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viernes, 20 de julio de 2018

Cuerpo & Vientres de alquiler. Amelia Valcárcel: «No puedes decir mi cuerpo es mío y quedarte con el de otra persona».

Aiende Jimenez
https://www.diariovasco.com

Afirma que no existe «ningún resquicio en el feminismo por el que podamos prestar el mínimo apoyo al alquiler de vientres».

Su conferencia no dejó indiferente al público -mayoritariamente femenino- que asistió ayer al curso '¿Gestación subrogada o vientres de alquiler? Los límites de la mercantilización de los cuerpos de las mujeres' que Emakunde organizó en Donostia. La filósofa y escritora feminista Amelia Valcárcel argumentó su posición en contra y negó que tenga ninguna justificación en el feminismo.

- ¿Gestación subrogada o vientre de alquiler?
- La gestación subrogada es un eufemismo. Se trata del alquiler de personas para que te den criaturas. Por tanto no es una práctica de natalidad, ni médica. Es una vía para obtener algo que se desea, en este caso un bebé. Todos los argumentos que buscan dar legitimidad social a este fenómeno se basan en la división cuerpo-mente, y lo que tenemos es un cuerpo que ha favorecido la existencia de otro, pero no la afiliación del mismo. Esa madre es madre solo del cuerpo, y ni si quiera de todo él, porque la intención de dar vida a otra persona ni siquiera es suya.

«Lo más repugnante es que se utilice la libertad para intentar avalar semejante asunto»

- En su exposición ha hecho referencia en varias ocasiones a la exclavitud. ¿Considera esta práctica una forma de esclavizar a las mujeres?
- A lo largo de toda su historia la humanidad ha admitido ciertas prácticas a las que ha renunciado por muchas razones, y antes de admitir cualquier otra tiene que ser muy cuidadosa, no sea que se reproduzcan partes que ya se ha decidido que no estamos dispuestos a admitir como humanos a día de hoy. Nuestra humanidad ha comprado niños sin parar. Antiguamente había esclavas que solo se dedicaban a reproducirse, porque era un buen negocio, y eso no tiene nada de nuevo. Lo nuevo es prohibir que eso ocurra.

- Usted es feminista. Sin embargo la mayoría de las voces del feminismo son partidarias de la legalización de la gestación subrogada.
- Esta práctica conlleva una negación de la individualidad de los sujetos mujeres, una negación de la relación de filiación que es una de las más importantes y el regreso a dualismos ancestrales que negamos en cualquier otra situación. ¿Deberíamos como feministas admitirlo? Teniendo en cuenta que venimos de una tradición que trata de incorporar el sujeto femenino y que de otra parte es abolicionista y redentorista, no tenemos un solo resquicio por el cual podamos prestar el menor apoyo a este tipo de asunto.

- Hay quienes defienden la libertad de las mujeres para decidir sobre sus actos, el mensaje de 'mi cuerpo es mío'.
- 'Mi cuerpo es mío' es un eslogan, afortunado por cierto, pero no es un fundamento de derecho. No puedes decir mi cuerpo es mío para quedarte con el de otra persona. Lo más terrible que ocurre en este submundo que muchas personas quieren crear es querer utilizar el más hermoso de los nombres, que es el de la libertad, para avalar semejante asunto. Eso es lo más repugnante.

- ¿Y si una mujer decide gestar un bebé para otra persona por decisión propia?
- No conozco ningún caso, pero me daría igual, porque muchas prácticas abusivas son consentidas.

«La mayor parte de las prácticas violentas se dan sin violencia y con apariencia de contrato»

- ¿Esta práctica lo es?
- ¿Se le puede pedir a una mujer que geste y para a una criatura, y decirle que no es suya y que se la entregue a otro por dinero o por nada? La mayor parte de las prácticas violentas se dan sin violencia explícita y bajo la apariencia de contrato, y es algo que ha ocurrido en todas las sociedades en el pasado.

- ¿Qué opina de que se esté planteando su regulación?
- Ya está regulado, está prohibido.
- Matizo, su legalización.
- Es evidente que no existe ni un solo fundamento para aceptar algo así. Ni uno. Como no los hay, el fundamento que se utiliza es a futuro. Esto es, por el superior interés del menor, se admite todo lo que ha habido antes de que este nazca.

- Para las parejas homosexuales es la única forma de cumplir el deseo de tener un hijo, aparte de la adopción.
- Pero deseo no significa derecho, porque sino tendríamos que asociar un derecho a cualquier deseo, y algunos deseos son de ineficaz cumplimiento y otros no están suficientemente justificados.

Fuente:

https://www.diariovasco.com/gipuzkoa/amelia-valcarcel-filosofa-20180713021012-ntvo.html

martes, 15 de mayo de 2018

Feminismo & ¿Justicia? ¿Puede la justicia ser feminista?


www.publico.es



La sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra que absuelve a los miembros de “La Manada” de violación, tipificando el acto delictivo como un abuso sexual, constituye un indulto repugnante revelador de la íntima relación entre patriarcado e (in) justicia.

Varias de las injusticias contra las que luchan las mujeres se derivan de un patriarcalismo que permea el sistema jurídico, directamente implicado en la reproducción de la dominación masculina y la cultura patriarcal. ¿No es violación que cinco hombres penetren forzadamente a una joven? ¿Qué tipo de mentalidad es la de un juez que solo aprecia en el vídeo de la agresión "actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo"? Se trata de una sentencia propia de una justicia miope más preocupada por las reacciones de la víctima ("ni dolor ni asco, era excitación sexual") que por la conducta de los agresores.

La justicia en general y la justicia de género en particular se hallan de nuevo en entredicho en España, una justicia que no ve probada la violencia que requiere la violación, pero que sí ve probada la violencia en la organización de un referéndum pacífico. Lo grave es que no estamos ante un hecho aislado, como ponen de manifiesto otros casos recientes que destilan patriarcalismo jurídico. Me referiré a dos. El primero es el caso de las feministas encausadas de Palma, condenadas a un año de cárcel por interrumpir en 2014 con una protesta pacífica una liturgia religiosa celebrada en la parroquia de Sant Miquel.

La movilización se enmarcaba en un acto de protesta contra la reforma de la ley del aborto que preparaba el por entonces ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón. Las activistas protestaban por la influencia que la Iglesia católica tuvo en la reforma Gallardón. En 2016, la sentencia de la Audiencia Provincial de Palma las consideró autoras de un delito penal contra la libertad religiosa. Ese mismo año, el Juzgado de lo Penal número 6 de Madrid condenaba a la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, a una multa de 4.320 euros por un delito contra los sentimientos religiosos por una protesta en 2011 en la capilla del campus de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid, del que posteriormente fue absuelta.

El segundo caso es el de la apertura de juicio oral a la activista feminista Nina Parrón, Consejera de Igualdad del Consell Insular de Mallorca. Parrón se enfrenta a un supuesto delito de injurias y calumnias con publicidad contra Jorge Skibinsky, presidente de la Asociación de Padres de Familias Separados de Baleares, quien, en una carta publicada en julio de 2016 en un rotativo local, negaba que el asesinato de Xue Sandra por parte de su expareja fuera una “acción machista”, sino que se trataba de un “crimen pasional” motivado por la “incapacidad del agresor de aceptar que su pareja iba a dejarle”.

Parrón denunció el caso ante la Fiscalía, que archivó la denuncia. A su salida declaró ante los medios de comunicación que las palabras de Skibinsky podían ser constitutivas de un posible delito de apología de la violencia machista. Skibinsky interpuso una querella criminal contra Parrón por calumnias e injurias con publicidad, alegando que las declaraciones habían generado un “clima de tensión” y una “animadversión injusta” contra él. El Juzgado de Instrucción número 8 de Palma impuso recientemente a Parrón una fianza civil de 30.000 euros a la espera de que se celebre el juicio oral.

¿Cómo es posible que quien defiende desde las instituciones públicas los derechos de las mujeres pueda llegar a ser condenada a raíz de una querella de quien reduce un problema estructural como la violencia de género a un episodio de obsesión y enajenación personal?.

El caso de Nina Parrón recuerda a la justicia invertida de la que habla Lewis Carroll en Alicia a través del espejo, que primero sentencia y después juzga. Ambos casos tienen un denominador común: la denuncia de alguna forma de violencia contra las mujeres, pero también ambos presentan contenidos perturbadores para la libertad de expresión, en estado crítico en España tras sentencias como las de Valtonyc, Pablo Hasel, César Strawberry, Cassandra Vera, el caso de los titiriteros, el secuestro del libro Fariña sobre el narcotráfico gallego y la retirada de la obra “Presos políticos” de Arco.

El caso de Parrón es un suma y sigue: representa una mordaza del patriarcado que limita la libertad de expresión, a la par que un aviso para que las feministas anden con pies de plomo y abanderen sus convicciones de forma silenciosa. Sin embargo, conviene situar el retroceso actual de la libertad de expresión en España en el contexto más amplio de la escalada represiva diseñada para silenciar los movimientos sociales, sobre todo a raíz de las movilizaciones que surgieron del 15M, cuya respuesta institucional fue la aprobación de Ley de Seguridad Ciudadana (más conocida como Ley Mordaza) por el Gobierno de Rajoy en 2015.

Las políticas de austeridad que la Unión Europea y el Gobierno español adoptaron en respuesta a la crisis forman parte de una misma estrategia neoliberal y conservadora que criminaliza el activismo social y limita la libertad de expresión. Se trata de una estrategia que combina austeridad y represión para garantizar los beneficios del capital financiero mediante las crisis que genera.

En este contexto, urge reformular la pregunta que se hacía Boaventura de Sousa (“¿puede el derecho ser emancipador?”) de este modo: ¿puede el sistema de justicia ser un instrumento de lucha emancipadora de las mujeres? ¿Puede el derecho dejar de ser un producto de la cultura machista y sexista hegemónica al servicio de la dominación patriarcal que trata a las mujeres como el “segundo sexo”, según la conocida expresión de Simone de Beauvoir?.

Cabe cuestionar de raíz la teoría jurídica, poniendo en tela de juicio los presupuestos e intereses que asume, así como poner en jaque el modo en el que el derecho se aplica, todavía por medio de instituciones que, aunque contemplen las demandas de las mujeres, siguen estando moldeadas por la ideología patriarcal.

Necesitamos un derecho articulado con los conocimientos y los movimientos feministas: ¿por qué en las Facultades de Derecho de las universidades públicas no hay asignaturas de jurisprudencia feminista y sí de Derecho eclesiástico del Estado?.

Un derecho con más acciones de sensibilización, formación y sobre todo de movilización de los juristas comprometidos con el cambio social progresista.

Los platos en equilibrio de la balanza de Temis, la diosa de la justicia en la mitología griega, indican que no hay diferencias entre las personas cuando se juzgan sus aciertos y errores. Desgraciadamente, los hijos del patriarcado han desequilibrado una vez más los platos de la justicia a su favor.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/25670/puede-la-justicia-ser-feminista/

miércoles, 9 de mayo de 2018

Feminismo & Marxismo, Marxismo y feminismo: una perspectiva histórica.

Catherine Andrews

http://www.letraslibres.com

La autora nos hace un breve repaso sociohistórico del feminismo desde sus claves teóricas y como muchas de estas se han alimentando de la teoría marxista.

Siempre me ha fascinado la historia de Olive Schreiner, autora de uno de los textos clásicos feministas del siglo XX (Woman and labour, 1911). Schreiner nació en 1855 en una misión metodista de Cabo del Este (actualmente, República de Sudáfrica). Fue la novena de doce hermanos. Su padre, Gottlob Schreiner, era un clérigo alemán; y su madre, Rebecca Lyndall, hija de un ministro protestante inglés.

En la década de 1880 Olive vivió en Escocia y luego en Londres, donde se hizo amiga de la hija menor de Karl Marx, Eleanor, y de otras mujeres socialistas en el club londinense Nueva Mujer. En ese periodo empezó a investigar sobre lo que llamaría más tarde “el problema del trabajo femenil”; es decir, la cuestión de la idoneidad de las mujeres para trabajar fuera de la casa, muy debatida entre la intelectualidad europea del momento.

Concluyó dicha tarea en 1899 cuando, tras el matrimonio y la muerte de su única hija, se encontró de nuevo en Sudáfrica. Obligada a refugiarse en su casa de manera repentina durante la guerra de los bóeres, tuvo que abandonar el manuscrito terminado. Ocho meses más tarde, cuando un amigo fue por el texto, descubrió que la casa de Schreiner había sido saqueada y quemada, y con ella, su libro. Profundamente decepcionada por la pérdida de veinte años de trabajo, Schreiner decidió reescribirlo. Pero la guerra, y luego su mala salud, le impidieron reconstruir el texto en su totalidad.

Al final, optó por reelaborar solo los últimos capítulos, que fueron publicados en 1911. Cuento la historia de Schreiner en calidad de alegoría por el tema de este ensayo: la relación entre el pensamiento marxista y el feminista del siglo XIX a la actualidad. La historia de su libro ejemplifica de manera excelente esta relación intelectual; su existencia accidentada y llena de violencia simboliza la forma en que el trabajo intelectual de las mujeres se realiza en un mundo aún diseñado para los hombres. El marxismo y los marxistas no han sido siempre los más entusiastas partidarios de la causa feminista. Desde el siglo XIX intentaron marcar una división entre las propuestas igualitarias del “feminismo burgués” y las ideas socialistas dirigidas a desmantelar el capitalismo.

El fin de este, argumentaban, terminaría con la explotación de la burguesía sobre la clase obrera y liberaría a hombres y mujeres por igual. En La ideología alemana (escrita en 1846, pero publicada por primera vez en 1932), Marx y Engels plantearon que la primera división del trabajo derivaba del hecho de que la mujer se embarazaba y se dedicaba a cuidar a sus hijos. Desde su punto de vista, era una división “natural” de las tareas masculinas y femeninas. Engels retomó esta idea más tarde en El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado (1884).

En este texto, argumentó que, en el periodo precapitalista, la familia era parte de una comunidad productiva en la que la propiedad se compartía entre todos sus miembros:

La división del trabajo es en absoluto espontánea: solo existe entre los dos sexos. El hombre va a la guerra, se dedica a la caza y a la pesca, procura las materias primas para el alimento y produce los objetos necesarios para dicho propósito. La mujer cuida de la casa, prepara la comida y hace los vestidos; guisa, hila y cose. Cada uno es el amo en su dominio: el hombre en la selva, la mujer en la casa. Cada uno es el propietario de los instrumentos que elabora y usa: el hombre de sus armas, de sus pertrechos de caza y pesca; la mujer, de sus trebejos caseros. La economía doméstica es comunista, común para varias y a menudo para muchas familias. [El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, Akal, 2017.]

La transición hacia el capitalismo implicó, de acuerdo con el análisis de Engels, la esclavitud de la mujer, pues la introducción de la propiedad privada y el intercambio de trabajo masculino por dinero en el espacio público modificaron también la relación en el ámbito doméstico. Dice Engels:

La misma causa que había asegurado a la mujer su anterior supremacía en la casa –su ocupación exclusiva en las labores domésticas– aseguraba ahora la preponderancia del hombre en el hogar: el trabajo doméstico de la mujer perdía ahora su importancia comparado con el trabajo productivo del hombre; este trabajo lo era todo; aquel, un accesorio insignificante. [Las cursivas son mías.]

En otras palabras, se interpretaba la explotación sufrida por la mujer a manos capitalistas como una extensión de la infligida a su marido. Ella contribuía a la producción de plusvalía mediante el cuidado de su marido y la procreación de la fuerza de trabajo. Asimismo, se le consideraba como el elemento burgués en la familia, en virtud de su papel como consumidora del salario del esposo. Para conseguir su libertad primero tendría que incorporarse al mercado como fuerza laboral, pues de esta manera podría reclamar la parte correspondiente de los frutos de su trabajo.

Engels subrayaba que “la emancipación de la mujer no se hace posible sino cuando esta puede participar en gran escala, en escala social, en la producción y el trabajo doméstico no le ocupa sino un tiempo insignificante”. Por consiguiente, el fin socialista debería ser crear las condiciones necesarias para permitir el trabajo de la mujer fuera de la casa, pero no librarla de la responsabilidad “natural” de su sexo.

La interpretación socialista del origen de la subyugación femenil resultó sumamente importante para las mujeres trabajadoras y socialistas. Desde el siglo XIX, se repite para rebatir los argumentos en contra de la presencia de la mujer en el campo laboral, y para exigir de los patrones salarios igualitarios y mejores condiciones de trabajo para las mujeres. Hasta la actualidad es el motor de buena parte de la acción sindicalista entre mujeres.

El origen de la familia
La teoría de Marx y Engels acerca de los orígenes de la familia y el capitalismo también ha servido de distintas maneras para el desarrollo del pensamiento feminista fuera del socialismo.

La versión del comunismo primitivo de Engels, según la cual las mujeres y los hombres compartían el trabajo en condiciones de igualdad, inspiró a Olive Schreiner para elaborar una crítica incisiva a los argumentos científicos de su época que postulaban la inferioridad física e intelectual de las mujeres. Para Schreiner la historia de la relegación de la mujer al espacio privado era una tragedia, pero también una inspiración para el futuro.

Si bien dedica sus primeros capítulos a describir cómo las transformaciones de la sociedad del “estado primitivo” a “la civilización” decimonónica habían “robado a las mujeres su dominio antiguo de la labor productiva y social” para convertirlas en una especie “parasítica” del hombre, no pretendía adjudicar este cambio a la supuesta debilidad de la mujer. Al contrario, buscaba resaltar la fuerza femenil, sus contribuciones al progreso de la sociedad y su espíritu indomable:

Mientras que el hombre cazaba, o batallaba con el enemigo [...], trabajábamos la tierra. Arábamos el campo, cosechábamos el grano, organizábamos las casas, hilábamos y cosíamos la ropa, hacíamos las ollas y pintábamos los primeros dibujos, lo que representaba el primer arte doméstico de la humanidad; estudiábamos las propiedades y usos de las plantas, y nuestras mujeres fueron las primeras médicos de la raza, como sus primeras sacerdotisas y profetas. [Woman and labour, T. Fisher Unwin, 1911.]

Antes de Simone de Beauvoir, Schreiner apuntó que no había nada natural en la división de labores entre hombres y mujeres: entre los animales, las hembras no eran más débiles que los machos y había casos en que ambos sexos compartían la tarea de la crianza. De hecho, para Schreiner, la mujer debería considerarse como el sexo más fuerte, pues su “trabajo era más laborioso e interminable que el del hombre”.

El varón “salvaje” tenía tiempo para descansar “en el sol” comiendo y bebiendo “lo producido por nuestras manos”, mientras que la mujer, incluso “cuando traía un niño en el vientre”, seguía trabajando sin quejarse. Ni siquiera aceptaba el argumento de que el rol masculino de soldado o guerrero ilustraba la inferioridad de las mujeres, pues “incluso en términos de la muerte [...] hay mucha más probabilidad de que la mujer promedio muera en el parto a que el hombre promedio muera en el campo de batalla”.

El libro de Schreiner, por ende, era un llamado a las mujeres a no aceptar su estatus subordinado. Debían de inspirarse en el heroísmo de sus congéneres del pasado que “nunca fueron compradas ni vendidas [...] que no conocían el miedo, ni temían la muerte, pero quienes vivían grandes vidas y tenían grandes esperanzas”. La salvación de la mujer consistía en volver a realizar trabajo productivo y socialmente útil; y, dado que “nada del presente ni del pasado” sugería que había “relación entre las capacidades intelectuales y la función sexual”, no existía cargo al que no pudieran aspirar:

De la silla del juez al escaño del legislador; de la sala del estadista a la oficina del comerciante; del laboratorio del químico a la torre del astrónomo; no hay puesto [...] en el que no aspiremos a meternos: y no hay puerta cerrada que no intentemos abrir; y no hay fruto en el jardín del conocimiento que no vayamos a comer.

La lucha de clases
Las grandes esperanzas de Schreiner y sus compañeras de la primera ola feminista de que la sociedad industrializada ofreciera a las mujeres oportunidades de igualdad mediante el empleo asalariado no se habían cumplido para la década de 1960. Ni siquiera en los países comunistas, donde el número de mujeres trabajadoras era mayor que en los capitalistas. Las mujeres, al parecer, no eran oprimidas solo por su “irrelevancia” económica.

Había que buscar otra explicación para su situación subordinada. El análisis marxista de nuevo resultó muy útil para el pensamiento feminista. No obstante, la inspiración ya no fue Engels y El origen de la familia, sino la teoría de la lucha de clases y su función como motor de la historia. Las feministas del baby boom estadounidense interpretaron su lucha en términos revolucionarios y crearon una narrativa en que las mujeres se describieron como “una clase” oprimida por “la supremacía masculina”, o bien, por lo que llamarían “el patriarcado”. En palabras del famoso manifiesto de las Redstockings (Medias Rojas) de 1969:

La supremacía masculina es la más antigua y la más básica forma de dominación. Todas las demás formas de explotación y opresión (racismo, capitalismo, imperialismo, etc.) son extensiones de la supremacía masculina: los hombres dominan a las mujeres y unos pocos hombres dominan lo restante. Todas las estructuras del poder a través de la historia son dominadas por los hombres y orientadas hacia los hombres. Los hombres controlan todas las instituciones políticas, económicas y culturales, y mantienen ese control mediante la fuerza física. Ellos usan el poder para mantener a las mujeres en una posición inferior. Todos los hombres se benefician económica, sexual y psicológicamente de la supremacía masculina. Todos los hombres oprimen a las mujeres.

En este feminismo radical (adjetivo que deriva de la insistencia en identificar la raíz de la opresión femenina), la mujer no fungía como el elemento burgués de la pareja, como insinuaba Engels. El elemento burgués era el hombre, y el fin del feminismo radical no era otro que “desarrollar la conciencia de clase femenina” con el fin de promover la destrucción del sistema de explotación clasista. Según el análisis radical, la supremacía de la clase masculina se apoya en la violencia física y sexual. Adrienne Rich argumentó en 1980, por ejemplo, que el fundamento del poder masculino reside en el rechazo a que las mujeres desarrollen su propia sexualidad.

En el patriarcado, la mujer se define a partir del servicio sexual que proporciona al hombre, y nunca en función de sus propios deseos. La familia y la heterosexualidad, por consiguiente, no son fenómenos naturales, sino políticos. Las instituciones gubernativas del patriarcado inculcan y reproducen las relaciones de clase. Para Rich, “ante la ausencia de elección [en su sexualidad] [...], las mujeres no tendrán el poder colectivo para determinar el significado ni la posición que podría tener la sexualidad en sus vidas” [“Compulsory heterosexuality and lesbian existence” en Signs, vol. 5, núm. 4, 1980].

La interseccionalidad
El llamado del feminismo radical para que las mujeres adquirieran conciencia de su clase y lucharan por su liberación encontró eco principalmente entre mujeres blancas de clase media en Europa y Estados Unidos. Para otras comunidades femeninas, el discurso de que todos los hombres se beneficiaban de la supremacía masculina no correspondía del todo con sus realidades. Si bien la propuesta de analizar las relaciones entre hombres y mujeres como una lucha entre clases encontró una recepción favorable entre feministas socialistas, como Zillah Eisenstein y Patricia Connelly, no por ello renunciaron a la tesis marxista de la explotación económica en el capitalismo.

Más bien, incorporaron el feminismo radical en sus argumentos. Eisenstein, por ejemplo, planteó “la teoría de un patriarcado capitalista” que postulaba la existencia del patriarcado previa al capitalismo y sugirió que había “una dependencia mutua entre la estructura de clase capitalista y la supremacía masculina”. Afirmaba que el socialismo y el feminismo radical obligaban a estudiar la opresión como si las mujeres ocuparan solamente el espacio privado y los hombres, el público; es decir, se analizaba “el trabajo doméstico o el trabajo asalariado; [...] la familia o la economía; [...] la división sexual del trabajo o las relaciones de clase en el capitalismo”.

La teoría del patriarcado capitalista, en cambio, permitía a las feministas socialistas reconocer que las mujeres existían en ambas esferas y participaban activamente en ellas. Para las feministas negras, las tesis de la supremacía masculina y del patriarcado capitalista no constituían una explicación coherente acerca de la situación de la mujer. Las retóricas socialista y feminista radical no incluían referencias a la opresión racista, que consideraban como una explotación derivativa.

Las socialistas consideraban a esta como producto del capitalismo y las feministas radicales, como resultado del patriarcado. Para las feministas negras de Estados Unidos y las del entonces llamado tercer mundo, era necesario analizar el racismo también como parte medular de la lucha de clases. Como explicaron las integrantes del Colectivo de Río Combahee, un grupo de mujeres negras lesbianas estadounidenses, en su manifiesto de 1977:

Reconocemos que la liberación de toda la gente oprimida requiere la destrucción de los sistemas político-económicos del capitalismo y del imperialismo, tanto como el del patriarcado. Somos socialistas porque creemos que el trabajo se tiene que organizar para el beneficio colectivo de los que hacen el trabajo y crean los productos, y no para el provecho de los patrones. Los recursos materiales tienen que ser distribuidos igualmente entre todos los que crean estos recursos. No estamos convencidas, sin embargo, de que una revolución socialista que no sea también una revolución feminista y antirracista nos garantizará nuestra liberación. [...] Necesitamos verbalizar la situación de clase real de las personas que no son simplemente trabajadores sin raza, sin sexo, pero para quienes las opresiones raciales y sexuales son determinantes en sus vidas laborales/económicas. Aunque compartimos un acuerdo esencial con la teoría de Marx en cuanto se refiere a las relaciones económicas específicas que él analizó, sabemos que su análisis tiene que extenderse más para que nosotras comprendamos nuestra específica situación económica como negras.

Desde la academia, feministas negras como Angela Y. Davis (Women, race and class, 1981) y bell hooks (Ain’t I a woman? Black women and feminism, 1981) retomaron estos argumentos para elaborar una historia del capitalismo e imperialismo en Estados Unidos que subrayaba el peso de esa triple explotación experimentada por las mujeres negras. En 1991, la socióloga Patricia Hill Collins acuñó el término “matriz de dominación” (matrix of domination) para explicar cómo diferentes mujeres lidiaban con dichas opresiones.

Actualmente el feminismo identifica este análisis como “interseccional”. La nomenclatura deriva del trabajo de la jurista Kimberlé Crenshaw quien, siguiendo las tradiciones del feminismo negro, critica la legislación antidiscriminatoria de Estados Unidos por no contemplar la “intersección” de dos o más discriminaciones en una sola queja.

La nueva terminología feminista ya no se refiere únicamente a la opresión resultante de las diferencias sexuales, sino también a la que emana del género.

No obstante, el feminismo interseccional tiene dos corrientes principales: la materialista, que postula que el género es el nombre que se asigna a las relaciones jerárquicas de poder entre la clase masculina y la femenina; y la liberal (y posmoderna), que entiende el género, al igual que la clase y la raza, como formas de “identidad”. Las rupturas y los desacuerdos en la discusión feminista actual solo se pueden entender si se reconoce esta distinción.

En suma, el marxismo y el feminismo tienen una historia compartida de largo aliento. Las feministas de distintas índoles, socialista o no, han adoptado y adaptado los argumentos de Marx y Engels para promover la liberación de la mujer. Hasta la expresión feminista en boga –interseccionalidad– tiene ascendencia marxista.

El planteamiento común es que quieren liberar a la mujer de sus múltiples opresiones ya. No desean esperar a que la revolución o ningún otro movimiento masculino otorgue la justicia que merecen.

Fuente: http://www.letraslibres.com/mexico/revista/marxismo-y-feminismo-una-perspectiva-historica

viernes, 6 de abril de 2018

Entrevista a la filósofa y feminista Ana de Miguel. "Almodóvar nos ha amaestrado para pensar que ser puta es maravilloso".

Claudia González Romero
La voz del Sur

La filósofa y profesora feminista valora la huelga del #8M, habla sobre la polémica de las paragüeras, la prostitución y el caso Weinstein, entre otros temas, con motivo de su visita a Jerez para dar una conferencia sobre los retos del feminismo.

La filósofa, escritora y profesora Ana de Miguel (Santander 1961) es una de las eminencias del movimiento feminista en España, con más de 20 años dedicados a la investigación para esclarecer el origen de la desigualdad de género y conocer los nuevos mecanismos que permiten que el patriarcado continúe "asfixiando" a la mujer en el siglo XXI. Su penúltimo libro, Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección, arroja luz a la polémica de las paragüeras del Circuito de Jerez, un asunto que causó revuelo en el municipio y que se fue extendiendo a lo largo y ancho del mundo. En el mes de las reivindicaciones feministas, la filósofa visitó la ciudad jerezana para dar una conferencia sobre Los retos del feminismo: un mundo con rumbo, organizada por Ganemos Jerez, en el salón de la ONCE.

¿Cómo califica la huelga feminista del pasado 8 de marzo?
Impactante. No hay nadie que no se haya quedado impactado en este país. No creo que nadie de aquí ni del resto del mundo. Ayer hablé con una profesora de la Universidad de Columbia y me dijo: "Explícame esto". Nadie ha podido infravalorarla realmente.

¿Seguimos en la tercera ola feminista o estamos ya en una cuarta?
Estudio mucho el mundo anglosajón y tenemos que estudiar qué pasa en el resto del mundo. Y el feminismo anglosajón tiene una influencia inmensa en España. Autoras como Judith Butler o alguna francesa... Y en los periódicos del mundo anglosajón lleva escribiéndose sobre que estamos en una cuarta ola desde hace 10 años. Se refieren a este feminismo cool al que se suman actrices y que cada vez más se va poniendo de moda. Como que Beyoncé se negara a bailar con chicos y baile siempre con mujeres. El feminismo iba tomando posiciones en una serie de cosas con mucha visibilidad: el cine, los videoclips, las cantantes, la moda... Y el impacto de las nuevas tecnologías, sobre todo. Estas le han dado al feminismo una dimensión que no tenía antes, que era llegar por las bloguers, youtubers… que ejercen, igual que las llaman influencers, mucha influencia sobre las chicas y los chicos.

Sobre el caso Weinstein, ¿cree que se destapó por intereses de la industria cinematográfica o por la concienciación de los medios de comunicación?
Totalmente por la conciencia. El feminismo, de forma lenta —demasiado lenta porque llevamos más de 200 años—, una convence a varias más y esas varias más. Es un proceso de concienciación muy lento y que tiene que ir apoyado porque las mujeres tengamos una posición más fuerte dentro de la sociedad, de más poder en el sentido de capacidad. No en el sentido del dominio, sino de tener capacidad. Que nuestra opinión se oiga, estar en los medios de comunicación, capacidad de haber estudiado y estar en la universidad… En ese sentido, lo de Weinstein ha tenido bastante que ver los hijos de Woody Allen. El hijo de Woody Allen lleva años entregado a hacer ver a la comunidad de Hollywood lo que significa infravalorar los abusos sexuales de su padre. Ha sido él quien ha iniciado una investigación. Todo el mundo lo sabía, ¿no? Pero alguien tiene que crear un ambiente de "hasta aquí hemos llegado". Que es como sucede en las revueltas, en las revoluciones. Es el proceso lento en que las mujeres pasan a considerarse personas y entonces lo que antes consideraban tolerable —como que le sobaran el culo—, de repente, ya no lo es.

Yo tengo una hija de 19 años, le pongo muchas películas que me han gustado y hace poco le puse Chicago, ​protagonizada por Renée Zellweger y Catherine Zeta-Jones. En la primera sale Katherine medio desnuda bailando en un cabaret. Un baile donde ves lo buena que está y lo bien que baila. Y la otra la mira con mucha envidia. Y mientras ella está mirando, pasa uno que le toca el culo y en la siguiente escena se ve cómo ella se está acostando con él. Y ella se estaba acostando con él para conseguir un puesto y poder entrar como fuera de corista ahí, para trabajar. Se estaba viendo como absolutamente normal. Y lo sacan profundamente idealizado, ¡ah qué guay! Una escena de polvo de los 90.

Y yo vi cómo mi hija me miró y me dijo: "¿Pero esto qué es? ¿qué me estás enseñando? ¿cómo hay que acostarse con alguien para conseguir un trabajo?". Igual no ha soportado el paso del tiempo. Mira que luego habrá números buenos. Pero es que en los 90 nos han amaestrado a que teníamos que usar la sexualidad para cualquier cosa y todo genial. Almodóvar nos ha amaestrado para pensar que ser puta es maravilloso y que violen a transexuales también. Y es una cosa que ya ha cansado.

Jerez saltó a las cabeceras por liderar un cambio: eliminar la figura de las paragüeras del Circuito de Jerez por sexualizar a las mujeres y convertirlas en un mero anuncio. Pero en la ciudad hubo más detractores que apoyos, con el argumento de que iban a perder sus puestos de trabajo, cuando se pensaba recolocarlas. ¿Su penúltimo libro, Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección de las mujeres, trata sobre esto, ¿no?”.

Es un ejemplo provindencial. Sin embargo vemos cómo esto sigue una estela: la Fórmula 1, la vuelta ciclista… En el momento en el que las mujeres estamos plantadas como seres humanos, ya, vernos o ver a nuestras hermanas como elementos decorativos... Uno, cuyo sentido es ser elementos decorativos y elementos sexuales, porque no son otra cosa, son parte del atrezo. Dos, su actitud: servir ante el ser humano neutral que es el que va a conducir, subir una montaña, a dar una conferencia… Y en la televisión iremos a por las azafatas estas que están todo el día también. Luego alguien puede decir, bueno mujer, si ellas quieren… Lo primero, cualquier ser humano quiere, si mañana establecemos la poligamia, claro que querrán muchas personas, pero el caso es qué estructuras y qué instituciones queremos para una sociedad que está implicada en la igualdad. Y bueno, a nosotras las mujeres no nos pasa nada por no ver a chicos medio desnudos continuamente. Es más, nos pasan cosas muy buenas por no aprender e interiorizar que los chicos varones son trozos de carne hermosos a nuestro servicio, mientras nosotras desempeñamos nuestro trabajo vestidas.

Y te diré que las chicas jóvenes sufren una presión enorme por sus cuerpos. Estoy harta de estar con adolescentes, y no hay ninguna que considere que tiene bien los brazos. Ninguna, porque, por ejemplo, en el programa de Wyoming, Sandra Sabatés sale todos los días enseñando sus hermosos brazos torneados. A mí me han invitado varias veces y si voy se lo diré, yo vengo, pero quiero los hermosos brazos torneados de vosotros. ¿Por qué ella tiene que aparecer así? No es ya que ella aparezca como un reclamo sexual, si no que las chicas están todo el día viendo los cuerpos de otras bien hechos. Y de ahí no salen bien.

La mujer objeto, la explotación de la mujer para satisfacer al hombre… Dice que mientras vivamos en un patriarcado, la prostitución seguirá siendo una escuela de desigualdad humana, perpetuando la relación entre sexualidad y dominación. ¿Cuál es su postura ante la prostitución?

La prostitución es mucho más que la prostitución. Verdaderamente es una escuela de desigualdad porque es donde a los chicos jóvenes, que son encantadores, pero la sociedad les va a convencer de esta idea: las mujeres están para que tú disfrutes con ellas. Punto, entonces, cómo en una sociedad igualitaria, cómo les vas a introducir esa idea. Las mujeres son trozos de carne para que tú te corras. Mira, para que tú tengas placer te vamos a poner chicas de todos los países, que no hablan tu lengua, qué más da, son trozos de carne.

La prostitución es la institución que al chico, varón, futuro hombre, le dice: si tienes dinero en la cartera, te vamos a poner una en un polígono o en un burdel o en un escaparate. Te vamos a poner una para que tú puedas disfrutar sexualmente con ella. ¿Qué les está diciendo la sociedad a ese chico?.

No te pongas en el lugar de ella, ponerse en el lugar de los demás es el punto número uno de lo que llamamos la posición moral. Yo soy profesora de filosofía moral, y se está rompiendo la definición de trata a una persona de manera moral. Dos, piensa solo en tu placer. Eso que se está construyendo es el núcleo de la persona para una sociedad neoliberal capitalista repugnante dispuesta a que, ¿qué te importan los demás? Solo te importa tu placer. Eso sí, un taco de dinero en el bolsillo porque si no, tampoco nos vas a importar nada tú. Y este mensaje lo están oyendo machaconamente.

Yo voy al cine con mis hijos adolescentes y todo es: tú que eres un transgresor, que no te pones límites… solo les falta decir: "Vete de putas". Es que se está construyendo este nuevo ser humano que bajo la argucia de que es tan rebelde y tan transgresor, te lo dice el propio capitalismo desde los anuncios y la prostitución es el consumo de seres humanos, el no poner límites. Es un conglomerado de significados que hacen juego. Y eso es lo que espero comentarles a tus compañeros de Jerez.

Todo muy roussoniano, que la sociedad es la que pervierte a las personas.
Sí. Es la sociedad pero es que la sociedad se vuelca realmente en el rosa y el azul, bajo la apariencia de que educamos en igualdad. Se vuelca en hacer chicos y chicas de manera distinta. Eso sí. Estudiar Física y Lengua, todos lo mismo. Pero no es el estudio lo que te da el sentido de tu vida, son los valores que se forjan.

¿Está relacionada la prostitución con los vientres de alquiler?
Lo está totalmente, porque el patriarcado lo que ha hecho, como núcleo duro, es construir a las mujeres como seres de segunda, el segundo sexo, con un motivo. Para convertirlas más en cuerpo que en mente. Como cuerpo, las mujeres han hecho muchos servicios en general y a hombres en particular. Cuidar al resto de los cuerpos. —No me gusta mucho hablar de cuerpos porque yo creo que las personas somos seres humanos y el cuerpo va incluido en el paquete, pero por eso mismo está el daño de esta sociedad hacia las mujeres—.

Las convierte en cuerpo por tres motivos:

1. cuerpo que cuida a los demás, utilizando todos los recursos, también emocionales, pero físicos sobre todo;

2. cuerpo que bien ornamentado es un objeto sexual para dar placer a los demás, como por ejemplo las paragüeras; y

3.cuerpos para reproducir a la especie. Porque si no se reproduce, aquí se acaba todo ¡eh!. Es algo muy importante, pero en concreto para reproducir a los hombres. Porque si no te has dado cuenta, tú llevas el apellido de tu padre, y lo llevas porque tú eres más de tu padre que de tu madre. Que lo lleves el primero es la señal indeleble de que tú has sido engendrada más por tu padre que por tu madre, que ha sido donde te has cocido. La ley del padre es que los hijos son del padre, solo de ellos la patria potestad, durante siglos.

Y ahora hay colectivos como los gais que nunca habían tenido interés en el cuerpo de las mujeres en este tercer caso. Y ahora lamentablemente han pasado a tenerlo. Y aplican lo de la teoría de la libre elección a lo bestia. ¿Qué queremos? Mujeres que engendran nuestros hijos. Pues vamos a desarrollar la teoría de la libre elección. Ahí el feminismo ha luchado por la libertad de las mujeres. ¿no? Pues entonces libertad para las mujeres que lo quieran hacer. Y así, de sencillito, con este giro tan mono. ¿Habéis luchado para ser libres? Ahora vais a ser libres para hacer libremente lo que antes hacíais por obligación. Y a ver quién es capaz de oponerse en una sociedad que valora la libertad y que en los institutos todos los chicos y chicas están ya convencidos de que la libertad es esto, elegir como vas vestida, o elegir si eres puta o no.

Hace poco una campaña del Instituto Andaluz de la Mujer contra el acoso callejero se descolgó de Youtube momentáneamente por la cantidad de hombres que denunciaron que el video incitaba al odio contra el hombre, cuando nosotras somos las intimidadas y señaladas en la calle. ¿Para usted, qué significa un piropo?
La pregunta ya me resulta tramontana. Yo no sabía ni que siguieran existiendo los piropos. Yo como persona del Norte, de Santander, o ya por la edad… Yo veo que los hombres nos han dado azotes en el culo hasta la saciedad, cuando yo era pequeña, te pellizcaban, te metían mano… Pero piropos… Esto me parece una intromisión ilegítima en el área de la intimidad de una persona. Pero a mí me preocupa más ver a los chicos, que los veo continuamente, escupiendo en el suelo. Pandillas de 15 años, señores de 50, de 70… Y sin cortarse un pelo. Yo, más que oír decirles piropos a nadie, lo que les veo es escupiendo. Fíjate qué es lo que hacen en el espacio público. No veo nunca a una mujer escupiendo, a no ser que sea una persona mayor que lo necesite. Pero, ¿qué coño piensan del espacio público? ¿Qué es suyo? Pero lo de los piropos… Pasa un hombre o una mujer por la calle y es que no me tolero decirle nada de su aspecto físico ni de nada. No entiendo por qué otros lo tienen que hacer.

Resulta que cuando suelo debatir sobre estos temas, los hombres opinan que son males menores para las mujeres, y que en la actualidad la gran lucha de la mujer es la brecha salarial. ¿Qué opina si algún hombre le asalta con esto?
Opino lo mismo que opinaba Aleksandra Kolontái, la gran feminista comunista, de principios del siglo XX. Lenin, líder de la revolución soviética, quería que se hiciera un trabajo específico con las obreras para hacerlas comunistas. Porque decía que las mujeres era la parte más retrógrada de la sociedad. Como eran religiosas, cuidadoras de la familia, más conservadoras… Había que hacer un trabajo específico para enseñarles la economía marxista, la teoría del Estado y la revolución… Pero ellas, las obreras, se juntaban y solo querían hablar de temas de matrimonio, del amor, de la sexualidad, de lo infelices y la amargura que sentían con sus compañeros varones, por cómo las trataban de mal, seguramente por la violencia o por cómo se gastaban el poco dinero que tenían en los burdeles de la esquina o en beber.

Y Lenin cuando se enteró montó en cólera. El primer estado revolucionario en peligro y las trabajadoras conciencias por las noches se dedican a hablar de temas del amor y la familia en el presente y en el futuro. Las feministas marxistas como Aleksandra Kolontái por su puesto que reflexionaron sobre lo económico, y sobre el tema de los cuidados, de que los hombres debían pasar a hacer los cuidados, pero también hablaban de todos los temas relacionados con lo desempoderadas que estaban, cómo las trataban —como a la nada— de sexualidad, mucho de amor, del cuidado de los hijos…

Esta respuesta vacilona de que todo es la economía y la economía reducida a brecha salarial, vamos a ver, hay brecha salarial por algo, la brecha salarial es la consecuencia de todo lo anterior, de todo lo que ellas quieren discutir. De por qué los hombres no hacen nada en casa, de por qué los hombres se consideran el ser humano neutral, de por qué se les tolera todo lo que quieran hacer en las relaciones sexuales, afectivas… como tener dos familias, tener hijos ilegítimos por ahí... Ahora, dicho esto, en el mundo en el que vivimos, el trabajo es absolutamente necesario porque es un embrión de autonomía, autonomía intelectual, afectiva, moral…

Hoy en día tienes que tener tu autonomía y si dependes económicamente de alguien, estás también en sus manos del resto de las maneras. Salvo excepciones, que siempre las hay. Es que esos hombres, lo que hacen es echar balones fuera, decir: vuestro problema es algo en lo que ¡ay!, mira por donde yo no puedo hacer nada, lo podrá hacer el malvado empresario o el malvado Estado que mantiene la brecha salarial. Hay brecha salarial porque tú estás ahí, y porque seguramente, si tenéis un hijo, y ella ha cogido el trabajo a tiempo parcial… Es todo, es un sistema y dentro de este todos desempeñan una función.

En una entrevista con José Ángel Lozoya, expuso que “no hay igualdad real sin el cambio de los hombres”. Pero, ¿cuál debería ser el papel de los hombres en el movimiento feminista?
Lo primero, sentarse a leer los libros y a estudiar. Leer un libro que diga qué es el feminismo, de dónde venimos. En 200 años cómo ha sido la lucha de las mujeres. Por qué los hombres nos han puesto tantos obstáculos para llegar a donde hoy hemos llegado. Por qué estamos siempre planteándoles nuestras reivindicaciones y ellos, pues nada, mirando a otro lado. Tienen que sentarse a leerlo. El feminismo es una teoría completa de vida. Ya no podemos seguir dándoles clases particulares en la barra de los bares. No podemos estar manteniendo debates que nos aburren porque ya lo llevamos teniendo 35 años.

Tienen que hacer el esfuerzo de formarse un poco, porque en el feminismo no vale la mera intención del quiero hacer algo para ser igual. Tienes que conocer las causas de cómo se reproduce la desigualdad para poder atacarlas. Y eso solo puedes hacerlo estudiando. Lo primero es comprender la lógica del sistema, comprender cómo se reproduce la desigualdad, cómo se legitima para saber luego cómo comenzar a realizar acciones que verdaderamente transformen la sociedad patriarcal.

Para terminar, ¿cuál ha sido la frase machista que más la ha ofendido?
Es una larga retahíla. Pero voy a poner la de Nietzsche: “Una cosa te digo, Zaratrusta, si vas con mujeres, no olvides el látigo”. Por ser un filósofo al que adoran mis alumnas y alumnos. Y cada vez que les digo esto, no lo pueden tolerar. Levantan la mano y me dicen: “Usted no ha comprendido a Nietzsche”. Y les digo, sí, dime que parte de la frase no he comprendido.

Fuente: https://www.lavozdelsur.es/ana-de-miguel-almodovar-ha-amaestrado-que-ser-puta-es-maravilloso

domingo, 4 de marzo de 2018

_- El machismo es el sistema, tío

_- 

Una huelga se justifica ante la injusticia y la desigualdad. Si las mujeres suman desigualdades e injusticias, deberían protagonizar una revolución.


Hay una convocatoria de huelga femenina en el mundo para el próximo 8 de marzo. Es más que justa. Lleva siglos esperando. Parece fácil decirlo, pero hay que decirlo. En primer lugar, la mujer sufre una guerra. ¿Exagerado? En los últimos tiempos se registran más de 60.000 feminicidios cada año en el mundo. Hay que sumar cientos de miles de mujeres heridas o que han sufrido ataques para causarles la muerte. Hay millones de mujeres maltratadas, esclavizadas y sometidas a trata sexual, para ser subastadas y vendidas por las mafias. Podría alegarse que también hay muchísimos hombres en esas circunstancias, y es verdad. Pero la diferencia es que las mujeres sufren, o están en constante peligro de sufrir, una violencia sistemática por el hecho de ser mujeres. Gran parte de los feminicidios son cometidos por aquellos en quienes depositaron su confianza y en los lugares donde debían sentirse más seguras: el propio hogar. La violencia contra la mujer, con diferente intensidad según las culturas y los países, es universal y transversal. La jerarquía machista domina todos los poderes, salvo casos rarísimos. Hablar de matriarcados puede estar bien para alguna tertulia antropológica de bar, pero dejémoslo ahí. No nos engañemos a estas alturas. No es que estemos en un sistema machista. El machismo es el sistema.

Las grandes religiones, también con sus matices, ­desempeñan un papel nefasto y cómplice en la sumisión de la mujer. Por supuesto, las jerarquías eclesiásticas las excluyen. A pesar de llenar los templos, cumplir mejor que los hombres los preceptos y ser estrictamente controladas, no pueden ser sacerdotisas, salvo alguna excepción en iglesias reformistas que aquí seguimos llamando “protestantes”. Al contrario, las mujeres sirven a los clérigos y con no poca frecuencia son explotadas por ellos en todos los sentidos. Por si esto escandalizase a alguien, conviene añadir algo más. Las grandes iglesias, y por supuesto la que más nos atañe, la católica, pues todavía estamos en un Estado semiconfesional, deberían pedir público perdón por el maltrato secular a las mujeres y la persecución a que han sido sometidas las que intentaron llevar una vida libre e independiente, o tomaron la iniciativa en expresar el deseo sexual o, peor todavía para ellas, que ese deseo no se correspondiese con el patrón heterosexual. En un pasado no tan remoto, cuando estaba vigente el Santo Oficio, miles de esas mujeres fueron torturadas y quemadas como “hechiceras”.

No vamos a remitirnos a épocas en que los sabios y filósofos machos debatían con una profundidad abismal si las mujeres eran portadoras o no de almas, pero conviene recordar que no hace mucho más de cinco décadas, en nuestro país, las mujeres tenían que pedir permiso a sus machos para abrir una cuenta corriente, obtener un pasaporte o un carné de conducir. Lo recuerdo porque en muchas partes del mundo esto sigue ocurriendo, y porque las mujeres que aquí han sufrido humillación y sumisión merecen al menos escupir en la tierra.Ya no se discute, según tengo entendido, si las mujeres tienen o no alma. Pero algunos sabios de hoy, en una especie de “histerismo masculino”, se escandalizan por el movimiento feminista de denuncia de los abusos que declaran haber sufrido en el mundo artístico por parte de machos con poder para decidir o no si tendrían una oportunidad de trabajo. La primera obligación, de hombres y mujeres, es denunciar ese sistema autoritario, allí donde se produzca. Si se tratase de una violencia terrorista, nadie osaría decir a la víctima: “Bueno, calma, hay que medir las palabras”. Pero ¿y lo que sufren estas mujeres no es terrorismo?

Una huelga se justifica ante la injusticia y la desigualdad. Si las mujeres suman las desigualdades e injusticias, son la mayoría humana que debería protagonizar una revolución con solo levantar al cielo las estadísticas. Menos salario a igual trabajo, más empleo precario dentro de lo precario, doble explotación en la fábrica y en la casa, pensiones más bajas, cuidadoras gratuitas de personas ancianas, enfermas o discapacitadas. Con el dinero que las mujeres ahorran al Estado se podría financiar el paraíso terrenal. Pero no se preocupen. Lo que está previsto es incrementar exponencialmente el presupuesto militar.

https://elpais.com/elpais/2018/02/15/eps/1518698435_702593.html?id_externo_rsoc=TW_CC

viernes, 22 de diciembre de 2017

_- No a la regularización. La dignidad de las mujeres prostituidas

_- Crítica feminista al programa de la coalición En Común, que se presenta en las elecciones autonómicas de Cataluña el 21 de Diciembre y que contiene unos puntos que pretenden la regulación de la prostitución.

Lidia Falcón

Se pronuncian por “reconocer los derechos de las personas trabajadoras del sexo, para garantizar el derecho a una vida digna de las personas que ejercen la prostitución y permitirles tener derecho a baja laboral o seguro por desempleo”. Con toda seguridad ninguno de los políticos que encabezan esa candidatura, o que la avalan con su apoyo, ha tenido que prostituirse para poder comer.

Tampoco creo que hayan admitido o inducido a nadie de su familia, amistades, relaciones amorosas a escoger semejante “trabajo” cuando no encontraron empleo en la profesión que estudiaron o desempeñaron anteriormente. Por tanto, pienso que este planteamiento está basado en las fantasías que difundieron durante un tiempo, en el siglo pasado, ciertos escritores, cineastas, ideólogos, de los hombres de la burguesía, totalmente ajenos a la realidad de las víctimas de la prostitución. Porque no quiero creer que los defensores de ese programa se muevan por la recompensa económica que la mafia de la prostitución pueda concederles para que legislen la impunidad de los traficantes, proxenetas, chulos, madames, y toda la red de negocios que se lucra de la explotación del más de medio millón de mujeres que trafican esas redes, a lo largo y lo ancho de España, para situarlas en los clubs de carretera, las casas de masaje, los pisos de alquiler y las calles y las carreteras de nuestro país.

No quiero creer que la alcaldesa de Barcelona, la ilustre señora Ada Colau perciba ningún beneficio por su impulso a la regularización, como la llaman, de la explotación de las mujeres prostituidas. Como tampoco Xavier Doménech, cabeza de lista de la candidatura, Josep Nuet que también participa o Pablo Iglesias que la apoya. Por ello, desearía que atendieran las reflexiones que desde el Partido Feminista, en coincidencia con la mayoría del Movimiento Feminista e Izquierda Unida, llevamos treinta años haciendo solicitando la abolición de la prostitución, ya que aún abrigo la esperanza de que las analicen y modifiquen su postura. Lo más perverso de la defensa de la legalización es que dice hacerse desde el “derecho” de las mujeres a escoger libremente ese “trabajo”.

No solamente la ONU se pronunció hace años contra la definición de trabajo para la prostitución, alegando que carece de la dignidad propia de una actividad laboral, sino que con esta justificación se pervierte el noble concepto de libertad. Únicamente la malvada actuación del capitalismo que considera a las personas como mercancías y la profunda represión de que el Patriarcado hace víctimas a las mujeres y las niñas –y también hombres y niños- introduce en la sociedad el perverso discurso de que la prostitución puede ser libre y consentida por las víctimas.

La libertad exige la posibilidad de escoger entre diferentes opciones, y las prostitutas no tienen opción. Las que intentan liberarse de la explotación son apaleadas, heridas, secuestradas y tantas veces asesinadas, como ha sucedido con la última víctima en el Raval, hace dos días.

La libertad implica también tener opciones para no ser prostituida y alegar ese noble derecho en un mundo en el que el paro, el trabajo precario y la pobreza avanzan sin límites, es simplemente una burla. Hace tiempo que las feministas consagramos el grito de que “NINGUNA MUJER NACE PARA PUTA” con el que reclamamos la abolición de la prostitución, la persecución eficaz de las mafias de la prostitución, la penalización de los clientes prostituidores y la protección social, laboral y educacional de las víctimas. Porque ninguna mujer escoge libremente ser sometida a los caprichos sexuales de 20 a 40 hombres cada día para poder mantenerse, y tantas veces a otras personas de la familia que dependen de su protección.

Porque señores y señoras de la coalición En Común, no existe ninguna dignidad en estar desnuda todo el día frente a hombres desconocidos, soportando decenas de penetraciones vaginales, manoseos sin límite, la utilización de su cuerpo como objeto, para la satisfacción placentera de los llamados clientes, tantas veces desconsiderados y hasta brutales. No señora Colau, no señor Doménech, no existe ninguna dignidad en darse de alta de la seguridad social con el ítem laboral de prostituta, aunque le llamen “trabajadora del sexo”. Porque el sexo NO se trabaja. El sexo se disfruta, se entrega por amor, por simpatía, en busca de placer, siempre voluntaria y gratuitamente, en condiciones de igualdad entre los participantes. De otro modo ni es sexo, ni es trabajo, ni es placer, es simplemente explotación. Y la máxima, porque es la utilización de todo el ser humano, que se contiene en el propio cuerpo, como la esclavitud.

Quizá ustedes querrían legalizar la esclavitud para que a los esclavos se “les garantizara el derecho a una vida digna”, pero eso hoy no se le ocurre a nadie. A partir de la abolición de la esclavitud todo el mundo sabe que es más digno pedir limosna en la calle que ser esclavizado. Y de la misma forma, una mujer que mendiga mantiene su integridad corporal, psíquica y mental, que la prostituta pierde. Ya sabemos que Cataluña, y especialmente Barcelona, además del macro prostíbulo de Figueras en Gerona, se ha convertido en el paraíso de la prostitución. A los innumerables lupanares en las carreteras, en las ciudades y en los pueblos, hay que añadir los pisos de Barcelona que se han habilitado para prostituir mujeres.

En las Ramblas, ese boulevard famoso, que fue único y excelente, los chulos, las celestinas, los intermediarios, abordan a los hombres y les señalan los pisos donde pueden divertirse un rato. Con el propósito de regular esa actividad, la alcaldesa Colau intentó aprobar una ordenanza municipal y gracias a la protesta del Movimiento Democrático de la Mujer y de algunas de las alcaldesas de Esquerra Unida del cinturón industrial de Barcelona se paralizó el proyecto. Ya conocemos la comprensión y la tolerancia que muestra la señora Ada Colau con la industria de la prostitución y la pornografía.

...

Nadie que tenga la más elemental sensibilidad ante este denigratorio trato a las mujeres puede defender que semejante tráfico sea legalizado en ninguna comunidad de nuestro país. Ni aunque las víctimas declaren que lo hacen con su consentimiento, porque no se puede prestar consentimiento para la propia esclavitud, para la más grave humillación, para la pérdida de toda dignidad humana. Desde la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, proclamada el 10 de diciembre de 1948, ningún ser humano puede ser sometido a trato humillante, ofensivo ni degradante, y eso es precisamente lo que soportan las mujeres prostituidas.

No, señores y señoras de la candidatura de En Común, legalizar la prostitución no significa “garantizar a las víctimas el derecho a una vida digna”, sino todo lo contrario”. Significa entregar indefensas a las mujeres y a las niñas a las redes del proxenetismo, a las que se les garantiza la impunidad, para satisfacer la salacidad sin límites de los prostituidores.

El Común de esa candidatura es al parecer el común denominador de los prostituidores, los proxenetas y los chulos.

Fuente:
http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2017/12/13/la-dignidad-de-las-mujeres-prostituidas/

jueves, 12 de octubre de 2017

_- Machismo & Resolución de Conflictos. Modelo machista de resolución de conflictos.

_- Miguel Lorente Acosta

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com

El autor nos muestra como el modelo machista de resolución de conflictos en lugar de resolverlo lo agrava.

El modelo machista para resolver los conflictos entre dos partes basa su estrategia en generar más conflicto, no en el diálogo ni en el consenso. El planteamiento es sencillo y surge de la construcción patriarcal de la cultura y de la sociedad que tenemos como consecuencia.

Esta construcción toma como referencia universal lo masculino y sitúa a los hombres en una posición de superioridad respecto a las mujeres, de manera que establece la desigualdad de género como esencia de estructuración social, y a partir de ella ha ido tomando otros elementos para extender y ampliar la desigualdad a otras circunstancias y características de las personas que forman parte de esa sociedad. El resultado es un sistema jerarquizado de poder, o lo que es lo mismo, una sociedad en la que determinadas personas por su sexo, sus ideas, sus creencias, su color de piel, su status, su origen, su orientación sexual… tienen una serie de privilegios y ventajas respecto a aquellas otras cuyas características son consideradas inferiores por esa cultura y sociedad.

Cuando se produce un conflicto entre personas en diferente nivel dentro de esa estructura jerarquizada, a quien se encuentra en una posición de superioridad no le interesa dialogar o consensuar para solucionar el conflicto, porque ha de hacerlo a partir de argumentos y razones, y puede que no las tenga o que sean menos sólidas que las de la otra parte. Por eso le interesa agravar el conflicto, avivarlo con elementos que generen más enfrentamiento para de ese modo justificarse en el uso de los instrumentos propios de su posición de poder, y que la otra parte no tiene por encontrarse en un nivel inferior.

Con esa estrategia el conflicto va aumentando hasta llegar el momento del “hasta aquí hemos llegado”, a partir del cual se pone en marcha todo el arsenal de instrumentos que guarda en su posición de poder, bajo la justificación de que el conflicto es insostenible, y como si hubiera sido generado en exclusiva por la otra parte.

Este es el modelo machista de resolver los conflictos, y el que usan los hombres desde sus posiciones de poder con las mujeres, algunos llegando a la violencia, otros a la amenaza, y otros simplemente recurriendo a la escenificación del conflicto para que la mujer entienda que debe ceder ante su autoridad.

Y como son los hombres y las referencias de la masculinidad las que impregnan la cultura y el significado de lo que acontece en la sociedad, el modelo se extiende a otros escenarios bajo los mismos planteamientos de la desigualdad y el poder, como ocurre en las relaciones laborales entre empresarios y trabajadores, en las relaciones dentro de los partidos políticos y en el ejercicio de la política, en las relaciones nacionales y en las internacionales…

Cualquier escenario en el que se entienda que el conflicto es un ataque a la posición de poder y un pulso a la persona que responde desde ella, el resultado será un aumento del conflicto que lleve a vencer más que a convencer. Porque el objetivo de la resolución de conflictos bajo esta estrategia machista es doble, por un lado resolver la cuestión formal que se ha planteado, sea esta personal, familiar, laboral, política, nacional o internacional; y por otro, ser reconocido como “vencedor” y salir reforzado en su posición de poder, aunque haya sido a través de una injusticia. Lo importante es vencer y aumentar el poder.

Este modelo de resolución de conflictos habitualmente reporta muchos éxitos a quienes están esas posiciones de privilegio, de ahí su refuerzo y su permanencia a lo largo de la historia, y su extensión a los ámbitos y contextos más diversos con ligeras variaciones. Pero siempre con la estrategia de resolver el conflicto generando más conflicto.

El problema se presenta cuando el modelo se utiliza frente a quien se piensa que está en una posición inferior y no lo está, o cuando lo está pero cuenta con otros mecanismo de apoyo informal que contrarrestan en parte el poder inicial de la otra posición, pero también cuando cada una de las partes cree que está en una posición de poder, y que debe potenciar el conflicto desde su lado para de ese modo poder utilizar su “carta secreta” y todos aquellos elementos propios a su posición que le permitirían vencer sin convencer.

Al final, este tipo de planteamientos son los mismos que dicen eso de que “la historia la escriben los vencedores”, por eso lo importante es derrotar al otro del modo que sea, porque después lo suavizarán y endulzaran con su relato. Lo estamos viendo estos días en diferentes contextos, pero es obvio que el más cercano y trascendente es el “conflicto” surgido con el proceso sobre el referéndum de autodeterminación de Cataluña del 1 de octubre.

Al margen de los elementos formales sobre su legalidad y las motivaciones y razones de quienes quieren votar, de sobra conocidas y comentadas, lo que se está viendo es el típico conflicto al modo machista. Una especie de pulso que, como muy bien se ha dicho estos días recurriendo a la canción de Joan Manuel Serrat, parece que están a ver “quien la tiene más larga”. Lo único que le falta es ver a Rajoy decir “por mis cojones que no se vota”, y a Puigdemont responder, “por mis cojons que votamos”.

Si lo dijeran quizás se entendería todo mejor. La prueba de que realmente se trata de un modelo machista de afrontar el conflicto es su retroalimentación, es decir, la utilización de las consecuencias que se producen como resultado de las decisiones dirigidas a potenciar el conflicto como razones para mantener el conflicto y aumentar así su intensidad.

Todo lo que está sucediendo estos días con las decisiones y acciones de unos y otros se está utilizando como justificación de las posiciones iniciales, cuando son un resultado de los problemas surgidos durante el conflicto, no causa del mismo. Pero eso no importa para las partes, lo que interesa es el conflicto en sí mismo y los apoyos para que quien dirige cada una de las posiciones sea reconocido por los suyos como ese macho-alfa capaz de dirigir al grupo.

También se ha comentado, y es cierto, que si en lugar de dos hombres al frente de cada parte hubiera dos mujeres y un modelo feminista de resolución de conflictos basado en la Igualdad, la empatía, el bien común… la situación actual sería completamente diferente. En estas circunstancias el conflicto ya no se puede resolver, pero sí se puede detener y replantear de nuevo toda la situación.

Esperemos que alguien saque el lado femenino que todos tenemos.

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2017/09/27/modelo-machista-de-resolucion-de-conflictos/

martes, 8 de agosto de 2017

_- La escritora Siri Hustvedt recopila sus ensayos sobre feminismo, arte y ciencia en 'La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres'

_- Hace un tiempo que los neurocientíficos buscan las causas genéticas y bioquímicas del suicidio. ¿Es un avance o un retroceso? La escritora Siri Hustvedt tampoco lo tiene claro. Para dar una conferencia sobre el tema invirtió año y medio “y me leí absolutamente todo sobre el tema”, dice estirando sus brazos tan enjutos como el cuerpo y los ojos cerrados. Y es verdad: sólo hace falta contemplar el resultado en el libro La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres (Seix Barral; Edicions 62, en catalán), compilación de sus ensayos y charlas sobre el triángulo temático feminismo, arte y ciencia. Son más de 400 páginas donde caben desde las diferencias artísticas sobre sexo entre Mapplethorpe y Almodóvar a Kierkegaard y las verdades de la ficción, pasando por la representación de la mujer en De Kooning, Beckmann o Picasso, este último entre Enrique VIII y Jack el Destripador en su plasmación de las féminas.

“Es curioso que se busquen las raíces genéticas sobre un hecho del que se sabe que al final elige el ser humano, se olvidan la epistemología… Es como cuando en el XIX medían los cerebros para explicarse las diferencias raciales o sexuales; lo que te lleva a ser como eres es una combinación de la carga genética y la historia personal y la de la humanidad”, resume Hustvedt (Minnesota, 1955).

Entre las proteicas lecturas del libro, la esposa del escritor Paul Auster (etiqueta no muy de su agrado) intenta ser puente entre los que creen indiscriminadamente en la tecnología y los que están encerrados con el arte. “En los estudios de neurociencia afloran presupuestos filosóficos aún no cerrados, se hace la pregunta 357 cuando las 356 anteriores no se han resuelto, todos se suben a una escalera que tiembla”, dice. Por eso, defiende, la Inteligencia Artificial está en punto muerto: “Se toma la mente sólo como un ordenador y el problema de cuerpo y mente nos remite a Pitágoras y a Platón”.

Pertrechada de nombres y puntos de vista, Hustvedt encarna lo que defiende: “La única diferencia entre una intelectual mujer y un intelectual hombre es que aquella ha de estar preparada para ser atacada y castigada; lo que en el hombre es sensibilidad y brillantez, en la mujer es emotividad y pretenciosidad”, ilustra. “La clave está en alejarse y examinar los prejuicios que todos tenemos”.

Con esa voluntad aséptica llega a la conclusión, en el ámbito de la construcción del conocimiento, de que existe una especie de plaga en el mundo intelectual: “Es el consenso cultural, que en lo literario se traduce en ese dominio de la novela realista con familias disfuncionales y un uso gramatical y de léxico no demasiado alejado del periodismo… La literatura y el arte siempre han sido resultado de la necesidad de confirmar la visión del mundo de uno; lo que ha ocurrido es que la explosión tecnológica ha generado una masa de información brutal que, irónicamente, ha consolidado una extraña mediocridad e uniformidad”. Y en esa línea, el thriller y el best-seller fagocitan la alta literatura: ya nadie, dice, puede apreciar el suspense en Henry James. Hustvedt tiene explicación científico-artística, claro: “El ser humano integra códigos y convenciones y con la lectura generamos nuestra capacidad de entender y para eso se necesita tiempo y llevamos ya bastante con un determinado marco conceptual literario que al final no nos va a dejar comprender otros modelos; la literatura de best-seller está asfixiando otras formas de explicar, narrar el mundo”.

Iconoclasta, la autora de Todo lo que amé esquiva alguna respuesta del feminismo, como la petición de cuotas o ciertos estudios culturales. “Me interesa menos buscar paridades en empresas que las razones subyacentes en la discriminación”. Y lo ejemplifica con lo que ha bautizado como “la negación del origen”: “En toda la filosofía y el arte occidental está la muerte, pero se suprime el nacimiento, aquello que distingue al hombre de la mujer; ¿por qué?: es el miedo humano a la dependencia del nacido y eso lleva a suprimirlo… Pero eso tiene ramificaciones políticas: el hombre autónomo, racional, soltero, self-made man, que no nace, que no depende de nadie… Eso es una fantasía total, pero eso es Donald Trump”.

En 2008, Auster aseguró a este diario que EEUU vivía una guerra civil de las ideas; ¿acertó? “Paul suele expresarse con hipérboles, pero tenía razón: hay una guerra de ideas en EEUU con dos grandes principios disparados por Trump: el racismo y la misoginia; tiene una explicación demográfica: los blancos han perdido su estatus por ser blancos, y esa vergüenza, humillación y miedo por perder su hegemonía, azuzado por la brecha entre el mundo rural y el urbano, les ha llevado a votar a un Trump cuyos comentarios sobre las mujeres, en vez de desacreditarlo, le ayudaron; pero eso es el mismo discurso del populismo de derechas que ahora se ve en Europa y es lo que hay tras el Brexit”.

Hustvedt lo tiene claro:
“Hillary Clinton no habría podido ganar nunca, izquierda y derecha tuvieron un trato mezquino con ella, acusándola de demasiado fría, cerebral, intelectual; pagó la misoginia del país de los cowboys y las pistolas”

https://elpais.com/ccaa/2017/04/21/catalunya/1492809468_347071.html

viernes, 19 de mayo de 2017

Feminismos & Clases sociales. Hay distintas clases sociales entre las mujeres. Y por lo tanto diferentes feminismos.

Este artículo se refiere a las diferencias por clase social que existen entre las mujeres y sus implicaciones en el desarrollo de políticas públicas relevantes para las mujeres (y para los hombres).

Entre los hombres, la manera de expresar su machismo (la manera de oprimir a la mujer) depende, en gran parte, de la clase social del que lo manifiesta. Naturalmente que hay puntos y comportamientos comunes, pero siempre, o casi siempre, la clase social del hombre define muy marcadamente cómo se expresa tal machismo. No es, pues, de extrañar que lo mismo ocurra entre las mujeres (en un comportamiento precisamente opuesto al machismo).

La bienvenida concienciación de las mujeres, como colectivo social, de la necesidad de conseguir los mismos derechos que los hombres, también viene marcada de una manera muy palpable por la clase social a la que la mujer pertenece o representa. De ahí la pluralidad de movimientos feministas. Quedó ello claro hace varios días en un hecho que adquiría gran visibilidad mediática en EEUU, y que ocurrió en la Harvard University, el centro académico con más recursos, más rico y más poderoso de EEUU. Tal universidad tiene 37.000 millones en endowment (es decir, en propiedad sobre la cual generar ingresos).

Las matrículas de los estudiantes son una parte muy minúscula de sus ingresos y, con tal propiedad, se ha convertido en uno de los centros de fondos de inversión más importantes del país. El hecho que sea un centro educativo es una actividad más que le da nombre, pero la mayoría de sus fondos se obtienen a través de las inversiones de su endowment. La riqueza de recursos es, pues, su característica principal. Dicha universidad es también donde parte de la élite de EE.UU. se educa, se socializa y configura su manera de pensar mediante los valores que tal universidad promueve. En EE.UU., es conocido que la cultura de tal centro es predominantemente conservadora y liberal (“liberal” en el sentido europeo de la palabra, pues la palabra “liberal” en EE.UU. quiere decir socialdemócrata o socialista, de los cuales hay muy pocos en Harvard.

Por cierto, el hecho que los corresponsables de los medios de información españoles parezcan no darse cuenta de esta diferencia en la utilización del término “liberal”, crea una confusión enorme en la audiencia de tales rotativos). El conservadurismo de Harvard aparece en todas sus dimensiones, incluyendo en su escasa sensibilidad hacia las poblaciones vulnerables y discriminadas, como afroamericanos, latinos y mujeres.

Ahora bien, en 1977 tomaron la decisión de intentar parecer más modernos y se abrieron lentamente a afroamericanos (procedentes, sin embargo, de escuelas privadas de élite, como fue el caso del estudiante Obama, que llegó a ser presidente del país), más tarde a latinos y, últimamente, a mujeres. Harvard quiere parecer moderna y feminista. Ahora bien, su conservadurismo y liberalismo estructural permanece y es marcado, apareciendo cuando uno menos se lo espera, como ocurrió recientemente cuando el que había sido ministro de Hacienda de la Administración Clinton, el señor Larry Summers fue nombrado, por el Executive Board de tal universidad, presidente de la Universidad.

En una entrevista, dicho señor Summers dijo que el hecho de que no hubiera más mujeres que fueran catedráticas en disciplinas científicas como física o química, se debía –según él- a razones biológicas, es decir, que las mujeres no eran hábiles para tales ciencias.

El feminismo de la clase de renta alta y mediana-alta
El escándalo que tales declaraciones crearon fue mayúsculo, de manera que el Executive Board de la Universidad rápidamente indicó que nombraría a una mujer como Presidenta, lo cual, por fin ocurrió. Se nombró como Presidenta a la Dra. Drew Faust, que era, además de ser mujer, una conocida feminista entre la comunidad científica que había animado a las mujeres (de su clase social, de renta alta y mediana-alta) a aspirar a lugares de alto poder institucional, rompiendo así con el monopolio del hombre en las estructuras de poder. Tal nombramiento fue celebrado prácticamente por la mayoría de las asociaciones feministas de EE.UU.

El feminismo popular
Ahora bien, hubo algunas mujeres de Harvard que no lo han celebrado. No eran ni profesoras, ni estudiantes, sino trabajadoras. Eran las mujeres de limpieza de la Universidad de Harvard (concretamente del hotel que tiene Harvard en su terreno, de siete pisos y cuarenta habitaciones, gestionado por la compañía Hilton Hotels & Resorts). Este hotel es uno de los más exitosos de Boston (los cuales, todos ellos, dependen primordialmente de la clientela provista por sus vinculados al mundo académico de tal ciudad). Tal hotel el año pasado consiguió uno de los mayores beneficios en el sector hotelero de la ciudad. Pero, a pesar de tal riqueza, las mujeres de la limpieza del hotel (la gran mayoría de ellas latinas) se encontraban entre las peor pagadas del sector, con mayor número de habitaciones a limpiar por día y mayor número de accidentes. Durante más de tres años tales mujeres han estado intentando sindicalizarse, pues, de conseguirlo, podrían defenderse colectivamente y negociar sus salarios, beneficios sociales y condiciones de trabajo.

Harvard, incluyendo su presidenta feminista, se ha opuesto durante muchos años. Y a pesar de las peticiones de las trabajadoras, muchas feministas de gran renombre en EE.UU., figuras del establishment político-mediático del país, ignoraron estas peticiones. En un interesante artículo en la revista The Nation, Sarah Lemand y Rebecca Rojas han detallado la enorme y heroica lucha de estas trabajadoras para conseguir que Harvard aceptara que pudieran sindicalizarse. Y las trabajadoras de limpieza descubrieron que hay tantos feminismos como clases sociales existen en EEUU. Y que las feministas del establishment político-académico-mediático estadounidense, no representaban los intereses de la mayoría de las mujeres que no pertenecen a tales clases pudientes y adineradas.

El conflicto entre estas dos clases (las clases de renta alta y mediana-alta, por un lado, y la clase trabajadora, por el otro) apareció también en la definición de sus intereses. La realidad es que la integración de las primeras en las estructuras de poder era y es irrelevante para la mujer de las clases populares. Y ello apareció también claramente en las últimas elecciones a la Presidencia de aquel país. El hecho de que la candidata a la presidencia del Partido Demócrata intentara movilizar a las mujeres presentándose como la candidata feminista es un ejemplo de ello. La gran mayoría de las mujeres de clase trabajadora no le votaron; apoyaron a Trump que, junto con el candidato socialista, apeló al voto de clase, incluyendo un discurso y unos temas de clara aceptación y atractivo para las clases populares. Clase social, después de todo, continúa siendo una variable clave para entender lo que pasa a nuestro alrededor, no solo en el mundo del hombre, sino también en el mundo de la mujer.

Las consecuencias de la debilidad del feminismo popular
Y esto ocurre también en España. La evidencia científica existente muestra claramente que, en España, aquellos servicios del Estado del bienestar que están menos desarrollados son precisamente los servicios de ayuda a las familias, tales como las escuelas de infancia –mal llamadas guarderías en nuestro país- y los servicios domiciliarios a las personas con dependencia. El déficit en el desarrollo de tales servicios en este país es enorme. Y en España cuando decimos “familia” queremos decir mujer. Es la mujer la que lleva la mayor carga de responsabilidades familiares. El contraste de los países del sur de Europa (donde las derechas han sido históricamente muy fuertes) con el norte (donde las izquierdas han sido históricamente muy fuertes) es abrumador. En Suecia, por ejemplo, el número de horas semanales dedicadas a las tareas familiares por parte de la mujer es de 26. El hombre, 22.

En España, la proporción es de 42 versus 8. Ahí radica el escasísimo desarrollo de los servicios de ayuda a las familias en el sur de Europa, con un coste humano enorme. La mujer española tiene tres veces más de enfermedades debidas al estrés que el hombre. Y la mujer más afectada es la de clase trabajadora que no tiene servicios privados como la de clase pudiente (la sirvienta), que puede ayudarla. De ahí que la mayoría de encuestas muestren que, además de mejor condiciones de trabajo y mejores salarios, las demandas más comunes por parte de las mujeres de las clases populares son las dirigidas a conseguir estos servicios.

Es urgente que los partidos políticos que están enraizados en las clases populares y que se consideren al servicio de dichas clases protagonicen y lideren la universalización de tales servicios en España. España (incluyendo Catalunya) necesita mayor concienciación de las necesidades de las mujeres pertenecientes a las clases populares. La evidencia de ello es abrumadora. Así de claro.

Fuente:
http://www.attac.es/2017/04/16/hay-distintas-clases-sociales-entre-las-mujeres-y-por-lo-tanto-diferentes-feminismos/

viernes, 5 de mayo de 2017

FRANÇOISE BARRÉ-SINOUSSI | VIRÓLOGA. “A Rajoy le diría que será responsable de muertes si no dona al Fondo Mundial contra el Sida”. La descubridora del VIH y premio Nobel de Medicina critica la pasividad del Gobierno español.

Los hombres han ganado el 97% de los premios Nobel de ciencia desde 1901. La viróloga francesa Françoise Barré-Sinoussi es una de las pocas mujeres que ha logrado meter la cabeza en ese mundo reservado a los varones durante más de un siglo. En 1983, cuando el sida era una enfermedad de origen desconocido, la investigadora y su colega Luc Montagnier desenmascararon al culpable que supuestamente se cebaba con homosexuales, heroinómanos, hemofílicos y haitianos: un nuevo virus, bautizado como VIH. En 2008, ambos científicos fueron recompensados con el premio Nobel de Medicina. Hoy, a sus 70 años, la parisina Barré-Sinoussi sigue investigando el virus con el que hoy viven unos 37 millones de personas en todo el mundo. La semana pasada, pasó por Madrid para dar una conferencia sobre la carrera para conseguir una cura, en una jornada organizada por el Instituto de Salud Carlos III. Más de 40 millones de personas han fallecido a causa de enfermedades relacionadas con el VIH desde aquel 1983, pero los actuales tratamientos antirretrovirales permiten que millones de pacientes lleven hoy una vida normal.

Pregunta. España no dona ni un euro al Fondo Mundial contra el Sida desde hace seis años.
Respuesta. Es inadmisible.

P. ¿Qué le diría usted al presidente Mariano Rajoy?
R. Le diría lo mismo que le dije a mi presidente en Francia, François Hollande. Su Gobierno anunció que probablemente reduciría la dotación de Francia al Fondo Mundial. Pedí inmediatamente una cita con él, fui a su despacho y le dije: "Usted no puede hacer esto. Usted no tiene derecho. Si disminuye la dotación al Fondo Mundial, usted tendrá muertos sobre la conciencia. Usted será responsable de la muerte de personas. Es necesario que usted sea perfectamente consciente de ello".

P. Se lo dijo a la cara.
R. Sí. Y no disminuyó la dotación.

P. Entonces debería visitar también a Rajoy.
R. No sé si con el próximo francés tendré éxito.

P. Médicos Sin Fronteras ha criticado los "precios astronómicos" [10.000 euros al año] de los últimos fármacos contra el VIH.
R. Los tratamientos de tercera línea son demasiado caros, por supuesto. Hay muy pocos países de escasos recursos que tengan acceso a esos tratamientos. Y, además, estamos en una situación en la que vemos aumentar las resistencias a los antirretrovirales de primera línea. Vamos a necesitar tratamientos de segunda y tercera línea, cada vez más. Por supuesto que son muy caros y comparto la opinión de Médicos Sin Fronteras. La ONG también ha denunciado el precio de los tratamientos contra la hepatitis C. Tenemos un tratamiento de tres meses que cura. Que cura. Su precio es inadmisible.

P. Ninguna mujer ha sido galardonada en la última edición de los premios Nobel. Desde 1901, el 97% de los ganadores en las categorías de ciencias han sido hombres. ¿Le parece normal?
R. No es normal. Ha habido algunas mujeres premiadas en años anteriores. Si vemos la evolución a lo largo del tiempo, vemos un aumento del número de mujeres galardonadas con el Nobel. Creo que esa evolución va a continuar. Soy optimista. Yo no soy feminista en absoluto. Yo lucho para que las mujeres sean reconocidas de manera equivalente a los hombres.

P. Eso es el feminismo.
R. No, el feminismo, por ejemplo, es imponer en los consejos de administración un 50% de hombres y un 50% de mujeres. Y que busquemos mujeres que no tengan necesariamente el mismo valor, para llegar a ese 50%. Para mí eso es inadmisible. Para mí el feminismo es eso, decir: hacen falta mujeres y las metemos. No, hacen falta mujeres del mismo valor. Y no es ese el espíritu actual, incluido el de los políticos, que ponen ministras o mujeres en el gobierno solo para llegar al 50%. A mi juicio deberían tener la misma calidad. Y con los premios Nobel ocurre lo mismo. Yo creo que cada vez tendremos más mujeres. También depende de la disciplina. En investigación en Química y Física hay menos mujeres que en el dominio biomédico. Así que creo que tendremos más Nobel en investigación biomédica que en Química y Física, porque ahí hay más hombres. En el futuro también podría haber una evolución, más mujeres en esas disciplinas y por lo tanto un aumento también de los premios Nobel.

P. Hablando de premios Nobel de Química, uno de ellos, el bioquímico estadounidense Kary Mullis, sostiene que no existe una prueba formal del vínculo entre el VIH y el sida. ¿Ha hablado alguna vez con él?
R. No, nunca he hablado con él. Me niego a hablar con gente que dice idioteces. A mí me contactó el gobierno del presidente sudafricano Thabo Mbeki, en la época en la que se negaba a reconocer la existencia del virus y, por lo tanto, a hacerse cargo de los ciudadanos. Me negué a formar parte de su comité. Les dije que no podía perder el tiempo, que todavía teníamos mucho trabajo para intentar tratar y desarrollar medidas de prevención para las personas afectadas. "Francamente, no puedo perder el tiempo en un comité para discutir cosas que han sido sobradamente demostradas científicamente", les respondí. Yo soy científica. Me baso en datos científicos. Y los datos científicos han demostrado claramente el vínculo entre el virus y la enfermedad. Este tipo de afirmaciones son peligrosas. Hay pacientes que han dejado el tratamiento a causa de estas observaciones y han caído enfermos. Hay que pararlos, porque son peligrosos.

P. Hay unos cuantos galardonados con el Nobel que dicen tonterías.
R. Claro. La gente no se da cuenta, pero los galardonados con el Nobel son seres humanos como los demás. Hay de todo entre los Nobel.

P. Por ejemplo, su colega Luc Montagnier [el octogenario científico, que compartió el Nobel con Barré-Sinoussi por el descubrimiento del VIH, sostiene en los últimos años, sin pruebas, que el agua puede recordar unas supuestas ondas electromagnéticas emitidas por el ADN de virus y bacterias].
R. No voy a hablar de Montagnier. No hablo de él. Él es libre para decir lo que quiera.

P. La probabilidad de adquirir el virus teniendo una relación sexual sin preservativo con una persona con VIH es del 0,04% en hombres que penetran vaginalmente, del 0,08% en mujeres penetradas vaginalmente, del 0,11% penetrando analmente y del 1,38% siendo penetrado analmente. No es tan fácil adquirir el virus.
R. Es cierto que la transmisión del virus es débil, pero siempre respondo que aunque varias relaciones sexuales no son suficientes para infectarse con el VIH, con una sola puede bastar. Y no lo sabes. Depende de la cantidad de virus presente en las secreciones genitales del hombre o de la mujer. La relación sexual puede ser contaminante o no contaminante según la cantidad de virus. ¿Conoces con antelación la cantidad antes de tener una relación sexual? Entonces no te arriesgues. Es mejor protegerse.

P. Imparte una conferencia sobre la búsqueda de una cura. ¿Cuáles son los principales desafíos?
R. No tenemos vacuna, tampoco tenemos un tratamiento que cure y, a largo plazo, en los pacientes tratados aparecen comorbilidades [otras patologías asociadas]. Hay un porcentaje de pacientes que desarrollarán envejecimiento prematuro, cáncer, enfermedades cardiovasculares, problemas neurológicos como el párkinson... Esos son los grandes desafíos para la ciencia. Y, al margen de la ciencia, tenemos el desafío del acceso al tratamiento y a las herramientas de prevención. Respecto a los tres grandes desafíos científicos, necesitamos avanzar en el conocimiento. ¿Cuáles son los mecanismos para inducir protección? ¿Cuáles son los mecanismos para eliminar totalmente el virus del cuerpo de pacientes en tratamiento? ¿Cuáles son los mecanismos para restaurar por completo la defensa inmunitaria y evitar la comorbilidad? Todos esos mecanismos requieren investigación básica.

P. Hará falta dinero.
R. Hace falta dinero.

http://elpais.com/elpais/2017/04/10/ciencia/1491844316_633818.html

jueves, 9 de marzo de 2017

La manifestación en Madrid fue multitudinaria: "Esto ha superado las expectativas", dice una de las organizadoras.

Las mujeres toman la calle por la igualdad de derechos en una marcha de asistencia récord

eldiario.es


La cabecera en Madrid la ha liderado el movimiento feminista con una gran pancarta morada con el lema "Juntas y fuertes, feministas siempre"

Como cada 8 de marzo el feminismo ha salido a la calle en el Día Internacional de la Mujer para protestar contra todas las formas de discriminación y violencia machista en un grito colectivo que retumba en decenas de países. En esta ocasión, la asistencia ha rebasado las expectativas y la marcha ha quedado taponada nada más comenzar.

Pasadas las 18.30 de la tarde, y tras el paro de media hora de la mañana, grupos de manifestantes ya se concentraban por la madrileña plaza de Cibeles, de donde arrancaba la manifestación. En la cabecera se situaba el movimiento feminista madrileño, con una pancarta morada con el lema "Juntas y fuertes, feministas siempre" y justo debajo la frase "Paro internacional contra el heteropatriarcado".

Las asistentes han comenzado a andar a ritmo de una canción de la rapera feminista Gata Cattana, recientemente fallecida, al mismo tiempo que la fuente de Cibeles y el Ayuntamiento de Madrid se iluminaba de morado. Sin embargo, no han podido avanzar muchos metros porque cientos de personas taponaban la calle Alcalá en dirección Gran Vía, por donde tenían que proseguir. "Al principio solo han cortado un carril y los coches han tenido que parar porque había muchísima gente", resume una de las activistas.

Poco antes del inicio, las organizadoras valoraban muy positivamente el seguimiento del paro laboral de 12.00 a 12.30 celebrado este mediodía, y han querido lanzar un mensaje: "Si nos matan, nos acosan, sufrimos discriminación, agresiones y brecha salarial, produzcan sin nosotras".

Tras casi una hora con la cabecera taponada, la manifestación ha conseguido avanzar por Gran Vía al tiempo que sus integrantes lanzaban los lemas que hoy eran razones: "Que viva la lucha de las mujeres", "No es un caso aislado se llama patriarcado" o "la lucha será feminista o no será".

Mientras la cabecera avanzaba por una de las principales arterias de la capital, todavía seguía parte de la manifestación en Cibeles. "Viendo a Argentina y a Polonia nos podíamos esperar esto, pero ha superado las expectativas. Está siendo absolutamente multitudinaria" asegura una de las organizadoras, que califica la protesta de "éxito total".

Una de las miles de mujeres que han ido a la marcha, Carmen, cuenta a eldiario.es que trabaja como administrativa en una oficina y ha venido con tres amigas, ataviadas todas con boinas moradas, algo que llevan haciendo desde hace muchos años. "Somos veteranas en el 8 de marzo", exclama. Ha hecho el paro laboral de esta mañana porque "hay que involucrarse en la lucha de las mujeres" y asegura que en pocas otras manifestaciones del 8M había visto Madrid tan abarrotada.

"El feminismo está fuerte"
Algunas mujeres han venido con los clásicos gorros rosas con los que asistieron a la Women's March las estadounidenses el pasado enero contra la proclamación de Donald Trump y muchas otras con el brazalete morado con el que el movimiento feminista ha llamado a participar en este 8 de marzo. "Ni una menos", gritan mientras siguen caminando a ritmo de batucada en referencia al colectivo argentino que convocó las multitudinarias movilizaciones contra los feminicidios en el país.

"No son muertes, son asesinatos", han coreado algunas de las asistentes al mismo tiempo que otras comentan entre ellas la enorme afluencia de la marcha. Para las más jóvenes, como Susana, que tiene 20 años, el feminismo está en un momento "de eclosión porque cada vez más gente se da cuenta de lo necesario que es". Su amiga Rosa asiente para unirse a los cánticos que comienzan a entonar a su lado: "Mujeres unidas jamás serán vencidas", exclama.

Pepa lleva viniendo 30 años a la manifestación del 8M en Madrid y asegura que no recuerda una tan multitudinaria. Dice que a cada rato se emociona porque es una muestra "de que el feminismo está fuerte". Cree que este es un momento especialmente reivindicativo porque "en contra del discurso oficial de que la igualdad esta conseguida, esto es una buena muestra de que es necesario". Señala a un par de chicas jóvenes que gritan consignas y portan una pancarta en la que se lee "mi cuerpo, mis normas". Y es que en la Gran Vía se mezclan las más veteranas, pero también muchísimas chicas jóvenes.

Como Alicia, que trabaja en una tienda de ropa del centro de la capital. Tiene 19 años y sonríe al mirar hacia Cibeles iluminada de color morado porque no se imaginaba "que fuera a venir tanta gente". Alicia no ha secundado el paro de esta mañana porque "mis condiciones de recién contratada y precariedad" no me lo permitían. Sin embargo, lo ha cambiado por la protesta en la calle, porque de alguna u otra manera, "el feminismo es imparable", asiente.

Sobre las 21.00 la cabecera ha llegado a Plaza España, donde finalizaba la manifestación. Allí la Solfónica ha cantado varias canciones, entre ellas, una en honor a las mujeres que han estado un mes en huelga en la Puerta del Sol contra la violencia machista y que finalizaron este martes.

A la espera de la lectura del manifiesto, las organizadoras han asegurado que todavía había gente en Cibeles: "Se ha desbordado y nos ha desbordado a nosotras", reconoce una de ellas, que celebra que "el feminismo está presente en la ciudad de Madrid. Compañeras, hermanas, lo estamos consiguiendo: Viva la lucha feminista", ha dicho desde el escenario.

El manifiesto, leído por varias mujeres de diferentes edades y territorios, ha recordado los crímenes machistas de Argentina y las luchas feministas de Rusia, Polonia o el Sáhara. "Plantamos cara y exigimos soluciones", exclaman. Por ello, piden que los derechos de las mujeres "no sean cuestionados", que "se respete la diversidad de género y sexual" y que se acoja a "todas las personas que deseen migrar". Además han reivindicado currículos feministas en la educación, el fin de los recortes y una política feminista, "no feminizada".

Fuente:

http://www.eldiario.es/sociedad/mujeres-calle-laboral-reivindicar-derechos_0_620138657.html