martes, 3 de marzo de 2026

Entrevista a la activista ecofeminista Yayo Herrero «Hay una burbuja cultural que nos hace pensar que podemos explotar la tierra de forma ilimitada»



Fuentes: El diario [Foto: La autora Yayo Herrero. Marta Jara]



La referente ecofeminista sostiene en su nuevo libro que “desmantelar pieza a pieza el monopolio de la verdad” es una de las tareas indispensables para hacerle frente a las emergencias del presente

Metamorfosis - Arcadia
Una cultura escapista. Unos seres que sueñan con no ser animales, no ser mortales, no ser terrestres, y con vivir flotando eternamente por encima y por fuera de los límites físicos. Es parte del retrato que Yayo Herrero (1965), referente ecofeminista, antropóloga e ingeniera técnica agrícola, realiza del pensamiento occidental en su nuevo ensayo Metamorfosis: Una revolución antropológica (Arcadia). Una forma de ver el mundo que nos está convirtiendo, señala, en “colaboracionistas con un proyecto de autodestrucción propia y de otros”.

“¿Qué es lo que hace que nuestro conocimiento no haya servido, no sirva, para ponernos a salvo? ¿Cómo es posible que una sociedad tan orgullosa de sí misma haya construido una forma de vivir en común que destruye lo que la mantiene viva?” se pregunta para proceder a sumar en la tarea ―colectiva― de dibujar un camino que nos ayude a volver a ser terrestres.

Una de las preguntas que lanza en el libro es: “¿Cómo es posible que una sociedad no reaccione ante una amenaza que sabe que existe?” ¿Cómo es posible?

El motivo, desde mi punto de vista, es el haber constituido ―sobre todo en Occidente― una cultura que yo he llamado “del extravío”, en la que las personas no acabamos de sentirnos parte de la trama de la vida de la que formamos parte. Carecemos de una cierta “humildad de especie”. Esto va acompañado de una falta de percepción de límites y de la convicción de que nuestro propio conocimiento y la tecnología lo va a poder resolver todo. Tanto es así que confiamos más en cosas como el dinero o la tecnología que en nuestra propia capacidad para integrarnos en esta trama.

¿Cuándo empezamos a convertirnos en seres que, de forma obsesiva, anteponen el jugar a ser dioses y rechazan la vulnerabilidad?

Es algo relativamente reciente. En el ensayo me he remontado al momento en el que se escribe el libro del Génesis y al pensamiento platónico. Se empieza, entonces, a relatar la llegada de los seres humanos a la Tierra como el fruto de un castigo, de un exilio. A partir de ahí, vamos creando una cultura, me refiero a la occidental, en donde el cuidado de la vida ha ido cayendo en un lugar de invisibilidad para sostener una fantasía de individualidad. La cultura patriarcal, desde mi punto de vista, es eso.

Hemos terminado mirando la Tierra y los cuidados desde la exterioridad, la superioridad, la instrumentalidad. Yo creo que una cultura que establece relaciones de control, de dominio y que ejerce violencia sobre aquello que le sostiene, es una cultura condenada antes o después al suicidio. Violentar lo que te sostiene es una muestra, creo yo, de poca inteligencia.

“Vivimos en una especie de burbuja cultural que nos hace pensar que podemos explotar la tierra de forma ilimitada, pese a que no es así, y donde las personas se sienten como seres individuales e independientes, pese a que no lo son”

Defiende que el sistema socioeconómico actual se podría explicar como una especie de “religión civil” basada en el sacrificio de la vida. ¿Cree que vivimos en una especie de fantasía, de delirio?

Desde mi punto de vista, sí. Ya en su momento Karl Polanyi decía que el capitalismo constituía una especie de fundamentalismo religioso que se sostiene sobre esa lógica del sacrificio. Nos hace pensar que todo merece ser sacrificado con tal de que la economía crezca. Vivimos en una especie de burbuja cultural que nos hace pensar que podemos explotar la tierra de forma ilimitada, pese a que no es así. Dentro de esta burbuja, además, las personas se sienten como seres individuales e independientes, pese a que no lo son.

La ciencia occidental se ha vendido a sí misma como la más elevada. ¿Qué críticas hace el pensamiento ecofeminista a esto?

La mayoría de autoras ecofeministas coincidimos en esa crítica a cómo se ha configurado el modelo de ciencia occidental. La crítica es a lo que hemos denominado “modernidad triunfante”. Es decir, el pensamiento moderno que triunfó al hacerse hegemónico y plasmarse en una buena parte de las aplicaciones tecnocientíficas o incluso las ciencias sociales. Esa “modernidad triunfante” imaginó el mundo y la naturaleza como inerte, y solamente imaginándola como algo muerto desarrolló la capacidad y la tecnología suficiente para matarla.

La mirada alternativa sugiere que nos haría falta una cierta humildad no solo de especie, sino también epistémica, que sirva para reconocer que muchos de los dibujos que hemos hecho de la realidad no describen la realidad misma, y que hay, además, otras formas de comprender el mundo extremadamente valiosas. Conocimientos que han resultado ser, en el extremo, tremendamente acertados. Estoy pensando, por ejemplo, en los conocimientos sobre la complejidad ecosistémica de muchos pueblos originarios.

“Creo que se está generando una percepción en una parte importante de la sociedad de una cierta ineficiencia de los progresismos para resolver problemas estructurales”

Explica que construir cualquier cosa exige saber y reconocer dónde estamos. ¿Cómo de importante es dejarse atravesar por el dolor que provoca el presente?

Reconocer la realidad de la que formamos parte es absolutamente esencial para poder cambiarla. No hay forma de poder atajar un momento de enfermedad, de desamor, sin reconocer la causa estructural, fundamental, que lo origina. Con esto no quiero decir que tengamos que ser seres dolientes: todo lo contrario. De hecho, yo soy una persona bastante disfrutona. Pero si el punto de partida es uno fantasioso, edulcorado, que elude cuáles son los grandes conflictos estructurales, resulta que las alternativas que acabaremos diseñando se podrán convertir también en monstruosas. Lejos de resolver los problemas, podrán llegar a incrementarlos.

Denuncia que las izquierdas no están asumiendo la transformación colosal que se necesita para afrontar retos como la crisis ecosocial.

En general, y sin dejar de reconocer el trabajo de políticos como Pablo Bustinduy o Sira Rego, creo que no la están asumiendo. En parte, creo que tiene que ver con que se ha interiorizado que las personas organizadas no vamos a ser capaces de generar proyectos políticos que acaben siendo emancipadores y de ponerle freno a la destrucción. No, al menos, sin hacer enormes concesiones (discursivas, políticas, económicas). Ahí hay un problema, porque creo que se está generando una percepción en una parte importante de la sociedad de una cierta ineficiencia de los progresismos para resolver problemas estructurales.

La política institucional ha hecho un esfuerzo enorme por disputar el relato. Sin embargo, creo que es imposible que las instituciones hagan los cambios necesarios para sostener vidas dignas y atajar la crisis ecológica si no hay una cierta masa crítica organizada que desee y esté activa para lograr esos cambios. En este sentido vamos a tener que pensar en cómo organizarnos ante instrumentos represivos que crecen en todos los lugares, como la Ley Mordaza.

¿La gente intuye que las soluciones a la policrisis que estamos atravesando no pueden ser tan simples?

Esto lo hemos apreciado en los procesos participativos del Foro de Transiciones, en donde reunimos a personas heterogéneas y que, en general, no forman parte del movimiento ecologista. La mayoría es muy consciente de que nos encontramos ante una situación de crisis profundísima. Cuando intentan aterrizarlo en sus realidades cotidianas, hablan de dolor, de miedo, de precariedad, de rabia… Hay muchas personas, sobre todo empobrecidas, que cuando les vienen a contar que es posible resolver estos problemas con algunos retoques, se muestran incrédulas, y a veces discursos que pretenden crear ilusión de una forma un poco simplificadora los ven incluso como ofensivos.

“Me pregunto si la República hubiera sido posible sin las misiones pedagógicas, o sin La Barraca de García Lorca”

¿Cómo podríamos ir acercándonos a ese horizonte de “metamorfosis antropológica”?

Con el concepto de “metamorfosis antropológica” lo que pretendo decir es que, frente a una especie de mutación distópica que estamos viviendo a la hora de atajar la crisis ecosocial, en la que se da a entender que “el único problema que hay es que sobra gente”, hay otra forma de poder abordar esto. Pero quiero dejar claro que no es una receta ni un programa electoral, sino que son una serie de objetivos que llevan sus propias metas y que podrían ser plasmados en políticas públicas.

Hablamos de la posibilidad de establecimiento de alianzas público-comunitarias como alternativa a las público-privadas. También es crucial la realización de un trabajo educativo. Hablo de esa educación que protagonizó el movimiento obrero o cualquier lucha política para salir adelante. Me pregunto si la República, por ejemplo, hubiera sido posible sin las misiones pedagógicas o sin La Barraca de García Lorca. Son procesos clave para aprender cosas como que somos seres sujetos a los límites físicos del planeta y capaces de cuidarnos. O que podemos construir economías que no tengan como principal prioridad la acumulación, sino la vida. Creo que el trabajo por debajo de disputa de hegemonía es crucial.

Hay quien repite que el control, el dominio, la violencia es inherente al ser humano y a cualquier forma de organización social compleja. ¿Esto es así?

Si hay una disciplina de conocimiento que esté en un momento de profunda revolución esa es la arqueología, y lo que muestra es que, lejos de venir de un pasado simplificado de “salvajismo y barbarie” y llegar a un futuro “esplendoroso” de progreso, en el pasado también hubo culturas que fueron extremadamente complejas.

Estamos hablando de ciudades de decenas de miles de habitantes en donde la evidencia permite decir que fueron sociedades sumamente organizadas, bien conectadas con el territorio en el que se insertaban, con fórmulas económicas diversas y complejas, y en las que no se aprecia una gran evidencia de desigualdad social y de jerarquía, ni tampoco hay rastro de violencia. Ello muestra que no solo funcionamos a partir de la violencia, del sometimiento y del control, sino también de la cooperación, del apoyo mutuo y de la simbiosis. 

lunes, 2 de marzo de 2026

Gracia Jiménez: “Bastantes prácticas educativas se mantienen contra las evidencias científicas"


La vicedecana de la Facultad de Educación de Granada es una las impulsoras del Manifiesto por una Educación Informada por la Evidencia, suscrito hasta ahora por 86 investigadores procedentes de diversas disciplinas.
   
Gracia Jiménez (Maracena, Granada, 47 años) es una de las impulsoras del Manifiesto por una Educación Informada por la Evidencia. Un documento de ocho páginas, suscrito hasta ahora por 86 investigadores españoles procedentes de disciplinas diversas ―sociología, economía, psicología, neurociencia, lingüística y ciencia política, entre otras― que presenta los principios de una corriente relativamente nueva en España. Un movimiento que reclama que las decisiones educativas, tanto de los altos responsables como las que adopta el profesorado en cada centro, tomen “en consideración la información proporcionada por la investigación científica”, porque, afirman, los objetivos educativos deben basarse en “consideraciones de tipo político, filosófico, legal y ético”; y a la hora de elegir las formas de alcanzar esos objetivos, la investigación de calidad puede “mejorar la base de información que se sopesa”. Doctora en Psicología, Jiménez es vicedecana de Innovación, Investigación y Transferencia en la Facultad de Educación de la Universidad de Granada, y está especializada en el estudio de la dislexia y otras dificultades de aprendizaje.

Pregunta. ¿En qué consiste la educación informada por la evidencia?
Respuesta. Es un concepto bastante amplio, pero su finalidad fundamental es enriquecer la toma de decisiones educativas. Los distintos componentes de la comunidad educativa necesitan tomar decisiones para conseguir unos objetivos que ya están propuestos. Y la educación informada por la evidencia pretende darles más información sobre aquello que tiene un amplio consenso científico para que puedan hacerlo de la forma más adecuada posible.

P. ¿Las decisiones que se toman en educación no lo tienen en cuenta?
R. Desafortunadamente, no todo lo necesario. Muchas veces se priorizan otros criterios, aunque cada vez se incluye más el conocimiento científico.

P. ¿Llegan al profesorado las conclusiones de las investigaciones educativas?
R. Es verdad que el profesorado no tiene el mismo acceso que tenemos los investigadores a esos resultados. La labor de los que nos dedicamos a la investigación es, por supuesto, avanzar en el conocimiento en la medida de nuestras posibilidades. Pero también tenemos la responsabilidad, casi la obligación, de facilitar los puentes para que el conocimiento científico llegue a los contextos educativos y las investigaciones tengan un impacto social.

P. A diferencia de otros campos, como la medicina, en educación con cierta frecuencia se plantea la experiencia profesional como opuesta a las conclusiones de la investigación. ¿Por qué?
R. Solo en algunas ocasiones. Pero la educación informada por la evidencia no elimina otro tipo de conocimiento. La experiencia docente es, evidentemente, muy valiosa, y se complementa perfectamente con los resultados de la investigación. Sí es cierto que hay algunas prácticas tradicionales muy enraizadas que se han mantenido sin una reflexión de su efectividad. Todos formamos parte, de alguna manera, de la comunidad educativa, y todos hemos sido alumnos y hemos recibido y observado determinadas prácticas que, si no las cuestionamos para comprobar si funcionan, si son positivas, si aportan o no, se quedan por inercia, porque se han utilizado toda la vida.

P. ¿Qué decisión educativa basada en la evidencia podría adoptarse y, sin embargo, no se ha hecho?
R. Yo trabajo en el ámbito del aprendizaje lector, donde afortunadamente tenemos mucha evidencia que nos aporta información valiosa sobre cómo hay que enseñar a leer. Y hay aspectos sobre los que existe mucho consenso que no siempre se aplican, aunque cada vez se extienden más. Por ejemplo, en ocasiones se pone el foco de manera muy temprana en el aprendizaje de la correspondencia entre la letra y los sonidos, sin haber estimulado de una manera profunda aspectos relacionados con el lenguaje oral, lo cual no es adecuado.

P. ¿Por qué?
R. Primero tenemos que estimular en ellos la conciencia fonológica. La capacidad de ver que ese flujo lingüístico que yo escucho todo seguido está compuesto por unidades más pequeñas, que pueden ser la palabra, la sílaba o el fonema. En educación infantil, los esfuerzos deberían ir dirigidos a hacer conscientes a los niños de esas unidades más pequeñas e ir adaptándose a su desarrollo evolutivo, hasta llegar a ese momento donde saben que la palabra ‘sol’ está compuesta por tres trocitos muy pequeños que son ‘s’ ‘o’ ‘l’. Y desde ahí, ver cómo podemos representar eso, cómo podemos escribirlo y leerlo.

 
La profesora y vicedecana de la Facultad de Educación de Granada, Gracia Jiménez, el 11 de abril.
P. ¿Qué otras prácticas se mantienen contra las evidencias?
R. Hay, desafortunadamente, bastantes ejemplos. Todavía se ven formaciones para el profesorado sobre inteligencias múltiples o estilos de aprendizaje, cuando hace tiempo que sabemos que no cuentan con respaldo científico. O se siguen realizando ciertas prácticas con los niños que tienen dificultades a la hora de pronunciar la erre u otros pequeños problemas de articulación fonológica, a pesar de que la evidencia ha mostrado desde hace mucho tiempo que no son efectivos; como el clásico ejercicio consistente en ponerle una vela al niño y decirle que sople con fuerza y luego débilmente. O que sople con una pajita en un vaso de agua, o en un globo…. Desde la década de los 90 o incluso antes hay estudios que han comprobado que no tienen efectividad.

P. El manifiesto advierte que hay cosas que se presentan como educación informada en la evidencia y no lo son. ¿Por ejemplo?
R. Hay muchos conceptos erróneos. Uno viene a decir que esta corriente impone determinadas metodologías sin tener en cuenta experiencias docentes ni el contexto. Como si diéramos recetas que tienen que aplicarse de manera incuestionable, cuando siempre hay que tener en cuenta que la investigación es limitada, que no hay respuestas para todo, que las conclusiones son provisionales, y que tenemos que seguir investigando y aportando evidencias. Y no sobra nadie. Tampoco las investigaciones que se hacen dentro de la escuela por los docentes. A veces se critica que usamos una metodología muy cuantitativa que no tiene en cuenta lo cualitativo; al contrario, todo tipo de investigaciones de calidad y rigurosas son bienvenidas, y por supuesto la experiencia y la opinión de los docentes, de las personas que lo van a aplicar.

P. Su corriente da especial valor a la investigación que permite establecer relaciones causales. Pero también admiten la dificultad de hacerlo en un terreno, la educación, en el que intervienen múltiples variables.
R. Cada investigación, si es de calidad, intenta tener una representación del distinto tipo de alumnado y contextos distintos. Pero por eso es necesario no tener una sola investigación, sino un cuerpo de investigaciones. Y por eso también es tan importante lo que nos dicen los metaanálisis, los estudios que recogen una cantidad importante de investigaciones y extraen conclusiones generales, más allá de la particularidad de un trabajo concreto.

P. ¿Por qué publican el manifiesto ahora?
R. En nuestro país estamos arrancando, y nos pareció interesante que desde el principio los conceptos estuvieran claros. Cuando las cosas tienen más recorrido, suele ser más difícil eliminar las malinterpretaciones.

Profesionales buenos

La Universidad de San Sebastián, en Chile, promueve la formación de profesionales buenos, no solo competentes, destacando la importancia de la ética en su desempeño laboral

Cuando pensamos en las competencias profesionales, nos solemos limitar a todas las que están relacionadas con el saber / MARTA G. BREA

Mi querida amiga María Angélica Arán Jara, excelente profesional y, si cabe, mejor persona, trabaja en la Escuela de Educación Inicial de la Universidad de San Sebastián en la hermosa ciudad chilena de Valdivia. Dicha Universidad, tiene otras tres sedes en el país andino.

La directora de la Escuela, Mariana Oyarzún Roasenda, a través de su mediación, me solicitó una conferencia con un título que a los tres nos pareció importante: Buen profesional/Profesional bueno. No siempre es igual que el adjetivo vaya delante o detrás del sustantivo. Por ejemplo, no es lo mismo decir “un griego desnudo” que “un desnudo griego” por la función sintáctica que genera la colocación de las palabras.

Cuando Angélica trabajaba en la Universidad Mayor, con sede en Santiago y en Temuco, participamos en un proyecto del Rectorado que llevaba el susodicho título, que se concretaba en la doble sigla BP/PB. Al equipo rectoral le preocupaba, y eso le honra, formar buenos profesionales (competentes, bien preparados, capaces de ejercer su oficio con acierto y eficacia). A nadie le sorprenderá esta preocupación, este objetivo fundamental. Pero también le importaba conseguir otro objetivo, que no se suele explicitar en muchas otras instituciones de educación superior: formar profesionales buenos (buenas personas, sensibles, humildes, solidarias, compasivas…). El equipo se preguntaba cómo se podía alcanzar este segundo propósito y cómo se podía saber si realmente se había conseguido.

Cuando pensamos en las competencias profesionales, nos solemos limitar a todas las que están relacionadas con el saber y con el saber hacer pero nos olvidamos muchas veces de aquellas que se relacionan con el saber ser, con la esfera de los valores. Es como si esa parcela dependiese exclusivamente de la espontánea actitud del interesado. y no de la institución formadora.

Creo que nadie puede discutir la importancia de la dimensión ética en la capacitación profesional. Si el conocimiento que se adquiere en las instituciones universitarias sirviera para cómo dominar, explotar y engañar al prójimo más nos valdría cerrarlas porque, lo que estaríamos consiguiendo en ellas es hacer más sofisticada la ley de la selva. Cuando el más fuerte dominaba al más débil teníamos un nivel de complejidad en la selva en el que algunos podían sobrevivir por su astucia, por su ingenio o por su inteligencia. Pero, cuando el que más sabe, utiliza el conocimiento que tiene en su exclusivo beneficio y en contra del prójimo, el nivel de selva se hace más complejo y pocos pueden sobrevivir en ella. Por eso me gustó tanto el lema que vi escrito en el frontispicio de una Universidad en la ciudad de Guadalajara (México): “Aquí tenemos que formar no a los mejores del mundo sino a los mejores para el mundo”.

La sociedad empeora cuando los profesionales solo miran por su enriquecimiento, cuando engañan a quienes tienen que prestar sus servicios, cuando no les respetan, cuando utilizan el conocimiento para hacer daño, cuando solo sirven a los ricos y a los poderosos, cuando. desprecian a los más necesitados, cuando no se preocupan de los problemas del mundo. La dimensión ética del ejercicio profesional tiene que ver con varias dimensiones del ser y del quehacer en el oficio, unas afectan a los destinatarios del trabajo de ese profesional, otras a la institución en la que trabajan y otras, en fin, a la sociedad en general.

Cuando decimos BP/PB no nos referimos a dos dimensiones antagónicas sino complementarias. De hecho la competencia profesional es una de las más importantes exigencias de la ética. No hay ética si la persona no está bien preparada, si no sabe, si no domina el conocimiento específico de su oficio. En el libro “Lo siento mucho”, el médico portugués Nuno Lobo Antunes cuenta la historia de un médico que acompañó a un enfermo de cáncer (si no recuerdo mal, un niño, porque desarrollaba su trabajo en oncología infantil) que tenía dolores muy fuertes. Cuando él acudió por la mañana a ver al paciente y analizó la situación pudo comprobar que la falta de conocimientos del médico era la causa de que el paciente no hubiera evitado los dolores. Y por eso hizo la siguiente observación:

Admiro y elogio su generosidad al haber acompañado al paciente toda la noche, pero hubiera preferido que fuera más competente.

La relación que establecemos con las personas en el ejercicio profesional debe estar presidida por el respeto. Todas las personas, por el hecho de serlo, tienen una dignidad que les debemos reconocer todos los demás, según sostiene José Antonio Marina en un interesante libro titulado ”Ética para náufragos”. Esa es la base y el fundamento de la ética.

La contribución que hacemos a la mejora de la sociedad, tiene que estar presidida por la honradez. Ya sé que tenemos que vivir del trabajo que desempeñamos pero, una cosa es vivir del trabajo y otra ponerlo solo a disposición de quienes tienen la condición de ricos que pueden pagar cantidades elevadas de dinero. El respeto a los valores que ha de regir las relaciones en una sociedad democrática exige a los profesionales poner sus servicios al alcance de quienes lo necesitan.

Si este planteamiento tiene sentido en la formación de cualquier tipo de profesionales, lo es más en la formación del profesorado porque el profesional de la educación trabaja directamente con el conocimiento y con los valores.

No basta con conocer el código deontológico de la profesión, hay que respetarlo, hay que cumplirlo. Con integridad y cuidado. También resulta necesario que la ciudadanía conozca ese código para poder exigir su cumplimiento a los profesionales.

Hay una cuestión importante que nos planteamos cuando iniciamos aquel interesante proyecto que formulábamos con las siglas BP/PB: está claro que consideramos importante la pretensión de formar profesionales buenos y no solo buenos profesionales. Y nos hacíamos las siguientes preguntas: ¿cómo se alcanza esa pretensión, cómo se consigue ese objetivo, cómo puede ser evaluado?

En primer lugar he de decir que no se trata de un objetivo del que dirige una institución o de una persona obsesionada por este decisivo empeño sino de todo el equipo docente. No hay alumno que se resista a diez profesores que estén de acuerdo. El problema reside en que la pretensión sea de una sola persona o un pequeño grupo de personas, quedando los demás al margen o, lo que es peor, echando por tierra la idea como si se tratase de una quimera, una nimiedad o una estupidez.

En segundo lugar, es muy importante que el equipo de docentes encarne en sus propios comportamientos la pretensión que plantean en la formación de sus estudiantes. Decía Emerson: El ruido de lo que somos llega a los oídos de nuestros alumnos y alumnas con tanta fuerza que les impide oír lo que decimos. No hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo. Albert Bandura describe lo explica muy bien cuando describe el aprendizaje vicario.

En tercer lugar, además del carácter transversal del objetivo, creo que debería existir en el currículum una materia en la que se reflexionase con rigor y el apoyo de textos de autores y autoras relevantes sobre estas cuestiones. Disciplina de la que se harían cargo profesionales de prestigio. De lo contrario será fácil que esa materia se convierta en lo que se ha llamado “una maría”.

Acabo de conocer, a través de un artículo de José María Torralba, titulado “Tenemos que ser capaces de convivir, incluso pensando distinto”, una interesante experiencia universitaria. Se trata de la organización de seminarios para leer y debatir a los clásicos (también a otros autores modernos) y de promover debates para aprender a pensar y a convivir.

Por coherencia con lo que estoy planteando defiendo que la institución debería estar atenta a comportamientos que no tengan en cuenta las exigencias de la ética.

Fue un placer plantear a los estudiantes de las cuatro sedes de la Universidad de San Sebastián algunas ideas, algunas preocupaciones y algunas propuestas sobre esta decisiva cuestión: sin ética no se puede ser un buen profesional de la educación.

Victoria Camps, en su reciente libro “La sociedad de la desconfianza” (2025), dice: “La reflexión sobre la ética siempre ha acabado llevándome a la educación, no solo a mí, sino a cuantos se plantean el porqué de la crisis permanente de valores". Esta misma autora escribió en 2008 un interesante libro titulado “Creer en la educación”. Yo soy alguien que cree a pie juntillas en esa tarea decisiva y en los profesionales que se dedican a ella o se forman para ejercerla. Deberían ser profesionales buenos, profesionales de la ética. 

domingo, 1 de marzo de 2026

Niñas con altas capacidades pero que no encajan: las invisibles de la inteligencia

Ocultan sus talentos tratando de encajar en un molde normalizado y pasan inadvertidas hasta la edad adulta. Pero no ser lo que una es pasa factura a la mente y al cuerpo

Cuando pensamos en personas con altas capacidades intelectuales, ¿qué nombres nos vienen a la cabeza? Einstein, Hawking, Da Vinci, Gates… La lista suele estar poblada casi exclusivamente por hombres. Sin embargo, a lo largo de la historia han existido miles de mujeres con un potencial intelectual extraordinario. El problema es que, demasiadas veces, permanecieron en la sombra o, incluso habiendo sido portadoras de un Nobel, son desconocidas para la mayoría de nosotros. Solo en el ámbito de la ciencia hay 17 mujeres que han recibido este premio y, aun así, muchos apenas podríamos nombrar a dos o tres de ellas. Javier Tourón y Steven Pfeiffer definen las altas capacidades como “un conjunto de características cognitivas, motivacionales, creativas y personales que, en interacción con el entorno, permiten un rendimiento superior o un potencial excepcional”. Según el criterio que se utiliza, entre un 10% y un 15% de la población tiene altas capacidades, y aproximadamente un 2% pertenece al grupo de los superdotados.

La invisibilidad de las mujeres con altas capacidades no es casual. Desde niñas, muchas aprendieron a ocultar su talento para encajar, evitando destacar en el aula para no ser etiquetadas como sabelotodo. En ellas, el deseo de pertenencia y aceptación es mucho más fuerte, llegando a bajar intencionadamente sus resultados académicos e incluso ocultando sus verdaderos intereses para fingir que son los de la mayoría. Por otra parte, se tiende a asociar altas capacidades con rendimiento brillante en áreas masculinizadas —como las matemáticas o las ciencias—, mientras que las niñas pueden destacar en ámbitos creativos, sociales o lingüísticos, que se valoran menos.

Mientras los niños superdotados son vistos con curiosidad, envidia o incluso con admiración, a las niñas se les ha exigido históricamente discreción, simpatía y conformidad. El resultado: muchas pasan inadvertidas hasta la edad adulta, cuando descubren, por fin, que lo que les hacía sentirse “raras” era, en realidad, un potencial extraordinario y una sensibilidad infinita.

En consulta lo vemos con frecuencia: la mayoría de las mujeres que llegan a evaluarse lo hacen porque alguno de sus hijos ha sido previamente identificado con altas capacidades. Al observar los paralelismos entre lo que le ocurre a su hijo y lo que ellas mismas han sentido toda la vida, deciden dar el paso.

No son pocas las que, al recibir el informe, rompen a llorar al encontrar al fin respuestas a tantos años de interrogantes, soledades e incomprensión. Al llegar a la adultez, buscan entender su historia, ponerle nombre a su diferencia y resignificarla. Además, al estar más implicadas habitualmente en la educación y el seguimiento escolar de sus hijos, suelen ser ellas quienes acompañan los procesos de detección infantil, lo que facilita esa toma de conciencia personal. En definitiva, buscando respuestas para comprender a sus hijos, resucitan también esa parte de sí mismas que habían arrastrado, con más pena que gloria, durante toda su vida.

Hoy sabemos que ellas enfrentan un doble reto: por un lado, la falta de identificación temprana en la escuela —un patrón que afortunadamente comienza a cambiar—, y por otro, los mandatos sociales que las empujan a esconder sus logros. La mayoría de las niñas son detectadas mucho más tarde de lo que sería deseable porque se portan bien y no siempre muestran resultados académicos extraordinarios, por lo que pasan inadvertidas. Parecen encajar en una aparente normalidad hasta que muchas empiezan a desarrollar sintomatología psicosomática —dolores de cabeza, de estómago, problemas de piel sin causa médica—, fruto de la falta de estímulo intelectual en el aula o del enorme esfuerzo que hacen cada día para encajar con sus pares. Sin embargo, este malestar rara vez se expresa de forma explícita, como sí suele suceder en el caso de muchos varones, que lo manifiestan a través de conductas disruptivas, rechazo a la autoridad, distracción en clase o exceso de movimiento. Eso impulsa a las familias a buscar ayuda antes en los niños que en las niñas.

El desafío ahora es detectarlas a tiempo y ayudarlas a no conformarse ni tratar de encajar en un molde que no es el suyo; acompañarlas a construir —o, en no pocos casos, reconstruir— una autoestima dañada a fuerza de negarse a sí mismas. Muchas adultas se preguntan: “¿Para qué quiero saberlo ahora?”. Y nuestra respuesta es clara: para que resignifiquen su historia desde el autoconocimiento; para que liberen culpas; para que entiendan los motivos de su hiperexigencia, de su perfeccionismo, de su necesidad constante de estímulo intelectual. En definitiva, para una mujer adulta, la evaluación no es un punto final, sino el inicio de un proceso de integración personal: comprenderse, sanar heridas, abrir caminos y, sobre todo, permitirse ser sin pedir disculpas.

Por qué hablamos

sábado, 28 de febrero de 2026

Qué es "futtitinni", la filosofía de los sicilianos para que la vida sea más liviana

El actor con un tablero en el que está escrita la palabra 'futtitinni'
Pie de foto,El actor Giusseppe Capodicasa enseñando una expresión que vale la pena aprende

"En Sicilia tenemos una palabra mágica con un sabor propio: Futtitini", cuenta el actor italiano Giusepppe Capodicasa en un video de BBC Reel. 


 "No es una mala palabra, es una bendición", declara.

Recordemos que en Sicilia se habla italiano como en el resto de Italia, pero suena distinto porque detrás hay siglos de historia trenzada en la lengua.

Antes de que el italiano se adoptara como la voz común del país, los sicilianos ya hablaban el siciliano, una lengua romance marcada por las sucesivas conquistas y dominaciones de la isla: griegos, árabes, normandos, españoles... cada uno dejó alguna huella en el acento y en las palabras.

Cuando el italiano estándar empezó a imponerse en el siglo XIX, no borró esa base, sino que se mezcló con ella.

Por eso, aunque alguien como Capodicasa, quien se identifica "100% siciliano", habla italiano, se notan tonos, giros y palabras que vienen de esa mezcla antigua.

Futtitinni es una de esas palabras.

Una que, según Capodicasa, encierra "una filosofía de vida, una forma de concebir nuestra existencia".

"Futtitinni... cuán hermoso suena", dice el filósofo siciliano Pietro Briguglio, pronunciando la palabra gustosamente.

"Cuando la dices, descargas un peso que tenías y quedas ligero".

El término está muy presente en el lenguage común pues "se presta a ser usado en muchas situaciones", afirma Briguglio.

Podría entenderse como "no te preocupes demasiado", "déjalo pasar", y su sentido se mueve entre "no te amargues", "no te enredes" -o el mexicano "no te claves", el colombiano "no te compliques", el caribeño "no te calientes la cabeza" o el sureño "no te hagas drama".

Pero según Capodicasa, "es más matizado, más elegante".

¿Elegante?

La raíz de futtitinni es el verbo siciliano futtíri, que no es particularmente elegante: es una manera vulgar de decir "copular".

Proviene del latín futūere, que en español evolucionó como 'follar', esa forma coloquial para hablar de las relaciones sexuales que aún se escucha en España.

Decoración con baldosas, y floreros repletos de limones y naranjas sicilianas

Decoración con baldosas, y floreros repletos de limones y naranjas sicilianas

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
Una expresión tan típica como sus cítricos y baldosas.

En siciliano, así como ocurrió en muchas lenguas romances con verbos de origen sexual, futtíri se ha amplió a significados figurados como engañar, fastidiar, robar o tomarse libertades, dependiendo del contexto.

De ahí que futtitinni tenga un matiz entre despreocupado y un poco irreverente, algo así como "que te importe un carajo", pero con ese tono siciliano que lo vuelve más filosófico que agresivo.

Y es que no se trata de que nada importa, ni de eludir problemas o responsabilidades, ni siquiera de resignación.

"Futtitinni no es superficialidad", aclara Capodicasa. "Es la capacidad de atravesar las situaciones de la vida con conciencia y ligereza".

En ocasiones, llama a desprenderse de lo inmutable y seguir viviendo plenamente, como explica el sitio web Entendiendo a Italia.

En esos casos, sirve para para consolar un amigo ante una decepción, para sobrellevar un revés económico, o simplemente para poner en perspectiva un incidente cotidiano.

Es además una herramienta existencial, que sirve para separar lo esencial de lo superfluo, para no cargar con cada contrariedad, y priorizar lo que de verdad importa.

Futtitinni encierra una modo de enfrentar la adversidad con ligereza, dignidad e incluso humor... un sentido que los sicilianos tienen muy desarrollado.

Como notó el político y escritor romano Cicerón, ya en el siglo I a. C., los sicilianos eran "una raza inteligente, pero desconfiada y dotada de un maravilloso sentido del humor".

"Por terrible que sea una situación, los sicilianos siempre tienen un comentario ingenioso que hacer al respecto", añadió.

Esa cualidad los ha acompañado a lo largo de sus 3.000 años de historia, a menudo difíciles de sobrellevar.

Solo adoptando una actitud reflexiva, observa Il Italoamericano, pudieron superar la constante tentación de convertirse en figuras trágicas.

Esa actitud se expresa en esa exhortación que los sicilianos usan cuando las cosas se vuelven demasiado abrumadoras: futtitinni.

Y, aunque la palabra existe en dialecto siciliano desde hace generaciones, en los últimos años ha tenido un resurgir notable.

Competiciones de memes, camisetas con la inscripción "Futtitinni", artículos y blogs que rescatan su significado como "pedagogía de lo esencial".

Futtitini, una revolución

Imagen de mujer con problemas mecánicos del auto

Imagen de mujer con problemas mecánicos del auto

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Desesperante... pero futtitinni.
Desesperante... pero futtitinni.

Futtitini "no es superficialidad, sino el arte del discernimiento", señala Francesco Mazzarella en la revista Paese.

Aclara que ese arte del discernimiento es el "que distingue entre lo urgente y lo ruidoso, entre lo que nos edifica y lo que nos consume".

Explica que cuando un siciliano dice futtitinni, a menudo está diciendo:

"No dejes entrar en tu corazón aquello que no merece habitar allí".

"No le des poder a quien quiere quitarte el aliento".

Para Mazzarella, el tradicional término no sólo no ha perdido relevancia sino que, en esta época en la que todo exige atención, y "cada opinión se convierte en guerra, cada imperfección en fracaso (...), futtitinni se ha convertido en revolución".

Invita a practicar "el buen desapego", a despreocuparse por lo periferal y centrarse en lo realmente importante.

"¿Tu pareja te dejó?... quizás no era la ideal. ¿Perdiste tu trabajo?... tómatelo como un nuevo comienzo", ejemplifica Capodicasa.

"Hay quienes hacen yoga, meditación, respiran con el diafragma. Hay quienes van a India a encontrarse a sí mismos", dice Capodicasa.

"En Sicilia hacemos todo esto con una sola palabra.

"Se dice que un viejo sabio, mientras explicaba las leyes de la filosofía siciliana a un joven discípulo, en cierto momento se detuvo, lo miró a los ojos y le dijo:

"Hijo, si no puedes cambiar lo que te hace sufrir, entonces futtitinni".

Quizás ese sabio, al pronunciar la palabra, hizo el gesto típico que suele acompañarla para enfatizar: levantando la mano de abajo hacia arriba, como arrojando las preocupaciones al aire.

La intención es distender, dejar de enfocarse en lo negativo.

"La vida te estresa... tómatela con calma.

"Atascado en el tráfico... Paciencia"... 

Pollo barato, sencillo y popular: dónde comer ‘frango’, el icónico pollo portugués que combate la gentrificación en Lisboa


Un trabajador a los mandos de la parrilla de Tropical de Graça, famosa churrasquería de Lisboa. Foto proporcionada por el establecimient

El jugoso plato es un emblema culinario de la gastronomía lisboeta y estos son los establecimientos más auténticos para probarlo.

Es difícil no sentir un flechazo por Lisboa y su gastronomía: bacalao en todas sus formas, mariscos del Atlántico y los omnipresentes pasteles de nata. Sin embargo, como en todas las buenas historias de amor, uno acaba sucumbiendo a los placeres sencillos. Si hay un plato con el que darse el sí quiero de por vida es el frango no churrasco. Pollo jugoso por dentro, crujiente por fuera y con un aroma que se te hará la boca agua.

Injustamente, el pollo es uno de esos platos denostados que a priori uno no se anima a pedir en un restaurante. Sin embargo, para los portugueses es toda una institución. La buena noticia es que, si le das una oportunidad, para ti también puede convertirse en un viaje de no retorno. De puertas para adentro, acudir a las churrasquerías es una práctica semanal bastante extendida entre nuestros vecinos lusos. Hay a quien le gusta embadurnarlo en piri-piri, la famosa salsa picante que se popularizó en la cocina portuguesa a través de las antiguas colonias africanas; mojar el pan hasta dejar la bandeja reluciente o deleitarse en los matices únicos que concentran los platos cocinados al carbón.

El verdadero secreto para convertir estos pollos, de menor tamaño que los españoles y abiertos en mariposa, en un auténtico manjar, no está en el fuego, está en el marinado previo: una mezcla de ajo, limón, vino y hierbas que ningún restaurante se presta a desvelar. Frente a la conquista de franquicias y locales pensados para el turista en una ciudad en expansión, algunos locales mantienen sus brasas vivas para alimentar a sus comensales con algo tan simple y a la vez tan exquisito.

1.Frangasqueira Nacional
Es un espacio minúsculo, con luz tenue y acogedor, en el que es imprescindible reservar y llevar dinero en efectivo. Antes de hincarle el diente al pollo con uno de los mejores aliños que probarás en Lisboa, conviene asomarse a las vitrinas que rodean la barra. Ahí está la perdición, guarniciones deliciosas que van cambiando según los ingredientes de cada estación: arroz con morcilla y almendras tostadas; patatas à brás con puerro y zanahoria; coliflor con salsa de queso azul, tomate seco, cebolla caramelizada y pistacho o cualquier cosa que dicte la imaginación de su dueña.

Pollo de Frangasqueira Nacional, en Lisboa.
En 2017, Sónia abrió las puertas de Frangasqueira Nacional, ocupando los fogones de un oficio históricamente tan masculino y sin experiencia previa en el mundo de la restauración. Se puso el gorro de chef y empezó a cargar sacos de 20 kilos de carbón.

Sónia es la propietaria de Frangasqueira Nacional, en Lisboa. Foto proporcionada por el establecimiento. Aunque el local abre sus puertas a las 18.00, Sónia trabaja todo el día para alcanzar la excelencia. “Todo tiene que estar a mi manera: limpieza, mesas, flores, velas y todas las pequeñas monerías que hay en el local”. Una vez empieza el servicio, a este auténtico torbellino no se le escapa detalle: masajea los pollos antes de echarles sal al ritmo de un buen jazz, toma las comandas, se preocupa por saber si todo está a tu gusto y te regaña si descubre que no untas el pan en su salsa. “La Frangasqueira no es un restaurante, es un hogar. Una casa donde se puede comer”.

Pollo de Frangasqueira Nacional acompañado de plátano. Foto proporcionada por el establecimiento. El pollo es delicioso y se vende al peso (13,30 euros el kilo). Una buena opción es pedir una parrillada mixta por 12 euros, que incluye medio pollo, cuatro costillas y una salchicha de cerdo, ya que en sus brasas Sónia también cocina otras carnes. Aunque, sin duda, lo que eleva la experiencia es pedir alguna de sus guarniciones (de 2,65 a 3 euros). Todo bajo la combinación imposible de plátano y picante inventada por Sónia, que querrás llevarte a casa.

Dirección: Tv. Monte do Carmo, 19. Teléfono: +351 936 224 182

2. A Valenciana
Para entrar en este negocio familiar que abrió sus puertas en 1914 hace falta reservar o algunos minutos de paciencia porque, aunque se trata de uno de los locales más populares de la ciudad, siempre hay sitio. Sus camareros funcionan a una velocidad de vértigo sirviendo los tres tipos de piri-piri en función de la tolerancia al picante del cliente: regular, medio y fuerte para los más atrevidos.

A Valenciana lleva haciendo frangos en Lisboa desde 1914. Foto proporcionada por el establecimiento.
Esta casa de comidas dio con su receta por accidente, cuando una de las máquinas en las que hacían pollos asados se rompió y tuvieron que tirar de las brasas. “El resultado tuvo tanto éxito entre la clientela, que cien años después sigue siendo el plato estrella. Despachamos entre 600 y 700 pollos al día”, explica Homero, el propietario de tercera generación.

Merece la pena trasladarse hasta Campolide para descubrir la auténtica comida portuguesa. Sus raciones son abundantes y mires donde mires verás pollo (13,50 el kilo o 19,50 la ración completa con patatas y arroz, que pueden sustituirse por verduras asadas). Siempre con la opción de pedir medias raciones, también pueden degustarse otros platos como pasteles de bacalao (1,50 euros), bacalao a brás (20 euros) o varios arroces; el más vendido es el de mero con gambas por 28 euros para dos personas.

Dirección: Rua Marquês de Fronteira, 157 163A Teléfono: +351 21 388 4926

3. Tropical de Graça
Si eres de los que hacen turismo hasta que duelen los pies y sentarse a comer para ti no es una opción, Tropical de Graça es la parada perfecta. Esta churrasquería situada a algunos minutos de Alfama, en el tradicional barrio de Graça, vende pollos al carbón desde 1976.

Bocadillo de frangos en Tropical de Graça. Foto proporcionada por el establecimiento.
Este local lleno de vida tiene patatas chips caseras, más de catorce salsas con las que probarlas y unos bocadillos de infarto. Eduardo Alves, hijo de los fundadores, confirma que lo que les diferencia de su competencia no es solo cocinar manualmente los pollos al carbón, es el adobo: “La receta de esta salsa fue traída de África por mis padres. Mucha gente nos pregunta por sus ingredientes, pero nunca se revelan a nadie”.

En este establecimiento, que solo funciona en formato take away o delivery, la opción más cómoda es llevarse uno de sus bocadillos elaborados con pan de Mafra, famoso por su corteza dorada y una miga ligera que se deshace en la boca. Desde la clásica bifana (3,50 euros) hasta la innovadora bifranga, que en vez de cerdo contiene pollo en su interior (4,50 euros).

Dirección: Rua da Graça, 72 Teléfono: +351 21 886 8889

4. Bonjardim
En el centro de Lisboa, se encuentra Bonjardim, también conocido como “el Rey de los pollos”. Este restaurante de raíces gallegas, que está en la lista de los grandes clásicos, suele cosechar en su entrada una cola en la que conviven turistas y locales. Su apuesta se ha mantenido intacta con el paso de los años: un buen pollo asado.

Interior de Bonjardim, en Lisboa. Foto proporcionada por el establecimiento.
A diferencia de los demás, Bonjardim no utiliza brasas, sino que cocina su pollo asándolo a fuego lento usando sus propios jugos. “Mi abuelo era un visionario. El pollo era accesible para todos y pensó que si lo hacía asado en espeto quedaría mucho más rico. Así seguimos, manteniendo todo como él lo pensó”, relata su nieta Inés Castiñeira. Un lugar de paso ideal para coger fuerzas con sus famosos pollos en espeto por 13,50 euros. Perfecto para acompañar con patatas fritas (3 euros) y su deliciosa crema de espinaca (5,90 euros). Eso sí, siempre con su salsa piri-piri.

Dirección: Tv. de Santo Antão 11. Teléfono: +351 21 342 4389

5. Galeto
Galeto es aquel puerto en el que arribar casi a cualquier hora, ya que abre desde las 7:30 de la mañana hasta las 3:30 de la madrugada. Paredes doradas, mesas corredizas y sillas altas giratorias. Este local con aura elegante debe su nombre a la popular receta de italianos que emigraron a Brasil y cocinaban galetos, pequeños pollos a la brasa. Con esa idea llegaron a Portugal, pero su propuesta no sedujo tanto a la élite lisboeta, que prefirió convertir este snack bar situado en una de las arterias más transitadas de la ciudad en un lugar de culto al que hoy acuden políticos, artistas y futboleros después de un partido del Benfica para comer algunas de sus especialidades: su plato estrella, el Bifé à Galeto (20 euros), un fino corte de carne coronado con un huevo frito, un par de lonchas de jamón y unos pepinillos; su steak tartar (24 euros) o las croquetas de carne más melosas que te llevarás a la boca (2,30 euros).

Exterior de Galeto, un clásico lisboeta. Foto proporcionada por el establecimiento.
Sin embargo, afortunadamente, para los amantes del carbón, todavía hoy conservan en la carta la receta especial Galeto ‘A o primo canto’ que bautizó el local. “La versión de este pollo especialmente pequeño y de carne tierna es diferente al original. Aquí lo hacemos al churrasco y cocinado con hierbas”. Un manjar aromático que se sirve acompañado de patatas fritas por 17,50 euros. Si prefieres algo más ligero, no te quedes sin probar su clásica Canja de gallina (3,80), una sopa muy sabrosa capaz de curarte la resaca o de calentarte el cuerpo hasta altas horas de la madrugada.

Dirección: Av. da República, 14. Teléfono: +351 21 354 4444.

6. Churrasqueira no Largo (Ericeira)
A media hora de Lisboa, en el pequeño pueblo surfero de Ericeira, se encuentra el sueño de todo amante del mar y observador de la vida cotidiana. Uno se hace con su número y espera a ser llamado al interior de este local sin mesas en el que un grupo de hombres lanzan a las brasas picañas, salchichas, pollos y costillares.

La magia de este lugar está en su ubicación. Uno puede llevarse un pollo con arroz y patatas por 7,50 euros, una panceta a la parrilla (5,25) o costillas (5,75), también con guarnición, para disfrutarlo en las playas del Atlántico.

Dirección: Largo dos Condes da Ericeira, 11 A. Teléfono: +351 261 863 193 

viernes, 27 de febrero de 2026

Plantas medicinales

1. Milenrama 
2. Angélica 
3. Espino blanco 
4. Bardana 
5. Brezo 
6. Brezo común 
7. Manzanilla alemana 
8. Grosella negra 
9. Equinácea 
10. Dedalera 
11. Ginkgo 
12. Ortiga mayor 
13. Helicriso italiano (flores que nunca se marchitan) 
14. Lavanda 
15. Malvas 
16. Melisa 
17. Menta piperita 
18. Hipérico 
19. Amapola de California 
20. Diente de león 
21. Cola de caballo 
22. Reina de los prados 
23. Romero 
24. Mora 
25. Salvia 
26. Caléndula 
27. Endrino 
28. Tomillo

¿Qué elegirías tú? ¿Merece la pena sobrevivir a cualquier precio? ¿Hasta qué punto de envilecimiento puede seguir siendo la vida digna de vivirse?



A veces las redes, además de torrefactarnos la cabeza, comernos la vida a bocaditos y disminuir la densidad de la materia gris de la corteza cingulada anterior, que es una zona del cerebro crucial para funciones neurológicas tales como el control de impulsos, la toma de decisiones o la atención (hay estudios que demuestran esto); además de hacernos polvo, digo, en ocasiones proporcionan algún conocimiento interesante. Sigo en Instagram a un novelista norteamericano que se llama Jason Pargin. No he leído sus libros, pero un día caí en su cuenta por casualidad y me quedé, porque cuelga comentarios curiosos.

Uno de ellos me ha parecido perturbador. Cita Jason el tuit de otra persona (las redes son así, una carambola), Henry Shevlin, un filósofo cognitivo de la Universidad de Cambridge, Reino Unido. Shevlin propuso en la red social X un juego ético endiablado. Imagina que en tu país todos deben escoger entre tomar una píldora azul o una píldora roja. Si más del 50% de la población escoge la azul, todo el mundo vive. Si no se alcanza ese porcentaje, los de la píldora roja viven y los de la azul mueren. Para dificultar las cosas, cada núcleo familiar ha de tomar la misma píldora. Es decir, debes elegir color por ti, por tu pareja y por tus hijos, por ejemplo. Y ahora piénsalo bien, piénsalo con calma y sinceramente: ¿tú qué harías? Es una decisión terrible, ¿no es así? Una deliberación verdaderamente agónica.

Ignoro si esta propuesta enjundiosa y cruel forma parte de un estudio científico. Ni Pargin ni Shevlin se la atribuyen a nadie; quizá sea una historia popular (yo no la conocía) o puede que se le haya ocurrido al profesor de Cambridge. Está muy bien pensada, porque coloca tu vida en un marco de dimensiones épicas. En situaciones así, que poca gente ha de afrontar con tal claridad, se prueba el verdadero temple de cada cual. El empeño de sobrevivir late como una ciega furia en nuestras venas, y la heroicidad consiste en supeditar ese mandato a un bien mayor.

En ese sentido, siempre me ha parecido ejemplar la calamitosa expedición de Robert Scott. El capitán Scott (1868-1912) quería ser el primero en llegar al Polo Sur. Fue arrogante e imprudente en muchos sentidos, porque no pidió consejo a expertos polares sobre los preparativos para la expedición y tomó decisiones estúpidas, como llevar 19 caballos (unos pobres animales inadecuados para las nieves profundas), alimentarse con raciones insuficientes y planificar el viaje fatal. Era un sobrado oficial inglés que creía saberlo todo, como se ve muy bien en el fascinante libro El peor viaje del mundo, escrito por Cherry-Garrard, uno de los supervivientes del desastre. Pero su conmovedor final lo cambió todo.

Cuando Scott y cuatro de sus compañeros alcanzaron el Polo, descubrieron que ya había pasado por ahí, dos semanas antes, el escandinavo Amundsen. Entonces emprendieron el regreso a la base, pero murieron todos tras largos meses de espantosa agonía. Ateridos, empapados y famélicos, pelearon contra los hielos con temperaturas de 50 grados bajo cero. Las uñas y los dientes se les caían, el cuerpo se ulceraba, se gangrenaban los dedos, las congeladas puntas de las narices se deshacían, la resplandeciente nieve los cegaba. Los sufrimientos físicos eran atroces, pero los soportaron sin quejarse y sin detenerse, arrastrando los pesados trineos hasta la extenuación. Hasta morir. Ya sin combustible y sin comida, tras haber visto caer uno tras otro a sus cuatro colegas, y antes de fallecer, Scott escribió estoicamente las últimas y célebres páginas de su diario (que fue encontrado tiempo después): “Hemos corrido riesgos; sabíamos que los corríamos. Las cosas se nos han puesto en contra y, por lo tanto, no tenemos motivos para quejarnos”. También dejó cartas de despedida; en una, dirigida a un amigo íntimo, le decía que, con su agonía, todos ellos estaban dando un buen ejemplo: “No porque nos hayamos metido en situaciones difíciles, sino porque, cuando ha llegado el momento, las hemos afrontado como hombres. Si nos hubiéramos desentendido de los enfermos, habríamos logrado llegar”.

Muy cierto. Esa es la cuestión. ¿Merece la pena sobrevivir a cualquier precio? ¿Hasta qué punto de envilecimiento puede seguir siendo la vida digna de vivirse? En el juego propuesto por Shevlin, el 62% de sus seguidores en X eligió la píldora roja, y el 38% la azul. Lloro por ese 38% que muere lleno de esperanza y de altruismo.

jueves, 26 de febrero de 2026

10 de las mejores historias de misterio de todos los tiempos, en las que no sabes hasta el final "quién lo hizo"


Un póster de la película La Huella (1972). Dos hombres miran a través de una lupa, que agranda el ojo derecho de ambos. El hombre de la izquierda es canoso y lleva bigote; el de la derecha no tiene barba y luce cabello castaño.

Fuente de la imagen,Alamy

Pie de foto,La película "La Huella" (1972) obtuvo cuatro nominaciones al Oscar.

Cuando se estrenó Knives Out de Rian Johnson en 2019, se reconoció ampliamente como la película que llevó el género literario conocido en inglés como "whodunnit" a una audiencia más amplia y nueva. 

Whodunnit, que viene de la frase en inglés Who has done it? ("¿quién lo hizo?") es un subgénero de narrativa que se centra en descubrir la identidad del culpable de un crimen.

Ahora, seis años después del estreno del filme, es una franquicia consolidada, con la tercera película, Wake Up Dead Man, que se estrena este viernes en Netflix.

Con otro elenco estelar encabezado por el brillante Daniel Craig, esta última película hace referencias explícitas a algunos de los grandes escritores de literatura sobre crímenes, entre ellos John Dickson Carr y Agatha Christie.

Con eso en mente -y por si buscas más casos en los que sumergirte después de verla- aquí tienes 10 de los misterios de asesinato más ingeniosos jamás plasmados en página o pantalla.

1. La aventura de la banda moteada (1892) – Arthur Conan Doyle

Ninguna lista de misterios de asesinato estaría completa sin una de las aventuras de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle.

Cualquier relato o novela protagonizado por el detective de Baker Street merece una mención, pero "La aventura de la banda moteada" tiene un elemento particularmente retorcido (literalmente) en el corazón de su crimen.

Doyle enfrentó a Holmes con muy pocos "misterios de habitación cerrada" tradicionales -aquellos en los que ocurre un asesinato aparentemente "imposible" dentro de un espacio cerrado-, por lo que este caso resulta especialmente destacado.

Publicado originalmente en la revista Strand en 1892, este relato detalla un caso difícil para Holmes, luego de que se descubre el asesinato de una mujer que supone un peligro para su hermana, que aún sobrevive.

El relato algo surrealista pero profundamente efectivo de Conan Doyle es uno de sus más potentes de este género y posee una atmósfera malévola.

Una ilustración en blanco y negro que muestra a tres personas con atuendos del siglo XIX. Dos de ellas —una mujer con vestido largo y un hombre con traje que sostiene un sombrero— observan a otro hombre, también vestido con traje, que está de pie junto a una especie de gabinete de madera. En la parte inferior de la ilustración aparece la frase: “Well, look at this” (Bueno, observa esto).Fuente de la imagen,Alamy Pie de foto,

Una ilustración de la publicación original de 1892 de "La aventura de la banda moteada".

2. El hombre invisible (1911) – GK Chesterton

El escritor GK Chesterton se sentía igualmente cómodo escribiendo sobre política y filosofía como sobre misterios de asesinato.

Sin embargo, es más famoso por lo último, gracias a su enorme número de relatos centrados en el Padre Brown, un modesto sacerdote que también es detective.

La intuición moral de Brown y su perspicacia teológica hacen que las historias sean ingeniosas e intelectuales.

El hombre invisible presenta un problema homicida que es, sin duda, uno de los más intrigantes y desconcertantes de Chesterton. El joven inventor Conrad afirma ser víctima de acoso por parte de un agresor, conocido únicamente como "el hombre invisible".

Cuando finalmente lo encuentran asesinado en una casa que estaba fuertemente custodiada, parece que el atormentador de Conrad realmente era invisible, ya que nadie lo vio entrar ni salir de la escena del crimen.

Por suerte, el Padre Brown está presente para aportar claridad al suceso.

Agatha Christie firmando sus libros en 1950.Fuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

Agatha Christie firmando sus libros en 1950.

3. El asesinato en la rectoría (1930) – Agatha Christie

Considerando su vasta y monumental producción, la obra de Christie podría ocupar toda esta lista. Desde dar vida al detective ficticio más famoso del siglo pasado, Hércules Poirot, hasta sus evocadoras historias independientes, ella es la indiscutible maestra del whodunnit.

Su otra gran creación fue la brillante Miss Marple (la mejor versión en pantalla es sin duda la interpretación de Joan Hickson en los años 80), y "El asesinato en la rectoría" fue el debut de esta gran dama.

Trata sobre el asesinato del coronel Protheroe quien aparece muerto en el despacho del vicario local.

Esta enrevesada trama de Christie se complica no solo por la manipulación de pruebas, sino también por una interminable cadena de confesiones. El resultado es uno de los enigmas más satisfactorios de la autora, acompañado de una magistral serie de personajes.

Joan Hickson cerca de un muelle, viste un abrigo azul y una bufanda de colores. Es una persona de mayor edad y tiene el cabello canoso. Fuente de la imagen,Alamy Pie de foto,

Joan Hickson interpretó a la señorita Marple en las adaptaciones televisivas de las novelas de Agatha Christie en la década de 1980.

4. El hombre hueco (1935) – John Dickson Carr

Cuando se trata específicamente de misterios de habitación cerrada, pocos son de tan alta calidad como "El hombre hueco".

La novela es mencionada explícitamente en Wake Up Dead Man por el detective Benoit Blanc, interpretado por Daniel Craig, y el creador de Knives Out, Rian Johnson, la ha elogiado como "un increíble y complejo rompecabezas de puerta cerrada".

Protagonizada por el detective habitual de Carr, Gideon Fell, lo vemos resolver el asesinato del profesor Charles Grimaud, hallado muerto a tiros en su estudio momentos después de recibir a un misterioso visitante que ha desaparecido sin dejar rastro.

Esta ingeniosa novela recibió elogios tanto de los aficionados al género policial como del público general, en gran parte por la lección que el propio personaje Fell ofreció al final del texto sobre la esencia de los misterios de habitación cerrada y sus posibles soluciones.

Tal fue su impacto que este capítulo se ha publicado en numerosas ocasiones como ensayo independiente, a pesar de haber sido pronunciado por un detective ficticio.

5. Verde es el peligro (1946) – Sidney Gilliat

Basada en una novela de la poco conocida autora de la era dorada del crimen, Christianna Brand, la película fue adaptada por el director británico Sidney Gilliat, una elección excelente para intensificar un enigma ya de por sí desconcertante, gracias a su experiencia como coguionista del thriller de Alfred Hitchcock The Lady Vanishes (1938).

Sin embargo, "Verde es el peligro" demuestra que el talento de Gilliat como director se adapta perfectamente al género del misterio.

La historia de Brand sigue al inspector Cockrill (interpretado por el elegante y despreocupado Alastair Sim) mientras intenta resolver un doble asesinato: uno ejecutado con gran destreza en un quirófano durante una operación, y otro cometido para silenciar a un testigo del primero durante un apagón en plena Segunda Guerra Mundial.

Cockrill debe desenredar una red de relaciones y tensiones entre el reducido grupo de sospechosos del hospital, mientras lidia con el caos natural de una Inglaterra en tiempos de guerra.

Dos hombres se miran a los ojos. Uno está sentado mientras el otro está de pie frente a él. Ambos llevan traje y corbata. El que está sentado tiene un sombrero. La imagen es en blanco y negro. Fuente de la imagen,Alamy Pie de foto,

Trevor Howard y Alastair Sim como sospechoso y detective en la película "Verde para el peligro" de de 1946.

6. Los vivos y los muertos (1954) – Boileau-Narcejac

La pareja francesa de escritores de relatos de crímenes Pierre Boileau y Thomas Narcejac monopolizó el mercado en la década de 1950 con una serie de complejos thrillers, incluyendo la brillante "La que no existía" (adaptada por el director Henri Georges Clouzot como el clásico cinematográfico "Las diabólicas").

Otra de sus novelas, "Los vivos y los muertos" (1954), es más famosa por la película que inspiró, "Vértigo" (1958) de Alfred Hitchcock, y muestra igualmente su habilidad para retratar el trauma emocional y ofrecer giros brutales.

Cuando el abogado parisino Roger recibe el encargo de su amigo Gevigne de investigar el extraño comportamiento de su esposa, Roger termina inevitablemente enamorándose de ella.

Lo que sigue es una mezcla inquietante de insinuaciones sobrenaturales y maquinaciones criminales despiadadas, ya que una simple investigación oculta inevitablemente un asesinato mucho más complejo.

7. El pájaro con las plumas de cristal (1970) – Dario Argento

El género cinematográfico italiano giallo es una parada obligada para cualquier amante de los misterios de asesinato que busque una dosis extra de gore.

Tomando su nombre de las llamativas portadas amarillas de las novelas de misterio que eran de bolsillo, el cine giallo se inspiró en las clásicas historias whodunnit y les añadió una generosa dosis de horror sangriento.

Ninguna fue tan exitosa en este empeño como el brillante Dario Argento, y su ópera prima "El pájaro con las plumas de cristal" (1970) muestra su talento visual y su perspicacia psicológica.

Cuando el escritor estadounidense Sam (Tony Musante) presencia el intento de asesinato de Monica (Eva Renzi) en una galería de arte romana a altas horas de la noche, se ve rápidamente sumergido en una historia tensa acechada por un asesino con sombrero negro y guantes de cuero.

Como en muchas películas giallo de Argento, los giros dramáticos se combinan con una violencia audaz que a menudo alcanza una especie de calidad operística, hasta la revelación final del asesino.

Un hombre sin camisa habla por telefono. Tiene cabello rizado, está despeinado y tiene el rostro serio. La imagen es en blanco y negro. Fuente de la imagen,Alamy Pie de foto,

Tony Musante interpreta a Sam, el escritor estadounidense convertido en investigador en "El pájaro con las plumas de cristal" de Dario Argento.

8. La torre negra (1975) – P. D. James

La escritora británica P.D. James (junto con otra genia, Ruth Rendell) heredó el manto de Agatha Christie como la reina de la novela tradicional sobre misteriosos asesinatos.

Sus libros que siguen al inspector Adam Dalgliesh son realmente su obra cumbre, y "La torre negra" (1975) es un gran ejemplo del carácter tan particular de la serie.

Con un tono más sombrío que otras novelas de Dalgliesh -ya que el protagonista se está recuperando de una leucemia-, "La torre negra" lo sigue mientras su convalecencia se ve interrumpida por una serie de muertes cada vez más sospechosas en una residencia de cuidados ubicada en un área rural.

Inicialmente considerada algo lenta por los críticos -con Newgate Callendar de The New York Times sugiriendo que el libro era "pesado" y que "pondría a prueba la paciencia de la mayoría de los lectores"-, con el tiempo "La torre negra" destaca perfectamente el enfoque distintivo de James como novelista de crimen, privilegiando el detalle meticuloso, la caracterización precisa y la atmósfera melancólica por encima de los fuegos artificiales y los sobresaltos llamativos.

9. La huella (1972) – Joseph L. Mankiewicz

Adaptada por Anthony Shaffer a partir de su propia obra teatral, "La huella" (1972), dirigida por Mankiewicz, es quizá la propuesta más autoconsciente de esta lista, pues sus personajes se mueven con soltura entre los clichés y recursos típicos del género de misterio.

La historia enfrenta al novelista de misterio Andrew (Laurence Olivier) con Milo (Michael Caine), el amante de su esposa, en un retorcido juego de poder donde ambos simulan crímenes para manipularse mutuamente.

La película superó incluso el éxito de la obra teatral, obteniendo cuatro nominaciones al Oscar, entre ellas una para Olivier y otra para Caine.

Aunque se apoya en las potentes interpretaciones de sus protagonistas, "La huella" confirma a Shaffer en plena forma: sus ingeniosos giros y su desenlace implacable son absolutamente inolvidables.

Un hombre sostiene un revólver apuntando al pecho de otro. Ambos visten traje. El primero, de mayor edad y con cabello canoso, lleva un traje de cuadros negros y amarillos con camisa blanca. El segundo viste un traje negro, camisa blanca y luce un lazo verde en el cuello.Fuente de la imagen,Alamy Pie de foto,

Las potentes actuaciones de Laurence Olivier y Michael Caine impulsan la trama llena de giros inesperados de "La huella".

10. Ten piedad (2001) – Fred Vargas

Vargas (cuyo nombre real es Frédérique Audoin-Rouzeau) es una de las grandes escritoras de novela negra contemporánea. Continúa la tradición francesa perfeccionada por Georges Simenon y Boileau-Narcejac en la que se combinan misterios de asesinato con una estética cercana al gótico.

Su serie protagonizada por el caótico comisario Adamsberg retrata a menudo un París inquietante, más próximo a El jorobado de Notre Dame de Victor Hugo o El fantasma de la ópera de Gaston Leroux que a la típica novela policial moderna.

En esta historia, un pregonero del distrito 14 es contratado por alguien misterioso para recitar mensajes crípticos sobre el regreso de la peste.

Cuando empiezan a aparecer símbolos de la plaga en las puertas y muertes que parecen causadas por picaduras de pulgas infectadas que ennegrecen la piel, Adamsberg se enfrenta a una investigación especialmente oscura en un relato sombrío pero absorbente.