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domingo, 5 de febrero de 2017

CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN RUSA, Richard Pipes: “No hubo nada positivo ni grandioso en la Revolución Rusa”. El historiador, una de las máximas autoridades sobre la URSS, condena radicalmente todo cuanto guarda relación con ese periodo.

Considerado una de las máximas autoridades (1) en estudios de historiografía soviética a escala mundial, Richard Pipes (Cieszyn, Polonia, 1923), catedrático emérito de la Universidad de Harvard, es autor de más de 25 volúmenes de historia, entre los que destaca La Revolución Rusa, monumental estudio de mil páginas, originalmente publicado en 1990, considerado uno de los análisis más rigurosos y exhaustivos jamás escritos sobre la Revolución Rusa, cuyo centenario se conmemora en 2017. Pese a su innegable brillantez, el libro no fue recibido de manera unánimemente favorable, dado el radicalismo con que Pipes condena cuanto guarda relación con el fenómeno histórico que estudia. La entrevista tiene lugar en su casa de Harvard, una mansión de aspecto profesoral situada en una calle recogida, un día lluvioso. Pipes, de 93 años, es un hombre lúcido y afable, de conversación tranquila. En el vestíbulo de su casa se acumulan cajas llenas de papeles manuscritos, las notas de toda una vida dedicada a la investigación, que pronto serán trasladadas a la biblioteca de Harvard con la idea de reunirlas en un archivo que llevará el nombre del prestigioso profesor.

PREGUNTA. El año 2017 marca el centenario de la Revolución Rusa, uno de los acontecimientos clave del siglo XX. ¿Cuál es el legado de un fenómeno de semejante envergadura histórica?
RESPUESTA. Millones de cadáveres. La Revolución Rusa fue uno de los sucesos más trágicos del siglo XX. No hubo absolutamente nada positivo ni grandioso en aquel acontecimiento. Entre otras cosas, arrastró a la humanidad a la II Guerra Mundial. Los sóviets establecieron un régimen de terror sin precedentes. No tuvieron ningún escrúpulo a la hora de establecer una alianza con los nazis en la II Guerra Mundial. Hitler no se hubiera atrevido a iniciar las hostilidades si Rusia no hubiera estado a su lado.

P. ¿Cómo se hizo historiador?
R. La historia me ha interesado desde niño. Mis padres, judíos polacos, abandonaron el país huyendo de los nazis. Uno de mis últimos recuerdos es cuando vi a Hitler desde el balcón de mi casa, desfilando triunfalmente por las calles de Varsovia, días después del comienzo de la ocupación de Polonia. Cuando llegamos a EE UU me matriculé en un college de Ohio. Durante la guerra me destinaron a una unidad especial de estudios y aprendí ruso en tres meses. Ingresé en Harvard en 1946, y allí me matriculé en Historia, especializándome en estudios soviéticos, que entonces era un campo muy abierto en el que hacían falta especialistas. La historia explica cómo hemos llegado al lugar donde nos encontramos. Si se quiere entender EE UU, comprender la textura de la mentalidad del país, es absolutamente imprescindible estudiar su historia. La historia nos explica el medio en el que nos movemos y vivimos.

P. El curso de la Revolución Rusa lo determinaron las figuras formidables de Lenin y Stalin, que usted estudia en profundidad. ¿Podría compararlas?
R. Stalin tomó a Lenin como modelo, pero sus personalidades eran totalmente distintas. Lenin inicia la revolución y Stalin acaba con ella. Los dos fueron responsables de la muerte de muchos seres humanos, aunque la balanza se inclina pavorosamente del lado de Stalin por lo que al número de víctimas se refiere. Básicamente, Lenin era indiferente a la vida humana; si tenía que disponer la muerte de alguien, lo hacía sin problemas, pero Stalin disfrutaba decretando el exterminio de millones de personas. Tenía instintos sádicos. Lenin era un idealista, fanático en grado superlativo, creía a ciegas que la abolición del capitalismo y el advenimiento del socialismo extenderían la revolución por todo el mundo. Su muerte tiene algo de trágico: murió decepcionado, perfectamente consciente de que el sueño de la revolución había fracasado. Stalin, sin embargo, llegó a ver cómo la revolución se extendía a gran parte de Europa. Muchos lugares del mundo abrazaron el comunismo estando él en el poder, pero el régimen que creó traicionó el espíritu de la revolución. Una diferencia importante con respecto a Lenin era que poseía un ego desaforado.

P. Cuando compara a Stalin con Hitler, parece que se desdibujan las diferencias, pese a que sus ideologías eran antagónicas.
R. Los dos fueron responsables directos de la muerte de millones de personas, que perpetraron en nombre de sus ideologías, que se sustentaban sobre premisas radicalmente distintas. El nazismo se apoyaba en la sangre, y el comunismo, en la fe, pero en cuanto a la persecución que cada uno de los dos regímenes llevó a cabo no hubo apenas diferencias. Ambos construyeron campos de exterminio. Stalin también persiguió a gente en virtud de su origen nacional. Y es un hecho que acabaron colaborando. En el balance final, los dos regímenes tienen mucho en común.

P. ¿Cómo explica que Alexandr ­Solzhenitsin, cuya repulsa al régimen soviético es comparable a la suya, estuviera en total desacuerdo con sus tesis sobre la Revolución Rusa?
R. La raíz de nuestra discrepancia estriba en que para él la Revolución Rusa fue una violación de la historia, un atentado contra el espíritu ruso, mientras que en mi opinión la Revolución Rusa hundía sus raíces en el pasado del país, está profundamente imbricada con su historia.

P. Usted sostiene que en la historia del pueblo ruso hay una larga tradición de admiración por los líderes fuertes, autócratas.
R. Los rusos no soportan la debilidad. Les gustan los líderes fuertes. Hay una razón histórica por detrás de todo esto: el Estado ruso no ha sido nunca suficientemente coherente, y la única manera de darle coherencia es mediante la intervención de un líder potente. Todos los héroes de la historia rusa son personalidades fuertes: Iván el Terrible, Pedro el Grande, Alejandro III, Stalin, y ahora Putin, un autócrata que cuenta con la aprobación del 85% de la población.

P. ¿En qué consistió su trabajo como asesor de Ronald Reagan?
R. Me nombró miembro del Consejo Nacional de Seguridad para cuestiones relacionadas con la Unión Soviética y Europa Oriental.

P. ¿Qué era el Equipo B, creado por usted?
R. Un equipo de trabajo integrado por expertos que realizaban labores de inteligencia para la CIA en relación con el futuro de la Unión Soviética. Complementaba el trabajo del Equipo A, que realizaba directamente la CIA.

P. ¿Cree que Reagan aceleró la caída del imperio soviético?
R. Sí, aunque el régimen soviético cayó por razones internas, no por influencia externa de ninguna clase. ­Reagan no provocó el colapso, el colapso vino de dentro.

P. Reagan fue su presidente favorito. ¿Qué opinión le merece Obama?
R. Es un hombre débil, y su política exterior, muy desacertada.

P. ¿Qué piensa de Donald Trump?
R. Tengo una opinión muy baja de él. Me gustaría que me decepcionara y resultara ser mejor de lo que creo que es; tiene un ego desaforado, que me recuerda mucho a ciertos dictadores europeos. Es totalmente distinto a todos los presidentes americanos que yo haya estudiado jamás. Soy republicano, pero en las últimas elecciones voté demócrata. Ahora mismo EE UU atraviesa una crisis gravísima, de la que la elección de Trump es un síntoma inequívoco. Hace 20 o 30 años eso no hubiera podido suceder. Me resulta incomprensible que la gente le haya votado y no sé qué esperan que haga. Ser presidente de EE UU requiere ciertas cualidades de las que Trump carece.

P. ¿Qué va a pasar?
R. Lo van a echar, es capaz de violar la Constitución.

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/01/27/babelia/1485532487_550316.html







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(1) Lo he colgado en mi blog como ejemplo de encumbramiento de una persona a un nivel que objetivamente no parece merecer por méritos como historiador. ¿Cómo hace tranquilamente todas esas afirmaciones sin relación causal con los hechos? Y recibe, además, honores por ello de la Universidad clasificada con el número uno en la casi totalidad de clasificaciones internacionales de calidad de universidades.
Sin duda, la primera razón es que el sesgo de sus publicaciones esta escorado a la derecha, hacia los poderosos y en eso trabajó directamente para Reagan en el llamado por él, grupo B, con la función de procurar argumentos ideológicos para su puesta en práctica en la Guerra Fría.

Ignora los antecedentes.
Pipes, de origen judío, tiene que huir de Polonia, su país, cuando es invadida por los alemanes y, con seguridad, gracias a ello, se salvó de morir asesinado, de hambre o por gas tóxico en un campo de concentración, como le ocurrió a 6 millones de personas de su etnia. Pues bien, aún así, afirma que la II G. M. la provocaron los soviéticos, cuando lo que hicieron fue defenderse de la invasión, como muestran el desarrollo de los acontecimientos y los hechos.

La afirmación de que la revolución rusa no tuvo nada de positivo, hecha por un historiador, no se comprende más que admitiendo que se ignoran los hechos y se defienden ideas preconcebidas. En primer lugar se ignoran voluntariamente el régimen de servilismo imperante en Rusia, donde las personas eran compradas y vendidas como si fueran propiedades del patrón. La miseria, el hambre, el maltrato, las injusticias y abusos, campaban a sus anchas. Hay numerosos testimonios de ello,... "los relatos de Chéjov constituyen a juicio de muchos, los más perfectos que nos regala la literatura universal. Entre ellos, en “Los campesinos” (1897), Nikolái Chikildéiev, camarero en Moscú, enferma gravemente y se ve obligado a ir a vivir con su familia a la aldea, donde morirá en poco tiempo. Conocemos así las condiciones de vida del campo ruso bajo el zarismo en su real dureza. No es la miseria física sólo y el hambre saciada con mendrugos de pan remojados en agua. Más allá de ella, es la ignorancia extrema, la brutalidad del hombre con la mujer y del fuerte con el débil siempre, el infierno del alcohol (calderos de vodka), y el destino de los niños nacidos entre la podredumbre, enfermos de alma y cuerpo."...

Se ignoran los antecedentes como la llamada revolución de 1905, donde en una manifestación pacífica, de familias enteras, que pedían mejoras laborales, fueron asesinados por el ejercito más de 2000 obreros y campesinos, niños y mujeres, ignorándose la cifra exacta.

Se ignora también la desastrosa marcha de la guerra ruso-japonesa. En febrero de 1905, el ejército ruso fue derrotado en Mukden, perdiendo alrededor de 90.000 hombres. Ante estas derrotas, el ministro Serguéi Witte emprendió rápidamente las negociaciones de paz con Japón, firmando el 5 de septiembre el Tratado de Portsmouth con mediación de Estados Unidos y donde el Imperio Ruso se reconocía derrotado. ...

Ignora lo que aportó la revolución y lo que supuso.
Le podemos contestar con las palabras de otro profesor universitario, en este caso de la U. de Coimbra.
"¿Puede el capitalismo promover el bienestar de las grandes mayorías sin que esté en el terreno de la lucha social una alternativa creíble e inequívoca al capitalismo? Este fue el problema de que la Revolución Rusa resolvió, y la respuesta es no.

La Revolución Rusa mostró a las clases trabajadoras de todo el mundo, y muy especialmente a las europeas, que el capitalismo no era una fatalidad, que había una alternativa a la miseria, a la inseguridad del desempleo inminente, a la prepotencia de los patrones, a los gobiernos que servían a los intereses de las minorías poderosas, incluso cuando decían lo contrario. Pero la Revolución Rusa ocurrió en uno de los países más atrasados de Europa y Lenin era plenamente consciente de que el éxito de la revolución socialista mundial y de la propia Revolución Rusa dependía de su extensión a los países más desarrollados, con sólida base industrial y amplias clases trabajadoras. En aquel momento, ese país era Alemania.

El fracaso de la Revolución alemana de 1918-1919 hizo que el movimiento obrero se dividiera y buena parte de él pasase a defender que era posible alcanzar los mismos objetivos por vías diferentes a las seguidas por los trabajadores rusos."... (Boaventura de Sousa Santos)

La existencia de la URSS dió lugar al reformismo, sobre todo en Europa. "...el reformismo dio origen a la socialdemocracia europea, un sistema político que combinaba altos niveles de productividad con altos niveles de protección social. Fue entonces cuando las clases trabajadoras pudieron, por primera vez en la historia, planear su vida y el futuro de sus hijos. Educación, salud y seguridad social públicas, entre muchos otros derechos sociales y laborales. Quedó claro que la socialdemocracia nunca caminaría hacia una sociedad socialista, pero parecía garantizar el fin irreversible del capitalismo salvaje y su sustitución por un capitalismo de rostro humano.

Entretanto, del otro lado de la “cortina de hierro”, la República Soviética (URSS), pese al terror de Stalin, o precisamente por su causa, revelaba una pujanza industrial portentosa que transformó en pocas décadas una de las regiones más atrasadas de Europa en una potencia industrial que rivalizaba con el capitalismo occidental y, muy especialmente, con Estados Unidos, el país que emergió de la Segunda Guerra Mundial como el más poderoso del mundo." (Boaventura de Sousa Santos).

La guerra fría fue la que "determinó el perdón, en 1953, de buena parte de la inmensa deuda de Alemania occidental contraída en las dos guerras que infligió a Europa y que perdió." (Aquí muestra, al contrario de Pipes que llega a acusar a la URSS, que las dos guerras mundiales las provocó Alemania)(idem)

"Los últimos años mostraron que, con la caída del Muro de Berlín, no colapsó solamente el socialismo, sino también la socialdemocracia. Quedó claro que las conquistas de las clases trabajadoras en las décadas anteriores habían sido posibles porque la URSS y la alternativa al capitalismo existían. Constituían una profunda amenaza al capitalismo y éste, por instinto de supervivencia, hizo las concesiones necesarias (tributación, regulación social) para poder garantizar su reproducción. Cuando la alternativa colapsó y, con ella, la amenaza, el capitalismo dejó de temer enemigos y volvió a su voracidad depredadora, concentradora de riqueza, rehén de su contradictoria pulsión para, en momentos sucesivos, crear inmensa riqueza y luego después destruir inmensa riqueza, especialmente humana." (Idem)

Ignora el presente y el posible futuro
"Desde la caída del Muro de Berlín estamos en un tiempo que tiene algunas semejanzas con el período de la Santa Alianza que, a partir de 1815 y tras la derrota de Napoleón, pretendió barrer de la imaginación de los europeos todas las conquistas de la Revolución Francesa. No por coincidencia, y salvadas las debidas proporciones (las conquistas de las clases trabajadoras que todavía no fue posible eliminar por vía democrática), la acumulación capitalista asume hoy una agresividad que recuerda al periodo pre Revolución rusa. Y todo lleva a creer que, mientras no surja una alternativa creíble al capitalismo, la situación de los trabajadores, de los pobres, de los emigrantes, de los jubilados, de las clases medias siempre al borde de la caída abrupta en la pobreza no mejorará de manera significativa. Obviamente que la alternativa no será (no sería bueno que fuese) del tipo de la creada por la Revolución rusa. Pero tendrá que ser una alternativa clara. Mostrar esto fue el gran mérito de la Revolución rusa." (Boaventura de Sousa Santos)

Otro profesor de Historia, Josep Fontana, lo tilda de energúmeno, no de historiador, había sido reclutado por Bush padre para el grupo B. Sus afirmaciones son relatos inventados para la Guerra Fría.

miércoles, 20 de julio de 2016

DANI RODRICK / PROFESOR DE ECONOMÍA INTERNACIONAL EN HARVARD. “Las élites políticas deben moderar el capitalismo”

¿Por qué la pifian los economistas? Dice Dani Rodrick (Estambul, 1957) que tiene mucho que ver la fe ciega que a veces les profesan a determinados modelos, porque la misma política puede resultar positiva en un momento de la historia en un país, pero fallar estrepitosamente en el mismo sitio un tiempo después. Rodrick, profesor de Economía Internacional en la Universidad de Harvard, ha sido muchas veces un verso suelto en el debate económico global, como cuando empezó a cuestionar la globalización financiera o consideraba que había llegado el momento de replantearse las políticas industriales. “Esas son batallas relativamente fáciles de ganar, en el momento en el que una idea se convierte en mayoritaria, es porque ya está equivocada”, comenta divertido en su despacho en el campus.

En el primer minuto de la entrevista cita el gran suceso político del momento: Donald Trump. Rodrick llegó a Estados Unidos como estudiante y ha vivido en sus dos costas, pero este trozo del mundo no se conoce de veras, dice, si no se ha vivido también en esa gigantesca parte central. Por eso renuncia a descifrar el origen del trumpismo —tampoco los nativos saben explicar el porqué—, aunque sí subraya un mensaje sobre la primera potencia del mundo: “Algo que explica el éxito de Estados Unidos es que, en última instancia, el pragmatismo vence”.

La política económica estadounidense, piensa, ha bailado al son que convenía en cada momento. “Ha sido proteccionista cuando ha funcionado, orientada al libre mercado cuando era necesario, reinventó el capitalismo en los treinta con el new deal, se volvió keynesiana en los años sesenta y también lo hizo más recientemente después de la crisis financiera”, explica el profesor. Su último libro, Las leyes de la economía (Deusto, 2016), habla precisamente de lo relativo de los grandes dogmas económicos.

¿Y sobrevivirá ese pragmatismo norteamericano si Trump, el candidato republicano, se convierte en el presidente? “Mi esperanza es que sí”, dice Rodrick, “creo que su ideología es la reacción a otra opuesta: en los últimos 20 o 30 años en Estados Unidos ha arraigado un tipo de fundamentalismo del mercado que ha sido un cierto abandono de ese talante pragmático, desde Reagan, que fue a su vez reacción a las políticas de los cincuenta y los sesenta”, señala. A su juicio, “la noción de libre mercado se ha convertido en un fetiche en este país”. Un augurio optimista, dice, es que las élites se den cuenta de lo ocurrido y regresen a políticas más moderadas.

La desigualdad ha crecido a pasos agigantados en las tres últimas décadas en Estados Unidos, el país que se ha vanagloriado de esa clase media que conducía coches Ford. La pérdida de muchos empleos en favor de mercados de mano de obra más barata ha abonado las críticas a la globalización. Y tanto Trump, aspirante republicano a la Casa Blanca, como Bernie Sanders, el izquierdista rival de Hillary Clinton entre los demócratas, han apuntado con el dedo a los tratados de libre comercio. El TTIP, que es el pacto que Estados Unidos y Europa negocian, también ha provocado reacciones incendiarias en el Viejo Continente.

“El rechazo a la globalización es real”, afirma, “y si las élites políticas no se dan cuenta de que necesitamos nuevas normas, esta reacción puede llevarnos en una dirección hacia un proteccionismo significativo. La historia del capitalismo muestra que este es modulable, que las élites siempre lo han ido rediseñando y moderando para que dé respuestas”.

¿Tan malo sería ese giro proteccionista? “La economía global está ya muy abierta”, considera. “Si no firmásemos el TTIP o el Acuerdo Transpacífico (TPP), creo que no pasará nada malo, a diferencia de muchos economistas que creen que esos acuerdos son imperativos”. De hecho, alerta: “Ponemos en riesgo la globalización si presionamos para más acuerdos porque enciende el rechazo a ella”. Sin embargo, la apertura comercial mundial es la que ha permitido a muchos países salir de la pobreza y ha dado alas al crecimiento económico. “Sería una gran pérdida recuperar barreras arancelarias que nos devolvieran a los años cincuenta, sesenta o, aún peor, de los treinta”.

La globalización es una de las tres patas del trilema económico, el concepto que Rodrick acuñó en un artículo en el año 2000 y que resultó rematadamente premonitorio de lo que una década después ocurriría con la crisis griega. El economista ve incompatible que democracia, globalización y soberanía del Estado-nación puedan convivir. “La eurozona es la aplicación real de ese concepto. Está tratando simultáneamente de ser un mercado único y democrático que conserva los Estados-nación y con una unión política integrada…”, dice. “Este trilema está en el corazón del problema estructural de la zona euro. Soy menos optimista con Europa”, remata.

“Hay un gran desequilibrio entre la integración económica, que ha ido muy lejos, y la política, que es muy incompleta”, continúa, “y no veo aún líderes políticos en Europa capaces de reformularlo”. Para el profesor, el Banco Central Europeo y su plan de estímulos “es un punto brillante dentro de las políticas económicas europeas”.

Del libro de Rodrick es fácil inferir que la ideología política contamina también el análisis económico. “Pero es una vía de doble sentido: los líderes pueden apropiarse de ideas económicas y convertirlas en ideologías que sus creadores nunca pretendieron. Siempre pensamos en Adam Smith como el pensador que nos enseñó las bondades de la economía de mercado, pero su conocimiento era sofisticado, no hubiera perdonado este fundamentalismo del mercado”.

La historia reciente anima a cuestionar el llamado Consenso de Washington. “El error está en suponer que un modelo funciona en todos los países y en todos los momentos”. Además, advierte de que se ha olvidado algo: “Aquellos 10 principios fueron la codificación de las políticas que las economías latinoamericanas ya habían adoptado. Se llama Consenso de Washington porque la reunión tuvo lugar allí donde aquellos tecnócratas latinoamericanos describieron lo que en realidad ya estaban haciendo”.

http://economia.elpais.com/economia/2016/06/23/actualidad/1466677071_692718.html

domingo, 17 de julio de 2016

La (verdadera) ciencia de la felicidad. El secreto es simple: sexo, ejercicio, música y charla. Lo demás son patrañas que solo sirven para engrosar unas pocas cuentas corrientes y vaciar todas las demás.

¿Tenían razón los hedonistas? “La naturaleza”, escribió el filósofo y economista inglés Jeremy Bentham (1748-1832), padre del utilitarismo, “ha situado a la humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos, el dolor y el placer; a ellos corresponde en exclusiva señalar lo que debemos hacer, así como determinar lo que acabaremos haciendo”. Desde luego, la cuestión del placer y la búsqueda de la felicidad ha supuesto siempre una enorme atracción para los filósofos, de Platón a Nietzsche, de Aristóteles a Mill, de Epicuro a Hume. Y también parece irresistible para la gran masa de gente que no se dedica a la filosofía profesional, a juzgar por los grandes éxitos de ventas que está consiguiendo un enjambre de autoproclamados chamanes, presuntos profetas e irrebatibles cantamañanas que conforman lo que ya se conoce como “la industria de la felicidad”. Pero la ciencia de la felicidad es otra cosa.  Lee en Materia las reflexiones de uno de los mejores psicólogos experimentales de nuestro tiempo, el psicólogo de Harvard Dan Gilbert.

Gilbert se basa en lo que se debe basar un pensador moderno: en los datos, los experimentos y las teorías que nos revelan la realidad de nuestra mente. El mundo es como es, no como nos gustaría que fuera, y esto vale tanto para los planetas y los átomos como para la asombrosa sociedad de 200.000 millones de neuronas que llevamos dentro del cráneo. Y los datos dicen que el secreto de la felicidad está en cuatro actividades cotidianas al alcance de cualquier bolsillo: sexo, ejercicio, música y conversación. Y no, leer libros de autoayuda no aparece en la lista. Esas obras solo reportan felicidad –en efectivo— a quienes las escriben.

El ruido que hacen los beocios sobre esta materia ha alcanzado tal nivel de decibelios que mucha gente piensa que la psicología es una pseudociencia. No lo es. La psicología es una parte fundamental de las llamadas ciencias cognitivas, una aleación de neurobiología, genética, biología molecular, física, matemáticas, computación, inteligencia artificial y –sí— psicología experimental que, en nuestros días, supone nuestra mejor esperanza de entender el cerebro humano, el objeto más complejo del que tenemos noticia en el universo.

Lo que ocurre, como siempre, es que hay un montón de gente dispuesta a pervertir la psicología a mayor gloria de su propio bolsillo, y otro montón aún mayor que prefiere creerse sus falacias y patrañas en vez de guiarse por el mejor instrumento de conocimiento que tenemos –y tendremos—, que es la ciencia. Lee lo que dice Gilbert y sé feliz si puedes. Confórmate con la verdad.

http://elpais.com/elpais/2016/07/15/ciencia/1468582643_207029.html

jueves, 25 de junio de 2015

Seis claves para ser feliz, según la Universidad de Harvard. Existe una asignatura sobre la dicha en el prestigioso centro educativo. "La alegría también se aprende, como el golf o el esquí"

Cada vez parece más claro que la nueva fiebre del oro no tiene que ver con hacerse millonario ni con encontrar la fuente de la eterna juventud. El tesoro más codiciado de nuestros tiempos es  atesorar felicidad,  un concepto abstracto, subjetivo y difícil de definir, pero que está en boca de todos. Incluso es materia de estudio en la prestigiosa Universidad de Harvard.

Durante varios años, algunos de los estudiantes de Psicología de esta universidad americana han sido un poco más felices, no solo por estudiar en una de las mejores facultades del mundo, sino porque, de hecho, han aprendido a través de una asignatura. Su profesor, el doctor israelí  Tal Ben-Shahar, es experto en Psicología Positiva, una de las corrientes más extendidas y aceptadas en todo el mundo y que él mismo define como “la ciencia de la felicidad”. De hecho, sostiene que la alegría se puede aprender, del mismo modo que uno se instruye para esquiar o a jugar al golf: con técnica y práctica.

Con su superventas  Being Happy y sus clases magistrales, los principios extraídos de los estudios de Tal Ben Shahar han dado la vuelta al mundo bajo el lema de “no tienes que ser perfecto para llevar una vida más rica y más feliz”. El secreto parece estar en aceptar la vida tal y como es, lo cual, según sus palabras, “te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas”.

Aunque por su clase de Psicología del Liderazgo (Psychology on Leadership) han pasado más de 1.400 alumnos, aún así cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿Alguna vez se tiene suficiente felicidad? "Es precisamente la expectativa de ser perfectamente felices lo que nos hace serlo menos”, explica.

Estos son sus seis consejos principales para sentirse afortunado y contento:

1. Perdone sus fracasos.
Es más: ¡celébrelos! “Al igual que es inútil quejarse del efecto de la gravedad sobre la Tierra, es imposible tratar de vivir sin emociones negativas, ya que forman parte de la vida, y son tan naturales como la alegría, la felicidad y el bienestar. Aceptando las emociones negativas, conseguiremos abrirnos a disfrutar de la positividad y la alegría”, añade el experto. Se trata de darnos el derecho a ser humanos y de perdonarnos la debilidad. Ya en el año 1992, Mauger y sus colaboradores estudiaron los efectos del perdón, encontrando que los bajos niveles de este hacia uno mismo se relacionaban con la presencia de trastornos como la depresión, la ansiedad y la baja autoestima.

2. No dé lo bueno por hecho: agradézcalo.
Cosas grandes y pequeñas. "Esa manía que tenemos de pensar que las cosas vienen dadas y siempre estarán ahí tiene poco de realista".

3. Haga deporte.
Para que funcione no es necesario machacarse en el gimnasio o correr 10 kilómetros diarios. Basta con practicar un ejercicio suave como caminar a paso rápido durante 30 minutos al día para que el cerebro secrete endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir drogados de felicidad, porque en realidad son unos opiáceos naturales que produce nuestro propio cerebro, que mitigan el dolor y causan placer, según detalla el entrenador de easyrunning y experto corredor Luis Javier González.

4. Simplifique, en el ocio y el trabajo.
“Identifiquemos qué es lo verdaderamente importante, y concentrémonos en ello”, propone Tal Ben-Shahar. Ya se sabe que “quien mucho abarca, poco aprieta”, y por ello lo mejor es centrarse en algo y no intentarlo todo a la vez. Y no se refiere solo al trabajo, sino también al área personal y al tiempo de ocio: “Mejor apagar el teléfono y desconectar del trabajo esas dos o tres horas que se pasa con la familia”.

5. Aprenda a meditar.
Este sencillo hábito combate el estrés. Miriam Subirana, doctora por la Universidad de Barcelona, escritora y profesora de meditación y mindfulness, asegura que “a largo plazo, la práctica continuada de ejercicios de meditación contribuye a afrontar mejor los baches de la vida, superar las crisis con mayor fortaleza interior y ser más nosotros mismos bajo cualquier circunstancia”. El profesor de Harvard añade que es también un momento idóneo para manejar nuestros pensamientos hacia el lado positivo, aunque  no hay consenso en que el optimismo llegue a garantizar el éxitosí le aportará un grato momento de paz.

6. Practique una nueva habilidad: la resiliencia.
La felicidad depende de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente. Concretamente, “nuestro nivel de dicha lo determinará aquello en lo que nos fijemos y en las atribuciones del éxito o el fracaso”. Esto se conoce como locus de control o "lugar en el que situamos la responsabilidad de los hechos", un término descubierto y definido por el psicólogo Julian Rotter a mediados del siglo XX y muy investigado en torno al carácter de las personas: los pacientes depresivos atribuyen los fracasos a sí mismos, y el éxito, a situaciones externas a su persona; mientras que la gente positiva tiende a colgarse las medallas, y los problemas, “casi mejor que se los quede otro”. Sin embargo, así perdemos la percepción del fracaso como "oportunidad", que tiene mucho que ver con la resiliencia, un concepto que se ha hecho muy popular con la crisis, y que viene prestado originariamente de la Física y de la Ingeniería, con el que se describe la capacidad de un material para recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. "En las personas, la resiliencia trata de expresar la capacidad de un individuo para enfrentarse a circunstancias adversas, condiciones de vida difíciles, o situaciones potencialmente traumáticas, y recuperarse saliendo fortalecido y con más recursos” ("No tira la toalla" "Conmigo no han podido"), afirma el médico psiquiatra Roberto Pereira, director de la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar.



Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/06/16/buenavida/1434480172_001091.html

domingo, 25 de agosto de 2013

Iñaki Ábalos, Un arquitecto de mundo

Tras las huellas de Josep Lluís Sert y Rafael Moneo, Iñaki Ábalos estrena la dirección de la escuela de arquitectura de Harvard, una posición desde la que influirá en los edificios del futuro

El flamante nuevo director de  la Graduate School of Design (GSD), el de­­partamento de arquitectura de la Universidad de Harvard Iñaki Ábalos, nació en San Sebastián en 1956 y estudió en Madrid. Ahora vive entre esta ciudad y Cambridge, en Massachusetts, pero tiene casa en Ca­­narias y construye en China. Tal vez por eso se considera más un arquitecto de un tiempo que de un lugar. “Hay que luchar contra la boina: el asentamiento en un lugar no te da certidumbre. La formación de un arquitecto es infinitamente más interesante si es capaz de tener el mundo en la cabeza”, opina. Cree que sus edificios, como la estación del AVE en Logroño o la remodelación de la Fundación Tàpies que concluyó en Barcelona, son un cruce de espacio y tiempo: “Una perspectiva de 100 años iguala muchas cosas. Nos da lo mismo que el Círculo de Bellas Artes de Madrid esté hecho en la misma época que el pabellón Mies van der Rohe de Barcelona. Nos gustan los dos muchísimo”.

Así, para el autor de edificios en Las Palmas y Vitoria y de ensayos, como La buena vida, donde revisa las casas de Andy Warhol o Pablo Picasso, dirigir la influyente escuela estadounidense supone decidir, en cierta medida, cómo será la arquitectura del futuro. Y aunque considera que “España domina la cultura arquitectónica mundial”, parece que el presente de alguien como él, que comenzó a construir en un pueblo de 13.000 habitantes como Coria (Cáceres), es ya planetario. Con su socia, la polaca Renata Sentkiewicz, acaba de ganar el concurso para levantar un Museo de Arte Contemporáneo en Zhuhai (al sur de China, junto a Macao), y no lejos de allí, en Guangzhou, diseña una isla universitaria, un campus dedicado a la investigación. Así, con la cabeza y la atención a ambos lados del globo, Ábalos sabe contener su inquietud. Disfruta la tranquilidad de unas vacaciones en la isla de La Palma, donde tiene una casa, pero confiesa que adora y añora el ruido. Con las ventanas abiertas en su piso de la calle del Barquillo de Madrid explica que en Boston echa en falta el barullo, pero que irse a América ya no supone convertirse en indiano. Él no deja de viajar por el mundo. Y regresa a Madrid una vez al mes.

Ábalos tiene claro lo que grandes de la arquitectura española, Josep Lluís Sert  y Rafael Moneo, aportaron al cargo que estrena. “Sert no podía entender el salto que existe en América entre la arquitectura y la ciudad – allí ideada por urbanistas que son expertos en geografía o economía, pero ajenos al diseño–. Por eso legó un departamento de urbanismo asociado a la arquitectura que a partir de Harvard se expandió por otras universidades”, cuenta. Luego explica por qué Moneo fue otro director clave en Harvard: “Cuando el posmodernismo comenzó a interesarse por la arquitectura histórica, él tenía un pasado: se había formado en la historia de la arquitectura y de hecho vive la arquitectura como un presente continuo”. Así, opina que aportó naturalidad y cercanía entre la historia y las nuevas disciplinas. Además, dice Ábalos, todo lo que hace lo hace con dedicación intensiva: “Dejó huella y disciplinó mucho la escuela”.

El departamento de arquitectura que ahora dirige Ábalos siempre ha querido tener vinculación con Europa –desde que comenzó con el alemán Walter Gropius y con la práctica. No es una escuela teórica, como Princeton, por ejemplo. Pero su nuevo director está convencido de que Europa sigue siendo la cantera de la arquitectura del mundo. Asegura que a principios del siglo pasado, América era la producción, y Europa, el valor añadido, pero que hoy América da el valor añadido y lo que se construye en Europa se convierte en referente.

P. ¿Qué aportará usted a Harvard?
R. Ninguna revolución. Pero sí aquello por lo que me han llamado: combino la práctica y la investigación, y tengo experiencia: sé quién es quién.

P. ¿Eso es fundamental para enseñar arquitectura?
R. Lo es para gestionar un departamento. Creo que lo que les interesa de mi trayectoria es lo que he llamado termodinámica: integrar conocimientos científicos en la arquitectura de una forma imaginativa, no meramente técnica, sino cultural. Hace 15 años que defiende esa combinación de cultura y ciencia. “No quiero sonar pedante, pero el filósofo Bruno Latour dice que ‘todos tenemos que ponernos la bata blanca’. Los laboratorios han dejado de estar apartados de la vida. Los conocimientos de hoy hacen que la forma en la que entendíamos la arquitectura hace tres lustros haya quedado obsoleta. Necesitamos poder integrar imaginación y ciencia”.

La pregunta entonces es qué pasará con los otros pilares de la arquitectura: la tradición o el lugar. “No hay arquitectura vernácula en el mundo que no sea una lección maestra de adaptación climática. La termodinámica siempre ha estado ahí. Defiendo arquitecturas pasivas capaces de no consumir energía finita para ofrecer confort. Defiendo afinar la intuición de la tradición con nuevos instrumentos”, explica.

P. ¿Cómo hacer que la termodinámica no se convierta en una nueva etiqueta de moda, como sucedió con “lo ecológico”, transformado en adjetivo antes que en hecho?
R. Produciendo obras de arquitectura memorables, sólidas y adaptadas a las necesidades reales de la sociedad.

P. ¿Un ejemplo concreto?
R. Me lo pones difícil.

P. Lo digo porque usted y su anterior socio Juan Herreros firmaron unas torres, llamadas bioclimáticas, en Vitoria que necesitaban aire acondicionado para evitar el calor.
R. Tuvieron la más alta calificación energética. Son una arquitectura bastante pasiva basada en los datos climáticos de Vitoria.

P. Las fachadas son de vidrio.
R. Vitoria puede tener más vidrio que casi ninguna otra ciudad en España. Y además las viviendas ventilan: todas tienen dos o tres fachadas. Si en un momento dado hay tres días de sol excesivo, puedes tener calor, pero es lo más bioclimático que puedes hacer.

Siendo un emigrante de lujo, Ábalos vive mal que los españoles tengan que emigrar. No creo que las crisis sean una gran oportunidad. Son una gran desgracia. En el caso de la arquitectura española, que vivía un momento dorado, una desgracia mayor. Pero considera que una vez que los arquitectos españoles han asumido que su crisis será más larga que la crisis económica española, han reaccionado bien. Sus despachos pequeños y más artesanales que los del mundo anglosajón les han permitido adaptarse: “No creo que haya un estudio en Europa de primera línea en el que al menos el 20% de sus colaboradores no sean españoles”, explica. Y sostiene que el mundo académico más prestigioso también se ha aprovechado de la formación politécnica que se ha dado en España. Alejandro Zaera tiene su mismo cargo en Princeton e Iñaki Alday en la Universidad de Virginia… “Lo llaman la Armada Española. Creo que España domina en este momento la cultura arquitectónica mundial”.

Ante el mínimo escepticismo de su interlocutora, Ábalos se explica: “Somos muchos los que estamos formando a la élite. Y vienen más. Estar en las posiciones clave de las universidades más importantes es decidir cuáles son las líneas que va a seguir la arquitectura en el mundo. Mucha gente no es consciente de hasta qué punto diez escuelas de arquitectura del mundo dirigen la cultura arquitectónica. Desde dentro te das cuenta de cómo los programas de estudio del resto del mundo se van adaptando”.

Iñaki Ábalos habla de una cultura arquitectónica mundial no dogmática. “Las líneas más interesantes son las que abren nuevas vías y permiten pensar que la diferencia puede ser un valor. No estamos ante ningún catecismo. Reina la apertura mental y hay que estar atento a cómo las diferencias pueden contribuir al debate”, razona. Al tiempo que critica  el anteproyecto para la Ley de Servicios Profesionales, que prepara el Ministerio de Economía, en el que se relativiza la importancia de la cultura arquitectónica cediendo la construcción a otros profesionales. “Me siento humillado. Me parece absolutamente incomprensible que se esté intentando arramblar con la profesión, posiblemente con la de cocinero, más prestigiosa que ha dado este país con una ley tan ciega al valor que aporta la arquitectura”. Habla de valor económico: “¿Por qué la gente va a Barcelona, París o Nueva York?”, pregunta.

Y asume que el hecho de que los arquitectos molesten a los políticos –Esperanza Aguirre dijo hace un año que “a los arquitectos habría que matarlos”– se debe a que el arte nunca es cómodo. Y menos para los políticos. “En general, no les hacemos un servicio a ellos. Tratamos de hacerlo a la sociedad, y eso muchas veces pasa por no hacérselo al político”.

P. ¿Usted cree que la sociedad piensa que trabajan para ella? Han recibido más críticas por su endogamia y prepotencia que ningún otro colectivo…
R. La crítica que recibe la arquitectura, merecida en gran parte, se focaliza en la gestión de la arquitectura que se ha hecho en España en las últimas dos décadas. De los nombres que son criticados es dificilísimo encontrar uno español.

P.  ¿Calatrava? Que esté ejerciendo desde España. Todos sabemos dónde está el despilfarro.
P. En España ha habido mucho. Al margen de los grandes nombres.
R. Bueno… si alguien hace un aeropuerto sin tener ni un solo avión, no es un problema del arquitecto que ha diseñado el edificio de la terminal. La arquitectura española se caracteriza por una cierta contención formal y por una buena gestión de las limitaciones económicas, como mínimo por eso. Mientras los arquitectos españoles trabajaban con presupuestos bajos, que otros países admiran, aquí había otros tirando el dinero por un agujero negro.

Aunque no se vaya a hacer las Américas como un indiano, Ábalos está acostumbrado a las mudanzas. Creció en San Sebastián y estudió Arquitectura en Madrid. “Éramos cinco hermanos, yo el pequeño, estudiando la carrera en Madrid. Tampoco teníamos tantos recursos, de modo que nos trasladamos toda la familia”. Cuenta que tiene un hermano arquitecto diez años mayor que él, “el que me influyó”. Y que, como le gustaba dibujar, para convencerle le pasó la obra completa de Le Corbusier: “Un marciano haciendo platillos volantes fantásticos”. Por entonces dudó entre estudiar Literatura, Filosofía o Arquitectura, y ahí le convenció su padre. Le dijo que los literatos tenían una profesión para ganarse la vida, como Juan Benet, que le gustaba y era ingeniero.

Recién salido de la escuela, se encontró con la profunda crisis que asolaba la construcción. Corría el año 1979 y un delineante de su hermano, Jesús Estévez, “que ha fallecido hace poco y era de Coria, llamó diciendo que en su pueblo tenía clientes”. Los emigrantes estaban regresando, muchos desde Suiza. Tenían dinero, querían construirse casas, y Ábalos se fue para allá.

Se quedó tres años siguiendo el consejo de Frank Lloyd Wright: “Haz tus primeras casas lejos de donde vives”. “No había vivido nunca en un pueblo y la dehesa extremeña me entusiasmó. En un bar conocí a un señor en zapatillas que hablaba muy bien. Le pregunté a qué se dedicaba y me dijo que era Rafael Sánchez Ferlosio, el autor de El Jarama y Alfanhuí –los libros que entonces todo el mundo leía–. Me invitó a su palacio, que estaba en ruinas, junto a la catedral. Allí iba también el notario, que era muy culto. De repente estaba rodeado de gente mucho más interesante que en la capital…”.

Ábalos se fue de Coria porque “la etapa se agotó”. Y aunque hace cinco años concluyó una relación profesional con Juan Herreros que se prolongó más de dos décadas, no cree haber agotado más etapas que la mayoría de la gente. “Los arquitectos jóvenes son inseguros, necesitan trabajar en equipo. Recomendaría a todo el mundo poner a prueba sus ideas asociándose. Juan y yo aprendimos mucho el uno del otro y somos amigos. Pero según creces te haces más independiente. Llegó un momento en que tuvimos que decidir si queríamos tener una aventura distinta”. Y la iniciaron en 2008.

Arriesgar, en realidad, es una constante en la vida de Ábalos, que, con tres matrimonios y tres hijos, ha sido más estable profesional que personalmente. “Hoy ninguna profesión ejercida con intensidad es muy compatible con la vida familiar. Y aunque no estoy de acuerdo con eso, es difícil cambiarlo. Lo único que puedes contraponer es la máxima intensidad en los pocos momentos que tienes. Es mucho peor en otras sociedades, como la asiática. He tenido mejores y peores momentos con mis hijos, pero según crecen van aproximándose a mí. Todos tenemos nuestro papel. Hay quien está muy cerca y precisamente por estar tan cerca, los niños se intentan alejar…”. Todas las parejas de Ábalos han sido arquitectas. Sin embargo, ahora su pareja profesional, Renata Sentkiewicz es, por primera vez, su pareja personal. “Quizá en mi acercamiento a mis anteriores parejas tenía otros vínculos, pero me acerqué a Renata trabajando; su capacidad como técnica y diseñadora es impresionante”, señala Ábalos, que se considera arquitecto por encima de profesor.

P. ¿Y qué le hace pensar que sabe formar arquitectos?
R. Que aprendo enseñando.

Explica que un buen profesor “debe saber adaptarse, luego hay muchas formas de ser bueno”. Cuenta que su generación tuvo la fortuna de tener maestros que enseñaban a ser, a comportarse, a entender el mundo. Con [Alejandro de la] Sota casi aprendías de sus chistes. Pero la obra también habla. Mi pasión por los rascacielos y por la arquitectura americana viene de [Francisco Javier Sáenz de] Oiza. De las veces que visité el BBVA en construcción”, cuenta. Y lamenta que la visita de obra se esté perdiendo. “La internacionalización de la profesión te obliga a pensar estrategias que garanticen la calidad a distancia”. El control de calidad se hace entonces por partes, con prefabricados. “Nos guste o no, el muro cortina es la lengua franca de la arquitectura, lo que permite garantizar el mismo resultado en todo el mundo. Por eso se hacen las grandes oficinas con este material, porque el vidrio también ha aumentado sus prestaciones, aunque todavía le quede camino por recorrer”.

Los grandes estudios son pocos y se reparten el mundo porque, supuestamente, ofrecen servicios completos. “Pero son poquísimas las obras de esos grupos que perdurarán. Construyen con eficacia, pero no son memorables, no tienen valor cultural”, añade. En medio de ese panorama, el nuevo director de la Escuela de Arquitectura de Harvard cree que esa tendencia se va a revertir. “Los clientes cada vez son más conscientes de que las grandes corporaciones resuelven los problemas, pero no aportan valor. Y, a su vez, es muy difícil que un arquitecto demuestre su valor haciendo bares. Por eso creo que el futuro pasa por la escala intermedia: la colaboración entre los pequeños arquitectos creativos y las grandes oficinas puede permitirles a los dos sobrevivir”.
Fuente: El País Semanal.

domingo, 2 de junio de 2013

CARMEN REINHART / CATEDRÁTICA DE HARVARD KENNEDY SCHOOL “Dos años más para hacer reformas no van a resolver la falta de crédito”

Carmen Reinhart (La Habana, 1955), catedrática de Sistema Financiero Internacional en la Harvard Kennedy School, defiende que España debe zafarse de su deuda privada mediante una reestructuración si quiere volver a crecer. La economista, que esta semana ha acudido a Sitges a la XXIX Reunión del Círculo de Economía, ha sufrido los ataques de economistas que la han señalado, junto a Kenneth Rogoff, como el baluarte de la austeridad. El motivo de esa polémica —que ha incluido un cruce de acusaciones con Paul Krugman— se debe a que un estudiante halló errores en la hoja de cálculo de un informe que apunta que a medida que la deuda aumenta el crecimiento disminuye. “Se ha distorsionado nuestro trabajo de forma grotesca”, lamenta.

Pregunta. ¿Sigue defendiendo una quita?
Respuesta. La crisis española tiene similitudes con la de Irlanda. En los seis años anteriores se produjo un boom espectacular en el mercado inmobiliario vinculado a un alto nivel de endeudamiento privado. Cuando llega la recesión, esa deuda privada empieza a convertirse en pública.

P. ¿Eso ocurre en España?
R. No tan explícitamente como en Irlanda, pero la socialización de deudas privadas tiene muchas manifestaciones, como el apoyo a instituciones. En EE UU, hasta 2009, las firmas gigantescas del mercado hipotecario Freddie Mac y Fanny Mae estaban en el balance del sector privado. Luego pasaron al público.

P. Llevamos cinco reformas del sistema financiero. ¿Son parches o van en el buen camino?
R. No digo que no vaya en la dirección correcta, pero la velocidad también es importante. Hay que ser realista. La resolución de una crisis de deuda requiere de reconocer que el deudor no va a pagar la deuda que constaba en el contrato original. La devolución ya no existe. El caso de España es complicado porque muchas de las deudas del sistema financiero están contraídas con bancos alemanes, holandeses o franceses. Y una quita en esas deudas tiene consecuencias para los sistemas bancarios de Alemania, Holanda y Francia, que necesitarán más recapitaciones y verán como eso repercute en su hacienda pública. La negociación tampoco es fácil, porque esos tres países tienen poder dentro de la Unión Europea.

P. ¿Significa eso que hubiera sido más efectiva una quita que haber destinado ayudas públicas a la banca?
R. Así es, pero las consecuencias son muy distintas. Si se realizaran transferencias, Alemania podría distribuirlas a lo largo del tiempo. Con una quita, el impacto sería inmediato. Sin embargo, para España eso supone que la resolución va a requerir más tiempo. La crisis de las subprime empieza en verano de 2007. Siempre hablamos de la década perdida de América Latina, pero ¡ya llevamos seis años con esta! Hay que licuar estas montañas de deuda pública y privada de una manera u otra. Y no se hará todo con devoluciones, sino que debe haber recortes.

P. ¿Pero una quita no supondría un estigma para España?
R. Entiendo la resistencia para abordar una reestructuración de deuda soberana, pero la historia apunta que todas las crisis bancarias se resuelven con quiebras, impagos y reestructuraciones. Eso también se puede hacer con leyes domésticas. En EE UU el proceso de ejecuciones hipotecarias ha sido muy desagradable, pero ha ayudado a reducir la deuda de los hogares. La gente se queda sin casa, pero también sin deuda, y en España eso no es así.

P. ¿Cuál debe ser el papel del Banco Central Europeo (BCE)?
R. Puede ayudar a este proceso enormemente. Entiendo que la compra de deuda privada está fuera de su mandato tradicional, pero también la Reserva Federal durante 100 años solo compró bonos del Tesoro y en los últimos años se ha inundado de títulos respaldados por hipotecas. El BCE está posicionado para poder expandir su apoyo de los bonos soberanos a la deuda bancaria senior, que sería una inyección de crédito a instituciones que lo necesitan desesperadamente.

P. ¿Eso sería más eficaz que la barra libre de liquidez?
R. Sí, porque el mecanismo de transmisión falla. El BCE comenzó con la convención de luchar contra la inflación. Ya no vivimos en ese mundo, el riesgo de colapso es mayor por el paro que por la inflación. Lo que planteo no es una herejía, sino crédito dirigido.

P. La Comisión Europea ha dado a España dos años más para cumplir con sus objetivos de déficit. ¿Eso va a ayudar?
R. Dos años más para realizar reformas estructurales no van a resolver el problema de la falta de crédito, que mantiene paralizada la actividad económica. Se requiere al prestamista en última instancia inyectando liquidez.

P. Un estudiante halló errores en la tabla en la que se basaba un estudio que publicó con Kenneth Rogoff en 2010. ¿Eso anula sus conclusiones sobre la relación entre deuda y crecimiento?
R. Para nada. En ese documento encuentran un error: la exclusión alfabética de algunos países cuando hicimos el promedio. El informe de Herndon, Ash y Pollin concluye que cuando el porcentaje de deuda en relación al PIB es del 30% la tasa de crecimiento es del 4,2%, mientras que cuando es superior al 90%, es del 2,2%. Ese es también nuestro resultado: a medida que la deuda aumenta, el crecimiento cae.

P. Les acusan de ser el baluarte intelectual de las políticas de austeridad.
R. En febrero de 2010 yo dije que en Estados Unidos teníamos un problema de deuda y que no era el momento de aplicar medidas de austeridad porque el crecimiento era muy débil.

P. ¿Tal vez ello se debe a que se justifican en sus estudios defensores de la austeridad como Olli Rehn o Wolfgang Schäuble?
R. El hecho es que las deudas de Estados Unidos no cuadran a medio plazo si no se empieza a hacer algún ajuste de medio plazo, tanto en ingresos como en gastos. Pero nosotros, sobre todo yo, trabajamos en ello con el Gang of six, un grupo bipartidista, de tres demócratas y tres republicanos.

P. En las últimas semanas el debate entre Paul Krugman y ustedes ha sido de alto voltaje...
R. El debate sobre la austeridad no se puede hacer en torno a EE UU. Krugman habla de estimular la economía. ¿Está un país como España o Italia, con problemas de acceso al mercado de capitales, en condiciones de financiarse? Se olvidan de que EE UU financia su déficit por cuenta corriente a través de los bancos centrales del resto del mundo. Muchos emergentes compran letras del Tesoro por miedo a que se aprecie su moneda, aun sabiendo que los retornos serán negativos. El debate sobre la austeridad con el marco de EE UU es problemático.

Fuente: El País.

domingo, 28 de abril de 2013

Thomas Herndon. El estudiante que salvó al mundo de la austeridad. Un alumno de doctorado de 28 años desmontó el informe de dos economistas de Harvard

Las políticas de recortes del gasto se basan en este estudio erróneo.

Cuando la deuda de un país supera el 90% del PIB, el crecimiento de la economía es inviable. El aserto, nacido de dos cerebros de Harvard y sobre el que se asientan las políticas de austeridad que están a punto de dinamitar los pilares del Estado de bienestar en medio mundo, ha resultado tan falaz como las armas de destrucción masiva que sirvieron para justificar la invasión de Irak.

“Es exagerado hacer la comparación, pero acepto la analogía porque es cierto que se están adoptando políticas a partir de premisas que son falsas”. Quien habla es Thomas Herndon, el estudiante de 28 años que, en su camino para sacarse un doctorado en Economía en la Universidad de Massachusetts, ha desenmascarado la mentira macroeconómica más significativa de los últimos años, y sobre la que EE UU y Europa se han apoyado en su campaña por la austeridad fiscal y el recorte drástico del gasto.

Herndon cuenta que se frotaba los ojos al cruzar los datos de su trabajo ordinario de carrera con los del hipercitado informe de los profesores de la prestigiosa Universidad de Harvard Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff. Los errores eran básicos. De hecho, al principio pensó que el equivocado era él. No podía ser que dos reputadas eminencias hubieran podido pasar por alto cosas así.

El estudio que está en el centro de la controversia global lo publicaron Reinhart y Rogoff en la American Economic Review en 2010. Ahí defienden cómo el crecimiento cae de golpe cuando la deuda pública de un país supera el 90% del PIB. Reinhart, nacida en La Habana (Cuba) hace 57 años, fue economista jefa durante tres años del difunto Bear Stearns, la primera víctima de la crisis financiera. Eso fue en los años 1980, antes de ocupar varios cargos en el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde llegó a ser la número dos en el departamento de investigación antes de llegar a Harvard. Rogoff, de 60 años, fue su jefe en el FMI, donde tuvo un sonado encontronazo con Joseph Stiglitz a cuenta de la crítica que el premio Nobel hizo de esa institución en su libro El malestar en la globalización (2002).

No fueron pocos los políticos que echaron mano del trabajo para defender que se pase la podadora al gasto para volver a la senda de un crecimiento sano y robusto. Entre ellos, Paul Ryan, el candidato republicano a la vicepresidencia de EE UU. También el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, y el expresidente del Banco Central Europeo Jean-Claude Trichet. Ninguno cuestionó la metodología del trabajo, ni sus datos, como hizo el joven Herndon.

“Estaba convencido desde el principio de que algo iba realmente mal con el estudio. Y cuando me llegaron los datos [los autores le mandaron las tablas de Excel que utilizaron, a petición del estudiante], se confirmaron mis sospechas”, relata Herndon. El joven estudiante, criado en Austin (Texas), de padre texano y madre de Hong Kong, al que le gusta tocar el bajo, le pasó las tablas a su novia, Kyla Walters. Ella tiene un doctorado en Sociología y gracias a su trabajo de investigación está muy acostumbrada a cruzar números. “No creo que te estés equivocando”, le respondió.

El siguiente paso fue acudir a Michael Ash y Robert Pollin, dos de sus profesores, que ahora le cubren las espaldas, pero que en un primer momento se mostraron más bien incrédulos. Lo que no logró anticipar Herndon, ni tampoco Ash y Pollin, es lo que venía a continuación. Hay economistas que les han llamado para emprender con ellos una batalla contra la idea de que el alto endeudamiento frena el crecimiento.

Pero hasta ahora ni un solo dirigente político se ha puesto en contacto con el trío para conocer su teoría. Aun así, el estudiante señala que el trabajo “está empezando a marcar la diferencia en los círculos de decisión política”. Cita, por ejemplo, el blog de John Taylor. El reputado economista por Stanford asegura que el error puesto en evidencia por el joven influyó en la decisión de los ministros de Finanzas del G-20 para omitir en su comunicado de la semana pasada una referencia al nivel de endeudamiento.

En el origen del fiasco está un encargo convencional de los profesores. Pidieron a los alumnos que emularan resultados estadísticos de estudios ya publicados. Él eligió el estudio de Reinhart y Rogoff porque, “aunque era poco atractivo”, le pareció oportuno vistas las dificultades que tienen Europa y EE UU para salir del agujero de la recesión y del impacto de las políticas que se están adoptando en los países.

Los profesores de Harvard ahora cuestionados le facilitaron en enero todo el material que necesitaba para descifrar el estudio y le dieron libertad para publicar lo que quisiera. “Vi el error muy rápido”, dice Herndon. A comienzos de abril, Reinhart y Rogoff admitieron que habían cometido algunos fallos a la hora de codificar las cifras. Pero siguen defendiendo su metodología e insisten en que existe una clara correlación entre alto endeudamiento y lento crecimiento. “Este lamentable desliz no afecta al mensaje central”, dicen en una nota.

Herndon, que habla siempre en plural, admite que criticar el trabajo de los dos profesores de Harvard “es lo más fácil” y no cree que hubiera una intencionalidad cuando omitieron ciertos datos, como el hecho de que Australia, Canadá y Nueva Zelanda crecieran en periodos de alto endeudamiento, o se equivocaran en alguna suma al introducir mal las órdenes en la celdilla de Excel. Pero está convencido también de que la teoría no puede replicarse, porque está mal planteada. Y apoya que se adopten políticas de estímulo para salir de la recesión. “La austeridad es contraproducente, crea sufrimiento”.

El joven no se declara ni conservador ni liberal; dice que no le gustan las etiquetas. Pero sí parece tener muy claro que “es falso decir que el alto endeudamiento es malo”. Por eso cree que lo que deben hacer los dirigentes es ver las circunstancias específicas en las que la deuda puede ser efectiva en un escenario de recesión. Su prioridad ahora, comenta, es terminar el segundo semestre y recopilar ideas para su tesis final.

De momento se está dedicando con sus profesores a publicar los primeros hallazgos para después seguir desarrollando el trabajo a lo largo del verano, integrando mejoras estadísticas. Y entre clase y clase busca tiempo para conceder entrevistas e incluso acercarse a Nueva York para verse con Stephen Colbert, el conductor del programa satírico The Colbert report. Colbert le dedicó esta semana dos espacios a su trabajo, lo que muestra hasta qué punto está caliente el debate. En el primero se dedicó a mofarse de los profesores de Harvard y de los que se apoyaron en su estudio para aventurar “una nueva crisis económica alimentada por la deuda”. “¿Sabes que has enfadado a mucha gente en el campo de la austeridad, importantes y muy poderosos?”, le preguntó después. “La Universidad me cuida mucho”, le respondió. Herndon admite no estar preparado para la avalancha mediática. “Ni siquiera tenía una buena foto”, comenta. Y las siglas con las que los tres autores firman el trabajo, HAP, tomada de la inicial de sus apellidos, ha inspirado ya una expresión entre los estudiantes: “To get happed”, que alguien te señale los errores...
Seguir en El País.

jueves, 23 de agosto de 2012

Los economistas neoliberales culpables. Entrevista a Robert Wade, profesor de Economía Política y Desarrollo.

“Se comportan como lobbistas, pero se los presenta públicamente como investigadores neutrales”, afirma Robert Wade.

 Las teorías económicas ortodoxas y sus voceros son parte responsable del estallido financiero que comenzó en 2008. Economistas de todo el mundo, enrolados en la corriente neoclásica, reconocieron en distintas oportunidades la incapacidad de sus modelos para anticipar y comprender la crisis, mientras que otros apuntaron los cañones hacia los responsables de la política económica. No obstante, la legitimidad de sus visiones permanece prácticamente inalterada. El reconocido profesor de Economía Política y Desarrollo en la London School of Economics Robert Wade advierte que la inmunidad e impunidad de esas ideas responde a distintos factores que van desde la belleza y elegancia con la que se presentan las máximas neoclásicas hasta el patronazgo corporativo de muchos “prestigiosos” académicos.
“Los economistas que no vieron la creciente fragilidad financiera son los mismos que reclaman menos regulación de los gobiernos a través de los medios. Se los presenta públicamente como investigadores académicos, pero son lobbistas que ocultan al público sus relaciones con Wall Street”, afirmó Wade durante una entrevista con Cash.

Wade considera que los modelos dominantes deben ser abandonados, pero es pesimista sobre la posibilidad de que las ideas neoliberales sean desplazadas por las teorías heterodoxas. “Para eso se necesitaría un cambio radical que permita superar los obstáculos que impiden la cooperación entre los Estados, como sucedió en Bretton Woods después de dos guerras mundiales, la Gran Depresión y el nazismo”, afirma. El economista nacido en Nueva Zelanda visitó Buenos Aires para participar del IV Congreso de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA). “El desarrollo es muy difícil y no va a suceder con el libre mercado. Las ideas dominantes en la materia son una receta para mantener al mundo polarizado”, consideró el ganador del premio Leontief en 2008.

 ¿Por qué considera que la disciplina económica contribuyó a llegar a la crisis actual?
 –La élite de economistas británicos admitió que la profesión contribuyó al crac financiero y la recesión al no poder comprender los mecanismos que pusieron a la economía global en riesgo y defendiendo la capacidad del capitalismo para sostener un equilibrio de pleno empleo. Los economistas neoclásicos tuvieron un rol activo en la construcción de la fragilidad financiera. Escondieron e ignoraron el riesgo que estaba a simple vista. En noviembre de 2008, la reina de Inglaterra visitó la London School of Economics y, después de escuchar un informe sobre la crisis, preguntó a los economistas más reconocidos del país por qué nadie vio venir la crisis. En julio del año siguiente, 33 economistas británicos le escribieron una respuesta donde concluían que “el fracaso para anticipar la crisis, su duración y gravedad se debió a la incapacidad de la imaginación colectiva de mucha gente brillante para comprender los riesgos del sistema como un todo”. Más allá de ese reconocimiento, no dijeron nada sobre por qué fallaron en ver ese todo. No miraban los crecientes niveles de endeudamiento porque sus modelos macroeconómicos no incluyen al sector financiero.

¿Qué significa que no contemplan al mercado financiero?
 –Desde esa visión, el sector financiero es neutral, pasivo y se acomoda a las necesidades de la economía real evitando y controlando los niveles de endeudamiento. Sus modelos no contemplan la posibilidad de default de un deudor, no la conciben. En esas teorías, es posible conocer el futuro y, por lo tanto, las corporaciones y los bancos pueden manejar los riesgos y prevenir problemas. A su vez, para conseguir ese objetivo se necesita una intervención limitada del Estado. Todo se construye con supuestos muy locos. Consideran que el mercado ajusta automáticamente en un equilibrio de pleno empleo. Con esos modelos, en 2007 la OCDE proyectaba que la economía global no sería afectada por la desaceleración de Estados Unidos, ya que Europa tomaría la posta del crecimiento y el desempleo seguiría descendiendo. Todos los que advirtieron que se venía una crisis que iba más allá del mercado inmobiliario norteamericano son heterodoxos que difieren de esa visión, ya que ponen al crédito y las deudas en el centro de su abordaje macroeconómico.

¿Cómo es posible que esas ideas sigan ocupando un lugar dominante?
 –Una razón por la cual estas ideas siguen siendo dominantes es porque son presentadas con mucha elegancia y belleza. Presentan a la economía como los físicos presentaban el universo a fines del siglo XIX: a través de formulaciones matemáticas de alcance universal, minimizando el rol de las instituciones y el Estado. Es una visión conservadora. Esos economistas contribuyeron a la crisis al crear y sostener, falsamente, la confianza en la capacidad del mecanismo de mercado capitalista para equilibrarse automáticamente.

¿La elegancia de las ideas neoclásicas es suficiente para explicar su hegemonía?
 –No, existen otras causas, como el financiamiento por parte de grandes corporaciones de los think tanks que reclaman la reducción del rol del Estado y el financiamiento de economistas académicos neoclásicos que esconden al público sus conflictos de intereses.

¿Qué quiere decir con conflictos de intereses?
 –Los economistas que no vieron la creciente fragilidad financiera son los mismos que reclaman menos regulación de los gobiernos a través de los medios. Se los presenta públicamente como investigadores académicos, pero son lobbistas que ocultan al público sus relaciones con Wall Street. Cuando una compañía farmacéutica financia una investigación científica, lo más probable es que los resultados sean favorables a sus intereses y, si no lo son, seguramente la información no se publicará. Lo mismo sucede con muchos economistas reconocidos. Una investigación reciente relevó un gran número de casos de economistas académicos especializados en finanzas de renombre que salen en los programas de televisión, escriben en los diarios, hablan por las radios y son invitados a dar su testimonio ante el Congreso de Estados Unidos, sobre temas vinculados con la regulación financiera y al mismo tiempo cobran grandes sumas de dinero de entidades financieras en Wall Street para decir lo que dicen sin revelarlo.

De 19 casos analizados por los economistas Gerald Epstein y Jessica Carrick-Hagenbarth, de la Universidad de Massachusetts, quince tienen alguna afiliación con el sector financiero privado que no revelaron. Son lobbistas del sector financiero.
 –Claro, se comportan como lobbistas, pero se los presenta públicamente como investigadores neutrales. En sus artículos y apariciones públicas, esos economistas no revelan sus vínculos con instituciones financieras privadas que podrían influir en sus recomendaciones políticas. Son economistas muy reconocidos, como Frederic Mishkin, que en 2006 puso su nombre en un informe sobre la situación financiera de Islandia que no escribió, lo hizo sin conocer nada del país, sin visitarlo, pero aseguraba que estaba en excelentes condiciones. El profesor de la Columbia Business School y ex gobernador del Consejo de Administración de la Reserva Federal recibió 124.000 dólares de la Cámara de Comercio de Islandia por ese trabajo. Para ese momento, hasta el FMI advertía en informes privados a los que Mishkin tenía acceso que Islandia estaba en problemas.

¿Los exponentes de la teoría dominante han realizado algún replanteo a partir del estallido de la crisis? 
–Algunos economistas no neoclásicos se consolaban con la esperanza de que la crisis cambiara los modelos macroeconómicos dominantes para incorporar elementos como un sector financiero que no sea neutral. Pero lo cierto es que esos modelos no pueden hacerlo y deben ser abandonados. En 2010, el presidente de la FED, Ben Bernanke, admitió que los modelos fallaron, pero afirmó que no hay necesidad de cambiarlos. Según explicó, la crisis se debió a fallas en la administración económica antes que en la ciencia económica. Para Bernanke, el único inconveniente es que los modelos tradicionales no fueron diseñados para tiempos de crisis sino momentos de bonanza.

¿Cómo es posible tener ideas y razonamientos tan estúpidos?
Ese argumento ignora la noción básica de que la dinámica de una crisis comienza en los buenos tiempos, como advirtieron hace muchos años Hyman Minsky o Charles Kindleberger. En cambio, para Bernanke, la crisis de 2008 llegó como resultado de un acto divino, como un shock externo, y por lo tanto no lo predijeron los modelos.

¿Tampoco habrá cambios en la forma en la que se estudia en las universidades?
–En la universidad de Cambridge, los estudiantes de grado no tienen que leer la Teoría General de Keynes. Es muy chocante que no se lea a los autores clásicos. Desde la visión dominante, el conocimiento es acumulativo y, por lo tanto, no vale la pena leer nada que tenga más de 5 años de antigüedad, ya que eso incorpora lo mejor de lo que existió antes. Si no pasa con autores de hace quince años, mucho menos va a suceder con autores como Smith, cuyas obras tienen más de doscientos años. Para avanzar en su vida académica, un profesor debe publicar en las revistas consideradas más prestigiosas. Esas publicaciones son neoclásicas o están especializadas en econometría y no publican nada de autores keynesianos o heterodoxos. La revista postkeynesiana más importante ocupa el puesto 113 en los rankings, solo un peldaño arriba de la revista sobre temas inmobiliarios financieros. Nada de eso va a cambiar. La crisis tiene un gran costo sobre la vida de la gente, pero no creo que sea lo suficientemente grande como para sobreponerse a los obstáculos que existen para la cooperación entre los Estados. La teoría económica ortodoxa ocupa un lugar dominante desde hace casi medio siglo.

¿Qué implicanciones políticas ha tenido para países como Argentina o Brasil?
–El retroceso del rol del Estado y el desmantelamiento de la política industrial encuentran en los modelos neoclásicos el respaldo teórico necesario para impulsar sus intereses.

Durante la Revolución Industrial, Inglaterra usó una variedad de herramientas para proteger sus industrias, desde el uso de tarifas hasta el secuestro de expertos de otros países para que trabajen para ellos. Cuando lograron una posición dominante comenzaron a abogar por el libre mercado.

Estados Unidos y Alemania hicieron lo mismo durante el siglo XIX y luego empezaron a predicar el libremercado.

El Banco Mundial y la OCDE tomaron la posta y al mismo tiempo se logró establecer reglas formales de disciplinamiento a nivel global a través de organismos como la Organización Mundial de Comercio. Así, después de la crisis en Estados Unidos y Europa, la respuesta de muchos países fue recortar todavía más las funciones del Estado para liberar el poder de la empresa y la innovación en el sector privado.

El desarrollo es muy difícil y no va a suceder con el libre mercado. Las ideas dominantes sobre desarrollo son una receta para mantener al mundo polarizado.

 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-6208-2012-08-21.html

Alumnos de Economía de Harvard critican el pensamiento único y exigen mayor diversidad en los estudios.

Ya en el año 2000 aparecen voces críticas en Francia contra la enseñanza de la Economía por parte de estudiantes y profesores mediante un manifiesto, ver comentarios aquí.

También en la U. de Notre Dame en los EE. UU. ha surgido un movimiento contestatario y en la U. de Cambridge. O entre los "normalistas" franceses.

domingo, 8 de enero de 2012

Poder en los números.

CAMBRIDGE, Mass. - Su doctorado (Ph.D.) lo obtuvo en las matemáticas puras, en un subcampo tan esotérico y especializado que, incluso si consigue un gran resultado, puede ser apreciado por sólo una docena de personas en todo el mundo. Sin embargo, dejó ese mundo atrás y, sin entrenamiento formal, entró en otro: el mundo de la biología molecular, la medicina y la genómica.

Como director fundador del Instituto Broad de Harvard y el MIT, donde dirige un imperio de Biología y recauda dinero de los multimillonarios. También es profesor de biología de primer año (un curso que nunca tuvo) en el MIT, asesora al presidente Obama en ciencia y dirige un laboratorio.

Eric Lander - como su amigo, el profesor David Botstein de Princeton, dijo - sabe cómo detectar y aprovechar las oportunidades cuando se plantean. Y él tiene otra cualidad, dice, su amigo de secundaria, Paul Zeitz: valentía en combinación con optimismo.

"Él era súper inteligente, pero ¿y qué?", ​​Dijo el doctor Zeitz, ahora profesor de matemáticas en la Universidad de San Francisco. "El intelectual puro es como alguien que puede disponer en el banco de mil libras. Pero qué, si usted no sabe qué hacer con ellas?"

Eric Lander, añadió, sabía qué hacer. Y sabía cómo llevar a cabo ideas poderosas sobre el progreso en la medicina que viene - grandes equipos interdisciplinares colaborando en lugar de una sola madriguera de investigadores en sus laboratorios.

Entonces, ¿cómo terminó en el Instituto Broad, que va desde el más solitario de los científicos a forjar nuevos tipos de colaboraciones en un campo que nunca estudió formalmente?¿Qué clase de persona puede hacer ese viaje?

La historia del Dr. Lander puede ser contada como una narrativa lineal de golpes de suerte y oportunidades perfectas. Pero él no se adhiere a ese tipo de pensamiento mágico. Para él, la biografía es algo así como un dulce: "Vive tu vida de forma prospectiva y cuenta su historia retrospectivamente, por lo que parece que todo está convergiendo".

Sin embargo, dado que la limita a la recreación de una historia personal, la historia del Dr. Lander es, por lo menos, inusual.

Un destacado club de matemáticas
Ahora con 54 años, Eric Steven Lander creció en Planes, un barrio de clase trabajadora en Brooklyn, criado por su madre - su padre murió de esclerosis múltiple, cuando Eric tenía 11 años.

"Nadie en el barrio era científico," dijo el Dr. Lander. "Muy pocos habían ido a la universidad."
Su vida cambió cuando hizo un examen de admisión y fue aceptado en la elitista Escuela Secundaria Stuyvesant en Manhattan. Se unió al equipo de matemáticas y le encantó - el espíritu de cuerpo, la competencia con otras escuelas, el aspecto social de estar en el equipo-. "Encontré a otros niños, en el noveno grado, que también amaban las matemáticas y nos encantó la diversión", dijo.

Era tan bueno que fue elegido para el equipo de Estados Unidos en la Olimpiada de Matemáticas de 1974. Para prepararse, el equipo pasó un curso de verano en la Universidad de Rutgers en New Brunswick, NJ.

Esta fue la primera vez que Estados Unidos había entrado a participar en la competición, y los entrenadores tenían miedo de que el equipo se viera diezmado por los participantes de los países comunistas. (De hecho, la Unión Soviética obtuvo el primer puesto, pero los estadounidenses lograron el segundo lugar, justo por delante de Hungría, que era conocida por su talento matemático.)
El Dr. Zeitz fue compañero de cuarto del Dr. Lander de ese verano. El recuerda  a los dos que eran los únicos compañeros de equipo que no provenían de familias acomodadas de las cercanías, y que no tenían padres. Pero Eric se destacó por otras razones.

"Era extrovertido", recordó el Dr. Zeitz. "Él fue, en comparación con el resto de nosotros, sin duda más ambicioso. Estaba entusiasmado con todo. Y tenía un carisma real. "Los miembros del equipo decidieron que el Dr. Lander era el único de entre ellos del que se podía imaginar que un día sería un senador de Estados Unidos.

En un primer momento, sin embargo, parecía como si el joven matemático siguiera un camino académico tradicional. Se fue a Princeton, con especialización en matemáticas, y también se entregó a la pasión por la escritura. Tomó un curso de narrativa de no ficción con el autor John McPhee y escribió para el periódico del campus.

Se graduó como mejor alumno a los 20 años, ganó una beca Rhodes, fue a Oxford y obtuvo un doctorado en matemáticas allí, en un tiempo récord de dos años. Sin embargo, estaba inquieto por la idea de pasar el resto de su vida como matemático.

"Comencé a apreciar que la carrera de matemáticas era bastante monacal", dijo el Dr. Lander. "A pesar de que la matemática era hermosa y me encantaba, yo no era un monje muy bueno." Ansiaba un entorno más social, más interacciones.

"Encontré un viejo profesor mío y me dijo: ¿Qué puedes hacer para que le des algún uso a tus talentos?", concluyó en Harvard Business School, estudiando economía de la empresa.

Nunca había estudiado el tema, confiesa, pero aprendió sobre la marcha. "Yo lo aprendí más rápido que los estudiantes", dijo el Dr. Lander.
Sin embargo, a los 23, él estaba algo inquieto, deseando algo más difícil. Economía de la empresa, recordó, "no era lo suficientemente profundo."

Habló con su hermano, Arturo, un neurobiólogo, que le envió modelos matemáticos de cómo el cerebelo trabajaba. Los modelos "parecían cursi", dijo el Dr. Lander, "pero el cerebro era interesante."
Su apetito por la biología había despertado, comenzó a girar en torno a un laboratorio de genética  sobre moscas de la fruta en Harvard. Unos años más tarde, habló en la escuela de negocios para que le dieran un permiso de ausencia.

Le dijo a la Universidad de Harvard que iría al MIT, probablemente para aprender acerca de la inteligencia artificial. En cambio, terminó empleando su tiempo en un gusano del laboratorio Robert Horvitz de genética. Y fue la chispa que cambió su vida.

Dando el salto
Eso fue en 1983, y mientras que el Dr. Lander andaba por el laboratorio de gusanos, del Dr. Botstein, a la vez un profesor en el MIT, fue creciendo cada vez más frustrado. Había pasado cinco años infructuosos en busca de alguien que conociera las matemáticas para asumir un proyecto que incluía características tales como alta presión arterial que se asociaban con múltiples genes. Para estas enfermedades, las técnicas antiguas para encontrar rasgos causada por un solo gen no funcionaban.
"Yo, dijo Botstein literalmente, me fui en busca de alguien que pudiera ayudar" . Por último, en una conferencia, otro biólogo, dijo, "Hay un compañero, Lander, de la Harvard Business School, que quería hacer algo con la biología."

Dr. Botstein cazó al Dr. Lander en un seminario en el MIT, y resultó. Los dos conectaron inmediatamente. "Fuimos a una pizarra," dijo el Dr. Lander, "y comenzamos a discutir."
En una semana, el Dr. Lander había resuelto el problema. Entonces, los dos investigadores inventaron un algoritmo de computadora para analizar los mapas de los genes en cuestión de minutos en lugar de meses. Pronto, el Dr. Lander se había sumergido en los problemas de mapeo de genes de enfermedades humanas.

Había largas discusiones con el Dr. Botstein sobre el futuro de la genómica humana. Era una época, dijo el Dr. Botstein, "que se hablaba de la secuenciación del genoma humano y se estaba empezando a conseguir la secuencia." El Dr. Lander quería saber si había alguna utilidad para un matemático en la biología, y el Dr. Botstein, que conocía los retos del futuro, le aseguró que había.

"Él tenía una opinión lo suficientemente alta de sí mismo", dijo Botstein. "Pensaba que si alguien podía hacerlo, él podía. Se arriesgó y abandonó su trabajo en Harvard. Estaba claro que la enseñanza de la economía ya no sería su carrera".

David Baltimore, premio Nobel y director de lo que era entonces el Instituto Whitehead para Investigación Biomédica del MIT, fue alcanzado por la pasión del Dr. Lander y sus habilidades. Lo que permitió al Dr. Lander convertirse en un hombre de allí y profesor asistente en 1986.
Ese mismo año, el Dr. Lander fue a una reunión en el Laboratorio de Cold Spring Harbor en Long Island, donde los científicos más destacados llevaron a cabo el primer debate público sobre la idea de mapeo del genoma humano. El Dr. Lander levantó la mano y se unió a la discusión, impresionando tanto a los demás que lo invitaron a su círculo.

"Es muy fácil ser un experto en un campo nuevo donde no hay expertos", dijo el Dr. Lander. "Todo lo que tienes que hacer es levantar la mano."

Mientras tanto, el Dr. Botstein y el Dr. Baltimore escribieron a la Fundación MacArthur recomendando al  Dr. Lander como un "genio" para recibir subvención. La recibió en 1987. Tenía 30 años.

"Yo traté de ayudarle a través de los años en la realización de sus sueños.", Dijo el doctor Baltimore. "Y ha sido un gran éxito hacer que eso suceda."

Pronto, el Dr. Lander se había convertido en una figura central en el esfuerzo para secuenciar el genoma humano, lo que llevó el mayor de los tres centros que hizo la mayor parte de la obra. Combinó sus matemáticas y la biología y la química que había aprendido en los laboratorios de pasar el rato. Y agregó ideas sobre la organización industrial, aprendido en sus días de la escuela de negocios, para optimizar el esfuerzo y los costos de control.

Lo que más amaba de la obra era la comunidad que él había formado, el esfuerzo del equipo que había estado buscando.

Incluso antes de que el Proyecto Genoma Humano terminara, el Dr. Lander estaba pensando en cómo mantener lo que él veía como una maravillosa colaboración entre los científicos en marcha. Había alrededor de 65, por su cuenta, la colaboración entre jóvenes científicos en Cambridge y Boston, todas fuera de los canales habituales.

"Algo mágico había sucedido", dijo el Dr. Lander. "Las personas se estaban reuniendo y tomando en consideración problemas verdaderamente audaces."

Puede haber tenido algo que ver con la personalidad del Dr. Lander, Gus Cervini, un administrador del Hospital Brigham and Women de Boston, que trabajó para él durante cuatro años, lo llamaban "el sol".

"Él tiene una sorprendente influencia o poder sobre la gente", dijo Cervini. "Tenía la habilidad de hacer que la gente pensase realmente en grande. Cuando el sol brilla sobre ti, te sientes como si se pudiera hacer todo."

Persistencia premiada
Que el poder puede haber ayudado a que el Dr. Lander se acercara a los presidentes de la Universidad de Harvard y el MIT y propusiera la creación de un instituto permanente para continuar el proceso de colaboración que los grupos de científicos habían estado improvisando. En un primer momento, se encontró con resistencia, pero él insistió.

Luego, el Dr. Baltimore le presentó a los filántropos Eli y Edythe Broad, que habían hecho su fortuna en bienes raíces. Los Broads (las rimas con el nombre de código), visitaron el laboratorio del Dr. Lander la mañana de un sábado en octubre de 2002. Unos meses más tarde, se comprometieron a invertir $ 10 millones al año durante una década, por lo que el Dr. Lander podría comenzar lo que él consideraba como un experimento con una nueva clase de instituto de investigación.

El Broad Institute se convirtió en un esfuerzo conjunto entre la Universidad de Harvard y el MIT, dirigido por el Dr. Lander, que alienta a los científicos a colaborar para resolver los grandes problemas de la biología, la genética y la genómica.

En el plazo de 18 meses, los Broads han duplicado su regalo, a $ 200 millones. En el año 2008, contribuyeron con otros $ 400 millones como dotación para la permanencia del instituto. En la actualidad el instituto tiene alrededor de 1.800 científicos que colaboran en las dos universidades y hospitales de la Universidad de Harvard.

Sus objetivos suenan audaces:
"Montar una imagen completa de los componentes moleculares de la vida. Definir los circuitos biológicos que subyacen a la respuesta celular. Descubrir las bases moleculares de las principales enfermedades hereditarias. Descubrir todas las mutaciones que subyacen a los diferentes tipos de cáncer. Descubrir las bases moleculares de las principales enfermedades infecciosas. Transformar el proceso de descubrimiento en procesos terapéuticos y su desarrollo".

"La mitad del lugar se dedica a la búsqueda de la base de la enfermedad y la otra mitad se dedica a tratar de transformar y acelerar el desarrollo de terapias", dijo el Dr. Lander. "Es diferente de lo que se encuentra en muchos ambientes universitarios donde se tienen muchos laboratorios, y cada uno de ellos hace su propio trabajo".

El Broad es un experimento, dijo el Dr. Lander, que consiste en una institución y la forma de hacer investigación científica. "Esto es, en cierto sentido, un espacio protegido para ver si funciona", dijo el Dr. Lander.

La vida familiar y social del Dr. Lander
El instituto es la pasión del Dr. Lander, pero no la única. Sus días comienzan y terminan en un gimnasio en el segundo piso de su casa, donde tiene una elíptica. Él lo utiliza para dos sesiones de 40 minutos, una por la mañana y otra por la noche, ver vídeos Netflix y quema - de acuerdo con la máquina - 1.000 calorías al día. Él cuenta que perdió 42 libras el pasado verano sin tener que cambiar su dieta.

Ellos compraron el lugar, una escuela reconvertida, cuando su esposa, Lori Lander, quien es una artista, señaló que había una cancha de baloncesto en la planta superior - que podría ser una especie de lugar de reunión de vecinos, por lo que los Landers siempre saben a dónde fueron sus tres hijos.

Después de su entrenamiento de la mañana, a veces va a la panadería local, donde se puede trabajar tranquilamente. Llega a las orientaciones generales entre 8 y 10: En el otoño, es profesor de introducción a la biología a una clase  700 MIT, los lunes, miércoles y viernes por la mañana. A menudo se reúne con los estudiantes graduados y posdoctorados por la tarde para discutir su trabajo.
Entonces él tiene sus funciones administrativas y sus reuniones con los filántropos, tratando de recaudar más dinero. También dedica un 20 por ciento de su tiempo a otro papel, como co-presidente del Consejo del Presidente Obama de Asesores de Ciencia y Tecnología, que se ocupa de temas como las vacunas contra la gripe, la tecnología de la información de la salud, la educación, la ciencia o la política energética.

Por la noche, alrededor de las 6:30 o 7, cena con su familia. Su esposa cocina - al Dr. Lander le encanta cocinar, pero dice que simplemente no tiene tiempo.

También lee - ficción, no ficción, artículos del NYT - pero no tiene paciencia con la escritura que sea pobre (mala). "Yo soy muy ecléctico en mis lecturas, pero tienen que estar muy bien escritas", dijo. "Eso es una gran barrera".

Los fines de semana él y su esposa tratan de ir a Nueva York para ver teatro, otra de sus pasiones.

Y se maravilla de cómo su vida ha resultado. "Siento que soy tan increíblemente afortunado de haber terminado aquí", dijo. "Yo no podría haber previsto esto. ¿Qué pasaría si no hubiera conocido a David Botstein? ¿Qué pasaría si yo no hubiera ido a una reunión donde se discutió el genoma humano? No tengo ni idea. Esto todo es tan al azar como se ve. “Es una carrera muy extraña".

Leer todo (02 de enero 2012. Eric Lander. Por Gina Kolata) en el NYT.