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viernes, 17 de enero de 2020

6 cosas que he aprendido asesorando a emigrantes

Ruth Carrasco

Lo más bonito de enrolarte en un nuevo proyecto en el que crees, un proyecto de transformación social impulsado por gente comprometida, emprendedora y profesional, es que recibes mucho más de lo que das.

Soy Ruth Carrasco, y quizá algunos de los que leáis estas líneas habéis pasado un rato conversando conmigo. Junto a Sébastien Sanz me encargo del asesoramiento para el retorno en el proyecto "Volvemos" de Barakaldo, y he pasado decenas de horas en skype conversando con profesionales vascos increíbles, de los que he aprendido infinidad de cosas y me han hecho sentir más orgullosa del proyecto.

Yo también fui emigrante, viví y trabajé un tiempo en Bruselas, y sé lo que se siente estando lejos de los tuyos. Ha sido sencillo empatizar con las personas que están fuera, personas que necesitamos de vuelta en nuestro país, de las que podemos aprender muchas cosas:

1. Su extraordinaria capacidad de resiliencia.

La capacidad de superar las adversidades está fuera de dudas en todos los y las profesionales con los que me he entrevistado. Que te vas a hacer la selectividad japonesa como si fueses un japonés más. Que hay que hacer una entrevista de trabajo en un idioma que no dominas. Que os embarcais en la aventura de formar una familia lejos de la vuestra, sin ese punto de apoyo tan importante. Que eres el jefe de un equipo en el que eres el único español y el resto es de distinta nacionalidad. Se me vienen a la cabeza múltiples ejemplos en los que han demostrado su amplia capacidad de superar positivamente situaciones adversas.

2. Su humildad

Mi mayor trabajo ha sido ponerles frente al espejo de lo que me estaban contando. He escuchado cosas alucinantes. Historias como la de Ariadne, que pasa 4 años trabajando en una consultora de máximo nivel en la India para el mercado global; o la de Efraín, que se va a Japón y se hace la carrera de japonés; o la de Izaskun, que trabaja en Inglaterra en la industria aeroespacial dirigiendo un equipo. Todas las personas con las que hablaba lo veían como “lo natural”, “lo que debe ser”. Unos profesionales de primera con una humildad que mucha gente, que tanto “gurú” sobrevalorado, debería aprender.

3. El sentimiento de responsabilidad hacia su país

Varias veces me manifestaron la gran pena que sentían: “He recibido educación pública, he ido a la universidad pública, he recibido becas y otro país se está beneficiando de mi conocimiento, de mi trabajo y de mis impuestos”. Sinceramente, esperaba muchas cosas de las sesiones, pero no hubiese apostado por este nivel de responsabilidad cívica. Les necesitamos en la medida que necesitamos más patriotas de los que pagan impuestos y menos de los que los evaden.

4. Su gran productividad

Valoran la autonomía y la responsabilidad en el trabajo y trabajar por objetivos y no “por horas”. Son profesionales que, pese a su juventud, han tomado la oportunidad que les han dado y la han devuelto con mucha profesionalidad y trabajo duro. Están acostumbrados a trabajar de manera autónoma y por objetivos. Responden así por productividad y no por “presencialismos” absurdos. Saben aprovechar el tiempo. Quieren conciliar su vida profesional y personal. Y con el tiempo que tienen muchos siguen formándose. Exprimen la vida al máximo.

5. Su patria es la gente

Todos echan de menos a los suyos. Los lugares que evocan están conectados con la gente. Fernando tiene un bebé de 21 meses y quiere que crezca cerca de su familia, de sus aitas. Otra pareja quiere formar una familia y hacerlo cerca de los suyos. Los padres de otra se hacen mayores y no quiere estar tan lejos. El amor es lo que, fundamentalmente, les mueve para volver. Saben que en España van a tener complicado obtener unas condiciones laborales como las que reciben en el extranjero, pero el amor les hará volver igualmente.

6. Buscan desarrollo profesional

Son personas que buscan poder seguir desarrollándose profesionalmente. Quieren que su experiencia sea útil en los espacios en los que trabajen a su vuelta. Es la variable en la que más coinciden todos y que más les importa, con mucha diferencia. Que sean exigente en el desarrollo profesional sigue siendo una muestra de generosidad y es que, necesitamos que esos profesionales puedan seguir creciendo, puedan mostrarnos otras formas de trabajar, nos ayuden a abrir nuevos mercados, nuevas metodologías y que asumamos en España racionalidad en los horarios y exigencia en los objetivos.

En cada historia hay un futuro de esperanza. Hay una persona de gran valor. Y hay una oportunidad para nuestro país. Ojalá que empresas, organizaciones e instituciones lo sepan ver también.

https://volvemos.org/6-cosas-que-he-aprendido-asesorando-emigrantes

P. D.:
Tengo que recordarlo, a estos jóvenes españoles no se les ha dejado votar en las elecciones, no lo han hecho ni un 2%. Ni el PP, ni el PSOE. Es evidente que se tiene que resolver  este problema y que para los miles de españoles que están en el exterior se debe facilitar urgentemente el voto de todos ellos. Es un fraude democrático la serie de trabas que actualmente existe con la única finalidad de impedirles votar por el hecho que se supone de que no iban a votar de forma mayoritaria a esos partidos. 

viernes, 10 de enero de 2020

_- La segunda ola de la rendición de cuentas algorítmica

_- Durante la última década, la rendición de cuentas de los sistemas basados en el uso de algoritmos se ha convertido en una importante preocupación para los científicos sociales, informáticos, periodistas y abogados. Se han producido filtraciones que han dado lugar a debates vibrantes sobre la imposición de penas en base al uso de algoritmos. Los investigadores han expuesto casos de gigantes tecnológicos que muestran las mismas ofertas de trabajo con salarios más bajos a las mujeres, que discriminan a los ancianos, que implementan patrones oscuros y capciosos que engañan a los consumidores para que compren cosas, y que manipulan a los usuarios para que caigan en agujeros de contenido fanático. Aquellos legisladores comprometidos con la defensa de lo público han comenzado a trabajar en la transparencia algorítmica y en la justicia en la red, basándose en el trabajo de académicos del ámbito del Derecho, que reclaman un proceso tecnológico justo, neutralidad de las plataformas y principios de no-discriminación.

Esta labor política está surgiendo a medida que los expertos traducen la investigación académica y las demandas de los activistas en leyes y reglamentos. Los legisladores están proponiendo proyectos de ley que requieren estándares básicos de transparencia y de auditoría de los algoritmos. Estamos comenzando un largo camino para asegurar que los procesos de contratación y de cobertura financiera basados en el uso de inteligencia artificial (IA) no se utilicen si tienen un impacto discriminatorio en las comunidades históricamente vulnerables. Y así como esta “primera ola” de investigación y de activismo sobre la rendición de cuentas algorítmica ha apuntado a los sistemas existentes, una “segunda ola” emergente se ocupa de cuestiones más estructurales. Ambas olas serán esenciales para asegurar una economía política de la tecnología más justa y genuinamente emancipadora.

Aunque hubo un primer momento de enamoramiento por la evaluación computacional de las personas, muchos —incluyendo miembros del establishment corporativo y gubernamental— reconocen ahora que los datos pueden estar sesgados, o ser inexactos o inapropiados. Los académicos han establecido espacios institucionales como el evento anual “Fairness, Accountability, and Transparency in Machine Learning”, con el objetivo de que programadores, juristas y científicos sociales interactúen regularmente y puedan abordar preocupaciones relativas a la justicia social. Cuando las empresas y los gobiernos anuncian planes para utilizar IA, se presentan desafíos y se reclaman auditorías. En algunos casos esto da lugar a verdaderos cambios políticos. Por poner un ejemplo, el gobierno Liberal australiano ha revertido recientemente algunas políticas de “robodebt” (que consiste en el uso de programas informáticos automatizados para la recuperación de deudas) y, finalmente, ha tenido que echarse atrás ante la justificada indignación provocada.

Todos estos avances son el resultado de una “primera ola” (tomando prestada una periodización familiar en la historia del feminismo) de promoción e investigación acerca de la rendición de cuentas algorítmica. Estas son acciones vitales, y deben prolongarse indefinidamente —debe haber una constante vigilancia del uso de IA en los sistemas socio-técnicos, que son con demasiada frecuencia los legisladores no reconocidos de nuestro acceso diario a la información, al capital, e incluso a las citas amorosas—. Sin embargo, como han advertido Julia Powles y Helen Nissenbaum, no podemos detenernos en esta primera ola. Ellas plantean las siguientes preguntas:

¿Qué sistemas vale realmente la pena crear? ¿Cuáles son los problemas más urgentes a abordar? ¿Quién está mejor posicionado para crear estos sistemas? ¿Y quién toma la decisión de hacerlo? Necesitamos auténticos mecanismos de rendición de cuentas, ajenos a las empresas y accesibles para los ciudadanos. Cualquier sistema de IA que se integre en la vida de las personas debe ser objeto de contestación, de rendición de cuentas y de reparación ante los ciudadanos y los representantes del interés público.

Mientras que la primera ola de rendición de cuentas algorítmica se centra en la mejora de los sistemas existentes, una segunda ola de investigación cuestiona si estos deben ser utilizados —y, en caso afirmativo, quién debe gobernarlos—.

Por ejemplo, en lo que respecta al reconocimiento facial, los investigadores de la primera ola han demostrado que muchos sistemas no están preparados para identificar correctamente los rostros de las minorías. Estos investigadores se centran en hacer que el reconocimiento facial sea más inclusivo, asegurándose de que tenga el mismo índice de éxito para las minorías que para las mayorías. Sin embargo, investigadores y defensores de la segunda ola se han preguntado lo siguiente: ¿Si estos sistemas se utilizan a menudo para la opresión o la estratificación social, debe ser la inclusión el objetivo? ¿No es mejor prohibirlos, o al menos asegurar que sólo se autoricen para usos socialmente productivos?

Las preocupaciones de la segunda ola son todavía más profundas en relación al uso de la IA para la “clasificación facial”, que ha sido promovida como un mecanismo capaz (o inminentemente capaz) de reconocer la orientación sexual, las tendencias criminales y el riesgo de mortalidad a partir de imágenes de rostros.

No basta con que la comunidad investigadora recopile los porqués de “la inferencia facial de las tendencias criminales”. Cuando esta inferencia se realiza a partir de un conjunto de datos pequeño o sesgado, es poco probable que proporcione pistas contundentes sobre quién tiene más probabilidades de cometer un delito. En todo caso, deberíamos cuestionarnos también si este tipo de investigación debe o no tener cabida en nuestra sociedad.

Debemos esperar que esta diferenciación entre las preocupaciones de la primera y la segunda ola nos ponga al corriente también de las discusiones sobre la aplicación de la IA y de la robótica en el campo de la medicina. Para algunos investigadores que están desarrollando aplicaciones de salud mental, por ejemplo, las preocupaciones de la primera ola de rendición de cuentas algorítmica se centrarán en si un corpus lingüístico de estímulos y respuestas se adapta adecuadamente a diversas comunidades con distintos acentos y formas de auto-presentarse.

Los críticos de la segunda pueden introducir un enfoque más jurídico y económico-político que cuestione si dichas aplicaciones están alterando prematuramente los mercados (y la profesión) de atención a la salud mental. El objetivo entonces sería acelerar la sustitución de software barato (si es limitado) por profesionales expertos y empáticos, lo cual requiere una mayor inversión. Estas cuestiones laborales son ya un asunto básico en la regulación de las plataformas sociales. Predigo, en este caso, que se extenderán a muchas áreas de la investigación sobre la rendición de cuentas de los algoritmos, a medida que los críticos exploren quién se está beneficiando (y quién está asumiendo la responsabilidad) de la recopilación, el análisis y el uso de los datos.

Por último (en lo que respecta a este post), podemos apreciar una división en la regulación financiera. Las voces del establishment han aclamado la tecnología financiera (fintech) como una forma revolucionaria de incluir a más individuos en el sistema financiero. Dados los sesgos en la valoración crediticia realizada en base a datos “marginales” o “alternativos” (como el uso de los medios sociales), las clases dirigentes se sienten relativamente cómodas con algunas intervenciones “anti-sesgo” básicas.

Pero también deberíamos hacernos preguntas más amplias sobre cuándo la “inclusión financiera” puede ser depredadora o alarmante (como la vigilancia 24/7), o generar subordinaciones de poder interesadas (como en el caso de una aplicación india de fintech, que reduce la “puntuación” de personas implicadas en actividades políticas). ¿Qué sucede cuando la tecnología financiera permite una forma de “deuda perpetua”? Kevin P. Donovan y Emma Park han estudiado este problema en Kenia:

A pesar de ser pequeños, los préstamos tienen un coste elevado, a veces de hasta el 100% anualizado. Como nos dijo un nairobiano, estas aplicaciones “te dan dinero poco a poco, y luego van a por tu cuello”. No es el único que valora así el “fintech”, la industria de la tecnología financiera en expansión que proporciona préstamos a través de aplicaciones móviles. Durante nuestra investigación, estos regímenes de endeudamiento emergentes han sido calificados como “catastróficos”, una “crisis” y un gran “problema social”. Los periódicos informan de que las aplicaciones móviles de préstamos son la base de una ola de desorden doméstico, violencia e incluso suicidios.

Como ha argumentado Abbye Atkinson, debemos reconsiderar cuál es el ámbito de aplicación adecuado del “crédito como prestación social”. A veces solo aporta el cruel optimismo de un espejismo de Horatio Alger (o, peor aún, la crueldad optimista que caracteriza la psico-política del capitalismo tardío). Así como las razones económicas pueden ser racionalizadas, el entusiasmo por la cobertura financiera “basada en la inteligencia artificial” tiende a ocultar las dinámicas problemáticas de las finanzas. De hecho, si no se ponen en tela de juicio, la economía convencional y la IA podrían conferir una pátina de legitimidad a ciertos sistemas sociales quebrantados.

En la actualidad, la primera y la segunda olas de responsabilidad algorítmica son en gran medida complementarias. La primera ola ha identificado y corregido problemas claros en la IA y ha aumentado la conciencia pública de sus sesgos y sus límites. La segunda ola ha ayudado a ralentizar el despliegue de la IA y la robótica lo suficiente como para que la primera ola tenga más tiempo y espacio para desplegar reformas constructivas. Es muy posible que en el futuro se produzcan enfrentamientos entre los que quieren reparar, y los que están abiertos a poner fin o limitar la evaluación computacional de las personas. Por ejemplo: los que se comprometen a reducir los índices de error de los sistemas de reconocimiento facial para las minorías pueden querer añadir más rostros de minorías a esas bases de datos, mientras que los que encuentran opresivo el reconocimiento facial se resistirán a esa “reforma”, al considerarla una forma más de inclusión depredadora. Pero, por ahora, considero que ambas olas comparten un objetivo común: hacer que los sistemas socio-técnicos sean más sensibles a las comunidades vulnerables.

Frank Pasquale es profesor de derecho en la Facultad de Derecho Francis King Carey de la Universidad de Maryland.

Fuente:
https://lpeblog.org/2019/11/25/the-second-wave-of-algorithmic-accountability/#more-3051 Traducción:Sara Suárez Gonzalo

domingo, 17 de abril de 2016

Crear consciencia sobre los hechos y las consecuencias. Métodos de reeducación en la adolescencia

Andrés López

No se puede decir que exista un único método para la reeducación de personas que han cometido infracciones penales o administrativas, o ni tan siquiera cuando el hecho no llega al alcance de contemplarse por las normas establecidas, pero representa una conducta incívica o desviada social por parte de sujetos en su minoría de edad. Ante estos casos, habría que tratar la situación con mucha cautela y establecer cauces de conexión entre el educador/a, e inclusive su madre, padre o tutores, en cualquiera que fuera el caso de ostentar la guarda y custodia del menor.

En primer lugar, hay que tener claro que no siempre un método genérico es el más eficaz, si tan siquiera es el que funciona por el hecho de que con otros menores ha funcionado anteriormente. Pues se parte de la base de que cada persona es un mundo, de hecho, su forma de ver el mundo, la realidad social, el papel que desencadena en el contexto participativo social, es muy idiosincrático. A veces, incluso sería necesario echarle un vistazo al contexto familiar, cultural y social donde se desenvuelve el adolescente y a partir de ahí, comprender porque se comporta una persona como lo hace; y es que nadie elige donde, con quien, cuando,… nacer.

De hecho, muchos profesionales buscan las raíces a través de historias de vidas y van más allá de lo que ven en el acto. Digamos que sería como ver un álbum de fotos que comprendería del presente al pasado, y deteniéndose en aquellos aspectos que pueden llegar a intuir que el adolescentes ha ido padeciendo cambios en su desarrollo evolutivo y que se puede observar a través de imágenes, vídeos, etc., Y que se determina en su forma de vestir, de expresarse a través de su imagen, e incluso de quienes se rodean en sus fotos y cómo se distinguen los distintos escenarios sociales. Aspectos que son muy importantes a la hora de considerar que método se debería aplicar con un menor en proceso de reeducación.

Incluso cada método debe responder al acto “desviado” que se comete o se participa en cualquiera de sus modalidades como actor. No es lo mismo el adolescente que decide no asistir a clase para estar con los colegas en un callejón, que el que consume bebidas alcohólicas con su grupo de amigos a escondidas de su padre o madre, o el que le quita las llaves del automóvil a su madre o padre y conduce. Digamos que son circunstancias distintas y por lo tanto, habría que utilizar métodos distintos. Aunque si bien es verdad, que la base de la educación social, tal y como lo estableció el educador Paulo Freire, es aprender a aprender, y para cuyo objetivo en la reeducación debe consistir en crear consciencia entre el hecho presumiblemente erróneo cometido, las consecuencias que pudieran determinar en un fatídico final, y sobre todo, la huella indeleble que podría marcarse en la vida del débil y hábil adolescente que por diferentes motivos le ha llevado a cometer una torpeza, bien imprudente, bien intencionada o bien inconsciente.

Así que el trabajo terapéutico del educador/a social o de otros profesionales de la educación, debe consistir en enseñar y tomar conciencia de que todo eso que un adolescente ignora debido a su falta de conocimiento racional, o bien ante su falta de personalidad para saber adoptar posturas más responsables, debe ser tratado con el más sensible respeto y dedicación. Pues esta fase del diagnostico requiere mucho más esfuerzo que en la aplicación del método en sí. Es decir, si somos capaces de reconocer el problema, sabremos llegar a tiempo y con mejor herramientas para evitar cualquier otra conducta desviada que pudiera llevar a cabo un adolescente.

Para ello, es muy importante reconocer el hecho, verlo desde una perspectiva comprensiva para que sea mejor llegar al adolescente, y utilizar el método adecuado para evitar en la medida de lo posible, que se repitan nuevos episodios. Por lo tanto, el educador/a social debe acercarse a la realidad del problema con don de enseñar y aprender, porque incluso un caso incívico conlleva detrás una serie de características que definen a una persona, es decir: “se nos conoce por nuestros actos”.
Andrés López, es antropólogo y educador social.

martes, 29 de septiembre de 2015

El ‘caso Volkswagen’.

Lo ocurrido en Volkswagen es un claro ejemplo de las consecuencias que pueden generar las incongruentes e interesadas estructuras de mando que rigen hoy tanto en las grandes empresas como en el mundo de los dirigentes políticos. De nada ha servido en Volkswagen que durante muchos años miles de trabajadores hayan hecho perfectamente su trabajo si los responsables de gestionar la empresa, movidos por vete a saber qué avaricioso interés desmedido, han tomado unas decisiones equivocadas y fraudulentas que han destrozado la empresa. El problema es que los dirigentes responsables, en el mejor de los casos, solo perderán sus puestos, que no los enormes ingresos de los que han disfrutado. Serán los trabajadores de una forma u otra los que sin ninguna duda acabarán pagando las consecuencias. Al igual que los ciudadanos de muchos países que tienen que pagar las incompetencias, irresponsabilidades y corrupciones de unos dirigentes casi siempre exentos de responder por ellas. Todo sería diferente si el hecho de ser alto cargo en las grandes empresas o en la política implicara, además de los generosos beneficios que tan fácilmente ellos mismos se adjudican, la obligación por ley de responder personalmente, tanto económica como penalmente, por las consecuencias de su gestión.
 Zaragoza 24 SEP 2015. El País

miércoles, 31 de diciembre de 2014

La educación exige emociones. El fenómeno es imparable. Los nuevos tiempos exigen desarrollar las capacidades innatas de los niños y cambiar las consignas académicas.

¿Estamos educando a las nuevas generaciones para vivir en un mundo que ya no existe? El sistema pedagógico parece haberse estancado en la era industrial en la que fue diseñado. La consigna respecto al colegio ha venido insistiendo en que hay que “estudiar mucho”, “sacar buenas notas” y, posteriormente, “obtener un título universitario”. Y eso es lo que muchos han procurado hacer. Se creyó que, una vez finalizada la etapa de estudiantes, habría un “empleo fijo” con un “salario estable”.

Pero dado que la realidad laboral ha cambiado, estas consignas académicas han dejado de ser válidas. De hecho, se han convertido en un obstáculo que limita las posibilidades profesionales. Y es que las escuelas públicas se crearon en el siglo XIX para convertir a campesinos analfabetos en obreros dóciles, adaptándolos a la función mecánica que iban a desempeñar en las fábricas. Tal como apunta el experto mundial en educación Ken Robinson, “los centros de enseñanza secundaria contemporáneos siguen teniendo muchos paralelismos con las cadenas de montaje, la división del trabajo y la producción en serie impulsadas por Frederick Taylor y Henry Ford”.

Si bien la fórmula pedagógica actual permite que los estudiantes aprendan a leer, escribir y hacer cálculos matemáticos, “la escuela mata nuestra creatividad”. A lo largo del proceso formativo, la gran mayoría pierde la conexión con esta facultad, marginando por completo el espíritu emprendedor. Y como consecuencia, se empiezan a seguir los dictados marcados por la mayoría, un ruido que impide escuchar la propia voz interior.

La voz de los adolescentes

“Desde muy pequeño tuve que interrumpir mi educación para empezar a ir a la escuela” Gabriel García Márquez

Cada vez más adolescentes sienten que el colegio no les aporta nada útil ni práctico para afrontar los problemas de la vida cotidiana. En vez de plantearles preguntas para que piensen por sí mismos, se limitan a darles respuestas pensadas por otros, tratando de que los alumnos amolden su pensamiento y su comportamiento al canon determinado por el orden social establecido.

Del mismo modo que la era industrial creó su propia escuela, la era del conocimiento emergente requiere de un nuevo tipo de colegio. Básicamente porque la educación industrial ha quedado desfasada. Sin embargo, actúa como un enfermo terminal que niega su propia enfermedad. Ahogada por la burocracia, la evolución del sistema educativo público llevará mucho tiempo en completarse. Según Robinson, “ahora mismo sigue estando compuesto por tres subsistemas principales:
-el plan de estudios (lo que el sistema escolar espera que el alumno aprenda),
-la pedagogía (el método mediante el cual el colegio ayuda a los estudiantes a hacerlo) y
-la evaluación, que vendría a ser el proceso de medir lo bien que lo están haciendo”.

La mayoría de los movimientos de reforma se centran en el plan de estudios y en la evaluación. Sin embargo, “la educación no necesita que la reformen, sino que la transformen”, concluye este experto. En vez de estandarizar la educación, en la era del conocimiento va a tender a personalizarse. Esencialmente porque uno de los objetivos es que los chavales descubran por sí mismos sus dones y cualidades individuales, así como lo que verdaderamente les apasiona.

En el marco de este nuevo paradigma educativo está emergiendo con fuerza la “educación emocional”. Se trata de un conjunto de enseñanzas, reflexiones, dinámicas, metodologías y herramientas de autoconocimiento diseñadas para potenciar la inteligencia emocional. Es decir, el proceso mental por medio del cual los niños y jóvenes puedan resolver sus problemas y conflictos emocionales por sí mismos, sin intermediarios de ningún tipo.

La base pedagógica de esta educación en auge está inspirada en el trabajo de grandes visionarios del siglo XX como Rudolf Steiner, María Montessori u Ovide Decroly. Todos ellos comparten la visión de que el ser humano nace con un potencial por desarrollar. Y que la función principal del educador es acompañar a los niños en su proceso de aprendizaje, evolución y madurez emocional. En esta misma línea se sitúan los programas de la educación lenta, libre y viva que están consolidándose como propuestas pedagógicas alternativas dentro del sistema. Eso sí, el gran referente del siglo XXI sigue siendo la escuela pública de Finlandia, país que lidera el ranking elaborado por el informe PISA.
¿Para qué sirve?

“Educar no consiste en llenar un vaso vacío, sino en encender un fuego latente” Lao Tsé

La educación emocional está comprometida con promover entre los jóvenes una serie de valores que permitan a los chavales descubrir su propio valor, pudiendo así aportar lo mejor de sí mismos al servicio de la sociedad. Entre estos destacan:

Autoconocimiento. Conocerse a uno mismo es el camino que conduce a saber cuáles son las limitaciones y potencialidades de cada uno, y permite convertirse en la mejor versión de uno mismo.

Responsabilidad. Cada uno de nosotros es la causa de su sufrimiento y de su felicidad. Asumir la responsabilidad de hacerse cargo de uno mismo en el plano emocional y económico es lo que permite alcanzar la madurez como seres humanos y realizar el propósito de vida que se persiga.

Autoestima. El mundo no se ve como es, sino como es cada uno de quienes lo observan. De ahí que amarse a uno mismo resulte fundamental para construir una percepción más sabia y objetiva de los demás y de la vida, nutriendo el corazón de confianza y valentía para seguir un propio camino.

Felicidad. La felicidad es la verdadera naturaleza del ser humano. No tiene nada que ver con lo que se tiene, con lo que se hace ni con lo que se consigue. Es un estado interno que florece de forma natural cuando se logra recuperar el contacto con la auténtica esencia de cada uno.

Amor. En la medida que se aprende a ser feliz por uno mismo, de forma natural se empieza a amar a los demás tal como son y a aceptar a la vida tal como es. Así, amar es sinónimo de tolerancia, respeto, compasión, amabilidad y, en definitiva, dar lo mejor de nosotros mismos en cada momento y frente a cualquier situación.

Talento. Todos tenemos un potencial y un talento innato por desarrollar. El centro de la cuestión consiste en atrevernos a escuchar la voz interior, la cual, al ponerla en acción, se convierte en nuestra auténtica vocación. Es decir, aquellas cualidades, fortalezas, ­habilidades y capacidades que permiten emprender una profesión útil, creativa y con sentido.

Bien común. Las personas que han pasado por un profundo proceso de autoconocimiento se las reconoce porque orientan sus motivaciones, decisiones y acciones al bien común de la sociedad. Es decir, aquello que hace a uno mismo y que además hace bien al conjunto de la sociedad, tanto en la forma de ganar como de gastar dinero.

En vez de seguir condicionando y limitando la mente de las nuevas generaciones, algún día –a lo largo de esta era– los colegios harán algo revolucionario: educar. De forma natural, los niños se convertirán en jóvenes con autoestima y confianza en sí mismos. Y estos se volverán adultos conscientes, maduros, responsables y libres, con una noción muy clara de quiénes son y cuál es su propósito en la vida. El rediseño y la transformación del sistema educativo son, sin duda alguna, unos de los grandes desafíos contemporáneos. Que se hagan realidad depende de que padres y educadores se conviertan en el cambio que quieren ver en la educación.

Fuente: El País semanal. http://elpais.com/elpais/2014/12/12/eps/1418401341_900515.html

viernes, 9 de agosto de 2013

La intervención de Rajoy

“Me equivoqué, lo lamento, pero fue así. Me equivoqué en mantener la confianza en alguien que ahora sabemos que no la merecía”. Si el señor Rajoy, en lugar de presidente del Gobierno de España, fuera el director general de una empresa privada y hubiera dicho esto ante su junta de accionistas debería haber presentado a continuación su dimisión porque, de no hacerlo, los accionistas le hubieran cesado de inmediato.

El señor Rajoy, respecto a las declaraciones del señor Bárcenas, dijo que son “una ingente colección de falsedades, como demostrará la justicia con el tiempo”. ¿Y si la justicia demuestra lo contrario? Hasta ahora, ya se han demostrado una serie de cosas que, no hace mucho, eran indemostrables según él: ¿recuerdan aquello de “nadie podrá probar que no son inocentes” refiriéndose a Bárcenas y Galeote?

En un determinado momento, el señor Rajoy recordó a los diputados socialistas que su partido había tenido también un caso similar, el de Luis Roldán. Quizá haya olvidado que, en aquella ocasión, dimitió Antoni Asunción, el ministro del Interior que había nombrado al señor Roldán; o quizá es que no quiere recordarlo.— Antonio Calvete. Getafe. Madrid. Cartas al director El País.

sábado, 11 de mayo de 2013

El gasto militar es el causante de una importante parte del deficit.

En un estudio realizado por Justicia y Paz podemos comprobarlo. Obras son amores y no buenas razones. Para poder informarnos basándonos en evidencias no en opiniones. Aquí.

jueves, 15 de julio de 2010

Buenos padres pueden tener malos hijos

Los padres a menudo se culpan cuando sus hijos van por mal camino - ya se trate de un mal comportamiento en un niño pequeño o un adulto quemado por unos niños problemáticos, durante una sesión de terapia.
Pero ¿deben ser culpados los buenos padres cuando los niños van mal? Esa es la pregunta planteada por el Dr. Richard Friedman en Ciencias Times de hace unos días.
Durante años, los profesionales de salud mental fueron entrenados para ver a los niños como meros productos de su entorno, que eran intrínsecamente buenos hasta que el medio influyera en lo contrario. Donde hay mala conducta crónica, debe estar detrás de ella un mal padre.
Pero mientras no me refiero a dejar de culpar a los malos padres - por desgracia, hay demasiados de ellos, desde los malvados hasta la mera apatía o abandono - no es menos cierto que los padres pueden producir un muy buen número de niños "tóxicos".
Para obtener más información, leer el artículo completo del NYT "Aceptemos que los buenos padres pueden plantar malas semillas", y si le agrada, por favor únase a la discusión en el artículo.
Más sobre el llamado síndrome del emperador.