sábado, 21 de febrero de 2026

La entrevista ‘Todos intentaron doblegarme’: Gisèle Pelicot comparte su historia

En una entrevista de casi tres horas realizada el mes pasado en París, la mujer que se convirtió en un icono feminista al renunciar a su derecho al anonimato, esboza un relato sincero y emotivo de su vida.

Es una de las historias de abusos sexuales más atroces. Gisèle Pelicot fue drogada y violada en repetidas ocasiones por la persona en la que más confiaba en el mundo —su esposo, Dominique Pelicot—, quien también invitó a decenas de hombres a su dormitorio para que la violaran mientras se encontraba fuertemente sedada.

Los abusos comenzaron en 2011, pero Pelicot no se enteró hasta 2020, después de que sorprendieron a Dominique filmando en secreto bajo las faldas de las mujeres en un supermercado cercano a su casa, en el sureste de Francia. Cuando la policía lo detuvo, descubrió videos y fotografías de su esposa siendo agredida por al menos 70 hombres, agresiones que Dominique había grabado y guardado.

Cuatro años más tarde, comenzó el juicio contra los agresores de Pelicot. Incluso entonces, es posible que nunca hubiéramos conocido el nombre de Gisèle Pelicot. Pero en sus nuevas memorias, Un himno a la vida: mi historia, que se publicará el 17 de febrero, Pelicot explica por qué decidió renunciar al anonimato y hacer público el juicio de 2024. Esa decisión la convirtió en un icono feminista e inspiró a mujeres de toda Francia a unirse en torno a ella y a exigir cambios en las leyes francesas sobre el consentimiento.

Aun sí, Pelicot ha seguido siendo un enigma en muchos sentidos. Fuera del juicio, nunca se sentó a contar su historia. Sin embargo, en una entrevista de casi tres horas realizada el mes pasado en París —la primera que publica un medio de comunicación estadounidense—, Pelicot esbozó un relato sincero y emotivo de los primeros años de su matrimonio; de los estragos que le causaron los abusos y, posteriormente, el juicio; de las consecuencias para su familia. También habló de cómo, a pesar de todo lo que ha pasado y de las muchas preguntas que persisten, ha vuelto a encontrar el amor y algo de paz en su vida.

Pelicot habló en francés durante nuestra conversación, por lo que sus respuestas han sido traducidas.

Video [SPEAKING FRENCH] 


Esta es la primera vez que la gente te escuchará con tus propias palabras. ¿Cómo te sientes al sentarte y hablar de esto en público? Cuando escribí este libro, quería que fuera útil. También me permitió mirar hacia dentro, hacer balance de mi vida e intentar reconstruirla desde las ruinas. Cuando escuchas los hechos del juicio, ves a esta mujer y te preguntas: ¿Cómo sigue en pie? Necesitaba transmitir que sigo siendo una mujer que mantiene la frente en alto.

Antes de continuar, ¿cómo quieres que me refiera a tu exesposo? Monsieur Pelicot.
Me gustaría empezar con el periodo anterior a que te enteraras de lo que te estaban haciendo. Te habías retirado al sureste de Francia, a una ciudad llamada Mazan. ¿Qué clase de persona eras entonces? Me jubilé con poco más de 60 años. Siempre había trabajado, criado a mis hijos y tenido una vida muy activa. Y pensé que tendría una jubilación feliz con monsieur Pelicot. La casa de Mazan era un lugar donde podíamos recibir a los amigos y a los hijos durante las vacaciones. Siempre la llamábamos la casa de la felicidad. No estábamos lejos del Mont Ventoux, en Les Baux-de-Provence. Teníamos las cigarras, los olivos, el sol. También teníamos una piscina. En cuanto los nietos llegaban a casa, dejaban sus cosas y se zambullían. Disfrutaba viéndolos crecer. Vivía una vida plena y feliz. Por supuesto, como todas las parejas, tuvimos momentos difíciles. La vida no siempre es fácil. Pero yo tenía esa alegría de vivir con monsieur Pelicot. Le caía bien a todos nuestros amigos y familiares. Siempre estaba dispuesto a ayudar, deportista. Solo conocí a un hombre amable y cariñoso. Lo cual es aterrador.

Gran parte del libro parece un intento de comprender con quién te casaste realmente. ¿Puedes describir cómo se conocieron monsieur Pelicot y tú, y quién era él en ese entonces? Conocí a monsieur Pelicot en julio de 1971, así que éramos dos jovencitos de 19 años. Cuando lo conocí, era un chico tímido, siempre sonrojado, y su vida familiar era un poco más complicada que la mía. Su padre era un tirano, muy autoritario, y tenía que dar a sus padres hasta el último centavo que ganaba. Cuando era más joven, fue violado en el hospital, y luego, a los 14 años, lo obligaron a presenciar una violación en grupo en una obra en construcción. Nunca fue a terapia, y su familia tampoco lo ayudó.

Decidimos casarnos muy jóvenes. Mi padre no lo aprobaba. Se había vuelto a casar, y mi madrastra no era muy agradable, así que mi único deseo era huir y vivir una vida feliz. Y eso es lo que ocurrió en realidad. Nos trasladamos a los suburbios de París. Al principio no teníamos mucho, pero estábamos enamorados. Los dos queríamos formar una familia. Dicen que las historias de amor no acaban bien, y la mía acabó mal 50 años después. Pero aún así, me aferro a los buenos momentos de aquella vida.

Por lo que sabemos, parece que monsieur Pelicot empezó a abusar de ti en 2011. Pero en 2013, cuando te retiraste a Mazan, las cosas se aceleraron. Fue entonces cuando empezaste a experimentar pérdidas de memoria inexplicables. ¿Puedes hablarme de esas pérdidas de memoria? La primera vez, el episodio de 2011, no la recuerdo. Volvió a mí más tarde, ante el juez instructor, cuando supe que mi primera violación tuvo lugar el 23 de julio de 2011. Recuerdo que me desperté por la noche y me di cuenta de que algo le pasaba al monsieur Pelicot, porque le dije: “¿Qué haces? Déjame en paz”. Y como estaba sedada —aunque no lo suficiente para él; creo que ya estaba empezando a experimentar con las dosis que me daba—, me volví a dormir y me desperté muy tarde al día siguiente, hacia las 6 p. m. Le pregunté: “¿Cómo es que no me has despertado?”. Y me dijo: “Estabas cansada, te dejé dormir”. Me intrigó un poco que pudiera dormir tanto tiempo.

ImageUna multitud de gente caminando por una carretera entre edificios y árboles. Una marcha en apoyo de Gisèle Pelicot en Mazan, Francia, en octubre de 2024. Se retiró a Mazan en 2013 con su esposo, Dominique Pelicot.Credit...Dmitry Kostyukov para The New York Times Aquel episodio se me quedó grabado en la memoria. No volví a pensar en ello, pero cuando me ocurrió lo mismo en septiembre de 2013 —salvo que esta vez no me desperté durante la noche; me di cuenta al día siguiente, cuando me puse los pantalones que había llevado la noche anterior y había manchas en ellos, como de lejía—, pensé que era extraño. ¿Qué había hecho? No me acordaba de la noche anterior y le pregunté a monsieur Pelicot. Estaba en el jardín en ese momento, y le dije: “Doumé” —mi apodo para él—, “no me estarás drogando, ¿verdad?”. Era como si le preguntara qué quería comer o si íbamos a dar un paseo esa tarde. En otras palabras, mi subconsciente hizo la pregunta, pero como si estuviera bromeando.

Y entonces, para mi gran sorpresa, lloró. Me dijo: “¿Te das cuenta de lo que me estás diciendo? ¿Por quién me tomas?”. Su respuesta me descolocó por completo, y fui yo quien acabó disculpándose por pensar tal cosa. Dije: “Lo siento, te pido disculpas. No sé por qué te he preguntado eso”. Y después de eso, no volví a mencionárselo. Mi subconsciente había detectado algo, pero lo enterré.

Me llamó la atención, al leer el libro, lo dependiente y aislada que estabas. Ya no trabajabas. Tus hijos no vivían cerca. No conducías porque tenías desmayos cada vez más frecuentes, que te preocupaban. Monsieur Pelicot te llevó al médico para asegurarse de que podía supervisar el tratamiento que recibías. ¿Cómo se comportó contigo durante este tiempo? Siempre pensé que este hombre me iba a proteger. Cuando empecé a tener estos lapsus, se lo conté, por supuesto. Le dije: “Necesito ver a un médico, porque creo que tengo algo grave”. Y me dijo: “Seguro que no te pasa nada, vas a preocupar a tus hijos por nada”. Le dije que quería estar segura.

La primera vez que me llevó al neurólogo, él había concertado la cita y me acompañó, porque yo tenía miedo del diagnóstico. Siempre recordaré la actitud del neurólogo. Le dije que estaba muy preocupada porque no recordaba el día anterior: ver una película, lavarme los dientes, cosas cotidianas que hacía justo antes de acostarme. Me mandó hacer algunas pruebas clínicas, como ponerme de pie sobre una pierna para ver si mi equilibrio seguía siendo bueno. Y cuando volví a sentarme, me dijo: “Creo que ha tenido un mini ictus. Puede ocurrir una vez en la vida. Así que no se preocupe, no es absolutamente nada”. Así que me voy con monsieur Pelicot. Y en el coche me dice: “Ves, te lo dije, no te pasa nada”.

Bien, pero los desmayos continúan. Así que pedí otra cita con otro neurólogo. Les dije a mis hijos: “Van a tener que prepararse, porque creo que su madre tiene todos los síntomas iniciales de la enfermedad de Alzheimer”. ¿Qué se suponía que debía hacer con esto? Me sentía condenada. No dejaba de pensar en mi madre, quien murió muy joven. Me estaba preparando para el final. Pensaba que me quedaba muy poco tiempo de vida.

Monsieur Pelicot incluso me acompañaba al ginecólogo, porque tenía problemas ginecológicos. Mucha gente ha preguntado: “¿Cómo es posible que no lo supiera?”. Pero esa es la realidad. Confiaba tanto en él que no podía imaginar que ese hombre me estuviera manipulando. Siempre decía que yo era el amor de su vida. ¿Cómo puedes tratar así al amor de tu vida? Es impensable.

Hablemos de cuándo te enteras de lo que ha estado ocurriendo en realidad. En 2020, monsieur Pelicot te dice que lo han atrapado grabando por debajo de las faldas de las mujeres en un supermercado local. ¿Te sorprendió? Cuando monsieur Pelicot me reveló lo que había hecho en el supermercado de Carpentras, me costó creerlo porque nunca me había hecho nada turbio. En 50 años, nunca había visto nada. No era el tipo que hacía bromas sobre las mujeres ni se comportaba de forma inapropiada con ellas.

Le dije: “¿Qué te pasa?”. Me dijo: “No estabas allí y tuve un impulso”. Como nunca había hecho nada parecido, le dije: “Te voy a ayudar, necesitas ayuda, necesitas ver a alguien, porque no puedes seguir así. Vas a pedir perdón a esas mujeres, porque necesitan resarcimiento”, le dije: “Por ahora, te perdono, pero te advierto que no habrá una próxima vez. La próxima vez, me iré”. Y me contestó: “No te preocupes, he aprendido la lección. No lo volveré a hacer”.

Le creí, y eso es lo que me aterra pensar aún hoy. ¿Cómo pudo mirarme a los ojos y hablarme así? Como aquel último desayuno, el día que descubrí la verdad. Desayunamos como si no hubiera pasado nada.
Image Fotografía en blanco y negro de Gisèle Pelicot. Credit...Philip Gay para The New York Times

Ese último desayuno tuvo lugar dos meses después de que te dijera que lo habían sorprendido grabando, porque la policía tardó ese tiempo en llamarlos a los dos a la comisaría. Es entonces cuando te enteras de lo que realmente había estado ocurriendo. Sé que es un momento increíblemente doloroso, pero ¿podrías explicármelo? Cuando te entrevistan, ¿qué te dicen y qué ves? Creía que íbamos a hablar de las dos fotos que tomó en la tienda de Carpentras. Monsieur Pelicot entró primero. Me llamaron media hora más tarde y, cuando subo al primer piso para reunirme con el teniente Perret, llego a su despacho y espero encontrar allí a monsieur Pelicot. Pero no está. Pienso: “Quizá sea normal”. Quiere saber si monsieur Pelicot realmente me ha contado toda la verdad. Así que me siento, y como era durante la covid, llevamos mascarillas. Nos sentamos un poco alejados, me dice que me quite la mascarilla y empieza a hacerme preguntas: mi nombre y apellido, la edad de mis padres. Reconozco que empecé a cuestionarme: ¿Por qué tantas preguntas?

Entonces las preguntas se hicieron cada vez más concretas: ¿Puede describir a su esposo? Entonces dije: sí, por supuesto: un buen hombre, atento, cariñoso. Llevamos juntos 50 años, nunca he tenido ningún problema con monsieur Pelicot, salvo este incidente. Y entonces empieza a cambiar el tono del interrogatorio y me pregunta si practico intercambio de parejas con monsieur Pelicot. En ese momento, empiezo a preguntarme: ¿Adónde quiere llegar, por qué me hace esta pregunta? Y le digo: “Escuche, claro que no. ¿A mi edad? Soy una mujer recatada. Y además, la idea de que otro hombre me toque es impensable”. Y entonces veo que su cara empieza a cambiar.

Tiene una pila de expedientes junto a su escritorio. Me dice: “Madame Pelicot, lo que voy a decirle no le va a gustar”. Empiezo a preocuparme de verdad, se me acelera el corazón. Le digo: “¿Qué ocurre?”. Me dice: “Mire ese montón de ahí”, y empieza a abrir una carpeta para enseñarme una foto. Me dice: “¿Se reconoce en esta foto?”. Y, por supuesto, no me reconocí, porque estaba con un hombre al que no conocía, que me estaba violando. Dije: “No conozco a este hombre”. Y pensé: “Esa no soy yo”. Me enseña una segunda foto, que es prácticamente igual, y me dice: “Esa de ahí es usted”. Le digo que no, y me dice: “Esta es su habitación, madame Pelicot, estas son sus lámparas de cabecera. Hemos registrado su casa, estas son sus pertenencias”.

En ese momento, mi cerebro entró en disociación. Quería enseñarme videos. Le dije: “No, ya no puedo, no puedo”. Y me dijo: “Su marido está bajo custodia policial, no se irá con usted. Debe saber que la han violado muchas veces. Hemos detenido a 53 personas”, y más tarde me voy a enterar de que hay 20 o 30 a quienes no han detenido. Me dice que me han violado unas 200 veces. Le digo: “Pero eso no es posible”. Y entonces pido un vaso de agua porque ya no puedo hablar.

Tenían una psicóloga allí, lo habían planeado todo. Lo único que quiero es irme a casa, porque todo lo que me han dicho no es posible, no es verdad. Estoy en otro mundo, básicamente. Entonces llega la psicóloga, me habla, pero no la oigo. El teniente Perret me lleva a casa con uno de sus colegas y, cuando llego, me dice: “Llame a una amiga, no se quede aquí sola, porque corre peligro”. Sabían que no todos habían sido detenidos. Así que llamé a una amiga. Pero seguía sin creérmelo. Era como una broma de mal gusto. No negación, sino incredulidad total. Mi amiga llegó, y cuando se sentó en el salón y preguntó qué pasaba, le dije: “Han detenido a Dominique. Está detenido porque me violó e hizo que me violaran”. Creo que fue la primera vez que dije la palabra. Tardé casi cinco horas en asimilarlo, pero en ese momento le dije la palabra “violación” a mi amiga.

Es inimaginable: este hombre con el que llevabas casada 50 años y de pronto recibes esta información. ¿Cómo fue ver esa versión inconsciente de ti misma? Devastador. Soy una muñeca de trapo. Es como si hubiera salido de una operación, porque estoy completamente anestesiada. Estos hombres, cuando uno ve lo que me hacen, ¿cómo es posible que mi cuerpo no sea capaz de sentir nada? Así que es cierto que realmente era anestesia. Afortunadamente para mí, no tengo recuerdos, porque creo que me habría suicidado después. No habría podido sobrevivir. Me dije a mí misma que no era yo. Era yo, pero no lo era. Monsieur Pelicot me había disfrazado. Parecía un saco de patatas. No tenía alma, nada. Aquella mujer no era yo. Probablemente eso fue lo que me salvó, decirme eso a mí misma.

Escribes que “una oleada de vergüenza creció dentro de mí” tras esta revelación. ¿Puedes explicarme por qué sentiste vergüenza en ese momento? Creo que todas las víctimas sienten esa vergüenza. Te sientes sucia, te sientes degradada. No hay nada humano en ello. Pasé horas en la ducha intentando lavarme esta suciedad, esta mugre que te hace sentir deshumanizada.

Para quien no haya seguido el juicio, solo quiero dar algunos ejemplos de la magnitud de los ultrajes de los que te enteraste en los meses que siguieron a esta visita a la comisaría. ¿Está bien? [Ella asiente].

Monsieur Pelicot encontraba hombres en internet para violarte mientras estabas muy drogada. Filmaba meticulosamente esos encuentros. Esto ocurría constantemente: después de que sus hijos vinieran a cenar, mientras estaban de vacaciones. Hay un momento en el libro que describe cuando se te aflojó una corona de la boca. Escribes que se debió a “la violencia de los penes que me introdujeron repetidamente en la boca floja”. Cuando esa corona empezó a moverse, yo estaba desayunando y monsieur Pelicot estaba delante de mí. Por culpa de la covid, no podemos ver al dentista. Y no puedo sacármela. Pero sé que se me va a caer, y tengo miedo de tragármela. Y le pregunto a monsieur Pelicot: “¿Me ayudas?”. Fue a buscar unas gasas para quitarme la corona, y pienso: “¿Cómo ha podido aflojarse? El día anterior no estaba suelta. Y me dice: “Habrás mordido algo”.

Cuando descubrí los videos que mostraban la violencia que estos hombres me infligieron, en la boca floja —deben sujetarme la cabeza porque se me cae la cara, no tengo tono muscular— y monsieur Pelicot ni siquiera reacciona. No hay empatía, ni piedad por esa mujer que está allí, completamente muerta en su cama. Fue increíblemente violento decirme a mí misma que ni siquiera eso me perdonaron. [Empieza a llorar].

Lo siento. No pasa nada.

¿Quieres tomar un momento? No, está bien.

Lamento mucho lo que te pasó. Es muy importante que la gente lo sepa. Es impactante, lo sé.

Image Cinco personas sentadas contra una pared detrás de tres abogados con trajes negros en una mesa.

Pelicot junto a su hija, Caroline Darian (segunda por la izquierda), y sus hijos Florian Pelicot (izquierda) y David Pelicot, en el tribunal de Aviñón, Francia.Credit...Christophe Simon/Agence France-Presse, vía Getty Images

Es impactante. Mientras procesas esto, te has enterado de que la policía también ha encontrado fotos de tus nueras en la ducha, y de tu hija, Caroline, dormida en ropa interior que dice no reconocer. Y tus tres hijos tienen que enfrentarse a lo que ha hecho su padre. Caroline acaba sufriendo una crisis nerviosa, termina hospitalizada. Debe de haber sido muy difícil compaginar ser tú misma una víctima y tener que ser madre de hijos adultos necesitados. El sufrimiento no necesariamente une a una familia. Hay que entenderlo, es como una explosión que lo destroza todo. Intentamos recuperarnos, cada uno a nuestra manera y a nuestro tiempo. Es cierto que lo que vivió Caroline es extremadamente doloroso. Me conmueve profundamente su sufrimiento, porque esta duda persistente es un infierno ineludible. No hay respuestas. Están esas dos fotos de ella dormida que abren muchas preguntas. Pero yo no tengo respuestas, y monsieur Pelicot tampoco se las dio.

Espero que algún día sienta remordimientos y se atreva a hablar con su hija. Sé que ella sufre mucho. He hablado con ella esta mañana. Ahora hablamos por teléfono casi todos los días. Está sufriendo, y para una madre eso es muy duro. Ahora tiene 47 años. Lo que quiere es que se le reconozca como víctima, porque hoy no lo es oficialmente. A él se le ha condenado por tomar todas esas imágenes, pero nunca se le condenó por lo que le hizo a Caroline.

Me sorprende que, cuando antes hablabas de lo feliz que eras y de lo familiar que eras, de lo orgullosa que estabas de ser madre y abuela, que tu familia se separara de esta manera debe de haber sido muy doloroso. Es cierto que la mayor parte de mi vida giraba en torno a mi familia. Todos esos recuerdos, ¿qué podemos hacer ahora con ellos? Porque no se puede rebobinar la vida.

En el libro, escribes sobre cómo has luchado para conciliar tus recuerdos felices con el conocimiento que tienes ahora sobre quién era monsieur Pelicot. Escribes: “Si me quitaran los últimos 50 años de mi vida, sería como si nunca hubiera existido. Estaría muerta”. Es una idea muy complicada. ¿Puedes explicarnos cómo has intentado superarla? Puede parecer extraño, pero se parece mucho al duelo. Te afliges por la vida que tuviste. No podía borrar todos los buenos recuerdos, porque si no, lo perdería todo y mi existencia sería nula. Así que me aferré a esos buenos recuerdos. Es como ordenar la ropa para lavarla: separas la ropa limpia de la sucia. Aparté la ropa sucia y guardé todo lo que estaba limpio.

Listen to the Conversation With Gisèle Pelicot The woman at the center of the French rape trial that shocked the world shares her story.

En Francia, las víctimas de violencia sexual tienen derecho a que se proteja su identidad durante el juicio. Pero tomaste una decisión extraordinariamente valiente al renunciar al anonimato y permitir un proceso abierto. ¿Puedes explicar esa decisión? ¿Cómo te diste cuenta de que esto era algo que querías que el mundo viera? Tardé cuatro años en tomar esta decisión. Quería un juicio cerrado, no quería que la gente supiera quién era yo, quería que en este juicio estuvieran solo los agresores y sus abogados. Y un día, mi hija me dijo: “Mamá, les estás haciendo un gran favor. Piénsalo”. Y tardé cuatro años, pero un día salí a pasear sola y me di cuenta de que tenía razón. Cuando llevamos esta vergüenza con nosotras, se añade sal a la herida, como si te condenaran dos veces, porque sigues infligiéndote ese dolor a ti misma. Luchar contra esa vergüenza a nivel individual, rechazarla para mí misma, también significaba trabajar para el colectivo.

Supe que había tomado la decisión correcta cuando, el 2 de septiembre, entré en esta sala de audiencias con esos 51 acusados y sus 45 abogados. Los periodistas ya estaban en la sala, pero sabían que tendrían que salir pronto. Nadie anticipaba lo que estaba a punto de ocurrir. Cuando el presidente del tribunal dijo: “Señoras y señores de la prensa, esta es una audiencia a puerta cerrada, les ruego que se retiren”, mis abogados se levantaron y dijeron: “Señoría, nuestra cliente renuncia a su derecho a un juicio a puerta cerrada”. Y entonces, vi cómo me miraba la defensa. Me miraban fijamente, como diciendo: “¡Se ha atrevido a hacer esto!” Los acusados también miraban fijamente, desafiantes, con algo en los ojos. Es terrible para la víctima. Me dije: “Aguanta, querida, vas a llegar hasta el final”. Y aguanté, pero me lo hicieron pagar. Me llamaron cómplice, dijeron que era una mujer que había consentido, que era sospechosa. Intentaron convencer al tribunal de que: “Si está aquí, debe ser responsable de lo ocurrido. Nuestros clientes no son culpables de lo que hicieron”. Puedo asegurarte que no me inmuté, ni una sola vez. Hasta el final, aguanté. Hay que tener agallas. Hay que ser fuerte.

¿Cómo fue ver a todos esos hombres en el juzgado, día tras día? La primera vez que entré en aquel juzgado, descubrí sus caras, porque no los conocía. Nunca los había conocido, porque siempre estaba —no me gusta la palabra “dormida”— estaba anestesiada, inconsciente. Y cuando descubrí sus caras, de edades entre los 22 y los 70 años, fue realmente increíble pensar: esas personas entraron en mi dormitorio para violarme.

Decían que no había sido una violación. Para ellos, el esposo había consentido, había dicho: “Puedes entrar”. Habían entrado en un sitio web, Coco.fr, en una sala de chat llamada “Sin que ella lo sepa”. Sabían exactamente por qué se les juzgaba, pero tenían una forma de descartar su culpabilidad. Se veían a sí mismos, casi, como inocentes.

Fue duro para mí enfrentarme a su mirada. Una vez, uno de los acusados me miró fijamente, queriendo obligarme a bajar la mirada. Pero yo le devolví la mirada hasta que bajó los ojos. Por fin comprendió que no cedería. Todos intentaron doblegarme. Sus abogados hacían preguntas para desestabilizarme, humillarme. Fue entonces cuando empecé a levantar la voz, a poner fin a esta farsa.

Image Un retrato de Pelicot en la sala del juzgado declarando durante el juicio.

Boceto de Pelicot declarando durante el juicio en el juzgado.

Afortunadamente, tuve la suerte de disponer de todas estas pruebas: las fotos, los videos. Cada vez, les preguntaban: “¿Recibió el consentimiento de madame Pelicot?”. Obviamente, la mayoría de ellos ni siquiera sabía lo que eso significaba. Decían: “Pues… no”. “¿Violó a madame Pelicot?” Decían: “Pues… no”. Entonces, les enseñaban los videos. Decían que monsieur Pelicot los había presionado, que le tenían miedo, pero cuando miras los videos, no hay rastro de que monsieur Pelicot fuera violento. Hay violencia, claro, pero eran ellos quienes la perpetraban. Violencia real, incluso monstruosa.

Se encontraban en tal estado de negación que, incluso después de ver los videos, cuando se les vuelve a preguntar: “¿Violó a madame Pelicot?”, siguen diciendo que no. Es increíble. Y sus esposas también acudieron a declarar, dijeron: “Por supuesto que no. Mi marido, mi novio nunca haría eso”. Creo que yo podría haber sido una de esas mujeres, si se hubieran invertido los papeles. Incluso había una madre que tenía mi edad. Vino a declarar, hablando de su “niñito”, aunque tenía 45 años. Fue otra cosa extravagante oír: “Mi niñito sería incapaz de violar a esta mujer”. Ni siquiera me miró. Esto también fue impactante y violento para mí, porque no se me reconoció. Si su hijo me había violado, entonces yo debía estar de acuerdo. Eso es lo que quería decir, básicamente.

Has mencionado el papel de los videos. Hasta justo antes del juicio, nunca los habías visto. Es inconcebible tener que sentarte a ver cómo te ocurría eso. Pero como señalas, sin esos videos no habrías tenido pruebas para demostrar que esos hombres mentían, y probablemente no te habrían creído. ¿Qué opinas de ello? Cuando decidí que no quería un juicio a puerta cerrada, mis abogados me dijeron: “Cuidado, antes te negabas a verlos, pero ahora tendrás que mirar”. No me sentía preparada. Pensé que sería muy difícil para mí. En algún momento, uno de mis abogados dijo: “Ahora sí tendrás que verlos”.

Así que elegimos un día para encerrarme en mi despacho y los vi por videoconferencia. Me preguntaron si estaba preparada. Evidentemente, nunca se está preparado para ver este tipo de videos. Pensé: “Dijiste que no a un juicio a puerta cerrada, así que tienes que seguir adelante con esto”. Mi abogado me dijo amablemente: “Cuando estés preparada, Gisèle”. Empezó con el primer video. Creo que empezó con uno de los más difíciles de ver. Ver esto es verdaderamente insoportable. Piensas: “¿Cómo es posible que estés viendo esto?”. Y ves la violencia de estos individuos. Son animales. Y tú eres este cuerpo desarticulado, inconsciente, sin alma, sin nada dentro.

No los vi todos, porque me habría llevado mucho tiempo. No sé cuántos eran, varios por individuo. Vi muchos de ellos. Cada vez me preguntaban si estaba bien. Yo solo lo soportaba. Era como un boxeador que aguanta los golpes. Te caes y te vuelves a levantar.

Cuando terminamos, tuve que dar un paseo. Y fue entonces cuando se me saltaron las lágrimas y pensé: “¿Cómo pudo el hombre con el que compartía mi vida, el padre de mis hijos, dejar entrar a esta gente?” Porque él sabía lo que era esto. Es entonces cuando piensas: “¿Qué le pasaba por la cabeza? ¿Cómo pudo no sentir compasión en algún momento?”

Cuando volví de mi paseo, le dije a mi amiga: “Escucha, hablemos de otra cosa”. Mi cerebro lo había grabado, pero lo puse en un rincón de mi mente. Pensé: “Muy bien, podremos utilizarlos como prueba, porque no todas las víctimas tienen estas pruebas. Y los mostramos en el juicio, porque lo negaban. Pero entonces no los miré. Miraba mi teléfono, fotos de la playa, del Mont Ventoux. Esa era mi evasión mientras me observaban. Lo que me impactó profundamente, y es increíble pensar en ello, es que podía oírme roncar en los videos, debido a lo sedada que estaba. No quedaba nada de mí.

Todos fueron declarados culpables. Fue una victoria para mí. Me puse en el lugar de otras víctimas que son sometidas a las mismas cosas. Como no tengo ningún recuerdo de ello, esto me ayudó a recomponerme. Pero para las víctimas que sí tienen recuerdos de lo ocurrido, ¿te imaginas lo que se les pasa por la cabeza cuando les dicen que su caso se cierra sin más trámite por falta de pruebas? Porque es la palabra de una persona contra la de otra. Es importante subrayarlo. Debe ser muy duro para estas víctimas recomponerse.

Una de las cosas que más llamó la atención de ti durante el juicio fue tu compostura: lo bien que vestías, lo elegante que ibas. Escribes en el libro que no tenías más remedio que ser invencible. Me parece una carga muy pesada. Siempre he sido elegante en mi vida porque siempre he trabajado. Creo que esto viene de mis padres. Uno de los abogados de la defensa le preguntó a uno de mis abogados: “¿Cómo es que siempre está tan elegante cuando llega por la mañana?”. Y cuanta más gente me lo decía, más tiempo dedicaba a estar elegante. También era una forma de apuntalar este cuerpo torturado. Era una forma de decir: “No me van a afectar”. Esa era la fuerza que tenía dentro de mí. Cuando me levantaba por la mañana, ponía música y me preguntaba: “¿Qué me voy a poner hoy?”. Solo para fastidiarlos. [Risas]

Image Pelicot en el centro de una multitud de personas que sostienen micrófonos.

Pelicot en el tribunal tras el veredicto del juicio en diciembre de 2024.Credit...Manon Cruz/Reuters

Una de las cosas más conmovedoras del juicio fueron las mujeres que vinieron a apoyarte. Todos los días aplaudían, coreaban. Y recibías muchas cartas. ¿Qué decía la gente? Creo que este juicio se hizo eco de su sufrimiento. Se reconocían, y mi juicio era también una forma de hacerles justicia. Al principio decidí estar allí solo dos semanas, pero luego, como las veía cada mañana cuando llegaba, sentí la responsabilidad de seguir adelante. Llegaban temprano, lloviera, hiciera frío, y yo veía a aquellas mujeres esperando a que el tribunal abriera sus puertas. Me conmovía profundamente. Su presencia fuera del edificio amortiguaba lo que me estaba ocurriendo dentro del juzgado, y lo agradecí.

Recibí miles de cartas de todo el mundo, lo que también me sorprendió. No todas eran víctimas, por supuesto, pero había mucho sufrimiento en las cartas. Me daban las gracias por hablar de ello, porque ahora ya no tenían miedo de hacerlo también. Recibí muchos mensajes de mujeres que me decían: “Gracias a ti, voy a presentar una denuncia. Y no será un juicio a puerta cerrada”. Algunas incluso me dijeron: “Voy a divorciarme, voy a dejar a mi marido”. Eso también fue sorprendente. Creo que generaciones enteras de mujeres han estado amordazadas, y este juicio permitió a estas mujeres hablar abiertamente.

Al final, monsieur Pelicot fue condenado a 20 años de prisión, el máximo. Todos los demás recibieron condenas diversas. ¿Se hizo justicia? Para mí, sí. La condena no importa. Monsieur Pelicot fue condenado a 20 años. Era el cabecilla de toda esta farsa, de este sórdido asunto. En cuanto a los demás, lo que me importaba era que habían sido declarados culpables, y por eso no impugné sus condenas. Mis hijos se escandalizaron por las condenas que recibieron algunos de ellos.

No se ha identificado a todos los hombres de los videos. Algunos de ellos siguen sueltos. Debe de ser duro. Intento no pensar demasiado en ello. A veces, cuando me cruzo con un hombre, pienso: ¿Y si…? En Aviñón, conocí a un hombre que me pagó la comida. Había ido a pagar mi cuenta. Estaba comiendo con mis abogados antes de volver al juzgado por la tarde. Me dijeron: “Te han pagado la cuenta”. Dije: “No, eso no es posible”. Me dijeron: “Sí, fue el hombre de allí”. Fui a darle las gracias y le pregunté dónde vivía. Vivía no muy lejos de Mazan. Cuando terminamos de hablar, dije a mis abogados: “¿Y si es uno de mis violadores que no fue arrestado?”. Por supuesto que lo pensé. Ya no lo hago, o al menos con menos frecuencia. No soy paranoica. Pero podría cruzarme con uno de esos hombres que me conoce aunque yo no lo conozca a él. A veces pienso en ello. Pero luego intento detenerme enseguida.

Dios, qué difícil es. Una de las cosas, como señalas, que salió a relucir en el juicio es la verdadera conmoción por cuántos hombres de un pequeño pueblo podían ser violadores. Uno era incluso tu vecino. Y Mazan no es único. No tiene nada de especial. ¿Qué podemos entender de eso? No creo que mi historia sea un caso aislado. Me he enterado de historias parecidas a la mía. No hace mucho, me enteré de un caso, creo que fue en Alemania, en el que un hombre violó a su esposa durante 15 años. La “ofrecía” a otros hombres. Esto dice mucho sobre el comportamiento de los hombres, pero no debemos pensar que todos los hombres harían esto. Ese es otro punto importante a tener en cuenta. Porque si empezamos a decir que todos los hombres son violadores, eso se va a convertir en un verdadero problema. Lo que realmente creo es que tenemos que educar a nuestros hijos a una edad muy temprana. No sé qué tipo de educación recibieron estos hombres. La mayoría han tenido una vida muy dura; algunos han sido violados. Pero haber sufrido de niño no significa que debas repetir el mismo patrón.

Monsieur Pelicot está siendo investigado por dos delitos anteriores, uno de ellos de 1999, en el que se le acusa de intentar violar a una joven utilizando éter. El delito era un caso sin resolver hasta su detención, y acabó por confesar la agresión después de que las pruebas de ADN lo vincularon a ella. ¿Cómo cambió eso tu forma de entender quién era y los delitos en tu contra? Porque parece que este comportamiento se prolongó durante más tiempo de lo que incluso la policía se había dado cuenta. Me enteré de este caso en noviembre de 2022, dos años después de descubrir el horror al que había sido sometida. El día que recibí la llamada del equipo de investigación de Nanterre, ni siquiera entendí de qué me hablaban, porque estaba completamente enredada en mi propia historia. Dije: “Sí, conozco el caso de monsieur Pelicot”. El investigador que estaba al teléfono me dijo “No estamos hablando del mismo caso. Estamos hablando de un caso que tuvo lugar en el 99 en París”. Menos mal que estaba sentada, porque creo que me habría desplomado. Fue como si hubiera estallado una bomba por segunda vez.

Me pregunté: “¿Cómo no me di cuenta de ninguna señal?”. Debió de haber vuelto a casa aquella noche, porque siempre venía a casa por la noche. Debimos de sentarnos a la mesa con los chicos. Lo más probable es que yo le preparara la comida. Y aquella noche se comportó como si no hubiera pasado nada. Ni siquiera los chicos se dieron cuenta de nada. No notamos que no estaba de buen humor. No noté manchas en su traje. No noté ningún arañazo, porque creo que lo más probable es que esta joven se haya defendido. Una vez más, consiguió levantar un muro. Nos mostró una de sus dos caras: un hombre considerado y atento. Pero no vimos la otra cara. En realidad era Jekyll y Hyde.

También está siendo investigado por la violación y asesinato de otra mujer a principios de los noventa, algo que él niega. Todavía hoy tengo la esperanza de que no sea el autor de este crimen. Por ahora, se le presume inocente. Pero espero de verdad que esta familia conozca la verdad. No sé cómo su madre puede seguir soportándolo hasta hoy. Si es culpable, no tendremos más remedio que aceptarlo, por supuesto, y será otro infierno para sus hijos y para mí.

Image Una gran multitud de personas frente a un edificio y alrededor de una estatua.

Varios miles de personas organizan una manifestación en apoyo a Pelicot y a todas las víctimas de violación en la Plaza de la República de París el 14 de septiembre de 2024.Credit...Mohamad Salaheldin Abdelg Alsayed/Anadolu, vía Getty Images

Quiero referirme de nuevo al efecto sobre tu familia, del que hemos hablado antes. Hubo un momento en que Caroline no te hablaba porque sentía que no la apoyaste plenamente, y ahora esa relación parece haberse reparado. ¿Puedes hablarme un poco de algunos de los retos a los que te has enfrentado con tu hija? Cuando mi caso empezó a evolucionar, el juez instructor no impulsó la investigación relativa a Caroline, porque creo que había muchos acusados en mi caso, y había todas esas pruebas que demostraban las violaciones. En el caso de Caroline, había dos imágenes que planteaban dudas. Estaba, efectivamente, la mirada incestuosa del padre hacia su hija. Nunca lo negué. Pero intenté decirle a Caroline: “Sabes, tal vez…” Porque no quería que sufriera. Porque mientras yo intentaba tener esta coraza, mi hija tiene un carácter diferente. Creo que es más frágil que yo. Y no quería que ella se sumiera en este dolor. Así que es cierto, puede que al principio la apoyara de forma inadecuada.

Se enfadó conmigo por ello, lo cual es totalmente razonable. Pero no la abandoné; intenté aliviar su sufrimiento. No creo que ella lo viera así. Y por eso puso distancia entre nosotros. Creo que sintió que yo no quería comprender por lo que estaba pasando. No es que no intentara comprender. Intentaba llevarla hacia la luz, porque no quería que se desmoronara. Nunca me di permiso para derrumbarme delante de mis hijos. Pero ella tenía derecho a derrumbarse. Sobre todo porque era su padre. Estaba muy unida a su padre.

Con el paso del tiempo, también puse cierta distancia entre nosotros. Quizá fuera una forma de protegerme, porque su odio y su enojo es algo que me costaba soportar. Al poner cierta distancia, pensé, así podrá curarse, encontrar la paz. Sin embargo, a día de hoy, todavía no lo ha hecho.

Me operaron a finales de noviembre, y en Navidad me llamó para preguntarme cómo estaba. Tuve la sensación de que necesitaba que estuviera más cerca de ella. Eso es lo que está pasando ahora. Estoy siendo muy cuidadosa, porque todavía hay mucho odio y rabia hacia su padre, pero ella se dio cuenta de que yo no era la responsable de ello. Creo que podría haber confundido a su padre y a mí. Así que ahora creo que piensa: “Mi madre no es responsable de nada de esto”.

¿Se han visto? No, todavía no. Pero me ha enviado videos de mi nieto jugando al rugby. Me ha llamado esta misma mañana. Creo que nos vamos a ver.

Al final del libro, dices que quieres ir a hablar con monsieur Pelicot a la cárcel. ¿Lo has hecho ya? ¿Y qué necesitas saber? Todavía no, pero quiero hacerlo, porque espero que cuando estemos cara a cara, pueda decirme la verdad, tanto sobre su hija como sobre todo lo demás de lo que ahora se le acusa. Quizá tenga algún remordimiento. Sigo aferrándome a esa esperanza. Quizá sea ingenua, quizá no obtenga respuesta. Pero espero poder obtener las respuestas que no pudo dar ante el tribunal penal de Aviñón. Quizá diga: “Necesito liberar mi conciencia”. Por eso quiero ir.

Será muy duro si ocurre. Sí, creo que será un momento difícil para mí. Nunca he pisado una cárcel. Imagino que estará en régimen de aislamiento. Imagino que habrá cambiado mucho. Pero está ahí porque hizo lo que hizo. No es como si le hubieran enviado allí por accidente. Pero espero que tenga algún remordimiento. Si realmente es capaz de ello… y eso, no lo sé.

Pasaron cuatro años entre la detención de monsieur Pelicot y el juicio. En ese periodo, acabaste mudándote a una pequeña isla francesa, hiciste nuevos amigos y volviste a encontrar el amor. Creo que a mucha gente le parecería increíble que pudieras volver a confiar en un hombre. Nunca me había imaginado volver a enamorarme, ni siquiera que pudiera ser algo que deseara. Para mí, era imposible. Teníamos amigos comunes, y uno de esos amigos organizó una fiesta, y conocí a este hombre que también había tenido una experiencia difícil, porque durante 10 años cuidó de su esposa, que tenía una enfermedad grave, y se quedó con ella hasta su último aliento.

Hablábamos mucho. Éramos dos almas maltrechas. No sabía mucho de mí, no había leído mucho sobre mi caso en la prensa y, por supuesto, me resistía a contarle lo que me había pasado. Podría asustarle, pensar: ¿Quién es realmente esta mujer? Y en realidad, ocurrió de forma natural. Había leído un artículo en Le Monde, y fue él quien empezó a hablarme de mi historia. Me hizo sentir cómoda. Luego empezamos a salir, y luego nos enamoramos. Pensamos que quizá no duraría. Entonces, fuimos a la ópera a ver Carmen. Éramos dos adolescentes. Me di mi primer beso el día que vimos Carmen, y pensé: “Sí, quizá haya algo ahí”. Me cambió la vida, de verdad. Confío plenamente en él, porque creo que es un alma muy bella. Podrías decirme: “También confiaste en monsieur Pelicot”, pero no creo que él tenga esa perversión. No tuvo la misma infancia que monsieur Pelicot. Tuvo una infancia feliz, y conozco a sus hijos, a su familia y a sus amigos, y creo que vamos a hacer grandes cosas juntos. Creo que aprovecharemos al máximo estos hermosos años que nos quedan, y espero que duren mucho.

¿Sabes, Gisèle? ¿Puedo llamarte Gisèle? Sí, por supuesto. “Gisèle” se coreó en todo el mundo. “Gracias, Gisèle”. Por supuesto.

Gisèle, tengo curiosidad. Hemos hablado de tu mente y de cómo has podido, como dices, mantenerte en pie todo este tiempo. Pero después de todo lo que has pasado físicamente, ¿cómo te sientes respecto a tu propio cuerpo? He podido curarme a mí misma. Salgo a caminar, a montar en bicicleta. Tengo la suerte de vivir en una isla preciosa. Me siento bien en mi mente y en mi cuerpo. Estoy bien con la edad que tengo ahora, 73 años. No es fácil. Cada vez tienes más arrugas. Pero estoy bien con ellas porque tengo la suerte de tener estas arrugas, que mi madre nunca llegó a tener. Eso es importante. [Empieza a llorar] Como ves, todavía me emociono cuando hablo de ella. Tengo suerte de estar viva.

Esta entrevista ha sido editada y condensada a partir de dos conversaciones. Escucha y sigue The interview en Apple Podcasts, Spotify, YouTube, iHeartRadio, Amazon Music o la aplicación New York Times Audio.

Lulu Garcia-Navarro es escritora y presentadora de The Interview, una serie centrada en entrevistar a las personas más fascinantes del mundo.

Dónde comen los cocineros. Dónde comer bien y barato (por menos de 20 euros) en Lisboa y Oporto, según el chef José Avillez.

El cocinero, que presenta libro sobre cocina lusa, sugiere platos en locales tradicionales en las dos ciudades portuguesas

Nos reunimos en la cocina de la Embajada de Portugal en Madrid, en el Paseo de la Castellana, donde más tarde presentará su nuevo libro Mi cocina portuguesa (Editorial Planeta Gastro). “No es bonita, no es fea, pero no es una cocina portuguesa”, resume riendo el chef José Avillez (Cascais, 45 años) y mayor embajador de comida lusa. Es dueño de 15 restaurantes de renombre mundial en Portugal, Dubái y Macao. Entre ellos está Belcanto, restaurante lisboeta con dos estrellas Michelin y posicionado en el puesto 42 de la lista The World’s 50 Best Restaurants.

Portugal aún sigue teniendo esos restaurantes de cocina casera y tradicional donde se puede comer barato. Pero algunos también se están perdiendo como en España, o esa es la opinión de Avillez. “Se siguen conservando [esos restaurantes] gracias a negocios familiares como las tascas, aunque el problema es lo que sacan de dinero, que apenas llega a un sueldo. Cada vez quedan menos por problemas como el alquiler, los precios de la materia prima y que, en muchos casos, los hijos no quieren continuar el negocio familiar”, afirma. Sin embargo, Avillez es optimista y asegura que pese a todo: “No se van a extinguir”. A hilo de esta conversación, ofrece una serie de recomendaciones para comer bien y barato en Portugal.

O Velho Eurico
Una tasca de las que hablaba el cocinero auténtica. Combina platos familiaresrojões, bacalhau, arroz de pato) con un ambiente lleno de historia y ambiente local. Después de una renovación, sigue siendo un punto de referencia, aunque afirman que suele haber lista de espera, por lo que conviene reservar antes de ir.Avillez recomienda especialmente el arroz de pato (desde 10 euros por persona) y los petiscos [pequeños bocaditos muy similares a las tapas españolas] desde 3 euros por persona.Dirección:Largo de São Cristóvão 3‑4,Lisboa Teléfono: +351 21 886 1815

O Trevo
En medio de Chiado, el tradicional barrio lisboeta, se encuentra O Trevo, uno de los restaurantes más tradicionales de la capital portuguesa basado en comida saludable, con ingredientes biológicos y menús del día completos con plato, bebida y sopa o postre por unos 6,50 euros. Aquí Avillez ni lo duda: “Pidan las bifanas”. Esos bocadillos típicos portugueses de finas tiras de carne de cerdo marinadas y asadas aquí las sirven desde 2,70 euros. Además, cuentan con opciones para llevar. Dirección: Rua do Paraíso 202, Lisboa Teléfono: +351 916 762 077

Maçã Verde
Ubicado junto a la mítica estación de Santa Apolónia, este restaurante de corte tradicional ofrece una excelente selección de pescados frescos —que se ven a la propia entrada del local— y carnes a la parrilla, en un entorno sencillo y acogedor. Ideal para disfrutar de auténtica cocina portuguesa a buen precio, con raciones generosas y buen ambiente. Se puede comer de carta desde 15 euros por persona.DirecciónRua dos Caminhos de Ferro 84, Lisboa

En Oporto

Adega São Nicolau
Clásica bodega portuguesa junto al río Duero. Platos regionales que unen la tradición fluvial y marítima junto con su propia denominación de origen. Platos abundantes como sardinas, bacalao (al que Avillez hace referencia haciendo él mismo el chiste con la pasión de los portugueses y el bacalao) y mariscos, en un ambiente sencillo con una pequeña terraza. El chef recomienda encarecidamente los filetes de pulpo con arroz, por 16,50 euros por persona. Todas las carnes, pescados y mariscos oscilan entre los 14 y 18 euros. Dirección: Rua de São Nicolau 1, Oporto Teléfono: +351 222 008 232

Taberna Dos Mercadores
Lo que pensamos cuando hablamos de tabernas: producto fresco, ambiente recogido y de extracción popular. Su modesta capacidad (entre 6 y 8 mesas) no le impide referenciarse en una ciudad con tanta oferta en pescados como es Oporto. Avillez vuelve a destacar uno de sus favoritos: los petiscos, entre los que destacan las croquetas de bacalao, la sopa de pescado o una de las joyas de la corona de la gastronomía portuguesa, el caldo verde. Todos por menos de 4 euros. Pero no deja de recomendar su oferta de pescado, en particular la de bacalao (por 24 euros). Dirección: Rua dos Mercadores 36‑38, Oporto Teléfono: +351 22 201 0510

viernes, 20 de febrero de 2026

Viena Roja

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Karl Marx Hof

Las viviendas municipales construidas en Viena durante los años 20, conocidas como Gemeindebauten, (edificios municipales) fueron el pilar central de un ambicioso programa de vivienda social impulsado por el ayuntamiento socialdemócrata durante el periodo de la "Viena Roja" (1919-1934). Este proyecto transformó radicalmente la ciudad, pasando de condiciones de vida insalubres para la clase obrera a ofrecer estándares modernos, luz, aire y servicios comunitarios.

Aquí están los puntos clave sobre estas viviendas:

1. Cifras y Alcance

Volumen de construcción: Entre 1923 y 1934, el ayuntamiento construyó más de 60.000 nuevas viviendas, alojando a unas 200.000 personas (aproximadamente una décima parte de la población en ese momento).

Objetivo: Proporcionar viviendas asequibles y de alta calidad a la clase trabajadora.

2. Características Arquitectónicas y Urbanas

Los Höfe (Supermanzanas): El modelo arquitectónico dominante fue el gran bloque de viviendas o Hof, caracterizado por grandes edificios dispuestos alrededor de patios verdes interiores protegidos.

Diseño e Infraestructura: No eran solo dormitorios; incluían jardines comunitarios, lavanderías, guarderías, escuelas, bibliotecas, clínicas y cafeterías.

Karl Marx Hof: Es el ejemplo más famoso y monumental, extendiéndose por más de un kilómetro.

Estilo: Influenciado por la modernidad pero con toques artísticos y funcionales.

3. El Modelo de Financiación ("Secreto del Éxito")

Impuestos progresivos: La construcción se financió principalmente a través de impuestos innovadores sobre el lujo, la propiedad y una tasa especial de construcción de viviendas (intucida en 1923), ideados por Hugo Breitner.

Alquileres bajos: El uso de dinero público permitió mantener los alquileres muy bajos.

4. Contexto Social y Político

Viena Roja (1919-1934): Fue una respuesta socialdemócrata a la grave escasez de vivienda post-Primera Guerra Mundial.

Filosofía: Se consideraba que la vivienda no debía dejarse totalmente al libre mercado y que el entorno construido podía mejorar la vida de los trabajadores.

Estas edificaciones marcaron el inicio de un sistema de vivienda social que perdura hasta hoy, siendo Viena un referente internacional en esta materia.

Red Vienna - Wikipedia

Large blocks were situated around green courts, for instance at the Karl-Marx-Hof. The tenants of these apartments were chosen on ...

Wikipedia
Karl Marx Hof, la supermanzana de la Viena Roja | Jelena Prokopljević

La Viena Roja (en alemán: Rotes Wien) fue el nombre coloquial de la capital de Austria entre 1918 y 1934, período durante el cual el Partido Socialdemócrata Obrero de Austria (SDAP) mantuvo un control político casi total sobre Viena (y, durante un breve periodo, sobre toda Austria). Durante este periodo, el SDAP implementó un riguroso programa de proyectos de construcción en toda la ciudad como respuesta a la grave escasez de viviendas.[1] Esto implicó la implementación de políticas para mejorar la educación pública, la sanidad y el saneamiento, a la vez que se intentaba sentar las bases arquitectónicas de un nuevo estilo de vida socialista.[1]

El colapso de la Primera República Austriaca en 1934, tras la suspensión del Nationalrat por el Bundeskanzler Engelbert Dollfuß un año antes, y la posterior prohibición del SDAP en Austria, puso fin al período del primer proyecto socialista en Viena.[2] Muchos de los complejos de viviendas construidos durante este período, conocidos en alemán como Gemeindebauten, (edificios municipales) aún se conservan.

Como visitarlo

Tomando la línea U4 (Línea verde del metro)

Esta es la línea más utilizada por los visitantes de la ciudad porque recorre en casi la totalidad el centro y alrededores de los principales monumentos de la ciudad, entre ellos el Palacio Schönbrunn. Tiene 16.4 kilómetros de recorrido y 20 estaciones: Hütteldorf, Unter St. Veit, Ober St. Veit, Hietzing, Braunschweiggasse, Meidling Hauptstrasse, Schönbrunn, Margaretengürtel, Längenfeldgasse, Kettenbrückengasse, Pilgramgasse, Stadtpark, Karlsplatz, Landstrasse, Schottering, Schwedenplatz, Friedensbrücke, Rossauer Lände, Spittelau, hasta la estación Heiligenstadt, final de la linea, al bajar aparece los enormes edificios del Karl Marx Hof. Hoy, según una guia de Viena el 62% de habitantes ocupan viviendas municipales.

Historia

Viktor-Adler-Hof

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Tras la derrota del Imperio austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial, se firmó el Tratado de Saint-Germain-en-Laye entre el Imperio y la Entente victoriosa, que estipulaba la división completa de los territorios que lo componían en naciones individuales. El control austriaco quedó reducido a la República de la Austria-Alemana, proclamada oficialmente el 12 de noviembre de 1918. Durante la guerra, la corriente alemana dentro de los socialdemócratas expresó su interés en la idea de la Mitteleuropa propuesta por el movimiento nacionalista pangermánico dentro de Austria, con la esperanza de que una unión (Anschluß) con el resto de Alemania pudiera solucionar algunos de los principales problemas económicos que la nueva república comenzaba a enfrentar.[2]

Para desaliento tanto de los socialdemócratas como de los nacionalistas pangermánicos, el Tratado de Saint-Germain-en-Laye prohibió expresamente cualquier unión futura con la recién fundada República de Weimar, dejando a Austria con poco territorio y acceso limitado al granero húngaro que había alimentado a Viena durante décadas.[2] En las elecciones al Gemeinderat (Consejo Municipal) del 4 de mayo de 1919 en la capital, el SDAP obtuvo la mayoría de los escaños, y el cargo de alcalde de Viena lo obtuvo el político del SDAP, Jakob Reumann. A nivel nacional, el éxito del SDAP fue mucho menos pronunciado; solo obtuvo el 43,4% de los escaños (40,8% del voto popular), lo que requirió un gobierno de coalición con el conservador Partido Social Cristiano (CSP), un acuerdo incómodo del que el SDAP nunca se recuperaría por completo.[2] Durante las elecciones al Gemeinderat del 4 de mayo de 1919, por primera vez en la historia de Austria, todos los ciudadanos adultos de ambos sexos tenían derecho a voto. Los socialdemócratas eligieron al destacado austromarxista y miembro del SDAP, Karl Renner, como Staatskanzler interino. Sin embargo, tras las elecciones nacionales de 1920, con el candidato del CSP, Michael Mayr, como sucesor de Renner, el SDAP no logró elegir a otro líder a nivel nacional durante el resto de la Primera República.[2]

Viena experimentó numerosos cambios demográficos que agravaron los problemas económicos de la ciudad durante la guerra y los años inmediatamente posteriores. Refugiados de la Galitzia austriaca, incluidos unos 25.000 judíos que buscaban escapar de la violencia política y antisemita de la Guerra Civil Rusa que se había extendido a la zona, se habían asentado en la capital.[2] Al final de la guerra, muchos exsoldados del Ejército Imperial y Real se establecieron en Viena, mientras que muchos exfuncionarios de los ministerios del gobierno Imperial y Real regresaron a sus países de origen, lo que generó un gran intercambio de diversas poblaciones étnicas dentro y fuera de Viena en los años posteriores.[2][1]

Las clases medias, muchas de las cuales habían comprado bonos de guerra que ya no valían nada, se vieron sumidas en la pobreza por la hiperinflación. Las nuevas fronteras entre Austria y las regiones cercanas dificultaron el suministro de alimentos al aislar a la ciudad de las tierras que tradicionalmente la habían alimentado durante siglos.[2] Los apartamentos existentes estaban superpoblados, y enfermedades como la tuberculosis, la gripe española y la sífilis proliferaban.[2] En la nueva Austria, Viena era considerada una capital demasiado grande para el pequeño país, y los habitantes de otras partes del país la llamaban a menudo Wasserkopf (en: "cabeza grande"[3]).

Por otro lado, los optimistas vieron la grave situación de la posguerra como una oportunidad para una gran transformación sociopolítica. Intelectuales pragmáticos como Hans Kelsen, redactor de la constitución republicana, y Karl Bühler se dedicaron a esta labor. Para ellos, fue una época de despertar, de nuevas fronteras y de optimismo.[4]

Los recursos intelectuales de la Viena Roja eran extraordinarios. Intelectuales socialistas como Ilona Duczyńska y Karl Polanyi se trasladaron a Viena, uniéndose a los nativos de la ciudad, Sigmund Freud, Alfred Adler, Karl Bühler, Arthur Schnitzler, Karl Kraus, Ludwig Wittgenstein, Adolf Loos, Arnold Schoenberg y a muchos otros científicos, artistas, editores y arquitectos vieneses. Intelectuales de tendencias conservadoras, como los nacionalistas católicos radicales Joseph Eberle [de], Hans Eibl [de] y Johannes Messner [de], también vivieron en la capital, controlada por el SDAP, durante la Primera República.[5]

Recordando este período, Polanyi escribió en 1944:

«Viena logró uno de los triunfos culturales más espectaculares de la historia occidental… un ascenso moral e intelectual sin precedentes en la condición de una clase trabajadora industrial altamente desarrollada que, protegida por el sistema vienés, resistió los efectos degradantes de una grave dislocación económica y alcanzó un nivel nunca antes alcanzado por las masas populares en ninguna sociedad industrial».[6]

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Felleishof

Sin embargo, el gobierno del SDAP en Viena y su influencia en toda Austria no quedaron exentos de oposición. A pesar de los grandes esfuerzos de los socialdemócratas por influir en las instituciones académicas y las camarillas intelectuales dentro y fuera de Viena, la influencia mucho mayor de los católicos conservadores «negros» en estas instituciones nunca fue reprimida.[5] La Iglesia católica "y celosos del mayor nivel de vida de Viena".[


Política general
Las iniciativas de la coalición SDAP-CSP en el primer gobierno de la nueva República de Austria-Alemania dieron como resultado la introducción legal de la jornada laboral de ocho horas, tan solo una semana después de la proclamación de la república en noviembre de 1918.[2] Además, se implementó un sistema de prestaciones por desempleo y se fundó por ley la Kammer für Arbeiter und Angestellte (Cámara de Trabajadores, coloquialmente Arbeiterkammer) como el grupo de presión oficial de los trabajadores.[2] El entusiasmo por estas reformas disminuyó cada vez más dentro del CSP durante los dos años siguientes, en particular tras un intento de golpe de Estado por parte de elementos comunistas más radicales en Viena el 15 de junio de 1919. El CSP perdió la confianza en la coalición y posteriormente se alineó con el partido pangermánico GDVP.[2]

En 1920, la coalición SDAP-CSP se desintegró, lo que provocó que el SDAP perdiera su mayoría parlamentaria en las elecciones legislativas austriacas de 1920, una pérdida de la que el SDAP no se recuperaría.[2] El SDAP continuó gobernando la ciudad de Viena, donde obtuvo una cómoda mayoría absoluta en las elecciones de 1919.[2] Su objetivo era convertir Viena en un ejemplo brillante de política socialdemócrata, y sus consiguientes reformas atrajeron gran atención de toda Europa. Los conservadores en Austria se opusieron firmemente, pero en ese momento no pudieron contrarrestar el éxito de los socialdemócratas en las elecciones vienesas.

Viena había sido el centro político de la Baja Austria durante siete siglos. En las décadas previas al colapso de la monarquía, se había desarrollado una importante base industrial en las ciudades de Viena y Wiener Neustadt y sus alrededores. Con su amplia mayoría en Viena y el voto obrero de la región industrial en torno a Wiener Neustadt, el SDAP impulsó con éxito la elección de Albert Sever [de] como el primer gobernador (Landeshauptmann) democráticamente elegido de Baja Austria en 1919.[8] Tras el colapso de la relación entre el SDAP y el CSP en 1920, las zonas rurales provinciales de Baja Austria no querían verse atadas a una maquinaria política socialdemócrata provincial, al igual que los socialistas vieneses querían verse limitados por el territorio provincial, que durante mucho tiempo habían considerado un factor diluyente para su adecuada representación.[2] Por lo tanto, los dos partidos principales pronto acordaron separar la «Viena Roja» de la «Baja Austria Negra». El parlamento nacional aprobó las leyes constitucionales que lo permitieron en 1921; el 1 de enero de 1922, Viena se reorganizó en el noveno estado federal.[1] Después de 1934, Gunther comentó: «En Viena, los socialistas crearon una administración notable, convirtiéndola probablemente en el municipio más exitoso del mundo. [...] Los logros de los socialistas vieneses constituyeron el movimiento social más estimulante de la posguerra en cualquier país europeo. Resultado: los clericales los bombardearon hasta la extinción».

Políticas

Vivienda pública
Véase también: Vivienda en Viena

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Wohnhausanlage Friedrich-Engels-Platz [de], construida entre 1930 y 1933

Antes de la fundación de la Primera República, la corriente austromarxista dentro del SDAP había dejado de lado en gran medida el problema de la vivienda pública, considerándolo solucionable únicamente con la victoria del socialismo. Sin embargo, al ser el problema más acuciante que enfrentaba el Gemeinderat después de la guerra, el SDAP se vio obligado a emprender iniciativas para abordarlo.[1] El Gobierno Imperial-Real había aprobado una Mieterschutzgesetz ("Ley de Protección de Inquilinos") en 1917, que se aplicó inmediatamente en Viena.[9] A pesar de la alta inflación persistente, la ley ordenó congelar los alquileres de los apartamentos a su nivel de 1914. Esto hizo que los nuevos proyectos de vivienda privada no fueran rentables. Por lo tanto, después de la guerra, la demanda de apartamentos asequibles creció enormemente.[1] La creación de proyectos de vivienda pública se convirtió en la principal preocupación de los socialdemócratas en Viena.

En 1919, el parlamento federal aprobó la Wohnunganforderungsgesetz (Ley de Requisitos de Vivienda) con la intención de aliviar la presión sobre la situación de la vivienda en Viena.[2] La baja demanda privada de terrenos edificables y los bajos costos de construcción favorecieron los amplios planes de vivienda pública de la administración municipal.[1]

De 1925 a 1934, se construyeron más de 60.000 nuevos apartamentos en los edificios del Gemeindebau (edificio municipal).[1] Grandes bloques se ubicaron alrededor de zonas verdes, por ejemplo, en el Karl-Marx-Hof.[2] Los inquilinos de estos apartamentos se seleccionaron mediante un sistema de clasificación en el que se priorizaba a las personas con discapacidad y otros grupos socialmente vulnerables.[1][2] El 40% de los costos de construcción se derivó de los ingresos del Impuesto de Vivienda de Viena, el resto de los ingresos del Impuesto de Lujo de Viena y de fondos federales.[2] El uso de fondos públicos para cubrir los costos de construcción permitió mantener bajos los alquileres de estos apartamentos.[1] El número de vieneses sin hogar que vivían en albergues se triplicó hasta alcanzar los 80.000 entre 1924 y 1934, pero el programa de construcción de la ciudad albergó a unas 200.000 personas, una décima parte de la población.[2]

Servicios sociales y sanitarios

Los austromarxistas del SDAP buscaban una transformación integral de la vida social y física de la población vienesa. Buscaban mejorar las condiciones de saneamiento y la calidad de vida mediante la creación de nuevas instalaciones públicas, y se centraron en importantes problemas de salud pública.[2] Estos nuevos programas fueron gestionados principalmente por el recién nombrado Julius Tandler, profesor y médico de la Universidad de Viena, estrecho colaborador de numerosas figuras del SDAP.[2] Muchos de los programas tenían un alcance considerable y su implantación a gran escala requirió varios años.

Los carteles de propaganda publicados por el Gemeinderat en 1931 hacían referencia a programas que habían distribuido 53.000 Säuglingspakete (paquetes de ropa) a padres necesitados, con el objetivo declarado de que "Ningún niño en Viena nacerá en el periódico" (Kein Wiener Kind darf auf Zeitungspapier geboren werden).[2] Se quintuplicó el número de jardines de infancia, se establecieron centros extraescolares para ofrecer actividades a los niños, se introdujeron almuerzos subvencionados en las escuelas y se ofrecieron exámenes médicos y dentales gratuitos a las familias de los niños matriculados.[2][1] Se construyeron baños públicos para mantener los estándares de higiene.[2][1] La mortalidad infantil se redujo por debajo del 50 % de los niveles de preguerra y los casos de tuberculosis se redujeron ligeramente.[2]

Feuerhalle Simmering

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En 1921, el Gemeinderat de Viena, con mayoría del SDAP, aprobó la construcción del Feuerhalle Simmering a instancias de varios grupos de defensa, en particular la "Asociación de Crematorios Obreros" y la revista Die Flamme (en: "La Llama").[2] La apertura del crematorio en 1923 se convirtió rápidamente en un punto álgido de la lucha cultural entre el SDAP y el CSP.


El gobierno nacional, liderado por el CSP y dirigido por el Bundeskanzler Ignaz Seipel, presionado por la Iglesia católica, ordenó al entonces alcalde de Viena, Karl Seitz, el cese de las operaciones en las instalaciones. Seitz se negó, argumentando que estaba obligado a hacer cumplir la voluntad del Gemeinderat y el Bundesland de Viena.[2]

Seipel, quien se ganó una reputación de antisemitismo virulento antes de su elección en 1923, se mantuvo firme en la creencia de que la población judía de Viena, así como los miembros judíos en las filas del SDAP (entre ellos, Julius Tandler, entonces consejero de salud y jefe del Departamento de Bienestar Social de la ciudad de Viena, que había respaldado la apertura del crematorio), pretendían subvertir las costumbres católicas que habían regido la vida austriaca durante siglos.[2] Después de que el CSP demandara al Bundesland de Viena por la continuidad del funcionamiento del crematorio, Seitz se vio obligado a defender su insubordinación ante la administración federal ante el Tribunal Constitucional. El tribunal falló a favor del gobierno estatal de Viena en 1924, en una de las pocas victorias que el SDAP logró obtener contra la poderosa facción católica.[2]

Políticas financieras

Los socialdemócratas introdujeron nuevos impuestos por ley estatal, que se recaudaban además de los impuestos federales, conocidos coloquialmente como "Impuestos Breitner" en referencia al entonces canciller financiero Hugo Breitner.[1] Estos impuestos gravaban bienes de lujo como caballos de montar, coches particulares de gran tamaño, personal doméstico en casas particulares y habitaciones de hotel.[2]

Otro nuevo impuesto, el Wohnbausteuer (en inglés: "Impuesto a la Construcción de Viviendas"), también se estructuró como un impuesto progresivo con porcentajes crecientes basados ​​en los ingresos.[1] Los ingresos de este impuesto se utilizaron para financiar el amplio programa de vivienda del municipio.[1] Sin embargo, estas dos nuevas estructuras impositivas solo proporcionaban una parte de la financiación total del bienestar municipal de Viena, gran parte del cual dependía de la financiación del gobierno nacional. Con el paso del tiempo, la dependencia de la financiación de un gobierno federal poco cooperativo, o incluso hostil, dejó al Gemeinderat vulnerable a la presión del CSP para que revirtiera algunos de los programas municipales.[2]

Hugo Breitner, a diferencia de los socialdemócratas austriacos después de 1945, se negó sistemáticamente a solicitar créditos para financiar los servicios sociales, financiando todos los proyectos e inversiones directamente a través de impuestos. Esto permitió al Gemeinderat evitar endeudarse.[2][1] Debido a la excesiva dependencia de la financiación del Nationalrat, estos servicios tuvieron que recortarse cuando, a principios de la década de 1930, el gobierno federal comenzó a agobiar financieramente a Viena.[1]

Políticos

Numerosos políticos estuvieron vinculados con Viena durante este período, entre ellos:

Jakob Reumann, político del SDAP y primer alcalde de Viena durante la Primera República Austriaca. Karl Seitz, político del SDAP y segundo alcalde de Viena durante la Primera República Austriaca, destituido en 1934.
Hugo Breitner [de], consejero de Hacienda de la ciudad de Viena, nombrado durante la administración de Jakob Reumann.
Julius Tandler, consejero de Sanidad de la ciudad de Viena y profesor de anatomía en la Universidad de Viena.
Otto Glöckel, ministro de Educación de la Primera República Austriaca.

Un pollo asado a 6,86 euros: el plato estrella de Le Bar Fleuri, un bistró parisino que genera colas en la calle. En el popular barrio de Buttes-Chaumont, el local reivindica la cocina popular con platos sencillos a precios accesibles

Le Bar Fleuri pollo asado
Todavía es posible encontrar bistrós auténticos en París. Bistrós por los que el tiempo no ha pasado y que no renuevan su mobiliario para aparentar un encanto vintage. Bistrós que conservan la cocina de la abuela (francesa, en este caso) y un ambiente popular. Le Bar Fleuri es uno de ellos, una rara avis. Situado en las colinas de la capital, detrás del parque de Buttes-Chaumont, nada en su fachada envejecida, con un toldo de lona raído por los años, podría atraer a un transeúnte despistado. Nada, salvo un cartel amarillo escrito a mano en el que se lee: “Pollo de corral asado con patatas fritas caseras, 6,86 euros”.

Es la simple conversión del precio que tenía este plato cuando Martial Moro y su hermana Joëlle compraron el bistró hace más de 23 años. Por entonces, lo regía una señora que servía una veintena de platos al día con una carta convencional: muslo de pollo asado en su jugo, arenques con patatas cocidas, paté de campaña, andouillette… “No cambiamos nada de la carta porque el bistró funcionaba muy bien, ¿para qué cambiar una fórmula que triunfa?”, cuenta Moro. El servicio ha cambiado mucho: Le Bar Fleuri sirve ahora a una media de 200 comensales al día, atraídos en una aplastante mayoría por el pollo asado, un plato espléndido y saciante compuesto por un contramuslo en salsa y una buena ración de patatas fritas, preparadas cada mañana en el Fleuri. La fórmula atrae a vecinos y a algún que otro turista que decide alejarse de los circuitos convencionales, y hay días en los que la cola para comer da la vuelta a la esquina. Moro, orgulloso, muestra las imágenes en su teléfono: “El sábado había tanta gente que los coches no podían pasar. Estas fotos me las mandan los clientes, yo no tengo tiempo de sacarlas”.

Joëlle y Martial Moro compraron Le Bar Fleuri en 2002 y decidieron conservar la carta original

El Bar Fleuri es lo que en Francia llaman boui-boui, restaurantes familiares, pequeños y modestos, un tanto destartalados (algunos lo llamarían cutres) donde se sirve comida casera y abundante. Y, sobre todo, son muy económicos. A diferencia de los bouillons, que han vuelto a ponerse de moda en los últimos años, aquí la decoración no es particularmente atractiva y no hay demasiado espacio, de ahí que toque apretarse para encontrar un sitio en mesas largas, compartidas con desconocidos con los que acabaremos —o no— charlando. En las mesas de le Fleuri, es raro ver a alguien que no coma su famoso cuisse de poulet.

“Fue una apuesta desde el principio. Cuando llegamos, la señora no había cambiado el precio, que solía ser de 45 francos antes del euro. Un bocadillo en la calle te cuesta 7 euros, aquí servimos un buen pollo, procedente de Normandía y criados al aire libre, por 6,86 euros. Es una declaración de intenciones y, a la vez, un reclamo: un plato que todo el mundo pueda permitirse” , explica el propietario. Los bajos precios atraen a cientos de clientes, mientras que las bebidas, entrantes (en torno a cinco euros) y postres (7,50 por una consistente porción de tarta), se venden a precio normal, aunque más baratos que otros bistrós de la capital. El resto de platos principales, como la bavette de ternera o la andouillette, cuesta unos 16 euros.

“Nosotros venimos por el pollo, sobre todo cuando hace frío. No hay plato que le haga sombra. Las patatas son excelentes, no es caro, es acogedor y los dueños son simpáticos. ¡Viva el Bar Fleuri!”, dice entusiasta Hervé Cadiou, de 65 años, vecino y cliente habitual. Él y su acompañante toman vino y comparten un trozo tarta de limón y merengue. La cuenta les saldrá a poco menos de 15 euros, cuando hoy día cualquier plato principal en París ronda más bien los 20 euros. Hay clientes que vienen una vez al mes y hay quien viene dos o tres veces a la semana: trabajadores, vecinos y estudiantes en busca de un plato caliente, a buen precio y de buena calidad.


El plato estrella es el contramuslo de pollo, procedente de Normandía y criados al aire libre. María D. Valderrama

Para Jérémy Thiebaud y Thomas Peyre es la primera visita a este local del que llevan años escuchando hablar a sus amigos. “Es una cocina tradicional en un ambiente un tanto kitsch, pero es original volver a encontrar un lugar tan tradicional”, dice Thiebaud. En las paredes, los azulejos floreados y algo descoloridos remiten a una decoración más propia de los años sesenta; las mesas de madera están recubiertas con manteles de papel a cuadros rojos y blancos, que permiten pasar rápidamente de un cliente a otro, y apenas hay que esperar cinco minutos para que nos sirvan el plato.

La pregunta que vuelve una y otra vez entre los clientes es cómo consiguen sobrevivir con esos precios. “Jugamos con el volumen de ventas, claro. Entre semana servimos una media de 200 platos y el fin de semana incluso más. Siempre hemos estado llenos, pero desde hace unos años, con las redes sociales, la afluencia se ha disparado. Y podría seguir creciendo, abrir también para las cenas, pero de momento no me apetece”, dice Moro, de 59 años, que sirve desayunos desde las seis y media de la mañana, almuerzos al mediodía y, los sábados, hasta las ocho de la tarde.


Cuentan con una clientela fiel que acude cada día a comer a precios comedidos. Maria D. Valderrama

El negocio no parece importarle tanto como su misión de restaurador, en el sentido más literario de la palabra. “Hoy una familia con dos hijos va a un restaurante y tiene que gastarse 150 euros. Aquí puedes pagar 15 euros por un entrante y un plato sencillo. Hay muchos platos que se pueden ofrecer a precio competitivo para garantizar que todo el mundo se lo puede permitir”. Cuando se jubile, espera que quien recupere el negocio comparta su visión.

Son las 14:30 horas. Aún queda media hora para que cierre la cocina, pero la afluencia no cesa. Moro atiende al periódico mientras saluda a sus clientes y sienta a los recién llegados. “¿Ves a estos chicos? Los conozco bien porque vienen dos o tres veces a la semana. La semana pasada se animaron a organizar un cabaret antes del cierre y fue un éxito, no lo había hecho nunca, pero creo que repetiremos”, dice el dueño. Martial es una institución en su barrio, un punto de referencia en una capital que, como tantas, tiende al individualismo. Su plato a 45 francos, que todavía se muestra así en alguno de los menús, es, sobre todo, un gesto de solidaridad, una forma de darle a sus clientes una excusa para volver y saber que en el número 1 de la Rue du Plateau siempre encontrarán un plato caliente.

Le Bar Fleuri se encuentra en el número 1 de la Rue du Plateau, en París.
Le Bar Fleuri se encuentra en el número 1 de la Rue du Plateau, en París. Maria D. Valderrama

jueves, 19 de febrero de 2026

Pronoia, ‘flooding’, agnotología: cuando parte de la población queda fuera del lenguaje

Muchos adultos no entienden ciertos términos de uso cotidiano, mientras que una proporción notable de los menores convive con estos conceptos a diario.

Algunos analistas creen que Donald Trump sufre de pronoia, una palabra, algo irónica, de uso reciente que significa la creencia de que todo el mundo conspira a tu favor. Sería lo opuesto a paranoia. En pocos meses, o quizás muy pocos años, ha surgido toda una enorme lista de palabras que reflejan un mundo relacionado con las nuevas tecnologías o con nuevos movimientos políticos vinculados con el uso de esas tecnologías y esos algoritmos. La lista es grande, pero, con ayuda de ChatGPT, se pueden elegir algunos de los términos más usados.

Más información

Efecto ChatGPT: ya empezamos a hablar todos como robots

Aquí van algunas de esas palabras, una especie de mínimo diccionario para uso cotidiano.

Posverdad: los hechos objetivos influyen menos que los sentimientos.

Luz de gas: manipulaciones para hacer dudar de hechos evidentes.

Woke: significa literalmente “despierto”. Define a quien está consciente y crítico ante las injusticias sociales. Aunque comenzó enfocado en el racismo, hoy incluye políticas de equidad, género, identidad y justicia social. En la actualidad, es utilizado por sectores conservadores con una connotación peyorativa, asociándolo con la cultura de la cancelación, la corrección política y posturas de extrema izquierda. 

Cancelación: retirada de apoyo público a opiniones o conductas polémicas.

Mansplaining conjuga las palabras inglesas man (hombre) y explain. El diccionario Cambridge define mansplaining como el acto de explicar algo a alguien, de modo que sugiere que la otra persona es estúpida; usado especialmente cuando un hombre explica a una mujer algo que ella, en realidad, ya entiende perfectamente.

Trol: usuario que provoca deliberadamente para manipular debates.

Astroturfing: simulación de un movimiento ciudadano que en realidad está financiado u organizado por intereses ocultos.

Gobernanza algorítmica: uso intensivo de las redes para comunicación directa líder-pueblo.

Capitalismo de vigilancia: modelo económico basado en la extracción masiva de datos personales.

Flooding: llenar el espacio público con tal cantidad de contenido que imposibilita discernir qué es relevante.

Deepfake: contenido audiovisual manipulado para engañar.

Dogwhistle: mensaje codificado que solo entiende un grupo específico, útil para movilizar sin exponerse públicamente.

Enmierdamiento: conjunto de estrategias de degradación deliberada del entorno informativo.

Agnotología: producción deliberada de la ignorancia, la duda o la desinformación.

Obviamente, esta pequeña lista solo contiene palabras de repetido uso en medios tecnológicos, pero la lista es más grande. En cualquier caso, demuestra hasta qué punto una parte importante de la población está quedando fuera de un lenguaje cada día más complejo y no solo por cuestiones de edad, sino también por falta de implicación en la tecnología y en los movimientos políticos que muchas veces anidan en ella. En ºsentido contrario, una parte notable de niños y adolescentes convive con estos conceptos de manera cotidiana.

En España, la prohibición de que los menores de 14 años puedan abrir una cuenta en una red social facilitando sus datos personales exige el consentimiento paterno desde 1999, pero, en realidad, se trata de un simple trámite (rellenar una casilla), sin ningún tipo de garantía ni seguridad. Lo que pretende ahora el Gobierno es impedir que puedan abrir una cuenta en redes, en ningún caso, y responsabilizar a las grandes compañías tecnológicas de que efectivamente ese acceso queda prohibido. Las grandes empresas tecnológicas se las han arreglado hasta ahora justo para lograr lo contrario: que sea muy fácil para niños y adolescentes caer en una especie de adicción que los conduce a practicar el llamado scroll infinito, saltar continuamente de un contenido a otro en internet. TikTok, por ejemplo, ha logrado unos niveles formidables de scroll en esas capas de población.

La protección de la infancia y de los adolescentes es solo uno de los muchos puntos en los que se diferencia la posición del Gobierno estadounidense de Trump y los gobiernos europeos. Como escribe el economista Dani Rodrik en la web Social Europe, “si queremos lograr un mundo estable y multipolar donde las aspiraciones democráticas se mantengan vivas, Europa tendrá que tomar la iniciativa. El mundo necesita una alternativa a los modelos estadounidense y chino, y para ello, los líderes europeos deben tener la valentía de trazar su propio rumbo”. A lo largo de esta semana, los dirigentes europeos han celebrado varias reuniones en las que esa pregunta ha sido formulada una y otra vez. Sin respuesta.

Soledad Gallego Díaz.

Hannah Arendt, la filósofa de "la banalidad del mal" cuyo legado resuena en el conflictivo mundo actual a 50 años de su muerte

Hannah Arendt con una blusa oscura está recostada sobre una pared en un sofá

Fuente de la imagen,Fred Stein Archive/Archive Photos/Getty Images

Pie de foto,Hannah Arendt en una foto de 1949

"Los humanos, aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar".

La autora de esa frase vivió la primera posguerra, huyó del nazismo, fue refugiada, estudió el totalitarismo, cubrió el juicio de uno de los organizadores del Holocausto, nos habló del "mal radical" y de "la banalidad del mal".

Aun así, en la obra de Hannah Arendt, una de las principales pensadoras políticas del siglo XX, hubo un espacio para creer en nosotros como especie.

"Esta idea de que los seres humanos son inicio, capacidad de interrupción, de irrupción, de novedad, puede permitir pensar que en Arendt hay una suerte de idea de esperanza", le dice a BBC Mundo la filósofa Josefina Birulés, una de las más destacadas especialistas en la obra de la autora alemana.

Y es que, indica la investigadora, "Arendt estaba más interesada en aquello que ilumina, que en la oscuridad que nos rodea".

"El espíritu de su pensamiento es extraordinariamente vigente y los conceptos y categorías que introdujo siguen sirviendo para acercarse a nuevas realidades", añade Agustín Serrano, investigador del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.

Criticada por unos, elogiada por otros, este jueves 4 de diciembre se cumplieron 50 años de la muerte de la historiadora cuya relevancia no conoce el paso del tiempo.

"Una nueva clase de seres humanos"

Arendt nació en 1906, en Alemania, en el seno de una familia judía.

Con el ascenso del nazismo, tuvo que huir de su país a los 27 años. Vivió varios años en París y, en 1941, se fue a Estados Unidos, donde se radicó y realizó distintos trabajos, entre ellos el de periodista.

Retrato de Hannah Arendt, que lleva el cabello suelto y largo y posa con una mano tocando el rostro

Retrato de Hannah Arendt, que lleva el cabello suelto y largo y posa con una mano tocando el rostro

Fuente de la imagen,Mondadori via Getty Images

Pie de foto,

Arendt tuvo que abandonar su carrera académica en Alemania y dejar el país tras la llegada del nazismo. 

Birulés cuenta que en esa época Arendt estaba sistemáticamente preocupada por los amigos que habían quedado atrás, por cómo podía ayudarlos a escapar de los horrores del nazismo.

Ella misma se convirtió en una refugiada.

"Basta leer un artículo que es una auténtica maravilla, es irónico, sarcástico: 'Nosotros, los refugiados', que valdría la pena releerlo hoy".

Ese texto, publicado en 1943, Arendt lo inició así:
"En primer lugar, no nos gusta que nos llamen 'refugiados'. Nosotros mismos nos llamamos unos a otros 'recién llegados' o 'inmigrantes'".

Más adelante escribió: "Aparentemente nadie quiere saber que la historia contemporánea ha creado una nueva clase de seres humanos: la clase de los que son confinados en campos de concentración por sus enemigos y en campos de internamiento por sus amigos".

Por 18 años, Arendt fue una refugiada apátrida hasta que adquirió la nacionalidad estadounidense en 1951.

La eliminación de lo político

Ese año, publicó "Los orígenes del totalitarismo", una obra considerada clave para comprender el siglo XX.

Allí describiría el totalitarismo como un "mal radical".

De acuerdo con Serrano, la escritora tuvo la lucidez de reconocer que es "una forma de violencia y dominación que no tiene ejemplos en la historia, por crueles que hayan sido las tiranías y los despotismos del pasado".

Joseph Stalin en una palestra con micrófonos

Joseph Stalin en una palestra con micrófonos

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
Arendt examina el desarrollo histórico del totalitarismo. Uno de los casos que estudia es el del estalinismo en la Unión Soviética. 

Planteó que esa forma de gobierno se ha producido en dos casos distintos: el totalitarismo nazi y el estalinismo en la Unión Soviética.

Ese libro es una especie de radiografía de un nuevo régimen que, según la pensadora, consistía en "la absoluta y declarada" aniquilación de lo político, explica Birulés.

"De aquí que ella no se haga las preguntas tradicionales: ¿cómo repensar la dignidad humana?, ¿cómo repensar los derechos? Lo que hace es preguntarse por el sentido y el significado de la política, que es lo que ha sido eliminado ya sea en el régimen nazi o en el estalinista".

Y esa idea de repensar el sentido de la política es lo que le permite hacer un diagnóstico de su propia época.

"Siempre fue una filósofa movida por el afán de comprender lo que estaba atestiguando", señala Serrano.

Por una parte, tenía ante sí "una especie de destrucción de la convivencia cívica y política, primero en Alemania y luego en Europa".

Y, por otra parte, "una amenaza a la condición humana como nunca se había experimentado".

En un juicio histórico

Lyndsey Stonebridge, profesora del departamento de Literatura Inglesa en la Universidad de Birmingham, cuenta que Arendt fue una de las primeras en descubrir lo que ocurría en los campos de concentración.

"La primera en estudiar el nuevo sistema de las 'fábricas de cadáveres', como ella las llamaba", escribió Stonebridge en el artículo Hannah Arendt's lessons for our times: the banality of evil, totalitarianism and statelessness ("Lecciones de Hannah Arendt para nuestros tiempos: la banalidad del mal, el totalitarismo y la apatridia"), publicado en el sitio web de la Academia Británica.

Arendt había quedado horrorizada cuando vio los juicios de Núremberg en los años 40.

En 1960, Adolf Eichmann, considerado el cerebro logístico de Hitler, fue trasladado de Argentina, donde vivía, a Jerusalén para ser enjuiciado por su participación en la comisión de crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Arendt, que escribía en la revista The New Yorker, pidió ser enviada como corresponsal para cubrir el juicio que se realizó en 1961.

Allí, vio al acusado en un cubículo de cristal antibalas.

Adolf Eichmann vestido de traje y corbata con dos guardias a los lados, dentro de un cubilo protegido por vidrios

Fuente de la imagen,Getty Images

 
Pie de foto,

Adolf Eichmann vestido de traje y corbata con dos guardias a los lados, dentro de un cubilo protegido por vidrios

Arendt pidió viajar a Jerusalén para cubrir como periodista el juicio a Adolf Eichmann.

Stonebridge cuenta que Arendt se encontró con "un hombre pequeño, más bien pomposo, hablando en clichés, engreído y radicalmente incapaz de pensar sobre dónde estaba y sobre quién hablaba".

"Eichmann era banal", pero eso no significaba que no fuera malvado, definitivamente lo era, indica la profesora.

Él representaba un tipo de mal.

"Este mal, decía Arendt, este mal irreflexivo se había introducido en nuestra cultura y se estaba propagando como un hongo".

"La banalidad del mal"

"El título de su crónica es muy conocido, pero poquísima gente la ha leído", dice Birulés.

En febrero de 1963, salió publicado el artículo: "Eichmann en Jerusalén-I. Adolf Eichmann y la banalidad del mal".

Lo que Arendt escribió allí generó irritación en algunos sectores.

Un plano general de la sala del juicio en la que se ve Eichmann en su cubículo, lo jueces y otros miembros

Un plano general de la sala del juicio en la que se ve Eichmann en su cubículo, lo jueces y otros miembros

Fuente de la imagen,Keystone-France/Gamma-Rapho via Getty Images


Pie de foto,"Cuando me presento ante ustedes", dijo el fiscal jefe Gideon Hausner al tribunal, "no estoy solo. Aquí conmigo en este momento están seis millones de acusadores".

"Una razón es que Arendt subraya que aquel personaje que tiene adelante, y de quien ha leído papeles y papeles de información que disponen los que asisten al juicio, es un hombre totalmente normal, no es un psicópata, sino que es el perfecto padre de familia del siglo XX que se ocupa de cuidar a su familia y que hace bien su trabajo, pero sin interrogarse sobre el trabajo que está realizando", explica la académica.

"Esta idea de que buena parte de quienes participar en el régimen nazi eran hombres perfectamente normales es una idea que algunos consideraron como una forma de exonerarlos".

"En cambio, si se piensa bien se podría decir que es más terrible porque psicópatas hay pocos, pero hombres normales hay muchos, esto que ella denominó la banalidad del mal", reflexiona Birulés.

La publicación de esos textos -que aparecieron primero como artículos en The New Yorker y después como un libro, "Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal", de 1963- "le costaron muchas amistades y disgustos".

La palabra banalidad aparece en el título y en un epílogo que añade cuando "las críticas arreciaron", recuerda Birulés. No es que hubiese presentado toda una teoría.

La investigadora recuerda que cuando Arendt les respondió a algunos amigos que la cuestionaban, les decía que ya había hablado del "mal radical" en "Los orígenes del totalitarismo".

Lo que hace Arendt es caracterizar a Eichmann como un individuo irreflexivo, que es incapaz de pensar, de reflexionar sobre lo que hace.

En una carta escrita en 1962, Eichmann dijo que personas como él fueron "obligadas a servir como meros instrumentos en las manos de los líderes" y que no se sentía culpable.

"Hay que decir que ni los juristas, jueces, fiscales, etcétera, que había en las sesiones, ni Arendt, pudieron leer lo que ahora nosotros podemos leer", señala Birulés.

Se refiere a documentos que, posteriormente, mostraron que "Eichmann era un auténtico antisemita y, por tanto, Arendt se equivocaba con él".

"Aunque, como bien dice quien hizo esa investigación tan seria sobre esos papeles, Eichmann no habría sido tan convincente si no hubiera tantos personajes normales que formaban parte del aparato del nazismo y que colaboraban con él".

¿Qué quiso decir?

Josefina Birulés con lentes, una chaqueta marrón, sentada en una presentación pública

Fuente de la imagen,Paco Freire/SOPA Images/LightRocket vía Getty Images

Birulés es investigadora del Centro de Investigación Teoría, Género, Sexualidad de la Universidad de Barcelona, donde enseñó Filosofía entre 1979 y 2020.

Varias de sus publicaciones se han enfocado en el pensamiento de la filósofa alemana, como el libro "Una herencia sin testamento: Hannah Arendt".

Josefina Birulés con lentes, una chaqueta marrón, sentada en una presentación públicaFuente de la imagen,Paco Freire/SOPA Images/LightRocket vía Getty Images Pie de foto,

Pie de foto,Para Arendt, la finitud humana viene dada por la natalidad, dice Birulés, una de las principales estudiosas de su obra.

Para comprender lo que Arendt quiso expresar con la banalidad del mal, la experta invita a preguntarnos "¿qué es lo que diferencia a Eichmann de personajes tan villanos y malos como los que vemos en algunas obras de Shakespeare, por poner un ejemplo?".

"Lo que dice Arendt es: ¿cómo se hace para juzgar tipos que aparentemente no tienen la intención de hacer el mal?".

"¿Cómo se hace para acusar a unos tipos que es evidente que son capaces de hacer el mal y siembran el mal en su entorno, cuando lo han hecho sin desobedecer la ley, cuando lo han hecho obedeciendo la ley?".

Las preguntas que se formula Arendt apuntan a cómo concebir un nuevo sistema de justicia que contemple a personas como estas y a un nuevo tipo de crimen.

Para Birulés, el concepto sobre la banalidad del mal cuestionó la tradición de pensar que el mal tenía que ver con una mala intención y "lo que hace Arendt es mostrar que el mal es posible en el siglo XX sin intención de cometer el mal, cumpliendo órdenes, cuidando muy bien a la propia familia".

"Hombres grises"

Desfile nazi en Berlín en 1938


Soldados con uniformes y botas negras desfilan y llevan estandartes que tienen la esvástica

Fuente de la imagen,Keystone-France/Gamma-Rapho via Getty Images

Soldados con uniformes y botas negras desfilan y llevan estandartes que tienen la esvástica

Serrano recuerda que, en medio de la polémica que desató, el libro sobre Eichmann lanzó a la fama a Arendt en el sentido de que su nombre salió de los círculos académicos y se posicionó en los medios de comunicación.

"Esa obra lo que fundamentalmente transmite es que para una empresa de mal organizado tan compleja, tan amplia, como fue el exterminio de la población judía en Europa, lo imprescindible eran, sobre todo, hombres comunes y corrientes que aceptasen colaborar sin hacer preguntas y que esta colaboración no les produjese problemas de conciencia".

Pie de foto
"Creo que ese es el perfil de la banalidad del mal: hombres grises que no eran propiamente fanáticos ni sádicos, que serían incapaces, como dice ella, de matar a su jefe y sin embargo fueron imprescindibles en la tarea de destruir millones de inocentes".

Esa realidad desconcertante y escalofriante es lo que queda plasmado en la banalidad del mal.

"La aportación de Arendt es muy significativa para la comprensión de lo que ocurrió, para fenómenos posteriores, quizás también actuales, que es esa tesis de que, si a los hombres comunes y corrientes se les garantiza impunidad, se adaptan a cualquier proceso de violencia organizada y lo viven con normalidad".

El investigador también reflexiona sobre la gran polémica que generó insinuar que Eichmann, quien era teniente coronel de las SS, reflejara ese perfil. Pero independientemente de eso, lo importante es que a la luz de lo que plantea Arendt miles de personas sí respondían a ese perfil.

"Yo no creo que sea incompatible decir que el mal fue radical y que parte de sus perpetradores respondían a ese perfil de la banalidad del mal".

Para el filósofo, es clave verlo como un complemento muy importante al análisis de lo que es un régimen totalitario y cómo funciona.

"Ella no dice que todos los dirigentes nazis puedan responder a ese perfil, lo contrario. Lo que sí dice es que esa empresa de destrucción organizada necesita gente, técnicos, administrativos, juristas, entre muchos otros, que no se hagan preguntas y que por principio no son personas malvadas".

El legado

Para Serrano, el legado de Arendt, su pensamiento, sigue "muy vivo".

"Un punto muy original de su obra es la reflexión sobre el hecho de que los seres humanos en realidad están llamados a la acción, a participar en los asuntos comunes, en lo que ella llamaba: el cuidado del mundo".

Y ahí es donde el filósofo ve en Arendt una fuente de esperanza y hasta de optimismo.

Hannah Arendt con una blusa, un collar, mira hacia abajo y se pone la mano en el cabello. En ella tiene un cigarrillo.

Hannah Arendt con una blusa, un collar, mira hacia abajo y se pone la mano en el cabello. En ella tiene un cigarrillo

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Frases de la obra de Arendt se pueden encontrar fácilmente en internet. Incluso hay camisas y tazas con algunas de ellas y con su rostro.

"Siempre mantuvo que la política tiene una promesa que solo ella puede canalizar, que es la promesa de cuidar del mundo y que eso convoca a todas las personas, que no se puede delegar a un grupo, a un estamento de políticos".

"Ella decía que la libertad se experimenta actuando con otros, entre otros, lleno de limitaciones, de condicionantes, de dificultades; pero ahí es donde se presenta la libertad".

El filósofo añade que sigue pasando lo que ella misma dijo, que continúa siendo percibida como conservadora por las personas de izquierda y, al mismo tiempo, sigue siendo vista como demasiado avanzada, progresista, por los conservadores o las personas de derecha.

"Ni los liberales, ni los socialistas la cuentan como una de los suyos. Es una pensadora sin partidismos".

Birulés plantea que uno de los legados más significativos de Arendt es la idea de que no hay que pensar a partir de principios, sino que hay que hacerlo con la intención de entender lo que nos ocurre.

"Dejarse interpelar por la experiencia, por lo que nos toca vivir", indica la experta.

"Este es un legado que me parece importante ahora que casi no entendemos nada de lo que nos está ocurriendo".

"Como decía ella, el hilo de la tradición se ha roto, las viejas categorías ya no nos sirven, pero al mismo tiempo necesitamos ver dónde estamos y no nos basta con decir 'estos son unos tiranos' para saber que con ellos no queremos estar, pero para comprender en qué situación estamos es necesaria esta forma de comprensión que ella propone: partir de la experiencia y de ahí tratar de dar respuesta, no a la inversa".

Rincones

En medio de experiencias tan dolorosas y tiempos tan oscuros, Arendt habló de la natalidad, de la novedad que trae el nacer.

Birulés nos recuerda que la filosofía tradicionalmente ha entendido la finitud humana a partir de la imagen de su mortalidad.

Pero Arendt dice que es a la inversa, que la finitud humana viene dada por la natalidad.

Michael Hauskeller, jefe del departamento de Filosofía de la Universidad de Liverpool, recuerda que en el libro "La condición humana", Arendt celebró el hecho básico de que hayamos nacido.

De acuerdo con el académico, nos habló de la posibilidad de que con cada persona nueva que llega al mundo pueda pasar algo realmente nuevo porque cada persona es única.

"Así que cada nacimiento es potencialmente un nuevo comienzo, y es una oportunidad para otros nuevos comienzos que podrían cambiar el mundo", indicó Hauskeller en un artículo de la BBC.

"No estamos condenados a repetir todo lo que hemos hecho y los errores que hemos cometido como especie humana", añadió.

Birulés señala que Arendt era muy contraria al fatalismo y al optimismo absolutos, a ella le interesaba que el pensar partiera de la experiencia.

"Algo que es interesante de Arendt y que sorprende la primera vez que la lees y sigue sorprendiendo, a pesar de que ahora es más conocida, es que siempre mira hacia donde no mirábamos. Es decir, si hablamos de mal radical, ella habla de banalidad del mal; si hablamos de mortalidad, ella habla de natalidad".

Birulés resalta que "no es necesario estar de acuerdo con ella porque a veces es difícil estarlo, pero lo interesante es que nos obliga a repensar" las concepciones que teníamos.

O, como un amigo de Arendt decía de ella: "Siempre ilumina los rincones".