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martes, 10 de septiembre de 2019

El Mediterráneo, cementerio de pobres

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada

Mientras la culta Europa mira hacia otro lado, miles de subsaharianos mueren ahogados en las aguas de un mar cuya historia está cargada de acontecimientos. Tres civilizaciones, dirá Braudel, han confluido en su articulación política, dando vida a personajes, proyectos de dominación y desencuentros. Ha sido campo de guerra, de control imperial. Ha enfrentado a Occidente, Roma y Grecia; cristianos, ortodoxos, y musulmanes. Hoy es un cementerio de indigentes. La aporofobia: miedo, rechazo, aversión a los pobres se apodera de las clases dominantes de la Europa mediterránea. Miles de emigrantes viven una tragedia, huyen del hambre, la tortura, guerras civiles, canallas, operaciones humanitarias organizadas por la OTAN y los países civilizados, Libia sin ir más lejos. Ingenuos, piensan ser recibidos con los brazos abiertos, tal y como reza el nombre de uno de los barcos que los ha recogido en alta mar: Open Arms . Sin embargo, no son bienvenidos por los gobiernos y autoridades. Provienen de una patera, no de yates o cruceros que hacen la ruta turística por un Mediterráneo donde todo es maravilloso. De ser sus ocupantes los damnificados nadie recriminaría la acción de salvamento. Pero los sobrevivientes son pobres, sus historias irrelevantes. No pertenecen a la beatiful people , ni beben champagne , ni poseen generosas cuentas bancarias. Deberían haber muerto, no tienen derecho a una vida digna. Constituyen un problema. El mismo que enfrentó el Ocean Viking , barco fletado por Médicos sin Fronteras y SOS Mediterranée, con 356 personas rescatadas a bordo, que no tenía donde atracar. Sus ocupantes son apestados. Para justificar su rechazo se les estigmatiza, si se les acoge otros vendrán a continuación, produciéndose un efecto llamada. Hay que ser inflexibles. Su destino es ahogarse o la repatriación.

Esta Europa, cuna del renacimiento, orgullosa de practicar los derechos civiles y las libertades públicas, con un Parlamento y tribunales que velan por el mantenimiento y respeto de los derechos humanos, discrimina entre náufragos ricos e inmigrantes pobres. Sus fragatas vigilan para evitar la llegada de indeseables: dicen defender el derecho internacional y a occidente. No hay trabajo, primero los nuestros. Fomentan el miedo y el racismo. Los rescatados son pobres, constituyen un peligro. Se convierten en inmigrantes indocumentados, potenciales asesinos, ladrones, agentes del islam. Si por un casual, alcanzan las costas son confinados en centros de acogida, verdaderas cárceles. Se les insulta, desprecia y acusa de mentir. Vienen a perturbar la paz, pobres de solemnidad, negros y musulmanes.

El ex vicepresidente mundial de Coca Cola, anterior director en España, diputado y miembro de la ejecutiva de Ciudadanos, el más acaudalado de los 350 legisladores, Marcos de Quinto, se refirió a los rescatados por el Open Arms como bien comidos pasajeros . Vox pide la incautación del barco y acusa a la ONG Proactiva de favorecer la inmigración ilegal , uso fraudulento de las leyes del mar y complicidad con las mafias internacionales del tráfico de personas . El Partido Popular, acusa al gobierno de improvisación, favorecer el efecto llamada y alentar a las mafias. Más de lo mismo. En Italia, Matteo Salvini, en Francia Marie Le Pen, despliegan los mismos argumentos. Hay acuerdo, practican la aporofobia.

Han destruido países con guerras canallas, pero eluden responsabilidades. La crisis del barco Open Arms , como la crisis del Aquarius en 2018 y ahora el Ocean Viking , demuestra como las vidas humanas y el rescate en alta mar pasan a segundo plano. Todos se tiran la pelota. A Italia le vienen bien los exabruptos xenófobos y racistas de su ministro de Interior Matteo Salvini. El barco podía haber atracado, pero esperó 19 días. Se jugó con la desesperación de los sobrevivientes. Mientras, España desojaba la margarita. Todos criticando al gobierno y el gobierno criticando a Italia. Italia denunciando a la Unión Europea y la derecha sacando partido. Poco importa el sufrimiento de personas que han sido torturadas, violadas, con familias asesinadas y quemadas en su presencia. Sólo en 2017 se ahogaron 2 mil 835 personas cuando intentaban cruzar el mar desde Libia, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones.

Desde Libia o Sudán, la historia es recurrente. Así relata a Médicos Sin Fronteras un joven de 16 años su experiencia antes de ser rescatado: Salí de Sudán después que un grupo armado matara a mi padre (...) Tarde siete días en cruzar el Sahara (...) Traté de cruzar dos veces, pero fui capturado por la Guardia Costera de Libia (...) Estaba en Tayura cuando el Centro de detención fue bombardeado . Mucha gente murió. Logre escapar (...) puedes ver las cicatrices en los pies. Corrí descalzo por las llamas (...) quiero ir a Europa; donde se respeten los derechos humanos, donde me traten como un ser humano y donde pueda encontrar trabajo... Y Yuka Crickmar, técnica de asuntos humanitarios de MSF remata: Cada persona con la que he hablado ha sido encarcelada, ha sufrido extorsión, ha sido forzada a trabajar en condiciones de esclavitud o tortura. También he visto las cicatrices (...) cuando miro sus ojos queda claro por lo que han pasado estas personas. Me decían que estaban listas para morir en el mar, en lugar de pasar otro día más sufriendo en Libia .

Son pobres, existen para ser explotados y extraditados al infierno. No han ganado el primer millón de euros en YouTube, ni son influencers . ¿Para qué rescatarlos? Esta es la verdadera Europa humanitaria. No nos engañemos.

Fuente:
https://www.jornada.com.mx/2019/08/25/opinion/022a1mun

viernes, 4 de enero de 2019

_- El movimiento esperantista hizo posible la acogida de más de 300 menores de Estiria tras la Primera Guerra Mundial

_- Niños austriacos en el estado español, una historia de solidaridad
Enric Llopis
Rebelión

Los desastres de la guerra. A finales de 2017 ACNUR informó que 68,5 millones de personas fueron desplazadas a la fuerza en todo el mundo como consecuencia de los conflictos, la violencia y las persecuciones, cifra record de la que 25,4 millones eran personas refugiadas. El próximo once de noviembre se cumplirá un siglo del Armisticio de Compiègne, que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Salvo en la Unión Soviética, apunta el historiador Eric Hobsbawm en “Historia del Siglo XX” (Crítica, 1995), “el número de bajas de la Primera Guerra Mundial (10 millones de muertos) tuvo un impacto más fuerte que las víctimas mortales de la segunda (54 millones)”. En la Gran Guerra no sólo fueron derrotados el imperio ruso, alemán, austrohúngaro y otomano, sino que -recuerda Hobsbawm- se produjeron entre cuatro y cinco millones de refugiados (periodo 1914-1922). Las repercusiones del conflicto se hicieron visibles, por ejemplo, en la República de Austria, que se estrenó con dos partidos mayoritarios –el socialdemócrata y el socialcristiano- y la nueva constitución de 1920. Pero en marzo de 1919 se había proclamado la República Soviética Húngara, dirigida por el comunista Béla Kun, que duró unos meses; el levantamiento obrero de enero de 1919 en Berlín fue sofocado por el gobierno de la República de Weimar y terminó con el asesinato de los líderes “espartaquistas”, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Durante el periodo 1918-1919 en Austria, escribe el historiador Steven Beller, “las huelgas e incluso los disturbios eran frecuentes, a menudo dirigidos por asambleas de trabajadores y soldados que tenían su paralelo con los ‘soviets’ rusos” (“Historia de Austria”, Akal, 2009).

Beller explica que la democracia austriaca se iniciaba con una crisis económica singularmente grave, caracterizada por el hambre, las enfermedades –como los efectos de la pandemia de gripe de 1918- y una inflación disparada; muchos menores de Austria se enfrentaban a un panorama de desnutrición, raquitismo y tuberculosis, describe la investigadora Lourdes Cortés Braña en su tesis doctoral “Ayuda humanitaria a los niños europeos víctimas de la Primera y Segunda Guerra Mundial” (2016); además Lourdes Cortés hace referencia a la crisis demográfica: escuelas elementales de Viena se vieron forzadas a cerrar en 1921 debido a la falta de escolares. Por esta razón, a la ayuda alimentaria internacional que llegaba al país se sumaron otras iniciativas. La investigación de Pau Figueras Bartés “Elfi Stadler. Vivències de l’acolliment de les nenes austríaques a Terrassa el 1949” señala, a partir de estadísticas oficiales, que 247.000 niños austriacos realizaron estancias entre 1919 y 1923 en diferentes países europeos; éstas duraron entre un mes y dos años, y tuvieron como destino principal Holanda y Suiza. Por otra parte, el diario ABC informó en la edición del 13 de marzo de 1920 que 2.634 niños austriacos fueron trasladados a otros países, de los que 954 se hallaban en Italia.

Los boletines esperantistas dieron cuenta de la acogida de menores austriacos en España. Informa Bulteno, órgano oficial de la Sociedad Barcelonesa de Esperanto, destacaba en abril de 1922 el valor de la Campaña pro Niños Austriacos, que había proporcionado albergue en el estado español a “algunos centenares de niños víctimas inocentes de la guerra europea”, en concreto a 330 en once provincias del estado español; la mayoría fueron distribuidos por Aragón, Cataluña, Madrid, Asturias y el País Valenciano; así, Zaragoza, Vic y Manlleu (Barcelona), Olot (Gerona) y Cheste (Valencia) fueron importantes municipios de acogida. País neutral durante la Primera Guerra Mundial, España tuvo que afrontar -a partir de 1919- el incremento del paro, la reducción de las ventas al exterior (que habían aumentado durante la Gran Guerra) y la caída de los precios.

La iniciativa solidaria con los “niños austriacos hambrientos” (según los definía Informa Bulteno) tuvo como entidad promotora al Grupo Esperantista de Graz y como figura destacada a Karl Bartel, presidente de la sociedad. Los esperantistas de esta ciudad situada al este de Austria, capital del estado de Estiria, pidieron en enero de 1920 apoyo a los grupos de Esperanto del estado español y estos respondieron de manera favorable. Trabajaron en el proyecto el comité esperantista de Zaragoza, ciudad en la que se centralizó la acción y formó un Patronato para impulsarla, y también los subcomités de Barcelona, Valencia, Gerona, Huesca, Valladolid, Asturias, Teruel, Cheste, Manlleu, Olot, Sabadell, Tarrasa o Vich, todos ellos “constituidos por entusiastas esperantistas”, informó el periódico de la Sociedad Barcelonesa de Esperanto. Se trataba de encontrar a cerca de 300 familias voluntarias para acoger a infantes de entre 10 y 14 años por un periodo no inferior a un año.

El primer contingente de menores austriacos arribó al puerto de Barcelona el 10 de octubre de 1920, “después de innumerables gestiones y sacrificios de todo tipo del Patronato a lo largo de seis meses, no sólo ante nuestras autoridades sino también ante las extranjeras”, recuerda el escritor esperantista Antonio Marco Botella, autor de “Un siglo de Esperanto en Aragón” (2000); diez días después llegó a España el segundo grupo de niños. Lurdes Cortés menciona estas dificultades en la investigación “Els nens austríacs acollits a Osona (1920-1923)” (Patronat d’Estudis Osonencs, 2011); el Gobierno de Austria tenía un plan propio y por esta razón no ayudó a los esperantistas; además el proyecto oficial era el respaldado por la iglesia católica y los diferentes estados. La investigadora añade que organizaciones humanitarias como Cruz Roja o Save The Children también se implicaron en acciones solidarias con los niños centroeuropeos, de manera que se produjo una “concurrencia por la caridad”.

¿Qué ocurrió con los niños austriacos que llegaron a España por el tesón de los esperantistas? En las familias acogedoras “han hallado el alimento, vestido y cuidados que en su nación les faltaban”, resumía Informa Bulteno en el número de mayo de 1922, un mes después que regresara a Austria la tercera expedición de menores en el vapor Re Vittorio; algunos de los niños permanecieron el resto de su vida en el estado español. En la jornada de despedida estuvo presente el abogado esperantista Emilio Gastón Ugarte, organizador del acogimiento en España, presidente del Patronato para los Niños Austriacos y uno de los fundadores en 1908 de la sociedad aragonesa de esperanto Frateco; Marco Botella lo caracteriza, además, como “político federalista republicano” y difusor de las aspiraciones autonomistas de Aragón.

En el Fórum de Debats de la Universitat de Valencia, el historiador José Vicente Castillo ha explicado que la organización del viaje en Austria contó con mecanismos de selección y un programa de preparación a los menores, que incluía la enseñanza del esperanto. Dos tercios de los elegidos procedían de la ciudad de Graz, y un tercio de otros lugares de Estiria. Entre los criterios de clasificación figuraba si los niños eran o no católicos, si eran huérfanos, la “buena conducta”, el estrato social y profesión de la familia (para que los hogares de acogida fueran de condición similar) y el conocimiento del esperanto.

Tras superar unas negociaciones complicadas -Italia y el Imperio Austro-Húngaro fueron adversarios durante la Primera Guerra Mundial-, los niños austriacos se embarcaron en buques desde Génova y Trieste con dirección a Barcelona; desde la capital catalana fueron distribuidos por las ciudades españolas, apunta José Vicente Castillo. En el País Valenciano destaca el caso de Cheste, municipio del interior de la provincia de Valencia actualmente con 8.000 habitantes. A Cheste llegaron siete niñas y siete niños de Estiria, que permanecieron en acogimiento familiar durante 17 meses. La obra solidaria fue posible gracias a Franciso Máñez, fundador del centro esperantista chestano. Una muestra de la relación entre la lengua internacional y la localidad valenciana es el artículo del periodista José Rico de Estasen en la revista Estampa, en 1932, titulado “Un pueblo español cuyos ocho mil vecinos hablan Esperanto”; el texto califica a Francisco Máñez como “infatigable propagandista” del idioma, que aprendió de manera autodidacta. En Cheste desarrolla su actividad hoy un grupo esperantista, Llum Radio.

La Federación Española de Esperanto difunde en su página Web una cronología con los hitos del idioma internacional. Los orígenes datan de 1887, cuando el médico Ludwik Lejzer Zamenhof (1857-1917) editó en Varsovia el primer libro sobre esta lengua con el pseudónimo de “Doktoro Esperanto”; un año después el periodista Leopold Einstein fundó en Alemania el primer grupo esperantista; en 1914 se suspendió el X Congreso de Esperanto debido al inicio de la Primera Guerra Mundial; un acontecimiento relevante se produjo en 1922, cuando la Tercera Asamblea de la Sociedad de las Naciones -institución constituida tras “la guerra del 14” y precedente de la ONU- aceptó un informe que reconocía el Esperanto como “lengua viva de fácil aprendizaje”. En el artículo “El internacionalismo práctico del esperanto” (Instituto Catalán Internacional para la Paz, 2015), Xavier Alcalde sostiene que, si se hubiera celebrado, “el congreso mundial de Esperanto de París de 1914 habría sido la mayor concentración de pacifistas de toda la historia”; y señala ejemplos como los del escritor y médico eslovaco Albert Skarvan, amigo de Tolstoy y objetor de conciencia arrestado en diferentes ocasiones, la última en 1915 hasta el fin de la Gran Guerra; o Priscilla Peckover, cuáquera y miembro de la Internacional Peace Bureau (IPB).

Fuente de las imágenes: Páginas contra el olvido.

lunes, 25 de junio de 2018

La guerra de Italia contra los inmigrantes me hace temer por el futuro de mi país

Roberto Saviano
El diario/The Guardian

- Socialmente, los italianos estamos retrocediendo en medio del ascenso del nacionalismo que alienta el racismo contra los extranjeros.

El personal del buque Aquarius trata de calmar a los migrantes rescatados. KARPOV / SOS MEDITERRANEE

Nunca había sentido esta necesidad de hablar. Nunca había sentido esta necesidad de explicar por qué no podemos permitir que sobreviva este nuevo Gobierno italiano. Incluso antes de comenzar a trabajar en serio, ya ha causado daños irreparables.

El drama del barco de rescate de inmigrantes Aquarius, al que la semana pasada le negaron permiso para atracar en puertos italianos, atrajo la atención de todos. Pero parece que para algunos, indiferentes hacia el destino de 629 personas a la deriva en el mar, era una oportunidad para enseñar a Europa una lección sobre cómo lidiar con los inmigrantes. Sin embargo, para otras personas es escandaloso utilizar 629 vidas como elemento de negociación. El problema es que todos hemos perdido la perspectiva general del asunto.

En el mundo actual, la noción de "tolerancia cero" en el Mediterráneo, según la cual no se permite a ningún inmigrante llegar a Europa, es otra cosa que propaganda criminal. Matteo Salvini, ministro de Interior italiano y líder de la Liga, afirma que quiere prevenir más tragedias en el mar y rescatar a las inmigrantes víctimas de los traficantes de personas de Libia y las organizaciones criminales italianas.

Durante el fin de semana, utilizó Facebook para insistir en este argumento. "Mientras el Aquarius navega hacia España", escribió Salvini, "otros dos navíos operados por ONG han llegado a la costa de Libia para esperar sus cargamentos de personas mientras los traficantes los abandonan. Esta gente debe saber que Italia ya no quiere ser parte del negocio de la inmigración clandestina y que tendrán que buscar otros puertos hacia los que navegar".

Pero una cosa es la propaganda y otra son los hechos.

Todos los predecesores de Salvini han intentado políticas de "tolerancia cero", utilizando estrategias similares y terminando en fracasos idénticos, como arrestando inmigrantes en Libia. La única diferencia es que Salvini es más evidente en su bajeza y tiene aliados en el Gobierno que lo respaldan. Todos estos años, Italia –y Europa– ha enviado dinero a países inestables y financiado a traficantes y criminales sin lograr resolver nada. Mientras haya gente que quiera venir desde África a Europa, siempre habrá alguien dispuesto a traerlos a cambio de dinero.

Las puertas de Europa están oficialmente cerradas para los africanos. La única forma de entrar es clandestinamente, y las mafias de Libia están dispuestas a ofrecer la manera ( a casi 100.000 africanos al año). Existe una demanda que satisfacer y no hay oferta legal. Los argumentos engañosos de Salvini y su aliado de coalición, el líder del Movimiento Cinco Estrellas Luigi Di Maio, no significan nada. Ellos tienen que comprender la ley más elemental del mercado: si existe demanda, habrá oferta, ya sea de forma legal o ilegal.

¿Podemos recibir a todos los africanos que quieran emigrar a Europa? No. Pero Italia no tiene derecho a decir: "Basta, ya es suficiente". Muchas veces me preguntan cuál es la solución, como si una persona fuera capaz de resolver todo el problema. No existe una respuesta definitiva, pero sí hay pasos que se pueden dar.

1. Primero, Italia tiene que regularizar la situación de los inmigrantes ilegales que ya viven en el país. El exministro de Trabajo, Roberto Maroni, lo hizo en 2002: otorgó documentos a 700.000 inmigrantes que inmediatamente se convirtieron en 700.000 contribuyentes más para el país. Este Gobierno puede y debe hacer lo mismo.

2. Segundo, deberíamos trabajar en regular visas y dejar de financiar a las mafias de Libia para que sean carceleros a cargo de sórdidos campos de concentración. El dinero nos pesa en el bolsillo, pero sobre todo en la conciencia, aunque parece que la conciencia de muchos italianos está hibernando.

3. Tercero, debemos generar acuerdos con otros países europeos para que los permisos obtenidos en Italia sean válidos para transitar y trabajar en los otros países de la UE. Esto significa lograr realmente un avance político, en lugar de hablar sin llegar a nada.

A menos que se concreten estos pasos, es fácil predecir lo que sucederá en los próximos meses y años. Los inmigrantes a bordo del Aquarius estuvieron dos días en el mar antes de poder dirigirse hacia España. Pero los que estaban a bordo del barco de la guardia costera italiana, el Diciotti, pudieron atracar en Catania, Sicilia.

¿Entonces ahora tenemos inmigrantes de primera y segunda clase? A bordo del Aquarius había inmigrantes rescatados por operaciones de la guardia costera italiana. La próxima vez, ningún inmigrante querrá abandonar los supuestos barcos de rescate oficiales para ser llevado a los barcos de las ONG, a los que les pueden negar acceso a los puertos europeos por no se sabe cuántas horas o días.

Mientras tanto, en Italia se está desarrollando una guerra silenciosa entre los italianos y los inmigrantes que –ya sea legal o ilegalmente– viven y trabajan en el país, a menudo por muy poco dinero o viviendo en condiciones de esclavitud. Al enfocar nuestra atención en los inmigrantes que quieren venir, perdemos de vista los derechos de los que ya están aquí, derechos que debe tener todo ser humano, al margen de si tiene o no permiso de residencia.

La ola de odio que se ha desatado contra los africanos que ni siquiera han pisado el país se descarga en los inmigrantes que ya viven aquí. Socialmente, los italianos estamos retrocediendo, en medio del ascenso del nacionalismo que alienta el racismo contra los extranjeros.

El primer comunicado oficial del nuevo ministro de la Liga para la Familia y los Discapacitados fue una declaración en contra de las familias homosexuales y en contra del aborto. Las palabras de Lorenzo Fontana cayeron como una bomba en un país que esperó décadas que se aprobaran las uniones civiles y donde la objeción de conciencia en los hospitales todavía es una traición al referéndum que decidió la legalización del aborto en 1981.

La triste verdad es que este gobierno tiene muchos seguidores y es popular porque identifica bien sus objetivos: las categorías de personas sobre quienes descargar sus frustraciones, los enemigos a quienes atacar. Así son las cosas, guste o no a los italianos. Pero la gran cantidad de italianos que sufren y están enfurecidos no mejorarán su situación movilizándose contra los inmigrantes.

Por el contrario, en los países en los que se les garantizan derechos a todos, incluidas las minorías, toda la comunidad disfruta de los beneficios. Ha llevado décadas que las comunidades se integren, pero en muy poco tiempo todo puede colapsar como un castillo de arena, destruido por el nacionalismo que convierte a todo el mundo en enemigos.

Si Europa es incapaz de cumplir su misión de recibir e integrar a los inmigrantes, aquellos líderes europeos que no están a la altura de las circunstancias deberían cerrar la boca en lugar de caer en insultos calculados. Es el deber de Italia intentar cambiar para mejor y no caer en el peor de los nacionalismos. Hay vidas humanas en peligro.

@robertosaviano

Traducido por Lucía Balducci.

Fuente:
https://www.eldiario.es/theguardian/guerra-Italia-inmigrantes-temer-futuro_0_784271979.html

sábado, 23 de junio de 2018

El barco Aquarius y cinco muestras de la militarización del saqueo de África

Nazanín Armanian
Público

Es falso que los inmigrantes vienen a Europa por razones económicas. Más del 80 % huyen de guerras. Sus parientes han sido asesinados y sus hogares destruidos. Así concluye un estudio realizado por la Universidad de Middlesex de Londres en 2015. Cierto.

Es Asia el continente con más hambrientos del mundo, e India, con su capitalismo más “intocable”, cuenta con 200 millones de almas y cuerpos en la pobreza absoluta. Pero no se ven avalanchas de indios llegando al primer mundo en pateras. Sólo una guerra (o sea, la muerte casi segura y violenta) es capaz de forzar a millones de familias a cruzar mares, montañas y desiertos, arriesgando la vida. Las cerca de 56 millones de personas que desde 1991 (el fin de la URSS) hasta hoy han tenido que abandonar su hogar en Oriente Próximo y África por las guerras de conquista encabezadas por EEUU no han elegido su destino, ya que no tienen control sobre ello: dependen de quienes los llevan y las tierras que les acogen.

El “caos creativo” para inventar una África a la medida
La misma procedencia de las 630 personas que subieron al Aquarius muestra el nexo directo de la actual migración con el nuevo saqueo militarizado de África llevado a cabo por la OTAN. Las economías occidentales en recesión necesitan recursos naturales baratos, y también nuevos mercados: “Proteger el acceso a los hidrocarburos y otros recursos estratégicos que África tiene en abundancia y garantizar que ningún otro tercero interesado como China, India, Japón o Rusia, obtenga monopolios o trato preferencial” es uno de los objetivos de la militarización de África, confiesa el director del Centro del Concejo Atlántico para África en Washington, Peter Pham. Mientras, la marca del “terrorismo islámico” de la CIA abre sucursales por el mundo como si fueran McDonald’s, alimentando a las compañías de armas y de recursos naturales. Bajo el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”, “estabilizar la región”, “misión humanitaria “ o “mantenimiento de la paz”, el Comando de África de los EEUU (AFRICOM) ya ha instalado unas 50 bases militares por todo el continente, mientras aplasta los movimientos progresistas y anticapitalistas, apuntalando a los regímenes corruptos y dictatoriales que dirigen las formas más salvajes de gobernar una nación.

Caso Libia
Decenas de miles de ciudadanos de Mali, Sudán, Chad y del resto de África se dirigen a Libia para huir de guerras o en busca de trabajo, pero desconocen que aquel país próspero hoy es el centro mundial de la esclavitud, de la tortura y la violación. Antes de que en 2011 la OTAN planeara derrocar a Gadafi y ocupar Libia, unos dos millones de inmigrantes trabajaban en este país de 5 millones de habitantes, la primera reserva del petroleó de África. Ahora, además de los libios que huyen del país hacia Europa, también lo hacen aquellos inmigrantes si consiguen salir de aquel infierno.

Caso Nigeria
En el séptimo exportador mundial de petróleo, EEUU con la farsa de “salvar a las niñas secuestradas” vía militar, intenta instalar la sede de Africom, hoy en Alemania. Fue en Nigeria donde la petrolera angloholandesa Shell fue acusada de “complicidad en asesinato, violación y tortura” de los nigerianos cometidos por el ejército en la región petrolera de Ogoniland en la década de 1990. Las protestas para expulsar a Shell de Nigeria por el desastre ecológico que creó en la región y obligó a desplazarse a comunidades enteras, condujo a la petrolera a crear una unidad secreta de espionaje, que pasaba información sobre los molestos activistas a la agencia de seguridad nigeriana, a la vez que pedía al presidente-general Sani Abacha “resolver el problema”. Y él lo hizo: ahorcó a 9 líderes ecologistas, mató a más de 1.000 manifestantes y destruyó unas 30.000 viviendas en la aplicación de la política “tierra quemada”. Así, Shell podía llevarse un millón de barriles de petróleo al día con tranquilidad.

Las compañías occidentales que buscan el uranio, el oro, platino, diamante, cobre, tierras raras, coltán, petróleo, gas, o carbón de África, establecen un control sobre sus gobiernos de África mediante inversiones, préstamos, “ayudas al desarrollo” y el tráfico de influencia. No hay nada nuevo: simplemente estamos ante la actualización de la Conferencia de Berlín de 1884, que repartió África entre las potencias y de paso teorizó los lazos entre el colonialismo y el racismo (sistematizado por los británicos en el “apartheid”). Luego asesinaron a los líderes de los movimientos progresistas como Patrice Lumumba, Amílcar Cabral, Eduardo Mondlane, Samora Machel, Felix Moumie o Chris Hani, apoyando a las dictaduras más impresentables del mundo. Más adelante, creaban monstruos como Bin Laden pero llamaban “terrorista” a Nelson Mandela.

Caso Sudán
El mismo año de la destrucción de Libia, EEUU dividió al que fue el Estado más extenso de África: unas 50.000 personas (incluidos niños y niñas) fueron torturadas y asesinadas por los señores de la guerra que luego ocuparon el poder; otros dos millones de personas huyeron, ocultos en los islotes de los pantanos del Nilo, comiendo hierbas silvestres y buscando refugio en Etiopía o Uganda. Miles de niñas y mujeres han sido violadas una y otra vez, incluso en el campo de refugiados de Juba, la Capital de Sudan del Sur. Hoy la hambruna afecta a 4,6 millones de personas. La CIA ha vuelto a fabricar “rebeldes” armados para desestabilizar el país, ya que los líderes que impuso han convertido a Sudán del Sur en el único país de África con contratos de petróleo con China.

Caso Níger
Los ciudadanos de este país se enteraron de la existencia de una base militar de EEUU (ilegal por prohibición constitucional) sólo cuando cuatro de ellos murieron en una emboscada el mes pasado. El dictador Mamadu Issoufou fue el director de Somaïr, la compañía de minas de uranio del país pero bajo control de la compañía francesa Areva. Una quinta parte del uranio que alimenta la red eléctrica francesa proviene de Níger que es, paradójicamente (o no) el penúltimo país más pobre del mundo. Las empresas occidentales van a por su oro, uranio y petróleo. Issoufou es como el presidente turco Tayyeb Erdogan: ha cobrado ingentes millones de euros a la UE para retener a los inmigrantes.

Federica Mogherini, la comisaria de exteriores de la UE, viajó a Níger en 2015 expresamente para apoyar la llamada “Ley 36” del país, que prohíbe a los extranjeros viajar al norte de Agadez, la región donde EUU ha construido un megabase de drones de 6 kilómetros cuadrados por 110 millones de dólares, para desde allí controlar Mali, Argelia, Libia y Chad. Esta ley ha convertido el desierto en un gran cementerio para los migrantes africanos: en junio de 2017 unos 50 jóvenes, abandonados por los traficantes, murieron de sed en el desierto de Niger cuando iban a Libia. No es casualidad que la sede de la Organización Internacional para las Migraciones, financiada por la UE, esté en este país.

Caso Mali
Aquí la esperanza de vida es de 48 años y sus minas de oro están bajo el control del gigante británico Gold Fields. Tras destruir Libia, la OTAN miró a Mali: organizó un golpe de Estado en 2012 que derrocó al presidente Toumani Touré para sustituirlo por el capitán Amadou Sanogo, entrenado en EEUU. Luego, mandó a las corporaciones como URS y AECOM, (contratistas del Pentágono) construir nuevos complejos militares, para que la Fuerza de Reacción Rápida de EEUU en el Sahel amplíe su control sobre la región.

No esperen comprensión, solidaridad, piedad, ni caridad de las compañías de armas ni de las que buscan maximizar sus beneficios. Lean algo sobre el secuestro y la tortura de los niños para ser explotados en las minas de coltán de Congo y conocerán la verdadera naturaleza de dichas compañías del “primer mundo”. ¿Y luego quieren que estas personas no huyan de sus tierras?

Fuente:
http://blogs.publico.es/puntoyseguido/4953/el-barco-aquarius-y-5-muestras-de-la-militarizacion-del-saqueo-de-africa/

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=243033

jueves, 21 de junio de 2018

Con 68 millones de personas desplazadas, es urgente un pacto mundial sobre refugiados.

Las guerras, la violencia y la persecución han conducido a que el desplazamiento forzado en el mundo alcance un nuevo máximo histórico en 2017, por quinto año consecutivo, como consecuencia, entre otras, de la crisis en la República Democrática del Congo, la guerra en Sudán del Sur y la huida hacia Bangladesh de cientos de miles de rohingya desde Myanmar. Los países en desarrollo están siendo, de forma abrumadora, los más afectados.

En su informe estadístico anual Tendencias Globales (Global Trends), publicado hoy, ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, eleva a 68,5 millones las personas desplazadas por la fuerza a finales de 2017. De ellas, 16,2 millones se vieron forzadas a desplazarse dentro y fuera de las fronteras de su país durante el año 2017, ya sea por primera vez o de manera reiterada, lo que deja constancia de la magnitud de la población que se está desplazando, equivalente a 44.500 personas cada día, o a una persona cada dos segundos.

El número de refugiados que ha huido de sus países para escapar de los conflictos y la persecución asciende a 25,4 millones de los 68,5 millones de personas desplazadas. Esta cifra supone un incremento de 2,9 millones respecto 2016 y el mayor aumento registrado jamás por ACNUR en un solo año. Por otra parte, los solicitantes de asilo que se encontraban a la espera de una decisión sobre sus solicitudes de asilo a 31 de diciembre de 2017 aumentaron en unos 300.000 hasta alcanzar los 3,1 millones. El número de personas desplazadas dentro de sus propios países fue de 40 millones, una cifra ligeramente inferior a los 40,3 millones de 2016.

En definitiva, en 2017 el número de refugiados en todo el mundo superaba ya la población de Australia, mientras que el de desplazamientos forzados prácticamente igualaba a la población de Tailandia. En todo el mundo, una de cada 110 personas se encuentra desplazada por la fuerza.

“Estamos en un punto de inflexión y para que la gestión del desplazamiento en el mundo tenga éxito es necesario un nuevo enfoque mucho más integral, que no deje solos a los países y a las comunidades frente a estas situaciones”, afirmó el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi. “No obstante, aún hay motivos para la esperanza. Catorce países están aplicando ya un nuevo plan de respuesta para las crisis de refugiados y, de aquí a unos meses, el nuevo Pacto Mundial sobre Refugiados estará listo para su adopción por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Hoy, en la víspera del Día Mundial del Refugiado, me dirijo a los Estados miembros para pedirles que lo apoyen. Nadie se convierte en refugiado por elección, pero cada uno de nosotros sí podemos elegir cómo ayudar"

El informe “Tendencias Globales” se publica anualmente en todo el mundo en torno al Día Mundial del Refugiado (20 de junio) y analiza los desplazamientos forzados en base a los datos recopilados por ACNUR, los gobiernos y otros socios. El informe no examina el contexto global en materia de asilo, cuestión sobre la que ACNUR informa por separado y que aun en 2017 ha registrado incidentes en materia de devoluciones forzosas, politización y estigmatización de refugiados, casos de encarcelamiento o negación del permiso de trabajo, o incluso el rechazo de varios países al uso del término “refugiado”.

En todo caso, el informe Tendencias Globales ofrece numerosas perspectivas e informaciones que por ejemplo evidencian la confrontación entre la percepción y la realidad de los desplazamientos forzados.

Entre otras, se cita la creencia errónea de que la mayoría de desplazados se encuentra en países del hemisferio norte. Los datos demuestran lo contrario, pues el 85% de los refugiados se encuentra en países en desarrollo, muchos de los cuales son extremadamente pobres y apenas reciben ayuda para atender a estas personas. Cuatro de cada cinco refugiados se queda en los países vecinos al suyo.

Los desplazamientos a gran escala más allá de las fronteras del país también son menos frecuentes de lo que podría pensarse con 68 millones de personas desplazadas en el mundo. Casi dos tercios de quienes se ven forzados a huir son desplazados internos que no han salido de sus propios países. De los 25,4 millones de refugiados, más de una quinta parte son palestinos bajo la protección de UNRWA. Del resto, que se encuentra bajo el mandato de ACNUR, dos tercios proceden de tan solo cinco países: Siria, Afganistán, Sudán del Sur, Myanmar y Somalia. El fin del conflicto en cualquiera de estos países tendría un impacto muy significativo en el panorama mundial del desplazamiento.

El informe estadístico Tendencias Globales ofrece asimismo otras dos importantes aportaciones: la mayoría de refugiados vive en zonas urbanas (58%) y no en campos o áreas rurales; y la población desplazada a nivel mundial es muy joven (el 53% son niños y niñas, muchos de ellos no acompañados o separados de sus familias).

De la misma forma que el número de países que provoca desplazamientos masivos es reducido, el número de países que acogen a un elevado número de refugiados es relativamente pequeño: Turquía sigue siendo el país que más refugiados acoge en todo el mundo en términos absolutos, con una población de 3,5 millones de refugiados, principalmente sirios. El Líbano por su parte, es el país que más refugiados acoge en relación a su población nacional. En total, el 63% de todos los refugiados bajo el mandato de ACNUR se encontraban en sólo 10 países.

Lamentablemente, las soluciones para abordar esta situación siguen siendo escasas. Las guerras y conflictos continúan siendo las principales causas de desplazamientos, al tiempo que se han constatado pocos progresos para el restablecimiento de la paz. Cerca de cinco millones de personas pudieron volver a sus hogares en 2017, siendo la gran mayoría desplazados internos, aunque muchos lo hacían bajo coacción o en condiciones precarias. Además, dada la reducción en el número de plazas de reasentamiento ofrecidas por los Estados, el número de refugiados reasentados se redujo en más del 40%, a unas 100.000 personas.

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=243076

lunes, 18 de junio de 2018

_- Un fantasma recorre Europa: la hipocresía

_- Gabriel Moreno González
El diario

EFE

Matteo Salvini, el fulgurante líder de la Liga Norte y nuevo Ministro italiano del Interior, se considera a sí mismo católico y aparece en los mítines con un rosario en la mano. Una mano que, a su vez, no le tiembla al cerrar los puertos de su país a barcos repletos de seres humanos y al alegrarse, sin ocultarlo, de quitárselos de en medio como si de un triunfo deportivo se tratara. Sin embargo, su tocayo de hace más de dos mil años, el evangelista Mateo, recogía así las palabras de quien es considerado por el catolicismo, la religión que Salvini dice profesar, como el mismísimo hijo de Dios: “Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis” (Mt 25:35).

En general, este patrón de contradicciones insalvables e hipocresía manifiesta se repite a lo largo y ancho de toda la extrema derecha europea. Desde los confines de la Rusia occidental a los grupúsculos de franquistas españoles, pasando por el Frente Nacional de Le Pen o por la AfD alemana, el neofascismo del viejo continente dice defender la comunidad y los valores tradicionales y benéficos aparejados a ella, pero no duda en apoyar las políticas neoliberales que fragmentan la sociedad y potencian el individualismo egoísta y la competitividad deshumanizadora. Se cree baluarte del cristianismo y su tradición acumulada durante siglos, cuando en verdad constituye el máximo ejemplo de ideario anti-cristiano y contrario a una mínima concepción de la dignidad humana.

Algunos de sus representantes, incluso, se erigen en los más firmes defensores del liberalismo y el Estado de Derecho, cuando en sus acciones demuestran ser sus principales enemigos, pues no hay nada más alejado del pluralismo de valores liberal y de los derechos fundamentales que las categorías trasnochadas, nacionalistas y xenófobas de la ultraderecha. Desde los altavoces de sus nuevas posiciones de poder, políticos como Salvini intentan dar fundamento a su ideología mediante una preeminencia de lo colectivo (“los italianos primero”) que en el fondo, como el resto del andamiaje teórico que pretenden crear, es absolutamente falsa. Al apoyar las políticas que atentan contra los derechos sociales y el bienestar de la mayor parte del pueblo que dicen defender, condenan a éste a niveles cada vez mayores de desigualdad e injusticia. Sus concepciones cerradas de la soberanía también parten, además, de una contradicción flagrante, ya que no tienen reparo alguno en vender la riqueza de sus países y el trabajo de sus ciudadanos a un capital transnacional, parásito, que poco o nada entiende de fronteras.

Las posturas comunitaristas del conservadurismo y las del individualismo neoliberal son en buena medida irreconciliables. A pesar de ello entran constantemente en un proceso de competencia virtuosa mediante el cual la disolución social que provoca el capitalismo sin frenos es canalizada, a modo de terapia, a través de un ilusorio regreso a la tradición, la comunidad y los valores conservadores.

Como ya hemos podido comprobar en Polonia, Hungría, Italia o Estados Unidos, el efecto lisérgico de esta relación de interdependencia contradictoria y en permanente tensión constituye, quizá, uno de los caldos de cultivo más peligrosos para la democracia actual. Su retroalimentación mutua solo puede derivar en el reforzamiento de posiciones autoritarias que están comenzando, ya, a limar las concepciones pluralistas de nuestras débiles democracias liberales.

De ahí que sea extremadamente urgente atacar de manera frontal a la extrema derecha con las armas de sus propias contradicciones. Sin salirnos de la pretendida lógica interna de sus discursos hemos de denunciar su fragilidad, la insalvable incompatibilidad entre el ideario que enarbolan y la práctica que llevan a diario. Con pedagogía, y a veces desde la prudencia del respeto, habríamos de dirigirnos a los votantes de los Salvinis europeos, en su mayoría sectores olvidados o muy golpeados por la crisis y las políticas neoliberales, para mostrarles la incoherencia de los relatos salvíficos que apoyan y la nula voluntad que sus líderes muestran a la hora de mejorar las condiciones de vida de las mayorías sociales. Si blandimos a Deleuze, Negri o Zizek no sólo estos votantes no cambiarán de opinión nunca, sino que posiblemente se verán desconcertados ante unos predicadores extraños y ya de por sí desconcertantes.

En paralelo a esta necesidad de denunciar por oposición y con claridad las contradicciones internas del supuesto conservadurismo, hemos de defender un modelo alternativo a su verdadera cara. Si la extrema derecha no incurriera en contradicciones y completara con sus obras lo que proyecta en sus idílicos idearios, seguiríamos encontrándonos ante un problema grave desde el punto de vista democrático, más urgente de combatir si cabe debido a su posible materialización en el corto plazo.

El regreso al grupo en el rechazo al “otro”, la negación de determinados efectos positivos de la mundialización o la recuperación de concepciones anti-pluralistas aparejadas a ciertas tradiciones de pensamiento ya periclitadas, aun en el supuesto de que consiguieran revitalizar concepciones clásicas de soberanía política, constituirían factores que entrarían, a su vez, en contradicción flagrante con la realidad de un mundo cada vez más complejo, interdependiente y amenazado por problemas globales.

En la labor de construir nuevas subjetividades y consolidar viejas solidaridades, en la tarea siempre inacabada de integrar al “otro” y considerarlo parte indisociable de un “yo” enriquecido, debemos continuar y perseverar. Como siempre recordaba el profesor José María Valverde, en la mejor tradición del cristianismo social español, aun el más lejano es mi prójimo… ese próximo lejano al que Salvini el hipócrita niega la propia necesidad de existir y vivir.

Fuente:
https://www.eldiario.es/contrapoder/fantasma-recorre-Europa-hipocresia_6_782231795.html


martes, 5 de junio de 2018

CUANDO SE ACOGE BIEN, PERO SE INTEGRA MAL. Maisoun y Osama, refugiados sirios y padres de dos hijos, reflejan las graves dificultades de integrarse en España al concluir los 18-24 meses de respaldo estatal-

Maisoun y Osama, refugiados sirios y padres de dos hijos, reflejan las graves dificultades de integrarse en España al concluir los 18-24 meses de respaldo estatal

Pensé que estaba sola en este mundo, como si me hubiesen soltado en un agujero”. Maisoun Shukair recuerda con angustia su salida del Centro de Acogida de Refugiados. Siria, de 49 años, de ojos vivos y pelo negro cortado en media melena, está sentada a la mesa del piso que alquila en Alcobendas (Madrid). Agarra el tenedor para acabar el kebab que ha preparado para el almuerzo y esboza una sonrisa como para alejar los malos pensamientos. Huyó de Damasco en 2014 con su hijo mayor. Un año después llegaron a España su hijo menor, entonces de 15 años, y su marido, Osama Andiwi. La pesadilla de las bombas había terminado finalmente, pero comenzaba otra batalla: volver a empezar en un país desconocido. “Cuando terminaron las ayudas públicas estuvimos dos días sin comer. Ni en la guerra sufrimos esto”.

Como muchos otros refugiados, la familia Andiwi acabó engullida en un sistema que no acaba de conseguir su objetivo último: la integración. En España, los refugiados reciben ayuda del Estado durante un periodo que va de 18 a 24 meses —siempre y cuando no consigan un trabajo, aunque sea inestable—. Luego caen en “la precariedad laboral, la inseguridad económica y la inestabilidad residencial”, concluye la investigación ¿Acoger sin integrar?, elaborada por la Universidad Pontificia Comillas, el Servicio Jesuita a Migrantes y la Universidad de Deusto. Este es el resultado de un cóctel tóxico que mezcla un mercado laboral rígido con políticas sociales insuficientes tanto para españoles como para extranjeros, con la doble desventaja de que estos últimos tienen barreras añadidas como el idioma, los prejuicios, la falta de vínculos familiares o la dificultad para convalidar sus títulos de estudio.

“El problema es que el sistema de acogida está pensado de manera mecánica”, puntualiza Juan Iglesias, director de la Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos de la Universidad Pontificia Comillas y coautor del informe. Las tres fases de entre seis y nueve meses —acogida, autonomía e integración— diseñadas para facilitar de manera gradual autonomía a los refugiados “deberían ser más flexibles porque no somos todos iguales”, insiste. “Igual la acogida la hacemos bien, pero la integración es diferente, y cuando se acaban las ayudas la caída es fortísima; la mayoría se integra de manera precaria e inestable, otros caen en situación de exclusión social”.

La lucha de los invisibles
De las imágenes de la llamada crisis migratoria que se transmitían en bucle allá por 2015 ya no hay rastro. Pero los refugiados siguen aquí, a veces más parecidos a un facsímil borroso de lo que fueron que a ellos mismos. En Damasco, Maisoun y Osama ejercían como farmacéutica e ingeniero, respectivamente. En Madrid, ella es desempleada y él trabaja en un servicio de atención al cliente con un sueldo casi equivalente a la ayuda para personas en riesgo de exclusión social que recibieron durante unos meses para sobrevivir. Aunque Maisoun logró homologar su licenciatura y hacer un curso seguido por unas prácticas como auxiliar de farmacia, no consigue encontrar empleo.

Según un estudio realizado por la ONG Reach, los sirios refugiados en España se sienten seguros, pero la dificultad para aprender el idioma y encontrar trabajo frena su integración. Mónica López, directora de Programas en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), admite que la situación no es fácil. “Ni el acceso a la vivienda ni al empleo”, remacha. “El sistema no es muy garantista ni para los españoles ni para los extranjeros; los servicios sociales no llegan a todos y ni siquiera tenemos indicadores para medir la integración”.

Mientras, los solicitantes de asilo siguen llegando. Aunque las peticiones en Europa se hayan reducido a casi la mitad en 2017, en España han marcado otro récord histórico, con más de 31.000 solicitudes, según la Agencia de la ONU para los Refugiados. Lo que cambia es que disminuyen las de los sirios y aumentan las de venezolanos, y que se concede protección a menos personas que el año anterior: solo un tercio de las solicitudes se resolvieron de manera positiva en 2017, frente al 67% de 2016, y el Estado ya acumula 40.000 expedientes atascados.

El mismo Defensor del Pueblo tachó de “insostenible” el sistema español de acogida por su lentitud, falta de planificación y coordinación entre organismos y llamó a una “revisión orgánica y funcional profunda para dotar de mayor eficacia a la gestión del servicio público”.

Maisoun viene de una familia crítica con el Gobierno y perdió a un hermano en el conflicto. Acabó en la lista negra del régimen tras ayudar a los heridos que se refugiaban en su farmacia durante los combates. “Escapé con el mayor de mis hijos para salvarle de la guerra”, cuenta. Temía que lo reclutaran. Osama lo intentó un año después, pero fue detenido en la frontera con Líbano. “En la cárcel estábamos aplastados como gusanos… a veces no podíamos dormir por los gritos, eso no era humano”, relata con voz suave y un cigarrillo en la mano.

Él también fue torturado. Bajito, con pelo canoso, lleva una camisa clara y conversa en inglés. Entiende español, pero solo maneja precariamente unas pocas palabras. A diferencia de su esposa, que recibió una hora de clase de español al día en el centro de acogida, él no hizo ningún curso. Aterrizó en el piso de Alcobendas donde Maisoun ya estaba viviendo y en seguida se fue a Alemania junto a su hijo menor. “Ahí te dan más dinero y seguimiento si eres refugiado; lo de aquí es una locura”, comenta.

La aventura duró muy poco: la nostalgia y el sentido de culpa le trajeron de vuelta. “Muchas personas nos ayudan y nos han dado lo más importante, la seguridad, pero creo que este país tiene que pensar de otra manera en los refugiados”, reflexiona Maisoun, quien ganó en Siria un premio de poesía y acaba de publicar su segunda obra en España. Gracias a la fundación Pueblos Unidos, está estudiando español para ser profesora de árabe. Osama es optimista. Sabe que no volverá a Siria en mucho tiempo y que su vida ahora está aquí. Y concluye: “Solo queremos demostrar que merecemos la pena”.

El proyecto The New Arrivals está financiado por el European Journalism Centre con el apoyo de la Fundación Bill &  Melinda Gates.

https://elpais.com/internacional/2018/04/06/actualidad/1523030620_438323.html

domingo, 20 de mayo de 2018

Libia: Réquiem por un traidor

Guadi Calvo

Alainet


Si bien no está claro si el autoascendido a Mariscal de Campo Khalifa Haftar, de 74 años, ha muerto en una clínica de París, a donde fue trasladado desde Jordania tras sufrir un derrame cerebral, o si alguna de las potencias occidentales que operan en Libia desde 2011 ha decidido sacarlo del juego, lo cierto es que desde el miércoles 11, toda la información sobre él es muy confusa.

Khalifa Haftar retornó a Libia en 2011, tras un exilio en Estados Unidos de 20 años, para participar de la guerra que no solo terminó con la vida del Coronel Gadafi, sino que demolió el país; paulatinamente se convirtió en el hombre fuerte de Libia, gracias al apoyo incondicional de Egipto y los Emiratos Árabes Unidos y de un modo más discreto de Catar, Turquía y Arabia Saudita. Llegó a controlar la unidad armada más poderosa del país, el Ejército Nacional Libio, (ENL) con sede en la ciudad de Tobruk, al este del país, a escasos 100 kilómetros de la frontera egipcia, siendo finalmente recibido en París, Moscú y Roma, donde discutió tres cuestiones fundamentales: el fin de la guerra civil, el control de la ola de refugiados que desde puertos libios intentan llegar a Europa (se calcula que hay más de un millón esperando su oportunidad) y por último estabilizar la producción petrolera, ya que son muchas las empresas occidentales con importantes intereses en los yacimientos libios, los más importantes de África.

El “Mariscal”, que nunca ha reconocido el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) de Trípoli impuesto por las Naciones Unidas y que encabeza Fayez al-Sarraj, era el candidato con mayores posibilidades de triunfar en las elecciones que, con el apoyo de Emmanuel Macron, en julio pasado, se acordaron en Paris para realizarse este año.

La posible muerte de Haftar no solo afectará a la pacificación y la industria petrolera, sino que profundizará la violencia, que asola al país desde comienzos de 2011 y en la que participan un sinnúmero de organizaciones armadas, entre ellas, al-Qaeda y Dáesh.

Sin Haftar, su ejército, con profundas divisiones internas, no tiene un candidato firme a sucederlo, por lo que se espera que la pugna por alcanzar la jefatura se dirima con más violencia. Esto, para los intereses occidentales es sumamente grave ya que el ELN controla lo que se conoce como la media luna de petróleo del Golfo de Sirte, que cuenta con los cuatro puertos principales por donde sale la mayor parte de las exportaciones de petróleo, que cuentan con la protección de Haftar. La producción petrolero alcanzó el millón de barriles diarios, luego de que, al comienzo de la guerra, disminuyó a unos 300.000.

El petróleo representa casi la única fuente de financiación del país, de los aproximadamente 6 millones de habitantes, casi la mitad se encuentra debajo del umbral de la pobreza.

La posible debilitación de la defensa de los campos petroleros, tras un enfrentamiento interno del ENL, podría acarrear a una situación en la que tanto el Dáesh como otros grupos armados intenten posicionarse para trastornar las exportaciones de crudo. Esto afectará los mercados internacionales, sumándose la también la posible crisis con Irán tras la potencial anulación del acuerdo nuclear en mayo próximo.

El hasta ahora desaparecido general, que tiene ciudadanía estadounidense, cuenta con una larga lista de pecados, fue el responsable de la derrota en la intermitente guerra con Chad (1978-1987) por lo que partió a su exilio estadounidense, donde se incorporó a la CIA, la que durante años lo preparó para derrocar a Gadafi.

En mayo de 2014, Haftar inició la Operación Karama (dignidad), destinada a eliminar a los grupos rivales, tomando el control en torno a ciudades de Tobruk y Benghazi y combatió durante cerca de un año por desplazar al Dáesh de Sirte, llegando a controlar aproximadamente el 60 % del país.

En esta guerra, Haftar no escatimó ningún recurso y en sus operaciones abundaron todo tipo de crímenes por lo que la Corte Penal Internacional (CPI) ordenó la detención de varios comandantes de las fuerzas de ENL, entre ellos la de Mahmoud Mustafa Busayf al-Werfalli, de la brigada al-Saiqa, acusado de la ejecución de prisioneros, incluso por su propia mano. Un equipo de abogados presentó pruebas a la CPI donde se acusa a Haftar y sus fuerzas de crímenes de guerra y de lesa humanidad. Existen registros en las arengas de Haftar a su tropa en octubre de 2015, donde llama a no tomar prisioneros, no importa su edad, ni condición.

Una sucesión sangrienta
De confirmarse la desaparición física o política de Haftar se espera una sucesión conflictiva, ya que el viejo agente de la CIA solo confiaba en un círculo muy pequeño y cerrado, entre ellos sus hijos Khaled y Saddam, cada uno al mando de poderosos regimientos. Otro posible aspirante al poder es Awn al-Forjani, un alto jefe de la tribu de los al-Forjani, a la que pertenece los Haftar, aunque se cree que padece una grave enfermedad que lo sacaría de la carrera. Además, está el general Abdessalam al-Hassi, también miembro de la tribu, quién se desempeña como jefe de operaciones y quien, durante la invasión de 2011, fungió como oficial de enlace con la OTAN, lo que le podría haber generado excelentes contactos con occidente. En la pugna también hay que anotar al general Abdelrazak al-Nadouri, el militar de más alto rango después del mariscal. Es jefe de la región de Darna-Ben Jawad, que incluye la media luna de petróleo, por orden del propio Haftar dirige el asedio “asfixiante” a la ciudad portuaria de Darna desde hace meses, donde la falta de víveres, de nafta, medicinas y de atención médica, está poniendo en riesgo la vida de miles de personas. El último de los militares que podría aspiran es el Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, Sakr al-Jarrouchi. Mientras el único civil anotado es Fadhel al-Dib, asesor político de Hafter y responsable de la reunión con Fayez al-Sarraj, por lo que podría contar con la bendición francesa.

Sin saber si está vivo o muerto el autodenominado Mariscal, la guerra por su sucesión ya está en marcha. El jefe del Estado Mayor del ejército libio oriental, el general Abdelrazak al-Nadouri, sufrió un atentado el miércoles 18 a las afueras de la ciudad de Benghazi. Un coche bomba estalló al paso de su caravana cuando se dirigía a una base militar en Marj. La explosión mató a varios miembros de su escolta e hirió a otros dos, aunque Nathouri salió ileso. Benghazi, fue reconquista por el ENL, en julio último, después de tres años de sitio y fuertes combates.

Por otra parte, de llegar a concretarse las elecciones, la desaparición de Haftar, pondría al hijo del Coronel Gadafi, Saif al-Islam, en una inmejorable posición para triunfar en la contienda aunque la pacificación del país es una cuestión mucho más que distante.

La muerte o desaparición forzada o consensuada de Haftar, más que un réquiem por él, llama a realizarlo por la propia Libia, que ya en el abismo, solo parece encontrar un camino: el de caer todavía en uno más profundo.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.
Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/192390

viernes, 11 de mayo de 2018

¿Por qué molestan los barcos que salvan vidas? Responsables de Proactiva Open Arms, acusados de favorecer la inmigración ilegal por negarse a entregar náufragos a Libia.

Ahora resulta que los salvavidas rojos de la organización Proactiva Open Arms, que ha rescatado a miles de náufragos en el Mediterráneo, han dejado de ser el símbolo de una misión humanitaria que no se resigna a que el Mare Nostrum sea una gran tumba de vidas e ilusiones, para convertirse en el arma del delito de una peligrosa organización criminal. O al menos eso parece. El lunes, el juez de instrucción de Catania (Sicilia) ha de decidir la suerte del barco de la ONG que se encuentra inmovilizado en el puerto de Pozzalo y si procesa a su capitán, Marc Reig, y a la responsable de la misión de salvamento, Anabel Montes, por favorecer la inmigración ilegal y el tráfico de personas. En este contencioso se dirime la presencia de las ONG en el rescate de inmigrantes. Los acuerdos con Libia han permitido un cambio de escenario: ya no se trata de rescatar para salvar, sino de rescatar para devolver. Y en esa nueva estrategia, las organizaciones humanitarias pueden ser un estorbo.

El incidente que ha dado lugar a la inmovilización del barco refleja bien el tipo de conflicto que se dirime. El 15 de marzo, el Open Arms recibió un aviso del Centro de Coordinación de Rescate Marítimo de Roma para que acudiera al rescate de una embarcación a la deriva situada a 73 millas de la costa de Libia, con la indicación de que la operación iba a ser coordinada por los guardacostas libios. Pero el barco de la ONG fue el primero en alcanzar a los náufragos y comenzó la tarea de rescate. Cuando había subido a bordo a 25 mujeres y 7 niños, llegó la patrullera libia y exigió la entrega de los inmigrantes. La ONG española se negó. Tres horas duró el forcejeo. Finalmente los libios se retiraron y entonces comenzó el segundo forcejeo: Italia no asignaba ningún puerto en el que atracar. Que fueran a Malta, o a España, les decían. Tras numerosas gestiones, les fue asignado el puerto de Pozzalo, al que llegaron con los 218 náufragos eritreos rescatados. Y allí sigue el Open Arms, con sus responsables pendientes de una posible imputación.

La entrega de los migrantes rescatados a Libia fuera de sus aguas jurisdiccionales y sin que esta sea reconocida como zona de rescate marítimo (RSS) puede considerarse una devolución en caliente que contraviene las normas de la UE. Las ONG que operan en las tareas de salvamento saben que entregar a los náufragos supone devolverlos a Libia, donde serán sometidos a condiciones inhumanas de explotación por parte de las mafias que campan a sus anchas. Libia es un Estado fallido que no puede considerarse en absoluto un país seguro. Los náufragos recogidos por el Open Arms eran eritreos, que tienen reconocido el derecho a asilo en la UE.

Los acuerdos con Libia y esta nueva forma de operar explica que el número de inmigrantes que llegaron a Italia por esta ruta cayó en marzo a 1.400, un 88% menos que en el mismo mes de 2017. En todo el primer trimestre, las llegadas han sido 6.600, casi un 75% menos que el año anterior. Y entre que llegan, los eritreos son el grupo más numeroso. El número de desaparecidos en el mar a lo largo de 2017 de los que se tiene noticia se eleva a 3.116. Nadie discute que se han de hacer esfuerzos por disminuir los flujos migratorios. La cuestión es a qué precio y con qué métodos. De los seis barcos de ONG que operaban en esta ruta ya solo quedan tres: el Open Arms, el Aquarius, de SOS Mediterranée, y el Seefuchs de Sea Eye. Y parece que ya no son tan bienvenidos.

Cinco mitos sobre la crisis de refugiados

El Aquarius saca a la luz la xenofobia europea y el tráfico de migrantes

Dos Italias frente al Mediterráneo

sábado, 28 de abril de 2018

Vanessa Redgrave se pone detrás de la cámara para salvar refugiados. La veterana actriz dirige ‘Sea Sorrow’, documental presentado en el Festival de Cannes sobre la crisis de los que huyen de la guerra.

A sus 80 años, tras cinco décadas de carrera y más de 130 películas sobre sus espaldas como actriz, Vanessa Redgrave ha decidido dar el salto a la dirección. No fue algo planeado, ni siquiera algo que fuera buscando. "Tenía que hacerlo. Y cuando tomas una decisión así no te planteas cómo, simplemente lo haces", explica la veterana intérprete en pleno Festival de Cannes, el marco en el que ha estrenado su ópera prima, el documental Sea Sorrow, (Mar de pena) un sentido retrato sobre la crisis de los refugiados en Europa desde una perspectiva actual e histórica.

Como a tanta gente, la imagen de Alan Kurdi, el niño sirio hallado muerto en una playa turca en septiembre de 2015, la conmocionó. Y, a diferencia de mucha gente, Vanessa Redgrave decidió actuar. Literalmente. Produjo un montaje teatral de La tempestad de Shakespeare con el que recaudó ocho mil euros para el British Refugee Council y después de filmar la obra decidió que podía ir un poco más lejos con un documental en el que mostrar no solo todo lo que había visto en sus visitas a campos, sino todo lo que ella misma había vivido.

“Cuando sabes lo bastante de historia, cuando algunos de tus familiares han muerto, cuando miembros de tu familia han estado muy enfermos y has intentado ayudar siempre a la gente, bien sea dando algo de dinero a Oxfam, Médicos sin fronteras… ves las cosas completamente diferentes y te conviertes en otra persona”, comenta. “Intento explicar esto, aunque no sé si debiera ser necesario para mostrar que ver las cosas de una manera distinta es lo que me llevó a dirigir Sea Sorrow, en vez de solo producirlo; porque pensé que tenía una narrativa personal que ofrecer”.

Su obra benéfica tras ver la foto de Kurdi no era ni mucho menos la primera vez que Vanessa Redgrave se volcaba en ayudar a refugiados y víctimas de conflictos. “Mis hijos son maravillosos porque entendieron siempre por qué he dedicado tanto tiempo a ayudar a otra gente”, dice.

Su propia experiencia, cree, como niña evacuada de Londres durante la II Guerra Mundial fue la que la ha llevado a comprometerse toda su vida con los demás. “No fue hasta mucho después que me di cuenta de que aquello fue un trauma para mí”, explica. Por eso dejó sus estudios de teatro para ayudar a los refugiados húngaros en los 50. Y se volcó con el pueblo palestino ayudando en campos de niños refugiados. “Hasta el punto de que me han llegado a acusar de odiar a los judíos, cuando es completamente falso”, aclara.

Sea Sorrow, dirigida mano a mano con su hijo Carlo Nero,  es el último ejemplo de su activismo político, aunque a la actriz no le gusta definirse como tal. “He sido políticamente comprometida, pero no ha sido algo prioritario en mi vida en los últimos 30 años. Siempre he pensado en mí como parte de un partido político, he ayudado en las elecciones y he prometido y prometo que apoyaré a mi candidata laborista, pero no es porque sea políticamente activa sino porque quiero dejar mi voto en contra de Theresa May”, dice tajante.

El Brexit y la política interior británica no forman parte de su documental porque cree que la crisis de los refugiados es un problema más global, “una cuestión de todos los gobiernos europeos”, una crisis humana ante la que piensa seguir actuando. “Quizá porque he perdido a personas muy cercanas [su hija, Natasha Richardson], me siento con derecho a ser dogmática. Es un viejo dicho: donde hay esperanza, hay vida. Y es verdad, creo que es totalmente absurdo perder la esperanza, pero también lo es basarlo todo en la esperanza. Tenemos que basarnos en hechos, en ayudar. Ayuda, no esperanza. Incluso si ayudas a una sola persona, ya cambias situaciones”, cuenta emocionada. “Mi yerno, Liam Neeson, estaba en La lista Schindler, y cada vez que pienso en esa película me impresiona todos los nombres que Schindler salvó, y aun así no pudo salvar suficientes. Salvar una única vida parece terriblemente pequeño cuando hay tantas, pero si puedo salvar una única vida, ya ha merecido la pena este documental”.

https://elpais.com/cultura/2017/05/19/actualidad/1495208849_335739.html

Vanessa Redgrave,  nueva imagen de Gucci
La tribu de los Redgrave

sábado, 3 de marzo de 2018

“Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, un destacado diseccionador de la sociedad del hiperconsumismo, explica en Barcelona sus críticas al “infierno de lo igual”.

Las Torres Gemelas, edificios iguales entre sí y que se reflejan mutuamente, un sistema cerrado en sí mismo, imponiendo lo igual y excluyendo lo distinto y que fueron objetivo de un atentado que abrió una brecha en el sistema global de lo igual. O la gente practicando binge watching (atracones de series), visualizando continuamente solo aquello que le gusta: de nuevo, proliferando lo igual, nunca lo distinto o el otro... Son dos de las potentes imágenes que utiliza el filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959), uno de los más reconocidos diseccionadores de los males que aquejan a la sociedad hiperconsumista y neoliberal tras la caída del muro de Berlín. Libros como La sociedad del cansancio, Psicopolítica o La expulsión de lo distinto (en España, publicados por Herder) compendian su tupido discurso intelectual, que desarrolla siempre en red: todo lo conecta, como hace con sus manos muy abiertas, de dedos largos que se juntan mientras cimbrea una corta coleta en la cabeza.

“En la orwelliana 1984 esa sociedad era consciente  de que estaba siendo dominadahoy no tenemos ni esa consciencia de dominación”, alertó ayer en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona  (CCCB), donde el profesor formado y afincado en Alemania disertó sobre la expulsión de la diferencia. Y dio pie a conocer su particular cosmovisión, construida a partir de su tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, así, en “el desierto, o el infierno, de lo igual”.

Autenticidad. Para Han, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.

Autoexplotación. Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

‘Big data’.“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual... Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas... Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos... ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE UU hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones...  Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.

Comunicación. “Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.

Jardín. “Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones... Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está... Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números.

Narcisismo. Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.

Otros. Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo... En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

Refugiados. Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.

Tiempo. Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.


EL “MONSTRUO” DE LA UE Y LA “BODA” CATALUÑA-ESPAÑA 

“Estamos en la Red, pero no escuchamos al otro, solo hacemos ruido”, dice Byung-Chul Han, que viaja lo justo y no hace turismo “para no participar del flujo de mercancías y personas”. También reclama una política nueva. Y la relaciona con Cataluña, tema cuya tensión rebaja bromeando:

“Si Puigdemont promete volver al animal original, me hago separatista”.

Y ya en lo político, lo enmarca en el contexto de la Unión Europea: “La UE no ha sido una unión de sentimientos sino comercial; es un monstruo burocrático fuera de toda lógica democrática; funciona a golpe de decretos...; en esta globalización abstracta se da un duelo entre el no lugar y la necesidad de ser de un lugar concreto; el especial está incómodo y genera desasosiego y estalla lo regional. Hegel decía que la verdad es la reconciliación entre lo general y lo particular y eso hoy es más difícil...”. Pero acude a su revolución temporal: “Las bodas forman parte de la recuperación del tiempo de fiesta: a ver si hay una entre Cataluña y España y se reconcilian”.

https://elpais.com/cultura/2018/02/07/actualidad/1517989873_086219.html?rel=lom

miércoles, 10 de enero de 2018

Las inesperadas lecciones que la película Casablanca puede enseñarnos sobre la actual crisis de refugiados. Nicholas Barber BBC Culture.


Humphrey Bogart y Dooley Wilson. (Foto: Alamy)

Ningún festival de cine que se precie de tal, está completo, hoy en día, sin hacer algún tipo de mención a la actual crisis de refugiados.
Este año el de Cannes incluyó "La luna de Júpiter", una película húngara sobre un refugiado que renace con superpoderes; mientras que en el de Venecia se estrenó "Flujo Humano", el documental grabado alrededor del mundo por Ai Weiwei sobre la crisis.

Con el debido respeto, es difícil imaginar muchas de estas películas siendo vistas una y otra vez durante décadas. Son películas actuales, más que inmortales.
Y, no obstante, una historia sobre una crisis de refugiados comparable es aún considerada como una de las mejores películas de Hollywood, 75 años después de que fue exhibida por primera vez en noviembre de 1942: Casablanca.

No trata solo sobre refugiados, por supuesto. Es un melodrama romántico con la guerra como un telón de fondo exótico.
Su héroe es Rick (Humphrey Bogart), el cínico y absurdamente bien vestido estadounidense propietario de un club nocturno en la ciudad marroquí que da nombre al filme en 1941.

Afirma que no le importa la guerra que está destrozando Europa. "Tu negocio es la política, el mío es administrar un bar", gruñe durante una escena.
Pero su dura coraza se agrieta y desmorona con la llegada de una cliente especialmente bella, Ilsa Lund (Ingrid Bergman), la mujer de quien se enamoró en París apenas dos años antes.

Lo que Rick desconocía era que Ilsa estaba casada en ese época con el líder de la resistencia checa, Victor Laszlo (Paul Henreid), de quien ella creía que había muerto en un campo de concentración alemán. Cuando supo que Laszlo seguía con vida, abandonó a Rick y regresó con su marido.

Y ahora Laszlo e Ilsa llegan al mismo bar que Rick abrió en Casablanca para tratar de olvidarla.
Ahora, Rick tiene que decidir si deja que Laszlo caiga en las garras de un oficial de la Gestapo, el mayor Strasser (Conrad Veidt) o si hacerle llegar dos "cartas de libre tránsito", que les permitirán escapar de Marruecos.

Risas, cámaras, acción
Dejando de lado el trágico romance, Casablanca tiene más humor que la mayor parte de las comedias y mejores canciones que gran parte de los musicales.
Fue adaptada de una obra, Everybody Comes to Rick's ("Todo el mundo acude al bar de Rick") de Murray Burnett y Joan Alison.

Bogart y Bergman (Foto: Granger Historical Picture Archive / Alamy Stock Photo)

Casablanca es probablemente la película más citada de Hollywood y también la que más citas erradas ha generado. "Tócala de nuevo, Sam", es una frase que Rick realmente no dice, pero eso no ha evitado que todos sigamos citándola desde entonces.

¿Podría una película del Hollywood moderno ser tan divertida mientras que se ocupa de la difícil situación de los refugiados del mundo? Es poco probable, por decir lo menos.
Pero es esta preocupación la que le da a Casablanca su corazón y hace de ella relevante en este siglo XXI.

El tema es introducido en la apertura: "Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial muchos ojos en la aprisionada Europa miraron esperanzados, o con desesperación, hacia la libertad de las Américas. Lisboa se convirtió en el gran punto de embarque", dice el narrador.
"Pero no todo el mundo podía llegar a Lisboa directamente. Por ello, surgió una tortuosa y enrevesada ruta de refugiados. De París a Marsella, a través del Mediterráneo hasta Orán, luego por tren, o auto, o a pie, a través del borde de África hasta Casablanca, en el Marruecos francés", agrega.

Sin ruta hacia el hogar
Las imágenes que acompañan esta narración (familias en arduas caminatas a través de caminos rurales, con sus pertenencias desbordando maletas y bolsas) son muy similares a las que pueden observarse en la actualidad.
Pero aunque nos hemos acostumbrado a ver a los desplazados haciendo un duro viaje hacia el norte, a través del mar desde África y, luego, a través de Europa, Casablanca nos recuerda que no hace tanto tiempo estaban viajando en la dirección opuesta.

Cuando llegan a Marruecos, muchos pasan el tiempo en su local nocturno con más clase, Rick's Café Americain ("El café americano de Rick").
Las negociaciones que allí se realizan en sus mesas entre susurros resultarán familiares a cualquiera que haya visto un documental sobre la actual crisis: la venta de prendas de joyería por una fracción de su costo, la compra de puestos en lanchas de pesca por precios exorbitantes.

Y los refugiados no solo comercian con joyas y dinero. Renault (Claude Rains), el jefe de la policía francesea en la ciudad, intercambia visas de salida por favores sexuales, un tipo de transacción que la película presenta, al menos inicialmente, como un juego inofensivo.
Nos hemos acostumbrado a ver a los desplazados haciendo un duro viaje hacia el norte, a Europa. "Casablanca" nos recuerda que no hace tanto tiempo viajaban en la dirección opuesta"

Aún así, el propio Rick está por encima de eso. "Yo no compro ni vendo seres humanos", le informa a Ferrari (Sydney Greenstreet), el rey del mercado negro de la ciudad. Pero con el paso del tiempo, Rick se da cuenta de que hacerse la vista gorda ante la compra y la venta es igual de malo.
Hay una escena conmovedora en la que amaña la ruleta de su café para que una mujer búlgara recién casada (Joy Page) no tenga que dormir con Renault.

Más conmovedora aún es la escena en la que el jefe de camareros del café (SZ Sakall) se toma un brandy con dos ancianos austríacos que están a punto de marcharse a Estados Unidos y los alaba por su mal inglés.
Rainer Werner Fassbinder, el director alemán, declaró que esta pequeña secuencia humana muestra "una de las más hermosas piezas de diálogo en la historia del cine".

Se cuenta que muchas otras escenas hicieron llorar a los actores y al equipo de filmación, en parte porque muchos de ellos eran verdaderos refugiados. Veidt puede hacer el papel de un nazi en la película, pero en realidad él huyó de los nazis.
Tanto Sakall como Curtiz eran judíos húngaros: las tres hermanas de Sakall y su sobrina murieron en campos de concentración. "Casi todos los casi 75 actores y actrices que participaron en Casablanca eran inmigrantes", dice Noah Isenberg en su nuevo libro acerca de la película, "Siempre tendremos Casablanca".

"Entre los 14 que se ganaron un lugar en los créditos de la película, solo tres nacieron en Estados Unidos: Humphrey Bogart, Dooley Wilson (el pianista del café, Sam), y Joy Page".
Así, aunque la historia de Rick e Ilsa es una fantasía de Hollywood —para empezar, nunca hubo oficiales nazis en la verdadera Casablanca—, se basa en las propias experiencias traumáticas del elenco. Esa es una de las razones por las cuales la película es tan poderosa, independientemente de que la audiencia conozca los antecedentes de los actores o no.

"Si piensas en… esos pequeños papeles siendo interpretados por actores de Hollywood fingiendo los acentos, la película no habría tenido nada similar al color y al tono que tuvo", escribió Pauline Kael en la revista estadounidense The New Yorker.
Por suerte, Los Ángeles en 1942 no era muy diferente del café de Rick. Era el lugar donde los exiliados judíos de toda Europa se reunían, practicaban su inglés, disfrutaban de la hospitalidad y del compañerismo, y soñaban con vidas más felices.

Y si la trama de "Casablanca" defiende la idea de ayudar a los refugiados, la propia existencia de la película es también un fuerte argumento.
Después de todo, si no fuera por los refugiados en Hollywood, sin duda la meca del cine no habría podido producir su clásico más querido.

http://www.bbc.com/mundo/vert-cul-42374924

domingo, 10 de diciembre de 2017

_- Refugiados. Unión Europea: La lista de la vergüenza

_- Hace unas fechas, el prestigioso periódico alemán Der Taggespiegel publicó una lista con los 33.293 nombres de las personas migrantes fallecidas en su intento de llegar a Europa para poder alcanzar refugio. Solo en 2016, la cifra alcanzó las 7872 personas, la inmensa mayoría, ahogadas al intentar cruzar el mar Mediterráneo.

La lista, que ocupó 48 páginas del citado periódico, abarca el periodo que va entre el año 1993 y el 29 de mayo de 2017. Lamentablemente, el número sigue creciendo. ACNUR alerta de que la del Mediterráneo es la ruta migratoria más peligrosa y mortal de las que existen. El 65% de todas las personas fallecidas en el mundo en el uso de las distintas rutas migratorias lo han sido intentando atravesarlo.

En 2016 ACNUR contabilizó en 65,6 millones las personas desplazadas forzosas en 2016, es decir, el número de aquellos que a causa de la persecución, los conflictos, la violencia o las violaciones de los derechos humanos se ven obligados a abandonar su casa y su vida con todo lo que ello comporta. ACNUR registró ese mismo año, el último del que se disponen de datos completos, un crecimiento en 10,3 millones de nuevos desplazados (6, 9 millones dentro de las fronteras de su propio país y 3,4 millones de nuevos refugiados y nuevos solicitantes de asilo).

Por su parte, las personas que han arribado a las costas españolas en lo que va de año no deja de aumentar. A estas alturas son 15 mil y ya superan a todas las que llegaron en 2016. Solo en el fin de semana del 18 y 19 de noviembre, se contabilizaron 1.100. La realidad ratifica los datos que año tras año ACNUR menciona, en el sentido de un crecimiento constante de quienes forzosamente deben abandonar el lugar en el que habitan. La cifra representa ya la mayor de la historia tras la segunda guerra mundial.

Las razones profundas de que cada minuto 20 personas se conviertan en nuevos desplazados hay que buscarla en la creciente desigualdad y opresión que, a consecuencia de la política neoliberal, estamos viviendo en todo el mundo. La guerra, el hambre, el cambio climático, la tala o extracción masiva de materias primas, etc. Todos ellos son los efectos que provocan un importante desplazamiento forzado de una cantidad cada vez mayor de personas. Pero como decimos, en el fondo, se halla el dominio de un número cada vez más reducido y concentrado de Estados y personas, los más ricos del mundo, y de la lógica económica que esta situación impone.

El 84% de los 22,5 millones de personas contabilizadas como refugiados por ACNUR, que no representa a todos los que existen, pero sí la inmensa mayoría, encuentran refugio en países empobrecidos; únicamente el 16% restante lo hace en Estados que no tienen tal condición. Sin embargo, a pesar de ser una minoría quienes intentan llegar a Europa, particularmente desde el otro lado del mar Mediterráneo, esta ruta concentra, como antes señalamos, el mayor índice de mortandad y es la más peligrosa del mundo. Las razones se ponen al desnudo en un reciente informe de la fundación porCausa llamado “La industria del control migratorio”. En él observamos muchas de las claves de una realidad que en diferentes artículos de Sin Permiso hemos analizado ampliamente. Esas claves no tienen que ver con ninguna condición extraña del mar Mediterráneo, sino con la política que la Unión Europea y los 28 Estados que la componen están llevando a cabo desde hace ya mucho tiempo.

Se trata de una política que menosprecia el derecho internacional y las distintas convenciones que lo rigen y que, por ende, constituyen la supuesta base legal obligatoria de funcionamiento de la propia Unión. Sobre el papel, si bien cada vez menos, se supone que dichas normas, entre las que se incluyen las obligaciones que marcan el derecho de asilo y refugio o la necesidad de la acogida, representan la “esencia de Europa”. Ello implicaría, si fuera cierto, que los Derechos Humanos son la base de toda acción política, dado que se considera, al menos en los discursos, que son el medio de garantizar paz y seguridad para la población, así como la buena vecindad. Pero a la hora de la verdad, los jefes de Europa hacen justo lo contrario. La política de seguridad no se apoya en los hipotéticos valores que teóricamente sostienen sus bases, sino en la fuerza bruta, en la guerra contra el que llega, y a esos parámetros se supedita todo. Una guerra que se practica precisamente contra aquellos que huyen indefensos de ella y no contra las causas que la provocan.

Por esa razón fracasó el modesto plan de reubicación y reasentamiento de 160 mil personas que iba a llevar a término la UE y que finalizó en septiembre. En vez de acogida o reasentamiento, se levantan vallas y muros cada vez más altos con concertinas; se abren fosos, centros de internamiento (CIE) y se hipoteca la cooperación al desarrollo con terceros países a cambio de que éstos lleven a cabo políticas de retención de potenciales solicitantes de asilo o de compromiso de retorno con las que poder avalar las expulsiones forzosas y masivas que realizan los Estados de la Unión. Se discrimina, contraviniendo la Convención de Ginebra, a los potenciales solicitantes de protección internacional por su origen mientras se firman pactos de devolución con Turquía, Marruecos o incluso con el fallido Estado libio, donde el acuerdo se establece ya con señores de la guerra. Dentro de la misma lógica, se inunda el Mediterráneo en vez de con barcos de salvamento para evitar ahogamientos, con embarcaciones militares para rechazar, hostigar y evitar que arriben a los que intentan cruzarlo. Todo ello, por supuesto, muy bien financiado con dinero público europeo y de los propios Estados.

En su informe, PorCausa muestra cómo funciona esta política y quién, con nombres y apellidos, obtiene en España rédito de ella. Lo primero que destaca de las operaciones es su opacidad; lo segundo, la neolengua usada para describirlas. Así, por ejemplo, el Fondo de Asilo Migración e Integración emplea más dinero en control migratorio y de frontera que en lo que supondría que tiene que hacer si atendemos a su nombre. Además están empresas como INDRA, Dragados y Ferrovial que son el top de la industria del control migratorio, como también Amper, Telefónica, Corte Inglés Informática, Globalfood, Dulcinea o Siemens. A todo ello se suma que esta industria puede existir gracias y en exclusiva a los fondos públicos que se le destinan, o sea, que es resultado únicamente de una voluntad manifiesta de las autoridades políticas, no del “mercado”.

La manera premeditada, consciente y perseverante por parte de los jefes de la UE y de los 28 Estados de organizar una política en relación a la migración y al asilo contraria a los propios principios de la legalidad internacional lleva a una conclusión que no es otra que, tal política, se vea obligada a avanzar, lo más posible, fuera de los focos parlamentarios y fuera del control de la ciudadanía. Y para lograrlo, no hay mejor medio que se ejecute a través de empresas privadas (externalizaciones) y bajo nombres más propios del 1984 de Orwell.

En el mundo hay un número que no puede ser calculado, pero que resulta muy real de personas que nacen, viven y mueren sin haber nunca llegado a existir. Es decir, sin que jamás hayan sido registradas por medio o instrumento alguno. Ahora, gracias al trabajo de Der Taggespiegel para muchas de aquellas que murieron en el Mediterráneo eso ha cambiado. Cada nombre en esa lista de la vergüenza representa una mancha para las autoridades y gobiernos que han permitido que haya un inventario como ese y que consienten que éste siga creciendo. A la par, esa lista constituye un acicate para que la ciudadanía se comprometa y luche por dar la vuelta una política que no sólo está condenada por inútil e incapaz de resolver la situación de más de 65 millones de personas en el mundo, sino que provoca muertes y un sufrimiento absolutamente innecesarios y contrarios a la legalidad internacional.
Carlos Girbau amigo y colaborador de Sin Permiso, es activista soc.

http://www.sinpermiso.info/textos/union-europea-la-lista-de-la-verguenza