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miércoles, 1 de abril de 2026

El niño que pasó 2 años escondido en un bosque para escapar de los nazis


Oziac Fromm

Fuente de la imagen,Archivo personal de Maxwell Smart

Pie de foto,Oziac Fromm tenía 12 años cuando se escondió en el bosque en 1942; toda su familia fue asesinada por los nazis. Cuando llegó a Occidente se cambió el nombre por el de Maxwell Smar

Un niño judío de 12 años se vio obligado a esconderse durante casi dos años en un bosque para evitar ser capturado y finalmente asesinado por los nazis que habían ocupado su pueblo en Polonia.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el pueblo de Buczacz (ahora llamado Buchach y ubicado en el oeste de Ucrania) fue ocupado por tropas soviéticas como parte de un acuerdo secreto entre Hitler y Stalin para dividir Polonia.

Unas semanas después de que las tropas alemanas invadieran el oeste y el norte de Polonia en septiembre de 1939, las tropas soviéticas invadieron el país desde el este.

Pero luego Alemania lanzó su ofensiva contra la Unión Soviética y, en 1941, el pueblo de Buczacz fue ocupado por tropas -y tanques- nazis, que comenzaron a perseguir, arrestar y asesinar a los judíos que vivían allí.

El día en que los judíos del pueblo fueron subidos a un camión para ser deportados a un campo de concentración y exterminio, el joven Oziac Fromm se vio obligado a huir para sobrevivir.

bosque europeo

bosque europeo

Fuente de la imagen,surogati/Getty Images


Pie de foto,

"Ya ni siquiera parecía humano. Comía con las manos sucias, no me lavaba, era un animal. Y miraba al cielo y me sentía libre. Los pájaros y el bosque me aceptaban, les caía bien. Era parte de ellos".

Oziac Fromm nació en 1930 de madre checa y padre polaco. De niño, la familia se mudó de lo que entonces era Checoslovaquia a Buczacz, un pueblo de Polonia que ahora forma parte de Ucrania.

Hoy, los pocos recuerdos entrañables que Maxwell tiene de esa década son de su infancia y vida familiar.

"La casa estaba iluminada con velas; no teníamos electricidad", contó Maxwell al programa Outlook de la BBC. "Siempre había un candelabro de plata sobre la mesa blanca. Todos los viernes, mi madre, mi padre, mi abuelo y mi abuela cenábamos juntos. Eran veladas inolvidables. La comida era excelente. Mi madre era muy buena cocinera".

El hogar se caracterizaba por una clara división de trabajos, la madre era la del cariño, el padre era la exigencia.

"Él solo quería saber una cosa: '¿Cómo te va en la escuela?'. No jugaba conmigo de lo ocupado que estaba. Mi madre era la cocinera, la organizadora, quien me enseñó a leer, quien me ayudaba en la escuela.

La quería y ella me quería. Me mortificaban todos los besos que me daba delante de otros niños".

La persecusión
Poco después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, la ciudad fue ocupada inicialmente por las fuerzas soviéticas, pero la familia no se sintió amenazada. Pero en julio de 1941, fue tomada por los nazis.

Según Oziac, las fuerzas soviéticas ofrecieron a la familia un salvoconducto para escapar del avance alemán, pero su madre, quien lideraba la familia, rechazó la oferta.

"Dijo: 'No puedo salir de casa. Los rusos estuvieron aquí dos años y no pasó nada drástico. ¿Qué podría pasar ahora?'. Esa fue la peor decisión que mi madre tomó en su vida, y le costó la vida a 62 miembros de mi familia. Recuerdo que quizás dos días después, llegaron los alemanes, y todo cambió".

Tres semanas después de la ocupación nazi, el nuevo gobierno anunció un llamamiento a todos los judíos de entre 18 y 50 años para que se registraran en la comisaría. Cientos de personas se presentaron, incluido el padre de Oziac. Estos hombres fueron subidos a camiones y se los llevaron.

En ese momento, Buczacz albergaba a unos 8.000 judíos. A las familias se les dijo que los hombres habían sido llevados a Alemania para trabajar, pero en realidad, fueron fusilados en las afueras de la ciudad.

Niños en el gueto judío de Varsovia en 1940

Niños en el gueto judío de Varsovia en 1940

Fuente de la imagen,Imagno/Getty Images


Pie de foto,

En varias ciudades de Polonia se crearon guetos para los judíos, como el gueto de Varsovia que se ven en esta imagen tomada en 1940. 

La familia Fromm, al igual que otras familias judías, se vio obligada a mudarse a un gueto en una zona deteriorada de la ciudad.

"Éramos cuatro: mi madre, mi hermana de cinco años, mi abuelo y yo. Vivíamos con otras cuatro personas. Dos familias en una misma habitación", dijo Oziac.

En noviembre de 1942, los nazis comenzaron a asaltar las casas del gueto en busca de judíos para deportarlos a campos de concentración y exterminio.

Un día, la Gestapo allanó la casa donde se alojaba su la familia y varias personas más.

"Los gritos eran insoportables. Los niños lloraban. Unas 20 personas bajaban corriendo las escaleras. Los agentes de la Gestapo entraron en nuestro apartamento y empezaron a echarnos. Mi abuelo estaba enfermo y ciego. Lo empujaron, se cayó por las escaleras y no pudo levantarse. Entonces, un policía bajó con un rifle y disparó, decapitándolo por la mitad. Esa escena me ha marcado para siempre".

Oziac, su madre y su hermana fueron llevados a una cárcel donde, según él, había entre 300 y 400 personas. Estuvieron dos días sin comer, sentados en el suelo. Hasta que abrieron las puertas y todos los que estaban dentro tuvieron que irse.

"Salimos corriendo. Era un caos. Gritaban, empujaban a la gente hacia los camiones. Vi a dos policías agarrando a un bebé por los pies y arrojándolo, como si fuera una bolsa de basura, a un camión".

Su madre entonces lo apartó y le dijo: "Tienes que correr porque nadie de nuestra familia va a salir con vida. Tienes que cuidarte para sobrevivir, ya no puedo ayudarte". Y luego ella se fue con la hija hasta el camión".

"Me levanté, me alejé y me escondí en un rincón. Al cabo de un rato, me levanté, salí y no vi a nadie más. Caminé hasta un puente y allí me interceptó un policía alemán. Me puso una pistola en la cabeza y me preguntó: '¿Eres judío?'". Y le dije: "No". Entonces se dio la vuelta y se fue.

La vida escondido

Soldados alemanes son recibidos con flores en un pueblo ucraniano

Soldados alemanes son recibidos con flores en un pueblo ucraniano

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
Muchos ucranianos recibieron a los alemanes con los brazos abiertos durante la Segunda Guerra Mundial, cansados del dominio soviético. 

Oziac localizó a una tía que se escondía en un restaurante. Ella lo envió a casa de un granjero polaco que vivía en un pueblo alejado de la ciudad. El granjero se llamaba Jasko y vivía con su esposa, Kasia, y sus dos hijos.

"Tenía una casa pequeña, con un dormitorio con una cama de paja, una sala de estar y una estufa grande. Me dijo que me desnudara y me dio pantalones y una camisa bordada. Cambió mi imagen de chico de ciudad a la de chico de campo. Empezó a llamarme 'Staszek'. Me dio un nombre polaco y me dijo que, a partir de ahora, pertenecía a la familia, que era su sobrino".

Unas semanas después, la policía llamó a la puerta de Jasko buscando judíos fugitivos. "Ese día, estaba ayudando a Kasia a preparar comida para los animales. La policía entró y le dijo a Jasko: 'Nos han dicho que estás escondiendo judíos'".

Lo primero que pensó el niño fue que todo se había acabado.

El mensaje del policía a su protector no dejaba lugar a dudas de la seriedad del momento: "Jasko, quiero decirte algo. Si nos dices dónde están, nos los llevamos y nos vamos. Pero si no nos lo dices y los encontramos, los mataremos. Y te mataremos a ti y a tu familia". ¿Qué dices, Jasko?".

"Me quedé sentado esperando a que dijera que escondía a un judío. Pero Jasko dijo: 'No escondo a ningún judío. Siéntete libre de mirar por la casa'. Y entraron en la sala. Me aparté del banco. Miraron debajo de la mesa. Debajo de la cama. Miraron en el granero, en el establo... y se fueron. No encontraron a ningún judío".

Pero ese fue el final de su tiempo en esa casa.

"Jasko me dijo: 'Staszek, tendrás que irte. No puedo quedarme contigo. ¿Entiendes?' Dije que sí. 'Ven -me dijo- encontraremos un lugar en el bosque para que te quedes'".

Con la ayuda de Jasko, encontraron una guarida, que transformaron en un pequeño refugio forrado de paja. Jasko les dio algunos consejos sobre qué comer y qué no comer, cómo hacer una trampa para conejos y cómo encender una fogata. Y así, Maxwell comenzó a vivir solo, a los 12 años, escondido en el bosque.

Un grupo de mujeres judías polacas esperan a ser llevadas por soldados alemanes en Varsovia en 1943. Fotografía tomada por un comandante de las SS alemanas, utilizada durante los Juicios de Núremberg como evidencia del terrorismo nazi en la capital polaca. 

Un grupo de mujeres judías polacas esperan a ser llevadas por soldados alemanes en Varsovia en 1943. Fotografía tomada por un comandante de las SS alemanas, utilizada durante los Juicios de Núremberg como evidencia del terrorismo nazi en la capital polaca.

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
Se estima que 3 millones de judíos fueron asesinados en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial; en la fotografía de arriba, mujeres judías son deportadas desde Varsovia a campos de concentración y exterminio.

Con el paso del tiempo, el niño empezó a sentirse cada vez más desconectado del mundo y se adaptó a su nuevo entorno.

"Ya ni siquiera parecía humano. Comía con las manos sucias, no me lavaba, era un animal. Y miraba al cielo y me sentía libre. Los pájaros y el bosque me aceptaban, les caía bien. Era parte de ellos".

"Tenía mucha hambre, pasaba días sin comer. Comía hongos de los árboles, porque Jasko me enseñó que los hongos del suelo eran venenosos. Así que solo buscaba hongos en los árboles y bayas silvestres".

Oziac empezó a comprender y a observar los sonidos del bosque, que le servían como una especie de señal de alerta ante la llegada de extraños. Y un día…

"De repente, el bosque quedó en silencio. Vi algunos animales corriendo, y luego, de repente, no pude oír nada. Entonces vi a un niño, quizás dos años menor que yo. Caminaba solo por el bosque. Dijo que estaba escondido con sus padres a unos kilómetros de distancia. Que su madre había ido a buscar comida a un granjero y no había regresado. Luego su padre fue a buscar comida y tampoco había regresado. Dijo que no había comido en dos días, y le di algo de comida. Se lo comió todo. Se llamaba Janek".

Los dos comenzaron a vivir juntos, escondidos en el bosque. Ampliaron la guarida, forraron las paredes con piedra, y el suelo tenía techo, incluso una especie de pequeño horno improvisado hecho con una olla y un poco de carbón que Oziac había guardado. Era suficiente para entrar en calor en invierno.

"Nos desvestíamos, tirábamos la ropa afuera y luego nos sacábamos los piojos y las lombrices. Y hablábamos y jugábamos en el arroyo. Pero ahora tenía que buscar comida no solo para mí, sino también para él. Pero no me importaba porque valía la pena tener a alguien conmigo con quien hablar, con quien decir algo. Y era un niño inteligente, mucho más inteligente que yo."

Pero aún tenían que tener mucho cuidado, por ejemplo, de no dejar rastro. Seguía existiendo la amenaza constante de patrullas de ucranianos simpatizantes de los nazis buscando judíos en el vecindario.

"Tenía mucho cuidado. Siempre conseguíamos entrar en la madriguera cuando pasaba alguien. Era muy pequeña. Nos metíamos a gatas. No podíamos sentarnos dentro de la madriguera, no podíamos hacer nada allí excepto dormir. Teníamos que entrar y acostarnos, lo cual era bueno".

Disparos, gritos y un bebé
Una escena de la película de 2024 'El niño en el bosque', dirigida por Rebecca Snow, basada en el libro del mismo nombre de Maxwell Smart.

Una escena de la película de 2024 'El niño en el bosque', dirigida por Rebecca Snow, basada en el libro del mismo nombre de Maxwell Smart.

Fuente de la imagen,Divulgación/Amazon Prime


Pie de foto,
La historia llegó al cine en una película llamada "El niño en el bosque".

Una mañana, Oziac y Janek se despertaron al oír gritos y disparos cerca.

"Los gritos y disparos duraron aproximadamente una hora, y luego se hizo el silencio. Convencí a Janek de que echara un vistazo a ver qué había pasado. Había nevado mucho durante la noche y todo estaba blanco. Y helado. Caminamos y usé una rama de pino para borrar nuestras huellas en la nieve. Bajamos al río, porque los disparos venían de allí".

Oziac reconoce que había visto muertos antes, pero dice que lo que vio ese día fue mucho peor. Había ocho muertos, esparcidos por la nieve blanca.

"Janek nunca había visto nada igual y quería salir de allí. Pero yo era un poco más maduro que él y le dije: '¿Viste que llevan buen calzado?' No tenía zapatos, llevaba trozos de tela en los pies porque mi zapato se había desintegrado con el tiempo. Agarramos zapatos, abrigos…"

En el escondite de las víctimas encontraron utensillos y comida. Pero no fue el único hallazgo: "Cuando miré, vi algo moviéndose al otro lado del río. Vi lo que parecía una mujer tumbada, moviéndose".

La primera reacción de Janek fue salir de allí pero él consideró que quizás podían ayudarla.

"El borde estaba congelado y el agua helada. Janek no quería cruzar. Pero lo tiré de la mano y nos metimos en el agua. El agua estaba tan fría que nuestros cuerpos se congelaron al instante, sin sentir dolor alguno. Cuando llegamos, el cuerpo de la mujer no se movía. Pero había un bebé debajo de ella. Le habían disparado y cayó sobre el bebé. Y el bebé estaba vivo".

Oziac y Janek llevaron al bebé al refugio. Le cambiaron la ropa mojada y sucia, vieron que era una niña y usaron ropa que habían sacado de los cuerpos de la orilla del río para hacer un pañal improvisado.

Pronto se dieron cuenta de que no podían cuidar al bebé. Oziac salió del refugio y fue tras un grupo de judíos que sabía que se escondían en la zona. Les contó la historia de los cuerpos en la orilla del río y del bebé que habían encontrado.

"Uno de los hombres me dijo: 'Espera un momento, espera aquí'. Luego salió y trajo a una mujer, quien dijo que el bebé debía ser de su hermana. Los llevé al refugio, y cuando llegamos, Janek estaba muy enfermo con fiebre alta. Pregunté si podían ayudarlo. Pero dijeron que era pequeño y que se pondría bien".

Cuando les preguntó si lo podían cuidar ellos, respondieron que no tenían espacio para ninguno de los dos, y se fueron con el bebé.

Un bosque europeo

Un bosque europeo

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,

Los niños aprendieron a sobrevivir en una guarida improvisada en el bosque.

"Unos días después, Janek empeoró. Y nos quedamos sin comida. Decidí hablar con Jasko para ver si podía ayudar a Janek. Janek me dijo: 'No me dejes solo mucho tiempo'. Así que fui".

Cuando Oziac llegó a la granja, Jasko no estaba y tuvo que esperarlo. Para cuando Jasko llegó, ya había anochecido. No fue hasta el día siguiente que Oziac regresó a la madriguera, trayendo el pan y el yogur que Jasko le había dado.

Pero cuando llegó al refugio, el saco que cubría la entrada de la madriguera había sido apartado. La guarida estaba fría y nevada. Janek no estaba.

"'Quizás había ido a buscar agua', pensé. Fui al río. Janek no estaba. Miré por todas partes. Regresé a la guarida, encendí el carbón, comí algo y volví a salir. Era tarde. Decidí buscar en otros lugares, lugares insólitos. Y entonces vi algo que sobresalía junto a un árbol. Me acerqué, quité la nieve, y allí estaba Janek, tirado en el suelo, congelado".

Oziac volvió a buscar a Jasko para que lo ayudara pero cuando volvieron el adulto confirmó que el niño estaba muerto. Entonces decidió que Maxwell regresara con él y su familia.

A pesar de que la situación mejoró para él, Oziac se quedó con una gran culpa por lo ocurrido con Janek.

"No se metió al río por voluntad propia. Se metió porque yo lo jalé. ¿Y por qué fuimos allí a salvar al bebé? No significaba nada para mí. Ella no podía ayudarme, así que ¿por qué me metí al río a ayudarla? Así que era culpable de matar a Janek, y no podía sacármelo de la cabeza. Salvamos una vida, pero ¿Qué significa ser un héroe y no tener a tu mejor amigo?".

"Fui liberado para nada"

Soldados soviéticos levantan la bandera de Polonia 

Soldados soviéticos levantan la bandera de Polonia

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,

Maxwell dice que la liberación de su pueblo no significó un gran cambio para él.

Jasko sabía del avance de las tropas soviéticas hacia Alemania, que llegaron en julio de 1944 para liberar la ciudad de Buczacz de los nazis. Pero para Oziac, la liberación no representó un cambio positivo en su vida.

"Me liberaron a la nada. Había comida, escuelas, ropa, la gente tenía casa, pero yo no tenía nada. Y nadie me quería".

A los 14 años, Oziac regresó a Buczacz y descubrió que era el único superviviente de su familia.

En total, 62 familiares fueron asesinados, y de los aproximadamente 8.000 judíos que vivían en la ciudad, solo quedaron 100.

En los años siguientes, continuó sobreviviendo, esta vez no solo en el bosque, sino realizando trabajos esporádicos en el mercado negro. Oziac logró ser incluido en un programa que enviaba a huérfanos judíos a Canadá, y fue allí, viviendo con una familia que lo acogió, donde cambió su nombre a Maxwell Smart en 1948.

Se convirtió en empresario, se casó, tuvo hijos, redescubrió su pasión por la pintura y hoy es dueño de dos galerías en Montreal.

Pasó décadas negándose a hablar de su pasado. Pero en 2019, fue contactado por el equipo de un documental sobre judíos que sobrevivieron milagrosamente al asedio nazi durante la Segunda Guerra Mundial, llamado Cheating Hitler (Engañando a Hitler). Este equipo localizó a familiares de Janek, el niño que vivía con él en el bosque, incluyendo a su tía.

"Fue muy grato conocer a la familia. Lloramos y recordamos a Janek. Y me dijeron que no debía sentirme culpable. 'Lo alimentaste, viviste con él y lo cuidaste', dijeron. 'Gracias por prolongar su vida'".

El equipo del documental aún tenía otra sorpresa reservada para Maxwell. Lo llevaron a Israel, donde conoció, en una residencia de ancianos, a Tova, la bebé que él y Janek habían rescatado de las orillas de aquel río helado. Sus tíos también sobrevivieron al asedio nazi y la criaron.

"Todos llorábamos. No solo encontré a Tova, que estaba enferma en cama, sino también a sus hijos y nietos. No se acordaba de mí, claro, era una bebé, pero no dejaba de acariciarme la mano. Y repetía: 'Todo va a estar bien, todo va a estar bien'".

En 2022, Maxwell Smart publicó el libro El niño en el bosque, que narra su historia. Al año siguiente, el libro se adaptó a una película homónima, protagonizada por Richard Armitage.

Esta es una adaptación al español de una historia publicada originalmente en inglés por BBC Outlook. Para escuchar la versión original, haz clic aquí. 

jueves, 22 de febrero de 2024

_- HOLOCAUSTO. Viaje al campo de Ravensbrück, el mayor burdel del Tercer Reich.

Supervivientes del campo de Ravensbrück, en la inauguración de un monumento conmemorativo en 1959.
_- Supervivientes del campo de Ravensbrück, en la inauguración de un monumento conmemorativo en 1959.
La historiadora Fermina Cañaveras novela en ‘El barracón de las mujeres’ el horror de las presas obligadas a prostituirse, entre ellas dos centenares de españolas

La historiadora Fermina Cañaveras (Torrenueva, Ciudad Real, 46 años) lleva desde 2008 poniendo nombre, rostro y dignidad a las mujeres obligadas a prostituirse en el campo de concentración de Ravensbrück, el mayor burdel del Tercer Reich, pero aún conserva la emoción intacta. Con la voz entrecortada, no se ha acostumbrado al relato de una infamia. Imposible hacer callo ante un material de trabajo tan espeluznante: el proyecto levantado en la Alemania nazi exclusivamente para atentar contra los derechos de la mujer: violaciones, abortos forzados y esterilización eran los tres pilares sobre los que se levantó este campo de concentración y exterminio por donde pasaron hasta 130.000 mujeres entre 1942 y 1945. El día de su liberación, habían sobrevivido 15.000, de las cuales 200 eran españolas. Fermina Cañaveras ha podido localizar de momento a 26.

A 90 kilómetros de Berlín, Ravensbrück fue el campo más grande para mujeres en territorio alemán y el segundo de Europa después de Auschwitz. Sin embargo, poco se sabe de él. Fue uno de los últimos en ser liberados por los aliados y hubo tiempo para destruir mucha de la documentación que allí se conservaba. 

Así que, enterradas en la cal viva del olvido, que Fermina Cañaveras esté poniendo nombre y rostro a las mujeres convertidas en esclavas sexuales en Ravensbrück se convierte en una literalidad. De entre todos ellos surge el de Isadora Ramírez García (Madrid, 1922-2008), la protagonista de El barracón de las mujeres (Espasa), primera novela de esta historiadora especializada en el área de mujer y represión durante los conflictos del siglo XX. “La historia, por desgracia, está contada en su mayoría por hombres; siempre se ha hablado de exilios, guerras, campos… desde el sufrimiento de los hombres, pero ¿qué pasa con las mujeres? ¿Por qué existe esta tendencia al olvido de la memoria de nuestro país, pero sobre todo al olvido de la mujer?”, se pregunta Cañaveras durante una breve visita a Sevilla, donde se encuentra con EL PAÍS.

Cañaveras ha tenido que novelar la historia de Isadora y otras compañeras en aquel viaje al infierno porque la ficción ha sido el único pegamento para unir las piezas encontradas en su intenso rastreo documental. Aun así, los nombres y, sobre todo, el sistema de humillación y degradación humana perfectamente orquestado por el Tercer Reich para explotar y experimentar con las mujeres bajo pretextos pseudocientíficos son de extremo rigor y veracidad. “Las violaban del orden de 20 veces al día, delante de muchos soldados que acudían para mirar, y muchas de ellas quedaban embarazadas. Era con estas con las que experimentaban, les abrían el vientre y las dejaban morir para ver cuánto aguantaban los fetos”, dice. No es morbo, reivindica la historiadora, “es memoria y así hay que contarlo”.

Fermina CañaverasLa escritora Fermina Cañaveras, con un ejemplar de su libro 'El barracón de las mujeres'.
HUGO G. PECELLÍN

El contexto, pues, que describe El barracón de las mujeres es escalofriante: junto a las violaciones cotidianas, este campo fue un laboratorio para prácticas que escapan a cualquier consideración científica o moral, como inyectarles a las mujeres semen de chimpancé para comprobar si podían procrear híbridos de mujer y mono. A otras les extirpaban partes del cuerpo y las reimplantaban para comprobar su recuperación.

Pero volvamos a Isadora Ramírez García, una de las últimas supervivientes españolas conocidas, que murió en Madrid en 2008, justo el año en el que Fermina Cañaveras decidió embarcarse en el rescate de esta historia, y a la que no pudo conocer. El punto de arranque fue una fotografía hallada mientras estaba sumergida en otro proyecto de recuperación de memoria histórica: “Yo estaba investigando cómo se organizó el Partido Comunista en un piso de Atocha en la clandestinidad tras la Guerra Civil, no soy experta en la II Guerra Mundial, pero una militante del PC me puso sobre la pista”. Se resistió en un principio por pulcritud profesional, pero fueron muchas las voces que la animaron a embarcarse en este viaje hacia la dignificación de aquellas mujeres. El juez Baltasar Garzón, que firma la faja de la novela; y sus compañeros en la Comisión de Historia del Teatro del Barrio de Madrid, del que formaba parte entonces, fueron fundamentales para empujar a Fermina Cañaveras a escribir este relato del que no ha salido “indemne”, confiesa.

Y así, en la desvaída fotografía encontrada supo que tenía que dar un vuelco a su trabajo: allí aparecía la imagen de una mujer desde el cuello hasta la cintura, con una inscripción en alemán tatuada en el pecho: Feld-Hure, puta de campo. Así marcaron a Isadora, que murió a los 86 años con el recuerdo imborrable de la humillación escrito aún en su piel. “Utilizo la palabra puta porque es la traducción literal de hure”. En esta novela no hay eufemismo, hay verdad. También en la crueldad de las palabras. “Las embarazadas eran las conejas”, relata la autora, y el barracón de las locas fue el nombre que se utilizó para recluir, en un ostracismo aún más ignominioso, a todas las que no pudieron soportar tanto dolor y perdieron el juicio.
Una prisionera del campo de concentración de Ravensbrück con la inscripción 'Feld-Hure' (puta de campo) en el pecho.
Una prisionera del campo de concentración de Ravensbrück con la inscripción 'Feld-Hure' (puta de campo) en el pecho.EDITORIAL ESPASA


Esa fue la experiencia que marcó para siempre la historia de Isadora Ramírez García, hija, sobrina y hermana de republicanos. Al acabar la Guerra Civil, precisamente, cruzó la frontera a Francia en busca de su hermano Ignacio, desaparecido durante la contienda nacional. Allí se enroló en la Resistencia hasta que fue detenida y deportada a Ravensbrück. Tenía 20 años. Pero hay más personajes reales dentro de El barracón de las mujeres, todas supervivientes del horror: Constanza Martínez (1917-1997), también miembro de la Resistencia, cuya frágil salud tras las huellas que dejó en ella la experiencia del campo de concentración no le impidió llegar a ser vicepresidenta del Amical de Mauthausen. O Neus Català (1915-2019), a quien Fermina Cañaveras sí conoció y cuyo testimonio fue clave para reconstruir esta historia. Neus, precisamente, fue la fundadora del Amical de Ravensbrück. Desde el final de la II Guerra Mundial dedicó su vida a intentar no olvidar los nombres de las que murieron y sufrieron el cautiverio en aquel infierno.

La aragonesa Elisa Garrido (1909-1990) también protagoniza un pasaje del libro que emociona por su coraje. Esta presa provocó la explosión que inutilizó la fábrica nazi de obuses del comando Hafag, al que había sido destinada como esclava. Dedicó su vida a ayudar a quienes habían pasado por la Resistencia.

Y en un escalofriante contraste, la francesa Catherine Dior (1917-2008), hermana del celebérrimo diseñador Christian Dior, se pasea por las páginas de esta novela enrolada en una unidad de inteligencia franco-polaca. “Catherine tuvo muy mala suerte porque fue arrestada en la víspera de la liberación de París. Fue deportada a Ravensbrück, pero sobrevivió”, relata Cañaveras. Su hermano creó en 1947 un perfume en su honor y en recuerdo de sus compañeras: Miss Dior.

Presas con sus hijos en el barracón.
Presas con sus hijos en el barracón.EDITORIAL ESPASA

Y es que, el infierno de Ravensbrück, también el mensaje que quiere trasladar la autora en El barracón de las mujeres, es “una historia de resiliencia y de sororidad. Allí se ayudaron, se acompañaron, se cuidaron y protegieron todas estas mujeres para hacer sobrevivir a la mayoría de ellas. Esta novela es la consecuencia de sus vivencias, de sus miedos, de sus silencios y de sus sentimientos. Es el trabajo de muchas horas de investigación que han culminado en un homenaje a todas las que han permanecido en la sombra de la historia”.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Gaza alumbra en todas las mentes y corazones antiimperialistas

Hoy estamos aquí demostrando nuestro apoyo, con nuestras almas y corazones apoyamos a nuestros hermanos nuestro pueblo palestino, quienes han sufrido lo peor de la humanidad. Nicaragua es como nuestra segunda patria y siempre confiamos en ustedes por su apoyo están a nuestro lado y comparten nuestra historia de lucha. Palabras de Hamad Shehab en un encuentro de solidaridad con Palestina en Managua (Nicaragua).

Si la crisis del imperio es prueba evidente de su fracaso como sistema, y como solución pretendió emplearse en su deseo de acabar con Rusia para luego enterrar a China y alimentarse con los despojos, su enfermedad crónica la ha agudizado él solo, la inmensa mayoría se ha apartado y, ahora, el yanqui en armas busca con urgencia hacerlo olvidar a sus lacayos y conduciéndolos a “la solución final”, esa tan programada por sus sionazis.

Recuérdese que el vínculo programático ucronazi y sionazi es un único programa, invasión, ocupación, limpieza étnica, robo, genocidio, envuelto en celofán de agresión siempre por el que es objetivo de EEUU, de ahí que las aparentes dos partes, creación del “estado profundo” visionario estadounidense, hiciese que el fracaso en Europa lo recondujesen al segundo frente abierto: los genocidas yanquis quieren una victoria ante el mundo, ya ves, sobre la empobrecida y torturada Gaza. La provocación a los países que le ponen freno se ha destapado hasta límites que hacen pensar si el final de los que forman el grupo de strusianos, de su final imperial, no lo ven o lo ven y quieren el final del mundo antes que caer ellos.

La ciudadanía estadounidense empieza a temer lo que hacen sus dirigentes políticos y militares, ya hay gritos en las calles de numerosas ciudades, dimisiones y críticas entre los que sustentan el sistema. Son mucho más rápidos en su accionar los criminales, ansían el gas y el petróleo de Gaza y que su genocidio conduzca a una guerra contra Irán, Siria, y en esa dirección Rusia termine entrando, de esta manera encontrarían lo que buscaban, armando a Ucrania, en Medio Oriente.

Por de pronto una serie de sionazis europeos lacayos, Macron, Scholz, Sumak, Meloni, Mitsotakis, han ido sosteniendo la cola del traje del baboso Biden para comprometer sus servicios a Netanyahu y sus degenerados generales. ¿Habrá un tribunal internacional para todos ellos?

La unidad árabe que tanto se deseaba por los antiimperialistas se acelera en estos momentos, las fuerzas de la Resistencia Palestina y las de vecinos como Líbano prometen sumarse, y con ellos declaran que se ponen a su lado los gobiernos de la región, sus pueblos ya lo manifiestan diariamente movilizándose hasta las fronteras.

Desde los túneles de la Casa Blanca se mira a Irán, la provocación que el mundo oscuro sionazi de EEUU ya ha empezado a lanzar para que entre el país persa y le puedan culpar los regímenes europeos y sus batallones de escribientes para cubrir la espalda al imperio, no parece contar con que su imagen se ha caído y los psicópatas yanquis se han aislado, con ello su envenenamiento de la ciudadanía europea empieza a dejar de tener efecto con la lección criminal que han dado en Gaza.

Aun así la señal de desamparo que les crece a los genocidas no parece que les detenga, es posible que apuesten a la destrucción del mundo, por eso es fundamental la unión práctica antiimperialista con la máxima urgencia.

Irán tiene el Estrecho de Ormuz y el petróleo dejará de alimentar a los mercaderes financieros estadounidenses sionazis, a eso hay que añadir el petróleo de Arabia y sus vecinos que ya han declarado su posición respecto a Gaza: el crack de los juegos especulativos, los casinos bolsísticos yanquis, ingleses y europeos tiemblan. Gaza es el centro de la lucha geoestratégica y los criminales sionazis quieren realizar su proyecto supremacista colonial de invasión, ocupación, limpieza étnica y robo llevados de la mano del estado profundo gringo y su complejo militar industrial y financiero; ahí estan sus sucesivos boicots a la paz apoyada en la ONU por la inmensa mayoría, quieren ahogarnos en sangre para seguir siendo hegemónicos. Pero el mundo viene cambiando.

En el Mediterráneo y en el Mar Negro tenemos las fuerzas principales de un posible enfrentamiento, pero los yanquis consideran que poseen la bendición de su dios que es el programa para resolver su crisis en todos los niveles. Las fuerzas de Medio Oriente tienen de su parte además a China, cuyos amparos en busca de un orden mundial equilibrado da oxígeno a los resistentes al monstruo rabioso que alimentó la guerra “hasta el último ucraniano” y que ahora quiere tapar su debacle martirizando al centro cardinal del mundo, el pueblo de Gaza, el que alumbra todas las mentes y corazones.

Ramón Pedregal Casanova es autor de los libros: Gaza 51 días; Palestina. Crónicas de vida y Resistencia; Dietario de Crisis; Belver Yin en la perspectiva de género y Jesús Ferrero; y, Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios. Presidente de AMANE. Miembro de la Asociación Europea de Apoyo a los Detenidos Palestinos. Internacionalista e integrante de la Red de Artistas, Intelectuales y Comunicadores Solidarios con Nicaragua y el FSLN.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 22 de octubre de 2022

_- MEMORIA HISTÓRICA. El Gobierno balear identifica los restos de Aurora Picornell, ‘La Pasionaria mallorquina’

_- Picornell fue enterrada en una fosa común con otras cuatro mujeres. Su padre y dos de sus hermanos también fueron asesinados por el franquismo

El Gobierno balear ha anunciado este jueves que los restos hallados en la exhumación de una fosa en el cementerio de Son Coletes a finales del año pasado corresponden a Aurora Picornell, conocida como La Pasionaria mallorquina. Modista de profesión, era la responsable de la organización de mujeres del Partido Comunista en las Islas Baleares. En los primeros días del golpe de Estado que dio origen a la Guerra Civil fue detenida, encarcelada y hecha desaparecer con otras compañeras la noche del 5 de enero de 1937. Tenía 25 años, estaba casada y era madre de una niña pequeña. “Hoy es un día histórico”, ha declarado el vicepresidente balear, Juan Pedro Yllanes. “Estamos muy orgullosos de haber encontrado sus restos. No han conseguido hacerla desaparecer....

viernes, 25 de marzo de 2022

¿De qué sirve condenar a los demás por crímenes que uno está dispuesto a cometer?

Hace unos días, un periodista le preguntó al presidente Biden cuando salía de un acto público si creía que Putin es un criminal de guerra. Inicialmente, el presidente dijo secamente que no y siguió andando. Enseguida, sin embargo, se dio la vuelta y rectificó: «creo que es un criminal de guerra».

Yo creo que lleva razón.

El Tribunal de Nuremberg de 1945 sentenció que «iniciar una guerra de agresión no es sólo un crimen internacional; es el crimen internacional supremo que se diferencia únicamente de otros crímenes de guerra en que contiene dentro de sí mismo el mal acumulado del conjunto».

No hace falta ser un jurista sofisticado para deducir que lo que está haciendo la Rusia de Putin en Ucrania encaja perfectamente en la definición de crimen de guerra y, por tanto, que el líder ruso merecería ser juzgado por ello. Pero, ¿bastaría con eso?

¿Qué valor tiene achacar la comisión de un crimen a otro cuando no se está dispuesto a reconocer las acciones igualmente criminales que ha cometido quien acusa?

¿No fueron crímenes de guerra en Vietnam? ¿No fue un crimen de guerra la invasión de Irak? ¿O los bombardeos en la antigua Yugoslavia? ¿O el inicio de la guerra de Yemen, Libia, Siria..? ¿O los cometidos por las tropas de Estados Unidos al salir de Afganistán, como ha denunciado Amnistía Internacional, o los de Israel en Palestina? ¿No es un crimen de guerra la llamada «justicia repentina» que llevan a cabo y de la que se jactan las autoridades estadounidenses? ¿No fueron crímenes los golpes de Estado en docenas de países inspirados y apoyados por los líderes de Estados Unidos tras lo que se asesinaron a miles de personas? ¿O el uso de drones para matar a niños inocentes e indefensos?

Putin debe responder de lo que está haciendo. Por supuesto que sí. Pero ¿con qué fuerza moral le pueden pedir cuentas quienes están dispuestos a seguir cometiendo, encubriendo o dejando de condenar otros hechos tan horrendos como los que Rusia está llevando a cabo ahora en Ucrania?

¿Cómo puede pedir justicia Estados Unidos si la doctrina que prevalece en aquel país es que nadie puede perseguir los crímenes que cometan sus dirigentes? ¿Cómo va a recurrir Estados Unidos a la Corte Penal Internacional para que juzgue a Putin cuando la Orden Ejecutiva del presidente Trump la amenaza si se atreve a “investigar, arrestar, detener o procesar a personal de Estados Unidos sin su consentimiento”? Y, por supuesto, cuando ni siquiera la reconoce como tal, lo mismo que ocurre, significativamente, con Rusia, China o Israel, entre algún otro país menor.

¿Dónde nos lleva combatir la infamia con infamia, el terror con el terror, el desprecio a las normas con su desobediencia, la violencia con más violencia, el horror con el horror?

¡Cómo se van a poder arreglar los problemas del mundo mientras que sus grandes potencias pidan justicia para otros sin sentirse obligadas a no cometer ellas mismas los crímenes que condenan en los demás!

https://juantorreslopez.com/de-que-sirve-condenar-a-los-demas-por-crimenes-que-uno-esta-dispuesto-a-cometer/

viernes, 11 de febrero de 2022

_- "En España la conquista de América se ve como un hito histórico, pero en realidad fue una brutal y sangrienta invasión que debería generar vergüenza"

_- No, al historiador español Antonio Espino López no le gusta hablar de descubrimiento de América ni de conquista de América.

"El verbo invadir es mucho más inequívoco. Implica irrumpir, entrar por la fuerza, así como ocupar anormal e irregularmente un lugar. Y eso es lo que ocurrió en el caso de América", sostiene este catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona, especialista en historia de la guerra en la Edad Moderna y en la conquista hispana de América.

Es comprensible que Espino López rehúya los términos conquista o descubrimiento. En "La invasión de América: una historia de violencia y destrucción" -un libro publicado por la editorial Arpa- desvela la cultura del terror empleada por los españoles a la hora de invadir el territorio americano.

Amputaciones de manos, ejecuciones en la hoguera, empalamientos, ahorcamientos, aperreamientos en los que se lanzaban grandes perros de combate contra personas, abusos sexuales contra mujeres y niñas y masacres fueron algunos de los métodos empleados por los españoles para someter a las poblaciones locales, según detalla Espino López en su libro.

BBC Mundo ha hablado con él.

La conquista -o invasión, como usted reclama que se llame- de América, ¿fue realmente una historia de violencia y destrucción?
 
Sí. No fue diferente a cualquier otro proceso de invasión, conquista, sometimiento de un territorio y de los habitantes de ese territorio. A lo largo de la historia siempre ha ocurrido así. Y la invasión y conquista hispana de América no es diferente.

En su libro ofrece muchos y muy documentados ejemplos de la crueldad a la que llegaron los españoles en América. Uno de los métodos que afirma que empleaban contra la población autóctona era la amputación de las manos, y a veces también de las narices y de las orejas. ¿Estaba esa práctica muy extendida?

Sí, fue una práctica muy habitual que ya venía de muy antiguo. Está perfectamente documentado que ya se aplicaba en el imperialismo de la antigua Roma y, desde entonces, se ha empleado.

En las terribles guerras civiles de finales del siglo XX en algunos Estados africanos se cortaba sistemáticamente las manos a los enemigos. Se trata de una práctica típica en aquellas circunstancias o las situaciones en las que se tiene que dominar a grandes grupos de población.

Cuando los efectivos son limitados o cuando todavía no se tiene un control profundo del territorio y de las personas, se emplea el terror para atemorizar a las personas de la forma más contundente posible. En América Latina fue una práctica bastante extendida, se hace mención a ella en muchos textos.

¿Y por qué hacían algo tan abominable?
Los conquistadores con frecuencia cortaban las manos de los habitantes y cauterizaban la herida con aceite hirviendo o con fuego.

Evidentemente, de lo que se trata es que el resto de la comunidad percibiera de manera clara y contundente que el castigo aplicado a esa persona podía extenderse a muchas otras, lo que frenaba su instinto de rebelarse.

Durante el sitio de Cuzco la mutilación de las manos se empleó con mucha asiduidad, ¿verdad?

Sí. Ese fue precisamente un momento muy comprometido, había un grupo muy reducido de españoles que defendían Cuzco, aunque estaban apoyados por unos pocos miles de indios aliados.

Como la presión a la que se sometió a Cuzco en los años 1536 y 1537 fue muy fuerte, cuando los españoles conseguían hacer prisioneros les cortaban las manos para demostrar al resto a lo que se enfrentaban e intentar frenarles.

Pero en el sitio del Cuzco no sólo se cortaron manos a los guerreros enemigos, sino que cuando los conquistadores conseguían atacar alguno de sus campamentos mataban a las familias de los beligerantes, pues los acompañaban en los combates. Recurrían a cualquier tipo de barbaridad con tal de frenar las revueltas contra los intereses españoles.

Otras de esas prácticas aterrorizantes que menciona en su libro es el aperreamiento. ¿En qué consistía?

En el aperreamiento se utilizaban perros de combate y, de nuevo, se trata de una práctica muy antigua que probablemente ya se empleaba en la antigua Grecia.

Se trata de utilizar perros de gran tamaño y de gran poder físico, como alanos o mastines, contra las personas. Es una práctica muy, muy terrible. Hay que imaginarse a una persona indefensa, en ocasiones con las manos atadas, que se tiene que enfrentar a un animal o a varios animales ante los ojos del resto de la comunidad.

Esa persona moría despezada en cuestión de minutos, y verlo provocaba un fuerte shock en los que lo presenciaban. Un shock tan terrible que anulaba psicológicamente durante mucho tiempo a los que lo veían, si no para siempre.

Y el mensaje que se buscaba lanzar con los aperreamientos, de nuevo, era que si alguien se portaba mal, iba a acabar siendo ejecutada de esa forma tan horrorosa. Yo me imagino que, después de ver un aperreamiento, las personas se lo pensarían dos veces antes de rebelarse a los españoles.

¿Y era una práctica habitual?
Sí, es una práctica que se menciona en bastantes sitios. Quizás no estaba tan extendida, o no está tan documentada, como otras.

Pero se trata de una práctica tan abominable que hizo reaccionar a la monarquía española de una forma contundente, lo que revela que se utilizaba. En 1541 se publica un Real Decreto en el que se prohíbe que se críen perros con la intención última de ejecutar a las personas.

Se ha llegado a decir que en algunos casos a esos perros se les alimentaba con carne humana, evidentemente, con carne de indio. Es posible que se considerara que los aperreamientos eran útiles en los primeros momentos de invasión, conquista y asentamiento de América.

Pero que una vez que el sistema colonial ya estaba implantado, algunos españoles empezaron a verlo como algo demasiado abominable.

Hubo reacciones de algunos juristas y, sobre todo, de muchos miembros del clero que empezó a decir que ese tipo de prácticas no eran propias de cristianos ni de gente civilizada como los españoles.

En su libro también menciona ejecuciones en la hoguera, indígenas que eran quemados vivos. Fue sobre todo Pizarro el que utilizó esta práctica, pero no fue el único, ¿verdad?

La tortura fue una práctica extendida en la conquista de América

No, se utilizó por parte de muchísima gente, sobre todo al principio de la invasión de América. Era un tipo de ejecución que se reservaba sobre todo para los caciques. Porque si se ejecutaba al jefe de una comunidad, de un territorio, de nuevo se estaba mandando un mensaje muy claro.

Al ver el terrible fin que había tenido una persona de su mismo status, otros caciques dejaban de tener ganas de rebelarse.

Las ejecuciones en la hoguera se emplearon mucho en la conquista de las Antillas, en especial en Santo Domingo. Tanto Pizarro como Cortés las utilizaron en situaciones específicas.

Cortés no dudó, por ejemplo, en quemar vivos a un gran jefe mexica y a algunos de sus correligionarios para demostrarle precisamente a Moctezuma y al resto de la sociedad mexica que no toleraría ninguna revuelta ni acción en contra de los intereses españoles.

También habla de los empalamientos…
Esa práctica no era tan habitual, no he encontrado muchas menciones a ella, aparece sobre todo en algunas crónicas sobre la conquista de Venezuela.

El empalamiento parece ser que se empleaba con el objetivo de denigrar a una persona y que se asocia sobre todo al emperador Manco Inca, quien se levantó contra Pizarro y organizó una revuelta para intentar recuperar Cuzco en 1536-1537.

Manco Inca fue derrotado en esa ocasión y se retiró a un territorio cercano, a Vilcabamba, y desde allí organizó durante muchos años la guerra contra los españoles y sus aliados aborígenes, sobre todo en los pueblos indios huancas. Leyendo a los cronistas, parece ser que era Manco Inca quien utilizaba sistemáticamente los empalamientos.

Pero es obvio que los propios españoles y sus aliados indios también la utilizaban. Yo he localizado empalamientos cometidos muy puntualmente por los españoles en Nueva Granada, Venezuela y Perú.

El empalamiento se podía llevar a cabo con el cuerpo de una persona caída en combate o bien con alguien vivo, yo he encontrado los dos casos.

¿Fueron habituales las masacres en la conquista de América?

Hernán Cortés
Las prácticas como la quema de personas fueron utilizadas por muchos conquistadores como Hernán Cortés

Las masacres tuvieron lugar en determinadas circunstancias y por motivos variados: porque, por ejemplo, uno de los lugartenientes españoles o directamente los grandes caudillos entienden que se tiene que dar un gran escarmiento.

Es el caso de Alonso de Ojeda que, cuando está intentando conquistar Nueva Andalucía, hoy la costa de Colombia, recurre a las masacres, y también tenemos algún ejemplo de masacre en la conquista de Cuba.

Asimismo Cortés emprende masacres muy, muy importantes; por ejemplo en la de la ciudad de Cholula, justo antes de entrar en Ciudad de México.

En la ciudad de Cholula tuvo lugar una masacre que hoy está muy bien documentada en la que pudieron morir entre 2.000 y 6.000 personas.

También cuando Pizarro capturó a Atahualpa en la ciudad de Cajamarca se puede hablar de masacre, hubo una reacción contra el séquito de Atahualpa y se produjeron bastantes muertes. Pero parece que en ese suceso hay determinados cronistas que tratan de limpiar la imagen de Pizarro, porque según su versión de lo sucedido fue el propio Pizarro el que frenó el impulso de su gente de seguir matando, y aun así probablemente murieron varios cientos de personas, quizás miles de personas.

Hay cronistas que dicen que los hombres de Pizarro le pidieron permiso para comenzar a cortar las manos a los enemigos, y que Pizarro les dijo que no, que ya era suficiente, que no era el momento. Por la propia adrenalina que generan estas situaciones de violencia, la gente iba a más y Pizarro los frenó porque era oportuno.

Pero en las crónicas sí que se encuentran pasajes sobre el uso sistemático de matanzas, matanzas de mayor o menor grado, pero matanzas al fin y al cabo. Las hubo en Chile, en Yucatán…

La primera conquista de Yucatán es especialmente terrible, se usaron las matanzas porque había una resistencia fuerte. Hubo grandes pérdidas de vidas humanas en los combates y en las matanzas posteriores a los combates.

Dice usted que también los conquistadores recurrieron a las violaciones de mujeres como arma de guerra para sembrar el terror. Algunas de esas violaciones de mujeres incluso se cometían delante de sus maridos y de sus padres.

En algunas ocasiones así ocurrió, pero son cuestiones mucho más difíciles de documentar, porque en la documentación de la época las mujeres no aparecen al nivel que uno desearía. En la documentación las menciones a las mujeres son bastante escasas.

Y las mujeres aborígenes prácticamente ni aparecen. En todo caso, las que aparecen son las mujeres asociadas con la élite aborigen, que son las que pueden ser objeto de intercambio político, se podían ofrecer al grupo hispano para mantener una buena relación con él.

Algunos testimonios de Bernal Díaz del Castillo y de otros cronistas hablan, en la conquista de México, de que Cortés tuvo que dictar una ordenanza para obligar a sus hombres a seguir una serie de preceptos a la hora de hacer la guerra. Y eso incluía no molestar a las mujeres de los indios aliados, con lo que se dejaba el campo libre para molestar a las mujeres de los enemigos.

Además, una de las formas de compensar a los soldados cuando todavía no se podía repartir un botín en objetos, en oro y plata era permitir hacer esclavos a los varones, que evidentemente tenían un valor, y también hacer esclavas a mujeres, que tenían otro tipo de valor.

Díaz del Castillo recoge, por ejemplo, que la tropa, los participantes en la conquista que no son altos oficiales, se quejaban de que las mujeres esclavizadas más bellas son ojeadas y rápidamente apartadas porque eran para uso y disfrute de la oficialidad, y el resto de las mujeres ya se repartían entre los demás.

Todo eso existió, pero es muy difícil de documentar. Hay algunas voces críticas -algún jurista, algún miembro de la Iglesia- que sí hacen referencia a esas circunstancias, y que son especialmente terribles. Hay autores que han encontrado expedientes de determinados personajes que hoy día consideraríamos directamente pederastas.

¿Por qué todas esas prácticas de las que usted habla no se enseñan en los colegios españoles? ¿Por qué la población española desconoce el nivel de crueldad de los conquistadores de América?

Yo creo que porque todavía somos rehenes de la historia imperial maravillosa, hay de hecho algún autor que ha hablado de la historia sagrada de la conquista de América.

Eso nos viene de la época franquista, el régimen franquista pretendió -y consiguió- desarrollar una historia imperial de la conquista de América, jugando con la baza de que el final del siglo XV y todo el siglo XVI es el gran momento de la monarquía hispánica.

Y, en ese contexto, se consideraba que no se podía ensombrecer un asunto tan trascendente para la historia de la humanidad como es el descubrimiento de América revelando las fórmulas que se utilizaron para esa invasión, conquista y asentamiento.

El franquismo se apropió de la historia de España con fines ideológicos, y ocultó los elementos más terribles que toda invasión, conquista e imperialismo conlleva. Y esa idea perdura hasta hoy.

El rey Felipe VI, que recientemente viajó a Puerto Rico con motivo de los 500 años de la fundación de San Juan de Puerto Rico, sigue con este discurso típico de que España llevó a América la civilización, la cultura, la lengua, la religión, la tecnología y la palabra libertad. Porque encima cuentan cómo los conquistadores se aliaron con algunos grupos aborígenes para luchar contra otros grupos dominantes que los tenían sometidos, y que por lo tanto "liberaron" a esas poblaciones.

¿Y no es verdad?
Liberaron a las élites de esas poblaciones. A aquellos grupos que se aliaron con los españoles y se enfrentaron a los mexicas o a los incas para intentar no estar sometidos a ellos, de vivir mejor en el sentido de no estar sometidos a estos, les fue muy bien. Pero solamente a esas gentes. A todo el resto de sociedades aborígenes les fue terriblemente mal.

Uno de los argumentos a los que recurren los defensores de la conquista de América Latina es que allí hubo mestizaje, mientras que en la América de Norte no lo hubo…

Es cierto que el mestizaje en América Latina es muy alto. Pero es erróneo pensar en ese mestizaje como algo positivo para las dos partes, cuando fue algo más bien impuesto por los españoles.

En el siglo XVI sólo el 20% -el 25% como máximo- de la población española que se asentó en América eran mujeres. El resto eran hombres, casi todos ellos jóvenes. Y si la población española en América Latina estaba formada por un alto porcentaje de hombres jóvenes y el número de mujeres era muy pequeño, es lógico que hubiera mestizaje.

Fue una colonización muy distinta en ese sentido a la que llevó cabo Inglaterra en el siglo XVII y sobre todo en el XVIII en las colonias de Norteamérica, donde las personas que se trasladaron a esos territorios eran con frecuencia familias enteras. Además, por una cuestión de religión y de raza, esa gente no quería mezclarse con los indios, rechazan a los indios.

Otro de los argumentos que esgrimen los defensores de la conquista de América es que fue heroico solo un puñado de hombres pudieran conquistar todos esos territorios. ¿Se consiguió por medio de una crueldad extrema?

Los conquistadores se aliaban con grupos indígenas para poder ganar sus batallas

Por un lado, es cierto que hubo crueldad extrema, violencia extrema y terror, sobre todo en el comienzo, cuando los conquistadores tuvieron que imponerse a la fuerza a grupos humanos mucho más numerosos para poder sobrevivir. Y muchos murieron por el camino.

Pero los conquistadores también se dieron cuenta de que necesitaban aliarse con algunos grupos indios de territorios como México, Perú, etcétera, porque si no la guerra no la iban a ganar nunca. Otra de las falacias que nos ha contado el franquismo es el aspecto heroico de que con muy reducidas huestes se consiguió conquistar todo un continente.

Cortés empezó la conquista de México con 600 hombres y llega a tener 2.200. Pizarro, por su parte, consigue la conquista de Perú con menos de 600 hombres europeos. Lo que hasta hace relativamente poco tiempo no nos habían explicado es que fue absolutamente necesaria la fuerza de los aliados aborígenes para derrotar al imperio Mexica y al imperio Inca.

Sin la ayuda de lo que en las crónicas llaman aliados, auxiliares o indios amigos, es imposible que los españoles hubiesen vencido en esos conflictos.

En sociedades más reducidas como las Antillas pudieron más o menos asentarse con los efectivos hispanos. Y en zonas como lo que hoy es Panamá no lo habrían conseguido si no hubiera sido por el uso masivo del terror. Uno de los primeros en utilizar de manera abundante el aperreamiento del que hablábamos antes fue Núñez de Balboa en la zona del Panamá actual.

Muchos aseguran que murieron muchos más indios a causas de las enfermedades que llevaron españoles que por su violencia. ¿Es verdad?

Se puede decir que sí. Las epidemias y enfermedades desconocidas afectaron tanto a la población aborigen como a los conquistadores, aunque a estos últimos en un grado mucho más reducido, y provocaron en la población local una mortandad que difícilmente con las armas se pudo conseguir.

Pero lo que es importante tener en cuenta es que las enfermedades y epidemias se desataron cuando ya se habían iniciado los conflictos y la guerra, cuando ya se había producido un gran quebranto de la población, cuando ya se había impuesto un sistema colonial que se caracterizaba por explotar, muchas veces hasta la muerte, a las personas…

Es en este contexto de destrucción de una sociedad, de destrucción de una religión y de desestructuración de la vida de las personas cuando llegaron las enfermedades, provocando aún más muertes y más destrucción.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reclama que España pida perdón por la conquista de América, de la invasión de América. ¿Cree que España debería hacerlo?

Quizás el término perdón es un poco excesivo. Yo me conformaría con que desde el Estado español se pidieran disculpas públicamente por buena parte de lo ocurrido hace 500 años, reconociendo que se cometieron excesos típicos de cualquier imperialismo, tanto anterior como posterior.

Los norteamericanos llevaron a cabo masacres contra la población aborigen en el siglo XIX, los británicos cometieron auténticas barbaridades en Australia, los turcos cometieron un genocidio contra los armenios, los alemanes cometieron genocidios en África, Leopoldo II de Bélgica cometió un terrible genocidio en el Congo…

Pero nosotros también hicimos muchas barbaridades. Nosotros, los españoles, no somos mejores ni peores que los demás, nos comportamos exactamente igual que cualquier otro imperialismo.

¿Hubo un genocidio en América Latina por parte de los conquistadores?
Me cuesta emplear la palabra genocidio para el caso de América Latina, porque no hubo voluntad de destrucción y de exterminio como sí la hubo por ejemplo en el Congo para aquellos que no querían trabajar en la extracción del caucho.

El caso español en América Latina fue bastante distinto, aunque las consecuencias de las políticas que se aplicaron allí acabaron como si de un genocidio se hubiese tratado. Pero no es un genocidio como tal, porque no había voluntad de exterminio.

El indio era la mano de obra básica para el sistema colonialista español, si se exterminaba a los indios desaparecía la mano de obra.

Lo que pasa es que el deseo por enriquecerse fue tan brutal que no vacilaron en aplicar una violencia enorme cuando lo consideraron necesario. Sobre todo al principio, cuando los españoles pensaban que los indios eran un bien inagotable. Luego se dieron cuenta de que no, de que eran un bien escaso.

¿Y qué cambiaría si España pidiera perdón?
Yo creo que en el momento en que en América Latina se perciba que hay cierta voluntad por entendernos mejor, por reconocer que se hicieron cosas muy, muy terribles, la presión a la que a veces se somete a la sociedad española desde Latinoamérica se reducirá.

Si España sigue sin reconocer los excesos que se cometieron, la rapiña a la que se sometió a todo un continente, etcétera, es normal que desde determinados ambientes de América Latina si siga reclamando que lo haga.

Se han derribado en América estatuas de Colón, de Fray Junípero Serra... ¿Lo entiende?
Lo entiendo desde el presupuesto de que se cometieron excesos que España nunca ha reconocido. Colón no sólo fue el almirante que descubrió América, es alguien que a partir de 1492 pone en marcha una empresa de venta de esclavos.

Si no se sabe eso, y en España apenas se sabe, difícilmente se puede entender que se derribe una estatua de Colón. Por su parte Junípero Serra era un misionero, y los misioneros en general eran personas con las mejores intenciones del mundo.

De hecho, fueron utilizados por la monarquía hispánica en la segunda mitad del XVII y a lo largo del XVIII como la cara amable de la conquista. Pero inmediatamente detrás de los misioneros y de sus cruces iban las espadas. Desde ese presupuesto, también puedo entender que la estatua de Junípero Serra sea objeto de crítica política.


viernes, 28 de enero de 2022

Conflicto de Ucrania y Rusia: cómo empiezan las guerras

La historia demuestra que a lo largo de los siglos se han manejado todo tipo de pretextos para desatar conflictos y que sus consecuencias son imposibles de controlar y de imaginar

En La princesa prometida, la ya clásica película de Rob Reiner, el personaje de Vizzini, un despiadado espía siciliano, asegura: “Empezar una guerra es un trabajo muy prestigioso con una larga y gloriosa tradición”. Pero en este caso no se trata de un conflicto entre los imaginarios reinos de Florín y Guilder dentro de un cuento, sino del peligro real de un ataque contra un país soberano como Ucrania por parte de una potencia militar y energética como Rusia. La historia alberga varias lecciones, entre ellas que a lo largo de los siglos se han manejado todo tipo de pretextos para montar un casus belli y que las consecuencias de un conflicto son siempre imposibles de controlar y de imaginar. Y que, una vez puestos en marcha algunos mecanismos, resulta muy difícil dar marcha atrás. Y también que las guerras pueden tener causas, pero no son accidentes naturales como los terremotos: las desencadenan un puñado de seres humanos, aunque la tragedia reside en que las sufren, en cambio, millones de otros seres humanos.

La historiadora canadiense y profesora en Oxford Margaret MacMillan dedica un capítulo de su último libro, La guerra. Cómo nos han marcado los conflictos (Turner), a las razones esgrimidas a lo largo de la historia para justificar guerras e invasiones, empezando por Troya —”un hombre roba la mujer de otro”— hasta el hundimiento del Maine en la bahía de La Habana en 1898, que justificó el ataque estadounidense contra España. Aunque, en este caso, fue sobre todo una invención de la prensa sensacionalista: se trata de una de las muchas tormentas de desinformación con las que empiezan las guerras y en las que la Rusia de Putin es especialmente hábil. Sin embargo, MacMillan sostiene que ningún estallido se produce en el vacío. “Las causas de una guerra pueden parecer absurdas o incoherentes”, escribe, “pero detrás de ellas suele haber disputas y tensiones mucho más profundas. A veces basta una chispa para que una pila enorme de madera arda en llamas”.

Un momento clave en cualquier conflicto reside en su punto de inflexión: ¿cuándo es demasiado tarde para pararlo? En un artículo sobre la crisis de Ucrania, la revista británica The Economist recordaba esta semana una frase del gran historiador A.J.P. Taylor: “La Primera Guerra Mundial se hizo inevitable una vez que se emitieron las órdenes de movilización en Berlín”. “La complejidad de los horarios de los ferrocarriles de principios del siglo XX, de los que dependían entonces los movimientos de las tropas, hacía prácticamente imposible cualquier alteración”, prosigue la revista.

Pocos analistas piensan que, pese a la indudable y rotunda movilización rusa, se haya superado en Ucrania ese momento sin marcha atrás, pero siempre resulta más fácil leer el pasado que el presente. Netflix acaba de estrenar la película Múnich, basada en un libro de Robert Harris, que trata de salvar la cara a Neville Chamberlain, el primer ministro británico que firmó en la ciudad bávara en 1938 el pacto por el que entregaba a Hitler los Sudetes y que permitió al dictador nazi preparar la guerra total en Europa. El filme describe a Chamberlain como un político obsesionado por la Primera Guerra Mundial, que quiere evitar a toda costa otra generación masacrada. “Hasta que un conflicto ha empezado, se puede evitar”, sostiene el personaje. Sin embargo, los espectadores del siglo XXI saben lo que Chamberlain desconocía: la Segunda Guerra Mundial ya era imparable, porque Hitler había tomado la decisión de atacar y solo buscaba ganar tiempo.


Tony Blair, George W. Bush y José María Aznar, antes de la reunión en marzo de 2003 en las islas Azores en la que se decidió el comienzo de la guerra en Irak. A la derecha, Sadam Husein.

La Administración de George W. Bush estuvo inventando durante años una intrincada red de mentiras para justificar una invasión de Irak. Cada vez un número mayor de evidencias muestra que la construcción del caso contra Sadam Husein empezó pocos días después de los atentados del 11 de septiembre contra Washington y Nueva York. ¿Cuándo fue inevitable la guerra? ¿Sirvieron para algo todas las sesiones del Consejo de Seguridad antes de que los misiles comenzasen a caer sobre Bagdad el 20 de marzo de 2003? Seguramente, no. Y, desde luego, cuando millones de ciudadanos se manifestaron en todo el mundo contra la guerra, el 15 de febrero de 2003 —un momento de rebelión cívica que Ian McEwan retrató en su novela Sábado—, la Casa Blanca ya había tomado la orden de invadir, que se había cristalizado en una enorme movilización militar en torno al golfo Pérsico.

Irak es un caso paradigmático de una guerra en la que todo parece controlado —empezando por las mentiras con las que arranca—, pero que se convierte en un desastre de imprevisibles consecuencias. El pasado, de nuevo, ofrece numerosos ejemplos. En el año 415 antes de nuestra era, Atenas decidió fletar una expedición contra la poderosa ciudad griega de Siracusa. El pretexto era que dos ciudades aliadas de Atenas, y rivales de Siracusa, habían pedido ayuda a la ciudad-Estado griega. En realidad, se trataba de una lucha por la expansión helena en el Mediterráneo y de un episodio más de la guerra del Peloponeso contra Esparta. Las fuerzas atenienses fueron derrotadas en el puerto de Siracusa dos años más tarde, una debacle militar que acabó por destruir la democracia ateniense.

“La incursión ateniense también trajo consigo un resultado terrible”, escribe Donald Kagan en La guerra del Peloponeso (Edhasa). “Pérdidas devastadoras en hombres y embarcaciones, rebeliones generalizadas a través del Imperio y la entrada en escena del poderoso Imperio persa. Estos motivos contribuyeron significativamente a expandir la opinión generalizada de que Atenas estaba acabada”. En el año 411, por primera vez en un siglo, se instauró una dictadura en la ciudad que había inventado la democracia.

De todos los desastres de la historia que trajeron imprevisibles y devastadoras consecuencias el más intrigante sigue siendo la Primera Guerra Mundial. Los historiadores llevan más de un siglo tratando de buscar el verdadero motivo por el que empezó el conflicto: desde que se produjo el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio austrohúngaro, en Sarajevo, el 28 de junio de 1914, hasta que estallaron las hostilidades transcurrieron cinco semanas durante las que las potencias europeas fueron incapaces de parar un mecanismo estúpido, que las llevaba a la debacle de forma bastante involuntaria. El historiador Christopher Clark acuñó el concepto de “sonámbulos” en el libro que lleva ese título (Galaxia Gutenberg) para describir la manera en que los responsables del estallido caminaron decididamente hacia el abismo sin ser conscientes de que iban a provocar 20 millones de muertos, 21 millones de heridos, la destrucción de tres imperios y, al final del camino, la Segunda Guerra Mundial.

“¿Cómo pudo hacerse Europa eso a sí misma y al mundo?”, se pregunta Margaret MacMillan en su libro sobre el principio del conflicto, 1914. De la paz a la guerra (Turner). “Hay muchas explicaciones posibles, tantas que resulta difícil decantarse por una”, escribe. Al final, deja claro que “muy pocas cosas en la historia son inevitables”, que las masacres de Lovaina, de Verdún, del Somme, no tuvieron por qué existir. Pero también sostiene que “las fuerzas, las ideas, los prejuicios, las instituciones y los conflictos son ciertamente factores importantes, pero no tienen en cuenta a los individuos —que al final no fueron tantos— en cuyas manos estaba decir ‘sí, adelante, desatemos una guerra’, o bien ‘no, detengámonos”. Las guerras las declaran —y las impiden— seres humanos. Pero, sobre todo, las sufren.

https://elpais.com/internacional/2022-01-27/conflicto-de-ucrania-y-rusia-como-empiezan-las-guerras.html#?rel=lom