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domingo, 29 de marzo de 2020

Entrevista al historiador Jacques Pauwels. “Descubrir la verdad histórica es una forma de liberación”

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

“Si no tenéis cuidado, los periódicos os harán odiar a las personas oprimidas y querer a quienes las oprimen”, afirmaba Malcom X. Esta idea se podría aplicar también a los manuales de historia. En efecto, en su último libro Les mythes de l’Histoire moderne [Los mitos de la historia moderna] el historiador Jacques Pauwels estudia algunos de los grandes acontecimientos que han marcado los dos últimos siglos. Analiza cómo las revoluciones han hecho avanzar el proceso democrático mientras que las guerras lo han detenido e incluso hecho retroceder. Llega a una conclusión demoledora: la historia convencional se ha escrito para criminalizar a quienes defendieron los derechos de la mayoría y elogiar a unos caudillos que nada tenían de democrático. ¿Por qué se manipula la historia de este modo, por qué hay que mirar detrás de la cortina de los mitos y cómo informarnos correctamente? Jacques Pauwels nos ofrece sus pequeños secretos.

Pregunta: En su libro examina diferentes mitos de la historia moderna. Hay uno, tenaz, que se repite cada año: las guerras mundiales fueron una lucha por la democracia y los soldados cayeron para que nosotros pudiéramos vivir libres. La realidad es un tanto diferente, ¿no?
Respuesta: De hecho, el hilo conductor que he seguido en el libro a través de todos los acontecimientos que analizo es la democratización progresiva de nuestra sociedad. La democracia que conocemos hoy está lejos de ser perfecta. Sería más justo hablar de oligarquía ya que el poder se concentra en manos de unos pocos privilegiados. Pero, aun así, ha habido avances. Este proceso democrático atraviesa la historia contemporánea, que ha estado marcada por guerras y revoluciones. He querido destacar la relación dialéctica entre ambas. En los medios de comunicación y en la historiografía convencional generalmente se nos presenta a los revolucionarios como personajes malos y peligrosos. Podemos pensar en Robespierre o Lenin. En cambio, se presenta como héroes a los grandes caudillos, como Napoleón o Churchill.

La realidad es diferente. En efecto, defiendo la idea de que el proceso democrático ha avanzado sobre todo gracias a las revoluciones y que la guerra ha sido una forma de detener e incluso de hacer retroceder la democracia. Para llegar a esta conclusión he estudiado varios grandes acontecimientos de la historia moderna, desde la Revolución francesa a las dos Guerras Mundiales, pasando por la Revolución rusa. Y sistemáticamente me he planteado la siguiente pregunta a modo de balance: ¿estos acontecimientos han hecho avanzar o retroceder la causa de la democracia? En general han sido las revoluciones las que ha hecho avanzar esta causa. Quienes no tenían interés en una verdadera democracia trataron de detener este proceso y lo hicieron sobre todo por medio de la guerra.

P: ¿Algunos ejemplos?
R: Cuando se nos habla de la Revolución francesa, pensamos en la guillotina, en la sangre derramada, en la violencia, etc. Es cierto que hubo terror en la Revolución, pero también hubo un terror de los contrarrevolucionarios, un “terror banco”. Lo mismo ocurrió durante la Revolución rusa. Pero no hay que olvidar que la Revolución francesa hizo mucho por la democracia. Por ejemplo, fue con Robespierre cuando se instituyó el sufragio universal, el derecho al voto para todos, que hoy se considera uno de los pilares de nuestra democracia. Igualmente, la Revolución francesa en su fase más radical, bajo Robespierre, abolió la esclavitud en 1794. Fue un avance enorme para la democracia en aquel momento porque millones de personas recuperaban cierta forma de libertad. En aquel momento Estados Unidos, que ya se presentaba como un campeón de la libertad, no había pensado ni por un momento en abolir la esclavitud.

P: Sin embargo, se considera que la fecha en que se abolió la esclavitud es 1848…
R: Exacto. La esclavitud se había abolido bajo Robespierre, pero Napoleón la volvió a instaurar. Después de la Revolución francesa también se arrinconó la idea del sufragio universal y se sustituyó por el sufragio censitario: solo podían votar quienes tenían dinero. Además, Napoleón emprendió muchas guerras. Hubo que esperar de nuevo a una erupción revolucionaria en 1848 para que el sufragio universal se instaurara definitivamente y la esclavitud fuera abolida para siempre. Pero, ¿qué recordamos hoy? Se elogia a Napoleón en los manuales de historia y hay estatuas de él por todas partes. En cambio, la idea de dedicar una calle o una plaza a Robespierre provoca regularmente polémicas en París.

P: Últimamente se oye hablar a menudo de fake news, pero con su libro vemos que, a fin de cuentas, no es nada nuevo y que la historia está repleta de fake news.
R: A menudo se cree que nuestra historiografía es una ciencia neutra y objetiva. No lo es. Nuestra historiografía está plagada de mitos. En la mitología griega siempre había una pequeña parte de verdad histórica. Por ejemplo, la odisea de Ulises aborda los primeros grandes viajes hacia Italia y la explotación del Mediterráneo. En el mito se oculta una pequeña parte de verdad histórica. Hoy ocurre lo contrario, ¡en la historia tal como se enseña y se presenta en los medios de comunicación se ocultan muchos mitos!

P: ¿Qué interés tiene manipular así la historia?
R: La historia de los dos últimos siglos ha estado marcada por luchas a favor y en contra del proceso democrático. No hay que creer que todos los grandes personajes que ilustran los manuales de historia eran fervientes defensores de la democracia. La reina Victoria, por ejemplo, la detestaba. Para los monarcas lo ideal era el absolutismo de Luis XIV. Todo el poder se concentraba en sus manos. Lo mismo ocurre con los empresarios, ellos también detestaban la democracia. Desde el punto de vista demográfico la élite solo representa una minoría muy pequeña, por eso nunca le ha gustado el sufragio universal, porque en esas condiciones no tenía ninguna posibilidad de ganar elecciones. Así que luchó contra el proceso democrático e incluso buscó cómo hacerlo retroceder.

P: ¿Cómo logran las pequeñas minorías en el poder bloquear los intereses de la mayoría?
R: Siempre hay esa relación dialéctica entre guerra y revolución. Ya hemos visto que el proceso democrático conoció unos avances muy importantes en 1848. Pero después, como destaco en mi libro La Grande Guerre des classes [La Gran Guerra de clases], la Primera Guerra Mundial fue una vasta operación a la vez contrarrevolucionaria y antidemocrática. En efecto, en tiempos de guerra algunos jefes dan órdenes y todos los demás deben obedecer. Durante la guerra no hay democracia. En Bélgica, por ejemplo, en cuanto estalló la Primera Guerra Mundial los parlamentarios ya no tuvieron nada más que decir, el rey Alberto era quien tenía todos los poderes. En Francia Clemenceau resultó ser un verdadero dictador y lo mismo ocurrió en Inglaterra con Lloyd George o en Alemania con Ludendorff.

Cuando afirmo que la guerra pone fuera de juego a la democracia no hablo solo de democracia política, sino también de democracia social. Las revoluciones y los movimientos de protesta permitieron conquistas importantes, como los servicios sociales, la limitación de las horas de trabajo, las vacaciones y las pensiones para los obreros o incluso la prohibición del trabajo infantil. En cuanto estalló la guerra se suprimieron muchas ventajas sociales o se dejaron en suspenso. Ya no se permitía hacer huelga, los obreros tenían que trabajar más y ganar menos, había que sacrificarse por la patria porque el país estaba en guerra. Los grandes capitalistas se aprovecharon de la guerra para neutralizar a los sindicatos y a los movimientos obreros que cada vez les parecían más amenazantes. Además, ganaron mucho dinero con la guerra, no solo gracias a los encargos de material de guerra, un negocio muy rentable, sino también porque podía pagar salarios más bajos. Por eso demuestro en el libro que si hoy en nuestros países tenemos más democracia que en los siglos pasados es gracias a los revolucionarios y no gracias a los grandes caudillos.

P: Sin embargo, algunos avances democráticos se obtuvieron con gobiernos que no eran particularmente revolucionarios.
R: Se concedieron cuando las élites tenían miedo de la revolución. Así, muchas reformas democráticas se introdujeron desde arriba después de la Primera Guerra Mundial. En Bélgica, por ejemplo, se introdujo el sufragio universal y la jornada de ocho horas. En Francia, los Países Bajos, Inglaterra e incluso en Suiza hubo reformas similares. No era en absoluto una forma de agradecer al pueblo sus esfuerzos, sino que las élites occidentales temían verdaderamente las revoluciones al estilo de la rusa. El objetivo de esas reformas era apaciguar al pueblo.

P: ¿Por qué es importante saber qué pasó realmente?
R: ¿Qué importancia tiene la historia en general? Es una buena pregunta. Muchas personas piensan que no es importante, están más preocupadas por lo que pasa hoy, cuando no están simplemente absortas por la necesidad de ganarse la vida. El pasado, pasado está. Pero la historia, la verdadera, la que no cuenta mitos, es muy importante. Una sociedad que no conoce su historia es como una persona que ha perdido la memoria. La historia nos ayuda a entender dónde estamos hoy y por qué estamos ahí, por qué tenemos cierto grado de democracia que, sin ser perfecto, es más mayor que hace cien años. Así pues, hay que conocer la historia para entender el presente. Y hay que entender el presente para poder avanzar hacia el futuro, lo que no es posible sin conocer todas estas luchas democráticas y antidemocráticas.

P: ¿Qué aconsejaría para informarse correctamente sobre la historia?
R: ¡Leer mi libro, por supuesto! (Risas) También hay que estudiar la historia, interesarse por ella, pero con ojo crítico. Hay que poder mirar tras la cortina de los mitos, buscar a los historiadores y los libros que tratan de hacerlo. Hay muchos. Estoy lejos de ser el único. Cuando estudiaba en Bélgica y después en Canadá yo mismo fui tomando conciencia poco a poco de que todo lo que me contaban podía no ser verdad. Cuando estudiaba en Canadá en la década de 1970 descubrí que había una corriente de historiadores en Estados Unidos llamados revisionistas. No tenían nada que ver con quienes niegan el Holocausto. Eran historiadores críticos gracias a los cuales aprendí por primera vez, por ejemplo, que el objetivo del bombardeo de Hiroshima no era detener la guerra, sino intimidar a Stalin. Estaba impactado, investigué el asunto y descubrí que era totalmente cierto.
Lo mismo ocurría con lo que se afirmaba de que Gran Bretaña había declarado la guerra a Alemania en 1914 para proteger a la pequeña Bélgica. No fue así, los británicos entraron en guerra para apoderase del petróleo de Mesopotamia, un territorio que pertenecía al Imperio otomano, aliado del Reich alemán. Pero en los manuales de historia nunca se habla de ello. Afortunadamente, existen libros que se centran en ese tipo de problemas y entonces los acontecimientos nos resultan más claros. Una vez que se comprende eso, también se comprende por qué todavía hoy se libran guerras como la de Irak. Por el petróleo, por supuesto.

P: Tanto en los manuales de historia como en los medios de comunicación las cuestiones económicas suelen brillar por su ausencia.
R: En efecto, la mayoría de los historiadores evitan hablar de los intereses económicos que estaban en juego en las guerras. Nos dan todo tipo de información, sobre todo acerca de las batallas, pero al actuar así no explican nada sobre las razones de los conflictos. Descubrir la verdad histórica, empezar a entender verdaderamente lo que ha ocurrido, es una especie de liberación. Por lo tanto, es muy importante estudiar historia con una mirada crítica.

P: Finalmente, cuando se ve cómo las revoluciones y las guerras han empujado o detenido el proceso democrático, ¿no constituyen las relaciones de clase un buen enfoque para entender la historia?¿No explican también estas relaciones por qué se manipula la historia?
R: Es verdad. La mayoría de la gente, la masa del pueblo quiere la democracia. A quien no le interesa es a la pequeña minoría en el poder porque sabe que una verdadera democracia implicaría perder sus privilegios. Si la mayoría tuviera verdaderamente el poder, ¿aceptaría que 26 personas posean tanta riqueza como la mitad más pobre del planeta? Quienes tienen el poder y las riquezas luchan para conservarlos, luchan contra la democracia, aunque al mismo tiempo simulan que les gusta. Después de la Primera Guerra Mundial muchos partidos conservadores que representaban a la aristocracia y a los ricos empresarios empezaron a utilizar apelaciones como “partido popular”, en absoluto popular en el sentido de tener al pueblo detrás y querer darle el poder. En realidad querían animar al pueblo a apoyar su forma de actuar. Por consiguiente, la pequeña minoría que posee las riquezas lucha por conservar sus privilegios y se puede permitir escribir la historia, sobre todo a través del control que ejerce sobre los medios de comunicación.

P: Por lo tanto, ¿la lucha de clases es, efectivamente, el motor de la historia?
R: Siempre lo ha sido, es cierto, aunque no gusta hablar de ello, se prefiere hablar de los belgas o los franceses contra los alemanes, de guerras contra naciones, aunque la realidad es mucho más compleja.

(1) “If you’re not careful, the newspapers will have you hating the people who are being oppressed, and loving the people who are doing the oppressing” (N. de la t.).

Fuente: https://www.investigaction.net/fr/jacques-pauwels-decouvrir-la-verite-historique-est-une-forme-de-liberation/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

domingo, 28 de abril de 2019

Julian Assange y la agenda para la guerra global

James Petras
Rebelión

Traducido del inglés para rebelión por J. M.

Introducción
Durante casi una década, Washington ha tratado de silenciar, encarcelar y eliminar al periodista de investigación más destacado del mundo, Julian Assange (JA) y su equipo de colaboradores en WikiLeaks (WL).

Nunca han sido tan desacreditados los medios de comunicación masiva como con la publicación de los documentos oficiales que contradicen directamente la propaganda oficial, articulada por los líderes políticos y repetida por "destacados" periodistas.

Washington tiene la intención particular de capturar a JA porque sus revelaciones han tenido un impacto particularmente poderoso en el público estadounidense, los críticos políticos, los medios alternativos y los grupos de derechos humanos al enfrentarlos contra las guerras estadounidenses en el Medio Oriente, el sur de Asia, África y América Latina.

Continuaremos discutiendo lo que JA y WL lograron y por qué la particular e "innovadora" forma de informar perturbó al Gobierno.

Luego analizaremos los conflictos "en curso" y el fracaso de la Casa Blanca para obtener una victoria decisiva, como factores que han llevado a Washington a intensificar sus esfuerzos para hacer de JA un "ejemplo" para otros periodistas, exigiendo que se “pongan en forma” o pagarán las consecuencias, incluido el encarcelamiento.

El contexto para la denuncia de irregularidades
Al final de una década de guerra, la oposición a la participación de Estados Unidos en Irak y Afganistán se había extendido a sectores militares y civiles. Se filtraron documentos y se alentó a los críticos a entregar informes que revelaban crímenes de guerra y el número de víctimas en vidas humanas. WL, bajo el liderazgo de Assange, fue el receptor de cientos de miles de documentos provenientes de analistas militares, contratistas y funcionarios civiles disgustados por las mentiras de los medios de comunicación oficiales y de masas que perpetraron y encubrieron crímenes de guerra.

A medida que avanzaban las guerras y se lanzaban otras nuevas en Libia y Siria, los congresistas liberales eran impotentes y no estaban dispuestos a exponer las mentiras de los regímenes Obama/Clinton y las falsificaciones que acompañaban al asesinato del presidente Gadafi. WikiLeaks y JA publicaron documentos que revelaron cómo los EE. UU. planearon, implementaron y fabricaron las guerras humanitarias para "salvar a la gente…" ¡bombardeándola!

Los documentos de WL desacreditaron a las principales redes y a la prensa de prestigio, que seguían la línea oficial.

El Pentágono, la CIA, la presidencia y sus simpatizantes en el Congreso entraron en pánico cuando sus actividades secretas salieron a la luz. Recurrieron a varios movimientos desesperados, todos dirigidos a silenciar la libertad de expresión. Acusaron a los periodistas de investigación de "espionaje", de trabajar para Rusia, de terroristas islámicos o simplemente de "traidores por dinero".

A medida que el mensaje de WL ganó legitimidad, Washington recurrió al poder judicial en busca de fallos para asfixiar a sus críticos. La libertad de expresión fue criminalizada. Pero WL continuó. Nuevos y más denunciantes críticos llegaron a la escena, Chelsea Manning, Edward Snowden, William Binney y otros proporcionaron nuevas pruebas devastadoras de las grandes distorsiones y falsificaciones de Washington en relación con las muertes de civiles.

A los ojos del Pentágono, Julian Assange era el enemigo porque se negó a ser comprado o intimidado. WL despertó con éxito la desconfianza de los medios de comunicación y la desconfianza entre el público de la difusión de las noticias oficiales de guerra.

El Pentágono, la Casa Blanca y el aparato de inteligencia buscaron a los “espías” internos que proveían los documentos a WL. Se tomó como objetivo el arresto de Julian Assange bajo la creencia de que "decapitar" al líder intimidaría a otros periodistas de investigación. JA huyó para salvar por su vida y buscó y recibió asilo en la Embajada de Ecuador en el Reino Unido.

Después de siete años de presión EE.UU. Logró que el presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, viole la constitución de su propio país y permita a la policía británica capturar a JA, encarcelarlo y prepararlo para la extradición a Washington, donde el régimen encontrará la configuración judicial adecuada para condenarlo a cadena perpetua o... peor.

Conclusión
Los crímenes de guerra cometidos por Washington son de tal dimensión que han erosionado el espíritu pasivo y sumiso de sus servidores públicos. Habiendo perdido la confianza, el Gobierno se basa en amenazas, expulsiones y juicios penales.

Los periodistas de investigación están bajo la presión del coro de prostitutas de prensa y enfrentan juicios criminales.

Hoy la libertad de expresión significa "libre" para seguir al Estado.

La próxima prueba de Julian Assange es más que la libertad de expresión. Se trata de la capacidad de Washington para continuar con las guerras globales, aplicar sanciones ilegales contra países independientes y reclutar estados vasallos sin oposición. Washington, sin la conciencia pública, podrá iniciar guerras comerciales y calumniar a los competidores con impunidad. Una vez que los informantes son silenciados y/o encarcelados, todo vale.

En los tiempos actuales, muchos periodistas han perdido su capacidad de decir la verdad al poder, y los jóvenes escritores que buscan salidas y modelos a seguir, enfrentan la amenaza de la censura impuesta por un castigo atroz. La Casa Blanca busca convertir al país en una cámara de eco de mentiras para las guerras "humanitarias" y los golpes "democráticos".

Hoy el Gobierno de los Estados Unidos libra una guerra contra Venezuela. El Tesoro se apodera de sus recursos y riqueza y el Estado designa a su presidente en nombre de los "valores democráticos". El régimen de Trump está matando de hambre al pueblo venezolano para someterlo en nombre de una misión humanitaria, una estrategia contra la cual solo forcejean algunos periodistas de los medios alternativos.

Washington está encarcelando a JA para garantizar que los crímenes contra Venezuela continúen con impunidad.

viernes, 1 de febrero de 2019

_- “La mayor parte del armamento no podría fabricarse sin financiación de los bancos”. Entrevista a Audrey Esnault, coordinadora de la campaña Banca Armada.




¿Cómo se sustenta el complejo militar-industrial? ¿Quién ofrece soporte económico para que fabriquen misiles, aviones de combate, bombas de dispersión, balas y armas nucleares? La banca mundial ha financiado con 526.159 millones de dólares a la industria del armamento durante el periodo 2011-2017, según la Base de datos Internacional de Banca Armada que publica el Centre Delàs d’Estudis per la Pau. Estados Unidos encabeza entre 2011 y 2017 la ratio de países en que la banca “participa en el negocio armamentístico”, con financiación al sector por valor de 375.032 millones de dólares, seguido de Francia (33.255 millones), Reino Unido (31.812 millones), Japón (21.925), Alemania (12.718 millones) y España (10.244 millones).

La plataforma financiera BlackRock financia, a través de fondos de inversión, acciones o bonos, con un total de 35.912 millones de dólares a empresas de armamento como Boeing, Honeywell International, Airbus Group y Northrop Grumman, entre otras (periodo 2011-2017). La entidad financiera JP Morgan Chase ha firmado operaciones –que incluyen créditos y emisión de bonos y pagarés de las empresas- por valor de 25.086 millones de euros con industrias armamentísticas como Honeywell International, Boeing y Loockheed Martin. Bank of América es otra de las sociedades destacadas en el negocio de las armas; en el citado periodo ha aportado financiación por valor de 4.496 millones de dólares a Loockheed Martin; 2.823 millones a Honeywell International y 2.141 millones a General Dynamic. Además de las financieras estadounidenses, las europeas también engrasan la maquinaria bélica. Por ejemplo Crédit Agricole y BNP Paribas, con sede en Francia, la británica Barclays o las alemanas Commerzbank y Deutsche Bank.

Un capítulo destacado es el de las armas nucleares. El informe “Don’t Bank on the Bomb” (2018) de la ONG holandesa PAX ha publicado un listado de 329 bancos, fondos de pensiones, compañías de seguros y gestoras de activos financieros de 24 países, que proporcionaron –entre 2014 y 2017- financiación a empresas productoras de armamento nuclear; tres de ellas, las estadounidenses BlackRock, Vanguard y Capital Group, aportaban según el informe más de 110.000 millones de dólares a compañías como Airbus, BAE Systems, Boeing, General Dynamics, Lockheed Martin o Northrop Grumman; entre las instituciones financiadoras están el BBVA, Banco Santander y la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI).

En el estado español, la Campaña Banca Armada denuncia públicamente a las entidades financieras vinculadas con la industria de las armas. Forman parte de esta iniciativa el Centre Delàs, el Observatori del Deute en la Globalització, las ONG Setem y Justícia i Pau; el colectivo RETS, la asociación Fets-Finançament Ètic i Solidari; Alternativa Antimilitarista-MOC y, en el País Valenciano, la fundación Novessendes. Difunden el siguiente listado de bancos que invierten en empresas de armamento (2011-2017): BBVA (3.307 millones de euros); Banco Santander (2.430 millones); Bankia (181 millones); Banc Sabadell (96,9 millones); Caixabank (95,8 millones); Helaba (95,7 millones); Bankinter (49 millones) e Instituto de Crédito Oficial –ICO- (48,2 millones).

“Entre 2014 y 2017 el BBVA ha invertido 2.710 millones de euros en siete empresas que diseñan, mantienen o modernizan armamento nuclear”, afirmó en marzo de 2018 una activista de la Campaña Banca Armada durante la junta de accionistas del banco. En la reunión de los accionistas del Banco Santander, otra activista informó de que esta entidad concedió créditos a Honeywell International por valor de 129,5 millones de euros entre 2013 y 2017; la multinacional estadounidense es “una de las más implicadas en el complejo industrial de armamento nuclear, por ejemplo en el mantenimiento de los misiles Trident II”. Otro miembro de la iniciativa Banca Armada recordó en abril, durante la junta de Bankia, que la entidad financió con créditos por valor de 142 millones de euros entre 2011 y 2015 a la española MAXAM, gigante mundial en la fabricación de explosivos civiles y militares que exporta armas a Arabia Saudí (una coalición internacional liderada por este país inició en marzo de 2015 los bombardeos en Yemen).

Asimismo en una de las intervenciones, ante los accionistas de Caixabank, señalaron que este banco financió con cerca de 8 millones de euros a la empresa Indra, entre 2011 y 2016, a través de fondos de inversión, acciones y bonos; el estado español es, a través del SEPI, el principal accionista de Indra (18,7% de las participaciones); “entre los productos estrella de Indra figuran el caza Eurofighter, las fragatas de guerra F-100 o los helicópteros Tigre”, desplegados por el ejército español en Afganistán, informó la Campaña. Un campo de investigación y denuncia añadido es el de la relación entre las instituciones públicas y la banca armada. En marzo de 2018 el Centre Delàs y Setem publicaron un análisis sobre el Ayuntamiento de Barcelona, gobernado por Barcelona en Comú; la investigación concluye que el 48% de los pagos corrientes del consistorio se realizan con la banca armada. De hecho, el ayuntamiento barcelonés trabaja con Crédit Agricole y Société Générale (Francia), HSBC (Gran Bretaña), BBVA, Banco Santander, Bankia y Caixabank, entre otras entidades.

Audrey Esnault es economista, coordinadora de la Campaña Banca Armada –en la que participa desde hace tres años- y coautora del estudio “De la banca armada a la banca ética” sobre el consistorio barcelonés. También es autora, con Jordi Calvo, del estudio de caso sobre la Generalitat Valenciana, presentado el 23 de enero en el Colegio Mayor Rector Peset de la Universitat de València (en el País Valenciano gobiernan en coalición el PSPV-PSOE y Compromís con el apoyo parlamentario de Podemos). “El 95% de la deuda viva de la Generalitat Valenciana, al cierre de 2017, y el 88,7% de sus cuentas operativas (ingresos y pagos) en 2017 ha estado en manos de la banca armada”, señala el informe. El pasado 23 de marzo Audrey Esnault estuvo presente en la junta de accionistas del Banco Santander, donde recordó que –mediante créditos, emisión de bonos y pagarés- la empresa Leonardo recibió 178 millones de euros de la sociedad que preside Ana Botín; este grupo italiano (hasta 2016 Finmeccanica) es “responsable del desarrollo y el diseño del vehículo de transporte para el misil intercontinental estadounidense Minuteman III”, subrayó.

-P: ¿En qué medida depende de los bancos el complejo militar-industrial?

-AE: Cuando estudiamos la ratio de endeudamiento de las empresas militares españolas, es decir, sus necesidades de financiación, llegamos a la conclusión de que tres de cada cuatro armas no podrían fabricarse sin la financiación de los bancos. Esta proporción es la que publicamos en la introducción del informe “Los bancos que invierten en armas” (Centre Delàs, 2016). El análisis no habrá cambiado mucho. Una de las formas de financiación bancaria es la participación accionarial directa en las empresas militares; asimismo un banco, o consorcio de bancos, puede otorgar préstamos a estas empresas (por ejemplo los créditos del BBVA a Airbus Group, Boeing y Leonardo); otra vía es comprar bonos y pagarés de las industrias militares o bien ofrecérselos a los clientes, a cambio de una comisión. Además los bancos pueden financiar las exportaciones del sector armamentístico; y ofrecer a sus clientes fondos de inversión con participaciones en las empresas de armas.

-¿A qué problemas se enfrentan los investigadores a la hora de revelar la vinculación entre empresas y bancos? Algunos gigantes de la industria bélica fabrican también para el sector civil…

Los grupos multinacionales son enormes y resulta muy complicado. Entre el 20 y el 30% de la producción de Indra es de uso militar. Esta multinacional española desarrolla tecnologías aplicadas al ámbito náutico y la aviación para los ejércitos, a la electrónica militar, simuladores de vuelo y sistemas de dirección de misiles. A escala internacional, el grupo Airbus –con sede en Francia- está especializado en la fabricación de aviones civiles y militares, además de helicópteros y misiles; al igual que Boeing, primer productor militar mundial, que también fabrica aviones civiles y militares. El problema es que hay una gran opacidad. Son más sencillas las averiguaciones si, por ejemplo MAXAM, cuyos explosivos militares podrían haber sido destinados a la guerra de Siria, realiza una inversión en su filial EXPAL, dedicada íntegramente al sector militar. El Banco Santander, el BBVA, Caixabank y Bankia conceden créditos a MAXAM. Para obtener la información, trabajamos mucho en red; colaboramos con organizaciones como PAX, también accedemos a la base de datos SABI, las revistas de Defensa o las páginas Web de las empresas y, cuando tenemos recursos, compramos datos primarios.

-Por último, la Ley 53/2007 del Estado español sobre el control del comercio exterior de material de defensa establece, en el artículo 8, que las autorizaciones de venta serán denegadas ante indicios de que las armas puedan emplearse “en acciones que perturben la paz” en un ámbito mundial o regional; y también “con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos”. ¿Hay algún ejemplo reciente en que podrían estar vulnerándose las leyes?

El ejército de Arabia Saudí, que lidera las operaciones militares en Yemen, utiliza armas –como el Eurofighter- con componentes y productos electrónicos fabricados por Indra. Esta empresa tiene, además, un papel importante en la frontera sur, en el empleo de la tecnología contra las personas migrantes; de hecho, es la responsable de la construcción de una tercera valla en la frontera española con Melilla. Por otra parte, en abril de 2018 el Gobierno español firmó la venta a Arabia Saudí de cinco corbetas construidas por la empresa pública Navantia, que también podrían utilizarse en la guerra de Yemen. Entre 2015 y 2017 España vendió armas a Arabia Saudí por valor de 932 millones de euros, según cifras oficiales, cuando sabemos que la situación humanitaria en Yemen es brutal. Estas armas no tendrían que llegar allí.

miércoles, 24 de octubre de 2018

_- OPINION · Madeleine Albright, la genocida de Ruanda e Irak se disfraza de antifascista.

 - Nazanín Armanian

Uno de los principales rasgos de los fascismos es su habilidad en manipular la conciencia de las masas. Oficio en la que la señora Albright es una veterana. En lugar de estar en la prisión por ser el coparticipe necesario en la matanza de cerca de 2.000.000 de niños, ancianos, hombres y mujeres, Albright ha reaparecido para presentarse como la heroína del movimiento antifascista señalando a Donald Trump, ante un público que padece una aguda amnesia. Entre sus objetivos, ganar millones de dólares en venta de libros y dar conferencias, además de recoger el voto de miedo para su partido “Demócrata” en víspera de las elecciones del Congreso en noviembre. Suerte para ella que siempre encuentra periodistas poco doctos para lavarle la cara. Lo cierto es que, si bien es pronto para llamar fascista a Trump para llamar fascista a Trump, no lo es para confirmar que Albright es una de las principales criminales de guerra del siglo.

De hecho, que Trump tomara el poder en 2016 se debió, en parte, a que el sector progresista de la sociedad estadounidense se negó a votar a Hilary Clinton, por ser belicista, peligrosa para la paz mundial, corrupta y elitista, quien con Albright y otros “demócratas” conspiraron contra su compañero Bernie Sanders, que contaba con mayor posibilidad de ganar que ella. Albright, apoyó a la candidatura de Hilary y atraer el voto femenino, amenazó: “ Hay un lugar especial en el infierno para las mujeres que no apoyan a otras mujeres ”, y le contestó la actriz Susan Sarandon: “Y o no voto con mi vagina”.

1. Genocidio en Irak

“Hemos oído que medio millón de niños han muerto [como resultado de las sanciones contra Irak], más de los que murieron en Hiroshima. ¿Merece la pena pagar este precio ? Pregunta la periodista Lesley Stahl a Albright en mayo de 1996:” Creo que es una elección muy difícil, pero creemos que merece la pena pagar “. ¡Claro! ¡No se trataba de sus hijos! Albright, como embajadora de EEUU ante la ONU y también Secretaria de Estado en el gobierno de Bill Clinton, insistió en mantener las sanciones contra la nación iraquí, acusando falsamente a Sadam de tener armas de destrucción masiva , las que sí poseen EEUU o Israel. Los trece años de embargo mataron a 1.700.000 iraquíes, la mayoría niños: Y eso se llama “genocidio” según el Convenio de Ginebra.

Más tarde, dijo que se arrepentía de lo dicho, pero no era por el remordimiento de conciencia, sino por recibir muchas críticas por decir tal barbaridad, políticamente incorrecta. Nunca pidió perdón a los iraquíes ni mucho menos les indemnizó, ni siquiera donó a sus víctimas parte de los millones que cobró cuando justificaba este exterminio.

Los “demócratas” prohibieron la exportación de medicamentos contra cáncer, las vacunas para niños, leche en polvo, cloro para depurar el agua (después del bombardeo de las depuradoras) lo que hizo disparar las enfermedades, entre otros doscientos artículos. Algo parecido a lo que el “demócrata” Obama y el “republicano” Trump han hecho en Yemen con la complicidad los países árabes reaccionarios: provocar la mayor crisis humanitaria del mundo , asunto de la que ella no habla: está acostumbrada a ver morir a niños de otras familias de hambre. A Scott Ritter, inspector jefe de armas de la UNSCOM, le conmovió tanto ver el drama de los iraquíes en 1988 que renunció a su cargo en protesta por la política de sanciones; hizo lo mismo Denis Halliday, Coordinador de Ayuda Humanitaria en Irak de la ONU y también su sucesor Hans von Sponeck, al igual que Jutta Burghardt, jefa del Programa Mundial de Alimentos en Irak.

El objetivo de las sanciones ilegales (por ser un castigo colectivo), no era eliminar a Saddam Husein sino destruir la nación iraquí, por lo que dejaron vivir al dictador años más con el fin de tener un pretexto para seguir este genocidio a beneficio de Israel , país que seguirá disfrutando de la desaparición de otros dos poderosos estados árabes : Libia y Siria.

También fue Albright quien en 1998 justificó ante el mundo la Operación Zorro del Desierto para bombardear una vez más a Irak, matando a miles de personas, y con otro objetivo perverso: correr una “cortina de humo” para desviar la atención pública del llamado “Caso Lewinsky”, en la víspera de la votación del Congreso que podía culparle a Clinton de perjurio y obstrucción a la justicia.

2. Genocidio de Ruanda

“El genocidio de Ruanda era cien por cien responsabilidades de EEUU”, dijo Boutros Ghali, el secretario general de la ONU durante los hechos: hasta un millón de niños, mujeres y hombres en su mayoría hutíes fueron masacrados entre los meses de febrero y julio del 1994. Madeleine Albright, en su cargo de embajadora de EEUU ante la ONU utilizó las “tácticas de bloqueo” para evitar el despliegue de las Fuerzas de Paz del organismo a Ruanda, impulsar la retirada de todas las fuerzas de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda (UNAMIR), e impedir nuevas resoluciones sobre este país, mientras insistía en que en Ruanda no pasaba nada. ¿Qué intereses estaba protegiendo?

Tras la Guerra Fría, EEUU patrocinó al Frente Patriótico de Ruanda (FPR), dirigido por Paul Kagame, de la minoría tutsi, para poner fin al control de Francia en la región. Planeaba convertir a Ruanda en el guardián de sus intereses en este lejano lugar (como hace con Israel en Oriente Próximo), y decide llevarlo al poder con la ayuda de Uganda. La guerra imperialista iba a ser pintada de “conflicto étnico”. El 6 de abril del 1994, RPF derriba con un misil en Kigali el avión que transportaba a dos jefes de estado africanos, Juvénal Habyarimana de Ruanda (de etnia huti, quien habia iniciado una serie de reformas) y Cyprien Ntaryamira de Burundi, provocando “un caos creativo” que desata una violencia jamás vista: la masacre del 11% de la población con machetes y garrotes con clavos, la violación de mujeres y niñas, penetradas con cañones de fusil y lanzas, la muerte de las supervivientes infectadas con VIH, y la huida de dos millones a los países vecinos, pero para la Sra. Albright ellos eran daños colaterales de los infames intereses de EEUU. Se trata del mayor acto de genocidio desde la Segunda Guerra Mundial.

Kagame, El Carnicero de los Grandes Lagos fue colocado en el poder y sigue siendo el presidente de Ruanda. Años después Albright afirmaba que desconocía la magnitud de la atrocidad. ¡Miente! afirma la Organización de Unión Africana: todos los embajadores lo habían informado a sus gobiernos. Luego, EEUU y el Reino Unido se negaron a utilizar el término “genocidio” para lo ocurrido, ya que suponía castigar a los responsables y Washington no iba a sancionar a “su hombre” que controlará los movimientos de China en África Oriental.

3. Yugoslavia, “la guerra de Madeleine”

Albright saboteó el acuerdo de paz firmado en Lisboa el 18 de marzo de 1992 que ponía fin al conflicto, canonizando Bosnia, puesto que EEUU pretendía convertir a Bosnia en su colonia y a Alija Izetbegovic, un reaccionario islamista bosnio “en el primer jefe de un estado islámico europeo”, aunque costara a su desesperada población 3 largos años de guerra y un indecible sufrimiento. Para ello, lanzó una campaña de demonización de los serbios: para presentarse como “los salvadores” necesitaba fabricar un “monstruo”: Yugoslavia fue el ensayo de la perversamente llamada “guerra-humanitaria”.

Según Colin Powell, a pesar de que en Bosnia no había ningún objetivo político claro, Albright le presionó para enviar tropas, diciéndole “¿ para qué sirve este excelente ejército del que siempre estás hablando si no podemos usarlo ?” El bombardeo de Yugoslavia en 1999 fue la “guerra de Madeleine” , dijo un tal Henry Kissinger: o Milosevic firmaba el “acuerdo de paz” de Rambouillet, que permitiría a la OTAN ocupar el país, o sería bombardeado. Al negarse el gobierno soberano de Yugoslavia, la OTAN (sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU) lanzó 300 misiles y 14.000 bombas (incluidas las de racimo BL755 y uranio empobrecido) durante 78 días que mataron e hirieron a decenas de miles de personas, y destruyeron el país.

Dice Walter J. Rockler, el ex fiscal del Tribunal de Crímenes de Guerra de Nuremberg:
El ataque a Yugoslavia constituye la agresión internacional más descarada desde que los nazis atacaron Polonia para evitar las “atrocidades polacas” contra los alemanes.

Y ¿Cuál es su diferencia entre personajes como Albright y Goebbels o Eichmann? Para la Dama de Hierro, EEUU es “la nación indispensable”, como si las otras fuesen prescindibles. La “excepcionalidad de EEUU” (que es sinónimo de la “impunidad”) es la misma “exaltación del nacionalismo” -otro rasgo del fascismo-, que proclama el derecho de un país a no respetar las leyes que exige cumplir a otros.

La lucha contra el fascismo requiere un enfoque integral que incluya la batalla contra las guerras, el militarismo y las desigualdades de todo tipo que representa Albright y su clase.

Fuente:
https://blogs.publico.es/puntoyseguido/5247/madeleine-albright-la-genocida-de-ruanda-e-irak-se-disfraza-de-antifascista/

miércoles, 20 de junio de 2018

Aquarius: gestos y refugio

"...Nadie pone a sus hijos en un barco a no ser que el agua sea más segura que la tierra.”
Wharsan Shire


Los gestos tienen un valor y acoger en Valencia a los 629 refugiados rescatados por el Aquarius de sus frágiles barcazas cuando huían de Libia, ha representado, no solo una buena iniciativa por parte del gobierno de Pedro Sánchez, sino un acto acorde a la legalidad internacional.
Un gesto que se espera marque un cambio de orientación con respecto a lo hecho y dicho por el extinto gobierno de Rajoy. Otro acto pero, en este caso, contrario a legalidad internacional, fue el del gobierno italiano de Matteo Salvini cuando, en su momento, ordenó cerrar los puertos e impedir el atraque del Aquarius.

La sucesión de acontecimientos que han propiciado la llegada del Aquarius a los puertos del Reino muestran, de la manera más palmaria, la crisis general prolongada y sin solución que vive el sistema de frontera y acogida.

Una simple comparación de las condiciones de arribo de las 629 personas refugiadas del buque Aquarius, con los 982 refugiados que iban a bordo de las 63 pateras y que cruzaron el Estrecho por sus propios medios para también terminar, este mismo fin de semana, arribando a las costas españolas, ratifica la forma en que se desarrolla dicha crisis: gestos positivos, aislados e inconexos, en medio de un mar de vulneraciones sistemáticas y organizadas de los derechos.

Para los llegados a Valencia, 200 fotógrafos y 500 periodistas; para los lo hicieron por el sur, menos de una decena. Para los primeros, 2400 personas de apoyo (traductores, médicos, abogados, sanitarios, psicólogos, acompañantes, etc.) que les permitirán encarar mejor esta nueva etapa de sus vidas. Para los segundos, las ongs denuncian escasez de medios para la acogida. Para unos, habrá 30 días que les permitirán decidir si solicitan asilo o encaran otro medio legal para quedarse en el Reino de España. Para los segundos, deportaciones exprés, centros de Internamiento y largas horas de trámites en comisaría.

La política europea y la española, muy similar a la del resto de estados de la UE, se halla marcada por el “dispositivo” visto en el Estrecho y no por el despliegue realizado en Valencia. El Aquarius, como otros picos de emergencia referidos a la cuestión del refugio (que no han sido pocos), pone de relieve un problema político que surge al dar la espalda los gobiernos a la legalidad internacional, un camino que agrava una crisis provocada por las guerras y la persecución.

Hoy, los ejes de la política europea parten de dos premisas:
1. No abordar las causas que motivan que el número de desplazados sea el mayor desde la segunda Guerra Mundial (65 millones).
Dichas razones se hallan directamente asociadas a la forma precisa (imperialista) del proceso de globalización. Es decir, un proceso en el que los sectores económicos más ricos, protegidos por unos Estados que son, a su vez, lo más poderosos de la escena internacional, trabajan para doblegar toda resistencia que impida el expolio organizado de la inmensa mayoría de la humanidad. Un saqueo que no rehúye, sino que exige, para ser efectivo, emplear todo tipo de diferencias entre pueblos y culturas.

2. No hacerse responsable de las consecuencias humanas de tales políticas que, en muchas ocasiones, sitúan a empresas europeas en su centro e implican desigualdad y guerra.
Conflictos que, a su vez, alimentan el número de desplazados, de refugiados y de solicitantes de asilo en el mundo.

En la actualidad, la UE hace convenios (ella misma) y avala que sus Estados realicen acuerdos con terceros como con Turquía, los señores de la guerra libios o Marruecos que para que éstos (como la vieja Roma imperial) controlen las fronteras fuera de su territorio.

Cuando los refugiados burlan esas trampas y se lanzan al agua o comienzan a caminar, se los hostiga por tierra, mar y aire. Se emplean barcos de guerra que los devuelven, se castiga a las ongs que intentan cumplir con la legalidad y socorrerlos, se organizan dispositivos aéreos para detectarlos o devolverlos a sus lugares de origen. Se instalan pinchos, se cavan fosos, se levantan muros y se montan concertinas destinados a impedir que esas personas puedan ejercer unos derechos que se asegura “oficialmente” defender. Finalmente, si todo ello no “sirve”, se les encierra, deporta o se abandona en un limbo legal que, de nuevo, les niega toda opción.

Los próximos 28 y 29 de junio, los jefes de Estado de la UE se reunirán para abordar por enésima vez el llamado problema de la inmigración ilegal. Un problema que apunta más hacia el colapso que hacia una verdadera solución. Sobre la mesa, el caso del Aquarius y el fracaso de las cuotas de reubicación tras la crisis griega e Italiana de hace ya tres años.

Nuevamente se hablará de la posible reforma del periclitado Reglamento de Dublin que regula las condiciones en las que un Estado miembro responde a las solicitudes de protección internacional que se le formulan, pero que, a la hora de la verdad, supone que, salvo que seas menor de edad, el Estado por el que arribas a la Unión es el que tiene la obligación de identificarte, tramitar tu solicitud y es el único por el puedes circular. Seguramente también se hablará de los pasadores ilegales de fronteras, de los acuerdos con terceros países y del marco Shengen.

En este escenario, el Aquarius no puede resultar un gesto más en medio de una legalidad que obvia los derechos de la personas. La acogida de ahora demuestra que no se trata de problemas administrativos, sino que su naturaleza es profunda y claramente política. Y frente a ello, o bien se refuerza el espacio europeo de la acogida, se avanza en un sistema y normas únicas europeas de asilo sobre la base de asegurar como prioridad el derecho a permanecer, circular y acceder a la Unión de las personas refugiadas a través de distintas iniciativas, entre ellas, un pasaporte europeo, o se mantiene la actual escalada que solo apunta y desgraciadamente, provocará muchas y mayores crisis.

Carlos Girbau Es activista social en Madrid y colabora con Sin Permiso.

http://www.sinpermiso.info/textos/aquarius-gestos-y-refugio

El éxito del uso de los yanyauid como policía migratoria revela el naufragio del proyecto político europeo. ¿No eran los derechos humanos y el respeto a la ley humanitaria nuestras señas de identidad?

lunes, 5 de septiembre de 2016

¿”Conspiracionista” yo?, Michel Collon

Investig Action

 Cuando se critica a los dirigentes de EEUU, la UE o Israel, algunos agitan un espantajo: “¡Vosotros sois conspiracionistas!”. Lo que debe sobreentenderse como: “veis el mal por doquier, pero estos dirigentes son demócratas; ciertamente pueden cometer errores, pero actúan con buenas intenciones”. Así, a grosso modo, estaríamos forzados a elegir entre:

– La teoría del complot: todo es maquinado en la sombra, se nos oculta todo, los controladores del mundo son (a elegir): los judíos, los banqueros, los francmasones, los Illuminati, etc.

– La teoría de la inocencia: nuestros dirigentes occidentales trabajan para el bien común. Nos dicen lo que hacen y hacen lo que dicen.

¡Ni la una ni la otra, gracias! Nosotros reivindicamos una tercera forma de explicar el funcionamiento de la sociedad, y no tiene nada que ver con esas dos fantasmagorías. Para clarificar todo eso debemos responder a cuatro cuestiones:

1 – ¿Los complots existen, o no?

2 – ¿El ‘conspiracionismo’ permite comprender el mundo?

3 – ¿Por qué algunos hablan tanto de la “teoría del complot”?

4 – ¿Los medios hacen el juego al ‘conspiracionismo’?

1. ¿Los complots existen, o no?

Partamos de la definición. Una síntesis de los diccionarios se puede resumir así: “proyecto secreto elaborado por varias personas contra otra o contra una institución”. Sobre la base de esos diversos elementos, verifiquemos juntos:

– Cuando la CIA y el MI6 británico organizan en 1953 un plan secreto con disturbios y una campaña de difamación para derrocar al primer ministro Mossadeg en Irán y reemplazarlo por el Sha de Iran sometido a los EEUU (1) ¿es eso un complot? Sí, no hay otra palabra.

– Cuando Henry Kissinger y la CIA organizan en 1973 un plan secreto para destituir al presidente progresista Allende (2) y reemplazarlo por la dictadura militar neoliberal del general Pinochet, ¿es eso un complot? Sí.

– Cuando Brzezinski, consejero del presidente Carter, organiza secretamente el envío en 1979 de Bin Laden y otros terroristas a Afganistán para derrocar al gobierno de izquierdas (lo reconocerá veinte años después) (3), ¿es eso un complot? Sí.

– Cuando, en 2003, el ministro de la Guerra de EEUU Donald Rumsfeld previene a sus próximos pero no a la opinión pública, de que los Estados Unidos “van a tomar siete países: Afganistán, Irak, Somalia, Sudán, Libia, Siria para acabar con Irán” (4), plan que será efectivamente llevado a la práctica, ¿es eso un complot? Sí.

– Cuando Bush y Blair (y Aznar) fabrican en 2003 falsos informes (5) afirmando que Irak posee armas de destrucción masiva para justificar su guerra por el petróleo, ¿es eso un complot? Sí.

No discutiremos aquí la cuestión de si cada guerra se vende con tales mentiras en los medios (escondiendo a la opinión los verdaderos objetivos). Queremos solo subrayar que los complots forman de hecho buena parte de la política internacional, particularmente en lo que afecta a las guerras y los golpes de Estado.

2. ¿Permite el ‘conspiracionismo’ comprender el mundo?

Mi respuesta ha sido siempre clara: ¡No! Lo he escrito, negro sobre blanco, en mi libro Israel, ¡hablemos!: “El conflicto entre Israel y Palestina no es una guerra de religión. No es tampoco un complot judío. (…) La realidad es bien simple. La realidad tras Israel es simplemente nuestro sistema económico y social. El capitalismo, con sus leyes económicas “naturales”, provoca inevitablemente una gran acumulación de riquezas en un polo y de pobreza en el otro polo. Desde su formación hasta hoy, el capitalismo ha creado fortunas cada vez más grandes y cada vez más poderosas . Esas gentes entienden que controlar las materias primas y el petróleo es la mejor estrategia. Para controlarlas, sostienen las dictaduras petroleras árabes e Israel. No es un “complot” misterioso, sino una cuestión de lógica económica” (6).

Lo he repetido en mi libro sobre Charlie: “La única manera de sobrepasar el falso problema del complot consiste en debatir objetivamente sobre los hechos: confrontando las dos versiones, no creyendo a nadie de palabra y verificándolo todo sobre la base de las mejores fuentes según las posibilidades: testigos directos, testimonios indirectos fiables, documentos, informes y comunicados. Todo eso asegurado desde los dos lados” (7).

Pero, ¿quién ha desarrollado este concepto de ‘conspiracionismo’?
Es el historiador de EEUU Richard Hofstadter. En su obra El Estilo Paranoico en la política americana (1964), estudió la ideología de la extrema derecha en EEUU y especialmente la caza de brujas del maccartismo (1950-1956) (8). Esa campaña de represión anticomunista de extrema derecha había sido orquestada por el senador Joseph Mc Carthy https://fr.wikipedia.org/wiki/Joseph_McCarthy.
Pretendía que los EEUU estaban gravemente amenazados por un complot: “¿Hombres colocados en altos cargos en este gobierno trabajan en concierto para librarnos a la catástrofe? Esto ha ser el producto de una gran conspiración, una conspiración tan ignominiosa que, cuando sea puesta al día, sus principales protagonistas serán para siempre condenados al menosprecio por las gentes honestas” (9). En el fondo McCarthy retomaba el tema obsesivo de Hitler (o Franco): una gran conspiración judeo-masónica-bolchevique mundial amenazando Alemania (…y España. N. d. T.).

El trabajo de Hofstadter merece nuestra atención. Pues construye un cuadro muy preciso para analizar los componentes del espíritu ‘conspiracionista’ que él denomina “paranoico”. Según Hofstadter, el portavoz paranoico nos arrastra a un universo donde política y teología “explican” acontecimientos que en realidad han sido profetizados y que se preparan durante varias generaciones. La “gran conspiración” es tramada por fuerzas maléficas con poderes gigantescos y casi sobrenaturales; esta maquinación invade todos los poderes: políticos, educativos, mediáticos, religiosos, y así pues también el Estado. Es por eso que no se habla de ello: el silencio ha sido bien organizado, lo que confirma la influencia de los conspiradores. En este universo, el género humano verá muy pronto al “bien” triunfar sobre el “mal”. Se trata pues de alinearse en el lado bueno.

En los períodos de crisis y de desarrollo ideológico, se asiste siempre a un recrudecimiento de la creencia en complots. Y actualmente estamos en uno de esos períodos por varias razones:

– la crisis económica, política y moral del sistema social

– la sensible percepción de los riesgos que comporta (medioambiente, guerras)

– la pérdida de credibilidad de los medios oficiales

– el hundimiento de los partidos de izquierda en Europa

– la desaparición pues del marco de un análisis objetivo en términos de los intereses de las clases sociales

El ‘complotismo’ no permite entender la economía

En materia económica, el ‘conspiracionismo’ especialmente no se entera de nada. Ciertamente, las conspiraciones existen. Cuando los mayores bancos del mundo acuerdan manipular el tipo de cambio de divisas y acumular así ganancias adicionales, y son condenados a 1.700 millones en multas por la UE [10], ¿de qué se trata sino de un complot? Del mismo modo, cuando las multinacionales se organizan en secreto para fijar los precios muy bajos para las materias primas que compran o precios excesivamente altos para los productos que venden, ¿no se trata de una conspiración? Y cuando una jueza de New York, Denise Cote, condena a Apple por orquestar un acuerdo con los editores más importantes de los Estados Unidos para aumentar los precios de los libros electrónicos ( “Los demandantes han demostrado que Apple conspiró para aumentar los precios”), se aplica una definición jurídica correcta.

Pero generalizar y pretender que la economía está completamente manipulada por una gran conspiración, que por ejemplo la crisis económica fue provocada deliberadamente por los bancos para aumentar sus ganancias o para destruir las clases medias, entonces entramos en la fantasía, porque eso no es coherente con los hechos observados.

De hecho, casi desde su nacimiento, el sistema capitalista no ha cesado de ir acompañado por crisis a intervalos más o menos regulares. ¿Por qué? Debido a que este sistema se basa en tres leyes económicas fundamentales:

1. La propiedad privada de las grandes fábricas y otras empresas (las fuerzas productivas).

2. La competencia entre estos patrones.

3. El beneficio máximo como medio fundamental para derrotar a sus competidores.

En conjunto, estas tres leyes producen un engranaje que se impone de forma automática: Cada gran capitalista debe explotar al máximo a los que trabajan para él, absolutamente. Es decir, hacerlos producir lo más posible, pagarles lo menos posible y aún despedir a cuantos sea posible intensificando la labor de los que quedan. Y esto no es una cuestión de sentimientos: los capitalistas actúan así no porque sean “malos”, sino porque, si no lo hacen, serán eliminados o tragados por los competidores. Cada uno para sí mismo y todos contra todos.

Problema: cuando un capitalista aplica estas economías, sus rivales hacen, evidentemente, lo mismo. Resultado: todos empobrecen a los que trabajan para ellos. Por tanto, ¿a quien le van a vender si han destruido el poder adquisitivo de sus compradores?

Se podría decir, pero habiéndose enriquecido los capitalistas, ¿van a gastar más y así mantener la economía? No. Aumentando los beneficios a costa de los salarios se dan los medios para aumentar su capital y sus fuerzas productivas. Sin embargo, el poder de consumo no puede seguir puesto que ha sido reducido. Y este desequilibrio fundamental sigue reapareciendo sin cesar en el sistema capitalista. No hay una planificación que vigile el equilibrio entre los accionistas y los salarios.

En consecuencia, en un momento dado, hay demasiados productos en el mercado frente a los ingresos que se pueden utilizar para adquirirlos. Es la “superproducción”, el bloqueo. Algunos son capaces de producir más y más, pero los demás no puede comprar todo eso. No pudiendo vender lo suficiente, los capitalistas paran parcialmente la producción y por lo tanto su acumulación de riqueza.

Conclusión.
Esto no es una conspiración de unos pocos. Es un efecto automático de las tres leyes del capitalismo y, contrariamente a algunos discursos conspiracionistas, los capitalistas no están contentos porque esto pone en peligro sus beneficios, y a veces incluso la existencia de algunos de ellos.


¿Son ellos todopoderosos?

Una variante del conspiracionismo sugiere que la economía sería dirigida de manera oculta por un pequeño grupo de gente misteriosa que mueven los hilos clandestinamente. La realidad es mucho más simple: unas doscientas grandes multinacionales dominan todos los sectores clave de la economía. Y eso no tiene nada de clandestino, todas ellas tienen un domicilio social y una dirección, ejecutivos y accionistas conocidos. Con unos ingresos y propiedades identificados, y trenes de vida de lujo. Todo eso generalmente discreto, sí, pero secreto, no. Los “amos del mundo” son pues bien conocidos. Y esto es importante porque podemos decidir entonces a quien hay que combatir si se quiere defender el interés colectivo contra los intereses egoístas.

Entonces, ¿qué dificulta o impide esta lucha? Varias causas que vamos a ver. Pero en primer lugar el hecho de que los medios presentan la economía distorsionada al no dar la palabra más que a los expertos pro-capitalistas. Se llegan a presentar las leyes económicas del capitalismo como “naturales e inevitables” machacando que no hay alternativa. Se mata la esperanza.

Pero volvamos al conspiracionismo.
En realidad, esta visión de una economía que sería dirigida por conspiradores muy poderosos es falsa y peligrosa. Falso porque en realidad nadie puede controlar el conjunto de la economía. Ciertamente, por un lado, los capitalistas se ponen de acuerdo entre ellos para defender sus intereses frente a los trabajadores y los pueblos. Y también para la defensa de sus intereses frente a los de otros países. En este sentido, es evidente que ellos dominan una economía que no es en nada democrática. Pero, por otro lado, también compiten entre sí y eso debilita el conjunto de su sistema. Como Albert Einstein analizó muy bien en 1949: “La anarquía económica de la sociedad capitalista, tal como existe hoy, es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una inmensa sociedad de productores cuyos miembros buscan sin cesar privarse entre sí del fruto de su trabajo colectivo -no por la fuerza, pero, en suma, de acuerdo con las reglas legalmente establecidas. El aguijón de la ganancia en conjunción con la competencia entre los capitalistas es responsable de la inestabilidad en la acumulación y utilización del capital que conduce a depresiones económicas cada vez más graves. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo y la mutilación de la conciencia social de los individuos” [11]. El diagnóstico correcto con los tres elementos: la propiedad, la máxima ganancia, la competencia.

De este diagnóstico (con el que Einstein se une a Marx, de hecho), podemos extraer dos conclusiones. 1. Sobre la relación entre banqueros e industriales. 
2. Sobre las relaciones en el propio seno de la clase capitalista en general.

1. No exagerar la importancia de la banca.
Cierto, históricamente los banqueros han jugado un papel importante en la primera acumulación de capital que permitió la revolución industrial y la formación de los grandes monopolios. Y siguen siendo una parte importante del sistema económico actual. Pero la idea de que ellos y la especulación son los únicos responsables de la crisis y de los males del capitalismo no es científica, no refleja las verdaderas leyes de su funcionamiento.

En realidad, las multinacionales industriales son la base del capitalismo, su explotación es la causa fundamental de la crisis, y son ellas, en última instancia, las que provocan las guerras. Einstein muestra bien que, en el supuesto de que no existieran los bancos, incluso en ese caso, los industriales provocarían crisis, a consecuencia de las reglas que hemos descrito. Por consiguiente, centrar toda la atención, por ejemplo, en Goldman Sachs y sus conspiraciones (reales o imaginarias), es negar el problema de conjunto de este sistema capitalista. Es hacer creer que curándolo de su “enfermedad bancaria o especulativa” sería capaz de acabar con la explotación y asegurar el bienestar para todos. Ilusión refutada por los hechos: nunca la humanidad ha producido tanta riqueza, nunca ha habido tantos humanos muriendo de hambre.

2. Medir bien las contradicciones entre capitalistas.
A menudo se habla de las reuniones del Grupo Bilderberg como si fuera el poder absoluto y totalmente secreto de nuestra sociedad. Por un lado, es exacto que ese órgano donde se conciertan las multinacionales más grandes tiene más poder que los gobiernos y puede dictarles las orientaciones generales. Por otro lado, el hecho de que los principales capitalistas se concerten entre sí y traten de ponerse de acuerdo sobre algunas cuestiones no elimina la competencia feroz que estas grandes multinacionales se dirigen igualmente entre ellas y que las debilita.

Cuando los grandes bancos estadounidenses se ven sufriendo multas colosales, como se ha indicado anteriormente, y que Goldman Sachs la recibe de cinco mil millones de dólares (5 miliardos o 5.000 millones), es difícil creer que todo esto es parte de una gran confabulación urdida por Goldman Sachs que sería el amo absoluto del mundo. Hay que ser serios. Esa multa es el efecto concreto de las contradicciones entre los bancos y los otros capitalistas, estimando estos que los bancos les han hecho daño, han puesto todo el sistema en peligro y que por lo tanto se debe hacer de policía.

La Primera Guerra Mundial es una buena prueba de que si los capitalistas pueden de hecho ponerse de acuerdo en algunas cuestiones de ínterés común, pueden también tener entre ellos conflictos totalmente destructivos y en ningún caso planeados. Ciertamente, en un principio, cada lado quería la guerra, con la esperanza de ganarla de forma rápida y barata. Sin embargo, nadie había previsto que iba a durar tanto tiempo y que algunas potencias saldrían muy debilitadas o aún destruidas. Alemania, recientemente crecida de poder, exigió:
1. Alsacia-Lorena, es decir, el carbón y el acero. 
2. Los Balcanes como ruta estratégica hacia el Este y el petróleo. 
3. Las colonias africanas finalmente, donde consideraba “no haber tenido su parte”.
Gran Bretaña y Francia estaban persiguiendo sus propios objetivos imperialistas. La idea de que estos poderes hayan conspirado juntos es absurda [12].

Para concluir sobre este punto, una “conspiración global” es imposible porque los capitalistas están en competencia unos con otros. Pueden ponerse de acuerdo sobre uno o más complots cuando sus intereses convergen en un punto, en una región o para abatir un dirigente. Pero no pueden ponerse de acuerdo sobre una “conspiración global” porque sus intereses divergen y todo el mundo quiere abatir al otro.


¿Análisis conspiracionista o análisis estratégico?

Falsa pues, esta visión de la “conspiración del capitalismo Todopoderoso” es peligrosa. Porque da la impresión de que la historia no se hizo por la lucha entre las diversas clases y fuerzas sociales, cada una de las cuales defiende sus intereses, sino por un puñado de personas todopoderosas. Así que esta visión desalienta la resistencia de las víctimas de este sistema. Da la impresión de que los trabajadores y los ciudadanos no tienen ninguna posibilidad de ganar puntos. Pero toda la historia de la lucha obrera y ciudadana demuestra que es muy posible defenderse y lograr progreso social: prohibición del trabajo infantil, limitación de la jornada de trabajo (hasta quince horas/día en el siglo XIX!), la obtención de la seguridad social (seguro contra el desempleo, enfermedad, accidente laboral, vejez…), cumplimiento de la higiene y la seguridad en el trabajo. Todos estos avances se han conseguido por las luchas obreras. Si los trabajadores europeos de hoy en día tienen un cierto nivel de vida, es gracias a las luchas de sus padres y abuelos, nunca debemos olvidarlo. Especialmente cuando los capitalistas ahora quieren retomar todo lo que debieron conceder.

Para defender estas conquistas y para obtener nuevos avances, es necesario no dejarse intimidar por la supuesta omnipotencia, oculta o no, de los patrones, sino al contrario verlos como son: con sus fuerzas, pero también con sus debilidades . Se debe, sin negar las dificultades, tener confianza en las propias fuerzas. El conspiracionismo es una forma de derrotismo y en el fondo hace el juego a los patrones y a la explotación.

Saïd Bouamama ha explicado bien la completa oposición entre los dos modos de pensamiento: “La teoría de la conspiración presenta los eventos políticamente importantes como el resultado de una conspiración global orquestada en secreto por un grupo social más o menos importante. El enfoque estratégico, es decir, materialista analiza la historia, como resultado de la lucha entre los grupos dominados (clases, minorías nacionales y/o étnicas, naciones, mujeres, etc.) y los grupos dominantes basada en una divergencia de ínterés material” [13].

La diferencia es esencial: el análisis materialista (en el sentido de un enfoque científico basado en hechos materiales, observables y comprobables) muestra cómo es posible luchar aprovechando los puntos débiles del oponente. Mientras que el conspiracionismo conduce a un callejón sin salida apuntando a falsos enemigos, generalmente inalcanzables.

El conspiracionismo no permite comprender las guerras

En cuestiones de guerra, hay muchos tipos de conspiración, como hemos visto. Pero, de nuevo, sería peligroso creer que las grandes potencias ganan todas las conspiraciones que cocinan. La trama tiene éxito cuando hay despolitización y ausencia de movilización. Fracasa cuando la resistencia de las “víctimas” es consciente y bien organizada. Los Estados Unidos fueron vencidos en Vietnam; el pueblo palestino resiste desde hace más de sesenta años; los Estados Unidos ciertamente han sumido a Irak en el caos pero no han logrado controlar y explotar el país como Bush lo esperaba; los golpes de Estado han fallado en Bolivia, Ecuador, Venezuela. En resumen, el mundo es una lucha entre fuerzas opuestas, no siempre son los mismos los que ganan y depende mucho de la unidad y la conciencia de los pueblos. Sus ataques y conspiraciones pueden pues ser frustrados si la población ha sido bien preparada para resistir. Lo que comienza con una buena información sobre la realidad de las cosas.

Y para informarse bien, hay que romper, consciente y completamente, con los dos fantasmas: el conspiracionismo y la ingenuidad. Pues nos enfrentamos a dos peligros: ver conspiraciones por todas partes y no ver conspiraciones por ningún sitio. La primera teoría nos ofrece una explicación falsa que no permite comprender la sociedad ni transformarla. Al ocultar los verdaderos objetivos, hace el juego al poder. La segunda teoría quiere impulsarnos a confiar en los líderes políticos que nos dirían la verdad. Ambas son trampas paralelas.

¿Ver conspiraciones en todas partes? En lugar de estudiar detenidamente los mecanismos del capitalismo, el conspiracionismo es una explicación perezosa que algunos quieren imponer a las masas para evitarles pensar y para manipularlos. A menudo, con el fin de tomar el poder. Hitler hablaba de “una gran conspiración judeo-bolchevique” y en un primer momento tronó, en palabras, contra los bancos, pero era financiado por los grandes banqueros y los industriales alemanes y toda su acción les ha servido [14].

¿No ver conspiraciones por ningún lado? Aquellos que no ven conspiraciones “en ninguna parte”, ¡deberían entonces explicarnos para qué sirven los servicios secretos! ¿Los veinte mil empleados de la CIA cobran para jugar crucigramas o para conspirar? Es el momento de mencionar esta broma muy popular en América Latina: “¿Por qué no hay nunca ningún golpe de estado en los EEUU?”. Respuesta: “Porque es el único país donde no hay embajada de los Estados Unidos!“.

Y cuando la NSA espía el mundo entero, ¿piensan vds. que es sólo contra el terrorismo o para ayudar en secreto a las empresas estadounidenses a debilitar a sus rivales extranjeros? La teoría de la ingenuidad, francamente, ¡no es mejor que la teoría de la conspiración!

Por último, ¿cómo conseguir una visión objetiva de la historia y de los conflictos actuales? En mi opinión, hay que decir que ha habido conspiraciones en la historia, incluso muchas (pensemos en los muchos golpes para sustituir a un dirigente por otro), pero ellas no hacen la historia, no constituyen la esencia. Son sólo un medio entre otros de defender intereses.


3. ¿Por qué algunas personas hablan tanto de la “teoría de la conspiración”?

Entonces, si yo denuncio claramente el conspiracionismo ¿por qué algunos me acusan todavía ser un “conspiracionista”? ¿Y soy yo el único?

De hecho, nada de eso, desde que alguien critica la política internacional de los Estados Unidos, de Francia o de Israel, mostrando su carácter global, se ve acusado de “teoría de la conspiración”.

He aquí una lista (muy incompleta) de los “demonizados”: Ziegler, Chávez, Castro, Le Grand Soir, Lordon, Ruffin, Kempf, Carles, Gresh, Bricmont, Bourdieu, Morin, Mermet, Bonifacio, Enderlin, Cassen, Seno, Bové Péan, Godard, Jean Ferrat, Seymour Hersh, Wikileaks, e incluso los judíos analistas: Hessel, Chomsky, Finkelstein.

De hecho, es muy práctico. ¿No tiene argumentos en contra de los hechos expuestos? Entonces, simplemente trate a sus oponentes de “conspiracionistas” y la suerte está echada: ¡no hay necesidad de argumentar sobre los hechos, no hay necesidad de refutar las pruebas! La “teoría de la conspiración”, es el truco del abogado que sabe que su caso está podrido.

Yo he tenido personalmente la prueba cuando debatí con Henri Guaino (autor de los discursos de Sarkozy). Expuse concretamente los crímenes de sus amigos de las multinacionales francesas en Mali y Níger. No teniendo nada que contestar, todo lo que halló para evadirse, fue “¡la teoría de la conspiración!” [15].

Hemos visto que la “teoría de la conspiración” fue inicialmente un concepto progresista desarrollado por Hofstadter para dar cuenta de los delirios y fantasmas del pensamiento de extrema derecha. Por desgracia, según un método bastante típico, fue enseguida recuperada y manipulada por la CIA a partir de 1963. Se trataba entonces de desacreditar a los que exigían una verdadera investigación sobre el asesinato del presidente Kennedy: ¿por un hombre solo o por una conspiración? Y desde entonces, la “teoría de la conspiración” es utilizada constantemente por los responsables de los Estados Unidos para desacreditar a los críticos y rehuir el debate sobre los hechos. Porque la mejor manera de manipular, dividir y combatir a los progresistas es desviar y utilizar sus propios argumentos, hasta tal punto las ideas conservadoras son en sí mismas inconsistentes.

Si se limitara a eso, no sería en si un gran problema. Pero estos últimos años se ha reavivado en los medios y en Internet una campaña sistemática contra algunos analistas etiquetados arbitrariamente “de conspiracionistas”. ¿A partir de cuando? Desde la masacre de Gaza, en enero de 2009, cuando Israel se encuentra cada vez más aislado y criticado en la opinión pública internacional.

Esta campaña no cae del cielo. En fin, si más no: digamos, de la cima del estado. En los EE.UU., el sitio oficial del Departamento de Estado no borda mal sobre el tema “conspiracionismo y antisemitismo”. Del mismo modo, en Francia, después de Sarkozy, el presidente Hollande ha explotado la vena ante el lobby pro-israelí del CRIF:

“El antisemitismo ha cambiado de cara. (…) hoy en día, se alimenta también del odio hacia Israel. Importa aquí los conflictos de Oriente Medio. Establece de forma oscura la culpabilidad de los judíos en la desgracia de los pueblos. Mantiene las teorías de la conspiración que se propagan sin límite. Incluso aquellas que condujeron a lo peor. Hay que tomar conciencia de que las tesis conspiracionistas se difunden a través de Internet y las redes sociales. Mas hay que recordar que es principalmente por el verbo que se preparó el exterminio. Tenemos que actuar a nivel europeo e incluso internacional para que un marco legal pueda ser definido y que las plataformas de Internet que gestionan las redes sociales sean puestas frente a sus responsabilidades, y que se impongan sanciones en caso de incumplimiento” [16].

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domingo, 10 de julio de 2016

George Bush: Reseña. La biografía ‘Bush’ destroza el legado del expresidente


Si algún día la historia juzga a Bush de manera más compasiva, como él espera, el punto de partida no será Bush, de Jean Edwards Smith, un recuento extenso y persuasivo, puntualizado con veredictos mordaces de todos los momentos en los que el autor cree que el presidente número 43 de Estados Unidos se descarriló.

Aunque no es un retrato fresco, es uno que vale la pena debatir en un momento en que la clase política busca entender el ascenso de Trump.

El nombre del magnate de las bienes raíces no aparece en ningún lado en Bush, pero queda claro que la revuelta populista que lo catapultó hacia la nominación republicana tuvo sus raíces en la presidencia de Bush.

Como biógrafo, Smith no hace comparaciones con el líder republicano actual, pero sin lugar a dudas es parte de aquellos que ven la presidencia de Bush de manera sombría, aunque pueda deberse a razones radicalmente distintas.

Smith no esconde su postura sobre el lugar que Bush ocupa en la historia. La primera oración del libro es: “Muy pocas veces en la historia de Estados Unidos, la nación ha sido tan maltratada como lo fue durante la presidencia de George W. Bush”.

Y la última señala: “Habrá un gran debate sobre si George W. Bush fue el peor presidente en la historia de Estados Unidos, pero su decisión de invadir Irak es de lejos la peor decisión de política internacional que haya tomado un presidente estadounidense”.

Entre esas dos frases hay más de 650 páginas de una biografía vertiginosa y dura. No le hizo caso a los generales ni a los diplomáticos. Tuvo una pésima respuesta ante el huracán Katrina. Lideró la pérdida de los valores estadounidenses al autorizar la tortura y el espionaje.

“Al creer que era agente de la voluntad de Dios y que actuaba con la guía divina, George W. Bush llevó a la nación hacia dos desastrosos crímenes contra la paz”, escribe Smith.

“La personalización de Bush de la guerra contra el terrorismo, combinada con su firmeza machista como comandante en jefe de la nación, fueron una receta para el desastre”, agrega después.

El valor del recuento de Smith no está en que sea un reportaje original, sino en su asimilación exhaustiva de los registros existentes. Bush se negó a hablar con él, como lo ha hecho con otros autores desde que dejó el poder.

Smith entrevistó al exvicepresidente Dick Cheney y al exsecretario de defensa Donald Rumsfeld, pero la mayor parte de su trabajo se basó en la literatura disponible para contar una historia completa de la vida de Bush.

Smith muestra a un presidente que, a pesar de todas sus fallas, solía ser gracioso y amable, que desdeñaba el tipo de ataques divisorios que le apetecen a Trump y que no puso obstáculos para lograr una transición exitosa con Barack Obama. Rechaza la caricatura de un presidente que simplemente seguía órdenes de su vicepresidente.

La crítica fundamental de Smith es que considera que Bush exageró ante los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. “Los eventos del 9/11 fueron trágicos, pero realmente no catastróficos”, escribe. Esto llevó a Bush, según Smith, a promover políticas injustificadas ante el peligro verdadero.

La negación de Bush a enfrentar el hecho de que Irak no tenía armas no convencionales “sugiere un terquedad cercana a la psicosis”. El discurso de apertura de su segundo periodo, en el que su principal objetivo fue promover la democracia, “debe ser uno de los peor pensados de todos los tiempos”.

Smith lleva esta acusación mucho más allá que otros al criticar incluso la decisión de haber emprendido una guerra en Afganistán, y sugiere que fue un error fusionar a los talibanes con Al-Qaeda.

Por supuesto que Smith cuenta con el beneficio de un espejo retrovisor. Aun si tiene razón, pocos líderes en cada partido, si es que hubo alguno, se opusieron a la invasión en aquel momento y se suele pasar por alto la evolución y modificación de las políticas de Bush, y no sobra decir que Obama mantuvo muchas de sus disposiciones de seguridad nacional después de haber asumido la presidencia.

A Bush solo le queda esperar que mejore su reputación con el paso del tiempo a pesar de esta valoración, como sucedió con su padre. El joven Bush debe esperar lo mismo, y tener en cuenta que las comparaciones con Trump seguramente serán para su beneficio.

http://www.nytimes.com/es/2016/07/07/resena-la-biografia-bush-destroza-el-legado-del-expresidente/?smid=fb-espanol&smtyp=cur

viernes, 5 de febrero de 2016

Los miserables somos nosotros

(Previamente los bombardeamos terriblemente, destruimos sus casas, ciudades, sus centrales eléctrica, depuradoras de agua, distribuidoras de gas, los mercados, los hospitales, etc,...)
 -A continuación, cuando se ven forzados a huir del infierno en que hemos convertidos a sus países-
Los dejamos ahogarse en el mar o morir extenuados en interminables marchas. A los que sobreviven los dejamos caer en manos de mafias que se lucran a costa de su desgracia, literalmente les ponemos zancadillas en su carrera hacia la libertad, les imponemos cupos o los retenemos en las fronteras y les lanzamos comida al aire. A los que acceden a un país, les confiscamos sus bienes o los criminalizamos tachándoles de terroristas. A los que permanecen en sus casas asoladas, los dejamos morir de inanición. ¿Hace falta que siga? Pues parece que sí, porque, y me incluyo, seguimos igual. No nos conmovemos ante nada, no nos movemos ni ponemos el grito en el cielo. Estamos alcanzando cotas de deshumanización ciertamente preocupantes. La vileza ha sepultado toda sensibilidad y capacidad de empatía. Eso sí, maldigamos nuestra existencia cuando en nuestra burbuja de comodidad no nos funcione la conexión wifi o nos quedemos una mañana sin poder ducharnos por la dichosa caldera.—  Barcelona 

lunes, 29 de junio de 2015

La gigantesca fábrica de refugiados

La guerra es un acto monstruoso contra la humanidad en interés de los financieros de Wall Street
— Charles Schenck, 1919

 Irak afronta sin recursos una ola de refugiados que huyen del EI
El desamparo de tres millones de suníes, vistos con recelo por los chiíes del país, amenaza con dar alas a los yihadistas. - ÁNGELES ESPINOSA Bagdad

La cifra de desplazados alcanza el nivel máximo desde la II Guerra Mundial En 2014, los huidos de sus casas sumaban casi 60 millones de personas, según ACNUR
Récord de desplazados forzosos desde la Segunda Guerra Mundial. - Madrid 19 JUN 2015 -

Desde hace catorce años, cada 20 de junio el mundo celebra el Día Mundial de los Refugiados. Los gobernantes, los políticos y las celebridades compiten en sus discursos en el apoyo y prometen hacer todo lo posible para poner fin a los conflictos armados, la injusticia y a la violencia que día a día convierten a miles de personas en refugiados, desplazados internos o solicitantes de asilo.

Terminados los discursos, la situación no solamente no mejora sino se pone más trágica cada año. Mientras tanto el pueblo globalizado del planeta, inmerso en sus propios problemas individuales, queda impávido frente a los clamores de los que ya lo han perdido todo.

Actualmente estamos frente a una catástrofe de proporciones bíblicas. Resulta, según el informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) "Tendencias Globales: Mundo en Guerra 2014", que actualmente existen 59,5 millones de personas forzadas a abandonar sus lugares. Si a todos los desplazados del mundo los hubiéramos juntado en un territorio, formarían un país que sería el número 24 por la población en la lista de las Naciones Unidas detrás de Italia y adelantando a Sudáfrica. Ellos representan el 8 por ciento de los habitantes del planeta. Hace 14 años eran 37,5 millones de personas refugiadas. Entre 2013 y 2014 se ha producido el mayor incremento anual jamás registrado de 8,3 millones.

El informe del ACNUR aclara que de "estos 59,5 millones de personas, 13,9 millones fueron nuevos desplazados; 19,5 millones eran refugiados, 38,2 millones desplazados internos y 1,8 millones solicitantes de asilo. Más de la mitad de los refugiados son menores de edad". Resulta que la "permanente guerra preventiva", que inició Estados Unidos después de la caída de las Torres Gemelas en 2001, fue la causa principal de estos casi 60 millones de refugiados. Lo trágico que el 60 por ciento de los desplazados en 2014 fueron civiles de tan sólo cinco países: Irak, Siria, Sudán del Sur, la República Democrática de Congo y Nigeria.

La prensa globalizada siempre utiliza el terrorismo, la religión o conflictos étnicos para explicar las causas de las guerras. Sin embargo, detrás de un conflicto armado siempre se esconden otros intereses. La superiora del orden de los misioneros Combonianos en África, Carmina Ballesteros afirma que "no hay guerra donde el subsuelo carezca de riquezas". Inclusive existe un "mapa de guerra" trazado en subsuelo. Los 143 mil millones de barriles de petróleo fueron la causa principal de la intervención militar norteamericana y de sus aliados en Irak cuyas consecuencias se siguen agravando. Para este pretexto no solamente invadieron el país, sino crearon la guerra civil entre sunitas, shiitas y curdos, logrando balcanizar el país. Posteriormente, Washington creó el Estado Islámico (EI) para dividir a Irak aún más. A finales de 2014, la cifra total de desplazados internos en el país era de 3,6 millones. A la vez la cifra de los muertos iraquíes y en especial de hombres, mujeres inocentes y niños supera sin duda alguna un millón.

Antes del derrumbe de las Torres Gemelas el 9-11-2001 Washington ya tenía un plan para invadir a siete países que no estaban sometidos al control financiero, político y militar norteamericano en el Medio Oriente y en África y que además poseían o grandes recursos energéticos o eran de vital importancia para los intereses geoeconómicos de Norteamérica. Siria, junto con Irak, Libia, Somalia, Líbano, Sudán e Irán estaban en esta lista. Ellen Brown en su libro "Haciendo del Mundo un Lugar seguro para los banksters: Siria en la mira", explicó que EEUU necesita destruir el actual gobierno de Siria y colocar en el poder un títere islamista, lo que no solamente sometería este país a la hegemonía de los bancos norteamericanos sino le abriría el camino para preparar la conquista de Irán y empezar el acoso real de Rusia y China.

Debido a escalada de guerra en Siria, auspiciada por Estados Unidos e Israel y que comenzó en 2011, este país fue el que más generó los desplazados forzados: 3,8 millones de refugiados y 7,6 millones de desplazados internos. Pero esto no es todo. De acuerdo al Observatorio Sirio de los derechos Humanos (OSDH), "se ha contabilizado la muerte de 202.354 personas en Siria, 63.074 de los muertos son civiles, entre ellos 10.377 niños y hay miles de desaparecidos imposible de registrar como en otros países donde pisaron el suelo las botas de los soldados norteamericanos o de sus aliados o de sus muyahidines, talibanes, miembros de al-Qaeda, al-Nuzra y el de su nueva creación monstruosa: el Estado Islámico.

En África desde la formación del Mando África del Departamento de Estado de Estados Unidos (AFRICOM) en 2007, responsable de las operaciones militares de EEUU en 54 países africanos, el número de conflictos étnicos o religiosos se incrementó significativamente. Mientras en 2008 AFRICOM realizó 108 misiones en África Subsahariana, en 2014 su número se incrementó a 674, incluyendo la intervención en Libia. En esta parte de África el número de refugiados alcanzó 3,7 millones y 11,4 millones de desplazados internos de los cuales 4,5 millones eran nuevos desplazados en 2014.

Según el presidente de Sudán, Omar Hasan al Bashir, "la CIA y Mossad son responsables de la agudización de los conflictos étnicos" que han traído la muerte a más de 50.000 personas. Estados Unidos e Israel apoyaron el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán (MLPS) en el sur del país en su lucha contra el gobierno de Sudán y financiaron la formación en 2011 del Estado 54 en África, Sudán del Sur.

Por supuesto el petróleo y el rechazo de Washington a la presencia de China en Sudán motivaron la guerra civil y la escisión del Sudán del Sur. El nuevo estado posee el 75 por ciento de reservas de petróleo que cuentan con 6,4 mil millones de barriles. China importó en 2014 de Sudán el 7 por ciento del petróleo que consume. El problema que actualmente tiene EEUU en Sudán consiste en que mientras los yacimientos del oro negro se encuentran en Sudán del Sur, las refinerías, los oleoductos y el puerto están ubicados en el norte de Sudán que está fuera del control norteamericano. A la vez el presidente de Sudán al-Bashir tiene excelentes relaciones con China. Entonces la respuesta norteamericana está orientada a generar una nueva escalada del conflicto interno. A nivel internacional el Departamento de Estado norteamericano logró convencer a la Corte Penal Internacional (Corte de Haya) que declare al presidente al-Bashir responsable del genocidio en el país y ordene su detención. Entonces habrá que esperar más sangre, muertos y nuevos refugiados en esta región.

En otro país africano, Nigeria hubo un incremento del 17 por ciento de refugiados en 2014 en comparación con el 2013, siendo la causa principal los recursos energéticos. Jacques Bergier y Bernard Tomas en su libro "La Guerra Secreta de Petróleo" escribieron que "una vez que las petroleras han obtenido informaciones sobre el lugar exacto donde se podría perforar con toda probabilidad de éxito, las corporaciones en sintonía con sus gobiernos pueden pasar a la acción: pueden provocar una modificación de fronteras como fue el caso de Monte Siinai y hasta hacer que surja un país enteramente nuevo. Sucedió en Sudán y en Nigeria, Biafra quiso independizarse en un baño de sangre con pretexto de una rivalidad étnica entre ibos y husos. Pero la verdadera razón fue el petróleo cuyas reservas alcanzan 36,8 mil millones de dólares. Estados Unidos planificó importar de Nigeria en 2020 cerca de 8 mil millones de barriles pero los chinos han sido más activos y efectivos han invertido cerca de 20 mil millones de dólares en Nigeria y crearon 200.000 puestos de trabajo. Lo mismo hicieron en Sudán y Angola. Todo esto constituye un motivo para Washington de promover nuevos conflictos internos, el terrorismo, ataques de drones, revoluciones de colores, caos y como resultado nuevos miles de desplazados.

Ya vemos sus consecuencias en Ucrania, donde según ACNUR el número de refugiados alcanzó ya 1,1 millones y el número de personas que solicitaron asilo, permisos de residencia y otras formas de estancia legal en países vecinos es de 674.300, incluyendo 542.800 en Rusia y 80.700 en Bielorrusia. Además más de 6.000 personas perdieron la vida en Ucrania y todo debido a la voluntad de los "iluminados" globalizadores norteamericanos de aislar a Rusia y expandir el poder financiero llamado globalizado pero en realidad dominado por Norteamérica y sus megabancos y megacorporaciones.

La tendencia del incremento de refugiados no variará en los próximos años debido al plan maquiavélico de los cuatro megabancos norteamericanos (Black Rock, StateStreet Corporation, Fidelity, Vanguard Group), manejados por unas 10 familias y que quieren someter el mundo a su control usando el poder bélico, diplomático, financiero y cultural norteamericano. No les importa el precio que ya están pagando los soldados norteamericanos que participaron en la guerra de Afganistán e Irak y en otros lugares del planeta. Los médicos, a base de la experiencia de los militares norteamericanos en Corea y Vietnam, consideran que las consecuencias físicas y psicológicas como estragos de guerra empiezan a manifestarse en el promedio de 8 años después del retiro.

Actualmente, según The New York Times (20 de junio 2015), la lista de espera para ser atendido en el Hospital Militar de Veterano es de 30 días y en total el número de citas médicas aumentó en 2,7 millones en comparación con el año pasado y 900.000 pacientes fueron persuadidos recibir el tratamiento fuera del hospital. En total la capacidad de atención médica aumentó a 7 millones de citas al año. Otras publicaciones hablan que de los 2 millones de soldados que hicieron rotación en Irak y Afganistán, unos 600.000 padecen el Desorden de Estress Post Traumático (PTSD) y la lista de espera para ser tratados es de 6 meses. Actualmente los que más tienen problemas psíquicos son los pilotos de drones que en los últimos tres años causaron la muerte a más de 6.000 personas inocentes en Irak, Afgnistán, Paquistán, Yemen, Somalia, Libia y Siria.

Los problemas de los refugiados, la muerte de los inocentes y la tragedia de los mismos victimarios no le interesa al pueblo norteamericano o europeo pues los medios de comunicación globalizados lograron convertir a la mayoría de los estadounidenses o europeos en zombis. Como dijo alguna vez el escritor británico Aldous Huxley (1894-1963), "la ignorancia es arma de la política y el placer es una forma de control".

Entonces la colectividad, que sería la única capaz de poner fin a las guerras, a la injusticia y a la deshumanización de la sociedad a las que arrastran los poderosos de este planeta, no existe. Por ello, lo que queda a los conscientes del planeta es crear medios alternativos y métodos asimétricos para hacerla revivir.
Vicky Peláez. Sputnik

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Fuente: http://mundo.sputniknews.com/firmas/20150625/1038681759.html