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miércoles, 25 de febrero de 2026

S. N. Bose, el físico que inspiró la palabra bosón y que junto a Einstein predijo el quinto estado de la materia


Satyendranath Bose mirando una foto de Albert Einstein.

Fuente de la imagen,American Institute of Physics

Pie de foto,Aunque colaboraron y se conocieron, Bose y Einstein no se tomaron fotos juntos. Aquí Bose mirando una foto de Einstein en 1953.

"Respetado señor", empezaba diciendo una carta que recibió un día de junio de 1924 el para entonces ya premio Nobel y muy célebre Albert Einstein.

La misiva provenía de la Universidad de Daca, una ciudad que formaba parte de la India británica, así que estaba en la periferia colonial, lejos del centro científico del mundo en el que todo el conocimiento establecido se estaba revolucionando.

"Me he atrevido a enviarle el artículo adjunto para su lectura y opinión. Estoy deseoso de saber qué piensa al respecto. Si considera que el trabajo merece ser publicado, le agradecería que gestionara su publicación en Zeitschrift für Physik".

 La alemana Zeitschrift für Physik (Revista de Física) era una de las publicaciones más importantes del mundo en física teórica y experimental de aquel entonces.

¿Quién era el autor de esa carta y qué lo había animado a formular una solicitud semejante? Revista de Física reconocía como "un completo desconocido" para Einstein, pero señalaba: "No siento ninguna vacilación en hacerle tal solicitud, pues todos somos discípulos suyos".

No obstante, revelaba que no era la primera vez que le escribía: "No sé si aún recuerda que alguien desde Calcuta le pidió permiso para traducir sus trabajos sobre la relatividad al inglés. Usted accedió a esa petición. El libro fue publicado. Yo fui quien tradujo su trabajo".

Y firmaba: "Atentamente, S. N. Bose".

Adjunto iba un artículo que el autor ya había enviado a la prestigiosa publicación de la Real Sociedad británica Philosophical Magazine, pero que pasaron por alto.

Afortunadamente no se dio por vencido: se requirió el genio y la perspicacia de Einstein para apreciar la importancia de dicho trabajo.

El físico y matemático Satyendra Nath Bose había encontrado la solución a un problema que ni siquiera Einstein había podido resolver.

En cuestión de ocho días, el maestro de la relatividad ya había traducido el artículo al alemán y lo había enviado para su publicación a la revista Zeitschrift für Physik, acompañado de una nota en la que lo calificaba como "un avance importante" y anticipaba que él mismo ampliaría esas ideas revolucionarias.

A Bose, le escribió una postal confirmándole que su trabajo era "un importante paso adelante", y agregando: "Me complace mucho".

Ese paso adelante se fue haciendo cada vez más enorme.

Foto de Bose

Foto de Bose

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Bose fue uno de los primeros científicos que comprendió el significado y la importancia de las teorías de la relatividad de Albert Einstein.

De la breve pero significativa colaboración entre Einstein y Bose brotaron conocimientos pioneros en la ciencia cuántica que siguen transformando el mundo.

Pero a pesar de haber contribuido a cambiar el rostro de la ciencia del siglo XX y, además, haber trabajado con Marie Curie, inspirado al poeta Tagore y frecuentado a grandes científicos y artistas, el físico indio es poco conocido.

Y es un gusto conocerlo.

110 sobre 100

Bose nació el primer día del año 1894 en Calcuta, en el seno de una familia vinculada al Renacimiento bengalí, un movimiento que impulsaba la educación moderna y la renovación cultural en la India colonial.

Desde muy temprano brilló por su intelecto.

Entre las varias historias que circulan sobre su genio -algunas reales y otras quizá adornadas-, se cuenta que un profesor de su escuela, impresionado por uno de sus trabajos, le otorgó una calificación de 110 sobre 100.

El maestro estaba convencido de que su estudiante llegaría a ser un matemático brillante.

Bose, siempre curioso por todo tipo de creación intelectual y artística, efectivamente acabó inclinándose por las matemáticas como su camino profesional.

Y, así como a su amigo, compañero de estudios y futuro astrofísico Meghnad Saha, le fascinaba la física teórica, especialmente la nueva teoría cuántica que los físicos alemanes estaban explorando.

Tras graduarse y convertirse en profesores en la Universidad de Calcuta, Bose y Saha se lanzaron a una tarea inusual: traducir al inglés los trabajos originales de Einstein y Hermann Minkowski sobre relatividad, algo que no se había hecho en ningún lugar antes.

¿Recuerdas que en su carta a Einstein Bose mencionó que ya le había escrito antes?

Pues esta fue la razón: para no violar los derechos de autor del gran físico, le solicitó un permiso especial.

Einstein se lo otorgó gustosamente y el libro The Principle of Relativity, publicado en 1920, fue la primera colección en inglés de esos artículos fundamentales.

Más que una simple traducción, fue un puente hacia el conocimiento global, un gesto que facilitó la difusión de ideas revolucionarias en una época en que las noticias científicas tardaban mucho en cruzar fronteras.

Foto de la boda coloreada

Foto de la boda coloreada

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Bose se casó en 1914 con Ushabati Ghosh cuando ella tenía 11 años y él 20, en un matrimonio arreglado. Tuvieron 9 hijos, de los cuales 7 sobrevivieron más allá de la infancia.

Sin embargo, fue cuando Bose se mudó de Calcuta a la Universidad de Dakar que realmente hizo historia, con ese artículo titulado "La ley de Planck y la hipótesis cuántica de la luz" que le envió a Einstein.

Fue como una llave que abrió la puerta a conocimientos.

En paralelo y gracias a Einstein, Bose obtuvo una licencia de investigación para viajar a Europa y trabajar con los mejores laboratorios e investigadores de la época.

El gracioso encuentro con Marie Curie

Bose llegó a París en octubre de 1924 y rápidamente se introdujo en los círculos científicos, asistiendo a conferencias y charlas de figuras como los físicos Paul Langevin y Louis de Broglie.

Interesado en aprender técnicas experimentales de radioactividad, Langevin le proporcionó una carta de presentación para conocer a Marie Curie en el Radium Institute.

Bose relató que, tras saludarlo "con cariño", ella le dijo: "Sin duda tendrás la oportunidad de trabajar conmigo, pero no ahora mismo, sino dentro de tres o cuatro meses. Primero tienes que aprender el idioma; de lo contrario, te resultará difícil desenvolverte en el laboratorio".

"Me dijo que debía conocer a una hermosa francesa de la que debía aprender. Así que buscamos por París a esa mujer tan guapa. La verdad es que yo sabía francés: sabía leer y escribir, pero no pude decírselo a madame Curie porque hablaba sin parar".

A Bose todo el episodio le pareció humorístico y, mientras esperaba la oportunidad de integrarse formalmente en el laboratorio de Curie, aprovechó su estancia en París para trabajar con otros investigadores y familiarizarse con técnicas punteras de la física experimental.

Entre ellos se encontraba la física francesa Jacqueline Zadoc-Kahn Eisenmann, con quien entabló una profunda amistad.

La correspondencia entre ambos retrata los vibrantes intercambios intelectuales de la física cuántica de la época, como ilustra esta carta que Bose le escribió ya desde Berlín, en 1925:

«Mi dulce Jacqueline, tu rápida respuesta me dio alegría, pero mezclada con ella hay una sensación de tristeza: me hace pensar en lo poco que te vi el último día.

»Parece que todo el mundo en Berlín está muy entusiasmado con la evolución de la física.

»El día 1 y el 28 del mes pasado, [Werner] Heisenberg habló en el coloquio sobre su teoría. Todo el mundo está muy desconcertado, y muy pronto habrá una discusión sobre los trabajos de [Erwin] Schrödinger.

»Einstein parece muy entusiasmado con ello. El otro día, al volver del coloquio en tren, lo encontramos saltando al mismo compartimento en el que estábamos nosotros, y enseguida empezó a hablar con pasión sobre lo que acabábamos de oír.

»Todos guardabamos silencio, mientras él hablaba casi todo el tiempo, sin advertir el interés y la fascinación que despertaba en los demás pasajeros»
.

De vuelta en casa


Foto con 3 hombres y una mujer

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Cuentan que Niels Bohr (izq.) dictó una "iluminadora" conferencia en Calcuta, se atascó en un problema y le pidió ayuda a Bose (2do. der.), quien lo resolvió en cuestión de un minuto.

Cualquier físico que visitara Berlín en los años 20 debió sentirse un poco como un músico que visitaba Liverpool en los años 60, comentó la física y escritora de ciencia Sharon Ann Holgate en el retrato radial de Bose de la BBC The Indian Particle Man.

Algunas de las mentes más brillantes de principios del siglo XX estaban ahí discutiendo sobre los entresijos de la extraña nueva teoría cuántica que parecía casi demasiado extraña para comprender.

"Nunca en tu vida tendrás la oportunidad de conocer a hombres tan grandes de la ciencia", señaló Bose.

Pero India y su familia lo esperaban.

A su regreso, Bose se consolidó como una figura central de la física del país, combinando docencia, investigación y liderazgo institucional, e influyendo en generaciones de científicos.

Algo que defendió con firmeza fue la importancia de la enseñanza de la ciencia en las lenguas nativas de India, en lugar del inglés.

Según contó a la BBC su nieto, Falguni Sarkar, Bose admiraba a países como Israel y Japón por haber logrado crear una cultura científica sólida y contribuciones de primer nivel basadas en el uso de los idiomas propios.

La idea, sin embargo, encontró mucha resistencia. El físico indio Partha Ghose, discípulo de Bose, recordó que un día le preguntó por qué insistía tanto en esa cuestión, y que recibió una respuesta "muy convincente".

"No pienso en personas como tú, que se dedican a la ciencia -le dijo Bose-. Pienso en el indio medio: ¿por qué tendría que aprender un idioma extranjero para poder comprender las cosas básicas que ocurren en la ciencia?".

Bose tocando el esraj ante un público de varios hombres

Bose tocando el esraj ante un público de varios hombres

Fuente de la imagen,S.N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Bose era conocido por su afinidad por la música y las artes, y sabía tocar el esraj con gran habilidad, además de interesarse profundamente por la literatura y otras expresiones culturales.

Su actividad no se limitó a la ciencia: fue también un intelectual humanista, profundamente interesado por la música -en particular la música clásica india-, la literatura y el arte, y participó activamente en los círculos culturales de su tiempo, convencido de que la creatividad científica formaba parte de un impulso creativo más amplio.

Pero volvamos a la creatividad científica de Bose y Einstein, y a ese artículo.

La brillantez de Bose

A finales del siglo XIX, los físicos se enfrentaban a un problema aparentemente sencillo: cómo emite luz un objeto caliente. Más exactamente, cuánta luz emite en cada color según su temperatura. Si se calienta un metal, ¿cuánta luz roja produce?, ¿cuánta azul?, ¿cómo cambia ese reparto al aumentar la temperatura?

La física clásica intentó responder usando las leyes conocidas del electromagnetismo y la termodinámica… y fracasó estrepitosamente.

Sus ecuaciones predecían que un cuerpo debería emitir una cantidad infinita de radiación ultravioleta, algo que claramente no ocurría. A ese absurdo teórico se lo bautizó, con cierta ironía, como la catástrofe ultravioleta.

El problema era profundo: no se trataba de un error experimental, sino de una contradicción interna de la teoría. Las mismas leyes que describían con éxito el mundo cotidiano conducían aquí a un sinsentido matemático.

Entender cómo emite luz un cuerpo caliente no era un detalle técnico menor, sino una señal de que algo fundamental fallaba en la forma misma de concebir la energía y la radiación.

Resolverlo exigía cambiar las reglas del juego.

Cartas escritas por Satyendra Nath Bose (izquierda) y Albert Einstein (derecha) sobre las estadísticas de Bose.

Cartas escritas por Satyendra Nath Bose (izquierda) y Albert Einstein (derecha) sobre las estadísticas de Bose.

Fuente de la imagen,S. N. Bose National Centre for Basic Sciences


Pie de foto,

Esa carta que le escribió Bose (izquierda, en inglés) a Einstein, y la respuesta que este mandó (derecha, en alemán).

En 1900, el físico alemán Max Planck resolvió el enigma proponiendo algo radical para la época: la energía no se intercambiaba de manera continua, sino en pequeños "paquetes" o cuantos, cuyo tamaño dependía de la frecuencia de la radiación.

Su fórmula describía con precisión cómo emiten luz los objetos según su temperatura.

Lo verdaderamente profundo no fue solo que funcionara, sino lo que implicaba: la energía estaba cuantizada. Esa ruptura con la física clásica abrió la puerta justamente a la física cuántica.

Unos años más tarde, Einstein llevó la idea un paso más allá y la aplicó directamente a la luz, proponiendo que la propia radiación viajaba en cuantos -los fotones- para explicar fenómenos que la teoría clásica no podía.

Aun así, la nueva física avanzaba sobre cimientos conceptuales todavía inestables. La ley de Planck funcionaba a la perfección, pero su justificación teórica seguía siendo insatisfactoria, apoyada en supuestos heredados de la física clásica que resultaban cada vez más frágiles.

Fue ahí donde Bose cambió radicalmente el enfoque.
 
Trató la luz no como una onda continua, sino como un conjunto de cuantos indistinguibles, y contó sus posibles distribuciones sin recurrir a los artificios conceptuales de la física clásica.

El resultado fue tan simple como contundente: la ley de Planck emergía de manera natural, sin parches ni contradicciones.

Con ello, Bose no solo aclaró el fundamento de una de las fórmulas más importantes de la física moderna, sino que mostró que la hipótesis de los cuantos de luz no era un recurso provisional, sino una pieza central de una nueva forma de entender la naturaleza.

La genialidad de Einstein

Una red coloreada de vórtices similares a tornados dentro de un condensado de Bose-Einstein giratorio de átomos de rubidio.

Una red coloreada de vórtices similares a tornados dentro de un condensado de Bose-Einstein giratorio de átomos de rubidio.

Fuente de la imagen,NIST


Pie de foto,

Condensados de Bose-Einstein como el de la imagen, se forman en ultraalto vacío a temperaturas de tan solo unas pocas centésimas de milmillonésima de grado sobre el cero absoluto.

Einstein lo comprendió de inmediato.
Vio que Bose no había hecho un truco matemático, sino que había descubierto una nueva manera de contar, una forma inédita de describir sistemas formados por partículas indistinguibles.

Y aquí vino el giro sorprendente.
Einstein se preguntó: si esta forma de contar funciona para la luz, ¿qué ocurre si se aplica a la materia?

Al hacerlo, predijo algo completamente inesperado: que a temperaturas extremadamente bajas una gran cantidad de partículas podía colapsar en un mismo estado cuántico, comportándose como un único objeto macroscópico.

Así nació, al menos sobre el papel, el condensado de Bose-Einstein, conocido popularmente como el quinto estado de la materia.

Pasaron casi siete décadas antes de que los científicos confirmaran experimentalmente la predicción de Einstein.

Hoy, las ideas de Bose y Einstein sustentan tecnologías de vanguardia: desde computadoras cuánticas hasta imanes superconductores utilizados en resonancias magnéticas y los grandes aceleradores de partículas del CERN.

Incluso las matemáticas de la superconductividad inspiraron las ideas que llevaron a descubrir la partícula de Higgs y su papel en la estructura del universo.

Aunque muchos de los descubrimientos inspirados en este marco teórico obtuvieron Premios Nobel, el propio Bose no recibió tal galardón. Su legado, sin embargo, permanece inmortal en la física.

Su apellido dio origen al nombre de los bosones, una de las dos grandes familias de partículas fundamentales, formado a partir de "Bose" y el sufijo griego "-on", habitual en la nomenclatura subatómica.

En palabras del eminente físico y biógrafo de Einstein, Abraham Pais (1982): "El artículo de Bose es el cuarto y último de los artículos revolucionarios de la antigua teoría cuántica; los otros tres son de Planck, Einstein y Bohr".

¡Nada menos que la crema y nata de la física que transformó nuestro mundo! 

sábado, 22 de noviembre de 2025

Autorización docente

Estoy convencido de que esta profesión es la más importante, difícil y hermosa que se le ha encomendado al ser humano en la historia

En la ciudad chilena de Antofagasta me he enterado de un hecho singular. Ante la escasez de profesorado en el nivel parvulario, primario y medio del país, el Ministerio de Educación ha promulgado el Decreto 352 por el que se concede autorización docente a otros profesionales que carecen de la formación pedagógica adecuada. Increíble situación. Porque muestra la escasa exigencia que la sociedad en general y los políticos en particular manifiestan para decidir quién puede ejercer la profesión docente.

Estoy convencido de que esta profesión es la más importante, difícil y hermosa que se le ha encomendado al ser humano en la historia. Consiste en trabajar con la mente y el corazón de los niños, de las niñas y de los jóvenes. Bueno, en realidad, de todas las personas, porque también existe la educación de adultos.

Creo que no es complicado justificar por qué es importante para las personas estar educadas. Supone desarrollar la capacidad crítica. Decía Paulo Freire que la persona educada ha pasado de una mentalidad ingenua a una mentalidad crítica. Sabe pensar, discernir, analizar, comprender la realidad. Y, además, desarrolla la dimensión ética. La persona educada tiene un compromiso con los valores. La educación es también importante para las sociedades. Decía Herbert Wells que la historia de la humanidad es una larga carrera entre la educación y la catástrofe. Estoy convencido de que la solución a los problemas del mundo, la verdadera solución, no está ni en los despachos ministeriales, ni en las multinacionales, ni en los bancos, ni en los cuarteles, ni en las iglesias. Está en las escuelas. Porque en ellas se encuentra el epicentro de la educación.

Es también la profesión más difícil. Por su misma naturaleza. El poeta alemán Friedrich Hölderlin decía que los educadores forman a sus educandos como los océanos forman a los continentes: retirándose. Si las aguas no retroceden, el continente no emerge. Y la tentación consiste en anegarlos. Lo que nos dicen los alumnos y las alumnas a los educadores es: ayúdame a hacerlo solo. Es también difícil por los “materiales”con los que trabaja el educador: actitudes, motivaciones, valores, sentimientos, concepciones... Aumenta la complejidad el hecho innegable de la diversidad del alumnado. Hay dos tipos de alumnos en cualquier sistema educativo: los inclasificables y los de difícil clasificación.

Creo que para realizar esta labor, por pura lógica y por responsabilidad, habría que elegir a los profesionales más competentes y a las mejores personas de un país y no a quienes no sirvan para otra cosa, como suele suceder.

Voy a hacer referencia a dos hechos en los que se deja ver este error de forma evidente. En las pruebas de selectividad del pasado curso, una estudiante de Málaga obtuvo una puntuación de 13.95 sobre 14. Es decir, prácticamente la nota máxima. Un familiar le pregunta:

¿Qué carrera vas a elegir?

Quiero ser maestra de Primaria.

La reacción no se hace esperar. Entre sorprendido y enfadado, el familiar le dice:

-¿Cómo vas a desperdiciar esa nota? Con ella puedes elegir cualquier carrera,

Y la chica, serena y contundente responde:

Es que es esa la que quiero elegir entre todas.

La segunda anécdota, no menos real, ocurre en Argentina. Me cuenta una maestra que una de sus alumnas llega a casa todos los días diciendo:

-Mamá, no veas qué maestra más inteligente me ha tocado este año, pero qué inteligente…

Después de insistir en esta entusiasmada confesión durante varios días, la mamá acaba diciendo:

- Mira, hija, no insistas. No será tan inteligente si es maestra.

Me preocupa ese estado de opinión que opera como una maldición sobre quienes nos dedicamos a la tarea de la enseñanza. Con evidente sorna decía Bernard Shaw: “El que sabe hace y el que sabe enseña”. Pensamiento que adorna Muriel Barbery en la excelente novela “La elegancia del erizo”. Si mal no recuerdo esta cita está en las primeras diez páginas: “El que sabe hace, el que no sabe enseña; el que no sabe enseñar, enseña a los que enseñan y el que no sabe enseñar a los que enseñan se mete en política”.

Estoy cansado de ver estudiantes que acuden a las aulas de la Facultad de Educación porque su nota de selectividad no les había permitido elegir la carrera que deseaban cursar. Es decir, estudiantes que, de rebote, cursaban los estudios de magisterio.

Existe en la sociedad la creencia de que para ser profesor basta tener los conocimientos de las asignaturas que se tiene que impartir. Es decir, la idea de que no hacen falta conocimientos y destrezas específicos para ejercer la profesión. Consecuentemente, no hará falta una formación pedagógica adecuada. No es cierto. Hace faltan competencias didácticas: saber quién es el que aprende y cómo se le puede enseñar. Dice un pedagogo italiano que para enseñar latín a John, más importante que conocer latín es conocer a John. Hace falta tener una actitud positiva hacia la tarea y hacia las personas. Y, como se suele enseñar en instituciones, es necesario saber trabajar de forma colegiada.

Hay países que tienen un criterio diametralmente opuesto. Países cuyos legisladores entienden (porque así lo entiende también la sociedad) que los mejores ciudadanos tienen que dedicarse a la enseñanza. Ahí está Finlandia, por ejemplo, que elige a los mejores (no solo por sus calificaciones sobresalientes sino por sus actitudes ante la vida, ante los valores y ante la sociedad).

Hace muchos años viajé a Cuba con una beca del gobierno español y otra del gobierno cubano. Estuve en un tris de publicar un libro que se iba a titular “Luces y sombras de la educación en Cuba”. Vi las sombras, por supuesto. Pero una de las luces hace referencia al proceso de selección de los profesores. Si un joven manifestaba el deseo de ser químico tenía que ir a la Facultad de Química pero, si quería ser profesor de química iba al Instituto Pedagógico de Química. Había tantos institutos pedagógicos como disciplinas. Y allí aprendía química, cómo no. Pero aprendía también Psicología del aprendizaje, Didáctica de la química, Sociología de la Educación… Y hacía prácticas. Y, lo más importante: para entrar en la Facultad de Química se necesitaba tener una calificación de 90 puntos. Pero, para entrar en el Instituto Pedagógico de Química hacían falta 98. El sistema lo decía de forma muy clara: los mejores, a la educación.

Vuelvo al motivo que me ha llevado a plantear estas cuestiones. Tengo delante el Decreto 352 que me ha enviado el abogado Claudio Lillo, persona preocupada por estas importantes cuestiones. Dicho artículo reglamenta el ejercicio de la función docente. Su última versión es del 3 de diciembre de 2024.

Reconoce el Ministerio de Educación que “aun cuando la regla general es que la función docente sea desempeñada por aquellos profesionales que están especialmente preparados para ello, existen ciertas situaciones excepcionales en las que no hay profesionales suficientes para cubrir las necesidades o los existentes no están disponibles o se trata de algunas actividades para las cuales no hay formación universitaria”.

Como es lógico, el Ministerio da prioridad a las personas que están preparadas para la función docente pero, en el artículo 4º, ante la imposibilidad de contar con estas personas dispone lo siguiente: Artículo 4º: “Cuando no hubiere profesores titulados o habilitados para satisfacer las necesidades educativas del establecimiento de acuerdo a lo requerido por el sostenedor respectivo, podrá autorizarse para ejercer docencia a personas no tituladas o habilitadas en los casos y bajo las condiciones que más adelante se indican”.

Es decir, que podrán obtener la autorización docente profesionales con otras titulaciones: periodistas, abogados, ingenieros… La comparación de la enseñanza con la medicina suele ofrecer sabrosas conclusiones. Según este criterio, un periodista podría obtener la autorización médica para efectuar una operación de trasplante de un órgano vital. Nadie aceptaría que un hijo o una hija entrase en el quirófano con ese intruso como cirujano. Pero parece que los daños causados en el ámbito docente no tienen las mismas desastrosas repercusiones.

Es curioso que la ley de la autorización docente solo afecte a la enseñanza parvularia, básica y media y no a la universitaria. No sé si porque no existe necesidad de profesorado o porque se considera que en ese nivel no hace falta tener una preparación específica para ser docente.

El decreto 352 basa esta medida en el derecho que tienen todos los niños, las niñas y los jóvenes chilenos a la educación. Nadie puede negar ese derecho. Pero antes hay que preguntarse por qué existe esa inquietante escasez de docentes. ¿No será que la profesión está socialmente devaluada, mal pagada, mal organizada? ¿No será que las familias no valoran suficientemente la tarea que los docentes realizan con sus hijos y sus hijas? ¿No será que las condiciones del trabajo de los docentes son muy negativas? Hay que responder a estas preguntas y actuar en consecuencia.

El Adarve. Miguel Ángel Santos Guerra. 

sábado, 6 de septiembre de 2025

_- Einstein, Arendt y Freud, del apoyo al sionismo a denunciarlo por fascista


_- Fuentes: El Salto [Foto: La filósofa Hannah Arend


No necesitaron ver el actual genocidio del pueblo palestino para darse cuenta, hace un siglo, que aquel proyecto sionista de “un hogar para los judíos” incluía un plan de limpieza étnica en la Palestina Histórica.

El sionismo ha reivindicado muchas veces haber contado desde su origen con el apoyo de renombrados personajes públicos internacionales de origen judío, y entre ellos no podían faltar ni Albert Einstein, Hannah Arendt o Sigmund Freud, ocultando una parte de la historia, el desengaño que ellos experimentaron pronto, al comprobar el carácter xenófobo y extremadamente violento de esa corriente del judaísmo.

Albert Einstein (1879–1955), alemán de origen judío, Premio Nobel de Física 1921, se entusiasmó en los años 20 y 30 del siglo pasado con el proyecto judío de crear un hogar en Palestina tras ver el avance imparable del antisemitismo en su país y en Europa, pero creía ver en el sionismo algo muy distinto a lo que realmente fue. Decía en 1931, en Mi visión del mundo, una recopilación de artículos: “Nuestro objetivo no es la creación de una comunidad política, sino que conforme a la tradición del judaísmo, es una meta cultural en el sentido más amplio de la palabra. Para lograrlo debemos resolver con nobleza, abierta y dignamente, el problema de la convivencia con el pueblo hermano de los árabes (…) Especial atención merecen nuestras relaciones con el pueblo árabe. Fomentándolas podremos evitar en el futuro la formación de tensiones peligrosas, que podrán ser utilizadas para provocar ataques de nuestros enemigos”.

En 1932 el científico se fue a vivir a Estados Unidos, un año antes de que Adolf Hitler llegara al poder en Alemania. En otra de sus intervenciones sobre el sionismo, en 1938, Einstein dejaba clara su posición en contra de la formación de un estado judío con fronteras y ejército: “Dejando a un lado las consideraciones prácticas, mi concepción de la naturaleza esencial del judaísmo se opone a la idea de un Estado judío con fronteras, ejército y un grado de poder temporal, por modesto que fuera. Estoy espantado al pensar en el daño interno que sufrirá el judaísmo, sobre todo por el desarrollo de un nacionalismo estrecho en el interior de nuestras propias filas, contra el cual hemos estado siempre obligados a luchar enérgicamente, aun sin un Estado judío”.

La postura de Einstein fue aun mucho más crítica con el sionismo al comprobar el auge que iban teniendo las organizaciones terroristas judías, que tanto atacaban a la población autóctona árabe como a las fuerzas del Mandato Británico que controlaban todavía en la década de los 40 el territorio de la Palestina histórica, e incluso a sectores de la comunidad judía que no compartía sus ideas.

El 22 de julio de 1946 comandos paramilitares sionistas del Irgún Tzvaí Leumí, del Lehi y de la Haganá, atacaron el Hotel King David, en Jerusalén, sede entonces de la Comandancia Militar del Mandato Británico de Palestina y de la División de Investigación Criminal, y mataron a 91 británicos.

¿La razón? Que el Gobierno británico del conservador Venille Chamberlain había aprobado un Libro Blanco para preparar el proceso de independencia de Palestina, en el cual se proponía que como paso previo a ella se incorporaran al propio gobierno del Mandato Británico representantes judíos y palestinos. Se planteaba esa fórmula como una experiencia para que en el nuevo Estado que se creara pudieran convivir ambos pueblos.

Para facilitar ese plan el Libro Blanco planteaba también que se fijara un límite a la inmigración judía en Palestina para que esta no supusiera más que un tercio de la población local total, a menos que los propios habitantes árabes lo consintieran expresamente. Pero el sionismo no podía consentir un cambio tan brusco de la postura británica y del espíritu colonialista de la Declaración Balfour de 1917.

En abril de 1948 unidades del Irgún Tzvaí Leumí y de Lehi cometían otra matanza, esta vez en la aldea palestina de Deir Yassim y asesinaban a 120 personas. Einstein quedó conmocionado al conocer la matanza y el 9 de abril escribió una carta a Shepard Rifkin, director de la organización estadounidense Amigos americanos de los combatientes por la libertad de Israel, quien le había pedido que se manifestara públicamente a favor del sionismo y de la creación del Estado de Israel: “Estimado señor: Cuando nos sobrevenga una catástrofe real y definitiva en Palestina, los primeros responsables de ella serán los británicos y los segundos responsables serán las organizaciones terroristas creadas dentro de nuestras propias filas. No quisiera ver a nadie asociado con esa gente descarriada y criminal”.

Un mes más tarde, el 14 de mayo de 1948, las fuerzas judías, con consentimiento de Naciones Unidas, declaraban en Tel Aviv la creación de un nuevo Estado al que llamaron Israel y se apoderaron no del 56 % del territorio de Palestina tal como estaba previsto inicialmente, sino del 77 %. David Ben-Gurion, de origen polaco y presidente de la Agencia Judía, fue nombrado primer ministro y se convirtió en el artífice de la expulsión de Palestina por la fuerza de 750.000 palestinos, éxodo conocido como la Nakba («desastre» en árabe).

Una de las primeras medidas de Ben-Gurion fue la creación de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI, o Tzáhal, su acrónimo en hebreo). El núcleo central con el que se puso en marcha la FDI —una de las instituciones más respetadas por la población israelí y ejecutora del actual genocidio en Gaza—fue la propia estructura y militancia de la Haganá y otras organizaciones terroristas sionistas.

Arendt, la activista sionista que cambió de opinión
Hannah Arendt también fue inicialmente una entusiasta activista del movimiento sionista, primero en su país natal, en Alemania, en los años 20 e inicios de los 30, y a partir de 1937 en Estados Unidos, país en el que se refugió huyendo del nazismo.

Al igual que Einstein ella era una fervorosa partidaria de que se creara un lugar en Palestina para los judíos, pero no a costa del desalojo de los palestinos, y criticaba también que el movimiento sionista se olvidara del resto de judíos de la diáspora, de judíos como ella o Einstein que vivían en otros países y no querían vivir en Palestina.

Los registros de la emigración judía hacia Palestina antes de la creación del Estado de Israel muestran que de los cerca de 40.000 que migraron entre 1904 y 1914 más del 80% decidió no quedarse finalmente. El destino preferido era mayoritariamente Estados Unidos.

Arent creó en EE UU el Grupo Joven Judío en 1942 en un intento por ampliar el debate interno dentro del movimiento sionista. Ella criticaba que el movimiento dependiera tanto de banqueros como los Rothschild y otros magnates. Sostenía que esa dependencia era su “segunda opresión”.

Hannah Arent se distanciaba de los que mantenían una creencia bíblica, la que el pueblo judío era el “pueblo elegido”, con la que se justificaba todo. Sus diferencias con el proyecto sionista se acentuaron tras comprobar que las tesis del sionismo más extremista y chovinista se imponían en la Conferencia Baltimore de ese año.

En escritos como La crisis del sionismo que publicó ese año y en trabajos posteriores Arendt se distanciaba cada vez más de aquellos que ya no hablaban de un ‘hogar judío’ sino de un ‘Estado judío’ y mostró su preocupación por el desprecio con el que se hablaba de la población originaria palestina con la que no se contaba en ningún plan.

Su escrito Sionismo reconsiderado provocaría una gran polémica en el seno del movimiento sionista. En él denunciaba al “nacionalismo radical”: “El movimiento nacional judío social–revolucionario acabó como la mayoría de los movimientos de este tipo: dando su más firme apoyo no ya a reivindicaciones nacionales, sino a reivindicaciones chovinistas que en realidad no estaban en contra de los enemigos del pueblo judío, sino de sus amigos potenciales y de sus vecinos reales”.

Ella hablaba así de los árabes, ‘amigos potenciales’, ‘vecinos reales’, e igual que Einstein abogaba por un Estado binacional judío–palestino, y en 1951, tres años después de la fundación del Estado de Israel, denunciaba frontalmente la expulsión por parte del nuevo Estado de cientos de miles de los habitantes originarios de Palestina: “Después de la guerra resultó que la cuestión judía, que había sido considerada la única insoluble, estaba desde luego resuelta, principalmente gracias a un territorio primero colonizado y luego conquistado, pero esto no resolvió el problema de las minorías y de los apátridas. Al contrario, como virtualmente todos los demás acontecimientos de nuestro siglo, la solución de la cuestión judía produjo una nueva categoría de refugiados, los árabes, aumentando por el número de apátridas y fuera de la ley con otras 700.000 u 800.000 personas”.

Hannah Arendt, que tanto había luchado por el sionismo tuvo que soportar agresivas críticas del sionismo radical, que la terminaron acusando de antisemita y hasta de colaboracionista por su libro Eichman en Jerusalén. En ese libro ella hablaba sobre la banalidad del mal, pretendía ir más allá de una condena frontal al Holocausto, intentaba desentrañar la mente de un personaje como el jerarca nazi, cómo se transformaba un ciudadano alemán normal en un monstruo que en su juicio llegó a reivindicar ser un buen funcionario, haber cumplido a rajatabla con las órdenes recibidas. Obediencia debida.

Menájem Begin, un prócer para los sionistas, como Ben-Gurion, también nacido en Polonia y líder del Irgún, el grupo terrorista más radical, viajó a Estados Unidos en 1948 tras crearse el artificial Estado de Israel y fue recibido con todos los honores por el gobierno del demócrata Harry Truman,

Fue entonces cuando un grupo de 27 destacados intelectuales judíos residentes en Estados Unidos, filósofos, rabinos y científicos, entre los que se encontraban Albert Einstein y Hannah Arendt, enviaron una carta a los editores de The New York Times el 2 de diciembre de ese año repudiando su visita y el proyecto que representaba. Fue publicada por el diario neoyorkino dos días después: “Uno de los fenómenos políticos más inquietantes de nuestro tiempo es la aparición en el recién creado Estado de Israel, del Tnuat Haherut (Partido de la Libertad), un partido político muy parecido en su organización, métodos, filosofía política y atractivo social a los partidos nazi y fascista. Se formó a partir de los miembros y seguidores del antiguo Irgun Zvaí Leumí, una organización terrorista, derechista y chauvinista de Palestina (…) Es inconcebible que quienes se oponen al fascismo en todo el mundo, si se les informa correctamente sobre el historial político y las perspectivas del Sr. Begin, puedan sumar sus nombres y apoyo al movimiento que representa”.

En la carta, firmada también por otros intelectuales judíos, como Isidore Abramovitz, el rabino Jessurun Cardozo, Sidney Hook, Samuel Shuman, o Irma y Stefan Wolfe, denunciaban la intolerancia de Begin y los grupos terroristas que él representaba, que llegaban a aterrorizar a la propia población judía que no se unía a ellos: “Los profesores fueron golpeados por hablar en su contra y los adultos fueron fusilados por no permitir que sus hijos se unieran a ellos. Mediante métodos de gánsteres, palizas, ruptura de ventanas y robos generalizados, los terroristas intimidaron a la población y le exigieron un fuerte tributo”.

Tras otras consideraciones los intelectuales judíos terminaban así su carta: “Por lo tanto, los abajo firmantes utilizamos este medio para presentar públicamente algunos hechos destacados sobre Begin y su partido, y para instar a todos los interesados a no apoyar esta última manifestación del fascismo”.

Begin crearía en 1973 el partido Tnuat Haherut y lideraría el proceso de fusión de este con otras formaciones de la derecha israelí que daría lugar al nacimiento del Likud, el partido que hoy lidera Benjamin Netanyahu y el Gobierno ultraderechista israelí. En 1979 Begin recibía el Premio Nobel de la Paz.

Freud, crítico con el fanatismo sionista
El caso de Sigmund Fred fue distinto al de Einstein o Arendt. El padre del psicoanálisis, austriaco de origen judío pero declaradamente ateo, abordó en Moisés y el monoteísmo en los años 30 el proyecto de crear un ‘hogar judío’ en Palestina preguntándose: “Qué lleva a los judíos a considerarse como ‘el pueblo elegido’? ¿Cuáles son las consecuencias de mantener tal narcisismo?».

El 26 de febrero de 1930 Freud escribía una carta al doctor Chaim Koffer , quien, en nombre de la Fundación para la Reinstalación de los Judíos en Palestina, le pedía un pronunciamiento a favor del sionismo y de la migración hacia Palestina: “No puedo hacer lo que usted desea. Mi reticencia a interesar al público en mi persona es insalvable y creo que las circunstancias críticas actuales no me incitan para nada a hacerlo (…) Pero, por otro lado, no creo que Palestina pueda algún día ser un Estado judío ni que tanto el mundo cristiano como el mundo islámico puedan un día estar dispuestos a confiar sus lugares santos al cuidado de los judíos”.

Freud mencionaba también en esa carta su rechazo a considerar al Muro de las Lamentaciones el lugar sagrado más importante para el judaísmo: “No puedo experimentar la menor simpatía por una piedad sionista mal interpretada, que hace de un trozo del muro de Herodes una reliquia nacional y a causa de ella, ofende los sentimientos de los nativos”.

El padre del psicoanálisis, que en muchas ocasiones criticó el nacionalismo y la xenofobia, mencionaba también en esa carta su recelo sobre el apoyo interesado de magnates judíos a la idea de crear el ‘hogar judío’ en Palestina: “Me hubiera parecido más prudente una patria judía en un suelo históricamente no cargado; en efecto, sé que, para un propósito tan racional, nunca se hubiera podido suscitar la exaltación de las masas ni la cooperación de los ricos. Concedo también, con pesar que el fanatismo poco realista de nuestros compatriotas tiene su parte de responsabilidad en el despertar del recelo de los árabes”.

En 1939, cuando las organizaciones terroristas sionistas atacaban diariamente las aldeas palestinas advirtió: “La mayor calamidad sería un enfrentamiento permanente con el pueblo árabe” recordando que “en tiempos pasados ningún pueblo mostró mayor amistad con los judíos que los antepasados de estos árabes”.

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martes, 10 de junio de 2025

Qué es la "economía del talento" que busca encontrar a los nuevos Einstein y Marie Curie del mundo

Bilhana Kochloukova

Fuente de la imagen,Bilhana Kochloukova

Pie de foto,La brasileña Bilhana Kochloukova, medallista de la Olimpiada Internacional de Matemáticas, estudia en la Universidad de Cambridge y es integrante de su equipo de fútbol.

"Para jugar a fútbol como Lionel Messi, tienes que tener una habilidad natural, pero también te tienen que descubrir a una edad temprana y darte un buen entrenamiento", dice el economista Ruchir Agarwal.

Lo mismo pasa con las mentes brillantes en áreas como las matemáticas y las ciencias. "No queremos que se pierdan los genios invisibles", explica Agarwal, cofundador de la organización sin ánimo de lucro Global Talent Fund (Fondo Global de Talento) en Estados Unidos e investigador de la Universidad de Columbia.

Una de las misiones que junto a su equipo se ha propuesto es encontrar a esos adolescentes brillantes y ayudarlos a que desarrollen su potencial.

De eso se trata la "economía del talento", explica, una nueva vertiente dentro de la economía que apuesta por la innovación y el crecimiento económico de los países a partir del descubrimiento de mentes brillantes entre los niños en edad escolar.

Aunque pareciera ser un objetivo muy específico para lo que él denomina como un subcampo de estudio que recién se está creando, algunos investigadores ya se han ido sumando a este enfoque económico.

Con esa idea, un grupo de expertos se reunió en noviembre en la ciudad estadounidense de Cambridge, en Massachusetts (EE.UU.), en el primer foro internacional sobre la economía del talento, con el apoyo de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés), una organización de Estados Unidos sin ánimo de lucro.

Estudiantes de secundaria
Estudiantes de secundaria

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Pie de foto,
La economía del talento, según Ruchir Agarwal, apunta a descubrir mentes brillantes entre los niños en edad escolar. Entre los organizadores estaba Agarwal, un economista que desarrolló una parte importante de su carrera en el Fondo Monetario Internacional, FMI.

De hecho, el FMI dedicó un número completo de su publicación "Finanzas y Desarrollo" a la economía del talento, descrita como un campo emergente que puede cambiar las reglas del juego en la evolución de los países.

Precisamente porque se trata de un área en ciernes, aún no hay resultados que demuestren la contribución científica y la eficacia de las iniciativas que utilizan este enfoque.

Lo que sí hay, al menos hasta ahora, son iniciativas a pequeña escala como las que está desarrollando el Fondo Global de Talento.

Agarwal y otros economistas se preguntaban cómo conectar adolescentes excepcionales con grandes oportunidades académicas.

Fue así como llegaron a la idea de crear en 2023 la organización con donaciones filantrópicas de empresas. El fondo cofinancia becas junto a universidades del Reino Unido como la Universidad de Cambridge y de Oxford.

Uno de sus programas más emblemáticos se llama BIG, con el que apoyan y entregan becas a adolescentes que obtuvieron medallas en la Olimpiada Internacional de Matemáticas para que estudien en algunas de las mejores universidades del mundo.

Niña escribiendo en una pizarra

Niña escribiendo en una pizarra

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La Olimpiada Internacional de Matemáticas es uno de los caminos para detectar mentes brillantes.

Uno de los desafíos que ha enfrentado la organización, dice Agarwal, es detectar a los estudiantes excepcionales a una edad temprana, y aunque hasta ahora solo han buscado los talentos entre los medallistas de competiciones matemáticas y científicas -independiente de su país de origen-, actualmente están investigando otros caminos para detectar mentes excepcionales.

Las limitaciones financieras son el principal obstáculo que impide a los medallistas olímpicos, especialmente a aquellos de países de ingresos medios y bajos, acceder a las mejores universidades.

Por eso decidieron sacar adelante el programa. Pero además del criterio académico, también consideran otros aspectos como el espíritu colaborativo, cualidades de liderazgo, y una aspiración a contribuir a la sociedad.

"Estamos buscando a los nuevos Albert Einstein o Marie Curie", dice el economista.

Recientemente enviaron al primer grupo de estudiantes recién egresados de la enseñanza secundaria a estudiar al extranjero con el apoyo de la organización.

Una de las estudiantes es la brasileña Bilhana Kochloukova.

La pasión por las matemáticas

Recién adaptándose a su nueva vida en la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, Bilhana Kochloukova está sumergida en un mundo completamente distinto al de su tierra natal en la ciudad de Campinas, en el estado de Sao Paulo.

Tras ser medallista en la Olimpiada Internacional de Matemáticas, y con solo 18 años, emprendió un viaje hacia un país desconocido en una aventura personal y académica.

"No es solo un puñado de fórmulas", dice sobre las matemáticas. "Cuando entiendes de dónde vienen y las estudias más a fondo, se vuelven muy atractivas y todo adquiere sentido".

Además de estudiar, está entrenando en la selección de fútbol femenino de la universidad, otras de sus grandes pasiones y a la que le destinaba una parte importante de su tiempo en Brasil.

Manuel Cabrera

Manuel Cabrera

Fuente de la imagen,Manuel Cabrera


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El salvadoreño Manuel Cabrera participa en el programa BIG del Global Talent Fund. Otro latinoamericano al que le apasiona resolver desafíos difíciles es Manuel Cabrera, un salvadoreño que lleva un año estudiando matemáticas en la Universidad de Edimburgo, en Escocia.

"Las matemáticas están por todas partes", explica, como cuando hay que encontrar el camino más corto para llegar de un lugar a otro, un desafío que resuelve el algoritmo que utiliza Google Maps.

"Cuando ves un algoritmo como ese, te das cuenta que la persona que lo creó tuvo una idea brillante que ha sido útil para todos los demás".

"Me gusta desarrollar estrategias, utilizar el pensamiento analítico para resolver un problema con ideas creativas", dice.

Y esa capacidad de resolver problemas es lo que históricamente ha impulsado la innovación a nivel mundial.

Si un joven con el potencial de impulsar la fusión nuclear o diseñar tratamientos de última generación nunca encuentra a los mentores adecuados, las redes, el financiamiento, y todo lo que necesita para prosperar, pierde el mundo entero, explica Agarwal.

Esta situación es más crítica en los países con menos recursos económicos.

De hecho, cerca del 90% de los jóvenes del mundo vive en economías en desarrollo, pero aquellos que nacen en Estados Unidos, Europa y Japón ganan la abrumadora mayoría de los Premios Nobel de Química, Física y Biología.

Y a nivel internacional existen pocos programas enfocados en alumnos de secundaria.

Además del Fondo Global de Talento, algunas universidades como el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) en EE. UU. también ofrecen becas completas para medallistas olímpicos y estudiantes internacionales.

Pero falta mucho más. Agarwal aspira a que estas iniciativas sigan replicándose y expandiéndose a otros países para darles más oportunidades a los adolescentes excepcionales.

El debate sobre los genios solitarios

No todos los economistas están de acuerdo en invertir demasiados esfuerzos en el desarrollo de jóvenes excepcionales como una manera de fomentar la innovación de un país.

No es que les parezca una mala idea. El problema, dicen, es que al fomentar la figura del niño genio, se refuerza el concepto de que las soluciones a los problemas de la innovación tienen que ver más con el esfuerzo individual que con el tipo de sociedad y modelo económico de un país.

Joven en sala de clases.

Joven en sala de clases.

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
No todos los economistas están de acuerdo en focalizar los esfuerzos en el desarrollo de jóvenes excepcionales. 

Mariana Mazzucato, fundadora y directora del Instituto de Innovación y Propósito Público (IIPP, por sus siglas en inglés) en el University College de Londres, ha dicho que el principal motor de la innovación no son los genios solitarios, sino la inversión estatal.

"La innovación es el resultado de un esfuerzo colectivo masivo", ha señalado la economista.

La respuesta habitual a este planteamiento es que se pueden hacer las dos cosas: apoyar a los genios y, al mismo tiempo, apoyar los esfuerzos estatales.

Pero el debate se intensifica cuando hay pocos recursos disponibles y los fondos no alcanzan para apoyar las dos cosas.

Otro tema que genera discusión en los países en desarrollo es que muchos de los estudiantes brillantes que reciben becas para ir a las mejores universidades del mundo no regresan a su país de origen.

Y si regresan, cuando enfrentan la realidad de que no hay fondos para desarrollar investigaciones innovadoras ni ofertas de empleo atractivas, regresan al extranjero.

Eso ha provocado que la fuga de talentos sea un problema muy difícil de resolver para los países de origen.

Con todo, en una economía globalizada, una de las premisas que se ha expandido en las comunidades científicas es la importancia de facilitar el libre flujo de las mentes brillantes, más aún de aquellas que se pueden detectar en edad escolar y que, quizás con un buen empujón, terminan desarrollando todo su potencial.

jueves, 16 de enero de 2025

Una luz en la oscuridad: memoria de Carl Sagan

Fuentes: El diario [Imagen: Carl Sagan Planetary Society]


Lo más importante de cuanto nos transmitió Sagan fue la convicción de que la ciencia, a pesar de sus imperfecciones y en gran medida gracias a ellas, es con mucho la más valiosa herramienta de que disponemos para sobrevivir y prosperar como especie

Muchas de las personas que ya contamos con más de 50 años atesoraremos sin duda, entre los más gratos recuerdos de nuestra infancia, adolescencia o juventud, aquella prodigiosa serie de divulgación científica que se titulaba Cosmos, y no pocos guardaremos en casa la lujosa edición en libro del programa televisivo. Lo presentaba y fue también su guionista principal el astrónomo y astrofísico Carl Sagan, quien, de vivir hoy en día, habría cumplido 90 años en este último mes de noviembre.

El nombre completo de la serie fue Cosmos: un viaje personal y, a pesar de que apenas se emitieron trece episodios, se convirtió con pleno merecimiento en uno de los documentales de divulgación más célebres de la historia, si no el que más. En la introducción al libro, el propio Carl Sagan hablaba de cerca de 140 millones de telespectadores en todo el mundo. En 2014 se emitieron otros trece episodios de una continuación que se tituló Cosmos: una odisea en el espacio-tiempo, presentada por el astrofísico Neil de Grasse Tyson y producida, entre otros, por la escritora Ann Druyan, viuda de Sagan que también había sido guionista de la serie original.

Entre los atractivos que con toda seguridad contribuyeron al éxito del primer Cosmos se han de contar su belleza visual y un magnífico fondo musical, con composiciones de Vangelis y Jean-Michel Jarre. Pero su mayor valor radica en la asombrosa capacidad de Sagan para reunir lo esencial del sinfín de conocimientos físicos, astronómicos, matemáticos o filosóficos acumulados por el ser humano a lo largo de la historia y para presentarlo ante el público general de forma a un tiempo clara, amena y rigurosa. No se limitaba a enumerar y exponer hallazgos y principios de la ciencia, sino que nos mostraba cómo se habían gestado y de qué preguntas había partido el camino hacia ellos. Y esto le sirvió para contagiar al espectador, como ningún otro divulgador científico lo ha hecho, el amor por la ciencia (“cuando uno se enamora, quiere contarlo”, escribió), la pasión por aprender, que él siempre creyó innata en todo ser humano. Son los niños, acostumbraba a decir, quienes siguen haciendo las preguntas fundamentales.

Sirviéndose de una cartulina y dos palos, nos explicó de qué modo sencillo y genial había probado el sabio Eratóstenes que la Tierra era esférica en el siglo III antes de Cristo y cómo había sido capaz de medir con admirable precisión el diámetro de su circunferencia. Y explicó a un grupo de escolares, respondiendo a la pregunta de una niña, por qué era precisamente esférica la Tierra y no de otra forma.

En Cosmos oímos hablar muchos por primera vez de los agujeros negros. Se nos enseñó, años antes de que invadiera nuestras vidas el celebérrimo buscador de internet, que “gúgol” (o google) era el nombre que había dado a un número gigantesco, diez elevado a cien, el sobrino de nueve años del matemático norteamericano Edward Kasner, a petición de este. Se nos narró la apasionante búsqueda de la armonía universal que condujo a Kepler a dar con el movimiento de los planetas, gracias a las mediciones de un tipo tan extravagante como Tycho Brahe. Descubrimos el espíritu práctico e indagador de los científicos jónicos (Tales, Anaximandro, Anaxágoras, Demócrito y otros) a los que en los manuales de historia de la filosofía se acostumbraba a menospreciar con la rúbrica conjunta de presocráticos, como si anteceder a Sócrates hubiese sido su único mérito, desconociendo su papel crucial de pioneros del método científico. Entendimos el significado del tesoro perdido con la destrucción de la Biblioteca de Alejandría y oímos hablar, la mayoría de nosotros también por primera vez, de la matemática y astrónoma Hipatia.

Aprendimos que el Sol es una gran bola gaseosa de hidrógeno y helio y supimos de la fascinante vida de las estrellas o los frágiles equilibrios que posibilitan la vida en la Tierra, por los cuales Carl Sagan nos hizo ver la inmensa responsabilidad que como especie adquirimos en su cuidado y conservación. “Sabemos quién habla en nombre de las naciones –escribió-. Pero ¿quién habla en nombre de la especie humana? ¿Quién habla en nombre de la Tierra?” Estremece percatarse de que aún hoy, más de cuarenta años después, seguimos sin poder responder a estas dos preguntas.

Pero lo más importante de cuanto nos transmitió Sagan fue la convicción de que la ciencia, a pesar de sus imperfecciones y en gran medida gracias a ellas, es con mucho la más valiosa herramienta de que disponemos para sobrevivir y prosperar como especie, porque lleva incorporado en su seno el mecanismo por el que se autocorrige. Tiene dos reglas, aseguró en el último capítulo de Cosmos

Primera: no existen verdades sagradas ni sirven los argumentos de autoridad. 

Segunda: hay que revisar todo lo que no cuadre con los hechos. 

De modo similar, Bertrand Russell había escrito en La perspectiva científica que nadie que tenga espíritu científico afirma que lo que en la actualidad cree la ciencia sea exacto, sino un escenario en el camino hacia la verdad. “Cuando se produce un cambio en la ciencia, como, por ejemplo, de la ley de la gravedad de Newton a la de Einstein, lo que se había hecho no es derrocado, sino que es reemplazado por algo un poco más preciso”.

Puede resultar desalentador recordar a un hombre como < en el borrascoso tiempo que nos ha tocado vivir, en el que la irracionalidad reconquista millones de mentes, medran payasadas como el terraplanismo, resurge el nacionalismo más obtuso, poderosos dirigentes políticos se jactan de su ignorancia, se alzan arrogantes teocracias de mentalidad medieval en países sumidos en la miseria y, sobre todo, miles de personas, miles de niños, sucumben en guerras bestiales.

“Lo que significa un ser vivo –escribió Hermann Hesse en el pórtico de su novela Demian-, se sabe hoy menos que nunca, y por eso se destruye a montones de seres humanos, cada uno de los cuales es una creación valiosa y única de la naturaleza”. Y Carl Sagan, en Cosmos: “En la perspectiva cósmica, cada uno de nosotros es precioso. Si alguien está en desacuerdo contigo, déjalo vivir. No encontrarás a nadie parecido en cien mil millones de galaxias”.

Él no ignoró esta sombría deriva de nuestras sociedades y, poco antes de su muerte en 1996, nos dejó un libro asombroso cuya lectura hoy sobrecoge por la lucidez con que anticipó lo que se nos avecinaba. Lo tituló El mundo y sus demonios y constituye uno de los más emotivos y mejor armados alegatos a favor de la razón que jamás se hayan escrito.

“Preveo cómo será la América de la época de mis hijos o nietos (nosotros bien podríamos sustituir aquí América por Europa): … una economía de servicio e información; casi todas las industrias manufactureras clave se habrán desplazado a otros países; los temibles poderes tecnológicos estarán en manos de unos pocos y nadie que represente el interés público se podrá acercar siquiera a los asuntos importantes; la gente habrá perdido la capacidad de establecer sus prioridades o de cuestionar con conocimiento de causa a los que ejercen la autoridad; nosotros, aferrados a nuestros cristales y consultando nerviosos nuestros horóscopos, con las facultades críticas en declive, incapaces de discernir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos deslizando, casi sin darnos cuenta, en la superstición y la oscuridad”.

Es también, a pesar de todo, un libro profundamente esperanzador. El ser humano ha demostrado con amarga contumacia su capacidad para cometer los más escalofriantes actos de crueldad, pero también su capacidad para crear, para tejer redes de solidaridad, para sublevarse contra la injusticia y el alcance inagotable de su curiosidad. Estas últimas facultades son las que invoca Carl Sagan.

La verdad es que, sea cual sea la proporción de optimismo y pesimismo que anide en cada uno de nosotros, si amamos nuestra propia vida y las personas que junto a nosotros la transitan, no nos queda otro remedio. O, para decirlo con el refrán que Carl Sagan coloca al principio de El mundo y sus demonios: “Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”.

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