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lunes, 5 de octubre de 2026

Thomas Piketty: "El nerviosismo que vemos hoy en Washington tiene que ver con el hecho de que EE.UU. está perdiendo el control sobre el mundo"

Thomas Piketty.
Pie de foto,Thomas Piketty investiga la desigualdad económica y la distribución de la riqueza

Hace cinco años, el economista francés Thomas Piketty lanzó una advertencia que resonó en todo el mundo.

La desigualdad generada por una élite privilegiada que acumula enormes riquezas había alcanzado niveles comparables a los que precedieron a la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII.

El mensaje del economista sirvió como recordatorio de que, cada vez que surgen desequilibrios de esta magnitud, puede desencadenarse una
 crisis política capaz de cambiar el curso de la historia.

Aunque Piketty cree que la situación ha empeorado, mantiene una visión optimista del futuro.

Piketty sostiene que vivimos en una época plagada de distopías, una "visión trumpista del futuro que no funciona ni resuelve los problemas de desarrollo ni ambientales que necesitamos solucionar".

La panadera informal y exauxiliar de enfermería Luisana Serrano, de 34 años, junto a sus hijos en la entrada de su casa en el asentamiento La Fortaleza, cerca de Cúcuta, Colombia, el 9 de enero de 2026.

oLa panadera informal y exauxiliar de enfermería Luisana Serrano, de 34 años, junto a sus hijos en la entrada de su casa en el asentamiento La Fortaleza, cerca de Cúcuta, Colombia, el 9 de enero de 2026.

Pie de foto,

La concentración de la riqueza genera desigualdades que pueden debilitar la democracia, según el economista.

Sin embargo, confía en que ese escenario distópico no llegará a concretarse y que el mundo avanzará hacia un orden multipolar, con mayor peso de las fuerzas democráticas e impulsado, en buena medida, por la presión del sur global.

El autor de "El capital en el siglo XXI" (2013) ha vuelto a poner sobre la mesa una serie de propuestas audaces, reunidas en el "Proyecto de Justicia Global", un informe del Laboratorio de Desigualdad Mundial (World Inequality Lab).

El Laboratorio, con sede en la Escuela de Economía de París, se trata de un centro de investigación internacional dedicado al estudio de las desigualdades en el mundo.

Entre las propuestas presentadas, figuran la creación de una moneda internacional única para reemplazar al dólar, nivelar el ingreso per cápita y una reducción de las horas de trabajo a menos de la mitad.

A continuación, presentamos extractos de la entrevista que Thomas Piketty concedió a BBC Brasil, editada y adaptada por BBC Mundo para los lectores de habla hispana.

En un mundo atravesado por tantos conflictos y Estados cada vez más centrados en sus propios intereses, ¿Cómo conciliar este escenario con ambiciones globales tan grandes?

Vivimos en una época repleto de distopías. Los tecnomillonarios y los tecnonacionalistas promueven visiones locas del futuro –como la instalación de centros de datos, en cualquier lugar posible de la Tierra o en Marte– al mismo tiempo que libran guerras para extraer aún más combustibles fósiles en todo el mundo.

Es una visión trumpista del futuro que no funciona, que no resuelve los problemas de desarrollo ni los problemas ambientales que necesitamos solucionar. Es hora de debatir otra perspectiva. No podemos quedarnos de brazos cruzados, pesimistas, esperando a ver qué pasa.

Además, la agenda tecnonacionalista y tecnocapitalista no durará para siempre. No cumplirá sus promesas, aunque aún le queda mucho camino por recorrer. Vamos a ver qué sucede en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos en noviembre y en las presidenciales de Brasil.

Hace unos años, usted decía que la situación en el mundo era similar a la que terminó en la Revolución Francesa. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

Diría que, en muchos sentidos, la situación ha empeorado. Pero seamos optimistas.

A largo plazo, las fuerzas democráticas y las luchas sociales estarán listas para transformar las instituciones y hacer del mundo un lugar más igualitario y con desarrollo. Es posible avanzar en esta dirección.

Peter Thiel. 

Peter Thiel.

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Los tecnomillonarios promueven escenarios distópicos, según el economista. 

Entre las propuestas que presentaron, ¿hay alguna que considere más urgente?

La idea del informe es pensar qué tipo de desarrollo compartido podemos tener en un planeta finito. Si todos los países alcanzaran un alto nivel de desarrollo en el futuro: ¿Cómo sería el mundo? Esa es la pregunta que nos hacemos.

Pero la respuesta depende de muchas condiciones. La transformación del sistema energético es una de ellas. Otro es un cambio estructural en los modelos de producción. También necesitamos reducir la desigualdad global para poder permitirnos inversiones en clima, educación y acceso a la salud.

Estas propuestas están en línea con lo que los países del sur global han planteado en los últimos años. Basta recordar que durante la cumbre del G20 de 2024, el presidente Lula propuso un impuesto global a las fortunas de los multimillonarios, una iniciativa que contó con el respaldo de Sudáfrica y de varios otros países.

Por supuesto, eso no es suficiente. Fue difícil convencer a los 20 países presentes, pero el hecho de que el tema se discutiera en el seno del G20 ya fue significativo. Demuestra que esta demanda de justicia económica y climática está presente.

¿Cree que la propuesta de un impuesto a las grandes fortunas tiene posibilidades de concretarse?

En un futuro relativamente próximo, habrá un grupo de países que avanzarán juntos para gravar a los multimillonarios y crear un sistema monetario internacional porque saben que el modelo actual no está funcionando.

El británico Phil White, de Patriotic Millionaires, sostiene un cartel con la consigna “Tax the Rich” (“Gravar a los ricos”) durante una protesta contra el Foro Económico Mundial (WEF), antes de su reunión anual en Davos, el 19 de enero de 2025.

El británico Phil White, de Patriotic Millionaires, sostiene un cartel con la consigna “Tax the Rich” (“Gravar a los ricos”) durante una protesta contra el Foro Económico Mundial (WEF), antes de su reunión anual en Davos, el 19 de enero de 2025.

Pie de foto,

El impuesto a los multimillonarios figura entre las propuestas. 

¿Por qué no funciona?

Pienso que la economía de Estados Unidos se está volviendo pequeña en comparación con el tamaño de la economía global. Era mayor en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, pero ha ido disminuyendo gradualmente, y será cada vez menor.

Por lo tanto, ya no sigue siendo posible que el dólar opere como moneda internacional en un mundo en el que la economía de EE.UU. es solo una pequeña fracción del PIB global. Esta no es una buena noticia para el mundo, pero tampoco lo es para Estados Unidos, dado que este sistema sobrevalora el dólar y contribuye a su enorme déficit comercial.

Sabemos que, si existen desequilibrios internacionales, surgen consecuencias geopolíticas. Las políticas actuales de Donald Trump son solo una reacción que no resuelve este problema.

¿Por tratarse de políticas belicistas?

Pienso que su mensaje es básicamente: "Pongo mis armas sobre la mesa para conseguir petróleo en Venezuela, Irán o Groenlandia y así reducir mi déficit interno". Pero nosotros creemos en un cambio estructural del sistema monetario internacional.

En una economía mundial multipolar. Es decir, una en la que ningún país tiene hegemonía sobre el PIB global, debemos contar con una moneda internacional basada en una canasta de divisas de Estados Unidos, China, India, Brasil, o de quien sea que contribuya a financiar el desarrollo de los países y a realizar inversiones climáticas.

Esto no será posible con el sistema actual. Y creo que sucederá antes de lo que la gente imagina.

Thomas Piketty.

Thomas Piketty.

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Piketty plante crear una "coalición internacional incompleta" para llevar adelante estos reclamos.

Mencionan la idea de crear una moneda internacional administrada por la ONU. Sin embargo, varios líderes mundiales acaban de cuestionar a esta organización por no haber podido "mantener el orden mundial". ¿Cree que es necesario crear una nueva entidad global o basta con reformarla?

Sería mejor que existiera un consenso entre los miembros de la ONU para transformarla, así como entre el FMI y el Banco Mundial.

Dado que eso no parece factible, va a ser necesario al menos durante un período de transición crear lo que llamamos una "coalición incompleta".

Es decir, una coalición de países que no abarque a todo el mundo, que en algunos casos ni siquiera incluya a Estados Unidos, pero que aun así logre avanzar en la dirección correcta.

¿Tiene un ejemplo de cómo funcionaría?

Está teniendo lugar ahora una convención, en el marco de la ONU, para impulsar la cooperación global en materia de impuestos a los más ricos.

La agenda busca incluir a más actores en el sistema tributario internacional, en especial a los países del sur global. Aquellos países que no quieren que las riquezas sean extraídas de los más pobres en beneficio de los intereses económicos de las economías del norte. Es una cuestión de soberanía. Y esta es solo una de las cuestiones.

Ya sabemos que algunos países, en particular Estados Unidos, votarán en contra de la convención. De todos modos, se está construyendo sobre la base de una fórmula de mayoría. Esto es muy importante, porque es diferente a otras convenciones como la del Clima que se basa en la unanimidad.

Donald Trump. 

Donald Trump.

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"La visión trumpista del futuro no está funcionando", dice el economista.

Entonces, ¿cree que las conferencias climáticas, conocidas como COP, dejarán de funcionar?

No diría que son un fracaso, pero tampoco un éxito rotundo. Aunque se celebran anualmente, no pueden tomar decisiones porque se basan en el principio de unanimidad.

El diseño de la convención fiscal de la ONU se definirá el próximo año, pero ya está claro que las decisiones se tomarán por mayoría cualificada, porque es importante tener en cuenta el tamaño de la población de cada país.

No es posible que los países pequeños, por ejemplo, tengan los mismos derechos de voto que Brasil, pero tampoco queremos que los países ricos monopolicen este proceso.

¿Qué pasa si los países ricos y grandes como Estados Unidos no quieren participar?

Estados Unidos no querrá participar. Eso lo sabemos. Así como sabemos que su participación sería necesaria para la reforma del sistema monetario internacional. Pero la proporción de la población estadounidense con respecto a la población mundial, o incluso su participación en el PIB mundial, ya está empezando a disminuir. Si esto pasa, podrían perder su poder de veto.

Por cierto, ¿sabe algo de lo que casi nadie habla y que destacamos en el informe?

El FMI tiene una norma según la cual un país que controle el 15% de los votos, ya sea por el peso de su economía o por otros criterios de representación, puede vetar decisiones clave.

Entre ellas figura la emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG), considerados por algunos como el embrión de una moneda internacional. Como Estados Unidos posee ese porcentaje de votos, tiene en la práctica poder de veto. Los gobiernos republicanos, históricamente, han hecho uso de esa capacidad para bloquear este tipo de iniciativas.

Pero, después de la crisis financiera de 2008 y de la pandemia, los gobiernos demócratas permitieron al FMI emitir DEG, que se repartieron según la cuota de cada país en la institución. No fue un gran avance. Yo creo que sería más justo distribuirlos según la población de cada país o el daño climático que padece.

Thomas Piketty.

Thomas Piketty.

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Piketty ganó visibilidad en la década de 2010 con el libro "El capital en el siglo XXI".

¿Cambiará esto entonces cuando Estados Unidos pierda su poder de veto?

Perderán muy pronto este poder de veto, porque si hoy EE.UU. posee alrededor del 15% del PIB mundial y, en consecuencia, los derechos de voto en el FMI, pronto caerán a cerca del 10%. Yo diría que esto sucederá durante los próximos 10 o 20 años. Es posible que veamos un cambio en la estructura del fondo.

Entonces, para responder a la pregunta desde el principio: debemos ser muy pragmáticos. En algunos casos, será necesario crear nuevas instituciones con esa "coalición incompleta", como la cooperación fiscal internacional o, tal vez, crear un impuesto global a la riqueza para financiar reparaciones climáticas.

Este nerviosismo que vemos hoy en Washington, por no llamarlo de otra manera, tiene que ver con el hecho de que Estados Unidos está perdiendo control sobre el mundo. Entonces, los nacionalistas, como Trump, reaccionan desesperadamente y ponen sus armas sobre la mesa. Esto es más un signo de debilidad que de fortaleza.

Al mismo tiempo, las agendas de la derecha radical son extremadamente populares. ¿La izquierda debería hacer que la agenda redistributiva recupere el atractivo popular?

La izquierda perdió sus ambiciones de impulsar propuestas para reducir la desigualdad y redistribuir la riqueza. Se consolidó un consenso en torno a la liberalización de los mercados y a la reducción de la progresividad fiscal, lo que perjudicó tanto a las clases de ingresos bajos como a las medias.

En muchos casos, la izquierda y la centroizquierda se han asociado con políticas favorables a las grandes corporaciones. Eso ha abierto espacio para discursos nacionalistas. A veces, estos movimientos son incluso más favorables al capitalismo que los propios partidos de centro. Lo hacen para atraer a votantes de las clases trabajadoras y medias, enfatizando una dimensión nacionalista que, como he dicho, no resolverá los problemas.

De hecho, ni siquiera los propios votantes confían plenamente en la agenda trumpista. Saben que los partidos proponen un mismo modelo de desarrollo que no aborda la desigualdad, pero no ven una alternativa. Esa es la principal explicación.

Manifestantes continúan con su protesta en la Puerta del Sol después de que el Congreso de los Diputados de España rechazara las medidas del gobierno en materia de vivienda, en reclamo de acciones urgentes para hacer frente a la crisis de vivienda y alquiler que atraviesa el país, en Madrid, España, el 2 de octubre de 2026.

Manifestantes continúan con su protesta en la Puerta del Sol después de que el Congreso de los Diputados de España rechazara las medidas del gobierno en materia de vivienda, en reclamo de acciones urgentes para hacer frente a la crisis de vivienda y alquiler que atraviesa el país, en Madrid, España, el 2 de octubre de 2026.

Pie de foto,
La falta de alternativa y expectativa de futuro es uno de los motivos que explican la época. 

¿Se trata entonces de repetir las propuestas?

Si pasas años diciéndole a la opinión pública que no hay políticas económicas alternativas, que todos los gobiernos deben seguir la misma agenda a favor de las corporaciones y que lo único que realmente pueden hacer es controlar sus fronteras, después de 20 o 30 años, el resultado es un debate político que se reduce al control de fronteras y la identidad.

Abandonamos las discusiones sobre políticas económicas, sobre estructura de clases, sobre desigualdades socioeconómicas. Pero si los volvemos a abrir, las cosas empezarán a cambiar porque, en la práctica, si nos fijamos en los gobiernos nacionalistas que hoy están en el poder, al cabo de unos años la opinión pública ya no estará tan contenta con ellos.

Basta mirar los índices de popularidad de Trump en Estados Unidos. Esto es lo que me hace optimista, a largo plazo, con el regreso de soluciones internacionalistas, democráticas y más igualitarias, como las presentadas en el informe. No será fácil.

Thomas Piketty. 


Thomas Piketty.


¿Cree que habrá un punto de inflexión?

Es imposible predecir qué tipo de catástrofe política, qué tipo de crisis conducirá a la transición, pero es importante debatir cómo queremos reorganizarnos antes de que ocurra. Debemos estar preparados para presentar una alternativa ahora mismo.

Escribí un libro sobre la historia de la desigualdad ("Una breve historia de la igualdad", 2022) y una de las cosas que aprendí es que, en periodos críticos, cuando las sociedades necesitan cambiar el sistema y realizar cambios institucionales, deben estar preparadas para hacerlo.

Así surgieron la seguridad social, los servicios públicos, la educación universal y gratuita, el sufragio, los derechos laborales, la descolonización. Todo aquello que generó mayor prosperidad y mayor igualdad. No será fácil. Atravesaremos más crisis, catástrofes, luchas por el poder, pero al final el camino hacia la igualdad, la democracia y la prosperidad prevalecerá.

En un escenario en el que nada de esto ocurra y las propuestas del informe nunca se implementen, ¿Cómo ve usted el mundo dentro de 50 años?

Si el rumbo no cambia, el mundo se volverá más desigual y más polarizado. En consecuencia, más inestable que ahora. Pero creo que este futuro distópico no se hará realidad.

Las fuerzas tecnonacionalistas incluso podrían ganar algunas elecciones. Pero, dado que no saben cómo resolver los problemas estructurales del mundo, el futuro será multipolar con predominio de las fuerzas democráticas y esto se deberá principalmente a la presión que vendrá del sur global.

 *Versión editada por BBC Mundo.

martes, 21 de abril de 2026

Desigualdad. Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía: “La ideología de los millonarios tiene actualmente un grado de egoísmo alucinante”




El economista estadounidense Joseph Stiglitz, en una imagen tomada en Ginebra el pasado 16 de marzo.FABRICE COFFRINI (AFP / GETTY IMAGES
El economista y profesor estadounidense denuncia que nunca ha habido un ataque a la democracia como el que se produce ahora bajo el mandato de Donald Trump y el grupo de oligarcas que lo sostienen

La desigualdad actual es peor que la que Estados Unidos vivió durante la Gilded Age de finales del siglo XIX, dice Joseph Stiglitz. “La persona más rica de aquella época era John Rockefeller, pero su fortuna no era comparable a la de Elon Musk, Larry Ellison o Jeff Bezos”, explica por teléfono el economista, laureado en 2001 con el Nobel de Economía. “Su influencia política bajo el mandato de Donald Trump tampoco tiene precedentes, con Musk como el ejemplo más claro”.

Para Stiglitz (83 años, Gary, Indiana, EE UU), el sentido de la responsabilidad social que se aprecia en muchos de los magnates de la Gilded Age, que contribuían al bien público apoyando la creación de bibliotecas, universidades y centros de investigación, también representa un contraste radical con la ideología libertaria que exhiben hoy tantas personas de Silicon Valley, “una versión radical del ‘esto lo hice yo solo, déjame en paz’, una ideología con un grado de egoísmo alucinante porque lo cierto es que no han hecho nada por su cuenta, ha sido la investigación del Gobierno la que trajo internet y gran parte de las innovaciones con las que ellos ahora ganan dinero”.

Pregunta. Mucha gente esperaba que las instituciones modernas resistieran mejor que las del siglo XIX a la presión de las personas con poder económico, ¿no ha sido así?
Respuesta. Es cierto que el Congreso de finales del siglo XIX era bastante corrupto, pero nunca ha habido un ataque a la democracia como el que está ocurriendo bajo el mandato de Donald Trump y los oligarcas que lo sostienen. Hay aspectos muy preocupantes, como la supresión de la libertad de prensa tras la adquisición de la CBS por parte de Larry Ellison y el intento de retirar de la parrilla programas críticos con Trump, pero rentables, como el de Stephen Colbert. Esto es algo que nunca vimos en la Gilded Age. No sabría decir si nuestras instituciones son más fuertes o más débiles, lo que sí sé es que no están siendo lo suficientemente fuertes.

P. Usted está contribuyendo a la creación de un Panel Internacional sobre la Desigualdad para mejorar la información sobre la concentración de la riqueza, ¿falta información?
R. Igual que la información fiable del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático sienta las bases para políticas más urgentes, mejor orientadas y diseñadas. Aspiramos a conseguir lo mismo con el Panel Internacional sobre la Desigualdad. Una cifra en nuestro informe que nos ha llamado la atención es la magnitud de la concentración de riqueza: el 50% de la población mundial solo ha recibido un 1% de toda la riqueza creada en los últimos 25 años, una estadística impactante que ayuda a comprender hasta qué punto se han agravado las cosas. Otra cifra tremenda es la de los billones de dólares que se transferirán de una generación a otra en los próximos 10 años. En Estados Unidos nos gusta pensar que los ricos son personas hechas a sí mismas, pero nadie se hace a sí mismo cuando la mayoría de las innovaciones parten de investigaciones financiadas con fondos públicos. Y ahora, con estos billones de dólares siendo transferidos de una generación a otra, no solo tendremos una oligarquía, sino una plutocracia hereditaria.

P. En cuanto se comienzan a debatir impuestos a corporaciones y millonarios, aparecen excepciones y exenciones con potencial de neutralizar su poder redistributivo y recaudatorio, ¿Cómo protegerse ante eso?
R. Eso es completamente cierto. En primer lugar, tenemos que dejar claro el principio que persiguen los impuestos. Y en segundo, ser conscientes de que los ricos van a intentar introducir lagunas y excepciones para volverlos ineficaces. Lo sabemos y tenemos que protegernos contra eso. Estamos defendiendo un impuesto mínimo global del 2% sobre el patrimonio, que es un impuesto muy moderado y tiene la virtud de no ser complejo. Si tienes 100 millones de dólares, lo más probable es que como mínimo estés obteniendo una rentabilidad del 6%. Así que si ya has pagado un 33% por las ganancias de ese capital, no tendrás que pagar este impuesto, porque esa cantidad equivaldrá al 2% que proponemos como gravamen mínimo. Y un 33% sobre los rendimientos del capital sigue siendo menos de lo que muchas personas pagan sobre sus salarios.

P. Sabe que se resistirán a cualquier impuesto de este tipo.
R. Cuando estuve en Francia, me escandalizó escuchar a tantos millonarios admitiendo implícitamente que eran evasores fiscales, porque no querían pagar ni siquiera ese impuesto mínimo del 2%. Cuando se debatió en la Asamblea Nacional, introdujeron todo tipo de exenciones para que el impuesto no fuera aplicable a una gran parte de los millonarios. Así que es cierto, es una batalla constante, pero ya conocemos los trucos. Tras lo ocurrido en Francia, ya sabemos las formas en que la gente va a intentar evadirlo aprovechando las lagunas legales. Necesitamos asegurar un buen debate para cerrar esas lagunas.

P. Eso puede cumplir un fin redistributivo, pero no va a terminar con la influencia de los millonarios en la política…
R. Cierto. Para lograr eso tenemos que sacar el dinero de la política, y especialmente en Estados Unidos, donde las inversiones disfrazadas de contribuciones a las campañas reportan un alto rendimiento a los supermillonarios. En segundo lugar, no podemos permitir que solo los ricos controlen los medios de comunicación. Tiene que haber buenos sistemas de radiodifusión pública y apoyo para el periodismo de investigación. En tercer lugar, tanto las redes sociales como las inteligencias artificiales tienen que pagar por las noticias y por la información que roban a los medios tradicionales. Eso mejoraría los ingresos de los medios tradicionales y permitiría una prensa más diversificada. Y por último, Europa necesita crear su propio ecosistema mediático, no puede depender de X o de Facebook. Tiene que contar con sus propias plataformas independientes y parcialmente públicas para que la gente pague sus impuestos y reciba todas las comunicaciones.


viernes, 16 de enero de 2026

_- Juan Torres López, economista: "La gente se va con Vox porque le habla de sus problemas"

Juan Torres Lopez   Como sobrevivir al Trumpismo y a la Economía de la Motosierra (libro) 2
_- Juan Torres López, mostrando su libro.   FERNANDO VÁZQUEZ
El catedrático de Economía presenta su libro 'Cómo sobrevivir al trumpismo y a la economía de la motosierra', un ensayo en el que muestra que hay alternativas al capitalismo actual

"Europa aplicó la motosierra en 2008 y empeoraron las condiciones de vida de millones de personas"

La decepción con los partidos de izquierdas
Apenas lleva unos meses jubilado sin dar clases en la Facultad de Economía de la Universidad de Sevilla, sin embargo mantiene su actividad como uno de los pensadores económicos más escuchados por la izquierda de este país. En estos meses le ha dado tiempo de finalizar su último libro, titulado Cómo sobrevivir al trumpismo y a la economía de la motosierra.

Juan Torres (Granada, 1954) no rehuye el debate y se ha propuesto con esta obra ofrecer soluciones para la izquierda con cierto optimismo a pesar de que no esconde su decepción con los grandes partidos de este espectro político. En estas páginas narra las diferentes posibilidades que hay para hacer frente a la ola neoliberal que, para él, están abanderando las grandes empresas tecnológicas y que en última instancia se reflejan en las políticas de países como Estados Unidos y Argentina.

Pregunta. El libro se titula Cómo sobrevivir al trumpismo y a la economía de la motosierra. Respóndame brevemente a esa cuestión. 
Respuesta. No es fácil responder precisamente, pero yo diría que logrando que la gente normal y corriente se empodere y asuma que la vida puede ser el centro de la economía y que como trato de mostrar en el libro hay formas de organizar la vida económica de forma alternativa y que proporcionan mucho más bienestar y mucha más calidad de vida y democracia.

P. La motosierra la ha popularizado Milei en Argentina. ¿Está Europa a salvo? 
R. No sólo se corre el riesgo de un contagio futuro, es que la motosierra ya se aplicó en Europa durante la crisis de 2008 con recortes brutales de gasto social que aumentaron mucho más la deuda y empeoraron las condiciones de vida de millones de personas y mataron a muchas personas. Lo que ocurre es que las motosierras de Milei o Trump son mucho más crudas, más desnudas, violentas y agresivas. Pero Europa fue pionera con esas políticas.

"Europa aplicó la motosierra en 2008 y empeoraron las condiciones de vida de millones de personas"

P. ¿Vamos a un escenario donde el Estado cada vez tenga menos peso y las grandes empresas más influencia? ¿Estamos cerca de una privatización total? 
R. Al gran capital, sobre todo tecnológico, le resulta prácticamente imposible convivir con la democracia. El capitalismo democrático de décadas anteriores está no solamente en crisis, sino en proceso de desmantelamiento porque los extraordinarios beneficios, los enormes privilegios y la gran libertad que necesitan los nuevos capitales financieros y tecnológicos es incompatible con las restricciones que inevitablemente impone siempre cualquier sistema democrático por muy imperfecto que sea.

P. ¿Eso significa que estamos más cerca de un mundo mucho más autoritario? 
R. Estamos a las puertas de un mundo de autocracia y de pérdida de libertades si la gente no reacciona y si quienes verdaderamente creen en la democracia y en la libertad no dan un golpe en la mesa y ponen un freno a esos intentos del nuevo capital tecnológico.

P. Habla usted de reaccionar a tiempo. ¿Cuándo se acaba ese tiempo? 
R. El tiempo ni se acaba ni comienza ni termina nunca. Es un flujo y cuanto más se tarde en reaccionar, el daño va a ser mucho más intenso porque basta con ver lo que ocurre en Estados Unidos donde se están desmantelando agencias y organismos de la administración que han sido básicos para evitar desastres, lograr avances tecnológicos e, incluso, para tener información que permita gobernar. Se están aplicando estas políticas de recortes de forma muy acelerada y hay que dar respuesta.

P. Trump ha cambiado los términos en los que se practica el debate en la sociedad internacional. ¿Qué viene detrás de él? Su persona no va a ser eterna pero, ¿puede serlo su legado en cuanto a forma de hacer política, economía e, incluso, debatir? 
R. Eterno no es nada, pero va a tener herederos que pueden ser peor que él. En su administración ya los tiene con un discurso más reaccionario y brutal. Trump no es un elemento venido de Marte que ha caído aquí por casualidad, es una expresión de un modo de gobernar y de construir la sociedad que responde a intereses de grandes capitales, de grandes grupos financieros y que es el resultado, además, de unas políticas no solamente económicas, sino yo diría que civilizatorias que se han llevado a cabo en los últimos decenios. Políticas que han hecho que la gente se sienta extraordinariamente desposeída, desprotegida, sola, perdida, empobrecida y sin protección, sin cobertura en las fuerzas políticas, digámoslo así, tradicionales, pues se ha echado en brazos justamente de quienes con más fuerza le van a hincar el puñal en la espalda.

Pero, por otra parte, humanamente es comprensible que ocurra eso cuando, como digo, millones de personas se han sentido desprotegidas por las fuerzas políticas tradicionales que no han sido capaces de hacer frente con éxito, firmeza y determinación a los cambios que se han ido produciendo en la vida económica y social.

 
Juan Torres Lopez   Como sobrevivir al Trumpismo y a la Economía de la Motosierra (libro) 1
Juan Torres Lopez, relee 'Cómo sobrevivir al Trumpismo y a la Economía de la Motosierra'.   FERNANDO VÁZQUEZ
P. ¿Podemos hablar de un fracaso del Estado del Bienestar? 
R. El Estado del Bienestar no ha fracasado, ha ido siendo desmantelado por grupos de interés que no han estado interesados en financiarlo nunca y que en cuanto han tenido la oportunidad de dejar de hacerlo porque han adquirido un poder extraordinariamente superior al de las clases sociales que se favorecían del Estado del Bienestar, pues han dejado de soportarlo. No es que haya desaparecido por completo, pero está en vías de ello porque estos capitales tienen como objetivo mercantilizar cualquier aspecto de la vida como la salud, educación, el agua, los recursos naturales, los bebés, la vida o cualquier cosa que pueda proporcionar ganancia.

"El desarrollo de la IA será la revolución más impresionante de la historia de la humanidad"

P. ¿Cómo ve en todo esto el desarrollo de la Inteligencia Artificial? ¿Estas grandes tecnológicas las van a utilizar para tener un mayor control de la sociedad? 
R. El desarrollo de la IA posiblemente sea la revolución tecnológica, y por tanto económica y social, más impresionante de la historia de la humanidad. Yo no tengo absolutamente ninguna duda de que la inteligencia artificial se va a desarrollar y que va a cambiar la vida de la humanidad. Otra cosa es en qué sentido va a producir ese cambio porque como toda tecnología, el resultado social que produce depende de las lógicas que impulsen su desarrollo.

De momento la inteligencia artificial está desarrollándose impulsada exclusivamente por el afán de lucro, por la búsqueda del beneficio privado, generando unas burbujas extraordinarias, unas fragilidades financieras impresionantes y, por lo tanto, potencialmente creando unos peligros muy grandes. No sabemos cómo va a ir evolucionando. Yo no creo que se vaya a detener el progreso.

Pero el progreso bien diseñado, gobernado con equidad, inteligencia y equilibrio es muy diferente a un progreso tecnológico que se lleva a cabo a base de sobresaltos, de crisis, de destrucción y de empobrecimiento. Esa es la disyuntiva. Para eso es importante que la sociedad sea consciente de lo que nos jugamos con el desarrollo de la IA y que la ciudadanía sea capaz de presionar a gobiernos y estados para que sean capaces de establecer condiciones de desarrollo que favorezcan una tecnología que logre que la humanidad resuelva mucho mejor los problemas que tiene.

Juan Torres Lopez   Como sobrevivir al Trumpismo y a la Economía de la Motosierra (libro) 4
 
Juan Torres López, después de la entrevista.  FERNANDO VÁZQUEZ
P. Interpreto que es pesimista en cuanto a que el desarrollo de esta tecnología favorezca una mejor redistribución de la riqueza. 
R. Puede hacerlo. Que no lo haga depende de las condiciones en las que se establezca su desarrollo y el aprovechamiento de las ventajas que comporta. Es clave todo el marco institucional, legal y político para que sea IA no sea una bomba de relojería en la sociedad, sino una forma de abordar los problemas de la humanidad.

P. ¿Es la UE la gran derrotada del trumpismo? 
R. Posiblemente. Aunque creo que la UE se ha derrotado a sí misma en el momento en que no supo definirse con coherencia y con acierto. La UE ha sido demasiado servil y ha tenido una servidumbre hacia los grandes capitales y EEUU que no ha sabido vencer. No ha sido capaz de consolidar un proyecto político e ilusionante, coherente, democrático en la ciudadanía europea y ha dejado cabos sueltos, incluso en su diseño monetario, financiero y político. Es un vehículo que sólo puede funcionar dando traspiés. Cuando la cosa se ha puesto complicada y Estados Unidos no ha podido echarle la mano por el hombre por su declive, hemos visto que la UE es un aparato vergonzante.

P. ¿Vamos a un escenario donde la presencia de China en Occidente sea más potente? ¿Cómo hemos llegado a este punto? Hablamos de un Gobierno que hasta hace poco era repudiado y ahora Pedro Sánchez anuncia esos viajes a bombo y platillo y Juanma Moreno presume de inversiones. 
R. No queda más remedio. Los datos están ahí. Mientras EEUU entra en declive, China ha tomado el relevo en el ámbito comercia, industrial, monetario, financiero, tecnológico e, incluso, en el poderío militar. Aunque es indudable que esto último Estados Unidos lo mantiene por encima del resto. Cuando eso ocurre es lógico que la UE y otros países vean que el mundo va a ser multilateral y no va a haber un único polo de poder y beneficio. EEUU lo está intentando evitar con una política de palo y zanahoria, pero es muy difícil porque a poco que el pragmatismo se imponga, cada vez habrá más países que vean que pueden obtener beneficios estando a la sombra de China.

P. En su obra utiliza mucho el término conflicto. ¿Cuál cree que va a ser el detonante para que esa tensión que existe actualmente en la sociedad termine rompiendo? 
R. Sin duda el elemento más explosivo que tenemos hoy en día es la desigualdad porque estamos alcanzando los niveles de concentración de riqueza y desigualdad más grandes de la historia. El estudio histórico nos enseña que la desigualdad es la principal causa de declive y de colapso de las sociedades a lo largo de la historia. Se han estudiado más de 300 sociedades a lo largo de 10 000 años y la desigualdad, como digo, aparece siempre en el punto central que explica el declive social, la destrucción de las sociedades, incluso de imperios que parecían vencibles. No sabemos cómo puede expresarse concretamente, cómo se va a expresar concretamente ese conflicto, pero a cualquiera que conozca la historia humana, la historia de las sociedades, la historia de la humanidad no puede tener dudas de que la desigualdad es una bomba de relojería.

P. Unas de las grandes tensiones actuales es la generacional. ¿Cómo lo ve usted? Ya se habla de la primera generación que va a vivir peor que sus padres. 
R. Es muy posible que ese tipo de problemas se haya dado siempre de una manera o de otra, pero es cierto que en estos momentos después de unas décadas en las que se había producido a expansión del estado del bienestar, de los servicios públicos o de las políticas de movilidad social, estamos viendo que el avance de la desigualdad produce efectos especialmente dañinos sobre los grupos de población más vulnerables. Y claro, la gente joven que empieza se encuentran con una barrera mucho mayor.

Además lo que está ocurriendo es que como consecuencia de la desigualdad, no toa la juventud se encuentra en la misma condición. Está el que desde los 18 años puede tener una vivienda que le compran sus padres y puede vivir con cierta comodidad y el joven que carece de eso. Se genera una brecha que se va extendiendo. Esto produce otras brechas y si ocurre en un contexto en el que las izquierdas han sido incapaces de generar proyectos emancipadores atractivos que se refieran a las condiciones de vida concretas y a las carencias efectivas de la gente, pues es normal que la gente joven se sienta especialmente dolida, dañada y que cambie de posición y busque soluciones extremas.

"Los grupos financieros difunden mentiras sobre los sistemas públicos de pensiones y la gente se las cree"

P. Esta situación está abriendo un debate sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones. Usted siempre ha defendido que es sostenible a pesar de que su peso es cada vez mayor en el gasto social y la natalidad no compensa el mercado de trabajo. ¿Cómo se soluciona? 
R. El futuro de las pensiones públicas no depende sólo del número de personas que trabaje sino del tamaño de la tarta que se crea. Nos están diciendo que vamos a tener un desarrollo tecnológico impresionante, que no va a hacer falta tanto trabajo, pero lo que no nos están diciendo es que la inteligencia artificial y el desarrollo tecnológico vaya a producir menos, todo lo contrario, será capaz de producir mucho más.

Si el tamaño de la tarta es mucho mayor, gracias a ese inmenso avance tecnológico, significa que podemos tener una tarta más grande para repartir entre toda la población, no solamente entre los que estén trabajando. Si tuviéramos la suerte en el mundo de que una inteligencia artificial fuera capaz de producir todos los bienes y servicios que toda la humanidad necesita, sin que nadie trabajase podría haber dinero para pensiones.
 
Juan Torres Lopez   Como sobrevivir al Trumpismo y a la Economía de la Motosierra (libro) 5
Juan Torres López, profesor de la Universidad de Sevilla recientemente jubilado.  FERNANDO VÁZQUEZ  
Hay un gran fraude que se le dice a la gente y se asusta. Las pensiones públicas serán viables si efectivamente hacemos que la el tamaño de la tarta aumente como ha venido sucediendo siempre Lo que ocurre es que cada vez más hay la intención de que esa proporción de la tarta que van a las personas que no están en el mercado de trabajo vaya para los mercados financieros y el lucro privado. Entonces naturalmente no será sostenible ni las pensiones ni cualquier otro servicio público. ¿Por qué no se habla de la insostenibilidad en el futuro de la administración de justicia, de los ejércitos o de la policía?

Hablan de las pensiones públicas porque es una expresión de solidaridad, de cooperación entre grupos sociales, de forma de organizar la vida social sobre una base que no es el lucro privado y que duele al capitalismo de nuestros días. Los jóvenes tendrían que ser conscientes del peligro de no tener ingresos en el futuro cuando se hagan mayores y ya no puedan trabajar. Si se privatizaran las pensiones y cada uno tuviera que ahorrar para tener dinero cuando se jubilara, que cada uno se mire a sí mismo para ver si ahora pueden ahorrar 500 o 600 euros al mes. ¿Están seguros de que no va a haber ninguna crisis que se lleve esos ahorros? Estamos viviendo una época de fraude. Los grupos financieros difunden mentiras sobre los sistemas públicos de pensiones y la gente se las cree.

P. ¿Por qué existe esa desconexión entre los partidos de izquierdas y las clases populares? 
R. No lo sé bien. ¿Cómo han llegado a esta situación los partidos? Pues degenerando. Son partidos muy poco democráticos y cesaristas con un jefe que decide todo. Se ha perdido la militancia y las agrupaciones ya no salen a la calle porque los dirigentes no necesitan a las bases. El nuevo alcalde de Nueva York ha ganado con más de 100.000 voluntarios recorriendo las calles y entrando en un millón de hogares para explicar el programa. Eso no lo hacen los partidos y es lógico que hayan perdido el contacto con la gente.

P. Ahora es Vox el que interpela directamente a las clases populares. ¿Se cree usted este discurso? 
R. Está haciendo lo que toda extrema derecha en el mundo. Ha encontrado que hay grupos sociales desposeídos y descontentos y les dicen claramente "os están quitando el trabajo, os están quitando la posibilidad de tener vivienda, os están generando inseguridad en vuestras calles, en vuestros barrios, vivís en un país que no tiene soberanía, que no puede tomar decisiones, vienen las grandes empresas y os quitan el trabajo" y entonces la gente dice, "joder, pues si es verdad que eso es lo que nos pasa". A la gente le hablan de esos problemas y se van detrás de Vox. El problema es que Vox no cuenta la parte de cuáles son las medidas de su programa y cómo estas medidas van a generar una mayor insatisfacción.

En España no hemos oído hablar a los partidos políticos de la izquierda del problema de la inseguridad que hay en muchos barrios del país. No hablan de eso y hay mucha gente que tiene miedo y acude al que le reconoce que existe esa inseguridad. La izquierda ha puesto el interés prioritario en cuestiones identitarias y culturales.

"En España no hemos oído hablar a los partidos políticos de la izquierda del problema de la inseguridad que hay en muchos barrios"

P. ¿La solución es más Estado o la situación es más compleja? 
R. Es más compleja. No podemos pensar que el Estado lo aguanta todo. Es una cáscara vacía que depende de quién llegue. Ultraliberales en Argentina, Hungría o Estados Unidos utilizan el Estado como el que más. El Estado es un instrumento inexcusable, pero lo importante es que la ciudadanía se empodere, tome conciencia y asuma demandas de sentido común. Que se informe y sepa realmente cuál es la naturaleza de los problemas y qué soluciones pueden beneficiarles. Esa es la garantía de que las cosas cambien como han sido siempre al largo de la historia.

Lo que yo he mostrado en mi libro es que estamos sometidos a una visión del mundo muy dramática muy oscura en la que se nos dice que todo va mal, que todo no funciona, que no se puede cambiar nada. Y sin embargo es también otra mentira. Si miramos a nuestro alrededor vemos que hay miles de experiencias de organización alternativa de la vida económica, formas que se basan en la cooperación, en la solidaridad, en la iniciativa común, en el trabajo comunitario y que funcionan mejor. Hay que trasladar a la gente ese tipo de experiencias y ponerlas en marcha para comprobar materialmente que se puede organizar la sociedad de otra manera.

P. ¿Cómo ve lo del Fiscal General del Estado? 
R. Habiendo filtrado el resultado de la votación del tribunal el 20 de noviembre, a mí me dio la impresión de que el fantasma de Franco aparecía por las salas del Tribunal Supremo. Yo creo que es un golpe de estado judicial. No ha habido pruebas de lo que han acusado y es una verdadera infamia, una vergüenza y un escándalo que se condene a alguien por filtrar un secreto que no es un secreto. A los magistrados que han hecho eso se le debería caer la cara de vergüenza, sobre todo porque ya se sabía que iban a hacer eso.

P. Quedan apenas seis meses para las elecciones andaluzas. Hemos conocido que Antonio Maíllo va a ser el candidato de Por Andalucía. 
R. La situación es difícil porque en el principal partido de la oposición tenemos una candidata que vive en Madrid, algo que no me puedo explicar. Me alegra mucho que Maíllo y sus organizaciones hayan tomado esa decisión porque me parece una muestra de generosidad extraordinaria. Antonio Maíllo me parece una persona de cualidades personales altísimas. Me alegro mucho y deseo que tenga éxito porque está haciendo un esfuerzo por la unidad y por poner en marcha proyectos de transformación tocando fibras que hace falta tocar en la izquierda.

Sobre el autor

Emilio Cabrera

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miércoles, 7 de enero de 2026

Tres confusiones que impiden entender y resolver el problema de la vivienda

No hace falta que explique hasta qué punto es grande el problema de acceso a la vivienda debido a su alto precio, ni las consecuencias tan dramáticas que provoca, principalmente en el ámbito personal y familiar, pero también en el económico, financiero, urbanístico y social, en general.

Hoy me limito a señalar tres confusiones que, a mi juicio, se vienen cometiendo constantemente, no sólo entre la gente corriente, sino entre los políticos que debieran hacer frente a este asunto y también, aunque parezca mentira, entre muchos economistas. Como se verá enseguida, son graves porque impiden percibir correctamente la naturaleza del problema, de modo que resulta entonces imposible solucionarlo.

Son las siguientes.

En primer lugar, creer que la subida exagerada de los precios de la vivienda ocurre sólo en nuestro entorno, en nuestro pueblo o ciudad, en nuestra región o país. No es cierto. Es un error de percepción porque la subida y su exagerada magnitud se está produciendo en la práctica totalidad de los países. Si bien es verdad que algunos, incluso de nuestro entorno más cercano, registran subidas más moderadas, se puede decir con total fundamento que el alza de los precios de la vivienda es un auténtico fenómeno global.

Una confusión de este tipo impide resolver el problema por una razón bien sencilla. No es lo mismo que cualquier tipo de mal se padezca individual o localmente que de forma generalizada. No se trata igual ni se cura con el mismo procedimiento una enfermedad singularizada en una persona que la producida por una pandemia. Las causas que lo generen serán, con toda seguridad, muy diferentes.

Una segunda e importante confusión consiste en no percatarse de que el precio de la vivienda no es el único que está subiendo.

La realidad es que a la vivienda le viene ocurriendo exactamente lo mismo que a otros bienes que se han convertido en objeto de la inversión de quienes en los últimos años han acumulado una cantidad ingente de ahorro y riqueza.

Si sólo fuera el precio de la vivienda el que está subiendo, tendríamos que darle solución específica. Pero si comprobamos que evoluciona al alza siguiendo la misma estela que otros bienes como el oro, la plata, los objetos de lujo, las piezas de arte, o los activos financieros, y si tenemos en cuenta que todos ellos son los que efectivamente adquieren quienes disponen de ahorro en abundancia, tendremos otra clave fundamental.

La razón es sencilla, sabemos que en los últimos años y muy particularmente tras la pandemia, los grandes patrimonios han multiplicado su magnitud en casi todos los países. Y ese incremento no se destina al consumo de bienes y servicios corrientes, sino al tipo de activos de inversión que he mencionado. Eso es lo que ha producido un incremento muy grande de su demanda que impulsa extraordinariamente al alza sus precios o cotizaciones, según el caso.

La vivienda es un bien de inversión muy atractivo, quizá no tanto como el oro o las acciones cuando se tienen grandes capitales, pero sí lo suficiente como para que allí se destinen cantidades de dinero muy grandes que elevan, como acabo de decir, la demanda de viviendas y su precio. Lógicamente, no para que en ellas vivan quienes las adquieren, sino para obtener rentas de su mera posesión, dedicándolas al alquiler o a usos turísticos, por ejemplo.

Además, la mayor demanda de vivienda para los grandes ahorradores no sólo eleva su precio, sino que «tira», por una especie de efecto reflejo, de los precios de todas las viviendas que hay en el mercado, para propiedad o alquiler.

La consecuencia de esta confusión es que se intenta resolver el problema de la vivienda dentro del mercado cuando su origen, como acabo de mostrar, se encuentra fuera de él,

La tercera confusión es un efecto de la anterior. Consiste en creer que, ante la gran presión de la demanda producida por la razón que acabo de apuntar, la solución es elevar la oferta, hacer que el número de viviendas construidas crezca, crezca y crezca si cesar. Como ocurre ante tantos otros problemas económicos, sólo se sabe recurrir al crecimiento constante, cuando el problema que se sufre no es, en realidad, de cantidad, sino de calidad o de reparto, como en este caso.

Se trata de otra confusión no menos relevante que las dos anteriores porque igualmente impide resolver el problema de acceso a la vivienda o, cuanto menos, frenar el alza de su precio.

Cuando la oferta de viviendas aumenta mediante la iniciativa privada, se buscará atraer a la demanda más solvente, justo la que en mayor medida impulsa el alza de precios, pues puede pagarlos sin apenas tener que preocuparse por cuál sea su cuantía. Y, aunque la oferta de viviendas sea pública, será esa misma demanda la que más fácil y rápidamente pueda adquirirlas. Y en ambos casos, como he dicho, la mayor oferta atrae más demanda que arrastra al conjunto del mercado y lo que sucede, como está sucediendo, es que, aunque suba la oferta, los precios siguen aumentando sin cesar.

El corolario de todo lo que acabo de señalar es bastante evidente y se puede resumir con claridad: no se puede enfrentar el problema de la vivienda como si fuese un problema local (porque es global), sin tener presente que está causado por un fenómeno que no tiene origen en el mercado de la vivienda (la concentración extraordinaria de la renta y la riqueza) y limitándose a aumentar el parque de viviendas que se ofrecen en el mercado (pues, en su totalidad o en una proporción suficientemente determinante, serán adquiridas por la demanda de alta riqueza, retroalimentando la subida de precios).

Sabiendo esto, lo que se puede y se debe concluir es que resultará materialmente imposible no ya resolver, sino incluso paliar en pequeña medida el problema de acceso a la vivienda de los grupos sociales de menor renta si no se cumplen dos requisitos imprescindibles:

a) Frenar con firmeza la desigualdad y a la concentración de la riqueza.

b) Impedir que la vivienda siga siendo un activo de inversión, al menos mientras no esté asegurado que sea lo que debe ser, un bien de primera necesidad para los individuos y familias y cuya provisión debe quedar garantizada a todas las personas por los poderes públicos.

En resumen sencillo de todo lo anterior: es un hecho objetivo y claramente observado día a día que el mercado está siendo incapaz de resolver el problema de la vivienda. Es más, está generando otros al conjunto de la economía y a la sociedad de gran magnitud y que pueden llegar a ser explosivos si no se resuelve. Por tanto, no hay otra alternativa que sacar, literalmente hablando, u ofrecer fuera del mercado el número de viviendas suficiente para garantizar el derecho de habitación de todas las personas que hoy día la necesitan y no pueden acceder a ella; por supuesto, contribuyendo a su financiación en la medida de su capacidad.

Todo lo demás es retórica y cada día que pase sin que se asuman y pongan en práctica estos últimos presupuestos hace que el problema se haga cada vez más difícil, por no decir imposible, de resolver.

domingo, 17 de noviembre de 2024

Galardón económico por la peor investigación

Fuentes: El tábano economista

La combinación correcta de tecnología, humanos y Estado impulsará la prosperidad

Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson recibieron el Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel, comúnmente, aunque incorrectamente, llamado “Nobel de Economía”, por sus estudios sobre cómo se forman las instituciones y cómo afectan a la prosperidad.

El economista Michael Roberts, quien ha escrito numerosos artículos sobre varios galardonados, cree que generalmente se otorga el premio por su peor investigación, es decir, aquella que confirma la visión dominante del mundo económico.

Esto es lo que los jueces del premio Nobel dicen que fue la razón para otorgarlo:

«Hoy en día, el 20% más rico de los países son alrededor de 30 veces más ricos que el 20% más pobre. Las brechas de ingresos entre países han sido muy persistentes en los últimos 75 años. Los datos disponibles también muestran que las disparidades de ingresos entre países han aumentado en los últimos 200 años. ¿Por qué las diferencias de ingresos entre los países son tan grandes y persistentes?

“Los laureados de este año han sido pioneros en un nuevo enfoque para proporcionar respuestas creíbles y cuantitativas a esta pregunta crucial para la humanidad. Su investigación se centra en la idea de que las instituciones políticas dan forma fundamental a la riqueza de las naciones. Pero, ¿qué da forma a estas instituciones?”

El trabajo por el que fueron premiados sugiere que los países que han alcanzado la prosperidad y han erradicado la pobreza lo han hecho adoptando instituciones democráticas. Por el contrario, las sociedades controladas por élites sin responsabilidad democrática tienden a ser “extractivas”, es decir, extraen recursos sin respetar la propiedad ni los derechos, lo que impide su desarrollo y prosperidad.

Dos puntos se deducen de esto. En primer lugar, se considera que el crecimiento y la prosperidad van de la mano con la «democracia», sobre todo occidental, a pesar que los jueces del premio Nobel dicen las disparidades de ingresos entre países han aumentado en los últimos 200 años, lo que implica que la diferencia no está en entredicho.

La segunda es que, si consideramos que países como China tienen élites “extractivas” y antidemocráticas, ¿cómo explican los ganadores del Nobel su éxito económico indudable? Sería correcto decir que las revoluciones o reformas políticas son necesarias para situar las cosas camino a la prosperidad. Puede haber algo de verdad en eso: ¿estaría Rusia a principios del siglo XX donde está hoy sin la revolución de 1917 o China estaría donde está en 2024 sin la revolución de 1949? Pero nuestros «nobelistas» no nos presentan esos ejemplos: los suyos se refieren a la extensión del sufragio en Gran Bretaña en el siglo XIX o la independencia de las colonias americanas en la década de 1770.

Pero lo que nos interesa es que dos de los tres laureados, Daron Acemoglu y Simon Johnson, tienen un libro, “Poder y progreso: una lucha de mil años por la tecnología y la prosperidad”, que presenta un relato histórico exhaustivo de cómo la tecnología ha hecho avanzar a la humanidad en términos de niveles de vida, pero a menudo ha creado miseria, pobreza y mayor desigualdad, como mostramos en los dos artículos anteriores con los dueños de la IA (aquí y aquí).

Resulta que “la Edad Dorada de finales del siglo XIX fue un período de rápido cambio tecnológico y desigualdades alarmantes en Estados Unidos, como hoy. Aunque los salarios reales aumentaron a medida que la economía se expandía, la desigualdad se disparó y las condiciones de trabajo eran abismales para millones de personas que no tenían protección contra sus jefes económica y políticamente poderosos. Los barones ladrones, como se conocía a los más famosos e inescrupulosos de estos magnates, hicieron enormes fortunas no solo por su ingenio para introducir nuevas tecnologías, sino también por la consolidación con empresas rivales. Las conexiones políticas también fueron importantes en la búsqueda de dominar sus sectores”. 
Fuente: El Tábano Economista

 El poder político y la prosperidad económica muestran cómo la tecnología ha moldeado el bienestar humano a lo largo de la historia y cómo las dinámicas de poder determinan si sus beneficios se distribuyen equitativamente o se concentran en manos de unos pocos. Los autores destacan que el progreso tecnológico no garantiza un aumento en la prosperidad general.

A lo largo de la historia, las élites han controlado la dirección y los beneficios del avance tecnológico para consolidar su poder y riqueza. Acemoglu y Johnson muestran cómo, en muchos casos, la tecnología ha sido utilizada para mantener la desigualdad, en lugar de fomentar un crecimiento inclusivo. Para ellos, el progreso no es neutral: está siempre mediado por quienes tienen el poder y los recursos para aprovecharlo.

Uno de los casos más emblemáticos es la Revolución industrial. Si bien trajo grandes innovaciones, también condujo a una concentración del poder económico y político. Las máquinas reemplazaron el trabajo humano, pero en lugar de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, desembocaron la explotación laboral y el empobrecimiento de grandes sectores de la población. Los avances tecnológicos no se tradujeron automáticamente en bienestar generalizado, sino que dependieron de la forma en que se distribuyeron los beneficios.

El papel del Estado y las instituciones políticas juega un papel crucial en determinar si los beneficios del progreso tecnológico se distribuyen equitativamente. En sociedades donde las instituciones son inclusivas y democráticas, es más probable que el progreso tecnológico genere prosperidad para la mayoría. Sin embargo, en contextos donde las instituciones están controladas por élites extractivas, la tecnología tiende a concentrar el poder y la riqueza en un grupo reducido.

Algunos de los temas centrales del libro son el impacto actual y futuro de la inteligencia artificial (IA) y la automatización. Acemoglu y Johnson advierten que estos avances tecnológicos tienen el potencial de agravar la desigualdad si no se gestionan de manera adecuada. Señalan que, así como ocurrió durante la Revolución industrial, la IA puede ser utilizada para reemplazar el trabajo humano en lugar de complementarlo, lo que podría llevar a la precarización del empleo y a un aumento de la concentración de riqueza en las manos de los dueños de estas tecnologías.

Para los autores, el progreso no puede medirse únicamente en términos de avances tecnológicos o crecimiento económico, sino que debe evaluarse en función de cómo estos beneficios se distribuyen entre la población. Si no se toman medidas para democratizar el acceso y los beneficios de la tecnología, y apuntalar al Estado, corremos el riesgo de repetir los errores del pasado, donde el progreso fue acaparado por unos pocos a expensas de muchos. Lo mismo que está pasando en la actualidad. 

Fuente: