jueves, 30 de julio de 2026

5 alimentos que ayudan a cuidar nuestros huesos (más allá de la leche)

Imagen a blanco y negro de tres niños bebiendo leche de tazas y con cantinas de acero en frente


Nuestra densidad ósea empieza a disminuir antes de lo que imaginamos, así que asegurarnos de que nuestra dieta sea rica en ciertos nutrientes puede ayudarnos a mantener el esqueleto fuerte.

Uno de los primeros consejos de salud que muchos de nosotros recibimos es que beber leche nos ayudará a desarrollar huesos resistentes. De niños, a muchos nos animaban a terminarnos la leche en el recreo con la promesa de que el calcio nos ayudaría a desarrollar un esqueleto fuerte y sano.

Y aunque este consejo que hace hincapié en los lácteos suele quedar grabado en nuestra memoria desde que somos pequeños, luego no se habla tanto de lo habitual que es tener huesos frágiles en etapas posteriores de la vida, y de cómo, si no protegemos nuestros huesos cuando somos jóvenes, nos exponemos a un mayor riesgo de sufrir fracturas.

Lo bueno, por suerte, es que hay algo que podemos hacer al respecto, tengamos la edad que tengamos: con una dieta rica en nutrientes adecuados, junto con un estilo de vida activo, todos podemos tener los huesos más sanos.

Y no, no sólo son los lácteos.

Desgaste natural

Nuestra salud ósea se forma décadas antes de que los huesos empiecen a mostrar signos de fragilidad.

Así que el esqueleto que tendremos en la vejez depende de la reserva ósea que acumulemos durante la infancia y la primera etapa de la edad adulta, cuando los huesos se vuelven más fuertes y densos antes de alcanzar su máximo desarrollo, afirma Kate Ward, profesora de salud musculoesquelética global en la Universidad de Southampton, en el Reino Unido.

A partir de ahí, empezamos a perder densidad a medida que envejecemos. Además, hay alrededor de 500 millones de personas en todo el mundo que padecen osteoporosis, una enfermedad que debilita los huesos, haciendo que se vuelvan más delgados y frágiles.

Afecciones como la osteopenia y la osteoporosis suelen ser enfermedades silenciosas que no presentan síntomas hasta que se produce una fractura que puede alterar la vida del paciente, explica Julie Thompson, de la Royal Osteoporosis Society de Reino Unido.

Esto ocurre especialmente en el caso de las fracturas de cadera. Se registran más de 10 millones al año en todo el mundo entre las personas mayores de 55 años y las consecuencias pueden ser graves, ya que pueden dar lugar a complicaciones como neumonía o infartos de miocardio.

En total, alrededor del 30% de los pacientes mayores de 60 años fallecen en el plazo de un año tras sufrir una fractura de cadera, aunque también pueden influir otros factores como la edad y las enfermedades preexistentes.

A medida que las mujeres envejecen son especialmente vulnerables a la pérdida de densidad ósea, sobre todo durante la menopausia, y presentan una mayor prevalencia de osteoporosis, aunque los hombres también se ven afectados.

"Históricamente, la osteoporosis se consideraba una enfermedad de mujeres, y eso se debía a que [más] hombres fallecían a los 60 años a causa de enfermedades cardíacas. Ahora viven lo suficiente como para que se manifieste la osteoporosis", afirma Bess Dawson-Hughes, profesora de medicina en la Universidad de Tufts y especialista en función ósea y muscular.

Entonces ¿qué podemos comer para asegurarnos de que nuestros huesos se mantengan fuertes?

Imagen a blanco y negro de los años 50. Se ve una niña y un perro toman leche cada uno de una botella de vidrio diferente Fuente de la imagen,Getty Images

1. Lácteos como el queso y el yogur

El calcio, la vitamina D y las proteínas son los principales factores que influyen en la salud ósea, y nutrientes como la vitamina K, el magnesio, el zinc y el fósforo son importantes para mantener unos huesos y músculos sanos.

Es de sobra conocido que los alimentos ricos en lácteos son, efectivamente, ricos en calcio: un vaso de leche de 200 ml aporta unos 260 mg.

En un estudio reciente, los investigadores analizaron los efectos de un mayor consumo de lácteos y proteínas en 7.195 personas mayores que vivían en residencias y descubrieron que, a lo largo de dos años, las personas del grupo con mayor consumo de lácteos presentaban un riesgo un 11% menor de sufrir caídas y un 46 % menor de sufrir fracturas de cadera.

Dado que la intervención aumentó tanto el consumo de calcio como el de proteínas, los investigadores sugieren que podría ser la combinación de ambos lo que proporcionó el efecto protector.

En cuanto a la cantidad que se debe consumir, las recomendaciones varían de un país a otro.

En Reino Unido se recomienda a los adultos consumir unos 700 mg de calcio al día. Si hay riesgo de osteoporosis, la recomendación es de 1.000 mg al día. Por su parte, las mujeres posmenopáusicas deberían aspirar a alcanzar los 1.200 mg.

Mientras, en EE. UU. se recomienda que los adultos consuman entre 1.000 y 1.200 mg de calcio al día, dependiendo de la edad y el sexo.

2. Soya

planta de edamame 

Las habas de edamame contienen calcio, proteínas e isoflavonas, los cuales pueden contribuir a la salud ósea a largo plazo. Hay muchas fuentes alimenticias no lácteas que te ayudan a incorporar calcio a tu dieta, afirma Ward. Una de ellas son los alimentos de soya o soja, como el tofu y las habas de edamame: 100g de tofu contiene 200 mg de calcio.

Cada vez hay más pruebas de que los alimentos de soya podrían reducir el riesgo de fracturas.

La soya contiene un tipo de compuesto vegetal natural similar al estrógeno, denominado isoflavona. Los estudios también han revelado que las mujeres posmenopáusicas con un alto consumo de suplementos de soya presentan una mayor densidad ósea.

Un metaanálisis en el que participaron más de 9.000 mujeres posmenopáusicas reveló que aquellas que tomaban suplementos de isoflavonas de soya mostraban pequeñas mejoras en la densidad mineral ósea de la columna vertebral, la cadera y el antebrazo.

Los mayores beneficios se observaron con suplementos de dosis más altas tomados durante al menos un año, pero se necesitan más investigaciones para comprender los beneficios de consumir alimentos de soja en comparación con los suplementos.

Otra fuente de soya es el tempeh, que se elabora mediante fermentación, un proceso que descompone los compuestos conocidos como antinutrientes, que pueden interferir en la absorción de minerales importantes para la salud ósea. Como resultado, nuestro organismo puede absorber más calcio del tempeh.

3. Semillas de chía

Semillas de chía 

Las semillas de chía son ricas en calcio, magnesio y fósforo, todos ellos beneficiosos para la salud ósea

Las semillas de chía son una excelente fuente de calcio, magnesio y fósforo, y solo necesitamos una pequeña cantidad para obtener numerosos nutrientes. Una cucharada contiene 95 mg de calcio.

También son ricas en ácidos grasos omega-3, que ayudan a reducir la inflamación. Esto es especialmente importante, ya que la inflamación crónica puede hacer que el cuerpo degrade el tejido óseo viejo más rápido de lo que tarda en reconstruirlo.

Con el tiempo, este desequilibrio puede aumentar el riesgo de osteoporosis.

En estudios con animales, las ratas alimentadas con semillas de chía durante más de un año presentaron un mejor contenido mineral óseo que aquellas que siguieron una dieta estándar.

Aunque los resultados son prometedores, se necesitan más investigaciones para comprender si se produciría el mismo efecto en las personas.

4. Frutas secas como las ciruelas pasas e higos

Quizá no pienses inmediatamente en la fruta seca cuando se trata de la salud ósea, pero alimentos como los higos y los albaricoques son ricos en calcio. Dos higos secos, por ejemplo, contienen unos 100 mg de calcio.

La fruta fresca también puede ser una fuente de calcio, ya que una naranja contiene unos 50 mg.

Los higos y los albaricoques también contienen magnesio, que ayuda a favorecer la formación ósea y el equilibrio mineral.

Además, muchas frutas son ricas en polifenoles, unos compuestos vegetales naturales con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que pueden ayudar a ralentizar la degradación ósea.

Un ensayo controlado aleatorizado reveló que las mujeres que consumían 50 g de ciruelas pasas al día durante un año experimentaban una menor pérdida ósea que aquellas que no consumían esta fruta.

Mientras, un estudio de revisión concluyó que un mayor consumo de frutas y verduras se asociaba con una mayor densidad mineral ósea y un menor riesgo de fracturas.

5. Pescado enlatado

sardinas en lata 

Una lata pequeña de sardinas puede aportar hasta el 30% del calcio que necesitas al día (una lata de 60 gramos contiene unos 240 mg de calcio).

El salmón en conserva también tiene un alto contenido en calcio, además de ser rico en proteínas, que desempeñan un papel fundamental en el mantenimiento de unos huesos sanos, la conservación de la masa muscular y el apoyo a los procesos de reparación del organismo.

"En realidad, los huesos y los músculos deben considerarse como un único sistema", afirma Dawson-Hughes. "Si consigues mantener la fuerza muscular, reducirás el riesgo de caídas y disminuirás drásticamente el riesgo de fracturas".

El pescado azul también es rico en vitamina D, que ayuda al organismo a absorber el calcio. La carencia de este nutriente se asocia con fatiga, disminución de la función muscular y mayor riesgo de caídas.

¿Y los suplementos?

Los beneficios de tomar suplementos para la salud ósea siguen siendo un tema controvertido entre los investigadores, debido a los resultados contradictorios, afirma Amelia Moore, investigadora de la Unidad de Osteoporosis del Guy's Hospital de Londres.

Esto se debe a que su eficacia depende de la población que los toma, explica.

Las investigaciones sugieren que los suplementos de vitamina D podrían no prevenir las fracturas en personas sanas, aunque estudios anteriores revelaron que podrían reducir el riesgo de caídas entre las personas mayores.

Si tomamos una dosis excesiva (más de 100 microgramos, lo que supera con creces la cantidad diaria recomendada de 10-15 microgramos), podría aumentar el riesgo de caídas.

Esto sugiere que "más no es mejor", afirma Dawson-Hughes.

No sabemos con certeza por qué, añade, pero una dosis excesiva podría aumentar los niveles de una hormona que reduce la cantidad de vitamina D disponible para nuestro organismo.

una persona tiene en una mano varias pastillas y en la otra un vaso con agua

Aunque en Estados Unidos y Reino Unido se aconseja a los adultos que tomen un suplemento de vitamina D, algunos expertos sostienen que solo las personas mayores o los grupos de riesgo deberían tomarlos, especialmente quienes tienen poca exposición al sol.

A nivel mundial, alrededor del 15% de la población presenta deficiencia, y es más frecuente en invierno.

Por su parte, los suplementos de calcio solo se recomiendan para quienes no pueden obtener una cantidad suficiente a través de la dieta.

"Si sigues una dieta que incluye lácteos, proteínas, verduras de hoja verde, pescado y carne, obtendrás todas las vitaminas y minerales que necesitas, pero habrá personas que no dispongan de ello. Y esas personas probablemente necesitarían tomar suplementos», explicó Sagen Zac-Varghese al programa What's Up Do de la BBC.

Por supuesto, hay muchos alimentos veganos que contienen calcio de forma natural, como las verduras de hoja verde, las semillas de sésamo y diversas legumbres, y es posible que algunas personas puedan obtener una cantidad suficiente a partir de estas fuentes.

Sin embargo, un metaanálisis reveló que los veganos tienden a consumir menos de este nutriente que los omnívoros o los vegetarianos, y los expertos afirman que los veganos deberían plantearse el consumo de alimentos enriquecidos o suplementos.

En general, "las mejores formas de mantener nuestros huesos sanos pasan por seguir una dieta sana, equilibrada y variada", afirma Moore.

Y, por supuesto, combinarlo con mucho ejercicio de resistencia. 

miércoles, 29 de julio de 2026

¿Cuál es el secreto de la felicidad en los países nórdicos?

¿Sabes cómo conseguir que una empresa estadounidense te ofrezca un sueldo excelente y prestaciones increíbles, incluso para un puesto de nivel principiante?

Múdate a Noruega y acepta el trabajo allí.

Los obreros de la construcción, las camareras de hotel, los empleados de gasolineras y los cajeros de tiendas suelen ganar más de 20 dólares la hora, además de bonificaciones por trabajar por la noche o los fines de semana, unas cinco semanas de vacaciones pagadas al año, una pensión, licencias de maternidad y paternidad que suman un año en total y días libres remunerados cuando un hijo está enfermo. Incluso puedes recibir días libres pagados si te mudas a una nueva vivienda.

Esas son, en términos generales, las condiciones que ofrecen tanto las empresas noruegas como las extranjeras, incluidas tiendas como 7-Eleven, los restaurantes Burger King y gasolineras afiliadas a ExxonMobil. Lo que nos lleva a preguntarnos: si las empresas estadounidenses y otras multinacionales pueden ofrecer condiciones tan generosas para trabajos en el sector minorista en Noruega, ¿podrían hacerlo también en nuestro país?

Ya llegaremos a eso, pero lo que vemos aquí es el resultado del modelo social y económico nórdico, que busca reducir la desigualdad, potenciar las oportunidades y optimizar la calidad de vida, con especial énfasis en quienes se encuentran en los escalones más bajos de la escala de ingresos. Lo que solemos considerar empleos de “bajos salarios” no son realmente mal remunerados en Noruega, y además incluyen atención médica y guarderías subvencionadas por el Estado, además de sindicatos fuertes que garantizan que los despidos sean poco frecuentes.

¿Quieres seguridad, atención médica y el sueño americano? Fíjate en Escandinavia.

“Nosotros vivimos de verdad el sueño americano”, me dijo Jens Stoltenberg, ex primer ministro de Noruega y actual ministro de Finanzas. “El sueño americano es más una realidad en los países nórdicos que en Estados Unidos”.

Los escépticos han argumentado que las generosas prestaciones sociales y los elevados impuestos resultantes han frenado las economías nórdicas. Quizá un poco. “Adiós, modelo nórdico”, escribía The Economist en 2006. Pero Noruega es ahora más rica que Estados Unidos en términos de renta per cápita, y los trabajadores noruegos son más productivos que los estadounidenses, con una mayor producción por hora. Los escandinavos viven más que los estadounidenses, y la gente es más feliz. Los cinco países nórdicos —Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia— figuran todos entre los seis países más felices del mundo según el Informe Mundial sobre la Felicidad, basado en encuestas de Gallup.

Sin embargo, los propios países nórdicos se enfrentan a retos importantes, como las presiones fiscales, la inmigración, una desigualdad creciente y, tal vez, cierto deterioro del consenso social. Algunos dudan de que el modelo pueda sobrevivir aquí, y mucho menos exportarse a países más grandes, menos homogéneos y más recelosos de los impuestos.

Por otro lado, no se trata de un modelo ajeno sino, para los estadounidenses, de un camino que alguna vez nosotros mismos abrimos. Lawrence Katz, un economista de Harvard, me contó que Estados Unidos y los países escandinavos aplicaron políticas similares desde la década de 1940 hasta la de 1960. Ese fue el periodo en el que Estados Unidos amplió rápidamente las oportunidades educativas, contaba con sindicatos fuertes y, en la década de 1940, experimentó con el cuidado infantil universal. A veces se considera que el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial fue una época dorada, ya que el pastel económico no solo creció, sino que también se repartió de forma más equitativa.

“Estados Unidos a mediados del siglo XX se parecía un poco a la Escandinavia de hoy”, dijo Katz. Pero Estados Unidos cambió de rumbo en la década de 1970 y acabó adoptando la revolución de Reagan.

Una de las razones de ese retroceso, según he argumentado, fue la retórica política racializada que tildaba algunos programas de protección social e inversiones en igualdad de oportunidades —utilizados por estadounidenses de todos los ámbitos sociales— de “limosnas” que beneficiaban principalmente a la población negra, haciendo especial hincapié en la caricatura de la “reina de la asistencia social”.

También es cierto que la economía estadounidense de la década de 1970 no rendía lo suficiente y que los mercados necesitaban un empujón en forma de desregulación. Mientras tanto, los países nórdicos siguieron, en gran medida, invirtiendo en capital humano y reduciendo la desigualdad.

Aunque llevo décadas visitando los países nórdicos, mi interés por su modelo creció en los últimos 15 años debido a las dificultades que atraviesa mi ciudad natal, en la zona rural de Oregón. Cerraron fábricas y plantas industriales, apareció la metanfetamina y tres amigos del colegio murieron en situación de calle.

No puedo evitar pensar que quizá hoy seguirían vivos si hubieran nacido en Escandinavia, con su sólida red de protección social.

¿Cómo funciona este sistema en la práctica?

Piensa en Hauk Kjaeran, de 24 años, mesero en el restaurante Nektar de Oslo. Lleva solo unos meses en el trabajo, pero gana más de 25 dólares la hora, sin contar las propinas.

Además, tiene cinco semanas de vacaciones, acumula una pensión, tiene derecho a amplias bajas por paternidad y por enfermedad, y está estudiando para ser sumiller, todo ello financiado.

Una semana laboral completa en Noruega es de 37,5 horas, pero Kjaeran pidió un contrato al 60 por ciento. “Tengo otras cosas que hacer y también me gusta mi libertad”, explicó.

Una mesera del restaurante está de licencia, dando la vuelta al mundo en barco con unos amigos. Le pregunté a la dueña del restaurante, Veslemoey Hvidsten, qué pensaba de su empleada ausente.

“Ella quería hacer esto”, dijo Hvidsten. “Así que le dijimos: ‘Sí, ¿por qué no?’”.

Hvidsten subrayó que su objetivo no es exprimir hasta el último centavo de su restaurante y que los empleados felices benefician tanto a los clientes como a su negocio.

“Así es como construimos todo el país”, añadió. “Cuidándonos unos de otros”.

Cuando los estadounidenses hablan del sistema nórdico, suelen incurrir en tres malentendidos.

El primero es creer que son países socialistas. Aunque con frecuencia son gobernados por socialdemócratas, tienen economías de mercado. Suecia sí que experimentó en las décadas de 1970 y 1980 con políticas cuasi-socialistas, pero el resultado fue una crisis económica. Como dijo Johan Norberg, un escritor sueco: “Hemos sido socialistas y hemos tenido éxito, pero nunca las dos cosas a la vez”.

El segundo malentendido es creer que, gracias a sus sólidos sistemas de bienestar, los ciudadanos de los países nórdicos se quedan de brazos cruzados cobrando prestaciones. Claro, hay quien se aprovecha del sistema, pero la tasa de actividad es más alta en los países nórdicos que en Estados Unidos.

El tercero es creer que, en el caso de Noruega, su éxito es principalmente un reflejo de su riqueza petrolera. El petróleo le ha dado a Noruega un buen colchón, pero el país también lo ha gestionado excepcionalmente bien, invirtiéndolo en uno de los fondos soberanos más grandes del mundo. Además, según Geir Axelsen, director general de la Oficina de Estadística de Noruega, el aumento de la participación femenina en el mercado laboral noruego desde principios de la década de 1970 parece haber aportado al producto interno bruto del país más o menos lo mismo que el petróleo.

De hecho, las mujeres son un componente subestimado del motor económico nórdico. Históricamente, las mujeres estadounidenses tenían tasas de participación en el mercado laboral más altas que las de la mayoría de los demás países, pero ahora Escandinavia supera con creces a Estados Unidos en este indicador. En 2025, alrededor del 56 por ciento de las mujeres estadounidenses en edad de trabajar formaban parte de la fuerza laboral; en Suecia y Noruega, la cifra rondaba el 62 por ciento; en Islandia, el 70 por ciento. Tener la flexibilidad de trabajar a tiempo parcial o ajustar el horario es un factor que, sin duda, aumenta la proporción de mujeres en la población activa de los países nórdicos. Otro factor es la disponibilidad de guarderías de alta calidad. El sistema noruego, representativo de la región, acepta a niños a partir de 1 año y el costo ronda los 120 dólares al mes. Para las familias de bajos ingresos, es prácticamente gratuito.

“Si no fuera por esta guardería, no tendríamos tres hijos”, me dijo Mats Brekke, ingeniero solar, mientras pasaba por la guardería de Oslo donde su hijo del medio pasa el día. Llevaba en brazos a su hija de 10 meses; ella empezará en agosto.

La guardería donde conocí a Brekke estaba en un barrio obrero de Oslo, con salas luminosas y un grupo diverso de niños jugando juntos, todos parloteando en noruego. Ese es uno de los objetivos del sistema: animar a los niños de las comunidades de inmigrantes a sentirse noruegos desde pequeños.

“Especialmente para los niños que vienen de otros países, como los inmigrantes o los refugiados, esto les ayudará a integrarse”, dijo la maestra Worod Alkazemi, ella misma noruega de origen iraquí que cuenta que fue “moldeada” como noruega hace una generación, cuando era una niña pequeña en la guardería.

Una quinta parte de los noruegos son inmigrantes o hijos de inmigrantes, a menudo procedentes de países como Siria o Somalia, con culturas sociales conservadoras. Las guarderías intentan fomentar las actitudes sociales nórdicas, que suelen ser más liberales.

“Estamos en junio y hablamos del Mes del Orgullo”, dijo Cathrine Pedersen, la directora de la guardería, en cuya fachada ondeaba una bandera arcoíris. “Para tener un símbolo de diversidad. Para mostrar que hay diferentes formas de vivir la vida”.

Para entender cómo evolucionó el sistema socioeconómico nórdico, me pasé por la oficina de Kalle Moene, economista de la Universidad de Oslo. El sistema se remonta a la década de 1930, dijo, cuando los trabajadores de los sectores prósperos de la economía acordaron moderar sus exigencias salariales para apoyar a los sectores que atravesaban dificultades.

Ese principio —sacrificarse para ayudar a quienes no están tan bien— sigue siendo la base del modelo empresarial de la región. Los noruegos con mayor poder adquisitivo están dispuestos a ceder parte de sus ingresos para garantizar que los trabajadores de cuello azul puedan salir adelante.

Moene sostiene que esta compresión salarial fomenta la innovación y el dinamismo al aumentar la rentabilidad de las industrias en crecimiento y reducir las ganancias de las industrias rezagadas.

“Los salarios más bajos suben, eliminando los malos empleos”, dijo Moene. “Los salarios más altos bajan, lo que crea más empleos de calidad”.

Además, la red de seguridad social de los países nórdicos hace que los trabajadores tengan menos miedo a que el comercio y la tecnología les quiten el trabajo. Esto facilita la adopción de políticas que impulsan el crecimiento en general, pero que amenazan algunos puestos de trabajo, dijo Stoltenberg.

Me pregunto si la compresión salarial también habrá dado lugar a una compresión política. Parece haber menos toxicidad política en los países nórdicos que en Estados Unidos y en muchos otros países. Según los estándares internacionales, reina la civilidad. Aquí hay nacionalistas de derecha, pero no han ganado tanto terreno como en Alemania, Francia o Gran Bretaña.

Eirik Lae Solberg, el alcalde de Oslo, es una figura destacada del partido conservador del país. Se opone al impuesto sobre el patrimonio y, en general, considera que los impuestos noruegos son demasiado altos. Pero según los estándares estadounidenses, se le consideraría liberal.

“Creo firmemente que lo que hacemos en los países nórdicos para ofrecer oportunidades a todos fomenta el crecimiento”, me dijo Solberg. “En Estados Unidos, probablemente estaría en la izquierda”.

A pesar de todo el éxito que ha tenido el modelo nórdico hasta la fecha, está bajo gran presión. Muchas prestaciones sociales son caras, y financiarlas supone un reto cada vez mayor a medida que la población envejece y requiere más cuidados para las personas mayores.

“Todas las instituciones de la sociedad están bajo presión”, dijo Shazia Majid, columnista de VG, un periódico noruego. Señaló que, como hay tantas mujeres trabajando, no pueden cuidar de sus padres mayores —una labor doméstica que recaería más sobre las mujeres que sobre los hombres— y el sistema está en apuros económicos, incluso cuando necesita decenas de miles de trabajadores de salud más.

La inmigración se suma a estos retos, sobre todo en Suecia, donde una cuarta parte de la población está compuesta ahora por inmigrantes o sus hijos. Los delitos violentos, que los comentaristas suelen vincular con la inmigración, son un problema grave en Suecia (aunque el país está lejos de ser la “capital mundial de las violaciones”, como afirman algunos relatos sensacionalistas de la derecha).

Observadores serios, sobre todo Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo y exprimer ministro de Italia, sugieren que Europa ha perdido algo de su competitividad, y esa opinión también tiene eco en los países nórdicos. Creo que hay algo de verdad en eso, pero en el caso de los países nórdicos se puede exagerar un poco el alarmismo. Suecia ocupa el segundo puesto en el Índice Global de Innovación, elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, por delante de Estados Unidos, que está en tercer lugar. Finlandia y Dinamarca también están entre los 10 primeros.

He estado hablando de las políticas nórdicas, pero ¿y si el principal motor del éxito no fueran tanto las políticas como las normas sociales? Se trata de sociedades tradicionalmente homogéneas que mantienen valores comunitarios de apoyo mutuo. Cuando investigadores “perdieron” billeteras en 40 países de todo el mundo, los dos países con las tasas más altas de devolución de las billeteras (cuando contenían dinero) fueron Dinamarca y Suecia.

Mi impresión es que las normas y las políticas se refuerzan mutuamente. Iyad el-Baghdadi, un destacado palestino en Noruega al que se le concedió el estatuto de refugiado, dijo que los noruegos habían sido extraordinariamente acogedores y amables. Pero no es solo eso, añadió: “Es que así es el sistema”.

Stoltenberg puso un ejemplo de cómo las políticas dan forma a las normas. En la década de 1980, él y otros impulsaron las licencias de paternidad remuneradas, en parte para garantizar que los papás pasaran tiempo con sus hijos recién nacidos. Esta ingeniería social funcionó: los papás ahora participan activamente en el cuidado de los niños, lo que alivia un poco la carga de las mamás. “Esa es quizás una de esas reformas que realmente han cambiado Noruega”, me dijo Stoltenberg.

¿Es replicable el modelo nórdico? ¿Podrían las tiendas de conveniencia y las gasolineras de Estados Unidos pagar a sus cajeros y empleados 20 dólares o más por hora, además de una pensión y cinco semanas de vacaciones?

Un desafío, según me explicaron los economistas, es que, en comparación con muchos trabajadores estadounidenses, los noruegos suelen tener mayores índices de alfabetización, parecen más capaces de pasar una prueba de drogas, manejan mejor la tecnología y se puede confiar en que permanezcan más tiempo en sus empleos, lo que significa que los empleadores se benefician de una mano de obra más experimentada y productiva. En efecto, los empleadores nórdicos pueden pagar más, en parte porque los trabajadores generan más ingresos.

En ese sentido, aprender de los países nórdicos no es tan sencillo como subir el salario mínimo y ver cómo se dispara la felicidad. Más bien, se trata del reto de invertir en capital humano desde la primera infancia hasta la educación universitaria, impulsando sin descanso la ampliación de oportunidades a todos los niveles.

Todo esto supone un aumento de los impuestos. Pero también eleva las habilidades y hace que los trabajadores sean más productivos. Desde lejos, vemos lo mucho que reciben los trabajadores nórdicos; de cerca, también ves lo mucho que aportan.

martes, 28 de julio de 2026

El club de las mujeres valientes

Mujeres que leen. Un lienzo de experiencias, memorias y lecturas es un Trabajo de Fin de Máster de Victoria Galán que nace del interés por comprender qué lugar ocupa la lectura en la vida de las personas y cómo se construye el vínculo con los libros.

En el proceso de evaluación de los Trabajos Fin de Máster de mi Departamento de la Universidad de Málaga me encontré hace unos días con un trabajo titulado Mujeres que leen. Un lienzo de experiencias, memorias y lecturas. El trabajo estaba realizado por la alumna Victoria Galán Gallego y tutorizado por la profesora Nieves Blanco García. Mereció los elogios de los tres miembros que formábamos la Comisión evaluadora y la calificación fue de sobresaliente.

En la introducción decía la alumna que fue su abuela quien la infundió la pasión por la lectura. Una mujer. En el capítulo de agradecimientos, la autora dice: «A mi abuela, Mai. Porque si no fuera por ti, este trabajo no tendría sentido. Espero que estés tan orgullosa de ser mi abuela como me siento yo de ser tu nieta. Gracias por haberme enseñado a amar la lectura». Dice Jean de la Bruyère: solo un exceso es permitido en la vida, el exceso de gratitud. Pues bien, Victoria dedica más de una página a expresar su gratitud a todas las personas que la han ayudado en la vida.

Dice la autora que el trabajo nace del interés por comprender qué lugar ocupa la lectura en la vida de las personas y cómo se construye el vínculo con los libros a lo largo del tiempo. A partir de cuatro entrevistas a cuatro mujeres de entre 7 y más de 60 años, la investigación explora recuerdos, emociones, experiencias escolares, relaciones familiares y momentos vitales que han marcado sus trayectorias lectoras. Se trata de una investigación narrativa, donde las entrevistas muestran que la lectura no ocupa el mismo lugar para todas ni se vive de la misma manera a lo largo de la vida. También se hace visible una tensión recurrente entre la lectura entendida como obligación y la lectura vivida desde el placer, la curiosidad y la identificación personal. Más allá de los libros, el trabajo habla de mujeres, recuerdos y trayectorias vitales. Leer aparece como una forma de imaginar, comprender el mundo, acompañarse en determinados momentos y construir la propia identidad. En definitiva, se trata de un acercamiento a la lectura como experiencia humana y como parte de la historia de vida de quienes leen.

La abuela no solo estaba presente en la foto de la portada del trabajo en el que se ve a la abuela y a la nieta leyendo sino que estaba también presente entre el público que asistía al acto académico de la evaluación que este año estrenaba un nuevo formato.

Lectura y liberación
No me voy a detener en el análisis del foco, del marco teórico, de la fundamentación metodológica ni en el desarrollo de su trabajo de investigación. Quiero aprovechar el trabajo de Victoria para reflexionar sobre la importancia de la lectura como estrategia de liberación de las mujeres.

Escribe Victoria: «El análisis del papel de las mujeres en la historia de la lectura permite visibilizar su función como mediadoras fundamentales en la transmisión cultural de la práctica lectora. A pesar de que, en muchos contextos históricos, el acceso de las mujeres a la educación formal y a la cultura escrita ha estado limitado, estas han desempeñado un papel clave en la alfabetización familiar y en la creación de entornos lectores en el hogar. Las mujeres han sido, con frecuencia, las encargadas de leer en voz alta, seleccionar textos, acompañar los primeros aprendizajes lectores y legitimar la lectura como práctica valiosa. Reconocer estas experiencias resulta esencial para comprender cómo se ha construido socialmente la relación con la lectura y cómo las trayectorias lectoras femeninas han contribuido, de manera decisiva, a la transmisión intergeneracional del valor de los libros».

Al salir de la sesión le entregué a Victoria la referencia bibliográfica de un hermoso libro que acababa de leer sobre la cuestión y de cuyo título me he servido para encabezar estas reflexiones: El club de las mujeres valientes. Un libro del que es autora la periodista y novelista inglesa Kate Thomson.

Se trata de un libro que narra las vicisitudes de un club de lectura que organiza Grace La Motée, una de la protagonistas de la hermosa historia, que está encargada de la Biblioteca Pública que hace préstamos de libros que ella entrega a quienes lo solicitan haciendo un reparto con su bicicleta. Funciona la biblioteca en la isla de Jersey (la mayor de las islas del Canal de la Mancha) durante el tiempo de invasión de los nazis que ocuparon la isla desde 1940 a 1945. En tiempos de guerra la lectura actúa como un elemento de liberación y de resistencia. El libro cuenta la lucha incansable de un club de lectura que defiende el poder de los libros en tiempos de guerra. «La lectura era la única forma verdadera de alegría y solaz. La única libertad intelectual que aun poseían y la valoraban tanto como la vida misma», dice Kate Thomson.

La bibliotecaria tenía un espacio oculto en el que guardaba, bajo llave, los libros prohibidos por la censura. Al hacerlo, arriesgaba la libertad e, incluso, la vida. Me ha gustado que, al iniciar cada capítulo, la autora deje constancia de un libro prohibido por los nazis. En una de esas entradillas se dice. «Los nazis quemaron los libros de Sigmund Freud cuando Hitler ascendió al poder. Se afirma que Freud dijo: Cuánto estamos progresando. En la Edad Media me habrían quemado a mí. Ahora se conforman con quemar mis obras». Sus cuatro hermanas murieron en campos de concentración.

Recomendaría el libro a los jóvenes que hoy minimizan el horror que es una dictadura y que incluso manifiestan una admiración por ella que solo puede ser fruto de la ignorancia o de la estupidez. En el libro comprobarán cómo funciona la censura y cómo se vigila estrechamente cualquier actividad lectora. A las sesiones del club de lectura acudía puntualmente el censor que escuchaba lo que se leía y lo que se decía sobre aquello que se leía. La asfixia, el miedo y la opresión que ejerce la dictadura llega hasta los rincones más recónditos del ser humano. De hecho, el poder acaba prohibiendo el club y encerrando a su directora en una cárcel alemana.

Una forma poderosa de luchar contra el fascismo es la lectura. Una forma de sacudirse la opresión son los libros. Por eso me gusta tanto la expresión «más libros, más libres». Dice Eleana K. Arnold: «Cuando prohibimos libros, proclamamos que determinadas personas son inaceptables. Cuando prohibimos libros, impedimos conversaciones. Cuando prohibimos libros, dejamos que ganen los opresores».

Grace, la bibliotecaria le dice a uno de los ciudadanos que le va a llevar a un libro a una persona que tiene oculta en su casa y le dice cuánto significarán esos libros para la invitada:

- Una oportunidad de escapar, aunque solo sea durante unos capítulos.

La locura del fascismo
Las personas que padecen la locura del fascismo acaban haciendo suyo este deseo de Thomas Macaulay: «Preferiría ser un hombre pobre en una buhardilla con muchos libros que un rey que no amase la lectura».

Este es un artículo que se interroga sobre el papel de la mujer en las guerras. La señora Piquet, auxiliar de la bibliotecaria, «se pregunta por qué en la guerra solían ser las mujeres las que se llevaban la peor parte. Cuando terminara aquella terrible ocupación, ¿estudiarían algún día los historiadores el frente doméstico del mismo modo en el que sin duda analizarían el frente de batalla?». Toda la obra está llena de testimonios que muestran (y demuestran) la importancia liberadora de los libros y la compañía que brindan a quien está en una triste y angustiosa soledad. He aquí un ejemplo.

La obra es un canto al valor de los libros en tiempos de opresión y de guerra. Un ejemplo es este pequeño fragmento:

«En una voz tan baja que Bea tuvo que inclinarse hacia adelante para oírla, la anciana dijo:

- He pasado dos años escondida y ¿sabes qué me ha permitido salir adelante?

La joven negó con la cabeza.

- Leer. Los libros se han convertido en mis compañeros más leales».

La historia es también un homenaje a la amistad indestructible de dos amigas: Grace Le Motée, bibliotecaria y responsable del club de lectura y Beatrice Gold, funcionaria de correos que intercepta cartas de los delatores que denuncian a la policía a los vecinos que tienen escondidos en sus casas a fugitivos y a los que disponen de radios que les mantienen conectados con la realidad. La estructura de esta novela histórica se construye alternando los capítulos: Grace y Bea. Nada desvelaré sobre la trama ni el desenlace.

Voy a poner el punto final con las palabras que escribe Victoria Galán para finalizar su Trabajo Fin de Máster: «Cierro este trabajo con la misma emoción con la que abría aquellos libros los sábados de La Casa del Libro, con la certeza de que leer sigue siendo por encima de todo un acto de libertad».

lunes, 27 de julio de 2026

El silencio de las personas buenas

«El silencio anima al verdugo, nunca al atormentado», dijo Elie Wiesel, sobreviviente de los campos de concentración nazis.

El mal, efectivamente, no necesita que haya mayorías que lo defiendan y apoyen. Le basta con que la mayor parte de las buenas personas guarde silencio.

No estoy seguro de que hayamos aprendido lo suficiente de aquella historia que terminó en un drama brutal y sanguinario que costó millones de vidas humanas.

El silencio ante cualquier tipo de injusticia no es una postura neutral ni equidistante. Quien calla cuando contempla que algo se hace mal no se mantiene al margen; ocupa un lugar muy concreto, el de quien permite.

El silencio, mirar a otro lado y consentir el mal sin denunciarlo equivalen a convertirse en cómplices de quien lo lleva a cabo, de los delincuentes y verdugos. Callar es dar aliento a la maldad.

Y si todo silencio es, por ello, rechazable, aún más lo es el de las buenas personas. Las que callan no por ser indiferentes al dolor o al daño que produce el mal, sino por miedo, por comodidad o porque creen equivocadamente que su solo comportamiento no puede cambiar nada. Las que caen en la trampa de pensar que «no es para tanto», que «algún otro lo dirá» o que «este no es mi problema», creyendo ingenuamente que no les afectará el daño colectivo si disimulan, se ponen de lado y no se hacen notar.

El silencio de las personas buenas tiene un precio y es muy alto. Es el que a lo largo de la historia ha permitido que crezcan el autoritarismo, la violencia, la corrupción o la injusticia social. Y es, además, singularmente trágico. Las personas malas no engañan a nadie, son coherentes; las buenas que callan y guardan silencio se traicionan a sí mismas.

Y mucho más grave aún es el dejar pasar, dejar hacer y el asentir ante la injusticia y el totalitarismo cuando provienen de instituciones, organizaciones, grupos o movimientos en donde supuestamente se concentran los valores del conocimiento, el respeto y la libertad que pueden servir de referentes y guías para las sociedades ilustradas y libres. Mucho peor.

En España, como en otras naciones, estamos viviendo en medio de una extraordinaria violencia verbal que es la antesala de otra mucho peor. Los parlamentos se han convertido en lugares sucios donde se insulta sin piedad y con total bajeza, en donde se acusa sin pruebas y se difama sin más afán que destruir al adversario y denigrarlo. La política, el espacio común, se ha envilecido a propósito. Se busca conscientemente convertirla en ponzoña. Algunos dirigentes políticos (no todos, entiéndase esto bien) hablan como truhanes y siembran la semilla del odio y el enfrentamiento civil constantemente. Buena parte de la sociedad se contamina y toda ella aparece dividida. Se busca destruir al diferente y se le criminaliza, se le excluye y se le enfanga. Y, mientras tanto, millones de personas buenas se mantienen en silencio.

¿Se imaginan lo que pasaría en España, o en cualquier otro país, si las buenas personas que se levantan por la mañana y trabajan con decencia y respeto, que viven en paz y sin odiar a quienes son diferentes a ellas, que no insultan ni tratan con violencia a nadie, se levantaran y dijeran basta ya de bazofia y de ensuciar la convivencia? ¿Se imaginan si las personas buenas, en lugar de callar por miedo, por comodidad, por tratar de obtener alguna migaja de favor o prebenda, una cuota ínfima de poder o el favor de quien manda, actuaran con dignidad y reclamaran concordia, denunciaran la injusticia, la corrupción y la violencia sin insultar a nadie y admitiendo que la verdad y el patriotismo no son monopolio de sólo una parte de la sociedad?

Nada es igual cuando las personas buenas reaccionan, hablan y se pronuncian; y todo es peor y trágico cuando se esconden y guardan silencio.

¡Ay!, si las buenas personas lo fueran de verdad, se pusieran en pie de una vez y no callaran, como nos está ocurriendo, si se levantaran y pidieran al unísono diálogo, respeto a la diferencia y acuerdos para construir una casa común, que acaben ya con el insulto y el desprecio, la mala educación, el uso torticero de las instituciones, el odio y la agresividad inhumana entre los españoles, y callaran así la boca de quienes sólo buscan dividirnos en beneficio de los intereses de unos pocos que creen que España es suya.

Publicado en La Voz del Sur el 5 de junio de 2026 

Fuente: 

domingo, 26 de julio de 2026

Nelson Mandela, un espejo para la humanidad que nos enseñó lo que significa la solidaridad. Por Zohran Mamdani


Fuentes: Sin permiso


Discurso de Zohran Mamdani ante el “Foro de Liderazgo Global Nelson Mandela” de la Fundación Nelson Mandela


Buenas tardes.

Antes de decir nada, permítanme en primer lugar darles las gracias. Qué privilegio es estar aquí juntos para rendir homenaje a la dirección de la Fundación Nelson Mandela. A lo largo de 27 años, esta organización ha defendido que el legado de Madiba no pertenece sólo a los museos, sino también a los movimientos por la libertad. Me gustaría rendir homenaje a un hombre cuyo legado perdura en los millones de personas a las que sirvió de inspiración.

Madiba vive en cada protesta por la justicia, en cada llamamiento a la democracia, en cada marcha con una reivindicación justa. Madiba vive en cada barrio marginal y cada barrio pobre en el que la dignidad sigue siendo inalcanzable, y vive en cada persona que lucha por alcanzar esa dignidad, que trabaja toda la jornada y vuelve luego a casa con alimentos para los hambrientos y medicinas para los enfermos. Madiba vive cada vez que alguien es testigo de la opresión, la privación o la miseria, y no lo acepta como algo inevitable, sino como algo contra lo que puede luchar cada uno de nosotros. Muchos de nosotros sólo estamos donde estamos hoy —sólo podemos concebir lo que se basa en principios como algo posible— porque Madiba nos mostró el camino.

En todos los sentidos, Madiba fue el primero. El primer presidente negro de Mzansi [“Sur” en lengua xhosa, término para designar a Sudáfrica]. El primer jefe de Estado de Sudáfrica elegido en unas elecciones democráticas, cuando le votaron sudafricanos de todos los colores de piel. Pero para un niño de cinco años que, en 1996, en Ciudad del Cabo, vio el rostro de Madiba en las pancartas que ondeaban en las fachadas de los edificios, representaba él un tipo de «primero» completamente distinto. Madiba fue el primer presidente que conocí: un hombre que, por lo que parecía, tenía el poder de cambiar el mundo.

Resulta difícil explicar lo que eso significaba para un niño, de manera que permítanme expresarlo así: junto a los imanes de nevera de mi infancia, de David Seaman, Sylvain Wiltord y la plantilla del Arsenal, había un imán de Madiba con la camiseta de los Bafana Bafana. Cuando vuelvo con la memoria a aquellos primeros años de mi vida, la lección que más recuerdo es que la justicia debe constituir algo más que un ideal; debe ser algo tangible. Y recuerdo a un líder, más grande que la vida misma, que veía el mismo mundo que yo apenas empezaba a vislumbrar y que intentaba, intentaba siempre, utilizar su poder para cambiarlo.

En los años previos a su muerte, elevaron a Madiba a un panteón más allá de los simples mortales. Hoy en día, el Centro Nobel para la Paz lo describe como «un mesías para millones de personas». Si alguien merecía semejante reverencia, ese era Madiba. Quizás era en él en quien pensaba Riky Rick cuando rapeaba: «Todo lo que yo hago, quieren ellos hacerlo / Todo lo que yo digo, quieren ellos decirlo».

Y, sin embargo, esta noche, al reunirnos para renovar nuestro compromiso con lo que el liderazgo de Madiba demostró que era posible, también debemos reconocer que tratarlo más como un mito que como un hombre significa hacerle un flaco favor. Significa santificar a un hombre que, como es bien sabido, declaró en cierta ocasión: «No soy un santo, salvo que consideremos que un santo es un pecador que sigue intentándolo».

Era un hombre, tan propenso a las dudas como cualquiera de nosotros. Formaba parte de un movimiento tan dado a las luchas internas como cualquier colectivo en una marcha larga y sinuosa hacia un noble objetivo. Fue un líder que logró victorias trascendentales y, sin embargo, la lucha por conquistar la Sudáfrica con la que soñaba sigue pendiente.

Qué gran regalo es que Madiba tuviera defectos como todos nosotros, pues resulta imposible emular a un Mesías; lo único que podemos hacer es venerarlo. Y es su humanidad la que nos permite mirar a la próxima generación de líderes y decirles con sinceridad: también vosotros podéis ser Madiba.

Nos reunimos esta noche para lanzar el Foro de Liderazgo Global de la Fundación Mandela, para continuar la lucha por la dignidad que guio a Madiba durante casi un siglo. Nos reunimos para trazar un rumbo a través de las turbulentas aguas que se abren ante nosotros: un panorama global convulsionado por dictadores y corrupción, donde los derechos se hurtan en la oscuridad de la noche y donde persiste el apartheid en sus diversas formas. Estamos todos juntos, buscando respuestas, tratando de comprender estas fracturas, esforzándonos por hacer de líderes en medio de la agitación.

A menudo, en ocasiones como esta, quien tiene la fortuna de estar donde estoy yo ahora mira al público y les pide que imaginen qué habría dicho y hecho Madiba si estuviera hoy aquí. ¿Por qué no nos preguntamos, en cambio: cuando estuvo aquí, ¿qué dijo?? ¿Y qué le respondimos nosotros?

No hace falta ir muy lejos para encontrar la respuesta. Abrid estas puertas, caminad dos minutos hasta la estación de metro B o D en la calle 42 y tomad el tren hasta la calle 125. Caminad luego diez minutos y os encontraréis frente al Aaron Davis Hall de CUNY (City University of New York). Fue allí, el 21 de junio de 1990, apenas cuatro meses después de su liberación de Robben Island, donde acudió Madiba a un encuentro con el público presentado por Ted Koppel, de ABC News. Los ojos del mundo habían estado fijos en Madiba desde que saliera de prisión en febrero, como lo habían estado durante décadas; pero por primera vez, pudo reflexionar y responder si era todo aquello en lo que se le había convertido. Muchos estaban interesados ​​en dejar claro que no lo era. Koppel había disfrazado una emboscada de encuentro con el público. Entre el público, además de los que participaban vía satélite desde Sudáfrica, se encontraba gente con preguntas preparadas para atacar y aislar a Madiba.

Ken Adelman, un comentarista conservador que más tarde se convertiría en uno de los defensores más acérrimos de la invasión de Irak, interrogó a Madiba sobre su relación con líderes mundiales considerados enemigos por los Estados Unidos. Madiba rechazó la provocación y respondió: «Uno de los errores que cometen algunos analistas políticos es creer que los enemigos suyos deben ser enemigos nuestros».

Koos Van Der Merwe, líder del Partido Conservador Sudafricano, sermoneó a Madiba como si fuera un colegial malcriado, diciéndole: «Deje de lado la campaña violenta, siéntese, compórtese como una persona normal y hablemos; y, ya para terminar, olvídese del comunismo». Madiba sonrió. Luego, en afrikáans, respondió: «Me alegra conocerle. Espero que algún día tengamos la oportunidad de hablar de los asuntos de nuestro país».

Ya se pueden imaginar cómo transcurrieron los 80 minutos restantes. Una y otra vez, Madiba se veía tratado con condescendencia y tachado de terrorista, extremista violento y obstáculo para la paz. Después de cada pregunta hostil, Koppel metía el dedo en la llaga, esperando a ver si Madiba cedía. Y en cada ocasión, Madiba respondía a las preguntas con calma y sosiego.

Una hora después de iniciado el acto, Koppel volvió a preguntar sobre el apoyo de Madiba a la causa palestina. ¿Acaso esa solidaridad, preguntó, significaba que Madiba estaba dispuesto a enemistarse con la comunidad judía?

Era una pregunta tan rebuscada que Madiba tuvo que preguntarle a Koppel qué quería decir exactamente. Es también una pregunta que, francamente, resulta familiar —una pregunta que a mí mismo me han hecho muchas veces de modo similar—: si oponerse a los crímenes de guerra israelíes y a las violaciones del Derecho internacional te convierte de alguna manera en una persona que odia a un pueblo.

Madiba rechazó esa premisa. Muy al contrario, la transformó en una pregunta distinta: si puede existir una política de universalismo que esté plagada de excepciones. Si puede ser libre cualquiera de nosotros si hay quienes no lo son.

Hacia el final de su respuesta, dijo: «Pueden considerarlo una cuestión política o moral, pero ¿quién cambia sus principios según con quién trate? No es el caso de un hombre capaz de liderar una nación».

La hipocresía, la conveniencia política: estas fuerzas ejercen una gran atracción. Con frecuencia, es más fácil ceder, renunciar a una creencia arraigada, abandonar un principio, que mantenerse firme.

Ese fue el caso cuando el mundo le pidió a Madiba que transigiera sobre el partheid. Lo fue cuando muchos le pidieron que abandonara la lucha palestina por la libertad. Y sigue siendo verdad hoy.

Pero en ese momento, mientras Ted Koppel lo presionaba bajo los focos, Madiba nos mostraba el poder de la solidaridad universal e inquebrantable: una solidaridad que se extiende a todos, aun cuando se cuestiona la injusticia, aun cuando hay muchos que intentan negar la verdad. La solidaridad, como nos decía el Papa Francisco, es incómoda. La solidaridad, como demostró Madiba a lo largo de 95 años, no es sólo un valor, es una estrategia.

En esa exigencia suya de solidaridad, tanto para sí mismo como para cada uno de nosotros, Madiba se convierte en algo más que un hombre, más que un Mesías: se convierte en un espejo.

Cuando escuchamos su negativa a abandonar a aquellos con quienes compartía una causa común, ¿nos reconocemos? Cuando escuchamos su disposición a renunciar al poder antes que a sí mismo, ¿nos reconocemos? Cuando escuchamos su devoción por la solidaridad, no como un concepto abstracto sino como un llamamiento a la acción, ¿nos reconocemos? ¿O sólo reconocemos la versión de Mandela que no nos exige nada? Son demasiados los que lo hacen.

Pienso en los conservadores del Reino Unido, quienes, tras su muerte, describieron a Madiba como un «verdadero héroe mundial», a pesar de haberse dedicado en la década de 1980 a oponerse a las sanciones, al CNA (Congreso Nacional Africano) y a su liberación.

Pienso en quienes ocupaban los más altos cargos de nuestro gobierno federal, que decían venerar a Madiba, pero lo mantuvieron en las listas de vigilancia antiterrorista hasta 2008, cuando tenía 90 años de edad.

Pienso en los carceleros que abusaron de Madiba, que le causaron daños permanentes en la vista al trabajar sin protección en una cantera de cal, y que aun así asistieron a su funeral.

Pienso en cada una de estas personas, en cada uno de estos momentos de hipocresía, y me siento impotente. Y entonces recuerdo a Madiba: un hombre con la capacidad de perdonar, un hombre que mostraba solidaridad con todos.

Sólo gracias a esa solidaridad pudo Sudáfrica vislumbrar un futuro diferente al pasado. Sólo gracias a esa solidaridad podemos hacer lo mismo.

Dentro de tres días, el mundo conmemorará el Día de Nelson Mandela. Los niños de primaria harán presentaciones, los líderes mundiales emitirán declaraciones y serán millones los que se congreguen para honrar el legado de Madiba.

También conmemoraremos aquí el Día de Mandela, en la ciudad de Nueva York. Los neoyorquinos de los cinco distritos reflexionarán sobre la incansable lucha de Madiba por la libertad.

Pensaremos en organizaciones como Judíos por la Justicia Racial y Económica (JFREJ), que se reunieron por primera vez la semana del foro público de Ted Koppel para demostrar, de hecho, la gran cantidad de judíos neoyorquinos que se solidarizaban con Madiba y para celebrar un servicio de Shabat que recaudó 50.000 dólares para la lucha contra el apartheid.

Y al recordar a Madiba, el hombre, algunos, entre los que me incluyo, nos haremos una pregunta más profunda: ¿a quién tratamos hoy como se trató a Madiba antes de que la historia lo proclamara mesías? Por cada palabra de elogio que hoy usamos para describir a Madiba, ¿a quién se describe hoy tal como lo describió Ted Koppel entonces?

¿Quién más ha visto su humanidad condicionada, a quien le han dicho que su libertad puede esperar? ¿Quién más lidera una causa que glorificaremos en retrospectiva, pero que está siendo vilipendiada en el presente? ¿Quién más necesita nuestra solidaridad?

Pienso en Omar El Akkad, autor del libro One Day, Everyone Will Have Always Been Against This[Algún día todo el mundo habrá querido estar siempre en contra, Libros del kultrum, 2025]. Esa frase resume una de las costumbres más crueles y recurrentes de la historia. Con el tiempo, casi todos afirman haberse opuesto al apartheid. Con el tiempo, casi todos afirman haber apoyado a Madiba, a Martin Luther King Jr. Con el tiempo, casi todos afirmarán haberse opuesto a gran parte de la injusticia que hoy justifican.

Pero la justicia no se mide por nuestra posición después de que la historia haya emitido su veredicto, sino por nuestra posición mientras aún se está dictando.

¿Por qué tenemos que esperar a que entierren miles de padres más a sus hijos, a que miles más pierdan sus extremidades, sus hogares y su futuro, para unirnos e insistir en la libertad palestina?

¿Por qué el doctor Hussam Abu Safiya debe esperar más de 18 meses para verse liberado de su detención en Israel —una detención que continúa a día de hoy— después de que el mundo presenciara su secuestro al salir del hospital y cómo languidece en prisión?

¿Por qué tenemos que esperar mientras Umar Khalid entra en su sexto año de cautiverio en Delhi, un preso político encarcelado bajo las mismas acusaciones inventadas de terrorismo que se le imputaron a Madiba?

¿Por qué tenemos que esperar para solidarizarnos con los inmigrantes que son blanco de ataques y abusos, como Joan Sebastián Durán Guerrero, asesinado de un disparo en la cabeza por el ICE en Biddeford, estado de Maine, el lunes, o Amaramiro Emmanuel y Ekpeyong Andrew, dos nigerianos asesinados la semana pasada en las calles de Sudáfrica, por donde se ha extendido la xenofobia? ¿Por qué debemos esperar a poner en práctica la solidaridad hasta que ya no nos cueste nada?

La responsabilidad de responder a estas preguntas, con honestidad y plenitud, recae sobre cada uno de nosotros. Es la responsabilidad de integrar la solidaridad aún más en nuestras vidas, en nuestra política, en nuestra forma de interactuar con el mundo.

No es esta tarea fácil. El mundo en el que vivimos está diseñado para separarnos. El afán de lucro y los algoritmos están concebidos para enfrentarnos unos contra otros. Unos pocos con mucho explotan a muchos con poco. Seguimos lidiando con el genocidio en Gaza y la guerra en todo el mundo. Y, como siempre, se ganar dinero y se conquista poder demonizando a los pobres y avivando las llamas del odio racial.

Todas estas son fuerzas diseñadas para separarnos. Para alejarnos unos de otros. Pero, ¿acaso no eran estas las mismas condiciones que superó Madiba? Cuando Madiba llegó a la Isla Robben, azotada por el viento, con su conexión con el mundo exterior cortada, ¿acaso eso propiciaba la solidaridad? Cuando Madiba soportaba décadas de dominación racial y deshumanización, ¿acaso eso propiciaba la solidaridad? Cuando gobiernos y corporaciones movilizaban una riqueza y un poder extraordinarios para preservar el apartheid, ¿acaso eso propiciaba la solidaridad?

La verdad es que la solidaridad quizás se nutra mejor en medio de las condiciones que tratan de destruirla. Los trabajadores se levantan cuando los jefes restringen sus derechos. Los ciudadanos se unen cuando los autoritarios imponen represiones brutales. Toda lucha por un futuro mejor comenzó en un momento en el que ese futuro parecía inalcanzable. Como dijo Martin Luther King la noche antes de su asesinato: «Sólo en la oscuridad se pueden ver las estrellas».

Sin duda, hoy hay suficiente obscuridad. Pero sin duda, juntos en esta sala, podemos ver las estrellas. Esos pequeños focos de luz que son los trabajadores unidos para exigir dignidad. Que son los manifestantes manifestándose con calor y frío para pedir el fin de la guerra, del sufrimiento. Que son aquellos que, sin apenas nada, extienden sus manos para compartir lo poco que tienen con quienes tienen aún menos.

La solidaridad no es perfección. La solidaridad no es pureza. La solidaridad es que las personas se elijan unas a otras, a veces hasta por encima de sí mismas. La solidaridad, amigos míos, parece a menudo imposible, como si fuera algo que sólo una figura mítica podría hacer realidad. Y, sin embargo, tal como nos recuerda Madiba, a través de su vida, su liderazgo y sus palabras: «Siempre parece imposible hasta que se consigue». Logrémoslo juntos.

Muchas gracias.

Zohran Mamdani, miembro de los Democratic Socialists of America, desempeña desde el 1 de enero de 2026 el cargo de alcalde de la ciudad de Nueva York

Fuente: Oficina del Alcalde de la Ciudad de Nueva York, 16 de julio de 2026

Traducción: Lucas Antón

sábado, 25 de julio de 2026

_- Las astutas técnicas de las flores para atraer a los insectos y que les ayuden a reproducirse

Primer plano de una mariposa azul brillante posada sobre una flor de magnolia blanca cubierta de gotas de agua; ambas están aisladas sobre un fondo negro.


_- Todos sabemos que las flores son hermosas, pero quizás no te des cuenta de lo engañosas que pueden ser.

Aproximadamente el 90% de todas las especies de plantas vivas conocidas producen flores, que actúan como sus órganos reproductores.

Dentro de los pétalos se encuentran las partes masculinas que producen granos microscópicos llamados polen; estos forman las células sexuales masculinas y deben transferirse a las partes femeninas en un proceso llamado polinización.

Es posible que las plantas se autopolinicen, transfiriendo el polen dentro de la misma flor.

Pero la mayoría de las especies transfieren el polen entre diferentes flores, lo que aumenta la diversidad genética.

Primer plano de un tallo alto de color verde pálido con flores de color granate oscuro con forma de insecto.


Primer plano de un tallo alto de color verde pálido con flores de color granate oscuro con forma de insecto.

Fuente de la imagen,CreativeNature_nl/Getty Images


Pie de foto,

La orquídea mosca, a pesar de parecerse a una mosca para los humanos, atrae a las avispas excavadoras macho imitando el olor de una avispa hembra.

Algunas flores dispersan su polen mediante el viento, pero muchas dependen de su aspecto, olor y otras adaptaciones notables para que los insectos y los animales pequeños dispersen su polen por ellas.

Desde lograr que las abejas se vuelvan adictas a la cafeína hasta oler a carne podrida, estos trucos de la naturaleza han permitido que las flores prosperen desde que aparecieron por primera vez hace unos 150 millones de años.

Cómo las flores tomaron el control
El profesor Bill Baker, biólogo y jefe de investigación sénior en los Jardines Botánicos Reales de Kew, en Reino Unido, declaró al programa de radio Rare Earth de la BBC que "existen unas 350.000 especies de plantas que producen flores".

"Las plantas con flores son el gran éxito evolutivo", afirma.

Estas plantas son relativamente nuevas en nuestro planeta.

Antes de su llegada, "era un mundo muy, muy diferente", según la doctora Sandra Knapp, botánica y directora de investigación del Museo de Historia Natural de Reino Unido.

Una fotografía tomada desde el nivel del suelo, que muestra un prado lleno de flores silvestres de colores brillantes, con una abeja revoloteando justo encima de una flor naranja; se ven algunas nubes en un cielo que, por lo demás, es azul.

Una fotografía tomada desde el nivel del suelo, que muestra un prado lleno de flores silvestres de colores brillantes, con una abeja revoloteando justo encima de una flor naranja; se ven algunas nubes en un cielo que, por lo demás, es azul.

Fuente de la imagen,the_burtons/Getty Images

Pie de foto,

A medida que las flores evolucionaron, también lo hicieron las abejas.

Según explica, la Tierra estaba dominada anteriormente por frondosos bosques de especies como helechos tropicales y antiguas plantas parecidas al musgo.

"Las plantas con flores cambiaron el mundo de muchas maneras".

Algunos argumentan que, sin flores, muchas otras especies, incluida la nuestra, no existirían.

"Somos una especie que evolucionó originalmente en praderas, y las praderas son un tipo especializado de planta con flores", explica David George Haskell, escritor y profesor adjunto de ciencias ambientales en la Universidad de Emory en Estados Unidos.

No solo eso, "no había abejas, no había mariposas, no había mamíferos herbívoros antes de que evolucionaran las flores", afirma.

Haskell afirma que, en lugar de ser simplemente manipuladoras, las flores lograron convertir a los insectos, que antes eran una molestia, en socios cooperativos para las plantas.

"Al comunicarse con otras criaturas mediante la estética y el aroma, lograron catalizar la evolución de grupos completamente nuevos de animales y, al hacerlo, transformaron la Tierra".

Impostores

Algunas flores, como las rosas, tienen pétalos muy abiertos que desprenden una gran fragancia. Atraen a una amplia variedad de polinizadores.

Otras se dirigen a insectos muy específicos.

Algunas orquídeas, por ejemplo, dependen de una especie particular de abeja o avispa y "a menudo de maneras bastante astutas y engañosas", dice Haskell.

Primer plano de un tallo verde que se bifurca en dos extremos en la parte superior; en uno de los extremos, una estructura en forma de bulbo cubierta de manchas de color púrpura oscuro está unida mediante un mecanismo de palanca; la flor está aislada sobre un fondo negro. 

Primer plano de un tallo verde que se bifurca en dos extremos en la parte superior; en uno de los extremos, una estructura en forma de bulbo cubierta de manchas de color púrpura oscuro está unida mediante un mecanismo de palanca; la flor está aislada sobre un fondo negro.

Fuente de la imagen,Anja Hennern/Getty Images

Pie de foto,

La orquídea martillo verrugosa (Drakaea livida) es una de las 10 especies conocidas de Drakaeas que imitan a avispas hembras específicas.

La orquídea mosca desprende un aroma que recuerda a las feromonas de apareamiento de la avispa excavadora hembra.

Las avispas macho emergen en primavera y creen que hay un prado lleno de hembras, pero están perdiendo el tiempo.

Cuando intentan aparearse con las imitadoras florales, se les pega un pequeño paquete de polen en la parte posterior de la cabeza, que llevan a la siguiente orquídea que les atrae y, sin darse cuenta, se convierten en sus polinizadores.

"Esto funciona muy bien para la orquídea, pero, por supuesto, supone un costo considerable para el insecto implicado", afirma Haskell.

La Drakaea de Australia tiene el mismo aspecto y olor que una avispa tinida (Thynnidae) hembra.

Pero eso no es todo. Cuando una avispa macho intenta aparearse con ella, un mecanismo de palanca la atrapa, la golpea contra la parte de la flor que contiene el polen y luego la libera.

Según Haskell, el insecto, presumiblemente algo aturdido y mareado, emprende el vuelo y, sin haber aprendido la lección, aterriza en otra orquídea y deposita el polen.

En medio del bosque se alza una planta alta con una gruesa columna de color crema que brota del centro y una gran hoja verde y morada que la envuelve como una campana estriada invertida.

En medio del bosque se alza una planta alta con una gruesa columna de color crema que brota del centro y una gran hoja verde y morada que la envuelve como una campana estriada invertida.

Fuente de la imagen,Fadil Aziz/Getty Images

Pie de foto,

El aro gigante, también llamada "flor cadáver", ha sido señalada por algunos como la planta más maloliente del mundo. 

El aro gigante, comúnmente conocido como la "flor cadáver", se basa en un tipo de aroma muy diferente.

Ha evolucionado para oler a carne podrida con el fin de atraer a los insectos polinizadores que normalmente se alimentan de animales muertos.

Esta planta puede alcanzar hasta 3 metros de altura y su estructura floral está compuesta por numerosas flores individuales más pequeñas.

Florece solo una vez cada pocos años durante uno o dos días, ya que requiere mucha energía.

Una asociación perfecta
No todo son malas noticias para los insectos; a menudo, también se benefician.

Ciertas flores, como las de algunas plantas de interior y magnolias, pueden actuar como difusores vivientes al calentarse para dispersar su aroma de manera más eficaz, en un proceso conocido como termogénesis floral.

"Están consumiendo energía para calentarse", dice Haskell, "a veces hasta 10 grados por encima de la temperatura ambiente, a veces hasta 30 grados por encima".

Pero esto también beneficia a los insectos, ya que muchos de ellos pasan las noches frías dentro de estas flores cálidas, por lo que están listos para empezar a revolotear por la mañana, explica.

Primer plano de una flor de loto de color rosa brillante en plena floración; tres abejas se agolpan alrededor del centro amarillo en forma de cono.

Primer plano de una flor de loto de color rosa brillante en plena floración; tres abejas se agolpan alrededor del centro amarillo en forma de cono.

Fuente de la imagen,Meng Delong/VCG/Getty Images

Pie de foto,

El loto sagrado puede mantener sus flores dentro de un rango de temperatura de alrededor de 30-35 °C durante varios días.

Otras técnicas parecen más siniestras a primera vista, pero pueden ayudar a los insectos de maneras sorprendentes.

Según Haskell, los insectos beben néctar azucarado cuando visitan las flores, y "varias plantas añaden cafeína a su néctar en baja concentración para que las abejas obtengan un pequeño estímulo para la memoria".

Aprenden a asociar estas flores con la recompensa.

"Pero la cafeína también es una forma sutil de control del comportamiento, porque lleva a las abejas a sobrevalorar la calidad del néctar, y se aferrarán, por ejemplo, a una flor de cítricos, incluso cuando a las flores de cítricos no les quede mucho azúcar o polen", afirma.

Por otro lado, el néctar también contiene sustancias químicas que pueden ayudar a las abejas a deshacerse de los parásitos u hongos que crecen en ellas.

"Así pues, las flores, al proporcionar estas sustancias químicas en el néctar, no solo manipulan a sus polinizadores, sino que en algunos casos también los ayudan", explica Haskell.

Todavía adaptándose
Primer plano de una pequeña y delicada flor con pétalos blancos y amarillos, que florece en un prado soleado entre hierba verde.


Primer plano de una pequeña y delicada flor con pétalos blancos y amarillos, que florece en un prado soleado entre hierba verde.

Fuente de la imagen,Oleh Trytiachenko/Getty Images

Pie de foto,

Algunas flores se están adaptando rápidamente al cambio climático y a otras amenazas.

Además de atraer a los polinizadores, las flores son más inteligentes de lo que podríamos pensar en otros aspectos.

Los científicos creen que están cambiando su comportamiento reproductivo en respuesta a la disminución de insectos como consecuencia del cambio climático, la agricultura intensiva y los pesticidas.

Según Haskell, estudios realizados en Francia han demostrado que, en comparación con hace tan solo unas décadas, los pensamientos silvestres (Viola arvensis) actuales "han evolucionado para tener flores más pequeñas, menos aromáticas, menos atractivas para los insectos y con sus partes florales un poco más juntas para que puedan autopolinizarse".

Según Knapp, es prácticamente imposible preservar el mundo de las flores que tenemos hoy en día porque evolucionarán a medida que cambien los hábitats.

"Las plantas con flores son, sin duda, las grandes sobrevivientes de los ecosistemas terrestres. Las flores de dentro de un millón de años pueden ser muy diferentes a las que vemos ahora, pero seguirán siendo flores", afirma.

* Este texto está basado en un episodio de Rare Earth emitido por BBC Radio 4. Reportería adicional de Catherine Heathwood.

Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA. 

viernes, 24 de julio de 2026

Encuentro con Roy Harley

Roy Harley, superviviente del accidente aéreo de Los Andes.

Roy Harley, superviviente del accidente aéreo de Los Andes. / l.o.

Hay personas que se estrellan contra una pequeña adversidad y otras, como este hombre de 73 años que, después de superar adversidades extremas, se abraza a la vida, dándole sentido y coherencia

Hace unos días tuve la suerte, la alegría y el honor de compartir el almuerzo con Roy Harley, uno de los quince supervivientes actuales del accidente aéreo de los Andes, acaecido el día 13 de octubre del año 1972 en el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya. El vuelo cubría el trayecto de Montevideo a Santiago con un pasaje de 45 personas, en su mayoría jóvenes jugadores de rugby.

Mis queridos amigos José Picó, arquitecto fundador de Espacios Maestros y su pareja Sonia Díaz, psicóloga y experta en educación, me invitaron a una comida que tuvo lugar en el emblemático restaurante José Carlos García, sito en el Muelle Uno de Málaga. La vida no te hace regalos de esta envergadura todos los días. El diálogo sincero y relajado con personas que han vivido y superado experiencias tan extraordinarias no pudo ser más enriquecedor.

Estaba presente también a su lado en esa comida la esposa de Roy, Cecilia Surraco, con la que lleva casado cincuenta años y con quien ha tenido tres hijos, Carolina (química farmacéutica), Eloísa (licenciada en Nutrición) y Alejandro (ingeniero civil), que hoy son ciudadanos exitosos en Uruguay, país del que es originario el matrimonio.

La primera cualidad que he podido admirar en Roy es la humildad. No se aprecia ni en sus palabras ni en su actitud el más mínimo atisbo de altivez, aunque tenga motivos más que sobrados para sentirse orgulloso. La humildad es una de las características de las personas de verdadera talla humana. Es admirable la sencillez y la serenidad con la que se expresa y comparte con los comensales su pasado y su presente. La amabilidad de Roy Harley y de su esposa, son admirables. Comía al lado de Cecilia y le comenté que iba a viajar a Montevideo en el mes de septiembre para impartir algunas conferencias. De forma inmediata me pide que les llame y, para que pueda hacerlo, me facilita el teléfono. Nos acabábamos de conocer.

Seguro que todos los lectores y lectoras conocen la historia de aquel terrible accidente aéreo que tuvo a los pasajeros que lograron sobrevivir la friolera de 72 días aislados en la cordillera. Roy dice que les salvaron la esperanza, las ganas de vivir, la capacidad de organización y la fortaleza que les permitió superar todas las dificultades que se les presentaron. Y, por supuesto, la unión y la ayuda de todos los viajeros frente a la adversidad. Una sola persona no hubiera sobrevivido. Se han filmado sobre esta experiencia tres películas y se han escrito más de treinta libros, entre ellos ‘¡Viven!’, ‘La sociedad de la nieve’, ‘Milagro en los Andes’, ‘Tenía que sobrevivir’…

Uno de los momentos más dramáticos de la experiencia fue tomar la decisión de alimentarse de los cuerpos de sus amigos y compañeros ya fallecidos. Un acto de antropofagia de supervivencia. Como jóvenes católicos (rezaban diariamente el rosario, casi a gritos) tuvieron que afrontar un dilema moral y religioso. Lo hicieron con enorme respeto y gratitud. Sin plantas ni animales en el entorno, consumidos ya los pocos víveres que tenían, después de comer cuero de los asientos, algodón y otros materiales que no les proporcionaban nutrientes y les ocasionaban daños digestivos, no había otra salida. Nos contaba Roy cómo degustaban la pasta de dientes.

Roy es ingeniero. Entonces era estudiante universitario de primer curso de ingeniería. Logró arreglar la radio que les permitió conectarse con el mundo. Por esa radio pudieron conocer la desoladora noticia de que las autoridades habían tomado la decisión de suspender la búsqueda de los accidentados.

Resulta aleccionador que Roy comparta con otras personas su experiencia, sus aprendizajes y sus valores. Algunos de esos valores le permitieron salvarse con sus compañeros.

La historia de Roy Harley es una historia de resiliencia. Esa actitud resiliente le permitió superar situaciones de extrema dificultad que no se podría imaginar en las peores pesadillas. Y luego la actitud resiliente le ha permitido organizar la vida y afrontar sus exigencias con equilibrio, sabiduría y fortaleza.

Nos hace falta cultivar la resiliencia. El ejemplo de este hombre tranquilo, sabio y humilde es un espejo en el que podemos mirarnos. Un hombre que aprendió en el currículum de la vida (cómo no citar aquí el libro ‘Patas arriba: la escuela del mundo al revés’ de su compatriota Eduardo Galeano) una lección inolvidable que comparte con quienes quieran escucharle. Esta es otra característica de la personalidad de Roy: su deseo de ayudar a otras personas, su interés en compartir lo vivido y lo aprendido.

Les decía yo a los comensales que hace muchos años un avión que cubría el trayecto Málaga-Melilla se estrelló contra una montaña de la ciudad africana. En ese accidente fallecieron, entre otros pasajeros. una alumna de la Facultad y una persona que hacía el primer vuelo de su vida.

Qué fatalidad, comenté. Hay pilotos y azafatas que se jubilan después de haber volado toda la vida con una frecuencia casi diaria sin que les pase absolutamente nada.

Roy nos dice entonces que ese vuelo Montevideo-Santiago también era el primer vuelo de su vida. Le había costado 18 dólares. Un grupo de compañeros y amigos, cargados de ilusiones y proyectos, no podían imaginar al subir las escalerillas del avión que la muerte había subido con ellos y que iba a poner una zancadilla en su carrera acelerada hacia el éxito.

Me sorprendió la visión positiva de la vida y la actitud optimista de Roy, después de haber vivido aquella tremenda tragedia. Hay personas que se estrellan contra una pequeña adversidad y otras, como este hombre de 73 años que, después de superar adversidades extremas, se abraza a la vida, dándole sentido y coherencia. La clave está en el optimismo. Es cierto que los optimistas ven alguna vez una luz donde no existe pero, ¿por qué los pesimistas quieren apagarla inmediatamente? Tengo un amigo que dice que, como tiene poca estatura, es optimista por naturaleza ya que solo puede ver la parte llena de la botella.

Conté a los comensales una historia que leí en un libro de Luis Rojas Marcos. Un teniente envía un destacamento de soldados a realizar una misión de alto riesgo en una montaña helada de los Andes. Se desencadena entonces una tormenta de nieve tan espectacular que el teniente teme por la vida de sus soldados. Pasan los días y, al no regresar, les dan a todos por muertos. De pronto aparecen sanos y salvos. El teniente les pregunta:

¿Cómo es posible que, con esta tormenta tan increíble, hayáis encontrado la salida y regresado con vida?

Un soldado contesta:

Mi teniente, uno de nosotros tenía un mapa en la mochila y gracias al mapa encontramos el camino de regreso.

El teniente les pide que le entreguen ese mapa salvador. Después de estudiarlo, el teniente descubre que el mapa no era un mapa de los Andes sino un mapa de los Pirineos. No les había salvado el mapa geográficamente sino el optimismo de saber que tenían un mapa.

Todas las personas tenemos nuestra ‘cordillera’, dice Roy. Es cierto. La de uno puede ser más elevada que la de otro, más larga, más abrupta. Un fracaso, la muerte de un ser querido, una ruptura amorosa, una crisis de identidad, una enfermedad, la falta de recursos, el despido de un trabajo… Hay que desarrollar actitudes y estrategias de resiliencia para hacer frente a la adversidad.

Roy dice que en aquellos días aprendió a valorar las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Al estar privado de ellas de una forma imprevista y radical, valoró sobremanera lo que significa levantarse cada mañana de la cama, tomar un café con los amigos, darse una ducha, salir a dar un paseo, recibir el abrazo de un amigo…

Los modelos que ofrece la sociedad a la juventud no son precisamente personas como Roy Harley y sus compañeros de accidente. La sociedad presenta como modelos a personas que han alcanzado el poder, la fama o la riqueza fácil y rápidamente. Y ofrece esos modelos por la vía de la seducción. Roy Harley es un modelo que podemos proponer a la juventud por la vía de la argumentación. Una persona que consiguió con actitud positiva y. esfuerzo superar una dificultad suprema y ayudó a que otros lo consiguieran con él. Y después de aquel terrible episodio logró darle un sentido profundo a su viuda y ha ido entregando a sus semejantes la fuerza de la resiliencia y la sabiduría de vivir.

Roy centra sus conferencias mucho menos en el accidente en sí que en las lecciones que extrajo de esa experiencia. Suele decir que no quiere que la gente salga impresionada por la tragedia sino inspirada para afrontar sus propias dificultades con fuerza y sabiduría. Dice que «la vida es corta y que no nos podemos quejar de nada. Tenemos que aprovecharla, disfrutarla y vivirla fuerte». Y yo añado que no hay señal más clara de inteligencia que desarrollar la capacidad de ser felices y ser buenas personas.