escribió en El americano impasible. Entonces, llamaban anamitas a la gente de Vietnam, un país regado por los monzones que quedaba a treinta horas de vuelo de Europa, donde Greene recorría los fumaderos de opio y los burdeles. Junto a la plaza Lam Sơn estaba el café Pavilion, en la esquina de la calle Lê Lợi y la calle Nguyên Huê, hoy junto a Nhà hát Thành, el teatro municipal de la ciudad Ho Chi Minh, y muy cerca de donde ahora está la estatua del tío Ho. Allí se congregaban los intelectuales, políticos, diplomáticos, periodistas, mercenarios, espías del viejo Saigón, que tomaban café en el ambiente del lujo francés, comían en los restaurantes Brodard y La Pagodel, en el Majestic y el Grand Hotel, y conspiraban, mientras se jugaba a los dados en las calles de Saigón y los paracaidistas franceses recorrían los canales, y algunos obispos velaban armas al frente de sus ejércitos privados, y las moscas se arremolinaban en los cadáveres abandonados en el agua, entre el olor de la cordita y el napalm lanzados por los aviones franceses.

Los personajes que articulan la novela son Thomas Fowler, el periodista británico que frecuenta fumaderos de opio, cínico, aunque no puede evitar el llanto cuando pierde a su amante vietnamita, y Alden Pyle, el americano tranquilo, de la legación estadounidense. Pyle es un agente de la CIA que trabaja en la construcción de un bloque político que se sitúe entre los franceses y los comunistas, incluso recurriendo al terrorismo, como el atentado de la plaza Garnier, Lê Lợi, que narra Greene y que abre los ojos a Fowler: el general Trinh Minh Thé, a quien apoyan los norteamericanos, fue el autor de la matanza de la que después acusaron a los comunistas. Greene se basó en un suceso real: un atentado en enero de 1952, y describe a su Fowler conmovido por la visión de la mujer sentada en el suelo que tapa con su sombrero de paja el cadáver de su pequeño muerto por la detonación. La CIA no había dejado nada al azar: además de avisar con antelación a los suyos para que se alejasen de la plaza, el fotógrafo de Life estaba esperando el estallido de la bomba en un lugar resguardado para tomar después fotografías. Tras la explosión captó una de un conductor muerto, sentado en su rickshaw: la bomba le había arrancado las piernas. La fotografía fue publicada en Estados Unidos achacando el atentado a los comunistas, y difundida también en el sudeste asiático; en Manila llevaba por título «la obra de Ho Chi Minh».

Después, seguirían múltiples atentados con bombas instaladas en bicicletas, preparadas por los servicios secretos estadounidenses y sus cómplices de Saigón. En esos años en que Greene está en Vietnam, los hombres de Trinh Minh Thé hicieron numerosos atentados terroristas para culpar a los comunistas. Asesores militares de Estados Unidos, como Edward Landsdale, pactaron con Trinh Minh Thé el apoyo al primer ministro Ngô Đình Diệm, que después se convirtió en presidente del régimen títere de Vietnam del sur. Landsdale, que ya había estado en Filipinas organizando las matanzas contra la guerrilla comunista, era un tipo siniestro, agente de la CIA, asesor de los franceses en Vietnam, reclutador de asesinos y mercenarios para llevarlos a Vietnam a combatir a las fuerzas del Viet Minh.

Francia se retiró de Indochina en 1955, tras la derrota de Dien Bien Phu, y dejó a Estados Unidos el camino libre para levantar un estado títere en el sur de Vietnam, incumpliendo el compromiso de convocar elecciones en julio de 1956 porque hubieran dado la victoria a los comunistas. Entonces, tras la salida de los franceses, Greene preparó una compleja operación para entrar en contacto con Ho Chi Minh en Hanói y entregarle una carta. En la entrevista, Ho Chi Minh le dio a Greene una película, que ha desaparecido. Greene, como se aprecia en su novela, desconfiaba de los propósitos estadounidenses. A partir de 1954, con los franceses derrotados, Estados Unidos hizo que el gobierno fantoche de Ngô Đình Diệm lanzase una ofensiva feroz, con matanzas en Chí Thạnh, Mỏ Cày, Bình Thạnh, Ngân Sơn, Châu Đốc y Cu Chi (donde existían los túneles de la guerrilla). Washington no le agradeció a Ngô sus servicios: fue asesinado en noviembre de 1963 durante el golpe de Estado organizado por la CIA. La Legación norteamericana estaba en Saigón en el 39 de Hàm Nghi, un edificio amarillo que albergó a los diplomáticos y espías estadounidenses de 1950 a 1967, hasta que el atentado con un coche bomba en 1965, los llevó a instalar la embajada en el bulevar Thống Nhất (hoy, Lê Duẩn): ese es el lugar de Saigón (ahora, ciudad Ho Chi Minh) que en abril de 1975 fue el escenario de la derrota y de la retirada final de Estados Unidos, con sus hombres y los colaboracionistas colgando de los patines de aterrizaje de los helicópteros para llevarlos a los barcos anclados en alta mar.

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A Green le gustaba recordar los años de Indochina, el peligro de la vida en Vietnam. Es en el puente de Dakow donde aparece ahogado el cuerpo de Pyle, el americano impasible; la vida transcurría entre Đông Khởi, el bulevar Lê Lợi, el fumadero de opio de la rue d’Ormay, la calle Nguyễn Huệ, y el fascinante barrio chino de Cholón, que había visto a la pequeña Marguerite Duras esperando a su amante veinte años atrás. Es probable que Greene estuviera caminando durante años en el filo de la navaja, atrapado entre su vieja camaradería con los miembros del MI6 y sus inclinaciones políticas, y que no dejase nunca de colaborar con el servicio secreto británico, como Somerset Maugham y Compton Mackenzie. Su amistad con Maurice Oldfield, que fue el jefe del MI6 en los años setenta, así parece indicarlo: es difícil pensar que no compartieran confidencias, chismorreos, informaciones, análisis. Es probable también que el MI6 desconfiara de Greene pero valorase sus opiniones.

Con Philby había sido amigos desde la Segunda Guerra Mundial. Greene era un hombre de izquierda y Philby era comunista, y su huida a la Unión Soviética no rompió su amistad. Amigos en la distancia durante tantos años, el viejo sueño de Philby se cumplió en Moscú: “Tener a Graham Greene sentado frente a mí y, entre los dos, una botella de vino.” No se despidieron en una estación, pero no importaba. En el cuaderno que alimentaba Yvonne Cloetta, el carnet rouge, Greene escribió: “Es en las estaciones de ferrocarril donde te das cuenta de las personas que aman. Siempre son las últimas que quedan en los andenes, despidiéndose con sus pañuelos blancos cuando arranca el tren que se lleva a sus seres queridos.”

Por Higinio Polo
Fuentes: El viejo topo