domingo, 31 de diciembre de 2023

Nadie había encontrado el lenguaje para contar esta historia ‘Diario de un peón’.

Diario de un peón’, de Thierry Metz, un libro que es a la vez crónica y poema, narra el trabajo de los más pobres, el trabajo más duro, el de un obrero.

Este es un libro que cuenta una historia que nadie había contado hasta ahora. El librito, sereno y apasionado a la vez, es Diario de un peón, de Thierry Metz. Narra, día a día, el trabajo de los más pobres, el trabajo más duro, el de un peón. Pero este libro, único en su especie, es a la vez crónica y poema. En cierto modo, es un milagro, ya que, en principio, un hombre que trabaja siete u ocho horas al día en una obra, cargando sacos de cemento, descargando bloques de hormigón y cavando zanjas, no tiene ni tiempo ni oportunidad para escribir. A veces lo vemos trabajando de lejos, en la calle o al borde de la carretera. Reconocemos su silueta, pero no sabemos nada de su existencia ni de sus cualidades interiores. Y es que, desde la noche de los tiempos, la escritura ha sido el privilegio de unos pocos, un pequeño grupo de escribas, hombres de letras.

Thierry Metz es un poeta francés contemporáneo; murió en 1997, a los 40 años. Era hijo de un repartidor parisino. En casa de sus padres no había un solo libro. Tampoco había dinero. Thierry Metz bregó toda su vida como peón, jornalero, trabajador agrícola y albañil. Se mataba a trabajar y, durante los periodos de desempleo, escribía.

Metz nos dice cómo el esfuerzo transforma el cemento, el golpe del pico, la jornada de trabajo, en pan, pan de verdad 

Y nos ha legado, entre otros, este libro sereno y apasionado a la vez, Diario de un peón, que relata en un lenguaje nuevo, encendido y conciso, lo que nadie había relatado antes. Y es una de las obras más logradas y admirables jamás escritas. Arthur Rimbaud escribió en un momento de rebeldía: “Siento horror por todos los oficios”. Thierry Metz no sentía horror por su oficio. No lo idealizaba, sino que expresaba toda su crudeza en una prosa densa y clara. Sabía perfectamente que era prescindible, que le utilizaban, que utilizaban a los obreros; era consciente del desequilibrio de su situación y no pretendía escapar de los condicionantes sociales escribiendo. Pero por mucho que le disgustara el materialismo vulgar, pese a la dureza del trabajo y de la injusticia social, no se olvidaba del sol, ni del áspero mango de la herramienta, ni del profundo silencio de sus compañeros, ni de la intensidad del más repetitivo de los trabajos, el inmenso esfuerzo realizado por el mayor número de personas desde tiempos inmemoriales y que constituye el motor esencial de la historia de la humanidad. 

Así, desde el prosaísmo infinito de sus obras, Thierry Metz descubrió una forma de susurrarnos, en un lenguaje modesto pero altivo, meditativo y concreto, el enigma de nuestra condición: “Me gusta creer que, tal vez un buen día, un dios sin nombre se sentará en este montoncito de tierra y ocupará su sitio en la tumba iluminada de mis esfuerzos con palabras cotidianas, meros gorriones. Recobrará el aliento y volverá adonde tienen lugar las cosas, a los desiertos donde se hallan los hombres y sus obras. ‘¡Viernes!’ Ese será su nombre”.

Descubrió una forma de susurrarnos, en un lenguaje modesto pero altivo, meditativo, el enigma de nuestra condición 

En este breve pasaje de Diario de un peón, se ve enseguida por qué Thierry Metz no podía contentarse con ser un simple narrador; habría traicionado su vocación de poeta, habría debido quemar las fórmulas del lenguaje que le había salvado; pero tampoco podía ser solo poeta, habría tenido que olvidar a los suyos, los albañiles y porteadores que, desde Mesopotamia, trajinan en las obras del mundo. Y por eso tuvo que elevar el lenguaje a un punto de equilibrio al que nadie lo había llevado antes que él; tuvo que escribir a la vez un poema y un relato, sin separar el uno del otro, sin dejar nunca que el relato cayera junto al saco de cemento, y sin dejar nunca que el poema volara con los pajarillos. Era necesario que las dos partituras se convirtieran en una, que las contradicciones de la vida social se fundieran en la escritura, y que el dolor del esfuerzo redundara un poco en la belleza del mundo.

Pero le costó caro, demasiado caro, un precio muy alto, querer seguir viviendo entre los suyos, en un mundo de polvo y ladrillos, de sed y dolor, y buscar, en esta dura estancia, el oro del tiempo. Hace falta un esfuerzo inconmensurable, es una tarea imposible; pero la tenaz determinación de Thierry Metz nos ha dejado un librito único, tristemente único, en el que un joven fornido, lleno de esperanza, de palabras, de fuerza y también de tristeza, ha intentado decirnos a gritos, pero en un lenguaje muy dulce y hermoso, a través de la dureza del trabajo, de la desigualdad de condiciones y de la modestia de los salarios, hasta qué punto las palabras de cada día y de cada uno son poesía, y cómo el esfuerzo o el hastío, mediante una transubstanciación muy real, transforman el cemento, el golpe del pico, la jornada de trabajo, en pan, pan de verdad. Pero por el camino, el jefe saca tajada; y la poesía, ¿qué saca?

Éric Vuillard, escritor y cineasta, ganó el premio Goncourt en 2017 por su novela ‘El orden del día’.

‘Diario de un peón’. Thierry Metz. Traducción de Vanesa García Cazorla. Periférica, 2023. 128 páginas. 15 euros.

Gaza como problema nacional.

En el debate de este pasado viernes en el Consejo de Seguridad de la ONU el apoyo, implícito obviamente, a la posición de António Guterres y Pedro Sánchez fue abrumadora. No solo en la votación, sino sobre todo en la argumentación con base en la cual se justificó la emisión del voto a favor de la resolución.

El secretario general de la ONU, António Guterres, habla durante una reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en Nueva York (EEUU), el 8 de diciembre de 2023.https://www.eldiario.es/contracorriente/gaza-problema-nacional_132_10753382.html
El secretario general de la ONU, António Guterres, habla durante una reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en Nueva York (EEUU), el 8 de diciembre de 2023.

Estaba pendiente de seguir la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU de este pasado viernes en la que se iba a debatir la propuesta de un alto el fuego humanitario, presentada por Emiratos Árabes Unidos en nombre de los países árabes de la organización y copatrocinada por España, entre otro centenar de miembros. La convocatoria del Consejo se produjo a instancias del secretario general, António Guterres, que recurrió al artículo 99 de la Carta fundacional para intentar forzar un alto el fuego humanitario que alivie la catastrófica situación en la Franja.

Como suelo hacer casi siempre conecté con la CNN primero y la BBC después para seguir el debate, la votación y la explicación del voto por los representantes de los distintos Estados que intervinieron directamente en el debate, pero ninguno de los dos se dignó ocuparse de la reunión del Consejo, de tal manera que tuve que seguirla en Al Jazeera, que la retransmitió sin comentario de ningún tipo.

Como el lector, sin duda, sabe, la resolución del Consejo contó con el apoyo de todos los miembros de dicho órgano con la excepción de los Estados Unidos, que la vetó, y del Reino Unido que se abstuvo.

Para los ciudadanos de Portugal y España la reunión del Consejo resultaba especialmente interesante por la dimensión nacional que ha adquirido el conflicto tras haber acusado el Gobierno de Israel a António Guterres y a Pedro Sánchez de favorecer al terrorismo de Hamas. En el caso de António Guterres por haber afirmado en un primer momento que el 7 de octubre no se había producido “en el vacío”, motivo por el que el representante de Israel en Naciones Unidas exigió su dimisión inmediata y por haber recurrido después al artículo 99 de la Carta, motivo por el que se le acusó por el Gobierno de Israel de estar boicoteando la paz y promoviendo la continuidad del conflicto bélico. En el caso de Pedro Sánchez por haber afirmado que la acumulación de víctimas palestinas resultaba “insufrible” y que Israel tenía el derecho a la defensa, pero que tenía que ejercerlo respetando el Derecho Internacional humanitario.

En el debate de este pasado viernes en el Consejo de Seguridad de la ONU el apoyo, implícito obviamente, a la posición de António Guterres y Pedro Sánchez fue abrumadora. No solo en la votación, sino sobre todo en la argumentación con base en la cual se justificó la emisión del voto a favor de la resolución.

No he seguido la reacción que se ha producido en Portugal ante la petición de dimisión de António Guterres y la acusación de que promueve el terrorismo de Hamas, pero no parece que la derecha portuguesa haya aprovechado la ocasión para alinearse con el Gobierno de Israel.

En España, por el contrario, Alberto Núñez Feijóo sí ha atacado con virulencia al presidente del Gobierno, haciéndolo responsable de la crisis diplomática con el Estado de Israel y Esteban González Pons, en el debate en el Congreso de los Diputados con motivo de la comparecencia del ministro de Asuntos Exteriores, acusó al Gobierno de haberse equivocado de bando y de no haber identificado correctamente el problema, dando con ello cobertura al terrorismo.

Vox, como siempre, dio un paso más, desplazándose Santiago Abascal a Tel Aviv para solidarizarse visiblemente, una imagen vale más que mil palabras, con Benjamín Netanyahu.

Después de seguir el debate en el Consejo de Seguridad de este viernes, me acordé del debate que se produjo acerca de la guerra de Irak en un momento en que España era uno de los países miembros de dicho Consejo que se alineó con los Estados Unidos y el Reino Unido. Después vino la foto de las Azores, en la que, además del presidente de los Estados Unidos, del primer ministro del Reino Unido y del presidente del Gobierno español, figuraba como anfitrión el primer ministro de la derecha portuguesa. Y me interrogué a continuación ¿qué posición habría adoptado España este pasado viernes si Alberto Núñez Feijóo fuera presidente del Gobierno y Santiago Abascal vicepresidente?

Dado que el conflicto parece que va a prolongarse, me temo que seguirá proporcionando munición a las derechas españolas para atacar al Gobierno. Espero que no se olvide. Pocos casos como este sirven para poner de manifiesto la diferencia que existe entre un Gobierno de derecha y otro de izquierda. La diferencia entre el servilismo de José María Aznar y la valentía de Pedro Sánchez.

https://www.eldiario.es/contracorriente/gaza-problema-nacional_132_10753382.html

Javier Pérez Royo, 

Podemos: a la tercera va la vencida.

Podemos puede hacer un daño enorme a la izquierda española, pero no puede esperar ningún resultado positivo de su tránsito al Grupo Mixto. Para el partido morado la suerte está echada.

Yolanda Díaz y Ione Belarra en un acto de campaña en Pamplona.
Estoy seguro de que la dirección de Podemos no ha programado deliberadamente la transformación de un partido que llegó a ser casi un partido de gobierno en un partido extraparlamentario, pero es lo que ha hecho. En 2015 pudo llegar a pensar que podría ponerse por delante del PSOE. En un plazo de ocho años, entre 2015 y 2023, esa aspiración se ha desvanecido.

Voy a centrarme exclusivamente en la trayectoria del partido en la Comunidad de Madrid, porque ha sido a través de las decisiones adoptadas por la dirección del partido en las elecciones al Ayuntamiento y a la Asamblea de dicha Comunidad entre esas fechas como se ha ejecutado dicho tránsito.

En las elecciones municipales de 2015 Ahora Madrid, encabezado por Manuela Carmena, consiguió 20 ediles, que, unidos a los 9 que obtuvo el PSOE, le permitió superar los 21 del PP más los 7 de Ciudadanos. Por primera vez desde finales de los ochenta la izquierda conseguía dirigir la capital de España.

En las elecciones a la Asamblea de Madrid, entre el PSOE (37) y Podemos (27) se quedaron a un escaño de PP (48) y Ciudadanos (17). La izquierda no consiguió la presidencia de la Comunidad porque IU con la candidatura de Luis García Montero no consiguió superar la barrera del 5%.

Lo que consiguió Podemos se puede considerar una auténtica hazaña. Casi recuperó el resultado de la izquierda en 2003, las elecciones del tamayazo. Con los votos de IU lo hubiera conseguido. Gracias a Podemos, la izquierda se había situado en condiciones de competir de tú a tú con la derecha en Madrid.

Los resultados de las municipales y autonómicas se confirmarían en las generales de diciembre de 2015 y de julio de 2016. Gracias fundamentalmente a Podemos la derecha española dejó de tener mayoría parlamentaria, aunque Mariano Rajoy continuó siendo presidente del Gobierno por el cordón sanitario que consiguió imponer al nacionalismo catalán embarcado en el procés. Una vez levantado ese cordón sanitario en julio de 2018, se haría valer la mayoría absoluta que expulsaría a Mariano Rajoy e impondría a Pedro Sánchez como presidente del Gobierno.

La dirección de Podemos parecía haber encontrado la fórmula para dejar en minoría a la derecha española, que, como consecuencia de ello, empezó a fracturarse. El PP dejó de representar a la derecha española en régimen de monopolio como venía haciendo desde 1993.

Cuando parecía haber conseguido lo más difícil, Podemos entró en Madrid en un proceso de fractura interna, que la dirección no fue capaz de controlar. No conozco los entresijos del proceso y hablo, por lo tanto, desde fuera, como un ciudadano que sigue la política con mucha intensidad, pero que no participó en el conflicto en el interior del partido.

De acuerdo con la información que se transmitía a partir del propio partido y que era reflejada en los medios de comunicación, la dirección de Podemos había decidido que fuera Íñigo Errejón quien encabezara la candidatura del partido en las elecciones a la Asamblea de Madrid de 2019. Manuela Carmena seguiría siendo la candidata a la Alcaldía.

Íñigo Errejón puso en marcha la operación Más Madrid, tanto para el Ayuntamiento como para la Asamblea, con la finalidad de repetir el éxito de 2015 en el municipio y conseguir la presidencia de la Comunidad. Por razones que desconozco, la dirección de Podemos consideró que Más Madrid era el “partido de Íñigo” y decidió no presentar candidatura al Ayuntamiento, pero sí a la Asamblea.

El resultado fue una catástrofe para la izquierda en general, que perdió la Alcaldía y que se quedó lejos de la mayoría en la Asamblea; pero especialmente para Podemos, que consiguió solo 7 escaños. Más Madrid mantuvo el tipo, siendo el primer partido en la elección municipal y consiguiendo 20 escaños en la Asamblea.

En las elecciones generales de 2019, mientras que el “partido de Íñigo” obtuvo un solo escaño, Podemos consiguió el número suficiente como para que se constituyera el primer Gobierno de coalición de la democracia. Un logro, sin duda, espectacular.

Pero la herida de Madrid no solamente no cicatrizaba, sino que se hacía cada vez más grave. Bastó el fracaso de la moción de censura en la Comunidad Autónoma de Murcia y que Isabel Díaz Ayuso aprovechara la ocasión para disolver la Asamblea de Madrid y convocar nuevas elecciones en 2021, para que la debilidad de Podemos se pusiera de manifiesto. Con la finalidad de evitar que Podemos se convirtiera en partido extraparlamentario, Pablo Iglesias se vio obligado a dejar de ser vicepresidente del Gobierno y encabezar la candidatura de Podemos. En ese momento designó a Yolanda Díaz como su sustituta en la vicepresidencia y como cabeza de lista en las próximas elecciones generales.

Pablo Iglesias consiguió que Podemos obtuviera 10 escaños, tres más que en 2019, pero Más Madrid obtuvo 24, cuatro más, consolidándose como el partido representativo del que había sido originariamente el “espacio Podemos” en Madrid. El “partido de Íñigo” se convertía en un ejemplo de libro de profecía autocumplida.

Cabía esperar que la dirección de Podemos había aprendido la lección, pero el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. La conducta de 2019 respecto de Íñigo Errejón y Más Madrid se repetiría respecto de Yolanda Díaz y Sumar en 2023. La dirección de Podemos se negaría a asistir como invitado al acto constituyente de Sumar en el polideportivo Magariños. El resultado sería catastrófico para la izquierda en general en las elecciones municipales y autonómicas de mayo, pero mucho más catastrófico para Podemos, que pasó a ser un partido extraparlamentario en Madrid. Tanto en el Ayuntamiento, como en la Asamblea. Como consecuencia de ello se vería obligado a insertarse en las listas de Sumar en las elecciones generales del 23J, lo que le permitiría retener cinco escaños. Escaños que sabe perfectamente que no son suyos.

La conducta de la dirección de Podemos ha sido la misma respecto de Íñigo Errejón y Más Madrid que respecto de Yolanda Díaz y Sumar. No parece haber aprendido la lección, sin embargo, y ha decidido dar un paso más en la misma dirección con la ruptura del grupo parlamentario de Sumar y la integración en el grupo mixto de los cinco diputados de Podemos elegidos en la lista de Sumar.

A la tercera va la vencida, dice el refrán, que viene como anillo al dedo para la dirección de Podemos. Las elecciones europeas de 2024 no van a ser las de 2014, que permitieron que Podemos emergiera en el sistema político español. Pensar en algo parecido es una ensoñación. En el sistema electoral español, para las elecciones generales es muy difícil entrar, pero muy fácil salir. Y una vez que se ha salido, es prácticamente imposible regresar.

Podemos puede hacer un daño enorme a la izquierda española, pero no puede esperar ningún resultado positivo de su tránsito al Grupo Mixto. 
Para Podemos la suerte está echada. 
Javier Pérez Royo, 

Lynn Margulis, la científica rebelde

En la década de 1960, una joven bióloga estadounidense tuvo una idea revolucionaria sobre la evolución de la vida y el origen de las células modernas. Las células de plantas y animales disponen de unos minúsculos órganos internos, u orgánulos, especializados en obtener energía usando la luz del sol y el oxígeno. Son los cloroplastos y mitocondrias, respectivamente. Por su tamaño, por sus funciones y por la particularidad de llevar su propio y pequeño genoma, estos orgánulos recuerdan poderosamente a ciertas bacterias.

¿Sería posible –se preguntó aquella bióloga– que estos orgánulos fueran en realidad descendientes de antiguas bacterias, reclutadas en un pasado lejano por otras células para usarlas como centrales de energía internas? Un fenómeno semejante era ya bien conocido y tenía un nombre en biología: la simbiosis, una asociación de mutuo beneficio.

El gran problema del origen de la vida en la Tierra es que no había nadie allí para observarlo, por lo que el nacimiento de los primeros organismos terrestres continuará siendo eternamente la materia oscura de la biología, una incógnita abierta a hipótesis de imposible demostración. Entre ellas, la teoría de la endosimbiosis o simbiogénesis es una de las respuestas más plausibles y brillantes para explicar la aparición de las células eucariotas, constituyentes de todo organismo vivo que no sea una bacteria o una arquea.

La entonces joven científica autora de la teoría fue Lynn Margulis, de soltera Alexander (5 de marzo de 1938- 22 de noviembre de 2011), uno de los personajes más influyentes de la biología del siglo XX. Y ello a pesar de que sus propuestas (en los márgenes de la ciencia establecida) le granjearon fama de heterodoxa, cuando no de rebelde. Intelectualmente precoz, su vida personal tampoco se quedó atrás: a los 42 años ya se había divorciado dos veces, la primera del astrónomo Carl Sagan y la segunda del químico Thomas Margulis.

LA SIMBIOGÉNESIS
Margulis admiraba el trabajo de Charles Darwin, pero opinaba que sus sucesores neodarwinistas no habían logrado explicar las incógnitas que dejó planteadas el naturalista inglés; entre ellas y sobre todo, la fuente de las variaciones que impulsa la evolución. Según Margulis, las mutaciones genéticas aleatorias no bastaban para explicar la capacidad de la evolución biológica de inventar rasgos nuevos en los seres vivos.

La teoría de la endosimbiosis o simbiogénesis de Margulis es una de las respuestas más plausibles para explicar la aparición de las células eucariotas. Crédito: Christoph Burgstedt / Alamy Stock PhotoLa teoría de la endosimbiosis o simbiogénesis de Margulis es una de las respuestas más plausibles para explicar la aparición de las células eucariotas. Crédito: Christoph Burgstedt / Alamy

La joven bióloga fue más allá y recogió las ideas de pioneros como el estadounidense Ivan Wallin y el ruso Konstantin Mereschkowski, que habían postulado la simbiosis entre organismos simples como fuerza creadora de seres más complejos. El estudio de Margulis fue rechazado por 15 revistas científicas, y finalmente se publicó en marzo de 1967 sin ninguna repercusión inicial. Según recogía el diario británico The Telegraph en el obituario dedicado a Margulis tras su fallecimiento en 2011, una de sus solicitudes de financiación para sus proyectos recibió la siguiente réplica: “Su investigación es basura. No se moleste en volver a solicitar”.

Pero Margulis no desistió. En 1970 desarrollaba su teoría en el libro Origin of Eukaryotic Cells. A través de los años, la simbiogénesis ha ido ganando apoyo experimental: en los años 70 se descubrió que los genes de las mitocondrias y los cloroplastos se parecían más a los de ciertas bacterias que a los de las células eucarióticas a las que pertenecen. En la pasada década un estudio vino a prestar nueva y extensa credibilidad a la teoría de la endosimbiosis. Un equipo de investigadores dirigido por el biólogo evolutivo William F. Martin, de la Universidad Heinrich Heine de Dusseldorf (Alemania), comparó casi un millón de genes de 55 especies eucariotas y más de seis millones de genes de procariotas, un análisis exhaustivo que solo hoy es posible gracias al uso de avanzadas herramientas bioinformáticas.

BBVA-OpenMind-Yanes-Lynn Margulis pionera de la sostenibilidad_2 Según Margulis, las mutaciones genéticas aleatorias no bastaban para explicar la capacidad de la evolución biológica de inventar rasgos nuevos en los seres vivos. Crédito: Science Lab / Alamy Stock PhotoSegún Margulis, las mutaciones genéticas aleatorias no bastaban para explicar la capacidad de la evolución biológica de inventar rasgos nuevos en los seres vivos. Crédito: Science Lab / Alamy Stock Photo

La investigación, publicada en Nature, rastreaba el origen de los genes bacterianos que forman parte integral del ADN presente en el núcleo celular de los organismos superiores, incluidos los humanos. Y frente a la posibilidad de que estas innovaciones genéticas pudieran haberse colado en nuestras células por un largo y continuo proceso gradual de transferencia de genes al azar, los resultados muestran que, por el contrario, la huella bacteriana en nuestro ADN es el producto de un salto evolutivo brusco que corresponde a la adquisición de las mitocondrias (o de los cloroplastos, en el caso de los vegetales).

“Lo que hemos mostrado es que la contribución genética de los ancestros endosimbióticos de plástidos y mitocondrias al material genético de partida del linaje eucariótico fue mucho mayor de lo que nadie había sospechado”, resumía Martin a OpenMind. “Los eucariotas adquirieron genes de los procariotas en el origen de la mitocondria y en el origen de los plástidos”, añadía, lo que supone “un clamoroso apoyo a la teoría endosimbiótica”. Para Martin “el caso está cerrado: no hay una alternativa científica aceptable a la teoría de que los cloroplastos y las mitocondrias surgieron de endosimbiontes”.

BBVA-OpenMind-Yanes-Lynn Margulis pionera de la sostenibilidad_3 La huella bacteriana en nuestro ADN es el producto de un salto evolutivo que corresponde a la adquisición de las mitocondrias (o de los cloroplastos, en el caso de los vegetales). Crédito: Sergi Escribano/Getty ImagesLa huella bacteriana en nuestro ADN es el producto de un salto evolutivo que corresponde a la adquisición de las mitocondrias (o de los cloroplastos, en el caso de los vegetales). Crédito: Sergi Escribano/Getty Images

Martin rememoraba las discusiones que mantenía con Margulis, en las que ambos discrepaban sobre ciertos aspectos. Y sin embargo, proseguía el biólogo, “ser criticado por Lynn (y ella me criticó mucho) era realmente un honor”. En el fondo “solo nos separaba un centímetro en estas cuestiones, mientras que ella estaba a millas de distancia de los neodarwinistas”, recordaba. El tiempo y la ciencia han acabado por dar la razón a la científica rebelde. “Ojalá hubiera vivido para verlo”, concluía William F. Martin.

LA HIPÓTESIS GAIA
Hoy la teoría de la endosimbiosis se considera ampliamente aceptada. Y aunque no todas las ideas originales de Margulis han obtenido evidencias que las apoyen, la simbiogénesis se contempla como un mecanismo que ha podido aportar otras innovaciones dentro de las teorías evolutivas actuales. Por ejemplo, los líquenes se formaron por la asociación de algas y hongos, pero se ha propuesto que estos últimos pudieron ayudar a la colonización terrestre de las plantas, si bien muchas especies vegetales después prescindieron de esta simbiosis.

BBVA-OpenMind-Yanes-Lynn Margulis cientifica rebelde y pionera de la sostenibilidad_4 La hipótesis Gaia es una visión de la Tierra como un gran sistema complejo formado por los seres vivos y su entorno, cuya autorregulación en un equilibrio dinámico permite la existencia y la continuidad de la vida. Crédito: Sergey Pakulin/Getty ImagesLa hipótesis Gaia es una visión de la Tierra como un gran sistema complejo formado por los seres vivos y su entorno, cuya autorregulación en un equilibrio dinámico permite la existencia y la continuidad de la vida. Crédito: Sergey Pakulin/Getty Images

Pero existe una faceta más por la que hoy se recuerda a Margulis, y que no fue algo separado de su trabajo científico, sino una consecuencia natural: fruto de su propuesta de la teoría endosimbiótica, la bióloga defendía la cooperación entre especies como motor de la evolución frente a la interpretación exclusivamente competitiva del neodarwinismo. Bajo esta idea de la colaboración en la naturaleza, en los años 70 Margulis desarrolló, junto al químico británico James Lovelock, la hipótesis Gaia; una visión de la Tierra como un gran sistema complejo formado por los seres vivos y su entorno, cuya autorregulación en un equilibrio dinámico permite la existencia y la continuidad de la vida.

La hipótesis ha sido muy discutida, se han distinguido diferentes versiones y las más extremas han sido criticadas como pseudociencia, por su aproximación de la Tierra como un gran organismo con una especie de propósito. Pero no cabe duda de que ha sido muy influyente en el empuje de la conservación medioambiental. En 1991 la propia Margulis definió la “economía verde” como aquella que contempla la actividad humana como un componente embebido en los ecosistemas, una descripción que todavía es citada a menudo y que inspira un concepto muy presente hoy en la política, la economía y la sociedad: el desarrollo sostenible.

Javier Yanes
Nota del editor: Texto original de septiembre de 2015 actualizado por el autor 

sábado, 30 de diciembre de 2023

La revolución CRISPR llega a la clínica.

La edición genómica de pacientes parece a punto de recibir luz verde de la agencia del medicamento de Estados Unidos

La técnica CRISPR permite reemplazar trozos de ADN.
La técnica CRISPR permite reemplazar trozos de ADN.
Una grave enfermedad hereditaria que afecta a millones de personas en el mundo, la anemia falciforme, está a punto de convertirse en objeto del primer “fármaco CRISPR” aprobado por la agencia del medicamento de Estados Unidos (la FDA), lo que suele servir como disparador para que la agencia europea (EMA) haga lo propio un poco después. La técnica de edición genómica CRISPR se descubrió hace poco más de diez años, se llevó un premio Nobel hace tres y ya ha revolucionado los laboratorios genéticos de medio mundo. Sus aplicaciones son muy amplias, pero una de las más evidentes es la de aliviar el sufrimiento humano. Hay más de 3.000 enfermedades genéticas distintas, y la perspectiva de tratarlas una a una, desarrollando fármacos al viejo estilo, es francamente exigua. Pero si sabes arreglar un gen, sabes arreglar cualquiera. Esta es la gran esperanza contra las enfermedades raras, que son genéticas en su mayoría.

Tiene algo de justicia poética que el primer tratamiento CRISPR que vaya a ser aprobado sea contra la anemia falciforme, que fue la primera enfermedad genética descrita molecularmente. La sangre es roja porque contiene glóbulos rojos, que a su vez lo son porque contienen hemoglobina. Esta es la proteína que trasporta el oxígeno desde los pulmones hasta el resto del cuerpo. Una mutación en el gen de la hemoglobina hace que la proteína se apile en largos filamentos que deforman los glóbulos rojos y los hacen atascarse en las venas. Las consecuencias son graves y dolorosas, e incluyen una muerte prematura.

La hemoglobina mutante se da sobre todo en la franja ecuatorial de África y en personas de esa ascendencia. Una de cada 12 personas negras lleva la mutación, pero solo una de cada 400 tiene la enfermedad. La razón es que hay que heredar la mutación tanto del padre como de la madre para sufrirla. Pero ¿por qué es tan común en esa zona? Las mutaciones debilitantes suelen resultar barridas de cualquier población por la selección natural. ¿Por qué no lo han sido en África? La respuesta es otro clásico de la patología molecular: las personas con una copia mala y otra buena del gen no padecen la enfermedad, pero son resistentes a la malaria, que es endémica en esa zona. En esas condiciones, a la evolución no le interesa barrer al gen malo. No del todo, al menos.

Por todo lo que sabemos, CRISPR cura a la gran mayoría (29/30) de enfermos de anemia falciforme, aunque de una forma algo indirecta. Hay otro gen de la hemoglobina (llamado fetal) que normalmente solo funciona durante el desarrollo del feto. Después lo apaga otro gen represor (BCL11A). Lo que hace CRISPR es inactivar al represor, de modo que la hemoglobina fetal, que no está afectada por la mutación, se produce en el adulto. Este tipo de circuitos lógicos son universales en genética.

El tratamiento no es una pastilla. Hay que extraer células medulares del paciente, modificar sus genes y reinsertar las células. Estas prácticas funcionan bien, pero son muy caras. Después de la aprobación de la FDA, empezará la verdadera guerra por el acceso al fármaco. ¿Cuánto cuesta una vida humana?

La herida del pasado fascista aún sangra en Croacia.

Serbios, judíos y antifascistas boicotean la ceremonia oficial en memoria de las víctimas de un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial en denuncia del creciente revisionismo 
La ceremonia alternativa a la oficial en recuerdo de las víctimas del campo de concentración de Jasenovac, 
CROACIA | La herida del pasado fascista aún sangra en Croacia

En esta pradera donde solo se oye el azote del viento y el murmullo del río Sava que separa Croacia y Bosnia, al menos 83.000 personas fueron asesinadas durante la Segunda Guerra Mundial por los ustasha, los aliados croatas de los nazis, en el campo de concentración que aquí se alzaba. Croacia ha homenajeado este domingo a las víctimas, pero, por cuarto año consecutivo, lo ha hecho prácticamente sin sus representantes. Serbios, judíos y antifascistas han boicoteado la ceremonia en denuncia del creciente revisionismo de aquellos años oscuros y celebrado dos días antes una extraoficial a la que también acuden los romaníes. Dos actos para una memoria dolorosa sobre la que pesan demasiados "sí, pero...".

La disonancia entre el espacio vacío de Jasenovac hoy y el horror de hace ocho décadas parece una metáfora sobre la dificultad de Croacia para lidiar con su pasado. La gran escultura en forma de flor donde este domingo se depositan los ramos de flores domina el centro de un complejo con ocho subcampos levantado en 1941 que albergaba hasta 4.000 prisioneros, aunque —como reconocían en un documento confidencial sus responsables en alusión a su función exterminadora— “podría aceptar un número ilimitado”. El lago ubicado a pocos metros proporcionaba el agua para la fabricación de ladrillos a la que estaban forzados los reclusos y las vías de ferrocarril que aún recorren el espacio sirvieron para transportar a parte de los presos. En el bucólico río colindante, una lancha de la policía croata vigila la frontera con la otra orilla, ya en la entidad serbia de Bosnia, en la que los ustasha asesinaban a los presos. Les obligaban a cavar una fosa para luego degollarles, dispararles o tirarles al agujero de un martillazo en la cabeza.

El espacio conmemorativo del campo de concentración de Jasenovac, el pasado marzo. JAIME CASAL

Si nada queda del campo es precisamente por el episodio que se recuerda cada año en abril. En 1945, unos 600 reclusos intentaron una huida masiva. 91 lo lograron; el resto fue abatido por los guardas. Ante el avance partisano, los guardas intentaron borrar las huellas del campo, ya vacío (asesinaron al casi medio millar que no había tratado de escapar): excavaron algunas fosas comunes para quemar los cadáveres e hicieron volar los barracones con explosivos. Dos años más tarde, el Gobierno yugoslavo permitió a los vecinos usar los cascotes para sus viviendas.

El cálculo de los muertos está muy politizado, incluido un reciente rifirrafe diplomático entre Croacia y Serbia. Tras la guerra, el Ejecutivo de Tito los cifró en 700.000, un cálculo que el consenso académico considera hoy inflado para negociar las reparaciones alemanas de guerra. Los cálculos han bailado de los desestimados 2.238 de una comisión del Parlamento croata al 1,1 millones de un historiador bosnio, es decir, tantos como en Auschwitz, pero sin cámaras de gas.
Entrada al campo de Jasenovac, en los años cuarenta.
Entrada al campo de Jasenovac, en los años cuarenta.CENTRO EN MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DE JASENOVAc
"Es prácticamente imposible saber el número total", admite Ivo Pejakovic, director del espacio en su memoria, junto a una instalación de vidrio en el museo de Jasenovac con los nombres y apellidos de los identificados. Actualmente son 83.145 (20.000 de ellos menores de 14 años), pero probablemente se trata de 100.000, cifra que manejan el Museo del Holocausto de Washington y el centro Simon Wiesenthal de Israel. Casi la mitad eran serbios —la principal diana del odio ustasha— y un cuarto, judíos y romaníes. El resto, militantes antifascistas y otros reclusos políticos.
El espacio conmemorativo del campo de concentración de Jasenovac, el pasado marzo.
El espacio conmemorativo del campo de concentración de Jasenovac, el pasado marzo.

Algunos de estos elementos —la demolición del complejo, la ausencia de una cifra cerrada de muertos o la fábrica de ladrillos— son justamente los que han alimentado las variopintas tesis negacionistas (como que era un campo de trabajo con muertes puntuales o que fue usado luego por Tito para asesinar ustasha) que han llevado al Departamento de Estado de EE UU a mostrar su preocupación, al Consejo de Europa a advertir de las crecientes alabanzas entre los jóvenes a la ideología ustasha y al Proyecto de Recuerdo del Holocausto a sacar “tarjeta roja” a Croacia el pasado enero por sus niveles de revisionismo, los mayores de la UE junto con Polonia, Hungría y Lituania.

“El caso croata es muy complejo. Por un lado, no quiere ser conocido como un país que niegue o revise el Holocausto, pero por otro no puede asumir lo que pasó en la Segunda Guerra Mundial. Es muy difícil encontrar gente que sea completamente inequívoca. Es siempre un ‘sí, los ustasha fueron horribles, pero…’. El revisionismo no es tan explícito y flagrante como en Ucrania o Polonia, pero está ahí, es mainstream”, asegura el historiador británico Rory Yeomans, del Institute for Advanced Study de Princeton y autor de un libro sobre el fascismo en el país entre 1941 y 1945.

Hrvoje Klasic, profesor de la Universidad de Zagreb especializado en historia europea del siglo XX, cree que algunos comportamientos “se han hecho más evidentes en los últimos cuatro años". “Se ha vuelto en cierto modo normal decir Za dom Spremni [“Por la patria, listos”, el saludo ustasha]. Por eso, cuando llegaron las acusaciones de Europa o EE UU, hay quien pensó: ‘¿por qué ahora está prohibido, si no lo estaba hace 20 o 25 años?’. En Alemania, tras 1945, estaba muy claro qué personas y símbolos estaban prohibidos, pero en Yugoslavia no hizo falta. Era una zona gris que aún hoy es utilizada”, señala en su despacho.

El boicot a la ceremonia oficial en Jasenovac comenzó en 2016, año en que salió a la venta el ensayo Jasenovac, campo de trabajo, y su autor, Igor Vukic, fue entrevistado en la televisión pública. El entonces ministro de Cultura, Zlatko Hasanbegovic, que en los noventa había llamado a los ustasha “héroes y mártires”, asistió a la inauguración de un documental con la misma tesis y aplaudió que aborde "numerosos temas tabú". A esto se sumó otro libro y documental de un derechista esloveno sobre el “mito” del campo de concentración. Ese año, su superviviente más longevo pidió que no se leyese su carta en la conmemoración oficial, pero se hizo igual.

Otros gestos han alimentado la sensación de agravio. Una placa en recuerdo de combatientes croatas muertos en la guerra de los noventa que incluía en el escudo el saludo ustasha fue erigida en 2016 junto a Jasenovac. Tras meses de negociaciones, fue reubicada a 10 kilómetros. “Ahora está cerca de un cementerio en el que están enterrados partisanos que liberaron el campo”, critica Aneta Vladimirov, responsable del Departamento Cultural del Consejo Nacional Serbio, que representa a esta minoría.

Tres años antes, en un partido internacional, el futbolista Joe Simunic cogió un micrófono y gritó cuatro veces desde el campo el inicio del saludo ustasha (“Por la patria”). “¡Listos!”, respondieron miles de aficionados. Fue multado y sancionado con 10 partidos por la FIFA. “Las opiniones sobre el saludo cambian a diario. Un día está bien; otro, no. Y no solo entre los ciudadanos de a pie, también entre destacados políticos”, señala el diputado Veljko Kajtazi, en la sede de la representación de la comunidad romaní, Kali Sara, que él preside.
Guardas de Jasenovac revisan a los presos a su llegada al campo.
Guardas de Jasenovac revisan a los presos a su llegada al campo.CENTRO EN MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DE JASENOVAC
La presidenta del país, Kolinda Grabar-Kitarovic, del histórico partido conservador católico HDZ, ha condenado en varias ocasiones las masacres. “Sin ninguna reserva”, escribió en 2018 en el libro de visitas de Jasenovac, al que acude cada año por su cuenta —la última, este sábado— para no “intensificar las divisiones ideológicas”. “Va a Auschwitz de forma pública y a Jasenovac de forma privada”, lamenta Vladimirov.

La presidenta ha levantado, sin embargo, más de una ceja al afirmar que Za dom Spremni era “un antiguo saludo croata” o al manifestar su pasión por la música de Thompson, cantante conocido para glorificar a los ustasha que actuó en la celebración de la medalla de plata en el pasado Mundial de fútbol. “La ceremonia oficial en Jasenovac es el único momento en el que nuestros políticos hablan de lo que sucedió en la Segunda Guerra Mundial. Los 364 días restantes se comportan de forma diferente”, explica Sanja Tabakovic, representante de la comunidad judía en el Ayuntamiento de Zagreb.
El campo de concentración de Jasenovac, en los años cuarenta.
El campo de concentración de Jasenovac, en los años cuarenta.CENTRO EN MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DE JASENOVAC
La sensación es que por, cada una de cal, hay otra de arena. El pasado febrero, el Ministerio de Educación eliminó El diario de Anna Frank de su lista de lecturas recomendadas para los colegiales, poco después de que un centro vetase una exposición sobre el libro porque incluía paneles sobre los crímenes ustasha. Ese mismo mes, en cambio, el Ministerio recomendó a los colegios visitar Jasenovac, algo que en 2018 hicieron solo 16.000 personas. A diferencia de los desplazamientos a Vukovar, la ciudad símbolo de la agresión serbia en los noventa, el viaje no está subvencionado. "Depende principalmente de si los padres están dispuestos a pagarlo", admite el director del espacio. El año pasado lo visitaron quince grupos escolares. Hay más de 900 centros de primaria en el país. Según una investigación de varias ONG croatas publicada en 2015, un 22% de los alumnos de secundaria cree que el Estado Independiente de Croacia de los ustasha no fue una creación fascista y un 48% no está seguro.

Las raíces de este empuje revisionista están, según el historiador Klasic, en la desintegración de Yugoslavia, época en que un grupo paramilitar croata recuperó el saludo. “Tras la Segunda Guerra Mundial, muchos nazis o colaboracionistas franceses huyeron a América Latina, pero ellos y sus descendientes siguen viviendo allí. En ningún otro lugar en Europa pasó lo que en Croacia: que volvieron y tomaron el poder. Y con una narrativa: que el Estado independiente de Croacia no fue fascista, sino el Estado croata. Es desde ese momento que hay un fuerte revisionismo”.

Una idea en la que abunda Yeomans: “Si no puedes afrontar lo que pasó en los cuarenta, no puedes tener un debate honesto sobre los noventa, porque hay una conexión: convertir la historia de Croacia en mucho menos problemática de lo que realmente es”.

viernes, 29 de diciembre de 2023

_- Reseña de La Ilíada o el poema de la fuerza, de Simone Weil (Trotta, 2023). La violencia de nuestra cultura en las fuentes griegas.

_- Fuentes: Rebelión

Los pocos años de vida que los hados concedieron a Simone Weil fueron concienzudamente aprovechados en una indagación filosófica sobre el sentido y las expectativas de lo humano, que no excluyó nunca un duro compromiso con la realidad más real. 

 Sus numerosos textos, en los que aflora a la par su inquietud mística y su empatía con el dolor ajeno, elaboran una síntesis original del pensamiento platónico y el mensaje del evangelio, perfectamente ajustada a los desvelos del presente.

Muchos de los trabajos de Weil han sido publicados en castellano por Trotta, entre ellos La Ilíada o el poema de la fuerza, en 2023, una penetrante reflexión que identifica este poema como la gran epopeya de Occidente, reveladora de nuestra amarga cautividad en un abismo de violencia. Se trata de un breve opúsculo que había sido incluido en volúmenes anteriores, con traducción y notas de Agustín López y María Tabuyo, y se ofrece ahora de manera independiente en el librito recién aparecido. Éste recoge también fragmentos sobre la guerra y la fuerza extraídos de los Cuadernos de Weil, con traducción y notas de Carlos Ortega.

La vida como mensaje
Nacida en 1909 en París en una familia judía, laica e intelectual, con veintidós años Simone Weil se graduó en filosofía en la Escuela Normal Superior y fue nombrada profesora del liceo de Puy-en-Velay. Un principio que gobernó su vida, ya desde niña cuando le llegaban noticias de la Gran Guerra, fue tratar de remediar en la medida de sus posibilidades el sufrimiento provocado a los más débiles en la jungla en que veía convertida la sociedad. Fiel a esta idea, al declararse una huelga en Puy, ella fijó su mínimo vital en el subsidio de los trabajadores desempleados y repartía el resto para ayudarles. No contenta con ello, y a fin de identificarse más plenamente con los explotados, en 1934 y 1935 pidió la excedencia y se empleó en la factoría Renault, donde afirmó haber sentido en su piel “la marca del esclavo”.

Esta sensibilidad ante la desgracia de los otros iba acompañada en el caso de Weil de una reflexión sobre el origen de las calamidades que observaba en términos económicos y de estructura social. Daba clases gratuitas a obreros y refugiados, y desde un pacifismo radical que sólo abandonará cuando comience la II Guerra Mundial, defendía políticas reformistas que permitieran aumentar la educación de las masas y afrontar una revolución auténticamente exitosa. Al estallar la Guerra Civil Española, se alistó en la Columna Durruti, pero nunca hizo uso de armas. Aceptaba la opción de morir, pero no la de dar muerte, y trató de detener sin éxito ejecuciones de elementos facciosos, lo que le generó una enorme frustración.

Durante la II Guerra Mundial, Simone Weil trabajó como campesina en el sur de Francia, de nuevo renunciando a lo “excesivo” de sus ingresos, que destinaba en este caso a la Resistencia. A finales de 1942 se estableció en Londres y trató de que se le encomendaran misiones en su país, pero en el entorno de De Gaulle se rechazó esta posibilidad por su condición de judía, que hacía difícil la supervivencia si era detenida. Además, en estos días la mala alimentación estaba haciendo estragos en la frágil constitución de Simone. Se le diagnosticó tuberculosis y en agosto de 1943 un infarto acabó con su vida. La mayor parte de su obra fue publicada después de su muerte.

Mística salvaje en maceta cristiana
La sensibilidad social y empatía de Simone Weil están vivas desde sus primeros años, pero sólo en la década de los 30 su pensamiento alcanzó la dimensión espiritual característica de su última etapa. Educada en un ambiente laico, poco significaban para ella los dogmas y rituales de la religión, pero algunas experiencias van a cambiar esto completamente. En 1935, escucha himnos de una tristeza desgarradora en una iglesia portuguesa, que la llevan al convencimiento de que “El cristianismo es la religión de los esclavos”. Dos años después, en Asís, tuvo una vivencia que describió así: “Estando sola en la pequeña capilla románica de Santa María de los Ángeles, incomparable maravilla de pureza, donde San Francisco oró muchas veces, algo más fuerte que yo me obligó, por primera vez en mi vida, a arrodillarme”. Por fin, en 1938, en un momento de intenso dolor físico, mientras lee un poema de George Herbert, experimenta una presencia de Cristo que define como: “Más personal, más segura, más real que la de un ser humano, inaccesible a los sentidos, (…) análoga al amor que brilla a través de la sonrisa más tierna de un ser querido.”

Estas genuinas experiencias místicas, fruto de la aguda sensibilidad de nuestra filósofa y de su anhelo de trascendencia, son plantas salvajes que podrían haber brotado en cualquier ambiente propicio, pero el caso es que nacieron con una impronta cristiana y esto va a marcar el resto de la vida de quien las experimentó. Puede decirse que estas vivencias significaron una “conversión al cristianismo”, con lo que el libre espíritu que hasta entonces había caracterizado a Simone Weil, quedó a partir de aquí sustituido por una relación tensa y conflictiva con la doctrina católica.

El intento de encauzar el misticismo de Weil en moldes cristianos termina al fin en proposiciones que desde la ortodoxia se ven como heréticas o cismáticas. Desaprueba ella, por ejemplo, el espíritu que inspira el Antiguo Testamento, con su cruel deidad tribal, lo que tiene doble mérito, dado su origen judío. Igual repudio le merecen las estructuras eclesiales, tan marcadas a lo largo de su historia por intransigencia, misoginia y fanatismo dogmático. Por otro lado, explicar la presencia del mal en la obra de un ser infinitamente bueno y todopoderoso, nada menos, obliga a Weil a recurrir al malabarismo de un dios “ausente de la creación”. En cualquier caso, resulta un progreso que la misma institución que en otro tiempo, ante estas disidencias, hubiera condenado a la indócil a la hoguera, se limite ahora a expresar su rechazo, sin dejar de celebrar que una lúcida pensadora se haya convertido a su fe, aunque sea a su manera.

No es éste el momento de detenerse en la filosofía de nuestra autora, pero es interesante subrayar que a través de ella sigue brillando un empeño humanista en conceptos muy sugestivos, como el de “enraizamiento”, desarrollado en un texto publicado póstumamente en 1949 por Albert Camus. En este trabajo, Weil ofrece una ética y una teoría social que abordan todos los aspectos vitales de la existencia, define cuidadosamente las necesidades del ser humano y argumenta cómo la negación de éstas crea una situación de desarraigo que debe ser corregida por la reflexión, la educación y la acción política. La moral burguesa y sus instrumentos, estado y dinero, nos han alienado, y según Weil hemos de hallar la forma de enraizarnos en nuestra esencia verdadera, espiritual y solidaria.

Una lectura de los clásicos griegos
Simone Weil era una helenista aguda y original, ferviente admiradora de Pitágoras y Platón, a los que trataba de conciliar con el cristianismo de los evangelios. A través de sus experiencias como obrera, sintió en su carne la impotencia de la voluntad y eso la llevó a una lectura de los trágicos griegos en la que capta la dignidad infinita que puede cobijar un ser pisoteado por los hados. Personajes como Antígona o Electra nos muestran la posibilidad de un amor sobrenatural, que revela la grandeza humana, “impotente para alcanzar el bien, pero irreductible en su amor a él.”

El trabajo sobre la Ilíada aquí reseñado fue publicado en 1940 y 1941, aunque existían borradores desde 1938. En él Weil, intercalando fragmentos del poema en su propia traducción, reflexiona sobre el significado de la fuerza que se impone al ser humano y llega a hacer de él un despojo o un esclavo, privado de vida interior. Sin embargo, es importante reconocer que el estigma de esta violencia doblega a todos, incluso a los reyes y al divino Aquiles. Por otro lado, la idea más dolorosa es que son los propios humanos en su locura el brazo ejecutor de la fuerza. A veces son capaces de palabras razonables, pero éstas caen en el vacío, y triunfan la ira y la venganza. “El guerrero no es más que una conciencia sin espíritu, un alma muerta.”

Se recorren también los escasos momentos en que afloran en el poema la hospitalidad y el amor, de camaradas, hijos, padres y esposos, pero para Weil estos estímulos positivos son amenazados siempre por el imperio de la fuerza y sólo pueden ser experimentados “dolorosamente”. Ella cree que “Esta subordinación es la misma en todos los mortales, aunque el alma la lleve de manera diferente según el grado de su virtud.” Su conclusión es que esta visión caracteriza la Ilíada como la única epopeya de Occidente, sólo continuada en las tragedias de Esquilo y Sófocles y en el evangelio. Gracias a estos textos alcanzamos una sabiduría luminosa: “No es posible amar y ser justo más que si se comprende el espíritu de la fuerza y se aprende a no respetarlo.”

La obra finaliza con un rápido repaso de la historia de Occidente para comprobar la ausencia generalizada en ella del impulso que se acaba de exponer. Algo se aprecia de él en Villon, Shakespeare, Cervantes o Molière, pero según Weil, Europa recuperará sólo el genio épico cuando aprenda a “no creer nada al abrigo de la suerte, no admirar nunca la fuerza, no odiar a los enemigos y no despreciar a los desdichados,”  lo cual según ella es dudoso que suceda pronto.

Si pensamos la vida, y la literatura, no como un soliloquio narcisista, sino como el empeño de crear solidaridad que nos haga felices en los otros, la biografía, y la obra, de Simone Weil, son el mejor ejemplo de que tal empeño encarna en ocasiones en el mundo. En esta mujer, los argumentos y las emociones, los compromisos terrenos y los gozos del espíritu atienden a un fin único que no es otro que la justificación y la construcción de una sociedad donde el ser humano se libere del imperio de la fuerza que lo tiene postrado. Su lúcido trabajo sobre la Ilíada nos revela la genialidad de este poema en el retrato de esta desolación que tortura la historia desde sus comienzos.

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/
En él puede descargarse ya su último poemario: Los libros muertos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 28 de diciembre de 2023

Países Bajos: tenía que pasar

La reciente victoria de la extrema derecha en las elecciones generales de Países Bajos sólo ha podido sorprender a quienes hayan sido ajenos a lo que ha venido pasando en ese país en los últimos trece años.

Desde entonces, viene gobernando la derecha liberal, liderada por Mark Rutte, que no ha parado de llevar a cabo bajadas de impuestos para los más ricos, privatizaciones y recortes en el gasto y las ayudas sociales.

Países Bajos, por ejemplo, tiene uno de los sistemas fiscales más regresivos de Europa: el porcentaje de ingresos dedicado a pagar impuestos en la mayoría de los grupos de renta es de alrededor del 40%, pero sólo el 20% en el 1% más rico de la población.

Los sucesivos gobiernos liberales han hecho una política de vivienda proclive al mercado que ha incrementado la dificultad de acceso a las clases medias, sin mejorar las de ingreso más bajo, y que ha provocado un gran aumento de los precios.

Mark Rutte dijo al principio de su mandato que había que acabar con la idea que, según él, tenían sus compatriotas del Estado: “una maquinita de la felicidad”. Para lograrlo, ha recortado la inversión y el gasto, provocando el empeoramiento de los servicios públicos de salud, transporte, educación, o cuidados (en 2015, se estableció que el de ancianos y dependientes pasaba a ser una “obligación” familiar). La directora de UNICEF en Países Bajos denunció en 2018 que en ese país tan próspero se dejaran de lado los derechos de grupos de niños y niñas vulnerables.

En estos últimos trece años, los sucesivos gobiernos liberales han llevado a cabo una auténtica desposesión de ingresos y derechos de las clases de renta media y baja, al mismo tiempo que han convertido a su país en el paraíso fiscal más agresivo de Europa, concediendo todo tipo de favores fiscales y financieros a las grandes empresas.

Quizá la prueba más evidente de esa desposesión es que las familias de Países Bajos son las que tienen el endeudamiento más elevado respecto a su renta bruta disponible de Europa: 187,03% en el primer trimestre de este año, el doble que las españolas (89,4%).

La estrategia seguida por los liberales holandeses (como los de otros países) para que esa desposesión no se tradujera en una revuelta social ha sido doble. Por un lado, culpar a las clases trabajadoras de derrochar el dinero público y, por otro, hacer responsable a la inmigración de todo lo malo que les estaba ocurriendo.

Lo primero alcanzó su cima más vergonzosa en 2021: hasta el gobierno tuvo que dimitir cuando se descubrió que había acusado de fraude en las ayudas sociales a más de 30.000 familias de bajos ingresos, sin fundamento ninguno. Unos 70.000 niños y niñas sufrieron principalmente la falsa acusación y 1.115 terminaron en instituciones de tutela por esa causa. El discurso contra la inmigración no ha dejado de darse y se ha hecho cada vez más fuerte, justo a medida que crecía la desposesión, cuando la realidad es que los trabajadores inmigrantes se ocupan de los empleos de muy bajo salario y más precarios y que los problemas asociados a la inmigración tienen que ver, sobre todo, con el debilitamiento de los servicios públicos y sociales que he señalado.

A diferencia de lo que sucedía hace unas décadas, la derecha liberal no oculta la desposesión que se produce cuando gobierna. Ahora la reconoce, pero culpando de ella a la inmigración o a los propios desposeídos (como dicen mis colegas economistas liberales, porque no invierten lo suficiente en ellos mismos).

Es ahí cuando aparece la extrema derecha ofreciendo ayuda (soberanía, seguridad, valores tradicionales, defensa de la nación…) y protección frente al enemigo que viene a quitarnos “lo nuestro”.

Ahora bien, aparece la extrema derecha porque al mismo tiempo las izquierdas desaparecen o pierden el norte. En lugar de centrarse en las cuestiones socioeconómicas que condicionan realmente la vida de la gente con un discurso ecuménico, dirigido a las grandes mayorías sociales para protegerlas desde la transversalidad y el sentido común, se dividen y fragmentan para identificarse con los intereses de pequeños segmentos o grupos minoritarios de la población, y dando prioridad a cuestiones identitarias y territoriales o a decirle a la sociedad lo que es o no políticamente correcto. Sin ser capaces de frenar lo que se nos viene encima.

La refundación de la ONU

Fuentes: Rebelión

El enfrentamiento entre el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres y el Estado Sionista de Israel, por afirmar que las acciones de Hamas no surgen de la nada, sino que son consecuencia de “56 años de ocupación asfixiante”, así como la incapacidad de las Naciones Unidas para frenar el genocidio de un pueblo que está siendo retransmitido por los medios de comunicación como si un filme pos apocalíptico fuera, solo demuestra que el RIP de ese organismo está cerca.

Si es absolutamente inútil para pararle los pies al genocidio palestino, ¿para qué sirve? La ONU fue creada en 1945 por los vencedores de la II Guerra Mundial, los EEUU y la URSS, a la que añadieron a Gran Bretaña, Francia y adhiriéndose un total de 51 estados. La República Popular de China se sumaría en 1971, en sustitución de la República de China, que fue expulsada.

En su artículo 1 de la Carta Fundacional se dice: “Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz».

Si bien desde su fundación la paz no se mantuvo en ningún momento, el reguero de guerras locales son parte de la historia reciente de la humanidad (comienzo de la guerra árabe-israelí, indo pakistaní, Corea, las dos guerras del Vietnam, etc., etc.), el peligro de la repetición de los dos grandes conflictos del siglo XX (la I y la II Guerra Mundial) se alejó por un motivo que poco tenía que ver con la legislación de la ONU, y mucho con la realidad social sobre la que se construyó.

La II Guerra Mundial había cerrado un capítulo de la historia, quién sucedería en el “trono” del mercado mundial a las potencias europeas, especialmente Gran Bretaña y Francia (las grandes derrotadas: perdieron sus imperios coloniales); y la fuerza resolvió el conflicto, los EEUU se convirtieron en el nuevo amo y señor al destruir físicamente a sus grandes competidores emergentes, Alemania y Japón.

Pero abrieron otro, la llamada “guerra fría”; que no es otra que la guerra entre el imperialismo capitalista y los estados que tras la II guerra expropian a sus burguesías y establecen estados no capitalistas, que escapan del dominio directo burgués. Tras esa guerra, 1/3 de la población mundial deja de estar bajo las leyes del capitalismo y se rigen por criterios económicos (planificación de la economía) y sociales (colectivización frente a individualismo) opuestos por el vértice a los defendidos por los EEUU.

Si fue “guerra fría” y no se transformó en “guerra caliente” se debió a la política consciente de las burocracias de esos estados obreros de “coexistencia pacífica”; su permanencia en el poder estaba ligado al mantenimiento de la paz mundial. No tenían la menor intención de llevar la revolución socialista hasta el final, sino de mantenerse en el poder a costa de lo que fuera bajo la falacia de la “superación del capitalismo”. Tras esta frase sin sentido -el mercado mundial se los terminó comiendo- ocultaban su renuncia a la revolución; y como todo lo que no avanza, retrocede, esos estados terminaron volviendo al redil del capitalismo.

Pues bien, bajo esta correlación de fuerzas, que era un “empate” técnico, se construyó la ONU; un edificio construido sobre la colaboración de clases y el pacto social, la “coexistencia pacífica”. Por ello, su método funcionó hasta que uno de los “contratantes” del pacto desapareció con la restauración del capitalismo en los Estados del llamado “del socialismo realmente existente”; se rompió el equilibrio entre los estados que culminó con la hegemonía de uno solo, los EEUU. La ONU dejó de ser un organismo de “pacto social” para ser una institución que solo servía para avalar las aventuras imperialistas de los vencedores de la Guerra Fría y, si no, pasaban de ella como en la II Guerra de Irak.

Pero la vida no se para; sino que esa misma victoria dejó al mundo en manos del capitalismo como único modo de producción en todo el planeta: tras las luchas de los años 90, todos los estados del mundo se transformaron en capitalistas, y si algo define al capitalismo es la competencia. Es innato a él, no puede sobrevivir sin ella.

En los 80 fue Japón, después la Unión Europea, los que parecían cuestionar ese poder hegemónico; pero todos ellos estaban atados al gigante norteamericano por mil hilos económicos, políticos y militares: Japón y Alemania fueron las potencias físicamente destruidas en los años 40 y en su territorio se ubican fuerzas de ocupación yanquis, como un recordatorio permanente de su derrota en 1945.

La “sorpresa” no vino de las viejas potencias europeas, en una decadencia bárbara que hace que sus intentos de unificación para situarse mejor en la competencia interimperialista choque con su historia de conformación como estados. Las burguesías europeas quieren la cuadratura del círculo, unificarse para competir sin renunciar a competir entre ellas; el resultado es ese engendro “medio estado/medio tratado internacional” que es la UE.

La “sorpresa” vino de los estados donde se había restaurado el capitalismo y que los estados obreros habían industrializado aceleradamente, Rusia y, sobre todos ellos, China, que de ser la “fábrica del mundo” se ha transformado en el “banquero del mundo”, y, por ello, en una potencia imperialista que amenaza seriamente la hegemonía yanqui. Estos, por primera vez desde 1945, ven en peligro su estatus como potencia hegemónica, con las consecuencias internas que esto supone: sería el fin del “american way of live”.

En el camino de la defensa de este estatus no renuncian a nada, y como “entre dos derechos iguales, la fuerza es la que decide” (Marx, Critica a la Filosofía del Derecho de Hegel) cuando la “guerra con palabras” (las leyes nacionales y tratados internacionales) no basta, la guerra caliente es la forma que los capitalistas, a través de sus estados, tienen de imponerse frente a sus competidores.

Para los EEUU, y sus aliados, la ONU, sus promesas de “Mantener la paz y la seguridad internacionales”, que nunca sirvieron para mucho, ahora son un estorbo en el camino de conservar el papel hegemónico; precisan de reorganizar el mundo bajo los nuevos criterios, la “lucha entre los estados imperialistas por el dominio del resto del mundo es (…) un factor básico para definir la naturaleza y el destino de las organizaciones internacionales correspondientes” (E B Pasukanis, Sobre el Derecho Internacional).

Esta nueva realidad convierte a la ONU en un zombi que solo sirve para ratificar estadísticamente las carnicerías que los estados capitalistas llevan a cabo y a través de sus organismos (Banco Mundial, FMI, Unicef, y demás) garantizar la pervivencia del orden mundial “realmente existente”, que no es otro que el dominio del eje imperialista euro norteamericano, sus semicolonias y enclaves como Israel; lo que les permite disfrutar de patente de corso para vulnerar los derechos humanos y la soberanía de los pueblos.

La ONU es un zombi al servicio de este eje imperialista que no sirve para otra cosa que para demonizar a los que se salen de ese eje; el doble rasero entre Rusia e Israel en sus guerras de ocupación es la mejor demostración de este papel que no “garantiza la paz” sino que la atiza. A Rusia, cuando ocupa parte de Ucrania, se le expulsa de todos los organismos menos de la ONU y el Consejo de Seguridad, la CPI (Corte Penal Internacional) emite una orden de detención contra Putin, las sanciones se llevan a la Asamblea General.

Israel lleva, desde su fundación en 1947, incumpliendo todas las resoluciones de la ONU, y ahora, ante la “solución final” desatada contra Gaza por el estado sionista, se limitan a declaraciones genéricas y cuando su Secretario General se sale del guion leyendo un comunicado con verdades como puños, se permiten la chulería de vetar a los funcionarios de la ONU y pedir su dimisión. El sionismo sabe que son la herramienta privilegiada de los euro norteamericanos para mantener “su” orden en Oriente Próximo y el mundo árabe.

La ONU entre la crisis total y la refundación

Si un organismo que fue construido para «mantener la paz», que era, en realidad, sostener el capitalismo tras las dos carnicerías que provocó en el siglo XX (la I y II guerra mundial), y ya en aquel momento fue ineficaz, salvo para sacar la guerra de Europa que se trasladó al llamado “tercer mundo”; ¿qué puede hacer ahora que el capitalismo es el único modo de producción existente en el mundo, cuando todos los estados se mueven por la ley de la selva del mercado? La ONU es un zombi, porque sus promesas de “mantener la paz” chocan con la realidad de un capitalismo en crisis y decadente, que solo conoce una manera de sobrevivir, la fuerza frente a sus pueblos y frente a los competidores.

Ante esta crisis absoluta del organismo que “regulaba” las relaciones entre los estados, todos los medios capitalistas son conscientes de que hay que cambiar la jerarquía entre los estados.

«Las Naciones Unidas han luchado y siguen luchando por el progreso y el bienestar de la humanidad (…) Sin embargo, teniendo en cuenta la manera fundamental en que ha cambiado el mundo en los últimos siete decenios, existe una necesidad clara de reformar las Naciones Unidas y sus principales órganos», dijo Sam Kahamba Kutesa, presidente del sexagésimo noveno período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas del pasado año..

Por su parte, en septiembre de este año el diario digital Bloomberg escribía: “un mundo decepcionado por la ONU empieza a buscar respuestas en otros lugares”, las potencias euro norteamericanas en la OTAN, habría que añadir; y “si los países que dominan la ONU siguen resistiendo la reforma, el sur global no tendrá más remedio que buscar opciones fuera del sistema de la ONU”; concretando, los BRICS y su expresión de seguridad, el Acuerdo de Cooperación de Shanghái, por ejemplo.

Esta decepción es la que lleva a que los representantes del Sur Global, herederos del “Movimiento de los no alineados” de la guerra fría con China a la cabeza, pidan una adecuación de la ONU a las nuevas jerarquías entre los estados que se está construyendo sobre las ruinas de Siria, Libia, Yemen, Ucrania, Palestina o el Sahara.

A pesar de lo que digan desde el llamado “sur global” o desde los medios del imperialismo euro norteamericano, los pueblos del mundo y, menos que menos, la clase obrera mundial, nada tienen que esperar de un organismo -democratizado o no- que fue construido para mantener el capitalismo y que ahora tiene exactamente el mismo objetivo en el marco de una nueva correlación de fuerzas entre las potencias imperialistas; ni de lejos se plantean acabar con la explotación y la opresión solo reordenar las estructuras de poder en el mundo.

De la misma manera que los EEUU, a comienzos del siglo XX, cuando presentó sus credenciales como potencia imperialista emergente, lo hizo desde la “libertad de comercio” y el supuesto respeto a la soberanía de los pueblos apoyando luchas de liberación nacional como la de Cuba frente al decadente imperio español, los actuales competidores imperialistas utilizan la misma retórica de “defensa de la soberanía de los pueblos” y la “libertad de comercio”. Tras estas consignas se ocultan su verdadero objetivo, sustituir la “vieja y decrépita” potencia colonial (sea España, Francia o Gran Bretaña en aquel momento, los EEUU hoy), por los “jóvenes y dinámicos” capitalistas chinos, rusos y sus aliados de los BRICS.

La solución no pasa por establecer nuevas instituciones que únicamente atenúen las contradicciones sociales, al servicio de que los “jóvenes” imperialistas sustituyan a los “viejos y decrépitos” en el dominio del mundo, sino acabar con las relaciones sociales de producción y sus consecuencias de concentración y centralización del capital, y, por lo tanto, del poder.

Fue Lenin el que dijo, en unas condiciones de contradicciones interimperialistas semejantes, que no había que “engordar” a las nuevas potencias frente a los “viejos y decrépitos” imperios. La tarea es la de construir una política independiente de toda burguesía, imperialista o nacionalista, para reconstruir el mundo bajo unos criterios sociales, políticos y económicos opuestos por el vértice a la jerarquía capitalista, el socialismo; primera fase hacia la sociedad comunista, donde la defensa del bien común sea el eje ordenador de la vida social.

Es obvio que esa nueva forma de organizar la sociedad excluye cualquier componenda institucional que, como la ONU, solo sirva para mantener el orden capitalista a la que hay que enfrentar como lo que es, parte del problema y no de la solución.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Bildu: un éxito de la democracia.

La moción de censura que ha convertido a un militante de Bildu en alcalde de Pamplona es una operación democrática impecable. Vamos a tener la ocasión de comprobarlo mediante la sencilla operación de comparar su mandato con lo que están haciendo todos los gobiernos municipales de coalición del PP y Vox.

— El PSOE refuerza a EH Bildu como socio frente a las campañas de la derecha.

No sé si los lectores jóvenes recordarán los Pactos de Madrid y de Ajuria Enea que suscribieron todos los partidos políticos con la finalidad de erigir un cordón sanitario frente a Batasuna, que esterilizara políticamente al brazo político de ETA. Los escaños de Batasuna no contarían para la formación de Gobierno en ninguno de los tres niveles en que se articula la dirección política del país: estatal, autonómico o municipal. Fueron instrumentos de mucha importancia en la lucha contra ETA.

Ambos pactos descansaban en la premisa de que el cordón sanitario no tenía como objetivo impedir que el nacionalismo abertzale pudiera hacer política, sino impedir que lo hiciera al mismo tiempo que ETA mantenía su actividad terrorista. La desaparición de la actividad terrorista de ETA conllevaría, en consecuencia, la apertura del espacio para la acción política, como una opción más, del nacionalismo abertzale. El éxito de los Pactos no era acabar con el nacionalismo abertzale, sino la aceptación por este último del sistema político contra el que había estado haciendo uso de la lucha armada.

La renuncia a la actividad terrorista, primero, y la disolución de ETA, después, sentaron las bases para la constitución de Bildu como un partido político más, que tendría que pasar el filtro del Registro de Partidos del Ministerio de Interior. La autoridad encargada del Registro de Partidos era la que decidía si Bildu podía participar en el sistema político español en condiciones de igualdad con todos los demás partidos.

La constitución de Bildu y su reconocimiento por el Estado mediante la aceptación de su inclusión en el Registro de Partidos supuso la normalización de la representación política de la izquierda abertzale. Todo ello, como ha enfatizado recientemente José Luís Rodríguez Zapatero, se hizo sin cesión de ningún tipo a ETA. Fue un éxito de la democracia sin sombra de ningún tipo. Con Zapatero como presidente y con Rubalcaba como ministro de Interior.

De ahí que no se entienda que se persiga mantener el cordón sanitario frente a Bildu, como lo están intentando hacer las derechas españolas. Bildu no es heredera de ETA, sino heredera del reconocimiento por parte de ETA de su derrota frente a la democracia española. Los conflictos únicamente se acaban cuando la parte que pierde reconoce la derrota. De ese reconocimiento nace Bildu, que debería ser celebrado por los demás partidos como lo que es: un éxito de la democracia española.

La ejecutoria de Bildu, además, desde su reconocimiento mediante la inscripción en el Registro de Partidos ha sido una ejecutoria impecable. En mi opinión, en su totalidad. Incluso cuando en algunas listas de las elecciones municipales se han incluido candidatos condenados en sentencia firme por delitos con derramamiento de sangre. Dicha inclusión no supone una afrenta a la sociedad española en general y a las víctimas del terrorismo en particular, sino todo lo contrario. ¿Qué mayor prueba del reconocimiento de la derrota que participar en el acto litúrgico más importante de la democracia a la que se ha estado combatiendo con las armas en las manos? ¿En dónde está la afrenta?

Está claro que no se supo explicar bien con antelación lo que la inclusión de esos condenados suponía y por qué se los incluía. Pero se reaccionó bien, reconociendo que no se había evaluado bien el dolor que se podía ocasionar a las víctimas y que se estaba dispuesto a rectificar. Bildu ha tenido mucho más respeto por las víctimas que el PP, que las ha estado manipulando permanentemente, como sabemos por las repetidas quejas de alguien tan por encima de toda sospecha en este terreno como Consuelo Ordóñez.

La moción de censura que ha convertido a un militante de Bildu en alcalde de Pamplona es una operación democrática impecable. Vamos a tener la ocasión de comprobarlo mediante la sencilla operación de comparar a lo largo de los cuatro años de mandato qué es lo que hace el gobierno municipal pamplonica con lo que están haciendo todos los gobiernos municipales de coalición del PP y Vox en todos los sitios donde gobiernan. De momento basta ver la cara que se le puso al presidente del Partido Popular europeo en el Parlamento, Manfred Weber, cuando el presidente del Gobierno español le informó en qué consistía la ejecutoria municipal de la coalición entre el PP y Vox.

¿Hasta cuándo? ¿Cómo detener tanta inhumanidad?

Circula este video cuya difusión parece que irrita a las autoridades israelíes. Es difícil entender semejante barbarie, esa crueldad criminal, o que haya tantos que estén justificando, apoyando y permitiendo tanta inhumanidad. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? ¿Cómo es posible que tantos millones de personas que son buenas, que aman la justicia y la respetan, que cada día actúan con generosidad y que desean realmente la paz, permanezcan, permanezcamos, quietos y no nos levantemos de una vez exigiendo que paren las guerras y la violencia y que los conflictos, sean cuales sean, se resuelvan con respeto y diálogo? ¡Qué dolorosa impotencia y qué dolor tan inmenso!

Comentario de Wenceslao.
Resulta hasta cómico, reiterativo, recuerda una secuencia que pudimos ver gracias a Julian Assange encarcelado y torturado por los «buenos», en la que desde un helicóptero de USA, en el invadido iRAQ, los que inmisericorde habían ametrallado a reporteros indefensos se jactaban y se reían entre comentarios como «mira esos cabrones muertos», hasta el día que USA no lleve a sus tropas, a sus naves y aviones dentro de sus fronteras, hasta ese día el mundo no sera seguro para nadie, principalmente para los habitantes de los países a los cuales USA les roba o robará sus materias primas o sea un lugar idóneo para colocar bases militares humillantes a los nativos. Vale la pena recordar una cita de un exmarine » Siento culpabilidad cada vez que veo a una niña joven como la que agarré por el brazo y arrastré hacia la calle. Se nos dijo que luchábamos contra los terroristas, el verdadero terrorista era yo, el verdadero terrorismo era esta ocupación, el racismo dentro de lo militar ha sido durante largo tiempo una herramienta para justificar la destrucción y ocupación de otro país». 

 Juan Torres López

miércoles, 27 de diciembre de 2023

La discriminación de los aborígenes en Australia crece a la par del avance del nazismo

Fuentes: El Tiempo Argentino

En un referéndum, más del 61% de la población se negó a concederles derechos básicos a los pueblos originarios, el 3,8% de la población. La acción de las redes sociales. El gobierno en alerta.

Los australianos no necesitan de los nazis para manifestar su extremo odio racial. Como súbditos de la corona británica sólo les basta con seguir los pasos de la casa matriz y, a falta de africanos y musulmanes, discriminar a sus propios hermanos aborígenes. No los necesitan, a los nazis, pero allí están y fueron una de las claves para asegurar el vergonzante triunfo de la xenofobia en el referéndum en el que, hace tres semanas, más del 61% de los casi 26 millones de personas que habitan las islas desde hace 235 años les negaron todos los derechos humanos al 3,8% de la población que allí vive desde hace al menos 65.000 años. Con el argumento de que el reconocimiento de cualquier derecho pondría la unidad nacional al borde del colapso, les negaron hasta su carácter de pueblo preexistente.

Lo que estuvo en juego el 13 de octubre fue la incorporación a la Constitución de un órgano indígena, The Voice to Parliament, a los efectos abreviado como “La Voz”. De haber sido aprobado, el nuevo instituto debía actuar como cuerpo asesor del Congreso y del Poder Ejecutivo en temas sociales, económicos y espirituales de los aborígenes e isleños del estrecho de Torres, en el extremo nordoriental de la isla mayor del archipiélago.

Para el primer ministro Anthony Albanese, impulsor del Sí a las aspiraciones de los pueblos originarios, “compartir el continente con la cultura continua más antigua debería ser causa de orgullo para los australianos”. La idea había surgido del encuentro de un centenar de altas personalidades indígenas reunidas en 2018 “para enriquecer nuestras voces”.

El rechazo llegó tras una campaña sucia en la que reaparecieron, en las sombras, los grupos nazis que, como aquí, han hecho un uso envidiable de las redes sociales.

Los partidarios del Sí dijeron que incluir a los indígenas en la Constitución fortalecería la unidad nacional. Los críticos señalaron que la idea dividía y, como aquí, crearía una casta. Quienes negaron los derechos a los aborígenes –siempre se dijo que los primeros pueblos se habían establecido hacía 6500 años, pero un equipo de expertos internacionales reveló que las pinturas rupestres halladas en un abrigo rocoso de la región occidental de Kimberley databan de al menos 17.000 años– objetaron, como aquí, el uso igualitario del sistema de salud pública. Querían que los hospitales fueran para quienes los financian, querían perpetuar el modelo en el que la esperanza de vida de un aborigen es siete años menor que la de un blanco.

El avance del nazismo

Dos de los seis estados del país aprobaron recientemente iniciativas que limitan el accionar de los grupos nazis, pero el aparato institucional en sí avanza a ritmo de tortuga en la toma de medidas que apunten en esa dirección. Desde junio, cuatro meses antes del referéndum que volvió a enterrar las aspiraciones de los aborígenes a ser considerados como iguales, el gobierno amenaza con darle curso a un proyecto por el cual se prohibirían las alabanzas discriminatorias y la exhibición pública de símbolos nazis. Aunque la iniciativa es militada activamente por el lobby del Consejo de Asuntos Judíos e Israelíes de Australia, nada impidió que organizaciones nacionalistas, con sus esvásticas y haciendo el saludo hitlerista, se sumaran a las marchas callejeras por el No, en Melbourne y otras ciudades.

En su momento, la radio difusión pública Special Broadcasting Service reprodujo una investigación conjunta de diarios del Grupo Nine –el mayor conglomerado mediático– que incluyó videos y audios del nazi National Socialist Network (NSN), en los que llamaba a “provocar una guerra racial para salvar la esencia australiana”. La ex ministra del Interior y diputada Karen Andrews opinó que las actividades crecientes de la NSN “son preocupantes, en especial porque la amenaza que suponen estos grupos ultranacionalistas va en aumento y no las paran nuestras voces y advertencias lanzadas desde el Congreso”.

Para el director general de la Australian Security Intelligence Organisation, Mike Burgess la proscripción “es una herramienta, pero los nazis están preparados para enfrentarla”.

Tal como se ha visto en los países sudamericanos donde hubo elecciones recientemente, Burgess observa que los partidos y grupos ultranacionalistas crecen al amparo de discursos propios del terraplanismo, la admiración por Donald Trump y la negación de fenómenos de alto impacto social, como lo fue la pandemia de coronavirus. Para el experto antiterrorista “la táctica de los supremacistas blancos es usar fenómenos como la pandemia y el apoyo a Trump para reclutar y sembrar más opiniones extremistas, lo que es cada vez más evidente en las redes sociales”.

El referéndum australiano permitió que reaparecieran grupos que crecen gracias a las redes sociales. Entre ellos, Burgess citó a Reclaim Austeralia, Rise Up Australia, The Australian Defence League, True Blue Crew, United Patriots Front y Antipodean Resistance.

Días antes del referéndum se divulgó a través de las llamadas redes sociales un video en el que grupos nazis quemaban la bandera indígena y amenazaban de muerte a legisladores de lejana estirpe aborigen, con mayor saña a la senadora oficialista Lidia Thorpe que, sin embargo, se enfrentó a los suyos y convocó a votar por el No. Según medios que han investigado a los grupos supremacistas, operan bajo un régimen de células cerradas y en la más estricta clandestinidad. Hacen periódicos entrenamientos en zonas rurales alejadas de los centros urbanos. Uno de los más activos sería Antipodean Resistence, que promueve el odio y la violencia antisemita y homofóbica. Uno de sus afiches invitaba a “legalizar la ejecución de judíos, homosexuales y aborígenes”.

Con inocencia enervante los pueblos originarios respondieron a la xenofobia nazi declarando “una semana de silencio y duelo”.

Fuente: