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sábado, 16 de mayo de 2020

¿Suecia o Portugal? Si buscamos enseñanzas contra la covid-19, empecemos por nuestro país vecino antes de viajar al Norte: datos y tiempos

Suecia: un país sin cuarentena, pero también sin colapso del sistema hospitalario (por ahora). ¿Por qué? ¿En qué nos hemos equivocado nosotros para no estar así? Preguntas así van a acompañarnos durante toda la desescalada. Son necesarias: es mediante la comparación entre países que podemos aprender qué podemos hacer mejor para luchar contra la pandemia. Pero hay que hacerlas de manera metódica para que nos informen correctamente, en lugar de confirmar nuestras preconcepciones.

Cuando comparemos un resultado determinado de la epidemia entre dos países, tratando de averiguar qué lo ha producido, deberíamos intentar en la medida de lo posible que todos los factores que puedan explicar la variación sean idénticos entre ambos. No hay dos países iguales, es cierto, pero podemos conseguir aproximaciones razonables.

Sigamos con el caso sueco: un país menos poblado, menos denso, con menor contacto físico en la interacción social que España, probablemente también con ancianos teniendo menos relación cotidiana entre ellos y con personas de otras generaciones. Donde además, y esto es crucial ante una epidemia, las medidas (a pesar de ser más leves) se tomaron antes que en España. Nosotros esperamos a confirmar 8.000 casos para decretar una cuarentena, pero con menos de 800 en Suecia ya estaban aconsejando distancia social y prohibiendo eventos masivos.

Así que lo justo es comparar a Suecia con países con características estructurales similares, donde las medidas tampoco se tomaron con particular retraso, pero sí fueron más duras. Dinamarca y Noruega, por ejemplo. Ambos decretaron confinamientos en la segunda mitad de marzo, con entre 1.000 y 2.000 casos confirmados. Y en ambos la curva de fallecimientos ha crecido menos que en Suecia. Así que la enseñanza escandinava no parece ser que las cuarentenas no salvan vidas.

Una cuarentena general, completa, es el último recurso cuando no quedan otros disponibles para detener al virus. Idealmente no deberíamos volver a necesitarla. Y si buscamos enseñanzas en nuestro entorno para evitarla, no tenemos que mirar tan lejos. Comparémonos con Portugal, país vecino y similar. Impuso medidas con menos casos, recogiendo, además, mejores datos (estimo que España registra de un 2% a un 4% de los casos reales, y Portugal, hasta un 17%). Empecemos por ahí, antes de viajar al Norte: datos y tiempos. @jorgegalindo

https://elpais.com/opinion/2020-05-06/suecia-o-portugal.html

domingo, 26 de abril de 2020

_- Salgueiro Maia y la revolución de Los Claveles

_- ESTE año las conmemoraciones de la Revolução dos Cravos (revolución de Los Claveles) no podrán contar en Portugal con las habituales actividades festivas, pero quisiera al menos rememorarla en la figura de uno de sus más destacados protagonistas: el Capitão de Abril Fernando Salgueiro Maia, alentejano ilustre, de Castelo de Vide.

Si el mayor Otelo fue el 'cerebro' del Plan de Operaciones y el general Spínola obtuvo la «transmisión de poderes» del presidente del Gobierno, el capitán de caballería Salgueiro Maia sería protagonista de los sucesos más decisivos del día 25 de abril.

Había participado en las guerras coloniales, combatiendo en Mozambique y Guinea entre 1968 y 1973. Pasa después a la Escuela Práctica de Caballería en Santarém, desde donde el día histórico dirige su columna hacia el Terreiro do Paço de Lisboa, para prender al ministro del Ejército, que en la confusión logra huir por una zona trasera del Ministerio. Salguero Maia se juega la vida enfrentándose a los tanques gubernamentales, al ordenar el brigader Junqueira dos Reis fuego a quemarropa contra él al acercarse a pecho descubierto. Se libra por la negativa del alférez Fernando Sottomayor y el cabo apuntador Alves Costa, que estaban a los mandos del carro de combate.

Terminada la misión, sube al Largo do Carmo, sede de la Guardia Nacional Republicana, para prender al presidente del Gobierno, refugiado allí. Su larga y arriesgada negociación, llena de templanza ante la urgencia de acabar con la situación de enorme peligro, que aconsejaba disparos de artillería que él supo contener, fue decisiva para no haber derramamiento de sangre: el espacio circundante estaba lleno de personas que asistían en directo a la caída del régimen dictatorial.

Una vez llegado Spínola a hacerse cargo del poder, escolta al presidente Marcelo Caetano en su salida del cuartel, consiguiendo que el triunfo discurra sin víctimas.

Salgueiro Maia supo imponerse a las circunstancias más adversas de la guerra colonial y acometer en pocas horas las acciones más arriesgadas con dignidad, desde una juventud muy experimentada en las contrariedades. Después, hasta su muerte por cáncer en 1992, vendrían tiempos oscuros, desconsiderados para con una figura de su talla humana y militar que no es momento ahora de rememorar, pero que espero detallar en trabajo en que estoy preparando para su publicación por la Fundación Caja Badajoz.

El proceso posrevolucionario tuvo sus sombras sobre las que hay que proyectar luz para entenderlo en su conjunto por completo. Pero el 25 de abril de 1974 quedará para siempre como una fecha sin igual en la resolución de los máximos conflictos, con la intervención de jóvenes militares dispuestos a colaborar incondicionalmente con el pueblo en la conquista de la libertad. Salgueiro Maia es uno de sus símbolos más señeros.

https://www.hoy.es/extremadura/salgueiro-maia-revolucion-20200425001002-ntvo.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F

sábado, 25 de abril de 2020

25 de abril siempre

En Portugal, como en otros países europeos, existe un conflicto sordo entre los ciudadanos y sus representantes políticos. Sin la virulencia de España, se ha hecho evidente esa incomodidad, también la capacidad manipuladora de la demagogia

Cartel sobre el 25 de Abril 1974 de Maria Helena Vieira da Silva titulado "A Poesia Está na Rua"
"A Poesia Está na Rua", para el 25 de Abril 1974 de Maria Helena Vieira da Silva

"Si el parlamento está abierto ¿por qué vamos a cerrarlo justo el 25 de abril?". Con esta frase tajante el presidente de la cámara canceló la polémica desencadenada en Portugal sobre la conveniencia de mantener, en pleno periodo de confinamiento, el acto conmemorativo de la revolución que supuso el establecimiento de la democracia hace ahora 46 años. En el debate, que ha ocupado horas de televisión y las primeras páginas de los periódicos, se han manejado razones de peso, algunos insultos y bastante oportunismo.

La imagen puede contener: una o varias personas, personas de pie y personas tocando instrumentos musicales

La mayoría de los grupos parlamentarios, desde el conservador PSD a la izquierda más radical, defendían el acto político e institucional porque "la democracia no está suspendida", sería incoherente, además de un grave precedente, no celebrar la libertad precisamente en época de confinamiento. Quienes así argumentaban se dieron de bruces con una frase tremenda, puesta en boca de las víctimas de la pandemia: "Si no hemos podido enterrar a nuestros muertos, no tenemos nada que celebrar en el parlamento". Esta frase, reproducida masivamente en las redes sociales, alentada por opinadores de varias tendencias, consiguió instalarse en el imaginario portugués durante varios días, en los que los ataques y las descalificaciones contra la llamada clase política se sucedieron, poniendo de manifiesto una animadversión ciudadana que no suele expresarse de forma tan rotunda.

Quienes defendían la necesidad, este año más que nunca, del acto de reafirmación democrática tardaron en explicar razonadamente su posición más de lo debido. Por fin, el parlamento, con la excepción de los diputados de la extrema derecha, dos grupos minoritarios, decidió mantener la ceremonia respetando las normas de seguridad sanitaria establecidas, las que se venían cumpliendo en todas las sesiones que fue necesario celebrar. De esta forma, hoy, en la Asamblea de la República, el presidente Marcelo Rebelo de Susa pronunciará su discurso, por diversas razones especialmente esperado, ante la presencia del primer ministro Antonio Costa, diputados de todos los partidos y algunos invitados, pocos, entre ellos los militares de aquel 25 de abril histórico que restituyó la dignidad frente a la dictadura.

No tendrá lugar la manifestación ciudadana que recorre cada año la Avenida de la Liberdade de Lisboa, pero a las tres de la tarde se abrirán las ventanas de las casas portuguesas para cantar "Grandola" a pleno pulmón: "Grandola, villa morena, tierra de fraternidad, el pueblo es quien más ordena, dentro de ti, oh ciudad". Será un 25 de Abril atípico, por mil razones quedará marcado en la memoria. La poesía no estará en la calle, como decía el cartel de la pintora Viera da Silva que dio la vuelta al mundo, la poesía hoy estará en las ventanas de las casas portuguesas.

En Portugal, como en otros países europeos, existe un conflicto sordo entre los ciudadanos y sus representantes políticos. Sin la virulencia con que se manifiesta en España, se ha hecho evidente esa incomodidad, también la capacidad manipuladora de la demagogia extremista que asola otros lugares del mundo. El episodio del 25 de abril ha sido revelador de una tendencia en alza, que no puede ser reducida a categoría de anécdota, menos aún en este periodo de incertidumbre. Y es que no todo podía ser idílico es un país con índices altos de pobreza, dependiente del sector turístico, con el mar como frontera por un lado y con un vecino tantas veces avasallador por el otro. Sin embargo, Portugal consigue sobrevivir y a veces admirar al mundo, como aquel 25 de abril de la Revolución de los Claveles que hoy recordamos, o más tarde, cuando rompió tendencias europeas al lanzar la fórmula del "gobierno de la jeringonza", o ahora, presentando números de víctimas por la pandemia que siendo crueles no llegan a la dimensión de España. El confinamiento se vive en Portugal con la melancolía propia de esta forma de estar en el mundo. Se nota tristeza en el ambiente, precaución, miedo: ¿cómo se reorganizará la vida en un país de monocultivo? Y esta pregunta legítima, sin respuesta de momento, que recorre casas y familias tantas veces desprotegidas, también es usada para fomentar el odio como instrumento político, odio medido, interesado y mezquino, que se nutre del dolor real, va dirigido contra los valores de convivencia y sorprende a generaciones sin bagaje cultural y social para enfrentarlo. Esto es real y está pasando.

También sucede la emoción: en la vida que nos es permitida, la que se ve desde la ventana o en las redes sociales, he percibido consuelo, o un atisbo de optimismo, al oír o leer ciertas propuestas que llegan del otro lado de frontera: "Cuando se levante el confinamiento", decían mensajes que circulan como antídotos contra la peste, "hay que ir a Portugal, porque Portugal defendió a España ante la prepotencia holandesa". Fue el primer ministro portugués el que calificó de repugnante la declaración del ministro de finanzas holandés, no el país entero, pero como en un imaginario partido de fútbol, por unos instantes Portugal y España vistieron la misma camiseta y eso fue hermoso. Queda pendiente el tal viaje, quién sabe si en la sociedad de después de la pandemia las relaciones entre los habitantes de los países no serán más fluidas y amables, con sentimiento de estar en casa independientemente del idioma que se oiga, por fin entendido porque para entender solo hace falta atender.

Mientras ese tiempo llega, en la reclusión en la que estamos, desde el parlamento con voz y fuerza, desde las ventanas con claveles rojos y el canto de Grandola, se volverá a vivir el 25 de abril, día "inicial y limpio" como dijo la poeta Sofía de Melo Brayner Andresen en un poema que forma parte de la memoria colectiva:

Esta es la madrugada que esperaba
El día inicial entero y limpio
Donde emergimos de la noche y del silencio
Y libres habitamos la sustancia del tiempo

https://www.eldiario.es/zonacritica/abril-Siempre_6_1020207984.html

martes, 21 de abril de 2020

_- Su suerte es nuestra suerte

_- Acabo de oír en televisión las emocionantes palabras del jefe de la oposición portuguesa Rui Rio, manifestando un apoyo cerrado e incondicional al gobierno de su país: “Señor primer ministro, cuente con la colaboración del PSD. Ayudaremos todo lo que nosotros podamos. Le deseo coraje, nervios de acero y mucha suerte. Porque su suerte es nuestra suerte”. Me he sentido orgulloso de la oposición que tiene la sociedad del país hermano. Porque es imprescindible la unidad para salir de esta crisis.

Y me he preguntado por los partidos de oposición de mi país. Con pena. Con rabia. Tanto el PP como Vox están mostrando una actitud desleal y miserable. (Ciudadanos parece haber aprendido las importantes lecciones que le ha dado la historia). Estoy avergonzado de la oposición que tenemos. “La peor crisis gestionada por el peor presidente de la historia de España”, dice el PP. “Que dimita este gobierno ilegítimo”, dice Vox. ¿Eso es ayuda? ¿Eso es lealtad? ¿Eso es unidad? ¿Eso es patriotismo? “Proponen firmar unos nuevos Pactos de la Moncloa porque quieren mantener a Pedro Sánchez en el poder”, dice el PP. Ante la propuesta de esos pactos de reconstrucción, Vox dice no acudirá a la cita y que llevará al gobierno a los tribunales por si hubiera existido “dejación de responsabilidades, imprudencia grave o, en su caso, delitos dolosos”, tal y como anunciaba este lunes, en rueda de prensa, el falangista eurodiputado y portavoz del partido, Jorge Buxadé. ¿Eso es colaboración? ¿Eso es solidaridad? ¿Eso es arrimar el hombro?

Se dice que las catástrofes unen a los pueblos. Pues eso no pasa en el nuestro. Si se puede destruir al gobierno que tiene que salvarnos del desastre, mejor. Si se puede cuestionar lo que hace, mejor que mejor. Y para ello, vale todo. Desde el insulto agresivo al bulo más falaz. “Su suerte es nuestra desgracia y su desgracia es nuestra suerte”, viene a decir la oposición.

Cómo no reconocer que el gobierno ha cometido errores. Cómo no aceptar que podría haber hecho las cosas antes o de otro modo, que podría haber informado más y mejor, que podría haber contado más con la oposición, que debería haber repartido material de protección con más celeridad y eficacia… Pero no se puede ignorar que la incertidumbre es total y que estamos inmersos en una crisis única, impredecible y devastadora.

No es negativa la crítica que ayuda, que estimula, que corrige, que orienta, que hace mejorar. Pero esta operación de acoso y derribo, esta descalificación irracional, persistente y mentirosa es repugnante e inadmisible.

He leído un excelente artículo de mi compatriota leonés Julio Llamazares, publicado en El País el día 3 de abril. Está cargado de una lúcida ironía.

“Lo que uno no se explica es que, viviendo en un país con más de 46 millones de expertos en pandemias, hayamos llegado a esta situación. En un país en el que todo el mundo sabía lo que se nos avecinaba con días y hasta semanas de antelación, no se comprende que nadie advirtiera a las autoridades sanitarias para que tomaran las medidas oportunas para protegernos. Que la autoridades sanitarias no tengan ni idea de virus no nos justifica al resto (carpinteros, fontaneros, escritores, periodistas, abogados, ingenieros de caminos…) no haberlas tomado por nuestra cuenta.

Tampoco se comprende bien que, sabiendo como sabemos lo que hay que hacer a cada momento, no solo ante una pandemia sino ante cualquier problema, elijamos siempre para que lo hagan por nosotros a los más ineptos.

Da igual cuál sea el gobierno; siempre es el más incapaz, el más impresentable y el más torpe. La oposición, en cambio, siempre está más preparada; lo que no se comprende bien es por qué no la elegimos para gobernar. Debe de ser que la población vota siempre lo contrario de lo que querría…”.

He visto horrorizado la sesión parlamentaria en la que se ha aprobado la prórroga del estado de alarma. Las intervenciones de la oposición (me refiero, sobre todo, al PP y a Vox) han sido nauseabundas. ¿No se dan cuenta de que ahora hay que remar en la misma dirección? ¿No piensan que es la hora de arrimar el hombro y no de poner zancadillas? ¿No se dan cuenta de que su posición es un escándalo para el mundo?

¿Cómo puede Vox votar en contra del estado de alarma? De 54 votos en contra, 52 pertenecen a Vox. ¿Qué quieren? ¿Qué salgamos todos a la calle? Ellos, que tanto y tan virulentamente atacan, ¿no habrían decretado el estado de alarma? ¿O es que lo único que les anima es decir no a cualquier propuesta del gobierno? Acaba de decir una portavoz de Vox que el gobierno, como es partidario de la eutanasia, la está aplicando a los ancianos de una forma feroz. Increíble acusación. Una afirmación que no muestra cómo es aquel al que acusan sino cómo es quien la formula.

Estoy harto de ver tantos bulos, tantos chistes, tanta mala baba contra el gobierno de mi país que, con sus errores, evitables unos e inevitables otros, está intentado sacarnos de esta crisis: Sánchez dimisión, dicen unos, cárcel para los ministros y el presidente del gobierno, dicen otros. ¡Cuánto odio, cuánto sectarismo en las actitudes y en las opiniones! ¡En estos momentos en los que tenemos el agua al cuello! Pero, ¿qué país es este?, ¿qué patria es la mía?

Si el presidente del gobierno español hubiese dicho sobre el coronavirus lo que afirmó el primer ministro británico Boris Johnson (o Bolsonaro, o Trump, o López Obrador o tantos otros…) la oposición le habría crucificado o habría tenido que exiliarse.

Cuando se dice que solo podemos salir de la crisis estando unidos, cuando se pide lealtad hacia las demás fuerzas políticas, cuando se dice que hay que remar en la misma dirección, la oposición suscribe todas esas frases, pero debe entender que la dirección la tiene que marcar la derecha. Hay un pequeño inconveniente: que la ciudadanía no dijo eso. La ciudadanía dijo en las urnas quién tenía que marcar la dirección. ¿Lo entenderán algún día? ¿Estaremos todavía a tiempo?

Para la oposición, el gobierno no hace nada bien y, si alguna cosa hace bien, la hace tarde. Y si la hace bien y a tiempo, la hace para su mayor gloria y no en beneficio de los ciudadanos y ciudadanas “A usted solo le interesa el poder, a nosotros los españoles”, dice Pablo Casado con un cinismo insoportable. Por eso el PP no se presentará a las próximas elecciones ya que no quiere el poder. Y por eso Sánchez toma decisiones y hace todo lo que hace para los africanos o para los chicos. Los españoles no le importan un bledo. Qué barbaridad. Estoy profundamente escandalizado del comportamiento de la oposición.

Se dice que, cuando esto acabe, habrá que pedir cuentas de cómo se han hecho las cosas. Claro que si. De cómo actuó el gobierno. Pero también habrá que pedir cuentas por la actitud que ha tenido la oposición. Para la oposición el juicio empezó el primer día. Y nunca cesa. Es la hora de la unidad, es la hora de la acción, no del juicio.

He dicho en otras ocasiones y lugares que no me gusta el nombre “la oposición”. Me gusta más “la alternativa”. Porque, cuando se habla de oposición, se puede pensar que el deber es oponerse, sea a lo que sea. Y no. Porque no hay que oponerse a lo que se hace bien. Si se hablase de alternativa, se tendría que hacer hincapié en cómo se habría hecho en el pasado o cómo se haría en el futuro (de forma distinta y mejor que la de quien gobierna). Y los electores sabrán, en la próxima ocasión, por quién deben decantarse.

https://mas.laopiniondemalaga.es/blog/eladarve/2020/04/18/su-suerte-es-nuestra-suerte/

Coronavirus: por qué Portugal tiene un número de fallecidos 32 veces menor que su vecino España (y el inusual papel de su clase política)

jueves, 28 de junio de 2018

Es posible salvar el euro? Macron articuló una visión clara del futuro de Europa, pero Merkel enfrió todas sus propuestas.

JOSEPH E. STIGLITZ

Puede que el euro esté acercándose a otra crisis. Italia, tercera economía más grande de la eurozona, eligió un gobierno que, en el mejor de los casos, puede describirse como euroescéptico. No debería sorprender a nadie. La reacción de Italia es otro episodio predecible (y predicho) en la larga saga de un sistema monetario mal diseñado, en el que la potencia dominante (Alemania) impide reformas necesarias e insiste en políticas que agravan los problemas básicos, con una retórica aparentemente dirigida a inflamar pasiones.

A Italia le fue mal desde la creación del euro. Su PIB real (deflactado) en 2016 fue el mismo que en 2001. Pero tampoco le fue bien a la eurozona en conjunto. De 2008 a 2016, su PIB real sólo aumentó un 3% en total. En 2000, un año después de la introducción del euro, la economía de Estados Unidos era sólo 13% más grande que la de la eurozona; en 2016 era 26% más grande. Tras un crecimiento real cercano al 2,4% en 2017 (insuficiente para revertir el daño de un decenio de malos resultados), la economía de la eurozona comienza nuevamente a perder ímpetu.

Si a un solo país le va mal, la culpa es del país; si les va mal a muchos, la culpa es del sistema. Y como explico en mi libro El euro: cómo la moneda común amenaza el futuro de Europa, el euro era un sistema prácticamente diseñado para fracasar: eliminó los principales mecanismos de ajuste de los gobiernos (tipos de interés y de cambio) y, en vez de crear instituciones nuevas que ayudaran a los países a enfrentar la diversidad de situaciones en que se encuentran, impuso nuevas restricciones (basadas a menudo en teorías económicas y políticas desacreditadas) al déficit, a la deuda e incluso a las políticas estructurales.

Supuestamente, el euro traería prosperidad compartida, lo que afianzaría la solidaridad y promovería el objetivo de integración europea. Pero en realidad, hizo exactamente lo contrario: frenó el crecimiento y sembró la discordia.

El problema no es falta de ideas sobre cómo continuar. El presidente francés Emmanuel Macron, en un discurso pronunciado en la Sorbona en septiembre pasado y en otro pronunciado en mayo, cuando recibió el Premio Carlomagno por sus contribuciones a la unidad europea, articuló una visión clara para el futuro de Europa. Pero la canciller alemana Angela Merkel echó un balde de agua fría sobre sus propuestas, al sugerir, por ejemplo, sumas de dinero ridículamente pequeñas para áreas donde se necesitan inversiones con urgencia.

En mi libro destaco la necesidad urgente de contar con un esquema compartido de garantía de depósitos para prevenir embestidas contra los sistemas bancarios de los países débiles. Aunque Alemania parece consciente de que una unión bancaria es importante para el funcionamiento de una moneda única, su respuesta hasta ahora ha sido similar a la de San Agustín: “Oh, Señor, hazme casto, pero no todavía”. Al parecer, lo de la unión bancaria es una reforma para emprender en algún momento futuro, sin importar cuánto daño se haga en el presente.

El problema central de las uniones monetarias es cómo corregir desajustes cambiarios como el que ahora afecta a Italia. La respuesta de Alemania ha sido echar la carga sobre los países débiles, que ya sufren alto desempleo y bajas tasas de crecimiento. Y ya sabemos cómo termina: más dolor, más sufrimiento, más desempleo y menos crecimiento todavía. Incluso si en algún momento el crecimiento se recupera, el PIB nunca llega al nivel que hubiera alcanzado con una estrategia más sensata. La alternativa es trasladar una parte mayor del peso del ajuste a los países fuertes, que tienen salarios más altos y una demanda más sólida sostenida por programas de inversión pública.

Ya hemos visto muchas veces el primer y segundo acto de este drama. Un nuevo gobierno asume con promesas de negociar mejor con los alemanes para poner fin a la austeridad y diseñar un programa de reforma estructural más razonable. Si los alemanes ceden aunque sea un poco, igual no alcanza para cambiar el rumbo económico. El sentimiento antialemán aumenta, y cualquier gobierno (de centroizquierda o centroderecha) que insinúe la necesidad de hacer reformas pierde el poder. Avanzan los partidos antisistema, surge el estancamiento político.

El rumbo político de toda la eurozona está entrando en un estado de parálisis: los ciudadanos quieren permanecer en la Unión Europea, pero también quieren el fin de la austeridad y el regreso de la prosperidad. Se les dice que no pueden tener ambas cosas. Esperando todavía un cambio de ideas en el norte de Europa, los gobiernos en problemas mantienen el rumbo, y el sufrimiento de sus pueblos aumenta.

La excepción es el gobierno socialista del primer ministro portugués António Costa, que llevó a su país a un renovado crecimiento (2,7% en 2017) y alcanzó un alto nivel de popularidad (en abril de 2018, el 44% de los portugueses calificaba el desempeño del gobierno como superior a las expectativas).

Puede que Italia sea otra excepción, pero en un sentido muy diferente. Allí hay oposición al euro tanto desde la izquierda cuanto desde la derecha. Ahora que la ultraderechista Liga está en el poder, puede que su líder Matteo Salvini (un político experimentado) ponga realmente en práctica la clase de amenazas que en otros países los novatos tuvieron miedo de implementar. Italia es suficientemente grande, y tiene una gran cantera de economistas buenos y creativos, para manejar un abandono de facto del euro con la implantación en la práctica de un sistema bimonetario flexible, que tal vez ayude a restaurar la prosperidad. Iría contra las reglas del euro, pero la carga de un abandono teórico, con todas sus consecuencias, se trasladaría a Bruselas y Frankfurt; en tanto, Italia podrá contar con que la parálisis de la UE evite la ruptura final. Cualquiera sea el resultado, la eurozona quedará hecha pedazos.

Pero no tiene por qué ser así. Alemania y otros países del norte de Europa pueden salvar al euro si muestran más humanidad y más flexibilidad. Pero tras haber visto muchas veces los primeros actos de este drama, no confío en que vayan a cambiar el argumento.

Joseph E. Stiglitz es el ganador del Premio Nobel 2001 en Ciencias Económicas. Traducción: Esteban Flamini. © Project Syndicate, 2018. www.project-syndicate.

https://elpais.com/economia/2018/06/21/actualidad/1529601682_692892.html

miércoles, 20 de junio de 2018

TU LISBOA Y LA MÍA. Las cosas que confunden a los españoles cuando llegan a Portugal. Comer a las 12, besarse una vez, fumar en los restaurantes y la abundancia de 'doctores', entre las peculiaridades vecinales.

Seremos ibéricos, seremos latinos y vecinos, europeos y sureños, pero no somos tan iguales como algunos creen ni tan diferentes como otros piensan. Aunque entre Madrid y Lisboa apenas separe una hora de avión, las diferencias horarias, sociales y protocolarias son mayores.

La 'cobra' es habitual. A los españoles se les reconoce por su saludo, incluso antes de que hablen.
Si dan dos besos, son españoles. En Portugal la costumbre es un solo beso, así que no se extrañe si le hacen la cobra con su segundo ósculo, fue sin querer, como David Bisbal.

Ni se come a las 3 ni se cena a las 11. Sí, en Portugal van como en Canarias, con una hora menos (ojo, en Azores son dos menos). Pero eso es casi lo de menos. Para cosas más prácticas, no ose almorzar a las tres de la tarde ni cenar a las 11; aquí se almuerza a partir de las 12 y se cena a partir de las 8. En ambos casos, sobre todo en el almuerzo, no más de una hora. Los relajados horarios españoles no se entienden. Aquí cuando se queda a mediodía, quiere decir a las 12, 'mediodía' no es un espacio de tiempo entre las 13 y las 15 horas.

Cifuentes sería doctora aquí. Aunque la moda de inventarse títulos también hace furor en Portugal (recientemente dimitió el secretario general del PSD por eso), aquí cualquiera es doutor y doutora, al menos así son cumplimentados como forma de respetuoso saludo. Los formalismos, muy en desuso en España, en Portugal son la norma de conducta. Pero el uso extensivo del doctor que, originariamente se reservaba para los licenciados, ha hecho que el Colegio de Médicos se plantee su retirada y que sus colegiados sean llamados médicos para diferenciarse de la plebe doctora.

Fumar en los restaurantes, beber en la calle. La educación y los formalismos son sagrados en las relaciones personales y privadas, otra cosa son las costumbres practicadas en el espacio público. Ahí cada cual va a la suya. Fumar es habitual en los restaurantes. En Portugal rige la ley antitabaco que permite la convivencia de fumadores y no fumadores en espacios públicos. En teoría —como la primera ley española— hay que separar los espacios de unos y de otros; en la práctica la separación es una pegatina. Da igual que por en medio haya niños, se fuma siempre. También es habitual beber en la calle hasta altas horas de la madrugada en zonas como Bairro Alto, Cais de Sodré o Chiado. Las consecuencias son calles convertidas en basureros y urinarios públicos nocturnos.

Espantosos putos. Dos palabras para que las empleen Alfred y Amaia sin miedo a meter la pata durante su estancia en Eurovisión. Aunque español y portugués comparten muchas palabras, más incluso de las que creen —la geringonça, Gobierno portugués con apoyo de 4 partidos, en español es jerigonza—, hay otras que no significan lo mismo, sino todo lo contrario. Los famosos falsos amigos. Más de un escritor español ha quedado sorprendido cuando el presentador de su libro lo ha calificado de espantoso; que agradezca el elogio, pues significa que le pareció la obra 'maravillosa'. Con la misma naturalidad se emplea la palabra puto —aunque no su femenino— para hablar de los jóvenes. No tiene ninguna connotación peyorativa.

Mayores de 65 años, casa asegurada. La avalancha turística trae dinero y con él grandes ventajas, como la rehabilitación de palacios en las últimas, pero también un aumento de los precios de los alquileres, que provocan el desahucio de vecinos que no pueden asumir el aumento. Esto sucede especialmente en barrios humildes —pero con el mayor atractivo portugués— como Alfama y la Morería. Ancianos que nunca salieron del barrio tienen que irse de la casa que los vio nacer. Una ley reciente ha cortado con ello. Mayores de 65 años, personas con minusvalías o con más de 25 años en la casa no pueden ser desalojados.

En Lisboa, es posible vivir puerta con puerta con el Palácio del Governador de Belém —una noche 200 euros— y una humilde casita rosa —pintada por el propio hotel—, en donde la inquilina paga menos de dos euros al día (mensualidad de 50 euros). Son las cosas espantosas de Lisboa.

https://elpais.com/elpais/2018/05/02/tu_lisboa_y_la_mia/1525259647_993137.html

sábado, 2 de junio de 2018

El Gobierno portugués pone freno al desalojo salvaje de viviendas. Las personas con más de 25 años en la misma casa tendrán alquiler vitalicio.

El Gobierno portugués pone freno al desalojo salvaje de viviendas
“Me llamo Felicidad Silva, tengo 79 años y siempre viví en Alfama. Mi piso ha sido comprado por una chica de 20 años y quieren echarme”. Felicidad es uno de los Rostros del Desahucio, movimiento vecinal para evitar la invasión de pisos turísticos en los barrios históricos de Lisboa.

El precio de la vivienda ha subido un 18% en un año en la capital portuguesa, pero más aún en Alfama. Alfama no es que sea la Quinta Avenida, ni la playa de Ipanema. Las casitas de Alfama no tienen ni balcones ni suites, mucho menos ascensor o parking, pero a la bohemia europea, joven y con dinero, le gusta la incomodidad, lo auténtico, y están desalojando a los auténticos vecinos, sin edad ni dinero para mudanzas.

La situación alcanza tintes dramáticos en los barrios de Alfama, Morería, Chiado o Baixa. Hay miedo de abrir el buzón por si encuentran una fatídica carta en la que les anuncian la subida del alquiler o el precio de compra del inmueble. En un día, 16 familias de una calle de la Morería recibieron el fatídico aviso. Los fondos inmobiliarios compran no ya edificios, sino calles enteras, y esperan pacientemente al final de los contratos o a que las casas —o sus inquilinos— se caigan de viejas.

Según datos del distrito de Santa Maria Maior, estos barrios con 10.000 vecinos reciben diariamente 250.000 visitas. Su desnaturalización se agrava con la huida de sus habitantes. Hoy son 3.000 menos que hace cuatro años. Los permisos de alojamiento local han saltado de 43 a 1.676.

Si algo no se le puede achacar al primer ministro es falta de reflejos (con la excepción de los incendios). Ante la alarma creciente, en un santiamén ha aprobado una ley de vivienda que pone límites a la actual, aprobada por el anterior Gobierno. A partir de ahora, los mayores de 65 años no pueden ser desalojados de su casa, tampoco los que lleven en ella más de 25 años ni las personas con problemas de movilidad. La rehabilitación de la vivienda dejará de ser motivo de desalojo o renovación del alquiler. En 2017, la mitad de todos los contratos firmados tenían un año de vigencia.

https://elpais.com/elpais/2018/05/08/opinion/1525779078_547935.html

sábado, 10 de febrero de 2018

Portugal: Los partidos conservadores y el cannabis medicinal.

Portugal dará un pequeño paso en la humanización del tratamiento de las enfermedades dolorosas. Luego vendrá el tiempo de decidir sobre la legalización del consumo de la marihuana.

Los partidos conservadores mostraron en el Parlamento una indignación incontenible: la utilización médica de cannabis, para tratamientos prescriptos por médicos en casos de cáncer u otras patologías en que la droga alivia el sufrimiento, sería un caballo de Troya para promover el uso recreativo de la sustancia. Curioso argumento: para los partidos conservadores es aceptable usar un opiáceo, como la morfina, pero nunca un derivado de cannabis, porque habría un riesgo horrible de que el paciente con dolor crónico o cáncer aprecie el medicamento. Además, el argumento de que los proponentes defienden también el uso recreativo es bizarro: usar ese argumento para rechazar el uso medicinal es como rechazar una propuesta del PCP (Partido Comunista Portugués) sobre el salario mínimo o del CDS (Partido Popular) para el fin del tributo a las plusvalías inmobiliarias sólo porque ambos piensan esto o aquello sobre el IRC (Impuesto a los réditos).

El Bloco (Bloque de Izquierdas) y el PAN (ambientalistas) hicieron bien en separar el uso medicinal del uso recreativo, son materias diferentes. En el primer caso Jorge Sampaio, João Goulão o la Orden de los Médicos dijeron lo esencial: son buenas razones clínicas para usar esos medicamentos en los casos necesarios. El PS hizo bien en apoyar la medida y el PSD en cambiar de posición y aceptar la prescripción médica. Portugal dará por lo tanto un pequeño paso en la humanización del tratamiento de las enfermedades dolorosas.

Vendrá después el tiempo de decidir sobre la legalización del consumo de cannabinoides. Por varias razones que se van imponiendo. La primera y la más importante es que nuestra sociedad trata las drogas de tres formas distintas: están las legales pero sujetas a control médico (los medicamentos), hay legales de venta libre (sólo sometidas a restricciones de edad de los consumidores, como el tabaco y el alcohol) y hay las que quedan en manos de los circuitos del crimen. Ahora bien, la legalidad no es decidida en función de la gravedad de la toxico dependencia, pues el alcohol es la droga más peligrosa, la más usada y además la que tiene más riesgos sociales (violencia contra las mujeres y niños, accidentes de automóviles), sin embargo, nadie pondera su prohibición, porque aumentaría el mal. Por consiguiente, la experiencia indica que el control de las drogas es mejor que su clandestinidad.

La segunda razón para cambiar la política sobre el uso de drogas es terminar con el apoyo al mundo del crimen. Es cierto que ese mundo ya fue el de las grandes potencias imperiales, que impusieron de 1839 a 1842 y de 1856 a 1860 dos guerras contra China para garantizar la venta del opio, fue así como Hong Kong pasó al dominio del Reino Unido, era el puerto de entrada de la droga. La Bayer sintetizó la heroína a partir del opio, vendiéndola a los niños como un medicamento. Y, hasta 1916, como recordaba con gracia el Economist, la revista publicaba la cotización del opio, que era legal. Hoy, la ilegalidad creó un mercado mundial multimillonario y, como recuerda la ONU, dos tercios de la producción mundial del opio son obtenidos de un país bajo ocupación militar estadounidense: Afganistán.

Claro que ahora sabemos más sobre los riesgos de esas drogas y por eso debemos tomar precauciones. Pero sólo se terminará con estos circuitos del crimen si las drogas son controladas por las autoridades de salud, como sucede con el alcohol y los medicamentos: unas deben ser de venta condicionada y otras restringidas a la prescripción médica. Por eso, como recordaba Goulão, que tiene reservas sobre el asunto, la experiencia estadounidense de legalización de la mariguana es reveladora. En Alaska, California, Colorado, Oregón, Massachusetts, Maine, Nevada y Washington, como en Uruguay y otros Estados, el resultado de la legalización de cannabis y sus derivados ha sido demostrativo de cómo la “guerra a las drogas” y el prohibicionismo siempre a favor de Pablo Escobar y sus capangas, como el prohibicionismo del alcohol fue un favor a Al Capone en el siglo pasado.

Francisco Louça catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado.

http://www.sinpermiso.info/textos/portugal-los-partidos-conservadores-y-el-cannabis-medicinal

sábado, 3 de febrero de 2018

Portugal 2017, la alianza de izquierdas funciona.

Felipe Nieto
Ctxt

Estamos ante una experiencia política de la que no se habla suficientemente fuera de Portugal, al menos así lo perciben pública y privadamente muchos portugueses. Sin embargo, Europa, la izquierda europea, podría mirarse en ella y, quién sabe, plantearse explorar vías similares para sus países.

Excepcionalmente, en estos días, está visitando Portugal una delegación del Partido Laborista holandés, interesada en estudiar “el modelo del gobierno” que los socialdemócratas desearían aplicar en su país, a partir de las próximas elecciones de marzo, en las que los pronósticos actuales, muy desfavorables, les sitúan en el octavo puesto. (Público, 30 de enero de 2017)

¿Cómo se llegó a la fórmula de un gobierno de la izquierda, de inmediato calificado por el historiador y entonces columnista del diario Público Vasco Pulido Valente como “gobierno de la geringonça”, en el doble sentido portugués de cosa mal construida, poco sólida y de jerga o lenguaje poco comprensible? La expresión hizo fortuna pronto –ha sido la palabra del año 2016 en Portugal–, primero como expresión despectiva de lo que se reputaba imposible y poco serio (así la utilizó la derecha) y más adelante, asumida irónicamente por los mismos incursos en ella, como un hecho del que felicitarse por la inesperada longevidad y su relativa buena salud.

El gobierno monocolor socialista que encabeza el secretario general del partido, PS, António Costa, se apoya en sus 86 diputados, a los que se suman los 19 del Bloco de Esquerda (BE), los 17 del Partido Comunista Português (PCP), coaligado con el partido de los Verdes y el representante del Partido Personas, Animales, Naturaleza (Partido Animalista en otros sistemas). Los 123 diputados resultantes representan la mayoría absoluta de la Asamblea de la República, formada por un total de 230. Fue suficiente para rechazar y obligar a dimitir al primer intento de gobierno tras las elecciones de octubre de 2015, el continuista presidido por Passos Coelho a propuesta del presidente conservador de la República, Cavaco Silva, que se apoyaba en la minoritaria suma de 107 diputados (los adscritos al Partido Social Demócrata, PSD, y al Partido del Centro Democrático y Social, CDS).

El que fuerzas políticas tan dispares, tradicionalmente enfrentadas, alcanzaran el acuerdo para un gobierno de y desde la izquierda, aunque carece de explicación unánime, puede decirse que es producto de dos fenómenos simultáneos, la decantación de una coalición incubada de lejos contra los gobiernos de la derecha y la convicción de que el acuerdo para poner en práctica políticas de mejora de las condiciones de vida de mucha gente maltratada por las políticas de austeridad y de empobrecimiento del gobierno anterior sería beneficioso, no solo para esos ciudadanos, sino también para quienes suscribieran acuerdos de cooperación política de estas características.

Las izquierdas de Portugal comenzaron las conversaciones para la creación de un gobierno a su medida incluso antes de las elecciones legislativas. El PCP y el BE se mostraron proclives a favorecer un gobierno del partido socialista en solitario. No formarían parte del mismo –renunciaban a asumir esa responsabilidad, a participar en el posible desgaste consiguiente–, pero, a cambio, se comprometían, mediante acuerdos bilaterales firmados con el Partido Socialista y entre sí, en un programa de gobierno de objetivos mínimos para toda la legislatura (2015-2019) que sería compatible con el mantenimiento de los objetivos máximos específicos de cada una de ellos.

El PCP, partido de tradición leninista, sigue fiel a su dogmática ideológica (lucha por el socialismo y el comunismo, contra el imperialismo, se muestra contrario a la pertenencia de Portugal a la OTAN y a lo que llama la sujeción al euro y se declara partidario de la nacionalización de los recursos y sectores estratégicos), pero al tiempo se mantiene firme en su pragmática política tradicional, la apuesta por políticas reformistas de aplicación inmediata en conjunción con el resto de las izquierdas y en continuidad de una consumada práctica sindical reformista y negociadora. El Bloco, por su parte, formado por fuerzas heterogéneas, corrientes marxistas, algunas de orientación trotskista, se puede considerar genéricamente como una fuerza anticapitalista, de rechazo a la globalización vigente. Hace hincapié en las políticas de género (de ahí la importancia de las mujeres en su dirección), en las políticas a favor de los colectivos LGTB y en otras cuestiones de impacto social, las llamadas “questões fraturantes” o postmateriales.

Lo característico de la situación es que se ha constituido un gobierno esencialmente parlamentario porque el gobierno minoritario socialista necesita, para la puesta en práctica de los acuerdos programáticos y para las nuevas políticas que sea necesario adoptar, del acuerdo y la negociación constante en la Asamblea de la República. Si este hecho produce sensación de inestabilidad por un lado, por otro pone a prueba la capacidad negociadora de los partidos. Hasta ahora, un año y medio después, los tres han dado muestras de una indiscutible lealtad institucional y de una voluntad de mantenimiento de los acuerdos más allá de las discrepancias surgidas en el camino. Los acuerdos que sustentan el gobierno de izquierdas hacen realidad, por primera vez, el consenso constitucional fundacional de 1976 sobre derechos y libertades individuales y sobre deberes económicos y sociales. Además, desde marzo de 2016, la acción de gobierno se está viendo favorecida por el apoyo moderador y la capacidad de mediación institucional del presidente de la República, el profesor Marcelo Rebelo da Sousa, en contra de lo que muchos temían en principio por haber pertenecido al PDS y por su trayectoria política en diferentes gobiernos de la derecha.

Son muchas y visibles las reformas del gobierno, empezando por una medida social vital, la subida gradual del salario mínimo, fijado en 557 euros en 2017 con el horizonte de los 600 para el final de la legislatura. La decisión no ha estado exenta de tensiones, porque el gobierno pretendió, al mismo tiempo, aplicar un descuento en las cotizaciones de la patronal a la seguridad social en contra del programa de los dos partidos coaligados. Otras medidas sociales muy deseadas y bien acogidas han sido la subida de las pensiones y el aumento de los salarios de los empleados públicos, beneficiados además con la aplicación de una jornada laboral semanal de 35 horas que no todos consideran por igual beneficiosa. Decisiones importantes también han sido la recuperación de la inversión pública, muy retraída en la pasada legislatura, especialmente en Sanidad, lo que se ha traducido en una significativa mejora de Portugal en el ranking europeo de los sistemas sanitarios de 35 países, pues avanza, según criterios de los consumidores, del puesto 20 de 2015 al puesto 14 de 2016, y en educación, con la gratuidad de los libros de texto en educación primaria, la decisión de no sufragar la enseñanza privada allí donde existan centros públicos y una política de incremento de becas y disminución de tasas universitarias, aspectos todavía no resueltos satisfactoriamente. El gobierno también ha acordado reducir el IVA al 13% en la restauración (si bien mantiene porcentajes muy altos para determinadas bebidas). Por último, ha sido considerada muy importante la decisión del gobierno de paralizar las medidas privatizadoras puestas en marcha por el anterior gobierno de la derecha, las de los transportes públicos urbanos, autobuses y metro (gratuitos desde estos días para los menores de 12 años), las redes periféricas y la compañía nacional de aviación, TAP, en la que el Estado vuelve a ser el accionista mayoritario.

La puesta en práctica de las reformas del gobierno y sus socios está dando resultados visibles: el déficit público se ha reducido por primera vez en años, la tasa de desempleados se sitúa en un 10,5% y el crecimiento económico se ha hecho realidad, a pesar de una deuda pública corrosiva, superior a los 244.000* millones de euros –cerca del 133% del PIB–, obstáculo para el desarrollo futuro y punto de fricción entre las fuerzas de la izquierda, en lo que hace a su reducción y en lo que implica a la relación con las instituciones europeas. Con la voluntad de no llegar a un enfrentamiento “a la griega” que nadie desea, los políticos portugueses desearían una negociación con el Banco Central Europeo y el Eurogrupo en la que se afrontaran y resolvieran conjuntamente los problemas de las deudas, la italiana muy elevada o la portuguesa de menor cuantía.

Las “cuestiones fracturantes” se han resuelto con relativa facilidad en este primer año de gobierno de la izquierda. Así, se ha admitido el derecho a la adopción por parte de las parejas homosexuales, han desaparecido los obstáculos que puso el gobierno de la derecha a la práctica del aborto –el pago de una cuota y la obligación de recurrir a un psicólogo previamente– . Desde hace unos días ha entrado en trámite parlamentario la propuesta para despenalizar la muerte asistida, o ley para la eutanasia. En todas estas cuestiones, los partidos conceden libertad de voto a sus miembros por lo que los porcentajes de aprobación o rechazo van más allá de la aritmética parlamentaria. La aprobación de estas medidas, hay que reconocerlo, ha contado con amplia aceptación social o, en el mejor de los casos, no ha suscitado reacciones de rechazo estridentes. Era sorprendente oír al taxista, hablando sobre los distintos barrios que atravesábamos en nuestro recorrido matinal, hasta aquí, desde donde usted tomó el taxi, estábamos en la zona de la música de rock, aquí empieza la zona gay… Como yo, de conocimientos elementales del portugués, dudara si estaba entendiendo bien, pedí al amable taxista me ampliara sus comentarios sobre el paisanaje urbano lisboeta. No dejó de subrayar la normalidad con que la sociedad portuguesa ha recibido el descubrimiento de una nueva orientación sexual de muchos conciudadanos próximos, inédita e insospechada hasta ahora. A ello ha contribuido, al parecer, una no alta beligerancia pública por parte de la Iglesia católica.

La frágil estabilidad de los acuerdos de gobierno de la izquierda portuguesa sigue siendo una realidad positiva, cada vez más celebrada por la mayoría de la sociedad y por los implicados. Es el triunfo de un pragmatismo que, por el momento, a todos favorece, como muy bien lo expresó el secretario general del PCE, Jerónimo de Sousa, me recuerda Manuel Alegre. Se trata de mejorar la vida de los portugueses, “Cuanto mejor, mejor”, a diferencia de tácticas oportunistas que explotan el malestar y el descontento para su crecimiento. En el equilibro de fuerzas que hace que ninguna predomine, el interés por la durabilidad del acuerdo se acrecienta. Algunos han observado que se trata de un acuerdo conservador, incluso reaccionario, porque aspira más a conservar o recuperar pasados derechos y posiciones perdidas que a afrontar los nuevos retos de las sociedades contemporáneas. Es un debate abierto. En el futuro inmediato se ha de plantear con toda su extensión. Quedan muchos otros frentes ante los que los partidos de la izquierda presentan estrategias diferentes: la cuestión del saneamiento de la banca con fondos públicos; los diferentes puntos de vista sobre la red energética pública; la potenciación de las fuentes de energía alternativas; la relación con la Unión Europea, bien para seguir dentro o bien para liberarse de la disciplina del euro; el nuevo mercado de trabajo y una posible mayor flexibilidad laboral; la lucha contra el desempleo, hoy aún muy elevado, y la lucha contra la dañina y creciente precariedad laboral…

Todo ello, ¿es conveniente afrontarlo por medio de un gobierno minoritario como el actual o con uno más fuerte y amplio, integrado solo por dos fuerzas de izquierda, un fortalecido PS y el Bloco, por ejemplo? Nadie se atreve a dar una respuesta categórica a preguntas como esta, que no son meramente retóricas. Lo único cierto es el convencimiento de que en la situación actual los tres partidos de izquierdas ganan ante su electorado –más, quizás, el PS– y por ello todos están interesados en prolongar la situación actual hasta 2019. ¡Nadie lo hubiera dicho tan solo hace un año!

Estas notas no pueden acabar sino con optimismo, como el que me transmitió el último de mis entrevistados, el escritor, el poeta ante todo, Manuel Alegre, a sus 80 años no solo patriarca de las letras portuguesas sino también ejemplo vivo y respetado del luchador desde los tiempos de la dictadura salazarista, lo que le ocasionó cárcel, persecución y un exilio de 10 años. No dejó de sentirse libre, como afirmaba en Praça da Cançao, su primer libro, prohibido y de circulación clandestina: …mas eu sou livre//que não pode morrer não pode ser cativo// quem pela Pátria morre e só por ela vive. Desde la Revolución de 1974, empeñado en la causa de la democracia desde las filas del socialismo, en el ala izquierda del PS, Alegre concluía ante mí, reflexionando sobre los acuerdos de gobierno vigentes, que “han sido y son buenos para la democracia… porque todas las fuerzas implicadas pueden intervenir, pueden hacer política para el bienestar de los ciudadanos…”.

CODA: Parecía inevitable. No ha faltado a la cita ni una sola vez. Será la cercanía con que se viven los asuntos de España en Portugal (¡tan poco recíproca!), será la preocupación por el hondo desacuerdo que viven fuerzas políticas similares a las suyas, lo cierto es que todas las entrevistas, todas sin excepción, han acabado con la misma pregunta, esta vez del entrevistado al entrevistador:

– Y en España ¿qué? ¿Qué sucede en España, no se ponen de acuerdo los políticos para acabar con el gobierno de la derecha?

Mientras improvisaba respuestas para salir de una situación que no puede sino inquietarme, tanto o más que a quienes formulaban la pregunta recurrente, recordé una situación similar de tiempos ya lejanos. Poco después de la Revolución de los Claveles, los estudiantes de los cursos de doctorado preguntábamos ansiosos al profesor Jover Zamora si él consideraba que la situación revolucionaria de Portugal tendría alguna influencia inmediata en la España de la dictadura franquista. Nuestro respetado profesor esbozó una mueca sonriente, irónica como en él era frecuente, elevó la vista de las notas que tenía ante sí sobre la mesa, como si mirara hacia lo lejos, hacia un pasado de varios siglos atrás, y nos confesó:

– Miren ustedes, yo creo que la historia de España y Portugal ha seguido siempre un curso muy parecido, con cuatro o cinco años de diferencia.

El apotegma del historiador Jover Zamora acabaría cumpliéndose.

¿Y ahora?

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1. José Lamego profesor de la Facultad de Derecho de Lisboa y abogado, ha sido diputado y secretario de Estado de Asuntos Exteriores; Francisco Faraldo, profesor de Lengua Española en el Instituto Español Giner de los Ríos de Lisboa; coronel Aprigio Ramalho, vicepresidente de la Asociación 25 de abril de las Fuerzas Armadas Portuguesas; Carlos Gaspar, profesor, Universidade Nova de Lisboa e Instituto Portuguès de Relações Internacionais; Manuel Loff, historiador, profesor de Historia y de Estudios Políticos Internacionales de la Universidad de Oporto; Ángela Carcedo, arquitecta, residente en Lisboa; Pedro Adão e Silva, politólogo, profesor en el Instituto Universitario de Lisboa y columnista de prensa; Luciano Alvarez, diario Público, periodista, adjunto a la dirección; Bruno Góis, doctorando, Instituto de Ciencias Sociales de Lisboa, del equipo directivo del Bloco de Esquerda; Ângelo Alves, de la Comissao Política del Comité Central do PCP; Manuel Alegre, poeta y novelista, político del PS, candidato a la Presidencia de la República en 2011.

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*En una primera versión de este artículo se decía que la deuda de Portugal era de 8.500 millones.

Felipe Nieto es doctor en historia, autor de La aventura comunista de Jorge Semprún: exilio, clandestinidad y ruptura, (XXVI premio Comillas), Barcelona, Tusquets, 2014. Profesor de Historia del Mundo Actual en la UNED, Madrid.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Del rescate al éxito económico, el camino de Portugal a la cima del Eurogrupo.


EFE doc.

El portugués Mário Centeno (i), relevará al presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem (d). EFE/ Stephanie Lecocq

Bajo una fuerte presión de los mercados que le impedía financiarse a tasas razonables, con un elevado déficit público y un desequilibrio en las cuentas externas, Portugal se convirtió en abril de 2011 en el tercer país europeo en pedir ayuda financiera externa.

El rescate llegó en forma de un préstamo de 78.000 millones de euros de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI), acompañado de un severo programa de ajustes y recortes acordado con la troika, que dejó al país varios años marcado por la austeridad.

Aunque Portugal consiguió cerrar el programa con éxito en mayo de 2014, sin necesidad de pedir una prolongación, la situación todavía era delicada: el déficit seguía por encima del máximo exigido por Bruselas y la deuda pública rondaba el 130 % del PIB, lo que obligaba a mantener un rígido control de las cuentas.

En medio del tímido inicio de la recuperación, los socialistas reconquistaron el poder en las elecciones legislativas de 2015 con una alianza inédita con las fuerzas de la izquierda radical, sustentada principalmente en la promesa de retirar la austeridad.

Y con esa promesa empezó el trabajo de Centeno. Con el beneplácito de sus aliados marxistas y comunistas, el ministro luso empezó a devolver rentas a las familias al reponer salarios a los funcionarios, bajar impuestos sobre la renta y subir las pensiones.

También generó polémica con otras medidas, como la anulación del contrato de privatización de la aerolínea TAP cerrado por el Ejecutivo anterior o la reversión de las privatizaciones de los transportes de Lisboa y Oporto.

Esta política, unida a la poca o nula vocación europeísta de la izquierda radical, hizo que la comunidad europea mirase con recelo al Gobierno socialista portugués, al que no se le auguraba una trayectoria muy larga dadas las diferencias sustanciales que tenía con los partidos que lo mantenían en el poder.

Sin embargo, consiguió recuperar la confianza de las autoridades europeas con los buenos resultados económicos y una política de contención del gasto con la que, junto a un discutido “perdón fiscal”, redujo el déficit de Portugal hasta el 2 % del PIB en 2016, el más bajo de la democracia lusa.

Este fuerte ajuste dictó la salida del procedimiento de déficit excesivo de Bruselas, al mismo tiempo que el paro bajaba hasta el 8,5 % -durante la crisis rozó el 18 %- y el PIB superaba las expectativas de muchas instituciones, forzadas a mejorar sus previsiones (se espera que este año crezca cerca del 2,5 %).

Las señales positivas de la economía portuguesa empiezan a ser reconocidas también por las agencias de medición de riesgos como Standard and Poor’s, que ya ha retirado a la deuda soberana lusa del “bono basura”.

Además, Portugal ha dado un lavado de cara a su financiación en los mercados, donde en los últimos meses ha registrado varios mínimos históricos, lo que ha acelerado la devolución anticipada de la deuda contraída con el FMI durante el rescate.

A la par de los logros macroeconómicos, Centeno puede presumir de haber dado un paso al frente en la reestructuración del sector bancario portugués, que se encontraba en una situación muy frágil cuando llegó al poder en 2015.

En estos años ha cerrado la venta del Novo Banco (antiguo Banco Espírito Santo) al fondo estadounidense Lone Star, la intervención del Banif y su posterior venta al Santander, y la recapitalización de la estatal Caixa Geral de Depósitos (CGD), que rondó los 5.000 millones de euros.

La elección de un portugués para liderar al resto de ministros de Finanzas de la UE premia la historia de éxito de uno de los países más afectados por la crisis del euro y refuerza el peso de Portugal en Europa, especialmente tras haber recibido el apoyo de los Estados miembros más fuertes, entre ellos, España.

Centeno se une así a otros nombres lusos que ocupan o han ocupado cargos en las instituciones europeas, como el expresidente de la Comisión Europea Juan Manuel Durão Barroso y el actual vicepresidente del Banco Central Europeo, Vítor Constâncio. EFE

Fuente:
http://www.efedocanalisis.com/noticia/del-rescate-al-exito-economico-camino-portugal-la-cima-del-eurogrupo/

miércoles, 27 de septiembre de 2017

_- El FMI y la CE felicitan a Portugal por desobedecer sus recetas de austeridad

El Salto



Los indicadores económicos de Portugal siguen apuntando hacia una mejora. Desde que llegó al poder del país luso, en noviembre de 2015, el actual primer ministro socialista Antonio Costa ha implementado medidas que huyen de las recetas de austeridad normalmente impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea (CE).

La coalición de izquierdas que lidera Costa, llegó a las elecciones con un programa político y económico que rechazaban de pleno las medidas que se estaban imponiendo desde organismos supranacionales y desde Bruselas. Mientras Grecia aceptaba el tercer memorándum, que no ha hecho más que agravar su situación de endeudamiento y de alarma social, en el país luso se han aplicado medidas expansivas, al mismo tiempo que se aumentaban los salarios y pensiones.

En 2014, la cifra de desempleo era superior al 15% y su PIB decrecía -o como dicen muchos economistas: crecía negativamente-. Pero las cifras han cambiado drásticamente. Portugal lleva tres años con un crecimiento del PIB positivo. Ha reducido su déficit fiscal a la mitad, que actualmente se sitúa en el 2,1% del PIB. La mitad del déficit español.

Pero el dato portugués que más ha gustado, a las mismas instituciones que exigen e imponen la austeridad, es la reducción de la deuda. La deuda externa lusa, que se encontraba entorno al 70% al comienzo de la crisis de 2008, no había dejado de subir desde entonces. Tras el rescate al que se vio obligado a acudir en 2011, y por el que se le obligó a implementar reformas estructurales y recortes en gastos públicos, la deuda se incrementó del 111,4% en ese año al 130% que alcanzó en 2014, cuando Costa entró en la presidencia. Pero las propias previsiones de crecimiento del FMI, que ha revisado un punto y dos décimas al alza su anterior estimación, hasta el 2,5% a final de año, sumado a las previsiones de que la deuda se reduzca al 126% del PIB en los próximos tres meses, han gustado mucho a las agencias de calificación.

La agencia Standard & Poor’s (S&P), que rebajó la calificación de la deuda portuguesa a bono basura en enero de 2012, ha levantado la presión sobre el país subiendo dicha nota a BBB, un escalón por encima. Las otras dos grandes empresas de calificación, Fitch y Moody's, no han rebajado su nota, pero mejoraron su perspectiva a “positiva”. Lo que indica que posiblemente sigan el camino de S&P en un futuro próximo.

El encargado de controlar la economía lusa por parte del FMI, Subir Lall, ha felicitado a las autoridades portuguesas y ha declarado que “la deuda portuguesa es más sostenible ahora que en 2011”. El jefe de misión de la entidad que preside Christine Lagarde no ha dado muchas explicaciones en cuanto a los motivos de esta mejora, ni de por qué los indicadores económicos han empezado a mejorar en el momento en el que una coalición de partidos de izquierda ha tomado un rumbo político y económico totalmente contrario al que su institución impone a otros países, como a Grecia o España.

Desde la CE también se han escuchado felicitaciones hacia el Gobierno de Costa. El vicepresidente de la Comisión Europea (CE), Valdis Dombrovskis, ha declarado, desde la reunión de ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea que ha tenido lugar en Estonia, que considera muy positiva la rebaja en la calificación de la deuda lusa por parte de S&P. Tampoco se ha pronunciado ni ha hecho referencia a las políticas de gasto, totalmente contrarias a las exigidas por la CE, que ha aplicado el Gobierno luso.

Yago Álvarez es socio fundador y redactor del medio online de economía crítica y social El Salmón Contracorriente . Como activista de la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda (PACD) promueve la creación de grupos de auditoría ciudadana municipal y observatorios ciudadanos municipales.

Fuente:
https://elsaltodiario.com/fmi/fmi-ce-felicitan-portugal-desobedecer-recetas-austeridad-

jueves, 27 de julio de 2017

Por qué Portugal es el único país al que aplauden la izquierda y el FMI por su exitoso plan económico. BBC

Al ministro de Finanzas portugués, Mario Centeno, le llaman "el Cristiano Ronaldo" de la burocracia económica europea.

Y no es para menos. La milagrosa recuperación económica de Portugal en los últimos dos años es un caso tan raro como esperanzador.

Observadores de todo el mundo están siguiendo con mucha atención la manera como este país llegó al borde del abismo de una catástrofe económica y se recuperó. Especialmente, notan que lo hizo con una receta de rechazo a la austeridad, que deja en entredicho muchos de los dogmas económicos tradicionales.

Hoy Portugal es encabezado por un gobierno minoritario socialista, que sobrevive en una coalición parlamentaria con la extrema izquierda, incluyendo a los comunistas.

Leer más: http://www.bbc.com/mundo/noticias-40627444

domingo, 7 de mayo de 2017

¡Cierto! Los portugueses se gastan el dinero en vino. Es el mayor consumidor de caldos del mundo con 54 litros por persona al año.

A falta de cifras sobre mujeres, las que acaba de publicar la Organización Internacional de la Viña y el Vino confirman la mitad de las palabras del famoso presidente del Eurogrupo: sí, los portugueses se gastan el dinero en vino, ¡Dios mío!. Los portugueses son los mayores consumidores del mundo con 54 litros por persona y año, más del doble que los compatriotas del presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem: 24,5 litros, solo uno menos que los españoles.

El consumo de vino en Portugal no tiene rival con ningún otro país, pues el segundo en el escalafón, Francia, es de casi tres litros menos por cabeza (51,8) y a distancia abismal de Italia, el tercero, con sus 41,5 litros por persona, y Suecia (41 litros). Curiosamente, como se ve, no hay una segmentación radical entre países del norte y del sur, ni del este al oeste, pues China fue el país que más aumentó su consumo el pasado año (6,9%) seguida de Italia y de Estados Unidos. Lejos de tópicos y prejuicios, el factor determinante es si un país tiene o no viñas en su territorio.

Pero puesto a brindar, parece que Holanda ha tenido más razones con el paso del tiempo, pues hace 20 años solo consumía 17 litros por persona y año frente a los actuales 24,5, mientras que el consumo entre portugueses y españoles ha menguado en este tiempo: 68 y 46 litros respectivamente, bastante menos que el consumo actual.

En los últimos años, ha aumentado la calidad de los vinos portugueses y también el rendimiento que saca a su exportación. Compite en calidad, ya que en cantidad no puede. Es el undécimo del mundo en producción, pero el noveno en la venta de caldos al exterior. El precio medio de venta es el doble que el de España, primer exportador, ya que éste país vende mucho a granel y, por tanto, a bajo precio.

Los Oporto, el vino de Madeira (con el que brindaron los padres de la patria norteamericana), el vino verde y los vinos del Duero son sus señas de identidad. En 2014, Wine Spectator eligió como mejor vino del mundo a un oporto, el Dow’s Vintage de 2011, salido de las viñas de la familia Symington.

También el tercero era portugués, pero del Douro, un Chryseia 2011. Con estas tentaciones así, quien no cae en vicios.
OIV:

http://www.oiv.int/es/actualidad-de-la-oiv/rueda-de-prensanbspcoyuntura-vitivinicola-mundial-evoluciones-y-tendencias

http://elpais.com/elpais/2017/04/25/opinion/1493127892_915512.html

martes, 18 de abril de 2017

Restaurantes en San Francisco y alrededores, publicado en la lista de los 100 mejores del mundo por la revista inglesa Restaurant.

San Francisco
Sainson, 37
Benn, 67
Atelier Crenn, 83

St Helena
The Restaurant a Meadowood, 84

Yountville
The French Laundry, 68

Los Gatos
Manresa, 90

Palo Alto
BBQ experience
27 Universidad Avenue


Lisboa, Portugal
Belcanto
Rua Nova Da Trinidade, 18. 1º

domingo, 20 de noviembre de 2016

Por qué no se habla nada de Portugal? El acuerdo de gobierno del que nadie habla. Acto en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.



Interesante intervención, por parte de José Gusmao, representante portugués del bloco de esquerda y participante en los diálogos y negociaciones que concluyeron en el acuerdo para un gobierno del Partido socialista en Portugal y de Yolanda Diaz, representante de En Marea de Galicia.

Es un posible ejemplo de lo que se podría haber hecho aquí y la derecha ha impedido aunque para ello ha tenido que expulsar de la secretaría general del PSOE al elegido democráticamente dando un auténtico golpe de mano en el partido a fin de que Rajoy siga en el gobierno.

Cuentan las crónicas que en su visita a Alemania para despedir a Obama, la alemana Merkel le dijo a Rajoy que en su país le dirían que tenía la piel de elefante. Una vez más, lo que claramente es una cualidad del pueblo español, se lo atribuyen a un político.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Por qué no se habla de Portugal y su gobierno de pacto?

PÚBLICO

MADRID.- Hace un año, uno de los países europeos más golpeados por la crisis económica y, sobre todo, por su dura gestión neoliberal, cambia el signo de su gobierno con un pacto de izquierdas que no ha sido posible en España, pese a la cercanía.

El Partido Socialista portugués consiguió sustituir al conservador Pedro Passos Coelho gracias a un acuerdo de gobierno con el Partido Comunista de Portugal y el Bloco de Esquerda. Un pacto del que han nacido iniciativas legislativas que han logrado recuperar parte de los derechos destruidos por las exigencias de la Troika durante las últimas dos legislaturas.

Este sábado, a las 12.00 horas, el Círculo de Bellas Artes de Madrid acoge el acto ¿Qué pasa en Portugal? El acuerdo de Gobierno del que nadie habla, en el que la diputada de Unidos Podemos y dirigente de Esquerda Unida de Galicia, Yolanda Díaz, y el economista y miembro de la mesa de negociación del Bloco para el pacto de izquierdas, José Gusmao, expondrán varios de los avances sociales conseguidos en el país vecino junto a una comparativa con la situación política española.

Entre otras medidas, el actual Gobierno de Antonio Costa ha logrado paliar los recortes salariales, ha devuelto a 35 horas semanales las jornada laboral de los funcionarios, ha creado un impuesto de patimonio para viviendas de lujo de más de 500.000 euros y ha suspendido los conciertos del Estado con colegios privados en zonas donde exista un centro público, así como la gratuidad de los libros de texto en los primeros cursos de la educación básica.

La mayoría de estas medidas y otras que están en ciernes no figuraban en el programa electoral de los socialistas, sino que han sido arrancadas a Costa gracias al cuerdo con comunistas y el Bloco.

Público.
Nota: Cuando me haga del vídeo, lo colgaré en el blog

viernes, 21 de octubre de 2016

Entrevista a Mia Couto, escritor mozambiqueño, blanco y luchador por la independencia. “Entré al Frelimo porque precisaban la poesía”

Página 12

Sus libros fueron traducidos a 20 idiomas y ha sido premiado en Brasil, Portugal y Estados Unidos. Era un blanco de 17 años cuando ingresó a la guerrilla independentista de su país.


Tranquilo, pausado, reflexivo. Así responde Mia Couto, escritor mozambiqueño y una de las personalidades más reconocidas de África en el mundo. Sus libros, escritos en el portugués que se habla en las calles de Mozambique, fueron traducidos a 20 idiomas y premiados en Brasil, Portugal y Estados Unidos. Antes de volcarse a la literatura, luchó por la independencia de su país junto al Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) y ejerció el periodismo. En sus poemas, cuentos y novelas mezcla el universo tribal africano, los estragos de la guerra y el cuestionamiento a las convenciones culturales heredadas de la colonia. En diálogo con Página/12, Couto expone sus recuerdos de la infancia, los mundos que lo formaron y los retos de una joven nación que busca su rumbo mientras se enfrenta a fantasmas conocidos que aún la siguen acosando.

–¿Qué significa Mozambique para usted? 
 –Mozambique es una mezcla de algo que ya es y una cosa que va a ser, de algo antiguo con un proyecto. Nació hace cuarenta años como una nación única, olvidando que existían otras naciones. Dentro de su territorio había pueblos que tenían sus propias lenguas y sus propias historias. Mozambique es ya un Estado, pero busca crear una nación alrededor de esas naciones.

–La convivencia entre blancos y negros ha sido históricamente traumática en el África austral.
 ¿Cómo es haber nacido y crecido en Mozambique como un hombre blanco?
 –Por mucho tiempo estuve distraído, me había olvidado de mi propia raza, que es un privilegio. La colonización portuguesa también fue racista y violenta, a pesar de tener una historia diferente a la de los otros colonialismos. Pero nací en un tiempo en que el gobierno de Portugal buscó esconder esta discriminación creando una camada que se conoció como los asimilados, africanos considerados portugueses de piel negra. La sociedad colonial dependía de la propia supervivencia y ellos eran pensados como un tapón para la revuelta que ya estaba presente. Además servían como gestores de la maquinaria colonial. Portugal tenía un imperio grande pero era un país pequeño y pobre. Era casi un colonizador periférico. La presencia de esos asimilados estaba en los lugares donde nací y donde crecí, estuve en contacto con ellos. De chico aprendí una lengua africana y conseguí colocar un pie en un mundo y un pie en otro, sin ninguna dificultad en particular. Pero no era así de común para los hijos de los colonos. África estaba apartada, era una cosa oscura, salvaje, aunque nunca hubo una política oficial de separación como fue el apartheid. Otra cuestión diferente era la tierra. En Zimbabue, Sudáfrica y Namibia el apartheid no era sólo un tema de razas, sino también de tierras. Por lo tanto los negros fueron arrancados de sus lugares para concentrarlos en los llamados bantustanes. Eso nunca ocurrió en las colonias portuguesas, donde los conflictos raciales parecían suavizados, si bien las buenas tierras estaban en manos de los blancos, pero no separadas de esa forma, geográficamente, con la expulsión de los negros a otros lugares.

–Usted militó en el Frelimo.
¿Cómo fue aceptado un hijo de colonos portugueses en un movimiento liderado por negros que luchaban por la independencia?
 –Tenía diecisiete años cuando me uní al Frelimo. Era una cosa clandestina, subterránea. Recuerdo que fui a un encuentro en los suburbios, de noche, algo que hoy no podría volver a hacer, aunque en mi memoria siempre estoy volviendo a ese lugar. Era una casa sin luces, con cuarenta personas. Yo era el único blanco. En la mesa, donde había una suerte de jurado, se decidía quién podía ser aceptado como integrante. Aquellos hombres contaban sus historias, era como una prueba, una narración de su sufrimiento, una cosa medio cristiana. Vi ese desfile de hombres que había sufrido el hambre, el frío, la prisión y la tortura. Y yo no había padecido nada, era un privilegiado. Pensaba decir que había sufrido porque vi sufrir a los demás. Pero fui el último en ser presentado y no logré decir nada. Uno de los hombres en la mesa me preguntó si yo era el joven que escribía poemas en el diario. Me dejaron entrar porque decían que precisaban de la poesía. Nunca sentí en esos tiempos de militancia alguna cosa que me separara de los negros o que les generase desconfianza. Después me di cuenta de que si hubiese querido combatir con un arma en la mano, como en una guerrilla, no habría sido aceptado. Dentro del Frelimo había una línea no racial, pero también otra de definición racial, que sostenía que no se podía confiar en los blancos al punto de darles un arma, porque eso los obligaría a enfrentarse con los blancos que luchaban del otro lado. Y en el momento que eso ocurriera no se sabría qué consecuencias tendría.

–La cuestión racial pesaba más que la ideológica.
 –Era un discurso falso. También se decía que los blancos no podían estar en la lucha armada porque si morían serían presentados por los portugueses como rusos, lo que probaría que el movimiento era conducido por la Unión Soviética. Había tensiones entre las distintas líneas dentro del Frelimo, donde estaban aquellos que ponían la cuestión racial sobre lo ideológico. Hoy en día la cuestión racial tiene un peso mucho menor en Mozambique que en Sudáfrica o Zimbabue.

–En su libro Tierra sonámbula está presente la guerra civil, que comenzó en 1977 y terminó en 1992, con consecuencias devastadoras para su país.
¿Escribir esa novela era una forma de exorcizar lo vivido o de denunciar lo ocurrido en ese enfrentamiento? 
 –Exorcizar. Fue el único libro que sufrí al escribirlo. Escribo porque me gusta. Tuve colegas y amigos que murieron de manera terrible. No era el caso de personas que murieron por una bala. Murieron dentro de autos que fueron incendiados. Durante un tiempo pensé que no era posible escribir un libro sobre la guerra, salvo cuando la guerra terminase, porque no tenía la fuerza para hacerlo. Después me di cuenta de que era una cuestión de supervivencia. Sentí que mis muertos me pedían que escribiera sobre lo ocurrido, para poder respirar y sobrevivir. De noche recordaba y quería parar de escribir, casi que rezaba para no recibir más inspiración.

–¿Qué recuerda de esa guerra?
 –Fue una guerra muy larga. Salíamos de casa todos los días, sin saber si tendríamos para dar de comer a nuestros hijos. Encontrábamos una fila pero no sabíamos qué se distribuía. Como no podíamos estar toda la mañana, dejábamos una canasta con una piedra encima. Ibamos a trabajar, volvíamos, y la piedra estaba en el mismo lugar. Respetaban el lugar, respetaban al otro. Eso nos daba algo de esperanza. Si esto dura una semana o un mes, ya es mucho. Pero fueron años así.

–¿Los portugueses ya habían dejado Mozambique?
 –Ya se habían ido casi todos en los primeros años. Mozambique tenía casi 250 mil portugueses. No eran tantos como en Angola, pero permanecieron entre 20 y 25 mil. Al ser una salida precipitada, y como ellos dominaban la economía y el Estado, fue un problema. A los 20 años dirigí el diario del gobierno, algo que no podía hacer bien. El futuro de toda una generación fue sacrificado. Muchos amigos míos, negros, blancos y mestizos, dejaron de estudiar para ejercer cargos de dirección. Fue un momento muy bonito porque los mozambiqueños se encontraron. En los primeros años era una cosa épica, íbamos a construir un país, un futuro, como si fuese posible cambiar el mundo entero. Había un proyecto político e ideológico bien claro, con muchos errores, que ahora son más fáciles de ver, pero con mucha exaltación.

–Nadine Gordimer y J. M Coetzee, por ejemplo, trataron en muchos de sus libros la realidad sudafricana durante el apartheid.
¿Cree que los escritores africanos se sienten obligados a exponer temas sociales ante la falta de instituciones fuertes o de poderes que fueron monopolizados durante un largo tiempo por pequeños grupos? 
 –Los escritores africanos asumieron muchos rótulos. Primero por una razón de orden político, porque se esperaba que asumieran ese papel de denuncia, de afirmación de un continente que fue negado, de una cultura y de una raza que fueron negadas. Después fue un rol más étnico, más exótico. Se esperaba que los africanos trataran temas como la magia y la relación con la naturaleza, como si lo africanos estuviesen más cerca de la naturaleza que de la cultura o la humanidad. Eso creó un círculo, porque sabían que en Europa se los publicaría si daban cuenta de esa autenticidad. No eran auténticos africanos si no hablaban de determinadas cuestiones. Infelizmente, la literatura africana depende de la valoración de las ex capitales coloniales, como Lisboa para la lengua portuguesa o Londres para la lengua inglesa. Si la escritura africana pasa la prueba, entra en el mercado. Ahora estamos en una época más feliz, porque los escritores más jóvenes están rompiendo con eso que se espera que ellos hagan. No están tan preocupados por reafirmar su africanidad. Ella aparece naturalmente.

–El portugués es el idioma oficial de Mozambique, pero no es la lengua materna de la mayoría de los mozambiqueños.
¿Esta realidad condicionó la recepción de su obra?
 –De alguna manera sí. Pero también hay que tener en cuenta que existen 25 lenguas en el país y que muchas no se comunican unas con otras. Si escribiese en otra lengua debería enfrentar el problema de la traducción. Lo que pasa ahora es que el propio portugués de Mozambique está cambiando, se está africanizando y está siendo apropiado. Por otro lado, cada vez más mozambiqueños están tomando el portugués como lengua materna. En ciudades como Maputo, casi la mitad habla el portugués. Cuando los portugueses se fueron con la independencia, había un 90 por ciento de analfabetismo, y en Maputo, donde se concentraba la mayoría, el portugués era la lengua materna del uno o del dos por ciento de la población. Está cuestión de trabajar el portugués como una lengua propia de la nación mozambiqueña fue cosa de la independencia. El recuerdo de los mozambiqueños no debe ser el mejor: los portugueses destruyeron casi todo cuando partieron de Mozambique. Mucha de la infraestructura fue destruida como forma de venganza. Pero no tanto en Mozambique como en Angola, porque en Mozambique casi no había infraestructura. Era una economía de servicio, no había producción propia.

–La comunidad de países lusófonos es pequeña.
¿Qué papel juegan Brasil y Portugal en el imaginario mozambiqueño?
 –La situación es muy distinta en Cabo Verde, Santo Tomé, Guinea Bissau o Angola. En Angola, la mayoría de la población habla el portugués como lengua materna. Más de la mitad de la población vive en Luanda, la capital. Es una situación de concentración extrañísima. Luanda es como un país aparte, con sus propias características lingüísticas. En Mozambique hay relaciones de distinto tipo. Los vínculos literarios están más cerca de Brasil. Mi generación, y la anterior y la posterior, conocieron Brasil a través de Jorge Amado, Graciliano Ramos y todos esos nombres. No es algo menor. Brasil era lo que nosotros queríamos ser, porque ya había retirado a Portugal de su lengua. La lengua era portuguesa pero logró afirmarse con una identidad propia. En el caso de Jorge Amado era la presencia del negro, de las comidas, del baile, de los dioses. Era como si estuviese escribiendo dentro de Mozambique. Su literatura era catártica. Portugal sigue teniendo un gran peso en el fútbol. Todos tienen un equipo en Portugal como si fuera propio. Ahora ya comenzó a cambiar con el Barcelona y el Real Madrid. La relación culinaria también es muy fuerte entre los pequeños grupos de elite de urbanos asimilados.

–¿Cuándo dejó de ser António Emílio y pasó a ser Mia?
 –Cuando tenía dos años, según mis padres, pensaba que era un gato. De chico vivía en una casa colonial típica y siempre llegaban gatos al balcón. Mi madre les daba de comer y yo comía con ellos. Entonces quería ser llamado Mia y quedó. Mis padres validaron esa elección, porque vieron en eso algo gracioso y entendieron que yo tenía derecho a encontrar un nombre para mí.

–Usted afirmó haber sido influenciado por el realismo mágico latinoamericano.
¿Se le ocurre algún paralelismo entre África y América latina?
 –Hay un enfrentamiento entre aquellos que quieren construir en África y en América latina una Europa tropical, a partir de un centro que serían las potencias coloniales, y una resistencia del lado de las culturas y los pueblos indígenas. La efervescencia de ese conflicto tuvo algo que para mí fue muy productivo, porque ahora existe un enfrentamiento entre lógicas, entre universos íntimos, cósmicos, entre religiosidades diversas. Esa vitalidad llegó a la literatura y golpeó la puerta de los escritores, que en determinado momento pensaban que el modelo europeo era el único para hacer literatura. Escritores como Juan Rulfo, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez abrieron las puertas a esas voces, a la oralidad, a esa otra vitalidad que estaba presente. Lo mismo ocurrió en África, donde hubo cierta aceptación de esa diversidad. Pero me opongo a ese rótulo de realismo mágico porque toda realidad es mágica. Muchos escritores americanos y europeos trabajan el mismo campo, se permiten cuestionar la realidad. Creo que fue algo que se precisó caracterizar para poder ser comprendido.

–Entre los pueblos africanos el relato oral está mucho más extendido que el relato escrito.
¿Incorpora esta tradición al momento de escribir sus novelas?
 –Desde chico que estoy acostumbrado a escuchar mientras leo. Cuando me apasiono con un texto tengo dificultad para leer, porque me veo obligado a volver a las páginas, una y otra vez. Se abre una ventana para las voces contenidas. Lo mismo me pasa con la poesía, que es más permisiva, que autoriza este tipo de escuchas. No es que la oralidad sobrevive en Mozambique, sino que es dominante. Es la que crea lazos de entendimiento, la que cohesiona a la sociedad. De la misma forma que García Márquez describió Colombia, los escritores mozambiqueños reciben de la oralidad toda esa inspiración. Algunos tienen más presente que otros la oralidad de esa sociedad rural. En mi casa también era dominante, porque soy hijo de inmigrantes y mis padres siempre contaban historias. Vivíamos solos, no conocíamos a nuestros abuelos.

–¿Cree que a través de su obra literaria ha logrado mostrar o crear una identidad mozambiqueña?
 –No necesariamente un escritor trabaja en reflexionar o crear, sobre todo porque Mozambique está lleno de interdicciones en la memoria. Hay olvidos que son provocados. Si uno viajaba a Mozambique después de terminada la guerra, en 1992, nadie hablaba del asunto, era como si nunca hubiese ocurrido. Era un tiempo prohibido. Nadie quería recordar eso, así como tampoco la guerra colonial ni la esclavitud. En el ejército portugués la mayoría de los soldados eran mozambiqueños negros, cerca de 60 mil. Cuando terminó la guerra de independencia nadie quería pensar en eso, porque esas familias tenían redes enormes y querían evitar una situación de conflicto. Ahí la literatura cumple un papel, porque invita a rescatar ese tiempo de una manera que no culpabiliza, y transforma ese sentimiento de amnesia, de rechazo, en una visita que ayuda a re humanizar al otro. A construir un país.

–¿El periodismo fue más un compromiso militante?
 –Me mandaban a hacerlo. En ese momento interrumpí mis estudios de medicina. Soñaba con ser psiquiatra. En segundo año, cuando me uní al Frelimo, me necesitaban como periodista. Incluso en tiempos de dictadura fui infiltrado dentro del diario. Me gustó mucho trabajar como periodista. Mi padre también lo había sido. Cuando hacía reportajes o entrevistas era muy feliz. Pero después me convertí rápidamente en director del diario, lo que fue una tragedia. Además en 1985, aproximadamente, me di cuenta de que había un divorcio entre la narrativa política y la propuesta política. Me decepcioné un poco de la que era mi propia causa. Todavía siendo militante me fui del diario.

–¿Sigue identificado con el Frelimo?
 –En cierto momento, cuando uno es miembro de un partido, ve el mundo de una forma poco crítica. Uno cree que está siempre del lado correcto de la historia. Me parece que la realidad es mucho más compleja que la realidad mágica detrás de una fuerza política. Entonces decidí ser simplemente una persona y no un militante.

–¿Se lo perdonan en el Frelimo?
 –El Frelimo a veces piensa que aún soy parte de él. Tengo una exposición pública, es decir, me presento en conferencias, colaboro con diarios, tengo actividad en universidades. Y tengo también una posición política. Pero no ataco a personas. Lo que quiero es cuestionar ideas, tendencias, comportamientos. No me consideran peligroso. Mozambique ha pasado de ser una colonia a un país soberano. Ha atravesado una guerra civil y ha logrado rencauzar su economía.

–¿Cuáles son los desafíos más urgentes que enfrenta hoy en día?
 –En primer lugar, la paz. La guerra recomenzó a escala reducida. Los mismos bandos de la guerra civil están luchando ahora mismo. La Renamo (Resistencia Nacional Mozambiqueña, opositora al Frelimo) está atacando desde hace unos meses autos, escuelas, hospitales, matando personas, tal como en la guerra civil. Comenzaron nuevamente las conversaciones de paz. La Renamo quiere gobernar en las partes de Mozambique donde obtuvo más votos. Mozambique fue un caso ejemplar. Fuimos capaces de construir una paz verdadera, de reconciliarnos, después de aquel trauma que duró dieciséis años. Y de repente tenemos la guerra a las puertas de casa. Esa es la urgencia principal, porque tiene consecuencias en la ciudadanía, en nuestra esperanza y en la economía, porque nadie invierte en un país en guerra.

–¿Es optimista respecto a África? 
 –Soy un pesimista con esperanza. Ahora con esta gran crisis del capitalismo financiero, las cuestiones de orden tribal, los conflictos fronterizos, la desigualdad social profunda que casi todos los países tienen, van a tornarse dominantes en un momento en que África comenzaba a encaminarse. Países con una buena economía, que estaban tratando de reintegrarse, que tenían una buena asistencia social, con servicios de salud y educación creados por primera vez con seriedad, van a atravesar una crisis. África estaba intentando salir de su herencia colonial. No se vienen tiempos felices.

Fuente original: http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-311947-2016-10-17.html

viernes, 9 de septiembre de 2016

Entrevista al cineasta Miguel Ángel Rosales, director de "Gurumbé, canciones de tu memoria negra". "España, con Portugal, es la que inicia la trata de esclavos"



El documental "Gurumbé, canciones de tu memoria negra" muestra a Sevilla como uno de los primeros destinos de los esclavos negros raptados en África y la influencia que esta población tuvo en la cultura andaluza.

Desde el siglo XV, personas negras raptadas en África fueron sometidas a la esclavitud. El largo episodio de la esclavitud negra en América es de sobra conocido y documentado, sin embargo, no es tan conocido que fue Andalucía uno de los primeros sitios a donde fueron llevadas muchas de estas personas. El documental 'Gurumbé, canciones de tu memoria negra', dirigido por el antropólogo y cineasta jerezano Miguel Ángel Rosales y producida por Intermedia, documenta el paso de la población esclava negra por Andalucía y su influencia en la cultura.

Hablamos con Miguel Ángel Rosales.
-Suena raro relacionar la esclavitud negra con Andalucía y, sin embargo, los primeros negros que fueron raptados de África para ser utilizados como esclavos sirvieron en Sevilla, ya desde el siglo XV.
¿Por qué esta amnesia?
-Hay varias cuestiones. Parece que todo el tema de la trata comienza en un momento concreto, a finales de siglo XV. Ya antes había habido esclavos en Europa, pero no de esta manera tan sistemática, como un valor de mercancía y con unos volúmenes tan tremendos. Lo que también cambia es el área geográfica de esos esclavos: antes había muchos africanos, pero también eslavos, prisioneros de guerra. Fueron los portugueses los que comienzan y los españoles fueron rápidamente a la zaga, desembarcando esclavos en el puerto de Sevilla. La historia no es sólo que fuera anterior a la trata atlántica, sino que todo el negocio se estaba haciendo desde territorio ibérico. Parte de ellos se llevaron a América, pero muchos se quedaron. No estamos hablando sólo de que fue debido a la gran demanda americana de mano de obra, sino que fue primero la demanda en Andalucía, y después en el resto de España. Sevilla se convirtió en un gran puerto esclavista, y después también Barcelona o Cádiz.

Sevilla, con la importancia que tomó con el comercio con las colonias americanas, se convirtió en una gran metrópoli. Comenzó a haber diferencia con la trata de plantación, aquí había cierta interacción con la población esclava, lo que no quita que se le diera un trato cruel y vejatorio. Hubo también muchos matrimonios mixtos, y de ahí se derivó una importancia cultural muy fuerte y se terminó formando una población afroandaluza. Ahora ya es marginal, pero hay algunas figuras afroandaluzas que llegaron a ser importantes.

Toda esta investigación está ahora surgiendo. La esclavitud en España se ha estudiado desde los 50, pero con unos estereotipos, viendo a la esclavitud como un objeto de ostentación o de lujo. Después se desmontó esa teoría y se comenzó a estudiar la interacción cultural. En Sevilla en el siglo XVI y XVII podía haber entre un 10 y 15% de población negra y mestiza, eso tuvo que tener una influencia fortísima. Donde se puede ver bastante a nivel de archivo es en el tema de las cofradías. Muchas de las primeras cofradías religiosas estaban formadas por negros esclavos. Hay arzobispos que forman estas hermandades y el esclavo las toma porque le permitía una visibilidad social y un lugar de reunión donde hacer comunidad, siendo una población totalmente marginada e invisibilizada. Comienzan a tener influencia en la música, Igual que muchos pueblos de África que tienen en la música y danza sus grandes expresiones artísticas, aquí, todos los principales bailes que surgen en la Península Ibérica vienen de los esclavos negros, como el cumbé [baile del preflamenco]. Se ve una relación con las colonias americanas y a formarse un sincretismo musical. Cuando nace el flamenco ya en el siglo XIX, arrastrando mucho de esto, haciendo síntesis de la música popular y creando casi la primera música moderna de Europa, lo hace con esos elementos, con un factor africano importantísimo. Por otra parte, en Sevilla hay actualmente una hermandad que se llama Los Negritos, y no mucha gente sabe que se llama así porque fue una hermandad de negros, y es la hermandad más antigua de Sevilla. Llegó un momento en el que se formó una lucha política y de grupos étnicos alrededor de las hermandades, y las clases altas lograron arrebatar ese sitio principal que tenían las hermandades de esclavos, y muchas de ellas desaparecieron. Había hermandades de esclavos en todos los sitios donde había población negra, como Cádiz o Jerez.

La población esclava negra tuvo gran protagonismo en las hermandades y cofradías sevillanas.

-¿Cómo ha sido trabajar en este documental, de qué fuentes te has servido?
-Yo he hecho la parte documentalista, he tirado de información de Arturo Morgado, Isidoro Moreno entre otros. Investigadores que ya llevan tiempo con este tipo de temas y dándole también otro enfoque más moderno que el que había en los años 50. Me he dedicado a reunir informaciones. A parte de que el tema me parecía fascinante, me sorprendía que no tuviera una repercusión más importante, que no hubiera nada a nivel divulgativo sobre esto. En España siempre se ha querido borrar todo lo relacionado con el genocidio y su papel en la trata de esclavos. España, con Portugal, es la que inicia la trata de esclavos, da el pistoletazo de salida y los holandeses e ingleses copiaron el modelo. Y aunque la esclavitud llega hasta el siglo XIX, España fue el último país en abolirla y hunde sus raíces hasta los años 60 con el franquismo, cuando se independizó Guinea Ecuatorial. Lo que es interesante del tema de la esclavitud, no como hecho histórico, es que creó un sistema productivo que llegó hasta donde justo se pudo porque la comunidad internacional tiraba de las orejas a España para que lo abandonara, y ha producido también toda una serie de estereotipos sobre el africano que aún hoy sigue viva y se proyecta sobre el fenómeno de la inmigración,