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viernes, 19 de junio de 2026

"Ser o no ser, esa es la cuestión": qué se esconde detrás de la famosa frase de Shakespeare que resuena hasta hoy

David Tennant en la producción de la Royal Shakespeare Company de la obra "Hamlet", de William Shakespeare, dirigida por Gregory Doran, en el Courtyard Theatre de Stratford-upon-Avon.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,David Tennant como Hamlet.

El actor parece estar solo en escena. Recostado contra una pared, tiene el aire de alguien que reflexiona profundamente. El ceño fruncido sugiere sufrimiento. En su voz, angustia. Las palabras salen lentamente, en un murmullo. "Ser o no ser: esa es la cuestión".

Así es como el escocés David Tennant comienza, en la versión para televisión filmada por la BBC en 2009, la primera escena del tercer acto de la obra "Hamlet", de William Shakespeare.

Es difícil evitar los superlativos. Esta es la frase más conocida de la obra más famosa de William Shakespeare. Él, a su vez, es el autor de teatro más célebre de la literatura occidental.

Pero, ¿Cuál es la historia detrás de esta frase?

¿Y qué hace que "Hamlet" sea una obra tan aclamada? ¿De qué trata? ¿Por qué tantos actores famosos quieren interpretar el papel de Hamlet y cuál es la relevancia de esta obra en la actualidad?

Hemos intentado responder a estas preguntas con la ayuda de expertos en Shakespeare y de la directora de interpretación teatral de la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Arts (RADA), Sinéad Rushe.

También traemos un testimonio de archivo en el que Tennant habla de cómo fue para él interpretar a Hamlet y del poder "casi trascendental" de los textos de Shakespeare.

Comencemos con algunos datos básicos sobre la obra y un resumen de la trama. 


William Shakespeare. Óleo sobre lienzo de Louis Coblitz, 1847.

Fuente de la imagen,DeAgostini/Getty Images

Pie de foto,William Shakespeare en un cuadro de Louis Coblitz de 1847.

 Una obra sobre la venganza, pero con una diferencia 

 El inglés William Shakespeare, nacido alrededor de 1564 y fallecido en 1616, escribió "La tragedia de Hamlet" (título completo de la obra) alrededor de 1599. En ese momento, ya era un maestro en el arte de la dramaturgia, y "Hamlet" tuvo un éxito inmediato.

Es la obra más larga del dramaturgo y existen varias versiones de ella. Las más completas superan las cuatro horas de duración.

Hamlet nos dejó, además de "Ser o no ser", otras frases memorables, como "Algo huele a podrido en Dinamarca" y "Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que sueña tu filosofía".

La historia, en líneas generales, es la siguiente:

El fantasma del rey de Dinamarca le pide a su hijo, el príncipe Hamlet, que vengue su muerte. Le dice a su hijo que quien lo mató fue su propio hermano, tío de Hamlet y actual rey, Claudio, ahora casado con la madre de Hamlet, Gertrudis. Al borde de la locura —o fingiendo estar al borde de la locura— Hamlet reflexiona sobre la vida y la muerte, y planea matar a su tío.

Temiendo por su vida, Claudio también hace planes para matar a su sobrino. La obra culmina en un duelo al final del cual Claudio, Gertrudis, el oponente de Hamlet y el propio Hamlet están muertos. La familia real está muerta. Entra en escena Fortinbras, el príncipe de Noruega, que ahora asumirá el trono y tomará el poder en Dinamarca.

El resumen anterior no deja lugar a dudas: "Hamlet" es (entre otras cosas) una obra sobre la venganza. Un tema muy popular en el teatro en la época en que fue escrita. Pero Shakespeare lo hizo de otra manera.

"Dramáticamente, la venganza es un gran tema porque contiene acción y reacción, y eso le da estructura a la obra", comentó el profesor Jonathan Bate, de la Universidad de Oxford, en una entrevista con BBC Radio 4 en 2017.

Es decir, al igual que en las películas de acción actuales, las obras de venganza en la Inglaterra de Shakespeare eran espectáculos trepidantes, en los que sucedían muchas cosas.

"Pero lo que es tan innovador en esta obra es que, mientras que las versiones anteriores de las obras de venganza se centraban en las acciones del vengador, Hamlet se detiene y reflexiona", continúa Bate.

"Así, la obra tenía más soliloquios, más momentos de reflexión interior que cualquier otra obra anterior".

El soliloquio es un recurso dramático en el que el personaje habla consigo mismo.

En "Hamlet", el efecto de este recurso es que el príncipe de Dinamarca no revela sus pensamientos a nadie en la corte, sino que desnuda su alma ante todo el público.

Una escena de "Hamlet" producida por Laurence Olivier.

Una escena de "Hamlet" producida por Laurence Olivier.

Fuente de la imagen,Wilfrid Newton/Hulton Archive/Getty Images


Pie de foto,
Hamlet ha sido interpretado por grandes actores como Laurence Olivier, que produjo la obra de Shakespeare también para televisión. 

A lo largo de cuatro siglos, grandes actores, hombres y mujeres (sí, mujeres también), han aprovechado las increíbles líneas que Shakespeare puso en boca de Hamlet para mostrar su talento dramático.

En el siglo XX, Laurence Olivier, Ian McKellen, Ralph Fiennes, Keanu Reeves y Kenneth Branagh fueron algunos de ellos.

En este siglo, Benedict Cumberbatch, por ejemplo. En Brasil, Wagner Moura y Thiago Lacerda aceptaron el reto.

En 2008, por invitación de la prestigiosa compañía teatral británica Royal Shakespeare Company, David Tennant ofreció su versión del príncipe danés. En 2023, recordó la experiencia en una entrevista con la BBC.

"(Hamlet) es uno de esos papeles que, cuando estudias teatro, sueñas con interpretar algún día", cuenta Tennant.

Quizás por eso confiesa que recibir la invitación lo aterrorizó, pero no podía rechazarla.

"Eres consciente de la estirpe de actores queridos que te han precedido y, por supuesto, es maravilloso llevar esa antorcha durante un tiempo. Para un actor, es casi como una prueba olímpica. Sin duda, es el mejor papel del canon".

Tennant continúa: "Como actor, recibes estas palabras que son un poco mágicas y al principio un poco difíciles porque tienen 400 años de antigüedad. Hay que descodificarlas y no encajan inmediatamente en tu boca. Hay que traducirlas, da un poco de trabajo. Desde el punto de vista del público, también ocurre lo mismo".

"Pero hay algo en esas palabras que, cuando te adentras en ellas, cuando las controlas (...), cuando sientes, por un segundo, que eres tú quien dirige las palabras y no ellas a ti... hay algo casi trascendental en ellas".

Entre esas palabras mágicas se encuentran las que dan título a este reportaje.

"Ser o no ser: esa es la cuestión"

La crítica teatral y traductora brasileña Bárbara Heliodora, fallecida en 2015, es autora de la traducción de "Hamlet" más utilizada en Brasil.

Heliodora optó por una versión coloquial de la célebre frase: "Ser o no ser, esa es la cuestión", propuso.

Las siguientes líneas quedaron así:

"¿Es más noble soportar en la mente

los dardos del destino trágico,

o tomar las armas contra un mar de escollos

y, enfrentándolos, vencer?".

Según la entrada "Ser o no ser" de la Enciclopedia Británica, el monólogo expresa la obsesión de Hamlet con una importante cuestión moral. ¿Es correcto que Hamlet vengue la muerte de su padre matando al sospechoso del asesinato, Claudio? El monólogo, dice la entrada, también trata de la preocupación de Hamlet por los conceptos de vida, "ser", y muerte, "no ser".

En cuanto al significado del monólogo, la enciclopedia cita dos líneas interpretativas. Según la primera, Hamlet estaría expresando el temor de que, al matar a su tío Claudio, estaría cometiendo un pecado muy grave. Como resultado, su alma estaría condenada a la perdición eterna.

La segunda interpretación sería que Hamlet estaría considerando suicidarse.

Ambas interpretaciones tienen fuertes defensores y detractores, continúa la entrada de la Enciclopedia Británica. Y los diversos matices en el significado del monólogo reflejan la complejidad psicológica en la construcción del personaje.

¿Cómo es para un director dirigir esta escena?

Eso es lo que BBC News Brasil le preguntó a la irlandesa Sinéad Rushe, que conversa con la reportera al final de un día de ensayos con su propia compañía de teatro para un montaje experimental de "Hamlet" en colaboración con la RADA.

En su respuesta, a veces encarnando al personaje y otras hablando de Hamlet en tercera persona, la directora presenta una posible interpretación del monólogo.

Retrato de Sinéad Rushe.

Retrato de Sinéad Rushe.

Fuente de la imagen,Peter Hallward


Pie de foto,
Rushe describe el mundo desde la perspectiva de Hamlet: sin color, sin vida, lleno de desesperanza, corrupto, maloliente. 

Rushe dice que, en primer lugar, hay que comprender la situación en la que se encuentra el personaje. Está solo, ha perdido a su padre, su tío se ha casado con su madre y ella ya no le presta atención. Hamlet también ve una Dinamarca corrupta, incapaz incluso de cumplir el período adecuado de luto en respeto a su padre fallecido.

"Hamlet se pregunta: ¿merece la pena vivir en este mundo?".

"Mi sufrimiento es tan grande que estoy pensando en retirarme de este mundo".

Mentalmente, el actor se pone en ese estado de ánimo. Y el monólogo se compone de una serie de preguntas, explica ella.

"¿Es mejor seguir vivo o poner fin a mi vida?

¿Es más noble afrontar lo que la vida pone en mi camino o acabar con mi vida?"

Hamlet se imagina muerto y reflexiona que tal vez la muerte le traiga un gran alivio. Quizás pueda dormir, descansar, soñar... pero ¿y si tiene pesadillas? Recuerda lo que le dijo el espíritu de su padre, que estaba atrapado en el purgatorio.

"Si me mato, tal vez vaya al purgatorio, tal vez sufra terriblemente".

Entonces, Hamlet siente miedo, dice Rushe.

"El miedo a lo que hay más allá es tan grande que es por eso que no nos suicidamos, el miedo me impide quitarme la vida y me impide hacer cualquier cosa. Entonces, no hago nada".

Rushe dice que, para ella, el monólogo es interesante porque es una especie de carta suicida interpretada por el actor.

"Una carta que luego se rompe", dice la directora.

¿Un príncipe sediento de poder o al borde de la locura?

Sin embargo, cuando se trata de representar a Shakespeare, las decisiones del director y de la producción pueden transformar profundamente el significado de esa escena y, por supuesto, de toda la obra. Así lo afirma al servicio brasileño de la BBC la experta en Shakespeare Sheila Cavanagh, profesora de la Universidad Emory en Atlanta, Georgia, Estados Unidos.

Una representación de "Hamlet" en el campo de migrantes de Calais.

Una representación de "Hamlet" en el campo de migrantes de Calais.

Fuente de la imagen,Dan Kitwood/Getty Images


Pie de foto,
"Hamlet" es una de las obras de teatro más representadas del mundo. Aquí en una versión de los actores del teatro Globe de Londres en un escenario al aire libre en el campo de migrantes conocido como la "Jungla", en Calais, Francia.

"Una de las grandes cuestiones en 'Hamlet' es si sus facultades mentales están realmente alteradas o si todo forma parte de una estrategia suya".

En producciones protagonizadas por grandes nombres, sin embargo, es mucho más común que Hamlet sea representado como una figura reservada, enigmática, que no está loca, sino que solo finge estarlo, explica.

"Porque cuando tienes a estos grandes actores, quieren parecer que tienen el control. Ahora bien, esta es solo una interpretación de la obra. Otra interpretación sería que Hamlet está realmente perturbado mentalmente. Todo esto se deja de lado por razones que pueden no tener relación con la obra en sí".

La posibilidad de que la salud mental de Hamlet esté afectada tal vez dé peso a los argumentos de quienes defienden que hay connotaciones suicidas detrás de las palabras "Ser o no ser: esa es la cuestión".

Pero dejemos a un lado el monólogo para explorar otros grandes temas presentes en esta obra y la relevancia de Hamlet hoy en día.

Una decisión de la dirección que también altera radicalmente el sentido de la obra, continúa Cavanagh, tiene que ver con la inclusión o no del personaje de Fortinbras, cuyo padre, rey de Noruega, fue asesinado por el padre de Hamlet durante una batalla.

En la versión completa de la obra, Fortinbras se dirige a Dinamarca para vengar la muerte de su padre y recuperar el territorio tomado por Dinamarca en el pasado. En esta versión, Fortinbras llega con su ejército, encuentra a la familia real muerta y toma el poder.

"Cuando se elimina a Fortinbras, (la obra) se convierte en una tragedia doméstica", dice Cavanagh.

Pero eso elimina de la historia una dinámica fundamental, explica. Lo que le sucede a la familia real tiene graves consecuencias para el pueblo danés.

"Creo que eso es algo muy importante en esta obra, ese ir y venir entre los individuos, sus deseos, su egoísmo y la forma en que eso afecta a todos (en la sociedad)".

Llamamiento

Sinéad Rushe afirma que Fortinbras no fue eliminado de su versión de "Hamlet". Y que, en su interpretación de la obra, hay dos guerras en "Hamlet". La externa, entre Dinamarca y Noruega, y la interna, entre Hamlet y Claudio.

"En las interpretaciones modernas de 'Hamlet' se hace hincapié en su duelo, en la pérdida de su padre y en su relación freudiana, edípica, (con su madre)".

Rushe recuerda, sin embargo, que Claudio usurpó el trono cuando, en realidad, Hamlet era el heredero legítimo.

"Y la búsqueda fundamental de Hamlet, su deseo, es recuperar lo que es suyo", argumenta.

"No importa si está preparado o si alguien más cree que sería un buen rey. Nació para ser rey".

Montaje de "Hamlet" dirigido por Sinéad Rushe en el teatro de la Royal Academy of Dramatic Arts (RADA).

Montaje de "Hamlet" dirigido por Sinéad Rushe en el teatro de la Royal Academy of Dramatic Arts (RADA).

Fuente de la imagen,The Hamlet Project (Sinéad Rushe)


Pie de foto,
Montaje de "Hamlet" dirigido por Sinéad Rushe en el teatro de la Royal Academy of Dramatic Arts (RADA). 

En opinión de Rushe, temas como estos, invasiones, conquistas, territorio, poder y la noción de que "el más fuerte ganará" hacen de "Hamlet" una historia actual.

"Para mí, todo esto resuena ahora, políticamente, en lo que respecta a Rusia, Israel y Trump en Estados Unidos", afirma. "En esta idea de que quien tiene el poder tiene la razón".

¿Cómo es posible que un joven actor de hoy en día se identifique con la figura de Hamlet?, pregunto. La respuesta de Rushe puede ser válida también para públicos de todas las edades.

"Me parece interesante pensar en Hamlet como alguien joven y vulnerable, conectado con un futuro que él pensaba que iba a ser de una manera, pero que no será así".

Se siente perdido, en conflicto, no sabe qué hacer consigo mismo, se siente inútil, dice Rushe.

La directora habla de otro tema recurrente en la obra: la vigilancia. Los personajes se vigilan constantemente unos a otros.

"La corrupción en Dinamarca, la vigilancia, el espionaje... todo el mundo está siendo observado y controlado. Esto hace que Hamlet se sienta atrapado, no puede abandonar su vida y elegir un camino diferente".

Son cuestiones con las que los jóvenes pueden identificarse, afirma.

«¿Cómo se siente no tener ninguna autonomía? ¿Cómo se siente ser ignorado, no contar en este mundo? No sé cómo encajar, no sé cuál es mi papel».

«(Hamlet) puede ser un príncipe, pero eso no hace que su situación sea menos difícil existencialmente».

Relevante y actual, la historia del atormentado príncipe danés sigue siendo un éxito de taquilla en todo el mundo.

En el segundo semestre de 2025, solo en Londres hubo al menos dos montajes de la obra. Uno en el National Theatre. Y el dirigido por Rushe, presentado en el teatro George Bernard Shaw, en la Royal Academy of Dramatic Arts.

Le pregunto por qué alguien debería salir de casa para ir a ver Hamlet al teatro.

Rushe se ríe con gusto, tal vez porque, para ella, la pregunta parece casi una provocación. E intenta explicar cuál es, en realidad, el gran atractivo de Shakespeare.

"Bueno, cuando Shakespeare está bien hecho, y el verso se comprende y se incorpora realmente (por el actor), suena tan claro, tan humano, que es difícil de creer", dice Sinéad Rushe. "Suena rico, lleno de matices, divertido, inteligente e increíblemente contemporáneo".

"Es como la gente hablando".

Añade:

"Además, hay tantas frases e imágenes de esta obra en la conciencia colectiva que es maravilloso escucharlas en su contexto".

"Nuestro reto", concluye la directora, "es hacer que suenen frescas, como si nunca se hubieran escuchado antes".

domingo, 4 de febrero de 2024

La sorprendente precisión científica con la que William Shakespeare mató a cientos de sus personajes

Ilustración de hombre corriendo y oso

FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

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"Sale, perseguido por un oso" es quizás la acotación escénica más famosa de la historia.


Pocas acotaciones escénicas son tan memorables como la que aparece en el Acto III de "Cuento de invierno" del dramaturgo inglés William Shakespeare.

Antígono, amigo de Hermíone, la reina de Sicilia, está cumpliendo los deseos del rey, quien, convencido de que su esposa le fue infiel, le ordenó que abandonara a la pequeña princesa Perdita en un lugar remoto.

Pero algo lo interrumpe en su cruel recado, y es entonces que aparece la célebre instrucción: "Sale, perseguido por un oso".

El encuentro -fatal para él, no para el bebé- es la más graciosa y desconcertante manera en la que el dramaturgo nos lleva a "la muerte, ese país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve", como dice Hamlet.

Es un lugar al que se llega con frecuencia en sus obras y -oso aparte- a menudo con observaciones asombrosamente precisas pues, a juzgar por sus escritos, Shakespeare estaba muy al tanto de los descubrimientos científicos de su época, particularmente de anatomía y medicina.

Sus textos, señala la química y divulgadora científica Kathryn Harkup, se destacan entre los de otros dramaturgos contemporáneos, por la gran cantidad de referencias y el nivel de detalle que incluyó de distintos aspectos de la ciencia de la salud, desde la física hasta la mental.

En la escena del crimen

Un ejemplo impresionante es un monólogo del conde de Warwick en "Enrique VI, parte 2" (1591).

Imagínate la escena:

Humphrey, duque de Gloucester, es el Lord Protector de Inglaterra y goza de popularidad entre la gente común y de la confianza plena del rey. Para sacarlo del camino, el marqués de Suffolk lo acusa de traición y lo arrestan. Pero, antes de que pueda ser juzgado, Humphrey es hallado muerto en su cama.

Ten en cuenta que nosotros, el público, sabemos no sólo que fue asesinado sino también quién fue el autor intelectual del magnicidio: el tipo de ficción detectivesca en la que la audiencia intenta resolver un misterio junto con los personajes del drama fue inventado en el siglo XIX.

Pero los personajes de la obra no saben nada así que Warwick está describiéndole a los presentes lo que lo lleva a concluir "que se pusieron manos violentas / sobre la vida de este duque tres veces famoso".

Warwick empieza comparando el aspecto del rostro del desafortunado duque con el de una persona fallecida de muerte natural, cuyo "semblante [es] ceniciento, magro, pálido, y sin sangre", pues ésta se ha ido toda hacia el corazón para tratar de sobrevivir; al final, esa sangre "con el corazón se enfría y nunca retorna para devolverle el rubor y la belleza a las mejillas".

En contraste, la cara de Humphrey "está negra y llena de sangre, sus ojos más salidos de sus órbitas que cuando estaba vivo, con la mirada llena de espanto de un hombre estrangulado".

"Esta es la forma del siglo XVI de discutir la lividez, o los cambios de color en la piel después de la muerte, que pueden ser una indicación útil de la causa de la muerte", subraya Harkup, autora del libro "Death by Shakespeare".

Como en las populares series de detectives forenses, Warwick sigue encontrando señales de que la muerte de su amigo fue violenta, incluido el hecho de que sus manos están extendidas como las de alguien que luchó contra un ataque que, al final, lo subyugó.

Nota además que su cabello se pega a las sábanas como si hubiera sudado por el esfuerzo y que la barba de la víctima, usualmente "bien proporcionada", está desarreglada "como un cultivo de maíz arrasado por una tempestad", lo que puede indicar asfixia.

Todo eso lo lleva a concluir que "No puede ser más que fue asesinado aquí".

Gotas

La de Shakespeare fue una época de importantes avances científicos y su mundo imaginario se alimentaba de ellos, plasmándolos en sus escritos incluso antes de que fueran aceptados y publicados.

El revolucionario concepto de la circulación de la sangre de William Harvey, por ejemplo, fue publicado 12 años después de la muerte del Bardo, y hasta entonces era escasamente conocido.

 William Harvey demostrando su teoría de la circulación de la sangre ante el rey Carlos I.

William Harvey demostrando su teoría de la circulación de la sangre ante el rey Carlos I.

FUENTE DE LA IMAGEN,WELLCOME COLLECTION

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William Harvey demostrando su teoría de la circulación de la sangre ante el rey Carlos I.


Sin embargo, la idea cobra vida en sus creaciones, comenta Harkup, quien exploró con ojos de científica el mundo shakesperiano, y encontró una razón más para admirarlo.

"Tú eres mi esposa verdadera y honorable, tan querida como las gotas encarnadas que llegan a mi triste corazón", le dice Bruto a Porcia en "La tragedia de Julio César" (1599), en una de las apariciones de esas "gotas" que viajan por el cuerpo en su obra.

Heridas

Muchas son las gotas de sangre derramada en la obra de Shakespeare, como en la de los demás dramaturgos de esos años.

Teniendo en cuenta los espectáculos de la vida real con los que tenían que competir, no es de extrañar: los condenados a muerte eran ejecutados públicamente así que quienes iban al teatro probablemente habían visto no sólo ahorcamientos sino destripamientos, desmembramientos y otros horrores que servían de castigo y de lección para la población.

En sus 37 obras teatrales, Shakespeare mató a 250 personajes nombrados, en una rica gama de formas, desde la melancólica muerte del jovial Sir John Falstaff, a quien "el rey mató su corazón" en "Enrique V" hasta el grotesco final de los hijos de la reina de los godos, quienes terminaron como ingredientes de un pastel que ella se comió, en "Tito Andrónico".

Falstaff

Falstaff

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En "Enrique V", Mrs. Quickly, una de las comadres de Windsor, cuenta que se arrodilló junto al lecho de muerte de Falstaff, tocó su "virilidad" y constató que aquello, que en vida regía su ánimo, yacía "frío como una piedra"... una prueba íntima de su fallecimiento.


Pero manera más común en la que los habitantes de ese mundo shakespeariano perdían la vida era por heridas con armas afiladas, y en muchos casos es evidente cuán bien su creador entendía la variedad de daños que éstas podían hacerle al cuerpo humano.

En el poema narrativo "La violación de Lucrecia" (1594), la legendaria noble romana que es violada por un soldado y, devastada, "Después de hablar envaina, en su pecho inocente, un puñal que a su vez desvainó a su alma".

Cuando "de la fuente escarlata, saca Bruto temblando, el cuchillo mortal", Shakespeare describe gráficamente la herida de succión, en la que la sangre brota "a borbotones, se divide en dos lentas corrientes carmesí, que encierran a su cuerpo en un círculo igual a una isla asaltada, que se extiende desnuda y despoblada en medio de horrenda inundación".

Y es notable su ilustración de los cambios que atraviesa a medida que se separa y coagula.

"Su sangre pura y roja aun permanecía,

mas la que mancillara, Tarquino, se hace negra.

Ahora, sobre la fúnebre, azul y helada cara,

en la sangre más negra hay un halo acuoso,

que parece llorar sobre el manchado espacio".

Así, muerte tras muerte, Shakespeare va revelando sus conocimientos y confirmando que los grandes artistas, como los grandes científicos, tienden a ser obstinados observadores maravillosamente curiosos.

viernes, 19 de enero de 2024

Coronavirus. Las grandes obras que Shakespeare, Munch y Boccaccio crearon en cuarentena



FUENTE DE LA IMAGEN,FOTO: NASJONALMUSEET/HØSTLAND, BØRRE

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A veces, las glorias del pasado generan expectativas difícilmente alcanzables y, cuando se trata de cuarentenas, el listón está definitivamente alto.

Isaac Newton, por ejemplo, durante su aislamiento por la peste en 1665, descubrió la idea clave para la teoría de la gravedad, escribió los documentos que serían la base del cálculo y desarrolló sus teorías sobre óptica mientras jugaba con prismas en su habitación.

"¡Seguro no tenía que cuidar niños!", fue un grito colectivo por las redes sociales cuando alguien lo mencionó.

Y es que tratar de estar a la altura cuando te estás preocupando por conseguir papel higiénico, tener todo y a todos desinfectados, alimentados, entretenidos, mientras evitas acercarte a otros seres humanos y atiendes las exigencias de todas las redes sociales, parece imposible.

El mapa que muestra el número de infectados y muertos en el mundo por el nuevo coronavirus Pero si bien es cierto que Newton no tenía que ocuparse de cuestiones tan mundanas cuando la Gran Peste llegó a su puerta y se vio obligado a retirarse en la casa de la familia en Woolsthorpe, Inglaterra, donde experimentó su annus mirabilis, eso difícilmente le resta mérito.

Además, lo podemos usar de inspiración.

No sólo a él sino a varios otros que, como los siguientes tres artistas, aprovecharon sus cuarentenas para desplegar sus talentos... ¡y qué talentos!

Giovanni Boccaccio

En 1348, la Peste Negra, la epidemia más devastadora de la historia europea, se extendió por todo el continente.

En Florencia y sus alrededores, se estima que el 60% de la población murió.

"Cuando todas las tumbas estuvieron llenas, se cavaron enormes fosas en los cementerios de las iglesias, en las que cientos de recién llegados fueron colocados capa por capa como mercancías en barcos, cada uno cubierto con un poco de tierra, hasta que se llegaba a ras de suelo", escribió un florentino, que perdió a su padre y a su madrastra.

Retrato del siglo XIV de Giovanni Boccaccio 

Retrato del siglo XIV de Giovanni Boccaccio (1313-1375)

 Era el poeta y escritor Giovanni Boccaccio, quien sobrevivió refugiándose en la campiña toscana, donde escribió una obra en la que contó "cien novelas, o fábulas o parábolas o historias, como las queramos llamar" ficticiamente narradas por "siete mujeres y tres jóvenes, en los pestilentes tiempos de la pasada mortandad". 

Compuesta para entretener particularmente a las damas afligidas por el amor pues "obligadas por los deseos, los gustos, los mandatos de los padres, de las madres, los hermanos y los maridos, pasan la mayor parte del tiempo confinadas en el pequeño circuito de sus alcobas", en tiempos pestilentes o no,   En la historia, los diez jóvenes deciden aislarse juntos en el campo durante dos semanas y acuerdan una rutina: por la mañana y por la tarde, harán caminatas, cantarán canciones y comerán comidas exquisitas, con buenos vinos, dorados y tintos. 

Pero también, en los días que no estén dedicados a cuestiones personales o religiosas, se sentarán juntos y cada uno contará una historia sobre un tema establecido para el día: generosidad, magnanimidad, inteligencia, etc. 

Los jóvenes del Decamerón escuchando un cuento



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Si ya no sabes qué hacer con tu tiempo, puedes seguir la rutina de los 10 jóvenes del Decamerón: caminar, cantar, comer y contar cuentos.

En 10 días, cada uno de los diez jóvenes cuentan historias, de manera que al final hay 100 relatos que, con las introducciones y comentarios del autor, comprenden "El Decamerón", un producto genial de la cuarentena de un genio.

William Shakespeare
La vida de Shakespeare estuvo marcada por la peste.

Su vida comenzó en el apogeo del primer gran brote isabelino en 1563-4, cuando la enfermedad acabó con una cuarta parte de la población de Stratford-upon-Avon, su lugar de nacimiento.

En febrero de 1564, probablemente por primera vez en la historia de Inglaterra, fueron prohibidas las representaciones de obras de teatro debido a la epidemia.

Londres, la ciudad a la que Shakespeare se mudó de la década de 1580, fue arrasada repetidamente por brotes de pestilencia, y las normas dictaban que cuando las muertes llegaran a 30 por semana, las funciones de teatro cesaban.

William Shakespeare



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Pie de fotoLa industria del teatro se paralizada cada vez que había un nuevo brote de pestilencia, y hubo muchos. Al verse repentina y repetidamente sin un trabajo estable y mucho tiempo libre, Shakespeare escribía.Para quienes habitaban el mundo teatral en esa la peste bubónica era un riesgo no sólo existencial, sino también, profesional, y entre 1603 y 1613, por ejemplo, los teatros londinenses estuvieron cerrados por un total de 78 de esos 120 meses, más del 60% del tiempo.

El brote de 1603 fue el más grave en Inglaterra desde la Peste Negra del siglo XIV.

A Shakespeare, quien para entonces ya era un actor profesional, dramaturgo y accionista de una empresa teatral, como a todos sus colegas, le quedaba poca opción más que salir de gira para recorrer las provincias, tratando de llegar antes que la plaga a lugares donde se pudieran presentar.

O escribir.

Y no sorprende que en las obras que escribió después de ese terrible brote, las metáforas de la enfermedad abunden.

Grabado de escena del Rey Lear, obra de Ford Madox Brown.
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FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES

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Para el dramaturgo irlandés Bernard Shaw, "Ningún hombre escribirá una tragedia mejor que Lear". Para el escritor ruso Leo Tolstoi, sin embargo, la trama "exagerada" y su "lenguaje pomposo y sin carácter".

Pero la cuarentena por el brote de 1606 fue especialmente memorable, pues dice la leyenda que creó nada menos que tres de sus tragedias cumbre.

Honestamente, es difícil tener certeza: hay muchos vacíos e imprecisiones en la biografía del Bardo de Avon.

Sin embargo, sabemos que "El rey Lear" -al que sus intrigantes hijas Regan y Goneril le roban su poder y cordura, mientras que su tercera hija, la amable Cordelia, sufre trágicas consecuencias- fue presentada el 26 de diciembre de 1606 frente al rey Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia, y también que la fuente de inspiración fue una obra titulada "La verdadera historia del rey Leir y sus tres hijas", que había sido publicada en 1605.

La historia de la relación "Antonio y Cleopatra", desde la época de la campaña parta hasta el suicidio de la reina de Egipto que se desarrolla en la sensual Alejandría y la pragmática Roma, también estuvo en escena a fines de 1606.

Y, como si fuera poco, según algunos expertos Shakespeare también tuvo tiempo de escribir una de sus más potentes y emocionalmente intensas obras: la historia de un general escocés al que unas brujas le dicen que va a ser rey y mata para hacer realidad ese vaticinio.

Él es Macbeth, pero quien ha sido recordada por muchos en estos tiempos de coronavirus es su esposa, Lady Macbeth, por aquello de que se lavaba las manos constantemente, aunque ella lo hacía para tratar de limpiar su conciencia por su participación en el asesinato del rey Duncan.

De hecho, su inquietante soliloquio se ha convertido en un meme en el que en el famoso póster del Organización Mundial de la Salud aparecen las palabras de Shakespeare para ayudarte a completar la duración adecuada del lavado de manos.


Pie de foto,Circula en inglés, pero aquí está en español, por si ya te cansaste de cantar "Happy birthday" al lavarte las manosEl poster con instrucciones de cómo lavarse las manos con el soliloquio de Lady Macbeth. Pie de foto,
Circula en inglés, pero aquí está en español, por si ya te cansaste de cantar "Happy birthday" al lavarte las manos.

Cabe anotar que, si bien el jabón incapacita al virus covid-19, a Lady Macbeth no le ayudaba a mitigar el sentimiento de culpa, pues aunque "se restregaba las manos" por "un cuarto de hora", todavía podía oler en ellas la sangre del monarca asesinado.

Edvard Munch y Schiele

Al final de la Primera Guerra Mundial, 20 millones de personas habían muerto y el mundo estaba agotado.

Pero pronto un nuevo horror empezó a arrasar, un virus aterrador que mataría a entre 50 y 100 millones de personas: la pandemia de gripe de 1918, también conocida como la gripe española.

En Viena, Austria, un acongojado artista llamado Egon Schiele pintó a una de esas víctimas, en su lecho de muerte: su ídolo, mentor y amigo  Gustav Klimt, el pintor simbolista y líder del movimiento modernista de la secesión vienesa.

Ese mismo año, por la pandemia, Schiele perdió también a su esposa Edith, que estaba embarazada de su primer hijo.

Aunque desesperadamente enfermo y afligido, Schiele trabajó en una pintura que representaba a una familia que nunca llegaría a existir: la suya.

Su obra "La familia", que no pudo terminar pues murió a los 28 años pocos días después de su esposa, es considerada por muchos como un conmovedor testimonio de la crueldad de la enfermedad.

"La familia" de Egon Schiele



FUENTE DE LA IMAGEN,FOTO: JOHANNES STOLL © BELVEDERE, VIENNA

Pie de foto,
Schiele con su esposa y el hijo que nunca pudo nacer.

Así como en Austria, en otras partes del mundo, grandes artistas, músicos, escritores murieron, algo de lo que el noruego Edvard Munchn  no solo fue testigo.

Munch, a quien probablemente conoces por su icónica obra "El grito", contrajo la enfermedad a principios de 1919.

Tan pronto como se sintió físicamente capaz, tomó sus pinceles y pinturas y comenzó a capturar su estado físico.

Su "Autorretrato con gripe española" lo muestra con la cara demacrada sentado frente a su cama de enfermo sin hacer.

Envuelto en una bata y una manta, rodeado de tonalidades de un amarillo enfermizo, ilustra una sensación de aislamiento en esa lucha personal, mientras su boca abierta le da un aspecto cadavérico.

"Autorretrato con gripe española"


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Esto hizo Edvard Munch durante su cuarentena, cuando todavía estaba enfermo... ¿te animas? (Autorretrato con gripe española)

Más tarde ese año pintó una secuela, "Autorretrato después de la gripe española", en la que, atormentado y ojeroso, se asoma desde el cuadro como mostrando lo que es ser víctima del virus asesino.

En el retrato plasma la desesperación y el aislamiento del enfermo, la opresión, la debilidad, el malestar y hasta la falta de aire libre.

Afortunadamente Munch no fue una de las víctimas mortales de la virulenta gripe española: sobrevivió y continuó creando grandes obras de arte.

A su muerte en 1944, a la edad de 80 años, las autoridades descubrieron en su casa, tras unas puertas cerradas con llave, una colección de más de 1.000 pinturas y poco menos de 4.500 dibujos y 15.400 grabados, entre otras cosas.

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sábado, 6 de enero de 2024

Christopher Marlowe, el misterioso escritor a quien acaban de identificar como coautor de tres obras de Shakespeare

Christopher Marlowe y William Shakespeare

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Christopher Marlowe y William Shakespeare fueron dramaturgos rivales que colaboraron en varias obras, según la Oxford University Press.

Espía doble, ateo hereje, conspirador católico, homosexual promiscuo, pederasta incorregible son algunas de las descripciones atribuidas al dramaturgo isabelino Christopher Marlowe, muerto en circunstancias misteriosas en 1593.

Hay una nueva: coautor de por lo menos tres de las primeras obras de su contemporáneo William Shakespeare; la trilogía de Enrique VI.

Ambos autores aparecerán en las páginas titulares de estas tres obras en la nueva edición del canon shakesperiano de Oxford University Press, que será lanzada a finales de octubre.

Shakespeare: ¿fue o no fue?

Es el resultado de una investigación internacional de 23 académicos en cinco países, utilizando métodos tradicionales y tecnología de punta para analizar los textos antiguos que determinó que sí hubo colaboración entre estos dos gigantes del teatro inglés del siglo XVI.

El reconocimiento de este segundo autor en parte de la obra shakesperiana pondría fin a las ideas que Marlowe y Shakespeare fueron la misma persona y a otras teorías que cuestionan la autoría del "Bardo de Avon".

Pero la vida de Christopher Marlowe y su misteriosa muerte a la edad de 29 años continúan intrigando a los académicos.

Una vida de intriga

La única imagen que posiblemente representaría a Christopher Marlowe es de un óleo descubierto, en 1952, en el Colegio de Corpus Christi de la Universidad de Cambridge, su alma máter.

Retrata a un hombre joven, elegantemente vestido, con melena, mirada ladina y sonrisa seductora.

La pintura incluye fechas que coinciden con la edad de Marlowe y el año en que se sabe que se graduó de dicha universidad y un texto en latín: "Quod me nutrit me destruit" ("Aquello que me nutre me destruye").

Sir Francis Walsingham

Sir Francis Walsingham

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Sir Francis Walsingham, secretario de Estado y jefe de Inteligencia de la reina Isabel I, pudo haber reclutado a Marlowe como espía.

El sugestivo texto añade a la sensación de ambigüedad del hombre retratado; algo esconde.

Ya sea una ambivalencia sexual, una afiliación al catolicismo proscrito, un ateísmo proselitista, un servicio en secreto a la inteligencia del Estado, todas eran consideradas actividades subterráneas y peligrosas en esa época que varios investigadores asocian con Marlowe.

Se sabe que nació en febrero de 1564, el mismo año que Shakespeare, pero, en contraste a éste, recibió una educación universitaria en Cambridge.

Su época de estudiante está envuelta en irregularidades, muchas que tienen que ver con sus largas ausencias de las aulas hasta el punto en que la institución quería negarle su título de grado.

Pero el Consejo Privado de la reina escribió a la universidad para que se le otorgara el diploma por sus "buenos servicios" a la corona en "asuntos que benefician a su país", una recomendación que alentó las teorías de que había fungido como espía al servicio de inteligencia de la nación.

"Poderosos renglones"

Después de eso, se lanzó al mundo del teatro, un ambiente que también estaba infiltrado por individuos de turbia reputación, actividades ilícitas y cuestionables actividades.

Producción de Eduardo II por el Thalia Theater de Hamburgo
Producción de Eduardo II por el Thalia Theater de Hamburgo

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En la obra Eduardo II Marlowe exploró la polémica homosexualidad del rey.

Shakespeare era prácticamente un desconocido cuando Marlowe se consagró durante un breve período como el más exitoso dramaturgo del escenario isabelino.

Fue uno de los primeros autores ingleses en escribir en verso libre, un estilo que se popularizó en la época y muchos se referían a sus versos como los "poderosos renglones de Marlowe".

Sus obras más famosas son Tamerlán el Grande, El Judío de Malta y el Doctor Fausto, escritas entre 1587 y 1589.

Abordaba temas y personajes extravagantes y entretenedores pero también polémicos, como la obra histórica de Eduardo II con la abierta homosexualidad de su protagonista.

En una época de estricta censura, a Marlowe le gustaba ver qué tan lejos podía ir con sus escritos y con sus ideas alternativas de sociedad, política y religión.

Shakespeare

Shakespeare

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William Shakespeare no siempre escribió en solitario. Académicos han identificado la mano de otros autores en por lo menos 17 de sus obras.

Alguna de éstas lo debió haber metido en líos pues, en mayo de 1593, murió violenta y misteriosamente en una taberna en Deptford, al este de Londres.

Los peritos que hicieron el levantamiento del cadáver registraron que había muerto instantáneamente de una cuchillada en un ojo tras una pelea de borrachos discutiendo por la cuenta.

Pero las turbias actividades y amistades de Marlowe han dado mucho espacio para la especulación.

Mito shakesperiano

Posiblemente una orden de eliminación emitida por la reina Isabel por su supuesto ateísmo o un asesinato perpetrado por agentes del servicio de inteligencia, hasta un homicidio pasional por un amante, todas hacen parte de las teorías.

La más llamativa, desde el punto de vista literario, es que Marlowe fingió su muerte y asumió la personalidad de un tal William Shakespeare para seguir escribiendo.

Esta creencia queda desmentida con la próxima edición de la obra de Shakespeare de la Oxford University Press, que le otorga por primera vez la coautoría a Marlowe de Enrique VI, Partes 1, 2 y 3.

Escena de Enrique VI Pie de foto,

La trilogía de Enrique VI, entre las primeras obras de Shakespeare, son ahora consideradas como una colaboración con Christopher Marlowe.

También acaba con el mito que Shakespeare escribió solo y fue autor único de la obra que le atribuyen las ediciones anteriores.

En realidad, la práctica del teatro isabelino de producir libretos a varias manos era más común de lo que se pensaba.

Shakespeare, Marlowe, Thomas Kyd, John Fletcher, Ben Johson entre varios destacados dramaturgos de la época pudieron haber escrito sus propias obras pero no hay duda de que colaboraron entre ellos con varias otras.

Dramaturgia isabelina

La competencia y la necesidad de producir libretos rápidamente hacían necesaria una distribución eficiente de tareas entre los dramaturgos.

Aquellos que se especializaban en soliloquios o escenas trágicas se encargaban de ellas, los que escribían mejor versos cómicos o escenas de acción se podían dedicar a éstas.

John Fletcher

John Fletcher

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John Fletcher colaboró con Shakespeare en sus últimas obras.

Además, nunca existía un libreto final. Este se modificaba según las circunstancias, límite de tiempo, la cantidad de actores disponibles, el público al que se le presentaba o si algún evento especial motivaba la inclusión de un monólogo adicional alusivo.

Se sabe que fue una época muy prolífica para el teatro pero el problema para los académicos modernos es que muchos de los textos están perdidos.

Por lo general el manuscrito en sí no se consideraba valioso y sólo había una copia para evitar la piratería.

En varios casos apenas se conocen los títulos o sobreviven fragmentos o textos severamente editados o adulterados y hay muchas otras anónimas.

Gracias, en parte, a los buenos oficios de dos actores colegas de Shakespeare, John Heminge y Henry Condell, que recolectaron y publicaron una edición especial de su obra -conocida como el Primer Folio- es que unas 40 piezas del autor se conocen.

Heminge y Condell atribuyeron todas las obras del Primer Folio a Shakespeare pero los análisis subsiguientes han identificado pasajes en el estilo de otros autores contemporáneos.

Ahora, la Oxford University Press añade uno más al canon Shakesperiano, Christopher Marlowe, y se cree que unas 17 piezas del bardo se escribieron en colaboración.

Esta conclusión se ha logrado a través de estudios académicos tradicionales en combinación con tecnología de punta que analiza la frecuencia y combinación de palabras, expresiones y versos de los diferentes autores y su presencia en los textos.

De la misma manera, estas técnicas han identificado la mano de Shakespeare en otras obras que no son parte del canon.

Un ejemplo es la Tragedia Española de Thomas Kyd que un nuevo estudio concluye que una escena en particular fue escrita por Shakespeare.

La edición de Cambridge University Press concluyó que la poco conocida obra histórica Eduardo III tiene suficientes pasajes shakesperianos como para ser incluida dentro de sus obras completas.

Y, hace unos años, se determinó que una pieza del siglo XVIII, Doble Falsedad, es una versión de la perdida Cardeno -basada en Don Quijote de la Mancha- coescrita por Shakespeare y John Fletcher.

 Aunque poco a poco se van identificando más obras y más autores de uno de los períodos dorados del teatro, la personalidad de uno de sus más grandes exponentes Christopher Marlowe continúa entre las sombras.