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domingo, 29 de abril de 2018

Días de pasión. El ­ministro que se declara novio de la muerte con tanta convicción es responsable del mayor desguace cultural y educativo del país.



En el retiro voluntario de la Semana Santa me gusta volver a las palabras y a las músicas del relato evangélico. Muchas personas se han ido de Madrid. En la tarde del miércoles va notándose gradualmente que se han ido y se siguen yendo en coche. La mañana del Jueves Santo tiene una santidad laica de recogimiento y silencio. No hace falta afiliarse a ninguna ortodoxia y a ningún credo para mantenerse alerta a la sensación de lo sagrado, que puede intuirse en la quietud de una calle sin tráfico a primera hora de la mañana, en la absolución de tantas obligaciones aplazadas por los días de fiesta. Ha llovido generosamente en las últimas semanas y los días de sol tienen una tersura de aire fresco. Ese es otro motivo de gratitud. En los senderos del parque, tan ásperos hasta hace muy poco, ahora se nota una elasticidad de tierra prieta y fértil bajo las pisadas. Los canales públicos de televisión transmiten procesiones sin descanso y en directo. Los telediarios informan de las procesiones de Semana Santa más extenuadoramente aún que de los partidos de fútbol. Una parte de la vida española parece varada sin remedio en la Contrarreforma, en las exhibiciones públicas de penitencias, de imágenes ensangrentadas de martirios. Como este año la lluvia no ha frustrado ninguna procesión, los informativos no muestran a penitentes llorando sin consuelo por no poder sacar los tronos de su cofradía. Lo que sí hay son testimonios espontáneos de asistentes a las procesiones que informan de la vehemencia de su fervor: “Esto no se puede explicar. Esto hay que vivirlo. Hay que sentirlo”.

Con vítores taurinos y caras arrasadas de lágrimas, chicas jóvenes que ya nacieron en un país descreído con las iglesias desiertas se rompen las manos aplaudiendo a los legionarios que sostienen en alto una imagen de Cristo en la cruz en una procesión de Málaga. Yo me acuerdo de cuando era niño y veía en las procesiones de mi ciudad los tronos escoltados por guardias civiles con mosquetones al hombro.

Pero todo vuelve. Todo vuelve porque nunca se ha ido. Vuelve la religión ostentosa y milagrera de la Contrarreforma católica, la de las exhibiciones públicas de ortodoxia que fueron obligatorias durante el franquismo. Vuelve porque nunca se fue la mescolanza de lo político y de lo eclesiástico, la ocupación irrespetuosa de los espacios públicos, la afirmación jactanciosa de una sola tradición por encima de todas las otras: el espectáculo católico como maciza identidad, unas veces española y otras veces andaluza, o castellana, o de donde sea. El ministro de Justicia y el de Educación y Cultura se persignan ante el Cristo legionario y alzan sus voces para cantar con desmayado entusiasmo Soy el novio de la muerte. La ministra de Defensa, que también participa en la celebración, ha ordenado que en los cuarteles españoles ondee a media asta la bandera como signo de luto por la crucifixión de Cristo.

Todo son recuerdos. Los peores recuerdos son los de ciertas cosas que se obstinan en no quedarse en el pasado. Me acuerdo de cuando era soldado y en las misas de campaña sonaba el himno nacional en la consagración y teníamos que arrodillarnos quitándonos la gorra y sosteniendo el fusil en un gesto de psicomotricidad tan complicada que se tardaba mucho en aprender, y que se llamaba “rindan armas”. Un soldado español solo rendía su arma ante la hostia consagrada. Hablo de 1979, 1980, otra época. Hablo de ahora mismo. El ministro de Educación y Cultura que se declara novio de la muerte con tanta convicción es responsable del mayor desguace cultural y educativo de un país al que las castas dirigentes bendecidas por eclesiásticos y defendidas a mano armada por los militares mantuvieron durante siglos en una ignorancia tan infame como la pobreza. Mientras el ministro canta su pasodoble festivo y mortuorio, la investigación científica se hunde ante la indiferencia general y el sistema público de enseñanza cada vez puede cumplir menos su tarea ilustradora e igualitaria. Hay desolaciones españolas que no se curan nunca: melancolías civiles que atraviesan intactas las generaciones. La pesadilla de Juan Ramón Jiménez de hace un siglo conserva intacta su realidad, y su pavor: una mesa de campaña en una plaza de toros.

Por fortuna, Madrid es grande y descreída, incluso en la mañana del Viernes Santo. Un taxi para a mi lado en la acera y de él salen, con dificultad y pericia, dos señoras con altas peinetas de carey y mantillas de encaje negro. Allá cada cual. Yo voy escuchando en Spotify la Pasión según san Mateo. La escucho también en casa, con la opulencia sonora del amplificador y los altavoces, leyendo el libreto, que respeta en gran medida la simplicidad del relato evangélico. Es una costumbre que he mantenido desde hace ya muchos años, desde que compré una grabación histórica dirigida por Furt­wrängler. Algún Jueves o Viernes Santo la he escuchado en directo, en austeras iglesias luteranas de Nueva York. Ahora la versión a la que vuelvo siempre es la de Nikolaus Harnoncourt con el Concentus Musicus de Viena. Dirigida por Furtwrängler, la Pasión según san Mateo es imponente como una catedral gótica. La de Harnoncourt no es menos sobrecogedora, pero sí más cercana a la llaneza y el despojamiento del texto evangélico.

Vuelvo a esos capítulos finales a los que se atiene Bach. Hay un sigilo de drama que sucede entre sombras, en descampados nocturnos, un drama íntimo de miedo, de traición, de vergüenza, de huida, de debilidad ante la cercanía terrible del dolor, de incierta esperanza. El corazón de esa noche me ha parecido siempre la deslealtad del discípulo Pedro, que su maestro ha presentido con extraña agudeza: el que se declara tan firme y tan fiel cuando no hay peligro comete a la hora de la verdad una cobardía para la que tal vez habrá perdón, pero no consuelo. No hay otro momento así en la literatura. Tampoco lo hay en la música. En la pintura se ha representado muchas veces. Pero solo Caravaggio llega a lo más hondo de la negrura del miedo y el remordimiento, en una Negación de san Pedro que está en el Metropolitan de Nueva York, y que fue uno de los últimos cuadros que pintó en su vida. En el retiro breve de la Semana Santa, escuchando a Bach, leyendo a san Mateo, acordándome de ese cuadro de Caravaggio que he visto tantas veces, agradezco que el arte sea capaz al mismo tiempo de retratar el sufrimiento y consolarnos de él, y además refugiarnos de la intemperie pública.

https://elpais.com/cultura/2018/04/03/babelia/1522776469_205363.html?rel=lom

domingo, 12 de abril de 2015

Sergey Malov

Esta semana, en concreto el miércoles 8 de abril dio un recital en el salón de plenos de la Diputación Provincial, Sergey Malov, de origen ruso, nacido en 1983 en San Petesburgo. De padres músicos y graduado en el conservatorio superior de Salzburgo, Austria y en la Escuela Suprior de Música Hanns Eisler de Berlín.
Interpretó a Bach, las Suites 1, 2, y 3. Además, de explicarnos en español (domina 6 idiomas) el instrumento que utilizaba Sergey fabricado en Polonia y las cuerdas especiales fabricadas para ese instrumento en Viena, nos concedió otras piezas al violín a petición del público.

jueves, 26 de diciembre de 2013

The Spiritual and Secular Joy of Bach. La espiritual y secular alegría de Bach

Si desea difuminar a un ateo, juegue la carta de Bach, Johann Sebastian Bach. Si fuéramos a acabar con la religión, puedes preguntar, ¿no estaríamos privandonos de Bach? (Se podría similarmente jugar la carta de Dostoievski o de la tarjeta de Miguel Ángel.)

Después de todo, no es la esencia de Bach -la calidad y la intensidad de la sensación en su música- la que se encuentran en la forma en que lleva a la convicción de su fe? La respuesta es complicada, tanto por Bach y sus oyentes. Algunos de los admiradores más devotos seculares de Bach han confesado sus sentimientos divididos sobre este tema.

"Conscientemente, yo soy sin duda un ateo", escribió el compositor húngaro György Kurtág. Pero "si miro a Bach, no puedo ser ateo."

El hombre que hizo fresco el ateísmo, Friedrich Nietzsche, escribió lo siguiente en una carta en 1870: "Esta semana he escuchado la Pasión según San Mateo tres veces y cada vez he tenido la misma sensación de admiración inconmensurable." Aquel que ha olvidado por completo el cristianismo verdadero, oye aquí como un evangelio."

Es el evangelio de acuerdo a Bach. Como Glenn Gould comentó una vez: "Creo en Dios -Dios de Bach-"

Entonces, ¿qué hace exactamente representar a Dios de Bach? John Eliot Gardiner, autor del nuevo libro de Bach: Música en el Castillo del Cielo, ofrece esta respuesta elocuente:

Sería denigrante insistir en qué necesita una persona para tener creencias cristianas con el fin de apreciar la música religiosa de Bach. Sin embargo, es cierto que sin una cierta familiaridad con las ideas religiosas con las que está imbuido uno puede perderse tantos matices, incluso la forma en que su música más adelante se puede ver actuar como una crítica de la teología cristiana.

De hecho, si usted hace caso omiso de las intenciones originales de Bach, el compositor, y las intenciones de las autoridades de la iglesia que encargaron su música, se echa en falta el elemento más subversivo de Bach, su independencia de espíritu, su humanismo.

En el vídeo de la página fuente, Gardiner señala que Bach no era ciertamente un "siervo obediente del clero de la iglesia." Al igual que Miguel Ángel o las meditaciones introspectivas de Dostoievski sobre temas cristianos, la música de Bach representa "sus propios puntos de vista en cuanto a cómo la doctrina cristiana apela a él y también cómo piensa que se aplica a sus semejantes", dice Gardiner. En otras palabras, Bach puso su toque personal a los textos religiosos, que "plantea toda la cuestión de la relación entre la música y el texto."Vemos en Bach cómo la música puede funcionar de acuerdo con sus propias reglas e incluso actuar en contrapunto con el texto que se supone que debe dilucidar" . "Por lo tanto, Gardiner dice que encuentra en Bach "una sensación de alegría secular, laica y derrama efervescencia" que "salta por encima de todos los límites de la nacionalidad, de la fecha, del período."
Fuente; http://bigthink.com/big-think-tv/the-spiritual-and-secular-joy-of-bach

sábado, 12 de junio de 2010

La crisis. ¿Un ataque directo contra el euro o la oportunidad para acabar con la Unión Europea?

Entrevista a Robert Boyer, economista francés "Nadie puede decir si seguirá el euro"

Robert Boyer estudia las crisis económicas desde hace más de treinta años. Con ese respaldo sostiene que la debacle financiera en Grecia y las turbulencias en Europa no lo sorprenden. A diferencia de la mayoría de las teorías dominantes, el prestigioso economista francés de la escuela de regulación construye su análisis a partir de un entramado que incorpora los conflictos sociales, la tendencia al desequilibrio, las instituciones y la historia.Boyer, quien se encuentra en el país dictando un seminario organizado por el Ceil-Piette del Conicet y la Secretaría de Programación Económica del Ministerio de Economía, advierte que los planes de ajuste de Grecia, España y Portugal, y las multimillonarias medidas anunciadas por la Unión Europea son insuficientes, y cuestiona la relegitimación del rol del Fondo Monetario Internacional. Para Boyer no es viable que se abandone el euro en el corto plazo, pero remarca que, a pesar de la fuerte oposición política e ideológica entre algunos líderes de la región, es necesario realizar profundas reformas institucionales y estructurales en la zona euro.

¿Por qué las distintas medidas y paquetes de ajuste anunciados por algunos países no son efectivos para poner fin a la crisis?
Los planes de ajuste de Grecia, España y Portugal no van a funcionar. Terminarán profundizando la crisis. La magnitud de las medidas anunciadas por la Unión Europea tampoco es suficiente, ya que el problema es mucho más profundo y estructural que 750.000 millones de euros. La zona euro está atrapada con un abanico muy limitado de instrumentos y con una legitimidad política debilitada. Existen tres problemas centrales: una mezcla de políticas que no funciona, el incumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, y la falta de control de las finanzas internacionales.

Sin embargo, España, Grecia y Portugal siguen anunciando nuevos ajustes fiscales para garantizar la reducción del déficit público.
Quienes sostienen que esa es la solución invierten causa y efecto. La crisis no es consecuencia del déficit, es al revés. Esas lecturas erradas se utilizan para justificar las decisiones de ajuste en los países de la misma forma en que se usaron en el pasado. Es falaz pensar que se trate de una crisis por irresponsabilidad en el gasto. Ajustar el presupuesto no va a dar resultados ni va a lograr frenar la especulación. A lo sumo la desviarán hacia otro país por un tiempo. Los planes van a impulsar la pobreza y el rechazo social, como se observó en Grecia. El elevado nivel de gasto público permite compensar la pérdida de herramientas para ganar competitividad por haber entrado en el euro. Tener la moneda común permitió endeudarse a tasas bajas con el objetivo de mantener el crecimiento y los niveles de empleo. A partir de la caída de Lehman Brothers el endeudamiento creció para frenar la recesión. El gasto público evitó el colapso de los bancos, sirvió para socializar las pérdidas. Hoy esas entidades están atacando a los países. Los ajustes deben ser con crecimiento y creación de empleo, si no se observará una espiral viciosa con altos riesgos de inestabilidad política que pueden dar lugar al surgimiento de los partidos políticos extremistas de derecha y de izquierda.

¿Hacia dónde deben apuntar las medidas para reducir la vulnerabilidad de la zona euro?
Se debe avanzar en dos cuestiones: reformar las instituciones y controlar al capital financiero. Hay que mantener y preservar la viabilidad del euro... Ver toda la entrevista aquí.

lunes, 31 de mayo de 2010

Martin Gardner, erudito en rompecabezas y juegos matemáticos, fallece a los 95 años

Martin Gardner, quien bromeó con los rompecabezas matemáticos en Scientific American durante un cuarto de siglo y que se entregaban a su inquieta curiosidad propia por escrito con más de 70 libros sobre temas tan diversos como la magia, la filosofía y los matices de Alicia en el País de las Maravillas, murió el sábado en Norman, Oklahoma Tenía 95 años.
El Sr. Gardner también escribió ficción, poesía, crítica literaria y cinematográfica, así como libros de rompecabezas. Era una voz destacada en la refutación de las teorías pseudocientíficas, de ESP a los platillos volantes. Fue tan prolífico y de gran alcance en sus intereses que los críticos especulan que tenía que haber más de uno de él. Sus escritos matemáticos intrigaron una generación de matemáticos, pero él nunca tomó un curso de matemáticas en la universidad.
"Martin Gardner es uno de los grandes intelectos producido en este país en el siglo 20", dijo Douglas Hofstadter, el científico cognitivo.
WH Auden, Arthur C. Clarke, Bronowski Jacob, Stephen Jay Gould y Carl Sagan eran admiradores del Sr. Gardner. Vladimir Nabokov lo menciona en su novela "Ada" como "un filósofo inventado." Un asteroide lleva su nombre.
Dijo que su talento era hacer buenas preguntas y transmitir las respuestas con claridad y con firmeza.
Las preguntas del Sr. Gardner eran a menudo matemática. ¿Qué tiene de especial el número 8549176320? Como dijo el Sr. Gardner explica en "El Increíble Dr. Matrix" (1976), el número es el 10 enteros naturales en orden alfabético Inglés.
Martin Gardner nació 21 de octubre 1914, en Tulsa, Oklahoma, donde su padre, era un geólogo del petróleo. De niño le gustaba los trucos de magia, el ajedrez, la ciencia y la colección de los rompecabezas mecánicos.
Sin que su madre supiera el momento, aprendió a leer mirando las palabras en la página mientras ella le leía los libros de L. Frank Baum Oz.
El Sr. Gardner se especializó en filosofía en la Universidad de Chicago, donde se graduó en 1936. En 1937 regresó a Oklahoma para ser editor asistente de la tribuna de Tulsa por 15$ por semana. Rápidamente aburrido, regresó a la Universidad de Chicago, donde trabajó en relaciones con la prensa y en un segundo empleo vendiendo juegos de magia.
Se unió a la Marina y sirvió en un destructor. Mientras hacía guardia, se le ocurrían las historias, como "El Caballo en la escalera mecánica", que vendió a la revista Esquire el Sr. Gardner comenzó una larga relación con la revista Scientific American con un artículo en 1956 sobre hexaflexagons, tiras de papel que se puede plegar en cierta forma para revelar las caras.Cuando el editor le sugirió que escribiera una columna acerca de los juegos matemáticos, aprovechó la oportunidad.
Por su cuenta el Sr. Gardner acudía a las librerías de segunda mano para encontrar libros sobre enigmas matemáticos, un enfoque que usó durante años para mantener antes de su fecha límite mensual, sus artículos. "El número de puzzles que he inventado lo puede contar con los dedos", dijo a The Times el año pasado.
El Dr. Hofstadter, quien sucedió al Sr. Gardner en Scientific American, dijo del Sr. Gardner había logrado resultados elegante recurriendo a los campos de la lógica, a la filosofía de la ciencia, a la literatura. Expresó "la cualidad mágica de las matemáticas", dijo el Dr. Hofstadter.
En el New York Review Books en 1982, Stephen Jay Gould, biólogo evolutivo, llamó el Sr. Gardner "el faro más brillante y único en defensa de la racionalidad y la ciencia contra el misticismo y el anti-intelectualismo que nos rodean."
En sus escritos filosóficos Sr. Gardner rechaza la metafísica especulativa, porque no se podía probar lógica o empíricamente. Luchó contra la religión en ensayos y en una novela que describe su viaje personal de los fundamentalismos, "El vuelo de Peter Fromm" (1973). Él finalmente no encontró ninguna razón para creer en cualquier cosa religiosa, salvo un deseo humano de evitar "la desesperación profunda." Así que, dijo, creía en Dios.
"He jugado todo el tiempo", dijo en una entrevista con Skeptical Inquirer en 1998, "y tengo la suerte que me paguen por ello". Basado en MARTIN DOUGLAS, NYT.









Ver la reseña en el NYT.