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jueves, 21 de febrero de 2019

Un análisis de sangre detecta el mejor tratamiento para el cáncer de prostata

En tumores metastáticos y resistentes a los fármacos, la presencia o ausencia de una proteína predeciría la eficacia de las diferentes estrategias terapéuticas.

Una proteína, detectable mediante un simple análisis de sangre, podría ayudar a predecir la respuesta terapéutica en pacientes con cáncer de próstata metástatico. En concreto, la presencia de la molécula potenciaría la eficacia de la quimioterapia, mientras que su ausencia favorecería el tratamiento con inhibidores hormonales.

La revista JAMA Oncology publica las conclusiones del trabajo realizado por Glenn Heller y su equipo, del Centro para el Cáncer Memorial Sloan Kettering en Nueva York, en colaboración con investigadores del Colegio Universitario en Londres y la compañía de diagnóstico molecular Epic Sciences con sede en San Diego.

En el estudio, ejecutado entre el 31 de diciembre de 2013 y el 1 de septiembre de 2016, participaron 142 hombres, de entre 60 y 80 años de edad, tratados previamente con supresores de andrógenos. Estas hormonas masculinas contribuyen al desarrollo y crecimiento de los tumores de próstata. Por consiguiente, su inhibición constituye la primera línea de tratamiento para este tipo de neoplasia. En ocasiones, sin embargo, las células cancerosas desarrollan resistencia a dichos fármacos represores y proliferan de nuevo. Ello plantea la necesidad de diseñar nuevas pautas de medicación, si bien, hasta la fecha, no existe criterio alguno a fin de seleccionar la mejor opción.

Esta necesidad médica condujo al desarrollo de un nuevo ensayo que permitiera analizar y predecir la respuesta al tratamiento de las células tumorales circulantes, responsables de la expansión del cáncer.

Según los resultados, la administración de quimioterapia dobló la esperanza de vida de aquellos pacientes cuyas células expresaban, en su núcleo, la proteína variante 7 de corte y empalme del receptor de andrógenos, AR-V7 por sus siglas en inglés. En cambio, una segunda dosis de fármacos antihormonales prolongó 7 meses la supervivencia de los enfermos AR-V7 negativos.

En un futuro, Heller y sus colaboradores evaluarán la posibilidad de realizar la prueba en etapas más tempranas del cáncer, con el objeto de diseñar estrategias terapéuticas personalizadas. Asimismo, estudiarán su aplicabilidad en otros tumores, como los de mama o pulmón.

Marta Pulido Salgado

martes, 15 de noviembre de 2016

LA LEY DEL SILENCIO. El acoso escolar precisa campañas y protocolos de actuación porque se tiende a desdibujar responsabilidades.

CUANDO TENGO actos públicos en el extranjero, a menudo sale a relucir en el coloquio el “horrible maltrato que los españoles damos a las mujeres” y las muchas víctimas mortales que hay en nuestro país. Cierto es que son muchas, pero tal como se plantea siempre el tema es como si los españoles fuéramos los mayores asesinos de mujeres del planeta, cuando la realidad es muy otra. España es una sociedad que está en la media baja en cuanto a víctimas mortales por violencia de género. En Europa, por ejemplo, los países nórdicos nos duplican y hasta triplican el porcentaje de víctimas. Si el mundo sabe tanto de las muertes de mujeres en España, es precisamente porque nos importan, porque el tema se ha convertido en una cuestión de Estado, porque la sociedad está sensibilizada y hemos colocado el problema en el más alto punto de visibilidad pública. Estamos luchando contra ello con mayor o menor acierto, pero de lo que no cabe duda es de que nos lo tomamos muy en serio.

Digo todo esto como ejemplo de lo que debe hacerse con un tema tan grave, y escandalizada ante la tremenda dejación de responsabilidad que manifestamos ante un problema igual de terrible que está empeorando cada día: el acoso escolar. De cuando en cuando vuelve a agitarnos la conciencia alguna noticia especialmente brutal, como si fuera una ballena que emerge de las profundidades con su chorro furioso. Niños que se tiran por los acantilados, o vídeos con aterradoras muestras de violencia que han grabado los propios verdugos con sus móviles. Pero luego siempre sucede, no sé cómo, que los poderes fácticos se apresuran a minimizar los hechos, a desdibujar responsabilidades y desactivar las investigaciones, e incluso llegan a culpabilizar y marginar a las familias de las víctimas que se atreven a presentar denuncia. A menudo otros padres de alumnos se apiñan junto a la dirección del centro contra la víctima, quizá porque resulta muy difícil asumir que tus propios hijos pueden ser unos maltratadores o cuando menos cómplices, esto es, asumir tu parte de responsabilidad como padre en ello, y por consiguiente prefieren minimizar los hechos, decir que son cosas de chiquillos. Pero no. No son cosas de chiquillos. Son auténticas torturas y el niño o la niña que las sufre no sólo pasa por un calvario atroz durante años y corre el riesgo de suicidarse, sino que, además, es probable que quede marcado de por vida.

Estoy harta de escribir artículos sobre este tema: me desespera ver que nunca cambia nada. Recientemente han salido a la luz otros dos casos en España; la niña de 8 años de un colegio de Palma de Mallorca a la que una docena de niños entre 12 y 14 años propinó tan brutal paliza que tuvo que ser ingresada en el hospital con traumatismo craneal entre otras lesiones. Los profesores dicen que fue un juego infantil que se desmadró, el fiscal archivó el asunto, la conselleria apoyó al colegio. La velocidad con que se está intentando enterrar todo es tremendamente sospechosa y por desgracia muy habitual. Lo mismo sucede con Alejandro, de 12 años, en Olula del Río (Almería). Alejandro lleva desde los 8 años sufriendo una persecución de tal calibre que está destrozado. No quiere vivir, no duerme, apenas come y está medicado. Otras dos familias han denunciado acoso en el mismo centro escolar; una de las víctimas incluso fue grabada durante una salvaje agresión sexual cometida por dos compañeros fuera del instituto, pero pese a todo esto nadie hace nada. Ni la Junta, ni Educación, ni el centro escolar. Y, naturalmente, la denuncia que interpusieron fue archivada. En el maltrato escolar impera la ley del silencio. Y todo esto no es más que la punta del iceberg del tormento que viven cotidianamente muchos de nuestros niños. ¡Basta ya! Necesitamos un Plan Nacional; campañas de educación de padres y niños con anuncios publicitarios, cómics, jornadas de información; necesitamos juzgados e inspectores escolares especializados, protocolos de actuación, centros de apoyo. Necesitamos visibilizar y priorizar el problema, como se hizo con la violencia de género. Seguir ignorando la existencia de este infierno nos convierte a todos en repugnantes cómplices.
Rosa Montero.
http://elpaissemanal.elpais.com/columna/la-ley-del-silencio/


El acoso escolar deja más secuelas que el maltrato por parte de adultos- Las víctimas de 'bullying' tienen mayores riesgos de padecer problemas de salud mental

http://elpais.com/tag/bullying/a/


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miércoles, 8 de junio de 2016

Un tratamiento es eficaz por primera vez para el síndrome de Down. Un compuesto del té verde mejora moderadamente la capacidad intelectual de los afectados.

Uno de los principales dogmas de la medicina, el que sostiene que el síndrome de Down no tiene tratamiento, empieza a derrumbarse. Investigadores españoles acaban de demostrar que un compuesto presente en el té verde, acompañado de un protocolo de estimulación cognitiva, es capaz de mejorar las capacidades intelectuales de personas con síndrome de Down. “Es la primera vez que un tratamiento demuestra eficacia en un ensayo fiable en términos científicos”, explica Mara Dierssen, neurocientífica del Centro de Regulación Genómica de Barcelona y colíder del estudio. No es, ni mucho menos, una cura, pero el ensayo clínico “abre nuevas vías a la terapia farmacológica en síndrome de Down”, según la investigadora.

El síndrome es un trastorno genético en el cual una persona tiene 47 cromosomas, en lugar de los 46 habituales. Esa copia extra altera la formación del cuerpo y el cerebro. Los niños pueden tener un retraso en el desarrollo mental y signos físicos muy reconocibles, como la nariz achatada y un único pliegue en la palma de la mano. El equipo de Dierssen, con trabajos en ratones, identificó un gen, el DYRK1A, relacionado con la formación del cerebro y sobreactivado por el cromosoma extra. El gen producía un exceso de proteínas asociadas a las alteraciones cognitivas. El compuesto del té verde, la epigalocatequina galato, devuelve las proteínas a los niveles normales.

En el ensayo han participado 84 personas con síndrome de Down, de entre 16 y 34 años. Aproximadamente la mitad tomó el tratamiento durante un año, mientras la otra mitad recibía un placebo, una sustancia sin acción terapéutica, para poder comparar. Dierssen reconoce que “los cambios observados no son muy importantes”, pero son suficientes para que casi todos los padres adivinaran al final del ensayo si su hijo había tomado un tratamiento real o un placebo.

El extracto de té verde mejoró de manera moderada la memoria a corto plazo y su capacidad para organizarse en la vida diaria, al mismo tiempo que inhibía la impulsividad de los pacientes. Las imágenes del cerebro muestran cambios en la corteza que se correlacionan con estas mejorías. Los resultados se publican hoy en la revista médica The Lancet Neurology.

Dierssen lleva años lamentando la falta de apoyo de la industria farmacéutica a sus investigaciones. “Es un compuesto presente en un producto natural y no se puede patentar. No es interesante para la industria”, señala. En ocasiones, la neurocientífica ha recurrido a conciertos de su grupo de rock, From Lost To The River, para recaudar dinero para sus trabajos. En este último ensayo clínico, que ha costado 750.000 euros, ha colaborado con el farmacólogo Rafael de la Torre, director del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas, en Barcelona, y con la fundación francesa Jérôme Lejeune, que ha puesto la mayor parte del dinero.

Ahora, Dierssen querría organizar un nuevo ensayo clínico, pero con muchos más pacientes y en diferentes ciudades, para tener una muestra representativa de la población con síndrome de Down. Un ensayo así, conocido como de fase 3, es carísimo y suele requerir inversión privada. “El coste es muy elevado. O se implican las instituciones o no lo podremos hacer”, advierte la investigadora. De la Torre calcula que costaría unos tres millones de euros. De momento, con una “pequeña financiación” de la Fundación Mutua Madrileña, ambos preparan un ensayo pediátrico, para ver la seguridad del extracto de té verde en niños con síndrome de Down.

De la Torre reconoce que ya hay familias que, por su cuenta y gracias al boca a boca, administran extracto de té verde a sus hijos con síndrome de Down. El investigador desaconseja esta práctica con menores de 16 años, ya que el perfil de seguridad no se ha comprobado y podrían aparecer efectos secundarios. “En adultos tampoco hacemos promoción activa. Ni aconsejamos ni desaconsejamos”, apunta.

El genetista Roger Reeves, de la Universidad Johns Hopkins (EE UU), es más cauto y alerta de posibles efectos de la epigalocatequina galato en otras proteínas, más allá de la codificada por el gen DYRK1A. También subraya que las dosis del compuesto en los extractos de té verde disponibles en las tiendas son muy variables. “Es importante que los ciudadanos sean conscientes de las limitaciones de nuestro conocimiento sobre potenciales efectos y efectos secundarios de un tratamiento sin supervisión con epigalocatequina galato”, ha declarado Reeves, ajeno al nuevo trabajo, al portal especializado Science Media Centre.

David Nutt, director del Centro de Neuropsicofarmacología del Colegio Imperial de Londres, es más optimista: “Es emocionante ver que entender la neurobiología genética del síndrome de Down está posibilitando tratamientos específicos. Esperemos que la promesa de este estudio experimental se confirme en ensayos a gran escala y que otros sigan este enfoque”.

http://elpais.com/elpais/2016/06/06/ciencia/1465237474_933838.html

sábado, 26 de septiembre de 2015

El cerebro del doctor House. La médica Lisa Sanders proporcionó a la serie televisiva los complicados diagnósticos de los pacientes

Este año, 80.000 enfermos van a morir en hospitales norteamericanos por mal diagnóstico. Lisa Sanders no ha fallado ni uno, o quizás sí, pero no tardará en rectificar más de 45 minutos, lo que dura un capítulo de House. La doctora Sanders está detrás de los complicados casos de la teleserie.

“Profesionalmente, no puedo defender el comportamiento del doctor House”, comenta divertida Sanders, que asistió la pasada semana en Lisboa a la iMed Conference. “El personaje es impresentable desde cualquier punto de vista, aunque tiene una virtud, de repente hace clic y dice: ‘¡Alto! No vamos bien. Estamos equivocados”.

La doctora fue premiada con un Emmy televisivo, pero no por su contribución a la exitosa serie, sino por su trabajo en CBS News. Antes que médica, fue periodista. A los 41 años ingresó en la Facultad de Medicina de Yale y allí, cuando se enfrentó al primer caso práctico, descubrió lo que quería ser en la vida: especialista en diagnosis.

“Tres son las reglas de oro para un buen diagnóstico”, explica después de su intervención ante casi un millar de futuros médicos. “Primero, el clic, el algo no encaja en todo esto, lo bueno de House; segundo, el conocimiento, y tercero, la experiencia, la conexión de ese conocimiento con el paciente”.

En 2002 comenzó a escribir en The New York Times una columna sobre su especialidad y mantiene el blog The Well en el mismo periódico. Los casos planteados llamaron la atención del productor Paul Attanasio, que le propuso trabajar en la asesoría técnica de una serie sobre un médico antipático, cojo, borrachín, drogata y que, además, odiaba a sus pacientes. “Ya con el programa piloto vi que sería un éxito”.

Si Anatomía de Grey se centra en los ligues del personal y The Knick recrea la sanidad de principios del siglo XX, la serie House (2004-20012) entra en el corazón de la profesión, la dificultad de acertar con el diagnóstico. Pese a lo que pudiera creerse, las dramáticas situaciones no eran producto de enfermedades raras, sino de casos complicados, a veces por los mismos profesionales. “En la actualidad hay un 15% de fallos en el primer diagnóstico que damos al enfermo”, recuerda el cerebro de House, hoy profesora de Medicina en la Facultad de Yale y autora de libros como Diagnóstico (Debolsillo, 2010). La doctora tiene sentimientos encontrados sobre la teleserie. “A los profesionales les gusta, pero no sé si la recomendaría a los estudiantes de Medicina”.

Los síntomas, efectos secundarios y complicaciones de la serie son fruto del trabajo de Sanders, que expuso a sus alumnos y a los asistentes al congreso médico un caso real con 30 cuestiones y 150 posibilidades. Tiempo, cinco minutos.

La norteamericana no cree que el futuro de la medicina pase por robots conversando con los enfermos. “El robot es bueno en el análisis de lo que está mal, pero nunca va a detectar si el enfermo miente, si exagera o si tiene un problema en la familia. Eso solo lo puede descubrir un humano hablando con otro humano”.

Pero parece que lo difícil y caro es conseguir hablar con un médico, y lo barato que te hagan un análisis. “Es cierto que hay un abuso de ordenar, por principio, todo tipo de pruebas. Se ve en House también. Es ridículo; pero no estoy de acuerdo con lo de la accesibilidad del médico. No hay profesional más generoso con su tiempo que el médico, lo que pasa es que su tiempo es precioso porque lo va a dedicar a los siguientes enfermos”.

En ausencia de la genialidad de House, los estudiantes no aciertan con el caso planteado. De 30 cuestiones, las ganadoras aciertan 19. “Se trataba de porfiria, una enfermedad con un amplio espectro de síntomas comunes”, señala Sanders. “El paciente pasó 12 veces por urgencias antes de que se acertara con el diagnóstico”.

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/09/24/television/1443092238_786679.html

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martes, 18 de septiembre de 2012

Crisis y salud cardiológica. Los ajustes impiden el acceso a los mejores anticoagulantes.

“El ahorro está en hacer las cosas bien”, dice el portavoz de los cardiólogos. La revolución teórica en el tratamiento de la fibrilación auricular, una de las patologías cardiacas más frecuentes, ha chocado con la tozudez de los presupuestos sanitarios. Esta es la descripción de la situación que han hecho esta mañana Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sección de Electrofisiología y Arritmias de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y Alfonso Martín, coordinador del Grupo de Arritmias Cardiacas de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes), al presentar su nuevo documento de consenso para el tratamiento de estas patologías. En concreto, se referían a que las sociedades médicas apuestan por los últimos anticoagulantes que han llegado al mercado, que, en contra de los más usados, se dan a dosis fijas y no hay que estar haciendo controles periódicos. Pero son más caros. “Son la opción preferente”, recalcó Martín, “pero hay muchas restricciones”, añadió Lozano. “No es que los médicos no quieran, es que no pueden indicarlos”, añadió el urgenciólogo.

 Los recelos de los gestores tienen un claro origen. El envase de 60 unidades del acenocumarol (el principio activo del Sintrom, el anticoagulante clásico) cuesta, según el Vademécum, 1,89 euros; el del posible sustituto, el dabigatran, cuesta 98,35 euros. “Si se compara caja a caja, es mucho más caro”, admite Lozano. Pero el cardiólogo recuerda que para el primero hay que hacer unos controles periódicos que el segundo evita. “En ese precio no se incluyen los análisis, la enfermera, la tira radiactiva… Y luego está el mayor riesgo de ictus, y eso sí que es caro”, afirma. Martín le da la razón: “En estas patologías, lo caro no es la medicación, son los ingresos”, añade. Y un fármaco más sencillo de tomar “aumenta la adhesión [el cumplimiento por parte del paciente de las pautas de la medicación]”, dice. Y es que una de las diferencias entre ambos productos es que el primero tiene una dosis variable que hay que ir ajustando según las analíticas del paciente; el segundo se da a dosis fijas, lo que supone, por un lado, que es más fácil de administrar, y, por otro, que es más sencillo de controlar...

Pese a todo, Lozano está convencido de que “sin crisis, el Sintrom se estaría retirando más deprisa. Los nuevos anticoagulantes lo desplazarían”... Leer más aquí en El País.
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Foto del autor: Playa de Sanlúcar con el Parque de Doñana al fondo.