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lunes, 2 de febrero de 2026

El imperio virtuoso

Fuentes: Blog de Rafael Poch de Feliu, Mentiras y medios


Después de Gaza la pregunta que se hace, desde el vértigo, el sector consciente de la opinión pública europea es la de cómo explicar la complicidad y cooperación de los gobiernos, instituciones y medios de comunicación europeos con el genocidio colonial israelí. La respuesta está en la historia: es la historia colonial europea la que emparenta a los gobiernos occidentales con la masacre israelí.

La industria del entretenimiento es una herramienta fundamental del hegemonismo occidental. En estrecha colaboración con el complejo político, militar, financiero y mediático, su producción penetra diariamente en todos los hogares desempeñando una función ideológica clave, perfectamente identificada y conocida. Mirada en retrospectiva, la industria de Hollywood logró convertir en proezas, epopeyas y románticos relatos, esa enciclopedia universal de la infamia que contiene la historia del colonialismo europeo y muy particularmente la de los británicos, parientes directos del actual hegemón. La lista de las películas ensalzadoras de los grandes crímenes coloniales está aún por hacer, pero basta citar clásicos como “Lawerence de Arabia” (1962), “55 días en Pekín” (1963), “Zulú” (1964) o “Khartum” (1966) para recordar cómo toda una generación creció arrullada y entretenida por ese género exaltador cuya leyenda interiorizó.

Resulta ilustrativo cotejar la lectura de cualquier obra seria sobre la acción del imperio británico en India o China con películas como “Victoria y Abdul” (2017), de Stephen Frears, o “Tai Pan” (1986) de Daryl Duke, para mesurar el nivel de vileza de tal bombardeo. Frears presenta la relación de cálida amistad entre la reina Victoria y su criado indio en una época en la que los indios morían de hambre en espantosas crisis directamente relacionadas con la gestión colonial. La película de Duke se inspira en la figura de William Jardine (1784-1843) para montar una ficción romántica, erótica y heroica alrededor del principal narcotraficante de la historia que condenó a la drogodependencia a 150 millones de chinos y se convirtió en uno de los hombres más poderosos y ricos de su tiempo.

Mantenido durante mas de dos siglos de violencia, racismo y explotación, el imperio británico todavía se presenta de la forma más altiva y arrogante como una empresa civilizadora y modélica, al lado de los imperios francés, español, portugués etc., declarados defectuosos o manifiestamente fallidos.

“Para algunas naciones, España por ejemplo, la apertura del mundo fue una invitación a la prosperidad, al boato y la ambición, un antiguo modo de proceder. Para otras, como Holanda e Inglaterra, fue la ocasión de hacer cosas nuevas, de subirse a la ola del progreso tecnológico”, escribe David S. Landes. (En: La riqueza y la pobreza de las naciones. 1998). Esa coherencia con el más que ambiguo “vector del progreso” que apunta con satisfacción el ilustre historiador de Harvard, quizá explique la actual y renovada nostalgia por el imperio británico, sobre la que advierten dos autores críticos con el fenómeno ( Hickel y Sullivan). “Libros de gran repercusión como Empire: How Britain Made the Modern World, de Niall Ferguson y The Last Imperialist, de Bruce Gilley, han afirmado que el colonialismo británico trajo prosperidad y desarrollo a India y otras colonias. Hace dos años una encuesta de YouGov reveló que el 32% de los británicos se sienten orgullosos de la historia colonial del país”, apuntan.

Ese mismo orgullo hacia el pasado colonial está, sin duda, vergonzosamente vigente en muchas otras viejas naciones imperiales, pero en ninguna parte como entre los “ingleses de ambos lados del Atlántico” que Benjamín Franklin definió como “el núcleo más importante del pueblo blanco”, tiene ese sentir más consecuencias para el presente.

“El imperio tal y como había sido, llegó a su fin formalmente en la década de 1960, pero su infeliz legado sigue presente en el mundo actual, donde se producen numerosos conflictos en los antiguos territorios coloniales”, observa Richard Gott en su compendio sobre el imperialismo británico (Britain´s Empire, 2012). “Si Gran Bretaña tuvo tanto éxito con sus colonias, ¿por qué muchas de ellas siguen siendo fuentes importantes de violencia y disturbios?”, se pregunta. Los británicos -reducidos ahora a la humilde categoría de ayudantes del Sheriff, en aún mayor medida que el resto de los europeos- “han seguido librando guerras en las tierras de su antiguo imperio en el siglo XXI, y gran parte de la población británica ha regresado sin cuestionamientos a su antigua postura de aceptar sin pensar lo que se hace en su nombre en lugares lejanos del mundo”, dice Gott. El papel que en el siglo XIX desempeñaron la “civilización”, el “comercio” y el “cristianismo” impuestos a los “salvajes”, lo desempeña ahora la ideología de los derechos humanos la igualdad de géneros y otras nobles causas. Por todo ello, recordar las ejemplares hazañas de tan virtuoso imperio no es un ejercicio histórico sino un imperativo para la comprensión del presente y muy en particular para la comprensión de la complicidad europea (política, financiera, comercial, militar y mediática) con el genocidio palestino.

El Gulag británico
El imperio británico era una dictadura militar en la que los gobernadores coloniales imponían la ley marcial a la menor disensión. Durante más de 200 años fue escenario de constante revuelta y violencia represora. En la propia metrópoli centenares de miles fueron confinados en el Gulag insular de su majestad. Especialmente después de que la independencia de Estados Unidos cerrara aquel territorio colonial del nuevo mundo – en los treinta años anteriores a 1776 la cuarta parte de los emigrantes llegados a Maryland eran convictos – islas del Caribe como las Bermudas y Roatán, en Honduras, de Asia, como Penang, en Malasia, o del Índico como las Seychelles o Andamán, formaron parte del presidio insular británico, que también envió a muchos reclusos indios y chinos a Singapur. En el XIX, las Seychelles fueron prisión para líderes de revueltas y notables locales, de Zanzibar, Somalia, Egipto o Ghana, que por una u otra razón no podían ser ejecutados. El arzobispo Makarios, líder del nacionalismo helénico de Chipre, estuvo ahí recluido en fecha tan cercana como 1956. Pero fue Australia, la gran isla-continente que ofrecía espacios ilimitados, el gran destino que el gobierno necesitaba para los detritos sociales de su catastrófica revolución industrial, gran hito de ese “progreso” glosado por Landes.

En 1840 la mitad de la población de Tasmania, unos 30.000, la formaban reclusos. Como mantener a los presos en las cárceles metropolitanas era caro, las sentencias mínimas de deportación a Australia para sacárselos de encima, incluso por pequeños hurtos, eran de siete años. Entre 1788 y 1868, 162.000 condenados fueron enviados a Australia, entre ellos 4000 sindicalistas, cartistas, luditas, las famosas “hijas de Rebeca” de Gales, que rompían peajes y barreras para protestar contra la privatización y los peajes en las carreteras, así como 2000 revolucionarios irlandeses.

La terrible situación de represaliados y condenados de la metrópoli represaliando y masacrando a su vez a la población nativa en las colonias, que tan vivamente se dio en los Estados Unidos con las naciones indias, se repitió en otras colonias europeas y también en Australia. En 1824 el gobernador militar de Nueva Gales del Sur, dio licencia a los colonos, muchos de ellos ex convictos deportados, para matar aborígenes a discreción. El gobernador se llamaba Thomas Brisbane y su apellido da hoy nombre a una de las grandes ciudades australianas.

La hambruna de Irlanda
Algunos consideran la hambruna de China durante el Gran Salto Adelante (1958-1962) como la mayor de la historia. Un siglo antes, la hambruna de Irlanda (“An Gorta Mór”) fue bastante peor que la china si se tiene en cuenta la proporción de población implicada. Con ocho millones de habitantes, el hambre y sus consecuencias se llevaron a entre uno y dos millones de irlandeses. Algunos lugares perdieron la tercera parte de su población, la mitad muerta y la otra mitad por emigración. ( Patrick Joyce, 2024 Remembering Peasants. A personal History of a Vanished World).

“He visitado los desoladores restos de lo que en su momento fueron nobles pieles rojas en sus reservas de norteamérica y he explorado los barrios negros donde están degradados y esclavizados los africanos”, escribía en 1847 James Hack Tuke, un filántropo cuáquero inglés en una carta tras su visita a Connaught, “pero nunca he visto tanta miseria, ni una degradación física tan avanzada, como la de los moradores de los lodazales de Irlanda”.

Otros países como Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Rusia, también sufrieron plagas de la patata en 1846/1847, pero a diferencia de lo que ocurrió en Irlanda bajo el dominio británico, paralizaron las exportaciones de los demás alimentos para compensar la pérdida. La política inglesa destinaba a la exportación los alimentos producidos en Irlanda, una estrategia cuyo mantenimiento se consideraba más importante que la vida de los irlandeses. Uno de los protagonistas de esa política, el subsecretario de Hacienda Charles Trevelyan, estaba mas preocupado por “modernizar” la economía irlandesa que por salvar vidas, así que vio en la hambruna una oportunidad para aplicar reformas radicales de libre mercado.

“No nos cabe la menor duda de que, por causa de las inescrutables pero invariables leyes de la naturaleza, el celta es menos activo, menos independiente y menos trabajador que el sajón. Esta es la arcaica condición de su raza”, escribía The Times el diario central del establishment imperial.

The Economist, el mismo semanario que en los años noventa del siglo XX predicaba las virtudes de la terapia de choque rusa, que dejó por el camino una factura demográfica de medio millón -sobre todo hombres en edad laboral – mientras denostaba la mala reforma china, publicaba el 30 de enero de 1847 un editorial dedicado a la crisis irlandesa: “Que los inocentes sufran junto con los culpables es una triste realidad”, decía, “pero es una de las grandes condiciones en las que se basa la existencia de toda sociedad. Cada violación de las leyes de la moral y el orden social conlleva su propio castigo. Esa es la primera ley de la civilización”. (En: The Economist and the Irish Famine — Crooked Timber )

Desde el siglo XVI en Irlanda estaba vigente un diezmo por el cual los irlandeses mayormente católicos debían pagar la décima parte de sus ingresos anuales para financiar la iglesia protestante. Hasta 1829 los católicos que rechazaban el juramento protestante de lealtad a la corona no podían acceder a empleos públicos. Durante la hambruna los teólogos protestantes ingleses atribuían la plaga de la patata al “papismo”, es decir al catolicismo, que había “provocado la cólera de Dios”. El semanario satírico Punch publicaba constantemente caricaturas que presentaban a los irlandeses como simios brutos, sucios, perezosos, violentos y únicos responsables de su propia desgracia.

En 1847, mientras el Times ignoraba los desastres de la hambruna, en Estados Unidos se puso en marcha una campaña de ayuda que puso en evidencia al gobierno de Londres. Los paquetes en los que ponía “Irlanda” eran transportados gratuitamente en ferrocarril y se fletaron 114 barcos con ayuda.

El holocausto irlandés continuaba para los que lograban emigrar. En el último de los tres siglos de la trata negrera a lo largo de la cual unos diez millones de africanos fueron transferidos al nuevo mundo, con la mitad de ellos muertos en el proceso de captura y transporte, según uno de los grandes historiadores de ese tráfico ( Joseph Miller, 1988, en Way of Death), los emigrantes irlandeses conocieron un destino no muy diferente. En los barcos ingleses que transportaban a los emigrantes irlandeses a América, las condiciones eran tan espantosas que uno de cada cuatro moría durante el viaje o en los seis meses posteriores a su llegada al nuevo mundo. La mortandad registrada en lo que fue descrito como “buques ataúd”, no era inferior a la de los barcos que transportaban esclavos africanos a las colonias. Que esa mortalidad fuera particularmente alta en los barcos ingleses, describe una clara negligencia criminal: por cada muerte de un emigrante a bordo de un barco americano, había cuatro en uno británico y por cada enfermo que llegaba a Estados Unidos en un barco norteamericano, llegaban cinco en un buque británico. En 1847 de los 98.000 emigrantes que llegaron a Canadá en barcos ingleses, 25.000 murieron en el viaje o a los seis meses de su llegada. Todo esto fue noticia en la prensa de Estados Unidos y de Canadá, pero el Times de Londres lo ignoraba. El gobierno británico solo comenzó a tomar medidas en 1854, siete años después. (Thomas Gallagher. Hambre en Irlanda: la elegía de Pady. 2007).

La industria del entretenimiento ha ignorado por completo la hambruna de Irlanda, pero en 2018 una rara excepción irlandesa producida en Luxemburgo presentó en 2018 “Black 47”, del director y guionista Lance Daly, una película de acción con trepidante ritmo de western construida sobre el entramado de aquella histórica tragedia. The Times resaltó esta vez la “machista teatralidad” del film del que apuntó que “todo es profundamente absurdo, pero dentro de un entorno inquietantemente profundo”. The Independent destacó el carácter “excesivamente sombrío” de lo que calificó como “western de patatas” en alusión a los spaghetti western, y The Guardian lamentó que “la caricaturización de los villanos disminuya el impacto” de esa estupenda película que de todas formas fue un éxito de taquillaje…

Irlanda en Occidente y Birmania en Oriente fueron los territorios más potentes y tenaces en su resistencia a los ingleses, por lo que la represión fue allí particularmente cruda, pero también en India las convulsiones, hambrunas y revueltas fueron crónicas.

India

Según una estimación reciente, solo en los cuarenta años que van de 1880 a 1920 la colonización británica causó en la India unos 100 millones de muertes provocadas por el empobrecimiento de la población y la mayor frecuencia y mortandad de las hambrunas. (Jason Hickel, Dylan Sullivan, How British colonialism killed 100 million Indians in 40 years). “Se trata de una de las mayores crisis de mortalidad inducida por políticas de la historia de la humanidad”, señalan los autores. “Es mayor que la suma combinada de muertes que se produjeron durante todas las hambrunas de la Unión Soviética, la China de Mao, Corea del Norte, la Camboya de Pol Pot y la Etiopía de Mengistu”, todas ellas en el siglo XX, dicen. Antes de eso, en 1770, una gran hambruna asoló Bengala matando a unos 10 millones de sus habitantes, la tercera parte de la población. La situación fue agravada por el monopolio del arroz y otros productos impuesto por la Compañía Británica de las Indias Orientales que gobernaba el territorio. El colapso y los impuestos, combinados con la sequía y el hambre, marcaron el inicio del dominio inglés en India, un cuadro que se mantendría durante 200 años.

Desde su llegada al subcontinente en el siglo XVII, Gran Bretaña destruyó el sector manufacturero de la India, que exportaba tejidos a todo el mundo. El régimen colonial eliminó los aranceles para los productos textiles británicos y creó un sistema de impuestos y de barreras internas que impedían a los indios vender sus productos dentro del país y aun menos exportarlos. “Si la historia del dominio británico de India tuviera que condensarse en un único dato, sería este: entre 1757 y 1947 no hubo incremento del ingreso per cápita y en la segunda mitad del XIX los ingresos se redujeron seguramente en más de un 50 por ciento”, dice Mike Davis (Late victorian Holocausts, 2002). La nueva economía colonial fragilizó a las poblaciones ante las sequías y fenómenos naturales adversos que propiciaban el hambre. Según el historiador Robert C. Allen (Global Economic History: A Very Short Introduction, 2011) bajo el dominio británico la pobreza extrema pasó del 23% en 1810 a más del 50% a mediados del siglo XX, los salarios reales disminuyeron y las hambrunas se hicieron más frecuentes y más mortales. ¿Pasado remoto?

El político inglés más importante de la Segunda Guerra Mundial, Wiston Churchill, fallecido en 1965, era un racista confeso. En los años cuarenta del siglo XX se refirió a los indios como “un pueblo bestial con una religión bestial” y de la hambruna de 1943 en Bengala, que dejó tres millones de muertos, afirmaba que “fue culpa suya por reproducirse como conejos”. En 1919 Churchill se declaró “totalmente a favor del uso del gas venenoso contra las tribus incivilizadas”. En los años treinta definía a los palestinos como “hordas bárbaras que solo comen estiércol de camello”. Antes de la guerra fue un admirador de Mussolini (“no pude evitar sentirme encantado por su porte gentil y sencillo y su sereno aplomo”) y tenía palabras de elogio para Hitler en 1937, el año de Guernika: “a uno le puede disgustar el sistema de Hitler y, sin embargo, admirar sus logros patrióticos. Si nuestro país fuera derrotado, espero que encontremos un campeón tan admirable que nos devuelva el valor y nos conduzca de nuevo a nuestro lugar entre las naciones”. En la campaña electoral de 1955 Churchill propuso para el partido conservador un lema que muchos europeos suscriben hoy: “mantener a Gran Bretaña blanca”. (Publicado en Ctxt) 

Fuente:

sábado, 11 de octubre de 2025

Los derechos humanos en crisis

Fuentes: Rebelión


Las principales instituciones internacionales y el concepto mismo de derechos humanos atraviesan una crisis de fondo de resolución incierta. En gran medida, determinada por un nuevo reordenamiento geopolítico internacional que pone en cuestión el multilateralismo, la vigencia de acuerdos básicos y el propio funcionamiento del sistema onusiano. Hasta inicios de septiembre, 124 de los 193 Estados miembros de la ONU no habían pagado su contribución al presupuesto ordinario anual de la organización. 

El abogado austríaco Volker Türk, Alto Comisionado de las Naciones Unidas (ONU) para los derechos humanos, denunció el lunes 8 de setiembre un panorama mundial en el cual la glorificación de la violencia y la erosión del derecho internacional aparecen como dos constantes principales.

En la apertura de la reunión anual del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, Suiza, su radiografía de los principales problemas con los que se confronta el Consejo también sirvió de pauta para evaluar los riesgos y las amenazas contra el consenso humanitario mundial.

El Consejo es el organismo intergubernamental de las Naciones Unidas encargado de fortalecer la promoción y protección de los derechos humanos, lidiar con sus violaciones y formular recomendaciones para mejorar su cumplimiento. Existe desde 2006 (sucesor de la antigua Comisión de Derechos Humanos) y está compuesto por representantes de cuarenta y siete Estados miembros, aunque cuenta con el consenso de toda la comunidad onusiana. En sus diecinueve años de existencia adoptó 1.481 resoluciones y encomendó 60 investigaciones sobre casos específicos (Procedimientos Especiales), esfuerzos todos que se relativizan ante la amplia lista de fracasos y retrocesos, https://www.ohchr.org/es/hrbodies/hrc/home.

Gaza, gran fracaso
Tema central del preocupante panorama global presentado por Türk, la situación actual en Gaza. En su análisis, el asesinato masivo de civiles palestinos por parte de Israel, el sufrimiento indescriptible y la destrucción total en esa región, los obstáculos a la ayuda humanitaria necesaria para salvar vidas y la consiguiente hambruna de la población civil, así como el asesinato de periodistas, personal de la ONU y trabajadores de ONG y la lista interminable de crímenes de guerra, están conmocionando la conciencia del mundo. “Me horroriza el uso abierto de una retórica genocida y la vergonzosa deshumanización de los palestinos por parte de altos funcionarios israelíes”, remarcó Türk. Quien además reconoció que, si bien Israel “sigue profundamente traumatizado tras los terribles ataques de Hamás y otros grupos armados el 7 de octubre de 2023” y la toma de rehenes ese día, la mayor militarización, ocupación, anexión y opresión en Gaza sólo alimentarán más violencia, represalias y terror. Israel, alegó Türk, “tiene la obligación legal de tomar las medidas ordenadas por la Corte Internacional de Justicia para prevenir actos de genocidio, castigar la incitación al genocidio y garantizar el arribo de suficiente ayuda a los palestinos en Gaza”.

Por último, Türk desafió a la comunidad internacional a rectificar su actitud actual pues considera que “está incumpliendo su deber […] Le estamos fallando al pueblo de Gaza”. La inacción no es una opción, enfatizó Türk, y llamó a que se detenga el flujo de armas hacia Israel y a que se ejerza la máxima presión para asegurar un alto al fuego, así como la liberación de todos los rehenes y de cualquier otra persona detenida arbitrariamente. Por otra parte, es imperioso tomar medidas decisivas para oponerse a la ocupación militar israelí de Gaza y la anexión total de una Cisjordania ya bastante ocupada. Y respaldar incondicionalmente el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino, https://www.ohchr.org/en/statements-and-speeches/2025/09/hc-turk-updates-human-rights-council-we-need-safeguard-eighty-years.

Otros retrocesos
Otros conflictos, según el titular del Consejo, también están contribuyendo a oscurecer el panorama por momentos de por sí desolador de los derechos humanos en el plano internacional.

La lista es extensa: la guerra entre Rusia y Ucrania, agudizada en los últimos meses; la crisis en Sudán, donde tanto las Fuerzas de Apoyo Rápido como las Fuerzas Armadas siguen mostrando un total desprecio por el derecho internacional humanitario y los derechos humanos. La magnitud del sufrimiento del pueblo sudanés es insondable y exige toda la atención del mundo.

En Myanmar, cuatro años después del golpe de 2021, el pueblo se encuentra sumido en una terrible crisis de sus derechos fundamentales. El ejército ataca a la población civil en sus hogares, aldeas, escuelas y campamentos con ataques aéreos y bombardeos, detenciones arbitrarias, tortura, violencia sexual y reclutamiento forzado.

El panorama es igualmente dramático en la República Democrática del Congo, donde se perpetúan graves violaciones y abusos por parte de todas las partes en conflicto. La transición política en Siria tras la caída del régimen de Bashar al-Assad sigue siendo frágil. La situación en la ciudad siria de As-Suwayda, cerca de la frontera con Jordania, no es menos preocupante debido al aumento de la violencia sectaria y graves abusos contra los derechos humanos.

Haití se hunde cada vez más en la anarquía en medio de una violencia pandillera endémica. En Nigeria, la violencia ha experimentado una gran escalada, con enfrentamientos intercomunitarios agravados por las masacres y los desplazamientos masivos provocados por Boko Haram y otros grupos armados. A pesar de las promesas gubernamentales de garantías en su accionar, aumentan las denuncias de graves violaciones cometidas por las fuerzas de seguridad nigerianas en el contexto de operaciones antiterroristas.

Pero los conflictos bélicos no son lo único que le inquieta a Türk. Igualmente preocupante, a su juicio, es la tendencia de ciertas naciones a retirarse unilateralmente de históricos marcos multilaterales. Tal es el caso de Estados Unidos, por ejemplo, con respecto al Acuerdo de París y el Consejo de Derechos Humanos; las sanciones de Rusia y Estados Unidos contra magistrados de la Corte Penal Internacional y la decisión de Estonia, Finlandia, Letonia, Lituania y Polonia de retirarse del Tratado de Ottawa sobre minas terrestres. También el menosprecio de varios gobiernos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, acordada en 2015 por la comunidad internacional, actitud que debilita la red de cooperación global y regional cuidadosamente construida durante décadas.

Según Türk, no se puede subestimar el impacto negativo que resulta de esta actitud, como el hecho de que algunos Estados se están convirtiendo en una extensión del poder personal de sus gobernantes. Si bien los “marcos globales y regionales distan mucho de ser perfectos”, puntualizó, los Estados deben fortalecerlos y reformarlos, no desmantelarlos, agregando que “no podemos volver a los modos de pensar y de planteamientos obsoletos que condujeron a dos guerras mundiales y al Holocausto”.

El argumentario de Türk cuestiona lo que él considera un falso concepto de soberanía para fundamentar el debilitamiento del multilateralismo. «La Carta de la ONU”, recordó, “dio a luz una nueva era geopolítica al consagrar la igualdad soberana de los Estados [ya que] la soberanía nacional es el fundamento de las instituciones multilaterales y del derecho internacional”. Y cuando los Estados firman acuerdos internacionales, “están ejerciendo su soberanía nacional, no limitándola”. Con esa soberanía, alegó el responsable del Consejo de los Derechos Humanos, viene la responsabilidad de proteger los derechos de sus respectivas naciones, no lo contrario, pues “la soberanía no significa tener la propiedad sobre las personas”.

Una sociedad civil enérgica
Este diagnóstico sobre la crisis de los derechos humanos es compartido por muy diversos organismos no gubernamentales y movimientos sociales. En su Informe 2025, por ejemplo, Amnistía Internacional sostiene que “El mundo se encuentra en una encrucijada histórica” y que “el ideal de los derechos humanos universales está sufriendo el acoso implacable de fuerzas sin precedentes, que tratan de destruir un sistema internacional forjado con la sangre y el sufrimiento de la Segunda Guerra Mundial y su Holocausto”. Según Amnistía, esta cruzada religiosa, racial y patriarcal, cuyo objetivo es imponer un orden económico basado en una desigualdad aún mayor entre los Estados y dentro de ellos, “pone en peligro los avances realizados en los últimos 80 años en materia de igualdad, justicia y dignidad”.

En el prefacio de dicho Informe, Agnès Callamard, su secretaria general, afirmó que los Estados poderosos se están burlando de la historia. Que actúan como si las lecciones que dejaron las décadas de 1930 y 1940, desde la Convención sobre el Genocidio a los Convenios de Ginebra y pasando por la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Carta de la ONU, pudieran dejarse de lado, olvidarse y eliminarse. En su reflexión, Callamard además alegó que, “con la elección de Donald Trump y el significativo desembarco del mundo empresarial en su gobierno, nos dirigimos a pasos agigantados hacia una época brutal, donde el poder militar y económico prevalece sobre los derechos humanos y la diplomacia, donde las jerarquías raciales y de género y el pensamiento de suma cero (“si yo gano, tú pierdes”) conforman las políticas y donde el nacionalismo nihilista impulsa las relaciones internacionales” (https://www.amnesty.org/es/documents/pol10/8515/2025/es/).

Con otras palabras, pero con importantes coincidencias en lo que hace a la defensa de los derechos humanos fundamentales, se expresaron las representantes de organizaciones feministas de base de la Marcha Mundial de las Mujeres en quince países del continente. Reunidas a fines de agosto en San Cristóbal de las Casas, México, en su Declaración final afirmaron que “En un mundo donde se imponen guerras y carreras armamentistas, se invaden territorios, se silencian genocidios y el objetivo es expandir el imperialismo, las mujeres de la región asumen la responsabilidad de seguir defendiendo la paz en el continente y en el mundo”. Y señalaron que también ellas se han unido a la demanda popular de no rendirse ante la injusticia, la matanza de niños y mujeres y el uso de la violencia sexual y el hambre como armas de guerra. Además, denunciaron el genocidio del pueblo palestino y criticaron a las instituciones internacionales cómplices por su silencio e inacción. Su denuncia se extendió a las derechas en ascenso, el fascismo y el fundamentalismo religioso que atacan por igual los derechos conquistados y estigmatizan las luchas por la justicia con discursos de odio.

La crisis sistémica de los derechos humanos es una muy mala señal civilizatoria. Donde ellos no se respetan, la ley de la selva se convierte en el único marco, tan frágil y autoritario como anti derechos y antihumano.

 Por Sergio Ferrari 

sábado, 15 de marzo de 2025

«Basta de limpieza étnica»

Fuentes: democracynow.org/es

Discursos de los directores palestino e israelí de la película “No Other Land”, ganadora del Premio Óscar a mejor documental. Watch/Listen/Read in English La película palestino-israelí “No Other Land” ganó el Premio Óscar al mejor documental en la ceremonia celebrada el domingo 2 de marzo. La película sigue a la comunidad palestina Masafer Yatta, ubicada en el territorio ocupado de Cisjordania, en su lucha por permanecer en sus tierras frente a las demoliciones de viviendas que lleva a cabo el ejército israelí y los violentos ataques de colonos judíos que buscan expulsarla. El equipo que realizó la película está conformado por cineastas palestinos e israelíes, entre ellos el periodista palestino Basel Adra, habitante de Masafer Yatta, y el periodista israelí Yuval Abraham quienes, además, protagonizan el documental. Para ver el informe completo en inglés, haga clic aquí. Transcripción AMY GOODMAN: El domingo se celebraron los premios Óscar. En la categoría de mejor documental se hizo historia. SAMUEL L. JACKSON: “Y el Óscar es para ‘No Other Land’”. AMY GOODMAN: La película palestino-israelí “No Other Land” (en español, Ninguna otra tierra) ganó en la categoría de mejor documental. La película aborda la lucha de los palestinos en la comunidad de Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, para permanecer en su tierra a pesar de los violentos ataques de colonos judíos que buscan expulsarlos. El documental fue realizado por un equipo de cineastas palestino-israelíes, entre ellos el periodista palestino Basel Adra, que vive en Masafer Yatta, y el periodista israelí Yuval Abraham. Ambos hablaron en la ceremonia. Estas fueron las palabras expresadas por Basel Adra, quien se convirtió en el primer cineasta palestino en ganar un Óscar. BASEL ADRA: “Muchas gracias a la Academia por el premio. Es un gran honor para nosotros cuatro y para todos los que nos apoyaron en la realización de este documental. Hace unos dos meses, me convertí en padre. Y espero que mi hija no tenga que vivir la misma vida que yo estoy viviendo ahora, siempre con miedo, siempre temiendo los actos de violencia de los colonos, las demoliciones de viviendas y los desplazamientos forzados que mi comunidad, Masafer Yatta, enfrenta todos los días bajo la ocupación israelí. ‘No Other Land’ refleja la dura realidad que hemos padecido durante décadas y a la que aún nos resistimos mientras pedimos al mundo que adopte medidas serias para detener la injusticia y detener la limpieza étnica del pueblo palestino”. Por su parte, Yubal Abraham, expresó: YUVAL ABRAHAM: “Hicimos esta película, palestinos e israelíes, porque juntos nuestras voces son más fuertes. Nos vemos unos a otros. Vemos que la atroz destrucción de Gaza y su pueblo debe terminar, y que los rehenes israelíes brutalmente capturados en los ataques del 7 de octubre \[de 2023] deben ser liberados. Cuando miro a Basel, veo a mi hermano. Pero no somos iguales. Yo vivo bajo un régimen en el que yo soy libre bajo la ley civil y Basel está bajo leyes militares que destruyen su vida y que él no puede controlar. Hay un camino diferente: una solución política, sin supremacía étnica, con derechos nacionales para ambos pueblos. Y tengo que decirlo aquí: la política exterior de este país está ayudando a bloquear ese camino. ¿No ven que estamos interconectados? ¿Que mi pueblo puede estar realmente seguro si el pueblo de Basel es realmente libre y está seguro? Hay otro camino. No es demasiado tarde para la vida, para quienes están vivos. No hay otro camino. Muchas gracias”. AMY GOODMAN: Esas fueron las palabras expresadas por Yuval Abraham y Basel Adra, codirectores de “No Other Land”, la película que acaba de ganar el Óscar al Mejor Documental. Visite democracynow.org/es para ver nuestras entrevistas con Yuval Abraham y Basel Adra. Traducido y editado por Igor Moreno Unanua e Iván Hincapié. Fuente: https://www.democracynow.org/es/2025/2/18/basel_adra

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Fracaso moral de la humanidad frente a los niños de Gaza. El 96% de los niños de Gaza teme una muerte inminente y la mitad quiere morir.

Fuentes: Common Dreams [Imagen: una niña palestina en estado de shock tras un bombardeo israelí de una escuela de la UNRWA en el campo de refugiados de Nuseirat. Foto: Salama Nabeel Eaid Younes]




«El fracaso del mundo para proteger a los niños de Gaza es un fracaso moral a escala monumental», dice uno de los defensores de derechos humanos.

En medio de un implacable ataque israelí que ha causado una destrucción física y psicológica monumental en Gaza, un informe publicado esta semana reveló que casi todos los niños en el asediado enclave palestino creen que su muerte es inminente y casi la mitad de ellos quieren morir.

El Centro de Capacitación Comunitaria para la Gestión de Crisis, con sede en Gaza, apoyado por War Child Alliance, encuestó a más de 500 niños palestinos en Gaza en junio pasado y descubrió que el 96% de ellos teme una muerte inminente, el 92% no acepta la realidad, el 79% sufre pesadillas, el 77% evita hablar de eventos traumáticos, el 73% muestra signos de agresión, el 49% desea morir a causa de la guerra y muchos más “muestran signos de retraimiento y ansiedad severa, junto con una sensación generalizada de desesperanza”.

“Este informe deja al descubierto que Gaza es uno de los lugares más horrorosos del mundo para los niños”, afirmó la directora ejecutiva de War Child UK, Helen Pattinson, en un comunicado. “Además de la destrucción de hospitales, escuelas y hogares, se ha dejado un rastro de destrucción psicológica que han causado heridas invisibles, pero no por ello menos destructivas, en niños que no tienen ninguna responsabilidad por esta guerra”.

El ataque israelí de 434 días contra Gaza —que es objeto de un denuncia por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia— ha dejado decenas de miles de niños muertos, mutilados, desaparecidos o huérfanos, y cientos de miles más desplazados por la fuerza, hambrientos o enfermos. Los médicos y otras personas, incluidos voluntarios de los Estados Unidos, han documentado muchos casos en los que han llegado a la conclusión de que los francotiradores israelíes y otras tropas han disparado deliberadamente a los niños en la cabeza y el pecho.

“El daño causado a los niños de Gaza va más allá de las estadísticas. Detrás de cada número hay un nombre, una vida y un futuro que se está extinguiendo antes de que pueda siquiera comenzar”, dijo Iain Overton, director ejecutivo del grupo británico Action on Armed Violence, en respuesta al nuevo informe.

“El fracaso del mundo a la hora de proteger a los niños de Gaza es un fracaso moral de escala monumental”, añadió. “Debemos actuar con decisión y compasión para garantizar que se escuchen las voces de estos niños y se proteja su futuro”.

En octubre, la organización benéfica Oxfam Internacional, con sede en el Reino Unido, afirmó que el año de ataques israelíes contra Gaza ha sido el año de conflicto más mortífero para las mujeres y los niños en cualquier parte del mundo en las últimas dos décadas. Hace un año, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia calificó a Gaza como “el lugar más peligroso del mundo para ser un niño”. A principios de este año, el Secretario General de la ONU, António Guterres, añadió por primera vez a Israel a su llamada “Lista de la vergüenza” de países que matan y hieren a niños durante las guerras y otros conflictos armados.

“La comunidad internacional debe actuar ahora, antes de que la catástrofe de salud mental infantil que estamos presenciando se convierta en un trauma multigeneracional, cuyas consecuencias la región tendrá que afrontar durante décadas”, subrayó Pattinson. “Un alto el fuego debe ser el primer paso inmediato para permitir que War Child y otras agencias respondan de manera efectiva al intenso daño psicológico que están sufriendo los niños”.

Al referirse a la complicidad de aliados como Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña, que proporcionan armas y cobertura diplomática a Israel , el parlamentario progresista del Reino Unido Jeremy Corbyn escribió en las redes sociales en respuesta al nuevo informe: “Todos y cada uno de los proveedores de armas a Israel tienen sangre en sus manos, y el mundo nunca los perdonará”.

* Artículo publicado en Common Dreams.

Fuente de la traducción al castellano:



domingo, 21 de abril de 2024

¿Por qué no se castiga a Israel y sí a Cuba?

Traducido del neerlandés para Rebelión por Sven Magnus

Algunos creen y a otros les gusta proclamar que la política internacional se basa en valores y buenas intenciones. El trato que reciben Israel y Cuba destruye completamente esa creencia.

¿Dónde está la lógica? Cuba, un país que no hace daño a nadie y envía más médicos a todo el mundo que la Organización Mundial de la Salud, ha sido duramente sancionado durante más de 60 años.

En cambio, el Estado de apartheid de Israel está perpetrando un genocidio ante nuestros ojos y, sin embargo, no se le impone sanción económica ninguna. Al contrario, recibe miles de millones de dólares en ayuda y muchísimo armamento pesado para poder efectuar esas masacres.

¿Cuáles son las razones de este doble escándalo?

Castigar los ejemplos

A pesar de su carácter ilegal, el bloqueo económico, comercial y financiero de Cuba ha sido el eje central de la política estadounidense respecto a la isla desde la victoria de la revolución en 1959. Esta política es lo que Chomsky describe como «la obsesión histérica de Washington por aplastar a Cuba».


Hay varias razones para esta obsesión. A finales del siglo XIX Cuba se incorporó como neocolonia a Estados Unidos, que desde entonces controló partes importantes de la economía cubana y no quería perder ese control.

Pero, sobre todo, era inaceptable que un país situado a apenas 180 km de Estados Unidos tomara un rumbo progresista. Además, esto podría animar a otros países a seguir su ejemplo. Por tanto, había que cortar de raíz esta revolución.

Según un memorándum de 1960 del Ministerio de Relaciones Exteriores, «se debían utilizar inmediatamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba.» El objetivo era «reducir los salarios, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno».

Poco después la administración Eisenhower impuso un embargo que más tarde se convertiría en un bloqueo económico (además de presionar a terceros países para que cesaran sus relaciones económicas con Cuba). El primer objetivo de las sanciones económicas era acabar con la revolución y, si eso fracasaba, dañar al país todo lo posible para que el socialismo cubano no fuera un ejemplo para otros países.

Y ese ejemplo no solo se aplica a América Latina, sino también al propio Estados Unidos. Una cuarta parte de los ciudadanos estadounidenses afirma que él o un miembro de su familia pospone el tratamiento de una enfermedad grave debido al coste. Estudiar está reservado solo a los más pudientes o a los estudiantes dispuestos a endeudarse mucho.

En Cuba esas situaciones son impensables; allí, estar enfermo o estudiar no son un lujo. El poder adquisitivo es mucho menor que en Estados Unidos, pero la sanidad y la educación son gratuitas. Un negro residente en Estados Unidos muere de media seis años antes que un cubano (1) y la mortalidad infantil en Cuba es inferior a la del «país de la libertad».

Por ensayo y error, Cuba ha logrado construir un proyecto de sociedad diferente que no se centra en el beneficio, sino en el desarrollo social, intelectual y cultural de su pueblo. A pesar de las severas sanciones económicas, Cuba se sitúa en torno a la media de la OCDE, el club de los países ricos, en términos de esperanza de vida, mortalidad infantil, niveles de educación, etc.

Cuba alcanza esa elevada puntuación social con una renta per cápita ocho veces inferior a la de Estados Unidos. Si Cuba es capaz de lograr tanto con tan pocos recursos y a pesar del bloqueo, ¿de qué no sería capaz Estados Unidos?

Actualmente 30.000 trabajadores sanitarios cubanos llevan a cabo su labor en 66 países, entre ellos Italia. En los últimos 60 años los médicos cubanos han tratado a dos mil millones de personas en todo el mundo. Si Estados Unidos y Europa hicieran el mismo esfuerzo que Cuba, juntos enviarían a más de dos millones de médicos al mundo y la escasez de personal sanitario en el Sur se solucionaría de la noche a la mañana.

El bloqueo económico más largo y extenso de la historia

¿También por eso está Cuba tan en el punto de mira? De cualquier forma, el propio gobierno de Estados unidos declara que el bloqueo contra Cuba es «una de las sanciones más exhaustivas de Estados Unidos contra cualquier país». El objetivo es aislar económicamente la isla lo más posible del resto del mundo y perjudicarla así al máximo.

Con Trump ese aislamiento se intensificó hasta niveles sin precedentes con 243 nuevas y duras sanciones, y la inclusión de Cuba en la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo (SSOT), que excluye a Cuba de las transacciones bancarias internacionales y dificulta cada vez más la compra de artículos de primera necesidad, como combustible, alimentos, medicinas y productos de higiene.

Biden ha mantenido bastante íntegras esas sanciones reforzadas, con consecuencias desastrosas. Como resultado ahora hay una escasez de alimentos, medicinas y energía. Durante la pandemia Estados Unidos incluso impidió que se suministraran respiradores a Cuba en un momento en que el país los necesitaba urgentemente, lo que provocó muchas muertes. Según la convención de la ONU (Artículo II, b y c), se puede calificar el bloqueo de genocidio.

El carácter extraterritorial del bloqueo hace imposible o arriesgado para las empresas o instituciones financieras europeas establecer relaciones económicas con Cuba. Se trata de una violación flagrante del Derecho Internacional y un ataque a la soberanía europea. Pero la Unión Europea se somete a esta esclavitud y se hace así cómplice del régimen de sanciones estadounidense.

En noviembre del año pasado la Asamblea General de la ONU condenó por abrumadora mayoría el bloqueo estadounidense contra Cuba por trigésimo año consecutivo. Votaron a favor 185 países, el único país que junto con Estados Unidos se negó a condenar el bloqueo fue … Israel.

Por ello es interesante examinar ese país y su relación con Estados Unidos.

Una de las campañas militares más destructivas de la historia Mientras Cuba lleva más de 60 años en el punto de mira de Estados Unidos y sufre el bloqueo económico más prolongado de la historia, el Estado judío puede permitirse casi cualquier cosa.

Según los expertos, la campaña militar en Gaza es «una de las más mortíferas y destructivas de la historia reciente». Se mata a civiles y se arrasan barrios enteros a una escala que se podría calificar de industrial y se hace con la ayuda de tecnología punta, incluida la inteligencia artificial.

En poco más de cuatro meses han muerto más niños en Gaza que en cuatro años de guerras en todo el mundo. Cifras similar se contabilizan respecto a la cantidad de periodistas asesinados.

Además de estos destructivos “bombardeos de saturación”, Israel está matando deliberadamente de hambre a la población civil palestina, según un alto experto de la ONU. Oficialmente, el objetivo es -eliminar a Hamás. Pero la ferocidad y la crueldad de la operación delatan que se trata de una excusa para hacer inhabitable la zona y deportar completamente a la población.

Sin la resistencia egipcia y la presión internacional la población de la franja de Gaza podría haber sido expulsada al desierto del Sinaí.

En enero la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya dictaminó que, en cualquier caso, existen pruebas suficientes para investigar a Israel por cargos de genocidio. Para Francesca Albanese, Relatora Especial de la ONU sobre los derechos humanos en los territorios ocupados, «se ha cruzado el umbral que indica la comisión del delito de genocidio».

Racismo y militarismo

Esta matanza masiva no es un exceso, sino el vástago y tal vez la culminación del antiguo sueño sionista de gobernar la región desde «el mar hasta el Jordán», como figura en los estatutos del partido de Netanyahu. Este sueño sionista solo puede realizarse sobre la base del racismo y el militarismo.



Con razón, Israel ha sido calificado como «el Estado más racista del mundo». La creación del Estado judío en 1948 vino acompañada de una matanza masiva y una limpieza étnica de aproximadamente la mitad de la población palestina. A partir de entonces, el Estado israelí se esforzó por tener el menor número posible de personas palestinas en el mayor territorio anexionado posible.

Con la Guerra de los Seis Días de 1967 Israel cuadruplicó su territorio y a partir de entonces comenzó la colonización activa de Cisjordania, donde la población palestina sufren humillaciones, vejaciones y privaciones. Miles de personas palestinas, incluidos niños, han sido secuestradas y recluidas durante años sin juicio en las cárceles de Israel.

Pero eso no es nada comparado con Gaza. Su población está sometida ahí a un bloqueo total desde 2007. La franja de Gaza se convirtió nada más ni nada menos que en un campo de concentración. No en vano Amnistía Internacional calificó a Israel de un Estado de apartheid.

Israel también es probablemente el Estado más militarista del mundo. Después de Qatar, Israel es el país que más gasta per cápita en producción bélica. La sociedad civil está completamente impregnada de soldados e instalaciones militares. Con el servicio militar completo para todos los hombres y mujeres, y el servicio de reserva para toda la población judía hasta que cumplen 40 años, las y los judíos israelíes alternan constantemente entre el papel de civil y el de soldado, y la línea divisoria entre ambos se va borrando.

La industria militar es una de las más avanzadas del mundo. Su éxito se basa en dos cosas. En primer lugar, en el servicio militar obligatorio,que selecciona a las mejores mentes científicas y tecnológicas para las unidades de investigación y desarrollo de defensa.

En segundo lugar, en la política de colonización y las guerras militares regulares contra Gaza. La población palestina es un campo de entrenamiento excelente para la industria de la seguridad. Se prueban con ella los últimos artilugios de seguridad o las técnicas de ataque más recientes. En otras palabras, es armamento ‘probado en combate’. Las guerras en Gaza son excelentes ‘ejercicios prácticos’ para las últimas armas y drones del complejo militar industrial israelí.

Israel cuenta en la actualidad con unas 600 empresas que exportan tecnologías y servicios de seguridad. Anualmente exportan armas por más de 12.000 millones de dólares (lo que equivale al 2,6% del PIB). El historial de esas entregas de armas hiela la sangre.

Israel vendió armas al gobierno sudafricano del apartheid en 1975 e incluso accedió a suministrar cabezas nucleares. Se suministró napalm y otras armas a El Salvador durante las guerras contra la insurgencia entre 1980-1992, que mataron a más de 75.000 civiles (de una población de 5 millones).

Durante el genocidio de Ruanda en el que murieron al menos 800.000 personas, se utilizaron balas, rifles y granadas israelíes. Y en septiembre de 2023 Israel entregó drones, cohetes y morteros a Azerbaiyán para su campaña para retomar Nagorno-Karabaj y desplazar a 100.000 armenios.

No es solo una cuestión de exportación de armas. Desde sus inicios Israel ha apoyado a toda una serie de regímenes de derecha y dictaduras militares. El ejército israelí puso su experiencia y conocimientos acumulados a disposición de los regímenes más brutales de la época: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Venezuela.

La participación más sangrienta se produjo en Guatemala. Israel participó entre bastidores en una de las campañas contrarrevolucionarias más violentas que ha vivido el hemisferio occidental desde la conquista. Más de 200.000 personas, en su mayoría indias, murieron en el proceso.

Durante la guerra civil en Siria Israel colaboró con combatientes yihadistas tanto de Al Qaeda como del EI. Entre otras cosas, podían contar con tratamiento médico en Israel.

¿Por qué amigos tan íntimos?

Basándose en todo ese desprestigio, cabría esperar que Estados Unidos y Occidente trataran a ese país como un Estado paria. Pero en realidad hace todo lo contrario. Desde su creación Israel ha sido el mayor receptor de ayuda exterior estadounidense. En total ha recibido unos 300.000 millones de dólares en ayuda económica y militar.

En 1989 Estados Unidos concedió a Israel el estatus de ‘principal aliado no perteneciente a la OTAN’, lo que le dio acceso a amplios sistemas de armamento. Israel fue el primer país en recibir aviones de combate F-35 de fabricación estadounidense, los más avanzados del mundo. Estados Unidos también ayudó a financiar y producir la Cúpula de Hierro, el sistema de defensa antimisiles de Israel.

En cualquier caso, el apoyo extremadamente generoso de Washington ha convertido a Israel en la potencia militar más fuerte de la región, sin duda alguna. Ni siquiera el genocidio y un crimen de guerra tras otro detienen la llegada de dinero. Por el contrario, tras la guerra contra Gaza la Casa Blanca aprobó un paquete de ayuda masiva por valor de 14,5 mil millones de dólares.

Si Estados Unidos ejerce algún tipo de presión política sobre Israel, por ejemplo para que permita más ayuda humanitaria, es solo por motivos puramente electorales de Biden y para salvar la cara en la medida de lo posible ante la opinión pública mundial.

Los lazos con Europa también son sólidos. Israel tiene un acuerdo de asociación económica con la Unión Europea, que también es su mayor socio comercial. La colaboración científica es intensa. “Horizonte Europa” es el principal programa de financiación de la Unión Europea para investigación e innovación en Israel, con un presupuesto de 95.500 millones de euros para un periodo de siete años.

Después de todo, Europa también es un importante suministrador de armas a Israel. Casi una cuarta parte de todas las armas importadas por el Estado judío proceden de Alemania e Italia. Tras la guerra de Suez de 1956 Francia proporcionó asistencia nuclear a Israel, lo que le permitió convertirse en una potencia nuclear.

Tras el asesinato de 224 trabajadores humanitarios, al menos 93 periodistas, más de 13.000 niños de y 8.400 mujeres, y la inanición de más de dos millones de civiles, sigue ausente algún tipo de señal de sanciones por parte de Europa. ¿Qué otras atrocidades tendrá que cometer Israel para que Europa tome medidas?

Mucho ruido y pocas nueces desde Europa. Siguen saliendo armas desde los puertos europeos hacia Israel y el Estado sionista puede participar en el festival Eurovisión sin problema alguno.

Se plantea entonces la cuestión de por qué Estados Unidos y Occidente continúan apoyando incondicionalmente un régimen terrorista. La razón principal no hay que buscarla muy lejos y tiene que ver con la ubicación altamente estratégica del Estado judío. Israel está situado en Oriente Medio, región donde se encuentra el 48% de las reservas de petróleo de y el 40% de las de gas.

Esta región también conecta Europa con Asia y es crucial para el comercio internacional. Alrededor del 30% de todos los contenedores marítimos del mundo pasan por el cercano Canal de Suez. La región también es crucial para las Nuevas Rutas de la Seda de China o su homólogo, el llamado corredor económico India-Medio Oriente Europa (IMEC).

Se puede considerar a Israel una base militar avanzada de Estados Unidos dotada de un socio muy fiable, que ayuda a mantener bajo control esta región tan estratégica. Recientemente, Robert F. Kennedy Jr., sobrino del Presidente John F. Kennedy, lo expresó con agudeza : «Israel […] es casi como tener un portaaviones en Oriente Medio».

Israel hace de policía de la región. Desde su creación Israel ha librado con éxito varias guerras contra los Estados árabes vecinos. El ejército israelí realiza regularmente incursiones o ataques contra países o grupos no afines a Occidente: Siria, Irak, Líbano e Irán.

En el pasado Washington podía confiar en otros tres aliados (Irán, Arabia Saudí y Turquía) para su agenda geopolítico en la región. Desde 1979 ha perdido el apoyo de Irán, y en los últimos años Arabia Saudí y también Turquía han seguido una trayectoria cada vez más independiente. Esto deja a Israel como el único e insustituible aliado que queda en esta región fundamental. Hay que recordar que Israel es también el único país que tiene armas nucleares en Oriente Medio. Eso explica por qué el Estado judío puede permitirse casi cualquier cosa y actuar con casi total impunidad.

Farsa

Si hemos de creer a los líderes occidentales, sus políticas se basan en valores y buenas intenciones. En sus propias palabras, Biden basa sus relaciones exteriores en «defender los derechos universales, respetar el estado de derecho y tratar a todos con dignidad». El Tratado de la Unión Europea afirma que la Unión se basa en valores como «el respeto de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el estado de derecho y el respeto de los derechos humanos».

A la luz de cómo tratan Estados Unidos y Europa a Israel y Cuba, esto es una farsa. El llamado ‘orden internacional basado en normas’ es una cortina de humo para ocultar la realidad: puros intereses económicos y geoestratégicos.

El primer ministro de Malasia, Anwar Ibrahim, no se anda con rodeos: «La desgarradora tragedia que sigue ocurriendo en Gaza ha puesto de manifiesto la naturaleza egoísta del tan estimado y cacareado orden basado en normas».

El tratamiento tan diferente de Cuba e Israel ilustra la quiebra moral del orden occidental, un orden que cada vez se toma menos en serio en el Sur global. Las relaciones Norte-Sur se están inclinando, no sólo económicamente, sino también ideológicamente. Comienza una nueva era.

Fuentes:

Why does the US support Israel?

US sends Israel 100+ weapons shipments. Most Americans oppose it – but Biden ignores them

Nota: (1) Financial Times, 25 de febrero de 2021, p. 1.

Artículo original: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2024/04/05/waarom-israel-niet-en-cuba-wel-keihard-gestraft-wordt/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión como fuente de la traducción.

sábado, 13 de abril de 2024

De la Guerra Civil a Gaza y Ucrania, historia de los bombardeos que apuntan contra los civiles.

Imagen de los bombardeos de Madrid por parte de la aviación del bando sublevado durante la Guerra Civil.
Imagen de los bombardeos de Madrid por parte de la aviación del bando sublevado durante la Guerra Civil.
El investigador Sheldon Garon resalta en un ensayo el precedente que significó la contienda española en la generalización de una táctica destinada a romper la moral de la població.


La vivienda en el número 10 de la calle de Peironcely de Madrid parece detenida en el tiempo. Deshabitada, con ladrillo visto y tapiada para impedir asentamientos ilegales, es la única casa de una planta entre los edificios de varios pisos que la rodean, en el barrio de Entrevías. Este inmueble, uno de los más conocidos durante los bombardeos de la Guerra Civil (1936-1939) ―solo Vallecas sufrió 385 ataques aéreos ―, fue inmortalizada por el fotógrafo Robert Capa al inicio del conflicto. Es el primer lugar que ha visitado en España el historiador Sheldon Garon, de la Universidad de Princeton, para su investigación y posterior libro La guerra global contra la población civil, 1905-1945. Es el símbolo de lo que para él es un “punto de inflexión” en la historia de los bombardeos por aire contra civiles, una estrategia que se remonta a principios del siglo pasado y que todavía azota a poblaciones, como la de Gaza y Ucrania. Madrid fue la primera capital golpeada de manera continua y con un alarmante número de víctimas. Su próximo destino es Barcelona, otro pilar de su estudio y al que atribuye la génesis de los refugios antiaéreos construidos por la población, altamente organizados y que sirvieron como base para el Reino Unido y Francia en la II Guerra Mundial (1939-1945).

“Los alemanes ya habían bombardeado Londres y París en la I Guerra Mundial (1914-1918), pero a pequeña escala, dejaron poco menos de 1.000 muertos en la primera y unos 250 en la segunda”, explica Garon, que cita al historiador hispanista Hugh Thomas para recordar que en Madrid murieron alrededor de 2.000 personas. La estrategia de apuntar a civiles utilizada por las fuerzas del bando sublevado, a través de pilotos y aviones alemanes, se intensificó en conflictos posteriores: la Segunda Guerra Mundial, la Segunda Guerra Chino-Japonesa (1937-1945), la Guerra de Vietnam (1955-1975) y así hasta el presente en Ucrania y Gaza.

MÁS INFORMACIÓN
El mapa que muestra los lugares de Madrid bombardeados en la Guerra Civil 

“En lugar de poner como objetivo a los ejércitos y la armada del enemigo, el blanco son ciudades industriales o políticas, densamente pobladas, por lo general zonas de clase obrera”, detalla el estadounidense. “El fin es ganar la guerra rompiendo la moral de los civiles para que presionen al Gobierno para que se rinda. Esa fue la lógica usada en la Guerra Civil española”. Que varios países recurrieran a la misma táctica en un mismo periodo de tiempo no fue fruto del azar. Garon conecta los distintos casos para ofrecer un panorama completo, mediante una metodología que se conoce como historia transnacional.

El historiador Sheldon Garon posa en el lugar donde fue bombardeado un edificio en la Guerra Civil, en el barrio madrileño de Entrevías, y en una plaza que ha sido bautizada como Robert Capa por la Fundación Anastasio de Gracia.

Al mismo tiempo que Franco bombardeaba la capital para intentar acabar con la resistencia republicana, el Imperio del Japón invadía e intimidaba a China haciendo lo mismo con las ciudades de Shanghái, Nankín y principalmente Chongqing, capital durante el conflicto, y atacada por aire durante cuatro años, con un saldo aproximado de 9.000 muertos. “No hay diferencia entre civiles y soldados, nadie está protegido. Los civiles son simplemente soldados en casa o que trabajan en fábricas”, resume Garon sobre lo que define como guerra total.

Si el caso de Madrid es importante para entender la parte ofensiva de los bombardeos aéreos, Barcelona lo es con la retaguardia, lo que su investigación llama home fronts (frentes internos). “Barcelona gana mucha atención en el mundo en 1938. Al estar lejos del frente, a diferencia de Madrid, tiene tiempo para prepararse y construir muchos refugios antiaéreos”. La población de la capital catalana, último bastión del Gobierno republicano, forma organizaciones vecinales que ofrecen primeros auxilios, distribuyen racionamientos de comida, establecen guardias en las cimas de edificios para alertar de aviones que se acercan, cavan trincheras y resguardan a los niños.

“Barcelona se convierte en un modelo para otros países europeos porque en la Gran Guerra no existían muchos refugios. Los británicos y franceses tienen observadores ahí, es casi como un laboratorio para ellos. Para la Segunda Guerra Mundial todos tienen home fronts organizados”, puntualiza. “Así que, de nuevo, es una historia transnacional, está conectada”. Es tan profunda la huella de esta “defensa pasiva” que el Ayuntamiento de Barcelona publicó en 2021 un catálogo de los miles de refugios que se construyeron entonces, de los cuales todavía una gran mayoría persisten en el subsuelo. “Forman parte de nuestro patrimonio”, reza el catálogo.

Uno de los refugios antiaéreos de Barcelona, en la plaza del Diamant.

No se puede hablar de urbes atacadas por aire sin mencionar a las alemanas. Estados Unidos y Reino Unido habían destruido 200 hasta 1944, principalmente las zonas industriales, como Hamburgo, Dresde y el Valle del Rin. En Francia, el 70% de Cannes fue destruido, calcula Garon. Mientras que en Japón fueron devastadas 66 ciudades, dos por las bombas atómicas y el resto por bombas incendiarias. Esta estrategia amedrentadora ya se había empleado en los años veinte y treinta contra las insurgencias en las colonias. España y Francia bombardearon en 1926 a los rebeldes de Marruecos, en el valle del Rift, y el Reino Unido lo haría poco después contra los que buscaban la independencia en Somalilandia o Irak.

La investigación-libro se cierra con el fin de la II Guerra Mundial, pero el lanzamiento de bombas apuntando a la población “se puede rastrear infortunadamente hasta nuestros días“. EE UU se convirtió en el mayor bombardero en la segunda mitad del pasado siglo, con ofensivas en Vietnam (con el mortal combustible napalm), en Corea del Norte (en el marco de la guerra en Corea, 1950-1953) o en Irak en la Guerra del Golfo de 1991.

Todos los casos que detalla Garon reverberan en la actualidad con Ucrania y Gaza. Aunque las bombas incendiarias y pesadas han sido cambiadas por misiles balísticos y drones. “La tecnología se ha vuelto más sofisticada, pero la estrategia no ha cambiado mucho: quebrar la moral de la población”. Naciones Unidas reporta constantemente ofensivas israelíes en la Franja contra hospitales y campos de refugiados, donde el 70% de los más de 30.000 muertos son niños y mujeres. Por otro lado, el Kremlin persiste en apuntar a la red eléctrica ucraniana, pero también ha atacado por aire Kiev.

Una vivienda destruida por los bombardeos en el sur de la Franja de Gaza. ANAS BABA (EFE)

El derecho internacional no ha sido capaz de disuadir a las potencias bélicas en el uso de armas contra civiles. Existen leyes como el Reglamento de La Haya, de 1923, sobre la guerra aérea, que prohibía el bombardeo de ciudades que no estuvieran siendo atacadas por tierra, o el Cuarto Convenio de Ginebra en 1949, que justamente se creó para proteger a la población en tiempos de guerra. No obstante, han sido violadas bajo la excusa de que existen objetivos militares mezclados entre civiles.

La voluntad de usar a la ciudadanía como medio de guerra la ha podido comprobar Garon cuando accedió a documentos oficiales. Los archivos de 1941 de la Fuerza Aérea Británica señalaban que los nuevos objetivos no eran las fábricas industriales ni las ciudades portuarias, sino “la moral del pueblo alemán”. En otros registros se detallaban los tipos de veneno efectivos contra los rebeldes de las colonias británicas. Garon subraya el que más le impresionó: “Cuando EE UU luchaba contra los japoneses en 1945 sometió un gran bloqueo de los suministros de alimentos. Lo llamaron Operación hambre y está escrito que el objetivo era recortar entre el 20% y 30% de las calorías que el pueblo japonés consumía”. 

sábado, 17 de febrero de 2024

Comunicado del Instituto para la Prevención de Genocidio. «La retirada de fondos a UNRWA es un castigo colectivo contra los palestinos

>La retirada de fondos a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) por varios países sigue generando preocupación y reacciones en el ámbito de los derechos humanos. La decisión, impulsada por Estados Unidos y seguida por otras naciones aliadas, fue anunciada el mismo día en el que la Corte Internacional de Justicia establecía que hay “pruebas plausibles” para investigar a Israel por genocidio en Gaza y ordenaba medidas cautelares al Gobierno de Netanyahu, que debe cumplir en el plazo de un mes. Han pasado dos semanas desde entonces. El Ejército israelí no ha detenido sus ataques sobre Gaza, ha asediado hospitales, bombardeado viviendas y edificios públicos, matado a otros mil palestinos y mantenido un contexto que facilita el hambre y las enfermedades. A ello se suma la suspensión de la financiación a la UNRWA por parte de dieciocho países, lo que supone más del 60% del presupuesto de la principal agencia de la ONU en Gaza, que facilita alimentación, educación y refugio. Su comisionado general, Philippe Lazzarini, ha advertido de que esta retirada de fondos puede llevarla “a un riesgo de colapso”.Este jueves el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, ha denunciado que Israel está destruyendo “todos los edificios en Gaza dentro del radio de un kilómetro de la valla” que separa este territorio de Israel. “La destrucción generalizada de bienes, no justificada por necesidades militares, y ejecutada de forma ilegal y sin motivo, constituye una grave violación de la Convención de Ginebra y un crimen de guerra”, ha añadido.
"Retirar los fondos a UNRWA funciona como eje para que se propaguen los actos genocidas contra los palestinos" Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio

El comunicado
En este contexto se enmarca el contundente comunicado emitido por el Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio, que lleva el nombre del abogado judío polaco Raphael Lemkin, padre del término y concepto de genocidio. En él se advierte de que la retirada de fondos a la UNRWA viola en sí misma el fallo provisional de la Corte Internacional de Justicia y opera en sentido contrario a las medidas cautelares emitidas por este tribunal.

Además, señala que “la amenaza” de suspender dicha financiación supone “una grave escalada”, facilita “que se propaguen actos genocidas” en Gaza y “sugiere la intención de destruir, total o parcialmente, al pueblo palestino, mediante la destrucción de la balsa salvavidas proporcionada por la UNRWA”.

Algunos de los párrafos del comunicado son especialmente duros, como este: “[Esta retirada de fondos] representa un giro por parte de varios países desde una posible complicidad en genocidio hasta la participación directa en una hambruna diseñada. Es un ataque a lo que queda de seguridad personal, libertad, salud y dignidad en Palestina”.

"Nos preocupa que esta acción sea una represalia contra las medidas ordenadas por la Corte Internacional a Israel" 

Una represalia
Los letrados, los expertos en genocidio y en derecho internacional que integran esta organización se unen de este modo a lo que consideran “un creciente consenso de profesionales del derecho internacional y estudiosos del genocidio” que señalan que “esta acción equivale a una mayor participación en el genocidio en curso de palestinos en Gaza”.

“Nos preocupa que esta acción, programada de tal modo, sea una represalia contra la orden de medidas preventivas a Israel adoptada por la Corte Internacional de Justicia”, advierten.

Del mismo modo se ha pronunciado el abogado y director de Human Rights Watch hasta 2022, Keneth Roth, quien señala que “parte de la vendetta de Netanyahu contra la UNRWA puede deberse a que la Corte Internacional de Justicia citó extensamente a su jefe en su fallo, en el que estableció que es creíble que Israel esté cometiendo genocidio en Gaza”.
 
"Nos preocupa que esta acción sea una represalia contra las medidas ordenadas por la Corte Internacional a Israel"

La misma denuncia desde otras voces
En el mismo sentido que el Instituto Lemkin, el abogado y profesor de derecho internacional Francis Boyle –el primero que ganó un caso de protección por genocidio (Bosnia)– ha denunciado que la ayuda militar a Israel puede constituir complicidad en genocidio y que la retirada de fondos a la UNRWA añade una “violación directa del artículo 2(c) de la Convención de Genocidio: ‘Infligir deliberadamente al grupo condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física total o parcial’”.

La relatora de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos, Francesca Albanese, también ha indicado que esta retirada de fondos a la UNRWA supone un castigo colectivo y una probable violación de la Convención sobre Genocidio. Una posición similar defiende el profesor Alonso Gurmendi Dunkelberg, experto en derecho internacional de la Universidad de Oxford, quien considera que las amenazas a la financiación se han convertido en parte del crucial “debate de intenciones” con respecto a la aplicación de la Convención sobre Genocidio en las políticas de Israel en Gaza.

Otra voz en la misma línea es la de Christopher Gunness, portavoz de UNRWA entre 2007 y 2019, quien advierte que esta retirada de fondos constituye “una violación de la ley internacional, de las medidas cautelares de la Corte Internacional de Justicia y de la Convención sobre Genocidio; será devastador para Gaza”.

"Sky News y Channel 4 han comprobado que el informe israelí contiene acusaciones pero no pruebas contra esos trabajadores de UNRWA"


La acusación, la reacción y la investigación
Las naciones que han retirado su financiación a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos son Estados Unidos, Alemania, Australia, Austria, Canadá, Estonia, Finlandia, Francia, Islandia, Italia, Japón, Países Bajos, Rumania, Suiza y Reino Unido. Justifican su decisión en base a las acusaciones presentadas por el Gobierno de Netanyahu, que afirma que doce trabajadores de UNRWA –de los 30.000 con los que cuenta, 13.000 de ellos en Gaza– habrían participado en los atentados de Hamás del 7 de octubre.

Hasta la fecha, las presuntas pruebas de esas acusaciones no se han hecho públicas. Tampoco los medios de comunicación han tenido acceso a ellas. Las cadenas británicas Sky News y Channel 4, así como el diario Financial Times, sí han conseguido obtener en exclusiva el informe israelí que contiene las acusaciones. Sky News señala que dicho informe no contiene pruebas y que varias de las acusaciones ni siquiera vinculan a la UNRWA. Del mismo modo ha informado Channel 4.

El periódico Financial Times ha señalado que “la evaluación de inteligencia, a la que ha tenido acceso el Financial Times, no proporciona ninguna prueba que respalde las afirmaciones”. Lindsey Hilsum, editora de Channel 4 News International, ha formulado públicamente la siguiente pregunta: “¿Por qué los donantes, incluido Reino Unido, retiraron la financiación tras acusaciones tan endebles y no probadas antes de una investigación?”.


"La evaluación de inteligencia, a la que hemos tenido acceso, no proporciona ninguna prueba que respalde las afirmaciones"

Financial Times



A pesar de no tener acceso a las presuntas pruebas, UNRWA reaccionó de forma inmediata y despidió a nueve de estos doce trabajadores. De los tres restantes, dos están muertos y un tercero no ha podido ser identificado aún. Además, Naciones Unidas ha encargado una investigación independiente y exhaustiva para esclarecer los hechos.

La directora de comunicación de UNRWA, Juliette Touma, ha explicado que en mayo, como cada año, la agencia entregó a Israel un listado con los nombres de todo el equipo de empleados, para que los servicios de inteligencia los supervisara. El Gobierno israelí no ofreció respuesta ni puso objeción alguna.

Sobre las consecuencias de la retirada de fondos, ha confesado que “no esperábamos la suspensión por parte de tantos donantes. Solo en las primeras 24 horas se retiraron nueve países, en medio de la guerra. Si esto no se revierte, a finales de febrero o principios de marzo tendremos que suspender el trabajo”.

Varios países que han anunciado su retirada de fondos admiten que no han tenido acceso a “todos los hechos”. “¿Cuán irresponsable puede ser el Gobierno australiano?”, se preguntaba este jueves el abogado Keneth Roth. “Suspendió la financiación de la UNRWA, acelerando la hambruna de los civiles palestinos, aunque ‘no tenía todos los hechos’. Sí sabía que la UNRWA inmediatamente despidió e investigó a los presuntos infractores”.

Refugiados palestinos en Rafah. El hambre está siendo usada como arma de guerra, denuncian varias organizaciones, como Human Rights Watch. Mohammed Zaanoun/MEI/AFP via Getty Images

"Si esto no se revierte, a finales de febrero o principios de marzo tendremos que suspender el trabajo"

UNRWA



La celeridad de EEUU –y de otros países– para retirar los fondos a la principal agencia de la ONU en Gaza contrasta con su negativa a paralizar su financiación militar al Ejército israelí y su apoyo diplomático al Gobierno ultraderechista de Netanyahu, a pesar de las medidas cautelares ordenadas por la Corte Internacional de Justicia, y de que ésta haya establecido que existen pruebas verosímiles de genocidio en curso en Gaza.

El Instituto Lemkin lamenta que, lejos de empujar a Israel para que cumpla, parte de la comunidad internacional occidental esté operando en sentido contrario. La correlación de fuerzas en el escenario global sigue dificultando la defensa de los derechos de los palestinos e, incluso, en algunos espacios la estigmatiza y criminaliza.

Juristas, expertos en genocidio, organizaciones de derechos humanos y de ayuda humanitaria, así como algunos Estados –encabezados por Sudáfrica–, buscan caminos y vericuetos posibles para salvar vidas y prevenir más matanza en Gaza, cuando ya hay más de 27.000 palestinos muertos, 69.000 heridos, miles de desaparecidos y más de un millón y medio de desplazados, según datos de la ONU.

"El Instituto Lemkin denuncia que Israel tortura a presos palestinos, 'un método que produce información poco fiable'"


El hambre como arma de guerra
Uno de los puntos más desarrollados por el Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio incide en el peligro de perpetuar y empeorar el contexto de hambruna que sufre Gaza.

“Más allá de las muertes por bombardeos, disparos de francotiradores, guerra química y armamento autónomo, el hambre domina la Franja de Gaza. Esto no es único: convertir el hambre en un arma está previsto específicamente por la Convención sobre Genocidio como método e indicador del crimen de genocidio”.

En sólo tres meses el deterioro en Gaza se ha multiplicado hasta tal punto que actualmente el 80% de la población mundial en riesgo de muerte por hambre se encuentra en la Franja. El economista jefe del Programa Mundial de Alimento de Naciones Unidas ha señalado que “nunca en mi vida había visto algo así en términos de gravedad, escala y velocidad”, y el experto en derecho internacional de la Universidad de Tel Aviv, Aeyel Gross, ha advertido de que la UNRWA debe ser “apoyada” y no “desfinanciada”.

Varias organizaciones, como Human Rights Watch, también alertan de que el hambre se está usando como arma de guerra en Gaza. Sobre ello, el Instituto Lemkin denuncia que “durante un período de hambruna, implementar una cancelación permanente o una pausa en la financiación pone a los Estados con fondos previamente comprometidos en una situación potencial de violación de la Convención sobre Genocidio”.

En su comunicado menciona pronunciamientos similares, como los de Noruega, que ha indicado que continuará proporcionando fondos a la agencia de la ONU en Gaza con el fin de “salvar vidas y salvaguardar las necesidades básicas y derechos; la UNRWA es la columna vertebral de los esfuerzos humanitarios en Gaza”. España se ha posicionado del mismo modo, manteniendo e incluso incrementando su financiación.

También dedica unas líneas a los medios de comunicación, lamentando que muchos no hayan “reaccionado con alarma a estas amenazas” de retirar los fondos, e insta “a periodistas y editores a que informen de forma sólida de las dimensiones humanitarias y legales que supone esta retención de ayuda humanitaria a los palestinos”.

"En dos semanas expira el plazo planteado por la Corte Internacional de Justicia para que Israel muestre que cumple"

La tortura

Hace unas semanas la antigua funcionaria del Ministerio de Exteriores israelí, Noga Arbell, instó al Gobierno de Netanyahu a tomar medidas para debilitar a la UNRWA, afirmando que “será imposible ganar la guerra si no destruimos la UNRWA, y esta destrucción debe comenzar de inmediato”. Poco antes, en el mes de diciembre, la prensa israelí se había hecho eco de un plan del Ejecutivo de Tel Aviv para deshacerse de la agencia de la ONU, cuya primera fase consistiría, precisamente, en vincularla con Hamás.

“Poco después de los comentarios de Arbell, la Agencia de Seguridad de Israel (el Shin Bet) anunció sus acusaciones contra el personal de la UNRWA”, relata el Instituto Lemkin. Según medios de comunicación israelíes, tales afirmaciones se basaron en gran parte en confesiones extraídas a través de interrogatorios a prisioneros palestinos.

El Instituto para la Prevención del Genocidio recuerda que “Israel tortura habitualmente a los presos palestinos, un método que se ha demostrado que produce información falsa y poco confiable. Tras los ataques del 7 de octubre, de hecho, el Gobierno israelí adoptó y renovó varias medidas para legalizar una política de internamiento e institucionalizar la tortura a los detenidos. (…) Antes de estas medidas, el Shin Bet era conocido incluso dentro de Israel por buscar confesiones falsas bajo tortura”.

"Tomar medidas contra la UNRWA en su conjunto intensifica las acciones contra los refugiados palestinos". 

Instituto para la Prevención del Genocidio


Asimismo, solicita que “los Estados que han optado por suspender la financiación a la UNRWA comprendan las condiciones de interrogatorio en Israel. Según el derecho internacional, las confesiones obtenidas mediante tortura no pueden contarse como pruebas”.

Por lo demás, hace también referencia a la credibilidad de las acusaciones, recordando el informe Brom, elaborado en su día para el Centro Jaffee de Estudios Estratégicos de la Universidad de Tel Aviv. En él, el general de brigada israelí Shlomo Brom concluyó que “los organismos gubernamentales manipularon falsamente información de inteligencia para obtener apoyo” para impulsar la invasión de Irak, debido a “las relaciones entre la Inteligencia [israelí] y los altos responsables de la toma de decisiones”.

El informe Brom mostró que cuando se preparaba la invasión de Irak se presentó una “evaluación exagerada”, “impulsada por una imagen de inteligencia que fue manipulada”. El Instituto Lemkin advierte del peligro de una dinámica similar en la actualidad. “Una prisa por emitir juicios, en lugar de una confianza en el protocolo y en una investigación metódica, puede resultar en un error con consecuencias letales”, alerta.

Por último, resalta que “Israel ha violado sistemáticamente la seguridad y la santidad del estatuto de refugiado en la región. Tomar medidas contra la UNRWA en su conjunto representa una intensificación de las acciones contra los refugiados palestinos”.

Quedan dos semanas para que se cumpla el plazo otorgado por la Corte Internacional de Justicia a Israel. El Gobierno de Netanyahu tendrá entonces que mostrar que ha cumplido las medidas cautelares ordenadas por el máximo tribunal de la ONU. Éstas ordenan que Tel Aviv facilite la llegada a Gaza de toda la ayuda humanitaria necesaria y que adopte “todas las medidas a su alcance” para evitar “matar a miembros de un grupo”, causarles daños físicos o mentales e infligirles “deliberadamente condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física total o parcial”.

En los circuitos defensores de la ley internacional y los derechos humanos se advierte de que las víctimas mortales y los heridos acumulados en estos últimos quince días en Gaza, la destrucción de más viviendas e infraestructuras y el desplazamiento forzado, junto con la retirada coordinada de fondos a UNRWA, no contribuyen a ejecutar los objetivos establecidos.

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