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sábado, 16 de abril de 2016

El exceso de tareas agobia no solo a los niños, también a los padres. Eva Bailén, madre que consiguió más de 200.000 firmas por unos 'deberes justos', da algunas recomendaciones. Cinco consejos para sobrevivir a los deberes

Cuando vas a tener un bebé, familiares y amigos te avisan de lo mucho que se va a complicar tu vida, del mucho tiempo que el bebé requerirá de ti, de las noches sin dormir, los pañales, los biberones, los cólicos del lactante… Algunos te avisan de que la paternidad o maternidad es una carrera de fondo y que nunca jamás tu vida será como antes, que ya no vais a ser 2, sino 3 o 4, con todas las consecuencias. Se aventuran a predecir una adolescencia difícil, complicada, casi imposible; pero a mí al menos nadie me dijo que lo peor de todo no iba a ser nada de todo eso. Lo que más tiempo me ha robado, lo que más fines de semana me ha fastidiado, más tardes me ha estresado, lo que ha jorobado más nuestras vacaciones, y lo que de verdad hace imposible planear un fin de semana fuera con otros amigos con todos los niños en una casa rural no son los bebés; los bebés son unos santos. Lo que se ha instalado en nuestras vidas y ha hecho que no seamos ya 2, ni 3, ni 4, ni 5 sino cerca de 20 son los deberes. Llegan sigilosamente, se sufren en silencio, y se quedan en tu vida en forma de una pesadísima mochila que no puedes dejar de cargar mientras tus hijos están en edad escolar.

De un tiempo a esta parte, parece que todo el mundo por fin se ha decidido a hablar de los deberes. La campaña de recogida de firmas por los deberes justos que inicié en change.org alcanzó las 200.000 adhesiones en un año. También en marzo de este año la  OMS aportaba nuevos datos que avalan esta campaña: un 25% de las niñas y un 34% de los niños españoles de 11 años aseguran sentirse presionados por los deberes. Pero atención, porque el porcentaje aumenta con la edad: un 55% de las niñas y un 53% de los niños a los 13 años y un indecente porcentaje del 70% de las chicas frente a un 60% de los chicos a los 15 años. Si los deberes desbordan tu vida y tu hijo está aún en primaria, puedes hacerlo más llevadero con estos 5 consejos para sobrevivir, aunque puede que sean los menos ortodoxos que te hayan dado nunca:

1. No le pidas a tu hijo hacer los deberes en el mismo sitio todos los días Si para tu hijo los deberes son aburridos, estudiar es tedioso, y estar todo el día encerrado en el cole es un rollo, no puedes esperar que recluyéndolo en su habitación para hacer sus tareas su motivación incremente, haga los deberes más rápido y sea más feliz. Hacer los deberes o estudiar a solas siempre en el mismo sitio está bien para estudiantes más mayores, pero para niños de primaria, sobre todo de los primeros cursos, es una crueldad. Después de estar sentados en una silla dura, delante de una mesa, sin poder moverse durante horas, lo que menos le apetece a un niño es seguir sentado delante de una mesa, y encima a solas. No tengas remordimientos en dejar a tu hijo hacer los deberes en la terraza, al solecito, o en la cocina, evita eso sí la televisión, pero no aísles a tu hijo después del colegio, tras un montón de horas sin haber visto a sus padres. Déjalo estar contigo mientras cocinas, planchas, lees, o revisas lo que sea en tu ordenador.

2. Ayúdale si lo ves bloqueado Las responsabilidades se adquieren poco a poco, no puedes esperar que a los 8 años tu hijo sea tan responsable como un adulto. Si los deberes le desbordan, no permitas que se bloquee y esto os suponga llegar a una situación conflictiva, desagradable, porque poco le ayudará en su aprendizaje. Odiar los deberes no propicia una buena actitud ante la escuela, los niños tienen que volver al colegio con ganas cada día, si salen cansados y además se estresan con las tareas, no les beneficiamos en nada. No dudes en echarle una mano, en dictarle lo que tenga que copiar, en proporcionarle alguna experiencia valiosa relacionada con sus deberes, e incluso en como hizo el profesor Alfonso González Balanza, en hacerle tú algunas cuentas si ya has comprobado que sabe hacerlas. A Alfonso le ha funcionado, su hija pasó a la secundaria y sigue sacando buenas notas.

3. No le castigues Aprender no es sinónimo de castigo, y la palabra educación no debería ir acompañada de la palabra obligatoria, como ocurre en las siglas ESO (Educación Secundaria Obligatoria). Aprender es una necesidad innata, un instinto de supervivencia, no lo podemos convertir en un castigo. Pero los deberes tradicionales, a edades tempranas, se asemejan más a un castigo que a un placer. Los deberes no deberían usarse nunca como castigo, ni por parte del docente, ni de los padres. Es más, deberían ser valiosos para el aprendizaje, copiar enunciados o textos enteros del libro usado en clase parece más un castigo que un proceso de aprendizaje. Hay tantos castigos relacionados con los deberes que inevitablemente se convierten en algo negativo: se castiga a los niños sin jugar después del cole, hasta que no acaben sus deberes; se les castiga sin poder socializarse, sin ir a fiestas de cumpleaños; se les pone más deberes como castigo y lo que es peor, se les castiga sin recreo. No castigues a tu hijo con los deberes, ya sea directa o indirectamente. No permitas que los deberes sean un castigo. Reclama su derecho al juego, y su derecho a disfrutar del recreo.

4. Permítele saltarse alguna obligación Además de los deberes, los niños tienen, con mucha frecuencia, numerosas extraescolares. Sus tardes están llenas de obligaciones, y en nuestro afán porque sean unas personas responsables no les damos tregua. Les exigimos llevar los deberes hechos todos los días, ir a todas las extraescolares, ducharse todos los días, y al final de la jornada muchos veces llega la hora de cenar e irse a la cama sin que hayan podido disfrutar un ratito de juego libre y no supervisado. Es bueno priorizar y darle a los niños un respiro, liberarle de alguna obligación. Debería ser obligatorio jugar, eso es lo que un niño pequeño necesita, lo mejor para su desarrollo, las extraescolares, los deberes y el baño son menos prioritarios, déjale que se los salte algún día, o varios, dale tiempo para jugar.

5. Comunícate con el maestro de tu hijo Los deberes no son hemorroides, aunque lo parecen, deja de sufrirlos en silencio y comunícate con el maestro de tu hijo. Cuéntale cuánto complican tu vida los deberes, cómo condicionan tus fines de semana, tus tardes, tus noches, tus vacaciones. Con todo el respeto, explica cómo os sentís en casa ante esa intromisión escolar en el templo de vuestro hogar, intenta que comprenda que tu hijo no es un recipiente que llenar de contenidos, ni un robot que se pueda programar todos los días para ir al colegio, hacer deberes, cenar y dormir. Seguro que tu infancia y la del profe fueron muy distintas, y no por haber hecho menos deberes os ha ido mal. No te sientas mal por querer darle una infancia feliz a tu hijo.

Eva Bailén es ingeniera en Telecomunicaciones y autora del blog todoeldiaconectados.com sobre nuevas tecnologías para niños. Inició la campaña de Change.org "por unos deberes escolares justos".

http://elpais.com/elpais/2016/03/22/actualidad/1458661104_789679.html

sábado, 19 de marzo de 2016

Siempre tengo deberes. Los padres de la escuela pública quieren trasladar al Congreso y al debate político su protesta contra las tareas escolares.

"¿En qué ley pone que los profesores pueden sancionar a sus alumnos que no hacen deberes? ¿Dónde está escrito cómo se deben evaluar?”, pregunta Jesús Salido, presidente de la Confederación de Asociaciones de Padres de Alumnos (Ceapa). “Queremos respuestas para que las familias puedan solventar una cuestión que está condicionando sus vidas”, añade. Ahora la Ceapa ultima un escrito sobre la base legal para poner deberes que será enviado al ministro y al Congreso de los Diputados.

La protesta por los deberes se reactivó en 2012 en Francia cuando decenas de miles de padres y alumnos secundaron una huelga contra los “trabajos forzosos” fuera del horario lectivo. Debió de ser divertida: consistió en obligar a los niños a tener las tardes libres.

En España, que nunca ha ido tan lejos, la petición “por la racionalización de los deberes” que lanzó una madre, Eva Bailén, en la plataforma digital Change.org, ha superado esta semana las 200.000 firmas. La acompaña con un vídeo que termina con la siguiente pregunta: “¿No es hora de que les devolvamos la infancia?”.

España está entre los países industrializados en los que los alumnos de 15 años destinan más horas a las tareas en casa, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Según sus comparaciones de 2012, los chicos españoles dedican 6,5 horas a la semana frente a las 4,8 de media. El organismo alerta de que estas tareas, a veces ingentes, que asumen pueden aumentar la brecha entre quienes pueden pagar clases extraescolares y los que no. ¿Es mucho o poco? Y sobre todo, ¿es útil?

“Como sucede con casi todo lo que concierte a educación, nos falta un diagnóstico certero”, señala el presidente Consejo Escolar del Estado, Francisco López Rupérez. “Necesitamos saber cuál es el impacto negativo exacto que el exceso o falta de deberes escolares puedan estar produciendo en el rendimiento de los alumnos y en su vida personal, porque seguro que hay centros y profesores que se pasan y otros que no llegan”.

La política también ha empezado a fijarse en este tema. El PSOE incluía en su programa electoral “promover un acuerdo con las comunidades autónomas para ordenar y limitar” estas tareas. Hasta el ministro Méndez de Vigo admitió al inicio de curso que le parecía un motivo "de reflexión”. Los deberes que el niño se lleva a casa dependen directamente de la decisión de su profesor. Hay una vieja recomendación, la regla de 10 minutos, que goza de cierto consenso entre los docentes, aunque no debe ser la norma general a la vista de las quejas. Se trata de añadir 10 minutos al tiempo diario para las tareas conforme se avanza en los cursos: 10 minutos en 1º de Primaria, 20 en 2º…

El catedrático de Sociología Mariano Fernández Enguita recuerda esta regla en su libro La educación en la encrucijada (Fundación Santillana). “La estructura tradicional del tiempo escolar y de su proyección sobre el tiempo familiar está hoy en crisis. Es un tiempo aparentemente insuficiente, si se presta atención a las elevadas tasas de fracaso escolar, por un lado, y al malestar con los deberes o la proliferación de actividades extraescolares, por otro”, señala.

La OCDE y los expertos coinciden en que la mesura viene bien, pero los deberes no pueden desaparecer. Sirven para fijar los conceptos y profundizar en el aprendizaje. “Un mínimo de trabajo después de clase es necesario. Hay un momento de estudio y silencio en la casa que ayuda al estudiante”, considera Ricardo Moreno, catedrático de instituto y profesor durante más de 35 años, que acaba de publicar La conjura de los ignorantes. De cómo los pedagogos han destruido la enseñanza (Pasos Perdidos). “Se trata de mandar cosas que el niño pueda abarcar solo: sumas, fracciones, 10 líneas de redacción o un poema, en lugar de todas estas cosas innovadoras de ahora que acaban involucrando a toda la familia y ocupando la tarde entera”.
http://politica.elpais.com/politica/2016/03/04/actualidad/1457114229_994730.html

sábado, 13 de febrero de 2016

Los deberes no siempre ayudan

España es uno de los países donde los alumnos se llevan más tarea a casa. “Los de peor rendimiento sienten que ese esfuerzo no les sirve”, advierte un analista de la OCDE


España está entre los países en los que los alumnos de 15 años destinan más horas a los deberes para casa, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). En España dedican 6,5 semanales frente a las 4,8 de media entre los países industrializados. ¿Qué ocurre con los alumnos de peor rendimiento a los que alude el organismo internacional en su último informe? Los estudiantes españoles de bajo rendimiento en matemáticas dedicaron una media de 4,7 horas a la semana a hacer deberes (frente a una media de 3,5 de la OCDE) mientras que los alumnos con un rendimiento por encima del nivel básico de aptitud —aquellos que saben resolver problemas complejos— dedicaron hasta siete horas semanales frente a las 5,3 de media de la OCDE.

¿Influye eso en los malos resultados de los más rezagados? “Estos estudiantes sienten que su esfuerzo en deberes no es productivo. Y el resultado es que, si se frustran y dejan de hacerlos, se quedan vendidos”, apunta Alfonso Echazarra, analista de la OCDE. "Hacer deberes ayuda pero, si parte de lo que se lleva a casa se hiciera en clase, puede que consigamos mejores resultados”, añade.

La OCDE ya apuntaba en informes previos que puede abrirse una brecha entre alumnos con más o menos recursos —la renta de las familias es uno de los principales factores que influyen en el rendimiento de los alumnos— aunque defiende razones "muy sólidas" para asignar tareas después de clase como "ayudar a los estudiantes con dificultades", asegurar que lo retienen en su memoria a largo plazo o dar un estímulo adicional para los estudiantes de altas capacidades.

El asunto preocupa a los padres de la escuela pública, la Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), hasta el punto de que han pedido oficialmente su reducción, un asunto del que recogió el guante el PSOE en su programa electoral.
http://politica.elpais.com/politica/2016/02/10/actualidad/1455097698_663436.html

martes, 6 de octubre de 2015

La merde parisienne

Se me fruncen los filetes mignon al comprobar con cuánta exactitud el ex ministro Wert, durante su inolvidable mandato, cumplió con la misión que le adjudicaron de conducir la Enseñanza Pública tan atrás como, por poner un ejemplo de mala sangre fresca, el lugar histórico, ético y estético que ocupan los mozos de Tordesillas, con su alcalde a la cabeza y Pedro Sánchez al capote (siento tener que escribir esto último, que conste, pero los votos de la brutalidad nunca faltan: sobran, todo futuro buen gobernante tiene que saberlo. Eso es lo que marca la diferencia).

Parte del país pena por mejorarlo desde abajo, y el activismo se esfuerza por el bien común, y muchos se mesan el alma intentando que brote algo de luz en mitad de tanta ansia de tinieblas y de tanta culpable incompetencia. Y he aquí que, a lo tonto, a lo más tonto que nunca, nuestras criaturas malgastan su tiempo y atontan sus entendederas estudiando Religión en las aulas de las escuelas públicas y en las concertadas, que pertenecen casi todas a curas y monjas. Coño, puestos a contarles cuentos, cuánto más instructivos serían los de Perrault o los de Hans Christian Andersen, aunque desde luego no en la Versión Ana Botella.

Así, mientras el actual embajador español ante la OCDE y su señora evolucionan (término-metáfora que sirve lo mismo para el baile que para el mariposeo social) en los salones de París, nuestra infancia involuciona memorizando temas fundamentales en su adiestramiento para la vida, tales como la virginidad de la santísima trini y el vinagre de la lanza del profeta. Y no olvidéis aquello sobre lo que informó este diario cuando por fin se supo cómo había redactado la Conferencia episcopal su asignatura:

“Los nuevos contenidos incluyen los rezos como estándares de aprendizaje evaluables para los alumnos. En concreto, en 1º de Primaria (seis años) se valorará si el niño "memoriza y reproduce fórmulas sencillas de petición y agradecimiento". En 2º se cita como objetivo: "Expresa, oral y gestualmente, de forma sencilla, la gratitud a Dios por su amistad”.

Les están enseñando fe ciega, les están enseñando sumisión.

Puede –es muy de desear, y algo por lo que luchar– que estas figuras rancias que han decidido nuestro retroceso queden desdibujadas tras las elecciones de las próximas Felices Pascuas, y que el tordesillismo político que nos ha sacudido en los últimos años sea finalmente jibarizado, al menos, a su tercio. Pero hay tanto que hacer y, sobre todo, hay tanto que deshacer, hay tanto que exigir a quienes accedan al poder y puedan trabajar en ello con nuestros votos, que las noches deberían convertirse en días para duplicar el provecho.

Empezó el curso, pues, con muchos deberes por delante. Y, de nuevo, con tufo a sacristía en las aulas.
Maruja Torres.
http://www.eldiario.es/zonacritica/merde-parisienne_6_431566861.html

sábado, 20 de junio de 2015

Tareas para el verano propuestas por un profe italiano

En 'El club de los poetas muertos', el profesor Keating (interpretado por "Robin Williams") emplea unos métodos de enseñanza que, de un modo u otro, cambian la perspectiva de sus alumnos. En 'Los simpson', el Sr. Bergstrom es el encargado de llevar a la vida real la teoría, siempre tratando de empatizar con el resto.
Ambos casos son ficciones, pero hay muchos ejemplos de profesores que sacan a relucir la creatividad y la participación para dinamizar sus clases y aportar algo más que apuntes a los alumnos. A comienzos de año, John Zadrozny recorrió las redes sociales a raíz de su forma de motivar a los estudiantes: acabar los garabatos que éstos hacían en los exámenes. Ahora, Cesare Cata, un profesor de un instituto de Fermo (Italia), ha revolucionado las redes con sus particulares deberes para verano.
En lugar de cuadernos y ejercicios de recuperación, Cata ha decidido ofrecer a sus alumnos 15 consejos sobre la vida y sobre la mejor manera de afrontarla. El propio docente ha colgado la lista en su página de FacebookEl post roza los 10.000 Me gusta y se ha compartido ya más de 7.600 veces.

Estos son los 15 'ejercicios':

1.  Por la mañana, alguna vezcaminad por la orilla del mar en total soledad. Mirad cómo se refleja el sol en el agua, pensad en las cosas que más amáis de la vida y sentíos felices.
2.  Intentad usar los nuevos términos que hemos aprendido juntos durante este año. Veréis como así podréis decir más cosas, pensar más cosas y, cuanto más penséis, más libre seréis. 
3.  Leed todo lo que podáis, pero no porque debáis hacerlo. Leed porque las vacaciones os inspiran aventuras y sueños, y leyendo os sentiréis como golondrinas volando. Leed porque es la mejor forma de rebelión (para consejos de lectura, preguntadme a mi).
4.  Evitad todas las cosas, las situaciones y las personas que os hagan sentir negativos o vacíos. Buscad situaciones estimulantes y la compañía de amigos que os enriquezcan y os aprecien por lo que sois.
5.  Si os sentís tristes o asustados, no os preocupéis, las vacaciones, como todas las cosas maravillosas, revolucionan el alma. Probad a escribir un diario para contar vuestros sentimientos (en septiembre, si queréis, lo leeremos juntos).
6.  Bailad sin sentir vergüenza. En la pista, en la calle o en vuestra habitación. Las vacaciones son un baile y es una estupidez no formar parte de ello.
7.  Al menos una vez, id a ver el amanecer. Quedaos en silencio y respiras. Cerrad los ojos y os sentiréis agradecidos.
8.  Haced mucho deporte.
9.  Si encontráis a una persona que os encanta, decídselo con toda la sinceridad y la gracia de la que seáis capaces. No importa si él o ella lo entiende. Si no es recíproco, no era vuestro destino. El cualquier caso, las vacaciones de 2015 son una gran oportunidad para caminar juntos (y si no funciona, volved al punto 8).
10.  Consultad los apuntes de lo aprendido durante el curso y trasladadlos a lo que os sucede. 
11.  Divertíos como el sol, sed indomables como el mar.
12.  No digáis palabrotas. Sed educados y amables.
13.  Mirad una película con diálogos conmovedores (si es posible en inglés) para mejorar vuestra competencia lingüística y vuestra capacidad de soñar. No dejéis que la película termine con los títulos de crédito, revividla mientras vivís vuestras vacaciones. 
14.  A la luz de la bruma o en las noches cálidas, soñad con cómo puede ser vuestra vida. Durante las vacaciones, reunid fuerzas suficientes para no rendiros nunca y haced todo lo que podáis para perseguir ese sueño.
15.  Portaos bien.
deberes profe italiano

viernes, 22 de mayo de 2015

Niños agobiados por exceso de deberes. Una madre logra más de 100.000 apoyos para su propuesta de racionalizar las tareas escolares en casa

Ni demasiado, ni demasiado poco. Con los deberes escolares pasa como con tantas otras cosas, que con frecuencia el péndulo oscila entre un extremo y el otro, y no hay forma de alcanzar el equilibrio. Que una madre preocupada por la educación pero también por la felicidad de sus tres hijos haya obtenido más de 100.000 apoyos a su propuesta de “racionalización de los deberes en el sistema educativo español” en Change.org quiere decir que algo no acaba de funcionar bien.


El problema de los deberes no es que los niños tengan que hacer tareas en casa; es que no hay una regla, una pauta que tenga en cuenta los objetivos académicos, por supuesto, pero también el bienestar de los niños. La cantidad de deberes depende de cada profesor y eso hace que algunos se queden cortos y otros se pasen. Las diferencias no dependen solo del nivel de exigencia del docente, sino de sus habilidades: unos consiguen impartir el programa con buenos resultados y sin más esfuerzo que el que se hace en clase, y otros no logran cumplir el objetivo sin que los chicos se lleven a casa gran cantidad de tareas. Pero es muy probable que los primeros no estén tan bien valorados por los padres como los segundos, porque en la cuestión de los deberes también influyen factores culturales. El que tengan muchos deberes tranquiliza a los padres estresados por el miedo a que sus hijos no sean suficientemente competitivos para triunfar en la vida.


¿Tan importantes son los deberes para el éxito educativo? Un estudio (Falch y Rønning, 2012) demuestra que puede haber hasta tres puntos de diferencia en la nota entre los niños que hacen deberes y los que no. Pero cuidado. Eso depende del sistema educativo. El estudio se hizo en 2007 en 16 países de la OCDE utilizando como base los exámenes TIMSS sobre matemáticas y ciencia (España no participa en esta prueba). Curiosamente, en algunos países los deberes mejoraban la nota, pero en otros, como Suecia, la bajaban. La clave está en cómo se plantean. Si se conciben como un sustituto de las tareas de clase, si consisten en que los niños aprendan solos en casa, no solo no ayudan, sino que el resultado es peor. Si, por el contrario, son un complemento para reforzar lo ya aprendido, entonces mejora.


Los deberes son necesarios y convenientes, pero bien orientados y en su justa medida. Permiten reforzar lo aprendido y ayudan al niño a entrenarse en el esfuerzo, la organización y la planificación del tiempo. A condición de que sean tareas atractivas y tengan la ayuda necesaria, porque a veces, no saber gestionar bien los deberes es una fuente de frustración y angustia. En todo caso no hay que olvidar que los niños son niños y necesitan jugar y explayarse. En el aprendizaje de la vida, tan importante es saber matemáticas como aprender a jugar y a relacionarse con otros niños en la plaza. Claro que ahora tampoco hay demasiadas plazas en las que jugar y muchas veces resulta más fácil o más cómodo llenar el tiempo con deberes que buscar alternativas estimulantes y socializadoras.
Recomendar en Facebook34Twittear23Enviar a LinkedIn1Enviar a Google +4 Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/05/17/opinion/1431887233_269430.html

Deberes, ¿rutina necesaria o condena?

¿Qué tipo de deberes son los adecuados para el aprendizaje?

Todos los días, al acabar su jornada, Diego se lleva a casa entre dos horas y media y tres horas de trabajo extra. Apenas tiene tiempo libre, y acusa los efectos del estrés. Diego no es un ejecutivo incapaz de desconectar o un asesor fiscal en época de impuestos. Es un niño de 10 años que cursa 5º de Primaria e intenta hacer todos los deberes que le mandan sus profesoras. Sus hermanas, Lara, de 12 años, y Nadia, de 8, tienen mucha menos tarea aunque van al mismo colegio público de Tres Cantos (Madrid). Mientras Diego está encerrado en su habitación, ellas salen a jugar o ven la televisión. Muchos días, cuando acaba, solo le da tiempo a cenar, ducharse e irse a la cama.

Es un niño que saca notables y sobresalientes, que según sus propias maestras es rápido en los exámenes y tiene buena comprensión lectora. Cuando su madre, Eva Bailén, fue a hablar con ellas, le propusieron que le limitara el tiempo para completar las tareas a una hora u hora y media. “Y si no termina, que asuma las consecuencias”, recuerda que le dijeron. “Les contesté que no, porque él quiere hacer los deberes”, cuenta esta ingeniera de Telecomunicaciones y autora de un blog en plan familiar "http://todoeldiaconectados.com/" en el ámbito de las nuevas tecnologías. Y añade: “Es muy duro contarle a los profesores que el niño ha necesitado que le enseñen técnicas de relajación y a gestionar la presión por el exceso de deberes y que ni se compadezcan”.

Tras hablar con el director y no conseguir tampoco ninguna solución, Bailén inició una petición de firmas en  Change.org “por la racionalización de los deberes en el sistema educativo español”, que ha superado los 100.000 apoyos. Actualmente, las tareas en casa no están reguladas a nivel estatal, y normalmente, deciden los profesores o los centros. “Yo no era contraria a los deberes, pensaba que era bueno que los niños hicieran algo en casa y no estuvieran toda la tarde holgazaneando", explica. "Hasta que ves que tu hijo día tras día acaba llorando, que no ha podido jugar, que no es feliz”.

La petición vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente desde hace años en países como Estados Unidos, Canadá y Francia, donde se llegó incluso a convocar una huelga de deberes por parte de los padres en 2012.

El caso de Diego refleja, llevado al extremo, los males del sistema actual en España, en los que coinciden los expertos consultados: deberes excesivos, falta de coordinación entre profesores, y tareas repetitivas, mecánicas e iguales para todos, sin tener en cuenta las necesidades de cada niño. También algunas de las consecuencias: tensión entre padres e hijos; familias cuyo tiempo libre está condicionado a lo que han decidido los profesores; niños que acaban por aborrecer el estudio y el colegio por aburrimiento; y aumento de las desigualdades por el nivel cultural y económico, que permite dar más o menos apoyo ante las dudas del alumno.

“No es perjudicial algún tipo de actividad, pero se ha de establecer un tiempo razonable”, opina Luis Miguel Lázaro, catedrático de Teoría e Historia de la Educación en la Universidad de Valencia. Un máximo de 40 minutos diarios al final de primaria, y cerca de una hora en secundaria le parece suficiente. Para ello, “es básico que los profesores se coordinen, no puede ser que cada uno mande deberes como si la suya fuera la única asignatura”.

Lázaro advierte del riesgo, sobre todo en primaria, de que las tareas quiten tiempo al juego y a la relación con otros niños, “tan importantes como el desarrollo académico”. Pero "cuando el maestro intenta poner menos, muchas veces son los propios padres los que los exigen, porque piensan que si no los niños no van a aprender", asegura Alfonso González, profesor de Biología en un colegio concertado de Murcia. “Muchos padres quieren que los niños estén ocupados, o creen que cantidad es igual a calidad”, critica.

Y es que los deberes están tan arraigados en la cultura escolar que muchos los consideran una rutina indispensable o una suerte de condena ineludible. “Tienen que hacer deberes para coger hábito de estudio”; “así se preparan para la ESO”; “son niños, es lo que les toca hacer”, eran frases repetidas entre los que se negaban a firmar una iniciativa similar a la de Bailén promovida por varios padres del colegio público madrileño Mariano José de Larra. “Desde que los niños van al colegio, deberían existir los deberes”, defiende Luis Carbonel, presidente de la Concapa, la confederación católica de padres, que representa a tres millones de familias, la mayoría de centros concertados. Eso sí, “proporcionales a la edad —un par de horas diarias en secundaria y bachillerato, y mucho menos en primaria”. “Una cosa es recibir explicaciones, y otra, fijarlas en casa con ejercicios, estudio o memorización”, afirma.

Pero la movilización de Bailén, la del colegio Larra y otras que van surgiendo muestran que cada vez más padres, expertos, profesores e incluso colegios se replantean el sistema actual. “España es uno de los países donde más deberes se mandan y donde hay más horas lectivas”, afirma Enric Roca, profesor de Educación en la Universidad Autónoma de Barcelona y director de la iniciativa Edu21, pese a lo cual, no logra más que puestos mediocres en el informe PISA, que evalúa los conocimientos en Matemáticas, Lengua y Ciencias de los alumnos de 15 años de los países de la OCDE. Mientras, Finlandia sobresale aunque sea el país cuyos alumnos dedican menos horas a los deberes.

González es uno de los abiertamente críticos. Ha cobrado cierta celebridad en las últimas semanas  tras la difusión de una carta, que redactó como una reflexión para los demás profesores de su centro, en la que confesaba que había hecho “docenas de ejercicios de Matemáticas” a su hija, “dictado montones de ejercicios de 'Cono [Conocimiento del Medio]' y traducido incontables páginas escritas en inglés”. “Gracias a eso, mi hija ha tocado la guitarra, hecho piragüismo, ha bajado a la calle a jugar, ha sido feliz...”, afirma. “Ahora está en secundaria y sigue sacando sobresalientes", asegura. "Solo que trabaja de forma autónoma y ya no tenemos que ayudarla”.

“Por ejemplo, si traía 10 divisiones, ella resolvía una para que yo me asegurara de que las sabía hacer, y yo terminaba las demás”, cuenta, mientras admite sin reparos que les hace los deberes a sus dos hijos pequeños, aún en primaria. “Algo no estamos haciendo bien”, es la reflexión que quiere transmitir a sus compañeros de profesión. “Mi esposa y yo somos los dos profesores y hemos tenido que dedicar muchísimo tiempo a ayudar a nuestra hija con los deberes porque queríamos que tuviera tiempo para otras cosas; si no, habría sido imposible”, dice.

La experiencia de este profesor va en la línea que reflejan diversos estudios realizados en Estados Unidos, que apuntan a que no hay correlación entre horas dedicadas a los deberes y resultados académicos en primaria. Laura Bermúdez, tutora de primer curso en un colegio de Murcia lo corrobora: en su clase, se llevan tarea solo los que quieren, y no aprecia diferencias en las notas por ello. Pese a estos datos, los defensores de los deberes en primaria arguyen la necesidad de “crear hábito de estudio”.

“La responsabilidad se puede enseñar de muchas formas”, disiente Roca. “Recogiendo en casa, ayudando...”. En niveles superiores sí se detecta, como en el último informe PISA, una correlación positiva entre más tiempo de deberes y resultados, pero con un límite de cuatro horas semanales, a partir de las cuales el tiempo adicional no causa apenas impacto. “No tiene sentido que niños de primaria estén haciendo más deberes que lo que recomienda la OCDE a los 15 años”, opina Eva Bailén.

“Yo no recuerdo tener deberes de pequeña. Después me he enterado de que en esa época, en 1984, el ministro de Educación José María Maravall los prohibió en una circular. Sí los recuerdo a partir de sexto”, relata. “Si no hice deberes y aún así sacaba sobresalientes y he estudiado una ingeniería en Telecomunicaciones, ¿qué sentido tiene agobiar a los niños?”, se pregunta.

Los deberes escolares no solo plantean el debate pedagógico sobre su utilidad para reforzar el aprendizaje y el sentido de la responsabilidad. Expertos, y sobre todo padres, lo ven como una intromisión del maestro en la vida familiar. Abel de Céspedes, un padre con dos niños de 4 y 10 años, utilizó este argumento en un recurso ante la inspección educativa de Alicante tras un suspenso de su hijo mayor por no hacer la tarea: “Los deberes están invadiendo mi derecho a la vida familiar, porque alargan la jornada fuera del horario escolar”, explica.

De Céspedes, funcionario de Hacienda separado y con custodia compartida, pactó con el colegio el curso pasado que su hijo mayor hiciera los deberes que pudiera, voluntariamente y sin que contaran para la nota. Antes del acuerdo, tuvo que pasar por la situación de que un profesor llegara a ponerle un horario con la tarea que tenía que completar en casa de cada progenitor.

“No soy antideberes”, dice. “Pero quiero organizar mi casa”. Si hiciera todo lo que mandan en el centro, explica, la mayor parte de las dos horas y media o tres que pasa cada día con sus hijos estarían dedicadas casi en exclusiva a terminar los ejercicios. Este año, el colegio cambió de criterio, y De Céspedes vio cómo su hijo mayor suspendía Lengua pese a tener casi un 7 en el examen, en parte por los negativos acumulados por no hacer los deberes. Tras recurrir a la inspección educativa, y antes de que ésta tomara una decisión, el propio centro le ofreció un acuerdo por el que el niño aprobó la asignatura y no le bajaron la nota.

“Como mera recomendación o directriz, me parece bien que el profesor mande tarea”, afirma. “Pero no con carácter obligatorio. Cuando tienen exámenes, ya me encargo yo de que estudien. Pero fuera de la escuela, tengo derecho a educar a mis hijos en libertad”, concluye.

El riesgo de la desigualdad
Algunos expertos cuestionan la interpretación de los estudios que reflejan una correlación entre horas de deberes y resultados en Secundaria. “Los estudiantes con apoyo en casa tienen mejores resultados, pero no por hacer más deberes, sino porque tienen un ambiente culturalmente enriquecedor”, dice el profesor de Educación Enric Roca.

Un reciente artículo de PISA ponía de relieve este aspecto, uno de los más criticados entre los detractores de los deberes: que tienden a reproducir las desigualdades entre los estudiantes con más y menos recursos. “Es un llamamiento a que los Gobiernos y las escuelas pongan su atención en los alumnos desfavorecidos, que a veces no tienen ni siquiera un sitio en casa para hacer las tareas”, afirma Daniel Salinas, analista del informe PISA.

Este es uno de los argumentos de la Confederación Española de Asociaciones de Padres (CEAPA) para pedir la supresión total de los deberes obligatorios. “Crean unas desigualdades tremendas, porque muchas veces los niños no pueden hacerlos solos, y la ayuda de los padres depende de su nivel cultural, socioeconómico, de sus horarios o de su capacidad de trasmitir conceptos”, opina Jesús Salido, presidente de la organización, que representa a casi 12.000 asociaciones de padres de colegios públicos. “Defendemos que no se pongan deberes evaluables, que puedan bajar nota”, explica. Luis Carbonel, de Concapa, coincide con Salido en que “es muy importante que puedan hacer los deberes solos". "Si necesitan ayuda, algo no va bien", añade. "O el niño no ha entendido, o el profesor no lo ha explicado bien”.

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http://politica.elpais.com/politica/2015/05/13/actualidad/1431523305_412764.html

Contra los deberes. Los niños pasan en la escuela un número de horas suficiente para alcanzar los objetivos exigidos

De un tiempo a esta parte, tengo la impresión —compartida por muchos otros— de que los deberes ocupan demasiado tiempo en la vida de los niños y de los propios padres. Tengo además la certeza de que, tal y como son, no ayudan a mejorar su rendimiento escolar1. Pero cuando mi hijo José, de 7 años, trajo esta nota de deberes el día que les daban las vacaciones de Semana Santa, me pareció tan disparatado, tan absurdo, que decidí, contrariamente a lo que había hecho hasta entonces, no dejarlo pasar, quejarme ante la profesora que lo había perpetrado y elaborar un texto (este) contra la inercia de los deberes sin sentido para remitírselo a la dirección del centro.

Esta fue la "tarea para Semana Santa" entregada a mi hijo:

• Lengua: estudiar el tema 11, a la vuelta haremos el control. Hacer un diario de las vacaciones en el cuaderno, similar al que hicimos durante las navidades. Ficha de lectura de La cometa.

• Matemáticas: estudiar las tablas. Cuadernillo Dylar, páginas 3, 4, 5 y 6.

• C. medio: páginas 106, 107, 108 y 109. Hacer el dibujo de la actividad 5 en un folio. Estudiar el tema, a la vuelta haremos también el control.

1. Los niños pasan en la escuela un número de horas suficiente para alcanzar los objetivos exigidos con el trabajo que desarrollan dentro de la misma. Frente a la afirmación “solo les pongo tarea para que la hagan en media hora”, conviene recordar que no todos los niños emplean el mismo tiempo en hacer las mismas cosas, no tienen el mismo nivel curricular, ni de concentración o motivación. Habitualmente, coinciden deberes de distintas asignaturas, sin que previamente haya habido acuerdo entre los distintos profesores para que no sea así, con lo que el tiempo dedicado excede en mucho ese propósito.

2. No siempre todo lo que se les manda saben hacerlo por sí mismos, convirtiéndose la casa en la escuela y los padres en profesores ¿Cuántas veces se les enseña en casa lo que deberían haber aprendido en la escuela? Por otra parte, el docente no está presente cuando el alumno se enfrenta a la tarea, con lo que desconoce los errores que pueda cometer en su realización y no puede corregirlos de manera inmediata, que es el requisito fundamental para que una intervención de esa naturaleza resulte eficaz. Hay niños que ya saben hacer lo que se les manda, por lo que resulta innecesario aumentar la tarea; para otros que no lo saben, resulta inútil, por más y más que se les mande. En este contexto, la realización de los deberes para casa contribuye a aumentar las diferencias entre los alumnos, con lo que este tipo de trabajo es manifiestamente injusto.

3. Como consecuencia del punto anterior, muchos padres sin formación, sin conocimientos académicos, sin tiempo o ganas, se ven obligados a recurrir a “clases particulares”, siempre que se lo puedan permitir, ya que suele coincidir un bajo nivel académico con un bajo nivel económico. También como consecuencia del punto 2, no pocas veces acaba provocando discusiones, tensiones o conflictos familiares. Por otra parte, casi todos los niños realizan actividades extraescolares de naturaleza muy variada, todas sin duda formativas, pero esto “no cuenta”, o no se tiene en cuenta.

4. Con frecuencia, los trabajos para casa son repetitivos, reproductivos, monótonos y muy aburridos, como por ejemplo: innumerables cuentas, copia de larguísimos enunciados o cuadros, enunciado de verbos, etcétera, sin posibilidad de que el niño y su familia organicen su propio tiempo, ni haya espacio para la creatividad. Otras veces las instrucciones son claramente insuficientes, sobre todo cuando se mandan trabajos, donde normalmente solo se les proporciona el tema: El petróleo, El hambre en el mundo, etcétera.

5. Cuantos más deberes para casa, más tiempo se emplea en corregir. Tal vez por eso, paradójicamente, no haya suficiente tiempo dentro del aula para hacer lo planificado —o lo necesario— y se manden para casa deberes. Así un día y otro y otro. Algunos profesores dan tiempo a los alumnos para que los vayan haciendo en clase, considerando exitoso el lograr terminarlos en el tiempo escolar, lo que no hace sino confirmar la bondad de realizar todo el trabajo dentro del aula.

(1) Alfie Kohn, La verdad acerca de los deberes.
Germán Trugeda Escudero es profesor del instituto Miguel Herrero Pereda en Torrelavega (Cantabria).

jueves, 19 de junio de 2014

Deberes, ¿sí o no?

¿Ayudan a consolidar conocimientos? ¿Sirven para crear hábitos de trabajo?¿Aportan cosas interesantes?
Las opiniones están divididas, pero todas abogan por racionalizarlos

"Tenemos el sistema educativo con más horas lectivas de Europa, y a continuación metemos hasta tres horas más de trabajo en casa… No tiene sentido”, reflexiona Enric Roca, profesor de Pedagogía de la Universidad Autónoma de Barcelona, para entrar en el debate “deberes no, deberes sí” que se ha reabierto con la propuesta del Gobierno francés de prohibirlos en Primaria. Una decisión con la que se alinean algunos pedagogos, al considerar que los niños se sobrecargan en casa con aquello que deberían haber trabajado en la escuela. Y que critica, por ejemplo, la Confederación Católica de Padres de Alumnos (CONCAPA) con el argumento de que esa carga extraescolar “ayuda a crear hábito de trabajo, de orden y superación, estimula el aprendizaje, la responsabilidad y el dominio de destrezas (razonamiento, memoria…); la familia debe implicarse, y, lógicamente, requiere disciplina y esfuerzo”. Roca representa una suerte de término medio. Cree que los deberes pueden ser beneficiosos, crear buenos hábitos, siempre que no se planteen como una prolongación del colegio ni colapsen el tiempo no lectivo del alumno. Suele ocurrir justo al contrario, según lamenta. “Deberes como ampliación o consolidación de aprendizajes del aula, sí; como obligación de hacer lo que no ha dado tiempo o no se ha entendido en la escuela, no”, diferencia la pedagoga Maite Rodríguez Estévez, que hace notar cómo la propia palabra remite a obligación, a “algo chungo”. Estima que no deberían empezar antes de 3º de Primaria, y no ocupar más de una hora diaria, tiempo de lectura incluido; a partir de 6º, hora y media; en Secundaria, “no más de dos horas”, calcula. “Los niños han de ser niños, jugar, tener vida”, enfatiza. Haberse movido antes de sentarse en una mesa, que debe estar en un espacio adecuado, luminoso. “El movimiento es la puerta del aprendizaje”, remacha. Los padres, acompañando, dando confianza, pero nunca adoptando el rol de profesor; potenciando los logros, evitando poner el acento en los objetivos que no se alcanzan.

Lo que, en general, se cuestiona no es tanto la tarea en sí misma como su exceso, su desmesura. Un 32,9% del alumnado navarro de Primaria y Secundaria dedica a ellos un máximo de una hora diaria; el 50,7%, entre hora y media y dos horas y media; el 11,6%, tres y más horas diarias. Son datos del Consejo Escolar de aquella comunidad, que en 2011 elaboró, a instancias del Defensor del Pueblo autonómico, un informe sobre su incidencia en los hogares, con una constatación importante: “Hay un determinado número de alumnos que no disponen de nivel cultural o económico para tener en casa extensas bibliotecas, ordenadores o conexión a Internet. Las tareas para casa las cumplen más y mejor los alumnos favorecidos, creando mayores diferencias formativas entre unos y otros, y ampliando la brecha del estrato cultural entre los alumnos en la sociedad”.

En esta idea incide la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), muy crítica con el ­aumento en los últimos años del tiempo que los menores dedican a hacer lo que les manda el docente para casa. Defiende que debería ser formación complementaria, “con apoyo de las bibliotecas, museos, asociaciones y recursos del entorno escolar, con actividades relacionadas con la lectura, la investigación y el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC); deberían poder hacerse sin la ayuda de un adulto”, propone.

Rodríguez Estévez recuerda que la tarea escolar no tendría por qué ser sinónimo de cuadernillo. Debería ser, reforzar la lengua elaborando la lista de la compra, y las matemáticas calculando las medidas para un bizcocho; ir a la biblioteca; leer o resolver dudas delante de Internet. “Desarrollar competencias, no contenidos”, insiste. “Memorizar es bueno, pero cosas significativas, que aporten valor, que sean útiles. Hemos de repensar qué queremos pedirles, qué van a necesitar los alumnos el día de mañana. Si queremos evaluar por competencias, eso es lo que tendríamos que potenciarles, ¿no?”, se pregunta.

Los niños finlandeses no dedican más de media hora diaria a los deberes, en su país no son importantes; los coreanos han de ir a una academia privada después de clase para no perder comba. Así, de manera tan radicalmente opuesta, se lo han planteado los dos modelos educativos más exitosos del mundo. Mientras que en España machacamos mucho para obtener luego unos resultados mediocres. Enric Roca habla de “alumnos secuestrados desde el ámbito académico”. Considera que, como mar de fondo, existe un exceso de contenidos y metodologías mal planteadas, herederas de un sistema que preconiza que todos los alumnos de una misma edad han de ir a la par, sin tener en cuenta que cada cerebro funciona de manera, y a un ritmo, diferentes.

El especialista empieza hablando de deberes y termina reflexionando sobre el sistema educativo. El exceso de los primeros se puede extrapolar y ser considerado un síntoma de que lo segundo no marcha. “La falta de calidad no se compensa con cantidad. Si voy mal en matemáticas, doy más matemáticas… ¡No! Reflexiona sobre cómo estás dando esas matemáticas, porque hacer lo mismo, pero más, llevará al mismo fracaso”, razona. Mientras que CEAPA acusa al sistema educativo de “echar balones fuera”, mandando deberes a casa cuando el problema estriba en que la enseñanza que ofrece es “poco motivadora, poco práctica y alejada de la cultura audiovisual en la que ha crecido el alumnado”; y pide la reforma del currículo educativo “para establecer un sistema educativo de la sociedad del siglo XXI”...
Fuente: El País Semanal

miércoles, 5 de febrero de 2014

Derecho a decir “sí”, derecho -y con frecuencia deber- a decir “no”

Asentir o disentir, expresándose libremente, sin cortapisas.

Sólo en los últimos años, ¡Si se hubiera dicho no cuando el dúo Reagan-Thatcher preconizó la sustitución de los “principios democráticos” -tan bien establecidos en la Constitución de la UNESCO desde 1945- por las leyes del mercado, y las Naciones Unidas por los grupos plutocráticos, G7. G8… G20!

¡Si se hubiera dicho no en un auténtico clamor popular, a la invasión de Irak! ¡Si se hubiera dicho no a una unión monetaria en Europa sin una previa unión económica y política!

¡Si se hubiera dicho no aquel día aciago del 10 de mayo de 2010 en el que el “gran dominio” impuso sus pautas de total dependencia económica!

¡Si se hubiera dicho no a los recortes en sanidad, educación, ciencia y justicia!

¡Si se hubiera dicho no a la retrógrada LOMCE! Si se hubiera dicho no a la increíble reducción progresiva de la “memoria histórica”, dejando sin esclarecer tantos hechos, dejando tantas heridas abiertas!
etc, etc, etc.

Hasta hace poco, la mayoría de la ciudadanía no podía expresarse. Permanecía silenciosa por silenciada. Ahora, no. Ahora, la tecnología digital permite de forma progresiva a muchos decir lo que desean decir. Y la voz del pueblo puede ser, será muy pronto, la expresión del poder ciudadano, esencial en una democracia genuina.

Comprendo que haya numerosas personas que se abstengan de manifestar su opinión por los nocivos resultados que para ellas y los suyos podrían derivarse. Pero animo a todos los demás a que unan su voz o su grito -”siempre nos quedará la palabra”, dijo Blas Infante- para manifestar, siempre sin violencia, lo que consideran que no debe ser aceptado en un contexto de libertades públicas. No es tolerable que cada día se inviertan en gastos militares y armas más de 3.000 millones de dólares cuando mueren de hambre decenas y decenas de personas; y no es tolerable que 2.000 millones de seres humanos vivan por debajo del umbral de la pobreza; y no es tolerable que, con total olvido de nuestros compromisos intergeracionales, dejemos que la habitabilidad de la Tierra se degrade; y es intolerable que 85 personas tengan una fortuna equivalente a la de de 3.500 millones de personas, la mitad de la Humanidad… Y no es tolerable, hoy mismo, que veamos cómo se pretende “recortar” el alcance de la justicia a escala mundial, cuando España estaba en la vanguardia…

Digamos no. O digamos sí cuando creamos que debemos asentir. Pero siendo dueños de nuestro destino. En otro caso, mereceríamos la terrible frase de Albert Camus que recuerdo con frecuencia: “Los despreciaba porque pudiendo tanto se atrevían a tan poco”.
http://federicomayor.blogspot.com.es/

Federico Mayor Zaragoza – Comité de Apoyo de ATTAC España

domingo, 1 de septiembre de 2013

Ayudarle a hacer los deberes no es ayudarle

Los padres se implican más que nunca en las tareas escolares, no siempre de forma adecuada
Hollande propone que se hagan en la escuela con supervisión para evitar desigualdades


Faltan tres días para los exámenes de Matemáticas y Ciencias de Álvaro, de 10 años, que estudia en un colegio concertado con fama de duro. Miguel, su padre, se sacaba las castañas del fuego a su edad, pero estos días se tomará la tarde para repasar juntos las materias más duras. ¿Es necesario? ¿Perjudica a su autonomía? “Los padres y, sobre todo, las madres de todos los estratos sociales dedican varias horas diarias a ayudar a sus hijos con los deberes o a vigilar que los hagan. Y esta realidad contrasta con el extendido y falso discurso de que el fracaso escolar se debe a que los padres no se preocupan por la educación de sus hijos”, sostiene Enrique Martín Criado, profesor de Sociología en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. El 80% de los estudiantes de primaria reciben ayuda y el 45% de los de secundaria, según la Encuesta sobre los hábitos de estudio de los niños españoles de TNS Demoscopia.

“Los padres empezaron a involucrase hace más de una década. No solo por las medidas de conciliación familiar, también porque los padres de ahora tienen al menos estudios medios, algo de lo que no disfrutaron las generaciones anteriores”, explica la pedagoga Maite Rodríguez Estévez, que imparte cursos para educadores y terapeutas. “Eso ha hecho que la relación padre-hijo se escolarice. Lo que importa son los resultados académicos. Todo gira alrededor de esa necesidad y se ha olvidado el inculcar valores, el juego, la responsabilidad... No hay tiempo para otras cosas en las horas que pasan juntos”. La también maestra pone como ejemplo las actividades extraescolares que ya no son en su mayoría deportivas —como tradicionalmente—, sino clases de refuerzo o de inglés. “Hay una obsesión por la cantidad, cuando no se trata de echarle horas”.

Implicarse no puede significar hacerle los deberes al alumno. “El padre se tiene que poner en la posición del entrenador. Un entrenador no corre con el jugador ni tiene que comer las mismas calorías, ni, por supuesto, sufrir sus lesiones. Un entrenador tiene dos funciones fundamentales: organizar y asesorar con el objetivo de mejorar el rendimiento”, argumenta la psiquiatra Orlanda Varela.

Como ella opina la mayoría de expertos. “Las tareas deben entenderse como un compromiso que el alumno debe adquirir, pero sin precisar de la orientación constante de otra persona”, recalca el equipo pedagógico del Liceo Francés de Madrid. En otras palabras, codos sin nadie en la silla de al lado.

“Hacer los deberes con él genera dependencia y si el niño tiene dificultades refuerza la idea de que no es capaz de hacerlo él solo”, enfatiza Rodríguez Estévez, que coordina la página www.preparadosparaaprender.com. “En Finlandia apuestan por el aprendizaje cooperativo y los deberes en casa son individualizados, para ampliar o investigar conocimiento. Si un niño va mal en lectura hace una actividad que tenga que ver con eso. Si va mal en matemáticas, problemas...”.

“Pero hay muchas diferencias en la posibilidad que tienen las familias de ayudar escolarmente a los hijos. Los padres que tienen menor nivel de estudios solo pueden en los cursos inferiores de primaria. Más allá, están perdidos. Y si intentan socorrer explicándoles conceptos que ellos no aprendieron bien, pueden incluso empeorar las cosas”, alerta Martín Criado, que trabaja en estos momentos en un estudio sobre maternidad y clase obrera. Pregunta a las mujeres encuestadas por su rutina y las madres le explican que dedican una o dos horas (dependiendo del curso) al día a ayudar a sus hijos con las tareas escolares.

Muchos estudios —como el informe PISA de 2009 (véanse los gráficos)— demuestran que el rendimiento académico está muy asociado al origen social del estudiante, la profesión de sus padres, la estructura de su familia y, finalmente, el género. Es decir, existe un desequilibrio en las oportunidades educativas. “Los padres con estudios superiores pueden ayudar a sus hijos hasta cursos avanzados. Ello produce una enorme desigualdad por origen social, que se acentúa a medida que se asciende de curso. A ello se le suma, además, que las familias con más recursos materiales pueden contratar academias o clases particulares”, se lamenta Martín Criado, autor de La escuela sin funciones: crítica de la sociología de la educación.

“Es mucho más igualitario y eficaz que los deberes se hagan en la escuela bajo la supervisión de profesores. Mandarlos a casa genera desigualdad, al traspasar parte de la responsabilidad de la instrucción a las familias. El colegio deja que actúen todas las desigualdades de recursos culturales y económicos entre unos y otros”, cuenta sobre su apuesta el sociólogo. “Que las tareas se hagan en el colegio es lo que propone la nueva ley educativa que está preparando el Gobierno de François Hollande”, prosigue esperanzado.

El pasado octubre, al poco de llegar a la presidencia de Francia, Hollande informó de este cambio en los deberes escolares. Su ministro de Educación, Vicent Peillon, lo argumentó así en una entrevista en Le Monde: “Deseamos una sociedad justa. Una escuela que ofrezca las mismas posibilidades de éxito a todos. Y eso pasa por acompañar a los alumnos en su trabajo personal, en vez de hacer uso de recursos privados, como ocurre demasiado hoy día”.

En la Comunidad Valenciana el próximo año se pondrá en marcha un proyecto pionero, Club de Deberes, que aún se está perfilando y que sigue esta senda igualitaria que está dispuesto a implantar Hollande. “Ha sido una propuesta de un grupo de profesores jubilados que quieren apoyar en horario extraescolar en los centros. La idea es que actúen de voluntarios ellos y estudiantes de Magisterio que quieran adquirir experiencia”, explica la popular Beatriz Garbó, directora general de Calidad Educativa de la Comunidad Valenciana. “No todos los padres saben hacer una integral o analizar sintácticamente una frase. Pensamos, sobre todo, que vayan los hijos de familias desfavorecidas. Ahora tenemos que ver qué colegios se apuntan, que las asociaciones de padres y madres nos pasen una relación de nombres…”. La localidad que va a servir de conejillo de indias es Castellón: “Una ciudad de 200.000 habitantes fácil de controlar. Si va bien, extenderemos el club a otros sitios”.

Intervenir en los deberes no es bueno, pero familiarizarse en el hogar con otros idiomas les facilita a los niños el aprendizaje. En el Estudio europeo de competencia lingüística (2012), Sara de la Rica y Ainara González San Román, de la Universidad del País Vasco, han comparado a los alumnos españoles, con muy bajos resultados en inglés, con los suecos, orgullosos de su excelente nivel. Y, además de otros condicionantes, consideran que es importante el uso de inglés en el entorno familiar “para que este pueda desarrollar una capacidad auditiva desde edades tempranas que mejore su rendimiento en comprensión lectora en inglés, y a su vez progrese su expresión escrita y destreza auditiva”.

Claro que hablar la lengua franca en casa no es fácil cuando solo el 20,4% de los padres españoles la domina, frente al 78% de los suecos. Aunque, paradójicamente, los españoles comienzan a estudiar inglés antes y le dedican muchas más horas a la semana, “el hecho de que [los suecos] en el hogar puedan estar más expuestos compensa”, subrayan en su informe De la Rica y González San Román.

Escolarizar al niño en un idioma que no es el propio causa cierto miedo a los padres. Quieren que, a diferencia de ellos, su hijo se desenvuelva en otra lengua, pero temen no poder ayudarle en las tareas o entenderse con su profesorado. El bilingüismo en la enseñanza está en plena expansión y en no mucho tiempo no habrá opción de elegir si se prefiere o no este sistema. “Aunque se tenga miedo a no controlar el idioma, en realidad es mejor, porque no hay la tentación de corregir los deberes”, tranquiliza Varela, que trabaja en Sinews, un gabinete madrileño de terapia multilingüe. Pero matiza: “Por supuesto, las cosas se complican si el hijo tiene alguna dificultad de aprendizaje en otro idioma y los padres no dominan suficiente la otra lengua. Puede necesitar una ayuda extra y lo ideal es tener un profesor de apoyo que le enseñe a estudiar y el idioma. Nosotros tenemos cada vez más clases de este tipo”.

En el Liceo Francés de Madrid también consideran que la función paterna es la de organizar el tiempo y el espacio adecuados para las tareas, pero añaden: “Si además quieren participar en el contenido de los deberes pueden hablar de estos en su propia lengua y posteriormente sus hijos escribir en francés o en otros idiomas”.

La gran mayoría de los alumnos del Colegio Británico de Madrid son niños de origen español y eso condiciona —y les gusta remarcarlo de antemano— la forma de trabajar del profesorado del centro. “Todo está muy medido, coordinado por cada departamento, no es cada profesor quien decide sus deberes. Están pensados para que los haga el niño solo en un tiempo determinado: 10 minutos, 20… Si no es capaz de terminarlos o no sabe cómo, hay que informar al colegio para adaptar las tareas al niño”, explica Silvia Prado, directora de comunicación de este colegio del British Council.

“La metodología británica de enseñanza es distinta a la española y los padres tienen algo de miedo cuando los niños son pequeños, pero en cuanto se habitúan todo va bien. Por ejemplo, las matemáticas británicas a los cinco o seis años son muy distintas y por eso organizamos talleres para padres. Muchos acuden. Aunque trabajen mucho se implican en la educación de sus hijos. También les despista el sistema de lectura, que es muy fonético”, cuenta Prado.

La enseñanza en las lenguas cooficiales también preocupa. Según el estudio Creencias y actitudes lingüísticas de la población castellanohablante hacia el euskera, del grupo de investigación Amarauna de Unesco Etxea, el 53% de los padres aprende o aprendería este laberíntico idioma (solo uno de cada 10 lo hace) en primer o segundo lugar para ayudar a sus hijos con los deberes. Atrás quedan la comunicación con los vascohablantes, el sentido de pertenencia a una tierra o el deseo de preservarla.

Interesarse por los deberes ya está en la cabeza de todos los padres, el objetivo ahora es implicarles en las actividades del centro. Por ahora, una utopía. Acuden a ellas un 32%, el doble que a las reuniones, y eso por no hablar de la engorrosa organización, a la que solo se anima un pírrico 4% de los padres, según el estudio La participación de las familias en la escuela pública (2008), de Jordi Garreta. Tiempo al tiempo.

Recomendaciones con sentido común
-El padre no debe sentarse en una silla al lado del estudiante porque transmite mensajes negativos: “No sabes hacerlo solo”, “descuida, que yo me ocupo”.

-No hay que corregir los ejercicios en casa. El objetivo no es llevarlos perfectos, sino probar a hacerlos para ser conscientes de la dificultad. El profesor corrige mejor; hay que oírle. No hay que dedicar toda la tarde a estudiar. Mejor si juega con los amigos en algún parque; mejora la concentración al llegar a casa.

-El niño tiene que anotar en una agenda los deberes, lecciones a estudiar, trabajos a entregar y fechas de examen.

-Hay que comenzar por una tarea breve y sencilla para calentar motores y luego hacer la menos agradable. Reservar para el final algo liviano y entretenido.

-Un reloj en la mesa ayuda a controlar el tiempo.

-Recordar que no es posible mantener la atención ininterrumpidamente más de 40 minutos.

-Es recomendable estudiar en un lugar de la casa que no sea de uso común, con el móvil apagado.

-Hay que comprobar que ha corregido en clase los deberes y en qué ha fallado.

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Fuente: El Pais, ELISA SILIÓ 17 ENE 2013.