jueves, 12 de febrero de 2026

Hannah Arendt y el futuro del totalitarismo



Como hace un siglo, nos ha tocado un tiempo en el que el ejercicio de la política se basa cada vez más en la repetición de los errores, los horrores y las coartadas de los imperios

El legado de los académicos, sobre todo los humanistas, es efímero. La mayoría de nuestros escritos —a diferencia, por ejemplo, de los trabajos artísticos— tiene una fecha de caducidad muy corta. Casi todos los más o menos conocidos profesores de hoy serán más temprano que tarde olvidados; nadie los citará y aún menos leerá. Sin embargo, a veces hay pensadores cuyas obras trascienden su tiempo. Este es el caso de la filósofa y ensayista política germano-estadounidense Hannah Arendt (1906-1975), de cuyo fallecimiento se cumplen 50 años este 4 de diciembre.

Aunque no era historiadora, Arendt teorizó con agudeza sobre cuestiones históricas y de su tiempo. Como dijo Tony Judt, a menudo cometió errores en los detalles (de los que, por ejemplo, está repleto su libro de 1963 Eichmann en Jerusalén, empezando por el desafortunado subtítulo de Un estudio acerca de la banalidad del mal), pero acertó en las cuestiones importantes. Su arrojo a la hora de decir lo necesario, aunque resultara inconveniente, fue mítico, como demuestran sus relaciones tortuosas con el movimiento sionista. Ya en 1944, en el panfleto Sionismo reconsiderado, advirtió contra la deriva supremacista de este: ¡ella, que había estado enviando niños a Palestina para salvarlos de un futuro cada vez más oscuro en Europa, y que apenas pudo escapar de las garras de Hitler! Podía ser provocadora y controvertida: sus argumentos en el artículo Reflexiones sobre Little Rock, publicado en 1959, contra la desegregación forzada de las escuelas sureñas, quizás harían las delicias del actual Tribunal Supremo estadounidense; pero solo un necio o un fanático le podrá negar a su pensamiento tanto la sinceridad como la profundidad.

Sin duda, su trabajo más influyente y de más relevancia hoy es Los orígenes del totalitarismo, publicado en 1951 y luego revisado varias veces. Su lectura no resulta fácil. Está, no podía ser de otro modo, muy influenciado por su propia vida, educación (creció en el seno de la burguesía judía ilustrada de Königsberg) y tiempo, incluyendo el exilio primero en Francia y su refugio posterior en Estados Unidos. Y esto se nota ya en el mismo título del libro. Con la Guerra Fría, el término “totalitario” ganó amplia aceptación en el mundo occidental como forma de ligar las prácticas políticas de la recién derrotada dictadura nazi con el entonces amenazante y poderoso régimen soviético. Esta asociación de formas olvidaba convenientemente que fue la cooperación entre conservadores y fascistas la que siempre hizo posible la llegada al poder de las dictaduras “totalitarias” de derecha, al igual que la labor de estas en apuntalar al malherido capitalismo de los años veinte y treinta.

Sin embargo, no fue una típica anticomunista de posguerra. A diferencia de quienes se llenaban la boca al hablar de libertad, pero luego justificaban sin pudor los horrores de las dictaduras amigas, era una firme defensora de los derechos humanos, sin importarle de dónde viniese el ataque a los mismos. Ahí fue, otra vez, tajante, y no hizo excepciones cuando escribió que “el primer paso fundamental en el camino a la dominación total es matar a la personalidad jurídica del hombre”. Es una frase acuñada con nazis y estalinistas en la mente, pero muy válida hoy, cuando se detiene, enjaula y deporta a agujeros de dolor y olvido a seres humanos a veces solo por ser inmigrantes sin permiso de residencia. ¿Pensó ella alguna vez que lo que estaba denunciado iba a suceder en sus admirados Estados Unidos? Parece poco probable. Todos tenemos derecho a una cierta inocencia.

Arendt no se limitó a denunciar el totalitarismo. Al estudiar sus raíces, recordó como en su momento las élites ilustradas del siglo XVIII abrazaron el antisemitismo, pues veían a los judíos como elementos atávicos y bárbaros que impedían el desarrollo de la sociedad moderna. Sería interesante saber qué pensaría ella de quienes en nuestro tiempo acusan a los musulmanes que viven entre nosotros precisamente de lo mismo. Su crítica al liberalismo tampoco paró ahí: en Los orígenes atacó la autosatisfacción del entonces llamado Mundo Libre de la posguerra. Hoy recordamos 1945 como la fecha de la liberación de los campos de concentración, pero a menudo nos olvidamos de que, como Arendt denunció, en ese mismo año centenares de millones de personas vivían aún sin derechos políticos y sociales bajo el yugo colonial de las democracias occidentales. También podía haber condenado el colonialismo con argumentos ya manidos, pero fue mucho más allá. Según ella, ni la Shoah ni las demás atrocidades de la Segunda Guerra Mundial podían ser separadas de las ideas racistas y las prácticas imperiales previas del hombre blanco y su supuesto mundo civilizado. La muerte y la subyugación —y la justificación de ambas— que Occidente llevó a sus colonias volvieron luego a azotar a la misma Europa que las había engendrado.

Arendt vivió en su juventud crisis económicas, inseguridades políticas y culturales, un racismo creciente y la irrupción de la radio, el cine sonoro y las técnicas de propaganda modernas que permitieron a los fascistas seducir a amplios sectores de la sociedad con sus discursos tan en apariencia modernos como llenos de odio. Las voces de la sinrazón, disfrazadas de amigos del pueblo, azuzaron y ensalzaron al hombrecito resentido que todos tenemos dentro; al que ofrecieron chivos expiatorios para evitar afrontar de verdad problemas complejos, al tiempo que despreciaban el conocimiento y a los expertos, estos siempre, entonces decían, demasiado humanos y respetuosos con las formas y los principios, y, por lo tanto, ineficaces. Ese fue su paradigma. Cuestión más ardua es determinar cuáles serán nuestras respuestas al nuestro. Pues, por mucho que sepamos del pasado, no encontraremos en los libros de historia, ni de Arendt ni de nadie, las soluciones sobre el presente, ya que, como mucho, aquellos nos enseñarán más sobre qué evitar que sobre qué hacer.

Como ocurrió hace un siglo, nos ha tocado un tiempo en el que el ejercicio de la política, en vez de estar enfocado a confrontar los grandes retos de la humanidad, se basa cada vez más en la mentira descarada, la manipulación de los sentimientos de la población, el blanqueo de la historia y la repetición de los errores, los horrores y las coartadas de los imperios. Todo esto ha sido fomentado tanto por la eclosión de las redes sociales, que están controladas por unas élites que han dejado de creer en la libertad y la igualdad, como por la sumisión a los intereses de estas de unas masas desorientadas dispuestas a echarse en manos de demagogos: líderes del mal; embusteros; hombres que hablan de paz mientras lanzan odios y guerras; dirigentes mendaces y crueles de revoluciones que llaman patrióticas. Fue un peligro sobre el que Arendt ya avisó: “Mientras que el pueblo en las grandes revoluciones lucha por su auténtica representación política, la turba siempre vitoreará al hombre fuerte, al gran líder”. Aquí los tenemos, de nuevo, a las turbas y sus patéticos hombres providenciales endiosados.

Todos deberíamos saber las decenas de millones de muertos que costó la liberación de las dictaduras. Y, por eso mismo, recordar también por qué la búsqueda de la verdad y la defensa de la democracia siguen siendo tan necesarias hoy para nosotros como lo fueron para Hannah Arendt.

Antonio Cazorla Sánchez es catedrático de Historia Contemporánea de Europa en la Universidad Trent (Ontario, Canadá)

Los mensajes ocultos en "La muerte de Marat", una de las escenas del crimen más famosas de la historia del arte

Personas apreciando el cuadro La muerte de Marat

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,"La muerte de Marat", de Jacques-Louis David, es una imagen engañosamente simple de un asesinato real.

El gran arte nos hace mirar y luego volver a mirar. Tomemos como ejemplo "La muerte de Marat" (1793), de Jacques-Louis David, quizás la representación pictórica de una escena del crimen más famosa de los últimos 250 años.

A primera vista, la representación del cuerpo sin vida del revolucionario francés Jean-Paul Marat, apuñalado en su bañera el 13 de julio de 1793, no podría ser más simple.

El periodista asesinado, que había abogado por la ejecución del rey Luis XVI, se desploma hacia nosotros. Su cuerpo está enmarcado por un vasto vacío que se extiende sobre él.

Sin embargo, si observamos con atención, la icónica pintura de David comienza a revelar un inquietante rompecabezas de detalles dobles en la mitad inferior del lienzo: dos plumas, dos fechas, dos cartas, dos mujeres ausentes, dos cajas, dos firmas, dos cadáveres.

La cacofonía de pistas contradictorias nos atrapa, haciendo que pasemos de observadores pasivos de una simple instantánea de la historia a convertirnos en detectives forenses inmersos en la resolución de un misterio más profundo, uno en el que se sospecha que el propio artista manipuló las pruebas.

En cada rincón de "La muerte de Marat", una de las obras maestras de la importante exposición de David en el Louvre de París, se aprecia la doble intención del artista: crear, a la vez, una elegía íntima y personal en memoria de un amigo asesinado, con quien compartía ideas políticas radicales, y una potente pieza de propaganda pública.

En manos de David, Marat es mucho más que un simple periodista jacobino al que una francesa, Charlotte Corday, apuñaló en el pecho con un cuchillo de cocina, convencida de que él estaba envenenando el debate público.

Marat aquí es glorificado, como un segundo Cristo.

La muerte de Marat: una pintura en la que se ve un hombre muerto en una bañera, con una herida en el torso que sangra sobre una sábana blanca. Tiene en su mano una carta escrita, y manchada con sangre, en la otra sostiene una pluma. A su lado hay una caja de madera con la inscripción A. Marat.

Fuente de la imagen,Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique (Bruxelles)/J Geleyns


Pie de foto,
La obra de David forma parte de una importante exposición en el Louvre de París que estará hasta el 26 de enero de 2026. 

El retrato de David exalta a Marat, quien pasa de ser una persona enfermiza, que requería largos baños medicinales para aliviar una enfermedad cutánea crónica, a un transformarse en un mesías secular sacrificado.

Para amplificar esa elevación de mortal inválido a mártir místico, David entreteje su pintura con símbolos descifrables y ecos de la historia del arte que mantienen nuestra mirada fija en el mito que teje ante nosotros.

Tan implicado está el artista en la coreografía de la escena, que resulta fácil comprender cómo Sébastien Allard, comisario de la exposición del Louvre, pudo llegar a la conclusión en su ensayo para el catálogo de que "el monumento que David erige a Marat es también un monumento que construye para sí mismo… Marat actúa con su pluma y el pintor, con sus pinceles".

Las dos manos 

Nuestra mirada se divide en dos direcciones, intentando seguir los curiosos y contradictorios movimientos de las manos moribundas del hombre.

En la mano derecha de Marat encontramos la pluma con la que escribía cuando fue apuñalado con el cuchillo de mango de nácar que yace a escasos centímetros.

Con los nudillos apoyados en el suelo, esa mano cuelga inerte, evocando los brazos caídos de Cristo tanto en la monumental escultura de mármol de Miguel Ángel, "La Piedad", como en el conmovedor cuadro de Caravaggio "El Entierro de Cristo".

Mientras tanto, la mano izquierda de Marat, rígida por el rigor mortis, sostiene una carta manchada de sangre, sugiriendo un foco de atención completamente distinto.

Una mano se aferra a la vida, la otra sucumbe a la muerte.

Entre estos dos gestos divergentes, el espíritu de la pintura oscila eternamente entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Las dos plumas

Un acercamiento a la mano del hombre muerto en la bañera en la que sostiene la pluma.

Fuene de la imagen,Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique (Bruxelles)/J Geleyns

Pie de foto,

En su mano derecha, una pluma; en la izquierda, una carta. Hay otra pluma junto al tintero.

A la tensión entre el flujo inquieto y la sombría quietud de las manos contradictorias de Marat se suma la decisión, aparentemente redundante, de David de insertar en la escena despojada no una, sino dos plumas entintadas.

Entre los dedos inertes de su mano derecha, Marat sujeta una pluma de escribir, aún húmeda de tinta.

Siguiendo su trayectoria desde el suelo, más allá del penacho blanco, hasta la caja volcada que Marat usaba como escritorio, descubrimos una segunda pluma junto al tintero agachado.

La punta oscura de esta pluma apunta amenazadoramente hacia la herida de arma blanca fatal y plantea una pregunta incisiva: ¿fue un cuchillo o las palabras lo que mató a Marat? En tiempos de política acalorada, nunca está claro qué es más poderoso, si la pluma o la espada.

Como veremos, en la pintura de David, la pluma y la espada son, en sí mismas, dobles. Se afilan mutuamente.

Las dos cartas

Una vez detectada, la duplicación de la evidencia en la pintura se multiplica repentinamente.

En el centro del lienzo, encontramos no una, sino dos cartas, cada una escrita por una mano diferente.

Entre estos dos documentos se desarrolla toda la trama de la pintura.

La nota que Marat sostiene en su mano izquierda está colocada por el artista de tal manera que podemos leer fácilmente la manera en la que Corday engatusó a Marat sin que éste lo supiera para que la invitara a entrar y así aprovecharse de su naturaleza benevolente.

"Basta con que yo sea muy infeliz", suplica Corday con hipocresía en su carta, "para tener derecho a tu amabilidad".

El mensaje es claro: fue la bondad de Marat lo que lo mató.


Un acercamiento a la mano del hombre muerto en la que sostiene una carta ensangrentada. En el cubo de madera que está al lado, se ve otra carta.

Fuente de la imagen,Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique (Bruxelles)/J Geleyns

 

Pie de foto
Entre los documentos está escrita la trama del cuadro.

Justo debajo de la carta de Corday, al borde de la caja, se encuentra otra misiva escrita por el propio Marat: el documento que, al parecer, estaba redactando cuando ella se declaró en huelga.

Esta nota está sujeta por un asignado (o moneda revolucionaria), considerado por los estudiosos como la primera representación de papel moneda en el arte occidental.

En su carta, Marat promete desinteresadamente cinco libras a una amiga de la Revolución que sufre: "Esa madre de cinco hijos cuyo esposo murió en defensa de la patria".

Incluso en la muerte, se nos dice, Marat sigue siendo generoso.

Las dos mujeres

Las dos cartas no solo trazan los ejes del engaño y la mentira, la bondad y la redención, sobre los que se desarrolla la historia del cuadro.

Las dos cartas evocan fantasmas: dos, para ser exactos.

El primero es el de Corday, la intrigante asesina que se coló en casa de Marat con un largo cuchillo oculto bajo su chal.

El segundo, también invisible, es el de la viuda afligida a quien Marat deseaba ayudar, cuyo esposo murió luchando por la República.

El enfrentamiento entre fuerzas femeninas, una que personifica el bien y la otra el mal, tiene una larga tradición en la historia del arte.

Durante siglos, los artistas han representado la lucha entre la santidad y el pecado como una amarga contienda entre mujeres fuertes.

La famosa "Alegoría de la Virtud y el Vicio" del artista renacentista Paolo Veronese, de alrededor de 1565, muestra a una mujer que invita a Hércules al honor, mientras que otra, con un largo cuchillo oculto a la espalda, lo tienta hacia el placer.

David actualiza la alegoría para la era de la Revolución. En "La muerte de Marat", lo que está en juego es el alma de una nación.

Una pintura en la que un hombre con una chaqueta blanca se abalanza a proteger a una mujer con vestido verde, mientras otra mujer, con vestido rojo y azul se acerca a la pareja.

Una pintura en la que un hombre con una chaqueta blanca se abalanza a proteger a una mujer con vestido verde, mientras otra mujer, con vestido rojo y azul se acerca a la pareja.

Fuente de la imagen,Alamy



Pie de foto,
El enfrentamiento entre las fuerzas femeninas en la obra de David recuerda a la "Alegoría de la Virtud y el Vicio".

Las dos firmas

Cada cuadro termina con una firma: ese toque final con el que el artista da su consentimiento a la historia que ha contado.

"La muerte de Marat tiene dos", lo que garantiza que la obra nunca esté completa, sino que se trata de un desconcertante caso sin resolver que siempre nos intrigará.

Una, garabateada de lado en el centro del lienzo, pertenece a Corday y es una falsificación de David al recrear la carta que ella le escribió a Marat.

En otro lugar, cerca del borde inferior del cuadro y aparentemente cincelada en la caja de madera como si hubiera sido tallada en piedra, se encuentra la firma del propio artista, dedicando formalmente la obra a su amigo asesinado, cuyo nombre magnifica más allá de la escala del suyo: "Para Marat, David".

Al grabar su nombre en la propia estructura de la obra, David se inserta en la escena del crimen.

Una vez más, evoca la historia del arte. En el único cuadro que Caravaggio firmó, hizo lo mismo.

En la parte inferior de su colosal lienzo "La decapitación de San Juan Bautista", Caravaggio reúne las sílabas de su nombre, "f. Michelang.o", a partir de un charco de sangre que brota del cuello cercenado del sacerdote.

Es un gesto sombrío que parece asumir cierta responsabilidad por el asesinato. Al recordar la firma autoinculpatoria de Caravaggio, David no confiesa el asesinato de Marat, sino que declara su adhesión a su agenda política.

Afirma: "Ahora todos somos Marat".

Un cuadro de Caravaggio en el que se ve la decapitación de San Juan Bautista, una mujer está mirando con las manos en la cara, otra mujer prepara una bandeja y un hombre las acompaña. Al fondo se ve a un preso presenciando la escena desde la ventana de su celda.

Fuente de la imagen,

 

Pie de foto,
La obra de David también recuerda a Caravaggio, quien escribió "f. Michelang.o" al pie de "La decapitación de San Juan Bautista".

Las dos fechas

Si observas con atención debajo de la firma de David, verás una lucha silenciosa no solo entre dos fechas distintas, sino entre dos concepciones opuestas del tiempo.

Bajo su nombre, David ha cincelado "L'an deux", que denota el segundo año del Calendario Revolucionario, que comenzó en 1792, año de la fundación de la República.

Esa fecha nítida y legible se sitúa entre los dígitos, separados y parcialmente borrados, de la calibración del calendario cristiano para el año de creación de la obra: "1793".

En las dos esquinas inferiores del recuadro, David ha insertado y borrado "17" y "93", lo que indica una abolición total del tiempo cristiano en favor de las medidas revolucionarias.

Una vez más, Marat podría estar haciendo una sutil alusión en su curiosa fusión de sistemas de tiempo contrapuestos.

Al igual que Caravaggio, Botticelli también firmó un solo cuadro, "Natividad mística", en el que inserta una inscripción enigmática que yuxtapone el calendario cristiano con otro sincronizado con el Libro del Apocalipsis: "Este cuadro, a finales del año 1500, en medio de las convulsiones de Italia, yo, Alessandro, lo pinté en el tiempo transcurrido, según el capítulo 11 de San Juan, en la segunda penuria del Apocalipsis…".

En "La muerte de Marat", David invoca a Botticelli y a la vez lo supera, pues las prioridades de la revelación son usurpadas por las de la revolución.

¿Qué significa, en definitiva, toda esta dualidad en la famosa pintura de David, una obra que, al fusionar pasión y principio, redefiniría la textura e intensidad de la pintura histórica e influiría en obras que van desde "La balsa de la Medusa" de Delacroix hasta el "Guernica" de Picasso?

Al refractar implacablemente las pruebas halladas en la escena del crimen de Marat a través del denso prisma de su imaginación, David proyecta un doble retrato.

Ante nuestros ojos, el artista transforma el asesinato en mito, mientras que el cuerpo físico del polemista asesinado se alquimiza en una segunda figura mística que sentimos más que vemos.

La inquietante presencia de Marat, perturbó la imaginación del poeta francés Baudelaire, quien observó sobre la pintura: "En el aire frío de esta habitación, sobre estas frías paredes, alrededor de esta fría y lúgubre bañera, un alma se cierne".

Esta es una adaptación al español de una historia publicada por BBC Culture. Si quieres leer la versión original, en inglés, haz clic aquí. 

miércoles, 11 de febrero de 2026

Omelet Mousseline de puerros


Omelet Mousseline
Francesco Tonelli for The


Esta tortilla es más esponjosa y ligera que la clásica. Utiliza la técnica de Auguste Escoffier: batir las claras de huevo e incorporar las yemas con movimientos envolventes. Un poco de nata para montar enriquece la tortilla, lo que la convierte en una excelente opción para una última capa de azúcar glas o un relleno de mermelada. Servida dulce o salada, es un plato etéreo que se deshace en la boca.



Ingredientes
Rinde:
1 porción
3 huevos grandes, claras y yemas separadas
1 cucharada de crema para batir
Una pizca grande de sal marina fina, al gusto
Pimienta negra recién molida, al gusto
1 cucharada de mantequilla sin sal

Añadir ingredientes a la lista de la compra
Guía de sustitución de ingredientes
Información nutricional
Preparación
Paso 1
Con una batidora eléctrica, bata las claras de huevo hasta que formen picos firmes. Mientras tanto, en un tazón grande, bata las yemas con la crema para batir, la sal y la pimienta. Incorpore ¼ de las claras a punto de nieve a las yemas. Incorpore suavemente las claras restantes en dos partes.

Paso 2
Coloque una sartén de 20 a 23 cm (preferiblemente antiadherente o, si no, de acero al carbono bien curado) a fuego alto. Derrita la mantequilla hasta que deje de burbujear.

Paso 3
Vierta la mezcla de huevo y reduzca el fuego a medio. Con una espátula, extienda la mezcla de huevo para cubrir toda la sartén y cocine hasta que cuaje en el fondo. Esto toma solo unos segundos. Use una espátula para doblar el huevo sobre sí mismo en tres partes. Incline la sartén y un plato para servir juntos, y voltee la tortilla sobre el plato.

Ramp Omelet

Ahora mismo, mi combinación favorita es la de puerros y huevos, una combinación especialmente satisfactoria. Con un poco de mantequilla, los puerros dan lugar a unos huevos revueltos estelares y, sin mucho más esfuerzo, a una espectacular tortilla de queso.

Ingredientes
Rinde:
2 porciones
4 huevos grandes
Sal y pimienta
2 cucharadas de mantequilla
½ taza de puerros picados
1 onza de queso Gruyère rallado

Preparación

Paso 1. 
Romper los huevos sazonar con sal y pimienta y batir  

Paso 2
Calentar una sartén para omelette a fuego medio y añadir la mantequilla. Cuando empiece a chisporrotear, añadir los puerros y cocinar durante unos 30 segundos, hasta que se ablanden. Verter los huevos y remover para incorporar los puerros. A medida que los huevos empiecen a cuajar, incline la sartén y levante los bordes del omelette para que los huevos crudos se asienten en el fondo. Cocine durante un minuto como máximo y luego espolvoree el queso sobre los huevos.

Paso 3
Con una espátula, doble el omelette en tres partes. Colóquelo en una fuente con la costura hacia abajo. Sirva inmediatamente.

Mi boeuf bourguignon clásico francés, buey al vino.

Beef Bourguignon
Christopher Testani for The New York Times
Total Time
2½ hours, plus marinating
Rating
5(11,065)
Comments
Read 1015 commen




















Mi boeuf bourguignon clásico 

Al igual que el coq au vin, su plato hermano de la región francesa de Borgoña, el boeuf bourguignon es un guiso de carne cocinado a fuego lento en un vino tinto intenso, acompañado de cebollas perla, champiñones y tocino crujiente en cubos. Use un buen vino, algo sencillo pero fácil de beber. Marca la diferencia en el resultado final. Como todos los guisos de carne, es mejor prepararlo con uno o dos días de antelación; no saltee los champiñones ni las cebollas hasta justo antes de servir. Esta receta forma parte de "Los nuevos imprescindibles de la cocina francesa", una guía de platos imprescindibles que todo cocinero moderno debería dominar. 


Rinde: 4 a 6 porciones 
1.4 kg de carne de res deshuesada para guisar, cortada en cubos de 5 cm y secada con papel absorbente 
2¼ cucharaditas de sal kosher, más al gusto 
½ cucharadita de pimienta negra recién molida 
140 g de lardones, panceta o tocino, en cubos (aprox. 30 ml) 
1 cebolla, finamente picada 
1 zanahoria grande, en rodajas 
2 dientes de ajo, picados 
1 cucharadita de pasta de tomate 
2 cucharadas de harina para todo uso 
1 botella de vino tinto de 1750 ml 
1 hoja de laurel grande 
1 ramita grande de tomillo 
225 g de cebollas perla, peladas (aprox. 12 a 15 cebollas) 
225 g de champiñones cremini, cortados por la mitad si son grandes (aprox. 110 ml) 
1 cucharada de aceite de oliva virgen extra 
Una pizca de azúcar 
Perejil de hoja plana picado, para decorar 

Añadir ingredientes a Lista de la compra 
Guía de sustitución de ingredientes 
Información nutricional 

Preparación 

Prepara la receta con nosotros 

Mira 

Paso 1 
Sazona la carne con 2 cucharaditas de sal y ½ cucharadita de pimienta. Deja reposar al menos 30 minutos a temperatura ambiente o refrigera hasta por 24 horas. 

Paso 2 
En una olla grande de hierro fundido o una olla de fondo grueso con tapa hermética, cocina los lardones a fuego medio-bajo hasta que la grasa se haya derretido y los lardones estén dorados y crujientes, aproximadamente de 10 a 15 minutos. Con una espumadera, transfiere la carne a un plato forrado con papel absorbente. Reserva la grasa en la olla. 

Paso 3 
Precalienta el horno a 175 °C. Sube el fuego a medio-alto y cocina hasta que la grasa empiece a humear. Coloca la mitad de los cubos de carne en una sola capa en la olla, dejando espacio entre los trozos. Cocina hasta que estén bien dorados por todos lados, de 10 a 15 minutos; transfiere los trozos a un plato a medida que se doren. Repita con el resto de la carne. 

Paso 4 
Reduzca el fuego, si es necesario, para evitar que se queme. Incorpore la cebolla, la zanahoria y el ¼ de cucharadita de sal restante y cocine hasta que estén blandas, unos 10 minutos, revolviendo ocasionalmente. 

Paso 5 
Incorpore el ajo y la pasta de tomate y cocine durante 1 minuto. Incorpore la harina, cocine durante 1 minuto y luego agregue el vino, la hoja de laurel y el tomillo, raspando los restos dorados del fondo de la olla. Vuelva a colocar la carne dorada y la mitad de los lardones cocidos en la olla, tape y transfiera al horno. Cocine hasta que la carne esté muy tierna, aproximadamente una hora y media, volteando la carne a la mitad de la cocción. 

Paso 6 
Mientras tanto, en una sartén grande a fuego alto, combine las cebollas perla, los champiñones, ¼ de taza de agua, el aceite de oliva y una pizca de sal, pimienta y azúcar. Deje hervir a fuego lento, luego tape y reduzca el fuego a medio, cocinando durante 15 minutos. Destape, suba el fuego a alto y cocine, revolviendo con frecuencia, hasta que las verduras estén bien doradas, de 5 a 7 minutos. 

Paso 7 
Para servir, esparza la cebolla, los champiñones y el resto de los tocinos cocidos sobre el guiso y espolvoree con perejil.

Coq au vin, pollo al vino, clásico francés

Coq au Vin
Christopher Testani for The New York Times. Food Stylist: Simon Andrews.
Total Time
2½ hours, plus marinating
Rating
5(6,932)
Comments
Read 571 commentd a


















El coq au vin es un guiso francés clásico en el que el pollo se cocina lentamente en vino tinto y un poco de brandy para obtener una salsa exquisita, llena de carne tierna, crujientes trocitos de tocino, champiñones y cebollitas de perla. Las recetas tradicionales requieren un pollo entero troceado, pero usar solo carne oscura da como resultado un plato especialmente suculento sin el riesgo de que la carne blanca se cocine demasiado. Sin embargo, si prefiere sustituirlo por un ave entera troceada, simplemente añada las pechugas en los últimos 30 minutos de cocción a fuego lento. Si prefiere omitir los crutones como guarnición, puede hacerlo, pero aportan un delicioso toque crujiente y mantecoso junto con la carne y las verduras tiernas y cocidas a fuego lento. Esta receta forma parte de "Los nuevos imprescindibles de la cocina francesa", una guía de platos imprescindibles que todo cocinero moderno debería dominar.

Ingredientes

Rinde: 4 porciones 

1,4 kg de muslos y contramuslos de pollo 
2½ cucharaditas de sal kosher, más al gusto 
½ cucharadita de pimienta negra recién molida, más al gusto 
3 tazas de vino tinto fuerte, preferiblemente de Borgoña 
1 hoja de laurel 
1 cucharadita de hojas de tomillo fresco picadas 
113 g de lardones, panceta o tocino, cortados en cubos de 6 mm (aproximadamente 1 taza) 
3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, más al gusto 
1 cebolla grande, cortada en cubos 
1 zanahoria grande, pelada y cortada en cubos 
225 g de champiñones blancos o marrones, cortados por la mitad si son grandes, y luego en rodajas (aproximadamente 4 tazas) 
2 dientes de ajo, picados 
1 cucharadita de pasta de tomate 
1 cucharada de harina común 
2 cucharadas de brandy 
3 cucharadas de mantequilla sin sal 
225 g de cebollas perla peladas (aproximadamente de 12 a 15 cebollas) 
Una pizca Azúcar 
2 rebanadas de pan blanco, cortadas en triángulos, sin corteza 
¼ taza de perejil picado, más para servir 

Añadir ingredientes a la lista de la compra 
Guía de sustitución de ingredientes 


Preparación 

Paso 1 
Sazonar el pollo con 2¼ cucharaditas de sal y ½ cucharadita de pimienta. 
En un tazón grande, mezclar el pollo, el vino, la hoja de laurel y el tomillo. Tapar y refrigerar durante al menos 2 horas o, mejor aún, toda la noche. 

Paso 2 
En una olla grande de hierro fundido o una olla de fondo grueso con tapa hermética, cocinar los lardones a fuego medio-bajo hasta que la grasa se haya derretido y los lardones estén dorados y crujientes, de 10 a 15 minutos. Con una espumadera, transferir los lardones a un plato forrado con papel absorbente, dejando la grasa derretida en la olla. 

Paso 3 
Retirar el pollo del vino y reservar la marinada. Secar bien los trozos de pollo con papel absorbente. Calienta la grasa de lardón a fuego medio hasta que esté a punto de humear. Si es necesario, añade el pollo en una sola capa y cocina hasta que esté bien dorado, de 3 a 5 minutos por lado. (Añade aceite si la olla se ve un poco seca). Pasa el pollo a un plato mientras se dora. 

Paso 4 
Añade la cebolla picada, la zanahoria, la mitad de los champiñones y el ¼ de cucharadita de sal restante a la olla. Cocina hasta que las verduras estén ligeramente doradas, unos 8 minutos, removiendo los restos dorados de la olla y ajustando el fuego si es necesario para evitar que se quemen. 

Paso 5 
Incorpora el ajo y la pasta de tomate y cocina durante 1 minuto. Luego, incorpora la harina y cocina durante un minuto más. Retira del fuego, aparta las verduras a un lado de la olla, vierte el brandy en el lado vacío y enciéndelo con una cerilla. (Si te da miedo encenderlo, simplemente reduce el brandy durante 1 minuto). Una vez que se apague el fuego, agrega la marinada reservada, deja que hierva y reduce el fuego a la mitad (a 1½ tazas), aproximadamente 12 minutos. Retira la espuma que se forme en la superficie. 

Paso 6 
Agrega el pollo, los jugos acumulados y la mitad de los tocinos cocidos a la olla. Tapa y cocina a fuego lento durante 1 hora, dándoles la vuelta a la mitad. Destapa la olla y cocina a fuego lento durante 15 minutos para que espese. Prueba y agrega sal y pi   mienta, si es necesario. 

Paso 7 
Mientras tanto, derrite 1 cucharada de mantequilla y 2 cucharadas de aceite en una sartén antiadherente o grande a fuego medio-alto. Agrega las cebollas perla, una pizca de azúcar y sal al gusto. Tapa, reduce el fuego a bajo y cocina durante 15 minutos, moviendo la sartén con frecuencia para que las cebollas se muevan. Destapa, aparta las cebollas a un lado de la sartén, agrega los champiñones restantes y sube el fuego a medio-alto. Continúe cocinando hasta que se doren, removiendo los champiñones con frecuencia y removiendo la cebolla con cuidado de vez en cuando, de 5 a 8 minutos. Retire la cebolla y los champiñones de la sartén y séquela bien. 

Paso 8 
En la misma sartén, derrita 2 cucharadas de mantequilla y 1 cucharada de aceite a fuego medio hasta que burbujee. Agregue el pan y tuéstelo por todos lados hasta que esté dorado, aproximadamente 2 minutos por lado. (Ajuste el fuego si es necesario para evitar que se queme). Retire de la sartén y espolvoree con sal. 

Paso 9 
Para servir, sumerja los crutones en la salsa de vino y luego cúbralos con perejil. Agregue las cebollas perla, los champiñones y la mitad restante de los lardones cocidos a la olla. Rocíe con la salsa de vino, espolvoree con perejil y sirva con los crutones por encima. 

martes, 10 de febrero de 2026

¿Cómo hacen nuevos amigos los adultos? Esto dicen los expertos.

Ilustración de dos amigos varones conversando en un banco del parque al atardecer.
Credit...Holly Stapleton

Conocer nuevas personas y mantener los vínculos en la edad adulta es difícil. Aquí tienes por dónde empezar.

Cuando se trata de la amistad en Estados Unidos, el panorama es bastante desolador. Alrededor de uno de cada seis estadounidenses dice sentirse solo o aislado de quienes le rodean todo o casi todo el tiempo. En 1990, solo el 3 por ciento de los estadounidenses dijeron que no tenían amigos íntimos. Tres décadas después, el 12 por ciento decía lo mismo.

Es comprensible. Hacer nuevos amigos en la edad adulta es difícil. Los “terceros lugares” donde la gente va a pasar el rato y conectar están desapareciendo. La pandemia hizo que muchos amigos perdieran el contacto.

Aun así, quienes estudian y facilitan amistades para ganarse la vida creen que con esfuerzo —y un poco de estrategia— es posible fomentar el tipo de vínculos platónicos fuertes y vigorizantes que tantos de nosotros anhelamos.

Preguntamos a varios de ellos cuáles son los potenciadores de la amistad en los que se apoyan en sus propias vidas. Esto es lo que nos recomendaron.

Practica la amistad ‘agresiva’
Podría decirse, y discutirse, que la parte más difícil de la amistad entre adultos es simplemente encontrar tiempo para salir. Por eso, a menudo es necesario que una persona tome la iniciativa, con constancia y sin disculparse ni avergonzarse, dijo Richard Reeves, presidente del Instituto Estadounidense para Niños y Hombres, un grupo de reflexión, y autor de Hombres.

Tiene un buen amigo que practica lo que él ha llamado “amistad agresiva”. Llama, envía mensajes de texto y organiza planes, y no le preocupa ser un poco gruñón, dijo Reeves.

Liv Schreiber, fundadora de Camp Social, un campamento de verano para mujeres adultas, hizo eco de esta idea. “Mi mantra es: ‘No esperes, toma la iniciativa’”, dijo. Ella suele terminar las citas de amigos pidiéndoles que saquen sus calendarios y organicen otro plan.

¿Otra forma sencilla de practicar la amistad agresiva? Siempre que pienses en un amigo, llámalo, dijo Jaimie Krems, directora del Centro de Investigación de la Amistad de la UCLA. Ella lo hace aunque solo disponga de cinco minutos, y aunque se sienta como algo totalmente inesperado.

“En lugar de pensar: ‘Oh, debería llamarlos’ y ponerlo en mi lista de tareas pendientes, lo hago”, dijo Krems.

Adapta tus planes
Según los expertos, es más probable que la mayoría de nosotros demos prioridad a la amistad —y llevemos a cabo los planes para conectar— cuando pasar tiempo juntos nos resulta divertido o reparador. Y eso es diferente para cada persona. Por eso Danielle Bayard Jackson, entrenadora de amistades, envía cada cierto tiempo una encuesta por correo electrónico a una decena de amigos para preguntarles cómo les gustaría relacionarse.

Algunas de las preguntas son abiertas y prácticas, como: ¿Cuándo sueles estar disponible para pasar tiempo juntos? Otras son más profundas, como ¿Qué estás celebrando en tu vida en este momento?

También pregunta qué preferirían hacer juntos: ¿Tomar una copa de vino? ¿Hacer algo aventurero? ¿Pasar tiempo junto con los niños?

Puede que el ejercicio no funcione para todo el mundo —y no es un consejo que suela dar a sus clientes—, pero ha descubierto que recopilar algunos datos ayuda a mantener sus amistades a flote.

Tanto si decides encuestar a tus amigos como si no, pensar detenidamente en cómo pasas el tiempo con ellos es una buena idea. Reeves señaló que los hombres, en particular, pueden beneficiarse mucho de realizar actividades “hombro a hombro” con sus amigos, en lugar de cara a cara.

Las actividades y las instituciones pueden ofrecer estructura y andamiaje para la amistad masculina, dijo. Reeves señaló, por ejemplo, que tiene varios amigos varones que se ofrecen voluntarios para entrenar a los equipos deportivos de sus hijos: es una forma de retribuir, pero también es una manera de mantener la conexión con otros padres que están ayudando.

“En realidad no vamos a pescar. No vamos a hacer un viaje por carretera. No vamos a jugar al golf”, dijo. “Lo que realmente estamos haciendo es invertir y comprometernos con nuestras amistades. Pero necesitamos el envoltorio”.

Sé un poco necesitado
A veces puede resultar incómodo, pero pedir ayuda puede ser un verdadero incentivo para la conexión, dijo Krems.

“Pensamos que pedir ayuda a nuestros amigos los agobiará. Eso es totalmente falso”, dijo. “Piensa en la alegría que sentiríamos si nuestro amigo nos pidiera ayuda y pudiéramos hacerlo”.

Puede ser cualquier cosa, desde recomendaciones personales (¿un médico? ¿un libro favorito?) hasta apoyo práctico.

Kim Evensen, fundador de Brothers, una organización sin ánimo de lucro centrada en la amistad masculina, admitió que los chicos y hombres con los que trabaja a veces se resisten al consejo de ser más vulnerables con sus amigos. Pero los anima a preguntarse: ¿Alguno de mis amigos tiene una carga —o pasa por una experiencia vital— de la que no se siente cómodo contándome?

“Me di cuenta de que si quiero tener amistades que me hagan más sano y fuerte como hombre”, dijo, “tengo que establecer una norma distinta de la que la cultura que me rodea establece como norma”.

Encaja la amistad en tus rutinas actuales
Una gran ventaja que tienen los niños sobre los adultos es que sus amigos están profundamente integrados en su vida cotidiana a través de la escuela y las actividades extraescolares, dijo Eileen Kennedy-Moore, psicóloga de Princeton, Nueva Jersey, y autora de Kid Confidence: Help Your Child Make Friends, Build Resilience, and Develop Real Self-Esteem.

Ese contacto constante es un ingrediente crucial para la amistad, dijo.

Así que en lugar de esperar “el momento mágico” para conectar con los amigos, Kennedy-Moore busca formas de entretejer la amistad en sus planes establecidos. Eso puede implicar pedirle a un amigo que te acompañe a recoger a los niños al colegio o a una clase en el gimnasio.

“Una amiga me llamó una vez como a las 8 p. m. y me dijo: ‘Voy a Target, ¿qué tal si te recojo dentro de 10 minutos?’”, dijo. “Y fue encantador”.

Schreiber también es creativa a la hora de dar prioridad a sus vínculos platónicos, y advierte que “una de las formas más rápidas de que mueran las amistades en la edad adulta es esperar a una producción completa”. Por eso suele acompañar a una de sus mejores amigas mientras camina al trabajo. A menudo es un momento especial de su semana, dijo.

Únete, de la forma correcta
“A menudo oímos el consejo: ‘¡Únete a un club!’”, dijo Janice McCabe, profesora asociada de Sociología en el Dartmouth College y autora del libro Making, Keeping, and Losing Friends. (Hacer, mantener y perder amigos)

A veces funciona, dijo, y a veces no.

La investigación de McCabe ha descubierto que es mucho más probable que la gente haga amigos si se une a un club relacionado con un cambio de identidad.

Por eso un grupo de madres primerizas es especialmente poderoso, porque las demás personas que lo forman también están pasando por esa transición, dijo. “Se trata de encontrar el momento y el lugar adecuados en esos entornos”.

Maria Avgitidis, casamentera afincada en Nueva York y autora de Ask a Matchmaker, ha descubierto que buscar en tu propia comunidad es un buen punto de partida. Ha observado que el Centro Comunitario Judío de su localidad tiene clases de cocina semanales y anima a sus clientes para que acudan, porque así ven regularmente a las mismas 10 o más personas, “y una de ellas se convertirá en un amigo que te invitará a una parrillada”.

Prepárate para ser un amigo comprometido
Mucha gente tiene la idea de que los amigos deben caer en una conversación fácil y fluida entre ellos —y, por supuesto, a veces es así —, dijo McCabe. Pero cree que dedicar un poco de tiempo a planificar de qué podría hablar con sus amigos ha mejorado la calidad de sus encuentros y, en última instancia, ha reforzado sus contactos.

Antes de ver o hablar con un amigo, dijo McCabe, piensa: ¿Hay algo en particular de lo que quieras hablar? ¿Hay algo que tu amigo dijo en tu última conversación que quieras asegurarte de comentar esta vez?

Jackson dijo que tiene una ficha pegada en su despacho con una lista de amigos con los que quiere pasar tiempo o ponerse en contacto. Es un recordatorio sencillo pero eficaz para ser una amiga comprometida, dijo.

Cuando ve el nombre de alguien de la lista y piensa: “Ah, sí, es una buena amiga. Me cae muy bien”, se pregunta: “¿Qué hago al respecto?”.

​​Catherine Pearson es reportera del Times, donde escribe sobre familias y relaciones.

Carmen Conesa: “Soy más de amantes y amores que de parejas”




Carmen Conesa, sin filtros.Be
La actriz, cantante, bailarina y pintora, con 40 años en escena, estrena ‘El jardín de los cerezos’ inmediatamente después de ‘Cabaret’. Considera su cuerpo un instrumento de trabajo: “Lo cuido como un ‘stradivarius”

Una, más o menos coetánea de la entrevistada, tiene una cierta idea de Carmen Conesa, aunque, como a otras actrices de su edad, haga tiempo que no la vea en pantalla en papeles de protagonista. Una mujer alta y espigada al modo de las bailarinas, con una melena de rizos rubios volando al viento, aunque no haga viento. Y es esa misma estampa, con el tamiz de los años en la voz y en el rostro, la que se materializa en el atrio del teatro Fernán Gómez de Madrid, donde ultima los ensayos de El jardín de los cerezos, el clásico de Chéjov, y donde hemos quedado para charlar sin prisas. Antes, ofrece su cutis sin retoques al fotógrafo sin ponerle media pega, a diferencia de otras celebridades más jóvenes y menos prestigiosas. No le hace falta. Hipnotiza a la cámara.

Muchos la recuerdan como una de Las chicas de hoy en día, una serie de 1991 que solo duró un año en antena. ¿Por qué cree que sucede?

Me halaga, claro. Fue un momento en que llegaban este tipo de series a la televisión española. Una sitcom de 25 minutos, rodada en cine, en un tiempo en que se veían series tipo Cañas y barro. De la mano de Fernando Colomo, aparecieron estas chicas que llegan a la gran ciudad queriendo ser actrices, y fue un golpe de viento fresco. La siento casi como autobiográfica. Nuria Rocamora, mi personaje, era una catalana llegando a Madrid y queriéndose comer el mundo, y yo acababa de llegar de pasar un año en Nueva York, con una beca del Comité Hispanoamericano, y quería zampármelo todo.

¿Se la pone cuando anda baja de ánimo? La serie, digo.

No, tengo tan buen recuerdo que no quiero estropearlo. Para mí, es un sueño que existió. Nunca revisito nada del pasado, tampoco esas fotos que te manda el móvil cuando menos te lo esperas. El pasado nos coloca en un punto melancólico que no me gusta. Dicen que la gente con depresión mira demasiado al pasado, y la gente con ansiedad, al futuro. Lo único que existe es el ahora.

¿No hace planes?

No, ahora estoy hablando contigo e intento disfrutar de este momento. La vida ya te da las suficientes vueltas como para creer que puedes controlar algo.

Bueno, para encadenar un proyecto con otro, como usted, algo de planificación debe de haber.

Bueno, hay épocas y épocas, pero sí. Tengo 65 años, soy mayor, estoy en edad de jubilación, pero no pienso retirarme: si no me ofrecen cosas, ya las hago yo.

¿Cómo se ve a sí misma y cómo cree que la ven los demás?

Si no tuviéramos espejos, seríamos todos simplemente personas, sin edad. Ni señora, ni viejecita, ni abuela, ni mamá ni adolescente. Me gusta mucho lo que dicen los argentinos: los mayores son personas “grandes”, no viejas, y también en catalán: aquesta persona es gran. Es exactamente eso: las personas, a partir de los 50, 60, 70, están en camino de convertirse en muy grandes. Si tu salud te acompaña. En esa etapa de la vida que nos hacen creer que es un tobogán hacia abajo, justamente, estás comenzando una nueva vida. Estoy leyendo Filosofía de la longevidad, de Pascal Bruckner, y es maravilloso.

Tiene una hija de 23 años. ¿Cómo es verse a una misma a través de ella?

Tenemos mucho que aprender de los jóvenes, de los adolescentes, de los niños, que todavía no están envenenados por el mundo. Hay que escucharlos mucho. En la vida hay que aprender como si fuéramos a vivir siempre y vivir como si fuéramos a morir mañana. Y con los jóvenes vamos a tener que entendernos, porque vamos a vivir muchos años, no queremos, legítimamente, retirarnos de nuestro sitio y somos el tapón para que ellos ocupen el suyo. Vivir ese reajuste es mi único propósito de futuro.

¿Qué cosas la nutren como creadora?

La capacidad de ilusionarme y sorprenderme, la capacidad de incomodarme, en el sentido de sacarme de mi zona de confort. En este oficio, la comodidad es la muerte. Entonces, hay que estar siempre incómodo. La incomodidad provoca la acción, la creatividad, la revolución. Así que, cuando estoy fantásticamente bien, me complico la vida.

¿No le gusta estar bien?

Es que yo siempre estoy bien. Ese es mi lema. Yo decido ser feliz. La felicidad es una decisión.

Eso queda muy bonito en los libros de autoayuda, pero luego la vida te golpea.

Podemos estar pasándolo mal, con una enfermedad, un duelo, una mala racha, pero la actitud con que la afrontas es cosa tuya. También depende de lo que tú entiendas por felicidad. Para mí la felicidad es poder comer cada día y no pasar frío. Entonces, cuando me preguntan cómo estoy, siempre digo que muy bien, porque nadie a mi alrededor está malito, me encuentro bien de salud, tengo para comer y no paso frío. Si tienes a alguien que te quiera, mejor, pero no necesito a nadie que me quiera, porque quiero a mucha gente. He querido y me han querido mucho, tengo amor de sobra. El afortunado es el que ama, no el que es amado.

¿Qué duele más, dejar o que te dejen?

Es complicado. Si te dejan porque no te aman duele mucho, pero tienes que entender que es mejor para él y, si lo amas de verdad, entender que se vaya con otra persona o que no quiera estar contigo. Ese es el amor de verdad.

Actúa, baila, pinta, dirige. ¿La artista nace o se hace?

Es difícil. Por ejemplo, yo toco el piano y la guitarra y, hace dos años, quise aprender a tocar el saxo, porque era un reto. Tienes que tener algo, lo que sea. Yo creo que hay algo innato en todos, que es el talento. Todos tenemos un alma de artista, y luego hay gente más diestra y gente más torpe.

¿Qué importancia le da a su cuerpo como instrumento de trabajo?

Es bonito eso, porque yo creo que es exactamente eso: un instrumento, y lo cuido como un stradivarius. Si quieres que suene afinado y bonito, tienes que afinarlo, cuidarlo, mimarlo, cambiarle las cuerdas. La naturaleza me ha regalado este instrumento, quiero que me dure lo máximo posible, que me dé felicidad y a las personas de alrededor, inspirar a la gente en el escenario. Entonces, lo cuido, y lo llevo al lutier: los médicos, los coaches, el gimnasio, los profesores de baile. Para que este instrumento no se deteriore tanto, porque todos vamos hacia eso.

¿Hacia dónde? ¿Qué nota en el stradivarius?

Cada día me levanto y me duele algo nuevo. Hoy, por ejemplo, me dolía muchísimo la espalda, pero tienes que aprender a decir: vale, tengo que bregar con esto y no dejar que eso me pare, sino seguir moviéndome. Y la cabeza, igual. Cuando no tengo textos que aprenderme, porque estoy pintando o preparando una exposición, me aprendo poesías de Miguel Hernández, de Machado, de Lope de Vega, como entrenamiento.

¿Como quien hace sudokus?

También hago sudokus. Me encantan los juegos. Y las matemáticas. Ahora estoy estudiando física cuántica, y creo que está relacionada con el mundo del espectáculo: creo que la energía del público modifica la manera de actuar de los actores, y la de los actores, modifica la del público. Por eso, entre otras cosas, no hay dos funciones ni dos públicos iguales.

¿Usted sabe cuándo ha estado cumbre en escena?

Es que yo siento que casi siempre estoy cumbre, en el sentido de que salgo siempre con muchísima ilusión, creo que cada espectador se merece la mejor función, que hagas tu trabajo lo mejor que puedas y, para mí, ese es un acto de profesionalidad y de amor. Cuando me dicen si estoy cansada, siempre digo que más duro es bajar a la mina.

Autoestima no le falta.

Verás: yo fui la nena de mi familia. Mis padres me tuvieron muy mayores. Él era albañil, pero, cuando yo nací, había montado una pequeña empresa y ya éramos una familia, digamos, burguesa. Me mimaban y me apoyaban en todo, eran mis mayores fans. Entonces, tengo la autoestima muy alta. Luego, las patadas de la vida te vienen solas, pero esa base sustentada de que todo es posible, la llevo puesta.



En El jardín de los cerezos interpreta a una aristócrata rusa que se resiste a cambiar su modo de vida. ¿Cómo de vigente está ese arquetipo en estos tiempos de incertidumbre?

Los protagonistas son personas habituadas al privilegio a las que no habían educado en el cambio. Pero cambios ha habido siempre. Igual que ahora, ellos procrastinan los cambios, esa palabra que ahora se usa tanto, pero cuyo significado se ha practicado toda la vida.

¿Qué cree que define a su generación de actrices y actores?

Somos los testigos de los verdaderamente grandes y el puente con los jóvenes. Hemos trabajado con auténticos mitos: Amparo Rivelles, Concha Velasco, María Luisa Ponte y tantas y tantos que no enseñaban nada a nadie, sino que simplemente aprendías respirando el mismo aire que ellos, y eso no tiene precio.

¿Y usted, tiene la impresión de ser una clásica para los jóvenes?

No, soy una señora grande que sabe de teatro. Me da mucho pudor decir que soy una diva, no lo voy a decir nunca. Lo que sí te digo es que sé reconocer cuando algún joven vale para esto; reconozco la raza cuando la veo. Ahí hay una parte de la soberbia del actor y, si la vences, puedes aprender mucho de ellos.

Me ha impresionado que no le pida al fotógrafo disimular sus arrugas. ¿Siente, como muchas mujeres, presión por renovar el barniz del stradivarius?

En mi caso, es más autopresión, quizá porque en teatro no trabajo con gente que tenga la cara más o menos estirada. La presión me la pongo yo, y decir que no quiero hacerlo es una decisión, como la de la felicidad. Claro que empiezo a tener complejos, pero quiero poder tener orgullo de mis arrugas, tengo que amarlas, como los pliegues de mi tripa. Que esa es otra, de repente tienes un novio y tienes que enseñarlos.

De eso nunca se habla.

Ni de la sequedad, ni de la menopausia, ni de la gravedad. Evidentemente, a esta edad, te da más pudor todo. Yo tengo un amor en Argentina, que viene de vez en cuando, o voy yo, pero no un compañero fijo. Tiendo a tener amantes, he tenido muchas parejas y algún marido. Soy más de tener amantes y amores que parejas. Hace como ocho años que me separé de la última fija, con la que pasé 10 años muy felices, pero ahora creo que lo mejor es vivir separados y juntarse cuando te apetezca. Para vivir, prefiero la soledad. Si es con mi hija, yo feliz, pero creo que tienes que crecer tú sola y acabar con ese concepto de la pareja para toda la vida y tener que morirme con él. Lo importante es no necesitar a un hombre o a una mujer. Necesitar a alguien no es bueno. Aquello de que te dicen: “Te necesito”. Pues no: fatal, fatal, fatal. No me necesites. Tú a tu vida, yo a la mía, y nos encontramos en el camino.

UNA MUJER DE HOY EN DÍA
Carmen Conesa (Barcelona, 65 años), saltó a la fama como coprotagonista, junto a Diana Peñalver, de Las chicas de hoy en día, una serie dirigida por Fernando Colomo a principios de los noventa, que aún triunfa en la plataforma de RTVE. Desde entonces, su nombre es presencia habitual en montajes teatrales, musicales y dramáticos. Su formación como actriz, bailarina, música y pintora le da herramientas para defenderse en todos ellos. Pero su mejor instrumento, dice, es su cuerpo.
El País