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jueves, 19 de febrero de 2026

Hannah Arendt, la filósofa de "la banalidad del mal" cuyo legado resuena en el conflictivo mundo actual a 50 años de su muerte

Hannah Arendt con una blusa oscura está recostada sobre una pared en un sofá

Fuente de la imagen,Fred Stein Archive/Archive Photos/Getty Images

Pie de foto,Hannah Arendt en una foto de 1949

"Los humanos, aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar".

La autora de esa frase vivió la primera posguerra, huyó del nazismo, fue refugiada, estudió el totalitarismo, cubrió el juicio de uno de los organizadores del Holocausto, nos habló del "mal radical" y de "la banalidad del mal".

Aun así, en la obra de Hannah Arendt, una de las principales pensadoras políticas del siglo XX, hubo un espacio para creer en nosotros como especie.

"Esta idea de que los seres humanos son inicio, capacidad de interrupción, de irrupción, de novedad, puede permitir pensar que en Arendt hay una suerte de idea de esperanza", le dice a BBC Mundo la filósofa Josefina Birulés, una de las más destacadas especialistas en la obra de la autora alemana.

Y es que, indica la investigadora, "Arendt estaba más interesada en aquello que ilumina, que en la oscuridad que nos rodea".

"El espíritu de su pensamiento es extraordinariamente vigente y los conceptos y categorías que introdujo siguen sirviendo para acercarse a nuevas realidades", añade Agustín Serrano, investigador del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.

Criticada por unos, elogiada por otros, este jueves 4 de diciembre se cumplieron 50 años de la muerte de la historiadora cuya relevancia no conoce el paso del tiempo.

"Una nueva clase de seres humanos"

Arendt nació en 1906, en Alemania, en el seno de una familia judía.

Con el ascenso del nazismo, tuvo que huir de su país a los 27 años. Vivió varios años en París y, en 1941, se fue a Estados Unidos, donde se radicó y realizó distintos trabajos, entre ellos el de periodista.

Retrato de Hannah Arendt, que lleva el cabello suelto y largo y posa con una mano tocando el rostro

Retrato de Hannah Arendt, que lleva el cabello suelto y largo y posa con una mano tocando el rostro

Fuente de la imagen,Mondadori via Getty Images

Pie de foto,

Arendt tuvo que abandonar su carrera académica en Alemania y dejar el país tras la llegada del nazismo. 

Birulés cuenta que en esa época Arendt estaba sistemáticamente preocupada por los amigos que habían quedado atrás, por cómo podía ayudarlos a escapar de los horrores del nazismo.

Ella misma se convirtió en una refugiada.

"Basta leer un artículo que es una auténtica maravilla, es irónico, sarcástico: 'Nosotros, los refugiados', que valdría la pena releerlo hoy".

Ese texto, publicado en 1943, Arendt lo inició así:
"En primer lugar, no nos gusta que nos llamen 'refugiados'. Nosotros mismos nos llamamos unos a otros 'recién llegados' o 'inmigrantes'".

Más adelante escribió: "Aparentemente nadie quiere saber que la historia contemporánea ha creado una nueva clase de seres humanos: la clase de los que son confinados en campos de concentración por sus enemigos y en campos de internamiento por sus amigos".

Por 18 años, Arendt fue una refugiada apátrida hasta que adquirió la nacionalidad estadounidense en 1951.

La eliminación de lo político

Ese año, publicó "Los orígenes del totalitarismo", una obra considerada clave para comprender el siglo XX.

Allí describiría el totalitarismo como un "mal radical".

De acuerdo con Serrano, la escritora tuvo la lucidez de reconocer que es "una forma de violencia y dominación que no tiene ejemplos en la historia, por crueles que hayan sido las tiranías y los despotismos del pasado".

Joseph Stalin en una palestra con micrófonos

Joseph Stalin en una palestra con micrófonos

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
Arendt examina el desarrollo histórico del totalitarismo. Uno de los casos que estudia es el del estalinismo en la Unión Soviética. 

Planteó que esa forma de gobierno se ha producido en dos casos distintos: el totalitarismo nazi y el estalinismo en la Unión Soviética.

Ese libro es una especie de radiografía de un nuevo régimen que, según la pensadora, consistía en "la absoluta y declarada" aniquilación de lo político, explica Birulés.

"De aquí que ella no se haga las preguntas tradicionales: ¿cómo repensar la dignidad humana?, ¿cómo repensar los derechos? Lo que hace es preguntarse por el sentido y el significado de la política, que es lo que ha sido eliminado ya sea en el régimen nazi o en el estalinista".

Y esa idea de repensar el sentido de la política es lo que le permite hacer un diagnóstico de su propia época.

"Siempre fue una filósofa movida por el afán de comprender lo que estaba atestiguando", señala Serrano.

Por una parte, tenía ante sí "una especie de destrucción de la convivencia cívica y política, primero en Alemania y luego en Europa".

Y, por otra parte, "una amenaza a la condición humana como nunca se había experimentado".

En un juicio histórico

Lyndsey Stonebridge, profesora del departamento de Literatura Inglesa en la Universidad de Birmingham, cuenta que Arendt fue una de las primeras en descubrir lo que ocurría en los campos de concentración.

"La primera en estudiar el nuevo sistema de las 'fábricas de cadáveres', como ella las llamaba", escribió Stonebridge en el artículo Hannah Arendt's lessons for our times: the banality of evil, totalitarianism and statelessness ("Lecciones de Hannah Arendt para nuestros tiempos: la banalidad del mal, el totalitarismo y la apatridia"), publicado en el sitio web de la Academia Británica.

Arendt había quedado horrorizada cuando vio los juicios de Núremberg en los años 40.

En 1960, Adolf Eichmann, considerado el cerebro logístico de Hitler, fue trasladado de Argentina, donde vivía, a Jerusalén para ser enjuiciado por su participación en la comisión de crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Arendt, que escribía en la revista The New Yorker, pidió ser enviada como corresponsal para cubrir el juicio que se realizó en 1961.

Allí, vio al acusado en un cubículo de cristal antibalas.

Adolf Eichmann vestido de traje y corbata con dos guardias a los lados, dentro de un cubilo protegido por vidrios

Fuente de la imagen,Getty Images

 
Pie de foto,

Adolf Eichmann vestido de traje y corbata con dos guardias a los lados, dentro de un cubilo protegido por vidrios

Arendt pidió viajar a Jerusalén para cubrir como periodista el juicio a Adolf Eichmann.

Stonebridge cuenta que Arendt se encontró con "un hombre pequeño, más bien pomposo, hablando en clichés, engreído y radicalmente incapaz de pensar sobre dónde estaba y sobre quién hablaba".

"Eichmann era banal", pero eso no significaba que no fuera malvado, definitivamente lo era, indica la profesora.

Él representaba un tipo de mal.

"Este mal, decía Arendt, este mal irreflexivo se había introducido en nuestra cultura y se estaba propagando como un hongo".

"La banalidad del mal"

"El título de su crónica es muy conocido, pero poquísima gente la ha leído", dice Birulés.

En febrero de 1963, salió publicado el artículo: "Eichmann en Jerusalén-I. Adolf Eichmann y la banalidad del mal".

Lo que Arendt escribió allí generó irritación en algunos sectores.

Un plano general de la sala del juicio en la que se ve Eichmann en su cubículo, lo jueces y otros miembros

Un plano general de la sala del juicio en la que se ve Eichmann en su cubículo, lo jueces y otros miembros

Fuente de la imagen,Keystone-France/Gamma-Rapho via Getty Images


Pie de foto,"Cuando me presento ante ustedes", dijo el fiscal jefe Gideon Hausner al tribunal, "no estoy solo. Aquí conmigo en este momento están seis millones de acusadores".

"Una razón es que Arendt subraya que aquel personaje que tiene adelante, y de quien ha leído papeles y papeles de información que disponen los que asisten al juicio, es un hombre totalmente normal, no es un psicópata, sino que es el perfecto padre de familia del siglo XX que se ocupa de cuidar a su familia y que hace bien su trabajo, pero sin interrogarse sobre el trabajo que está realizando", explica la académica.

"Esta idea de que buena parte de quienes participar en el régimen nazi eran hombres perfectamente normales es una idea que algunos consideraron como una forma de exonerarlos".

"En cambio, si se piensa bien se podría decir que es más terrible porque psicópatas hay pocos, pero hombres normales hay muchos, esto que ella denominó la banalidad del mal", reflexiona Birulés.

La publicación de esos textos -que aparecieron primero como artículos en The New Yorker y después como un libro, "Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal", de 1963- "le costaron muchas amistades y disgustos".

La palabra banalidad aparece en el título y en un epílogo que añade cuando "las críticas arreciaron", recuerda Birulés. No es que hubiese presentado toda una teoría.

La investigadora recuerda que cuando Arendt les respondió a algunos amigos que la cuestionaban, les decía que ya había hablado del "mal radical" en "Los orígenes del totalitarismo".

Lo que hace Arendt es caracterizar a Eichmann como un individuo irreflexivo, que es incapaz de pensar, de reflexionar sobre lo que hace.

En una carta escrita en 1962, Eichmann dijo que personas como él fueron "obligadas a servir como meros instrumentos en las manos de los líderes" y que no se sentía culpable.

"Hay que decir que ni los juristas, jueces, fiscales, etcétera, que había en las sesiones, ni Arendt, pudieron leer lo que ahora nosotros podemos leer", señala Birulés.

Se refiere a documentos que, posteriormente, mostraron que "Eichmann era un auténtico antisemita y, por tanto, Arendt se equivocaba con él".

"Aunque, como bien dice quien hizo esa investigación tan seria sobre esos papeles, Eichmann no habría sido tan convincente si no hubiera tantos personajes normales que formaban parte del aparato del nazismo y que colaboraban con él".

¿Qué quiso decir?

Josefina Birulés con lentes, una chaqueta marrón, sentada en una presentación pública

Fuente de la imagen,Paco Freire/SOPA Images/LightRocket vía Getty Images

Birulés es investigadora del Centro de Investigación Teoría, Género, Sexualidad de la Universidad de Barcelona, donde enseñó Filosofía entre 1979 y 2020.

Varias de sus publicaciones se han enfocado en el pensamiento de la filósofa alemana, como el libro "Una herencia sin testamento: Hannah Arendt".

Josefina Birulés con lentes, una chaqueta marrón, sentada en una presentación públicaFuente de la imagen,Paco Freire/SOPA Images/LightRocket vía Getty Images Pie de foto,

Pie de foto,Para Arendt, la finitud humana viene dada por la natalidad, dice Birulés, una de las principales estudiosas de su obra.

Para comprender lo que Arendt quiso expresar con la banalidad del mal, la experta invita a preguntarnos "¿qué es lo que diferencia a Eichmann de personajes tan villanos y malos como los que vemos en algunas obras de Shakespeare, por poner un ejemplo?".

"Lo que dice Arendt es: ¿cómo se hace para juzgar tipos que aparentemente no tienen la intención de hacer el mal?".

"¿Cómo se hace para acusar a unos tipos que es evidente que son capaces de hacer el mal y siembran el mal en su entorno, cuando lo han hecho sin desobedecer la ley, cuando lo han hecho obedeciendo la ley?".

Las preguntas que se formula Arendt apuntan a cómo concebir un nuevo sistema de justicia que contemple a personas como estas y a un nuevo tipo de crimen.

Para Birulés, el concepto sobre la banalidad del mal cuestionó la tradición de pensar que el mal tenía que ver con una mala intención y "lo que hace Arendt es mostrar que el mal es posible en el siglo XX sin intención de cometer el mal, cumpliendo órdenes, cuidando muy bien a la propia familia".

"Hombres grises"

Desfile nazi en Berlín en 1938


Soldados con uniformes y botas negras desfilan y llevan estandartes que tienen la esvástica

Fuente de la imagen,Keystone-France/Gamma-Rapho via Getty Images

Soldados con uniformes y botas negras desfilan y llevan estandartes que tienen la esvástica

Serrano recuerda que, en medio de la polémica que desató, el libro sobre Eichmann lanzó a la fama a Arendt en el sentido de que su nombre salió de los círculos académicos y se posicionó en los medios de comunicación.

"Esa obra lo que fundamentalmente transmite es que para una empresa de mal organizado tan compleja, tan amplia, como fue el exterminio de la población judía en Europa, lo imprescindible eran, sobre todo, hombres comunes y corrientes que aceptasen colaborar sin hacer preguntas y que esta colaboración no les produjese problemas de conciencia".

Pie de foto
"Creo que ese es el perfil de la banalidad del mal: hombres grises que no eran propiamente fanáticos ni sádicos, que serían incapaces, como dice ella, de matar a su jefe y sin embargo fueron imprescindibles en la tarea de destruir millones de inocentes".

Esa realidad desconcertante y escalofriante es lo que queda plasmado en la banalidad del mal.

"La aportación de Arendt es muy significativa para la comprensión de lo que ocurrió, para fenómenos posteriores, quizás también actuales, que es esa tesis de que, si a los hombres comunes y corrientes se les garantiza impunidad, se adaptan a cualquier proceso de violencia organizada y lo viven con normalidad".

El investigador también reflexiona sobre la gran polémica que generó insinuar que Eichmann, quien era teniente coronel de las SS, reflejara ese perfil. Pero independientemente de eso, lo importante es que a la luz de lo que plantea Arendt miles de personas sí respondían a ese perfil.

"Yo no creo que sea incompatible decir que el mal fue radical y que parte de sus perpetradores respondían a ese perfil de la banalidad del mal".

Para el filósofo, es clave verlo como un complemento muy importante al análisis de lo que es un régimen totalitario y cómo funciona.

"Ella no dice que todos los dirigentes nazis puedan responder a ese perfil, lo contrario. Lo que sí dice es que esa empresa de destrucción organizada necesita gente, técnicos, administrativos, juristas, entre muchos otros, que no se hagan preguntas y que por principio no son personas malvadas".

El legado

Para Serrano, el legado de Arendt, su pensamiento, sigue "muy vivo".

"Un punto muy original de su obra es la reflexión sobre el hecho de que los seres humanos en realidad están llamados a la acción, a participar en los asuntos comunes, en lo que ella llamaba: el cuidado del mundo".

Y ahí es donde el filósofo ve en Arendt una fuente de esperanza y hasta de optimismo.

Hannah Arendt con una blusa, un collar, mira hacia abajo y se pone la mano en el cabello. En ella tiene un cigarrillo.

Hannah Arendt con una blusa, un collar, mira hacia abajo y se pone la mano en el cabello. En ella tiene un cigarrillo

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Frases de la obra de Arendt se pueden encontrar fácilmente en internet. Incluso hay camisas y tazas con algunas de ellas y con su rostro.

"Siempre mantuvo que la política tiene una promesa que solo ella puede canalizar, que es la promesa de cuidar del mundo y que eso convoca a todas las personas, que no se puede delegar a un grupo, a un estamento de políticos".

"Ella decía que la libertad se experimenta actuando con otros, entre otros, lleno de limitaciones, de condicionantes, de dificultades; pero ahí es donde se presenta la libertad".

El filósofo añade que sigue pasando lo que ella misma dijo, que continúa siendo percibida como conservadora por las personas de izquierda y, al mismo tiempo, sigue siendo vista como demasiado avanzada, progresista, por los conservadores o las personas de derecha.

"Ni los liberales, ni los socialistas la cuentan como una de los suyos. Es una pensadora sin partidismos".

Birulés plantea que uno de los legados más significativos de Arendt es la idea de que no hay que pensar a partir de principios, sino que hay que hacerlo con la intención de entender lo que nos ocurre.

"Dejarse interpelar por la experiencia, por lo que nos toca vivir", indica la experta.

"Este es un legado que me parece importante ahora que casi no entendemos nada de lo que nos está ocurriendo".

"Como decía ella, el hilo de la tradición se ha roto, las viejas categorías ya no nos sirven, pero al mismo tiempo necesitamos ver dónde estamos y no nos basta con decir 'estos son unos tiranos' para saber que con ellos no queremos estar, pero para comprender en qué situación estamos es necesaria esta forma de comprensión que ella propone: partir de la experiencia y de ahí tratar de dar respuesta, no a la inversa".

Rincones

En medio de experiencias tan dolorosas y tiempos tan oscuros, Arendt habló de la natalidad, de la novedad que trae el nacer.

Birulés nos recuerda que la filosofía tradicionalmente ha entendido la finitud humana a partir de la imagen de su mortalidad.

Pero Arendt dice que es a la inversa, que la finitud humana viene dada por la natalidad.

Michael Hauskeller, jefe del departamento de Filosofía de la Universidad de Liverpool, recuerda que en el libro "La condición humana", Arendt celebró el hecho básico de que hayamos nacido.

De acuerdo con el académico, nos habló de la posibilidad de que con cada persona nueva que llega al mundo pueda pasar algo realmente nuevo porque cada persona es única.

"Así que cada nacimiento es potencialmente un nuevo comienzo, y es una oportunidad para otros nuevos comienzos que podrían cambiar el mundo", indicó Hauskeller en un artículo de la BBC.

"No estamos condenados a repetir todo lo que hemos hecho y los errores que hemos cometido como especie humana", añadió.

Birulés señala que Arendt era muy contraria al fatalismo y al optimismo absolutos, a ella le interesaba que el pensar partiera de la experiencia.

"Algo que es interesante de Arendt y que sorprende la primera vez que la lees y sigue sorprendiendo, a pesar de que ahora es más conocida, es que siempre mira hacia donde no mirábamos. Es decir, si hablamos de mal radical, ella habla de banalidad del mal; si hablamos de mortalidad, ella habla de natalidad".

Birulés resalta que "no es necesario estar de acuerdo con ella porque a veces es difícil estarlo, pero lo interesante es que nos obliga a repensar" las concepciones que teníamos.

O, como un amigo de Arendt decía de ella: "Siempre ilumina los rincones". 


domingo, 27 de octubre de 2024

Lourdes Reyzábal: “No hay nada más racista que querer a los migrantes para cambiar pañales y no de vecinos”

Lourdes  Reyzábal, fundadora y presidenta de la Fundación Raíces.


La psicóloga preside la Fundación Raíces que ayuda y forma a menores migrantes no acompañados desde hace 25 años: “En casa, estos niños son de los nuestros”, afirma

A las doce del mediodía, la trastienda del restaurante Ovillo de Madrid bulle de actividad. En sus instalaciones, cedidas por el cocinero Javier Muñoz-Calero, practican los alumnos de la escuela Cocina Conciencia, uno de los proyectos de la Fundación Raíces, para ayudar y formar a adolescentes migrantes. En una de las cocinas, un grupo de chicos africanos prepara las primeras tortillas de patata de su vida y, cuando nos sentamos a charlar en el despacho de Lourdes Reyzábal, Seku, un chaval llegado a Canarias en patera desde Guinea-Conakry, nos ofrece y nos sirve su primer café como alumno de las clases de camarero. Le brillan los ojos como faros. 

Hablamos justo el día que EL PAÍS publica una encuesta que revela que el 57% de españoles cree que hay demasiados inmigrantes y el 75% los asocia con conceptos negativos.

¿Qué siente al oír a alguien decir ‘menas’ en tono peyorativo?

Me da vergüenza. Es la excusa perfecta para despersonalizar, clasificar y criminalizar a los niños y niñas migrantes que llegan solos, los más desprotegidos de nuestra sociedad. Así, podemos saltarnos el Estado de Derecho, que ha firmado la Convención de los Derechos del Niño. Si no te crees lo que dice su pasaporte, les sometes a pruebas de determinación de la edad, les niegas la condición de infancia, los dejas en la calle solos, sin formación, sin trabajo, sin compañía, sin recursos, les estás abocando a la criminalidad. La mayor red de criminalización no es la de quienes les obligan a pagar por subirse a una patera, sino la de quienes, desde el Estado, los criminaliza dejándolos en la calle.

¿Por qué tanta gente los teme?

La sociedad grita lo que la política calla. Los políticos, todos, nos han hecho creer que son una amenaza contra nuestra integridad y seguridad. La ultraderecha abandera los discursos de odio y el relato más grosero sobre las personas migrantes. Pero la izquierda lleva haciendo políticas de extranjería hipócritas durante, al menos, los 25 años que llevo en esto.

¿Les dejamos entrar a todos?

La política migratoria ideal sería respetar los Derechos Humanos y la Convención de los Derechos del Niño. Y todavía no ha habido un Gobierno que la haya respetado. Ahora mismo, en Canarias, muchos de los niños que llegan vienen de Mali, un país en guerra, igual que Ucrania. Lo que ocurre es que ellos son negros y los niños ucranios son rubios y de ojos azules.

¿España es racista?

Creo que sobre todo el racismo está ligado a la clase social, pero sí. Necesitamos que vengan migrantes para utilizarlos porque hay que llenar la España vaciada, porque hay que cuidar de nuestros ancianos y nuestros bebés. No hay nada más racista que quererlos para cambiar pañales, pero no de vecinos, compartiendo las plazas y los centros de salud con ellos. Necesitamos a esos chicos altos, negros, fuertes, para hacer lo que nosotros no queremos hacer, pero no queremos que se enamoren de nuestras hijas. Hay quien les encomiendan crianza de sus bebés, lo que más quieren, pero luego piden que endurezca la ley de extranjería y dicen barbaridades xenófobas en WhatsApp y en cenas de amigos. Eso es racismo. Me rebela.

¿Eso le ha costado amistades o relaciones familiares?

Me he tenido que salir de muchos chats. Me genera muchísima impotencia y frustración ver cómo calan mensajes falsos y absolutamente racistas. Falta información real.

¿Desde cuándo tiene esa conciencia social?

Mi madre dice que de siempre. He crecido con la conciencia del cristianismo. Pero ha habido acontecimientos en mi vida que me hicieron plantearme muchas cosas. Mi padre murió cuando yo tenía 10 años, estando conmigo, de un infarto fulminante, a los 43 años. Mi abuelo se quedó huérfano muy joven y se vino de su pueblo, en Burgos, a Madrid, se buscó la vida e hizo fortuna, pero, también, porque le ayudaron. Conocí a Enrique de Castro, el cura de Vallecas, y me conmovió su labor con los más necesitados. Entonces, ese saber que la vida es ahora, y el haber nacido en un entorno privilegiado me ha hecho sentirme en deuda con la sociedad desde chiquitina e intentar aportar lo que tengo, lo que puedo y lo que soy.

¿Sigue teniendo fe religiosa, viendo lo que ha visto?

La fe más profunda que tengo no es religiosa, probablemente estoy alejada de la Iglesia Católica, pero sí tengo un sentimiento muy arraigado de un compromiso social, de solidaridad, de creer en la capacidad del ser humano de salir adelante. Y eso depende mucho de la resiliencia de cada uno, pero también de las oportunidades que el resto de la sociedad brindemos a esas personas.
 
Lourdes Reyzábal con cuatro de los alumnos de la escuela Cocina Conciencia, que posan con las tortillas que acaban de aprender a hacer en el restaurante Ovillo, en Madrid.
Lourdes Reyzábal con cuatro de los alumnos de la escuela Cocina Conciencia, que posan con las tortillas que acaban de aprender a hacer en el restaurante Ovillo, en Madrid. Bernardo Pérez

Su marido, Nacho de la Mata, fue el abogado que consiguió parar la repatriación de niños. ¿Él también influyó en su vocación solidaria?

Fue el hombre de mi vida, lo tengo clarísimo. Él trabajaba en un despacho de abogados importante. Nos conocimos en un viaje a Lourdes para ayudar a los enfermos. Luego, yo me fui a la India y la madre Teresa de Calcuta quiso que me quedara con ella, pero yo ya estaba locamente enamorada de Nacho, y volví a España. Nos casamos y, en la luna de miel se sintió mal. A la vuelta nos enfrentamos a un diagnóstico fatal, un tumor cerebral por el que le daban cinco años de vida. Recuerdo lo que nos dijo Enrique de Castro en nuestra boda: que el matrimonio era compartir la desnudez de nuestros cuerpos y nuestras almas. Decidimos seguir viviendo la vida que queríamos hacer porque era lo que nos salía del corazón. Y nos fuimos a vivir a Vallecas y acoger a chavales de la calle. Conviviendo con ellos, me quedé embarazada de mi primera hija. Y, así, nacieron las otras dos, siempre con niños migrantes en casa. Cuando me dicen que le meta en mi casa, puedo decir que ya los he metido.

Su marido murió, finalmente, en 2012, ¿cómo se sobrepuso a ese dolor?

Me quedé viuda, con tres hijas, con la misma edad que mi madre. Yo había tenido ese ejemplo y ese aprendizaje. Si mi madre lo había hecho, yo también podría. Y, fíjate, yo creo que para mí una de las piezas clave para que yo saliera adelante, para que mis hijas salieran adelante y para que Nacho llevara la enfermedad como la llevó ha sido vivir con estos niños. Porque ellos también sufren, a ellos se les han muerto los padres, han visto cómo los asesinaban, Un niño de 15 años que ha tardado dos años en atravesar el desierto. Si salen adelante ellos, cómo no vamos a salir nosotros.

¿Nos quejamos de vicio?

Sí, pero matizando. Cada cual se queja de lo que le duele, de lo suyo. El problema es que, a veces, no salimos de nosotros mismos, y lo nuestro es solo lo que te pasa a ti. Entonces, yo he convertido lo que les pasa a estos niños en lo mío. En mi familia, los niños migrantes son de los nuestros. Mis hijas se han tenido que ir de fiestas de amigos suyos por cómo se hablaba de estos niños. Ellas también se quejan de lo suyo, lo que pasa es que lo suyo es más amplio. Hay que salir a la calle, hay que mirar a los ojos.

¿Qué es el lujo para usted que los podría tener todos?

Tengo muchos tics de niña pija. Poner la mesa bonita, por ejemplo. Me gustan las cosas bonitas. Para mí, el lujo es tener tiempo para el encuentro humano. Y viajar.

Ahora me dice que ese bronceado suyo es de sus vacaciones en Maldivas para desconectar.

No, prefiero irme a Santo Tomás, o a Puerto Príncipe, que he ido hace poco. Ahora me muero por ir a Marrakech, que no he estado nunca.

Yo fui y vine enferma de ver tanta desigualdad.

Yo también vengo enferma cuando viajo según dónde, pero también vengo enferma de ver la Cañada Real, aquí, en Madrid.

¿Y cómo se cura ese dolor? ¿Cuándo dice basta?

Me cuesta desconectar. Atendemos a 550 adolescentes distintos cada año. Hago yoga, medito, pero la forma que tengo de curarme, desde hace 25 años, es sentir que estoy en el lado correcto, al lado de la gente. Mucha gente me dice que cómo yo, perteneciendo a la familia que pertenezco, no voto a la derecha. La gente vota pensando en sus intereses económicos, pero yo he decidido intentar pelear por el bien común, y, si tengo que elegir bien común, es intentar beneficiar al que peor lo está pasando.

Hay quien considera eso ‘buenismo’ o superioridad moral.

No soy mejor que nadie. Simplemente, he tenido la suerte y el privilegio de poder conocer de verdad esta realidad. Y lo que creo es que hay mucha ignorancia y un abismo entre la realidad y los discursos que se traga la sociedad, porque interesa que se los trague.

Más allá de sus bienes, ¿qué legado le gustaría dejar a sus hijas?

[se emociona] Fíjate, eso es lo que más me cuesta pensar y más tengo que trabajarme. Cuando pierdes a tu padre tan pequeña, lo sé porque lo viví, te fusionas de tal forma a tu madre que mis hijas y yo somos una piña brutal. Mis tres hijas han nacido viviendo un menor extranjero no acompañado en casa, tuvieron hermanos que no eran de sangre, pero eran hermanos. Ese amor y esos valores los tienen súperinculcados y es lo mejor que les puedo dejar. Pero no quiero dejarlas, todavía.

LAS RAÍCES DE REYZÁBAL
Lourdes Reyzábal (Madrid, 51 años) es la tercera generación de una acaudalada y numerosa saga iniciada por el esfuerzo y el trabajo de su abuelo, Julián, un campesino emigrado a Madrid desde Caleruega (Burgos), que hizo fortuna en el Madrid de la posguerra y que llegó a poseer la legendaria torre Windsor, en pleno centro financiero de la capital, desaparecida pasto de las llamas en un incendio declarado en 2005. Lourdes, marcada por la prematura muerte de su padre, primero; el encuentro con el cura Enrique de Castro, después; y su matrimonio con el abogado y activista humanitario Nacho de la Mata, fallecido en 2012, decidió dedicar su vida a "devolverle a la sociedad" parte de su privilegio. Psicóloga de formación, Reyzábal preside la Fundación Raíces, la ONG que fundó de muy joven junto a su madre y que, hoy, atiende cada año, ofreciéndoles ayuda y formación, a 550 adolescentes, la mayoría de ellos menores y jóvenes extranjeros que llegan a España como migrantes no acompañados.



lunes, 1 de enero de 2024

La escuela concertada matricula a la mitad del alumnado desfavorecido que le correspondería.

España es el séptimo país con la mayor red de centros privados subvencionados con fondos públicos de los 36 miembros de la OCDE analizados por la Fundació Bofill.

La enseñanza concertada acoge a la mitad de los alumnos de extracción social desfavorecida que le corresponderían si su distribución entre esta red educativa privada subvencionada y la escuela pública fuera equilibrada, según refleja un estudio publicado este lunes por la Fundació Bofill, que utiliza datos de la prueba internacional Pisa. En España, en torno a un 28% del alumnado de etapas obligatorias, entre los seis y los 16 años, está matriculado en colegios concertados. Ello lo convierte en el séptimo país, de los 36 miembros de la OCDE analizados en el informe, donde el modelo concertado se halla más extendido. La nueva ley de educación, la Lomloe, ha creado nuevas herramientas para avanzar en la equidad y luchar contra la segregación escolar, pero aplicarlas o no, advierten los autores del estudio, queda en manos de las comunidades autónomas.

La escuela pública matricula en España 2,2 veces más alumnado de bajo nivel socioeconómico (el perteneciente al 25% más pobre) que la concertada, una vez corregida su diferencia de tamaño, ya que la pública es mucho más grande: matricula a cerca del 67% del total de chavales de primaria y secundaria obligatoria. En los centros públicos también estudian 1,6 veces más alumnos de origen inmigrante (englobando en ello a los extranjeros y a aquellos cuyos dos progenitores lo son) que en la concertada.

Los autores del estudio publicado por la Fundació Bofill, Adrián Zancajo, Antoni Verger (ambos de la Universidad Autónoma de Barcelona) y Clara Fontdevila (Universidad de Glasgow), señalan que las investigaciones internacionales han puesto de manifiesto que la convivencia de una doble red educativa financiada con fondos públicos “tiende a reforzar dinámicas de segregación escolar y estratificación social entre centros educativos, y a ampliar, por tanto, las desigualdades educativas”. La investigación comparada ha puesto igualmente de relieve no solo la existencia de “prácticas selectivas y discriminatorias” desarrolladas por estos centros privados subvencionados para elegir al alumnado que accede a sus aulas, sino también “la dificultad de evitar sus manifestaciones más sutiles”. Entre dichas prácticas figuran las entrevistas previas a padres y alumnos, y la imposición de cuotas o la exigencia de pagos en la práctica obligatorios, presentados bajo fórmulas diversas, que llevan a las familias pobres a autoexcluirse.

El peso de la concertada en España es muy distinto en función del territorio, y la diferencia entre el porcentaje de alumnado vulnerable que los centros de esta red deberían acoger y el que efectivamente matricula es especialmente significativo en lugares como Castilla-La Mancha, Canarias y Andalucía, señala el informe de 186 páginas. Algunos territorios han dado pasos en los últimos años para intentar alcanzar un mayor equilibrio tras décadas de una “regulación laxa” y “de permisividad en la aplicación de la misma”, como Cataluña, País Vasco y Comunidad Valenciana, indican los autores, mientras otros, como Madrid, han avanzado en la dirección contraria. A escala internacional, España es el séptimo país con la mayor red concertada de los 36 de la OCDE analizados. Solo se sitúan por delante Países Bajos, Reino Unido, Irlanda, Bélgica, Chile y Corea.

Los chavales de entornos sociales desfavorecidos también tienen mayores dificultades educativas, mayor probabilidad de fracaso y de abandono escolar temprano. Zancajo afirma que repartir de forma equilibrada a este alumnado que presenta mayores necesidades entre las dos redes financiadas por el Estado ha estado presente “en mayor o menor medida” en todas las leyes educativas aprobadas desde los años ochenta en España. La actual pone “más énfasis” en ello y proporciona a las autoridades educativas un mayor número de herramientas de planificación escolar para alcanzar el objetivo, prosigue el investigador, pero al mismo tiempo “deja a las comunidades mucho margen de maniobra, como estamos viendo”. La Lomloe fue aprobada con el apoyo del PNV y de ERC. Y en dicho compromiso de crear instrumentos nuevos, pero permitir que sean los Ejecutivos autonómicos quienes decidan sobre su aplicación, se nota la mano de ambas formaciones, movidas por su interés de potenciar el autogobierno y, sobre todo en el caso de los nacionalistas vascos, por su afinidad tradicional con la escuela concertada católica.

Los autores del estudio proponen medidas para mejorar la distribución del alumnado vulnerable basadas en lo que en los últimos años han hecho otros países como Bélgica, Países Bajos y Chile, sugiriendo que el actual contexto de caída demográfica (y por tanto de necesidad de estudiantes por parte de todos los centros) puede ayudar a llevarlas a la práctica. La primera propuesta es condicionar la autorización y renovación de los conciertos educativos “a la corresponsabilización de la escolarización del alumnado socialmente desfavorecido”, algo que, lamentan, ahora no sucede en muchas comunidades autónomas. La segunda, “reforzar la centralización en la gestión del proceso de elección escolar” y de admisión de alumnos para evitar las “prácticas de selección encubiertas”. Y la tercera, hacer efectiva la prohibición del cobro de cuotas, con una auténtica supervisión por parte de la inspección educativa, en paralelo a una mejora de la financiación de los centros concertados. Es decir, proporcionarles más fondos públicos a cambio de una verdadera gratuidad del servicio y un reparto equilibrado del alumnado.

El documento apuesta también por una propuesta planteada anteriormente por la Fundació Bofill para el conjunto del sistema educativo, la llamada “financiación por fórmula”, que consiste en que los centros educativos reciban los recursos no de forma lineal, sino en función de las características socioeconómicas del alumnado que acogen. Ello, señalan, podría ayudar a reducir la desigualdad en la distribución del alumnado vulnerable entre ambas redes educativas y también dentro de cada una de ellas. Para lograr el objetivo, los autores también consideran imprescindible mejorar la información de que disponen las administraciones educativas a la hora de planificar, desde el perfil socioeconómico de los alumnos a las cuentas de los centros concertados.

Suben las ganancias de la educación privada
El Instituto Nacional de Estadística ha publicado, por otra parte, este lunes su Encuesta de Financiación y Gasto de la Enseñanza Privada, que muestra que los beneficios (sin contar impuestos ni intereses) de las empresas del sector aumentaron un 27% en el curso 2020-2021 respecto al 2014-2015, hasta los 756 millones de euros. La encuesta también refleja que las administraciones subvencionaron el 74% de los gastos corrientes de los centros privados concertados, y el 2,1% de los privados no concertados.

Los mayores beneficios por alumno para la educación privada (englobando la subvencionada y la que no lo está) procedieron de los ciclos de Formación Profesional de grado superior (434 euros) y de grado medio (271), seguidos a distancia de los de bachillerato (196). La única etapa donde los resultados por estudiante fueron negativos fue el primer ciclo de infantil (-180 euros), según el INE. El curso analizado estuvo a caballo de los dos peores años de la covid, lo que, unido a la caída de la natalidad, hundió la matrícula de infantil.

viernes, 19 de agosto de 2022

Qué es el Síndrome de Ulises y cómo afecta a los migrantes

Quien migra suele pasar por varios duelos, pero ciertas condiciones pueden dar lugar al síndrome de Ulises. 

 "No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza", decía el poeta argentino Juan Gelman.

Sin embargo, en el mundo hay alrededor de 281 millones de migrantes internacionales (el 3,6 % de la población), según los datos de 2020 de la ONU.

Hay quienes emigran porque así lo desean, pero también quienes se ven obligados a ello. A finales de 2019, las personas desplazadas a la fuerza eran más de 79,5 millones según ACNUR.

Sea algo elegido o no, los migrantes, con las raíces a miles de kilómetros, puede que nos sintamos como decía Gelman: como una "planta monstruosa". Y habrá circunstancias en nuestra llegada a destino que suavizarán esa condición o la empeorarán.

Y esto, sin duda, puede repercutir en nuestra salud mental.

En la frontera entre la salud mental y el trastorno
El psiquiatra español Joseba Achotegui trabaja con temas relacionados con migración en la Asociación Mundial de Psiquiatría, de la que es secretario. A partir de 2002 empezó a ver que algo cambiaba. "Se cerraron las fronteras, empezaron políticas más duras contra la migración, la gente dejó de tener acceso a papeles, había una enorme lucha por la supervivencia", cuenta a BBC Mundo.

Y esto se reflejó en cómo acudían los pacientes a su consulta: "Estaban indefensos, asustados, sin poder salir adelante".

En concreto, vio que muchos migrantes que viven situaciones difíciles presentaban "un cuadro reactivo de estrés muy intenso, crónico y múltiple".

Achotegui le puso nombre: Síndrome de Ulises.

Aclara el psiquiatra que esto no es una patología, ya que "el estrés y el duelo son cosas normales en la vida", pero sí remarca la peculiaridad del síndrome que deja al migrante, de nuevo, en la frontera. Pero esta vez entre la salud mental y el trastorno.

Duelo migratorio vs. síndrome de Ulises
Normalmente asociamos la palabra "duelo" al sentimiento tras las muerte de un ser querido. Los psicólogos lo relacionan con cualquier pérdida que tenga el ser humano, como dejar un trabajo, la separación de una pareja o cambios en nuestro cuerpo.

"Cada vez que experimentamos un pérdida, tenemos que acostumbrarnos a vivir sin eso que teníamos y adaptarnos a la nueva situación. Es decir, hay que elaborar un duelo", explica la psicóloga experta en duelo migratorio Celia Arroyo.

Así, el duelo migratorio está asociado a este gran cambio en la vida de una persona. Pero tiene características que lo hacen especial, ya que es un duelo "parcial, recurrente y múltiple".

Se puede sufrir duelo por el habla, las costumbres... O por el paisaje.

Parcial porque no es una pérdida total como ocurre con la muerte de alguien; recurrente porque con cualquier viaje, comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía en instagram puede reabrirse; y múltiple porque no es solo una cosa la que se pierde, sino muchas.

Joseba Achotegui agrupó estas pérdidas en 7 categorías. La más evidente suele ser la pérdida de la familia y los seres queridos. También está la pérdida de estatus social, algo que, dice Arroyo, suele pasar por la condición de migrante pero si, además, "el país de origen es xenófobo, supone una gran adversidad".

Otro duelo que el migrante pasa es el de la pérdida de la tierra. Por ejemplo, extrañar un paisaje montañoso o los días llenos de sol.

Se suma el duelo del idioma, que será más fuerte en la medida en que se migre a un país con otra lengua. Puede ser una verdadera barrera para, por ejemplo, hacer un trámite burocrático y mandar un simple correo electrónico.

Por último, está la pérdida de los códigos culturales, que puede significar algo tan sencillo como no tener con quién "echar un pie" y bailar salsa o con quien compartir un mate.

Y, asociado a esto, y como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien podemos hablar en los mismos códigos, que entenderán nuestros modismos y forma de ver la vida.

El síndrome de Ulises es cuando, además de tener que pasar estos siete duelos normales para un migrante, se hace en condiciones difíciles, explica Achotegui.

Hay varios detonantes que pueden estresar a una persona en el país de acogida.

Cuáles son los detonantes
"Cuando hay dificultades o se rechaza a la persona en la sociedad de acogida puede darse este síndrome", explica Guillermo Fauce, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de Psicología sin Fronteras.

No es lo mismo llegar a un país nuevo con un trabajo ya estable que sin nada en firme; tener o no un techo y comida asegurados, entrar ya con visa o con un estatus legal por definir. Tener o no ciertas condiciones suma puntos y estrés.

"El rechazo que puede tener más impacto es no tener papeles o no poder acceder a determinados recursos", dice el psicólogo.

A su vez, Achotegui explica que esta situación hace que los migrantes no puedan salir adelante y genera tensión y problemas de supervivencia, otro detonante más.

Al coctel puede sumarse el no tener personas a nuestro alrededor que nos brinden apoyo, no solo material (donde vivir, comer, dormir), sino también emocional. "Muchos migrantes sufren situaciones de soledad, están aislados", remarca Achotegui.

Fauce señala que también hay un apoyo simbólico que, de no darse, es otro detonante más. Se trata de que el entorno del migrante entienda y reconozca su condición, "que está pasando por un situación complicada, transitando muchos duelos y que se le permita un periodo de transición en la sociedad de acogida".

Los expertos recomiendan hacer lazos con nuestra comunidad pero también con la sociedad de acogida.

A veces puede pensarse que "lo peor" ha pasado tras cruzar una frontera en malas condiciones, pero, en el país de acogida, la sensación de indefensión, de estar sin derechos y los posibles abusos laborales y sexuales pueden dar lugar a un cuarto detonante: el miedo.

Los expertos consultados añaden que esta situación de vulnerabilidad que puede dar lugar al síndrome de Ulises se hace mayor cuando se es mujer.

Qué nos puede pasar y cuándo estar alerta
Los síntomas pueden ser los mismos, dice Achotegui, que podemos tener cuando pasamos una mala época: dormimos mal, nos cuesta relajarnos, dolores musculares o de cabeza, enfado, nerviosismo, tristeza.

Fauce señala que, por un lado, se puede entrar en una suerte de estado depresivo y de tristeza, de encerrarnos en nosotros mismos y, por otro, estar hiperactivos y ansiosos, algo que al final nos va a quitar energía.

Esto puede hacer que el síndrome de Ulises se confunda con otras enfermedades mentales como depresión o estrés postraumático y que trate de medicalizarse.

Pero, en este caso, cuando se solucionan los obstáculos que dieron lugar al síndrome (hay trabajo, cierta estabilidad, menos estrés, etc,), desaparece.

"Si se sigue adelante, se consigue trabajo y hay una cierta estabilidad pero sigue habiendo síntomas, ahí hay algo más que evaluar y hay que intervenir de otra manera, porque puede que haya otra cosa ya del plano psiquiátrico, como un cuadro depresivo", sostiene Achotegui.

Hacer ejercicio y juntarse con la comunidad de origen pueden ayudar a bajar el estrés.

Así, cuando el malestar se convierte en permanente o impide que hagamos nuestra vida, hay que prender las alarmas. Otras muestras de alarma que señala Fauce son si aparecen ataques de ira, nuestras relaciones personales se ven afectadas o "se cogen atajos, como consumir drogas, alcohol, hay gastos desmesurados o se hacen deportes de riesgo".

Qué hacer y qué no hacer
"Es fundamental crear una red de apoyo social, estar en contacto con otros inmigrantes y compartir vivencias", señala Celia Arroyo. Para esto es bueno buscar migrantes de nuestra nacionalidad o grupos de apoyo específicos donde vivamos.

Al respecto, Achotegui dice que esto hace que haya "menos riesgo de trastorno mental", pero quedarse muy anclado con nuestra comunidad puede hacer que se prospere menos. "Si no te metes en la sociedad de acogida, costará progresar. Es un equilibrio".

Al final se trata de mantener "la raíz" con agua, pero no olvidarnos de nuestras hojas, del lugar donde reciben el sol.

También recomienda Achotegui hacer ejercicio y actividades que bajen el estrés.

Fauce remarca que "los cortes radicales no funcionan, ni las decisiones drásticas" ya sea respecto al país de origen o al de acogida y a las relaciones creadas en ambos.

Arroyo señala que, aunque es complicado dar un tiempo preciso, si tres meses después de haber conseguido una estabilidad el sufrimiento que sentimos no ha disminuido, es buen momento para pedir ayuda psicológica.

Qué pueden hacer los demás
La sociedad de acogida juega un papel importante, pero quien no ha vivido esta situación puede que no entienda qué implica el duelo migratorio ni el estrés sostenido que deriva en el síndrome de Ulises. Esto puede hacer que no sepamos cómo ayudar, qué decir o hacer.

Celia Arroyo recomienda que el entorno permita a quien esté esta situación que se exprese libremente y pueda hablar de qué le pasa y cómo se siente.

"Es importante no minimizar su sufrimiento ni generar falsas esperanzas" ante un futuro que es incierto cuando, por ejemplo, hay una visa o un trabajo que no llega.

Como en cualquier duelo, hay que evitar frases del estilo "ya se te pasará", "no es para tanto", "eso son miedos tuyos" o "todo saldrá bien".

Achotegui sugiere ni compadecer ni victimizar: "Hay que acercarse con respeto, incluso con cierta admiración. El migrante es una persona fuerte, alguien que está yendo hacia adelante".

A la vez, es importante respetar su cultura, mentalidad y cosmovisión.

Si nos cuesta conectar emocionalmente con alguien en esta situación, Fauce recuerda que todos hemos sufrido alguna pérdida y que es un buen ejercicio conectar con la emoción que tuvimos para empatizar con el migrante. Y pensar que, como escribió la uruguaya Cristina Peri Rossi, emigrar, partir al fin, es siempre partirse en dos.

martes, 24 de agosto de 2021

_- «Quiero expandir la bendición de la esclavitud al mundo»


_- No era solo arrogancia la característica del nuevo imperio sino también un profundo fanatismo racial y religioso. Hazlehurst, Mississippi. 11 de setiembre de 1858 – El senador y exgobernador de Mississippi, Albert Gallatin Brown, en un aplaudido discurso proclama: “Quiero poner un pie en América Central, por las razones ya repetidas varias veces. Quiero Cuba, y todos saben que, antes o después, será nuestra. Si la comegusanos de España la cede por un precio razonable, mejor. Si no, igual la tomaremos. Quiero Tamaulipas, Potosí, y uno o dos estados más de México… Y los quiero por la misma razón: para que la esclavitud se expanda por todo el continente… Sí, quiero todos esos países para que podamos expandir la esclavitud. Quiero expandir la bendición de la esclavitud a todos los rincones del mundo, como expandimos la religión del Señor… No quisiera imponerles nada, sino convencerlos, como convencemos a los demás de las bendiciones de los Evangelios. Claro que sé que es una tierra de rebeldes y que no van a aceptar ni a recibir nuestra bendición tan fácilmente…”

Mientras los estados del Sur continúan expandiendo el sistema eslavista, en mayo la revista United States Democratic Review de Nueva York, en su artículo “El destino de México”, asegura que: “Muchos países nos acusan de insistir demasiado sobre eso del Destino manifiesto. En esto tienen razón. Nosotros sentimos la mano de Dios sobre nosotros… México comenzó su historia con todo a su favor, excepto una: su gente no era blanca, no eran caucásicos… Tenían una mala mezcla de sangre española, indígena y negra. Gente de este tipo no sabe cómo ser libre y nunca lo sabrá hasta que sea educada por la Democracia americana, por la cual el amo gobernará sobre ellos hasta que un día ellos aprendan cómo gobernarse solos… México no se puede gobernar a sí mismo. Pero ha llegado el tiempo por el cual la Providencia nos obliga a tomar posesión de ese país… No vamos a tomar México por nuestro propio interés, lo cual sería una broma imposible de creer. No, vamos a tomar México por su propio beneficio, para ayudar a los ocho millones de pobres mexicanos que sufren por el despotismo, la anarquía y la barbarie”.

El presidente, los senadores y los empresarios saben que Estados Unidos necesita acortar los seis meses de transito que necesita un barco para ir de la costa este a la costa oeste por el estrecho de Magallanes. Por Nicaragua o por Panamá podrían hacerlo en menos de un mes. Pero Inglaterra tiene necesidades similares y amenaza con establecerse en América Central. El senador Albert Brown de Mississippi considera esta presencia inaceptable: “Si queremos América Central, la forma más barata y rápida es ir y tomarla, y si Francia o Inglaterra interfieren, le leeremos la doctrina Monroe y punto”.

No sólo la necesidad de ser ofendidos para luego reclamar un castigo por las ofensas recibidas ha sido un arma psicológica, política y prebélica del nuevo país, del nuevo imperio anglosajón, sino también de Gran Bretaña. Ante la arrogancia de Estados Unidos sobre su derecho a decidir el destino de las Américas, su ministro de Relaciones Exteriores, Lord Clarendon, cuatro años atrás había dicho que los estadounidenses eran “una nación de piratas”. La historia sería divertida si no fuese trágica. El primer ministro Palmerston, había estado de acuerdo y se había burlado con acento de inglés americano de la pretensión de ser “la nación más grande del mundo”. En un memorándum del 10 de setiembre de 1854, Lord Clarendon había observado que “no habrá ni un solo país que algún día no sea expuesto a la arrogancia de Estados Unidos… y un día volverá a todas las naciones del mundo contra ellos”.

Pero no era solo arrogancia lo que había definido al nuevo imperio sino un profundo fanatismo racial y religioso que lo llevará, como a cualquier pueblo fanático, a lograr grandes cosas mientras, por ser el ganador, será representado por propios y ajenos no como resultado del fanatismo sino del sentido común y pragmático de una raza, primero, y de una cultura superior, después. El representante de Missouri, Thomas L. Anderson, en 1859 se había sumado al debate expansionista sobre el Caribe y América Central. Como la mayoría, no quería ni imaginar la posibilidad de mezclar la superior raza anglosajona con la de idiotas negros y mestizos del sur, pero aun así persistía la necesidad de controlar el área por razones geopolíticas y de tránsito comercial entre el Atlántico y el Pacifico. Aunque más improbable que en el caso de los territorios arrancados a México, todavía quedaba la posibilidad de que “ola tras ola de inmigrantes” mejoren América Central hasta que “sus supersticiones, su ignorancia y su anarquía sea reemplazada por la paz, el conocimiento, el cristianismo y por nuestras instituciones nacidas en el Cielo”.

Del libro La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina. https://www.youtube.com/watch?v=ujyQmseHva0

Imagen de portada: Ilustración del libro The Negro in American History, publicado en 1914, escrito por John W. Cromwell, que describe la brutalidad del tráfico de esclavos. Fuente: Library of Congress


https://rebelion.org/quiero-expandir-la-bendicion-de-la-esclavitud-al-mundo/

miércoles, 4 de marzo de 2020

_- Tribunal Europeo y derechos humanos, mal camino.

_- José Antonio Martín Pallín
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Los jueces del TEDH han demostrado que prefieren escabullirse de la realidad incómoda que tenían en sus manos y han dejado sobre la valla de Melilla dos jirones que enturbian el Convenio Europeo de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales

En la búsqueda de la justicia, valor siempre difícil de aquilatar, los que nos movemos en el mundo de los tribunales debemos ser conscientes de que los ciudadanos, que acuden a nosotros en demanda de protección de sus derechos, confían en que los jueces actuarán movidos por el imperativo legal y ético de procurar, si la solicitud lo justifica, una respuesta a sus quejas, inspirada exclusivamente por la equidad y el equilibrio que refleja, plásticamente, la balanza de la justicia.

Si una sociedad confía en sus jueces y tiene la garantía de una revisión de los posibles errores por instancias superiores estaremos en el buen camino de la búsqueda de la paz, la justicia y la convivencia civilizada. Para describir este sentimiento, se suele citar el emblemático enfrentamiento entre el Rey de Prusia y el Molinero. No sabemos si es cierto o una leyenda, pero refleja de manera elocuente el deber de los jueces de enfrentarse a la arbitrariedad y al despotismo. Cuentan que el Rey Federico II ‘El Grande’ estaba molesto porque un molino cercano a su Palacio de Sanssouci afeaba el paisaje. Llamó al molinero a Palacio y le ofreció comprárselo para derribarlo. El molinero se negó y el monarca le advirtió de que lo podía tomar sin pagárselo. El molinero, con gran dignidad, le contestó: “Le recuerdo, Sire, que todavía quedan jueces en Berlín”.

La Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, acaba de dictar una sentencia, el 13 de febrero de 2020, corrigiendo, a instancias del Gobierno español, una decisión anterior del mismo Tribunal en la que reconocía que España había vulnerado los derechos reconocidos en el artículo 4 del Protocolo 4º del Convenio Europeo de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, en relación con el artículo 13, al devolver “en caliente” a dos ciudadanos de Malí y Costa de Marfil. Según el texto del Protocolo: “Quedan prohibidas las expulsiones colectivas de extranjeros y, en todo caso tienen derecho a un recurso efectivo para garantizar este derecho”.

Ningún tribunal puede ignorar los hechos sobre los que va a construir la respuesta y sentar la doctrina que considera aplicable al caso controvertido. La Gran Sala, como es lógico, conocía perfectamente, y así lo refleja su sentencia, los antecedentes de hecho que sirvieron al Tribunal de instancia, para declarar que el Gobierno español había vulnerado derechos fundamentales reconocidos en el Convenio Europeo y sus Protocolos adicionales.

Los hechos, tal como se describen en la sentencia, son notorios, incluso fueron televisados, y sucedieron el 13 de agosto de 2014. En ese día se realizaron dos saltos masivos de la valla de Melilla. Según la versión de las dos personas que solicitaron amparo al Tribunal Europeo, estuvieron entre 14 y 15 horas subidos a la valla interior, provistas de elementos cortantes y, cuando sus fuerzas habían llegado al límite, descendieron utilizando unas escaleras que colocaron los agentes de la Guardia Civil. Cuando pusieron pie en suelo español fueron detenidos y entregados inmediatamente a las autoridades marroquíes. Los requirentes de amparo no fueron objeto de ningún procedimiento de identificación por parte de los agentes. Ni tuvieron posibilidad de explicar su situación personal ni de ser asistidos por abogados o intérpretes. Todo lo sucedido está acreditado por los vídeos que ha podido revisar la Gran Sala. La sentencia reconoce que en Marruecos no recibieron asistencia médica, que fueron trasladados a 300 km y no fueron objeto de ninguna atención ni internamiento. Paradójicamente Estrasburgo reprocha a nuestro Gobierno no haber facilitado al Tribunal las grabaciones de las cámaras de seguridad por lo que ha tenido que valerse de las facilitadas por periodistas y por otros testigos, a pesar de las amenazas de la Guardia Civil para que no filmaran lo que estaba pasando

Es público y notorio que, en una primera sentencia, la Sala de instancia había declarado que el reenvío inmediato a Marruecos de migrantes originarios de países de África subsahariana, que pretendían entrar en Melilla escalando las vallas del entorno de la ciudad, constituye una expulsión colectiva por lo que estima que se había vulnerado el artículo 4 Protocolo nº 4, combinado con el artículo 13 del Convenio Europeo que exige la posibilidad de disponer de un recurso efectivo contra las decisiones que desconocen sus derechos. La Gran Sala no estima necesario pronunciarse sobre si habían sido expulsados después de entrar en territorio español o antes de haberlo hecho, como sostiene el Gobierno.

Las circunstancias inhumanas en que se encuentran las personas del África subsahariana son por todos conocidas, e incluso la misma sentencia que niega la violación del Convenio reconoce la precariedad en que se hallan, sus escasas posibilidades de subsistencia en un monte próximo a la Ciudad de Melilla, la absoluta indefensión que sufren cuando vuelven a Marruecos, su detención y su puesta en libertad para que, dicho en otros términos, se busquen la vida. Reproduzco un pasaje de la sentencia: “Los demandantes fueron transferidos a la Comisaría de Nador, en la que solicitaron una asistencia médica que les fue denegada. Inmediatamente después fueron conducidos, con otros emigrantes, a Fez, ciudad a 300 kilómetros de Nador, donde fueron abandonados a su suerte. En mi opinión, estas circunstancias debieron primar sobre los formalismos descarnados e ilusorios que incluso reprochan a los inmigrantes no haber solicitado un visado en una embajada o consulado de España o no haberse presentado en el puesto fronterizo de Melilla solicitando el asilo. Es alarmante que se pueda llegar a ser juez de un Tribunal de Derechos Humanos sin tener la más remota idea de la realidad sobre la que se están pronunciando. Es evidente que las autoridades marroquíes no les dejan acercarse a este punto y además, en todo caso, su petición sería rechazada por las autoridades españolas. En consecuencia, debieron confirmar la primera sentencia y ratificar la indemnización de 5.000 euros que se les había concedido.

Los jueces de la Gran Sala no tuvieron en cuenta el dictamen del comisario europeo de los Derechos Humanos, que sostenía de forma clara y contundente que las expulsiones colectivas hacen imposible la protección de los derechos fundamentales de los emigrantes y, en particular, el derecho de solicitar el asilo y disponer de su derecho a un recurso efectivo contra la expulsión de la que son objeto. Pero lo más importante y decisivo se contiene en su afirmación, sin matices, de que, a la vista de los vídeos, no tiene duda de que las vallas fronterizas son parte del territorio español, por lo tanto esta cuestión no puede ser objeto de discusión, sino solo si efectivamente se ha respetado su derecho a estar protegidos contra las expulsiones colectivas.

La Gran Sala, en una decisión que parece ignorar la dramática situación que viven los emigrantes subsaharianos, viene a reprochar a los demandantes que no hubieran acudido antes a los canales oficiales. Si hubieran meditado sobre esta sarcástica alegación, deberían haber llegado a la conclusión de que las vías legales están reservadas para los que vienen a invertir o a los deportistas de élite. Un juez que desconoce la realidad se convierte en un peligroso autómata. En mi opinión, su obligación era amparar a los demandantes y dejar para mejor ocasión la tentación de redactar un Directiva o Recomendación genérica sobre la expulsión en masa de los extranjeros que entran a la fuerza, jugándose la vida, en un territorio rodeado de vallas agresivas y cortantes.

No obstante la sentencia, por su contenido y por sus valoraciones genéricas sobre los Convenios Internacionales no cierra todas las puertas y abre una posibilidad para que, en este caso, el Gobierno español siente unas bases claras, que den una cierta certeza y seguridad a los derechos de los que buscan angustiosamente una nueva vida y un futuro incierto.

La Gran Sala, en la parte final de la sentencia decide, por unanimidad, rechazar todas las objeciones formales esgrimidas por el Gobierno español. No dudan en considerar que los demandantes tienen la condición de víctimas y, por ello, la Sala tiene jurisdicción para conocer de la demanda y rechaza también la alegación de que no habían agotado las vías y recursos internos de la legislación española. En consecuencia, acuerda por mayoría que era procedente analizar si había habido violación del artículo 13 de la Convención (Derecho a un recurso efectivo) combinado con el artículo 4 del Protocolo nº 4 (Prohibición de expulsiones colectivas). Sin embargo, rechaza que, en este caso, se haya producido la vulneración del Protocolo y el Convenio.

Para evitar posibles sanciones, la Ley de Seguridad ciudadana (Ley Mordaza) justifica las expulsiones “en caliente” en una peculiar interpretación de la ley internacional, construyendo el rebuscado e inaceptable “concepto operativo de frontera”. Es decir la línea de separación con Marruecos tiene vida propia y se mueve según el capricho de los guardianes de turno. Los artificios y las trampas son letales para el derecho y la justicia.

En estos momentos, el Tribunal Constitucional tiene sobre la mesa el examen de la constitucionalidad de la Ley Mordaza. Después de la sentencia de la Gran Sala, difícilmente podrá considerar inconstitucional la Disposición adicional décima, en la que se regula el régimen especial para las ciudades de Ceuta y Melilla en materia de los derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social.

Sin embargo, el Gobierno puede proponer una modificación de la Ley de Seguridad ciudadana en la que, de forma clara y sin ambages, se considere la primera valla como territorio español a los efectos de la Ley de Extranjería. Su constitucionalidad me parece indiscutible.

Los jueces del Tribunal Europeo han demostrado que prefieren escabullirse de la realidad incómoda que tenían en sus manos y han dejado sobre la valla de Melilla dos jirones que enturbian los propósitos del Convenio Europeo de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales y ponen en cuestión su preámbulo, en el que se proclama la profunda adhesión y respeto de los derechos humanos y la búsqueda de la justicia.

A pesar de todo lo que hemos podido leer en la sentencia de la Gran Sala, me resisto a renunciar a mis convicciones y esperanzas. Sigo creyendo que todavía quedan jueces en Estrasburgo.

José Antonio Martín Pallín es Magistrado emérito del Tribunal Supremo. Comisionado de la Comisión Internacional de Juristas (Ginebra). Abogado de Lifeabogados.

Fuente: http://ctxt.es/es/20200203/Politica/31023/tribunal-estrasburgo-martin-pallin-redh-melilla-sentencia.htm

viernes, 17 de enero de 2020

6 cosas que he aprendido asesorando a emigrantes

Ruth Carrasco

Lo más bonito de enrolarte en un nuevo proyecto en el que crees, un proyecto de transformación social impulsado por gente comprometida, emprendedora y profesional, es que recibes mucho más de lo que das.

Soy Ruth Carrasco, y quizá algunos de los que leáis estas líneas habéis pasado un rato conversando conmigo. Junto a Sébastien Sanz me encargo del asesoramiento para el retorno en el proyecto "Volvemos" de Barakaldo, y he pasado decenas de horas en skype conversando con profesionales vascos increíbles, de los que he aprendido infinidad de cosas y me han hecho sentir más orgullosa del proyecto.

Yo también fui emigrante, viví y trabajé un tiempo en Bruselas, y sé lo que se siente estando lejos de los tuyos. Ha sido sencillo empatizar con las personas que están fuera, personas que necesitamos de vuelta en nuestro país, de las que podemos aprender muchas cosas:

1. Su extraordinaria capacidad de resiliencia.

La capacidad de superar las adversidades está fuera de dudas en todos los y las profesionales con los que me he entrevistado. Que te vas a hacer la selectividad japonesa como si fueses un japonés más. Que hay que hacer una entrevista de trabajo en un idioma que no dominas. Que os embarcais en la aventura de formar una familia lejos de la vuestra, sin ese punto de apoyo tan importante. Que eres el jefe de un equipo en el que eres el único español y el resto es de distinta nacionalidad. Se me vienen a la cabeza múltiples ejemplos en los que han demostrado su amplia capacidad de superar positivamente situaciones adversas.

2. Su humildad

Mi mayor trabajo ha sido ponerles frente al espejo de lo que me estaban contando. He escuchado cosas alucinantes. Historias como la de Ariadne, que pasa 4 años trabajando en una consultora de máximo nivel en la India para el mercado global; o la de Efraín, que se va a Japón y se hace la carrera de japonés; o la de Izaskun, que trabaja en Inglaterra en la industria aeroespacial dirigiendo un equipo. Todas las personas con las que hablaba lo veían como “lo natural”, “lo que debe ser”. Unos profesionales de primera con una humildad que mucha gente, que tanto “gurú” sobrevalorado, debería aprender.

3. El sentimiento de responsabilidad hacia su país

Varias veces me manifestaron la gran pena que sentían: “He recibido educación pública, he ido a la universidad pública, he recibido becas y otro país se está beneficiando de mi conocimiento, de mi trabajo y de mis impuestos”. Sinceramente, esperaba muchas cosas de las sesiones, pero no hubiese apostado por este nivel de responsabilidad cívica. Les necesitamos en la medida que necesitamos más patriotas de los que pagan impuestos y menos de los que los evaden.

4. Su gran productividad

Valoran la autonomía y la responsabilidad en el trabajo y trabajar por objetivos y no “por horas”. Son profesionales que, pese a su juventud, han tomado la oportunidad que les han dado y la han devuelto con mucha profesionalidad y trabajo duro. Están acostumbrados a trabajar de manera autónoma y por objetivos. Responden así por productividad y no por “presencialismos” absurdos. Saben aprovechar el tiempo. Quieren conciliar su vida profesional y personal. Y con el tiempo que tienen muchos siguen formándose. Exprimen la vida al máximo.

5. Su patria es la gente

Todos echan de menos a los suyos. Los lugares que evocan están conectados con la gente. Fernando tiene un bebé de 21 meses y quiere que crezca cerca de su familia, de sus aitas. Otra pareja quiere formar una familia y hacerlo cerca de los suyos. Los padres de otra se hacen mayores y no quiere estar tan lejos. El amor es lo que, fundamentalmente, les mueve para volver. Saben que en España van a tener complicado obtener unas condiciones laborales como las que reciben en el extranjero, pero el amor les hará volver igualmente.

6. Buscan desarrollo profesional

Son personas que buscan poder seguir desarrollándose profesionalmente. Quieren que su experiencia sea útil en los espacios en los que trabajen a su vuelta. Es la variable en la que más coinciden todos y que más les importa, con mucha diferencia. Que sean exigente en el desarrollo profesional sigue siendo una muestra de generosidad y es que, necesitamos que esos profesionales puedan seguir creciendo, puedan mostrarnos otras formas de trabajar, nos ayuden a abrir nuevos mercados, nuevas metodologías y que asumamos en España racionalidad en los horarios y exigencia en los objetivos.

En cada historia hay un futuro de esperanza. Hay una persona de gran valor. Y hay una oportunidad para nuestro país. Ojalá que empresas, organizaciones e instituciones lo sepan ver también.

https://volvemos.org/6-cosas-que-he-aprendido-asesorando-emigrantes

P. D.:
Tengo que recordarlo, a estos jóvenes españoles no se les ha dejado votar en las elecciones, no lo han hecho ni un 2%. Ni el PP, ni el PSOE. Es evidente que se tiene que resolver  este problema y que para los miles de españoles que están en el exterior se debe facilitar urgentemente el voto de todos ellos. Es un fraude democrático la serie de trabas que actualmente existe con la única finalidad de impedirles votar por el hecho que se supone de que no iban a votar de forma mayoritaria a esos partidos. 

miércoles, 27 de marzo de 2019

Los sucesos de Nueva Zelanda son la conclusión lógica de llamar “invasores” a los inmigrantes.

The Intercept

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Brenton Tarrant, acusado de matar a 50 personas, varios niños entre ellas, en dos mezquitas de Nueva Zelanda la semana pasada, quiere que sepamos qué inspiró sus acciones. Antes de trasmitir su masacre de fieles musulmanes, redactó un extenso documento que aboga con orgullo por el asesinato de personas inocentes en nombre de la pureza racial. El manifiesto es predeciblemente inquietante. Es la obra de un nihilista que ve un mundo tan sombrío y desesperanzado que piensa que podría mejorarse mediante actos de asesinato en masa. Sin embargo, hay una palabra en el documento de 74 páginas que me llamó la atención: “invasor”.

Las palabras de Tarrant son a la vez lúcidas y suenan pavorosamente familiares. Sus referencias a los inmigrantes como invasores encuentran eco en el lenguaje utilizado por el presidente de Estados Unidos y los líderes de extrema derecha de toda Europa. Y es por eso que sería un error descartarlas como los incoherentes delirios de un loco.

Su manifiesto resulta difícil de leer. No obstante, me sentí obligado a analizar sus palabras en profundidad porque, como occidental no blanco -y nada menos que musulmán-, soy uno de los “invasores” de los que habla. Ha habido llamamientos para sencillamente ignorar lo que Tarrant escribió. Si bien es comprensible, es ingenuo pensar que ignorar a personas como él va a hacer que sus exigencias desaparezcan. Al leer su manifiesto, debo subrayar que el sentimiento que expresa -que las personas como yo somos unos forasteros que en realidad pertenecen a algún otro lugar- es cada vez más común.

El documento se basa en una premisa subyacente clave conocida como la teoría del "Gran Reemplazo": que las personas no blancas que viven en países occidentales son extranjeros embarcados en la misión de saquear y reemplazar a las poblaciones de Europa y América del Norte. En los rostros de los inmigrantes que intentan criar familias y construir hogares pacíficos, Tarrant ve a invasores desarmados empeñados en conquistar su patria racialmente prístina. No hay individuos en su cosmovisión, solo masas sin rostro de “nosotros” y “ellos”. Este último grupo debe mantenerse a distancia a toda costa. Cita, aprobándolo, el efecto disuasivo de asesinar a sus hijos.

Para quienes se preguntan dónde se radicalizó Tarrant, la respuesta es de conocimiento público. Es en nuestros medios de comunicación y en nuestra política, donde las minorías, musulmanas o no, son vilipendiadas como algo natural. Las creencias de Tarrant alcanzaron una praxis violenta que supongo que muchos de sus compañeros de viaje encontrarían difícil de digerir. Pero sus afirmaciones sobre desastrosas tasas de nacimiento y riadas de inmigrantes invasores son prácticamente banales a estas alturas. Esa es la retórica que anima las políticas de Donald Trump, quien ha resucitado una respuesta medieval a los “invasores”, prometiendo contenerlos detrás de un muro gigante. Proviene de los partidarios políticos del presidente que abiertamente defienden la misma teoría del “Gran Reemplazo” que motivó la masacre de Tarrant.

Esta retórica sobre la contaminación extranjera emana también de las bocas y de las plumas de figuras públicas supuestamente liberales. En 2006, Sam Harris, escritor del “New Atheist”, escribió un artículo en el que afirmaba que en cuestión de 25 años, Francia se encaminaría a tener una mayoría de población musulmana, aunque la inmigración se detuviera mañana. El cambio demográfico no significaría nada menos que el fin de la propia democracia, argumentaba. (Harris no consideró necesario aportar una referencia por sus ridículas proyecciones de población). El manifiesto de Tarrant se lee como una versión abreviada, aunque más violenta, del popular libro de 2017 “The strange death of Europe”, del autor británico Douglas Murray, quien sostenía que la inmigración había destruido ya realmente a la sociedad europea.

En resumen, los escritos de Tarrant reflejan una visión del mundo que no solo se limita a los rincones oscuros de Internet, sino que se expresa abiertamente en los medios y en la política. Sus alegadas acciones son la conclusión lógica de la retórica del “American carnage” y “The strange death of Europe” promovida por figuras destacadas en todo el mundo.

Tarrant escribe que su punto de ruptura se produjo mientras viajaba por Francia. Allí se sintió abrumado por la cantidad de “invasores”, cuyas caras negras y marrones encontraba en todas las ciudades y pueblos. A juzgar por sus palabras, no se detuvo a considerar que la mayoría de esas personas no eran en realidad extranjeras, sino los hijos de personas que han vivido durante varias generaciones en Francia. Son personas que no conocen más hogar que ese país. Tarrant describe haber se visto desbordado por la emoción al ver un cementerio de guerra, que considera como el lugar de descanso de una generación francesa anterior que luchó contra los “invasores”. Al parecer, nunca se le ocurrió que la mayoría del Ejército Francés Libre de la II Guerra Mundial, que liberó a Francia de los nazis, se componía principalmente de soldados coloniales negros y del norte de África. Son los descendientes de estas personas cuy a presencia causó a Tarrant, un turista australiano, una pena tan grande que, según su manifiesto, “rompió a llorar y a sollozar en solitario en su coche” .

Al considerar los ataques en Nueva Zelanda, es importante entender que los musulmanes son un blanco fácil para la violencia racista. Son una minoría impopular en los países occidentales. Algunos analistas, si bien condenaban los supuestos asesinatos de Tarrant, expresaban compasión por su razonamiento sobre los musulmanes. Esta reacción parece ser exactamente con la que Tarrant contaba. En una sección de su manifiesto deja claro que todos los “inmigrantes de alta fertilidad” son el enemigo, pero que eligió centrarse en los musulmanes porque “son el grupo de invasores más despreciados en Occidente, y al atacarles se recibe el mayor nivel de apoyos”.

Sin embargo, matar musulmanes es solo la primera etapa del plan que establece. El objetivo final es cambiar la composición demográfica de los países occidentales a través de un programa más general de limpieza étnica que también se dirige contra negros, judíos y asiáticos. “Los invasores deben ser retirados del suelo europeo, sin importar de dónde vinieron o cuándo vinieron: Africanos, indios, turcos, semíticos u otros”, escribe Tarrant. Entre sus influencias declaradas están el asesino en masa noruego Anders Breivik y Dylann Roof, que asesinó a nueve feligreses afroamericanos en una iglesia de Carolina del Sur. Tarrant deja claro que él no es cristiano en ningún sentido religioso. Su única creencia consistente es una intención genocida de eliminar al “otro”, ya sea mediante asesinato o expulsión.

Aunque actuó solo, Tarrant afirma de modo inquietante en su manifiesto que recibió una bendición por su ataque de una organización clandestina de extrema derecha. Simpatizantes con los mismos motivos que él hay en gran número, escribe, incluso en los aparatos militares y policiales de los Estados occidentales. Hasta el momento, no han aparecido evidencias que corroboren esta afirmación, pero viendo las noticias, parece algo completamente plausible.

En sus escritos, Tarrant deja claro que no tiene problemas con los musulmanes que viven en sus propias patrias, ni con los judíos, mientras vivan en Israel. Él simplemente los quiere fuera de Occidente. “La forma en que se eliminen es irrelevante, ya sea pacífica, contundente, feliz, violenta o diplomática. Deben ser apartados”, escribe. Por supuesto, es poco probable que estas personas vayan a abandonar sus hogares voluntariamente. Estados Unidos y Europa son los lugares donde crían a sus familias, pagan impuestos, asisten a las escuelas y contribuyen con su trabajo a la sociedad. Por tanto, insistir en que “regresen” a una patria imaginaria en un continente lejano es insistir en el genocidio y la limpieza étnica.

Como nos enfrentemos a una demanda tan implacable y fanática, es importante tomarla en serio. Me temo que habrá más hombres como Brenton Tarrant, Anders Breivik y el pistolero de la sinagoga de Pittsburgh, Robert Bowers, especialmente si quienes están en el poder responden a sus mensajes con un guiño y un gesto de asentimiento. Ante un enemigo así -que exige que uno se suprima literalmente a sí mismo- la reconfortante idea del compromiso se evapora. Los ataques racistas han continuado desde los asesinatos de Nueva Zelanda, incluyendo una serie de ataques violentos. Ante esta realidad y las luchas que se avecinan, parece importante recordar un popular mantra judío frente a la opresión nazi que hoy tiene un significado renovado: “Les sobreviviremos”.

Murtaza Hussain es un periodista cuyos trabajos se centran en temas de seguridad nacional, política exterior y derechos humanos. Ha trabajado con anterioridad en el New York Times, The Guardian y Al Jazeera English.

Fuente:
https://theintercept.com/2019/03/18/new-zealand-mosque-shooter-manifesto/

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