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martes, 14 de agosto de 2018

_- LA MATANZA DE BADAJOZ. UN AÑO MÁS CONTRA EL OLVIDO, VERDAD Y MEMORIA. El 14 de agosto, se cumplen 82 años del inicio de la matanza de Badajoz por la Columna de la Muerte, al mando del teniente coronel Yagüe.

_- sábado, 11 de agosto de 2018

Hoy, 14 de agosto, se cumplen 82 años del inicio de la matanza de Badajoz por la Columna de la Muerte, al mando del teniente coronel Yagüe, de infausta memoria. 82 años del día más nefasto de la reciente historia de Badajoz, a partir del cual comenzó un período de violencia criminal que se llevó por delante a miles de personas, y que marcó para siempre la vida de esta ciudad.

La masacre que se desarrolló en la ciudad de Badajoz, a partir del 14 de agosto de 1936, fue una de las primeras evidencias ante el mundo, de la política de exterminio del adversario, programado por los militares golpistas.

Es posible que Badajoz sea la ciudad española en que, en relación con su población, un mayor número de personas fueran asesinadas a consecuencia del golpe militar y de la masacre realizada tras su ocupación en agosto de 1936.

El cementerio de San Juan, y otros lugares de la ciudad, pertenecen a la historia silenciada y oculta de Badajoz. Allí fueron asesinadas muchas personas que pasaron luego a fosas comunes, muchos incinerados, abiertas en el interior de dicho cementerio, hechos de los que existe documentación gráfica, como son las imágenes captadas por el cámara periodista francés René Brut que dieron la vuelta al mundo. No hay Memoria sin lugares, ni lugares sin Memoria.

Uno de los estudios más exhaustivos y documentados sobre la matanza es el realizado por el historiador Francisco Espinosa, quien, en su libro "La columna de la muerte" (Editorial Crítica, 2003), documenta unos 1.400 asesinatos registrados en los libros del cementerio y del Registro Civil, pero constata que las personas asesinadas podrían ser más de 3.800, pues muchos nunca fueron registrados.

Como dice el citado historiador sobre la represión franquista: "Dos fueron los instrumentos de los que se sirvieron los golpistas para llevar a cabo el plan represivo: los bandos de guerra y los consejos de guerra sumarísimos de urgencia. Es sobradamente conocido el bando publicado por la Junta Militar el 28 de julio de 1936; sin embargo son totalmente desconocidos aquellos con los que se funcionó realmente a nivel local desde el primer momento. En la práctica los bandos de guerra pretendieron dar un barniz seudolegal a la gran matanza del 36. Luego miles de personas serían inscritas en los registros civiles con la causa de muerte: "Aplicación del Bando de Guerra". No obstante, lo que interesa destacar de esta etapa fue el altísimo número de personas que quedaron sin inscribir en el registro Personas de cuya muerte no ha quedado huella alguna: detenidas ilegalmente, asesinadas y enterradas por lo general en fosas anónimas abiertas en los cementerios, en el campo e incluso en fincas particulares. "El mapa de las fosas comunes se superpone a la España donde triunfó el golpe militar y se aplicó de inmediato el calculado plan de exterminio que los sublevados tenían previsto desde el principio".

"Respecto a la represión franquista cabe establecer tres etapas. La primera, la de la represión salvaje con los bandos de guerra, comprende desde el 17 de julio del 36 a febrero de 1937. La segunda, la de los consejos de guerra sumarísimos de urgencia, va de marzo de 1937 a los primeros meses de 1945. Podría parecer que el final de la guerra marca una separación pero realmente es lo mismo; quizás la disminución del ritmo represivo iniciado en el 36 se perciba a partir de 1943. Y la tercera sería la gran oleada represiva de fines de los cuarenta y de los años cincuenta, marcada por la eliminación de docenas de guerrilleros y de cientos de personas acusadas de servirles de apoyo".

La gran matanza
El periodista portugués Mário Neves fue uno de los testigos de primera mano de los sucesos de Badajoz, en las crónicas que remitió al Diário de Lisboa, algunas de las cuales fueron censuradas por el gobierno de António de Oliveira Salazar, claramente favorable al bando franquista. Neves regresó a Lisboa horrorizado por el espectáculo del que había sido testigo, y se juró no volver jamás a Badajoz, pero lo hizo en 1982, para recorrer los lugares donde presenció estos hechos en un documental para televisión, fragmento del cual puede verse en esta entrada:

Mario Neves, periodista de DIARIO DE LISBOA, Testigo de la matanza

René Brut, a su regreso a Paris

Reseñas:
En la Portada del Diário de Lisboa del sábado 15 de agosto de 1936, el titular decía: "Badajoz ha sido entregada a los legionarios y regulares marroquíes.". "Escenas de horror y desolación en la ciudad conquistada por los rebeldes." La crónica la firma Mário Neves e incluye la entrevista con Juan Yagüe, donde le informa y no le desmiente que ya hubiera unos 2.000 fusilados.

"Durante toda la jornada, se produjeron asesinatos por las calles de la ciudad, sobre todo a cargo de legionarios marroquiés. El mismo día 14, Yagüe ordenó el confinamiento de todos los prisioneros -la mayoría civiles- en la plaza de toros".

Según artículos publicados por los corresponsales de Le Populaire, Le Temps, Le Figaro, Paris-Soir, Diário de Lisboa y Chicago Tribune se produjeron ejecuciones en masa en varios lugares de la ciudad, y las calles aparecían sembradas de cadáveres.

El 15 de agosto, el enviado de Le Temps, Jacques Berthet, enviaba su crónica:

"...alrededor de mil doscientas personas han sido fusiladas (…) Hemos visto las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre (…) Los arrestos y las ejecuciones en masa continúan en la Plaza de Toros. Las calles de la ciudad están acribilladas de balas, cubiertas de vidrios, de tejas y de cadáveres abandonados. Sólo en la calle de San Juan hay trescientos cuerpos (…)".

El 18 de agosto, Le Populaire publicaba:

«Elvas, 17 de agosto. Durante toda la tarde de ayer y toda la mañana de hoy continúan las ejecuciones en masa en Badajoz. Se estima que el número de personas ejecutadas sobrepasa ya los mil quinientos. Entre las víctimas excepcionales figuran varios oficiales que defendieron la ciudad contra la entrada de los rebeldes: el coronel Cantero, el comandante Alonso, el capitán Almendro, el teniente Vega y un cierto número de suboficiales y soldados. Al mismo tiempo, y por decenas, han sido fusilados los civiles cerca de las arenas».

El martes 18 de agosto, el Premio Nobel de Literatura francés François Mauriac, publicó en primera plana de Le Figaro un artículo sobre los sucesos de Badajoz que conmocionó a Europa. El 30 de agosto apareció en el Chicago Tribune el famoso artículo de Jay Allen, en el que narró con gran crudeza los terribles sucesos de la ciudad.

Otro testigo de la matanza
Dentro de programado plan de exterminio del adversario politico, los golpistas que tomaron la ciudad, asesinaron a tres de los alcaldes durante la República que la ciudad había tenido.

Vaya aquí un recuerdo y algunos datos de estos tres alcaldes de Badajoz injustamente asesinados por la barbarie fascista, en aquel verano de 1936:

F. Eladio López Alegría. Republicano. Concejal hasta el 14 de Agosto de 1936. Abogado, Fiscal y Corredor de Comercio, Secretario de la Cámara Urbana. Primer alcalde de la II República. Presidente de los Jurados Mixtos Agrarios. Presidente comisión para la reforma agraria en Badajoz. Fue asesinado el 16 de Septiembre de 1936, en las tapias del cementerio.

Juan Antonio Rodríguez Machín. Republicano. (Acción Republicana). Tercer alcalde tras Rodrigo Almada. Concejal hasta el 14 de Agosto de 1936. Fue asesinado el 20 de Agosto de 1936. Natural de Orellana la Vieja. Vecino de Badajoz. 53 años. Soltero.

Sinforiano Madroñero Madroñero. Socialista. Alcalde en dos etapas. Era el alcalde de la ciudad el 14 Agosto de 1936. Natural de Santi-Spiritu. Vecino de Badajoz. 34 años. Soltero. Fue asesinado el 20 de Agosto de 1936, tras ser devuelto por las autoridades portuguesas tras su marcha al país vecino, donde sin respetar el Derecho internacional humanitario y de asilo, fue entregado sin procedimiento alguno y sin garantías jurídicas de clase alguna, por la policía política salazarista a elementos golpistas franquistas de Badajoz.

IN MEMORIAM. Para todos los asesinados y desaparecidos en Badajoz, en aquellos tristes días que sucedieron a aquel nefasto 14 de agosto. Verdad, justicia y reparación.
Publicado por ARMHEX en 0:02

https://armhex.blogspot.com/2018/08/la-matanza-de-badajoz-un-ano-mas-contra.html

"Tal día como hoy Federico Garcia Lorca, moría de muerte natural por fusilamiento a manos de unos que no eran ni buenos ni malos, solo españoles. Y que lógicamente, hoy día podrían sentirse molestos si sacamos a Lorca de la cuneta a donde lo tiraron -(Y que aún hoy, más de 82 años después, desconocemos su lugar exacto)- porque eso es reabrir heridas." @gerardotc gerardo tecé

Imagen relacionada


miércoles, 8 de agosto de 2018

Hiroshima y Nagasaki, 73 años del genocidio de Estados Unidos

AVN


Cuatro meses después de finalizar la II Guerra Mundial, el 6 de agosto de 1945, una explosión instantánea dejó más de 100.000 fallecidos, a las que se sumaron luego otras 185.000 producto de la radiación provocada por las bombas atómicas que Estados Unidos arrojó en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

La noche anterior a la explosión de la bomba en Hiroshima, la alarma por bombardeos aéreos había sonado en la ciudad, no obstante, al día siguiente se levantó la alerta y los habitantes de la ciudad — un poco más de 350.000 personas — fueron a sus trabajos y colegios.

Era las ocho de la mañana, cuando la bomba Little Boy, creada por el Gobierno de los Estados Unidos (EEUU), cayó en la nación asiática, destruyendo el 90% del país.

"Muy pronto comenzamos ver gente saliendo de Hiroshima, todos quemados y la piel cayéndose de la cara, de los brazos. No llevaban ropa, se les había quemado. No sabíamos si eran hombres o mujeres", explicó al medio alemán Deutsche Welle, Mitsuko Heidtke, sobreviviente de la bomba atómica.

Heidtke tenía solo 10 años cuando EEUU decidió atacar al país asiático, como una amenaza para lograr que Japón se rindiera. Su madre desapareció ese día, su padre murió días después de cáncer.

La bomba fue lanzada a unos 9.600 metros de altura, y estalló a 600 metros de altura de la ciudad 43 segundos después de haber sido lanzada. La mayoría de víctimas con síntomas severos de radiación murieron de tres a seis semanas después del bombardeo.

Bun Hashizume, otra de las sobrevivientes del fuerte y atroz ataque autorizado por el presidente estadounidense Harry Truman, explicó que — por motivo de que los jóvenes se encontraban en la guerra del Pacífico con el gobierno de la nación norteamericana — la nación ordenó a hombres y mujeres en edad para cursar la secundaria dejaran las aulas de clase para trabajar.

"Estaba de pie junto a una ventana en el 3º piso del Ministerio de Comunicación (donde trabajaba) cuando vi un poderoso destello. Pensé que el sol se caía en frente de mis ojos. En una fracción de segundo vi arcoiris de colores en todas partes. Ese fue el momento en el que explotó la bomba", manifestó en un testimonial animado, presentado por el medio británico BBC.

Su madre, hermana y tía sobrevivieron al ataque, no obstante, su hermano falleció durante la explosión, indicó.

Un humo blanco invadió la ciudad asiática, llevándose con él niños, animales, en resumen; todo ser vivo desapareció, así como varios edificios. 80.000 personas aproximadamente murieron ese día, sin contar las personas que fallecieron días después a causa de la radiación. 44 segundos le bastó a EEUU para acabar con un país y, 73 años después, los efectos de la radiación siguen.

Tres años después de la explosión, el número de casos de leucemia entre los hibakusha (como se le conoció a los sobrevivientes) ya era superior al de las poblaciones no expuestas y el aumento del riesgo relativo (comparado con grupos de control) tendría su pico a los siete años. Los que eran niños en 1945, presentaron los mayores índices de leucemia de todos los supervivientes.

73 años después, el gobierno de Estados Unidos no ha cambiado. A principios de año, el presidente estadounidense Donald Trump amenazó a Corea del Norte de hacer uso de toda su fuerza nuclear, sí era amenazada la seguridad del país; luego de que el líder de esta nación amenazara en igual de magnitud el uso de una posible arma nuclear.

"Todo EE.UU. está al alcance de nuestras armas nucleares y tengo un botón nuclear en mi escritorio. Es una realidad, no una amenaza", dijo este año el líder norcoreano Kim Jong-un.

Trump por su parte respondió: "Alguien de su régimen hambriento y empobrecido por favor infórmele que yo también tengo un botón nuclear, pero es mucho más grande y más poderoso que el suyo, ¡y mi botón funciona!", abriendo así una ventana que se pensaba cerrada hace 73 años.

El pasado 12 de junio, Kim Jong-un y Trump sostuvieron una cumbre histórica en Singapur, en donde la Paz y desnuclearización fueron los dos puntos principales del acuerdo firmado por ambos mandatarios.

Fuente:
http://www.avn.info.ve/contenido/hiroshima-y-nagasaki-73-a%C3%B1os-del-genocidio-estados-unidos

sábado, 28 de julio de 2018

_- Notas sobre Siria y el advenimiento de la tanatocracia global

_- Jules Etjim

Path & Bridges

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Theodore Gericault, pinturas preparatorias para La balsa de la medusa (1818-1819)

El monstruo más frío
En Así habló Zaratustra, Nietzsche llamaba al Estado el monstruo más frío; podríamos añadir que no hay Estado tan frío como una tanatocracia. En estos momentos existen realmente muy pocos regímenes tanatocráticos auténticos, pero incluso utilizando la definición más estricta (aquí hacemos uso de la más imprecisa), Siria se clasifica como tal sin ambigüedades. Siria es un Estado tanatocrático cuya cleptocrática élite gobernante ha intentado mantener a toda costa su gobierno recurriendo sin cortapisas al genocidio, torturando y asesinando sistemáticamente a su pueblo a escala industrial utilizando la muerte, directa e indirectamente, para administrar a la población a través de una escalada de estrategias gubernamentales que van reduciendo una demografía específica, destruyendo todas aquellas ecologías sociales que cree alimentan la rebelión. La destrucción genocida o desagregación de algunos grupos sociales por parte del Estado va acompañada de una serie de esfuerzos para conseguir un ambiente favorable a otras demografías consideradas compatibles con el imperativo principal: la supervivencia de la élite gobernante.

Desde luego, en el Norte global, en gran medida pacífico, y en otros lugares, muchos verían con malos ojos la sugerencia de que Asad (y sus aliados) son responsables del medio millón o más de sirios asesinados desde 2011, aunque Asad realmente lo sea. Eso es más de medio millón de personas asesinadas en una población de 22 millones, de las cuales 5,6 millones han huido del país creando una espantosa crisis de refugiados, con millones de seres obligados a vivir en campamentos que cada vez son más grandes en el Líbano, Jordania y Turquía, y varios millones más de desplazados dentro de Siria. En su guerra para aplastar la revuelta del pueblo sirio, Asad y sus aliados han utilizado tanques, aviones de combate, ataques de misiles, bombas de barril, fósforo blanco, gas de cloro, gas sarín y otras armas, asediando ciudades, suburbios, pueblos y sus poblaciones civiles.

Thomas Hobbes en Damasco

En un breve artículo “El peligro de un ‘estado de naturaleza’”, escrito en septiembre de 2011, meses después de que se iniciara la “Primavera Árabe”, Yassin al-Haj Saleh, el veterano activista que pasó muchos años en las prisiones baazistas del padre de Asad, Hafez, fue el primero en dar la alarma sobre la degeneración de la rebelión popular contra Asad. Saleh trazó el peligroso giro hacia la militarización defensiva por parte de la revolución, un cambio que en sí mismo no fue sino la reacción a la implacable contrarrevolución de Asad (1).

La revolución siria (y la “Primavera árabe”) es el acontecimiento histórico más importante desde el colapso de la Unión Soviética, pero no ha recibido la atención que merece. Tal vez se deba a que la “Primavera Árabe”, cuyo punto de partida fue Túnez, se encontró con fuertes vientos en contra después del período inicial de lucha ascendente entre 2010-2011. A la revolución egipcia se la hizo fatalmente retroceder cuando el primer presidente democráticamente electo del país, Mohamed Morsi, fue derrocado con un golpe de Estado contrarrevolucionario organizado por el ejército egipcio tan sólo un año después de ocupar el cargo. Otra razón del abandono de la revolución siria es el fracaso de la izquierda global, especialmente en Europa y América del Norte, a la hora de construir un movimiento de solidaridad en su apoyo. Lo que sucedió en cambio, en la medida en que la solidaridad se extendió a cualquiera de las partes en Siria, fue que la tanatocracia de Asad resultó ser la principal beneficiaria. La izquierda global se ha mostrado en muy gran medida indiferente ante los crímenes de un régimen donde la vida está subordinada a la muerte y la precariedad biológica es la norma, y donde a un número inconcebible de personas se le impone la muerte física, social y cultural.

A pesar del sufrimiento de su pueblo, Siria es comúnmente observada a través del prisma de la posverdad y el escepticismo nihilista. Gran parte de la izquierda global se ha unido a las filas crecientes de excéntricos que trafican con teorías conspirativas que promueven el punto de vista, cuya falsedad es demostrable, de que el régimen asesino de Asad fue blanco de un intento de cambio de régimen por parte de EE. UU., considerando a los opositores revolucionarios de Asad a través de las lentes del orientalismo y la islamofobia. Este diabólico consenso de cajón de sastre repite como papagayo la propaganda asadista que retrata a Asad como una combativa oposición laica en lucha contra una oposición dominada por jihadistas salafistas. En siete años de lucha brutal de Asad para aplastar la “Primavera Siria”, pocos han intentado documentarse sobre qué es lo que está realmente sucediendo en Siria ni se han interesado en escuchar las voces de los sirios comunes: esas personas que, a pesar de su sufrimiento, son literalmente invisibles o meras cifras para los miedos paranoicos y las ansiedades de los ciudadanos del Norte global.

En una apropiación deslumbrante, Yassin al-Haj Saleh invocaba al filósofo político del siglo XVII Thomas Hobbes para comprender el peligro a que se enfrentaba la revolución siria, las señales mórbidas de que estaba descendiendo a un "estado de naturaleza ‘esencial’" debido a la brutal contrarrevolución del Estado "neosultanista" de Asad (como más tarde caracterizó Saleh al Estado del Baaz). Saleh creía que la revolución, de forma perversa, había comenzado a reflejar la contrarrevolución en el proceso de defenderse. La adversidad generó una lucha dominada por la "política de supervivencia", mientras que el "estado de naturaleza" era, en principio, opuesto a la razón, que es el fundamento de cualquier política. La caída en el "estado de naturaleza" presagió la destrucción de la política, y la política es el alma de cualquier lucha revolucionaria, ya que encarna la autonomía y autodeterminación del pueblo (2).

El descenso al "estado de naturaleza" indicó que la sociedad estaba "perdiendo su autocontrol" y la cristalización de una tendencia social presente en la revolución misma. En cuestión de meses, la naturaleza abierta y "cívica" de los primeros días de la revolución, patente en el rol jugado por una variedad de grupos de la sociedad civil, en el activismo visible de las mujeres y demás, comenzó a erosionarse mientras el puebblo luchaba contra el "poder brutal" de Asad. Saleh argumentó que la degeneración se hizo evidente en la disposición a recurrir a las armas para la autodefensa y en el crecimiento de la influencia religiosa, que vio cómo las identidades heredadas desplazaban a identidades seculares más inclusivas dentro del campo anti-Assad. Inevitablemente, se produjo una transición desde las consignas que repudiaban el salafismo a la vez que se subrayaban las aspiraciones democráticas de la revuelta, a los eslóganes con connotaciones islámicas o religiosas más tradicionales. En las primeras semanas de la revolución, las protestas callejeras eran "civiles, emancipadoras y humanistas", pero de forma muy rápida la "cara pública" de la revolución comenzó a hablar el "lenguaje del islam" (3).

En los años siguientes, Saleh revisó el papel cambiante de la violencia en la sociedad siria: la atomización de la población provocada por el “estado de tortura” de Asad y los problemas que el campo revolucionario tuvo que enfrentar, mientras la violencia como autodefensa era cada vez más indiscriminada y amenazaba con desmoralizar y socavar la revolución misma con la transición a la “ultraviolencia” o “nihilismo militante”, como Saleh lo caracterizaría, en particular conectando al segundo con los objetivos milenaristas del fundamentalismo religioso en su propia valoración evolutiva del papel político del salafismo.

Reflexionando sobre la “máquina de matar” de Asad, Saleh señalaba el impacto de los anteriores conflictos militares y civiles en la región, el conflicto civil en Líbano y la invasión y ocupación de Iraq por parte de la coalición, para ilustrar la afinidad electiva entre guerra civil y guerra sectaria o lo que Thomas Hobbes denominaba la “guerra de todos contra todos”: el “estado de naturaleza”, donde el odio alimentaba el odio y el asesinato provocaba más asesinatos, en un ciclo mimético similar al ciclo de violencia y derramamiento de sangre que René Girard pensaba que definía la crisis sacrificial periódica que asolaba a la sociedad. Como Saleh observaba:

“Esta es la supuesta ‘condición natural’ de la humanidad, en la que todos están en guerra con todos, tal como Thomas Hobbes describió en su ‘Leviatán’ a mediados del siglo XVII. Pero el estado de naturaleza no es de hecho una condición ‘natural’; es una coyuntura histórica” (4).

Curiosamente, el telón de fondo político y social del “Leviatán” de Hobbes (1651) fue la Guerra Civil inglesa, una turbulencia significativa en lo que era una sociedad capitalista emergente. No se conoce el número exacto de víctimas de las tres diferentes fases de esa guerra, aunque muchos historiadores estiman que las muertes alcanzaron la elevada cifra de 180.000 muertos a causa de la lucha y de las enfermedades; alrededor del 3,6% de la población (una gran proporción eran combatientes, aunque hubo 40.000 civiles entre los muertos). Se estima que alrededor del 2% de la población se vio obligada a desplazarse. En comparación, el 2,6% de la población británica murió en la Primera Guerra Mundial, aunque la Guerra Civil inglesa no se compare con los conflictos fratricidas masivos modernos, ya sean del siglo XX o del actual, donde la naturaleza de la guerra y el conflicto ocupan de forma clara, en general, un nivel totalmente diferente.

Detalle de la portada del Leviathan (1651)

En un reciente y sorprendente artículo “Amor, tortura, violación… y aniquilación”, escrito en el exilio, Saleh explora la relación entre el odio, la tortura y la violación en el contexto de la experiencia siria. Saleh empieza señalando que, en general, el amor une a la humanidad, especialmente el amor erótico exclusivo de los amantes; une al separarnos de nosotros mismos y por eso nos permite encontrarnos a nosotros mismos. El amor es revelación, reconocimiento mutuo y amor a medida que la intimidad difumina los límites cuando uno se convierte en dos o en Uno de Nosotros. En contraste absoluto, la tortura aniquila los límites de forma muy diferente porque persigue a su víctima dentro de sí misma. A diferencia del amor, la tortura no es una relación sino un no vínculo de destrucción que es brutalmente invasivo y se produce con una variedad de objetivos y motivaciones por parte de un torturador o del “estado de tortura”. La exposición de Saleh es sútil y se deriva evidentemente de la experiencia de haber pasado muchos años en las cárceles baazistas. Sin embargo, el interés del análisis de Saleh es su aprehensión de ciertos argumentos globales sobre la naturaleza de nuestra época.

Saleh distingue entre tres tipos de tortura o violación. La primera, la tortura interrogatorio o de investigación persigue ampliamente crear una guerra civil dentro de la víctima individual para que se traicione a sí misma. En esta circunstancia, el instinto de supervivencia individual y su compromiso con una “obligación superior” o “ser social” se enfrentan entre sí. En Siria, con anterioridad a 2011, esos objetivos de tortura podían incluir también la destrucción de grupos de la oposición proscritos sin tener necesariamente como objetivo la destrucción física de los individuos. El segundo tipo de tortura es la tortura de represalia, que tiene como objetivo humillar a sus víctimas y conducir a la destrucción física o psicológica de los individuos. Según Saleh, la prisión de Tadmor de Hafez al-Asad y la de Saidnaya de Bashar tenían ambas como objetivo “crear una memoria inolvidable, dirigida mucho más allá de la persona torturada”, para intimidar e impedir que la población se rebelara. Así pues, el cuerpo torturado era la “valla publicitaria” para la obediencia. El tercer tipo de tortura, la exterminadora, se explica por sí misma.

La transición de la muerte bajo tortura a torturar para matar fue algo consecuente. Era un síntoma de la matanza sistemática y masiva de personas en forma regular durante un período de tiempo más o menos prolongado. En su ensayo sobre “necropolítica” (debatido más adelante), Achille Mbembe invocó la obra del historiador italiano Enzo Traverso sobre los orígenes del Holocausto, que exploró la afinidad entre los campos de exterminio nazi y los procesos industriales similares a la línea de producción característica de la modernidad de Ford. En 2013, un fotógrafo a sueldo del Estado asadista, conocido como “César”, sacó a la luz 53.000 fotos que constituían el catálogo burocrático de rutina con los cadáveres cerosos y emaciados de quienes habían muerto bajo tortura. Al hacer eso “César”, que huyó de Siria, brindó una visión tenebrosa del Estado como máquina de matar organizada, o como sostenemos, una tanatocracia. Saleh mismo señala que los tres tipos de tortura se han difuminado en la práctica en otros dos tipos, mientras que a un nivel más general apunta a una transición histórica de una forma de tortura a la adopción de otra forma. Por ejemplo, desde principios de los años setenta hasta principios de los años ochenta, puede decirse que Siria sobrepasó, con la normalización de la tortura, determinadas fronteras sociales o solidaridades establecidas desde hace tiempo. La “lección” sobre la tortura tenía como objetivo que todos la internalizaran, incluido el torturador, que se transformó en un instrumento voluntario del "estado de tortura". La transición a la tortura exterminativa -en nuestros términos, la transición a la tanatocracia- fue parte de un continuo genocida que revela que el Estado ha conseguido la “libertad absoluta” para sobrepasar los estándares y límites humanos sin ningún límite normativo o ético que no sea el límite práctico (5).

Una pregunta importante que se plantea a partir de la tragedia siria es cuánto de lo que se ha ido desplegando en los últimos siete años sintetiza tendencias globales más amplias del conflicto social y la guerra, y cuántos acontecimientos se derivan de las tendencias inmanentes a la sociedad siria, a la naturaleza específica o psicopatología del Estado baazista y a su singular evolución histórica. La respuesta a esta pregunta debe tener mucho que ver, de forma específica, con la naturaleza de lo que Saleh llama el “Estado neosultánico” de Asad. Sin embargo, está claro también que Siria tiene un significado global en una variedad de formas. Por ejemplo, como Saleh sostiene en un interesante párrafo:

“Hay una fuerte dimensión internacional en el genocidio sirio que casi no tiene parangón en la historia y que podría vincularse, con nuevas investigaciones, a la islafomobia emergente como la forma más destacada de racismo en el mundo actual.”

En otra parte del mismo artículo, Saleh señalaba la existencia en Siria de un "Estado de excepción permanente", específicamente en relación con el destino de las víctimas de la tortura. También Saleh aludía a un importante debate sobre la naturaleza contemporánea del poder soberano (el Estado) en la era globalizada, especialmente las relaciones entre el Estado, la violencia, el ciudadano, el nomos, la biopolítica, el poder y el Estado de excepción. Fue el pensador y teórico político italiano Giorgio Agamben quien impulsó este debate clave sobre la naturaleza y trayectoria del poder soberano y el Estado global de excepción en una serie de obras, particularmente en “Homo Sacer: Sovereign Power and Bare Life” (1995) y “Estado de excepción” (2003). Agamben hizo esto reuniendo los hilos de dos contribuciones diferentes a la teoría política en dos épocas diferentes. En primer lugar, el debate subterráneo entre el pensador jurídico conservador Carl Schmitt, que ocupó puestos importantes en el establishment jurídico alemán bajo el Tercer Reich, y Walter Benjamin sobre el “estado de excepción”. El otro hilo utilizado por Agamben fue el relato de Michel Foucault sobre biopolítica, biopoder y gubernamentalidad.

¿Necropolítica?

Tomando prestado un neologismo utilizado por Achille Mbembe en su influyente ensayo “Necropolitics” (2002), Asad ha creado “mundos de muerte”, desplegando su “maquinaria de guerra” (6) en espacios o “zonas de excepción” caracterizadas por una única forma de existencia social que ha proliferado en la era globalizada del capitalismo tardío, donde poblaciones enteras se convierten en objeto de la destrucción desatada por una “maquinaria de guerra” autónoma o sin freno. Las poblaciones son desperdigadas, convertidas en “apátridas”, exterminadas, sometidas de forma brutal para la extracción de recursos o riquezas, privadas de la capacidad para ganarse la vida, asediadas, sometidas a una “muerte invisible” por hambre, obligadas a convertirse en soldados de la “maquinaria bélica”, etc. Mbembe citaba un artículo de Zygmunt Bauman de 2001, en el que sugería que en la era de la guerra globalizada y asimétrica la soberanía se había vuelto borrosa.

La aparición de agentes militares no estatales desdibuja la división entre lo público y lo privado, y en algunas zonas del mundo derribó el monopolio estatal de la violencia. Este desarrollo se hizo evidente con la aparición de “maquinarias de guerra” de las que podría decirse que funcionan como organizaciones mercantiles privadas dedicadas al saqueo, de forma parecida a la Compañía de las Indias Orientales a finales del siglo XVIII. A menudo, estas “maquinarias de guerra” estaban fuera del alcance del Estado, o eran una extensión del Estado como contratista capaz de trabajar codo con codo con el Estado, aunque esto no siempre fue así, y la relación podía ser conflictiva con la “maquinaria de guerra” que luchaba para uno o más Estados. La “maquinaria de guerra” podía explotar vínculos y redes trasnacionales mientras actuaba en zonas de crisis sin ley donde la autoridad del Estado era débil o se había degradado en una nueva era de “guerras inciviles”, como John Keane las definía (7).

El colapso de las economías formales o la lucha por los recursos o riquezas podría reforzar el dominio de la “maquinaria de guerra” o crear las condiciones para su surgimiento, como en las “economías paramilitares” en zonas de África devastadas por la guerra civil. En algunos de estos escenarios distópicos, la “maquinaria de guerra” podría aspirar a desplazarse o apoderarse del Estado y constituirse a sí misma como el único poder soberano que ocupa un territorio demarcado, convirtiéndose efectivamente en un Estado putativo. Pero en “ New and Old Wars: Organized Violence in the Global Era” (1999), Mary Kaldor observó que en algunas de estas zonas de conflicto el Estado fomentaba la formación de grupos armados o milicias que esencialmente operarían fuera del alcance del Estado, pero en su nombre. Para Kaldor, el neoliberalismo y la globalización han remodelado la anatomía de la guerra y el conflicto desafiando el antiguo modelo westfaliano de la inviolabilidad de la soberanía e integridad territorial, haciendo hincapié en el surgimiento de nuevas fuerzas trasnacionales, de políticas de identidad potencialmente desestabilizadoras, de una economía de guerra globalizada y de la descentralización de la violencia (8).

En esta era, en la etapa venidera de la tanatocracia como la describiremos, la precariedad biológica se generalizó al afectar a más grupos y poblaciones. También la “gubernamentalidad” (Michel Foucault) se reconfigura como formas contemporáneas de subyugación de la vida a la muerte -la necropolítica de Mbembe-; el cambio y las poblaciones se convierten en objeto de la imposición de nuevas técnicas de vigilancia y disciplina. El argumento general de Mbembe se hace fuertemente eco de la propia reelaboración de Agamben del relato de la modernidad y la biopolítica de Michel Foucault, que este esbozó en su curso de conferencias del Colegio de Francia a finales de la década de 1970 (9).

Agamben estaba interesado en cómo la biopolítica, como aspecto distinto del poder soberano (el Estado), excluía a ciertos grupos, en cómo el Estado o la gubernamentalidad se caracterizaba por una tendencia creciente a intervenir en las vidas de los ciudadanos para mantener una identidad racial homogénea. Entonces, ¿cómo fue que las estrategias biopolíticas del poder soberano moldearon el cuerpo político mientras ese poder iba capturando o promulgando narrativas ideológicas-imaginarias de identidad racial y nacional que ayudaron a determinar quién estaba “adentro”, una parte de la ciudadanía, y quién estaba “afuera”, convirtiéndose en un tema central del pensamiento político contemporáneo? (10).

Como en la biopolítica de Foucault, Mbembe sugería que los orígenes de la necropolítica podían remontarse a la evolución del Estado moderno con su extensión de los dispositivos del poder, subrayando la poderosa importancia formativa del racismo, el colonialismo, el imperialismo o la necropolítica. La necropolítica del Estado precipitó a grupos enteros al estatus de “muertos vivientes” o colocó a determinados grupos fuera de la población, literalmente como un cuerpo extraño. Grupos como los migrantes y refugiados se “convirtieron en objetos” y pasaron a considerarse menos que humanos. El Estado moderno, como poder soberano dominante en la mayor parte del mundo, determinaba quién importaba y quién no, quién era ciudadano y quién debería ser expulsado del círculo de la ciudadanía, convirtiéndose finalmente en alguien “desechable” (Mbembe). Las poblaciones que fueron marginadas o se volvieron invisibles también podrían verse privadas de la plena capacidad de ganarse la vida, forzadas a ocupar un espacio económicamente liminal. Un ejemplo obvio lo tenemos en la estrategia de asedio de las fuerzas israelíes de ocupación en Gaza y Cisjordania, una combinación peculiar de lo medieval y lo moderno. Aquí tenemos literalmente un estado de sitio que es permanente, una forma indefinida del “estado de excepción” cuyo final es difícil de imaginar o concebir. Poblaciones enteras han sido deliberadamente aisladas de la posibilidad de seguir una vida cotidiana normal en lo que efectivamente era una ocupación colonial tardía donde tres poderes se superponían y se condensaban en el poder soberano: el disciplinario, el biopolítico y el necropolítico, con capacidad para dar (moldear) y retener la vida.

Curiosamente, Mbembe afirma que una debilidad de la concepción de Foucault sobre la biopolítica fue su fracaso a la hora de abordar la cuestión central del racismo: el hecho de que una población pudiera ser racialmente jerarquizada. Elvira Basevich presentó una acusación similar respecto a Agamben, afirmando que la concepción de este último del Estado moderno conservaba un elemento normativo, mientras que el Estado, en tanto en cuanto poder soberano, presuponía tácitamente una ciudadanía legítima invariablemente definida por la exclusión del Otro. Hasta donde Basevich podía juzgar, Agamben no había valorado del todo el grado en el que se identificaba al Otro en el terreno ideológico-imaginario de la “raza” o el etnonacionalismo (11).

¿Necropolítica o tanatocracia?

La tesis sobre necropolítica de Mbembe representó una reflexión provocadora sobre la guerra y el conflicto en la era globalizada, pero existía el peligro de minimizar la continuada importancia del Estado como poder soberano, de proponer inadvertidamente una comprensión normativa del Estado cuando, en realidad, con la llegada de la modernidad, la historia del Estado indicaba que este era una entidad mucho menos estable y más fluida que lo que sugeriría una dicotomía entre Estado y "maquinaria de guerra". El Estado todavía era fundamental en la era neoliberal y globalizada. Fue un concepto erróneo común pensar que el "giro neoliberal" de la década de 1970 significaba una importante disminución de la influencia del Estado, ya fuera a expensas de las instituciones trasnacionales o del mercado mundial.

La imagen del papel cambiante del Estado -desde el principio, el Estado estuvo en el corazón del "giro neoliberal"- fue muchísimo más compleja que algunas de las engañosas narrativas sobre la retirada del Estado. Además, una característica axial definitoria del sistema global consistía en que todavía había una jerarquía competitiva de Estados en constante cambio, aunque esta no era la única característica axial definitoria del capitalismo tardío. Esta nota de advertencia que propone la continuada preeminencia del Estado no implica que Mbembe haya malinterpretado radicalmente el destino del Estado, sino que simplemente destaca que la comprensión de Mbembe de la necropolítica asume explícitamente que el campo de la necropolítica no es exclusivo del Estado, que una agencia no estatal que aspire a la soberanía, incluyendo el ejercicio de la elaboración de leyes y la preservación de la violencia del derecho como una manifestación de poder (Walter Benjamin) en territorios específicos demarcados, también podría practicar la necropolítica. Aun así, tomando en serio estas restricciones y otorgando la relevancia de la necropolítica en la era globalizada, debemos aclarar que lo que sigue se centra en la tanatocracia moderna: a grandes rasgos, en un Estado que de forma regular, sistemática y activa mata a un número significativo de personas (12).

El Estado de Asad como tanatocracia

Sugerir que el Estado asadista-baazista es una tanatocracia en estado avanzado no implica necesariamente que surja de la lógica interna en desarrollo que define a todos los Estados, o que la tanatocracia ocupe simplemente una ubicación identificable en un espectro o tipología del Estado moderno. A nivel abstracto, podría concederse que cualquier Estado puede convertirse en tanatocracia pero, en la realidad, es un escenario extremadamente improbable para la mayoría de los Estados. Eso no significa que el Estado asadista-baazista como tanatocracia sea completamente singular o único, pero reconocer el Estado asadista-baazista como tanatocracia simplemente nos lleva al umbral del análisis. Todos los Estados nacionales reclaman, de forma clara, un monopolio (territorial / defensivo) de violencia legítima y, en última instancia, esa legitimidad no se refiere a los límites de la violencia que cualquier Estado pueda ejercer, sino que se relaciona con la cuestión de la soberanía: ¿qué poder o autoridad es capaz de ejercer la violencia para mantener el orden social y la seguridad del Estado? La implicación es que no existen límites teóricos (o éticos) o límites a la violencia que un Estado, como poder soberano, pudiera desatar, sólo límites prácticos. En última instancia, esto es lo que hace eminentemente posible un holocausto nuclear y la extinción de la humanidad. El exterminismo fue quizás la otra cara de la moneda de la creencia de Jacques Camatte de que la rebelión global o revolución social había muerto porque el capital había escapado a la danza de la muerte con su némesis proletaria teórica mientras la humanidad estaba experimentando un proceso de “domesticación” en el capitalismo tardío. La muerte y el genocidio eran el corazón de la naturaleza secreta del Estado y esta realidad fundamental del Estado moderno resultaba difícil de comprender para una mente en pleno uso de sus facultades (13).

Podría parecer que el poder soberano (el Estado) acepta el imperativo ético o la voluntad popular del pueblo (democracia, etc.) o incluso la diplomacia (tratados y obligaciones internacionales) como límites o controles para el ejercicio de la violencia legítima, pero esto es engañoso porque lo que el poder soberano puede aparentemente aceptar en un momento, puede repudiarlo al siguiente. Dentro del Estado, la soberanía reside finalmente en el puente de mando del ejecutivo, más o menos aislada de cualquier presión o influencia popular externa. Por lo tanto, en el análisis final, el poder soberano siempre recurrirá a la violencia para salvaguardarse como poder soberano. Leviatán nunca se repudiaría a sí mismo.

¿Cuándo se convirtió Siria en una tanatocracia? De forma clara, la contrarrevolución feroz de Asad que se movilizó para aplastar a la “Primavera Siria” marcó un cambio cualitativo en la actividad asesina del extenso aparato represivo del Estado, pero también podríamos argumentar que Siria ya había cruzado ese Rubicón y se había convertido en un Estado de “asesinato masivo” (caracterización de Yassin al-Haj Saleh) en algún momento de las cuatro décadas anteriores de ascendencia del Partido Baaz. Este es el argumento que preferimos porque, aunque es obviamente cierto que la matanza se ha intensificado masivamente desde 2011 debido a la defensa de tierra quemada del gobierno de Assad, una gran proporción de esas muertes podría haber sucedido en el curso “normal” del gobierno asadista, aunque dentro de los aparatos de seguridad y prisiones, como sucedía antes de 2011 (14).

¿Tanatocracia global?

Quizá sea Siria la única tanatocracia de pleno derecho en el sistema global hoy, aunque un país como Corea del Norte con su extensa, aunque recientemente racionalizada cadena de gulags que anualmente se cobra la vida de miles de desconocidos mediante inanición, disparos, enfermedades y trabajos forzados, debe ser también candidato para este exclusivo club. Sin embargo, hay otros países que son candidatos potenciales para que los clasifiquen como tanatocracia. Las Filipinas de Rodrigo Duterte es un candidato marginal, y otro candidato -quizás- menos marginal es Myanmar, que ha desencadenado una limpieza étnica genocida contra su minoría rohingyá. No obstante, aunque esta brutal carnicería contra los musulmanes rohingyá es grave y horrenda, ha sido un acto temporalmente delimitado en términos de escalada militar de violencia y terror cuyo principal objetivo es expulsar a cientos de miles de musulmanes rohingyá al vecino Bangladesh, mientras promueve que otros grupos étnicos se establezcan en la región Rakáin. Sin embargo, reconocemos que, como caso límite, esta interpretación de Myanmar está abierta a debate e invita a una mayor investigación. Pero no debe haber duda de que el destino del pueblo rohingyá no es menos aterrador dependiendo de que Myanmar sea o no etiquetada como tanatocracia. Significativamente, al pueblo rohingyá se le ha negado la ciudadanía en Birmania/Myanmar desde que se introdujo una Ley de Ciudadanía de 1982, que extendía la ciudadanía a muchos grupos y etnias diferentes que son tratados como parte del tejido social multiétnico del país. Esta Ley de Ciudadanía se reforzó en julio de 2012, solo dos años después de la llegada de la democracia y el retorno al gobierno civil, cuando este gobierno publicó una lista de los grupos y etnias considerados partes legítimas de la población de Myanmar. Los rohingyá no aparecían en la lista.

A nivel global, es cada vez más visible, convirtiéndose en un tema explícito del discurso en todo el espectro político, la lógica biopolítica subterránea que asume que grupos específicos de ciudadanos son grupos demográficos etno-nacionalistas distintos que pertenecen a un territorio particular organizado por tal o cual Estado. En relación con Siria, Yassin al-Haj Saleh rastrea la degeneración de la ideología del panarabismo, una falsa ideología radical de los años de posguerra vinculada al radicalismo anticolonialista y antisionista en su resultado: el arabismo absoluto de los años setenta. El telos del arabismo absoluto era paranoico, de uniformidad coercitiva y hostilidad hacia los enemigos internos y externos (los primeros eran los agentes de estos últimos). Tras la toma del poder por Hafez al-Asad en 1970, el arabismo absoluto degeneró finalmente en una sospecha sectaria respecto a la mayoría suní en Siria, que fue objeto de un decidido intento de marginación y represión. La cultura “oficial” de la camarilla gobernante de Asad era en apariencia laica y moderna, enfrentándose supuestamente al tradicionalismo. Pero esa apariencia (a menudo destinada al consumo de Occidente) era extremadamente engañosa y, en realidad, el arabismo absoluto de la élite gobernante despreciaba profundamente a las masas sirias; era racista y elitista y se hacía eco de la islomofobia occidental. En Siria, la élite dominante bloqueó con firmeza la verdadera movilidad social y actuó a nivel interno como un primer mundo rematado de discursos orientalistas. Buscaban reforzar su dominio, riqueza y poder favoreciendo a sus propias sectas y clanes aliados. En la Siria de Asad, la secta se ha convertido en una nueva forma de destino: en términos de Mbembe, la élite practicaba una forma de necropolítica al imponer una forma de "asesinato invisible" con las masas marginadas (15).

En este contexto, es difícil negar que si bien el Estado como tanatocracia es relativamente novedoso como desarrollo contemporáneo, la tanatopolítica global es cada vez más visible en la inflación del racismo, nativismo y nacionalismo en el contexto de la crisis social, económica y política y la guerra y el conflicto descentralizados. A medida que la tanatopolítica se metastatiza, la defensa de la etno-nación o de sus ciudadanos definidos contra el Otro se vuelve cada vez más estridente, como indica el nuevo gobierno de coalición de Italia entre la Liga Norte y el movimiento populista Cinco Estrellas. Este gobierno recién elegido no perdió el tiempo para atacar a los romaníes, refugiados y migrantes que intentan llegar a Europa. El Otro se convierte en un marcador de posición de todos los males sociales de la sociedad, reales e imaginarios, y en el objetivo de diversos pánicos morales que presagian las próximas emergencias eco malignas y catástrofes del mañana. Una técnica ideológica-imaginaria que refuerza la falsa identidad etno-nacionalista, la imaginaria comunidad homogénea donde se elimina la diferencia, consiste en crear una división entre nosotros y el Otro que refleje la bifurcación discursiva de adentro/afuera. El Otro pertenece al afuera, no al adentro. Si el Otro de alguna manera se encuentra adentro, se identifica para que pueda ser vigilado y controlado y, por lo tanto, finalmente expulsado o eliminado. La parábola de esta lógica es en última instancia totalitaria.

Hoy, la Fortaleza Europa ejemplifica esta lógica política maligna, ya que el refugiado y el migrante son representados como los portadores socialmente desorientadores de la enfermedad, el crimen, el desempleo, encarnando creencias religiosas y culturas vilipendiadas y no deseadas. Los migrantes y los refugiados rara vez son considerados como potenciales ciudadanos o como ciudadanos electos, como lo indica la perturbadora deriva de las mareas políticas en Italia, Hungría, Polonia, Grecia, Austria y otros lugares. En Alemania, que dio la bienvenida a cientos de miles de refugiados, muchos de ellos de Siria, el capital político de Angela Merkel casi ha desaparecido, mientras sus socios de la Coalición obligan a su gobierno a dar marcha atrás en la reciente generosidad hacia los inmigrantes y refugiados. Sin embargo, el movimiento laboral libre y sin restricciones, sin lugar a duda una ganancia social progresiva significativa, sólo existió dentro de las fronteras de la Unión Europea entre sus Estados miembros. Recientemente, el United Europe for Intercultural Action (una red compuesta por 550 grupos antirracistas) emitió un informe que recopila los nombres de los 34.361 refugiados y migrantes que se sabe que han muerto intentando llegar a Europa desde 1993, de los cuales 27.000 se ahogaron en el Mediterráneo. El grupo UEIA admite que esa cifra es un cálculo muy bajo, ya que muchos más refugiados y migrantes desconocidos y no identificados han muerto tratando de llegar a Europa. Desde 1993, los gobiernos europeos, independientemente de su naturaleza política, han adoptado medidas draconianas, represivas y racistas contra los migrantes y refugiados, a la vez que desvían cada vez más recursos para detener este trágico éxodo humano que llega a Europa (16).

El crecimiento del nativismo y el racismo en Europa es un barómetro de la metástasis de la tanatopolítica o necropolítica como defensa del ciudadano frente al Otro, considerado como una especie de mensaje de las próximas emergencias eco malignas, una manifestación de la catástrofe que colorea cada vez más la política global. A medida que la tanatopolítica se extiende a lo largo del discurso político y la conversación nacional y mundial, amenaza con extinguir toda política. La tanatopolítica global venidera es inseparable del renacimiento del fascismo y la comprensión de su troika maligna es la condición previa para una resistencia eficaz contra todo ello.

Notas

(1) Artículo de Yassin al-Haj Saleh, “El peligro de un estado de naturaleza”, aparece en una colección de sus escritos sobre la revolución siria recogidos en su libro “Siria, la revolución imposible” -Ediciones del Oriente y del Mediterráneo- (2018).

(2) Ibid.

(3) Ibid.

(4) Ibid. Curiosamente, CB Macpherson ha cuestionado la lectura tradicional y casi universal de lo que Hobbes estaba argumentando con su hipótesis del "estado de naturaleza", sugiriendo que no pretendía ser una descripción histórica real de las sociedades preestatales ni proponía que una "guerra de todos contra todos” fuera inevitable en ausencia de un poder soberano (el Estado) para “intimidar” a todos los hombres. Este es un argumento que intentaremos abordar en un futuro cercano. Véase C.B Macpherson “The Political Theory of Possessive Individualism: Hobbes to Locke” (edición de 1979) pp.19-46.

(5) Yassin al-Haj Saleh: “Love, Torture, Rape…and Annihilation: A letter to Samira”, en:

https://www.wiko-berlin.de/en/wikotheque/koepfe-und-ideen/issue/13/letter-from-berlin-articles-to-samira-5/

(6) La acuñación "máquinas de guerra" pertenece originalmente a Deleuze y Guattari, pero Mbembe la adoptó. Típicamente provocativo, pero también un tanto flojo en manos de Deleuze y Guattari, el concepto de piratería, de "máquinas de guerra" autónomas, aunque perspicaz, debe tratarse con cuidado y contextualizarse adecuadamente. Ver Gilles Deleuze y Felix Guattari en “Nomadology: The War Machine” (traducción de 2010).

(7) John Keane: “Reflections on Violence” (1996).

(8) Mary Kaldor: “New and Old Wars: Organised Violence in a Global Era” (1999) p.138.

(9) Véase Achille Mbembe: “Necropolitics” (2002); Giorgio Agamben: “The State of Exception” (2003) y Michel Foucault: “The Birth of Biopolitics: Lectures at the College de France 1978-79” (2010).

(10) Véase también Giorgio Agamben: “Homo Sacer: Sovereign Power and Bare Life” (1998).

(11) En defensa de Foucault contra Mbembe, Foucault identificó explícitamente el racismo como una narrativa ideológica central y formativa cooptada por la "racionalidad gubernamental" recién fusionada del Estado moderno. La homogeneidad racial era el supuesto normativo que sustentaba la definición del Estado moderno de la "ciudadanía legítima". Los ciudadanos definidos racialmente indicaban la llegada del modelo biopolítico de gubernamentalidad. Para la crítica de Elvira Basevich de Agamben, ver "Agamben on Race, Citizenship and the Modern State” (2012).

(12) Walter Benjamin distinguió entre ley que preserva y ley que fomenta la violencia en “Critique of Violence” (1921). Benjamin consideraba que la elaboración de leyes y la preservación de la ley estaban "podridas" porque derivaban del reino fenoménico de la ley, el poder y la violencia, el reino profano del Estado, o "lo que sea", como algo opuesto al reino de la justicia.

(13) Ensayo de Jacques Camatte “On Domestication” (1973), recogido en “This World We Must Leave” (1985) pp.91-137.

(14) De hecho, la represión infligida por las cárceles de tortura actuó como acicate para la rebelión, una vez que las manifestaciones y protestas en Siria ya habían comenzado cuando las personas salieron a las calles inspiradas por los disturbios sociales en Túnez, Egipto y otros lugares. Por ejemplo, el 25 de mayo de 2011, el cadáver mutilado de Hamza al-Khateeb, de 13 años, de Daraa, uno de los primeros puntos de revuelta contra Asad, fue devuelto a sus padres. Hamza había sido recogido por la Inteligencia de la Fuerza Aérea en una marcha de protesta y torturado: sufrió castración, huesos rotos, quemaduras de cigarrillos y heridas de bala. Las imágenes que sus padres publicaron en las redes sociales causaron indignación. Véase Robin Yassin-Kassab y Leila al-Shami “Burning Country: Syrians in Revolution and War” (2016) p.49.

(15) Yassin al-Haj Saleh debate sobre ese apuntalamiento sectario y orientalista de las reglas de la elite de Assad con cierta extensión en “Siria, la revolución imposible” -Ediciones del Oriente y del Mediterráneo- (2018).

(16) Véase The Guardian Special Issue, publicado en el Día Mundial de los Refugiados, que lleva los nombres de los 34.361 refugiados y migrantes que se sabe que han muerto desde 1993.

Fuente:
https://pathsandbridges.wordpress.com/2018/07/11/notes-on-syria-and-the-coming-global-thanatocracy/

La he colgado entera  aunque está muy lejos de los hechos y datos que me mantienen lejos de esta opinión.
Me hago algunas preguntas. Quienes son los asesinos, los de "Tanatos" como aquí le designan; ¿los que invaden, bombardean y asesinan en un país, sin declararle la guerra y sin atenerse a ninguna norma ni acuerdo o resolución de la ONU? ¿que respeto muestran no ya por los derechos humanos, sino por la vida de niños inocentes, mujeres, ciudadanos de esos países? En Siria han intervenido 80 paises, han bombardeado ciudades, escuelas, hospitales, depuradoras de agua, centrales electricas, puentes, edificios oficiales, ¿con qué derecho?. Y cuando Siria llama a sus amigos para que les ayuden, son críminales. Y asi en Yemen, Libia, Afganistán, Irak, Mali, Sudan, etc.
Y nos cuentan que cuando se defienden de los invasores mercenarios y yidahistas pagados por occidente, sus acciones son condenables. Los medios nos quieren hacer ver que los culpables son inocentes y los inocentes que ponen en práctica su derecho a defenderse son los culpables. No, es evidente que sólo tienen la fuerza, no la razón

miércoles, 18 de julio de 2018

18 de julio.

El traslado de los restos del dictador fuera del Valle de los Caídos ha de verse como un acto normal, para nada como una revancha.


Las políticas de conservación o de eliminación de los símbolos de un régimen totalitario dependen en gran medida de quien fue su sucesor. El continuismo postsoviético se ha traducido en la presencia actual de Lenin y Stalin en sus respectivos enterramientos en la Plaza Roja de Moscú, mientras el sepulcro clónico de Dimitrov fue demolido en Sofía. En Italia, las ambigüedades de la reconstrucción democrática se han traducido en una puntual preservación de monumentos e inscripciones, incluida la que en Bolzano sigue incluyendo a España entre las conquistas del Duce. A pesar de que recientes investigaciones, como La matanza de Addis Abeba de Ian Campbell, confirman la brutalidad del genocidio cometido durante la conquista y dominio de Etiopía, siguen existiendo callejeros en Italia que lo glorifican. Algo tiene esto que ver con la supervivencia de una mentalidad, nada favorable para la democracia.

Por eso el traslado de los restos del dictador fuera del recinto político-religioso del Valle de los Caídos ha de verse como un acto normal, para nada como una revancha, especialmente si tenemos en cuenta las condiciones de trabajo forzoso para presos republicanos que presidieron la construcción del monasterio. No tenía sentido alguno la supervivencia allí de su tumba, como tampoco lo tenían las estatuas de Franco a modo de miles gloriosus que ocupaban lugares de privilegio en las ciudades españolas. El pronunciamiento del general no solo desencadenó una guerra civil y destruyó un régimen democrático, sino que supuso la puesta en marcha, conscientemente, de una “operación quirúrgica”, como él mismo anunció en noviembre de 1935 al entonces embajador de Francia, Jean Herbette. Su propósito no era, pues, un simple giro a la derecha político, sino la puesta en marcha de un exterminio sistemático, físico e ideológico, de lo que consideraba la Antiespaña, un genocidio si nos atenemos a la definición de Raphaël Lemkin, y bien que lo llevó a cabo. Con el trato respetuoso a sus restos, tiene más que suficiente.

El traslado previsto deja en pie otro problema: ¿qué hacer con el túmulo del fundador del fascismo español, José Antonio Primo de Rivera, cuyo traslado al monasterio del Escorial, primero, y al Valle luego, fue decisión personal de Franco? Tampoco tiene sentido mantenerlo donde está. José Antonio fue promotor ideológico y víctima de la guerra civil. De aceptarlo su familia, el cementerio de Alicante, la ciudad donde fue fusilado, pudiera ser el lugar más adecuado para su enterramiento, convertido ahora en símbolo de reconciliación.

Y para el faraónico monasterio, ¿qué? Volarlo carece de sentido, si bien lo mejor es que no hubiese existido nunca. Cabría aprovechar sus instalaciones organizando allí un centro de estudios sobre el totalitarismo, para lo cual mimbres hay en el cesto.

https://elpais.com/elpais/2018/07/17/opinion/1531844823_263325.html

jueves, 24 de mayo de 2018

Cuando Israel cumple 70 años, es hora de que los judíos abandonemos el sionismo por el bien de todos.


Patheos

Cuando los soldados israelíes disparan, mutilan y matan a manifestantes palestinos desarmados que viven bajo asedio israelí en Gaza, ¿a dónde nos ha llevado el sionismo?

Cuando una nación descendiente de refugiados da la espalda a los solicitantes de asilo africanos porque diluirán la pureza judía del Estado, ¿qué integridad moral tiene el sionismo?

Cuando el presidente de la Junta de Diputados de Gran Bretaña describe a un grupo religioso judío de izquierda como "una fuente de virulento antisemitismo" porque critica abiertamente a Israel, ¿qué locura ha creado el sionismo?

Cuando Israel cumple 70 años a fines de este mes, el sionismo, la ideología política que impulsó la existencia del Estado judío, muestra todos sus defectos y expone la fuerza destructiva que siempre ha utilizado contra los palestinos e incluso contra los judíos.

Por el bien de todos, ya es hora de que lo abandonemos.

La "cuestión judía"
Hacia finales del siglo XIX el sionismo se propone dar una respuesta claramente judía a lo que fue descrito como "La cuestión judía". ¿Cómo podrían los judíos liberarse de siglos de la opresión y discriminación? ¿Dónde podrían los judíos encontrar protección y seguridad y llevar una vida normal en un lugar que pudiera llamarse 'hogar'?

El sionismo como respuesta a "la cuestión judía" fue el resurgimiento del nacionalismo judío con el objetivo de "volver a" y "recrear" nuestro antiguo reino bíblico. Estaba influenciado tanto por el nacionalismo europeo de "sangre y tierra" como por el socialismo y la memoria colectiva de "Eretz Israel" llevada con nosotros a través de textos sagrados y liturgia diaria.

Pero ya sea nacionalista, socialista o religioso, el sionismo no ha abordado la cuestión judía. El Estado de Israel no ha normalizado ni ha hecho seguro al pueblo judío.

Si debemos creer a los sucesivos líderes israelíes, Israel está permanentemente bajo amenaza de genocidio.

Ahora mismo tenemos las ambiciones nucleares de Teherán, los posibles asesinos palestinos a punto de derribar la valla de Gaza y los activistas de Europa y América del Norte que usan boicots, desinversiones y sanciones para arrojar a los judíos al mar. Entonces, ¿qué pasó con el "refugio seguro" en tiempos de problemas? En 2018 Israel parece el lugar menos seguro para que viva un judío.

En cuanto al antisemitismo, el sionismo tenía la intención de abordarlo sacando a los judíos del continente europeo que lo había dado a luz. Pero de acuerdo con los defensores de Israel, el antisemitismo no se ha ido, sino que se transformó en antisionismo. Esto no solo cuestiona el sionismo en primer lugar, sino que también es un encuadre conveniente que hace que la oposición al sionismo parezca un extremismo odioso.

En lugar de abordar las causas del antisemitismo, el sionismo ha confundido y complicado los asuntos, lo que hace más difícil acordar qué es el antisemitismo y cuál es la mejor forma de combatirlo.

Defender a Israel, defender el sionismo y castigar a sus críticos absorbe una cantidad desproporcionada del tiempo del liderazgo de la comunidad de la diáspora. Pero es peor que eso. La posición proactiva a favor de Israel y el sionismo que ha sido adoptada por líderes judíos en todo el mundo crea relaciones distorsionadas y tensas entre la comunidad judía y otros grupos de fe.

Nuevas preguntas judías
Desde finales de la década de 1980, la historia sionista del "Retorno Judío" como parte de un esfuerzo justo y moral de autodeterminación nacional judía ha sido cuestionada por historiadores judíos israelíes que acceden a los archivos del Gobierno de Israel.

Ha habido un creciente entendimiento de que la población árabe indígena de Palestina pagó un alto precio por el triunfo del nacionalismo judío. El registro histórico muestra que el sionismo nunca fue solo un esfuerzo inocente que la hostilidad árabe y el odio judío irracional intentaron frustrar.

El sionismo y la implantación del Estado de Israel crearon un nuevo conjunto de preguntas acerca de la seguridad judía y la identidad judía tan urgentes y fundamentales como en el siglo XIX.

- ¿Qué sucede cuando el pueblo judío se convierte en colonizador?
- ¿Qué sucede cuando creamos un Estado que discrimina constitucionalmente a sus propios ciudadanos no judíos?
- ¿Qué pasa cuando nos convertimos en ocupantes?
- ¿Qué sucede cuando asediamos y anexamos la tierra de otro pueblo?

Al mantenernos fieles al sionismo, las comunidades judías de todo el mundo quedan atrapadas en un estado de negación colectiva sobre el pasado y el presente. No solo nos negamos a aceptar lo que sucedió, sino que además nos hemos vuelto incapaces de verlo.

Sionismo y judaísmo
Lo que hace que a los judíos les sea tan difícil deshacerse del sionismo es que ha sufrido una "fusión" altamente exitosa con el judaísmo. El sionismo dejó de ser simplemente un proyecto político hace mucho tiempo. Ahora se entiende como el heredero natural de tres mil años de religión, historia y cultura judías.

Oramos por Israel y sus fuerzas armadas en nuestras sinagogas, nuestros líderes comunales abogan en su nombre, castigan a sus críticos, guardan silencio sobre sus faltas y el Día de la Independencia de Israel mismo se ha convertido en un festival judío menor celebrado no según el calendario gregoriano laico, sino por el calendario lunar hebreo.

Pero si el sionismo es el judaísmo y el judaísmo es el sionismo, ¿qué queda de la tradición ética judía? Porque ahora la Nakba es judaísmo. La ocupación es judaísmo. El sitio de Gaza es el judaísmo. La pregunta se convierte no solo en lo que es sionismo sino en lo que es el judaísmo. ¿El judaísmo no es más que la defensa de un proyecto colonial de despojo? Y si nuestros rabinos encuentran una declaración tan aborrecible, ¿por qué no hablan en contra de las atrocidades que se cometen y luego se excusan en nombre de nuestra fe?

Sionismo liberal
Los sionistas liberales insisten en que la ideología del sionismo sigue siendo fundamentalmente sólida y puede redimirse de sus dificultades actuales a través de una solución de dos estados. Tal posición ahora parece no solo ingenua, sino un intento deliberado de oscurecer la verdad.

Los sionistas liberales aún atesoran la Declaración de Independencia de Israel firmada el 14 de mayo de 1948 con su promesa de igualdad para todos los ciudadanos de Israel. Pero en verdad eso fue un engaño desde el principio. No hay una verdadera democracia en ninguno de los lados de la Línea Verde. Intente preguntarles a los palestinos israelíes si, después de 70 años, creen que el Gobierno israelí los trata como ciudadanos iguales o como una amenaza demográfica para el Estado judío.

No unificar, dividir
Para una generación más joven de judíos que viven fuera de Israel, el Estado judío ya no es una idea que crea una unidad comunitaria o una identidad judía laica o religiosa satisfactoria.

Los judíos más jóvenes han aprendido demasiado sobre el desplazamiento forzado y la discriminación continua de un pueblo indígena para aceptar que el sionismo fue, y sigue siendo, un inocente proyecto para la liberación judía. Ellos han cuestionado los mitos y narraciones aceptados por sus padres y abuelos, mientras que su propia comprensión de lo que debería significar "ser judíos" en el siglo XXI se siente ofendida por lo que ven que sucede en un país que dice existir y actuar por sus intereses.

En Estados Unidos se ve la creciente brecha intergeneracional en acción con el surgimiento de Voz por la paz judía y Si no ahora. En Gran Bretaña, el último giro en la saga Get Corbyn ha dado un perfil saludable a un joven grupo de judíos religiosos y de izquierda llamado Jewdas desencantado por un establishment judío que está tratando de controlar quién es un "buen judío" y quién un "mal judío", basado en los criterios establecidos por el sionismo.

¿Cómo caracterizar a Israel a los 70 años de su creación?
Cuando Israel cumple 70 años no hay nada que celebrar, pero hay muchas vidas por las que llorar.

Los palestinos heridos y muertos a los que dispararon (con balas que explotan al entrar en el cuerpo y causan enormes heridas y mutilan obligando a amputar miembros. Están prohibidas, incluso como armas de guerra, por la ONU) los francotiradores del ejército israelí en la frontera de Gaza durante las últimas dos semanas es lo que hace que el sionismo sea un crimen y no solo un fracaso político para el pueblo judío.

Es la última atrocidad -es solo eso, la última atrocidad- en una larga lista de atrocidades israelíes, que el sionismo intenta legitimar y justificar. El informe de las noticias rara vez recuerda al público por qué hay tantos palestinos hacinados en la Franja de Gaza, cómo llegaron allí o de dónde vinieron sus abuelos. Pero sin ese conocimiento no se puede entender la Gran Marcha del Retorno ahora, 70 años después.

Si eres palestino, la idea de que otra gente celebre el momento de tu catástrofe nacional es profundamente inmoral.
El creciente número de judíos que ha entendido que el sionismo ha sido un "giro equivocado" en la historia judía, tampoco lo celebrará. En cambio nos uniremos a los palestinos para celebrar el septuagésimo de su Nakba el 15 de mayo.

Solo una cosa es cierta, Israel necesita dejar de ser una ideología y comenzar a ser una nación. Una nación de todos sus ciudadanos, todos con los mismos derechos nacionales, civiles y religiosos.

Después de 70 años, solo la justicia y la restauración
–parcialmente- son posibles para el pueblo palestino. Cualesquiera que sean los arreglos constitucionales, la igualdad debe ser el principio rector en acción.

En cuanto al sionismo, vamos a abandonarlo y seguir.
Es hora de colocarlo en una vitrina y ponerlo en un museo en una habitación marcada como "Callejón sin salida y Falso Mesías".

Fuente:
http://www.patheos.com/blogs/writingfromtheedge/2018/04/as-israel-turns-70-its-high-time-we-jews-ditched-zionism-for-the-sake-of-everyone/#oPIMfrc4d4XUTSvf.99

-La victoria de Israel en Eurovisión traerá un enfrentamiento con la campaña BDS
Haggai Matar

martes, 2 de enero de 2018

_- La muestra sobre Auschwitz reivindica el deber de recordar. La mayor exposición sobre el campo nazi se inaugura en Madrid

_- Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz y premio Nobel de La Paz, mantenía que el Holocausto no se podía describir a través de la ficción, que solo era posible transmitir lo que ocurrió a través de los testimonios de los que estuvieron allí. La exposición sobre Auschwitz, que se abre hoy al público en Madrid, parte de ese principio para tratar de recrear toda la dimensión del horror del exterminio de los judíos de Europa.

Bajo el título; Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos, la muestra ofrece 2.500 metros cuadrados de muestra que se recorren en una hora media (como mínimo). Se trata de la mayor exposición que se ha organizado nunca en el extranjero sobre el campo de concentración y exterminio que los nazis construyeron en la Polonia ocupada entre 1940 y 1945 y en el que murieron 1,1 millones de personas, lo que le convierte en el mayor centro de asesinato de la historia.

Organizada por Musealia, una pequeña empresa con sede en San Sebastián, la muestra se puede ver hasta junio en la sala Arte Canal antes de recorrer diferentes ciudades del mundo en siete años. Ofrece unas mil piezas procedentes, en su mayoría, del Museo Estatal Auschwitz Birkenau, que gestiona el antiguo campo de exterminio alemán situado hoy en la ciudad polaca de Oswiecim. También han participado los museos del Holocausto de Jerusalén —el Yad Vashem— y de Washington, entre otras instituciones.

Incluso para los que conocen Auschwitz-Birkenau, la exposición es una experiencia sobrecogedora y difícilmente olvidable. Además de objetos originales que reflejan el horror de lo que ocurrió allí —el zapato rojo de una víctima, una alambrada, un látigo, un traje a rayas de los presos, maletas de los deportados que desconocían su suerte inminente, las botas de un oficial nazi— ofrece un discurso narrativo que nos demuestra cómo fue posible construir la espiral del odio que desembocó en la barbarie nazi.

La mesa de Mengele
Luego describe el funcionamiento de la máquina de asesinato masivo de Auschwitz, basada en la crueldad y la anulación de la humanidad, pero también en la mentira para engañar a aquellos que eran conducidos a las cámaras de gas. Entre las piezas más impresionantes están un vagón y un segmento de un barracón de madera. La pieza más atroz es la mesa de operaciones que probablemente usó el doctor Josef Mengele, el sádico médico nazi que realizó experimentos con seres humanos.

La exposición no habla solo del pasado, sino del presente, no solo de lo que ocurrió, sino de lo que puede ocurrir. De hecho, cuando se anunció su apertura, los organizadores se enfrentaron a decenas de mensajes de odio y antisemitas en las redes sociales.

En la presentación, el director del Museo Auschwitz Birkenau, Piotr M. A. Cywinski, señaló:
“Ahora estamos viviendo con una presencia creciente del racismo, de la xenofobia, del antisemitismo en nuestra vida cotidiana, con grupos de neonazis multiplicándose.
El recuerdo no es solo una manera de ver el pasado. Es una forma de ver el presente e imaginar el futuro. Eso nos obliga a recordar y tener responsabilidad”.

https://elpais.com/cultura/2017/11/30/actualidad/1512070781_890141.html


Más sobre la Historia y la importancia de su enseñanza aquí en este blog 

martes, 12 de diciembre de 2017

“Auschwitz era un lugar de muerte en el que cada uno se aferraba a la vida”. La autora Magda Hollander-Lafon sobrevivió a cinco campos de concentración y cuenta su experiencia en el libro ‘Cuatro mendrugos de pan’.

A la frívola pregunta de si el infierno existe, Magda Hollander-Lafon (Záhony, Hungría, 1927) responde que sí, porque estuvo.
Pero a diferencia de las supuestas almas condenadas entre las llamas de las creencias religiosas, ella volvió de entre las reales: las de los hornos crematorios de los campos de la muerte. Entre mayo de 1944 y abril de 1945, su cuerpo —un desecho— y su mente —un búnker— pasaron por cinco infiernos sucesivos: Auschwitz-Birkenau, Walldorf, Ravensbrück, Zillertal y Morgenstern. Otros tantos siniestros mojones dentro de la Solución Final orquestada por Hitler, Himmler, Heydrich y Eichmann: el genocidio organizado de casi seis millones de judíos de toda Europa.

Magda escribe libros, libros estremecedores y a la vez luminosos como Cuatro mendrugos de pan, recientemente publicado en España por Editorial Periférica. Lleva 40 años viviendo en las afueras de la ciudad francesa de Rennes. Allí recibió a EL PAÍS con café, pastas y muchas ganas de contar su historia. Increíble si no fuera porque ocurrió.

Pregunta. Lleva años contando su experiencia en Auschwitz a estudiantes de instituto y universitarios. ¿Cómo reaccionan?
 Respuesta. No se trata solo de contarles mis cosas, porque aquello resulta intransmisible. Además, si yo me pongo a contar mis batallitas, puedo desanimar a un regimiento. Lo que hago es tratar de convocarles a la vida, dinamizarles interiormente. Nuestros jóvenes son un regalo de la vida, pero nadie se lo dice nunca. Sé de lo que hablo, habré hablado ante unos 16.000. Le he dado muchas vueltas a cómo dar testimonio.

P. ¿Y a qué conclusión llegó?
R. Elaboré unos cuestionarios, que son distribuidos entre los alumnos y ellos escriben ahí por qué quieren escuchar estas historias. Mire, se los voy a enseñar… [Magda Hollander-Lafon se levanta y se dirige a un salón, abre un armario enorme y ahí están: montañas de clasificadores y carpetas con las preguntas y respuestas que los alumnos le han dado durante tantos años]. Ahora estoy trabajando en un libro sobre esto.

P. ¿Cómo se titulará ese libro?
R. Tu vida y tu devenir están en tu mano. Es un mensaje para que no vuelva a ocurrir aquello. Hay que cuidar la memoria.

P. Blindar la memoria es lo que hace usted en Cuatro mendrugos de pan. “Una meditación sobre la vida, no sobre la muerte”, avisa al principio. ¿Es esa la lección que extrajo, vivir la vida como si cada día fuera el último?
R. Justo es esa. Pero no solo hoy. Incluso allí, en los campos de concentración, todo el mundo quería vivir, se aferraba a la vida. ¡Tantas personas —niños, jóvenes, adultos, ancianos— desaparecieron…! Pero hasta el último aliento quisieron seguir viviendo. Auschwitz-Birkenau era un lugar de muerte en el que cada uno se agarraba a la vida.

P. ¿Nunca quiso suicidarse, poner fin al infierno?
R. Si sentías una sola vez que ya no merecía la pena vivir, todo estaba perdido. Así que huías de esa tentación. Yo siempre había sido muy rebelde, odiaba las injusticias. Cuando odias significa que estás vivo, como cuando amas o cuando sufres. Yo, en Auschwitz, quería vivir pero lo que me permitió hacerlo fue darme cuenta de que iba a morir. Y lo acepté. Y a partir del momento en que llegas a la conclusión de que vas a morir, tienes como una sensación de que la vida se hace sitio en ti.

P. No estoy seguro de entenderle
R. En ese momento todos los miedos se van. Y cuando todos los miedos se van te entran unas fuerzas enormes de vivir.

P. ¿Sabía que era tan valiente?
R. ¡Qué va! Pero eso no viene de la cabeza, sino de ese instinto de supervivencia, de la formidable intuición de vida que hay en todos nosotros. Un día salíamos de los barracones, íbamos con los cuerpos en carne viva. De pronto, no sé por qué, supe que íbamos directos a la cámara de gas. Me dije: “Magda, se acabó”. Pero sin que nadie me viera, me pasé a la otra fila, donde la gente estaba en mucho mejor estado. La otra fila fue directa a la cámara de gas.

P. Jorge Semprún escribió sobre sobre Büchenwald: “No rozamos la muerte, la vivimos desde dentro”. ¿Lo comparte?
R. Sí. Estuvimos dentro de la misma muerte, fuimos muertos vivientes. Y yo me sigo preguntando: ¿Por qué los judíos? No tengo respuestas. Pero le digo una cosa: Dios está en peligro cada vez que los judíos están amenazados.

P. ¿Cree que los nazis quisieron exterminar a los judíos porque se creían Dios?
R. Claro, ¿qué persiguen los grandes dictadores? Ponerse en el lugar de Dios. Los nazis tenían el poder de vida y de muerte sobre nosotros. ¿Qué les molestaba? Que se decía que éramos el pueblo elegido. Eso les provocaba celos y envidia. Éramos peligrosos.

P. ¿Qué es ser judío?
R. Creer en alguien que está por encima de ti. No. Creer en alguien que está contigo. Un judío es alguien que tiene fe. Cuidado, no es lo mismo creer que tener fe; puedes creer hoy en algo y mañana ya no. Pero la fe es distinta, te habita. Y lo digo yo, que vengo de una familia judía que ni siquiera era practicante. Yo, que llegué a odiar a Dios cuando era joven.

P. ¿Por qué lo odió?
R. Pues porque cuando mi madre y mi hermana pequeña rezaron, él no vino a salvarlas.

P. Perdón por esta pregunta, ni siquiera sé si tengo derecho a hacerla. ¿Cómo recuerda el momento en que aquella celadora de Auschwitz señaló con el dedo el humo de la chimenea y le dijo que allí estaban su madre y su hermana?
R. Claro que tiene derecho a hacerla. ¿Sabe? No pienso en ello todos los días. Pero mi madre y mi hermana están siempre ahí, y creo que todo este trabajo con los jóvenes que sigo haciendo, es por ellas. Eso da sentido a mi vida, que es lo que persigo.

P. ¿Qué fue lo que la salvó?
R. Me salvó la bondad de algunas personas. Y hacerme preguntas. Aun en los peores momentos yo me hacía preguntas sin parar, hablaba sola, le hablaba a mi cuerpo, a mis pies, a mis manos, y cuando los guardianes nos pegaban casi no sentía los golpes.

P. ¿Qué piensa hoy cuando come pan? ¿Se acuerda de aquellos trozos de pan mohoso?
R. ¡Mire! [se acerca a la alacena y saca una enorme barra de pan de molde]. Solo compro de este, porque tiene la misma forma que aquel. Lo cortaban en ocho trozos y nos daban uno a cada una para todo el día. ¡Cómo lo saboreábamos! Pero ahora lo tengo entero para mí sola (risas). Nos robábamos el pan. Nos quitábamos todo.

P. Hasta que aquella mujer le dio los cuatro mendrugos de pan que da título a su libro
R. Debía de ser un domingo por la tarde, el único momento en que no trabajábamos. Salía del barracón y entonces la vi, tumbada y casi ya sin mirada. Pensé: “Se va a morir pronto”. Me llamó con un gesto. Me dijo: “Eres joven y tienes que vivir para contarle al mundo lo que está pasando aquí”. Abrió sus manos y vi los cuatro trozos de pan con moho. Me dijo: “Cómetelos”. Y fue un banquete.

P. ¿Ha perdonado?
R. No tengo nada que perdonar porque nadie me ha pedido nunca perdón. Pero tuve que perdonarme a mí misma cuando volví del campo de concentración.

P. ¿Tuvo remordimientos por estar viva?
R. Sí, claro que sí… ¿por qué yo sí y otros no?, me decía. Y fue en aquellos momentos cuando quise morir, no cuando estaba en Auschwitz. Pero un día me dije que no podía seguir concediéndole a Hitler, 30 años después, el poder sobre mi vida.

https://elpais.com/cultura/2017/11/24/actualidad/1511539758_597235.html

domingo, 3 de diciembre de 2017

_- Poner en palabras el genocidio. Calle Este Oeste, relato del origen de la figura de derecho genocidio. “¿Es posible que el antónimo de ‘olvidar’ no sea ‘recordar’, sino justicia?”

_- Lisa Appignanesi

El 20 de noviembre de 1945, exactamente diez infernales años después de que las Leyes de Nuremberg de los nazis hubieran instituido la legalidad del antisemitismo – despojando a los judíos de su ciudadanía, derechos, propiedad y, finalmente, de su vida – la antigua ciudad bávara albergó los juicios por crímenes de guerra que dieron nacimiento al moderno sistema de justicia internacional.

Por primera vez en la historia, se procesó a líderes nacionales por sus hechos homicidas ante un tribunal internacional. Hermann Göring y otros destacados nazis como el “carnicero de Polonia”, Hans Frank, preeminente asesor legal de Hitler y cabeza del “Gobierno general” de la Polonia ocupada, afrontaron su último juicio. Allí fue también donde los conceptos de “crímenes contra la humanidad” y “genocidio”, tan centrales para la vida contemporánea, tuvieron su primera aparición en una sala de vistas.

Philippe Sands comienza en Nuremberg este libro importante y atractivo. El juicio de Frank le dota de su momento culminante. No resultará una sorpresa que Sands sea un destacado abogado de derechos humanos que participó en el juicio para la extradición de Pinochet, así como en muchos casos claves que llegaron hasta el Tribunal Penal Internacional. La sorpresa es que incluso rastreando las complejidades de la ley, la escritura de Sands mantiene la intriga, el ímpetu y la densidad material de una novela de suspense de primera.

Pero, al cabo, no se trata únicamente de la historia de los juicios de Nuremberg y de las leyes sobre derechos humanos inscritas en el mapa global. Un hilo del libro, y acaso el que lo provoca, es una memoria familiar que desentierra la vida del abuelo materno de Sands, bastante taciturno, Leon Buchholz, y de su esposa Rita. De niño, y luego ya de joven, Philippe visitaba a sus abuelos en París, donde vivían. Nunca supo mucho de su historia, salvo que se trataba de judíos que procedían, en el caso de Leon, de Lemberg, y en el de Rita, de Viena. Los lúgubres años de la guerra, la pérdida de progenitores y parientes en los campos de la muerte, o el penoso periodo anterior a la guerra, rara vez se mencionaban.

La madre de Sands nació también en Viena. Luego, misteriosamente, la trajeron a París, siendo una niña, en el verano de 1939 para reunirse con su padre, mientras su madre se quedaba en una ciudad que suponía ya un riesgo para los judíos. Las razones de esta separación no le quedaban claras a nadie cuando Philippe empezó a hacer preguntas. .

Su relato insinúa que su primera curiosidad acerca de estos asuntos del pasado cristalizó solo cuando le llegó una invitación pidiéndole que diera una conferencia sobre derechos humanos en la ciudad de Lviv. Dependiendo del punto de la historia y los desplazamientos de las regiones de precarias fronteras de Europa oriental, Lviv es una de esas ciudades cuyo nombre se metamorfosea fácilmente en Lwów o Lemberg. Avanzadilla oriental del imperio de los Habsburgo en la región de Galicia, esquina occidental de Rusia, orgullosa ciudad de la Ucrania de breve independencia, luego de Polonia, luego de Rusia, luego de Alemania y vuelta otra vez, la única constante de Lwów hasta los terrores de la II Guerra Mundial era su considerable población judía, de unas cien mil personas.

Entre ellos se contaban dos brillantes pensadores jurídicos cuyas vidas ofrecen otras hebras del relato entretejido por Sands. Hersch Lauterpacht, profesor de Derecho Internacional, y abogado ya de derechos humanos en la década de 1920 y 1930, creció en Lwów, no lejos de la misma familia Buchholz de Sands. Es esta la “Calle Este Oeste” de su título.

Ahuyentado por uno de los estallidos regulares de antisemitismo (el barrio hebreo fue incendiado en 1918) y la imposibilidad como judío de presentarse a los exámenes de Derecho, Lauterpacht se marchó a Viena en 1919. Esa ciudad era sólo ligeramente menos alérgica a los judíos en los años inmediatamente posteriores a la I Guerra Mundial, y pronto él y su nueva esposa viajaron a Inglaterra y a la London School of Economics. La tesis doctoral de Lauterpacht ya había puesto los cimientos de las obligaciones internacionales que refrenarían el poder que el Estado tenía sobre los individuos. Acabaría aceptando un puesto en Cambridge, donde su hijo, Sir Elihu Lauterpacht, sería un día profesor de Philippe Sands. Lauterpacht incluyó la acusación de “crímenes contra la humanidad” – es decir, actos homicidas contra individuos por parte del Estado, con bastante frecuencia contra sus propios ciudadanos – en los juicios de Nuremberg y preparó una parte substancial de las alocuciones de Sir Hartley Shawcross, el fiscal jefe británico.

Al igual que Lauterpacht, Raphael Lemkin estudió también en la Facultad de Derecho de Lwów. Se convirtió en un significado fiscal polaco antes de que los acontecimientos le obligaran a marcharse a los EE.UU. Fueron su pensamiento y sus presiones sobre el equipo legal norteamericano las que pusieron en movimiento el delito de genocidio – crímenes contra una raza o un grupo sobre la base de su identidad – en Nuremberg, y en 1948 vio cómo lo adoptaba la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Aunque el genocidio se ha convertido en nuestra época de derechos humanos en el crimen de los crímenes en los tribunales internacionales, Sands se mantiene un poco receloso frente Lemkin. Evoca una vida personal que es, si acaso, un poco turbia, sexualmente hablando. Entretanto, la conducta social de Lemkin resalta como un tanto decidida en exceso, hasta febril, en el previo de los juicios de Nuremberg, cuando apremia acerca de la necesidad de que se reconozca el genocidio como crimen dominante de los nazis, algo que precede a la guerra misma. En un pasaje fascinante, Sands confiesa que la sospecha de Lauterpacht respecto a ello ha aparecido como algo justificado en juicios más recientes por genocidio, cuando la necesidad de demostrar solidaridad con las víctimas y activar una identidad de grupo ha reforzado a veces los errores y ha convertido la reconciliación política en algo casi imposible.

Junto a su abuelo “de sangre”, Leon, los otros dos judíos de Lwów, Lauterpacht y Lemkin, se convierten para Sands en una suerte de manto profesional de abuelos. Escruta detenidamente lo que llama la “mugre de las evidencias” con tanta diligencia como en el caso de su familia. Sands demuestra celo de abogado en las pruebas, adentrándose en un trabajo de detective de largo alcance y cribando lo que encuentra con magistral inquisición forense. Puede conjurar mágicamente historias completas de heroísmo en tiempos de guerra sacadas de direcciones de ocho décadas atrás. O bien, persiguiendo la pista de una foto desvaída, puede desenterrar posibles abuelos alternativos y relaciones ilícitas solo verificables con una prueba de ADN.

A veces, la pura energía de su ojo inquisitivo sugiere que está dispuesto a juzgar de nuevo una vez más a los perpetradores del Holocausto, no tanto por rabia o rectitud sino porque la evidencia de sus crímenes resulta tan abrumadora. En Treblinka, el campo de la muerte que los nazis trataron de sepultar, ve la impronta del Gobierno general de Frank, que tenía jurisdicción sobre Lemberg, así como sobre Treblinka, junto al comandante del campo, Franz Stangl. Es “una señal negra, indeleble y definitiva respecto al asunto de la responsabilidad”.

El retrato que hace Sands de Frank, el abogado que siguió el mal camino, y su juicio en Nuremberg, ofrecen el potente hilo final de este relato. El hijo de Frank, Niklas, trabó amistad con Sands durante la investigación, y junto a Horst, hijo de Otto Von Wächter – gobernador de Galicia y por tanto el hombre inmediatamente a cargo de la solución final en Lemberg – fue tema de la película de Sands, My Nazi Legacy.

East West Street constituye un volumen memorial de excepción. De paso, subraya que fueron abogados judíos, hombres con experiencia directa de la persecución, los que pusieron los cimientos del Derecho humanitario. Acaso Sands se haya inspirado en ese gran erudito e historiador, Yosef Yerushalmi, que preguntaba conmovedoramente: “¿Es posible que el antónimo de ‘olvidar’ no sea ‘recordar’, sino justicia?”

The Guardian, 22 de mayo de 2016 
http://www.sinpermiso.info/textos/lemberg-fuente-del-derecho-internacional-la-ciudad-que-invento-la-verdad-dossier

Lisa Appignanesi (1946), escritora, novelista, profesora de Literatura, crítico y activista por la libertad de expresión, preside la Royal Society of Literature.

jueves, 5 de enero de 2017

Entrevista al historiador y periodista Carles Senso, coautor de “La ignomínia de l'oblit” (Universitat de València). Campos de exterminio nazis: entre la mayoría silenciosa y el lucro empresarial.

Enric Llopis

Una mayoría de los alemanes se mantuvieron en silencio o participaron de la barbarie nazi. De hecho se beneficiaron de un modelo de economía fundamentado en la expansión bélica y la explotación de la mano de obra “importada” de países ocupados o rivales. El historiador y periodista Carles Senso, coautor del libro “La ignomínia de l'oblit” junto al docente Ximo Vidal, lo resume en una frase categórica: “La minoría movilizada a favor del nazismo no fue tan minoría y la mayoría silenciosa en ocasiones supo y en otras no quiso saber”. Publicado en 2016 por la Universitat de València, el libro aborda el internamiento de los “rojos” de la comarca valenciana de La Ribera en campos de concentración como Mauthausen, Buchenwald, Neue Bremm, Dachau o Ravensbrück. Son bien conocidas las miles de violaciones en estos centros de exterminio, los perros despedazando a prisioneros, la “experimentación” con seres humanos o las permanentes duchas de agua fría durante los inviernos extremos. Pero constituyeron asimismo una fuente de mano de obra esclava. “Empresas automovilísticas como Audi o BMW (entonces en manos de Quandt) utilizaron a miles de trabajadores forzosos”, subraya el historiador. También lo hicieron Bosch, Krupp, Adidas o Siemens.

-En “La ignomínia de l'oblit” abordas el internamiento de los republicanos de una comarca valenciana, La Ribera, por los campos de concentración nazis. ¿Deben considerarse el genocidio y los campos de exterminio como un producto de la perversidad intrínseca del régimen nazi, o se trató más bien de un proyecto político? Si es así, ¿en qué consistía?
Jorge Dimitrov, en su libro “El fascismo y la clase obrera” defendió que la subida del fascismo al poder no supone un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de dominación de clase de la burguesía por una dictadura terrorista abierta. A través del Estado de excepción se generan condiciones específicas de gobierno sin las que sería imposible entender la Alemania de los años treinta. El nazismo facilita un Estado al servicio de una clase dominante que anula la autonomía a los garantes de la libertad en las democracias burguesas “tipo”, caso de los partidos políticos, los sindicatos, la ciudadanía como sujeto político o los medios de comunicación, además de otros poderes fácticos que quedaron subyugados (en algunos casos una subyugación benévola) al designio del régimen hitleriano. En dicha situación, los campos de exterminio aparecen como una solución bélica pero también como un mecanismo de Estado al servicio del gobierno. El fascismo crea un sistema absolutamente represivo que busca el aniquilamiento del adversario primero a través de una policía política y más tarde a través del engranaje de los campos de exterminio.

-En la película “¿Vencedores o Vencidos? (El Juicio de Nuremberg)” (1961), de Stanley Krammer, un juez estadounidense retirado, Dan Haywood (Spencer Tracy), conversa con un matrimonio alemán de la clase trabajadora. En un momento del diálogo, ella recuerda al magistrado que Hitler hizo cosas positivas por Alemania. ¿Hubo un consentimiento, o al menos un silencio cómplice, de la población germana con los campos de tortura y extermino?
Es uno de los temas que están centrando mis estudios en los últimos meses. Esa responsabilidad de la población por acción u omisión en la que también veo paralelismos con la actualidad cuando observo el trato que se les está ofreciendo a los refugiados o cuando analizo lo cómodo que es el machismo para muchos hombres y que, por ende, callan. A colación de tu referencia, Esperanza Aguirre ha dicho recientemente algo parecido de Millán Astray. La memoria histórica, en ciertos sectores de este país, es el ejercicio de blanqueamiento del pasado para ocultar todos los asesinatos de la dictadura. Respecto al nazismo, sería injusto no recordar el protagonismo del Partido Comunista Alemán justo antes de la llegada de Hitler al poder y que por lo tanto hubo una resistencia activa que en muchos casos se pagó con la muerte. Pero lo cierto es que el pueblo alemán participó o calló durante toda la barbarie y se benefició de un modelo económico que basó su expansión en la guerra y en la explotación de las clases subalternas que llegaron de países ocupados o rivales. El fascismo organiza de arriba abajo la sociedad, la economía y la política según los intereses de la gran burguesía, oprimiendo y explotando a la clase obrera.

Pero dichos beneficios se generalizaron durante el período prebélico y más tarde con la política expansionista, y buena parte de la población se benefició de una economía de guerra que les llevó al silencio cómplice. Pike recopila, en su magnífico estudio sobre los republicanos españoles presentes en los campos, cómo los prisioneros se sorprendían en los primeros meses al ver que la población alemana era consciente de su situación y no movía un dedo. Hay casos de decencia pero son tan escasos que se han acabado por mitificar. La minoría movilizada a favor del nazismo no fue tan minoría y la mayoría silenciosa en ocasiones supo y en otras no quiso saber. Las décadas posteriores al final de la II Guerra Mundial son un periodo de redefinición de Alemania como país, fruto de un profundo trabajo de recolocación de valores por parte de cada uno de los alemanes y las alemanas.

-¿Se aprovecharon o lucraron las grandes empresas alemanas de la mano de obra esclava? ¿Procedían estos trabajadores de los centros de internamiento? ¿Pueden citarse nombres de las compañías implicadas?
Son múltiples las empresas que cimentaron en el periodo nazi su expansión internacional posterior y su conversión en multinacionales monopolísticas. Y no sólo alemanas, que es lo que más sorprende en ocasiones. Evidentemente también empresarios franceses o austriacos pero también norteamericanos. Por citar ejemplos, Standard Oil, Siemens, Ford o Bayer. El intervencionismo del Estado nazi fue crucial en la economía, lo que no fue óbice para que empresarios de muchos países realizasen importantes negocios que no dudaron en explotar a los prisioneros sometidos a la barbarie de los campos de concentración y exterminio. Las SS crearon empresas propias de pingües beneficios pero las necesidades del momento prebélico o bélico (con la presencia de buena parte de la masa salarial joven alemana en el ejército o en los grupos paramilitares) obligaba a buscar nueva mano de obra. Y en los campos se encontró bien barata. Las condiciones fueron simplemente esclavistas. La complicidad de los principales magnates americanos con el nazismo (al que generalmente al principio repudiaron pero después adularon dados los beneficios económicos) fue absoluta, como analiza Jacques R. Pauwels en “El mito de la guerra buena”.

-¿Qué papel desempeñaron realmente los Estados Unidos?
Pauwels protagoniza uno de los libros que considero vitales para entender el ordenamiento internacional de antes y después de la guerra mundial. Estados Unidos ha sido vendido como el salvador de la guerra y de la libertad pero lo cierto es que el gobierno decidió intervenir más bien tarde y su participación no fue tan determinante como se ha mostrado desde Hollywood. Durante los años de la preguerra y los primeros de conflicto en la sociedad americana (entiéndase sobre todo en los poderes fácticos y en el gobierno) no se tenía excesivamente claro quién era el enemigo y no se descartó la alianza con Hitler, al que algunos magnates consideraban una figura casi divina. La oligarquía americana era abiertamente filofascista y el enfrentamiento con el nazismo se interpretó en algunos casos como un error. EE UU decidió intervenir, sobre todo, porque la URSS había conseguido dar la vuelta al conflicto y estaba en capacidad de surgir de la II Guerra Mundial como vencedor absoluto del nazismo, con lo que ello hubiese repercutido en la política geoestratégica. Es por ello, que Pauwels desmitifica la intervención norteamericana y muestra la complicidad del capital norteamericano con el nazismo. Pero el negocio de las empresas con el régimen hitleriano (como la avaricia capitalista) no tuvo fronteras.

Por citar ejemplos conocidos, empresas automovilísticas como Audi o BMW (en manos por entonces de Quandt) utilizaron a miles de trabajadores forzosos a los que prácticamente no remuneraban. Las cifras se sitúan entre los 20.000 y los 50.000 trabajadores explotados. También Bosch, Krupp (actualmente Thyssenkrupp), Adidas o Siemens. Otras empresas fueron grandes colaboradoras del régimen nazi, favoreciendo su expansión a través del suministro de material innovador. Es el caso de las americanas General Motors (que facilitó camiones militares que sirvieron para ocupar Austria), Ford (que también fabricó camiones para los nazis y se negó a manufacturar motores para los aviones del ejército británico), Standard Oil (que proporcionó combustible) o IBM, que creó el sistema informático con los que se censaron a los judíos. James Mooney, director ejecutivo de General Motors, recibió la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana, mientras Henry Ford fue considerado por Hitler como “su inspirador”. La mayoría de los españoles (y ribereños) estuvieron controlados por las empresas de Himmler y su entorno en Mauthausen y sus subcampos pero de ellos también se beneficiaron empresas como la Steyr-Daimler-Puch, con varios ribereños de nuestro libro explotados entre sus trabajadores.

Como ha constatado el historiador Carlos Hernández, las prisioneras españolas deportadas a Ravensbrück trabajaron en diversas empresas que fabricaban armamento y piezas para vehículos y aviones del Ejército alemán. La más conocida de ellas fue Siemens y Halske, que en 1942 construyó una fábrica junto al campo para la producción de componentes electrónicos destinados a los misiles V1 y V2. En Ravensbrück estuvo Virtudes Cuevas, de Sueca. Eran negocios. Y muy buenos. El capitalismo sólo entiende de dinero y ni los supuestamente puristas americanos pudieron hacer ascos a las opciones de mercado que se planteaban en Europa. Y no se limitó a la II Guerra Mundial, sino que era un conflicto económico internacional que también se visibilizó en el Estado español. No hay que olvidar que el mayor aliado internacional con el que contó Franco fue Texaco, que proporcionó el combustible necesario para poder hacer volar a los Junkers Ju 52. El FBI interrogó a sus dirigentes pero a pesar del incumplimiento de la ley estadounidense de no intervención, sólo se le obligó a pagar 22.000 dólares. El suministro a los golpistas no se detuvo.

-Mauthausen, Buchenwald, Dachau, Gusen, Ravensbrück.... Trabajos extenuantes, alimentación terriblemente precaria, enfermedades irreversibles... ¿Hasta qué grado llegó el trato vejatorio, la crueldad y el sadismo? ¿En qué medida afectó a los republicanos españoles?
Es uno de los apartados más conocidos de los campos de exterminio porque existe una amplia literatura al respecto y una difusión escabrosa por parte del cine norteamericano, que ha eludido investigar sobre las salvajadas que el ejército patrio realizó en suelo europeo. Se habla de miles de violaciones. La crueldad en los campos fue la mayor que puede considerar el ser humano. Desde el segundo uno se les aniquilaba como seres humanos y se les robaba su consideración de personas. A partir de ahí, todo valía. Ejemplos sobran. Constantemente los perros de las SS se lanzaban sobre los prisioneros y los despedazaban hasta la muerte. En inviernos de temperaturas extremas como los del 41 y 42, los prisioneros eran sometidos a noches enteras bajo duchas de agua fría y posterior caliente a la intemperie. Cualquier atrocidad pensada se desarrolló en los campos y los españoles estuvieron sometidos a ellas. En los casos que hemos trabajado Ximo Vidal y yo no constan datos específicos en las razones de las muertes. Lo hacían constar de forma genérica y por lo tanto ha sido difícil la reconstrucción. Pero claro, no estuvieron exentos y entre ellos constan algunos que fueron asesinados en el Castillo de Hartheim, donde se llevaron a cabo experimentos científicos.

-¿Qué peso tenía la llamada investigación “científica”, la experimentación con seres humanos, y cuál era su finalidad última?
La finalidad no era otra que la búsqueda del hombre perfecto. Las muertes y enfermedades causadas por el duro invierno que tenían que enfrentar los militares en el Frente Este llevaron a los médicos a realizar experimentos pseudocientíficos para prevenir en sus ejércitos la congelación o la hipotermia. Para ello a los prisioneros se los situaba en grandes recipientes de agua helada con una sonda rectal para controlar la temperatura de su cuerpo. Para su reanimación se les sometía a rayos ultravioleta, se los duchaba con agua ardiendo o los intentaban excitar sexualmente con mujeres. Los resultados eran presentados en conferencias en las que se compartían experimentos con humanos. Son ejemplos de una lista inacabable de salvajadas que fueron posibles por la deshumanización, primero de los prisioneros y después de los criminales nazis, que se escudaron en la cadena de mando para llevar a cabo los experimentos. A algunos prisioneros o prisioneras se les inyectaba cianuro en los pulmones y se les obligaba a hacer deporte o los exponían al gas fosgeno para buscar antídotos, dado que se estaba utilizando en el frente. A otros les extirpaban extremidades u órganos para transplantarlos a otros y a las mujeres se les inseminaba artificialmente. En ocasiones, tanta crueldad nos aleja de dicha realidad pero lo cierto es que fue fruto de una sociedad próxima temporal y geográficamente y en nuestro país, nuestros vecinos también fueron artífices o víctimas de dichas represiones inhumanas.

-En la primera parte del libro figuran textos del escritor italiano de origen judío, Primo Levi, y del sociólogo polaco Zygmunt Bauman, ¿qué parte de sus ideas ayudan a recordar “la ignominia del olvido”?
Levi nos permite introducirnos en la más despiadada de las realidades de los campos pero lleva sus reflexiones mucho más allá, y sus teorizaciones nos hacen comprender de qué forma se reduce la esencia humana cuando las necesidades son básicas. De Levi se puede aprender cómo el capital siempre beneficia al capital y que iniciar un conflicto en posición de privilegio material hace que tengas mayor facilidad para salir indemne o mejor parado. Es decir, el posicionamiento social por la posesión inicial es clave incluso en las situaciones más extremas, en las que se pierdes o difuminan otros valores como la valentía, el compromiso o el compañerismo. Cuando todo queda reducido a la nada, el capital busca y privilegia al capital. Por su parte, Bauman analiza como las personas, cuando son sometidas a elecciones demasiado costosas, se autoconvencen y alejan de la cuestión del deber moral, adoptando los preceptos del interés racional y la propia conservación. Bauman dirá que en un sistema en el que la racionalidad y la ética apuntan en direcciones opuestas, la humanidad es la principal derrotada. Resistirse al mal es a menudo imprudente y por tanto el instinto de conservación personal juega a su favor ya que mayormente la falta de compromiso facilita la abstención.

-¿Por qué vía llegaron los republicanos del exilio francés a los campos de concentración? ¿Se establecieron mecanismos de solidaridad internos, entre los presos, para sobrevivir ante condiciones tan extremas? ¿Has podido documentar para la publicación del libro algún ejemplo de relación fraternal entre los prisioneros de La Ribera?
El compromiso político de miles de republicanos españoles les llevó a combatir en tierras francesas a las tropas nazis, razón principal que provocó su detención y traslado a los campos de exterminio. Hubo españoles en todos los aparatos de contestación a los fascistas, desde el ejército francés, a la intervención en las empresas armamentísticas o la lucha política, con especial actividad de anarquistas y comunistas. La solidaridad entre los españoles fue ejemplar y la conexión entre las diferentes opciones de oposición al fascismo plena. De Sueca, por ejemplo, era Virtudes Cuevas, conocida en Francia como Madame Carmen. Después de luchar contra el franquismo, siguió defendiendo la democracia en el país galo, en el que trabajó como enlace secreto entre comunistas, socialistas y anarquistas. Era una transmisora de información, sobre todo, pero no solo e incluso trasvasó armas entre unos y otros. Acabó siendo detenida e internada en Ravensbrück, donde pudo entablar una intensa relación con Genneville de Gaulle, la hija de Charles De Gaulle, lo que le valió después (no por la amistad, sino por su trabajo y lucha) ser condecorada con la Legión de Honor del Ejército Francés, la máxima distinción.

En su magnífico libro, Pike rememora la consideración que los republicanos españoles tenían en los campos. La juventud (la media de edad de los españoles en su entrada a los campos era de veintisiete años), su disciplina militar y su experiencia eran factores que ayudaron a su mayor capacidad de resistencia. Pero también su espíritu de solidaridad, fruto de su implicación política tantas veces vinculada a movimientos de esencia colectivizadora como el PC, la CNT u otros. Internos franceses, ingleses o polacos (por situar algunas referencias conocidas) mostraron su admiración por los prisioneros españoles, a los que consideraban modelos por su educación, solidaridad, dignidad y fortaleza. Edmond Michelet decía que nunca estaban tiempo de más en los lavabos o no tomaban más de lo que les correspondía en las raciones. Dicha solidaridad también depuró entre ellos muchas diferencias que se arrastraban de la diferente interpretación en la guerra de España o de la lucha contra el fascismo en Europa. Sobre la relación de la que me hablas en la pregunta, Joaquín Olaso y su compañera sentimental, Dolores García, fueron, según comenta Pike, la única pareja que oficialmente pudo verse y mantener cierta relación en los campos. Ella fue secretaria de Neruda y una mujer de una inteligencia destacada. Su historia también es apasionante.

-En algunos pasajes del libro señalas algunos reparos a las biografías que han legado los protagonistas o sus familias. ¿Es éste uno de los grandes riesgos de la Historia Oral? ¿Tendría que asumir la Academia, tal vez, que la memoria histórica y los testimonios orales tienen mucho de género literario?
Aunque evidentemente no ha sido lo usual, hemos encontrado familiares que interiorizaron con el tiempo el relato impuesto por el franquismo y pensaron aquello de que si los deportados acabaron pasaron o muriendo en los campos de exterminio nazis “por algo sería”. Sin embargo, como digo, lo normal ha sido el orgullo silencioso. La generación actual de historiadores que estamos realizando una mirada más crítica y que estamos configurando una memoria “sin complejos”, sin relatos impuestos, hemos llegado tarde en la mayoría de los casos. Las fuentes orales son escasas y excesivamente mayores o alejadas de la problemática de estudio. Es por ello que, por una parte, debemos aplicar la máxima cautela porque sabemos que las miradas atrás siempre son caprichosas y tienden a aplicar mecanismos de autoafirmación y, por otra, estamos en la obligación de avasallar los datos documentales para suplir las carencias orales.

Entendiendo las particularidades de la historia oral, no debemos estigmatizar en exceso la voz del participante. Una generación de españoles y españolas falleció sin ser escuchados y la democracia no se recuperará nunca de una pérdida así. El golpe de Estado franquista provocó una rápida y contundente reacción que alargó la “conquista de España” durante tres años. El golpe de Estado de Tejero fue contestado con un cierre inmediato de la puerta de cada una de las casas y una delegación de competencias. Este país cambió para siempre con el franquismo y debemos seguir entendiendo por qué y cómo. Y eso lo sabían quienes lo sufrieron y quienes configuraron aquella realidad alternativa que fue la esporádica II República. No hay que temer a la historia oral, eso sí, aplicando siempre, como decía Joan Fuster (y como he aprendido del profesor Ferran Archilés), el “dubte metòdic”, la duda metódica.

-¿Consideras que ha reconocido el Estado español a los “rojos” españoles que sufrieron la ignominia nazi? ¿Tiene ello algo que ver con el modo en que se desarrolló la Transición?
Evidentemente de la dictadura asesina de Franco no se podía esperar una reconstrucción y rehabilitación de la memoria y la dignidad de los españoles que contra él lucharon y después no cejaron en su compromiso y combatieron al nazismo por Europa. Pero claro, después llegó la democracia y los homenajes fueron puntuales, nimios y privados. Y claro que sí, la Transición y sus artífices políticos tuvieron buena parte de culpa. Fueron los franquistas y la oposición más conservadora quienes condujeron el proceso de llegada de la democracia y, bajo la amenaza de la reversión a tiempos armados, impusieron el silencio y el olvido. Pero sólo a los demócratas. Porque al igual que pasó con la amnistía (que sacó de la cárcel a cuatro luchadores contra la dictadura pero de la que se beneficiaron sobre todo los franquistas que vieron perdonados sus asesinatos y su represión salvaje), sí se aplicó memoria para trasladar a la democracia (al imaginario colectivo de la nueva modernidad) el nombre y la historia de franquistas que hoy siguen poblando nuestras calles y que permiten que la desvergüenza se adueñen de personas como Esperanza Aguirre para sacar pecho de las aportaciones sociales de Millán Astray, creador de la Legión.

-¿Dónde sitúas la derrota?
El nuevo relato de la democracia se hubiese tenido que configurar sobre los cimientos de la lucha antifascista, como sí se hizo en otras partes de Europa, caso de los partisanos italianos o como hicieron los franceses, que incluso han realizado homenajes a los republicanos españoles que liberaron París, cosa que nosotros no hemos hecho. Es el caso de Amado Granell, que sobrevivió a tres guerras pero murió en un accidente de tráfico en el término municipal de Sueca. Sin embargo, el nuevo relato se creó sobre el miedo impuesto, la violencia generalizada en un momento de caos y el olvido a aquellos que lucharon por la democracia durante décadas. Hay datos irrebatibles que explican el todo: España sigue siendo el segundo país del mundo con más desaparecidos enterrados en cunetas, sólo por detrás de Camboya. Con todas las dictaduras y los horrores que ha habido en el mundo, tenemos ese “honor”. Somos campeones del mundo en desvergüenza. La científica Clara Valverde ha estudiado a través de magníficos trabajos como la represión acaba afectando a nietos y nietas de los perseguidos, incluso a pesar de que no los conocieran. Como ese miedo y frustración configura la personalidad tres generaciones después. Pero aquí no hubo recuerdo, no se reseteó la dignidad y, en cambio, sí se persiguió el duelo. Y en eso los nuevos medios de comunicación de masas tuvieron mucha culpa, como también la población que no empujo suficiente para la lograr el cambio real.

Como ha defendido el profesor Pepe Reig, los medios de comunicación pasaron del oficialismo al oficialismo pasando por el desconcierto. En la dictadura decía lo que podía decir y en la democracia pasaron a defender los que debían decir en pos del consenso, esa esencia incorpórea que se vendió como un logro y realmente fue una losa. El llamado Parlamento de Papel no estuvo en “El País” o “ABC”, enraizó en medios prácticamente marginales de recursos materiales y apoyos ciudadanos. Fueron ellos los que realmente asumieron su papel con verdadera convicción democrática. Y lo pagaron. Fueron víctimas de bombas, amenazas y agresiones, a diario verbales, en ocasiones físicas. Medios como “Cuadernos para el Diálogo”, “Triunfo”, “Destino”, “Valencia Semanal”, “Interviu” o “Dos y Dos”, por situar algunos ejemplos de gran simbolismo. La práctica clandestinidad de estos medios les dio una credibilidad que los otros, por mucho que ahora se mide atrás y se edulcore la historia, no deberían tener.

-Uno de las biografías a la que el libro dedica más páginas es la de Virtudes Purificación Cuevas Escrivà, una vecina del municipio valenciano de Sueca. ¿Por qué es importante su recorrido vital y político? ¿Resume las aspiraciones y contradicciones de una época?
Virtudes Cuevas resume el compromiso político sin desdén. Falleció hace unos años y dejó su vivienda en Sueca al ayuntamiento, con el objetivo de que se crease allí un museo antifascista. El consistorio no lo ha visto conveniente todavía y los homenajes han sido escasos y facilitados por un grupo de amantes de la historia y la democracia. Madame Carmen, como era conocida, luchó contra el golpe de Estado y en el exterior, en Francia, trabajó de enlace de las diferentes versiones de lucha contra el fascismo. Acabó pasando por Ravensbrück y como he dicho, coincidiendo con la hija de De Gaulle y siendo condecorada por su valentía con la mayor distinción del ejército galo. Nunca dejó de luchar y cuando regresó a su localidad valenciana, en 2003, mantenía viva su fuerza y su pundonor. En los años cincuenta volvió por su tierra natal con el objetivo de conseguir que su madre fuese enterrada en Sueca. Fue saludada incluso por el alcalde franquista. Eran demostraciones de una valentía extrema.

-¿Ocurre lo mismo con Joaquín Olaso Piera, vecino de Carcaixent y miembro del NKWD (Comisario del Pueblo de Asuntos Interiores de la URSS), que en agosto de 1943 ingresó en el campo de Neue Bremm? ¿Por qué es relevante su biografía?
La vida de Olaso es la historia del compromiso político a pesar de todas las consecuencias. Desde sus primeros años ya mostró una curiosidad que con poco más de veinte primaveras le llevó a la URSS, donde conoció una sociedad y una realidad política totalmente diferente. En sus cartas a la familia se mostró apasionado con las colectivizaciones y los logros económicos que rápidamente provocaban y de la forma en la que el sistema socialista había sido capaz de “recuperar” (si es que alguna vez habían formado parte de la historia) una parte de la sociedad rusa marginada durante siglos y esclavizada salvajemente. Olaso nos permite conocer los entresijos del movimiento comunista español entre la década de los veinte y los cincuenta, con la configuración de un buen número de partidos (en los que siempre acaba jugando un papel fundamental).

Siempre digo que cada descubrimiento de Olaso (a quien se le conocía con el sobrenombre de Kim) abre cinco nuevos secretos, lo que es normal en un espía de la URSS. Sin ir más lejos, era conocido como el Ojo de Moscú. Su pareja sentimental (con la que no llegó a casarse) engrandece su trayectoria. Dolores Echeverría era la secretaria de Pablo Neruda, con el que marchó al exilio francés. Incluso sus muertes se produjeron en una situación enormemente sospechosa pero eso lo dejo en manos de los lectores y lectoras del libro. Un avance, fue en 1955 y en su casa de París. Una historia que Hollywood hubiese convertido ya en una película de éxito.

-Por último, ¿consideras importante la “Microhistoria” y las Historias Locales? ¿Se corre el riesgo de que, ante el declive de las grandes narrativas y las historias globales, prolifere tal número de investigaciones parciales que la síntesis se haga imposible?
La aproximación del relato histórico a la realidad social de los núcleos más pequeños ha permitido que algunos sectores menos especializados se muestren interesados, al intervenir nuevos elementos de sensibilidad e identificación. La masiva información que circula hoy ante nuestros ojos, desgraciadamente nos obliga a cribar buena parte de ella, por lo que se utiliza la identidad para la selección. Los grandes números, la historia más matemática, nos habla de que aproximadamente 9.000 españoles pasaron por los campos de exterminio de los nazis. Sin embargo, estudios como el que hemos configurado (en un campo en que estaba virgen y que es posible porque el marco general ya ha sido interiorizado) permite a la vecina conocer a su conciudadano asesinado en Gusen, recordar al abuelo de una amiga que salió libre en mayo del 45 de Mauthausen o reconocer por la calle a un luchador por la democracia que ayudó a liberar París. Evidentemente, como digo, la historia no puede segmentarse en exceso porque de lo contrario no es comprensible y no ayuda a la edificación de valores colectivos. Debe formar parte de un todo y debe contener una perspectiva amplia.

En nuestro estudio creo humildemente que se consigue porque no eludimos, por ejemplo, analizar la pertenencia social de los deportados a una clase social humilde e históricamente perseguida, lo que nos permite analizar su herencia familiar y observar en algunos casos como miembros de sus núcleos más próximos ya lucharon contra la subida generalizada de alimentos en la segunda década del siglo XX o como aparecen vinculados a la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera. Sólo el conocimiento general nos permitirá entender las historias más próximas y solamente la mirada micro nos dejará visualizar “la piel” (que diría aquel) de las sociedades pasadas. El historiador debe entender por qué las personas que vivieron en el pasado tomaron ciertas decisiones y no otras y eso se consigue aproximándose a los personajes que formaron parte de la lucha colectiva tantas veces anónima.