domingo, 10 de mayo de 2026

Reseña de Igualdad. Qué es y por qué importa. Desde una perspectiva socialdemócrata crítica


Fuentes: Rebelión [Imagen: Piketty y Sandel durante la conversación que mantuvieron en la Escuela de Economía de París el 20 de mayo de 2024]




Reseña de Igualdad. Qué es y por qué importa (Debate, 2025), de Thomas Piketty y Michael J. Sandel

Interesante conversación sobre la igualdad (y asuntos complementarios), uno de las aspiraciones centrales de las tradiciones emancipatorias. Una aproximación desde básicamente tres aspectos: económico, relacionado con la distribución de la renta y la riqueza (nada que tenga que ver con la socialización o nacionalización de medios de producción y distribución); político, con referencias interés al poder y a la real participación ciudadana, pero también, en la línea de Sandel, una tercera categoría relativa a la «dignidad», al «estatus», al «respeto», al «reconocimiento», a «la estima». Para el filósofo norteamericano -Thomas Piketti, su interlocutor, no le contradice-, esta tercera dimensión («es una presentimiento, no puedo demostrarlo») es la más potente desde el punto de vista político y tal vez moral. Añade: «Toda esperanza que depositemos en el objetivo de reducir la desigualdad en las dos primeras dimensiones, tanto la económica como la política, dependerá de que sepamos crear las condiciones propicias para una mayor igualdad de reconocimiento, honor, dignidad y respeto.» (p. 146).

Igualdad no solo contiene cuidadas reflexiones filosóficas. Hay también propuestas políticas de interés. La siguiente es de Piketty: «En Europa [que Piketty, este caso es un ejemplo, hace muchas veces equivalente a la UE], yo soy favorable a lo que denomino federalismo social». Aboga por la implantación de un Parlamento europeo diferente del actual, «que funcione como si fuera una asamblea nacional a escala continental para que, mediante la simple aplicación del principio de la mayoría, podamos tener un impuesto europeo al carbono y otro del patrimonio». También defiende la creación de una asamblea conjunta entre la Unión Europea y la Unión Africana [el Sur no está ausente en la conversación], «que posibilite la aplicación de ambos continentes de unos impuestos conjuntos con los que financiar unos bienes públicos internacionales para ambas orillas del Mediterráneo». Así que, sostiene, «soy un internacionalista y un federalista convencido, pero, al mismo tiempo, creo que necesitamos estrategias unilaterales en cada país país para ponernos ya en marcha. No nos interesa escoger entre una estrategia o la otra: necesitamos las dos» (119-120).

Hay también buenos argumentos críticos sobre asuntos no siempre considerados suficientemente en las tradiciones emancipatorias. Una ilustración, una observación de Sandel (con crítica política complementaria): «Michael Young, que fue quien acuñó el término «meritocracia», era muy consciente de esto. Para él la meritocracia no era un ideal, sino un peligro. Y el peligro era precisamente ese: su potencial para cultivar ciertas actitudes antes el éxito, tanto entre ganadores como entre los perdedores, actitudes que nos alejan a los unos de los otros». La meritocracia cultivaría la arrogancia entre los vencedores y la humillación entre quienes se quedaran atrás, « a quienes se les diría (y tal vez se les convencería de ello) que su fracaso, sus problemas, son culpa suya y de nadie más. Esto puede ayudarnos a entender cómo es que nuestras sociedades se han polarizado tanto en las últimas décadas». A medida que la desigualdad se acentuaba y los trabajadores se enfrentaban al estancamiento salarial y a la pérdida de empleo, «los políticos de los partidos tradicionales de centro-izquierda y centro-derecha les daban consejos vigorizantes del tipo: «Si quieres competir y vencer en la economía global, ve a la universidad. Lo que ganes dependerá de lo que estudies. Si te esfuerzas, lo conseguirás» (p. 70).

Lo que estas élites, prosigue Sendal, pasaron por alto fue la afrenta implícita de sus palabras. «Si no te sacaste una carrera, si no tienes un título universitario y estás pasando dificultades con la nueva economía, tu fracaso es seguramente culpa tuya. No hiciste lo que te dijimos que hicieras. El problema -vienen a decir, en la práctica- no son las políticas económicas en marcha. El problema es que no te perfeccionaste a ti mismo tal como te recomendamos» (pp. 70-71) [el énfasis es mío].

Con más concreción política: para Michael Sandel, eso hicieron el Partido Demócrata (al que, en general, considera muy generosamente) de Estados Unidos, el Partido Laborista en Reino Unido, el Partido Socialista de Francia, «formaciones que demostraron estar más identificados con los valores, los intereses y el punto de vista de las clases de los profesionales titulados y con un alto nivel educativo que con los del electorado de clase obrera, que antaño constituía su base principal». No cabe extrañarse entonces, señala Sandel con buenas razones, de que el propio electorado tradicional de esos partidos reaccionaran de manera adversa contra ellos. «Fue una consecuencia, en mi opinión, de que las nociones meritocráticas del éxito terminasen convirtiéndose en compañeras morales de la globalización neoliberal» (71). Desde el punto de vista de este lector: en el centro de la diana.

Un apunte (innecesario) sobre los autores.

Thomas Piketty (Clichy, 1971) es economista y experto en desigualdad económica. Es actualmente responsable de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales y profesor de la École d’Economie de Paris. Entre sus numerosos libros cabe recordar El Capital en el siglo XXI (2013), Capital e ideología (2019) y Una breve historia de la desigualdad (2021). Ha sido reconocido como el Mejor Economista Joven de Francia y Premio Yrjö Jahnsson.

Michael J. Sandel (Minneapolis, 1953) ocupa la cátedra Anne T. y Robert M. Bass de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard. Es, sin duda, uno de los autores de referencia en el ámbito de la filosofía política académica. Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, es autor de ¿Hacemos lo que debemos? (2011), Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado (2013), Filosofía pública. Ensayos sobre moral en política (2020), La tiranía del mérito (2020), El descontento democrático (2023) y Contra la perfección (2024).

Igualdad es la versión editada de una conversación que mantuvieron en la Escuela de Economía de París el 20 de mayo de 2024 Piketty y Sandel, diálogo en el que, en frecuentes ocasiones, Piketti suele tomar la iniciativa y protagonizar los desarrollos más extensos.

Componen el libro una nota previa sobre el origen del texto y nueve capítulos. Falta, probablemente por urgencias editoriales, un índice analítico y onomástico, muy útiles en este caso. Los capítulos: 1. ¿Por qué debe preocuparnos la desigualdad? 2. ¿El dinero debería importar menos? 3. Los límites morales de los mercados. 4. Globalización y populismo. 5. Meritocracia. 6. Loterías: ¿deberíamos reservarles un papel en la admisión de alumnado universitario y en la selección de parlamentarios. 7. Impuestos, solidaridad y comunidad. 8. Fronteras, migración y cambio climático. 9. El futuro de la izquierda: economía e identidad. No reina el desinterés en ninguno de ellos.

No es posible presentar, y mucho menos desmenuzar, todos los temas que desarrollan los autores (que no son dos intelectuales revolucionarios) en su conversación. Tampoco sus numerosas sugerencias a las que, como no podía ser de otro modo, faltan en ocasiones muchas mediaciones políticas. Sirva lo siguiente como aliciente para la lectura de un libro que merece atención y cuidada lectura, sean cuales sean nuestros acuerdos, desacuerdos y matices.

Tanto Piketty como Sandel se mueven en coordenadas político-culturales que aquí solemos llamar socialdemócratas (liberales de izquierdas en USA). Pero desde y con posiciones críticas en muchas aristas. Piketty, que defiende un socialismo democrático, un socialismo internacionalista federal, señala por ejemplo: «Era [la socialdemocracia, el laborismo inglés] un proyecto radical y terminó volviéndose convencional porque tuvo éxito. Es el mismo reto al que nos enfrentamos hoy. Y para abordarlo con garantía, necesitamos solventar ciertas deficiencias importantes de la tradición socialdemócrata del siglo XX» (43). Una de esas deficiencias: se ha detenido la ampliación de la educación y la sanidad públicas. La segunda «la ausencia de participación, no ya en la deliberación y la vida políticas, sino también en la toma de decisiones en las grandes empresas» (45). La tercera: las grandes limitaciones de la dimensión transnacional: «los estados del bienestar se construyeron dentro del contexto de los estados nación del Norte global, obviando con arrogancia las desigualdades Norte-Sur y, lo que es aún más importante, el hecho de que la prosperidad del Norte jamás había sido tal sin la existencia del Sur.» (46).

Sandel, por su parte, recuerda que toda riqueza es una creación colectiva y no un logro individual. «Eso es importante. Pero para sentir, percibir y creer que estamos implicados en un proyecto común, que somos dependientes y responsables uno de otros, necesitamos crear condiciones e instituciones en la sociedad civil que nos recuerden esa comunidad, eso que compartimos en común.» (103).

Piketty se muestra optimista (¿excesivamente?) en temas de igualdad y desigualdad. «Aunque actualmente hay mucha desigualdad en Europa, en Estados Unidos, en India, en Brasil y en todo el mundo, a largo plazo se viene observando una tendencia hacia una mayor libertad». ¿De dónde esa tendencia? Nace de la movilización social «y de una fuerte, enorme, demanda social de igualdad de derechos de acceso a lo que las personas consideran que son los bienes fundamentales, entre los que se incluyen la educación, la salud, el sufragio y, en general, a la máxima participación posible en diversas formas de la vida social, cultural, económica, cívica y política». (p. 12)

No hay un horizonte anticapitalista en la conversación, ni en sus sugerencias y propuestas. Hay poca «fábrica» en el diálogo, poca clase obrera, poco pueblo trabajador. Sea como fuere, Igualdad. Qué es y por qué importa es un libro que se lee muy bien y del que se aprende, más allá de coincidencias, dudas y algunas distancias. No es una conversación estéril, no es un diálogo insustantivo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

¿Qué tan saludables son los hongos? Su sabor rico y carnoso no es la única razón para comerlos con regularidad.

A grid of mushrooms shown at different angles on a green background.


Desde el punto de vista nutricional, los hongos constituyen una categoría aparte.

Como miembros del reino Fungi, las setas u hongos contienen formas de fibra que la mayoría de las plantas no posee, además de altos niveles de antioxidantes. Y un dato curioso: son uno de los pocos alimentos que pueden producir vitamina D.

He aquí un vistazo a lo que ofrecen los hongos, junto con formas de disfrutarlos, de New York Times Cooking.

Tienen dos tipos de fibra únicos
Los hongos tienen una buena cantidad de fibra, sobre todo un tipo conocido como betaglucano, dijo Arrigo Cicero, director de la Escuela de Nutrición Humana de la Universidad de Bolonia, Italia.

El betaglucano suele encontrarse en cereales como la avena y la cebada, y está relacionado con la reducción de los niveles de colesterol y de los picos de azúcar en sangre. Pero los hongos contienen un tipo inusual de betaglucano que parece ayudar al sistema inmunitario, dijo Cicero.

Los hongos también contienen quitina, una fibra que se encuentra principalmente en los caparazones de insectos y crustáceos. Como la quitina no se digiere fácilmente, llega al colon, donde puede ayudar al microbioma intestinal.

La mayoría de los estadounidenses no consumen suficiente fibra, pero comer más hongos puede ser una forma fácil de aumentar su consumo y diversificar las fuentes, dijo Meghan Laszlo, dietista oncológica del Cedars-Sinai de Los Ángeles. Hay unos cuatro gramos de fibra en aproximadamente una taza de setas shiitake crudas; los expertos recomiendan de 21 a 38 gramos diarios, dependiendo de tu edad y sexo.

Contienen potentes antioxidantes
Los hongos son excepcionalmente ricos en ergotioneína y glutatión, dos importantes antioxidantes que ayudan a tus células a defenderse del desgaste cotidiano, dijo Robert Beelman, director del Centro de Alimentos Vegetales y Hongos para la Salud de Penn State.

Mientras que nuestro cuerpo puede producir glutatión, la ergotioneína solo la obtenemos de los alimentos, y los hongos —en particular,el enoki y la seta de cardo— tienen uno de los niveles más altos de todos los alimentos.

En un estudio en el que se realizó un seguimiento de más de 3000 participantes durante 21 años, los niveles más altos de ergotioneína en la sangre se relacionaron con un menor riesgo de enfermedad cardiaca y muerte prematura. Otras investigaciones han descubierto que las personas con deterioro cognitivo leve y debilidad tienden a tener niveles bajos de ergotioneína. Aunque los hallazgos no prueban que la ergotioneína sea directamente responsable de estos efectos sobre la salud, coinciden con la idea de que los antioxidantes protegen a las células de los daños y favorecen la función inmunitaria, dijo Beelman.

También puede ser la razón por la que algunas investigaciones han relacionado un mayor consumo de hongos con un menor riesgo de cáncer, dijo Laszlo.

Son ricas en vitaminas del grupo B y pueden producir vitamina D
Los hongos son una buena fuente de varias vitaminas del grupo B, importantes para el metabolismo y el sistema nervioso, dijo Laszlo.

Y pueden producir vitamina D, un truco que casi ningún otro alimento puede conseguir. La vitamina D es importante para la función inmunitaria, la salud cardiaca y la fuerza muscular, pero se encuentra de forma natural en muy pocos alimentos. La mayoría de los hongos del supermercado tampoco contienen mucha, ya que suelen cultivarse en la oscuridad. “Pero si tus hongos toman el sol, pueden producir vitamina D como los humanos”, dijo Tim Spector, epidemiólogo del King’s College de Londres.

Para probarlo, coloca los hongos al aire libre bajo la luz directa del sol antes de cocinarlos, dijo Laszlo. Procura cocinarlos entre 15 minutos y una hora y córtalos en láminas antes, para exponer más superficie. En condiciones adecuadas, una taza de hongos crudos puede aportar suficiente vitamina D para cubrir la cantidad diaria recomendada.

¿Cuál es la forma más sana de comerlas?
Aunque algunos hongos especiales pueden ser más ricos en determinados nutrientes, todas las variedades son buenas, dijo Spector. “Probablemente sea más importante comerlas con regularidad —las que te puedas permitir— en lugar de darte un gran festín de las caras”, añadió.

Recuerda que algunos hongos son venenosos, así que asegúrate de saber qué comes antes de hincar el diente.

Los hongos son bajos en calorías y en grasa, pero ricos en sabor. Asarlos ligeramente, saltearlos o asarlos a la parrilla intensifica su umami y te permite recurrir menos a la sal. Evita cocinarlos a fuego fuerte durante tiempo prolongado, ya que puede degradar algunos nutrientes, dijo Spector.

Los hongos secos son otra buena opción, pero busca las versiones liofilizadas, ya que el secado al calor puede eliminar algunos antioxidantes, dijo Laszlo. O prueba a añadir polvo de hongos a la salsa para pasta o a los batidos, pero ten en cuenta que el contenido nutricional de estos polvos puede variar.

¿Listo para poner todo esto en práctica? Aquí tienes algunas recetas de NYT Cooking.

1. Champiñones con harissa y arce

Un cuenco blanco contiene champiñones asados, yogur y ramitas de perejil. A su lado hay trozos de pan rasgados.
Credit...David Malosh para The New York Times. Estilismo de alimentos: Simon Andrews.
Un cuenco blanco contiene champiñones asados, yogur y ramitas de perejil. A su lado hay trozos de pan rasgados. Credit...David Malosh para The New York Times. Estilismo de alimentos: Simon Andrews. Asar los hongos concentra su sabor terroso. Esta receta, servida sobre yogur sazonado y acompañada de pan plano, es suficientemente sustanciosa como para ser un plato principal.

Receta: Champiñones con harissa y arce
Ingredientes
Rinde:
4 a 6 porciones
⅓ taza de aceite de oliva, y un poco más para decorar
2½ cucharadas de jarabe de arce, y un poco más al gusto
2 cucharadas de pasta de harissa, o al gusto
4 dientes de ajo, picados o prensados
1 cucharadita de pimentón dulce
1 cucharadita de comino molido
1¾ cucharaditas de sal marina fina, y un poco más al gusto
1¼ libras de hongos shiitake, portobello o ostra (o una mezcla de ellos), recortados al gusto y cortados a lo largo en trozos de ½ pulgada de grosor
1 cebolla roja pequeña, cortada por la mitad y en rodajas de ½ pulgada de grosor
1¼ tazas de yogur griego entero
Hojas de perejil, para decorar
Pan plano (opcional), para servir

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Información nutricional
Preparación
Paso 1
Precalienta el horno a 220 °C. Cubre una bandeja para hornear con papel vegetal.

Paso 2
Mezcla el aceite de oliva, el jarabe de arce, la harissa, el ajo, el pimentón, el comino y 1¼ cucharaditas de sal en un tazón pequeño. Prueba y ajusta la sazón con más jarabe de arce, harissa o sal al gusto.

Paso 3
Coloca los champiñones y la cebolla en la bandeja forrada, rocíalos con la mezcla de aceite y revuélvelos con las manos para cubrirlos uniformemente. Extiéndelos en una sola capa.

Paso 4
Asa los champiñones y la cebolla de 25 a 30 minutos, revolviendo a la mitad del tiempo, hasta que la cebolla esté suave y ligeramente dorada y los champiñones estén tiernos, dorados y ligeramente carbonizados en algunas zonas.

Paso 5
Mientras tanto, mezcla el yogur con la ½ cucharadita de sal restante y extiéndelo en un plato grande para servir o en platos individuales.

Paso 6
Coloca los champiñones asados ​​y la cebolla sobre el yogur y decora con perejil. Rocía con un chorrito de aceite de oliva y sirve inmediatamente con pan plano.


2. Pollo a la sartén con champiñones y cebolla caramelizada 

Una sartén de hierro fundido contiene una mezcla de champiñones, pollo, hierbas y cebollas.
Credit...Linda Xiao para The New York Times. Estilismo de alimentos: Monica Pierini.

Una sartén de hierro fundido contiene una mezcla de champiñones, pollo, hierbas y cebollas. Credit...Linda Xiao para The New York Times. Estilismo de alimentos: Monica Pierini. Esta comida de una sola olla tiene la riqueza caramelizada de la sopa de cebolla francesa, junto con los sedosos hongos y el pollo dorado.

Receta: Pollo a la sartén con champiñones y cebolla caramelizada
Esta reconfortante cena de una sola olla recuerda a una rica sopa de cebolla francesa, pero se prepara en menos tiempo y con ingredientes más ligeros. Cocinar las cebollas en una sartén caliente y seca las obliga a liberar su humedad, de modo que se encogen y adquieren una textura sedosa y dulce en 30 minutos. Sirva todo directamente de la sartén, con pan crujiente para absorber todos los jugos, o desmenuce el pollo y apílelo sobre fideos con mantequilla. Para un toque verde, añada espinacas para que se ablanden al final o sírvalo con una ensalada verde sencilla o brócoli asado.

Ingredientes
Rinde:
4 porciones
5 cucharadas de aceite de oliva
2 cucharadas más 2 cucharaditas de vinagre de jerez
2 cucharaditas de miel
1 cucharadita de mostaza Dijon
¼ de cucharadita de hojuelas de pimiento rojo
Sal kosher y pimienta negra
1 ½ libras de muslos de pollo deshuesados ​​y sin piel, cortados en trozos de 7.5 cm
2 cebollas amarillas medianas, finamente rebanadas (aproximadamente 4 tazas)
¾ de libra de champiñones cremini, sin tallos y finamente rebanados (aproximadamente 4 tazas)
½ taza de hojas y tallos finos de perejil fresco de hoja plana o eneldo, picados gruesamente
¼ de taza de queso parmesano o pecorino rallado (opcional)
Pan o pasta cocida, para servir

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Información nutricional
Preparación
Paso 1
En un tazón grande, combine 2 cucharadas de aceite, 2 cucharadas de vinagre, la miel, Mostaza, hojuelas de pimiento rojo y 1 cucharadita de sal; batir hasta que esté suave. Secar el pollo y sazonarlo con sal y pimienta. Agregarlo a la mezcla, cubriéndolo bien. Reservar a temperatura ambiente, revolviendo una vez mientras se preparan las cebollas.

Paso 2
Calentar una sartén de hierro fundido o una sartén pesada de 30 cm a fuego medio-alto hasta que esté muy caliente, de 1.5 a 2 minutos. Agregar las cebollas en una capa uniforme. Sazonar con sal y cocinar, casi sin mover, durante 4 minutos más, revolviendo aproximadamente cada minuto. Agregar los champiñones, sazonar con sal y revolver para integrar. (Se verán amontonados, pero no pasa nada). Dejar cocinar, casi sin mover, hasta que los champiñones se encojan y comiencen a dorarse, aproximadamente 4 minutos, revolviendo aproximadamente cada minuto.

Paso 3
Agregar las 3 cucharadas de aceite de oliva restantes y cocinar las cebollas hasta que comiencen a tomar color, revolviendo y bajando el fuego según sea necesario para evitar que se quemen, aproximadamente 2 minutos. Empuja las cebollas y los champiñones hacia los bordes de la sartén y luego agrega los trozos de pollo al centro. Vierte el adobo restante (quedará muy poco) sobre las cebollas y los champiñones. Cocina sin tocar durante 4 a 5 minutos, luego combina el pollo y las verduras y cocina, revolviendo ocasionalmente, hasta que el pollo esté bien cocido, unos 10 minutos más. (Reduce el fuego a medio si las cebollas parecen quemarse en algún momento).

Paso 4
Agrega las 2 cucharaditas restantes de vinagre de jerez, revolviendo y raspando cualquier residuo del fondo de la sartén. Sazona al gusto con sal.

Paso 5
Retira del fuego y cubre con el perejil y el queso, si lo usas. Sirve con pan o pasta.

Recetas similares

Una sartén de hierro fundido contiene muslos de pollo dorados con pimientos y tomates. Cerca hay un tazón de arroz y un tazón pequeño de hierbas picadas para decorar.


3. Farro con champiñones Image

Dos platos blancos sostienen una mezcla de hongos y farro, espolvoreada con hierbas picadas. Credit...Constantine Poulos para The New York Times Los porcinis secos dan a esta versión del risotto un gran toque de sabor, y los hongos silvestres frescos aportan suavidad a cada bocado.

Receta: Farro con champiñones

4. Cuencos de arroz con hongos y tofu al ponzu Image Un cuenco con arroz, tofu, hongos, guisantes y verduras de hoja verde. Credit...James Ransom para The New York Times. Estilismo de alimentos: Maggie Ruggiero La acidez cítrica del ponzu empapa los hongos y el tofu mientras se cocinan.

Receta: Cuencos de arroz con hongos y tofu al ponzu

5. Estofado de hongos frescos y silvestres 

¿Se te antojan setas silvestres? Mi solución es preparar un guiso con setas cultivadas principalmente. Pero les doy un toque de sabor silvestre de un par de maneras. La primera es preparar un caldo intenso y sabroso con un puñado de boletus secos. La otra es comprar setas silvestres. Un escaso medio kilo de rebozuelos, aunque sean caros, no te dejará en la ruina. El resto del guiso rústico (llámalo ragú si quieres) está hecho de setas shiitake, cremini y ostra. A medida que se cuece a fuego lento, este guiso de setas herbáceo y con salsa gana profundidad y carácter. Servido sobre pasta o sobre un suave montículo de polenta, evoca la comodidad del hogar y lo primitivo en cada bocado.


Receta: Estofado de hongos frescos y silvestres


Ingredientes
Rinde:
4 a 6 porciones
650 g de champiñones marrones, como shiitake, cremini o portobello
220 g de champiñones silvestres, como rebozuelos, o bien, puede usar trompetas o setas ostra
4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
1 cebolla grande, picada
Sal y pimienta
1 cucharadita de tomillo picado
1 cucharadita de salvia o romero picado
Una pizca de hojuelas de pimiento rojo o cayena molida
1 cucharada de pasta de tomate
3 tomates maduros pequeños, pelados, sin semillas y picados
1 cucharada de harina común
2 tazas de caldo de champiñones, caliente, o bien, puede usar caldo de pollo o verduras, y más si es necesario
1 cucharada de mantequilla sin sal
3 dientes de ajo, picados
3 cucharadas de perejil picado
Polenta o pasta, para servir (opcional)

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Información nutricional Información
Preparación
Paso 1
Limpie los champiñones, separando los colores, y recorte los tallos duros. (Guarde los tallos para el caldo). Corte los champiñones en rodajas de aproximadamente ⅛ de pulgada de grosor.

Paso 2
En una sartén ancha, caliente 2 cucharadas de aceite de oliva a fuego medio-alto. Agregue la cebolla, sazone con sal y pimienta y cocine, revolviendo, hasta que la cebolla se ablande y se dore, aproximadamente 10 minutos. Retire de la sartén y reserve.

Paso 3
Agregue 1 cucharada más de aceite y suba el fuego a alto. Agregue los champiñones, sazone ligeramente y saltee hasta que estén bien dorados, aproximadamente 3 minutos. Baje el fuego a medio. Agregue el tomillo, la salvia, el pimiento rojo y la pasta de tomate. Agregue los tomates, revuelva bien y cocine durante 1 minuto. Vuelva a sazonar con sal y pimienta. Espolvoree con 1 cucharada de harina, revuelva para integrar y cocine durante 1 minuto más. Incorpore la cebolla reservada.

Paso 4
Agregue 1 taza de caldo de champiñones y revuelva hasta que espese, aproximadamente 1 minuto. Agregue gradualmente otra taza de caldo y cocine durante 2 minutos. La salsa debe tener una consistencia similar a la de una salsa; diluya con más caldo si es necesario. Rectifique la sazón. (Puede prepararse hasta este punto con varias horas de anticipación y recalentarse).

Paso 5
Justo antes de servir, ponga mantequilla y 1 cucharada de aceite de oliva en una sartén ancha a fuego medio-alto. Cuando la mantequilla comience a dorarse, agregue los rebozuelos, sazone con sal y pimienta y saltee durante unos 2 minutos, hasta que estén bien cocidos y comiencen a dorarse. Agregue el ajo y el perejil, revuelva para cubrir y cocine 1 minuto más. Agregue los rebozuelos a la mezcla de champiñones y transfiéralos a un tazón tibio para servir. Acompañe con polenta o pasta si lo desea.

Dos cuencos azules sostienen un guiso de hongos variados. Al lado hay pan y vasos de vino tinto. Credit...Armando Rafael para The New York Times. Estilismo de alimentos: Simon Andrews. Estilismo de atrezzo: Paige Hicks. Variedades silvestres y cultivadas se unen para dar a este sustancioso guiso capas de complejidad.

Receta: Estofado de hongos frescos y silvestres

sábado, 9 de mayo de 2026

¿Cuál es el secreto de la felicidad? Estos investigadores tienen una teoría

Ilustración de dos figuras oliendo un gran ramo de flores que sostiene una figura central.
Credit...Oyow
Según un nuevo libro, si quieres sentirte más amado y más feliz no debes intentar cambiar a nadie. Mejor cambia las conversaciones. Desde hace décadas, Sonja Lyubomirsky ha sido una destacada investigadora de la ciencia de la felicidad. Y todo ese tiempo, la gente le ha preguntado: ¿Cuál es el secreto? 

 A Lyubomirsky, una distinguida profesora de psicología de la Universidad de California en Riverside, esta pregunta siempre la ha irritado. ¿El secreto de la felicidad? Qué ridículo. Qué simplista.

Ella me contó que, cuando la presionan, suele decir algo por el estilo de: “Conexión y relaciones. Pensamiento positivo, que incluye gratitud. Y una sensación de control en tu vida”.

Pero si realmente tuviera que elegir una cosa, dijo, el secreto de la felicidad es “sentirse querido”.

Esa es la premisa de su más reciente libro, Cómo sentirse amado, escrito junto con Harry Reis, un profesor de psicología de la Universidad de Rochester que estudia las relaciones íntimas. 

Las investigaciones sobre amor y felicidad han tendido a enfocarse en el amor que uno siente por los demás. Pero, de hecho —sostienen Lyubomirsky y Reis en su libro—, lo que realmente nos hace felices es cuánto amor sentimos de vuelta.

La gente que quiere sentirse más querida, escriben los autores, tiende a adoptar uno de dos enfoques que no son necesariamente eficaces: intentan arreglarse a sí mismas (si yo fuera mejor persona, más amable, más atractiva, etcétera) o intentan arreglar a la otra persona (¡si tan solo mi pareja descifrara de una vez mi lenguaje de amor!).

Pero si quieres sentirte más amado, sostienen Lyubomirsky y Reis, no enfoques tu energía en intentar cambiar a nadie. En lugar de eso, cambia las conversaciones.

Escucha mejor para recibir más amor

Para sentirte más amado por los demás, debes empezar por hacer que ellos se sientan amados por ti, escriben los autores. Y escuchar mejor es una de las formas más poderosas de lograrlo.

Muchos creemos que sabemos escuchar, dijo Lyubomirsky, pero en general la verdad es que solo estamos esperando nuestro turno para hablar. (Admitió que esto es algo con lo que ella misma lucha). Ella recomienda adoptar una mentalidad de “escuchar para aprender”. Básicamente, en lugar de enfocarte en responder, enfócate en entender.

“Todos conocemos esa sensación, cuando alguien siente tanta curiosidad por ti, como si no pudiera esperar a que compartas tu historia”, dijo Lyubomirsky. “Les brillan los ojos. Se inclinan hacia ti”.

Ese tipo de atención auténtica y concentrada no es común, explicó, y es muy poderosa.

“Cuando alguien se siente profundamente visto, valorado y comprendido por ti, tiende a estar más dispuesto, motivado e incluso deseoso de hacer lo mismo por ti”, escriben los autores.

Pero escuchar mejor requiere práctica. Algunas recomendaciones sencillas: no interrumpas, dijo Lyubomirsky, y no des consejos a menos que te los pidan.

También haz preguntas de seguimiento. Reis suele recurrir a unas palabras que, dijo, rara vez fallan: “Cuéntame más”.

Enfócate en una relación, luego en otra

En lugar de intentar cambiar la forma en que te acercas a todas las personas de tu vida, Lyubomirsky sugiere elegir a una persona de la que quieras sentir más amor y empezar por ella. Puede ser una persona que ya sea muy cercana, como tu pareja o tus padres, dijo. O podría ser un colega al que te gustaría conocer mejor.

Las relaciones románticas no son el único lugar en el que se puede tener esa sensación de ser amado, sostienen los autores, y sentirse amado no se limita solo a unas pocas relaciones íntimas.

Una vez identificado tu objetivo, haz un plan para desafiarte a ti mismo: en el transcurso de la próxima semana, ten tres conversaciones con esa persona en las que te esfuerces por mostrar curiosidad genuina, recomendó Lyubomirsky.

Los autores creen que dar y recibir amor funcionan juntos como un balancín: levantas a una persona con el peso de tu curiosidad y atención, y ella, a su vez, hace lo mismo.

“El otro lado también es muy importante”, dijo Reis. “Compartir lo que es importante para ti, compartir lo que te preocupa, para que realmente se convierta en algo recíproco”.

La reciprocidad no está garantizada, pero es una norma social poderosa, añadió. Tendemos a responder con atención y amabilidad a quien se comporta así con nosotros.

Hay que saber cuándo tirar la toalla

Por supuesto, a veces puedes hacer todo lo posible por escuchar y ser abierto, y la otra persona no te da nada a cambio. Si es así, o si te resulta difícil despertar una curiosidad auténtica, son señales de que esa no es la relación adecuada para dedicarle tanto esfuerzo y energía.

“A veces queremos sentirnos más queridos por la persona incorrecta”, dijo Lyubomirsky.

Plantéate preguntas como: ¿Parece que esta persona me “entiende” de alguna manera, o al menos muestra interés en hacerlo? Cuando he compartido luchas o imperfecciones, ¿ha mostrado curiosidad y ha escuchado con entusiasmo?

En última instancia, Lyubomirsky espera que la gente se sienta fortalecida por el mensaje de que si eliges sabiamente —y te enfocas en la manera en que abordas las conversaciones— empezarás a sentir que llega más amor, y por lo tanto felicidad.

“Sentirse amado”, argumentan los autores, “no está fuera de tu control”.

​​Catherine Pearson es reportera del Times, donde escribe sobre familias y relaciones.


Los mejores consejos para ser feliz que he escuchado 

viernes, 8 de mayo de 2026

Más complicado que lo de Rufián: la compleja construcción del Frente Popular hace 90 años

Una tortuosa negociación a varias bandas permitió entre 1935 y 1936 superar los vetos cruzados y recomponer la colaboración entre las diferentes izquierdas.

El 16 de febrero de 1936 las izquierdas ganaron en España. Por muy poco. El sistema electoral de la época permitió ensanchar una victoria que en realidad había sido mucho más ajustada, y tras una tensa campaña electoral que dividió al país en dos. Un 47% de la izquierda frente a un 46% de las derechas. Apenas 100.000 votos de diferencia. El camino a la construcción del Frente Popular, como ya advertimos en el título del artículo, no fue un camino de rosas.

El fracaso de la coalición de izquierdas que gobernó el país entre 1931 y 1933 supuso grandes avances, pero también una profunda decepción en gran parte de los sectores populares que habían votado por la República el 14 de abril. Durante el llamado bienio progresista el gobierno extendió la educación pública y los derechos laborales, pero no llevó a cabo la reforma agraria y terminó recurriendo a la violencia para reprimir a los sectores más combativos de la clase obrera y del campesinado. También impuso la Ley de Vagos y Maleantes, una verdadera ley antipobres que también penalizaba ciertas formas de sindicalismo asociadas a la CNT.

La ruptura de la coalición entre los republicanos y el PSOE fue el primer paso para el hundimiento de las izquierdas en las elecciones de noviembre de 1933. La resaca política de este derrumbe sería una fuerte suspicacia entre los diferentes actores políticos, así como la radicalización de un PSOE en el que muchos hacían autocrítica de la participación gubernamental y la colaboración con los republicanos como los dos grandes errores cometidos por el partido tras el 14 de abril de 1931.

La represión como pegamento

Para superar este estado de ánimo y llegar a una recomposición de las izquierdas ibéricas serían necesarias antes una serie de catastróficas desdichas en España y en todo el mundo: el triunfo del nazismo en Alemania, el golpe de Estado del canciller Dolfuss en Austria, la invasión de la Italia fascista a Etiopía, el auge de los distintos fascismo europeos, y sobre todo la fortísima represión de la huelga general revolucionaria de octubre de 1934 por parte del gobierno de derechas del Partido Radical y la CEDA.

Los fusilamientos y ejecuciones extrajudiciales de revolucionarios, los castigos colectivos a la población civil, sobre todo en Asturies, los despidos y las listas negras de trabajadores significados política y sindicalmente, el encarcelamiento de cientos de militantes y cargos públicos, en algunos casos con denuncias de torturas, el cierre de locales y periódicos, la disolución de los ayuntamientos de izquierdas en toda España, y el temor generalizado a que una vez en el poder las derechas podían seguir el camino de Alemania, desmontando desde dentro la República del 14 de abril, tal y como Hitler había hecho con la República de Weimar, terminaron convenciendo a los líderes de las izquierdas de la necesidad de pasar página y poner en marcha una alianza electoral.

Dos personajes fueron claves en la construcción de algo que, finalmente, y en el último momento, terminaría llamándose Frente Popular: Manuel Azaña e Indalecio Prieto. El primero aportaba a los republicanos de clase media, organizados en Izquierda Republicana, un partido que había logrado unificar, cosa difícil, a la gran mayoría de un espacio con fuerte tendencia a la fragmentación y la camarilla.

El segundo lograría hacer virar al PSOE y a la UGT de las posiciones izquierdistas de Largo Caballero, otrora colaborador de la Dictadura de Primo de Rivera, más tarde ministro de Trabajo en la coalición con los republicanos pequeñoburgueses, y ahora “Lenin español”. ¿Lenin español? Evidentemente el papel le quedaba grande, pero Caballero jugaba en aquel momento la carta revolucionaria, no con vistas a desencadenar ninguna revolución bolchevique en España, sino pensando en la batalla interna dentro del PSOE y la UGT, en la siempre presente competición sindical con la CNT, y en retener a los jóvenes socialistas, tentados de una salida en masa hacia el emergente PCE.

¿Frente Obrero o Frente Popular?

Frente a quienes como Caballero y sus seguidores coincidían con la posición de Trotsky, solo Frente Obrero, ni hablar de colaboración con los republicanos, Prieto esgrimiría dentro del PSOE la necesidad de recomponer una alianza democrática y reformista con un republicanismo liberal que representaba a sectores políticos y sociales mucho más conservadores, pero sin embargo imprescindibles para ganar al bloque reaccionario.

La conclusión del veterano político era que, sencillamente, solo con la clase obrera y los campesinos pobres, los números no salían. Había que ensanchar la base social de la alianza electoral incorporando a las clases medias urbanas y rurales, y esto lógicamente tenía un precio programático: ni nacionalización de la tierra, ni de la banca, ni de la gran industria.

Las renuncias, aunque muy dolorosas, tenían a cambio una contrapartida muy fuerte: lograr la amnistía y sacar a los presos de las cárceles.

Cientos de militantes seguían en prisión o en el exilio, y los tres personajes centrales de esta historia, Azaña, Prieto y Caballero, habían conocido en primera persona la represión del Partido Radical y la CEDA. Azaña sería el primero en recobrar la libertad tras pasar tres meses en la cárcel, Prieto regresaría del exilio en la primavera de 1935, y Caballero sería excarcelado a finales de ese mismo año.

La revolución tendrá que esperar

A lo largo de 1935 las medidas de excepción se irían relajando, facilitando así la actividad y la reorganización de las izquierdas. Este clima de mayor libertad permitiría a Azaña realizar una gira de actos multitudinarios llamando a la unidad electoral de las fuerzas progresistas.

En el verano de ese mismo año 1935 también sucedería algo de una importancia trascendental a miles de kilómetros de España. Tras un inicial periodo de tanteos, el VII Congreso de la Komintern, celebrado el mes de agosto en Moscú, oficializaba, negro sobre blanco, un giro de 180 grados en la política de alianzas de los partidos comunistas. Llegaba un nuevo tiempo marcado por la amenaza fascista. Había que enterrar el hacha de guerra con los socialdemócratas y llamar a la construcción de grandes frentes populares que fueran más allá de la clase obrera. También con los elementos de la clases medias y de la pequeña burguesía que estuvieran dispuestos a defender la democracia junto al movimiento obrero. Lo primero era parar al fascismo. La revolución podía esperar.

La autoenmienda era total. El giro frentepopulista suponía recoger carrete tras el fracaso de la desastrosa estrategia llevada a cabo por la Komintern en Alemania. El sectarismo y el ultraizquierdismo habían salido muy caros al movimiento comunista y a sus militantes. Una catástrofe sin paliativos que había acabado con Hitler en el poder, y el gran Partido Comunista Alemán, la joya de la corona de la Komintern, hecho cenizas: ilegalizado y con sus dirigentes en la cárcel o el exilio.

Tras la derrota de las izquierdas en Alemania, el apetito expansionista de Hitler apuntaba irremisiblemente hacia el Este. Ante ese panorama la Unión Soviética necesitaba con urgencia un pacto con las democracias liberales europeas. Desactivar una más que posible invasión nazi era cuestión de vida o muerte.

La apuesta por los frentes populares formaba pues, parte de una nueva estrategia política de Stalin y Moscú que también buscaba reforzar la seguridad de la URSS, así como mejorar y dulcificar su imagen pública internacional ante unos políticos europeos que seguían prefiriendo al fascismo, con el que se podían hacer negocios, al comunismo, que desestabilizaba y promocionaba la revolución en Europa.

Con el PCE en el ajo, Largo Caballero ya podía estar más tranquilo. Los comunistas de hecho ayudarían a convencer al secretario general de la UGT de que debía olvidar la idea del frente exclusivamente obrero.

Por su parte, una vez convencido, el viejo socialista sería el más interesado en incorporar a los comunistas, a los que su enemigo íntimo Indalecio Prieto no podía ver ni en pintura, ya que incluso habían tratado de asesinarle a principios de los años 20, en el Bilbao del pistolerismo político.

Los motivos de Largo Caballero para apostar por la inclusión del PCE eran dobles. Por un lado lograba así un aliado para compensar el poder de la alianza entre Azaña y Prieto en el Frente Popular. Por otro, desactivaba a un potencial competidor por la izquierda que pudiera acusarle de traicionar a la clase obrera al firmar una alianza con los republicanos. Todavía seguía la luna de miel entre el PCE, que luchaba por salir de la marginalidad política, y Caballero, que aspiraba a instrumentalizar a los comunistas para sus batallas internas dentro del PSOE y la UGT.

Celebración en Cibeles Frente Popular 

Celebración en Cibeles Frente Popular

Rumbo a las elecciones

Aunque Azaña detestaba a los comunistas entendió que no le quedaba más remedio que tragárselos. Solo puso una condición: que no vinieran a las reuniones preparativas del frente. El PSOE les representaría. En el partido socialista no darían una gran batalla porque el PCE pudiera sentarse en la mesa de negociación, y a los comunistas no les quedaría más remedio que transigir.

Algunos republicanos se darían de baja por la incorporación de los comunistas, pero serían sectores muy minoritarios. El cálculo, de cara al computo total, era que lo que se perdía era mucho menos de lo que se podía ganar sumando a los comunistas. El PCE se encontraba en plena expansión, aportaba el prestigio de la URSS entre amplios sectores de la clase trabajadora, y contaba con una militancia muy dinámica.

Ya solo quedaba sumar a algunas pequeñas formaciones de reciente fundación: el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña y el Partido Obrero de Unificación Marxista de Joaquín Maurín. Este último, pese a defender un frente exclusivamente obrero, también terminaría aceptando la alianza con los republicanos. Gracias a su integración en el Frente Popular Maurín obtendría un escaño por la provincia de Barcelona. Trotski, desde su exilio en Noruega, les excomulgaría por estampar su firma junto a los partidos republicanos de la pequeña burguesía. El viejo bolchevique montaría en cólera, calificando a los dirigentes del POUM de “traidores” a los que era preciso desenmascarar ante las masas.

El 15 de enero se presentaba el manifiesto del Frente Popular, con la firma de todos los partidos y un programa de izquierdas, pero no revolucionario, que principalmente planteaba la restauración de la senda reformista de 1931: reforma agraria, extensión de los derechos sociales y laborales, política de obras públicas para modernizar el país y dar empleo a los desempleados…

En cuanto a Catalunya, el País Vasco y Galicia la unión de las izquierdas tenía bola extra: recuperar o poner en marcha los estatutos de autonomía, superando la etapa recentralizadora del Partido Radical y la CEDA.

En el caso catalán, donde la autonomía estaba autonomía suspendida desde Octubre de 1934 y el president de la Generalitat y todo su gobierno encarcelados en el penal de Santa María, Cádiz, no había muchas dudas en cuanto a la necesidad de unirse. El Front d’Esquerres, donde ERCtenía una hegemonía indiscutible, ganaría por amplia mayoría en las cuatro provincias catalanas. El voto de Catalunya, y sobre todo de la provincia de Barcelona, con casi tres millones de habitantes, sería clave en inclinar la balanza del lado de las izquierdas.

En el País Vasco socialistas, republicanos, comunistas y la pequeña Acción Nacionalista Vasca se comprometerían a desbloquear el Estatuto de Autonomía, disputando así al PNV el monopolio que hasta entonces había ejercido de la cuestión autonómica. En Galicia la participación del Partido Galleguista en el Frente Popular acabaría con la relativa ambigüedad ideológica manejada por el movimiento hasta entonces. La minoría conservadora del PG se escindiría en una pequeña formación, Dereita Galeguista, algunos de cuyos dirigentes terminarían plenamente integrados en el régimen franquista.

En líneas generales el Frente Popular consolidaría la asociación entre las izquierdas y la concepción plural o plurinacional de España que llega hasta nuestros días.

Quedaba todavía por delante la siempre compleja negociación de las listas electorales, y un cabo suelto. Los anarquistas. ¿Qué harían ante el proceso electoral? Fieles a su posición anti Estado, los dirigentes de la CNT y la FAI no se sumarían al frente ni harían campaña por él, pero discretamente, y no tan discretamente, lo apoyarían como medio para frenar la ofensiva derechista, y sobre todo sacar a los presos de la cárcel. Esta vez no habría, como en noviembre de 1933, campañas llamando a la abstención.

Su silencio táctico sería clave. Y es que sin los votos del millón largo de afiliados de la CNT, las izquierdas no habrían podido ganar en las elecciones generales de aquel 16 de febrero de 1936. Fueron las últimas en mucho tiempo. España tardaría 41 años en volver a votar en libertad.

Fuente: 

jueves, 7 de mayo de 2026

_- Podemos ir más allá del modelo capitalista y salvar el clima: estos son los tres primeros pasos

_- Fuentes: Sin permiso


El capitalismo se preocupa por el futuro de nuestra especie tanto como un lobo se preocupa por el de un cordero. Pero si democratizamos nuestra economía, un mundo mejor estará a nuestro alcance. 


 Tenemos una responsabilidad urgente. Nuestro sistema económico actual es incapaz de abordar las crisis sociales y ecológicas a las que nos enfrentamos en el siglo XXI. Cuando miramos a nuestro alrededor, vemos una paradoja extraordinaria. Por un lado, tenemos acceso a nuevas tecnologías extraordinarias y a una capacidad colectiva para producir más alimentos y más cosas de las que necesitamos o de las que el planeta puede permitirse. Sin embargo, al mismo tiempo, millones de personas sufren condiciones de grave privación.

¿Cómo se explica esta paradoja? El capitalismo. Por capitalismo no nos referimos a los mercados, el comercio y el espíritu empresarial, que han existido durante miles de años antes del auge del capitalismo. Por capitalismo nos referimos a algo muy extraño y muy específico: un sistema económico que se reduce a una dictadura dirigida por una pequeña minoría que controla el capital: los grandes bancos, las grandes empresas y el 1 % que posee la mayoría de los activos invertibles. Aunque vivamos en una democracia y podamos elegir nuestro sistema político, nuestras elecciones nunca parecen cambiar el sistema económico. Son los capitalistas quienes determinan qué producir, cómo utilizar nuestra mano de obra y quién se beneficia de ella. El resto de nosotros, las personas que realmente realizamos la producción, no tenemos voz ni voto.

Y para el capital, el objetivo de la producción no es principalmente satisfacer las necesidades humanas o lograr el progreso social, y mucho menos cumplir con ningún objetivo ecológico. El objetivo es maximizar y acumular beneficios. Ese es el objetivo primordial. Esa es la ley capitalista del valor. Y para maximizar los beneficios, el capital requiere un crecimiento perpetuo, una producción agregada cada vez mayor, independientemente de si es necesaria o perjudicial.

Así que acabamos con formas irracionales de producción: tenemos una producción masiva de cosas como SUV, mansiones y moda rápida, porque estas cosas son muy rentables para el capital, pero una subproducción crónica de cosas obviamente necesarias como viviendas asequibles y transporte público, porque estas son mucho menos rentables para el capital, o no lo son en absoluto.

Lo mismo ocurre con la energía. Las energías renovables ya son mucho más baratas que los combustibles fósiles. Por desgracia, los combustibles fósiles son hasta tres veces más rentables. Por lo tanto, el capital obliga a los gobiernos a vincular los precios de la electricidad al precio del más caro gas natural licuado, y no a la energía solar barata. Del mismo modo, la construcción y el mantenimiento de autopistas es mucho más lucrativo para los contratistas privados, los fabricantes de automóviles y las compañías petroleras que una red moderna de ferrocarriles públicos ultrarrápidos y seguros. Así que los capitalistas siguen presionando a nuestros gobiernos para que subvencionen los combustibles fósiles y la construcción de carreteras, incluso mientras el mundo se quema.

Desde la elección de Donald Trump, muchas grandes empresas de inversión han abandonado con entusiasmo sus compromisos climáticos, que, en favor del bien común, habían restringido su rentabilidad. Esto debería ser un momento esclarecedor para todos nosotros: al capitalismo le importan las perspectivas de nuestra especie tanto como a un lobo le importa un cordero.

Así que aquí estamos: atrapados en el conjunto de prioridades del capitalismo, que son enemigas de las de la humanidad. El ingenio humano nos ha legado tecnologías y capacidades espléndidas. Pero, como una divinidad cruel, el capital no solo nos impide utilizarlas para nuestro bien colectivo, sino que, de hecho, nos obliga a emplearlas para nuestra ruina colectiva.

El sistema también nos encierra en ciclos interminables de violencia imperialista. La acumulación de capital en las economías avanzadas se basa en la aportación masiva de mano de obra barata y recursos naturales del sur global.

Para mantener este orden, el capital utiliza todas las herramientas a su alcance: deuda, sanciones, golpes de Estado e incluso invasiones militares directas para mantener subordinadas a las economías del sur.

La solución está ante nuestros ojos. Necesitamos urgentemente superar la ley capitalista del valor y democratizar nuestra economía, para poder organizar la producción en torno a prioridades sociales y ecológicas urgentes. Al fin y al cabo, nosotros somos los productores de los bienes, los servicios y las tecnologías. Es nuestro trabajo y los recursos de nuestro planeta los que están en juego. Por lo tanto, nosotros debemos reclamar el derecho a decidir qué se produce, cómo y con qué fin.

¿Cómo se puede hacer esto? Hay tres condiciones necesarias para la transformación de nuestra economía de una dictadura sin salida a una democracia funcional y ecológicamente sólida.

La primera condición es una nueva arquitectura financiera que penalice las «inversiones» privadas destructivas y permita la financiación pública con fines públicos. En el centro de esta arquitectura necesitamos un nuevo banco de inversión público que, en asociación con los bancos centrales, convierta la liquidez disponible en tipos de inversión compatibles con una prosperidad común y sostenible.

La segunda condición es el uso extensivo de la democracia deliberativa para decidir los objetivos sectoriales, regionales y nacionales (por ejemplo, en lo que respecta al crecimiento o incluso a la reducción de diferentes producciones) a los que se destinarán las nuevas herramientas de financiación pública.

Y la tercera condición es una gran ley de reforma corporativa con el fin de democratizar las empresas, favoreciendo y promoviendo la formación de empresas que funcionen según el principio de un empleado, una acción, un voto.

Vivimos a la sombra del mundo que podríamos crear. Un mundo en el que podríamos evitar un colapso ecológico casi seguro, en lugar de esperar a que el capitalismo nos empuje más allá del punto de no retorno. Un mundo en el que sea posible abolir la inseguridad económica, la precariedad, la pobreza, el desempleo y la indignidad, mientras llevamos una vida significativa dentro de los límites planetarios. No se trata de un sueño lejano. Es una perspectiva tangible.

Jason Hickel es profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y profesor visitante senior de la LSE.

Jason Hickel es uno de los fundadores del MeRA25, exministro de Finanzas griego y autor de «Technofeudalism: What Killed Capitalism».


miércoles, 6 de mayo de 2026

Las inolvidables lecciones de mayo de 1871. La Comuna de París

Fuentes:Rebelión [Imagen: Barricada de la Place Blanche, defendida por mujeres durante la Comuna, obra de Héctor Moloch. Créditos: Musée Carnavalet]



En este artículo el autor aprovecha el aniversario de la Comuna de París para mostrar las lecciones inolvidables, entre las que destaca la necesidad de unificar las luchas.

A medida que se acerca el mes de mayo, la memoria de todos los que soñamos con un mundo regido por la justicia, la solidaridad y la fraternidad se vuelve inexorablemente hacia una hazaña heroica ocurrida hace 155 años. Fue cuando hombres y mujeres se pusieron en acción con vistas a construir el primer experimento de sociedad que tenía por base y fundamento la dignidad, la igualdad de derechos y el compañerismo entre todos sus integrantes, es decir, una en la que la brutal opulencia de unos pocos no prevaleciera sobre las necesidades de la gran mayoría.

Por supuesto, me refiero a la Comuna de París, el primer intento de revolución social en el mundo llevado a cabo teniendo como principios rectores conscientes los intereses, sentimientos y aspiraciones de las clases trabajadoras.

Sin embargo, como sabemos, esta experiencia fue breve y no tuvo éxito, ya que, en menos de dos meses, una conjunción de las fuerzas contrarrevolucionarias de la burguesía y los demás explotadores logró, por medio de una terrible masacre, derrotar a los heroicos luchadores que se habían atrevido a desafiar el poder y los privilegios de los «bien nacidos».

Pero, a pesar de no haber alcanzado la emancipación deseada, la Comuna de París siempre debe verse y sentirse como un hito de máxima importancia para orientar a las clases trabajadoras de todos los países en todas sus batallas e intentos de edificar un nuevo mundo, libre de explotación.

Lo que sí es seguro es que el sacrificio de aquellos abnegados seres que se entregaron en cuerpo y alma a una tarea tan difícil, a despecho de su fragrante inferioridad material, nos ha legado numerosas e indispensables lecciones, que todos los luchadores del campo popular de hoy tienen el deber moral de recuperar y valorar debidamente.

La primera gran enseñanza que se puede extraer de aquella fracasada experiencia es tenerlo claro que no hay odio más virulento que el de las clases dominantes hacia cualquier intento de la clase trabajadora de poner fin a sus privilegios. Para la burguesía y para los explotadores en general, nada es más intolerable que ver a personas de humilde ascendencia atreverse a pretender ocupar espacios considerados exclusivos de las clases señoriales. El odio de clase que existía en la época de la Comuna sigue destilándose con igual intensidad hoy en día.

Otro punto que se mantiene completamente válido es la necesidad de que reconozcamos la importancia del papel de la mujer en los procesos de lucha por transformaciones revolucionarias. Ningún movimiento es digno de considerarse realmente libertador si no permite y posibilita que sus mujeres ejerzan el mismo protagonismo que el de sus compañeros masculinos.

También debería servirnos para impulsar nuestras reflexiones la constatación de la necesidad de actuación conjunta y coordinada entre las diversas vertientes que componen la vanguardia de los sectores populares. La Comuna nos ha enseñado que tenemos que dejar de lado divergencias secundarias y puntuales, y unificarnos para enfrentar a los verdaderos enemigos de todos nosotros.

Además de lo ya citado, otra cuestión que permanece en la orden del día tiene que ver con el papel de los medios de comunicación. Aunque los actuales instrumentos de difusión de ideas sean muy diferentes de los que existían en tiempos de la Comuna, los grandes grupos económicos capitalistas todavía ejercen un inmenso predominio en relación con la transmisión de noticias y pensamientos. Por lo tanto, encontrar maneras de superar tal desafío sigue siendo una tarea de fundamental relevancia para las fuerzas que actúan a favor de las mayorías trabajadoras.

Teniendo en cuenta el panorama que buscamos trazar en las líneas anteriores, me gustaría sugerir enfáticamente que vean con atención la valiosa contribución analítica hecha por el historiador Vladimir Acosta disponible en este enlace: https://www.dailymotion.com/video/xa781sy

Traducido del portugués para Rebelión por el propio autor. Fue publicado originalmente en:

— https://www.brasil247.com/blog/as-licoes-inesqueciveis-de-maio-de-1871-f37aecd0

— https://desacato.info/as-licoes-inesqueciveis-de-maio-de-1871-por-jair-de-souza/

— https://altamiroborges.blogspot.com/2026/04/as-licoes-inesqueciveis-de-maio-de-1871.html

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Divorcios. Cinco claves para proteger la salud emocional de los hijos tras un divorcio





Es importante transformar una ruptura en un proceso de cuidado, acompañamiento y escucha, de forma que se validen y sostengan los sentimientos de los niños sin olvidar el autocuidado de los adultos.

Cuando una pareja decide separarse tras años de desgaste y conflictos, toda la familia se ve sacudida por un terremoto emocional. Los adultos enfrentan el duelo del final de la relación, mientras los hijos perciben confusión, miedo y tristeza, aunque no siempre sepan poner palabras a esos sentimientos. Entender cómo afecta esta ruptura y cómo acompañar a cada miembro de la familia se vuelve clave para transformar un momento doloroso en una oportunidad de reconexión, resiliencia y crecimiento emocional compartido.

Para un menor, que sus padres se separen representa un cambio profundo en su mundo afectivo y una transformación significativa en su vida cotidiana. A partir de ese momento, nada será igual, y deberá aprender a adaptarse a vivir en dos hogares, reorganizando su rutina, sus relaciones y su sensación de seguridad. Un proceso complejo que puede llevarle tiempo y que requerirá acompañamiento, comprensión y estabilidad emocional para que el niño pueda integrarlo de manera saludable.

Sin duda, resulta mucho más beneficioso para los hijos que una pareja se separe de manera respetuosa, consciente y responsable, que permanecer en un hogar donde los adultos conviven en un clima de enfrentamiento continuo y conflicto constante. Cada niño es único y, en función de su edad, su personalidad y la forma en que sus progenitores gestionen la separación, pueden aparecer emociones como inseguridad, miedo, tristeza, rabia e incluso sentimientos de culpa. Acompañar estas reacciones con apoyo emocional, estabilidad y comunicación abierta será clave para favorecer su bienestar y su adecuada adaptación a la nueva realidad familiar.

Pueden aparecer también conductas regresivas, como la pérdida del control de esfínteres nocturnos, el deseo de dormir con papá o mamá, un aumento de las rabietas y la ansiedad por separación. Además, pueden observarse alteraciones en los patrones de sueño y alimentación, quejas somáticas, descenso del rendimiento escolar, conductas de riesgo, incremento de la agresividad o actitudes de menosprecio hacia alguno de los progenitores.

A pesar de las circunstancias, el objetivo principal de ambos padres debe ser garantizar el bienestar de sus hijos. Para ello, es fundamental que sean capaces de priorizar sus necesidades emocionales y evolutivas, buscando acuerdos que favorezcan a ambas partes y, sobre todo, que proporcionen estabilidad y seguridad al menor. Esto implica dejar a un lado los rencores, los conflictos no resueltos y los asuntos pendientes de la relación de pareja, entendiendo que, aunque el vínculo conyugal haya terminado, la responsabilidad compartida como padres continúa. Una comunicación respetuosa y una actitud colaborativa serán clave para acompañar a los hijos de la mejor manera posible en este proceso de cambio.

Una comunicación respetuosa es clave para acompañar a los hijos de la mejor manera posible en este proceso de cambio. Westend61 (Getty Images/Westend61)

A continuación, cinco claves para acompañar emocionalmente a los hijos durante la separación:

1. Siempre que sea posible, la noticia de la separación debe ser comunicada de manera conjunta por ambos progenitores, ofreciendo al niño un relato coherente, claro y adaptado a su edad. Es fundamental permitir que el menor exprese todas las dudas y preguntas que necesite, y asegurarse de que comprende que no es responsable de la ruptura y que entienda los motivos de la decisión. La falta de información o la transmisión de mensajes contradictorios puede generarle confusión, inseguridad, desconfianza y un importante malestar emocional.

2. Será fundamental que comprenda que la separación no modifica el amor que sus padres sienten por él y que ambos continuarán a su lado, cuidándolo y protegiéndolo. Resulta igualmente fundamental transmitirle estabilidad y continuidad en sus rutinas cotidianas, ya que estas le aportan seguridad y previsibilidad. Del mismo modo, evitar las discusiones, los reproches o los desacreditamientos delante del menor contribuirá a preservar su bienestar emocional, reforzar su sensación de seguridad y facilitar una adaptación más saludable a la nueva situación familiar.

3. El niño necesita sentir que se le permite experimentar el dolor y expresar sus emociones con libertad. Es fundamental que sepa que puede sentirse triste, enfadado o inseguro, y que dispone de un espacio seguro en el que compartir su malestar sin miedo a ser juzgado o castigado. La escucha activa, la comprensión y la validación emocional por parte de los adultos le ayudarán a sentirse acompañado, favoreciendo el desarrollo de una adecuada regulación emocional y contribuyendo a la reducción de su ansiedad.

4. Los progenitores deben estar especialmente atentos a los posibles síntomas emocionales, físicos, sociales o conductuales que su hijo pueda manifestar. Detectar estas manifestaciones de forma temprana permitirá ofrecer una respuesta adecuada, brindarle apoyo, comprensión y, si fuera necesario, solicitar orientación profesional para acompañarlo de manera adecuada.

5. Un aspecto fundamental, y a menudo olvidado, en los procesos de separación es el cuidado emocional de los propios progenitores. Los adultos atraviesan su propio duelo: frustración, culpa, enfado o miedo al futuro. Pretender acompañar emocionalmente a los hijos sin atender primero el propio malestar puede resultar contraproducente. Cuando los progenitores se permiten reconocer sus emociones, pedir ayuda y apoyarse en su red familiar y social o profesional, no solo se protegen a sí mismos, sino que ofrecen a sus hijos un modelo sano de afrontamiento emocional. El autocuidado no es egoísmo, sino una necesidad.

La separación de una pareja supone, sin duda, un proceso doloroso y complejo, pero no tiene por qué convertirse en una experiencia traumática para los hijos. Cuando los adultos actúan desde la responsabilidad, el respeto y la cooperación, es posible transformar este momento de crisis en una oportunidad para construir una nueva forma de familia también basada en el cuidado, la seguridad emocional y el amor incondicional hacia los hijos.

Sobre la firma
Sonia López Iglesias