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viernes, 2 de febrero de 2024

La izquierda anti-‘woke’ .

Sahra Wagenknecht, en una imagen de archivo.
Sahra Wagenknecht, en una imagen de archivo.A. BECHER (EFE)
El objetivo de Sahra Wagenknecht, la figura más relevante de Die Linke, es distanciarse de la superioridad moral de la nueva izquierda culturalista, ecologista, feminista y anticolonialista.

Antes de fin de año es casi seguro que se producirá una escisión en Die Linke, el partido alemán más a la izquierda. Sahra Wagenknecht, su figura más relevante y carismática, está a punto de crear un nuevo partido. Con ello no solo produciría la práctica desaparición parlamentaria de su partido originario, ahora mismo al borde del límite del 5% necesario para acceder al Bundestag, sino que también, y esto es lo extraordinario, puede desinflar considerablemente las expectativas de la extrema derecha, la AfD. ¿Cómo es posible, se preguntarán, que la cara más visible de la extrema izquierda puede atraer a la vez a votantes más ultras de la derecha? Según los sondeos, podría llegar a alcanzar el 10% de los votos totales, más que duplicando los de su partido original, pero podría llevarse 4 de cada 10 votantes de los dos partidos mencionados. En esto consiste el enigma del “conservadurismo de izquierdas” que dice representar. ¿Aparte de su carisma, qué es lo que la hace tan atrayente para quienes se colocan fuera del establishment?

En su libro Die Selbstgerechten (Los fariseos), no deja títere con cabeza. Su objetivo es distanciarse de la superioridad moral de la nueva izquierda culturalista, ecologista, feminista y anticolonialista, que habría sido conquistada por el liberalismo de izquierdas de raigambre woke; esto es, del discurso que se habría hecho fuerte en partidos como Los Verdes para desde allí buscar su hegemonía en la opinión pública.

Al final se acabaría enredando en cuestiones sobre qué estilos de vida son los políticamente correctos en vez de sobre lo que de verdad debería preocupar a la izquierda: las cuestiones relativas a quién ostenta el verdadero poder; el económico, por supuesto. A aquellos les preocupa más, a la postre, fiscalizar el lenguaje para sostener el blablablá feminista y ecologista que cambiar la base material que hace imposible la cohesión social o que pueda traducirse en algo verdaderamente emancipador. Dicho en buen marxista, serían recursos ideológicos destinados a encubrir la reproducción del poder de siempre, el del capital; cambiarlo todo para que todo siga igual. Las empresas reemplazan sus fuentes de negocios mediante la creación de productos ecológicos o introduce mujeres en sus órganos de dirección, pero su situación de poder social permanece inalterada.

Estos tics anti-woke son agua de mayo también para los electores de ultraderecha, así como el pacifismo radical de Wagenknecht en el conflicto de Ucrania o el establecer claros límites a la inmigración. Los hipermoralizados verdes no tienen ningún problema, dice, en aplaudir el rearme del país, y el problema no es ocuparnos de los asilados, sino de eliminar la explotación en África; antes de acoger a los de fuera hay que velar además por el bienestar de los de dentro. Lo que predica, en suma, conecta bien con gran parte de los grupos que votan a la AfD porque se sienten social y económicamente marginados y alienados por el nuevo discurso, que perciben como intolerante frente a quienes disienten de él. Lo que está por ver es si bastará para reconducirlos hacia una izquierda que se ve a sí misma como la “auténtica”, la de siempre. Aunque ya nada puede evaluarse con las categorías tradicionales.

lunes, 21 de noviembre de 2022

Qué es "woke" y por qué este término ha generado una batalla cultural y política en EE.UU.

"Desperté".

Ese es el significado literal de la palabra "woke", el pasado de "wake", que significa despertar.

Pero el término es mucho más complejo y ser o estar woke en slang o jerga estadounidense puede hacer ver con qué posturas políticas estás más alineado.

El uso de woke surgió dentro de la comunidad negra de Estados Unidos y originalmente quería decir estar alerta a la injusticia racial.

"La persona que mucha gente considera que lo acuñó fue [el novelista] William Melvin Kelley", le dijo a la BBC Elijah Watson, editor de noticias y cultura del sitio web de música estadounidense Okayplayer y autor de una serie de artículos llamados "El origen de woke".

"En 1962 publicó un ensayo en el New York Times titulado If You're Woke, You Dig It ('Si estás despierto, lo entiendes')", relató.

El término resurgió en la última década con el movimiento Black Lives Matter, que nació en rechazo a la brutalidad policial hacia personas afrodescendientes.

Pero esta vez su uso se difundió más allá de la comunidad negra y empezó a ser utilizado para significar algo más amplio.

En 2017, el diccionario Oxford agregó esta nueva acepción de "woke", definiéndolo como: "Estar consciente de temas sociales y políticos, en especial el racismo".

Suena como algo positivo, ¿verdad?

Pues depende de a quién se le pregunte. Porque, así como hay gente que se autodefine con mucho orgullo como una persona "woke", que está alerta a la discriminación y la injusticia, hay muchos otros que utilizan el adjetivo como un insulto.

El propio diccionario Oxford hace la distinción. Debajo de la definición, agrega lo siguiente:

"Esta palabra a menudo se usa con desaprobación por parte de personas que piensan que otras personas se molestan con demasiada facilidad por estos temas, o hablan demasiado sobre ellos de una manera que no cambia nada".

O como apunta el diccionario Merriam-Webster, se usa con desaprobación para referirse a alguien políticamente liberal (como en asuntos de justicia racial y social) especialmente de una manera que se considera irrazonable o extrema.

"Se despierto, vota", dice este cartel.
FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES



Es decir, que mientras que para algunos ser "woke" es tener conciencia social y racial, y cuestionar los paradigmas y las normas opresoras impuestas históricamente por la sociedad, para otros describe a hipócritas que se creen moralmente superiores y quieren imponer sus ideas progresistas sobre el resto.

Los críticos de la cultura "woke" cuestionan, sobre todo, los métodos coercitivos que utilizan algunos "policías de la palabra" -así los definen- contra quienes dicen cosas o cometen actos que ellos perciben como misóginos, homofóbicos o racistas.

En particular ha generado mucho malestar el uso de un método conocido como la "cancelación": un boicot social y profesional, que suele realizarse a través de las redes sociales, contra individuos que actuaron o dijeron algo que para ellos es intolerable.

"Perdí el mejor empleo de mi vida por una foto en redes sociales": los peligros de la "cultura de la cancelación" (y dónde está el límite)

Para las personas "woke", se trata de una forma de protesta no violenta que permite empoderar a grupos históricamente marginalizados de la sociedad y corregir comportamientos, sobre todo de los sectores más privilegiados, que hasta ahora eran parte del stato quo y persistían sin castigo ni cambio.

Pero para los críticos es corrección política llevada al extremo, que atenta contra la libertad de expresión y "los valores tradicionales estadounidenses".

Batalla política
Lo que empezó como un choque cultural se fue transformando en un enfrentamiento político.

El término "woke" se convirtió en sinónimo de políticas de izquierda o liberales que abogan por cosas como la equidad racial y social, el feminismo, el movimiento LGBT, el uso de pronombres de género neutro, el multiculturalismo, el uso de vacunas, el activismo ecológico y el derecho a abortar.

Políticas con las que se asocia el Partido Demócrata del presidente Joe Biden, así como también al ala más liberal que incluye políticos como Bernie Sanders o la congresista Alexandria Ocasio-Cortez.

En contraposición, el ala más extrema del Partido Republicano, liderada por el expresidente Donald Trump, considera que estas políticas representan no solo una amenaza a los "valores de familia" sino incluso a la misma democracia, a la que se quiere "reemplazar con una tiranía woke".

El expresidente republicano Donald Trump encabeza las críticas a la "cultura woke", con la que se asocia al actual mandatario, Joe Biden.

En 2020, Trump centró uno de los ejes de su campaña de reelección en combatir a estos llamados "woke lefties" (izquierdistas despiertos) quienes -aseguró- practican un "fascismo de extrema izquierda".

El entonces mandatario señaló que con su "cultura de la cancelación" estaban "expulsando a la gente de sus trabajos, avergonzando a los disidentes y exigiendo la sumisión total de cualquiera que no esté de acuerdo".

"Es la definición misma de totalitarismo", acusó el líder republicano.

Para los demócratas el autoritario es Trump, cosa que -según ellos- quedó demostrado cuando se rehusó a dejar el poder tras su derrota electoral y sus simpatizantes irrumpieron en el Capitolio.

Lejos de saldar el debate, los primeros dos años de gobierno de Biden han ahondado la polarización entre estos dos sectores.

Según el Pew Research Center, "los demócratas y los republicanos están más alejados ideológicamente hoy que en cualquier otro momento de los últimos 50 años".

Y una encuesta realizada en septiembre por el canal CBS mostró que casi la mitad de los miembros de ambos partidos ven al otro no como un opositor político sino como un "enemigo".

Las "midterms"
Las diferencias ideológicas se han vuelto a poner de manifiesto en la antesala de los próximos comicios legislativos del 8 de noviembre, conocidos como las "midterms" o elecciones de mitad de período.

Durante la campaña electoral, muchos partidarios de Trump han vuelto a advertir sobre los supuestos peligros que conlleva el llamado "wokeismo" demócrata.

"Puedes perder tu trabajo. Puedes ser rechazado en la plaza del pueblo de América en las redes sociales. Te pueden perseguir por la calle. Te pueden tirar cosas. Puedes ser agredido físicamente (como le ocurrió al escritor) Salman Rushdie. Te pueden apuñalar en la maldita garganta si no le caes bien", alertó recientemente en Fox News la comentarista política conservadora Tammy Bruce.

Trump en la última Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), en la que se denunció la "cultura woke".

Muchos demócratas desmerecen este tipo de afirmaciones, señalando que es retórica alarmista que busca ganar votos.

"Cada elección, [los republicanos] inventan un nuevo cuco en lugar de tratar de resolver problemas y mejorar la vida de las personas", criticó en declaraciones a CBS News el demócrata Charlie Crist, quien se postula para la gobernación de Florida en noviembre.

El rival de Crist es el actual gobernador Ron DeSantis, favorito para ganar y un posible candidato presidencial en 2024. Es uno de los republicanos que más hace hincapié en los supuestos peligros del "woke culture" de sus rivales.

En sus discursos suele repetir que "woke es la nueva religión de la izquierda".

Dado este contexto, algunos demócratas, en especial los más moderados, han advertido que el llamado "wokeismo" está perjudicando a su partido, dándoles a los republicanos armas para atacarlos.

"El wokeness es un problema y todos [en el Partido Demócrata] lo saben", le dijo al sitio Vox el famoso consultor político demócrata James Carville, quien lideró la exitosa campaña presidencial de Bill Clinton en los años 90.

Según Carville, el problema son algunas de las propuestas más extremas que alienan a los sectores conservadores de la sociedad y son usados por los trumpistas para asustar al electorado.

Como ejemplo citó la iniciativa para "desfinanciar a la policía" y utilizar esos fondos para programas de ayuda comunitaria, una idea que surgió tras el asesinato de George Floyd en 2020 y que busca poner fin al problema del llamado "racismo sistémico en las fuerzas de seguridad".

Aunque muchos demócratas -incluido el presidente Biden- se expresaron en contra de esta idea, algunos la apoyaron, llevando a varios candidatos republicanos a asociar a todo el partido con la propuesta, que es impopular entre gran parte de la población.

Obama y AOC
La "cultura woke" también ha generado críticas internas dentro del liderazgo del Partido Demócrata.

Uno de los detractores más famosos -y más vocales- es el expresidente Barack Obama (2009-2017).

El expresidente Barack Obama advirtió que juzgar a otros por sus errores no es constructivo.

En 2019, en la antesala de la carrera para definir quién sería el candidato o la candidata demócrata en los comicios presidenciales del año siguiente, Obama criticó que el foco -en especial entre los más jóvenes- se estuviera poniendo en cuán "woke" era esa persona.

Sus palabras llegaron luego de que un número de posibles candidatos demócratas se vieran forzados a pedir disculpas públicas por cosas que habían dicho en el pasado.

"Tengo la sensación de que ciertos jóvenes en las redes sociales creen que la forma de generar el cambio es juzgar lo más posible a otras personas", afirmó durante un encuentro anual de la Fundación Obama.

"Si tuiteo o publico un hashtag sobre cómo no hiciste algo bien o usaste el verbo incorrecto, entonces puedo sentarme y sentirme bastante bien conmigo mismo porque '¿viste lo woke que fui? ¡Te pesqué!'".

"Basta", dijo. "Si todo lo que haces es tirar piedras, probablemente no llegues muy lejos".

"El mundo es desordenado", aleccionó. "Hay ambigüedades. Las personas que hacen cosas realmente buenas tienen defectos".

Sin embargo, la legisladora más joven del Partido Demócrata (y de toda la Cámara de Representantes), la carismática Alexandria Ocasio-Cortez, salió a la defensa del "wokeismo".

AOC -como es conocida- señaló que si al partido le va mal en las próximas elecciones es porque el Congreso no ha logrado aprobar legislación sobre el derecho a votar, una de las causas insignia de los activistas "woke".

Los demócratas más jóvenes -como la legisladora Alexandria Ocasio-Cortez (AOC)- son los que más fomentan la "cultura woke".

"'Woke' es un término que los expertos ahora usan como un eufemismo despectivo de los derechos civiles y la justicia", publicó en su cuenta de Twitter en noviembre de 2021.

"Inventar un problema 'woke' tiene como resultado poner los derechos civiles y de voto en un segundo plano", advirtió.

"En un año en el que las legislaturas estatales están planeando mayorías republicanas y supresión de votantes, eso es peligroso".

"Capitalismo woke"
Los debates sobre el "wokeismo" no solo dominan la agenda política y cultural estadounidense. También han permeado el mundo empresarial.

Algunas compañías se han encontrado en el ojo de la tormenta por adoptar cambios que son interpretados -para bien o para mal- como "woke".

Un caso conocido es el de Gillette, que generó controversia en 2019 con una publicidad llamada "Lo mejor que pueden ser los hombres", en el que se criticaba comportamientos masculinos "tóxicos" como el bullying, el acoso sexual y el sexismo.

Aunque fue aplaudido por muchos, también se convirtió en su momento en uno de los videos con mayor número de pulgares para abajo en You Tube, y provocó un boicot contra la fabricante de rasuradoras.

La polémica que desató Gillette con su anuncio en contra de la "masculinidad tóxica" El golpe económico que sufrió Procter & Gamble, dueña de la compañía, llevó a la creación de un meme que se ha popularizado entre la derecha: Get woke, go broke ("Hazte woke, quiebra").

En los últimos tiempos, la empresa que más ha recibido elogios y críticas por ser considerada "woke" es Disney.

Disney podría perder los derechos de autor sobre su personaje Mickey Mouse por haber adoptado políticas que según los republicanos son "woke".

En abril pasado, el gobernador DeSantis firmó una ley para retirarle a la Walt Disney Company su estatus legal especial que le permite autogobernarse en el estado de Florida.

Y legisladores republicanos advirtieron que no aprobarán la extensión del derecho de autor de Disney sobre su principal personaje Mickey Mouse, que vence en 2024.

Fue en represalia a la oposición de los ejecutivos de la empresa a una ley que prohíbe enseñar sobre sexualidad, orientación sexual y diversidad de género en las escuelas primarias de Florida, bautizada por sus detractores como la ley "No digas gay".

“Disney se pasó de la raya”: la guerra del gobernador de Florida contra la empresa por su oposición a la ley "No digas gay"

Disney publicó un comunicado en contra de la norma, presionado por sus empleados que realizaron protestas y un paro ante el silencio inicial de la empresa.

"Nuestros empleados ven el poder de esta gran compañía como una oportunidad para hacer el bien. Yo estoy de acuerdo", dijo entonces el CEO de Disney, Bob Chapek.

La compañía también fue acusada por algunos sectores conservadores de "hacer activismo woke" por elegir a una actriz negra para protagonizar la nueva versión, con actores de carne y hueso, del clásico "La sirenita", en el que el personaje animado de Ariel (basado en el cuento de hadas de Hans Christian Andersen) aparece como una sirena de piel blanca y ojos azules (en ambas versiones es pelirroja).

Por el contrario, la elección de una actriz de piel oscura fue aplaudida por muchas voces que no solo se sintieron representadas sino que además consideran que, dado que las sirenas son personajes mitológicos, pueden ser de cualquier color de piel.

DeSantis y otros republicanos también han criticado a las empresas que priorizan las inversiones que tienen impacto medioambiental, social y de gobernanza (conocidas como ESG), catalogándolas como "capitalismo woke".

En julio pasado, el gobernador dijo que las inversiones ESG -que suelen priorizar temas como el cambio climático o la diversidad- "amenazan la vitalidad de la economía estadounidense y la libertad económica de los estadounidenses al apuntar a individuos e industrias desfavorecidas para promover una agenda ideológica woke".

Según el sitio Market Watch, si los republicanos toman el control del Congreso durante las midterms "es probable que apunten contra el capitalismo woke".

"Los inversores deben esperar un rechazo significativo de los republicanos contra las políticas ESG, tanto las ordenadas por los reguladores gubernamentales como las autoimpuestas por el sector privado", advirtió el analista Brian Gardner de la consultora financiera Stifel.

domingo, 9 de enero de 2022

_- ¿Está la "cultura de la cancelación" acabando con el humor?

_- Maureen Lipman una destacada y veterana cómica británica dice que su profesión está en peligro de "quedar aniquilada" por el temor de los comediantes a ofender y ser "cancelados".

La llamada "cultura de la cancelación" es una forma moderna de ostracismo o exclusión contra alguien que se considera que actuó o dijo algo de manera inaceptable.

El individuo "cancelado", generalmente una celebridad, puede ser rechazado socialmente o boicoteado profesionalmente.

Lipman, una galardonada actriz, escritora, cómica y Dama del Imperio Británico, dijo a la BBC que cree que los cómicos están tan preocupados de ofender, que "una revolución" viene en camino.

Sus comentarios coinciden con el resultado de una encuesta en Reino Unido -realizada por la empresa de análisis de mercadeo YouGov- que muestra que más de la mitad de los británicos se autocensuran por temor a ser juzgados.

No obstante, otros cómicos, particularmente de las más jóvenes generaciones, señalan que no se trata de censura sino de establecer límites al discurso discriminatorio y de odio.

El tema está candente no sólo en Reino Unido sino en Estados Unidos y otros países donde los cómicos alcanzan un estatus de estrellas, pero cuyas polémicas rutinas pueden ser blanco de la cancelación.

En conversación con la editora de Cultura de la BBC, Katie, Razzall, Lipman equiparó la cultura de la cancelación con un "castigo".

"Está en todos sitios. Castigo. Ojo por ojo. 'Dijiste eso, así que nunca podrás trabajar otra vez'", expresó. "Tarde o temprano los canceladores ganarán".

Indicó que los cómicos se ven obligados a suavizar el texto de sus rutinas por temor a que alguien en la audiencia se sienta insultado. Declaró que el mundo de la comedia está en peligro de "aniquilación".

Es una predicción dramática. "Algo tiene que ser prohibido para hacerte reír, verdaderamente reírte a carcajadas. (Eso) sucede cuando no deberías estar riéndote", explicó.

"Me temo que todas las cosas que están siendo canceladas por no ser correctas son las cosas que hacen que la gente se ría", se lamentó.

¿Tendrá razón? Muchos cómicos dicen que su industria está en perfecta -y chistosa- forma. Nadie está siendo censurado, aseguran. Y al fin de cuentas, son las audiencias las que deciden qué es cómico y qué es ofensivo. 

El cómico Russell Kane sostiene que hay que diferenciar entre lo que es censura y lo que hoy en día no es aceptable.

Russell Kane, un cómico británico ganador del prestigioso galardón del Festival de Edimburgo, dijo que es un "completo disparate" pensar que los cómicos están sacrificando su arte porque no quieren ser cancelados.

Kane debería saber de lo que habla. Es presentador de un programa de radio en la BBC llamado "Genio Malvado", en el que cada semana toma una destacada figura histórica y, basándose en sus acciones, decide si debería ser salvada o cancelada.

"No creo que nadie está diciendo que no te pueden ofender, nadie está diciéndolo. Lo que están diciendo es que no puedes usar un discurso de odio que pudiera fomentar crimen de género, o crimen de sexo o crimen racial", expresó.

"Se ha dado un contundente y muy necesitado cambio en la conversación sobre género, sobre las actitudes de los hombres hacia las mujeres, sobre el consenso. La sociedad ha evolucionado".

Sin embargo, no cree que él ni sus colegas deberían estar preocupándose de ser cancelados por cosas que pudieron haber dicho en el pasado y que ahora son menos aceptables.

"Me afilié a un sitio web llamado TweetDelete y todos mis mensajes que tengan más de seis meses se han eliminado. Es un poco de protección personal", reconoció. 

Sitios web como TweetDelete pueden reducir las posibilidades de que alguien sea cancelado por declaraciones pasadas que hoy en día pueden considerarse inapropiadas.

"Se están exacerbando las divisiones" Todo el tema de la "cultura de la cancelación" y si realmente existe es contenciosa.

Por un lado, están los que aseguran la existencia de un mundo nuevo, sentencioso y moralizante, particularmente en las redes sociales, que conduce a la censura y compromete la libertad de expresión.

Recientemente, el teatro Old Vic -uno de los más famosos de Londres- informó que no estará montando el anunciado musical "Into the Woods" de Steven Sondeheim, que iba a ser codirigida por Terry Gilliam.

Gilliam, un reconocido artista gráfico, director de cine y miembro de la célebre agrupación cómica británica Monty Python, afirmó en las redes sociales que el Old Vic fue "intimidado" a cancelar la producción por quienes llamó "un pequeño grupo de ideólogos intolerantes y reacios al humor" porque, dijo, él había recomendado a sus seguidores en Facebook que vieran un show del cómico Dave Chappelle. 

Dave Chappelle es uno de los cómicos más famosos de Estados Unidos, pero últimamente ha sido criticado por el contenido de su más reciente show.

Chappelle ha sido acusado de hacer comentarios contra las personas transexuales en un show especial que se transmite por el canal de subscripción Netflix.

El Old Vic asegura que se tomó la decisión de no presentar "Into the Woods" bajo "acuerdo mutuo" y le deseó a la producción "lo mejor en su vida futura". El musical se presentará ahora en el Theatre Royal de la ciudad de Bath, en el oeste de Inglaterra.

Del otro lado de la polémica están los que arguyen que el llamado de atención (por las redes y online) a las personas que expresan opiniones que se consideran ofensivas es una forma de justicia social.

Ellos señalan que la gente que se queja de ser cancelada suelen ser celebridades con enormes plataformas para ventilar sus opiniones y que, mientras sus voces todavía pueden ser escuchadas, son los argumentos opuestos los que por tanto tiempo no se han podido escuchar. Sostienen que se trata de crear un mundo más amable y tolerante.

JK Rowling, la autora de los libros de Harry Potter, es la celebridad de más alto perfil cuyas opiniones está bajo ataque. Ella ha sido acusada de transfobia por los que aseguran que sus puntos de vista discriminan contra los transexuales. Ella, por su parte, afirma que está "defendiendo los derechos sexuales de las mujeres".

El tuit que puso a la autora de "Harry Potter" en el centro del debate LGBT Según la encuesta de YouGov, casi un tercio (29%) de las personas que tienen opiniones críticas sobre la sexualidad dicen que siempre o casi siempre no manifiestan lo que realmente piensan cuando hablan de este tema controvertido.

Otros temas complicados donde los encuestados dijeron que no hablan con libertad se dan entre los que creen que la inmigración ha sido un factor negativo para Reino Unido (un tercio -33%- de las personas que opinaban así dijeron que se quedan calladas al respecto). 

La escritora JK Rowling es la celebridad de más alto perfil que se encuentra en el fuego cruzado de las guerras culturales.

Una quinta parte de las personas que piensan que la mujeres están igual de bien que los hombres en Reino Unido sienten que no pueden expresarlo.

Pero Russell Kane dio a la BBC una perspectiva diferente.

"No creo que la libertad de expresión esté amenazada", dijo. "¿Por qué necesitamos usar lenguaje de odio? ¿Por qué deberíamos tolerarlo? Pienso que hay mucha gente con puntos de vista mucho más extremos, puntos de vista ilegales, opiniones que provocan crímenes de odio, que impulsan esta narrativa que aquellos con opiniones moderadas sobre la inmigración, por ejemplo, no pueden expresarlas".

Kane cree que la situación está siendo manipulada por personas a la derecha e izquierda que están "intentado crear guerras culturales en los extremos del espectro".

Simon Fanshawe es cofundador de Stonewall, una organización benéfica LGBTQ+, aunque ha sido crítico de las estrategias de activismo actuales del grupo. Acaba de publicar el libro "The Power of Difference" (El poder de ser diferente) y cree que estamos enfrentando una crisis de diálogo.

"En Stonewall, sólo hablábamos con personas con las que no estábamos de acuerdo. Cuando alguien dice algo, tienes que discutir con ellos aunque pienses que es ofensivo o dañino o doloroso. Es la única manera que vas a lograr que cambien de opinión", contó a la BBC.

"Lo que la encuesta nos está diciendo es que la inhabilidad de poder discutir diferencias está filtrándose a todos los ámbitos de nuestras vidas. Hasta con amigos, una tercera parte de ellos no expresan sus opiniones. Las divisiones se están exacerbando. Necesitamos tratar de tender un puente entre esas divisiones".

Las consecuencias para nuestra sociedad son difíciles de medir, especialmente cuando la cultura de la cancelación y la censura se han vuelto fichas políticas en un debate polarizado.

Mucha de la discusión es en torno a si la libertad de expresión está bajo ataque por una nueva agenda de concientización, conocida como "woke". La encuesta de YouGov sugiere que las más jóvenes generaciones priorizan evitar el diálogo ofensivo y odioso sobre la libertad de decir lo que quieras.

Esas tensiones van al meollo de las llamadas guerras culturales. Algunos considerarán que las personas están siendo silenciadas, otros que simplemente se están erradicando las opiniones pasadas de moda, tanto en la vida real como en la comedia.

El cómico británico Ricky Gervais comentó recientemente: "Quiero vivir lo suficiente para ver que la generación más joven no pueda ser lo suficientemente 'woke' para la generación entrante. Va a suceder. ¿No se dan cuenta de eso? Ellos serán los próximos. Eso es lo que es gracioso".

La encuesta que YouGov compartió con la BBC sugiere que los jóvenes están más confiados que los más viejos en que sus opiniones no pasarán de moda.

Mientras que casi la mitad (47%) de los británicos más viejos vaticinan que las generaciones futuras verán con malos ojos sus opiniones, sólo una en tres (36%) de las personas entre 18 y 24 años se sienten igual.

¿Tendrán razón? o ¿será Ricky Gervais quien ría de último?

Este artículo está basado en un reportaje de Katie Razzall, editora cultural de la BBC.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-59781709