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martes, 18 de agosto de 2020

5 cosas que Karl Marx hizo por nosotros y por las que no le damos crédito. Eva Ontiveros. BBC News.

1. Quería mandar a los niños a la escuela, no al trabajo

Esta es una proposición evidente para muchos. Pero en 1848, cuando Karl Marx estaba escribiendo junto a Federico Engels el "Manifiesto comunista", el trabajo infantil era la norma.

Incluso hoy en día uno de cada 10 niños en el mundo está sometido a trabajo infantil, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (2016).

El hecho de que tantos menores hayan logrado pasar de la fábrica al aula tiene mucho que ver con el trabajo de Marx.

Linda Yueh, autora del libro The Great Economists: How Their Ideas Can Help Us Today ("Los grandes economistas: cómo sus ideas nos pueden ayudar hoy"), dice que una de las 10 medidas del Manifiesto Comunista de Marx y Engels era la educación gratuita para todos los niños en las escuelas públicas y la abolición del trabajo infantil en las fábricas.

Marx y Engels no fueron los primeros en abogar por los derechos de los niños, pero "el marxismo contribuyó a este debate en ese periodo de fines del siglo XIX", añade Yueh.

2. Quería que tuvieses tiempo libre y que tú decidieras cómo usarlo

¿Te gusta no tener que trabajar 24 horas al día, los siete días de la semana?

¿Y tener una pausa para el almuerzo?

¿Te gustaría poder jubilarte y cobrar una pensión en la vejez?

Si tu respuesta a estas preguntas es sí, puedes agradecérselo a Marx.

El profesor Mike Savage, de la London School of Economics, afirma: "Cuando te ves obligado a trabajar horas muy pronlogadas, tu tiempo no es tuyo. Dejas de ser responsable de tu propia vida".

Marx escribió sobre cómo para sobrevivir en una sociedad capitalista la mayor parte de la gente se ve obligada a vender lo único que tiene -su trabajo- a cambio de dinero.

Según él, a menudo esta transacción es desigual, lo que puede llevar a la explotación y a la alienación: el individuo puede terminar sintiendo que ha perdido su humanidad.

Marx quería más para los trabajadores: deseaba que fuésemos independientes, creativos, y sobre todo, dueños de nuestro propio tiempo.

"Básicamente dice que deberíamos vivir una vida que vaya más allá del trabajo. Una vida en la que tengamos autonomía, en la que podamos decidir cómo queremos vivir. Hoy en día, esta es una noción con la que la mayoría de personas estamos de acuerdo", dice Savage.

"Marx quería una sociedad en la que una persona pudiese 'cazar por la mañana, pescar después de comer, criar ganado al atardecer y criticar a la hora de la cena', como dice la célebre cita. Él creía en la liberación, en la emancipación y en la necesidad de luchar contra la alienación", añade.

3. No todo gira alrededor del dinero. También necesitas estar satisfecho con tu trabajo

Tu trabajo puede ser una gran fuente de alegría si "puedes verte reflejado en los objetos que has creado".

El empleo debería proporcionarnos la oportunidad de ser creativos y mostrar todo lo bueno de nosotros mismos: ya sea nuestra humanidad, nuestra inteligencia o nuestras habilidades.

Pero si tienes un trabajo miserable que no encaja con tu sensibilidad, terminarás sintiéndote deprimido y aislado.

Estas no son las palabras del más reciente gurú de Silicon Valley, sino de un hombre del siglo XIX.

En uno de sus primeros libros, "Manuscritos de 1844", Marx fue uno de los primeros pensadores que relaciona la satisfacción laboral con el bienestar.

Según él, ya que pasamos tanto tiempo en el trabajo deberíamos obtener algo de felicidad de nuestra labor.

Buscar belleza en lo que has creado o sentir orgullo por lo que produces te llevará a la satisfacción laboral que necesitas para ser feliz.

Marx observa cómo el capitalismo -en su búsqueda de eficiencia y aumento de la producción y de las ganancias- ha convertido el trabajo en algo muy especializado.

Y si lo único que haces es grabar tres surcos en un tornillo miles de veces al día, durante días y días… pues es difícil sentirse feliz.

4. No te resignes con lo que no te gusta. ¡Cámbialo!

Si algo no funciona en tu sociedad, si sientes que hay injusticia o desigualdad, puedes armar barullo, organizarte, protestar y luchar por el cambio.

La sociedad capitalista de Reino Unido en el siglo XIX probablemente parecía un monolito sólido e inamovible para el trabajador sin poder.

Pero Karl Marx creía en la transformación y animaba a los demás a impulsarla. La idea se volvió muy popular.

Si hoy en día eres uno de esos individuos que creen en el cambio social, probablemente reconozcas el poder del activismo.

La protesta organizada ha provocado un gran replanteo social en muchos países: la legislación contra la discriminación racial, contra la homofobia, contra el prejuicio de clase…

Según Lewis Nielsen, uno de los organizadores del Festival del Marxismo en Londres, "necesitas una revolución para cambiar la sociedad. Así fue cómo personas normales y corrientes lograron tener un servicio nacional de salud y una jornada laboral de ocho horas".

Se suele decir que Marx fue un filósofo, pero Nielsen no está de acuerdo. "Eso hace a la gente pensar que lo único que hizo fue filosofar y anotar teorías".

"Pero si ves lo que Marx hizo con su vida verás que también fue un activista. Creó la Asociación Internacional de Trabajadores y estuvo involucrado en campañas de apoyo a trabajadores que estaban en huelga. Su grito de '¡Proletarios de todos los países, uníos!' es un verdadero llamado a las armas".

Nielsen cree que el verdadero legado de Marx es que "ahora tenemos una tradición de luchar por el cambio. Esto está basado en teoría marxista, aunque los que protesten no se consideren seguidores de Marx".

"¿Cómo lograron las mujeres el voto?", pregunta Nielsen. "No fue porque los hombres en el Parlamento sintieron lástima por ellas, sino porque ellasse organizaron y protestaron. ¿Cómo logramos el fin de semana sin trabajo? Porque los sindicatos se declararon en huelga para conseguirlo".

Parece que la lucha marxista como motor de la reforma social tuvo resultado. Tal y como dijo el político conservador británico Quintin Hogg en 1943: "Debemos darles reformas o ellos nos darán revolución".

5. Marx ya lo dijo: ten cuidado cuando el Estado y las grandes empresas tienen una relación muy cercana… y vigila lo que hacen los medios

¿Qué te parecen los lazos tan estrechos que tiene el Estado con las grandes corporaciones?

¿Y que Facebook haya facilitado los datos personales de sus usuarios a una empresa que se dedicaba a influir en las intenciones de los votantes?

Estas confluencias preocupan a muchas personas y quieren examinarlas más de cerca.

Pero adivina qué: Marx, junto con su amigo y compañero ideológico Engels, hizo exactamente eso en el siglo XIX.

Obviamente no repasaron los anales de las redes sociales, pero Valeria Vegh Weis, una profesora de criminología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora de la Universidad de Nueva York, dice que ellos fueron los primeros en identificar estos peligros y analizarlos.

"Ellos (Marx y Engels) analizaron con mucho cuidado las redes de cooperación que existían en aquel entonces entre gobiernos, bancos, empresas y los agentes clave de la colonización", dice Vegh Weis.

"¿Su conclusión? Si una práctica, deplorable o no, resultaba ser buena para los negocios y para el Estado- como por ejemplo la esclavitud como medio de promover el impulso colonial- entonces la legislación sería favorable para dicha práctica".

Las agudas observaciones de Marx sobre el poder de los medios de comunicación también son muy relevantes en el siglo XXI.

"Marx comprendía muy bien el poder que tienen los medios para influir la opinión pública. En estos días hablamos mucho de las "fake news", que es algo que Marx ya hizo en su tiempo", dice Vegh Weis.

"Estudiando los artículos que se publicaban llegó a la conclusión de que cuando los pobres cometían delitos, aunque fuesen menores, salían mucho más en la prensa que los escándalos políticos o los crímenes de las clases altas", precisa la experta.

La prensa era también un vehículo útil para dividir a la sociedad.

"Al decir que los irlandeses estaban robando trabajos a los ingleses, o al enfrentar negros contra blancos, hombres contra mujeres o inmigrantes contra locales, conseguían que los sectores más pobres de la sociedad luchasen entre ellos. Y mientras tanto nadie controlaba a los poderosos", añade Vegh Weis.

Y otra cosa… el marxismo en realidad vino antes que el capitalismo.

Puede que esta sea una declaración un poco descarada, pero considera esto: antes de que la gente realmente conociera el capitalismo ya había leído sobre Marx.

La experta Linda Yueh dice que el término capitalismo no fue acuñado por Adam Smith, considerado un pionero de la economía.

Se piensa que el término se originó por primera vez en 1854 en una novela de William Makepeace Thackeray, autor de "Vanity Fair".

"Thackeray usó el término capitalista para denotar un "dueño de capital", explica Yueh.

"Así que puede que fuese Marx quien utilizase esta palabra por primera vez en su sentido económico en Das Kapital en 1867. Desde entonces se ha empleado como antónimo de marxismo. En cierto sentido, el marxismo vino antes que el capitalismo".

lunes, 13 de julio de 2020

Entrevista a la activista afroamerica Angela Davis “El capitalismo global no puede ser adecuadamente comprendido si se ignora la dimensión racial”

Dice Angela Davis:
«Mis conferencias recientes reflejan la necesidad de un marco internacionalista, dentro del cual la tarea en curso de desmantelar las estructuras del racismo, el heteropatriarcado y la injusticia económica dentro de EE UU puede ser más duradera y más relevante. En mi propia trayectoria política, Palestina siempre ha ocupado un lugar fundamental…»

Futures of Black Radicalism (Verso) es una obra que reúne a militantes, investigadores y pensadores de la Tradición Negra Radical en reconocimiento y celebración de las obras de Cedric J. Robinson, el primero que definió el término. Los ensayos aquí recogidos miran al pasado, presente y futuro del radicalismo negro, así como a las influencias que ha ejercido en otros movimientos sociales. El capitalismo racial, otra potente idea desarrollada por Cedric J. Robinson, conecta con los movimientos sociales internacionales de hoy, explorando las conexiones entre la resistencia negra y el anticapitalismo.

Gaye Theresa Johnson y Alex Lubin: En tu investigación te has centrado en el abolicionismo carcelario, el feminismo negro, la cultura popular y el blues, y el internacionalismo negro, con una mirada en Palestina. ¿En qué sentido se inspira este trabajo en la Tradición Radical Negra, a la vez que la desarrolla?

Angela Davis: Cedric Robinson nos retó a pensar sobre el papel de los teóricos y activistas radicales negros en la formación de las historias sociales y culturales que nos inspiran, y a vincular nuestras ideas y nuestras prácticas políticas con profundas críticas al capitalismo racial. Me alegra haber vivido lo suficiente para ver como las generaciones más jóvenes de académicos y activistas han comenzado a desarrollar su propia noción de una tradición radical negra. El marxismo negro desarrolló una importante genealogía que giraba en torno al trabajo de C. L. R. James, W. E. B. Du Bois y Richard Wright. Si uno mira su trabajo en su conjunto, incluidos los Movimientos Negros en América y la Antropología del marxismo, como ha señalado H. L. T. Quan, no podemos dejar de observar lo centrales que han sido las mujeres a la hora de forjar una Tradición Radical Negra. Quan escribe que cuando le preguntan por qué en su trabajo hay un enfoque tan central en el papel de la mujer y su resistencia, Robinson responde: “¿Por qué no? Toda resistencia, en efecto, se manifiesta en el género, se manifiesta como género. El género es de hecho un lenguaje de opresión [y] un lenguaje de resistencia”.

He aprendido mucho de Cedric Robinson con respecto a los usos de la historia: formas de teorizar la historia, o permitir que se teorice, que son cruciales para nuestra comprensión del presente y para nuestra capacidad de concebir colectivamente un futuro más habitable. Cedric ha explicado que sus notables excavaciones en la historia emanan de la asunción de objetivos políticos en el presente. Siento mucha afinidad con su enfoque desde la primera vez que leí su libro sobre el marxismo negro. El primer artículo que publiqué, escrito mientras estaba en la cárcel, centrado en las mujeres negras y la esclavitud, fue un esfuerzo por refutar el discurso dañino, pero cada vez más popular, del matriarcado negro, tal y como se representaba a través de informes oficiales del gobierno, así como a través de ideas masculinistas generalizadas (como la necesidad de jerarquías de liderazgo basadas en el género diseñadas para garantizar el dominio de los hombres negros), que circulaban dentro del movimiento negro a finales de la década de 1960 y principios de la de los 1970. Aunque no era así como estaba enfocando mi trabajo en ese momento, ciertamente no dudaría hoy en vincular esa investigación al esfuerzo de hacer más visible una tradición radical negra y feminista.

Los estudios críticos sobre prisiones en un marco explícitamente abolicionista se sitúan dentro de la Tradición Radical Negra, tanto a través de su reconocida relación genealógica con el período de la historia de los Estados Unidos que llamamos Reconstrucción Radical como, por supuesto, a través de su relación tanto con el trabajo de W. E. B. Du Bois y el feminismo negro histórico. El trabajo de Sarah Haley, Kelly Lytle Hernández y de una nueva y emocionante generación de académicos, al vincular su valiosa investigación con su activismo, está ayudando a revitalizar la Tradición Radical Negra.

Parece que con cada generación de activismo antirracista, un estrecho nacionalismo negro regresa cual ave fénix para reclamar la lealtad de nuestros movimientos. El trabajo de Cedric fue inspirado en parte por su deseo de responder al estrecho nacionalismo negro de la era de su (y mi) juventud. Es extremadamente frustrante presenciar el resurgimiento de formas de nacionalismo que no solo son contraproducentes, sino que contravienen lo que debería ser nuestro objetivo: el florecimiento negro y, por lo tanto, humano. Al mismo tiempo, es emocionante presenciar las formas en que las nuevas formaciones juveniles, Black Lives Matter, BYP100, Dream Defenders, están ayudando a dar forma a un nuevo internacionalismo negro influido por las feministas y que resalta el valor de las teorías y prácticas queer.

G: T. J. y A. L.: ¿Cuál es tu balance del movimiento Black Lives Matter(BLM), particularmente a la luz de tu participación en el Black Panther Party (BPP) durante la década de 1970? ¿Black Lives Matter, en tu opinión, tiene un análisis y una teoría de la libertad? ¿Ves alguna similitud entre el movimiento BLM y el BPP?

A.D.: Cuando consideramos la relación entre el BPP y el movimiento BLM, parece que las décadas y generaciones que separan al uno del otro crean una inconmensurabilidad que es consecuencia de los cambios económicos, políticos, culturales y tecnológicos. Cambios que hacen que el momento contemporáneo sea tan diferente en muchos aspectos importantes a lo que fueron los años sesenta. Por eso quizás debemos buscar conexiones entre los dos movimientos que se muestren no tanto en las similitudes, sino más bien en sus diferencias radicales.

El BPP surgió como una respuesta a la ocupación policial de las comunidades de Oakland, California y las zonas negras urbanas de todo el país. Fue un gesto brillante por parte de Huey Newton y Bobby Seale patrullar los barrios con armas y libros de leyes para vigilar a la policía. Al mismo tiempo, su estrategia también estaba inspirada por el surgimiento de luchas guerrilleras en Cuba, los ejércitos de liberación en el sur de África y Oriente Medio, o la exitosa resistencia del Frente de Liberación Nacional en Vietnam. En retrospectiva, esto también refleja un fracaso para reconocer, como dijo Audre Lorde, que «las herramientas del amo nunca desmantelarán la casa del amo». De alguna manera, el uso de las armas, aunque era usado principalmente como símbolo de resistencia, transmitió el mensaje de que se podía desafiar a la policía de forma eficaz a través de estrategias policiales.

El hashtag #BlackLivesMatter desarrollado por Patrisse Cullors, Alicia Garza y Opal Tometi tras el asesinato del vigilante Trayvon Martin, comenzó a transformarse en una red como respuesta directa a las crecientes protestas en Ferguson, Missouri, que manifestaron un deseo colectivo de exigir justicia para Mike Brown y para todas las vidas negras sacrificadas en el altar del terror racista de la policía. Al pedirnos que resistiéramos radicalmente a la violencia racista en el corazón de las estructuras y estrategias policiales, BLM reconoció desde el principio que, si queríamos avanzar de un modo colectivo hacia una nueva idea de justicia, tendríamos que colocar la demanda de desmilitarizar a la policía en el centro de nuestros esfuerzos. En última instancia, esta reflexión está vinculada a un enfoque que exige la abolición de la vigilancia policial tal como la conocemos y experimentamos, planteando la forma en que las estrategias policiales se han transnacionalizado dentro de los circuitos que vinculan a los pequeños departamentos de policía de EE UU con Israel, que domina este campo a través de la policía militarizada asociada con la ocupación de Palestina.

Aprecio el análisis más complejo que adoptan muchos activistas de BLM, porque refleja con precisión una lectura histórica que es capaz de construir, abrazar y criticar radicalmente los activismos y las teorías antirracistas del pasado. A medida que el BPP intentó, a veces sin éxito, abrazar los feminismos emergentes y lo que luego se denominó el movimiento de liberación gay, los líderes y activistas de BLM han desarrollado enfoques que abordan de manera más productiva las teorías y prácticas feministas y queer. Pero las teorías de la libertad son siempre tentativas. He aprendido de Cedric Robinson que cualquier teoría o estrategia política que pretenda poseer una teoría total de la libertad, o una que pueda entenderse categóricamente, no ha tenido en cuenta la multiplicidad de posibilidades. Esto significa que tal vez, una teoría de la libertad solo puede representarse de manera evocativa en el reino de la cultura.

G. T. J. y A. L.: Tu investigación más reciente se centra en la cuestión de Palestina y su conexión con el movimiento de libertad negra. ¿Cuándo se hizo evidente esta conexión y qué circunstancias, o coyunturas, hicieron posible esta idea?

A. D.: En realidad, mis conferencias y entrevistas más recientes reflejan una comprensión cada vez más extendida de la necesidad de un marco internacionalista, dentro del cual la tarea en curso de desmantelar las estructuras del racismo, el heteropatriarcado y la injusticia económica dentro de EE UU puede ser más duradera y más relevante. En mi propia trayectoria política, Palestina siempre ha ocupado un lugar fundamental, precisamente por las similitudes entre Israel y EE UU: su colonialismo y sus procesos de limpieza étnica con respecto a los pueblos indígenas, sus sistemas de segregación, su uso de la ley, sus sistemas para promover la represión sistemática etc.. A menudo señalo que mi toma de conciencia sobre la situación de Palestina se remonta a mis años de licenciatura en la Universidad de Brandeis, que fue fundada el mismo año que el Estado de Israel. Además, durante mi propio encarcelamiento, recibí el apoyo de los presos políticos palestinos, así como de los abogados israelíes que defienden a los palestinos.

En 1973, cuando asistí al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Berlín (en la República Democrática Alemana), tuve la oportunidad de conocer a Yasser Arafat, quien siempre reconoció la relación entre la lucha palestina y la lucha por la libertad negra en EE UU. Como el Che, Fidel, Patrice Lumumba y Amilcar Cabral, Arafat fue una figura venerada dentro del movimiento negro de liberación. En aquella época el internacionalismo comunista —en África, Oriente Medio, Europa, Asia, Australia, América del Sur y el Caribe— era una fuerza poderosa. Yo seguramente habría seguido una trayectoria diferente si este internacionalismo no hubiera jugado un papel tan importante.

Los encuentros entre las luchas de liberación negra en EE UU y los movimientos contra la ocupación israelí de Palestina tienen una larga historia. Sin embargo, a menudo, no es en el ámbito explícitamente político en donde se descubren los momentos de contacto. Como destacó Cedric Robinson, a veces están en el ámbito cultural. Freedom Dreams: The Making of the Black Radical Imagination, de Robin Kelley, sitúa el campo del surrealismo como una zona de contacto especialmente productiva. A finales del siglo XX, fue la poeta feminista negra June Jordan quien puso en primer plano el tema de la ocupación de Palestina. A pesar de los ataques sionistas que sufrió, y de perder temporalmente de su amistad con Adrienne Rich (quien más tarde también se convirtió en crítica de la ocupación), June se convirtió en una poderosa defensora de Palestina. En su poesía encarnó la causa de la liberación negra y palestina: “I was born a Black woman / and now / I am become a Palestinian / against the relentless laughter of evil / there is less and less living room / and where are my loved ones / It is time to make our way home” (“Nací una mujer negra/ y ahora me he convertido en palestina/ contra la risa implacable del mal/ cada vez hay menos sala de estar/ y donde están mis seres queridos/ es hora de regresar a casa”).

En un momento en que las feministas negras intentaban crear estrategias basadas en lo que ahora llamamos interseccionalidad, June, que representaba lo mejor de la tradición radical negra, nos enseñó sobre el potencial de las afinidades políticas más allá de las fronteras nacionales, culturales y supuestamente raciales, ayudándonos a imaginar futuros más habitables.

Como he señalado en muchas ocasiones, tuve la impresión de que entendí completamente la ocupación cuando me uní a una delegación en 2011 de activistas académicas feministas indígenas y de mujeres negras en Cisjordania y Jerusalén Este. Aunque todas nosotras ya estábamos vinculadas al movimiento de solidaridad, todas estábamos completamente conmocionadas por lo poco que realmente sabíamos sobre la violencia cotidiana de la ocupación. Al concluir nuestra visita, decidimos colectivamente dedicar nuestras energías a participar en la campaña Boicot, Desinversiones, Sanciones (BDS) y ayudar a elevar la conciencia de nuestros diversos grupos con respecto al papel de EE UU en el mantenimiento de la ocupación militar. Así que sigo profundamente conectada a este proyecto, con Chandra Mohanty, Beverly Guy-Sheall, Barbara Ransby, Gina Dent y las otras compañeras de la delegación.

En los años posteriores a nuestro viaje, muchas otras delegaciones de académicos y activistas han visitado Palestina y han ayudado a acelerar, ampliar e intensificar el movimiento de solidaridad con Palestina. En la medida que los impulsores del movimiento de BDS se han inspirado en la campaña contra el apartheid contra Sudáfrica, los activistas estadounidenses han señalado que se pueden extraer lecciones profundas de aquella política de boicot. Muchas organizaciones y movimientos dentro de EE UU han visto cómo la incorporación de estrategias anti-apartheid a sus agendas transforma radicalmente su propio trabajo. La campaña contra el apartheid no solo ayudó a fortalecer los esfuerzos internacionales para acabar con el estado del apartheid, sino que también revitalizó y enriqueció muchos movimientos nacionales contra el racismo, la misoginia y la injusticia económica.

De la misma manera, la solidaridad con Palestina tiene el potencial de transformar y ampliar la conciencia política de nuestros movimientos contemporáneos. Los activistas de BLM y otros vinculados con este momento histórico tan importante demuestran una creciente conciencia colectiva en este terreno que puede desempeñar un papel importante en obligar a otros sectores del activismo por la justicia social a asumir la causa de la solidaridad palestina, en concreto, el BDS. Las alianzas en los campus universitarios que incluyen a organizaciones estudiantiles negras, los Students for Justice in Palestine y los Jewish Voice for Peace nos recuerdan la profunda necesidad de unir los esfuerzos antirracistas y desafiar a la islamofobia y el antisemitismo mediante la resistencia global a las políticas y prácticas de apartheid del Estado de Israel.

Teórica e ideológicamente, Palestina también nos ha ayudado a ampliar nuestra visión de la abolición, entendida como la abolición del encarcelamiento y la vigilancia. La experiencia de Palestina nos empuja a revisar conceptos como nación carcelaria o estado carcelario para comprender seriamente las vicisitudes cotidianas de la ocupación y la vigilancia no solo por parte de las fuerzas israelíes, sino también de la Autoridad Palestina. Esto, a su vez, ha estimulado otras vías de investigación sobre los usos del encarcelamiento y su papel, por ejemplo, en la perpetuación de nociones binarias con respecto al género y en la naturalización de la segregación basada en la capacidad física, mental e intelectual.

G. T. J. y A. L.: ¿Qué tipo de movimientos sociales pueden, o deben existir en la coyuntura actual, teniendo en cuenta la hegemonía global estadounidense, las relaciones económicas neoliberales, la contrainsurgencia militarizada en lo local y el daltonismo racial?

A. D.: En un momento en que el discurso popular está cambiando rápidamente, en respuesta directa a las presiones que emanan de las protestas sostenidas contra la violencia estatal y de las prácticas de representación vinculadas a las nuevas tecnologías de comunicación, sugiero que necesitamos movimientos que presten tanta atención a la educación política popular como a las movilizaciones que han logrado colocar la violencia policial y el encarcelamiento masivo en la agenda política nacional. Creo que esto significa tratar de forjar un análisis de la coyuntura actual que extraiga lecciones importantes de los ciclos relativamente recientes, que han llevado nuestra conciencia colectiva más allá de los límites anteriores. En otras palabras, necesitamos movimientos que estén preparados para resistir las inevitables presiones hacia la asimilación. El movimiento Occupy nos permitió desarrollar un vocabulario anticapitalista: El 99 por ciento frente al 1 por ciento es un concepto que se ha incorporado al lenguaje popular. La cuestión no es solo cómo preservar este vocabulario, como hizo, por ejemplo, la plataforma de Bernie Sanders, sino cómo construir sobre esto o enriquecerlo con la idea del capitalismo racial, lo cual no puede expresarse en términos que asuman la homogeneidad que siempre subyace al racismo.

Cedric Robinson nunca dejó de investigar ideas, productos culturales y movimientos políticos del pasado. Intentó comprender por qué coexistieron las trayectorias de asimilación y resistencia en los movimientos negros de liberación en EE UU. Las estrategias asimilacionistas que dejan intactas las circunstancias y las estructuras que perpetúan la exclusión y la marginación siempre se han ofrecido como la alternativa más razonable a la abolición, que, por supuesto, no solo requiere resistencia y desmantelamiento, sino también reinvenciones y reconstrucciones radicales.

Quizás este sea el momento de crear las bases para un nuevo partido político, uno que hable con un número mucho mayor de personas de las que los partidos políticos progresistas tradicionales han demostrado ser capaces de hacer. Este partido tendría que estar orgánicamente vinculado a la gama de movimientos radicales que han emergido tras el surgimiento del capitalismo global. Al reflexionar sobre el valor del trabajo de Cedric Robinson en relación con el activismo radical contemporáneo, me parece que este partido tendría que estar anclado en la idea del capitalismo racial: sería antirracista, anticapitalista, feminista y abolicionista. Pero lo más importante de todo, tendría que reconocer la prioridad de los movimientos sobre el terreno, movimientos que reconocen la interseccionalidad de los problemas actuales, movimientos que son lo suficientemente abiertos para permitir la aparición futura de problemas, ideas y movimientos que ni siquiera podemos empezar a imaginar hoy.

G. T. J. y A. L.: ¿Haces una distinción, en tu investigación y activismo, entre el marxismo y el marxismo negro?
A. D.: He pasado la mayor parte de mi vida estudiando las ideas marxistas y me he identificado con grupos que no solo han asumido las críticas inspiradas por los marxistas sobre el orden socioeconómico dominante, sino que también han luchado por comprender la relación co-constitutiva entre el racismo y el capitalismo. Habiendo seguido especialmente las teorías y prácticas de los comunistas negros y antiimperialistas en EE UU, África, el Caribe y otras partes del mundo, y habiendo trabajado durante varios años dentro del Partido Comunista con una formación negra que tomó como referencia al Che Guevara o a Patrice Lumumba, el marxismo, desde mi punto de vista, siempre ha sido un método y un objeto de crítica. En consecuencia, no necesariamente veo los términos marxismo y marxismo negro como opuestos.

Me tomo muy en serio los argumentos de Cedric Robinson en Black Marxism: The Making of the Black Radical Tradition [de próxima publicación en castellano por Traficantes de sueños]. Si asumimos la centralidad incuestionable de Occidente y de su desarrollo económico, filosófico y cultural, los modos económicos, las historias intelectuales, las religiones y las culturas asociadas con África, Asia y los pueblos indígenas no serán reconocidos como dimensiones significativas de la humanidad. El concepto mismo de humanidad siempre ocultará una racialización interna y clandestina, que excluirá las posibilidades de igualdad racial. Huelga decir que el marxismo está firmemente anclado en esta tradición de la Ilustración. Los brillantes análisis de Cedric Robinson revelaron nuevas formas de pensar y actuar generadas precisamente a través de los encuentros entre el marxismo y los intelectuales y activistas negros, que ayudaron a constituir la Tradición Radical Negra.

El concepto asociado con el marxismo negro que considero más productivo y potencialmente más transformador es el concepto de capitalismo racial. Aunque Capitalismo y esclavitud de Eric Williams se publicó en 1944, los esfuerzos académicos que exploran esta relación han permanecido relativamente en los márgenes. Con suerte, las nuevas investigaciones sobre el capitalismo y la esclavitud ayudarán a legitimar aún más la noción de capitalismo racial. Si bien es importante reconocer el papel fundamental que desempeñó la esclavitud en la consolidación histórica del capitalismo, los desarrollos más recientes vinculados al capitalismo global no se pueden comprender adecuadamente si se ignora la dimensión racial del capitalismo.

Gaye Theresa Johnson es profesora asociada de Estudios negros y chicanos en la Universidad de California en Los Ángeles. Alex Lubin es profesor de Estudios Americanos en la Universidad de Nuevo México.

Fuente: https://www.versobooks.com/blogs/3421-angela-davis-an-interview-on-the-futures-of-black-radicalism?fbclid=IwAR3lCZ97Wyo9CacNi_PRcjOZXxfZOrjcgwsAk0ZvTD5CX5EUWkrwOPNbWSE

Traducción: Viento Sur

Fuente: https://vientosur.info/spip.php?article16108

viernes, 3 de julio de 2020

La ilusión de abolir la prostitución

Movilización en Madrid para pedir el fin de la violencia de género y de la prostitución EFE
Movilización en Madrid para pedir el fin de la violencia de género y de la prostitución EFE

Como nunca antes en la historia de las luchas sociales la prostitución está siendo considerada aceptable por una parte de la izquierda. El cáncer social que supone aceptar que la mujer es el sexo que debe prestarse a los deseos salaces del varón por una miserable cantidad de dinero, que ha sido siempre una de las enfermedades crónicas del Patriarcado, y de cuyo negocio se lucran con ingentes cantidades de dinero las mafias internacionales, se intentó erradicar por las más preclaras figuras políticas, sociales e intelectuales del mundo hace siglos. En España desde Concepción Arenal las pensadoras y activistas feministas pretendieron lograr que se aboliera en todo el mundo, como se planteó en la Convención Internacional contra la Trata de 1905. Es interesante consultar el artículo que escribió Lenin en aquella ocasión y la polémica que desató sobre la libertad sexual. Pero ciertamente así se llevó a cabo en la URSS a partir de la Revolución de Octubre.

Las anarquistas españolas pusieron mucho énfasis en la crítica de la permisividad que sus compañeros de ideología mantenían hacia la prostitución, reprochándoles que frecuentaran los prostíbulos. En las Cortes de la II República, impulsada por Clara Campoamor se abolió la prostitución y Federica Montseny, la primera mujer ministra española, que lo fue de Sanidad, anarquista, la llevó a cabo cerrando los lupanares y creando los «liberatorios de prostitución», en plena guerra Civil.

El largo tiempo que atravesamos en la dictadura no permitió que se reclamara la abolición, pero ciertamente no existía ninguna duda tanto en la moral social mayoritaria como en la conciencia feminista de que ser prostituida era la explotación y la humillación más grave que podía sufrir una mujer.

Ha sido con la llegada de la democracia cuando la ideología capitalista –y no se debe añadir el calificativo de liberal porque es un disparate- se adueñó del discurso dominante y la mafia de la prostitución ha introducido en la conciencia social la idea de que la prostitución «libre» es aceptable, a veces hasta recomendable, como un trabajo más. No se califique de liberal esta concepción porque es un insulto a los liberales, aquellos que lucharon contra la esclavitud y la prostitución durante todo el siglo XIX, y cuyo partido fundó John Stuart Mill, el filósofo y diputado inglés, uno de nuestros admirados feministas, que tanto trabajó para lograr el voto para la mujer. En España, desde las Cortes de Cádiz en 1812, los liberales lucharon heroicamente contra la reacción tiránica y a favor de la República.

Pero ya sabemos que hoy los términos clásicos se desprecian y se corrompen. Desde que el marxismo es execrado por los posmodernos para sustituir este método de conocimiento por el engrudo ideológico que nos sirven todos los días los políticos, incluyendo a los de izquierdas, y aún peor, la Universidad convertida en un páramo del pensamiento, hablar de esclavitud sexual para definir la prostitución provoca rechazo en los sectores que se lucran del negocio, que son muchos más de los que la mayoría de la ciudadanía conoce.

Si mi abuela, anarquista, Regina de Lamo, resucitara y oyera que la prostitución se denomina ahora «trabajo sexual», y que políticas con poder ejecutivo financian una «escuela de prostitución», que unas cuantas propagandistas aseguran que es una buena solución económica para las mujeres, y que las que persistimos en lograr la abolición somos anticuadas, ñoñas, prejuiciadas y putofóbicas –nuevo vocablo en el vocabulario posmoderno de las prostituidoras- volvería a morirse. Y con ella todas las grandes pensadoras y activistas feministas de dos siglos: Alejandra Kollöntai, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Federica Montseny como ya he mencionado, Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken, Dolores Ibárruri, las precursoras que nos abrieron un luminoso camino en la selva oscura del Patriarcado y que ahora son despreciadas.

Lo más penoso es comprobar que hoy no debemos abrigar muchas esperanzas de que se apruebe en España la abolición de la prostitución. A pesar de las Plataformas y Frentes y Asociaciones y Asambleas abolicionistas, demasiadas para que tengan verdadera fuerza, que la reclaman y que incluso se proponen elaborar la ley, lo cierto es que una ley se aprueba en el Parlamento y no en la calle ni en las reuniones, asambleas, jornadas y conferencias que de cuando en cuando se realizan. Y en el Parlamento en este momento tenemos partidos públicamente prostituidores: Podemos, Ciudadanos, Esquerra Republicana y Mas País que con 61 escaños pueden frenar cualquier proyecto de ley en ese sentido. Los demás, PSOE, PP, PNV, y los nacionalistas, sin que estén defendiendo la regulación de la prostitución como hacen los otros, se muestran muy tibios en su afán de acabar con ella.

Si contamos que tanto el PSOE como el PP han gobernado decenas de años por mayorías absolutas o con la ayuda de los nacionalistas y nunca han planteado un proyecto de ley abolicionista, no sé por qué ahora, con la debilidad parlamentaria que todos padecen iban a hacerlo.

Como decía Lenin «excepto el poder todo lo demás es pura ilusión», y el poder desde luego hoy no lo tiene el Movimiento Feminista. A pesar de su demostración de capacidad de convocatoria de masas en las manifestaciones, las declaraciones de sus dirigentes de que nos encaminamos a la abolición de la prostitución son puras ilusiones.

Del PSOE no sabemos qué acabará haciendo, a pesar de las declaraciones abolicionistas de las mujeres del partido, que por otro lado se han conformado durante los 24 años que han gobernado con que la abolición quedara siempre en la cuneta, y en este tema con menos poder sin el apoyo de UP. Los de la derecha, algunos incluso confesionales, se harán los exquisitos con enmiendas y sugerencias y abstenciones haciéndonos perder el tiempo. Y al final la aritmética parlamentaria no será suficiente para dar una alegría al Movimiento abolicionista, que cree, ensoñado en sus ilusiones, que con manifestaciones en la calle y asambleas multitudinarias se cambian leyes y gobiernos. Cuando nunca ha sido así. Ni siquiera ante movimientos internacionales que sacaron a la calle a millones de personas en ocasiones memorables como las que se opusieron a la guerra de Irak, y que ya tristemente hemos comprobado cómo se hundió a esa región del planeta en la destrucción, la miseria y el conflicto perpetuo, sin que ninguno de sus autores recibiera el castigo que se merecían.

Es cierto que el MF ha luchado y protestado activamente desde que se acabó la dictadura y que gracias a su esfuerzo se logró aprobar algún artículo de la Constitución prohibiendo discriminaciones y más tarde leyes más o menos progresistas. Pero que tales avances no nos hagan engañarnos. En cada una de esas ocasiones hubo partidos políticos que votaron a favor de la causa, porque si no nunca hubieran ganado. Y ahí tenemos el voto femenino en las Cortes Constituyentes de la República, la Constitución de 1978, y las siguientes leyes de divorcio, aborto, violencia, igualdad, matrimonio homosexual, a las que los partidos dominantes dieron el visto bueno.

Porque o triunfa una revolución, que suele llevar aparejada una guerra, o se ganan las elecciones parlamentarias y se forma gobierno, o te quedas en la calle con una pancarta en la mano. Que es lo que lleva haciendo el Movimiento Feminista hace cuarenta años.

LIDIA FALCÓN O’NEILL es licenciada en Derecho, en Arte Dramático y Periodismo y Doctora en Filosofía. Nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Wooster, Ohio. Es fundadora de las revistas Vindicación Feminista, y Poder y Libertad, que actualmente dirige. Creadora del Partido Feminista de España y de la Confederación de Organizaciones Feministas del Estado Español. Ha participado en el Tribunal Internacional de Crímenes contra la Mujer de Bruselas, en el congreso Sisterhood Is Global de Nueva York, en todas las Ferias Internacionales del Libro Feminista y en los Foros Internacionales de la Mujer de Nairobi y de Beijín.

Fuente:

https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2020/06/17/la-ilusion-de-abolir-la-prostitucion/

jueves, 26 de marzo de 2020

Capitalismo militarizado, esclavismo y exterminio.

Por Alejandro Andreassi Cieri | 29/02/2020 | Opinión

Fuentes: Conversaciones sobre la Historia

La organización del trabajo es un aspecto clave para comprender el funcionamiento de las sociedades antiguas y modernas, los principios y valores con que se rigen y los objetivos que persiguen. Ese carácter de clave interpretativa lo es por varios motivos:

1.El trabajo humano ha existido a lo largo de la historia de la especie humana, pero en cada fase o época ha adquirido por su carácter jurídico y/o técnico, un carácter específico que ha señalado y definido a la sociedad y a la época correspondiente. No es lo mismo hablar de trabajo esclavo, servil o libre, porque, aunque las tareas que se realizaran con cada uno de ellos fueran similares, la distinta connotación normativa y axiológica los señala como radicalmente diferentes. La forma en que se ha objetivado el trabajo ha caracterizado -obviamente junto a otras pautas simbólicas- las diferentes épocas de la historia humana.

2. Especialmente en las sociedades modernas el trabajo es un factor trascendental en el proceso de socialización definitiva de los seres humanos, una socialización que comienza en el ámbito familiar y se complementa en el escolar formativo y culmina con la incorporación al ámbito laboral. Por lo tanto, se comporta como un elemento de integración y cohesión social.

3. En el proceso de trabajo se verifica la naturaleza más íntima de ese momento civilizatorio al que damos el nombre de capitalismo. Es la piedra fundamental en la que se basa el sistema capitalista, donde se asegura su reproducción y donde se realiza el primum movens del capitalismo: la generación de plusvalía en base a la explotación del trabajo humano asalariado por el capital.

Este libro que aquí resumo tiene como objeto el estudio del trabajo y su organización en los fascismos italiano y alemán. La hipótesis principal del mismo plantea que en el fascismo además de intensificarse la explotación del trabajo humano tal como se produce bajo el capitalismo, la relaciones laborales, que designan el lugar en que cada trabajador se sitúa en el proceso de trabajo así como las condiciones en que lo realiza, son el medio para integrar o excluir a los trabajadores en la comunidad nacional, llegando a una restauración del esclavismo y al exterminio por medio del trabajo como formas extremas de exclusión y de refuerzo de la identidad racial de la sociedad fascista. Ello va a ocurrir en el fascismo alemán, con la utilización como esclavos a los prisioneros de los campos de concentración, así como la consumación del genocidio judío, gitano y de prisioneros políticos mediante el recurso a trabajos forzados hasta la extenuación (recordar la siniestra escalera de la muerte de Mauthausen donde fueron asesinados tantos republicanos españoles). Pero también el fascismo italiano recurrió al trabajo esclavo durante la ocupación de Etiopía, creando una clara segregación de la población autóctona condenada a la servidumbre por el ocupante italiano.


Escalera de la muerte en las canteras del campo de Mauthausen (imagen: deportados.es)

Este enfoque era la consecuencia de un principio ideológico común a los fascismos: la convicción de la desigualdad radical, de base biológica, de los seres humanos. Frente a las ideas procedentes de la Ilustración y la Revolución francesa que proclamaban la igualdad de todos los miembros de la especie humana, sin distinciones raciales ni de ningún tipo, el fascismo consideraba lo contrario y erigía esa desigualdad como principio de organización social. Simultáneamente con esa afirmación se conectaba otro núcleo fundamental de la ideología del fascismo: su negación radical de la democracia. Como la desigualdad era la condición normal de la esencia humana los fascistas deducían que la democracia era antinatural ya que esta se basa en la igualdad política de todos los miembros de la sociedad, el equi-poder de cada ciudadano, o sea la capacidad de autonomía y participación equitativa en la toma de decisiones, que colectivamente se expresa como soberanía popular.

Los fascistas consideraban que la capacidad para trabajar y la calidad del trabajo que podía realizar cualquier persona era algo predeterminado, innato, vinculado a las características raciales de cada individuo, que de este modo se transformaban en un componente de la “naturaleza” humana, en rasgos esenciales, y no en el resultado del conjunto de prácticas y de ideas generadas en el proceso de producción cultural y de devenir histórico. Las características jerárquicas de la organización del trabajo bajo el capitalismo se transformaban según la perspectiva fascista en las condiciones naturales -biológicamente determinadas- de la organización de las relaciones de producción y del proceso de trabajo.

Exposición organizada por el Deutsche Arbeitsfront en 1938 (imagen: Bundersarchiv)

Los movimientos fascistas surgen en Italia y Alemania inmediatamente después del fin de la Primera Guerra Mundial, y por lo tanto han sido considerados producto de la misma. Sin embargo, los elementos seminales de su ideología se conformaron mucho antes, en el último tercio del siglo XIX, acompañando la Segunda Revolución industrial con la entrada en juego de los mayores avances de las ciencias naturales y de la tecnología derivada de ellas. La guerra jugó el papel de catalizador de esas tendencias previas. Me limitaré al examen de una de ellas, tal como lo hace el libro que ahora resumo, y que es producto tanto de esa Segunda Revolución Industrial como de la lucha de clases entre capital y trabajo desarrollada a lo largo del siglo anterior. Me refiero a la llamada Organización Científica del Trabajo (OCT) especialmente en su forma inicial: la metodología y objetivos propuestos por el taylorismo (ya que su impulsor fue el ingeniero norteamericano Frederick Winslow Taylor).

El objetivo declarado por Taylor al proponer su método era el de conseguir algo que había sido perseguido por los empresarios desde el inicio de la industrialización, y que consistía en la subordinación total del trabajo al capital con el objetivo de aumentar significativamente la productividad del trabajo asalariado eliminando cualquier posibilidad de resistencia obrera, para lo cual era necesario sustraer la más mínima parcela de control del proceso de trabajo, que había sido uno de las más importantes recursos de los obreros más cualificados, herederos de las técnicas y métodos del artesanado, para negociar sus condiciones de trabajo y de salario a lo largo del siglo XIX. Para conseguir esa sumisión del trabajo al capital, Taylor proponía que debía someterse al trabajador a una serie de rutinas diseñadas por la dirección de la empresa, y esas rutinas debían basarse en la investigación y determinación “científica” de los movimientos y tiempos que debía emplear cada trabajador en el desempeño de la tarea encomendada. Era una propuesta que transformaba al trabajador en un ente heterónomo sometido a las indicaciones de gerentes, ingenieros y capataces, y por lo tanto completaba el proceso de alienación y deshumanización de la tarea que se incubaba desde los orígenes del capitalismo. Se trataba de separar no sólo física sino mentalmente las tareas de diseño y dirección de las de ejecución del proceso de trabajo, las primeras reservadas a los puestos más altos de la jerarquía empresarial, y los últimos al conjunto de trabajadores asalariados, y todo ello con la legitimación que creía otorgaba una presunta “fundamentación científica”.

El impacto de esta propuesta anti-obrera que pretendía resolver definitivamente a favor del capital el resultado de la lucha de clases repercutió incluso en la dinámica bélica donde la optimización de procedimientos y la aceleración de ritmos de trabajo se aplicó a las operaciones militares para aumentar la potencia mortífera del armamento, ya de por sí con un poder destructivo sin precedentes, y que además permitía alargando el alcance y la potencia destructiva “desvincular ” al ejecutor de la acción bélica de los resultados de la misma, por ejemplo con la utilización de armas químicas (gases venenosos), la ametralladora o la artillería pesada; un resultado similar a la alienación completa que sufría el obrero taylorizado -obligado a realizar tareas estandarizadas que él no controlaba y cuyos resultados finales ignoraba. Además, la guerra con ese despliegue tecnológico que la transformó en la primera masacre industrializada de la historia produjo como resultado la deshumanización definitiva de una actividad de por sí anti humana como es una guerra. Esa omnipotencia destructiva y al mismo exculpatoria del agente ejecutor inauguraría en la post guerra una militarización y brutalización de la política de la que harían gala los fascismos. Por lo tanto, vemos aquí la conjunción de eventos ideológicos y axiológicos creando el contexto cultural fértil al desarrollo fascista. A ello cabe agregar la pulsación modernizadora tanto del fascismo italiano como del alemán y su preferencia por la ciencia y la tecnología más avanzadas ya que estaban convencidos que sus respectivos programas para recuperar el estatuto de grandes potencias y sus planes de expansión imperial exigían no solo una industria avanzada sino también el respaldo tecno-científico necesario para alcanzar tales objetivos.

El único ingrediente que faltaba para cerrar completar el contexto favorable al desarrollo de los fascismos era el de la crisis en su dimensión no sólo económica sino también política. En Italia se va producir en la inmediata postguerra con la llegada de Mussolini al poder en octubre de 1922, mientras que en Alemania la crisis de 1929 sería la que acabaría favoreciendo la llegada de Hitler al poder en enero de 1933. La crisis de postguerra en Alemania va a ser superada por la República de Weimar, pero el inicio de la Gran Depresión en 1929 va a ser demoledor para la democracia alemana, ya que el empresariado junto a las fuerzas de la derecha y extrema derecha van a optar por una solución autoritaria para afrontar la crisis, facilitando el nombramiento de Hitler como canciller, con la aquiescencia del presidente Hindenburg.


Hitler durante una recepción con grandes empresarios (en primer término, Gustav Krupp) (imagen: Ullstein Bild Dtl.- Getty Images)

La llegada de los nazis al poder va a significar la destrucción de las organizaciones tanto políticas como sindicales del movimiento obrero alemán, cumpliendo con ello con una de las exigencias prioritarias del capital alemán. El empresariado quería volver a las condiciones de producción anteriores a 1918 y exigía eliminar todo el sistema de protección colectiva de los derechos laborales establecidos por la legislación de la República de Weimar, restableciendo la autoridad absoluta e incontestable del empresario sobre sus trabajadores La formalización legal de la restitución del poder empresarial sobre los trabajadores va a ser la sanción por la dictadura nazi de la ley de organización del trabajo nacional de 20 de junio de 1934 (Gesetz zur Ordnung der nationalen Arbeit – AOG), confeccionada con la colaboración de los representantes del gran capital. La autoridad absoluta del empresario sobre sus empleados se restablecía mediante la figura del Betriebsführer (líder de empresa) reproduciendo a nivel de la economía la misma estructura jerárquica y autoritaria que los nazis impulsaban para reorganizar la sociedad alemana. La ley representaba los intereses generales del empresariado y los grupos conservadores alemanes y no sólo la ideología nazi, especialmente en la preocupación por eliminar al movimiento obrero, restaurar la disciplina laboral bajo la indiscutible autoridad de los patronos y alcanzar de este modo la máxima potencia productiva, así como la mayor eficiencia, situando de este modo a la empresa capitalista como el corazón del orden social. La ley otorgaba al empresario o director del establecimiento la totalidad del poder de dirección, organización, gestión, decisión y evaluación (Betriebsführer), mientras que sus empleados, el conjunto de la fuerza de trabajo, constituían el séquito (Gefolgschaft) que debía seguir fielmente las directrices de aquel, estableciendo –sin lugar a dudas- que se trataba de una relación fuertemente jerárquica en la que la fuerza de trabajo quedaba incondicionalmente subordinada al poder del patrono. Simultáneamente los nazis esperaban que los trabajadores aceptasen esa posición subalterna a perpetuidad, ya que la eficacia que esperaban obtener mediante una dirección centralizada y vertical de las empresas aumentaría su productividad y por lo tanto la riqueza total, lo que permitiría a las mismas recompensar a sus trabajadores con adecuados salarios y servicios sociales provistos por las compañías, aumentando así la cohesión de la comunidad de empresa (Betriebsgemeinschaft)[1], que era concebida desde el punto de vista utilitario también como una comunidad de rendimiento o Leistungsgemeinschaft. Esta reorganización de las relaciones laborales era considerada por el fascismo alemán también como una condición sine qua non para recuperar el estatus de gran potencia y sus planes de hegemonía europea y expansión imperial. Ello explica la difusión de los métodos de la OCT en la economía alemana, que además de garantizar, como hemos visto, la anulación de la capacidad obrera de resistencia ante las imposiciones patronales permitía sustituir la negociación colectiva con la regulación de la relación obrero-patronal según resultados, según la eficiencia y productividad individual de cada trabajador.

Organigrama del DAF representando la organización jerarquizada del trabajo (imagen: Wikimedia Commons)

En Italia va a suceder lo mismo. Mussolini va a subordinar los sindicatos italianos a la patronal, primero mediante el llamado Pacto del Palazzo Vidoni, de octubre de 1925, donde quedó muy en claro que la autoridad dentro de la empresa era detentada por el empresario, sin ningún tipo de compensación o control por parte de sus empleados. En ese pacto la patronal lograba alejar a los sindicatos de cualquier interferencia en la gestión de las empresas, a cambio del otorgamiento a los sindicatos fascistas de la exclusiva representación de los trabajadores y la capacidad de firmar convenios; ya que se liquidaban definitivamente las comisiones internas (vestigio de las movilizaciones de del bienio rojo), Esa cuestión quedó refrendada en la “constitución” laboral, la Carta del Lavoro, sancionada al año siguiente, en donde se reconocía explícitamente (art. VII) la autoridad exclusiva del empresario en la conducción de la actividad económica, a la cual debía subordinarse sin reparos el conjunto de trabajadores, y a la empresa privada “como el instrumento más eficaz y útil para los intereses nacionales”. Ese pacto significó a su vez el otorgamiento a la Confindustria de la representación oficial del empresariado como bloque único en el proyecto corporativo, al tiempo que se confirmaba y reconocía por parte de la cúpula fascista la indiscutible y exclusiva autoridad del empresario en la dirección de su establecimiento.[2]


Anuncio de la proclamación de la Carta del Lavoro en la Piazza del Popolo de Roma (1927)(Wikimedia Commons)

Pero antes de alcanzarse este resultado en Italia, la colaboración entre clases que quería consolidar el fascismo, hubieron de superarse varios conflictos. El sindicalismo fascista intentaba sustituir al sindicalismo socialista, comunista y cristiano en su papel de interlocutores de los empresarios. Estos, que habían apoyado el ascenso fascista con la expectativa de que acabaran con el movimiento obrero y se restaurara la disciplina productiva, no iban a tolerar que surgiera un nuevo poder sindical, aunque fuera patrocinado por la dictadura. Pero en atención a la búsqueda de la colaboración de clases en una relación que exigía que los trabajadores aceptaran de buen grado una posición subalterna respecto a los patronos, implicó que no se pudiera impedir que las organizaciones sindicales fascistas conservaran una cierta iniciativa y se vieran obligadas a realizar acciones en defensa de reivindicaciones laborales, aunque siempre dentro de límites estrictos que no podían poner ni en cuestión la autoridad patronal dentro de la empresa, ni generar exigencias o expectativas obreras que trastocaran o complicaran los objetivos macroeconómicos.[3] Luego de una serie de huelgas entre febrero y marzo de 1925, especialmente en el sector de la metalurgia, que fueron prácticamente autorizadas por Mussolini y el Gran Consejo con el fin de enviar un mensaje a los patronos para que recordaran que la dictadura fascista era el árbitro que garantizaba la paz laboral que aquellos necesitaban, las huelgas acabaron con un discreto aumento salarial y los sindicatos fascistas se retiraron rápidamente del conflicto (la FIOM dirigida en condiciones de clandestinidad por los socialistas, intentó continuarlas), pero un mes después el Gran Consejo Fascista prohibió las huelgas considerándolas “acto de guerra”, que con la ley de abril de 1926 quedarían definitivamente proscritas, junto a los lock-outs.


Giuseppe Volpi di Misurata, presidente de Confindustria y ministro de Hacienda, en 1938 (archivo histórico de las Fondazione Fiera Milano)

Alcanzada esta situación en ambas dictaduras fascistas, donde la derrota del movimiento obrero en ambos países era total, era el momento de completar la instauración de los procedimientos recomendados por la OCT. Ya se habían experimentado en las empresas durante la República de Weimar, pero habían recibido el rechazo de las organizaciones sindicales, y en Italia no se introdujeron antes de la instauración de la dictadura fascista, siendo la FIAT la primera empresa en aplicar estos métodos de “racionalización” del trabajo. La OCT era claramente funcional no sólo con las exigencias de productividad del fascismo sino también con la concepción de verticalidad y jerarquía en la organización de la sociedad, donde cada empresa era una “micro sociedad”, una réplica de la comunidad nacional.[4]

De este modo las grandes corporaciones industriales inspiraban la remodelación de la organización social. En la opinión de dirigentes e intelectuales fascistas los grandes colosos empresariales cuyo desarrollo, que consideraban estimulados por la Gran Guerra, ofrecían tanto un modelo militar de organización jerárquica como el mejor ejemplo de la capacidad productiva, eran vistos como un pilar importante de la fuerza política del estado y por lo tanto en su capacidad militar. A su vez un régimen productivista debía reunir las características de una “nación en guerra”, un régimen de colaboración entre todas las clases sociales en un orden basado en la autoridad de las jerarquías naturales.[5] La OCT aseguraba, según consideraban Taylor y sus epígonos, la eficiencia y el aumento de la producción hasta niveles no conocidos previamente. Por ello los fascismos imponían la “razón productivista”, a la que consideraban el argumento fundamental para la recuperación de Alemania e Italia como grandes potencias con las que satisfacer sus objetivos imperiales.

Falta comentar una última característica de la organización del trabajo en los fascismos, y se trata del esclavismo, del empleo de mano de obra forzada en la producción. Tanto la dictadura hitleriana como la mussoliniana recurrieron al trabajo esclavo. El fascismo italiano lo hizo tanto en Somalia como en Etiopía, sometiendo a trabajos forzados a la población autóctona, y que en ese momento estaban prohibidos por los tratados internacionales. La Italia mussoliniana estableció un verdadero apartheid en sus colonias con la prohibición de matrimonio o relaciones sexuales entre población autóctona e italianos, así como de la separación espacial y comercial y de servicios entre los mismos en ciudades y pueblos, por lo tanto, haciendo del racismo también un recurso para la organización del trabajo servil que era “justificado” en función de las barreras raciales establecidas. A partir de 1940 también sometió a los italianos de cultura judía a trabajos forzados como consecuencia de la persecución racial iniciada con las leyes antisemitas de 1938.


Un grupo de personas procedentes de la Unión Soviética deportados a Alemania como trabajadores forzados a su llegada a Meinerzhagen, Sauerland, el 29 de abril de 1944. Fuente: Stadtarchiv Meinerzhagen. https://www.bpb.de/izpb/239456/zwangsarbeiterinnen-und-zwangsarbeiter

Pero el empleo masivo de trabajo esclavo, no sólo en Alemania sino en las zonas de ocupación es un aspecto singular de la barbarie nazi. En primer término, cabe decir respecto a esta cuestión que en el caso del fascismo alemán la utilización de trabajadores forzados se vinculó no sólo a objetivos de producción relacionados con las necesidades bélicas sino también con el genocidio. La utilización de trabajadores esclavos por los nazis respondió a necesidades de mano de obra requerida por el esfuerzo bélico, pero también fue una respuesta ante la misma dictada por el racismo y el darwinismo social que constituían núcleos centrales de su ideología. La magnitud del esclavismo era tal que en 1944 los trabajadores extranjeros representaban el 21 por ciento de la fuerza total de trabajo empleada en la industria.

Para los nazis los prisioneros en sus campos de concentración y exterminio, tanto las víctimas de la represión en Alemania a partir de 1933, opositores políticos (comunistas, socialdemócratas, anarquistas, pacifistas), los considerados “racialmente alógenos” (alemanes de cultura judía y gitana, principalmente) y los considerados “asociales” (todos aquellos ciudadanos que no se adecuaban al modelo de comportamiento exigido por la dictadura[6]), así como los cautivos procedentes de los países ocupados así como los prisioneros de guerra era “material consumible”, cuerpos humanos a disposición del régimen nazi para cumplir sus objetivos, pero al mismo tiempo, especialmente en el caso de judíos y gitanos, planificaban y aplicaban el trabajo forzado realizado en las condiciones inhumanas inimaginables uno de los métodos de su exterminio, que fundamentaban en sus propias convicciones social-darwinistas al considerar que de este modo forzarían una especie de “selección natural” durante al cual los primeros en caer serían los más débiles. Sus convicciones racistas les inducían a establecer una especie de clasificación jerárquica en la cual los judíos, gitanos y soviéticos ocupaban el escalón inferior, respecto a los demás prisioneros. Antes que en los campos se había comenzado con esa utilización de trabajo esclavo en los guetos donde habían recluido a los judíos que iban deportando desde toda la Europa ocupada, donde la distribución de los escasos comestibles disponibles dentro del gueto eran distribuidos desigualmente diferenciándose entre población “productiva” e “improductiva”, por lo tanto se utilizaba el trabajo de los cautivos como fuente de producción y como un medio de “seleccionar” en la población sometida a los que podían continuar siendo explotados y los que debían ser exterminados. Cuando comenzaron las deportaciones masivas a los campos de exterminio mantuvieron la clasificación de las víctimas en función de su carácter “productivo” o “improductivo”, enviando primero a los campos de la muerte a estos últimos mientras que se les extraía a los primeros hasta la última gota de su rendimiento laboral.[7]


Prisioneros judíos trabajan en una fábrica de IG Farben dependiente del campo de Auschwitz (imagen: holocaustresearchproject.org

Pero no se trató sólo de la explotación el trabajo esclavo mediante la aplicación de la fuerza bruta, sino que esta se combinó con las fórmulas más ortodoxas de la OCT, como métodos que podían aumentar el rendimiento de los trabajadores forzados. Los trabajadores alemanes más cualificados fueron destinados a los trabajos de supervisión de los obreros no cualificados, y de los trabajadores forzados en general, en aquellas empresas donde se habían aplicado métodos de OCT, con lo cual se fragmentó y se impidió la solidaridad intra-clase que podrían haber surgido en circunstancias normales, por la diferente condición jurídica de cada grupo de trabajadores. Las relaciones y condiciones políticas a las que se vieron sometidos unos y otros crearon las barreras suficientes para que los mecanismos de cohesión no funcionaran salvo en contados casos individuales. No sólo se trataba de la fundamental diferencia entre trabajadores libres y esclavos, sino de las jerarquías anexas a estas condiciones. Por ejemplo, como las que establecían que un trabajador judío o un prisionero de guerra ruso obviamente no podía desempeñar tareas de supervisión y estaban destinados a la escala más baja de la jerarquía laboral independientemente de su calificación previa.


La insignia P identificaba al grupo especialmente discriminado de trabajadores polacos. Fuente: DHM, Berlin, A 93/18 (Deutsches Historisches Museum). https://www.bundesarchiv.de/zwangsarbeit/geschichte/auslaendisch/polen/index.html

Los proyectos de explotación de mano de obra esclava comenzaron a formularse entre 1937 y 1939, debido a la gran absorción de mano de obra disponible en la industria armamentística y complementaria durante la ejecución de las diferentes fases del Plan Cuatrienal. Sin embargo el impulso que generalizó la utilización de trabajo esclavo, forzado tanto de los prisioneros de los campos de concentración como de prisioneros de guerra o civiles obligados a trabajar para Alemania en los territorios ocupados, fue la transformación de la Blitzkrieg en guerra total y prolongada entre 1941 y 1942. Todos los autores coinciden en señalar que el motivo fue la exacerbación de esa escasez de mano de obra multiplicada no sólo por las exigencias de hombres por el ejército a medida que se ampliaban y prolongaban las operaciones militares, sino también por las exigencias de la producción de guerra que crecía en paralelo con las actividades militares. Las primeras empresas que adoptaron tal iniciativa fueron las pertenecientes al área estatal o coparticipadas por el estado, como la Volkswagen, perteneciente al DAF y dirigida por Ferdinand Porsche; la fábrica de aviones Heinkel, la empresa Steyr – Daimler – Puch, dirigida por Georg Meindl –especialista en economía y ciencia política y miembro de las SS. Pero rápidamente se unieron empresas privadas de la importancia de la IG Farben, Mercedes Benz y Henschel, que pasaron a constituir casos paradigmáticos de la moderna industria capitalista que combinaba técnicas avanzadas de fabricación con la utilización de mano de obra esclava. Puede afirmarse con rotundidad que en su gran mayoría –las escasas excepciones confirman la regla- los empresarios no fueron obligados por el estado a utilizar trabajo esclavo, sino que su utilización respondió a la iniciativa de los hombres de negocios y dirigentes industriales, a medida que la guerra dificultaba el empleo de trabajadores libres. Vale la pena reproducir estas dos declaraciones, la primera de Robert Antelme, miembro de la resistencia francesa y deportado a los campos de Buchenwald y Dachau; y del un un ejecutivo de la fábrica de motores de aviación de Daimler-Benz, las que evocan a un mercado de esclavos:

… nos han reunido delante de la iglesia, y unos civiles han venido a buscar a los que eran capaces de trabajar en la fábrica. Hemos visto aparecer bajo los uniformes a rayas a un tornero, a un dibujante, a un electricista, etc. Después de haber seleccionado a todos los especialistas, los civiles han buscado a otros tipos que pudieran hacer trabajos en la fábrica. Para ello han pasado por delante de los que quedaban. Han mirado nuestros hombros, también nuestras cabezas. Los hombros no bastaban, había que tener una cabeza, tal vez una mirada digna de los hombros. Permanecían un momento delante de cada uno. Nos dejábamos mirar. Si lo que veía le gustaba, el civil decía: Komm! El tipo salía de la fila e iba a reunirse con el grupo de los especialistas. Algunas veces el civil se partía de risa ante un compañero y lo señalaba con el dedo a otro civil. El compañero no se movía. Daba risa, pero no gustaba. Los SS se mantenían alejados. Habían traído la carga, pero no seleccionaban, eran los civiles los que seleccionaban. Cuando un compañero contestaba al oír grita su oficio: tornero, el civil aprobaba con la cabeza satisfecho, y se volvía hacia el SS señalando al tipo con el dedo. Ante el civil el SS no entendía de inmediato; él había traído su carga; no había pensado que pudiese contener torneros [….] A los que tenían que trabajar en la fábrica se los aislaba de los demás. Los civiles se ocupaban de ellos con los capos que anotaban sus nombres. Los dos SS los habían abandonado y habían vuelto hacia nosotros, los que quedábamos y no sabíamos hacer nada. Liberados de los civiles que habían hecho una discriminación de valores entre nosotros con la conciencia tranquila, los SS recuperaban a sus verdaderos presos, aquéllos acerca de los cuales no se habían equivocado. Campesinos, empleados, estudiantes, camareros, etc. No sabíamos hacer nada; como los caballos, trabajaríamos afuera acarreando vigas, tablones, construyendo los barracones en los que el kommando se instalaría más tarde. La elección que acababa de producirse era muy importante. Los que iban a trabajar en la fábrica se librarían en parte del frío y de la lluvia. Para los del zaun-kommando, kommando de los tablones, el cautiverio no sería el mismo. Por eso, los que iban a trabajar afuera no iban a dejar nunca de perseguir el sueño de entrar en la fábrica. [8]

Observo a los judíos de acuerdo a su condición física. Generalmente escojo los más jóvenes, porque pienso que serán los más aptos física y mentalmente para nuestro trabajo con las máquinas […] Inevitablemente los separo de sus familias. Se suceden escenas desgarradoras […] Los judíos llevan con ellos sus pertenencias. Los hombres de las SS están provistos de bastones de madera y golpean con ellos a los judíos. [9]

Por ello los empresarios, enfrentados con la necesidad de utilizar mano de obra esclava no dudaron en hacerlo, aportando a las autoridades del régimen y especialmente a las SS, responsables del aprovisionamiento de trabajadores, las soluciones tanto de seguridad como las medidas técnicas y de organización del trabajo que permitieran un adecuado rendimiento de esa fuerza de trabajo, al tiempo que supieron extraer enormes beneficios de su explotación. [10]


Trabajadores extranjeros en BMW en Allach, alrededor de 1943. Todos los trabajadores extranjeros empleados en la fabricación de motores de aviación estaban obligados a utilizar un rótulo que indicaba de donde procedían. Los prisioneros de guerra soviéticos debían portar un rótulo con la abreviatura “SU”. Fuente: BMW Group Archiv http://www.ausstellung-zwangsarbeit.org/arbeit-bei-bmw.html

El gran salto hacia el uso habitual y masivo de trabajo forzado se produjo tras la asunción por Albert Speer de las responsabilidades como ministro de Armamentos, en 1942. Pocos días después de su designación se aprobaron los decretos que establecían el reclutamiento obligatorio de trabajadores en los territorios ocupados del este lo que daría, junto con la utilización de los prisioneros de los campos de concentración, esa dimensión enorme al uso de trabajo esclavo en la industria alemana, constituyendo un hecho sin precedentes en las modernas sociedades industriales. El modelo impulsado y generalizado por Speer se basó en la experiencia anticipada por las grandes empresas, acordando con las SS las cuotas de trabajadores forzados necesarios y la instalación de las fábricas junto o en el perímetro de los campos de concentración. El compromiso mostrado por gerentes y técnicos en la explotación de mano de obra esclava no estuvo sólo marcada por la inmediata necesidad de fuerza de trabajo provocada por las insaciables exigencias de la producción bélica, sino que se erigía como un proyecto sistemático y de largo alcance para su aplicación en la posguerra y en tareas civiles.[11] Pero en lo inmediato el factor más importante fue el propio desarrollo de las hostilidades, especialmente cuando entre finales de 1941 y comienzos de 1942 comenzó la reacción del Ejército Rojo y los primeros reveses alemanes en la URSS, lo que exigía un refuerzo de los contingentes llamados a filas para cubrir esas bajas.[12] Para otros autores también fue determinante la intención de evitar el empleo masivo de mujeres para sustituir a los hombres que debían marchar al frente.[13] Todo ello hizo apremiante el utilizar a los internos en los campos de concentración creando una dependencia mutua entre Speer y la administración de la industria armamentistas y las SS, quienes se encargaban de proveer la fuerza de trabajo forzada.



Después de la ejecución, los trabajadores forzados son llevados frente a la horca, Michelsneukirchen (Baviera), 18 de abril de 1941. Se ordenó a los hombres y mujeres polacas que trabajaban en la zona que se presentaran en el lugar de la ejecución. Un oficial de la Gestapo les informó sobre la consecuencias de violar las regulaciones alemanas Fuente: Sammlung Vernon Schmidt, Veteran der 90. Inf. Div., U.S. Army http://www.ausstellung-zwangsarbeit.org/arbeit-bei-bmw.html


Notas:

[1] Entre sus antecedentes inmediatos deben contarse documentos como el Wirtschaftspolitische Grundanschauungen und Ziele der NSDAP (Principios básicos y objetivos económicos del NSDAP) elaborado en marzo de 1931, distribuido como documento interno de discusión e información sobre la línea en economía política nazi, ver Avraham Barkai, Nazi Economics: Ideology, Theory, and Policy, Oxford, Berg, 1990, pp. 34-38.

[2] Mussolini apoyaba directamente a la dirección de la Confindustria al afirmar que “dentro de la fábrica debe existir únicamente la jerarquía directiva; por consiguiente, no cabe hablar siquiera de síndicos”, citado por Roland Sarti, Fascismo y burguesía industrial. Italia 1919-1940, Barcelona, Editorial Fontanella, 1973, p. 107. Ver también, Giovanni Contini, “Enterprise management and employer organisation in Italy. Fiat, public enterprise and Confindustria 1922-1990”, op. cit., pp. 204-205.

[3] Mussolini se decantó claramente a favor de los empresarios cuando el debate sobre los fiduciarios o síndicos de fábrica, a los que aquellos se oponían porque consideraban que podían ejercer funciones de control sobre su gestión, manifestando que “dentro de la fábrica debe existir únicamente la jerarquía directiva; por consiguiente, no cabe hablar siquiera de síndicos”, citado por Roland Sarti, Fascismo y burguesía industrial. Italia 1919-1940, Barcelona, Editorial Fontanella, 1973, p. 107.

[4] Diggins, John P., «Flirtation with Fascism: American Pragmatic Liberals and Mussolini’s Italy”, The American Historical Review, Volume 71, Issue 2, Jan. 1966, p. 487.

[5] Zeev Sternhell, El nacimiento de la ideología fascista, Madrid, Siglo XXI, 1994, p. 13-14.

[6] La persecución de los considerados holgazanes y gandules [Arbeitsscheue – Bummelanten], o sea poco dispuestos a adecuarse a la disciplina laboral que exigía el nacionalsocialismo, implicó desde el comienzo de la dictadura un aspecto claramente vinculado a los mecanismos de exclusión y selección social que formaban uno de los núcleos duros del proyecto de ingeniería social nazi. Pero se intensificó cuando la recuperación de los niveles de empleo produjo una escasez relativa de la fuerza de trabajo disponible y hubo que movilizar las últimas reservas asequibles. Por lo tanto podemos fijar que fue a partir de 1936, momento en que Hitler decidió la puesta en marcha del Plan Cuatrienal que debía asegurar la supremacía militar de Alemania, en que se intensificó la persecución de estos “asociales” y su reclusión en campos de trabajo donde, bajo la vigilancia de las SS, debían realizar trabajos forzados, calculándose que en 1937-38, aproximadamente 15.000 “asociales” o “refractarios al trabajo” fueron encerrados en el campo de concentración de Buchenwald.

[7] Götz Aly, Susanne Heim, Architects of Annihilation. Auschwitz and the Logic of Destruction, London, Weidenfeld & Nicholson, 2002, pp. 186-214.

[8] Robert Antelme, La especie humana, Madrid, Arena Libros, 2001, pp. 41-42.

[9] Citado por Bernard P. Bellon, Mercedes in Peace and War. German Automobile Workers, 1903-1945, New York – Oxford, Columbia University Press, 1990, pp. 245-246.

[10] Franz Neumann, Behemoth. Pensamiento y acción en el nacionalsocialismo, México, Fondo de Cultura Económica, 1943, pp. 294-308. Neumann denomina la economía alemana en el momento de la guerra como “capitalismo monopólico totalitario” o sea “una economía capitalista privada, que regimenta un estado totalitario”.

[11] Michael T. Allen, The Business of Genocide. The SS, Slave Labor, and the Concentration Camps, Chapel Hill – London, The University of North Carolina Press, 2002, pp. 175-176.

[12] En la Daimler-Benz la utilización de mano de obra procedente de los campos de concentración comenzó en algunas plantas en el verano de 1940, después de la derrota de Francia, y plenamente en enero de 1941, convirtiéndose esta práctica, como afirma Neil Gregor en “…un elemento central de su política laboral”, Daimler Benz in the Third Reich, New Haven and London, Yale University Press, 1998, p. 176.

[13] Ulrich Herbert, Hitler’s Foreign Workers…, op. cit., p. 384; aunque su afirmación no sería compartida por otros que consideran, como hemos visto que la fuerza de trabajo femenina en Alemania durante la guerra llegó a ser superior a la de otros países beligerantes, lo que restaría fuerza a ese argumento para explicar el reclutamiento de mano de obra forzada, cfr. Eve Rosenhaft, Rosenhaft, Eve, “Women in Modern Germany”, Gordon Martel (ed.), Modern Germany Reconsidered, 1870-1945, London – New York, Routledge, 1992 y R.J. Overy, War and Economy in the Third Reich, Oxford, Clarendon Press, 1994.

Resumen de “Arbeit macht Frei”. El trabajo y su organización en el fascismo (Alemania e Italia), Mataró, El Viejo Topo – FIM, 2004.

Alejandro Andreassi Cieri

Alejandro Andreassi Cieri, Profesor jubilado del Departamento de Historia Contemporánea de la Universitat Autònoma de Barcelona

Ilustraciones: Conversación sobre la Historia y el autor.

domingo, 4 de noviembre de 2018

_- No, no y no

_- Decía Simone de Beauvoir que los opresores no serían tan poderosos si no contaran con determinados cómplices entre los oprimidos, siendo esta la expresión de un aforismo tan cierto en su momento como desactualizado en la actualidad, ya que entre los cómplices de los opresores no se encuentran tan solo determinados sujetos, somos la pluralidad y la masa social que conforma la suma de todos los individuos en su conjunto.

Quizás hayamos acabado cualquiera de nosotros ofreciendo esta complicidad de manera inconsciente tan solo en algún momento puntual o, quién sabe, incluso de una manera permanente en nuestras vidas, que no quiero parecer el fustigador de nadie que no lo merezca, pero ello solo habrá sido fundamentalmente por error, tras haber creído que toda “colaboración” redundaría en beneficio propio, pero no.

Esta observación la realizo y justifico en primer lugar porque toda complicidad es mucho más efectiva si proviene de múltiples sujetos, que en lugar de tan solo unos pocos, ¿no creéis?

Y en segundo lugar, a un nivel más concreto ya, porque la sociedad capitalista de consumo ha conseguido ubicar en el mismísimo corazón del mecanismo que perpetúa la acumulación desigual de la riqueza la voluntad de todos y cada uno de nosotros, y eso tras habernos hecho creer que reportando encuestas de satisfacción o cualquier tipo de información mediante técnicas similares, contribuiríamos a mejorar la sociedad en general, pero no.

Si os fijáis u escarbáis un poco en esta idea encontraréis aquel otro famoso aforismo de Adam Smith, amplificado para beneficio de los opresores hasta la saciedad, que venía a decir algo así como: “la búsqueda del beneficio personal es la mejor vía para incrementar el beneficio social”. Y, otra vez, no.

A continuación pongo un ejemplo que muchos encontraréis familiar, porque dudo mucho que nadie de los que ahora estáis leyendo esto hayáis recibido nunca, o, dicho de otra forma, hayáis sido telefoneados nunca para responder una encuesta de satisfacción o calidad. La última moda es recibirla cuando no has adquirido el producto, pretendiendo el emisor de la encuesta recabar algún tipo de conclusión, solicitando para ello, entre otras cosas, tu tiempo, tu apreciación, tu tranquilidad e incluso tu evaluación acerca de esa transacción que para su desgraciado infortunio, el suyo, eso es lo verdaderamente relevante, no te despistes, no pudo llevarse a acabo.

Estas encuestas, además, suelen incluir, básicamente y como primera opción, la evaluación de la atención recibida, requiriéndose la calificación de 1 a 10 acerca de la persona que prestó dicha atención, recordándote que en el caso de aportar una calificación inferior a 9, la empresa considera e interpreta tal información como un 0 (¿?).

Podría seguir detallando el procedimiento con mayor profundidad pero no me parece necesario al quedar suficientemente claro que emite destellos de ciertas situaciones similares ya descritas en libros de Kafka u Orwell.

Solamente quiero terminar con unas reflexiones en formato pregunta, por si alguien quiere responder, aportar salvedades o simplemente callar ante el eco estruendoso que a mi juicio todas y cada una de ellas emiten.

¿Hemos contemplado el precio humano que hay que pagar para optimizar el funcionamiento de empresas privadas de las cuales muy pocos sujetos se lucran?

¿Estamos dispuestos a consentir que se nos evalúe de manera infinitesimal y permanente, para privilegiar a los ideólogos de este entramado kafkiano?

¿En qué momento la facturación, el nivel de ventas, ha dejado de importar para comenzar a primar métodos de cálculo que incluyen pérdidas potenciales, es decir, abstracciones, que solo se justifican por un incremento anormal de la avaricia y la codicia de determinados sujetos de nuestra sociedad?

¿Por qué nos introducen a los que no somos como ellos en su mísera ecuación de beneficios?

¿Por qué son tan desvergonzados haciéndonos cómplices de su egoísmo, empleando técnicas de creación de remordimientos cuando actuamos de una determinada manera o emitimos juicios de valor que afectan a determinadas personas o trabajadores?

¿Ha podido quedar la revolución y sus disidentes reducidos a una simple negación, “no participo ni colaboro en la evaluación de tu trabajador”?

¿Hasta qué punto podrá uno escapar del algoritmo informático que los opresores diseñan para que esa posibilidad sea una utopía más?

Naturalmente, podría acabar cambiando la marca de cigarrillos que fumo, como Polanski en El quimérico inquilino, pero no. No lo haré. No, no y no.

 http://www.elcaptor.com/economia/no-no-no

miércoles, 19 de septiembre de 2018

_- Por qué tenía razón Marx

_- Dedicado a François Houtart y Samir Amin

Karl Marx nació hace doscientos años. Pocos pensadores han influido tanto en la historia como él. Su crítica aguda y radical del capitalismo sigue siendo actual hoy en día: crisis económicas, explotación, las características del Estado, la lucha de clases, el papel de la clase obrera, el pensamiento ecologista... (1).

1. Crisis económica.
 La crisis financiera de 2008 tuvo unos efectos devastadores. Socavó las finanzas públicas y costó un 20 % del PIB a los países de la zona euro (2). Para salvar a los bancos las autoridades nacionales del mundo entero liberaron casi 9 billones de dólares, esto es, el equivalente a 65 años de ayuda al desarrollo (3).

Esta gran recesión provocó el desmoronamiento de todo el sistema financiero. El colmo es que los economistas burgueses ni siquiera lo vieron venir. Pero no es sorprendente ya que la economía burguesa simplemente no tiene una teoría de la crisis. Para explicar una crisis económica se recurre a explicaciones superficiales y psicológicas como “comportamientos irresponsables” o “mala evaluación” de los actores económicos, “comportamiento irracional” de los inversores o “mala comunicación” por parte de los políticos. En el mejor de los casos se habla de “reglas del juego imperfectas”. No hay un análisis profundo, estructural.

Para Marx, por el contrario, el estudio de las crisis es un elemento esencial de su teoría. Para él la crisis no es un fenómeno debido al azar o a la codicia. Al contrario, la crisis forma parte del ADN del capitalismo. Es parte integrante de su propia lógica. “El verdadero límite de la producción capitalista es el propio capital” (4). Marx constató que el motor del capitalismo se averiaba regularmente y entonces se destruye una parte del aparato de producción. Durante las crisis “una buena parte de los productos fabricados e incluso de las fuerzas productivas ya creadas se destruye regularmente” (5).

Marx fue el primer economista que explicó por qué el capitalismo se enfrentaba a crisis regularmente. Su explicación es la siguiente en pocas palabras: las personas asalariadas producen más de lo que pueden comprar con su salario o, dicho de otro modo, ganan menos que el valor que ellos producen con su trabajo (véase el segundo punto). Como la producción es mayor que lo que se puede consumir una parte de la producción no se puede vender. “La razón última de todas las crisis reales es siempre la pobreza y la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si solo tuvieran como límite la capacidad absoluta de consumo de la sociedad”(6).

De este modo se crea regularmente un cortocircuito entre la producción y el consumo. Durante la crisis se suprime este cortocircuito. Es una cura periódica de saneamiento, una purga que necesita el capital para sobrevivir. La crisis es “una destrucción violenta del capital, no debido a relaciones externas sino como condición de supervivencia” (7). La purga es brutal. En cada ocasión quien paga la crisis es la población de personas trabajadoras. “El capital no tiene en cuenta la salud y la duración de la vida del obrero, salvo cuando la sociedad lo obliga a tomarlas en consideración” (8). La crisis de 2008 precipitó a la pobreza extrema a 64 millones de personas en todo el mundo. Según Oxfam, se necesitarán entre 10 y 25 años para que la pobreza vuelva al nivel anterior a la crisis (9).

Durante una crisis se habla de superproducción, pero se hace desde el punto de vista del capital. En realidad se trata de un subconsumo porque para una gran parte de la población no se satisfacen muchas de las necesidades vitales a pesar de todo lo que se produce. “No se producen demasiados medios de subsistencia en proporción a la población existente; por el contrario, se producen demasiado pocos como para satisfacer decente y humanamente al grueso de la población” (10). Pensemos en las largas listas de espera para obtener una vivienda social, una plaza en la guardería, cuidados para personas discapacitadas y mayores. Y ni siquiera hablamos todavía de los enormes retos que plantea la producción de energía verde.

¿Qué recetas hay para hacer frente a una crisis económica? ¿Cómo supera la élite económica las recesiones periódicas? “Por una parte, mediante la destrucción forzosa de una una parte considerable de las fuerzas productivas; por otra, mediante la conquista de nuevos mercados y una explotación más intensiva de los antiguos” (11). De nuevo, la última crisis lo ilustra perfectamente. Después de 2008 las multinacionales de todo el mundo perdieron 2 billones de dólares de capacidad de producción y se destruyó un total de al menos 20 millones de empleos (12). Después de 2008 y en todos los países capitalistas los salarios se redujeron seriamente. “Las crisis también ofrecen unas posibilidades interesantes. Podemos obtener cosas que serían imposibles sin ellas”, afirmaba Wolfgang Schäube, ministro de Finanzas alemán en el apogeo de la crisis en Europa (13).

Otro intento de salir de las crisis recurrentes es el “dopaje financiero” del sistema. Cuando las expectativas de beneficio en la esfera de la producción son bajas el capitalista recurre al sector financiero. “La especulación se produce regularmente en períodos en los que la superproducción ya está en pleno apogeo. Proporciona a la superproducción salidas temporales al mercado” (14). Tras la crisis de 19 73 somos testigos de una verdadera explosión financiera. En 1980 los activos financieros representan el 120 % del PIB en el mundo entero. En 2014 es el 370 %, es decir, tres veces más (15). El mercado de derivados representa hoy más de 630 billones de dólares (16), que equivalen a casi 90.000 dólares por cada persona en el mundo. Poco antes de la crisis de 2008 más del 40 % de los beneficios de las grandes empresas provenía de la especulación (17).

En el seno de la élite económica se esconde una capa superior financiera que parasita al resto de la economía. “Produce una nueva aristocracia financiera, una nueva clase de parásitos en forma de proyectistas, fundadores de sociedades y directores puramente nominales: todo un sistema de especulación y de fraude con respecto a las fundaciones de sociedades y a la emisión y al tráfico de acciones” (18).

Los intentos de salir de la crisis permiten un alivio temporal pero no resuelven fundamentalmente el problema, al contrario, las contradicciones dentro del capitalismo “se superan permanentemente pero también se resucitan constantemente” (19). “La producción capitalista tiende constantemente a superar estos límites que le son inmanentes, pero sólo lo consigue en virtud de medios que vuelven a alzar ante ella esos mismos límites, en escala aún más formidable” (20). Las crisis se aprovechan para bajar los salarios con el fin de que los beneficios puedan aumentar más. Pero esto es precisamente una receta para un futuro cortocircuito entre producción y consumo.

El dopaje financiero no hace más que empeorar las cosas. “Proporciona a la superproducción salidas temporales al mercado, mientras que por esta misma razón precipita el estallido de la crisis y aumenta su fuerza” (21). El tamaño y poder de los grupos financieros, y el impacto que tienen sobre la esfera de producción han llegado a ser capaces actualmente de desestabilizar la economía mundial. Eso es lo que ocurrió en 1929 con el crash de Wall Street y en 2008 con la crisis financiera. Desde la financiarización de la economía en 1973 se ha perdido el vínculo con la economía real. Ha aparecido una gigantesca burbuja financiera que puede estallar tarde o temprano y que, además, estalla regularmente. Desde la década de 1980 cada dos o tres años hay una crisis bursátil, una crisis banquera, un crash financiero o una crisis de endeudamiento. Estas crisis financieras no existen por sí mismas, son consecuencia de la superproducción. “La crisis se desata en el ámbito de la especulación y sólo más tarde lo hace en la producción. Lo que al observador superficial le parece ser la causa de la crisis no es la superproducción, si no el exceso de especulación, pero esto en sí es sólo un síntoma de la superproducción” (22).

¿A qué lleva todo esto? A la preparación de “crisis cada vez más multilaterales y violentas” (23). En efecto, las crisis de estas últimas décadas se han vuelto cada vez más profundas y no van seguidas necesariamente de una recuperación o de periodos de buena coyuntura económica. Si aun así hay un periodo de buena coyuntura, a menudo es corto y, sobre todo, está causado por el “dopaje financiero”: deudas o especulación. Ahora las crisis ya no son acontecimientos aislados que se repiten con algunos años de intervalo, tienen un carácter casi permanente.

2. La explotación del trabajo
Fortunas fabulosas por una parte, miseria sorda por otra. ¿De dónde vienen estos fenómenos? ¿Tienen relación? Durante gran parte de su vida Marx buscó la respuesta a ambas preguntas. Buscaba el “fundamento oculto de la construcción socioeconómica” (24) responsable tanto de gigantescas riquezas como del abismo entre personas ricas y pobres. “Sólo con el conocimiento de las leyes económicas se puede entender la estrecha relación entre el hambre de la parte más activa de la fuerza de trabajo y el consumo grosero o sofisticado y excesivo de los ricos basado en la acumulación capitalista” (25).

Tras largos estudios desarrolló la teoría de la plusvalía y de la explotación: “La motivación y el objetivo dominante del proceso de producción capitalista es, sobre todo, la mayor autoexpansión posible del capital, lo que significa la mayor producción posible de valor añadido, es decir, la mayor explotación posible de la fuerza de trabajo por parte del capitalista” (26).

La clave es que cada persona trabajadora produce más valor que el salario que recibe a cambio. También es la condición para que el capitalista esté dispuesto a contratar. Supongamos, por ejemplo, que un trabajador produce un valor de 25 euros (de bienes o de servicios). Su salario será de 15 euros (27). La diferencia, 10 euros, es lo que Marx llama plusvalía. Este dinero va a los bolsillos del propietario de la empresa (el patrón o los accionistas). Marx denomina “explotación” al hecho de que el capitalista se atribuya esta plusvalía.

Nuestro ejemplo es ficticio, pero cercano a la realidad. En las quinientas empresas más grandes del mundo la plusvalía media por trabajador es de aproximadamente 11 euros la hora (28).

La creación de plusvalía explica por qué hay una riqueza gigantesca en el seno del capitalismo. Supongamos que en la empresa de nuestro ejemplo trabajan cien personas. El patrón se embolsa entonces mil euros por hora o setenta veces más que su trabajador. Por consiguiente, la propiedad de los medios de producción lleva a una concentración desmesurada de riqueza en manos de unas pocas personas. En nuestro ejemplo un trabajador con un salario de 2.500 euros tendría que trabajar 160.000 años para tener la fortuna de Albert Frère (29). Actualmente en el mundo ocho personas poseen tanto como 3.600 millones de de personas. En pocas palabras, “los que [...] trabajan [en la sociedad burguesa] no ganan y los que en ella ganan no trabajan” (30).

No en vano la obra principal de Marx, El Capital, empieza con la siguiente frase: “La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un enorme cúmulo de mercancías" (31). Hoy en día no es diferente. Nuestro país [Bélgica] nunca ha producido tanta riqueza como hoy. El ingreso medio disponible de un hogar belga con dos hijos es de 8.650 euros netos al mes (32).

Con semejante riqueza es evidente que todos podríamos vivir sin preocupaciones, en la opulencia. Y aun así existe mucha miseria. Un 20 % de nuestros hogares corre peligro de caer en la pobreza, una cuarta parte de las familias tiene problemas para pagar todos sus gastos médicos, un 40 % no puede ahorrar nada y un 70 % de las personas en paro tiene problemas para llegar a fin de mes (33).

“No hay dinero, lo único que podemos hacer es ahorrar”, vocea a coro la derecha. ¿Cómo que no hay dinero? Solo en los tres últimos años las empresas belgas han desviado 300.000 millones de euros a los paraísos fiscales (34). Es una acumulación colosal de dinero con la que las empresas simplemente no saben qué hacer. Con mil millones de euros es posible dar empleo a 30.000 personas durante un año (35). Para Marx el problema no es que haya demasiada riqueza sino que está escandalosamente mal repartida y que ello es parte integrante del capitalismo. “El capital es la potencia económica, que lo domina todo, de la sociedad burguesa. Debe constituir el punto de partida y de llegada” (36).

Desde el origen del capitalismo la lucha por la plusvalía constituye el centro de la lucha social. Dado que la plusvalía es la única fuente de beneficios también es, por consiguiente, el objetivo último de todo capitalista. Sin embargo, cuanto más altos son los salarios más bajos son los beneficios y viceversa. El capitalista hace lo imposible para lograr que las personas asalariadas trabajen más tiempo, más duramente y más barato. Las personas asalariadas, por su parte, se esfuerzan por obtener una jornada laboral más corta, un salario más alto y más justo, y un ritmo de trabajo más humano. Los intereses son incompatibles: lo que para una persona es ganancia para otra es pérdida: Marx describe el capital de la siguiente manera: “El capital es trabajo muerto que sólo se reanima, a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo, y que vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupa" (37).

Para sobrevivir una persona trabajadora debe ofrecer necesariamente su fuerza de trabajo en el mercado de empleo, ahí donde impera la ley de la oferta y la demanda. “Estos obreros, que se ven obligados a venderse por piezas, constituyen una mercancía como otro artículo de comercio y, en consecuencia, se ven expuestos de igual modo a todas las vicisitudes de la competencia sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las oscilaciones del mercado” (38).

Cuantas más personas trabajadoras se presenten para un mismo trabajo más competencia hay entre ellas y más inclinadas estarán a aceptar el trabajo por un salario menor y en peores condiciones. Por ello la élite económica siempre hace para que haya demasiadas personas trabajadoras o, en términos de Marx, un ejército industrial de reserva: “A la producción capitalista no le basta, de ninguna manera, la cantidad de fuerza de trabajo disponible que le suministra el incremento natural de la población. Para poder desenvolverse libremente requiere un ejército industrial de reserva que no dependa de esa barrera natural” (39).

Para mantener este ejército de reserva tras la Segunda Guerra Mundial se atrajo a Europa a trabajadores emigrantes y se incitó a las mujeres a trabajar. Hoy este ejército de reserva en los países ricos constituye el 26 % de la población activa (véase gráfico 1). En el mundo es incluso un 58 % (40). Desde hace décadas se preserva el nivel de este ejército de reserva haciendo trabajar a la gente más tiempo (se eleva la edad de jubilación y se suprimen las prejubilaciones), obligando a las personas paradas a aceptar un trabajo, acosando a la enfermas de larga duración para que vuelvan al trabajo lo antes posible y poniendo a trabajar a más estudiantes. “Lo que en un polo es acumulación de riqueza es, en el polo contrario […] es acumulación de miseria, de tormentos de trabajo” (41).

Gráfico 1 Cuando se trata de beneficios el capital no tiene en cuenta en absoluto la salud o bienestar de la persona trabajadora. Marx lo formula así: en su “hambre insaciable de plusvalía” el capital comete “unas extravagancias desmesuradas” (42).

La relación entre salarios y beneficios, o el grado de explotación, se define por medio de las relaciones de fuerza entre el trabajo y el capital. Cuanto más se organiza y defiende la población de personas trabajadoras mejores son las condiciones salariales y las condiciones de trabajo (véase punto 5). La huelga es una herramienta importante en esta relación de fuerzas. En el momento de la huelga se seca la fuente de la plusvalía y, por lo tanto, el enriquecimiento del capitalista, con lo que el capitalismo queda tocado en el corazón. De ahí, según Marx, “la ira furiosa” de la élite económica “contra la huelga” (43).

3. Lucha de clases 
Micheline es una obrera de una gran empresa textil. Su jefe es el señor Richard*. Hay 600 personas asalariadas a su servicio. A primera vista Micheline y el señor Richard son ciudadanos iguales que tienen los mismos derechos. Ambos tiene derecho de ir a donde quieran, de hacer lo que deseen. Cuando entran en una misma tienda pagan el mismo precio. En la elecciones cada uno tiene un voto y en principio son iguales ante la ley.

Pero en cuanto se traspasa la puerta de la empresa todo cambia como por encanto. Micheline ya no tiene nada que decir y ya no se trata de los mismos derechos. Para poder disponer de unos ingresos se ve obligada a vender su fuerza de trabajo. El hecho de tener derecho a trabajar, cuántas horas a la semana, la organización de su trabajo, todo está totalmente determinado por su jefe. El señor Richard, por su parte, decide él mismo tanto acerca de sus propias inversiones y sus beneficios, como acerca de todo lo que concierne a Micheline. Si le da la gana invertirá el dinero en otra empresa que echará a Micheline a la calle.

“¿Qué es la riqueza sino […] el absoluto despliegue de las potencialidades creativas [del ser humano]”, escribe Marx (44). Micheline es una mujer sociable, creativa y emprendedora. Pero dentro de la empresa no puede desplegar su talento, al contrario, tiene que reprimirlo para poder seguir trabajando ahí. Lo único que se espera de ella es que actúe para realizar las expectativas de beneficios de su jefe. Es reducida a un factor de producción, no se tienen en cuenta en absoluto su dignidad humana o sus necesidades. “El trabajo como mero servicio para la satisfacción de necesidades inmediatas no tiene nada que ver con el capital, ya que no es asunto del capital“ (45).

Micheline trabaja a un ritmo desenfrenado, se cronometran sus pausas para ir al servicio. Aun así gana veinte veces menos que su jefe, que organiza totalmente solo su ritmo de trabajo y sus vacaciones. Ella vivirá con buena salud 18 años menos que la señora Richard (46). “La producción no produce al hombre simplemente como mercancía […] lo produce […] como un ser espiritual y físicamente deshumanizado” (47).

Micheline y el señor Richard personifican la muy desigual situación socioeconómica de la sociedad capitalista. Veamos la situación en Bélgica. En la base de la pirámide hay una tercera parte de la población que no puede ahorrar y que tiene muy pocas posesiones. En la parte alta hay un 5 % de superricos. Poseen tanto como el 75% de las personas más pobres. Unos cientos de familias controlan la mayor parte de la economía belga (48). Marx tuvo el mérito de analizar con precisión esta contradicción flagrante, pero también de situarla en una perspectiva histórica y de ver cómo se podía superar. En la maraña de contradicciones y conflictos sin fin descubrió un patrón fundamental que aparece regularmente con diferentes aspectos. Según él, la contradicción entre trabajadores y patronos en el capitalismo no es un fenómeno nuevo, ya había surgido una contradicción similar bajo diferentes formas varias veces a lo largo de la historia. “La historia de todas las sociedades que han existido hasta ahora es la historia de las luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales de gremio, en definitiva, opresores y oprimidos han estado permanentemente enfrentados, han librado una lucha incesante entre sí, en ocasiones velada y otras veces abierta; una lucha que ha concluido sistemáticamente con una transformación revolucionaria de toda la sociedad o con el hundimiento generalizado de las clases combatientes. […] La sociedad burguesa moderna, surgida del hundimiento de la sociedad feudal, no ha eliminado estos enfrentamientos entre clases. Sencillamente, ha establecido nuevas clases, nuevas condiciones de opresión, nuevas formas de lucha en lugar de las anteriores. Sin embargo, nuestra época, la época de la burguesía, se distingue por haber simplificado los enfrentamientos entre clases. La sociedad en su conjunto se encuentra cada vez más dividida en dos grandes frentes enemigos, en dos grandes clases directamente antagónicas: la burguesía y el proletariado” (49).

Esta lucha de clases es esencialmente una lucha en torno al excedente económico. Durante cientos de miles de años la humanidad ha vivido en modo de supervivencia. No había excedentes y todo se compartía equitativamente. Era el periodo de los cazadores recolectores y de los inicios de la agricultura. A partir de 3.000 años antes de Cristo esta situación cambia. Las técnicas de agricultura mejoran y se produce más de lo necesario para sobrevivir. La producción excedente permite la creación de categorías de población que no producen: dirigentes, sacerdotes, clérigos, jueces, soldados… En estas filas se forma una capa que atrae el poder, que tiene en sus manos los medios de producción más importantes y que se va a apropiar de la producción excedente.

Así nace la escisión de la sociedad en una pequeña clase superior que se enriquece en detrimento de las clases inferiores. Este esquema es recurrente en la historia. En la Antigüedad los amos se enriquecen gracias a los esclavos. En la Edad Media la nobleza lo hace gracias a los siervos. En el capitalismo son los capitalistas quienes se enriquecen en detrimento de la clase obrera.

Evidentemente, este enriquecimiento o explotación no se basa en el consentimiento espontáneo de las clases inferiores, debe ser forzado, supone una lucha y de ahí la formulación de Marx que habla de “lucha” de clases.

Debido a que esta lucha concierne esencialmente a la producción excedente el trabajo se organiza de tal manera que la clase dominante pueda seleccionar el excedente económico. “La forma económica específica en la que se le extrae el trabajo adicional no remunerado al productor directo determina la relación de dominación y servidumbre [...] en esto se funda toda la configuración de la entidad comunitaria económica […] y, al mismo tiempo, su figura política específica. En todos los casos es [en] la relación directa entre los propietarios de las condiciones de producción y los productores directos [...] donde encontraremos el secreto más íntimo, el fundamento oculto de toda la estructura social, y por consiguiente también […] de la forma específica del Estado” (50).

La posesión de los medios de producción es esencial en la apropiación de la producción excedente y por eso Marx no lo desea. “Vemos cómo solo ahora puede perfeccionar la propiedad privada su dominio sobre el hombre y convertirse, en su forma más general, en un poder histórico—universal ” (51). Para Marx las clases tienen que ver con la esfera de producción. Se trata de grupos de personas una de las cuales puede apropiarse del trabajo de otra debido al hecho de que posee unos medios de producción.

Para Marx y Engels la lucha de clases no es un detalle de la historia es “la fuerza directamente propulsora de la historia” (52). Es la dinámica fundamental que hace avanzar la historia. Para Marx es un desarrollo “diálectico”, es decir, una dinámica basada en contradicciones internas. “Siendo la base de la civilización la explotación de una clase por otra, su desarrollo se opera en constante contradicción. Cada progreso de la producción es al mismo tiempo un retroceso en la situación de la clase oprimida, es decir, de la inmensa mayoría” (53). Esta ley “tiene el mismo significado para la historia que la ley de la conservación de la energía para las ciencias naturales” (54).

En la visión de la sociedad de Marx y Engels los intereses contradictorios tienen un lugar fundamental, lo cual matiza su opinión sobre la política. “El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra” (55). Para Marx el conflicto es fundamental. La política no se hace para buscar soluciones a los problemas, sino para ocuparse de situaciones de dominación y de opresión. Solo abordando las causas se puede acabar con eso. Para Marx la política es en primer lugar una confrontación entre grupos de interés que él denomina clases. “La sociedad no consiste en individuos, sino que expresa la suma de las relaciones, relaciones en las que estos individuos se encuentran entre sí. Como si alguien tratara de decir: desde el punto de vista de la sociedad, los esclavos y los hombres libres no existen, son todos seres humanos” (56). Micheline y el señor Richard serían ambos seres humanos, ni más ni menos ...

Solo se puede producir un verdadero cambio de sociedad si se abordan las contradicciones fundamentales y eso se sitúa en el nivel de la economía. “Según esto, las causas últimas de todas las modificaciones sociales y las subversiones políticas no deben buscarse en las cabezas de los hombres, en su creciente comprensión de la verdad y la justicia eternas, sino en las transformaciones de los modos de producción y de intercambio; no hay que buscarlas en la filosofía, sino en la economía de las épocas de que se trate” (57).

No es que a Marx y Engels no les interesara la lucha de las ideas, le dedicaron casi toda su vida. Pero es iluso pensar que es posible modificar los fundamentos de una sociedad solo por medio de la persuasión, haciendo cambiar a la gente de opinión. El poder de la argumentación por sí mismo no lo logrará ya que las ideas no existen por sí mismas. “La producción de las ideas […] aparece al principio directamente entrelazada con la actividad material y el trato material de los hombres ” (58). Y esta actividad material no es neutra sino que está caracterizada por las relaciones de fuerza que determinan a su vez las ideas . “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época” (59) . Si se quiere vencer a las ideas dominantes hay que destronar a la clase dominante y para ello hay que modificar las relaciones de fuerza, para lo cual la clase obrera es esencial.

4. El papel de la clase obrera 
Marx era un pensador estratégico. No quería saber nada de ideas románticas, alejadas de la realidad. En cambio, buscaba palancas y fuerzas en la realidad que pudieran llevar a un mundo mejor. “[Los obreros] No tienen que realizar ningunos ideales sino, simplemente, liberar los elementos de la nueva sociedad que la vieja sociedad burguesa agonizante lleva en su seno” (60). Más precisamente, hay que poder usar “unas fracturas internas de la burguesía” (61).

La fuerza social en el interior del capitalismo capaz de hacerlo es la clase obrera. La esencia del capitalismo es, entre otras cosas, la acumulación de capital basado en la plusvalía y el trabajo asalariado. En última instancia eso hace al capitalista dependiente del trabajado. “La condición fundamental para la existencia y la dominación de la clase burguesa es la acumulación de la riqueza en manos de ciudadanos particulares y la creación y multiplicación del capital; y la condición para la existencia del capital es el trabajo asalariado” (62). Las personas obreras pueden paralizar la producción y herir al capitalismo en el corazón.

Debido a que cada vez se organiza más la producción en grandes unidades, el capitalismo une de hecho a la población trabajadora. “El capital es lo que los une” (63). “El avance de la industria, cuyo portador, carente de voluntad y de capacidad de resistencia, es la burguesía, provoca que el aislamiento de los trabajadores, generado por la competencia, sea sustituido por la revolucionaria unión generada por la asociación [sindicatos] […] Los trabajadores empiezan a crear coaliciones [sindicatos] contra los burgueses. Se unen para defender sus salarios. Fundan asociaciones estables con el fin de estar preparados para cualquier posible rebelión” (64).

El hecho de unirse aumenta también la conciencia política de las personas trabajadoras. “Con el desarrollo de la industria el proletariado no solo crece, sino que se reúne en masas más amplias y aumenta su poder, del que es cada vez más consciente” (65).

Es la astucia de la historia. Sin saberlo el capitalismo “está cavando su propia tumba” (66).

En la lucha por una sociedad más justa las personas trabajadoras tendrán que contar sobre todo con ellas mismas y no con la burguesía o la pequeña burguesía (67). “La emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos. No podemos, por consiguiente, marchar con unos hombres que declaran abiertamente que los obreros son demasiado incultos para emanciparse ellos mismos, por lo que tienen que ser liberados desde arriba, por los filántropos de la gran burguesía y de la pequeña burguesía” (68). Contrariamente a las demás clases, las personas trabajadoras “no tienen nada que perder más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar” (69). Serán las personas trabajadoras quienes “por su valor, resolución y espíritu de sacrificio, formarán la fuerza principal en la conquista de la victoria. Como hasta aquí ha ocurrido, en la lucha que viene la pequeña burguesía mantendrá una actitud de espera, de irresolución e inactividad tanto tiempo como le sea posible, en orden a que, tan pronto como la victoria esté asegurada, pueda arrogársela como propia y decir a los trabajadores que permanezcan tranquilos, vuelvan al trabajo y eviten los llamados excesos, apartando así a los obreros del fruto de su victoria” (70).

Así, las personas obreras representan a la gran mayoría de la población. “Todos los movimientos pasados han sido movimientos impulsados por minorías o en interés de minorías. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de la inmensa mayoría en interés de la inmensa mayoría. El proletariado, la capa más baja de la sociedad actual, no puede levantarse, no puede alzarse, sin hacer saltar por los aires toda la superestructura de capas que constituyen la sociedad oficial” (71).

Para Marx y Engels no hay duda posible: “De todas las clases que se enfrentan hoy a la burguesía, el proletariado es la única verdaderamente revolucionaria” (72).

¿Siguen siendo válidas hoy en día las ideas de Marx y Engels?
Es indudable que la situación de la clase obrera, en comparación con la de la segunda mitad del siglo XIX ha cambiado profundamente. Ha disminuido fuertemente la cantidad de agricultores y obreros industriales mientras que el sector de servicios ha experimentado un gran aumento. Pero en lo fundamental la naturaleza del capitalismo no ha cambiado, bien al contrario, estas modificaciones no han hecho más que reforzar y consolidar las relaciones capitalistas.

El capital sigue estando en manos de muy pocas personas. Más aún, en comparación con el siglo XIX la concentración de capital ha aumentado terriblemente. Actualmente 147 superempresas controlan el 40 % de la economía mundial. 737 de estos “systems integrators” incluso controlan el 80 %. Las 110 empresas más grandes tienen un volumen de negocios mayor que el PIB de más de 120 Estados nacionales (73). Exactamente como había previsto Marx, la cantidad de personas asalariadas ha aumentado sistemáticamente: nunca ha habido tantas como hoy en día. Desde 1990 hay 1.200 millones de personas trabajadoras más en el mundo (74). El único objetivo de las discusiones de moda sobre “el fin de la clase obrera”, el postcapitalismo o el postmodernismo es minar la combatividad del movimiento obrero. Aun así, eso no resiste a la prueba de la realidad.

Lo único que puede perder esta mayor cantidad de personas trabajadoras en el mundo es sus cadenas. Más de 700 millones de personas trabajadoras trabajan por unos salarios ridículos, son los “working poor” [personas trabajadoras pobres]. Además, 1.400 millones de personas trabajadoras tienen unas condiciones laborales muy malas, sobre todo trabajo informal. 190 millones de personas están estructuralmente en paro. En total se trata de más del 70 % del conjunto de la población activa (75). Y la tendencia actual no va por buen camino. Desde la crisis bancaria de 2008 la cantidad de ingresos medios ha disminuido en muchos países (76). Los nuevos empleos son cada vez más temporales o a tiempo parcial. Hoy en día una gran parte de los ingresos medios está expuesta a la incertidumbre que caracterizaba el trabajo en el siglo XIX. Al aumentar el ritmo de trabajo y la flexibilidad las condiciones laborales se vuelven cada vez peores para la mayor parte de las personas trabajadoras.

La clase obrera debe seguir confiando solo en sí misma y no debe esperar demasiado de las fuerzas (pequeño)burguesas o de los partidos. Una coalición entre los Verdes y los socialdemócratas es la que hace veinte años lanzó en Alemania un ataque contra los salarios y los contratos de trabajo, y ha arrastrado así a toda Europa a una espiral descendiente de destrucción social (77). Son los populistas de (extrema)derecha o los nacionalistas al estilo Trump, Le Pen, Salvini, Orban y compañía quienes supuestamente representan a la persona común, pero que de hecho son los recaderos de los grandes grupos del capital.

5. La importancia de la organización y de la unidad
Para Marx la clase obrera es la verdadera clase revolucionaria, que constituye el vínculo entre la vieja sociedad y la nueva. No obstante, esta transformación hacia una nueva sociedad no se producirá espontáneamente. Tampoco se producirá por medio de un gran cambio de mentalidades o adoptando otro estilo de vida personal. Las personas obreras se ven enfrentadas a un enemigo fuerte y tendrán que hacer todo lo posible para construir relaciones de fuerza. Por lo tanto, tendrá que organizarse. “Naturalmente, la clase obrera, para poder luchar, tiene que organizarse como clase” (78).

La historia ha demostrado que la organización de la clase obrera era decisiva para los logros sociales. En la mayoría de los casos estos logros han sido arrebatados a los parlamentos. Sin huelgas nacionales no habría sufragio universal y el trabajo infantil seguiría siendo una realidad. Las vacaciones pagadas, el salario mínimo, las pensiones, los subsidios de paro, los subsidios familiares, etc, todo ello se debe a la dura lucha social de las generaciones anteriores.

Hasta la década de 1950 estas huelgas tenían un carácter ofensivo y después un carácter más defensivo: luchar para preservar todo lo posible el estado de bienestar. El nivel de organización es determinante en la lucha social. Cuanto más fuertes son los sindicatos, más garantizan la edificación y preservación del estado de bienestar social. Los países que tiene la tasa más alta de sindicalización disponen de los mejores sistemas de seguridad social y conocen una pobreza menor. A la inversa, los países que tienen una tasa de sindicalización baja se enfrentan a más pobreza y más problemas de criminalidad, salud, etc. (79).

Gráfico 2: Cobertura sindical y desigualdad salarial Para Marx organizar a la clase obrera implicaba al menos tres cosas.

En primer lugar, hay que tener una visión y una estrategia a largo plazo. Sin duda las personas obreras deben luchar para tener mejores condiciones laborales, pero siempre con el objetivo final muy presente. “De cuando en cuando los obreros ganan, pero solo de forma temporal. El verdadero resultado de sus combates no es el éxito inmediato, sino la unión de los trabajadores, cada vez más amplia” (80) . Las personas trabajadoras deben tomar conciencia del hecho de que “la emancipación económica de la clase obrera es [...] el gran fin al que todo movimiento político debe ser subordinado como medio” (81) .

En segundo lugar, la unidad es una condición decisiva del éxito. Tras enfrentarse a una serie de derrotas, Marx constataba “que todos los esfuerzos dirigidos a este gran fin han fracasado hasta ahora por falta de solidaridad entre los obreros de las diferentes ramas del trabajo en cada país y de una unión fraternal entre las clases obreras de los diversos países” (82). A la élite le gusta promover esta división. Tiene todo el interés en dividir internamente a la población trabajadora y en enfrentar a unas personas con otras. El nacionalismo y el racismo son unas herramientas prácticas para lograrlo. Desvían la atención de las contradicciones de clase y ocultan a la élite. Llevan a las personas obreras a luchar contra quienes están abajo en vez de luchar contra quienes están arriba. Hacen olvidar la escandalosa fractura entre personas ricas y pobres, y el hecho de que la población trabajadora paga el precio. El nacionalismo y el racismo constituyen el tendón de Aquiles del movimiento obrero.

Marx hablaba de ello con ocasión de las tensiones entre las y los obreros ingleses e irlandeses en Inglaterra. En el siglo XIX en Gran Bretaña había muchas personas trabajadoras extranjeras venidas de Irlanda. Las personas irlandesas hablaban la misma lengua que las británicas, pero eran mucho más pobres y practicaban otra religión. La élite británica azuzaba intencionadamente las tensiones con el fin de reforzar su propia posición y debilitar al movimiento obrero. “Todos los centros industriales y comerciales de Inglaterra tiene actualmente una clase obrera escindida en dos campos hostiles: el de los proletarios ingleses y el de los proletarios irlandeses. El obrero inglés ordinario detesta al obrero irlandés como a un competidor que hace bajar su nivel medio de existencia . […] Prejuicios religiosos, sociales y nacionales enfrentan al obrero irlandés. Se comporta con él poco menos que como los “poor whites” [blancos pobres] con los negros en los viejos estados esclavistas de los Estados Unidos. […] El irlandés […] ve en él a un tiempo al cómplice y al instrumento ciego de la dominación inglesa en Irlanda. Este antagonismo se alimenta artificialmente y se estimula con la prensa, los sermones, las revistas humorísticas, en suma, con con todos los medios de que disponen las clases dominantes. Este antagonismo es el secreto de la impotencia de la clase obrera inglesa a pesar de su organización. Es también el secreto del persistente poderío de la clase capitalista, que se da perfecta cuenta de ello” (83).

En Estados Unidos la división en el seno de la clase obrera no se basaba tanto en la religión o la nacionalidad sino sobre todo en el color. A finales del siglo XIX una gran parte de la población vivía en la esclavitud. Proliferaban el racismo y la discriminación. Según Marx, la clase obrera blanca debía ocuparse de la suerte de sus hermanos y hermanas negras. La emancipación de la clase obrera concernía a todos los obreros. Mientras una parte estuviera oprimida no era posible alivio alguno para el resto. “En los Estados Unidos de Norteamérica todo movimiento obrero independiente estuvo sumido en la parálisis mientras la esclavitud desfiguró una parte de la república. El trabajo cuya piel es blanca no puede emanciparse allí donde se estigmatiza el trabajo de piel negra” (84).

Son unas palabras enormemente actuales. Los políticos de derecha y de extrema derecha se divierten enfrentando entre sí a los diferentes grupos de la población. El movimiento obrero no puede caer en esa trama. Si la clase obrera está dividida no podrá hacer frente a la élite. Una actitud de solidaridad, en cambio, puede darle alas. En todo caso, esa fue la lección de Estados Unidos. “Pero de la muerte de la esclavitud surgió de inmediato una vida nueva, remozada. El primer fruto de la guerra civil fue la agitación por las ocho horas” (85).

Además de la unidad y de una visión a largo plazo el movimiento obrero también necesita un intermediario político. “Contra ese poder colectivo de las clases poseedoras el proletariado sólo puede actuar como clase constituyéndose en partido político diferenciado, opuesto a todos los antiguos partidos formados por las clases poseedoras” (86). A mediados del siglo XIX el movimiento obrero se encontraba todavía en un estado embrionario. Las personas obreras todavía estaban organizadas sobre todo a nivel local y sectorial, aún no disponían de un partido obrero propio. Si querían convertirse en un factor significativo y resistir a su poderoso enemigo, tenían que crear un partido revolucionario. Marx y Engels llegan a esta conclusión tras las fracasadas revueltas revolucionarias de 1848 en varias ciudades europeas. “El progreso revolucionario no se abrió paso con sus conquistas directas tragicómicas, sino, por el contrario, engendrando una contrarrevolución cerrada y potente, engendrando un adversario, en la lucha contra el cual el partido de la subversión maduró, convirtiéndose en un partido verdaderamente revolucionario” (87). Los sindicatos son necesarios para las luchas directas (como las reivindicaciones salariales y las condiciones laborales). Pero para llegar a un objetivo final, una sociedad justa en la que no exista la explotación, se necesita un partido político. “La coalición de las fuerzas obreras, ya obtenida merced a las luchas económicas, debe servir también como palanca en manos de esta clase, en su lucha contra el poder político de sus explotadores” (88).

6. El Estado del 1 %
En los puntos 2 y 3 hemos visto que la población trabajadora se encuentra en una posición débil y sometida respecto a los capitalistas. Sin embargo, tiene una gran ventaja: representa a la mayoría aplastante de la población. Y puesto que la producción se organiza cada vez más en grandes unidades, el capitalismo ha “reunido”, por así decirlo, a las personas obreras y empleadas, lo que constituye una amenaza potencial para las relaciones de explotación.

En ese punto es en el que la clase dirigente acude al Estado para proteger su poder y sus privilegios. Ni más ni menos que Adam Smith, el fundador del liberalismo clásico, lo dijo de modo en absoluto ambiguo: “El gobierno civil, […] instaurado para asegurar la propiedad, está en realidad instituido para la defensa del rico contra el pobre o de quienes tienen alguna propiedad contra quienes no tienen ninguna” (89).

El aparato de Estado fue uno de los temas fundamentales de Marx y Engels: “Al paso que los progresos de la moderna industria desarrollaban, ensanchaban y profundizaban el antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, el poder estatal fue adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, de máquina del despotismo de clase” (90). Y concluyen Marx y Engels: “El Estado moderno no es más que una comisión que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa” (91).

El Estado debe permitir a los capitalistas percibir un máximo de beneficios. Esto significa proteger la propiedad privada de los medios de producción y crear las condiciones favorables para la usurpación de la plusvalía. Esto último el Estado lo hace, entre otras cosas, delimitando los márgenes de las negociaciones salariales, limitando la posición de poder de los sindicatos, fijando el margen de maniobra legal en caso de conflictos sociales (huelgas, ocupaciones de centros de trabajo), etc.

Dicho claramente, la clase capitalista reina, pero no gobierna. Como regla general, la clase dominante deja la gestión a una casta política que se supone sirve a sus intereses a largo plazo. En una carta a Karl Marx Engels habla de una “oligarquía capaz de ocuparse de la gestión del Estado y de la sociedad que defiende los intereses de la burguesía a cambio de una indemnización adecuada” (92) . La élite económica no gobierna de forma directa sino que busca personal político para hacerlo. “La riqueza ejerce su poder indirectamente, pero por ello mismo de un modo más seguro. De una parte, bajo la forma de corrupción directa de los funcionarios […] de otra parte, bajo la forma de alianza entre el gobierno y la Bolsa” (93).

El Estado es una especie de campana política que sirve para neutralizar y cubrir las contradicciones económicas. La cohesión, imposible en la esfera económica debido a la contradicción entre el trabajo y el capital, se crea en la esfera política. “Pero a fin de que estos antagonismo, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del «orden». Y ese poder, nacido de la sociedad pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado” (94).

El hecho de que para hacer esta misión la clase dominante subcontrate a “terceras personas”, que además son cargos electos, permite salvar las apariencias de neutralidad y de imparcialidad. Se aparenta que el Estado está por encima de las clases y que representa el “interés general”: “Cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que dominó antes de ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad” (95).

El mito de la neutralidad y del interés general se destruye rápidamente. “La alianza entre el gobierno y la Bolsa” por sí sola ya l o demuestra. Así, Jean-Luc Dehaene, exprimer ministro de Bélgica, desempeñó cargos en varias empresas, como Umicore, Lotus, Dexia y AB Inbev. Sigfried Bracke, presidente de la Cámara, era (antes de ser obligado a dimitir) consejero de Telenet, una gran empresa belga de telecomunicacione. Karel de Gucht, excomisario europeo de Comercio, trabaja en Proximus y ArcelorMittal, y José Manuel Barroso, expresidente de la Comisión Europea, trabaja ahora en el banco de inversión Goldman Sachs, uno de los responsables de la crisis financiera de 2008.

No es sorprendente que las multinacionales paguen menos impuestos que quienes trabajan limpiando sus sedes. La élite hace todo lo posible para destacar la neutralidad del Estado, pero no es más que una fachada. El Estado siempre elige siempre su campo. La policía y la justicia no protegen a las personas sin hogar frente a los especuladores, no protegen a las personas en huelga contra quienes rompen la huelga, no protegen a las personas trabajadoras despedidas contra los jefes de empresa que quieren conseguir en otros lugares un porcentaje extra de beneficio, no persiguen a los grandes banqueros que saquearon nuestra economía en 2008, etc.

El Estado asume una posición neutra mientras no esté en juego el status quo y mientras no ganen las clases subalternas. En cuanto hay peligro de que esto ocurra, se les hará frente con cañones de agua y gases lacrimógenos o se cortarán los fondos. Y si eso no basta, intervendrán los tanques. “La civilización y la justicia del orden burgués aparecen en todo su siniestro esplendor dondequiera que los esclavos y los parias de este orden osan rebelarse contra sus señores. En tales momentos esa civilización y esa justicia se muestran como lo que son: salvajismo descarado y venganza sin ley” (96) . En cuanto los intereses del capital están en peligro “el Estado tiene atada, fiscalizada, regulada, vigilada y tutelada a la sociedad civil, desde sus manifestaciones más amplias de vida hasta sus vibraciones más insignificantes” (97).

La clase capitalista es capaz, si lo desea, de estrangular la economía de un país. Es lo que ocurrió en Chile justo antes del golpe de Estado de 1873, en Venezuela en 2003 y en Grecia en 2015. El capital lleva al Estado burgués atado con una correa, por así decirlo. Esta correa puede ser larga o corta y da una idea del margen de maniobra de gobierno, pero a fin de cuentas la correa está ahí.

Debido a esta correa Marx no tenía una buena opinión de las elecciones. “En vez de decidir una vez cada tres o seis años qué miembros de la clase dominante habían de "representar" al pueblo en el parlamento, el sufragio universal habría de servir al pueblo” (98). Marx consideraba que la democracia era demasiado preciosa para confiarla solamente a unas personas que se dedican profesionalmente a la política o a unos parlamentos. La democracia debe estar anclada al nivel local, cerca del pueblo, y emanar del pueblo. Según él, el proceso de toma de decisiones lo debía llevar a cabo lo que hoy llamaríamos la sociedad civil. Su modelo era el de la Comuna de París, una revuelta popular desencadenada en París en 1871 que el ejército francés reprimió en sangre al cabo de dos meses.

Esto no impide que la lucha electoral y el parlamento sea unos instrumentos útiles para la lucha obrera. Engels afirmó en 1895: “Con la agitación electoral, [el sufragio universal] nos ha suministrado un medio único para entrar en contacto con las masas del pueblo allí donde están todavía lejos de nosotros, para obligar a todos los partidos a defender ante el pueblo, frente a nuestros ataques, sus ideas y sus actos; y, además, abrió a nuestros representantes en el parlamento una tribuna desde lo alto de la cual pueden hablar a sus adversarios en la Cámara y a las masas fuera de ella con una autoridad y una libertad muy distintas de las que se tienen en la prensa y en los mítines. […] Con este eficaz empleo del sufragio universal entraba en acción un método de lucha del proletariado totalmente nuevo, método de lucha que se siguió desarrollando rápidamente” (99).

Pero, al final habrá que revertir el equilibrio de fuerzas. “El objetivo inmediato es […] la constitución de los proletarios en clase, derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del poder político por el proletariado” (100).

7. El socialismo en el orden del día
“De ahí la gran influencia civilizadora del capital; su producción de un estado social frente al cual todos los anteriores se presentaban solo como desarrollos locales de la humanidad y como idolatría de la naturaleza” (101).

A lo largo de la historia mundial la humanidad ha vivido privaciones y una enorme miseria. Desde la revolución agrícola hubo una producción excedente pero no se invertía en la economía. Se la quedaba la élite para construir palacios o templos, para vivir una vida lujosa o para mantener un ejército. Durante siglos la riqueza producida permanecía constante y aumentaba únicamente en función del aumento de población. Solo cuando la plusvalía se reinvierte en la esfera de la producción la historia se acelera. El capital nuevo permite adquirir máquinas nuevas y mejores, y desarrollar la producción. Este cambio se produjo más o menos a mediados del siglo XIX. A partir de entonces se disparó la creación de riqueza en este planeta (102).

Gráfico 3
Marx analizó minuciosamente este proceso histórico. “La gran industria creó el mercado mundial, cuyas bases había sentado ya el descubrimiento de América. El mercado mundial dio lugar a un desarrollo inconmensurable del comercio, la navegación y las comunicaciones terrestres, desarrollo que, a su vez, contribuyó a la expansión de la industria” (103) . Marx constató que las fuerzas productivas (herramientas, máquinas) tenían una tendencia histórica a hacerse mejores y más eficaces. “El resultado es una tendencia al desarrollo general de las fuerzas productivas, de la riqueza en general” (104). Cada vez se necesitaba menos tiempo “para producir trigo, ganado. […] Ganar tiempo, a eso se reduce en última instancia toda economía” (105).

En el capitalismo el objetivo de la producción es únicamente el afán de lucro de un grupo pequeño de personas que son propietarios privados y no se elabora en función de las necesidades sociales o de las oportunidades de desarrollo de la gran mayoría. “El monopolio del capital se convierte en grillete del régimen de producción que ha florecido con él y bajo él” (109).

Esto es más actual que nunca. La brecha entre lo que es posible y lo que realmente se hace nunca había sido tan grande como hoy en día. Las relaciones de producción impiden más que nunca un desarrollo digno. A escala mundial la riqueza producida en la actualidad permite a cada familia de dos personas adultas y tres hijos disponer de unos ingresos potenciales de 3.500 euros (110). En otras palabras, existe riqueza suficiente para que todo el mundo lleve una vida más que decente. Sin embargo, una tercera parte de la población mundial no dispone de instalaciones sanitarias básicas y una cuarta parte no dispone de electricidad. Una séptima parte vive en un barrio de chabolas y una novena parte no dispone de agua potable (111).

La industria alimentaria, con un valor de 4 billones de dólares, está en manos de unos pocos monopolios, que controlan casi toda la cadena alimentaria, de principio a fin, y solo operan en función de sus beneficios. Lo que determina quién podrá disponer o no de comida en este mundo son sus expectativas de beneficios y no las necesidades. Actualmente más de 800 millones de personas padecen hambre a pesar de que es posible producir alimentos para 12.000 millones de personas. Solo el alimento que se tira en Estados Unidos bastaría para alimentar a todas las personas hambrientas (112). El hambre en el mundo no es una cuestión de poca capacidad sino de malas relaciones de propiedad.

La FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, calculó que una inversión pública anual de 24.000 millones de dólares (esto es, un 0,6 % del producto anual del sector agrícola) complementada con inversiones privadas permitiría aumentar el producto mundial bruto 120.000 millones de dólares. La razón es que las personas concernidas viven más tiempo y tiene una salud mejor, y, por lo tanto, pueden producir más (113). Por consiguiente, ¡se trata de un rendimiento del 500%! Por no hablar siquiera de los millones de vidas humanas que se podrían salvar. Sin embargo, el capitalismo es incapaz de hacer esta inversión evidente y necesaria.

La situación sanitaria es igual de alucinante. A principios de este año el gigante farmacéutico Pfizer decidió parar las investigaciones sobre las enfermedades de Alzheimer y de Parkinson, no porque ya no sea necesario, al contrario, más de 60 millones de personas sufren una de estas enfermedades, sino porque el beneficio es demasiado insuficiente. En los últimos años millones de personas han muerto de sida porque las empresas farmacéuticas bloquearon el acceso a los medicamentos baratos. Cada año mueren de malaria unas 600.000 personas. Hace tiempo que se podría haber erradicado esta enfermedad, pero también en este caso se gana poco con ello. Para controlar la enfermedad bastarían 2.400 millones de dólares suplementarios al año. En los paraísos fiscales se aparcan unos 32 billones de dólares… Las empresas farmacéuticas gastan 19 veces más en marketing que en investigación fundamental. Eso lo dice todo (114).

¡Qué decir del trabajo! Marx constataba que con el paso del tiempo la productividad seguía aumentando, con lo que se liberaba tiempo para el pleno desarrollo del individuo. “Cuanto menos tiempo necesita la sociedad para producir trigo, ganado, etc., más tiempo consigue para otra producción, material o espiritual. […] Ahorrar tiempo de trabajo equivale a aumentar el tiempo libre, es decir, el tiempo para el pleno desarrollo de la persona. […] Tiempo libre, que es a la vez tiempo de ocio y tiempo para una actividad superior” (115). El hecho de que ya no se viva para trabajar sino a la inversa crea un nuevo tipo de ser humano: “El tiempo libre ha transformado a su poseedor en otro sujeto” (116). Aumenta el nivel cultural, el placer es más sofisticado. La persona trabajadora experimenta “un placer mayor, incluso mentalmente, se implica en su propio interés, lee periódicos, asiste a conferencias, educa a sus hijos, desarrolla sus gustos, etc.” (117).

En 1830 un obrero belga trabajaba 72 horas a la semana. En 1913 había 60 horas de trabajo semanal; en 1940, 48 horas y en 1970, 40 horas (118). La razón es simple: la productividad, lo que una persona obrera crea en valor por hora de media, no ha dejado de aumentar y sigue aumentando. En 1970 una persona obrera producía de media ocho veces más que hace cien años. A principios de este siglo ya era 14 veces más (119). Por consiguiente, sería de esperar que con el paso del tiempo el tiempo de trabajo siga disminuyendo. Keynes, uno de los economistas más reputados, preveía ya en 1930 que sus nietos solo tendrían que trabajar 15 horas a la semana para tener una vida cómoda (120). Pero no tenía en cuenta las relaciones de propiedad capitalistas. En vez de hacer disminuir la cantidad de horas de trabajo se nos obliga a trabajar cada vez más y durante más tiempo para satisfacer el “hambre insaciable de trabajo excedente” (121) (el trabajo excedente es el trabajo no remunerado que es la base del beneficio del capitalista, véase punto 2)....

Es indudable que el capitalismo ha producido mucha riqueza, pero de manera muy desigual. Ahora bien, ¿cuánto tiempo queremos esperar todavía para satisfacer las necesidades básicas de todas las personas? El capitalismo se comporta de forma inhumana y antisocial cuando lo exige el beneficio. Destruye la naturaleza y el clima si lo requiere el beneficio. Bajo las relaciones de propiedad capitalistas es imposible alimentar a todo el mundo, prever medicamentos a un precio razonable para todos, trabajar para vivir en vez de lo contrario. “La propiedad privada burguesa moderna es la última y más acabada expresión del modo de producción y de apropiación de lo producido basado en los antagonismos de clase, en la explotación de los unos por los otros” (122). Estas palabras son más actuales que nunca.

El capitalismo ha creado suficiente plusvalía para eliminar definitivamente la penuria y, por lo tanto, la existencia de clases. Ahora bien, solo el socialismo es capaz de realizarlo. “Si el hombre está formado por su entorno las circunstancias tiene que hacerse humanas” (123). Para ello será necesario que la economía no esté en manos de una pequeña élite. “El rasgo distintivo del comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa. […] En este sentido, los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad privada” (124).

8. Interés por la naturaleza
La conciencia ecológica en el seno del mundo industrial se creó hace cincuenta años, impulsada sobre todo por el Club de Roma. En los diez últimos años la degradación climática ha fomentado esta conciencia. En el siglo XIX todavía no existía esta conciencia. Reinaba entonces la creencia en el progreso basada en los grandes avances tecnológicos de la época. Marx era hijo de su tiempo y no le era ajeno un cierto optimismo tecnológico. No obstante, en sus escritos también encontramos al mismo tiempo un profundo análisis del impacto del ser humano sobre la naturaleza, algo bastante único en su tiempo. Constata que la dominación ilimitada del ser humano sobre la naturaleza es inherente al capitalismo. Fue uno de los raros pensadores del siglo XIX que abordó de manera franca el interés por la naturaleza, lo que lo convierte en un pionero del pensamiento ecológico actual.

Ya en sus primeros escritos Marx integraba en su análisis tanto los factores geográficos y climatológicos como el efecto que estos factores tenían sobre el ser humano. “Toda historiografía tiene necesariamente que partir de estos fundamentos naturales y de la modificación que experimentan en el curso de la historia por la acción de los hombres” (125). La teoría del valor, que es el centro de la obra de Marx, no se limita únicamente al trabajo. El trabajo Y la naturaleza son las fuentes de la plusvalía. “El trabajo [...] no es la fuente única [...] de la riqueza material. El trabajo es el padre de ésta, como dice William Petty, y la tierra, su madre” (126).

Para poder sobrevivir el ser humano debe trabajar y dominar la naturaleza. Contrariamente al animal, “el hombre [...] modifica la naturaleza y [...] la domina” (127), afirmaba Engels. Marx y Engels rechazaban todo enfoque romántico o sentimental de la madre tierra. “Las ciencias modernas [...] con la moderna industria han revolucionado toda la naturaleza y puesto fin a la actitud infantil del hombre hacia ella” (128).

Puesto que el ser humano está subordinado a la naturaleza, también depende de ella y debe cuidarla. “Que el hombre vive de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el cual ha de mantenerse en proceso continuo para no morir” (129). “Todo nos recuerda a cada paso que el hombre no domina, ni mucho menos, la naturaleza a la manera de un conquistador domina un pueblo extranjero, es decir, como alguien que es ajeno a la naturaleza, sino que formamos parte de ella con nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, que nos hallamos en medio de ella y que todo nuestro dominio sobre la naturaleza y la ventaja que en esto llevamos a las demás criaturas consiste en la posibilidad de llegar a conocer sus leyes y de saber aplicarlas acertadamente” (130). “Una sociedad entera, una nación, ni siquiera todas las sociedades contemporáneas juntas son propietarias de las tierra. Solo la aprovechan en usufructo y como boni patres familias tiene que legársela mejorada a las generaciones posteriores” (131). Esta última cita se escribió hace 150 años, pero se podría haber extraído de un discurso pronunciado en una reciente cumbre sobre el clima.

Marx constaba que el desarrollo económico en su época tenía un gran impacto negativo en el medioambiente. “Con el aumento de la producción y el aumento de la productividad en el trabajo […] aumenta la cantidad de materias primas utilizadas en el proceso de producción cotidiano” (132). “El desarrollo de la cultura y de la industria se ha traducido siempre en la tendencia colosal a destruir los bosques y todo lo que se ha intentado para la conservación y producción de la riqueza forestal representa un factor verdaderamente insignificante al lado de aquella tendencia” (133). Se altera el equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, lo que se expresa, entre otras cosas, en el agotamiento de las tierras agrícolas. “Con la preponderancia incesantemente creciente de la población urbana, acumulada en grandes centros por la producción capitalista, esta por una parte acumula la fuerza motriz histórica de la sociedad y por otra perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra, esto es, el retorno al suelo de aquellos elementos constitutivos del mismo que han sido consumidos por el hombre bajo la forma de alimento y vestimenta, retorno que es condición natural eterna de la fertilidad permanente del suelo” (134). “La explotación y el saqueo de los recursos de los suelos […] sustituyen el cultivo consciente y racional […], lo cual es una condición necesaria para la existencia y perpetuación de la cadena alimentaria para las generaciones futuras del hombre” (135).

Su conclusión es clara: “La producción capitalista […] no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando al mismo tiempo los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador […] Este proceso de destrucción es tanto más rápido cuanto más tome un país –el caso de los Estados Unidos de América, por ejemplo– a la gran industria como punto de partida y fundamento de su desarrollo” (136). Engels nos advierte: “No debemos […] lisonjearnos demasiado de nuestras victorias humanas sobre la naturaleza. Esta se venga de nosotros por cada una de las derrotas que le inferimos” (137).

Marx no se contenta con esta conclusión. Busca también por qué el capitalismo explota a ultranza la naturaleza. En su afán de lucro el capital reduce todo a mercancía. Se reducen los bienes a su valor de intercambio en detrimento de su valor de uso. “Un producto se convierte en una mercancía que puede ser intercambiada. Una mercancía se transforma en valor de cambio […] en dinero” (138). Nada escapa a esta codicia, ni siquiera “los huesos de los santos”. La naturaleza desaparece así en “la gran retorta social a la que todo se arroja para que salga de allí convertido en cristal de dinero” (139). El capitalismo no ve el entorno natural como algo que hay que querer y disfrutar, sino como un medio del afán de lucro y para lograr aún más acumulación de capital. Por primera vez “la naturaleza se transforma en puro objeto para el hombre, en pura cosa utilitaria; deja de ser reconocida en tanto potencia para sí” (140).

Un sistema impulsado por la acumulación de capital es un sistema que no se detiene nunca. El capitalismo es como una bicicleta que debe circular constantemente para no caer. Tarde o temprano la finitud de la naturaleza entra en contradicción con la sed insaciable de beneficios. “Tal es la ley [ley de la competencia que lleva a la acumulación] que saca constantemente de su viejo cauce a la producción burguesa y obliga al capital a tener constantemente en tensión las fuerzas productivas del trabajo, [...]; la ley que no le deja punto de sosiego y le susurra incesantemente al oído: ¡Adelante! ¡Adelante!” (141). La exigencia de la acumulación debido a la competencia hace que los capitalistas tengan pocos escrúpulos.”« Après moi le déluge!» [¡Después de mí el diluvio!] es la divisa de todo capitalista y de toda nación capitalista” (142).

Según Marx, para acabar con esta depredación hay que abolir la propiedad privada. “Desde el punto de vista de una formación económica superior de la sociedad la propiedad privada de algunos individuos sobre la tierra parecerá algo tan monstruoso como la propiedad privada de un hombre sobre su semejante” (143). La relación perturbada entre el ser humano y la naturaleza solo se podrá solucionar si se controla la fuerza ciega de la acumulación de capital y los medios de producción se convierten en propiedad común. “El comunismo […] es la resolución definitiva del antagonismo entre el hombre y la naturaleza, y entre el hombre y el hombre” (144).

La célebre escritora y activista Naomi Klein llega a una conclusión similar. En su libro sobre el clima afirma que el mundo se enfrenta a una elección decisiva: salvar el capitalismo o salvar el clima (145). Esta elección se plantea claramente en el sector de la energía fósil, el principal responsable de la emisión de CO2. Las 200 sociedades más grandes de petróleo, gas y carbón tienen un valor de mercado común de 4 billones de dólares y hacen unos beneficios anuales de decenas de miles de millones (146). Si queremos mantener el aumento de la temperatura por debajo de 2 grados nuestros gigantes energéticos no deben tocar entre el 60 % y el 80 % de sus reservas (147). En el marco del capitalismo esto es desastroso para las perspectivas de beneficio, hundiría inmediatamente su valor bursátil.

Estos gigantes no toleran ataque alguno contra su imperio económico o financiero, aunque haya consideraciones ecológicas o incluso esté amenazado el futuro del planeta. Cada año siguen invirtiendo sin traba alguna cientos de millones de dólares en la búsqueda de nuevas reservas (148). Mientras tanto, los valores bursátiles de los monopolios energéticos van muy bien. Como si no pasara nada suponen, de acuerdo con los mercados financieros y los accionistas, que el mundo político no cumplirá lo prometido respecto a los objetivos climáticos. Según Jeffrey Sachs, asesor de la ONU, “los grupos de presión están ganado […] el resto del mundo está perdiendo, sobre todo porque los grupos de presión de los combustibles fósiles están bien organizados […]. Esta situación tiene que cambiar urgentemente antes de que sea demasiado tarde” (149).

El calentamiento climático no se puede detener en el marco de la lógica del beneficio. Según The Economist, portavoz de la élite económica mundial, el precio financiero es demasiado elevado para detener el calentamiento climático y de ahí su conclusión cínica: “Una acción global no detendrá el cambio climático. El mundo debe buscar como vivir con ello”. Ahora bien, no hay que deprimirse por eso: según The Economist, a consecuencia del calentamiento climático todavía se puede sacar mucho beneficio. Con todos los diques nuevos que hay que construir las constructoras tiene un magnífico porvenir ante sí. Con todas las catástrofes por venir las empresas de seguros van a hacer negocios redondos. El calentamiento climático también será bueno para la medicina tropical (150)... Después de nosotros el diluvio, en sentido totalmente literal.

La política climática es demasiado importante para dejarla en manos de los gigantes energéticos y de su lógica del beneficio. Debemos acabar con su omnipotencia con el fin de crear margen para una política climática responsable. O, según las palabras de Marx, es importante “[regular] racionalmente ese metabolismo suyo con la naturaleza poniéndolo bajo su control colectivo, en vez de ser dominados por él como por un poder ciego” (151). Este es el gran reto al que se enfrenta la generación actual.

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Van Bladel, L., Kerngedachten van Karl Marx, Anvers, 1981.

Notas:

(1) Nos concentramos en primer lugar en los textos de Marx. Los completamos con citas de Friedrich Engels, su amigo y compañero de armas. Comparten las mismas ideas y escriben juntos gran cantidad de textos. Friedrich Engels también redactó y editó muchas obras importantes de Marx. La mayoría de las citas son traducciones [al neerlandés y después al francés], se han tomado las buenas traducciones que existen al francés. [Para las citas en castellano tomaremos siempre que sea posible las traducciones publicadas en internet, n. de la t.].

(2) El PIB – el Producto Interior Bruto - es la producción anual de bienes y servicios de un país. En 2016 el PIB de la zona euro era un 20 % más bajo que las tendencias anteriores a la crisis, Financial Times, 11 de noviembre de 2015, p. 9; http://www.ft.com/intl/cms/s/0/373793a2-86cf-11e5-9f8c-a8d619fa707c.html

(3) Financial Times, 16 de septiembre de 2009, p. 13;. http://www.ft.com/intl/cms/s/0/b24477de-a226-11de-9caa-00144feabdc0.html#axzz2niuBeAH0.

(4) Marx, K., Le Capital , Livre III, Le procès d'ensemble de la production capitaliste, 1894, http://inventin.lautre.net/livres/MARX-Le-Capital-Livre-3.pdf , p. 121. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital3/MRXC3615.htm ].

(5) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, 1844, https://www.ucc.ie/archive/hdsp/Literature_collection/Manifest_French.pdf , p. 11. [Esta cita en castellano y, a no se que se indique otra cosa, las siguientes de este libro están tomadas de https://www.planetadelibros.com/libros_contenido_extra/35/34404_El_manifisto_comunista.pdf ]. 

(6) Marx, K., Le Capital , Livre III, p. 222. [En castellano https://books.google.es/books?id=qSO0DQAAQBAJ&pg=PT268&lpg=PT268&dq=La+raz%C3%B3n+%C3%Baltima+de+todas+las+crisis+reales+es+siempre+la+pobreza+y+la+limitaci%C3%B3n+del+consumo+de+las+masas&source=bl&ots=Un85jhfjE6&sig=X8BdEv9aU2snzEJFmSBfcTp3uoA&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwjClqz7mvzcAhVBKewKHWEwC6oQ6AEwAnoECAcQAQ#v=onepage&q=La%20raz%C3%B3n%20%C3%Baltima%20de%20todas%20las%20crisis%20reales%20es%20siempre%20la%20pobreza%20y%20la%20limitaci%C3%B3n%20del%20consumo%20de%20las%20masas&f=false ].

(7) Marx, K., Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie (Rohentwurf), 1858, http://dhcm.inkrit.org/wp-content/data/mew42.pdf, p. 661.

(8) Marx, K., Le Capital Critique de l'économie politique. Livre I; 1867, http://inventin.lautre.net/livres/MARX-Le-Capital-Livre-1.pdf , p. 351. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/8.htm].

(9) http://siteresources.worldbank.org/EXTPREMNET/Resources/TDAT_Book.pdf , p. 261; http://www.oxfamsol.be/nl/IMG/pdf/bp174-cautionary-tale-austerity-inequality-europe-120913-en.pdf , p. 22.

(10) Marx, K., Le Capital, Livre III , p. 124. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital3/MRXC3615.htm ]

(11) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 11.

(12) Financial Times , 3 de enero de 2013; http://www.ft.com/intl/cms/s/2/dafa4a2c-486e-11e2-a1c0-00144feab49a.html#axzz2KIkH3LkW ; Deshpande A. & Nurse K. (eds.), The Global Economic Crisis and the Developing World: Implications and Prospects for Recovery and Growth , Nueva York, 2012, p. 1.

(13) Financial Times , 1-2 de noviembre de 2011, http://www.ft.com/intl/cms/s/0/473f53da-0310-11e1-899a-00144feabdc0.html#axzz2UDYGNQV0.

(14) Marx, K. y Engels, F., Neue Rheinische Zeitung. Politisch-ökonomische Revue, 1850, http://www.mlwerke.de/me/me07/me07_421.htm. [Citado en castellano en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=245198]

(15) https://hbr.org/2008/09/new-thinking-for-a-new-financial-order ; http://uk.businessinsider.com/global-financial-assets-2015-2?international=true&r=UK&IR=T ; https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.CD.

(16) http://www.bis.org/statistics/dt1920a.pdf. Un derivado o producto derivado es la denominación general de aquellos productos bursátiles cuya tasa se basa en otra inversión subyacente. Los derivados financieros se utilizan para reducir el riesgo pero, sobre todo, con fines especulativos. Las principales formas de derivados son las options [opciones], futures [futuros], swaps y forwards. Cfr. Vandepitte, M. en Callewaert C., %Attac% tegen de dictatuur van het kapitaal, Attac-Vlaanderen, 2000, p. 39-40; http://nl.wikipedia.org/wiki/Financiële_derivaten.

(17) http://blogs.ft.com/martin-wolf-exchange/2011/10/24/the-threat-of-the-volatility-junkie/ ; cfr. http://www.iii.co.uk/investment/detail?code=cotn:LLOY.L&display=discussion&id=8953934&action=detail.

(18) Marx, K., Le Capital, Livre III, p. 204. [En castellano http://www.javiercolomo.com/index_archivos/Literatura/Marx/Marx.pdf ]

(19) Marx, K., Grundrisse, p. 335.

(20) Marx, K., Capital. Volume III, p. 121. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital3/MRXC3615.htm ]

(21) Marx, K. y Engels, F., Neue Rheinische Zeitung. [Citado en castellano en https://www.boltxe.eus/una-critica-marxista-del-analisis-keynesiano-sobre-la-crisis-economica/ ]

(22) Marx, K. y Engels, F., Neue Rheinische Zeitung. [Citado en castellano en https://www.boltxe.eus/una-critica-marxista-del-analisis-keynesiano-sobre-la-crisis-economica/] . 

(23) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 11.

(24) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 357. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/]

(25) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 788.

(26) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 422.

(27) Para simplificar hacemos abstracción de impuestos y de salario diferido (parte del salario dedicado a las pensiones, seguridad social, etc).

(28) Las quinientas empresas más grandes del mundo emplean a 65 millones de personas y en 2014 generaron un beneficio de 1.700.000 millones de dólares, http://fortune.com/global500/.

(29) La fortuna de Albert Frère se calcula en 4.900 millones de euros. https://www.hln.be/geld/nieuwe-nummer-een-op-miljardairslijst-van-forbes-trump-zakt-verder-weg-en-belg-komt-top-300-binnen~afc6d6da/ . [Albert Frère es un hombre de negocios belga y la persona más rica de Bélgica, n. de la t.].

(30) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 20.

(31) Marx, K., Le Capital Critique de l'économie politique. Livre I, p. 89. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/1.htm ]

(32) En Bélgica el ingreso disponible neto se eleva a 28.700 dólares por persona al año. Convertido en euros equivale a 8.650 euros al mes para un hogar con dos niños y dos adultos. Fuente: http://www.oecdbetterlifeindex.org/countries/belgium/.

(33) http://deredactie.be/cm/vrtnieuws/binnenland/1.2281491; Wetenschappelijk Instituut Volksgezondheid, Gezondheidsenquête 2013. Rapport 3: Gebruik van gezondheids- en welzijnsdiensten, Bruselas, 2015, https://his.wiv-isp.be/nl/Gedeelde%20%20documenten/Summ_HC_NL_2013.pdf, p. 36; https://www.hln.be/geld/economie/4-op-10-vlamingen-kunnen-niet-sparen~a1176e4f/.

(34) http://www.standaard.be/cnt/dmf20160714_02385565 ; http://www.standaard.be/cnt/dmf20170814_03017672.

(35) Un empleo cuesta aproximadamente 50.000 euros al año, lo que supone 20.000 empleos por mil millones de euros. Con los impuestos y las contribuciones a la seguridad social por una parte y la disminución de las prestaciones sociales por otra, puede llegar fácilmente a 30.000 empleos y más. Además, estos nuevos empleos contribuyen a relanzar la economía.

(36) Marx, K, Grundrisse, p. 58. [En castellano https://books.google.es/books?id=H19EtT5WmskC&pg=PA28&lpg=PA28&dq=El+capital+es+la+potencia+econ%C3%B3mica,+que+lo+domina+todo,+de+la+sociedad+burguesa.+Debe+constituir+el+punto+de+partida+y+el+punto+de+llegada&source=bl&ots=h-9D7K7Ngi&sig=T8XOFp0IQ8lfOnOf2iRzYuvLBmE&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwiZ2_Td5P7cAhUDxhoKHRDGBS4Q6AEwA3oECAcQAQ#v=onepage&q=El%20capital%20es%20la%20potencia%20econ%C3%B3mica%2C%20que%20lo%20domina%20todo%2C%20de%20la%20sociedad%20burguesa.%20Debe%20constituir%20el%20punto%20de%20partida%20y%20el%20punto%20de%20llegada&f=false ].

(37) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 309. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/8.htm].

(38) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 10-11.

(39) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 762. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/23.htm].

(40) Jamil Jonna R. y Bellamy Foster J., ‘Marx’s Theory of Working-Class Precariousness. Its Relevance Today’, Monthly Review , 1 de abril de 2016, https://monthlyreview.org/2016/04/01/marxs-theory-of-working-class-precariousness/#lightbox/0/. 

(41) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 774-5. [Citado en castellano en http://www.niepmarx.blog.br/MM2017/anais2017/MC83/mc833.pdf].

(42) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 321.

(43) Marx, K., The Belgian Massacres, https://www.marxists.org/archive/marx/iwma/documents/1869/belgian-massacre.htm . *El apellido Richard se forma irónicamente sobre el adjetivo “riche”, “rico” en francés, se podría traducir por “Señor Ricachón” (n. de la t.)

(44) Marx, K., Grundrisse , p. 411. [Citado en castellano en https://marxismocritico.files.wordpress.com/2011/10/eagleton_terry_-_marx_y_la_libertad.pdf ].

(45) Marx, K., Grundrisse , p. 211.

(46) http://www.knack.be/nieuws/belgie/voorpublicatie-de-grote-pensioenroof-ze-pakken-onze-beste-jaren-af/article-longread-979693.html.

(47) Marx, K., Manuscrits de 1844, 1844, http://classiques.uqac.ca/classiques/Marx_karl/manuscrits_1844/Manuscrits_1844.pdf , p. 56. [Citado en castellano en https://medium.com/la-tiza/marx-y-el-origen-del-marxismo-ii-a3efd92b8b78].

(48) http://www.hln.be/hln/nl/38762/Geld-maakt-gelukkig/article/detail/3019906/2016/12/03/4-op-10-Vlamingen-kunnen-niet-sparen.dhtm ; https://www.hln.be/geld/economie/twee-op-de-drie-belgische-woningen-bewoond-door-eigenaar~a0bd47d9/ ; http://www.knack.be/nieuws/wereld/oxfam-steeds-meer-armoede-in-europa-rijken-hebben-te-veel-invloed-op-beleid/article-normal-603687.html.

(49) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 6-7.

(50) Marx, K., Le Capital, Livre III , p. 357. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital3/MRXC3847.htm].

(51) Marx, K., Manuscrits de 1844, p. 78. [En castellano http://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/44mp/3.htm].

(52) Engels, F. y Marx, K., Lettre à Bebel, Liebknecht, Bracke, 17-18 septembre 1879, https://www.marxists.org/francais/marx/works/00/parti/kmpc085.htm . [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/1879circu.htm].

(53) Engels, F., L’origine de la famille, de la propriété privée et de l’état, 1884, https://matricien.files.wordpress.com/2012/03/engels-origine-de-la-famille.pdf , p. 78. [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/el_origen_de_la_familia.pdf].

(54) Marx, K., Le 18 Brumaire de Louis Bonaparte, 1851, http://classiques.uqac.ca/classiques/Marx_karl/18_brumaine_louis_bonaparte/18_brumaine_louis_bonaparte.pdf , p. 12. [En castellano http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/M&E(SP)/EBLB52s.html].

(55) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 24.

(56) Marx, K., Grundrisse , p. 204-5. En el texto Marx empleba el término 'citizen' [ciudadano] para identificar a los ciudadanos 'libres' en una sociedad esclavista.

(57) Engels, F., 1880, Socialisme utopique et socialisme scientifique, https://www.marxists.org/francais/marx/80-utopi/utopie.pdf , p. 41. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/78ad/78AD302.htm].

(58) Engels, F. y Marx, K., L’idéologie allemande, 1845, http://classiques.uqac.ca/classiques/Engels_Marx/ideologie_allemande/Ideologie_allemande.pdf , p. 17. [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/feuerbach/1.htm].

(59) Engels, F. y Marx, K., L’idéologie allemande, p. 31.

(60) Marx, K., La guerre civile en France, 1871, http://www.karlmarx.fr/documents/marx-1871-guerre-civile-france.pdf, p. 15. [Citado en castellano en http://books.google.es/books?id=T8LRDgAAQBAJ&pg=PT53&lpg=PT53&dq=No+tienen+que+realizar+ningunos+ideales+sino,+simplemente,+liberar+los+elementos+de+la+nueva+sociedad+que+la+vieja+sociedad+burguesa+agonizante+lleva+en+su+seno&source=bl&ots=CFPh-TD3F-&sig=O1oCglWJDQ54iiAbAH8YUrvO4Dg&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwilveaWrIXdAhXQzoUKHUj2BhYQ6AEwAHoECAAQAQ#v=onepage&q=No%20tienen%20que%20realizar%20ningunos%20ideales%20sino%2C%20simplemente%2C%20liberar%20los%20elementos%20de%20la%20nueva%20sociedad%20que%20la%20vieja%20sociedad%20burguesa%20agonizante%20lleva%20en%20su%20seno&f=false]

(61) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 14.

(62) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 16.

(63) Marx, K., Grundrisse , p. 507.

(64) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 14.

(65) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 13.

(66) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 16.

(67) El término pequeño burgués proviene del alemán y se refiere a la capa social entre la clase obrera y la “gran” burguesía. Se trata de los capataces, pequeños campesinos, pequeños empresarios, etc.

(68) Engels, F. y Marx, K., Lettre à Bebel, Liebknecht, Bracke.

(69) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 35.

(70) Marx, K. y Engels, F., Adresse du Comité Central à la Ligue des communistes, 1850, https://www.marxists.org/francais/marx/works/1850/03/18500300.htm . [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/50_circ.htm].

(71) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 15.

(72) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 14.

(73) http://arxiv.org/PS_cache/arxiv/pdf/1107/1107.5728v2.pdf; cfr. http://www.forbes.com/sites/bruceupbin/2011/10/22/the-147-companies-that-control-everything/ ; http://dstevenwhite.com/2012/08/11/the-top-175-global-economic-entities-2011/.

(74) World Bank, https://data.worldbank.org/indicator/SL.TLF.TOTL.IN.

(75) ILO, World Employment Social Outlook. Trends 2018 , http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---dgreports/---dcomm/---publ/documents/publication/wcms_615594.pdf , p 8.

(76) Vacas-Soriano, C. y Fernández-Macías, E., Europe’s Shrinking Middle Class, https://www.socialeurope.eu/europes-shrinking-middle-class.

(77) Mertens, P., Comment osent-ils ? La crise, l'euro et le grand hold-up, Bruselas 2012, capítulo 2. 

(78) Marx, K., Critique du Programme de Gotha, 1875, http://www.communisme-bolchevisme.net/download/Marx_Critique_du_programme_de_Gotha.pdf , p. 11. (En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm].

(79) http://www.progressiveeconomy.eu/sites/default/files/Progressive_Economy-JOURNAL_issue2.pdf , p. 13.

(80) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 13.

(81) Marx, K., Statuts de l'Association Internationale des Travailleurs, 1864, https://www.marxists.org/francais/marx/works/1864/00/18640000.htm. [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864-est.htm].

(82) Marx, K., Statuts de l'Association Internationale des Travailleurs.

(83) Marx, K., Lettre à Siegfried Meyer et August Vogt, 9 avril 1870, en Marx, K. y Engels, F., Textes sur le colonialisme, Moscú 1977, 352-355; p. 354-5. [En castellano https://pensaryhacer.files.wordpress.com/2013/01/acerca-del-colonialismo-articulos-y-cartas.pdf pp. 45 y 46].

(84) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 386. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/8.htm].

(85) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 386.

(86) Engels, F. y Marx, K., Les prétendues scissions dans l'Internationale, 1872, https://www.marxists.org/francais/marx/works/1872/03/scissions.htm . [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/lpee72s.htm].

(87) Marx, K., Les luttes des classes en France, 1850, http://piketty.pse.ens.fr/files/Marx1850.pdf, p. 22.

(88) Engels, F. y Marx, K., Les prétendues scissions dans l'Internationale, 1872.

(89)https://fr.wikisource.org/wiki/Recherches_sur_la_nature_et_les_causes_de_la_richesse_des_nations/Livre_5/1. [Citado en castellano en https://revistas.uexternado.edu.co/index.php/ecoins/article/view/299/3224].

(90) Marx, K., La guerre civile en France, p. 11. [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm].

(91) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 8.

(92) Engels, F., Brief aan Karl Marx, 13 avril 1866, https://www.marxists.org/archive/marx/works/1866/letters/66_04_13.htm.

(93) Engels, F., L’origine de la famille, de la propriété privée et de l’état, p. 76. [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/el_origen_de_la_familia.pdf ].

(94) Engels, F., L’origine de la famille, de la propriété privée et de l’état, p. 75.

(95) Engels, F. y Marx, K., L’idéologie allemande, p. 32. [Citado en castellano en http://www.mabelthwaitesrey.com.ar/wp-content/uploads/art-period/16.pdf ].

(96) Marx, K., La guerre civile en France, p. 22.

(97) Marx, K., Le 18 Brumaire de Louis Bonaparte, p. 53. [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum4.htm].

(98) Marx, K., La guerre civile en France, p.13.

(99) Engels, F., Introduction à ‘Les luttes de Classes en France’, 1895, https://www.marxists.org/francais/engels/works/1895/03/fe18950306.htm . [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/francia/francia1.htm].

(100) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 18. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/47mpc/i2.htm].

(101) Marx, K., Grundrisse, p. 339. [Citado en castellano en https://haciaelcapital.files.wordpress.com/2010/02/write-10.pdf].

(102) Los primeros capitalistas eran capitalistas comerciales. A partir de finales del siglo XV ganaron grandes cantidades de dinero gracias al saqueo, el robo, la piratería, el comercio de esclavos, etc. Pero como tales no aumentaron la riqueza mundial. Solo cuando empiezan a invertir su capital en la esfera de la producción toma forma verdaderamente la acumulación de capital y, por lo tanto, el capitalismo. Fuente del gráfico: http://www.krusekronicle.com/kruse_kronicle/2008/03/charting-histor.html#.VaOeOfntlHw.

(103) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 8.

(104) Marx, K., Grundrisse, p. 462.

(105) Marx, K., Grundrisse, p. 119.

(106) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 10.

(107) Marx, K., Grundrisse, p. 257 y 461.

(108) Marx, K., Contribution à la critique de l'économie politique, 1859, http://www.karlmarx.fr/documents/marx-1859-critique-economie-politique.pdf , p. 9. [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/1859contri.htm].

(109) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 906. [En castellano http://www.marx.be/fr/content/capitulo-xi].
(110) El cálculo para una familia media se basa en la hipótesis plausible de que el ingreso disponible de los hogares es un 70 % del PIB. Utilizamos el producto mundial bruto: 122 billones de dólares en 2016. Esta cifra, expresada en dólares PPA [Paridad del Poder Adquisitivo], tiene en cuenta unas diferencias de precios entre países para los mismos bienes o servicios y expresa el poder adquisitivo real. Hemos convertido esta cifra en euros según el método de cálculo del Banco Mundial: para Bélgica 1 dólar PPA equivale a 0,808 euros. Fuentes: https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.PP.KD; http://www.worldometers.info/world-population/world-population-by-year/; https://data.oecd.org/conversion/purchasing-power-parities-ppp.htm.

(111) http://www.unwater.org/statistics_san.html http://www.voanews.com/content/decapua-un-energy-28apr10-92323229/154303.html ; http://www.habitatforhumanity.org.uk/statistics ; http://www.fao.org/hunger/en/.

(112) Financial Times, 25 de febrero de 2013, p. 7; http://www.ft.com/intl/cms/s/0/128a852e-7b64-11e2-8eb3-00144feabdc0.html#axzz2U7FxPYH3; FAO, IFAD, UNICEF, WFP y WHO, The State of Food Security and Nutrition in the World 2017, Roma, 2017, http://www.fao.org/3/a-I7695e.pdf, p. 2. http://www.dewereldmorgen.be/artikel/2017/11/16/er-is-iets-grondig-mis-met-het-mondiale-voedselsysteem; Elver H., Speech by Ms Hilal Elver, United Nations Special Rapporteur on the Right to Food, http://www.fao.org/fileadmin/templates/righttofood/images/img_event/2014_VG10/FAO_SpecialRapporteurRTF_speech.pdf; Financial Times, Special Report: Managing Climate Change, 28 de noviembre de 2011, p. 3, https://www.ft.com/content/112e448e-142e-11e1-b07b-00144feabdc0.

(113) FAO, State of Food Insecurity in the World 2004, Roma, 2004, p. 5; http://www.hungerfreeplanet.org/news/hunger-costs-poor-countries-450-billion-a-year.

(114) http://fortune.com/2018/01/08/pfizer-alzheimers-drug-research-end/; https://mronline.org/2018/01/16/profits-before-people-capitalists-abandon-alzheimers-and-parkinsons-research; https://www.theguardian.com/commentisfree/2013/feb/22/hiv-aids-deaths-pharmaceutical-industry; Financial Times, 29 de diciembre de 2014, p. 5; https://www.ft.com/content/f0ff8ed2-86b4-11e4-9c2d-00144feabdc0; http://tjn-usa.org/storage/documents/The_Price_of_Offshore_Revisited_-_22-07-2012.pdf; https://www.bmj.com/content/345/bmj.e4348.

(115) Marx, K, Grundrisse, p. 119 y 625. [Citado en castellano en http://books.google.es/books?id=2waeBBGARLQC&pg=PA74&lpg=PA74&dq=cuanto+menos+tiempo+necesita+una+sociedad+para+producir+trigo,+ganado+Marx&source=bl&ots=wzc9PKRsMo&sig=lBnsOcBSF34ZmwVto_1B0SzHW-4&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwikxaadkovdAhVJaBoKHbwAAsIQ6AEwBHoECAYQAQ#v=onepage&q=cuanto%20menos%20tiempo%20necesita%20una%20sociedad%20para%20producir%20trigo%2C%20ganado%20Marx&f=false

(116) Marx, K, Grundrisse, p. 119 y 625 . [Citado en castellano en http://books.google.es/books?id=fGq7DgAAQBAJ&pg=PT71&lpg=PT71&dq=este+tiempo+libre+transforma+a+su+poseedor+en+un+sujeto+diferente.+Marx&source=bl&ots=LVzraY5Ist&sig=vcWrWhqtBafusA62pbYSV6eL4CQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi3zvyYlovdAhWPCuwKHQkwCp8Q6AEwAnoECAgQAQ#v=onepage&q=este%20tiempo%20libre%20transforma%20a%20su%20poseedor%20en%20un%20sujeto%20diferente.%20Marx&f=false]

(117) Marx, K, Grundrisse, p. 226.

(118) https://ourworldindata.org/working-hours.

(119) Se calcula sobre la base de Maddison A., Contours of The World Economy, I-2030AD, Oxford 2007, p. 377 en 379.

(120) http://www.econ.yale.edu/smith/econ116a/keynes1.pdf; p. 5.

(121) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 312.

(122) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 18. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/47mpc/i2.htm].

(123) Engels, F. y Marx, K., La Sainte Famille, 1845, http://www.luttedeclasse.org/marxisme/sainte_famille.pdf, p. 76.

(124) Engels, F. y Marx, K., Manifeste du Parti communiste, p. 18. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/47mpc/i2.htm].

(125) Engels, F. y Marx, K., L’idéologie allemande, p. 12. [En castellano http://personales.unican.es/gonzaleof/Curso_TeX/docs/paginas/Marx_1.pdf].

(126) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 99. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/1.htm ].

(127) Engels, F., Dialectique de la nature, 1883, https://www.marxists.org/francais/engels/works/1883/00/engels_dialectique_nature.pdf, p. 141.

(128) Engels, F. y Marx, K., Rezension: G. Fr. Daumer, ‘Die Religion des neuen Weltalters. Versuch einer combinatorisch-aphoristischen Grundlegung’, 1850, http://hiaw.org/defcon6/works/1850/02/daumer.html . [Citado en castellan en https://radiozapatistasud.files.wordpress.com/2011/11/bellamy-foster-john-la-ecologc3ada-de-marx.pdf].

(129) Marx, K., Manuscrits de 1844, p. 60. [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/man1.htm#1-3].

(130) Engels, F., Dialectique de la nature, p. 141. [En castellano http://archivo.juventudes.org/textos/Friedrich%20Engels/Dialectica%20de%20la%20Naturaleza.pdf]. 
(131) Marx, K., Le Capital, Livre III, p. 351. [Citado en castellano en http://books.google.es/books?id=zZtPtQciv9UC&pg=PA207&lpg=PA207&dq=sociedad+naci%C3%B3n+entera++propietarias+de+la+tierra+usufructo+generaciones+El+capital+III&source=bl&ots=83xeZ57QY3&sig=rY7dGeRxXhCvkoC8OpvpUj_eJXY&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwj9gLyN34zdAhVLPBoKHas5DjYQ6AEwAHoECAEQAQ#v=onepage&q=sociedad%20naci%C3%B3n%20entera%20%20propietarias%20de%20la%20tierra%20usufructo%20generaciones%20El%20capital%20III&f=false].

(132) Marx, K., Le Capital. Critique de l'économie politique. Livre II, 1885, http://inventin.lautre.net/livres/MARX-Le-Capital-Livre-2.pdf , p. 62.

(133) Marx, K., Capital. Volume II, p. 106. [En castellano http://juango.es/files/Karl-Marx---El-capital-II.pdf].

(134) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 615. [En castellano http://books.google.es/books?id=twPVDQAAQBAJ&pg=PA584&lpg=PA584&dq=preponderancia+poblaci%C3%B3n+urbana+fuerza+motriz+metabolismo+tierra+El+capital&source=bl&ots=tmbqgagzs7&sig=a3gzQLO3p6lyBkQxf4lx8-4FH94&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi2-6rB6IzdAhVR6RoKHZSLBjoQ6AEwAXoECAkQAQ#v=onepage&q=preponderancia%20poblaci%C3%B3n%20urbana%20fuerza%20motriz%20metabolismo%20tierra%20El%20capital&f=false]

(135) Marx, K., Le Capital, Livre III, p. 366.

(136) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 617 et 616. [En castellano http://books.google.es/books?id=twPVDQAAQBAJ&pg=PA584&lpg=PA584&dq=preponderancia+poblaci%C3%B3n+urbana+fuerza+motriz+metabolismo+tierra+El+capital&source=bl&ots=tmbqgagzs7&sig=a3gzQLO3p6lyBkQxf4lx8-4FH94&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi2-6rB6IzdAhVR6RoKHZSLBjoQ6AEwAXoECAkQAQ#v=onepage&q=preponderancia%20poblaci%C3%B3n%20urbana%20fuerza%20motriz%20metabolismo%20tierra%20El%20capital&f=false].

(137) Engels, F., Dialectique de la nature, p. 141. [En castellano http://archivo.juventudes.org/textos/Friedrich%20Engels/Dialectica%20de%20la%20Naturaleza.pdf]. 
(138) Marx, K., Grundrisse , p. 93.

(139) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 199. [En castellano https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/3.htm]

(140) Marx, K., Grundrisse , p. 339. [Citado en castellano en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=6845].

(141) Marx, K., Travail salarié et capital , 1849, http://www.karlmarx.fr/documents/marx-1849-travail-salairie-capital.pdf , p. 18. [En castellano https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/49-trab2.htm].

(142) Marx, K., Le Capital. Livre I, p. 351. [En castellano http://marxismo.school/files/2017/09/Marx_El-capital_Tomo-1_Vol.-1.pdf].

(143) Marx, K., Le Capital, Livre III, p. 351. [En castellano https://books.google.es/books?id=AqRjDwAAQBAJ&pg=PT2234&lpg=PT2234&dq=la+propiedad+privada+de+algunos+individuos+sobre+la+tierra+parecer%C3%A1+algo+tan&source=bl&ots=Zb56nQl-bB&sig=tKrm_qW0buo_OqRIJ5aXvHQy09I&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwihiqOj0I3dAhXR_KQKHTi-D_AQ6AEwAXoECAkQAQ#v=onepage&q=la%20propiedad%20privada%20de%20algunos%20individuos%20sobre%20la%20tierra%20parecer%C3%A1%20algo%20tan&f=false].

(144) Marx, K., Manuscrits de 1844, p. 82. [Citado en castellano en http://ict.edu.ar/renovacion/wp-content/uploads/2011/06/Fragmentos-de-Marx-y-ejercicios.pdf]

(145) Klein, N., Tout peut changer. Capitalisme et changement climatique, Arles, 2015. [Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima, Barcelona, Paidós, 2015; traducción al castellano de Albino Santos Mosquera].

(146) http://www.economist.com/news/business/21577097-either-governments-are-not-serious-about-climate-change-or-fossil-fuel-firms-are.

(147) The Economist, 14 de noviembre de 2015, pp. 55-6; http://www.economist.com/news/business/21678219-some-oil-majors-are-still-ducking-issue-global-warming-nodding-donkeys.

(148) Unburnable Carbon 2013. Wasted capital and stranded assets, http://carbontracker.live.kiln.it/Unburnable-Carbon-2-Web-Version.pdf, p. 33; Carbon reserves held by top fossil fuel companies soar, https://www.theguardian.com/environment/2015/apr/19/carbon-reserves-held-by-top-fossil-fuel-companies-soar.

(149) Financial times, 16/7 de noviembre de 2013, p. 9; https://www.ft.com/content/8251fd86-4de8-11e3-8fa5-00144feabdc0.

(150) “ Adapting to climate change. Facing the consequences”, The Economist, 27 de noviembre de 2010, p. 79-82; https://www.economist.com/node/17572735.

(151) Marx, K., Le Capital, Livre III , p. 370. Fuente: http://www.investigaction.net/fr/pourquoi-marx-avait-raison/ Traducido del neerlandés al francés por M. Lauwers, E. Carpentier y L. Ragugini
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246013http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246013 ...