Escribir no es difícil, lo difícil es no escribir. L. Tolstói (1828-1910). Saber no es suficiente tenemos que aplicarlo. Querer no basta tenemos que hacerlo. Goethe (1749-1832). No conozco ningún otro signo de superioridad que la bondad. Beethoven (1770-1827). Ni lamentar ni detestar, sino comprender. Spinoza (1632-1677). La única soledad es la ignorancia. Shakespeare (1582-1616). Nada tan vil como ser altivo con el humilde. Séneca (4 a. C. - 65 d. C.).
Hay vidas que no caben en un solo campo del saber. Hay vidas que la historia tarda décadas en comprender. Y hay vidas que el mundo, literalmente, le debe su forma actual. La vida de Alan Mathison Turing es las tres cosas a la vez.
Nació el 23 de junio de 1912 en Paddington, Londres, y hoy cumpliría 114 años. Murió el 7 de junio de 1954 con apenas 41; destruido, en gran parte, por el mismo país al que había salvado.
La historia comienza con un niño extraño y solitario que encontraba más comodidad en los números que en las personas. En Sherborne, el internado inglés al que fue enviado, su primer amor fue un compañero llamado Christopher Morcom, un chico brillante que compartía su pasión por la ciencia. El 13 de febrero de 1930, Christopher murió víctima de la tuberculosis bovina.
La muerte del joven Morcon dejó algo más que dolor: la fe religiosa de Turing se partió en mil pedazos, se volvió ateo, se obsesionó por comprender la naturaleza de la consciencia, su estructura y sus orígenes. De esa obsesión nacería, décadas después, la pregunta más importante que un matemático ha hecho en la historia moderna: ¿pueden pensar las máquinas?
Pero antes de llegar a esa pregunta, Turing tuvo que resolver algo más urgente. En 1936, siendo estudiante de posgrado, publicó un artículo que cambiaría para siempre la historia del pensamiento matemático: un modelo matemático abstracto que define los principios fundamentales de la computación. Toda computadora moderna opera, en su nivel más básico, según los principios que describe.
La Máquina de Turing no era una máquina real. Era una idea, la idea de que cualquier cálculo expresable como algoritmo puede ser ejecutado mecánicamente. Era, en esencia, la definición abstracta de lo que es una computadora, formulada veinte años antes de que existiera una computadora real. Un matemático de 24 años acababa de inventar, en el papel, el mundo digital del siglo XXI.
Y entonces llegó la guerra. En 1939, un día después de que se iniciara la Segunda Guerra Mundial, Turing fue llamado a prestar sus servicios en el Servicio Británico de Descifrado. Lo que encontró en Bletchley Park era un problema de una magnitud aparentemente insuperable: el ejército alemán utilizaba la máquina Enigma para cifrar todas sus comunicaciones militares, y cada día los códigos cambiaban. Sin descifrar Enigma, los aliados navegaban ciegos. Turing diseñó la Bombe, una máquina electromecánica que podía encontrar los ajustes correctos de Enigma usando fragmentos de texto probable. La primera Bombe fue instalada el 18 de marzo de 1940.
El resultado fue decisivo. Los historiadores estiman que descifrar el código Enigma acortó la guerra entre dos y cuatro años y salvó millones de vidas. Se cree que gracias al trabajo de Turing el conflicto bélico se acortó unos dos años, lo cual equivale al ahorro de aproximadamente 14 millones de vidas. Catorce millones de personas vivas gracias a la mente de un matemático. Y nadie lo sabía. Solo se supo de su contribución tras su muerte. Ni siquiera sus amigos y familiares sabían de su enorme aporte a la humanidad, puesto que era secreto de Estado.
Después de la guerra, Turing no descansó. En 1950 publicó el artículo que fundaría la inteligencia artificial como disciplina. En Computing Machinery and Intelligence, Turing propuso su célebre test: “Una computadora puede ser llamada inteligente si logra engañar a una persona haciéndole creer que es un ser humano”. La pregunta que formuló ese año: ¿pueden pensar las máquinas?, sigue siendo la pregunta central de la inteligencia artificial siete décadas después. «Una computadora merecería ser llamada inteligente si pudiera engañar a un humano haciéndole creer que es humano» , escribió. Era el mismo hombre que había salvado a Europa. Ahora estaba definiendo el futuro de la humanidad.
Y entonces llegó el horror.
En enero de 1952, Turing denunció ante la policía el robo en su casa de Mánchester. Durante la investigación reveló sin ambages que mantenía una relación con Arnold Murray, un joven de diecinueve años. Tanto Turing como Murray fueron procesados por actos homosexuales, ilegales entonces bajo la sección 11 de la Ley de Enmienda del Derecho Penal de 1885. El hombre que había salvado a Europa de los nazis fue procesado por su propio gobierno por amar a otro hombre.
Fue declarado culpable de «indecencia grave» y, para evitar la prisión, aceptó someterse a un tratamiento hormonal. En la práctica, se trataba de castración química mediante inyecciones de estrógeno, un procedimiento que provocó cambios físicos profundos y humillantes, incluido el desarrollo de tejido mamario. Se le denegó el acceso a las instalaciones de Bletchley Park. La situación lo llevó a una profunda depresión.
Incluso en medio de esa humillación, Turing mantuvo su sarcasmo y su lucidez. En una carta a su amigo Norman Routledge, escribió un falso silogismo sobre el rechazo social que provoca la homosexualidad: “Turing cree que las máquinas piensan. Turing se acuesta con hombres.” Era el mismo humor oscuro de alguien que entiende perfectamente la ironía de su situación y no tiene ni la energía ni el deseo de fingir que no la ve.
Alan Turing falleció el 7 de junio de 1954, envenenado al morder una manzana con cianuro en su laboratorio. Los forenses determinaron que fue un suicidio. Tenía 41 años. El hombre que había definido la computación, descifrado Enigma y fundado la inteligencia artificial murió solo, destruido por el Estado al que había servido, antes de ver el mundo que su mente había hecho posible.
El reconocimiento llegó tarde, como siempre. En 2009, el primer ministro británico Gordon Brown emitió una disculpa pública en nombre del gobierno. En 2013, la Reina Isabel II le concedió un indulto real póstumo. En 2021, el Banco de Inglaterra lo honró con su imagen en el billete de 50 libras esterlinas. La extensión del indulto de Turing creó la ley que lleva su nombre, donde se le da perdón a más de 49.000 personas condenadas por homosexualidad, entre ellas Oscar Wilde.
Hoy, el premio más alto en ciencias de la computación se llama Premio Turing. Cada teléfono, cada computadora, cada servidor, cada algoritmo de inteligencia artificial opera sobre principios que Turing formuló. Y la pregunta que escribió en 1950: ¿pueden pensar las máquinas?, es la pregunta que define el debate más importante del siglo XXI.
Hoy, 23 de junio de 2026, Alan Turing cumpliría 114 años. El mundo que habitamos es, en una parte que no puede medirse pero tampoco ignorarse, el mundo que su mente construyó. Y el mundo le pagó destruyéndolo.
Eso también es parte de la historia. Y merece ser contado.
En algún lugar de la memoria colectiva europea, entre el polvo de los archivos y las fotografías sepia, permanece la imagen de aquella sala cargada de humo en Berlín, el 20 de febrero de 1933. Veinticuatro hombres, los barones del acero, la química y la banca teutona, la elite alemana se sentaban frente a un cabo bohemio de bigote ridículo para entregarle las llaves del Reich.
Éric Vuillard, en su escalofriante crónica de El orden del día, reconstruyó aquella escena con la precisión de un forense, dejándonos la lección más amarga de la historia económica del siglo XX. Las catástrofes no las provocan los locos, sino los hombres respetables que firman los cheques. Pero hay una verdad aún más oscura que subyace en aquella reunión, una que los historiadores oficiales suelen omitir en sus eufemismos. Aquellos veinticuatro caballeros no solo traicionaron a la democracia de Weimar; iniciaron el mayor ejercicio de despojo, expoliación y sumisión de las clases trabajadoras que Europa hubiera conocido.
Hay similitudes entre el periodo de entreguerras (1918-1939) y la situación actual con las élites europeas. El paralelismo es llamativo, aunque no exactos, la historia no se repite idénticamente, pero rima. En ambos casos, las élites económicas, políticas e intelectuales europeas percibieron una amenaza existencial a su orden liberal/capitalista y responden con estrategias de contención, rearme ideológico y apoyo selectivo a fuerzas «defensoras» del statu quo, a menudo con un giro hacia posiciones más derechistas.
De la lectura se desprende que las élites europeas quieren tres cosas al mismo tiempo: contener a Rusia, reconstruir el poder geopolítico europeo y descargar el costo de la crisis sobre el trabajo y el bienestar social. El problema es que esas tres metas chocan entre sí,: la militarización exige gasto público; la competitividad demanda salarios más bajos y ajustes, y la cohesión política se debilita cuando la población percibe que paga el precio de una estrategia diseñada desde arriba.
Para comprender la magnitud de este despojo, hay que mirar sin anestesia lo que ocurre en el corazón industrial de Europa. El motor de Europa se está apagando, y esto no es un misterio, sino el resultado de la ruptura del modelo de negocios alemán (gas ruso barato + manufactura de alta calidad + exportación a China). Recientemente, a finales de junio de 2026, se anunció que Volkswagen planea cerrar cuatro plantas en Alemania y despedir a 100.000 trabajadores en todo el mundo. El colapso del modelo alemán no es un accidente, es una reestructuración de clase planificada.
Esto refleja una desindustrialización acelerada donde los costes energéticos y las regulaciones verdes destruyen el tejido industrial tradicional. La vieja burguesía industrial europea está sufriendo, pero esto abre la puerta a que los capitales financieros y los fondos de inversión (muchos de ellos estadounidenses o vinculados a las grandes gestoras de activos) adquieran activos europeos a precios de remate, reconfigurando la propiedad de la industria hacia un modelo más financiero y menos productivo.
El capital financiero no necesita fábricas en el Ruhr; necesita bonos verdes, derivados de carbono, algoritmos de gestión de datos y activos comprados a precio de saldo. El despojo consiste en transferir la riqueza pública y productiva a los balances privados de los fondos de inversión, dejando a la ciudadanía con las migajas de una economía de servicios precarizados.
Mientras Alemania es vaciada de su poderío productivo, Londres y París arden en un caos político que sirve como la cortina de humo perfecta para esta operación. El desastre político del Reino Unido, atrapado en la trampa del Brexit y en una sucesión de gobiernos débiles, la fragmentación de Francia, con la extrema derecha acechando el Eliseo y una izquierda irreconciliable, son presentados por los medios hegemónicos como la crisis de la democracia. Nada más lejos de la realidad. Este caos es la condición de posibilidad para el verdadero objetivo de las elites. La construcción del Estado de la Vigilancia.
En la cúspide de esta arquitectura del despojo se erigen tres pilares fundamentales que operan en perfecta simbiosis para garantizar que la riqueza fluya hacia arriba y el control se imponga hacia abajo. El primero de estos pilares es la ingeniería ideológica y moral representada por George Soros y su red de Fundaciones por una Sociedad Abierta. Soros no es un simple filántropo; es el jefe de inteligencia ideológica de las elites transnacionales. Su función en esta transición del bienestar a la vigilancia es crucial: reemplazar la soberanía popular por una red de ONG, think tanks y activismo legal que dicta los límites de lo pensable.
Las Open Society Foundations no buscan el bienestar material de las clases bajas; buscan la sumisión ideológica. Financian la «sociedad civil» que exige la apertura de fronteras (para garantizar un flujo de mano de obra barata y precaria que presione los salarios a la baja) y que, al mismo tiempo, exige la censura de cualquier discurso que desafíe el consenso tecnocrático de Bruselas. Soros provee el marco moral que justifica el Estado de la Vigilancia, bajo la premisa de proteger la «democracia liberal» y los «derechos humanos», se legitima la persecución legal, financiera y mediática de cualquier disidencia. Es la vigilancia del pensamiento, la policía de la moralidad que asegura que las masas empobrecidas no culpen al sistema financiero, sino a los chivos expiatorios de turno.
El segundo pilar es la banca de la reestructuración y el parasitismo financiero, encarnado históricamente por la dinastía Rothschild y, hoy, por la red de bancos de inversión y gestoras de activos globales. Si el Estado del Bienestar se financiaba con los impuestos al trabajo y a la producción nacional, el nuevo Estado de la Vigilancia y el Cuartel se financia con deuda. Aquí es donde se consuma el gran despojo económico. Las elites financieras utilizan las crisis que ellas mismas provocan o exacerban para rescatar a los Estados no con dinero gratuito, sino con deuda impagable. A cambio de esta deuda, los Estados europeos están obligados a hipotecar sus infraestructuras públicas, sus sistemas de pensiones y sus recursos naturales.
Rothschild & Co y sus pares asesoran la privatización silenciosa de lo que queda del patrimonio público. Cada vez que un Estado europeo necesita emitir deuda para mantener a flote su maltrecho sistema de salud o para financiar el déficit energético, los fondos de inversión globales compran esa deuda, exigiendo a cambio «reformas estructurales», es decir, recortes en el gasto social, aumento de la edad de jubilación y flexibilización laboral. El despojo es la financiarización de la vida misma: el capital financiero se alimenta de la sangre del Estado social, absorbiendo la riqueza de las generaciones presentes y futuras para inyectarla en los mercados de activos globales.
El tercer pilar, y quizás el más visible en su brutalidad, es el complejo militar-industrial europeo. La provocación y el enquistamiento del conflicto con Rusia no son un error de cálculo diplomático; son la gallina de los huevos de oro del nuevo modelo de acumulación. El Estado del Bienestar gastaba dinero en construir hospitales, escuelas y redes de transporte, bienes que mejoraban la vida de la población y fortalecían su capacidad de organización.
El Estado del Cuartel gasta ese mismo dinero en comprar drones, misiles y sistemas de vigilancia a corporaciones privadas como Rheinmetall, BAE Systems o Thales. Este es el secreto a voces de las elites europeas. La guerra y la amenaza de guerra son el único keynesianismo que les queda. Ante la imposibilidad de generar crecimiento real en una economía desindustrializada y envejecida, la única forma de inyectar dinero público en la economía sin que la población lo reclame en forma de bienestar social es a través del gasto militar.
Las elites europeas necesitan a Rusia como el enemigo existencial para justificar el aumento exponencial de los presupuestos de defensa. Este gasto público es una trasferencia directa de riqueza de los contribuyentes europeos a los accionistas del complejo militar-industrial. Es el despojo definitivo: obligar a una clase media empobrecida a pagar con sus impuestos los dividendos de las empresas que fabrican las armas que amenazan su propia seguridad.
Y conectando, orquestando y beneficiándose de estos tres pilares se encuentra el gran depredador, la entidad que ha trascendido la mera influencia para convertirse en el verdadero soberano de Europa, BlackRock. Larry Fink y su fondo de catorce billones de dólares no son un actor más en el mercado; son la encarnación del feudalismo financiero global. BlackRock es el dueño de la sustitución del Estado del Bienestar por el Estado de la Vigilancia y el Cuartel porque BlackRock es accionista mayoritario de todo lo que compone este nuevo sistema.
Poseen las acciones de las empresas de energía que estrangulan a la industria alemana; poseen la deuda de los Estados francés y británico que los obliga a recortar los servicios públicos; poseen las empresas tecnológicas que proveen los algoritmos de vigilancia y censura, y, por supuesto, son los principales accionistas de Rheinmetall y de las grandes corporaciones de defensa.
BlackRock no tiene patria, no tiene lealtad a la constitución de ningún Estado europeo y no rinde cuentas ante ningún electorado. Para BlackRock, la «transición verde» no es una necesidad ecológica, es un mecanismo para crear nuevos mercados de activos financieros y destruir la vieja industria que exige derechos laborales. Para BlackRock, la guerra en Ucrania no es una tragedia humanitaria, es una oportunidad para lanzar Exchange Traded Fun (ETFs), o fondo cotizado de defensa europea y capitalizar el miedo. BlackRock es el nuevo Krupp, el nuevo Siemens, el nuevo IG Farben, pero multiplicado por mil y liberado de cualquier atadura territorial.
Las elites europeas ante la pregunta de si son parte del desastre o los ganadores, la hipótesis y el concepto de «capitalismo de crisis» sugiere que la facción tecnocrática, financiera y verde está ganando. La teoría de las elites sugiere que están utilizando la crisis para consolidar el poder supranacional de la Unión Europea y evolucionar su marco legal hacia una mayor centralización.
Si aplicamos a esta Europa, la de 2026, el marco analítico que Ian Kershaw desarrolló en su magistral “Descenso a los infiernos”, el paralelismo no es solo perturbador, es revelador de la intencionalidad de las elites. Kershaw identificó cuatro motores que empujaron a Europa al abismo entre 1914 y 1949: las tensiones nacionalistas, las disputas territoriales, los conflictos de clase y las crisis del capitalismo. Pero su gran lección es cómo las elites conservadoras y financieras utilizaron estos motores para justificar la destrucción de la democracia y los derechos sociales.
En los años treinta, el pánico sistémico de las elites ante el comunismo y la revolución obrera las llevó a apoyar, financiar y armar a los movimientos fascistas. Necesitaban un leviatán que aplastara a los sindicatos, eliminara el derecho a huelga y sometiera a la clase trabajadora a la disciplina de la economía de guerra. El fascismo no fue un accidente histérico de las masas; fue la solución de emergencia de las elites para salvar el capital mediante el terror de Estado.
Al igual que en el periodo de entreguerras, las elites actuales están dispuestas a sacrificar la democracia liberal, el bienestar social y la paz para garantizar la seguridad del capital y su propia supervivencia en la cúspide de la pirámide. Utilizan la amenaza de Rusia y China como el nuevo «peligro bolchevique», un chivo expiatorio geopolítico que les permite imponer medidas de austeridad, recortar libertades civiles y desviar el presupuesto público hacia el aparato de seguridad. El enemigo externo es la coartada perfecta para el despojo interno.
El despojo se ha vuelto invisible, automatizado y aceptado como «sentido común» por una población que ha sido educada para temer más al «discurso de odio» o a la «desinformación» que, a la pobreza, a la guerra o a la pérdida de su soberanía. Las elites han logrado que los propios ciudadanos se vigilen, se delaten y se autocensuren, externalizando la función de la policía política a la propia sociedad civil, esa misma que Soros y sus ONG han meticulosamente adiestrado en la pureza moral y la obediencia tecnocrática.
Al destruir el Estado del Bienestar, las elites europeas han eliminado el colchón de contención social. Han sustituido la esperanza por el miedo, y el miedo, cuando se acumula durante demasiado tiempo en una población acorralada, no genera sumisión; genera una presión explosiva. El despojo tiene un límite físico. Cuando la clase media europea ya no pueda pagar la calefacción, cuando los trabajadores de las ciudades desindustrializadas no tengan nada que perder, cuando la realidad material de la pobreza y la guerra llame a sus puertas, ninguna ley de «desinformación» y ningún algoritmo de vigilancia podrá contener la furia de una sociedad a la que se le ha robado el futuro.
La historia, como Kershaw demostró y como Vuillard noveló, suele castigar esa arrogancia. Las catástrofes históricas rara vez son causadas por monstruos sádicos al principio; son causadas por elites conservadoras, banqueros y tecnócratas que creen que pueden gestionar el caos para proteger sus privilegios. Las elites europeas actuales, al financiar la guerra contra Rusia y permitir la desindustrialización de Alemania, están caminando por el mismo precipicio, convencidas de que su ingeniería financiera y militar las salvará.
Pero los nuevos veinticuatro caballeros, los Soros, los Rothschild, los Fink, los Von der Leyen, los Macron, no han aprendido la lección de sus predecesores. Creen que esta vez será diferente. Creen que el monstruo les obedecerá. La historia, terca y repetitiva, les recordará que los monstruos nunca obedecen a quienes los financian. Europa, una vez más, desciende a los infiernos. Y esta vez no habrá un 1945 que la rescate de sí misma.
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Pie de foto,Ferran Torres, jugador del FC Barcelona, marcó tras pase de Nico Williams.
Hay historias que parecen nunca acabar.
La reciente de España en fútbol comenzó un 29 de junio de 2008 en Viena, Austria, cuando venció en la final de la Eurocopa a Alemania y deslumbró al mundo con su juego de posesión, de mimar la pelota, tratarla bien, tenerle paciencia al resultado.
Dieciocho años después cambió la generación, pero no el estilo.
Con ese venció en la final del Mundial de 2026 a Argentina por 1-0 en el estadio Metlife de Nueva Jersey en Estados Unidos con un gol de Ferran Torres en el 106' del tiempo adicional.
Es el segundo Mundial en la historia de España. Desde aquella Eurocopa de 2008 ha acumulado el Mundial de 2010 y las Eurocopas de 2012 y 2024.
En este siglo XXI ninguna selección ha sido más laureada que la Roja.
Venció con merecimiento a la Argentina de Lionel Messi, a la que España borró del campo.
Los números clave de la final
Los números no mienten. Los europeos se llevan la dorada con un 65% de posesión, 20 remates y 12 entre palos por 2 tiros de los argentinos, ninguno al arco, y con un 51% de duelos ganados.
Ni en la pugna y el choque Argentina fue superior, esos atributos que tantos especialistas señalaron como algunas de las principales bazas de los de Messi para esta final.
El eterno 10 no tuvo su día, porque el colectivo español se adueñó del balón y el tiempo y jamás los soltó.
Sabor amargo para el que presumiblemente pudo ser el último partido mundialista de Messi, aunque nadie puede jurarlo después de su excelente torneo con ocho goles a sus 39 años.
Messi llora tras perder la final ante España.
Fuente de la imagen,Paul ELLIS / AFP via Getty Images
Pie de foto,
Messi tuvo mucho menos protagonismo que en el resto del torneo ante una España dominante.
Algunos dirán que el resultado fue hasta corto, vista la cantidad de ocasiones que fallaron los ibéricos y que convirtieron al meta 'Dibu' Martínez en el mejor jugador de los argentinos.
Puede decirse que la gesta argentina fue aguantar la furia roja hasta forzar la prórroga y sobrevivir el tiempo reglamentario, especialmente tras la expulsión de Enzo Fernández por doble amarilla en el 93'.
Tuvo incluso la posibilidad del empate casi al término en dos acciones protagonizadas por Giuliano Simeone, pero el Dios del fútbol, si existe, estaba del lado de España y una chance se fue a córner y la otra por encima de la portería.
Un recorrido incontestable
España se lleva el título tras un camino impecable.
Empató a cero contra la sorpresa Cabo Verde en el primer partido. Desde ahí no paró de crecer.
En el camino dejó fuera a varias de las favoritas, como la Portugal de Cristiano Ronaldo en octavos de final, la Bélgica de Thibaut Courtois en cuartos y la Francia de Kylian Mbappé, máximo goleador del torneo con 10 tantos, en semifinales.
España gana con 14 goles a favor y solo uno en contra en todo el campeonato. Ningún equipo defendió mejor y por eso la Roja acaparó los reconocimientos individuales.
Rodri Hernández, clave para el equilibrio del equipo en la medular, fue elegido mejor jugador del torneo. Unai Simón fue seleccionado mejor portero y Pau Cubarsí, el defensor central de 19 años, el mejor jugador joven.
España completó la faena ante la vigente campeona, Argentina, que le sigue superando en pedigrí mundialista con tres doradas.
Rodri Hernández recoge la Copa del Mundo.
Rodri Hernández, capitán de la Roja, fue clave en la consecución del título.
El valor del equipo
Fuente de la imagen,Catherine Ivill - AMA/Getty Images
Pie de foto,Rodri Hernández, capitán de la Roja, fue clave en la consecución del título.
España quizá no tiene nombres como Mbappé, Messi o Cristiano Ronaldo, pero tiene un colectivo brillante que funciona como un reloj.
Los 5 goles de Mikel Oyarzábal, la brújula de Rodri y Pedri, el dinamismo de Cucurella, los aportes desde el banquillo de Merino. Cuesta encontrar solistas en la orquesta.
Parte de ese mérito se debe al trabajo de Luis de la Fuente, un entrenador que no es mediático, pero que ha sabido renovar y devolver la gloria a esta selección.
De la Fuente comenzó a entrenar a la selección absoluta de España en 2023, después de la debacle de la Roja en el Mundial de Qatar, donde fue eliminada por Marruecos en penaltis.
De la Fuente besa el trofeo en la ceremonia de celebración.
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Luis de la Fuente reemplazó en 2022 al exseleccionador Luis Enrique después de la debacle en Qatar.
Entonces la Roja sufría una sequía de 10 años sin títulos importantes, con las decepciones de haber quedado fuera del Mundial de Brasil 2014 en fase de grupos y del de 2018 ante Rusia en octavos de final.
En la prensa española se decía que el estilo de posesión y dominio del balón había quedado como fin y no como medio para el triunfo, con muchos partidos en los que la selección tocó y tocó sin ganar y a veces aburriendo.
Hubo incluso quienes pedían que España optara por cambiar de identidad.
De la Fuente jamás negoció el estilo, sino que lo pulió y le devolvió el sentido.
Para la memoria ya nos queda que la pelota nunca dejó de rodar en la final de 2026 en Nueva Jersey, salvo cuando Torres rompió la red y dibujó una segunda estrella sobre el escudo de la Roja.
Cuando tenía 19 meses, una breve enfermedad dejó sorda y ciega a Helen Keller, antes de que pudiera aprender a hablar o siquiera saber qué era una palabra.
En 1887, cuando tenía 6 años, sus padres contrataron a una maestra llamada Anne Sullivan, quien intentó enseñarle palabras trazando las letras en las palmas de sus manos.
Aunque aprendió varios trazos de esta manera, "no sabía que estaba deletreando una palabra ni siquiera que existían las palabras", explicó Helen más tarde.
Un día, Helen y Anne tuvieron problemas con las palabras 'taza' y 'agua'. Helen no pudo relacionar los trazos con sus respectivos objetos, hasta que a Anne se le ocurrió llevarla al pozo y le indicó que sostuviera su taza bajo el grifo mientras ella bombeaba agua.
Mientras el agua caía sobre la taza y la mano de Helen, Anne trazó las letras w-a-t-e-r (a-g-u-a) en la otra mano de Helen.
"Me quedé inmóvil, con toda mi atención fija en los movimientos de sus dedos", contaría Helen.
"De repente sentí una vaga conciencia, como de algo olvidado, una emoción de un pensamiento que regresaba; y de alguna manera se me reveló el misterio del lenguaje. Supe entonces que "w-a-t-e-r" significaba esa maravillosa y fresca sensación que fluía sobre mi mano. ¡Esa alegría viva despertó mi alma, le dio luz, esperanza, gozo, la liberó!".
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En ese instante asombroso, escriben John Kounios y Mark Beeman en The Eureka Factor (El factor Eureka), Helen comprendió que esos trazos en su mano representaban cosas del mundo, y que podía usarlos para pensar y comunicarse.
Fue un momento ¡ajá! en estado puro, también conocido como el efecto o momento Eureka.
Las dos mujeres, sentadas en un jardín, con vestidos claros de mangas embombadas, con encajes y lazos. Se miran a los ojos y tienen sus manos juntas, pues era su forma de comunicación.
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El 3 de marzo de 1887, Anne Sullivan (der), una joven de 21 años que había sido casi ciega de niña, llegó a la casa de los Keller. "Esa fecha", comentó Helen más tarde, "es el cumpleaños de mi alma".
"Es una idea o perspectiva nueva que llega de forma abrupta, a menudo irrumpiendo en el flujo continuo del pensamiento, ya sea mientras intentamos resolver un problema o de manera espontánea", explican Kounios y Beeman, neurocientíficos y psicólogos cognitivos.
Puede sorprenderte al meterte en una tina, como le ocurrió a Arquímedes al descubrir el famoso principio que lleva su nombre, o sentado en un jardín, como le sucedió a Newton, cuya célebre manzana lo llevó a preguntarse por qué los objetos caen siempre hacia la Tierra.
Quizás esas historias tengan algo de leyenda, pero ilustran cómo los momentos ajá a veces dan una solución súbita a un problema concreto, como en el caso de Arquímedes; otras, revelan una noción por desarrollar, como ocurrió con Newton y la ley de gravitación universal.
En ocasiones, también, reencuadran por completo una manera de ver el mundo, como ocurrió con lo que Albert Einstein llamó su "pensamiento más feliz": imaginar que una persona en caída libre no siente su propio peso desencadenó una serie de razonamientos que abrieron el camino hacia la teoría de la relatividad general.
Lo maravilloso es que esos destellos geniales no sólo los tienen los genios.
Y tú, probablemente, los has tenido.
Un estornudo
"Un momento ajá no tiene que ser algo que cambie el mundo. Puede ser algo muy ordinario o pequeño que le ayude a una persona a resolver algo cotidiano, como ingeniarse un truco para que un niño coma verduras", le dijo John Kounios a BBC Mundo.
"Pero la gente a menudo no reconoce esos momentos de ajá, ni siquiera cuando tienen uno brillante".
Y eso a pesar de que tenemos un montón de frases que los delatan.
¿Recuerdas momentos en los que "de repente todo encajó" o te "cayó la ficha"; quizás se te "prendió el foco", "tuviste una epifanía" o viste algo "con otros ojos".
Todas esas expresiones, dice Kounios, apuntan a lo mismo: la experiencia repentina de entender algo que antes no entendíamos, ver de manera nueva algo familiar o combinar elementos conocidos para producir algo nuevo.
Son, en sus palabras, "saltos cuánticos de pensamiento".
Pero no toda buena idea es un momento ajá: la clave está en cómo aparece.
Aunque en la cultura popular a veces se usa el término para describir cualquier idea importante o impactante, en psicología, explica Kounios, tiene un significado más preciso: se refiere a una solución o idea que emerge de forma súbita en la conciencia, generalmente de manera inesperada y como resultado de procesos inconscientes.
No basta con tener una idea; debe aparecer de golpe.
Es por eso que a veces parecen salir de la nada.
"Una noche me dormí y soñé con una melodía", recordó, en un episodio de su podcast el legendario músico Paul McCartney. "Al despertar, pensé: 'Me encanta, es genial'".
Durante un tiempo creyó que la había escuchado antes en alguna parte. Pero no. La melodía de Yesterday, una de las canciones más recordadas de The Beatles, fue, literalmente, soñada.
Vista de la portada del sencillo de 45 rpm «Yesterday» y «Act Naturally» de los Beatles, que muestra un retrato de los miembros de la banda, 1965. En la imagen aparecen, de izquierda a derecha, Paul McCartney, John Lennon (1940-1980), George Harrison (1943-2001) y Ringo Starr.
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La canción Yesterday de The Beatles fue lanzada en 1965 como parte del álbum Help! en Reino Unido.
Pero los conocimientos -o en este caso, las notas- estaban ahí, a la espera de esa luz de la que hace 2.400 años habló el filósofo Aristóteles.
En De Anima sostuvo que nuestra mente cuenta con un intelecto agente capaz de darles sentido a los datos brutos, permitiéndonos captar verdades universales, resolver problemas y comprender la esencia de las cosas.
Así como la luz hace visibles los colores que están presentes pero ocultos a la vista, explicó, ese intelecto hace comprensibles ideas que están latentes.
Eso puede ocurrir a través del pensamiento analítico, que es consciente y deliberado, o con una "iluminación súbita", en palabras del matemático francés Henri Poincaré, quien observó que algunas de sus ideas más importantes aparecían de forma repentina en la conciencia tras un prolongado trabajo inconsciente.
A veces, esos momentos ajá son precedidos por un fenómeno que, según Kounios y Beeman, "se siente como si una idea estuviera a punto de estallar en la conciencia, casi como cuando estás a punto de estornudar".
"Los psicólogos cognitivos llaman a esta experiencia 'intuición', entendida como la conciencia de que hay información presente en la mente inconsciente -una nueva idea, solución o perspectiva- sin que se tenga acceso consciente a dicha información, al menos hasta que aflora en la conciencia".
El momento ajá sería entonces el estornudo.
Jugando
Los psicólogos de la escuela de la Gestalt, surgida en Alemania a comienzos del siglo XX, fueron los primeros en estudiar sistemáticamente lo que hoy los investigadores llaman en inglés insight o comprensión súbita.
Pero si los momentos ajá son tan elusivos y espontáneos, ¿Cómo podían observarlos en un laboratorio?
De la manera más lúdica: mediante figuras ambiguas e ilusiones perceptivas, como el cubo de Necker, que pueden provocar una repentina reestructuración de lo que creemos estar viendo.
Un dibujo de líneas que parece un cubo transparente visto en perspectiva, pero el cerebro puede interpretarlo de dos maneras distintas, haciendo que la cara frontal y la trasera parezcan intercambiarse
"Es una ilusión óptica porque lo ves como un cubo, aunque sea una imagen plana", precisó Kounios.
Lo interesante es que puede percibirse de dos maneras distintas, y el instante en que una interpretación cede súbitamente el paso a la otra produce un momento ajá.
El cubo parece 'invertirse' de pronto, pasando de apuntar hacia abajo a apuntar hacia arriba:
Interesados en cómo la mente organiza e interpreta patrones, los gestaltistas utilizaron ese tipo de herramientas para mostrar que a veces un problema parece irresoluble porque lo estamos interpretando de forma equivocada. La solución surge cuando logramos reestructurarlo y verlo desde una nueva perspectiva.
Sus experimentos fueron los primeros en sugerir que estos momentos de comprensión súbita están impulsados por procesos inconscientes.
En las décadas siguientes, los psicólogos cognitivos siguieron estudiándola, pero a comienzos de los años 90 el campo se estancó y algunos investigadores empezaron a dudar de que el insight fuera un proceso mental distinto.
Según ellos, lo único distinto era cómo lo experimentaba la persona.
Los momentos Eureka, argumentaban, no eran más que cuentos de hadas.
Y entonces apareció la varita mágica: las técnicas de neuroimagen permitieron, por primera vez, asomarse al cerebro en el instante mismo en el que una idea emerge en la conciencia.
Para estudiarlas, Kounios y Beeman registraron con electroencefalogramas e imágenes por resonancia magnética funcional la actividad cerebral de voluntarios mientras resolvían acertijos verbales.
Eran pruebas sencillas, porque cada participante debía resolver muchas para que los resultados fueran estadísticamente significativos.
Les daban tres palabras y tenían que pensar en una cuarta palabra que pudiera usarse para formar una palabra compuesta o frase familiar con cada una de las tres palabras dadas.
Por ejemplo: si te digo "razón", "sabor" y "sentido"... ¿Cuál sería la cuarta?
Pero más importante aún es ¿Cómo llegó la respuesta? ¿De golpe o probando varias hipotesis hasta descubrir que era "sin"?
Los voluntarios informaban si habían obtenido las respuestas mediante análisis deliberado o insight.
"Cuando observamos la actividad cerebral asociada a soluciones que la gente etiquetó como momentos ajá frente a aquellas que etiquetaron como analíticas, vimos diferencias muy consistentes y sistemáticas en la actividad cerebral, así que hay diferentes mecanismos cerebrales asociados a esos dos tipos de soluciones".
No solo confirmaron que los momentos ajá no eran ningún cuento de hadas; también lograron capturarlos en acción, localizando dónde y cuándo surgían en el cerebro.
John Kounious con traje beige y corbata a rayas en tonos azules y naranja, mirando hacia la derecha y sosteniendo una cabeza de maniquí con electrodos de colores. Al lado, portada del libro Eureka Factor que es azul y en el medio tiene un estallido representado con una estrella brillante y grande
Fuente de la imagen,Cortesía de John Kounios
Pie de foto,John Kounios escribió su libro junto con Mark Beeman, pues juntos habían investigado durante años los mecanismos cerebrales que intervienen en la creatividad y los momentos ajá
John Kounios escribió su libro junto con Mark Beeman, pues juntos habían investigado durante años los mecanismos cerebrales que intervienen en la creatividad y los momentos ajá.
"También existen otras diferencias", señaló Kounios.
"Si antes de darte un acertijo te pido que recuerdes tres palabras, eso interferirá con el razonamiento analítico, que requiere atención y memoria de trabajo", explicó. "El insight, en cambio, surge de procesos inconscientes. No le importa lo que esté ocurriendo en tu conciencia en ese momento".
Estudios posteriores sugieren que los momentos ajá nos alegran, dejan huella en la memoria, aparecen cuando la mente por fin afloja y producen una satisfacción que no necesita premio.
"Una ráfaga de alegría"
Un momento ajá puede durar apenas un segundo, pero sus efectos suelen ir más allá.
"Te dan una ráfaga de alegría", dice Kounios. "Hay pequeños momentos ajá y hay grandes. Los grandes pueden hacerte sentir bien durante mucho tiempo; los pequeños, quizás solo por un rato".
Además dejan huella. Quizás porque llegan de golpe, pero también porque traen consigo una mezcla poderosa de sorpresa, claridad y emoción. Algo hace clic y lo que se entiende de ese modo tiende a quedarse en la memoria.
De ahí que Kounios vea en estos destellos un posible valor práctico para la enseñanza.
"Si simplemente le presentas una idea a un estudiante, tal vez la recuerde, tal vez no. Pero si logras que entienda esa idea a través de su propio momento ajá, es más probable que la recuerde después".
Y si eso pudiera fomentarse de manera más sistemática en educación, cree Kounios, los beneficios podrían ser reales: no solo porque los estudiantes recordarían más, sino porque también disfrutarían más el proceso.
"Es divertido tener un momento ajá". Y eso importa: cuando entender algo produce placer, da más ganas de seguir pensando.
Eso es algo que Kounios ha visto de cerca: en algunos experimentos, al terminar las pruebas, varios participantes "las disfrutaron tanto que querían seguir, sin pago ni nada. A la gente le gustan los rompecabezas. Le gusta leer novelas de misterio. Le gustan los momentos ajá".
Lo curioso es que a menudo aparecen cuando dejamos de buscarlos.
Dos acertijos: uno con 9 puntos dispuestos en una cuadrícula de 3 × 3, que pregunta "Cómo puedes conectar los 9 puntos usando solo 4 líneas, sin repasar ni levantar el lápiz del papel". El otro con crayones dispuestos de manera que forman, en números romanos: IV = III - I, y pregunta "Cómo puedes hacer que esta ecuación sea correcta, moviendo solamente un crayón.
Pie de foto, Los estudios de investigación del insight usan acertijos como estos en sus experimentos. *Las soluciones están al final del artículo.
Quizás te ha pasado. Llevas rato atascado con una idea, una palabra, una solución. Le das vueltas y nada. Entonces te vas a bañar, sales a caminar o te distraes con cualquier cosa, y justo ahí, sin avisar, aparece. Como si la mente hubiera seguido trabajando por debajo mientras tú estabas en otra parte.
Por eso, cuando alguien se bloquea, uno de los consejos más repetidos es justamente alejarse un rato del problema. En psicología, a eso lo llaman "incubación": un período en el que la atención consciente se afloja, pero el cerebro, al parecer, no suelta del todo el hilo.
Para Kounios, "hay muchas razones para seguir explorando los momentos ajá", pues pueden dar lugar a un avance científico, una idea de negocio, una canción o una novela. O brindar una perspectiva transformadora sobre un dilema personal.
Él mismo tuvo su propio momento ajá.
"Lo recuerdo muy bien: fue en 1999. Yo había trabajado sobre todo en los mecanismos cerebrales de la memoria, pero quería dedicarme a algo distinto, un terreno casi inexplorado.
"Llevaba semanas pensándolo cuando, un día, sentado frente a una computadora en el campus, se me ocurrió de golpe que debía estudiar la neurociencia de la creatividad. Esa idea cambió el rumbo de mi carrera".
Y lo llevó a estudiar los momentos ajá.
En el caso de Helen Keller, aquel instante asombroso con el agua corriendo por sus manos, no fue solo la comprensión súbita de una palabra. Fue la apertura de un mundo.
Se convirtió en la primera persona sordociega en obtener un título universitario, escribió libros, fue amiga de Mark Twain, Alexander Graham Bell y Charlie Chaplin, y recibió la Medalla Presidencial de la Libertad.
Y todo empezó en un pozo, con Anne Sullivan, y un momento ajá.
Gráficos: Daniel Arce-López, del equipo de Periodismo visual de BBC News Mundo.
Soluciones de los acertijos con los 9 puntos, mostrando que para lograrlo hay que extender las líneas más allá del borde de los puntos, y la de los crayones, que sólo requiere mover el que estaba en el signo = en el original adonde estaba -, para que quede: IV - III = I
_- La imagen de Marilyn Monroe de los primeros años es menos reconocida globalmente.
Basta con mirar la cantidad de exposiciones, documentales y homenajes organizados estos días por el centenario de Marilyn Monroe para entender lo vigente que sigue siendo su figura.
La icónica estrella de Hollywood habría cumplido 100 años este 1 de junio y son muchos los fans que quieren celebrarlo.
No deja de ser sorprendente que una artista que brilló en una era sin internet ni redes sociales, que murió hace más de 60 años, y cuyas películas rara vez se exhiben en salas de cine o plataformas siga siendo tan relevante.
"Creo que hay una clave y es que simboliza una era perdida de Hollywood de glamur y estrellato", le dice a BBC Mundo Lucy Bolton, profesora de Filosofía del cine en la Queen Mary University of London.
"Ya no hay estrellas como ella, por muchas razones. La suya es una imagen individual extremadamente fuerte".
"A otras estrellas como Elizabeth Taylor o Ava Gardner se las asocia de una u otra forma con otros actores famosos, Frank Sinatra. Richard Burton… pero Marilyn, sí, se casó tres veces -la primera muy joven con un chico común y corriente, luego con la estrella de béisbol y después con la estrella literaria- pero no se la conoce por ellos, sino por su extraordinaria imagen", señala Bolton.
Una imagen que a menudo ha sido distorsionada y que apenas en los últimos años ha empezado a emerger con otro significado.
Marilyn Monroe sopla la vela de una tarta el 1 de junio de 1956
Fuente de la imagen,Getty Images
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Este 1 de junio se celebra el centenario del nacimiento de Marilyn Monroe.
Una conexión inesperada
¿Por qué la cultura popular siempre se equivoca con Marilyn Monroe?, planteaba en una nota de la BBC en 2022 la escritora y productora creativa Anna Bogutskaya a raíz del estreno de la película Blonde interpretada por Ana de Armas.
Fue una pregunta con la que me sentí muy identificada, después de haber pasado gran parte de mi vida analizando y compartiendo con quien quisiera escucharme las complejidades de un mito generalmente caracterizado como un símbolo sexual atormentado por el peso de la fama.
En esas conversaciones me resultaba díficil explicar cómo surgió mi interés por una actriz a la que nunca conocí, que era de otra época y cuyas películas no eran precisamente las favoritas en mi casa.
Fue extraño —lo admito— que una niña de apenas 10 años en los años 80 quisiera saber más sobre una estrella de Hollywood que para entonces llevaba dos décadas muerta y que, además, no despertaba una devoción especial en la gente de mi entorno.
Marilyn Monroe con la cabeza ladeada y la barbilla apoyada en la mano
Fuente de la imagen,Getty Images
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Marilyn Monroe es uno de los grandes símbolos del Hollywood clásico.
Todo empezó cuando, en un campamento de verano, alguien se disfrazó de Marilyn Monroe e, imitando su voz, dijo que su muerte no fue un suicidio.
Era solo una actuación, pero yo era una niña impresionable y, a partir de ese momento, quise averiguar qué había pasado.
Mis padres no entendían qué había pasado en el campamento para que yo regresara con todas esas preguntas, pero tampoco me juzgaron, imagino que pensarían que era algo pasajero.
Me lancé a ver sus películas, a buscar sus entrevistas, a leer biografías y cualquier reflexión suya que cayera en mis manos.
Me impresionaba esa tristeza que asomaba en algunas fotos, incluso en aquellas en las que sonreía.
Y de alguna manera también pienso que me veía reflejada en ella: por fuera se me veía alegre y sin preocupaciones, pero por dentro estaba llena de temores y peleas que no podía compartir, o al menos no sabía cómo hacerlo.
Marilyn Monroe dando una voltereta en una playa
Fuente de la imagen,Getty Images
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A menudo se pasa por alto la capacidad de Marilyn Monroe de vivir con alegría.
Con el tiempo he aprendido que una de las razones por las que perdura el hechizo de Marilyn Monroe es que a mucha gente le ocurre lo mismo, se identifican con ella.
"Organicé un día de estudio sobre Marilyn en el British Film Institute hace unos años", cuenta la profesora Lucy Bolton.
"Era un día abrasador de julio y el cine estaba lleno de gente que quería hablar de Marilyn. No proyectábamos películas, era un día de estudio sobre su figura. Hice un pequeño cuestionario, con unas preguntas tipo 'por qué estás aquí, por qué te encanta Marilyn, etc'. Las respuestas fueron increíbles", dice.
"La mayoría decía: era brillante, fue una gran comediante, la más bella de todos los tiempos, pero otras respuestas eran realmente personales: 'tenía endometriosis, como yo', 'perdió bebés y yo también', 'fue abusada sexualmente, yo también lo fui'… los puntos de conexión eran muy fuertes", resalta Bolton.
"Marilyn tenía problemas para que la tomaran en serio y creo que eso nos pasa a todos. Estaba muy adelantada a su tiempo y eso ahora se aprecia más".
Una visión superficial
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Marilyn Monroe se cubre el rostro con la mano
Marilyn Monroe vivió momentos de desolación durante su vida.
Durante décadas se presentó a Marilyn Monroe como una actriz problemática que llegaba tarde a los rodajes, que interpretaba mujeres exuberantes sin mucho cerebro y que fracasaba en las relaciones sentimentales.
Se escribían reportajes sobre su infancia desgraciada, su temor a heredar los problemas de salud mental de su madre o su vacío por la falta de una figura paterna que, decían, intentaba suplir con sus distintos romances.
"Definitivamente Marilyn atraviesa muchas narrativas, pero a menudo se la conoce (o se la ha conocido) como víctima: víctima de los hombres, de los Kennedy, la mafia, de jefes de la industria como Darryl Zanuck, víctima de los estudios, víctima de los medicamentos, las adicciones, el alcohol", expone Bolton.
De alguna manera, esta percepción caló en la propia Monroe que, en su última entrevista concedida a la revista Life poco antes de su muerte, le dijo al periodista: "Por favor, no me hagas quedar como un chiste".
Sin embargo, en los últimos años parece haber surgido un esfuerzo por ir más allá y reconocer muchos de sus talentos.
Una nueva Marilyn
"Cada vez se la ve más como una rebelde, como alguien que quería romper con los estudios, esculpir su propia carrera, tomar sus propias decisiones", apunta Bolton.
"Fue una de las primeras mujeres en tener una productora propia, estaba muy involucrada en la creación y la curación de su imagen, su maquillaje, sabía exactamente cómo quería lucir, qué quería vestir, no se dejaba dictar por la moda, ni por los estudios, por sus esposos o nadie".
Es algo que yo misma he percibido en mi pequeño mundo. Las semblanzas y biografías que leí aquellos primeros años, los 80 y los 90, eran trágicas y a menudo paternalistas.
Ahora es diferente. Incluso en mi entorno poco interesado de aquellos años noto que hay una aproximación diferente. Ya no me miran con extrañeza.
Marilyn Monroe y Jack Lemmon en una escena de "Una Eva y dos Adanes" ("Con faldas y a lo loco" en España)
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En Some Like it Hot Marilyn Monroe interpretó a uno de sus personajes más memorables.
Para la profesora Lucy Bolton, el cambio en la mirada se produjo sobre todo a partir del lanzamiento del libro Fragments (2012), una suerte de archivo personal de poemas, notas íntimas y cartas de la actriz.
"Vimos sus escritos. Escribía en todas partes, en papel de hotel, en diarios, cuadernos… constantemente quería mejorar. También creo que quizás la bajada del interés en el cine y en las estrellas ha permitido que su personalidad pase al frente", opina.
"Hay un fuerte impulso de los fans, de académicos, de las redes sociales por intentar hacer más justicia con estas mujeres que son reducidas a estereotipos simplistas. Creo que su inteligencia y complejidad son ahora más interesantes para la gente", añade.
Marilyn Monroe en una escena de Bus Stop
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Bus Stop (1956) fue una de las películas producidas por Marilyn Monroe Productions.
La imagen de fragilidad que transmite en algunas de sus escenas y que se prolongó durante tanto tiempo fuera de las pantallas parece estar dejando paso a la de una mujer sin miedo que se implicaba políticamente, defendía los derechos civiles y no parecía tener demasiado apego por lo material.
"Era una pensadora progresista y creo que lo que no podía soportar era la hipocresía. Y sí, su vida fue dura, por supuesto tenía el historial de salud mental en su familia, la industria fue muy dura con ella, lidió con adicciones y con médicos poco fiables que le dieron muchas pastillas", reconoce la profesora de la Queen Mary University of London.
"Muchos hombres que la rodeaban no miraban por ella y aun así mira el trabajo que hizo, lo que ha perdurado… debe haber sido una persona con mucha fuerza para ser tan memorable".
Marilyn Monroe recostada leyendo un libro
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Marilyn Monroe se esforzó por hacerle ver al mundo su pasión por los libros.
Reconozco que yo tardé tiempo en salir de la dinámica de la "compasión" para descubrir a esa Marilyn fuerte y valiente.
La que dio la cara por los suyos sin importarle cómo pudiera afectar eso a su carrera. La que devoraba libros y se implicaba en la actualidad política del momento.
La que mantenía largas relaciones de amistad. La que siguió queriendo aprender y conocerse a sí misma.
La que ahora cumple 100 años convertida en un fenómeno global sin visos de desaparecer.
"No se escribe para ser escritor, ni se lee para ser lector. Se escribe y se lee para comprender el mundo. Nadie, pues, debería salir a la vida sin haber adquirido esas habilidades básicas". J. J. Millás.
"Nada curo llorando y nada empeoraré si gozo de la alegría" (Arquílaco).
Tome color. El año pasado, los investigadores alemanes hallaron que sólo echando un vistazo a los tonos de verde pueden impulsar la creatividad y la motivación. No es difícil adivinar por qué: asociamos colores verdes con vegetación, alimentos - tonos que prometen alimento. Esto podría explicar en parte por qué las vistas de paisajes desde la ventana, en programas de investigación, puede acelerar la recuperación del paciente en los hospitales, ayuda al aprendizaje en las aulas y estimula la productividad en el lugar de trabajo.
Esta lluvia amiga... A la tierra la volvió jardín, dicen que el campo se cubrió de verde, el color más bello, el color de la esperanza. Y la isla de mi corazón en pocos días es tempestad que ya viró a bonanza. (De la canción Regreso, de Cesarea Evora).
Joan Manuel Serrat. Aquellas pequeñas cosas,...Uno se cree/que las mató /el tiempo y la ausencia. /Pero su tren/ vendió boleto/ de ida y vuelta./ Son aquellas pequeñas cosas,/que nos dejó un tiempo de rosas/en un rincón,/en un papel/ o en un cajón./Como un ladrón/te acechan detrás/de la puerta./Te tienen tan/a su merced/como hojas muertas/que el viento arrastra/ allá o aquí,/que te sonríen tristes y...
Violeta Parra.
Gracias a la vida (Thanks to the life)
Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco, ...
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro al fruto del cerebro humano
Cuando miro al bueno tan lejos del malo
cuando miro al fondo de tus ojos claros.
...
Volver a los 17.
Volver a los diecisiete después de vivir un siglo ...
"Una vida humilde y tranquila trae más felicidad que la persecución del éxito y la constante inquietud que implica". Albert Einstein (1879-1955)
Libros
50 Cosas que hay que saber sobre Física, 2009. Joanne Baker
50 Cosas que hay que saber sobre Matemáticas, 2009. Tony Crilly
50 cosas que hay que saber sobre psicología, 2008 Adrian Furnham
A Física en Banda Desenhada. 2005. Larry Gonick e Art Huffman
Al servicio del Reich. La física en tiempos de Hitler. Philip Ball. 2014
Ángel González
Antología, Federico García Lorca
As Pequenas Memórias, José Saramago
Belén Gopegui, El lado frío de la almohada
Blas de Otero
Campos de Castilla, Antonio Machado
Canto General, Pablo Neruda
Cantos Iberos, Gabriel Celaya
Cien años de soledad, Gabriel García Márquez
De Arquímedes a Einstein. 2007. Manuel Lozano Leyva
Einstein et la relativité, Jean Eisenstaedt
El enigma cuántico. Encuentros entre la física y la conciencis. B. Rosenblum y F. Kuttner. Tusquets, 2010.
El factor humano, John Carlin
El libro de las matemáticas. 250 hitos de la historia de las matemáticas, 2011. Clifford A. Pickover. Ilus Books.
El olvido de la razón, Juan José Sebreli
El PCE y el PSOE en (la) transición, Juan A. Andrade Blanco, 2012. Siglo XXI.
El Prisma y el péndulo, Robert Crease
El Quijote, Miguel de Cervantes
El romancero gitano, Federico G.Lorca
Emma. 2001. Howard Zinn.
Eric J. Hobsbawm, Política para una izquierda racional
Eternidades, Juan Ramón Jiménez
Evaluación de la lengua escrita y dependencia de lo literal. 2009. Maite Ruíz Flores
Feynman, Richard P. El carácter de la ley Física
Geometría para turistas. 2009. Claudi Alsina
Giles Macdonogh. Después del Reich. Crimen y castigo en la posguerra alemana. 2011. Galaxia Gutenberg
Hacemos ciencia en la escuela. 2009. Grao
Imperialismo Humanitario. 2008. Jean Bricmont
Imposturas intelectuales, A. Sokal y J. Bricmont
José Hierro
Kosovo. La coartada humanitaria. Isaac Rosa y otros
L`Etat démantelé. 2010. L. Bonelli et W. Pelletier. La Découverte.
La Alemania nazi, Enzo Collotti
La CIA y la guerra fría cultural. Frances Stonor Saunders. Edt. Debate. 2001
La cocina de Menorca, Josep Borrás
La disciplina en la conciencia: Las Brigadas Internacionales, Mirta Núñez
La educación Lenta, 2009. Joan Domenech Francesch
La poesía española de 1935 a 1975. II de la poesía existencial a la poesía social 1944-50
La resistencia Alemana contra Hitler 1933-1945. 2005. Barbara Koehn
Las Ciencias en la escuela, M. Catalá, R. Cubero y otros
Las leyes del caos. Ilya Prigogine. Critica. Drakontos bolsillo, 2008
LEONARDO DA VINCI Walter Isaacson. 2018
Los caminos cuánticos. Feynman. J. Navarro Faus. Nivola, 2007
Los versos del capitán, Pablo Neruda
Marinero en Tierra, Rafael Alberti
Más allá de las imposturas intelectuales. Ciencia, filosofía y cultura. 2009. Alan Sokal
Momentos estelares de la ciencia, 2008. Isaac Asimov
Odas y Sonetos, John Keats (ed. bilingüe)
Odifreddi, Piergiorgio. 2007. Juegos Matemáticos Ocultos en la Literatura. Octaedro.
Pablo Neruda. Antología General, 2010. Real Academia Española
Paroles, Jacques Prévert
Poesía, Miguel Hernández
Poeta en Nueva York, Federico G. Lorca
Qué significa todo eso. Reflexiones de un científico ciudadano. Richard P. Feynman. Crítica. Drakontos, 2010
Science 101 Physics. 2007. Barry Parker.
Sed sabios, convertíos en profetas, G. Charpak y R. Omnès
Seis piezas fáciles, 2008. Richard P. Feynman
Soberanos e intervenidos, Joan E. Garcés. Siglo XXI Editores, 2000. (original del 96)
Sobre la guerra. La paz como imperativo moral, 2008. Howarrd Zinn
Walter Benjamin. 2010. Revista Anthropos
Weinberg Steven, 2010. El sueño de una teoría final. Drakontos