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miércoles, 12 de septiembre de 2018

¿Los hijos aprenden mejor con premios o con castigos?

Me invade un auténtico pavor a medida que se acerca su hora de dormir: ‘Aquí vamos de nuevo’”.

Eso dijo un padre en nuestra oficina de terapia familiar para describir el espectáculo que montaba su hijo antes de irse a la cama. El niño enloquecía más y más conforme se acercaba su hora de dormir, ignoraba con necedad las instrucciones de sus padres y hacía una enorme rabieta con tan solo escuchar la palabra piyama. Los padres se sentían frustrados y desorientados.

La pregunta que nos hicieron es una que escuchamos muy a menudo: ¿debían ser severos y prohibirle ver sus dispositivos electrónicos cuando se comportaba así (castigos)? ¿O idear un sistema con calcomanías y premios para persuadirlo a comportarse bien (recompensas)?

Muchos padres crecieron con castigos y es comprensible que se valgan de ellos. Sin embargo, los castigos tienden a intensificar el conflicto y bloquear el aprendizaje. Provocan una reacción de lucha o huida, lo que significa que el pensamiento sofisticado del lóbulo frontal se nubla y se activan los mecanismos básicos de defensa. Los castigos nos llevan a rebelarnos, avergonzarnos o enojarnos, a reprimir nuestros sentimientos o idear cómo evitar que nos descubran. En este caso, la resistencia absoluta de quien tiene 4 años llegaría a su punto máximo.

Entonces las recompensas son la opción más positiva
No tan rápido. Las recompensas son más bien las gemelas engañosas de los castigos. Son atractivas para las familias (y es comprensible) porque pueden mantener a un niño bajo control temporalmente, pero el efecto puede desvanecerse o incluso ser contraproducente: “¿Cuánto me vas a dar?”, le dijo su hija a una clienta, según nos contó, cuando le pidió que ordenara su cuarto.

Los psicólogos han sugerido durante décadas que las recompensas pueden reducir nuestra motivación y gozo naturales. Por ejemplo, los niños a los que les gusta dibujar y, bajo condiciones experimentales, reciben una paga por hacerlo, dibujan menos que los que no reciben nada. Los niños a quienes premian por compartir lo hacen menos, etcétera. Esto es lo que los psicólogos denominan como “efecto de justificación excesiva”: la recompensa externa eclipsa la motivación interna del niño.

Las recompensas también han sido relacionadas con la disminución de la creatividad. En una serie clásica de estudios, se le dio a la gente un conjunto de materiales (una caja de tachuelas, una vela y un paquete de cerillos) y se le pidió que encontrara la manera de adherir la vela al muro. La solución requiere de un enfoque innovador, es decir, ver los materiales de una manera que no se relacione con sus propósitos (la caja utilizada como un portavelas). Las personas a las que se les dijo que recibirían una recompensa por resolver este dilema tardaron más en hacerlo, en promedio. Las recompensas limitan nuestro campo de visión. Nuestros cerebros dejan de cavilar con libertad. Dejamos de pensar profundamente y no vemos las posibilidades.

La idea general de los castigos y las recompensas está basada en suposiciones negativas acerca de los niños; que debemos controlarlos y moldearlos y que no tienen buenas intenciones. No obstante, podemos darle la vuelta a esa forma de pensar y ver a los niños como capaces y programados para ser empáticos, cooperar, trabajar en equipo y esforzarse. Esa perspectiva cambia, de manera poderosa, nuestra manera de hablar con los niños.

Las recompensas y los castigos son condicionales, pero el amor y la opinión positiva sobre nuestros hijos no deberían serlo. De hecho, cuando somos empáticos y realmente escuchamos a nuestros hijos, es más probable que ellos nos escuchen. Aquí compartimos nuestras sugerencias para cambiar la conversación y la conducta.

Buscar las causas, el trasfondo, el por qué.
Los niños no golpean a sus hermanos, ignoran a sus padres ni hacen berrinches en el supermercado solo porque sí. Cuando nos enfocamos en lo que realmente está sucediendo, nuestra ayuda es más significativa y duradera. Incluso solo intentar ver lo que hay en el fondo hace que los niños bajen un poco la guardia, estén más abiertos a escuchar límites y reglas y sean más creativos para resolver los problemas.

En lugar de decir: ¡Pórtate bien con tu amigo y comparte, o no podrás ver tele ni usar tu tableta más tarde!

Puedes decir: Hmm, todavía estás pensando si compartir tu nuevo juego para armar. Lo entiendo. Es difícil compartir al principio y te sientes un poco enojado. ¿Se te ocurre un plan para que puedan jugar con él juntos? Dime si necesitas ayuda.

El llanto, la resistencia y la agresión física podrían ser solo la punta del iceberg. Bajo la superficie puede haber hambre, falta de sueño, exceso de estímulos, sentimientos fuertes, cambios por una habilidad en desarrollo o la experiencia de un nuevo ambiente. Si piensas de esta forma, te conviertes en un compañero que lo guía, en vez de un adversario que lo controla.

Motivar en lugar de premiar
La motivación es muy buena, cuando tiene el mensaje subyacente de: “Confío en ti y de verdad creo que quieres cooperar y ayudar. Somos un equipo”. La diferencia entre esto y ofrecer recompensas cual carnadas es sutil pero muy poderosa.

En lugar de decir: Si limpias tu cuarto, podemos ir al parque. Así que más vale que lo hagas, o no hay parque.

Puedes decir: Cuando tu cuarto quede limpio, iremos al parque. Tengo muchas ganas de ir. Avísame si necesitas ayuda.

Ayudar en lugar de castigar
El concepto del castigo conlleva un mensaje de: “Necesito hacerte sufrir por lo que hiciste”. Muchos padres en realidad no quieren comunicar eso, pero tampoco quieren parecer permisivos. La buena noticia es que puedes mantener los límites y guiar a los niños sin castigarlos.

En lugar de decir: No te estás portando bien en la resbaladilla, entonces ya no vas a jugar. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?

Puedes decir: ¡Estás algo inquieto, ya me di cuenta! Te voy a bajar de esta resbaladilla porque no es seguro jugar así. Vamos a otro lugar para calmarnos.

En lugar de decir: Fuiste grosero conmigo y dijiste groserías. Eso es inaceptable. Te voy a quitar el teléfono.

Puedes decir: Vaya, estás muy molesto, lo puedo notar en tu voz. Para mí no está bien que uses esas palabras. Vamos a guardar tu teléfono por ahora para que puedas tener algo de espacio en tu mente para pensar. Cuando estés listo, platícame un poco más sobre lo que te molesta. Juntos veremos qué podemos hacer.

Despierta su interés por trabajar
Los humanos no son perezosos por naturaleza (no es un rasgo adaptativo) y los niños, en particular, no lo son. Nos gusta trabajar arduamente si nos sentimos parte de un equipo. Los niños pequeños quieren ser miembros competentes de la familia y les gusta ayudar si saben que su contribución es importante y no puro teatro. Deja que te ayuden de una forma real desde sus primeros años, en vez de asumir que necesitan algún otro tipo de distracción mientras tú haces todo.

Organiza una junta familiar para pensar en todas las tareas diarias que la familia necesita realizar. Pídele ideas a cada miembro de la familia. Haz una tabla para los niños (o deja que ellos la hagan) con un espacio para marcar cuando se hayan realizado las tareas.

En el caso del niño reacio a dormir, cuando los padres vieron lo que había detrás, lograron un gran avance. Resultó que su hijo estaba exhausto, así que prescindieron de algunas de sus actividades y se aseguraron de reservar un tiempo para que se relajara en las tardes. Cuando empezaba a alterarse, su mamá lo envolvía en su toalla de baño y le decía que era su burrito favorito. Ella admitió que para él era difícil cuando ella tenía que trabajar hasta tarde: “Tal vez te sientes triste porque no he estado contigo a la hora que tienes que irte a la cama en las últimas semanas. Yo sí me he sentido triste. Oye, ¿qué tal si leemos tu libro favorito esta noche?”. Hicieron una tabla para enlistar cada paso de su rutina y le pidieron su opinión. Con el tiempo, dejó de resistirse y el ambiente a la hora de irse a dormir pasó del pavor a una conexión y un goce verdaderos.

Sin importar lo irracional o difícil que parezca un momento, podemos responder de maneras que expresen: “Te veo. Estoy aquí para entenderte y ayudarte. Estoy de tu lado. Vamos a encontrar una solución juntos”.

Heather Turgeon es psicoterapeuta y coautora, junto a Julie Wright, del libro "Now Say This: The Right Words to Solve Every Parenting Dilemma".

https://www.nytimes.com/es/2018/08/24/ninos-castigos-recompensas-crianza/

viernes, 7 de septiembre de 2018

Josep Fontana: rigor, honestidad y compromiso


El filósofo Josep María Esquirol explica en su bellísimo ensayo “La Resistencia Intima”, que “la casa siempre es el símbolo de la intimidad descansada”. La casa “no es tanto el confort, ni el lujo, cuanto el recogimiento y la acogida”. Creo que estos pasajes definen muy bien a Josep Fontana como ser humano. Una persona honesta y sabia, no solamente por su capacidad de trabajo (mantenida hasta el último momento) sino porque fundamentalmente había elegido un orden de prioridades en el que el vínculo con los demás partía siempre de lo próximo: su austera y a la vez acogedora casa, su pareja, sus amigos, su barrio popular del Poblesec, su idioma, la universidad Pompeu Fabra, su ciudad…

De alguna manera, también así amaba a su país, sus afectos y su mirada de historiador se desplegaban desde lo pequeño y lo cotidiano, hacia lo que se mueve, hacia lo que resiste….hacia lo que lucha, y de ahí a lo universal como conocimiento a través de su incansable labor de investigación histórica. Gustaba Josep los fines de semana, del placer de lo que está bien cocinado, coincidía en esto, y en otras resistencias íntimas a las claudicaciones, con su gran amigo Manuel Vázquez Montalbán. Tras disfrutar de la mesa y la conversación tomaba un café sólo y regresaba a casa, a su recogimiento de la mesa de trabajo para seguir leyendo, para seguir desgranando argumentos y razones con los que entender la lógica de los acontecimientos históricos. Siempre he tenido la sensación de que esta manera de recogimiento en pos de la divulgación de la historia era una forma no sólo de disfrute personal sino de expresar querencias y estimas. Una manera superior y humilde a la vez, de darse a los demás.

En un sistema que preconiza el “yo” como el ámbito exclusivo de superar dificultades y problemas, en una sociedad apegada a las pantallas planas, consumidora de ansiolíticos y libros de autoayuda, adicta al fetiche digital, la actitud y la obra de Fontana ponen un acento sutil en el nosotros, el nosotros en movimiento, el nosotros que reflexiona, el nosotros que no se resigna y que puede elaborar proyectos alternativos. El nosotros que puede rescatar el yo disperso y desarmado ante tanta ignominia generada por el modelo neoliberal. Por eso los últimos años cruzaba la geografía peninsular (y no sólo peninsular) de una punta a otra siempre que algún colectivo u organización demandaba su presencia para explicar las claves de la presente “crisis”. Este es un tema en el que se centró tanto en los últimos capítulos de Por el bien del Imperio (2011), obra en la que trabajó catorce años y que es hoy una obra de referencia para entender la dinámica artificiosa y perversa de la guerra fría, como en una obra de prolongación titulada El futuro es un país extraño (2013).

El rigor de este discípulo de Jaume Vicens Vives y de Pierre Vilar, descansaba en su apabullante utilización de las fuentes y en una praxis del materialismo histórico liberado de la noción de “Progreso”, reivindicando en este aspecto a Walter Benjamin. Josep Fontana no se dejaba seducir por el espejismo tecnológico como motor de los cambios, y era por el contrario muy consciente, de que los desarrollos humanos, entendidos como la consecución de sociedades más equilibradas y justas, habían venido de la mano de tenaces luchas sociales (y sus consecuentes aprendizajes colectivos) en favor de proyectos alternativos al poder y a sus prácticas políticas, económicas y culturales. Para Fontana no había linealidad de progreso en el desarrollo de los acontecimientos, en sus obras demuestra que la Historia es un territorio de contingencia y de encrucijadas; al respecto, Fontana reflexionó sobre la función de la Historia y la labor del historiador en una interesante obra del año 1992 titulada La Historia después del fin de la Historia, y que merece hoy ser releída, en estos momentos en el que el oportunismo, la estulticia y la Historia como negocio y coartada del poder vuelven a cabalgar sobre fastos históricos en forma de Quintos Centenarios; este libro, además, desmonta con lucidez toda operación de vuelta a una historia narrativa conservadora tras el fin de la guerra fría.

En 1917 publicó El siglo de la Revolución, una obra de alguna manera complementaria a la mencionada Por el bien del Imperio, en ella Fontana explica, el impacto que la revolución rusa de 1917 tuvo a escala planetaria. Frente a ese esquema posmoderno de pensamiento, tan socialmente extendido, que cree que mirar a la revolución bolchevique para encontrar respuestas está demodé, el libro demuestra que aquel acontecimiento supuso una ruptura de equilibrios que permitió cambios políticos y sociales a nivel planetario, aunque en Europa y en el mundo occidental esas transformaciones fueran más palpables y duraderas. Para el historiador catalán no se pueden entender la construcción de los estados del bienestar (welfare state) desligados de aquella respuesta organizada de las clases subalternas y del país que surgió después, a pesar de que el estalinismo supuso en buena medida un recorte y una mutación en clave conservadora de toda la carga emancipadora inicial. Los fascismos de los años 30 son explicables para Fontana como la manera con la que el capital reaccionó ante aquella ruptura inesperada que disputaba su poder. En esta línea también publicó en la prestigiosa web Sin Permiso (de la que formaba parte del Consejo Editorial) , un magnífico artículo titulado ¿Por qué nos conviene estudiar la revolución rusa?, auténtico alarde de conocimiento puesto al servicio de la didáctica de la Historia.

La labor de Josep Fontana como editor, primero en Ariel y luego en CRITICA, merece ser puesta de relieve ya que gracias a él el mundo universitario y las personas que tenían interés por la Historia pudieron conocer a historiadores como Eric Hobsbawm, E.P. Thompson, H. Kohachiro Takahasi, Peter Kriedte, o Mary Beard, entre tantos otros. También publicó debates historiográficos de gran interés y riqueza conceptual como El debate Brenner, en el que concurrieron varios historiadores de diferentes tendencias, (Emmanuel Le Roy Ladurie, M.M.Postan, Guy Bois, R.H. Hilton, Patricia Croot, David Parker, Heide Wunder, J.P Cooper y Arnost Klima), aparte del propio norteamericano Robert Brenner que abrió el debate con un artículo publicado en 1976, en el que concedía gran importancia a las estructuras de poder campesino a la hora de condicionar los cambios que se operaban en la demografía y en los intercambios económicos que erosionaban el feudalismo; se trataba en definitiva de un debate sobre los factores que accionaban la transición entre la baja edad media y la Europa preindustrial. Otra publicación de mediados de los 80 fue Estructuras feudales y feudalismo en el mundo mediterráneo (siglos X-XIII) , que recogía los trabajos de diferentes historiadores (Pierre Bonnassie, Thomas N. Bisson, Reyna Pastor o Pierre Guichard) en un coloquio celebrado en Roma en el 78 sobre el feudalismo; la publicación de todas estas aportaciones arrojó mucha luz sobre las diversas estructuras feudales europeas, hasta ese momento, analizadas casi siempre desde el paradigma feudal del norte de Europa.

Este breve resumen del quehacer de Fontana como Historiador y como editor no estaría completo sin mencionar su comprensión del siglo XIX español y la crisis de la Monarquía Absoluta y del Antiguo Régimen, terreno en el que era un auténtico especialista (¿y en qué no lo era?). En libros como La crisis del Antiguo régimen 1808-1833, el historiador barcelonés nos da las claves para entender un periodo en el que los viejos terratenientes feudales pactaron con el liberalismo burgués incipiente, como forma de garantizar su poder oligárquico ante el empuje de un campesinado que buscaba en la religión prestigio y justificación pero que no conseguía formular sus aspiraciones de clase en un programa coherente. Para Fontana los historiadores académicos, liberales o conservadores, aplicaron a esta época una deliberada miopía que rehúye ahondar en las raíces sociales de los hechos; o dicho de otro modo: los sujetos colectivos y sus intereses son fundamentales para entender cualquier acontecimiento.

Hay que decir, y esta era una de las grandes cualidades de Josep Fontana, que su obra aunaba siempre profundidad, claridad expositiva y amenidad.

Silvio Rodríguez suele decir que a menudo, uno vuelve a ventanas en las que una vez se asomó, y que allí vuelve a descubrir canciones. Pues bien, algo así es lo que a Josep le estaba ocurriendo en los últimos tiempos; se estaba asomando de nuevo a esa enorme ventana del siglo XIX que nos abrió, en concreto, estaba escribiendo un libro que había comenzado como una historia de la restauración entre 1814 y 1848 y se percataba, según me comentaba, que había que prestarle mucha atención a las medidas sobre el desarrollo del capitalismo, medidas que quedaban omitidas en el discurso histórico dominante y que, por ejemplo, el esclavismo había tenido un papel fundamental en este aspecto. Sobre esta obra y en un guiño me decía ¿Para qué apresurarme en acabarla?

Por tu amistad, por lo que nos has enseñado y por lo que vas a seguir enseñando a generaciones futuras de tot cor moltes gracies Josep.

miércoles, 8 de agosto de 2018

“La autoestima es clave para la inteligencia de tu hijo”

Alonso Puig defiende que “nunca hay que dar a nadie por perdido” porque en todo ser humano existe grandeza. Señala la importancia de los educadores para descubrir ese potencial, desarrollarlo y dar oportunidades. “Hay que vivir con pasión, con entusiasmo, con confianza en nuestras capacidades y entrenar el cerebro para conseguir nuestro objetivo”, afirma.

Mario Alonso Puig. Bueno, primero me voy a presentar. Algunos tal vez me conozcáis, otros no me conozcáis.

Soy Mario, Mario Alonso Puig. Mi trayectoria fundamentalmente está muy basada en la medicina, en la cirugía, veintiséis años en quirófanos en distintos países, y siempre muy marcada por el interés de como un médico puede verdaderamente conectar con otro ser humano y ayudarle a hacer frente a desafíos que a veces son francamente serios.

Mi formación fue una formación muy técnica, muy científica, que yo completé buscando qué podía hacer que, la comunicación, qué podía hacer que la conversación activara mecanismos en el cuerpo que favorecieran la curación.

Topé con una ciencia que estaba en sus orígenes, la psiconeuroinmunobiología, que estaba empezando a investigar esto, cómo la mente, a través del sistema nervioso y del sistema endocrino, pueda afectar nuestro sistema de defensa que es el sistema inmune. Aquello me llevó a profundizar en otros campos, el liderazgo, la comunicación y de alguna manera a tomar perspectiva sobre nuestra forma de tratarnos unos a otros, nuestra forma de hablar unos con otros, nuestra forma de entendernos a nosotros mismos, a los demás y al mundo, y si bien la medicina es una ciencia apasionante, el ser humano es la cuestión infinita, empiezas y nunca acabas.

Bueno, mi interés por la educación es mi interés por sacar del ser humano lo que verdaderamente tiene dentro. Yo no creo que ningún ser humano esté llamado a la mediocridad, no lo creo, realmente es que no lo creo, creo que todo ser humano está llamado a la grandeza, y la grandeza no la define la cultura. La grandeza es una cosa que la define nuestra propia naturaleza.

La palabra educación, en el fondo, quiere decir «sacar de dentro», es decir, no somos cubos vacíos que hay que llenar, si no fuegos que hay que encender. En este sentido, me gustaría contaros una historia que a mí personalmente me ha marcado mucho, he hablado en distintos foros sobre esta historia, porque señala lo que, para mí, es la diferencia entre profesores y maestros.

En 1951, en la ciudad de Detroit, nace un joven, un chico de color que pronto nota lo que es la pérdida, porque siendo jovencito el padre se va y se queda la madre, una mujer que no tenía estudios, una mujer que, bueno, se había dedicado a cuidar de sus hijos, y se ve con esta situación, con la situación de que tiene que sacar adelante una familia sin que en ese momento entrara ninguna ayuda económica, se dedica a limpiar apartamentos, a limpiar hospitales, etcétera, etcétera, y claro, cuando uno ha vivido en la ciudad de Detroit como he vivido yo, yo trabajé en un hospital que se llama Henry Ford en neurocirugía.

Cuando uno ha vivido en la ciudad de Detroit pues se da cuenta que Detroit es una ciudad apasionante, pero en ciertas épocas de la historia ha sido una ciudad bastante complicada. En los años cincuenta verdaderamente había un apartheid, una especie de apartheid, es decir, las personas de color se tenían que sentar en sitios distintos que las personas blancas, tenían que ir a baños diferentes, etcétera, etcétera, y claro, este chico era un chico de color, era un chico pobre y que pronto pues fue destacando, no por su talento, sino por lo que consideraban que era su estupidez, tampoco por su serenidad, sino más bien por su tendencia, su temperamento violento.

Cualquiera que hubiera tenido, digamos, una bola de cristal habría imaginado que este chico habría acabado, sin duda, en un penal en los Estados Unidos, si no muerto en un combate entre bandas enfrentadas. Pasaba sus ratos, se olvidaba de su triste condición viendo programas de televisión, hasta que un día su madre decidió que iban a ver menos televisión y se iban a dedicar más a leer libros, y les obligó a leer libros yendo a la biblioteca pública de Detroit, ya que ellos no tenían dinero para comprar libros, y el joven Ben, el joven Benjamin empezó a enamorarse de los libros.

Un buen día, llega al colegio, quiero que entendáis que en el colegio este niño tenía las peores notas, su performance (perfórmans) era francamente lamentable, las notas eran pésimas y lógicamente en poco tiempo sería expulsado del colegio. Pero había un profesor, el profesor de ciencias, que verdaderamente era un maestro, él creía que en todo ser humano hay grandeza, que en todo ser humano hay potencial, y que la misión de un maestro es ayudar a que ese potencial se despliegue y florezca, pero no conseguía que este chico, de alguna manera, respondiera a los distintos intentos que había hecho para que ganara confianza en sí mismo.

Un día, el maestro aparece con una piedra, una piedra muy rara, la levanta delante de la clase y pregunta: «¿Qué es esto?», se produce un silencio porque nadie sabe lo que es eso salvo una persona que ya os imagináis quien era, Benjamin, pero Benjamin era el tonto de la clase.

La primera pregunta es: ¿por qué lo sabía Benjamin?, Benjamin lo sabía porque en la biblioteca pública se había dedicado a leer libros de ciencia y por casualidad o sincronicidad, quien sabe, había encontrado libros sobre minerales y había una foto de esa piedra.

¿Pero vosotros pensáis que el tonto de la clase se atreve a hablar? No, porque tú mismo ya matas la respuesta antes de que nazca, es imposible, si no lo sabe el resto, tengo que estar equivocado aunque parezca que estoy en lo correcto.

Pero el profesor sostenía la roca: «¿De verdad que nadie sabe lo que es esta roca?», y, tímidamente, el joven Benjamin alzó la mano. Cuando una persona solo ve el performance (perfórmans) y solo enjuicia a los demás, es muy fácil decir: «Venga, Benjamin, ¿cómo lo vas a saber tú, si tú no sabes nada? Pero aquel profesor mantuvo un espíritu curioso, interesado, él sabía que en todo ser humano hay grandeza, la buscaba, la llamaba constantemente.

«¿Benjamin, tú lo sabes?»,
«Sí»,
«¿Qué es?»,
«Obsidiana»,
«Correcto», pero el profesor podría haber dicho: «Todo el mundo puede tener suerte en esta vida», podría haber dicho eso, no, porque él estaba buscando el hilo que te lleva a la madeja.

Dijo: «¿Sabes algo más de la obsidiana?», y vaya que si sabía el joven Benjamin, empezó a hablar sobre la obsidiana, las temperaturas elevadísimas, luego el frío cómo cristaliza la roca, etcétera, etcétera.

Lo que podría parecer una cosa sencilla, sin más importancia, banal, supuso un antes y un después en la vida de este chico porque este chico recuperó la confianza en sí mismo, creyó que era posible aprender, creyó en sí mismo, creyó que a pesar de su triste cuna, por decirlo de una manera, podría tener un brillante futuro.

Este chico pasó de ser el último de la clase a ser el mejor estudiante de su colegio, hizo realidad su más profundo sueño, que era absolutamente imposible, ser médico, se convirtió en el mejor neurocirujano infantil de la historia, el profesor Ben Carson.

Ben Carson en 1987 hizo una operación de separar a dos gemelos siameses unidos a nivel craneoencefálico. Todas las cirugías que se habían hecho hasta aquel momento para separar lo que se llama un craneopago, esta malformación craneoencefálicas, todas, los niños habían muerto en la mesa de quirófano. En esta operación, en 1987, intervinieron setenta profesionales de la medicina y duró veintidós horas, los dos niños salieron adelante, vivieron y estuvieron bien y sanos.

Él aplicó técnicas especiales de cirugía cardíaca a la neurocirugía, a nadie se le habían ocurrido. Entonces, lo que os quiero transmitir es esto, es un ejemplo de como en todo ser humano hay potencial, en todo ser humano hay grandeza, y tenemos, entiendo, que tener esta disposición a crear espacios de oportunidad para que esas personas puedan mostrar lo que en realidad siempre han tenido y siempre tendrán, pero que no todo el mundo mostrará si no ve ese espacio de oportunidad.

Mario Alonso Puig. Por favor.

María: Hola, Mario, soy María.

Mario Alonso Puig: María.

María: Como educadora, creo que la motivación es necesaria para el aprendizaje, y tú dices que hay seis motivaciones fundamentales para una persona, ¿podrías hablarnos de ellas?

Mario Alonso Puig: Sí, es una gran pregunta. La motivación es lo que nos mueve a la acción, y hay, efectivamente, seis motivaciones que además están presentes en las distintas culturas, es una mezcla de nuestra naturaleza y, también, el entorno cultural.

1. La primera es la motivación de estar en entornos seguros, de poder controlar lo que pasa, de saber que el suelo que pisamos es un suelo firme.

2. La segunda es una motivación de sentirnos reconocidos, sentirnos valorados, de tener un cierto estatus.

3. La tercera es de pertenecer al grupo, es decir, que lleguemos a un sitio y entendamos, sintamos que nos acogen, que no nos desprecian, que no nos marginan.

4. La cuarta motivación es una motivación al desafío, al reto. Si en la vida no hubiera retos, María, sería muy aburrida. Yo sé que, a veces, nos gusta mucho estar en la zona de confort, pero durante un tiempo, al cabo de un tiempo no hay quien lo aguante. Entonces, ese reto, ese desafío es una motivación importante.

5. La quinta motivación es la de crecer, mejorar y progresar, y la

6. sexta es la de contribuir al bienestar de otras personas, el tener una vida con propósitos. Lo más importante son las motivaciones fundamentales que nos mueven dentro de las seis.

Si una persona, toda su fuerza la lleva a la aventura, la lleva al descubrimiento, al reto y, sin embargo, no cuida un poco la motivación de la seguridad, pues, a lo mejor, se puede meter en aventuras insensatas, ¿no?

Entonces, hay un equilibrio natural que hace que las personas nos mantengamos, de alguna manera, en una línea razonable. Cuando alguna de ellas toma alguna preponderancia o una significancia demasiado grande, es cuando podemos tener ciertos problemas.

¿Te respondí, María?

María: Sí, gracias.

Mario Alonso Puig: A ti.

Leer todo aquí:
https://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/inteligencia-y-desarrollo-personal-mario-alonso-puig/

lunes, 6 de agosto de 2018

El poder del lenguaje para alcanzar el bienestar.

Las palabras que utilizamos tienen la capacidad de transformar nuestra realidad. Ya lo decía el filósofo Ludwig Wittgenstein en 1921: "los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo"

Las palabras que utilizamos tienen la capacidad de transformar nuestra realidad. El lenguaje genera cambios en nuestro cerebro y modifica nuestra percepción del entorno que nos rodea.

El lenguaje va vinculado a las emociones. Nuestras palabras envían constantemente mensajes a nuestro cerebro. A nivel neurológico, el uso del lenguaje positivo genera cambios en el lóbulo parietal, la parte del celebro que determina la forma en la que nos vemos a nosotros mismos. Según los estudios de los neurocientíficos Andrew Newberg y Mark Robert Waldman, las palabras negativas hacen que liberemos cortisol, la hormona del estrés. Por lo cual, adoptar una actitud negativa y usar un lenguaje basado en expresiones como no puedo, fracaso o es imposible podría debilitar la salud física y mental de una persona.

Por el contrario, estudios como el famoso Informe Monja —que demostró que las monjas que usaban en su lenguaje más términos positivos vivían hasta diez años más—, nos muestran que expresar palabras positivas y escuchar lenguaje motivador en nuestro ambiente diario favorece nuestra salud. Somos las palabras que usamos.

Actualmente, son muchas las corrientes que utilizan técnicas asociadas al cambio del lenguaje para tratar diversos trastornos psicológicos. Ejemplo de ello son las terapias cognitivo-conductuales, que demuestran que el fomento de pensamientos positivos a través del lenguaje que usa el paciente mejora su estado mental.

Esta teoría tiene como objetivo sustituir las opiniones negativas de los pacientes sobre sí mismos y sobre lo que les rodea por otras más positivas. Estas técnicas han demostrado ser un tratamiento eficaz para trastornos como la depresión —aunque también para fobias, adicciones o ansiedad—, ya que la actividad de nuestra amígdala cerebral aumenta al percibir un futuro más próspero a través de palabras positivas. En muchas ocasiones, estas terapias han resultado ser igual de eficaces que los medicamentos.

Uno de los expertos actuales más reconocidos a nivel mundial, el citado neurocientífico Mark Waldman de la Universidad Loyola Marymount (Los Ángeles), asegura que el cerebro se vuelve más saludable cuando empezamos a usar "tres, cuatro o cinco expresiones positivas por cada una negativa". El lenguaje tiene una potente capacidad de cambiar nuestro mundo. Lo bueno es que, igual que un lenguaje pobre y derrotista nos influye negativamente, también funciona a la inversa.

La solución pasa por comenzar a adoptar una serie de técnicas sencillas y cotidianas, pero muy efectivas. Por ejemplo, usar todavía en lugar de un no radical. Todavía deja las puertas abiertas, plantea una esperanza, evoca una motivación. También debemos olvidarnos de los peros o, al menos, cambiarlos de lugar. No causa el mismo efecto decir: "has hecho un buen trabajo, pero me lo has entregado tarde" que "me lo has entregado tarde, pero has hecho un buen trabajo". Dejar lo malo para el final hace que el efecto negativo perdure, que ese pero anule lo anterior.

Los tiempos verbales también nos dan una gran oportunidad para cambiar nuestras emociones. Si en lugar del condicional usamos el futuro, cambiamos un escenario hipotético por uno cierto. No es lo mismo decir: “Si escribo un libro, sería sobre felicidad” que “Cuando escriba un libro será sobre felicidad”. En el condicional vive la duda, en el futuro la certeza.

Al mismo tiempo, palabras como fracaso, problema, imposible o culpa deben ser desterradas de nuestro lenguaje y sustituidas por construcciones más estimulantes como error, reto, desafío o responsabilidad. Estás últimas no solo nos empujan a crecer y nos abren más puertas, sino que además hacen que nos tratemos con más benevolencia.

Además, cambiar los ¿Y si no podemos,  no es posible ...? negativos por los ¿Y si lo hacemos... Y si sale bien,  y si lo intentamos, no perderemos nada ? positivos hace que entrenemos nuestra valentía y que pasemos de pensamientos que nos hunden a otros que nos impulsan.

Dicho de otra forma, tenemos que dejar de ponernos siempre en lo peor. La precaución es necesaria, pero distingamos entre la advertencia y la parálisis.

Los que triunfan no emplean un lenguaje decaído, sino que expresan un mensaje positivo, fuerte y convincente.

Las palabras no son inocuas: contienen la energía de su significado.
Cambiando tu lenguaje mejorarás tu imagen frente al resto, pues es nuestro vehículo para llegar al otro. Con tus palabras influyes emocionalmente en los demás; con un vocabulario estimulante, mejoras el ambiente que se crea a tu alrededor.

María Fernández es fundadora de Coaching & Media y autora de El pequeño libro que hará grande tu vida.

Fuente: https://retina.elpais.com/retina/2018/07/27/talento/1532701669_217047.html





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"Si cuidas las palabras, las palabras cuidarán de ti"

domingo, 22 de julio de 2018

LA ESCUELA PÚBLICA PARTICIPATIVA

LA ESCUELA PÚBLICA PARTICIPATIVA
XVIII Escuela de Verano de Extremadura.

Introducción.

Las técnicas introducidas en la Escuela para solucionar los problemas han sido abundantes, precisas, pero no han servido para nada (mucho).

- La educación maneja materiales complejos: expectativas, valores, sentimientos, concepciones, emociones, actitudes... difíciles de evaluar y precisar.

¿Quién afirmará que desea una educación sin calidad? El problema surge cuando queremos definir qué entendemos cada uno por calidad...

- La Educación se mueve en un contexto donde reinan los presupuestos de una ideología neoliberal, contrapuestos a los presupuestos de la educación. (competitividad, agresividad, obsesión por la eficacia y el éxito, conformismo moral, privatización creciente, imperio de lo efímero, lo vanal, consumismo...).

Podríamos seguir... resumiendo, podemos decir que reina un desencanto y pesimismo entre los partidarios de la E. Pública y el progresismo en ¡general, del que no soy partidario.

1. ¿Qué haría falta para retomar el pulso a la escuela pública en particular y a las ideas progresistas en general?

Considero que harían falta tres cosas fundamentalmente:
[Si alguno se aburre puede salir de la sala, pero que lo haga despacito para no despertar a los que estén dormidos, por favor]

1- Precisar para entenderse.

2- Diagnosticar la situación con exactitud para comprometerse. Y...

3- Compartir para ilusionarse.

Hay que romper el fatalismo.
La educación es la solución para el desarrollo de la sociedad y de las personas.

Por lo tanto debemos, si creemos en ello, acumular razones para el optimismo, es necesario. El lenguaje, tan importante, es como una escalera, por él subimos a la comprensión y a la libertad pero podemos bajar a la confusión y a la ignorancia. De aquí la importancia de la precisión en los conceptos.

Los niños aprenden de aquellos profesores a los que aman.
No hay que confundir Escuela Pública, de todos y para todos, con escuela estatal. Si fracasa el Síndrome de Down o el emigrante o el gitano o simplemente el torpe, entonces ya no es para todos...

2. La escuela no es una institución coercitiva, o no debe serlo. ¿Por qué? Porque ¿cuando no haya disciplina, orden, coerción, (externo) habrá buen comportamiento...? La educación busca liberar, autoformar, educar. Ya lo decían los hombres de la Institución Libre de Enseñanza, el intento más serio que hubo en España para cambiar la situación mediante la Educación y se le denigró...

En el discurso educativo también existen trampas. Por ejemplo en el discurso sobre "la Calidad", ¿quién va a firmar que está en contra de la calidad educativa? ¿Pero qué es lo que realmente entendemos por calidad?...

Ahí está la llamada Ley de Calidad, se ha elaborado sin la colaboración de nadie, sin debate, sin diálogo, sin diagnóstico (sin un libro blanco sobre el funcionamiento del sistema educativo)... ¿se han respetados los presupuestos que entendemos de la Calidad? ¿Puede dar lugar esa forma de elaboración a una Ley de Calidad? ¿Es así para todos?... ¿qué se pretende con ella...?

Habíamos dicho precisar para entenderse.

[Un maestro dice a sus alumnos: cojan un folio y un bolígrafo. Un alumno levanta el brazo y le dice- maestro no he traído bolígrafo. -Hombre... qué dirías tú de un soldado que fuese a la guerra sin fusil... - Que es un general maestro.]

Precisar y definir parece fácil, no lo es.

[-Que pena esta vida,... nadie cambia... -¿cómo dices eso? Yo he cambiado mucho desde el año pasado... -Sí, pero yo decía para mejorar...]

Veamos, con una simulación, lo difícil que es precisar o definir bien. Para ello vamos a definir todos qué es una silla. Escribidlo. Bien y ahora, según la definición que cada uno ha escrito, la comparamos con estos nueve ejemplos (presenta dibujos de un sillón, un taburete, una butaca, una mecedora, etc.) y va contestando si sí o no cumple con su definición escrita, según reúna las condiciones de la definición o no las reúna. Una vez aplicadas las características, se pregunta a todos, cuantos ha coincidido con una, (la primera) con dos,... etc., así hasta las nueve imágenes. El resultado es que hay grupos en todas las imágenes, es decir, no hay en absoluto una coincidencia de todos los presentes, sino que sus definiciones son diferentes... Y esto en algo objetivo, conocido, observable, y claro y compartido culturalmente y, sobre todo, sin interés personal y sin valores anexos que nos compliquen la definición o la observación... Qué pasará ante otros conceptos más complejos y abstractos como solidaridad, calidad, esfuerzo, etc...

Además, no tenemos a ningún experto en sillas. [Experto es el que viene de fuera, de otra ciudad con transparencias y sabe mucho de alguna cosa]

Llegados a este punto tenemos que hacer mención del concepto jerárquico de verdad; verdad es "lo que la autoridad dice y punto". Tenemos muchas autoridades; la autoridad religiosa, la académica, la política,... Pero, sobre todo, la autoridad es evaluadora, dice lo que está bien y lo que está mal. Lo que debemos creer y lo que no. Y esto durante años y años desde nuestra infancia. De aquí lo difícil que es salirse del marco impuesto.

3 [-¿Qué tal hoy en la escuela, hijo? -Mal. -Por qué. -Porque me han puesto un control y lo hice mal. -¿Qué te preguntaron? -Cómo viven las vacas. -Y que pusiste. -Puse que vivían bien... y no era eso lo que había que decir. - ¿Qué había que decir? -Lo que pone el libro... Viven en ganadería extensivas e intensivas, y yo sé que viven bien; no tiene que ir a la escuela, no hacen controles, están todo el día en el campo, a su aire, sin que les manden y encima se pueden juntar con los toros, y a mi no me dejan ir con niñas...]

[A propósito de lo que dicen los libros, el maestro pregunta en la clase, ¿quién sucedió a Felipe II? Y un alumno contesta rápido; su primo Genito.

¿Cómo? Dice el maestro. Sí lo he visto en el libro, replica rápido el niño. ¡No es posible! Vuelve a decir el maestro. Lee el libro. Y el alumno comienza a deletrear A “Fe li pe II le su ce dio su primo ge nito”. ¿Ve usted maestro?]

[¿Por qué expulsaron a los judíos de España? Porque no querían hacerse fotos, responde un alumno. ¿¡Hombre?! Exclama el maestro. Si maestro viene en el libro. Y abre el libro por la lección y lee; los judíos fueron expulsados de España por no querer “retractarse”...]

Veamos una simulación para mostrar la dificultad de entenderse si no se tiene un código compartido. Para ello tomamos unas figuras de cartulina que forman un rompecabezas para formar la letra T. Piden dos voluntarios (salen Pilar Vacas y Máximo Pulido que son felicitados por partida doble; por colaborar y por arriesgarse los primeros ante algo desconocido).

Se sientan en dos sillas con dos mesas enfrentadas para que se miren pero se le pone una cartera entre ellos para que no vean lo que hace cada uno.

Una vez sentados se le informa que tiene una serie de figuras que; 1º tienen la misma forma, 2º el mismo tamaño y 3º son de color verde y amarillo. No se les informa que los colores no coinciden con las mismas figuras. Es decir, las figuras verdes de uno no coinciden con las verdes del otro, sino con las amarillas, eso dará lugar a un malentendido.

A Pilar le hace la T Miguel Ángel Santos. Y se le dice que, aún diciendo la forma de la figura, le debe dar instrucciones orales para que Máximo forme la misma figura, la T. Los demás, alrededor vemos el equivoco y lo conocemos previamente. Se produce una situación jocosa, pues cuando le dice coge el trapezoide verde con la punta hacia ti, Máximo coge una figura diferente, pues él tiene la misma en amarillo y así se ve como no consiguen llegar a componerla.

La conclusión es clara; debemos definir bien los conceptos y tener un código compartido para entendernos, de lo contrario estaremos hablando de cosas distintas y así difícilmente vamos a llegar a las mismas conclusiones. Y más si hablamos de cuestiones complejas como son las educativas; valores, jerarquía, calidad, esfuerzo, etc.

Después de finalizar y felicitarles otra vez, se pregunta, ¿cuántas veces felicitamos por cada vez que criticamos? Somos muy cicatero en el elogio y muy espléndidos en la crítica o el defecto. El esfuerzo, lo positivo, lo bueno, no se elogia ni refuerza normalmente, se considera obligación.

Olvidamos que “los niños aprenden de aquellos profesores a los que aman” como acaba de publicarse en un libro noruego.

4. De aquí que sea imprescindible precisar que entendemos, cuando hablamos de Escuela Pública, que entendemos por “público”. Qué entendemos por “participación”. En la Escuela está prescrito todo o casi todo. Un profesor es lo mismo, tiene la misma libertad de participar que un conductor de autobús en un atasco; no puede hacer más que poner la música que quiera y tenga en el casete.

[Profesor explíqueme lo que quiera, con el método que quiera y póngame la nota que quiera, pero, por favor, no me motive...]

- La naturaleza de la educación es paradójica: en otras profesiones el mejor es el que maneja (manipula) mejor, en esta no es el mejor el que mejor manipula, sino el que más respeta y libera. (Metáfora de la formación de los continentes, “los océanos forman a los continentes retirándose”)

- La diversidad de alumnos es infinita. Nosotros los dividimos en dos; los inclasificables y los inclasificados. Ese... bueno... ese, si tú le dices “a”... hace “b”... y ese otro, bueno a ese todavía no sé que quiere, es raro,... todavía no lo tengo muy...

- Trabajamos en grupos, cuando debemos enseñar considerando la individualidad (un médico, por Ej.; atiende a los pacientes de uno en uno, atendiendo a su patología particular, no en grupos. ¿Qué diríamos si nos prescribieran por grupo de treinta el mismo tipo de medicamento y la misma cantidad?).

Seguramente diríamos algo así: Los organismos son cada vez más frágiles, se mueren. Solución si no resisten los tratamientos a todos por igual (comparación con la sanidad, ¡que se esfuercen! Son cada vez más débiles aguantan menos).

[El médico que hace un experimento con dos tipos de pastillas iguales de forma, pero unas con medicamento activo y la otra con placebo... al cabo del tiempo el enfermo le dice al médico; doctor, por qué le pone a una un ingrediente y a otra otro... ¿Cómo lo sabe? dice el médico; descríbame los síntomas que aprecia. No si no las tomo, lo sé porque cuando las echo al WC unos días flotan y otros no.]

- La institución escolar es una institución muy “inquietante”; el reclutamiento es forzoso, los fines son ambiguos, la tecnología es problemática, existe un fuerte e importante currículo oculto... del que no siempre somos conocedores.

La escuela es una institución de débil articulación. No existe coordinación. Una persona puede defender el feminismo y otra ridiculizarlo en el mismo centro y así podríamos seguir con muchos otros ejemplos; los métodos utilizados, los valores defendidos explícitos e implícitos, etc.

[Un masoquista a un sádico; ¡pégame! –no, ahora no]

Los valores de convivencia, diálogo, solidaridad, verdad,... que dice defender la escuela, no coinciden con los valores dominantes en la sociedad. “Los mandatarios mienten con total sinceridad”.

5 Los alumnos aprenden del gran currículo oculto que supone las prácticas y los ejemplos.

Las grandes afirmaciones; “Todos somos iguales y tenemos los mismos derechos” se ven desmentidas por la práctica.

La cultura neoliberal contradice los principios de educadores. La obsesión por la eficacia, los valores morales que utilicemos para conseguir el objetivo deseado da igual (relativismo moral). El imperio de la moda de lo efímero.

[La conocida historia de la maestra argentina, que envía una carta a cada uno de los padres de sus alumnos en la que le felicita por ser su hijo el mejor.]

Un padre, lleno de alegría, decide hacer una fiesta a la que invita a todos los otros padres y a la maestra.

Cuando comienza la reunión, el anfitrión toma la palabra para comunicar el por qué da la fiesta y dice que ha recibido la carta con la felicitación... un padre le interrumpe diciendo, no es verdad, usted miente, yo si he recibido una carta diciendo que mi hijo era el mejor y me felicitaban por ello.

Inmediatamente surge otro padre y otro... hasta que uno se dirige a la maestra y la acusa de que los ha engañado a todos por lo que están viendo allí.

La maestra dice que no ha engañado a nadie y va describiendo, por qué cada uno de los hijos merece que le feliciten por ser el mejor de la clase. Uno, porque es el mejor en correr, otro en fútbol, otro en lectura, otro en cálculo, otro en sociales, otro en artística, otro en música, etc. y así va describiendo lo mejor de cada uno... Y por lo tanto todos tienen de que alegrarse].

Por otra parte, tenemos a competidores sociales de la escuela cada vez más potentes. Mientras la Escuela dice; estudia todos los días, esfuérzate,... ¿Quiénes son los modelos? David Bisbal, Gran hermano, el que insulta y grita más,... los medios seducen, no argumentan. A "los modelos" nos los presentan como ideales, sin sufrimiento, sin padecimiento, sin someterse a una disciplina, sin ser explotados, sin estar alejados de los suyos,... Y eso sin olvidar que una gran parte, por no decir la casi totalidad de la escuela, es selectiva, academicista, sin participación, autoritaria, sin argumentos, sin compartir, ... y naturalmente así ni argumenta ni puede seducir,...

Compartir para ilusionar.
Es imprescindible romper el fatalismo. Lo decía Paulo Freire “El fatalismo es el principal enemigo de la educación”.

No podemos entender la educación si no creemos en la ilusión y en la posibilidad de cambio y perfección de los humanos.

La solución de los grandes problemas no está en los cuarteles, (en los ejércitos o la guerra), está en la educación.

“La Historia de la Humanidad es una carrera entre la educación y la catástrofe”

6 [La historia de los cinco monos.]
Están cinco monos en una jaula y en la parte superior cuelga una piña de plátanos.

Cuando intenta subir alguno se le disuade a base de un potente chorro de agua. Al cabo de un tiempo ninguno intenta escalar a por los plátanos.

Cuando pasa un tiempo entran a otro mono nuevo que al no haber aprendido la prohibición intenta escalar, e inmediatamente se encuentra con que los otros rápidamente se lo impiden, así hasta que definitivamente desisten.

Van introduciendo monos nuevos que intentan escalar y son disuadidos.

Así sucesivamente hasta que ya no quedan monos que sufrieran el castigo del chorro de agua.

Y el último mono pregunta; pero, ¿por qué no puedo subir a por los plátanos?

No lo sabemos, responden los monos, pero “así han sido las cosas aquí siempre”.

El problema de la inercia de la escuela y de la sociedad.

“Los docentes somos muy reticentes a compartir las cosas maravillosas que nos pasan” (Una profesora inglesa).

Y Miguel Ángel nos lee una carta muy emocionante y de agradecimiento hacia él, que ha recibido de una antigua alumna que trabaja con alumnos deficientes en Austria.

También cuenta la historia de aquel interino que va a una escuela de Córdoba y se encuentra con una alumno con dificultades que no sabe leer, consigue enseñarle, no sin esfuerzo,  y cuando tiene que marcharse porque el maestro titular ha pedido el alta, descubre en su parabrisas con la letra del alumno la frase: “no te "ballas”. Y contó que estuvo varios meses sin lavar el parabrisas...

“El profesor nunca muere”, porque otros seguirán viendo con nuestros ojos el mundo, pues le hemos enseñado a ver.

Interrogarse, compartir las interrogaciones en grupo, indagar, investigar para saber cuando hay un problema y no utilizar la llamada Pedagogía terciaria. Y -¿qué es?, -¡La que se tercie! [-Por qué has mandado a ese alumno para casa? Para que escarmiente. -¿Y lo ha hecho? -No, sigue igual].

Comprender (Stenhause: “Son los profesores los que van a transformar las escuelas comprendiendo”), escribirlo (difundirlo) debatir, comprometerse y, finalmente exigir lo que consideramos justo.

(Hay que practicar la valentía cívica que es defender una causa democrática, aunque consideremos que esté perdida, pero hay que hacerlo.)

Hay que crear instituciones para que nos permitan y faciliten participar. No vale hablar desde la cátedra de lo que es la participación sin hacer nada para que se participe. Sin favorecer la participación mediante la metodología y las estructuras adecuadas, sin ellas no se llega nunca a participar, a aprender a participar.

7 [Una mujer mayor, en adelante una vieja, acude a un autoservicio a comer.] Toma un bol de caldo, su cuchara, lo pone en la bandeja y va a una mesa a sentarse. Deja la bandeja con el  bol,  su bolso, se sienta y se da cuenta que no ha cogido el pan.

Se levanta y acude a la barra a por pan. Cuando vuelve a su sitio observa que un hombre de color, en adelante un negro, está comiendo la sopa del bol.

Pregunta: (trabajar de dos en dos) ¿Si tu fueses la vieja que harías o dirías?

{La vieja se dice a sí misma; no voy a permitir que mi sopa se la coma este negro.] Y, migando el pan en la sopa, se pone a comer junto al negro.

¿Tú qué dirías o harías si fueses el negro? Coméntalo con vuestro compañero o compañera.

El negro no dice nada.

Cuando terminan, el negro se levanta y acude con un plato de espaguetis con dos tenedores. Le ofrece uno a la vieja …

¿Tú que harías si fueses la vieja o el negro? Coméntalo con vuestro compañero o compañera.

No dicen nada… y se comen entre los dos los espaguetis. Cuando terminan, … Tú que dirías o harías? Coméntalo con vuestro compañero o compañera.

El negro la saluda y le da las gracias por compartir el pan.

El negro se levanta y se va a marchar. En ese momento la vieja se da cuenta de que no está en la silla su bolso.

Pregunta: ¿Tú que harías o dirías si fueses la vieja? Coméntalo con vuestro compañero o compañera.

La vieja se levanta en dirección al negro y va a gritar; ¡detengan al ladrón! Antes de que salga por la puerta. Pero un instante antes de gritar, se da cuenta de que su bol y su bolso están solos en otra mesa cercana.

Pregunta: ¿Tú que harías o pensarías, si fueses la vieja? Ya lo habéis comentado. Bien.

[La vieja pensó para ella, -¿Y yo que pensaba que no era racista?]

La narración la pone como ejemplo, por la metodología empleada, de estructura que permite y ayuda a participar; el contestar por grupos de dos, el no leer el profesor todo seguido el relato, el no pedir opinión colectiva cuando se sabe que suelen participar dos o tres y siempre los mismos, el no darlo todo por hecho, etc.

“Hace falta un pueblo entero para educar a un niño” Proverbio africano.
Próximos libros de M. A. Santos “Una flecha en la diana” y “Las trampas de la calidad”.

Nota.
Charla de Miguel Ángel Santos Guerra. Profesor de la Universidad de Málaga.
XVIII Escuela de Verano de Extremadura. Hervás. 2-5 de julio de 2003. IES “Valle del Ambroz”.

Aúnque  ya ha pasado tiempo y los cambios en nuestra sociedad son acelerados, no ha perdido actualidad, por eso la cuelgo. Con esta conferencia disfrutamos mucho.

Espero que los apuntes os sirvan para, al menos, disfrutar una parte de lo que lo hicimos los que estuvimos allí.

Gracias por leerla.

miércoles, 18 de julio de 2018

“La atención es el nuevo cociente intelectual”, Gregorio Luri. Maestro.

Gregorio Luri

“Maestro de escuela” es el atributo con el que Gregorio Luri se siente más cómodo, aunque está considerado uno de los mayores referentes de la educación en España. Estudió magisterio en Pamplona y cursó la licenciatura en Ciencias de la Educación y el doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona. Es profesor, escritor y ha publicado más de una veintena de obras sobre filosofía y educación. Luri sostiene que la atención es el nuevo cociente intelectual: “la capacidad de una persona para moverse de manera inteligente en la sociedad de la información, va a depender de su capacidad atencional”. Asegura que la música, las matemáticas o la lectura son recursos efectivos para educar la atención. Además, el docente de origen navarro, reivindica el “sentido común” en la educación familiar. “Comencemos por lo obvio: no hay familias perfectas”, es la tajante afirmación con la que arranca su libro “Elogio a las familias sensatamente imperfectas”. Un ensayo en el que el pedagogo y filósofo habla de una “neurosis de los padres jóvenes”, de los que dice “no les basta con hacerlo perfecto, quieren hacerlo pluscuamperfecto”. Crítico con las fórmulas pedagógicas “bonitas”, Gregorio Luri analiza los problemas a los que se enfrentan las familias actuales. “Mi objetivo no es enseñar cosas nuevas sino poner en valor lo que ya se sabe”, afirma.

Soy Gregorio Luri, nací en Azagra, Navarra, en 1955. Tengo un título muy importante del que me siento muy orgulloso, que es el de maestro, maestro de escuela. Y después algunas notas a pie de página. Tengo varios libros escritos, básicamente de educación y pedagogía, de filosofía y de historia, que son los tres campos en los que me muevo.

Laura. Bueno. Gregorio Luri. Encantado. Laura. Pues hola, Gregorio, yo soy Laura, soy madre de una niña de 13 años y un niño de 11 y, además, trabajo con familias haciendo terapias, así que estoy encantada de tener esta oportunidad de preguntarte sobre temas de educación y de aprendizaje.

Gregorio Luri. Para mí, es un lujo estar aquí contigo. Laura. Bueno, mira, lo primero sobre lo que me gustaría preguntarte es en referencia a todos los recursos que tenemos ahora mismo los padres, para formarnos y para informarnos como padres, en nuestra labor educativa. Que tenemos Internet, tenemos libros, tenemos una oferta enorme de cursos, y está fenomenal porque nos permite contrastar, nos permite resolver dudas. Lo que pasa es que a veces veo familias como que vienen con el máster en crianza. O sea, como que saben de todo, que se han leído todos los artículos. Y ante eso a veces me pregunto, no sé si nos estamos obsesionando un poco.

Gregorio Luri. Sí, sin duda. Yo hablo en un curso de una neurosis de los padres jóvenes. Yo diría que básicamente lo que les pasa es que no tienen suficiente con hacerlo bien, quieren hacerlo pluscuamperfecto. Y buscan esa respuesta exacta en algún sitio, porque como estamos envueltos en una cultura tecnológica que nos viene a decir que para cada problema hay una respuesta concreta, exacta y precisa, pues hacemos esa traslación de lo tecnológico a lo humano. Y, además, pues hay muchísimos medios relacionados con la educación que nos están bombardeando continuamente con mensajes del tipo: “Las 5 cosas que has de hacer para…” o “Las 3 cosas que has de evitar para…” Es decir, en la cultura tecnológica actual, estamos envueltos de la fe de que hay respuestas técnicas para los problemas humanos, y las cosas no van por ahí. Las cosas no van por ahí, y cuando más buscas esas respuestas, más tienes la sensación de que el mundo está lleno de respuestas que tú en tu casa no encuentras. Entonces lo que hay que hacer, básicamente, es decir: “Tranquilos, nosotros no hemos inventado la familia”. La Biblia comienza con una historia de Adán y Eva, que tienen dos hijos y sin tener ni malas compañías ni Internet ni nada de esto, mira como salen cada uno. Básicamente lo que quiero decir es que no hay sustituto en la educación para el sentido común. Y el sentido común es lo que te has de construir porque el sentido común necesario para tu familia no es el sentido común necesario para la familia de al lado; y eso, que tienes que ir construyendo de tu propia experiencia, pues es que no hay sustituto para la construcción de tu propia experiencia. “Existe una neurosis de los padres jóvenes respecto a la educación de sus hijos”

Laura. No sé cómo ves cómo nos relacionamos los padres con el centro educativo, porque a veces desde este saber y tener la respuesta, vamos diciendo: “Lo que le pasa a mi hijo es esto”. Y casi diciendo a los profesores lo que tienen que hacer. O en el otro extremo a veces incluso también delegando, es como: “Bueno, ya se encargará la escuela infantil de quitar el pañal al niño o ya le enseñarán en el comedor a usar bien la cuchara” ¿Y dónde está ahí ese punto intermedio, ese sentido común del que hablas? Gregorio Luri - La atención es el nuevo cociente intelectual

Gregorio Luri . A mí me parece que, en estos momentos, es urgente salir en defensa del sentido común que lo que supone básicamente es pedir a los padres que tengan confianza en sí mismos, que se van a equivocar, claro que se van a equivocar, como se equivocaron nuestros padres y como se equivocarán nuestros hijos; pero es que la vida humana es eso, y, además, hay siempre en un hijo un elemento de incertidumbre que está ahí y que precisamente esa confianza en que hay respuestas técnicas nos oculta ese elemento azaroso de incertidumbre. Es decir, esos sueños que todos los padres tenemos de manera espontánea a los pies de la cuna de nuestros hijos, que, de alguna manera, estamos soñando con que su futuro nos ayudará a superar todas nuestras frustraciones biográficas, pues están condenados fatalmente a no cumplirse. Y especialmente en estos momentos en que animamos a nuestros hijos a ser autónomos, después resulta que son autónomos y nos llevamos las manos a la cabeza. Yo diría, primero, es importante que los padres asuman que ciertos fracasos los van a tener, y que no es posible controlar las cosas humanas, pero para asumirlo, lo que hay que hacer es no poner su responsabilidad en manos de un especialista, lo cual no quiere decir que cuando tengas problemas importantes no acudas en ayuda, pero la mayor parte de los problemas cotidianos, son los problemas propios de la vida humana.

Gregorio Luri. Con respecto a las relaciones de los padres y las escuelas, a veces se dice que los padres actuales o las familias actuales han dimitido. Es absolutamente falso. Nunca se habían preocupado tanto los padres por los hijos como ahora. Lo que ocurre, y este es un fenómeno muy interesante que debe ser estudiado, es que, si miramos el grado de participación de las familias en preescolar o en los primeros años de primaria, es masivo; mientras que el grado de participación de los padres en las elecciones para los consejos escolares en secundaria, rondan en torno al 4% o 5%. Eso quiere decir que han comenzado la escuela con mucha ilusión y poco a poco han ido abandonando esas ilusiones y poniendo la responsabilidad de los hijos en manos de los profesores. Claro que es cierto que hay una delegación de responsabilidades, pero esa delegación de responsabilidades va acompañada por un crecimiento de la incertidumbre con respecto al futuro. Cuando yo estaba estudiando, que estaba haciendo cuarto y reválida, pues sabía que al terminar cuarto y reválida tenía trabajo. Y, de hecho, en la generación de mis padres se sabía perfectamente que progresar significaba trabajar menos que tus padres y ganar más. Hoy, cuando miramos a nuestros hijos o a nuestros nietos, ¿podemos decir con sinceridad que van a trabajar menos que nosotros y van a ganar más? Se ha incrementado la incertidumbre con respecto al futuro y necesitamos algunas sujeciones que nos den estabilidad y me parece lícito exigirle a la escuela una parte de esa estabilidad, entre otras cosas, porque la diferencia entre los maestros y los padres, resumiéndolo mucho, podíamos plantearla así: “Los maestros son los profesionales, los padres los aficionados”.

Laura. Es cierto que tenemos siempre como esa incertidumbre. E incluso en el propio trato con nuestros hijos, a veces es como que nos surge la duda: “¿Y qué tengo que hacer si veo que mi hijo destaca en algo, se le da bien algo o le dejo explorar a ver si algo se le da bien?” Y a veces nos surge esta duda de si debemos dejarles explorar y que experimenten y que prueben y que descubran o si es que a lo mejor le estoy dejando demasiado y tengo que marcarle más el camino.

Gregorio Luri. A ver, voy a decir una cosa que no se acostumbra a decir, pero que me parece que cualquier persona que analice directamente su vida, comprobará que es así. En las cosas humanas, la urgencia para la actuación acostumbra a ser mucho mayor que la inteligencia disponible para resolver los problemas que tenemos delante. Siempre tenemos que actuar sin esperar a tener la respuesta exacta. Pero eso es la vida humana, eso es la vida humana, porque, además, la prudencia es el arte de aplicar lo pasado a lo que es nuevo, con lo cual, te va a servir, siempre tienes esa duda lo que me parece que es importante es no dramatizar esa duda. Esa duda está ahí, forma parte del ABC elemental de las relaciones humanas, por lo tanto, no la exageremos con un dramatismo que no viene a cuento. Ser humano es precisamente actuar descubriendo con frecuencia que los resultados de tus acciones no eran exactamente los que habías previsto. Eso es ser humano, insisto, no dramaticemos las cosas precisamente por creer que ha de haber en algún lugar esa respuesta exacta. Es que no la puedes encontrar, no tienes el mando a distancia que te permita detener el tiempo para ir a una biblioteca a consultar todos los manuales de cómo ser un padre perfecto, y hallar la respuesta exacta. Nos movemos en la incertidumbre. Pero ¿eso dónde está el mal? Esa es la grandeza de la sorpresa, además. Es decir, eso es ser humano y además es eso lo que te permite la creatividad, la espontaneidad, la sorpresa.

Gregorio Luri. Con respecto a las expectativas que generamos sobre nuestros hijos, estás planteando un tema que yo creo que hoy es de la máxima actualidad en educación que lo podíamos expresar diciendo que estamos asistiendo a la sustitución de los modelos basados en la campana de Gauss, aquellos modelos en los que había una media del comportamiento, por ejemplo, los modelos que evaluaban la inteligencia, el cociente intelectual. Que se decía: “Bueno, hay una media, a partir de esa media se distribuyen las poblaciones y el concepto de media era el que marcaba el criterio”. Estamos asistiendo a la transformación, al abandono de ese criterio por el de la atención personalizada. Con la confianza de que todo niño tiene algo que debe ser atendido de manera personal y esto, como ocurre normalmente también con educación, teóricamente funciona muy bien, pero en la práctica pues resulta de nuevo que nos encontramos con la incertidumbre, porque si bien es cierto que cada uno de nosotros tenemos algún sabor específico, detectar exactamente en qué consiste ese sabor o esas capacidades o ese potencial, detectar exactamente en qué consiste, detectar que esa consistencia es realmente significativa y no anecdótica y encontrar las maneras de tratarla no es nada fácil.

Laura. Nada. Gregorio Luri. No es nada fácil, por eso cuando decimos muchas veces: “El niño al centro”, lo que más nervioso me pone de la educación actual es la facilidad con que se refugia detrás de fórmulas que no analiza su significado porque el niño al centro está muy bien, pero después, ¿tenemos inteligencia y recursos para llevarlo a cabo? Con respecto también, una cosa más, sobre el talento. El debate sobre si los talentos son debidos a la natura o a la cultura, es decir, si los encuentras en la cuna o en el desarrollo, es un debate que difícilmente se puede resolver, porque cuando puedes detectar el talento de un niño no es cuando ha nacido, sino cuando ya lleva un tiempo viviendo entre nosotros. Y, por lo tanto, decir que es genético… Yo creo que es un debate teóricamente muy interesante, pero no nos lleva a ningún sitio. Lo que sí podemos plantearnos es para que haya posibilidades de desarrollar el talento que sea, ha de haber, primero, capacidad atencional, capacidad de concentrarte en lo que estás haciendo; e insistencia en su desarrollo, porque hay muchísimos talentos malogrados por falta de capacidad atencional y por falta de insistencia. Podríamos decir que, en nuestro estado normal, nuestro estado espontáneo, es el de un mamífero que está en la sabana y necesita tener conciencia de todos los puntos del horizonte por si hay algún depredador; y vamos de aquí para allá con la atención permanentemente. Para poder desarrollar un talento de nosotros, tenemos que concentrar la mirada, retraerla del horizonte y concentrarla en un punto y mantenerla y esa es una habilidad que hay que ejercitarla y que practicarla y hay que desarrollarla.

“En la educación no hay sustituto para el sentido común”

Laura. Y hay que trabajarlo. Gregorio Luri. Hay que trabajarla, claro.

Laura. A mí, hay algo que me inquieta y que me gustaría saber cuál es tu opinión, un poco con esto que estás planteando. Y es, ¿cómo están influyendo las nuevas tecnologías en la educación? Fíjate que hemos estado… mi hija mayor ha hecho este año el primer año de instituto y en esto de la búsqueda de institutos, estaban los que funcionaban con tabletas, los que funcionaban con libros, y claro, hay argumentos para todo. A mí me gustaría saber qué opinas de esto. Gregorio Luri. Pues lo primero que he de decirte es que hay que ser extraordinariamente humilde cuando tratamos estas cosas, más aún, cuando veamos a alguien que pontifica, yo creo que hay que tomarse sus palabras con cautela, por una razón muy sencilla que creo que cualquier persona entenderá. Las tecnologías, las nuevas tecnologías, llevan un ritmo de desarrollo que es muchísimo más acelerado que nuestra capacidad para analizar sus consecuencias, y además es otro elemento de incertidumbre en el que nos movemos, precisamente por eso creo yo que hay que compensar las incertidumbres de hecho con algunas certidumbres, con un conocimiento de base, hay que compensarlo de alguna manera, porque ningún ser humano es capaz de vivir ni de moverse sensatamente, yo diría ni tan siquiera psicológicamente en un medioambiente poblado solo de incertidumbres. Necesitas agarraderos firmes incluso para poder calibrar la importancia de los elementos de incertidumbre. Entonces, con buena parte de lo que nos está pasando con la tecnología, es una especie de maremágnum en el que hay mezcladas muchas cosas. Hay intereses comerciales legítimos, perfectamente legítimos, pero que son comerciales y que no necesariamente coinciden con los intereses pedagógicos, pero fíjate qué curioso y es uno de los fenómenos más interesantes a analizar: Las empresas relacionadas con nuevas tecnologías parecen como si fueran ONG, las recibimos como si no fueran empresas y entran fácilmente a veces con la mitología de que las NNTT vienen a ser algo así como una nueva teología de la liberación, que van a resolver todos los problemas. Yo recuerdo cuando Negroponte, que era uno de los gurús que en su momento lo que decía él era sagrado, era Palabra de Dios, ahora ya nadie se acuerda de quién era Negroponte, pero sus libros, sus conferencias aparecían recogidos en todos los medios. Pues cuando dijo en el 2009 o el 2010: “Al libro impreso le quedan, como máximo, 5 años de vida”.

Laura. Sí, me acuerdo. Gregorio Luri. Eso se tomó como si fuera la evidencia de las evidencias. Y él decía: “Como el libro impreso ya está caduco, vamos al ordenador”. Curiosamente, la publicidad que acompaña la introducción de las NNTT es enorme, mientras que la evaluación de su implementación ¿dónde está? Laura . Qué curioso. Gregorio Luri. Pero es un hecho, ¿no? Es un hecho. ¿Qué ha pasado? Yo cuando asistí al primer centro en Catalunya, cada alumno tenía un ordenador, y vi una cosa que me llamó la atención y no me gustó nada. Los niños miraban a la pantalla y el profesor estaba detrás de ellos para garantizar que estaban viendo la pantalla adecuada. Yo dije: “Esto es una pérdida”. Porque estoy convencido de que la relación humana fundamental y la que tiene mayor calidad pedagógica es la relación cara a cara. Cuando nos situamos cara a cara, tú puedes estar en desacuerdo con lo que yo diga, pero enseguida captas si estoy fingiendo, si me creo lo que digo, veo todos esos microgestos que nos recorren y puedo ver tu asentimiento, tu interés, tu duda. Entonces esas cosas hay que leerlas. Si en la escuela sustituimos la relación cara a cara por otra cosa, digo sustituir, no completar, entonces creo que hay una pérdida. Nos faltan estudios, nos faltan estudios serios sobre cuáles son las consecuencias de la introducción de las NNTT y, al mismo tiempo, ningún centro que quiera tener una matrícula que le permita sobrevivir puede renunciar a su introducción, porque se quedaría sin alumnos. Vemos esa situación, que es sociopedagógica, pero es real. Creo, por ejemplo, que es interesante analizar siempre que podamos escarmentar en cabeza ajena, ahorrémonos escarmentar en cabeza propia. Vamos a ver qué pasa en Francia cuando se ha prohibido el uso de los móviles en las escuelas. Vamos a ver cuáles son sus razones y cuáles son sus consecuencias, y a ver lo que pasa. Yo ahí soy, de verdad, muy humilde, creo que hay que pontificar poco y estar muy abierto al aprendizaje de nuestras propias experiencias. “Animamos a nuestros hijos a ser autónomos y cuando lo son nos llevamos las manos a la cabeza”

Laura. Me interesa mucho saber cómo crees tú que influye en la atención el uso de las tecnologías, porque es algo importante para ti por lo que he leído tuyo. Gregorio Luri . Sí, sí, sí, para mí es esencial, yo creo que la atención, que nos van a evaluar a todos, nuestros hijos y nuestros nietos nos van a evaluar generacionalmente por nuestra capacidad para educar su atención. Laura. ¿Y entonces favorecen o dificultan? Gregorio Luri. El problema de la educación es la facilidad con la que nos rendimos a ideas bonitas. Y si son bonitas, ¿para qué vamos a analizar si son rigurosas, no? Hay una cierta rendición incondicional a lo bonito. Había una corriente que decía que el uso de las NNTT no suponía solo una relación específica con unos instrumentos, sino que modificaba la propia estructura neuronal y, por lo tanto, que nos encontramos en una situación específica, singular, nueva, en un cambio de paradigma por utilizar una palabra que detesto. Yo creo que lo que ocurre es otra cosa, que las NNTT funcionan como prótesis antropológicas, es decir, que amplifican lo que ya eres para bien o para mal. Mi experiencia me lleva a afirmar y, además, con bastante rotundidad, que el niño que domina su capacidad atencional utiliza las NNTT o encuentra en las NNTT unos recursos sorprendentes, magníficos. Laura. Lo potencia.

Gregorio Luri. Pero una mina de información y de recursos. Gregorio Luri - La atención es el nuevo cociente intelectual “La atención es el nuevo cociente intelectual”

Laura. ¿Y qué es “que lo domine”? Porque no entiendo muy bien esto de “el niño que domina su capacidad atencional”. Gregorio Luri. Efectivamente, una buena pregunta, porque todas estas cosas hay que ajustarlas. Yo creo que nuestra atención es caprichosa en todos los casos, a nuestra atención le gusta buscar rendijas por las que escabullirse para mirar cosas más interesantes. Laura. Estímulo. Gregorio Luri. Nos vamos. Nos vamos. En el mundo anglosajón se habla de la mente vagabunda, porque hay algo así. En algunos momentos, en una comida con familiares, pues se te va la mente de aquí para allá y a todos se nos va. Todos nos distraemos. Todos. Y el que diga que no se distrae pues es porque tiene la constitución psicológica de una estatua que está siempre mirando fija al mismo punto. Todos nos distraemos, la diferencia con respecto a la capacidad atencional es que unos, al darse cuenta de que se han distraído, vuelven a lo que estaban haciendo y otros se dejan llevar por el flujo de la distracción. Todos cuando estamos escribiendo un texto en el ordenador sentimos el click de que ha llegado un mensaje nuevo o cualquier cosa y tendemos a ver lo que pasa, hay una pulsión que forma parte de las respuestas habituales. Ahora bien, hay personas que cuando van a ver lo que pasa pues responden, miran otras cosas, de aquí van para allá y cuando vuelven al trabajo que estaban haciendo, ha pasado dos horas; y personas que miran a ver lo que ha ocurrido, pero vuelven inmediatamente. La capacidad yo creo que, no sé si todos los especialistas estarían de acuerdo, pero creo que pedagógicamente es útil la definición que te voy a dar. La atención es la capacidad de retorno, la capacidad de retorno inmediato a lo que estabas haciendo. Nadie se domina tanto a sí mismo como para garantizar que no se va a distraer porque hay momentos en que podemos decir que el control sobre nosotros mismos se relaja y nos vamos. Nuestra atención se va, pero la capacidad para descubrir que te has ido y volver, esa capacidad de retorno, me parece que es la atención. Y eso, por ejemplo, sabemos que hay herramientas que la educan, por ejemplo, la música. La formación musical es uno de los instrumentos creo yo más poderosos de mantenimiento de la atención y de retorno, porque si estás tocando algo y te has ido, que te vas también, enseguida ves que tienes que volver, ¿no?

Laura. Es conectar mucho con mi intención, como tener la intención de poner la atención donde la quiero poner, el volver. Gregorio Luri. O podemos utilizar una palabra, hoy completamente en desuso, pero que nos ha metido unos berenjenales considerables el hecho haberla olvidado, que es la palabra voluntad. Yo creo que hay que reivindicarla porque entonces cuando la olvidas, el sustituto que hemos encontrado es interés, pero el interés, ¿sabes lo que ocurre? Que tendemos a pensar que la responsabilidad de nuestro interés depende de otros. Por ejemplo, del maestro, que tiene que interesarnos, que tiene que hacer que la actividad sea interesante. Laura. Entonces sería la voluntad de poner la atención. Gregorio Luri. Mientras que la voluntad es la capacidad de seguir con lo que estabas haciendo, aunque no sea interesante. Eso me parece que moralmente, psicológicamente es superior el concepto de voluntad al de interés. Laura. Claro, la capacidad también un poco de educar nuestra motivación.

Gregorio Luri. Es que, fíjate, la motivación, pues al menos desde Dewey, que decía: “Este es el motor del aprendizaje, la motivación”. Yo tengo mis dudas de que sea así. Yo tengo mis dudas, yo analizando, porque nunca, nunca, nunca hemos de perder la capacidad de mirar a nuestro alrededor, a ver cómo funcionan las cosas. Nunca. Y más te voy a decir, la capacidad de ver en la superficie de las cosas, las cosas importantes; ver en la gente que está a nuestro alrededor, cómo se comporta. Entonces, dices, en realidad, en la práctica, ¿qué es el motor de qué? ¿Es el interés el motor del aprendizaje o es el aprendizaje el motor del interés? Quiero decirte, el novicio, el que comienza una actividad, siempre se distrae más y le cuesta más aprender que al experto. El experto tiene un background de conocimientos, un fondo de conocimientos que le lleva a comprender mejor, a hacer más fácilmente relaciones y, por lo tanto, a moverse en un campo de conocimiento, o en una actividad. Mientras que el novicio o el inexperto, precisamente como se encuentra, por la carga cognitiva de enfrentarse a lo nuevo, se encuentra con más dificultades, tiene a dispersarse. Probablemente la respuesta no sea unívoca, no podamos decir que el conocimiento sea solo la fuente del interés, pero que el conocimiento es un enorme dinamizador del interés, creo que no se le puede escapar a nadie. Cuántas de nuestras abuelas dicen que se consideran incapaces de resolver un problema de álgebra, si se lo pusiéramos se morirían del susto y saben veinte mil recetas de cocina sin haberlas memorizado, se mueven entre ellas, tienen una capacidad de aprender recetas nuevas, de mezclar este ingrediente de aquí con este de allá. Hay un conocimiento que les permite moverse con seguridad en un campo determinado, y eso les lleva al interés. Por eso creo que olvidar la importancia del conocimiento como fuente de interés y, por lo tanto, también de atención nos lleva a complicaciones graves en la comprensión de lo que es una actividad pedagógica. Porque no todas las actividades son pedagógicas. “La relación cara a cara es la que tiene mayor calidad pedagógica”

Laura. ¿Cómo que no todas las actividades son pedagógicas?

Gregorio Luri. No, puede haber actividades que sean antipedagógicas. Puede haber… Claro, puede haber muchísimas actividades que sean trabajos… Mira, imagínate. Trabajos en grupo, cooperativos, trabajos por proyecto, ¿qué se yo? El grupo de Al Capone. Y no eran experiencias pedagógicas, o si quieres pedagógicas en un sentido que no nos interesa demasiado. Es decir, creo que cuando al aprendizaje le falta un componente moral es dudoso que aquello que se está aprendiendo merezca el nombre de pedagógico. Laura. ¿Y cómo hacemos si yo veo pues, que a mi hijo le cuesta mantener la atención o se distrae con estos estímulos externos que decías? Y siguiendo un poco lo que tú dices, necesito ayudarle a que trabaje en ese volver. ¿Y cómo puedo hacerlo yo como madre? Gregorio. Pues mira, en estos momentos, tenemos, como mínimo, tres recursos. Uno, el farmacéutico. Cada vez hay más productos en las farmacias y no lo digo irónicamente, ya veremos cómo evolucionan, pero en todo caso hay recursos farmacéuticos para incrementar la atención, etc. Hay grandes partidarios en el caso de niños con una pérdida clara de atención o con trastornos de concentración y los especialistas unos dicen unas cosas, otros, otras… Yo lo miro, está ahí. Después tenemos recursos, podemos decir que son los recursos más propiamente humanistas de la educación de la atención. Que han sido la música, las matemáticas han sido un fenomenal método educacional para educar la atención. Ese trabajo de plantearte hipótesis, analizar por vías de resolución, etc. Las matemáticas en sí mismas, y después la lectura lenta y yo subrayo lo de lenta, porque ese hábito de reducir el foco, de ese foco amplio que… Del gran angular, con el que nos movemos por la vida y que es bueno, en la vida tenemos que movernos cuando salimos a la calle con un gran angular y así podemos estar atentos a si nos llaman el teléfono, al escalón, al coche que viene por allá, a la nube que… Mil cosas. Necesitas un gran angular, pero el estudio necesita reducir el objetivo, concentrarte en eso y eso hay que habituarlo, hay que habituarlo porque no venimos de serie programados para mantener la reducción del objetivo. Bueno, te decía, farmacéuticas, matemáticas, música, lectura lenta, pero hay otro que es muchísimo más importante y es: ¿les estamos proporcionando a nuestros hijos modelos de concentración, de habituación, de trabajo al interés? Es decir, ¿nos ven ellos que estamos haciendo eso o lo que nos ven es que cuando nos encontramos una dificultad le pegamos una patada a lo que estamos haciendo, lanzamos un grito y decimos: “esto no puede ser”?

Gregorio Luri.
Resumiendo lo que pienso de la atención, te puedo decir que estoy convencido de que la atención o el dominio de la atención es el nuevo cociente intelectual.
Lo puedo explicar de esta manera: Hace unos años se equiparaba la sociedad de la información con la sociedad del conocimiento y se utilizaban indistintamente ambos conceptos, ¿no? ¿Vivimos en la sociedad de la información o vivimos en la sociedad del conocimiento? Hoy sabemos que eso no es así y que muy probablemente no será nunca así, más aún, que el exceso de información puede dificultar el conocimiento. Estamos rodeados de tanta información que vivimos como peces en el agua, que nunca se han parado a pensar que están dentro del agua. Es su medio natural. Para que la información se pueda transformar en conocimiento se necesita realizar algunas operaciones sobre la información. Hay que operar sobre ella, pero para operar sobre ella necesitas dos cosas. Capacidad atencional, lo que decíamos antes, para llevar el gran angular a un foco; y después, insistencia para poder desarrollar, para poder desarrollar esto. Pero si, con criterios económicos, podemos decir que cuanto más asequible un producto, menos valor económico tiene, diríamos que la información precisamente porque está al alcance de todos, tiene un valor económico reducido. Lo que tendrá un valor, lo que ya lo tiene, pero tendrá un valor cada vez más mayor, será la capacidad para seleccionar de la información ambiental, la información oportuna. Para eso se necesitan criterios, atención y capacidad de trabajo. Por eso digo que la atención es el nuevo cociente intelectual, porque la capacidad de una persona para moverse de manera inteligente en el medio de la sociedad de la información, va a depender de su capacidad atencional. Laura. Y para esto decías, Gregorio, que una de las claves que lo has subrayado antes y, además, lo has dicho parándote mucho. Has dicho leer bien y leer despacio. Y yo te leía que para ti es importantísimo, ¿puedes explicarme un poquito más la importancia de la lectura para esto?

Gregorio Luri. Fíjate que, a mí, siento cierto pudor a la hora de contestarte esto, porque a veces uno piensa: “tus convicciones íntimas no tienen por qué ser ni convicciones objetivas ni sociales ni comunes”. Yo creo que la lectura es un sacramento, es un sacramento, es algo sagrado. Por muchas razones, pero primera, porque te permite ampliar los horizontes de tu mundo de una manera extraordinaria. Yo estaré infinitamente agradecido siempre a aquella biblioteca que me encontré en los Capuchinos de Alsasua, a los que aparecí con diez años, en mi casa solo había un libro. Solo había un libro y, de repente, descubrí una biblioteca y descubrí a un ser escritor fascinante, Salgari. Y, de repente, un niño de diez años puede entrar en un barco, vivir aventuras, moverse; es decir, la capacidad de ampliar tu mundo, no solamente amplía las fronteras geográficas, sino también amplía las fronteras temporales; porque la lectura te permite mantenerte en diálogo, mantener un diálogo, aquello que decía Quevedo de escuchar con los ojos a los muertos, que es tan hermoso. Podemos escuchar con los ojos a los muertos y podemos perfectamente pues, qué te diría yo, emocionarnos con los versos de una poeta lesbiana del siglo VII antes de Cristo, Safo. Pero fíjate si eso es así, si eso es así, si yo puedo emocionarme con los versos de una poeta lesbiana del siglo VII, a pesar de que yo no soy ni poeta, ni lesbiana, ni vivo en el siglo VII, quiere decir que hay constantes antropológicas, que hay algo en el ser humano que permanece; lo que hoy llamo las permanencias. Y el descubrimiento de esas permanencias es posible gracias, básicamente, a la lectura. La lectura nos permite participar en el diálogo que mantienen entre sí las grandes mentes de nuestra cultura, porque Occidente, si Occidente es algo se caracteriza por la ausencia del libro intocable, todas las culturas tienen su libro intocable, menos la occidental. Aquí, todos los libros los hemos sometido a crítica, comenzando por La Biblia, desde Spinoza, con el Tratado teológico político, todos los libros has estado sometidos a crítica; más aún, Occidente ha hecho una cosa que, mirada bien, es casi una aberración, ha elaborado un saber al que llama Teología, que es un logos, una ciencia, sobre Dios, que eso es muy extraño. No lo tienen los judíos ni los árabes, con todo mi respeto. Y todo eso ha sido posible gracias a la lectura, al texto, a la escritura.

Gregorio Luri. Es decir, esa capacidad que tenemos para participar en el diálogo que han mantenido entre sí los grandes, porque insisto, que Occidente es ese diálogo. ¿Qué hace Platón cuando se inventa, de hecho, la Filosofía? Poner a dialogar a personas. ¿Qué hace Aristóteles antes de escribir, cuando comienza a tratar cualquier problema, qué han dicho sobre esto estas personas? Si vas a los latinos, lo que hacen es, primero, dialogar con los griegos al desarrollar un… Lees un escritor medieval, ¿qué hacen? Cuando tratan de Aristóteles parece que se acaban de despedir de él en la puerta de su casa. ¿Qué es el Renacimiento? Y podríamos seguir… Esa capacidad de mantener vivo ese diálogo intergeneracional, parece que es la esencia de una persona culta. Dicho de otra forma, creo que el inculto es aquel que pasa por la vida sin escuchar otra voz que la suya y que el culto es aquel que es consciente de que está envuelto de voces que le vienen del pasado, pero no tienes más que darte un paseo por Madrid. La decoración de las fachadas, los anuncios, todo eso te habla. Es imposible entender todo, pero sí que hay que ser consciente de que ahí hay voces. Hay voces, nos hablan, vivimos en el seno de un gran diálogo. Por eso, esa capacidad para prestar atención, para ampliar los límites geográficos y temporal, parece que es lo que te proporciona el gran regalo de la lectura, pero es que, además, resulta que ¿qué es nuestro lenguaje si no nuestra cultura en acto? Si una cosa la sabes y no la tienes incorporada a tu vocabulario, ¿la sabes realmente? Por eso, no hace mucho, mantuve una polémica con el director de un centro porque él decía: “Tenemos que desarrollar métodos no memorísticos de aprendizaje”. A mí eso me resulta inconcebible, porque si lo aprendido no está en la memoria, ¿dónde está? No encuentro qué otro lugar puede acoger lo aprendido si no es la memoria, ¿no? Pero la capacidad de amplificar nuestra memoria se desarrolla de manera espontánea cuando tú estás leyendo algo en lo que vives sumergido. Añadiré que para que una lectura, realmente, te permita incrementar tu vocabulario, tiene que ponerte de vez en cuando una zancadilla. La ignorancia es un mal al que no hay que darle tregua

Laura. Un reto.

Gregorio Luri. Un crítico literario, haciendo una crítica de Hemingway, dijo una de las cosas más duras que yo he leído nunca en una crítica literaria, le dijo: “Hemingway, es un actor que nunca ha obligado al lector a consultar un diccionario”. El texto, un buen texto, nos pone zancadillas, nos pone zancadillas, nos lleva a estructuras que no acabamos de entender, nos obliga a ir un poco para atrás, si en algún sitio se descubre bien que te has ido, es cuando estamos leyendo, que de repente, acabo un párrafo y dices: “¿Qué ha pasado?” Esa capacidad de volver de nuevo o no. Y después hay otra cuestión que me parece también muy interesante a analizar. Nuestros niños leen mucho, los niños españoles leen mucho. Laura. ¿Sí? Gregorio Luri. Mucho, pero con una salvedad. Los niños dejan de leer casi en seco a los once años. Las niñas aún leen más, entonces la cuestión que, para mí, es interesante, pero no tengo una respuesta, es si nos hemos preocupado tanto de hacer una didáctica de la lectura, que nos hemos olvidado de una didáctica de la literatura, que no es exactamente lo mismo. Porque la literatura es más compleja y te lleva a enfrentarte a textos que te hacen sufrir, pero son un reto y son un reto intelectual; y yo comienzo a sospechar que algo de esto nos pasa, porque cuando le decimos a un niño que hay que leer porque es divertido y el único criterio para leer es que es divertido, si encuentra diversiones más amenas, hace bien en dejar la lectura. Laura. Claro. Gregorio Luri. Y ahí nos estamos encontrando con eso.

Laura. Eso es lo que yo estaba pensando según hablabas, y cuando narrabas al principio lo que supuso para ti aquella biblioteca, y todos los viajes que podías hacer delante de un libro, lo que a mí me venía a la cabeza es: “Si es que ahora esos viajes lo hacen con la tele, con la tablet, con la consola, con…” Y qué difícil, ¿no? Es como mucho más fácil sin esa voluntad que decías antes. Gregorio Luri. Creo que no hay que caer nunca en la hipocresía de criticar lo moderno porque es moderno, es tan absurdo como de defenderlo porque es moderno. Se pueden aprender muchas cosas de la tablet, de los vídeos y también depende de la capacidad de atención, es decir, se puede adquirir, yo lo veo, entre mis nietos, hay uno que ve unos vídeos rarísimos y le interesa la Geología y le interesan unas cosas y va desarrollando un lenguaje, que digo: “¿Y esto?” “Del vídeo no sé cuántos”. Yo no sé muy bien porque en casa, en mi familia, nadie es especialmente entusiasta de la Geología, y él está fascinado con el cuarzo, el feldespato y la mica del granito. Esto lo ha visto en los vídeos. Por lo tanto, no lo critico, depende, como te decía antes, si son prótesis antropológicas depende de lo que sea el hombre, lo que le van a dar sus prótesis, por lo tanto, bien está. Ahora, no completar todo eso con la lectura sí que me parece que es una falta grave porque la lectura te da una intimidad contigo mismo que no te la proporciona nadie. Decía Platón, una cosa que es muy sabia y que todos la hemos comprobado, decía que el diálogo con uno mismo es la interiorización del diálogo con los otros. Para poder dialogar contigo mismo, y eso es pensar, tienes que ser capaz de interiorizar el diálogo con los demás. Pero el diálogo con tus coetáneos, normalmente se limita al lenguaje circunstancial de las razones que estás discutiendo, mientras que el diálogo con los libros, con los autores, te lleva a cuestiones totalmente distintas. Puede ser muy interesante, y de hecho lo es, la televisión, la consola, etcétera. Pero La isla del tesoro, es que es un festín, La isla del tesoro es un festín en todos los sentidos, a mí me parece que un niño que no sea capaz de, ya no La isla del tesoro, alguna cosa similar, de entrar en ese mundo, pues que ha crecido sin haber pasado por una de las experiencias humanizadoras básicas, que es la de la lectura. Laura. Hablando un poco así de otro tema que a mí me preocupa, yo creo que es algo que me preocupa a mí y que nos preocupa a muchísimos padres, que en algún momento se nos ha pasado por la cabeza, ¿qué hago si mi hijo o mi hija me plantea “mira, quiero dejar de estudiar, lo tengo clarísimo y no voy a seguir estudiando”.

Gregorio Luri. Pues si tuviera la respuesta, la habría publicado y tendría ya… bueno, sería un superventas. Eso es muy complejo, es muy complejo básicamente por lo que comentábamos antes, si animamos a nuestros hijos a ser autónomos, ¿qué derecho tenemos a escandalizarnos porque lo sean? Lo que pasa es que confundimos la autonomía, y ahí hay un riesgo muy importante, con la capacidad para darse a uno mismo sus propias orientaciones. Es curioso, autónomo, etimológicamente es autos, uno mismo; nomos, ley. La autonomía es la capacidad para darte a ti mismo tus propias leyes, no para vivir sin leyes, que eso es otra cosa; pero para darte a ti mismo tus propias leyes, primero tienes que saber que existen leyes y segundo saber que las leyes no es que te impidan actuar, sino que te delimitan el campo de la actuación y, por lo tanto, que dan sentido y forma a tu obra. Sócrates dice en un texto maravilloso algo que tiene pleno sentido, decía, o se preguntaba: “Cuando alguien que dice que quiere ir de un sitio a otro no deja de dar vueltas, ¿sabe adónde va? Obviamente no” La autonomía debería tener su sentido para poder ir, es mejor ir en coche, en barco, en tren, en avión, andando, me paro aquí, pero la capacidad para establecer fines ¿nos la podemos dar gratuitamente a nosotros mismos? ¿Tenemos que confiar en los demás? ¿Tenemos que confiar en nuestros padres? ¿Podemos decir “tengo 16 años y dejo de estudiar”? Lo que pone de manifiesto esa decisión es precisamente una cierta desconfianza del mundo de los adultos para orientarte, y eso es lo preocupante, y eso es lo preocupante porque cuando lo decidas, si lo decides, te vas a encontrar con muchísimos problemas porque ¿qué vas a hacer? ¿Obligarlo a que vaya a la puerta del instituto? Ese es un tema complejo, especialmente por lo que comentamos que la sociedad de la información conocimiento quien no tenga capacidad de analizar información, es que vive fuera de la sociedad, se sitúa como un outsider de la sociedad. Estás tocando un tema que, para mí, es tan obsesivo. Cuando hay un cierto desprestigio del conocimiento, por lo que decíamos antes, por el interés, todo se ha sustituido por el interés, yo digo una cosa que, cuando la digo, la gente me mira con cara perpleja, pero la creo firmemente. No hay sustituto para los codos, hay complementos, pero el esfuerzo personal de concentración, de enfrentarte a una dificultad, eso no tiene sustituto, pero también hay que decir que no hay sustituto para la satisfacción del problema resuelto. Te has enfrentando a un problema, lo has resuelto y esa felicidad inmensa de ver que tú has ido progresando. Si no tenemos claro que la ignorancia es un mal al que no hay que darle tregua, pues eso tiene consecuencias, yo estoy convencido de que la ignorancia es un mal al que no hay que darle tregua.

Laura. Claro, yo me quedo con esto que decías de la autonomía, me parece interesantísimo. Gregorio Luri. Es que, perdona, la autonomía sin orientación, equivale a desorientación. Laura. Por ahí te quería preguntar, porque claro, por la autonomía como esta capacidad de ponerme normas a mí mismo, a mí me da la sensación de que los padres hemos pasado de un modelo en el que los padres estaban aquí arriba, los hijos abajo, a veces no podíamos rechistar ni decir nada, ni se podía expresar la diferencia, y acatábamos normas. Y esas normas nos las ponían desde arriba. Se ha pasado a un modelo en el que a lo mejor los hijos a veces están casi a la altura de los padres y esas normas ya no valen. Lo que tú planteas es cómo encontramos ese punto intermedio en el que pueda haber… decías antes “permitir a mis padres que me orienten”. Gregorio Luri . Exacto, pero para eso necesitas tener confianza, yo creo en la autoridad. Porque creo, básicamente, te lo plantearé de una manera muy sencilla, que todo niño necesita disponer de aliados fuertes para combatir los monstruos que hay siempre debajo de la cama o dentro de un armario. Hay miedos, a veces manejamos una imagen idílica de la infancia que no se corresponde ni con nuestros propios recuerdos de la infancia ni con las vivencias de nuestros niños, hay miedos. La infancia, precisamente porque te estás enfrentando a un mundo que te supera, pues eso que te supera siempre se te presenta con un cierto dramatismo.

Gregorio Luri. En la infancia hay miedos. La manera de combatir ese miedo no es decirle a tu hijo: “Tranquilo, que no hay monstruos debajo de la cama” Porque nuestro hijo ya sabe que cuando los miramos desaparecen, especialmente si los miras con tu padre, pero cuando tu padre se va, los monstruos están allá; saber que cuentas con un aliado fuerte para combatir tus miedos me parece que es esencial, de la misma manera que creo que un maestro ha de tener autoridad porque el alumno ha de contar con un aliado fuerte para combatir sus problemas, sus dificultades y sus fracasos. Si el maestro no es ese aliado fuerte, ¿a quién puede acudir? Es que el concepto de autoridad, viene precisamente de autor, es que nos permite crear algo con la ayuda de esa persona. Entonces, yo, fíjate si en este caso lo tengo tan claro que defiendo que uno de los derechos del niño es tener a unos padres que estén continuamente dándole la tabarra, esto quizá no sea muy glamuroso ni muy posmoderno, pero estoy absolutamente convencido; por ejemplo, te pongo dos casos que me parecen evidentes. Las horas más importantes del día en el seno de una familia suelen ser las más caóticas, la hora de cenar y acostarse y la hora de levantarse. Sabemos también que la higiene del sueño de nuestros hijos es esencial, no es algo con lo que puedas jugar, que la falta de sueño tiene unos efectos tóxicos en el desarrollo neuronal de nuestros hijos, equivalentes, en cierta manera, al consumo de algunos productos, algunas sustancias tóxicas; por lo tanto, con la falta de sueño no se puede jugar. Nuestros hijos tienen que dormir las horas que tienen que dormir y ahí, si hace falta, abrir una trinchera para decir “de aquí no pasa”, es que nos jugamos algo muy importante. Buena parte de los problemas de inestabilidad psicomotriz, de inseguridad, etc, hoy estamos viendo que se deben a la falta de sueño; y el niño que necesita dormir 9 horas, necesita dormir 9 horas, no 6 horas y el sábado y el domingo ya dormirá 12. No, necesita cada día porque el sueño, la higiene del sueño deja consecuencias; levantarte en condiciones y llevar una higiene en condiciones y llevar un desayuno en condiciones, todas estas cosas, que a mí me parece que no son negociables y nuestros hijos tienen que saber que hay cosas que no son negociables, pero es que los padres estamos para eso, para saber que hay límites, que aquí nos plantamos, nuestros hijos tienen que dormir las horas que tienen que dormir, porque si no, les estamos no haciendo un flaco favor, sino que los estamos maleducando en el peor sentido de la expresión y si lo que nos da miedo, lo que nos da miedo es ejercer aquella autoridad que la salud de nuestros propios hijos nos está demandando, entonces tenemos un problema nosotros, no nuestros hijos. “No hay sustituto para los codos”

Laura. Claro es que, al final, de lo que hablas es de la autoridad y del límite como cuidado, como forma de cuidado. Gregorio Luri. Es que es esencial, porque el límite es lo que da forma, lo que visualiza algo, y eso no quiere decir que yo sea partidario de muchas normas, creo que las normas cuantas menos haya, mejor; y cuando más libre sea el niño para moverse en un espacio marcado por pocas normas, mejor, pero las normas han de estar y ser incuestionables. Entre otras cosas, porque cuando aparece por ejemplo la adolescencia, no hay nada más triste que el rebelde sin causa que necesita rebelarse contra algo y no tiene nada contra lo que rebelarse, es decir, ya está bien de que nuestros hijos se rebelen porque las diez de la noche, la hora de vuelta a casa les parece una injusticia mayúscula, porque hay algo objetivo sobre lo que protestar. Tenemos un motivo objetivo sobre el cual nos podemos situar de manera distinta; cuando desaparecen esos elementos objetivos, el enfrentamiento va a las personas y ahí es donde me parece que se producen las heridas. Es decir, ¿es que realmente podemos pensar, que te diría yo, que en una habitación desordenada se estudia igual que en una habitación ordenada? Laura. No.

Gregorio Luri. Por lo tanto, si el orden es un elemento que enriquece nuestras capacidades, si los hábitos multiplican nuestras capacidades, pues no desarrollarlos sería tan absurdo como limitar el crecimiento de nuestros hijos porque, si no le gusta la fruta, no le damos ningún tipo de fruta. Pues si no le gusta la fruta, tendremos un motivo de lucha, pero no podemos decir “no le gusta la fruta y no come fruta”, pues habrá que ver cómo lo movemos para que, si no, pues una naranja entera, se coma un gajo, pero habrá que negociar eso, ¿no? Y, además, el hecho de disponer de unos padres que muestran con su actitud que saben moverse en el mundo, que tienen convicciones firmes que les ayudan a moverse en el mundo, es uno de los elementos de estabilidad psicológica más importantes en el niño, y eso no significa también que cualquier padre sensato sabe que cualquier norma que ponga está condenada a ser modificada, pero bueno, pues eso forma parte del crecimiento. Llega un momento en que tú le vas a decir a tu hijo: “Pues escucha, ahora ya tú te mueves con tus normas”. Pero insisto que lo importante de la norma no es el auto, el yo enriquecerlos, sino la norma. Kant, el gran Kant, decía una cosa que creo que hay que meditarla despacio, decía: “Sabemos que somos libres porque conocemos nuestro deber”. Yo diría que, para ser libre, hacen falta dos condiciones como mínimo. Una, conocer lo que tienes que hacer, porque, si lo conoces, puedes decidir no hacerlo y atenerte a las consecuencias; y la segunda, tener una conciencia tranquila, porque si no la tienes, estás arrastrando demasiados fardos que te impiden moverte con libertad. Gregorio Luri - La atención es el nuevo cociente intelectual La música, las matemáticas o la lectura son grandes educadores de la atención

Laura. Hablabas antes de la adolescencia y, como el momento así en el que más se empiezan a rebatir las normas, a cuestionar las normas, como te decía antes, mi hija tiene 13 años y este ha sido el primer curso que ha estado en el instituto, y a mí me ha sorprendido, me ha sorprendido observar y escuchar lo que ella me contaba también, situaciones que yo decía: “Jo, esto lo he vivido yo más tarde” Es como que se está adelantando, pero, a la vez, también parece como que se retrasa la finalización, porque conoces a gente que dices: “Es que siguen estando ahí en la adolescencia”. Yo no sé cómo lo ves tú.

Gregorio Luri. Pues lo veo un poco complejo. Primero, la adolescencia, recuerdo que una vez el presidente Suárez, cuando le preguntaron qué era eso de la Transición puso un ejemplo magnífico, dijo: “Esto de la Transición es tener que cambiar las instalaciones al completo de un gran bloque de viviendas, de agua, de luz, de electricidad, de gas, de todo y esperar que no surja ni una chispa y que el servicio no se detenga nunca”. Es imposible. Es imposible, aparecen chispas, aparecen fugas, aparece de todo. Pero se trata de eso. Hay que desmontar las relaciones que tenías con el mundo de niño para poder construir unas relaciones de adulto. Y en ese momento de deconstrucción de una cosa para construir otra, hay muchísimas veces que los elementos no encajan y por eso, lo que le pasa básicamente al adolescente es que no sabe lo que le pasa. Le pasa que no sabe lo que le pasa, que se mueve en un sitio que, de repente, las seguridades han desaparecido y aún no domina los criterios, además ese no saber de cuándo se va a acabar. Podemos decirlo también de otra manera; el adolescente es el ser humano que se caracteriza por tener una energía muchísimo mayor que la inteligencia disponible que tienes para manejar esa energía, es decir es un niño conduciendo un Fórmula 1 por las calles del Madrid de los Austria. La energía es inmensa, su capacidad, su inteligencia para gestionarla es reducida. Digamos que de repente ha pasado de un motor de pocos caballos a un motor de una gran cantidad de caballos y el motor ha crecido mucho más que su inteligencia disponible. Eso es ser adolescente, por eso si alguien tiene que poner sentido común pues somos los padres, somos los adultos y eso cansa. Eso cansa y que me diga que no… Tener un niño adolescente que está reptando precisamente por esa seguridad pues lleva problemas, lleva fricciones, lleva inseguridades de los propios padres: “¿Lo habremos hecho bien?, ¿qué le hemos hecho nosotros?, ¿por qué, qué hemos hecho para que nos responda así?” Todas estas cosas, ¿no?

Gregorio Luri. Lo más peculiar, a mí parecer, de la adolescencia, no es tanto el factor biológico que ha sido siempre se han encontrado, te lees a los autores antiguos, en Ur, en Mesopotamia, una de las primeras tablillas de cerámica que se encontró recoge literalmente la discusión de un padre con su hija adolescente. Y además es muy divertido porque cualquier padre actual se identificaría con aquello. No es tanto el fenómeno biológico, que es importante, pero lo que más a mí me llama la atención es el fenómeno cultural, la adolescencia se ha convertido en un hecho cultural importantísimo. El primero que se dio cuenta de la emergencia, de la aparición de la cultura adolescente, fue un sociólogo norteamericano, James Coleman, a mediados de los años 60. Y él dijo: “A ver, hemos creado las escuelas con la intención de crear un medio de educación homogéneo en el cual las diferencias sociales y familiares no intervengan, y así podamos compensar desde la escuela las diferencias familiares. Y eso no está resultando, y no está resultando entre otras cosas porque la agrupación de los jóvenes ha dado nacimiento a un fenómeno que no esperábamos, la cultura adolescente y no solamente ha dado la escuela, el sistema escolar, ha dado origen por sí mismo a la cultura adolescente, sino que ahora la escuela siente la necesidad de dar respuestas concretas al fenómeno que ella misma ha creado”. Es un elemento nuevo, pero eso es la vida humana, no tenemos nunca que asustarnos porque vivir sea problemático, vivir es eso, nadar contracorriente. Laura. Y es que es transición para toda la familia, no solo para el adolescente. Gregorio Luri. Claro, sí, pero déjame acabar el argumento porque eso es relevante; sí.

Gregorio Luri. La adolescencia es una familia adolescente, exactamente, y además lo ves y tienen hermanos pequeños que suelen mirar y decir: “¿Esto qué es?” Porque notas también que algo se altera. Coleman, cuando hace el estudio, ¿qué es lo que observa? Dice: “Hay una moda, una manera de vestir, unos peinados, unas músicas, unas canciones, unos gestos y, sobre todo, unos modelos de conducta generacionales de tal manera que los ejemplos generacionales están pesando más que los modelos tradicionales, que eran los modelos de autoridad de los abuelos y los padres”. Eso a Coleman ni se le ocurre preguntar si consumían drogas, si había prácticas sexuales, ni se le ocurre, ¿qué ha pasado? Ha pasado que la adolescencia se ha convertido, primero, en un fenómeno comercial extraordinario, o sea, los adolescentes manejan dinero y, por lo tanto, es un factor de consumo enorme; y la propia publicidad comercial está estimulando los valores de la cultura adolescente. Volvemos de nuevo a un fenómeno social que se va retroalimentando de sus propias dinámicas, y eso nos lleva hoy a una situación muy curiosa, si hace unos años se hablaba de infancia, prepubertad, pubertad, adolescencia, juventud; hoy parece que la adolescencia se esté fagocitando sus propios límites y encontramos ya comportamientos adolescentes en niños, sobre todo en niñas, de 10 años; que no solamente se visten como adolescentes sino tipos de actitudes, etcétera.

Gregorio Luri. Y ya lo que resulta más sorprendente es que no tenemos ni idea de cuándo se acaba la adolescencia. Si analizamos los rasgos psicológicos que los autores de los 60 consideraban propios de la adolescencia, hoy te los encuentras en personas de 40 años, tanto es así que, en aquellos rasgos, se consideraba que el narcicismo era un componente esencial de la adolescencia; hoy, los psiquiatras norteamericanos consideran que el narcicismo ha dejado de ser un trastorno psicológico porque cuando algo es sociológicamente tan mayoritario ya no son trastornos, sino la conducta habitual. Vivimos en ese narcicismo. Y ahí te encuentras con que el hecho decisivo que, para mí, es el más preocupante, el peso de los modelos generacionales, el enorme peso de los modelos generacionales, como además es una cultura que tiende a cerrarse en sus propios valores, crea a ello una especia de caparazón. Margaret Mead, la antropóloga, fue la primera que se dio cuenta de algo muy interesante que decía: “Los abuelos han dejado ya de ser referencias de conducta porque simplemente ya no entienden el mundo de sus nietos”. Es decir, los puedes querer mucho, pueden ser figuras entrañables, te gusta que cuenten cosas, todo eso; ahora bien, ya el abuelo ya no puede decirte qué es lo que tienes que hacer cuando te encuentras con un problema, porque vive en otro mundo. Y en estos momentos incluso los padres, estás viendo que están teniendo menos autoridad que la referencia generacional. Hay, por ejemplo, hay tantos estudios que son muy interesantes, cuando entre los adolescentes negros de los Estados Unidos se extienda la convicción de que un adolescente con un libro se está comportando como un blanco, un negro con un libro is acting White, ahí se crea un valor generacional contra el que la escuela tiene muy poca incidencia. ¿Por qué? Pues porque das más peso a ese ejemplo generacional.

Gregorio Luri. Cuando en estos momentos, por ejemplo, la población jamaicana de Inglaterra está bajando, los estudiantes de secundaria están cayendo en picado sus notas, porque en una población que es muy machista se considera que aprobar es de gays, por lo tanto, si sacas sobresalientes eres lo último y lo que te hace un macho, pues un cero. Cuando ese valor se incrusta como valor generacional, te encuentras con que los adultos pues, la capacidad de incidencia es realmente difícil; ahora bien, como siempre, no nos lamentemos, pero miremos a las cosas de frente y no incrementemos los problemas gesticulando y tirándonos de los pelos. Ese niño o ese adolescente que maneja un Fórmula 1 por el Madrid de los Austrias olvidándose de poner las luces o los focos a las doce de la noche es nuestro hijo. Y si bien el lugar más seguro para los barcos es el puerto, pero no están hechos para eso, el lugar más seguro para nuestros hijos pues sería su familia y sus padres pero no están hechos para vivir en esa familia, tienen que acabar de hacerse y se acaban de hacer ellos tomando sus propias decisiones y para acabar se hacerse hay un elemento esencial en su crecimiento que es que sepan, pero que lo sepan de verdad, que cuentan con nuestra confianza y eso es lo más duro, porque tienes que darle confianza a tu hijo que se considera perfectamente capacitado para enfrentarse a un mundo del cual no tiene ni idea. Uno de los derechos del niño es que sus padres le den la tabarra.

Laura. Y que va sin luces. Gregorio Luri. Y tú lo sabes como padre, tú sabes que a tu hijo le tienes que dar confianza, él se cree perfectamente competente para enfrentarse al mundo y tú sabes como padre que desconoce la realidad de ese mundo, los peligros que lo acechan, pero si no cuenta con tu confianza no va a poder acabarse, y ahí la gestión de la confianza en la adolescencia, desde mi punto de vista, es el elemento esencial de la maduración. Mientras haya confianza, hay elementos de contacto y hay posibilidad de diálogo y mientras haya diálogo, hay posibilidad de llevar tus problemas a ese medio conceptual que es el lenguaje que te permite verlos un poco desde la distancia.

Laura. Nos toca ahí un trabajo a los padres importante, ¿no?
Gregorio Luri. Bueno, no exageremos. Las compensaciones son mucho mayores que los problemas.
Laura. No, pero cuando estás asustada…

Gregorio Luri. Sí, pero escucha no nos rindamos nunca, nuestro deber como padres es ser optimista, poner la confianza y cuando estamos asustados pues hablamos con nuestra pareja y le contamos nuestros problemas, además, en las parejas suele funcionar, eso es mi experiencia, una especie de teoría de los vasos comunicantes, que cuando uno está más deprimido, el otro ve esa depresión objetivamente: “Ah, no es para tanto, mira que tal, que cual” Y nos podemos compensar. Pues nuestras incertidumbres y problemas los comentamos con nuestra pareja y delante de nuestros hijos… Es que estamos para eso. Ahí es donde importa, donde la autoridad juega todo su peso, tú eres una persona que sabe dónde se mueve y, por lo tanto, que puedes decir no y que tienes que decir no, pero es que después te encuentras, que me lo decía no hace mucho un padre, que me decía que había tenido una serie de broncas con su hijo y me confesaba una cosa que yo también la experimenté, voy a decir algo que es pedagógicamente el sumo de la incorrección, pero yo creo que todo padre de adolescente lo ha experimentado alguna vez, que no hay situación tan mala con su hijo adolescente que no la empeore al intentar dialogar con él. Hay momentos que dices: “Hijo, hasta aquí llegamos”. Tú no puedes llevar a diálogo una cuestión en el que el otro es un tirano impertinente narcisista que cree que tiene siempre razón. Para dialogar se necesita una actitud determinada. Bueno, pues esa posibilidad de decir “yo estoy aquí, y sé dónde me muevo”, aunque no lo sepas, pero esos miedos coméntalos con tu pareja, es decir, esa posibilidad es lo que le lleva, a ese padre que te comentaba antes, que, comiendo, su hijo le había dicho, en referencia a una amiga suya, decía: “Los padres de tal la quieren tan poco que le dejan hacer todo lo que quiera”. Tienen que saber que el no puede ser un gesto de amor, pueden poner en duda la pertinencia del no, pero que no pongan en duda que ese no es un gesto de amor.

Laura. Pasando ahora, que antes lo has nombrado un poquito, al papel de los abuelos que comentabas que eres abuelo, porque los padres tenemos una función en la educación, tenemos una función, y los abuelos, ¿qué función podéis tener en la educación de vuestros nietos?

Gregorio Luri. Yo, fíjate, me preocupa menos eso que disfrutar de la función que cumplen mis nietos en mi vida, eso sí que es maravilloso. Mis nietos cumplen una función en mi vida es, como a veces digo, que son el gran premio de consolación de la vida, cuando las rodillas van mal, cuando hay achaques, aparecen esos críos con los que descubres, de nuevo, que es emocionante tirarte por el suelo con ellos, aunque después te cueste levantarte o contar historias o mil cosas o a construir una cabaña con cuatro cosas y meterte ahí dentro a jugar a indios. Eso es fabuloso, lo que te aportan a ti es muchísimo mayor de lo que tú les puedes aportar a ellos, pero ¿qué les puedes aportar? En el crecimiento de una persona, uno de los elementos esenciales es su participación en lo que yo llamo distintos ámbitos de copertenencia. Copertenencia, utilizo mucho esta expresión, porque un ámbito de copertenencia es aquel en el que no solamente tú perteneces a él, sino que sientes que los que están ahí te pertenecen en cierta manera, la familia, los abuelos, los amigos, etcétera. El crecimiento en distintos ámbitos de copertenencia te permite entender que hay distintas lógicas de relación humana, que la casa de tus abuelos haya algunas normas, algunas cosas, algunos objetos, hay una forma de vida que no es exactamente idéntica a tu vida familiar y en la casa del tío o de la tía “no sé cuántos” hay también, habiendo muchas similitudes, hay diferencias. La capacidad para moverse de una manera natural en ambientes distintos creo que es uno de los componentes esenciales de la educación de una persona, y los abuelos creo que proporcionamos un ambiente que es, me resulta difícil definirlo y mira que he pensado en eso, ¿dónde está esa diferencia? Pero creo que hay una cierta relativización de las cosas, que eso que tus hijos como un drama, porque ha hecho no sé qué; tú lo miras, una cierta distancia irónica y dices: “No es para tanto”. Y eso te permite ver las cosas de una manera más relajada, de una manera más relajada y ese trato, ese ambiente de mayor relajación me parece que es importante, pero básicamente creo que es lo que te comentaba, el poder moverse un niño en distintos ámbitos de copertenencia, los abuelos, la escuela, los amigos, etcétera, es un elemento esencial de la educación. Yo conforme va pasando el tiempo, más valoro algo que me decía mi madre, y mira que me he leído libros de educación y he visto fórmulas, definiciones…Mi madre me decía: “Hijo, estudia para que te puedas mover por cualquier sitio o para que te puedas presentar en cualquier sitio” Bueno, para poder presentarte en cualquier sitio, además de estudiar, necesitas tener experiencia en sitios diferentes. Y creo que precisamente una persona educada es la que sabe comportarse con naturalidad con un mendigo y con un príncipe, con un mendigo y con un príncipe; y eso lo vas llevando con el contacto en distintas experiencias desde el mismo momento que naces. Por eso es importante abrir los medios y no tener tanta preocupación por vivir en la familia, padre, madre, niño como un núcleo cerrado. Hay que abrirse, hay que abrirse y hay que permitir una pluralidad de relaciones.

Laura. Bueno, Gregorio, te agradezco un montón este rato, he aprendido un montón de ti. Gregorio Luri. Dos cosas, no me asustes, primero, yo me lo he pasado muy bien; segundo, me preocupa que hayas aprendido cosas porque mi objetivo no es enseñar cosas nuevas a nadie, sino poner en valor lo que ya se sabe; hay muchos, el mundo de la educación está lleno de especialistas que nos dicen cosas nuevas cada día, cumplen su papel, no los critico; mi objetivo, muy conscientemente planteado es otro, es poner en valor lo que ya se sabe, intentar crear elementos de estabilidad que sean capaces de una recepción alegre y natural de lo nuevo.

Laura. Bueno, pues, al menos he reflexionado, me llevo muchos elementos para la reflexión.
Gregorio Luri. Yo me voy de aquí con la conciencia de haber pasado un rato muy bueno.
Laura. Sí, pues muchísimas gracias por todo.

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