Mostrando entradas con la etiqueta escritor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escritor. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de febrero de 2026

LITERATURA David Uclés: “La Guerra Civil sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos”

El escritor andaluz, autor de ‘La península de las casas vacías’, acaba de ser galardonado con el Premio Nadal por su nuevo libro, ‘La ciudad de las luces muertas’, escrito al mismo tiempo que el libro que le llevó al éxito.

Desde hace más de dos décadas, los lectores españoles demuestran una madurez extraordinaria eligiendo frente a la crítica o los gurús sus propios fenómenos literarios masivos de calidad. Ocurrió con Soldados de Salamina, de Javier Cercas, que aportaba desde la generación de los nietos de la Guerra Civil una nueva mirada al conflicto. Y ha ocurrido ahora con la de los bisnietos mediante una obra fundamental como La península de las casas vacías, de David Uclés (Úbeda, 36 años). Pero el precio de aquel éxito (30 ediciones y más de 300.000 ejemplares vendidos) y del reciente han sido distintos para cada uno de ellos. A Cercas le acompañó, cómo no, la controversia. A Uclés, en ocasiones, el escarnio. En 20 años, el ambiente ha cambiado y la polarización devora. Más cuando demuestras una audacia como la del autor andaluz y aplicas fórmulas de realismo mágico, rigor, humor o un narrador libérrimo no a cualquier asunto, sino a la gran herida colectiva de nuestra historia.

Aun así, el escritor, con 17 años de trabajo y una fe en su obra que pudo con la enfermedad coronaria que padece, la falta de recursos y todas las carencias que le supuso sacarla adelante, refrescó el asunto y demostró con ello que el gran trauma debía ser abordado desde una perspectiva nueva para sus coetáneos. La polémica en torno a él no cesa. Las editoriales se lo rifan y ha conseguido el Premio Nadal (que publica Destino, del Grupo Planeta) con La ciudad de las luces muertas. ¿Supone eso que abandona a la editorial que apostó por él y lo acompañó hasta la cumbre? “No”, dice él.

La semana pasada saltó con él de nuevo la polémica, esta vez en torno al curso organizado por Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra en Sevilla titulado 1936: ¿La guerra que todos perdimos? Los interrogantes son nuevos. Antes se había enunciado como una afirmación y a Uclés, que había sido anunciado en el cartel, no le gustó. Eso y algunos acompañantes como José María Aznar o el político que militó en Vox, Iván Espinosa de los Monteros, le hizo retirarse, también que otros invitados renunciaran y finalmente que la organización lo pospusiera.

Como el tema anda aun encendido, empezamos por preguntarle:

No se cansa usted de polémicas. Hace una semana decidió retirarse del curso organizado en Sevilla por Arturo Pérez-Reverte sobre la Guerra Civil, como contamos en EL PAÍS. No quería verse en el mismo lugar que Aznar o Espinosa de los Monteros. ¿Por qué nos ha quitado el gusto de verles debatir en un mismo foro?

Yo no deseaba ninguna polémica más porque ya me he visto envuelto en muchas últimamente. Sin embargo, para mí era un deber moral no formar parte del mismo plantel con figuras antidemocráticas como Aznar o Espinosa de los Monteros. Me avergonzaba, sencillamente.

No todos perdimos la Guerra Civil, eso está claro. La afirmación que estaba en el cartel (La guerra que todos perdimos) y que después los organizadores aseguran que debía ir entre interrogantes, aun con ese matiz posterior, ¿significa que no lo tendrían claro?

Con ese lema los organizadores hacen gala de una equidistancia que no hace sino blanquear el franquismo. Durante la Transición quedó claro que hubo vencedores y vencidos. La guerra sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos. La provocaron quienes la ganaron, es decir, un grupo de militares fascistas que querían imponer su moral a todo un pueblo.

Finalmente, han pospuesto el congreso, ¿lo considera un triunfo personal?

Lo veo como un triunfo común, no solo mío, sino de todos los participantes que hemos tenido el coraje de dar un paso atrás y no participar en unas jornadas que, con ese cartel, pretendían, creo, dar la sensación de que los abajo firmantes compartíamos la misma tesis.

Le ha enmendado la plana a Arturo Pérez-Reverte, ¿tiene eso su precio en el mundo literario de este país?

Desconozco cuáles son las consecuencias, si bien, lo volvería a hacer y lo más importante es que tengo ahora la conciencia muy tranquila.
 
De La península de las casas vacías a La ciudad de las luces muertas, ¿qué distancia hay?

Las escribí al mismo tiempo. Cuando investigaba para La península…, lo que iba saliendo de Barcelona, lo más bonito, no lo puse, me lo guardé para La ciudad…, salvo lo del bibliobús y el exilio a Francia de Mercè Rodoreda. La península… es la novela de mi vida, pero en los años de barbecho que la iba haciendo también construía la otra.

No hay apenas distancia, son paralelas, entonces. La que ahora aparece es, digamos, un hecho diferencial de la primera.

Las dos becas que me dieron para ambas, la Leonardo y la Montserrat Roig, se solapaban en el tiempo. Es más, el título de La ciudad de las luces muertas es anterior al otro, que se llamaba en un principio Odisto.

Se había presentado al Premio Nadal varias veces, ha dicho. ¿Siempre con la misma novela con que lo ha ganado?

No… Con La península… me presenté también. A ese y a otros. Al Herralde, al Primavera, al Planeta, al Lara, al Nadal…

Sabe que ahora mismo, mientras leen esto, se les están abriendo las carnes a varios comités de selección de novelas de varios premios y editoriales en general, ¿no?

Un editor muy importante me confesó en la Feria del Libro que al llegar a su casa, después de contarle esto, se haría el harakiri. “En mi mesa no está”, me contaba. Y yo respondía: “Claro, mira por Odisto, el primer título”…

El escritor David Uclés ganó el Premio Nadal por 'La ciudad de las luces muertas', su último libro. Ximena y Sergio

Ya… Pero, claro, con ese nombre y 700 páginas, como para leérselo, pensarían.
Me presenté a todos. Lo interesante sería entrevistar a la trabajadora de Correos de Úbeda que me veía con los manuscritos. Me gastaba 100 euros por ejemplar. Cuando comprobaba adónde los enviaba me decía: “Hijo mío, ¿no te puedes presentar mejor al premio de la Caja Rural?”. Y yo, con mis veintipocos años: “¡Que no, María! ¡A los grandes!”.

Era un soñador empedernido. ¿Lo sigue siendo? Los sueños cuestan…
Lo he descubierto, no lo sabía. Todo el mundo me hablaba de las zancadillas. Los primeros, los libreros. “Te van a caer palos por todos lados”, me advertían. Me estaba tratando todo el mundo muy bien. Pero este año, ya caí. Aunque eso no me resta nada del sueño, eh. Yo soy feliz viviendo. Mudándome, tocando música en la calle, aprendiendo a cocinar cosas nuevas, teniendo amantes… Eso es escribir también. ¿Qué es escribir? ¡Vivir! Vivir y luego plasmarlo. Si me va muy mal, muy mal, si me cancelan porque llevo boina, me voy a Praga, a Dinamarca, a cualquier país que me guste, y soy feliz. Yo cumplí un sueño ya. Con La península… me quité la espina de mi vida. Pero quiero seguir escribiendo, me desvivo por escribir.

Dice que es el libro de su vida y hace bien en ser consciente de ello. Me recuerda a un magnate de televisión a quien le dio por organizar una fiesta en honor a una película que fue un bombazo monumental. Tomó la palabra en medio de la euforia del equipo y les dijo: “Aprovechad y disfrutad porque en vuestra vida vais a tener un éxito ni parecido a este…”.

Ya, ya… ¡Hay que ser conscientes! A ver, yo mantengo la ambición y la energía. Quiero superarme, seguir haciendo novelas totales sobre un periodo, pero no sé si superaré lo que ha supuesto La península…

¿Tiene miedo de su propio listón?
No, cada aventura merece su objetivo. Con esta nueva he querido rendir homenaje a Barcelona. Si consigo que guste, el objetivo está cumplido…

Para eso ha elegido una distopía lírica.
Sí… Una distopía en busca de la luz. No sé aún las interpretaciones que tendrá, pero da pie a muchas más que la anterior porque estaba sujeta a una historia que no me podía saltar, la de la Guerra Civil como eje. Aquí solté completamente la imaginación. El apagón que cuento puede tener un corte literario o político si lo agarras por el lado del fascismo, y casa mucho con el presente.

Para eso le ha dado un sesgo hiper­ecléctico que va de Simone Weil a Rosalía o de Carmen Laforet y el boom literario latino­americano a Carlos Ruiz Zafón, un autor cuyo éxito fue despreciado por las élites.
Sí, y soy consciente. Pese a los desprecios, si un título merece éxito y recompensa de los lectores, lo voy a respetar. Los que te quieren criticar porque sí, lo van a hacer. Ruiz Zafón vendió decenas de millones de ejemplares en todo el mundo. Ahí lo dejo y le doy su valor.

¿Se identifica con él?
Si tuviera miedo a la crítica, lo hubiera quitado del prólogo y habría puesto a Francisco Casavella con El día del Watusi, por ejemplo, pero, al final, quería homenajearlo también en una novela que trata de Barcelona.

Ha fichado por Planeta, decían los titulares cuando ganó el Premio Nadal…
A ver… Esta novela la publico en el Grupo Planeta. Pero sigo en Siruela. La promoción de La península de las casas vacías continúa, mínimo durante un año, ya tenemos fechas por América Latina y Europa. Yo sigo con Siruela. Continúo trabajando con ellos.

¿Qué cara se les quedó cuando se enteraron del premio?
Yo entiendo el disgusto… Bueno, el susto. Lo supieron a la vez que todo el mundo. Cuando se reveló el fallo. Pero hablé con ellos y les expliqué la decisión de presentarme. Esta novela encaja mucho en el Nadal. Yo ¿qué hago si tengo ese sueño desde hace 15 años? Debo intentar cumplirlo. A Siruela nunca le prometí esta novela. Otra cosa es la segunda parte de La península. Fui a verlos después y se lo volví a decir: “La segunda parte se publicará en esta casa”. Y la gira es prioridad.

¿Qué ambiente encontró al entrar por la puerta?
Pues algunos nos pusimos a llorar, como niños, la emoción fue fuerte. Hubo berrinche. Los quiero un montón, son mi familia. No ha sido una decisión tomada por dinero. Para mí representa un prestigio muy grande, el premio más antiguo del país y mira quiénes lo han ganado antes…

¿Por qué a los escritores se les exige una pureza en esos términos que en otros no cuenta? Más si, aparte, se llevan el trozo más pequeño de la tarta: solo el 10% del total de un libro. ¿Por qué eso no se dice tampoco?
No lo sé. No lo entiendo, la verdad. Pero es cierto que nos vemos juzgados continuamente.

¿Por cierto desequilibrio entre lealtad y libertad, quizás?
Yo, la lealtad, la mantengo. No hay un ápice de traición. Pero nos juzgan demasiado sin saber.

Quizás haya otros factores: ¿siente la envidia?
Sí. Ya lo sé desde pequeño, ojo.

¿Por qué?
Desde chico me di cuenta de que por envidia, quizás a expresarme libremente, sufría acoso. Yo, a los 14, me puse una gorra. Puede que fuera un gesto rebelde. Mi padre es guardia civil y no le gustaba que la llevara, la gente en el colegio que si maricón, encima, por la pluma y por la gorra. Luego se ha quedado la gorra por estética: a mí me gusta. Me pegaban desde los nueve años. En el barrio. Me tiraban piedras, me atizaban con hierros, me metieron una vez en un garaje y me dieron una paliza entre cuatro. Mi madre me ponía alcohol en los moratones. Es que me emociono. No por mí, por ella. Mi pobre madre… Fue atroz. Pero yo me lancé al mundo y no oculté nada. Soy gay y lo digo, ando de la mano por la calle con quienes amo, pero yo sufrí un acoso horrible y todos lo supieron y fueron testigos: desde los profesores a mi familia.

¿Qué aprendió, a pesar de todo, de aquello?
Pues que hay gente mala. Ya está. Que tienes que hacer tu vida y asumirlo. Y lo que veo ahora… Algunos me pegan con la palabra, pero es lo mismo. Da igual, cuando veo ciertos vídeos es que salta la rabia, el veneno. Hay veces que me río porque el odio es tal que no me reconozco en el David Uclés del que comentan… ¿Quién será? ¿De quién hablan? Es frustración, lo sé y me compadezco de ellos. Habrán sufrido su falta de cariño y sus traumas que les causan ese veneno.

¿No es un honor que ciertos haters le critiquen desaforadamente? Un gran éxito, en el fondo.
Sí, muchos lectores me lo dicen, que es lo mejor que te puede pasar con ciertos nombres. Algunos critican sin aludir al libro, solo al aspecto, como en mi adolescencia.

Luego está la audacia que demostró en La península… ¿Todavía quiere que no se lo tengan en cuenta quienes se niegan a indagar en esa memoria? ¿Fue inconsciencia o valentía?
Tenía ilusión de crear una épica. De hacer memoria. Lo sigo manteniendo. No tergiversé nada. Tampoco respecto al bando republicano. Soy progresista, soy de izquierdas. Pero hoy, 90 años después, no puedes dejar de plasmar los errores del bando republicano también en Paracuellos o en las checas. Me parecen necios quienes desde la derecha critican el libro por cuestiones ideológicas. Hay pocos ejemplos de eso. Pero el mío quizás aporta cierta frescura.

También ha sabido contar bien cómo lo ha hecho: 17 años de trabajo, su sustento como músico ambulante, sus escasísimos recursos…
Es que ha sido una aventura en sí. Así fue. Al final vino un triunfo, pero hace dos años seguía siendo un muerto de hambre. Miraba hacia atrás y no lo hacía con orgullo. Ahora sí, claro. Algunos han querido rodar un documental de eso y me he negado. Prefiero que me juzguen por la obra, pero ojo, que mi vida, cómo llegué a escribir la novela, es otra historia. Yo llegué a tener cero euros. Comiendo lo que podía, donde me dieran. En París, Madrid, Alemania, Suiza…

¿Nadie confiaba a su alrededor? ¿Nadie entendía lo que pretendía hacer?
Nada, no entendían nada. No habían leído una página y me decían: “Aquí estás tú escribiendo una cosa que lo mismo es una mierda”. Yo lo explicaba a mis amigos o mi familia. Pero cómo iban a entender. Era complicado. Más cuando sacaba matrículas en los estudios y mi padre me decía: “Tú, unas oposiciones te las sacas con la gorra, nunca mejor dicho”. Y yo, 34 años, sin cotizar. Encima, mal del corazón. “¿Qué pensión vas a tener? Si tienes una baja, ¿dónde vas?”. A los 33 fibrilo por primera vez. Y sin pastillas. Volví a Úbeda. Es duro volver a casa de tus padres. No me podía quedar solo, además. Cada uno tiene sus males, pero este aflige mucho. Cuando te da, dura dos minutos. Estamos en este mundo un rato, no más, esa filosofía, por la enfermedad, me acompaña todo el rato. Por eso soy feliz también. Bueno, tengo muchos motivos para ello, pero precisamente por eso, más. Yo, con estar vivo…

Cree que después de todo lo que le ha ocurrido, ¿el mayor aprendizaje de su vida es el fracaso?
Mi futuro llevaba esa letra f: fama o fracaso. No iba a hacer unas oposiciones ni publicarlo en cualquier editorial. Si no salía, estaba dispuesto a seguir escribiendo y tocar en la calle hasta que me muriera. Ya está. Siempre lo he tenido claro. Y eso me lo daba la enfermedad, la arritmia. Que, por otro lado, es dura. Cuando me daba fuerte, si estaba con mi padre, le mordía el hombro del pánico.

Para seguir con eso había que tener también mucha fe. Supongo que hoy lo han entendido.
De sobra. Me acompañaron a la entrega del Nadal, a mi padre nunca le había reprochado ninguna incomprensión cuando me decía que iba a tirar mi vida por la borda. Bueno, esa noche cuando se acostaron, a mi padre le di un beso y una colleja. Le dije: “Anda, eh, la novela del abuelo, lo que nos ha traído”. Se le puso una sonrisilla de niño chico… No hubo palabras. Yo sé que me decía: “Gracias”.

Y en todo ese proceso, ¿cuántas veces apareció la desazón?
En un momento sentía que me estaba empezando a entrar la frustración. No leía a autores de mi generación. Yo también sentía envidia. Eso es humano. Pero la localizo y no la llevo a ningún límite como otros. Leí Panza de burro, de Andrea Abreu, porque me lo recomendaban y a mí me entraban esas reticencias, pero acabé llorando y hasta le escribí. Nunca me contestó, pero da igual. Chapó, menuda maravilla. Como me pasa con Calabobos, de Luis Mario, un obrón… Es de mi quinta y lo recomiendo, claro. No me puede la envidia, cuando algo es bueno, vence la admiración. Así soy.

Son éxitos merecidos los suyos, pero con usted pasa que cruza otra línea y ha llegado a representar un paradigma de la polarización. ¿Cómo le sienta a su corazón esa, a menudo, saña?
Yo no me coloco al lado de ningún partido político, hago mi trabajo, con respeto. Lo que pido es que se me trate igual. Claro que hay crueldad, e inquina y envidia. Y me duele. Y es verdad que se ha disparado desde que hablé delante de Isabel Díaz Ayuso del problema de la vivienda. Hasta entonces, me habían criticado muy poco.

¿Con el premio, además de las ventas, ya está buscando piso?
Bueno, yo trataba de hablar en nombre de mi generación. Si yo, con lo que he vendido, no puedo comprar una vivienda digna… Quería decirlo así y salió mal. Aun así, seguiré hablando de los problemas que afectan a mi generación: de los alquileres, de los fondos buitre, de la gentrificación.

Entonces, poco se arrepiente.
De no haber matizado, sí, pero lo sigo pensando. Luego ella me invitó a tomar un café en la Puerta del Sol.

¿Y va a ir?
¡Cómo voy a ir si no hay cafés en la Puerta del Sol! Ahí son todo cadenas, no hay nada genuino. Salvo La Mallorquina, pero está siempre atestada de gente.

Hombre, me parece que ella se referiría a su despacho en la Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid.
No pienso entrar en ese edificio hasta que no pongan una placa que conmemore las torturas que se dieron en lo que fue la Dirección General de Seguridad. ¿Un café fuera de ahí? Donde ella quiera.

¿Qué es la ambición literaria? ¿Tiene energía para mantenerla?
Es no tirar la toalla cuando eres consciente de que te metes en un jardín, aunque te vayan a dar por todos lados. Hay que hacerlo desde la honestidad y el rigor.

Ahora llega un apagón como metáfora en medio de Barcelona. ¿Está preparado para que las mentes de vía estrecha nacionalistas vean fantasmas?
Barcelona tiene la suerte de haber sido escenario de una herencia inmaterial impresionante, con todos los artistas y creadores y la gente que han vivido allí. La ciudad está por encima de todo eso.

Fue durante un tiempo muy cosmopolita, ahora no tanto.
Barcelona es mucho más, sigue siéndolo. Tuvo tiempos mejores, quizás, pero así vengan los buenos o los malos, la ciudad permanecerá y se hará más fuerte. Lo que más le afecta hoy en día es el turismo y de ahí viene esa asfixia. Hay tantas interpretaciones posibles que allá cada cual. Pero el regusto de esta novela es esperanzador. Espero que el lector sepa apreciar el discurso con el que me identifico ahora.

¿Cuál?
Que a pesar de nuestros malos momentos, arrimando el hombro, hemos sido capaces de ser comunidad. Hay que inventar esperanza frente a la oscuridad.


LA GUERRA ESA, QUE DICEN, QUE PERDIMOS TODOS
2ª parte

Si uno lo analiza fríamente la cosa es demasiado simple. El ejército, garante de la integridad territorial del Estado y defensor, bajo juramento, de los ciudadanos que lo integran, decide que el gobierno, al que ha elegido libremente el pueblo, no es el que debería ser en función de su propio criterio y probablemente inducido por intereses arcanos. Bajo ese criterio, una parte importante de ese ejército, decide dar un golpe de Estado por la fuerza con la intención de tomar el poder e instaurar otro régimen de signo contrario más acorde a sus intereses, creencias y gustos. Al no conseguirlo, y viendo la oposición ciudadana a dicho golpe, decide que todo aquel que se oponga será detenido, encarcelado o fusilado sumariamente, sin acusación formal, ni cargos, ni juicio previo. Y ya de paso sacar al ejército afín a la calle e ir conquistando a cañonazos, plaza a plaza, todo el territorio nacional quitándose de en medio a todo el que se oponga.  Eso sí, buscando aliados afines dentro y fuera de las fronteras. Es decir, un ejército equipado y mantenido por los ciudadanos mediante sus impuestos, que en vez de protegerlos, que es su cometido, se dedica a encarcelarlos, hacerlos desaparecer o fusilarlos al alba, respondiendo a intereses particulares e ideológicos. En fin, resumido eso es lo que pasó. 

Pero déjenme decirles que un ejército así no lo integran soldados, sino principalmente suboficiales, oficiales, jefes y generales fanáticos, sicarios asesinos, que responden a apegos espurios, tendencias ideológicas conservadoras, e intereses oscuros que nada tienen que ver con la “Patria” y con su defensa. Son esos que dicen <<”Salvar a la patria”>> y que siempre lo hacen cuando nadie les ha pedido ayuda, excepto la oligarquía, la aristocracia, la nobleza, la banca, los latifundistas, los del clero, la burguesía, y los ilusos que creen que ese ejército, subvencionado por la derecha (Banca Marx, III Reich, fascismo italiano y compañía) les van a resolver sus problemas de habitabilidad, sustento, sanidad, educación y progreso.  En definitiva ese ejército sublevado es lo que era,  como quedó demostrado.

PERIODO 1939 - 1947
Los peores años de la dictadura fueron los ocho siguientes al finalizar la “Contienda”. Llamarla guerra es un eufemismo macabro para darle justificación al genocidio que se realizó en nuestro país ya que para que haya una guerra tiene que haber una declaración formal de la misma. En la guerra son combatientes y, a menudo, civiles colaterales; en el genocidio, los civiles son seleccionados por su identidad e ideología. La represión fue brutal dentro y fuera de nuestras fronteras. Se hicieron purgas meticulosas de ciudadano en ciudadano, barrio por barrio, pueblo por pueblo, ciudad por ciudad. Nadie escapaba al control del régimen. Se estimulaba y premiaba a los ciudadanos que delataban a sus vecinos aunque fuera sin pruebas, ya se era culpable antes del juicio.  Juicios farsa sin garantías procesales ecuánimes y sin ni siquiera defensa. Había prisa por purgar y se hacían juicios sumarísimos de hasta 20 personas a la vez. Eso da una idea de qué tipo de justicia se impartía en aquellos años y siempre juzgados por la justicia militar. Ya saben el dicho <<La justica militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”>>

Pero no hubo sólo cientos de miles de desaparecidos forzosos entre hombres y mujeres, también estaba la desaparición forzada infantil. Niños robados a sus padres y familias para reasignarlos a familias adeptas al régimen franquista. En esos “secuestros” tuvo mucho que ver la Sacrosanta Iglesia Católica que colaboró con el régimen franquista para salvar a esas “criaturitas” de caer en las garras del diabólico comunismo, y que dicha práctica trascendió hasta la década de los 70-80. Acuérdense del caso de Sor María. Y ya que hablamos de la curia católica alineada con el régimen, también habría que hablar del papel que jugó la Iglesia durante y después de la guerra. Los casos flagrantes de delación a ciudadanos trasgrediendo el secreto de confesión. El cobro de sustanciosas “Dádivas”, en metálico o en propiedades por emitir informes de buena conducta cristiana para exonerar a presos, incluso se daban casos de exigencia de “Favores de cama” a las mujeres e hijas de los encarcelados. Nunca existió en el bando vencedor el sentimiento de reconciliación, ese que ahora tanto reivindican: lo que se quería era una cruel venganza; y cuanto más larga, mejor.

Y los golpistas se hartaron de venganza hasta empalagarse. Tan es así que tras de la “Contienda”, que no guerra, extendieron sus tentáculos incluso más allá de nuestras fronteras. A los republicanos huidos se les persiguió incluso fuera de España. Tras cruzar la frontera de los pirineos, huyendo de la represión franquista, los putos “Gabachos” les hicieron un recibimiento hostil y recluyeron en campos de “refugiados” a más de 550 mil españoles en condiciones infrahumanas. Campos que no eran campos, sino arenales vallados con alambre de espino en playas batidas por el viento, las olas y la humedad. Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Le Barcarès, Gurs, etc. Sin el menor tipo de consideración y de auxilio por parte de las autoridades francesas y pasando hambre, frio, enfermedades, plagas, etc.  muchos murieron en aquellos campos, algunos tuvieron  posibilidades y emigraron a América, se calcula que unos 50 mil. Otros (300 mil) viendo la falta de colaboración y la mala disposición de los gabachos, decidieron regresar a España con las consecuencias que ello podía reportar. Imaginen en qué condiciones estaban para preferir enfrentarse a una larga condena e incluso a la muerte. Por último cerca de 200 mil optaron por quedarse y subsistir buscando labores y trabajos en régimen de semiesclavitud, trabajando por poco más que el cobijo y la comida. Francia, la tierra de la “Grandeur” que se envanecía de ser la cuna de la <<”Liberté, Égalité, Fraternité”>>  no era más que un espejismo, un trampantojo, un bluf. Al final no eran mejores que los franquistas. Eran xenófobos, clasistas, ecpáticos e insolidarios. Pero no estaban lejos de sentir en sus propias carnes lo mismo que les pasó a los refugiados españoles.

Si para franceses las cosas se pusieron mal, imaginen como se pusieron para los españoles que se quedaron en el país galo. Seis meses después, el 1 de septiembre de 1939, al amigo austriaco de Franco, aquel del bigotito ridículo, le da por invadir Polonia y el 10 de mayo de 1940 los nazis atacan a Francia. En poco más de un mes, el 14 de junio, entran en Paris sin pegar un tiro.  El 22 de ese mismo mes firman el armisticio y se crea el conocido como “Gobierno de Vichy”, (Pronazi) a cuyo frente estaba el colaboracionista Mariscal Philippe Pétain ¿A dónde fue la “Grandeur française”, ese “Chauvinisme” tan francés? Con ese gobierno “Títere” a los españoles se les puso el tema “Muy crudo”. Los campos de refugiados pasaron a ser campos de concentración. El trabajo en semiesclavitud se convirtió en trabajo forzado, es decir en esclavitud a secas. 

Pétain mandó a Madrid, al palacio del Pardo, la lista de republicanos en sus campos de concentración con objeto de que Franco extraditara a aquellos españoles retenidos. Franco hizo una lista con los que le interesó y del resto, la inmensa mayoría, dijo <<”Estos no son españoles, hagan con ellos lo que quieran”>> Así que el gabacho colaboracionista se los entregó al “amiguito” de Franco, ya saben, aquel del bigotito ridículo, y este los terminó llevando al campo de concentración austriaco de Mauthausen-Gusen. Los nazis les pusieron en el uniforme de preso un triangulo invertido azul que significaba “Apátrida” con una ese mayúscula en el centro que significaba en alemán (Spanier). Allí fueron 7.533 españoles de los cuales sobrevivieron aproximadamente 2.000. También hubo españoles en otros campos de concentración como Dachau, Buchenwald, Ravensbrück (mujeres) y Sachsenhausen,  todos ellos en Alemania. 

Al resto se les dieron dos alternativas. Unirse a las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) o enrolarse en el ejército o en la Legión Extranjera Francesa. Algunos escaparon y se unieron a la resistencia francesa en la lucha contra los nazis. Cuando acabó la II Guerra Mundial en el 45 muchos españoles en el exilió habían pasado 9 años de calamidad en calamidad. No fue mejor el destino de los que no pudieron huir o que se quedaron. El régimen franquista estigmatizó a cualquiera que tuviera la más mínima relación con “Los rojos”. Esposas, hijos, padres, hermanos, y demás familia serían señalados y marginados de aquella sociedad nacional-catolicista en donde no se les daba tregua, ni cobijo, ni perdón. Una sociedad fanatizada y sometida por la superstición religiosa y el miedo a un régimen represor, asesino y vengativo.

Continuará...

viernes, 11 de julio de 2025

Los niños de Extremadura

Los niños de Extremadura

Los niños de Extremadura
van descalzos.
¿Quién les robó los zapatos?
Les hiere el calor y el frío.
¿Quién les rompió los vestidos?
La lluvia
les moja el sueño y la cama.
¿Quién les derribó la casa?
No saben
los nombres de las estrellas.
¿Quién les cerró las escuelas?
Los niños de Extremadura
son serios.
¿Quién fue el ladrón de sus juegos?

viernes, 15 de marzo de 2024

Recuérdame DAVID HARKINS

Puedes llorar porque se ha ido, o puedes
sonreír porque ha vivido.

Puedes cerrar los ojos
y rezar para que vuelva o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado;
tu corazón puede estar vacío
porque no la puedes ver,
o puede estar lleno del amor
que compartisteis.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el
vacío y dar la espalda,
o puedes hacer lo que a ella le gustaría:
sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.

sábado, 6 de enero de 2024

Christopher Marlowe, el misterioso escritor a quien acaban de identificar como coautor de tres obras de Shakespeare

Christopher Marlowe y William Shakespeare

FUENTE DE LA IMAGEN,AP

Pie de foto,

Christopher Marlowe y William Shakespeare fueron dramaturgos rivales que colaboraron en varias obras, según la Oxford University Press.

Espía doble, ateo hereje, conspirador católico, homosexual promiscuo, pederasta incorregible son algunas de las descripciones atribuidas al dramaturgo isabelino Christopher Marlowe, muerto en circunstancias misteriosas en 1593.

Hay una nueva: coautor de por lo menos tres de las primeras obras de su contemporáneo William Shakespeare; la trilogía de Enrique VI.

Ambos autores aparecerán en las páginas titulares de estas tres obras en la nueva edición del canon shakesperiano de Oxford University Press, que será lanzada a finales de octubre.

Shakespeare: ¿fue o no fue?

Es el resultado de una investigación internacional de 23 académicos en cinco países, utilizando métodos tradicionales y tecnología de punta para analizar los textos antiguos que determinó que sí hubo colaboración entre estos dos gigantes del teatro inglés del siglo XVI.

El reconocimiento de este segundo autor en parte de la obra shakesperiana pondría fin a las ideas que Marlowe y Shakespeare fueron la misma persona y a otras teorías que cuestionan la autoría del "Bardo de Avon".

Pero la vida de Christopher Marlowe y su misteriosa muerte a la edad de 29 años continúan intrigando a los académicos.

Una vida de intriga

La única imagen que posiblemente representaría a Christopher Marlowe es de un óleo descubierto, en 1952, en el Colegio de Corpus Christi de la Universidad de Cambridge, su alma máter.

Retrata a un hombre joven, elegantemente vestido, con melena, mirada ladina y sonrisa seductora.

La pintura incluye fechas que coinciden con la edad de Marlowe y el año en que se sabe que se graduó de dicha universidad y un texto en latín: "Quod me nutrit me destruit" ("Aquello que me nutre me destruye").

Sir Francis Walsingham

Sir Francis Walsingham

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

Pie de foto,
Sir Francis Walsingham, secretario de Estado y jefe de Inteligencia de la reina Isabel I, pudo haber reclutado a Marlowe como espía.

El sugestivo texto añade a la sensación de ambigüedad del hombre retratado; algo esconde.

Ya sea una ambivalencia sexual, una afiliación al catolicismo proscrito, un ateísmo proselitista, un servicio en secreto a la inteligencia del Estado, todas eran consideradas actividades subterráneas y peligrosas en esa época que varios investigadores asocian con Marlowe.

Se sabe que nació en febrero de 1564, el mismo año que Shakespeare, pero, en contraste a éste, recibió una educación universitaria en Cambridge.

Su época de estudiante está envuelta en irregularidades, muchas que tienen que ver con sus largas ausencias de las aulas hasta el punto en que la institución quería negarle su título de grado.

Pero el Consejo Privado de la reina escribió a la universidad para que se le otorgara el diploma por sus "buenos servicios" a la corona en "asuntos que benefician a su país", una recomendación que alentó las teorías de que había fungido como espía al servicio de inteligencia de la nación.

"Poderosos renglones"

Después de eso, se lanzó al mundo del teatro, un ambiente que también estaba infiltrado por individuos de turbia reputación, actividades ilícitas y cuestionables actividades.

Producción de Eduardo II por el Thalia Theater de Hamburgo
Producción de Eduardo II por el Thalia Theater de Hamburgo

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

Pie de foto,
En la obra Eduardo II Marlowe exploró la polémica homosexualidad del rey.

Shakespeare era prácticamente un desconocido cuando Marlowe se consagró durante un breve período como el más exitoso dramaturgo del escenario isabelino.

Fue uno de los primeros autores ingleses en escribir en verso libre, un estilo que se popularizó en la época y muchos se referían a sus versos como los "poderosos renglones de Marlowe".

Sus obras más famosas son Tamerlán el Grande, El Judío de Malta y el Doctor Fausto, escritas entre 1587 y 1589.

Abordaba temas y personajes extravagantes y entretenedores pero también polémicos, como la obra histórica de Eduardo II con la abierta homosexualidad de su protagonista.

En una época de estricta censura, a Marlowe le gustaba ver qué tan lejos podía ir con sus escritos y con sus ideas alternativas de sociedad, política y religión.

Shakespeare

Shakespeare

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

Pie de foto,
William Shakespeare no siempre escribió en solitario. Académicos han identificado la mano de otros autores en por lo menos 17 de sus obras.

Alguna de éstas lo debió haber metido en líos pues, en mayo de 1593, murió violenta y misteriosamente en una taberna en Deptford, al este de Londres.

Los peritos que hicieron el levantamiento del cadáver registraron que había muerto instantáneamente de una cuchillada en un ojo tras una pelea de borrachos discutiendo por la cuenta.

Pero las turbias actividades y amistades de Marlowe han dado mucho espacio para la especulación.

Mito shakesperiano

Posiblemente una orden de eliminación emitida por la reina Isabel por su supuesto ateísmo o un asesinato perpetrado por agentes del servicio de inteligencia, hasta un homicidio pasional por un amante, todas hacen parte de las teorías.

La más llamativa, desde el punto de vista literario, es que Marlowe fingió su muerte y asumió la personalidad de un tal William Shakespeare para seguir escribiendo.

Esta creencia queda desmentida con la próxima edición de la obra de Shakespeare de la Oxford University Press, que le otorga por primera vez la coautoría a Marlowe de Enrique VI, Partes 1, 2 y 3.

Escena de Enrique VI Pie de foto,

La trilogía de Enrique VI, entre las primeras obras de Shakespeare, son ahora consideradas como una colaboración con Christopher Marlowe.

También acaba con el mito que Shakespeare escribió solo y fue autor único de la obra que le atribuyen las ediciones anteriores.

En realidad, la práctica del teatro isabelino de producir libretos a varias manos era más común de lo que se pensaba.

Shakespeare, Marlowe, Thomas Kyd, John Fletcher, Ben Johson entre varios destacados dramaturgos de la época pudieron haber escrito sus propias obras pero no hay duda de que colaboraron entre ellos con varias otras.

Dramaturgia isabelina

La competencia y la necesidad de producir libretos rápidamente hacían necesaria una distribución eficiente de tareas entre los dramaturgos.

Aquellos que se especializaban en soliloquios o escenas trágicas se encargaban de ellas, los que escribían mejor versos cómicos o escenas de acción se podían dedicar a éstas.

John Fletcher

John Fletcher

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

Pie de foto,
John Fletcher colaboró con Shakespeare en sus últimas obras.

Además, nunca existía un libreto final. Este se modificaba según las circunstancias, límite de tiempo, la cantidad de actores disponibles, el público al que se le presentaba o si algún evento especial motivaba la inclusión de un monólogo adicional alusivo.

Se sabe que fue una época muy prolífica para el teatro pero el problema para los académicos modernos es que muchos de los textos están perdidos.

Por lo general el manuscrito en sí no se consideraba valioso y sólo había una copia para evitar la piratería.

En varios casos apenas se conocen los títulos o sobreviven fragmentos o textos severamente editados o adulterados y hay muchas otras anónimas.

Gracias, en parte, a los buenos oficios de dos actores colegas de Shakespeare, John Heminge y Henry Condell, que recolectaron y publicaron una edición especial de su obra -conocida como el Primer Folio- es que unas 40 piezas del autor se conocen.

Heminge y Condell atribuyeron todas las obras del Primer Folio a Shakespeare pero los análisis subsiguientes han identificado pasajes en el estilo de otros autores contemporáneos.

Ahora, la Oxford University Press añade uno más al canon Shakesperiano, Christopher Marlowe, y se cree que unas 17 piezas del bardo se escribieron en colaboración.

Esta conclusión se ha logrado a través de estudios académicos tradicionales en combinación con tecnología de punta que analiza la frecuencia y combinación de palabras, expresiones y versos de los diferentes autores y su presencia en los textos.

De la misma manera, estas técnicas han identificado la mano de Shakespeare en otras obras que no son parte del canon.

Un ejemplo es la Tragedia Española de Thomas Kyd que un nuevo estudio concluye que una escena en particular fue escrita por Shakespeare.

La edición de Cambridge University Press concluyó que la poco conocida obra histórica Eduardo III tiene suficientes pasajes shakesperianos como para ser incluida dentro de sus obras completas.

Y, hace unos años, se determinó que una pieza del siglo XVIII, Doble Falsedad, es una versión de la perdida Cardeno -basada en Don Quijote de la Mancha- coescrita por Shakespeare y John Fletcher.

 Aunque poco a poco se van identificando más obras y más autores de uno de los períodos dorados del teatro, la personalidad de uno de sus más grandes exponentes Christopher Marlowe continúa entre las sombras.

martes, 7 de noviembre de 2023

“Lo decadente puede convertirse fácilmente en una fuente de inspiración”: Geoff Dyer, el escritor que exploró el final de grandes carreras de la historia

Geoff Dyer, retratado por Matt Stuart.

FUENTE DE LA IMAGEN,CORTESÍA DE GEOFF DYER.

Pie de foto,

Geoff Dyer es autor de novelas como "Amor en Venecia" y "Muerte en Benarés".

Leer "Los últimos días de Roger Federer", del británico Geoff Dyer, es como subirse a una montaña rusa de estados de ánimo.

A veces ríes a carcajadas, a veces te invade la nostalgia. A veces aparecen frases tan certeras que estremecen.

Esta sobre el envejecimiento no tiene pérdida:

“El verdadero interés es cómo cambian las cosas gradualmente y no de repente. Tan gradual que es imperceptible. Nadie lo ha dicho mejor que George Oppen (poeta estadounidense) sobre hacerse viejo: ‘qué extraña cosa que le pasa a un niño pequeño’”.

"Los últimos días de Roger Federer" es un libro “inclasificable”, como muchos críticos definen la obra y estilo de Dyer.

Es una retahíla de pensamientos del autor sobre el final de la carrera de algunas de las personalidades más brillantes de la historia (Bob Dylan, Nietzsche, Beethoven, Jim Morrison, De Chirico y muchos otros) y de la suya propia, y de todos los placeres, culpas, logros y frustraciones que ha dejado por el camino a sus 65 años.

El título es un homenaje a uno de sus grandes ídolos contemporáneos, el tenista Roger Federer, que se retiró en septiembre de 2022.

Pero, extrañamente, Federer apenas aparece en el libro.

Por eso arrancamos así esta entrevista con Dyer, que realizamos en el marco del Hay Festival de Querétaro, que se celebra entre el 7 y 10 de septiembre en esa ciudad mexicana.

En "Los últimos días de Roger Federer" Dyer reflexiona sobre el paso del tiempo. En esta foto aparece en su niñez, vestido de vaquero.
Geoff Dyer, vestido de vaquero cuando era niño.

FUENTE DE LA IMAGEN,CORTESÍA DE GEOFF DYER.

Pie de foto,
¿Por qué “Los últimos días de Roger Federer” si el tenista casi no aparece en el libro?

Reflejar cómo acaban las carreras era un tema que planeaba por mi mente y esto fue acentuado por el hecho biológico de que ya no soy un tipo de 35 años.

Era consciente de que estaba cerca de ese estadio en mi vida y pensé que usar el nombre de Roger Federer era una buena forma de condensar todos los argumentos y temas del libro en una persona.

Cuando arranqué el texto me preguntaba si Roger continuaba jugando, no porque fuera a ganar otro Grand Slam, que parecía casi imposible, sino porque realmente amaba lo que hacía y le daba sentido a su vida.

Pensé que él era un buen emblema del tema, aunque el libro nunca fuera a tratar sobre él.

Pero cuando escribiste el libro todavía no se había retirado. ¿Cómo viviste su retiro y último partido en 2022?

Fue muy bueno para mí, porque cuando anunció su retirada, el libro ya estaba publicado, y le dio un nuevo empujón en ventas (ríe).

Su anuncio fue una sorpresa, aunque de alguna forma ya había casi parado de jugar.

Y ese último partido a dobles que jugó con Nadal…

El tenis no fue para nada interesante y la Laver Cup tampoco es un torneo interesante, pero esa fotografía en que ambos aparecen llorando agarrados de la mano fue una forma maravillosa de terminar su carrera.
 
Nadal y Federer lloran durante la despedida de Federer en la Laver Cup.

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

Pie de foto,

Nadal y Federer, rivales y amigos, protagonizaron una icónica y emotiva escena el día del retiro del suizo.


En el libro hablas de lo mucho que lloras últimamente. ¿Lloraste también con esa imagen?

Claro que lloré. Aunque para mi crédito diré que las lágrimas de Roger parecían también deberse a esa terrible canción pop que pusieron en su homenaje.

Pienso que mis lágrimas tenían un motivo mucho más profundo (dice entre risas).

En el libro sigues haciendo honor a tu fama de autor “inclasificable”: lo mismo hablas de finales de carrera, que de etapas de tu vida, que de cómo afrontar libros que en principio parecen aburridos...

Lo digo de todos mis libros: nunca siento que encajan en ninguna categoría que reciben.

Quizás más que otro, este es simplemente un libro de esos que no están definidos por su contenido sino por la forma en que el autor, en este caso yo, llena sus páginas con su conciencia.

De eso trata, de lograr que mi conciencia interese lo suficiente al lector aunque no conozca o esté interesado en algunas de las personas sobre las que escribo.

¿Y alguna recomendación para lectores obsesivos como yo que no podemos dejar un libro sin acabar por muy malo que sea?

Con respecto a lo de cuándo saber si abandonar un libro, a mí me gustan los libros que se revelan gradualmente, que sorprenden.

Hay una tendencia en las editoriales que no me gusta nada, que es escribir introducciones que preparen al lector, un tanto emulando las intenciones con las que el escritor vendió su obra a la editorial. Se usa la introducción como instrumento de venta.

Tampoco me gusta cuando en las introducciones te anuncian de lo que va a tratar cada capítulo.

Es una de las razones por las que mi libro tiene una estructura tan sutil, para que el lector tenga que averiguar por sí mismo lo que está ocurriendo.

Frase de Geoff Dyer.
Cuando exploraste todos estos finales de carrera, ¿quién crees que la acabó de la forma más divertida y quién de la más trágica?

Diría que el final más trágico de carrera fue el de Nietzsche, que sufrió un severo deterioro mental.

Acaba viviendo como un zombie y tiene una especie de vida póstuma cuando en realidad sigue vivo. Y luego se complica más al enfrentarse al antisemitismo que le hizo terminar odiando a su hermana. Es muy desafortunado.

Pero luego también "su regreso" fue espectacular. De alguna forma, su reputación ha trascendido más que la de Marx o Freud, otros de los padres del pensamiento moderno.

La vida de Hemingway también acabó de forma terrible, no solo por su suicidio, sino porque su declive duró mucho tiempo.

Y cuando pienso en el mejor final, ese tiene que ser el de Beethoven. Esos últimos cuartetos son tan avanzados musicalmente y tienen una profundidad psicológica tan grande que para mí son realmente un triunfo.

Geoff Dyer

FUENTE DE LA IMAGEN,CORTESÍA DE GEOFF DYER.

Pie de foto,

Geoff Dyer es graduado de la Universidad de Oxford en Reino Unido.


¿Y para ti qué imaginas como final de carrera?

Difícil de decir.

En mi caso, el final ideal de carrera sería llegar a un punto en que pueda continuar diciendo lo que quiera decir y, sobre todo, sin abandonar este modo de vida de escritor por culpa de otras personas o circunstancias, como tener poco dinero o no conseguir una editorial que publique mis libros.

Quiero que mi final sea que simplemente no quise escribir más. Lo más importante es acabar la carrera de forma independiente.

Una de las cosas más reconfortantes sobre la vida de escritor es que es una prueba constante de tus habilidades cognitivas.

Es muy interesante, cuando uno va envejeciendo, ir probándose y ver si uno es capaz, si tiene el poder mental de seguir.

Todo el tiempo que estuve analizando este desarrollo potencial en la vida de otros era consciente de que quizás no solo estaba mirando estas vidas a través de una ventana, sino también mi propia situación a través de un espejo.

Tu libro en muchos momentos es una oda a la decadencia, un estado que muchos aceptan por la nostalgia, la belleza o la sabiduría, pero que muchos otros rechazan por viejo y anticuado ¿En qué grupo te encuentras tú?

Es sorprendente, pero lo decadente o lo que está en declive puede convertirse fácilmente en una especie de inspiración, y permitirnos continuar.

La decadencia puede transformarse en una especie de cualidad habilitadora.

viernes, 28 de julio de 2023

‘Danza humana’, renuevos de Montaigne.

Portada de ‘Danza humana’, de Rafael Argullol.


Rafael Argullol dialoga consigo mismo en un volumen de mil páginas y escritura libérrima, en el que recorre los hitos de la historia de la cultura. El autor pone fin así a la trilogía iniciada con ‘Visión desde el fondo del mar’ y ‘Poema’.

Son ya muchos años, toda una vida podría decirse, los que lleva Rafael Argullol explorando una escritura extraterritorial que rechaza lindes genéricos y aduanas disciplinarias, una escritura que alguna vez llamó “transversal” pero que es esencialmente agenérica y libérrima, serenamente tornadiza y metamórfica, en la que lo lírico y lo narrativo se impregnan de especu­lación filosófica, de remembranza autobiográfica o de confesión. Emanada de un yo ubicuo, es una escritura intensamente personal concebida a menudo como una expedición de descubrimiento que aparece jalonada por la historia de la cultura (arte, literatura, filosofía y religión salen al camino constantemente) y elevada por una mirada universalista que sitúa a los seres humanos en su pequeñez cósmica y al mismo tiempo en su irresoluble fluctuación entre la luz y la tiniebla. Esa vía pareció alcanzar su expresión más granada en 2010 con Visión desde el fondo del mar, sin embargo se prolongó en otro magno esfuerzo de disciplina escrituraria, Poema (2017), y ahora está claro que culmina con esta Danza humana que cierra, así, una trilogía que suma más de 3.000 páginas.

Cada volumen constituye a su modo una forma elíptica y minuciosa de autorretrato, cada uno obedeciendo a unas reglas internas distintas que determinan tanto la vertiente que se escudriña como la estrategia de escritura escogida. El conjunto es fastuoso y no cabría en esta reseña ni siquiera una sobria descripción de un proyecto que trata de explorar una conciencia particular, la de Argullol, con su depósito laberíntico de experiencias y tiempos, desde su función de receptáculo testimonial de una época, la nuestra, y de caja de resonancia de una tradición cultural en la que la literatura y la filosofía, la historia y el arte, la espiritualidad y la estética se interpelan e intersecan. Por eso debo limitarme a esta Danza humana, escrita entre el 9 de mayo de 2019 y el 6 de octubre de 2021 (los breves capítulos van datados como un diario) y organizada en diez libros nucleados en torno a otros tantos conceptos esenciales en la vida del escritor y, vale decir, de cualquier ser humano. A saber: verdad, restitución, desprendimiento, enigma, jovialidad, divinidad, antagonismo, afinidad, luz y libertad.

El orden en que aparecen no es arbitrario porque la secuencia conforma un itinerario, del mismo modo que cada uno de los libros se plantea como un viaje al corazón de esos conceptos mediante la creación de sucesivos destinatarios que no dejan de ser desdoblamientos parciales del autor: Elia (la que lo rescatará en el futuro), Jano, Ra, Marcello, Sleipner (el caballo octópodo de Odín), Gaspar (un ciprés), Miguel, o Å (el pueblo noruego), con el que se abre y cierra la obra.

Argullol se deja arrastrar por una escritura en torrente, que avanza sin prisa impulsada por un motor de interrogantes sobre sí mismo (que son extrapolables a cualquier lector) y abandonada a su propio devenir, día a día En diálogo consigo mismo a través de esas máscaras, Argullol se deja arrastrar por una escritura en torrente, que avanza sin prisa impulsada por un motor de interrogantes sobre sí mismo (que son extrapolables a cualquier lector) y abandonada a su propio devenir, día a día, entre tiempos y lugares de un pasado remoto y otros de un futuro intuido, mientras las emergencias del presente (los disturbios de 2019 en Barcelona o el curso de la pandemia) le devuelve al aquí y ahora del acto de escribir y del propósito que lo mueve.

Y aunque no lo declara, esta inmersión en la naturaleza humana desde la irreductible subjetividad del escritor no deja de ser tributaria del gesto de Montaigne cuando, admitiendo los límites de su entendimiento, quiso ensayarse (esto es, ponerse a prueba) ante los grandes problemas filosóficos (la muerte, el amor, el conocimiento) y las pequeñeces del vivir cotidiano (el dolor corporal, la decrepitud o los placeres de los sentidos) y confesó a su lector al comienzo de sus Ensayos: “Soy yo mismo la materia de mi libro”. Argullol podría suscribir el aserto, pero sería un necio quien no entendiera que, en el fondo, somos todos nosotros la materia de un libro que pone a bailar las preguntas fundamentales.

miércoles, 31 de mayo de 2023

Como un dardo.

El escritor puede disparar contra la ignominia que le rodea o apuntar alto para que alcance solo cierto grado de belleza cruzando el espacio incontaminado.

Son aproximadamente 325 palabras, que equivalen a unos 1.880 caracteres con espacios. El escritor elabora con ellas un artículo como el herrero templa un dardo en el yunque después de calentar el hierro en la fragua. Cada dedo es un pequeño martillo sobre el yunque del teclado. Mientras golpea el hierro incandescente para darle una forma muy aguda, el escritor piensa que ese dardo hecho solo de palabras puede salir del arco disparado en varias direcciones. El escritor puede mandarlo hacia los dulces valles de la infancia donde permanecen todavía intactos los nidos de pájaros, los tebeos amarillos en un armario, la caja de los gusanos de seda en el desván, los aromas de la despensa y las primeras lágrimas. El artículo envuelto en una nostalgia lírica se perderá en la nada. El escritor martillea con los dedos otras palabras. En el yunque del teclado brotan ahora los nombres de Botticelli y Simonetta Vespucci, de Antonello de Mesina que pintó a una Virgen que se parecía a Pier Angeli o tal vez de Dante y Beatriz ya viejos paseando por la orilla del Arno. El escritor los lleva en su memoria desde aquella primavera cuando fue por primera vez a Florencia.

Ahora trata de cargar el dardo con historias de navegaciones, de ciudades lejanas, de amores perdidos, de tantos libros leídos, de tantos viajes y regresos, de éxitos y fracasos. Mientras el escritor golpea las palabras sobre el yunque no olvida toda la basura política y moral que existe a su alrededor y por un momento se propone usar ese dardo como un arma ofensiva solo para salvarse. El trabajo ha terminado. El dardo está ya tenso en el arco. Esta vez son exactamente 324 palabras que, como siempre, sirven para luchar o soñar, la eterna cuestión. El escritor puede disparar el dardo contra la ignominia que le rodea o apuntar alto para que alcance solo cierto grado de belleza cruzando el espacio incontaminado.

https://elpais.com/opinion/2023-04-30/como-un-dardo.html. Manuel Vicent

sábado, 7 de enero de 2023

_- José Manuel Fajardo: “El mal social se nutre de la gente corriente” El escritor afincado en Lisboa vuelve con una novela breve que desgrana el proceso que lleva a las personas a sacar lo peor de ellos mismos

_- El escritor afincado en Lisboa vuelve con una novela breve que desgrana el proceso que lleva a las personas a sacar lo peor de ellos mismos


Lleva escribiendo desde los ocho años. Quizá por eso José Manuel Fajardo (Granada, 65 años) ha llegado siempre demasiado pronto a casi todo. Escribía novelas históricas como Carta del fin del mundo (1996) antes de que el género viviera el bum de los últimos años. Con Una belleza convulsa (2001), sobre el secuestro de un periodista a manos de ETA, se adelantó 15 años al fenómeno que supuso Patria, de Fernando Aramburu. “Así me va”, bromea el escritor, que ha publicado una novela breve en la que une dos ciudades y dos tiempos distintos a través de la fina línea del odio. El libro, editado por el Fondo de Cultura Económica, se llama precisamente así: Odio. Granadino de nacimiento aunque criado desde los cuatro años en Madrid. Fajardo ha vivido en el País Vasco, donde escribía de terrorismo en El Mundo, hasta que la presión del entorno de ETA le hizo tomar la decisión de salir de España. ”Apliqué la técnica del yudo: utilizar la energía del enemigo contra él. Estaba agobiado y enfurecido. Así que un día me dije que tenía que pensar en mi carrera de escritor’, y decidí hacer lo que siempre había soñado: irme a París a vivir como escritor”. Recuerda. Diez años después se mudó a Lisboa, donde vive desde hace doce.

Pregunta. Llevaba diez años sin publicar. Pero ¿cuánto tiempo llevaba sin escribir?

Respuesta. He estado cinco sin escribir ficción. Tuve un frenazo inesperado, porque, después de publicar mi anterior novela, Mi nombre es Jamaica, en 2010, cerré en cierto modo un ciclo de escritura que había durado 20 años, con libros muy distintos pero que daban vueltas a las mismas ideas y preocupaciones, y me encontré en busca de un territorio nuevo. Pensé que sobre esos aspectos de la extraña construcción de España a través de amputarnos miembros de la sociedad, a fuerza de exilios, abandonos y persecuciones, ya había dicho todo lo que tenía que decir. Y me costó un tiempo encontrar un nuevo territorio.

P. ¿Llegó demasiado pronto a la novela histórica?
R. En realidad yo nunca he tenido voluntad de escribir novela histórica, yo escribo historias que ocurren en determinado momento histórico. A mí la literatura me gusta como descubrimiento, me gusta escribir desde donde no sé si soy capaz de hacerlo. Cuando ya sé que puedo escribir desde un cierto punto ya no quiero seguir ahí, quiero descubrir nuevos territorios de escritura. Eso para mí hace que la literatura siga siendo divertida y una fuente de conocimiento.

P. Da la sensación de que Odio está escrito de un tirón, igual que se lee. ¿Cómo fue el proceso?
R. Me encanta que dé esa sensación, porque es completamente falsa. La novela está escrita a lo largo de cinco años. Muy despacio, porque me costó mucho dar con la estructura. Hay una parte que transcurre en el Londres de finales del siglo XIX, pero yo no quería escribir una novela más sobre el Londres victoriano. Me rompí mucho la cabeza hasta que me di cuenta de que la intención fundamental era escribir sobre el odio en épocas distintas. Cuando comprendí que esa era la estructura que debía tener el libro, fue cuando ya di con la forma de escribirlo. Y eso me ha costado tiempo.

P. Todo empezó con un cuento, ¿verdad?
R. El origen es un cuento que escribí a petición de Fernando Marias, que era un buen amigo. A él le gustó mucho, pero me dijo que ahí había una novela, y que yo tenía que escribirla. Así que disciplinadamente me puse a darle la vuelta a esa tortilla. Quería entrar en la época del Londres victoriano y enfrentarla como en un juego de espejos al París del presente, para relatar cómo nuestro lado oscuro se manifiesta a lo largo del tiempo. Porque el odio de hoy no es una novedad. Es un odio viejo, que viene de muy atrás, y para poder entenderlo me pareció una buena idea presentarlo así.

El escritor y periodista José Manuel Fajardo, en Madrid. JUAN BARBOSA

P. Dice que quería escribir un libro que fuera como un directo a la mandíbula. ¿Lo ha conseguido?
R. Lo que buscaba era divertirme mucho escribiéndolo. Mi idea era hacer una de esas novelas cortas que a mí me encantan. Yo soy devoto de Pedro Páramo o La balada del café triste o Bartleby, el escribiente, libros que son como diamantes, pequeños, brillantes, tallados y duros. Espero haberlo logrado, pero eso lo tiene que decir el lector. Quería que fuera un libro de impacto y para eso tenía que ser breve.

P. Ninguno de los dos protagonistas son personas especialmente desgraciadas, ¿por qué los ha escogido?
R. Porque el mal social se nutre de la gente corriente. Cuando una sociedad se desquicia, no lo hace por los desesperados. Estos viven en la marginalidad y su resentimiento y odio pueden hacer ruido, pero raramente perturban el orden social, o pueden hundir la sociedad en un abismo. Esto sucede cuando las personas que no están desesperadas se psicopatizan, cuando se dejan llevar por miedos más fantasmales que reales y empiezan a temer que van a perder lo que tienen o lo que no han llegado a tener y creen que ya no van a conseguir. Empiezan a sentirse frustrados en sus deseos y a considerar que la violencia está legitimada como herramienta. Entonces esas personas normales, que no han sido víctimas de grandes afrentas, empiezan a comportarse como marginados, a convertirse en seres furibundos y a odiar a quienes son más débiles que ellos. Cuando encuentran esa espita para dar salida a su odio es cuando una sociedad se desmorona. Es lo que pasó con los fascismos del siglo XX y es un poco lo que está ocurriendo en el mundo de hoy. El libro nace por mi preocupación por este auge de la irracionalidad, el odio y la violencia que está tocando a ese tipo de personas a las que en realidad no les está pasando nada, pero viven, gritan, se enfurecen y odian como si de verdad les estuviera pasando algo.

Me preocupa este auge de la violencia que está tocando a ese tipo de personas a las que en realidad no les está pasando nada, pero se enfurecen y odian como si de verdad les estuviera pasando algo

P. ¿Cuál es el germen del odio?
R. El odio es muchas veces heredado. En la novela los padres de los protagonistas son dos misóginos y estos también lo son. En gran medida de lo que hablo es del odio al otro, al que no tiene tu color de piel, al que no tiene tu religión, no tiene tu estatus social o no es de tu país, es decir, el que es distinto. Y el primer otro que todos encontramos es el otro sexo. La primera otredad. Según un informe de la ONU de 2019, más del 90% de los homicidios en el mundo los cometen hombres. Cómo no va a existir la violencia de género. La violencia tiene género, y es esencialmente masculina. La misoginia es la primera escuela del odio al otro, y después ya puede convertirse en odio racista, xenófobo...

El primer otro que todos encontramos es el otro sexo. La misoginia es la primera escuela del odio al otro, y después ya puede convertirse en odio racista, xenófobo...

P. ¿Se ha dado cuenta de que dedica muchas más palabras a describir la fealdad y la miseria que la belleza?
R. En este libro es inevitable porque estoy hablando de la fealdad humana. La descripción es un agente activo de la narración, para mí. En estos lugares de la novela la descripción juega como espejo del alma de los personajes, esa fealdad que los rodea es el reflejo de lo que está creciendo dentro de ellos. Yo creo que, al igual que la belleza puede ser sanadora, si vives rodeado de fealdad, si comes en unos platos de plástico y vives rodeado de mugre, si todo a tu alrededor es tosco, eso enferma, eso hace que te vuelvas miserable.

P. ¿Cómo ve España cuando vuelve a su país?
R. Encuentro un país que me fascina y del que no me sé desentender. Yo creo que para mi salud espiritual y mental es bueno que viva fuera de España, porque me desespera a veces tanto que, si viviera inmerso en la sopa nacional, acabaría de los nervios de nuevo y no tengo ganas. Me da pena, porque yo luché de joven por la democracia. Es una tristeza ver cómo ahora vuelven los discursos franquistas después de habernos librado de toda esa pobreza de espíritu, porque esa dictadura, además de terrible, era mediocre, gris, sucia, con una moral infame. Me vuelve loco pensar que todo esto pueda volver.