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lunes, 6 de abril de 2020

Visnja Pavelic, la hija del genocida: medio siglo recluida en su piso de Madrid

La anciana Visnja veneraba la figura de su padre, Ante Pavelic, bajo cuyo régimen auspiciado por Hitler fueron asesinadas en Croacia más de 300.000 personas y quien falleció en 1959 en la España de Franco, que le dio cobijo con la máxima discreción. Antes de morir, ella nos abrió las puertas de su casa en Madrid. Y allí no encontramos culpa. Solo encontramos odio. Odio enquistado.

La hija del genocida vivía sola en un piso de Madrid que siempre estaba en penumbra. Solía tener las persianas de la sala a medio bajar y las cortinas cerradas. La anciana pasaba día tras día enclaustrada —así durante años, durante décadas, durante medio siglo— trabajando maniáticamente en el archivo de su padre, acumulado en un cuarto lleno de torres de carpetas ajadas. El silencio solo se alteraba por la tarde, cuando se sentaba a descansar en el sofá y ponía su tocadiscos para escuchar una ópera de Verdi o la voz de su barítono favorito, Gino Bechi.

Visnja Pavelic, fallecida en 2015, era la hija predilecta de Ante Pavelic, el dictador croata acogido por Franco que murió en la capital de España en 1959. Un fascista bajo cuyo mandato, auspiciado por la Alemania nazi, se persiguió desde 1941 hasta 1945 a serbios, judíos, gitanos y opositores; se operaron campos de exterminio y fueron asesinados más de 300.000 civiles, según las estadísticas del Museo del Holocausto de Estados Unidos. “Fue un régimen monstruoso y él era su líder. Para mí está al mismo nivel que Hitler”, dice Hrvoje Klasic, historiador de la Universidad de Zagreb. Ese hombre pasó sus dos últimos años de vida como un viejecito apacible dando paseos por Madrid. En una de las fotografías inéditas de la época que su hija cedió a El País ­Semanal aparece en la Puerta del Sol vestido con sobriedad, de oscuro, con sombrero y un largo gabán negro. Su rostro ha envejecido mucho, los músculos de su cara se han aflojado y su gesto es inofensivo; no frío, apretado y caudillesco como en sus retratos de los años cuarenta. Además, se había dejado crecer el bigote. Conservaba, eso sí, dos de sus rasgos más característicos: sus grandes y espesas cejas y sus enormes orejas, cuyos lóbulos le colgaban como bistecs. Al morir, con 70 años, la agencia Cifra comunicó de forma escueta que fue enterrado en Madrid en el cementerio de San Isidro “durante una ceremonia fúnebre dentro de la más estricta intimidad” y se limitó a decir: “El doctor Ante Pavelic fue jefe del Estado croata durante la II Guerra Mundial”. El diario Abc situó su breve necrológica al final de una página bajo un apartado de Ecos de Sociedad en el que se daba noticia de una boda, una petición de mano y unos juegos florales infantiles.

Hitler y Pavelic en 1944.
Hitler y Pavelic en 1944. CORDON PRESS —

¿Quiere usted un pedacito de chocolate?
La hija del genocida era una mujer seria pero amable, educada y siempre trataba de usted. Me recibió varias veces en su casa en sus últimos años de vida. Parecía que le agradaba tener compañía y hablar de la historia de su padre, aunque no quería que se publicase nada de aquellos encuentros hasta unos años después de su muerte. Cuando se terminaban las conversaciones y me despedía, me acompañaba hasta la puerta, pequeña y jorobada, repitiendo en su español de sintaxis ortopédica, correoso acento eslavo y dejes argentinos retenidos de su primera fase de exilio:

—Pero de todo esto antes de mi muerte nada, eh, nada.

Vivía obsesionada con la discreción. No quería que se hablase de ella ni que le hiciesen fotografías, y vigilaba con un celo patológico la tumba de su padre. “Iba con una sillita de tijera, se sentaba y se pasaba las tardes protegiendo su sepultura”, recordaba hace tres años Almudena Moreno, gerente de San Isidro. Como temía que los serbios fuesen a profanar su tumba, le colocó una lápida muy pesada y pidió al cementerio que no se diesen señas a extraños de dónde estaba enterrado. “Transmitía pánico”, contaba Moreno. “Yo le decía: ‘Usted tranquila, que a España no van a venir a buscarlo”. Su desasosiego se extendía hacia la posteridad y dejó hecho un trámite ante el Ministerio de Justicia prohibiendo que en un futuro los restos de su padre pudieran ser exhumados. Visnja Pavelic murió el día de Navidad de 2015, a los 92 años. Fue incinerada, y sus cenizas fueron depositadas con su padre, su madre y su hermano en San Isidro, donde continúan hasta la fecha.

Los cuatro vivieron juntos en Madrid dos años, desde que llegaron en 1957 hasta que murió el patriarca. A Visnja le encantaba la fotografía y le gustaba que se retratasen en sus excursiones. En una de ellas posan en Santa Pola, al borde del Mediterráneo. Visnja sonríe relajada. Velimir, su hermano, tiene una expresión formal, afable. María, su madre, lleva gafas de sol y su rictus luce algo contraído. Su marido está de perfil. Bajo el ala del sombrero asoma la mirada dura de antaño. La austeridad de la familia contrasta con la sospecha de que el sátrapa huyó de Croacia con una fortuna robada a sus víctimas y a su Estado. En el libro Croatia Under Ante Pavelic (2014), el historiador Robert B. McCormick apunta que Pavelic pudo desviar millones a Suiza durante la guerra y menciona un informe de la CIA según el cual en los últimos compases del conflicto, viendo desmoronarse a su protector Hitler y con vistas a su propia huida, mandó a Austria 12 cajas llenas de oro y joyas. Eso habría sucedido 14 años antes de otra de las fotografías de su hija, en la que los cuatro están sentados como domingueros a la sombra de unos pinos, con su Volkswagen Escarabajo aparcado al borde de la carretera. Visnja no recordaba con seguridad dónde la habían tomado, pero creía que pudo ser durante la última salida que hicieron con su padre en 1959, una visita al Valle de los Caídos, recién inaugurado. A Pavelic, con su inseparable sombrero, se le ve débil, con los hombros vencidos y una mirada lejana. Recuerda a Vito Corleone en El Padrino, exangüe, antes de morir.

El mafioso siciliano de la ficción y el tirano croata fallecieron igual, de viejos y por las secuelas de atentados —tiempo después—. A Corleone lo tirotearon mientras compraba naranjas en un puesto callejero de Nueva York. A Pavelic le dispararon varias balas cuando llegaba a su casa a las afueras de Buenos Aires, en 1957. “Entró de pie y dijo: ‘Me han dado”, rememoraba su hija. No se sabe quién intentó asesinarlo. Se ha especulado con que fueron pistoleros enviados por Tito, el dictador de la Yugoslavia comunista. Visnja lo negaba —“Los serbios pedían su extradición, lo querían vivo”— y sostenía que habían sido compatriotas suyos para hacerse con el control del exilio croata.

Al terminar la guerra, en 1945, Pavelic se escapó a Italia, donde se escondió en un monasterio jesuita. “Nunca nadie lo ha sabido. Solo nosotros, ¡ja!”, me dijo, muy complacida. En 1948, con el nombre falso de Antonio Serdar, embarcó en Génova hacia Argentina, siguiendo la ruta clandestina conocida como ratline por la que se fueron a Latinoamérica nazis como Adolf Eichmann, Klaus Barbie o Josef Mengele. La familia Pavelic se asentó en Buenos Aires con permiso del Gobierno de Perón y pasó allí una década. Pavelic montó una empresa de construcción. También tuvo un telar y una granja. “Teníamos gallinas”, me dijo Visnja. “Yo recogía los huevos por la mañana”.
Visnja Pavelic, con un joven croata, ante la tumba de su padre en el cementerio de San Isidro, Madrid.
Visnja Pavelic, con un joven croata, ante la tumba de su padre en el cementerio de San Isidro, Madrid. ARCHIVO VISNJA PAVELIC

Durante las entrevistas se sentaba en el sofá del salón debajo de un retrato a carboncillo de su padre, repeinado, hosco, con chaqueta blanca de mariscal.

—¿Usted no cree que sea culpable de nada?

—No, en absoluto.

En nuestros primeros encuentros solía levantarse cada poco a rebuscar documentos con los que trataba de demostrar que su padre no había sido el hombre abyecto que fue. Se perdía por el pasillo de casa, entraba en su despacho y se empezaba a escuchar un tremolar de papeles ansioso. Al cabo de dos o tres años, la osteoporosis la fue lisiando y se incorporaba menos, al final muy a duras penas y con ayuda de un andador. Entonces su recorrido por el pasillo era lento e iba acompañado de un ruidoso traqueteo, pero la mujer era más tenaz que la propia osteoporosis y alcanzaba sus legajos y volvía con ellos y volvía a repetir lo mismo de siempre.

—Es todo mentira. Todo lo que dicen de mi padre es mentira. Todo, todo.

El Estado Independiente de Croacia, instalado por los nazis después de su invasión de Yugoslavia en 1941 y dirigido por Pavelic hasta 1945, tenía como objetivo lograr una nación pura en lo étnico y en lo religioso, netamente croata y católica. En su mayor campo de concentración, Jasenovac, fueron asesinadas al menos 83.145 personas según datos oficiales; entre ellos, 47.627 serbios, 16.173 romaníes y 13.116 judíos; 20.101 del total eran niños menores de 14 años. Los ustasha —rebeldes en croata; como se conocía a los soldados de Pavelic— mataban con una ferocidad que impactaba incluso a sus aliados nazis. En el libro Ustasa (1998), el historiador Srdja Trifkovic pone en boca del general Von Glaise-Horstenau, representante militar del Führer en Croacia, que la “revolución” de Pavelic había sido “con mucho la más sangrienta y horrible” de todas las que había visto. “En la infame Jasenovac”, escribe Robert McCormick, “miles de hombres, mujeres y niños fueron masacrados con balas, hachas, martillos y con cualquier otra herramienta al alcance”. El apetito asesino de los ustasha solo era comparable, dice, “al de los miembros de las SS más maniacos del III Reich”. El relato 44 meses en Jasenovac (2016), del superviviente Egon Berger, es una suma de detalles atroces: “El eco de alaridos horripilantes atravesaba el cuarto mientras Milos rajaba su cuerpo de arriba abajo, para luego cortarle el cuello”, “Uno de los ustasha, un niño de 12 años, sacó su cuchillo y le cortó las orejas al sacerdote”, “Mientras los alemanes envenenaban a sus víctimas y luego las quemaban, los us­tasha arrojaban a humanos vivos al fuego”, “El cementerio apestaba en los días más cálidos porque los cadáveres estaban enterrados en tumbas muy poco profundas. En ese mismo campo, donde fueron enterrados nuestros amigos y familiares, los ustasha habían plantado tomates”.
Ante Pavelic, de sombrero, paseando por la Puerta del Sol de Madrid.
Ante Pavelic, de sombrero, paseando por la Puerta del Sol de Madrid. ARCHIVO VISNJA PAVELIC

 —Lo de Jasenovac es todo una exageración —me dijo la anciana—. Era un campo de trabajo, y había pobreza, pero tenían médicos, sus propios dirigentes, todo lo que querían. Eso no era ­Auschwitz, ¿comprende? Estaban todos vivos y tranquilos.

De todas las salvajadas atribuidas a su padre, le irritaba especialmente una anécdota relatada por el periodista Curzio Malaparte en su libro Kaputt. Malaparte, que tendía a aliñar sus crónicas con literatura, describe una entrevista con Pavelic en su despacho en la que el caudillo, en traje militar y con botas de montar, tenía una cesta de mimbre sobre el escritorio. La tapa estaba medio abierta. Siempre según su relato, Malaparte pensó que eran moluscos frescos y le preguntó si eran ostras de Dalmacia. “Ante Pavelic levantó la tapa del cesto, sacó un puñado de viscosas y gelatinosas ostras y, lanzándome una de sus sonrisas llenas de bondad y cansancio, dijo: ‘Es un regalo de mis fieles ustasha: veinte kilos de ojos humanos”.

—¡Ja! —exclamó ella—. ¡Increíble lo que dice este hombre! Todo falso, es todo falso.

Sobre la mesa de la sala tenía un libro titulado La industria del Holocausto y los tres diarios que compraba cada mañana, EL PAÍS, El Mundo y Abc. Insistía en que su padre no había sido “ni nazi ni fascista”, sino un nacionalista que luchó “por la liberación de Croacia del yugo serbio”. No mostraba ni el más remoto sentimiento de culpa.

No parecía cínica. Parecía ciega.

Esa fue una actitud repetida entre los descendientes de jerarcas nazis. En su libro Hijos de nazis (2016), Tania Crasnianski pone ejemplos: “En el caso de los hijos, las defensas mentales son, en efecto, muy fuertes. Gudrun Himmler siempre se caracterizó por su total falta de perspectiva frente a la figura paterna”. Como Gudrun, “Edda Göring sentía un amor inalterable por su padre y se negaba a ver en él a uno de los iniciadores de la Shoah”. Edda, como Visnja, “vivió atrincherada en una pequeña vivienda de Múnich y el apartamento era un museo a la gloria de ese hombre”. Wolf Rüdiger Hess siempre idealizó a su padre y “nunca dejó de considerarlo un mensajero de la paz”.

Desde los tiempos de Buenos Aires, Visnja se convirtió en la persona de confianza de su padre. Después del atentado, organizó en secreto su salida hacia España. Desde Madrid, un cura croata le comunicó que el canciller español Fernando María Castiella había dado luz verde a la llegada de Pavelic con una condición: “Pídales solo una cosa, padre: discreción”. En Madrid alquilaron un apartamento junto al Retiro. Ella salía a diario con su padre a dar paseos por el parque. Organizaba sus papeles y los contactos con la diáspora del sátrapa exánime. En la última fotografía que se hicieron, el viejo, sentado, tiene la mirada ausente y una mano apoyada con delicadeza en la sien. Su hija, de negro mortuorio, mira de pie a la cámara, dura como un pedernal.

Cuando él murió, se quedaron solos María, Visnja y Velimir. En 1961 se mudaron al piso en propiedad en el que pasarían el resto de sus vidas. María, la madre, cocinaba, cosía y se ocupaba de la casa. Murió en 1984. Velimir tocaba el violín y se pasaba horas encerrado leyendo libros de filosofía e historia política, escribiendo aforismos y encadenando un cigarrillo detrás de otro. Murió de un cáncer de pulmón en 1998. La casa estaba en la zona de Concha Espina, cerca del Santiago Bernabéu. Visnja recordaba que los fines de semana se oían desde la sala los goles del Real Madrid, pero nunca tuvieron la curiosidad de recorrer los 10 minutos que los separaban del estadio para ver a Di Stéfano, Amancio o Butragueño.

Se mantenían, decía, gracias a los derechos de los escritos de su padre —entre otros, Errores y horrores, un ensayo anticomunista que citaba con reverencia— y de las contribuciones que hacían a la familia Pavelic las organizaciones del exilio desde países como Canadá o Australia. Visnja quedó como heredera simbólica de su padre, y el sepulcro de San Isidro, como un santuario para nostálgicos ustasha. Durante la guerra de los Balcanes, los milicianos croatas cantaban con las armas en la mano al volver del frente: “En Madrid hay una tumba de oro y en ella descansa Pavelic, caudillo de todos los croatas. Levántate, Pavelic, por ti moriremos todos”. Cada vez que jugaba en España un equipo de fútbol croata, los hinchas radicales, e incluso los futbolistas, visitaban el cementerio y la buscaban a ella para presentarle sus respetos. En otra fotografía de su archivo personal aparece junto a la tumba acompañada por un joven ataviado con un traje tradicional croata. En aquella señora de gafas y pelo blanco, menuda como un pajarito, latía todavía una ultranacionalista que expresaba un odio genocida hacia los serbios: “Son creados criminales. No hay un serbio que no sea criminal. ¡No han hecho otra cosa más que matar! Nada más. Matar es cosa genética en ellos, y nosotros lo único que hemos hecho es defendernos”, me dijo.(*)

La última vez que la vi le costaba mucho moverse. Llevaba al cuello un botón de emergencias para personas de la tercera edad. Ya apenas se comunicaba en persona con nadie, aparte de su empleada de la limpieza y de una sobrina que vivía en Ontinyent, Valencia, y a veces iba a visitarla. Contactada por personas interpuestas, su sobrina no quiso participar en este reportaje, y cuando nos desplazamos a Ontinyent para tratar de hablar con ella, el Ayuntamiento de este municipio de ambiente manso y soleado nos informó de que no seguía empadronada allí.

En aquella última visita, la anciana me contó que un investigador croata se había llevado de su casa tres baúles llenos de documentación sobre Pavelic para enterrarlos en algún lugar de Croacia.

—¿Por qué enterrarlos? —le pregunté.

—Para que esté todo seguro —respondió—. Debajo de tierra estará todo seguro, seguro.

A continuación me entregó la última fotografía de su padre.

El cuerpo del dictador en el hospital Alemán de Madrid, tendido en bata en una cama con un ramo de flores sobre las piernas. En su quijada, en sus pómulos, en su nariz se marca la rigidez de la muerte, y permanecen ahí esas ominosas cejas negras, aquellas enormes orejas. Sobre el cabecero de la cama había un crucifijo, y a los lados, dos tétricos cirios con la llama encendida. Por la ventana, con las cortinas abiertas, entra una luz enferma de invierno que ilumina su cadáver.

—Fue muy difícil ser hija de este hombre —dijo Visnja Pavelic—. Muy difícil.

https://elpais.com/elpais/2020/03/17/eps/1584471192_157479.html

* Esto de poner lo que ella dice, al parecer por "respeto" a la libertad de expresión, de estos personajes que no respetaron no ya la opinión, sino la vida, y su maldad llego a los peores crímenes y torturas, es ya no solo una ignominia, sino una muestra de falta de justicia y profesionalidad.
Como el que oye a uno que afirma, está lloviendo y a otro que dice lo contrario, y publica las dos afirmaciones como ejemplo de "neutralidad". Con lo fácil que sería comprobarlo y constatar la verdad. El periodista muestra un "respeto" por estos personajes que ellos claramente no merecen. El fue un asesino genocida y criminal y ella una colaboradora de su huida, ocultamiento y evasión ante la justicia como se merecía. La Iglesia tampoco ha dado ejemplo, ni de justicia, ni de bondad al procurarle la ocultación y evasión a semejante criminal genocida.

sábado, 1 de febrero de 2020

_- Cuando la RAF y las Fuerzas Aéreas del Ejército de Estados Unidos (USAAF), convirtieron Dresde en otra Pompeya. Un nuevo libro describe con intensidad pasmosa la icónica destrucción de la ciudad alemana en 1945.

_- En el horror inabarcable de la II Guerra Mundial, el bombardeo de la ciudad alemana de Dresde destaca con un fulgor siniestro.
El 13 de febrero de 1945, pronto hará 75 años, dos oleadas sucesivas de bombarderos, 244 aparatos británicos la primera y 552 estadounidenses la segunda, arrasaron brutalmente la población en 18 horas de espanto, desatando un infierno en el que se abrasaron en medio de escenas dantescas millares de personas, la mayoría civiles y en gran proporción mujeres, niños y ancianos, muchos de ellos refugiados que huían del avance soviético. El ataque devastó Dresde, de 650.000 habitantes, considerada la Florencia del Elba por su riqueza patrimonial y el nivel de su cultura. La destrucción de la ciudad, uno de los episodios emblemáticos de la guerra, símbolo para algunos de la indecencia de la guerra total y objeto desde que sucedió de intensos debates y polémicas, la relata ahora en un libro tan detallado como conmovedor, Dresde 1945, fuego y oscuridad (Taurus, 2020), el escritor británico Sinclair McKay —autor de varias obras sobre los decodificadores de Bletchley Park—.

Basándose en un estudio exhaustivo de las fuentes, sobre todo de testimonios de testigos del bombardeo, tanto habitantes de Dresde como aviadores, el estudioso revive la tragedia de una manera estremecedoramente vívida y caleidoscópica, llevando al lector de las heladas cabinas de los Lancaster en las que los jóvenes tripulantes se aferraban a amuletos como el sujetador de su novia para sobrellevar el miedo allí en los cielos (50.000 aviadores habían muerto en la campaña aérea, de manera horrenda), a los sótanos abarrotados en los que se refugiaba la población y que se convirtieron en trampas mortales. McKay, que calcula que 25.000 personas murieron en Dresde aquella noche, describe imágenes que cuesta desterrar de la memoria: el anciano cegado que avanza en medio del incendio como un rey Lear ardiente, la abuela calcinada ante los ojos de su nieta al prenderle en la ropa una bengala incendiaria, la gente hervida en los tanques de agua donde habían buscado refugio, los cuerpos de las embarazadas cuyos vientres se habían abierto por efecto del calor para revelar a los hijos nonatos.

¿Hay que considerar el bombardeo de Dresde un crimen de guerra?
"El término me hace dudar", responde McKay, "fue una atrocidad terrible, pero crimen de guerra es un concepto jurídico y entonces deberíamos analizar si todos los bombardeos sobre las ciudades alemanas lo fueron. Además, Dresde tenía un indudable valor estratégico, era un objetivo militar, con ferrocarriles, tropas, fábricas en el centro de la ciudad que producían material bélico".

¿Estaba justificado hacer algo así para vencer al mal indiscutible del nazismo?
"La cuestión moral, efectivamente, es el núcleo del bombardeo de Dresde. Ya en 1943, Churchill tenía serias dudas sobre la moralidad del bombardeo de ciudades y acusó al Mando de Bombardeo de la RAF de "actos de terror". Otros, como el mariscal del Aire Sir Arthur Harris, el Carnicero, no entendían esa actitud". ¿Es Dresde la Gernika alemana?

"El horror provocado por los bombardeos aéreos empieza con Gernika, Dresde es parte de ese patrón terrible que culmina en Hiroshima y Nagasaki".
Sobre si sirvió para algo el bombardeo de Dresde, McKay reflexiona: "Es distinto decirlo ahora, cuando miramos a febrero de 1945 y sabemos que la guerra finalizaría en dos meses, pero la gente entonces no lo sabía, claro, y los aliados observaban alarmados que los soldados alemanes seguían resistiendo. La guerra podía alargarse. En ese sentido hay que recordar que el bombardeo de Dresde, al lado de todo el horror, generó efectos militares inmediatos: obstaculizó los movimientos del Ejército alemán, ayudando al Ejército Rojo y además el shock que provocó en la población civil alemana les devolvió a la cruda realidad de que Hitler no iba a darle la vuelta a la guerra con sus armas maravillosas, que el régimen nazi estaba acabado".

Algunas de las imágenes que se describen en el libro sugieren una peligrosa comparación con el genocidio nazi: los cadáveres apilados en las calles, la cremación de los cuerpos en parrillas improvisadas, el propio horno en que se convirtió la ciudad. "Desde luego no lo he hecho explícitamente, pero por supuesto es peligroso comparar. Es evidente que tenía que mostrar esas cosas, pero nunca he querido hacer ningún tipo de comparación. Parte de la dificultad de la historia del bombardeo de Dresde es que la extrema derecha alemana actual trata por todos los medios de mostrar a los civiles muertos como mártires, pretendiendo que se vean como equivalentes de las víctimas del Holocausto: no creo que se pueda tomar ese camino. La planificación y ejecución del Holocausto, la maldad, el sadismo, la premeditación y el horror de todo aquello es algo aparte, otra dimensión con respecto a un bombardeo nocturno, independientemente de lo horrible que este fuera y de que hubiera niños. Esa barbaridad no deja de estar en el núcleo de la guerra".

El autor recalca que las autoridades actuales de Dresde están angustiadas por el intento de apropiación de sus víctimas por la extrema derecha. McKay cuestiona también la idea expresada por el historiador alemán Jörg Friedrich en El incendio (Taurus, 2003), de que la población civil alemana fue tan víctima de la guerra como las otras. En su libro no deja de señalar que Dresde fue una ciudad entusiásticamente nazi y cosas como que a los pocos judíos que quedaban no se los dejaba entrar en los refugios arios.

Dresde 1945, escrita con un pulso narrativo excelente (trasladado al castellano por Martín Schifino), une a su rigor documental una estructura dramática apasionante. "Eso es fácil cuando tienes fuentes tan buenas y literarias como Kurt Vonnegut y Victor Klemperer, que estaban en Dresde, el primero como prisionero de guerra y el segundo, judío, llevando una vida de semiclandestinidad, pero hay muchos otros testigos oculares que escribieron crónicas de gran calidad y detalle".

¿Cuál le parece la imagen más horrible del bombardeo?
"Hay tantas, la atmósfera en los sótanos, esa claustrofobia, con la luz de la bombilla que se apaga. Eso es lo que más me ha angustiado al escribir. Tenía que parar a menudo y salir a correr para desprenderme de aquello".

La tormenta de fuego fue también terrible.
"Parece algo casi sobrenatural, pero eso ha pasado ahora en los incendios de Australia. Los científicos aún estudian la parte física de ese fenómeno que se llevó gente volando. El aire se pone del revés, el oxígeno es absorbido, no se puede respirar. Ser capaz de hacer eso es como tener el poder de Dios, algo bíblico, sí".

De las cuentas del horror, esos 25.000 muertos, dice que en realidad nunca se sabrá la cifra exacta, pero que se hizo un recuento muy pormenorizado y no pueden haber sido muchos más, pese a Goebbels y David Irving. "En todo caso sigue siendo una cantidad enorme". McKay subraya su intención de hacer justicia a las víctimas de Dresde, explicando sus vidas y sus muertes. Añade que al describir los tormentos del fuego en la carne ha optado por explicar las impresiones que el lector puede entender. "Es imposible saber lo que se siente al explotar, pero sí al notar que te quedas ciego ante algo que parece nieve ardiente, o que te asfixias en un sótano".

De una de las imágenes canónicas de Dresde, la de la mujer a la que se le abre la maleta y lleva dentro el cuerpo abrasado y reducido al tamaño de un muñeco de su hijo, dice que “desde luego no es una leyenda urbana, algo que en Dresde no hace falta”, y que hubo varios casos de personas que transportaban a sus familiares muertos para que no fueran a parar a las fosas comunes. Él relata el caso de una mujer que llevaba lo que quedaba de su hijo en un saco.

La historia de Dresde tiene un eco de Pompeya.
"Sí, hay algo, la magnitud de la catástrofe, las imágenes apocalípticas, la propia física de la destrucción que parece desafiar el entendimiento, y la desnudez de la muerte".

EL MONUMENTO A LAS TRIPULACIONES DE LOS BOMBARDEROS
Del monumento en Picadilly, en Londres, a las tripulaciones británicas de bombarderos, los Bomber Boys, inaugurado en 2012, Sinclair McKay considera que "por fin se ha hecho, se ha tardado mucho, es muy controvertido y se ha lanzado pintura en alguna ocasión sobre él, pero desde luego si hay que acusar a alguien de crímenes de guerra no es a las tripulaciones, esos chicos mucho más inteligentes y sensibles de lo que se piensa y que lucharon con mucho valor".

https://elpais.com/cultura/2020/01/22/actualidad/1579715883_502339.html

Más:
https://www.lavanguardia.com/cultura/20200123/473082086941/dresde-borbardeo-raf-aniversario-mckay.html


¿Qué son los crímenes de guerra?
El término de crímenes de guerra, definido por el Derecho internacional y la Convención de Ginebra, se refiere a las infracciones graves del Derecho Internacional Humanitario que se cometen durante un conflicto armado.

¿Cuáles están catalogados como crímenes de guerra?
El asesinato o malos tratos a prisioneros de guerra, civiles o náufragos.
Deportación para obligar a realizar trabajos forzados a la población civil en territorios ocupados.
Genocidios contra la población.
La toma y ejecución de rehenes.
La destrucción o devastación injustificada de poblaciones.
El robo de bienes públicos o privados.
La Comisión de Crímenes de Guerra de la ONU fue la primera organización internacional en incluir la violación como un delito grave.

Historia de los crímenes de guerra
Algunas de las primeras personas en ser juzgadas por crímenes de guerra fueron el exprimer ministro japonés Hideki Tojo, por los Juicios de Tokio en 1946, o el expresidente yugoslavo Slobodan Milosevic en 2002.
Los juicios de Nuremberg contra nazis.


Desde 2002, el Tribunal de La Haya se encarga de perseguir los crímenes de guerra cometidos tras esa fecha, que se recogen en el artículo 5 del Estatuto de Roma.

Genocidio
Aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos.

martes, 14 de agosto de 2018

_- LA MATANZA DE BADAJOZ. UN AÑO MÁS CONTRA EL OLVIDO, VERDAD Y MEMORIA. El 14 de agosto, se cumplen 82 años del inicio de la matanza de Badajoz por la Columna de la Muerte, al mando del teniente coronel Yagüe.

_- sábado, 11 de agosto de 2018

Hoy, 14 de agosto, se cumplen 82 años del inicio de la matanza de Badajoz por la Columna de la Muerte, al mando del teniente coronel Yagüe, de infausta memoria. 82 años del día más nefasto de la reciente historia de Badajoz, a partir del cual comenzó un período de violencia criminal que se llevó por delante a miles de personas, y que marcó para siempre la vida de esta ciudad.

La masacre que se desarrolló en la ciudad de Badajoz, a partir del 14 de agosto de 1936, fue una de las primeras evidencias ante el mundo, de la política de exterminio del adversario, programado por los militares golpistas.

Es posible que Badajoz sea la ciudad española en que, en relación con su población, un mayor número de personas fueran asesinadas a consecuencia del golpe militar y de la masacre realizada tras su ocupación en agosto de 1936.

El cementerio de San Juan, y otros lugares de la ciudad, pertenecen a la historia silenciada y oculta de Badajoz. Allí fueron asesinadas muchas personas que pasaron luego a fosas comunes, muchos incinerados, abiertas en el interior de dicho cementerio, hechos de los que existe documentación gráfica, como son las imágenes captadas por el cámara periodista francés René Brut que dieron la vuelta al mundo. No hay Memoria sin lugares, ni lugares sin Memoria.

Uno de los estudios más exhaustivos y documentados sobre la matanza es el realizado por el historiador Francisco Espinosa, quien, en su libro "La columna de la muerte" (Editorial Crítica, 2003), documenta unos 1.400 asesinatos registrados en los libros del cementerio y del Registro Civil, pero constata que las personas asesinadas podrían ser más de 3.800, pues muchos nunca fueron registrados.

Como dice el citado historiador sobre la represión franquista: "Dos fueron los instrumentos de los que se sirvieron los golpistas para llevar a cabo el plan represivo: los bandos de guerra y los consejos de guerra sumarísimos de urgencia. Es sobradamente conocido el bando publicado por la Junta Militar el 28 de julio de 1936; sin embargo son totalmente desconocidos aquellos con los que se funcionó realmente a nivel local desde el primer momento. En la práctica los bandos de guerra pretendieron dar un barniz seudolegal a la gran matanza del 36. Luego miles de personas serían inscritas en los registros civiles con la causa de muerte: "Aplicación del Bando de Guerra". No obstante, lo que interesa destacar de esta etapa fue el altísimo número de personas que quedaron sin inscribir en el registro Personas de cuya muerte no ha quedado huella alguna: detenidas ilegalmente, asesinadas y enterradas por lo general en fosas anónimas abiertas en los cementerios, en el campo e incluso en fincas particulares. "El mapa de las fosas comunes se superpone a la España donde triunfó el golpe militar y se aplicó de inmediato el calculado plan de exterminio que los sublevados tenían previsto desde el principio".

"Respecto a la represión franquista cabe establecer tres etapas. La primera, la de la represión salvaje con los bandos de guerra, comprende desde el 17 de julio del 36 a febrero de 1937. La segunda, la de los consejos de guerra sumarísimos de urgencia, va de marzo de 1937 a los primeros meses de 1945. Podría parecer que el final de la guerra marca una separación pero realmente es lo mismo; quizás la disminución del ritmo represivo iniciado en el 36 se perciba a partir de 1943. Y la tercera sería la gran oleada represiva de fines de los cuarenta y de los años cincuenta, marcada por la eliminación de docenas de guerrilleros y de cientos de personas acusadas de servirles de apoyo".

La gran matanza
El periodista portugués Mário Neves fue uno de los testigos de primera mano de los sucesos de Badajoz, en las crónicas que remitió al Diário de Lisboa, algunas de las cuales fueron censuradas por el gobierno de António de Oliveira Salazar, claramente favorable al bando franquista. Neves regresó a Lisboa horrorizado por el espectáculo del que había sido testigo, y se juró no volver jamás a Badajoz, pero lo hizo en 1982, para recorrer los lugares donde presenció estos hechos en un documental para televisión, fragmento del cual puede verse en esta entrada:

Mario Neves, periodista de DIARIO DE LISBOA, Testigo de la matanza

René Brut, a su regreso a Paris

Reseñas:
En la Portada del Diário de Lisboa del sábado 15 de agosto de 1936, el titular decía: "Badajoz ha sido entregada a los legionarios y regulares marroquíes.". "Escenas de horror y desolación en la ciudad conquistada por los rebeldes." La crónica la firma Mário Neves e incluye la entrevista con Juan Yagüe, donde le informa y no le desmiente que ya hubiera unos 2.000 fusilados.

"Durante toda la jornada, se produjeron asesinatos por las calles de la ciudad, sobre todo a cargo de legionarios marroquiés. El mismo día 14, Yagüe ordenó el confinamiento de todos los prisioneros -la mayoría civiles- en la plaza de toros".

Según artículos publicados por los corresponsales de Le Populaire, Le Temps, Le Figaro, Paris-Soir, Diário de Lisboa y Chicago Tribune se produjeron ejecuciones en masa en varios lugares de la ciudad, y las calles aparecían sembradas de cadáveres.

El 15 de agosto, el enviado de Le Temps, Jacques Berthet, enviaba su crónica:

"...alrededor de mil doscientas personas han sido fusiladas (…) Hemos visto las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre (…) Los arrestos y las ejecuciones en masa continúan en la Plaza de Toros. Las calles de la ciudad están acribilladas de balas, cubiertas de vidrios, de tejas y de cadáveres abandonados. Sólo en la calle de San Juan hay trescientos cuerpos (…)".

El 18 de agosto, Le Populaire publicaba:

«Elvas, 17 de agosto. Durante toda la tarde de ayer y toda la mañana de hoy continúan las ejecuciones en masa en Badajoz. Se estima que el número de personas ejecutadas sobrepasa ya los mil quinientos. Entre las víctimas excepcionales figuran varios oficiales que defendieron la ciudad contra la entrada de los rebeldes: el coronel Cantero, el comandante Alonso, el capitán Almendro, el teniente Vega y un cierto número de suboficiales y soldados. Al mismo tiempo, y por decenas, han sido fusilados los civiles cerca de las arenas».

El martes 18 de agosto, el Premio Nobel de Literatura francés François Mauriac, publicó en primera plana de Le Figaro un artículo sobre los sucesos de Badajoz que conmocionó a Europa. El 30 de agosto apareció en el Chicago Tribune el famoso artículo de Jay Allen, en el que narró con gran crudeza los terribles sucesos de la ciudad.

Otro testigo de la matanza
Dentro de programado plan de exterminio del adversario politico, los golpistas que tomaron la ciudad, asesinaron a tres de los alcaldes durante la República que la ciudad había tenido.

Vaya aquí un recuerdo y algunos datos de estos tres alcaldes de Badajoz injustamente asesinados por la barbarie fascista, en aquel verano de 1936:

F. Eladio López Alegría. Republicano. Concejal hasta el 14 de Agosto de 1936. Abogado, Fiscal y Corredor de Comercio, Secretario de la Cámara Urbana. Primer alcalde de la II República. Presidente de los Jurados Mixtos Agrarios. Presidente comisión para la reforma agraria en Badajoz. Fue asesinado el 16 de Septiembre de 1936, en las tapias del cementerio.

Juan Antonio Rodríguez Machín. Republicano. (Acción Republicana). Tercer alcalde tras Rodrigo Almada. Concejal hasta el 14 de Agosto de 1936. Fue asesinado el 20 de Agosto de 1936. Natural de Orellana la Vieja. Vecino de Badajoz. 53 años. Soltero.

Sinforiano Madroñero Madroñero. Socialista. Alcalde en dos etapas. Era el alcalde de la ciudad el 14 Agosto de 1936. Natural de Santi-Spiritu. Vecino de Badajoz. 34 años. Soltero. Fue asesinado el 20 de Agosto de 1936, tras ser devuelto por las autoridades portuguesas tras su marcha al país vecino, donde sin respetar el Derecho internacional humanitario y de asilo, fue entregado sin procedimiento alguno y sin garantías jurídicas de clase alguna, por la policía política salazarista a elementos golpistas franquistas de Badajoz.

IN MEMORIAM. Para todos los asesinados y desaparecidos en Badajoz, en aquellos tristes días que sucedieron a aquel nefasto 14 de agosto. Verdad, justicia y reparación.
Publicado por ARMHEX en 0:02

https://armhex.blogspot.com/2018/08/la-matanza-de-badajoz-un-ano-mas-contra.html

"Tal día como hoy Federico Garcia Lorca, moría de muerte natural por fusilamiento a manos de unos que no eran ni buenos ni malos, solo españoles. Y que lógicamente, hoy día podrían sentirse molestos si sacamos a Lorca de la cuneta a donde lo tiraron -(Y que aún hoy, más de 82 años después, desconocemos su lugar exacto)- porque eso es reabrir heridas." @gerardotc gerardo tecé

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miércoles, 8 de agosto de 2018

Hiroshima y Nagasaki, 73 años del genocidio de Estados Unidos

AVN


Cuatro meses después de finalizar la II Guerra Mundial, el 6 de agosto de 1945, una explosión instantánea dejó más de 100.000 fallecidos, a las que se sumaron luego otras 185.000 producto de la radiación provocada por las bombas atómicas que Estados Unidos arrojó en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

La noche anterior a la explosión de la bomba en Hiroshima, la alarma por bombardeos aéreos había sonado en la ciudad, no obstante, al día siguiente se levantó la alerta y los habitantes de la ciudad — un poco más de 350.000 personas — fueron a sus trabajos y colegios.

Era las ocho de la mañana, cuando la bomba Little Boy, creada por el Gobierno de los Estados Unidos (EEUU), cayó en la nación asiática, destruyendo el 90% del país.

"Muy pronto comenzamos ver gente saliendo de Hiroshima, todos quemados y la piel cayéndose de la cara, de los brazos. No llevaban ropa, se les había quemado. No sabíamos si eran hombres o mujeres", explicó al medio alemán Deutsche Welle, Mitsuko Heidtke, sobreviviente de la bomba atómica.

Heidtke tenía solo 10 años cuando EEUU decidió atacar al país asiático, como una amenaza para lograr que Japón se rindiera. Su madre desapareció ese día, su padre murió días después de cáncer.

La bomba fue lanzada a unos 9.600 metros de altura, y estalló a 600 metros de altura de la ciudad 43 segundos después de haber sido lanzada. La mayoría de víctimas con síntomas severos de radiación murieron de tres a seis semanas después del bombardeo.

Bun Hashizume, otra de las sobrevivientes del fuerte y atroz ataque autorizado por el presidente estadounidense Harry Truman, explicó que — por motivo de que los jóvenes se encontraban en la guerra del Pacífico con el gobierno de la nación norteamericana — la nación ordenó a hombres y mujeres en edad para cursar la secundaria dejaran las aulas de clase para trabajar.

"Estaba de pie junto a una ventana en el 3º piso del Ministerio de Comunicación (donde trabajaba) cuando vi un poderoso destello. Pensé que el sol se caía en frente de mis ojos. En una fracción de segundo vi arcoiris de colores en todas partes. Ese fue el momento en el que explotó la bomba", manifestó en un testimonial animado, presentado por el medio británico BBC.

Su madre, hermana y tía sobrevivieron al ataque, no obstante, su hermano falleció durante la explosión, indicó.

Un humo blanco invadió la ciudad asiática, llevándose con él niños, animales, en resumen; todo ser vivo desapareció, así como varios edificios. 80.000 personas aproximadamente murieron ese día, sin contar las personas que fallecieron días después a causa de la radiación. 44 segundos le bastó a EEUU para acabar con un país y, 73 años después, los efectos de la radiación siguen.

Tres años después de la explosión, el número de casos de leucemia entre los hibakusha (como se le conoció a los sobrevivientes) ya era superior al de las poblaciones no expuestas y el aumento del riesgo relativo (comparado con grupos de control) tendría su pico a los siete años. Los que eran niños en 1945, presentaron los mayores índices de leucemia de todos los supervivientes.

73 años después, el gobierno de Estados Unidos no ha cambiado. A principios de año, el presidente estadounidense Donald Trump amenazó a Corea del Norte de hacer uso de toda su fuerza nuclear, sí era amenazada la seguridad del país; luego de que el líder de esta nación amenazara en igual de magnitud el uso de una posible arma nuclear.

"Todo EE.UU. está al alcance de nuestras armas nucleares y tengo un botón nuclear en mi escritorio. Es una realidad, no una amenaza", dijo este año el líder norcoreano Kim Jong-un.

Trump por su parte respondió: "Alguien de su régimen hambriento y empobrecido por favor infórmele que yo también tengo un botón nuclear, pero es mucho más grande y más poderoso que el suyo, ¡y mi botón funciona!", abriendo así una ventana que se pensaba cerrada hace 73 años.

El pasado 12 de junio, Kim Jong-un y Trump sostuvieron una cumbre histórica en Singapur, en donde la Paz y desnuclearización fueron los dos puntos principales del acuerdo firmado por ambos mandatarios.

Fuente:
http://www.avn.info.ve/contenido/hiroshima-y-nagasaki-73-a%C3%B1os-del-genocidio-estados-unidos

sábado, 28 de julio de 2018

_- Notas sobre Siria y el advenimiento de la tanatocracia global

_- Jules Etjim

Path & Bridges

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Theodore Gericault, pinturas preparatorias para La balsa de la medusa (1818-1819)

El monstruo más frío
En Así habló Zaratustra, Nietzsche llamaba al Estado el monstruo más frío; podríamos añadir que no hay Estado tan frío como una tanatocracia. En estos momentos existen realmente muy pocos regímenes tanatocráticos auténticos, pero incluso utilizando la definición más estricta (aquí hacemos uso de la más imprecisa), Siria se clasifica como tal sin ambigüedades. Siria es un Estado tanatocrático cuya cleptocrática élite gobernante ha intentado mantener a toda costa su gobierno recurriendo sin cortapisas al genocidio, torturando y asesinando sistemáticamente a su pueblo a escala industrial utilizando la muerte, directa e indirectamente, para administrar a la población a través de una escalada de estrategias gubernamentales que van reduciendo una demografía específica, destruyendo todas aquellas ecologías sociales que cree alimentan la rebelión. La destrucción genocida o desagregación de algunos grupos sociales por parte del Estado va acompañada de una serie de esfuerzos para conseguir un ambiente favorable a otras demografías consideradas compatibles con el imperativo principal: la supervivencia de la élite gobernante.

Desde luego, en el Norte global, en gran medida pacífico, y en otros lugares, muchos verían con malos ojos la sugerencia de que Asad (y sus aliados) son responsables del medio millón o más de sirios asesinados desde 2011, aunque Asad realmente lo sea. Eso es más de medio millón de personas asesinadas en una población de 22 millones, de las cuales 5,6 millones han huido del país creando una espantosa crisis de refugiados, con millones de seres obligados a vivir en campamentos que cada vez son más grandes en el Líbano, Jordania y Turquía, y varios millones más de desplazados dentro de Siria. En su guerra para aplastar la revuelta del pueblo sirio, Asad y sus aliados han utilizado tanques, aviones de combate, ataques de misiles, bombas de barril, fósforo blanco, gas de cloro, gas sarín y otras armas, asediando ciudades, suburbios, pueblos y sus poblaciones civiles.

Thomas Hobbes en Damasco

En un breve artículo “El peligro de un ‘estado de naturaleza’”, escrito en septiembre de 2011, meses después de que se iniciara la “Primavera Árabe”, Yassin al-Haj Saleh, el veterano activista que pasó muchos años en las prisiones baazistas del padre de Asad, Hafez, fue el primero en dar la alarma sobre la degeneración de la rebelión popular contra Asad. Saleh trazó el peligroso giro hacia la militarización defensiva por parte de la revolución, un cambio que en sí mismo no fue sino la reacción a la implacable contrarrevolución de Asad (1).

La revolución siria (y la “Primavera árabe”) es el acontecimiento histórico más importante desde el colapso de la Unión Soviética, pero no ha recibido la atención que merece. Tal vez se deba a que la “Primavera Árabe”, cuyo punto de partida fue Túnez, se encontró con fuertes vientos en contra después del período inicial de lucha ascendente entre 2010-2011. A la revolución egipcia se la hizo fatalmente retroceder cuando el primer presidente democráticamente electo del país, Mohamed Morsi, fue derrocado con un golpe de Estado contrarrevolucionario organizado por el ejército egipcio tan sólo un año después de ocupar el cargo. Otra razón del abandono de la revolución siria es el fracaso de la izquierda global, especialmente en Europa y América del Norte, a la hora de construir un movimiento de solidaridad en su apoyo. Lo que sucedió en cambio, en la medida en que la solidaridad se extendió a cualquiera de las partes en Siria, fue que la tanatocracia de Asad resultó ser la principal beneficiaria. La izquierda global se ha mostrado en muy gran medida indiferente ante los crímenes de un régimen donde la vida está subordinada a la muerte y la precariedad biológica es la norma, y donde a un número inconcebible de personas se le impone la muerte física, social y cultural.

A pesar del sufrimiento de su pueblo, Siria es comúnmente observada a través del prisma de la posverdad y el escepticismo nihilista. Gran parte de la izquierda global se ha unido a las filas crecientes de excéntricos que trafican con teorías conspirativas que promueven el punto de vista, cuya falsedad es demostrable, de que el régimen asesino de Asad fue blanco de un intento de cambio de régimen por parte de EE. UU., considerando a los opositores revolucionarios de Asad a través de las lentes del orientalismo y la islamofobia. Este diabólico consenso de cajón de sastre repite como papagayo la propaganda asadista que retrata a Asad como una combativa oposición laica en lucha contra una oposición dominada por jihadistas salafistas. En siete años de lucha brutal de Asad para aplastar la “Primavera Siria”, pocos han intentado documentarse sobre qué es lo que está realmente sucediendo en Siria ni se han interesado en escuchar las voces de los sirios comunes: esas personas que, a pesar de su sufrimiento, son literalmente invisibles o meras cifras para los miedos paranoicos y las ansiedades de los ciudadanos del Norte global.

En una apropiación deslumbrante, Yassin al-Haj Saleh invocaba al filósofo político del siglo XVII Thomas Hobbes para comprender el peligro a que se enfrentaba la revolución siria, las señales mórbidas de que estaba descendiendo a un "estado de naturaleza ‘esencial’" debido a la brutal contrarrevolución del Estado "neosultanista" de Asad (como más tarde caracterizó Saleh al Estado del Baaz). Saleh creía que la revolución, de forma perversa, había comenzado a reflejar la contrarrevolución en el proceso de defenderse. La adversidad generó una lucha dominada por la "política de supervivencia", mientras que el "estado de naturaleza" era, en principio, opuesto a la razón, que es el fundamento de cualquier política. La caída en el "estado de naturaleza" presagió la destrucción de la política, y la política es el alma de cualquier lucha revolucionaria, ya que encarna la autonomía y autodeterminación del pueblo (2).

El descenso al "estado de naturaleza" indicó que la sociedad estaba "perdiendo su autocontrol" y la cristalización de una tendencia social presente en la revolución misma. En cuestión de meses, la naturaleza abierta y "cívica" de los primeros días de la revolución, patente en el rol jugado por una variedad de grupos de la sociedad civil, en el activismo visible de las mujeres y demás, comenzó a erosionarse mientras el puebblo luchaba contra el "poder brutal" de Asad. Saleh argumentó que la degeneración se hizo evidente en la disposición a recurrir a las armas para la autodefensa y en el crecimiento de la influencia religiosa, que vio cómo las identidades heredadas desplazaban a identidades seculares más inclusivas dentro del campo anti-Assad. Inevitablemente, se produjo una transición desde las consignas que repudiaban el salafismo a la vez que se subrayaban las aspiraciones democráticas de la revuelta, a los eslóganes con connotaciones islámicas o religiosas más tradicionales. En las primeras semanas de la revolución, las protestas callejeras eran "civiles, emancipadoras y humanistas", pero de forma muy rápida la "cara pública" de la revolución comenzó a hablar el "lenguaje del islam" (3).

En los años siguientes, Saleh revisó el papel cambiante de la violencia en la sociedad siria: la atomización de la población provocada por el “estado de tortura” de Asad y los problemas que el campo revolucionario tuvo que enfrentar, mientras la violencia como autodefensa era cada vez más indiscriminada y amenazaba con desmoralizar y socavar la revolución misma con la transición a la “ultraviolencia” o “nihilismo militante”, como Saleh lo caracterizaría, en particular conectando al segundo con los objetivos milenaristas del fundamentalismo religioso en su propia valoración evolutiva del papel político del salafismo.

Reflexionando sobre la “máquina de matar” de Asad, Saleh señalaba el impacto de los anteriores conflictos militares y civiles en la región, el conflicto civil en Líbano y la invasión y ocupación de Iraq por parte de la coalición, para ilustrar la afinidad electiva entre guerra civil y guerra sectaria o lo que Thomas Hobbes denominaba la “guerra de todos contra todos”: el “estado de naturaleza”, donde el odio alimentaba el odio y el asesinato provocaba más asesinatos, en un ciclo mimético similar al ciclo de violencia y derramamiento de sangre que René Girard pensaba que definía la crisis sacrificial periódica que asolaba a la sociedad. Como Saleh observaba:

“Esta es la supuesta ‘condición natural’ de la humanidad, en la que todos están en guerra con todos, tal como Thomas Hobbes describió en su ‘Leviatán’ a mediados del siglo XVII. Pero el estado de naturaleza no es de hecho una condición ‘natural’; es una coyuntura histórica” (4).

Curiosamente, el telón de fondo político y social del “Leviatán” de Hobbes (1651) fue la Guerra Civil inglesa, una turbulencia significativa en lo que era una sociedad capitalista emergente. No se conoce el número exacto de víctimas de las tres diferentes fases de esa guerra, aunque muchos historiadores estiman que las muertes alcanzaron la elevada cifra de 180.000 muertos a causa de la lucha y de las enfermedades; alrededor del 3,6% de la población (una gran proporción eran combatientes, aunque hubo 40.000 civiles entre los muertos). Se estima que alrededor del 2% de la población se vio obligada a desplazarse. En comparación, el 2,6% de la población británica murió en la Primera Guerra Mundial, aunque la Guerra Civil inglesa no se compare con los conflictos fratricidas masivos modernos, ya sean del siglo XX o del actual, donde la naturaleza de la guerra y el conflicto ocupan de forma clara, en general, un nivel totalmente diferente.

Detalle de la portada del Leviathan (1651)

En un reciente y sorprendente artículo “Amor, tortura, violación… y aniquilación”, escrito en el exilio, Saleh explora la relación entre el odio, la tortura y la violación en el contexto de la experiencia siria. Saleh empieza señalando que, en general, el amor une a la humanidad, especialmente el amor erótico exclusivo de los amantes; une al separarnos de nosotros mismos y por eso nos permite encontrarnos a nosotros mismos. El amor es revelación, reconocimiento mutuo y amor a medida que la intimidad difumina los límites cuando uno se convierte en dos o en Uno de Nosotros. En contraste absoluto, la tortura aniquila los límites de forma muy diferente porque persigue a su víctima dentro de sí misma. A diferencia del amor, la tortura no es una relación sino un no vínculo de destrucción que es brutalmente invasivo y se produce con una variedad de objetivos y motivaciones por parte de un torturador o del “estado de tortura”. La exposición de Saleh es sútil y se deriva evidentemente de la experiencia de haber pasado muchos años en las cárceles baazistas. Sin embargo, el interés del análisis de Saleh es su aprehensión de ciertos argumentos globales sobre la naturaleza de nuestra época.

Saleh distingue entre tres tipos de tortura o violación. La primera, la tortura interrogatorio o de investigación persigue ampliamente crear una guerra civil dentro de la víctima individual para que se traicione a sí misma. En esta circunstancia, el instinto de supervivencia individual y su compromiso con una “obligación superior” o “ser social” se enfrentan entre sí. En Siria, con anterioridad a 2011, esos objetivos de tortura podían incluir también la destrucción de grupos de la oposición proscritos sin tener necesariamente como objetivo la destrucción física de los individuos. El segundo tipo de tortura es la tortura de represalia, que tiene como objetivo humillar a sus víctimas y conducir a la destrucción física o psicológica de los individuos. Según Saleh, la prisión de Tadmor de Hafez al-Asad y la de Saidnaya de Bashar tenían ambas como objetivo “crear una memoria inolvidable, dirigida mucho más allá de la persona torturada”, para intimidar e impedir que la población se rebelara. Así pues, el cuerpo torturado era la “valla publicitaria” para la obediencia. El tercer tipo de tortura, la exterminadora, se explica por sí misma.

La transición de la muerte bajo tortura a torturar para matar fue algo consecuente. Era un síntoma de la matanza sistemática y masiva de personas en forma regular durante un período de tiempo más o menos prolongado. En su ensayo sobre “necropolítica” (debatido más adelante), Achille Mbembe invocó la obra del historiador italiano Enzo Traverso sobre los orígenes del Holocausto, que exploró la afinidad entre los campos de exterminio nazi y los procesos industriales similares a la línea de producción característica de la modernidad de Ford. En 2013, un fotógrafo a sueldo del Estado asadista, conocido como “César”, sacó a la luz 53.000 fotos que constituían el catálogo burocrático de rutina con los cadáveres cerosos y emaciados de quienes habían muerto bajo tortura. Al hacer eso “César”, que huyó de Siria, brindó una visión tenebrosa del Estado como máquina de matar organizada, o como sostenemos, una tanatocracia. Saleh mismo señala que los tres tipos de tortura se han difuminado en la práctica en otros dos tipos, mientras que a un nivel más general apunta a una transición histórica de una forma de tortura a la adopción de otra forma. Por ejemplo, desde principios de los años setenta hasta principios de los años ochenta, puede decirse que Siria sobrepasó, con la normalización de la tortura, determinadas fronteras sociales o solidaridades establecidas desde hace tiempo. La “lección” sobre la tortura tenía como objetivo que todos la internalizaran, incluido el torturador, que se transformó en un instrumento voluntario del "estado de tortura". La transición a la tortura exterminativa -en nuestros términos, la transición a la tanatocracia- fue parte de un continuo genocida que revela que el Estado ha conseguido la “libertad absoluta” para sobrepasar los estándares y límites humanos sin ningún límite normativo o ético que no sea el límite práctico (5).

Una pregunta importante que se plantea a partir de la tragedia siria es cuánto de lo que se ha ido desplegando en los últimos siete años sintetiza tendencias globales más amplias del conflicto social y la guerra, y cuántos acontecimientos se derivan de las tendencias inmanentes a la sociedad siria, a la naturaleza específica o psicopatología del Estado baazista y a su singular evolución histórica. La respuesta a esta pregunta debe tener mucho que ver, de forma específica, con la naturaleza de lo que Saleh llama el “Estado neosultánico” de Asad. Sin embargo, está claro también que Siria tiene un significado global en una variedad de formas. Por ejemplo, como Saleh sostiene en un interesante párrafo:

“Hay una fuerte dimensión internacional en el genocidio sirio que casi no tiene parangón en la historia y que podría vincularse, con nuevas investigaciones, a la islafomobia emergente como la forma más destacada de racismo en el mundo actual.”

En otra parte del mismo artículo, Saleh señalaba la existencia en Siria de un "Estado de excepción permanente", específicamente en relación con el destino de las víctimas de la tortura. También Saleh aludía a un importante debate sobre la naturaleza contemporánea del poder soberano (el Estado) en la era globalizada, especialmente las relaciones entre el Estado, la violencia, el ciudadano, el nomos, la biopolítica, el poder y el Estado de excepción. Fue el pensador y teórico político italiano Giorgio Agamben quien impulsó este debate clave sobre la naturaleza y trayectoria del poder soberano y el Estado global de excepción en una serie de obras, particularmente en “Homo Sacer: Sovereign Power and Bare Life” (1995) y “Estado de excepción” (2003). Agamben hizo esto reuniendo los hilos de dos contribuciones diferentes a la teoría política en dos épocas diferentes. En primer lugar, el debate subterráneo entre el pensador jurídico conservador Carl Schmitt, que ocupó puestos importantes en el establishment jurídico alemán bajo el Tercer Reich, y Walter Benjamin sobre el “estado de excepción”. El otro hilo utilizado por Agamben fue el relato de Michel Foucault sobre biopolítica, biopoder y gubernamentalidad.

¿Necropolítica?

Tomando prestado un neologismo utilizado por Achille Mbembe en su influyente ensayo “Necropolitics” (2002), Asad ha creado “mundos de muerte”, desplegando su “maquinaria de guerra” (6) en espacios o “zonas de excepción” caracterizadas por una única forma de existencia social que ha proliferado en la era globalizada del capitalismo tardío, donde poblaciones enteras se convierten en objeto de la destrucción desatada por una “maquinaria de guerra” autónoma o sin freno. Las poblaciones son desperdigadas, convertidas en “apátridas”, exterminadas, sometidas de forma brutal para la extracción de recursos o riquezas, privadas de la capacidad para ganarse la vida, asediadas, sometidas a una “muerte invisible” por hambre, obligadas a convertirse en soldados de la “maquinaria bélica”, etc. Mbembe citaba un artículo de Zygmunt Bauman de 2001, en el que sugería que en la era de la guerra globalizada y asimétrica la soberanía se había vuelto borrosa.

La aparición de agentes militares no estatales desdibuja la división entre lo público y lo privado, y en algunas zonas del mundo derribó el monopolio estatal de la violencia. Este desarrollo se hizo evidente con la aparición de “maquinarias de guerra” de las que podría decirse que funcionan como organizaciones mercantiles privadas dedicadas al saqueo, de forma parecida a la Compañía de las Indias Orientales a finales del siglo XVIII. A menudo, estas “maquinarias de guerra” estaban fuera del alcance del Estado, o eran una extensión del Estado como contratista capaz de trabajar codo con codo con el Estado, aunque esto no siempre fue así, y la relación podía ser conflictiva con la “maquinaria de guerra” que luchaba para uno o más Estados. La “maquinaria de guerra” podía explotar vínculos y redes trasnacionales mientras actuaba en zonas de crisis sin ley donde la autoridad del Estado era débil o se había degradado en una nueva era de “guerras inciviles”, como John Keane las definía (7).

El colapso de las economías formales o la lucha por los recursos o riquezas podría reforzar el dominio de la “maquinaria de guerra” o crear las condiciones para su surgimiento, como en las “economías paramilitares” en zonas de África devastadas por la guerra civil. En algunos de estos escenarios distópicos, la “maquinaria de guerra” podría aspirar a desplazarse o apoderarse del Estado y constituirse a sí misma como el único poder soberano que ocupa un territorio demarcado, convirtiéndose efectivamente en un Estado putativo. Pero en “ New and Old Wars: Organized Violence in the Global Era” (1999), Mary Kaldor observó que en algunas de estas zonas de conflicto el Estado fomentaba la formación de grupos armados o milicias que esencialmente operarían fuera del alcance del Estado, pero en su nombre. Para Kaldor, el neoliberalismo y la globalización han remodelado la anatomía de la guerra y el conflicto desafiando el antiguo modelo westfaliano de la inviolabilidad de la soberanía e integridad territorial, haciendo hincapié en el surgimiento de nuevas fuerzas trasnacionales, de políticas de identidad potencialmente desestabilizadoras, de una economía de guerra globalizada y de la descentralización de la violencia (8).

En esta era, en la etapa venidera de la tanatocracia como la describiremos, la precariedad biológica se generalizó al afectar a más grupos y poblaciones. También la “gubernamentalidad” (Michel Foucault) se reconfigura como formas contemporáneas de subyugación de la vida a la muerte -la necropolítica de Mbembe-; el cambio y las poblaciones se convierten en objeto de la imposición de nuevas técnicas de vigilancia y disciplina. El argumento general de Mbembe se hace fuertemente eco de la propia reelaboración de Agamben del relato de la modernidad y la biopolítica de Michel Foucault, que este esbozó en su curso de conferencias del Colegio de Francia a finales de la década de 1970 (9).

Agamben estaba interesado en cómo la biopolítica, como aspecto distinto del poder soberano (el Estado), excluía a ciertos grupos, en cómo el Estado o la gubernamentalidad se caracterizaba por una tendencia creciente a intervenir en las vidas de los ciudadanos para mantener una identidad racial homogénea. Entonces, ¿cómo fue que las estrategias biopolíticas del poder soberano moldearon el cuerpo político mientras ese poder iba capturando o promulgando narrativas ideológicas-imaginarias de identidad racial y nacional que ayudaron a determinar quién estaba “adentro”, una parte de la ciudadanía, y quién estaba “afuera”, convirtiéndose en un tema central del pensamiento político contemporáneo? (10).

Como en la biopolítica de Foucault, Mbembe sugería que los orígenes de la necropolítica podían remontarse a la evolución del Estado moderno con su extensión de los dispositivos del poder, subrayando la poderosa importancia formativa del racismo, el colonialismo, el imperialismo o la necropolítica. La necropolítica del Estado precipitó a grupos enteros al estatus de “muertos vivientes” o colocó a determinados grupos fuera de la población, literalmente como un cuerpo extraño. Grupos como los migrantes y refugiados se “convirtieron en objetos” y pasaron a considerarse menos que humanos. El Estado moderno, como poder soberano dominante en la mayor parte del mundo, determinaba quién importaba y quién no, quién era ciudadano y quién debería ser expulsado del círculo de la ciudadanía, convirtiéndose finalmente en alguien “desechable” (Mbembe). Las poblaciones que fueron marginadas o se volvieron invisibles también podrían verse privadas de la plena capacidad de ganarse la vida, forzadas a ocupar un espacio económicamente liminal. Un ejemplo obvio lo tenemos en la estrategia de asedio de las fuerzas israelíes de ocupación en Gaza y Cisjordania, una combinación peculiar de lo medieval y lo moderno. Aquí tenemos literalmente un estado de sitio que es permanente, una forma indefinida del “estado de excepción” cuyo final es difícil de imaginar o concebir. Poblaciones enteras han sido deliberadamente aisladas de la posibilidad de seguir una vida cotidiana normal en lo que efectivamente era una ocupación colonial tardía donde tres poderes se superponían y se condensaban en el poder soberano: el disciplinario, el biopolítico y el necropolítico, con capacidad para dar (moldear) y retener la vida.

Curiosamente, Mbembe afirma que una debilidad de la concepción de Foucault sobre la biopolítica fue su fracaso a la hora de abordar la cuestión central del racismo: el hecho de que una población pudiera ser racialmente jerarquizada. Elvira Basevich presentó una acusación similar respecto a Agamben, afirmando que la concepción de este último del Estado moderno conservaba un elemento normativo, mientras que el Estado, en tanto en cuanto poder soberano, presuponía tácitamente una ciudadanía legítima invariablemente definida por la exclusión del Otro. Hasta donde Basevich podía juzgar, Agamben no había valorado del todo el grado en el que se identificaba al Otro en el terreno ideológico-imaginario de la “raza” o el etnonacionalismo (11).

¿Necropolítica o tanatocracia?

La tesis sobre necropolítica de Mbembe representó una reflexión provocadora sobre la guerra y el conflicto en la era globalizada, pero existía el peligro de minimizar la continuada importancia del Estado como poder soberano, de proponer inadvertidamente una comprensión normativa del Estado cuando, en realidad, con la llegada de la modernidad, la historia del Estado indicaba que este era una entidad mucho menos estable y más fluida que lo que sugeriría una dicotomía entre Estado y "maquinaria de guerra". El Estado todavía era fundamental en la era neoliberal y globalizada. Fue un concepto erróneo común pensar que el "giro neoliberal" de la década de 1970 significaba una importante disminución de la influencia del Estado, ya fuera a expensas de las instituciones trasnacionales o del mercado mundial.

La imagen del papel cambiante del Estado -desde el principio, el Estado estuvo en el corazón del "giro neoliberal"- fue muchísimo más compleja que algunas de las engañosas narrativas sobre la retirada del Estado. Además, una característica axial definitoria del sistema global consistía en que todavía había una jerarquía competitiva de Estados en constante cambio, aunque esta no era la única característica axial definitoria del capitalismo tardío. Esta nota de advertencia que propone la continuada preeminencia del Estado no implica que Mbembe haya malinterpretado radicalmente el destino del Estado, sino que simplemente destaca que la comprensión de Mbembe de la necropolítica asume explícitamente que el campo de la necropolítica no es exclusivo del Estado, que una agencia no estatal que aspire a la soberanía, incluyendo el ejercicio de la elaboración de leyes y la preservación de la violencia del derecho como una manifestación de poder (Walter Benjamin) en territorios específicos demarcados, también podría practicar la necropolítica. Aun así, tomando en serio estas restricciones y otorgando la relevancia de la necropolítica en la era globalizada, debemos aclarar que lo que sigue se centra en la tanatocracia moderna: a grandes rasgos, en un Estado que de forma regular, sistemática y activa mata a un número significativo de personas (12).

El Estado de Asad como tanatocracia

Sugerir que el Estado asadista-baazista es una tanatocracia en estado avanzado no implica necesariamente que surja de la lógica interna en desarrollo que define a todos los Estados, o que la tanatocracia ocupe simplemente una ubicación identificable en un espectro o tipología del Estado moderno. A nivel abstracto, podría concederse que cualquier Estado puede convertirse en tanatocracia pero, en la realidad, es un escenario extremadamente improbable para la mayoría de los Estados. Eso no significa que el Estado asadista-baazista como tanatocracia sea completamente singular o único, pero reconocer el Estado asadista-baazista como tanatocracia simplemente nos lleva al umbral del análisis. Todos los Estados nacionales reclaman, de forma clara, un monopolio (territorial / defensivo) de violencia legítima y, en última instancia, esa legitimidad no se refiere a los límites de la violencia que cualquier Estado pueda ejercer, sino que se relaciona con la cuestión de la soberanía: ¿qué poder o autoridad es capaz de ejercer la violencia para mantener el orden social y la seguridad del Estado? La implicación es que no existen límites teóricos (o éticos) o límites a la violencia que un Estado, como poder soberano, pudiera desatar, sólo límites prácticos. En última instancia, esto es lo que hace eminentemente posible un holocausto nuclear y la extinción de la humanidad. El exterminismo fue quizás la otra cara de la moneda de la creencia de Jacques Camatte de que la rebelión global o revolución social había muerto porque el capital había escapado a la danza de la muerte con su némesis proletaria teórica mientras la humanidad estaba experimentando un proceso de “domesticación” en el capitalismo tardío. La muerte y el genocidio eran el corazón de la naturaleza secreta del Estado y esta realidad fundamental del Estado moderno resultaba difícil de comprender para una mente en pleno uso de sus facultades (13).

Podría parecer que el poder soberano (el Estado) acepta el imperativo ético o la voluntad popular del pueblo (democracia, etc.) o incluso la diplomacia (tratados y obligaciones internacionales) como límites o controles para el ejercicio de la violencia legítima, pero esto es engañoso porque lo que el poder soberano puede aparentemente aceptar en un momento, puede repudiarlo al siguiente. Dentro del Estado, la soberanía reside finalmente en el puente de mando del ejecutivo, más o menos aislada de cualquier presión o influencia popular externa. Por lo tanto, en el análisis final, el poder soberano siempre recurrirá a la violencia para salvaguardarse como poder soberano. Leviatán nunca se repudiaría a sí mismo.

¿Cuándo se convirtió Siria en una tanatocracia? De forma clara, la contrarrevolución feroz de Asad que se movilizó para aplastar a la “Primavera Siria” marcó un cambio cualitativo en la actividad asesina del extenso aparato represivo del Estado, pero también podríamos argumentar que Siria ya había cruzado ese Rubicón y se había convertido en un Estado de “asesinato masivo” (caracterización de Yassin al-Haj Saleh) en algún momento de las cuatro décadas anteriores de ascendencia del Partido Baaz. Este es el argumento que preferimos porque, aunque es obviamente cierto que la matanza se ha intensificado masivamente desde 2011 debido a la defensa de tierra quemada del gobierno de Assad, una gran proporción de esas muertes podría haber sucedido en el curso “normal” del gobierno asadista, aunque dentro de los aparatos de seguridad y prisiones, como sucedía antes de 2011 (14).

¿Tanatocracia global?

Quizá sea Siria la única tanatocracia de pleno derecho en el sistema global hoy, aunque un país como Corea del Norte con su extensa, aunque recientemente racionalizada cadena de gulags que anualmente se cobra la vida de miles de desconocidos mediante inanición, disparos, enfermedades y trabajos forzados, debe ser también candidato para este exclusivo club. Sin embargo, hay otros países que son candidatos potenciales para que los clasifiquen como tanatocracia. Las Filipinas de Rodrigo Duterte es un candidato marginal, y otro candidato -quizás- menos marginal es Myanmar, que ha desencadenado una limpieza étnica genocida contra su minoría rohingyá. No obstante, aunque esta brutal carnicería contra los musulmanes rohingyá es grave y horrenda, ha sido un acto temporalmente delimitado en términos de escalada militar de violencia y terror cuyo principal objetivo es expulsar a cientos de miles de musulmanes rohingyá al vecino Bangladesh, mientras promueve que otros grupos étnicos se establezcan en la región Rakáin. Sin embargo, reconocemos que, como caso límite, esta interpretación de Myanmar está abierta a debate e invita a una mayor investigación. Pero no debe haber duda de que el destino del pueblo rohingyá no es menos aterrador dependiendo de que Myanmar sea o no etiquetada como tanatocracia. Significativamente, al pueblo rohingyá se le ha negado la ciudadanía en Birmania/Myanmar desde que se introdujo una Ley de Ciudadanía de 1982, que extendía la ciudadanía a muchos grupos y etnias diferentes que son tratados como parte del tejido social multiétnico del país. Esta Ley de Ciudadanía se reforzó en julio de 2012, solo dos años después de la llegada de la democracia y el retorno al gobierno civil, cuando este gobierno publicó una lista de los grupos y etnias considerados partes legítimas de la población de Myanmar. Los rohingyá no aparecían en la lista.

A nivel global, es cada vez más visible, convirtiéndose en un tema explícito del discurso en todo el espectro político, la lógica biopolítica subterránea que asume que grupos específicos de ciudadanos son grupos demográficos etno-nacionalistas distintos que pertenecen a un territorio particular organizado por tal o cual Estado. En relación con Siria, Yassin al-Haj Saleh rastrea la degeneración de la ideología del panarabismo, una falsa ideología radical de los años de posguerra vinculada al radicalismo anticolonialista y antisionista en su resultado: el arabismo absoluto de los años setenta. El telos del arabismo absoluto era paranoico, de uniformidad coercitiva y hostilidad hacia los enemigos internos y externos (los primeros eran los agentes de estos últimos). Tras la toma del poder por Hafez al-Asad en 1970, el arabismo absoluto degeneró finalmente en una sospecha sectaria respecto a la mayoría suní en Siria, que fue objeto de un decidido intento de marginación y represión. La cultura “oficial” de la camarilla gobernante de Asad era en apariencia laica y moderna, enfrentándose supuestamente al tradicionalismo. Pero esa apariencia (a menudo destinada al consumo de Occidente) era extremadamente engañosa y, en realidad, el arabismo absoluto de la élite gobernante despreciaba profundamente a las masas sirias; era racista y elitista y se hacía eco de la islomofobia occidental. En Siria, la élite dominante bloqueó con firmeza la verdadera movilidad social y actuó a nivel interno como un primer mundo rematado de discursos orientalistas. Buscaban reforzar su dominio, riqueza y poder favoreciendo a sus propias sectas y clanes aliados. En la Siria de Asad, la secta se ha convertido en una nueva forma de destino: en términos de Mbembe, la élite practicaba una forma de necropolítica al imponer una forma de "asesinato invisible" con las masas marginadas (15).

En este contexto, es difícil negar que si bien el Estado como tanatocracia es relativamente novedoso como desarrollo contemporáneo, la tanatopolítica global es cada vez más visible en la inflación del racismo, nativismo y nacionalismo en el contexto de la crisis social, económica y política y la guerra y el conflicto descentralizados. A medida que la tanatopolítica se metastatiza, la defensa de la etno-nación o de sus ciudadanos definidos contra el Otro se vuelve cada vez más estridente, como indica el nuevo gobierno de coalición de Italia entre la Liga Norte y el movimiento populista Cinco Estrellas. Este gobierno recién elegido no perdió el tiempo para atacar a los romaníes, refugiados y migrantes que intentan llegar a Europa. El Otro se convierte en un marcador de posición de todos los males sociales de la sociedad, reales e imaginarios, y en el objetivo de diversos pánicos morales que presagian las próximas emergencias eco malignas y catástrofes del mañana. Una técnica ideológica-imaginaria que refuerza la falsa identidad etno-nacionalista, la imaginaria comunidad homogénea donde se elimina la diferencia, consiste en crear una división entre nosotros y el Otro que refleje la bifurcación discursiva de adentro/afuera. El Otro pertenece al afuera, no al adentro. Si el Otro de alguna manera se encuentra adentro, se identifica para que pueda ser vigilado y controlado y, por lo tanto, finalmente expulsado o eliminado. La parábola de esta lógica es en última instancia totalitaria.

Hoy, la Fortaleza Europa ejemplifica esta lógica política maligna, ya que el refugiado y el migrante son representados como los portadores socialmente desorientadores de la enfermedad, el crimen, el desempleo, encarnando creencias religiosas y culturas vilipendiadas y no deseadas. Los migrantes y los refugiados rara vez son considerados como potenciales ciudadanos o como ciudadanos electos, como lo indica la perturbadora deriva de las mareas políticas en Italia, Hungría, Polonia, Grecia, Austria y otros lugares. En Alemania, que dio la bienvenida a cientos de miles de refugiados, muchos de ellos de Siria, el capital político de Angela Merkel casi ha desaparecido, mientras sus socios de la Coalición obligan a su gobierno a dar marcha atrás en la reciente generosidad hacia los inmigrantes y refugiados. Sin embargo, el movimiento laboral libre y sin restricciones, sin lugar a duda una ganancia social progresiva significativa, sólo existió dentro de las fronteras de la Unión Europea entre sus Estados miembros. Recientemente, el United Europe for Intercultural Action (una red compuesta por 550 grupos antirracistas) emitió un informe que recopila los nombres de los 34.361 refugiados y migrantes que se sabe que han muerto intentando llegar a Europa desde 1993, de los cuales 27.000 se ahogaron en el Mediterráneo. El grupo UEIA admite que esa cifra es un cálculo muy bajo, ya que muchos más refugiados y migrantes desconocidos y no identificados han muerto tratando de llegar a Europa. Desde 1993, los gobiernos europeos, independientemente de su naturaleza política, han adoptado medidas draconianas, represivas y racistas contra los migrantes y refugiados, a la vez que desvían cada vez más recursos para detener este trágico éxodo humano que llega a Europa (16).

El crecimiento del nativismo y el racismo en Europa es un barómetro de la metástasis de la tanatopolítica o necropolítica como defensa del ciudadano frente al Otro, considerado como una especie de mensaje de las próximas emergencias eco malignas, una manifestación de la catástrofe que colorea cada vez más la política global. A medida que la tanatopolítica se extiende a lo largo del discurso político y la conversación nacional y mundial, amenaza con extinguir toda política. La tanatopolítica global venidera es inseparable del renacimiento del fascismo y la comprensión de su troika maligna es la condición previa para una resistencia eficaz contra todo ello.

Notas

(1) Artículo de Yassin al-Haj Saleh, “El peligro de un estado de naturaleza”, aparece en una colección de sus escritos sobre la revolución siria recogidos en su libro “Siria, la revolución imposible” -Ediciones del Oriente y del Mediterráneo- (2018).

(2) Ibid.

(3) Ibid.

(4) Ibid. Curiosamente, CB Macpherson ha cuestionado la lectura tradicional y casi universal de lo que Hobbes estaba argumentando con su hipótesis del "estado de naturaleza", sugiriendo que no pretendía ser una descripción histórica real de las sociedades preestatales ni proponía que una "guerra de todos contra todos” fuera inevitable en ausencia de un poder soberano (el Estado) para “intimidar” a todos los hombres. Este es un argumento que intentaremos abordar en un futuro cercano. Véase C.B Macpherson “The Political Theory of Possessive Individualism: Hobbes to Locke” (edición de 1979) pp.19-46.

(5) Yassin al-Haj Saleh: “Love, Torture, Rape…and Annihilation: A letter to Samira”, en:

https://www.wiko-berlin.de/en/wikotheque/koepfe-und-ideen/issue/13/letter-from-berlin-articles-to-samira-5/

(6) La acuñación "máquinas de guerra" pertenece originalmente a Deleuze y Guattari, pero Mbembe la adoptó. Típicamente provocativo, pero también un tanto flojo en manos de Deleuze y Guattari, el concepto de piratería, de "máquinas de guerra" autónomas, aunque perspicaz, debe tratarse con cuidado y contextualizarse adecuadamente. Ver Gilles Deleuze y Felix Guattari en “Nomadology: The War Machine” (traducción de 2010).

(7) John Keane: “Reflections on Violence” (1996).

(8) Mary Kaldor: “New and Old Wars: Organised Violence in a Global Era” (1999) p.138.

(9) Véase Achille Mbembe: “Necropolitics” (2002); Giorgio Agamben: “The State of Exception” (2003) y Michel Foucault: “The Birth of Biopolitics: Lectures at the College de France 1978-79” (2010).

(10) Véase también Giorgio Agamben: “Homo Sacer: Sovereign Power and Bare Life” (1998).

(11) En defensa de Foucault contra Mbembe, Foucault identificó explícitamente el racismo como una narrativa ideológica central y formativa cooptada por la "racionalidad gubernamental" recién fusionada del Estado moderno. La homogeneidad racial era el supuesto normativo que sustentaba la definición del Estado moderno de la "ciudadanía legítima". Los ciudadanos definidos racialmente indicaban la llegada del modelo biopolítico de gubernamentalidad. Para la crítica de Elvira Basevich de Agamben, ver "Agamben on Race, Citizenship and the Modern State” (2012).

(12) Walter Benjamin distinguió entre ley que preserva y ley que fomenta la violencia en “Critique of Violence” (1921). Benjamin consideraba que la elaboración de leyes y la preservación de la ley estaban "podridas" porque derivaban del reino fenoménico de la ley, el poder y la violencia, el reino profano del Estado, o "lo que sea", como algo opuesto al reino de la justicia.

(13) Ensayo de Jacques Camatte “On Domestication” (1973), recogido en “This World We Must Leave” (1985) pp.91-137.

(14) De hecho, la represión infligida por las cárceles de tortura actuó como acicate para la rebelión, una vez que las manifestaciones y protestas en Siria ya habían comenzado cuando las personas salieron a las calles inspiradas por los disturbios sociales en Túnez, Egipto y otros lugares. Por ejemplo, el 25 de mayo de 2011, el cadáver mutilado de Hamza al-Khateeb, de 13 años, de Daraa, uno de los primeros puntos de revuelta contra Asad, fue devuelto a sus padres. Hamza había sido recogido por la Inteligencia de la Fuerza Aérea en una marcha de protesta y torturado: sufrió castración, huesos rotos, quemaduras de cigarrillos y heridas de bala. Las imágenes que sus padres publicaron en las redes sociales causaron indignación. Véase Robin Yassin-Kassab y Leila al-Shami “Burning Country: Syrians in Revolution and War” (2016) p.49.

(15) Yassin al-Haj Saleh debate sobre ese apuntalamiento sectario y orientalista de las reglas de la elite de Assad con cierta extensión en “Siria, la revolución imposible” -Ediciones del Oriente y del Mediterráneo- (2018).

(16) Véase The Guardian Special Issue, publicado en el Día Mundial de los Refugiados, que lleva los nombres de los 34.361 refugiados y migrantes que se sabe que han muerto desde 1993.

Fuente:
https://pathsandbridges.wordpress.com/2018/07/11/notes-on-syria-and-the-coming-global-thanatocracy/

La he colgado entera  aunque está muy lejos de los hechos y datos que me mantienen lejos de esta opinión.
Me hago algunas preguntas. Quienes son los asesinos, los de "Tanatos" como aquí le designan; ¿los que invaden, bombardean y asesinan en un país, sin declararle la guerra y sin atenerse a ninguna norma ni acuerdo o resolución de la ONU? ¿que respeto muestran no ya por los derechos humanos, sino por la vida de niños inocentes, mujeres, ciudadanos de esos países? En Siria han intervenido 80 paises, han bombardeado ciudades, escuelas, hospitales, depuradoras de agua, centrales electricas, puentes, edificios oficiales, ¿con qué derecho?. Y cuando Siria llama a sus amigos para que les ayuden, son críminales. Y asi en Yemen, Libia, Afganistán, Irak, Mali, Sudan, etc.
Y nos cuentan que cuando se defienden de los invasores mercenarios y yidahistas pagados por occidente, sus acciones son condenables. Los medios nos quieren hacer ver que los culpables son inocentes y los inocentes que ponen en práctica su derecho a defenderse son los culpables. No, es evidente que sólo tienen la fuerza, no la razón

miércoles, 18 de julio de 2018

18 de julio.

El traslado de los restos del dictador fuera del Valle de los Caídos ha de verse como un acto normal, para nada como una revancha.


Las políticas de conservación o de eliminación de los símbolos de un régimen totalitario dependen en gran medida de quien fue su sucesor. El continuismo postsoviético se ha traducido en la presencia actual de Lenin y Stalin en sus respectivos enterramientos en la Plaza Roja de Moscú, mientras el sepulcro clónico de Dimitrov fue demolido en Sofía. En Italia, las ambigüedades de la reconstrucción democrática se han traducido en una puntual preservación de monumentos e inscripciones, incluida la que en Bolzano sigue incluyendo a España entre las conquistas del Duce. A pesar de que recientes investigaciones, como La matanza de Addis Abeba de Ian Campbell, confirman la brutalidad del genocidio cometido durante la conquista y dominio de Etiopía, siguen existiendo callejeros en Italia que lo glorifican. Algo tiene esto que ver con la supervivencia de una mentalidad, nada favorable para la democracia.

Por eso el traslado de los restos del dictador fuera del recinto político-religioso del Valle de los Caídos ha de verse como un acto normal, para nada como una revancha, especialmente si tenemos en cuenta las condiciones de trabajo forzoso para presos republicanos que presidieron la construcción del monasterio. No tenía sentido alguno la supervivencia allí de su tumba, como tampoco lo tenían las estatuas de Franco a modo de miles gloriosus que ocupaban lugares de privilegio en las ciudades españolas. El pronunciamiento del general no solo desencadenó una guerra civil y destruyó un régimen democrático, sino que supuso la puesta en marcha, conscientemente, de una “operación quirúrgica”, como él mismo anunció en noviembre de 1935 al entonces embajador de Francia, Jean Herbette. Su propósito no era, pues, un simple giro a la derecha político, sino la puesta en marcha de un exterminio sistemático, físico e ideológico, de lo que consideraba la Antiespaña, un genocidio si nos atenemos a la definición de Raphaël Lemkin, y bien que lo llevó a cabo. Con el trato respetuoso a sus restos, tiene más que suficiente.

El traslado previsto deja en pie otro problema: ¿qué hacer con el túmulo del fundador del fascismo español, José Antonio Primo de Rivera, cuyo traslado al monasterio del Escorial, primero, y al Valle luego, fue decisión personal de Franco? Tampoco tiene sentido mantenerlo donde está. José Antonio fue promotor ideológico y víctima de la guerra civil. De aceptarlo su familia, el cementerio de Alicante, la ciudad donde fue fusilado, pudiera ser el lugar más adecuado para su enterramiento, convertido ahora en símbolo de reconciliación.

Y para el faraónico monasterio, ¿qué? Volarlo carece de sentido, si bien lo mejor es que no hubiese existido nunca. Cabría aprovechar sus instalaciones organizando allí un centro de estudios sobre el totalitarismo, para lo cual mimbres hay en el cesto.

https://elpais.com/elpais/2018/07/17/opinion/1531844823_263325.html

jueves, 24 de mayo de 2018

Cuando Israel cumple 70 años, es hora de que los judíos abandonemos el sionismo por el bien de todos.


Patheos

Cuando los soldados israelíes disparan, mutilan y matan a manifestantes palestinos desarmados que viven bajo asedio israelí en Gaza, ¿a dónde nos ha llevado el sionismo?

Cuando una nación descendiente de refugiados da la espalda a los solicitantes de asilo africanos porque diluirán la pureza judía del Estado, ¿qué integridad moral tiene el sionismo?

Cuando el presidente de la Junta de Diputados de Gran Bretaña describe a un grupo religioso judío de izquierda como "una fuente de virulento antisemitismo" porque critica abiertamente a Israel, ¿qué locura ha creado el sionismo?

Cuando Israel cumple 70 años a fines de este mes, el sionismo, la ideología política que impulsó la existencia del Estado judío, muestra todos sus defectos y expone la fuerza destructiva que siempre ha utilizado contra los palestinos e incluso contra los judíos.

Por el bien de todos, ya es hora de que lo abandonemos.

La "cuestión judía"
Hacia finales del siglo XIX el sionismo se propone dar una respuesta claramente judía a lo que fue descrito como "La cuestión judía". ¿Cómo podrían los judíos liberarse de siglos de la opresión y discriminación? ¿Dónde podrían los judíos encontrar protección y seguridad y llevar una vida normal en un lugar que pudiera llamarse 'hogar'?

El sionismo como respuesta a "la cuestión judía" fue el resurgimiento del nacionalismo judío con el objetivo de "volver a" y "recrear" nuestro antiguo reino bíblico. Estaba influenciado tanto por el nacionalismo europeo de "sangre y tierra" como por el socialismo y la memoria colectiva de "Eretz Israel" llevada con nosotros a través de textos sagrados y liturgia diaria.

Pero ya sea nacionalista, socialista o religioso, el sionismo no ha abordado la cuestión judía. El Estado de Israel no ha normalizado ni ha hecho seguro al pueblo judío.

Si debemos creer a los sucesivos líderes israelíes, Israel está permanentemente bajo amenaza de genocidio.

Ahora mismo tenemos las ambiciones nucleares de Teherán, los posibles asesinos palestinos a punto de derribar la valla de Gaza y los activistas de Europa y América del Norte que usan boicots, desinversiones y sanciones para arrojar a los judíos al mar. Entonces, ¿qué pasó con el "refugio seguro" en tiempos de problemas? En 2018 Israel parece el lugar menos seguro para que viva un judío.

En cuanto al antisemitismo, el sionismo tenía la intención de abordarlo sacando a los judíos del continente europeo que lo había dado a luz. Pero de acuerdo con los defensores de Israel, el antisemitismo no se ha ido, sino que se transformó en antisionismo. Esto no solo cuestiona el sionismo en primer lugar, sino que también es un encuadre conveniente que hace que la oposición al sionismo parezca un extremismo odioso.

En lugar de abordar las causas del antisemitismo, el sionismo ha confundido y complicado los asuntos, lo que hace más difícil acordar qué es el antisemitismo y cuál es la mejor forma de combatirlo.

Defender a Israel, defender el sionismo y castigar a sus críticos absorbe una cantidad desproporcionada del tiempo del liderazgo de la comunidad de la diáspora. Pero es peor que eso. La posición proactiva a favor de Israel y el sionismo que ha sido adoptada por líderes judíos en todo el mundo crea relaciones distorsionadas y tensas entre la comunidad judía y otros grupos de fe.

Nuevas preguntas judías
Desde finales de la década de 1980, la historia sionista del "Retorno Judío" como parte de un esfuerzo justo y moral de autodeterminación nacional judía ha sido cuestionada por historiadores judíos israelíes que acceden a los archivos del Gobierno de Israel.

Ha habido un creciente entendimiento de que la población árabe indígena de Palestina pagó un alto precio por el triunfo del nacionalismo judío. El registro histórico muestra que el sionismo nunca fue solo un esfuerzo inocente que la hostilidad árabe y el odio judío irracional intentaron frustrar.

El sionismo y la implantación del Estado de Israel crearon un nuevo conjunto de preguntas acerca de la seguridad judía y la identidad judía tan urgentes y fundamentales como en el siglo XIX.

- ¿Qué sucede cuando el pueblo judío se convierte en colonizador?
- ¿Qué sucede cuando creamos un Estado que discrimina constitucionalmente a sus propios ciudadanos no judíos?
- ¿Qué pasa cuando nos convertimos en ocupantes?
- ¿Qué sucede cuando asediamos y anexamos la tierra de otro pueblo?

Al mantenernos fieles al sionismo, las comunidades judías de todo el mundo quedan atrapadas en un estado de negación colectiva sobre el pasado y el presente. No solo nos negamos a aceptar lo que sucedió, sino que además nos hemos vuelto incapaces de verlo.

Sionismo y judaísmo
Lo que hace que a los judíos les sea tan difícil deshacerse del sionismo es que ha sufrido una "fusión" altamente exitosa con el judaísmo. El sionismo dejó de ser simplemente un proyecto político hace mucho tiempo. Ahora se entiende como el heredero natural de tres mil años de religión, historia y cultura judías.

Oramos por Israel y sus fuerzas armadas en nuestras sinagogas, nuestros líderes comunales abogan en su nombre, castigan a sus críticos, guardan silencio sobre sus faltas y el Día de la Independencia de Israel mismo se ha convertido en un festival judío menor celebrado no según el calendario gregoriano laico, sino por el calendario lunar hebreo.

Pero si el sionismo es el judaísmo y el judaísmo es el sionismo, ¿qué queda de la tradición ética judía? Porque ahora la Nakba es judaísmo. La ocupación es judaísmo. El sitio de Gaza es el judaísmo. La pregunta se convierte no solo en lo que es sionismo sino en lo que es el judaísmo. ¿El judaísmo no es más que la defensa de un proyecto colonial de despojo? Y si nuestros rabinos encuentran una declaración tan aborrecible, ¿por qué no hablan en contra de las atrocidades que se cometen y luego se excusan en nombre de nuestra fe?

Sionismo liberal
Los sionistas liberales insisten en que la ideología del sionismo sigue siendo fundamentalmente sólida y puede redimirse de sus dificultades actuales a través de una solución de dos estados. Tal posición ahora parece no solo ingenua, sino un intento deliberado de oscurecer la verdad.

Los sionistas liberales aún atesoran la Declaración de Independencia de Israel firmada el 14 de mayo de 1948 con su promesa de igualdad para todos los ciudadanos de Israel. Pero en verdad eso fue un engaño desde el principio. No hay una verdadera democracia en ninguno de los lados de la Línea Verde. Intente preguntarles a los palestinos israelíes si, después de 70 años, creen que el Gobierno israelí los trata como ciudadanos iguales o como una amenaza demográfica para el Estado judío.

No unificar, dividir
Para una generación más joven de judíos que viven fuera de Israel, el Estado judío ya no es una idea que crea una unidad comunitaria o una identidad judía laica o religiosa satisfactoria.

Los judíos más jóvenes han aprendido demasiado sobre el desplazamiento forzado y la discriminación continua de un pueblo indígena para aceptar que el sionismo fue, y sigue siendo, un inocente proyecto para la liberación judía. Ellos han cuestionado los mitos y narraciones aceptados por sus padres y abuelos, mientras que su propia comprensión de lo que debería significar "ser judíos" en el siglo XXI se siente ofendida por lo que ven que sucede en un país que dice existir y actuar por sus intereses.

En Estados Unidos se ve la creciente brecha intergeneracional en acción con el surgimiento de Voz por la paz judía y Si no ahora. En Gran Bretaña, el último giro en la saga Get Corbyn ha dado un perfil saludable a un joven grupo de judíos religiosos y de izquierda llamado Jewdas desencantado por un establishment judío que está tratando de controlar quién es un "buen judío" y quién un "mal judío", basado en los criterios establecidos por el sionismo.

¿Cómo caracterizar a Israel a los 70 años de su creación?
Cuando Israel cumple 70 años no hay nada que celebrar, pero hay muchas vidas por las que llorar.

Los palestinos heridos y muertos a los que dispararon (con balas que explotan al entrar en el cuerpo y causan enormes heridas y mutilan obligando a amputar miembros. Están prohibidas, incluso como armas de guerra, por la ONU) los francotiradores del ejército israelí en la frontera de Gaza durante las últimas dos semanas es lo que hace que el sionismo sea un crimen y no solo un fracaso político para el pueblo judío.

Es la última atrocidad -es solo eso, la última atrocidad- en una larga lista de atrocidades israelíes, que el sionismo intenta legitimar y justificar. El informe de las noticias rara vez recuerda al público por qué hay tantos palestinos hacinados en la Franja de Gaza, cómo llegaron allí o de dónde vinieron sus abuelos. Pero sin ese conocimiento no se puede entender la Gran Marcha del Retorno ahora, 70 años después.

Si eres palestino, la idea de que otra gente celebre el momento de tu catástrofe nacional es profundamente inmoral.
El creciente número de judíos que ha entendido que el sionismo ha sido un "giro equivocado" en la historia judía, tampoco lo celebrará. En cambio nos uniremos a los palestinos para celebrar el septuagésimo de su Nakba el 15 de mayo.

Solo una cosa es cierta, Israel necesita dejar de ser una ideología y comenzar a ser una nación. Una nación de todos sus ciudadanos, todos con los mismos derechos nacionales, civiles y religiosos.

Después de 70 años, solo la justicia y la restauración
–parcialmente- son posibles para el pueblo palestino. Cualesquiera que sean los arreglos constitucionales, la igualdad debe ser el principio rector en acción.

En cuanto al sionismo, vamos a abandonarlo y seguir.
Es hora de colocarlo en una vitrina y ponerlo en un museo en una habitación marcada como "Callejón sin salida y Falso Mesías".

Fuente:
http://www.patheos.com/blogs/writingfromtheedge/2018/04/as-israel-turns-70-its-high-time-we-jews-ditched-zionism-for-the-sake-of-everyone/#oPIMfrc4d4XUTSvf.99

-La victoria de Israel en Eurovisión traerá un enfrentamiento con la campaña BDS
Haggai Matar