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sábado, 30 de junio de 2018

¿Por qué el corazón de los canarios se rompe cuatro años antes que el del resto de españoles? Los infartos matan casi un lustro antes en Canarias, donde la desigualdad, la diabetes y la obesidad han causado estragos entre la población

El mes pasado, en Santa Cruz de Tenerife se celebró un festival infantil rebosante de juegos y actividades al que acudieron 40.000 personas, según el Ayuntamiento, que lo celebró como "el mayor festival de ocio familiar de Canarias". Este evento, que duró todo un fin de semana, giraba en torno a su patrocinador, una galleta de chocolate que daba nombre al festejo y que inundó esos 5.000 metros cuadrados cedidos por el consistorio con reclamos propagandísticos. La pega es que Canarias es una comunidad con un problema terrible de obesidad infantil y diabetes de tipo 2. La mortalidad asociada a esta enfermedad está muy por encima del resto de las autonomías; además, es la región en la que se tienen que hacer más amputaciones y más diálisis renales por su culpa, siete veces más que en el País Vasco.

La edad media española de muertes por infarto es de 78,4 años. En Canarias, 74 años

"Las autoridades no parecen tener presentes los estragos que causa. Cuando presento datos sobre la epidemia de obesidad o la mortalidad por diabetes, me dicen que la población se alarma. Y yo les digo: 'Mire, es que se tiene que alarmar'. Multiplicamos por siete a Madrid en mortalidad por diabetes, la situación es muy mala", explica el epidemiólogo Antonio Cabrera de León. Hace tres años, publicó con su equipo un estudio que mostraba cómo la tasa de muertes por diabetes es muy superior en Canarias que en otras comunidades: en la década de 1980 esa tasa era un 20% mayor que en Andalucía y se había disparado hasta un 400%. "Pero nadie se muere de un diabetazo, te mueres de un infarto, a veces de problemas vasculares a nivel cerebral, de complicaciones renales...", explica Cabrera, director del área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de La Laguna. Y se puso a estudiar el problema.

Ahora, Cabrera acaba de publicar un estudio sobre infartos que trae otra conclusión de las que deben alarmar a la población: los corazones en Canarias se rompen casi un lustro antes que en el resto de España. Tras estudiar los 415.000 pacientes ingresados con infarto agudo de miocardio en un periodo de ocho años, se observó que los hombres canarios ingresaban por este motivo una edad media de 61,7 años, frente a los 65,3 de la media española. La segunda región con una edad más baja para hombres con infarto es Navarra, con 64,6, tres años más que en Canarias. La edad media de ingreso con infarto para mujeres canarias es de 68,4 años, frente a los 73,9 de la media del país. La segunda región en este apartado es Baleares, con 72,5 años, cuatro mayores que en Canarias. Los infartos llegan mucho antes en Canarias, pero no solo mucho antes que la media, sino incluso mucho antes que la segunda comunidad con peor dato.

Nadie se muere de un diabetazo, te mueres de un infarto, de complicaciones renales...", explica Cabrera

Lo mismo sucede con las muertes por infarto: la media para España es de 78,4 años; en Canarias, 74. Y casi tres años antes que en la siguiente autonomía con la cifra más baja, Andalucía (76,7 años). Además, los números de Canarias no mejoraron en los ocho años que analiza el estudio.

La diabetes explica buena parte de estos infartos, como cabía esperar en una región que lidera los afectados por esta enfermedad, y sacarla de la ecuación salvaría numerosas vidas, según el estudio. Pero resulta más llamativa la incidencia del tabaquismo en los infartos canarios, sobre todo en mujeres, ya que fumaban el 22,5% de las ingresadas con infarto, frente 12% de la media española. "Es una diferencia muy grande, está claro que debemos ir a por el tabaco", resume Cabrera. Este especialista culpa a la tardía implantación del código infarto, un protocolo para atender con eficacia estos ataques, que no se ha firmado en Canarias hasta la semana pasada: "Estoy seguro de que a partir de ahora bajará la mortalidad".

Desde la Consejería de Sanidad defienden que los datos de obesidad general e infantil se han reducido en los últimos años y que "no existe una gran diferencia en la prevalencia de diabetes" con el resto de España, aunque es en la mortalidad por esa enfermedad donde el problema es verdaderamente grave. Además, afirman que se ha ayudado a implantar pautas de alimentación saludable para los escolares.

En Canarias, fumaba el 22,5% de las mujeres ingresadas con infarto, frente 12% de la media española

Detrás de todos estos problemas está la epidemia de obesidad que ha arrasado Canarias en las últimas décadas, por distintos motivos interrelacionados. Y una causa que los atraviesa a todos: la pobreza. "La obesidad, cuando te coge una población pobre, te la destroza", sentencia Cabrera. "No comemos todos mal, comen mal los pobres. Y donde va la obesidad, va la diabetes: entra por la boca, respirando no es", asegura este especialista, que critica la inacción de las autoridades y la "política económica que favorece la desigualdad, que es lo que provoca todo esto". El 30,5% de los canarios está en riesgo de pobreza y el porcentaje de hogares que llega con dificultades a finales de mes es, con diferencia, el mayor de toda España (20,9%).

En Canarias, el porcentaje de adultos con síndrome metabólico está 10 puntos por encima de la media española a partir de los 45 años y hasta 5 puntos por encima en porcentaje de diabéticos. La mortalidad por diabetes, que multiplica la de otras regiones, no deja de crecer desde el año 2000. Y es posible que empeore cuando los obesos adultos de hoy comiencen a alcanzar edades por encima de los 65 años. Hoy, el 44,2% de escolares canarios presenta obesidad o sobrepeso, tres puntos por encima de la media del país.

"La obesidad, cuando te coge una población pobre, te la destroza. No comemos todos mal, comen mal los pobres", sentencia Cabrera

"La situación es síntoma de la desigualdad, es un hecho que la obesidad y la diabetes tienen un componente socioeconómico importantísimo. Pobreza social, educativa y de renta", explica Beatriz González López-Valcárcel, experta en salud pública de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). "Y la enorme desigualdad social de Canarias afecta mucho más a las mujeres", asegura.

Coincide en este diagnóstico uno de los mayores conocedores de la nutrición canaria, Lluis Serra: "En obesidad mórbida infantil claramente Canarias está a la cabeza, pero sobre todo en niñas. En varones las cifras están en torno a la media, pero en niñas doblan las cifras de otras comunidades". Serra, que dirige el Instituto Universitario de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias, considera que este es "un ejemplo de fracaso de políticas por no tener perspectiva de género". La educación de las madres y su obesidad es determinante para el peso de sus hijos y la alimentación de las futuras generaciones, y los patrones que se aprenden en casa son decisivos.

"Es un hecho que la obesidad y la diabetes tienen un componente socioeconómico importantísimo. Y afecta más a las mujeres", explica González

Tanto González como Serra señalan que en Canarias se consumen demasiados hidratos de carbono, productos insanos y obesogénicos, como bollería y dulces. Serra pone como ejemplo la tradición de que se obsequie con una ambrosía recubierta de chocolate al pasaje del avión cuando vuela entre las islas. Y el abuso de zumos y refrescos "que al final es beber azúcar", señala Serra, que indica que la costumbre (a veces obligada) de consumir agua embotellada incita a comprar esas bebidas. Además, cree que el turismo ha afectado con una alimentación mala que ha impregnado los hábitos de la población y reclama una soberanía alimentaria, consumir productos de la tierra para mejorar la salud de los canarios.

Serra, de la ULPGC, insiste en la influencia de la desigualdad: "Desde principios de siglo, el sobrepeso en el nivel socioeconómico más alto empieza a disminuir claramente, mientras en los más bajos seguía creciendo y solo empieza a moderarse un poco ahora". "Los pobres no preocupan tanto. Hay sectores productivos muy interesados en que sigan consumiendo estos productos. ", asegura.

"Los pobres no preocupan tanto. Hay sectores productivos muy interesados en que sigan consumiendo estos productos", asegura Serra

Hay motivos para la esperanza. Esta semana el especialista Javier Aranceta presentó los datos pormenorizados del sobrepeso en España y Canarias ha bajado del primer al quinto puesto. Y la obesidad en mujeres ha bajado del 22% al 20%, aunque las que tienen sobrepeso han pasado del 34% al 40%. "Las mujeres se han puesto las pilas, seguramente por motivos de sensibilidad con la salud y el perfil estético, y los hombres se han relajado: un mayor impacto de la crisis económica con conductas compensatorias y consumo de alimentos más energéticos, cómodos y baratos", asegura Aranceta. La obesidad masculina ha crecido del 14,2% al 20,3%.

"La obesidad tiene que ser política de Estado prioritaria en Canarias, que el Gobierno canario y los cabildos y los ayuntamientos deben tomárselo muy en serio", reclama Serra. Sanidad asegura que se encuentra en la "etapa de implementación" de una estrategia europea para implicar a las administraciones locales en la "creación de ambientes favorables, promocionando hábitos de vida saludable, especialmente en cuanto a alimentación y deporte". El próximo fin de semana, Las Palmas de Gran Canaria, la otra capital provincial de Canarias, celebrará también el mismo festival infantil que en Santa Cruz de Tenerife, patrocinado por la misma galleta de chocolate.


https://elpais.com/elpais/2018/06/19/ciencia/1529406538_370844.html

viernes, 13 de octubre de 2017

La joven que falleció en Japón tras trabajar 159 horas extra en un mes y cuya muerte reabrió el debate sobre el "karoshi".

Una periodista de 31 años falleció en Japón como resultado de una insuficiencia cardíaca tras trabajar 159 horas extra al mes y librar solo dos días en el mes previo a su muerte.

La autoridad laboral de Tokyo estableció en 2014 que Miwa Sado, periodista de la cadena pública NHK, murió un año antes por consecuencia directa de sus largas jornadas laborales y falta de descanso.

Sin embargo, no fue hasta este jueves que el medio de comunicación reconoció públicamente que el "karoshi" (muerte por exceso de trabajo) fue la causa del fallecimiento.

Lo hizo por petición expresa de la familia de su trabajadora, que desea que no se vuelva a repetir un caso como este. "Esperamos que el dolor de una familia desolada no sea desperdiciado", declararon sus padres en un comunicado de NHK.

La cadena pública aseguró que se toma "muy en serio" la muerte de Sado. "Refleja un problema para nuestra organización en su conjunto, incluyendo el sistema laboral y cómo se cubren las elecciones".

Plan contra el "karoshi"
Horas después de confirmarse este caso, un tribunal condenó este viernes a la empresa de publicidad japonesa Dentsu a pagar US$4.400 por obligar a sus empleados a trabajar más horas de las permitidas por la ley.

En 2015, una de sus trabajadoras de 24 años se suicidó tras publicar en redes sociales que estaba "destrozada física y mentalmente" por su carga de trabajo que podía superar las 100 horas extra al mes.

Las autoridades laborales dictaminaron que la muerte de Matsuri Takahashi se debió al estrés causado por las largas jornadas laborales.

Este mediático caso obligó al gobierno japonés a abordar la cultura de trabajo existente en el país, que lleva a los empleados a trabajar muchas más horas para demostrar su dedicación y compromiso con la empresa.

Más de 2.000 japoneses se suicidaron debido al estrés relacionado con el trabajo entre marzo de 2015 y marzo de 2016, según el ejecutivo. Muchos otros sufrieron ataques cardíacos, infartos y otras condiciones vinculadas a la presión vivida en el trabajo.

La legislación laboral japonesa establece que no se deben superar las 40 horas de trabajo semanales, aunque permite que se trabajen horas extra siempre que haya un acuerdo previo entre jefes y empleados.

El pasado mes de marzo, el gobierno presentó un plan para limitar de manera clara por primera vez el número de horas extra: no deberán superar en ningún caso las 100 horas mensuales u 80 horas en el caso de que se encadenen varios meses con alta carga laboral. "Problema crónico"

Scott North, profesor de sociología de la universidad de Osaka, dijo que el exceso de trabajo es un "problema crónico" en Japón y que pequeñas multas como la impuesta a Dentsu -una de las mayores empresas publicitarias del país- no ayudarán a disminuirlo.

"Puedes ver por qué una muerte ocasional puede considerarse un costo de hacer negocios comparativamente pequeño, especialmente si se compara con los costos laborales que se pueden ahorrar al hacer que las personas trabajen horas extra no pagadas", dijo a la BBC.

Según el gobierno, casi la cuarta parte de las compañías japonesas tiene a sus empleados trabajando más de 80 horas extra al mes, en ocasiones no remuneradas.

Cada año, el ejecutivo recibe unas 2.000 reclamaciones de compensación por supuestos casos de "karoshi", de las que según el profesor North, "un 37% son exitosas". Una ley que entró en vigor en 2014 para hacer frente al "karoshi" se enfocó en campañas educativas y de abogacía para dar a conocer sus riesgos.

North afirma que aunque exige a los empresarios hacer esfuerzos para reducir las horas de trabajo de los empleados, no contempla ninguna multa para quienes no lo hagan.

"Los esfuerzos del gobierno por reconducir el problema del "karoshi" no pueden ser descritos como exitosos", concluyó.(1)

http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41532689

(1) Es decir, que los empresarios o "emprendedores" pueden hacer trabajar hasta morir a sus empleados y no les pasará nada, ni siquiera una multa. Y, me pregunto, es eso una democracia? o es un régimen de esclavitud? Si eso lo permiten las leyes y la "justicia" del Japón, hay que decir que esas leyes no son democráticas pues el pueblo trabajador no iba a querer esas leyes y no las votarían ni obedecerían si fuesen libres de hacerlo.
Esos comportamientos son una forma más de fascismo, es decir de política contraria al pueblo y por lo tanto no democrática como es el fascismo. Y cómo consiguen que el pueblo admita una política contraria a sus intereses? mediante la violencia, el miedo, la manipulación, la "cultura", la educación, la justicia, la llamada "tradición", los medios de comunicación, la religión, la policía, etc. Lo que ya pusieron en marcha el fascismo italiano en 1922, el nazismo alemán el 1933 y el fascismo español a partir del golpe de estado del 36, junto al "Estado nuevo" portugués o el golpe de estado de Dollfuss en Austria, lo hicieron también. Y el capitalismo estuvo detrás, al frente o al lado de todos ellos.

viernes, 17 de julio de 2015

_- Blood Pressure, the Mystery Number

_- Almost half a century after rigorous studies showed medicines that lower blood pressure prevent heart attacks, strokes and deaths, researchers still do not know just how low blood pressure should go.

More than 58 million Americans take these drugs, but this fundamental question remains unresolved. “We all know treating hypertension is good, but we don’t know how aggressive we should be,” said Dr. Michael Lauer, the director of the Division of Cardiovascular Sciences at the National Heart, Lung and Blood Institute.

The institute is seeking definitive answers as part of its mission to drive down deaths from cardiovascular disease, continuing the decades-long plunge in mortality rates from this leading killer.

On the summer solstice, the sun's warm rays bathe the Northern hemisphere longer than any other day of the year. This happens because the tilt of the Earth’s axis is at a point where it makes its deepest bow to the star.Introducing Summer of Science The results of a large and rigorous study, called Sprint, are expected in 2017. Researchers are following 9,000 middle-age and older adults with high blood pressure. Half were randomly assigned to get their systolic pressure — the top number that measures pressure when the heart contracts — to below 120 while the others were to get to below 140. The study will measure not just heart attacks, strokes and kidney disease, but also effects on the brain. Do people think better and avoid dementia with lower pressure?

MENDING HEARTS
Articles in this series will explore new approaches to treating heart disease.
PART 1
A Sea Change in Treating Heart Attacks
PART 2
Building a Better Valve
PART 3
Putting Stents to the Test
PART 4
Blood Pressure, the Mystery Number

A Possibly Lifesaving Guide to Heart Attacks
In the meantime, doctors are making decisions in a fog of uncertainty.

What about a patient like Glenn Lorenzen, 67, whose systolic pressure was a frightening 220 in October? On a chilly day in December at the cardiovascular clinic at the Boston Veterans Affairs hospital, he had received the good news that drugs and weight loss had lowered his reading to 124. Should he be happy? Should he aim to be below 120? Or should he ease up on the medications a bit and let his pressure drift toward 140 or even 150?

One school of thought says blood pressure rises with age to push more blood into the brain. Another says high blood pressure damages the brain, perhaps causing silent ministrokes.

“We don’t know which is right,” said David Reboussin, a biostatistician at Wake Forest University who is a principal investigator for the new federal study.

The trend in geriatrics is to let pressure drift up, although not above 150, said Dr. Alfred Cheung, a study investigator who is a nephrologist and professor of medicine at the University of Utah.

“It’s not based on hard data,” he said.

The lack of evidence is at the heart of a dispute that is partly an artifact of the way thinking on blood pressure evolved.

When drugs to lower blood pressure came on the market in the 1950s, many doctors did not know if they should prescribe them. They thought systolic pressure should be 100 plus a person’s age. The conventional wisdom was that blood vessels stiffen with age, so higher pressure helped push blood through them.

That view was discredited in 1967 when a rigorous study comparing the drugs with a placebo ended early because those taking the medicines had so many fewer strokes and heart attacks. The drugs became mainstays in medicine, credited with saving millions of lives.

Many early clinical trials did not even address systolic pressure, the focus today. Instead, they looked at diastolic pressure, the lower number, representing pressure on blood vessels when the heart relaxes between beats.

“The general thinking — incorrectly — was that as you get older, the systolic naturally goes up” to supply the brain with blood, said Dr. William C. Cushman, the chief of preventive medicine at the V.A. Medical Center in Memphis.

It was only in 1991 that the first study on systolic pressure was published. It and subsequent research concluded that the treatment goal should be a level below 150 in order to prevent heart attacks, heart failure and strokes. Almost no studies examined the outcomes at lower goals.

So doctors and guideline makers have a conundrum, Dr. Cushman said. “The epidemiology is consistent that having a systolic pressure of 120 or even below 120 is associated with reduced cardiovascular mortality. But that doesn’t necessarily mean that treating with medications to reach that level will give you that benefit.” The concern is that drugs always have more effects than the one they are being used for. So a blood pressure lowered with drugs is not necessarily the same as one that is naturally lower.

Guidelines from experts are all over the map. A panel appointed by the National Heart, Lung and Blood Institute suggests a systolic pressure below 150 for those older than 60. The American Heart Association and other groups say it should be under 140.

European guidelines call for a systolic pressure less than 150 except for older adults, but they also take into account a person’s risk of heart disease when deciding how low that number should go. And epidemiological studies that follow large groups of people over time have found that people whose systolic pressure is naturally 120 or lower have the lowest risk of heart attacks and strokes.

The guidelines from the Heart, Lung and Blood Institute panel constituted one of the most ambitious efforts to build a consensus for blood pressure levels. The mission was to use data from rigorous studies rather than expert opinion, the older standard.

Previous guidelines by a similar committee convened by the National Institutes of Health had set a goal of systolic pressure below 140. The new guideline called for a pressure below 150 for people age 60 and older. “That is where the benefit was seen,” in clinical trials, said Dr. Suzanne Oparil, the director of the vascular biology and hypertension program at the University of Alabama in Birmingham and chairwoman of that committee.

Dr. J. Michael Gaziano, a Harvard professor of medicine, criticizes the system for grading blood pressure improvements. Credit Kayana Szymczak for The New York Times
But when the committee’s report was published in December 2013, it immediately came under fire and five out of the 12 committee members published their own report, advocating blood pressure below 140.

“A minority group on the guidelines panel felt it was insane to raise the target to 150 in the segment of the population at highest risk from hypertension,” said Dr. Jackson T. Wright, Jr. of Case Western Reserve University, who was among the dissenters.

And it’s not just the question of the right goal for systolic pressure. Blood pressure and cholesterol levels are now treated very differently. Cholesterol guidelines take into account a patient’s overall risk of a heart attack. But with blood pressure, at least for United States guidelines, the only thing that matters is blood pressure levels and not other factors like family history or cholesterol levels.

That was how the studies were designed, though, Dr. Cushman said. Cholesterol trials took other risks into account. Blood pressure trials looked at only blood pressure. But clearly some people are at lower risk than others even though they have the same blood pressure. Yet all are treated the same. Should that change?

That sort of inconsistency leaves many physicians in a quandary. Mr. Lorenzen’s doctor at the Boston V.A., Dr. J. Michael Gaziano, a Harvard professor of medicine, considers a patient’s overall risk and is an evangelist for losing weight and exercising to boost the effects of blood pressure drugs. He lives that way himself, following a Mediterranean diet low on meat and engaging in running and cross-country skiing.

“You’re the thinnest person I know,” Mr. Lorenzen told Dr. Gaziano on the recent visit.

Mr. Lorenzen, who has had two heart attacks, is still heavy, but he is one of Dr. Gaziano’s star pupils. He has lost 60 pounds and exercises most days. When his pressure used to be 200 and above, he said he felt glum and his head hurt “like a wicked sunburn.” Although high blood pressure is often called the silent killer, when pressures go very high, people may feel effects from increased pressure in the brain, Dr. Gaziano said.

“Your blood pressure is headed in a good direction, better than I would have expected,” Dr. Gaziano told him. “The medicine alone wouldn’t do it. I have a feeling your exercise and weight reduction have played a significant role.”

“I get an A,” Mr. Lorenzen said proudly.
Fuente: NYT. http://www.nytimes.com/2015/06/23/health/blood-pressure-the-mystery-number.html?em_pos=small&emc=edit_hh_20150623&nl=health&nlid=31217582&ref=headline&_r=0

(Atención la traducción al ser automática deja mucho que desear y exige ser "creativo" en su comprensión)
Casi medio siglo después de que rigurosos estudios que mostraron a medicamentos que disminuían la presión arterial con el fin de prevenir ataques cardíacos, accidentes cerebro vasculares y muertes, los investigadores todavía no saben qué nivel de presión es la que debe tener la presión arterial.

Más de 58 millones de estadounidenses toman estos medicamentos, pero esta pregunta fundamental sigue sin resolverse. "Todos sabemos tratar la hipertensión y sabemos que es bueno, pero no sabemos qué nivel de deberíamos tener", dijo el Dr. Michael Lauer, director de la División de Ciencias Cardiovasculares del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre.

El instituto está buscando respuestas definitivas como parte de su misión de reducir las muertes por enfermedades cardiovasculares, continuando el proceso de décadas en las tasas de mortalidad de esta causa de muerte.

En el solsticio de verano, los cálidos rayos del sol bañan el hemisferio norte más tiempo que cualquier otro día del año. Esto sucede debido a la inclinación del eje de la Tierra está en un punto en el que hace su arco más profundo a la star.Introducing Verano de la Ciencia Los resultados de un estudio amplio y riguroso, llamada Sprint, se espera que en 2017. Los investigadores están siguiendo 9000 media edad y adultos mayores con hipertensión arterial. La mitad fueron asignados al azar para conseguir su presión sistólica - el número más alto que mide la presión cuando el corazón se contrae - a por debajo de 120, mientras que los otros eran para llegar a continuación 140. El estudio medirá no sólo los ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y enfermedad renal, sino también efectos sobre el cerebro. ¿La gente piensa mejor y evitar la demencia con la presión más baja?

Mending Hearts
Artículos de esta serie explorarán nuevos enfoques para el tratamiento de enfermedades del corazón.
PARTE 1
Un cambio radical en el tratamiento de ataques al corazón
PARTE 2
La construcción de una válvula de Mejor
PARTE 3
Poner stents a la prueba
PARTE 4
La presión arterial, el Número de Misterio

Una guía Posiblemente Salvamento y Socorrismo de ataques al corazón
Mientras tanto, los médicos están tomando decisiones en una niebla de incertidumbre.

¿Qué pasa con un paciente como Glenn Lorenzen, de 67 años, cuya presión sistólica era un aterrador 220 en octubre? En un día frío en diciembre en la clínica cardiovascular en el hospital de Asuntos de Veteranos de Boston, que había recibido la buena noticia de que las drogas y la pérdida de peso había bajado su lectura a 124. ¿Debería ser feliz? Debería apuntar a estar por debajo de 120? ¿O debería aliviar hasta en los medicamentos un poco y dejar que su presión de la deriva hacia el 140 o incluso 150?

Una escuela de pensamiento dice la presión arterial aumenta con la edad para impulsar más sangre en el cerebro. Otro dice la presión arterial alta daña el cerebro, tal vez causando miniderrames silenciosos.

"No sabemos que es correcto", dijo David Reboussin, un experto en bioestadística en la Wake Forest University, que es un investigador principal del nuevo estudio federal.

La tendencia en geriatría es dejar que la presión de la deriva hacia arriba, aunque no por encima de 150, dijo el Dr. Alfred Cheung, un investigador del estudio que es un nefrólogo y profesor de medicina en la Universidad de Utah.

"No se basa en datos duros", dijo.

La falta de pruebas está en el centro de una controversia que es en parte un artefacto de la forma de pensar sobre la presión arterial evolucionado.

Cuando los medicamentos para bajar la presión arterial aparecieron en el mercado en la década de 1950, muchos médicos no sabían si debían prescribirlos. Pensaron presión sistólica debe ser 100 más la edad de una persona. La sabiduría convencional es que los vasos sanguíneos se endurecen con la edad, por lo que una mayor presión ayudó a impulsar la sangre a través de ellos.

Ese punto de vista fue desacreditado en 1967, cuando un estudio riguroso comparó los fármacos con un placebo terminado antes de tiempo porque los que tomaban las medicinas tenían bastantes menos accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos. Las drogas se convirtieron en pilares de la medicina, acreditados con el ahorro de millones de vidas.

Muchos ensayos clínicos iniciales ni siquiera abordaron la presión sistólica, el foco en la actualidad. En cambio, se veían a la presión diastólica, el número más bajo, lo que representa la presión en los vasos sanguíneos cuando el corazón se relaja entre latidos.

"El pensamiento general - erróneo - era que a medida que envejece, la sistólica naturalmente sube" para suministrar sangre al cerebro, dijo el doctor William C. Cushman, el jefe de medicina preventiva de la VA Medical Center en Memphis.

No fue sino hasta 1991 que se publicó el primer estudio sobre la presión sistólica. Él y la investigación posterior concluyó que el objetivo del tratamiento debe ser un nivel por debajo de 150 con el fin de prevenir los ataques al corazón, insuficiencia cardíaca y accidentes cerebrovasculares. Casi sin estudios relacionaron los resultados a los objetivos más bajos.

Así que los médicos y los responsables de las guías tienen un enigma, dijo el doctor Cushman. "La epidemiología es coherente ya que si se tiene una presión sistólica de 120 o incluso por debajo de 120 se asocia con una mortalidad cardiovascular reducida. Pero eso no significa necesariamente que el tratamiento con medicamentos para llegar a ese nivel le dará ese beneficio. "La preocupación es que las drogas siempre tienen más efectos que lo que se están utilizando para. Así que el lograr una presión sanguínea más baja con fármacos no tiene necesariamente el mismo resultado que una persona que tiene la presión naturalmente inferior.

Directrices de expertos están por todo el mapa. Un panel designado por el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre sugiere una presión sistólica por debajo de 150 para los mayores de 60. La Asociación Americana del Corazón y otros grupos dicen que debe estar bajo 140.

Directrices europeas exigen una presión sistólica de menos de 150, excepto para los adultos mayores, sino que también tienen en cuenta el riesgo de enfermedades del corazón de una persona al momento de decidir lo baja que debe ser ese número. Y los estudios epidemiológicos que siguen a grandes grupos de personas a través del tiempo han encontrado que las personas cuya presión sistólica es de forma natural 120 o inferior tienen el menor riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.

Las directrices desde el panel del instituto del Corazón, los Pulmones y la Sangre constituyeron uno de los esfuerzos más ambiciosos para construir un consenso para los niveles de presión arterial. La misión consistía en utilizar los datos de estudios rigurosos, más que la opinión de expertos, el estándar más empleado.

Directrices anteriores por un comité similares convocado por los Institutos Nacionales de Salud habían fijado la meta de la presión sistólica por debajo de 140. La nueva directriz pidió una presión por debajo de 150 para las personas de 60 años o mayores. "Ahí es donde se ve el beneficio", en los ensayos clínicos, dijo la doctora Suzanne Oparil, el director de la biología vascular y el programa de la hipertensión en la Universidad de Alabama en Birmingham y presidenta de dicha comisión.

Dr. J. Michael Gaziano, profesor de medicina de Harvard, critica el sistema de clasificación de las mejoras de la presión arterial. Acreditó Kayana Szymczak para The New York Times
Pero cuando el informe del comité se publicó en diciembre de 2013, de inmediato fue atacado y cinco de los 12 miembros del comité publicaron su propio informe, abogando por la presión arterial por debajo de 140.

"Un grupo minoritario en el panel de directrices sentía que era una locura elevar el objetivo a 150 en el segmento de la población con mayor riesgo de hipertensión," dijo el Dr. Jackson T. Wright, Jr., de la Universidad Case Western Reserve, que estaba entre los disidentes.

Y no es sólo la cuestión de la meta correcta para la presión sistólica. Los niveles de presión arterial y el colesterol son tratados de manera muy diferente. Directrices de colesterol tienen en cuenta el riesgo global de un paciente de un ataque al corazón. Pero con la presión arterial, por lo menos para las pautas de los Estados Unidos, la única cosa que importa es los niveles de presión arterial y no otros factores como los niveles de historia familiar o de colesterol.

Así fue como se diseñaron los estudios, sin embargo, dijo el Dr. Cushman. Ensayos de colesterol tomaron otros riesgos en cuenta. Ensayos de presión de sangre miraron sólo la presión arterial. Pero está claro que algunas personas tienen un riesgo menor que otros aunque tengan la misma presión arterial. Sin embargo, todos son tratados igual. En caso de que cambie?

Ese tipo de inconsistencia deja a muchos médicos en un dilema. Médico del Sr. Lorenzen en el Boston VA, el Dr. J. Michael Gaziano, profesor de medicina de Harvard, considera que riesgo general tiene un paciente y es un predicador para que pierdan peso y hagan ejercicio con el fin de  aumentar los efectos de los medicamentos sobre la presión arterial. Él lo practica de esa manera consigo mismo, siguiendo una dieta mediterránea baja en carne y participa en esquí de fondo.

"Eres una persona más delgada lo sé," dijo el Sr. Lorenzen Dr. Gaziano sobre la reciente visita.

Sr. Lorenzen, que ha tenido dos ataques al corazón, sigue siendo alta, pero es uno de los alumnos  estrellas del Dr. GAZIANO. Ha perdido 60 libras y hace ejercicios la mayoría de los días. Cuando su presión solía ser 200 o más, dijo que se sentía triste y le dolía la cabeza ", como una quemadura de sol impío." A pesar de que a la presión arterial alta a menudo se le llama el asesino silencioso, cuando las presiones están muy alta, las personas pueden sentir los efectos de aumento de la presión en el cerebro, dijo el doctor Gaziano.

"Su presión arterial va en una buena dirección, mejor de lo que hubiera esperado," le dijo el Dr. Gaziano. "El medicamento solo no lo haría. Tengo la sensación de que su reducción de peso y el ejercicio han desempeñado un papel importante ".

"Tengo una A," dijo el Sr. Lorenzen orgulloso.

miércoles, 30 de abril de 2014

Fuster: “El paciente que no se cuide podrá ser rechazado por el sistema” Solo un 20% de los enfermos intervenidos controlan cuatro factores de riesgo un año después

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en España, pero su prevención no está resultando nada fácil. Y ello no sucede porque no se sepa qué hay que hacer.

En un curso magistral que ha dado en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, Valentín Fuster, director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), resumió en siete los factores de riesgo (tabaco, colesterol, hipertensión, diabetes, sedentarismo, obesidad y edad) y, no sin cierto desánimo, admitió que los ensayos muestran que “solo los profesionales y los obsesivos” parecen dispuestos a cambiar sus hábitos. Ante una “epidemia silenciosa” que “la gente no se cree”, puede llegar a suceder que “el paciente sea rechazado por los sistemas sanitarios”, advirtió. Algo que ya empieza a barajarse en países como Reino Unido o Suecia, añadió.

Los ensayos empiezan a mostrar esta impermeabilidad de los pacientes a los consejos médicos. Por ejemplo, en una revisión de estudios hecha con personas que ya han tenido un infarto, publicada en abril, Fuster y otros investigadores constataron que un año después del suceso, solo el 20% había conseguido controlar cuatro de los factores (se medía tabaquismo, colesterol, hipertensión y azúcar).

Y si esto sucede entre quienes ya le han visto las orejas al alobo, la idea de que quienes se consideran impunes cambien sus hábitos le parece al cardiólogo una entelequia. “No queremos creer lo que nos está ocurriendo. No va a haber un cambio de hábitos, porque la población no se cree vulnerable. Por eso hay una epidemia”, dijo Fuster. En la misma línea de reconocer una situación peligrosa, Fuster fue tajante: "No me digan que en España se sigue la dieta mediterránea".

Aunque todavía no hay datos, la misma idea subyace en el estudio Focus 1 que está realizando el equipo del investigador. Su objetivo es medir por qué las personas que han tenido un accidente cardiaco o cerebrovascular no toman la medicación que evitaría una recaída. El tratamiento básico es, en principio, sencillo: tres pastillas –anticoagulante, antihipertensión y anticolesterol-. La evidencia de que el cumplimiento terapéutico (lo que se denomina adherencia) es escaso llevó al CNIC, en colaboración con laboratorios Ferrer, que colaboraron en la preparación del encuentro de Santander al que fue invitado EL PAÍS, a desarrollar la polypill, una píldora que incluye los tres compuestos en un solo comprimido. “No se trata de ponerlos todos juntos”, advirtió Fuster. La idea es facilitar que se siga el tratamiento, y que sea más barato –“hemos aprendido que lo que encarece el medicamento es la distribución”, dijo el médico-. La polypill, de momento, está permitida en siete países latinoamericanos. Se espera que el año que viene se apruebe en Europa, y que al siguiente esté también en EE UU.

Esta idea de una pastilla a dosis fijas contradice uno de los principios que parecen regir la nueva medicina: los tratamientos personalizados, admitió Fuster. De alguna manera, las enfermedades cardiovasculares son algo “difuso” y, por lo que dijo el médico, de momento escapan a las nuevas tendencias: ni la genética como factor predictivo, ni el uso de células madre ni los tratamientos individualizados han demostrado de momento una gran utilidad. Sigue habiendo que acudir a la anatomía y la fisiología clásicas.

En la misma línea, Fuster defendió el uso de los nuevos anticoagulantes que se dan a dosis única y no hay que regularlos en función de analíticas periódicas a los pacientes. Es un debate que en España enciende a los especialistas entre defensores del Sintrom y los del Dabigratán. El problema de este último, más nuevo y cómodo para el paciente, es, por un lado, su precio. De hacho los médicos de primaria acaban de emitir un comunicado protestando porque no les dejan recetarlos en todas las comunidades. Por otro, que hay que ser muy riguroso con los horarios ya que si no hay riesgo de sobredosis, admitió Fuster. Por eso él, que tiene a sus pacientes en EE UU, es claro: a los que usen los anticoagulantes antiguos y les va bien, que sigan con ellos; a los nuevos pacientes, que empiecen con los nuevos. Si pueden pagárselo, algo que en países con sistemas de sanidad privados es muy importante...
Fuente: El País.

domingo, 6 de abril de 2014

Morir de pena

Un nuevo estudio estrecha la vinculación entre depresión y enfermedades cardiacas
Los cardiólogos estadounidenses incorporan la tristeza profunda como factor de riesgo


La pena no parece una causa de muerte clínicamente válida como para registrarla en una partida de defunción. O para explicar el motivo del ingreso de un paciente cardiaco a sus familiares. Y, sin embargo, cada vez son más concluyentes los datos que relacionan la tristeza extrema con los infartos y, en general, patologías del corazón.

El último de los trabajos que avanzan en esta dirección plantea que los afectados de depresión de moderada a severa presentan un incremento del 40% del riesgo de sufrir insuficiencia cardiaca. El estudio se ha anunciado este viernes en el encuentro EuroheartCare que la Sociedad Europea de Cardiología celebra en Noruega. Para su elaboración se siguió a lo largo de 11 años el estado psíquico y físico (con datos sobre el índice de masa muscular, la actividad física, hábitos tabáquicos y presión sanguínea) de 63.000 de los 97.000 vecinos de la región noruega de Nord-Trondelag, y se comparó esta información con los ingresos y fallecimientos por insuficiencia cardiaca. “Concluimos que cuanto mayores eran los síntomas depresivos, mayor era el riesgo de sufrir problemas cardiacos”, explica Lise Tuset Gustad, enfermera intensivista responsable del trabajo. Entre los pacientes menos graves la posibilidad de desarrollar problemas cardiacos era solo de un 5% más que la media.

“Las evidencias entre la depresión y la patología cardiaca son cada vez más sólidas”, añade el presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), José Ramón González-Juanatey. Hasta el punto de que la principal sociedad de cardiólogos estadounidense (American Heart Association) planteó este pasado mes de febrero añadir la depresión a la lista de factores de riesgo clásicos, como son la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo o el colesterol alto, en pacientes con síndrome coronario agudo (infarto).

“Ya habíamos visto trabajos previos de los efectos de la depresión entre pacientes que ya habían sufrido un infarto o como factor de riesgo de la patología coronaria”, apunta el presidente de la SEC. Pero el trabajo presentado ayer da un paso más al relacionar esta enfermedad mental con un ámbito más extenso de las lesiones cardiovasculares como es el caso de la insuficiencia cardiaca, el tramo final de muchas cardiopatías que se presenta cuando el corazón es incapaz de bombear la sangre con suficiente fuerza. Su origen es muy diverso, y puede estar ligado a un infarto, a problemas con las válvulas cardiacas o a un cuadro de diabetes o hipertensión en pacientes de larga evolución.

El trabajo noruego también aporta otro aspecto interesante: la relación directa que establece entre el desequilibrio metabólico (hormonal, desarreglos en neurotransmisores) que caracteriza la depresión, con los efectos en la salud del corazón.

Buena parte de los trabajos hasta ahora publicados incidían en los efectos indirectos. La depresión severa se identifica por la tristeza, la apatía y la desesperanza de los enfermos. Incluso con las ideas de muerte y suicidio en los casos más graves. Este estado de ánimo afecta al estilo de vida de los pacientes. Si se tienen que medicar es fácil que o dejen de hacerlo o se les olviden tomas. Además, suelen fumar más, comer peor, practicar menos o nada de ejercicio y adquirir más peso.

El estudio presentado este viernes admite esta vinculación. Pero tras neutralizar los efectos potenciales del tabaquismo o la obesidad en las personas analizadas destaca otros factores directos que vinculan la depresión y la insuficiencia cardiaca. “La depresión estimula la aparición de hormonas vinculadas al estrés, que inducen la aparición de fenómenos inflamatorios o aterosclerosis [el deterioro de las paredes arteriales que puede provocar un infarto]”.

“Es algo parecido a lo que sucede con la ira”, comenta González-Juanatey. El presidente de la SEC recuerda un reciente artículo publicado en la Revista Europea de Cardiología en el que se describía como se producía una brusca descarga de catecolaminas (hormonas asociadas al estrés) que tenían un impacto directo en la hipertensión y un aumento de plaquetas en la sangre que aumentaban el riesgo de coágulos en las paredes vasculares. “Se asociaba este aumento del tono simpático [del sistema nervioso] con un mayor riesgo de infarto e ictus”. La alteración hormonal ligada a la depresión explicaría un fenómeno similar en estas personas, según González-Juanatey.

“La asociación entre depresión y problemas cardiovasculares la observamos en la clínica, con los pacientes”, comenta Rafael Tabarés-Seisdedos, catedrático de psiquiatría de la Universidad de Valencia...
Fuente, El País.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Un vaso de vino al día reduce el riesgo de tener una depresión

Un estudio con más de 5.000 personas sin antecedentes descubre este valor de este componente de la dieta mediterránea

El estudio Predimed (prevención con dieta mediterránea) que analizó el efecto de la dieta mediterránea en la salud continúa dando información. El último fruto que se ha publicado es que un consumo moderado de alcohol (de dos a siete vasos a la semana, el equivalente a una copa al día) reduce el riesgo de caer en depresión. Lo ha publicado un equipo dirigido por Miguel Ángel Martínez-González, de la Universidad de Navarra, en la revista BMC Medicine.

Los investigadores hicieron durante siete años el seguimiento de un grupo de 5.500 bebedores con consumos ligeros y moderados de alcohol, de entre 55 y 80 años. “Los hallazgos mostraron una asociación inversa entre estos niveles bajos-moderados de alcohol y la ocurrencia de nuevos casos de depresión”, indica Martínez-González.

En verdad, el estudio Predimed estaba enfocado a medir el efecto protector de la dieta mediterránea, reforzada con aceite de oliva virgen y nueces, en las enfermedades cardiovasculares, y determinó que las personas que seguían esas pautas de alimentación tenían un riesgo un 30% inferior de sufrir un infarto de miocardio o un ictus.

Pero la amplitud del ensayo (10 años de seguimiento a 7.500 personas) ha permitido obtener otras conclusiones aparte del objetivo principal del trabajo. Por ejemplo, también se ha observado que la dieta interactúa y consigue compensar la predisposición genética al ictus. Es decir, actúa a un nivel epigenético incluso en la población con más riesgo de enfermar.
Fuente, El País
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lunes, 25 de marzo de 2013

España duplica el consumo de sal por persona que aconseja la OMS

El exceso de ingesta del sodio causa 2,3 millones de muertes al año en el mundo
50.000 ictus e infartos están relacionados con el consumo excesivo. 
El 72% del producto llega por alimentos preparados

Los españoles toman de media 9,8 gramos de sal al día, según el Libro Blanco de la Nutrición de la Federación Española de Nutrición (FEN) que se presentó a primeros de mes. Esta cantidad es prácticamente el doble que los 5 gramos (una cucharada sopera) que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). O, medido por el componente que es de verdad peligroso, 2 gramos de sodio al día. En esto no hay grandes diferencias entre las dietas. Un estudio que se acaba de presentar en el congreso de la Asociación Americana del Corazón calcula que 2,3 millones de personas mueren al año en el mundo por complicaciones relacionadas con la ingesta excesiva del sodio de este compuesto. Y no se trata solo de personas de países ricos.

Esta situación es todo un problema de salud pública. Por una vez, el riesgo no está en la obesidad, ya que la afirmación de que la sal engorda es un “mito”, como señala el reciente libro Comer o no comer, de Antonio Ortí. La causa es otra: “La sal lleva a la hipertensión, y este a las enfermedades cardiovasculares”, afirma Enrique Gavá, presidente de la sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología. Gavá no se atreve a dar una estimación del coste en vidas que este consumo puede tener en España, pero hay varias cifras que se pueden manejar. Por ejemplo, en noviembre del año pasado, la secretaria general de Sanidad, Pilar Farjas, afirmó al presentar una campaña para reducir el consumo de sal y grasas que la reducción del consumo de sal a los niveles recomendados por la OMS podría evitar cada año 20.000 accidentes cerebrovasculares y 30.000 eventos cardíacos.

Otro posible cálculo de su efecto lo da el propio Gavá: “En España hay ocho millones de hipertensos, que son ocho millones de candidatos a tomar menos sal”, dice. Algo complicado cuando se trata del “segundo país de Europa en consumo” de este producto.

La gravedad de esta ingesta excesiva es tal que la OMS ha bajado el límite diario aconsejado, que estaba en seis gramos. Con ello se dificulta aún más el conseguir un consuno aceptable. Y esto no es fácil. Según un portavoz de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), el 72% de la sal se adquiere por las comidas preparadas; es decir, no son la sal que uno echa a una ensalada. Y eso es difícil de medir. “Muchos pacientes me dicen que no toman sal, pero se refieren a la sal añadida”, dice Gavá.

El problema no es nuevo, pero “falta concienciación”, señala el cardiólogo. Como en otros asuntos, el mensaje oficial no cala. “La reducción del consumo de sal es un objetivo prioritario dentro de la Estrategia Naos debido a que la sal es un alimento de consumo básico en nuestra dieta, y a que su ingesta excesiva está relacionada con el riesgo de hipertensión arterial y otras enfermedades asociadas de alta mortalidad y discapacidad, como la enfermedad cerebrovascular y las enfermedades cardiovasculares”, indica el portavoz de Aesan. Aquella estrategia Naos (nutrición, actividad física, obesidad y sedentarismo) tiene ya casi 10 años, pero sus logros no son todo lo buenos que se esperaba. Se basa en una reducción voluntaria casi al 100% del contenido de sal en productos preparados, desde bebidas a congelados o pan, y por eso las patronales del sector firmaron los acuerdos correspondientes...
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lunes, 29 de octubre de 2012

Los infartos tienen horario. El ritmo circadiano influye en los trastornos cardiacos

El cambio de postura al levantarse y la secreción de algunas sustancias hacen que la hora más peligrosa sea por la mañana

Entre las 10.00 y las 11.00 o alrededor de las 19.00. Esas son las horas en las que se producen más infartos de miocardio, según un estudio que ha hecho un equipo dirigido por María Cristina Barneto Valero, del departamento de operaciones del Samur de Madrid.

En el trabajo, que publica Medicina Clínica, se observa que hay una relación entre las notificaciones de infarto recibida en el servicio de urgencias y los ritmos circadianos. En concreto, la curva muestra dos picos, una con su máximo entre las 10.00 y las 11.00, y otro, menos pronunciado, por la tarde (alrededor de las 19.00).

El patrón es tan estable que no se altera prácticamente con ningún factor de riesgo, ni los que los autores llaman modificables (la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, la dislipidemia y el tabaquismo) ni los que no lo son (edad, sexo). Las dos grandes excepciones son que “los casos con diabetes presentan el pico de menor amplitud más tardío y los casos de tabaquismo invierten el pico máximo de incidencia, siendo el pico vespertino de mayor amplitud que el matinal”.

El estudio ha recogido datos de 709 pacientes atendidos entre el 1 de enero de 2001 y el 31 de diciembre de 2009.

La constancia de los datos apunta a factores fisiológicos que también obedecen a ritmos circadianos como principal desencadenante de los procesos. Por ejemplo, los autores mencionan que por la mañana la sangre es más viscosa y aumentan “los valores plasmáticos de fibrinógeno e inhibidores del plasminógeno”, lo que provoca un estado de “hipercoagulabilidad”. También hay una mayor segregación de catecolaminas (unos neirotransmisores) y se produce el cambio postural de tumbado a de pie. Fuente: El País.
Foto del autor, atardecer de octubre en el arroyo, alrededores de La Nava de Santiago. Badajoz.

martes, 18 de septiembre de 2012

Crisis y salud cardiológica. Los ajustes impiden el acceso a los mejores anticoagulantes.

“El ahorro está en hacer las cosas bien”, dice el portavoz de los cardiólogos. La revolución teórica en el tratamiento de la fibrilación auricular, una de las patologías cardiacas más frecuentes, ha chocado con la tozudez de los presupuestos sanitarios. Esta es la descripción de la situación que han hecho esta mañana Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sección de Electrofisiología y Arritmias de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y Alfonso Martín, coordinador del Grupo de Arritmias Cardiacas de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), al presentar su nuevo documento de consenso para el tratamiento de estas patologías. En concreto, se referían a que las sociedades médicas apuestan por los últimos anticoagulantes que han llegado al mercado, que, en contra de los más usados, se dan a dosis fijas y no hay que estar haciendo controles periódicos. Pero son más caros. “Son la opción preferente”, recalcó Martín, “pero hay muchas restricciones”, añadió Lozano. “No es que los médicos no quieran, es que no pueden indicarlos”, añadió el urgenciólogo.

 Los recelos de los gestores tienen un claro origen. El envase de 60 unidades del acenocumarol (el principio activo del Sintrom, el anticoagulante clásico) cuesta, según el Vademécum, 1,89 euros; el del posible sustituto, el dabigatran, cuesta 98,35 euros. “Si se compara caja a caja, es mucho más caro”, admite Lozano. Pero el cardiólogo recuerda que para el primero hay que hacer unos controles periódicos que el segundo evita. “En ese precio no se incluyen los análisis, la enfermera, la tira radiactiva… Y luego está el mayor riesgo de ictus, y eso sí que es caro”, afirma. Martín le da la razón: “En estas patologías, lo caro no es la medicación, son los ingresos”, añade. Y un fármaco más sencillo de tomar “aumenta la adhesión [el cumplimiento por parte del paciente de las pautas de la medicación]”, dice. Y es que una de las diferencias entre ambos productos es que el primero tiene una dosis variable que hay que ir ajustando según las analíticas del paciente; el segundo se da a dosis fijas, lo que supone, por un lado, que es más fácil de administrar, y, por otro, que es más sencillo de controlar...

Pese a todo, Lozano está convencido de que “sin crisis, el Sintrom se estaría retirando más deprisa. Los nuevos anticoagulantes lo desplazarían”... Leer más aquí en El País.
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Foto del autor: Playa de Sanlúcar con el Parque de Doñana al fondo.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Mucho estrés y poca autonomía: mayor riesgo para el corazón

Estar en un trabajo exigente, estresante y -encima- no tener mucha autonomía o poder de decisión sobre él es malo, algo bien sabido por cualquiera que viva o haya vivido esa situación.

 Pero esa es también una mala combinación para la salud del corazón, de acuerdo a un equipo de investigadores británicos que analizaron 13 estudios europeos, sobre más de 200.000 casos y hallaron que la "tensión laboral" estaba asociada a un incremento del 23% de ataques cardíacos y muertes por enfermedades cardiovasculares.

 Sin embargo, como factor de riesgo para el corazón éste es mucho menor que fumar o no practicar actividades físicas, según señala el reporte publicado en la revista médica Lancet.

 De hecho, de acuerdo con los científicos, eliminar la tensión laboral podría prevenir un 3,4% de los primeros episodios cardíacos, una cifra que treparía al 36% si todo el mundo dejara de fumar.

 Libertad
El equipo que presentó la investigación, que pertenece al University College London, dijo que cualquier ocupación puede llevar al desarrollo de tensión laboral (que es un tipo específico de estrés), pero que es más común entre los trabajadores menos calificados.

 Por ejemplo, un médico que tiene que tomar muchas decisiones importantes en su trabajo estaría menos predispuesto a desarrollarla que alguien que cubre un turno en una línea de montaje.

 El trabajo publicado en Lancet buscó analizar los resultados de 13 estudios, para intentar aclarar esta cuestión.

 Al inicio de cada uno los 13 estudios que analizó el trabajo publicado en Lancet se les preguntaba a los participantes si padecían de una excesiva carga de trabajo o si el tiempo que se les daba para completar las tareas era insuficiente. También se indagaba acerca de cuánta libertad sentían tener a la hora de tomar sus propias decisiones en el trabajo.

 Luego se los separó en grupos: por un lado los que tenían tensión laboral, por otro los que no. Y a cada grupo se le hizo un seguimiento de siete años y medio.

 Mika Kivimaki, del equipo de investigadores del University College London, dijo que su trabajo "indica que la tensión laboral está asociada con un pequeño pero consistente incremento en el riesgo de sufrir un primer episodio de enfermedad cardiovascular, como un ataque cardíaco".

 Cómo manejar la presión
Kivimaki dijo que la evidencia sobre el efecto directo de la tensión laboral sobre el corazón no era unívoca.

 Le dijo a la BBC que la tensión laboral está vinculada a otros elementos dañinos para el corazón. "Sabemos que los fumadores con tensión laboral son propensos a fumar más y que la gente activa que padece tensión laboral tiene tendencia a volverse menos activa, lo que está asociado con la obesidad".

 "Si uno tiene mucho estrés en el trabajo, aún puede reducir el riesgo si lleva un estilo de vida saludable".

 La Fundación Británica del Corazón dijo que la clave está en cómo la gente reacciona al estrés laboral.

 "Sabemos que cuando uno sufre estrés en el trabajo y no está en posición de cambiar esa situación, el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas puede incrementarse", dijo su director médico, Peter Weissberg.

 "Este gran estudio lo confirma, pero también demuestra que el efecto negativo de la tensión laboral es mucho menor que, por ejemplo, el daño causado por fumar o la falta de ejercicio".

 "Aunque a veces no se puede evitar el estrés en el trabajo, la forma en que uno maneja la presión es importante, y encender un cigarrillo no es una buena noticia para el corazón. Comer una dieta equilibrada, realizar ejercicio en forma regular y dejar de fumar compensarían de más cualquier riesgo asociado con el trabajo", agregó Weissberg. BBC.