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viernes, 13 de julio de 2018

Una Menorca ancestral. Del cabo de Cavalleria al paisaje lunar entre la playa de Binimel·là y Cala Pregonda, una excursión bordeando el Mediterráneo

Ayer estuve en la Luna. Sin salir de la Tierra. Esculpida por los feroces vientos de la tramontana y nacida de los movimientos geológicos más primitivos, la costa norte de Menorca —sobre todo en el tramo que va de Binimel·là a Cala Pregonda— hace pensar a quien la visita que ha abandonado por unos instantes la superficie de nuestro planeta.

Una Menorca ancestral

El recorrido empezó en el cabo de Cavalleria. La primavera en Menorca hace explotar la vegetación más exuberante. El verde rabioso cubre la superficie de un territorio conservado como pocos: en 1993 la isla fue declarada reserva de la biosfera, lo que implica que casi la mitad de su territorio es zona protegida y que el resto —incluidos los núcleos urbanos— debe cumplir con celosas medidas de cuidado y conservación de los recursos naturales y del patrimonio histórico y cultural que atesora.

Tal vez es por eso que Menorca parece detenida en el tiempo. Saliendo de Maó por el Camí d’en Kane, recorremos los escasos kilómetros que conducen hasta Es Mercadal. El Camí d’en Kane fue una de las primeras rutas de la isla. Recibe su nombre de sir Richard Kane, un militar irlandés que ejerció de gobernador durante la ocupación inglesa del siglo XVIII y que desarrolló la primera red de carreteras que comunicaba las diferentes localidades. Conservado como en los tiempos en que fue construido, con un espacio de calzada que apenas permite el encuentro de dos vehículos, fuerza al conductor a adoptar los hábitos de una época pretérita, en la que la velocidad de desplazamiento permitía ir observando las aves y las flores, y que volvía casi obligado el saludo a los pasajeros del coche que pasase en dirección opuesta.

Sonido de piedras
Imbuidos de aquella atmósfera de antaño, dejamos Es Mercadal para tomar uno de los cientos de caminos rurales que recorren la geografía menorquina. El arte de edificar los muros de piedra que los enmarcan es tan ancestral como la propia isla. No hay ningún aglutinante que los mantenga en pie salvo la gravedad. Una vez escuché decir a un paredador —así se llama a los hombres que los construyen— que el suyo es un oficio que se desempeña con el oído: no hay que buscar la forma ni el peso de la siguiente piedra, sino escuchar el golpe que hace al encajar con sus compañeras. Solo de ese modo se sabe que se ha dado con la correcta. Así, uno a uno, se van levantando los lindes que no solo demarcan las parcelas, sino que protegen del rudo viento del norte a los cultivos y a los animales. Se ha calculado que hay más de 11 millones de metros de pared seca a lo largo del territorio, una distancia que permitiría unir Ciutadella con Santiago de Chile.

En los alrededores del faro de Cavalleria descubrimos el trabajo que el viento ha hecho en la roca. Elevado a 96 metros sobre el nivel del mar, es el faro más antiguo de la isla. Más de 700 naufragios tuvieron lugar en la zona desde el siglo XVI y hasta que el faro se erigió en 1857. Todo el norte de Menorca es testigo de las formas que los fuertes vientos esculpen en su fisonomía. La vegetación peinada a ras de suelo y el dramático paisaje de acantilados cortados a cuchillo hacen pensar a ratos que nos encontramos en algún punto de las Tierras Altas de Escocia y no en una isla en medio del Mediterráneo. Parada obligada camino del faro es el pequeño puerto de Sanitja, enclavado al final de una bahía natural que se adentra 800 metros en tierra, y donde se supone que estuvo ubicada la ciudad romana de Sanisera. Unos 10 o 12 laúds se encuentran amarrados a un par de precarios muelles de madera componiendo una estampa de lo más auténtica.

Cala Morts Dejamos el faro y volvemos a los caminos de campiña, esta vez en dirección a Cala Pregonda (una media hora a pie). Aparcamos el coche en el estacionamiento y bajamos andando hasta la playa de Binimel·là. Los tintes de la tierra ya empiezan a sugerir tonalidades a las que no estamos acostumbrados, pero no es sino hasta enfilar el sendero que une esta playa con la que nos convoca que nos encontramos con el paisaje lunar: gres y arcillas rojizas se mezclan con rocas volcánicas y con el amarillo inusualmente intenso del marés. Parece que la combinación es el resultado de movimientos tectónicos tan antiguos que pueden ubicarse en el nacimiento de lo que hoy conocemos como Menorca, cuando esta emergió del mar como parte del supercontinente originario denominado Pangea. Un amigo pastelero me dijo que ver las capas geológicas es como ver el interior de un pastel: diferentes niveles de enfriamiento que han dado lugar a las diferentes secciones, como el frío y el calor moldean las distintas capas de una tarta. Es sin duda uno de los paisajes más originales que hayamos contemplado nunca. Curiosamente, y al ser un corredor que comunica dos playas conocidas, poca gente se detiene a observarlo.

Nos entretenemos un buen par de horas recorriendo ese planeta que en los mapas aparece con el nombre de Cala Morts. Con la caída del sol emprendemos el regreso a la realidad cotidiana a través de los intemporales caminos rurales de Menorca.

https://elviajero.elpais.com/elviajero/2018/06/28/actualidad/1530197313_466452.html


GUÍA


Entre Ciutadella y el inicio de la ruta en el cabo de Cavalleria hay 40 kilómetros (unos 50 minutos en coche) / Camí de Cavalls (camidecavalls360.com) V Turismo de Menorca (menorca.es) / Oficina de turismo de Baleares (illesbalears.travel).

sábado, 1 de agosto de 2015

24 HORAS EN San Francisco. En la colina de Janis Joplin en San Francisco. Por los barrios de la multicultural ciudad de EE UU y su pasado ‘hippy’ y ‘beat’. De Chinatown a Russian Hill, pasando por el latino. The Mission o Little Italy. Cada uno con su ambiente, su cultura y su manera de convivir.

Si usted quiere conocer el mundo en un día, debe ir a San Francisco. En ningún otro lugar los altavoces de los autobuses hablan inglés, chino y español. Fundada por las misiones españolas en América, lo fue todo durante la fiebre del oro y quedó en nada tras un terremoto en 1906, recuperando su pujanza cuando fue tomada por hippies y beatniks en los años cincuenta del siglo XX, y se convirtió en la pacífica y tranquila capital cultural de la Costa Oeste norteamericana.

9.00 Paseo entre obras de arte callejeras
The Mission, el barrio más antiguo de la ciudad, es hoy uno de los más concurridos y coloridos. Fundado en 1776, empezó a reclutar población latina a mediados de los años cincuenta del siglo XX. Puedes arrancar el día con un pedazo de tarta casera con un capuchino en Mission Pie (1, pincha sobre el mapa para verlo ampliado) o atreverte con un desayuno mexicano en La Taquería, uno de los preferidos por los clientes habituales por sus crujientes burritos.

Si The Mission parece un pedazo de México en medio de Estados Unidos no es solo por su atmósfera latina y la buena temperatura constante. La tradición muralista del vecino del Sur también llegó a este barrio de inmigrantes en los años cincuenta. Hoy puedes ver líderes revolucionarios y vírgenes de Guadalupe en cualquier esquina, pero Balmy Alley, una calle donde el blanco no existe, y la Galería de la Raza (2), que reúne obra callejera desde 1970, te darán lo mejor.

Caminamos hasta el edificio más antiguo de la ciudad, la Misión de Dolores (3), en la plaza conocida como la sala de estar de The Mission, y subimos hasta el Castro, el emblemático barrio gay. Miremos donde miremos, también en el paso de peatones, habrá una bandera arcoíris que recuerda el inicio de la lucha por los derechos homosexuales. Cerca está el Castro Theatre (4), el cine de neones donde Alfred Hitchcock sigue en cartelera.

11.00 Calles en vertical
Farolillos en el barrio chino de San Francisco. / RON KOEBERER
De México a China hay tres paradas de metro. Cruza Dragon’s Gate y sumérgete en los comercios orientales en los bajos de edificios estilo pagoda de los felices años veinte. Trepa en tranvía cualquiera de las calles de la zona más vertical y famosa de San Francisco. Rápidamente vas a llegar a North Beach, la cuna de la cultura beatnik y ahora un barrio bohemio y tranquilo donde, aun entre semana, se sigue leyendo el periódico en papel con una calma inusual en lugares como Caffe Trieste (5). Dos calles más abajo está la Meca de los lectores de este flanco: la librería City Lights (6). Jack Kerouac tiene en este barrio hasta su propia avenida.

Subimos ahora por las escaleras de Filbert Street hasta la COIT Tower (7), la torre art déco de 1933, para ver cómo las calles se deslizan entre casitas victorianas de colores pastel. Desde arriba, el puente de Golden Gate se asoma tras la niebla, lejano, pequeño pero imponente. Bajando se llega a otra de las calles ineludibles, Lombard Street, de escaleras, flores y una cinematográfica calzada en zigzag, que conduce a Russian Hill (8).

Los más interesados en Asia no se pueden perder la Chinese Historical Society (9), donde descubrirán la influencia china en San Francisco, y mucho menos el Museo de Arte Asiático (10), una de las colecciones de arte oriental más grandes del mundo: 18.000 piezas que cubren 6.000 años de historia desde Pakistán hasta Japón.

13.30 Leones marinos al sol

Mapa de San Francisco. / JAVIER BELLOSO

San Francisco es una de las mejores ciudades para disfrutar de la costa. Los leones marinos ven la vida pasar en el Pier 39 (11), y no es para menos. A mediodía, un sol de invierno calienta lo justo y el horizonte es un espectáculo. Las nubes se van levantando y el Golden Gate reluce, se acerca. Las residencias de los barrios de enfrente empiezan a aparecer y, entre otros puentes y barcos, la cárcel de Alcatraz (12). Para visitarla, seguramente la experiencia más hollywoodiense del viaje, compre las entradas por Internet con antelación.

Cerca del puerto se encuentra el Exploratorium (13), un museo de la ciencia poco habitual. Para los que tengan prisa, su página web reproduce muchas de sus actividades en formato digital. Otra visita recomendable: el Acuario, un tubo de cristal que entra en el mar y que nos permite caminar entre tiburones blancos y manta-rayas.

15.00 Dos museos donde disfrutar
Entre la realidad y la leyenda, el Golden Gate (14). La puerta entre el océano Pacífico y San Francisco. Fue la estructura en suspensión más larga del mundo desde que se construyó, en 1937, hasta 1964. Un puente mítico de estilo art déco con seis carriles y una acera plagada de bicicletas, turistas y deportistas. Cerca, el Golden Gate Park (15), un jardín kilométrico donde se encuentran, cara a cara, dos de los experimentos arquitectónicos más recientes de la ciudad. El techo vivo, sinuoso y tapizado con plantas autóctonas de la Academia de las Ciencias de California (16), proyecto del italiano Renzo Piano, y la remodelación del Museo de Young, uno de los primeros de la ciudad, que reabrió hace 10 años. El proyecto, de Herzog & De Meuron, contribuye al disfrute del arte estadounidense y del clima californiano, con espacios como la zona pública de esculturas. En el lateral oeste del museo, el Jardín Japonés nos recuerda que en la multiétnica San Francisco podemos dar la vuelta al mundo.

19.00 Una tarde de paz y amor
El interior del Café Magnolia, en San Francisco. Acaba el día en el más hippy de los barrios hippies: Haight Ashbury (17). Aún en el Golden Gate Park se encuentra Hippie Hill, una colina donde jóvenes y viejos pasan el tiempo entre guitarras sobre el césped desde que lo hicieron Janis Joplin y los suyos en algún momento de los años sesenta. Las malas lenguas del barrio dicen que si te acuerdas del Verano del Amor es que no estuviste allí. Las calles siguen oliendo genuinamente a marihuana y los doctores de la zona la recetan (en California es legal su uso medicinal). En la calle Haight se podían ver hasta hace poco grafitis de Banksy, y hasta el 11 de julio se puede ver la Haight Street Rat (La rata de la calle Haight) en la Galería 836M (18) (www.836m.org), una obra que el artista pintó en 2010 en un hostal.
La calle Haight está llena de tiendas vintage, cafeterías y restaurantes. Para muchos, la mejor cena, la más norteamericana, está en el Café Magnolia (19) (www.magnoliapub.com).

lunes, 13 de julio de 2015

10 pistas a la última en Barcelona. Nuevas propuestas en diseño, moda y gastronomía que insuflan aire fresco a la capital catalana.

01 Art Deal Project
Galería Art Deal Project, en Barcelona. / ARTDEALPROJECT.COM

Isabel Lázaro gestiona desde hace poco más de un año este espacio dedicado al arte contemporáneo. Con una atención especial hacia la fotografía, las artes visuales y los fotolibros, la renovación de exposiciones y actos culturales en Art Deal Project (Llibertat 44; +34 93 269 63 22) son frecuentes, hasta el punto de haberse convertido en una de las salas más dinámicas y divertidas del barrio de Gràcia. Un valor en alza.

02 El Nacional
El Nacional, en Barcelona. Este restaurante múltiple es una de las más recientes incorporaciones a la oferta culinaria de la ciudad. Con una decoración fastuosa y un tamaño descomunal con respecto a la media barcelonesa, El Nacional (Paseo de Gràcia 24; +34 93 518 50 53) funciona como un parque temático culinario. Hay diferentes espacios que incluyen, entre otras propuestas, una brasería, una lonja de pescado y una tapería, todo con el fin de satisfacer a la gran diversidad de comensales que pasean por el aledaño Paseo de Gràcia. Es el lugar perfecto para impresionar a la familia o los amigos que están de visita en la metrópoli.

03 La Coquetería
La Coquetería, en Barcelona. El escaparate vintage de esta boutique funciona como preludio de su interior: moda femenina y complementos de marcas españolas y francesas, con un diseño decididamente romántico e inspirado en las glamurosas décadas de los años 20 y 30. Además, la portuguesa Ana Martins, propietaria de La Coquetería (Calle Girona, 60; +34 93 245 49

01) diseña en su taller vestidos de boda y de fiesta de ensueño. Lina Lamont y Kathy Selden, protagonistas femeninas de Cantando bajo la lluvia, la tendrían entre sus lugares predilectos.

04 La Nobi
 Zapatillas y djs en La Nobi, en Barcelona. Pocas cosas enganchan más que los zapatos y las zapatillas, aunque a veces las tiendas saturan la capacidad receptora del cliente con tantos modelos y colores. En La Nobi (Joaquín Costa 9; +34 93 443 61 85), con su aspecto de taller-almacén, la calidad prima sobre la cantidad y la selección de zapatos y calzado deportivo es tan original (y tan hipster) que lo más complicado es tener que elegir.

05 L’Hivernacle
 L’Hivernacle, un pequeño oasis en Sants, en Barcelona. Instalado en una antigua fábrica, L’Hivernacle (Melcior de Palau 32-36; +34 93 491 21 78), centro de jardinería que lleva funcionando desde hace casi dos décadas, es un oasis en el barrio de Sants, un pequeño jardín botánico a la venta. La restauración del local dejó a la vista las estructuras de ladrillo, piedra y madera, cuyo contraste con el verdor vegetal circundante resulta impresionante. Los amantes de las plantas querrán llevarse el local entero.

06 Martínez
Martínez, en Barcelona. A modo de balcón sobre el mar Mediterráneo, junto a los jardines de Miramar y en plena montaña de Montjuïc, el emplazamiento y la estética del restaurante Martínez (Carretera de Miramar 38; +34 93 106 60 52) ya merecen por sí mismos una visita. Una vez dentro, hay que dejarse tentar por sus propuestas culinarias, como el vermut casero acompañado de ostras o el menú fórmula Martínez, que incluye aperitivo, entrantes, plato principal, vino y postre.

07 Mary’s market
 Mary's Market, tienda 'gourmet' en Barcelona. Ahora que la comida sana y las delicatessen son tema de conversación intergeneracional, qué mejor que visitar en familia esta tienda gourmet. Además de estar en pleno centro y tener un aspecto muy neoyorquino, Mary’s Market (Valencia 266 ; +34 93 487 57 86) deslumbra por su bodega internacional, su sección de charcutería, sus productos frescos ecológicos y por una lista interminable de curiosidades deliciosas. También tiene una cafetería estupenda donde sirven almuerzos ligeros.

08 Salon 223
Corte vanguardista y exposiciones de arte en el Salón 223, en Barcelonla. Alex y Andrés regentan esta joven peluquería del Eixample donde el buen trabajo y una atención tan exquisita como informal son la regla. Desde el masaje capilar hasta café con leche, pasando por la comodidad del espacio o las charlas sorprendentes, todo son puntos a favor. El corte es atrevido y vanguardista, el precio muy razonable y, además, Salon 233 (Consell de Cent 223; +34 93 129 04 58) acoge exposiciones de arte, ropa de diseñadores locales y promociones periódicas para sus clientes. 

09 Tandoor
Restaurante indio Tandoor, en Barcelona. Los restaurantes hindús no suelen caracterizarse por decoraciones vanguardistas ni emplatados audaces. Por eso, Tandoor (Aragó 8; +34 93 425 32 06) rompe moldes con un ambiente colorista y un servicio de primera. Su joven chef, Iván Surinder, propone versiones actuales de clásicos de la gastronomía india, como los currys, el sheek kebab o el keema mutter.

10 The Outpost
The Outpost, 'boutique' de moda masculina en Barcelona. Pocos locales de moda masculina en Barcelona concentran, en tan poco espacio, tanta calidad y buen gusto. A caballo entre el clasicismo y la modernidad, The Outpost (Rosselló 281 bis; +34 93 457 71 37) se centra en zapatos y complementos. Diseños de Issey Miyake, Maison Kitsune o Raf Simons y escaparates iconoclastas que conforman casi efímeras piezas de museo. Más recorridos chulos en

Barcelona pinchando aquí
http://elviajero.elpais.com/elviajero/2015/07/10/actualidad/1436519966_727687.html

viernes, 19 de junio de 2015

En tren por Europa. Trenes en 30 países a precios reducidos, 500.000 usuarios anuales y pases para los ferris de las islas griegas. De Lisboa a Atenas, un viaje en Interrail en ocho estaciones

En 1972, el tren abría los vagones a los jóvenes europeos por un precio irrisorio. El billete de Interrail invitaba a los menores de 21 años a romper fronteras. El viaje les hacía aprender y madurar. Les obligaba a buscarse la vida. Ria Anyca salió de Bélgica por primera vez en 1978. Tenía 19 años y se había sacado el pasaje. Dejaba atrás Oostnieuwkerke, su pueblo de 3.000 habitantes. “Abrió mi mente y me enseñó que había más”. Su objetivo era Atenas. Al hablar de sus aventuras todavía le brillan los ojos. Cuarenta años después vuelve a montarse un viaje con Interrail. Su origen es esta vez Lisboa. El destino es el mismo: regresa a Grecia, donde conserva amigos. Tres mil kilómetros y seis países en siete días.

Ria Anyca es solo uno de los 500.000 pasajeros de todo el mundo que anualmente sacan un billete Interrail. Pero su experiencia ha cambiado: “Dormíamos en la playa, cocinábamos en el tren y los agentes de aduanas [que hoy no existen] entraban para echarnos de debajo de los asientos y de los compartimientos de maletas”, recuerda en el vagón en el que emprendemos viaje en su compañía.

Salida: Lisboa
Tren nocturno a Madrid
El viaje comienza en el tren nocturno de Lisboa a Madrid. Diez horas de litera. Atenas queda lejos. Pero la belga Ria Anyca está acostumbrada. Hace cuatro décadas se convirtió en una adicta al viaje. Desde entonces no ha parado. Ha pasado dos años en África. Y ahora está descubriendo el suroeste europeo, una zona en la que el billete Interrail no ha calado tanto como en el norte y el este (donde están las ciudades más visitadas, empezando por Berlín).

¿Por qué no triunfa Interrail en estos países con tradición turística? España, Italia y Francia obligan a reservar el billete de tren con antelación, lo que supone un suplemento que se queda la ferroviaria nacional. Estos extras son la principal queja de los viajeros. “Es un problema, pero son estructuras de cada país que no podemos cambiar”, apunta Silvia Görlach, directora de marketing de Interrail. Una quinta parte de los billetes se vende en Reino Unido, y una octava parte en Alemania. “En Alemania hay más rutas”, subraya Görlach. La experiencia de Anyca al atravesar España es un ejemplo. El tren nocturno, que incluye un suplemento de hasta 55 euros y pasa por Salamanca, es la mejor opción. La ruta alternativa, más barata, le hubiera hecho pasar un día en el vagón y desviarse por Ourense y Zamora.

De Madrid a Montpellier
Con hoteles y maleta
El argentino Alejandro Pintor.
"Amo Europa”. El argentino Alejandro Pintor (en la foto) tiene 55 años y comienza su tercer Interrail. Posiblemente conozca el continente mejor que muchos europeos. Ha recorrido España, Francia, Alemania, Suiza e Italia de punta a punta, aunque su experiencia ha cambiado. “En 2009 no reservaba y no tuve problemas. Iba a albergues y en las ciudades compartía habitación con 20. Nos movíamos siempre en metro. A veces sin pagar”. Hoy viaja con su mujer en primera clase, con hoteles reservados y maleta. Al salir de la estación, llaman a un taxi. Tiene una queja: “Tuvimos que hacer una hora de cola en la estación de Atocha para pagar un suplemento de 60 euros”.

Alejandro Pintor no ha logrado transmitirle el gusto por la improvisación de Interrail a su mujer. “Es muy estructurada”, comenta. Nada más llegar a Madrid fueron directos a Correos. Querían devolver a Buenos Aires seis pares de zapatos que ella había traído en la maleta. Lo cuenta en el vagón-cafetería del AVE. Su aventura acabará en un crucero y, de allí, vuelta a Madrid. “A Estados Unidos fui solo una vez. Francia ya la he visitado cinco”.

Camino a Niza
Una pareja en plena forma
Montpellier es joven. Más de la mitad de los habitantes de esta ciudad universitaria francesa tiene menos de 35 años. Para los más jóvenes, Niza, nuestra siguiente parada, a 300 kilómetros, no tiene tantos atractivos, pero ofrece su calidad de refinado enclave mediterráneo, con sus playas ideales para un público de cualquier edad, y especialmente los mayores. Interrail quiere cuidar a este segmento. Jim y Maggie Rice, británicos de 66 y 65 años y jubilados, han viajado a Niza desde Berlín —donde se encontraron con una huelga de trenes— y han pasado por Ámsterdam, Florencia y Roma.

“Debes estar en forma”, exclama Maggie, acostumbrada a darse prisa en las estaciones. En avión, ya conocían buena parte de Europa. Era el momento de ver los paisajes por la ventana del vagón. “No quiero llevar mucho equipaje, así que he tenido hasta que lavar ropa interior en el lavabo del hotel”, dice entre risas. Pese a su edad, se han unido a las estrategias del comprador joven. Los hoteles los eligen por el buscador de Booking.com. “Gastamos con cabeza en hoteles sencillos”.

Cruzando la frontera hacia Génova
Luna de miel sobre raíles
Para los viajeros no europeos, que suponen la mitad de los usuarios, existe la tarjeta Eurrail, que les da la oportunidad de lograr los descuentos de Interrail. Los que más lo aprovechan son los estadounidenses, que suponen el 30% del mercado, seguidos por Corea del Sur (con un 16%). Entre los latinoamericanos destaca México (en séptimo lugar, con un 3%), seguido por Brasil.

Isaac Lawrence y Kelly Ahrens, de 28 y 26 años y procedentes de Vermont (Estados Unidos), se acaban de casar y están estresados. Corren de tren en tren por Italia para que los retrasos no desbaraten su luna de miel, que intercalan con vuelos y trayectos en coches de alquiler. “Hemos pagado 100 dólares en suplementos“, se lamentan mientras dejamos atrás Mónaco, surcando tres países en 10 minutos. Una semana después, se quedan con lo bueno: “Nos gustaría tener este transporte público en Estados Unidos”.

Si tuvieran hijos, podrían repetir la aventura con ellos sin gastos extra por los billetes, ya que desde enero los menores de 11 años viajan gratis. Interrail reúne historias de lo más diversas. A unos pasos de distancia, un pasajero con traje trabaja con su teléfono. Paliwal Rakesh es indio y utiliza este método desde hace 10 años para una insospechada tarea: importar muebles a Europa. Su Interrail es de primera clase, categoría que pueden disfrutar también, desde el año pasado, los menores de 26 años.

De Génova a Bolonia
Madre e hija felices en el vagón
“No me gusta volar. Te limita la experiencia del viaje”. Lizzy Kitchnere, de 19 años, está en su año sabático tras los estudios de secundaria, cuando los británicos deciden hacer Interrail por un módico precio. Ha pasado un mes en Francia y su madre, Caroline Haughton, de 48, se ha subido al tren para unirse al final del recorrido. Lizzy lleva viajados 20 días y tras pasar una semana en España, entre Barcelona y Madrid, el último tramo de su viaje pasa por Trento, Génova, Bolonia y Venecia. “En tren ves más, es bueno para el medioambiente y te deja en el centro de las ciudades”, dice. Su viaje favorito la llevó a un escenario muy distinto, a los países escandinavos. Al elegir unas vistas desde la ventana no tiene duda: le enamoró la nieve de Kiruna, más allá del círculo polar.

Tiene una queja: el túnel Eurostar que conecta Reino Unido y Francia no está en el pasaje y cuesta 60 euros. Las colas para reservar tampoco le agradan. En Madrid fueron un día antes y tenían a 50 personas delante. “El final de un largo día es estresante, pero no he pensado en ningún momento en abandonar la aventura”.

Reunión en Ancona
La fiesta del ferri
Todos llevan grandes mochilas. En un hostal de Ancona (en la costa adriática italiana), una decena de jóvenes de todo el mundo se han reunido con un propósito común. Semanas antes les había llegado un misterioso e-mail: “Has sido invitado a la fiesta en ferri del comienzo de verano de Interrail”. “Pensábamos que nos engañaban”, bromean dos amigas de Querétaro (México).

El ferri es parte del reciente atractivo de Interrail. Por mar se viaja de España a Italia, los Balcanes y Turquía. A ello se une el recién estrenado pase Attica, un billete especial para recorrer las islas griegas, que incluye atraques en cuatro de ellas por 156 euros más para jóvenes y 240 para adultos.

Una de las principales preocupaciones para los jóvenes trotamundos de Interrail es la conexión wifi. “Buscamos McDonald’s y Starbucks”, comentan en la reunión improvisada las neozelandesas Jessica Crowder y Aimee Wadsworth (en la foto). Estas amigas de 22 años decidieron darse un fin de fiesta por todo lo alto tras trabajar en el Reino Unido: Londres, París, Múnich, Barcelona y Venecia.

Como están invitados, todos duermen en camarote, pero a lo largo del ferri se acumulan decenas de otros jóvenes con sus mochilas apiladas en estribor. En las mesas, juegan una partida de cartas mientras hacen tiempo para sobrellevar las 26 horas que tardan en llegar a Grecia desde el puerto de Ancona. Después de la fiesta, sacan el saco de dormir y se van colocando en las escaleras, protegidos del frío mediterráneo dispuestos a descansar lo que puedan.

Última parada: Atenas
Acrópolis a la vista
Los británicos Tom y James.
Fin de fiesta en el ferri camino de Atenas. La británica Sarah Simonsen y el australiano Harry Saunders, ambos de 23 años y parte del grupo de nuevos amigos, bailan acaramelados horas después de conocerse, mientras que los británicos Tom y James (en la foto), de 19, sacan a bailar a todas las chicas que se prestan. James se despedía de su novia días antes en Trento. Y sobre su amigo Tom bromea: “Nos separamos una semana, ya no nos podíamos ni ver”. Tom aprovechó para conocer Cracovia.

“El Interrail se me acabó ayer. Ahora no tengo plan”, comenta Harry Saunders, que tras tomarse nueve meses libres en el trabajo tiene pensado recorrer Europa del Este, una zona en auge para los viajeros en tren, aunque no comprará el billete Interrail. “Es más barato por libre. En Rumania tenía que pagar lo mismo por los suplementos que por un tren normal”.

Dos días después, la nueva pareja británico-australiana paseaba de la mano comiendo pizza por una calle de Atenas camino de la Acrópolis. Tom y James acabaron compartiendo alojamiento con dos amigos del ferri (no ligaron). La veterana Ria Anyca también había llegado a la ciudad. “Sigue siendo Grecia. Pese a la crisis, las calles se ven igual de animadas”.

Siete claves

¿Dónde se compra el billete?
A través de es.interrail.eu o en una de la treintena de líneas ferroviarias inscritas. En España, en Renfe. El billete tarda cinco días laborables en llegar.

¿Y si no soy europeo?
Existe Eurrail, un billete con otros precios pero con condiciones similares.

¿Cuánto cuesta?
Los precios oscilan dependiendo de la edad, los días de viaje y la clase. En segunda clase, un joven puede pagar entre 192 euros (cinco días de viaje en 10 días) y 461 (un mes continuo). Adultos y jubilados pagan más. El pase más caro para un solo país (ocho días de viaje en un mes) cuesta 313 euros.

¿Durante cuánto tiempo puedo viajar?
Como con los precios, hay distintas opciones. Está el pase continuo y el flexible. Con el primero se puede viajar 15 días seguidos, 22 y un mes, y con el segundo cinco días durante 10 del calendario o 10 en 22. También se puede alargar a dos meses.

¿A cuántos países puedo viajar? 
Desde que se unió Turquía, Interrail global incluye 30 países en tren y barco. La última adición son las islas griegas.

¿Cuáles son los trayectos favoritos?
Berlín-Praga, Hamburgo-Copenhague, Praga-Viena, Budapest-Viena y Ámsterdam-Róterdam son los primeros. Les sigue Niza-Ventimiglia, única línea en el sur de Europa entre las 10 más frecuentes.

¿Y las ciudades más visitadas? 
Berlín, Praga, Copenhague, Viena y Ámsterdam.

Diez consejos

Planear con antelación. Dibuja la ruta en el mapa y busca en Internet alojamientos y trenes baratos.
Cuidado con las reservas. El hecho de tener que reservar antes en España, Francia o Italia, así como en trenes nocturnos o de alta velocidad, puede conllevar gastos adicionales.
Wifi y enchufes. La mayoría de los trenes no incluye wifi, así que hay que aprovechar la conexión gratis de las ciudades. Dar con enchufes para todos será otra pelea en el vagón. Incluso en primera clase.
Poco equipaje. Aunque no hay tantas limitaciones como en avión, no puedes ir sobrecargado durante un mes.
La ropa justa, y, si no hay suficiente, tirar de lavanderías en las ciudades.
La aplicación y el mapa. La app de Interrail, junto al mapa de las líneas y precios, se ha convertido en una de las grandes herramientas, dado que funciona sin Internet.
Llamadas desde el extranjero. Las tarifas roaming tienen precios abusivos, por lo que programas como Whatsapp y Skype hacen el viaje más sencillo.
Hay que dormir bien. Vale con dormir un día en la estación, pero mejor llevar buscados albergues con buenos colchones u hoteles económicos.
Reserva online. Las plataformas de alojamiento barato por Internet son el complemento ideal para ahorrar.
Lee a Cavafis. Como en el poema Viaje a Ítaca, lo importante no es el destino, sino el trayecto y sus experiencias.
Fuente: http://elviajero.elpais.com/elviajero/2015/06/04/actualidad/1433419894_665081.html

martes, 12 de mayo de 2015

Las maletas. Muchos ciudadanos que han soportado la corrupción volverán a poner con su voto a esos políticos delincuentes en la cabina de mando

En un navío o en un avión es la máquina la que impone las reglas y los pilotos, timoneles, sobrecargos y el resto de la tripulación están para servirla. Fuera del avión solo existe el vacío; fuera del navío solo está el abismo. Puede que durante el vuelo se produzcan grandes turbulencias hasta el punto que caigan las maletas sobre la cabeza de los pasajeros; puede que durante la travesía se levante un fuerte temporal que amenace con un corrimiento de carga. En casos de grave emergencia no hay forma de solucionar el problema si no es desde dentro por la propia tripulación. Sucede lo mismo en el sistema económico y político en el que navegamos sin escapatoria, unos en primera, otros en turista, unos en camarote de lujo, otros como esclavos en galeras. Los problemas hay que resolverlos desde el propio sistema, pero en este caso los pasajeros tenemos derecho a exigir, aparte de que los políticos sepan manejar las máquinas, que no nos pulan el equipaje. Es lo que ha sucedido. Mientras la crisis económica zarandeaba el sistema con peligro inminente de estrellarlo contra los Alpes o de mandarlo al fondo del mar, gran parte de la tripulación del Gobierno en el poder ha aprovechado la zozobra para desvalijar a los pasajeros y llevarse la caja. Pero el espectáculo obsceno se presenta ahora. Como si no hubiera pasado nada, muchos ciudadanos que han soportado la corrupción volverán a poner con su voto a esos políticos delincuentes en la cabina de mando. En nuestro sistema democrático la máquina manda, aunque no necesariamente debe imponer el destino. Puede que con el cambio de tripulación cambie también el rumbo del país y, si bien no es fácil que fructifique una ilusión colectiva de regeneración, no creo que sea mucho pedir que durante este nuevo viaje los políticos salidos de las urnas al menos esta vez no nos roben las maletas.
 10 MAY 2015 - El País.

miércoles, 4 de febrero de 2015

El Alentejo de Portugal visto por un estadounidense

Lo sorprendente de aterrizar en el aeropuerto de Lisboa es la rapidez, fuimos hacia el sur en un coche, te encuentras transportado al campo profundo en poco tiempo. Llegué en una mañana suave de octubre, quedé allí con mi viejo amigo Martin Earl, y en pocos minutos estaba cruzando el puente Vasco da Gama, el más largo de Europa, una aventura de torres y cables que se extiende como un solo perno de acero arrojada a través de más de 10 kilómetros de la desembocadura del río Tajo. Inmediatamente después se salió de la autovia y se desaceleró en el ensueño, el mundo más viejo del Alentejo (la palabra significa literalmente "más allá del Tajo" o Tajo).

Durante los próximos cinco días disfrutaremos viajando entre pueblos medievales encalados, colinas, fuertes de montaña y una constelación de viñedos impecablemente modernas. Durante mucho tiempo un destino de vacaciones típicamente portuguesas para los viajeros en busca de placeres europeos a precios económicos, el Alentejo está finalmente tomando su valor en la escena internacional, y se está convirtiendo rápidamente en uno de los destinos donde disfrutar de vino más importantes del mundo.

Este hecho tendrá consecuencias tanto positivas como negativas, ya que se ha llegado a descubrir. Mientras tanto, yo estaba allí para degustar los paisajes y la hospitalidad con mi amigo Martin, quien también sería mi guía. A modo de antecedente debo explicar que Martin y yo formamos parte de un grupo de cinco chicos que todos se habían conocido en la universidad, estando en las estrellas golpeados por el sueño de la literatura y se habían quedado en un sueño desde entonces - aunque de alguna manera, inexplicablemente, convirtiéndose de camino hacia la mediana edad. Pero a diferencia del resto de nosotros, Martin, un poeta, se había "hecho nativo," sentó la cabeza con una chica portuguesa local y comenzó una vida vivida en su totalidad - y permanentemente - en otro idioma.

Yo no había estado en Portugal en años, y estaba ansioso por entender un poco más lo que tres décadas de exilio voluntario hace a una persona. El reto, más específicamente, fue reconciliar la calma, con el compañero de pelo gris actualmente sentado a mi lado en un Fiat, zumbando con la antigua cometa de Nueva York en vida nocturna y delfín del poeta John Ashbery, un joven que posee el aplomo para cuando una vez mirar a una hermosa mujer vanidosa en una fiesta y preguntarle: "Disculpe, ¿le importaría darme su número de teléfono si le prometo escribir sobre este cigarrillo y su humo?"

Ahora, a 40 minutos del aeropuerto, estábamos pasando por callejones soleados de plátanos, y más allá, fila tras fila irregular de alcornoques. "A veces llamo a esta área Corktugal a mí mismo", dijo Martin con una risa seca. Los hermosos alcornoques se parecen bastante a un olivo con más hojas claras, y su corteza es cosechada a mano una vez cada 10 años. Los bosques en sí son tanto una fuente de ingresos de gigante para la economía nacional - 60 por ciento del comercio mundial de corcho se origina en Portugal - y uno de los ejemplos de biodiversidad más concentradas en la tierra.

Mientras tanto, los pueblos blancos seguían llegando, uno tras otro. Paramos para tomar un café en uno de esos en particular de ensueño, con un sol maldito llamado Montemor-o-Novo. En medio de los edificios, bajos en su mayoría, calles desiertas, parecía que había un solo café. Pero, ¿era un café? El cartel por encima de el se leía, Grupo de Pesca Desportiva à Linha de Montemor-o-Novo. Ese era el club de pesca con caña local, explicó Martin, dedicado a la vieja forma, pura del deporte en el que la cuerda se mantiene en las manos, cae hasta el fondo y se sacude para emular al cebo vivo. Estos clubes son por lo general sólo para miembros, pero los lugareños alegres barrigones sentados fuera, inmediatamente nos saludaron.

Un barista emocionado explicó que estaban a punto de celebrar algo extraordinario. El tradicional Cante Alentejano, un cante polifónico cantando únicamente en la región, acababa de ser designado por la Unesco para ser catalogado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Mejor aún, uno de los cantantes estaba ahí y a punto de ser festejado.

Vimos como el camarero presentó al cantante - un hombre de mediana edad distinguible de los otros clientes sólo por su pelo teñido de rubio - con una bandeja con un cubo blanco, aproximadamente del tamaño de un pequeño ladrillo. Cuando le pregunté qué era esto, uno de los viejos muchachos, para diversión de los demás, me gruñó como un cerdo.
"Manteca", dijo Martin simplemente. Yo había vivido en Italia durante años y en Roma a menudo había visto las cintas de tocino envuelto en placas y se consume como una especie de sushi, pero esto era un bloque de grasa gruesa pura, sin adornos, y yo observaba asombrado como el cantante colocó una servilleta en el cuello y comenzó a cortar trozos y luego ellos se dividían en la boca con un gran ruido con los labios.

Bebimos un poco de café deliciosamente amargo, y continuamos nuestro camino. La ruta iba al sureste, en dirección a España, y tomamos caminos secundarios, no los mejores, para disfrutar de nuestro entorno. Con las ventanas abiertas, el pequeño coche zumbaba como una licuadora. Eucaliptos en la carretera desprendían un delicioso olor a través del aire.

Martin y yo atrapados - la frase, por supuesto, significa algo completamente diferente en la era de la conectividad - mientras que los campos labrados de color marron se levantaron y bajaron por las ventanas y, ocasionalmente, una parada de autobús concreto brillaba, con bordes de los característicos colores azul o siena quemada, que proporcionaban un color encantador y brillante al paisaje. A menudo nos quedamos atrapados detrás de artilugios que se parecían a cortadoras de césped equipados con carrocerías rudimentarias. Estos vehículos lentos, son conocidas como "mata-velhos" - la palabra significa "asesinos de personas viejas" - porque sus diminutos motores de 50 centímetros cúbicos no requieren una licencia de conducir para operar y porque a menudo están conducidos - y se estrellan - por ancianos.

"¿Alguna vez te olvidas?", Le pregunté.
"¿Olvido de qué?", ​​Dijo.
"¿Que eres un estadounidense?"
Esbozó una sonrisa vacilante como nos giró de lado en una de las rotondas que parecen interminables que salpican el paisaje. "Es curioso, pero durante mucho tiempo todo lo que quería hacer era pasar como un local. Trabajé el acento y estudié la ropa. Todo se deja a través de los años. Ahora no podría importarme menos. Sin embargo, pienso más ahora en América de lo que nunca antes. Se lo agradezco y blasfemo de ella al mismo tiempo. Loco, ¿no? ¿Tienes hambre? "

Paramos para el almuerzo en una ciudad pequeña llamada Redondo. Una mujer de la localidad, cuando se le preguntó direcciones de un buen restaurante, primero señaló agradablemente por la carretera y luego sin cambiar la expresión comenzó a gritar, de acuerdo con Martin, que éramos contrabandistas internacionales de la droga y se debía ir. "Ignorante", dijo de inmediato "y no miran a los ojos. Ella es el pueblo loco." los gritos de la mujer disminuye en volumen mientras se alejaba y entró en un edificio y regresó cuando ella se asomó por la ventana del segundo piso sin dejar de gritar y nos ordenó, al parecer, que admiramos su gato.

Encontramos mirando un lugar prometedor llamado Porfirio, con una decoración de taberna mediterránea de paredes blancas y techos de vigas. Una bandeja de los sabrosos aperitivos o Entradas típicas en Portugal pay-as-you-go fue colocada pronto en nuestra mesa: aceitunas en vinagre con hierbas, panes, embutidos y dos tipos de queso fresco. El almuerzo en sí comenzó con una sopa de cazón exquisita - el cazón es un tipo de tiburón, de carne blanca y dulce - seguido de un primer plato de algo que se llama arroz de pato, o arroz con pato. Un elemento básico del menú portugués, este plato destila característicamente la sencillez de sus ingredientes en algo que estalla en la lengua como una bomba.

La cocina portuguesa trabaja a través de un proceso de concentración de sabores esenciales reforzadas por ingredientes frescos y no como, en las culturas más ricas, una estratificación múltiple de perfiles de sabor. El arroz de pato es un ejemplo clásico de esta ampliación a través de la reducción. La tapa de huevo al horno encima del arroz estaba salpicado con trozos de tocino asados increíblemente sabroso y chorizo, una salchicha similar al chorizo, ambos proceden de cerdos locales. Hundiendo su tenedor a través de la tapa lanzado un chorro de vapor sabroso, y por debajo el arroz, una carne húmeda, oscura del delicioso pato.

Pero una última palabra sobre el cerdo. Reina sobre los animales en la parte superior de la cadena alimentaria en los menús de Alentejo, que se consumen en todas sus partes hasta casi sus pestañas. La especialidad local es porco preto o cerdo negro, un miembro de la familia de los cerdos alimentados principalmente en las bellotas que caen de los árboles de corcho y se presentan en salchichas, tocino y chuletas y como agente enriquecedor en una variedad de guisos. La intensa profundidad del sabor del animal se debe en parte al peso que en la dieta tiene la bellota, y como un abono, esas bellotas entreveran la carne con el ácido oleico, el mismo ingrediente saludable para el corazón que se encuentra en el aceite de oliva.

Los dos días siguientes se llevará en un fácil ritmo natural de comer, hacer turismo y beber los vinos locales baratos, maravillosamente bien estructurados. Nos alojamos en las hermosas ciudades de la montaña Monsaraz y Marvão. Cada uno de ellos fue construido originalmente como un reducto fortificado contra la invasión de la vecina España y son visible desde los valles que parece una especie de casco de terracota en lo alto de las colinas. A cada uno se llegaba a través de varios kilómetros de curvas, hasta dentro de las paredes gruesas fortificados, cada uno tenía una gama similar de calles empinadas y empedradas, un castillo, un pequeño museo, tiendas, restaurantes y vistas panorámicas.

En el más pequeño, Monzarás, nos alojamos en la inmaculada Casa Pinto, este hotel de tres estrellas cuyas habitaciones estaban todas decoradas con diferentes recordatorios del otrora poderoso imperio colonial portugués. Mi habitación llamada Mombasa y se jactaba de una hermosa decoración morisca-africana, con cuernos retorcidos de cabra montés, techos de madera oscura y un encantador baño gruta de piedra con iluminación personalizada.

Pero fue en la ciudad que lo rodea, por desgracia, que sentí por primera vez el peso de la industria turística que lleva un poco de la chispa indígena. Para decirlo claramente, los restaurantes de estos pueblos de montaña escaparate tendían hacia lo trillado, y los pequeños talleres y tiendas que había entre los callejones parecían llenos principalmente con kitsch.

El personal de servicio que conocí allí eran perfectamente educado, pero daba la impresión - comprensiblemente, tal vez - de haber crecido un poco cansado de la batalla con las oleadas de extranjeros que llegan. Esto fue particularmente notable porque Alentejano tienen una reputación en su propio país para el calor y la sociabilidad. (En cuanto a la fatiga turística, oía un sentimiento similar de amigos de Lisboa en el final del viaje. Su ciudad, que había sido históricamente un poco una barrera contra el viento de los ciclones turísticos que soplan a través del resto de Europa, ahora estaba invadida, dijeron, y a punto de sufrir el mismo destino que Praga.)

Después de dos días de peregrinación en la altitud volvimos a las llanuras y comenzamos siguiendo las indicaciones para "rota dos Vinhos," o la "ruta del vino". Estos pronto nos llevaron a la bodega Adega Mayor, una colección hipermoderna de cubos y voladizos que figura en las colinas y diseñada por el famoso arquitecto portugués Álvaro Siza. Nuestro recorrido por el edificio ingeniosamente construido y probando algunos de los exquisitos vinos.

Pero sería en el almuerzo al día siguiente cuando Portugal podía finalmente ofrecer una verdadera experiencia de comedor de clase mundial y la bebida, que hace que valga la pena volar las siete horas que hay y luego conducir un montón más. Tendría lugar en la Herdade dos Grous, un viñedo gigante y con raíces en un pueblo al sur de Beja, una ciudad que cuenta con un hotel, cuyos servicios no tuvimos tiempo de probar y un restaurante cuyos servicios si conocimos.

En la habitación de techo alto de comedor, con vistas a los viñedos verdes acolchados y un lago artificial, pedimos el menú degustación del chef acompañado de vinos combinados. La comida comenzó con una versión de entradas típicas de lujo, el sabor de cada porción pequeña de carne, queso y vegetales en platos particularizados como los cristales de una ventana de cristal de colores. Una sopa de cazón más ligera que el aire fue seguida por un medallón de ternera con salsa de mostaza, servido con patatas asadas, unos brotes de rábanos y garbanzos tostados.

Los vinos combinados de Herdade dos Grous, comenzaron con un limpio y delicado blanco, para la limpieza del paladar y acompañando a la comida a lo largo de una secuencia que aumentaba la profundidad y complejidad y terminó con un Grous Reserva roja 2011. El efecto neto de esto fue una de las grandes experiencias culinarias de mi vida.

Después, tuve la suerte de hablar con Luís Duarte, el hombre responsable de los extraordinarios vinos que acababan de ponerme borracho. El Sr. Duarte, quien es conocido ampliamente en toda la industria del vino portugués, es el único de los viticultores de Portugal que ha sido nombrado enólogo del año por dos veces y es probablemente la voz más reconocida del vino portugués, tanto en casa como en el extranjero. A los 48 años, habla, con un fuerte acento, Inglés a una velocidad vertiginosa y posee un rostro que, en conjunción con el pelo gris, le da una vaga semejanza con el actor de la antigua "Misión: Imposible", Peter Graves.

"Yo pertenezco a la primera clase que estudia la elaboración del vino en la escuela profesional," dijo. "Mi innovación en particular fue que en lugar de trabajar en el Duero" - región vinícola tradicional de Portugal, más al norte - "Decidí ir hacia el sur para el anónimo Alentejo. Tuve la buena suerte de entrar en el inicio del crecimiento mundial de vino y voy sobre la ola".

Cuando se le preguntó por la diferencia entre el vino portugués y el de otras naciones, el Sr. Duarte no dudó. "Los vinos de Chile y Argentina son demasiado dulces", dijo. ¿Crees que España, ¿crees que la uva tempranillo?. "Bueno, nosotros no usamos las mismas uvas que tienen los demás. Tenemos 315 variedades de uva diferentes, muchas de ellas únicas para nosotros. También hemos tomado muchas uvas francesas y las adoptamos para nuestro propio uso".

Con un gesto de la mano, indicó las gafas en nuestra mesa, todavía llenas de los restos de sus elegantes y deliciosas cosechas, entre ellos varios (de su propio sello) que han aterrizado regularmente en la revista Wine Enthusiast Top 100, y dijo: "¿Quieres un aterciopelado vino bien balanceado y a un buen precio? Piense en Portugal".

Después del almuerzo, crecidos por las dos horas anteriores de comer y beber, caminamos un poco entre los viñedos cercanos. Caía la tarde y, el sol ya bajo en el cielo, en las sombras alargadas, los trabajadores estaban todavía en el tajo del recorte laborioso de las vides. El aire estaba lleno de aromas nostálgicos de tierra y hierba cortada, y mientras caminábamos, me encontré recordando mi propio terreno de exilio en Italia, un lugar donde había pasado un total de ocho años. A diferencia de la región del Alentejo, Italia está largamente acostumbrada a ser un santuario de turismo de todo tipo, y sus tesoros turísticos, tan extraordinario como son, a menudo tienen una especie de sentimiento de recocido, ya que de haber sido visitado tantas veces han estado pulidos y lisos por la experiencia.

Pero Portugal, y en particular la región del Alentejo, dan una impresión totalmente diferente: la de un lugar - ciudades escaparate de montaña aparte - todavía por despertar a su propia importancia mundana, y como resultado, todavía fresco, vivo y chispeante.

Habíamos caminado en un círculo grande y estábamos casi regresando al edificio principal cuando vimos un perro, un golden retriever, deambular y venir a saludarnos. El animal se acercó de inmediato por un gato de corral. En lugar de pelear, los dos se tocaron las narices. "Por aquí," dijo Martin con una sonrisa irónica, "todo el mundo es tan feliz que incluso entre especies enemigas se besan y hacen migas." Nos reímos y se volvió hacia el coche. Habían pasado cinco días en que la suspensión peculiar de la vida real conocida la habíamos cambiado por el viaje por carretera, y ya era hora de volver a casa.

Varias horas más tarde, de vuelta en el aeropuerto de Lisboa, abracé a mi viejo amigo al despedirme para decirle adiós. Me sentí aliviado de haberlo encontrado en paz en su país de adopción. Hay una melancolía esencial en el exilio, una tristeza por las conexiones cortadas con la familia, los hábitos y lo que el poeta Paul Celan llama "fatalismo de sólo una vez" de la lengua materna que puede pesar en aquellos que han hecho la mudanza.

En el caso de Martín, estos déficits se vieron compensados ​​por un buen matrimonio, su inquebrantable devoción a su arte y un país cuyos antiguos caminos le permitían el tipo de concentración que la aceleración de Nueva York estaba casi seguro que le negaba. En el proceso, casualmente, ese país me había ofrecido dos cosas: una visión tranquilizadora en la capacidad de adaptación de la naturaleza humana a través del tiempo, y un recorrido por el accidentado, mágico Alentejo, y con él, algunos de los mejores lugares, donde comer y beber, de mi vida.

SI USTED VA
QUÉ HACER
Rutas del vino de la región del Alentejo pueden ser realizadas por personas dispuestas con un coche de alquiler y un mapa. Para los interesados ​​en viajar de forma organizada, Rutas del Vino de Alentejo pueden adaptar una a sus gustos y presupuesto. Praça Joaquim António de Aguiar, 20, Évora; 35-1-266-746-498; vinhosdoalentejo.pt .

DONDE QUEDARSE
En Évora, la capital de la región del Alentejo, las ofertas de hoteles son abundantes. Una propuesta especialmente buena en relación calidad/precio es el B &  B Hotel , que ofrece habitaciones impecables pequeñas modernas y aparcamiento, a cinco minutos a pie de la plaza principal. Rua do Raimundo, 99, Évora; 35-1-266-240-340.

Si va a viajar en los pueblos de montaña alentejanas, la casa de huéspedes Casa Pinto en Monsaraz ofrece encantadoras habitaciones, decoradas de forma individual y un abundante desayuno. Praça De Nuno Albares Pereira, 10, Monsaraz; 35-1-266-557-076; casapinto.es.

DONDE COMER
En Évora,  El Fialho, Travessa dos Mascarenhas, 16. Café Alentejo ofrece una excelente cocina regional a precios razonables. No hay que perderse: su selección de vinos tintos locales exquisitos. Los platos principales de alrededor de 7 euros (alrededor de $ 1,15 a $ 1,16 para el euro). Rua do Raimundo, 5, Évora; 35-1-266-706-296. En la Plaza de Giraldo, Café Arcada, buen café, té (chá) y la maravillosa pastelería portuguesa, pasteles de nata, queisadas, bolos de arroz, tartas del día, pastas de té, y buenos sandwich variados.
El hotel-restaurante y bodega Herdade dos Grous, a lo largo de la ruta del vino en el corazón de la región del Alentejo, ofrece cocina portuguesa contemporánea de alto vuelo, amplias vistas de los viñedos y la posibilidad de una ruta del vino antes o después de la comida. Alojamiento también hay disponible en el hotel cercano. Albernoa 7800-601, Beja; 35-1-284-96-00-00; herdade-dos-grous.com.
James Rajotte para The New York Time
http://www.nytimes.com/2015/01/18/travel/in-portugal-a-land-finely-aged-like-wine.html?emc=edit_tl_20150117 nl=travel nlid=31217582
Más sobre el Alentejo, aquí. 

Lisboa,  36 horas https://www.nytimes.com/2018/04/19/travel/36-hours-in-lisbon.html

lunes, 12 de enero de 2015

Nuevos Barrios de interés en ciudades europeas

Roma: Ostiense
En una esquina de la ciudad eterna, una telaraña de calles atrae la atención por su ecléctica propuesta de diversión, arte y buena comida. La Via Ostiense es su eje central y la pirámide Cestia (del año 12 antes de Cristo y recién restaurada), su icono monumental. A un paso, resulta apaciguador un paseo por el cementerio no católico donde reposan poetas como John Keats, Percy Shelley o Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano. El arte urbano irrumpe en la calle del Porto Fluviale: el grafitero Blu ha poblado de monstruos la fachada de un excuartel. Via Ostiense concentra varias novedades gastronómicas de Roma. Allí se encuentran la sede romana de Eataly, que reúne en torno al concepto de comida sostenible restaurantes, taperías y supermercado; Porto Fluviale, una antigua fábrica transformada en centro culinario donde degustar desde un rico desayuno hasta una copa nocturna; la pizzería Secchio e l’Olivaro, y La Dogana, para un antojo de cocina oriental. / Lucia Magi

Copenhague: Vesterbro
El antiguo barrio obrero de Vesterbro se ha transformado en uno de los más animados de la capital danesa. Si la zona roja de Istedgade es hoy una variopinta calle con cafés y tiendas de diseño, la vida nocturna gira en torno al área de Kødbyen, el barrio de los mataderos de Copenhague, repleto de bares, restaurantes y galerías de arte. En verano, el punto de encuentro se traslada al césped de Sønder Boulevard, perfecto para un soleado pic-nic urbanita. / Viveca Tallgreen

Viena: MaHü
Viena ha devuelto a sus ciudadanos uno de los bulevares emblemáticos de Centroeuropa. Desde el verano de 2014, la representativa Mariahilferstrasse, MaHü para los locales, se ha convertido, en gran parte de su recorrido, en una calle peatonal con carril bici. La nueva MaHü es un espacio urbano moderno, amplio y verde, con áreas para descansar, reunirse a charlar y, sobre todo, para pasear. Y, además, MaHü sigue siendo una de las zonas comerciales predilectas en la capital austriaca. / José Miguel Roncero

Londres: Peckham
Peckham era un barrio al sureste de Londres al que hace 10 años nadie se acercaba y adonde hoy se mudan los jóvenes aspirantes a artista de la era post hipster. En su High Street aún abundan las fruterías y peluquerías exóticas para africanos y caribeños, pero las calles adyacentes se han poblado de nuevos vecinos que han traído galerías underground, bares de moda y restaurantes alternativos adonde acuden londinenses llegados de todas partes. Ayuda además la cercanía del Camberwell College of Arts, una de las mejores escuelas de arte del país. Y que los alquileres aún tengan precio alcanzable para personas y no solo para ejecutivos bancarios, como ocurre en otras zonas que antes fueron igual de deseadas, como Shoreditch. La mezcla de razas, culturas, sabores y colores eclosiona en Peckham, donde la gentrificación aún es moderada y el barrio vive un momento dulce que hay que aprovechar. Durará poco. / Bárbara Celis

Bruselas: Ixelles
Ixelles es uno de los barrios de Bruselas con mayor variedad de ambientes. De día, los amantes de la moda pueden pasearse por la chic Avenue Louise y almorzar en Matongé, donde la fama se la llevan los restaurantes africanos. La Place Saint-Boniface está repleta de tiendas y bares a la última, y la Place Flagey es el epicentro nocturno. En los alrededores de Rue Bailli está la cuna del art nouveau y un poco más al sur el parque Bois de la Cambre. / Marta Sabaté

Helsinki: Kallio
La antigua barriada obrera de Kallio, en la ribera norte de Helsinki, se ha convertido en el lugar favorito para estudiantes y jóvenes profesionales, con un animado ambiente nocturno, estimulantes experiencias gastronómicas y pequeñas galerías que remueven el mundillo artístico. Una buena pista es el ajetreado mercado de Hakaniemi, con dos restaurantes bohemios: Cella (Fleminkatu, 15) y Juttutupa (Säästöpankinranta, 6). / Adrián Soto

Lisboa: Mouraria
Mouraria está destinada a convertirse en el East End de Lisboa. Este laberinto de calles, escadinhas, razas y lenguas ya fue un hervidero cultural en el siglo XIX: entre sus muros, alrededor de 1800, Maria Severa entonó los primeros versos de fado. El barrio más multicultural, punto de encuentro de jóvenes artistas, propone festivales y conciertos al aire libre en la plaza de Martim Moniz, restaurantes clandestinos y bares movidos por ritmos africanos. / Daniel Toledo

Madrid: Salesas
El barrio madrileño de Salesas es tranquilo, señorial y repleto de boutiques. Hay tiendas de moda masculina en la calle de Barquillo, cafés y tiendas gourmet en Fernando VI, y la plaza de Santa Bárbara está copada por madrileños tomando el vermú. También hay cultura en el Teatro María Guerrero y mundo crápula en el mítico piano-bar Toni2. Puro Madrid. / Mario Suárez

París: Marais Norte
La Rue de Bretagne marca la frontera del Marais Norte, menos adulterado que el sur. En los alrededores del Marché des Enfants Rouges, imbatible para comer, se despliegan los reclamos. Los hay arquitectónicos y culturales, como el Carreau du Temple, mercado de 1863 recuperado como sala de exposiciones. Los hay artísticos: con galerías de arte como Sylvie Le page, Yvon Lambert o Thaddaeus Ropac. Y, por supuesto, hay una quesería sublime, Joannaoult. Bienvenidos a París. / Use Lahoz

Berlín: Kreuzberg
Las gigantescas figuras humanas del artista urbano BLU llevaban décadas observando la vida de Wrangelkiez, en el barrio de Kreuzberg. Una de ellas se anudaba una corbata con dos relojes de oro en sus muñecas a modo de grilletes. como si de una premonición se tratara. Hace un par de veranos los vecinos de esta zona, repleta de pequeñas tiendas de artistas y diseñadores de toda índole, lograron ahuyentar de sus calles a dos grandes marcas, BMW y Guggenheim, a golpe de firmas y protestas. En 2015 la lucha vuelve a centrarse en ese mismo trozo de tierra no edificada de la Cuvrystrasse, símbolo del espíritu libre de Kreuzberg. Pero el autor de esas obras decidió eliminarlas una noche reciente como modo de protesta ante la situación que va a afrontar el barrio. Allí se planea construir dos grandes bloques de edificios que privaran, entre otras cosas, de los murales del italiano. A pesar de la gran pérdida, la zona sigue siendo eléctrica. A pocos metros de distancia de esa misma calle, la gastronomía seguirá siendo creativa en el nuevo mercado Markthalle IX, los bares de Oranienstrasse continuarán animando las noches de toda la semana y Görlitzer Park servirá de corazón multicolor del barrio y de Berlín. / Héctor Llanos Martínez
Fuente:  http://elviajero.elpais.com/elviajero/2014/12/15/actualidad/1418656033_022505.html

domingo, 23 de noviembre de 2014

Los viajes de sus señorías

Soy médico y trabajo para la sanidad pública andaluza en exclusiva. El próximo febrero asistiré en Madrid, como cada año, a un curso de actualización en medicina de atención primaria. He estado mirando precios del AVE desde Sevilla. El billete, IVA incluido, en clase turista sale por unos 60 o 70 euros. Estoy de suerte, porque en años anteriores he llegado a pagar más de 100. Cuando voy a Barcelona por el mismo motivo lo hago en avión en una compañía low cost.El viaje es más incómodo que en AVE pero más barato. Lo mejor es cuando el curso tiene lugar en Andalucía. Voy en mi coche o en el de algún compañero y compartimos gastos.

 Y ¿cuánto dicen que se gastan sus señorías en viajes? He oído que casi ocho millones de euros al año. No puede ser. No me lo creo. Son exageraciones de los periodistas.— Sevilla 18 NOV 2014 - cartas al director. El País.

martes, 30 de septiembre de 2014

Holanda, culto a la bici Icono, medio de transporte y objeto de deseo. Los Países Bajos, donde hay más bicis que personas, celebran en 2014 el año de la bicicleta. Proponemos un recorrido a golpe de pedal

Holanda está celebrando en 2014 el año de la bicicleta. Y aunque allí todas las mañanas son una fiesta del pedal, la efeméride es la excusa perfecta para subirse al sillín y recorrer un país con más bicicletas (18 millones) que habitantes (16,7 millones). Con más de 100.000 kilómetros habilitados, comenzó a apostar por las bicis en la década de los setenta. “Actualmente Holanda no se entiende sin ellas”, dice Aletta Koster, directora de la Embajada Ciclista de Holanda (www.dutchcycling.nl), un curioso organismo oficial creado para extender la doctrina del pedal por el mundo.

Ámsterdam
Aterrizamos en Schiphol, el aeropuerto de la capital holandesa, en cuyas instalaciones nos cruzamos con una elegante bicicleta de madera, la Boughbike, diseñada por Jan Gunneweg. La usan los trabajadores del aeropuerto dentro del plan de movilidad interno. Inspirados por esta imagen de bienvenida, al llegar al centro nos alquilamos una bici en cualquier esquina y comenzamos la ruta. Lo primero que sorprende es el número de ciclistas: unos van a trabajar, otros llevan colgadas las bolsas de la compra, los papás transportan a sus hijos camino del colegio sentados en sillitas o remolques para varios, hay muchas señoras mayores pedaleando (esto último, indicativo de ciudad amigable para las bicis o bikefriendly)... Los coches no pitan a los ciclistas y los peatones están acostumbrados al ajetreo. Hay semáforos específicos para bicis en la mayoría de los cruces. Bienvenidos a un modelo con futuro: una ciudad donde el 38% de los habitantes elige la bici a diario (otro 28% el coche, y otro 34% camina o usa el transporte público). Ámsterdam tiene más de 400 kilómetros de carriles bicis, una vía ideal para descubrir los canales, declarados patrimonio mundial por la Unesco; el año pasado se celebraron los 400 años de la construcción del denominado canal ring, que circunvala la ciudad. Para profundizar en este alarde de ingeniería se puede visitar el museo Het Grachtenhuis (http://hetgrachtenhuis.nl), dedicado a estas prodigiosas vías de comunicación acuática (hay aparcamientos para bicis en este y en todos los principales museos). Y para no perderse por los canales, la guía City Cycling Amsterdam (4 euros), de la editorial Thames & Hudson (www.thamesandhudson.com), incluye los más variados itinerarios a pedales.

Siguiendo el curso del agua se llega al famoso Barrio Rojo. Tras aparcar la bici, cruzar alguno de sus angostos callejones y echar un vistazo a los escaparates donde se exhiben mujeres semidesnudas dedicadas a la prostitución, parada en Begijnhof (www.begijnhofamsterdam.nl), un inesperado y tranquilo patio que sorprende en medio de esta tumultuosa zona. Era el jardín de un antiguo convento de viudas y solteras que, sin haber hecho votos monásticos, se encomendaban a Dios. Está muy cerca del Amsterdam Museum (www.amsterdammuseum.nl), donde se cuenta la historia de la ciudad.

“No hay una manera más antiholandesa de llegar”, repicaban los tabloides neerlandeses el pasado marzo. Hablaban de la visita a la capital que realizó Barack Obama. En su primera parada, el presidente bloqueó con su coche el acceso al carril bici que cruza los bajos del RijksMuseum (www.rijksmuseum.nl/es). Unos metros por debajo de La noche de ronda de Rembrandt, de La Lechera de Vermeer o de los verdes de Veronese, se puede ir en bici al amparo de arcos neogóticos; casi como si se circulase a través de una catedral. “Pedalear por este pasaje te provoca una sensación muy especial. Cuando lo cruzo pienso: vivo en Amsterdam y esto es genial”, cuenta Gerrit Faber, representante de la Unión Ciclista Holandesa (Fietserbond; www.fietsersbond.nl). El museo, fundado a principios del siglo XIX y que se instaló en su actual sede en 1895, reabrió sus puertas el pasado abril tras una década cerrado. Durante este tiempo se realizó una colosal reforma a cargo del estudio de arquitectos sevillanos Cruz y Ortiz, que tuvieron que modificar su proyecto original para mantener el paso ciclista que cruza la institución. En los jardines, accesibles de manera gratuita, se puede disfrutar de una exposición de esculturas de Alexander Calder.

Pero no solo las bicicletas son omnipresentes en Ámsterdam: las tiendas dedicadas a ellas también aparecen en cualquier rincón. Van Moof (http://vanmoof.com) es una de ellas. Aquí te tunean la bicicleta instalando la denominada rueda holandesa, un invento neerlandés que convierte una bici normal en eléctrica. También tienen sillines, complementos o luces. “Aquí estamos acostumbrados a que en cada barrio haya, como mínimo, una tienda dedicada a las dos ruedas”, cuenta Julius Brenninkmeijer, uno de los fundadores de Fietsklik (www.fietsklik.com). En su tienda, en la cuidada zona de Oude Waal, además de distribuir un transportín de diseño ideado por ellos, venden gadgets. Es solo una muestra de los artilugios que se pueden encontrar en las tiendas de esta ciudad. No muy lejos —en bicicleta nada está lejos en Ámsterdam— aparece Berry (http://berryamsterdam.nl), un coqueto café con todo tipo de leches (soja, avena…), zumos y smoothies para recuperar fuerzas y donde reciben con esta simpática frase: “I love you berry much”.

A pesar de que las bicis forman parte de la vida cotidiana de los Países Bajos, la apropiación que los modernos han realizado de ellas no pasa desapercibida. FietsKantine (www.defietskantine), literalmente la cantina de las bicicletas, es el epítome de lo hipster. Tienda, cafetería y barbería, este espacio concentra los tres elementos más identificativos del movimiento. El responsable de este concentrado, Luuk de Leeuw, estaba harto de su trabajo como consultor y tomó la iniciativa. “Quería dedicarme a un negocio donde pudiera hacer algo con las manos”, dice. Y lo primero que le pasó por la cabeza fueron las bicis. Normal. Ámsterdam es la mejor ciudad del mundo para pedalear. No lo dicen los neerlandeses sino sus vecinos de Copenhague a través del Copenhagenize Index, un índice que, anualmente, valora 150 ciudades y decide cuáles son las más bikefriendlys (Copenhague es la segunda; Utrecht la tercera, y Sevilla, la mejor posicionada de España, ocupa la cuarta posición). Las únicas valoraciones negativas que obtiene Ámsterdam están relacionadas con los problemas de saturación de velocípedos que tiene el centro histórico, que puede impactar a los que no estén muy acostumbrados a moverse en un mar de bicicletas. A pesar de ello, la circulación es muy relajada. En cualquier caso, si el gentío abruma, siempre se puede pedalear hasta De Ceuvel (http://deceuvel.nl), una antigua zona industrial reconvertida, a través de la arquitectura y los proyectos sostenibles, en un vivero para emprendedores. Además de tomar un café en su restaurante, se puede realizar una visita guiada en la que explican el proyecto...
Fuente: Viajes de El País. 
Bicis de madera, http://www.boughbikes.com/

martes, 12 de agosto de 2014

A ambos lados de La Raya. De la ciudad portuguesa de Évora al teatro romano de Medellín, cinco deliciosas escapadas que pueden partir de Badajoz

Cerca de Badajoz, tanto de un lado como de otro de la frontera luso-española, queda mucho territorio por descubrir. Existen campos y pueblos poco explotados turísticamente que se mantienen encantadores. Plazas donde los paisanos son más frecuentes que los turistas, paisajes donde la huella del hombre es apenas perceptible y ciudades que se mueven a impulsos ciudadanos y no económicos. Cinco propuestas para vivir el lado más auténtico de este rincón del oeste peninsular partiendo desde Badajoz. Más aquí. Fuente: El País de viajes.

domingo, 13 de julio de 2014

Placeres capitales en Venecia Una ‘pasta povera’ en el restaurante La Cusina o un cóctel Bellini en el Cips Club del hotel Cipriani. En góndola, camino de la isla Giudecca para redescubrir la ciudad de Casanova

El tiempo nos hace prisioneros y cada paso que das es un paso menos, por eso te recomiendo una vez en la vida regalarte el privilegio de poder pecar y disfrutar de alguno de los placeres perfectos que ofrece Venecia y la belleza. Los pecados que se convierten en placeres capitales.

Puedes gastarte los ahorros que no sabes si tendrás tiempo de gastar, irte de luna de miel o, como decía Truman Capote (otro asiduo del Palazzo Dandolo), tener un amigo rico, pero procura no morir sin comer, beber o amar en uno de estos rincones de la Serenísima.

Ya lo dijo Peggy Guggenheim: una vez que la ciudad te ha mirado nadie puede salvarte. Regresarás a ella una y otra vez. Volverás con una u otra excusa a la isla de los Comedores de Loto. Nada te prepara para el hechizo veneciano y nada puede apartarlo de ti, ni siquiera las hordas de turistas de un solo día que forman un torrente humano por la Strada Nuova. Incluso en lo más tórrido del Carnaval o en lo más alto de la temporada alta, Venecia puede ser solo tuya. Si miras hacia arriba, en lo más alto de este poema de piedra está el oasis perfecto para escapar no solo de la vulgaridad y de la crisis, sino también de la realidad, porque esta isla está fuera del mundo y te transportará a otro universo en el que la vida real parece un sueño.

Nuestra ruta por los mejores de los pecados capitales comienza en el edificio que se ha convertido en uno de los símbolos de Venecia: el Palazzo Dandolo, sede del hotel Danieli, o, mejor dicho, de Il Danieli, porque el Danieli no es un hotel, sino que se ha convertido en un mito. En su hall con chimenea y en un baile de máscaras, Onassis encontró la mirada de María Callas y en una de sus habitaciones con vista a la isla de San Giorgio se consumó su amor por primera vez, pero no por última. Proust, que había leído durante años sobre Venecia, describió el sonido de las campanadas desde sus ventanas. Il Danieli es el lugar perfecto para la vida eterna y para sumergirnos en los tres pecados: comer, beber, amar. Empezaremos por el menos prohibido.

01 COMER
Nadie debería morir sin haber gozado del restaurante con las mejores vistas y quizá la mejor cocina de Venecia. El Terrassa del Danieli domina la plaza del Agua, que se extiende de la Salute a la isla de San Giorgio. Su chef, Gian Nicola Colucci, mezcla los sabores de Oriente y de Occidente con platos que recuperan la cocina de los dogos venecianos. Por algo el Danieli está a pocos pasos del puente de los Suspiros y del palacio Ducal, en un extremo de la Piazza di San Marcos. Si atravesamos la piazza por la acera del café Florián, escondido en una callejuela diminuta encontraremos el hotel Europa Regina, uno de los secretos bien guardados de Venecia. Su terraza, mirando a la Salute, puede ser el refugio perfecto en Carnaval, cuando las multitudes invaden la ciudad por unas horas. Aquí está otro de mis pecados de gula favoritos, por obra y gracia del chef Alberto Fol, alma del restaurante La Cusina, que recorre Italia recuperando viejas recetas como un arqueólogo del apetito. Su pasta povera al guazzetto di frutti di mare puede convertir a un anciano en joven y a un amargado en hombre feliz, al menos el tiempo en que dura el vino y la luna sobre la iglesia de Santa Maria della Salute. Y la última sorpresa para el paladar y la pecadora lengua está al otro lado de la laguna, pero comienza en el embarcadero de San Marcos. Allí, en un buen día de verano, puede oírse jurar en veinte lenguas, pero todos los pesares quedan atrás si subimos a una góndola como hizo Casanova y nos alejamos de nuevo del gentío para escondernos en la isla de la Giudecca en otro lugar mítico de Venecia: el hotel del Orient Express, el Cipriani, donde se alojan los viajeros que quieren entrar en la leyenda del tren Venecia-Simplon, el refugio de las estrellas de Hollywood durante la Mostra de Venecia... (Ilustración Urban Sketchers)
Leer más aquí en el País de los viajes.

viernes, 4 de julio de 2014

Oporto

Ruta por Oporto. Del Café Majestic a la Fundación Serralves

Los días son tan luminosos que las fachadas de la Ribeira parecen haber sido recientemente pintadas. Rojos sobre todo, pero también amarillos y azules intensos. Otras lucen azulejos que les dan más singularidad. Terrazas, tabernas, buenos restaurantes con festines marinos, y las ropas tendidas como velas al viento. El río Duero bajo los puentes. El de Luis I (1886), por encima del muelle, todo de hierro y de dos pisos. El de María Pía (1877) o el de São João (1991), más reciente, fino, etéreo. En el de María Pía, Seyrig interpretó a Eiffel: un sueño largo, un tiovivo, un funambulismo seguro. Unos pilares junto al de Luis I nos recuerdan que allí estuvo otro anterior a todos estos, el puente Pênsil, que en 1841 sustituyó al puente de las Barcas.

Desde los muelles, desde el Postigo do Carvão, la única puerta monumental que se conserva de las 18 que tenía la muralla Fernandina (siglo XIV), observo el funicular dos Guindais, que sube hasta la Rua Augusto Rosa, es decir, va desde el muelle de la Ribeira hasta el barrio de Batalha. Oporto es dura de caminar, tiene cuestas por doquier. Ahora todo lo revisito. La Casa do Infante, donde supuestamente vino al mundo don Enrique el Navegante, y hoy es Archivo Histórico Municipal después de Casa de la Moneda o Aduana; el Mercado Ferreira Borges; el Palacio de la Bolsa; las iglesias de San Francisco y la de San Nicolás, una barroca y la otra de azulejos azules. Aparte de las vistas que se contemplan desde la plaza de la catedral, lo más interesante para mí de esta fortaleza medieval es el claustro de azulejería. En la plaza de la Libertad me entristece ver el antiguo Café Imperial convertido en un McDonald’s. Sin embargo, el Café Majestic resiste, apenas hay sitio para sentarse. Pocas veces he visto tantas mesas colocadas por metro cuadrado. Mejor esto que la comida basura. En la estación de San Bento me encuentro como en casa. Está igual que siempre. Paseo por ella como si lo hiciera, en viajes anteriores, con familiares que ya tomaron el tren sin retorno. Muy cerca entro en la Capilla de las Almas, un pequeño templo, también con fachada de azulejos que reproducen las vidas de san Francisco de Asís y santa Catalina. La Torre de los Clérigos es otro faro de la ciudad. Me sirve a mí de referencia, pero también lo era para los barcos que navegaban por el Duero.

En la plaza de Gomes Teixeira está la Universidad, la iglesia del Carmen, la librería Lello e Irmão y la Casa Oriental. A los dependientes de la librería, desbordados por los visitantes que no por los compradores de libros, les animo a que cobren la entrada. Harry Potter no les ha hecho nada bien (su autora, J. K. Rowling, vivió en la ciudad como profesora de inglés, y los turistas visitan la librería neogótica, de 1906, como uno de los lugares que inspiraron la estética de la saga juvenil). A este paso, las multitudes la derrumbarán. Ellos ponen cara de circunstancias. Me detengo tiempo viendo libros y seleccionando algunos para llevarme, pero la ola de gente me impide pararme todo el tiempo que quisiera. La escalera de madera labrada tiembla ante tanta masa como si estuviera poseída por la carcoma. ¡Ah!, qué maravilla cuando sólo estábamos los lectores. Hoy todo es espectáculo sin respeto. En la Casa Oriental, no sé cuánto tiempo durará aún, huelo el bacalao seco, las especias, el café y el chocolate que me gustaría tomar.

El libro más triste
El vecino jardín de João Chagas está dedicado a algunos poetas portugueses como, por ejemplo, Antonio Nobre, autor de So, para Pessoa el libro más triste de la literatura portuguesa, o no sé si incluso universal. Hay también varias esculturas de Jacobo Muñoz entre los plátanos centenarios. El jardín está flanqueado por tres grandes edificios. El Palacio de Justicia, de aires neorromanos; el Hospital de San Antonio, del siglo XVIII, y la antigua Cadeia da Relação (el tribunal de justicia y prisión), que hoy es el Centro Portugués de la Fotografía. El proyecto de rehabilitación fue preparado por los arquitectos Eduardo Soto Moura y Humberto Vieira. Aquí estuvieron presos Camilo Castelo Branco y Ana Plácido. Ambos estaban acusados de adulterio. Delante de lo que fue cárcel y ahora centro cultural se levanta una gran estatua del escritor portugués.

El Museo Nacional Soares dos Reis, un edificio del XVIII, contiene obras de arte muy interesantes. Un autorretrato de Aurelia de Souza (1866-1922) en rojo y azul y la escultura tremendamente inquietante de Antonio Teixeira Lopes Infancia de Caín. Muchos otros museos tiene Oporto, todos magníficos, pero el del tranvía es para mí siempre de visita obligada. Pura nostalgia, pura melancolía. ¡Cuántas vidas fueron en ellos de un lugar a otro! Ahora están vacíos, totalmente vacíos y abandonados ante nuestras miradas solitarias.

La Casa de la Música y la Fundación Serralves son dos edificios ejemplares de la arquitectura del siglo XXI. El primero, del arquitecto holandés Rem Koolhaas, un cubo muy aéreo y, a pesar del hormigón, muy transparente El segundo, del arquitecto portuense Álvaro Siza. Edificio de líneas rectas y muros blancos, con distintos desniveles y grandes ventanales que dan una iluminación rica. El museo tiene una magnífica colección de arte contemporáneo. Coincido con una exposición muy interesante para mí sobre los libros imposibles de los artistas. Libros de diversos materiales, no sólo en papel, sin escrituras o con escrituras ilegibles, pero, sobre todo, pintados en rojo, azul, verde, blanco.

La casa art déco, que está a pocos metros de distancia, es impresionante, al igual que los jardines. Pocas veces había entrado en un espacio así (en mis anteriores viajes estaba cerrada) y la sensación es grandiosa. El aire, el espacio y la luz como fuentes de vida. Además, se conservan también muebles de época, de los años veinte del pasado siglo. Las vistas desde los pasillos, escaleras y balcones interiores son tan majestuosas que no la hacen depender de esas otras vistas hacia el jardín exterior, tan inmenso y tan plácido. Vista interior intensa, vista exterior desmesurada. Un lugar extraordinario, sorprendente. No creo que en Europa (asolada por las guerras civiles) existan otras muchas muestras así. Jacques Émile Ruhlmann diseñó una obra perfecta que el tiempo ha engrandecido.

No puedo irme de Oporto sin visitar la tumba de Camilo Castelo Branco en el Prado do Repouso o Prado Longo, junto a la iglesia da Lapa, de aire masón, con un altar salomónico. La tumba es un pequeño nicho en lo más alto. Demasiado para un suicida en un cementerio católico. Solo pone su nombre. Hay una rama de laurel en bronce con motivo de uno de los centenarios. El cementerio es pequeño, como de pueblo, repleto de panteones. Los ataúdes no están tapados, sino a la vista, se exhiben como la última instalación de arte moderno de la que formaremos parte en la vida. Entre tanta muerte, recuerdo a la muchacha que acabo de ver paseando a sus dálmatas por la Rua dos Carmelitas. Me sonrió, y esa sonrisa vale por todos estos muertos, incluido Camilo; a él también le hubiera gustado este gesto de vida. “Como el lirio entre los cardos, / así mi amada entre las mozas”, dice El cantar de los cantares. Libro más santo, imposible.

De regreso a A Coruña me desvío en Vila Nova de Famalicão para de allí ir a São Miguel de Seide, un pequeño pueblo donde está la casa que habitó Camilo con Ana. La levantó Pinheiro Alves, el esposo de Ana, en el año 1830, con el dinero ahorrado en Brasil. En el invierno de 1863 se instaló allí el novelista tras la muerte del antiguo propietario, producida, en parte, por el disgusto que le había causado la absolución de los adúlteros. Desde esa fecha vivió allí el novelista con su familia hasta el 1 de junio de 1890, cuando se pegó un tiro. Una casa donde escribió gran parte de su obra, pero también donde vivió muchas desgracias. La muerte de su hijastro, con quien estaba muy unido; la locura de Jorge y las ruinas económicas de Nuno, ambos nacidos de la relación con Ana. Pero quizá lo peor de todo fue que aquella pasión amorosa, contra todos y contra todo, naufragó con los años de convivencia. Ana también era escritora, y sus celos eran producto de las reiteradas infidelidades, pero también intelectuales. Las fotos, ambos ya mayores, reflejan ese amor transformado casi en odio y desesperación. La casa del autor de Amor de perdición ardió en 1915 y varios años después fue reconstruida. En ella están las estancias habituales, las habitaciones, los salones, el gran despacho donde trabajaba y las estanterías con libros, sobre todo de autores franceses. Su dormitorio era muy austero, aún se conservan sombreros y bastones suyos. En la mecedora fue donde se pegó el tiro. Apenas veía y acababa de ser visitado por el médico amigo. La agonía le duró varias horas. Durante años escribió de pie. Camilo buscó el amor por doquier, frenéticamente, pero no fue feliz, como la mayor parte de los protagonistas de sus novelas. Onde está a felicidade? es el título de una de sus obras. ¿Quién lo sabe? Esta casa rezuma tristeza y dramatismo. La gloria a veces es una pesada carga.

Paso por Ponte de Lima, el río del olvido, y allí me incorporo a la legión de Decio Junio Bruto.
» César Antonio Molina, en El País de los Viajes.

Guía

Visitas

» Fundación Serralves (www.serralves.pt).  Rua João de Castro, 210
» Museu Soares dos Reis (www.museusoaresdosreis.pt). Rua D. Manuel II.
» Centro Portugués de Fotografía (www.cpf.pt). Largo Amor de Perdição.
» Librería Lello e Irmão. Rua das Carmelitas, 144.
» Casa da Música (www.casadamusica.com). Avenida da Boavista, 604-610.

Información

» Oficina de turismo de Oporto (www.visitporto.travel).
Fuente:  http://elviajero.elpais.com/elviajero/2014/06/26/actualidad/1403778649_462703.html
Postres para este mes en el restaurante de la Casa de la Música, aquí. Y me permito recomendar el restaurante de la fundación Serralves, en especial su bufet y el de postres.