miércoles, 29 de abril de 2026

¿Sánchez una mierda? ¿Marlaska una rata? El lenguaje que anticipa la barbarie

El líder de Vox, Santiago Abascal, acaba de referirse al presidente del gobierno llamándole «mierda» y ha calificado al ministro del Interior como «rata».

No es poca cosa.

Cuando un dirigente político utiliza esas expresiones no se está limitando a comportarse como un grosero. No es simplemente un malhablado que carece de educación. Es alguien que está cruzando una línea para indicar a sus seguidores que todo vale contra el otro, que el diferente no merece respeto y que puede ser despreciado y vejado sin límite alguno.

Si algo nos enseñó el siglo XX es que no hay que hacer explotar bombas nucleares para que la convivencia se destruya y las sociedades se destrocen a sí mismas. La historia nos mostró que las grandes catástrofes no empiezan con hornos ni con fosas comunes, sino mucho antes, en el terreno aparentemente inofensivo del lenguaje. Antes de la maquinaria de exterminio nazi hubo algo más sencillo y peligroso: discursos transformando al adversario en amenaza, al diferente en plaga y a seres humanos en problema. La maquinaria de muerte sólo se puso en marcha cuando antes se habían hecho cotidianas y banales las palabras que deshumanizan sistemáticamente al otro.

Lo que está ocurriendo hoy en el mundo es bastante diferente, por muchas razones, de aquel desastre, pero el mecanismo que produce la barbarie es el mismo: extender la idea de que hay seres y vidas humanas que valen menos que otros.

No hace falta construir cámaras de gas ni disparar cañones para entrar en el territorio peligroso de la barbarie. Basta con aceptar que hay personas a las que se puede insultar como animales, tratar como simples números, o borrar del mapa cuando convenga.

Eso es lo que ahora ya estamos viviendo. Abascal llama mierda a Pedro Sánchez (ya lo llamó en su día «hijo de puta») o rata a un ministro; Trump considera que sus adversarios políticos son «alimañas» a las que hay que «erradicar»; dirigentes israelíes afirman que los palestinos son «animales horribles e inhumanos»; Milei dijo en el Foro Económico de Madrid que había que acabar con «los socialistas de mierda», mientras los 700 liberales allí reunidos gritaban «Pedro Sánchez, hijo de puta, Pedro Sánchez, hijo de puta, Pedro Sánchez, hijo de puta».

Son sólo algunos ejemplos, pero lo importante es lo que hay detrás, porque sabemos que el problema no es la violencia y la guerra cuando ya se han desatado. Es su justificación previa. Es el lenguaje que la hace digerible, que la convierte en coloquial, necesaria e incluso en virtuosa y natural. Es la comodidad y la impunidad con la que se difunden palabras, insultos y amenazas que tendrían que helarnos la sangre y el corazón, pero que ya empezamos a asumir como normales.

Hay que decirlo. Cuando al adversario político se le llama «alimaña» o “rata”, cuando individuos o colectivos de personas son descritos como “basura” o «mierda», o señalados como una amenaza existencial («los nacionales primero»), lo que se pone en juego y se degrada no es solo el tono del debate público. Es algo más profundo, la idea de que formamos parte de una humanidad compartida y que no todo puede estar permitido para que unos se impongan sobre otros.

La diferencia entre una sociedad sana y la que se desliza hacia la barbarie, la destrucción y la muerte no se encuentra en los grandes gestos, sino en esos términos que ya casi nos empiezan a pasar desapercibidos, en esos desplazamientos hacia el mal, tan aparentemente pequeños, que incluso se hacen pasar por una gracieta («me gusta la fruta», para llamar hijo de puta al presidente democrático de un país).

Las sociedades no se rompen de golpe. Se deslizan poco a poco, palabra a palabra, insulto a insulto. Primero se tolera, luego se aplaude, después se vota. Y, cuando nos queremos dar cuenta, ya es demasiado tarde para decir que no sabíamos hacia dónde nos llevaba todo lo que estábamos oyendo. 

Fuente:

Entrevista a Alberto Garzón Espinosa exministro de Consumo y excoordinador federal de Izquierda Unida «La izquierda tradicional ha sido educada en los combustibles fósiles, ahora necesitamos una izquierda que aborde problemas que no estaban en Marx»

Fuentes: Climática [Foto: Mateo Lanzuela / Europa Press via Reuters Connect]


El exministro de Consumo y excoordinador federal de Izquierda Unida subraya la necesidad de reducir el consumo energético en su ensayo ‘La guerra por la energía’ (Península). 

 Alberto Garzón (Logroño, 9 de octubre de 1985) dejó la primera línea de la política en 2023 tras protagonizar uno de los debates más incómodos de los últimos años: el impacto ambiental de la alimentación y el papel de las macrogranjas en la crisis ecológica. Hoy, alejado del corsé institucional, investiga economía biofísica en el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB).

En su nuevo libro, La guerra por la energía (Península), recorre la historia de la humanidad para mostrar cómo la pugna por el control de la energía ha moldeado las sociedades, impulsado imperios y alimentado conflictos, hasta desembocar en la actual crisis climática. Lejos de un ejercicio académico, el ensayo es también una llamada a la acción política para impulsar una transición ecosocial y defender la democracia. “Nuestra supervivencia colectiva depende de nuestra capacidad para frenar la expansión material y reorganizar nuestras sociedades dentro de los límites del planeta”, advierte.

Su libro resalta que la Tierra tiene unos límites biofísicos ya transgredido. Habla de la necesidad de cerrar la caja de Pandora, concretamente de los límites energéticos. ¿Por qué se sigue actuando políticamente como si estos límites no existiesen?

Porque no somos conscientes de que vivimos en una anomalía histórica. El libro tiene la pretensión, quizás excesivamente ambiciosa, de hacer un recorrido histórico desde las sociedades de cazadores recolectores. Esa perspectiva permite ubicar la anomalía histórica que significan las sociedades industriales y el uso intensivo de combustibles fósiles que nos ha permitido vivir con unas condiciones materiales de vida impensables en épocas anteriores. Estamos hablando de los últimos 250 años en un marco de 200.000 o 300.000 años de historia del Homo sapiens. Esta caja de Pandora que permite haber vivido con una potencia extra a la hora de hacer trabajos, una productividad espectacular con el desarrollo tecnológico, tiene una contracara. Los científicos han puesto ya sobre la mesa que una de esas consecuencias es el desequilibrio de los parámetros del sistema Tierra y, entre ellos, el cambio climático.

El análisis que planteo es: ¿Cómo somos capaces de imaginar una sociedad que sin usar combustibles fósiles no sea un retroceso al pasado? Es decir, una sociedad que pueda tener una base energética distinta, necesariamente limpia, pero preservando todas las mejoras de bienestar. Ese es el gran reto. Hemos vivido una anomalía de la cual no somos conscientes porque nosotros tenemos una visión de generación. Eso explica el desinterés político por un pensamiento de medio y largo plazo, porque el pensamiento político está mucho más concentrado en las siguientes elecciones. Hay una contradicción entre el ciclo corto de la política y el ciclo medio-largo plazo que necesita la humanidad para repensarse.

Su ensayo arranca destacando cómo Fritz Haber logró aumentar a gran escala la producción de alimentos gracias al uso de fertilizantes químicos. En la actualidad hay quienes anhelan este tipo de milagros y esperan que la producción de hidrógeno verde o la captación de carbono permita mantener el consumo energético. ¿Qué opinión le merecen estas posiciones?

Creo que las posiciones tecnooptimistas no son ingenuas. El ser humano ha sido capaz de desarrollar grandes tecnologías y tiene un potencial de innovación muy alto. El problema es que tú no tienes garantizado que vayas a encontrar soluciones tecnológicas a los problemas urgentes que tenemos y, por lo tanto, estás asumiendo una cantidad de riesgos muy elevados. Si los sistemas de captura de carbono, que apenas están siendo útiles, no funcionan en el medio plazo, lo que tienes es la aniquilación de la especie humana. El riesgo es elevadísimo.

Es más razonable entender que debemos usar la tecnología, sin dejar de seguir investigando de manera que aceleremos toda la transición energética, pero compatibilizándolo con algo que podemos hacer hoy: decrecer el consumo de recursos materiales y de energía. Decrecer el consumo de energía no implica una reducción del bienestar material, simplemente implica una priorización de a qué dedicas la energía y los recursos materiales. Es una discusión política como si quieres dedicar recursos a la guerra o quieres dedicar recursos a la educación y a la sanidad.

El IPCC señala que la alimentación es responsable de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero. Indica que una kilocaloría de cordero puede requerir hasta 57 de energía fósil. ¿Qué nos dice esto sobre nuestro modelo alimentario?

Que es absolutamente irracional y que no tiene sentido en términos históricos. Previamente a la utilización masiva de combustibles fósiles, no había ningún ser humano que dedicara más energía a la tarea que le iba a conducir a obtener alimentación. Cuando tienes un regalo, un stock gratuito aparentemente, como son los combustibles fósiles, te puedes saltar esa lógica. Ahora, como se dice popularmente, estamos cultivando patatas con petróleo. Hemos sido capaces de incrementar mucho la fertilidad de la tierra, pero a costa de un uso intensivo de fertilizantes que requieren para su producción una intensidad brutal de gas natural. Pero también necesitamos tractores, maquinaria pesada, necesitamos el transporte de esos productos…

Para conseguir alimento entendido como energía, estamos gastando más energía de la que obtenemos. Esto no es sostenible en el tiempo. Ojo, en el tiempo no significa nuestra generación, sino que en el medio plazo esto es insostenible. Esto nos obliga a repensar el modo de alimentarnos y a tener una producción que sea menos intensiva en el consumo de combustibles fósiles. Además, así reducimos el impacto de todas las consecuencias que pueden desatarse a nivel alimentario de la sequía, las inundaciones, afectaciones de diferente naturaleza a la tierra y a la capacidad de cultivar.

Fue ministro de Consumo durante tres años (2020-2023). ¿Qué medidas le hubiese gustado tomar y no fue posible?

Hay muchas. Nosotros fuimos, porque así me empeñé yo, quienes trasladaban el consenso científico al foro público. Eso produjo una serie de choques que tenían que ver con la ideología y no con la ciencia. Uno de ellos era hablar del modo en el que nos alimentamos, de una reducción del consumo de carne. En última instancia, se trataba de abrir un debate para que se entendiera bien que nuestras decisiones de consumo no eran neutras. Que cuando tú ibas al supermercado y cogías algo de la estantería, aunque te pareciera invisible, detrás había relaciones sociales y relaciones ecológicas. Había una cadena de valor que implicaba, en muchos casos, explotación laboral, de recursos naturales, pérdida de biodiversidad.

Lo que mejor representaba todo eso eran las famosas macrogranjas porque eran, y siguen siendo, una condensación de todas las contradicciones del sistema. Las macrogranjas expulsan socialmente a la ganadería tradicional, que no es competitiva frente a estos modelos altamente intensivos. Su producción contamina los suelos y el agua, contamina a través de los gases de efecto invernadero como el metano y agrava el cambio climático. Además, con la propia alimentación de los animales se produce deforestación en los lugares desde donde se importa la soja.

Este debate se produjo en un contexto muy complicado, acaba de surgir la pandemia. La polarización política en España impide un debate racional sobre estas cuestiones. Pero sí creo que conseguimos que mucha gente se pusiera a pensar en esos elementos invisibles que hay detrás de un acto de consumo. Hablo de la carne, pero podemos hablar de los smartphones o de todo tipo de productos de uso cotidiano que detrás encierran relaciones de explotación, de degradación ambiental, de desigualdades internacionales.

Y desde un ministerio humilde intentamos poner otra serie de medidas de naturaleza modesta como fomentar el consumo más cercano. Pero el impacto más grande fue que abrimos la grieta. Ese debate sobre las macrogranjas no se había producido en España en el foro público, se había producido en la ciencia, entre los médicos, entre los investigadores… Pero que de repente saliera en el telediario permitió que llegara mucha gente que nunca lee un paper pero que quiere participar de esos debates.

¿Qué se debería hacer en el ámbito de los transportes? El Gobierno ha planteado suprimir vuelos que tengan una alternativa en tren de dos horas y media. ¿Cree que será una realidad en el corto plazo?

Es necesario. Tarde o temprano se va a producir el ajuste. La cuestión es si queremos que sea de una manera forzada en la que de repente tienes que dejar de hacer cosas porque no tienes combustibles o porque el cambio climático ya te impide relacionarte como te relacionabas antes en términos sociales. O si tú prefieres hacerlo paulatinamente, permitiendo que la sociedad se vaya adaptando. Hay que reducir al máximo aquellas actividades que son perjudiciales para el planeta.

Eso implica hablar de cosas que están muy insertadas en nuestra vida cotidiana y que incluso identificamos como ciudadanos como parte de nuestro bienestar, como algo que va a estar para siempre. Esto en el caso del sector del turismo es muy evidente. El turismo de larga distancia tiene una huella de carbono brutal, es una anomalía histórica, no ha existido nunca y, probablemente, no va a existir siempre porque es imposible sostener este modelo con la tecnología actual.

Si tú te pones a plantear cómo puedes reducir a nivel social tu huella de consumo, tienes que ser capaz de identificar qué tipo de actividades tienen más intensidad energética. Y es evidente que hay algunas como la sanidad o la educación que tienen una huella de carbono residual en comparación con sectores como el turismo. En particular, los desplazamientos con jets privados o los vuelos comerciales de corta distancia es evidente que tienen que ser abordados de alguna manera. Pero no existe la valentía de hacerlo porque significaría reconocer que no es sostenible un modelo que se ha vendido durante décadas como el avance hacia la sociedad desarrollada.

¿No es complicado persuadir a la ciudadanía de la conveniencia de dejar de coger un avión sin exigir un recorte de privilegios a millonarios que tienen una mayor huella de carbono?

Claro. Además es que hay una parte cínica en el greenwashing, en todo el discurso ecologista llevado a cabo por grandes multinacionales, por grandes patrimonios, cuya huella de carbono supera por mucho a la de la mayoría de los ciudadanos corrientes. Entonces, evidentemente, hay una hipocresía si se le está pidiendo un esfuerzo a una parte de la población y no a la parte que más capacidad de acción tiene.

Sin embargo, eso no debe llevarnos a la parálisis. Esto es utilizado muchas veces como un ‘pues entonces no hago nada’. Entonces, ‘hasta que China no deje de contaminar, hasta que los millonarios no dejen de subirse a los aviones, yo tampoco voy a modificar mis hábitos de consumo’. Es un error. Aunque está más o menos claro que no vamos a poder cumplir el objetivo de 1,5 ℃ por encima de la preindustrial, el objetivo de los Acuerdos de París, las consecuencias, sin saber a ciencia cierta cuáles van a ser, sin duda van a ser menores con un 1,6 ℃ que con un 1,7 ℃. No podemos caer en el cinismo de decir que somos ecologistas y no hacer nada, eso también es un tipo de negacionismo climático.

“La construcción de los transportes públicos debería ser una prioridad, pero no lo está siendo”

España necesita un transporte público robusto en las ciudades. Sin embargo, en Catalunya hay muchos problemas con el servicio de Rodalies. ¿Cree que ha habido una falta de inversión? ¿Cómo se abordaba este tema cuando estaba en el Gobierno?

Desde hace mucho tiempo hay unos déficits que se van acumulando. La situación en 2026 tiene que ver con no haberlo pensado de una manera holística o global. Si lo que queremos es reducir el impacto de la flota de vehículos de combustible fósil, y somos además conscientes de que es prácticamente imposible sustituir toda esta flota por vehículos eléctricos, la única forma de conseguir esos objetivos es teniendo una red de transporte público mucho más fortalecida, eficaz y eficiente. Esto implica un rediseño de las ciudades en muchos casos porque han sido construidas pensando en el transporte privado.

La construcción de los transportes públicos debería ser una prioridad, pero no lo está siendo. Evidentemente, es una partida presupuestaria que requeriría una inversión muy grande, pero es una urgencia. No solo implicaría una reducción de la huella de carbono, sino que mejoraría la vida de la gente. Una parte importante de los problemas occidentales es el tiempo que se pierde en el en desplazarte con tu vehículo privado desde tu residencia hasta tu centro de trabajo.

Pero no hemos encontrado todavía, desgraciadamente, y yo lo he debatido en el Gobierno, una perspectiva sobre el transporte que sea multidisciplinar. Eso explica por qué en nuestro país está tan infradesarrollado el transporte de mercancías por ferrocarril, que debería ser una fórmula central para retirar de la carretera a los camiones, reduciendo un impacto de carbono tremendo. Tiene otros problemas, evidentemente, de naturaleza política con ganadores y perdedores. Pero si hubiese una partida presupuestaria, si la Comisión Europea de verdad creyera que es una prioridad, podría dedicar muchos recursos. Mientras tanto, nuestra población va creciendo, nuestras infraestructuras se van desgastando y la gente no tiene incentivos para coger el transporte público.

Otra medida que menciona para mejorar la vida de la gente es la reducción de la jornada laboral manteniendo el salario. ¿Qué impacto puede tener esto en el consumo energético?

Hay que darle la vuelta a la concepción tradicional de lo que es la economía y los éxitos económicos. Nos hemos educado con esa cosmovisión de que el crecimiento económico implica que nuestro objetivo es producir más en el menor tiempo posible. Las ganancias de productividad se dedican a crecer más rápido. Somos como un hámster en una rueda. Todo lo que hacemos sirve para crecer más y más. Cuando en realidad tenemos otra opción como sociedad. Si tenemos ganancias de productividad, eso puede implicar producir lo mismo y trabajar menos tiempo, en lugar de producir más en el mismo tiempo. Dicho un poco burdo, significaría poner la economía al servicio de la vida y no la vida al servicio de la economía. Porque hoy, a pesar de los avances tecnológicos, nuestras jornadas laborales siguen siendo idénticas, o incluso peores, y nuestras condiciones de trabajo siguen siendo idénticas, o incluso peores.

Nuestras ganancias de productividad no se han dedicado a los elementos que nos dan felicidad en la vida, como tener más tiempo de ocio, de disfrute, de dedicar la vida de otras maneras. Este ha sido un debate vetado, pero si incorporas la dimensión ecológica y entiendes que ese incremento infinito de la producción es imposible, ya estás obligado a sacar este debate. La reducción de la jornada del trabajo tiene que ver con una dinámica social en la que el objetivo tiene que ser producir para satisfacer necesidades y para vivir mejor dentro de los límites del planeta. Y creo que la sociedad en conjunto, pero sobre todo los economistas, no están preparados para tener este debate todavía.

“Donald Trump no es ningún loco”

Afirma que necesitamos una transición ecosocial y que, si no somos capaces de articular esto, nos dirigimos hacia un escenario de barbarie. También señala que “Trump no es un loco”, sino que está intentando tener el máximo posible de recursos para su país. ¿Cómo podemos defendernos de esta deriva tan autoritaria que encabeza Estados Unidos?

Lo primero es entender que la psicología de los personajes influye, pero no es lo que explica las grandes tendencias. La política de Estados Unidos se tiene que entender haciendo uso de lo que yo intento explicar en el libro, que es esa interfaz entre ecología, economía y geopolítica. Estados Unidos utilizó el libre mercado mientras era la economía más fuerte. En el momento en el que China le rivaliza tecnológicamente y económicamente, Estados Unidos cambia su orientación estratégica y vuelve a las políticas proteccionistas. Por lo tanto, detrás de sus políticas hay una estrategia y no un capricho.

El crecimiento de las extremas derechas, aunque no sea de forma explícita, sí está respondiendo al nuevo contexto de la crisis ecosocial en el que se reconoce la escasez de determinados recursos, como los minerales críticos. Asumen que la única manera de preservar sus privilegios en la división internacional del trabajo es retornar a las prácticas de la coerción, de la violencia, de la intimidación frente a otras naciones. Eso lo está haciendo Estados Unidos de una manera muy clara a la hora de querer Groenlandia por las rutas estratégicas, por los minerales críticos, al querer Venezuela por el petróleo o al disputarse con China toda la parte de recursos minerales. El acuerdo de paz del 4 de diciembre entre el Congo y Ruanda fue firmado por Donald Trump e incorporaba una cláusula de privilegio de las multinacionales estadounidenses para la extracción y exportación de minerales críticos como el cobalto, necesario para la transición energética y para los productos electrónicos.

“Necesitamos plantear una alternativa donde sí se puedan compartir todos los bienes, los recursos y la energía dentro de los límites que el planeta impone”

La dinámica en el fondo de estos movimientos es que si la energía y sobre todo los recursos naturales son escasos, ellos no los quieren compartir. Ellos no están pensando en una Sociedad de Naciones Unidas donde se reparten los recursos y la energía se distribuye de una forma más justa. Ellos están pensando en apropiárselo si hace falta por la fuerza para beneficio de una población más pequeña que en estos proyectos suele coincidir con la población blanca, una población nacionalista étnica. Esto es lo que está detrás de todas las extremas derechas. Solo si entendemos eso seremos capaces de abordar a la extrema derecha como se merece y no es como un accidente, sino como un desarrollo con intereses materiales detrás. Lo que yo propongo tiene que ver con cómo somos capaces de organizarnos de una manera política los que no estamos de acuerdo con esa senda. Necesitamos plantear una alternativa donde sí se puedan compartir todos los bienes, los recursos y la energía del planeta dentro de los límites que el planeta impone.

Por tanto, se necesitan políticas valientes.

¡Claro! Políticas valientes y políticas que son nuevas. El libro tiene la pretensión de poner sobre la mesa también las propias contradicciones de la izquierda tradicional porque ha sido productivista, educada y criada en esta anomalía histórica de los combustibles fósiles. Ahora necesitamos una izquierda capaz de abordar otros problemas que no estaban identificados en los pensadores clásicos como Marx. Y para mí una parte importante de todo esto es no caer en el fatalismo. Es muy fácil caer en el fatalismo, solo hay que ver los telediarios o leer noticias sobre el cambio climático para que nos entre esa ecoansiedad que nos paraliza.

Necesitamos una transición energética o ecológica y decrecimiento al mismo tiempo. Porque si hacemos una transición energética sin decrecimiento, para mí es una quimera con muchísimos riesgos. Y si hacemos decrecimiento sin transición energética es volver a los parámetros de las sociedades previas a la revolución industrial, que son las sociedades agrarias. Y eso creo que, aunque a veces se dibuja de una manera romántica, tanto ese estado final como la transición son fundamentalmente violentos y perjudiciales para la vida tal y como la conocemos. Mi postura es acelerar en la transición energética todo lo posible para abordar esas urgencias como la del cambio climático y ser capaces de construir sociedades dentro de los límites del planeta. Eso es pura política.

También reflexiona sobre cómo Gaza es un símbolo de degradación moral, de la caída del orden internacional liberal y una rotura con un mínimo respeto por los derechos humanos, así como los valores cristianos. Y alaba cómo referentes ecologistas como Greta Thunberg lo han visibilizado. ¿Está en peligro la democracia si no se impulsa una transición ecosocial justa?

La democracia es una magnífica y bella idea muy joven. La democracia moderna, no me refiero a la ateniense donde se excluía una parte de la población, está constituida a partir de la propia idea de los derechos humanos. Ese concepto es relativamente nuevo y verdaderamente frágil. Y, de hecho, creo que esa concepción está en retirada. No solo porque la mayor parte de la población mundial no viva bajo modelos democráticos, sino porque está amenazada en muchos lugares como Estados Unidos, que está al borde de perderla, y en otros muchos donde la extrema derecha ha normalizado cosas que antes eran impensables o estaban fuera del debate, como el odio al inmigrante, el odio al diferente. Esto choca con la cosmovisión de los derechos humanos, pero también con la cosmovisión cristiana en la que todos somos hijos de Dios y no cabe el odio al inmigrante.

Estamos viendo que ante una crisis ecosocial se impone la fórmula del sálvese quien pueda, la ley del más fuerte. Esto vale para la geopolítica pero también vale para el ámbito nacional, en el que se deterioran todas las instituciones que hablan de solidaridad y empieza a ganar fuerza un discurso que dice “si queda poco que sea mejor que sea para mí”. No seamos hipócritas con las barreras a la inmigración. Hay un muro de Estados Unidos con México y también en el propio Mediterráneo entre la Unión Europea. En el fondo, el mensaje es el mismo: ustedes no pueden entrar, sus recursos sí. Necesitamos ser capaces de oponer una alternativa a esa degradación moral, a esa degradación institucional, porque efectivamente pone en riesgo la propia democracia.

Ejemplo de ello es que series cómo Years and Years o El cuento de la criada hoy parecen absolutamente verosímiles porque se han acercado mejor a fenómenos históricos que ahora se reproducen con sus variaciones, como el del ascenso del fascismo y del nazismo. Y es que son procesos graduales, no es una catástrofe de un día para otro. Son procesos en los que los principios y los valores que parecían eternos de democracia y solidaridad se van desgastando, se van devaluando. Y de repente, un día, te encuentras con que hay unos encapuchados que ejecutan a un tipo que simplemente protestaba en la calle y el Gobierno justifica esa ejecución. Eso requiere que la sociedad despierte para proteger la democracia, porque no es un bien que esté asegurada su supervivencia en el tiempo.

De cara a futuras elecciones, ¿ve posible una unión en la izquierda para hacer frente a todos estos retos?

Sería ideal, pero soy escéptico. Creo que la izquierda necesita entender la urgencia del problema porque si así lo hace será más tolerante con las alianzas que hacen falta para sumar músculo suficiente para poner en marcha las políticas que planteamos. Si no, triunfará esa versión más gris del ecologismo que es una posición más defensiva y derrotista. No debemos paralizarnos, estamos a tiempo de que los impactos ecológicos sean menores de lo que podrían ser. Estamos a tiempo de preservar el bienestar material y la propia democracia como la concebimos idealmente.

¿Se plantea volver a la primera línea política en algún momento?

No. Le toca a otras personas. Me parece legítimo que algunas personas continúen y me parece que es un capital político que tienen que emplear bien, pero en mi caso en particular yo sigo en política desde otras trincheras. Ahora les toca a otros. 

Fuente: 

martes, 28 de abril de 2026

Akal publica la Guía de los “Grundrisse” de Marx, del geógrafo marxista David Harvey. El Capital, clave de bóveda de la economía moderna y la sociedad burguesa

Una crítica de la economía política; unos borradores o manuscritos en torno a la teoría del valor y el concepto de plusvalía; son los Grundrisse o Líneas Fundamentales de la crítica de la economía política, escritas por el filósofo alemán, Karl Marx, entre 1857 y 1858, antes de publicar su gran obra –El Capital– cuyo primer libro vio la luz en 1867.

Los Grundrisse constituyen una vía para el estudio del capitalismo y la comprensión de cómo opera el capital; o, según Marx, “el desarrollo exacto del concepto de capital (…), concepto fundamental de la economía moderna, de la misma forma que el capital mismo (…) es la base de la sociedad burguesa”.

Estos borradores, esquemas y apuntes fueron redactados después que -concluido el proceso revolucionario de 1848- Marx se trasladara a Londres; “los Grundrisse han sido descritos certeramente como el fruto de mayor riqueza del pensamiento de Marx”, señaló el historiador británico Eric Hobsbawm.

Akal ha editado en noviembre el libro de 408 páginas Guía de los ‘Grundrisse’ de Marx, obra del geógrafo y teórico social marxista británico, de 90 años, David Harvey; en la editorial Akal, Harvey ha publicado Crónicas anticapitalistas (2023); Espacios del capitalismo global (2021) o Marx, el capital y la locura de la razón económica (2019).

Los Grundrisse son un conjunto de notas que Marx escribió para sí mismo, a modo de diálogo interior y en las que dejaba vía libre a su pensamiento; incluso los conceptos podían cambiar a medida que discurría el texto; también las nociones de deuda, tierra, dinero o trabajo se modificaban, al igual que los modos de producción.

El autor apunta ideas que podrían desarrollarse en obras posteriores; se trata, en resumen, de manuscritos y borradores de difícil aproximación para el lector, en contraposición al estilo más sencillo de su obra periodística.

Harvey resalta en la introducción que Marx no menospreciaba a los economistas burgueses como Adam Smith y David Ricardo; consideraba, por el contrario, que trataban de comprender los fenómenos sociales complejos de su época; de hecho, estos economistas políticos aportaron la materia prima para las interpretaciones del intelectual comunista.

David Harvey subraya aspectos de la obra marxiana que hoy continúan vigentes; así, cuando Marx escribió sus textos, el capitalismo industrial estaba presente en Gran Bretaña y zonas de Europa occidental; pero condiciones laborales similares pueden constatarse, actualmente, en países como Bangladés, China, Turquía, Brasil, India o Sudáfrica.

Otro aspecto reseñable de los Grundrisse es la concepción del Capital como totalidad, en su formación y funcionamiento; ello es compatible con que, a grandes rasgos, se haya producido una desconsideración de la noción de totalidad, en parte por los giros foucaultianos y posestructuralistas que desconfían de esta idea.

El capital como totalidad se sustenta en varios procesos de circulación; entre otros la circulación de mercancías a través del intercambio; del dinero como dinero; de la capacidad de trabajo; del dinero como capital; además la circulación del capital fijo y, por último, la circulación del capital que devenga interés.

En este punto, el autor de la Guía otorga una relevancia especial a la circulación de la capacidad de trabajo, entre otras razones porque el proletariado se halla expuesto -durante este proceso- a una pluralidad de experiencias materiales: como vendedor de fuerza de trabajo; receptor de un salario; comprador de mercancías y como participante en las múltiples formas de reproducción social en la vida cotidiana de un hogar.

En diferentes pasajes de los Grundrisse se aborda el rol del individuo inserto en la sociedad, y en su relación con la propiedad privada y la competencia empresarial; Marx critica la teorización que los economistas políticos clásicos hicieron de un supuesto homus economicus racional.

Así, el escritor y periodista inglés, Daniel Defoe, publicó en 1719 una novela muy famosa y leída, Robinson Crusoe: un náufrago que pasó casi tres décadas en una isla desierta de América del Sur; David Harvey reproduce las palabras de Marx, sobre Crusoe, en el libro primero de El Capital: “Salvado del naufragio reloj, libro mayor, tinta y pluma (…) inmediatamente comenzó, como buen inglés, a llevar la contabilidad de sí mismo”.

Marx señaló la tendencia de la circulación del capital a entrar en crisis, lo que -además de hacer mella en la clase asalariada- implica un riesgo para la tasa de plusvalía y la reproducción del capital; esta crisis, que también implica una oportunidad de renovación, puede tener su origen en la producción, la distribución, el consumo, la circulación del capital fijo o cualquier otro proceso integrante de la totalidad del capital.

Pero el autor de la Guía de los ‘Grundrisse’ de Marx señala otro tipo de crisis: la de alienación y pérdida de sentido; así, “el capital define la riqueza en función del dinero y de los derechos de propiedad sobre recursos esenciales. Y eso es todo. Marx postula la riqueza como tiempo disponible”; pero el capital se apoderaba de este tiempo, tanto en la época de Marx como en la actualidad, concluye Harvey.

En el capítulo dedicado al capital fijo y el capital circulante, el autor apunta las conexiones entre los factores capital/trabajo, la acumulación capitalista e innovaciones del siglo XXI como la Inteligencia Artificial (IA); de tal modo que la capacidad de innovar se revela un negocio y el capital fijo resultante agrega ciencia y tecnología, lo que reduce la fuerza de trabajo (según Naciones Unidas, cerca del 40% de los empleos mundiales están afectados por la IA; a finales de octubre, la compañía de comercio electrónico Amazon anunció la supresión de 14.000 empleos).

Un ejemplo de la intención didáctica de la Guía puede apreciarse en la siguiente explicación del catedrático de Antropología y Geografía británico: “El capital circulante fluye hacia la producción inmediata y produce los bienes que acaban en nuestra mesa o en la tienda; el capital fijo, en cambio, va detrás de la actividad productiva y tiene una diferente lógica de circulación”.

Según Harvey, el autor de los Grundrisse señala estas lógicas primero por separado, pero después establece una relación de continuidad: “El capital circulante tiene que seguir circulando para que el valor del capital fijo se realice a lo largo de su vida útil”.

El texto de Akal da cuenta, además, de las dos perspectivas marxianas sobre la evolución histórica del capital; la primera, tal vez podría calificarse de optimista, ya que el capital crea la sociedad burguesa y tiene una influencia civilizadora frente a etapas anteriores; estas son calificadas de desarrollos locales de la humanidad e idolatría de la naturaleza; por el contrario, en el mundo moderno, Marx se refiere al capital, la producción y la riqueza como “forma limitada burguesa”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

PSEUDOCIENCIA. Por qué se pueden vender y promocionar con total impunidad pseudoterapias que no sirven para nada. Aunque hay legislación y planes para hacer frente a estas prácticas que pueden atentar contra la salud de la ciudadanía, no se suelen perseguir ni aplicar

PSEUDOCIENCIA Por qué se pueden vender y promocionar con total impunidad pseudoterapias que no sirven para nada Aunque hay legislación y planes para hacer frente a estas prácticas que pueden atentar contra la salud de la ciudadanía, no se suelen perseguir ni aplicar 

 Fernando Cervera, divulgador escéptico, se propuso hace 10 años demostrar lo fácil que resultaba vender cualquier terapia inventada, por absurda que fuera. Se inventó una que consistía en la curación de diversos males con restos de heces humanas, la llamó fecomagnetismo y comenzó a promocionarla por circuitos esotéricos y de terapias naturales. 

De ahí salió el libro El arte de vender mierda, en el que demostró cómo era muy sencillo que en esos ámbitos le tomaran bastante en serio, si bien no llegó a comercializar su invento para no engañar realmente a ningún enfermo ni incurrir en un delito....

lunes, 27 de abril de 2026

El dios dinero no tiene ateos

La guerra de aranceles pone encima del tapete lo que verdaderamente importa. ¿Cómo se puede ganar más dinero, aunque sea perjudicando al resto del mundo?

Cuando Donald Trump bombardea lugares estratégicos de Venezuela, mata a decenas de personas, secuestra a su presidente y nombra a Delcy Rodríguez presidenta encargada, no lo hace guiado por principios morales sino por intereses económicos. Lo que le importa es el petróleo del país y los minerales que necesita para que funcionen sus industrias. Y así lo manifiesta descaradamente: él tiene que controlar directamente la producción y la comercialización del petróleo. La democracia de Venezuela, el bienestar de sus habitantes, el respeto a las leyes internacionales y nacionales le traen al pairo. Es más, se burla de las gentes del país diciendo que son personas muy feas.

Ahora quiere anexionarse Groenlandia (por las buenas o por las malas). La isla helada es parte de la Unión Europea porque Dinamarca es uno de sus 27 miembros y está integrada en la OTAN. No le importa extorsionar a uno de sus aliados. Y la razón es muy sencilla: le interesa para sus negocios, para sus industrias, para el control de la navegación comercial. «Necesitamos que Groenlandia sea nuestra», dice como si esa necesidad fuese un argumento válido para ocuparla con dólares o por las armas.

Respecto al conflicto de Gaza es conocido su plan. Montar un resort de lujo sobre las ruinas y los cadáveres de las víctimas del genocidio más execrable de la historia. Resulta obsceno pensar que donde ha existido tanto dolor, tantas lágrimas, tantas heridas, tanta destrucción, tanta muerte, se pueda pensar en hacer un negocio de proporciones tan gigantescas.

La guerra de aranceles pone encima del tapete lo que verdaderamente importa. ¿Cómo se puede ganar más dinero, aunque sea perjudicando al resto del mundo? América primero quiere decir la bolsa primero.

Cuando visité por primera vez la Torre Trump en la Quinta Avenida de Manhattan en la ciudad de Nueva York pensé cómo había sido posible reunir la cantidad de dinero necesaria para construir ese monstruo en el ombligo del mundo. También descubrí que la Torre era una fuente inagotable de producir dinero. Pensé con asombro, cómo era posible que el dueño fuese una sola persona, y que esa persona estuviese inmersa en innumerables negocios que incrementan sin cesar su patrimonio. ¿Dónde está el límite?

Esta obsesión por el dinero no solo domina al presidente de los EEUU. Domina a muchos políticos que, aprovechando su situación privilegiada para el enriquecimiento, se enriquecen de manera fraudulenta burlando la confianza de quienes les habían colocado en puestos relevantes para que cuidaran de su bienestar y de sus intereses. La avaricia lo pudre todo. Ahí está, en nuestro país, el escándalo que estamos padeciendo de dos secretarios de organización del Partido Socialista, José Luis Ábalos y Santos Cerdán. ¿Cómo es posible que militantes de un partido que pretende distribuir equitativamente la riqueza se dediquen a cobrar mordidas y a enriquecerse fraudulentamente?

Y ahí está el caso del señor Rato y del exministro de Hacienda, señor Montoro y del ciudadano particular con el que está emparejada la señora Ayuso. Y ahí está la Gürtel nacional y los ERES andaluces. Y tantos otros ladrones. Cuando esos ladrones son descubiertos, juzgados y condenados, van a la cárcel. Pierden la libertad, pero no devuelven el dinero robado. Ya lo disfrutarán cuando acabe la condena. Creo que la justicia debería exigir para la completa liberación la devolución de todo lo robado.

Quienes más ganan, más quieren seguir ganando, así que las diferencias entre pobres y ricos siguen aumentando vertiginosamente. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres.

Acabo de leer una novela de Sabina Berman titulada ‘Los billonarios desaparecen’. Sabina Berman es una destacada escritora, dramaturga, guionista y periodista mexicana, reconocida por su profunda exploración de la identidad femenina, la política y la sociedad. ¿De qué va su novela? En un mundo donde las diferencias entre ricos y pobres son cada vez más abismales y los cambios tecnológicos y ecológicos tienen efectos expansivos, encontrar soluciones a la crisis humanitaria se convierte en algo urgente. Sabina Berman piensa que quizás el lugar más indicado para hacerlo sea la Cumbre de Líderes Globales que se realiza en Davos, Suiza. Con el lema «La desigualdad es nuestro desafío», durante tres días y bajo la batuta de Christine Jambes, presidenta del Banco Mundial, se reunirá el 1% de los hombres y mujeres que acumulan las mayores fortunas del planeta. Entre ellos está el profesor Wermer, uno de los matemático más sobresalientes, Premio Nobel y autor de un teorema que lleva su nombre. Wermer tiene un firme y oscuro propósito: unirse a las protestas de los disconformes con el modelo neoliberal que se manifiestan en la Cumbre y acabar de una vez por todas con ese pequeño porcentaje que enferma a la sociedad. No haré espóiler para que el lector o lectora no me reprochen la ruptura de su curiosidad.

Siempre me ha llamado la atención esa irrefrenable e inusitada ambición de quienes tienen cantidades de dinero exorbitante que no podría gastar la familia ni muchas generaciones de herederos. ¿Para qué se necesita más dinero del que puede permitir comprarlo y tenerlo todo? ¿Por qué es ilimitada la ambición?

La codicia se desarrolla a gran escala y a pequeña escala. Porque, cuando desde las alturas se ofrecen ejemplos tan lamentables de codicia, parece desprenderse un lema: que cada cual robe en el lugar que se encuentre y en la medida que pueda. El que no lo haga es un imbécil. El que no aproveche la ocasión es un ingenuo.

El dinero no solo corrompe la política, corrompe también los negocios. Los robos pueden empezar por cantidades pequeñas. Me gusta contar la historia de un joven que, en una localidad rural, quiere comprar un burro. Se entera de que un campesino tiene en venta su burro. Y acude a su casa para comunicarle su deseo de comprarlo. Después de la negociación llegan a un acuerdo. Es ya de noche, así que el campesino le dice:

-El trato está cerrado. Ahora ya es de noche. Ven por la mañana y te daré al animal limpio y bien preparado.
- ¿Hace falta que firmemos un documento?, dice el joven.
- No hace falta. Mi palabra vale más que todos los papeles y todas las firmas, contesta con aplomo el vendedor.
El joven, a primera hora del día siguiente, se presenta en la casa del campesino y, después de los pertinentes saludos, dice:
- Vengo a pagar y a llevarme el burro.
- Tengo que comunicarte una mala noticia. Cuando he ido esta mañana a prepararlo para entregártelo, lamentablemente, el burro estaba muerto.
- No importa. Me lo voy a llevar igual. Voy a hacer con él un negocio y claro, como está muerto, no me cobrará usted nada.
El joven se lleva el burro muerto en su furgoneta. Pasados algunos meses el campesino se encuentra con el joven y le pregunta:
- ¿Hiciste el negocio con el burro? ¿Cómo te fue?
- Muy bien, le dice el joven.
- ¿Y qué negocio era ese si el burro estaba muerto?
- Una rifa. Vendí mil papeletas a diez euros cada una.
- Y gané 9990 euros sin ningún esfuerzo.
- ¿Y no protestó nadie?, preguntó el campesino.
- Sí, protestó el afortunado al que tocó la papeleta y a ese le devolví los diez euros.
Este joven podrá llegar a ser presidente de importantes sociedades financieras. Tiene interesantes cualidades para alcanzar el éxito.

He vivido en muy poco tiempo seis experiencias de cargos fraudulentos en una cuenta de mi Banco a través de la tarjeta. Desde Países Bajos, desde Irlanda, desde España… Sesenta cargos, veinticinco, cuarenta… La extorsión es grave. No solo porque te han robado sino porque la solución tiene un proceso largo y enojoso: relación de los cargos firmada por el Banco, denuncia en la policía, envío de los documentos… Cuando fui a presentar una de ellas me dijeron en la comisaría que de cada diez denuncias que reciben ocho son de este tipo.

El dios dinero lo controla todo. En muchas ocasiones, la elección de carrera y de profesión depende, fundamentalmente, del dinero que se puede conseguir ejerciéndola. ¿No sería mejor pensar dónde se puede ser más feliz, qué es lo que más gusta hacer y dónde se puede ayuda a los demás?

Algunas veces, el dinero corrompe hasta el amor. Existe el amor «a primera visa». Un joven se dirige al padre multimillonario de tres hijas y le confiesa el amor apasionado que siente por una de ellas. El padre quiere saber de cuál de sus hijas se ha enamorado. Y le pregunta:
- ¿De cuál de las tres?
El joven, sin vacilar un momento, contesta:
- De la que sea.

Hay otros dioses a los que venerar con devoción: la felicidad, la justicia, la paz, la solidaridad, la libertad, la empatía, la igualdad, la compasión… Si al morir te sobra dinero y tienes el corazón empobrecido es que has hecho mal las cuentas.

domingo, 26 de abril de 2026

Esta pluma es una obra maestra de la naturaleza

Vanya Gregor Rohwer sostiene un ala de ave muy grande, con plumas de color marrón oscuro, casi negro, junto a muchas muestras de otras plumas aladas.
Vanya Gregor Rohwer, conservador de aves y mamíferos del Museo de Vertebrados de la Universidad de Cornell, con el ala de un gran pelícano blanco. Lleva más de 20 años estudiando filoplumas y otros plumajes junto a su padre. to contentSkip to site indexSection Navi
Vanya Gregor Rohwer, conservador de aves y mamíferos del Museo de Vertebrados de la Universidad de Cornell, con el ala de un gran pelícano blanco. Lleva más de 20 años estudiando filoplumas y otros plumajes junto a su padre."

Puede que sean diminutas, pero las filoplumas permiten vuelos de miles de kilómetros sin escalas.

Vanya Gregor Rohwer abrió un cajón para mostrar un ala extendida de color rosa intenso de un ave espátula rosada, una de las miles de alas montadas en el Museo de Vertebrados de la Universidad de Cornell.

Levantó una larga pluma de vuelo para exponer, en su base, una pluma en forma de palmera tan minúscula que fácilmente podía pasar desapercibida. Durante mucho tiempo, este minúsculo elemento llamado filopluma fue realmente desconocido.

“La historia de la investigación sobre las filoplumas no es muy sólida. Son una especie de pluma olvidada”, dijo Vanya Rohwer, conservador de aves y mamíferos del museo. “Se consideraban una pluma degradada o inútil, una reliquia”.

Ya no. Rohwer y su padre, Sievert Rohwer, un influyente investigador de plumas y conservador emérito del Museo Burke de la Universidad de Washington, en Seattle, creen que la diminuta filopluma es una pieza clave en el control y mantenimiento de las plumas de las aves, que las mantienen en el aire.

Desde que las plumas aparecieron en los dinosaurios hace unos 150 millones de años, han ido evolucionando. Ahora hay seis tipos de plumas en el cuerpo de un ave, incluidas las filoplumas, y todas están hechas de queratina, una sustancia muerta como el pelo humano.

Un artículo publicado el año pasado en la revista Journal of the Royal Society Interface describía una pluma como una obra maestra de la ingeniería, que abarca nueve órdenes de magnitud, desde la nanoescala hasta la escala del metro. Como las impresoras 3D más sofisticadas se limitan a solo cuatro o cinco órdenes de magnitud, aún no se han podido reproducir las plumas.

“No existe ninguna tecnología de fabricación que pueda acercarse a una pluma”, dijo David Lentink, uno de los autores del artículo, quien estudia las aves para encontrar formas de mejorar los robots en la Universidad de Groningen, en los Países Bajos. “Son inusualmente sofisticadas”.

The palm-tree shaped filoplume of a turkey vulture seen through a microscope.A hand holds a large pink wing of a bird against a blue wall.
Una filopluma del ala de un aura gallipavo (un ave de rapiña), arriba y abajo a la izquierda; a la derecha, el ala y los rasgos de un ave espátula rosada.
El resultado es un material natural tan ligero que flota lentamente hasta el suelo, pero tan resistente que puede proteger a un pájaro mientras vuela a través del viento, la lluvia y el frío durante días enteros. Y las nuevas sustituyen a las viejas cada pocos años.
El interés por las plumas de ave se ha intensificado junto con la rápida expansión del uso de drones y otras aeronaves, y los investigadores estudian si las plumas sintéticas harían los vuelos más maniobrables, eficientes y menos ruidosos.

Las filoplumas han inspirado microsensores o sensores capilares, por ejemplo, que pueden medir el flujo, la velocidad y la dirección del aire para apoyar un tipo de autonavegación llamado “vuelo por tacto”.

Los sensores similares a las filoplumas podrían ayudar a los drones, que tienen dificultades para hacer frente a las ráfagas de viento, a realizar ajustes en fracciones de segundo.

Todas las aves tienen filoplumas, incluso las que no pueden volar. Suele haber de una a tres por pluma, y son más densas alrededor de las plumas del contorno o del cuerpo y de las plumas de vuelo.

Las filoplumas detectan la presión, el tacto y la vibración en las plumas adyacentes y, a través de terminaciones nerviosas muy sensibles en sus folículos, llamadas corpúsculos de Herbst, traducen esas señales mecánicas a señales neuronales.

Estas sofisticadas plumas proporcionan a las aves información detallada sobre su plumaje mientras vuelan. Les indican que ajusten sus plumas para mantenerse calientes o para liberar calor. También pueden detectar el movimiento de parásitos, con lo que incitan a las aves a acicalarse o liberar grasa en esa zona.

(Las plumas erizadas y cortas que se encuentran en la cabeza, la cara y el cuello del ave también son sensibles al entorno y alertan a las aves de la presencia de insectos y otras presas).

Las aves con más filoplumas son las especies voladoras grandes y fuertes, como las águilas, los albatros y los buitres. Los albatros, de los que se sabe que vuelan 9600 kilómetros o más sin parar, son quienes más tienen: se han contado más de 9000 en algunas aves. Hasta ahora, los gavilanes ratoneros de cola roja son los que tienen más filoplumas por pluma entre las aves cuyas plumas han contado los investigadores.



 
Varias alas desplegadas, sin cuerpo y coloridas, de varias aves sobre un fondo blanco liso.
Especímenes de alas en el laboratorio de ornitología de la Universidad de Cornell. Hay seis tipos de plumas en el cuerpo de un ave, incluidas las filoplumas, y todas están hechas de queratina, una sustancia muerta como el pelo humano.


A brown, black and white bird with bold patterned-plumage with its wing disconnected from its body on a plain white background.A colorful small bird with its wing disconnected from its body, on a plain white background.
Una abubilla taxidermizada, a la izquierda, y una pita aliazul. Arriba, plumas de grulla común y un halcón abejero europeo taxidermizado
Vanya Rohwer, de 43 años, está creando su propia colección de alas desplegadas aquí en Cornell, que hasta ahora comprende unos 10.000 pares.

Mientras tanto, los especímenes completos de aves se guardan en cajones, en una especie de morgue. Vanya Rohwer abrió algunos de ellos en una visita reciente para revelar un abanico de plumajes coloridos, entre los que se encontraban carracas lilas de pecho rosado y durazno y abejarucos australianos verdes y amarillos. Otro cajón estaba lleno de especies extintas, entre ellas varios pájaros carpinteros pico de marfil y una paloma migratoria.

Los nidos de pájaros son otra pasión del joven Rohwer y también estudia las pestañas de las aves. En un estudio, descubrió que el uso de piel de serpiente para forrar los nidos de muchas aves reducía significativamente la depredación.

Vanya Rohwer conoció a su esposa, Rachel Schlass Rohwer, cuando ella, taxidermista en ciernes, asistió a la clase de él sobre la preparación de especímenes aviares. Quedó prendada tanto de Vanya Rohwer como del minucioso proceso de preparación de aves para su exhibición en museos.

“Saber que estas palomas migratorias eclipsaron una vez el cielo, y verlas en estos cajones con gran parte de su color conservado, me conmovió de verdad”, dijo Schlass Rohwer. “La mayoría de las cosas cuando mueren pierden color y pierden gran parte de su narrativa”.

La pareja ha hecho varios viajes de salvamento para recoger especímenes sobrantes de aves y mamíferos de los congeladores de otros museos para la colección de Cornell. Despellejan y rellenan las aves con algodón o extienden sus alas en un expositor, donde quedan a disposición de los investigadores.

Las filoplumas desempeñan otras funciones. La barba de un pavo salvaje es en realidad un conjunto de finas hebras de plumas llamadas mesofiloplumas. No son sensoriales, sino ornamentales, y pueden crecer hasta 30 centímetros de longitud. Sin embargo, el pavo salvaje tiene filoplumas en la cabeza calva, que le ayudan a percibir el mundo que lo rodea. 

Los mérgulos bigotudos, un ave marina, tienen grandes filoplumas sobre la cabeza. “Son filoplumas muy elaboradas”, dijo Vanya Rohwer. “Los utilizan para navegar por esas oscuras madrigueras de anidación sin golpearse la cabeza”. Al haber estudiado las filoplumas y otros plumajes junto a su padre durante más de 20 años, creía saber cómo las aves perdían y volvían a producir plumas cada pocos años. “Era predecible, secuencial y ordenado”, dijo. Sin embargo, en 2015, los Rohwer supieron de un águila real en cautiverio a la que se le habían cortado las plumas de la cola experimentalmente con fines de investigación. “Esa águila sustituyó una pluma de la cola cortada muchísimo más deprisa que una pluma sin cortar”, dijo el Rohwer más joven, lo que acortaba el período de crecimiento a aproximadamente un año. “Así que las aves tienen algún mecanismo para detectar una pluma que no funciona bien”. 

 Su padre, Sievert Rohwer, dijo que creen que las filoplumas “son sensibles a la vibración que generaría la pluma si estuviera desgastada o no funcionara tan bien como debiera”. “Tiene un sentido intuitivo”, dijo Vanya Rohwer. “Estás chocando contra la maleza para capturar una presa o luchando con ella en el suelo, un proceso muy propenso a romper una pluma”. Ambos Rohwer son destacados conservadores de alas extendidas de aves, que han utilizado para estudiar las filoplumas y otras plumas. 

El mayor de los Rohwer, de 83 años, ha reunido la mayor colección del mundo de alas de ave, que se han extendido y montado en el Museo Burke, con 40.000 pares abiertos y sostenidos con alfileres dentro de celofán. 

Rachel Schlass Rohwer poses with her young daughter in her lap at a work table with a dead mallard resting on it.


 Schlass Rowher, que también ha estudiado moda, se ha especializado en diseñar sombreros con plumas obtenidas éticamente de aves que murieron de forma natural y cuya propiedad es legal. Poseer la mayoría de los tipos de plumas de ave es una violación de la ley federal.

Con los avances tecnológicos, se está extrayendo nueva información de las plumas. El ADN de una sola pluma, por ejemplo, permite a los investigadores rastrear el ave hasta su población reproductora. Esa información se está utilizando para crear mapas de “paisajes genómicos” en todo el mundo para las aves migratorias, y para priorizar hábitats importantes para la conservación.

La filopluma, sin embargo, sigue siendo una de las plumas menos comprendidas. “Queda mucho por descubrir sobre su función”, dijo Lentink, “porque es casi imposible estudiar su función en aves vivas”.

Un pájaro en el laboratorio es muy distinto de un pájaro en el aire, por lo que el vuelo de las aves es en gran medida un misterio.

“A veces la ciencia no puede responder a las preguntas porque los experimentos son demasiado difíciles; este es un caso así”, dijo. “Es difícil demostrar realmente las funciones de estas plumas en un ave voladora feliz y plenamente funcional que realiza su comportamiento normal”.

sábado, 25 de abril de 2026

Física. Manuel Lozano Leyva, físico: “Lo que quiere hacer Trump con la energía nuclear es un delirio. Le está dando millones a unos niñatos”

El científico y divulgador, que aboga por la vuelta de la ‘mili’ obligatoria, publica ‘El sexto elemento’, un libro sobre el origen, la existencia y el destino.

Manuel Lozano Leyva, físico sevillano, catedrático emérito y asesor del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), cumple 77 este año y dice que no tiene edad para que le dé miedo decir lo que piensa. Por eso, afirma sin titubeos que “[Donald] Trump está desquiciado” o aboga por la restauración del servicio militar obligatorio o defiende la energía nuclear. Una anécdota que recuerda entre risas este nieto de cochero, de quien heredó la pasión por los caballos (acoge a 66 en la finca de ocho hectáreas donde vive en Dos Hermanas), resume su estrategia vital: durante una competición campo a través le tocó montar a Opinión. Le sorprendió que fuera recibido entre risas y aplausos en la salida y pronto comprobó por qué. El animal era conocido porque no paraba de rehusar y era especialista en alcanzar la meta el último, cuando llegaba. Pero esta vez consiguió completar el recorrido y, por primera vez, no en el último lugar.

Lozano Leyva monta la vida como lo hizo con Opinión: desdeñando la corrección política y las corrientes que considera equivocadas, por muy fuertes que sean, centrado en llegar al final de lo que emprende, investigando y manteniéndose firme en su fe en la ciencia.

Activista clandestino por la democracia durante el franquismo, participó en un plan de golpe de Estado poco antes de la muerte del dictador que noveló en La rebelión de la ‘Vulcano’  (Algaida, 2015). Y esta pasión por la escritura (es autor de una quincena de obras), unida a su inquebrantable vocación científica y divulgadora, le ha llevado a un último libro que se publica este enero: El sexto elemento  (RBA, 2026). Aunque el subtítulo, Una biografía del carbono, lleve a pensar que se trata de un tratado de física y química, nada más lejos de la realidad. Defiende que el carbono es “la columna vertebral de la vida” y como tal lo utiliza para buscar respuestas a cuestiones fundamentales: nuestro origen, nuestra existencia y nuestro destino.

Pregunta. Afirma que el carbono de nuestros cuerpos se forjó en el corazón de estrellas moribundas ¿Somos polvo de ellas?
Respuesta. O cenizas, depende como se ponga de romántico. Toda la materia surge de las estrellas cuando se forman. Estas nacen, viven, agonizan, mueren y renacen por reacciones termonucleares (fusión). Tras el Big Bang se empiezan a generar algunos elementos más pesados. Pero el tránsito del berilio al carbono se produce por una circunstancia extraordinariamente singular: un nivel energético que en el universo solo se puede dar en el interior de las grandes estrellas moribundas, en una etapa de su agonía. Este es el milagro. A partir de ahí, dentro de las estrellas que están agonizando, se van formando elementos más pesados. El carbono puede tomar varias formas, desde el carbón al grafito o al diamante. Es el esqueleto de las moléculas de la vida y una consecuencia absolutamente natural de una determinada circunstancia física. El único medio apropiado para unirse en moléculas más complejas es el barro. El Génesis bíblico relata que el hombre surgió del barro y que el primer día se hizo la luz, como la generación espontánea de radiación del Big Bang. No defiendo nada porque soy ateo o agnóstico, como lo quiera llamar, pero la intuición de quienes escribieron estas cosas fue formidable, fantástica. El resto es todo locura.

P. En el libro recuerda que Napoleón dijo que no veía a Dios por ninguna parte. Dice que usted tampoco.
R. Fue [Pierre-Simon] Laplace, [astrónomo y efímero ministro del Interior de Francia] quien le enseñó a Napoleón la descripción matemática de los movimientos del sistema solar. Después de mirarla por encima, le dijo que no veía a Dios por ninguna parte. La respuesta de Laplace fue que en ningún momento había trabajado con tal hipótesis.

P. Advierte que la ciencia y la tecnología nos lleva al desasosiego, a un bienestar inaudito o a la autodestrucción. ¿Hacia dónde vamos?
R. Todo lo que descubre la ciencia se puede aplicar a la creación o la destrucción. Somos nosotros y no la ciencia quienes decidimos. Somos capaces de llegar a la luna o volar, pero la aviación puede servir para hacernos felices recorriendo el mundo o para desarrollar cazabombarderos, que están basados en las mismas leyes de la aerodinámica. Podemos combatir un virus o desencadenar una pandemia artificial.

P. ¿Se puede controlar?
R. Creo que hay que transformar ligeramente la democracia y las constituciones para formar a las clases políticas y evitar consecuencias como las que estamos viendo. Desde la parte científica y tecnológica, tenemos que ponernos de nuevo a la vanguardia, como hemos hecho siempre en Europa. Trump está manipulando la tecnología y poniéndola en manos de gentuza. Está haciendo cosas terribles y alterando toda la legalidad. Hay que fundir los dos las partes [política y ciencia] para dotar a la democracia de un sentido totalmente distinto.

Hay que sobrepasar los proyectos nacionales, unificar equipos supranacionales y dotarlos de unos objetivos claros. El problema es el nuevo político que se está cargando Europa

P. ¿Puede Europa hacerlo de forma independiente?
R. Tenemos que ponernos a la cabeza de la revolución científica y técnica. Europa puede ser independiente de toda la digitalización norteamericana. Tenemos la capacidad de sobra para eso y para tener una defensa más barata que la suma de las que hay individualmente. Soy de los que piensan que hay que recuperar un servicio militar europeo obligatorio. Hay que sobrepasar los proyectos nacionales, unificar equipos supranacionales y dotarlos de unos objetivos claros. El problema es el nuevo político que se está cargando Europa. Hay que promover proyectos que realmente nos den libertad e independencia.

P. Aborda en el libro el cambio climático con tres opciones: un nuevo paradigma productivo, el aumento gradual e imparable en el uso de nuevas fuentes de energía no contaminantes o la combinación razonable de las dos anteriores. ¿Es posible la última alternativa?
R. La atmósfera es un sistema altamente complejo, como lo es también el cuerpo humano. El calentamiento global no es discutible, está medido, pero hacer frente al cambio climático es complicado. Las fuentes de energía, mientras más renovables, mejor. Pero, desde mi punto de vista, el sostén de fuentes variables [intermitentes, como la solar o la eólica] tiene que ser forzosamente la nuclear. No la que hay ahora, que es antigua, sino los nuevos reactores que se están pensando desarrollar. Lo que quiere hacer Trump con la energía nuclear es un delirio. Le está dando millones a unos niñatos para algo que está mal todo, técnicamente. Trump está desquiciado. En cambio, los reactores nucleares modulares que propone Europa son de una tecnología supersofisticada. Hay una alternativa al uranio: el torio, que tiene unas características muy parecidas, pero es mucho mejor. Noruega tiene torio como para mantener un parque de reactores nucleares entre uno y dos siglos.

Trump está manipulando la tecnología y poniéndola en manos de gentuza

P. ¿Y no habría problemas de seguridad ni de residuos?
R. Los de residuos serían muchos menos que los que genera el uranio y, sobre seguridad, el plutonio no está en la cadena. China ya tiene un reactor de torio. No sé dónde está la investigación para solucionar nuestros problemas en Europa, para decidir y hacerse soberana e independiente en cuanto a la energía.

P. ¿Y la fusión nuclear?
R. Es ideal, pero sigue siendo un desiderátum que hay que seguir investigando porque es el futuro. Pero no está a la vuelta de la esquina. Lo que se hace en Granada [IFMIF-DONES] es una maravilla y yo lo he apoyado totalmente. Pero el ITER [International Thermonuclear Experimental Reactor] es hoy el mayor experimento de fusión y es eso: experimental. Estamos en un estadio de la fusión que va a dar los resultados que se espera de estabilidad, pero su conexión a la red será una demo [demostración]. Todavía no se sabe la cantidad de neutrones de alta energía que sale de la fusión o como interacciona con los materiales estructurales Nos estamos metiendo en una cosa que, como decimos los físicos, es una nueva constante: el número de años que faltan para tener la fusión es siempre 50.

P. No evita ningún charco.
R. Me gusta meterme en medio de las espantadas de los caballos. Una manada hará cualquier cosa, menos tirarte.

No se teme lo que pasaba antes de nacer y tampoco te concierne el futuro. Lo que te concierne es la vida. Entonces, dedícate a ella

P. Dice que el diamante, formado por carbono cristalizado, representa la eterna lucha ante la belleza que buscamos y el precio que pagamos por ella.
R. El diamante tiene una doble vertiente: la primera vertiente es la belleza, la perfección; el lado oscuro es que está asociado al lujo, al poder y a la sangre.

P. También afirma que no solo no hay que temer a la muerte, sino disfrutar de la relación establecida por Epicuro entre los átomos y la alegría de vivir.
R. Lo que uno tiene que hacer es no pensar en el más allá ni tener miedo a la muerte. No se teme lo que pasaba antes de nacer y tampoco te concierne el futuro. Lo que te concierne es la vida. Entonces, dedícate a ella.

Sobre la firma
Raúl Limón