Mostrando entradas con la etiqueta trabajadores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trabajadores. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de junio de 2022

Los trabajadores de una tienda de Apple de Estados Unidos se sindicalizan por primera vez.


La oleada sindical se extiende entre las grandes compañías pese a las presiones en contra


La oleada sindical que recorre parte de las grandes empresas de Estados Unidos sigue marcando hitos. Este sábado los trabajadores de una tienda de Apple han votado por primera vez a favor de sindicalizarse. Se trata de la tienda de Towson (Maryland), en las afueras de Baltimore. El resultado ha sido contundente: 65 votos a favor y 33 en contra.

Los trabajadores de esta tienda se unen así a los de un almacén de Amazon en Staten Island (Nueva York) y a los de más de un centenar de cafeterías de Starbucks, que han dado previamente el mismo paso, generando anticuerpos en dichas compañías, que han redoblado sus presiones contra el avance sindical.

Con la votación realizada esta semana y cuyo resultado se conoció a última hora de este sábado, los trabajadores que habían organizado la Coalición de Empleados Organizados del Comercio Minorista (CORE, por sus siglas en inglés) aprueban integrarse en el sindicato IAM (Asociación Internacional de Maquinistas y Trabajadores Aeroespaciales).

IAM es uno de los mayores y más diversificados sindicatos industriales de Norteamérica y representa a unos 600.000 miembros activos y jubilados de los sectores aeroespacial, de defensa, de líneas aéreas, ferroviario, de tránsito, sanitario, de la automoción y otros. En los últimos años, el sindicato ha lanzado campañas de organización en sectores no tradicionales para aumentar su fuerza, entre ellos en el sistema de bibliotecas públicas del condado de Baltimore, la industria tecnológica, la sanidad y la medicina veterinaria.

CORE e IAM enviaron una carta al primer ejecutivo de Apple, Tim Cook, en mayo pasado, informándole de la decisión de organizar su sindicato, enumerando “el acceso a los derechos” de los que no disfrutaban actualmente como una de las razones para ello. “Esto no es algo que hagamos en contra o para crear conflicto con la dirección. Más bien, nos hemos unido como sindicato por el profundo amor a nuestro papel como empleados de la compañía”, le decían, al tiempo que le pedían que no emprendiese una campaña antisindical contra ellos.

Un grupo de trabajadores de la tienda de Apple en Towson han acudido este sábado por la noche a celebrar el triunfo en la votación. Han difundido vídeos de su celebración en las redes sociales.

“Aplaudo la valentía demostrada por los miembros del CORE en la tienda de Apple en Towson por lograr esta histórica victoria”, ha dicho el presidente de la IAM Internacional, Robert Martínez Jr, a través de un comunicado. “Han hecho un enorme sacrificio por miles de empleados de Apple en todo el país que tenían todos los ojos puestos en esta votación. Pido al consejero delegado de Apple, Tim Cook, que respete los resultados”, ha añadido.

El senador demócrata Bernie Sanders ha celebrado en Twitter el resultado de la votación: “Enhorabuena a los trabajadores de Apple en Towson, Maryland, por convertirse en la primera tienda de Apple en Estados Unidos en formar un sindicato. Lo que estamos viendo ahora mismo es un levantamiento histórico de los estadounidenses de clase trabajadora diciéndole a la élite corporativa que tiene que acabar con su avaricia” ha escrito.

Apple ha intentado resistirse a que sus empleados se sindiquen y alega que puede perjudicar a la empresa. La compañía argumenta que los trabajadores de sus tiendas están mejor pagados que la media del sector y que disponen de beneficios. La compañía elevó recientemente de 20 a 22 dólares por hora el salario base de sus empleados de tienda. Con esos argumentos y presiones sobre los trabajadores había logrado hasta ahora evitar que se sindicasen.

IAM denuncia que Apple envía a sus gerentes de tiendas argumentarios antisindicales y los entrena para desalentar a los trabajadores de sindicarse, diciendo que eso podría suponer que pierdan oportunidades de carrera, promociones basadas en el mérito y tiempo libre. En el argumentario, Apple califica al sindicato de “tercera parte”, aunque los organizadores del sindicato son empleados de las tiendas de Apple.

Pese a todo, hay algunas otras tiendas en Estados Unidos donde sus trabajadores están dando pasos también para sindicalizarse. Apple tiene unos 270 establecimientos comerciales por todo el país.

lunes, 17 de enero de 2022

_- El momento decisivo de la legislatura.

_- Al esfuerzo que han hecho los negociadores del texto por alcanzar un denominador común merece que se le dé una oportunidad de comprobar cuáles son los efectos que surte. Una norma jurídica no se sabe realmente lo que puede dar de sí hasta el momento en que es aplicada

Hasta el momento, a pesar de la enorme turbulencia política y económica casi desde el día en que Pedro Sánchez fue investido presidente del Gobierno, la mayoría parlamentaria de la investidura se ha venido consolidando a través del ejercicio de las potestades legislativa y presupuestaria, que son las dos primeras funciones que el artículo 66.2 de la Constitución atribuye a las Cortes Generales. La mayoría de investidura se ha venido confirmando de manera reiterada como mayoría de gobierno, algo que no había ocurrido desde 2016.

En este mes de febrero de 2022 esa confirmación de la mayoría de investidura como mayoría de gobierno se va a ver sometida a una prueba más dura que todas aquellas por las que ha tenido que pasar en estos dos últimos años. El Congreso de los Diputados tiene que convalidar el Real Decreto-ley mediante el cual se ha aprobado la reforma laboral.

Aunque formalmente el Real Decreto-ley ha sido dictado por el Gobierno, todo el mundo sabe que el texto ha sido pactado con los agentes sociales que, conviene recordar, tienen un reconocimiento de su relevancia constitucional nada menos que en el artículo 7 incluido en el Título Preliminar de la Constitución.

Dada la naturaleza del pacto, lo más lógico y apropiado sería que el Real Decreto-ley fuera convalidado sin más, de acuerdo con lo previsto en el artículo 86.2 de la Constitución y que las Cortes no acordaran su tramitación, una vez convalidado, como “proyecto de ley por el procedimiento de urgencia”, posibilidad contemplada en el artículo 86.3 CE.

No creo que haya nadie que esté de acuerdo con lo establecido en dicho Real Decreto-ley al 100%. Ni siquiera los que han participado en la negociación. Pero parece ser, a tenor de las opiniones solventes manifestadas desde su aprobación, que supone una mejora de entidad respecto a la norma aprobada en su día por el Gobierno del PP sin negociación de ningún tipo.

Al esfuerzo que han hecho los negociadores del texto por alcanzar un denominador común merece que se le dé una oportunidad de comprobar cuáles son los efectos que surte. Una norma jurídica no se sabe realmente lo que puede dar de sí hasta el momento en que es aplicada. Esto ocurre con casi todas las normas jurídicas, pero más que en casi todas en una como la que acaba de ser aprobada para la reforma del mercado de trabajo.

Como nada impide que, una vez convalidado el Real Decreto-ley y comprobada si su eficacia es la que los negociadores esperan o no, se pueda proceder a su reforma, debería darse un voto de confianza a los negociadores y posponer la tramitación de un proyecto o una proposición de ley de reforma a la valoración que se hiciera de la experiencia acumulada mediante su aplicación.

Reabrir en sede parlamentaria en abstracto el debate antes de que se haya comprobado a través de la aplicación la eficacia de la reforma aprobada introduciría incertidumbres que se añadirían a las que ya se están generando como consecuencia de la propagación de las nuevas variantes de la Covid-19, el aumento de la inflación, la interrupción de las cadenas de suministros de componentes básicos para la producción industrial…

Cosa distinta es que en el debate previo a la convalidación se pongan de manifiesto cuales son las dudas que la norma suscita y que se pueda alcanzar un compromiso acerca de una rendición de cuentas ante el Congreso de los Diputados acerca de los resultados de la aplicación, a fin de que, si se considera conveniente, se puedan introducir las rectificaciones pertinentes. Se podría extender el compromiso a la fijación de una fecha razonable para el debate de rendición de cuentas.

En alguna ocasión ya he adelantado que la reforma laboral era la exigencia inexcusable de esta legislatura. En pocas semanas tiene que pasar la prueba decisiva.

domingo, 25 de abril de 2021

_- Amazon EEUU: Los elementos constitutivos de la derrota sindical en Bessemer

_- La National Labor Relations Board [Junta Nacional de Relaciones del Trabajo] anunció hoy los resultados de la votación sobre la adhesión de los trabajadores del depósito de Amazon en Bessemer, Alabama a un sindicato nacional. La votación fue de 738 a favor y 1798 en contra. Es una mala noticia, pero eso no significa que en futuras campañas los trabajadores de Amazon no puedan o no quieran ganar. Pueden ganar. Los resultados no fueron sorprendentes, por razones que tienen más que ver con los criterios utilizados en la propia campaña que con cualquier otro factor.

Las historias de las horribles condiciones de trabajo en Amazon son más que conocidas. Mucho antes de la campaña de Bessemer, cualquiera que se interesara un poco en el asunto sabía que los trabajadores están sometidos a un ritmo tan frenético que acaban orinando en botellas para evitar ser sancionados por demorarse demasiado en ir al baño, lo que para la empresa es "tiempo libre". Christian Smalls fue despedido hace un año por denunciar públicamente que no se proporcionaba equipo de protección personal a la gente en su local de Amazon en el estado azul [color del Partido demócrata] de Nueva York. Jennifer Bates, empleada de Amazon en el depósito de Bessemer dio un testimonio ante el Congreso que da vueltas el estómago. Los trabajadores de Amazon necesitan desesperadamente sindicalizarse, en Alabama, en Alemania y en cualquier otro lugar en el que la patronal high-tech y futurista, pero con una actitud medieval para con sus empleados, instale un local de trabajo, cualquiera que sea la naturaleza del mismo. Con tan malas condiciones, ¿cómo se explica la derrota en Bessemer?

Hay tres factores que tienen mucho peso en cualquier votación sobre la sindicalización en los EEUU: el comportamiento terriblemente vicioso de los empresarios -a veces ilegal, la mayoría de las veces, legal- que incluye el acoso y la intimidación de los trabajadores, y las mentiras descaradas (lo que, aparte de los países con gobiernos abiertamente represivos, es un fenómeno exclusivo de Estados Unidos); las estrategias y tácticas utilizadas en la campaña por los organizadores; y el contexto sociopolítico más amplio en el que tienen lugar las elecciones sindicales.

Destrucción de los sindicatos
Dada la eficacia de Amazon en la entrega de pedidos y el nuevo dominio que ejerce en Hollywood como productor y financista clave de películas y programas de televisión, no es difícil imaginar que su operación para acabar con los sindicatos es también de primera categoría. El carácter implacable de las campañas patronales para derrotar a los sindicatos no es nada nuevo.

Para refrescar la memoria, nada mejor que leer Confessions of a Union Buster [Confesiones de un cazador de sindicatos], de Martin Jay Levitt (Crown Publishers, 1993). Es un libro escrito por un ex mercenario de la patronal. Está lleno de arrogancia, como debe ser, dado el número de campañas sindicales que Levitt ayudó a destruir. En su libro, Levitt le dice al lector: "El anti sindicalismo es un terreno lleno de matones y basado en la mentira. Una campaña contra un sindicato es un ataque a las personas y una guerra contra la verdad. Como tal, es una guerra sin honor. La única forma de desmantelar un sindicato es mentir, deformar, manipular, amenazar y siempre, siempre, atacar. Toda campaña de "prevención sindical", como se denominan esas guerras, se basa en una estrategia combinada de desinformación y de ataques personales."

Basta con leer el libro de Levitt -que debería ser una lectura obligatoria para todos los organizadores y militantes sindicales- para darse cuenta de que los dados están siempre echados en contra de los trabajadores que tratan de organizarse en Estados Unidos (y cada vez más, en todo el mundo, ya que la experiencia en la destrucción de los sindicatos se ha convertido en una mercadería de exportación muy apreciada en el sector de los servicios). Su libro, la campaña de Amazon y casi todas las elecciones sindicales desde la era Reagan constituyen una amplia prueba de que, para tener alguna posibilidad de invertir la tendencia a la baja de la situación de los trabajadores estadounidenses, es absolutamente necesaria la adopción de la HR 842, la Protecting the Right to Organize Act of 2021 [PRO, Ley de Protección del Derecho de Organización] de 2021, que acaba de ser aprobada por la Cámara de Representantes.

El apoyo popular a los sindicatos está en su punto más alto, mientras que el apoyo a las grandes empresas se encuentra en un nivel históricamente bajo. Lamentablemente, el apoyo popular a una propuesta tiene poco o nada que ver con que el Congreso apruebe la legislación. Dado el historial de intentos infructuosos de modificar de forma progresiva las leyes laborales bajo administraciones controladas por los demócratas -incluso con mayorías en ambas cámaras- la aprobación final de la Ley PRO es poco probable. Pero a pesar de los muchos obstáculos que se interponen en el camino de los trabajadores que intentan sindicalizarse, es fundamental recurrir a las estrategias y tácticas que dieron mejores resultados.

Aceptar la derrota en campañas de sindicalización difíciles de ganar significa aceptar un futuro muy sombrío. Para tener una posibilidad de ganar las campañas más rudas, hay que aplicar los mejores métodos desde los primeros días de la campaña y mantenerlos hasta el final. Los deseos y las intuiciones imprecisas no tienen cabida en una campaña contra un empleador tan sofisticado y tan bien equipado como Amazon.

Varias señales de alerta durante la campaña
- Lista inexacta de trabajadores. Desde el principio, la campaña de Bessemer tuvo, como lo reconocieron muchos organizadores experimentados, debilidades casi fatales. La primera de ellas era una estimación muy inexacta sobre el número de empleados que trabajaban en el depósito. Cuando el sindicato presentó la documentación oficial ante la NLRB para celebrar las elecciones el 20 de noviembre de 2020 -en un momento en el que poca gente le prestaba atención a otra cosa que no fueran las elecciones presidenciales de Estados Unidos-, el Sindicato de Minoristas, Mayoristas y Grandes Almacenes (RWDSU, por sus siglas en inglés) estimó que en el depósito había 1.500 trabajadores. Poco después de que el RWDSU presentara su denuncia, Amazon respondió a la NLRB que había unos 5.800 trabajadores en el almacén. Después de este primer paso del proceso -el acto formal de presentar un pedido de elección de sindicalización-, el sindicato puso en marcha el proceso legal verdaderamente oscuro que rige las elecciones sindicales en Estados Unidos. Los abogados de Amazon argumentaron que si el sindicato creía que sólo 1.500 empleados tenían derecho a votar en las elecciones, no tendría lo que se llama una "demostración de interés" suficiente, que establece que el 30% del total de empleados hayan firmado tarjetas de autorización indicando que desean organizar una elección sindical.

En lo que podría parecer una señal de aliento para los organizadores del sindicato, entre finales de noviembre y mediados de diciembre consiguieron reunir suficientes firmas de trabajadores como para alcanzar el umbral mínimo del 30% y así poder realizar las elecciones, incluso sobre el número mucho mayor de trabajadores que Amazon dijo que eran elegibles (para alcanzar el 30% de 1500 empleados, se necesitaban 300 tarjetas firmadas, pero eran necesarias 1740 en un total de 5800 trabajadores).

En realidad, según el New York Times, los organizadores habían recogido un total de 2.000 tarjetas de autorización a finales de diciembre de 2020. Para los militantes sindicales con menos experiencia puede ser desconcertante que los trabajadores firmen una tarjeta de autorización para la celebración de las elecciones y que luego voten en contra. Los organizadores sindicales experimentados nunca formulan esta pregunta: "¿Quieres el derecho a votar para tener un sindicato o no?" Les pedimos que se comprometan con el voto afirmativo y que firmen una petición en ese sentido al firmar la tarjeta de autorización para las elecciones. Son preguntas muy diferentes y al final los resultados son también muy diferentes.

Pero la manifestación de interés preparó el terreno para el siguiente paso en el engorroso y complicado proceso: la audiencia oficial de la NLRB que determina si habrá elecciones y en caso afirmativo, cómo. Esa audiencia tuvo lugar el 20 de diciembre. Desde entonces y hasta finales de enero, mientras la atención de la nación se centraba en el asalto al Capitolio, Amazon emprendió su propio ataque a la democracia, la que se supone que está garantizada para las personas en su lugar de trabajo.

- La discusión sobre las cotizaciones sindicales. Cuando en el mes de enero, Amazon lanzó www.doitwithoutdues.com, un sitio web en el que se enumeraba todo lo que los trabajadores podrían hacer con el dinero “gastado” en concepto de cotizaciones sindicales, aparecieron los primeros signos de alerta. Al mismo tiempo, Amazon publicó un hashtag en Twitter. La estratagema le salió mal. Los militantes pro-sindicatos de todo el país se apropiaron de la plataforma para tuitear una respuesta tras otra, todas muy ingeniosas, convirtiendo las reacciones de Amazon en una obsesión casi tan fuerte como los chistes que circulaban en Twitter sobre el barco encallado en el Canal de Suez.

Para los organizadores del sindicato, por muy divertida que haya sido la respuesta nacional en Twitter -que se convirtió en una plataforma digital para mostrar su rechazo a Amazon-, había un motivo más profundo de preocupación, según la respuesta oficial del RWDSU. Su presidente nacional, Stuart Appelbaum y otros representantes de la campaña lanzaron una ofensiva para demostrar que la dirección de Amazon mentía. "Amazon está intentando convertir las cotizaciones sindicales en un problema, aunque la gente no tenga que pagar ninguna contribución", dijo Stuart Appelbaum al Washington Post. Mensajes similares dominaron la cobertura de los medios de comunicación en respuesta al mensaje antisindical totalmente predecible sobre las cotizaciones. Un funcionario sindical dijo a NPR (National Public Radio): "Como algunos trabajadores lo indican, las leyes de "derecho al trabajo" de Alabama establecen que los empleados pueden elegir entre pagar o no las cotizaciones sindicales".

Aunque la respuesta del sindicato sea correcta -los trabajadores no tienen que pagar cotizaciones en un estado con una ley de "derecho al trabajo"-, aquellos que organizan y ganan una campaña nunca proponen a los trabajadores que pueden elegir si quieren o no pagar las cuotas. Más bien, es lo contrario. De hecho, es totalmente previsible que haya carteles por todas partes -en los baños, los comedores, las salas de descanso, junto a los marcadores de tarjeta, etc.- que dicen que la empresa da más que lo que pueden obtener los trabajadores con el pago de una cotización sindical. - Una respuesta más sutil consistiría en preguntarse por qué, de pronto, la empresa quiere debatir de cómo gastan los trabajadores su propio dinero. En ese caso, los sindicalistas pueden ayudar al trabajador a entender que el pago de las cuotas es esencial para construir el poder necesario para enfrentarse a empresarios gigantes como Amazon.

La semántica y los mensajes suscitaron preocupaciones mucho más allá de la conversación sobre las cotizaciones sindicales. En los carteles pro-sindicato, los mensajes incluían lemas como "El sindicato está de tu lado". En los numerosos vídeos que salen de Bessemer en las redes sociales, los activistas y sindicalistas hablan regularmente de "el sindicato", como si un sindicato fuera algo distinto de los trabajadores que tratan de formarlo. Un eslogan mejor habría sido "Cuando los trabajadores se unen, se producen cambios de verdad", o algo que no convirtiera al "sindicato" en algo así como el nombre de un edificio o una calle y una dirección.

- La puerta de la fábrica como lugar de la campaña, sin visitas a domicilio. En la gran mayoría de las campañas que han tenido éxito, la forma y el lugar de las conversaciones con los trabajadores son cruciales. En un motor de búsqueda de Internet, si se escribe "Amazon cambia el esquema de los semáforos en Alabama" [para impedir la recogida de firmas], los resultados muestran docenas de historias, destacando una de las muchas tácticas que Amazon utilizó para combatir a los militantes de la campaña y a los sindicalistas. Aunque sea infame, esa táctica es acorde con la dureza de los combates por la sindicalización en Estados Unidos. En Twitter, cuando se dio a conocer la historia, las personas que habían vivido el mismo problema contaban: "Sí, esto también ocurrió en el norte de Ohio, en nuestras elecciones, donde la empresa domina la política de la ciudad". Ninguna de estas tácticas resulta sorprendente después de haber leído Confessions of a Union Buster. Lo que les preocupaba a los organizadores experimentados era la constatación de que la mayor parte del contacto cara a cara con los trabajadores tenía lugar en la puerta de la planta.

Como explicar eso de "No te preocupes. No hay que pagar cotización en Alabama", una campaña no debe hacerse nunca desde la puerta de la fábrica. ¿Por qué? Porque el patrón está mirando. Esto es válido para todos los empresarios, no sólo para Amazon, una empresa que además desarrolla sistemas de vigilancia. Los trabajadores no quieren ser vistos cerca de su lugar de trabajo hablando con partidarios del sindicato, eso les preocupa.

Las campañas victoriosas han demostrado que para ganar hay que hacer visitas a domicilio, es decir, visitas físicas sin previo aviso a las casas de los trabajadores para que la conversación pueda tener lugar lejos de la mirada de la empresa. En una entrevista en The American Prospect [una revista de la izquierda demócrata] un organizador de la campaña pro sindicato de Amazon explicó que no hacen visitas a domicilio, debido a la pandemia de Covid. Pero en una campaña difícil de ganar, hay que ponerse un tapabocas, tocar el timbre, llevar el desinfectante colgando del cuello o en las manos para que se vea e iniciar el diálogo con el trabajador manteniendo la distancia social, con toda seguridad.

La cuestión sobre el Covid y la campaña puerta a puerta, también se planteó al principio de la campaña de Biden, después de que Sanders se retirara y cuando la pandemia se agravó. Al principio, Biden se equivocó, y cuando se dio cuenta de lo reñida que sería la elección, cambió de método. Del mismo modo, en los artículos sobre la segunda vuelta de las elecciones al Senado en Georgia, los organizadores del derecho al voto dejaron claro que tenían que salir a la calle, subirse a sus coches y visitar a cada votante cara a cara, a pesar de la pandemia. Llevaban máscaras y visitaron a miles de votantes.

El trabajo académico más completo sobre el éxito de la sindicalización en los EEUU, realizado por Kate Bronfenbrenner, directora de investigación laboral de la Universidad de Cornell, brinda argumentos irrefutables a favor de las visitas a domicilio. Sin embargo, los organizadores de Bessemer dijeron que se basaban en "estrategias digitales". El sindicato también dice que, aparte de venir a dialogar en las puertas de la planta, los representantes de otros sindicatos del país llamaban por teléfono a los trabajadores de Amazon de Bessemer. Pero no hay nada que remplace una visita a domicilio en una campaña dura, y punto.

Una posible excepción a la regla de la campaña en la puerta de la fábrica podría haber sido que muchos verdaderos trabajadores de Bessemer Amazon estuvieran en la puerta de la fábrica durante el cambio de turno. Pero no fue así. En lugar de eso, los trabajadores de la planta veían a personal del sindicato y a simpatizantes de afuera.

- Falta de apoyo mayoritario. Una de las tácticas más importantes en estas luchas difíciles por la organización de un sindicato es lo que los sindicalistas llaman "pruebas de estructura pública mayoritaria". Una prueba de estructura pública mayoritaria se produce cuando la mayoría de los trabajadores con derecho a voto en las próximas elecciones sindicales, o que votan a favor de la huelga, firman una petición o se fotografían y realizan carteles públicos, un folleto o abren una página web en la que aparecen sus firmas o sus caras, con un mensaje que indica su intención de votar 'sí'. El sindicato contestó que en Bessemer necesitaba "proteger a la mano de obra" de los despidos, por lo que no quería hacer nada en público. Y ahí se acabó el juego.

Un error frecuente en las batallas sindicales difíciles es que los responsables del esfuerzo piensan que hay algo único en sus circunstancias particulares -la industria, el grupo de trabajadores, el tipo de trabajadores, la región del país, el momento de la historia, el nivel de vigilancia, etc.- que justifica que no se adopten las prácticas adecuadas de organización, como la realización de pruebas de estructura mayoritaria y eventualmente, la publicación de esas pruebas una vez que se alcanza la mayoría. Cuando el miedo se extiende en un establecimiento -lo que fue seguramente el caso en la elección de Amazon- la única manera de superarlo es que todos los trabajadores pro sindicato salgan a declararse públicamente a favor del mismo. Lo que "protege a los trabajadores" es cuando una mayoría de ellos toma esa medida conjuntamente, todos al mismo tiempo. Se muestra así la fuerza colectiva en las conversaciones y en la acción.

Las pruebas de estructura se hacen primero en privado y en silencio hasta el momento en que la mayoría de los trabajadores están dispuestos a firmar. Si la mayoría firma, suele ser un indicio fiable de que la campaña va a tener éxito. Pero no basta con una prueba de estructura pública. Hay que seguir adelante, porque el apoyo aumenta, en general, una vez que los compañeros de trabajo indecisos se dan cuenta de que, en realidad, la mayoría de sus compañeros construyen la unidad. Las pruebas de estructura mayoritaria demuestran que las personas en las que más confían los trabajadores le hacen frente a una campaña de miedo, son sus propios compañeros y están dispuestos a apoyarlos, a decir "basta".

Los que ganan son los trabajadores que ven que muchos de sus compañeros se pronuncian. No se gana organizando mítines con superestrellas venidas de otro estado, ni con jugadores de fútbol famosos, ni con actores y actrices famosos, ni siquiera con Bernie Sanders o el presidente de los EE.UU. (aunque el video del presidente Biden es digno de ser aplaudido por varias razones: las futuras campañas y la legitimidad general de los sindicatos, sobre todo). Cuando en una campaña hay más seguidores y personal de otras fábricas que trabajadores de esa planta, es una clara señal de que la derrota es inminente.

El contexto de Bessemer
Mucho se ha dicho sobre la historia de Bessemer y por extensión de Birmingham (cerca de Bessemer), como un lugar que -a pesar de estar en Alabama, un estado republicano aferrado al sistema de Jim Crow [segregación racial], con una de las tasas de sindicalización más bajas del país- es en cierto modo una excepción debido a la historia de sindicalización de la ciudad. ¡Una historia sorprendente!

Son maravillosas historias de las luchas de los trabajadores por organizarse en la región, con los negros uniéndose entre sí y con los trabajadores blancos -a veces sacrificando la vida- para forjar sindicatos en aquellas minas que fueron parte del paisaje. La cobertura mediática también se centró en el porcentaje de trabajadores negros en los depósitos de Amazon, sugiriendo que la demografía aseguraría la victoria. Si esto último hubiera sido cierto, habría habido una victoria sólida en las elecciones de Nissan en Canton, Mississippi, en 2017, cuando los medios de comunicación también exageraron de manera muy grosera la elección y el factor de una mayoría de trabajadores negros. En esas elecciones, el voto fue de 38% por el sí y 62% por el no.

En el material publicado por el sindicato en su página web, se puede ver una larga lista de personas que apoyan a los trabajadores a nivel nacional, y una lista mucho más corta de grupos locales que apoyan los esfuerzos de los trabajadores. Los medios de comunicación hablaron a menudo del aspecto religioso de la campaña, en la que los líderes religiosos habrían sido los principales protagonistas. Pero las organizaciones religiosas de Bessemer o de la zona de Birmingham estuvieron prácticamente ausentes de la lista de apoyo a la campaña. Las noticias decían que las reuniones comenzaban con oraciones, pero los principales líderes religiosos locales no apoyaron públicamente a los trabajadores. En las campañas exitosas, el apoyo público de los líderes religiosos locales suele ser esencial si la pertenencia religiosa es común entre los trabajadores.

En Detroit, antes de que se sindicalizaran las fábricas de automóviles, muchos negros se oponían al sindicato. La razón, según el Dr. Steven Pitts, que dirige el nuevo podcast Black Work Talk: "Muchos pastores prestigiosos de la zona de Detroit tenían buenas relaciones con Henry Ford. Cuando la emigración negra del Sur [hacia el Norte] estaba en su apogeo, las familias negras se instalaron en Detroit, allí encontraron una iglesia y consiguieron trabajo en la fábrica de Ford gracias a los responsables de su iglesia. Hizo falta una década de luchas entre los trabajadores negros pro-sindicatos y sus jefes cívicos antes de que dinámica cambiara en Detroit para inclinarse a favor de los sindicatos."

En Bessemer, los grupos comunitarios locales con los que hablé por teléfono me dijeron que ésta era la primera campaña sindical que recordaban en la que el sindicato se había puesto en contacto con ellos en una fecha tan tardía de la campaña, en el mes de febrero. En elecciones pasadas, en la misma región, incluso la de la planta de componentes de automóviles de Mercedes en Tuscaloosa, que se encuentra a 80 kilómetros de la ciudad -mucho más lejos de lo que Bessemer está de Birmingham- los sindicatos intervinieron mucho antes de que los trabajadores hicieran pública la campaña (lo que en Bessemer había ocurrido ya en octubre).

Es muy probable que en estos días veamos mensajes afirmando que "aunque los trabajadores no hayan ganado, en realidad ganaron". Pero no ganaron. Y eso es realmente lamentable. Los medios de comunicación, especialmente los llamados medios sindicales, nunca deberían haber sobrestimado esta campaña, ni la de Volkswagen, ni la de Nissan. En los tres casos, la derrota inminente era clara. Cuando los medios de comunicación priorizan los clics y los seguidores [followers] y no la realidad, no sólo no ayudan sino que probablemente perjudican a los trabajadores. La cobertura de los medios de comunicación acumuló una atención injustificada que podría servir a la narrativa a favor de la Ley PRO, pero las campañas mediatizadas en exceso hacen que la gente se sienta derrotada. A veces, de hecho, se sienten tan derrotados que dan un paso atrás y se retiran para siempre. Probablemente, esta campaña no debería haber tenido lugar a partir del momento en que los sindicalistas se dieron cuenta de lo errónea que era su estimación de la cantidad de trabajadores en el depósito. No hay nada que justifique que se ponga a los trabajadores en lo que los sindicalistas llaman una "marcha de la muerte".

Para los trabajadores de Bessemer, la próxima etapa será que probablemente el sindicato presente una gran cantidad de objeciones plenamente justificadas, o denuncias por "prácticas laborales injustas", contra Amazon. Es probable que ganen el derecho a una nueva elección basándose en el comportamiento ilegal de la empresa. En la legendaria campaña de organización de Smithfield, donde los trabajadores del mayor matadero de cerdos del país consiguieron su sindicato [en 2008] al cabo de 16 años de lucha, en su tercer intento de elecciones, la lección que la gente debería haber aprendido es que efectivamente, las leyes laborales no se cumplen, pero también que no hay que saltar o evitar etapas cuando se hace una campaña.

Muchas de las dificultades constatadas en la primera ronda de votaciones en Smithfield tuvieron lugar en la primera ronda de votaciones en Bessemer. Ya es hora de que dejemos de dar por sentado que los trabajadores nos apoyan, de que no los hagamos correr riesgos innecesarios con una política de "tierra quemada".

Al lado de las presiones que debe soportar la mayoría de los trabajadores de Estados Unidos cuando tratan de formar un sindicato, las recientes medidas de la asamblea legislativa de Georgia, destinadas a suprimir más votantes [para las elecciones estatales] parecen inofensivas. Si el Senado aprueba el proyecto de ley PRO, no cabe duda de que la sindicalización aumentará rápidamente, lo cual es una de las razones por las que su aprobación en un futuro próximo parece curiosamente remota. A pesar de contar con el presidente más favorable a los sindicatos en casi 100 años, el Senado se mantiene inmóvil en temas mucho menos difíciles que una gran reforma del código laboral. El Senado no aceptaría siquiera un salario mínimo de 15 dólares por hora aunque lo pidiera el gobierno federal. Y los progresistas vienen intentando aprobar una ley laboral desde la presidencia de Jimmy Carter, sin conseguirlo.

Cada uno de los trabajadores de la campaña de Bessemer merecía ganar. Y si las normas de sindicalización en Estados Unidos fueran mínimamente justas, habrían ganado. Pero las reglas no son justas. Todo lo contrario: son descaradamente injustas. Lo que merecen los trabajadores que intentan formar sindicatos contra empresarios inmorales es un esfuerzo con posibilidades de ganar. Hay muchas pruebas de lo que funciona. Las redes sociales y los medios digitales no funcionan cuando el miedo y la división son las principales armas de los patrones.

Los trabajadores pueden ganar y organizar sindicatos, pueden hacer huelga y ganar. Es muy difícil; para ello, se requiere un compromiso sin concesiones.

Jane McAlevey corresponsal laboral de The Nation para las luchas de los trabajadores. Es autora de A Collective Bargain: Unions, Organizing, and the Fight for Democracy (Ecco, 2020). Es investigadora responsable del Instituto de Investigación sobre el Trabajo y el Empleo de la Universidad de California.

Fuente:
https://www.thenation.com/authors/jane-mcaleve

domingo, 17 de enero de 2021

_- El problema no es que sean ricos, sino riquísimos, ineficientes y a costa de los demás.

_- Hace unos días mi compañera y amiga Carmen Lizárraga, profesora Titular de Economía Aplicada de la Universidad de Granada, publicó un comentario en Twitter señalando la abismal diferencia de ingresos entre los dueños de Inditex y Mercadona y sus trabajadores. Era una manera rápida, como no puede ser de otra forma en esa red social, de llamar la atención sobre las enormes diferencias de ingresos que se dan en el seno de las empresas, algo que muchos economistas bastante ortodoxos han reconocido siempre como una fuente de ineficiencias y pérdida de productividad, tal y como ella misma se encargó de señalar en un artículo posterior (aquí).

Lo curioso del caso fue la tremenda reacción que suscitó su comentario, desde los insultos más o menos habituales hasta las acusaciones de comunista, bolivariana, ignorante, radical… simplemente porque, tras limitarse a proporcionar los datos de ingresos, recurrió a la ironía escribiendo: “¿Como se llama la película? Con el sudor de los de abajo”.

El caso me parece que va más lejos de la simple anécdota. Cuando se proporcionan datos sobre las grandes desigualdades de nuestro tiempo y se reclaman medidas de política económica para reducirlas casi siempre se suele encontrar ese tipo de reacciones. Los medios de comunicación, los economistas, periodistas o políticos comprometidos con la defensa del orden establecido responden de manera furibunda, descalificadora y repitiendo siempre los mismos argumentos: las diferencias de ingresos actuales son naturales y han existido siempre, se deben exclusivamente al valor que aportan las personas ricas, más innovadoras y competitivas, y no son negativas sino deseables porque su existencia genera crecimiento económico y empleo, además de mucha ayuda a los demás, gracias a su generosidad.

Lo cierto, sin embargo, es que nada de esas supuestas ventajas responden a la realidad.

– En nuestra época hay más milmillonarios (o su equivalente en términos reales) que nunca. En 1996 había 423 en todo el mundo, mientras que, según la revista Forbes, en marzo de este año eran 2.095, cinco veces más (aquí). De ellos, 24 en España, muy por debajo de los 651 de Estados Unidos, 390 de China, 110 de Alemania o 39 de Francia y 36 de Italia.

– La riqueza de los milmillonarios también alcanza hoy día el porcentaje más alto sobre la riqueza total del último siglo y quizá de la historia: esas 2.095 personas representan el 0,00003% de la población mundial mientras que su riqueza equivale al 12% del producto bruto anual de todo el planeta. En Estados Unidos, las 614 personas más ricas tienen una riqueza equivalente a la que poseen los 165 millones que constituyen la mitad más pobre de su población.

– No es verdad que la riqueza de los milmillonarios sea el resultado de su innovación o de que sean capaces de incorporar avances que supongan mejoras en el crecimiento económico o el empleo. Hay una prueba evidente, precisamente en estos últimos meses de pandemia: desde el último mes de marzo al 7 de diciembre, el patrimonio neto de los 651 milmillonarios estadounidenses ha aumentado en un billón de dólares, al pasar de 2,95 billones a 4,01 billones (datos aquí).

Otras investigaciones también han demostrado que la innovación ha cambiado de pautas en los últimos cincuenta años. En los setenta del siglo pasado sí era cierto que la innovación se producía mayoritariamente en el seno o por impulso de compañías privadas, lo que justificaría sus beneficios extraordinarios. Actualmente, por el contrario, se sabe que alrededor de las dos terceras partes de la innovación se produce en el seno o bajo el impulso de equipos en donde están presentes fondos gubernamentales o que cuentan con una importante aportación de fondos públicos (datos aquí). Y eso no solo contrasta con los mayores beneficios extraordinarios que se reciben ahora sino también con la menor contribución fiscal que hacen las empresas y grandes patrimonios: en los años sesenta y setenta del siglo pasado (con menos beneficios) proporcionaban el 30% de los ingresos públicos de Estados Unidos y ahora sólo el 10%.

– Tampoco es verdad que los más ricos del planeta, esas 2.095 personas (sin contar a quienes tienen patrimonios escondidos, dictadores, o delincuentes internacionales), hayan acumulado su enorme riqueza solo gracias a su mérito o esfuerzo personal o contribuyendo a que la economía sea más eficiente y competitiva.

Según las investigaciones de Thomas Piketty y otros investigadores, en Estados Unidos el 60% de la riqueza se hereda y en Europa alrededor del 55% (aquí). Y el economista estadounidense Robert Reich muestra que el origen de las fortunas más grandes del planeta no es precisamente el mérito, la innovación o la mayor eficiencia sino, además de la herencia, el poder del mercado que aniquila la competencia, la información privilegiada y el pago a los políticos para conseguir leyes y normas favorables a sus intereses (aquí).

– También se ha demostrado que no es cierto que se produzca un supuesto efecto positivo de la desigualdad y de la existencia de personas muy ricas sobre el resto de la economía (el llamado “efecto derrame”). No es verdad, como se quiere hacer creer, que cuanto más superricos haya, más riqueza se “derrama” sobre el conjunto de la sociedad.

Una investigación de David Hope y Julian Limberg de la London School of Economics and Political Science (aquí) ha demostrado recientemente que también es falso que sea bueno para la economía que haya superricos y que sus fortunas estén cada día más exentas de impuestos. Después de estudiar lo ocurrido en 18 países de la OCDE durante los últimos 50 años, concluyen que, allí donde han bajado los impuestos, la desigualdad ha aumentado porque las rebajas impositivas solo han beneficiado al grupo que posee el 1% más elevado de la renta. Y en su investigación han comprobado que menos impuestos y más desigualdad va unido a menos crecimiento económico y a más desempleo, de donde deducen que no hay que tener miedo a subir los impuestos a los superricos (en concreto, en estos momentos de crisis por la epidemia) porque eso no va a producir menos actividad o menos empleo, sino todo lo contrario.

– Tampoco es verdad que mucha mayor riqueza vaya unida a una gran filantropía por parte de los superricos. Es significativo, por ejemplo, que cuando Bill y Melinda Gates y Warren Buffet propusieron a otros millonarios donar el 50% de su riqueza durante diez años a fondos de beneficencia sólo consiguieron reclutar a 211, uno de cada diez de los 2.095 milmillonarios del planeta. Y eso, sin entrar a considerar que ese tipo de filantropía no es, en realidad, sino una forma de privatizar la solidaridad que al final supone una merma de ingresos para la provisión de bienes públicos esenciales y para las organizaciones más pequeñas o independientes y que, lógicamente, lleva consigo el control de quien recibe las ayudas, lo que las envilece, a veces, de forma sustancial.

El coste y la bárbara irracionalidad de la desmesurada concentración de la riqueza de nuestros días se percibe con un simple dato sobre la mayor fortuna del planeta, la que posee el dueño de Amazon, Jeff Bezos: su riqueza ha aumentado en 74.000 millones de dólares del 18 de marzo al 7 de diciembre. Eso quiere decir que si ese incremento de ingresos para él solo se hubiera repartido entre todas las personas que emplea Amazon en todo el mundo, poco más de 1,2 millones, cada una de ellas hubiera recibido unos 62.000 dólares mientras que Bezos hubiera seguido siendo ahora en diciembre igual de superrico que hace nueve meses.

Es lógico que los grandes milmillonarios oculten el origen de sus grandes fortunas; que no reconozcan lo decisivo que ha sido a la hora de acumularla la disposición de bienes y recursos públicos por los que no están dispuestos a pagar. Pero lo que no se puede negar es que, en general, la concentración tan extraordinaria de la riqueza que se ha producido en los últimos años ha ido acompañada -en la economía- de menos actividad, de más crisis, de menos empleo, de peor provisión de bienes públicos imprescindibles, y de mercados más concentrados y, por tanto, más ineficientes. Y, desde otros puntos de vista, de menos derechos individuales y sociales, de más injusticias y de menos democracia porque ha aumentado el poder de quienes pueden decidir al margen de la política representativa gracias a su control sobre los partidos, los medios de comunicación y las fuentes de creación de opinión y formación.

Conseguir que no ya los ricos, sino los riquísimos que dominan el planeta, contribuyan como los demás al mantenimiento de la sociedad, que se desincentiven y penalicen sus abusos de poder en los mercados, que se persiga y castigue su torticera influencia en la política o que se fomente la meritocracia y se penalice la gran herencia no es, a la vista de la situación a la que hemos llegado, ni siquiera un objetivo político o ideológico, sino un imperativo ético que debiera defender cualquier persona sensible, honesta y concernida por el futuro del planeta y de las generaciones futuras.

https://juantorreslopez.com/el-problema-no-es-que-sean-ricos-sino-riquisimos-ineficientes-y-a-costa-de-los-demas/

sábado, 21 de noviembre de 2020

Los sindicatos convienen a las clases trabajadoras y a la sociedad en general: nueva evidencia

Durante muchos años (en realidad, desde que se impuso la revolución conservadora de Pinochet, Thatcher y Reagan que trajo consigo las políticas neoliberales) hemos venido oyendo que los sindicatos son muy malos no sólo para las empresa y la economía en general, sino para los propios trabajadores.

En mi libro Economía para no dejarse engañar por los economistas mostré que hay investigaciones empíricas que demuestran claramente que una mayor tasa de sindicalización está positivamente correlacionada con una mejora sustancial de las economías. Se ha podido comprobar en Estados Unidos, con series de datos de casi 100 años, que las etapas de mayor sindicalización está relacionadas con salarios más elevados y mejores condiciones laborales, mayor inversión productiva y menos especulativa, más crecimiento de la actividad económica y más empleo.

Esa secuencia virtuosa es de sentido común. Trabajadores más y mejor organizados y defendidos consiguen mejores condiciones de trabajo que se traducen en costes más elevados para las empresas, ante lo cual estas responden mejorando sus inversiones y la innovación para incrementar la productividad; aumentan los salarios, pero también la demanda privada y la capacidad productiva de las empresas y, por tanto, sus beneficios y también el empleo y la actividad económica en general. Y justamente lo contrario ocurre en las etapas de menor sindicalización.

Hace poco se publicó otra investigación (aquí) que abunda en esta problemática. Si está demostrado que mayor tasa de sindicalización beneficia a la economía en su conjunto, ahora se ha confirmado, también con largas series de datos no sólo de Estados Unidos sino también de Europa, que igualmente beneficia el bienestar de los trabajadores.

La investigación de Richard Freeman, David Blanchflower y Alex Bryson evidencia que la afiliación sindical «está asociada positiva y significativamente con una variedad de otras métricas de bienestar que incluyen satisfacción con la vida, felicidad y confianza, así como satisfacción con la democracia, la educación y la economía en general. La afiliación sindical se asocia negativamente con la depresión y la tristeza» y los trabajadores afiliados muestran «niveles más altos de felicidad y niveles más bajos de estrés que los trabajadores no sindicalizados».

En realidad, el efecto benefactor de los sindicatos sobre la economía en general y sobre las condiciones de vida de los trabajadores ha sido analizado en cientos de trabajos de investigación. Como ya señalé en un artículo de hace tiempo (¿Es bueno o malo para la economía que haya sindicatos fuertes?)

– El Banco Mundial concluyó en un estudio de 2002 que los sindicatos no dañan al crecimiento y que hay una correlación muy débil, y puede ser que incluso ninguna, entre la sindicalización y los indicadores de rendimiento económico como la tasa de paro, la inflación, la tasa de empleo o la flexibilidad de los salarios reales

– La OCDE afirmaba en un estudio de 2006 que la mayor tasa de sindicalización no tiene efecto negativo sobre el empleo, que su aumento tampoco lo tiene sobre la creación de puestos de trabajo y que el poder de negociación colectiva de los sindicatos influye más sobre la distribución del ingreso que sobre la demanda de trabajo que hacen las empresas

– Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo de 2002 mostró que la presencia de sindicatos aumenta los salarios, el empleo y la inversión porque incentiva la sustitución de empleo por capital

– Otros trabajos que cito en ese artículo o en mi libro citado han demostrado que la productividad es más elevada por lo general cuando las empresas tienen implantación sindical y también que más presencia de los sindicatos o su mayor poder de negociación está asociado a menor desigualdad salarial y general, a más beneficios sociales, a pensiones más elevadas, a mejor clima de diálogo social y en las empresas, y que cuanta mayor sea la afiliación más cooperativas y eficientes son las relaciones laborales.

En los últimos años se ha atacado y sigue atacando mucho a los sindicatos y continuamente se trata de desprestigiarlos. Lo inteligente sería preguntarse por qué ocurre eso si la evidencia empírica, los datos, los hechos reales muestran que son beneficiosos para la mayoría. ¿No será que quienes los atacan y luchan por suprimirlos no buscan el bien general ni el progreso social, ni la mejor situación posible del conjunto de las empresas y de la economía sino el interés de una minoría?

Cualquier gobierno no ya progresista sino mínimamente preocupado sinceramente por el ejercicio efectivo de los derechos humanos debería impulsar la sindicalización, la negociación colectiva y el diálogo social en condiciones de equilibrio, estableciendo para ello especiales medidas de protección de la parte más débil que son las clases trabajadoras. No para el beneficio exclusivo de estas últimas sino en el de toda la sociedad, incluidos, por supuesto la mayor parte de las empresas y de sus propietarios.

No hago un juicio ideológico. Lo dicen los datos, los hechos reales.

Blog del autor

miércoles, 1 de mayo de 2019

Once libros con mucha clase (obrera) para reflexionar sobre el Día Internacional de los Trabajadores

Once libros con mucha clase (obrera) para reflexionar sobre el Día Internacional de los Trabajadores Carmen López
El diario

Para celebrar el día del trabajador proponemos una serie de buenos títulos sobre el mundo laboral con los que pensar y también entretenerse
Chaplin, atrapado por los engranajes de la industria en 'Tiempos modernos'
Chaplin apretando las tuercas a la industria en Tiempos modernos

El primer día de mayo es el Día Internacional del Trabajo y, precisamente, no se trabaja. Es en honor a los sindicalistas estadounidenses que perdieron la vida en 1886 en la Revuelta de Haymarket. Aquellos obreros pedían que la patronal respetase la jornada laboral de ocho horas ya aprobada por ley y que -por ahora- es la habitual si se tiene un contrato a jornada completa.

Ese espíritu reivindicativo se ha ido evaporando con el tiempo y actualmente casi es un día festivo más dentro del calendario laboral. Hay quien sigue asistiendo a las manifestaciones convocadas por los sindicatos y quien decide gastar su tiempo libre en otras actividades. Una buena puede ser leer algún libro relacionado con el tema y reflexionar sobre él. Para bien y para mal, el trabajo es uno de los aspectos más importantes de la vida de todos y todas. El paro es la principal preocupación de los y las españolas actualmente y los derechos que se consiguieron durante tantos años de lucha obrera se tambalean. Esta es una lista de títulos para pensar, aprender, emocionarse, entretenerse e incluso reírse.

No tengo tiempo, de Jorge Moruno (Editorial Akal)

Una reflexión sobre cómo la relación de las personas y el entorno laboral están cambiando gracias a la capacidad del neoliberalismo para jugar con los términos y convencer de que lo que hasta hace poco se veía como un retroceso es lo contrario.

La mal llamada ‘economía colaborativa’ ha convertido a los repartidores en ‘riders’ que disfrutan pedaleando por la ciudad y los arrendadores ahora son anfitriones. No existen las jornadas, sino que las horas son bajo demanda y el trabajador no puede conciliar, sino esperar a que le caiga un encargo.

Jorge Moruno es sociólogo y escritor. Sabe bien de lo que habla porque, entre otras cosas, "ha sido teleoperador, informador turístico, reponedor, administrativo o parado" y, además, investiga sobre las transformaciones del trabajo.

Los obreros contra el trabajo, de Michael Seidman (Pepitas de calabaza)

Este ensayo se publicó por primera vez en 1991 y le costó al autor su puesto de trabajo en Rutgers, la universidad de Nueva Jersey. Pepitas de calabaza lo publicó en España en 2014 traducido por Federico Corriente y obtuvo una repercusión considerable. Seidman desarrolla en el libro una tesis sobre la relación que los obreros con su trabajo en Francia y España durante el periodo comprendido entre 1936 a 1939 (gobierno del Frente Popular y Guerra Civil respectivamente).

La conclusión a la que llega el autor es que las personas, de alguna manera, se resisten a trabajar. Como explicó en esta entrevista concedida a eldiario.es: "Toda la historia laboral analizada desde 1960 está basada en la teoría de que a los obreros les gusta trabajar. Tanto para los comunistas como para los socialistas, los capitalistas… el trabajo define a la clase obrera. Y mi punto de vista define a la clase obrera como la clase que se resiste al trabajo". En el libro se refiere al trabajo asalariado en ciudades industriales durante ese periodo de tiempo concreto, aunque en la época actual sigue existiendo esa reticencia.

La oficina en The New Yorker, (Libros del Asteroide)

El lugar de trabajo como espacio alienante, las relaciones con los compañeros de trabajo, el hastío de la rutina o las jerarquías dentro de la empresa. Los autores de esta compilación de viñetas publicadas en el medio norteamericano desde 1920 ironizan con pluma fina sobre todos esos aspectos del día a día de una oficina de una manera en la que cualquier persona que haya pasado por esos trances se ve identificada. Y provocan sonrisas cuando no carcajadas en cada una de ellas.

El volumen recopila los trabajos de algunos de los viñetistas más importantes de la revista como Robert Mankoff, Leo Cullum, Tom Cheney, Peter C. Vey o Lee Lorenz traducidos al castellano por Miguel Aguayo y con prólogo de Jean-Loup Chiflet. Como explican desde la editorial, el libro podría llevar como subtítulo la frase "Todo lo que me hubiera gustado decir o hacer en el transcurso de mi vida laboral si no hubiera tenido miedo a ser despedido". Garantizado.

Estupor y temblores, de Amélie Nothomb (Anagrama)

Con motivo del quincuagésimo aniversario de su colección ‘Compactos’, la editorial ha reeditado 50 de sus títulos esenciales seleccionados por editores y libreros. Entre ellos se encuentra este libro en el que la autora, nacida en Japón pero criada en Bélgica, regresa a su país natal para trabajar. Allí se encuentra con la realidad del mundo laboral de los japoneses, con una ética del trabajo en la que prima la sumisión y el convencionalismo.

El humor y la manera de escribir de Nothomb son especiales -es decir, no del gusto de todos- pero su novela es un buen reflejo de las diferentes maneras que existen de entender el trabajo. Y la de los japoneses, que no contemplan el escaqueo como una opción, es bastante opuesta a la de los españoles. O al menos por el momento y mientras se pueda. La traducción es de Sergi Pàmies.

Por cuatro duros. Cómo (no) apañárselas en Estados Unidos, de Barbara Ehrenreich (Capitán Swing)

La autora del libro, traducido por Carmen Aguilar, decide investigar sobre las condiciones laborales en Estados Unidos haciéndose pasar por una trabajadora no cualificada. Así, va apuntando sus experiencias en empleos mal remunerados para explicar las condiciones de vida de las clases pobres del país. Lo que descubre -¡sorpresa!- es que, pese a tener un trabajo a tiempo completo, una persona que gana seis dólares por hora no llega a fin de mes. Ehrenreich podría haber hecho su experimento en España y habría llegado a la misma conclusión.

Alguno de los trabajos que desempeñó fueron de reponedora de un supermercado, limpiadora y camarera de hotel. Doctora en biología en la Universidad Rockefeller de Nueva York, hasta ese momento no había experimentado la dureza de esas labores. Actualmente forma parte del Partido Socialdemócrata de Estados Unidos, escribe en el periódico The Progressive y es una reconocida activista política.

Asamblea Ordinaria, de Julio Fajardo Herrero (Libros del Asteroide)

El autor se sirve de sus personajes para describir el impacto que la crisis tuvo en la sociedad española. La pareja que se resiente por la precariedad, el joven sin trabajo que se va a vivir con su tía anciana o el empleado que no quiere ver cómo sus condiciones laborales se van al traste son algunos de ellos.

Todos experimentan cambios vitales que no se hubiesen imaginado si el rumbo de la economía no hubiese dado un giro tan demoledor. Julio Fajardo, editor y traductor, publicó este libro hace tres años, pero podría haberlo hecho hoy.

Vida de zarigüeyas. Cómo vivir bien sin empleo y (casi) sin dinero, de Dolly Freed (Alpha Decay)

Dolly Freed publicó esta especie de manual para sobrevivir tranquilamente sin tener que trabajar y sin caer en la indigencia. Ella y su padre vivieron durante cinco años a las afueras de Filadelfia cultivando y cazando lo que podían en su casa que, pequeño detalle, tenía un terreno de dos mil metros cuadrados. Catalogaba las necesidades como básicas -una casa- y como prescindibles -médicos, seguros- y así gestionaba los 700 dólares que se gastaban al año.

Aunque sus consejos son difíciles de seguir hoy en día, el libro sirve como reflexión acerca de cómo nos afecta la economía y muestra que existen opciones para vivir sin estar supeditados al trabajo (o no tanto). Esta edición está traducida por Rubén Martín Giráldez e incluye un prólogo de David Gates.

Tea Rooms. Mujeres obreras, de Luisa Carnés (Hoja de Lata)

Matilde trabaja en un salón de té cercano a la Plaza del Sol en Madrid. Corren los años 30 del siglo pasado y tanto ella como sus compañeras Antonia, Paca y Marta, trabajan por sueldos irrisorios atendiendo a clientes de postín. Matilde va adquiriendo cada vez más conciencia de su situación y, por lo tanto, rebelándose ante un destino desierto de expectativas.

Las condiciones laborales y los problemas a los que se enfrentan sus personajes -insalubridad, aborto, prostitución, derechos laborales- siguen tan presentes que la obra no ha perdido ni ápice de vigencia. Carnés, otra de las autoras de la Generación del 27 que no obtuvieron reconocimiento hasta décadas después, se sirvió de sus propias experiencias para elaborar este título y Natacha, su otra novela.

Andando, de Albert Carreres, Alejandro Torres y Daniel Riego (Norma Editorial)

Claudia tiene una carrera exitosa hasta que se queda embarazada y su situación en el trabajo cambia. Sergi tiene una pequeña empresa de servicios eléctricos y mantenimiento que iba bien hasta que llegó la crisis y con ella los problemas para sacarla adelante. Andrés se queda sin empleo después de estar toda la vida en la misma empresa que le despide con una indemnización más que cuestionable cuando aún le quedan años para jubilarse.

Esas son las realidades de los protagonistas de este cómic que radiografía la situación del país cuando la economía se desmorona. El retrato de los autores es el de unas vidas que se quiebran pero que no pierden del todo el humor y que mantienen la esperanza pese a la adversidad.

El pueblo. Auge y declive de la clase obrera, (1910-2010) de Selina Todd (Akal)

El recorrido de la clase obrera británica desde su ascenso en la I Guerra Mundial, pasando por su resistencia a la dura época de Margaret Thatcher y su declive hasta la época actual. Una historia de lucha obrera y de orgullo de clase que hoy en día parece haber desaparecido aunque no lo haya hecho del todo.

Todd, escritora y profesora de Historia contemporánea en la Universidad de Oxford, estuvo diez años documentándose para escribir este libro, que ha traducido al castellano Antonio José Antón Fernández. En palabras de Owen Jones: "Todd aborda la misión de pintar la clase obrera de nuevo contra el lienzo de la historia".

Esclavos del trabajo, de Daria Bogdanska (Astiberri)



Daria Bogdanska llegó a Suecia con la esperanza de una vida mejor. Después de dejar su casa en Polonia, viajó por Europa hasta que, cansada de trabajos precarios, decidió que ya era hora de conseguir un buen empleo. Malmö parecía un buen lugar para ello, al fin y al cabo está en el Estado del Bienestar con mayúsculas. Pero nada que ver.

Viñeta a viñeta desgrana cómo, poco a poco, va experimentando la realidad de una extranjera en el país. Los problemas delirantes para conseguir un permiso de trabajo, la precariedad y las injusticias se sucedían hasta que un día, harta, decide rebelarse y se pone en contacto con un sindicato. El cómic perfecto para el 1 de mayo.

Fuente:

https://www.eldiario.es/cultura/libros/libros-recomendados-Dia-Internacional-Trabajo_0_894160995.html