miércoles, 13 de mayo de 2026

Las bombas que pulen los cráneos de los muertos

Por Vijay Prashad | 21/02/2026 | Mundo 


Fuentes: Instituto Tricontinental de Investigación Social


Con la expiración del tratado Nuevo START, la retirada de EE UU. de los tratados de control de armas y su adopción de doctrinas de “guerra nuclear” aumenta el riesgo de un conflicto catastrófico entre las potencias nucleares.

El 5 de febrero de 2026 expiró el Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Nuevo START por su sigla en inglés), poniendo fin a la última restricción legal vigente sobre los arsenales nucleares estratégicos de los Estados Unidos y la Federación Rusa. El Nuevo START, que se firmó en 2010 y entró en vigor en 2011, debería haber sido sustituido por un acuerdo sucesor. El tratado limitaba las ojivas estratégicas y los vectores desplegados por cada parte y establecía un régimen de verificación de inspección, notificación e intercambio de información. Estas medidas no eran cosméticas, sino finos hilos que restringían la maquinaria más destructiva jamás ensamblada.

La expiración del Nuevo START no se produjo de forma repentina. Debido al deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia durante una década, ambas partes suspendieron las inspecciones in situ en marzo de 2020 y nunca las reanudaron. En febrero de 2023, Rusia suspendió su participación en el Nuevo START y Estados Unidos respondió de la misma manera (Rusia ha declarado públicamente que tiene la intención de seguir respetando los límites numéricos del Nuevo START, siempre que Estados Unidos haga lo mismo). Cuando el tratado expiró formalmente, su columna vertebral de verificación ya se había roto.

Ahora vivimos en un mundo en el que las dos mayores potencias nucleares no están sujetas a ningún tratado vinculante que les ponga límites.

Hilma af Klint (Suecia), The Atom Series nº 7 [Serie Átomo nº 7], 1917.

Desde 2002, Estados Unidos ha abandonado unilateralmente uno tras otro los tratados de control de armamento, erosionando la arquitectura que contribuía a estabilizar la disuasión. Entre estos tratados se incluyen los siguientes:

El Tratado sobre Misiles Antibalísticos de 1972: Estados Unidos se retiró en junio de 2002.
El Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio de 1987: Estados Unidos se retiró en agosto de 2019.
El Tratado de Cielos Abiertos de 1992: Estados Unidos se retiró en noviembre de 2020.
El Nuevo START de 2011: expiró en febrero de 2026.
El fin del Nuevo START se produce en el marco de un giro más amplio hacia las doctrinas de “guerra nuclear”, que incluyen un renovado énfasis en la diabólica idea de la contrafuerza, cuyos contornos aparecen en la Revisión de la Postura Nuclear de Estados Unidos (NPR por su sigla en inglés) de 2018. La idea es simple: atacar las fuerzas nucleares y los sistemas de mando del adversario en lugar de sus ciudades. Se considera que este tipo de ataque es más racional e incluso más humano. En realidad, un ataque de este tipo desestabiliza todos los sistemas de disuasión. Las doctrinas de contrafuerza premian la velocidad, la anticipación y la ventaja del primer golpe, lo que reduce el tiempo de toma de decisiones. La doctrina crea una presión de “úselo o piérdalo”, —el temor de que hay que lanzar un ataque antes de que las propias fuerzas sean destruidas— que hace que los errores de cálculo sean estructurales, no accidentales.

A medida que avanzan las tecnologías bélicas, esta lógica se amplifica. Los sistemas de ataque convencionales altamente desarrollados, las defensas antimisiles, los sistemas de lanzamiento hipersónicos y las redes integradas de mando y control (sistemas compartidos que conectan sensores, comunicaciones y toma de decisiones) difuminan la frontera entre la guerra nuclear y la no nuclear. Un misil lanzado con intención convencional puede interpretarse como un ataque nuclear. Las plataformas de doble uso, sistemas que pueden transportar tanto cargas convencionales como nucleares, socavan la claridad de la señalización al dificultar la determinación de si un lanzamiento es convencional o nuclear. Los peldaños para la escalada se acortan. El margen de error se reduce a segundos.

Enrico Baj (Italia), Two Children in the Nuclear Night [Dos niños en la noche nuclear], 1956.
La doctrina de la contrafuerza no es solo un debate abstracto, sino que se ha materializado en los presupuestos gubernamentales y los contratos de adquisición de armas. La NPR de 2022 de Estados Unidos confirmó la modernización de la tríada nuclear: misiles balísticos intercontinentales terrestres, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos estratégicos con capacidad nuclear. Es fundamental señalar que la NPR de 2022 rechaza las políticas de “no ser el primero en utilizar” y “único propósito” (“no ser el primero en utilizar” significa comprometerse a no utilizar armas nucleares en primer lugar; “único propósito” significa limitar su función a la disuasión y, si es necesario, a responder a un ataque nuclear). La política actual sostiene que Estados Unidos solo consideraría el uso de armas nucleares, en “circunstancias extremas”, para defender sus intereses vitales o los de sus aliados y socios, pero no descarta el primer uso y deja abierta una “estrecha gama de contingencias” en las que las armas nucleares pueden disuadir ataques con “efecto estratégico”. Esta postura preserva la opción de atacar las capacidades militares del adversario, incluidas sus fuerzas estratégicas si es necesario, sin comprometerse abiertamente con la doctrina de la contrafuerza. La Comisión del Congreso de 2023 sobre la Postura Estratégica de los Estados Unidos fue más allá, argumentando que la planificación nuclear estadounidense debería seguir apuntando a lo que los adversarios “más valoran”. En estos textos, las armas nucleares no se presentan como trágicas necesidades de la política moderna, sino como herramientas normales que pueden utilizarse en determinadas circunstancias.

La locura que subyace a estas actitudes se ve alimentada por los enormes beneficios que obtiene la industria armamentística, que busca modernizar los sistemas nucleares en torno a la doctrina de la contrafuerza. Un informe de 2025 de PAX y la International Campaign to Abolish Nuclear Weapons (ICAN) [Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares] titulado At Great Cost: The companies building nuclear weapons and their financiers [A un alto precio: Las empresas que fabrican armas nucleares y sus financiadores] reveló que, entre enero de 2022 y agosto de 2024, 260 instituciones financieras mundiales (incluidos fondos de pensiones, compañías de seguros y gestores de activos) financiaron a 24 fabricantes de armas nucleares, con inversionistas que poseían algo menos de 514.000 millones de dólares en acciones y bonos y con alrededor de 270.000 millones de dólares en préstamos y suscripciones. Entre estas empresas se encuentran Airbus, BAE Systems, Bechtel, Boeing, General Dynamics, L3Harris Technologies, Northrop Grumman y Rolls-Royce. El informe de ICAN de 2025, Hidden Costs: Nuclear Weapons Spending in 2024 [Costos ocultos: gasto en armas nucleares en 2024], estima que los 9 países con armas nucleares gastaron 100.200 millones de dólares en sus arsenales nucleares en 2024, y que el sector privado ganó al menos 42.500 millones de dólares en contratos relacionados con armas nucleares. Esa suma podría haber pagado 28 veces el presupuesto de la ONU y alimentado a 345 millones de personas que padecen el hambre más severa durante casi 2 años. La industria de las armas nucleares es un desperdicio sorprendente de recursos humanos.

Le Corbusier (Francia), Composition avec photo de la bombe “H” [Composición con foto de la bomba “H”], 1952. Pese al colapso del régimen bilateral de control de armas, el sistema mundial de disuasión y erradicación nuclear no ha desaparecido. Pero lo que queda está irradiado por el dominio de Estados Unidos sobre la arquitectura de la política nuclear:

El Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP, 1970) sigue en vigor a pesar de que refuerza el sistema de apartheid nuclear (no obstante el artículo VI, que pide a los países con armas nucleares que persigan el desarme). La expiración del Nuevo START agrava la crisis de legitimidad del TNP y pone de manifiesto que la promesa de desarme se aplaza perpetuamente. La India, Israel y Pakistán nunca firmaron el TNP. Corea del Norte lo firmó en 1985, pero se retiró en 2003.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA, 1957) aplica un régimen de salvaguardias que incluye inspecciones, contabilidad de materiales y vigilancia. El Protocolo Adicional al OIEA de 1997 amplía estas capacidades, pero este mecanismo sigue adoleciendo de una aplicación selectiva. Las investigaciones del OIEA sobre Irán, por ejemplo, no se basan en pruebas, sino en la hostilidad del Norte Global hacia el gobierno iraní. El Grupo de Suministradores Nucleares (NSG por su sigla en inglés, 1975) es un régimen informal de control de las exportaciones de tecnologías sensibles y materiales de doble uso utilizados en programas relacionados con el ciclo del combustible nuclear y las armas. Si bien el objetivo del NSG es limitar la proliferación (reforzado por la resolución 1540 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas), acaba reforzando las jerarquías tecnológicas. Los Estados con armas nucleares dominan las instituciones informales, ejerciendo su autoridad e insistiendo en la moderación de los demás.

Krassimir Terziev (Bulgaria), Familia, 2015.
Algunas normas desgastadas siguen estando fuera del control total de Estados Unidos, pero están fracturadas y son incapaces de impulsar una agenda integral. Entre ellas se incluyen:

El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (2017). Se trata de un instrumento jurídicamente vinculante que representa un rechazo categórico de las armas nucleares. A finales de 2025, 99 países habían ratificado o firmado el tratado, pero ninguno de los nueve Estados con armas nucleares del mundo figura entre ellos. En Europa, solo Austria, la Santa Sede (Vaticano), Irlanda, Malta y San Marino han ratificado el tratado. El tratado, impulsado por la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, es en gran medida una iniciativa del Sur Global.

Zonas libres de armas nucleares. Cinco regiones del mundo adoptaron tratados para que sus territorios estuvieran libres de armas nucleares. Estos acuerdos son el Tratado de Tlatelolco (1967), que abarca América Latina y el Caribe; el Tratado de Rarotonga (1985), que abarca el Pacífico Sur; el Tratado de Bangkok (1995), que abarca el Sudeste Asiático; el Tratado de Pelindaba (1996), que abarca África, y el Tratado de Semipalatinsk (2006), que abarca Asia Central. En la práctica, estos tratados se encuentran entre los logros más exitosos en materia de desarme nuclear.

El Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (1996). Este tratado no ha podido entrar en vigor porque varios Estados necesarios no lo han ratificado, pero sigue siendo políticamente significativo porque prohíbe las explosiones nucleares con fines de ensayo y ha contribuido a que las pruebas nucleares sean un tabú a nivel internacional. El sistema de vigilancia del tratado funciona a diario, detectando señales sísmicas y atmosféricas, lo que dificulta ocultar los ensayos.

El panorama posterior al Nuevo START contiene algunas instituciones y normas, pero la restricción central sobre los arsenales nucleares más grandes ha desaparecido. Lo que tenemos ahora son tres crisis que se superponen:

Una crisis de estabilidad. Sin transparencia ni verificación de los arsenales nucleares más grandes, solo hay sospechas entre las grandes potencias. Una crisis de legitimidad. Los países con los arsenales más grandes exigen el cumplimiento de la no proliferación, a la par que abandonan su propio compromiso con el desarme establecido en el tratado.

Una crisis de conciencia. Resulta espantoso que ahora se hable de las armas nucleares como algo utilizable, manejable y necesario, como opciones legítimas en el campo de batalla.

Es necesario volver a un régimen de control de armas. Pero debemos considerar una agenda más amplia. Incluso los mejores tratados solo gestionan el peligro, no lo eliminan. La contradicción más profunda permanece intacta: un mundo en el que unos pocos Estados reclaman el derecho a aniquilar a la humanidad en nombre de la seguridad. La desaparición del Nuevo START nos despoja de ilusiones y revela un orden de armas nucleares que preserva el poder y no promueve la paz.

Libia abandonó su programa de armas nucleares en diciembre de 2003. Ocho años más tarde, la OTAN utilizó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU (n.º 1973) que imponía un embargo de armas y una zona de exclusión aérea para justificar la intervención militar que destruyó el Estado libio. Por lo tanto, era lógico que Corea del Norte probara un arma nuclear en 2006 y construyera un escudo contra las ambiciones de cambio de régimen de Estados Unidos y sus aliados de Asia Oriental. La doctrina de la contrafuerza de Estados Unidos anima a los países a construir ese escudo, una dolorosa realidad en un mundo sumido en la ansiedad provocada por el hiperimperialismo.

Shin Hak-Chul (Corea), Planting Rice [Plantando arroz], 1987.

En 2003, el dramaturgo británico Harold Pinter (1930-2008), exasperado por la guerra global contra el terrorismo, escribió un poderoso poema titulado Las bombas. Recuerdo haber oído a Pinter leer este poema en Londres, con una cadencia poderosa y una esperanza clara en medio de la fealdad. En su memoria, aquí está el poema:

Ya no hay más palabras que decir
Todo lo que nos queda son las bombas
Que brotan de nuestra cabeza
Todo lo que queda son las bombas
Que nos chupan hasta la última gota de sangre
Todo lo que nos queda son las bombas
Que pulen los cráneos de los muertos. 

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martes, 12 de mayo de 2026

_- Las drogas digitales nos tienen enganchados. Esta psiquiatra ve una salida

_- Vivimos en una época en la que todo está disponible en cualquier momento. Solo con tu teléfono, puedes pedir comida, apostar en deportes, leer esta historia, ver porno, chatear con un amigo, chatear con un desconocido, chatear con un enorme modelo de lenguaje o comprar un coche. Anna Lembke dice que toda esa comodidad y abundancia nos están haciendo menos felices, y hay muchas investigaciones que la respaldan: en el mundo desarrollado, estamos más solos, más ansiosos y más deprimidos que nunca.

Lembke es psiquiatra y trabaja en la Clínica de Diagnóstico Dual de Medicina de las Adicciones de la Universidad de Stanford, donde atiende a pacientes con todo tipo de adicciones, desde los opiáceos y el alcohol hasta lo que ella llama “drogas digitales” que, según dice, nos ponen en un “estado de trance en el que perdemos la noción del tiempo”. En su exitoso libro Generación dopamina, sobre la ciencia que hay detrás de la adicción, Lembke argumenta que nuestros cerebros están programados para buscar constantemente la estimulación, y que la vida moderna, con su interminable flujo de contenidos y cosas, hace casi imposible luchar contra ese impulso.

Al mismo tiempo, los avances científicos en las intervenciones médicas y los nuevos hábitos culturales, como la disminución del consumo de alcohol, son prometedores. Mi propia experiencia refleja esos cambios recientes. La adicción me viene de familia. En 2020, mi hermana, quien luchó contra el alcoholismo durante años, murió de insuficiencia hepática, algo que compartí con Lembke antes de que comenzara nuestra entrevista. Su “muerte por desesperación” me hizo cambiar mi propio comportamiento. Tras toda una vida de obesidad, empecé a tomar Ozempic, que redujo mi relación obsesiva con la comida. Y hace dos años, dejé de beber alcohol. Pero aunque me siento físicamente estupenda, perder peso y estar sobria no ha impedido que aparezcan otros comportamientos destructivos, como las compras por internet. Lembke conoce bien esta dinámica, tanto en su trabajo como en su vida personal. Cómo encontrar el equilibrio en un mundo que nos alimenta con tentaciones, dice, es una lucha para todos nosotros.

Listen to the Conversation With Dr. Anna Lembke The psychiatrist and author of “Dopamine Nation” wants us to find balance in a world of temptation and abundance. Suscríbete: Apple Podcasts | Spotify | YouTube | Amazon | iHeart | NYT Audio App

Publicaste Generación dopamina en 2021 con la tesis de que la sobreabundancia de la cultura moderna nos tiene constantemente estimulados por la dopamina. Y creo que eso solo se ha acelerado desde entonces. En general, ¿has visto cosas en tu práctica que antes no estaban ahí? Para ponerlo en perspectiva desde mi asiento clínico de primera fila: a principios de la década de los 2000, observamos un aumento repentino de personas adictas a las mismas pastillas que sus médicos les recetaban para el dolor crónico y leve, lo que condujo a nuestra actual epidemia de opiáceos. Pero también llegaban hombres de mediana edad con una grave adicción a la pornografía en internet y a la masturbación compulsiva. Principalmente, hombres que habían podido consumir pornografía de forma razonablemente moderada y sin grandes perjuicios para sus vidas hasta la llegada de internet y, sobre todo, en la primera década de los 2000, antes de los teléfonos inteligentes. Y esa fue probablemente nuestra señal más temprana de las adicciones conductuales. Y después, hacia 2012 o 2013, empezamos a ver a un montón de adolescentes traídos por sus padres principalmente por trastornos relacionados con los juegos en internet. Más o menos en 2015, 2016, empezamos a ver las primeras señales de adicción a las redes sociales, a las compras en línea y un enorme aumento de la adicción a las apuestas virtuales. Y lo que yo diría que he visto principalmente en los últimos cinco años es una especie de adicción dispersa a internet. La gente tiene su droga preferida, ya sean las compras, las redes sociales, los videojuegos o la pornografía. Pero si eso no está disponible, cambiarán a otra cosa.

Esa línea temporal es —y voy a decirlo así— muy sombría. Sí.

¿Cómo defines la adicción? La adicción es el consumo compulsivo continuado de una sustancia o un comportamiento a pesar del daño causado a uno mismo y/o a los demás. Es importante destacar que no existe ningún escáner cerebral ni análisis de sangre para diagnosticar la adicción, y no existirá durante mucho tiempo, si es que alguna vez llegase a existir. Seguimos basando nuestro diagnóstico en lo que llamamos fenomenología, que son patrones de comportamiento que se repiten en individuos, temperamentos, culturas, periodos de tiempo, etc.

¿Hay alguna diferencia entre las conductas adictivas y ser un adicto? Oh, interesante.

Image Anna Lembke, psiquiatra, dando una charla TED en la Universidad de Stanford en 2017.Credit...Linda A. Cicero, Stanford University

Siempre he entendido que los adictos no pueden controlar su compulsión, y que las conductas adictivas son más bien hábitos que pueden moderarse o controlarse. Pero creo que lo que me dices sugiere que esa no es la forma correcta de pensarlo. Estas cuestiones son discutibles, y el uso del lenguaje es importante. Cuando utilizo el término adicción, hablo de una forma de psicopatología, que es un trastorno del espectro. Así pues, hay adicción leve, moderada y grave. Cuando vemos una adicción grave, todos la reconocemos. Es obvio, ¿verdad? La gente lucha, sufre, hay consecuencias increíbles como resultado de su consumo y, sin embargo, no pueden dejar de consumir sin una ayuda significativa. En el extremo menos grave, es mucho más difícil saber cuándo podemos pasar de un uso recreativo y adaptativo sano de una sustancia o conducta a un uso malsano y desadaptativo. Y a menudo es una cuestión de juicio. Y también tiene una base cultural. Así, por ejemplo, cuando pensamos en algo como la adicción al trabajo: vivimos en una cultura que celebra absolutamente la adicción al trabajo. Así que no lo identificaremos como un problema típico.

Como ya hemos dicho, todos estamos muy vinculados con nuestros teléfonos. Y los teléfonos parecen la puerta de entrada a muchos de estos nuevos comportamientos adictivos. Las apuestas deportivas en línea se han disparado; el consumo de pornografía, como has dicho, ha aumentado aunque el sexo en sí haya disminuido. Leí un estudio que decía que en 2024, la Generación Z pasaría en promedio de seis a siete horas al día escroleando. Así que parece que se trata más de un problema sistémico que de un problema individual. Estoy de acuerdo al cien por ciento. Es un problema colectivo. Yo lo veo como parte del Antropoceno, que es un término que se ha acuñado para describir la era en la que vivimos ahora, cuando la acción humana está cambiando la faz del planeta por primera vez en la historia. El cambio climático se incluye a menudo en esta idea del Antropoceno. Pero creo que también deberían incluirse los factores de estrés de la sobreabundancia. En los países más ricos del mundo, tenemos más tiempo libre, más ingresos personales, más acceso a bienes de ocio que nunca. Y como resultado, todos nos esforzamos por saber qué hacer con todo ese tiempo y dinero extra. Y uno esperaría y pensaría que estaríamos entablando debates filosóficos profundos, ayudándonos unos a otros…

Perdón, me estoy riendo. Pero en lugar de eso, lo que hacemos es pasar un montón de tiempo masturbándonos, comprando y viendo a otras personas hacer cosas en internet. Y lo que ocurre esencialmente es que gastamos cada vez más energía y creatividad invirtiéndolas en este mundo en línea, lo que significa que estamos drenando la energía y creatividad de nuestra existencia en la vida real. Así que cuando intentamos volver al mundo real, efectivamente es más aburrido, porque pasan menos cosas, porque no hay nadie.

Has llamado a esto la paradoja de la abundancia, ¿verdad? Es decir, que cuanto más tenemos, peor estamos, porque nos bombardean todo el tiempo con cosas que producen dopamina, y eso de hecho nos hace sentir peor. Sí, exactamente. Me parece que hemos superado una especie de punto de inflexión de la abundancia, en el que hemos ido más allá de la satisfacción de nuestras necesidades básicas de supervivencia y ahora tenemos tanto acceso a tantas sustancias y comportamientos inductores de placer que puede que estemos cambiando la química de nuestro cerebro de tal modo que nos encontremos en un estado de déficit de dopamina. Ahora necesitamos seguir consumiendo estas drogas y comportamientos altamente estimulantes, no para estar colocados y sentirnos bien, sino para equilibrar la balanza y sentirnos normales.

¿Ahora nos ves a todos como adictos? No, no nos veo así. Creo que todos luchamos con el control del apetito en el mundo moderno, pero sí creo que es importante utilizar el término adicción o, como lo define el DSM (Manual de Trastornos Mentales por su sigla en inglés), trastorno por consumo, para cuando hemos cruzado ese umbral hacia el daño a uno mismo y a los demás que, en cierto nivel, está fuera de nuestro control. Así que no quiero decir simplemente: “Todo el mundo es adicto”. Pero sí creo que el problema del consumo en exceso compulsivo se ha convertido en algo con lo que probablemente todos luchamos de una forma u otra.

Tienes autoridad y experiencia en este ámbito, pero también formas parte de la era del Antropoceno, y eres una humana en este mundo y una madre. ¿Cómo gestionas esto para ti y para tu familia? Mi familia lucha con esto tanto como cualquier otra familia. Pero una cosa que hicimos y por la que estoy muy agradecida, y mis hijos también, es que no tuvimos ningún dispositivo en casa hasta que nuestra hija mayor empezó la secundaria. Cuando nuestra hija empezó la escuela, llegó a casa y dijo: “En realidad, no puedo funcionar como estudiante a menos que tengamos conexión a internet”, y nos dimos cuenta de que era cierto, con los horarios de la escuela en constante cambio, todas las tareas en línea; no había forma de participar en la vida de la secundaria sin conectarse a internet. Y esto fue hace ocho años. Así que nos conectamos a internet, y a partir de ahí todo fue cuesta abajo.

Solo quiero hacer una pausa aquí. ¿Ni siquiera tenías internet en casa? No teníamos internet en casa, y yo no tuve un teléfono inteligente, si puedes creerlo, hasta 2019, cuando me vi obligada a conseguir uno por el trabajo, para poder recetar sustancias controladas mediante Duo Security. Quiero hacer hincapié: no estoy juzgando a otras personas.

Lo entiendo. Simplemente estoy asombrada. Tengo el tipo de trabajo que me permitió hacer eso. La mayoría de la gente no lo tiene.

Voy a decirle a The New York Times que me voy a desconectar de internet, y no creo que me vaya a ir muy bien. Exactamente. Pero, ¿qué puedo decirte? Mis hijos tienen ahora entre 18 y 23 años. Han luchado en diversos grados con su tiempo en internet, pero lo que realmente agradezco es que tengan esa noción básica de que pasar demasiado tiempo en internet no es bueno. Las pasadas vacaciones de invierno decidimos ir al valle de Yosemite en familia. Habíamos tenido montones de vacaciones con los niños, siempre sin dispositivos, lo cual, por cierto, ahora es como ser ciego al viajar. Es literalmente como si no pudieras ver. Pero lo hemos hecho. Y dije: “¿Siguen dispuestos a viajar sin dispositivos?”. Porque hacía un par de años que no nos íbamos de vacaciones juntos. Y estaban entusiasmados. Y desde el momento en que subimos al coche y empezamos a conducir, sentí una clara diferencia en la calidad de la presencia de todos nosotros, incluso en el coche, y duró los tres días completos. Jugamos juegos de mesa, comimos juntos y lo más importante fue: nadie esperaba el final de la comida para ir a revisar su dispositivo, porque no había ningún dispositivo que revisar. Nos entretuvimos. Prolongábamos las conversaciones. Paseábamos después de cenar bajo las estrellas. Era tan diferente. Y me convencí aún más de que necesitamos espacios comunes sin internet. Necesitamos lugares donde nos reunamos —no todo el tiempo, sino parte del tiempo— y nadie esté conectado a internet ni pueda conectarse. Porque cuando se elimina la capacidad de elegir, cambia el estado de deseo.

Imagino esta hermosa utopía en la que tenemos espacios comunes en los que no hay internet. Pero la forma en que se mueve nuestra sociedad es así: ahora tenemos dispositivos portátiles, como las gafas. Se habla de implantes en nuestras cabezas. Y está el auge de la inteligencia artificial. The New York Times acaba de publicar el perfil de una mujer que se enamoró de su novio IA. Parece como si muchas de estas tecnologías en realidad van en la dirección de empujarnos hacia una interacción aún mayor. Sí, creo que es cierto. Ahora recurrimos a estos dispositivos y a internet para satisfacer nuestras necesidades físicas, emocionales, sexuales y educativas. Cada necesidad que tenemos, en realidad ya no la necesitamos de otras personas. Y creo que es una perspectiva muy aterradora, porque significa que cada vez estaremos más aislados. Y al principio la preocupación era: “Oh, están satisfaciendo sus necesidades a través de otras personas en salas de chat o lo que sea, para bien y para mal”. Pero como señalas, ahora con la IA y los grandes modelos lingüísticos, ni siquiera se trata de personas reales. Es como esta amalgama de lenguaje recopilado que crea a una persona simulada. No sé. Es realmente aterrador.

Aunque hemos visto el auge de las tentaciones, también hemos visto el auge de otras cosas para contrarrestarlas. Yo fui una de las primeras en adoptar el Ozempic, que forma parte de esa clase de fármacos conocidos como GLP-1. Había hecho de todo para perder peso, incluida la cirugía, pero esto fue lo primero que realmente me funcionó. Sé que no sabemos exactamente cómo funcionan estos fármacos, pero algo que estamos viendo es que parecen frenar otros comportamientos adictivos. Me pregunto qué opinas tú al respecto. Los datos aquí son realmente preliminares, y necesitamos mucha más investigación, pero hay claramente una señal de que los agonistas del GLP-1 pueden ayudar con la adicción al alcohol. En nuestra clínica tenemos pacientes a los que les han fallado todos los demás tratamientos, a los que les hemos recetado cosas como Ozempic y Mounjaro y hemos visto los beneficios. Se trata de personas que, literalmente, lo han intentado todo y han luchado durante años y años, y que ahora informan de una remisión sostenida del alcohol de una forma tan esperanzadora y maravillosa. Creo que hay algunos estudios que demuestran su beneficio en pacientes con adicciones conductuales como el trastorno del juego y la adicción al sexo. Quiero subrayar que no parecen funcionar para todo el mundo. Así que no es como una especie de cura milagrosa. Y eso es así en todos los ámbitos de nuestros tratamientos farmacológicos para todo tipo de adicciones.

Image +Lembke en un episodio de “The Rich Roll Podcast” en 2021.Credit...Davy Greenberg

En tu libro, pareces escéptica ante las intervenciones médicas. Y un trasfondo de la conversación en torno a los GLP-1 es por cuánto tiempo deben seguir tomándose. ¿Animas a la gente a crear nuevos hábitos para intentar dejar la medicación, o no hay ningún problema, desde tu punto de vista, en seguir tomándolos a largo plazo? Sé que a menudo mi trabajo se interpreta como que soy escéptica respecto a las intervenciones médicas. Supongo que lo matizaría un poco y diría simplemente que he visto que nuestro sistema médico hace demasiado hincapié en recetar pastillas y realizar procedimientos, porque es más lucrativo y más rápido, y porque tenemos un sistema que no está bien preparado para tratar trastornos crónicos recurrentes y remitentes como la adicción y otros problemas de salud mental. Pero yo utilizo todo tipo de intervenciones médicas. Prescribo psicotrópicos y otros tipos de medicamentos todos los días de consulta. Así que lo que busco es un mayor equilibrio y el reconocimiento de que los psicotrópicos se recetan en exceso y que muchos pacientes experimentan una polifarmacia debilitante en la que toman 13, 14, 15 psicotrópicos diferentes, hasta el punto de que no queda nada claro qué funciona y qué no, y además hay interacciones entre fármacos, que pueden ser realmente peligrosas. Pero volviendo a los GLP-1: en realidad, no tengo ninguna opinión sobre si la gente debería tomarlos a largo plazo. Parece que cuando las personas dejan los agonistas del GLP-1, tienen, con la adicción a la comida, un resurgimiento del apetito, y corren el riesgo de volver a ganar peso. He visto informes de personas que ahora utilizan los agonistas del GLP-1 a intervalos, los dejan y vuelven a tomarlos durante breves periodos de tiempo si el peso empieza a aumentar de nuevo o la relación con la comida empieza a ser problemática de nuevo.

Se está escribiendo mucho sobre la tendencia de sobriedad ocasional. Este es el otro lado del espectro: no es un cambio médico, sino cultural. ¿Crees que estos cambios producen resultados a largo plazo, o son solo modas pasajeras? Los cambios culturales pueden tener un gran impacto. Creo que lo estamos viendo con el alcohol. Cada vez más gente, sobre todo en los últimos dos o tres años, parece interesada en beber menos alcohol. Al margen del movimiento por la templanza y de la prohibición, se trata sin duda de una nueva tendencia. Creo que, como la mayoría de las cosas, tiende a ser una oscilación pendular. Solemos ir demasiado lejos en una dirección y luego demasiado lejos en otra. Pero, dada mi profesión y todos los terribles daños que he visto asociados al consumo de alcohol y drogas y a otras sustancias y comportamientos adictivos, me alegro de que haya más conciencia y de que la gente esté interesada en informarse sobre cómo divertirse juntos sin consumir sustancias. Sin embargo, sí tengo miedo de que el progreso en el ámbito de las drogas y el alcohol se deba a que la gente se está pasando a las drogas digitales. Espero que no sea así, pero sí tengo cierta preocupación.

Es interesante la idea de que nos estamos alejando de las dosis de dopamina del mundo real por las dosis de dopamina del mundo digital. Exacto.

¿Estamos en un juego de nunca acabar con nuestras adicciones? Es una buena pregunta. Y creo que, en cierto modo, lo estamos, lo que nos lleva a preguntarnos: “¿Qué pasa con la naturaleza humana? O, yo diría: “¿Qué tiene la vida moderna que nos hace tan vulnerables a estos problemas de adicción?”. Tengo algunas teorías. Totalmente especulativas.

Cuéntame. Creo que esencialmente estamos luchando contra un narcisismo endémico, en el que nuestra cultura nos exige que nos centremos tanto en nosotros mismos que lo que se crea es esta profunda necesidad de escapar de nosotros mismos. Y creo que eso es lo que impulsa gran parte de nuestra búsqueda de intoxicantes como una forma de no tener que pensar en nosotros mismos durante, no sé, una bendita hora o dos. Y no es, digamos, toda la explicación, porque obviamente todo el argumento de Generación dopamina es que también vivimos en este mundo de abundancia con acceso constante, y el acceso en sí mismo es un factor de riesgo. Pero aunque creo que el acceso es importante, y la oferta es más importante de lo que le hemos dado crédito, tenemos que centrarnos en la parte de la demanda de esta ecuación. ¿Qué hay en nuestras vidas actuales que nos hace estar tan desesperados por intoxicarnos de una forma u otra? Y creo que es este obsesivo enfoque en uno mismo.

Resulta extraño que lo diga una terapeuta, porque gran parte de nuestra cultura está inundada de este lenguaje terapéutico, en el que todos intentamos analizarnos y pensar en nosotros mismos y actualizarnos. Es cierto. Creo que podemos, como la mayoría de las cosas, llevarlo demasiado lejos y acabar haciéndonos daño con todo el tiempo que pasamos pensando en nosotros mismos. Ahora bien, dicho esto, una buena terapia nos lleva a un punto en el que podemos observarnos atentamente sin estar ensimismados.

Esto nos lleva a cómo romper el ciclo de la adicción. Es algo en lo que pienso mucho, simplemente porque mi hermana murió a causa de su adicción, y fue uno de los catalizadores que me hicieron dejar de beber. Y son los dos caminos diferentes: yo tomé la sobriedad y a ella, con toda una vida de lucha, de intentar estar sobria, acabó venciéndola. ¿Qué has aprendido sobre por qué algunas personas pueden hacerlo y otras no? Es muy triste que la gente muera a causa de su trastorno mental, ya sea una adicción u otra cosa. Hay muchos factores de riesgo para la adicción. Hay factores de riesgo genéticos. La gente no viene al mundo con el mismo riesgo. Dicho esto, dadas todas las diferentes drogas, incluidas las que no existían antes, y el mayor acceso, creo que incluso sin riesgo genético, ahora todos corremos más riesgo que antes. Hay determinantes sociales de la salud que marcan una gran diferencia en cuanto a la capacidad de las personas para entrar en recuperación. También hay todo un elemento de mera imprevisibilidad. Yo solía pensar que cuando llegaba un paciente podía predecir si sería capaz o no de recuperarse. Hace tiempo que abandoné esa idea. Todavía hay muchas cosas que no sabemos.

Image Lembke en el documental de Netflix “Take Your Pills: Xanax” (2022).Credit...Netflix

¿Qué te hizo convertirte en especialista en adicciones? ¿Hay algo en tu vida que te llevó a ello? El alcoholismo de mi padre fue un factor importante en mi infancia. Era cirujano. Pasaba largos periodos sin beber. Y luego tenía largos periodos en los que bebía grandes cantidades todos los días. Recuerdo llegar a casa de la escuela primaria con mi mejor amiga, Laura, y encontrarlo no en la hamaca, sino debajo de la hamaca, desmayado, y simplemente mirarla y decirle: “Vamos a tu casa”. Así que eso era una especie de espectro en mi infancia. Lo primero que hice con eso en la facultad de Medicina y en la residencia fue no querer tener nada que ver con pacientes adictos. Así que no tenía las herramientas, no sabía qué hacer. Al principio de mi carrera me especialicé en el tratamiento de los trastornos del estado de ánimo, y en mi clínica traté a una joven con depresión. Sus padres pagaban los cuidados, y yo la veía semanalmente, y hablábamos en profundidad sobre su infancia. Hablaba de todas las conversaciones que había tenido con su madre. Yo le recetaba un antidepresivo. Y observé que a menudo se quedaba dormida en las sesiones y pensé: mmm, qué curioso. Me pregunto por qué tiene tanto sueño. Quizá tenga un metabolismo lento. Intentaba basarme en lo que había aprendido en la facultad de Medicina. Y entonces, un día, su hermano me llamó de improviso y me dijo que había tenido una volcadura en un accidente de coche. Le dije: “Dios mío. Es terrible. ¿Qué pasó?”. Y me dijo: “Bueno, ha estado consumiendo otra vez”. Y yo, literalmente, no entendí la estructura de aquella frase. Dije: “¿Consumiendo qué?”. Y él dijo: “Heroína. ¿No es eso por lo que la has estado tratando?”.

Vaya. Sí, y ese fue el momento en que me di cuenta de que soy una mala psiquiatra. Realmente le estaba haciendo daño a los pacientes por mi ignorancia, y ese fue un gran punto de inflexión en mi carrera. Me di cuenta de que tenía que averiguar algo sobre la adicción o iba a ser una amenaza. Y lo irónico es que en cuanto empecé a preguntar a mis pacientes sobre las drogas y el alcohol, estaban ansiosos de hablar de ello. Y la mayoría de mis pacientes tenían problemas con las drogas y el alcohol. Y cuando empecé a tratar ese problema junto con sus otros trastornos psiquiátricos, mejoraron de un modo que nunca había visto antes. Y el trabajo era divertido. Era muy agradable. La gente se recuperaba. Su recuperación repercutió en sus cónyuges y en sus hijos y en sus padres y en sus trabajadores. Es el trabajo más gratificante.

Así que hemos tenido una conversación muy amplia sobre todo tipo de adicciones y todas las luchas que tenemos. Y no quiero echarte esto encima, pero: ¿Qué se supone que debemos hacer? Lo que yo defiendo es intentar evitar consumir intoxicantes en grandes cantidades con demasiada frecuencia. No es que me imagine que nunca vamos a consumir intoxicantes. No seríamos humanos. Y es una parte profunda de nuestra cultura, y puede ser neutral o incluso beneficiosa. Pero tenemos que tener mucho cuidado con el consumo excesivo de intoxicantes o con consumirlos con demasiada frecuencia. Y creo que, dado este mundo de abundancia, ahora tenemos que buscar intencionadamente cosas que sean difíciles. Dado que nuestras vidas se han vuelto tan fáciles, tan cómodas, tan sedentarias, nuestra configuración básica es un estado de consumo que, en última instancia, no es bueno ni para nuestro cuerpo ni para nuestra mente.

Eso es algo que yo hice. Pero la otra cara de esto es que, aunque soy más feliz y estoy más sana, a veces también me pregunto si me estoy convirtiendo en una ameba. Que toda esta abstinencia me está convirtiendo en alguien que siempre dice no a la dopamina y al placer. ¿Oyes esa preocupación a menudo? Bueno, nunca he oído la analogía de la ameba [risas]. Aquí existe el riesgo de que todo empiece a sonar demasiado escolar, ¿verdad? ¡Esta mujer no quiere que hagamos nada! Creo que lo que defiendo es algo así como replantearnos cuando decidimos no darnos esos placeres. La cultura nos hace decirnos que nos estamos negando a nosotros mismos. Y creo que un replanteamiento potente es: no, en realidad estoy haciendo algo que es bueno para mí y que a largo plazo mejora mi vida. Eso es lo que veo clínicamente. Eso es lo que he experimentado en mi propia vida. Y creo que la gente está buscando, ¿sabes? Creo que la gente es más infeliz de lo que le gustaría y no sabe por qué.

Esta entrevista ha sido editada y condensada. Escucha y sigue “The Interview” en Apple Podcasts, Spotify, YouTube, iHeartRadio, Amazon Music or the New York Times Audio app.

Director de fotografía (video): Aaron Katter

Lulu Garcia-Navarro es escritora y copresentadora de The Interview, una serie centrada en entrevistar a las personas más fascinantes del mundo. Más de Lulu Garcia-Navarro

lunes, 11 de mayo de 2026

5 consejos para controlar tu presión arterial

La hipertensión puede provocar infarto de miocardio e ictus, y también está relacionada con la demencia.

En Estados Unidos, casi la mitad de los adultos padecen hipertensión arterial. Conocida como un “asesino silencioso”, la hipertensión puede contribuir al infarto de miocardio, al ictus y a la insuficiencia cardiaca sin causar nunca síntomas.

Mientras que antes se pensaba que la hipertensión afectaba sobre todo a las personas mayores, las investigaciones muestran ahora que una proporción cada vez mayor de personas de 35 a 64 años mueren de enfermedades cardiacas relacionadas con ella.

“La hipertensión es muy importante porque es el factor de riesgo más modificable de las enfermedades cardiovasculares, los ictus y, ahora, la evidencia sugiere que también puede serlo del deterioro cognitivo”, dijo Eduardo Sanchez, jefe médico de prevención de la Asociación Americana del Corazón. Los cambios en el estilo de vida y la medicación pueden ayudar a reducir la presión arterial, lo que “cambia la trayectoria de forma muy, muy drástica” en lo que respecta al infarto de miocardio y al ictus, añadió.

Incluso unos pasos sencillos pueden ayudar a controlar tu presión arterial.

Conoce tus cifras
Parece obvio, pero conocer tu presión arterial es un buen punto de partida. Según algunas estimaciones, más de la mitad de las personas con hipertensión descontrolada no saben que la padecen.

La presión arterial, la fuerza que ejerce la sangre sobre tus paredes arteriales, se mide en milímetros de mercurio (mm Hg). Se da en dos cifras: la cifra superior, la presión sistólica, mide la fuerza que ejerce la sangre cuando es bombeada por el corazón. La cifra inferior, la presión diastólica, mide la fuerza entre latidos, cuando el corazón se llena de sangre.

La presión arterial normal es inferior a 120 mm Hg y sobre 80 mm Hg. Por encima de ese nivel, dijo Sanchez, empiezan a dañarse los vasos sanguíneos y los órganos que irrigan, incluidos los riñones, el corazón y el cerebro.

Es importante tomarse la presión al menos una vez al año, dijo Jennifer Cluett, directora de la Clínica de Hipertensión Compleja del Centro Médico Beth Israel Deaconess de Boston. Asegúrate de que te la midan correctamente: con el manguito, o brazalete, del tamaño adecuado y cuando estés sentado con ambos pies apoyados en el suelo, tengas la parte superior del brazo apoyada a la altura del corazón y no estés hablando.

“El entorno típico de una clínica de atención primaria con mucho trabajo —en el que alguien está sentado en una mesa de exploración con las piernas colgando y el brazo sin apoyo, mientras alguien le habla— no es el modo correcto”, dijo Cluett.

Hasta el 30 por ciento de los pacientes pueden sufrir también “hipertensión de bata blanca”, cuando los niveles de presión arterial son elevados en la consulta del médico. Por este motivo, las directrices para el control de la presión arterial recomiendan realizar revisiones también en casa, para confirmar el diagnóstico y controlar la enfermedad.

Comprende tu riesgo personal
Puede haber muchas causas de hipertensión, explicó Fátima Coronado, directora asociada de ciencia en la división de prevención de enfermedades cardiacas e ictus de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Se desarrolla con el tiempo como consecuencia de factores tanto genéticos como ambientales, como fumar, el exceso de peso y dormir mal.

Las personas cuyos padres o abuelos sufrieron un infarto de miocardio o un ictus pueden tener un mayor riesgo genético de padecer hipertensión, dijo Coronado.

La edad influye en el riesgo porque nuestras arterias se endurecen a medida que envejecemos. La hipertensión también es más frecuente entre personas negras y los hombres que entre las personas blancas y las mujeres.

Algunas mujeres desarrollan hipertensión durante el embarazo, lo que puede ser peligroso para la madre y el feto. Martha Gulati, directora del Davis Women’s Heart Center del Houston Methodist, dijo que esta afección debe tratarse durante el embarazo y que las mujeres deben ser monitoreadas por un cardiólogo posteriormente, porque corren un mayor riesgo de padecer hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

Sigue una dieta cardiosaludable
Ya lo has oído antes: come sano para tu corazón. En concreto, la dieta DASH (sigla en inglés de dietary approaches to stop hypertension) resultó ser la más eficaz de 22 cambios de estilo de vida y técnicas de reducción del estrés para reducir la presión arterial, según un análisis de más de 100 estudios.

Una de las razones puede ser que se enfoca en los alimentos ricos en potasio, un electrolito que ayuda al organismo a deshacerse del sodio y que relaja las paredes arteriales. El sodio hace que el cuerpo retenga agua, lo que aumenta el líquido y la presión dentro de los vasos sanguíneos.

Los plátanos no son la única fuente fácil de potasio; un aguacate o una taza de melón cortado en cubos lo contienen en mayor cantidad, y los cítricos como las naranjas y las verduras de hoja verde como las espinacas y las acelgas también son ricas en este electrolito.

Puedes reducir aún más tu presión arterial si, en combinación con la dieta DASH, reduces también tu consumo de sodio, dijo Gulati. La Asociación Americana del Corazón recomienda no consumir más de 2300 miligramos de sodio al día, e idealmente, mucho menos. En Estados Unidos, la mayor parte del sodio de la dieta de la gente procede de las comidas de los restaurantes y de los alimentos procesados.

Reducir el consumo de estos alimentos —por ejemplo, cambiando una cena congelada o un trozo de pizza por la ensalada de la barra— o hacer pequeños cambios en la compra puede suponer una gran diferencia. Busca salsas bajas en sodio. Enjuaga las legumbres y verduras enlatadas, que a menudo se almacenan en agua salada para su conservación, antes de comerlas.

El consumo de alcohol también se asocia a un aumento de la presión arterial. Los médicos sugieren aspirar a la abstinencia total. Los beneficios de la reducción parecen mayores para quien consume más de dos copas al día.

Muévete y libera estrés
El ejercicio aeróbico, que fortalece el corazón para que pueda bombear con menos esfuerzo, fue la segunda intervención más eficaz, después de la dieta DASH. Los ejercicios isométricos de resistencia —en los que contraes los músculos y mantienes una posición, como en las sentadillas de pared y las planchas— fueron los terceros. El ejercicio isométrico puede ayudar a dilatar los vasos sanguíneos, lo que mejora el flujo sanguíneo.

El ejercicio también puede reducir el estrés, al igual que la meditación y el yoga. Otros tipos de oración y prácticas religiosas también pueden reducir el estrés, dijo Sánchez.

Y si bien el ejercicio es beneficioso aunque no adelgaces, dijo Cluett, bajar los kilos de más también puede reducir la presión arterial.

No le tengas miedo a los medicamentos
El objetivo de los tratamientos es mantener la presión arterial por debajo de 130/80 mm Hg, aunque por debajo de 120/80 mm Hg es aún mejor. A menudo, eso requiere medicamentos. Hay varias opciones eficaces y genéricas que los médicos pueden recetar.

Los pacientes pueden tener que tomar varios tipos, lo que, según dijeron los médicos, a veces puede ser un factor disuasorio. Las combinaciones de una sola pastilla que incluyen dos o más medicamentos para la presión arterial en un solo comprimido facilitan su toma. Aunque algunos medicamentos pueden causar efectos secundarios, como micción frecuente o hinchazón de piernas, los médicos pueden ajustar los regímenes farmacológicos para mitigarlos.

Aunque tomes medicamentos, los cambios en la dieta y el ejercicio pueden ser útiles y reducir las probabilidades de sufrir todo tipo de consecuencias negativas para la salud. “Los cambios en el estilo de vida ayudan a más cosas que solo la cifra de la presión arterial”, dijo Cluett.

Nina Agrawal es reportera de salud del Times.

domingo, 10 de mayo de 2026

Reseña de Igualdad. Qué es y por qué importa. Desde una perspectiva socialdemócrata crítica


Fuentes: Rebelión [Imagen: Piketty y Sandel durante la conversación que mantuvieron en la Escuela de Economía de París el 20 de mayo de 2024]




Reseña de Igualdad. Qué es y por qué importa (Debate, 2025), de Thomas Piketty y Michael J. Sandel

Interesante conversación sobre la igualdad (y asuntos complementarios), uno de las aspiraciones centrales de las tradiciones emancipatorias. Una aproximación desde básicamente tres aspectos: económico, relacionado con la distribución de la renta y la riqueza (nada que tenga que ver con la socialización o nacionalización de medios de producción y distribución); político, con referencias interés al poder y a la real participación ciudadana, pero también, en la línea de Sandel, una tercera categoría relativa a la «dignidad», al «estatus», al «respeto», al «reconocimiento», a «la estima». Para el filósofo norteamericano -Thomas Piketti, su interlocutor, no le contradice-, esta tercera dimensión («es una presentimiento, no puedo demostrarlo») es la más potente desde el punto de vista político y tal vez moral. Añade: «Toda esperanza que depositemos en el objetivo de reducir la desigualdad en las dos primeras dimensiones, tanto la económica como la política, dependerá de que sepamos crear las condiciones propicias para una mayor igualdad de reconocimiento, honor, dignidad y respeto.» (p. 146).

Igualdad no solo contiene cuidadas reflexiones filosóficas. Hay también propuestas políticas de interés. La siguiente es de Piketty: «En Europa [que Piketty, este caso es un ejemplo, hace muchas veces equivalente a la UE], yo soy favorable a lo que denomino federalismo social». Aboga por la implantación de un Parlamento europeo diferente del actual, «que funcione como si fuera una asamblea nacional a escala continental para que, mediante la simple aplicación del principio de la mayoría, podamos tener un impuesto europeo al carbono y otro del patrimonio». También defiende la creación de una asamblea conjunta entre la Unión Europea y la Unión Africana [el Sur no está ausente en la conversación], «que posibilite la aplicación de ambos continentes de unos impuestos conjuntos con los que financiar unos bienes públicos internacionales para ambas orillas del Mediterráneo». Así que, sostiene, «soy un internacionalista y un federalista convencido, pero, al mismo tiempo, creo que necesitamos estrategias unilaterales en cada país país para ponernos ya en marcha. No nos interesa escoger entre una estrategia o la otra: necesitamos las dos» (119-120).

Hay también buenos argumentos críticos sobre asuntos no siempre considerados suficientemente en las tradiciones emancipatorias. Una ilustración, una observación de Sandel (con crítica política complementaria): «Michael Young, que fue quien acuñó el término «meritocracia», era muy consciente de esto. Para él la meritocracia no era un ideal, sino un peligro. Y el peligro era precisamente ese: su potencial para cultivar ciertas actitudes antes el éxito, tanto entre ganadores como entre los perdedores, actitudes que nos alejan a los unos de los otros». La meritocracia cultivaría la arrogancia entre los vencedores y la humillación entre quienes se quedaran atrás, « a quienes se les diría (y tal vez se les convencería de ello) que su fracaso, sus problemas, son culpa suya y de nadie más. Esto puede ayudarnos a entender cómo es que nuestras sociedades se han polarizado tanto en las últimas décadas». A medida que la desigualdad se acentuaba y los trabajadores se enfrentaban al estancamiento salarial y a la pérdida de empleo, «los políticos de los partidos tradicionales de centro-izquierda y centro-derecha les daban consejos vigorizantes del tipo: «Si quieres competir y vencer en la economía global, ve a la universidad. Lo que ganes dependerá de lo que estudies. Si te esfuerzas, lo conseguirás» (p. 70).

Lo que estas élites, prosigue Sendal, pasaron por alto fue la afrenta implícita de sus palabras. «Si no te sacaste una carrera, si no tienes un título universitario y estás pasando dificultades con la nueva economía, tu fracaso es seguramente culpa tuya. No hiciste lo que te dijimos que hicieras. El problema -vienen a decir, en la práctica- no son las políticas económicas en marcha. El problema es que no te perfeccionaste a ti mismo tal como te recomendamos» (pp. 70-71) [el énfasis es mío].

Con más concreción política: para Michael Sandel, eso hicieron el Partido Demócrata (al que, en general, considera muy generosamente) de Estados Unidos, el Partido Laborista en Reino Unido, el Partido Socialista de Francia, «formaciones que demostraron estar más identificados con los valores, los intereses y el punto de vista de las clases de los profesionales titulados y con un alto nivel educativo que con los del electorado de clase obrera, que antaño constituía su base principal». No cabe extrañarse entonces, señala Sandel con buenas razones, de que el propio electorado tradicional de esos partidos reaccionaran de manera adversa contra ellos. «Fue una consecuencia, en mi opinión, de que las nociones meritocráticas del éxito terminasen convirtiéndose en compañeras morales de la globalización neoliberal» (71). Desde el punto de vista de este lector: en el centro de la diana.

Un apunte (innecesario) sobre los autores.

Thomas Piketty (Clichy, 1971) es economista y experto en desigualdad económica. Es actualmente responsable de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales y profesor de la École d’Economie de Paris. Entre sus numerosos libros cabe recordar El Capital en el siglo XXI (2013), Capital e ideología (2019) y Una breve historia de la desigualdad (2021). Ha sido reconocido como el Mejor Economista Joven de Francia y Premio Yrjö Jahnsson.

Michael J. Sandel (Minneapolis, 1953) ocupa la cátedra Anne T. y Robert M. Bass de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard. Es, sin duda, uno de los autores de referencia en el ámbito de la filosofía política académica. Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, es autor de ¿Hacemos lo que debemos? (2011), Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado (2013), Filosofía pública. Ensayos sobre moral en política (2020), La tiranía del mérito (2020), El descontento democrático (2023) y Contra la perfección (2024).

Igualdad es la versión editada de una conversación que mantuvieron en la Escuela de Economía de París el 20 de mayo de 2024 Piketty y Sandel, diálogo en el que, en frecuentes ocasiones, Piketti suele tomar la iniciativa y protagonizar los desarrollos más extensos.

Componen el libro una nota previa sobre el origen del texto y nueve capítulos. Falta, probablemente por urgencias editoriales, un índice analítico y onomástico, muy útiles en este caso. Los capítulos: 1. ¿Por qué debe preocuparnos la desigualdad? 2. ¿El dinero debería importar menos? 3. Los límites morales de los mercados. 4. Globalización y populismo. 5. Meritocracia. 6. Loterías: ¿deberíamos reservarles un papel en la admisión de alumnado universitario y en la selección de parlamentarios. 7. Impuestos, solidaridad y comunidad. 8. Fronteras, migración y cambio climático. 9. El futuro de la izquierda: economía e identidad. No reina el desinterés en ninguno de ellos.

No es posible presentar, y mucho menos desmenuzar, todos los temas que desarrollan los autores (que no son dos intelectuales revolucionarios) en su conversación. Tampoco sus numerosas sugerencias a las que, como no podía ser de otro modo, faltan en ocasiones muchas mediaciones políticas. Sirva lo siguiente como aliciente para la lectura de un libro que merece atención y cuidada lectura, sean cuales sean nuestros acuerdos, desacuerdos y matices.

Tanto Piketty como Sandel se mueven en coordenadas político-culturales que aquí solemos llamar socialdemócratas (liberales de izquierdas en USA). Pero desde y con posiciones críticas en muchas aristas. Piketty, que defiende un socialismo democrático, un socialismo internacionalista federal, señala por ejemplo: «Era [la socialdemocracia, el laborismo inglés] un proyecto radical y terminó volviéndose convencional porque tuvo éxito. Es el mismo reto al que nos enfrentamos hoy. Y para abordarlo con garantía, necesitamos solventar ciertas deficiencias importantes de la tradición socialdemócrata del siglo XX» (43). Una de esas deficiencias: se ha detenido la ampliación de la educación y la sanidad públicas. La segunda «la ausencia de participación, no ya en la deliberación y la vida políticas, sino también en la toma de decisiones en las grandes empresas» (45). La tercera: las grandes limitaciones de la dimensión transnacional: «los estados del bienestar se construyeron dentro del contexto de los estados nación del Norte global, obviando con arrogancia las desigualdades Norte-Sur y, lo que es aún más importante, el hecho de que la prosperidad del Norte jamás había sido tal sin la existencia del Sur.» (46).

Sandel, por su parte, recuerda que toda riqueza es una creación colectiva y no un logro individual. «Eso es importante. Pero para sentir, percibir y creer que estamos implicados en un proyecto común, que somos dependientes y responsables uno de otros, necesitamos crear condiciones e instituciones en la sociedad civil que nos recuerden esa comunidad, eso que compartimos en común.» (103).

Piketty se muestra optimista (¿excesivamente?) en temas de igualdad y desigualdad. «Aunque actualmente hay mucha desigualdad en Europa, en Estados Unidos, en India, en Brasil y en todo el mundo, a largo plazo se viene observando una tendencia hacia una mayor libertad». ¿De dónde esa tendencia? Nace de la movilización social «y de una fuerte, enorme, demanda social de igualdad de derechos de acceso a lo que las personas consideran que son los bienes fundamentales, entre los que se incluyen la educación, la salud, el sufragio y, en general, a la máxima participación posible en diversas formas de la vida social, cultural, económica, cívica y política». (p. 12)

No hay un horizonte anticapitalista en la conversación, ni en sus sugerencias y propuestas. Hay poca «fábrica» en el diálogo, poca clase obrera, poco pueblo trabajador. Sea como fuere, Igualdad. Qué es y por qué importa es un libro que se lee muy bien y del que se aprende, más allá de coincidencias, dudas y algunas distancias. No es una conversación estéril, no es un diálogo insustantivo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

¿Qué tan saludables son los hongos? Su sabor rico y carnoso no es la única razón para comerlos con regularidad.

A grid of mushrooms shown at different angles on a green background.


Desde el punto de vista nutricional, los hongos constituyen una categoría aparte.

Como miembros del reino Fungi, las setas u hongos contienen formas de fibra que la mayoría de las plantas no posee, además de altos niveles de antioxidantes. Y un dato curioso: son uno de los pocos alimentos que pueden producir vitamina D.

He aquí un vistazo a lo que ofrecen los hongos, junto con formas de disfrutarlos, de New York Times Cooking.

Tienen dos tipos de fibra únicos
Los hongos tienen una buena cantidad de fibra, sobre todo un tipo conocido como betaglucano, dijo Arrigo Cicero, director de la Escuela de Nutrición Humana de la Universidad de Bolonia, Italia.

El betaglucano suele encontrarse en cereales como la avena y la cebada, y está relacionado con la reducción de los niveles de colesterol y de los picos de azúcar en sangre. Pero los hongos contienen un tipo inusual de betaglucano que parece ayudar al sistema inmunitario, dijo Cicero.

Los hongos también contienen quitina, una fibra que se encuentra principalmente en los caparazones de insectos y crustáceos. Como la quitina no se digiere fácilmente, llega al colon, donde puede ayudar al microbioma intestinal.

La mayoría de los estadounidenses no consumen suficiente fibra, pero comer más hongos puede ser una forma fácil de aumentar su consumo y diversificar las fuentes, dijo Meghan Laszlo, dietista oncológica del Cedars-Sinai de Los Ángeles. Hay unos cuatro gramos de fibra en aproximadamente una taza de setas shiitake crudas; los expertos recomiendan de 21 a 38 gramos diarios, dependiendo de tu edad y sexo.

Contienen potentes antioxidantes
Los hongos son excepcionalmente ricos en ergotioneína y glutatión, dos importantes antioxidantes que ayudan a tus células a defenderse del desgaste cotidiano, dijo Robert Beelman, director del Centro de Alimentos Vegetales y Hongos para la Salud de Penn State.

Mientras que nuestro cuerpo puede producir glutatión, la ergotioneína solo la obtenemos de los alimentos, y los hongos —en particular,el enoki y la seta de cardo— tienen uno de los niveles más altos de todos los alimentos.

En un estudio en el que se realizó un seguimiento de más de 3000 participantes durante 21 años, los niveles más altos de ergotioneína en la sangre se relacionaron con un menor riesgo de enfermedad cardiaca y muerte prematura. Otras investigaciones han descubierto que las personas con deterioro cognitivo leve y debilidad tienden a tener niveles bajos de ergotioneína. Aunque los hallazgos no prueban que la ergotioneína sea directamente responsable de estos efectos sobre la salud, coinciden con la idea de que los antioxidantes protegen a las células de los daños y favorecen la función inmunitaria, dijo Beelman.

También puede ser la razón por la que algunas investigaciones han relacionado un mayor consumo de hongos con un menor riesgo de cáncer, dijo Laszlo.

Son ricas en vitaminas del grupo B y pueden producir vitamina D
Los hongos son una buena fuente de varias vitaminas del grupo B, importantes para el metabolismo y el sistema nervioso, dijo Laszlo.

Y pueden producir vitamina D, un truco que casi ningún otro alimento puede conseguir. La vitamina D es importante para la función inmunitaria, la salud cardiaca y la fuerza muscular, pero se encuentra de forma natural en muy pocos alimentos. La mayoría de los hongos del supermercado tampoco contienen mucha, ya que suelen cultivarse en la oscuridad. “Pero si tus hongos toman el sol, pueden producir vitamina D como los humanos”, dijo Tim Spector, epidemiólogo del King’s College de Londres.

Para probarlo, coloca los hongos al aire libre bajo la luz directa del sol antes de cocinarlos, dijo Laszlo. Procura cocinarlos entre 15 minutos y una hora y córtalos en láminas antes, para exponer más superficie. En condiciones adecuadas, una taza de hongos crudos puede aportar suficiente vitamina D para cubrir la cantidad diaria recomendada.

¿Cuál es la forma más sana de comerlas?
Aunque algunos hongos especiales pueden ser más ricos en determinados nutrientes, todas las variedades son buenas, dijo Spector. “Probablemente sea más importante comerlas con regularidad —las que te puedas permitir— en lugar de darte un gran festín de las caras”, añadió.

Recuerda que algunos hongos son venenosos, así que asegúrate de saber qué comes antes de hincar el diente.

Los hongos son bajos en calorías y en grasa, pero ricos en sabor. Asarlos ligeramente, saltearlos o asarlos a la parrilla intensifica su umami y te permite recurrir menos a la sal. Evita cocinarlos a fuego fuerte durante tiempo prolongado, ya que puede degradar algunos nutrientes, dijo Spector.

Los hongos secos son otra buena opción, pero busca las versiones liofilizadas, ya que el secado al calor puede eliminar algunos antioxidantes, dijo Laszlo. O prueba a añadir polvo de hongos a la salsa para pasta o a los batidos, pero ten en cuenta que el contenido nutricional de estos polvos puede variar.

¿Listo para poner todo esto en práctica? Aquí tienes algunas recetas de NYT Cooking.

1. Champiñones con harissa y arce

Un cuenco blanco contiene champiñones asados, yogur y ramitas de perejil. A su lado hay trozos de pan rasgados.
Credit...David Malosh para The New York Times. Estilismo de alimentos: Simon Andrews.
Un cuenco blanco contiene champiñones asados, yogur y ramitas de perejil. A su lado hay trozos de pan rasgados. Credit...David Malosh para The New York Times. Estilismo de alimentos: Simon Andrews. Asar los hongos concentra su sabor terroso. Esta receta, servida sobre yogur sazonado y acompañada de pan plano, es suficientemente sustanciosa como para ser un plato principal.

Receta: Champiñones con harissa y arce
Ingredientes
Rinde:
4 a 6 porciones
⅓ taza de aceite de oliva, y un poco más para decorar
2½ cucharadas de jarabe de arce, y un poco más al gusto
2 cucharadas de pasta de harissa, o al gusto
4 dientes de ajo, picados o prensados
1 cucharadita de pimentón dulce
1 cucharadita de comino molido
1¾ cucharaditas de sal marina fina, y un poco más al gusto
1¼ libras de hongos shiitake, portobello o ostra (o una mezcla de ellos), recortados al gusto y cortados a lo largo en trozos de ½ pulgada de grosor
1 cebolla roja pequeña, cortada por la mitad y en rodajas de ½ pulgada de grosor
1¼ tazas de yogur griego entero
Hojas de perejil, para decorar
Pan plano (opcional), para servir

Añadir ingredientes a la lista de la compra
Guía de sustitución de ingredientes
Información nutricional
Preparación
Paso 1
Precalienta el horno a 220 °C. Cubre una bandeja para hornear con papel vegetal.

Paso 2
Mezcla el aceite de oliva, el jarabe de arce, la harissa, el ajo, el pimentón, el comino y 1¼ cucharaditas de sal en un tazón pequeño. Prueba y ajusta la sazón con más jarabe de arce, harissa o sal al gusto.

Paso 3
Coloca los champiñones y la cebolla en la bandeja forrada, rocíalos con la mezcla de aceite y revuélvelos con las manos para cubrirlos uniformemente. Extiéndelos en una sola capa.

Paso 4
Asa los champiñones y la cebolla de 25 a 30 minutos, revolviendo a la mitad del tiempo, hasta que la cebolla esté suave y ligeramente dorada y los champiñones estén tiernos, dorados y ligeramente carbonizados en algunas zonas.

Paso 5
Mientras tanto, mezcla el yogur con la ½ cucharadita de sal restante y extiéndelo en un plato grande para servir o en platos individuales.

Paso 6
Coloca los champiñones asados ​​y la cebolla sobre el yogur y decora con perejil. Rocía con un chorrito de aceite de oliva y sirve inmediatamente con pan plano.


2. Pollo a la sartén con champiñones y cebolla caramelizada 

Una sartén de hierro fundido contiene una mezcla de champiñones, pollo, hierbas y cebollas.
Credit...Linda Xiao para The New York Times. Estilismo de alimentos: Monica Pierini.

Una sartén de hierro fundido contiene una mezcla de champiñones, pollo, hierbas y cebollas. Credit...Linda Xiao para The New York Times. Estilismo de alimentos: Monica Pierini. Esta comida de una sola olla tiene la riqueza caramelizada de la sopa de cebolla francesa, junto con los sedosos hongos y el pollo dorado.

Receta: Pollo a la sartén con champiñones y cebolla caramelizada
Esta reconfortante cena de una sola olla recuerda a una rica sopa de cebolla francesa, pero se prepara en menos tiempo y con ingredientes más ligeros. Cocinar las cebollas en una sartén caliente y seca las obliga a liberar su humedad, de modo que se encogen y adquieren una textura sedosa y dulce en 30 minutos. Sirva todo directamente de la sartén, con pan crujiente para absorber todos los jugos, o desmenuce el pollo y apílelo sobre fideos con mantequilla. Para un toque verde, añada espinacas para que se ablanden al final o sírvalo con una ensalada verde sencilla o brócoli asado.

Ingredientes
Rinde:
4 porciones
5 cucharadas de aceite de oliva
2 cucharadas más 2 cucharaditas de vinagre de jerez
2 cucharaditas de miel
1 cucharadita de mostaza Dijon
¼ de cucharadita de hojuelas de pimiento rojo
Sal kosher y pimienta negra
1 ½ libras de muslos de pollo deshuesados ​​y sin piel, cortados en trozos de 7.5 cm
2 cebollas amarillas medianas, finamente rebanadas (aproximadamente 4 tazas)
¾ de libra de champiñones cremini, sin tallos y finamente rebanados (aproximadamente 4 tazas)
½ taza de hojas y tallos finos de perejil fresco de hoja plana o eneldo, picados gruesamente
¼ de taza de queso parmesano o pecorino rallado (opcional)
Pan o pasta cocida, para servir

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Guía de sustitución de ingredientes
Información nutricional
Preparación
Paso 1
En un tazón grande, combine 2 cucharadas de aceite, 2 cucharadas de vinagre, la miel, Mostaza, hojuelas de pimiento rojo y 1 cucharadita de sal; batir hasta que esté suave. Secar el pollo y sazonarlo con sal y pimienta. Agregarlo a la mezcla, cubriéndolo bien. Reservar a temperatura ambiente, revolviendo una vez mientras se preparan las cebollas.

Paso 2
Calentar una sartén de hierro fundido o una sartén pesada de 30 cm a fuego medio-alto hasta que esté muy caliente, de 1.5 a 2 minutos. Agregar las cebollas en una capa uniforme. Sazonar con sal y cocinar, casi sin mover, durante 4 minutos más, revolviendo aproximadamente cada minuto. Agregar los champiñones, sazonar con sal y revolver para integrar. (Se verán amontonados, pero no pasa nada). Dejar cocinar, casi sin mover, hasta que los champiñones se encojan y comiencen a dorarse, aproximadamente 4 minutos, revolviendo aproximadamente cada minuto.

Paso 3
Agregar las 3 cucharadas de aceite de oliva restantes y cocinar las cebollas hasta que comiencen a tomar color, revolviendo y bajando el fuego según sea necesario para evitar que se quemen, aproximadamente 2 minutos. Empuja las cebollas y los champiñones hacia los bordes de la sartén y luego agrega los trozos de pollo al centro. Vierte el adobo restante (quedará muy poco) sobre las cebollas y los champiñones. Cocina sin tocar durante 4 a 5 minutos, luego combina el pollo y las verduras y cocina, revolviendo ocasionalmente, hasta que el pollo esté bien cocido, unos 10 minutos más. (Reduce el fuego a medio si las cebollas parecen quemarse en algún momento).

Paso 4
Agrega las 2 cucharaditas restantes de vinagre de jerez, revolviendo y raspando cualquier residuo del fondo de la sartén. Sazona al gusto con sal.

Paso 5
Retira del fuego y cubre con el perejil y el queso, si lo usas. Sirve con pan o pasta.

Recetas similares

Una sartén de hierro fundido contiene muslos de pollo dorados con pimientos y tomates. Cerca hay un tazón de arroz y un tazón pequeño de hierbas picadas para decorar.


3. Farro con champiñones Image

Dos platos blancos sostienen una mezcla de hongos y farro, espolvoreada con hierbas picadas. Credit...Constantine Poulos para The New York Times Los porcinis secos dan a esta versión del risotto un gran toque de sabor, y los hongos silvestres frescos aportan suavidad a cada bocado.

Receta: Farro con champiñones

4. Cuencos de arroz con hongos y tofu al ponzu Image Un cuenco con arroz, tofu, hongos, guisantes y verduras de hoja verde. Credit...James Ransom para The New York Times. Estilismo de alimentos: Maggie Ruggiero La acidez cítrica del ponzu empapa los hongos y el tofu mientras se cocinan.

Receta: Cuencos de arroz con hongos y tofu al ponzu

5. Estofado de hongos frescos y silvestres 

¿Se te antojan setas silvestres? Mi solución es preparar un guiso con setas cultivadas principalmente. Pero les doy un toque de sabor silvestre de un par de maneras. La primera es preparar un caldo intenso y sabroso con un puñado de boletus secos. La otra es comprar setas silvestres. Un escaso medio kilo de rebozuelos, aunque sean caros, no te dejará en la ruina. El resto del guiso rústico (llámalo ragú si quieres) está hecho de setas shiitake, cremini y ostra. A medida que se cuece a fuego lento, este guiso de setas herbáceo y con salsa gana profundidad y carácter. Servido sobre pasta o sobre un suave montículo de polenta, evoca la comodidad del hogar y lo primitivo en cada bocado.


Receta: Estofado de hongos frescos y silvestres


Ingredientes
Rinde:
4 a 6 porciones
650 g de champiñones marrones, como shiitake, cremini o portobello
220 g de champiñones silvestres, como rebozuelos, o bien, puede usar trompetas o setas ostra
4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
1 cebolla grande, picada
Sal y pimienta
1 cucharadita de tomillo picado
1 cucharadita de salvia o romero picado
Una pizca de hojuelas de pimiento rojo o cayena molida
1 cucharada de pasta de tomate
3 tomates maduros pequeños, pelados, sin semillas y picados
1 cucharada de harina común
2 tazas de caldo de champiñones, caliente, o bien, puede usar caldo de pollo o verduras, y más si es necesario
1 cucharada de mantequilla sin sal
3 dientes de ajo, picados
3 cucharadas de perejil picado
Polenta o pasta, para servir (opcional)

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Guía de sustitución de ingredientes
Información nutricional Información
Preparación
Paso 1
Limpie los champiñones, separando los colores, y recorte los tallos duros. (Guarde los tallos para el caldo). Corte los champiñones en rodajas de aproximadamente ⅛ de pulgada de grosor.

Paso 2
En una sartén ancha, caliente 2 cucharadas de aceite de oliva a fuego medio-alto. Agregue la cebolla, sazone con sal y pimienta y cocine, revolviendo, hasta que la cebolla se ablande y se dore, aproximadamente 10 minutos. Retire de la sartén y reserve.

Paso 3
Agregue 1 cucharada más de aceite y suba el fuego a alto. Agregue los champiñones, sazone ligeramente y saltee hasta que estén bien dorados, aproximadamente 3 minutos. Baje el fuego a medio. Agregue el tomillo, la salvia, el pimiento rojo y la pasta de tomate. Agregue los tomates, revuelva bien y cocine durante 1 minuto. Vuelva a sazonar con sal y pimienta. Espolvoree con 1 cucharada de harina, revuelva para integrar y cocine durante 1 minuto más. Incorpore la cebolla reservada.

Paso 4
Agregue 1 taza de caldo de champiñones y revuelva hasta que espese, aproximadamente 1 minuto. Agregue gradualmente otra taza de caldo y cocine durante 2 minutos. La salsa debe tener una consistencia similar a la de una salsa; diluya con más caldo si es necesario. Rectifique la sazón. (Puede prepararse hasta este punto con varias horas de anticipación y recalentarse).

Paso 5
Justo antes de servir, ponga mantequilla y 1 cucharada de aceite de oliva en una sartén ancha a fuego medio-alto. Cuando la mantequilla comience a dorarse, agregue los rebozuelos, sazone con sal y pimienta y saltee durante unos 2 minutos, hasta que estén bien cocidos y comiencen a dorarse. Agregue el ajo y el perejil, revuelva para cubrir y cocine 1 minuto más. Agregue los rebozuelos a la mezcla de champiñones y transfiéralos a un tazón tibio para servir. Acompañe con polenta o pasta si lo desea.

Dos cuencos azules sostienen un guiso de hongos variados. Al lado hay pan y vasos de vino tinto. Credit...Armando Rafael para The New York Times. Estilismo de alimentos: Simon Andrews. Estilismo de atrezzo: Paige Hicks. Variedades silvestres y cultivadas se unen para dar a este sustancioso guiso capas de complejidad.

Receta: Estofado de hongos frescos y silvestres

sábado, 9 de mayo de 2026

¿Cuál es el secreto de la felicidad? Estos investigadores tienen una teoría

Ilustración de dos figuras oliendo un gran ramo de flores que sostiene una figura central.
Credit...Oyow
Según un nuevo libro, si quieres sentirte más amado y más feliz no debes intentar cambiar a nadie. Mejor cambia las conversaciones. Desde hace décadas, Sonja Lyubomirsky ha sido una destacada investigadora de la ciencia de la felicidad. Y todo ese tiempo, la gente le ha preguntado: ¿Cuál es el secreto? 

 A Lyubomirsky, una distinguida profesora de psicología de la Universidad de California en Riverside, esta pregunta siempre la ha irritado. ¿El secreto de la felicidad? Qué ridículo. Qué simplista.

Ella me contó que, cuando la presionan, suele decir algo por el estilo de: “Conexión y relaciones. Pensamiento positivo, que incluye gratitud. Y una sensación de control en tu vida”.

Pero si realmente tuviera que elegir una cosa, dijo, el secreto de la felicidad es “sentirse querido”.

Esa es la premisa de su más reciente libro, Cómo sentirse amado, escrito junto con Harry Reis, un profesor de psicología de la Universidad de Rochester que estudia las relaciones íntimas. 

Las investigaciones sobre amor y felicidad han tendido a enfocarse en el amor que uno siente por los demás. Pero, de hecho —sostienen Lyubomirsky y Reis en su libro—, lo que realmente nos hace felices es cuánto amor sentimos de vuelta.

La gente que quiere sentirse más querida, escriben los autores, tiende a adoptar uno de dos enfoques que no son necesariamente eficaces: intentan arreglarse a sí mismas (si yo fuera mejor persona, más amable, más atractiva, etcétera) o intentan arreglar a la otra persona (¡si tan solo mi pareja descifrara de una vez mi lenguaje de amor!).

Pero si quieres sentirte más amado, sostienen Lyubomirsky y Reis, no enfoques tu energía en intentar cambiar a nadie. En lugar de eso, cambia las conversaciones.

Escucha mejor para recibir más amor

Para sentirte más amado por los demás, debes empezar por hacer que ellos se sientan amados por ti, escriben los autores. Y escuchar mejor es una de las formas más poderosas de lograrlo.

Muchos creemos que sabemos escuchar, dijo Lyubomirsky, pero en general la verdad es que solo estamos esperando nuestro turno para hablar. (Admitió que esto es algo con lo que ella misma lucha). Ella recomienda adoptar una mentalidad de “escuchar para aprender”. Básicamente, en lugar de enfocarte en responder, enfócate en entender.

“Todos conocemos esa sensación, cuando alguien siente tanta curiosidad por ti, como si no pudiera esperar a que compartas tu historia”, dijo Lyubomirsky. “Les brillan los ojos. Se inclinan hacia ti”.

Ese tipo de atención auténtica y concentrada no es común, explicó, y es muy poderosa.

“Cuando alguien se siente profundamente visto, valorado y comprendido por ti, tiende a estar más dispuesto, motivado e incluso deseoso de hacer lo mismo por ti”, escriben los autores.

Pero escuchar mejor requiere práctica. Algunas recomendaciones sencillas: no interrumpas, dijo Lyubomirsky, y no des consejos a menos que te los pidan.

También haz preguntas de seguimiento. Reis suele recurrir a unas palabras que, dijo, rara vez fallan: “Cuéntame más”.

Enfócate en una relación, luego en otra

En lugar de intentar cambiar la forma en que te acercas a todas las personas de tu vida, Lyubomirsky sugiere elegir a una persona de la que quieras sentir más amor y empezar por ella. Puede ser una persona que ya sea muy cercana, como tu pareja o tus padres, dijo. O podría ser un colega al que te gustaría conocer mejor.

Las relaciones románticas no son el único lugar en el que se puede tener esa sensación de ser amado, sostienen los autores, y sentirse amado no se limita solo a unas pocas relaciones íntimas.

Una vez identificado tu objetivo, haz un plan para desafiarte a ti mismo: en el transcurso de la próxima semana, ten tres conversaciones con esa persona en las que te esfuerces por mostrar curiosidad genuina, recomendó Lyubomirsky.

Los autores creen que dar y recibir amor funcionan juntos como un balancín: levantas a una persona con el peso de tu curiosidad y atención, y ella, a su vez, hace lo mismo.

“El otro lado también es muy importante”, dijo Reis. “Compartir lo que es importante para ti, compartir lo que te preocupa, para que realmente se convierta en algo recíproco”.

La reciprocidad no está garantizada, pero es una norma social poderosa, añadió. Tendemos a responder con atención y amabilidad a quien se comporta así con nosotros.

Hay que saber cuándo tirar la toalla

Por supuesto, a veces puedes hacer todo lo posible por escuchar y ser abierto, y la otra persona no te da nada a cambio. Si es así, o si te resulta difícil despertar una curiosidad auténtica, son señales de que esa no es la relación adecuada para dedicarle tanto esfuerzo y energía.

“A veces queremos sentirnos más queridos por la persona incorrecta”, dijo Lyubomirsky.

Plantéate preguntas como: ¿Parece que esta persona me “entiende” de alguna manera, o al menos muestra interés en hacerlo? Cuando he compartido luchas o imperfecciones, ¿ha mostrado curiosidad y ha escuchado con entusiasmo?

En última instancia, Lyubomirsky espera que la gente se sienta fortalecida por el mensaje de que si eliges sabiamente —y te enfocas en la manera en que abordas las conversaciones— empezarás a sentir que llega más amor, y por lo tanto felicidad.

“Sentirse amado”, argumentan los autores, “no está fuera de tu control”.

​​Catherine Pearson es reportera del Times, donde escribe sobre familias y relaciones.


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