Mostrando entradas con la etiqueta Thomas Piketty. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Thomas Piketty. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de octubre de 2026

_- Thomas Piketty: "El nerviosismo que vemos hoy en Washington tiene que ver con el hecho de que EE.UU. está perdiendo el control sobre el mundo"

Thomas Piketty.
_- Thomas Piketty investiga la desigualdad económica y la distribución de la riqueza

Hace cinco años, el economista francés Thomas Piketty lanzó una advertencia que resonó en todo el mundo.

La desigualdad generada por una élite privilegiada que acumula enormes riquezas había alcanzado niveles comparables a los que precedieron a la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII.

El mensaje del economista sirvió como recordatorio de que, cada vez que surgen desequilibrios de esta magnitud, puede desencadenarse una
 crisis política capaz de cambiar el curso de la historia.

Aunque Piketty cree que la situación ha empeorado, mantiene una visión optimista del futuro.

Piketty sostiene que vivimos en una época plagada de distopías, una "visión trumpista del futuro que no funciona ni resuelve los problemas de desarrollo ni ambientales que necesitamos solucionar".

La panadera informal y exauxiliar de enfermería Luisana Serrano, de 34 años, junto a sus hijos en la entrada de su casa en el asentamiento La Fortaleza, cerca de Cúcuta, Colombia, el 9 de enero de 2026.

oLa panadera informal y exauxiliar de enfermería Luisana Serrano, de 34 años, junto a sus hijos en la entrada de su casa en el asentamiento La Fortaleza, cerca de Cúcuta, Colombia, el 9 de enero de 2026.

Pie de foto,

La concentración de la riqueza genera desigualdades que pueden debilitar la democracia, según el economista.

Sin embargo, confía en que ese escenario distópico no llegará a concretarse y que el mundo avanzará hacia un orden multipolar, con mayor peso de las fuerzas democráticas e impulsado, en buena medida, por la presión del sur global.

El autor de "El capital en el siglo XXI" (2013) ha vuelto a poner sobre la mesa una serie de propuestas audaces, reunidas en el "Proyecto de Justicia Global", un informe del Laboratorio de Desigualdad Mundial (World Inequality Lab).

El Laboratorio, con sede en la Escuela de Economía de París, se trata de un centro de investigación internacional dedicado al estudio de las desigualdades en el mundo.

Entre las propuestas presentadas, figuran la creación de una moneda internacional única para reemplazar al dólar, nivelar el ingreso per cápita y una reducción de las horas de trabajo a menos de la mitad.

A continuación, presentamos extractos de la entrevista que Thomas Piketty concedió a BBC Brasil, editada y adaptada por BBC Mundo para los lectores de habla hispana.

En un mundo atravesado por tantos conflictos y Estados cada vez más centrados en sus propios intereses, ¿Cómo conciliar este escenario con ambiciones globales tan grandes?

Vivimos en una época repleto de distopías. Los tecnomillonarios y los tecnonacionalistas promueven visiones locas del futuro –como la instalación de centros de datos, en cualquier lugar posible de la Tierra o en Marte– al mismo tiempo que libran guerras para extraer aún más combustibles fósiles en todo el mundo.

Es una visión trumpista del futuro que no funciona, que no resuelve los problemas de desarrollo ni los problemas ambientales que necesitamos solucionar. Es hora de debatir otra perspectiva. No podemos quedarnos de brazos cruzados, pesimistas, esperando a ver qué pasa.

Además, la agenda tecnonacionalista y tecnocapitalista no durará para siempre. No cumplirá sus promesas, aunque aún le queda mucho camino por recorrer. Vamos a ver qué sucede en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos en noviembre y en las presidenciales de Brasil.

Hace unos años, usted decía que la situación en el mundo era similar a la que terminó en la Revolución Francesa. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

Diría que, en muchos sentidos, la situación ha empeorado. Pero seamos optimistas.

A largo plazo, las fuerzas democráticas y las luchas sociales estarán listas para transformar las instituciones y hacer del mundo un lugar más igualitario y con desarrollo. Es posible avanzar en esta dirección.

Peter Thiel. 

Peter Thiel.

Pie de foto,

Los tecnomillonarios promueven escenarios distópicos, según el economista. 

Entre las propuestas que presentaron, ¿hay alguna que considere más urgente?

La idea del informe es pensar qué tipo de desarrollo compartido podemos tener en un planeta finito. Si todos los países alcanzaran un alto nivel de desarrollo en el futuro: ¿Cómo sería el mundo? Esa es la pregunta que nos hacemos.

Pero la respuesta depende de muchas condiciones. La transformación del sistema energético es una de ellas. Otro es un cambio estructural en los modelos de producción. También necesitamos reducir la desigualdad global para poder permitirnos inversiones en clima, educación y acceso a la salud.

Estas propuestas están en línea con lo que los países del sur global han planteado en los últimos años. Basta recordar que durante la cumbre del G20 de 2024, el presidente Lula propuso un impuesto global a las fortunas de los multimillonarios, una iniciativa que contó con el respaldo de Sudáfrica y de varios otros países.

Por supuesto, eso no es suficiente. Fue difícil convencer a los 20 países presentes, pero el hecho de que el tema se discutiera en el seno del G20 ya fue significativo. Demuestra que esta demanda de justicia económica y climática está presente.

¿Cree que la propuesta de un impuesto a las grandes fortunas tiene posibilidades de concretarse?

En un futuro relativamente próximo, habrá un grupo de países que avanzarán juntos para gravar a los multimillonarios y crear un sistema monetario internacional porque saben que el modelo actual no está funcionando.

El británico Phil White, de Patriotic Millionaires, sostiene un cartel con la consigna “Tax the Rich” (“Gravar a los ricos”) durante una protesta contra el Foro Económico Mundial (WEF), antes de su reunión anual en Davos, el 19 de enero de 2025.

El británico Phil White, de Patriotic Millionaires, sostiene un cartel con la consigna “Tax the Rich” (“Gravar a los ricos”) durante una protesta contra el Foro Económico Mundial (WEF), antes de su reunión anual en Davos, el 19 de enero de 2025.

Pie de foto,

El impuesto a los multimillonarios figura entre las propuestas. 

¿Por qué no funciona?

Pienso que la economía de Estados Unidos se está volviendo pequeña en comparación con el tamaño de la economía global. Era mayor en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, pero ha ido disminuyendo gradualmente, y será cada vez menor.

Por lo tanto, ya no sigue siendo posible que el dólar opere como moneda internacional en un mundo en el que la economía de EE.UU. es solo una pequeña fracción del PIB global. Esta no es una buena noticia para el mundo, pero tampoco lo es para Estados Unidos, dado que este sistema sobrevalora el dólar y contribuye a su enorme déficit comercial.

Sabemos que, si existen desequilibrios internacionales, surgen consecuencias geopolíticas. Las políticas actuales de Donald Trump son solo una reacción que no resuelve este problema.

¿Por tratarse de políticas belicistas?

Pienso que su mensaje es básicamente: "Pongo mis armas sobre la mesa para conseguir petróleo en Venezuela, Irán o Groenlandia y así reducir mi déficit interno". Pero nosotros creemos en un cambio estructural del sistema monetario internacional.

En una economía mundial multipolar. Es decir, una en la que ningún país tiene hegemonía sobre el PIB global, debemos contar con una moneda internacional basada en una canasta de divisas de Estados Unidos, China, India, Brasil, o de quien sea que contribuya a financiar el desarrollo de los países y a realizar inversiones climáticas.

Esto no será posible con el sistema actual. Y creo que sucederá antes de lo que la gente imagina.

Thomas Piketty.

Thomas Piketty.

Pie de foto,


Piketty plante crear una "coalición internacional incompleta" para llevar adelante estos reclamos.

Mencionan la idea de crear una moneda internacional administrada por la ONU. Sin embargo, varios líderes mundiales acaban de cuestionar a esta organización por no haber podido "mantener el orden mundial". ¿Cree que es necesario crear una nueva entidad global o basta con reformarla?

Sería mejor que existiera un consenso entre los miembros de la ONU para transformarla, así como entre el FMI y el Banco Mundial.

Dado que eso no parece factible, va a ser necesario al menos durante un período de transición crear lo que llamamos una "coalición incompleta".

Es decir, una coalición de países que no abarque a todo el mundo, que en algunos casos ni siquiera incluya a Estados Unidos, pero que aun así logre avanzar en la dirección correcta.

¿Tiene un ejemplo de cómo funcionaría?

Está teniendo lugar ahora una convención, en el marco de la ONU, para impulsar la cooperación global en materia de impuestos a los más ricos.

La agenda busca incluir a más actores en el sistema tributario internacional, en especial a los países del sur global. Aquellos países que no quieren que las riquezas sean extraídas de los más pobres en beneficio de los intereses económicos de las economías del norte. Es una cuestión de soberanía. Y esta es solo una de las cuestiones.

Ya sabemos que algunos países, en particular Estados Unidos, votarán en contra de la convención. De todos modos, se está construyendo sobre la base de una fórmula de mayoría. Esto es muy importante, porque es diferente a otras convenciones como la del Clima que se basa en la unanimidad.

Donald Trump. 

Donald Trump.

Pie de foto,


"La visión trumpista del futuro no está funcionando", dice el economista.

Entonces, ¿cree que las conferencias climáticas, conocidas como COP, dejarán de funcionar?

No diría que son un fracaso, pero tampoco un éxito rotundo. Aunque se celebran anualmente, no pueden tomar decisiones porque se basan en el principio de unanimidad.

El diseño de la convención fiscal de la ONU se definirá el próximo año, pero ya está claro que las decisiones se tomarán por mayoría cualificada, porque es importante tener en cuenta el tamaño de la población de cada país.

No es posible que los países pequeños, por ejemplo, tengan los mismos derechos de voto que Brasil, pero tampoco queremos que los países ricos monopolicen este proceso.

¿Qué pasa si los países ricos y grandes como Estados Unidos no quieren participar?

Estados Unidos no querrá participar. Eso lo sabemos. Así como sabemos que su participación sería necesaria para la reforma del sistema monetario internacional. Pero la proporción de la población estadounidense con respecto a la población mundial, o incluso su participación en el PIB mundial, ya está empezando a disminuir. Si esto pasa, podrían perder su poder de veto.

Por cierto, ¿sabe algo de lo que casi nadie habla y que destacamos en el informe?

El FMI tiene una norma según la cual un país que controle el 15% de los votos, ya sea por el peso de su economía o por otros criterios de representación, puede vetar decisiones clave.

Entre ellas figura la emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG), considerados por algunos como el embrión de una moneda internacional. Como Estados Unidos posee ese porcentaje de votos, tiene en la práctica poder de veto. Los gobiernos republicanos, históricamente, han hecho uso de esa capacidad para bloquear este tipo de iniciativas.

Pero, después de la crisis financiera de 2008 y de la pandemia, los gobiernos demócratas permitieron al FMI emitir DEG, que se repartieron según la cuota de cada país en la institución. No fue un gran avance. Yo creo que sería más justo distribuirlos según la población de cada país o el daño climático que padece.

Thomas Piketty.

Thomas Piketty.

Pie de foto,

Piketty ganó visibilidad en la década de 2010 con el libro "El capital en el siglo XXI".

¿Cambiará esto entonces cuando Estados Unidos pierda su poder de veto?

Perderán muy pronto este poder de veto, porque si hoy EE.UU. posee alrededor del 15% del PIB mundial y, en consecuencia, los derechos de voto en el FMI, pronto caerán a cerca del 10%. Yo diría que esto sucederá durante los próximos 10 o 20 años. Es posible que veamos un cambio en la estructura del fondo.

Entonces, para responder a la pregunta desde el principio: debemos ser muy pragmáticos. En algunos casos, será necesario crear nuevas instituciones con esa "coalición incompleta", como la cooperación fiscal internacional o, tal vez, crear un impuesto global a la riqueza para financiar reparaciones climáticas.

Este nerviosismo que vemos hoy en Washington, por no llamarlo de otra manera, tiene que ver con el hecho de que Estados Unidos está perdiendo control sobre el mundo. Entonces, los nacionalistas, como Trump, reaccionan desesperadamente y ponen sus armas sobre la mesa. Esto es más un signo de debilidad que de fortaleza.

Al mismo tiempo, las agendas de la derecha radical son extremadamente populares. ¿La izquierda debería hacer que la agenda redistributiva recupere el atractivo popular?

La izquierda perdió sus ambiciones de impulsar propuestas para reducir la desigualdad y redistribuir la riqueza. Se consolidó un consenso en torno a la liberalización de los mercados y a la reducción de la progresividad fiscal, lo que perjudicó tanto a las clases de ingresos bajos como a las medias.

En muchos casos, la izquierda y la centroizquierda se han asociado con políticas favorables a las grandes corporaciones. Eso ha abierto espacio para discursos nacionalistas. A veces, estos movimientos son incluso más favorables al capitalismo que los propios partidos de centro. Lo hacen para atraer a votantes de las clases trabajadoras y medias, enfatizando una dimensión nacionalista que, como he dicho, no resolverá los problemas.

De hecho, ni siquiera los propios votantes confían plenamente en la agenda trumpista. Saben que los partidos proponen un mismo modelo de desarrollo que no aborda la desigualdad, pero no ven una alternativa. Esa es la principal explicación.

Manifestantes continúan con su protesta en la Puerta del Sol después de que el Congreso de los Diputados de España rechazara las medidas del gobierno en materia de vivienda, en reclamo de acciones urgentes para hacer frente a la crisis de vivienda y alquiler que atraviesa el país, en Madrid, España, el 2 de octubre de 2026.

Manifestantes continúan con su protesta en la Puerta del Sol después de que el Congreso de los Diputados de España rechazara las medidas del gobierno en materia de vivienda, en reclamo de acciones urgentes para hacer frente a la crisis de vivienda y alquiler que atraviesa el país, en Madrid, España, el 2 de octubre de 2026.

Pie de foto,
La falta de alternativa y expectativa de futuro es uno de los motivos que explican la época. 

¿Se trata entonces de repetir las propuestas?

Si pasas años diciéndole a la opinión pública que no hay políticas económicas alternativas, que todos los gobiernos deben seguir la misma agenda a favor de las corporaciones y que lo único que realmente pueden hacer es controlar sus fronteras, después de 20 o 30 años, el resultado es un debate político que se reduce al control de fronteras y la identidad.

Abandonamos las discusiones sobre políticas económicas, sobre estructura de clases, sobre desigualdades socioeconómicas. Pero si los volvemos a abrir, las cosas empezarán a cambiar porque, en la práctica, si nos fijamos en los gobiernos nacionalistas que hoy están en el poder, al cabo de unos años la opinión pública ya no estará tan contenta con ellos.

Basta mirar los índices de popularidad de Trump en Estados Unidos. Esto es lo que me hace optimista, a largo plazo, con el regreso de soluciones internacionalistas, democráticas y más igualitarias, como las presentadas en el informe. No será fácil.

Thomas Piketty. 


Thomas Piketty.


¿Cree que habrá un punto de inflexión?

Es imposible predecir qué tipo de catástrofe política, qué tipo de crisis conducirá a la transición, pero es importante debatir cómo queremos reorganizarnos antes de que ocurra. Debemos estar preparados para presentar una alternativa ahora mismo.

Escribí un libro sobre la historia de la desigualdad ("Una breve historia de la igualdad", 2022) y una de las cosas que aprendí es que, en periodos críticos, cuando las sociedades necesitan cambiar el sistema y realizar cambios institucionales, deben estar preparadas para hacerlo.

Así surgieron la seguridad social, los servicios públicos, la educación universal y gratuita, el sufragio, los derechos laborales, la descolonización. Todo aquello que generó mayor prosperidad y mayor igualdad. No será fácil. Atravesaremos más crisis, catástrofes, luchas por el poder, pero al final el camino hacia la igualdad, la democracia y la prosperidad prevalecerá.

En un escenario en el que nada de esto ocurra y las propuestas del informe nunca se implementen, ¿Cómo ve usted el mundo dentro de 50 años?

Si el rumbo no cambia, el mundo se volverá más desigual y más polarizado. En consecuencia, más inestable que ahora. Pero creo que este futuro distópico no se hará realidad.

Las fuerzas tecnonacionalistas incluso podrían ganar algunas elecciones. Pero, dado que no saben cómo resolver los problemas estructurales del mundo, el futuro será multipolar con predominio de las fuerzas democráticas y esto se deberá principalmente a la presión que vendrá del sur global.

 *Versión editada por BBC Mundo.

domingo, 10 de mayo de 2026

_- Reseña de Igualdad. Qué es y por qué importa. Desde una perspectiva socialdemócrata crítica


_- Fuentes: Rebelión [Imagen: Piketty y Sandel durante la conversación que mantuvieron en la Escuela de Economía de París el 20 de mayo de 2024]




Reseña de Igualdad. Qué es y por qué importa (Debate, 2025), de Thomas Piketty y Michael J. Sandel

Interesante conversación sobre la igualdad (y asuntos complementarios), uno de las aspiraciones centrales de las tradiciones emancipatorias. Una aproximación desde básicamente tres aspectos: económico, relacionado con la distribución de la renta y la riqueza (nada que tenga que ver con la socialización o nacionalización de medios de producción y distribución); político, con referencias interés al poder y a la real participación ciudadana, pero también, en la línea de Sandel, una tercera categoría relativa a la «dignidad», al «estatus», al «respeto», al «reconocimiento», a «la estima». Para el filósofo norteamericano -Thomas Piketti, su interlocutor, no le contradice-, esta tercera dimensión («es una presentimiento, no puedo demostrarlo») es la más potente desde el punto de vista político y tal vez moral. Añade: «Toda esperanza que depositemos en el objetivo de reducir la desigualdad en las dos primeras dimensiones, tanto la económica como la política, dependerá de que sepamos crear las condiciones propicias para una mayor igualdad de reconocimiento, honor, dignidad y respeto.» (p. 146).

Igualdad no solo contiene cuidadas reflexiones filosóficas. Hay también propuestas políticas de interés. La siguiente es de Piketty: «En Europa [que Piketty, este caso es un ejemplo, hace muchas veces equivalente a la UE], yo soy favorable a lo que denomino federalismo social». Aboga por la implantación de un Parlamento europeo diferente del actual, «que funcione como si fuera una asamblea nacional a escala continental para que, mediante la simple aplicación del principio de la mayoría, podamos tener un impuesto europeo al carbono y otro del patrimonio». También defiende la creación de una asamblea conjunta entre la Unión Europea y la Unión Africana [el Sur no está ausente en la conversación], «que posibilite la aplicación de ambos continentes de unos impuestos conjuntos con los que financiar unos bienes públicos internacionales para ambas orillas del Mediterráneo». Así que, sostiene, «soy un internacionalista y un federalista convencido, pero, al mismo tiempo, creo que necesitamos estrategias unilaterales en cada país país para ponernos ya en marcha. No nos interesa escoger entre una estrategia o la otra: necesitamos las dos» (119-120).

Hay también buenos argumentos críticos sobre asuntos no siempre considerados suficientemente en las tradiciones emancipatorias. Una ilustración, una observación de Sandel (con crítica política complementaria): «Michael Young, que fue quien acuñó el término «meritocracia», era muy consciente de esto. Para él la meritocracia no era un ideal, sino un peligro. Y el peligro era precisamente ese: su potencial para cultivar ciertas actitudes antes el éxito, tanto entre ganadores como entre los perdedores, actitudes que nos alejan a los unos de los otros». La meritocracia cultivaría la arrogancia entre los vencedores y la humillación entre quienes se quedaran atrás, « a quienes se les diría (y tal vez se les convencería de ello) que su fracaso, sus problemas, son culpa suya y de nadie más. Esto puede ayudarnos a entender cómo es que nuestras sociedades se han polarizado tanto en las últimas décadas». A medida que la desigualdad se acentuaba y los trabajadores se enfrentaban al estancamiento salarial y a la pérdida de empleo, «los políticos de los partidos tradicionales de centro-izquierda y centro-derecha les daban consejos vigorizantes del tipo: «Si quieres competir y vencer en la economía global, ve a la universidad. Lo que ganes dependerá de lo que estudies. Si te esfuerzas, lo conseguirás» (p. 70).

Lo que estas élites, prosigue Sendal, pasaron por alto fue la afrenta implícita de sus palabras. «Si no te sacaste una carrera, si no tienes un título universitario y estás pasando dificultades con la nueva economía, tu fracaso es seguramente culpa tuya. No hiciste lo que te dijimos que hicieras. El problema -vienen a decir, en la práctica- no son las políticas económicas en marcha. El problema es que no te perfeccionaste a ti mismo tal como te recomendamos» (pp. 70-71) [el énfasis es mío].

Con más concreción política: para Michael Sandel, eso hicieron el Partido Demócrata (al que, en general, considera muy generosamente) de Estados Unidos, el Partido Laborista en Reino Unido, el Partido Socialista de Francia, «formaciones que demostraron estar más identificados con los valores, los intereses y el punto de vista de las clases de los profesionales titulados y con un alto nivel educativo que con los del electorado de clase obrera, que antaño constituía su base principal». No cabe extrañarse entonces, señala Sandel con buenas razones, de que el propio electorado tradicional de esos partidos reaccionaran de manera adversa contra ellos. «Fue una consecuencia, en mi opinión, de que las nociones meritocráticas del éxito terminasen convirtiéndose en compañeras morales de la globalización neoliberal» (71). Desde el punto de vista de este lector: en el centro de la diana.

Un apunte (innecesario) sobre los autores.

Thomas Piketty (Clichy, 1971) es economista y experto en desigualdad económica. Es actualmente responsable de estudios de la École des Hautes Études en Sciences Sociales y profesor de la École d’Economie de Paris. Entre sus numerosos libros cabe recordar El Capital en el siglo XXI (2013), Capital e ideología (2019) y Una breve historia de la desigualdad (2021). Ha sido reconocido como el Mejor Economista Joven de Francia y Premio Yrjö Jahnsson.

Michael J. Sandel (Minneapolis, 1953) ocupa la cátedra Anne T. y Robert M. Bass de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard. Es, sin duda, uno de los autores de referencia en el ámbito de la filosofía política académica. Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, es autor de ¿Hacemos lo que debemos? (2011), Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado (2013), Filosofía pública. Ensayos sobre moral en política (2020), La tiranía del mérito (2020), El descontento democrático (2023) y Contra la perfección (2024).

Igualdad es la versión editada de una conversación que mantuvieron en la Escuela de Economía de París el 20 de mayo de 2024 Piketty y Sandel, diálogo en el que, en frecuentes ocasiones, Piketti suele tomar la iniciativa y protagonizar los desarrollos más extensos.

Componen el libro una nota previa sobre el origen del texto y nueve capítulos. Falta, probablemente por urgencias editoriales, un índice analítico y onomástico, muy útiles en este caso. Los capítulos: 1. ¿Por qué debe preocuparnos la desigualdad? 2. ¿El dinero debería importar menos? 3. Los límites morales de los mercados. 4. Globalización y populismo. 5. Meritocracia. 6. Loterías: ¿deberíamos reservarles un papel en la admisión de alumnado universitario y en la selección de parlamentarios. 7. Impuestos, solidaridad y comunidad. 8. Fronteras, migración y cambio climático. 9. El futuro de la izquierda: economía e identidad. No reina el desinterés en ninguno de ellos.

No es posible presentar, y mucho menos desmenuzar, todos los temas que desarrollan los autores (que no son dos intelectuales revolucionarios) en su conversación. Tampoco sus numerosas sugerencias a las que, como no podía ser de otro modo, faltan en ocasiones muchas mediaciones políticas. Sirva lo siguiente como aliciente para la lectura de un libro que merece atención y cuidada lectura, sean cuales sean nuestros acuerdos, desacuerdos y matices.

Tanto Piketty como Sandel se mueven en coordenadas político-culturales que aquí solemos llamar socialdemócratas (liberales de izquierdas en USA). Pero desde y con posiciones críticas en muchas aristas. Piketty, que defiende un socialismo democrático, un socialismo internacionalista federal, señala por ejemplo: «Era [la socialdemocracia, el laborismo inglés] un proyecto radical y terminó volviéndose convencional porque tuvo éxito. Es el mismo reto al que nos enfrentamos hoy. Y para abordarlo con garantía, necesitamos solventar ciertas deficiencias importantes de la tradición socialdemócrata del siglo XX» (43). Una de esas deficiencias: se ha detenido la ampliación de la educación y la sanidad públicas. La segunda «la ausencia de participación, no ya en la deliberación y la vida políticas, sino también en la toma de decisiones en las grandes empresas» (45). La tercera: las grandes limitaciones de la dimensión transnacional: «los estados del bienestar se construyeron dentro del contexto de los estados nación del Norte global, obviando con arrogancia las desigualdades Norte-Sur y, lo que es aún más importante, el hecho de que la prosperidad del Norte jamás había sido tal sin la existencia del Sur.» (46).

Sandel, por su parte, recuerda que toda riqueza es una creación colectiva y no un logro individual. «Eso es importante. Pero para sentir, percibir y creer que estamos implicados en un proyecto común, que somos dependientes y responsables uno de otros, necesitamos crear condiciones e instituciones en la sociedad civil que nos recuerden esa comunidad, eso que compartimos en común.» (103).

Piketty se muestra optimista (¿excesivamente?) en temas de igualdad y desigualdad. «Aunque actualmente hay mucha desigualdad en Europa, en Estados Unidos, en India, en Brasil y en todo el mundo, a largo plazo se viene observando una tendencia hacia una mayor libertad». ¿De dónde esa tendencia? Nace de la movilización social «y de una fuerte, enorme, demanda social de igualdad de derechos de acceso a lo que las personas consideran que son los bienes fundamentales, entre los que se incluyen la educación, la salud, el sufragio y, en general, a la máxima participación posible en diversas formas de la vida social, cultural, económica, cívica y política». (p. 12)

No hay un horizonte anticapitalista en la conversación, ni en sus sugerencias y propuestas. Hay poca «fábrica» en el diálogo, poca clase obrera, poco pueblo trabajador. Sea como fuere, Igualdad. Qué es y por qué importa es un libro que se lee muy bien y del que se aprende, más allá de coincidencias, dudas y algunas distancias. No es una conversación estéril, no es un diálogo insustantivo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

jueves, 29 de enero de 2026

25 verdades del economista Thomas Piketty sobre la deuda griega

Salim Lamrani
Al Mayadeen

El autor del libro El capital en el siglo XXI denuncia la hipocresía de la troika y del Fondo Monetario Internacional sobre la cuestión de la deuda. [1]

En el pasado, las deudas públicas fueron mucho más importantes que la actual deuda de Grecia. Esta se eleva a 312.000 millones de euros y representa el 170% de la producción anual del país. La deuda de Grecia en realidad es irrisoria, pues la economía del país sólo representa el 2% del PIB de la zona euro. Por lo tanto la deuda apenas representa el 3% del PIB de la zona euro y no constituye un peligro para el equilibrio económico de Europa.

Las grandes potencias europeas como Francia, Alemania y el Reino Unido también tuvieron en el pasado, particularmente en el siglo XIX y el siglo XX, una deuda superior al 200% de su PIB. Cada vez que ocurrió, se encontró una solución.

“En el siglo XX, Francia y Alemania son los dos países por excelencia que nunca rembolsaron su deuda pública”.

“Hay algo irónico” en exigir a Grecia un rembolso imperativo de su deuda olvidando que “Europa se construyó después de la Segunda Guerra Mundial sobre ciertos principios, particularmente la cancelación de las deudas del pasado para invertir en el porvenir”.

Así, en 1953, Europa decidió colectivamente cancelar toda la deuda exterior de Alemania pues había “elegido el porvenir”.

Existen varios métodos frente al problema de la deuda. El método lento e ineficiente, que se aplica actualmente a Grecia, consiste en pedir a la nación que acumule excedentes presupuestarios (recaudaciones tributarias superiores a los gastos públicos) y los dedique al rembolso de los créditos. Tiene el defecto de durar a veces más de un siglo, socavar el crecimiento económico y tener un costo social muy elevado.

“Cuando se supera cierto nivel de deuda pública hay que utilizar métodos más rápidos”. Existen tres que se usaron en el pasado: la inflación moderada, los impuestos excepcionales sobre los patrimonios privados y sobre todo la cancelación de las deudas.

“Hubo cancelaciones de deudas en la pasado y habrá otras en el futuro”.

“Los gobiernos no tienen el valor de poner [el tema de la cancelación de la deuda] en la mesa”, lo que de todas formas es inevitable si se quiere salir de la crisis y “cuanto antes mejor”.

Se presenta al pueblo griego como que vive por encima de sus recursos. No obstante en la actualidad, bajo el gobierno de Alexis Tsipras, el presupuesto de Grecia está en equilibrio sin contar el servicio de la deuda. Incluso hay “un leve excedente primario” equivalente al 1% del PIB, lo que representa 1.830 millones de euros. El rembolso de la deuda se vuelve insostenible, sobre todo si se toma en cuenta el hecho de que los bancos privados concedieron a Grecia préstamos con tasas usurarias que podían alcanzar el 18%, convirtiendo los créditos en algo matemáticamente impagable.

Las instituciones financieras internacionales exigen a Grecia, en virtud de los acuerdos impuestos en 2012, que dedique el 4% de su PIB al rembolso de la deuda durante los 30 próximos años. “El presupuesto total de todo el sistema de la enseñanza superior griego representa menos del 1% del PIB. Significa entonces que se le pide al contribuyente griego que dedique, durante los próximos 30 años, cuatro veces más de dinero a rembolsar la deuda del pasado que todo lo que se invierte en la formación superior del país. ¿Acaso es la mejor forma de preparar el porvenir? Desde luego ¡no! Entonces es absurdo”.

“Jamás se pidió, afortunadamente, a Alemania, Francia y a los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial que hicieran eso. Se procedió a cancelaciones de las deudas y ello permitió la reconstrucción de Europa en los años siguientes. Pudimos librarnos del peso de la deuda e invertir los recursos públicos en las infraestructuras, la educación y el crecimiento”.

“Europa, mediante el Tratado Presupuestario de 2012, eligió el método británico del siglo XIX, de la penitencia durante décadas y décadas, en vez del método europeo de la posguerra, que consistió en proyectarse en el porvenir”.

“Hay una amnesia histórica extremadamente grave. La ignorancia histórica por parte de nuestros dirigentes es algo que consterna en absoluto”.

“El Gobierno francés tiene una responsabilidad muy grande” en esta situación al no oponerse a la intransigencia de Alemania. El presidente “Hollande debe tomar sus responsabilidades y decir que la restructuración de la deuda es ahora”.

Sin un gesto firme hay un riesgo de “prolongar el periodo de incertidumbre”, que tiene un gran impacto en el crecimiento, y “volver a hundir a Grecia en la recesión, lo que es extremadamente grave”.

“El problema de la deuda en Europa no es más importante que en Japón o en Estados Unidos”.

“Hay mucha hipocresía en todo esto, pues los bancos franceses y alemanes están muy contentos de ver los activos financieros de los griegos ricos que se transfieren a esos mismos bancos y por supuesto no se transmite la información a la Hacienda griega”, privando así al Estado helénico de fuentes de ingresos fundamentales y haciéndose cómplices del fraude fiscal a gran escala.

Desde 2010, las instituciones financieras internacionales han cometido “enormes errores en Grecia”. “Incluso el FMI reconoció haber subestimado las consecuencias de las medidas de austeridad en términos de recesión”.

Esas medidas de austeridad “llevaron a un aumento desmesurado de la deuda” griega pues el PIB cayó un 25 % entre 2010 y 2015. “Esta fue la razón de la explosión de la deuda hasta un 170% del PIB mientras que sólo representaba un 110%”.

“Me ubico en el punto de vista de las jóvenes generaciones griegas. ¿Acaso son responsables de los actos del [primer ministro] Papandreu en 2000 y 2002? No son más responsables de esos errores que los jóvenes alemanes de los años 1950 o 1960 de los errores precedentes. Dios sabe sin embargo que los gobiernos alemanes hicieron cosas mucho más graves que los gobiernos griegos”.

“Todas las deudas de la zona euro deben restructurarse. Hace falta cancelar una parte como siempre ocurrió en la historia”.

“Hace seis meses que el Gobierno griego pide un restructuración de la deuda” y cada vez recibe el rechazo obstinado del Eurogrupo.

No obstante en 2012 Europa “prometió a los griegos que cuando el país estuviera en situación de excedente se renegociaría el importe de la totalidad de la deuda”. Hoy Europa se niega a cumplir su promesa.

“Los charlatanes que pretenden que se va a expulsar a un miembro de la Unión Europea para disciplinar a los demás son sumamente peligrosos. El ideal europeo está a punto de ser destruido por las decisiones de esos charlatanes”. 

Nota:

[1] Thomas Piketty, «C’est à vous», France 5, 23 de junio de 2015. https://www.youtube.com/watch?v=VIzv3peNLFk (sitio consultado el 9 de julio de 2015); Thomas Piketty, «Il faudra parler de la restructuration de la dette grecque», Europe 1, 29 de junio de 2015. https://www.youtube.com/watch?v=e6SUVZmCxgM (sitio consultado el 9 de julio de 2015).

*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, the Media, and the Challenge of Impartiality, New York, Monthly Review Press, 2014, con un prólogo de Eduardo Galeano. http://monthlyreview.org/books/pb4710/ Contacto: [email protected] ; [email protected] Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

Fuente:

jueves, 19 de octubre de 2023

Piketty, el último gran intelectual francés.

Mediático y con influencia en el debate público, pertenece a una estirpe de pensadores franceses que no se limitaron a interpretar el mundo, sino que pretenden transformarlo.

Es el último gran intelectual francés, el heredero de esos escritores, pensadores, historiadores o sociólogos que, además de despuntar en su especialidad, influían en el debate público. Thomas Piketty (Clichy, 52 años) es economista, pero, quien haya escuchado sus intervenciones o le haya leído, se habrá dado cuenta de que es más que un economista. A veces es historiador. Y a su manera, político. Pertenece a la estirpe de filósofos, por usar la expresión de Marx, que no se limitaban a interpretar el mundo. Pretende transformarlo ...

lunes, 3 de julio de 2023

_- Los diez pensadores que más influyen en la izquierda


_- La izquierda vive momentos complicados. Hay quien dice que le cuesta encontrar un lugar en el mundo que se avecina, atomizado y posfordista, un relato con el que cautivar a las masas en un futuro cada vez más individualista y conspiranoico, escéptico ante las utopías y muy integrado en el dogma económico dominante. Para su supervivencia necesita imaginación e ideas. Con el fin de sondear el caldo de cultivo intelectual en el que vive la izquierda actual y del que tendrá que surgir la futura, hemos pedido a 37 personas expertas de diferentes ámbitos (la política, la edición, el periodismo o la academia) que voten por los que creen que son los pensadores, vivos o muertos, que más influyen hoy en día.

Imaginación e ideas: ¿a dónde va la izquierda?
La encuesta realizada por Ideas ha arrojado los que podrían ser sus referentes más importantes. Por este orden, los 10 más votados fueron: Karl Marx, Judith Butler, Antonio Gramsci, Thomas Piketty, Michel Foucault, Hannah Arendt, Simone de Beauvoir, Jürgen Habermas, Karl Polanyi y Walter Benjamin. Podría ser otra lista, pero es esta la que ha surgido y da una idea del ambiente intelectual de la izquierda en la tercera década del siglo XXI. A las puertas se quedan nombres que bien podrían estar dentro: Noam Chomsky, Nancy Fraser, John Maynard Keynes, Chantal Mouffe, Ernesto Laclau, Mariana Mazzucato, Simone Weil, Silvia Federici, David Harvey, Donna Haraway, o Slavoj Zizek, entre otras decenas que fueron mencionados por el jurado.

1. Karl Marx

Tréveris, Alemania, 1818-Londres, 1883. Su vasta obra influye en diversos campos del saber, en ella está el fundamento teórico de las corrientes socialistas y comunistas. Obras fundamentales: El manifiesto comunista (1848, con Engels) y El capital (1867).

POR CLARA RAMAS SAN MIGUEL
Profesora de Filosofía en la Universidad Complutense y responsable de la edición crítica de ‘El 18 Brumario de Luis Bonaparte (Akal)’ de Karl Marx “Un fantasma recorre Europa...” Las icónicas líneas iniciales de El manifiesto comunista describen la propia presencia de Marx, que no cesa de retornar incluso después de muerto: del marxismo al posmarxismo, del siglo XIX al XXI.

El joven Marx había descubierto que los ideales de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución Francesa quedarían incompletos si se limitaban a democratizar al poder político. Como ya había intuido Kant, las libertades políticas sin autonomía material y económica son vacías. La gran apuesta de Marx será pensar las condiciones de una autonomía efectiva: democratizar la economía.

El proyecto al que dedica su vida, El capital, es una crítica de la economía política o capitalismo. Descubre que en paralelo a conquistas políticas y formales subsiste una dependencia económica para la mayor parte de la población; que el capitalismo, por su propia dinámica, produce niveles crecientes de desigualdad. Descubre que la ley del mercado se impone como una ley de hierro al margen de la soberanía de pueblos y parlamentos, produciendo sociedades atomizadas que buscan reagruparse con fórmulas en ocasiones autoritarias. Descubre, en fin, que, lejos de satisfacer necesidades humanas, el capitalismo solo obedece a imperativos de valorización y acumulación creciente: como si, por así decirlo, el capital tomara vida propia y las personas y la naturaleza fueran solo su herramienta.

Marx es un pionero. Los avances y retrocesos del movimiento obrero inspirado por él han dado la medida para el Estado de bienestar y sus debates sobre redistribución, justicia social y políticas públicas. Vislumbra la actual crisis ecológica y plantea la cuestión del trabajo de cuidados que ocupará al feminismo. Insta a buscar formas de reproducción social no dependientes del trabajo asalariado, como la actual renta básica. Así, abre el campo no solo de las ciencias humanas, la sociología y la economía crítica, sino también de los debates sociales, ecologistas, feministas y poscoloniales contemporáneos.

Nuestra historia es para Marx la historia de la necesidad. El fantasma mencionado por Marx es una pregunta que nos sigue asediando en 2023: cómo alcanzar el reino de la libertad.

2. Judith Butler

Cleveland, EE UU, 1956. Con su cuestionamiento de las nociones tradicionales de género, ha hecho importantes aportaciones a la teoría queer. Obra fundamental: El género en disputa (1990).

POR PAUL B. PRECIADO
Filósofo.
Su último libro es ‘Dysphoria mundi’ (Anagrama).

Sería posible afirmar que Butler es no sólo le feministe más influyente del siglo XX, sino y, frente aquellos que consideran el feminismo como un pensamiento menor, le filósofe de izquierda más relevante de finales del siglo XX y de principios del siglo XXI, aquelle que opera, junto con Angela Davis, como pensadore bisagra, prefigurando las formas de activismo y de subjetividad política por venir. Descendiente de una familia judía diezmada en el Holocausto, Butler va a prestar atención a cómo los procesos de naturalización de la identidad (racial, de género, sexual…) esconden violentos proyectos políticos de normalización y purificación social. Simone de Beauvoir afirmó que “no se nace mujer”, Gayle Rubin y Joan Scott analizaron el género como el efecto de una construcción social, pero será Butler quien proponga una explicación de cómo se lleva a cabo esa construcción. Para Butler la identidad de género se construye “performativamente”: no es una esencia o una naturaleza, sino una práctica, algo que “hacemos” y no algo que “somos”. La relación entre anatomía y performance de género depende de la repetición de actos lingüísticos y corporales cuya función es preservar la estabilidad del régimen heterosexual y binario.

Encarnando su propio pensamiento, Butler ha conseguido recientemente un cambio de identidad legal como persona de género no binario en el Estado de California. Habitamos en un mundo butleriano: la proliferación de políticas queer que buscan destituir las normas en lugar de integrarse en la sociedad heterosexual dominante; la reapropiación performativa de las injurias “marica”, “bollera” o del estigma de la violación en los movimientos NiUnaMenos y MeToo; la demanda de reconocimiento de aquellos cuerpos que “importan” menos que otros en nuestras sociedades poscoloniales, central en los movimientos Black Lives Matter y Trans Lives Matter; las políticas drag queen y drag king —que en su versión más pop han llegado hasta drag race— y que utilizan la performance para desplazar los códigos normativos de género… El pensamiento vivo de Butler constituye el proyecto más ambicioso para la izquierda contemporánea: un feminismo antipatriarcal, antirracista, ecologista y no binario expandido que permita una reescritura ética total del contrato democrático.

En este artículo se han mantenido los géneros gramaticales empleados por quien lo escribe.

3. Antonio Gramsci

Cerdeña, Italia, 1891-Roma, 1937. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, encarcelado por el fascismo; su concepto de hegemonía cultural es central en la política actual, y no solo para la izquierda. Obra fundamental: Cuadernos de la cárcel.

POR ÍÑIGO ERREJÓN
Político, doctor en Ciencia Política y líder de Más País.

Antonio Gramsci es un pensador político que se pone periódicamente de moda. Los analistas lo citan para parecer sofisticados, los vendedores de marketing político aderezan sus platos con él, las derechas lo nombran como en una excursión traviesa en el campo intelectual del adversario para demostrar sus pérfidas intenciones y las izquierdas lo usan para parecer contemporáneas o sofisticadas, para un roto y un descosido, a menudo citándolo más que leyéndolo.

Gramsci es el pensador fundamental para entender por qué mandan los que mandan y por qué obedecen los que obedecen. Para el sardo, en las sociedades modernas el poder de los grupos rectores descansa en última instancia en la coerción, la capacidad de obligar, pero se ejerce principal y cotidianamente por medio del consentimiento, la capacidad de persuadir de que su mando es lo normal y al mismo tiempo de desalentar, neutralizar o dispersar las alternativas. Este dominio no es un engaño que haya que desenmascarar —por ejemplo intentando que la gente “abra los ojos” y entienda que “vota contra sus propios intereses”—, sino una forma de poder, la hegemonía, que debe ser comprendida como históricamente cierta. En primer lugar por aquellos que quieren desafiarla, para construir explicaciones e identificaciones alternativas que partan del terreno y el sentido común dado.

La hegemonía es así esa construcción política por la cual un grupo, clase o sector es capaz de ejercer la “dirección intelectual y moral” determinando las metas, los valores y las palabras que gobiernan la percepción del mundo de su época. Al hacer eso, sus intereses particulares aparecen como los intereses generales del conjunto social, la mayoría del cual encuentra mejores expectativas y razones para el consentimiento que para la contestación. Esta forma de poder político se extiende y blinda principalmente por los canales aparentemente “no políticos” —el ocio, la cultura, la comunicación, el consumo— que reproducen y naturalizan una manera de ver el mundo y su consiguiente reparto de roles.

Cuando afirma que una idea es “históricamente verdadera” en la medida en que “se convierta concretamente, es decir, histórica y socialmente, en universal”, nos está señalando, contra todo esencialismo pero también contra toda melancolía, que los alineamientos políticos no están predeterminados, sino que dependen de una disputa estética, moral e intelectual que está siempre abierta, lo cual es garantía de libertad. Y de esperanza.

4. Thomas Piketty

Clichy, Francia, 1971. El economista puso en primer término del debate el problema de la desigualdad y la redistribución de la renta en el capitalismo actual. Obra fundamental: El capital en el siglo XXI (2013).

POR JOAQUÍN ESTEFANÍA
Es periodista y autor de ‘Revoluciones’ (Galaxia Gutenberg).
El todopoderoso exrector de la Universidad de Harvard y exsecretario del Tesoro de EE UU Larry Summers pidió públicamente el Premio Nobel de Economía para el joven científico social francés Thomas Piketty, cuando en el año 2013 apareció su libro El capital en el siglo XXI. No tenía precedentes: a un francés y a un joven. Piketty había conseguido, con su novedoso aparato estadístico de carácter histórico, lo que no habían logrado sus colegas de primera fila (entre ellos, varios premios Nobel) al estudiar el fenómeno de la desigualdad creciente en el mundo. Lo que está en peligro, sentenció Piketty, es la democracia. Vendió centenares de miles de ejemplares de un libro tan denso.

Desde ese año Piketty profundizó mucho más en el fenómeno. Sus investigaciones se pueden resumir en los siguientes puntos: 1) rendimientos superiores del capital al crecimiento económico aumentan la desigualdad; 2) con la excepción del periodo de hegemonía de la revolución keynesiana (nacimiento del Estado de bienestar y políticas contra la Gran Depresión), la desigualdad es una tendencia a largo plazo desde el siglo XIX, con los distintos tipos de capitalismo que se han desarrollado (comercial, financiero, tecnológico…); 3) no hay otro método para combatirla que las políticas distributivas a través del gasto público y ello requiere de grandes impuestos (incluso confiscatorios) a los más ricos, y 4) la cohesión social, los valores de la meritocracia y de la justicia social están en peligro con concentraciones extremas de la riqueza como las que existen.

Un economista templado ideológicamente, más bien socialdemócrata, sin veleidades revolucionarias callejeras en su primera juventud, alejado de las principales teorías de Marx y Engels sobre la lucha de clases, sin embargo ha acabado escribiendo un libro que compendia sus principales artículos, al que ha titulado ¡Viva el socialismo! porque entiende que sigue vigente en la historia la batalla por las ideas.

5. Michel Foucault

Poitiers, Francia, 1926-París, 1984. Sus contribuciones investigan la naturaleza del poder y cómo interacciona con la sexualidad, la salud mental o las minorías a través de la historia. Obras fundamentales: Historia de la locura (1961), Vigilar y castigar (1975).

POR ELIZABETH DUVAL
Es filósofa y escritora, su último libro es ‘Melancolía’ (Temas de Hoy).
Preguntado por Foucault, Deleuze resaltaba el vínculo insoslayable del pensador con su presente: las formaciones históricas interesaban a Foucault porque señalaban el lugar de donde se salía, donde se había estado confinado; no le interesaban los griegos, sino la relación de su tiempo con la locura, con los castigos, con el poder, con la sexualidad. Si me preguntaran a mí, abstrayéndome de las necesidades de la clarificación, creo que de lo primero de lo que hablaría sería de la belleza. Intentaría que nos desvinculáramos de la jerga (la biopolítica, la arqueología, el poder disciplinario, lo discursivo) y pudiéramos leer con ojos nuevos las páginas de Las palabras y las cosas sobre Las meninas, de Velázquez. Querría que la consecuencia se pareciera a sentir con otra mirada la relación que se despliega en el cuadro. Y propondría un Foucault menos caricaturizable que el que nos ofrecen sus amigos y sus enemigos.

Foucault no es tanto un enciclopedista de la sexualidad como un arqueólogo de relaciones y estructuras. Sus textos no nos encierran entre insoportables cadenas de poder y dominación, en las cuales incluso la rebeldía estaría ya codificada, sino que nos ofrecen todas las posibilidades de la crítica y el análisis. Si nadie como él expuso tan claramente la relación entre el saber y el poder, también pocos ofrecieron tantas herramientas para darnos cuenta de su presencia, para reflexionar. Hay críticos injustos que han buscado en un Foucault tardío una teoría que traiciona la liberación para someterse al neoliberalismo del porvenir: confunden la defensa de las instituciones con la legitimación de sus injusticias. Debemos recordar la lección que él extraía de El Anti Edipo (Deleuze y Guattari): no hay que enamorarse del poder o de la tristeza militante. En ningún pasado hay tanta potencia como en el desenterrado por el francés.

6. Hannah Arendt

Linden-Limmer, Alemania, 1906-Nueva York, 1975. Pensó sobre el totalitarismo, la violencia, la revolución, la acción política y acuñó el término “banalidad del mal”. Obras fundamentales: Los orígenes del totalitarismo (1951) y Eichmann en Jerusalén (1963).

POR FERNANDO VALLESPÍN
Es catedrático de Ciencia Política y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Es coautor de ‘Populismos’ (Alianza). Arendt no es de izquierdas. Ni de derechas, claro. Su gran atractivo reside precisamente en eso, en ser inclasificable. De hecho, le hubiera horrorizado verse en esta lista. O en cualquier otra. ¿Qué pinta aquí entonces? ¿Qué pudo motivar que tan amplio grupo de personas la hayan votado? Lo más probable es por su entusiasmo por todo lo que oliera a revueltas populares, por su espíritu rebelde, o por sus elogios a Rosa Luxemburgo o Walter Benjamin, o sus críticas al colonialismo y totalitarismo. Pero no nos engañemos, su único compromiso es con la libertad, que ella encuentra siempre realizada en esos momentos extraordinarios en los que un determinado orden social queda puesto en entredicho y se da entrada a la libre discusión ciudadana. Su ideal es el aristotélico, la polis como lugar de encuentro donde intercambiar opiniones, debatir las diferencias y buscar una solución conjunta a los problemas que nos afectan a todos. Por eso alabó la revolución americana, hasta que la nueva república se acabó sustentando sobre una sociedad crecientemente privatizada y sujeta a los imperativos de los grandes intereses económicos y el valor del consumo. Y criticó la francesa y la bolchevique porque, al poner la “cuestión social” en el centro, se dejaron llevar por la “pasión por la compasión” e instauraron estados más atentos a una ingeniería social guiada por la mera funcionalidad inherente a los dictados de la economía y su gestión. No es ya la comunicación abierta y la libre deliberación lo que decide cómo hemos de vivir, sino las necesidades de reproducción del sistema. Su contrafáctico podrá sonar extravagante, pero a través suyo fluye una crítica de una riqueza sin igual, el propio de alguien que no se casa ni con unos ni con otros. La democracia bien entendida no es de derechas ni de izquierdas. Arendt tampoco.

7. Simone de Beauvoir

París, 1908-1986. Es una de las principales teóricas del feminismo en el siglo XX, también enmarcada en el movimiento existencialista y en la creación literaria. Obra fundamental: El segundo sexo (1949)

POR LUNA MIGUEL
Es poeta, escritora y editora. Su último ensayo es ‘Caliente ‘(Lumen).
Simone de Beauvoir está a una tote bag de ser traicionada. O no.


En realidad, la figura de la filósofa lleva siendo influyente y polémica desde su juventud. Lo explica Wolfram Eilenberger en El fuego de la libertad, un ensayo en el que cruza su vida con las de otras pensadoras del siglo XX. El retrato que hace de ella es el más desesperante: la describe altiva, un tanto pija, adicta a la atención. La mismísima Simone Weil se burló de esa supuesta frivolidad en toda su cara, cuando ambas estudiaban en la Sorbona y debatían sobre la guerra. De Beauvoir no tuvo reparos en narrar tal desencuentro ideológico en unas memorias: “Mirándome de arriba abajo, me dijo: ‘Ya se ve que nunca has tenido hambre”.

Más allá de lo que unes y otres puedan opinar sobre esa fama, lo cierto es que la obra de De Beauvoir demuestra que su mainstrificación no riñe con la contundencia de sus ideas. Por eso mismo —y precisamente porque hoy su libro más célebre es esa bárbara enciclopedia sobre la feminidad, tantas veces mentada, pero tan poco leída y reducida al eslogan— se ha vuelto urgente equilibrar la balanza y prestar atención a la amplitud de sus investigaciones, a través de obras más ocultas e irónicamente peor editadas en nuestro país.

Un ejemplo: ¿Hay que quemar a Sade?, una finísima lectura de la crueldad, y una defensa de la reparación frente a eso que hoy llamaríamos cancelación.

Otro ejemplo: El pensamiento político de la derecha, que fue publicado en su origen como artícu­lo para un número especial de Les Temps Modernes, donde distintos intelectuales reflexionaron bajo la premisa de que la izquierda francesa se desmembraba. En vez de lloriquear, De Beauvoir prefirió centrarse en el análisis del resentimiento de la burguesía. Para ella era más útil entender a sus contrarios que disparar a sus afines.

Es esta lucha por el entendimiento de las contradicciones del mundo lo que mantiene vigente a Simone de Beauvoir; lo que nos hace necesitar el estudio de su filosofía, al tiempo que celebramos la multiplicación de su rostro en bolsas de tela violeta.

Parafraseando a la pensadora: profesarle una simpatía demasiado fácil sería traicionarla.

En este artículo se han mantenido los géneros gramaticales empleados por quien lo escribe.

8. Jürgen Habermas

Düsseldorf, Alemania, 1929. Miembro de la Escuela de Frankfurt y exponente de la teoría crítica, ha trabajado sobre los mecanismos de la comunicación y de la democracia. Obra fundamental: Teoría de la acción comunicativa (1981).

POR CRISTINA LAFONT
Es filósofa, catedrática de Filosofía de la Northwestern University de Chicago, autora de ‘Democracia sin atajos’ (Trotta).
Habermas es indudablemente un pensador de izquierdas si por ello entendemos alguien comprometido con la lucha política por la justicia social, la igualdad y la emancipación. También lo es por proceder de la tradición marxista occidental tal y como fue apropiada y transformada por la primera generación de la Escuela de Fráncfort. Sin embargo, su manera de entender la lucha política es quizás lo que más distancia su pensamiento del marxismo ortodoxo y lo que explica su compromiso inquebrantable con la democracia radical. Para Habermas, ni la teoría social es capaz de discernir la dirección histórica en la que se han de desarrollar las luchas políticas por la emancipación ni el teórico social tiene el derecho a imponer sus preferencias políticas a los afectados escudándose en una autoproclamada autoridad epistémica. Su obra ejemplifica un “giro democrático” en la medida en que la teoría crítica ya no busca defender un proyecto político particular, sino crear las condiciones sociales en las que diversos proyectos políticos pueden ser debatidos, aceptados o rechazados por los ciudadanos mismos en el ejercicio democrático de autodeterminación política. La legitimidad de las luchas políticas depende por ello de la posibilidad de un debate público inclusivo en el que los afectados puedan denunciar las injusticias y amenazas existentes de modo efectivo para persuadir al resto de la ciudadanía a que se una a su causa política. Proteger y posibilitar una esfera pública política inclusiva es la condición necesaria para toda batalla política emancipatoria, sea nacional, supranacional o global. En este momento histórico en que la democracia está gravemente amenazada en todas partes, la obra de Habermas así como sus intervenciones como intelectual público en debates políticos claves de las últimas cinco décadas ofrecen una fuente de inspiración permanente, así como herramientas teóricas indispensables para los movimientos democráticos de izquierdas contemporáneos.

9. Karl Polanyi

Viena, Austria, 1886-Pickering, Canadá, 1964. Criticó con dureza los efectos negativos del dominio de la economía independizada sobre la sociedad. Obra fundamental: La gran transformación (1944).

POR CÉSAR RENDUELES
Es sociólogo y ensayista, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, su último libro es ‘Contra la igualdad de oportunidades’ (Seix Barral).

Karl Polanyi publicó su único ensayo, La gran transformación, a punto de cumplir los 60. Generacionalmente es cercano a Gramsci o Lukács, del que fue amigo íntimo, pero su obra no empezó a recibir la atención masiva de los críticos del neoliberalismo hasta finales del siglo XX. Polanyi pensaba que la sociedad de mercado es una anomalía antropológica que ha tenido consecuencias catastróficas. Los mercados en las sociedades precapitalistas estaban sometidos a regulaciones dirigidas a contener los efectos destructivos de una competición social generalizada. La mercantilización de recursos materiales necesarios para la subsistencia humana —como la tierra, los alimentos o el agua— es históricamente insólita. De hecho, Polanyi pensaba que el proyecto del mercado libre autorregulado era una más de las utopías decimonónicas, como los falansterios. Era una utopía en el sentido de que era irrealizable, pues colisionaba con características duraderas de cualquier sociedad humana. La materialización de ese proyecto utópico requirió de monstruosas ortopedias políticas que forzaron a la gente a someterse al mercado. Por eso, Polanyi creía que no existía ninguna oposición entre mercado libre y Estado represivo: al revés, el crecimiento del Estado en el siglo XIX fue la respuesta a las necesidades del laissez-faire. Y el estallido de las tensiones acumuladas por ese proyecto quimérico habría sido la causa de la gran crisis de principios del siglo XX: guerras mundiales, autoritarismo, la Gran Depresión… Polanyi defendió que los proyectos de mercantilización producían “contramovimientos”: reacciones sociales dirigidas a recuperar la soberanía política arrebatada por el mercado y cuyo sentido político podía ser democratizador o autoritario y elitista, como en el caso del fascismo. Por todo ello, Polanyi se ha convertido en un referente a la hora de analizar tanto la restauración neoliberal de los últimos 40 años —a menudo acompañada de agresivas intervenciones estatales— como el modo en que la descomposición del neoliberalismo está degenerando en movimientos políticos neoautoritarios.

10.  Walter Benjamin

Berlín, 1892-Portbou, España, 1940. Reflexionó sobre la historia, la crítica literaria o el arte. Obra fundamental: Tesis sobre la filosofía de la historia (1940).

POR MÁRIAM MARTÍNEZ-BASCUÑÁN
Es politóloga. Es coautora de ‘Populismos’ (Alianza editorial).
Se suele mostrar a Walter Benjamin con un mosaico de ocupaciones: crítico literario, ensayista, traductor, filósofo. Hannah Arendt lo describió como ese flâneur o caminante que “sin ser poeta, pensaba poéticamente”. La dialéctica de la historia de este escritor fabuloso, marxista heterodoxo, lo hace imposible de encerrar en una sola categoría. La tensión entre lo material y el mundo de las ideas, entre el espíritu y su proyección tangible habita su obra y su pensamiento, conectados entre sí por la misma tensión poética del joven Baudelaire en su célebre poema Correspondencias: “Por allí pasa el hombre entre bosques de símbolos / que lo observan atentos con familiar mirada”. El pensador, como el rapsoda parisiense, se envuelve en la realidad fragmentada —los restos arqueológicos, la memoria de piedra de un pasado lejano— para otorgarle significados. En Benjamin, la búsqueda de sentido adquirirá, como en Arendt, un brillo metafórico inusual, aquel que le permite “en forma poética, manifestar el carácter único del mundo”.

Fue este modo de interpretar la historia, su afán por irrigar el materialismo con nociones tomadas de la teología o la mística judía, lo que lo alejó de la ortodoxia marxista. Benjamin huyó del frío cientifismo que lo reducía todo a inducir racionalmente de la infraestructura material una superestructura perfectamente objetivada en la ideología. En su lugar, propuso mirar las obras de arte con ojos sensibles, entenderlas como asideros para continuar, como niños que juegan, metiendo los pies en la arena, incluso como campos de batalla donde, a pesar de su fulgor inconsistente, también podemos leer la historia. Lejos de ser meros subproductos de las relaciones de producción, el poema, la sonata, el cuadro o la escultura aparecen tan reales como la historia misma, afirmando su naturaleza transformadora como instrumentos de emancipación de los “vencidos por la historia”. Fue el intento del que tal vez haya sido el último de los alquimistas del arte, su esfuerzo por escapar del proceso de desencantamiento del mundo al que nos abocaba el frío cientifismo marxista, un vuelo poético y del pensamiento lanzado a las masas y al mundo para fascinar de nuevo a la izquierda en tiempos de oscuridad.

El método y el jurado
La encuesta de IDEAS se realizó pidiendo a 37 expertos de diferentes ámbitos (academia, política, edición, periodismo) que eligieran a los que, a su juicio, son los diez pensadores (de cualquier época) más influyentes en la izquierda hoy en día. Los hemos ordenado en función del número de votos obtenidos.

El jurado estuvo compuesto por: Noelia Adánez, Miguel Aguilar, Jordi Amat, Meritxell Batet, Fernando Broncano, Ramón del Castillo, Caterina Da Lisca, Yolanda Díaz, Jesús Espino, Joaquín Estefanía, Soledad Gallego-Díaz, Lina Gálvez, Beatriz García, Jordi Gracia, Pablo Iglesias, Jorge Lago, Margarita León, José Moisés Martín, Laura Llevadot, Rita Maestre, Eduardo Madina, José María Maravall, Máriam Martínez-Bascuñán, Pilar Mera, Daniel Moreno, Cristina Narbona, Lluis Orriols, Joaquín Palau, Azahara Palomeque, Jaime Pastor, Clara Ramas, César Rendueles, Emmanuel Rodríguez, Clara Serra, Amelia Valcárcel, Fernando Vallespín y Remedios Zafra.

lunes, 15 de mayo de 2023

Herencia universal: una propuesta que enreda y no soluciona mucho

Los grupos de trabajo de Sumar, la plataforma impulsada por la ministra de Trabajo Yolanda Díaz, han propuesto la posibilidad de implantar en España una llamada «herencia universal» de 20.000 euros que recibirían todas las personas al cumplir 18 años, lo que tendría un coste anual de unos 10.000 millones de euros que sería financiado con gravámenes sobre el patrimonio y la riqueza.

Los medios han señalado que se trata de una propuesta reciente de Thomas Piketty pero no es así. En realidad, la propuso Thomas Paine en 1795.

Este último consideraba que la tierra es «propiedad común de la raza humana» y que, por tanto, la mejora o renta que pudiera obtenerse al cultivarla no podía separarse de la tierra misma. Por tanto, cuando un propietario la obtiene, le debe una parte de ella a la comunidad. Paine propuso generar un fondo para repartir esa parte que es de todos, dando un capital de 15 libras a quienes cumplieran 21 años y una pensión de 10 libras por año hasta la muerte a todos los que cumplían 50 años.

Con esas cantidades estimaba Paine que se compensaba al conjunto de la población por la herencia universal no recibida al instaurarse el derecho a la propiedad de la tierra. Y por ello decía «no es caridad sino un derecho, no generosidad, sino justicia lo que estoy suplicando».

Después de Paine han sido muchas las propuestas del mismo tipo y no siempre, como quizá se pueda creer, por parte de intelectuales de izquierdas. En 1989, Julian Le Grand propuso una dotación de 10.000 libras financiadas con el impuesto de sucesiones. En 1999 Bruce Ackerman y Anne Alstott propusieron un montante de 80.000 dólares para todas las personas de 21 años con diploma de escuela secundaria y sin antecedentes penales, financiada por un impuesto sobre el patrimonio. En 2000, Gavin Kelly, del Instituto de Investigación de Políticas Públicas (IPPR) del Reino Unido, propuso una subvención a cada ciudadano al nacer que se invertiría en una cuenta de ahorros o en algún otro vehículo de ahorro, cuyos fondos acumulados podrían ser utilizados por el beneficiario al cumplir los 18 años. Se implantó en 2003 pero se abolió en 2011. En 2015, Tony Atkinson proponía un capital de 5000 a 10 000 libras esterlinas para cada joven, financiado por un impuesto sobre los ingresos de capital de por vida. En 2018, el citado instituto británico volvía a realizar una propuesta parecida, aunque ahora basada en la creación de un fondo soberano. En las elecciones presidenciales de 2020 varios candidatos hicieron propuestas de este tipo en Estados Unidos y, ese mismo año, Thomas Piketty proponía en su libro Capital e ideología una dotación de 125.000 euros financiada con impuestos sobre el patrimonio a quienes cumplan 25 años.

En Inglaterra se desarrolla desde 1996 un movimiento que defiende una «herencia mínima básica de 10.000 libras para todos los ciudadanos británicos adultos jóvenes nacidos en el Reino Unido al cumplir los 25 años» financiada por el impuesto de sucesiones. Se contempla «como una gran idea meritocrática, comparable con la venta de casas de protección oficial de Thatcher, que redistribuirá la riqueza y empoderará a las personas», como «una política popular capitalista y meritocrática».

La propuesta de Sumar, por tanto, ni es novedosa (tiene más de dos siglos), ni radical (6,25 veces menos cuantiosa que la de Piketty), ni de izquierdas (la defienden también partidos claramente conservadores y procapitalistas).

La pregunta que hay que hacerse, sin embargo, es si la propuesta es útil, financiable y beneficiosa. Y es ahí donde yo creo que hay que tiene sus flancos más débiles.

Es evidente, sin ninguna duda, que una persona que disponga de un determinado capital cuando comienza su vida activa podrá ejercer sus derechos y tener más oportunidades que quien no lo tenga. La cuestión es si proporcionar una determinada suma de dinero a esa edad es la mejor manera de garantizar derechos, oportunidades y bienestar a lo largo de la vida para todas las personas.

La ventaja de disponer de un cierto capital al llegar a una determinada edad es que permite llevar a cabo una inversión cuantiosa que permita mejorar las condiciones de vida, salir de la pobreza, generar fuentes de ingresos… Puede considerarse que constituye un trampolín, una especie de plataforma para dar un salto aunque, como señalaré enseguida, tiene el inconveniente de que nada asegura de que este sea exitoso y benefactor a corto, medio o largo plazo

Una dotación de capital recibida como herencia universal también podría convertirse, si se desea, en una renta periódica. Aunque la dotación de 20.000 euros que propone Sumar equivaldría, como han señalado Jordi Arcarons y Daniel Raventós, a «21 euros al mes en 80 años, 28 euros al mes en 60 años, 34 al mes en 50 años, 42 al mes en 40 años, 56 al mes en 30 años y de 83 al mes en 20 años».

Sin embargo, la llamada herencia universal tiene también diversos inconvenientes, en sí misma y en comparación con otras propuestas que persiguen objetivos semejantes.

En primer lugar, para que una herencia universal tenga los efectos de oportunidad y liberación deseados es preciso que quien la reciba la utilice con buen criterio. Es obvio que puede usarse inadecuadamente, para realizar inversiones arriesgadas o sencillamente irresponsables.

Este inconveniente ha llevado a que muchas de las últimas propuestas que se vienen realizando vinculen la percepción del capital a determinadas acciones. Un instituto de investigación alemán, por ejemplo, propuso el año pasado establecer una herencia de 20.000 euros a los 18 años, pero dirigida a invertir en formación, compra de vivienda o iniciar un negocio. Un principio que no sólo plantea problemas relativos al reconocimiento de la libertad de uso de los recursos, sino otros de control y seguimiento. Nada garantiza que una inversión inicial en esos conceptos termine siendo efectivamente coherente con ellos, útil o adecuada y beneficiosa.

Es cierto que otros instrumentos, como la Renta Básica Universal, también pueden llevar consigo lo que pueda considerarse un uso inadecuado de los recursos pero, en ese caso, se trataría de algo mucho más fácilmente remediable y que, en todo caso, pondría en riesgo menor cantidad de recursos comunes. Además de ser más fácilmente financiable, conllevar menos costes de administración, proporcionar mayor seguridad y responder más fielmente al principio de hacer común el disfrute de los recursos comunes.

En segundo lugar, es también obvio que la utilidad de una dotación en efectivo recibida como herencia universal depende de circunstancias que son completamente ajenas a la persona que la recibe, como la existencia de crisis o procesos inflacionarios que la descapitalicen. Sus efectos benéficos pueden desaparecer de un momento a otro y sin remedio.

En tercer lugar, hay cierto acuerdo en que una herencia universal sería tanto más efectiva cuanto más cuantiosa sea, es decir, cuanto mayor sea su capacidad para proporcionar un cambio en las condiciones de vida. Aunque esto, lógicamente, la hace más difícilmente financiable. ¿Permite realmente cambiar de vida un capital de 20.000 euros en la España actual, una cantidad, como he señalado, muy por debajo de la que propone Piketty, a quien se quiere hacer padre de la propuesta más reciente y avanzada? ¿Sería útil como medio de acceso a la vivienda si no hay oferta social o de precio asequible suficiente? ¿Es mejor y más justo dotar de capital a los jóvenes que financiar becas para garantizar su acceso a la educación? ¿Es más eficiente dar esa suma de capital a todas las personas tratando de que algunas emprendan negocios en lugar de disponer de bancos especializados en financiar ese tipo de emprendimiento?

Me temo que el efecto final que puede tener el establecimiento de una herencia universal como instrumento de lucha contra la desigualdad y generación de riqueza y bienestar es, por tanto, bastante indeterminado. Al menos, en comparación con otras alternativas. Sobre todo, si al mismo tiempo que se aplica no se están cambiando las condiciones de entorno, formación, cultura, movilidad, valores… en que se mueven quienes vayan a percibirla.

Como bien decía Paine, la idea de la herencia o dividendo universal parte de un principio de justicia indiscutible, pero eso no garantiza que pueda garantizarla o que sea el mejor instrumento para ello.

Finalmente, creo que hay dos objeciones que se pueden poner a esta nueva propuesta.

En primer lugar, que no se haya presentado con un plan de financiación claro y bien construido. La experiencia nos ha enseñado lo difícil que resulta abrir debates rigurosos y convincentes en torno a las propuestas de rentas garantizadas en cualquier caso. Se argumenta en su contra incluso cuando las formas de financiarlas estén perfecta y rigurosamente cuantificadas, como viene ocurriendo con la Renta Básica Universal. Mucho más difícil va a ser que se consiga la comprensión de la propuesta y su apoyo cuando este aspecto queda en el aire o se presenta con escaso realismo, como me temo que es el caso.

En segundo lugar, creo que este tipo de propuestas vienen a incidir en un triple defecto que, a mi juicio, tienen las políticas que vienen proponiendo las diferentes corrientes de la izquierda.

El primero, creer que se puede combatir la desigualdad mediante la re-distribución de los recursos, cuando lo imprescindible es modificar su distribución originaria.


El segundo, confiar en que es políticamente posible y económicamente suficiente para resolver la desigualdad el quitar dinero a los ricos para dárselo a los pobres.

El tercero, pensar que el bienestar y la vida digna de quienes menos tienen se consiguen simplemente dándoles más dinero para que se lo gasten en mercancías, cuando lo que se precisa es justamente lo contrario, construir espacios de desmercantilización y economía del común.


Hace un par de años, Thomas Piketty dijo en una entrevista a Le Monde que «la solución más sencilla para repartir la riqueza es la herencia para todos». Es posible que lleve razón, pero no suele ocurrir que las respuestas más simples y sencillas sean las más eficaces para resolver problemas complejos.