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lunes, 5 de enero de 2026

Polvo negro, adicción blanca

Fuentes: Rebelión


Theodore Roosevelt catalogó la matanza de indios sioux como una matanza humanista: “La guerra más justa de todas es la guerra contra los salvajes (…) Los únicos indios buenos son los indios muertos”.

El 29 de setiembre de 2025, el New York Times informó sobre la reunión en la Casa Blanca entre el presidente Donald Trump y el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu. Su titular de portada fue: “Trump y Netanyahu le dicen a Hamas que acepte su plan de paz o de lo contrario…” El subtítulo aclaró esos puntos suspensivos: “El presidente Trump afirmó que Israel tendría luz verde para ‘completar la misión’ si Hamas se negaba a aceptar el acuerdo de cese de hostilidades.”

No es que la historia rime. Se repite. Desde el siglo XV, todos los acuerdos firmados por los imperios europeos fueron a punta de cañón y sistemáticamente ignorados cuando dejaron de servirles o cuando lograron avanzar sus líneas de fuego. Destrucción y despojo muy bien sazonado con alguna buena causa: la civilización, la libertad, la democracia y el derecho del invasor a defenderse.

Fue, por siglos, la repetida historia de la diplomacia entre los pueblos indígenas y los colonos blancos, para nada diferente al más reciente caso del “Acuerdo de paz”, propuesto e impuesto bajo amenaza por Washington y Tel Aviv sobre Palestina. La misma historia de la violación de todos los tratados de paz con las naciones nativas de este y del otro lado de los Apalaches, antes y después de la Revolución Americana. Luego, lo que los historiadores llaman “Compra de Luisiana” (1803) por parte de Estados Unidos a Francia, no fue una compra sino un brutal despojo de las naciones indígenas que eran los dueños ancestrales de ese territorio, tan grande como todo el naciente país anglo en América. Ningún indígena fue invitado a la mesa de negociaciones en París, un lugar alejado de los despojados. Cuando alguno de estos acuerdos incluyó a algún “representante” de los pueblos agredidos, como fue el caso del despojo cheroqui de 1835, fue un representante falso, un Guaidó inventado por los colonos blancos.

Lo mismo ocurrió con el traspaso de las últimas colonias españolas (Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam) a Estados Unidos. Mientras en territorio estadounidense cientos de siouxs teñían de rojo las nieves de Dakota por reclamar el pago por el tratado que los obligó a vender sus tierras, en París se firmaba, sin que hubiese algún invitado de los pueblos tropicales a la mesa de negociaciones. El despojo imperialista fue catalogado para la historia como un acuerdo pacífico de compraventa que hizo posible la “liberación” de Cuba y Filipinas.

Theo Roosevelt catalogó la matanza de indios sioux como una matanza humanista: “La guerra más justa de todas es la guerra contra los salvajes (…) Los únicos indios buenos son los indios muertos”. Más al sur, estaban otras razas inferiores: “los negros son una raza estúpida”, escribió y publicó. Según Roosevelt, la democracia había sido inventada para beneficio de la raza blanca, única capaz de civilización y belleza.

Durante estos años, la etnia anglosajona necesitaba una justificación a su brutalidad y a su costumbre de robar y lavar sus crímenes con acuerdos impuestos por la fuerza. Como en la segunda mitad del siglo XIX el paradigma epistemológico de las ciencias había reemplazado al dogma de las religiones, esa justificación fue la superioridad racial.

Europa tenía subyugada a la mayoría del mundo por su fanatismo y por su adicción a la pólvora, no por su mayor inteligencia. Las teorías sobre la superioridad del hombre blanco iban de la mano de su victimización: los negros, marrones, rojos y amarillos se aprovechaban de su generosidad, mientras amenazaban a la minoría de la raza superior con un reemplazo de la mayoría de las razas inferiores.

Como esas teorías biologicistas no estaban suficientemente fundadas, se recurrió a la historia. A finales del siglo XIX pulularon en Europa teorías lingüísticas y luego antropológicas sobre el origen puro de la raza noble (aria, Irán), la raza blanca, proveniente de los vedas hindúes. Estas historias arrastradas de los pelos y los símbolos hindúes como la esvástica nazi y lo que hoy se conoce como la estrella de David (usada por diferentes culturas siglos antes, pero originarios de India) se popularizaron como símbolos raciales desde libros que tenían más de ciencia ficción que de rigor científico.

No por casualidad, es en este preciso momento en que las teorías supremacistas y el sionismo se fundan y se articulan en sus conceptos históricos, en la Europa blanca, racista e imperialista del norte.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, estos supremacismos convivieron con ciertas fricciones, pero no las suficientes como para que les impida formar acuerdos, como el Acuerdo Haavara entre nazis y sionistas que, por años, trasladó decenas de miles de judíos blancos (de “buen material genético”) a Palestina. Los primeros anti sionistas no fueron los palestinos que los recibieron, sino los judíos europeos que resistieron el Acuerdo de limpieza étnica. Al mismo tiempo que se colonizó y despojó a los palestinos de sus tierras, se colonizó y despojó al judaísmo de su religión.

Cuando los soviéticos arrasaron con los nazis de Hitler, ser supremacista pasó a ser una vergüenza. De repente, Winston Churchill y los millonarios estadounidenses dejaron de presumir de su simpatías por los nazis. La declaración Balfour-Rothschild de 1917 fue un acuerdo entre blancos para dividir y ocupar un territorio de “razas inferiores”. Como dijo el racista y genocida Churchill, por entonces ministro de Guerra: “Estoy totalmente a favor de utilizar gases venenosos contra las tribus no civilizadas.”

Pero la brutal irracionalidad de la Segunda Guerra también liquidó la Era Moderna, basada en los paradigmas de la razón y el progreso. Las ciencias y el pensamiento crítico dejaron paso a la irracionalidad del consumismo y de las religiones.

Es así como los sionistas de hoy ya no insisten en la ONU y en la Casa Blanca sobre su superioridad racial sino en los derechos especiales de ser pueblos elegidos de Dios. Netanyahu y sus escuderos evangélicos citan mil veces la sacralidad bíblica de Israel, como si el Rey David y Netanyahu fuesen la misma persona y aquel pueblo semita de piel oscura de hace tres mil años fuesen los mismos jázaros del Cáucaso que en la Europa de la Edad Media adoptaron el judaísmo.

El acuerdo de Washington entre Trump y Netanyahu para que sea aceptado por los palestinos es ilegítimo desde el comienzo. No importa cuántas veces se repita la palabra paz, como no importa cuántas veces se repite la palabra amor mientras se viola a una mujer. Será por siemrpe una violación, como lo es la ocupación y el apartheid de Israel sobre Palestina.

El martes 30 de setiembre, el Ministro de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, reunió a sus generales y parafraseó a George Washington: “Quien anhela la paz debe prepararse para la guerra”, no porque Washington “quiera la guerra, sino porque ama la paz”. El presidente Trump remató: sería un insulto para Estados Unidos si él no recibe el Premio Nobel de la Paz.

En 1933, en su Discurso en el Reichstag, el candidato al Nobel de la Paz, Adolf Hitler, declaró que Alemania solo anhelaba la paz. Tres años después, luego de militarización de Renania, insistió que Alemania era una nación pacifista que simplemente buscaba su seguridad.

Aunque el nuevo e injusto acuerdo entre Washington y Tel Aviv sea aceptado por Hamas (originalmente una creación de Netanyahu), tarde o temprano será violado por Tel Aviv. Porque para la raza superior, para los pueblos elegidos, no existen acuerdos con seres inferiores sino estrategias de saqueo y aniquilación. Estrategias de demonización del esclavo, del colonizado, y de victimización del pobre hombre blanco, ese adicto a la pólvora―ahora pólvora blanca.

Ilustración: Foto de la delegación Lakota para el Tratado de Ft. Laramie (1868) que según los firmantes el gobierno de Estados Unidos le garantizaba a la nación Lakota el control del área Black Hills. Pero el descubrimiento de oro en la región causó la anulación del tratado por parte del gobierno de EE.UU. y la Guerra de Black Hills (1876).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

lunes, 12 de mayo de 2025

La Universitat de València organiza una jornada sobre antigitanismo y “racismo opaco”. El genocidio nazi contra el pueblo romaní sumó medio millón de muertes

Fuentes: Rebelión [Imagen: genocidio romaní - wikipedia]


El informe 2024 Discriminación y Comunidad Gitana, de la Fundación Secretariado Gitano, destaca la atención de 384 casos de discriminación durante 2023; la mayoría de estos, 136, corresponde al discurso de odio en Internet y las redes sociales; seguido de la denegación del acceso a restaurantes, bares, discotecas o piscinas (65); y la discriminación y antigitanismo en los medios de comunicación (63).

Además Secretariado Gitano ha recogido 32 ejemplos de barreras en el acceso al empleo e igualdad de oportunidades; 28 casos de dificultades para alquilar una vivienda por prejuicios; 27 casos de discriminación hacia el alumnado gitano; y 11 paradas e identificaciones policiales por perfil étnico.

La llegada del pueblo gitano al estado español se produjo hace cerca de 600 años; actualmente continúan dándose muestras de discriminación y rechazo; en este contexto, el Aula d’Història i Memòria Democrática de la Universitat de València (UV) organizó el 20 de febrero una jornada sobre Antigitanismo, un racismo opaco: del genocidio nazi a la España franquista.

Otro acto programado por la UV es la proyección del filme Tiefland, estrenado en febrero de 1954 con la dirección de la cineasta y actriz alemana Liene Riefenstal; a la realizadora germana se le ha considerado una propagandista del III Reich; Tiefland “se rodó con la participación forzada de personas gitanas deportadas desde campos de concentración nazis”, detalla la nota informativa de la UV.

En el acto convocado por la UV participó, asimismo, la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, María Sierra, quien se ha dedicado durante la última década al estudio del pueblo gitano, los tópicos racistas y los procesos de racialización en el estado español y Europa.

María Sierra es autora de Holocausto gitano. El genocidio romaní bajo el nazismo (Ed. Arzalia, 2020); “Aunque aún no está definitivamente determinado el número de víctimas de esta persecución, se estima que en torno a medio millón de personas consideradas zigeuner (gitanas) murieron en los campos de concentración nazis, los guetos o víctimas de los fusilamientos masivos ejecutados por las fuerzas especiales”.

La historiadora señala el ejemplo de Rosa Mettbach, austriaca y de familia sinti (comunidad gitana mayoritaria en Alemania); fueron sometidos a reclusión en el campo de internamiento nazi de Lackenbach, donde se encerraba a personas gitanas austriacas; Rosa Mettbach logró escapar, pero de nuevo fue capturada y enviada a Lackenbach; pasó además por los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau (Polonia) y Ravensbrück (norte de Alemania).

La mujer resistente salvó la vida, pero no se libró de la realización de trabajos forzados ni de las torturas; su madre, hermana y sobrinos perdieron la vida en el gueto de Lodz (Polonia ocupada por el III Reich).

“La operación de liquidación sistemática de la población romaní europea que ideó y efectuó el nazismo sólo se entiende cabalmente si se inscribe en la historia del antigitanismo, un fenómeno complejo que tiene una trayectoria tan larga como la historia del pueblo roma en el mundo occidental”, escribe María Sierra.

La historiadora detalla también precedentes de discriminación, como los ocurridos en el estado español durante el reinado –en el siglo XV- de los reyes católicos:

“Igual que sucedió con otras minorías -judíos y moriscos-, los gitanos fueron amenazados de expulsión; en caso de querer permanecer en tierras españolas, una Pragmática de 1499 los obligaba a abandonar su lengua e indumentaria y someterse a la obediencia de algún señor”.

A estos casos de represión se suman otros como los desplegados -también en España, a mediados del siglo XVIII- por el monarca Fernando VI de Borbón: mediante una Orden de 1749 dispuso la captura de toda la población gitana del país (la gran redada).
 
Pero los precedentes no se limitan al estado español; así, en el ámbito alemán, Franfcfort determinó la expulsión de la población romaní en 1449 y en otras ciudades germanas sólo les fue permitida la acampada en la periferia; Holocausto gitano detalla el extremo al que se llegó en algunos territorios, como Sajonia, donde el príncipe elector los sancionó con la pena capital.
 
María Sierra se encargó de la edición del libro de memorias Philomena Franz. Entre el amor y el odio. Una vida gitana (Ed. Xordica, 2021); Philomena Franz estuvo en el campo de extermino de Auschwitz, entre otros, y sobrevivió a las matanzas de la población gitana durante el nazismo; en estos centros pereció una parte de la familia de esta escritora sinti, nacida en 1922 en Biberanch an der Rib (Baden-Wurtemberg, Alemania).
 
“En 1938 el régimen nazi expulsó a los gitanos del sistema educativo alemán y Philomena tuvo que abandonar la escuela secundaria para pasar a ser una trabajadora obligada en una fábrica de municiones. Después llegarían los estudios científicos raciales del nazismo, que clasificaron a los gitanos como inferiores y asociales”, se subraya en Entre el amor y el odio.
 
Cuando Philomena Franz ingresó en Auschwitz, en marzo de 1943, fue marcada con la letra Zeta (zigeuner, gitano) y el guarismo 10.500; entre sus experiencias figura la de permanecer en una fila a la espera de una posible gasificación.

En 2018 María Sierra publicó en la revista Ayer el artículo Historia gitana: enfrentarse a la maldición de George Borrow. Sobre las iniciativas racistas emprendidas por el nazismo contra la población romaní, escribe:

“Estuvo tan llena de inconsistencias como para albergar un proyecto (del Propio Himmler, jefe policial en la Alemania nazi) de reserva en la que guardar, cual curiosidad étnica, a unos cuantos clanes puros de gitanos-sinti alemanes, a los que protegería la paradoja de su origen ario”.

Ello no obsta para que se impusieran los baldones de asocial y vago (el calificativo de zigeuner); de hecho, concluye María Sierra, “fue lo que primó y llevó a la muerte al 70-80% de los romaníes (sin consideración de su mayor o menor pureza)”.Hitler llegó al extremo, pero las persecuciones pueden rastrearse desde la llegada de las comunidades gitanas a Europa y América. 

viernes, 25 de abril de 2025

Gitanos: el pueblo perseguido

Gitanos: el pueblo perseguido

El día 8 de abril se conmemora el Día Internacional del Pueblo Gitano. Por qué se instituyó esa fecha y de qué modo los gitanos son segregados desde la Edad Media hasta nuestros días.

El día 8 de abril se conmemora el día Internacional del Pueblo Gitano. “La fecha no es arbitraria –dice el escritor argentino de origen gitano Jorge Nedich– sino que conmemora el Primer Congreso Gitano que se realizó el 8 de abril de 1971 en Londres y en el que se instituyeron tanto la bandera como el himno gitanos”.

Y agrega: “La bandera es verde y azul y tiene una rueda roja que simboliza el carácter itinerante de los gitanos que no es una característica inherente al pueblo gitano en sí, sino la respuesta a siglos de expulsiones de distintos países. El himno gitano, Gelem, gelem, que significa anduve, anduve, fue compuesto por Jarko Jovanovic y recuerda a los gitanos y gitanas víctimas del Holocausto”.

La propia historia de Nedich es en sí misma la historia de la marginación de los gitanos que, según el escritor, aún no son sujetos de derecho. Fue a la escuela primaria algunos días salteados en que pudo hacerlo porque el nomadismo no le permitió la escolarización.

“De chico –cuenta en una nota aparecida en este mismo diario- vendía en la calle naftalina, agujas, hilos. Lustré zapatos, vendí helados, estampitas, tiré la manga. Hice todo lo que hace una familia gitana que está en una situación de marginalidad. Éramos tremendamente pobres, por lo que comencé a vender desde el vientre de mi madre que se dedicaba e eso cuando estaba embarazada de mí”.

Aprendió a leer leyendo las revistas que él mismo vendía en los trenes, «números viejos o fallados de Afanancio, El Tony, Killing”, Cuando tenía dudas les preguntaba a los chicos de la villa que también se dedicaban a vender en los trenes. Con esa precaria instrucción y mucho esfuerzo personal, se convirtió en escritor.

Ya tenía libros publicados cuando en el momento en que se sancionó una ley que permitía a los mayores de 25 años que acreditaran de alguna forma un saber que les permitiera ingresar a estudios terciarios o universitarios aunque no hubieran terminado el colegio primario. Dio el el examen de ingreso y ahí saltó el dato de que no había terminado ni la primera ni la secundaria. En contraposición ya había publicado Gitanos para su bien o su mal y Ursari. Fue así que accedió a la carrera de Letras en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, se recibió y desde entonces se dedica a la docencia y a la escritura.

Hoy hace más de 30 años que lucha por la causa gitana, por la integración de su pueblo, por la inclusión en los manuales escolares de la historia de los gitanos. Hasta el momento, los gobiernos han mostrado mayor o menor empatía hacia su propuesta, pero ninguno la ha aplicado.

Gitanos: el pueblo perseguido Foto: Eduardo Sarapura
Gitanos: el pueblo perseguido
 Gitanos, un pueblo segregado
La segregación del pueblo gitano comienza ya en Edad Media, cerca del año 1300 y a lo largo de la historia se lo ha discriminados de distintos modos.

“En 1930 –le cuenta Nedich a Tiempo Argentino– comienza el asociacionismo gitano. Antes de la Segunda Guerra Mundial, en los lugares en que los gitanos pudieron asentarse desarrollaron una economía y accedieron como el resto de la población a la educación. De hecho, hay un Premio Nobel en ciencia de origen gitano, Schack August Steenberg Krogh”.

“Ese asociacionismo se vio truncado en 1936/1937 con el auge del racismo. Es el momento en que Hitler toma una cervecería en Berlín en la que da un discurso por el que luego es encarcelado y, una vez liberado, comienza su ascenso”.

Y agrega: “Hay algo que me gustaría aclarar y es que, contrariamente a lo que se dice, Hitler no ganó las elecciones. Salió segundo con el 33 por ciento de los votos. Quien gana es Paul von Hindenburg quien enferma y nombra canciller a Hitler y así comenzó su actividad política y llegó a lo que llegó”.

“Luego del genocidio –continúa-, los gitanos quedaron muy diezmados, con muchas pérdidas. En un principio se reconocieron 200.000 fallecidos pero en realidad fueron más de 1.500.000 los que murieron dentro de los campos de concentración y fuera porque a muchos de ellos los mataban donde los encontraban. Como estaban indocumentados, era difícil establecer una cifra.”

Gitanos: el pueblo perseguido
Recién en 1960 comienza a retomarse el asociacionismo. “En 1971 –dice Nedich- un gitano inglés que trabajaba de cocinero en una escuela, pide permiso a las autoridades para hacer un congreso. En ese congreso se establecieron la bandera y el himno gitanos. En este punto hay que destacar tres nombres: Juan de Dios Ramírez Heredia, diputado gitano; Yul Brynner, actor gitano y el autor del himno gitano, Jarko Jovanovic.”

“En realidad, el himno era una vieja canción del 45 o 46. En verdad es un contra himno porque pone en valor la pérdida, la familia, el desastre que hace la guerra, no es una canción de heroísmo. Es el único himno en el mundo con esa característica”.

En 1980 comienza el primer reconocimiento de las pérdidas gitanas ya que, durante el Juicio de Nuremberg, Alemania argumentó y presentó documentación al fiscal Robert J. Jackson que sostenía que los gitanos no habían muerto por cuestiones raciales, sino porque eran delincuentes comunes.

“En ese momento –acota Nedich- se reconocieron 200.000, de modo que la cantidad de delincuentes comunes del pueblo gitano era inmensa, absurda. En realidad, los gitanos cultivaban la vid, el olivo, eran actores, empresarios. Muchos de ellos, cuando percibieron lo que se venía, viajaron a los Estados Unidos. Entre ellos estaba la familia de quien sería Elvis Presley, que cambió su apellido porque sonaba demasiado alemán. Quien ya era Chaplin, de origen gitano, se va de Irlanda a los Estados Unidos”.

Gitanos: el pueblo perseguido
Gitanos: el pueblo perseguido
Grupo de gitanos en una carreta alemana en 1908

En lo que hace a la inclusión de los gitanos, Argentina ha firmado muchos tratados y acota Nedich, “no ha cumplido con ninguno. El más rimbombante es la resolución 169 que se firma en la OIT en 1985 por el que Argentina se compromete a integrar por medio de la escolarización y el trabajo a la población gitana. Nunca lo hizo, de hecho, ni siquiera nos han censado”.

“Yo hace 32 años que recorro los ministerios de Educación y nunca cortaron el diálogo. El único gobierno que no nos atiende es el actual. Este gobierno habla de hacer de Argentina una potencia, pero para eso necesitaría llenar miles y miles de cabezas de contenidos de excelencia y ha rebajado el Ministerio de Cultura a Secretaría. No habla de educación, sino de mercado”.

Y continúa: “Yo fui líder dos años en Naciones Unidas e hice un curso sobre Derechos Humanos en Costa Rica. Allí vi que hemos avanzado mucho en muchos países, por ejemplo en España, en Serbia, inclusive en Rumania. Hay gitanos que estudiaron, se formaron y trabajan en la universidad, en centros de estudios, son obreros, periodistas, locutores, actores…En Argentina eso no sucede a pesar de que promover la cultura gitana sería útil para que no haya un choque de culturas”.

Y concluye: “A veces nos dicen que los gitanos no nos integramos. Es un error pensar así, porque el que tiene el monopolio de la integración es el Estado”.

Fuente: 

sábado, 15 de marzo de 2025

_- "Estamos en una era dominada por formas extremas de crueldad, que además no están ocultas y se reciben con cierto nivel de alegría"

Henry A. Giroux.

_- Henry A. Giroux.

El video en la cuenta oficial de la Casa Blanca en la red social X que muestra a deportados siendo esposados de manos y pies y encadenados.

Las palabras del presidente de Estados Unidos, Donald Trump con las que anuncia la ampliación del centro de detención de migrantes en la base de Guantánamo para recibir "a los peores extranjeros ilegales criminales".

Para el académico Henry A. Giroux todo ello forma parte de lo que él ha denominado la "cultura de la crueldad".

Teórico fundador de la pedagogía crítica y director de Centro para la Investigación del Interés Público de la Universidad McMaster (Hamilton, Ontario, Canadá), Giroux lleva años ahondando en el concepto.

"La crueldad parece ser el principio organizador central de la política hoy", le dice el estadounidense-canadiense a BBC Mundo, refiriéndose también a la idea de que EE.UU. pueda llegar a asumir la "propiedad" de Gaza para levantar allí "la Riviera de Oriente Medio", o la reducción a su mínima expresión de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID), una de las mayores organizaciones de ayuda humanitaria del mundo.

Pero no solo en EE.UU., también cada vez más a nivel global, subraya.

En BBC Mundo hablamos con este intelectual de izquierda que tilda a Trump de "testaferro de una oligarquía".

El título de tu artículo más reciente es "El teatro de la crueldad de Trump". Podría haber descrito su recién estrenada presidencia de distintas formas. ¿Por qué eligió definirla así?

La elegí porque es una palabra muy poderosa que, de cierta forma, apunta a un cambio importante en la política de EE.UU.

Es que de repente nos encontramos en una era dominada por lo que yo llamaría formas extremas de crueldad, formas que además no están ocultas y que parecen ser recibidas con cierto nivel de alegría, por no decir un rechazo abyecto a reconocer cuán malvadas son estas políticas.

Y en cierta forma creo que se han convertido en el centro mismo de la política. La crueldad parece ser el principio organizador central de la política.

Pero la crueldad no es una novedad en la historia política de EE.UU. No hay más que remontarse a las leyes Jim Crow de segregación racial, por poner un ejemplo. ¿Qué hay de distinto o nuevo hoy?

EE.UU. tiene, efectivamente, un largo historial de crueldad. Podríamos empezar hablando de la eliminación de la población indígena, o la esclavitud, o el internamiento de los japoneses (en campos de concentración)...

Todo eso está ahí, ese es el legado, aunque en muchos casos parece oculto. La gente trata de no recordar esos momentos de la política estadounidense.

Lo que creo que estamos viendo con Trump no es un incidente aislado de crueldad, un momento específico basado en racializaciones o en una forma específica de nativismo, como en la época de la Segunda Guerra Mundial.

Lo que estamos viendo es un principio de crueldad que afecta todos los aspectos de la vida estadounidense, ya sea en forma de ataques a las escuelas, a los inmigrantes indocumentados o a las personas transgénero.

Pero según usted, ¿es un tiempo más cruel sólo en la forma, en el lenguaje que se utiliza, que es más obvio y menos pudoroso, o es una cuestión más de fondo?

Hoy la crueldad no solo emerge en forma de un lenguaje deshumanizador. También emerge en las políticas.

Y para hablar de la naturaleza histórica de esta crueldad y de dónde proviene, me parece que hay que remontarse a la década de 1980.

¿Qué pasó en los 80?

Surge el neoliberalismo y empieza un proceso de divorcio del concepto de responsabilidad social. Lo que importa son las ganancias, todo lo demás es visto como una forma de debilidad.

El concepto de la política como la posibilidad de comunidad empieza a morir, como también empieza a morir cualquier noción viable de lo social.

El presidente Donald Trump firma una orden ejecutiva en el Despacho Oval de la Casa Blanca el 14 de febrero de 2025 en Washington, DC. (Foto de Andrew Harnik/

El presidente Donald Trump firma una orden ejecutiva en el Despacho Oval de la Casa Blanca el 14 de febrero de 2025 en Washington, DC.  (Foto de Andrew Harnik/Getty Images)

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
Según Henry A. Giroux, el presidente de EE.UU., Donald Trump, es la cabeza visible de una oligarquía. 

Y la crueldad de la que habla, según usted ¿es un método? ¿Una estrategia política? ¿Un mecanismo de unión, como apuntan algunos analistas? Hay expertos que incluso dicen que es un fin en sí mismo.

Es una gran pregunta. Yo creo que es un principio organizador central.

Lo vemos en el lenguaje deshumanizador que usa Trump, pero también en sus políticas: en la decisión de enviar deportados a Guantánamo, un símbolo absoluto de la tortura que ahora está resucitando; lo vemos en sus políticas en lo referente a los programas de diversidad, equidad e inclusión (diseñados para fomentar la igualdad en ámbitos laborales y educativos, especialmente para comunidades históricamente marginadas, y que quiere eliminar); ya vimos lo que hizo con USAID…

Es un principio central, una forma de hacer política que se nutre de odio y de intolerancia. Y no es casual ni es un rasgo de la personalidad.

Lo que estamos viendo ahora es una fusión de crueldad y política de maneras nunca antes vistas y celebradas, una crueldad que emerge en el día a día.

¿Cómo definiría la forma de gobernar de Donald Trump? ¿Qué tipo de presidencia es la suya?

Lo definiría como un gobierno fascista. La prensa establecida no lo está llamando así, aunque a veces se habla de autoritarismo. Pero Joe Biden, al dejar la presidencia, advirtió que Trump era fascista, algo que también dijeron en su momento generales retirados como John Kelly.

(En sendas entrevistas con The New York Times y The Atlantic en octubre, y después de años de compartir sus críticas hacia Trump con los reporteros de manera más moderada, Kelly, quien fue jefe de gabinete de la Casa Blanca y secretario del Departamento de Seguridad Nacional de Trump, advirtió del presunto peligro que suponía para la democracia estadounidense que el republicano fuera reelegido.

En declaraciones sin precedentes para un exfuncionario estadounidense de alto nivel, Kelly dijo que Trump encaja en la definición de fascista. "Ciertamente el expresidente está en el área de la extrema derecha, ciertamente es un autoritario, admira a dictadores, él mismo lo ha dicho. Así que ciertamente cabe en la definición general de fascista, eso seguro", le dijo a The New York Times).


Si se puede o no aplicar ese término a Trump genera debate entre historiadores y analistas prácticamente desde su primera campaña presidencial en 2016, y hay quienes advierten que es políticamente imprudente tildarlo así.

El suyo es un gobierno fascista, y te diré por qué.

Lo es porque no cree en el estado de derecho, porque cree que el poder y la violencia son fundamentales para la política, pero, sobre todo, es fascista porque está organizado en torno al nacionalismo cristiano blanco. Y ese es el núcleo del fascismo.

Se define un país de una manera muy limitada y exclusiva, y se pone en marcha una política de lo desechable. Comienza con el lenguaje deshumanizante, sigue con las políticas de expulsión de personas, luego se mete a los críticos y a otros en las cárceles…

Un inmigrante guatemalteco indocumentado, encadenado por ser acusado como criminal, se prepara para abordar un vuelo de deportación a la Ciudad de Guatemala, Guatemala, en el Aeropuerto Phoenix-Mesa Gateway el 24 de junio de 2011 en Mesa, Arizona. (Foto de John Moore/Getty Images)

Un inmigrante guatemalteco indocumentado, encadenado por ser acusado como criminal, se prepara para abordar un vuelo de deportación a la Ciudad de Guatemala, Guatemala, en el Aeropuerto Phoenix-Mesa Gateway el 24 de junio de 2011 en Mesa, Arizona. (Foto de John Moore/Getty Images)

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
Un inmigrante guatemalteco espera esposado y encadenado el momento de abordar un avión que lo deportará a su país de origen. 

En su artículo más reciente sobre la actual presidencia de EE.UU. subraya que "Trump no gobierna solo", sino que es "el testaferro de una oligarquía que abandonó incluso la pretensión misma de una democracia". Sin embargo, gobierna con el apoyo de la mayoría de los estadounidenses. En las elecciones de noviembre ganó el voto popular, algo que ningún republicano había logrado desde 2004. ¿Qué nos dice eso?

Nos dice algo que hemos ignorado durante mucho tiempo: que la educación es central en la política.

La educación puede ser no sólo una herramienta de emancipación, también de enorme opresión. Puede inculcar nociones de odio, resentimiento e intolerancia, entre otros.

Y lo que tenemos hoy por hoy en EE.UU. es un aparato cultural que básicamente se ha convertido en un tsunami de odio e intolerancia dirigido por multimillonarios tecnológicos.

Lo que hemos visto desde la década de 1980, dado el control corporativo de los medios de comunicación, es una maquinaria cultural y de enseñanza que ha tenido un éxito enorme a la hora de producir lo que yo llamo ignorancia fabricada.

¿Ignorancia fabricada?

No puedes tener una democracia, ni siquiera una débil, sin un público informado.

Y lo que la derecha ha aprendido es que, si se controlan los medios de comunicación y de educación, no hacen falta ejércitos. Lo que se necesita son modos potentes de persuasión y el control de los sistemas de información.

Ahora, con las redes sociales, estamos en un periodo muy difícil en lo referente a ser crítico y hacer que el poder rinda cuentas.

Y todos los elementos del fascismo que vemos surgir en Hungría, en Argentina, en Italia no son nuevos, pero se están sucediendo a una escala que me parece casi inédita.

Es un fenómeno que va más allá de EE.UU: partidos extremistas que ganan terreno, la polarización del discurso, candidatos que hablan abiertamente de crueldad… Un líder regional del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), Björne Höcke, declaró abiertamente que se necesita "una crueldad bien afinada" para expulsar a migrantes y refugiados de Alemania.

Es un fenómeno global, efectivamente. Pero una cosa es eso y otra es que el país más poderoso del mundo ahora tome la delantera a la hora de reforzar la afirmación de (el presidente de Hungría, Viktor) Orbán de que la democracia es demasiado débil. Esto no tiene precedentes.

Si esto hubiera surgido en los años 70, incluso a principios de los 80, la gente diría: "Es un movimiento marginal". Pero ya no lo es. Es un movimiento en el centro de la política de EE.UU. y en el de la política global.

De hecho, algunos ideólogos como Curtis Yarvin, invitado habitual de medios conservadores y a cuyas ideas ha hecho referencia el vicepresidente JD Vance, argumenta que en EE.UU. la democracia debería sustituirse por una "monarquía" encabezada por lo que él llama un CEO, una especie de director ejecutivo. ¿Qué diría a los que, como él, defienden que tener a un "CEO eficiente" al frente del gobierno es mejor para la gente?

Es el clásico ejemplo del tipo de discurso que moriría en una democracia vibrante. El hecho de que se le dé una plataforma a alguien con esas ideas es impactante.

¿Qué dirías a alguien que defiende que la democracia está muerta y que lo que realmente necesitamos es acostumbrarnos a las dictaduras porque funcionan, y que deben estar encabezadas por gente como Elon Musk?

Usted ha escrito desde hace años, sobre la "cultura de la crueldad". Y afirma que "prospera cuando los miedos compartidos sustituyen a las responsabilidades compartidas". ¿Cuáles son esos miedos y qué responsabilidades compartidas sustituyen?

Las responsabilidades que sustituyen son aquellas que se toman en serio los derechos sociales, políticos y económicos, y los valores compartidos como la compasión, el cuidado del otro, el sentido de comunidad, el reconocimiento del sufrimiento ajeno y la necesidad de abordarlo y acabar con él; la necesidad de eliminar los cimientos del sufrimiento y la violencia.

Desde el surgimiento del neoliberalismo en la década de 1980, ese argumento es visto como una debilidad, y la bondad es vista como la virtud de los tontos.

Debemos preguntarnos qué pasó con esos principios, con esas virtudes y valores como la compasión, la confianza, la amabilidad, el cuidado del otro, la justicia, la igualdad y la inclusión, si están o no siendo destruidos, por quién y en interés de quién.

A lo largo de la historia política estadounidense, presidentes de uno u otro partido han hecho hincapié en la idea de la autoridad moral de EE.UU., en que debe servir de ejemplo para el mundo. ¿Sigue siendo así?

No. En ese sentido EE.UU. se traicionó a sí mismo, cayó en una forma de autosabotaje.

Aunque nunca fue un país verdaderamente democrático: se construyó sobre las espaldas de los esclavos, a las mujeres se les negó el derecho al voto durante mucho tiempo, y continuamente ha reinventado una forma de colonialismo que exhibe el nombre de Destino Manifiesto o excepcionalismo estadounidense.

Hoy no hay más que ver lo que ocurre en Gaza. ¿Cómo se puede tomar en serio esta noción del excepcionalismo estadounidense?

Una mujer y un niño caminan de la mano entre los edificios destruidos por ataques israelíes en Beit Lahia, una ciudad del norte de la Franja de Gaza, el 18 de febrero de 2025. (Foto: Abd Khaled/Anadolu vía Getty Images) 
Una mujer y un niño caminan de la mano entre los edificios destruidos por ataques israelíes en Beit Lahia, una ciudad del norte de la Franja de Gaza, el 18 de febrero de 2025.  (Foto: Abd Khaled/Anadolu vía Getty Images)

Fuente de la imagen,Getty Images


Pie de foto,
La idea de levantar una "Riviera de Medio Oriente" sobre los escombros de Gaza forma parte de la "cultura de la crueldad", según Henry A. Giroux.

Es de sobra conocido que el lema de Trump es "Volver a EE.UU. grande de nuevo" (Make America Great Again, MAGA). ¿Qué cree que significa la grandeza en este contexto?

Creo que significa "volver EE.UU. blanco de nuevo", además de eliminar todos aquellos derechos que desde la década de 1950 se fueron consiguiendo para las mujeres, el colectivo LGBTQ, etcétera, y revertirlos.

Sin embargo, aunque el voto blanco fue su voto más fuerte, Trump obtuvo un avance histórico en lo que respecta al apoyo latino en las urnas, sobre todo entre los hombres hispanos.

Se debe a varios factores.

Por una parte, lo democrático como alternativa al fascismo dejó de ser atractivo para muchos. La democracia no significa nada cuando no tienes comida, una atención médica adecuada, un cuidado infantil adecuado. Y en ese estado de ansiedad absoluta, muchos inmigrantes votaron por Trump.

Y por otra parte, el lenguaje del miedo y la intolerancia ha tenido un éxito tal en la esfera mediática de Trump que creo que la gente básicamente terminó internalizándolo.

El problema no es que van a venir otros a quitarles el trabajo. El problema en EE.UU. es una enorme desigualdad y la concentración del poder en pocas manos, lo que desemboca en menos servicios públicos, la destrucción del estado de bienestar y la criminalización de los problemas sociales.

La noción de comunidad se vuelve vacía porque vives en una sociedad que te dice que el individualismo lo es todo, que todos los problemas son individuales.

Así que temes a la horda de invasores. Es el lenguaje del poder y la gente acaba comprando el discurso.

Pero también parece que hay una especie de retroalimentación en bucle. Cuanto más polarizado es el discurso, más amplia parece ser la base de quienes lo apoyan, y viceversa. ¿Es solo una percepción?

No, es así, absolutamente.

¿Y cómo se contrarresta la escalada?

Primero que nada, hay que nombrar el problema. No podemos simplemente decir que Trump y su administración son neofascistas.

Eso es cierto, pero de lo que realmente tenemos que hablar es de la forma en la que se ha subvertido la democracia y empezar a detallar en el lenguaje de la vida cotidiana en qué impacta esto: malas escuelas, inflación, precios más altos de los alimentos, intolerancia...

Necesitamos resucitar el lenguaje de la democracia en términos de valores que la gente pueda compartir y con los que pueda identificarse.

También necesitamos un movimiento de clase trabajadora multirracial y amplio. Los movimientos aislados no sirven. Y una demostración masiva de resistencia colectiva.

¿Cree que es algo que está tomando forma?

No veo que vaya a suceder en las próximas dos semanas, pero (la administración Trump) está trabajando a una velocidad tal para imponer un grado de fascismo en este país, que creo que los resultados van a ser abrumadores en los próximos seis meses y, ciertamente, en los próximos dos años.

Esto generará una enorme cantidad de resentimiento y la gente va a despertar. Y el grupo que más va a despertar es el de los jóvenes, jóvenes que se sienten alejados de la política de Trump y que se dan cuenta que están siendo excluidos del guion de la democracia.

Todo es venganza. Es la política de la venganza, el odio, la crueldad y el racismo.

viernes, 21 de febrero de 2025

Albrecht Weinberg, superviviente de Auschwitz: “Todo puede volver a ser como en los años treinta” .

Albrecht Weinberg superviviente de Auschwitz
Albrecht Weinberg posa en su antigua clase en el monumento conmemorativo de la escuela judía de Leer (Alemania), el pasado 20 de enero.

A los 99 años, y tras haber sobrevivido a tres campos de concentración, este ciudadano decidió devolver la Cruz Federal al Mérito de Alemania tras la sacudida política que provocó la unión de la derecha y la ultraderecha de AfD contra la migración.

Albrecht Weinberg tenía 18 años cuando los nazis lo deportaron a Auschwitz, en 1943. Sobrevivió a tres campos de concentración y finalmente fue liberado en el campo de Bergen-Belsen. Sus padres y casi toda su familia fueron asesinados en el Holocausto. En 2012 regresó junto con su hermana de Estados Unidos a Leer, una pequeña localidad en el norte de Alemania, y desde entonces no ha parado de educar a los estudiantes alemanes sobre lo ocurrido en el pasado, lo que le valió en 2017 la Cruz Federal al Mérito de Alemania. Ahora, a punto de cumplir 100 años, reconoce estar conmocionado por la decisión del líder cristianodemócrata, Friedrich Merz, de aceptar el apoyo de la extrema derecha para intentar sacar adelante un paquete de medidas contra la inmigración. En conversación telefónica con EL PAÍS, desde su casa, alerta del peligro que supone dar espacio a la extrema derecha.

Pregunta. ¿Qué sintió cuando se enteró de la votación en el Parlamento alemán de la Unión Cristianodemócrata (CDU) con los ultras la semana pasada?
Respuesta. Nací en Alemania. Y me costó mucho lidiar con lo que los nazis nos hicieron a los judíos. No puedo olvidar el pasado. Mi familia fue asesinada. ¿Cómo puedo olvidarlo? Y ahora los políticos se han unido a los derechistas, como se les llama, a los nazis y a los extremistas de derecha. Es terrible. Yo viví esa época, toda mi familia fue asesinada por política o por religión, y es increíble que hayamos vuelto a esto. Solo han pasado poco más de 10 años desde que volví a Alemania y hablo con los estudiantes, con los escolares, sobre lo que podría pasar si no tienen cuidado cuando cumplan 18 años y puedan votar. ¿Qué sería de ellos? ¿Qué podría pasar? Si a esa gente les das la mano, te toman el brazo y todo puede volver a ser como en los años treinta.

P. ¿Y qué pensó cuando finalmente el viernes se rechazó el proyecto de ley contra la inmigración a pesar del apoyo de AfD?
R. Pensé que todavía había esperanza, sí. A ver, no es que me vayan a meter en la cárcel, pero es una democracia al borde del colapso. Y en mi libre albedrío me pregunté si quería seguir teniendo la Cruz Federal al Mérito. La recibí en 2017 porque hablo con los jóvenes en las escuelas. Pero ahora creo que no podría llevarla colgada en la chaqueta después de que se comportaran así y cooperaran.

P. Después de anunciar que quiere devolver la Cruz Federal al Mérito, la oficina del presidente federal de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, se puso en contacto con usted, ¿sabe cuándo se reunirán?
R. No sé cómo funciona. Nunca me había pasado querer devolverla. El presidente federal está fuera del país en un viaje de trabajo y estoy esperando una llamada. Quería hacerme saber que le gustaría hablar conmigo personalmente. Aunque oficialmente no sé cuándo va a tener lugar la conversación. Además, hay que tener en cuenta que tengo una edad en la que no estoy tan en forma como antes. No podría ir a Berlín o no querría ir.

P. ¿Y cree que después de esa conversación todavía va a querer devolverla?
R. Sí, lo tengo decidido. Voy a devolver la Cruz Federal al Mérito, porque los políticos han unido fuerzas con los extremistas de derecha. Y entonces será como con los nacionalsocialistas y Hitler. No en este momento, pero si meten el pie en la puerta, entonces pueden meter después todo el cuerpo.

P. Miles de personas salieron a las calles la pasada semana para protestar contra lo ocurrido en el Bundestag. ¿Cómo vivió estas manifestaciones?
R. Yo sigo saliendo a la calle y hablando con estudiantes y adultos. En este momento hay muchas manifestaciones en Alemania en contra de todo lo ocurrido. Ahora veré lo que tiene que decir el presidente federal Steinmeier.

P. Según los sondeos, AfD se alza segundo en intención de voto en las elecciones del 23 de febrero. ¿Cómo explica que tanta gente lo apoye?
R. No lo he seguido tan de cerca, porque no me interesan las cuestiones políticas. Pero cuando estas cosas salen a la luz, como lo ocurrido en el Bundestag, entonces hay que hablar si no se está de acuerdo. Además, creo que si hoy hubiera elecciones en Alemania la gente se despertaría y no votaría a los extremistas de derecha, como dicen los sondeos. Por supuesto que yo no votaría por ellos. Yo sé cómo era Alemania en 1945, sé cómo es cuando un dictador toma el timón. Es algo terrible. Mucha hambre y asesinatos, y así sucesivamente. Y el mundo de hoy está lleno de guerra, penurias y pobreza. Esas personas no tienen ni un pedazo de pan ni un vaso de agua para beber. Pero se sigue fabricando material de guerra.

P. Sobrevivió a los campos de concentración de Auschwitz, Mittelbau-Dora y Bergen-Belsen. Luego emigró a Estados Unidos con su hermana en 1947 y regresó en 2012. ¿Cómo fue para usted volver a Alemania?
R. Volví por una enfermedad. Tenía conocidos en Alemania que estaban económicamente bien y me dijeron que volviera, que nos ayudarían. Y eso es lo que hicimos. Pero mi hermana murió tres meses después.

P. ¿Y qué sintió cuando regresó a Alemania?
R. Vi que el país tenía una mentalidad completamente diferente y que era un mundo completamente distinto. Alemania ya no es solo alemana. Aquí vuelven a estar representados todo tipo de países diferentes, todo tipo de personas y todo tipo de idiomas. Es una democracia. Pero si bien los nazis fanáticos ya no están en este mundo, sigue habiendo mucho antisemitismo y odio.

P. Usted habla en las escuelas y cuenta sus recuerdos para que algo así no se repita. ¿Qué opinan los estudiantes?
R. Son maravillosos. No pueden entender por sí mismos lo que hicieron sus abuelos en los años treinta.

P. ¿Pero ha visto un cambio en la sociedad alemana en los últimos años?
R. Sí, y por eso les digo a los estudiantes, a los jóvenes de 18 años, que no deben callarse, que no sean tímidos y que hagan lo correcto. De lo contrario, su futuro no será especialmente bueno.

P. ¿Le vienen a la memoria viejos recuerdos cuando ve cómo hablan algunos políticos de los refugiados?
R. Sí, pero en mi caso soy muy exigente con la política, mi experiencia es muy especial. No me interesan políticos concretos.

P. ¿Y cómo se sintió la primera vez que oyó la palabra “remigración”, un concepto que ha incluido ahora oficialmente AfD en su programa electoral, para referirse a una repatriación a gran escala?
R. Que eso era todo. Que eso es lo que quieren los que siguen a los extremistas de derecha. Y claro que me preocupa, pero ¿qué puedo hacer como individuo? Nada. Solo dar mi opinión.

P. ¿Se siente amenazado en Alemania?
R. Sí, todavía hay un cierto porcentaje que es muy hostil.

P. En este contexto, ¿cómo ve el futuro en Alemania?
R. Voy a cumplir 100 años en tres semanas. Ya no pienso en esas cosas.

domingo, 27 de octubre de 2024

Lourdes Reyzábal: “No hay nada más racista que querer a los migrantes para cambiar pañales y no de vecinos”

Lourdes  Reyzábal, fundadora y presidenta de la Fundación Raíces.


La psicóloga preside la Fundación Raíces que ayuda y forma a menores migrantes no acompañados desde hace 25 años: “En casa, estos niños son de los nuestros”, afirma

A las doce del mediodía, la trastienda del restaurante Ovillo de Madrid bulle de actividad. En sus instalaciones, cedidas por el cocinero Javier Muñoz-Calero, practican los alumnos de la escuela Cocina Conciencia, uno de los proyectos de la Fundación Raíces, para ayudar y formar a adolescentes migrantes. En una de las cocinas, un grupo de chicos africanos prepara las primeras tortillas de patata de su vida y, cuando nos sentamos a charlar en el despacho de Lourdes Reyzábal, Seku, un chaval llegado a Canarias en patera desde Guinea-Conakry, nos ofrece y nos sirve su primer café como alumno de las clases de camarero. Le brillan los ojos como faros. 

Hablamos justo el día que EL PAÍS publica una encuesta que revela que el 57% de españoles cree que hay demasiados inmigrantes y el 75% los asocia con conceptos negativos.

¿Qué siente al oír a alguien decir ‘menas’ en tono peyorativo?

Me da vergüenza. Es la excusa perfecta para despersonalizar, clasificar y criminalizar a los niños y niñas migrantes que llegan solos, los más desprotegidos de nuestra sociedad. Así, podemos saltarnos el Estado de Derecho, que ha firmado la Convención de los Derechos del Niño. Si no te crees lo que dice su pasaporte, les sometes a pruebas de determinación de la edad, les niegas la condición de infancia, los dejas en la calle solos, sin formación, sin trabajo, sin compañía, sin recursos, les estás abocando a la criminalidad. La mayor red de criminalización no es la de quienes les obligan a pagar por subirse a una patera, sino la de quienes, desde el Estado, los criminaliza dejándolos en la calle.

¿Por qué tanta gente los teme?

La sociedad grita lo que la política calla. Los políticos, todos, nos han hecho creer que son una amenaza contra nuestra integridad y seguridad. La ultraderecha abandera los discursos de odio y el relato más grosero sobre las personas migrantes. Pero la izquierda lleva haciendo políticas de extranjería hipócritas durante, al menos, los 25 años que llevo en esto.

¿Les dejamos entrar a todos?

La política migratoria ideal sería respetar los Derechos Humanos y la Convención de los Derechos del Niño. Y todavía no ha habido un Gobierno que la haya respetado. Ahora mismo, en Canarias, muchos de los niños que llegan vienen de Mali, un país en guerra, igual que Ucrania. Lo que ocurre es que ellos son negros y los niños ucranios son rubios y de ojos azules.

¿España es racista?

Creo que sobre todo el racismo está ligado a la clase social, pero sí. Necesitamos que vengan migrantes para utilizarlos porque hay que llenar la España vaciada, porque hay que cuidar de nuestros ancianos y nuestros bebés. No hay nada más racista que quererlos para cambiar pañales, pero no de vecinos, compartiendo las plazas y los centros de salud con ellos. Necesitamos a esos chicos altos, negros, fuertes, para hacer lo que nosotros no queremos hacer, pero no queremos que se enamoren de nuestras hijas. Hay quien les encomiendan crianza de sus bebés, lo que más quieren, pero luego piden que endurezca la ley de extranjería y dicen barbaridades xenófobas en WhatsApp y en cenas de amigos. Eso es racismo. Me rebela.

¿Eso le ha costado amistades o relaciones familiares?

Me he tenido que salir de muchos chats. Me genera muchísima impotencia y frustración ver cómo calan mensajes falsos y absolutamente racistas. Falta información real.

¿Desde cuándo tiene esa conciencia social?

Mi madre dice que de siempre. He crecido con la conciencia del cristianismo. Pero ha habido acontecimientos en mi vida que me hicieron plantearme muchas cosas. Mi padre murió cuando yo tenía 10 años, estando conmigo, de un infarto fulminante, a los 43 años. Mi abuelo se quedó huérfano muy joven y se vino de su pueblo, en Burgos, a Madrid, se buscó la vida e hizo fortuna, pero, también, porque le ayudaron. Conocí a Enrique de Castro, el cura de Vallecas, y me conmovió su labor con los más necesitados. Entonces, ese saber que la vida es ahora, y el haber nacido en un entorno privilegiado me ha hecho sentirme en deuda con la sociedad desde chiquitina e intentar aportar lo que tengo, lo que puedo y lo que soy.

¿Sigue teniendo fe religiosa, viendo lo que ha visto?

La fe más profunda que tengo no es religiosa, probablemente estoy alejada de la Iglesia Católica, pero sí tengo un sentimiento muy arraigado de un compromiso social, de solidaridad, de creer en la capacidad del ser humano de salir adelante. Y eso depende mucho de la resiliencia de cada uno, pero también de las oportunidades que el resto de la sociedad brindemos a esas personas.
 
Lourdes Reyzábal con cuatro de los alumnos de la escuela Cocina Conciencia, que posan con las tortillas que acaban de aprender a hacer en el restaurante Ovillo, en Madrid.
Lourdes Reyzábal con cuatro de los alumnos de la escuela Cocina Conciencia, que posan con las tortillas que acaban de aprender a hacer en el restaurante Ovillo, en Madrid. Bernardo Pérez

Su marido, Nacho de la Mata, fue el abogado que consiguió parar la repatriación de niños. ¿Él también influyó en su vocación solidaria?

Fue el hombre de mi vida, lo tengo clarísimo. Él trabajaba en un despacho de abogados importante. Nos conocimos en un viaje a Lourdes para ayudar a los enfermos. Luego, yo me fui a la India y la madre Teresa de Calcuta quiso que me quedara con ella, pero yo ya estaba locamente enamorada de Nacho, y volví a España. Nos casamos y, en la luna de miel se sintió mal. A la vuelta nos enfrentamos a un diagnóstico fatal, un tumor cerebral por el que le daban cinco años de vida. Recuerdo lo que nos dijo Enrique de Castro en nuestra boda: que el matrimonio era compartir la desnudez de nuestros cuerpos y nuestras almas. Decidimos seguir viviendo la vida que queríamos hacer porque era lo que nos salía del corazón. Y nos fuimos a vivir a Vallecas y acoger a chavales de la calle. Conviviendo con ellos, me quedé embarazada de mi primera hija. Y, así, nacieron las otras dos, siempre con niños migrantes en casa. Cuando me dicen que le meta en mi casa, puedo decir que ya los he metido.

Su marido murió, finalmente, en 2012, ¿cómo se sobrepuso a ese dolor?

Me quedé viuda, con tres hijas, con la misma edad que mi madre. Yo había tenido ese ejemplo y ese aprendizaje. Si mi madre lo había hecho, yo también podría. Y, fíjate, yo creo que para mí una de las piezas clave para que yo saliera adelante, para que mis hijas salieran adelante y para que Nacho llevara la enfermedad como la llevó ha sido vivir con estos niños. Porque ellos también sufren, a ellos se les han muerto los padres, han visto cómo los asesinaban, Un niño de 15 años que ha tardado dos años en atravesar el desierto. Si salen adelante ellos, cómo no vamos a salir nosotros.

¿Nos quejamos de vicio?

Sí, pero matizando. Cada cual se queja de lo que le duele, de lo suyo. El problema es que, a veces, no salimos de nosotros mismos, y lo nuestro es solo lo que te pasa a ti. Entonces, yo he convertido lo que les pasa a estos niños en lo mío. En mi familia, los niños migrantes son de los nuestros. Mis hijas se han tenido que ir de fiestas de amigos suyos por cómo se hablaba de estos niños. Ellas también se quejan de lo suyo, lo que pasa es que lo suyo es más amplio. Hay que salir a la calle, hay que mirar a los ojos.

¿Qué es el lujo para usted que los podría tener todos?

Tengo muchos tics de niña pija. Poner la mesa bonita, por ejemplo. Me gustan las cosas bonitas. Para mí, el lujo es tener tiempo para el encuentro humano. Y viajar.

Ahora me dice que ese bronceado suyo es de sus vacaciones en Maldivas para desconectar.

No, prefiero irme a Santo Tomás, o a Puerto Príncipe, que he ido hace poco. Ahora me muero por ir a Marrakech, que no he estado nunca.

Yo fui y vine enferma de ver tanta desigualdad.

Yo también vengo enferma cuando viajo según dónde, pero también vengo enferma de ver la Cañada Real, aquí, en Madrid.

¿Y cómo se cura ese dolor? ¿Cuándo dice basta?

Me cuesta desconectar. Atendemos a 550 adolescentes distintos cada año. Hago yoga, medito, pero la forma que tengo de curarme, desde hace 25 años, es sentir que estoy en el lado correcto, al lado de la gente. Mucha gente me dice que cómo yo, perteneciendo a la familia que pertenezco, no voto a la derecha. La gente vota pensando en sus intereses económicos, pero yo he decidido intentar pelear por el bien común, y, si tengo que elegir bien común, es intentar beneficiar al que peor lo está pasando.

Hay quien considera eso ‘buenismo’ o superioridad moral.

No soy mejor que nadie. Simplemente, he tenido la suerte y el privilegio de poder conocer de verdad esta realidad. Y lo que creo es que hay mucha ignorancia y un abismo entre la realidad y los discursos que se traga la sociedad, porque interesa que se los trague.

Más allá de sus bienes, ¿qué legado le gustaría dejar a sus hijas?

[se emociona] Fíjate, eso es lo que más me cuesta pensar y más tengo que trabajarme. Cuando pierdes a tu padre tan pequeña, lo sé porque lo viví, te fusionas de tal forma a tu madre que mis hijas y yo somos una piña brutal. Mis tres hijas han nacido viviendo un menor extranjero no acompañado en casa, tuvieron hermanos que no eran de sangre, pero eran hermanos. Ese amor y esos valores los tienen súperinculcados y es lo mejor que les puedo dejar. Pero no quiero dejarlas, todavía.

LAS RAÍCES DE REYZÁBAL
Lourdes Reyzábal (Madrid, 51 años) es la tercera generación de una acaudalada y numerosa saga iniciada por el esfuerzo y el trabajo de su abuelo, Julián, un campesino emigrado a Madrid desde Caleruega (Burgos), que hizo fortuna en el Madrid de la posguerra y que llegó a poseer la legendaria torre Windsor, en pleno centro financiero de la capital, desaparecida pasto de las llamas en un incendio declarado en 2005. Lourdes, marcada por la prematura muerte de su padre, primero; el encuentro con el cura Enrique de Castro, después; y su matrimonio con el abogado y activista humanitario Nacho de la Mata, fallecido en 2012, decidió dedicar su vida a "devolverle a la sociedad" parte de su privilegio. Psicóloga de formación, Reyzábal preside la Fundación Raíces, la ONG que fundó de muy joven junto a su madre y que, hoy, atiende cada año, ofreciéndoles ayuda y formación, a 550 adolescentes, la mayoría de ellos menores y jóvenes extranjeros que llegan a España como migrantes no acompañados.



domingo, 21 de abril de 2024

¿Por qué no se castiga a Israel y sí a Cuba?

Traducido del neerlandés para Rebelión por Sven Magnus

Algunos creen y a otros les gusta proclamar que la política internacional se basa en valores y buenas intenciones. El trato que reciben Israel y Cuba destruye completamente esa creencia.

¿Dónde está la lógica? Cuba, un país que no hace daño a nadie y envía más médicos a todo el mundo que la Organización Mundial de la Salud, ha sido duramente sancionado durante más de 60 años.

En cambio, el Estado de apartheid de Israel está perpetrando un genocidio ante nuestros ojos y, sin embargo, no se le impone sanción económica ninguna. Al contrario, recibe miles de millones de dólares en ayuda y muchísimo armamento pesado para poder efectuar esas masacres.

¿Cuáles son las razones de este doble escándalo?

Castigar los ejemplos

A pesar de su carácter ilegal, el bloqueo económico, comercial y financiero de Cuba ha sido el eje central de la política estadounidense respecto a la isla desde la victoria de la revolución en 1959. Esta política es lo que Chomsky describe como «la obsesión histérica de Washington por aplastar a Cuba».


Hay varias razones para esta obsesión. A finales del siglo XIX Cuba se incorporó como neocolonia a Estados Unidos, que desde entonces controló partes importantes de la economía cubana y no quería perder ese control.

Pero, sobre todo, era inaceptable que un país situado a apenas 180 km de Estados Unidos tomara un rumbo progresista. Además, esto podría animar a otros países a seguir su ejemplo. Por tanto, había que cortar de raíz esta revolución.

Según un memorándum de 1960 del Ministerio de Relaciones Exteriores, «se debían utilizar inmediatamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba.» El objetivo era «reducir los salarios, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno».

Poco después la administración Eisenhower impuso un embargo que más tarde se convertiría en un bloqueo económico (además de presionar a terceros países para que cesaran sus relaciones económicas con Cuba). El primer objetivo de las sanciones económicas era acabar con la revolución y, si eso fracasaba, dañar al país todo lo posible para que el socialismo cubano no fuera un ejemplo para otros países.

Y ese ejemplo no solo se aplica a América Latina, sino también al propio Estados Unidos. Una cuarta parte de los ciudadanos estadounidenses afirma que él o un miembro de su familia pospone el tratamiento de una enfermedad grave debido al coste. Estudiar está reservado solo a los más pudientes o a los estudiantes dispuestos a endeudarse mucho.

En Cuba esas situaciones son impensables; allí, estar enfermo o estudiar no son un lujo. El poder adquisitivo es mucho menor que en Estados Unidos, pero la sanidad y la educación son gratuitas. Un negro residente en Estados Unidos muere de media seis años antes que un cubano (1) y la mortalidad infantil en Cuba es inferior a la del «país de la libertad».

Por ensayo y error, Cuba ha logrado construir un proyecto de sociedad diferente que no se centra en el beneficio, sino en el desarrollo social, intelectual y cultural de su pueblo. A pesar de las severas sanciones económicas, Cuba se sitúa en torno a la media de la OCDE, el club de los países ricos, en términos de esperanza de vida, mortalidad infantil, niveles de educación, etc.

Cuba alcanza esa elevada puntuación social con una renta per cápita ocho veces inferior a la de Estados Unidos. Si Cuba es capaz de lograr tanto con tan pocos recursos y a pesar del bloqueo, ¿de qué no sería capaz Estados Unidos?

Actualmente 30.000 trabajadores sanitarios cubanos llevan a cabo su labor en 66 países, entre ellos Italia. En los últimos 60 años los médicos cubanos han tratado a dos mil millones de personas en todo el mundo. Si Estados Unidos y Europa hicieran el mismo esfuerzo que Cuba, juntos enviarían a más de dos millones de médicos al mundo y la escasez de personal sanitario en el Sur se solucionaría de la noche a la mañana.

El bloqueo económico más largo y extenso de la historia

¿También por eso está Cuba tan en el punto de mira? De cualquier forma, el propio gobierno de Estados unidos declara que el bloqueo contra Cuba es «una de las sanciones más exhaustivas de Estados Unidos contra cualquier país». El objetivo es aislar económicamente la isla lo más posible del resto del mundo y perjudicarla así al máximo.

Con Trump ese aislamiento se intensificó hasta niveles sin precedentes con 243 nuevas y duras sanciones, y la inclusión de Cuba en la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo (SSOT), que excluye a Cuba de las transacciones bancarias internacionales y dificulta cada vez más la compra de artículos de primera necesidad, como combustible, alimentos, medicinas y productos de higiene.

Biden ha mantenido bastante íntegras esas sanciones reforzadas, con consecuencias desastrosas. Como resultado ahora hay una escasez de alimentos, medicinas y energía. Durante la pandemia Estados Unidos incluso impidió que se suministraran respiradores a Cuba en un momento en que el país los necesitaba urgentemente, lo que provocó muchas muertes. Según la convención de la ONU (Artículo II, b y c), se puede calificar el bloqueo de genocidio.

El carácter extraterritorial del bloqueo hace imposible o arriesgado para las empresas o instituciones financieras europeas establecer relaciones económicas con Cuba. Se trata de una violación flagrante del Derecho Internacional y un ataque a la soberanía europea. Pero la Unión Europea se somete a esta esclavitud y se hace así cómplice del régimen de sanciones estadounidense.

En noviembre del año pasado la Asamblea General de la ONU condenó por abrumadora mayoría el bloqueo estadounidense contra Cuba por trigésimo año consecutivo. Votaron a favor 185 países, el único país que junto con Estados Unidos se negó a condenar el bloqueo fue … Israel.

Por ello es interesante examinar ese país y su relación con Estados Unidos.

Una de las campañas militares más destructivas de la historia Mientras Cuba lleva más de 60 años en el punto de mira de Estados Unidos y sufre el bloqueo económico más prolongado de la historia, el Estado judío puede permitirse casi cualquier cosa.

Según los expertos, la campaña militar en Gaza es «una de las más mortíferas y destructivas de la historia reciente». Se mata a civiles y se arrasan barrios enteros a una escala que se podría calificar de industrial y se hace con la ayuda de tecnología punta, incluida la inteligencia artificial.

En poco más de cuatro meses han muerto más niños en Gaza que en cuatro años de guerras en todo el mundo. Cifras similar se contabilizan respecto a la cantidad de periodistas asesinados.

Además de estos destructivos “bombardeos de saturación”, Israel está matando deliberadamente de hambre a la población civil palestina, según un alto experto de la ONU. Oficialmente, el objetivo es -eliminar a Hamás. Pero la ferocidad y la crueldad de la operación delatan que se trata de una excusa para hacer inhabitable la zona y deportar completamente a la población.

Sin la resistencia egipcia y la presión internacional la población de la franja de Gaza podría haber sido expulsada al desierto del Sinaí.

En enero la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya dictaminó que, en cualquier caso, existen pruebas suficientes para investigar a Israel por cargos de genocidio. Para Francesca Albanese, Relatora Especial de la ONU sobre los derechos humanos en los territorios ocupados, «se ha cruzado el umbral que indica la comisión del delito de genocidio».

Racismo y militarismo

Esta matanza masiva no es un exceso, sino el vástago y tal vez la culminación del antiguo sueño sionista de gobernar la región desde «el mar hasta el Jordán», como figura en los estatutos del partido de Netanyahu. Este sueño sionista solo puede realizarse sobre la base del racismo y el militarismo.



Con razón, Israel ha sido calificado como «el Estado más racista del mundo». La creación del Estado judío en 1948 vino acompañada de una matanza masiva y una limpieza étnica de aproximadamente la mitad de la población palestina. A partir de entonces, el Estado israelí se esforzó por tener el menor número posible de personas palestinas en el mayor territorio anexionado posible.

Con la Guerra de los Seis Días de 1967 Israel cuadruplicó su territorio y a partir de entonces comenzó la colonización activa de Cisjordania, donde la población palestina sufren humillaciones, vejaciones y privaciones. Miles de personas palestinas, incluidos niños, han sido secuestradas y recluidas durante años sin juicio en las cárceles de Israel.

Pero eso no es nada comparado con Gaza. Su población está sometida ahí a un bloqueo total desde 2007. La franja de Gaza se convirtió nada más ni nada menos que en un campo de concentración. No en vano Amnistía Internacional calificó a Israel de un Estado de apartheid.

Israel también es probablemente el Estado más militarista del mundo. Después de Qatar, Israel es el país que más gasta per cápita en producción bélica. La sociedad civil está completamente impregnada de soldados e instalaciones militares. Con el servicio militar completo para todos los hombres y mujeres, y el servicio de reserva para toda la población judía hasta que cumplen 40 años, las y los judíos israelíes alternan constantemente entre el papel de civil y el de soldado, y la línea divisoria entre ambos se va borrando.

La industria militar es una de las más avanzadas del mundo. Su éxito se basa en dos cosas. En primer lugar, en el servicio militar obligatorio,que selecciona a las mejores mentes científicas y tecnológicas para las unidades de investigación y desarrollo de defensa.

En segundo lugar, en la política de colonización y las guerras militares regulares contra Gaza. La población palestina es un campo de entrenamiento excelente para la industria de la seguridad. Se prueban con ella los últimos artilugios de seguridad o las técnicas de ataque más recientes. En otras palabras, es armamento ‘probado en combate’. Las guerras en Gaza son excelentes ‘ejercicios prácticos’ para las últimas armas y drones del complejo militar industrial israelí.

Israel cuenta en la actualidad con unas 600 empresas que exportan tecnologías y servicios de seguridad. Anualmente exportan armas por más de 12.000 millones de dólares (lo que equivale al 2,6% del PIB). El historial de esas entregas de armas hiela la sangre.

Israel vendió armas al gobierno sudafricano del apartheid en 1975 e incluso accedió a suministrar cabezas nucleares. Se suministró napalm y otras armas a El Salvador durante las guerras contra la insurgencia entre 1980-1992, que mataron a más de 75.000 civiles (de una población de 5 millones).

Durante el genocidio de Ruanda en el que murieron al menos 800.000 personas, se utilizaron balas, rifles y granadas israelíes. Y en septiembre de 2023 Israel entregó drones, cohetes y morteros a Azerbaiyán para su campaña para retomar Nagorno-Karabaj y desplazar a 100.000 armenios.

No es solo una cuestión de exportación de armas. Desde sus inicios Israel ha apoyado a toda una serie de regímenes de derecha y dictaduras militares. El ejército israelí puso su experiencia y conocimientos acumulados a disposición de los regímenes más brutales de la época: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Venezuela.

La participación más sangrienta se produjo en Guatemala. Israel participó entre bastidores en una de las campañas contrarrevolucionarias más violentas que ha vivido el hemisferio occidental desde la conquista. Más de 200.000 personas, en su mayoría indias, murieron en el proceso.

Durante la guerra civil en Siria Israel colaboró con combatientes yihadistas tanto de Al Qaeda como del EI. Entre otras cosas, podían contar con tratamiento médico en Israel.

¿Por qué amigos tan íntimos?

Basándose en todo ese desprestigio, cabría esperar que Estados Unidos y Occidente trataran a ese país como un Estado paria. Pero en realidad hace todo lo contrario. Desde su creación Israel ha sido el mayor receptor de ayuda exterior estadounidense. En total ha recibido unos 300.000 millones de dólares en ayuda económica y militar.

En 1989 Estados Unidos concedió a Israel el estatus de ‘principal aliado no perteneciente a la OTAN’, lo que le dio acceso a amplios sistemas de armamento. Israel fue el primer país en recibir aviones de combate F-35 de fabricación estadounidense, los más avanzados del mundo. Estados Unidos también ayudó a financiar y producir la Cúpula de Hierro, el sistema de defensa antimisiles de Israel.

En cualquier caso, el apoyo extremadamente generoso de Washington ha convertido a Israel en la potencia militar más fuerte de la región, sin duda alguna. Ni siquiera el genocidio y un crimen de guerra tras otro detienen la llegada de dinero. Por el contrario, tras la guerra contra Gaza la Casa Blanca aprobó un paquete de ayuda masiva por valor de 14,5 mil millones de dólares.

Si Estados Unidos ejerce algún tipo de presión política sobre Israel, por ejemplo para que permita más ayuda humanitaria, es solo por motivos puramente electorales de Biden y para salvar la cara en la medida de lo posible ante la opinión pública mundial.

Los lazos con Europa también son sólidos. Israel tiene un acuerdo de asociación económica con la Unión Europea, que también es su mayor socio comercial. La colaboración científica es intensa. “Horizonte Europa” es el principal programa de financiación de la Unión Europea para investigación e innovación en Israel, con un presupuesto de 95.500 millones de euros para un periodo de siete años.

Después de todo, Europa también es un importante suministrador de armas a Israel. Casi una cuarta parte de todas las armas importadas por el Estado judío proceden de Alemania e Italia. Tras la guerra de Suez de 1956 Francia proporcionó asistencia nuclear a Israel, lo que le permitió convertirse en una potencia nuclear.

Tras el asesinato de 224 trabajadores humanitarios, al menos 93 periodistas, más de 13.000 niños de y 8.400 mujeres, y la inanición de más de dos millones de civiles, sigue ausente algún tipo de señal de sanciones por parte de Europa. ¿Qué otras atrocidades tendrá que cometer Israel para que Europa tome medidas?

Mucho ruido y pocas nueces desde Europa. Siguen saliendo armas desde los puertos europeos hacia Israel y el Estado sionista puede participar en el festival Eurovisión sin problema alguno.

Se plantea entonces la cuestión de por qué Estados Unidos y Occidente continúan apoyando incondicionalmente un régimen terrorista. La razón principal no hay que buscarla muy lejos y tiene que ver con la ubicación altamente estratégica del Estado judío. Israel está situado en Oriente Medio, región donde se encuentra el 48% de las reservas de petróleo de y el 40% de las de gas.

Esta región también conecta Europa con Asia y es crucial para el comercio internacional. Alrededor del 30% de todos los contenedores marítimos del mundo pasan por el cercano Canal de Suez. La región también es crucial para las Nuevas Rutas de la Seda de China o su homólogo, el llamado corredor económico India-Medio Oriente Europa (IMEC).

Se puede considerar a Israel una base militar avanzada de Estados Unidos dotada de un socio muy fiable, que ayuda a mantener bajo control esta región tan estratégica. Recientemente, Robert F. Kennedy Jr., sobrino del Presidente John F. Kennedy, lo expresó con agudeza : «Israel […] es casi como tener un portaaviones en Oriente Medio».

Israel hace de policía de la región. Desde su creación Israel ha librado con éxito varias guerras contra los Estados árabes vecinos. El ejército israelí realiza regularmente incursiones o ataques contra países o grupos no afines a Occidente: Siria, Irak, Líbano e Irán.

En el pasado Washington podía confiar en otros tres aliados (Irán, Arabia Saudí y Turquía) para su agenda geopolítico en la región. Desde 1979 ha perdido el apoyo de Irán, y en los últimos años Arabia Saudí y también Turquía han seguido una trayectoria cada vez más independiente. Esto deja a Israel como el único e insustituible aliado que queda en esta región fundamental. Hay que recordar que Israel es también el único país que tiene armas nucleares en Oriente Medio. Eso explica por qué el Estado judío puede permitirse casi cualquier cosa y actuar con casi total impunidad.

Farsa

Si hemos de creer a los líderes occidentales, sus políticas se basan en valores y buenas intenciones. En sus propias palabras, Biden basa sus relaciones exteriores en «defender los derechos universales, respetar el estado de derecho y tratar a todos con dignidad». El Tratado de la Unión Europea afirma que la Unión se basa en valores como «el respeto de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos».

A la luz de cómo tratan Estados Unidos y Europa a Israel y Cuba, esto es una farsa. El llamado ‘orden internacional basado en normas’ es una cortina de humo para ocultar la realidad: puros intereses económicos y geoestratégicos.

El primer ministro de Malasia, Anwar Ibrahim, no se anda con rodeos: «La desgarradora tragedia que sigue ocurriendo en Gaza ha puesto de manifiesto la naturaleza egoísta del tan estimado y cacareado orden basado en normas».

El tratamiento tan diferente de Cuba e Israel ilustra la quiebra moral del orden occidental, un orden que cada vez se toma menos en serio en el Sur global. Las relaciones Norte-Sur se están inclinando, no sólo económicamente, sino también ideológicamente. Comienza una nueva era.

Fuentes:

Why does the US support Israel?

US sends Israel 100+ weapons shipments. Most Americans oppose it – but Biden ignores them

Nota: (1) Financial Times, 25 de febrero de 2021, p. 1.

Artículo original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2024/04/05/waarom-israel-niet-en-cuba-wel-keihard-gestraft-wordt/

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