martes, 31 de marzo de 2026

Caso Epstein. El sistema cerró los ojos ante la corrupción, el tráfico sexual de menores… ¿Por qué explota ahora?

Fuentes: Rebelión - Algunas de las mujeres víctimas como menores del tráfico sexual de la red Epstein. En la foto combinada aparecen: Virginia Roberts Giuffre, quien se suicidó en 2025, Teresa Helm, Jena Lisa Jones, Kiki, Rachel Benavidez, Marijke Chartouni, Chaunte Davies y Courtney Wild. (Lifetime via AP)





¿Por qué estalla la burbuja política del caso Epstein ahora? El caso Epstein empezó en 2005, cuando una madre denunció en Palm Beach, Florida, que la hija había sido abusada sexualmente por Jeffrey Epstein. El factor desencadenante está en la política interna de EE.UU.

Con los ojos bien cerrados (Eyes Wide Shut)

La película de Stanley Kubrik, Con los ojos bien cerrados (Eyes Wide Shut), estrenada en 1999, devela el mundo secreto de los rituales y las orgías sexuales de las élites iniciadas. Junta dos mundos, la vida privada de los dos protagonistas y el mundo secreto del poder. La puerta está allí, la palabra de paso “Fortune” abre la ruta. La máscara apenas puede ocultar por un momento la identidad. El puente es la imaginación del goce femenino, la salvación viene del sacrificio femenino. Todos saben que el secreto está allí, pero caminan “con los ojos bien cerrados”. Al final, todavía hay tiempo para la palabra compartida y el reencuentro.

Todos sabían el secreto de Epstein, las élites compartían los rituales, los acuerdos, los negocios, las recomendaciones. Las víctimas hablaron, pero el sistema cerraba los ojos, encubría las investigaciones. ¿Por qué ahora estallan los documentos de Epstein?

Sincronicidad
La pregunta no es tanto ¿qué?, sino ¿por qué ahora?, ¿cómo? Y empecemos por ¿quién? Los archivos Epstein están en manos del FBI, que es el encargado de liberarlos. Ha realizado la segunda entrega de tres millones de archivos, con nombres mostrados y nombres ocultados. El objetivo es crear un caos que confunda y polarice, con lo cual trivializa los datos. El espectáculo termina por debilitar la posibilidad de respuesta.

¿Por qué estalla la burbuja política del caso Epstein ahora? El caso Epstein empezó en 2005, cuando una madre denunció en Palm Beach, Florida, que la hija había sido abusada sexualmente por Jeffrey Epstein. Aunque su historia comienza en los años 80 del siglo pasado, cuando crea su primera empresa, J. Epstein & Co, que gestionaba activos de clientes con patrimonios superiores a los mil millones de dólares; y empezó a adquirir su red de mansiones en Florida, Nuevo México y Nueva York, escenario de las relaciones con grandes empresarios, políticos, celebridades, artistas. La investigación llevó a la detención de Epstein en julio de 2006, fue condenado a 18 meses de prisión, de los que cumplió 13 meses. En 2019 fue detenido nuevamente y en agosto apareció muerto en la prisión. Una historia de 40 años de opulencia y corrupción. ¿Por qué ahora se convierte en un hecho explosivo?

Hay que ver el contexto, la sincronicidad. En la economía, la debacle paralela del dólar y del bitcoin, y los contrapesos chinos a la guerra arancelaria de Trump y al dominio financiero de Occidente.

El factor desencadenante está dentro de Estados Unidos. En la escena política interna, dos hechos centrales: la caída de la aceptación de Donald Trump y los signos de guerra civil interna, sobre todo a raíz de los acontecimientos de Minneapolis; el riesgo está en las elecciones de medio periodo, el 3 noviembre de 2026, ya que Trump y el Partido Republicano pueden perder la mayoría en alguna de las Cámaras o en las dos. Es el terreno de una lucha entre facciones.

En la escena geopolítica, el reparto de zonas de influencia entre los tres nodos de poder mundial, con la estrategia Monroe 2.0 en el centro de la política de Trump; el ensayo es la intervención en Venezuela, para asegurar el control del hemisferio, ampliado a Groenlandia y el Ártico. Un momento de definición de la guerra en Ucrania, con un acuerdo Putin-Trump, y la marginación de la Unión Europea; lo que precipita la disolución de la OTAN. El fin del Tratado nuclear New Start, de control de armas nucleares, eliminación del límite del número y final de la inspección, y aceleración de la carrera armamentista. La disrupción del conflicto en Oriente Medio, tanto por la resistencia del Pueblo Palestino, como la capacidad disuasiva de Irán.

Las investigaciones muestran los nexos de Epstein con la inteligencia británica e israelita.[1] El timing del caso Epstein mostraría, en lo inmediato, la oportunidad de la presión y el chantaje de Netanyahu sobre Trump, con el protagonismo del MOSSAD, para enfrentar el conflicto Iraní, bajo las condiciones de Israel, orientadas al desarme y la disolución de Irán. Y los esfuerzos de la OTAN, con el protagonismo de Gran Bretaña y el MI6, para continuar la guerra en Ucrania.

Hay un tiempo más profundo. El núcleo duro de una civilización es su concepción del bien y el mal. El caso Epstein, en el tiempo largo y profundo, es el signo del momento de demolición en la transición civilizatoria. Como dice Estulin, “el campo de batalla es la mente humana”, el intento de un reseteo cultural en torno a las preguntas fundamentales ¿qué es el bien?, ¿qué es el mal?

El juego es ocultar la estructura, la convergencia de los poderes en la creación de una red que combina poder económico, afinidad política, decadencia e impunidad moral, red de prostitución infantil y violencia patriarcal contra los niños y las mujeres, ritualidad necrológica, “desintegración ontológica”. El exceso de datos busca saturar la respuesta de la sociedad, sentir que hay un caos amenazante, inmanejable. El poder orienta la atención contra los nombres para generar oposiciones y neutralizar la respuesta de la humanidad.

La paradoja es que después de tantos datos, debates, noticias, los únicos detenidos son Jeffrey Epstein y su pareja-cómplice, Ghislaine Maxwell, y han caído algunas figuras, como el Príncipe Andrés en Inglaterra; pero la impunidad se impone. Han caído por las acusaciones de prostitución, pero no por la participación en redes corruptas de negocios y de poder político.

Epstein es el espejo en donde podemos mirar la transición negativa, la destrucción del viejo orden mediante el caos moral y ético, sin que aparezca todavía la visión alternativa, un proceso de transición civilizatoria.

La transición
En la modernidad “la represión ha sido, por cierto, el modo fundamental de relación entre poder, saber y sexualidad, no es posible liberarse sino a un precio considerable: haría falta nada menos que una trasgresión de las leyes, una anulación de las prohibiciones, una irrupción de la palabra, una restitución del placer a lo real y toda una nueva economía en los mecanismos del poder; pues el menor fragmento de verdad está su jeto a condición política.” (Foucault, 2007, pág. 11)

Se abre un largo camino para enfrentar la represión y abrir el camino del retorno del eros y la resurrección del cuerpo. Freud abre una puerta, aunque la retiene en torno al diván. El hipismo en los 60-70 del siglo pasado levantan la consigan de paz y amor. Mayo 68 en París, abre la ruta del arte de amar. La lucha de las mujeres abre la alcoba a la sociedad, recupera el derecho al goce. La “muerte de Dios” y de la culpa da paso a la fiesta del cuerpo.

Pero el sistema reabsorbe las libertades y los derechos conquistados e instaura una cultura hedonista, el discurso organiza la versión woke de los derechos y libertades de la sexualidad. Y entonces emerge la reacción conservadora, para restablecer el orden de la familia.

La paradoja está en la presencia de una doble cultura: el discurso puritano hacia abajo, y el vuelco hedonista para las élites. Un giro sobre la relación entre el bien y el mal, el obstáculo está en los límites de la virtud, el poder construye una nueva voluntad, un nuevo pacto en torno a la libertad del mal. Un proceso de iniciación y complicidad para participar en los circuitos exclusivos del poder.

Como base de la explotación sexual de las mujeres, se combinan diversas formas de violencia: desde la violencia física y la violencia sexual, el chantaje y el atemorizamiento, hasta la violencia simbólica de las seducciones y los señuelos del éxito individual y la participación en el boato de la vida de los poderosos. Por eso Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell elegían sobre todo a niñas y jóvenes de sectores económicos y sociales vulnerables.

El orden de la historia de Epstein empieza por la construcción de un poder empresarial obscuro, vinculado, desde el inicio, con procesos especulativos e ilegales. Sobre esta base, avanza en la construcción de redes de violencia sexual contra niñas y mujeres, de comercio de órganos, en un territorio bajo control propio. Puede vincular los contactos económicos con la oferta de servicios sexuales para las perversiones pulsionales de los poderosos. Y se teje una red de participación, impunidad y chantaje de negocios económicos y de poder político. Los organismos de inteligencia, sobre todo el MI6 y el MOSSAD, ven en esto un instrumento de control político. La cadena se completa: poder económico, mercado de explotación sexual y prostitución infantil, control político.

Con ello se abre la puerta a la transición cultural-ético-moral: para el poder no sólo todo está permitido, el efecto de la “muerte de Dios”, sino que hay una inversión del orden moral, el bien y la virtud son el obstáculo para el progreso, la iniciación en la celebración del mal, del goce pervertido, es la puerta del nuevo orden.

Las obras del Marqués de Sade eran una crítica y una denuncia de la decadencia de las élites. En “Las 120 jornadas de Sodoma”, escrito en 1785, en vísperas de la Revolución Francesa, se describe, en “la fiesta del 25 de Diciembre”, un ritual en que se sacrifica a una joven virgen y beben su sangre, como parte de los rituales de iniciación. Quizás en esta perspectiva, aunque no hay suficiente contrastación sobre los testimonios de algunas víctimas, no se puede descartar la realización de una ritualidad satánica en el caso Epstein, como un mecanismo para “re-ligar” a los iniciados.

La iniciación del poder.
El caso Epstein es un síntoma sistémico de la perversión y el nuevo pacto de las élites del capitalismo mundial. Romper los límites morales, para poder rebasar todos los límites en la economía y el poder. Borrar las fronteras entre las normas y las prácticas.

No sólo se trata de rebasar las normas legales, tanto internas como internacionales, como proclama abiertamente Trump, sino que llega a las normas morales, no sólo la licuación de las fronteras, sino la inversión de la relación entre el bien y el mal. Un mecanismo perverso es la utilización de las “obras buenas”, la filantropía, para encubrir, limpiar y compensar la imagen del mal.

Anna Harendt demostró que la raíz del nazismo fue la “banalidad del mal”, la aceptación gradual de los pequeños males, su normalización, como base para la perversión de la voluntad, la participación en un proceso colectivo. Ahora ese mecanismo supuestamente excepcional, correspondiente sólo al extremo del nazi-fascismo, se convierte en la normal. No se trata de la depravación de un individuo, sino de una red compartida de actores, cómplices y encubridores de las élites occidentales.

El caso Epstein es el desenlace de un largo proceso de reseteo cultural, acentuado en el período neoliberal, que coloca en el centro el hedonismo, la ética utilitaria individualista, el consumismo. El dominio patriarcal sobre el cuerpo de las mujeres, sobre todo de las niñas, fue la puerta para este paso.

Hay un paralelismo entre los relatos del Marqués de Sade en “Las 120 jornadas de Sodoma” y el caso Epstein. El relato del Marqués de Sade se ubica en las postrimerías del reinado de Luis XIV, a inicios del Siglo XVIII, la transición del esplendor a la decadencia del Absolutismo; sin embargo es escrito en vísperas de la emergencia de los acontecimientos de la Revolución Francesa, el paso a la modernidad capitalista consolidada. El caso Epstein se ubica en la transición de la decadencia de la modernidad capitalista occidental a un orden geopolítico multi-trilateral, todavía el momento de demolición del viejo orden político y moral, con débiles señales del mundo que llega.

El castillo de Sodoma y la Isla de Epstein, Little Saint James, ubicada en los paraísos fiscales de las Islas Vírgenes, adquirida en 1998, son los escenarios principales. Aunque hay una modificación clave en el caso Epstein: la ruta desde el campo de concentración a la Isla de la explotación sexual de mujeres y la construcción de las redes de poder. No se trata de actos accidentales, sino planeados: los cuatro libertinos del relato del Marqués de Sade, “unidos por la similitud de sus riquezas y sus gustos, habían imaginado estrechar sus lazos mediante alianzas en las que el desenfreno tenía más parte que cualquier otro de los motivos que generalmente forman estos vínculos.” (De Sade, 1785, pág. 3)

Y sobre todo hay una modificación en el alcance: Epstein trabaja con vínculos económicos y políticos que se van ampliando; “detrás de esa fachada operaba un sistema cuidadosamente diseñado para captar, manipular y explotar a más de mil mujeres y niñas durante dos décadas.”[2] La dimensión del caso Epstein pasa de una red privada de explotación sexual a una red clandestina de poder económico y político que abarca a Occidente.

El patrimonio económico de Epstein en 2019, al momento de su muerte, se estimaba en 578 millones de dólares. La red de empresas y negocios estaban vinculados al asesoramiento financiero y fiscal a clientes multimillonarios; y fue construida en base a exenciones fiscales, negocios opacos y manejos especulativos de derivados financieros. Entre los principales clientes estaban Les Wexner y Leon Black, que aportaron el 75% de los ingresos de Epstein entre 199 y 2018, alrededor de 490 millones en honorarios.

Contaba con una red de empresas: J. Epstein & Company, fundada en 1988, se especializaba en administrar activos de clientes con un patrimonio mayor a 1 mil millones de dólares. Intercontinental Assests Group Inc, fundada en 1981, asesoraba para recuperar dinero robado o perdido. Financial Trust Company y Southern Trust Company, empreas de asesoría financiera. Además tenía una red de masiones: en Mahattan, Nueva York, valuada en 50 millones de dólares, en Palm Beach, Florida, 12 millones de dólares, Rancho de 3075 hectáreas, en Nuevo México, 17 millones de dólares, dos Islas privadas en El Caribe.[3]

De la sociedad victoriana a la sexualidad “libre”. De la sexualidad “libre” a un orden postmoral. Dios ha muerto, todo está permitido. La Ley no es violada, es suspendida, y la excepción se vuelve lo normal en todos los campos, no solo en lo moral, sino también en la economía y el poder. Un retorno contradictorio de un orden simbólico y ritual para afirmar que el poder no tiene límites morales. Maquiavelo reloaded.

La superficie del espectáculo muestra la explotación sexual y las violaciones de niños y niñas, los sacrificios rituales y la comercialización de órganos, la pornografía y el negocio de los cuerpos. Pero la clave está en el objetivo, la construcción de redes de poder económico y político, bajo el chantaje de la revelación de los secretos guardados.

Hay antecedentes en Estados Unidos sobre el recurso del sexo y el chantaje para el control del poder. Ely Cohen, la guerra a través de la mentira, es el modelo de Epstein. Epstein hereda el método del chantaje de Roy Cohn. Las fiestas sexuales de Samuel Brossman, son utilizadas como mecanismo de vigilancia y chantaje.

Una raíz de la verdad está en la génesis. El surgimiento de Epstein tiene dos momentos claves. El despegue como “empresario”: cuando funda, en 1988, su primera empresa, J. Epstein & Company, tiene el apoyo de Leslie Herbert Wexner, cofundador del Mega Group, un grupo de empresarios proisraelíes y de Leon Black. En el inicio de la red de explotación sexual de jovencitas, Ghislaine Maxwell es la ficha clave. Robert Maxwell, el padre, fundador y presidente de un imperio de la comunicación en Gran Bretaña, fue uno de los agentes más poderosos del Mossad en Europa.

No se trata sólo de los vínculos de sexo y poder, como en los tiempos de los Borgia, o las denuncias de Sade en las 120 jornadas de Sodoma, ahora hay un plus geopolítico, y una dimensión civilizatoria, la glorificación del mal. La red Epstein es posible por su relación con las élites de poder económico y político de Occidente, la confabulación y el silencio de los poderosos, bajo el manejo de los organismos de inteligencia de Inglaterra, Israel y Estados Unidos. Un funcionamiento mafioso del poder: participación, complicidad, impunidad, bajo un ambiente de un mercado “místico”, religioso, un rito de iniciación jerárquica. Entrar en la red Epstein era la oportunidad no sólo para goces sexuales, sino para los vínculos económicos, la recomendación de los poderes políticos, la participación en la jet set internacional.

“… esclavizar sexualmente también formaba parte del proceso de acumulación de su fortuna.” los beneficios de la trata no residían en un lucro material extraído de los cuerpos de las niñas y adolescentes sino de los rituales de pactos de poder y de silencio en los que se sellaba o se consolidaba una fratría que integraban políticos, empresarios, académicos y hasta miembros de la realeza.[4]

La lista Epstein es un catálogo del poder occidental, allí desfilan gobernantes, reyes, magnates, publicistas, militares, artistas, escritores. Los papeles destapados muestran la coparticipación de las élites globalistas y soberanistas de Estados Unidos y Europa. Una red de hombres-machos poderosos. No es un problema exclusivo de Trump, participan demócratas y republicanos, sobre todo de la élite anglosajona e israelí. Entre los principales vínculos políticos, además de Trump, está el expresidente Bill Clinton, el ex Primer Ministro israelí, Ehud Barak, el Embajador Británico en Estados Unidos, Peter Mandelson, el Príncipe Andrés, El ex Primer Ministro de Inglaterra, Tony Blair.

El enganche es el tráfico de niñas, pero el objetivo es la red de poder y negocios bajo control y chantaje del poder profundo, sobre todo de Estados Unidos, Inglaterra e Israel. Una cultura en donde se une la depravación moral, sexual, la corrupción económica, la explotación y la crueldad contra las mujeres, sobre todo las niñas, la impunidad de los sistemas de justicia, la desinformación de los medios oficiales vinculados, el racismo, con el objetivo de controlar el poder económico y político. Epstein apenas es una pieza de una maquinaria de decadencia civilizatoria.

La muerte de eros
Freud planteó la contradicción entre la pulsión de vida, eros, y la pulsión de muerte, thánatos. La modernidad se constituyó en la diferenciación de los dos momentos, progresivamente las fronteras se vuelven porosas, hasta la muerte de eros, para imponer el dominio de la pulsión de muerte en los diversos campos, la necropolítica, y ahora la necroética.

En el mundo hedonista no hay espacio para el otro. El narcisismo proclama el yo absoluto, el mundo se convierte en una proyección de sí mismo. En la modernidad capitalista en ascenso, el Rey-Sol podía decir “El Estado soy yo”, la afirmación del absolutismo monárquico occidental, una autoridad absoluta, de origen divino, encarnada en la persona del Rey. En la modernidad capitalista en decadencia, un nuevo poder monárquico se encarna en las élites, liberadas de todo orden económico, jurídico, político y moral, una “racionalidad cínica” que tiene suficiente información para discernir entre el bien y el mal, para negar los límites de la virtud y proclamar el éxito del mal.

El otro es el mal, el migrante, el negro, el indio, el gay, la mujer. Con ello se anula la posibilidad del amor, en sus diversas formas, desde el amor familiar hasta el amor erótico, que se fundan en la presencia del otro.

El nuevo poder se justificaba en un principio trascendente; la cleptocracia se funda en un orden a la inversa. Regresamos al orden del sacrificio, no hay límite. El delito compartido no es una desviación, es un rito de iniciación. La red de Epstein no es excepcional, sino redes litúrgicas de excepción. Al eliminar la identidad personal como límite de la libertad, del orden liberal, entramos en un nuevo mundo, incapaz de nombrar el mal. No se trata de emancipar a los pueblos, sino de librar la decisión de las élites. El caso Epstein no tiene centro, es reticular, se extiende a todos los poderes.

La escatología
En términos teológicos ya no es sólo la muerte de Dios, sino la inversión del orden moral, en donde el obstáculo es el bien, la virtud. La violencia del sistema es escatológica, no se trata de fundar una nueva sociedad, sino de administrar el final. Un fundamento metafísico, en donde al no haber fundamento, todo está permitido para el que tiene poder.

El tiempo del Apocalipsis, el fin del mundo que habitamos: una sociedad histórica desaparece cuando ha agotado todas sus posibilidades y ha llegado al extremo de su funcionamiento. Epstein es la confesión del extremo de la decadencia moral de la modernidad occidental. Y también la posibilidad de otro mundo: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.” (Apocalipsis 21,1)

Al final queda una pregunta, ¿hay alternativas ante el caos y la inversión de la moral, y la decadencia económica y política de la modernidad occidental? ¿Todavía es posible pensar en la fuerza del amor y el cuidado para abrir nuevas rutas éticas y morales? ¿Todavía es posible el retorno de Eros y de Lilith? El paso empieza por abrir los ojos.

Trabajos citados

De Sade, M. (1785). Las 120 jornadas de Sodoma. Obtenido de http://bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/24b0c8992_jornada.pdf

Foucault, M. (2007). Historia de la sexualidad. 1. La voluntad de saber (Trigésimoprimera edición en español ed.). México: Siglo XXI.

[1]Epstein recibió entrenamiento como espía del Mossad: informe. https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/08/mundo/epstein-recibio-entrenamiento-como-espia-del-mossad-informe?fbclid=IwQ0xDSwP_3wlleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZAo2NjI4NTY4Mzc5AAEe_cy99Rh4xSNMyfqLW5ZlB2Y_Ag6IF1mWDC_OQV3pDBLw4nogZtAhUnp1gO8_aem_Une_aaELr14Q18s5m8yntQ

[2] La red de Jeffrey Epstein con poderosos, ricos y famosos que revelan los nuevos archivos

https://www.bbc.com/mundo/articles/c3r1rnx3xgqo

[3] https://www.forbesargentina.com/millonarios/los-dos-millonarios-financiaron-con-o-saberlo-imperio-oscuro-jeffrey-epstein-n85783

[4] https://geoviolenciasexual.com/el-caso-epstein-o-la-prostitucion-como-crimen-del-poder/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

lunes, 30 de marzo de 2026

Cosas que decían aquellos personajes


Desde la distancia, después de tantos años, aquellos entrevistados suenan como una forma muy personal de hablar. Lo hacían con la propia voz. Sin imitar a nadie.
 
Allá por los inicios de los años ochenta del siglo pasado realicé una serie de entrevistas a ciertos personajes, políticos, escritores, artistas, que ya lo habían dado todo en la vida y se hallaban medio olvidados fuera del circuito debido a una edad que ya era provecta. Como no tenían que dar cuentas a nadie hablaban con la lengua muy suelta de hechos que habían conocido de primera mano. Uno de ellos era el periodista Luis Calvo, exdirector de Abc, que me contaba: “Una tarde llevaba de paseo en mi Rover descapotable a la cantante La Argentinita, amiga de García Lorca, y me decía que eso de los hombres ya había terminado para ella porque cuando veía a alguno, por muy guapo y joven que fuera, siempre se acordaba del sudor de la calva de su amante, el torero Ignacio Sánchez Mejías, aquella vez que estaba acatarrado y se le quitaban las ganas”.

Pedro Sainz Rodríguez, catedrático especialista en la literatura de los místicos españoles y ministro de Franco durante la guerra, decía: “No sé si sabe usted que yo en los años de la República dirigí la CIAP, una editora que implantó por primera vez el sistema de abrir una cuenta de crédito a los escritores. En aquel tiempo, si se quería ayudar indirectamente a un escritor se le daba un cargo, aunque fuera ficticio. Por ejemplo, el periodista Manuel Bueno fue nombrado nodriza de la inclusa y así afanaba un dinero extra. En mi editorial el escritor cobraba solo por escribir con la modalidad de unas cantidades entregadas a cuenta. Allí conocí a  Alberti y le publiqué Sobre los ángeles. Alberti era muy pedigüeño, siempre estaba pidiendo anticipos. Cuando lo veía entrar por la puerta ya sabía que venía a pedir. Yo le llamaba Villasandino, el poeta menesteroso del cancionero de Baena que elogiaba a los poderosos para recibir sus dádivas. “Señores, para el camino dad a Villasandino”.




Dámaso Alonso, escritor y académico, miembro de la Generación del 27, retratado en octubre de 1969. EFE

Dolores Ibárruri, Pasionaria, me contaba una vez mientras en aquel jardín derruido de la sierra unos amigos le guisábamos una paella: “A mí de joven me gastaba bailar el pasodoble España cañí o lo que fuera. En la plaza de mi pueblo había un kiosco de música y a su alrededor se montaba un baile los domingos por la tarde. Allí danzaba yo con todos los muchachos. Tuve un primer novio que se llamaba Miguel Echevarría, lo recuerdo perfectamente, un chico de Matamoros, ajustador metalúrgico, muy tímido, que venía atravesando los montes desde su pueblo los domingos a sacarme de paseo. Duró poco porque no hablaba nada. Si yo me callaba, él no hablaba. Un día le dije: ‘Ya no vengas más’. Yo entonces pertenecía al Apostolado de la Oración y llevaba un escapulario con el Corazón de Jesús aquí en el pecho”.


El escritor Ernesto Giménez Caballero, en enero de 1943. ARCHIVO DÍAZ CASARIEGO (EFE)
Ernesto Giménez Caballero, moviendo mucho las aspas de sus brazos como uno de los molinos del Quijote, me decía. “En la Nochebuena del año 1941 fui invitado a casa de  Goebbels, allí en Berlín. Antes de cenar yo le había regalado a Goebbels un capote de luces para que toreara a Churchill y en esto Goebbels tuvo que salir porque le había llamado Hitler. Me quedé solo con Magda, su mujer, en un saloncito donde ardía una chimenea. Allí le propuse la fórmula para llegar a un armisticio reanudando al mismo tiempo la dinastía hispanoaustriaca. Se trataba de casar a Hitler con una princesa española, que no era otra que Ernesto Giménez Caballero. Con los ojos humedecidos por la emoción, Magda tomó mis manos y me dijo: ‘No es posible, porque a Hitler durante la Gran Guerra en que era sargento le pegaron un balazo en los testículos y es impotente. Lo de Eva Braun no es más que un tapadillo para disimular”.

El gran poeta y director de la Real Academia Española Dámaso Alonso hablaba de los recuerdos de juventud. “Yo no hice amistad con ningún escritor famoso de entonces. Tenía mucha prevención. Al que traté más fue a Juan Ramón Jiménez. Le tenía mucha admiración, aunque era un hombre muy raro. Primero te recibía con simpatía, pero cuando uno destacaba un poco y empezaba a tomar fama enseguida lo apartaba de su amistad. Era muy mordaz. Por ejemplo, decía que al ir a sentarse un día en casa de Antonio Machado se encontró con que había un huevo frito en la silla.”



El historiador Ramón Carande, en marzo de 1983. EFE
Eran personajes que decían cosas sorprendentes con una libertad y solvencia que, desde la distancia, después de tantos años, suenan como una forma muy personal de hablar. Lo hacían con la propia voz. Sin imitar a nadie. Cada uno con su personalidad. No como hoy en que todo lo que oyes parece intercambiable. El historiador Ramón Carande tenía 95 años cuando le entrevisté. Ante unas famosas judías con chorizo en Casa Portal, que a él le sentaron bien y a mí me destrozaron el estómago, me dijo: “No he tomado una aspirina en toda mi vida y mire usted si soy viejo que he conocido a una persona que le dio la mano a Napoleón”.

Sobre la firma
Manuel Vicent

domingo, 29 de marzo de 2026

Miguel, Rafael y Gabriel, los ángeles venerados por tres religiones diferentes (y lo que revelan sobre el origen de los mensajeros divinos)

Fresco con dos ángeles

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Detalle de los frescos de Giovanni Battista della Rovere y Giovanni Mauro della Rovere de la bóveda de la Iglesia de San Damián en Piamonte, Italia

En la Biblia, los ángeles aparecen siempre que es necesario transmitir una comunicación divina a los humanos. En la tradición popular, cada persona tiene su propio ángel, que actúa como protector, como guardaespaldas personal. En el arte, pintores y escritores los han representado e incluido a menudo en sus obras.

Literalmente, la palabra "ángel" significa "mensajero". "Proviene del latín angelus, que a su vez deriva del griego ángelos y esta es la forma helénica utilizada para traducir [del Antiguo Testamento] el término hebreo malakh, que significa mensajero", le explica a BBC News Brasil el teólogo Kenner Terra, pastor de la Iglesia Bautista de Água Branca, doctor en estudios religiosos y autor del libro "Coraje para ser".

Terra añade que la figura se refiere a "alguien que transmite un mensaje": "En las antiguas tradiciones judía y cristiana, los ángeles son mensajeros y agentes celestiales al servicio de Dios", afirma.

En los textos que componen la Biblia, estos seres aparecen cumpliendo diversas funciones: participan en guerras, forman parte de ejércitos celestiales, protegen a individuos y pueblos, llevan mensajes divinos, cumplen los designios de Dios, organizan el cosmos y articulan las estaciones del año.

"Los ángeles son criaturas puramente espirituales, creadas por Dios, dotadas de inteligencia y libre albedrío, cuyo propósito es servir al Señor", dice el teólogo, escritor y sacerdote católico Alex Nogueira, autor del libro "Buenos días, mi Dios", y rector del Seminario de Teología Divino Mestre.

"Algunos ángeles también tienen la misión muy especial de ayudar a los humanos en el camino de la salvación. Son mensajeros de Dios y, aunque invisibles, están constantemente presentes desde el Antiguo Testamento hasta la misión de Cristo y la Iglesia", agrega.

"La figura de alguien que es anunciador y que muchas veces aparece como proveedor está presente en varias otras culturas religiosas", explica el investigador de textos sagrados Thiago Maerki, de la Sociedad de Hagiografía de Estados Unidos.

Cristianismo
En la tradición cristiana, diversos pensadores han buscado teorizar sobre los ángeles. Incluso existe una rama de la teología llamada angelología.

A finales del siglo V y principios del VI, un filósofo que se identificaba con el seudónimo de Dionisio el Areopagita —una referencia a un converso de Atenas mencionado en un texto bíblico por el apóstol Pablo— escribió obras que se convirtieron en pilares para la comprensión de estas criaturas.

En "La Anunciación", una de las obras más célebres de Leonardo da Vinci, se muestra al arcángel Gabriel revelando a María que será la madre de Jesús.


En "La Anunciación", una de las obras más célebres de Leonardo da Vinci, se muestra al arcángel Gabriel revelando a María que será la madre de Jesús.

Fuente de la imagen,Art Media/Print Collector/Getty Images


Pie de foto,
En "La Anunciación", una de las obras más célebres de Leonardo da Vinci, se muestra al arcángel Gabriel revelando a María que será la madre de Jesús.

"Fue uno de los pioneros en proponer un sistema, una jerarquía específica para los ángeles", afirma Maerki. "Su clasificación acabó convirtiéndose en la más conocida".

Dionisio buscó organizar la creencia y estableció una jerarquía divina para los ángeles. Según su pensamiento, habría nueve órdenes angélicas: en la cima estarían los serafines, seguidos de los querubines y los tronos; luego vendrían los dominios, las virtudes y las potestades; finalmente, los principados, los arcángeles y los ángeles.

Esta organización, señala, no se refería a una supuesta superioridad; todos gozarían de igual importancia. Esta jerarquía solo explicaba cuáles estarían más cerca de Dios.

Oficialmente, la Iglesia Católica establece que el 29 de septiembre es la festividad de los arcángeles, que son tres: Gabriel, Miguel y Rafael. El 2 de octubre, a su vez, es la festividad de los Santos Ángeles de la Guarda.

"El término arcángel proviene del griego y significa 'ángel jefe' o 'jefe de los ángeles'", declaró a BBC News Brasil el escritor e investigador J. Alves, autor del libro "Los santos de cada día". Según él, los arcángeles serían aquellos "enviados por Dios para cumplir una misión en la historia de la salvación".

Según el Evangelio, es Gabriel, por ejemplo, quien se le aparece a María anunciándole su embarazo de Jesús.

Alves explica que, a lo largo de los siglos del cristianismo, los teólogos se dedicaron a explicar las funciones de ciertos ángeles.

Así, se estableció que Miguel era el "guardián del pueblo de Dios y guerrero contra el mal"; Gabriel, el "mensajero de la fuerza de Dios, quien anuncia los misterios de la encarnación"; y Rafael, el "médico y consolador, expresión de la misericordia divina".

Otras creencias
A pesar de ser una creencia muy fuerte en los cristianos, especialmente los católicos, los ángeles no son figuras nacidas en esta religión, y no son exclusivos de la fe de sus practicantes.

"La creencia en la existencia de ángeles es común, pero la dimensión litúrgica y devocional, como fiestas específicas, oraciones específicas e invocación a los arcángeles, es mucho más característica del catolicismo", dice Nogueira.

Pero comenzó mucho antes.
Representación de Ahura Mazda en Persépolis 

Representación de Ahura Mazda en Persépolis

Fuente de la imagen,Photo 12/Universal Images Group via Getty Images

 
Pie de foto,Según el zoroastrismo, Ahura Mazda creó el universo y el orden cósmico que él mismo mantiene

"La creencia en los ángeles es anterior al cristianismo. En el judaísmo antiguo, aparecen en visiones proféticas y fueron influenciados por la angelología persa tras el exilio babilónico", comenta Alves. "Las culturas mesopotámica y egipcia también hablaban de mensajeros y guardianes".

"La creencia en seres celestiales que sirven a los dioses o en una estructura jerárquica dentro del reino divino tiene paralelismos en otras culturas más allá del mundo bíblico", añade Terra.

"En la cultura persa, especialmente en el zoroastrismo, por ejemplo, no se habla exactamente de los ángeles como en el judaísmo y el cristianismo, pero sí encontramos seres espirituales intermediarios entre Ahura Mazda, el dios supremo, y los seres humanos, que también se clasifican en jerarquías", continúa.

"Esta tradición —agrega— influyó profundamente en la tradición bíblica y las creencias del judaísmo del Segundo Templo".

Es una opinión compartida por otros expertos.

"La creencia en mensajeros espirituales ya existía en las culturas antiguas", confirma Nogueira. "Los pueblos mesopotámicos, egipcios y persas hablaban de espíritus que actuaban como intermediarios entre lo divino y la humanidad".

El sacerdote considera, sin embargo, que "la fe católica" no derivaría "de estas tradiciones, sino de la revelación de Dios al pueblo de Israel, recogida en las Escrituras".

Alves, por su parte, dice: "La fe cristiana se nutre fundamentalmente del judaísmo, del que hereda elementos de la vasta tradición rabínica sobre ángeles y arcángeles".

"Los ángeles son anteriores a la Biblia y aparecen, por ejemplo, en Mesopotamia y Egipto. No tenían nombres de ángeles, pero tenían sus mismas funciones", explica el hagiólogo José Luis Lira, profesor de la Universidad Estatal de Vale do Acaraú y fundador de la Academia Brasileña de Hagiología.

En las llamadas tradiciones abrahámicas —es decir el conjunto de creencias que engloban el judaísmo, el cristianismo y el islam—, hay más similitudes que diferencias en el significado de estos seres místicos.

"En el islam, el arcángel Gabriel incluso se le apareció al profeta Mahoma", el fundador del islam, señala Lira.

El Arcángel Miguel expulsó a los ángeles rebeldes del Paraíso tras una gran batalla celestial, tal como se describe en el libro del Apocalipsis


El Arcángel Miguel expulsó a los ángeles rebeldes del Paraíso tras una gran batalla celestial, tal como se describe en el libro del Apocalipsis

Fuente de la imagen,Mauro Magliani / Electa / Mondadori Portfolio via Getty Images


Pie de foto,
En el libro del Apocalipsis se narra una guerra celestial donde el arcángel Miguel expulsa a los ángeles rebeldes del paraíso, representado aquí por Giambattista Tiepolo.

Nogueira explica que, en el judaísmo, a menudo se los considera "siervos y mensajeros de Dios". En el cristianismo "también participan en el misterio de la salvación en Cristo". Y en el islam, "desempeñan funciones similares, como Gabriel, quien transmitió la revelación a Mahoma".

"Los ángeles juegan un papel importante en otras religiones no cristianas, como el judaísmo y el islam", confirma el teólogo Jônatas de Mattos Leal, doctor por la Universidad Andrews, en Michigan, Estados Unidos, y rector del Seminario Teológico Adventista Latinoamericano.

Leal explica, por ejemplo, que el islam menciona cuatro arcángeles: Izrail, Mikail, Israfil y Jibrail, este último equivalente a Gabriel. También señala que "la idea de seres celestiales que actúan como intermediarios" aparece, más allá del zoroastrismo, en las antiguas mitologías babilónica, romana y griega.

Tradición popular
Si las teologías y las diversas religiones institucionales han intentado sistematizar y estandarizar las funciones y roles de los ángeles, las tradiciones populares han intentado transformar la figura en un simpático todoterreno: de guardaespaldas personal a ayudante para todo.

"La religiosidad popular a menudo traduce ideas basadas en necesidades y prácticas cotidianas", comenta Terra.

"La creencia en los ángeles guardianes, por ejemplo, tiene sus raíces en el Evangelio de Mateo, donde Jesús dice que los niños pequeños tienen ángeles que contemplan el rostro del Padre. Este es el texto principal que defiende la idea de los ángeles de la guarda".

Dibujo de Tomás de Aquino

Dibujo de Tomás de Aquino

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
Pensadores cristianos antiguos como Tomás de Aquino "defendieron la existencia de ángeles que cuidan de cada persona de un modo particular", señala Terra.

Terra señala que pensadores cristianos antiguos, como Gregorio de Nisa (330-394), Basilio de Cesarea (330-379) y Tomás de Aquino (1225-1274), "también defendieron la existencia de ángeles que cuidan de cada persona de un modo particular".

Nogueira afirma que la devoción al ángel guardián es el mejor ejemplo de la presencia de la figura en los círculos populares.

"La Iglesia enseña que cada persona tiene un ángel designado por Dios para protegerla y guiarla. Esto dio origen a oraciones sencillas, muy difundidas entre los niños, pero también a la confianza diaria de los fieles en su protección", explica.

En la cultura popular, han surgido expresiones y analogías para transmitir lo sagrado. La famosa discusión medieval sobre "cuántos ángeles caben en la punta de una aguja" no era, de hecho, una cuestión literal, sino una forma filosófica de reflexionar sobre la naturaleza incorpórea de los ángeles, reflexiona el sacerdote.

Otras tradiciones, como representarlos con alas o con formas infantiles —como "angelitos"— reflejan tanto influencias artísticas como la imaginación popular que buscaba hacer visible lo invisible.

El teólogo Leal enfatiza que "la Biblia no menciona explícitamente la idea de que cada persona tenga un ángel guardián".

"Sin embargo, hay varias ocasiones en que las personas son liberadas personalmente mediante la intervención de los ángeles guardianes", reflexiona. "La intervención personal de los ángeles, en el Nuevo Testamento, está implícita" en varios pasajes.

"Bíblicamente hablando, la posibilidad de que cada persona tenga un ángel guardián está abierta, aunque no está establecido", concluye.

"Los angelitos aparecen en las imágenes de la virgen María e incluso los bebés recién nacidos que han muerto o que mueren en el vientre de su madre a menudo se consideran un ángel que fue directo al cielo", comenta el hagiólogo Lira.

Alves añade que el abrazo a los ángeles en la religión popular era un fenómeno que se daba "con gran afecto". "La devoción al ángel guardián se remonta a la Edad Media", afirma el investigador, destacando que en 1608 se instauró oficialmente una fiesta litúrgica dedicada a esta figura, en octubre.

Arte y cultura
La figura se convirtió en una constante en las producciones artísticas, apareciendo en lienzos y frescos e integrando narrativas literarias. "Existe una tradición muy arraigada en la iconografía y la pintura de representar al ángel siempre rodeado de luz y con alas", señala Maerki.

"La figura del ángel guardián está presente. El arte cristiano difundió ampliamente su imagen, moldeando el imaginario popular", explica Alves.

"Los ángeles también entraron en el lenguaje común, en expresiones como 'salvado por un ángel' y 'parece un ángel', y en anécdotas, como la expresión 'sexo de los ángeles', que se burla de las discusiones bizantinas sobre su naturaleza espiritual". 

sábado, 28 de marzo de 2026

Manuel Sacristán y el marxismo del siglo XXI


Fuentes: La Izquierda Diario [Imagen: Marx. Créditos: Federico Murro, tomado de Brecha]


En esta nueva entrega del Centenario Manuel Sacristán reproducimos un texto de Juan Dal Maso sobre el Marx que se leerá en el siglo XXI.

Este año se cumplen cien años del nacimiento y cuarenta de la muerte de Manuel Sacristán (1925-1985), el principal filósofo marxista de habla castellana. En esta ocasión, intentaremos recuperar su mirada respecto del Marx que leeríamos en el siglo XXI, no solamente para analizar si su hipótesis se vio corroborada sino sobre todo para pensar en qué medida el propio Sacristán colaboró en crear las condiciones para una relectura del pensamiento de Marx en la actualidad, así como sus aportes para intervenir en la escena del marxismo actual.

¿Qué Marx para nuestro siglo?
Fechado el 6 de febrero de 1983 (en la ciudad de México) y publicado en octubre de ese año en la revista mientras tanto, el texto “¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?” realiza ciertas predicciones y ofrece algunas importantes claves de lectura para pensar la vigencia de Marx en la actualidad. Antes de analizar los planteos del trabajo de Sacristán, tengamos en cuenta que esos son años de recapitulación en el debate marxista. En 1983 también se publicó Tras las huellas del materialismo histórico de Perry Anderson, basado en unas conferencias dictadas por el historiador británico el año anterior, en cuyas conclusiones aparecen los temas identificados como centrales en el mismo período por Sacristán: el feminismo, el movimiento ecologista y el movimiento antibélico/antinuclear. El año 1983 también es del inicio de las conferencias de Jameson sobre el posmodernismo. Son años de “crisis del marxismo”, inicios de la ofensiva neoliberal y proliferación de posiciones teóricas antimarxistas, posestructuralistas, posmodernas y posmarxistas. En ese marco, Sacristán señalaba que en el siglo XXI se seguiría leyendo a Marx, e iba a estar claro que “el desprecio por Marx de los años setenta y ochenta, nacido del hipermarxismo de 1968, fue solo, como este, otro despiste de la misma labilidad pequeñoburguesa” [1]. En la perspectiva de Sacristán, Marx era un clásico y eso estaría claro también para nuestra época. Lo más difícil de prever era qué Marx se iba a leer en nuestro siglo.

Descartando que su vigencia se viera garantizada por la sola perfección literaria de algunos tramos de su producción teórica, Sacristán afirmaba que “dentro de veinte años” iba a ser más fácil “reconocer la dimensión y los límites del núcleo formalmente teórico (de «economía pura», como decía Marx, y también de sociología y de historia) de la obra marxiana”, así como su deuda con la especulación hegeliana, que le daba su carácter particular al trabajo teórico de Marx (recordemos que Sacristán se ocupó en detalle de este tema en su conferencia de 1978 sobre “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”). Sacristán asignaba una importancia fundamental a la relectura de Hegel puesta en práctica por Marx en 1857, para rebasar el terreno de la crítica “joven-hegeliana” y decidirse a hacer un trabajo propiamente científico, pero que iba más allá de la prosaica “ciencia normal”. Pero para Sacristán lo que caracterizaba el pensamiento de Marx era una orientación eminentemente práctica:

El conocimiento que busca Marx ha de ser muy abarcante, contener lo que en nuestra academia llamamos economía, sociología, política e historia (la historia es para Marx el conocimiento más digno de ese nombre). Pero, además, el ideal de conocimiento marxiano incluye una proyección no solamente tecnológica, si no globalmente social, hacia la práctica. Un producto intelectual con esos dos rasgos no puede ser teoría científica positiva en sentido estricto, sino que ha de parecerse bastante al conocimiento común, o incluso al artístico, e integrarse en un discurso ético, más precisamente político. Es principalmente saber político. Permítaseme repetir -porque cuando uno habla de Marx siempre corre el riesgo de levantar ronchas- que eso no excluye la presencia central de contenidos estrictamente científico-positivos en la obra de Marx. Ellos son imprescindibles en su concepción y la diferencian de las otras épocas de la tradición revolucionaria [2].

Volviendo sobre la cuestión de la tensión en Marx entre un determinismo de las “leyes de la historia” y la centralidad del “desarrollo subjetivamente revolucionario de la clase explotada”, Sacristán consideraba que la lectura determinista fatalista era una mala lectura del pensamiento de Marx pero que –más allá de la cuestión de la precisión teórica– se imponía un examen de la cuestión en función de que el capitalismo había logrado combinar el desarrollo científico-tecnológico con una política reaccionaria:

El desarrollo de las fuerzas productivas, señaladamente el de ciertas técnicas militares (armamento atómico, biológico y químico), pero también, y no menos profundamente, el de técnicas para la vida civil (desde la producción de energía en gran escala, con fuerte efecto centralizador, hasta la ingeniería genética), se puede integrar perfectamente en una perspectiva política que tiende a eternizar la explotación y la opresión, dando una vuelta más a la triste noria de la historia universal [3].

Lo que le interesaba a Sacristán no era discutir la validez del esquema de Marx sobre fuerzas productivas y relaciones de producción, sino sobre todo “la cuestión política de cómo hay que actuar sobre los datos que satisfacen hoy el esquema para promover la realización de los valores socialistas”. Para pensar ese problema, era necesario “tener en cuenta la peculiaridad y novedad de una fuerza productiva apenas naciente en tiempos de Marx: la tecnociencia contemporánea” [4]

Como habíamos comentado antes, Sacristán había abordado en su conferencia de 1978 las diversas vertientes que conformaban la noción de ciencia de Marx. El registro de esa reflexión era centralmente teórico y epistemológico. En este caso, Sacristán hacía hincapié en la relación entre actividad científico-técnica y desarrollo del capitalismo, a tono con sus reflexiones sobre el rol de la ciencia en la sociedad contemporánea. Para esto, identificaba en Marx tres formas de abordar el problema:

Se encuentra en la obra de Marx, sobre todo a partir de los manuscritos de 1857-1858 -como lo señaló Ernest Mandel-, consideraciones bastante simétricas y completas acerca de la influencia de la ciencia de la naturaleza en el cambio social moderno. Es posible catalogarlas en tres grupos: hay reflexiones visiblemente animadas por una peculiar mezcla del infalibilismo de la dialéctica hegeliana con el optimismo ilustrado dieciochesco que implantaron en Marx su padre y su suegro: éstas se encuentran sobre todo desde los citados Grundrisse hasta finales de los años setenta. Hay otras contrapuestas a las anteriores, en las que Marx estudia y expone los efectos opresivos y destructores del progreso técnico no sólo en la clase obrera, sino también en la naturaleza; estas exposiciones se encuentran dispersas por toda la obra de Marx, pero principalmente en el libro I de El Capital y en los manuscritos de la época en que más química y agronomía leyó (preparación del Libro III de El Capital): se puede añadir a este grupo algunas reflexiones melancólicas y dubitativas de sus últimos años, por ejemplo, a propósito de la disolución de la comunidad aldeana rusa o de la penetración del ferrocarril por los valles de los afluentes del Rin. Por último, hay un tercer registro, característicamente “dialéctico”, que apunta en el Manifiesto Comunista(1848) y se encuentra plenamente formulado en el manuscrito de 1857-1858, en un paso, bastante citado estos últimos años, que describe la pugna entre progresismo maquinista y reacción medievalizante y afirma que la lucha entre esas dos concepciones igualmente parciales no se resolverá sino con la superación del capitalismo, También la repetida observación marxiana de que en el capitalismo toda fuerza productiva es al mismo tiempo una fuerza destructiva pertenece a esta línea “dialéctica” [5].

Identificando la primera lectura con la socialdemocracia y el estalinismo y descartando que la segunda pudiera volverse predominante, Sacristán afirmaba:

Queda la lectura más fiel al sistema de Marx y a su estilo intelectual, la que se orienta por la perspectiva dialéctica articulada por vez primera en el manuscrito de 1857-1858, aunque anticipada en el Manifiesto Comunista: la tensión entre la creación y la destrucción, causadas ambas por el desarrollo capitalista de las fuerzas productivas-destructivas, así como la tensión entre las ideologías correspondientes, no puede resolverse más que con el socialismo. En lo que se refiere a las sociedades conocidas, o en la medida en que niega, la tesis suena realista y los hechos parecen concordar con ella. Pero no da ni una tenue pista para hacerse una idea de por qué y cómo se van a superar esas tensiones en el socialismo. Se puede sospechar que el logicismo de origen hegeliano, «enderezado» y convertido en confianza en las “leyes de la historia” y en la “racionalidad de lo real”, es la causa de esa laguna [6].

Concluía Sacristán:
El que este Marx más completo –aun con su importante laguna– sea el leído en el siglo XXI presupone que sus lectores hayan abandonado la fe progresista en la bondad supuestamente necesaria de toda reproducción ampliada, y hasta del mismo paso del tiempo. Y el que los marxistas del siglo XXI se den cuenta de la laguna que presenta incluso esta que es la mejor de las lecturas presupone que hayan abandonado también la fe hegeliana en la racionalidad de lo real (que vaya usted a saber lo que significa, dicho sea de paso). El asunto real que anda por detrás de tanta lectura es la cuestión política de si la naturaleza del socialismo es hacer lo mismo que el capitalismo, aunque mejor, o consiste en vivir otra cosa [7].

Destaquemos, de paso, que unos meses después y ya de vuelta en Barcelona, en su conferencia sobre “Algunos atisbos ecológico-políticos de Marx”, Sacristán profundizaba estos planteos, señalando:

Hay, pues, en el pensamiento de Marx, algunos motivos (algo más que barruntos) que rebasan la ecología del trabajo bajo el capitalismo. Pero, además, Marx ha intentado utilizar esos motivos para entender qué habría de ser la sociedad socialista. El intento es corto y no muy preciso, pero tiene bastante interés. Marx parte de una convicción muy pesimista, a saber, que en el momento de construir la sociedad socialista el capitalismo habrá destruido completamente la relación correcta de la especie humana con el resto de la naturaleza (entendiendo por “correcta”, pragmáticamente, la relación adecuada para el sostenimiento de la especie). Y entonces asigna a la nueva sociedad la tarea -dice literalmente- de “producir sistemáticamente” ese intercambio entre la especie humana y el resto de la naturaleza, entendiendo como básica ley reguladora de la producción en una forma adecuada a lo que llama (con un ideologismo muy de época, que todavía hoy perdura en giros como “psicología evolutiva”, etc.), “pleno desarrollo humano”. La sociedad socialista queda así caracterizada como aquella que establece la viabilidad ecológica de la especie. El desarrollo es muy breve; toda esta sección X del capítulo XIII del libro I de El Capital es corta; según las ediciones ocupa entre tres y cinco páginas. Pero su contenido es de mucho interés. ¿Por qué no ha tenido continuación un texto tan categórico y preocupante, puesto que expresa la hipótesis de que el capitalismo no se extinguirá hasta haber destruido antes totalmente el metabolismo duradero entre la especie humana y la naturaleza? Pero sin duda la sensibilidad respecto de cualquier problema es un asunto histórico; generaciones y generaciones de marxistas y marxólogos han pasado sobre estas páginas fijándose en las demás cosas que decían, a saber, que el capitalismo tecnifica la agricultura, que reduce la población agrícola, etc., pero sin reparar en lo que decían acerca de la relación entre la especie humana y la naturaleza [8].

Recapitulando en el conjunto de cuestiones planteadas, podemos decir que Sacristán acertó en los siguientes aspectos: Marx se sigue leyendo, se lo considera un clásico; su lectura sigue teniendo una implicación político-práctica (aunque el marxismo militante es minoritario en relación con el marxismo académico); y al interior del marxismo viene creciendo con fuerza la corriente de la “fractura metabólica”, que busca pensar en profundidad la relación entre la problemática ecológica y la cuestión del socialismo, a partir de la lectura de Marx (aunque en su interior hay también distintas posiciones e interpretaciones). Nos centraremos ahora en la cuestión de la relación entre desarrollo de las fuerzas productivas y socialismo, que él planteaba como central para la lectura de Marx en nuestro siglo.

Hacia un replanteamiento de la cuestión del socialismo
La propuesta de Sacristán de desenganchar el socialismo de una concepción productivista resulta altamente relevante, no solo porque Sacristán acertó en la importancia que tendría el tema en el marxismo del siglo XXI, central en las perspectivas del marxismo ecologista, sino sobre todo porque es un asunto insoslayable para pensar el socialismo hoy en términos de proyecto de sociedad alternativa al capitalismo. La crisis ecológica impone pensar variantes que combinen el desarrollo económico y social con una forma de relación entre naturaleza y sociedad más mesurada que la impuesta históricamente por el capitalismo. Esto quiere decir que el socialismo no se propone o no debería proponerse llevar el desarrollo de las fuerzas productivas más allá del nivel conquistado por el capitalismo independientemente de su impacto ecológico. Por el contrario, estableciendo una barrera al desarrollo de las fuerzas productivas en clave de fuerzas “destructivas”, el socialismo permitiría simultáneamente desarrollar el potencial que tienen ciertas posibilidades de desarrollo de las fuerzas productivas en los marcos de una política tendiente a reconstruir el metabolismo entre la sociedad humana y su ambiente natural.

Así lo había planteado Sacristán en su “Comunicación a las Jornadas de Ecología y Política” (1979) en una buena síntesis de su pensamiento al respecto:

Esta complejidad de lo que tiene que hacer el sujeto revolucionario -ni “liberar las fuerzas productivas de la sociedad” sin más, ni simplemente coartarlas- conlleva un cambio de la imagen tradicional del agente. Era este concebido como una fuerza encadenada y mutilada, cuya liberación se entendía como una expansión ilimitada de disposiciones, facultades y operaciones. Eso era coherente con la idea de que la revolución rompía el dique social que impedía el “libre fluir de las fuentes productivas sociales”. A juzgar por la complicación de la tarea fundamental descrita, la operación del agente revolucionario tendrá que describirse de un modo mucho menos fáustico y más inspirado en normas de conducta de tradición arcaica. Tan arcaica, que se puede resumir en una de las de las sentencias de Delfos: “De nada en demasía” [9]

El planteo de Sacristán no reside solamente de una cuestión de énfasis retórico o terminológica, sino que implica repensar los parámetros con los que se define qué es el bienestar material para los seres humanos, en el marco de una tentativa de recomposición del metabolismo entre la sociedad humana y la naturaleza.

Este punto de vista permitiría sortear sendas trampas del tecno optimismo –que supone la posibilidad de encontrar siempre nuevas soluciones tecnológicas a los problemas sociales, políticos y ecológicos sobre la base de la huida hacia delante por el mismo patrón de desarrollo– y del decrecionismo, que desconoce –sobre todo en sus variantes más simplistas– el problema de la relación desigual entre centro y periferia y las necesidades específicas de esta última en términos de cuestiones básicas de infraestructura y nivel de vida. En esta dirección se orientan los recientes trabajos de Esteban Mercatante y Ariel Petruccelli.

En el cruce de tradiciones: Manuel Sacristán y la recomposición del marxismo
Hemos comentado en otros artículos algunas cuestiones que tienen que ver con el panorama actual del marxismo: el escenario de “marxismo global” o “mil y un marxismos” y las posibilidades de recomposición mediante una nueva síntesis o una convergencia (para no exagerar la suposición de homogeneidad) entre diversas tradiciones, con sus puntos fuertes y débiles, que nos permita pensar los futuros posibles del socialismo. Esto implica, para quienes formamos parte de la tradición trotskista, incorporar aquellos aportes vitales de otras tradiciones convergentes.

En ese panorama, Manuel Sacristán tiene muchas contribuciones para aportar, incluidas las que venimos comentando en estas líneas. Pero más allá de las cuestiones puntuales, quisiera destacar otras más, de posicionamiento general. La primera es la continuidad de una perspectiva revolucionaria (que no excluye una lectura realista de las condiciones en que se desenvuelve la lucha de clases). Tomemos un pasaje de su intervención crítica del eurocomunismo (1977), para sintetizar su posición:

Lo científico es asegurarse de la posibilidad de un ideal, no el empeño irracional de demostrar su existencia futura. Y lo revolucionario es moverse en todo momento, incluso en situaciones de mera defensa de lo más elemental, del simple pan (como en la presente crisis económica), teniendo siempre consciencia de la meta y de su radica ilusión de transición gradual que conduce a la aceptación de esta sociedad. […] Esa posición política tiene dos criterios: no engañarse y no desnaturalizarse. No engañarse con las cuentas de la lechera reformista ni con la fe izquierdista en la lotería histórica. No desnaturalizarse: no rebajar, no hacer programas deducidos de supuestas vías gradualistas al socialismo, sino atenerse a plataformas al hilo de la cotidiana lucha de las clases sociales y a tenor de la correlación de fuerzas de cada momento, pero sobre el fondo de un programa al que no cabe llamar máximo, porque es único: el comunismo [10].

Si bien su mirada de los últimos años era más movimientista que partidaria, la centralidad que otorgaba a la lucha de clases, buscando unir al movimiento obrero con el ecologismo y el feminismo, rechazando tanto la vía gradualista al socialismo como las alianzas con la “burguesía progresista” y su crítica del estalinismo en todas sus variantes [11] constituyen claros puntos de apoyo para pensar los problemas del marxismo actual.

La segunda cuestión de posicionamiento más general que quería destacar es la lectura del marxismo como una tradición viva, que no debía (no debería) ser interpretada de modo identitario o de mera adhesión a saberes ya establecidos, sino que debía renovarse pensando los nuevos problemas que planteaba la realidad del capitalismo y al mismo tiempo repensando las propias tensiones, puntos fuertes y débiles de su propio cuerpo teórico y su práctica política. Vamos a detenernos en este punto brevemente. Cuando hacemos referencia a una interpretación en clave identitaria del marxismo, nos referimos a una lectura que se circunscribe a ciertos tabiques establecidos durante la historia del marxismo del siglo XX, lo cual es complementario con la búsqueda de comodidad en los saberes ya establecidos. Por ejemplo: marxismo clásico vs. marxismo “occidental”. Más allá de que ciertas problemáticas vinculadas con la clasificación de Perry Anderson siguen teniendo vigencia (especialmente la necesidad de un marxismo más decididamente militante y no tan académico), el mundo en que se escribió ese libro ya casi no existe. Otro signo de identitarismo y “zona de confort” es de las corrientes y/o individuos que se reivindican trotskistas y están en una especie de cruzada para explicar lo mal que está trabajar con la teoría de Gramsci o lo improcedente de intentar pensar en qué consiste la actualidad de la teoría de la revolución permanente. No olvidemos tampoco la contribución de algunos sectores gramscianos que todavía siguen repitiendo al pie de la letra las críticas menos informadas de Gramsci contra Trotsky como si fueran axiomas. Pongo estos casos, porque son los que tengo más presentes en este momento. Pero no son para nada los únicos ejemplos posibles. El problema central que surge de la existencia de estos múltiples tabiques y “zonas de confort” es que se da la paradoja de que suelen ser los marxistas quienes menos interesados están en el marxismo (o mejor dicho en pensarlo y ponerlo en discusión).

Contra ese tipo de posturas, un abordaje como el de Sacristán nos permite pensar a un nivel distinto, sin atarnos a las antinomias del pasado pero sin la superficialidad de creer que podemos ignorarlas, poniendo a jugar esa dialéctica entre pasado y presente que Gramsci visitaba seguido en sus Cuadernos de la cárcel y que permitía comprender que “el presente contiene todo el pasado” y del pasado solo se realiza en el presente aquello que es “esencial” (C7 §24).

Por todas las reflexiones y aportes que repasamos en este artículo, parece sensato afirmar que Manuel Sacristán es un gran pensador del siglo XX, pero también (y quizás, sobre todo) del siglo XXI.

Notas

[1] Sacristán Luzón, Manuel, Pacifismo, ecología y política alternativa, Barcelona, Icaria, 1987, p. 123.
[2] Ibidem, pp. 124/125.
[3] Ibidem, pp. 125/126.
[4] Ibidem, pp. 126/127. Por “tecnociencia” suele entenderse la actividad científico-tecnológica de gran escala, orientada por objetivos centralmente económicos y con predominio de la inversión privada.
[5] Ibidem, p. 127.
[6] Ibidem, p. 128.
[7] Ibidem, pp. 128/129.
[8] Ibidem, pp. 146/147.
[9] Sacristán Luzón, Manuel, Antología esencial, preparada y presentada por Ariel Petruccelli y Salvador López Arnal, Bs. As. Editorial Marat, 2021, p. 185.
[10] Sacristán Luzón, Manuel, Intervenciones políticas. Panfletos y Materiales III, Barcelona, Icaria Editorial, 1985, pp. 205/206.
[11] El pensamiento de Sacristán está ligado estrechamente a la crisis del estalinismo. Su apoyo incondicional a la Primavera de Praga y su rechazo del eurocomunismo (que caracterizaba como un “estalinismo de derecha”) así lo atestiguan. 

Fuente: 

Caldo verde portugués

Caldo verde portugués



Ingredientes

400 g. de col gallega (también valdría berza). Suelen utlilizar una variedad de la col gallega, couve portuguesa.
500 g. de patatas gallegas o batata portuguesa
200 g. de chorizo ahumado
1 cebolla
2 dientes de ajo
Agua
Sal
Aceite de oliva virgen extra


El caldo verde portugués es uno de los platos más tradicionales de nuestro vecino y amigo Portugal. Soy un enamorado de su gastronomía, de todo tipo de caldo (entre ellos el caldo gallego) y esta receta en concreto no podía faltar en el blog. Un plato que podemos encontrar en las cartas y menús de todo su territorio, aunque su origen y su mayor presencia los situamos en la zona norte del país, de Oporto hasta Galicia.

Esta particularidad geográfica influye en sus ingredientes, entre los que encontramos la col gallega o berza y los chorizos ahumados, procedentes de las matanzas del cerdo. En Portugal, es un plato tan predominante como el bacalao, y es típico tomarlo en la madrugada de Nochevieja, como reconstituyente.