sábado, 12 de septiembre de 2026

Mao, la modernización y el «Viejo tonto»

Fuentes: Rebelión


El 9 de septiembre de 1976, hace ahora cincuenta años, moría Mao Zedong. Su muerte cerraba una etapa decisiva de la historia contemporánea de China, pero no clausuraba su influencia. Medio siglo después, Mao continúa presente en la memoria política y simbólica del país, aunque la China actual sea, en muchos aspectos, profundamente diferente de aquella que él gobernó. Una de las razones de esta persistencia es que, más allá de las enormes contradicciones y tragedias del maoísmo, en su pensamiento político ya estaba presente una determinada concepción de la transformación de China: la modernización como una tarea histórica de largo aliento, que exigía una voluntad colectiva capaz de afrontar obstáculos aparentemente insuperables.

Hay una parábola que permite aproximarse a esa idea con particular nitidez: la del Viejo tonto que mueve las montañas (Yugong yishan), procedente de la tradición clásica china. Según el relato, un anciano decide retirar dos enormes montañas que dificultan el paso delante de su casa. Ante las burlas de quienes consideran absurda la empresa, responde que, aunque él no consiga terminarla, continuarán sus hijos, sus nietos y las generaciones posteriores. La montaña, por tanto, acabará desapareciendo.

Mao recuperó esta parábola en momentos decisivos. En 1945, poco antes de la victoria comunista, la utilizó para expresar una idea que trascendería el contexto revolucionario inmediato: las grandes transformaciones históricas exigen perseverancia, organización y confianza en la capacidad humana para modificar una realidad aparentemente inmóvil. No era solamente una metáfora sobre la revolución. Era también una determinada filosofía de la acción histórica.

Aquí podemos encontrar una de las conexiones más sugerentes con la modernización china posterior. La China que emerge de la revolución de 1949 heredaba un país extraordinariamente atrasado, fragmentado y debilitado tras décadas de guerras, intervención extranjera y convulsión política. La recuperación de la soberanía era inseparable de la recuperación de la capacidad para transformar el país. Modernizar China no podía ser, desde aquella perspectiva, una operación limitada a la economía pues implicaba reconstruir el Estado, transformar la sociedad, elevar la educación, desarrollar la ciencia y la industria y recuperar una posición internacional acorde con su dimensión histórica.

El problema es que la voluntad transformadora del maoísmo acabó errando en varias ocasiones. El Gran Salto Adelante constituye probablemente el ejemplo más dramático. La convicción de que la voluntad política podía superar los límites económicos y materiales condujo a una movilización cuyos costes humanos y económicos fueron enormes. La Revolución Cultural llevó todavía más lejos esa lógica al considerar que la propia sociedad podía ser remodelada mediante una movilización ideológica permanente, incluso contra las instituciones, el conocimiento especializado y buena parte de la propia tradición cultural china.

La paradoja es significativa. La misma cultura política que podía proporcionar una extraordinaria capacidad de perseverancia podía alimentar también una peligrosa confianza en la omnipotencia de la voluntad política. El Viejo tonto podía representar la paciencia de las generaciones, pero también podía ser interpretado como una invitación a ignorar los límites de la realidad.

Después de la muerte de Mao, la modernización china experimentaría una profunda rectificación. Deng Xiaoping no abandonó la idea de la transformación del país, pero modificó radicalmente sus instrumentos. La prioridad pasó de la lucha de clases al desarrollo económico; de la movilización ideológica a la experimentación; de la ruptura con la tradición a la recuperación de elementos útiles del pasado; y de la voluntad de transformar inmediatamente la sociedad a la construcción gradual de las capacidades materiales necesarias para hacerlo.

En cierto sentido, el Viejo tonto regresaba, pero con una lectura diferente. La montaña ya no tenía necesariamente que ser derribada de una vez: podía ser rodeada, perforada, atravesada o removida poco a poco. La modernización china posterior a 1978 fue, en buena medida, un aprendizaje sobre cómo convertir la voluntad transformadora en un proceso más pragmático, experimental y acumulativo.

Esto ayuda también a comprender la continuidad existente entre etapas políticas que a veces se presentan como radicalmente contrapuestas. Mao, Deng y Xi representan modelos muy diferentes de ejercicio del poder y distintas fases de la modernización, pero comparten la convicción de que China debe recuperar, mediante una acción deliberada y sostenida, su capacidad de desarrollo y su posición en el mundo. La diferencia fundamental reside, en buena medida, en la respuesta a una misma pregunta: ¿Cómo se mueve la montaña?

El denguismo confió especialmente en el crecimiento, la apertura y la experimentación. A partir de los años noventa, la integración económica internacional se convirtió en una poderosa palanca de transformación. Con Xi Jinping reaparece con fuerza la dimensión estratégica y nacional de la modernización. La innovación tecnológica, la seguridad económica, la reducción de las vulnerabilidades externas, la revitalización rural, la prosperidad común o la construcción de un país fuerte forman parte de un proyecto que vuelve a subrayar la necesidad de una dirección política capaz de mantener el rumbo durante décadas.

Por eso resulta interesante contemplar los cincuenta años de la muerte de Mao no simplemente como una efeméride sobre el pasado, sino como una ocasión para preguntarnos qué permanece de aquella concepción de la transformación. La China tecnológica de las inteligencias artificiales, los vehículos eléctricos, los trenes de alta velocidad o la exploración espacial parece muy alejada del país rural y empobrecido de 1949. Y, sin embargo, detrás de esa extraordinaria transformación existe una cultura política que concede enorme importancia a la planificación, a la continuidad histórica, a la movilización de recursos y a la capacidad de perseguir objetivos durante largos periodos.

También existen, naturalmente, importantes zozobras. La historia china del último siglo demuestra que la voluntad de modernizar puede producir avances extraordinarios, pero también costes inmensos cuando carece de contrapesos, de información fiable o de capacidad para corregir los errores. Esa es quizá una de las grandes lecciones que separan la experiencia maoísta de la posterior pues no basta con saber adónde se quiere llegar; hay que saber medir el camino, reconocer los obstáculos y rectificar cuando sea necesario.

El Viejo tonto, finalmente, no es tanto el símbolo de un hombre que consigue mover una montaña como el de una sociedad que acepta que determinadas empresas históricas no se completan en una sola generación. La modernización china puede leerse así como una sucesión de generaciones que reciben una tarea, la modifican, la corrigen y la transmiten a la siguiente.

La revolución liderada por Mao pretendía cambiar China en una generación; la modernización descubrió que cambiar China era, en realidad, una tarea de generaciones. Y la parábola del Viejo tonto, mucho más antigua que el maoísmo, continúa ofreciendo una imagen poderosa de esa larga marcha que no aporta la certeza de que la montaña desaparecerá mañana, sino la convicción de que merece la pena empezar a moverla hoy.

Mao aporta muy tempranamente la idea de la transformación como empresa histórica intergeneracional, pero el maoísmo incurre en la tentación de acelerar artificialmente ese proceso; Deng introduce la paciencia, la experimentación y el pragmatismo, mientras que Xi recupera una visión más estratégica y deliberada de la modernización. 

Xulio Ríos acaba de publicar  China, la modernización permanente (Txalaparta, 2026)

viernes, 11 de septiembre de 2026

Netanyahu demandará a Haaretz por publicar un informe que afirma que ignoró la advertencia de los Emiratos Árabes Unidos antes del 7 de octubre

La oficina del primer ministro calificó el informe de «siniestra conspiración» al servicio de la oposición de cara a las elecciones de octubre.

La oficina del primer ministro israelí informó el 9 de septiembre que Netanyahu ha dado instrucciones a sus abogados para que presenten una demanda por difamación contra Haaretz y el periodista Shlomi Eldar por la información publicada por el periódico según la cual los Emiratos Árabes Unidos le advirtieron del inminente ataque de Hamás.

La oficina calificó el informe de totalmente inventado y declaró al Jerusalem Post que Netanyahu no tuvo ningún contacto con los Emiratos Árabes Unidos entre principios de septiembre de 2023 y el 7 de octubre de 2023.

Afirmó haber revisado su registro de llamadas y los registros de visitas de su oficina durante ese período y no haber encontrado rastro de ningún representante emiratí.

La oficina también describió la publicación como parte de una «siniestra conspiración» sincronizada con la campaña electoral de las fuerzas de izquierda, y culpó del atentado del 7 de octubre al exjefe del Shin Bet, Ronen Bar, y al exjefe del Estado Mayor del Ejército, Herzi Halevi, quienes, según afirmó, habían visto indicios del ataque con horas de antelación y no alertaron a Netanyahu.

El artículo de Haaretz ha tenido consecuencias políticas inmediatas para Netanyahu, y los líderes de la oposición israelí han declarado que Netanyahu no es apto para ocupar el cargo.

Gadi Eisenkot, el excomandante militar que ahora lidera el desafío a Netanyahu de cara a las elecciones del 27 de octubre, escribió en X que el primer ministro había recibido decenas de advertencias antes del 7 de octubre de 2023 y las había ignorado todas, y desestimó sus explicaciones —entre ellas que no lo despertaron lo suficientemente temprano la mañana del ataque— calificándolas de patéticas.

El ex primer ministro Naftali Bennett, que también se presenta a las elecciones, afirmó que Netanyahu tiene una responsabilidad personal y directa por las muertes del 7 de octubre y que no puede permanecer en el cargo ni un minuto más.

La investigación de Haaretz, publicada el 8 de septiembre, alegaba que el presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed (MbZ), telefoneó a Netanyahu desde Abu Dabi aproximadamente una semana y media antes de la operación de Hamás del 7 de octubre, y dedicó 45 minutos a advertirle de que Yahya Sinwar, el difunto líder de Hamás, estaba preparando una importante operación contra Israel, que MbZ temía que desestabilizara la región y socavara los Acuerdos de Abraham.

Según se informa, Sinwar le había dicho a un alto funcionario de Fatah -que actuaba como intermediario entre Hamás y el Shin Bet- que advirtiera a Israel en septiembre de 2023 que esperara un «zilzal» o terremoto, y más tarde «la madre de todas las sorpresas».

El mensaje le llegó a MbZ a través de un asesor palestino que había abandonado Gaza para ir a Abu Dabi años antes, pero que mantenía estrechos vínculos dentro de la Franja, y que concluyó que el mensaje de Sinwar significaba guerra.

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jueves, 10 de septiembre de 2026

Arquímedes y su tumba



Arquímedes pidió que grabaran en su tumba una esfera dentro de un cilindro, y no una de sus máquinas de guerra: sabía cuál era su verdadero logro. Arquímedes nació en Siracusa, colonia griega en la isla de Sicilia,  hacia 287 a.C. y murió en 212 a.C. Demostró que la esfera inscrita en un cilindro tiene dos tercios de su volumen y de su superficie, un resultado que consideró su obra maestra. 

Cicerón cuenta que en el año 75 a.C., siendo cuestor en Sicilia, encontró la tumba olvidada entre zarzas gracias a ese grabado. Su método se adelantó siglos. 

Con polígonos de 96 lados acotó el número pi entre 3,1408 y 3,1429. 

En El Arenario inventó una notación para números gigantes y estimó cuántos granos de arena cabrían en el universo. 

En El Método, texto perdido y recuperado en 1906 en un palimpsesto de Constantinopla, usa el equilibrio de pesos para hallar áreas y volúmenes, rozando el cálculo integral. 

También fundó la hidrostática y la teoría de la palanca, y se le atribuye el tornillo para elevar agua. 

Según Plutarco, murió a manos de un soldado romano mientras trabajaba en unas figuras. 

El general Marcelo, cuentan, lamentó su muerte.


Estatua de bronce de Arquímedes ubicada en el observatorio Archenhold en Berlín.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Victoria de Afd en Alemania. Análisis. Lo que ocurre cuando se deja crecer a la bestia. Cerrar los ojos ante el racismo y los discursos del odio tiene consecuencias


Manifestación en Nueva York el 6 de octubre de 1933 contra el fascismo y el nazismo.
Bettmann (Bettmann Archiv

En la novela 22/11/63, Stephen King juega con la posibilidad de que alguien viaje en el tiempo para impedir el asesinato del presidente John F. Kennedy en Dallas y así cambiar la historia. Pero la llagada de los grandes totalitarismos fascistas al poder en la Europa de los años trinta- Primero Mussolini en Italia, luego Hitler en Alemania, y finalmente Francisco Franco en España, que no hubiese ganado la guerra Civil sin la ayuda de los otros tiranos- no se hubiese podido evitar con una sola acción. Fue un proceso complejo, en el que se mezclaron la violencia con la ceguera política de aquellos que creyeron que los monstruos podrían ser controlados. Las grandes potencias democráticas occidentales no supieron ver lo que se les venía encima.

El historiador británico Frank McDonough está reconstruyendo la historia del nazismo a través de una serie de libros bajo el título genérico de The Hitler Year. El último volumen está dedicado al Holocausto y las fechas en las que se enmarca la destrucción de los judíos de Europa son especialmente significativas 1933-1945. La Shoah no empezó con al II Guerra Mundial, ni con la decisión de Hitler de ordenar el exterminio, ni con las cámaras de gas ni los fusilamientos masivos en la antigua URSS. El Holocausto empezó cuando los nazis, nada más llegar al poder, aprobaron las primeras leyes antisemitas desde la emancipación de los judíos en Alemania en 1871.

Resulta especialmente incómodo leer lo que ocurrió entonces en el resto del mundo: los grandes periódicos estadounidenses - McDonough cita a The New York Times, el Chicago Times, El Atlanta Constitution y The Washington Post- publicaron 455 artículos y editoriales "sobre la persecución de los judíos en Alemania con informaciones que ofrecían descripciones muy gráficas de la violencia física que sufrían", El 27 de marzo de 1933 - Hitler llegó al poder el 30 de enero - tuvo lugar un mitin para condenar la violencia nazi que reunió a 20.000 personas en el Madison Square Garden de Nueva York dentro de auditorio y a 35.000 en los alrededores. Estas manifestaciones pidieron el boicot de los productos alemanes. En abril, se convocaron marchas en todo Estados Unidos que reunieron a casi un millón de personas. El boicot no se produjo y Alemania siguió siendo tratada como un país más.

Las protestas fueron recibidas con indignación por la cúpula nazi. Hitler calificó las manifestaciones de "propaganda" y Goebbels aseguró que era una prueba más de que los judíos controlaban los medios de comunicación. Básicamente ninguna de las grandes potencias hizo nada pese a que la bestia de la represión iba creciendo en Alemania y los judíos -y todos aquellos que se oponían a los nazis- eran destruidos.

El Gran Dictador, la gran película de Charles Chaplin, una sátira del nazismo considerada actualmente una obra maestra sobre los totalitarismos, provocó un profundo malestar en Hollywood. Los estudios tenían miedo de que el filme que ridiculizaba a Hitler y denunciaba la persecución de los judíos les cerrase el mercado alemán, Por no hablar de la participación en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, una gran operación de propaganda nazi.

La ignominia alcanzó cotas difícilmente superables cuando numerosos países se reunieron, en junio de 1938, en la conferencia de Evian para hacer frente al problema de los refugiados judíos, que todavía podían huir de Alemania. Los delegados de 32 países cerraron las puertas a decenas de miles de personas que hubiesen podido salvar sus vidas.

Es imposible saber que hubiese ocurrido si las democracias llegan a adoptar otra actitud, si no hubiesen mirado hacia otro lado y pensado que se podía llegar a algún tipo de acuerdo con el mal absoluto. Los años treinta del siglo XX están, afortunadamente, muy lejos (aunque la arrolladora victoria del partido ultra AfD) En Sajonia-Anhalt arrastra ecos del pasado, pero hay situaciones no solo en Europa, que recuerdan a lo ocurrido entonces; la estigmatización de pueblos y religiones, la violencia desatada contra población civil indefensa sin consecuencias, los discursos de odio y la deshumanización del otro, la manipulación del pasado, el ensañamiento con los débiles y los refugiados... El racismo y el supremacismo no deberían admitir compromisos. La historia nos enseña claramente que, cuando se deja crecer a la bestia, acabas por destruirlo todo.

Guillermo Altares, El País, 8 de septiembre de 2026.

martes, 8 de septiembre de 2026

Dime de qué presumes y te diré de qué careces en Ceuta. Por Juan Torres López

El Gobierno no falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar

Hay dos clases de problemas en la vida de las personas y en la de las sociedades: los que tienen solución y los que no. Los primeros desaparecen si se encuentra la respuesta adecuada y se aplica con acierto. Los segundos no tienen remedio que los haga desaparecer, y empeñarse en buscárselo conduce a la frustración primero, y después a la parálisis. Con ellos no cabe resolver, sino evitarlos mientras se pueda, paliar el daño, frenarlos, retrasarlos, pasarlos a otro tiempo o a otras manos… y, sobre todo, cuidar en todos los sentidos a quien los padece, sea una persona, un territorio, un animal o un patrimonio que no queremos perder.

Mi tesis es que el problema de Ceuta (y Melilla) pertenece a esta segunda clase en el plano político, geoestratégico e incluso humanitario, al menos a corto y medio plazo, y las razones de que no tenga solución me parecen claras. Son dos territorios que pertenecen a España antes de que existiera el Marruecos actual, pero que este país reclama sin descanso porque esa reivindicación forma parte de su identidad nacional y del cemento de su monarquía. Es un conflicto entre dos Estados imbricados hasta los tuétanos (fronteras, comercio, migración, seguridad, energía…) y de los cuales uno es una autocracia que sabe usar esa imbricación como palanca sibilina para agredir y hacer chantaje, incluso permitiendo –por ejemplo– que miles de personas violen una frontera como munición, aun a costa de sus vidas. Hay una población autóctona, la ceutí y melillense, con intereses propios y legítimos para la que seguramente no hay más “solución” imaginable que mantener el statu quo del que depende su vida. Y, para colmo, en España hay una derecha ferozmente nacionalista que se proclama patriota pero que nunca arrima el hombro en favor de toda la patria, sino que sopla las brasas con tal de quemar al gobierno que no represente a lo que ella considera la suya, la “España de bien”. Y lo hace aunque así se deteriore la cohesión interna, se quiebre la imagen internacional del país o hasta se genere más riesgo de perder territorios de la patria que dice defender. Y el problema se complica, finalmente, aún más dadas las racionales sospechas de que quien realmente mueve los hilos en esa zona pueden ser los gobiernos de Estados Unidos e Israel, a quienes interesa que España y Europa se desestabilicen, y que han dado sobradas muestras de cinismo e inmoralidad.

Es un conflicto entre dos Estados imbricados hasta los tuétanos

Quizá la mejor forma de comprobar que el problema de Ceuta no tiene solución es ver lo que han hecho quienes más alto proclaman que sí la tiene, la derecha y la extrema derecha (en este caso, la misma cosa) que acusan al Gobierno de Pedro Sánchez de no defender a Ceuta y que reclaman mano dura contra Marruecos.

Son la derecha y la extrema derecha que no sólo no condenan el franquismo, sino que incluso lo reivindican, pero que olvidan que en noviembre de 1975 y ante la Marcha Verde (trescientas mil personas caminando), el régimen de Franco –el más militarista, beligerante y supuestamente patriótico que ha conocido España, armado hasta los dientes y sin parlamento, oposición ni tribunales que le ataran las manos– no defendió el Sáhara. Lo entregó en cuestión de días, lo mismo que había hecho antes, en 1969, cuando cedió Ifni a Marruecos. Es la misma derecha que, sin embargo, celebró como gesta nacional la recuperación de la Isla Perejil, un islote deshabitado del que en 2002 hubo que desalojar a un puñado de gendarmes que ni siquiera opusieron resistencia.

Esa es la medida exacta del patriotismo de la derecha española: epopeya cuando no hay nadie ni nada que defender, entrega o silencio cuando lo que está en juego es un territorio con población y futuro. Y es la misma derecha que hace gala de su atlantismo y sintonía con Washington pero que calla cuando es precisamente Estados Unidos quien tiene la llave para subir o bajar la temperatura de la frontera.

Ni siquiera tiene solución a día de hoy el problema humanitario: el acoger, atender, ordenar la llegada de miles de personas con decencia. Es lo que habría que hacer, pero también esa puerta está entornada.

El Tribunal Supremo español dictó (casualmente días antes del problema) que a quienes son interceptados en el mar tratando de entrar a nado en Ceuta no se les puede aplicar el “rechazo en frontera” –es decir, la devolución sumaria en caliente–, sino el procedimiento ordinario de devolución, que lleva garantías individuales y necesita tiempo para hacerla efectiva, si se hace. Y aún más. ¿Cómo se frena una avalancha de casi tantos miles de personas como habitantes tiene Ceuta? ¿A tiros? ¿Ahogando a quien nada? No hay respuesta compatible con la decencia, y por eso ninguno de los que exigen firmeza ha formulado en voz alta solución alguna… salvo uno. La que dio el único dirigente de la derecha que se ha atrevido a concretar qué se debería hacer fue tan bárbara como esclarecedora: el diputado de Vox José María Figaredo propuso, sin metáfora y reiterándose al día siguiente sin retractarse, “cazar” a los inmigrantes “uno a uno” o “pescarlos”, y lo dijo acompañando sus palabras con onomatopeyas de disparo. Esa ha sido la única propuesta específica que la derecha ha logrado poner sobre la mesa.

Las salidas se cierran porque no se puede resolver en días, meses o pocos años el desnivel que empuja a la gente del África saqueada durante siglos hacia el norte. Porque se necesita a la inmigración, pero no se la quiere, y las patronales, los partidos y los gobiernos europeos (unos más que otros) están atrapados en esa contradicción. Porque no se aplaca con buenas palabras a un vecino que sabe usar la frontera como palanca de guerra híbrida y al que no le importa que mueran sus ciudadanos. Porque no se defiende un enclave como Ceuta con las bravuconadas de Aznar y sus acólitos, como demuestra la propia historia de la derecha que vocifera. Porque no se frena a decenas de miles de personas sin cruzar la línea de la barbarie y porque incluso la vía humanitaria tropieza con límites materiales que ningún discurso elimina.

Lo que separa la decencia de la ignominia es el cómo se cuida a quien padece

Lo único que queda entonces, cuando se han agotado todas las respuestas que podrían resolver el problema, es el cuidado. El pariente pobre de las respuestas a lo que no tiene solución.

Cuando no se puede resolver, ni domar, ni frenar sin barbarie, lo que separa la decencia de la ignominia es el cómo se cuida a quien padece. Y aquí es donde hay que decir, con dolor porque uno esperaba otra cosa, que el Gobierno ha fallado. No en lo imposible, pues nadie le puede exigir honradamente que resuelva lo que no tiene solución, sino precisamente en lo único que estaba en su mano, la celeridad a la hora de atender y el cuidado hacia la población ceutí y hacia la que entró irregularmente.

Es, sin duda, injusto decir que el Gobierno de Pedro Sánchez no ha hecho nada en la gestión administrativa de la emergencia. Ha habido muchos recursos, protocolos, plazas, kits de higiene, ministras que visitaron el enclave, y hasta se aceleró el traslado a la Península de las niñas más vulnerables. Hubo, incluso, perspectiva de género en esa gestión. Y sin embargo todo ello pertenece a un mismo tipo de actuación, el de la administración, el del poder que ordena, coordina y paga. Pero ha faltado otra, la que no tiene que ver con “hacer”, sino con “estar”.

Porque una cosa es atender a las personas y otra muy distinta es estar con ellas. Un gobierno puede movilizar recursos, habilitar plazas y activar dispositivos de emergencia manteniendo una enorme distancia con las personas concretas que sufren y se sienten solas, porque el sistema puede funcionar a la perfección mientras la persona sigue estando sola. Pero eso se paga.

El poder y la gestión llegaron tarde, a remolque de la presión vecinal. El cuidado ha tenido en Ceuta rostro y sexo y no ha sido el del Gobierno. Mientras el Estado contaba plazas, decenas de mujeres y niñas que dormían a la intemperie entre cientos de hombres empezaron a denunciar acoso y agresiones sexuales, y quienes primero improvisaron espacios donde pudieran pasar la noche seguras no fueron los ministerios, sino los vecinos de El Príncipe y de Sidi Embarek, una organización como Save the Children y las propias mujeres migrantes organizándose para protegerse unas a otras. Es verdad que fueron ministras. Hubo visitas, sí, pero no fue el Gobierno quien cuidó, sino otra gente. Y esa gente pudo ver lo que a la administración se le escapaba, porque sólo se ve cuando se está cerca que el problema no era únicamente cuántas camas había, sino quién protegía a las mujeres durante la noche.

Hay, de nuevo desgraciadamente, un símbolo bien elocuente de la distancia con la que el Gobierno ha hecho frente al drama. La del propio presidente, Pedro Sánchez, que ciertamente visitó Ceuta el 31 de julio, al día siguiente de la avalancha, pero que se marchó de vacaciones a la jornada siguiente a Lanzarote. Desde allí llegó a presidir, a mediados de agosto y por videoconferencia desde la residencia de La Mareta, la reunión con sus ministros sobre Ceuta. Tiene todo el derecho a descansar, como él mismo ha reivindicado, pero esa no es la cuestión. No se trata de discutir si un gobernante tiene derecho o no a irse de vacaciones. La cuestión es el modo de gobernar que atiende la emergencia de personas concretas a través de una pantalla, desde lejos, sin pisar el suelo del dolor. Gobernar Ceuta por videoconferencia desde la playa, o –como han hecho otras ministras y ministros, desde Madrid– es, literalmente, hacer sin estar.

Ahí está la diferencia entre administrar y cuidar, entre añadir una perspectiva de género a los papeles y cambiar la manera de ejercer el poder. Lo primero lo hizo el Gobierno; lo segundo no. Y ese ha sido el origen del grito que lanzaron los ceutíes (“Nos sentimos abandonados”) y que han repetido vecinos, comerciantes y hasta responsables políticos socialistas de la ciudad.

Que una parte de España tenga que decir en voz alta que se siente abandonada por España es, en sí mismo, el mayor de los reproches. No importa cuántos millones se liberen ni cuántos dispositivos se activen, porque es a ese sentimiento a lo que no se debió dar pie jamás. Un gobierno que cuida no evita sólo el daño material; evita, sobre todo, que los suyos (que somos todos) tengan que gritar que están solos. Y quien se siente solo y sin respuesta termina escuchando a quien le ofrece una, la que sea, aunque sea falsa y cruel. El abandono es la puerta por la que entra la demagogia, y por ahí se ha colado la derecha.

Quien se siente solo y sin respuesta termina escuchando a quien le ofrece una, aunque sea falsa y cruel

En toda esta tragedia, quien ha aparecido ante mucha gente como el que se pone del lado de Ceuta y de los demás españoles más o menos preocupados por lo que pasaba allí, ha sido la derecha, no el Gobierno. Es una solidaridad falsa, porque defiende a unos enfrentándolos a otros, porque propone cazar a los más vulnerables para tranquilizar a los demás y porque se basa en el mismo patriotismo de cartón-piedra que celebró la gesta de Perejil y calla ante los cadáveres del espigón. Pero si ocupa ese terreno es porque la izquierda lo dejó vacío.

Hay algo que la izquierda sigue olvidando. Hay muchos momentos, muchos más de los que solemos creer, en los que el consuelo, el apoyo, la compañía y la empatía son tan necesarios o más que la buena doctrina e incluso que la partida presupuestaria. Un poder que sólo sabe dar discursos, liberar fondos y redactar notas de prensa no sólo cuida mal; gestiona peor, porque se pierde justo lo que únicamente se conoce de cerca. Y la gente lo nota.

Un gobierno progresista no fracasa cuando es impotente ante un poder que lo desborda. De esa impotencia nadie está a salvo, y en Ceuta no había victoria posible para nadie. Fracasa –como está fracasando el Gobierno de Pedro Sánchez– cuando, no pudiendo resolver, renuncia además a lo único que sí estaba en su mano: estar al lado de la gente. No falló por no poder, ni siquiera por no hacer, sino por no estar.

Y la paradoja final es que todo eso que ha faltado tiene nombre. Esa presencia, ese hacerse cargo de la vida concreta de la gente, esa manera de ejercer el poder que no manda desde fuera, sino que sostiene desde dentro, no es un buenismo vago. Son, en su sentido más hondo, dos cosas que en este país no se paran de invocar, de las que se presume pero que, a la hora de la verdad, no se practican. Una se llama patriotismo, si por patriotismo no entendemos el culto a la tela de la bandera, sino la defensa de la vida, el bienestar, la seguridad y también el suelo donde vive la gente a la que uno se debe. La otra se llama feminismo, si por feminismo no entendemos la etiqueta, ni sólo la perspectiva de género añadida a un expediente administrativo, ni el recuento de cuántas ministras se sientan en el Consejo o de cuántos huecos se ocupan en las listas –eso es representación, que importa, pero es sólo la puerta–. De este Gobierno esperábamos algo más hondo, precisamente lo que el feminismo nos había hecho creer que podríamos esperar de su práctica: romper la vieja frontera que dejaba en el lado de lo público la razón, la autoridad y el mando, y confinaba en el de lo privado –donde a su vez se confinaba a las mujeres– el cuidado, la dependencia y la vulnerabilidad, como si no fueran también asuntos políticos. Esperábamos un modo de gobernar feminista que no se limitara a cambiar quién ejerce el poder, sino que transformara el cómo se ejerce, que sustituyera la lógica patriarcal de la jerarquía y el mando a distancia por la de la cercanía y el cuidado. De un cuidado de una clase precisa, porque no vale cualquiera: no el que decide desde arriba lo que a la gente le conviene –ese también es autoritario y paternalista–, sino el que escucha y reconoce a quien sufre, empezando por esas mujeres y esas niñas, como sujeto capaz de decidir sobre su propia vida y no como mero objeto al que proteger. Un poder que se mide, al final, en vida sostenida, en dolor aliviado y en autonomía devuelta.

Eso es lo que debería avergonzar a unos y a otros. Aunque, desde luego, no de la misma manera ni en la misma medida, porque igualar aquí las dos faltas sería la más cómoda de las mentiras. La derecha hace gala de patriotismo, pero lo que ha hecho no es defender la españolidad de Ceuta sino convertirla en un misil contra el Gobierno. Su única propuesta concreta ha sido cazar a los más débiles. El error del Gobierno, por el contrario, no es el del cínico que finge una virtud que no siente, sino el de quien traiciona una que dice tener y podía haber ejercido. A la derecha hay que reprocharle lo que hace; al Gobierno, con más dolor, lo que pudo hacer y no hizo.

Y si con este segundo se es más severo no es porque sea peor –a mi juicio no lo es–, sino porque de él se esperaba otra cosa y porque su fallo lo vamos a pagar muy caro y quizá pronto. Ceuta enseña algo muy claro: cuando un problema no tiene solución, lo más importante que cabe hacer es cuidar y no producir abandono, y haber descuidado ese cuidado y haber hecho que la población ceutí e incluso la del resto de España se sienta abandonada, lo que al principio de estas líneas parecía lo más pequeño de todo, es precisamente lo que dio la llave, ha dejado el campo libre y está haciendo fuerte a la extrema derecha.

Juan Torres López es economista y catedrático jubilado de Economía Aplicada.

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lunes, 7 de septiembre de 2026

¿A dónde va Marruecos?

¿A dónde va Marruecos? Nadie puede responder esta pregunta. Ni siquiera el rey Mohammed VI. Reconoció oficialmente los límites de un modelo que, en 1999, aseguró la transición del régimen del fallecido Hassan II, su padre, al suyo (1). “El deber de claridad y objetividad requiere matizar [el] equilibrio positivo, en la medida en que el progreso y los logros ya alcanzados lamentablemente aún no han tenido suficientes repercusiones en la sociedad en su conjunto Repitió al soberano nuevamente en la víspera de la Fiesta del Trono, en julio de 2019 (2).

Este modelo es el de una monarquía todopoderosa que promueve una economía ultraliberal a través de organismos públicos para la realización de proyectos espectaculares: línea de ferrocarril de alta velocidad (LGV) Casablanca-Tánger, zona económica y Port Tanger Med industrial, teatro Mohammed-VI en Casablanca, nuevas autopistas, etc. Proyectos importantes que, por supuesto, son atractivos a nivel internacional, y que han permitido al rey pasar el hito de veinte años de reinado sin la prensa, incluyendo Francés, empaña su imagen. Desde París o el centro de Rabat, el país todavía parece ser este águila giratoria (¡libre de petróleo!) En la cima de la economía africana y se integra fácilmente en las cadenas de valor mundiales, por ejemplo, convertirse en un productor de peso pesado en los sectores automotriz y aeronáutico (3).

Pero, en Marruecos, las ilusiones se evaporan como las capas freáticas bajo el doble pinchazo del turismo de masas, que sin duda será muy penalizado por la epidemia de Covid-19 y la agricultura intensiva (lea "La sequía agrava las dificultades del Reino "). A raíz del discurso del palacio, la teoría de la escorrentía ha dado lugar a críticas autorizadas de una distribución insuficiente de la riqueza. En sus últimos informes, el Tribunal de Cuentas, el Banco Al-Maghrib (el banco central) y el Consejo Económico, Social y Ambiental (CESE) han alertado sobre los problemas estructurales del país.

Aparentemente, todo está bien: se espera un crecimiento anual del producto interno bruto (PIB) del 3.5% en 2020 (4), índice de precios al consumidor bajo control (+ 0.6%), tasa de desempleo en 9.2 % en 2019 (9.8% en 2018) (5). A finales de octubre, frente a una audiencia de representantes internacionales (Alemania, Suiza, Banco Mundial, etc.), el primer ministro Saadeddine El-Othmani planteó todas las sonrisas frente a una magnífica pastelería decorada con un número: "53", como Place du Marruecos en el Doing Business - o índice de "facilidad para hacer negocios" - 2020, establecido cada año por el Banco Mundial. El reino ha crecido allí en siete filas (6).

Sin embargo, solo una minoría tiene la suerte de recibir un pedazo del pastel. Marruecos de Mohammed VI cambia de forma tan pronto como hablamos de los índices que cuentan: recopilación de todos los factores que revelan el estado de una sociedad, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) establecido por el Programa de Naciones Unidos para el Desarrollo (PNUD) no miente: en 2019 (7), el país ocupó el puesto 121 en la categoría de "desarrollo humano promedio", muy por detrás de Argelia (82) y Túnez (91) , ambos incluidos en la sección "alto desarrollo humano". Lo que molesta a la élite marroquí, que, alabando los méritos del reino, a menudo insiste en las situaciones de conflicto entre sus vecinos.

Este 121 ° lugar refleja una realidad muy cruda. "Hay un 10% de ciudadanos en situaciones de extrema pobreza total", explica Taïeb Aisse, especialista en desarrollo territorial, que colabora con el gobierno actual, dominado por el Partido de Justicia y Desarrollo (PJD, referencial islámico) . "Es decir, no tienen nada. Sin ingresos Es muy peligroso ! Además de esta indigencia absoluta, la clase media también sufre la abismal brecha entre lo que llamamos aquí el "escaparate" y el país real.

El país se ha quedado atrás en educación
Este escaparate es claramente visible cuando se viaja por el norte del país. La estación Casa-Voyageurs es tan brillante como las de Rabat o Tánger. Pero, a través de las ventanas del TGV, tres cuartos lleno, que gira a 314 kilómetros por hora a lo largo del océano, se puede ver, desde los primeros minutos, vastas extensiones de arcilla parcialmente salpicadas de viviendas de chapa, bloques de hormigón u hormigón. Las autoridades han vaciado barrios marginales emblemáticos, como el de Sidi Moumen, una bolsa de pobreza a las puertas de Casablanca, que albergó a los terroristas que cometieron los ataques de 2003. Poco a poco, los habitantes fueron reubicados en otros lugares, en grandes complejos, docenas de '' edificios idénticos con un máximo de cinco pisos. Sin infraestructura ni transporte, estas ciudades construidas apresuradamente recuerdan las elecciones de Francia durante los años 1950-1960, de los cuales sus suburbios nunca se recuperaron. Aquí no reducimos la pobreza: la alejamos de los centros urbanos y de los visitantes extranjeros.

Terminado el año pasado, el paseo marítimo de Tánger, que corre a lo largo de la playa, ha borrado los viejos bares, ahuyentó a los espectadores alcohólicos y a varios traficantes de drogas. Por la noche, las murallas iluminadas que bordean la medina ofrecen una vista única de la Bahía de Gibraltar. Pero las preocupaciones de la población están en otra parte. "Marruecos, es simple: no hay nada que hacer, la molestia está en todas partes, incluso para eliminar cualquier documento administrativo ... Te tratamos como un insecto", suspira la Sra. Samira T., de 30 años, maestra en Un colegio público en la ciudad. Su experiencia personal ilustra el atraso del país en uno de los campos tomados en cuenta por el PNUD para su clasificación: la educación.

"Enseñé durante cuatro años en un ambiente difícil, en Fnideq, una ciudad muy conservadora de la que salieron muchos de los hombres que se unieron a la Organización del Estado Islámico. Cuando me transferí a Tánger, pensé que mi vida diaria mejoraría. Pero no, al contrario: fue el verdadero comienzo del infierno. Dieciocho meses de depresión tratados con ansiolíticos, de los cuales la joven apenas se está recuperando. "Sin embargo, el barrio no es particularmente pobre. Casi todos los estudiantes tienen tabletas. Pero las condiciones de enseñanza son insoportables ", explica el que se prepara ese día para dar una clase de francés a una clase de ... ¡cuarenta y nueve estudiantes! Y esto por 520 euros al mes. "Crecí en una aldea remota, desprovista de todo. Pero al menos, con la escuela pública, tuvimos la oportunidad de sobrevivir. Hoy, el nivel es muy bajo. "

Las familias que pueden hacerlo recurren a escuelas privadas, a niveles tan dispares como los del público. Esta situación crítica se destaca en numerosos informes, marroquíes e internacionales. Un estudio en la Revista Internacional de Educación de Sèvres considera "una reforma radical y vital que permitirá que el sistema educativo marroquí progrese y cumpla sus misiones (8)". En diciembre de 2017, cuando acababa de ser nombrado jefe de gobierno, El-Othmani habló de una medida de choque: el fin de la educación superior gratuita. Una elección que el CESE no valida. "Hacemos que la gente pague dos veces: primero con impuestos, luego al presionarlos para que se vuelvan privados", comenta su presidente, el Sr. Ahmed Reda Chami, un ex ejecutivo de Microsoft que fue ministro de industria de 2007 a 2012. Sin embargo, el Primer Ministro defiende esta medida, así como su historial. "Hemos reducido en gran medida el número de estudiantes por clase. Tenemos más o menos cuarenta años, ahora. Cuarenta y nueve estudiantes es la excepción, nos asegura. En términos más generales, hemos reducido la pobreza a la mitad desde 2004. ¡Marruecos está avanzando! La señora T. sueña con irse del país. En los próximos dos años, espera, residirá en Canadá, donde habrá "recuperado [su] dignidad".

Segundo criterio, también tomado en cuenta en el ranking del IDH: salud. "En Marruecos, es simple: se debe crear un sistema de salud completo", lamenta Othmane Boumaalif. A los 38 años, este médico general pertenece a la generación de militantes del llamado movimiento "20 de febrero", que apareció en 2011 a raíz de las revueltas populares en Túnez y Egipto. Preside un Anfass democrático ("respiraciones" en árabe), una asociación que regularmente produce notas sobre la economía y la sociedad. "El problema es estructural: no tenemos la primera línea, el médico tratante que examina y luego dirige al paciente de acuerdo con su patología". En Marruecos, el paciente acude al médico, si obtiene una cita antes de los seis meses, o al centro hospitalario de la universidad [CHU], cuando existe, o al dispensario ... Es un caos total, y las personas a menudo recurren a la automedicación. ¿Qué piensa de los nuevos establecimientos construidos en asociación con los Estados del Golfo? “Estamos construyendo un puñado de hospitales de exhibición muy bien equipados. ¡Pero nadie puede pagarlos! Además, Marruecos sigue siendo un gigantesco desierto médico, especialmente porque muchos de nuestros practicantes emigran a Alemania, donde ahora se reconoce su diploma. "

¿Cómo explicar esta discrepancia entre datos macroeconómicos bastante halagadores, infraestructuras llamativas y enormes deficiencias en los servicios básicos del gobierno? "Tenemos que relacionar el sistema político con los problemas de la economía", explica el economista Najib Akesbi, que acaba de retirarse de la escuela agrícola en Rabat. Cuando el sistema político decide favorecer un programa de carreteras mientras que los caminos rurales, las vías para conectar una aldea con otra faltan en todas partes, estas son opciones que no pueden ser viables. La muy costosa sección Fez-Oujda, por lo tanto, solo funciona al 10% de su capacidad. Las opciones de inversión son irrelevantes para las necesidades de la población. "

La falta de recursos, por lo tanto, no es la primera causa de desequilibrios económicos. "Tenemos una buena tasa de inversión (32%), pero no genera suficiente crecimiento ni suficientes empleos", continúa el economista. Por qué ? Hace diez años, un punto de crecimiento representaba 35,000 empleos. Hoy es menos de 10,000. Los grandes proyectos emplean a personas solo por un tiempo limitado. Además, el 70% de la inversión está compuesta por fondos públicos. Este es el primer fracaso del "modelo de desarrollo marroquí". "

Durante cincuenta años, una de las opciones estratégicas del régimen ha sido apostar todo en la economía de mercado y en el sector privado, en gran medida subsidiado por el estado, con la idea de que sería autosuficiente y se convertiría en el inversor principal. Esta apuesta es un claro fracaso. Además de invertir poco, el sector privado paga solo el 10% de la población activa (1,2 millones de personas de 12, para una población total de 36,6 millones de personas). Otro fenómeno notable es el de los trabajadores fantasmas. Entre estos 12 millones de personas que trabajan, 2 millones se identifican como tales, pero no se les paga. Particularmente en esta categoría se encuentran los trabajadores agrícolas empleados en la granja familiar o los jóvenes que trabajan en la industria artesanal.

"No logramos alcanzar la tasa de crecimiento del 6 al 7% que esperábamos", dijo Chami. Ahora necesitamos un crecimiento más sostenible, lo que beneficia a más personas. Hemos invertido demasiado en hardware [infraestructura] y no lo suficiente en software [aquí en el sentido de valor agregado]. Atractivo al principio, esta metáfora encuentra rápidamente sus límites, cuando la mayoría de los servicios carecen en el sur. ¿No sería mejor construir un tren para Agadir, uno de los principales centros turísticos costeros del país y un importante relevo a más áreas del sur, en lugar de endeudarse por un TGV cuando ya existía una línea entre Casablanca y Tánger?

Una controvertida línea de TGV
La pregunta avergonzó al primer ministro, que es originario de Souss, una región en el suroeste de Marruecos: "Cuando llegué al puesto de jefe de gobierno, la decisión ya estaba tomada", explica. Entonces no es mi culpa. Yo digo: "Mantengamos el TGV e intentemos construir el tren para Agadir". Muchos de sus conciudadanos no están de acuerdo. Para Akesbi, "el TGV es un desastre para el país". El economista recuerda que inicialmente, para que el LGV sea rentable, el precio de las entradas debería haber estado entre 80 y 120 euros; demasiado para la clase media marroquí. Por lo tanto, el estado ha bajado artificialmente el precio y cuesta menos de 25 euros ir de Casablanca a Tánger. "La Oficina Nacional de Ferrocarriles [ONCF] paga la diferencia y por lo tanto empeora su déficit, que el contribuyente tendrá que rescatar. Lo que no pagamos cuando compramos el boleto, lo pagaremos con nuestros impuestos ”, dice Akesbi.

En Jemaa-el-Fna (9), emblemático del templo del turismo que se ha convertido en Marrakech, un gran cartel celebra al rey: "Veinte años de logros" y "desarrollo económico". Pero, a menos de trescientos kilómetros de distancia, las aceras maltratadas de Agadir (400,000 habitantes) nos recuerdan que este "desarrollo" no beneficia a todos. Las paredes rezumadas y amarillentas de la estación de autobuses, en comparación con la magnificencia de la estación de tren de Marrakech, cuestionan las opciones económicas del régimen. Una sucesión de edificios en ruinas, el centro de la ciudad se está desmoronando. Signo de la lámpara de araña de antaño, la ciudad tiene no menos de tres palacios; pero el soberano, que prefiere el norte del país y el extranjero, rara vez los honra con una visita (10).

Economía de alquiler y varios monopolios.
Víctima de las elecciones inequitativas del poder, Agadir ahora es castigada, condenada al subdesarrollo. "En el pasado, no estábamos lejos de Marrakech. Hoy es otro mundo. "A los 37 años, este gerente de espacio publicitario, que sin embargo cuenta entre sus clientes con la cadena de comida rápida McDonald's, vio caer su facturación de 100,000 a 40,000 euros entre 2012 y 2019". empresas, mientras que Agadir ahora representa el 4% de la cuota de mercado publicitario, frente al 12% de Marrakech? »Un maestro de escuela retirado, el Sr. Mohammed Jaouhair, divide su tiempo entre Agadir y Sidi Ifni, a una hora y media por carretera desde la pista sur. "El otro día, en el" desangrado ", me picó un escorpión, nos cuenta mostrando la fotografía del artrópodo negro, tomada con su teléfono. Como no hay UHC allí, y no podía esperar una cita con el médico, fui a la clínica. ¡Me dijeron que no tenían nada para mí! Pasé veinticuatro horas acostado, ansioso, esperando que pasara ", explica este miembro de la red Akal (" tierra "en bereber), que está luchando por el rec

Nacimiento de la comunidad amazigh en el sur del país.

A principios de noviembre, Mohammed VI, sin embargo, pidió una "reflexión seria" sobre el establecimiento de un enlace ferroviario entre Marrakech y Agadir (11). Pero las dificultades de Marruecos no se derivan únicamente de las elecciones cuestionables del palacio; También son estructurales, inherentes a la economía de la renta y a varios monopolios que ya existían durante la era colonial francesa, y que la monarquía ha perpetuado. "Este es el otro lado del fracaso de la apuesta de economía de mercado", dice Akesbi. El alquiler, es decir, una remuneración sin trabajo o valor agregado, actividad económica gangrena. Tome el transporte de pasajeros: ¿quiere iniciar un negocio en este sector? No puedes Para esto, es necesario tener una autorización, es decir, una autorización política. Se le da no porque su proyecto sea viable, sino porque está en la corte. Los recursos naturales también están sujetos a alquiler. En la industria, el 40% de las empresas dicen que están en un sector oligopolístico o duolista. Agua embotellada, bosques, canteras de arena, minerales, pero también bancos, combustibles ... Ningún sector escapa hoy a esta ley de aprobación.

Involucrado en múltiples actividades, incluido el sector bancario altamente remunerativo, ansioso por preservar las apariencias mientras mantiene su control sobre la economía (12), el rey ahora promueve la idea de un "nuevo modelo de desarrollo". El proyecto pretende sobre todo ser "filosófico", explica el Primer Ministro. Pero todavía ? Los contornos aún no están bien definidos, aunque, en diciembre de 2019, Mohammed VI nombró a treinta y cinco personalidades miembros de una comisión responsable de entregar un informe el próximo junio. ¿Esta reflexión conducirá a facturas? "Seguramente", elude al Primer Ministro. ¿Invertir en qué sector? El misterio permanece. "Servicios públicos", espera por su parte el Sr. Chami.

Pero aún es necesario poder financiarlos. La dotación de seguridad sigue siendo considerable: 77 mil millones de dirhams (7,32 mil millones de euros). ¡Esto es solo un poco menos que el primer elemento de la ley de finanzas de 2020, es decir, el servicio de la deuda, que alcanzó los 96.500 millones de dirhams (9.1700 millones de euros) (13)! Además, Marruecos sigue enredado en un sistema fiscal "injusto e ineficaz", según las conclusiones de la conferencia fiscal celebrada en mayo de 2019. Hasta ahora, el reino siempre se ha negado a llevar a cabo una reforma en esta área.

Clima nocivo y represión contra el "hirak"
"Hablar sobre nuevos desarrollos sin reformar el modo de gobierno es una pérdida de tiempo", dijo Boumaalif. Debemos avanzar hacia un nuevo pacto social, una monarquía parlamentaria. El asunto de la gobernanza es asunto del pueblo marroquí. El palacio permanece sordo a este discurso. Para hacer frente a este triple impasse, político, económico y social, parece por el contrario sentirse tentado por una solución de estilo argelino, que combina la cooptación y la represión. El caso del periodista Hajar Raissouni, arrestado por "aborto ilegal" y "sexo fuera del matrimonio", sentenciado a un año de prisión antes de obtener el perdón real, causó revuelo en el extranjero. Destaca el clima nocivo dentro del reino, que pesa principalmente sobre los militantes del hirak ("movimiento popular") del Rif (14). Desde que comenzaron las protestas en 2017, varios cientos de manifestantes han sido condenados, algunos a veinte años de prisión. A finales de 2019, cincuenta y cinco seguían detenidos. Varios de ellos comenzaron una huelga de hambre a principios de febrero para protestar por sus condiciones de detención.

" Y por qué ? ¡Por pedir agua, electricidad, servicios públicos, sin violencia! Suspira la Sra. Amina Khalid, coordinadora de ayuda familiar para prisioneros de Hirak. “Me recuerda a los años de Hassan II. La represión es una vez más una política estatal en Marruecos ", lamenta esta hija de activistas de la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP). Señales de creciente impaciencia entre la población, miles de personas marcharon el 23 de febrero en las calles de Casablanca para denunciar la disminución del poder adquisitivo, el alcance de la corrupción y la degradación de los derechos humanos. "El marroquí se ha conmovido tanto que ya no cree en nada", suspira la Sra. Khalid. Simplemente no queda esperanza; esperamos. Quizás el ejemplo del Hirak libanés nos inspire. "

Marruecos se busca a sí mismo en una atmósfera que recuerda los últimos años del régimen de Zine El-Abidine Ben Ali, cuando Túnez vivía bajo el control de Trabelsi, los suegros del presidente. ¿Se acerca el final de una era? El comportamiento del propio rey cuestiona. No estuvo presente en septiembre de 2019 en el funeral de Jacques Chirac, un gran amigo de su padre, ni en octubre en Sochi para la cumbre Rusia-África, donde había delegado a su jefe de gobierno. Además de los efectos del anuncio, ¿qué piensa él, rodeado por este gabinete real cuyo personal llegaría a dos mil personas? ¿Su discreción anuncia grandes cambios por venir? "Todos los que le dirán que el rey es el pegamento del país son aquellos que aún tienen algo que perder en el sistema actual", dice el periodista Omar Radi, atento espectador de un Marruecos con un futuro cada vez más incierto. .

Pierre Puchot
Periodista.

(1) Lea Kader Abderrahim y Zakya Daoud, "¿Realmente cambia Marruecos? ", Le Monde diplomatique, febrero de 2000.

(2) "Fiesta del Trono: discurso integral del Rey Mohammed VI", Atlas Info, 29 de julio de 2019.

(3) Cf. Jean-Pierre Séréni, "La economía de Marruecos. "Bien, pero debe (mucho) hacerlo mejor", Oriente XXI, 24 de febrero de 2020.

(4) La Vie éco, Casablanca, 28 de enero de 2020.

(5) Agence Ecofin, Genève-Yaoundé, 22 de febrero de 2020.

(6) Doing Business, 24 de octubre de 2019.

(7) "Informe sobre Desarrollo Humano 2019", PNUD, diciembre de 2019.

(8) Rahma Bourqia, "Repensar y refundar la escuela en Marruecos: la Visión Estratégica 2015-2030", Revista Internacional de Educación de Sèvres, n ° 71, abril de 2016.

(9) Lea Juan Goytisolo, "Jemaa-el-Fna, patrimonio oral de la humanidad", Le Monde diplomatique, junio de 1997.

(10) Cf. Ignacio Cembrero, "Mohammed VI, el desconcertante ausentismo del rey de Marruecos", Oriente XXI, 23 de octubre de 2017.

(11) "Mohammed VI anuncia el proyecto para una línea de ferrocarril Marrakech-Agadir", Bladi.net, 7 de noviembre de 2019.

(12) Lea Pierre Daum, "Marruecos petrificado por su rey", Le Monde diplomatique, octubre de 2016.

(13) Mohammed Benmoussa, "Lectura sociopolítica y económica de la ley de finanzas 2020", Le Desk, 27 de octubre de 2019.

(14) Lea Aboubakr Jamaï, "En Marruecos, el Rif desafía al rey", Le Monde diplomatique, julio de 2017.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Las matemáticas... ¿nos las inventamos o las descubrimos? Un milenario debate sin resolver

¿Un invento o un descubrimiento? 

Hay un misterio en el corazón de nuestro Universo. Un rompecabezas que, hasta ahora, nadie ha podido resolver. De resolverlo, las consecuencias serían profundas.

El misterio es por qué las reglas y los patrones matemáticos parecen infiltrarse en casi todo el mundo que nos rodea. De hecho, hay quienes describen las matemáticas como el lenguaje subyacente del Universo.

¿Significa eso que es algo que simplemente hemos ido descubriendo? ¿O es algo que hemos ido inventando, como cualquier lenguaje?

Nos hemos hecho esa pregunta durante miles de años y aún no hemos podido ponernos de acuerdo.

Porque las matemáticas apuntalan casi todo en nuestro mundo moderno, desde computadoras y teléfonos móviles hasta nuestra comprensión de la biología humana y nuestro lugar en el Universo.

Es por eso que los grandes pensadores de la historia han tratado de explicar los orígenes del extraordinario poder de las matemáticas.

Los números
El mundo moderno no existiría sin las matemáticas. Se esconde detrás de casi todo lo que nos rodea e influye sutilmente casi todo lo que ahora hacemos.

Y, sin embargo, es invisible. Intangible.
Entonces, ¿de dónde vienen las matemáticas? ¿Dónde viven los números?

A menudo pensamos en los números como algo atado a objetos, como el número de dedos en una mano o el número de pétalos en una flor.
 
Flor con 5 pétalos.

Fuente de la imagen,Getty Images

Esta flor tiene 5 pétalos. Si le quitas 2, quedarán solo 3 (y se verá menos bonita).

Los pétalos ya no estarán, pero el número 2 seguirá existiendo.

Eso es algo que no puedes decir de todo: si los lápices nunca se hubieran inventado, la idea de un lápiz no existiría.

Puedes destruir el objeto físico, quemarlo hasta que sólo queden cenizas, pero no puedes destruir la idea de los números.

En todas las culturas del mundo, todos estamos de acuerdo sobre el concepto de 4, así lo llames cuatro, four, quatre, vier, o escribas el símbolo de otra manera.

4
 
Pie de foto,
No importa cómo lo llames o cual símbolo uses para escribirlo, el concepto del 4 es universal.

El mundo platónico de los números
¿Habrá entonces algún mundo mágico paralelo en el que viven todas las matemáticas? ¿Un lugar en el que están las verdades fundamentales que nos ayudan a comprender las reglas de la ciencia?

O, ¿será todo producto de nuestra imaginación e intelecto?

"Es demasiado extraordinario pensar que las verdades matemáticas son producto enteramente de nuestras convenciones en la mente humana... Yo no creo que seamos tan inventivos", opina Eleanor Knox, doctora en Filosofía de la Física de King's College London, Reino Unido.

"A veces parece que las matemáticas se descubren, especialmente cuando el trabajo va muy bien y sientes como si las ecuaciones te estuvieran impulsando", señala Brian Greene, profesor de Física y Matemáticas de la Universidad de Columbia, EE.UU.

"Pero luego das un paso atrás y te das cuenta de que es el cerebro humano el que impone estas ideas y estos patrones en el mundo y, desde esa perspectiva, parece que las matemáticas son algo que viene de nosotros", agrega Greene.

"El número cinco se llama fem en sueco, mi lengua materna", dice Max Tegmark, profesor de Física y Matemáticas en MIT, EE.UU.

"Esa parte la inventamos, el bagaje, la descripción, el lenguaje de las matemáticas. Pero la estructura en sí misma, como el número 5 y el hecho de que es 2 + 3, esa es la parte que descubrimos", explica el experto sueco.

El problema es que tanto quienes creen que las matemáticas fueron descubiertas como quienes piensan que son inventadas tienen argumentos muy persuasivos.

Tanto que seguramente esta serie te hará cambiar de opinión una y otra vez.

Para darte una prueba, empecemos con unas de muestras más sencillas de quienes dicen: "Las matemáticas están a nuestro alrededor. Solo necesitas saber dónde mirar para descubrirlas".

El ingenio del nautilino




Nautilo

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Pie de foto,Se les considera fósiles vivientes... llevan siglos asombrándonos.




De todas las estructuras que encuentras en la naturaleza, una de las más bellas es la concha de los nautilinos.

La criatura que vive adentro crea todas estas formas, y salta de una cámara a otra a medida que crece.

Es asombroso cómo ese pequeño ser puede crear algo tan extraordinario e increíblemente complejo.

Además, tiene un patrón oculto, que puedes revelar tomando tres pares de medidas de las cámaras.

Elijes un ángulo y mides la cámara interior, y luego una segunda medición hasta el borde exterior.

Midiendo las cámaras de la concha de nautilo 


Midiendo las cámaras de la concha de nautilo
Pie de foto,


La primera media está en rojo y las segunda empieza en el mismo lugar, pero llega más lejos. Tras hacer eso tres veces en tres ángulos diferentes tendrás tres pares de números que, a primera vista, parecen aleatorios.

En este caso:

14,5 / 46,7

23,9 / 77,6

307 / 995

Pero las apariencias pueden ser engañosas, porque si tomas cada uno de estos pares de números y divides uno por otro, comienza a emerger un patrón muy claro.

46,7 dividido 14,5 = 3,2

77,6 dividido 23,9 = 3,2

995 dividido 307 = 3,2

No importa dónde midas la concha, la proporción del ancho de las cámaras termina siendo constante.

Cada vez que el nautilino hace un giro completo, termina sentado en una cámara que tiene aproximadamente 3,2 veces el ancho del giro anterior.

Y al repetir esta simple regla matemática, puede crear esa concha en espiral bellamente intrincada.

Concha de nautilinosFuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

La hermosa concha del nautilinos con su espiral logarítmica es la imagen clásica usada para ilustrar el desarrollo del cálculo.

Concha de nautilinos

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Pie de foto,La hermosa concha del nautilinos con su espiral logarítmica es la imagen clásica usada para ilustrar el desarrollo del cálculo.

La crucial teoría matemática que enfrentó a dos titanes del siglo XVII: Isaac Newton y Gottfried Leibniz

Los pétalos de las flores

El nautilino no es el único ser vivo que tiene un patrón matemático oculto en su interior.

Si alguna vez has contado los pétalos de una flor, es posible que hayas notado algo inusual.

Unas tienen 3 pétalos. Otras, 5. Algunas, 8. Hay de 13 pétalos. Pero rara vez tienen los números intermedios (4, 6, 7, 9, 10, 11 o 12).

Flores

Flores

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En los pétalos de las flores puedes encontrar la sucesión de Fibonacci, que comienza con 0, 1, 1​ y a partir de estos, cada número es la suma de los dos anteriores. La sucesión tiene numerosas aplicaciones en ciencias de la computación, matemática y teoría de juegos.

Estos números surgen una y otra vez. Parecen aleatorios, pero todos son parte de lo que se llama la secuencia o sucesión de Fibonacci, en nombre del matemático italiano del siglo XIII que la describió en Europa.

Comienzas con los números 1 y 1, y desde ese punto, sigues sumando los dos últimos números.

Así que...

1 + 1 = 2

1 + 2 = 3

2 + 3 = 5

3 + 5 = 8

... y así sucesivamente.

Al observar la cantidad de pétalos en una flor, descubres que siguen la sucesión de Fibonacci. Lo mismo sucede en muchas configuraciones biológicas, como las ramas de los árboles y las hojas en los tallos, entre otras.

Y eso no es todo.

Si te fijas en el centro de un girasol, verás que las semillas están dispuestas en forma de espiral. Cuenta el número de espirales en una dirección y, a menudo, encontrarás un número de Fibonacci.

Si luego cuentas las espirales que van en la dirección opuesta, encontrarás un número de Fibonacci adyacente.

¿Por qué las plantas hacen eso? Pues resulta que es la mejor manera en la que la flor puede organizar sus semillas para evitar que se dañen.

girasol 

girasol
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Las semillas empacadas en espiral.

Esas reglas matemáticas simples y gloriosas que se encuentran escondidas en la naturaleza no parecen una coincidencia.

Una vez que detectas este tipo de patrones matemáticos, sientes que los descubriste, no que te los inventaste.

Es como si las matemáticas estuvieran ahí esperando que las encuentres.

No obstante...

Durante siglos, se pensó que el lenguaje de las matemáticas era fijo e inalterable, hasta que se hizo evidente que faltaba algo:

0

0

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El cero.

¿Qué es exactamente cero?

Un cero significa nada. Si tienes cero de algo, tienes nada.

Por qué, científicamente, nada es imposible

El 0 es un concepto extraño; es como si la ausencia se convirtiera en algo.

¿Se trata de un número o una idea? ¿Y cómo puede algo sin valor tener tanto poder?

El 0 vs. los romanos

Restos de un barco antiguo con números romanos.




Restos de un barco antiguo con números romanos.

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Restos de un barco antiguo con números romanos.

Aunque siempre hemos entendido el concepto de no tener nada, el concepto de cero es relativamente nuevo.

Usábamos números, podíamos contar pero antes del siglo VII el cero no existía.

Occidente ya tenía un sistema numérico: los números romanos.

Funcionaban bien, aunque eran algo difíciles de manejar

No se sabe si el 0 se originó en China o India pero fue en la última donde se comenzó a aceptar como un número adecuado.

El manuscrito de Bakhshali: el descubrimiento que muestra que el cero tiene 500 años más de lo que se pensaba 


Bakhshali manuscript

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Esta es una página del manuscrito indio de Bakhshali de alrededor de 225 d.C., que muestra los puntos sobre los caracteres que representan 0. Este es el primer uso conocido del símbolo cero.

Durante casi 1.000 años, los matemáticos indios trabajaron felices con números indo-arábigos, mientras que sus homólogos occidentales continuaron con los números romanos, hasta que el matemático Fibonacci reconoció su potencial.

Al-Juarismi, el erudito persa que introdujo los números a Occidente y nos salvó de tener que multiplicar CXXIII por XI

Había sido educado en el norte de África, conocía la obra del erudito persa Al-Juarismi, por lo que había visto de primera mano cuán bien funcionaba ese sistema de números.

Es por eso que alertó a Europa occidental de la existencia del sistema indo-arábigo y defendió el 0.

Ese nuevo número era el que más cambios introducía.

En números romanos, por ejemplo, 1958 se escribe: MCMLVIII.

No importa dónde la coloques, la letra C siempre representa el número 100.

El 0 era diferente. Su posición podía cambiar los valores de los números a su alrededor. Piensa en la diferencia entre 11 y 101.

El 0 te permite escribir más números y manipularlos mucho más rápida y fácilmente.

Robot con código binario atrás

Robot con código binario atrás

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Fue inventado y resultó tremendamente útil: toda la tecnología moderna está literalmente construida sobre 1s y 0s.

Ahora: el 0 no lo descubrimos, lo creamos como parte del lenguaje para describir números.

Eso hace que las matemáticas se sientan como algo que hemos ideado. Necesitábamos un sistema numérico más fácil de usar así que a alguien se le ocurrió la brillante idea del cero.

Es una evidencia intrigante de que las matemáticas podrían ser inventadas, un producto de nuestro intelecto e imaginación.

Y no es la única, por supuesto, así como hay muchas más que apoyan el argumento de que las matemáticas ya existen y las vamos descubriendo.

¿Qué piensas tú?

https://www.bbc.com/mundo/noticias-45955552

Hannah Fry, matemática