Mostrando entradas con la etiqueta izquierda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta izquierda. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de noviembre de 2019

La izquierda en la encrucijada. Reflexiones sobre el acuerdo PSOE-Unidas Podemos

Jordi Escuer
Rebelión

La derecha ya ha descargado toda su ira ante el preacuerdo para un gobierno de coalición que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firmaron en el comedor de gala del Congreso. Perplejos, los que se negaban a apoyar a Sánchez cuando este se lo pedía denodadamente, ahora braman indignados por su acuerdo con los “comunistas” de Unidas Podemos. La patronal, partidaria primero de un gobierno del PSOE con Ciudadanos, después de un acuerdo PSOE-PP con la fórmula que fuese posible, se encuentran ahora que sus representantes políticos naturales han “empujado” a Pedro a los brazos de Pablo. Dejemos a la derecha que ajuste sus cuentas.

El resultado electoral del 10 de noviembre abocaba a Sánchez a un acuerdo con Podemos o a repetir unas nuevas elecciones, lo que hubiera supuesto su suicidio político y la puerta a una previsible victoria de la derecha. El hundimiento de Ciudadanos, y sus peores resultados, han mandado al traste sus planes iniciales.

La inmensa mayoría de los votantes de Unidas Podemos y del PSOE ven con ilusión la posibilidad del gobierno de coalición, que aún tiene que lograr apoyos suficientes para formarse, aunque es probable que los consiga ante las alternativas que existen.

Es fácil entender esas esperanzas, pero ni el ruido de la caverna ni las comprensibles ilusiones deben impedirnos reflexionar sobre lo que ha pasado estos meses, las alternativas que sí había a este acuerdo, y los riesgos que conllevará para la clase trabajadora y ante los que hay que prepararse. La militancia de IU debe reunirse, debatir y tomar una decisión, como debería hacer toda la militancia de las distintas organizaciones de UP.

El contenido del preacuerdo
El preacuerdo plantea generalidades cuya concreción puede tomar derroteros muy distintos. Pero en algunas cosas sí que es concreto: “El Gobierno impulsará políticas sociales y nuevos derechos con arreglo a los acuerdos de responsabilidad fiscal de España con Europa, gracias a una reforma fiscal justa y progresiva que nos acerque a Europa y en la que se eliminen privilegios fiscales” (el subrayado es nuestro).

Los “acuerdos de responsabilidad fiscal de España con Europa” fueron los que llevaron a la modificación del artículo 135 de la Constitución, que dio amparo a los recortes sociales. La Comisión Europea está pidiendo un nuevo recorte del gasto público de 15.000 millones de euros [1].

Una política que la dirección del PSOE ya respalda plenamente desde la época de Rodríguez Zapatero, pionero de los recortes. Nadia Calviño, anunciada vicepresidenta económica, ex alto cargo de la Comisión Europea y ex candidata a presidir el Fondo Monetario Internacional, va a ser la guardiana de la ortodoxia económica y de la caja.

Nos basta recordar lo que sucedió con el acuerdo de presupuestos. El PSOE incumplió buena parte pero, aunque se hubiese llevado a cabo, suponía un incremento del gasto público totalmente insuficiente para atender las necesidades. ¿Podrá más UP ahora con 35 diputados que entonces con 71?

En la cuestión catalana se suscribe que todo lo que se haga debe ser “siempre dentro de la Constitución”, lo que implica la renuncia a defender el derecho de autodeterminación, sin el cual, no se puede dar una salida al conflicto político catalán.

Consecuencias de que UP esté en el gobierno
Si la izquierda transformadora no tiene mayoría suficiente para tomar las riendas del gobierno, es preferible estar en la oposición por la izquierda. En julio se debía haber votado SÍ a Sánchez en la investidura y pasar a la oposición. Eso es lo que habría que hacer ahora. Que el PSOE cumpla con sus compromisos de izquierdas va a depender más de la movilización social que de la presencia de UP en el gobierno, al que se le deberá “cohesión, lealtad y solidaridad gubernamental”, como se recoge en el preacuerdo, algo que Sánchez se encargará de recordar cuando haga falta.

Y ese es el quid de la cuestión: estar dentro de un gobierno del Estado en minoría tenderá a atarnos las manos para la movilización. Pablo Iglesias escribe a la militancia: “Vamos a gobernar en minoría dentro de un Ejecutivo compartido con el PSOE, en el que nos encontraremos muchos límites y contradicciones, y en el que tendremos que ceder en muchas cosas” [2]. Es cuestión de tiempo que a los dirigentes de UP se les presente el dilema: o con el pueblo o con la “lealtad” debida al gobierno. Los dirigentes del PSOE lo resolvieron hace años cuando optaron por la reconversión industrial, aprobaron los contratos basura o las ETTS, recortes sociales, etcétera. El respaldo entusiasta que Felipe González cosechó en 1982, con 202 diputados, una mayoría absoluta que nadie más ha logrado, se dilapidó en los siguientes 14 años y preparó el terreno para la vuelta de la derecha, como los recortes de Zapatero abrieron la puerta al regreso de Rajoy.

No cabe duda de que los dirigentes de UP desean honestamente llevar adelante políticas de izquierdas, pero la entrada en los gobiernos, sin la fuerza suficiente para aplicar dichas políticas, nos aboca al riesgo de acabar poniendo en práctica la política del “mal menor”. ¿Se van a aceptar hacer recortes cuando Nadia Calviño exija mantenerse “dentro de los acuerdos de responsabilidad fiscal de España con Europa”? Por eso Pedro Sánchez no quería un acuerdo con UP.

La participación de IU en gobiernos conjuntos con el PNV en el País Vasco o en Andalucía con el PSOE, tuvo sobre todo el efecto de fortalecer al PSOE y al PNV mientras debilitaba a la izquierda.

Pero más cercana aún es la experiencia del Ayuntamiento de Madrid, cuando el intento de emplear íntegramente los recursos municipales en interés de la mayoría social le costó el cese al delegado de Hacienda de IU, no por Cristóbal Montoro sino por la propia Manuela Carmena. Los ministros y ministras de UP se enfrentarán al mismo problema y sólo podrán mantenerse firmes en defensa de los intereses de las clase trabajadora, además de por sus propias convicciones, si hay una fuerte presión desde abajo que contrarreste la de la derecha.

Cuando esos choques se den, entonces, como pasó en el grupo municipal de Ahora Madrid, habrá una enorme presión para tapar las diferencias con el argumento de no favorecer a la derecha, que atacará al gobierno con todas sus fuerzas, que son muchas. El mayor riesgo de la participación de UP en el ejecutivo de Sánchez es acabar justificando políticas de recortes con el argumento de que la derecha aún sería peor. Si eso sucediera dejaríamos huérfana de alternativa a la clase trabajadora y estaríamos propiciando una victoria de la derecha, de Vox en particular, en el futuro. Hay que trabajar para evitar eso a toda costa.

La entrada en el Ayuntamiento de Ahora Madrid, que tantas ilusiones despertó, no fue capaz de llevar a cabo su programa porque renunció a la movilización social y a enfrentarse al adversario. Debemos tener claro que la dirección del PSOE no sólo no alentará la movilización social en apoyo de un cambio, sino que se opondrá a ella. UP debe prepararse para un escenario muy complicado, pues será atacada por la derecha y, también, por la dirección del PSOE.

Cómo deberíamos actuar
Por todo lo expuesto debería haberse reconocido desde el principio que UP no tiene suficiente fuerza para formar gobierno y que hay diferencias de fondo con el PSOE, y que era mucho mejor darle la investidura “gratis” y pasar a la oposición. Pero parece claro que la dirección de Podemos no tiene intención de dar marcha atrás. Por eso IU, tras votar a favor de la investidura de Sánchez, no debe entrar en el ejecutivo sino poner todo el esfuerzo en construir organización, empezando por la propia UP. Hay que evitar lo que ya hemos vivido tantas veces en el pasado, volcar a todos los cuadros en la labor institucional, abandonando la organización y movilización.

Es más, es vital que las organizaciones que componen UP defiendan a toda costa la libertad de crítica interna, pues va a ser la única forma de controlar la participación en el gobierno, que debe valorarse periódicamente, y contrapesar la presión institucional. Hemos de tomar precauciones contra la tentación de los grupos institucionales de evitar la crítica interna a su labor, que puede lleva a convertir en muy difícil la vida cotidiana de la militancia, a la que se acaba despojando de cualquier capacidad real de decisión en los temas importantes. Una organización viva, con una militancia crítica y con poder real, es imprescindible.

Y el objetivo central de nuestra organización debe ser alentar la movilización social, lo único que puede contrarrestar la enorme presión que vendrá de las grandes empresas y de la derecha, la mejor forma de empujar al gobierno a aplicar políticas de izquierdas o impedirle hacer recortes. Hay que promover la unión de todos los conflictos actuales por la educación, la sanidad, la dependencia, el transporte público, la vivienda, las condiciones de trabajo, las pensiones, el medioambiente, los derechos democráticos… en una sola gran movilización.

Una gran lección de la experiencia en el Ayuntamiento de Madrid es que, cuando gobiernan los nuestros, es precisamente cuando hay que movilizarse más para vencer la resistencias a la aplicación de un programa de izquierdas. Como ha popularizado la ejemplar lucha de los pensionistas: “gobierne quien gobierno, las pensiones se defienden”. Ese lema debe inspirarnos. Los ministros y ministras de UP deberán ser las más interesadas en esa movilización, pues va a ser su mejor punto de apoyo para defender el programa en el gobierno.

En la cuestión catalana, podríamos darle la vuelta a los argumentos de la derecha, y de la dirección del PSOE. Si se quiere respetar la opinión de quienes viven y trabajan en Cataluña hay una opción dentro de la Constitución, celebrar una consulta en base al artículo 92, comprometerse a respetar lo que se decida y, en base al resultado, iniciar los cambios necesarios en la carta constitucional para aplicar la voluntad del pueblo catalán. Ahí está una opción “constitucional” para dar una salida al conflicto político. Sin olvidar que, en este terreno, al final, lo determinante también será la movilización, en Cataluña y en todo el Estado. Por eso hay que unir la lucha por los derechos sociales y democráticos, incluido el derecho de autodeterminación.

Construir una alternativa al capitalismo
Pero exige, además, cambiar el sistema económico de arriba abajo, y debemos ser capaces de explicarlo. El programa de UP es básicamente un programa de reformas cuya base es aumentar los impuestos a las rentas más altas e incrementar el gasto social, y fortalecer los derechos laborales y democráticos. Todo eso es imprescindible, pero para funcionar debe ir unido a una transformación económica de fondo.

El gobierno recibirá una presión directa de la CEOE, con la que Sánchez ya había llegado a un acuerdo antes de las elecciones [3] . El programa de la patronal [4] es seguir reduciendo el gasto público pero, a la vez, reduciendo los impuestos y los costes sociales a las empresas, mantener las contrarreformas laborales anteriores y retrasar más la edad de jubilación, mantener la conciertos con empresas privadas en todos los ámbitos, etcétera. Es la política que cabe esperar de quienes defienden el capitalismo, y que supone un incremento de la explotación de la clase trabajadora.

Hay que explicar que el capitalismo es el problema. La ironía es que, por más que la izquierda se modere, se la acusa de “comunismo radical” a la menor ocasión. No vamos a convencer a los capitalistas de que nuestra propuesta es más razonable, hay que cambiar el sistema.

La izquierda transformadora necesita abordar seriamente la elaboración una alternativa de sociedad, no quedarse en la mera gestión del sistema. Por mucho que tu subas los impuestos a las grandes empresas y a las rentas más altas, las decisiones de inversión están en sus manos. Desde el gobierno, y si hay presión social, se podrán arrancar concesiones al principio, que serán bienvenidas. Pero si la desaceleración se va transformando en recesión, la inversión caerá y el paro aumentará, y será aún más difícil hacer frente al pago de las pensiones y los servicios públicos.

La deuda pública pesa como una espada de Damocles sobre cualquier gobierno, con más fuerza en una nueva recesión. Es urgente su auditoría y plantear una quita, como defendían los dirigentes de Podemos en 2014 [5] . Pero eso tiene que ir unido a la nacionalización los sectores estratégicos de la economía, para evitar estar en manos de los bancos y las grandes empresas privadas. Sin olvidar que la estructura del Estado está estrechamente vinculada a la económica, por infinidad de cauces. Un cambio así sólo puede ser producto de una inmensa y profunda movilización social. Ni siquiera basta con nacionalizar, sólo es la primera condición, hace falta un control democrático de esos medios de producción. La clase trabajadora debe tomar las riendas de la economía, ser capaz de hacerla funcionar de forma muy distinta a cómo lo hace el sistema, con criterios sociales y respetando los límites medioambientales.

En América Latina hemos sido testigos de cómo la izquierda conquistó los gobiernos en muchos países, impulsada por una gran movilización social. Pero también hemos comprobado que, si no se consigue cambiar el sistema, éste espera a que el desgaste que se sufre les permita recuperar el gobierno e, incluso, no duda en organizar golpes de estado como el de Bolivia. Y aún así, el pueblo vuelve a la lucha, como vemos en Ecuador, Argentina, Chile y la propia Bolivia. Tenemos que mucho que aprender de la experiencia latinoamericana. Y en Europa hemos presenciado como, en Grecia, Syriza ha pasado de ser considerado el enemigo por las instituciones europeas a un socio leal, que administra los recortes.

Nos vamos a adentrar en una nueva fase de la crisis económica con dramáticas consecuencias sociales. La extensión de las tecnologías digitales, en manos capitalistas, son un medio de intensificar la explotación a base de crear más paro y precariedad [6] . Pero todo eso, también empujará a luchar y buscar una salida, y posibilitará que una transformación socialista y democrática de la sociedad puedan conquistar el apoyo de las masas. Un proyecto capaz de ganar las elecciones con el respaldo movilizado y consciente de la clase trabajadora. No es imposible. Si volviéramos a índices de participación de la clase trabajadora como los que hubo en 1982, podríamos ganar a la derecha de calle.

Hay que empujar al actual gobierno hacia la izquierda con la movilización, al tiempo que preparamos una alternativa por la izquierda, capaz de conquistar la mayoría aplastante de la sociedad. Para eso necesitamos una alternativa al sistema. Los medios de producción y los conocimientos científicos actuales, usados de forma muy distinta a cómo lo hace el capitalismo, permitirían garantizar pan, techo, trabajo y dignidad a todo el mundo, y luchar de forma real contra el cambio climático. Un programa y una alternativa de sociedad, socialista y democrática, cambiaría radicalmente el enfoque de la lucha cotidiana en todos los terrenos: vecinal, sindical, social, democrático… Nos daría la fuerza de saber que tenemos la capacidad real de construir una sociedad distinta.

Notas
[1] “España deja por fin atrás una década de austeridad. Bruselas ha dado este miércoles luz verde al informe que recomienda su salida del brazo correctivo de la UE. Los países miembros ratificarán, con toda probabilidad, la decisión la semana que viene. El comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, ha felicitado a España y la ha alentado a seguir “por la vía de la seriedad presupuestaria”. Tras salir de ese corsé, Bruselas exige a España un ajuste de 15.000 millones en dos años, con cierta flexibilidad. Como ha avanzado este miércoles EL PAÍS, la Comisión advierte de un “riesgo significativo de desviación” de los objetivos para 2019 y 2020. https://elpais.com/economia/2019/06/05/actualidad/1559753975_870396.html

[2] https://elpais.com/politica/2019/11/14/actualidad/1573759607_849802.html

[3] https://www.lainformacion.com/espana/sanchez-psoe-ceoe-gobierno-podemos/6511641/

[4] https://www.ceoe.es/es/contenido/actualidad/noticias/ceoe-propone-una-nueva-agenda-de-reformas-tras-las-elecciones-para-afrontar-los-desafios-de-la-economia-espanola

[5] "No saldremos de esta crisis sin una quita"

https://www.elmundo.es/economia/2014/09/06/540a1531268e3e96148b456f.html

[6] El 36% de los puestos de trabajo en España son susceptibles de ser automatizados (informe de CCOO Industria sobre la digitalización en la Industria)

Jordi Escuer, miembro de la Coordinadora de IU Madrid

sábado, 16 de noviembre de 2019

La enorme crisis social en Catalunya ignorada u ocultada en el debate electoral

Vicenç Navarro
Público.es

Uno de los hechos más notorios que han ocurrido en Catalunya desde el inicio de la crisis económica y financiera (hace más de diez años) hasta ahora ha sido un declive muy notable (y sin precedentes en el período democrático) del bienestar y calidad de vida de las clases populares, que son la mayoría de la población en Catalunya. Y tal declive no se ha resuelto ni revertido, en contra de lo que los establishments político-mediáticos de Catalunya han estado diciendo. Veamos los datos, que hablan por sí mismos.

La tasa de riesgo de pobreza entre 2008 y 2018 pasó de un 16,6% de toda la población catalana a un 21,3%. Hoy, más de dos catalanes de cada diez están en esta situación. Este crecimiento ha ocurrido también entre trabajadores catalanes, pues sus salarios no son suficientes para salir de tal riesgo de pobreza. Y tal crecimiento ha sido incluso mayor entre la población sin trabajo (que se ha incrementado en un 80% -prácticamente 200.000 personas más- entre el último trimestre de 2007 y el último de 2018). Particularmente vulnerable ha sido la juventud (los menores de 18 años), ya que la que se encuentra en riesgo de pobreza ha crecido un 7% entre 2013 y 2018, esto es, casi 30.000 jóvenes han pasado a encontrarse en esta situación; ello se ha visto reflejado en la tasa de riesgo de pobreza de esta juventud, que ha pasado de un 29,5% a 31,2%, alcanzando a 439.800 catalanes jóvenes.

Otra característica de esta crisis es el enorme aumento de la precariedad, en este caso en forma de temporalidad. Entre 2008 y 2018 los contratos temporales pasaron de representar el 83% de todos los contratos registrados anualmente a un 86,1%. Este crecimiento no se debe primordialmente, como constantemente se insiste, a la mal llamada revolución robótica y a la automatización del proceso de trabajo, sino al enorme empoderamiento del mundo empresarial a costa del mundo sindical resultado de las reformas laborales del presidente Zapatero (aprobada en el Congreso con la ayuda de CiU) y del presidente Rajoy (que Ciudadanos ha hecho suya).

La enorme crisis del Estado del Bienestar catalán
Tales reformas laborales han ido acompañadas de las políticas de austeridad, con enormes recortes de gasto público, incluyendo el gasto público social que financia los servicios públicos (sanidad, educación, vivienda, protección y promoción social, fomento de la ocupación y otros). Durante el período 2010-2017 la Generalitat de Catalunya recortó 626 millones de euros en la educación pública, recorte incluso más acentuado en las escuelas públicas que en las concertadas. Hoy, el gasto público educativo es de 5.684,1 millones de euros, mucho más bajo que en 2010 (6.310,5 millones), y ello a pesar de que las necesidades educativas son ahora mayores. Un tanto igual ocurre en otras dimensiones del gasto público educativo, tales como las universidades, donde el deterioro institucional debido a la pobreza de recursos ha sido muy acentuado.

Una situación semejante se da en el gasto público en sanidad y salud pública, que ha descendido un 10,4% durante el mismo período (en educación el descenso fue de un 9,9%), pasando de ser de 9.903,5 millones de euros a 8.876.5 millones durante el mismo período, recortándose así 1.027 millones de euros que han tenido un impacto devastador en el sistema público sanitario, causa mayor de que el sector privado haya crecido, polarizándose así aún más la sanidad catalana, con un 30% de catalanes atendidos por la medicina privada y un 70% por la pública. La sanidad utilizada primordialmente por las clases populares catalanas –la pública– ha sufrido una enorme disminución de recursos. En realidad, tales recortes han respondido frecuentemente al deseo de las autoridades sanitarias de la Generalitat de Catalunya de favorecer la expansión de la sanidad privada, tal como en su día indicó el conseller de Sanidad del gobierno Mas, el Sr. Boi Ruiz, que antes de conseller había sido el presidente de la patronal sanitaria privada.

Vivienda (y otros servicios urbanos) también ha sufrido un gran descenso, de 723,9 millones de euros a 357,6 millones, un recorte de más de un 50% de los fondos disponibles para esta función esencial de las autoridades públicas –municipales y autonómicas– .

Finalmente, también se han producido otros tantos recortes en capítulos del gasto social que juegan un papel muy importante en garantizar el bienestar de la población, tales como protección social (un recorte de un 7,1%) promoción social (31%) y fomento de la ocupación (un 1,1%).

El gran crecimiento de las desigualdades en Catalunya
Todos estos datos muestran cómo los recursos disponibles y utilizados primordialmente por las clases populares han descendido muy marcadamente como consecuencia de las políticas de recortes del gasto público, a la vez que disminuían sus ingresos como consecuencia de la bajada de los salarios y el deterioro de las condiciones de trabajo, resultado de las reformas laborales. Tales políticas públicas han significado un enorme descenso del nivel de vida y calidad del bienestar de la población catalana que deriva sus ingresos de los salarios y de los servicios y fondos del Estado del Bienestar. Todo ello explica que el porcentaje de las rentas derivadas del trabajo sobre el total de todas las rentas haya disminuido (desde ya un muy bajo porcentaje) de un 50,1% en 2008 a un 47,1% en 2018, mientras que las rentas derivadas del capital (propiedad de medios que generan renta), que ya eran muy elevadas en 2008 (un 42,1%), pasaron a un 44,4% en 2018 . Estos datos muestran el enorme poder de lo que en la terminología anglosajona se denomina la Corporate Class, las personas propietarias o gestoras de las grandes empresas económicas y financieras y de servicios, que contrasta con la debilidad del mundo del trabajo, acentuada todavía más por las reformas laborales que han tenido un impacto devastador en la calidad de vida de las clases populares. Ello ha determinado que Catalunya sea uno de los países con unas de las desigualdades de renta más elevadas, creciendo estas de una manera muy acentuada durante el período 2008-2018. Así, el 20% de catalanes que tiene rentas más altas (burguesía, pequeña burguesía y clase media profesional), que en 2007 tenía 4,8 veces más renta que el 20% de catalanes con las rentas más bajas, en 2018 pasaron a tener 5,2 veces más. Y estas desigualdades todavía eran mayores en cuanto a la propiedad.

El deterioro de la calidad de vida de las clases populares en Catalunya
Detrás de cada uno de estos datos hay un enorme sufrimiento de las clases populares (que son la mayoría del pueblo catalán). El contraste entre los de abajo, las clases populares, que son la mayoría de la población catalana, y los de arriba -alrededor del 20%, una minoría (pocos, pero poderosos e influyentes)- es enorme. Por ejemplo, los años que una persona pueda esperar vivir (la esperanza de vida) son mucho, pero que mucho mayor (11,3 años), entre los de arriba (que viven en barrios bien) que incluyen directores, gerentes y profesionales universitarios, versus los que están abajo, (que viven en barrios que incluyen trabajadores manuales obreros).

Otros indicadores muestran desigualdades parecidas entre catalanes, según su clase social. Enfermedades debidas al estrés, por ejemplo, o al tipo de nutrición, son mucho más comunes entre los de abajo (que son la mayoría) que los de arriba. El porcentaje de diabéticos (enfermedad que está en parte determinada por el tipo de alimentación) es casi tres veces mayor en las clases populares que en la clase alta, y casi cuatro veces mayor en el caso del porcentaje de menores de 6 a 12 años con obesidad.

Y para las personas mayores de 15 años, las enfermedades debidas, en parte, al estrés, tienen mucha más incidencia entre las clases populares que entre la clase alta; es el caso del porcentaje de personas con la tensión arterial alta, que es casi el doble en las clases populares que en la clase alta. Y un tanto igual ocurre con la incidencia de otras enfermedades como la depresión severa y mayor, donde la diferencia es casi dos veces mayor entre las clases populares que entre las clases altas.

Tal deterioro de la calidad de vida afecta a todas las dimensiones del ser humano, y afecta, pues, su comportamiento. Ello es fácil de ver en los grupos que son especialmente vulnerables: los jóvenes y las mujeres. El deterioro tan notable del mercado del trabajo y el descenso de los recursos disponibles para los jóvenes catalanes explica que el porcentaje de estos jóvenes entre 16 y 29 años emancipados (es decir, que viven en lugar distinto a sus familiares) haya disminuido de un 31,6% en 2008 a un 23,8% en 2017, habiéndose incrementado de una manera muy significativa su edad de emancipación, siendo una de las más tardías de la UE.

Y este descenso del porcentaje de jóvenes emancipados ha sido también responsable del gran retroceso en la edad en la que las mujeres catalanas tienen su primer hijo o hija. En realidad, Catalunya es una de las regiones europeas en las que tal edad es más elevada (30,9 años), solo superada por la media en España y en Italia (en el conjunto de la UE es de 29,1 años). Y este retraso es también causa de un descenso de la tasa de fecundidad, que ha pasado de ser de 1,45 hijos en 2007 a un 1,39 en 2017, lo que constituye una gran insatisfacción en el desarrollo del proyecto vital, pues el número deseado de hijos entre hombres y mujeres de 20 a 49 años es de más de 2. La tasa de reemplazo biológico de la población es de 2,1 hijos por mujer, lo cual señala que, de no aumentar tal tasa, la población catalana descenderá o, para crecer, tendrá que favorecer unos porcentajes mayores de inmigración que los actuales.

La respuesta del establishment político-mediático catalán
Lo que es sorprendente es que esta enorme crisis que existe en Catalunya y que afecta primordialmente a las clases populares no aparezca en los grandes debates que están teniendo lugar en Catalunya y en el resto de España. Por el contrario, el tema de Catalunya –por “Catalunya” se entiende el tema nacional, y el conflicto entre el Estado español y el secesionismo catalán– absorbe un enorme espacio en el debate político y en las discusiones promovidas por los medios, y ello aunque los secesionistas, aun siendo una minoría muy grande y muy militante en su causa, no representan a la mayoría de la población catalana. Las encuestas muestran que la enorme crisis social es el tema que preocupa más a los catalanes en su vida cotidiana, mientras que estos abordan su relación con el gran tema “España-Catalunya” desde una frustración con la clase política, a la cual ven como insensible a sus necesidades y problemas.

Merece ser citado que algunos sectores dirigentes del movimiento independentista sí que reconocen que existe una crisis, pero la atribuyen a su pertenencia en España. Señalan que muchos elementos de tal crisis aparecen también en España, a la cual consideran responsable de ello . El mensaje de que “España nos roba” ha tenido cierto calado, pero, paradójicamente, ha tenido escaso impacto entre las clases populares. Esta escasa importancia se debe a la amplia percepción de que las derechas catalanas que han gobernado en Catalunya durante la mayor parte del período democrático han aprobado las leyes (como las reformas laborales) e impuesto los recortes que consideran responsables del deterioro de su bienestar y calidad de vida.

Ello explica la aparente paradoja (que niega la credibilidad del argumento de que España es la responsable de tal crisis) de que los sectores más populares no sean independentistas y no apoyen el secesionismo. Los datos (negados por los independentistas) son claros y convincentes.

Quiénes son independentistas y quiénes no
Los datos muestran que hay una clara correlación positiva entre el voto a partidos independentistas (ERC, CiU, PDeCAT y JxSí) y la pertenencia a grupos ocupacionales tales como “grandes empresarios/gerentes”, “clero”, “pequeños empresarios/granjeros” y “profesionales”, y una correlación negativa entre voto a tales partidos y pertenencia a grupos ocupacionales como “trabajadores de la producción” y “trabajadores de servicios”. Es decir, que a nivel descriptivo se puede afirmar que las clases trabajadoras (producción y servicios) votan menos (por debajo de la media) a los partidos independentistas que los pequeños y grandes empresarios, granjeros, clero y profesionales. Estos datos pertenecen a los barómetros del CIS y hacen referencia al período abril 2004-septiembre 2019 (con una muestra de 25.995 casos). Algunos estudios que se han realizado también para comparar el voto y el nivel de renta de los barrios en Barcelona muestran que las clases populares no son mayoritariamente secesionistas.

Todos estos datos cuestionan el argumento de que los catalanes son un solo pueblo, pues en Catalunya hay clases sociales que tienen una gran diversidad de intereses, frecuentemente en conflicto. Los datos muestran claramente que los de abajo no comparten las mismas posturas y los mismos intereses que los de arriba. Y el gran error de gran parte de las izquierdas es no darse cuenta de ello. Al estar imbuidas del debate nacional (que absorbe la atención de la clase política y de los medios) se alejan de sus bases electorales.

Así pues, la desaparición del tema social ha favorecido el monopolio del tema nacional, que está ocultando el primero para beneficio de aquellos que crearon el problema territorial, que incluyen tanto a las derechas (tanto unionistas como secesionistas) como a las izquierdas gobernantes. Así de claro.

Fuente:

https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2019/11/06/la-enorme-crisis-social-en-catalunya-ignorada-u-ocultada-en-el-debate-electoral/

viernes, 8 de noviembre de 2019

Ken Loach: “Soy optimista, los pueblos siempre resistirán”. El cineasta británico vuelve a la carga con la denuncia del trabajo precario y el desmoronamiento social con ‘Sorry We Missed You’.

Amable en extremo, la elegancia y suavidad de Ken Loach contrasta con la firmeza en la defensa implacable de los derechos de la clase trabajadora y en la mirada siempre emocionada sobre la gente anónima. En su cine no hay huecos ni concesiones que valgan. A sus 83 años, el director vuelve a la carga con Sorry We Missed You, un filme que relata el agotador y difícil día a día de una familia, madre cuidadora de enfermos, padre repartidor autónomo y dos hijos adolescentes, que intenta sobrevivir en la jungla del libre mercado. Su presentación en el último festival de Cannes provocó un profundo estremecimiento, el mismo que cuando se proyectó en el certamen de San Sebastián, donde consiguió el Premio del Público a la mejor película europea. Sorry We Missed You, escrito de nuevo con su mano derecha, el guionista Paul Laverty, se estrenó este jueves en las salas españolas. A pesar de todo lo que muestra su cine —Lloviendo piedras, Mi nombre es Joe o Yo, Daniel Blake, su segunda Palma de Oro— no es Ken Loach un hombre pesimista. Cree en la fuerza de los pueblos y en el futuro de la izquierda. “Los pueblos siempre resistirán. Siempre habrá alguien que luche”, aseguraba el cineasta en una entrevista realizada en septiembre en San Sebastián.

Sorry We Missed You pone la mirada sobre los repartidores autónomos sometidos a unas draconianas normas que imponen las plataformas de comercio electrónico. No quiere su director hablar de esclavitud —“la palabra esclavo tiene otras connotaciones”—, pero sí de nuevas y atroces formas de explotación, consecuencia de la economía de libre mercado. “Hace tan solo una generación tenías un trabajo y los empresarios obtenían beneficios, desde luego, pero era un trabajo seguro, podías recurrir a los sindicatos, podías ponerte enfermo porque estabas protegido, te podías ir de vacaciones y trabajabas unas ocho horas al día. Tu sueldo te permitía vivir de una manera digna. Lo que ha ocurrido, de forma inevitable en una economía de libre mercado, es que las grandes corporaciones compiten entre sí para vender sus mercancías y compiten con los precios. ¿Cómo conseguir que el precio sea más barato que el de la competencia? Muy simple, pagando menos a los trabajadores”, reflexiona. El inglés, nacido en Nuneaton, no cree que la Red por sí misma haya contribuido a esta nefasta situación: “Internet es una herramienta de conocimiento neutro y eso es un gran avance, pero si se usa para controlar a los empleados, como se ve en la película, es un desastre para el trabajador. No es un problema de la ciencia, sino de quién controla esa ciencia, de los propietarios de la tecnología”.

MÁS INFORMACIÓN

Las dudas de Ken Loach sobre el independentismo
Aunque no da por acabado el Estado del bienestar en Europa, se enardece, siempre de forma tranquila aunque decidida, ante la falta de recursos públicos para las clases populares y cómo a las empresas privadas les están facilitando el camino para hacerse cargo de unos servicios que deberían de correr a cargo del Estado. “Hay dos motivos para la esperanza. El primero es que los pueblos siempre resistirán y alguien siempre luchará. Lo segundo es que vivimos en un sistema que no puede continuar más tiempo. Por ejemplo, si uno piensa en el trabajo de los repartidores que utilizan gasolina para su trabajo cuando el petróleo tiene los días contados. Estamos destruyendo los pequeños comercios en los centros de los pueblos y ciudades, pidiendo y comprando todo por Amazon. ¿Queremos seguir así?”.

Rechaza Ken Loach referirse a su cine en singular y habla con pasión de todas las historias maravillosas que uno va conociendo. “Tengo que hablar en plural porque yo siempre trabajo con Paul Laverty. Somos un equipo y por eso no me gusta hablar solo de mí. La gente que uno va conociendo en la vida es la que nos sirve de inspiración. Mires por donde mires, hay tantas historias que contar, y lo más maravilloso es poder contarlas. Durante la preparación de esta película, conocimos a mujeres que cuidaban a personas mayores con una generosidad y cariño muy por encima de lo que les pagaban”.

Y, cómo no, sale en la conversación el Brexit. “El Brexit es absurdo porque los grandes problemas de la gente como es la precariedad en el trabajo, la pobreza, la inseguridad, los sin techo o los servicios públicos colapsados no los va a solucionar. El Brexit es una distracción para no hacer frente a los grandes problemas del Reino Unido. Es un conflicto entre los dos bandos de la derecha, unos que creen necesitar del mercado europeo y los más extremos que quieren salir de la Unión Europea para pagar menos impuestos y abrir el mercado a Estados Unidos”.

De triunfar el Brexit duro, Ken Loach augura un todavía más desaforado capitalismo en su país. “Si dejamos la Unión Europea y los tories están el poder, el Reino Unido se convertirá en un gran mercado de trabajo barato, sin ningún tipo de regulación, que atraerá inversiones extranjeras hacia los servicios públicos. Es realmente preocupante. El sistema sanitario podría caer en manos de grandes compañías estadounidenses. Ese es mi mayor miedo”.

A pesar de todo, el director confía en la izquierda de su país. Dice que es un ejemplo para Europa. “La izquierda británica es fuerte y está unida, con un líder, Jeremy Corbyn, totalmente opuesto a lo que fue Tony Blair, por su apoyo al sindicalismo y a las inversiones públicas, además de que planta cara al problema del medio ambiente”. Por primera vez en su vida, confiesa que puede decir bien alto y con orgullo: “Seguid el ejemplo de Gran Bretaña. Hemos conseguido erradicar las divisiones de la izquierda desde que Corbyn está en el poder. Por fin tienen la oportunidad de alcanzar el poder. Nunca pensé que podría decir esto. Hay que abandonar los egos, aceptar las diferencias y aprender de Lenin, cuyo lema era "Tierra, pan y paz'”.

La visceralidad de Loach, su perpetua intención (¡y derecho!) de querer cambiar el mundo, aparecen aquí con emocionante ternura.


https://elpais.com/cultura/2019/10/31/actualidad/1572512849_607957.html

sábado, 25 de mayo de 2019

El ruego de Almudena Grandes para que (por favor) vayas a votar que pone la piel de gallina. "Ya está aquí"

“La ultraderecha ya está aquí. Porque está llamando a la puerta. Y esta vez, por nuestras hijas, por nuestras nietas, pero también por nuestros abuelos, no podemos dejarla pasar”. La escritora Almudena Grandes ha planteado —en su comentario Por favor, en la Cadena Ser— un encendido alegato en el que ruega a los españoles que el domingo vayan a votar y que lo hagan pensando en que la ultraderecha “ya está aquí”.

“En nuestras manos está la oportunidad de configurar un país abierto, solidario, que destierre la caridad para optar por la justicia, que instaure la negociación como vía para resolver problemas, que avance en igualdad y recupere la cordura, el respeto a los valores democráticos, el anhelo de convivencia, o no”, ha argumentado Grandes, quien ha matizado que estas elecciones “excepcionalmente importantes definirán el modelo de país en el que viviremos durante más de cuatro años, tal vez décadas enteras”: “Tenemos la obligación de pensar en España. No en la que conocemos, sino en aquella donde vivirán nuestros hijos, nuestras nietas”, ha expuesto Grandes.

“También puede suceder que nos apliquen un 155 permanente a todos, en cada una de nuestras casas, de nuestros derechos, de nuestras acciones y libertades. Piénsenlo bien, porque no nos estamos jugando el presente, sino el futuro”, ha sentenciado.


https://www.huffingtonpost.es/entry/el-ruego-de-almudena-grandes-para-que-por-favor-vayas-a-votar-que-pone-la-piel-de-gallina_es_5cc2e98fe4b08846403cf508?ncid=other_facebook_eucluwzme5k&utm_campaign=share_facebook&fbclid=IwAR1_Kz0IW413uSb8UJfiPPpJx5zw_eXvSA7rkUq6p0J5lPYoBPwmc1WeDkI

miércoles, 22 de agosto de 2018

Entrevista. Naomi Klein habla sobre Puerto Rico, la austeridad y la izquierda. "No soy fatalista"

El diario


En su nuevo libro, Naomi Klein argumenta que Puerto Rico es víctima tanto de la economía como de una tragedia natural

El libro más reciente de Naomi Klein, La Batalla por el paraíso: Puerto Rico y el capitalismo del desastre, analiza los esfuerzos de recuperación tras el huracán María. Es la primera vez que la reconocida periodista y escritora estudia el caso de Puerto Rico, basándose en un viaje que realizó a principios de año. Klein conversó con el periodista de the Guardian Oliver Laughland sobre su libro y sobre el futuro de la isla.

Estuve en Puerto Rico poco después del huracán María y me resultó un trabajo especialmente fuerte. Me recordó a cuando tuve que cubrir la crisis del agua en Flint, Michigan, y observé una población entera sin infraestructura, abandonada por el gobierno. ¿Qué impacto personal tuvo en usted el haber visitado la isla?

Cuando estuve en Puerto Rico, conocí gente de Detroit, Michigan, que estaban allí para dar charlas sobre gestión de emergencias y el impacto en las escuelas. También había personas de Nueva Orleans, que compartían información sobre lo que sucedió en el sistema educativo luego del huracán Katrina. Eso me pareció conmovedor y diferente: que este tipo de intercambios de base, de una comunidad a la otra, estuvieran sucediendo tan pronto tras el desastre.

Donde existen comunidades mayoritariamente de color, cualquier crisis económica o desastre natural se convierte en un pretexto para desarmar cualquier intención de autogobierno, de democracia, e imponer medidas de austeridad. Los llamados "programas de ajuste estructural" a menudo se llevan a cabo justo después de un desastre natural, para aprovecharse del estado de emergencia de la gente. La realidad es que es muy difícil promover la participación política cuando la gente tiene que hacer una fila de tres horas para conseguir agua y alimentos. Mantenerse con vida se convierte en un trabajo de tiempo completo. Es una táctica política increíblemente cínica, y aún así la gente se las arregla para resistirla, incluso bajo estas circunstancias tan extremas.

Lo que realmente me conmovió en Puerto Rico fue ver la capacidad de organización en circunstancias casi imposibles, y creo que eso habla de la profunda historia de resistencia a la colonización que tiene la isla, y la infraestructura activista que ya existía antes de María, en términos de resistencia a lo que los puertorriqueños llaman 'La Junta', el consejo de control fiscal.

Yo no sabía que el movimiento antiausteridad en Puerto Rico había alcanzado su punto máximo justo unos meses antes de María. Las Festividades de los Mayos del año pasado fueron la segunda manifestación más masiva de Puerto Rico, siendo la mayor las protestas contra la base de la Marina estadounidense en Vieques.

Fueron capaces de reconstruir esa infraestructura, no sólo de resistir, sino de unirse y decir: "¿Qué es lo que queremos?" Y yo eso no lo había visto nunca. He visto resistencia ante un impacto. "Basta. No pagaremos por vuestra crisis", si piensas en los movimientos masivos en las plazas en el sur de Europa.

Pero creo que nunca antes había visto lo que vi en Puerto Rico, que es gente reuniéndose en comunidades como Mariana, sin agua, sin electricidad, para soñar juntos y decir: "Vale. Por supuesto que no queremos que cierren nuestras escuelas, y no queremos que se venda nuestro tendido eléctrico, y no queremos más austeridad, pero también sabemos que diciendo solamente 'No', no llegaremos donde queremos llegar, y las cosas como están son inaceptables. Entonces, ¿cómo debería ser nuestro sistema eléctrico, en un mundo ideal? ¿Cómo podríamos transformar nuestro sistema alimentario? ¿Cómo deberíamos transformar nuestro sistema educativo?" Esto es lo que me pareció más emocionante.

La Batalla por el paraíso trata muchos temas que usted ha analizado en escritos anteriores –capitalismo del desastre, las batallas contra el neocolonialismo y la discriminación arraigada–, por eso me pregunto si ésta es la primera vez que pensó en Puerto Rico en el contexto de un trabajo más amplio.

Cuando publiqué La Doctrina del shock, comencé a recibir invitaciones para visitar Puerto Rico y críticas de puertorriqueños por no haber hablado de la isla en mi libro. El año en que se publicó el libro, 2007, fue un año crucial para Puerto Rico.

En 2006, los puertorriqueños experimentaron un shock extremo cuando caducaron las tasas impositivas que se les habían ofrecido a empresas estadounidenses para construir fábricas en Puerto Rico. Ése fue el comienzo de la actual crisis de deuda. Así que ya estaban con muchos problemas, cuando encima llegó la crisis financiera mundial, haciendo tambalear la economía de Puerto Rico. Y eso se convirtió en el pretexto para poner en práctica severas medidas de austeridad. Peor que en Grecia, peor de lo que se llevó a cabo en el sur de Europa.

Pero no, no había visitado Puerto Rico. Estaba gestionando las cosas para ir, y luego supe de un grupo de académicos de la Universidad de Puerto Rico, que formaron una organización llamada PAReS, que me invitaron más o menos un mes después del paso de María, diciéndome: "Tienes que venir".

Una de las imágenes más recordadas de los días posteriores al paso del huracán es la de Donald Trump visitando San Juan y lanzando rollos de papel a una multitud de gente mientras se paralizaban los esfuerzos de recuperación en la isla. Fue un momento que enfureció a mucha gente. ¿Qué cree usted que dice esa imagen sobre la respuesta del actual gobierno ante el desastre?

Creo que toda la respuesta de este gobierno ha expresado una indiferencia total hacia la vida de los puertorriqueños, incluido aquel momento en que el presidente lanzó rollos de papel, pero también el show que montó con el gobernador Ricardo Rosselló sobre lo afortunados que fueron los puertorriqueños porque supuestamente casi no había muerto gente.

En ese momento, creo que el número oficial de fallecidos era de 16. El día siguiente eran 64, lo cual es significativo, porque Rosselló fue completamente cómplice del gobierno de Trump en el encubrimiento del número oficial de muertos al detener activamente el conteo de fallecidos.

Creo que, más que el momento en que lanzó rollos de papel, el momento que mejor lo define fue cuando durante esa visita dijo: "Qué afortunados sois. Esto no ha sido como Katrina". Y ahora sabemos, gracias a un estudio reciente de Harvard que se publicó en el New England Journal of Medicine, que el número de muertos probablemente ascendió a 5.000 o más. Creo que toda la respuesta del gobierno fue insultante y un encubrimiento.

Por supuesto que es difícil hablar de forma contrafáctica, pero me pregunto, dada la larga historia de explotación de la isla, si usted piensa que un gobierno demócrata hubiera actuado de otra forma.

Es una buena pregunta, pero no sé si puedo responderla. Sí pienso que el enchufismo en muchos contratos parece ser peor durante gobiernos republicanos. Algunos de estos contratos fueron entregados como si fueran huchas para contratistas con conexiones políticas aunque no tuvieran ninguna experiencia o fueran increíblemente ineptos.

Esto ya lo hemos visto en Irak, o en Nueva Orleans tras el huracán Katrina. Pero fue Obama quien aprobó la Ley Promesa. Fue Obama quien firmó las designaciones de los siete miembros de La Junta. Está muy pero muy claro que la mayor causa de muerte no fue el impacto inicial de la tormenta, sino el colapso de la infraestructura, y el colapso no hubiera sucedido sin más de una década de asfixiante austeridad económica. No se puede culpar sólo a Trump por eso. Es una culpa absolutamente compartida con los demócratas y con Obama.

Estamos muy cerca de las elecciones de mitad de legislatura y cientos de miles de puertorriqueños están abandonando la isla para asentarse en Estados Unidos, la mayoría elige Florida, un estado clave políticamente. ¿Usted cree que el tratamiento de Puerto Rico tendrá peso en este ciclo electoral?

Ciertamente, eso espero. Los republicanos han hecho enfadar a mucha gente de Florida, porque además allí vive una comunidad muy grande de haitianos y el gobierno de Trump les ha quitado el estatus de "inmigrantes temporalmente protegidos" a decenas de miles de haitianos. Eso no sólo afecta a esas personas, que de todas formas no tienen derecho a votar porque no son ciudadanos estadounidenses, sino que son parte de redes, son parte de comunidades y muchos haitianos sí votan.

Muchos puertorriqueños que ya viven en Florida ahora están recibiendo a familiares que, si están registrados, podrán votar, y creo que ellos también están muy enfadados. Es una situación muy ventajosa para los que quieren despoblar parcialmente a la isla y les da oportunidades para apropiarse de tierras para desarrollos turísticos, pero sí que cambia la demográfica electoral de una forma significativa, en un estado clave como Florida que puede definir elecciones. Así que creo que esto puede derivar en repercusiones políticas importantes.

En este momento, la dicotomía central en Puerto Rico es entre un movimiento de base que busca una forma de recuperación radical e innovadora y el gobierno actual, con su agenda de austeridad y privatizaciones. Como le dijo a usted Manuel Laboy Rivera, secretario de comercio puertorriqueño, las decisiones políticas que se tomen durante el próximo año determinarán el futuro de la isla durante los próximos 50 años. ¿Qué lado de la dicotomía cree usted que "ganará"? ¿Tiene esperanzas en lo que pueda suceder en el futuro?

Tengo esperanzas en una nueva formación política en Puerto Rico representada por JunteGente, una coalición que surgió tras María y que está generando reuniones por todo el archipiélago para presentar una plataforma que sea realmente popular y coherente.

Creo que la alcaldesa Carmen Yulín Cruz es una importante voz política en Puerto Rico, que de muchas formas está recogiendo estas voces y enfrentándose a las fuerzas que quieren privatizar la isla. Pero es realmente muy difícil.

Mercedes Martínez, directora de la Federación de Maestros de Puerto Rico, dice: "Los capitalistas nunca duermen". Ella dice mucho esa frase, porque cuando los sindicatos o los grupos progresistas logran alguna victoria, deben volver a pelear las mismas batallas una y otra vez. Los sindicatos han ganado varias veces y han logrado detener varios intentos de cerrar las mismas escuelas, pero la lucha no se detiene nunca.

No suelo definirme como una optimista, pero tampoco soy fatalista. No soy fatalista porque veo que los movimientos populares están aprendiendo de otros movimientos e intentando ver cómo pueden hacer mejor las cosas, y evolucionar, y convertirse en nuevas formaciones políticas, y meterse en la política electoral. En Puerto Rico veo esto a un nivel que no lo he visto en ninguna otra situación post desastre.

Esta transcripción ha sido editada y resumida para mayor claridad.

La Batalla por el paraíso: Puerto Rico y el capitalismo del desastre fue impreso por Haymarket Books. Todas las regalías serán donadas a JunteGente, una coalición de organizaciones puertorriqueñas que resisten ante el capitalismo del desastre y buscan una recuperación sana y justa para la isla. Para más información, visite juntegente.org.

Fuente:

https://www.eldiario.es/theguardian/Naomi-Klein-Puerto-Rico-austeridad_0_801770210.html

sábado, 7 de julio de 2018

Antes de que la "lepenización" de Goldman-Sachs nos robe todas las banderas.

Rafael Poch de Feliu
rafaelpoch.com

La política migratoria de la UE es síntoma de una tendencia y reto para una izquierda sin soluciones 

En el lento tránsito de la Unión Europa hacia su fragmentada y disgregada inoperancia, asistimos a la coalición del neoliberalismo con la extrema derecha política. Es lo que bauticé como la “lepenización de Goldman-Sachs”.
La cumbre de finales de junio adoptó una política de extrema derecha en materia de refugiados:

1-Refuerzo de las fronteras exteriores de la UE vía la ampliación de las competencias y el presupuesto de Frontex, la agencia europea competente, 

2– incrementar la repatriación de emigrantes irregulares estableciendo campos de concentración en África del Norte y en el interior de la UE, instalaciones que llevarán nombres de camuflaje como “centros de control” o “plataformas de desembarco”.

Mientras los jefes de estado europeos alcanzaban -de madrugada e in extremis, como viene siendo habitual- estas resoluciones, la semana se saldaba con por lo menos 220 personas ahogadas en el Mediterráneo, según la estimación de la agencia de refugiados de la ONU.

Desde 2014, 16.000 han perdido la vida tratando de alcanzar Europa, unas 35.000 desde el año 2000, según la misma agencia.

Lo peor está por venir
Aunque el actual flujo migratorio hacia Europa no es significativo para un conjunto de 500 millones de habitantes -y comparado con la situación en Líbano o Turquía es francamente insignificante- logra potenciar la “lepenización” política en muchos países a causa del encogimiento del estado social y de la competencia entre pobres autóctonos y pobres foráneos, hasta el extremo de alterar los mapas políticos nacionales.

Lo que comenzó siendo un fenómeno francés con el éxito del Frente Nacional de Le Pen, afecta ahora a muchos países europeos. La novedad es que esta “lepenización” se ha instalado en Alemania. La canciller Merkel, que en 2015 se marcó el brevísimo farol de acoger emigrantes por una mezcla de razones de imagen y de falta de mano de obra, ha visto como en dos años se formaba en su Bundestag el mayor grupo parlamentario de extrema derecha de Europa (92 diputados). La derecha alemana no ha tenido ningún problema en asumir el programa lepeniano, que ha llegado al poder en Italia, en Austria y otros países, bajo el impulso de la retrograda CSU, el partido que gobierna Baviera prácticamente sin interrupción desde antes de que el Partido Comunista Chino llegara al poder en 1949.

Las predicciones y proyecciones del calentamiento global sugieren que el actual problema migratorio dejará de ser anecdótico. Unido a los efectos del belicismo en Oriente Medio, del comercio injusto por doquier y del neocolonialismo bajo otras formas en África y otros lugares, el cuadro es inequívoco.

El vector de esta política apunta hacia una división del mundo en dos categorías, dos castas geográfico-sociales, en la que el estrato superior que podría implicar al 20% de la población del planeta podría vivir en un cuadro de relativa distribución, suficiente para generar un consenso y una fuerza militar capaz de mantener al 80% restante en una posición totalmente subyugada y paupérrima. Evocando este escenario, el sociólogo Immanuel Wallerstein observa con razón que, “el orden mundial que Hitler tuvo en mente no era muy diferente”.

Actuar sobre el conjunto
¿Qué vamos a oponer a eso?, ¿el open arms y el elogio infantil del mundo feliz sin fronteras, versión humanitaria de la mundialización neoliberal del capital? Mantenerse en esa posición ha sido, precisamente lo que ha llevado a millones de ciudadanos europeos a emigrar electoralmente a la extrema derecha, desde la izquierda y la socialdemocracia. En Francia y en Alemania (véase la discusión en el último congreso de Die Linke) se comienza a tomar conciencia de algo banal: por supuesto que es inaceptable la política de campos de concentración y el holocausto mediterráneo, pero el problema -no el actual, sino el que nos garantizan las proyecciones futuras y que conduce a esa especie de reedición del mundo hitleriano- es irresoluble sin actuar sobre el conjunto.

Acabar con el orden desorden neoliberal-belicista, dejar de participar en él y romper con las alianzas que lo promocionan, sería el primer artículo del decálogo para cumplir con el mundo.

El antibelicismo habría que conjugarlo

1. con políticas contra el crecimiento crematístico que está en el origen de tales desastres, con el fin de las políticas comerciales basadas en la rapiña y el abuso así como con los regímenes emplazados en el Sur para garantizarlas,

2. con la práctica del multilateralismo en la esfera diplomática,

3. con la denuncia de los acuerdos y relaciones desiguales,

4. con el coto al extractivismo y a la emisión desenfrenada de gases responsables del efecto invernadero,

5. con el respeto y desarrollo de los acuerdos internacionales en la materia,

6. con el cumplimiento del insuficiente compromiso de la ONU de dedicar el 0,7% del PIB a la ayuda al desarrollo,

7. con la prohibición de la venta de armas y la sanción al colonialismo,

8. con la promoción del desarme de los recursos de destrucción masiva comenzando por las cinco potencias nucleares del consejo de seguridad de la ONU, etc., etc.

Solo desde un programa político reformista y humanista que apuntara en esa dirección, podría un estado nacional cerrar sus puertas a los grandes flujos migratorios que están por venir, alegando su compromiso práctico con un mundo viable y la necesidad de preservar su estabilidad interna, sin la cual se pierde toda posibilidad de acción política.

Solo los gobiernos del Norte que cumplan con el mundo podrían cerrar sus puertas al emigrante sin sentir la vergüenza que suscita la presente política hipócrita de la Unión Europea, hablando por un lado de derechos y valores mientras se organizan centros de detención de emigrantes en África y se alimentan las hogueras globales con un modo de vida inviable para todos y sostenido por el militarismo.

La izquierda debería reflexionar sobre cómo abordar esto y dejar de parapetarse en el “open arms” y el “mundo sin fronteras” que nos vendieron los gringos junto con su globalización, un mundo en el que los estados son sustituidos por ONG´s y la política por la manipulable ideología de los derechos humanos.

De la misma forma en que la solución a la desigualdad no es la caridad, sino la nivelación social y una política fiscal acorde, el problema de los emigrantes debe enfocarse en el marco de programas de cambio general. Antes de que la lepenización de Goldman Sachs nos robe todas las banderas.

Fuente:

https://rafaelpoch.com/2018/07/05/antes-de-que-la-lepenizacion-de-goldman-sachs-nos-robe-todas-las-banderas/

martes, 3 de julio de 2018

La victoria de López Obrador lleva al poder a la izquierda en México. El líder de Morena obtiene un 53% de los votos, según el conteo rápido, 30 puntos más que Ricardo Anaya y José Antonio Meade, que reconocen su derrota antes de conocer los datos oficiales.

Andrés Manuel López Obrador, sí, AMLO, será presidente de México.



Andrés Manuel López Obrador en el escenario del Zócalo de la Ciudad de México saluda a sus seguidores.Por primera vez, un político curtido como líder social, que mira hacia la izquierda, gobernará el país de habla hispana más grande del mundo, la segunda economía de América Latina, el vecino del sur de la gran potencia universal. Según el conteo rápido del Instituto Nacional Electoral, logró entre el 53% y 53,8% de los votos, por delante de Ricardo Anaya (22%-22,8%) y José Antonio Meade (15,7%-16,3%). Más claro: López Obrador es el presidente con mayor respaldo de la historia de México. No hizo falta, en cualquier caso, esperar a tener resultados oficiales. Tras conocerse las encuestas de salida, sus dos rivales, reconocieron la derrota y felicitaron al ganador. México no solo ha elegido presidente, también un futuro distinto. La victoria supone un tsunami político. Morena, el partido de López Obrador, gobernará también la Ciudad de México y obtiene el poder en varias gobernaciones. Si hace 18 años el país decidió poner fin a la hegemonía del PRI después de 70 años, ahora exige una transición, un cambio de régimen tras dos décadas de alternancia entre los partidos tradicionales.

El triunfo de López Obrador es la constatación de que el país exige a gritos un cambio. El hartazgo y el enojo con el sistema actual han podido más que cualquier otro factor. México le brinda la oportunidad a quien se lo había denegado en dos ocasiones. A los 64 años, el líder de Morena promete una transformación a la altura de la Independencia, la Reforma y la Revolución. A partir de ahora ya las grandilocuentes propuestas deberán ser aterrizadas. López Obrador deberá concretar cómo acabará con la corrupción más allá de la honestidad que promulga y tendrá que definir un plan para reducir los niveles de violencia.

México ha dado en las urnas la espalda al legado de Enrique Peña Nieto, encarnado en José Antonio Meade y ha rechazado el cambio que proponía Ricardo Anaya. Lo ha hecho de manera abrumadora en una jornada democrática como se recuerdan pocas: sin apenas incidentes que resaltar; sin acusaciones de fraude de ida y vuelta. Una tranquilidad pasmosa, comparada con el turbulento día a día que azota el país.

Uno de los mayores desafíos de López Obrador desde esta noche hasta el 1 de diciembre que asuma la presidencia - cinco largos meses de transición- será abordar la forma de superar la polarización generada durante una campaña repleta de crispación. Su figura, pese a contar con un respaldo mucho mayor del que tuvo en sus dos primeros intentos, sigue siendo motivo de confrontación. El líder de Morena ha sabido incorporar a críticos a su proyecto, pero sigue teniendo furibundos detractores, que no confían en él. Consideran que la aparente moderación de su discurso es una fachada. Si para la elección consiguió despejar la idea de que es un peligro para México, a partir de ahora deberá alejar los fantasmas que lo consideran un autoritario y que gobernará para todos los mexicanos. En su primera intervención tras la victoria, López Obrador llamó "a la reconciliación de todos los mexicanos", al tiempo que lanzó un mensaje de tranquilidad para los inversores y el sector empresarial.

La contundente victoria de López Obrador pone patas arriba el sistema tradicional de partidos de México. Desde 1988, la política mexicana ha girado principalmente en torno al partido hegemónico PRI; el conservador PAN y el progresista PRD. Todo eso puede quedar reducido a cenizas. Tan significativa es la victoria del líder de Morena como la derrota del resto de partidos. La irrupción de Morena, la formación creada ad hoc por López Obrador, como principal fuerza en el Congreso, pone a la izquierda ante un reto ingente, en la medida en que el triunfo lo ha logrado en coalición con un partido, Encuentro Social. En el polo ideológico opuesto, la formación evangélica se prepara para tener en el Congreso un peso que jamás había soñado.

Más incierto será el camino para el PRI y el PAN. En el caso del tricolor, no solo abandonará el Gobierno el próximo 1 de diciembre. Al mal resultado de Meade se suma, a falta de resultados concretos, la más que previsible pérdida de poder a nivel local, lo que obliga al partido que está en el imaginario de todos los mexicanos desde hace décadas a iniciar una travesía en el desierto. Nunca antes el PRI se ha visto ante este escenario. La apuesta por Meade, un tecnócrata con amplia trayectoria en el Gobierno con el que Peña Nieto pretendía contener el desgaste de su administración y del partido, resultó un fiasco. La losa era demasiado pesada. Además, las fracturas internas volvieron inviable una campaña condenada al fracaso desde el inicio.

El final del sexenio plagado de violencia y corrupción, junto a los resultados de esta elección, complican sobremanera la imagen del presidente –durará cinco meses aún en el cargo- y deja muy tocado al grupo que le ha apoyado todo este tiempo. Entre muchos dirigentes del denominado viejo PRI cunde la preocupación de que, de no lograr una transición rápida en el poder del partido, la estructura se pueda ver absorbida por el ascenso de Morena.

El futuro de la derecha tampoco es nada halagüeño. El PAN se ve ahora envuelto en una encrucijada. Ricardo Anaya entregó su caudal político al éxito del Frente, una alianza con la izquierda, que propició desde la presidencia del partido conservador. La apuesta, no obstante, generó una división en el PAN. Los detractores del candidato consideran que, de haber ido en solitario, el tradicional partido opositor mexicano hubiese tenido más opciones de enfrentarse a López Obrador. Los gestos contra Anaya se han multiplicado desde el mismo momento de su designación. También la dirigencia del PAN ha movido ficha al respecto. Horas antes de la elección, la formación expulsó a varios dirigentes con peso antaño, una señal que muchos interpretaron como la aceptación de la derrota por anticipado, un intento por contener una crisis que se antoja inevitable.

México afronta desde este lunes una nueva era. Un desafío que trasciende a un país de 120 millones de personas, que ha decidido abrir la puerta del poder a la izquierda.

https://elpais.com/internacional/2018/07/02/mexico/1530496335_470433.html?rel=lom

Claudia Sheinbaum arrasa en la capital mexicanaLa candidata del partido de López Obrador vence a su principal rival, Alejandra Barrales (del Frente) y logra un triunfo histórico: que el Ejecutivo federal y el de la Ciudad de México estén controlados por la misma formación.

miércoles, 25 de abril de 2018

La ‘reina’ Portman y el ‘emperador‘’ Netanyahu. La estrella de ‘La Guerra de las Galaxias’ emerge como figura de oposición al primer ministro israelí.

Hace falta valor para no acudir a recoger un galardón de dos millones de dólares.
Para plantar cara a Benjamín Netanyahu, primer ministro desde 2009, aún parece necesario mayor valor en Israel. El impacto de la decisión de la actriz Natalie Portman, nacida en Jerusalén en 1981, de boicotear la ceremonia de entrega del premio Genésis —el considerado Nobel judío, que recibió en diciembre— reverbera en todo el Estado hebreo.

El gesto de la ganadora del Oscar en 2011 como protagonista en el filme Cisne negro escenifica ante todo la brecha creciente entre la diáspora judía liberal estadounidense —Portman reside en Los Ángeles desde la infancia— y el Gobierno más derechista en la historia del Estado hebreo.

Pese a que la artista se esforzó en aclarar a través de las redes sociales que solo aspiraba a “criticar a los líderes de Israel, sin boicotear a toda la nación”, un sanedrín de ministros le ha salido al paso para descalificar su osadía. “He decidido no asistir porque no quiero que parezca que apoyo a Netanyahu, que iba a pronunciar un discurso en la ceremonia”, había precisado en su cuenta en Instagram. De poco le sirvió la matización al titular de la cartera de Seguridad Interior, Gilad Erdan, quien ayer le envió una carta abierta evocando su papel de reina Amidala en tres episodios de la serie La Guerra de las Galaxias.

“Anakin Skywalker, un personaje que usted conoce bien, experimentó un proceso similar. Empezó creyendo que los caballeros Jedi encarnaban el mal y que el lado oscuro de la fuerza protegía la democracia”, escribió Erdan. Este ministro es también responsable del departamento de Asuntos Estratégicos, que coordina las medidas gubernamentales para contrarrestar al movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), que propugna el aislamiento económico de Israel para poner fin a la ocupación que ejerce sobre territorios palestinos desde 1967. “No permita que el lado oscuro triunfe”, rezaba la misiva.

Bordea el antisemitismo
Otro ministro, el responsable de Energía, Yuval Steinitz, le lanzó a través de la radio pública una estocada verbal, sin la alegoría de las espadas láser, más directa: “Natalie Portman ha caído en manos de lo peor del antisemitismo de Oriente Próximo. Boicotear una ceremonia a causa de la participación del primer ministro Netanyahu constituye en la práctica un boicot a Israel”. Hay más. Oren Hazan, uno de los diputados más extremistas del Likud, el partido del primer ministro, pide que le sea retirada la nacionalidad.

“No formo parte del BDS y no lo respaldo. Israel fue creado hace exactamente 70 años como un refugio para las víctimas del Holocausto, pero el maltrato de aquellos que sufren las atrocidades actuales no casa con mis valores judíos”. Natalie Portman aludió en Instagram, sin nombrarla, a la oleada de protestas que se vive en la frontera de Gaza, que se ha cobrado la vida de 38 palestinos por disparos de tropas israelíes.

Chemi Shalev, columnista del diario Haaretz, resaltaba ayer que Portman es una figura altamente apreciada en Israel como “defensora firme, aunque a veces crítica, del país en el que nació”, y por generar un raro consenso en la sociedad: “Es vista como paladín del sionismo por la izquierda; como un icono para las mayoría de las organizaciones judías; es un activo de la diplomacia pública para la derecha, que le perdona sus transgresiones, y como un modelo de equilibrio para los partidarios del Estado judío”. El artículo editorial del mismo periódico constataba la emergencia de la artista como referente para la oposición: “Portman hizo lo correcto al recordarnos a todos que el Estado no es Netanyahu. Está bien que recuerde al mundo que hay muchos israelíes y judíos que se oponen al Gobierno de la derecha y que critican sus políticas”.

“Ella no se siente a gusto con la idea de tener que participar en actos públicos en Israel” en las actuales circunstancias y “no se encuentra en condiciones de asistir a la ceremonia con la conciencia tranquila”, había resumido la Fundación Premio Génesis las razones esgrimidas por Portman para cancelar su asistencia. La ceremonia de entrega, prevista para el 28 de junio, ha sido anulada.

La actriz obtuvo el Génesis por una carrera que despuntó con el papel de Amidala y que le llevó a dirigir en 2015, en Israel, Una historia de amor y oscuridad, basada en la novela de Amos Oz.

https://elpais.com/internacional/2018/04/22/actualidad/1524425998_028600.html?rel=lom


PD.:
Es esclarecedor la analogía entre el actual gobierno de derecha de Israel (y en muchos casos de extrema derecha, como cuando habla de dar una medalla a un franco tirador que asesina a un desarmado y pacífico ciudadano palestino) y nuestro gobierno que con menos del 30% de los votos gobierna, con apoyos activos de unos y pasivos de otros, como si tuviese la mayoría absoluta e indiscutida de la población, Y si se critica al gobierno, para ellos es como si se atacase a España. Olvidan que más del 60% de la población no le votó y que la democracia se basa en un contrato social: este es el programa que voy a aplicar si gano y para ello tú< me votas. La realidad es que han roto el contrato social. Pues no han cumplido ninguna de sus promesas; recortes en educación, sanidad, dependencia, cero presupuesto para la ley de memoria histórica, con lo que se mofa de los españoles con familiares arrojados a las cunetas y de las recomendaciones de la ONU, para hacerse cargo de la búsqueda y enterramientos. Se han reído, ríen e insultan al pueblo como cuando han hablado de que los familiares se preocupan de "sus asesinados cuando hay dinero". Cuando alguien les critica se cubren con la bandera y dicen que son España... Y para repartirse sobres o expatriar dinero ya no son España,... No son ejemplos de nada, lamentablemente.

Y el comportamiento de Portman, es un ejemplo valiente de defensa de la democracia, la libertad ideológica y política y nuestras ideas y valores por encima del dinero y su venta al mejor postor. Le agradecemos infinitamente que sea un ejemplo de valiente defensora de Israel laico y la democracia  y la libertad de elección contra los antivalores de extrema derecha y de imposición de las ideas religiosas en la sociedad civil.

sábado, 3 de febrero de 2018

Portugal 2017, la alianza de izquierdas funciona.

Felipe Nieto
Ctxt

Estamos ante una experiencia política de la que no se habla suficientemente fuera de Portugal, al menos así lo perciben pública y privadamente muchos portugueses. Sin embargo, Europa, la izquierda europea, podría mirarse en ella y, quién sabe, plantearse explorar vías similares para sus países.

Excepcionalmente, en estos días, está visitando Portugal una delegación del Partido Laborista holandés, interesada en estudiar “el modelo del gobierno” que los socialdemócratas desearían aplicar en su país, a partir de las próximas elecciones de marzo, en las que los pronósticos actuales, muy desfavorables, les sitúan en el octavo puesto. (Público, 30 de enero de 2017)

¿Cómo se llegó a la fórmula de un gobierno de la izquierda, de inmediato calificado por el historiador y entonces columnista del diario Público Vasco Pulido Valente como “gobierno de la geringonça”, en el doble sentido portugués de cosa mal construida, poco sólida y de jerga o lenguaje poco comprensible? La expresión hizo fortuna pronto –ha sido la palabra del año 2016 en Portugal–, primero como expresión despectiva de lo que se reputaba imposible y poco serio (así la utilizó la derecha) y más adelante, asumida irónicamente por los mismos incursos en ella, como un hecho del que felicitarse por la inesperada longevidad y su relativa buena salud.

El gobierno monocolor socialista que encabeza el secretario general del partido, PS, António Costa, se apoya en sus 86 diputados, a los que se suman los 19 del Bloco de Esquerda (BE), los 17 del Partido Comunista Português (PCP), coaligado con el partido de los Verdes y el representante del Partido Personas, Animales, Naturaleza (Partido Animalista en otros sistemas). Los 123 diputados resultantes representan la mayoría absoluta de la Asamblea de la República, formada por un total de 230. Fue suficiente para rechazar y obligar a dimitir al primer intento de gobierno tras las elecciones de octubre de 2015, el continuista presidido por Passos Coelho a propuesta del presidente conservador de la República, Cavaco Silva, que se apoyaba en la minoritaria suma de 107 diputados (los adscritos al Partido Social Demócrata, PSD, y al Partido del Centro Democrático y Social, CDS).

El que fuerzas políticas tan dispares, tradicionalmente enfrentadas, alcanzaran el acuerdo para un gobierno de y desde la izquierda, aunque carece de explicación unánime, puede decirse que es producto de dos fenómenos simultáneos, la decantación de una coalición incubada de lejos contra los gobiernos de la derecha y la convicción de que el acuerdo para poner en práctica políticas de mejora de las condiciones de vida de mucha gente maltratada por las políticas de austeridad y de empobrecimiento del gobierno anterior sería beneficioso, no solo para esos ciudadanos, sino también para quienes suscribieran acuerdos de cooperación política de estas características.

Las izquierdas de Portugal comenzaron las conversaciones para la creación de un gobierno a su medida incluso antes de las elecciones legislativas. El PCP y el BE se mostraron proclives a favorecer un gobierno del partido socialista en solitario. No formarían parte del mismo –renunciaban a asumir esa responsabilidad, a participar en el posible desgaste consiguiente–, pero, a cambio, se comprometían, mediante acuerdos bilaterales firmados con el Partido Socialista y entre sí, en un programa de gobierno de objetivos mínimos para toda la legislatura (2015-2019) que sería compatible con el mantenimiento de los objetivos máximos específicos de cada una de ellos.

El PCP, partido de tradición leninista, sigue fiel a su dogmática ideológica (lucha por el socialismo y el comunismo, contra el imperialismo, se muestra contrario a la pertenencia de Portugal a la OTAN y a lo que llama la sujeción al euro y se declara partidario de la nacionalización de los recursos y sectores estratégicos), pero al tiempo se mantiene firme en su pragmática política tradicional, la apuesta por políticas reformistas de aplicación inmediata en conjunción con el resto de las izquierdas y en continuidad de una consumada práctica sindical reformista y negociadora. El Bloco, por su parte, formado por fuerzas heterogéneas, corrientes marxistas, algunas de orientación trotskista, se puede considerar genéricamente como una fuerza anticapitalista, de rechazo a la globalización vigente. Hace hincapié en las políticas de género (de ahí la importancia de las mujeres en su dirección), en las políticas a favor de los colectivos LGTB y en otras cuestiones de impacto social, las llamadas “questões fraturantes” o postmateriales.

Lo característico de la situación es que se ha constituido un gobierno esencialmente parlamentario porque el gobierno minoritario socialista necesita, para la puesta en práctica de los acuerdos programáticos y para las nuevas políticas que sea necesario adoptar, del acuerdo y la negociación constante en la Asamblea de la República. Si este hecho produce sensación de inestabilidad por un lado, por otro pone a prueba la capacidad negociadora de los partidos. Hasta ahora, un año y medio después, los tres han dado muestras de una indiscutible lealtad institucional y de una voluntad de mantenimiento de los acuerdos más allá de las discrepancias surgidas en el camino. Los acuerdos que sustentan el gobierno de izquierdas hacen realidad, por primera vez, el consenso constitucional fundacional de 1976 sobre derechos y libertades individuales y sobre deberes económicos y sociales. Además, desde marzo de 2016, la acción de gobierno se está viendo favorecida por el apoyo moderador y la capacidad de mediación institucional del presidente de la República, el profesor Marcelo Rebelo da Sousa, en contra de lo que muchos temían en principio por haber pertenecido al PDS y por su trayectoria política en diferentes gobiernos de la derecha.

Son muchas y visibles las reformas del gobierno, empezando por una medida social vital, la subida gradual del salario mínimo, fijado en 557 euros en 2017 con el horizonte de los 600 para el final de la legislatura. La decisión no ha estado exenta de tensiones, porque el gobierno pretendió, al mismo tiempo, aplicar un descuento en las cotizaciones de la patronal a la seguridad social en contra del programa de los dos partidos coaligados. Otras medidas sociales muy deseadas y bien acogidas han sido la subida de las pensiones y el aumento de los salarios de los empleados públicos, beneficiados además con la aplicación de una jornada laboral semanal de 35 horas que no todos consideran por igual beneficiosa. Decisiones importantes también han sido la recuperación de la inversión pública, muy retraída en la pasada legislatura, especialmente en Sanidad, lo que se ha traducido en una significativa mejora de Portugal en el ranking europeo de los sistemas sanitarios de 35 países, pues avanza, según criterios de los consumidores, del puesto 20 de 2015 al puesto 14 de 2016, y en educación, con la gratuidad de los libros de texto en educación primaria, la decisión de no sufragar la enseñanza privada allí donde existan centros públicos y una política de incremento de becas y disminución de tasas universitarias, aspectos todavía no resueltos satisfactoriamente. El gobierno también ha acordado reducir el IVA al 13% en la restauración (si bien mantiene porcentajes muy altos para determinadas bebidas). Por último, ha sido considerada muy importante la decisión del gobierno de paralizar las medidas privatizadoras puestas en marcha por el anterior gobierno de la derecha, las de los transportes públicos urbanos, autobuses y metro (gratuitos desde estos días para los menores de 12 años), las redes periféricas y la compañía nacional de aviación, TAP, en la que el Estado vuelve a ser el accionista mayoritario.

La puesta en práctica de las reformas del gobierno y sus socios está dando resultados visibles: el déficit público se ha reducido por primera vez en años, la tasa de desempleados se sitúa en un 10,5% y el crecimiento económico se ha hecho realidad, a pesar de una deuda pública corrosiva, superior a los 244.000* millones de euros –cerca del 133% del PIB–, obstáculo para el desarrollo futuro y punto de fricción entre las fuerzas de la izquierda, en lo que hace a su reducción y en lo que implica a la relación con las instituciones europeas. Con la voluntad de no llegar a un enfrentamiento “a la griega” que nadie desea, los políticos portugueses desearían una negociación con el Banco Central Europeo y el Eurogrupo en la que se afrontaran y resolvieran conjuntamente los problemas de las deudas, la italiana muy elevada o la portuguesa de menor cuantía.

Las “cuestiones fracturantes” se han resuelto con relativa facilidad en este primer año de gobierno de la izquierda. Así, se ha admitido el derecho a la adopción por parte de las parejas homosexuales, han desaparecido los obstáculos que puso el gobierno de la derecha a la práctica del aborto –el pago de una cuota y la obligación de recurrir a un psicólogo previamente– . Desde hace unos días ha entrado en trámite parlamentario la propuesta para despenalizar la muerte asistida, o ley para la eutanasia. En todas estas cuestiones, los partidos conceden libertad de voto a sus miembros por lo que los porcentajes de aprobación o rechazo van más allá de la aritmética parlamentaria. La aprobación de estas medidas, hay que reconocerlo, ha contado con amplia aceptación social o, en el mejor de los casos, no ha suscitado reacciones de rechazo estridentes. Era sorprendente oír al taxista, hablando sobre los distintos barrios que atravesábamos en nuestro recorrido matinal, hasta aquí, desde donde usted tomó el taxi, estábamos en la zona de la música de rock, aquí empieza la zona gay… Como yo, de conocimientos elementales del portugués, dudara si estaba entendiendo bien, pedí al amable taxista me ampliara sus comentarios sobre el paisanaje urbano lisboeta. No dejó de subrayar la normalidad con que la sociedad portuguesa ha recibido el descubrimiento de una nueva orientación sexual de muchos conciudadanos próximos, inédita e insospechada hasta ahora. A ello ha contribuido, al parecer, una no alta beligerancia pública por parte de la Iglesia católica.

La frágil estabilidad de los acuerdos de gobierno de la izquierda portuguesa sigue siendo una realidad positiva, cada vez más celebrada por la mayoría de la sociedad y por los implicados. Es el triunfo de un pragmatismo que, por el momento, a todos favorece, como muy bien lo expresó el secretario general del PCE, Jerónimo de Sousa, me recuerda Manuel Alegre. Se trata de mejorar la vida de los portugueses, “Cuanto mejor, mejor”, a diferencia de tácticas oportunistas que explotan el malestar y el descontento para su crecimiento. En el equilibro de fuerzas que hace que ninguna predomine, el interés por la durabilidad del acuerdo se acrecienta. Algunos han observado que se trata de un acuerdo conservador, incluso reaccionario, porque aspira más a conservar o recuperar pasados derechos y posiciones perdidas que a afrontar los nuevos retos de las sociedades contemporáneas. Es un debate abierto. En el futuro inmediato se ha de plantear con toda su extensión. Quedan muchos otros frentes ante los que los partidos de la izquierda presentan estrategias diferentes: la cuestión del saneamiento de la banca con fondos públicos; los diferentes puntos de vista sobre la red energética pública; la potenciación de las fuentes de energía alternativas; la relación con la Unión Europea, bien para seguir dentro o bien para liberarse de la disciplina del euro; el nuevo mercado de trabajo y una posible mayor flexibilidad laboral; la lucha contra el desempleo, hoy aún muy elevado, y la lucha contra la dañina y creciente precariedad laboral…

Todo ello, ¿es conveniente afrontarlo por medio de un gobierno minoritario como el actual o con uno más fuerte y amplio, integrado solo por dos fuerzas de izquierda, un fortalecido PS y el Bloco, por ejemplo? Nadie se atreve a dar una respuesta categórica a preguntas como esta, que no son meramente retóricas. Lo único cierto es el convencimiento de que en la situación actual los tres partidos de izquierdas ganan ante su electorado –más, quizás, el PS– y por ello todos están interesados en prolongar la situación actual hasta 2019. ¡Nadie lo hubiera dicho tan solo hace un año!

Estas notas no pueden acabar sino con optimismo, como el que me transmitió el último de mis entrevistados, el escritor, el poeta ante todo, Manuel Alegre, a sus 80 años no solo patriarca de las letras portuguesas sino también ejemplo vivo y respetado del luchador desde los tiempos de la dictadura salazarista, lo que le ocasionó cárcel, persecución y un exilio de 10 años. No dejó de sentirse libre, como afirmaba en Praça da Cançao, su primer libro, prohibido y de circulación clandestina: …mas eu sou livre//que não pode morrer não pode ser cativo// quem pela Pátria morre e só por ela vive. Desde la Revolución de 1974, empeñado en la causa de la democracia desde las filas del socialismo, en el ala izquierda del PS, Alegre concluía ante mí, reflexionando sobre los acuerdos de gobierno vigentes, que “han sido y son buenos para la democracia… porque todas las fuerzas implicadas pueden intervenir, pueden hacer política para el bienestar de los ciudadanos…”.

CODA: Parecía inevitable. No ha faltado a la cita ni una sola vez. Será la cercanía con que se viven los asuntos de España en Portugal (¡tan poco recíproca!), será la preocupación por el hondo desacuerdo que viven fuerzas políticas similares a las suyas, lo cierto es que todas las entrevistas, todas sin excepción, han acabado con la misma pregunta, esta vez del entrevistado al entrevistador:

– Y en España ¿qué? ¿Qué sucede en España, no se ponen de acuerdo los políticos para acabar con el gobierno de la derecha?

Mientras improvisaba respuestas para salir de una situación que no puede sino inquietarme, tanto o más que a quienes formulaban la pregunta recurrente, recordé una situación similar de tiempos ya lejanos. Poco después de la Revolución de los Claveles, los estudiantes de los cursos de doctorado preguntábamos ansiosos al profesor Jover Zamora si él consideraba que la situación revolucionaria de Portugal tendría alguna influencia inmediata en la España de la dictadura franquista. Nuestro respetado profesor esbozó una mueca sonriente, irónica como en él era frecuente, elevó la vista de las notas que tenía ante sí sobre la mesa, como si mirara hacia lo lejos, hacia un pasado de varios siglos atrás, y nos confesó:

– Miren ustedes, yo creo que la historia de España y Portugal ha seguido siempre un curso muy parecido, con cuatro o cinco años de diferencia.

El apotegma del historiador Jover Zamora acabaría cumpliéndose.

¿Y ahora?

---------------------------------------------------

1. José Lamego profesor de la Facultad de Derecho de Lisboa y abogado, ha sido diputado y secretario de Estado de Asuntos Exteriores; Francisco Faraldo, profesor de Lengua Española en el Instituto Español Giner de los Ríos de Lisboa; coronel Aprigio Ramalho, vicepresidente de la Asociación 25 de abril de las Fuerzas Armadas Portuguesas; Carlos Gaspar, profesor, Universidade Nova de Lisboa e Instituto Portuguès de Relações Internacionais; Manuel Loff, historiador, profesor de Historia y de Estudios Políticos Internacionales de la Universidad de Oporto; Ángela Carcedo, arquitecta, residente en Lisboa; Pedro Adão e Silva, politólogo, profesor en el Instituto Universitario de Lisboa y columnista de prensa; Luciano Alvarez, diario Público, periodista, adjunto a la dirección; Bruno Góis, doctorando, Instituto de Ciencias Sociales de Lisboa, del equipo directivo del Bloco de Esquerda; Ângelo Alves, de la Comissao Política del Comité Central do PCP; Manuel Alegre, poeta y novelista, político del PS, candidato a la Presidencia de la República en 2011.

------------------------------

*En una primera versión de este artículo se decía que la deuda de Portugal era de 8.500 millones.

Felipe Nieto es doctor en historia, autor de La aventura comunista de Jorge Semprún: exilio, clandestinidad y ruptura, (XXVI premio Comillas), Barcelona, Tusquets, 2014. Profesor de Historia del Mundo Actual en la UNED, Madrid.

jueves, 25 de enero de 2018

_- Un siglo de Marcelino Camacho

Público.es

“Ni nos domaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar”


Estos días de enero Marcelino Camacho hubiera cumplido cien años. Un siglo de lucha, dignidad y compromiso, tres de las características definitorias de la trayectoria vital, sindical y política del sindicalista y militante comunista soriano. Conviene recordar especialmente en estos tiempos a figuras imprescindibles del movimiento obrero de nuestro país como Camacho, y la conmemoración de su centenario se antoja como una oportunidad de oro para reivindicar la vigencia de los valores que él defendió durante toda su vida. Desde aquí quiero aplaudir la iniciativa de su sindicato, CCOO, y sus partidos, el PCE e Izquierda Unida, de organizar diversos actos con motivo de la efeméride. La ocasión lo merece.

Cuatro notas biográficas: Marcelino Camacho fue un trabajador metalúrgico, hijo de ferroviario, comprometido desde muy joven con los valores de izquierdas. Luchó defendiendo a la República durante la Guerra Civil. Sufrió en los campos de concentración y en las cárceles franquistas. Organizó las Comisiones Obreras en la clandestinidad y fue su primer secretario general, cargo que desarrolló hasta 1987. También fue diputado por el PCE en las Cortes Generales en la legislatura constituyente y en la primera legislatura de la restauración democrática, hasta su dimisión a principios de 1981.

Cierto es que las cosas han cambiado mucho en los últimos tiempos y que el mantra del fin de las ideologías ha ido calando en amplios sectores de nuestra sociedad, pero para combatir determinados discursos es conveniente armarse de argumentos y reivindicar el legado de personas como Marcelino Camacho, estandarte de una generación que nos ha ido dejando pero cuyo recuerdo debe permanecer más vivo que nunca. Se dice que esto ya no va ni de izquierdas ni de derechas. Se insiste en que no hay clases sociales y se machaca a los jóvenes insistentemente con la idea de que el paraíso está en el consumo y el individualismo. Háztelo tú. Todo está en tu interior. Si quieres puedes. Los sindicatos están anticuados, ya no sirven. Los políticos son todos iguales…

Pero si algo ha demostrado la tozuda historia de la humanidad es que si las personas no nos agrupamos y organizamos para conseguir nuestros objetivos comunes las élites del poder siempre llevarán las de ganar. Y sabemos que van ganando aunque nosotros seamos más. Esto Marcelino Camacho y muchos militantes de su generación lo tuvieron meridianamente claro, y de ahí la importancia del movimiento obrero (y especialmente el PCE y CCOO) durante la larga noche del franquismo, algo que interesadamente poco a poco va desapareciendo de los libros de historia. Sin su lucha, sin su sacrificio y sin su trabajo muchas de las conquistas sociales de nuestro país nunca hubieran llegado. Porque, a pesar de lo que muchos creen, no llegaron gratis.

Y conviene tener presente que aún quedan muchas conquistas pendientes, máxime en tiempos de retroceso, corrupción y expolio. Conviene recordarlo ahora que empieza a calar cierto discurso desde la izquierda que reniega del papel del PCE o CCOO en la Transición. Sí, quizá las cosas se pudieron hacer mejor, de eso no hay duda, pero hoy jugamos con ventaja cuando decimos que se cedió demasiado en aquellos tiempos tan complicados y violentos, con una correlación de fuerzas extraordinariamente favorable a los sectores conservadores y herederos del régimen totalitario de Franco. No digo que se estén despreciando los años de cárcel, torturas, exilio y sufrimiento de personas como Marcelino Camacho, pero quienes nacimos ya en los ochenta o incluso más tarde tenemos la obligación de ponernos en el sitio de aquella generación heroica que se lo jugó todo por nosotros. Todo, también la libertad y la vida. ¿Cuántos hoy estaríamos dispuestos sinceramente a ello? Por eso creo que cuando hablamos hoy de presos políticos o exilio debemos ser muy cuidadosos, recordar a esta generación y huir de la frivolidad velozmente. Y no todo el mundo lo hace.

Hoy me pregunto qué pensaría Marcelino Camacho de la situación política que nos está tocando vivir. ¿Qué pensaría de todo lo que estamos perdiendo las clases populares en los últimos años? ¿Cómo reivindicaría la vigencia de sus ideales de juventud? ¿Qué pensaría de las victorias de las derechas y la falta de entendimiento de las izquierdas? ¿Qué papel jugaría en la construcción de Unidos Podemos y la unidad de la izquierda transformadora en las Españas? ¿Qué pensaría de Catalunya y de cómo cierta izquierda ha antepuesto la identidad nacional a la clase social, pactando incluso con la derecha? ¿Qué pensaría de Trump, del auge de la extrema derecha en Europa o del Brexit? Nunca lo sabremos, desgraciadamente. Y no seré yo quien aventure los supuestos pensamientos de alguien que ya no está entre nosotros.

Hoy debemos brindar todos por la memoria de Marcelino Camacho. Todos: sindicalistas de clase, comunistas y gentes de izquierdas en general los primeros, sí. Pero cualquier demócrata de convicción y corazón debe saber que tiene mucho que agradecer a aquella generación que Camacho representa como pocos. Porque aquellos valores que él defendía hoy tienen la máxima vigencia: la defensa de los derechos de la mayoría ante los injustos abusos de las élites del poder.
Miguel Guillén Burguillos es politólogo
Fuente: http://blogs.publico.es/otrasmiradas/12375/un-siglo-de-marcelino-camacho/

viernes, 10 de noviembre de 2017

La izquierda y el derecho de autodeterminación. Hoy, en ausencia de colonialismo y dentro de un país de la Unión Europea, el derecho a la autodeterminación es una reivindicación reaccionaria, incluso involucionista, impropia de partidos o sindicatos progresistas

“El nacionalismo de los de arriba sirve a los de arriba. El nacionalismo de los de abajo sirve también a los de arriba. El nacionalismo cuando los pobres lo llevan dentro, no mejora, es un absurdo total”. Bertold Brecht

Desde el principio se sabía que el famoso “derecho a decidir” era un hábil eufemismo con el fin de enmascarar el inexistente, en condiciones de países democráticos, derecho de autodeterminación de “los pueblos”. Este derecho tiene una larga historia que merece algunas reflexiones.

Es conocido que la socialdemocracia internacional reconoció este derecho ya en 1896, en un Congreso celebrado en Londres, en el sentido de que se trataba de un derecho político a la independencia o secesión de la nación o imperio opresores. Este criterio lo adoptaron casi todos los partidos pertenecientes a la 2ª Internacional, incluyendo el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, del que emanaría el partido bolchevique de Lenin.

Con el triunfo de la revolución de 1917 —de la que se conmemoran los 100 años—, la libre autodeterminación y la posibilidad de formar un Estado separado se recogió en la declaración de Derechos de los Pueblos de Rusia y, después, en la Constitución de 1924. No obstante, esta posición no fue nada pacífica en los debates de la época. Mientras Lenin, Trotsky, Kautsky y otros defendieron con ardor la consigna autodeterminista, otros como Rosa Luxemburgo, Bujarin y los llamados bolcheviques de izquierda se opusieron con igual empeño. Los primeros, argumentaban que el nacionalismo era una fuerza revolucionaria en la época de las colonias y de los imperios, “cárceles de pueblos”, mientras que los segundos sostenían que en la era de los imperialismos modernos era una antigualla defender las fronteras nacionales y, sobre todo, que el nacionalismo había estado en el origen de la espantosa guerra del 14, cuando incluso una parte de la izquierda había votado los créditos de guerra, costándole la vida al socialista francés Jean Jaurès al oponerse a ellos.

Prevalecieron entonces las tesis de Lenin y de otros dirigentes de la izquierda, pues era cierto que la libre determinación tenía sentido en el proceso de descolonización e, igualmente, la independencia de naciones sojuzgadas por los imperios que fueron derrotados en aquella carnicería: el austro-húngaro; el de los zares; el otomano y el del káiser Guillermo. Quedaron en pie el británico y el francés que durarían unos años. En el fondo, las teorías de Luxemburgo y Bujarin se compadecían más con las de Marx, que en su análisis del desarrollo del capitalismo veía más conveniente para la causa de los trabajadores la federación de las naciones con el fin de lograr entidades políticas más fuertes.

Cuando concluyó la Gran Guerra llegó a París el presidente Wilson con sus no menos famosos 14 puntos, entre ellos el derecho de autodeterminación, sobre todo de las naciones que conformaban el imperio de los Habsburgo. Wilson procedía de la tradición anticolonial de EE UU, no le gustaban los imperios europeos y tampoco le interesaba dejar esa bandera en manos de un bolchevique como Lenin. A París fueron en peregrinación todos los nacionalismos irredentos con la finalidad de que el presidente americano les diera su bendición. Aun así, se cuenta que cuando se trató, también, el caso de Cataluña, el presidente francés Clemenceau se limitó a decir “pas des bêtises” (nada de tonterías) y ahí acabó la discusión. El resultado de todo ello fue que el mapa de Europa quedó cual manta escocesa, surgieron múltiples pequeñas naciones y en especial en los Balcanes, origen de múltiples conflictos.

En la actualidad, las condiciones han cambiado radicalmente y sería trágico que la izquierda no se diera cuenta de lo que eso significa. Comprendo que, a veces, no es fácil entender los vericuetos de la dialéctica de los procesos, pero este es un ejemplo de cómo un derecho progresista o liberador, en una fase histórica, se puede transformar en su contrario en otra etapa diferente. Esta es la razón por la cual Naciones Unidas —donde no sé si abundan los dialécticos— ha concretado su doctrina sobre este tema señalando que debe respetarse la libre determinación sólo en los casos de dominio colonial o en supuestos de opresión, persecución o discriminación, pero en ningún caso para quebrantar la unidad nacional en países democráticos.

En las condiciones creadas por la globalización, con mercados y multinacionales globales, inmersos en la revolución digital, cuando ya no existen situaciones coloniales generalizadas ni imperios “cárceles de pueblos”, el derecho de autodeterminación es una reivindicación reaccionaria, impropia de partidos o sindicatos de izquierda. Todavía más involucionista si cabe en el supuesto de los países pertenecientes a la Unión Europea, inmersa en un proceso de integración cada vez mayor, imprescindible para poder medirse, desde la democracia, con los grandes poderes económicos y tecnológicos. Una transformación de actuales regiones o autonomías en Estados independientes haría inviable el futuro de una unión política europea.

Es verdad que durante el periodo de los movimientos anticoloniales, véase la posición contra la guerra de África del PSOE de Iglesias, o durante la última dictadura franquista, la reivindicación de la libre autodeterminación tenía un sentido y así se recogía en los programas de los partidos y sindicatos de izquierda españoles; eso sí, siempre en aquel contexto y supeditado a la unidad de los trabajadores. Pero en condiciones de democracia, en la mundialización y la construcción europea no hay nada más contrario a los intereses de los trabajadores que romper un país. Ese acto profundamente insolidario —en especial cuando los que quieren romper son de los más ricos— divide a los sindicatos; quiebra la caja única de la Seguridad Social, garantía de las pensiones; parte la unidad de los convenios colectivos y el sistema de relaciones laborales, en un espacio de mercado único que, de quebrarse, dejaría a la intemperie a trabajadores y empresas.

En consecuencia, los partidos y sindicatos de izquierda deberían revisar esta cuestión, superar viejas inercias y concluir que en las condiciones actuales lo que antaño era progresista hogaño es retrógrado y antisocial, propio de fuerzas nacionalistas radicales y/o populistas que no tienen nada que ver con los intereses de las mayorías sociales.

Nicolás Sartorius es vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas.

https://elpais.com/elpais/2017/10/23/opinion/1508760641_669330.html