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viernes, 28 de abril de 2023

FLAMENCO. Un homenaje pendiente y largamente acariciado a Manolo Sanlúcar. Más de una veintena de artistas se reúnen para rendir tributo a la memoria del maestro de la guitarra flamenca

“Con Manolo Sanlúcar el flamenco estaba en deuda y eso era algo que sabíamos todos, hasta él mismo”. Son palabras del guitarrista Juan Carlos Romero, uno de los discípulos directos del maestro Sanlúcar (que falleció en agosto de 2022), que recibió del Instituto Andaluz del Flamenco, impulsor del homenaje, el encargo de crear y dirigir un espectáculo para recordar su figura y su legado. La gala se celebró la noche del martes 25 de abril en el Teatro Villamarta de Jerez, el lugar de una de las últimas apariciones públicas que se le recuerdan. Fue en 2019, cuando asistió a la presentación de la obra con la que la Compañía de la bailaora Mercedes Ruiz, junto a otro de sus discípulos, Santiago Lara, llevó al terreno de la danza su celebrada grabación Tauromagia.

La idea de un homenaje a Sanlúcar había sido abordada desde diversas instancias en los últimos años, e incluso alguno de los intentos tuvo que ser suspendido debido a su delicado estado de salud. En esta ocasión, y aunque sea tras su marcha, se podría decir que el espectáculo planteado reunía los suficientes elementos y conocimientos de su obra para tributarle los honores que merecían su persona y su legado.

La lectura de la lista de participantes en el evento podía resultar apabullante, pero para nada era gratuita. Todos respondían a la llamada de Romero que, en realidad, era la llamada del maestro: “El nombre de Manolo, al que se ha querido mucho, ha allanado el camino”, declaraba el director artístico de la función, que reconocía que solo había recibido facilidades y que “todo había encajado perfectamente”. Pocas personas tan conocedoras de la obra del guitarrista para reflejar su complejidad y su gran riqueza de perspectivas.

Para Romero son aspectos difíciles de concentrar en una sola persona: “Está su perfil arraigado en la tradición, reflejado en su obra Tauromagia; el sinfónico, representado en Medea, la obra que creó para el Ballet Nacional de España; el lírico de La Gallarda, la obra de teatro de Rafael Alberti a la que puso música y el de vanguardia, con la grabación Locura de brisa y trino junto a Carmen Linares”.

Todas esas vertientes recibieron la pertinente atención en la gala, pero en ningún momento se olvidó ese otro aspecto ineludible del maestro: su condición de escritor y pensador reflexivo, en muchos momentos atormentado, del que quedó conocida constancia en su libro de memorias El alma compartida, que es solo una parte de un gran corpus que está aún sin publicar, como recordó el profesor Suárez Japón en una justa introducción. Juan Carlos Romero ha escarbado entre las muchas carpetas en las que Sanlúcar fue vertiendo sus pensamientos para extractar una selección de textos, todos ellos inéditos, con los que el actor Antonio Dechent se metió en la piel de Sanlúcar y fue intercalando sus reflexiones, de forma tan natural como brillante, entre las actuaciones de guitarra, de cante y de baile.

La enumeración de la veintena de cuadros de la noche resultaría interminable, además de cansina. Pero es obligado dejar constancia de que, en conjunto, lograron transmitir la música y el espíritu del gran maestro y que, sobre todo, contuvieron muchos momentos de emoción. Ver reunidos a sus discípulos Rafael Riqueni, José Antonio Rodríguez y el propio Romero —más David Carmona, de la siguiente generación— reviviendo los temas de Tauromagia pudo ser uno de ellos. La docencia, la transmisión de saberes, siempre fue una preocupación del maestro.

También sonó viva la música de una Medea que llevaron a la danza Merche Esmeralda, Eva Yerbabuena, Farruquito y Pastora Galván. O el cante de La Macanita haciendo De Muleta como si no hubieran pasado los años (la interpretó en el disco cuando tenía diecinueve), y el de Carmen Linares recordando al Lorca de Locura de brisa y trino… Dos horas para un espectáculo bien hilvanado y con una característica única: su condición de irrepetible.

Homenaje a Manolo Sanlúcar. 'El pesimismo de la razón. El optimismo de la voluntad'
Juan Carlos Romero, Rafael Riqueni, José Antonio Rodríguez, Manuel Valencia, David Carmona (guitarras). Cristina Hoyos, Merche Esmeralda, Eva Yerbabuena, Farruquito, Pastora Galván (baile). Carmen Linares, La Macanita, Diego Carrasco, Jesús Méndez, Naike Ponce, Carmen Molina (cante). Pasión Vega Tino (canción). Tino Di Geraldo, Paquito González (percusión), Los Mellis (palmas y cante). Orquesta Sinfónica de Triana. Antonio Dechent (actor). Borja Évora (ayudante de dirección). Dirección artística: Juan Carlos Romero.

Teatro Villamarta, 25 de abril.

jueves, 15 de agosto de 2013

Josefina Piquet, una mujer del 36

Exiliada tras la Guerra Civil, dedicó sus últimos años a contar sus experiencias durante el conflicto y el franquismo

Su lema: “Si la vida te da limones, añádales agua y azúcar y prepara una buena limonada”.

Josefina Piquet se consideraba una mujer afortunada, a pesar de haber quedado sepultada bajo los escombros de las bombas de la Guerra Civil en Figueres, camino del exilio, con solo cuatro años; a pesar de haber vivido su infancia y juventud exiliada en Francia, repudiada por sus compañeros de clase que le tiraban piedras y la insultaban; a pesar del miedo, el hambre y la soledad que vivió allí y del insomnio y la angustia que padeció una vez instalada en su ciudad, Barcelona. Pero Josefina, fallecida el pasado lunes, decía que el victimismo paraliza a las personas y que se debe transformar en algo positivo. Y así cambió su vida cuando decidió abrir la puerta del pasado.

Nacida en Barcelona en el año 1934, Josefina Piquet era hija única de una familia de tradición anarquista, el padre formó parte de la Columna Durruti. Por este motivo, y con solo dos años, a Josefina la nombraron mascota del lado republicano. El 9 de febrero del 1939 pasaba la frontera con su madre, mientras su padre quedaba en el campo de concentración de Saint Cyprien. Se encontrarían dos años más tarde, pero su progenitor continuaría jugándose la vida luchando contra el nazismo y acogiendo a refugiados españoles. Es estremecedor el relato de estos 11 años de exilio en Francia, hasta que, en 1950, los Piquet regresaron a Barcelona.

Tampoco sería fácil la vida en plena dictadura, pero Josefina estudió en el Liceo Francés y enseguida trabajó de secretaria de dirección con solo 16 años. Hasta que se casó en 1958 y dejó la empresa porque una mujer casada no podía trabajar. Tuvo dos hijos.

A finales de 1997 conoció a un grupo de mujeres que empezaban a hablar de su experiencia en la Guerra Civil y la posguerra. Ella no era miliciana, ni había estado en prisión ni en la clandestinidad, como muchas de ellas, pero contaría la experiencia de una niña a quién el trauma de la guerra había cambiado la vida.

Así entró Josefina Piquet en el colectivo Les dones del 36, mujeres que rondando los ochenta años se iban a escuelas, institutos o a centros cívicos a hablar de su experiencia. Ella era la más joven y la llamaban La Nena. Muchas de ellas no habían hablado jamás en público, y mucho menos a estudiantes, que salían emocionados y se preguntaban por qué les habían escondido ese tramo de la historia. En 2005, a raíz de una de las crónicas que publicaba entonces en EL PAÍS, les propuse escribir un libro con la biografía de cada una de ellas. El grupo se disolvió en el 2006 porque muchas ya no podían seguir aquel ritmo. Se despidieron con otro libro editado por ellas: Les dones del 36, un silenci convertit en paraula.

Pero Josefina tenía claro que continuaría divulgando su mensaje. Su discurso era claro y sincero, no le importaba hacer kilómetros y habló ante todo tipo de público, incluso en Francia, en los mismos escenarios que la habían ninguneado. Y en uno de ellos le otorgaron hace poco la Medalla de Oro de la ciudad. Colaboró en el Memorial Democràtic y en el Museu d’Història de Catalunya. A raíz de la exposición Les presons de Franco se integró en el grupo de voluntarios Consell de savis, una actividad oral que aporta la experiencia de la vida de estas personas a grupos de estudiantes.

En los últimos ocho años, Josefina colaboró con la Fundació Congrés Català de Salut Mental, dirigido por la psicóloga clínica Anna Miñarro, que la ha llevado a cursos, jornadas y congresos relacionados con la palabra y la reflexión sobre los traumas de la guerra. Josefina responde al modelo de mujer fuerte, valiente, positiva, que no se rendía ante nada. Su lema: “Si la vida te da limones, añádales agua y azúcar y prepara una buena limonada”.
Isabel Olesti es escritora.

domingo, 15 de febrero de 2009

Sevillanas por Manolo Sanlucar y Merche Esmeralda

Merche Esmeralda, Flamenco, Carlos Saura, Guajira, Merche Esmeralda.



Estamos ante uno de los que se llaman cantes y bailes de ida y vuelta.

Igual que los barcos iban y venían de La Habana, Cuba, a España, con ellos viajaban hombres y mujeres que llevaban sus cantes y bailes. Estos, pasados por "el arte popular cubano" volvían cambiados a España, que lo adoptaban o no según la admiración y el sentimiento que despertara con su arte.

La guajira que aquí nos cantan y el baile de Merche Esmeralda muestran una recreación admirable, Merche es un portento de arte, conocimiento, elegancia, clase, dominio, habilidad, ánge(l) y creatividad que al contemplarlo, nos causa una inmensa emoción y nos deja un recuerdo imborrable.

Sólo la ignorancia o el desdén del arte mostrado por esta mujer, pueden explicar que no posea más premios y doctorados Honoris Causa. Doctorado Honoris Causa es la máxima distinción que la Universidad de Sevilla concede a una persona en reconocimiento a su trayectoria en el ámbito académico, científico o cultural, a sus valores, así como a su especial vinculación con la Universidad. En los casos del arte flamenco en particular y la música y cante en general han estado en España apartados del mundo universitario, por lo cual difícilmente va a existir esa vinculación si la parte académica no ha querido. Queda con suficiente honor, su trayectoria cultural y artística.

Es increíble como la Universidad de su ciudad, Sevilla, ignore tanto conocimiento, arte, talento, dominio, trabajo y esfuerzo como Merche ha desplegado por el mundo entero paseando su arte y el nombre de Sevilla, demostrando en la práctica su autoridad cultural, honor artístico y doctorado en baile Flamenco, despertando la admiración indeleble en todos los públicos que han tenido la oportunidad de contemplarla.

¿Se dignará algún día esa Magnífica Universidad, en la que tuve el honor de estudiar, reconocer y, por lo tanto, conceder el merecido doctorado a Merche, abriendo así sus puertas al sin par arte de esta sevillana? O seguirá cerrando los ojos ante tanto arte como nacido en sus calles y sus gentes ha sabido interiorizar Merche y después de elaborarlo, exponerlo a la admiración universal. Continuará mirando para otro lado, como si ese arte, duende y ángel, no hubiese contribuido de manera importantísima al conocimiento y fama universal de Sevilla y del Flamenco, Patrimonio de la Humanidad, no mereciera un lugar de honor en el templo del saber y del conocimiento académico de la ciudad hispalense. Este baile que contemplamos ¿no es una maravillosa tesis doctoral de sobresaliente "summa cum laude"?

(1) Ángel o "á(n)ge" en lenguaje popular andaluz, es una forma de decir que el artista está tocado por un ángel o por los "dioses", por la forma sublime de realizar su arte, por la perfección y la gracia que muestra, es un don especial y algo más, difícil de definir pero que se siente cuando se contempla a la artista actuando. 
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