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lunes, 17 de junio de 2019

_- Ella también. Rosa Montero

_- Einstein obligó a firmar a su primera esposa un contrato humillante. Quemó sus cartas y jamás mencionó la aportación que hizo a su trabajo


LA LECTURA de la reciente novela de Nativel Preciado, El Nobel y la corista, en donde hace un genial retrato del Einstein mujeriego, me ha hecho recordar la perturbadora historia de Mileva Marić, la física y matemática serbia que fue la primera esposa del científico. Mileva y Einstein se conocieron en 1896 en el Instituto Politécnico de Zúrich, del que eran alumnos. Ella tenía 21 años; él, 17. Fue un amor a primera vista. Mileva había mostrado desde niña tanto talento que su padre decidió darle la mejor educación. Para comprender hasta qué punto esta actitud era rompedora, baste decir que el padre tuvo que pedir un permiso especial para que su hija pudiera estudiar Física y Matemáticas, dos carreras solo para varones. Era un mundo que les negaba todo a las mujeres.

Mileva y Albert empezaron a vivir y trabajar juntos, pese a la furibunda oposición de la madre de él. Que su amado la defendiera frente a su propia madre debió de crear en la joven un sentimiento de gratitud inacabable. Y así, cuando el profesor Weber admitió a Mileva para el doctorado, después de haber rechazado a Albert porque no le consideraba preparado, ella supeditó su aceptación a la inclusión de Einstein. Mileva, mejor matemática que él, revisaba los errores de su amante; sus correcciones abundan en los apuntes de Albert: “Ella resuelve mis problemas matemáticos”. A la joven le obsesionaba encontrar un fundamento matemático para la transformación de la materia en energía; compartió con Albert esta fascinación (las cartas se conservan) y a Einstein le pareció interesante la idea de su pareja. En 1900 terminaron un primer artículo sobre la capilaridad; era un trabajo conjunto (“le di una copia [al profesor Jung] de nuestro artículo”, escribió Einstein), aunque solo lo firmó él. ¿Por qué? Porque una firma de mujer desacreditaba el trabajo. Porque Mileva quería que Einstein triunfara para que se casara con ella (él había dicho que hasta que no pudiera mantenerla económicamente no lo haría). Por la patológica gratitud, dependencia psicológica y enfermiza humildad que el machismo inocula.

Y entonces comenzó, insidiosamente, la desgracia. En 1901, Mileva fue a Serbia a dar a luz secretamente a una niña de la que no volvió a saberse nada: quizá acabara en un orfanato. Poco después Einstein consiguió un empleo como perito en la Oficina de Patentes de Berna y, ya con un sueldo, se casaron. Según varios testimonios, mientras Albert trabajaba sus ocho horas al día, Mileva escribía postulados que luego debatía con él por las noches. Además cuidaba de la casa y del primer hijo, Hans Albert. “Seré muy feliz (…) cuando concluyamos victoriosamente nuestro trabajo sobre el movimiento relativo” (carta de Einstein a Mileva). En 1905 aparecieron en los Anales de la Física los tres (5)  cruciales artículos de Einstein firmados solo por él, aunque hay un testimonio escrito del director de los Anales, el físico Joffe, diciendo que vio los textos con la firma de Einstein-Marić.

Y la desgracia engordó. Tuvieron un segundo hijo, aquejado de esquizofrenia; Einstein se hizo famoso, se enamoró de su prima, quiso dejar a Mileva y ella se aferró enfermizamente a él. Comenzó entonces (hasta la separación en 1914) un maltrato psicológico atroz; hay un contrato que Einstein obligó a firmar a su mujer, un texto humillante de esclavitud. Pero siendo ese contrato aberrante, aún me parece peor lo que el Nobel hizo con el legado de Mileva: quemó sus cartas, no mencionó jamás su aportación, solo la citó en una línea de su autobiografía. Los agentes de Einstein intentaron borrar todo rastro de Marić; se apropiaron sin permiso de cartas de la familia y las hicieron desaparecer. También desapareció la tesis doctoral que Mileva presentó en 1901 en la Politécnica y que, según testimonios, consistía en el desarrollo de la teoría de la relatividad. No estoy diciendo que Einstein no fuera un gran científico: digo que ella también lo era. Pero él se empeñó en borrarla, y lo consiguió hasta 1986, cuando, tras la muerte de su hijo Hans Albert, se encontró una caja llena de cartas que tuvieron grandes repercusiones científicas. Pese a ello, Mileva sigue aplastada bajo el rutilante mito de Einstein. Así de mezquinas y de trágicas son las consecuencias del sexismo.

A LECTURA de la reciente novela de Nativel Preciado, El Nobel y la corista, en donde hace un genial retrato del Einstein mujeriego, me ha hecho recordar la perturbadora historia de Mileva Marić, la física y matemática serbia que fue la primera esposa del científico. Mileva y Einstein se conocieron en 1896 en el Instituto Politécnico de Zúrich, del que eran alumnos. Ella tenía 21 años; él, 17. Fue un amor a primera vista. Mileva había mostrado desde niña tanto talento que su padre decidió darle la mejor educación. Para comprender hasta qué punto esta actitud era rompedora, baste decir que el padre tuvo que pedir un permiso especial para que su hija pudiera estudiar Física y Matemáticas, dos carreras solo para varones. Era un mundo que les negaba todo a las mujeres.

Mileva y Albert empezaron a vivir y trabajar juntos, pese a la furibunda oposición de la madre de él. Que su amado la defendiera frente a su propia madre debió de crear en la joven un sentimiento de gratitud inacabable. Y así, cuando el profesor Weber admitió a Mileva para el doctorado, después de haber rechazado a Albert porque no le consideraba preparado, ella supeditó su aceptación a la inclusión de Einstein. Mileva, mejor matemática que él, revisaba los errores de su amante; sus correcciones abundan en los apuntes de Albert: “Ella resuelve mis problemas matemáticos”. A la joven le obsesionaba encontrar un fundamento matemático para la transformación de la materia en energía; compartió con Albert esta fascinación (las cartas se conservan) y a Einstein le pareció interesante la idea de su pareja. En 1900 terminaron un primer artículo sobre la capilaridad; era un trabajo conjunto (“le di una copia [al profesor Jung] de nuestro artículo”, escribió Einstein), aunque solo lo firmó él. ¿Por qué? Porque una firma de mujer desacreditaba el trabajo. Porque Mileva quería que Einstein triunfara para que se casara con ella (él había dicho que hasta que no pudiera mantenerla económicamente no lo haría). Por la patológica gratitud, dependencia psicológica y enfermiza humildad que el machismo inocula.

Y entonces comenzó, insidiosamente, la desgracia. En 1901, Mileva fue a Serbia a dar a luz secretamente a una niña de la que no volvió a saberse nada: quizá acabara en un orfanato. Poco después Einstein consiguió un empleo como perito en la Oficina de Patentes de Berna y, ya con un sueldo, se casaron. Según varios testimonios, mientras Albert trabajaba sus ocho horas al día * (10 horas 6 días a la semana y sin vacaciones, olvidamos o borran nuestra historia, las luchas y muertes que costaron conseguir las 8 horas, 1919 por primera vez en España en algunas fábricas de armas del estado), Mileva escribía postulados que luego debatía con él por las noches. Además cuidaba de la casa y del primer hijo, Hans Albert. “Seré muy feliz (…) cuando concluyamos victoriosamente nuestro trabajo sobre el movimiento relativo” (carta de Einstein a Mileva). En 1905 aparecieron en los Anales de la Física los tres cruciales artículos de Einstein firmados solo por él, aunque hay un testimonio escrito del director de los Anales, el físico Joffe, diciendo que vio los textos con la firma de Einstein-Marić.

Y la desgracia engordó. Tuvieron un segundo hijo, aquejado de esquizofrenia; Einstein se hizo famoso, se enamoró de su prima, quiso dejar a Mileva y ella se aferró enfermizamente a él. Comenzó entonces (hasta la separación en 1914) un maltrato psicológico atroz; hay un contrato que Einstein obligó a firmar a su mujer, un texto humillante de esclavitud. Pero siendo ese contrato aberrante, aún me parece peor lo que el Nobel hizo con el legado de Mileva: quemó sus cartas, no mencionó jamás su aportación, solo la citó en una línea de su autobiografía. Los agentes de Einstein intentaron borrar todo rastro de Marić; se apropiaron sin permiso de cartas de la familia y las hicieron desaparecer. También desapareció la tesis doctoral que Mileva presentó en 1901 en la Politécnica y que, según testimonios, consistía en el desarrollo de la teoría de la relatividad. No estoy diciendo que Einstein no fuera un gran científico: digo que ella también lo era. Pero él se empeñó en borrarla, y lo consiguió hasta 1986, cuando, tras la muerte de su hijo Hans Albert, se encontró una caja llena de cartas que tuvieron grandes repercusiones científicas. Pese a ello, Mileva sigue aplastada bajo el rutilante mito de Einstein. Así de mezquinas y de trágicas son las consecuencias del sexismo.

https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=1197417193044529487#editor/target=post;postID=2850497986454802561

*En esa fecha en la Oficina de Patentes Suizas, se trabajaba 10 horas al día, 6 días a la semana. Y se podían considerar privilegiados, 12 horas era muy normal, y de sol a sol en el campo, con trabajo nocturno también para niños y mujeres incluso embarazadas, sin vacaciones. Qué fácilmente olvidamos la historia del movimiento obrero. El 1 de mayo se instituyó para pedir las 8 horas de trabajo y costó muchas luchas y muertes. y sospecho que el olvido no es algo casual, la derecha niega el progreso humano y no solo lo niega sino que trabaja y conspira para volver atrás, a los tiempos de la esclavitud y servidumbre. Ello lo convierten en el llamado sentido común y la cultura hegemónica o dominante, "siempre ha sido así". No es el caso con Rosa Montero, pero se ha dado como normal las 8 horas... En un tiempo que no lo era.

domingo, 24 de febrero de 2019

El Escaramujo. Canción que sirve para una clase de filosofía o de ciencias.

¿Por qué la tierra es mi casa?
¿Por qué la noche es oscura?
¿Por qué la luna es blancura
que engorda como adelgaza?
¿Por qué una estrella se enlaza
con otra, como un dibujo?
Y ¿por qué el escaramujo
es de la rosa y del mar?
Yo vivo de preguntar:
saber no puede ser lujo.
Yo vivo de preguntar:
saber no puede ser lujo.

El agua hirviente en puchero
suelta un ánima que sube
a disolverse en la nube
que luego será aguacero.
Niño soy tan preguntero,
tan comilón del acervo,
que marchito si le pierdo
una contesta a mi pecho.
Si saber no es un derecho,
seguro será un izquierdo.
Si saber no es un derecho,
seguro será un izquierdo.

Yo vine para preguntar
flor y reflujo.
Soy de la rosa y de la mar,
como el escaramujo.
Yo vine para preguntar
flor y reflujo.
Soy de la rosa y de la mar,
como el escaramujo.

Soy aria, endecha, tonada,
soy Mahoma, soy Lao-Tsé,
soy Jesucristo y Yahvéh,
soy la serpiente emplumada,
soy la pupila asombrada
que descubre como apunta,
soy todo lo que se junta
para vivir y soñar:
soy el destino del mar:
soy un niño que pregunta.
soy el destino del mar:
soy un niño que pregunta.

Yo vine para preguntar
flor y reflujo.
Soy de la rosa y de la mar,
como el escaramujo.
Yo vine para preguntar
flor y reflujo.
Soy de la rosa y de la mar,
como el escaramujo.
Yo vine para preguntar
flor y reflujo.
Soy de la rosa y de la mar,
como el escaramujo.
Yo vine para preguntar
flor y reflujo.
Soy de la rosa y de la mar,
como el escaramujo.

¿Por qué la tierra es mi casa?
¿Por qué la noche es oscura?
¿Por qué la luna es blancura
que engorda como adelgaza?
¿Por qué una estrella se enlaza
con otra, como un dibujo?
Y ¿por qué el escaramujo
es de la rosa y el mar?
Yo vivo para preguntar:
saber no puede ser lujo.
Yo vivo para preguntar:
saber no puede ser lujo.

Yo vine para preguntar
flor y reflujo.
Soy de la rosa y de la mar,
como el escaramujo.
...


jueves, 10 de enero de 2019

Reseña de La circulación de la sangre. La revolucionaria idea de William Harvey, de Thomas Wright William Harvey, una idea esencial en la historia de la ciencia



Algunos datos del autor, lamentablemente bastante desconocido entre nosotros: Thomas Wright (TW) es un historiador, profesor y escritor inglés que colaboró como investigador asistente de Peter Ackroyd. Con este libro sobre William Harvey (WH), se hizo acreedor al Wellcome Trust Book Prize 2012 (la edición original es de 2011) que reconoce a los mejores trabajos de ficción y no ficción sobre temas de salud y medicina.

La estructura del libro: Prefacio. Prólogo. Primera parte: “Levantarse del fondo” (siete capítulos). Segunda parte: “Poner la cabeza en las estrellas” (ocho capítulos). Bibliografía. Agradecimientos. Indice analítico. Destaco el XII: “Publicación y recepción (1628-década de 1650). “Creían que había perdido el juicio”. Con siete ensayos intercalados además, tres de ellos en el capítulo XI. El ensayo IV es excelente: “Francis Bacon, experimento y empirismo”. También el III: “Breve historia de la vivisección”. Se aprende mucha filosofía con el sexto de estos ensayos. Está dedicado al papel de los círculos perfectos en ciencia y filosofía.

El autor expone las fuentes que ha usado al final de cada capítulo y evita, todo lo que puede (y puede mucho) el tormento lector de las notas a pie de páginas extensas y numerosas.

Libro absolutamente recomendable, aunque no sólo, para personas interesadas en la historia de la ciencia y en la historia de las ideas, no presenta dificultades científicas insalvables para el lector medio. Como el que suscribe.

Unos datos básicos sobre el biografiado (que extraigo de la contraportada y de las presentaciones): WH es una figura imprescindible, aunque algo olvidada, para comprender el desarrollo de la ciencia. Demolió las ideas anatómicas preservadas desde el Imperio romano y se enfrentó a la ortodoxia intelectual de su época, como pasa con tantos otros revolucionarios científicos (WH no fue, en absoluto, un ciudadano revolucionario; más bien lo contrario: fue un ardiente monárquico muy fiel a su rey). Lo interesante de su caso, también en otros, es que sus descubrimientos, hipótesis y conjeturas, su comprobación del movimiento de la sangre y el funcionamiento del corazón tuvo una enorme repercusión en campos tan alejados y disímiles como la literatura y la política. Su teoría, sin exageración, fue tan revolucionaria en sus días como lo fue la teoría de la gravitación universal de Newton o la teoría de la evolución de las especies de Darwin. El autor, TW, consigue recrear el ambiente cultural, filosófico y científico del Renacimiento inglés, época del origen y triunfo de las innovadoras ideas de Harvey.

Un ejemplo de estas “extrañas” relaciones entre ciencia y política.

Harvey no disfrazó el tratado en el que publicó su descubrimiento de propaganda monárquica. No esperaba con ello recibir la bendición de Carlos I y el patrocinio, la licencia y la bendición para publicar su obra. Estaba también enunciando su sincera y profunda convicción de que el “corazón era tan importante para el cuerpo político como lo era el rey para la nación”.

No sólo eso: el órgano y el monarca funcionaban de la misma manera y “había entre ellos una correspondencia perfecta; en cierto sentido eran lo mismo” (p. 235). En borradores que escribió sobre el movimiento de los animales, WH describió el nuevo corazón, su nuevo corazón, como el “general y gobernante” que rige todo el cuerpo. Como, la metáfora política es significativa, “un rey, la primera y más alta autoridad del Estado”. Corazón humano (=, equivalente a) rey inglés por tanto.

Carlos I, por su parte, compartía con su médico la visión de la proximidad entre fisiología y política, consanguinidad incluso. Cuando Harvey llevó ante su presencia, nos cuenta el autor, “al joven noble con el corazón expuesto, el monarca consideró el órgano palpitante desde una perspectiva fisiológica. Sin embargo, de inmediato pasó con toda naturalidad a la política”. El microcosmos ofrecía una moraleja evidente para el cuerpo político. Con las palabras del monarca: “Desearía poder recibir los pensamientos del corazón de algunos de mis nobles así como he visto vuestro corazón”.

De hecho, Harvey (que no se cortaba ni un pelo cuando hablaba y criticaba a los nuevos teóricos de la filosofía mecanicista, los cartesianos; los llamaba mierderos) pensaba que se podía aprender del corazón observando la posición y la función del rey dentro de la nación”.

No solo eso. También estaba convencido en otro orden de cosas que conocer el movimiento del agua fluvial podía ayudarlo a entender el flujo de la sangre en el cuerpo. El enlace entre microcosmos y macrocosmos. Como en el caso de da Vinci que diseñó experimentos en ríos intentando arrojar la luz sobre el movimiento de la sangre.

La muerte de WH, casi 80 años, está hermosamente descrita en la página 315.

Así, pues, si pueden no se lo pierdan. Estamos ante un libro -muy bien escrito por cierto y magníficamente editado- que une, mejor que bien, cosa nada fácil por cierto, las perspectivas externas e internas en un asunto central de la historia de las ideas y de la ciencia.

Cuánta razón tenía Francisco Fernández Buey cuando señalaba que un medio que permitía la disolución de las barreras que separaban dos ámbitos culturales supuestamente alejados, facilitando de este modo la irrupción de una cultura, la tercera cultura, que uniese armoniosamente, humanidades, arte, política y ciencias, era, precisamente, la historia de la ciencia, sobre todo en sus momentos más decisivos. El libro que comentamos es un ejemplo de ello.

Como los breviarios del FCE son difíciles de ver y localizar conviene citar otros libros publicados en la misma colección: Peter Brian Medawar, Historia de un rábano pensante: autobiografía; Ahmed Zewail,Viaje a través del tiempo. Senderos hacia el Premio Nobel; Salvador Edward Luria, Autobiografía de un hombre de ciencia. En la misma colección también: Jean Hamburger, El diario de William Harvey. Biografía.

Ciudad de México, Breviarios del FCE, 2017, 344 páginas, traducción de Virginia Aguirre Muñoz.

sábado, 3 de noviembre de 2018

_- Un interesante y deslumbrante viaje científico.

_- Una hermosa y curiosa cita de Richard Dawkins abre el libro. Da pistas.

La situación en que nos encontramos según el autor: “Nos encontramos en medio de una revolución. Es una revolución científica basada en nuestro conocimiento del ADN, el material hereditario de la vida. Utilizando las herramientas de la biología molecular, exploramos y sondeamos el mundo que nos rodea de una forma que era inimaginable hace tan sólo unas décadas”. Es natural, señala, contemplar la biotecnología en el siglo XXI con una mezcla “inquietante de asombro y temor”.

No es un libro fácil pero no se lo pierdan. Avancen poco a poco, tomando notas si les es posible. Si tienen algún amigo puesto en asuntos de biología molecular y en historia de su disciplina, mejor que mejor. Les será útil consultarle algunas tesis y explicaciones. Si no, no pasen pena. Aunque les pase como a mí, que habré sacado en limpio el 30% aproximadamente, este 30 es mucho 30.

El glosario, demasiado sucinto en mi opinión, les puede ser de utilidad si dudan del significado de algunos conceptos (son muchos los que maneja el autor como es razonable, no queda otra).

Del autor: miembro del Canadian Institute for Advanced Research y del consejo editorial de revistas como Current Biology o BMC Biology y editor adjunto de la revista Genome Biology and Evolution John Archibald [JA] es profesor del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Dalhousie University, Halifax, Nueva Escocia, Canadá, y ha sido profesor visitante de la Universidad de Cambridge.

La estructura del libro: Agradecimientos y nota al lector (el autor explica en este apartado cuando cristalizó la idea del libro). Introducción 1. La vida tal y como la conocemos. 2. Revoluciones en biología. 3. Las semillas de la simbiosis. 4. Los soberanos moleculares de los Reinos de la vida. 5. Las bacterias se convierten en organelas: una visión desde dentro. 6. La célula compleja: cuándo, quién, dónde y cómo. 7. Evolución verde, revolución verde. 8. Regreso al futuro. 9. Epílogo. Postfacio. Glosario. Notas. Indice.

Margulis es una de las estrellas de la exposición y un país hermano, Portugal, tiene un papel importante. “Francisco Carrapiço y Ricardo Santos me proporcionaron puntos de vista muy interesantes sobre la naturaleza de la ciencia y sobre las carreras de numerosos científicos, en particular las de Constantin Mereschkowsky y Lynn Margulis” (p. 15).

La temática: el autor explica el papel crucial de la simbiosis, y de su forma más más asombrosa, la endosimbiosis, en el surgimiento del nuevo punto de vista revolucionario (en el sentido kuhniano: de cambio conceptual “revolucionario”, de cambio de paradigma) sobre la historia de la vida que la biología molecular está sacando poco a poco (si bien aceleradamente) a la luz. La endosimbiosis es una forma de simbiosis en la que dos células viven juntas en la naturaleza, una dentro de la otra. El organismo que vive en el interior del otro se conoce como un “endosimbionte”.

Conviene recordar las palabras de cierre del libro (p. 213): “Mucho de lo queremos saber de la transición de procariota a eucariota pertenece todavía al reino de la especulación. ¿Qué fue primero: la mitocondria o características eucarióticas básicas como la habilidad para ingerir presas? ¿Tuvo algo que ver la fagocitosis con la forma en que el progenitor bacteriano de la mitocrondria acabó en el interior de una célula anfitriona arqueal?”

No lo sabemos. La eucariogénesis sigue siendo una un enigma, un gran enigma científico. Pero, señala JA, resulta apasionante saber que quedan muchas cosas por descubrir. “La exploración de la biosfera microbiana ha puesto al descubierto nuevos linajes con nuevas características que nos impelen a hacer balance de los hechos y a reconsiderar lo que creemos saber sobre la evolución de la vida compleja”.

La ciencia, concluye JA, está trabajando como debe. “Para que nunca dejemos de admirarnos”.

No se olviden del epílogo. Un relato interesante (aunque discutible y muy optimista) de la reunión científica de febrero de 1975 (otra, anterior a ésta, tuvo lugar en 1973), en Asilomar, en Monterrey, California. Les recuerdo lo discutido en esa célebre discusión: “Los principales objetivos de la Conferencia de Asilomar, como llegó a ser conocida la citada reunión, era evaluar los potenciales riesgos biológicos de la investigación sobre el ADN recombinante y decidir si la moratoria que se habían impuesto los científicos tenía que ser permanente. Fue, según todos los indicios, un acontecimiento intenso y estresante. Hubo más preguntas que respuestas. Al final, se tomó la decisión de levantar la moratoria...” (p. 207). Para el autor, nació entonces la industria de la biotecnología.

Excelente índice y buen glosario (pero muy resumido, como les decía, en mi opinión), no se pierdan, no se salten las notas. Algunas son referencias bibliográficas que podemos obviar; otras no, tienen valor en mí mismas. Mucho valor. Mi preferida (la 26, del capítulo 3, p. 223): “A finales de la década de 1980 Margulis obtuvo una beca que le permitiría ahondar en las tempranas investigaciones de los “simbiogenetistas” rusos. Pero ella no hablaba ni leía ruso y, “para su sorpresa y alivio”, descubrió que una historiadora de la ciencia rusa llama Liya Nikolaevna Khakhina ya había escrito con autoridad sobre el tema. Margulis propició la traducción del ruso al inglés del libro de Khakhina de 1979 (véase Margulis, L y McMenanm, M. 1992. Introducción del editor, en Khakhina, Concepts of Symbiogenesis). Margulis y sus colegas hicieron otro tanto en el año 2010 con un libro publicado en Rusia en 1924 [sic, pocos años después de la revolución] por Boris Kozo-Polyanski (1890-1957) (Kozo-Polyanski, B, 1924. Symbiogensis: A New Principle of Evolution. Traducción de Fet, V Harvard University Press). Margulis tuvo conocimiento de la existencia de Kozo-Polyansky en el Congreso Internacional de Botánica celebrado en Leningrado en 1975; a ella y a su colega norteamericano Peter H. Raven les entregaron una traducción parcial del libro de Kozo-Polyansky hecha por el famoso (y entonces contrariado) botánico ruso Armen Takhajatan (1910-2009): “Tomen, lean esto” dijo, regañándoles. “Ustedes, los americanos, creen que toda la ciencia tiene que ser inglesa o alemana…¡Koyo-Polyanski publicó sus mismas ideas muchos antes que ustedes hubieran nacido!”. Ni más ni menos. En todo el rostro (con perdón) y con toda la razón histórico-científica del mundo.

La traducción, como es marca de la casa Buridán, es de Josep Sarret. ¿Cómo consigue seleccionar con tanto acierto, y traducir tanto y tan bien? Un misterio un verdadero misterio. Un enigma. No tengo ninguna conjetura de interés. Manifiesto, eso sí, mi sorpresa por este laborar ininterrumpida, casi imposible. Sorpresa y mi mayor agradecimiento. Fue profesor mío hace 42 años, en la Facultad de Filosofía de la UB. Nos habló de Nietzsche.

Fuente: El Viejo Topo, n.º 369, octubre de 2018

miércoles, 5 de septiembre de 2018

El caballo de Troya de la lucha contra los antivacunas. Respuesta al artículo Tres mil niños sin vacunar (por decisión familiar) en la modernísima Barcelona.





Respuesta al artículo   Tres mil niños sin vacunar (por decisión familiar) en la modernísima Barcelona  de Eduard Rodríguez Farré y Salvador López Arnal.


Ya sabemos que las palabras las carga el diablo. No es lo mismo la palabra libertad en boca de Rivera que de Durruti. La misma palabra, una esconde que es un tipo de libertad sin igualdad, la otra es la libertad universal, donde sin igualdad no hay libertad. Esto toda persona de izquierdas lo sabe. Lo mismo pasa con la palabra “progreso”, que tiene connotaciones mucho más agradables. Progreso nos huele a mejora. Menos gente “progresista” tiene en cuenta que el progreso, cuando se refiere a la ciencia y la tecnología, lleva implícito otro concepto, el de crecimiento. Y ahí ya no hay tanto consenso. ¿Debemos crecer eternamente, o tenemos que apostar por el decrecimiento?

¿Y qué tiene que ver eso con el debate sobre las vacunas? La medicina se apoya, entre otras cosas, en los saberes y tecnologías que la ciencia produce. Durante las últimas décadas, con la tecnociencia, la medicina no sólo se apoya, sino que es dirigida y manipulada por aquella. Un “nuevo” concepto surge, iatrogenia. El mal causado por la práctica médica. Así, las vacunas, como tecnología que son, no están libres de este mal.

Decir que las vacunas son uno de los avances tecnológicos más importantes para las clases populares es una perogrullada. Pero, como la defensa de la libertad, la defensa de las vacunas puede esconder intenciones, que si no se explicitan, terminan yendo en contra de las clases populares. Contradictorio ¿verdad?

En el artículo de Eduard y Salvador se argumenta que la sinrazón de los antivacunas en Cataluña, y en concreto Barcelona, son un peligro a combatir. No son santo de mi devoción aquellos que dicen que no quieren vacunar a sus hijos. Pero cuando aparece algún caso de personas enfermas por infecciones con vacunas y se orquesta la típica campaña ¡ay los antivacunas! a mí se me frunce el ceño. De hecho, la primera crítica que le hago a este artículo es que no dice que son varios los motivos por los que un infante no es vacunado:

Sus padres son antivacunas. Rechazan inmunizar por cuestiones religiosas, filosóficas, políticas, etc. Sus padres tienen duda vacunal. No se niegan a vacunar, pero tienen dudas sobre la seguridad/eficacia de algunas. Así que a lo mejor deciden no vacunar del sarampión, por ejemplo.

La familia es “pobre”. Aunque las vacunas obligatorias sean gratuitas, el acceso a los sistemas de salud para los recordatorios es a menudo complicado entre los expulsados del sistema.

Los niños con alguna enfermedad crónica o transitoria cuyo sistema inmunológico no va a responder, o lo va a hacer de manera perjudicial. No decir esto, es decir muchas otras cosas.

Ya entrando en las especificidades del artículo:

"Gracias a la vacunación (inmunización) generalizada de los niños, la difteria ahora es poco común en muchas partes del mundo."

En España, y el resto del mundo realmente, debido a la privatización de buena parte del sistema de salud (el diseño, la producción, distribución, imposición de precios de los medicamentos), no existe una vacuna única contra la difteria. La vacuna de la difteria NO inmuniza frente a la bacteria Corynebacterium diphtheria, sino contra su toxina, la que causa la enfermedad. Por eso no produce inmunidad de rebaño y sigue habiendo portadores asintomáticos. Eso es un peligro, porque como decía no tenemos anti toxina en España, y podrán existir casos en los que se dé un brote. Por eso varios países del este tienen lista la antitoxina que es curativa.

Además, no existe en España una vacuna única, sencilla, contra la toxina que causa la difteria, sino que por culpa del entramado tecnosanitario hay una triple (Difteria, tétanos y tos ferina). Esto es un problema de salud pública porque:

- La vacuna contra la toxina pierde eficacia.

- La vacuna contra la tos ferina puede tener efectos secundarios, no todo el mundo se puede vacunar.

El niño de Olot no murió por los antivacunas sino por la falta de suero, de anti toxina. Ese niño puede que no se hubiera muerto en Rusia, porque allí sí lo tienen.

Eso tampoco se dice en el texto.

No es cierto lo que el artículo afirma:
"Como hemos comentado, hemos vivido recientemente un caso trágico de difteria en Cataluña, una “mort petita [una muerte pequeña]” que muestra que aunque el porcentaje de personas no vacunadas no sea muy elevado, si el grupo está muy concentrado en un área determinada, puede representar un grave peligro para ellos mismos y, también, para la comunidad en general."

El resto del párrafo es también incorrecto. Un solo portador sano es suficiente para hacer que una persona no vacunada o con una vacuna inefectiva se enferme. En el artículo no se menciona que la vacuna es contra la toxina y que por tanto los niños que por cualquier motivo no pueden vacunarse, o los ancianos que hayan perdido la inmunidad, están expuestos a la enfermedad. Es más, ninguna de las enfermedades de la triple (Tdap) tiene protección de grupo (o de rebaño). La del tétanos porque no es contagiosa, la de la Tos ferina porque tiene poca memoria, y la de la difteria porque no protege de la infección sino de la toxina, existiendo portadores sanos.

Entonces no entiendo, viniendo de una persona tan comprometida como Eduardo Rodríguez, que se obvie algo tan importante: la vacuna de la difteria no se mejora, al contrario, se empeora al hacerla triple, porque la comercializa Glaxo, y no quieren invertir en una mejor, "con esa les vale".

Y no entiendo tampoco por qué se habla de las vacunas en general, otro error conceptual (¡y político!).

Y ¿por qué pasa esto? Pues porque no se mejoran las vacunas. Porque no hay flexibilidad en su aplicación (vacunas simples, anti toxina, etc.) ¡Porque los intereses económicos priman sobre los derechos sanitarios! Es justo y necesario criticar a aquellas familias que de manera intransigente se niegan a vacunar a sus hijos, los atiborran de comida basura, les hacen fumar, etc. Pero no se puede utilizar el doble rasero, si no, estaremos acompañando el discurso autoritario cientifista tan en boga últimamente. Es fundamental que desenmascaremos dos cosas:

1- el autoritarismo que hay detrás de los que quieren que todo el mundo vacune a sus hijos sin rechistar. El mundillo escéptico es aterrador.

2- existen muchos motivos (y cada vez más) por los que desconfiar de la medicina en general y de los médicos en particular. ¿Hace falta una lista? Así que la gente tiene toda la razón y el derecho a desconfiar en la mal llamada "ciencia médica". Eso no existe, la medicina no es una ciencia, y es propio de la arrogancia de la profesión y del cientifismo darle ese calificativo. La medicina “puede” basarse en la evidencia, en las ciencias (biología, fisiología, farmacología, etc.) pero como tal es una práctica humana que busca (debería buscar) la mejora del bienestar humano. La filosofía, la ética, ciertas creencias del paciente, etc. son imprescindibles para la “cura”.

En España los antivacunas son anecdóticos, la tasa vacunacional es total. Siendo en Cataluña la más baja, está entre el 93,9 y el 95,3. No hay un problema de antivacunas.

Como ejemplo el Sarampión. En Navarra se dio un “brote” en 2017 ¡con 34 casos! Los hooligans clamaron contra los anti vacunas. La realidad es que el 40% de esos afectados habían sido vacunados correctamente. El 60% restante había sido vacunado una vez o ninguna. El sesgo se ve cuando no dividen esa estadística. Socialmente es muy importante diferenciar aquel niño que no ha sido vacunado nunca o que se vacunó una vez y no se hizo el recordatorio. ¿por qué? ¿Dónde estaba el sistema de salud? ¿En qué condiciones socioculturales está sus padres? ¿Son realmente anti-vacunas, o solo pobres?

O sea, que el problema está en la vacuna, en su efectividad y en el acceso de la población a los pediatras en particular y a los sistemas de salud en general.

¡Y la confianza! ¿Cómo podemos confiar en los pediatras si sus asociaciones profesionales cobran millones de € de aquellos que enferman a nuestros hijos ? ¿Si tienen unos conflictos de intereses vergonzosos?

Cómo vamos a fiarnos de los sistemas de salud del Tamiflú, los fármacos del Alzheimer o el dietilestibestrol .

Además los autores hablan de “Enfermedades muy prevalentes han sido prácticamente eliminadas … en los países en los que se aplican estas medidas. El tifus, el cólera, la tuberculosis, la malaria y tantas otras son algunos de los ejemplos que pueden citarse. ¡El cólera! ¿De verdad nos van a hacer creer que ha sido la vacuna “de existencias limitadas” y que “requiere de grandes medios logísticas”? Es la justicia social la que puede eliminar el cólera, y no medicamentos para pijos viajeros.

Es importante que en el debate sobre las vacunas no nos unamos al poco ético y menos efectivo discurso coercitivo, que es el que mueve al grupo principal de escépticos y divulgadores patrios. El estruendo no es el mismo que por ejemplo con padres fumadores, cuyos hijos tienen problemas de salud en cierto modo mayores que los no vacunados en una sociedad con plena penetrancia vacunal. ¿Teniendo en cuenta que el 25% de las madres fuman, tendríamos que penarlas? Eso no se plantea, pero sí con las vacunas. ¿Por qué? Pues porque el “movimiento provacunas” del que hablo lleva en el tuétano la idea de “progreso” de la tecnociencia. Nada debe parar los resultados de la tecnociencia, ¡nada! Y eso a su vez, lleva implícito un autoritarismo de aspecto liberal (en lo económico) muy peligroso.

Por ello creo que el artículo y lo que plantea son un profundo error, distrae de lo fundamental, necesitamos otra medicina, menos “tecnificada”, más humana y que genere más confianza.

martes, 4 de septiembre de 2018

Tres mil niños sin vacunar (por decisión familiar) en la modernísima Barcelona. El 1,5 % de los niños barceloneses no están vacunados y los motivos nada tienen que ver con indicaciones médicas.



Este artículo ha sido respondido críticamente aquí

Eduard Rodríguez Farré y Salvador López Arnal

¡Estamos hartos de tanta ciencia! ¡Nos sobra ciencia! ¡Pasamos de tanto conocimiento tecnificado en manos de corporaciones y farmacéuticas! ¿Y el pensamiento alternativo? ¿Dónde van a parar nuestras intuiciones, nuestros sentimientos más profundos? ¿Y los intereses de las corporaciones farmacéuticas? Veamos, veamos. El asunto de las vacunas suele ayudar para distinguir el trigo de la paja, el saber contrastado del disparate (envuelto a veces con ropajes izquierdistas radicales). No olvidemos los efectos de estas decisiones en la comunidad. La reciente información. Tomamos pie en un artículo de Jessica Mouzo Quintáns [JMQ] del pasado 20 de julio [1]. “Barcelona detecta unos 3.000 niños no vacunados por decisión familiar”. El movimiento antivacunas, señala JMQ, cuenta con varios cientos de familias en la ciudad de Barcelona. La última Encuesta de Salud “ha cuantificado la presencia de este fenómeno en la capital catalana y, aunque es muy minoritario, existe: el 1,5% de los niños barceloneses -unos 3.000, según el Ayuntamiento- no están vacunados y los motivos nada tienen que ver con indicaciones médicas”.

¿Con qué motivos entonces? Los de siempre, los de otras momentos de los movimientos antivacunas. Ahora prevalecen estos: “Las familias alegan cuestiones religiosas o ideológicas y, sobre todo, que no lo ven necesario o les preocupa la seguridad de las vacunas”.

La comisionada de Salud del Ayuntamiento barcelonés, Gemma Tarafa, “ha hecho un llamamiento a la calma y ha asegurado que el 96,5% de los niños están vacunados”. La inmunidad de grupo está garantizada… por los vacunados y, punto decisivo, para todos, también para los no vacunados. “Esto significa que, pese a haber un determinado número de personas no inmunizadas y, por tanto, expuestas a una serie de enfermedades infecciosas, la población está protegida contra estas infecciones porque hay una masa crítica muy amplia que sí se ha inmunizado contra esos patógenos”

Sin embargo, prosigue JMQ con razón, no hay un riesgo cero (recuerda que en 2015 falleció por difteria en Olot un menor no vacunado por decisión familiar, de la madre en este caso). Tarafa señaló que no hay que bajar la guardia; desde luego que no. "Es importante decir que esos niños que no se vacunan no tienen problemas porque hay un porcentaje inmenso de niños que sí lo hacen”. El Ayuntamiento potenciará el plan de vacunación de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB) que, entre otras medidas, enviará una carta a las familias de los recién nacidos para recordarles los beneficios de la vacunación. La comisionada ha apostado por "hacer más pedagogía y explicar mejor" los beneficios de la vacunación.

JMQ da un dato a tener muy en cuenta. La implantación del calendario vacunal en Cataluña ha conseguido reducir en un 96% -¡ 96%- la incidencia de enfermedades vacunables en los últimos 30 años. La comunidad ha pasado de registrar 36.740 casos durante 1984 (cuatro años después de la introducción del calendario en España ) a 1.506 en 2014, 35.234 menos .

Con el ánimo de aportar nuestro granito de arena a esta nueva campaña de concienciación, seleccionamos algunos apartados de un libro que hace tres años publicamos en la editorial El Viejo Topo [2]:

1. ¿Para qué son efectivas las vacunas?

Las vacunas son efectivas para prevenir las enfermedades infecciosas aunque no todas las enfermedades infecciosas, como ya hemos indicado, tienen vacunas. Que se obtengan vacunas depende en gran medida del tipo de microorganismos que se quiera combatir.

Hay que destacar, insistimos en este punto, que, fundamentalmente, gracias a las vacunas se han podido eliminar una serie de enfermedades que eran gravísimas hasta hace pocos años. Un médico joven, en nuestro país, no ha visto morir a la gente de difteria, ni de tos ferina, ni de fiebres de Malta, ni de poliomielitis, ni de toda una serie de afecciones que era muy corrientes en los años cincuenta, sesenta o incluso setenta del pasado siglo en España y también, claro está, en muchos otros países.

¿Qué ha resultado decisivo en medicina en épocas recientes? Solemos pensar en los medicamentos. Pero, como también hemos señalado anteriormente, lo más eficaz que ha existido hasta el momento en medicina han sido las vacunaciones, las medidas higiénicas y la mejora de las condiciones de vida. Todo ello ha sido esencial para mejorar fuertemente la salud pública y para aumentar la expectativa de vida de los ciudadanos de muchos lugares del mundo (no de todos desgraciadamente). Enfermedades muy prevalentes han sido prácticamente eliminadas (o ubicadas en posiciones mucho más secundarias) en los países en los que se aplican estas medidas. El tifus, el cólera, la tuberculosis, la malaria y tantas otras son algunos de los ejemplos que pueden citarse. Aunque por supuesto no hay que olvidar, el tema es decisivo social y humanamente, que algunas de estas enfermedades están rebrotando en la actual situación de degradación de las condiciones de vida y los derechos laborales de los sectores más desfavorecidos de nuestras sociedades y por las políticas públicas privatizadoras que algunos gobiernos impulsan, junto con la absolutamente inadmisible marginación o prohibición, cuando es el caso, de atención sanitaria a ciudadanos migrantes.

En nuestro país había malaria todavía en los años 50 del pasado siglo. En el delta de Ebro, en los arrozales del Guadalquivir, en muchos territorios. Eliminando el vector transmisor, el mosquito Anopheles, se eliminó la propia enfermedad. Fue el maldecido DDT lo que permitió eliminar la malaria y lo que también permitió acabar con el tifus exantemático [3]. De esta enfermedad hubo una gran epidemia en España en los años 40.

Las medidas de higiene son medidas preventivas, necesarias sin ninguna duda. Pero desde un marco general, más constante, ha sido la vacunación el procedimiento que ha permitido eliminar todo un conjunto de enfermedades que hoy, prácticamente, sólo pueden verse en libros de patología, y en letra pequeña, en todos aquellos países que tienen medios y sobre todo, volvemos a insistir, voluntad política para aplicar las correspondientes medidas.

2. ¿Es peligrosa la difteria?

La difteria es una infección aguda causada por una bacteria denominada Corynebacterium diphtheriae. Se propaga de persona a persona a través de las gotitas respiratorias, como las que se producen con la tos o los estornudos, de una persona infectada o de alguien que porte la bacteria pero que no tenga ningún síntoma. También por lesiones de la piel así como por leche contaminada y fómites.

La bacteria infecta generalmente la nariz y la garganta. Los síntomas se presentan de 1 a 7 días después del contagio. La infección de garganta produce una pseudomembrana o cubierta de color gris-verdoso, dura y fibrosa que puede obstruir las vías respiratorias. El enfermo presenta dolor faríngeo, disfagia, nauseas, vómitos, cefalea y fiebre alta. Es característico la presencia de ganglios dolorosos en la parte anterior del cuello y, a veces, un gran edema conocido como “cuello de búfalo”. El paciente se encuentra muy debilitado y con aspecto de padecer una grave enfermedad. La alteración respiratoria puede ser muy grave y conducir a la muerte si no se trata a tiempo.

Una vez que se produce la infección, la bacteria genera sustancias peligrosas llamadas toxinas, que se diseminan a través del torrente sanguíneo a otros órganos, como el corazón y el cerebro, y causan daños importantes que a partir de cierto momento son irreversibles y causan también la muerte.

Gracias a la vacunación (inmunización) generalizada de los niños, la difteria ahora es poco común en muchas partes del mundo. En España, hasta el verano de 2015, hacía 30 años, no se había dado ningún caso. En los años 80 del pasado siglo se había alcanzado, gracias a la vacunación, la inmunización de prácticamente toda la población.

Los factores de riesgo para la difteria son, entre otros: ambientes de hacinamiento, higiene deficiente y, sobre todo, la falta de vacunación. Esta última ha conseguido que la difteria disminuya radicalmente en términos globales, sin embargo en algunos países pobres la enfermedad sigue siendo endémica. Cuando se abandona la vacunación por empeoramiento de las condiciones de vida, se detecta un incremento de casos muy importante. En los países de la antigua Unión Soviética, a partir del desmembramiento de 1991 y la introducción del llamado “libre mercado”, se observó un importante incremento de los casos de difteria que afectó especialmente –tal como señalan Soriano García y Fernández Roblas- a personas mayores de 15 años con un pico en 1995 (más de 50.000 casos) y con una mortalidad del 2-20% según los territorios.

Una vez diagnosticada la difteria, el tratamiento con antibióticos y, en su caso, con la antitoxina diftérica debe empezar de inmediato. A partir de cierto punto es irreversible.

La difteria puede ser leve o grave. Algunas personas pueden no tener síntomas o ser simplemente transmisoras, mientras que en otras la enfermedad puede empeorar lentamente (un ejemplo más del poliformismo humano del que hemos hablado. La recuperación de la enfermedad es lenta. La complicación más común es la inflamación del músculo cardíaco (miocarditis). El sistema nervioso puede verse afectado en forma grave y frecuente, lo que puede ocasionar parálisis temporal.

La forma más efectiva de control ante la difteria es mantener el más alto nivel de vacunación en la comunidad. Otros métodos de control incluyen el pronto tratamiento de casos y mantener un programa de vigilancia epidemiológica. Cualquiera que tenga contacto con una persona con difteria debería ser examinada en busca de la bacteria y tratada con antibióticos. En España, y en la mayoría de países, la difteria está en la lista de enfermedades de declaración obligatoria.

La introducción de la vacuna antidiftérica implicó una fortísima disminución de la incidencia de esta enfermedad, hasta prácticamente su desaparición en muy pocos años. Podemos observarlo claramente en la siguiente figura, en la que se muestra la curva de mortalidad por 100.000 habitantes en Nueva York e Inglaterra y Gales. Antes de 1930 en Nueva York morían alrededor de 40 personas por cada 100.000 habitantes; a partir de 1930, cuando se había alcanzado una inmunización del 50% de los niños, la mortalidad disminuyó rapidísimamente hasta situarse en alrededor de 0,1 por 100.000 en 1940 (la escala de la ordenada de la gráfica es logarítmica). De forma similar, en Inglaterra y Gales la mortalidad por difteria de cerca de 60 por 100.000 antes en 1940, el año en que se alcanzó por primera vez una vacunación del 50% de los niños, disminuyó al 0.01 por 100.000 en la década de los 50. Como comentó Sir McFalarne Burnett, unas 20.000 personas dejaron de morir anualmente.

¿Desde cuándo se vacuna en España contra la difteria? Aunque la se inició en 1945, las campañas masivas de vacunación combinada comenzaron en 1965 mediante dos campañas anuales, junto a la vacunación antipoliomielítica oral, destinadas a los niños que tenían entre tres meses y tres años. En 1967 se decidió añadir una tercera dosis.

¿Está la población española correctamente inmunizada contra ella? En torno al 95% de los niños están correctamente protegidos. La incidencia (no la mortalidad) media anual de difteria en España era de casi 1.000 casos por 100.000 habitantes en 1941. A partir de entonces, gracias a las campañas de vacunación, los casos se fueron reduciendo. En 1987 se registró el último caso. El de Olot de mediados de 2015 fue el primero desde entonces.

Según la OMS, más del 83% de los niños de todo el mundo están correctamente vacunados, lo que salva anualmente unas 2,5 millones de vidas. En 1943, se dieron un millón de casos de difteria y 50.000 muertes solo en Europa. En cambio, en 2013, hubo 3.300 muertes en todo el mundo.

3. ¿Quiénes formaron parte de los primeros movimientos antivacunas?

En Inglaterra, ya desde la época de Jenner, siempre ha existido en determinados sectores sociales una reacción contraria a las vacunas. Fueron muy reacios a la novedad inicialmente. No sólo en Inglaterra sino en el mundo anglosajón en general. En Estados Unidos, ya en el siglo XX, también han sido importantes los movimientos antivacunación. Muchos de los grupos opositores que han surgido en España en estas últimas décadas tienen sus orígenes en movimientos anglosajones, en grupos afines de Estados Unidos e Inglaterra. Suele ir por épocas. En los años ochenta del pasado siglo también hubo en nuestro país grupos de personas partidarias de no vacunarse.

Así, pues, de entrada, nuestro asunto fue controvertido y, precisamente, en el país donde nació el concepto fue donde nació también la oposición a la vacunación. Las revistas generales inglesas de la época, Punch [5] por ejemplo, estaban llenas de dibujos satíricos contra la “teoría” de la vacunación de Jenner. En algunos de esos dibujos se ven personas a las que les salen cuernos de vacas. Empero, ya hemos hablado de ello, uno de los colectivos que vio más rápidamente su efectividad y que fueron, a un tiempo, grandes difusores de la vacunación, fueron los científicos españoles de aquellos años.

Curiosamente, algunas décadas antes de Jenner el príncipe heredero británico fue “vacunado” según un método turco traído por el embajador de Gran Bretaña en el Imperio Otomano. Por supuesto: antes de inmunizar al príncipe, como medida empírica de seguridad, se “vacunó” a los criados de la corte. Las desigualdades sociales también irrumpieron en el ámbito de la vacunación.

Suele afirmarse que las personas, familias y asociaciones que mantienen posiciones críticas frente a la vacunación se ubican, en general, en posiciones progresistas de izquierda. No es así o, cuanto menos, no siempre es así. Michelle Bachmann, la que fuera aspirante a la candidatura del partido republicano a la presidencia de los EEUU en 2012, es contraria a la vacunación. Realiza un tenaz proselitismo en estos temas y de progresista -en el buen sentido de la palabra y del concepto- tiene bien poco. Es partidaria del creacionismo o del diseño inteligente y de su enseñanza, en pie de igualdad, con el darwinismo (o incluso en posición preferente) en las escuelas e institutos públicos y privados. Gran parte de la derecha conservadora y reaccionaria de EEUU, como es sabido, mantiene estas posiciones.

Sorprende que grupos críticos de la vacunación se consideren en nuestro país progresistas, entendiendo por “progresista” un ciudadano partidario de la racionalidad científica y defensor del bienestar público, la justicia social y el avance del conocimiento. La no vacunación no abona ni está relacionada con ningún sendero que nos aproxime a estas deseables finalidades.

4. ¿Cómo defienden su posición las personas contrarias a las vacunas y a la vacunación?

Las razones son variadas, no son unánimes ni homogéneas.

En el mundo anglosajón, el pensamiento antivacunas suele alimentarse de la incorrecta creencia de que la vacunación no es natural, que es un proceso artificial, y que hay que dejar que las enfermedades infecciosas sigan su curso espontáneo. Hay que defenderse de ellas siempre de manera natural. Admitamos ese criterio por un momento. Si obráramos así, pondríamos en peligro -morirían de hecho- a millones de personas en todo el mundo.

Vacunando, dicen otros colectivos (otro de los argumentos “críticos” esgrimidos), no seleccionamos y estamos haciendo más débil a la población. La consideración es errónea, además de merecer calificativos morales y filosóficos más contundentes. Por más epidemias que haya sufrido la población humana nunca se ha hecho resistente a la peste, a la viruela o a la gripe de forma natural. En toda epidemia siempre hay gente que muere y hay gente que no; cualquiera que lea literatura médica puede comprobarlo.

Desde un punto de vista estrictamente científico, desde el marco conceptual en el que se mueve la ciencia médica, no hay ninguna razón admisible contra la vacunación. Podemos analizar con más detalle el tema riesgo-beneficio al que antes aludíamos. Es evidente que, en general, todo tiene un riesgo y un beneficio. Aquí, en el caso de la vacunación, el balance sobre riesgos y beneficios no ofrece discusión: son indudables sus beneficios.

Cuando uno de nosotros [ERF] hacía medicina en urgencias, algunos niños se morían de ahogo y había que hacerles una traqueotomía cuando tenían difteria. Los niños que tenían tos ferina se pasaban meses con enormes sufrimientos. No sólo eso. Estaban también las epidemias de tifus (los tifus eran entonces muy corrientes). Todo eso, afortunadamente, ha desaparecido en la práctica de la medicina actual. La vacunación ha sido, pocos médicos podrían negarlo, el arma más potente que hemos tenido para prevenir enfermedades, sobre todo entre los sectores más pobres de población que no han tenido acceso a condiciones sanitarias adecuadas, tanto en los países ricos (con grandes desigualdades sociales) como en los países pobres o empobrecidos. Sin ninguna duda, sin que exista ni puede existir alguna incertidumbre en este asunto.

Las vacunas son, por otra parte, más efectivas que los medicamentos. Desde que existen los antibióticos, una difteria, una tosferina, puede tratarse con ellos, pero es muchísimo más efectivo tener a la población vacunada. Hemos conseguido de este modo que prácticamente no tengamos ningún caso de las enfermedades señaladas.

La argumentación que esgrimen los grupos que están en contra de la vacunación no tiene nada que ver, a pesar de retóricas engañosas, con una explicación rigurosa y precisa que tenga fundamento científico o que parta o acepte la lógica de la metodología científica. Puede responder en algunos casos, no afirmamos siempre, a motivaciones emocionales, religiosas, etc. Entre los testigos de Jehová por ejemplo, aunque se deje libertad a sus miembros para vacunarse, existen grupos que no se vacunan.

Hay colectivos que sostienen incluso que las vacunas son una abominación, una práctica diabólica. Con este tipo de consideraciones nos ayudamos poco. Su lejanía de cualquier marco de saber sólido y documentado es más que evidente.

Por lo general, cualquier medicamento puede tener más reacciones negativas que las vacunas. Cuando tomamos un analgésico, un antibiótico o un antiepiléptico podemos tener potencialmente una frecuencia mayor de reacciones adversas. En el caso de los medicamentos acostumbran a ser de alrededor un 5% del conjunto de tratamientos; en el de las vacunas estamos hablando de reacciones leves por diez mil o incluso por 100.000 vacunaciones.

Que algunas familias no vacunen a sus hijos puede tener repercusiones negativas en el conjunto de la sociedad. Por debajo de cierta proporción de población vacunada, como hemos comentado, la incidencia de determinadas enfermedades infecciosas aumenta entre la fracción de población no vacunada. Esto se constató muy bien en 2011. En el primer cuatrimestre se incrementó entre 5 y 10 veces la incidencia de varias patologías infecciosas -especialmente tos ferina, etc-, debido a la opción de no vacunarse de determinadas franjas de población.

Como hemos comentado, hemos vivido recientemente un caso trágico de difteria en Cataluña, una “mort petita [una muerte pequeña]” que muestra que aunque el porcentaje de personas no vacunadas no sea muy elevado, si el grupo está muy concentrado en un área determinada, puede representar un grave peligro para ellos mismos y, también, para la comunidad en general.

¿Por qué entonces hay personas que no se vacunan y no enferman? La respuesta está relacionada con una ecuación matemática, con unos algoritmos que los epidemiólogos establecen con gran precisión. Cuando la cantidad de personas vacunadas contra una enfermedad alcanza una cifra determinada, que variará según el tipo de epidemia y el vector que la transmite, el éxito y la protección pueden alcanzarse. Así se observa claramente en la figura de la curva de mortalidad de la difteria que hemos mostrado anteriormente. Cuando se inmunizó a un 50% de los niños (tanto en Nueva York como años después en Inglaterra y Gales) cayó abruptamente la mortalidad por esta afección. A partir de un determinado nivel (que es variable) de población vacunada el riesgo de infección es prácticamente nulo.

Los grupos contrarios a la vacunación también arguyen en ocasiones que este tipo de enfermedades desaparecen solas, que la población se inmuniza de forma natural. No tiene ningún fundamente esa afirmación. La epidemiología muestra las oscilaciones periódicas de incidencia y la persistencia de las enfermedades infecciosas, cómo desaparecen en las poblaciones vacunadas y cómo persisten en aquellas que no lo han sido.

Hay más argumentos, muchos más. No queremos agotar a los lectores.

Abríamos el libro del Topo con esta cita de Paul de Kruif:

El día 1 de febrero de 1894, Roux, el del tórax estrecho, cara de halcón y gorro negro, entraba en la sala de diftéricos del hospital de niños llevando frascos de su suero ambarino y milagroso. En el despacho del Instituto de la calle Dutot, con un brillo en los ojos que hacía olvidar a sus deudos que estaba condenado a muerte, permanecía sentado un hombre paralítico que quería saber, antes de morir, si uno de sus discípulos había conseguido extirpar otra plaga; era Pasteur, en espera de noticias de Roux. Y en todo París, los padres y las madres de los niños atacados rezaban para que Roux se diese prisa, conociendo ya las curas maravillosas del doctor Behring, que al decir de las gentes casi resucitaba a los niños, y Roux se imaginaba a todas aquellas personas elevando hacia él sus manos implorantes.

Eduard Rodríguez Farré y Salvador López Arnal Rebelión

Este artículo ha sido respondido críticamente aquí.

Eduard Rodríguez Farré y Salvador López Arnal Rebelión

Este artículo ha sido respondido críticamente aquí.

No es necesario que recemos ni que elevemos nuestras manos implorantes. Basta con que cumplamos nuestros deberes cívicos más elementales y pensemos en la comunidad. No es justo beneficiarnos del buen hacer de otros, un buen hacer que compense nuestro muy mal hacer sin causas ni razones justificadas e informadas.

Notas:

1) El País-Cat, 20 de julio de 2018, p. 1. https://elpais.com/ccaa/2018/07/19/catalunya/1531995619_384425.html

2 ) Eduard Rodríguez Farré y SLA, Vacunas, ¿sí o no? Preguntas (y respuestas) más frecuentes , Vilassar de mar (Barcelona), El Viejo Topo, 2015.

3) De exantema, una erupción de color rojizo que va precedida o acompañada de calentura, producida por un germen transmitido por el piojo corporal.

4) Un fómite es cualquier objeto carente de vida o sustancia que es capaz de transportar organismos infecciosos –bacterias, virus, hongos, parásitos- desde un individuo a otro. Células de la piel, pelo, vestiduras y sábanas son fuentes de contaminación en hospitales. Los fómites están asociados con las infecciones relacionadas con la atención de salud (iaas, por sus siglas), las antiguamente conocidas como infecciones intrahospitalarias.

5) Revista británica de humor y sátira publicada entre 1841 y 1992 y, posteriormente, de 1996 a 2002. Fue fundada el 17 de julio de 1841 por Henry Mayhew y el grabador Ebenezer Landells.

martes, 14 de agosto de 2018

Héroes de la ciencia española


No están todos los que son, pero estos son algunos de los referentes de la exitosa producción científica hecha en España. Más allá de problemas enquistados como la falta de inversión en la investigación, el desarrollo y la innovación, reunimos a destacados protagonistas del ‘milagro’ que logran contra pronóstico cientos de miles de investigadores.

POCOS DISCUTEN hoy el papel decisivo que la ciencia está desempeñando y habrá de desempeñar en el próximo futuro para que las naciones logren salir de la crisis y alcanzar niveles adecuados de progreso y bienestar (…). Sobre España no pesa ninguna maldición histó­rica que nos impida participar, junto con el resto de países industria­lizados, en el vertiginoso cambio tecnológico que se desarrolla ante nuestros ojos”.

Son palabras que podría haber escrito hoy cualquiera de los 126.633 científicos que, según el INE, trabajan en España. O de los entre 15.000 y 20.000 que investigan fuera del país, según estiman diversos cálculos. Y sin embargo las escribió en 1985 José María Maravall, entonces ministro de Educación y Ciencia, en la revista Mundo Científico.

Lo que más me llama la atención cuando hablamos de la ciencia en España es que llevamos más de 30 años con el mismo diagnóstico en la mano”. La reflexión es del austriaco Peter Klatt, vicedirector del Centro Nacional de Biotecnología (CNB). Klatt lleva 21 años investigando y gestionando ciencia en España, y ha sido asesor del ministerio del ramo en la etapa de Cristina Garmendia (2008-2011). El resto del extenso artículo de Maravall se dedicaba a desgranar las dificultades que sigue sufriendo la ciencia española hoy (escasez de recursos, problemas de contratación de personal, trabas burocráticas, falta de autonomía de las instituciones) y concluye asegurando que la inversión en ciencia e innovación es “pura cuestión de supervivencia del país”. “Al hablar de esto otra vez me siento como un hámster en una rueda”, reflexiona Klatt.

Treinta años con el mismo diagnóstico, 30 años con las soluciones a la vista, 30 años con el enfermo en estado terminal y 30 años con científicos extraordinarios que tiran de vocación, imaginación y tiempo robado a la vida personal para mantener a España en el sueño de que, algún día, las cosas podrían cambiar.

Es necesario que la idea de que la ciencia es el motor de la economía en el mundo moderno prenda en la sociedad”, dice Carlos Matute, director del Centro Achucarro para la Neurociencia en Bilbao. “Invertir en ciencia es invertir en el futuro económico del país”.

La ciencia no es un capricho de países ricos. Es más bien al revés: los países se hacen ricos porque su sistema productivo prima la innovación. Los 10 del mundo más innovadores son también los que muestran mayores niveles de bienestar, según el Índice de Innovación de Bloomberg. Todos tienen en común que invierten de media entre el 2% y el 3% de su PIB en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i). España apenas supera el 1%. “La ciencia y la tecnología han conseguido que Estados Unidos sea el mejor país sobre la Tierra”, dijo en 2016 su entonces presidente, Barack Obama. Ese esfuerzo inversor, del 2,8% del PIB, es responsable directo de más de la mitad del ­desarrollo económico de Estados Unidos desde la II Guerra Mundial.

Según un informe de 2012 del Círculo Cívico de Opinión, si España hubiera invertido desde 1970 en I+D el mismo porcentaje que el resto de países de la OCDE, en el año 2005 habríamos sido, por cabeza, un 20% más ricos.

Un país de espaldas a la investigación. Nadie sabe de dónde procede la idea de que España no es un país de ciencia. Pero ese tópico pesa como una losa desde que Miguel de Unamuno escribió a José Ortega y Gasset una carta en 1906 en la que se confesaba “anti­europeo”, y añadía: “¿Que ellos inventan cosas?, invéntenlas”. La división desgraciada entre ciencias y letras ha llevado a gran parte de la población a pensar que la ciencia no es cultura, y el escaso interés de muchos profesionales y autoridades para transmitir los logros de la I+D ha mantenido a los investigadores en una especie de torre de marfil del imaginario popular, aislados, inalcanzables, encerrados en sus laboratorios, con sus batas blancas y sus placas de Petri.

“Somos creadores, intelectuales, la investigación es creación”, se revuelve la bioquímica y bióloga Ángela Nieto. Ella ha sido una de las elegidas por El País Semanal para mostrar la fuerza y la grandeza de la ciencia española, a menudo escondida en los medios bajo banderas, declaraciones políticas, sucesos y goles. Son todos los que están, pero, desde luego, no están todos los que son. Cientos de miles de personas acuden cada día a un centro de investigación o una universidad para tratar de avanzar en el conocimiento de nuestro organismo, nuestros orígenes, nuestro comportamiento, los fenómenos físicos que nos rodean, el planeta que estamos destrozando, las galaxias y los fondos marinos que querríamos explorar. Si algún día descubrimos la cura contra el cáncer o que no estamos solos en el universo, será gracias a ellos.Esta profesión es, según datos de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, la segunda más valorada en España, solo por detrás de los médicos. A continuación se sitúan profesores e ingenieros. Pero solo el 16% de los españoles se muestran interesados por la ciencia y la tecnología, y de los no interesados, el 33% aseguran que es porque no la entienden. Casi la mitad de los españoles, el 44%, consideran su formación al respecto “baja o muy baja”, según la misma fuente.

“Los ciudadanos deben comprender que todo aquello que señalan como su principal preocupación en las encuestas, como la salud, la conservación del medio ambiente o incluso el paro, tiene su respuesta en la ­inversión en conocimiento. Hay que explicar a los ciudadanos que apoyar la ciencia es bueno para ellos, que no es una reivindicación corporativista. Si esto ocurre, la ciencia tendrá influencia en los resultados electorales”, explica Garmendia.

El déficit acumulado en el sistema español de innovación es de 20.000 millones de euros desde 2009, “a causa de la sucesión de recortes presupuestarios encadenados desde ese año”, que fue el momento de mayor financiación de la ciencia, explica en un documento la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE). Mientras la UE destinaba a I+D un 27,4% más en cinco años, en España recortábamos un 9,1%. Invertimos en ciencia menos que hace 10 años, un 1,19% del PIB, lejísimos de la media de la UE, que está ya en el 2,03%. Y en 2016, el Gobierno dejó sin gastar el 67% de ese ya disminuido presupuesto, según la COSCE.

“Es hasta comprensible que pisásemos el freno en un primer momento, cuando Europa nos imponía ajustes, pero el hecho de que siguieran haciéndose recortes cuando la economía empezaba a recuperarse demuestra que no se confiaba en la ciencia, que se esperaba crecer de otra manera, que yo desconozco”, reflexiona la exministra Garmendia.

Pero el problema de la ciencia no es solo de escasez de recursos. Lo que está ahogando ahora mismo a los organismos públicos de investigación es la burocracia, excesiva e interminable, sobre todo desde que, en 2014, el Ministerio de Hacienda impuso la intervención previa de organismos públicos, incluidos los de investigación. Hay ejemplos a decenas y son sangrantes. Francisco Sánchez, del Instituto Español de Oceanografía (IEO), describe la situación como “dantesca”. “Plantear cualquier pequeña compra o hacer un contrato es una pesadilla. Da igual que la financiación esté o no esté, la mayor parte del trabajo es mover papeles. La labor de la ciencia es sostener todo el aparato burocrático asociado a ella”, resume, explicando, por ejemplo, que ha tardado dos años para contratar a una persona, “y no siempre con el perfil concreto que necesitábamos”, añade por su parte Peter Klatt. “Estamos pagando a científicos altamente cualificados para que pierdan una cantidad ingente de tiempo con trámites burocráticos y problemas administrativos”, resume. Los centros tienen restringida la contratación indefinida desde 2012, y eso ha llevado a muchos gestores a concatenar contratos temporales como si fueran indefinidos. Y así, los tribunales han obligado a readmitir o a indemnizar a 242 trabajadores de los organismos públicos de investigación entre 2013 y 2017.

Los investigadores españoles creen que también hay que redefinir la carrera científica para que resulte clara y atractiva para los jóvenes, renovar las plantillas, reducir la endogamia, comprar tecnología de frontera que nos permita hacer también ciencia de frontera, crear las condiciones para atraer el talento internacional, mejorar la transferencia de la investigación básica a la práctica clínica, la relación con las empresas y el mecenazgo, y que se tomen decisiones políticas científicamente informadas.

Hasta hace unas semanas, estas reivindicaciones eran ignoradas. Ahora, por primera vez desde 2011, hay un ministerio dedicado a la ciencia y la innovación, y un ministro, conocido por la sociedad y reconocido por los investigadores, que puede revertir la situación. “¿Que qué le pido a Pedro Duque? Que escuche”, resume Félix de Moya. Y el ministro asegura que está escuchando.

https://elpais.com/elpais/2018/07/16/eps/1531763162_319492.html

sábado, 14 de julio de 2018

Carlo Rovelli: “La diferencia entre pasado y futuro es un juego”. Experto en gravedad cuántica de bucles, el físico y reputado divulgador publica 'El orden del tiempo', un ensayo en el que aborda uno de los grandes misterios de la humanidad.

Carlo Rovelli (Verona, 1956) es más que un divulgador científico. Primero, porque es un físico de primera línea, uno de los fundadores de la llamada “gravedad cuántica de bucles”. Y segundo, porque la suya es una divulgación que podríamos llamar lírica.

Sus libros son auténticos ensayos poéticos y filosóficos, donde desvela los arcanos de la ciencia al profano entre citas de Marcel Proust y Grateful Dead. En el último, El orden del tiempo (Anagrama), aborda uno de los grandes misterios de la humanidad.

Rovelli nos recibe en un apartamento sobre la legendaria librería Shakespeare and Co., cedido por la propia librería, donde se aloja durante unos días en París. Para alguien que permanentemente conecta la literatura con la física no es un mal lugar.

PREGUNTA. ¿Disponemos de las palabras adecuadas para explicar las complejidades de la física?

RESPUESTA. No, y este es el problema. Pero toda la historia de la cultura consiste en aprender a decir cosas que éramos incapaces de decir. En el libro hablo del texto de la Antigüedad que dice que “abajo está arriba y arriba está abajo”. El autor se está peleando con las palabras para decir que la Tierra era redonda, y que arriba y abajo significaban cosas distintas en función de donde esté.

P. Su libro sugiere que nuestro lenguaje se fundamenta en ilusiones: arriba y abajo, de pasado y futuro. ¿No habría que inventar otro lenguaje?
R. No podemos salirnos del lenguaje, estamos dentro de él. Hay que hacerlo con lo que tenemos. Y el lenguaje cambia: palabras nuevas, significados nuevos. “Quien dice que la ciencia quiere llegar a una descripción final del mundo no la ha entendido bien”

P. El arriba y abajo ya lo hemos entendido. Pero ¿y el ahora?
R. El ahora es local y no global. Y esto es difícil digerirlo.

P. El ahora de usted, en este momento mismo, es una pequeña fracción de tiempo diferente del mío.
R. Así es. Pero a esta distancia la diferencia es negligible. A otra más grande no. Cuando los humanos comiencen a viajar en el espacio, cuando tengamos la costumbre de que mi padre se marche de viaje y él vuelva y yo sea viejo y él tenga la misma edad, entonces cambiará la manera de ver el tiempo. Veremos que no tiene sentido decir “¿qué hace papá ahora?” si está muy muy lejos. No significa nada.

P. ¿Por qué usted sería más viejo que su padre?
R. Estamos acostumbrados a ver que el tiempo transcurre a la misma velocidad en todos los lugares del mundo. Si mi padre tiene 25 años más que yo, siempre tendrá 25 años más. Pero esta concordancia sólo se debe a que vivimos en el mismo lugar y no viajamos demasiado rápido: en general, el tiempo transcurre a velocidades distintas en lugares distintos y según lo rápido que viajemos. Si mi padre viaja muy rápido, el tiempo pasa más lento para él y envejece más lentamente que yo. Así que cuando él todavía sea joven podrá reencontrarse conmigo cuando yo ya sea viejo. Estas distorsiones del tiempo, previstas por la teoría de la relatividad, se observan hoy rutinariamente en los laboratorios.

P. ¿Qué significa la frase de Anaximandro que da título a su libro?
R. La frase completa dice: “Las cosas se transforman una en otra según necesidad y se hacen mutuamente justicia según el orden del tiempo”. Ahí está la idea de entender el mundo en su evolución, su cambio. Pero lo que quería decir exactamente no lo sé. Incluso la traducción exacta de la palabra griega “orden” puede ser diferente.

P. No existe el tiempo, sino el cambio.
R. Sí, pero la ausencia de tiempo no quiere decir que todo esté congelado y bloqueado. Esto no es la ausencia del tiempo, sino la glorificación del tiempo. Si nada cambia, el tiempo pasa y las cosas siguen iguales, y el tiempo está separado de las cosas.

P. ¿Es lo que Newton decía?
R. Mientras la teoría de Newton funcionó bien, adoptamos todos la idea del tiempo externo que pasaba. Pero ha mostrado sus límites. Mercurio no gira en torno al Sol según las ecuaciones de Newton. Y cuando intentamos mejorarla, con la teoría de Einstein, nos damos cuenta de que este tiempo absoluto y fijo no es un buen instrumento para entender el mundo. Así que volvemos a la idea prenewtoniana de un tiempo que es cambio. “Cuando los humanos comiencen a viajar al espacio, cambiará la manera de ver el tiempo”

P. ¿Aristóteles?
R. Sí. La realidad es cambio, son cosas que ocurren, y medir esto es el tiempo. Es distinto del tiempo universal y absoluto, que es matemático y es el mismo para todo el mundo. Aristóteles dice: hay cosas que ocurren —el Sol en torno a la Tierra, por ejemplo— y yo mido: una, dos, tres vueltas. Y esto es el tiempo: medir el tiempo.

P. Cuando las cosas cambian, hay un pasado, un presente y un futuro.
R. Las cosas cambian, así que hay una distinción entre el antes y el después. Pero todas las ecuaciones que hemos descubierto y que describen este cambio no diferencian entre pasado y futuro. Si algo puede ocurrir así [Rovelli dibuja con el gesto una flecha imaginaria en una dirección], también pueden ocurrir así [Rovelli dibuja con el gesto una flecha imaginaria en la dirección opuesta]. El problema que sigue abierto es de dónde viene la diferencia entre pasado y futuro: por qué las dos direcciones no son iguales. Parece evidente que el pasado es diferente del futuro: el pasado lo conocemos, el futuro no. Pero cuando miramos de cerca, esta diferencia parece desaparecer.

P. ¿Podríamos acordarnos del futuro? El sentido común dice que no.
R. El sentido común está basado en el hecho de que tenemos mucha información sobre el pasado y muy poca sobre el futuro. Si nos fijamos bien, es más complicado: hay muchas cosas del pasado que no conocemos y otras de futuro que sí. Lo que ocurre es que el pasado es más conocido que el futuro. Y la razón tiene que ver con el orden y el desorden, con esta extraña propiedad de las cosas en el pasado que parecen haber sido más ordenadas: la entropía. Y esto es lo que nos permite tener más información sobre el pasado: hay rastro, memoria. Pero nos preguntamos por qué en la dirección de lo que llamamos pasado hay orden, y no lo sabemos. La idea que abordo en el libro es que este orden en el pasado no está en el mundo, sino en nuestra mirada. La diferencia entre pasado y futuro es un juego entre el mundo y nosotros. No es que el mundo sea así: es un juego, como la rotación del cielo, en el que de lo que se trata no es del cielo, sino del juego entre nosotros y el cielo. “Nos interesa la apertura de espíritu, saber que hay cosas que no conocemos aún y descubrirlas”

P. Para entender el tiempo, ¿habría que hacer más neurociencia que física?
R. Gran parte de la confusión es que mezclamos las cosas, proyectamos en la física cosas que no le corresponden. Esto es azul, esto es rojo: el espacio de colores lo conocemos bien. Rojo, azul y amarillo. Pero no tiene nada que ver con el mundo: son nuestros ojos, que tienen tres tipos de receptores diferentes. El mundo no está coloreado en rojo, azul, amarillo. Es decir, lo hemos entendido todo sobre el color y su estructura, pero no como propiedad del mundo, sino como propiedad de nuestros ojos.

P. ¿Y esto vale para el tiempo?
R. Es similar. Hay que separar lo que es la física fundamental y lo que son nuestros ojos y nuestro cerebro.

P. ¿Hay una verdad detrás del velo de la subjetividad, de las ilusiones?
R. La pregunta sobre la verdad final detrás de todos los velos no es una buena pregunta y a fin de cuentas no nos interesa. Lo que nos interesa es la apertura de espíritu, saber que hay muchas cosas que no conocemos aún y descubrirlas. Después, en cada momento de nuestra vida, nuestra historia y nuestra cultura, intentamos organizar de la mejor manera posible nuestra comprensión del mundo. Y nunca es definitivo. Quizá es porque soy cada vez más viejo, pero la idea de “dónde está la verdad final” la encuentro cada vez menos interesante.

P. Pero ¿la ciencia no tiene por objetivo precisamente intentar llegar a esta verdad?
R. La ciencia es la respuesta a la curiosidad que se abre ante nosotros. Quien dice que la ciencia quiere llegar a una descripción final del mundo no la ha entendido bien. Casi es lo contrario. La ciencia ha sido siempre la reacción en contra de la idea de que tenemos la verdad final, plantearse siempre preguntas. Buscar la verdad final es una manera de bloquear las preguntas.

El orden del tiempo. Carlo Rovelli. Traducción de Francisco José Ramos Mena. Anagrama, 2018. 182 páginas. 16,90 euros.

EL SECRETO ES ENTENDER, EXPLICAR, NO ABURRIR

Carlo Rovelli: “La diferencia entre pasado y futuro es un juego”

JAVIER SAMPEDRO

Que un libro de ciencia se traduzca a 40 idiomas y se venda como churros es un fenómeno extraordinario. Eso es lo que ocurrió con Siete breves lecciones de física, el anterior libro de Carlo Rovelli, y la razón de las expectativas sobre su recién editado El orden del tiempo (ambos en Anagrama).
¿A qué se debe este frenesí lector sobre algunas de las cuestiones más endiabladamente difíciles del conocimiento humano?
Sobre el papel, la divulgación científica se cimienta en tres puntales muy simples: entender, explicar y no aburrir. Pero la vida real no discurre sobre un papel, y hacer bien esas tres cosas resulta extraordinariamente difícil. Rovelli alcanza la excelencia en todas ellas. Como otros grandes divulgadores contemporáneos —Brian Greene, Lawrence Krauss, Sean Carroll—, es un destacado físico teórico, una subespecie humana dedicada en cuerpo y alma a entender los estratos más profundos de la realidad, a bregar con sus paradojas, guerrear con sus contradicciones, hallar una luz al final del túnel de sus misterios. Son gente acostumbrada a pensar con una profundidad pe­netrante y fértil. Gente especializada en entender lo más difícil.

Quizá son los otros dos puntos —explicar y no aburrir— los que hacen más especial aún a Rovelli. Porque a la claridad imprescindible en este negocio, el físico veronés añade una voluntad literaria, una vis casi poética, que convierte sus libros en unos objetos raros y preciosos, unas obras poco comunes en el género de la popularización científica. Su transparencia expositiva se basa a menudo en brillantes metáforas, en imágenes reveladoras y en una intuición aguda de lo que necesitamos los lectores para enfrentarnos al vértigo metafísico que nos plantea la física actual. Y, desde luego, no aburre nunca. No hay en su libro un solo párrafo, ni una sola frase, que no contenga un ángulo interesante, una paradoja desconcertante, una explicación luminosa.

Einstein hizo una advertencia esencial sobre los libros de ciencia para el lector general: “Hay que simplificar todo lo posible, pero ni un milímetro más”. Este es quizás el equilibrio más delicado que debe practicar un escritor científico. En toda su inextricable complejidad, la ciencia es incomprensible para el lector general (por eso los científicos pasan toda su vida formándose). Es imprescindible, por tanto, simplificar la cuestión, pero sin hacerlo hasta tal extremo que el resultado sea una caricatura o, peor aún, una mentira. Rovelli es un maestro en sostenerse sobre ese filo cortante y salir indemne.

“Quizás una de las raíces profundas de la ciencia sea también la poesía: saber ver más allá de lo visible”, escribe Rovelli. Vean también cómo describe al descubridor de la entropía, Ludwig Boltzmann: “Hombre de corazón tierno que oscila entre la exaltación y la depresión. Bajo, robusto, de cabello oscuro y rizado, su novia lo llamaba ‘mi dulce y querido gordinflón”. O la paradoja central que vertebra el libro: “La diferencia entre pasado y futuro —entre causa y efecto, entre memoria y esperanza, entre remordimiento e intención— no existe en las leyes elementales que describen los mecanismos del mundo”. Este estilo no cuadra con el cliché del sabio bondadoso y despistado que solo sabe expresarse mediante ecuaciones.

https://elpais.com/cultura/2018/06/27/babelia/1530115711_759225.html

martes, 10 de julio de 2018

El español que alarga la vida. El equipo de Álvaro Fernández logra aumentar un 10% la longevidad de unos ratones en EE UU.

El biólogo Álvaro Fernández recuerda cómo controló su alegría cuando empezó a ver que sus ratones, un centenar de ejemplares de color negro, empezaban a vivir más de lo normal. Su primera reacción fue de cautela, pero su primera impresión se confirma hoy. Sus roedores, custodiados en las instalaciones de la Universidad de Texas, en la ciudad estadounidense de Dallas, vivieron un 10% más. Y con más salud. Solo el 13% sufrió un cáncer, frente al 32% habitual. Sus resultados se publican hoy en la prestigiosa revista científica Nature.

La clave, explica Fernández, es la autofagia, el sistema de reciclaje de las células. El japonés Yoshinori Ohsumi ganó el premio Nobel de Medicina en 2016 por descubrir los mecanismos de este proceso, mediante el cual una célula destruye sustancias nocivas y aprovecha sus componentes. Esta maquinaria celular sirve como sistema de control de calidad para eliminar moléculas defectuosas que surgen de manera natural con el envejecimiento. Y la célula también emplea la autofagia para suprimir virus y microbios invasores.

El equipo de Álvaro Fernández —encabezado por él y por la francesa Salwa Sebti— ha introducido en los ratones una mutación genética que provoca un ínfimo cambio en la estructura de una proteína esencial para la autofagia, la beclina 1. “Es como cambiar un poco la curva de la ficha de un puzle”, explica Fernández, nacido en Gijón en 1987. El nuevo relieve es insignificante, pero suficiente para impedir que la proteína se una a otra, la BCL2, que entorpece el proceso. Como resultado, el reciclaje —la autofagia— aumenta en todas las células del cuerpo.

Los investigadores, con cautela, sugieren que la activación de este mecanismo podría ser “una manera efectiva y segura” de “fomentar la esperanza de vida con salud de los mamíferos”. El equipo de Fernández, dirigido por la médica estadounidense Beth Levine, busca ahora un posible fármaco prodigioso que consiga el mismo efecto que la modificación genética y alargue la vida con salud de los ratones. Después habría que intentar saltar el abismo que separa a los roedores de los humanos. La propia Levine ya demostró en 2003 que un cambio genético similar extendía la vida en unos gusanos. El brinco al ratón ha durado 15 años.

“Lo que buscábamos con este ratón no era solo comprobar si aumentando la autofagia podíamos extender la vida, sino también comprobar si puede resultar en una vida más saludable. No sólo vivir más, sino vivir mejor”, resume Fernández. Su trabajo muestra, además de una reducción drástica de los tumores, menos efectos del envejecimiento en el corazón y en los riñones.

La bióloga Patricia Boya, presidenta de la Sociedad Española de Autofagia, aplaude la “fenomenal” aportación del equipo de Fernández en EE UU, pero pide cautela a la hora de interpretar los resultados. “No sabemos muy bien qué pasa cuando se aumenta mucho la autofagia ni qué efectos secundarios puede tener”, advierte.

Boya, del Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC, en Madrid, subraya que el nuevo estudio ha evaluado los efectos de la mutación en el corazón, en los riñones y en otros órganos, pero los autores no han rastreado posibles impactos en el cerebro de los ratones, como pérdidas de memoria o problemas de cognición. El año pasado, en otra investigación, el laboratorio de Beth Levine sí mostró que la misma mutación en la beclina 1 disminuía el deterioro cognitivo de unos modelos de ratón utilizados habitualmente en la investigación del alzhéimer humano.

La neurocientífica Caty Casas, de la Universidad Autónoma de Barcelona, también celebra la creación de los ratones mutados de Álvaro Fernández. “Es un estudio bonito. La clave ahora es ver cómo hacemos para incrementar esa autofagia basal y obtener beneficios”, explica la investigadora, madre del consorcio europeo Transautophagy, dedicado a la investigación del reciclaje celular. Casas recuerda que hay maneras sencillas de aumentar este proceso en las células, sin tener que recurrir a fármacos ni mucho menos a modificaciones genéticas. “Hay quien apunta a que la dieta baja en calorías y el ejercicio físico pueden favorecer esto, pero queda mucho por explorar aún”.

El asturiano Fernández, tras dos años en el Centro de Investigación en Autofagia de la Universidad de Texas, todavía no se ha acostumbrado a los 40 grados de temperatura de Dallas. Pero está entusiasmado con el futuro de su ratón con la autofagia aumentada. Espera, dice, que el roedor “abra las puertas” para que se conozca el auténtico potencial de la autofagia para extender la vida.

https://elpais.com/elpais/2018/05/30/ciencia/1527698626_629049.html

lunes, 9 de julio de 2018

Ser bilingüe no solo mejora las habilidades cognitivas, sino también las sociales

Ser bilingüe tiene varias ventajas obvias.

Aprender más de una lengua nos permite tener nuevas conversaciones y nuevas experiencias.

En años recientes, varias investigaciones desarrolladas por psicólogos han demostrado que existen otras ventajas menos obvias.
Por ejemplo, que los niños bilingües tienen algunos beneficios cognitivos, como una mejor función ejecutiva, algo que ayuda a resolver problemas y otras actividades mentales complejas.

Ahora, dos nuevos estudios demuestran que crecer en un ambiente multilingüe no solo mejora las habilidades cognitivas de los niños, sino también las sociales.

En mi laboratorio de desarrollo psicológico llevamos a cabo un estudio, en colaboración con los psicólogos Boaz Keyzar, Zoe Liberman y Samantha Fan de la Universidad de Chicago, que se publicó el año pasado en la revista Psychological Science, con el que demostramos que los niños multilingües se pueden comunicar mejor que los niños monolingües.

Tomamos a un grupo de niños en Estados Unidos, de 4 a 6 años con diferentes orígenes lingüísticos, y les dimos una actividad en la que tenían que tomar en consideración la perspectiva de alguien más para poder entender qué les quería decir.

Por ejemplo, un adulto le decía al niño: “¡Ah, un auto pequeño! ¿Puedes mover el auto pequeño por mí?” Los niños podían ver tres –pequeño, mediano y grande–, pero estaban situados de tal manera que podían observar que el adulto no podía ver el auto más pequeño. Ya que el adulto solo podía ver el mediano y el grande, cuando decía “pequeño”, se refería al auto que el niño veía como “mediano”.

Encontramos que los niños bilingües se desempeñaron mejor en esta actividad que los niños monolingües. Si lo pensamos, esto tiene sentido intuitivo. Interpretar lo que alguien quiere decir, muchas veces requiere estar atento no solo al contenido, sino al contexto que lo rodea. ¿Qué es lo que mi interlocutor sabe o no sabe? ¿Qué está tratando de expresar? Los niños que viven en ambientes multiculturales cuentan con experiencias sociales para considerar la perspectiva de los otros: tienen que determinar quién habla qué lengua y a quién, quién entiende qué contenido y los lugares y momentos en que se hablan distintas lenguas.

También fue muy interesante encontrar que los niños monolingües que tenían contacto regular con otra lengua tenían el mismo talento que los niños bilingües en esta prueba; por ejemplo, los que tienen abuelos que hablan otro idioma. Al parecer, crecer en un ambiente en el que se hablan muchas lenguas, más que ser bilingüe, es el factor detonante.

Usted se preguntará si nuestros descubrimientos simplemente se pueden tratar de otro ejemplo de las habilidades cognitivas superiores que tienen los niños bilingües. Nosotros también nos preguntamos eso. Así que le dimos a todos los niños una prueba cognitiva estándar para la función ejecutiva. Encontramos que los niños bilingües tenían mejores resultados que los niños monolingües, pero no así los niños monolingües que tienen contacto regular con otra lengua. Estos niños “expuestos” tuvieron resultados similares a los monolingües en las pruebas cognitivas, pero similares a los bilingües en las pruebas de comunicación.

Algo más que las habilidades cognitivas –algo más “social”– debe explicar su facilidad para adoptar la perspectiva del otro.

En un estudio que le da seguimiento al primero, próximo a publicarse en la revista Developmental Science, mis colegas y yo examinamos los efectos de la exposición multicultural en niños más pequeños: bebés de 14 a 16 meses, que apenas hablan. En este estudio, dirigido por Zoe Libermar en colaboración con el profesor Keysar y la psicóloga Amanda Woodward, a los bebés se les enseñan dos versiones del mismo objeto, como un plátano. Una versión la pueden ver tanto el adulto como el bebé; la otra, solo la puede ver el bebé y no es visible para el adulto. Cuando el adulto le pregunta al bebé por “el plátano”, el bebé podría darle cualquiera de los dos objetos –ambos son plátanos– ; sin embargo, si el bebé entendió el contexto social, tomaría más veces el plátano que el adulto sí podía ver.

Observamos que los bebés de ambientes monolingües toman cualquier plátano; en cambio, los bebés con ambientes multilingües, incluyendo a los que están expuestos a una segunda lengua, aunque sea poco, ya han entendido la importancia que tiene poder adoptar la perspectiva del otro para la comunicación: con más frecuencia tomaban el plátano que el adulto podía ver.

Al parecer, la exposición multilingüe ayuda a obtener la habilidad básica de las relaciones interpersonales. Por supuesto, convertirse en alguien totalmente bilingüe o multilingüe no es fácil para todo el mundo. Sin embargo, las mejoras sociales que identificamos parecen surgir por el simple hecho de crecer en un ambiente donde haya contacto con muchas lenguas y no solo por ser bilingüe. Esto puede ser bueno para los padres que no son bilingües, pero desean que sus hijos tengan algunos beneficios del multilingüismo.

Katherine Kinzler es profesora asociada de psicología y desarrollo humano en la Universidad de CornellSer bilingüe tiene varias ventajas obvias. Aprender más de una lengua nos permite tener nuevas conversaciones y nuevas experiencias. En años recientes, varias investigaciones desarrolladas por psicólogos han demostrado que existen otras ventajas menos obvias. Por ejemplo, que los niños bilingües tienen algunos beneficios cognitivos, como una mejor función ejecutiva, algo que ayuda a resolver problemas y otras actividades mentales complejas.

Ahora, dos nuevos estudios demuestran que crecer en un ambiente multilingüe no solo mejora las habilidades cognitivas de los niños, sino también las sociales.

En mi laboratorio de desarrollo psicológico llevamos a cabo un estudio, en colaboración con los psicólogos Boaz Keyzar, Zoe Liberman y Samantha Fan de la Universidad de Chicago, que se publicó el año pasado en la revista Psychological Science, con el que demostramos que los niños multilingües se pueden comunicar mejor que los niños monolingües.

Tomamos a un grupo de niños en Estados Unidos, de 4 a 6 años con diferentes orígenes lingüísticos, y les dimos una actividad en la que tenían que tomar en consideración la perspectiva de alguien más para poder entender qué les quería decir.

Por ejemplo, un adulto le decía al niño: “¡Ah, un auto pequeño! ¿Puedes mover el auto pequeño por mí?” Los niños podían ver tres –pequeño, mediano y grande–, pero estaban situados de tal manera que podían observar que el adulto no podía ver el auto más pequeño. Ya que el adulto solo podía ver el mediano y el grande, cuando decía “pequeño”, se refería al auto que el niño veía como “mediano”.

Encontramos que los niños bilingües se desempeñaron mejor en esta actividad que los niños monolingües. Si lo pensamos, esto tiene sentido intuitivo. Interpretar lo que alguien quiere decir, muchas veces requiere estar atento no solo al contenido, sino al contexto que lo rodea. ¿Qué es lo que mi interlocutor sabe o no sabe? ¿Qué está tratando de expresar? Los niños que viven en ambientes multiculturales cuentan con experiencias sociales para considerar la perspectiva de los otros: tienen que determinar quién habla qué lengua y a quién, quién entiende qué contenido y los lugares y momentos en que se hablan distintas lenguas.

También fue muy interesante encontrar que los niños monolingües que tenían contacto regular con otra lengua tenían el mismo talento que los niños bilingües en esta prueba; por ejemplo, los que tienen abuelos que hablan otro idioma. Al parecer, crecer en un ambiente en el que se hablan muchas lenguas, más que ser bilingüe, es el factor detonante.

Usted se preguntará si nuestros descubrimientos simplemente se pueden tratar de otro ejemplo de las habilidades cognitivas superiores que tienen los niños bilingües. Nosotros también nos preguntamos eso. Así que le dimos a todos los niños una prueba cognitiva estándar para la función ejecutiva. Encontramos que los niños bilingües tenían mejores resultados que los niños monolingües, pero no así los niños monolingües que tienen contacto regular con otra lengua. Estos niños “expuestos” tuvieron resultados similares a los monolingües en las pruebas cognitivas, pero similares a los bilingües en las pruebas de comunicación.

Algo más que las habilidades cognitivas –algo más “social”– debe explicar su facilidad para adoptar la perspectiva del otro.

En un estudio que le da seguimiento al primero, próximo a publicarse en la revista Developmental Science, mis colegas y yo examinamos los efectos de la exposición multicultural en niños más pequeños: bebés de 14 a 16 meses, que apenas hablan. En este estudio, dirigido por Zoe Libermar en colaboración con el profesor Keysar y la psicóloga Amanda Woodward, a los bebés se les enseñan dos versiones del mismo objeto, como un plátano. Una versión la pueden ver tanto el adulto como el bebé; la otra, solo la puede ver el bebé y no es visible para el adulto. Cuando el adulto le pregunta al bebé por “el plátano”, el bebé podría darle cualquiera de los dos objetos –ambos son plátanos– ; sin embargo, si el bebé entendió el contexto social, tomaría más veces el plátano que el adulto sí podía ver.

Observamos que los bebés de ambientes monolingües toman cualquier plátano; en cambio, los bebés con ambientes multilingües, incluyendo a los que están expuestos a una segunda lengua, aunque sea poco, ya han entendido la importancia que tiene poder adoptar la perspectiva del otro para la comunicación: con más frecuencia tomaban el plátano que el adulto podía ver.

Al parecer, la exposición multilingüe ayuda a obtener la habilidad básica de las relaciones interpersonales. Por supuesto, convertirse en alguien totalmente bilingüe o multilingüe no es fácil para todo el mundo. Sin embargo, las mejoras sociales que identificamos parecen surgir por el simple hecho de crecer en un ambiente donde haya contacto con muchas lenguas y no solo por ser bilingüe. Esto puede ser bueno para los padres que no son bilingües, pero desean que sus hijos tengan algunos beneficios del multilingüismo.

Katherine Kinzler es profesora asociada de psicología y desarrollo humano en la Universidad de Cornell

https://www.nytimes.com/es/2016/03/18/ser-multilingue-no-solo-mejora-las-habilidades-cognitivas-sino-tambien-las-sociales/