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martes, 23 de junio de 2020

José Andrés: "El hambre no se ve y está presente en tu ciudad”. El chef viaja a Madrid desde Estados Unidos para ver cómo funciona su ONG durante la pandemia. “No puede dejarse a la casualidad que una ong cubra al día miles de comidas”, afirma.

LA OPORTUNIDAD DE ESPAÑA DE SER “LA SUIZA DE LA HOSTELERÍA”
Entrevista al chef José Andrés que ha venido a España a visitar las cocinas de su ong world central kitchen madrid centro

Foto: Inma Flores
En las cocinas de World Kitchen Food han participado chefs a los que José Andrés admira. Sus negocios han estado parados, con los envíos a domicilio como única salida posible. De cara a la recuperación económica, el chef asturiano plantea la importancia de promocionar la gastronomía como baza turística. “El turismo es un motor importante en España. Si hay algún ministro que piense que hay que diversificar la industria que empiece hacerlo creando las medidas” para “atraer inversión nacional y extranjera”.

Lo ejemplifica con que hay “muy pocas campañas” que intenten atraer al turista de invierno. “¿Por qué no invertir en eso? ¿Por qué no nos podemos convertir en la nueva Suiza de la hostelería?”, se pregunta, y destaca el éxito “notable” de la Escuela de Hostelería en el País Vasco, en San Sebastián. “¿Por qué España no toma la iniciativa con ayuda pública y privada y crea cinco o seis escuelas más de hostelería si somos líderes en turismo? Si somos potencia turística en atraer, tenemos que serlo también en crear. ¿Por qué las mejores escuelas están todas en Suiza, EEUU o Alemania? Yo quise hacer una con un grupo de amigos en Sigüenza (Guadalajara), un sitio maravilloso y ahí se quedó. La de riqueza que hubiera traído a un lugar así”, dice. La ONG dice adiós a los chefs más notables pero seguirá en marcha: ha creado escuela para continuar la labor.

Karla Hoyos, en la cocina de Santa Eugenia de la ONG WCK de José Andrés.
La enviada especial de José Andrés para alimentar a familias vulnerables de Madrid
Comedor social en la parroquia San Ramón Nonato en Puente de Vallecas. Alvaro Garcia. 22/04/2020

Las colas del hambre y la pobreza inician su escalada en Madrid: “Cada día viene más gente nueva”.

No acabó el bachillerato. No hizo el examen final de la escuela de Barcelona porque estaba en la mili, trabajó en el Bulli, se fue a Estados Unidos con 50 dólares en el bolsillo y se quedó. Hoy es un líder indiscutible a nivel mundial con su ONG World Central Kitchen (WCK), fundada en 2010. Con ella entra en países azotados por una tragedia y coordina a cocineros y voluntarios para alimentar al mayor número de personas posibles. Solo durante la covid-19 han repartido en el mundo 15 millones de comidas.

El cocinero asturiano voló de Washington a Madrid el jueves sin billete de vuelta y anunció su visita solo a las personas de su confianza. “Quería planear las siguientes semanas y agradecer personalmente a los cientos de personas que se han volcado”, explica. Los voluntarios, distribuidos en 16 ciudades españolas y capitaneados por cocineros como su mano derecha Karla Hoyos, Pepa de El Qüenco de Pepa, Diego Guerrero, Carlos Tejedor, Iván Morales o Álvaro Castellanos, han elaborado casi dos millones de comidas desde el 27 de marzo: en algunos días llegaron a repartir 50.000 en toda España, 25.000 en Madrid. “Tenemos aquí a los Messi de la cocina. Habrá pocas emergencias en la historia que la comida sea más rica”, cuenta.

José Andrés camina con decisión por la Escuela de Hostelería Santa Eugenia, la mayor cocina solidaria que ha montado World Central Kitchen y los voluntarios, sin parar de trabajar, le dan las gracias. Muchos cuentan que no sabían cómo colaborar en estos días y que WCK les ofreció el canal para hacerlo. La actividad es frenética. Diego Guerrero carga con cajas, Karla Hoyos le echa un ojo al estofado y las comidas empaquetadas salen rumbo a Villaverde Alto, donde José Andrés se pondrá a repartir en un rato. “Para entender el problema de raíz hay que estar con la gente en la calle”, dice.
Pero esta pedazo de cocina, ¿cómo no estaba abierta?

JOSÉ ANDRÉS, A SU LLEGADA A LAS INSTALACIONES DE LA ESCUELA DE HOSTELERÍA DE SANTA EUGENIA

José Andrés camina por las estancias de la cocina y exclama: “Pero este pedazo de cocina, ¿cómo no estaba abierta y para qué la hicieron?”. Nadie contesta. “¿Me has visto a mí hacer una rueda de prensa para decir que voy a hacer un millón de comidas? No. ¿Cómo anunciaron que iban a hacer 50.000 diarias en un estadio? Karla, que es una tía curtida en mil batallas y que ha cocinado en playas desiertas sin nada, podría hacerlo”, admite.

Pregunta. ¿Cuándo moviliza a World Central Kitchen?
Respuesta. Nuestra misión es alimentar en tragedias en el momento donde la gente lo ha perdido todo y no hay nadie dispuesto a hacerlo. Cada vez llegamos a más gente porque tenemos más medios, pero se hace complicado porque a su vez también hay más huracanes, terremotos, tifones, incendios, etc. Hay muchos lugares donde ya había hambre y una pandemia como esta te muestra problema a corazón abierto.

P. ¿Y en España?
R. Me dijeron que 5.000 pequeñas cocinas sociales llevadas por diferentes grupos habían cerrado por falta de fondos, de voluntarios o porque les obligaron. Muchos compañeros míos desde sus restaurantes empezaron a cubrir las necesidades de lo que iban pudiendo. Daban cien comidas aquí, doscientas allá y veían que no era suficiente. Cuando hay un incendio en un barrio sabes que siempre va a haber un restaurante que abra sus puertas para dar de comer a los bomberos, a la gente que ha perdido la casa y a los que han ido a ayudar. Para eso no necesitas a WCK. Pero cuando las cosas se convierten en algo más grande, nos movemos como pez en el agua. No hacemos nada muy especial: somos una ONG fundada por cocineros, apoyada por cocineros, siempre hay cocinas en cualquier parte del mundo, sabemos donde hay comida y fuego, voluntarios y gente que nos ayude a distribuir. Cuando eso entra en un plan que trazas sobre la marcha es algo mágico. Nosotros solo decimos: dejarnos a nosotros que sabemos lo que hacemos. No tiene sentido que haya otro tipo de personas hablando de dar de comer cuando tienes a los mejores dispuestos a hacerlo.
Voluntarios de la ong preparando bocadillos en las cocinas de la Escuela de Hostelería de Santa Eugenia.

Voluntarios de la ong preparando bocadillos en las cocinas de la Escuela de Hostelería de Santa Eugenia. Voluntarios de la ong preparando bocadillos en las cocinas de la Escuela de Hostelería de Santa Eugenia.INMA FLORES / EL PAIS

P. ¿Y cuándo abandonan un lugar?
R. En Madrid ya estamos empezando a hacerlo [este lunes regresa a Miami Karla Hoyos]. Pero no nos gusta irnos hasta que no apoyamos al crecimiento. En Puerto Rico dimos préstamos a fondo perdido a doscientas granjas de pequeños agricultores que se hubieran tenido que ir por haberlo perdido todo. En Haití montamos una escuela de hostelería para chicas, les buscamos puestos de trabajo y espero que sea el futuro del país con más turismo.

P. Y en España han presentado el Plan Nacional de Emergencia Alimentaria.
R. Sí. Para poner en marcha un sinfín de mecanismos y evitar el hambre. Porque el hambre es algo que no se ve y está presente en tus ciudades. Piensas que nunca te va a pasar hasta que te sucede. Hay que buscar formas para que todo el mundo pueda beneficiarse de la riqueza que genera una sociedad de consumo. En una tragedia como esta lo primero es reconocer que hay una crisis humanitaria. Yo estoy con los pies en los barrios y veo cómo la gente que vive al día se ha quedado de golpe sin empleo y no tiene ninguna forma de que nadie les ayude. Esa gente va a pasar hambre. Y como no queremos tener una ciudad llena de gente pidiendo, no porque haya que ocultarlos sino porque no es digno darle a las personas esa única salida, hemos hecho ese plan con ayudas y posibilidades que hay que adaptar a la realidad de España, a los partidos políticos con la visión que ellos tengan. Pero hay que tener un plan. No puede dejarse a la casualidad que una ONG como WCK venga a cubrir 50.000 comidas al día, más de dos millones en total. Los gobiernos están aquí para en momentos así cubrir estas necesidades. El hambre no debería ser de derechas ni de izquierdas, sino que debería ser algo que todo el mundo apoyara para que no existiera.

Para entender el problema de raíz hay que estar con la gente, en la calle”

P. ¿WCK tiene muchas donaciones españolas?
R. No me fijo mucho en eso pero España no es tan fácilmente caritativa. En América hemos tenido apoyos de Laurene Jobs, Jeff Bezos o Bloomberg, el alcalde de Nueva York. Lo bueno o lo malo es que lo hacemos igualmente porque como tengamos que esperar a tener dinero en el banco no habríamos hecho nada. A veces recibo la llamada de que estamos en números rojos pero la gente sigue con hambre y pienso que ya nos apañaremos. Y así vamos tirando. Pero América es más generosa. En España habría que hacer una ley que permita donar y tener algún beneficio con los impuestos. Al fin y al cabo, esto lo tiene que hacer alguien. Y así sería una manera indirecta de que lo hiciera el gobierno.

P. Acaba de llegar de Washington, ¿cómo ha vivido el ambiente en la calle?
R. La gente está enfadada pero ha sido muy pacifista. La noche es como las películas, donde hay grupos de individuos que han hecho destrozos. Si pones todas esas imágenes juntas, sí puede parecer el apocalipsis y el derrumbe de la democracia americana. Pero te puedo poner las mismas imágenes todas positivas. Ha habido destrucción pero no como para decir que los cimientos de América se están tambaleando. Hay mucha gente muy ofendida y la gente que te tiene que estar protegiendo te está matando. Yo entiendo que los policías en América viven bajo mucho miedo. No hay país en el mundo con más armas en la historia ni en el que muera más gente por arma. Yo ahora no quisiera ser policía en Estados Unidos porque nadie es Superman. Pero es verdad que por esa actitud casi probélica que tienen algunos, en parte por defensa en parte por ser malas personas si están viendo que estás en el suelo, esposado y con dos policías encima no tiene sentido que te maten porque tiene su rodilla en tu cuello durante nueve minutos. Eso hay que cambiarlo con empatía.

Todo se resume en una película de ‘La guerra de las galaxias’: está el bien, el mal y unos contra los otros. Necesitamos líderes que todos quieran ser Jedis

P. ¿Qué le pediría a Trump?
R. Lo mismo que todos. La salida que hizo de la Casa Blanca el otro día fue patética. Hay dos imágenes que para mí lo explican todo: la del presidente Obama en la marcha de Selma, cruzando el puente, sin prácticamente nadie de seguridad a su alrededor junto a miles de personas detrás y la de Trump saliendo solo, apoyado por dos líneas de policías y guardia militar armados hasta los dientes. Por dar la impresión de ser opresivo y militarista en vez de tener empatía para escuchar, sucede lo que está pasando en diferentes ciudades norteamericanas. Es un momento histórico, la tormenta perfecta para que de aquí salga algo. Esta no es la América que la gente quiere. Nunca ha habido más desunión y todo comienza por una persona. Trump no tiene la culpa de todo el racismo. Pero es el líder que lleva tres años sacando lo peor de América en vez de intentar apaciguar y acercar más a las personas. Cuando hay ese tipo de liderazgo vale más cambiar de país. Pero eso se lo digo a todo el mundo. Cuando tenemos líderes que van a insultar, denigrar y no buscar consenso hay que quitarlos del medio rápidamente porque lo único que van a lograr es llevar a nuestros hijos a guerras civiles. El pasado está lleno de ellas. Tenemos que exigir líderes que busquen el consenso y nos guíen a lo mejor de nosotros mismos. Cuando hay partidos políticos que solo lanzan discursos de unos contra otros hasta que se den, así no se puede crear un país. En temas raciales es lo mismo. Parece que todo se resume en una película de La guerra de las galaxias: está el bien, el mal y unos contra los otros. Y el que era malo resulta que tenía el corazón bueno. La vida es más compleja que todo esto pero necesitamos líderes que todos quieran ser Jedis. Y que entiendan que el que no es como tú también te puede enriquecer. Yo no pienso lo mismo ahora que cuando tenía 20 años. He ido escuchando, aprendiendo y encontrando un punto más pragmático en la vida.

Los cocineros de la ong WKF, este sábado en Santa Eugenia. Los cocineros de la ong WKF, este sábado en Santa Eugenia.INMA FLORES / EL PAIS

P. En su biografía de Twitter dice: “Si estás perdido, comparte un plato de comida con un extraño y te encontrarás”. ¿Cuándo fue la primera vez que lo descubrió?
R. No lo recuerdo. A mí me gusta ir a los restaurantes más high top y a las barriadas más pobres donde una señora cocinando con un carbón te ofrece un humilde plato de potaje con un poco de arroz. Ahí entablas conversación con gente con la que nunca hablas porque socialmente estamos muy fragmentados. Esos sitios me ponen en mi lugar. Creo que cuando hay esas grandes conferencias de “vamos a cambiar el mundo”, las hacen en los lugares equivocados. Esas personas que hablan de acabar con el hambre en el edifico de las Naciones Unidas, cuando hay un receso se van a comer a los restaurantes más lujosos de Manhattan. Hay tal desconexión entre el mensaje y la realidad, que es imposible que las palabras de estos líderes tengan efecto.

P. ¿Y se lo dice a ellos?
R. Y me responden que ellos también van a las barriadas. Pero sé que sólo acuden para hacerse la foto. Cuando los discursos los das en el lugar equivocado es imposible tener efecto. Ahora hablando contigo estoy perdiendo tiempo de estar en los barrios de Madrid. Lo que perdemos en los discursos se lo estamos quitando a los sitios donde hay que estar. Hay que estar en la calle, al pie del cañón. No puedes ser líder de despacho.

LA OPORTUNIDAD DE ESPAÑA DE SER “LA SUIZA DE LA HOSTELERÍA”
Entrevista al chef José Andrés que ha venido a España a visitar las cocinas de su ong world central kitchen madrid centro

Foto: Inma Flores
En las cocinas de World Central Kitchen Food han participado chefs a los que José Andrés admira. Sus negocios han estado parados, con los envíos a domicilio como única salida posible. De cara a la recuperación económica, el chef asturiano plantea la importancia de promocionar la gastronomía como baza turística. “El turismo es un motor importante en España. Si hay algún ministro que piense que hay que diversificar la industria que empiece hacerlo creando las medidas” para “atraer inversión nacional y extranjera”.

Lo ejemplifica con que hay “muy pocas campañas” que intenten atraer al turista de invierno. “¿Por qué no invertir en eso? ¿Por qué no nos podemos convertir en la nueva Suiza de la hostelería?”, se pregunta, y destaca el éxito “notable” de la Escuela de Hostelería en el País Vasco, en San Sebastián. “¿Por qué España no toma la iniciativa con ayuda pública y privada y crea cinco o seis escuelas más de hostelería si somos líderes en turismo? Si somos potencia turística en atraer, tenemos que serlo también en crear. ¿Por qué las mejores escuelas están todas en Suiza, EEUU o Alemania? Yo quise hacer una con un grupo de amigos en Sigüenza (Guadalajara), un sitio maravilloso y ahí se quedó. La de riqueza que hubiera traído a un lugar así”, dice. La ONG dice adiós a los chefs más notables pero seguirá en marcha: ha creado escuela para continuar la labor.

https://elpais.com/espana/madrid/2020-06-06/jose-andres-el-hambre-no-se-ve-y-esta-presente-en-tu-ciudad.html

jueves, 23 de abril de 2020

135 millones de personas sufrían hambre aguda antes ya del coronavirus. Los conflictos, el cambio climático y las turbulencias económicas provocaron en 2019 un incremento de la población en situación de inseguridad alimentaria extrema y necesitada de ayuda para sobrevivir. En 2020, podrían ser el doble a causa de la pandemia

El hambre aguda tiene sus fases. A partir de la tercera de cinco, la situación es grave: desde gente que no tiene acceso a alimentos, sufre desnutrición y tienen que deshacerse de sus medios de vida para comer, hasta la muerte por inanición. 135 millones de personas experimentaron esta inseguridad alimentaria extrema en 55 países en 2019, según un informe publicado este martes por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, elaborado junto con la FAO y Unicef, entre otros organismos internacionales. Y eso era antes de la pandemia, que amenaza con empeorar aún más su existencia, pero también la de los otros 183 millones de personas que estaban al borde del hambre aguda en 2019, advierten los autores. El PMA estima que la covid-19 podría casi duplicar la cifra, hasta 265 millones de bocas en la zona roja de la escasez, en 2020.

Los conflictos son los mayores causantes: 77 millones de personas pasan hambre por su culpa en 22 países. El cambio climático y las crisis económicas son los otros dos grandes motivos por los que 34 y 24 millones de personas respectivamente y de forma abrupta no tienen qué llevarse a la boca. "Aunque en la mayoría de los casos no hay una sola razón, generalmente es una combinación de todos estos choques juntos", matiza Arif Husain, economista jefe y director de investigación del PMA. En su opinión, no se conseguirá el objetivo de reducir el hambre a cero hasta que se resuelvan políticamente los conflictos. "Solo entonces podremos ver un mundo donde haya un verdadero progreso y la gente prospere", anota por teléfono.

Yemen, República Democrática del Congo y Afganistán son los países con mayor cantidad de población necesitada de ayuda para sobrevivir. El 32% de los hambrientos agudos del mundo (48,2 millones) viven allí. En cuarto lugar aparece Venezuela, del que no se tenía datos en ediciones anteriores de este estudio, con 9,3 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda. Por regiones, África vuelve a llevarse la peor parte: 73 millones de los 135 de hambrientos agudos viven en este continente. En este continente está el país con mayor proporción de su población en situación extrema. Es Sudán del Sur, la tormenta perfecta de las crisis humanitarias, donde el 63% de la población está en serio riesgo.

Cuanto más se rasca, más hambre se encuentra. Si en 2016, primer año en el que se realizó este estudio, había 108 millones de personas en emergencia alimentaria en 48 países; en 2019, ascendían a 135 millones en 53. Además de la intensificación de los conflictos y la mayor frecuencia de eventos climáticos adversos debido al cambio climático, la ampliación de territorios analizados y la disponibilidad de nuevos datos explican en parte el incremento, indica el propio documento. Sin embargo, si se compara la información de grupos de países analizados en distintos momentos, se observa un empeoramiento de las cifras. Así, 40 que sumaban 95 millones de personas en crisis alimentaria (o peor) en la primera edición del informe, hoy albergan a 116 millones.

África vuelve a llevarse la peor parte: 73 millones de los 135 de hambrientos agudos viven en este continente

Esta medición es específica para conocer cuánta población vive en emergencias humanitarias y se quedan sin comida, dependen de ayuda por sobrevivir y, aún recibiéndola, su supervivencia está en riesgo. La FAO publica cada año otro dato: el del hambre crónica. Según su último informe, El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, 821,6 millones de personas están subalimentadas, o lo que es lo mismo, una de cada nueve sufre de inseguridad alimentaria y se acuesta sin haber comido las calorías mínimas para su actividad diaria.

El efecto coronavirus
La del documento presentado este martes es la fotografía, ya obsoleta, del drama del hambre extremo en las guerras, en donde la violencia impera aun cuando no hay un conflicto declarado, en los lugares en los que la sequía no da tregua o allí donde cualquier turbulencia económica hace caer en la más extrema de las pobrezas a quienes ya eran pobres de solemnidad. Y entonces, llegó la pandemia. "La situación se agravará con el impacto del coronavirus porque afecta a la disponibilidad de alimentos, por ejemplo, si los campesinos tienen que estar confinados", apunta Francisco Rey, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).

Según las estimaciones del PMA al respecto, que no están recogidas en el informe, pero sí tienen sobre su mesa de trabajo, 265 millones de personas podrían sufrir inseguridad alimentaria extrema, perder sus medios de vida y necesitar ayuda urgente durante 2020. Son casi el doble que los casos reportados este año. Por eso, es fundamental que se prevenga que quienes no están tan mal ahora no caigan en una peor situación y que quienes ya están en la zona roja del hambre no vayan a peor, subraya Husain. Para muchos, hundirse más es perecer.

"La temporada de gripe, el invierno, va a llegar ahora al hemisferio sur, a África y América Latina. Allí, hay países con enormes cantidades de personas pobres y que no tienen una buena alimentación; y cuando no estás bien nutrido, tu sistema inmune es más débil", anota el economista jefe del PMA. "Y sus sistemas de salud son muy, muy precarios. Estamos hablando de países de 12 millones de personas con cuatro ventiladores o menos de 50 camas de UCI. Esta es la realidad de este mundo. Así que estamos realmente preocupados por esos lugares. Si no estamos preparados, ¿qué pasará allí?", añade sobre el posible avance de la pandemia por estas regiones donde, hasta la fecha, se registran menos casos que en el norte.

265 millones de personas podrían sufrir inseguridad alimentaria extrema, perder sus medios de vida y necesitar ayuda urgente durante 2020 debido a la pandemia, según el PMA

"Aproximadamente 30 millones de personas ya están en la situación límite de emergencia, en las fases cuatro y cinco del índice de inseguridad alimentaria. Están atrapadas en zonas de guerra. Hablo del noreste de Nigeria, Yemen, Siria, Burkina Faso... Si por alguna razón, los trabajadores humanitarios del Programa Mundial de Alimentos no pueden llegar a ellas, porque no tenemos suficientes fondos o la cadena de suministro no funciona, serán quienes paguen el precio porque ya están en una posición tan débil que no pueden ir a ninguna parte", explica el experto. "Morirán de hambre", lanza sin tiritas.

En este sentido, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, no solo ha reclamado fondos —1.900 millones de euros— a los donantes para hacer frente a la pandemia en las naciones más pobres, sino que hizo un llamamiento, a finales de marzo, a un alto el fuego "inmediato y global" con el objetivo de “crear corredores humanitarios, abrir las ventanas de la diplomacia y llevar esperanza a algunos de los lugares más vulnerables ante la covid-19”. Y enfatizó: "Al virus no le importa la nacionalidad o la etnia, la facción o la fe. Ataca a todos, de forma indiscriminada”. Parece que a algunos les ha llegado su mensaje o, al menos, su preocupación. "Hay en países donde han relajado las hostilidades", asegura Rey. Pero su experiencia le dice que este efecto positivo de la pandemia no durará mucho. "Lo normal es que los conflictos vuelvan a sus dinámicas".

La prioridad número dos, continúa Husain, debe ser asistir a las personas "antes de que tengan que vender sus activos productivos, es decir, las herramientas de su negocio, aquellas que usan en tiempos normales para ganar dinero", detalla. Cuando eso ocurre, cuando la ayuda no llega o lo hace tarde, a los pobres les lleva años recuperarlas y volver a la corriente económica, prosigue.

Lo tercero, "realmente importante", enfatiza el director económico del PMA, es que no se rompan las cadenas de suministros de alimentos. "Lo fundamental no es la producción, sino la disponibilidad acceso", agrega Rey, del IECAH. "Esta es realmente una situación sin precedentes. Nunca hemos estado aquí antes. Sí, ha habido crisis mundiales antes, pero las cadenas de suministro siempre funcionaron. Esta es la primera vez que las cadenas de suministro están bajo tal amenaza", subraya Husain. Hace falta trabajar coordinadamente y que no cunda el pánico.

Al otro lado del teléfono, Husain excusa su aparente pesimismo. Después de seis semanas confinado, así puede ser entendido su discurso, dice. Pero las proyecciones son poco halagüeñas. Por eso, el experto tiene un último pedido a la comunidad internacional. "No pongan prohibiciones a la exportación, ni subsidios a las importaciones. ¿Por qué? Porque casi siempre son contraproducentes. Y, francamente, matar de hambre a tu vecino nunca es una buena política".

https://elpais.com/elpais/2020/04/20/planeta_futuro/1587398709_025166.html

domingo, 13 de octubre de 2019

_- Suplemento elaborado por la FAO (Naciones Unidas) La influencia de los precios internacionales de los productos básicos en el Hambre.

_- FAO
Le Monde Diplomatique

El nuevo incremento del hambre en el mundo es consecuencia de distintos factores, tanto políticos como económicos y sociales. En esta ecuación un factor clave que ha jugado un papel destacado es la dependencia de muchos de los países pobres de los precios de los productos básicos en los mercados internacionales, un factor que afecta de forma directa a la seguridad alimentaria y la nutrición.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261295


domingo, 21 de abril de 2019

_- Toda guerra es una guerra contra los niños

_- Kathy Kelly
Counterpunch

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

En los Estados Unidos, todavía no nos hemos dado cuenta de la inutilidad y las inmensas consecuencias de la guerra, mientras desarrollamos, almacenamos, vendemos y usamos armas espantosas. El número de niños asesinados está aumentando.

A las 9:30 de la mañana del 26 de marzo, la entrada a un hospital rural en el noroeste de Yemen, que cuenta con el apoyo de Save the Children, estaba llena de pacientes que esperaban ser atendidos y los empleados llegaban al trabajo. De repente, los misiles de un ataque aéreo golpearon el hospital y mataron a siete personas, cuatro de ellas niños.

Jason Lee, de Save the Children, dijo a The New York Times que la coalición liderada por Arabia Saudita, ahora en su quinto año de guerra en Yemen, conocía las coordenadas del hospital y podría haber evitado el ataque. Llamó a lo que sucedió "una grave violación del derecho humanitario".

El día anterior, Save the Children informó de que los ataques aéreos llevados a cabo por la coalición liderada por Arabia Saudita mataron al menos a 226 niños yemeníes e hirieron a 217 más en los últimos doce meses. "De estos niños", señaló el informe, "210 estaban dentro o cerca de una casa cuando sus vidas fueron destrozadas por bombas que habían sido vendidas a la coalición por gobiernos extranjeros".

El año pasado, un análisis publicado por Save the Children estimó que 85.000 niños menores de cinco años probablemente murieron de inanición o enfermedad desde la escalada de la guerra en Yemen de la coalición liderada por Arabia Saudita en 2015.

"Los niños que mueren de esta manera sufren enormemente a medida que las funciones de sus órganos vitales se desaceleran y finalmente se detienen", dijo Tamer Kirolos, Directora en Yemende Save the Children. “Sus sistemas inmunológicos son tan débiles que son más propensos a las infecciones y son incapaces de llorar por falta de fuerzas. Los padres tienen que presenciar cómo sus hijos se van consumiendo, incapaces de hacer nada por ellos”. Kirolos y otros que han informado continuamente sobre la guerra en Yemen creen que estas muertes son totalmente prevenibles. Exigen una suspensión inmediata de la venta de armas a todas las partes en conflicto, el fin de los bloqueos que impiden la distribución de alimentos, combustible y ayuda humanitaria y la aplicación de una presión diplomática total para poner fin a la guerra.

Estados Unidos, un importante partidario de la coalición liderada por Arabia Saudita, ha sido culpable de matar a pacientes inocentes y trabajadores de hospitales al bombardear un hospital. El 3 de octubre de 2015, los ataques aéreos de los Estados Unidos destruyeron un hospital de Médicos Sin Fronteras en Kunduz, Afganistán, y mataron a 42 personas. "Los pacientes se quemaron en sus camas", informó MSF, "el personal médico fue decapitado y perdió extremidades, y otros recibieron disparos desde el aire mientras huían del edificio en llamas".

Más recientemente, el 23 de marzo de 2019, ocho niños se encontraban entre los catorce civiles afganos muertos por un ataque aéreo estadounidense también cerca de Kunduz.

Las atrocidades de la guerra se acumulan horriblemente. Nosotros en los Estados Unidos todavía no nos hemos dado cuenta de la inutilidad ni de las inmensas consecuencias de la guerra. Continuamos desarrollando, almacenando, vendiendo y usando armas horribles. Nos robamos a nosotros mismos y a otros los recursos necesarios para satisfacer las necesidades humanas, incluida la lucha contra las terribles realidades del cambio climático.

Debemos prestar atención a las palabras y acciones de Eglantyne Jebb, fundadora de Save the Children hace un siglo. En respuesta al bloqueo británico de la posguerra de Alemania y Europa del Este, Jebb participó en un grupo que intentaba entregar alimentos y suministros médicos a los niños que se morían de hambre.

Eglantyne Jebb

En Trafalgar Square, en Londres, distribuyó un folleto que mostraba a los niños demacrados y declaraba: "Nuestro bloqueo ha causado esto, millones de niños mueren de hambre". Fue arrestada, procesada, condenada y multada. Pero el juez del caso se conmovió por su compromiso con los niños y pagó la multa. Su generosidad fue la primera donación a Save the Children.

"Toda guerra", dijo Jebb, "es una guerra contra los niños.

Kathy Kelly es coordinadora de Voces para la No Violencia Creativa y ha trabajado en estrecha colaboración con los Jóvenes Voluntarios Afganos por la Paz. Es autora de Other Lands Have Dreams, publicado por CounterPunch / AK Press. Puede ser contactada en: Kathy@vcnv.org

Fuente:
https://www.counterpunch.org/2019/03/29/every-war-is-a-war-against-children/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a l traductora y Rebelión.org como fuente de la traducción.

jueves, 18 de octubre de 2018

Entrevista a Mirta Núñez, profesora de Historia de la Comunicación Social en la Universidad Complutense “En los campos de concentración franquistas se aplicó la venganza mediante el hambre y el hacinamiento”

Enric Llopis Rebelión

Allí se les recluía, reeducaba, torturaba y preparaba para el trabajo esclavo dentro de la “nueva” España fascista. El historiador Javier Rodrigo afirma que los campos de concentración comenzaron a abrirse en noviembre de 1936 (antes a los prisioneros de guerra “se les encarcelaba o se les asesinaba ‘in situ’”), y llegaron a sumar 180 (de ellos 104 estables). En el artículo “Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco” (Hispania Nova, 2006), Rodrigo señala que estos campos de prisioneros comenzaron a cerrarse en 1939, aunque el de Miranda de Ebro (Burgos) se mantuvo hasta 1947. Rechaza eufemismos e interpretaciones blandas, hasta el punto de afirmar que España se convirtió durante aquellos años en “un enorme campo de concentración”.

En uno de estos campos, el de Albatera (San Isidro, Alicante), el profesor de la Universitat de València Ricard Camil Torres calcula que hubo entre 16.000 y 22.000 internos; “Las condiciones eran infrahumanas; allí todo era hambre, sed y miseria; 78 personas murieron de inanición durante el primer mes y 60 más de tifus”, detalla en el libro colectivo “Franquisme i repressió. La repressió franquista als Països Catalans” (Universitat de València, 2004). Los primeros reclusos llegaron –la mayoría desde el puerto de Alicante- a partir de abril de 1939; el campo de concentración fue clausurado en octubre. Empezó entonces el traslado en tren –“en condiciones inhumanas”- a la estación de Valencia, subraya Ricard Camil Torres. Según el historiador, en el campo de concentración de Portaceli (Valencia) los reclusos se encontraron con el hacinamiento, el hambre, la crueldad de los guardianes y falangistas que les forzaban a cantar el “cara al sol”; el campo de Portaceli cerró “cuando los últimos internos fueron a enfrentarse a los tribunales montados por los vencedores”.

En octubre de 2017 la Associació Stanbrook (Centre d’Estudis i Documentació de la Memòria Republicana) organizó las primeras jornadas sobre el campo de concentración de Portaceli; además la asociación ha producido un documental sobre este campo de internamiento. También la editorial L’Eixam ha publicado en 2018 el libro colectivo “El camp de concentració de Portaceli (1939-1942)”. Por otra parte, la profesora de Historia de la Comunicación Social en la Universidad Complutense, Mirta Núñez, ha impartido una conferencia sobre sobre el centro de reclusión organizada por el Aula d’Història i Memòria Democràtica de la Universitat de València. Núñez es autora del artículo “La doma de los cuerpos y las conciencias, 1939-1941. El campo de concentración de Porta Coeli”, publicado en 2012 en la revista Hispania Nova.

-En el artículo de Hispania Nova recoges la definición que hace Javier Rodrigo sobre Portaceli en “Cautivos. Campos de concentración en la España franquista, 1936-1947” (Crítica, 2005). Se trata de un “campo provisional” con la función de redistribuir presos a otros centros; dependía de la Jefatura de Campos de Concentración y Batallones Disciplinarios (JCCBD) -adscrita al Ministerio del Ejército-, una vez se suprimió la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros (ICCP).

El campo estuvo emplazado en el término municipal de Serra (Valencia) y data del final de la guerra civil, a partir de marzo de 1939; tiene además una vida breve, ya que deja de existir aproximadamente en 1941.


Hay diversas fuentes sobre la cifra de recluidos. Algunas –entre 6.000 y 8.000 internos- me parecen exageradas, pero había poca información; creo que el número debió de acercarse a los 2.000. Los campos que se constituyen en España tienen un primer objetivo: recluir a los soldados y oficiales vencidos -a los que muy pronto se divide- y ejercer sobre ellos un tratamiento de castigo y venganza por vías como el hambre, la suciedad y el hacinamiento. Este trato se aplicó también a la población civil derrotada, es decir, afectó no sólo a los combatientes que ya no disponían de armas sino también a su entorno familiar. Por esto era muy importante que el recluido tuviese el apoyo de sus familiares, por ejemplo en forma de comida y ropa limpia. Esta era una constante en Portaceli y en el resto de campos de concentración.

-¿Qué singulariza a este campo de internamiento? Porque, según Javier Rodrigo, más de 300.000 presos republicanos pasaron por estos “laboratorios de la Nueva España” durante la guerra, y cerca de 200.000 tras la derrota de 1939. Éste investigador recuerda las palabras del director de la cárcel modelo de Barcelona, Isidro Castellón, en 1941: un preso era la “diezmillonésima parte de una mierda”.

Coincidieron en un espacio diferentes establecimientos que compartieron la denominación de Portaceli; un monasterio-cartuja medieval fundado en el siglo XIII, que sobrevivió a la guerra civil; además la República comenzó a construir un sanatorio para tuberculosos, que no pudo terminar por la irrupción del conflicto bélico. Cuando éste finalizó, se implantó un campo de concentración con alambradas; se produjo una evolución, ya que el franquismo también le dio un uso de cárcel y sanatorio para prisioneros.

El campo de concentración de Albatera fue un primer “filtro” y, en la que medida en que se iba depurando a los vencidos, el de Portaceli constituyó un segundo “filtro”. Se trataba de un campo de clasificación, en el que no hubo mujeres recluidas; desde Portaceli se derivaba a los presos a otros lugares, aunque había internos que -por su estado de enfermedad- se quedaron en el sanatorio; éste fue muy importante ya que no existían muchos sanatorios-prisión para tuberculosos; otro ejemplo es el Castillo de Cuéllar, en Segovia. En la época hay, además, una explosión de la enfermedad de la tuberculosis por las circunstancias de la guerra, la falta de cuidados, de medicamentos y la voluntad de represaliar a los vencidos.

-¿Por qué destacas la figura de Emilio Tavera Domínguez?

Porque sobresalió como un mando “benévolo” en un entorno en que primaba el castigo y la arbitrariedad. Este capitán retirado de la Guardia Civil y reincorporado al ejército fue el segundo jefe del campo de concentración de Portaceli además de un referente en el cumplimiento estricto de la reglamentación. Intervino para impedir que los falangistas “liberaran” y pudieran depurar a presos republicanos del campo de concentración. Las huestes paramilitares, falangistas en este caso, pero que podían ser los carlistas en el norte de España, actuaban al margen –incluso- de la legalidad represiva que existía en la época. La acción de Tavera y otros pocos fue importante porque trataron de que prevaleciera lo jurídico frente al arbitrio privado de estos grupos, la utilización de la legalidad a favor de los “suyos”, “sus” protegidos, familiares y vecinos ricos. Escribió una carta a Franco dando cuenta de estos hechos.

-También subrayas la acción de capellanes y curas tanto en el campo de concentración como después, al transformarse en cárcel, para la adaptación física y psicológica de los internos. ¿Cómo fue la gestión del campo de concentración de Portaceli y la situación de los prisioneros?

Una gestión totalmente militarizada. Hay bastantes testimonios sobre la falta de agua, aunque otras voces señalan una cierta mejora respecto al campo de Albatera. En Portaceli los presos al menos contaron con una fuente para asearse y lavar la ropa; también hubo una intervención de los mandos para que los recluidos pudieran comer caliente, cuando al principio esto no era posible (la historiadora se hace eco en el artículo “La doma de los cuerpos y las conciencias” de las memorias de Sixto Agudo, militante del PCE detenido en Alicante en marzo de 1939 y enviado de Albatera a Portaceli: “Notamos un cambio sensible… Existía una mejor organización. La comida era caliente (…). También existía un pequeño botiquín, asistido por médicos prisioneros; pero, en su esencia, el régimen de internamiento era el mismo que habíamos vivido”; otra versión recogida por la autora es la del brigadista Theo Francos, quien estuvo en Portaceli tras pasar por los campos de Los Almendros y Albatera: “En este antiguo sanatorio las condiciones de internamiento son tan espantosas como en Albatera”; según el interno Isidro Guardia, “el que tiene algo de lo que le envían sus familiares, se mantiene regularmente bien”; de lo contrario “pasa mucha hambre”. Nota del entrevistador).


Fuente: Diari La Veu

-Por último, ¿qué testimonios consideras relevantes para acercarse a la realidad de este campo de prisioneros, sanatorio y cárcel? Citas al investigador Vicent Gabarda, autor de “Els afusellaments al País Valencià (1938-1956)”, que caracteriza al sanatorio para tuberculosos como “verdadero gueto donde dirigían a los presos desahuciados, con el fin de aislarlos de sus compañeros, más que para curarles”.

Por ejemplo la obra de Lluís Marcó i Dachs “Llaurant la tristesa. El campo de concentració d’Albatera i la presó de Portaceli” (Mediterrània, 1998); Lluís Marcó fue miembro del Consell de Sanitat de Guerra de la Generalitat de Cataluña y estuvo en Portaceli. Hay también referencias a que, dadas las circunstancias en que llegaban los soldados y permanecían los reclusos -condiciones terribles y en algunos casos con tuberculosis muy avanzada-, estos reclamaron atención médica. Sixto Agudo cuenta en sus memorias que de manera muy excepcional el doctor Peset Aleixandre, recluido en Portaceli antes de ser fusilado, pudo dispensar alguna atención a los enfermos (Mirta Núñez afirma en el artículo “La doma de los cuerpos y las conciencias” que el hecho de tener una enfermedad y más de 50 años mermaba sustancialmente la esperanza de vida; los periodos de hambre y frío –por ejemplo el final de la guerra y el comienzo del invierno- también incrementaron la mortalidad. Nota del entrevistador).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 16 de octubre de 2018

16 de octubre, Día mundial de la alimentación. El pasado implacablemente nos acusa.




Puedes tomar una bebida aquí por solo una moneda.
Por dos, un vino mejor
y por cuatro monedas,
uno de Falerno.
Grafito Pompeyano año 79 dne. en un establecimiento comercial.


Los estudios contemporáneos en materia de hambre en el mundo son desoladores; el hambre en el planeta parece estar creciendo una vez más , aquejando no menos de un 11% de la población. Las personas subalimentadas por su parte, ya son 815 millones a nivel mundial. De una parte guerras en regiones de conflicto u otras de baja intensidad, crisis económicas, desastres naturales, etc., han empeorado situaciones ya de por sí graves en la materia. En otras palabras, la disponibilidad de alimentos es dramáticamente empequeñecida cuando se dejan de producir, disminuyen sus importaciones o es deficiente la distribución, frecuentemente por razones que guardan relación con el modelo económico imperante; se genera una absurda imposibilidad del acceso a aquellos.

Visualizando todas estas afirmaciones, tenemos que el hambre o la subalimentación ocasionan el retraso del crecimiento de los niños menores de cinco años, poniendo en riesgo su capacidad cognitiva hacia el futuro, por consiguiente un menor rendimiento en la escuela, en el trabajo y hasta propiciando muerte por infecciones o dolencias crónicas. La desnutrición infantíl es sorprendentemente un fenómeno que existe y persiste en este tecnologizado siglo XXI de la era cristiana, con consecuencias irreversibles en los afectados..

Paradójicamente, otro fenómeno revelador del nivel grotesco del sistema de relaciones sociales imperante, es el de unos 600 millones de personas obesas en el mundo, un 13% de la población adulta planetaria ( en América del Norte, Europa y Oceanía un 28%, en comparación con el 7% en Asia, el 11% en África, América Latina y el Caribe, aproximadamente una cuarta parte de la población ). Sobra decir las enfermedades que ocasiona la gordura, un fenómeno en estas dimensiones, bastante moderno y así mismo relacionado con hábitos consumistas causantes de mala alimentación, en base a productos dañinos evidentemente inducidos como moda por el consumismo irrefrenable y existencias culturales envilecidas.

En el caso del imperio dominante en el presente siglo, Estados Unidos de América, el país más opulento del mundo, hay estadisticas supremamente dicientes sobre estos temas. La mortalidad infantil es muy alta (ocupa el puesto 44 a nivel mundial detrás de países como Cuba, Bosnia o Croacia); respecto a la alimentación, cerca del 10% de los hogares con niños tuvieron dificultades económicas para alimentrse adecuadamente en 2014 (en el caso de los latinos es el 25% aprox.). El Departamento de Agricultura de EE.UU. habla de un 14% de hogares con problemas para comprar comida. Además, han aumentado las restricciones al acceso a programas estadales para proveer alimentos gratuitamente a personas necesitadas. El Relator Especial sobre la Pobreza Extrema y Derechos Humanos de las Naciones Unidas, recalcó insólitamente y de manera directa, que en Estados Unidos un sorpredentemente alto número de niños vive probremente. La respuesta al respecto no se hizo esperar: el gobierno de Washington se retiró del Consejo de los Derechos Humanos de la Naciones Unidas. ¡Soberbia solución¡

Revelaciones del pasado imperial 2000 años atrás. A inicios de la segunda década del presente siglo vieron la luz unos hallazgos de las ruinas de un suburbio de Pompeya, la ciudad sepultada por la erupción del volcán Vesubio del año 79 de nuestra era. Nuevos restos de esqueletos fueron examinados y con la tecnología forence contemporánea se logró establecer aún con mayor certeza cómo vivían cotidianamente los seres humanos en el imperio más poderoso de la antiguedad en occidente: Roma.

La muestra representativa fue de unos 54 restos de habitantes de Oplontis, vecindario Pompeyano, los cuales intentaron refugiarse de la catástrofe, falleciendo. Dos mil años después los residuos de metales vertidos en las osamentas dentificaron con claridad las clases sociales; quienes tenían joyas o dinero y quienes no tenían nada. Quedaron establecidos claramente acuadalados y desposeídos, los patricios y los esclavos.

Dichos restos examinados con las practicas forences contemporaneas arrojan resultados perturbadores; no hay muestras de desnutrición, eran sanos tanto los unos como los otros. A su vez, excavaciones en Herculano, cerca de Pompeya y Oplontis, permiten también examinar los detritus humanos de las cloacas sepultados por la ceniza volcanica de aquel año 79 dne, demostrando una base de nutrientes alimenticios similar a lo que llamaríamos hoy una dieta diversa, balanceada. En otras palabras, en el Imperio Romano (dentro de lo estudiado) ricos (con todo y sus exuberantes festines) y pobres, comían similares dietas alimenticias y por tando poseían equiparables niveles de salud (como revela el epígrafe de este texto, en una proporción de capacidad económica de 4 a 1). ¡Vaya¡

Continuado con el análisis del hallazgo en Oplontis, dos hosamentas dejaron ver en el examen forence, una afección de salud de un par de niños entre quienes eran desposeídos (sin metales), los cuales sufrían una dolorosa e incapacitante enfermedad, la cual necesariamente implicó la prodigación de esmerados cuidados de parte de sus familiares por aquel entonces, los cuales sosprendentemente podían ofrecerles tal protección ante su minusvalía, aún a pesar de su condición subalterna.

Adicionalmente, del lado de los marcados en sus restos por joyas, los ricos, al estudiar uno de los cráneos fue posible establecer su procedencia; era un africano subsahariano. Si, hace 20 siglos algunos africanos del centro de África se asentaban en Europa y no necesariamente como esclavos, disfrutando del nivel de prosperidad económica que el imperio ofrecía a sus acaudalados. Nuevamente ¡Vaya¡

Roma antigua, una vez más nos deja impresionados por un sistema de estratificación social rígido, empero, paradójicamente, que permitía a los desposeídos vivir en condiciones básicas que al presente serían bastante aceptables; una filosofía de praxis le sustentaba: ´los pobres son muy prácticos ya que luchan por sobre vivir¨, desde ¨esta perspectiva de los pobres es perfectamente aceptable trabajar hasta que se cubran las necesidades básicas y luego parar¨. La mayor parte de la gente allí no tenía empleo regular ni lo que llamaríamos actualmente, salario. Pero, no se morían de hambre, ni se les dejaban de ofrecer algún tipo de cuidados en caso de calamidad crónica, si tenemos en cuenta estos hallazgos.

Finalmente, por fuentes históricas y literarias sabemos que el Estado romano imperial ofrecía gratuitamente a sus habitantes, con fines inocultablemente políticos, además del muy conocido pan y circo, aceite de oliva y en ciertos momentos hasta carne de cerdo. También erigió en determinados periodos instituciones dedicadas a la manutención y sostenimiento sin retribución alguna de la población, como los Alimenta y para las mujeres jóvenes las Puellae.

Conclusión, estamos lejos de establecer que el Imperio Romano era un aparato de bienestar social, su fin era la conquista y la tributación de los pueblos vencidos por la fuerza de las armas. No obstante, los principios de despojo y subyugación de aquellos tiempos, de alguna forma impregnados de estoicismo griego, no desvirtuaban en sus aspectos prácticos, en ningún caso, el carácter humano de mujeres y hombres., aún a pesar de la execrable institución de la esclavitud imperante.

Estos hechos sacados a la luz por la ciencia, al relacionarse con el estado de cosas actual en occidente, influenciado en sobre manera por el american way of life, de los EE.UU. potencia imperial todo poderosa del presente, nos dejan la sensación de que algo ha ocurrido en Occidente que ha facilitado la deshumanización de inmensas masas de seres humanos, inhibiendo la expansión de conocimientos y usos que permiten una adecuada existencia biológica y social para los habitantes del planeta.

Por estos días, hay hambre, desnutrición producto directo del sistema económico impuesto (incluso en la primera potencia mundial), tendencia creciente hacia desatención institucionalizada en salud (por no ser sustentable de acuerdo al capitalismo actual), racismo latente (impensable en las sociedades de la antigüedad), etc.

En el siglo XVIII el Iluminismo entendió el conocimiento como un medio para construir un mundo mejor y en muchos sentidos por ello miró a la antigüedad; ¿qué sucedió entre el Iluminismo y la actual era del voraz capitalismo financiero el cual hace ver como subhumanos al 90% de nuestra especie?

El examen científico del mundo antiguo va permitiendo detectar al actual nivel de civilización como una inhumana, ostentosa e hipertrofiada feria de grotescas tecnologías sin sentido, indiferentes al dolor y con acentuado caracter exicial. Sin duda, en lo verdaderamente fundamental, hemos sensiblemente retrocedido.



Lecturas

Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FAO ¿Cuánto nos falta por alcanzar el #hambre cero? El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2017. Fomentando la Resilencia en Aras de la Paz y la Seguridad Alimentaria. http://www.fao.org/state-of-food-security-nutrition/es/

Angel Bermudez. 6 indicadores en los que Estados Unidos está al nivel de los países subdesarrollados . BBC Mundo. 20 de noviembre de 2017. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-42006658

Redacción. Por qué cada vez más gente pasa hambre en Estados Unidos. BBC Mundo. 1 de agosto de 2016. https://www.bbc.com/mundo/noticias-36910294

Robert C. Knapp. Los Olvidados de Roma. Prostitutas, forajidos, esclavos, gladiadores y gente corriente. Editorial Planeta S.A. Barcelona 2011.

Mary Bread. Forence en Pompeya. Documental. Pompeii: Life &  Death in a Roman Town. https://www.youtube.com/watch?v=Ld8ZsN0lxX0

En los EE.UU. de la Desigualdad. La (in) Seguridad Nacional. Rajan Menon. TomDispach. Versión Rebelión.org http://www.rebelion.org/noticia.php?id=244702

Cármen del Vando Blanco. Roma. Los nutrientes del Imperio romano. Elaboración, distribución y consumo de alimentos. EXPOSICIÓN/ ANTIGUA ROMA. http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2015/07/14/55a4e59e268e3ec4048b457b.html

Mijail Ivanovich Rostovtzeff. Historia Social y Económica del Imperio Romano. Vol II. Espasa-Calpe. Madrid 1962.

domingo, 22 de julio de 2018

_- El hambre es un crimen. El repunte de la subalimentación coincide con una década de declive gradual de la paz mundial.

_- No hay otro modo de decirlo, no hay atenuante: en un mundo que produce suficientes alimentos para dar de comer a todos sus habitantes, el hambre es un crimen.

Todos los días vemos, desde la comodidad de nuestras butacas y a través de la confortable distancia que nos proporcionan las pantallas, la desesperación de las personas pobres y vulnerables que se ven forzadas a migrar en las condiciones más humillantes. La mayoría de ellas provienen de áreas rurales.

Tenemos que hacer más por ellas. No podemos permitir, ni permitirnos, que se queden atrás.

Mirar hacia otro lado y no abordar las causas más profundas para acabar con el hambre y la pobreza es un crimen, ante todo, porque sabemos cómo hacerlo. Sabemos qué funciona, sabemos cómo hacerlo. Pero no lo lograremos si la violencia continúa y los conflictos no cesan.

Los datos más recientes de la FAO señalan que, tras casi una década de descensos, el número de personas afectadas por el hambre en el mundo ha vuelto a crecer, con 815 millones de personas víctimas de la subalimentación crónica en 2016. En 2017, unos 124 millones necesitaron ayuda de emergencia para evitar caer en la hambruna, en comparación con 108 millones en 2016.

No es casualidad que estas cifras coincidan con una década de declive gradual en la paz mundial debido, principalmente, a los conflictos en Oriente Medio y en África y a sus efectos indirectos en otras zonas, según el Índice Global de la Paz 2018, publicado hace unos días.

La paz no es solo la ausencia de conflicto: es una dinámica mucho más compleja en la que la alimentación ocupa un lugar fundamental

No nos falta ninguna evidencia más: en un mundo más violento, el hambre aumenta. La relación es directa. Es en países como Siria, Yemen, Afganistán, Sudán del Sur, Irak y Somalia donde encontramos algunas de las tasas más elevadas de inseguridad alimentaria. También América Latina ha asistido a un retroceso en su desarrollo y al repunte del hambre y de la exclusión social por los conflictos y la inestabilidad social.

Por eso es paradójico que el gasto militar mundial continúe aumentando frente a los escasos recursos que los países asignan la lucha contra el hambre.

Necesitamos más compromiso y más apoyo financiero para poder salvar los medios de vida que contribuyen a sostener una paz duradera. Una en la que las personas tengan oportunidades para permanecer en su tierra y la migración sea una opción y no un último resorte desesperado.

Esta relación a menudo se pasa por alto, pero todos los países deben tener en cuenta que la paz y el fin de los conflictos son fundamentales para volver a reducir las cifras del hambre.

Y todos debemos recordar que la paz no es solo la ausencia de conflicto. La paz es una dinámica mucho más compleja y permanente de relaciones entre las personas y los pueblos en la que la alimentación ocupa un lugar fundamental.

Los derechos humanos y los de los pueblos son valores indivisibles en la construcción democrática y fundamentales para alcanzar la igualdad para todos y todas. Por lo tanto, es urgente fortalecer las condiciones de vida y trabajar por el desarrollo, tanto de los pueblos como de los pequeños y medianos productores rurales para que puedan afirmar sus valores y disfrutar una vida digna.

En esa dinámica, hay algo incuestionable: los más necesitados requieren el apoyo y la solidaridad del resto. Solo desde esa concepción seremos capaces de erradicar el hambre y construir una sociedad más justa y más humana para todos.

José Graziano da Silva es director general de la FAO. Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz y miembro de la Alianza de la FAO por la Seguridad Alimentaria y la Paz.

https://elpais.com/elpais/2018/06/21/planeta_futuro/1529616624_583951.html

Nota.:
La distancia entre el hambre y la alimentación, la comida, es muy corta y fácil de salvar, solo con algo, un poco de dinero. (En armas nos gastamos muchísimo más) "Por qué aquí el sacrosanto mercado -"tan eficiente y eficaz"- no lo soluciona?

jueves, 31 de mayo de 2018

_- “Si no se desperdiciase comida, las personas con hambre comerían cuatro veces”. Entrevista con Alessandro Demaio, director ejecutivo de la organización internacional EAT.

_- Thalif Deen IPS

La crisis alimentaria se agrava en un contexto de crecientes conflictos militares, y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) redobla esfuerzos para erradicar el hambre extrema para 2030, con la colaboración de la sociedad civil.

Incluso se llamó al Consejo de Seguridad de la ONU en abril a esforzarse más para “romper el vínculo entre hambre y conflictos”.

“Casi las dos terceras partes de las personas con hambre viven en países con conflictos”, dijo el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios y coordinador de Asistencia de Emergencia, Mark Lowcock, al Consejo de Seguridad.

IPS conversó al respecto con Alessandro Demaio, director ejecutivo de la organización internacional EAT, con sede en Noruega, dedicada a luchar contra el hambre mediante “la transformación del sistema alimentario global para alimentar a la creciente población mundial con alimentos más saludables procedentes de un planeta saludable, sin dejar a nadie atrás”.

IPS: El segundo de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se propone erradicar el hambre para 2030. ¿Cree que es factible?

ALESSANDRO DEMAIO: La alimentación se relaciona de una manera u otra con los 17 ODS. Como médico me preocupa enormemente que más de 800 millones de personas pasen hambre y que más de 2.000 millones tengan sobrepeso, a lo que se suma el aumento exponencial de enfermedades evitables y relacionadas con el tipo de dieta como diabetes, problemas de corazón y distintos tipos de cáncer. Trabajando en Mongolia, Sri Lanka y Camboya vi cómo el hambre adopta distintas formas.

La malnutrición se manifiesta en los niños de dos maneras clave: dejándolos peligrosamente flacos para su altura o impidiendo su crecimiento de forma permanente. En el otro extremo, poblaciones con dietas excedidas en calorías, pero bajas en nutrientes es responsable del sobrepeso y la obesidad.

Una tercera parte de los alimentos producidos se pierden o se desperdician, lo que alcanzaría para alimentar hasta cuatro veces a todas las personas que pasan hambre.

Pero la lentitud con que se responde a las crecientes presiones que implica el cambio climático y el aumento de las desigualdades sociales hace que no todo el mundo tenga acceso a los alimentos adecuados. De hecho, la ONU declaró en 2017 que después de una década de disminuir, el hambre aumenta otra vez.

Creo que podemos alcanzar el hambre cero para 2030. Tenemos muchas soluciones, como conectar a los pequeños agricultores con los mercados, eliminar las barreras al comercio e impulsar la producción sostenible de alimentos.

Pero necesitamos voluntad política, y que los actores de distintos sectores, fronteras y disciplinas trabajen juntos.

No solo producimos lo que nos enferma y que destruye al planeta, sino que seguimos subsidiándolo con miles de millones de dólares al año. Los más pobres son los menos responsables de ello y los más afectados por esa tendencia.

IPS: ¿Cuál es su agenda para ayudar al sistema de alimentación?

AD: En nuestro trabajo para reformar el sistema de alimentación mundial en EAT conectamos y asociamos la ciencia, los políticos, el sector privado y la sociedad civil para lograr cinco transformaciones radicales y urgentes para 2050.

1. Cambiar las dietas para que sean saludables, gustosas y sostenibles;

2. Realinear las prioridades del sistema de alimentación priorizando a las personas y al planeta;

3. Producir más alimentos adecuados, con menos;

4. Salvaguardar nuestra tierra y nuestros océanos;

5. Reducir radicalmente las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

Alrededor de 1.300 millones de toneladas de alimentos se pierden cada año.

En las naciones más pobres, ese desperdicio generalmente ocurre antes de que llegue al mercado, lo que, en parte, se puede resolver mediante tecnologías simples en la cadena de suministro, como transporte, empaquetado y refrigeración.

Intervenciones tecnológicas como la agricultura de precisión o inversiones en procesos posteriores a la cosecha marcarán una gran diferencia.

En los países más ricos, la mayor parte del desperdicio ocurre cuando deja el mercado, en los supermercados o en los hogares.

Comprar menos, pero más seguido, evitar las compras impulsivas y tomar medidas para reducir promociones como “compre uno y lleve otro gratis” son medidas clave.

IPS: El mundo necesita producir por lo menos 50 por ciento más de alimentos para alimentar a las 9.000 millones de personas que habitarán el planeta para 2050. ¿Es un objetivo alcanzable, teniendo en cuenta, además, el impacto del cambio climático en los cultivos?

AD: La mala noticia es que la agricultura moderna no nos alimenta a todos ni nos alimenta bien. La buena noticia es que nunca tuvimos una oportunidad como esta ni tanto conocimiento o ingenio ni capacidades para solucionarlo.

Aumentar las inversiones en infraestructura para la etapa de cosecha, combinado con un mejor acceso a mercados y tecnología permitirá minimizar las pérdidas en el campo en países de bajos y medianos ingresos.

Y en los países de mayores ingresos, las empresas y los consumidores deben cumplir un papel transformador para reducir el desperdicio.

Promover mejores hábitos de consumo, análisis del tamaño de las porciones y mejorar las técnicas de preparación de alimentos permitirán a los consumidores pueden lanzarse de cabeza a la economía de alimentos circular. Cada gramo de comida que no se pierde ni se desperdicia generará una ganancia económica, de salud y ambiental.

He visto cómo diversificando lo que plantamos podemos cubrir las necesidades nutricionales globales y locales. En cambio, la manipulación genética ofrece elevar la productividad, la nutrición y la tolerancia a incertidumbres ambientales.

Básicamente, el futuro de la agricultura no depende solo de la expansión de métodos intensivos, sino de aprovechar métodos holísticos, precisos y apoyados en la tecnología, que mejoran la producción de alimentos más nutritivos y resistentes al clima.

IPS: ¿Cómo afectan los conflictos bélicos, en particular en Asia y África, el suministro de alimentos?

AD: Los grandes conflictos nacionales o regionales suelen originarse a partir de la competencia por el control de los instrumentos de producción de alimentos, como la tierra y el agua.

Una población creciente, menor productividad y menor contenido nutritivo de algunos cultivos debido al cambio climático genera un mayor estrés, elevando el malestar de la población o la incidencia de conflictos bélicos.

Los contextos son importantes y ya sea el cambio climático, la escasez de alimentos, las crisis hídricas, la sostenibilidad de los océanos o los conflictos geopolíticos, muchos o la mayoría de ellos, están relacionados entre sí.

Un ejemplo es cómo la acidificación de los océanos y el recalentamiento planetario tienen consecuencias en la pesca y en la redistribución de la sobrepesca, suponen un estrés para las poblaciones de peces, lo que puede derivar en nuevas tensiones geopolíticas. Dado que muchos de esos desafíos están interrelacionados, también presentan oportunidades para una mitigación conjunta.

IPS: ¿Cuál es el principal objetivo y la agenda del foro de EAT, que se realizará en Estocolmo del 11 al 12 de junio?

AD: Lograr una dieta saludable y sostenible para una población que casi llegará a los 10.000 millones de habitantes es un desafío monumental, pero está a nuestro alcance. El Foro Alimentario de Estocolmo es un aporte a la resolución de ese desafío.

El objetivo es reunir innovadores, dirigentes y pensadores creativos, quienes rara vez se juntan, y hacerlos trabajar juntos en desafíos globales interrelacionados como: sistemas alimentarios, cambio climático, seguridad alimentaria, salud global y desarrollo sostenible.

Este año organizamos el 5 Foro Alimentario de Estocolmo, junto con el gobierno de Suecia.

Tenemos oradores increíbles como la directora general del Banco Mundial, Kristalina Georgieva; una de las arquitectas del Acuerdo de París sobre cambio climático, Christiana Figueres; el chef y ex jefe de alimentación del gobierno de Barack Obama, Sam Kass; además de otros héroes del sector en representación de 29 países y seis continentes.

Traducción: Verónica Firme

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2018/05/sin-desperdicios-personas-hambre-comerian-cuatro-veces

martes, 21 de noviembre de 2017

_- Día Mundial de los Niños. El mundo sigue siendo un lugar muy injusto y peligroso para millones de niños

EFE


Cada 20 de noviembre se celebra en todo el mundo la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño que tuvo lugar en 1989. Es el Tratado Internacional más ratificado de la Historia: lo han suscrito todos los países del mundo menos Estados Unidos. Su puesta en marcha marcó un antes y un después en la manera en que los gobiernos y las sociedades tratan -o deberían tratar- a sus ciudadanos más jóvenes.

La Convención, como primera ley internacional sobre los derechos de los niños y niñas, es de carácter obligatorio para los Estados firmantes y ha servido para reforzar el reconocimiento de la dignidad humana fundamental de la infancia así como la necesidad de garantizar su protección y desarrollo.

Desde su aprobación se han producido en todo el mundo avances considerables en el cumplimiento de los derechos de la infancia a la supervivencia, la salud y la educación; así como un reconocimiento cada vez mayor de la necesidad de establecer un entorno protector que defienda a los niños y niñas de la explotación, los malos tratos y la violencia.

En UNICEF centramos nuestros esfuerzos en hacer cumplir la Convención: que todos los niños y niñas del mundo estén donde estén vean cumplidos sus derechos. Y con su respaldo hemos avanzado mucho en las últimas décadas: el número de personas que viven en la extrema pobreza en todo el mundo es casi la mitad que en la década de 1990; las tasas mundiales de mortalidad de menores de cinco años se han reducido en más de la mitad en los últimos 20 años; han mejorado la nutrición y el acceso a agua potable; hoy más niños y niñas que nunca van a la escuela y reciben una educación que les permitirá romper el círculo de la pobreza.

Pero a pesar de esos avances el mundo sigue siendo un lugar muy injusto y peligroso para millones de niños que se enfrentan a una vida de pobreza y de falta de oportunidades: 15.000 niños menores de 5 años siguen muriendo cada día -5,6 millones al año- por causas que se pueden prevenir, como la diarrea, la neumonía o la malaria; 535 millones de niños -1 de cada 4- viven en países afectados por los conflictos, desastres naturales, epidemias y otras emergencias; 385 millones de niños viven en extrema pobreza; 264 millones de niños y adolescentes están fuera de la escuela; 168 millones de niñas y niños de entre 5 y 17 años trabajan; de ellos, 85 millones en labores peligrosas.

Y las perspectivas no son nada halagüeñas. A menos que intensifiquemos la velocidad de los progresos, en el año 2030, 167 millones de niños vivirán en la extrema pobreza, 69 millones de niños menores de 5 años morirán por causas evitables y 60 millones de niños en edad de asistir a la escuela seguirán sin escolarizar.

En este Día Mundial de los Niños necesitamos más que nunca compromiso político, recursos y voluntad colectiva. Y necesitamos también escuchar y dar la voz a los niños. Eso es lo que hemos hecho: les hemos preguntado -en una encuesta realizada a más de 11.000 niños de entre 9 y 18 años de 14 países- por lo que les preocupa. Y nos han dicho que la violencia, el terrorismo, el acoso escolar y la educación; que les inquieta el trato que se profesa a las personas refugiadas y migrantes; y que los líderes mundiales deberían abordar y dar soluciones a estos temas y a otros como la pobreza.

La sociedad tiene -tenemos- la obligación de escuchar a los niños. Tenemos la obligación de dejarles un mundo mejor, de respetar y hacer cumplir sus derechos. Se lo debemos. La Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 debe servirnos como eje canalizador para lograrlo.

Hoy los niños alzan su voz. El resto del año no podemos olvidar que siguen ahí, porque no hay causa que merezca más alta prioridad que la protección y el desarrollo del niño, de quien dependen la supervivencia, la estabilidad y el progreso de todas las naciones y, de hecho, de la civilización humana. Como dijo Nelson Mandela: “No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en que se trata a sus niños”.

Carmelo Angulo Barturen, presidente de UNICEF Comité Español

Fuente: http://www.efedocanalisis.com/noticia/dia-del-nino/

miércoles, 18 de octubre de 2017

17 de octubre Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Hablemos de la pobreza en el aula y pensemos cómo erradicarla.

El diario de la educación

La pobreza no tiene soluciones fáciles, hay que entender los diferentes elementos que tienen que ver. En todas partes tenemos que hablarlo, también en la escuela, en casa, en los medios de comunicación...

La Organización de las Naciones Unidas dedica el 17 de octubre a la erradicación de la pobreza. ¿Qué es la pobreza? Existen diferentes definiciones, pero hay que pensar en la pobreza como las condiciones vitales de privación que sufren muchas personas en el mundo fruto de su escasez de recursos económicos o de la falta de capacidades para vivir con la dignidad que se considera necesaria.

Este 2017 hace 30 años que el sacerdote francés Joseph Wresinski (1917-1988) hizo un llamamiento para luchar contra la pobreza y cinco años después la ONU declaró este día como el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Wresinski quiso atraer la atención hacia la exclusión que sufren las personas en situación de pobreza extrema en nuestras sociedades e impulsó el Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo (1957). Wresinski definía la pobreza desde la escucha de lo que le explicaban las personas que la padecían:

“Los más pobres nos lo dicen a menudo: no es sólo tener hambre o no saber leer, ni siquiera el no tener trabajo, que es la peor desgracia que le puede ocurrir al hombre; lo más terrible de todo es saber que uno no cuenta para nada, hasta el punto de que se ignora incluso nuestro sufrimiento. Lo peor es el desprecio de nuestros conciudadanos. Porque es ese desprecio el que nos deja al margen de todo derecho, lo que hace que la gente nos rechace, lo que nos impide ser reconocidos como dignos y capaces de responsabilidades. La mayor desgracia de la extrema pobreza es la de ser una especie de muertos vivientes durante toda nuestra existencia”

A veces pensamos que son pocas las personas que sufren pobreza, suele ser una realidad oculta. Pensamos en muchas ocasiones que la pobreza es propia de países lejanos. En el mundo hay millones de personas viviendo en situaciones de pobreza. Pero la pobreza también afecta a mucha gente en nuestra sociedad, está en nuestras aulas porque la sufren las familias, pero quizás no la tratamos en los espacios formativos. Quizás si atendemos a la pobreza cercana también nos empezará a preocupar más la lejana.

En España se crea riqueza, una clara evidencia es que aumenta la renta media (10.708 euros por persona en 2016; un 3 % más que en 2014), pero también es cierto que crece y se cronifica la pobreza. La pobreza se consolida. La población que vive en riesgo de pobreza después de transferencias sociales, después de haber recibido políticas públicas para evitarla, representa un 22, 3% de nuestra sociedad. La pobreza afecta a la infancia más que a otros colectivos. En España un 28,9 % de los menores de 16 años se encuentran en situación de pobreza, un porcentaje por encima del nivel de pobreza de la sociedad. Los datos aquí presentados proceden del Instituto Nacional de Estadística.

La pobreza que viven las personas tiene efectos directos sobre sus vidas.
1. Las personas que sufren la pobreza suelen vivir menos años y en peores condiciones,
2. Sufren más enfermedades,
3. Deben hacer más estancias hospitalarias,
4. Deben tomar más medicamentos…

En la escuela también se notan de diferente manera los efectos de la pobreza.
1. Los chicos y las chicas que sufren la pobreza tienen más dificultades educativas, van menos a la universidad…
2. Esto después tendrá efectos que podemos identificar, por ejemplo, en sus trayectorias laborales: tienen trabajos peor pagados y con peores condiciones laborales…
3. En el mercado laboral podemos encontrar una precarización de las condiciones de trabajo.
4. En España el 26,8 % de las personas contratadas tiene contratos temporales y esta modalidad afecta sobre todo a la juventud. La tasa crece hasta el 68 % en la franja de 16 a 24 años.
5. Es decir, lo tienen muy difícil para salir de la pobreza. Es especialmente difícil en esta época cuando tener trabajo no significa no sufrir pobreza.
6. Podemos ver cómo ha aumentado el porcentaje de personas que trabajan e incluso así continúan en riesgo de pobreza.
7. La tasa de pobreza entre las personas ocupadas ha pasado del 11,7 % en 2008 al 14,1 % en 2016.

La ONU hoy considera que la pobreza es un problema de derechos humanos urgente y la entiende como causa y consecuencia de vulneraciones de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Afirma que reducir la pobreza y erradicarla es una obligación de toda sociedad.

Wresinski el 17 de octubre de 1987 ya dijo: “Allí donde hay personas condenadas a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados. Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado”.

¿Cómo contribuir desde las aulas? Cada edad tiene unas características y son varias las maneras de hacer frente a la pobreza. Quizás una manera de empezar siempre es hablando de la complejidad de la pobreza y su erradicación, no hay respuestas sencillas. Un cuento quizás nos puede ayudar.

Antonio Gramsci (1891-1937), desde una prisión del Gobierno fascista de Benito Mussolini, donde pasó una parte demasiado larga de su vida por sus ideas de libertad e igualdad, escribió una carta a su esposa Giulia para pedirle que contara un cuento a sus hijos. Era un cuento tradicional de su región que él conocía. Ahora lo ha recuperado la editorial Milrazones en El ratón y la montaña a partir de la carta de Gramsci e ilustraciones de Laia Domènech.
La historia nos habla de un ratón que se había bebido la leche que estaba preparada para que el niño pudiera tomar el desayuno. Al despertar el niño llora al no tener la leche y su madre también. No hay más leche. El ratón desesperado se da cabezazos contra la pared. Pero ve que eso no le sirve de nada y decide ir a buscar leche a la cabra. Pero la cabra necesita hierba y el campo agua para poder hacer los pastos… El ratón llega a entender las diferentes actuaciones que tiene que hacer para poder conseguir la leche.

Los problemas que tenemos pueden no tener soluciones sencillas, posiblemente tendremos que actuar en diferentes ámbitos. Y el ratón preparará un plan que desarrollar en los siguientes años para resolver los diferentes problemas de su sociedad. La pobreza no tiene soluciones fáciles, hay que entender los diferentes elementos que tienen que ver, lo que la origina, y pensar de qué maneras se puede remediar y erradicarla.
En todas partes tenemos que hablarlo, también en la escuela, en casa, en los medios de comunicación… Conviene no dejar de pensar cómo podemos hacerlo. La pobreza genera un dolor innecesario en una sociedad que dispone de recursos suficientes para que nadie tenga que sufrirla.

Fuente:
http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/10/17/hablemos-de-la-pobreza-en-el-aula-y-pensemos-como-erradicarla/

sábado, 17 de junio de 2017

_-"La pobreza es un estado mental": desigualdad y el mito de la meritocracia.

_-José María Agüera Lorente

«La injusticia siempre exige justificaciones y argucias; las causas justas mucho menos»
(Robert Trivers: La insensatez de los necios) 

 Oigo la escueta noticia a través de la radio: Ben Carson, el secretario de vivienda estadounidense, afirma que la pobreza es «un estado mental». Busco en internet qué hay tras lo que aparece en forma de titular en varios medios digitales. Así me entero de que el señor Carson, neurocirujano de oficio, fue el primer afroamericano en ser nombrado jefe de neurocirugía pediátrica en el Centro Infantil Johns Hopkins de Baltimore.

Negro, es decir, hombre perteneciente a una minoría que, atendiendo a los datos estadísticos de toda índole, es el grupo de la ciudadanía que más sufre la pobreza en un país de por sí con un importante índice de desigualdad; para ponerlo en cifras, el índice de Gini, que cuantifica la desigualdad en los Estados, se situó en la república norteamericana en 0,48 puntos según informe de 2015 , siendo en España de 0,33 puntos y del entorno de 0,25 en los países nórdicos, los de menor desigualdad del mundo dado que el máximo lo marca el 1. Pero como ciudadano de la desfavorecida minoría negra el secretario Carson es un magnífico exponente del american dream, igual que el personaje que interpreta Will Smith –antaño irreverente príncipe de Bel Air– en la película titulada En busca de la felicidad, en la que un desgraciado padre cambia su situación de patético loser por la de ejecutivo triunfador merced a su «mentalidad ganadora», la que precisamente el exneurocirujano ahora miembro de la administración Trump propugna que han de inculcar los padres a sus hijos. Por eso, seguramente y dicho sea de paso, en nuestro sistema educativo postLOMCE se haya considerado conveniente la implantación de una asignatura denominada «Cultura emprendedora y empresarial» con el fin de inculcar en nuestros jóvenes el «espíritu emprendedor» y promover el «autoempleo».

De modo que la pobreza –según cabe inferir de este planteamiento– es, principalmente, el efecto natural de un modo de afrontar los retos de la vida desde el derrotismo, actitud que bien pudo ser herencia de unos padres que fallaron a sus hijos a la hora de dotarles del sano espíritu emprendedor que les insuflara la fuerza moral del triunfador. O expresado en versión corta: si eres pobre, tú te lo buscas por cultivar el espíritu perdedor; ya que, como dicta la ética capitalista, el que trabaja, innova y emprende, siempre recibe su merecido premio.

Si la estructura social del Antiguo Régimen legitimaba las desigualdades entre los integrantes de los diversos estamentos mediante el discurso religioso, el cual hacía del designio divino el fundamento moral del orden establecido, en el caso de nuestro actual statu quo, que tiene en las desigualdades económicas el elemento decisivo que marca las diferencias sociales, habrá que buscar su legitimación no ya en la dimensión trascendente, que no es válida en una cultura secularizada, sino en la inmanente de la propia responsabilidad individual, muy acorde con la concepción liberal de la democracia, que es la preeminente. Así la aristocracia viene a ser reemplazada por la meritocracia. Es el mérito ahora y no la superioridad del linaje el que da razón de la riqueza material que viene a ser moralmente aprobada, puesto que ha sido ganada en buena lid por el individuo en un contexto de competición en igualdad de condiciones. En consecuencia, la desigualdad resultante del enriquecimiento de unos y el empobrecimiento de otros no tiene por qué ser objeto de corrección, puesto que en nada contradice el canon de la ética capitalista. Meritocracia y aristocracia comparten el núcleo legitimador, que no es otro que la virtud (areté en griego), lo que otorga valor a algo o alguien (meritum en latín); y en el que se sustenta una jerarquía moralmente justa.

Considero que este constructo ideológico de la meritocracia es parte primordial de la ética de los trabajadores de las democracias modernas; y permite explicar en parte la casi inexistente resistencia y hasta resignación que caracteriza la actitud mayoritaria de la ciudadanía ante el crecimiento de la desigualdad económica y social. Cuando el ciudadano no trabaja, o tiene un trabajo indigno, cuando no logra darse a sí mismo la vida a la que el sistema le dicta que ha de aspirar como ideal, le ahoga la vergüenza del loser, del perdedor que no ha hecho méritos suficientes para obtener los favores del capital (yo lo he visto en personas de carne y hueso que conozco; apelo a la experiencia del lector). Aquí, como señala certeramente el filósofo Byung-Chul Han, descansa una parte principal de la estabilidad del orden establecido, que ha logrado en más de los que creemos hacer de su persona amo y esclavo a partes iguales; o dicho de otro modo, ha convertido al individuo en empresario empleador de sí mismo. No cabe, pues, la crítica a la sociedad, pues sólo uno es culpable de su propio fracaso.

La meritocracia va camino de convertirse, si no lo es ya, en una de esas creencias de las que hablaba José Ortega y Gasset hace casi un siglo en su ensayo titulado Creer y pensar; es decir, en una de esa clase de ideas que conforman el estrato más profundo de nuestro pensamiento, de las que no somos conscientes, pero con las que contamos sin más para hacer nuestras vidas, de tal modo que bien se puede decir que constituyen el continente de nuestras acciones. No vivimos con tales creencias, sino que estamos en ellas.

Hagamos méritos, entonces, y el sistema nos otorgará sus bendiciones. Seamos mejores, hagámoslo mejor que los otros, como dicta la regla dorada de la competición, y tendremos lo que nos merecemos. Y los que tienen más y son, en consecuencia más, es porque se han hecho merecedores de ello. Son mejores que los otros. Este sería el cuadro de la denominada por el economista francés Thomas Piketty «sociedad hipermeritocrática», un invento dice él de los Estados Unidos armado a lo largo de las últimas décadas con el fin de justificar la magnitud creciente de la desigualdad. Ésta va camino de alcanzar las cotas de concentración de riqueza extremas en las sociedades del Antiguo Régimen y en la Europa de la Bella Época (con típicamente el 90% de la riqueza total para el decil superior y el 50% para el percentil superior en sí mismo). Es el reparto según el modelo de la «sociedad hiperpatrimonial» o «sociedad de rentistas». Sólo que en este imperio del libre mercado global en el que nos hallamos instalados en nuestros días y que camina firme año tras año hacia el mayor crecimiento de la desigualdad el modelo es de una «sociedad de superestrellas» o una «sociedad de superejecutivos».

En cualquier caso los ganadores de semejante sociedad justifican la jerarquía que la estructura por el valor del mérito. Ahora bien, éste no es objetivo ni absoluto. Es muy difícilmente cuantificable y varía a lo largo del tiempo. Fijémonos por un momento en el salario de los altos ejecutivos, que no ha hecho más que crecer de forma exagerada en las últimas décadas, aumentando la brecha con respecto a los asalariados con menos sueldo de las empresas. ¿Cómo evaluar con objetividad su productividad marginal? ¿Cómo se mide la productividad individual cuando se forma parte de un equipo, de una estructura, de una empresa? Sus ganancias dependen más de las normas sociales vigentes entre ellos y los accionistas, así como de la tolerancia de los trabajadores de bajo nivel salarial y de la sociedad en su conjunto, para lo cual la batalla ideológica es decisiva. Como precisa el mismo Piketty: «Estas normas sociales dependen principalmente de los sistemas de creencias respecto a la contribución de unos y otros en la producción de las empresas y en el crecimiento del país. Teniendo en cuenta las enormes incertidumbres a este respecto no sorprende que estas percepciones varíen respecto a las épocas y a los países, y dependen de cada historia nacional particular. El punto importante es que, teniendo en cuenta lo que son estas normas en un país determinado, es difícil que una empresa particular se oponga a ellas». (A este respecto, el visionado de la película titulada El capital del incisivo director Costa-Gavras hará las delicias del lector con sensibilidad masoquista.)

La creencia, no obstante, del pensamiento liberal, que impregna la atmósfera mental que respira la ciudadanía, es que las notables diferencias en las retribuciones reflejan una desigualdad en el talento y la ejecución, necesaria para incentivar y alentar el trabajo duro, así como el reconocimiento del mayor esfuerzo, responsabilidad y estrés que conlleva el desempeño de los altos cargos. Este cuadro legitimador se resiente, sin embargo, cuando uno se entera de la ineptitud e incompetencia de muchos altos directivos, los cuales, empero, no dejan de cobrar sus escandalosas indemnizaciones, pensiones y bonus (¿necesitamos evocar la figura de nuestro ínclito Rodrigo Rato como referencia?). A ello hay que añadir que en el mundo real la productividad no es mero resultado del talento y esfuerzo de los individuos, sino del sistema socioeconómico en el que se desenvuelven.

El heterodoxo economista Ha-Joon Chang, profesor de Economía Política del Desarrollo en Cambridge, plasma meridianamente lo mucho que de mito tiene la meritocracia en este párrafo extraído de su libro 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo: «Esa idea tan extendida de que la única manera de que todas las personas reciban un salario correcto, y por lo tanto justo, pasa por que los mercados sigan su curso, es un mito; un mito del que habrá que olvidarse, comprendiendo lo que tiene de político el mercado y de colectiva la productividad individual, si pretendemos construir una sociedad más justa, en la que se decida cómo retribuir a las personas tomando en cuenta como se lo merecen la herencia de la historia y los actos colectivos, no solo el talento y el esfuerzo individual.»

Hay quien percibe, incluso, un proceso de secesión que pone en peligro la integridad del sistema democrático asociado a la legitimación meritocrática de la creciente desigualdad en la posesión de la riqueza. Los muy ricos constituirían ya un grupo de personas que han adquirido pautas de comportamiento e idiosincrasia exclusivas, resultantes en gran medida de identificar sus riquezas y las posiciones conquistadas en las últimas tres décadas con lo que conciben como su talento y su mérito singulares. Entienden que alcanzar las más altas cimas de la opulencia conlleva unos determinados derechos, que en realidad son privilegios, y que hacen todo lo posible por asegurar y acrecentar, segregándose del común de los mortales al mantenerse a salvo de los riesgos vitales e incertidumbre que no hacen más que aumentar en un mundo dominado por el omnipotente y veleidoso capital financiero. Es la tesis mantenida por los profesores Antonio Ariño y Juan Romero en su libro de hace un año titulado, precisamente, La secesión de los ricos, donde advierten, en efecto, del quebranto que se causa al fundamento mismo de la democracia cuando la ideología del mérito socava –como hemos apuntado más arriba– los principios políticos de la justicia y la igualdad legitimando la concesión de un poder tan desmesurado a determinados grupos.

La empatía social se resiente cuando no hay reconocimiento de la afinidad en la vulnerabilidad, que es el requisito casi indispensable según la filósofa norteamericana Martha C. Nussbaum para que los seres humanos se compadezcan. La meritocracia contribuye a reforzar el punto de vista desde el cual contemplamos a los perdedores del sistema como objetos distantes cuyas experiencias no tienen nada que ver con la vida propia. Su desdicha –pobreza, paro, exclusión social, pérdida de estatus...– es percibida no como algo inmerecido; es decir, la creencia es que la persona de la que se trate, de algún modo, ha provocado su propio sufrimiento. Las desigualdades devienen justas al asumir como evidencia irrefutable un terreno social en el que todos los individuos compiten en presunta igualdad de condiciones, ya que pueden recibir la educación que necesitan y son juzgados al margen de la colectividad en la que crecen. La socialización afirma la individualidad y sus virtudes, de forma que el triunfo y el fracaso se convierten en resultados de la actuación personal, incluida la pobreza, claro está, que es la consecuencia natural de la conducta de quienes no han sabido aprovechar las oportunidades que la vida y una sociedad abierta les ha brindado.

Es menester una buena dosis de autoengaño para no caer en la cuenta de las consecuencias políticas que todo esto acarrea, y que tienen que ver con la deslegitimación del estado de bienestar. El mito de la meritocracia es un barreno en el pilar de la solidaridad, uno de los que sustenta dicho estado de bienestar, cuyo presupuesto es que las desigualdades no son producto exclusivo de las acciones de los individuos que forman parte de él, o sea, que hay factores en la dimensión colectiva que objetivamente perjudican a unos y favorecen a otros al margen de sus méritos personales.

jueves, 2 de febrero de 2017

El hambre, el arma de los fuertes contra los débiles

Bruno Guigue
Arrêt sur Info



Los niños amenazados del Yemen no figuran en los grandes titulares.
Si realmente se quisiera la prueba de que el hambre no es un desastre natural o cualquier otra fatalidad que pesara sobre las tierras abandonadas por los dioses, bastaría con observar el mapa de las futuras hambrunas. Este mapa, diseñado por el economista jefe del Programa Mundial de Alimentos, Arif Husain, es contundente. Según él, 20 millones de personas corren el riesgo de morir de hambre en cuatro países en los próximos seis meses: Yemen, Nigeria, Sudán del Sur y Somalia (http://ici.radio-canada.ca/nouvelle…). Ahora bien, la principal causa de esa inseguridad alimentaria es política. Cuando no ha sido directamente provocada por el caos generador del subdesarrollo o la interrupción de los suministros, la intervención extranjera ha echado leña al fuego. La guerra civil y el terrorismo han arruinado las estructuras estatales, banalizando la violencia endémica y provocando el éxodo de la población.

En el Yemen los bombardeos saudíes han generado desde marzo de 2015 un desastre humanitario sin precedentes. La ONU se alarma ante esta situación, pero, ¡fue una resolución del Consejo de Seguridad la que autorizó la intervención militar extranjera! El cierre del aeropuerto de Sanaa y el embargo infligido por la coalición internacional han privado a la población de medicamentos. Las reservas de trigo disminuyen a ojos vistas. Los bancos extranjeros rechazan realizar operaciones financieras con los bancos locales. Catorce millones de personas, es decir el 80% de la población, tiene necesidad de ayuda alimentaria, unos dos millones en forma urgente. 400 mil niños están desnutridos. Al ser considerada culpable de apoyar al movimiento hutu, la población yemení está condenada a muerte. Las potencias occidentales participan de ese crimen masivo proporcionando armas a Ryad.

En Nigeria la caótica situación en la que se ha visto sumergido el noreste del país gangrena toda la región. Millones de personas se hacinan en los campos de refugiados huyendo de la violencia del grupo Boko Haram. Estas poblaciones, que son totalmente dependientes de la ayuda humanitaria, “sobreviven a temperaturas de 50° C en chozas con techo de uralita, con un solo acceso al agua, con cocinas comunes y una comida por día”, explica Arif Husain. Alimentado por la propaganda saudí, el terrorismo desafía actualmente a este Estado, el más poblado del continente cuya población se calcula que llegará los 440 millones en el 2050. Luego de la calamitosa destrucción de Libia por la OTAN el África subsahariana se ha convertido en el territorio de caza preferido de los yihadistas. El hambruna anunciada es consecuencia directa de esa desestabilización.

En Sudán del Sur la proclamación de la independencia en 2011 desembocó en una guerra civil en la que dos campos rivales se disputan el control de las riquezas energéticas. Este Estado secesionista, fragmentado, enclavado, mutilado de su norte al que lo enfrentó una interminable guerra civil, es fruto de la estrategia estadounidense. Esta creación artificial tenía el objetivo de contrarrestar la influencia de Sudán, desde larga data inscrito en la lista de los “rogue states” [N. de la T.: “Estados canallas”]. Nacido en la fuente bautismal de Washington que armó la guerrilla secesionista de John Garang durante 20 años, Sudán del Sur es hoy en día una región en ruinas. Desde diciembre de 2013 han muerto varias decenas de miles de personas, 2,5 millones han huido de sus hogares y cerca de 5 millones, se encuentran en una situación de inseguridad alimentaria “sin precedentes”, según la ONU. Si alguien quiere reclamar, se ruega que se dirija a los “neocons” de Washington.

En Somalia los avatares climáticos amenazan con la proximidad de un nuevo desastre alimentario. En el 2011 la terrible hambruna que siguió a la sequía provocó 260.000l muertos. La vulnerabilidad de la agricultura hortelana refleja el estado de subdesarrollo del país, fraccionado en una decena de grupos políticos rivales. El sangriento reino de los señores de la guerra locales, las intervenciones militares extranjeras (EEUU, Etiopía, Kenia), la influencia creciente, sobre un fondo de descomposición política, de la organización radical islámica Al-Shaab, le ha otorgado a este país el índice de desarrollo humano más bajo del planeta. Luego de la caída del régimen marxista de Syaad Barré en 1991 se fueron desvanecieron las estructuras estatales. La economía está exangüe y el sistema educativo descalabrado. El aumento de los precios de los alimentos y la caída de los salarios hacen temer lo peor hoy en día.

Lamentablemente, otras zonas de tensión provocan inquietud. Los actuales conflictos en Siria, Iraq, Afganistán, Ucrania, Libia, Zimbawe trastornan las condiciones de vida y generan flujos migratorios. Finalmente, algunos otros países viven una inseguridad alimentaria crónica: la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, Burundi, Mali, Niger. No es casual que la mayoría de estos países sean presa de una guerra civil, del terrorismo y de la intervención militar extranjera. El desorden que los asola es en primera instancia de naturaleza política y geopolítica. Lejos de ser una fatalidad es el resultado de causas endógenas y exógenas identificables. Las hambrunas no caen sobre los condenados de la tierra como un rayo. Es el arma de los poderosos para aplastar a los débiles.

Bruno Guigue es un ex alto funcionario, analista político y profesor en la Universidad de la Réunion. Es autor de cinco libros, entre ellos Aux origines du conflit israélo-arabe, L’invisible remords de l’Occident, L’Harmattan, 2002, y de numerosos artículos.

Fuente:
http://arretsurinfo.ch/la-famine-arme-des-forts-contre-les-faibles/


Traducido para Rebelión por Susana Merino

jueves, 21 de julio de 2016

NEIL DEGRASSE TYSON / ASTROFÍSICO: “Quizás el próximo Einstein se está muriendo de hambre en Etiopía”. El sucesor de Carl Sagan incide en que la educación y la ciencia son la mejor arma contra el fanatismo religioso.

Neil deGrasse Tyson (Bronx, EE UU, 1958) es uno de los divulgadores científicos más reconocidos del mundo. Este astrofísico ha sido el relevo del gran Carl Sagan al frente de la nueva versión de la serie Cosmos, que despertó tanto éxito como vocaciones científicas en todo el mundo. De Grasse estudió en el Instituto de Ciencia del Bronx (Nueva York), un centro público de enseñanza media muy selectivo especializado en matemáticas y ciencia. Al terminar, el propio Carl Sagan lo llamó para que fuera a verle con la intención de ficharlo para su universidad, Cornell. De Grasse prefirió Harvard, pero dice que aprendió de Sagan “el tipo de persona en quien quería convertirse”. El astrofísico asiste por primera vez al festival Starmus, que se celebra hasta el sábado en Tenerife, donde ofreció esta entrevista a Materia.

Pregunta. España atraviesa una crisis económica durante la que se ha recortado mucho en ciencia y conocimiento ¿Qué le diría al próximo presidente del Gobierno de España si le pidiera consejo?
Respuesta. No, mis palabras no serían para el presidente, sino para quienes le han elegido. Necesitas que entiendan por qué un político debería o no tomar ciertas decisiones. Parecería que lo eficiente es hablar con el líder del Gobierno porque él está al mando, pero supón que tu presidente dice: ”Sí, vamos a invertir más en investigación y desarrollo”, y el público dice: “No, pero espera, tengo hambre ahora, soy pobre”. Entonces deja de funcionar, las políticas no consiguen hacerse realidad. Tienes que entender el valor de la investigación y el desarrollo. Y entonces, cuando el jefe de Gobierno decida hacerlo, todo el mundo le apoyará, no habrá debate, porque todo el mundo entiende la importancia. Si pones en marcha una serie de inversiones, unas que esperas rentabilizar en el corto plazo, otras a medio y otras a largo, siempre hay un flujo de descubrimientos que puedes señalar como resultados de tu inversión. Eso podría funcionar, siempre habría algo de qué hablar, algo inventado en España, una nueva máquina, un nuevo tratamiento médico, tecnología... Esas son las economías que liderarán la civilización a lo largo del siglo XXI.

P. Usted dice que del instituto del Bronx (Nueva York) en el que estudió han salido ocho premios Nobel, igual que en toda España, y la mayoría no son de ciencia, sino de literatura ¿Qué supone eso?
R. Los Nobel en literatura son algo muy bueno. Comunicación, ideas, historias. Es una parte fundamental de ser humano, compartir las historias de otros. Pero os tenéis que preguntar si en España os conformáis con eso, o queréis más. Si la gente no quiere más, está bien, pero entonces no os podéis quejar de que la economía no sea tan competitiva como otras en Europa o el resto del mundo. Yo preguntaría, ¿tenéis ferias de ciencia donde los estudiantes hacen sus proyectos y reciben reconocimiento por pensar de forma científica sobre el mundo? Por ejemplo, ahora estamos en el festival Starmus. Me pregunto dónde están las grandes empresas que deberían estar apoyando un evento así. Posiblemente crean que esto no es importante. Se equivocan. Importa a todo el mundo, para su futuro, incluido el económico. Puedes elegir no hacerlo, pero irás a remolque del resto del mundo, de los que inventan. Tus enfermedades se curarán gracias a los esfuerzos en investigación de otros países. No hay nada malo, pero tendréis que pagar por ello.

P. Igual los empresarios piensan que no hay un retorno económico en este tipo de iniciativas…
R. Ah claro, el retorno no vendrá en este trimestre, nada en el informe anual de actividad, es algo que llegará mucho después. La reina Isabel la Católica sabía eso. Cuando envió a Colón a su expedición no estaba pensando en recuperar su inversión el próximo año. Sabía que estaba apostando a largo plazo en el futuro de España. Y en ese caso particular podemos discutir si el imperio español fue algo bueno o malo, pero desde luego fue algo, reflejaba una visión de país. Así que si no reinviertes tus beneficios en investigación verás cómo van a cero...

P. ¿Cree que los humanos nos hacemos cada vez más irracionales, más fanáticos?
R. Lo primero que puedes pensar es culpar a la gente que se comporta de esa forma, pero yo soy un educador y tengo una visión algo diferente. Creo que hay comunidades enteras que se sienten totalmente olvidadas. Hay un grupo de gente perfectamente formada inventando cosas, ganando más riqueza porque ellos han innovado. Si no eras bueno en tus clases de matemáticas o ciencia, si lo rechazabas o simplemente fuiste formado en otros valores, la primera reacción es rechazar todo eso, pensar: Eestáis todos equivocados, sois mis enemigos". Eso es muy humano. Esto nos lleva a un cambio en el sistema educativo para enseñar a la gente qué es la ciencia y cómo y por qué funciona. No es solo un conjunto de información que podrías ignorar o apartar porque así lo eliges. ¡La ciencia es la vida! Hay ciencia en todas partes, en todo lo que nos rodea, los materiales, los tejidos, los teléfonos, los automóviles... tu móvil se comunica con satélites GPS para que sepas dónde está la casa de tu abuela y que tienes que girar a la izquierda para llegar. Esto nos recuerda que tenemos que involucrar a todo el mundo en los nuevos descubrimientos tecnológicos, no crear un planeta donde unos los tienen y otros no. Porque estos últimos los rechazarán.

P. ¿Y el hecho de que se enseñe religión en las escuelas?
R. Hay dos tipos de verdades en este mundo. Están las personales, las cosas que sabes que son reales porque las sientes. Y luego hay verdades objetivas, esas que existen independientemente de lo que sientas por ellas. E=mc2, esa es una verdad objetiva. No importa si estás o no de acuerdo con ella, es una verdad. Las religiones son verdades personales. Para conseguir que alguien esté de acuerdo con tu verdad personal tienes que adoctrinarlos o hacerlo por la fuerza, por la amenaza de muerte. Ha habido muchísimas guerras en la historia porque unas personas tenían una verdad personal y otras otra. No había forma de resolver el conflicto de forma objetiva, así que se mataron para ver quién acaba dominando a quién. Esto es malo para la civilización. Lo mejor es que te guardes tu verdad personal para ti solo. Y si consigues llegar a ser el jefe del Estado, o alguien con poder y tienes que dictar nuevas leyes, en una sociedad libre no deberías basarlas en tus verdades personales, porque las estarías forzando sobre otros que quizás no las compartan. Si vives en un país con católicos, protestantes, musulmanes, hindúes y haces una ley que no se basa en una verdad objetiva, entonces se convierte en una receta para la guerra. Es el comienzo de una teocracia, no de una democracia. Es el principio del final de una democracia informada.

P. ¿Como civilización cree que evolucionaremos a un punto en el que dejemos de exterminarnos unos a otros?
R. Vivimos en el tribalismo. Los antropólogos saben que los humanos somos tribales por naturaleza. Está mi familia y mi pueblo y, si estás fuera, eres mi enemigo. Puedes preguntarte cómo de grande quieres que sea tu tribu. ¿Incluye a todo el mundo en la Tierra? ¿A todos los humanos? Esa es probablemente la mejor solución para la sociedad. Más que mi familia, mi ciudad, la gente que habla mi idioma, los que tienen mi aspecto... Y así tomas decisiones que benefician a todos y no son excluyentes. Para eso necesitamos que nuestra civilización evolucione, como dice.

P. Stephen Hawking cree que no duraremos otro milenio en este planeta. ¿Está de acuerdo?
R. Yo no estoy de acuerdo con la utilidad de esa idea. Puede que destrocemos este planeta y que tengamos que irnos a vivir a Marte. Pero antes habrá que transformarlo para que sea como la Tierra y enviar a unos cuantos miles de millones de personas allí. Si tienes la capacidad de transformar Marte de esa forma, también puedes cambiar la Tierra para que vuelva a parecerse a lo que era. No hay necesidad de irse. Puedes arreglar las cosas aquí antes que convertir otro planeta. Así que la solución de Hawking funciona muy bien como titular de prensa, pero en la práctica nadie haría eso, simplemente arreglaríamos la Tierra.

P. Antes ha hablado de la desigualdad como razón de rechazo de la ciencia y como raíz de radicalismo. ¿Estamos mejorando o empeorando en ese aspecto?
R. La educación es clave: tener líderes bien formados, ilustrados, no corruptibles. En muchas naciones en desarrollo es su propia corrupción la que impide que todo el país crezca como debería. Podría verlo desde una postura muy egoísta y decir que quizás el próximo Einstein se está muriendo de hambre en Etiopía y nunca lo sabrás porque es un niño sin comida. Como científico quiero que todo el que tenga una posibilidad de pensar en cómo mejorar nuestra civilización tenga una oportunidad. Si Isaac Newton hubiese nacido en África, creo que nunca habría conseguido llegar a donde llegó. Se hubiera preocupado solo de no morir. Es cierto que él se mudó al campo para evitar la peste de Londres, así que sí sabía lo que hacer para sobrevivir en ese contexto. Pero si perdemos gente así en su infancia, estamos reprimiendo el avance de nuestra propia civilización. Es una de las grandes tragedias de la actualidad, que no todo el mundo tenga la oportunidad de ser todo lo que pueden.

P. ¿Qué cuestiones de la astrofísica le interesan más en la actualidad?
R. Amamos lo desconocido. Me interesan las ondas gravitacionales, la materia oscura, la energía oscura, la búsqueda de vida, ¿hay un multiverso? ¿podemos crear un agujero de gusano? ¿hay vida en Europa, una de las lunas de Júpiter?, ¿y en Marte? Me encantan todas esas preguntas. Pero la que más me gusta es esa que ni siquiera sé cómo formular aún.

http://elpais.com/elpais/2016/06/30/ciencia/1467281442_280683.html?rel=lom