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domingo, 24 de abril de 2016

"Este capitalismo va directo al desastre y lleva décadas provocando guerras y generando sufrimiento por todo el mundo". Entrevista a Federico Aguilera Klink, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de La Laguna.

Un nuevo País

Federico Aguilera Klink (Ciudad Real, 1953) es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de La Laguna. Premio Nacional de Economía y Ambiente en 2004. Ha centrado su docencia y su labor científica en la economía del agua, la economía ecológica, la relación de la economía y el medio ambiente, los recursos de propiedad colectiva y la calidad de la democracia. Es autor, entre otros libros de La nueva economía del agua (Editorial La Catarata), Los mercados de agua en Tenerife (Bakeaz-Fundación Nueva economía del agua), Economía, poder y megaproyectos (Fundación César Manrique), coordinado con JM Naredo y Para la rehumanización de la economía (Cajamar).

-Pregunta: ¿Cómo ve el mundo Federico Aguilera Klink ocho años después del estallido oficial de la crisis financiera? ¿Cómo ve las islas?
-Tanto el mundo como las islas los veo mal. Más que crisis financiera esto es un “atraco perfecto” según Rafael Poch, por parte del capital financiero, que nos ha llevado a una situación de anulación de derechos sociales y que muestra la cara auténtica de esta Europa salvaje. Canarias no es nada más que una sucursal de esta Europa asocial y repite sus mismas pautas. Es cierto que en otros lados están peor pero no presumen de ser cultos ni demócratas humanistas.

-Pregunta: Se insiste mucho en explicar la crisis de refugiados como resultado de los conflictos bélicos y se evita hablar de los refugiados climáticos. Sin embargo, la ONU advierte de que en los próximos 50 años la cifra de desplazados climáticos alcanzará los 1.000 millones de personas. ¿Es posible revertir esta situación o ya entramos en la cuenta atrás?
-Es difícil pensar que hay vuelta atrás en el cambio climático, en sus causas y en sus consecuencias. Son muchos años de saqueo del planeta y de explotación de las personas, de violencia para apropiarse de los recursos naturales, como señaló en 1987 el Informe Nuestro Futuro Común. Este capitalismo va directo al desastre y lleva décadas provocando guerras y generando sufrimiento por todo el mundo. Pero, como dice Varoufakis, hay que pensar, desde el corazón, que podemos cambiar esta situación.

-Pregunta: Has definido el Mercado como un mecanismo cuyo funcionamiento y resultados dependen del marco institucional y del poder de las grandes empresas. ¿Qué magnitud ha alcanzado en nuestras vidas el Mercado desde el año 2008 con el estallido de la crisis?
-Paradójicamente hay muy poco mercado y mucho poder criminal. El economista norteamericano Dean Baker critica a los ‘progresistas’ por la confusión que generan al afirmar que los conservadores son unos “fundamentalistas del libre mercado”. No lo son, sólo les preocupa poner el Estado y lo público a su servicio mientras califican a ese saqueo de mercado libre. Eso se ha agravado desde 2008 pero no hay más mercado sino más saqueo de lo público.

-Pregunta: ¿Es demasiado tarde para imponer en las Islas un desarrollo sostenible? ¿Qué medidas podrían adoptarse desde ahora para acercarnos a ese modelo?
-Es muy tarde pero no hay otra opción que intentar cambiar para evitar el colapso hacia el que vamos. La principal medida es cambiar nuestra mentalidad (aprendida) de que el crecimiento económico es necesario. Seguir con ello es un puro disparate y si no cambiamos de manera voluntaria lo haremos a la fuerza, obligados por las circunstancias que vamos a encontrarnos en poco tiempo. El turismo no puede seguir creciendo ni destruyendo las islas pero no queremos verlo y oficialmente se siguen descartando opciones alternativas más reales, menos agresivas ambientalmente y más viables socialmente porque implican desmontar esto y cambiar unas reglas que benefician a los poderosos.

-Pregunta: Defiendes la Nueva cultura del agua frente al de Vieja cultura del agua. ¿Qué diferencias existen? ¿La gestión pública es más eficiente que la privada? ¿Debería volver la empresa que gestiona el agua en Santa Cruz, Emmasa, a manos públicas?
-La vieja cultura insiste en construir más embalses, trasvases y desaladoras. Toda obra pública es poca para constructoras y sus políticos que usan la escasez física como excusa para más negocios con dinero público. La nueva cultura muestra que no hay gestión del agua sin gestión del territorio, que los ríos son ecosistemas vivos y no tubos, que hay que gestionar la demanda, que el agua no puede ser un negocio y que la escasez la vamos construyendo con nuestro estilo de vida.

Con respecto a EMMASA, la clave consiste en dejar de creerse las mentiras, como dice El Roto, y la privatización de EMMASA, empresa que funcionaba muy bien, nunca tuvo como objetivo una gestión eficiente. Lo público no funciona mejor que lo privado por ser sólo público pero se puede corregir si hay políticos honestos y competentes. Un estudio de la Universidad de Granada muestra que la gestión pública del agua urbana en España es más eficiente que la gestión privada.

-Pregunta: Hay tres asuntos que parecen absolutamente necesarios para las islas ya: el gas, el petróleo y el Puerto de Granadilla. ¿Oferta y demanda o poder de grandes empresas?
-No es una cuestión de oferta y demanda, es puro poder, entendido como poner lo público al servicio de determinados intereses privados y no del conjunto de la sociedad, financiado con dinero público y que no van a resolver problemas técnicos, sociales o ambientales, los van a agravar.

-Pregunta. ¿Qué es exactamente el Régimen Económico y Fiscal (REF) de Canarias, un mecanismo de captura de rentas o un mecanismo de desarrollo?
-Por mucho que intenten disfrazarlo es un mecanismo de captura de rentas, es el marco regulatorio para obtener privilegios fiscales y económicos mientras se repite que somos un espacio ultraperiférico y esas cosas que nadie cree. La prueba es que la web oficial del gobierno de Canarias www.canaryislandshub.com precisamente insiste en que somos el ‘ombligo’ del mundo. Por otro lado, no se puede seguir afirmando que la economía canaria va mal mientras la RIC (que es un indicador de los beneficios obtenidos por las empresas) ha acumulado, entre 1996 y 2014, cerca de 28.000 millones de euros en dotaciones cuyo uso se desconoce.

-Pregunta: ¿Qué es lo que defines como Democracia deliberativa? ¿Qué pasa con la democracia en España, y en Tenerife, donde has dicho que está secuestrada?
-La democracia, si no está basada en la deliberación, la participación y el debate argumentado, se convierte en representativa, en el sentido de representación teatral, en lugar de actores necesita personas autónomas, no obedientes. Por eso Europa es una farsa de democracia como vemos con la ‘crisis’, el Eurogrupo, la defensa que hace Bruselas (PSOE; PP y Ciudadanos juntos) del TTIP, los refugiados que huyen de guerras provocadas en parte por Europa…. ¿Qué se puede esperar de esta Europa en manos de banqueros (Draghi), asesores fiscales (Juncker y Dijsselbloem) y lobbistas que trabajan para las multinacionales?

-Pregunta: En Tenerife hay tres periódicos, ¿somos una sociedad informada? ¿Qué papel juegan los medios de comunicación?
-Entiendo que nunca ha habido tantas posibilidades de estar bien informado y nunca ha habido tantas posibilidades de estar tan manipulado como ahora. Como afirma el periodista Paul Steiger, “los poderes esconden lo malo cada vez mejor”. No hay nada más que echar un vistazo a distintos medios electrónicos para comprobarlo. Una noticia que no ha tenido apenas eco en los medios habituales es que el gobierno británico presionó a la ONU para que Arabia Saudí formase parte de la Comisión de derechos humanos de la ONU. Y lo consiguió.

-Pregunta: Sin debate público y sabiendo de antemano que toda contestación social en Canarias es sistemáticamente silenciada, ¿cómo puede ejercerse una oposición real y eficaz?
-Como lo están haciendo actualmente, no hay otra opción pero movilizarse cuesta mucho pues hay que luchar contra esa desinformación, contra el “no hay nada que hacer” y contra eso de que “el PSOE es de izquierda y democrático”, que para mí es de lo más desmovilizador que hay.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Estados Unidos es el obstáculo. Joseph E. Stiglitz. Apple, Google y General Electric han demostrado que a la hora de encontar maneras de evadir impuestos son aún más geniales que cuando desarrollan productos innovadores


Recientemente  se ha celebrado la Tercera Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo en la capital de Etiopía, Addis Abeba. La reunión se llevó a cabo en un momento en que los países en desarrollo y los mercados emergentes han demostrado su capacidad de absorber grandes cantidades de dinero de manera productiva. De hecho, las tareas que estos países están emprendiendo —como inversiones en infraestructura (carreteras, electricidad, puertos, y mucho más), la construcción de ciudades que un día van a llegar a ser el hogar de miles de millones de personas y el cambio hacia una economía verde— son realmente enormes.

Al mismo tiempo, no falta dinero a la espera de que se le dé un uso productivo. Hace apenas unos años, Ben Bernanke, el entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, habló de un exceso de ahorro mundial. Y, no obstante, los proyectos de inversión con alta rentabilidad social no salían adelante por falta de fondos. Eso sigue siendo cierto hoy en día. El problema, tanto entonces como ahora, fue y es que los mercados financieros globales, en vez de cumplir con su objetivo de realizar una intermediación eficiente entre el ahorro y las oportunidades de inversión, asignan mal el capital y crean riesgo.

Hay otra ironía más. La mayoría de los proyectos de inversión que necesita el mundo emergente son a largo plazo, al igual que lo son gran parte de los ahorros disponibles —es decir, los billones de dólares y euros que se encuentran en cuentas de jubilación, fondos de pensiones y fondos soberanos— Pero nuestros mercados financieros, cada vez más miopes, se interponen. 

Muchas cosas han cambiado en los 13 años transcurridos desde la Primera Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo Internacional que se celebró en Monterrey (México) en 2002. En aquel entonces, el G-7 dominaba la formulación de políticas económicas a nivel mundial; hoy en día, China es la economía más grande del mundo (en términos de paridad del poder adquisitivo), con una tasa de ahorro que supera en alrededor de un 50% al nivel de EE UU. En el año 2002, se pensaba que las instituciones financieras occidentales eran magos de la gestión del riesgo y la asignación de capital; hoy en día, vemos que son brujos en manipular los mercados y otras prácticas engañosas.

Atrás han quedado los llamamientos que instaron a los países desarrollados a cumplir con su compromiso de dar al menos un 0,7% de su producto nacional bruto (PNB) en ayuda al desarrollo. Unos cuantos países del norte de Europa –Dinamarca, Luxemburgo, Noruega, Suecia y, sorprendente, el Reino Unido —en medio de su austeridad autoinfligida— cumplieron sus promesas en 2014. Sin embargo, Estados Unidos (con un 0,19% de su PNB ese mismo año) se queda muy, muy lejos.

Hoy en día, los países en desarrollo y los mercados emergentes dicen a EE UU y a los otros países: si no van a cumplir sus promesas, al menos no estorben y permítannos construir una arquitectura internacional para una economía mundial que también sirva a los pobres. No es sorprendente que las potencias hegemónicas existentes, con EE UU a la cabeza, estén haciendo todo lo posible por frustrar tales esfuerzos. Cuando China propuso la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras para ayudar a redirigir algunos de los excesos de ahorro mundial hacia lugares donde la financiación es muy necesaria, Washington trató de torpedear el esfuerzo. Cuando finalmente el proyecto salió adelante, el Gobierno del presidente Barack Obama sufrió una dolorosa (y muy vergonzosa) derrota.

EE UU también está bloqueando el camino hacia un derecho internacional para la deuda y las finanzas. Para que funcionen bien los mercados de bonos, por poner un ejemplo, se debe encontrar una forma ordenada para resolver los casos de insolvencia soberana. Sin embargo, hoy en día, no existe tal manera. Ucrania, Grecia y Argentina son ejemplos del fracaso de los acuerdos internacionales existentes. La gran mayoría de países ha pedido la creación de un marco para la reestructuración de la deuda soberana. EE UU sigue constituyéndose como el principal obstáculo.

También es importante la inversión privada. Pero las nuevas disposiciones incluidas en los acuerdos comerciales que el gobierno de Obama está negociando en ambos océanos implican que cualquier inversión extranjera directa viene acompañada por una marcada reducción en la capacidad de los Gobiernos para regular el medio ambiente, la salud, las condiciones de trabajo e incluso la economía.

La posición de Estados Unidos en relación con el tema más debatido en la conferencia de Addis Abeba fue particularmente decepcionante. A medida que los países en desarrollo y los mercados emergentes abren sus puertas a las multinacionales, se hace cada vez más importante que puedan imponer impuestos a estos gigantes, gravando las ganancias generadas mediante la actividad empresarial que se produce dentro de sus fronteras. Apple, Google y General Electric han demostrado que a la hora de encontrar maneras de evadir impuestos son aún más geniales que cuando desarrollan productos innovadores.

Todos los países —tanto los desarrollados como los en desarrollo— han estado perdiendo miles de millones de dólares en ingresos fiscales. El año pasado, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, en sus siglas en inglés) dio a conocer información sobre las decisiones fiscales de Luxemburgo que expusieron la magnitud y la diversidad de las formas de evasión fiscal. Aunque un país rico como EE.UU. pudiese soportar el comportamiento descrito en el denominado caso Luxleaks, un país pobre no puede hacerlo.

He sido miembro de una comisión internacional, la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Internacional de Sociedades, cuya labor es examinar maneras de reformar el sistema tributario actual. En un informe que presentamos a la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, acordamos por unanimidad que el sistema actual está roto, y que no basta con un par de arreglos aquí y allá. Hemos propuesto una alternativa —similar a la manera en la que las empresas son gravadas en EE UU— asignando la recaudación que corresponde a cada Estado sobre la base de la actividad económica que ocurre dentro de las fronteras estatales.

EE UU y otros países desarrollados han presionado a favor de una serie de cambios mucho menores recomendados por la OCDE, que es el club de los países desarrollados. En otras palabras, los países de los que provienen los políticamente poderosos evasores de impuestos son los países que, se supone, tienen que diseñar un sistema para reducir la evasión fiscal. Nuestra Comisión explica por qué las reformas de la OCDE han sido, en el mejor de los casos, pequeños ajustes a un sistema fundamentalmente defectuoso. Son, simplemente, inadecuadas.

Los países en desarrollo y los mercados emergentes, encabezados por India, han argumentado que el foro adecuado para debatir estos temas es un grupo ya establecido en Naciones Unidas, el Comité de Expertos sobre Cooperación Internacional en Asuntos Fiscales, del que es necesario mejorar su situación jurídica e incrementar su financiación. EE UU se ha opuesto de manera tenaz: quería mantener las cosas como en el pasado, de forma que la gobernanza mundial sea llevada a cabo por y para los países desarrollados.

Las nuevas realidades geopolíticas exigen nuevas formas de gobernanza mundial, en las que la voz de los países emergentes y en desarrollo resuene más alto y con mayor peso. EE UU impuso su parecer en Addis Abeba; sin embargo, también mostró que se encuentra en el lado equivocado, una postura que será juzgada por la historia.

Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía, es profesor universitario en la Universidad de Columbia. Su libro más reciente es La Gran Brecha: las sociedades desiguales y qué podemos hacer al respecto.

Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2015/08/27/actualidad/1440698084_045516.html

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