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martes, 10 de febrero de 2026

LITERATURA. David Uclés: “La Guerra Civil sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos”



El escritor andaluz, autor de ‘La península de las casas vacías’, acaba de ser galardonado con el Premio Nadal por su nuevo libro, ‘La ciudad de las luces muertas’, escrito al mismo tiempo que el libro que le llevó al éxito.

Desde hace más de dos décadas, los lectores españoles demuestran una madurez extraordinaria eligiendo frente a la crítica o los gurús sus propios fenómenos literarios masivos de calidad. Ocurrió con Soldados de Salamina, de Javier Cercas, que aportaba desde la generación de los nietos de la Guerra Civil una nueva mirada al conflicto. Y ha ocurrido ahora con la de los bisnietos mediante una obra fundamental como La península de las casas vacías, de David Uclés (Úbeda, 36 años). Pero el precio de aquel éxito (30 ediciones y más de 300.000 ejemplares vendidos) y del reciente han sido distintos para cada uno de ellos. A Cercas le acompañó, cómo no, la controversia. A Uclés, en ocasiones, el escarnio. En 20 años, el ambiente ha cambiado y la polarización devora. Más cuando demuestras una audacia como la del autor andaluz y aplicas fórmulas de realismo mágico, rigor, humor o un narrador libérrimo no a cualquier asunto, sino a la gran herida colectiva de nuestra historia.

Aun así, el escritor, con 17 años de trabajo y una fe en su obra que pudo con la enfermedad coronaria que padece, la falta de recursos y todas las carencias que le supuso sacarla adelante, refrescó el asunto y demostró con ello que el gran trauma debía ser abordado desde una perspectiva nueva para sus coetáneos. La polémica en torno a él no cesa. Las editoriales se lo rifan y ha conseguido el Premio Nadal (que publica Destino, del Grupo Planeta) con La ciudad de las luces muertas. ¿Supone eso que abandona a la editorial que apostó por él y lo acompañó hasta la cumbre? “No”, dice él.

La semana pasada saltó con él de nuevo la polémica, esta vez en torno al curso organizado por Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra en Sevilla titulado 1936: ¿La guerra que todos perdimos? Los interrogantes son nuevos. Antes se había enunciado como una afirmación y a Uclés, que había sido anunciado en el cartel, no le gustó. Eso y algunos acompañantes como José María Aznar o el político que militó en Vox, Iván Espinosa de los Monteros, le hizo retirarse, también que otros invitados renunciaran y finalmente que la organización lo pospusiera.

Como el tema anda aun encendido, empezamos por preguntarle:

No se cansa usted de polémicas. Hace una semana decidió retirarse del curso organizado en Sevilla por Arturo Pérez-Reverte sobre la Guerra Civil, como contamos en EL PAÍS. No quería verse en el mismo lugar que Aznar o Espinosa de los Monteros. ¿Por qué nos ha quitado el gusto de verles debatir en un mismo foro?

Yo no deseaba ninguna polémica más porque ya me he visto envuelto en muchas últimamente. Sin embargo, para mí era un deber moral no formar parte del mismo plantel con figuras antidemocráticas como Aznar o Espinosa de los Monteros. Me avergonzaba, sencillamente.

No todos perdimos la Guerra Civil, eso está claro. La afirmación que estaba en el cartel (La guerra que todos perdimos) y que después los organizadores aseguran que debía ir entre interrogantes, aun con ese matiz posterior, ¿significa que no lo tendrían claro?

Con ese lema los organizadores hacen gala de una equidistancia que no hace sino blanquear el franquismo. Durante la Transición quedó claro que hubo vencedores y vencidos. La guerra sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos. La provocaron quienes la ganaron, es decir, un grupo de militares fascistas que querían imponer su moral a todo un pueblo.

Finalmente, han pospuesto el congreso, ¿lo considera un triunfo personal?

Lo veo como un triunfo común, no solo mío, sino de todos los participantes que hemos tenido el coraje de dar un paso atrás y no participar en unas jornadas que, con ese cartel, pretendían, creo, dar la sensación de que los abajo firmantes compartíamos la misma tesis.

Le ha enmendado la plana a Arturo Pérez-Reverte, ¿tiene eso su precio en el mundo literario de este país?

Desconozco cuáles son las consecuencias, si bien, lo volvería a hacer y lo más importante es que tengo ahora la conciencia muy tranquila.
 
De La península de las casas vacías a La ciudad de las luces muertas, ¿qué distancia hay?

Las escribí al mismo tiempo. Cuando investigaba para La península…, lo que iba saliendo de Barcelona, lo más bonito, no lo puse, me lo guardé para La ciudad…, salvo lo del bibliobús y el exilio a Francia de Mercè Rodoreda. La península… es la novela de mi vida, pero en los años de barbecho que la iba haciendo también construía la otra.

No hay apenas distancia, son paralelas, entonces. La que ahora aparece es, digamos, un hecho diferencial de la primera.

Las dos becas que me dieron para ambas, la Leonardo y la Montserrat Roig, se solapaban en el tiempo. Es más, el título de La ciudad de las luces muertas es anterior al otro, que se llamaba en un principio Odisto.

Se había presentado al Premio Nadal varias veces, ha dicho. ¿Siempre con la misma novela con que lo ha ganado?

No… Con La península… me presenté también. A ese y a otros. Al Herralde, al Primavera, al Planeta, al Lara, al Nadal…

Sabe que ahora mismo, mientras leen esto, se les están abriendo las carnes a varios comités de selección de novelas de varios premios y editoriales en general, ¿no?

Un editor muy importante me confesó en la Feria del Libro que al llegar a su casa, después de contarle esto, se haría el harakiri. “En mi mesa no está”, me contaba. Y yo respondía: “Claro, mira por Odisto, el primer título”…

El escritor David Uclés ganó el Premio Nadal por 'La ciudad de las luces muertas', su último libro. Ximena y Sergio

Ya… Pero, claro, con ese nombre y 700 páginas, como para leérselo, pensarían.
Me presenté a todos. Lo interesante sería entrevistar a la trabajadora de Correos de Úbeda que me veía con los manuscritos. Me gastaba 100 euros por ejemplar. Cuando comprobaba adónde los enviaba me decía: “Hijo mío, ¿no te puedes presentar mejor al premio de la Caja Rural?”. Y yo, con mis veintipocos años: “¡Que no, María! ¡A los grandes!”.

Era un soñador empedernido. ¿Lo sigue siendo? Los sueños cuestan…
Lo he descubierto, no lo sabía. Todo el mundo me hablaba de las zancadillas. Los primeros, los libreros. “Te van a caer palos por todos lados”, me advertían. Me estaba tratando todo el mundo muy bien. Pero este año, ya caí. Aunque eso no me resta nada del sueño, eh. Yo soy feliz viviendo. Mudándome, tocando música en la calle, aprendiendo a cocinar cosas nuevas, teniendo amantes… Eso es escribir también. ¿Qué es escribir? ¡Vivir! Vivir y luego plasmarlo. Si me va muy mal, muy mal, si me cancelan porque llevo boina, me voy a Praga, a Dinamarca, a cualquier país que me guste, y soy feliz. Yo cumplí un sueño ya. Con La península… me quité la espina de mi vida. Pero quiero seguir escribiendo, me desvivo por escribir.

Dice que es el libro de su vida y hace bien en ser consciente de ello. Me recuerda a un magnate de televisión a quien le dio por organizar una fiesta en honor a una película que fue un bombazo monumental. Tomó la palabra en medio de la euforia del equipo y les dijo: “Aprovechad y disfrutad porque en vuestra vida vais a tener un éxito ni parecido a este…”.

Ya, ya… ¡Hay que ser conscientes! A ver, yo mantengo la ambición y la energía. Quiero superarme, seguir haciendo novelas totales sobre un periodo, pero no sé si superaré lo que ha supuesto La península…

¿Tiene miedo de su propio listón?
No, cada aventura merece su objetivo. Con esta nueva he querido rendir homenaje a Barcelona. Si consigo que guste, el objetivo está cumplido…

Para eso ha elegido una distopía lírica.
Sí… Una distopía en busca de la luz. No sé aún las interpretaciones que tendrá, pero da pie a muchas más que la anterior porque estaba sujeta a una historia que no me podía saltar, la de la Guerra Civil como eje. Aquí solté completamente la imaginación. El apagón que cuento puede tener un corte literario o político si lo agarras por el lado del fascismo, y casa mucho con el presente.

Para eso le ha dado un sesgo hiper­ecléctico que va de Simone Weil a Rosalía o de Carmen Laforet y el boom literario latino­americano a Carlos Ruiz Zafón, un autor cuyo éxito fue despreciado por las élites.
Sí, y soy consciente. Pese a los desprecios, si un título merece éxito y recompensa de los lectores, lo voy a respetar. Los que te quieren criticar porque sí, lo van a hacer. Ruiz Zafón vendió decenas de millones de ejemplares en todo el mundo. Ahí lo dejo y le doy su valor.

¿Se identifica con él?
Si tuviera miedo a la crítica, lo hubiera quitado del prólogo y habría puesto a Francisco Casavella con El día del Watusi, por ejemplo, pero, al final, quería homenajearlo también en una novela que trata de Barcelona.

Ha fichado por Planeta, decían los titulares cuando ganó el Premio Nadal…
A ver… Esta novela la publico en el Grupo Planeta. Pero sigo en Siruela. La promoción de La península de las casas vacías continúa, mínimo durante un año, ya tenemos fechas por América Latina y Europa. Yo sigo con Siruela. Continúo trabajando con ellos.

¿Qué cara se les quedó cuando se enteraron del premio?
Yo entiendo el disgusto… Bueno, el susto. Lo supieron a la vez que todo el mundo. Cuando se reveló el fallo. Pero hablé con ellos y les expliqué la decisión de presentarme. Esta novela encaja mucho en el Nadal. Yo ¿qué hago si tengo ese sueño desde hace 15 años? Debo intentar cumplirlo. A Siruela nunca le prometí esta novela. Otra cosa es la segunda parte de La península. Fui a verlos después y se lo volví a decir: “La segunda parte se publicará en esta casa”. Y la gira es prioridad.

¿Qué ambiente encontró al entrar por la puerta?
Pues algunos nos pusimos a llorar, como niños, la emoción fue fuerte. Hubo berrinche. Los quiero un montón, son mi familia. No ha sido una decisión tomada por dinero. Para mí representa un prestigio muy grande, el premio más antiguo del país y mira quiénes lo han ganado antes…

¿Por qué a los escritores se les exige una pureza en esos términos que en otros no cuenta? Más si, aparte, se llevan el trozo más pequeño de la tarta: solo el 10% del total de un libro. ¿Por qué eso no se dice tampoco?
No lo sé. No lo entiendo, la verdad. Pero es cierto que nos vemos juzgados continuamente.

¿Por cierto desequilibrio entre lealtad y libertad, quizás?
Yo, la lealtad, la mantengo. No hay un ápice de traición. Pero nos juzgan demasiado sin saber.

Quizás haya otros factores: ¿siente la envidia?
Sí. Ya lo sé desde pequeño, ojo.

¿Por qué?
Desde chico me di cuenta de que por envidia, quizás a expresarme libremente, sufría acoso. Yo, a los 14, me puse una gorra. Puede que fuera un gesto rebelde. Mi padre es guardia civil y no le gustaba que la llevara, la gente en el colegio que si maricón, encima, por la pluma y por la gorra. Luego se ha quedado la gorra por estética: a mí me gusta. Me pegaban desde los nueve años. En el barrio. Me tiraban piedras, me atizaban con hierros, me metieron una vez en un garaje y me dieron una paliza entre cuatro. Mi madre me ponía alcohol en los moratones. Es que me emociono. No por mí, por ella. Mi pobre madre… Fue atroz. Pero yo me lancé al mundo y no oculté nada. Soy gay y lo digo, ando de la mano por la calle con quienes amo, pero yo sufrí un acoso horrible y todos lo supieron y fueron testigos: desde los profesores a mi familia.

¿Qué aprendió, a pesar de todo, de aquello?
Pues que hay gente mala. Ya está. Que tienes que hacer tu vida y asumirlo. Y lo que veo ahora… Algunos me pegan con la palabra, pero es lo mismo. Da igual, cuando veo ciertos vídeos es que salta la rabia, el veneno. Hay veces que me río porque el odio es tal que no me reconozco en el David Uclés del que comentan… ¿Quién será? ¿De quién hablan? Es frustración, lo sé y me compadezco de ellos. Habrán sufrido su falta de cariño y sus traumas que les causan ese veneno.

¿No es un honor que ciertos haters le critiquen desaforadamente? Un gran éxito, en el fondo.
Sí, muchos lectores me lo dicen, que es lo mejor que te puede pasar con ciertos nombres. Algunos critican sin aludir al libro, solo al aspecto, como en mi adolescencia.

Luego está la audacia que demostró en La península… ¿Todavía quiere que no se lo tengan en cuenta quienes se niegan a indagar en esa memoria? ¿Fue inconsciencia o valentía?
Tenía ilusión de crear una épica. De hacer memoria. Lo sigo manteniendo. No tergiversé nada. Tampoco respecto al bando republicano. Soy progresista, soy de izquierdas. Pero hoy, 90 años después, no puedes dejar de plasmar los errores del bando republicano también en Paracuellos o en las checas. Me parecen necios quienes desde la derecha critican el libro por cuestiones ideológicas. Hay pocos ejemplos de eso. Pero el mío quizás aporta cierta frescura.

También ha sabido contar bien cómo lo ha hecho: 17 años de trabajo, su sustento como músico ambulante, sus escasísimos recursos…
Es que ha sido una aventura en sí. Así fue. Al final vino un triunfo, pero hace dos años seguía siendo un muerto de hambre. Miraba hacia atrás y no lo hacía con orgullo. Ahora sí, claro. Algunos han querido rodar un documental de eso y me he negado. Prefiero que me juzguen por la obra, pero ojo, que mi vida, cómo llegué a escribir la novela, es otra historia. Yo llegué a tener cero euros. Comiendo lo que podía, donde me dieran. En París, Madrid, Alemania, Suiza…

¿Nadie confiaba a su alrededor? ¿Nadie entendía lo que pretendía hacer?
Nada, no entendían nada. No habían leído una página y me decían: “Aquí estás tú escribiendo una cosa que lo mismo es una mierda”. Yo lo explicaba a mis amigos o mi familia. Pero cómo iban a entender. Era complicado. Más cuando sacaba matrículas en los estudios y mi padre me decía: “Tú, unas oposiciones te las sacas con la gorra, nunca mejor dicho”. Y yo, 34 años, sin cotizar. Encima, mal del corazón. “¿Qué pensión vas a tener? Si tienes una baja, ¿dónde vas?”. A los 33 fibrilo por primera vez. Y sin pastillas. Volví a Úbeda. Es duro volver a casa de tus padres. No me podía quedar solo, además. Cada uno tiene sus males, pero este aflige mucho. Cuando te da, dura dos minutos. Estamos en este mundo un rato, no más, esa filosofía, por la enfermedad, me acompaña todo el rato. Por eso soy feliz también. Bueno, tengo muchos motivos para ello, pero precisamente por eso, más. Yo, con estar vivo…

Cree que después de todo lo que le ha ocurrido, ¿el mayor aprendizaje de su vida es el fracaso?
Mi futuro llevaba esa letra f: fama o fracaso. No iba a hacer unas oposiciones ni publicarlo en cualquier editorial. Si no salía, estaba dispuesto a seguir escribiendo y tocar en la calle hasta que me muriera. Ya está. Siempre lo he tenido claro. Y eso me lo daba la enfermedad, la arritmia. Que, por otro lado, es dura. Cuando me daba fuerte, si estaba con mi padre, le mordía el hombro del pánico.

Para seguir con eso había que tener también mucha fe. Supongo que hoy lo han entendido.
De sobra. Me acompañaron a la entrega del Nadal, a mi padre nunca le había reprochado ninguna incomprensión cuando me decía que iba a tirar mi vida por la borda. Bueno, esa noche cuando se acostaron, a mi padre le di un beso y una colleja. Le dije: “Anda, eh, la novela del abuelo, lo que nos ha traído”. Se le puso una sonrisilla de niño chico… No hubo palabras. Yo sé que me decía: “Gracias”.

Y en todo ese proceso, ¿cuántas veces apareció la desazón?
En un momento sentía que me estaba empezando a entrar la frustración. No leía a autores de mi generación. Yo también sentía envidia. Eso es humano. Pero la localizo y no la llevo a ningún límite como otros. Leí Panza de burro, de Andrea Abreu, porque me lo recomendaban y a mí me entraban esas reticencias, pero acabé llorando y hasta le escribí. Nunca me contestó, pero da igual. Chapó, menuda maravilla. Como me pasa con Calabobos, de Luis Mario, un obrón… Es de mi quinta y lo recomiendo, claro. No me puede la envidia, cuando algo es bueno, vence la admiración. Así soy.

Son éxitos merecidos los suyos, pero con usted pasa que cruza otra línea y ha llegado a representar un paradigma de la polarización. ¿Cómo le sienta a su corazón esa, a menudo, saña?
Yo no me coloco al lado de ningún partido político, hago mi trabajo, con respeto. Lo que pido es que se me trate igual. Claro que hay crueldad, e inquina y envidia. Y me duele. Y es verdad que se ha disparado desde que hablé delante de Isabel Díaz Ayuso del problema de la vivienda. Hasta entonces, me habían criticado muy poco.

¿Con el premio, además de las ventas, ya está buscando piso?
Bueno, yo trataba de hablar en nombre de mi generación. Si yo, con lo que he vendido, no puedo comprar una vivienda digna… Quería decirlo así y salió mal. Aun así, seguiré hablando de los problemas que afectan a mi generación: de los alquileres, de los fondos buitre, de la gentrificación.

Entonces, poco se arrepiente.
De no haber matizado, sí, pero lo sigo pensando. Luego ella me invitó a tomar un café en la Puerta del Sol.

¿Y va a ir?
¡Cómo voy a ir si no hay cafés en la Puerta del Sol! Ahí son todo cadenas, no hay nada genuino. Salvo La Mallorquina, pero está siempre atestada de gente.

Hombre, me parece que ella se referiría a su despacho en la Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid.
No pienso entrar en ese edificio hasta que no pongan una placa que conmemore las torturas que se dieron en lo que fue la Dirección General de Seguridad. ¿Un café fuera de ahí? Donde ella quiera.

¿Qué es la ambición literaria? ¿Tiene energía para mantenerla?
Es no tirar la toalla cuando eres consciente de que te metes en un jardín, aunque te vayan a dar por todos lados. Hay que hacerlo desde la honestidad y el rigor.

Ahora llega un apagón como metáfora en medio de Barcelona. ¿Está preparado para que las mentes de vía estrecha nacionalistas vean fantasmas?
Barcelona tiene la suerte de haber sido escenario de una herencia inmaterial impresionante, con todos los artistas y creadores y la gente que han vivido allí. La ciudad está por encima de todo eso.

Fue durante un tiempo muy cosmopolita, ahora no tanto.
Barcelona es mucho más, sigue siéndolo. Tuvo tiempos mejores, quizás, pero así vengan los buenos o los malos, la ciudad permanecerá y se hará más fuerte. Lo que más le afecta hoy en día es el turismo y de ahí viene esa asfixia. Hay tantas interpretaciones posibles que allá cada cual. Pero el regusto de esta novela es esperanzador. Espero que el lector sepa apreciar el discurso con el que me identifico ahora.

¿Cuál?
Que a pesar de nuestros malos momentos, arrimando el hombro, hemos sido capaces de ser comunidad. Hay que inventar esperanza frente a la oscuridad.


LA GUERRA ESA, QUE DICEN, QUE PERDIMOS TODOS
2ª parte

Si uno lo analiza fríamente la cosa es demasiado simple. El ejército, garante de la integridad territorial del Estado y defensor, bajo juramento, de los ciudadanos que lo integran, decide que el gobierno, al que ha elegido libremente el pueblo, no es el que debería ser en función de su propio criterio y probablemente inducido por intereses arcanos. Bajo ese criterio, una parte importante de ese ejército, decide dar un golpe de Estado por la fuerza con la intención de tomar el poder e instaurar otro régimen de signo contrario más acorde a sus intereses, creencias y gustos. Al no conseguirlo, y viendo la oposición ciudadana a dicho golpe, decide que todo aquel que se oponga será detenido, encarcelado o fusilado sumariamente, sin acusación formal, ni cargos, ni juicio previo. Y ya de paso sacar al ejército afín a la calle e ir conquistando a cañonazos, plaza a plaza, todo el territorio nacional quitándose de en medio a todo el que se oponga.  Eso sí, buscando aliados afines dentro y fuera de las fronteras. Es decir, un ejército equipado y mantenido por los ciudadanos mediante sus impuestos, que en vez de protegerlos, que es su cometido, se dedica a encarcelarlos, hacerlos desaparecer o fusilarlos al alba, respondiendo a intereses particulares e ideológicos. En fin, resumido eso es lo que pasó. 

Pero déjenme decirles que un ejército así no lo integran soldados, sino principalmente suboficiales, oficiales, jefes y generales fanáticos, sicarios asesinos, que responden a apegos espurios, tendencias ideológicas conservadoras, e intereses oscuros que nada tienen que ver con la “Patria” y con su defensa. Son esos que dicen <<”Salvar a la patria”>> y que siempre lo hacen cuando nadie les ha pedido ayuda, excepto la oligarquía, la aristocracia, la nobleza, la banca, los latifundistas, los del clero, la burguesía, y los ilusos que creen que ese ejército, subvencionado por la derecha (Banca Marx, III Reich, fascismo italiano y compañía) les van a resolver sus problemas de habitabilidad, sustento, sanidad, educación y progreso.  En definitiva ese ejército sublevado es lo que era,  como quedó demostrado.

PERIODO 1939 - 1947
Los peores años de la dictadura fueron los ocho siguientes al finalizar la “Contienda”. Llamarla guerra es un eufemismo macabro para darle justificación al genocidio que se realizó en nuestro país ya que para que haya una guerra tiene que haber una declaración formal de la misma. En la guerra son combatientes y, a menudo, civiles colaterales; en el genocidio, los civiles son seleccionados por su identidad e ideología. La represión fue brutal dentro y fuera de nuestras fronteras. Se hicieron purgas meticulosas de ciudadano en ciudadano, barrio por barrio, pueblo por pueblo, ciudad por ciudad. Nadie escapaba al control del régimen. Se estimulaba y premiaba a los ciudadanos que delataban a sus vecinos aunque fuera sin pruebas, ya se era culpable antes del juicio.  Juicios farsa sin garantías procesales ecuánimes y sin ni siquiera defensa. Había prisa por purgar y se hacían juicios sumarísimos de hasta 20 personas a la vez. Eso da una idea de qué tipo de justicia se impartía en aquellos años y siempre juzgados por la justicia militar. Ya saben el dicho <<La justica militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”>>

Pero no hubo sólo cientos de miles de desaparecidos forzosos entre hombres y mujeres, también estaba la desaparición forzada infantil. Niños robados a sus padres y familias para reasignarlos a familias adeptas al régimen franquista. En esos “secuestros” tuvo mucho que ver la Sacrosanta Iglesia Católica que colaboró con el régimen franquista para salvar a esas “criaturitas” de caer en las garras del diabólico comunismo, y que dicha práctica trascendió hasta la década de los 70-80. Acuérdense del caso de Sor María. Y ya que hablamos de la curia católica alineada con el régimen, también habría que hablar del papel que jugó la Iglesia durante y después de la guerra. Los casos flagrantes de delación a ciudadanos trasgrediendo el secreto de confesión. El cobro de sustanciosas “Dádivas”, en metálico o en propiedades por emitir informes de buena conducta cristiana para exonerar a presos, incluso se daban casos de exigencia de “Favores de cama” a las mujeres e hijas de los encarcelados. Nunca existió en el bando vencedor el sentimiento de reconciliación, ese que ahora tanto reivindican: lo que se quería era una cruel venganza; y cuanto más larga, mejor.

Y los golpistas se hartaron de venganza hasta empalagarse. Tan es así que tras de la “Contienda”, que no guerra, extendieron sus tentáculos incluso más allá de nuestras fronteras. A los republicanos huidos se les persiguió incluso fuera de España. Tras cruzar la frontera de los pirineos, huyendo de la represión franquista, los putos “Gabachos” les hicieron un recibimiento hostil y recluyeron en campos de “refugiados” a más de 550 mil españoles en condiciones infrahumanas. Campos que no eran campos, sino arenales vallados con alambre de espino en playas batidas por el viento, las olas y la humedad. Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Le Barcarès, Gurs, etc. Sin el menor tipo de consideración y de auxilio por parte de las autoridades francesas y pasando hambre, frio, enfermedades, plagas, etc.  muchos murieron en aquellos campos, algunos tuvieron  posibilidades y emigraron a América, se calcula que unos 50 mil. Otros (300 mil) viendo la falta de colaboración y la mala disposición de los gabachos, decidieron regresar a España con las consecuencias que ello podía reportar. Imaginen en qué condiciones estaban para preferir enfrentarse a una larga condena e incluso a la muerte. Por último cerca de 200 mil optaron por quedarse y subsistir buscando labores y trabajos en régimen de semiesclavitud, trabajando por poco más que el cobijo y la comida. Francia, la tierra de la “Grandeur” que se envanecía de ser la cuna de la <<”Liberté, Égalité, Fraternité”>>  no era más que un espejismo, un trampantojo, un bluf. Al final no eran mejores que los franquistas. Eran xenófobos, clasistas, ecpáticos e insolidarios. Pero no estaban lejos de sentir en sus propias carnes lo mismo que les pasó a los refugiados españoles.

Si para franceses las cosas se pusieron mal, imaginen como se pusieron para los españoles que se quedaron en el país galo. Seis meses después, el 1 de septiembre de 1939, al amigo austriaco de Franco, aquel del bigotito ridículo, le da por invadir Polonia y el 10 de mayo de 1940 los nazis atacan a Francia. En poco más de un mes, el 14 de junio, entran en Paris sin pegar un tiro.  El 22 de ese mismo mes firman el armisticio y se crea el conocido como “Gobierno de Vichy”, (Pronazi) a cuyo frente estaba el colaboracionista Mariscal Philippe Pétain ¿A dónde fue la “Grandeur française”, ese “Chauvinisme” tan francés? Con ese gobierno “Títere” a los españoles se les puso el tema “Muy crudo”. Los campos de refugiados pasaron a ser campos de concentración. El trabajo en semiesclavitud se convirtió en trabajo forzado, es decir en esclavitud a secas. 

Pétain mandó a Madrid, al palacio del Pardo, la lista de republicanos en sus campos de concentración con objeto de que Franco extraditara a aquellos españoles retenidos. Franco hizo una lista con los que le interesó y del resto, la inmensa mayoría, dijo <<”Estos no son españoles, hagan con ellos lo que quieran”>> Así que el gabacho colaboracionista se los entregó al “amiguito” de Franco, ya saben, aquel del bigotito ridículo, y este los terminó llevando al campo de concentración austriaco de Mauthausen-Gusen. Los nazis les pusieron en el uniforme de preso un triangulo invertido azul que significaba “Apátrida” con una ese mayúscula en el centro que significaba en alemán (Spanier). Allí fueron 7.533 españoles de los cuales sobrevivieron aproximadamente 2.000. También hubo españoles en otros campos de concentración como Dachau, Buchenwald, Ravensbrück (mujeres) y Sachsenhausen,  todos ellos en Alemania. 

Al resto se les dieron dos alternativas. Unirse a las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) o enrolarse en el ejército o en la Legión Extranjera Francesa. Algunos escaparon y se unieron a la resistencia francesa en la lucha contra los nazis. Cuando acabó la II Guerra Mundial en el 45 muchos españoles en el exilió habían pasado 9 años de calamidad en calamidad. No fue mejor el destino de los que no pudieron huir o que se quedaron. El régimen franquista estigmatizó a cualquiera que tuviera la más mínima relación con “Los rojos”. Esposas, hijos, padres, hermanos, y demás familia serían señalados y marginados de aquella sociedad nacional-catolicista en donde no se les daba tregua, ni cobijo, ni perdón. Una sociedad fanatizada y sometida por la superstición religiosa y el miedo a un régimen represor, asesino y vengativo.

Continuará... LA GUERRA ESA, QUE DICEN, QUE PERDIMOS TODOS 3ª parte En el 47 se cerró el último campo de concentración en Miranda de Ebro. Por un lado la Europa libre miraba de reojo lo que estaba pasando en España. Churchill criticaba con la boca pequeña a la dictadura española pero no veía con malos ojos que hubiera un régimen fascista. Eso era mejor a tener un sistema social-comunista en forma de república en la otra punta de Europa más allá del telón de acero. Por eso no apoyaron a la oposición antifranquista porque mayoritariamente era el Partido Comunista el mejor organizado y el único que mantenía una estructura capaz de iniciar una contraofensiva contra el franquismo como ocurrió en la invasión del valle de Arán en octubre del 44. Sin ningún apoyo por parte de los aliados, principalmente Francia (de nuevo abandonados por los gabachos) y Reino Unido aquella aventura duró escasamente una semana. Tampoco Moscú le puso muchas ganas a aquella especie de reconquista contra la dictadura. Y, de nuevo, los españoles, tanto los exiliados y represaliados quedamos compuestos y sin novia. Nos quedaban 40 años de represión, de totalitarismo, de injusticias, de miedo, de prepotencia y de ninguneo. PERIODO 1947 – 1975 Esos 28 años fueron la época más gris y anodina de la sociedad española. El pueblo no opinaba, o mejor dicho, no se le consultaba. En 1953 se instala la base Morón de la Frontera en la provincia de Sevilla; un acuerdo con los Yankees que se extiende 2 años después a la base de Rota en la provincia de Cádiz. Torrejón de Ardoz en Madrid y la base de Zaragoza. ¿Qué obtenía España de todo este despliegue militar? España obtenía ayuda económica y fin del aislamiento. El presidente Eisenhower de la “Democracia por antonomasia”, los EE. UU, blanqueaba la dictadura franquista con su visita a España en 1959. Los yankees tenían lo que querían y el régimen franquista recibía un espaldarazo importante a nivel internacional ¿Y qué pasaba con los españoles de a pie? Depende de en qué lado estuvieras. Los adeptos al régimen tenían buenos empleos, bien fuera en la administración o en empresas cercanas al poder. La masa “amorfa”, sumisa y obediente, cumplía con su labor de trabajar de sol a sol para “levantar” España y los domingos a santificar las fiestas y a dar hijos a la patria. Pero los disidentes, fichados y permanentemente vigilados, obtenían los peores trabajos, los más duros y menos remunerados. Cuando se acercaban efemérides como el 1º de mayo, el 14 de abril o se preparaba alguna huelga (Prohibidas) eran detenidos en previsión de altercados. Y según el humor con el que estuviera el “Gris” de turno, salían de la comisaría con algún ojo a la “funerala” o alguna costilla fisurada. El único quebradero de cabeza que tuvo el régimen fue la banda terrorista ETA que comenzó su andadura en 1959. La vida fue fluyendo. Llegó el tiempo de la emigración. Aquí sólo tenían trabajo bien remunerado los acólitos al régimen. El resto subsistía con interminables horas extras, otros trabajos adicionales, o chapuzas en fin de semana. Se vivía para trabajar. Se vivía de alquiler, a veces había familias que vivían alquilados en un cuarto y tenían derecho a cocina. Comprar un piso era el principal cometido de la familia y al que dedicaban una parte importante de sus escasos recursos. Las jornadas semanales eran de lunes a sábado y el domingo se libraba. Después llegó el sábado inglés, es decir solo por la mañana. No hubo vacaciones hasta muy entrados los 60-70. Tener una nevera, una lavadora o una televisión era un lujo que no todos podían permitirse y no hablemos de tener un utilitario. Así que más de dos millones de españolitos cruzaron la frontera y se fueron a buscase la vida a otros países. Vuelta a la vida de privaciones para poder mandar todo el dinero posible a la familia. Ese fue el gran motor de desarrollo en la España de los 60-70. Aquellas remesas de dinero hicieron que la economía fluyera y el consumo aumentara. El esfuerzo abnegado de aquellos emigrantes dio un serio espaldarazo al país, sin él hubiéramos tardado décadas en salir de aquella anodina vida se subsistencia monótona y entristecida. Los del régimen vivían en la arcadia feliz y ellos nunca quisieron que aquello cambiara ¿Para qué? Si para ellos todo funcionaba a las mil maravillas. ¿Con Franco se vivía mejor? Quien afirma semejante estupidez, o es un imbécil integral o era un “Estómago agradecido”. Cuando la flebitis se llevo por delante a “Patascortas” en 1975, todos pensamos que tocaba coger el tren de la libertad, que aquella pesadilla se había acabado y que la democracia en toda su plenitud formaría parte de nuestras vidas. El anhelo de todo eso durante 40 años nos había vuelto unos ilusos, unos crédulos. Nada más lejos de la realidad. Éramos como náufragos sumergidos mucho tiempo y que necesitaban desesperadamente una bocanada de aire, y cuando llegamos a la superficie el aire estaba lleno de humo. Había que tomar una decisión: ahogarnos en el agua o respirar aquel humo que nos haría toser y respirar con mucha dificultad. Es obvio que por supervivencia preferimos tragarnos el humo, pero con la esperanza de que con el tiempo se disiparía. A día de hoy 16/02/2026 el aire sigue contaminado, no tanto como entonces, pero sigue corrompido, todavía apesta a franquismo. LA GUERRA QUE SUFRIMOS TODOS Quizá la fase que mejor define lo que paso sea esta. Y no la dijo Pérez-Reverte, sino David Uclés. La mal llamada guerra la perdieron todos aquellos que defendían la legalidad y que se enfrentaron a los militares golpistas. Militares que habían jurado por su honor servir fielmente a la II República. Entre ellos el propio Franco. Dar un golpe de Estado es el delito más grave que puede cometer un militar: traicionar la patria a la que ha jurado lealtad, renunciando así al honor como valor moral. Por tanto, además de golpistas, fueron unos traidores y de paso afloró su verdadera personalidad de sádicos y vengativos asesinos, empezando por Franco y siguiendo por Mola, Queipo de Llano, Yagüe, Dávila, Varela, y otros más. Según el catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Castilla-La Mancha, Miguel Ángel Rodríguez Arias, <<” España es la única democracia que no ha realizado ninguna investigación sobre el terrorismo de Estado una vez acabada la dictadura”>> y así nos va. La clave es la represión brutal tras la contienda. Entre 1939 y 1946 al menos hubo 50 mil ejecuciones documentadas. A eso añádanle cerca de 30 mil niños robados. Los desaparecidos se estiman en entre 114 y 130 mil y todavía hay un gran número de fosas comunes sin exhumar. Hasta la primera ley de memoria histórica nadie se preocupo por ellas. Al régimen no le interesaba que se hablara de aquello. Se puso todo el esmero en ocultarlo. Era un tema tabú. Con seguridad sabían que aquello podría tener consecuencias graves pues se habían realizado entre 1945-46 en Núremberg los juicios contra las elites nazis y de los 23 acusados por crímenes contra la humanidad, todos fueron declarados culpables excepto uno. De ellos 13 fueron condenados a muerte, 3 a prisión perpetua, 3 se suicidaron antes, 2 fueron condenados a 20 años, uno a 10 años y otro ingresó en un manicomio de por vida. Visto aquello, el “cuñadísimo” de Franco, Serrano Suñer, se encargó personalmente de destruir todos los archivos referentes a todas las atrocidades que cometieron durante la contienda y en la larga posguerra. Algunas cosas se saben por archivos que se incautaron a los alemanes al final de la guerra. La conclusión es que ellos sabían perfectamente que habían cometido flagrantes delitos por eso no querían bajo ningún concepto abrir el baúl de los recuerdos y menos que se exhumaran fosas comunes que evidenciaran las atrocidades allí cometidas. “LA TRANSACCIÓN DEL 78” “Patascortas” ya se encargó de dejar a los suyos amparados bajo el paraguas de la “Transacción”. La jugada fue el “Enroque”. Mover al rey detrás de la torre fortificada. Es decir, el rey se protegía de un referéndum sobre el tipo de Estado y la torre fortificada (Por el ejército) protegía al rey de dicho referéndum. Nombrar a Suarez presidente de gobierno fue una estrategia urdida por el “Demérito” y el “Sanedrín” franquista que seguía en su puesto. Suarez provenía de la Falange Española de las JONS y era Ministro-Secretario general del Movimiento en el gobierno del “Orejas” Carlos Arias Navarro. Había que “Vestir la mona” para que no se le viera el rabo. Recuerden la confesión del ya difunto Adolfo Suarez en la entrevista con la periodista Victoria Prego en 1995 cuando reconoció que no se consultó sobre Monarquía o República porque sabían que iban a perder. Todavía hay por ahí seres unineuronales que afirman convencidos de que fue el “Demérito” quien “Trajo la democracia” ¡Joder, que país! No sólo no se realizó es plebiscito sobre Monarquita o República, sino que además, los “Padres putativos” de la Constitución, casi todos provenientes del régimen franquista, incluso con ministerios, en un alarde de cinismo absoluto y con mucho “recochineo” redactaron esto: Art1º-Apdo.2: "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado" Un pueblo soberano amordazado y condenado al ostracismo político. Esto me recuerda la novela del excelente escritor Alejandro Dumas titulada ”El hombre de la máscara de hierro” y que fue llevada a la gran pantalla en 1998 con grandes actores, entre ellos DiCaprio, Malkovich, Irons, Depardieu, etc. Probablemente la hayan visto y algunos habrán leído la novela. Ya saben de qué va; de la apropiación de la corona por parte de un usurpador ilegítimo… a buen entendedor, pocas palabras bastan. Continuará...

domingo, 14 de diciembre de 2025

Por cuatro esquinitas de nada

Una de las ventajas que tienen los congresos es todo lo que se aprende en los descansos, en los pasillos, en las entradas y salidas, en las comidas, en los paseos, en las conversaciones ante un café… Es un tipo de aprendizajes que no se programa, que no es jerárquico, que no procede de los discursos de los expertos y que nos llega a todos por igual...

Me gusta decir que todo lo aprendemos entre todos. Esa dicotomía entre enseñantes y aprendices se rompe fuera de los escenarios preparados para el desarrollo de las actividades por los organizadores del Congreso. La rigidez de los espacios (el conferenciante suele hablar desde un lugar elevado y distante), la alineación de los que escuchan mientras contemplan el cogote del que está delante, la distribución de los tiempos (una hora y media para el conferenciante y media hora para distribuir entre quinientos asistentes, a quienes se recomienda que formulen de forma breve la pregunta para que puedan intervenir otras personas, la carencia de imágenes e incluso de micrófono para hacerse oír y entender de quienes piden la palabra), el dinero que se paga a quien imparte la conferencia y el que se cobra al que escucha… imponen una dirección vertical y descendente a la circulación del conocimiento o de la experiencia. Hay uno que enseña y, supuestamente, otros que aprenden. En los tiempos y los espacios no formalizados el conocimiento circula en todas las direcciones.

Es más, cuando termina la disertación del experto se abre ‘un tiempo para preguntas’. Es decir, y ahora quienes no saben, formulan preguntas al único que sabe. No es verdad. Estoy seguro de que el experto tiene muchas preguntas y de que los asistentes tienen capacidad y conocimientos para dar respuestas. Por eso a mí me gusta más hablar de intervenciones. Puede haber preguntas, claro. Pero también discrepancias, sugerencias, aclaraciones, aportaciones y comentarios de los asistentes.

He dicho todo lo que precede porque acabo de participar en el Congreso Internacional de Educación para un mundo globalizado: sostenibilidad, inclusión y justicia social, organizado por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, celebrado los días 13 y 14 del presente mes de octubre. Y puedo dar fe de muchos aprendizajes que he realizado durante esos días en conversaciones con los docentes y con los estudiantes de Pedagogía. El conocimiento no solo circula de modo descendente. Me gusta decir que las personas inteligentes aprenden siempre y que las otras tratan de enseñar a todas horas. Los profesores tenemos muchas cosas que aprender y los alumnos tienen muchas cosas que enseñar. Mi primer libro (del año 1980) se titula así: ‘Yo te educo, tú me educas’. Creo que todos tendríamos que circular por la vida con la L de aprendices que llevan en el coche quienes están comenzando a conducir. A medida que vamos aprendiendo nos vamos dando cuenta de lo mucho que ignoramos. Nicolás de Cusa hablaba de la docta ignorancia. Los sabios suelen ser humildes y los ignorantes suelen ser petulantes.

Aprendí en el Congreso muchas cosas relacionadas con la experiencia de los docentes en sus aulas y en sus escuelas, con las inquietudes y los problemas de los directivos, con los vaivenes de la legislación educativa, con los problemas de la sociedad a los que debe dar respuesta la escuela… Y, lo que quiero subrayar, es que esos aprendizajes los han vivido y disfrutado todos los asistentes, muchas veces sin ser conscientes de ello.

Esos aprendizajes a los que me refiero suelen tener un componente práctico y otro emocional. Porque tienen mucho que ver con lo que el informante hace, con lo que vive y con lo que siente.

Una profesora de la etapa de Infantil (en la que suelen florecer las inquietudes más hermosas, los materiales más creativos, las relaciones más auténticas y los compromisos más exigentes) me habla de un cuento que de forma ingeniosa, clara y contundente habla de la necesidad de que la escuela se adapte a las necesidades de los niños y las niñas, en lugar de exigir precisamente lo contrario. He dado al artículo el título del cuento. ‘Por cuatro esquinitas de nada’. Un título que me gusta porque cautiva, expresa y atrae. Las ilustraciones son sencillas y elocuentes y las voces que hacen la narración son a la vez melodiosas y contundentes.

Voy a compartir con todos los lectores y lectoras ese cuento al que, tomando café, me remitió entre sonrisas la profesora de infantil y que, en su simplicidad y su belleza, explica muy bien la necesidad que tiene la escuela de tener en cuenta la diversidad de los alumnos y las alumnas. Una diversidad infinita que yo expreso diciendo que en la escuela hay dos tipos de alumnos. Solo dos: los inclasificables y los de difícil clasificación. El cuento no es de reciente publicación ni de difícil hallazgo pero tengo que reconocer que no tenía la menor idea de su existencia. Por lo que veo, algunas amigas ya hace tiempo que lo utilizan en sus clases.

El cuento se titula ‘Por cuatro esquinitas de nada’, título preciso y precioso, a mi juicio. El autor es Jérôme Ruillier y está editado en España por la Editorial Juventud. Se puede encontrar en cualquier buscador. Tiene un montaje hermoso de voces infantiles, efectos sonoros y música sugerente. Dice así:

Cuadradito juega con sus amigos.

¡Ring! Es hora de entrar en la Casa Grande.

Pero Cuadradito no puede entrar, no es redondo como la puerta.

Cuadradito está triste.

Le gustaría entrar en la Casa Grande.

Entonces se alarga, se tuerce, se pone boca abajo, se dobla…

Pero sigue sin poder entrar.

- ¡Sé redondo!, le dicen los Redonditos.

Cuadradito lo intenta con todas sus fuerzas.

- ¡Te lo tienes que creer!, dicen los Redonditos.

- Soy redondo, soy redondo, soy redondo, repite Cuadradito.

Pero no hay nada que hacer.

- ¿Qué podemos hacer? Cuadradito es diferente, nunca será redondo.

- Pues te tenemos que cortar las esquinas, dicen los Redonditos.

- ¡Oh, no! Me dolería mucho.

Los Redonditos se reúnen en la Casa Grande y hablan durante mucho, mucho tiempo hasta que descubren que no es Cuadradito el que tiene que cambiar ¡Es la puerta!

Entonces recortan cuatro esquinitas, cuatro esquinitas de nada que permiten a Cuadradito entrar en la Casa Grande junto a todos los Redonditos.

He reflexionado (y escrito artículos y libros) sobre esta exigencia de la escuela que es la atención a la innegable diversidad. Uno de ellos, publicado hace años por la Universidad Uniminuto de Bogotá, se titula ‘La gallina no es un águila defectuosa’. Cada vez me resulta más inquietante ese carácter homogeneizador que tienen las instituciones educativas: todos, todos a la vez, todos lo mismo, todos de la misma manera y todos en los mismos tiempos. Por supuesto: todos y todas con la misma evaluación.

Me imagino a los treinta o cuarenta pacientes que un médico de familia atiende en una mañana, esperando su llegada a causa del retraso que ha provocado un desafortunado accidente de tráfico del doctor. Imaginemos que, cuando llega, les pide silencio e inmovilidad para diagnosticarlos. Les observa brevemente e, inmediatamente, extiende una receta de lo que todos y cada uno tienen que tomar y de lo que todos y cada uno tienen que hacer para solucionar el problema de salud que padecen y para mejorar el funcionamiento de su organismo. ¿Qué sucedería? No es difícil imaginarlo. Uno tendría graves problemas por ser alérgico al producto recetado, a otro no le serviría para nada y a un tercero le podría venir bien por pura casualidad. Cuánta razón tiene mi amigo José Antonio Bravo al poner el siguiente el título a un pequeño libro: ‘Enseñar desde el cerebro del que aprende’.

También he propuesto, para reflexionar sobre el tema de la atención a la diversidad la historia de Procusto, un bandido del Ática que construyó en la casa un lecho de hierro. Salía por las calles y detenía a los viandantes, les invitaba a cenar en su casa. Después de la cena les tendía sobre el lecho. Ajustaba la cabeza del individuo a la cabecera de la cama de hierro, lo extendía a lo largo y, si le sobresalían los pies o las piernas se los cortaba. Si el invitado era más corto que la cama, lo descoyuntaba para que se ajustase a las dimensiones de la cama. Es decir, que en lugar de ajustar las camas al tamaño del individuo, ajustaba el individuo al tamaño de la cama. Me preguntaba al finalizar el texto si la escuela no sería como el lecho de Procusto: un lugar en el que en vez de acomodar el currículum al tamaño de los alumnos, acomoda a los alumnos a las exigencias del currículum. Procusto significa el que descoyunta y fue ajusticiado por el rey Teseo que le aplicó el mismo castigo que él infligía a sus víctimas.

Importante cuestión sobre la que reflexioné en otro pequeño libro titulado ‘El pato en la escuela o el valor de la diversidad’. Una cuestión que no solo exige actitudes y prácticas sensibles a los docentes sino políticas inteligentes y generosas a los políticos.

sábado, 13 de diciembre de 2025

_- Málaga, la ciudad que cautivó al viajero más grande de la historia, Ibn Battuta, tras recorrer África, Asia y Europa: "Es una de las capitales más hermosas"

_- El aventurero superó a Marco Polo con el recorrido más largo por el globo, con más de 120.000 kilómetros transitados

Mucha gente conoce la historia de Marco Polo, su figura y su viaje por el mundo, pero lo que la mayoría desconoce es que existió un personaje que le superó en cuanto al recorrido más largo y que se convirtió durante el siglo XIV en el viajero más grande del mundo tras recorrer 120.000 kilómetros por Asia, África y Europa: Ibn Battuta. Un trayecto de 20 años que le llevó por los rincones más inhóspitos del planeta y que le hizo descubrir la ciudad que le enamoró por encima de todas: Málaga.

Así lo expresó el propio Battuta en la obra 'La Rihla', en la que dictó al granadino Ibn Yuzayy por orden del sultán sus dos décadas de travesía por lo que en la actualidad son más de 40 países, y en la que señaló que Málaga era "una de las capitales más hermosas de Al-Ándalus, que aúna las ventajas de mar y tierra, y abunda en productos y frutos".

Tal y como explican los expertos en viajes de 'National Geographic', este hombre que a día de hoy sigue siendo uno de los viajeros más grandes de toda la historia de la humanidad nació en 1304 en Tánger y comenzó su viaje por el mundo como otros muchos musulmanes, de camino a La Meca, lo que le llevó a visitar Egipto, el mar Rojo y lo que hoy es Siria y Palestina. Tras llegar a La Meca, Battuta decidió no regresar a Tánger y continuar descubriendo otros territorios como los que en la actualidad son Irak, Persia y Kurdistán, hasta regresar de nuevo a La Meca.

Este viajero recorrió 120.000 kilómetros y llegó a Málaga, tierra de la que se enamoró Tras esto, decidió ampliar su recorrido por el mundo y viajar a Yemen y la costa africana hasta continuar hacia la India donde, tras ser puesto bajo sospecha del sultán, aceptó el encargo de ser embajador en China para continuar su viaje por el continente.

Pero, tras 20 años de viajes sin fin desentrañando los secretos del mundo, decidió volver a su tierra, Marruecos, donde se encontró con la dura noticia de que tanto su padre como su madre habían fallecido. Esto le hizo querer retomar la actividad que más alegrías le había dado para sobrellevar este complicado momento, viajar. Y para esta nueva gesta, decidió poner en su punto de mira Al-Ándalus.

Ibn Battuta, el mayor viajero de la historia, mostró su admiración por esta ciudad andaluza / Instituto Cervantes

"Llegué al país de Al-Ándalus, donde la soldada es copiosa para sus habitantes y donde se atesoran los premios para residentes o viajeros", señaló el viajero sobre este recorrido, que le llevó por Gibraltar para, seguidamente, seguir su camino hacia Ronda, que señaló como "un pueblito hermoso y fértil". Pero su principal descubrimiento fue en Málaga, que aseguró que era "una de las capitales más hermosas de Al-Ándalus".

Los aspectos de Málaga que enamoraron al viajero más grande del mundo De este territorio destacó su mezquita, "con patios de naranjos inmensos sin semejante", sus cerámicas locales, su mezcla de mar y montaña, su Alcazaba, el Castillo de Gibralfaro y sus calles históricas. Un territorio repleto de belleza y encanto que, a pesar de haberse transformado con el paso de los siglos, sigue manteniendo su esencia en su casco antiguo, su puerto y murallas, y la Catedral de Málaga, levantada sobre la gran mezquita.

Málaga tiene su propia 'Puerta del cielo': una escalera 'eterna' con 250 escalones en plena sierra para llegar a un impresionante mirador .Este es el barrio de Málaga que tiene su propio ‘Sacromonte granadino’: con casas cueva ocultas y excavadas en la roca. Este es el curioso motivo por el que la Catedral de Málaga está rodeada de cadenas: es por ley y no por decoración "Viajar te deja sin palabras y, después, te convierte en un narrador de historias", afirmó este viajero de sus gestas por el mundo, que le llevó a recorrer 120.000 kilómetros por África, Asia y Europa hasta encontrar su territorio soñado: Málaga.


martes, 23 de septiembre de 2025

María San Miguel, actriz y dramaturga: “No entiendo cómo una democracia puede sostenerse con muertos bajo su tierra”

María San Miguel en Valladolid, el 22 de agosto de 2025.
La directora estrena ‘Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva’, en la que entra de lleno en la cuestión de la memoria histórica

María San Miguel (Valladolid, 1985) creció con la historia que contaba su abuela Arsenia que, con 14 años, tuvo que ir a recoger el cuerpo de su padre fusilado por las tropas franquistas. De las exhumaciones de los restos de las víctimas enterradas en las carreteras, entre ellos los de su tatarabuela, nació su interés por la memoria y los temas como dramaturga. Licenciada en periodismo y creadora de una trilogía teatral sobre el conflicto vasco con su compañía Proyecto 43-2, San Miguel llega al Teatro del Barrio de Madrid, el próximo 7 de septiembre, con su montaje Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva, en el que partiendo de los silencios en torno al poeta Federico García Lorca, asesinado hace ahora 89 años, entra de lleno en la cuestión de la memoria histórica. El proyecto, un encargo de la Diputación de Granada que se estrenó en el patio de la casa de Lorca en Valderrubio (Granada), tiene también formato podcast de cinco capítulos, para el que ha utilizado todo el material documental reunido.

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Pregunta. Con 17 años asistió a la exhumación de los restos de su tatarabuela. ¿Cómo vivió ese momento?
Respuesta. La historia de mi abuela Arsenia la conocía porque ella misma la contaba. Lo que no sabía es que a su propia abuela también la habían fusilado. Recuerdo ir con mis padres a un pinar, cerca de un pueblo de Valladolid y sentir una emoción tremenda al ver como apartaban la tierra y encontraban sus huesos. Fue algo muy impactante. Fue un momento clave, porque ahí nace mi interés por la memoria y por los temas para tratar como dramaturga.

P. ¿Cómo se vive el hecho de ser familiar de un desaparecido en una fosa común?
R. Lo vivo con incomprensión. Me pregunto cómo es posible vivir con normalidad en un país teniendo a tantos miles de desaparecidos y desaparecidas. No entiendo como una democracia puede sostenerse con muertos bajo su tierra.

Hacer teatro independiente en nuestro país es agotador. He vivido decepciones personales y profesionales muy grandes

P. ¿Y cómo ha influido su experiencia personal en su teatro?
R. Desde los 17 años he querido hablar de esto en un escenario, pero no se ha dado la ocasión hasta que la Diputación de Granada me invitó a acercarme al silencio que hay en Valderrubio en torno a Federico García Lorca. Estaba a punto de abandonar el teatro. Todos los fantasmas que viven bajo tierra me vinieron a salvar de ese momento que estaba viviendo, unido a que Federico está en la raíz de mi formación teatral y en mi manera de entender el teatro.

P. ¿Por qué quería dejar el teatro?
R. En los últimos años me han pasado muchas cosas, algunas personales, como la muerte de mi padre. Hacer teatro independiente en nuestro país es agotador. He vivido decepciones personales y profesionales muy grandes.

P. ¿Cómo cuáles?
R. No quiero abundar más en ello. Quizás algún día tomando un vino.

P. Se acaban de cumplir 89 años del asesinato de Lorca. ¿Hay todavía un manto de silencio sobre ello?
R. Hay silencio sobre el contexto y lo que realmente sucedió en este país con el golpe militar que fue un genocidio pensado. Este proyecto es una investigación del silencio en torno a su desaparición. Se sabe que fue asesinado, pero Lorca, como 114.000 personas más, es un desaparecido forzoso.

P. ¿A qué cree que se debe?
R. Al absoluto terror con el que los golpistas y luego la dictadura generó en la población y a toda la propaganda para extender el terror y el silencio. Para mí hay una pedagogía de la crueldad cuando asistes a una exhumación. Cuerpos arrojados de cualquier manera con lesiones en el cuerpo y tiros en la nuca.

Los hijos de las personas desaparecidas están muriendo. El duelo colectivo como país no se ha cerrado. Es un trauma que se hereda

P. ¿Ha sido Lorca un personaje instrumentalizado?
R. Hay cierto sector de la ultraderecha decidido a instrumentalizarlo, señalando que, por ejemplo, le gustaban los toros, pero sin contar por qué fue asesinado. Por otro lado, la izquierda siempre ha sido cobarde en reivindicar a nuestros muertos que, por otra parte, son de todos, seas de la ideología que seas.

P. La obra habla del profundo miedo y la represión que siguió al asesinato del poeta. ¿Cómo se traslada ese miedo al mundo de hoy?
R. Hay todavía mucho silencio. Yo he crecido con esa sensación en el discurso público de que no se podía hablar de determinados temas porque se removían ideas y temas como la guerra civil, que, por otra parte, se ha tratado muy poco tanto en el teatro como en el cine.

P. Después de tantos meses de inmersión en el universo de Lorca. ¿Qué sensaciones le deja?
R. La de ser una privilegiada. Uno de los mejores regalos de mi carrera ha sido el de trabajar con el equipo científico de la Universidad de Granada que trabaja en el barranco de Víznar. He descubierto a personas cuyo motor de vida es la pasión y el compromiso por Granada y los pueblos lorquianos.

P. Habla de Federico y no de Lorca. ¿Qué es para usted Federico?
R. Me refiero como Federico para traerlo a la tierra como representante de tantos miles de hombres y mujeres que siguen enterrados en cunetas y carreteras. Leo a Federico desde que aprendí a leer. Me ha marcado mucho no solo su obra, sino su visión política y teatral, su militancia política y sus ideas por llevar la cultura a todos los rincones de España con su compañía La Barraca.

P. La obra da pie a hablar de otras historias, de otras víctimas de la dictadura franquista. ¿Siguen olvidadas?
R. Sí, sobre todo siguen enterradas, literalmente, cosa que es gravísimo en una democracia.

P. Su trayectoria como dramaturga está centrada en la realidad. ¿Qué teatro busca?
R. El que tenga sentido hacer en este mundo que vivimos. En este espectáculo he pensado mucho cómo escribir y que contar para seguir despertando emociones y preguntas. Es muy complejo en un mundo de tantas imágenes, pero con tanta desesperanza, como el genocidio en Palestina, las políticas de Trump o el ascenso de la ultraderecha. Mi teatro piensa en los huecos, en las narrativas disidentes, en las historias que no tienen voz.

La Ley de Memoria Histórica está siendo devaluada en muchos ayuntamientos y comunidades gobernados por la derecha y la ultraderecha

P. La Ley de Memoria Histórica data del año 2007, con Zapatero como presidente del Gobierno. ¿Cree que llegó tarde?
R. Tardísimo. No puedo entender como en los gobiernos de Felipe González, con la mayoría absoluta de 1982 no empezaron a desenterrar a los muertos. Quizás ahora viendo en lo que se ha convertido Felipe González lo entiendo un poco más. Los hijos de las personas desaparecidas están muriendo. El duelo colectivo como país no se ha cerrado. Es un trauma que se hereda.

P. Esta ley está siendo devaluada en muchos ayuntamientos y comunidades gobernados por la derecha y la ultraderecha. ¿Qué siente ante ello?
R. Impotencia, dolor y muchísima rabia.

P. ¿Confía en que algún día se encuentren los restos de Federico García Lorca?
R. Lo que me gustaría realmente es que no dependiera de quien gobierna este país para exhumar a todas las víctimas, incluido Federico.

lunes, 22 de septiembre de 2025

_- Noches de verano en Mallorca

Mallorca
Lugares recónditos, cultura ‘wellness’, diseño y artesanía local toman el pulso a un mapa hotelero más vibrante y lujoso que nunca en la isla balear

Reconocible por una anatomía muy diversa que define lo que es el Mediterráneo, entre pueblos de piedra, la agreste Tramuntana y playas de arena fina y aguas claras, Mallorca tiene ese don inescrutable de convertir cada lugar, por muy recóndito que sea, en una postal. La tierra que una vez entrelazó las crónicas de George Sand con los acordes de Chopin es una caja de parajes sorprendentes, una carta que la hotelería más exclusiva ha sabido jugar a su favor para asentar propuestas que unen bienestar con diseño y artesanía local.

La primera parada de este mapa hotelero nos lleva al corazón de la isla balear, a una antigua possesió del siglo XIII en la sierra de Tramuntana. En esta finca, cuyo origen se remonta a una alquería árabe, se erige Son Bunyola Hotel & Villas, propiedad del empresario británico Richard Branson y perteneciente a la colección Virgin Limited Edition. Un hospedaje en el que el destino acapara tanto protagonismo como su histórica planta con una gran torre medieval, una antigua almazara que ocupa ahora el restaurante Sa Tafona, en el que despachan recetas ancestrales, o el huerto que abastece de verduras y legumbres de temporada a la cocina con acento mallorquín de la chef Brenda Lisotti. Con vistas privilegiadas a la península de Sa Fora dada, su vasta extensión de más de 300 hectáreas invita a embarcarse en todo tipo de experiencias entre mar y montaña, además de relajarse en el único spa de las islas bajo la tutela de la marca francesa Olivier Claire.

Sin salir de esta reserva natural protegida por la Unesco que conocieron literatos como Agatha Christie o Robert Graves, The Lodge es ese refugio en el que pernoctar en la naturaleza sin escatimar en comodidades. Edificada entre almendros, algarrobos y olivos centenarios, la histórica arquitectura de sus cimientos que preside una gran tafona enaltece el mayor campo de lavanda de todas las Baleares, que desde esta temporada sirve también de escenario para las cenas de los sábados. Música en directo y una puesta de sol que compiten con el aroma malva acompañan a la propuesta de la mallorquina Margalida Moya, chef del restaurante Singular del hotel, basada en cocina de fuego y producto de cercanía. Esa recompensa tan ansiada tras una jornada de caminatas, rutas en bici o caballo, clases de yoga, salidas en kayak o incluso de espeleología diseñadas por el complejo entre montañas y la escarpada costa.

Vista del Son Bunyola Hotel & Villas, en Mallorca.
 

Vista del Son Bunyola Hotel & Villas, en Mallorca.

A unos 30 kilómetros atravesando la isla se encuentra el tesoro escondido de Finca Serena, en la localidad de Montuïri. Perteneciente también a la cadena Único Hotels, que lidera el hotelier barcelonés Pau Guardans, comparte además con The Lodge un interiorismo minimalista inspirado en la propia Mallorca. Ese llamado lujo silencioso que la serie Succession exportó al mundo hace años parece ceñirse a la estética sin elementos superfluos que compuso la interiorista Pilar García-Nieto en este hospedaje solo para adultos.

Un acogedor escondite que prima la privacidad de sus clientes frente a la casa centenaria principal y otras edificaciones repartidas por la finca, con un jardín nutrido de árboles frutales que miran al Pla de Mallorca y sus propios viñedos, además de un premiado espacio de wellness en el que mimar cuerpo y mente.

 
Ensaimadas del desayuno en el hotel Son Antem.

Ensaimadas del desayuno en el hotel Son Antem. Miguel Merino (MSTUDIO)

No muy lejos de los campos de lavanda aguarda otra joya de la Tramuntana, Ca’n Beneït. En pleno valle de Binibona, conocido por sus casas de piedra, este alojamiento de tan solo 10 habitaciones ocupa los antiguos establos y talleres de la parcela, donde el silencio solo se rompe con el susurro del viento o el repique de las campanas. Hace siglos, cuando sus piedras centenarias ya ocupaban otra almazara en la que aún se elabora aceite de oliva virgen, sirvió de hogar para viajeros errantes. Ahora, en forma de suites y una villa privada con piscina independiente, consigue captar esa calma mallorquina que tanto se anhela al llegar a la isla, ya sea con rituales relajantes en su spa, catas de vino, paseos por el jardín perfumado de plantas aromáticas o su carta de temporada en el restaurante Mirabona.

Los lugareños protegen el sureste de Mallorca como un preciado secreto, aún desconocido por el turismo masificado. La Reserva Rotana, construido sobre otra finca histórica del siglo XVII, es uno de los reclamos de la llamada Toscana mallorquina. Aquí los atascos interminables dan paso a una morada con el encanto local de la piedra seca y las vigas de madera. Fundada en 1997 por Juan Ramón Theler y su esposa, la princesa Loretta zu Sayn-Wittgenstein, funcionó durante décadas como un refugio de la jet set europea. Este 2025 vuelve a brillar con el mismo esplendor bajo un proyecto de interiorismo que combina la comodidad de un hotel de 5 estrellas con una estimulante agenda, para que sus huéspedes disfruten de su retiro sin salir del complejo. Además de los dos restaurantes con sabor local que regenta Christian Denz, chef alemán con más de 25 años de experiencia, ofrece actividades para toda la familia entre su campo de golf, pistas de tenis, los viñedos que le confieren ese carácter toscano y un centro de bienestar; un lugar también para disfrutar de un pícnic improvisado o de los animales que habitan en libertad, como burros, cabras o tortugas.
 
Una de las 'suites' de The Lodge, en Mallorca.

Una de las 'suites' de The Lodge, en Mallorca. Cabes

Rumbo al sur, los entusiastas del golf podrán resarcirse en Hacienda Son Antem, situado en Llucmajor, el municipio más grande de Mallorca. Perteneciente a la cadena ACHM de Marriott, cuenta también con dos campos dedicados a este deporte, pistas de tenis, vóley-playa y zona de wellness con aguas termales.

Ya en la costa, dentro de la emblemática fortaleza Cap Rocat que vigilaba la bahía de Palma, el hotel del mismo nombre es un referente del interiorismo mallorquín. Proyectado por el estudio local Antonio Obrador, que preservó la singularidad arquitectónica del complejo, su imponente entrada se mimetiza con el entorno natural que lo sustenta. Un puente entre historia y modernidad galardonado por los premios Europa Nostra, que alberga un spa a 12 metros de profundidad que ilumina los rayos de sol a través de su cristalera.

En la línea costera hacia el parque natural de Mondragó, cerca del yacimiento arqueológico de Closos de Can Gaià, el diseño de autor es también la gran baza del hotel Ponent Beach, perteneciente a la cadena Barceló. Este tranquilo y funcional alojamiento a pie de playa, con acceso exclusivo a la cala Ferrera, ha sido renovado recientemente por el interiorista Lorenzo Castillo con tres suites inspiradas en el turquesa del mar y los tonos vibrantes que se divisan desde la ventana junto al taller mallorquín Teixits Vicens. El mobiliario y las telas de las estancias son un reflejo de la artesanía local que practica esta empresa familiar desde 1854 bajo la técnica de teñido ikat, además de otros objetos decorativos que transmiten la luz única del Mediterráneo. Un homenaje, revela el propio Castillo, “a Mallorca, a su belleza natural y serenidad”.

Plato de la carta del Hotel Son Bunyola Villas en Mallorca.
 



Plato de la carta del Hotel Son Bunyola Villas en Mallorca.

A menudo cuesta competir con sus aguas cristalinas y recónditos acantilados, pero la ciudad de Palma se merece siempre una estancia en el periplo balear. El hotel Victoria Gran Meliá (avenida de Joan Miró, 21), pionero en el lujo urbano de la isla desde que abrió sus puertas en los años veinte como Villa Victoria, ha estrenado nuevo rostro esta primavera tras una meticulosa renovación. Lugar de referencia para artistas y personalidades entre las décadas de los años cincuenta y setenta, nació como extensión del Gran Hotel de Palma, que fue testigo de las noches más sofisticadas de esta época y un reflejo del estilo de vida palmesano. El estudio de arquitectura ASAH, que lideran Álvaro Sans y su hija Adriana, ha devuelto el brillo de entonces al edificio bajo un prisma contemporáneo, que incluye el nuevo Victoria Grand Café con desayunos relajados y cenas, además de una renovada terraza en la que socializar al atardecer.

El revuelo final lo pone la cadena Four Seasons, que acaba de completar su ambicioso proyecto en el icónico Formentor a cargo de Estudio Lamela, el mismo que hizo realidad su coloso madrileño. En medio de 40 hectáreas de bosques y exóticos jardines, esta villa privada garantizará la desconexión a sus huéspedes entre suites con piscinas independientes y spots gastronómicos como un chiringuito pop up, una heladería artesanal o el restaurante de estilo nikkei Shima. ¿El escenario de la próxima temporada de The White Lotus? Quién sabe…

Direcciones

Son Bunyola: virginlimitededition.com

The Lodge: thelodgemallorca.com

Finca Serena: fincaserenamallorca.com

Ca'n Beneït: fincabeneit.com

La Reserva Rotana: reservarotana.com

Son Atem: marriott.com

Cap Rocat: caprocat.com

Ponent Beach: barcelo.com

Victoria Gran Meliá: melia.com

Four Seasons Resort Mallorca en Formentor: fourseasons.com

viernes, 11 de julio de 2025

Los niños de Extremadura

Los niños de Extremadura

Los niños de Extremadura
van descalzos.
¿Quién les robó los zapatos?
Les hiere el calor y el frío.
¿Quién les rompió los vestidos?
La lluvia
les moja el sueño y la cama.
¿Quién les derribó la casa?
No saben
los nombres de las estrellas.
¿Quién les cerró las escuelas?
Los niños de Extremadura
son serios.
¿Quién fue el ladrón de sus juegos?

miércoles, 2 de julio de 2025

La joven poeta iraní que murió con su familia en un bombardeo de Israel

Parnia Abassi sonríe. Está sentada en una barra en una cafetería frente a su computadora

Fuente de la imagen,Instagram de Parnia Abbasi

Pie de foto,Parnia mostró una fuerte inclinación por la literatura y las artes desde que era adolescente.


Su flor favorita era el girasol, estaba aprendiendo italiano y compartía todo el tiempo sus poemas con sus amigos y su familia.

La poeta iraní Parnia Abassi estaba a pocos días de cumplir 24 años cuando ella y su familia murieron mientras dormían, durante un ataque israelí contra el Complejo Residencial Orkideh en el oeste de Teherán, capital de Irán.

Junto a Parnia, murieron también su padre, Parviz (maestro jubilado); su madre, Masoumeh (empleada bancaria jubilada); y su hermano menor, Parham (estudiante universitario).

Esta ofensiva forma parte de la operación León Naciente, una campaña dirigida por Israel contra la infraestructura nuclear y militar de Irán, que mantiene en conflicto a ambos países desde hace una semana.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) confirmaron que uno de los principales objetivos de este ataque era Abdolhamid Minouchehr, director de la facultad de ingeniería nuclear de la Universidad Shahid Beheshti, quien también falleció.

No está claro si el edificio de Parnia fue atacado directamente o si sufrió daños por estar cerca del objetivo previsto.

Algunas fuentes compartieron imágenes que sugerían que la residencia destruida de Abbasi coincidía con la ubicación de Minouchehr, lo que implicaba posibles daños colaterales.

Lo cierto es que, hasta ahora, no hay pruebas que vinculen a Parnia ni a ningún miembro de su familia con las actividades militares o nucleares de Irán.

Las FDI se negaron a hacer comentarios sobre la muerte de Abbasi, pero confirmaron en un comunicado que el ejército "atacó y eliminó" a Minouchehr, a quien describieron como un experto en física de reactores, según informa el diario The Washington Post.

Retrato de Parnia Abassi. Una joven de 24 años, cabello lacio negro, cejas gruesas y labios pintados de rojo. Fuente de la imagen,Instagram de Parnia Abassi

¿Quién fue Parnia Abbasi?
Parnia Abbasi fue una joven poeta iraní nacida en 2001. Desde la adolescencia, mostró una fuerte inclinación por la literatura y las artes.

Sus amigos y allegados la describieron como ingeniosa, amable, apasionada y enamorada de la poesía.

Disfrutaba leyendo y memorizando poemas; un amigo le comentó a Middle East Eye que siempre envidiaron su notable capacidad para memorizar versos.

Había escalado el monte Damavand, la cumbre más alta de Irán, y compartía con orgullo este logro, un reflejo de su espíritu aventurero.

Soñaba con convertirse en una poeta distinguida, con la esperanza de dejar una huella imborrable en la literatura persa.

Se licenció en traducción inglesa y, según sus amigos, había empezado a trabajar en un banco, lo que marcó un punto de inflexión en su vida profesional.

En paralelo, trabajaba a tiempo parcial como profesora de inglés. Aunque fue aceptada en un programa de posgrado en administración, decidió no continuar para conservar su trabajo.

En el mundo literario, Parnia escribía poesía desde su adolescencia. Su obra se publicó en Vazn-e Donya ("El peso del mundo"), una prestigiosa revista literaria iraní.

Sus poemas eran considerados tan significativos que, a los 21 años, fue invitada a participar en una mesa redonda publicada en el número 24 de la revista, titulada "Explorando el mundo poético de los poetas nacidos en los años 80".

Su inclusión a tan temprana edad la marcó como una figura en ascenso entre su generación de escritores.

Parnia era un talento emergente en la literatura iraní contemporánea.

Si bien había alcanzado reconocimiento en los círculos literarios juveniles, fue asesinada antes de tener la oportunidad de alcanzar una mayor fama nacional o internacional.

Mujeres en una protesta en Teherán contra Israel, una de ellas porta una imagen del líder supremo de Irán, Alí JameneiFuente de la imagen,EPA Pie de foto, El viernes 20 de junio hubo protestas en Teherán contra los ataques de Israel hacia Irán.

Estrella extinguida
La mañana de su muerte, circuló en redes sociales una foto que mostraba el cabello de una joven atrapada bajo los escombros sobre una sábana rosa. Esto conmovió profundamente e indignó a muchos.

Al mediodía, los medios iraníes confirmaron que la joven de la foto era Parnia Abbasi. A medida que la gente buscaba su nombre, muchos comenzaron a reconocerla a ella y a su obra.

La comunidad literaria expresó su profundo pesar por la pérdida de un talento tan prometedor.

La página de Instagram de Vazn-e Donya publicó uno de sus poemas, titulado "Estrella extinguida", que reflejaba la sensibilidad de Parnia hacia la guerra, el dolor y el sufrimiento humano.

Hoy, su último poema se lee como una profecía inquietante:

Tú y yo llegaremos a su fin
en algún lugar
el poema más hermoso del mundo
se aquieta
empiezas
en algún lugar
a llorar el
murmullo de la vida
pero yo terminaré
arderé
Seré esa estrella extinguida
en tu cielo
como humo