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lunes, 30 de octubre de 2023

_- Machismo y fútbol. Las vergüenzas de siempre y los cambios a mejor que deja al descubierto en los medios el «caso Rubiales»

_- La manera en que medios deportivos como Relevo abordan el episodio revela un cambio de percepción que sigue al provocado por hitos como el de Ana Orantes, Nevenka o La Manada. La socióloga Beatriz Ranea analiza en ‘Desarmar la masculinidad’ el papel del fútbol como espacio por excelencia para la ostentación de poder real y simbólico del hombre.

En la misma semana en que Paloma del Río firmaba su última crónica para TVE como icono del periodismo deportivo, tras 37 años de trayectoria en los que ha trabajado por la visibilidad de las mujeres y los deportes minoritarios, se hacía viral en redes un monólogo enunciado el 17 de mayo por el presentador de los Deportes de Antena 3 Manu Sánchez. Para los despistados, el periodista expone su inquietud por no saber cómo debe actuar un hombre de su tiempo ante lo que considera situaciones fáciles si fueran atendidas bajo criterios «de toda la vida». Su lamento, que pasó desapercibido hace tres meses, ha provocado ahora, al hilo del caso Rubiales, sonrojo en redes pero también adhesiones.

Cada cual, claro está, escoge a sus referentes y también cada cual es libre de querer entender que la enorme repercusión que está teniendo ese beso supone ya uno de los hitos con los que se escribe la crónica de la lucha por la igualdad plena en nuestro país que ha dado pasos de gigante, muchos, pero a la que le quedan capítulos por delante.

Hagamos memoria.
Hace 26 años, el 4 de diciembre de 1997, Ana Orantes encarnó, desde un plató de Canal Sur, la brutalidad de la violencia machista sacando por primera vez del ámbito doméstico y frente a las cámaras de televisión una lacra que, ya en lo que va de año, ha segado la vida en España de 40 mujeres. 13 días después, su exmarido la roció de gasolina y la quemó viva en la puerta de su casa. El relato del calvario que vivió durante cuarenta años, que fue recogido por el resto de medios, sacudió las conciencias de todos aquellos acostumbrados a mirar para otro lado. Eran los tiempos, todavía entonces, del “mi marido me pega lo normal”. La televisión ayudó entonces a tomar conciencia de la brutalidad de un problema que se vivía de puertas para adentro.

Hace 22 años, en 2001, la concejal Nevenka Fernández denunció por acoso sexual, delito que no entró en el Código Penal hasta 1995, al alcalde de Ponferrada, Ismael Fernández. El juicio, al que los medios de la época dedicaron horas y horas y horas en el tiempo álgido para las televisiones privadas, derivó en otro paralelo a la víctima, a la que parte de la opinión pública, dividida en dos como en aquel programa de Moros y cristianos de Telecinco, la culpó a ella: en resumen, Nevenka era guapa guapísima y llevaba la falda muy corta y, claro, luego pasa lo que pasa y los hombres no se saben controlar. El político del PP fue condenado en 2003 y tuvo que dimitir del cargo, pero él se quedó en el pueblo y ella, asediada y con una vida personal expuesta al detalle, tuvo que salir de España. Un documental de Netflix rescató en 2021 esta historia y nos colocó veinte años después delante de nuestras vergüenzas.

Hace siete años, en la madrugada del 7 de julio de 2016 durante las fiestas de San Fermín, cinco hombres violaron y dejaron tirada y desnuda en un portal de Pamplona a una chica que horas más tarde denunció a sus agresores. Los integrantes de La Manada, como así se hacían llamar en un grupo de whatsapp en el que se animaban a “follarse entre todos a una buena gorda”, fueron condenados por la Audiencia y el Tribunal Superior de Justicia de Navarra por abuso sexual en un fallo que recibió la reprobación social en la calle con el histórico 8M de 2018. Finalmente, el Supremo revisó el fallo y dictó sentencia en junio de 2019: elevó a 15 años la pena de prisión por considerar que sí existió agresión sexual, condenando a los acusados por un delito continuado de violación con trato vejatorio.

Cómo se comportó la víctima durante la agresión, una actitud pasiva y neutra aunque no participativa, –expusieron los peritos según los vídeos grabados por los violadores que sirvieron de prueba en el juicio–, y cómo se comportó después de la denuncia, cuando un detective privado contratado por los denunciados la siguió durante días, centró el debate en las redes sociales, en las tertulias y en todos los digitales. “Sale y entra y está de fiesta con sus amigas, su actitud no corresponde a la de una víctima”, argumentaron para restar gravedad a los hechos e interpretar su libre consentimiento. Según esta tesis, un manual define lo que puede o debe hacer una víctima ejemplar y con ello el trauma ha de encajar en un molde.

Ocho años después, también éste ha sido el reproche que está recibiendo Jenni Hermoso por parte de un espacio concreto de los medios, entre los que destacan, sin sorpresa para nadie, los agitadores de extrema derecha Javier Negre y Alvise Pérez y, bajo su abrigo, a su lado o en perfecta comunión, cierta parte del periodismo deportivo patrio y esa ciénaga que son los trolls y las cuentas de Twitter bajo seudónimo, responsables todos ellos de la difusión de vídeos y fotografías de la jugadora que buscan desacreditar su testimonio.

Esa jugadora que se abraza de alegría a sus compañeras tras levantar la Copa del Mundo, que brinda con ellas y bromea en el bus o en el vestuario entre risas cuando se ve a sí misma, agarrada por la cabeza por su jefe, en ese beso captado por las cámaras de todo el mundo no encaja en el perfil de una víctima mainstream.

La portada del As –Jenni deja caer a Rubiales– es el paradigma: ella es la causante de los males del presi. ¡Y todo por un beso, por un beso!, faltó en esa portada.

Del beso no consentido de Rubiales, decimos, sólo han pasado dos semanas.Pero, lejos de quedarse en una serpiente de verano, el caso, que ha despertado el interés de la prensa internacional de referencia, de la BBC al New York Times, del Financial Times al Frankfurter Allgemeine Zeitung, forma parte ya del acervo con que la sociología interpreta el contexto en que se ha generado esta reacción masiva de empatía y solidaridad con la víctima al margen de banderías políticas(aunque los partidos han participado y el Gobierno sigue tratando de gestionar el asunto).

¿Por qué ahora?, ¿por qué con este beso?, ¿por qué el #MeToo español ha estallado en el fútbol?, ¿por qué los medios se han posicionado junto a la víctima sin mucho esfuerzo?

Beatriz Ranea es autora de Desarmar la masculinidad. Los hombres ante la era del feminismo (Editorial Catarata, 2021), un ensayo nacido al calor del debate sobre el juicio a La Manada que en el capítulo Me gusta el fútbol 24/7 analiza por qué el fútbol (masculino) es ese espacio donde el hombre ostenta más poder, tanto real como simbólico, y un escenario por excelencia para la demostración de la hombría y la virilidad. ¿Por qué ahora? “El contexto social ha cambiado, a lo largo de los años ha habido puntos de inflexión que han permitido poner en el centro de la agenda pública lo que se considera violencia sexual, como el caso de Nevenka o de La Manada. En estos momentos, aunque un beso sea una forma no tan definitoria o no tan grave o de una magnitud distinta, sabemos interpretar ya como sociedad (y a todo el mundo le suena, para posicionarse a favor o en contra) de qué hablamos cuando hablamos de consentimiento”.

Y eso a pesar de que el consentimiento ya era el eje de los tipos penales y que un beso sin consentimiento estaba tipificado ya antes de la ley del sí es sí que se aprobó en 2022. Hay un matiz: con la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual se aplica el mismo tipo penal (agresión) a ese beso de Rubiales que si el presidente suspendido hubiera forzado ese beso en la habitación de la jugadora sin cámaras de por medio. Con el Código Penal anterior, se distinguía entre abuso y agresión, ahora no. Quizás, a ojos de los juristas críticos con el diseño penal del texto, es esto lo que da lugar a que muchos acaben juzgando el beso con indulgencia, en la teoría de que es un baboso pero no un delincuente.

Más allá del recorrido judicial del caso, lo cierto es que el relato de Rubiales personifica, según Ranea, “ese modo de no reconocer qué es una agresión sexual y quién es la víctima” frente al respaldo que, ahora en este caso, se le concede a la víctima por parte de una parte importante de la sociedad, de los medios y de los portavoces políticos. Es, insiste la profesora de Opinión Pública en la Universidad Complutense de Madrid, la importancia del contexto, del aprendizaje social, de la pedagogía y del hecho de que miles de cámaras captaron el momento.

¿Por qué en España el #Metoo, adaptado con el hashtag #Seacabó, ha estallado con este beso? A juicio de Ranea, el fútbol –el masculino, claro– “es el laboratorio por excelencia para la masculinidad tóxica o dañina”. En su libro, Ranea destaca la relación entre fútbol masculi­no y violencia “porque en torno al fútbol se permiten conductas de agresividad que en otros lugares son impensables hoy en día, como el caso más explícito de hooligans, skinheads y otros hinchas violentos. Alrededor del fútbol masculino se permiten prácticas sexistas, racistas y xenófobas que en ningún otro ám­bito tienen tanta tolerancia social. (…) El espectáculo del fútbol masculino, en muchas ocasiones, actúa como escenario de representación de la hombría de una forma casi esperpéntica”.

Y esta representación esperpéntica es lo que en estos momentos hace tan diferente la percepción de cómo se comportan ellos en el fútbol y cómo lo hacen ellas. No se trata sólo del silencio mayoritario de los jugadores de la selección (con la salvedad de Borja Iglesias), sino de que el fútbol femenino está demostrando una complicidad –sororidad– con la víctima que está siendo bien ponderada por los medios. No es sólo por el apoyo unánime de las campeonas de la selección a su compañera sino por todo lo que ha venido después: el anuncio de las dos jornadas de huelga de la Liga F, el discurso ejemplar y contundente de Adriana Bonmatí contra los abusos de poder al recoger el premio a la mejor jugadora de la UEFA, la dedicatoria de Sarina Wiegman, seleccionadora de Inglaterra que cayó en la final ante España, a las jugadoras españolas al recoger su galardón en la misma ceremonia…

“Este tipo de actitudes ponen de manifiesto que hay otra forma de entender el fútbol, de relacionarse, de admirarse entre jugadoras de distintos equipos”, explica Ranea sobre un deporte que ha crecido hasta obtener el reconocimiento que tiene hoy soportando el descrédito masculino, el señalamiento de las jugadoras por machorras y desviadas o la minusvaloración de su importancia como profesionales del deporte, como pone de manifiesto el estremecedor relato que se hace en Romper el silencio. La lucha de las futbolistas de la Selección del trato humillante y abuso de poder a las jugadoras que realizó Ignacio Quereda, seleccionador nacional femenino durante ¡27 años! Antes, mucho antes de que llegaran Rubiales y sus modos de mafioso.

Es este beso lo que ha permitido poner al descubierto todas estas vejaciones en las que otras víctimas de otros ámbitos se han reconocido, reviviendo experiencias de las que estos días se hacen eco los medios.

Porque son los medios los que ayudan a dimensionar el caso y a amplificar el relato de los protagonistas.

Según Ranea, «se ha distinguido desde el principio por saber contar este caso” el medio deportivo Relevo, del grupo Vocento y nacido en 2022, que da protagonismo en sus páginas al deporte femenino, cuenta con numerosas firmas de mujeres y realiza un periodismo que atiende a códigos deontológicos –también al hablar de violencia sexual en el deporte– en un contexto en el que las mujeres son mayoría en las redacciones de los medios pero no en los puestos de dirección.

Y todo ello mientras el deporte femenino está casi invisibilizado en televisión. En un informe de octubre de 2022, el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA) constató, una vez más, la amplísima brecha de género existente en el deporte televisado, donde se sigue sin alcanzar el 10% de presencia femenina en las noticias de los informativos de Canal Sur TV. En sus recomendaciones, el CAA insistió en la necesidad de revertir esta situación e instó a una reflexión profunda sobre la necesidad de que las retransmisiones e informaciones deportivas sean más igualitarias y equilibradas.

Otro de los aspectos que también ha dejado al descubierto el caso Rubiales es que, cómo no, caemos en el error una y otra vez, por parte de todos los medios, públicos y privados, de convertir cada víctima en protagonista de un gran carnaval, como fuera el de Billy Wilder, dándole pábulo y micrófonos al entorno del agresor –a la prima, a la otra prima, a la madre en ayunas encerrada en la parroquia, a los vecinos espontáneos de Motril–, que cuestiona el relato de la víctima y que clama airado que Luis es un buen chico, que Luis, al fin, es uno de los nuestros. Queda trabajo por delante.

martes, 22 de junio de 2021

_- Una mezcla de estupidez y perversión

_- Este artículo nace de la conjunción de tres hechos recientes que me han impactado: la muerte de las niñas Anna y Olivia en Tenerife a manos de su padre, unas declaraciones de Ortega Smith, secretario general de Vox, sobre la violencia de género y la lectura de un magnífico libro de la feminista negra bell hooks (así, con minúsculas, por lo que luego explicaré).

No sé si la postura del partido político español Vox sobre la violencia de género es más estúpida o más perversa. Después de reflexionar sobre este dilema, he acabado por concluir que es completamente estúpida y completamente perversa.

Vox no entiende que la violencia que sufren las mujeres tiene como causa el hecho de ser mujeres. Y he oído a su secretario general, Ortega Smith, decir algo tan increíble como esto: si la violencia machista se produjera por el hecho de que las víctimas son mujeres, los agresores atacarían a todas las mujeres que se encuentran por la calle. Qué estupidez.

Dice Ortega Smith que hablar de violencia machista criminaliza a todos los hombres. No, señor Ortega, criminaliza a todos los hombres maltratadores. Y añade el señor Smith que la violencia de género es una gran mentira. Qué perversión.

Negar a estas alturas que existe violencia de género y pretender camuflarla bajo el paraguas de violencia doméstica es una maniobra indecente. Claro que también hay violencia contra los hombres, contra los abuelos, contra los niños. Y no debemos olvidamos de ella. Porque toda violencia es nociva y ha de ser evitada cuando es posible y castigada cuando ha tenido lugar.

El macabro asesinato de las niñas, Anna y Olivia, de 1 y 6 años respectivamente, a manos de su padre en Tenerife, viene a corroborar de forma dramática que existe violencia de género. El ensañamiento de arrojar los cadáveres de las niñas al mar y las dificultades de rastreo han añadido un plus de dolor y desesperación. El padre sacrifica a las niñas porque es la forma más cruel de destruir a su mujer. Aterrador. En España llevamos más de 20 muertes de mujeres en este año a causa de la violencia machista.

¿Cómo puede negarse que vivimos en una sociedad androcéntrica desde hace siglos? El Concilio de Trento declaró que las mujeres no tenían alma, las mujeres (por el simple hecho de serlo) están apartadas del poder y del sacerdocio en la iglesia católica, hasta hace poco las mujeres no tenían derecho al voto, hasta hace nada no podían estudiar en la Universidad, las expectativas laborales siguen siendo menores en el caso de las mujeres, los sueldos de las mujeres por los mismos trabajos son menores, la presencia de mujeres en las esferas de poder es mucho menor que la de los varones, las violaciones en grupo solo se producen hacia las mujeres…

Estoy terminando de leer un hermoso libro titulado “Enseñar a transgredir. La educación como práctica de la libertad”. (Es probable que vuelva a él en algún próximo artículo, aunque sobre otros aspectos). Su autora es bell hoocks. Con minúsculas. Porque Gloria Jean Watkins, sustituyó su nombre de pila por el de su abuela materna. Para distinguirse de ella, escribe siempre su nombre y apellido con minúsculas. Por eso y para dar una pequeña muestra de transgresión a una norma de la escritura. bell hooks es una importante autora feminista y negra, de fama internacional, nacida en el año 52 en un pequeño pueblo de Kentucky.

Para refrescar la mente a los militantes, seguidores y votantes de Vox (también para los lectores y lectoras de esta tribuna) voy a plantear las diez tesis sobre las que se sustenta el pensamiento feminista de bell hooks.

1. No hay que quedarse en la superficie. Hay muchas personas que solo conocen el feminismo por lo que dicen los medios de comunicación, por lo que se cuenta en las tertulias de amigos y familiares o por las propias reflexiones. Pero no han leído nada, no han estudiado nada sobre el asunto. bell hooks anima a profundizar sobre el tema. Ella misma tiene más de 30 libros, excelentes por cierto, sobre esta apasionante y decisiva cuestión.

2. El feminismo no solo busca la igualdad. Para hooks el feminismo no solo busca la igualdad, busca acabar con la lacra del sexismo, la explotación sexista, la dominación y la opresión, que son sus verdaderos enemigos. No es un movimiento antihombres, sino que los incorpora y necesita para la causa. El enemigo es el sistema patriarcal. Hay que conocerlo, cambiarlo y no adaptarse a él.

El objetivo del feminismo es el cambio real. El feminismo que defiende hooks es revolucionario y transformador, no reformista. “Las pensadoras revolucionarias no queríamos simplemente modificar el sistema existente para que las mujeres tuvieran más derechos; queríamos transformar ese sistema, acabar con el patriarcado y el sexismo”, aclara.

Los hombres feministas son necesarios y bienvenidos. Para la activista, “la toma de conciencia feminista por parte de los hombres es tan esencial para el movimiento revolucionario como los grupos de mujeres”. Al buscar libros destinados a los hombres y ver que apenas había, hooks escribió algunos y nunca olvida en sus obras la parte masculina. Hay que enseñar a los niños y a los hombres qué es el sexismo y cómo puede eliminarse. 5. Hay que combatir al enemigo interior. Antes de dedicarse a enfrentar al enemigo exterior (el sistema sexista) es necesario hacer frente al pensamiento sexista que nos inculcan desde niños (niñas), que nos hace incorporar mecanismos de dominación. Para hooks el pensamiento feminista nos ayuda a desaprender el autodesprecio de las mujeres y nos libera del arraigo del pensamiento patriarcal en nuestras conciencias.

6. La sororidad es el arma más poderosa para las mujeres. hooks considera que la hermandad femenina no solo es necesaria y benéfica para las mujeres sino que es una de las herramientas más poderosas de transformación de la sociedad.

7. Es fundamental la importancia de la educación feminista. No se refiere a cualquier tipo de educación. hooks advierte de que es imprescindible que haya educación feminista en las escuelas. Es la mejor manera de tener generaciones de hombres y mujeres libres de seísmo. Dice hooks que “permitimos que los medios de comunicación de masas patriarcales sigan siendo el principal lugar en el que la gente aprende acerca del feminismo, y la mayor parte de lo que se aprende en ellos es negativo”.

Hay que ofrecer imágenes alternativas. Una de las cuestiones que hooks considera de suma importancia es cuestionar el pensamiento sexista sobre el cuerpo de las mujeres, algo que consiguió romper el movimiento feminista contemporáneo pero que ha sido recolonizado por el sistema patriarcal. hooks advierte: “las niñas hoy en día se odian a sí mismas en lo que se refiere a su cuerpo, tanto como lo hacían sus predecesoras prefeministas”. Por ello, considera fundamental dejar de criticar esas imágenes sin ofrecer alternativas y llama a hacer una crítica profunda de la industria de la belleza y de la moda que conduzca a una revoluciónsostenida. Hasta entonces, “no seremos libres ni sabremos cómo amar nuestros cuerpos como parte de nosotras mismas”.

Las relaciones de pareja tienen que estar libres de sexismo. La activista señala que el amor romántico que nos vende la cultura patriarcal nos vuelve “inconscientes, impotentes y hace que perdamos el control”. Se trata de una forma de amar que sirve a los intereses del patriarcado. En las relaciones personales debe primar el crecimiento mutuo, la autorrealización y las necesidades de todas las partes. “Que sean relaciones en las que todos disfruten de derechos y nadie tenga miedo a la subordinación o al abuso”, explica.

El feminismo es para todo el mundo.Este es el título de un libro de la activista bell hooks. Se trata de una obra que aborda la interseccionalidad de género, raza y clase, tratando de señalar quién es el sujeto del feminismo.

Cierro con un pensamiento de hooks: “Las mujeres y los hombres feministas restaurarán en el futuro las condiciones necesarias para la solidaridad. Así, podremos alcanzar un mundo donde se compartan los recursos y abunden las oportunidades de crecimiento personal para todo el mundo independientemente de su clase”.

Fuente: Blog de Miguel Ángel Santos Guerra.

sábado, 24 de abril de 2021

_- Medios de Comunicación & Violencias Machistas. La verdad del documental sobre Rocío Carrasco.

_- Por Beatríz Gimeno | 21/04/2021 | Feminismos

Fuentes: www.publico.es

Sobre la construcción social en el imaginario social, a través de los mass media, del mito de «la mujer perversa»

Hace años escribí un libro, La construcción de la lesbiana perversa, sobre cómo los medios de comunicación serios (entonces eran serios) construyeron a Dolores Vázquez como la asesina perfecta de Rocío Wanninkhof. Comienzo contando en el libro que, al principio, yo misma pensé que Dolores Vázquez era la asesina. Si la habían detenido, si la fiscalía la acusaba de algo tan grave como el asesinato de una menor, alguna prueba debían tener. No puse demasiada atención en aquella historia.

Cada una de nosotras se pone en guardia ante determinadas situaciones. Por cuestiones ideológicas, familiares, de costumbre, por trabajo…es decir, cada uno/a tiene las antenas dispuestas ante determinadas cosas, pero no las tiene puestas todo el tiempo ante absolutamente todo. Y sí, se supone que mis antenas debían estar dispuestas para prevenirme ante la lesbofobia, pero no lo estaban, ante mi propio estupor. En aquellos años -que no eran estos- parecía que la mayoría de los medios, de los que entonces llamábamos «serios», aun informaban con un mínimo de rigor, aun con su sesgo ideológico, los bulos periodísticos no existían en determinada prensa y a mí, ya digo, sin prestarle demasiada atención, me parecía que la prensa no había caído en el sensacionalismo al informar del caso.

Y eso me pareció suficiente garantía. Cuando apareció el asesino de Rocío me pasé un par de años indagando en esa misma prensa para descubrir por qué yo misma (y supongo que la mayoría de la gente) habíamos llegado a creer que la inocente era culpable. Y eso es mi libro. El relato de cómo la llamada prensa seria construyó, artículo a artículo, un personaje siniestro y culpable a partir de una mujer inocente cuya única culpa era ser lesbiana. Un personaje tradicional de la misoginia, la lesbiana perversa, estaba escondida para aparecer cuando muchas podíamos pensar que era ya un personaje desgastado y, justo por eso, cuando ya teníamos las antenas parcialmente desactivadas.

Han pasado muchos años y ahora nada es igual. Una gran parte de esa llamada prensa seria ya ni es prensa ni es seria y todas nos movemos en medio de bulos, mentiras y desinformación de la que no es sencillo extraer la verdad. Supongo que ahora, sin embargo, tendría las antenas mejor orientadas. Creo que la proliferación de mentiras hace que muchos tengamos el sensor más afinado. He estado pensando en estas cosas mientras he visto el documental sobre Rocío Carrasco, que me ha parecido fascinante para hacer un estudio.

Sería un estudio mucho menos «intelectual» que aquel, en otro plano, pero con similitudes también. Aquel lo hice investigando sólo tres periódicos. Este podría ser un estudio de la construcción de la madre perversa (otro personaje femenino de la misoginia tradicional, tan vigente) a través de los mal llamados programas «de entretenimiento». El documental sobre Rocío es fascinante y terrible. Es terrible porque el sufrimiento de esa mujer, un sufrimiento derivado de la injusticia patriarcal, nos llega a todas y nos da directamente en el estómago.

Pero es fascinante como documento porque es un relato casi perfecto de lo que supone el acoso machista en una pareja y lo fácil que resulta todavía construir el personaje de una mala madre. Este documental es como ver las tripas de la bestia extendidas en una mesa. No le falta detalle. Maltrato físico, psicológico, infidelidad, luz de gas, violencia a través de los hijos/as, aislamiento social y familiar, alineamiento familiar y de la sociedad con el maltratador, autoculpabilización, miedo, deseo de muerte, justicia patriarcal, y todo tipo de mitos sobre lo que debe ser y no debe ser una madre. Si fuera un guion escrito para enseñar lo que puede suponer el machismo en una separación y el maltrato a una mujer a través de su maternidad, nadie lo hubiera escrito mejor. Podría servir para dar clase. Es esto, podríamos decir a las alumnas: es esto.

Las cadenas de televisión y las revistas del corazón que han sido las transmisoras de esta historia han construido el personaje de Rocío como una mala mujer y una mala madre (que suele ser lo mismo) y, a partir de esta imagen, la han machacado durante 20 años. La diferencia es que aquí, todo es mucho más epidérmico que en el caso de Dolores Vázquez. Yo no conocía nada de lo que estoy viendo estos días en la televisión pero si en el caso de Dolores Vázquez había que leer entre líneas cómo tal o cual periódico culpabilizaba a Dolores utilizando determinados adjetivos que nos remitían a imágenes inconscientes que todas y todos llevamos dentro en esta cultura, basta escuchar dos veces a Antonio David, para darse cuenta de lo que hay.

Y lo que hay no es sólo un ejemplo palmario de lo que llamamos violencia vicaria a través de los hijos contra una madre; lo que hay es la dificultad de probar la violencia psicológica, lo que hay es una sociedad que siempre sospecha de ella antes que de él, aunque él sea un ejemplo paradigmático de lo que no debe ser un padre responsable. Lo que hay es un acoso mediático y social ante una mujer que no tiene manera humana de defenderse. Lo que hay son familiares cobardes que se ponen de parte del que parece más fuerte, lo que hay es soledad y desamparo de la víctima. Lo que hay son mal llamados periodistas que cuentan lo que sea sin comprobar si es verdad o mentira porque, en realidad, eso no importa: las madres tiene que inmolarse, literalmente, en un pira por sus hijos o, de lo contrario son malas madres. El cuestionamiento de Rocío como madre me ha recordado al cuestionamiento de las mujeres violadas. ¿No puso en riesgo su propia vida al defenderse? Entonces no la violaron. ¿No murió cuando dejó de ver a sus hijos? Entonces es mala madre.

A mí no me importa que el caso se conozca por medio de la misma cadena que ha creado al monstruo; quizá fuera la única posibilidad para esta mujer de que su historia se conociera y de poder salir del círculo de horror en el que ha estado inmersa todos estos años. Lo que tenemos es un documento casi insustituible en la visibilización de la violencia machista contra las madres. Claro que la cadena no lo muestra para hacer el bien y luchar contra el patriarcado, pero lo cierto es que quien ha dirigido el documental ha confeccionado un documento tan verdadero, tan descarnado, que trasciende con mucho la intención de la cadena que, mañana mismo, creará otra víctima propiciatoria si tiene ocasión.

Pero el documental de Rocío Carrasco quedará para ser mostrado y estudiado en otros foros. Y en medio del griterío del mal llamado debate posterior, al menos han tenido el gesto de poner a Ana Bernal, una experta en violencia de género para que quien está viéndolo tenga algo de verdad a la que agarrarse. El documental es eso, autenticidad, y la verdad no importa dónde aparezca porque siempre puede salvar a alguien.

Fuente: 

jueves, 11 de febrero de 2021

El legado de la alcaldesa María Domínguez y una generación de mujeres que se abrió paso entre el machismo y las bombas

Fuentes: Público [Foto: Recepción de Unión Republicana Femenina a las alcaldesas de la provincia de Madrid, marzo de 1933. En el centro, Clara Campoamor. — Incluida en la obra Mujeres en los gobiernos locales]

La obra ‘Mujeres en los Gobiernos locales’ repasa la participación de las féminas en la política local desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la democracia. La primera mujer elegida democráticamente fue Catalina San Martín López, alcaldesa de Rivas durante la II República.

– «¿No les importa a ustedes que les mande una mujer?»

– No (…) Y además esta vale por bastantes hombres»

Esta conversación fue recogida en octubre de 1932 en el diario Ahora. El periodista había acudido hasta el pueblo de Gallur, en Zaragoza, para preguntar a los vecinos y vecinas por la llegada a la alcaldía de María Domínguez, la primera mujer en ocupar el puesto de alcaldesa durante la II República. La respuesta, como se aprecia, es contundente.

Domínguez había sido elegida alcaldesa de Gallur el 29 de julio de 1932. Pero no tras unas elecciones. El Gobierno republicano la había elegido para tratar de normalizar la situación en la localidad zaragozana donde el Gobierno municipal, que había salido de las urnas del 12 de abril de 1931, había dimitido en bloque. Su nombramiento supuso que Domínguez se convirtiera en la primera mujer en alcanzar la condición de alcaldesa durante la II República y su objetivo, tal y como explicaba ella misma, era el de «pacificar los espíritus».

Estuvo apenas siete meses en el poder hasta que dimitió para dejar paso al nuevo Ayuntamiento, constituido tras la celebración de las elecciones municipales parciales del 23 de abril de 1933. En este breve período de tiempo, Domínguez trató de aplicar las disposiciones republicanas en materia de jornales, llevar a cabo un reparto de tierras entre los jornaleros y crear una bolsa de trabajo para paliar el paro obrero. También mandó construir una escuela local. Era una feminista convencida. «La hora presente es de una gravedad extraordinaria. ¡Despertad mujeres! Haced un esfuerzo supremo y sacudid este letargo!, escribió Domíngez en Vida Nueva, en mayo de 1930.

Sus ideas republicanas y su empuje feminista, sin embargo, la convirtieron en objetivo de las fuerzas franquistas tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y el estallido de la Guerra Civil. Su espíritu contradecía el ideal de la mujer sumisa que propugnaba el nacionalcatolicismo. Solo el ejemplo que había dejado era peligroso. Había que borrar su nombre de la Historia. Consciente del peligro que corría, por republicana, por roja y por feminista, Domínguez huyó de Gallur tras el golpe de Estado, pero no sirvió de nada. Fue detenida y fusilada frente a las tapias del cementerio de Fuendejalón (Zaragoza). Era el mes de septiembre de 1936 y los franquistas se llevaban por delante a la primera mujer en ocupar una alcaldía en la II República.

El caso de María Domínguez saltó este domingo a los medios de comunicación. El equipo de arqueólogos de Charata y Arico localizó los restos de una mujer en una fosa del cementerio de Fuendejalón, muy cerca de donde cuenta la memoria popular que había sido fusilada María Domínguez. Francisco Javier Ruiz, director de la exhumación, explica a Público que todavía no hay confirmación genética que permita asegurar que los restos encontrados son de la primera alcaldesa republicana, por lo que habría que esperar a la prueba de ADN para estar 100% seguros. Sin embargo, también explica a que hay indicios que apuntan a que sí. A que es ella. Son varios. Por el lugar donde ha aparecido; porque el cuerpo es claramente el de una mujer, tal y como muestran las peinetas y demás utensilios que acompañan al cuerpo; y porque no hay constancia de otras mujeres en las fosas comunes de este cementerio. La propia vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, alabó la figura de Domínguez tras el hallazgo del equipo encargado de la exhumación en un tuit.

Sin embargo, el caso de María Domínguez no es único. Tampoco excepcional. Domínguez formó parte de una generación de mujeres que se abrió paso a codazos en una sociedad machista y patriarcal, que luchó contra los prejuicios de sus propios compañeros, contra las bombas y rifles de los enemigos y, muchos años después, contra la desmemoria de una democracia que propugnaba el olvido para procurar su supervivencia. María Domínguez fue la primera, pero antes hubo otras muchas que lucharon por abrir el camino. Mujeres como las que, a principios del siglo XX, habían empujado a través de organizaciones tan potentes como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas o la Unión de Mujeres Españolas, y que después, tras el golpe de Estado de 1936, decidieron seguir luchando para defender su libertad y la de toda la sociedad contra la tiranía fascista.

Previamente, también están las siete mujeres que fueron designadas alcaldesas de sus localidades por el dictador Primo de Rivera. Se trata del caso, entre otras, de Matilde Pérez, designada alcaldesa de Cuatretondeta (Alicante) en 1924 o Dolor Codina i Arnau, que presidió el Ayuntamiento de Talladell (Lleida) ese mismo año. La dictadura primorriverista, ante un movimiento feminista pujante, había decidido abrir los municipios a la participación de las mujeres entendiendo que los ayuntamientos eran una especie de «hogar de hogares» o «casa grande», donde las mujeres podían participar como una extensión de las tareas de cuidados que ejercían dentro del hogar, ya fuera en tareas de salud pública, ayuda a los más necesitados o en una buena administración de los recursos.

Foto: María Purificación Gómez González, alcaldesa de A Cañiza (Pontevedra), 1936. — Incluido en la obra ‘Mujeres en los gobierno locales’ por cortesía de María José Bernete Navarro

La obra Mujeres en los gobiernos locales. Alcaldesas y concejalas en la España contemporánea (Editorial Biblioteca Nueva), coordinado por la catedrática Gloria Nielfa Cristóbal, da una buena muestra de la lucha de estas mujeres por su derecho a votar, a ser elegidas, y a participar activamente de la política. Se trata de un libro de investigación centrado exclusivamente en las mujeres que, como María Domínguez, participaron en los ayuntamientos de España durante el siglo XX, una parte de la política que suele quedar en segundo o tercer plano de la Historia, alejada de los grandes titulares y de las grandes biografías que protagonizan las figuras que llegaron hasta el Gobierno o jugaron un papel en el Congreso de los Diputados de la época.

Así, tras la proclamación de la II República fueron decenas y decenas las mujeres que consiguieron llegar al puesto de alcaldesa o concejal en su localidad. Sin embargo, como en el caso de María Domínguez, en un inicio, ocuparon el puesto de manera interina como presidentas de una comisión gestora provisional. Gloria Nielfa explica a Público que la República había ordenado repetir los comicios municipales en todos aquellos ayuntamientos en los que en 1931 no se había podido votar al alcalde porque solo se había presentado una persona al cargo. Mientras tanto, ordenó disolver esos gobiernos municipales y nombrar una comisión gestora formada por un funcionario, un líder sindical y un contribuyente para que se hicieran cargo de los respectivos gobiernos hasta la celebración de nuevas elecciones municipales en 1933.

Fue en este contexto donde decenas de maestras ocuparon las alcaldías de sus pueblos de manera interina hasta la celebración de los citados comicios. «Hay que tener en cuenta que en muchas localidades la única funcionaria era la maestra de la escuela», explica Nielfa. Sólo en la provincia de Zaragoza, por ejemplo, hasta 17 mujeres alcaldesas participaron el 20 de febrero de 1933 en una cena con el Gobernador Civil. De ellas, 16 eran maestras y una propietaria o contribuyente.

Pero hay multitud de ejemplos de este tipo por toda la geografía nacional. Julia Mayoral Márquez (1902-1983) presidió la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Alange (Badajoz) desde el 2 de enero hasta el 9 de mayo de 1933. «Comprendo que cuando la mujer es llamada a realizar una misión de paz y progreso para su pueblo, debe seguir la voz del deber y poner en el cargo gran entusiasmo y amor a España, así como fe en luchar por ella y por la pacificación de los espíritus», escribía.

La maestra Felipa Torrens García también llegó a la alcaldía de Marcilla (Navarra). Victoriana Fernández Calvo ocupó la alcaldía de Lominchar (Toledo) o el caso de Natividad Yarza Planas, en el municipio barcelonés de Bellprat, en la comarca de la Anoia. La lista sigue hasta hacerse interminable en municipios de Madrid, Guipúzcoa, Ciudad Real, Toledo, Palencia, Asturias, Salamanca, Murcia y Santa Cruz de Tenerife.

Foto: Natividad Yarza, alcaldesa de Bellprat (Barcelona) es recibida en la Generalitat por el president Companys. — ANC-Fons Companys Se trató de una experiencia breve. En muchos casos, apenas llegaban a los meses y el margen de maniobra era escaso ya que el presupuesto venía ya dado de la anterior corporación, pero sí permitía mostrar la voluntad de cambio del período republicano y el avance hacia una igualdad que estaba reconocida en la Constitución de 1931, pero que estaba lejos de plasmarse. La República, tal y como explica la catedrática de la Complutense Mirta Núñez, había supuesto una transformación del marco legal que otorgaba a la mujer, por primera vez, una condición de ciudadanía en igualdad de derechos con el hombre. La elección de mujeres para presidir las comisiones gestoras fue una buena muestra de esta voluntad de cambio. «La mujer empieza a ser ciudadana prácticamente a raíz de la II Republica. Hasta ese momento no era más que una especie de adjunta a la dirección. Su ascenso o no dependía de los logros de su marido o padre», apunta.

En ese momento, aunque de manera interina, estaban asumiendo la gestión de ayuntamientos. Y, a diferencia de la época primorriverista, no se trataba únicamente de mujeres ligadas al orden y vinculadas al caciquismo o las fuerzas tradicionales. No. Era un grupo de mujeres plural, variado, que aspiraba a una España diferente. «Había solteras, casadas y viudas, jóvenes y mayores; con ideas políticas definidas o sin ellas. Tenían en común, eso sí, la voluntad de querer cumplir el cometido encargado por el Gobierno de gestionar sus ayuntamientos hasta la celebración de elecciones», explica Gloria Nielfa.

La primera alcaldesa elegida democráticamente
Así se llegó a la celebración de las elecciones municipales del 23 de abril de 1933 en 2.653 municipios del territorio español y que afectaba al 10% del censo electoral. Las primeras mujeres alcaldesas de la II República ya habían dimitido y así llegaba la hora de la primera alcaldesa elegida democráticamente: Catalina San Martín López, en Rivas Vaciamadrid (Madrid), una maestra que había presidido la comisión gestora de la localidad, que decidió presentarse como alcaldesa y que logró la victoria.

«Es el único caso que tenemos localizado de una mujer que después de haber presidido una comisión gestora se presentara a las elecciones de abril de 1933 y fuera revalidada para el cargo por las urnas, y es también la primera alcaldesa elegida en España de la que hemos tenido noticia», escribe Neifa en la obra Mujeres en los gobiernos locales en el capítulo firmado junto a Rosario Ruiz Franco. Asimismo, las autoras explican que no parece que Catalina San Martín representara una opción política concreta sino que «cabe suponer que el apoyo que recibió estuvo basado en su actuación al frente del Ayuntamiento en los meses en que presidió la Comisión Gestora».

Las autoras explican que hay pocos datos que permitan conocer si tras estas elecciones hubo más alcaldesas. Sí conocen el caso de Juana García Rodríguez, que fue elegida concejala en Artenara (Las Palmas) como independiente y poco tiempo después pasó a ocupar la alcaldía. O el ya comentado caso de Natividad Yarza, que consiguió ser reelegida como alcaldesa de Bellprat, en las elecciones municipales catalanas de enero de 1934.

Tras las elecciones generales de febrero de 1936, la victoria del Frente Popular tendrá efecto en la convulsa vida municipal de muchas localidades ya que, como consecuencia, se produjo la reposición de varios ayuntamientos que habían sido destituidos durante el conocido como Bienio Negro. En A Cañiza (Pontevedra), por ejemplo, el 15 de marzo de 1936, los 16 concejales eligieron como alcaldesa de la localidad a Purificación Gómez González, de Izquierda Republicana. Durante su mandato, el Ayuntamiento solicitó la creación de cuatro escuelas, dos de párvulos y otras dos unitarias, para niños y niñas. Su programa de Gobierno constaba de tres ejes: fomento de la enseñanza, mejoras urbanísticas para combatir el paro y medidas simbólicas para recuperar el espíritu inicial de la República. Tras el golpe de Estado del 18 de julio, Purificación fue detenida, encarcelada y condenada a muerte. Afortunadamente, su pena fue conmutada por la de reclusión perpetua, que después también sería reducida. También pertenecía a Izquierda Republicana Guillermina Medrano, que a los 23 años se convirtió en la primera concejala del Ayuntamiento de València. Era febrero de 1936 y estuvo en el cargo hasta febrero de 1937.

Foto: Portada de Crónica de 1932 donde se habla de María Domínguez, la primera alcaldesa republicana

El golpe de Estado del 18 de julio y el aumento de la participación
El golpe de Estado del 18 de julio provocó un desmoronamiento institucional de la República en muchos de sus ayuntamientos y, además, una obligada reconstrucción para sustituir a aquellos concejales que apoyaban el golpe contra la República. Así, el golpe de Estado también provocó que llegaran a la alcaldía de sus localidades mujeres como Joana Matia Borau, del PSUC, que fue elegida alcaldesa de Alpens. Además, el decreto de 4 de enero de 1937 de Largo Caballero estableció la disolución de ayuntamientos y su sustitución por Consejos municipales en los que estuvieran representados los partidos del Frente Popular y las organizaciones sindicales obreras.

Así, en el País Valencià se encuentran numerosos ejemplos de mujeres que dieron un paso adelante para participar en la vida política de sus localidades en el más conflictivo y delicado de los momentos. En Montavernet, en abril de 1937, llega al Consejo Municipal María Carbó Vañó, del PCE. En la misma comarca, la Vall d’ Albaida, Isabel Montagut Monferrer, una mujer socialista ocupaba la alcaldía de Terrateig desde octubre de 1937 hasta el final de la guerra. En Elche (Alicante) la enfermera Matilde García Iborra y Rita García Agulló, del Grupo Femenino Socialista, también entraron a formar parte del Consejo Municipal hasta el final de la guerra. Un año después, en la misma ciudad, también lo harían Gregoria Lozoya Lag y Josefa Pastor Brotons. En la ciudad de Alicante, una joven de 17 años, Marina Olcina González, militante del PCE, ocuparía también un puesto en el Consejo Municipal.

Y así sucedió en gran parte de los municipios del país. En la provincia de Córdoba, por ejemplo, tras los brutales avances de las tropas franquistas, la localidad de Villanueva de Córdoba se había convertido en la capital de la zona republicana y entre su Consejo Municipal se encontraba la concejala María Josefa López Garrido, quien en su participación en septiembre de 1937 en la II Conferencia Nacional de Mujeres Antifascistas explica cómo las brigadas de choque femenino recogían las cosechas en los campos cordobeses bajo el fuego enemigo.

En el Ayuntamiento de Madrid, el golpe de Estado dio lugar a un nuevo Consejo Municipal que supuso la participación de una mujer en el Gobierno municipal. Se trataba de Petronila Maciá Simón, militante del PCE. Durante su discurso en el Cine Monumental en el acto de constitución del Consejo, Petronila hizo referencia a la necesidad de seguir captando a las mujeres que todavía no luchaban contra el fascismo. Después le seguirían en nombramientos municipales otras mujeres como Ángeles Sánchez Flores, Aurora Rodríguez Peral o Josefa Reviejo Pérez. También en esta época, en Barcelona, llega a la Corporación Municipal la primera mujer. Se trata de Dolors Piera, una de la fundadoras de la Federación de Enseñanza de UGT, secretaria General de la Unió de Mujeres de Catalunya y responsable de la Comisión de la Mujer del PSUC. Ocuparía el cargo hasta la caída de la ciudad a manos de las tropas franquistas y se exilió en París, donde pasó cuatro meses en la prisión de Fresnes. detenida por los nazis.

Asesinato, represión y exilio

La participación de la mujer en los Consejos municipales republicanos se extendió hasta el final de la guerra. La llamada al frente de muchos hombres también provocó el aumento en número de mujeres en puestos de representación. Pero la guerra terminó y la represión franquista no iba a permitir que quedara el ejemplo de unas mujeres que no se sometieron al fascismo. El hecho de ocupar un cargo público en la etapa republicana era motivo de represión e, incluso, de muerte.

Se ha explicado antes el caso de María Domínguez, que primero tuvo que huir del pueblo y, finalmente, fue fusilada junto a las tapias del cementerio de Fuentejalón. Pero no fue el único caso. La alcaldesa de Rivas, Catalina San Martín, también sería detenida y encarcelada. Gracias a contactos con autoridades franquistas, San Martín consiguió evitar la muerte, aunque sería inhabilitada de por vida y nunca pudo volver e ejercer el magisterio.

Otras muchas, como fue el caso de Rosa Estruc Espinós, alcaldesa de Vilallonga (València), sufrieron terribles torturas. Estruc estuvo presa en el convento reconvertido en prisión de Santa Clara y en la Prisión Provincial. Fue condenada a 15 años de cárcel, aunque la pena fue conmutada a 12 años de prisión atenuada, ya que quedó inmovilizada de por vida como consecuencia de las torturas.

También fueron condenadas a muerte, aunque sus penas fueron conmutadas por años de prisión, concejalas socialistas como Mercedes Francia Zapatero (Ciudad Real); Severiana Bermúdez García, teniente de alcalde de Torrenueva (Ciudad Real) o Carmen del Río Toral, Peñamellera Baja (Asturias).

Otras muchas mujeres tuvieron que emprender el camino hacia el exilio. Es el caso ya mencionado de Dolor Piera Llobera, que tras pasar por París se marchó a Chile; o Aurèlia Pijoan Querol quien, tras ser concejala en el Ayuntamiento de Lleida, se tuvo que exiliar en México donde continuó su activismo feminista, llegando a ser secretaria de la Unión de Mujeres Españolas en México en 1945.

Borradas de la memoria
La experiencia de las mujeres que participaron en política durante la II República fue completamente borrada durante la dictadura franquista. Prueba de ello, explica Gloria Nielfa, es que cuando en 1967 una mujer fue nombrada para ocupar la alcaldía de Ubidea (Vizcaya), la noticia apareciera repetidamente en la prensa bajo el rótulo de que era la primera vez que ese hecho se producía en España.

La Transición tampoco recuperó la Memoria de estas mujeres. Se recuperaron algunos nombres y trayectorias de figuras importantes femeninas que habían alcanzado posiciones relevantes en la política nacional del momento. Pero la historia de tantas y tantas mujeres que lucharon para abrirse paso entre el machismo y las bombas quedó relegada al olvido.

El domingo, 85 años después de su fusilamiento, se consiguieron recuperar los restos de María Dominguez, la primera alcaldesa de la España republicana. Ahora solo falta poder confirmar el hallazgo con una prueba de ADN. La ocasión parece ideal para recuperar toda una tradición de lucha feminista de más de 100 años.

«Dice mucho de lo que ha sido la Memoria en España y su difícil devenir que hayamos tardado 85 años en recuperar el cuerpo de María Domínguez. Pero también nos indica que caminamos hacia el despertar, que nos vamos sacudiendo miedo y volviendo a situar a estas personas en el lugar de la Historia que les pertenece», sentencia Mirta Núñez.

Fuente:

viernes, 6 de marzo de 2020

Ay, los amigos.

De ser un servil halagador a lanzar la primera piedra hay tan solo un paso

Casi nunca le preguntan a la madre de un preso si cree o no en la inocencia de su hijo. De una manera sufrida asume los errores de ese ser al que tanto quiere, y entiende, con admirable inteligencia emocional, que no dejarle solo con su culpa es parte del proceso de reinserción. Hay siempre alguna disculpa, las malas compañías es la más habitual, pero mantener el cariño a pesar de los errores es el mayor soporte para quien ha tropezado. Lo que está ocurriendo con los hombres célebres investigados por acosar, abusar, violar o comportarse inapropiadamente con las mujeres (a veces también con varones) es digno de estudio sociológico. Cuando salieron a la luz los testimonios de mujeres que denunciaban públicamente el acoso sexual al que las había sometido Plácido Domingo, amigos del tenor, admiradores y algunas colegas de su gremio que decían conocerlo tanto como para poner la mano en el fuego por él o dejarse cortar un brazo, se creyeron en la obligación de salir en su defensa y lo hicieron de manera curiosa: el mero hecho de ser amigo lo convertía en inocente y a las denunciantes en embusteras. A esa tesis se apuntaron algunas de esas políticas que echan mano del vocabulario freudiano para definir como histéricas a las mujeres que osan denunciar a un gran hombre. El mero hecho de ser un reputado artista exime de culpa, porque ¿qué mujer en su sano juicio no va a querer meterse en la cama de una estrella?

Es muy posible que ahora comience una desbandada, que aquellos amigos, promotores de la alta cultura, o esas mujeres con las que al parecer siempre fue correctísimo, marquen una fría distancia. Así es como está evolucionando este asunto en Estados Unidos, de donde importamos tan discutibles y veleidosos comportamientos: de ser un servil halagador a lanzar la primera piedra hay tan solo un paso. Se trata de no quedarse atrás en el señalamiento público para que quede claro que uno está libre de pecado. Es una vieja manera de sacudirse una culpa que tiene algo de colectiva dado que forma parte de un sistema que protege al poderoso y silencia a la víctima.

Suele decirse, ya es un concepto manido, que hay que distinguir entre la persona y el artista. A mí me parecería más hondo, en casos como éste, que los que han sido defensores ciegos reflexionaran un poco sobre lo que significa la amistad. Los políticos nos han acostumbrado al odioso teatro de justificar las tropelías de los suyos para salvar el honor de un partido, que es como salvar su propio pellejo. La pertinaz corrupción española nos empuja a ese tipo de cínicas actitudes. Había, en el cierre de filas en torno a Domingo, una legitimación del abuso de poder y el habitual rechazo a todo lo que huela a causa feminista. La tolerancia con el jefazo que mete mano a las chicas está tan instalada como el culpabilizarlas a ellas por ponerse a tiro. Pero ¿y los amigos?, ¿y las colegas?, ¿es una prueba de lealtad con un amigo desacreditar a quien le denuncia?, ¿el apoyo emocional a un acusado al que admiras incluye la humillación de las ya humilladas?

Hay muchas actitudes que se aprenden de la gente humilde. Tan acostumbrados están esos familiares que visitan a sus presos a perder, porque nacen con casi todo perdido, que son capaces de entregar su amor sin necesidad de aprobar un mal comportamiento. El amigo que aísla a un acusado actúa, sobre todo, por miedo al contagio. Hay que ser valiente para admitir que hay ocasiones en que nuestros amigos o algún miembro de nuestra familia tienen una parte reprobable y oscura. Por eso nunca he acabado de entender, en otro orden de cosas, que la Casa Real actúe como si su particular oveja negra no existiera. Existe. Todos contamos con alguna en nuestro entorno. Y la compasión es compatible con admitir que alguien debe estar en la cárcel o ser reprendido públicamente. No hay cariño sin coraje.

https://elpais.com/elpais/2020/02/29/opinion/1582984882_924266.html
Artículo original de Elvira Lindo.
P.D.:
Qué buen artículo, y qué bien ha expuesto los argumentos, las emociones y dudas que tantas veces he sentido pero me ha costado lo imposible verbalizar y argumentar.

Recuerdo que en un caso tan delicado o más que este, le preguntaba a una amiga por la razón de que hubiese firmado una carta a favor de la defensa de la persona que reunía casi todas las probabilidades de haber incurrido en una falta grave. Ella me contestó que la razón principal era que se lo habían pedido amigas. Y ella lo hacía por amistad. Le contesté que lo más importante en ese caso, en mi criterio, no era la amistad, sino la verdad. Y mi amiga volvió a insistir que la amistad estaba por delante de la posible verdad.

 Aquí se afirma, "se creyeron en la obligación de salir en su defensa y lo hicieron de manera curiosa: el mero hecho de ser amigo lo convertía en inocente y a las denunciantes en embusteras" y "la compasión es compatible con admitir que alguien debe ser reprendido" y en fin también es de destacar que es "una culpa que tiene algo de colectiva dado que forma parte de un sistema que protege al poderoso y silencia a la víctima"...

El proceso a seguir ya es conocido; investigar para averiguar y conocer la verdad, hacer justicia y, dentro de lo posible, cumplir con la reparación, tan necesaria aunque en la mayoría de los casos por múltiples causas se torne, en realidad, imposible.

En fin, lo dicho, un formidable artículo en mi opinión.

miércoles, 3 de julio de 2019

_- Qué diferencia el "terrorismo machista" del que habla Pedro Sánchez y la "violencia intrafamiliar" de Vox. Cada forma de llamar a la violencia contra las mujeres tiene implicaciones distintas

_- El acuerdo entre Vox y el Gobierno andaluz (PP y Ciudadanos) para desbloquear los presupuestos incluye un teléfono de atención "a las víctimas de la violencia intrafamiliar". En el programa de Vox para las elecciones generales, el partido proponía "una ley de violencia intrafamiliar" que sustituyese a la actual Ley de Violencia de Género. Una ley, dice Vox, "que proteja por igual a ancianos, hombres, mujeres y niños".

Pero la violencia de género y la violencia intrafamiliar no son lo mismo. "La violencia de género es la que el hombre ejerce contra la mujer por el hecho de ser mujer. La violencia familiar, o intrafamiliar como dice Vox, es la que se da entre miembros de la familia, sea cual sea el miembro. De padres a hijos, de madres a hijos, de abuelas a nietos... Tiene una naturaleza distinta", explica Paz Lloria, codirectora del Máster en Derecho y Violencia de Género en la Universidad de Valencia.

Lloria cree que Vox introduce el término violencia intrafamiliar “para obviar la causa de la violencia de género, que es la desigualdad. Si ellos convencen de que la violencia de género es como cualquier otro tipo de violencia, se desdibuja lo que nos ha costado conseguir que se entienda: que la razón de la violencia es la desigualdad y la atribución de roles”. “Si se quiere negar la desigualdad y el componente de género de la violencia es porque hay votos en un yacimiento machista”, comenta María Ángeles Jaime de Pablo, presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis.

Sin embargo, la mayoría de los partidos sí hablan de violencia de género y ponen ahí el foco. Isabel Muntané, codirectora del Máster en Género y Comunicación de la Universitat Autònoma de Barcelona, cree que el mérito en este avance social corresponde al movimiento feminista: “Cuando se consiguió hacer ver que no era una violencia del ámbito privado, se dejó de llamar violencia conyugal y doméstica. Al hacer entender que es un tema social, conseguimos instaurar el término de violencia de género y machista. A través del lenguaje se ha conseguido cambiar la sociedad y la concepción de este problema”. Según ha avanzado la conciencia de que esta violencia es un problema social y no solo privado, el lenguaje también ha ido cambiando. Al igual que las leyes y las penas.

No había conciencia de género

Según el Código Penal de la dictadura franquista y hasta 1989, no había diferencias entre la violencia del hombre contra la mujer o de la mujer contra el hombre. Cualquier asesinato dentro de la familia, lo cometiera el hombre o la mujer, se denominaba parricidio. Y daba igual si era de marido a mujer o de hijos o padres: lo importante era el nexo familiar. Estaba penado con pena de reclusión mayor o muerte -hasta 1978, con la abolición de la pena capital-.

"Los maridos que maltrataren a sus mujeres aun cuando no las causaren lesiones" eran castigados a penas de cinco a quince días de arresto menor, siempre y cuando esas lesiones "no impidan al ofendido dedicarse a sus trabajos habituales, ni exijan asistencia facultativa", indicaba el Código Penal. La pena era la misma si la agresora era la mujer a otro miembro de la familia: no se tenía en cuenta el factor de género. “Hasta ese momento, tolerábamos un cachete del padre de familia como forma de corrección, tanto para los niños como para las mujeres. Por eso si una mujer acudía a la Guardia Civil, era habitual que se pensara algo habrás hecho”, añade Lloria.

La reforma del Código Penal de 1989 introduce el concepto de malos tratos. “Dentro del ámbito familiar, lo que se exceda de ese derecho a corregir y sea habitual, se considera maltrato. Esta novedad llega con el cambio en el Código Penal”, explica Lloria. Hasta entonces, no había diferencia en la consideración o la pena de este tipo de violencia y las lesiones leves cometidas fuera del ámbito familiar. Con este cambio, los golpes a un familiar (siempre que fueran habituales) se castigaban más que los ejercidos contra otra persona. Sin embargo, seguía sin haber una distinción especial para la violencia ejercida por el hombre contra la mujer.

Sin esa distinción, estas violencias recibían denominaciones que incidían en el carácter privado de las agresiones: violencia conyugal, doméstica, familiar… En los años 90, podemos encontrar todas estas acepciones en artículos periodísticos, pero no en textos legislativos.

El término “violencia de género” se empezó a usar en 1995, como adaptación al castellano del inglés “gender violence”. Se popularizó en el Congreso sobre la Mujer de 1995. Tardó muchos años en instalarse en España, como prueba la cobertura periodística del asesinato de Ana Orantes en 1997. Fue el caso que cambió la visión de este tipo de violencia en España.

El asesino fue catalogado como parricida en varias crónicas. Y se habló, principalmente, de violencia conyugal y de violencia doméstica, como recoge este estudio de Diana Fernández Romero, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos especializada en violencia de género. Diez años después del asesinato de Orantes, en 2007, Fernández señalaba que los medios apenas “hablan ya de parricidio, violencia doméstica, conyugal o familiar, y muchos de violencia de género, sexista o machista”. En este cambio tuvo mucho que ver la Ley de medidas de protección integral contra la Violencia de género aprobada en 2004.

Violencia de género y violencia machista

“Hasta 2004, la pena era la misma fuera quien fuera quien ejerciera la violencia. No se diferenciaba si el agresor era hombre o mujer”, explica Lloria. Esta norma, obra del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, introduce por primera vez la perspectiva de género en la legislación española.

El propio nombre de la ley generó mucho debate. La Real Academia de la Lengua recomendó que la norma se llamase "Ley integral contra la violencia doméstica o por razón de sexo”. Entonces, la RAE indicó que, según sus datos, las formas más comunes de referirse a este fenómeno eran violencia doméstica, violencia intrafamiliar, violencia familiar y violencia contra las mujeres.

El Gobierno acabó apostando por violencia de género, que definía así en la ley: “Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”. Por primera vez, la violencia contra la mujer tenía una categoría y una pena especial, reconociendo la dimensión del problema.

Sin embargo, este concepto aún dejaba fuera algunos tipos de violencia. La violencia de género es la ejercida por hombres que mantienen una relación afectiva con la víctima. ¿Y la violencia de hombres contra mujeres que no conocen o con las que no mantienen relaciones afectivas? Para ese tipo de violencia, en las que también se da una situación de desigualdad, existe el término violencia machista. O violencias machistas. “Se suele decir en plural para mostrar la cantidad de ejemplos existentes: las que se dan en la calle, en el trabajo, las cotidianas del día a día…”, explica Muntané.

Violencia machista es un concepto que está aceptado a nivel social o mediático, pero de momento no está recogido en las leyes. Es un término que se ha ido adaptando para incidir en que la violencia no es solo una cuestión afectiva o privada. Precisamente el matiz que excluyen conceptos como violencia intrafamiliar, el utilizado por Vox en varias ocasiones.

Otro término, mucho menos extendido, es el de terrorismo machista. Se usa al menos desde 2001, cuando el ex delegado de Gobierno contra la Violencia de Género Miguel Lorente hablaba de “terrorismo de género” en su libro de Mi marido me pega lo normal. “Por entonces, asociaciones de mujeres ya utilizaban el término terrorismo para llamar la atención sobre la gravedad de estos asesinatos”, cuenta Lorente en este artículo. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, habló de "terrorismo machista" en una de sus primeras entrevistas en el cargo.

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viernes, 3 de agosto de 2018

El kilómetro cero del caso Juana Rivas. La última noticia sobre la denuncia por violencia de género contra Francesco Arcuri es de 22 de noviembre de 2017.

“El 22 de noviembre de 2017 se recibió en esta unidad escrito procedente del Ministerio de Justicia italiano por el que se informaba de que la documentación había sido debidamente remitida al tribunal italiano competente, a saber, Procura della Repubblica presso il Tribunale di Cagliari”. Esta es la última referencia oficial a la denuncia por violencia de género que Juana Rivas presentó el 12 de julio de 2016 en el puesto de la Guardia Civil de Maracena (Granada). El Defensor del Pueblo andaluz indagó y descubrió que la denuncia estaba en Italia, en Cagliari. Poco más. Desde entonces, nada se ha movido respecto a esta querella que está en el origen del caso Juana Rivas, la madre condenada a cinco años de cárcel y seis sin patria potestad por no entregar sus hijos a su expareja, Francesco Arcuri, al que acusa de maltrato.

No es que unos y otros no hayan buscado la demanda. José Estanislao López, abogado de Rivas, reconoce que cada cierto tiempo pide a los letrados que la representan en Italia que la localicen e intenten activarla. “Imposible, siempre me dicen que allí las cosas van así”, dice con desesperación.

Estos ocho meses no son el único momento ciego de la denuncia. En ocasiones ha aparecido y, en muchas más, ha desaparecido.

El 12 de julio de 2016, Rivas declaró ante la Guardia Civil de su pueblo que el padre de sus hijos la controla, amenaza y agrede. El asunto pasa al Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Granada. El 20 de julio tiene respuesta: que ese juzgado no tiene jurisdicción para hechos ocurridos en Italia y que debe interponer la denuncia allí. Rivas, segura de no volver a Italia, obvia esa recomendación. Además, las leyes están de su parte porque se puede interponer la querella en España y que el propio sistema judicial lo traslade. Para ello, Francisca Granados, asesora de Rivas, le pide a la Fiscalía de Granada que inste al juzgado a aceptarla y enviarla a la autoridad italiana competente.

Correo postal
Pero no se puede mandar una denuncia en español. Hay que traducirla. Según el Defensor del Pueblo andaluz, el juzgado envió la denuncia por correo postal. El membrete llevaba la fecha del 15 de marzo de 2017. La empresa encargada de la traducción asegura que nunca la recibió y que, por contrato, nunca tardan más de siete días en traducir. También dice que el juzgado no reclamó.

El 26 de julio del año pasado, cuando Rivas no se presenta a entregar a sus hijos, alguien pregunta a la empresa por la denuncia traducida. Nada. El 2 de agosto se envía la denuncia en español de nuevo y el 3 ya está de vuelta, traducida y enviada por el juzgado, camino de Italia. El 7 iba ya camino de un juzgado de Cagliari. Cinco días fueron suficientes para un trámite que se resistió cuatro meses y medio.

Pero, desde noviembre, hay unos folios en la mesa de algún juzgado de Cagliari que nadie ha visto —el abogado de Rivas dice que no ha sido notificado y que ha dado órdenes de buscarlos, sin éxito— ni investigado. Sin embargo, el juez ha determinado, con pruebas periciales de otros juicios de Rivas, que “no es creíble la certeza de los hechos contenidos en esta denuncia, porque ningún juzgado ha declarado la veracidad de los mismos”. La duda es doble ahora: ¿se investigará, finalmente, la denuncia? ¿Qué pasará entonces con la condena de Rivas? ¿Y con sus hijos?

https://elpais.com/politica/2018/07/28/actualidad/1532794272_545952.html

domingo, 4 de marzo de 2018

_- El machismo es el sistema, tío

_- 

Una huelga se justifica ante la injusticia y la desigualdad. Si las mujeres suman desigualdades e injusticias, deberían protagonizar una revolución.


Hay una convocatoria de huelga femenina en el mundo para el próximo 8 de marzo. Es más que justa. Lleva siglos esperando. Parece fácil decirlo, pero hay que decirlo. En primer lugar, la mujer sufre una guerra. ¿Exagerado? En los últimos tiempos se registran más de 60.000 feminicidios cada año en el mundo. Hay que sumar cientos de miles de mujeres heridas o que han sufrido ataques para causarles la muerte. Hay millones de mujeres maltratadas, esclavizadas y sometidas a trata sexual, para ser subastadas y vendidas por las mafias. Podría alegarse que también hay muchísimos hombres en esas circunstancias, y es verdad. Pero la diferencia es que las mujeres sufren, o están en constante peligro de sufrir, una violencia sistemática por el hecho de ser mujeres. Gran parte de los feminicidios son cometidos por aquellos en quienes depositaron su confianza y en los lugares donde debían sentirse más seguras: el propio hogar. La violencia contra la mujer, con diferente intensidad según las culturas y los países, es universal y transversal. La jerarquía machista domina todos los poderes, salvo casos rarísimos. Hablar de matriarcados puede estar bien para alguna tertulia antropológica de bar, pero dejémoslo ahí. No nos engañemos a estas alturas. No es que estemos en un sistema machista. El machismo es el sistema.

Las grandes religiones, también con sus matices, ­desempeñan un papel nefasto y cómplice en la sumisión de la mujer. Por supuesto, las jerarquías eclesiásticas las excluyen. A pesar de llenar los templos, cumplir mejor que los hombres los preceptos y ser estrictamente controladas, no pueden ser sacerdotisas, salvo alguna excepción en iglesias reformistas que aquí seguimos llamando “protestantes”. Al contrario, las mujeres sirven a los clérigos y con no poca frecuencia son explotadas por ellos en todos los sentidos. Por si esto escandalizase a alguien, conviene añadir algo más. Las grandes iglesias, y por supuesto la que más nos atañe, la católica, pues todavía estamos en un Estado semiconfesional, deberían pedir público perdón por el maltrato secular a las mujeres y la persecución a que han sido sometidas las que intentaron llevar una vida libre e independiente, o tomaron la iniciativa en expresar el deseo sexual o, peor todavía para ellas, que ese deseo no se correspondiese con el patrón heterosexual. En un pasado no tan remoto, cuando estaba vigente el Santo Oficio, miles de esas mujeres fueron torturadas y quemadas como “hechiceras”.

No vamos a remitirnos a épocas en que los sabios y filósofos machos debatían con una profundidad abismal si las mujeres eran portadoras o no de almas, pero conviene recordar que no hace mucho más de cinco décadas, en nuestro país, las mujeres tenían que pedir permiso a sus machos para abrir una cuenta corriente, obtener un pasaporte o un carné de conducir. Lo recuerdo porque en muchas partes del mundo esto sigue ocurriendo, y porque las mujeres que aquí han sufrido humillación y sumisión merecen al menos escupir en la tierra.Ya no se discute, según tengo entendido, si las mujeres tienen o no alma. Pero algunos sabios de hoy, en una especie de “histerismo masculino”, se escandalizan por el movimiento feminista de denuncia de los abusos que declaran haber sufrido en el mundo artístico por parte de machos con poder para decidir o no si tendrían una oportunidad de trabajo. La primera obligación, de hombres y mujeres, es denunciar ese sistema autoritario, allí donde se produzca. Si se tratase de una violencia terrorista, nadie osaría decir a la víctima: “Bueno, calma, hay que medir las palabras”. Pero ¿y lo que sufren estas mujeres no es terrorismo?

Una huelga se justifica ante la injusticia y la desigualdad. Si las mujeres suman las desigualdades e injusticias, son la mayoría humana que debería protagonizar una revolución con solo levantar al cielo las estadísticas. Menos salario a igual trabajo, más empleo precario dentro de lo precario, doble explotación en la fábrica y en la casa, pensiones más bajas, cuidadoras gratuitas de personas ancianas, enfermas o discapacitadas. Con el dinero que las mujeres ahorran al Estado se podría financiar el paraíso terrenal. Pero no se preocupen. Lo que está previsto es incrementar exponencialmente el presupuesto militar.

https://elpais.com/elpais/2018/02/15/eps/1518698435_702593.html?id_externo_rsoc=TW_CC

jueves, 12 de octubre de 2017

_- Machismo & Resolución de Conflictos. Modelo machista de resolución de conflictos.

_- Miguel Lorente Acosta

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com

El autor nos muestra como el modelo machista de resolución de conflictos en lugar de resolverlo lo agrava.

El modelo machista para resolver los conflictos entre dos partes basa su estrategia en generar más conflicto, no en el diálogo ni en el consenso. El planteamiento es sencillo y surge de la construcción patriarcal de la cultura y de la sociedad que tenemos como consecuencia.

Esta construcción toma como referencia universal lo masculino y sitúa a los hombres en una posición de superioridad respecto a las mujeres, de manera que establece la desigualdad de género como esencia de estructuración social, y a partir de ella ha ido tomando otros elementos para extender y ampliar la desigualdad a otras circunstancias y características de las personas que forman parte de esa sociedad. El resultado es un sistema jerarquizado de poder, o lo que es lo mismo, una sociedad en la que determinadas personas por su sexo, sus ideas, sus creencias, su color de piel, su status, su origen, su orientación sexual… tienen una serie de privilegios y ventajas respecto a aquellas otras cuyas características son consideradas inferiores por esa cultura y sociedad.

Cuando se produce un conflicto entre personas en diferente nivel dentro de esa estructura jerarquizada, a quien se encuentra en una posición de superioridad no le interesa dialogar o consensuar para solucionar el conflicto, porque ha de hacerlo a partir de argumentos y razones, y puede que no las tenga o que sean menos sólidas que las de la otra parte. Por eso le interesa agravar el conflicto, avivarlo con elementos que generen más enfrentamiento para de ese modo justificarse en el uso de los instrumentos propios de su posición de poder, y que la otra parte no tiene por encontrarse en un nivel inferior.

Con esa estrategia el conflicto va aumentando hasta llegar el momento del “hasta aquí hemos llegado”, a partir del cual se pone en marcha todo el arsenal de instrumentos que guarda en su posición de poder, bajo la justificación de que el conflicto es insostenible, y como si hubiera sido generado en exclusiva por la otra parte.

Este es el modelo machista de resolver los conflictos, y el que usan los hombres desde sus posiciones de poder con las mujeres, algunos llegando a la violencia, otros a la amenaza, y otros simplemente recurriendo a la escenificación del conflicto para que la mujer entienda que debe ceder ante su autoridad.

Y como son los hombres y las referencias de la masculinidad las que impregnan la cultura y el significado de lo que acontece en la sociedad, el modelo se extiende a otros escenarios bajo los mismos planteamientos de la desigualdad y el poder, como ocurre en las relaciones laborales entre empresarios y trabajadores, en las relaciones dentro de los partidos políticos y en el ejercicio de la política, en las relaciones nacionales y en las internacionales…

Cualquier escenario en el que se entienda que el conflicto es un ataque a la posición de poder y un pulso a la persona que responde desde ella, el resultado será un aumento del conflicto que lleve a vencer más que a convencer. Porque el objetivo de la resolución de conflictos bajo esta estrategia machista es doble, por un lado resolver la cuestión formal que se ha planteado, sea esta personal, familiar, laboral, política, nacional o internacional; y por otro, ser reconocido como “vencedor” y salir reforzado en su posición de poder, aunque haya sido a través de una injusticia. Lo importante es vencer y aumentar el poder.

Este modelo de resolución de conflictos habitualmente reporta muchos éxitos a quienes están esas posiciones de privilegio, de ahí su refuerzo y su permanencia a lo largo de la historia, y su extensión a los ámbitos y contextos más diversos con ligeras variaciones. Pero siempre con la estrategia de resolver el conflicto generando más conflicto.

El problema se presenta cuando el modelo se utiliza frente a quien se piensa que está en una posición inferior y no lo está, o cuando lo está pero cuenta con otros mecanismo de apoyo informal que contrarrestan en parte el poder inicial de la otra posición, pero también cuando cada una de las partes cree que está en una posición de poder, y que debe potenciar el conflicto desde su lado para de ese modo poder utilizar su “carta secreta” y todos aquellos elementos propios a su posición que le permitirían vencer sin convencer.

Al final, este tipo de planteamientos son los mismos que dicen eso de que “la historia la escriben los vencedores”, por eso lo importante es derrotar al otro del modo que sea, porque después lo suavizarán y endulzaran con su relato. Lo estamos viendo estos días en diferentes contextos, pero es obvio que el más cercano y trascendente es el “conflicto” surgido con el proceso sobre el referéndum de autodeterminación de Cataluña del 1 de octubre.

Al margen de los elementos formales sobre su legalidad y las motivaciones y razones de quienes quieren votar, de sobra conocidas y comentadas, lo que se está viendo es el típico conflicto al modo machista. Una especie de pulso que, como muy bien se ha dicho estos días recurriendo a la canción de Joan Manuel Serrat, parece que están a ver “quien la tiene más larga”. Lo único que le falta es ver a Rajoy decir “por mis cojones que no se vota”, y a Puigdemont responder, “por mis cojons que votamos”.

Si lo dijeran quizás se entendería todo mejor. La prueba de que realmente se trata de un modelo machista de afrontar el conflicto es su retroalimentación, es decir, la utilización de las consecuencias que se producen como resultado de las decisiones dirigidas a potenciar el conflicto como razones para mantener el conflicto y aumentar así su intensidad.

Todo lo que está sucediendo estos días con las decisiones y acciones de unos y otros se está utilizando como justificación de las posiciones iniciales, cuando son un resultado de los problemas surgidos durante el conflicto, no causa del mismo. Pero eso no importa para las partes, lo que interesa es el conflicto en sí mismo y los apoyos para que quien dirige cada una de las posiciones sea reconocido por los suyos como ese macho-alfa capaz de dirigir al grupo.

También se ha comentado, y es cierto, que si en lugar de dos hombres al frente de cada parte hubiera dos mujeres y un modelo feminista de resolución de conflictos basado en la Igualdad, la empatía, el bien común… la situación actual sería completamente diferente. En estas circunstancias el conflicto ya no se puede resolver, pero sí se puede detener y replantear de nuevo toda la situación.

Esperemos que alguien saque el lado femenino que todos tenemos.

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2017/09/27/modelo-machista-de-resolucion-de-conflictos/

jueves, 4 de mayo de 2017

_--ULTIMAS NOTICIAS DEL MACHISMO. Legalizar la subrogación de la maternidad (dicho más claro; que los ricos puedan alquilar los vientres) desembocará en la explotación de las mujeres pobres, que no podrán elegir con libertad.

_--LA MAYORÍA de las españolas de edades comprendidas entre los 20 y los 35 años no pueden tener hijos aunque lo deseen. Están en las condiciones óptimas para concebir, gestar y parir hijos sanos, con todas las garantías para su propia salud y la de sus bebés, pero el sistema no se lo permite. Muchas mujeres jóvenes son madres frustradas, sometidas a una variedad específicamente machista de la violencia que ejerce el mercado laboral contra los españoles de su edad. No tienen empleo o trabajan en condiciones precarias, con becas o contratos temporales que no les renovarán en el caso de que cometan la osadía de quedarse embarazadas. No tienen casa propia, ni perspectivas de independizarse, y saben que, en sus condiciones, la maternidad es una heroicidad que empieza en la cola del paro. Nadie tiene derecho a exigirles que sean heroínas.

En un país donde las bajas tasas de natalidad se perfilan como uno de los peligros del futuro, esta situación podría revertirse, o al menos paliarse, con políticas feministas. Legislando contra la brecha salarial, aprobando un permiso de paternidad obligatorio e intransferible, penalizando la discriminación laboral de las mujeres fértiles. Pero estas medidas, con las que, de boquilla, están de acuerdo todos los políticos, no se han llegado a proponer ni forman parte del programa de ningún partido. Podría parecer sorprendente que, en esta situación, se desarrolle una campaña a favor de la regulación de la maternidad subrogada. Podría parecerlo, pero no lo es.

Las mujeres siempre han gestado y parido hijos para que otros se los quiten. Antiguamente, era frecuente que las criadas embarazadas de sus señores se vieran forzadas a entregar a sus hijos e hijas a las señoras de la casa donde servían. En la posguerra, se les robaban a las presas políticas para regalárselos a buenas familias franquistas. Más adelante, el robo de niños y niñas se convirtió en un negocio. Esto forma parte de nuestra tradición, tanto como el mito de la libre elección integrará la tradición de nuestros descendientes. Quizás por eso, los comités de bioética que impiden que la clonación de seres humanos, siendo técnicamente posible, sea legal no se han preocupado por la dignidad de las personas a quienes ahora se pretende convertir en ganado de cría. ¿No son humanas? Sí, pero son mujeres.

La preocupación por el mal uso que pueda hacerse de los clones humanos no se aplica en este caso. Los partidarios de la maternidad subrogada alegan que su legislación impedirá una contraprestación económica y que las madres subrogadas decidirán libremente. Pero, con la autoridad que me otorga haber gestado y parido hijos, opino que la libre elección no existe. A mí, que he pasado por ese proceso, me resulta inconcebible que una mujer decida afrontarlo libremente, con o sin dinero de por medio, porque conviene recordar que el dinero no es la única moneda susceptible de comprar la voluntad de una persona. Y no estoy en condiciones de negar que puedan existir casos excepcionales, pero sí estoy segura de que legalizar la subrogación desembocará, inevitablemente, en la explotación de mujeres pobres, que venderán su fertilidad porque no podrán elegir con libertad. Cualquier elección entre la pobreza y un embarazo subrogado no puede considerarse de ninguna manera una elección libre. Espero que los expertos en bioética estén de acuerdo conmigo al menos en eso.

Con independencia del origen del espermatozoide y el óvulo fecundado, el vínculo entre una mujer gestante y el bebé que durante nueve meses forma parte de sí misma es tan profundo que negarlo me parece, como mínimo, un acto de ignorancia y, como máximo, un derroche de cinismo. Los hijos son de las mujeres que los gestan y los paren. Son suyos en sentido literal, puesto que no existirían sin ellas, porque han formado parte de su propio cuerpo y de él han nacido. Cualquier ley que otorgue más valor a un contrato, con contraprestación económica o sin ella, que a la voluntad de la madre de un bebé sería una ley injusta. Y algo más. Su aprobación abriría la puerta a una nueva variedad del machismo, un nuevo camino para ejercer violencia sobre las mujeres.

Tal vez no lo parezca, pero así es.

No es un derecho, y no se puede invocar como tal, que yo pueda alquilar por gusto los vientres de mujeres pobres. Pues ¿cuántas ricas consienten en embarazarse para otros u otras?
Disfrazar lo que es una necesidad, como acto de libertad, es no sólo un fraude, sino un abuso, una forma encubierta de vuelta a la esclavitud. El capitalismo quiere mercantilizar todo aunque sea camuflando su objetivo.

http://elpaissemanal.elpais.com/columna/almudena-grandes-noticias-del-machismo/

lunes, 2 de enero de 2017

__-Machismo & Sistema de dominio. El beso de Judas

http://www.eldiario.es

Esta semana Teresa Rodríguez, coordinadora de PODEMOS en Andalucía, denunció una agresión machista por parte del empresario Manuel Muñoz Medina (vocal de la Cámara de Comercio de Sevilla).

El machismo no es sólo un posicionamiento individual, ante todo es conducta y una actitud frente a los demás, especialmente ante aquellos que deben apreciar los elementos que definen esas ideas, comportamientos y actitudes para que el hombre en cuestión sea reconocido como parte de su grupo de iguales, y ocupe una posición más o menos alta según el resultado de sus conductas.

En el machismo no hay ideólogos y actores, todos defienden las ideas con sus acciones, y todas las acciones refuerzan su sistema de valores. Es lo que ha hecho el vocal de la Cámara de Comercio de Sevilla, Manuel Muñoz Medina, al llevar acabo la agresión sobre la diputada de Podemos Teresa Rodríguez. Del mismo modo que no se deja de ser machista sólo con decirlo, tampoco es suficiente serlo para ser reconocido como tal por el resto, pues todos comparten esa condición. Ser machista exige demostrar que se es más que los demás y conlleva renovar esa posición periódicamente para evitar caer en la duda o que otro supere el status ocupado.

Por eso su terreno de juego es el ámbito público y entre sus rasgos se encuentra la competitividad, el refuerzo personal sobre el ataque a otras personas, la ostentación, la amenaza… todo gira sobre lo que ocurre y sobre lo que puede suceder. El machismo es realidad y amenaza, no es sólo silencio y la asunción de la desigualdad y sus dictados, es la demostración en cada una de las palabras que llevan al sometimiento de las mujeres y de todo aquel que sea considerado inferior en su estructura jerarquizada de poder; y son todas las conductas que se llevan a cabo en su nombre, desde la violencia al desprecio.

Lo ocurrido con el vocal de la Cámara de Comercio de Sevilla es un claro ejemplo de la necesidad de demostrar ese poder sobre las mujeres y de ser reconocido por ello. Es la típica conducta que nace del conocido "a que no hay cojones" que gusta repetir a muchos hombres, y que tanto compromiso conlleva entre ellos una vez que, como si fuera un sortilegio contra todo, es pronunciado en voz alta.

Tras pronunciar la famosa frase, de manera inmediata surge un doble reto: el de realizar la propuesta que la acompaña, y el de hacerlo antes y por encima de aquellos otros hombres que forman parte de la iniciativa, puesto que la consecución del reto supone también un doble reconocimiento: por un lado el de la hazaña en sí misma, y por otro, el de quedar en una posición superior al resto de los hombres testigos de la conductas y participantes del desafío.

La estrategia del empresario Manuel Muñoz Medina fue clara, pero su desarrollo requirió con toda seguridad de la participación de todo el grupo. Una participación que probablemente surgió tras un "pacto de caballeros" para propiciar las circunstancias en la que alguno de ellos diera el paso definitivo para el "asalto del beso". Y es que tuvo que haber una complicidad para que se insistiera tanto en que Teresa Rodríguez recorriera la Cámara de Comercio a pesar de su insistencia en abandonarla, y para que en mitad de su recorrido los empresarios presentes en el momento de la agresión localizaran con facilidad en qué lugar de la ruta se encontraba el presidente anfitrión con la diputada.

Una vez localizada, la conducta de Manuel Muñoz Medina no fue darle un beso, podría haberlo hecho si esa hubiera sido la motivación, lo único que se lo impidió fue la mano que él mismo colocó entre sus labios y los de Teresa Rodríguez, algo extraño si lo que pretendía era besarla. Pero no era ese su objetivo, sino demostrar su hombría y lo macho que es a través de la conducta y de la humillación que suponía esa agresión dirigida contra Teresa Rodríguez, la cual probablemente había comenzado momentos antes con su "a que no hay cojones". Y del mismo modo que no quiso darle un beso, tampoco habría llevado esa conducta contra una diputada del PP, a quien él probablemente considere "una señora". Pero una diputada de Podemos es diferente.

Está en esas categorías que los machistas creen que las hacen merecedoras de lo que los hombres deciden hacer, como la crítica del fiscal jefe de Castilla-León a Nevenka Fernández cuando denunció al alcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez, por acoso sexual, que en pleno juicio le dijo, "¡usted no es la empleada de Hipercor que le tocan el trasero y tiene que aguantarse porque es el pan de sus hijos!". "Empleada de Hipercor, alumna de clase, diputada de Podemos"… todo forma parte de esa estructura jerarquizada que levanta el machismo y en la que las mujeres ocupan diferentes posiciones según su condición, pero siempre por debajo de los hombres que se encuentran en cada uno de esos contextos.

La cobardía del machismo necesita de las razones que él mismo da para que sus decisiones queden bajo la responsabilidad del alcohol, de las drogas o de los trastornos psicológicos y así presentar a los hombres como "irresponsables" o "víctimas de campañas por cosas sin importancia". Pero no es esa la realidad. En el caso de Manuel Muñoz Medina, su conducta muestra cómo tuvo control en todo momento para desarrollar una conducta concreta, colocar la mano entre las dos bocas y argumentar después lo ocurrido como si no supiera lo que había realizado, pero sí explicarlo perfectamente con el argumento del alcohol.

Todo forma parte de ese machismo que sólo retrocede cuando alguien se enfrenta él, pero nunca para cuestionar las circunstancias que dan lugar a las conductas, tan sólo para que no haya consecuencias sobre los autores.

Quizás en el caso de la Cámara de Comercio sevillana no era la primera vez que estos hombres jugaban al "beso en la boca" y lo único nuevo ha sido la respuesta de Teresa Rodríguez. Son besos de Judas, la señal para que otros hombres vean lo que son capaces de hacer y la traición de la confianza depositada en ellos. Son los besos de los hombres de reconocido prestigio que se presentan como modelo de una sociedad basada en el machismo, la desigualdad y la violencia contra las mujeres bajo la normalidad y las justificaciones.

No debemos permitirlo, a lo único que representan es al pasado y al machismo actual.

Un abrazo solidario para Teresa Rodríguez.

Aquí puedes leer la denuncia que puso Teresa Rodríguez por la agresión machista sufrida por parte del empresario Manuel Muñoz Medina.



Fuente: http://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/beso-Judas_6_595350464.html

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Feminismo & Neoliberalismo sexual. La desigualdad sexual que normaliza la pornografía: no todo tiene justificación.

TribunaFeminista

La autora reclama que hay que reaccionar socialmente, también a la izquierda, ante una forma de entender la sexualidad y la erótica desde un pensamiento neoliberal del hecho sexual, fomentando la normalización de una pornografía mantenedora de la desigualdad y violencia de género.

En lo que llevamos de mes han sido publicadas diversas noticias y artículos informando de las grabaciones de porno extremo que se han realizado estos días en Barcelona. Feministas ya se han posicionado en contra de la permisividad de estas grabaciones en el espacio público, como el Partido Feminista de España enviando una carta al Ayuntamiento de dicha ciudad, o como Purificación Causapié, Portavoz Socialista del Ayuntamiento de Madrid, dirigiéndose al gobierno municipal para que actúe contra otras grabaciones de porno que también han tenido lugar en la capital. La primera de estas instituciones ha declarado querer poner coto a estas situaciones, ha llamado a la participación ciudadana para denunciarlas y ha expresado su preocupación por “proteger a personas externas ajenas al rodaje, y en especial a los menores de edad”. Al mismo tiempo, ha manifestado su opinión acerca de que “el sexo que se practica en el porno, como cualquier otro marco en el que se practique sexo entre adultos, es legítimo siempre que todas las partes estén de acuerdo y lo hayan negociado previamente al contenido de las escenas”.

Esta afirmación, compartida por gran parte de la sociedad e incluso por personas que se autodenominan “progresistas” y “feministas”, me inquieta: se trata de la concepción neoliberal de la sexualidad por la que se entiende que mientras haya consentimiento todo vale, como si viviésemos en una sociedad de libres e iguales en la que no existen unas estructuras normativas que nos coaccionan; como si las elecciones y los consentimientos del dominador y de la dominada no estuviesen condicionadas -y señalo los géneros porque, qué curioso, en lo relacionado con violencia y sexo, dos acciones que se han unificado y que configuran la pornografía mainstream, el guión al que se ajustan unos y otras es bien distinto-.

No estoy haciendo apología de que se impongan prohibiciones en las relaciones sexuales que cada cual decida tener con quien desee, estoy defendiendo una postura crítica feminista ante la pornografía, que en una sociedad formalmente igualitaria como la nuestra, tan comprometida con la igualdad entre los hombres y las mujeres y en la que se desarrollan políticas activas de igualdad, no debería ni cuestionarse. Lo que sucede es que esta sociedad formalmente igualitaria es solo eso -que no es poco pero no debe dejarnos completamente satisfechas-, igualitaria en su forma, no en su contenido.

Alicia Puleo diferencia entre sociedades patriarcales de consentimiento y de coerción, España es una de las primeras: la igualdad sexual es un principio constitucional, de modo que para cumplir fielmente con los estereotipos de género no se aplican normas legales que nos obligan a ello, actúa nuestra “libertad” para ajustarnos -casualmente- al lugar que históricamente la sociedad patriarcal nos ha asignado. ¿Cómo puede suceder esto en sociedades “desarrolladas”, tan convencidas de que no es deseable que no existan relaciones igualitarias entre mujeres y hombres?

Lo que sucede es que esta sociedad formalmente igualitaria es solo eso -que no es poco pero no debe dejarnos completamente satisfechas-, igualitaria en su forma, no en su contenido

El pasado 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, se celebró multitud de actos condenando las violencias machistas gracias al trabajo del feminismo por darles cada vez más visibilidad para que se asuman como un problema social y estructural, no como problemas individuales o casuales. Me pregunto cómo podemos pretender que esas violencias se erradiquen si no vamos precisamente a la raíz de los problemas: que somos sociedades formalmente igualitarias en las que el patriarcado se solapa con el mundo de la creación y de lo simbólico, ofreciendo modelos de construcción del cuerpo, de las relaciones amorosas y de la sexualidad en los que se inscribe la desigualdad sexual -siendo este frente solo uno de todos los que el patriarcado tiene abiertos-.

Es precisa una reacción feminista y en bloque contra la violencia sexual hacia las mujeres que es la pornografía y que se ha convertido en el modelo hegemónico de sexualidad. No tiene ningún sentido encajonar las diferentes discriminaciones y violencias que experimentamos las mujeres, la mitad de la población, por parte de la otra mitad, como si no estuviesen conectadas y no partiesen de la misma raíz: el patriarcado, el machismo.

Es precisa una reacción feminista y en bloque contra la violencia sexual hacia las mujeres que es la pornografía y que se ha convertido en el modelo hegemónico de sexualidad.

No posicionarse en contra de la industria pornográfica que está generando modelos femeninos y masculinos en los que se dan unas relaciones desigualitarias, de dominación y de humillación en las que mujeres y hombres tienen su lugar establecido y que contribuyen a alimentar en el imaginario simbólico que las mujeres somos cuerpos a los que es legítimo oprimir, entiendo que es estar a favor de todo ello. No oponerse a un negocio en el que sobre los cuerpos de las mujeres se practican estas violencias es haber caído en la concepción neoliberal del “todo vale si hay dinero y consentimiento”, qué casualidad que “todo vale” si tiene que ver con los cuerpos de las mujeres (pornografía, prostitución, úteros de alquiler).

Por mucha ficción que se diga que es, estamos viendo a personas de carne y hueso sobre las que se ejecutan estas violencias, las cuales además forman parte de toda una violencia simbólica contra las mujeres con la que se nos dificulta la lucha cognitiva para alcanzar nuestra autoconciencia como mujeres en un mundo patriarcal, nuestra autonomía como parte oprimida de este sistema social. No, todo no vale, no se pueden vulnerar los Derechos Humanos de las mujeres para hacer dinero ni para ninguna otra cosa, no nos debería valer que nos estén vendiendo un sexo en el que no se busca tanto el placer erótico como el placer de humillar a las mujeres.

Me pregunto cuál sería la reacción de la gente de a pie y de las instituciones si apareciese una industria audiovisual que hiciese un negocio espectacular recreando situaciones vejatorias hacia personas negras por el hecho de ser negras, judías por el hecho de ser judías, musulmanas por el hecho de ser musulmanas; por la razón de que las personas que ejercen esas violencias disfrutan con ellas porque son racistas, antisemitas, xenófobos, islamófobos; y porque además, las personas agredidas lo están consintiendo porque, por el motivo que sea, les satisface una barbaridad ser degradadas por esos motivos.

Hay consentimiento y se supone que disfrute por ambas partes, ¿quiénes somos las demás para oponernos a ello? Y, sobre todo, ¿quiénes somos para recriminar a otras que disfruten viendo violencia sobre personas negras, judías o musulmanas a las que les gusta ser humilladas por ello? ¿Por qué nos debería parecer mal que esos vídeos se descargasen, que se pagase por ellos y que nuestras amistades y familiares formasen parte de la rueda que hace crecer a ese boyante negocio, tan lleno de disfrute y consentimiento?

¿Por qué la izquierda lo tiene tan claro cuando hablamos de defender a la clase trabajadora, de combatir el racismo y la xenofobia, de defender a todos los grupos oprimidos y no cuando se trata de los derechos de la mitad de la raza humana?

¿Por qué la izquierda lo tiene tan claro cuando hablamos de defender a la clase trabajadora, de combatir el racismo y la xenofobia, de defender a todos los grupos oprimidos y no cuando se trata de los derechos de la mitad de la raza humana? ¿Por qué nuestros compañeros y compañeras de partido -porque en la trampa patriarcal de la normalización de estos modelos caen tanto hombres como mujeres- saltan de sus sillas con cada apología de las barbaridades anteriores y permanecen impasibles ante la cosificación y humillación que se hace de esta manera de nuestros cuerpos?.

Tal y como Ana de Miguel reflexiona en su libro Neoliberalismo sexual: el mito de la libre elección, las sociedades democráticas no podemos seguir obviando la complicidad con la que consentimos que la desigualdad sexual siga presente en nuestro proyecto de ciudadanía a través de este tipo de construcciones simbólicas. Y para ello es preciso que seamos críticas, que conozcamos de dónde venimos y cuál es nuestra historia como mujeres para así poder entender lo que el patriarcado hace con nosotras hoy en día.

Fuente:
http://tribunafeminista.org/2016/11/la-desigualdad-sexual-que-normaliza-la-pornografia-no-todo-tiene-justificacion/