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viernes, 24 de julio de 2026

Encuentro con Roy Harley

Roy Harley, superviviente del accidente aéreo de Los Andes.

Roy Harley, superviviente del accidente aéreo de Los Andes. / l.o.

Hay personas que se estrellan contra una pequeña adversidad y otras, como este hombre de 73 años que, después de superar adversidades extremas, se abraza a la vida, dándole sentido y coherencia

Hace unos días tuve la suerte, la alegría y el honor de compartir el almuerzo con Roy Harley, uno de los quince supervivientes actuales del accidente aéreo de los Andes, acaecido el día 13 de octubre del año 1972 en el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya. El vuelo cubría el trayecto de Montevideo a Santiago con un pasaje de 45 personas, en su mayoría jóvenes jugadores de rugby.

Mis queridos amigos José Picó, arquitecto fundador de Espacios Maestros y su pareja Sonia Díaz, psicóloga y experta en educación, me invitaron a una comida que tuvo lugar en el emblemático restaurante José Carlos García, sito en el Muelle Uno de Málaga. La vida no te hace regalos de esta envergadura todos los días. El diálogo sincero y relajado con personas que han vivido y superado experiencias tan extraordinarias no pudo ser más enriquecedor.

Estaba presente también a su lado en esa comida la esposa de Roy, Cecilia Surraco, con la que lleva casado cincuenta años y con quien ha tenido tres hijos, Carolina (química farmacéutica), Eloísa (licenciada en Nutrición) y Alejandro (ingeniero civil), que hoy son ciudadanos exitosos en Uruguay, país del que es originario el matrimonio.

La primera cualidad que he podido admirar en Roy es la humildad. No se aprecia ni en sus palabras ni en su actitud el más mínimo atisbo de altivez, aunque tenga motivos más que sobrados para sentirse orgulloso. La humildad es una de las características de las personas de verdadera talla humana. Es admirable la sencillez y la serenidad con la que se expresa y comparte con los comensales su pasado y su presente. La amabilidad de Roy Harley y de su esposa, son admirables. Comía al lado de Cecilia y le comenté que iba a viajar a Montevideo en el mes de septiembre para impartir algunas conferencias. De forma inmediata me pide que les llame y, para que pueda hacerlo, me facilita el teléfono. Nos acabábamos de conocer.

Seguro que todos los lectores y lectoras conocen la historia de aquel terrible accidente aéreo que tuvo a los pasajeros que lograron sobrevivir la friolera de 72 días aislados en la cordillera. Roy dice que les salvaron la esperanza, las ganas de vivir, la capacidad de organización y la fortaleza que les permitió superar todas las dificultades que se les presentaron. Y, por supuesto, la unión y la ayuda de todos los viajeros frente a la adversidad. Una sola persona no hubiera sobrevivido. Se han filmado sobre esta experiencia tres películas y se han escrito más de treinta libros, entre ellos ‘¡Viven!’, ‘La sociedad de la nieve’, ‘Milagro en los Andes’, ‘Tenía que sobrevivir’…

Uno de los momentos más dramáticos de la experiencia fue tomar la decisión de alimentarse de los cuerpos de sus amigos y compañeros ya fallecidos. Un acto de antropofagia de supervivencia. Como jóvenes católicos (rezaban diariamente el rosario, casi a gritos) tuvieron que afrontar un dilema moral y religioso. Lo hicieron con enorme respeto y gratitud. Sin plantas ni animales en el entorno, consumidos ya los pocos víveres que tenían, después de comer cuero de los asientos, algodón y otros materiales que no les proporcionaban nutrientes y les ocasionaban daños digestivos, no había otra salida. Nos contaba Roy cómo degustaban la pasta de dientes.

Roy es ingeniero. Entonces era estudiante universitario de primer curso de ingeniería. Logró arreglar la radio que les permitió conectarse con el mundo. Por esa radio pudieron conocer la desoladora noticia de que las autoridades habían tomado la decisión de suspender la búsqueda de los accidentados.

Resulta aleccionador que Roy comparta con otras personas su experiencia, sus aprendizajes y sus valores. Algunos de esos valores le permitieron salvarse con sus compañeros.

La historia de Roy Harley es una historia de resiliencia. Esa actitud resiliente le permitió superar situaciones de extrema dificultad que no se podría imaginar en las peores pesadillas. Y luego la actitud resiliente le ha permitido organizar la vida y afrontar sus exigencias con equilibrio, sabiduría y fortaleza.

Nos hace falta cultivar la resiliencia. El ejemplo de este hombre tranquilo, sabio y humilde es un espejo en el que podemos mirarnos. Un hombre que aprendió en el currículum de la vida (cómo no citar aquí el libro ‘Patas arriba: la escuela del mundo al revés’ de su compatriota Eduardo Galeano) una lección inolvidable que comparte con quienes quieran escucharle. Esta es otra característica de la personalidad de Roy: su deseo de ayudar a otras personas, su interés en compartir lo vivido y lo aprendido.

Les decía yo a los comensales que hace muchos años un avión que cubría el trayecto Málaga-Melilla se estrelló contra una montaña de la ciudad africana. En ese accidente fallecieron, entre otros pasajeros. una alumna de la Facultad y una persona que hacía el primer vuelo de su vida.

Qué fatalidad, comenté. Hay pilotos y azafatas que se jubilan después de haber volado toda la vida con una frecuencia casi diaria sin que les pase absolutamente nada.

Roy nos dice entonces que ese vuelo Montevideo-Santiago también era el primer vuelo de su vida. Le había costado 18 dólares. Un grupo de compañeros y amigos, cargados de ilusiones y proyectos, no podían imaginar al subir las escalerillas del avión que la muerte había subido con ellos y que iba a poner una zancadilla en su carrera acelerada hacia el éxito.

Me sorprendió la visión positiva de la vida y la actitud optimista de Roy, después de haber vivido aquella tremenda tragedia. Hay personas que se estrellan contra una pequeña adversidad y otras, como este hombre de 73 años que, después de superar adversidades extremas, se abraza a la vida, dándole sentido y coherencia. La clave está en el optimismo. Es cierto que los optimistas ven alguna vez una luz donde no existe pero, ¿por qué los pesimistas quieren apagarla inmediatamente? Tengo un amigo que dice que, como tiene poca estatura, es optimista por naturaleza ya que solo puede ver la parte llena de la botella.

Conté a los comensales una historia que leí en un libro de Luis Rojas Marcos. Un teniente envía un destacamento de soldados a realizar una misión de alto riesgo en una montaña helada de los Andes. Se desencadena entonces una tormenta de nieve tan espectacular que el teniente teme por la vida de sus soldados. Pasan los días y, al no regresar, les dan a todos por muertos. De pronto aparecen sanos y salvos. El teniente les pregunta:

¿Cómo es posible que, con esta tormenta tan increíble, hayáis encontrado la salida y regresado con vida?

Un soldado contesta:

Mi teniente, uno de nosotros tenía un mapa en la mochila y gracias al mapa encontramos el camino de regreso.

El teniente les pide que le entreguen ese mapa salvador. Después de estudiarlo, el teniente descubre que el mapa no era un mapa de los Andes sino un mapa de los Pirineos. No les había salvado el mapa geográficamente sino el optimismo de saber que tenían un mapa.

Todas las personas tenemos nuestra ‘cordillera’, dice Roy. Es cierto. La de uno puede ser más elevada que la de otro, más larga, más abrupta. Un fracaso, la muerte de un ser querido, una ruptura amorosa, una crisis de identidad, una enfermedad, la falta de recursos, el despido de un trabajo… Hay que desarrollar actitudes y estrategias de resiliencia para hacer frente a la adversidad.

Roy dice que en aquellos días aprendió a valorar las pequeñas cosas de la vida cotidiana. Al estar privado de ellas de una forma imprevista y radical, valoró sobremanera lo que significa levantarse cada mañana de la cama, tomar un café con los amigos, darse una ducha, salir a dar un paseo, recibir el abrazo de un amigo…

Los modelos que ofrece la sociedad a la juventud no son precisamente personas como Roy Harley y sus compañeros de accidente. La sociedad presenta como modelos a personas que han alcanzado el poder, la fama o la riqueza fácil y rápidamente. Y ofrece esos modelos por la vía de la seducción. Roy Harley es un modelo que podemos proponer a la juventud por la vía de la argumentación. Una persona que consiguió con actitud positiva y. esfuerzo superar una dificultad suprema y ayudó a que otros lo consiguieran con él. Y después de aquel terrible episodio logró darle un sentido profundo a su viuda y ha ido entregando a sus semejantes la fuerza de la resiliencia y la sabiduría de vivir.

Roy centra sus conferencias mucho menos en el accidente en sí que en las lecciones que extrajo de esa experiencia. Suele decir que no quiere que la gente salga impresionada por la tragedia sino inspirada para afrontar sus propias dificultades con fuerza y sabiduría. Dice que «la vida es corta y que no nos podemos quejar de nada. Tenemos que aprovecharla, disfrutarla y vivirla fuerte». Y yo añado que no hay señal más clara de inteligencia que desarrollar la capacidad de ser felices y ser buenas personas.

miércoles, 23 de octubre de 2024

_- 7 formas de amar mejor. Leer unas 200.000 historias de amor me ha dejado algunas lecciones. Estas son las que más me ayudan.

_- Brian 
... Publiqué cientos de historias sobre separaciones, divorcios, citas por internet y familias compuestas sin pensar que algún día podrían aplicarse a mí.

He leído decenas de miles de ensayos sobre la muerte de un ser querido sin haberlo experimentado, hasta principios de este año, cuando murió mi padre.

Millones de lectores han encontrado ayuda en las muchas historias crudas e inspiradoras de personas que intentan crecer y cambiar tras el fin de una relación. Ahora esas historias me están ayudando a mí.

Hace poco bromeaba con mi amiga y presentadora del pódcast Modern Love, Anna Martin, diciendo que esta columna se ha convertido para mí en un plan de retiro, solo que es una renta vitalicia de lecciones de vida. Durante todos estos años he volcado mis ideas, mis habilidades y mi corazón en esta columna, y ahora me está retribuyendo, no en dólares, sino en sabiduría adquirida con esfuerzo. Lo bueno es que no hay penalización por los retiros anticipados.

Aquí presento —con gratitud a los sabios, valientes y generosos autores de esta columna— las siete lecciones que más me han ayudado.

El amor se parece más a una pelota de baloncesto que a un jarrón
Las relaciones implican conflictos que pueden llevar a la intimidad o al distanciamiento, a la unión o a la ruptura, dependiendo de cómo los gestiones. La forma de negociar (gestionar) los conflictos puede ser el indicador más importante de la compatibilidad de las parejas.

Nunca me he sentido cómodo con los conflictos, pero estoy intentando mejorar en ello. Por eso el ensayo de Thomas Hooven de 2013, “Cuidando una herida en un ambiente apropiado”, me afectó tan profundamente. Thomas era como yo en muchos aspectos, pensaba que una relación romántica debía ser un refugio contra los conflictos, no una fuente de ellos. Tanto él como su prometida habían superado una infancia difícil para encontrar la paz el uno con el otro, pero todo lo que no fuera paz les resultaba amenazador.

Su prometida, quizá intuyendo la fragilidad de esta dinámica, rompió su compromiso apenas tres semanas antes de la boda, por lo que quedó devastado.

Thomas empezó su residencia médica en pediatría, que se convirtió en su campo de entrenamiento para aprender las complejidades y los rincones oscuros del amor. Salió de allí más completamente humano y más fuerte.

“Cuando conocí a mi mujer”, escribió, “era un hombre nuevo y un médico de verdad. Y nuestro amor se desarrolló de forma diferente a cualquier otro que hubiera experimentado antes. Menos como un jarrón de cristal, más como una pelota de baloncesto, nuestra relación está hecha para rebotar, para el juego bueno y a veces duro que generan las vidas profesionales modernas. Tenemos peleas (ah, sí, claro que las tenemos), pero no amenazan nuestros cimientos. Los profundizan”.

Tu curiosidad es más atractiva que tus logros
El artículo de Modern Love más popular de todos los tiempos, “Las 36 preguntas que llevan al amor, ha sido leído por más de 75 millones de personas. Nada de lo que he publicado (o publicaré) en el mundo provocará un cambio más positivo que ese breve artículo.

Espero que la mayoría de los lectores haya asimilado la sencilla verdad de que sentir curiosidad por la gente que conoces es mucho más seductor que hablar de tus logros. La queja más común que oigo (por mucho) sobre las malas primeras citas es la de personas que parlotean sobre sí mismas y no hacen preguntas. Así que evita la autopromoción. En lugar de eso, sé curioso. Si necesitas sugerencias, aquí tienes 36.

Vive el presente, especialmente con tus seres queridos
Mi hijo tiene 26 años, pero cuando era pequeño solía leerle todas las noches, los dos acurrucados en un gran sillón, como había hecho antes con mi hija. En su caso, sin embargo, le había leído tantas veces sus libros favoritos que aprendió a recitarlos de memoria mientras yo pasaba las páginas, a pesar de que aún no sabía leer.

Ojalá pudiera volver a esa época. La paradoja de la paternidad temprana es que puede ser tan estresante como alegre, y a menudo hay que esforzarse para relajarse en esos preciosos momentos.

Chris Huntington, en su ensayo “Aprender a medir el tiempo en el amor y la pérdida”, escribe sobre una rutina similar con su hijo, con el matiz de que cada noche también comparten sus mejores y peores momentos del día. Una noche, preocupado por su letanía de preocupaciones, Chris se da cuenta de que falta algo y dice: “Se nos olvidó hacer lo de los mejores y peores momentos. ¿Cuál ha sido tu mejor momento del día?”.

“Este es mi mejor momento, papá”, dice su hijo, apoyando la barbilla en el hombro de su padre. “Este momento”.

Se me saltaron las lágrimas la primera vez que leí esa frase, y nunca olvidé su lección: Vive el momento. Deja de pensar en el futuro o en el pasado, en lo que puede pasar o no, y guarda el teléfono. Si un niño en tu regazo te pregunta qué es lo mejor de tu día, dile: “Este momento”.

Escribe bien, ama bien
El editor que hay en mí se ha dado cuenta con el tiempo de que las cualidades de una buena escritura personal —honestidad, generosidad, apertura de mente, curiosidad, humor y humildad— son las mismas que las de alguien con quien te gustaría tener una relación.

Del mismo modo, las cualidades de una mala escritura personal —deshonestidad, retención, culpa, mezquindad, desprecio y egoísmo— son las mismas que las de alguien con quien no te gustaría tener una relación.

Esto no significa que los buenos escritores tengan buenas relaciones ni que los malos escritores tengan malas relaciones. Significa que debes esforzarte por ser honesto, generoso, abierto, curioso, divertido y humilde tanto en la escritura como en el amor.

Siempre lidera con empatía
Esto es fácil de decir, pero difícil de poner en práctica. Sin embargo, pienso a menudo en un exsoldado canadiense, Benjamin Hertwig, cuyo ensayo “En la sala de espera de los esposos distanciados” relata su descubrimiento de que su mujer tenía una aventura.

Se separan y, al buscar ayuda, Benjamin se encuentra en la sala de espera de un psicólogo con la esposa del amante de su ex, una mujer llamada Catherine. Por increíble que parezca, ella tiene cita con el mismo psicólogo a la misma hora y por el mismo motivo. Catherine tiene un hijo pequeño, y Benjamin acaba pasando el rato con ellos y sintiéndose cercano al niño. Pero sigue enfadado y amargado por la aventura.

Un día se encuentra en el supermercado con el amante de su exmujer, un hombre al que ha odiado y con el que ha tenido pesadillas. Pero no pasa nada. El otro tipo le pregunta dócilmente si quiere tomar una cerveza y hablar de ello, algo de lo que Benjamin se burla. Pero, como él mismo escribe: “No pude reunir ninguna ira real. Solo era el padre cansado de un niño. Ni siquiera era desagradable”.

“En los meses siguientes", continúa, “pensar en el amante de mi exmujer como el padre de ese niño tierno fue de alguna manera muy útil para mí. Había sostenido en brazos al niño de Catherine, había sentido el peso de su cuerpo, y con el tiempo aprendí que es difícil odiar a una persona cuando esa persona formó parte de traer algo bueno al mundo”.

Aprecia la belleza de la impermanencia
Una pregunta de compatibilidad en una aplicación de citas plantea si elegirías vivir para siempre si pudieras. Mucha gente responde que sí, lo que siempre me sorprende: ¿han pensado en lo que significaría vivir para siempre? Nada que no tenga límites puede ser precioso. La vida y el amor son fugaces, por eso nos aferramos tanto a ellos.

Así lo explica Alisha Gorder en “Un ramo de belleza fugaz, por favor” en el que escribe sobre la floristería en la que trabajaba en Portland, Oregón. Alisha reflexiona sobre el significado de las flores en ocasiones especiales —bodas, funerales— y cómo pierden sus pétalos y se marchitan tan rápidamente. ¿Por qué apreciamos tanto las flores? ¿Por qué no apreciamos algo duradero?

Entonces Alisha nos cuenta de qué va realmente esta historia: su novio de la secundaria se suicidó cuando ella tenía 18 años, dejándola para averiguar quién era él y qué habían tenido juntos. Alisha encuentra consuelo al comprender que las flores (y el amor) no son hermosas y fugaces, sino que son hermosas porque son fugaces. Eso significa que debemos apreciarlas en el momento, sabiendo que no pueden durar. Como ella misma dice al ver los pétalos de una flor en el suelo: “Qué asombrosamente bella puede ser la impermanencia”.

Las relaciones no tienen por qué durar para ser buenas   
No hay ninguna regla que establezca que una relación deba durar un tiempo determinado para contar como un “éxito”, al igual que una que termina no necesariamente ha “fracasado”. Cada relación que tenemos, corta o larga, puede ser buena, esencial, incluso transformadora, y tener un valor duradero.

En “Todo comenzó con un rompimiento maratónico”, Miriam Johnson luchaba por superar una ruptura. Su novio la dejaba por razones que ella no entendía, a pesar de que habían hablado del tema durante 12 horas seguidas. Ella pensaba que habían estado muy bien juntos. Su relación había despertado en ella la pasión por buscar un trabajo relacionado con el bienestar animal. Tras su ruptura, se encontró con una oportunidad para trabajar en eso, lo que le ayudó a reiniciar su vida. Pero no podía olvidar a su ex.

“Hace un año que rompimos”, le dice a su terapeuta. “Pensé que el trabajo de mis sueños y el ejercicio me curarían, pero sigo pensando en él todos los días.

  ¿Qué más puedo hacer para soltarlo?”“Te estás equivocando de pregunta”, responde su terapeuta. “No se trata de superarlo y soltarlo. Se trata de hacerle honor a lo que pasó. Conociste a una persona que despertó algo en ti. Se encendió una llama. El trabajo consiste en estar agradecida. Agradecida cada día de que alguien se cruzara en tu camino y dejara una huella en ti”.

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viernes, 30 de diciembre de 2022

El orgullo de ser humilde.


Credit...Francesco Ciccolella

Los estudios encuentran que la humildad no es el más audaz de los rasgos de personalidad, pero es importante. Y, según los psicólogos, es muy difícil de fingir.

En su trabajo cotidiano, los psicólogos de investigación por lo general no necesitan gafas de protección, mucho menos un salacot o un látigo estilo Indiana Jones. No tienen que bajar a rapel y meterse a cuevas para descubrir pergaminos enterrados, ni deben recorrer el lecho marino dentro de submarinos esféricos, o calibrar gigantescos imanes subterráneos a la caza de partículas subatómicas fantasmales.

No obstante, los psicólogos en ocasiones desentierran los hábitos de civilizaciones perdidas. En un ensayo publicado en el número más reciente de Current Directions in Psychological Science, un equipo de investigadores analizó estudios sobre un rasgo humano que alguna vez fue generalizado y que estuvo “caracterizado por una capacidad de reconocer con precisión las propias limitaciones y capacidades, una postura interpersonal que está orientada hacia el otro y no hacia uno mismo”. La humildad.

“La investigación acerca de la humildad ha ido en aumento y a gran velocidad”, comentó Daryl Van Tongeren, un psicólogo del Hope College en Míchigan y autor principal del nuevo ensayo. “Era hora de actualizar a las personas y exponer incógnitas que orientaran investigaciones venideras”.

En una era que los futuros historiadores quizá no etiqueten de inmediato como “La era de las personas íntegras”, el estudio sobre la humildad equivale a una atrevida apuesta a lo contrario, como reducir el mercado del cannabis en California. Actualmente, la palabra “humble” en inglés se utiliza con tanta frecuencia como verbo en su acepción de humillar, que quien encarne su esencia más amable, el adjetivo, puede parecer que invita al troleo en línea, a la invisibilidad profesional o algo peor. Oscar Wilde escribió que antes de descubrir la humildad, pasó dos años tras las rejas experimentando “una angustia que lo hacía sollozar con fuerza” y “una tristeza a la que no lograba darle voz”… lo cual suena más como una derrota que como una victoria.

La humildad es una característica que casi acaba de llegar a la psicología social y de la personalidad, al menos como un rasgo o conducta que debe estudiarse de manera aislada.

Llegó como parte de un esfuerzo que inició en los años noventa para construir una psicología “positiva”: un entendimiento más completo de las cualidades de sostenimiento como el orgullo, la clemencia, la determinación y la alegría. Más recientemente, la humildad ha encontrado un punto de apoyo en la forma de medición más utilizada de los rasgos de la personalidad, el cuestionario de cinco factores. El rasgo ermitaño de la personalidad está llamando la atención y hasta ahora parece estar asimilándolo bien.

En una serie de experimentos, Elizabeth Krumrei Mancuso de la Universidad Pepperdine evaluó a un grupo de voluntarios en un aspecto que ella llamó humildad intelectual: la conciencia de cuán incompletos y falibles eran sus puntos de vista respecto a temas políticos y sociales. Descubrió que este tipo de humildad no estaba relacionado con el cociente intelectual ni la afiliación política, sino que estaba bastante relacionado con la curiosidad, la reflexión y la apertura de mente.

En otro estudio, que está en desarrollo, Krumrei Mancuso les pidió a 587 adultos que respondieran un cuestionario diseñado para medir sus niveles de humildad intelectual. Los participantes calificaron qué tanto coincidían con diferentes declaraciones, entre ellas: “Me siento menospreciado cuando otros discrepan conmigo en temas que son importantes para mí” y “La mayoría de las veces, otros tienen más cosas que aprender de mí que yo de ellos”. Quienes obtuvieron notas altas en el aspecto de la humildad (aunque no alardearon de ello) también obtuvieron notas bajas en reactivos relacionados con la polarización política e ideológica, ya sea que fueran conservadores o liberales.

Otra investigación reveló que las personas que obtienen notas altas en el aspecto de la humildad son menos agresivas y menos críticas hacia miembros de otros grupos religiosos que las personas menos humildes, incluso y en particular después de que sus propios puntos de vista se cuestionaban.

“Estos descubrimientos quizá explican el hecho de que no se puedan manipular con facilidad las opiniones de las personas que tienen una humildad intelectual alta”, afirmó Krumrei Mancuso. Agregó que los descubrimientos también podrían “ayudarnos a comprender cómo se puede asociar la humildad con mantener nuestras convicciones”.

En el nuevo ensayo del análisis, Van Tongeren y sus colaboradores propusieron varias explicaciones a la razón por la que la humildad, intelectual o de otro tipo, es un rasgo tan valioso de la personalidad. Tener un temperamento humilde puede ser fundamental para mantener una relación estable. También podría fomentar la salud mental en términos más generales, ofreciendo un recurso psicológico para sacudirse los resentimientos, afrontar los engaños con paciencia y perdonarse a uno mismo.

Van Tongeren aseveró que, ahora que la humildad está atrayendo la atención de los investigadores, han surgido ciertas interrogantes, por ejemplo, si esta se puede enseñar de alguna manera, o quizá integrarse a la psicoterapia. “Uno de los aspectos polémicos es que quienes están más abiertos y dispuestos a cultivar la humildad quizá son los que menos la necesitan”, afirmó. “Y viceversa: quienes más la necesitan podrían ser los más reticentes a cultivarla”.

Es probable que los terapeutas que tratan a pacientes con trastornos límite de la personalidad o de personalidad narcisista estén de acuerdo con esto; al igual que muchos de sus pacientes. Hoy en día, nadie ha investigado el lado oscuro de la humildad, a pesar de que se cree que demasiada humildad puede provocar un retraimiento social, baja autoestima y desconfianza excesiva. En la época actual de postureo y autopromoción en línea, Charlie Brown tendría que levantar la mano y gritar con un altavoz solo para hacerse presente.

Por ahora, y gracias a las recientes excavaciones de la psicología, quizá sea suficiente saber que él no sería el único, en lo que a temperamento se refiere. Entre el diez y el quince por ciento de los adultos obtiene notas altas en las mediciones de humildad, dependiendo de la escala de medición utilizada. Eso representa al menos a 25 millones de personas humildes solo en Estados Unidos.

¿Quién lo diría?
Benedict Carey has been a science reporter for The Times since 2004. He has also written three books, “How We Learn” about the cognitive science of learning; “Poison Most Vial” and “Island of the Unknowns,” science mysteries for middle schoolers.

viernes, 17 de enero de 2020

6 cosas que he aprendido asesorando a emigrantes

Ruth Carrasco

Lo más bonito de enrolarte en un nuevo proyecto en el que crees, un proyecto de transformación social impulsado por gente comprometida, emprendedora y profesional, es que recibes mucho más de lo que das.

Soy Ruth Carrasco, y quizá algunos de los que leáis estas líneas habéis pasado un rato conversando conmigo. Junto a Sébastien Sanz me encargo del asesoramiento para el retorno en el proyecto "Volvemos" de Barakaldo, y he pasado decenas de horas en skype conversando con profesionales vascos increíbles, de los que he aprendido infinidad de cosas y me han hecho sentir más orgullosa del proyecto.

Yo también fui emigrante, viví y trabajé un tiempo en Bruselas, y sé lo que se siente estando lejos de los tuyos. Ha sido sencillo empatizar con las personas que están fuera, personas que necesitamos de vuelta en nuestro país, de las que podemos aprender muchas cosas:

1. Su extraordinaria capacidad de resiliencia.

La capacidad de superar las adversidades está fuera de dudas en todos los y las profesionales con los que me he entrevistado. Que te vas a hacer la selectividad japonesa como si fueses un japonés más. Que hay que hacer una entrevista de trabajo en un idioma que no dominas. Que os embarcais en la aventura de formar una familia lejos de la vuestra, sin ese punto de apoyo tan importante. Que eres el jefe de un equipo en el que eres el único español y el resto es de distinta nacionalidad. Se me vienen a la cabeza múltiples ejemplos en los que han demostrado su amplia capacidad de superar positivamente situaciones adversas.

2. Su humildad

Mi mayor trabajo ha sido ponerles frente al espejo de lo que me estaban contando. He escuchado cosas alucinantes. Historias como la de Ariadne, que pasa 4 años trabajando en una consultora de máximo nivel en la India para el mercado global; o la de Efraín, que se va a Japón y se hace la carrera de japonés; o la de Izaskun, que trabaja en Inglaterra en la industria aeroespacial dirigiendo un equipo. Todas las personas con las que hablaba lo veían como “lo natural”, “lo que debe ser”. Unos profesionales de primera con una humildad que mucha gente, que tanto “gurú” sobrevalorado, debería aprender.

3. El sentimiento de responsabilidad hacia su país

Varias veces me manifestaron la gran pena que sentían: “He recibido educación pública, he ido a la universidad pública, he recibido becas y otro país se está beneficiando de mi conocimiento, de mi trabajo y de mis impuestos”. Sinceramente, esperaba muchas cosas de las sesiones, pero no hubiese apostado por este nivel de responsabilidad cívica. Les necesitamos en la medida que necesitamos más patriotas de los que pagan impuestos y menos de los que los evaden.

4. Su gran productividad

Valoran la autonomía y la responsabilidad en el trabajo y trabajar por objetivos y no “por horas”. Son profesionales que, pese a su juventud, han tomado la oportunidad que les han dado y la han devuelto con mucha profesionalidad y trabajo duro. Están acostumbrados a trabajar de manera autónoma y por objetivos. Responden así por productividad y no por “presencialismos” absurdos. Saben aprovechar el tiempo. Quieren conciliar su vida profesional y personal. Y con el tiempo que tienen muchos siguen formándose. Exprimen la vida al máximo.

5. Su patria es la gente

Todos echan de menos a los suyos. Los lugares que evocan están conectados con la gente. Fernando tiene un bebé de 21 meses y quiere que crezca cerca de su familia, de sus aitas. Otra pareja quiere formar una familia y hacerlo cerca de los suyos. Los padres de otra se hacen mayores y no quiere estar tan lejos. El amor es lo que, fundamentalmente, les mueve para volver. Saben que en España van a tener complicado obtener unas condiciones laborales como las que reciben en el extranjero, pero el amor les hará volver igualmente.

6. Buscan desarrollo profesional

Son personas que buscan poder seguir desarrollándose profesionalmente. Quieren que su experiencia sea útil en los espacios en los que trabajen a su vuelta. Es la variable en la que más coinciden todos y que más les importa, con mucha diferencia. Que sean exigente en el desarrollo profesional sigue siendo una muestra de generosidad y es que, necesitamos que esos profesionales puedan seguir creciendo, puedan mostrarnos otras formas de trabajar, nos ayuden a abrir nuevos mercados, nuevas metodologías y que asumamos en España racionalidad en los horarios y exigencia en los objetivos.

En cada historia hay un futuro de esperanza. Hay una persona de gran valor. Y hay una oportunidad para nuestro país. Ojalá que empresas, organizaciones e instituciones lo sepan ver también.

https://volvemos.org/6-cosas-que-he-aprendido-asesorando-emigrantes

P. D.:
Tengo que recordarlo, a estos jóvenes españoles no se les ha dejado votar en las elecciones, no lo han hecho ni un 2%. Ni el PP, ni el PSOE. Es evidente que se tiene que resolver  este problema y que para los miles de españoles que están en el exterior se debe facilitar urgentemente el voto de todos ellos. Es un fraude democrático la serie de trabas que actualmente existe con la única finalidad de impedirles votar por el hecho que se supone de que no iban a votar de forma mayoritaria a esos partidos. 

domingo, 28 de octubre de 2018

El coraje de Paul Tillich. Reeditado un libro clave del teólogo protestante alemán Paul Tillich que apuesta ética y ontológica por el valor del ser humano.

En su primera edición inglesa en 1952 y traducido a nuestra lengua en 1968, más o menos cuando yo lo leí por primera vez, acaba de ser reeditado, con prólogo de Diego Sánchez Meca, El coraje de ser (Avarigani), del teólogo protestante alemán Paul Tillich (Starzeddel, 1886-Chicago, 1965). Es raro, y más hoy, que un libro de filosofía sobreviva más de medio siglo y, sobre todo, como es el caso, si está escrito con claridad, pero en la antípoda de ese género de la menesterosa autoayuda, que lo banaliza todo.

Escrito poco después de terminada la Segunda Guerra Mundial, cuyos horrores deprimieron cualquier atisbo de esperanza, el núcleo de la reflexión de Tillich es una apuesta ética y ontológica sobre el valor del ser humano como tal, o si se quiere, sobre su validez.

El término castellano “coraje” etimológicamente derivó, al parecer, del francés, pero ambos del latino cos-cordis, que significa “corazón”.
Coraje, sin embargo, tiene un matiz particular que, según y cómo, en nuestra lengua puede también significar “fuerza física bruta” o un “carácter belicoso”, pero también, dándole una vuelta a la gramática, como lo hace Tillich, traducirse libremente como “ánimo”, en cuyo caso el “coraje de ser” sería cómo mantener vivo el ánimo ante el hecho de ser, vivir y responder éticamente a lo que se nos presenta en estos avatares, signados por las contingencias de nuestra naturaleza mortal.

Desde los antiguos griegos hasta el siglo XX, lo formidable de Tillich es la apretada síntesis que nos hace del tema, no solo desde el punto de vista filosófico y teológico, sino a través de las ciencias que despuntan en nuestra época, como la psicología, la sociología y la antropología. La verdad es que en ese cuadro sinóptico de Tillich parece caber todo, al margen de las creencias e ideologías muy variadas que se han profesado al respecto históricamente.

Hay una distinción que nos concierne quizás más a nosotros: la de emplazar ese coraje responsable en ser “parte” de la comunidad o ser “individual”, con las correspondientes amenazas de lo “gregario” o lo “cosificado”. En este sentido de la virtual alienación que puede prosperar en todo proyecto ideal, recuerdo el impacto que ya me produjo, en mi primera lectura de su obra, la definición de “neurosis”, como quien “trata de evitar el no-ser, la nada, evitando ser”.

Entonces y ahora me impresionó esta interpretación de Paul Tillich, no solo por su precisión clínica, sino porque subrepticiamente ese comportamiento irresponsable concierne —¡y de qué manera!— al individuo y la sociedad actuales. Tenemos demasiados ejemplos cerca para afrontar aquí su prolija sintomatología, pero la transferencia progresiva de nuestras facultades a las máquinas, o a la irresponsable evasión acerca de la naturaleza reversible de la vida, no solo nos puede hacer perder de vista que esta es un don, sino del papel que cada uno de nosotros debe desempeñar en su breve transcurso, pase lo que pase. Porque pasa siempre, en el fondo, lo mismo, pero nunca de la misma manera.

Aunque no comparta con Paul Tillich la fe religiosa, sí hay para mí algo emocionante en uno de los epígrafes finales de su ensayo, titulado El sino y el coraje de aceptar la aceptación. Es, según lo veo, la mejor definición de la virtud de la humildad (término que procede del latino humus, que significa tierra, o sea, que el humilde es quien aceptar volver a la tierra), porque sin este despojamiento final del ser humano, no habría coraje que valga.

Amor se llama el juego.

viernes, 21 de marzo de 2014

Juan José Millás entrevista a José Mujica, presidente de Uruguay

El mandatario de un país que sorprende al mundo nos abre las puertas de su humilde casa, su despacho y su residencia
Un viaje alucinante para retratar a un líder extraordinario

"La distancia de los políticos con la gente está creando mucho descrédito, y la peor enfermedad es la de los ciudadanos que no creen en su Gobierno (...) En los países grandes hay núcleos económicos que pesan sobre los Gobiernos con un poder del diablo (...) Solo me arrepiento de los amores perdidos", conversa José Mujica con Juan José Millás, que junto al fotógrafo Jordi Socías recorrió Uruguay y compartió varias jornadas con el presidente de este pequeño país abrazado entre Brasil y Argentina.

El video que aquí presentamos es tan solo una pequeña parte de un viaje maravilloso por un territorio que fue elegido por The Economist como país en 2013 por su "receta para la felicidad humana". Su atípico presidente, el mandatario que sorprende al mundo con sus reformas, recibe a El País Semanal en su humilde casa y en su despacho. Un periplo que traza el retrato de un hombre y de una nación, un reportaje que se publica este próximo domingo 23 de marzo.
Ver la fuente en El País y el vídeo aquí.
El reportaje en El País Semanal.