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domingo, 31 de mayo de 2026

ENTREVISTA Gabriel Rolón, el psicólogo que llena estadios: “Solo alguien que nunca se psicoanalizó se identifica con sus logros”

Con más de 2,5 millones de ejemplares vendidos, es hoy uno de los escritores más leídos de Sudamérica. Autor de libros sobre conversaciones reales —llevadas al cine o la televisión—, ha firmado ensayos como ‘La felicidad’ o ‘El duelo’ y acaba de publicar ‘La soledad’ (Paidós).

 Gabriel Rolón (La Matanza, Argentina, 64 años) defiende que cada persona es un misterio para sí misma. Pero parece conocerse. Fue criado por un padre albañil y una madre costurera, que le permitieron elegir: fue músico antes que psicólogo. Psicoanalizándose decidió llegar a pacientes y lectores con honestidad.

Sus ensayos demuestran que la elocuencia es didáctica. Combinan casos reales, mitología griega, literatura y cine para explicar las aportaciones de Freud, de Lacan o de él mismo.

Gabriel Rolón. ©Caterina Barjau. ----PIEDEFOTO---- Caterina Barjau

Escribe: “El analista no comprende al paciente. Lo acompaña hasta el borde del abismo”.

La escuela americana de psicología ideó una psicoterapia que busca el bienestar. Los analistas freudianos renunciamos a eso para buscar la verdad que el paciente no sabe que sabe.

¿Buscan una verdad dolorosa?

Por algo se ha olvidado. La psiquis reprime lo que no puede tolerar en los primeros años de vida.

¿Y si uno no ha tenido problemas de niño?

Ser un ser humano ya es traumático. Uno no llega a la vida: cae en un mundo que no entiende. Convertirse en ser humano genera dolores que arman una matriz sobre la que se van a montar los dolores que vengan.

Fue un niño querido. ¿Cómo llegó al psicoanálisis?

Mi papá fue criado en un orfanato. Algunas noches, lo escuchaba dar vueltas, tomar café y fumar. Con cinco años, me senté frente a él. “Te estarás preguntando en qué está pensando el loco de tu padre”, dijo. Le escuché hablar de soledad y dolor. Años después entendí que era la primera pregunta analítica que había hecho en mi vida.

¿Fue instinto? ¿Amor?

Para mí, el psicoanálisis es un acto de amor. No creo ese estereotipo de analista frío que no habla ni saluda. Los profesionales que trabajan así se creyeron los libros en lugar de vivir el psicoanálisis.

¿Por qué decidió psicoanalizarse?

Por un dolor de amor profundo. El psicoanálisis es para quien percibe que solo no puede con el dolor que lo atraviesa. Y para quien no entiende. Los humanos sacamos el dolor del cuerpo con las palabras. A veces, lo tememos tanto que quien nos quiere nos impide hablar: ya pasó, te enamorarás de nuevo…

Entre sacar el dolor y recrearse en él…

A veces quien no encuentra un lugar en el mundo, halla uno como víctima. Es preferible a no ser nada, ¿no? Es similar a estar en una trinchera: un lugar horrible donde uno se siente protegido. El trabajo del analista es que esa persona intuya que hay lugares mejores para ella.

Cuando se psicoanalizó, ¿se curó? ¿Se conoció?

Mi dolor dejó de ser desmesurado. Hablar te lleva a recorrer momentos de tu vida en los que te sentiste solo o maltratado… Empezás por la última de las ramitas y buscas las raíces del dolor.

¿Escuchar problemas relativiza los propios?

Hay que tener cuidado con no respetar el dolor del otro porque no es extremo. Cuando alguien no puede soportarlo, ese dolor es gravísimo. Solo si están gozando como víctimas hay que quitar escucha. En nosotros pelean dos fuerzas. La pulsión de vida te impulsa a perseguir deseos. La de muerte quiere nuestra muerte en vida.

Freud quería que la comunidad científica reconociera el psicoanálisis.

Lacan, en cambio, buscó que le entendieran muy pocos. El problema fue de sus seguidores.
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¿Usted no es lacaniano?

No y sí. Estudiando psicología, le dije a mi analista: “Soy lacaniano, como usted”. Y él, que se llamaba Gustavo Fulchi, dijo: “Era lacaniano, como usted, cuando era estúpido, como usted. Ahora soy fulchiano. Y usted será estúpido hasta que sea roloniano, se apodere de los conceptos del psicoanálisis y encuentre una manera propia de trabajar”.

Lacan escribió: “Toda persona tiene derecho…

… a ser escuchada más allá de lo que dice”. Es su análisis de lo que nos pasa por ser hablantes. Todo psicoanalista es un freudiano: creemos en el inconsciente. A partir de ahí, por qué no tomar de otros —como Lacan hizo con Melanie Klein y la pulsión de muerte—. Ante un paciente soy un cirujano que a veces necesita el escalpelo y otras el abridor.

El psicoanálisis abre la puerta a la confusión sin garantías.

Quien te proponga la cura, te miente.

¿Los pacientes llegan también por curiosidad?

Puede ser una excusa. Alguno dice que quiere estudiar psicología y, tras cinco entrevistas, llora.

¿Todos lloramos?

En el mejor de los casos. ¿Quién no ha tenido pérdidas? Michel Tournier considera adulto a quien ha perdido a alguien. Cualquiera que sea la edad. Esa frase impresiona. Trabajé en un hogar de niños abandonados.

Gabriel Rolón. Caterina Barjau

¿El sufrimiento confiere madurez?

No. La vida duele. Obtener ese conocimiento con cinco años viviendo en la calle… Ser analista no tiene que ver con saber. Tiene que ver con sostener el lugar de desconocimiento. Abrir un espacio donde ni vos ni yo sabemos nada.

El psicoanálisis fue subversivo.

Por eso fue denostado por religiones y poderes. ¿Te imaginas hablar de sexualidad infantil en 1890? ¡Querían matar a Freud por degenerado! O decir: “Esta persona, orgánicamente, no tiene nada. Pero no puede caminar y no está mintiendo”. La separación entre lo orgánico y lo físico que hizo fue revolucionaria para la ciencia. Lo sigue siendo. Por eso los seguros médicos no nos quieren. El psicoanálisis necesita tiempo. Es una búsqueda íntima, contraria a la sobreexposición en redes sociales.

El descrédito del psicoanálisis critica sesiones irregulares de 50 o 15 minutos.

Fue un cambio lacaniano que le costó la expulsión de la Internacional Psicoanalítica. El corte de una sesión es una de las intervenciones más importantes del analista. Si a los 15 minutos dijiste algo sobre un dolor importante, abriste una puerta y quiero que te vayas a pensar. No vas a decir nada más importante. El problema de los lacanianos fue que creyeron que las sesiones tenían que durar 15 minutos para ser lacanianos.

¿Alguien que apenas habla cómo le ayuda?

No es un silencio desinteresado. Es silencio activo. El psicoanalista está en el territorio donde no se entienden las cosas. Todos llevamos dentro un Jekyll y un Hyde incapaces de entender cómo fuimos capaces de decir eso. Lo más importante en un relato es cuando el paciente duda. Por esos huecos nos metemos.

¿Siempre tiene esa capacidad de observación?

Tengo días mejores y peores. No todas las canciones de Serrat son igualmente bellas.

Nadie confía su estado anímico a la inspiración de Serrat.

No sos vos el que sabe, es el dispositivo analítico. En cuanto el paciente dice algo importante, te hace ruido. Se llama atención flotante. Escuchas más allá de lo que dice.

¿Fuera de consulta sobreanaliza?

Existe el vicio, como el músico que detecta que alguien desafina. Pero no por eso lo corrige. Frente a una pareja pienso: les quedan dos minutos.

¿Sus padres sabían lo que era un psicoanalista?

Claro que no. Quise ser actor, músico, matemático… Cuando me di cuenta de que me gustaba la psicología ya era mayor. Le dije a mi padre que ya había fracasado en muchas cosas para empezar de nuevo. Dijo: “No quiero tener un hijo que renuncia a sus sueños por temores falsos”. Cuando me gradué le llevé el título a una obra en la que trabajaba.

Su padre temía las emociones. Usted las derrocha.

Tal vez tenga que ver una cosa con la otra. Intentamos reparar donde podemos aquello que no podríamos reparar donde quisiéramos. Me hubiera gustado abrazar al niño que fue mi papá, que tenía miedo y estaba solo. Me gusta transmitir el afecto y la gratitud.

Dante sitúa en el último anillo del infierno a los ingratos.

Por debajo de los asesinos. El ingrato es un traidor. Cuando no estás a la altura con alguien que te ha tendido la mano, estás traicionando un acto de amor.

¿El amor no debería aceptar cualquier cosa?

Debe tener límites claros. A una paciente su pareja la golpeaba. Le preguntaba: ¿por qué no te vas? “Porque lo amo”, respondía. No todos los amores merecen ser vividos. El amor, si no es condicional, es necesidad. Y la necesidad es patológica.

¿Se puede reaprender a amar?

Para eso estoy yo. El que hace daño proyecta su energía destructiva sobre los demás. A veces, de vuelta, se lastima. Con una persona autodestructiva lo que quieres es que desee. El deseo es el motor de la vida.

¿Qué límites tiene el deseo?

La diferencia entre una actitud sana y una patológica es nada más que de medidas.

El equilibrio griego. ¿Amamos desequilibrados?

Las emociones fuertes desequilibran. Duran poco. Y tienes que pagarlas. El deseo se opone a la fuerza destructiva que tenemos: nunca vamos a encontrar todo lo que queremos. Siempre vamos a ser seres deseantes. Ahora, el deseo ha de tener límites. Imagina que a alguien se le ocurra desear a un niño de ocho años. Las normas están para que sepamos hasta dónde se puede llegar.

¿Normas por si falla la ética?

Puedes desear algo que no te puedes comprar. Y no lo robas. Se complica cuando la vida te lleva a la ausencia de deseo. El deseo de nada es el deseo de muerte. El deseo otorga placeres. Unamuno diría placeres de juguetería, pero te alcanzan para vivir.

Utiliza referencias literarias, cinematográficas, lee el Nuevo Testamento cada año…

Jesucristo fue un revolucionario. Alguien capaz de ver más posibilidades que el a favor o en contra. Cuando acusaron a María Magdalena de adulterio y querían aplicar la ley lapidándola, ni negó la ley ni la aplicó, dijo: “Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”. La excepción es importante. Hace que te enamores. El mundo es blanco y negro y aparece alguien en colores.

El amor cura y daña.

El psicoanálisis es la clínica del duelo. Duelo viene de batalla y de dolor, la batalla dolorosa que tiene que llevar adelante quien perdió algo que amaba. “Morir es haber vivido”, dice Borges.

¿Se puede ser psicoanalista sin ser culto?

A Freud le preguntaron qué debería tener una Facultad de Psicoanálisis. Contestó que arquitectura, poesía, filosofía, literatura, religión…, las maneras en que los humanos hemos intentado encontrar un sentido frente a la angustia del vacío existencial.

¿Ser uno mismo es el mayor desafío al que nos enfrentamos en la vida?

El peor de los tormentos es querer ser alguien distinto al que se es. Lo escribió Kierkegaard. Nadie sabe quién es. Psicoanalizarse es adentrarse en esa búsqueda.

¿El camino es siempre la humildad?

Es muy difícil analizar a alguien que cree que lo que hace siempre está bien. No solo analizar, es muy difícil vivir con alguien así. Solo alguien que nunca se analizó se identifica con sus logros. Di una charla en un estadio de Montevideo ante 7.500 personas. Hablaba con Cynthia, mi mujer, y me preguntaba: “¿Por qué vinieron?”.

Su esposa es también psicoanalista.

La persona que amamos no es la que nos completa, sino la que nos permite tener una incompletud que no duele. Para que funcione hay que renunciar a esa demanda desmesurada de completud.

Cynthia es su segunda esposa…

Sí. He sido abandonado, he abandonado…, por eso creo que puedo tener un compromiso tan potente con la mujer que amo.

¿El desamor se parece a la muerte?

Una de las cosas más difíciles de duelar no es la pérdida del otro, sino la pérdida del lugar que teníamos para el otro. Cuando te dejan de amar, dejas de ser único y pasas a ser del montón.

¿Bajar a los infiernos es necesario para renacer?

Es inevitable atravesar ese territorio de dolor donde la vida carece de sentido. ¿Cómo voy a vivir sin escuchar la voz de mi padre? ¿Cómo sin el amor de mi vida? Sientes que no vas a poder. Te culpas de lo hecho y de lo no hecho. Es el descenso, la catábasis. El dolor no lo produce la pérdida, sino el esfuerzo que hacemos para no morir con esa persona. A mí la gente dolorida —el que dice no aguanto más, voy a morir…— no me preocupa. Están batallando. Me preocupa el que ya no siente ni dolor. Ese se ha dado por vencido. A mi pareja le pregunto, hasta su hartazgo, si sigue eligiendo estar conmigo.

¿Necesita que se lo confirme?

Borges dice que en las grietas acecha Dios. Creo que también acechan los demonios. Y que corremos el riesgo de hacer la pregunta cuando ya es tarde.

Quien se contiene para no discutir, ¿hace bien?

Hay que tener cuidado con la necesidad catártica de sacarse la ansiedad de encima de inmediato. Es necesario poner tiempo y pensamiento entre el estímulo y la respuesta. Decirle a tu pareja: mejor hablamos después. Si lo hacemos ahora diré cosas que no quiero. También creo que no todas las batallas deben ser libradas.

Usted parece peleón.

Soy luchador. Pero siempre intenté hacerme cargo de las cosas que digo. No voy a decirte que eres lo peor que me pasó en la vida por más que en un momento lo sienta, porque el enojo todo lo enturbia. Voy a esperar a estar tranquilo.

¿Siempre lo consigue?

Casi. Y si no, pido perdón. La vida es un lugar dificilísimo.

¿Nos enfadamos con otros por nuestros fallos?

La proyección es el primer mecanismo de defensa que aprendemos. Un niño se pega con la mesa y los papás la golpean y dicen: “Mala la mesa”.

¿Ponerse filtros es madurar?

Si esos filtros son hijos del respeto y la consideración y no del miedo, sí.

Su último libro, La soledad, aterra y libera.

La soledad nos separa de los otros y nos acerca a nosotros.

¿Solos estamos incompletos?

Acompañados también. Es la maravillosa tragedia del ser humano. Si estuviéramos completos, ¿qué buscaríamos?

¿La soledad voluntaria proviene del miedo?

A veces uno elige no atosigarse con compañías nuevas hasta no estar a la altura de la situación. Otras es producto de hacerse el que quiere estar solo porque tiene miedo del rechazo. Estar con alguien es un desafío complicado. Hay personas que temen ese desafío y no están con nadie y otras que enmascaran el no estar con nadie estando con muchas, que es otra manera de no estar con nadie.

Cuando alguien lee, ¿está solo?

Cuando lees, los otros molestan. Leer es un momento de soledad para habitarse de multitudes.

Escribió La felicidad. ¿Somos más infelices que nunca?

Esta época invita a la frustración permanente porque no sostiene los logros. Te esforzaste por tener un auto y a los tres meses te dicen que es viejo. Hay que desarrollar una inteligencia para quedarse con el placer de lo logrado. Parte de alcanzar cierta sanidad es poder darle a lo logrado un tiempo a nuestro lado.

Escribe que la felicidad no hay que encontrarla dentro de uno.

Hay que construirla. No es una búsqueda del tesoro.

“El fracaso es que no haya nada de uno mismo en lo que se hace”.

El psicoanálisis hace que te acerques a comprender quién eres. Yo me trabajo con analistas. Cada tanto necesito chapa y pintura. Me pregunto si con mi actitud me acerco o me alejo de la persona que quiero ser. “Le contestaste mal, pero lo merecía”. ¿Y yo? ¿Merecía tener esa actitud? Los gestos no hablan de quien los recibe sino de quien los hace.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Antoni Bolinches, psicólogo y sexólogo: “La pareja es la mejor escuela de aprendizaje vital que existe”

El filósofo, psicólogo clínico, sexólogo y experto en relaciones de pareja expone su método para sufrir menos y mejor en su último libro, ‘Psicoterapia para el mal de amores’, donde los fracasos sentimentales se convierten en oportunidades para crecer y facilitar la llegada del amor armónico.

El amor sigue siendo la asignatura más difícil en ese curso que todos tenemos pendiente que es la educación sentimental. El amor y el sujeto amoroso, la pareja, han provocado a lo largo de la historia tanta dicha como sufrimiento, tanta inspiración como desánimo, tantas expectativas como desilusiones. Tantas películas con final feliz como canciones tristes. Sufrir por amor se perfila entonces como ese mal inevitable que, tarde o temprano, se presenta a cualquiera que haya querido pasar por el mundo con su corazón a pleno rendimiento. Esta idea admitida por la sabiduría popular es la que quiere desmentir, en parte, Antoni Bolinches en su último libro, Psicoterapia para el mal de amores (Urano, 2024).

Este filósofo, psicólogo clínico y sexólogo nacido en Barcelona en 1947, creador de la Terapia Vital, expone en su última obra su matemática de los sentimientos, que explica la mecánica de una relación de pareja, y propone convertir el sufrimiento amoroso en una escuela de aprendizaje vital que nos capacitará para sufrir cada vez menos y disfrutar cada vez más de las relaciones de pareja.

Bolinches, que ha tocado el tema del amor en anteriores libros como El arte de enamorar (1998) y Amor al segundo intento (2006), y que lleva a sus espaldas años como terapeuta individual y de pareja, infunde un rayo de optimismo en torno a esa relación tan compleja que es el amor entre dos personas. Amigo de los aforismos, sentencia: “Cuando el amor nos deja, nosotros nos encontramos y cuando nosotros nos encontramos, el amor ya no nos deja”.

PREGUNTA. En su libro sostiene que la pareja es la mejor escuela de aprendizaje vital y mejoramiento personal que existe, porque en ella se imparte un curso de formación permanente. ¿A qué se refiere?
RESPUESTA. A que en ninguna clave de relación influyen tantos parámetros distintos. Los integrantes de una pareja son compañeros de piso, económicos, sexuales, de tareas del hogar, de vida. En esa interacción surgen roces y puntos de fricción de discrepancia de criterios; por lo tanto, ha de haber una conciliación con el otro, que empieza con una conciliación interior, porque para que yo me concilie contigo debo primero conciliarme conmigo. En ese sentido es la mejor escuela porque en ningún otro tipo de relación se dan tantas variantes, entre ellas la sexual y la antisexual, plasmada en el hecho de dormir juntos. ¡Y ya no te digo cuando uno de los dos ronca!

P. ¿Cree que la pareja está en crisis? Hay gente que incluso sostiene que está en peligro de extinción.
R. No creo que esté en peligro de extinción, sino en necesidad de regeneración. No hemos encontrado una manera mejor, o menos mala, de estructurar la sociedad que la pareja monogámica. Lo que sí cambiará es el modelo de pareja, pasaremos de la pareja única a la monogamia sucesiva. Es decir, uniones que duran unos años y se rompen, luego pasamos por un periodo de sensualidad no monógama y nuevamente volvemos a emparejarnos. En este tema yo propongo elegir mejor, gestionar mejor y aportar más. Y respecto al poliamor, mi consejo es que antes de correr hay que saber andar.

P. Un fenómeno que vemos entre los más jóvenes es que se emparejan antes que sus padres. Son relaciones poco duraderas pero se mueven de pareja en pareja, cuando generaciones anteriores solían disfrutar de la soltería en su adolescencia y temprana juventud y buscaban un compañero más tarde. ¿A qué obedece este comportamiento?
R. Es cierto, y tiene su lógica porque empiezan antes sexualmente y, si se acoplan bien, siguen como pareja. Pero son parejas sexuales, no estables, con una esperanza de vida corta. El concepto de pareja de los jóvenes no está concebido desde el compromiso, sino como una alianza sexual.

P. ¿Qué une más a la pareja, el amor o el sexo?
R. Ahora, por desgracia o por suerte, todas las parejas empiezan por la primera pata de las cuatro, que yo tipifiqué en mi anterior libro Amor al segundo intento, que es el buen acoplamiento sexual. Si esto no funciona ya no se forma la pareja aunque los caracteres sean compatibles, las escalas de valores similares o aunque haya un proyecto de vida convergente. 

Portada del libro 'Psicoterapia para el mal' de amores (Urano, 2024), el nuevo libro de Antoni Bolinches.Portada del libro 'Psicoterapia para el mal' de amores (Urano, 2024), el nuevo libro de Antoni Bolinches.

P. Mucha gente se acerca al amor, a la pareja como tabla de salvación, esperando que resuelva sus problemas, mejore su vida y le brinde felicidad. “Tú lo que necesitas es un buen novio/a”, se oye como solución definitiva. Pero, como dice en su libro, hay que estar bien para poder encontrar una buena pareja.
R. Hay una expectativa de que la pareja contribuye a nuestra estabilidad y una presión social para no estar solo a partir de cierta edad. Es cierto que las posibilidades de encontrar una buena pareja aumentan a medida que maduramos y nos sentimos mejor con nosotros mismos, pero, al mismo tiempo, la pareja es también un espacio enorme de aprendizaje que nos ayuda a conseguir esa madurez.

P. ¿Qué es lo peor que le puede pasar a la pareja? Porque pensamos que es la ruptura, pero vivir en un estado semilatente, de respiración asistida, puede ser más destructivo y dejar más secuelas.
R. Lo peor es que se instale la convivencia neurótica autodestructiva, que se alimenta de las agresiones recíprocas. Pasan dos cosas: unos hacen de la necesidad virtud, superan la dificultad y mejoran la relación y otros se instalan en una convivencia de agresiones recíprocas y se convierten en parejas neuróticas. Las personas se diferencian más por el tipo de soluciones que aportan que por el tipo de problemas que tienen.

P. ¿La infidelidad sigue siendo la principal causa de ruptura? Según comenta en el libro, una de cada tres parejas la supera, otra rompen y otra sigue pero, tras un tiempo, se da cuenta que el problema no se ha resuelto y rompe. También señala que la infidelidad femenina se sigue perdonando menos.
R. La infidelidad sigue siendo la primera causa de ruptura en parejas jóvenes. Y sí, todavía se perdona menos la de la mujer. Hay una diferencia: al hombre le importa más la infidelidad sexual de su mujer y a esta le importa más la infidelidad sentimental. Y aún hay otra diferencia en la manera de computar que gráficamente sería: cuando el hombre se entera de que la mujer está enamorada de otro, este le pregunta: “¿Pero te has ido a la cama con él?”. Y si ella dice no, pues le contesta: “Ya lo arreglaremos”. En cambio cuando la mujer descubre la infidelidad del marido, la pregunta es: “¿Te has enamorado?”. Y si este dice no, ella piensa que todavía hay arreglo.

P. Dice también en el libro que las rupturas las suele hacer quien da más amor del que recibe.
R. Sí, por defraudación de expectativa, o porque se siente traicionado, como en el caso de la infidelidad. Puedes querer pero haces una ruptura reactiva, puesto que me has puesto los cuernos te dejo. Dejas pero no quieres dejar. El que rompe porque ha sido infiel tiene sentimiento de culpa, pero el que rompe porque le han sido infiel tiene tres problemas que resolver. Primero, se le rompe el estilo de vida que lleva, sin desearlo. Segundo, su red de relaciones, la manera de gestionar los afectos y el hecho de compartir el proyecto de vida se le ha alterado sin su deseo ni preparación. Tercero, al perder al sujeto amoroso, no solo lo pierde sino que le queda una herida en su autoestima.

P. Hay también muchos malentendidos respecto a lo que hay que hacer tras una ruptura. Buscar otra pareja inmediatamente; tratar de no pensar en ello; o en demonizar al otro, en vez de hacer autocrítica. Todo lo contrario a lo que usted aconseja.
R. Cuanto más maduro eres más productivo es el sufrimiento y ese sufrimiento es el que te hará madurar más. Empieza ahí la espiral de crecimiento. Hay que estar en actitud de disposición al aprendizaje. Primero, hay que aceptar la parte de responsabilidad en lo sucedido, porque lo que pasa entre dos nunca es responsabilidad de uno solo. Segundo, tener claro que criticar al otro no te mejora a ti. Si nos preguntamos por qué nos dejan, o incluso se lo preguntamos al que lo hace, y aceptamos parte de las cosas que nos dice, no hay duda de que estaremos mejorando. Es necesario un periodo de introspección, de entre seis meses y un año, para asimilar la pérdida, ganar en seguridad y madurez y estar en mejores condiciones de gestionar una mejor elección y futura relación. Sobre todo, no hay que caer en conductas autodestructivas. Y, además, si vas al terapeuta o lees algún libro, pues mejor que mejor.

P. Habla también de que hay que sufrir. Ahora, tiene que ser un sufrimiento productivo. “Quien aprende a sufrir, aprende a madurar; y quien aprende a madurar deja de sufrir”, dice en su libro. ¿Es una asignatura difícil positivizar el sufrimiento?
R. Sí, porque, además, la pareja es el ámbito más intenso de relación y, por lo tanto, el sufrimiento será mayor. Como se suele decir popularmente, hay que pasar página, porque si no pasamos página no superamos la situación. Pero primero hay que leer la página y entenderla, y después pasarla. Y, como subrayo en el libro, a mayor seguridad menor sufrimiento. Los inseguros y con baja autoestima sufren más. Aunque también hay la idea de que si no se sufre tanto es porque no se estaba muy enamorado; esgrimida, generalmente, por los que no quieren desestabilizarse a sí mismos y prefieren pensar que el otro no tenía el mismo grado de amor, en vez de pensar que ellos no lo gestionaron tan bien. La diferencia no está en la calidad del amor sino en la bondad de cómo se gestiona el desamor.

P. En su libro habla de cuatro pasos para conseguir el amor armónico: aprender a elegir, aprender a construir, aprender a compartir y aprender a negociar. ¿Qué es lo más complicado?
R. Para aprender a elegir tenemos que pasar por elecciones erróneas. De hecho, mi teoría es que la primera elección no es una verdadera elección. Es la conjunción de dos necesidades, dos atracciones y dos situaciones. Para elegir con éxito se necesita un aprendizaje vital. Aprender a negociar es la clave de la buena convivencia porque nadie es perfecto, nadie puede aportarnos todo lo que esperamos y hay que negociar para compartir, para aportar, para gestionar, para renunciar, para comprender. De hecho, muchas parejas rompen por la descompensación en las aportaciones recíprocas. Cuando uno da mucho y el otro da muy poco.

P. ¿No cree que ser soltero a una determinada edad vuelve a ser un estigma social? La figura de la solterona vuelve con fuerza, tras años desaparecida.
R. Es la tesis de la mujer invisible, de acuerdo con los cánones de belleza asociados a la juventud. Y que muchas mujeres siguen aceptando. Si se ve a un hombre mayor solo, de 50 años, que sobre el papel se ve una persona aceptable, se tiende a pensar que está solo porque quiere. Pero ese mismo perfil en una mujer se traduce en que está sola porque no encuentra a nadie. Y es posible que no encuentre la compañía adecuada, porque la mujer ya no se conforma con relaciones pobres y porque hay un desfase entre mujeres evolucionadas y hombres desorientados. No hay suficientes hombres maduros para todas. Es triste.

P. ¿Qué le diría a esta gente que ha tirado la toalla a una determinada edad por encontrar pareja cuando le gustaría tenerla, en parte, porque los espacios para ligar se han reducido mucho a las redes sociales?
R. Las redes sociales tienen un efecto ambivalente. Por un lado optimizan, teóricamente, las posibilidades de contacto, pero frivolizan la clave de relación y, a la vez, hay mucho fingimiento. Pero es verdad que estamos en un mal momento para los buenos amores. ¿Qué propongo? El mejoramiento personal. Primero no tirar la toalla sin sudarla y segundo, sudemos en el ámbito adecuado para poder tener éxito. Y ahí, cuanto menos buscas más encuentras; pero para buscar hay que ser suficiente buena compañía para ti mismo. Entonces te conviertes en buena compañía para los demás. El arte de enamorar es el arte de mejorar.

domingo, 14 de julio de 2024

_- John Read, psicólogo: “Estamos medicando la pobreza”.

John Read
_- El psicólogo John Read, el 6 de junio en Madrid.
El investigador de la Universidad de East London relaciona las problemáticas más graves dentro de la salud mental con situaciones adversas como la desigualdad y el abuso infantil.

John Read (Trowbridge, Reino Unido, 72 años) es un rebelde armado con Excel. Un profesor de Psicología en la Universidad de East London empeñado en demostrar con datos las causas de las problemáticas más graves dentro de la salud mental. “Los diagnósticos simplifican la realidad humana. A veces ayudan, pero como categorías explican muy poco sobre el camino recorrido hasta llegar a ese malestar”, explica en Madrid, después de intervenir en un simposio de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN) frente a un centenar de profesionales. Le avalan varios libros —dos publicados en castellano, Modelos de locura y El sentido de la locura, ambos en Herder— y más de 150 investigaciones que relacionan la psicosis con el abuso infantil o la pobreza. Estudios pioneros que le han llevado a formar parte del prestigioso índice de la Universidad de Stanford que recoge al 2% de los científicos más citados del mundo.

Pregunta. ¿Se puede definir la locura?
Respuesta. Solo de forma parcial. La locura es aquella experiencia humana que una sociedad entiende como diferente y etiqueta para diferenciarse de ella. Ese proceso ha cambiado mucho a lo largo de la historia y en función de la cultura.

P. ¿El abordaje de la salud mental debe involucrar a toda la sociedad?
R. Es bueno que se hable sobre ello cada vez más, pero no que lo hagamos con el lenguaje de la enfermedad y los trastornos. Lo que llamamos problemas de salud mental son solo reacciones comprensibles a acontecimientos vitales.

P. Además, el foco suele ponerse solo en la ansiedad y la depresión.
R. La psicosis implica cierta pérdida de contacto con la realidad de la mayoría y eso puede asustar. Muchas personas que la sufren también se sienten deprimidas o ansiosas. Yo les digo a mis alumnos que abran el DSM [manual diagnóstico editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría] y si no se sienten identificados al menos cuatro veces con lo que en él se describe es que necesitan hacer algo con sus vidas. Hay tantas experiencias humanas patologizadas que resulta ridículo.

P. ¿El estigma sigue vigente?
R. Sí, y está causado principalmente por las explicaciones biomédicas. Estas le dicen al usuario que hay algo irremediablemente mal en su cerebro y que necesitará medicarse el resto de su existencia. El esencialismo psicológico no está basado en evidencias científicas y además aumenta la sensación de alteridad.

P. A lo largo de su carrera investigadora ha obtenido una gran cantidad de resultados cuantitativos ¿Cuál considera que es el más concluyente de todos ellos?
R. Casi el 70% de las personas que han pasado por Psiquiatría sufrió abuso infantil y más de la mitad nunca había hablado de ello con un profesional. Eso me impactó mucho. Solo ahora estamos empezando a comprender la importancia de preguntar y de escuchar. Quiero felicitar a España por el nombramiento de una comisionada en salud mental [Belén González, designada en enero por la ministra de Sanidad, Mónica García]. Es un gran paso adelante que exista alguien con responsabilidad gubernamental para identificar las carencias del sistema público y las necesidades de sus usuarios.

P. El departamento de García ha sido muy criticado por preparar una guía orientada a la reducción de psicofármacos.
R. En el Reino Unido, más de la mitad de las mujeres mayores de 60 años que residen en zonas humildes consumen medicamentos psiquiátricos. Estamos medicando la pobreza. Entiendo que en España será parecido, y es un problema muy grave. Los psiquiatras biologicistas rechazan cualquier crítica a este modelo, a veces con ataques personales, arrogantes y nada científicos. Parecen una secta.

P. Ha dedicado gran parte de su trabajo a relacionar los problemas de salud mental con la experiencia biográfica. ¿Hasta qué punto se puede establecer una relación causal?
R. En el caso de la psicosis, la evidencia de esa relación es abrumadora, ya sea por abuso infantil, violación, pobreza, violencia doméstica o trauma de guerra. No suele haber una sola causa, sino más bien una acumulación de ellas que llevan la mente al límite.

P. ¿Hace falta aumentar la ratio de psicólogos en los sistemas públicos?
R. Es absolutamente esencial, tiene que haber psicoterapia y terapia conversacional. No puede ser que tengamos un sistema de salud mental únicamente médico que derive a servicios sociales a quien es pobre o ha sufrido abusos. A la gente le preguntaría qué necesita, de qué quiere hablar. Y puede que un pequeño porcentaje también necesitase ayuda química durante un breve periodo de tiempo para superar una crisis, pero cualquier enfoque basado en la evidencia tendría las drogas como último recurso.

P. ¿Se puede prevenir el malestar psíquico?
R. Nunca podremos evitar totalmente el sufrimiento, porque la vida está llena de momentos duros. Nuestros seres queridos mueren, las relaciones se desgastan. Lo que sí podemos es prevenir experiencias adversas como la pobreza o el abuso infantil. Tomemos la subvención anual dedicada a investigar los factores genéticos del malestar psíquico y usémosla en reducir la desigualdad, en generar entornos seguros durante los primeros años de vida. Estamos gastando mal el dinero.

jueves, 19 de enero de 2017

Procrastinación, “el problema más grave en la educación” (y cómo vencerlo)

Este año nuevo, como de costumbre, muchas personas se propusieron hacer cambios fundamentales en 2017 que, a estas alturas, ya pospusieron para 2018.

¿Por qué nos la pasamos aplazando lo que debemos -y a veces hasta queremos- hacer?

¿Por qué la procrastinación es un problema tan común y uno que, según expertos, afecta particularmente a los estudiantes y académicos?

No sólo común, sino muy serio, según el psicólogo Tim Pychlyl, de la Universidad de Carleton en Canadá, quien es parte de un grupo de investigación sobre la procrastinación, que asegura que "en la actualidad es el problema más grave en la educación".

El grupo de expertos ha estado enfocado en estudiar esta acción volitiva durante 20 años, con datos de todo el mundo, para "tratar de entender por qué a veces nos convertimos en nuestro peor enemigo con retrasos innecesarios y voluntarios" de nuestras tareas.

Mañana lo hago
En una charla por Youtube que recientemente superó 170.000 visitas, en la que Pychlyl imparte consejos a estudiantes sobre cómo dejar de procrastinar, señala que dejar algo para después afecta las calificaciones, la salud mental y física y aumenta el índice de abandono escolar.

Los profesores sufren del mismo mal, como atestigua la cantidad de entradas en Twitter hablando de la batalla entre calificar exámenes y ver series de televisión, y sobre lo que se conoce como la "culpa del escritor": la sensación de que eres egoísta, idealista e irresponsable por ponerte a escribir cuando podrías estar haciendo algo más rentable y práctico con tu tiempo. Y con más gente estudiando online, el problema es más grande que antes.

Ahora, con sólo un clic, puedes reemplazar el ensayo que estás escribiendo con un video de un gato estornudando o el álbum de fotos de tu exnovia y su nueva pareja en vacaciones.

Para Pychyl, procrastinación es tomar la decisión de no hacer algo a pesar de que sabes que a largo plazo será peor.

Aclara que no es lo mismo que atrasar intencionalmente algo, y que no es un asunto de manejo de tiempo, sino una incapacidad de controlar nuestras emociones e impulsos.

"Cuando procrastinamos, estamos tratando de mejorar nuestro estado de ánimo evitando hacer algo que nos parece desagradable", señala.

"Es parecido a emborracharse o comer para consolarse: es una estrategia que nos hace sentir mejor al distraernos con un placer de corto plazo y olvidándonos del problema".

¿Qué podemos hacer?
La procrastinación es más común entre la gente más impulsiva, propensa al perfeccionismo, abrumada por las expectativas que tienen los otros de ella y temerosa del fracaso.

reloj

Afecta más a los jóvenes, pues las personas solemos controlar mejor nuestras emociones a medida que el cerebro se desarrolla.
Pero hay esperanzas para los jóvenes -y los ya no tan jóvenes- que dejamos todo para mañana.

Basándose en su investigación con la psicóloga Fuschia Sirois de la Universidad de Sheffield, Pychyl asegura que todos podemos reducir la procrastinación siguiendo los pasos a continuación:

1) Practica técnicas de mindfulness y meditación para controlar tus pensamientos negativos

"Usando las técnicas de mindfulness o conciencia plena podemos reconocer que no tenemos ganas de hacer algo sin juzgar ese sentimiento, y luego nos ayuda a acordarnos por qué es importante realizar la tarea y comprometerse a empezarla", explica el psicólogo.

"Después, cuando hemos progresado en la tarea, nos sentimos mejor y eso hace que sea más fácil continuar".

Por ejemplo, sir Anthony Seldon, vicerector de la Universidad de Buckingham, Inglaterra, introdujo sesiones de mindfulness para profesores y estudiantes para combatir la procrastinación.

2) Divide la tarea en pasos claros y manejables

Una de las razones por las que aplazamos lo que debemos hacer es que las metas que nos proponemos a menudo son muy grandes y vagas, lo que las hace intimidantes y desagradables.

Así, en vez de proponerte "ponerme en forma" o "escribir una novela" prométete "ponerme el atuendo de trotar" o "decidir el nombre del personaje principal".

En la Universidad de Warwick, Paul Roberts conduce talleres de mapeo mental para estudiantes y la técnica les enseña a dividir tareas difíciles en los pasos necesarios para completar sus proyectos.

Roberts dice que les ayuda a superar la inercia y por ello dejan de procrastinar.

3) No te castigues por procrastinar

La investigación de Pychyl muestra que los estudiantes que se perdonan por procrastinar tienden a no volverlo a hacer en su próxima tarea.

Cuanta más culpa y rabia sientas por privar al mundo de tu fabulosa novela este año, menos posibilidad tienes de escribirla en 2018.

4) Apóyate en las buenas costumbres con las que ya cuentas

Pychyl dice que él logró finalmente obedecer las órdenes de su dentista de limpiarse los dientes con seda dental al combinarla con el hábito de cepillarse los dientes.

Se comprometió a poner la seda dental en frente cada vez que se cepillaba los dientes y en poco tiempo empezó a usarla sin siquiera pensarlo.

5) Conéctate con tu "yo futuro"

Cuando le mostraron a un grupo de personas sus retratos digitalmente envejecidos, y les pidieron que asignaran dinero para cuando se retiraran, muchos tendieron a dar sumas más altas que antes de que les mostraran las imágenes, pues sentían un lazo más fuerte con sus "yo futuros".

Poner un retrato tuyo digitalmente envejecido en tu escritorio quizás no sea muy conveniente, pero si tienes que entregar un trabajo a las 9 a.m., imaginarte a ti mismo a las 2 a.m. tratando desesperadamente de terminarlo, podría impulsarte a empezar más temprano.

6) Entiende por qué te importa lo que vas a hacer

Pychyl dice que la procrastinación a menudo refleja un problema existencial más profundo de falta de identidad o dirección en la vida.

Procrastinamos cuando la tarea nos parece aburridora o menos significativa, así que no olvides la razón por la que estás haciendo algo y cómo encaja con tus ambiciones.

Es tan sencillo como recordar que escribir un buen ensayo ayudará para conseguir un diploma, que es indispensable para realizar tu sueño de ser doctor.

Pensando de esa manera, el beneficio a largo plazo de hacer el trabajo puede reducir el placer a corto plazo de distraerse.

Lecciones contra la procrastinación
Si estos pasos basados en la investigación son tan efectivos, ¿no deberían enseñarse en todas las escuelas, universidades y lugares de trabajo?

Muchas universidades ya producen guías sobre la procrastinación para estudiantes.

Sin embargo, Pychyl critica que muchas siguen enfocándose en la habilidad para manejar el tiempo, más que en atacar las razones de fondo.

"Los profesores deben evaluar cómo se están sintiendo los estudiantes y ayudarlos a entender por qué están dejando las cosas para después", opina.

"Si pueden aprender a manejar sus emociones, será una gran ayuda en todas las áreas de sus vidas".

http://www.bbc.com/mundo/noticias-38597625

domingo, 17 de julio de 2016

La (verdadera) ciencia de la felicidad. El secreto es simple: sexo, ejercicio, música y charla. Lo demás son patrañas que solo sirven para engrosar unas pocas cuentas corrientes y vaciar todas las demás.

¿Tenían razón los hedonistas? “La naturaleza”, escribió el filósofo y economista inglés Jeremy Bentham (1748-1832), padre del utilitarismo, “ha situado a la humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos, el dolor y el placer; a ellos corresponde en exclusiva señalar lo que debemos hacer, así como determinar lo que acabaremos haciendo”. Desde luego, la cuestión del placer y la búsqueda de la felicidad ha supuesto siempre una enorme atracción para los filósofos, de Platón a Nietzsche, de Aristóteles a Mill, de Epicuro a Hume. Y también parece irresistible para la gran masa de gente que no se dedica a la filosofía profesional, a juzgar por los grandes éxitos de ventas que está consiguiendo un enjambre de autoproclamados chamanes, presuntos profetas e irrebatibles cantamañanas que conforman lo que ya se conoce como “la industria de la felicidad”. Pero la ciencia de la felicidad es otra cosa. Lee en Materia las reflexiones de uno de los mejores psicólogos experimentales de nuestro tiempo, el psicólogo de Harvard Dan Gilbert.

Gilbert se basa en lo que se debe basar un pensador moderno: en los datos, los experimentos y las teorías que nos revelan la realidad de nuestra mente. El mundo es como es, no como nos gustaría que fuera, y esto vale tanto para los planetas y los átomos como para la asombrosa sociedad de 200.000 millones de neuronas que llevamos dentro del cráneo. Y los datos dicen que el secreto de la felicidad está en cuatro actividades cotidianas al alcance de cualquier bolsillo: sexo, ejercicio, música y conversación. Y no, leer libros de autoayuda no aparece en la lista. Esas obras solo reportan felicidad –en efectivo— a quienes las escriben.

El ruido que hacen los beocios sobre esta materia ha alcanzado tal nivel de decibelios que mucha gente piensa que la psicología es una pseudociencia. No lo es. La psicología es una parte fundamental de las llamadas ciencias cognitivas, una aleación de neurobiología, genética, biología molecular, física, matemáticas, computación, inteligencia artificial y –sí— psicología experimental que, en nuestros días, supone nuestra mejor esperanza de entender el cerebro humano, el objeto más complejo del que tenemos noticia en el universo.

Lo que ocurre, como siempre, es que hay un montón de gente dispuesta a pervertir la psicología a mayor gloria de su propio bolsillo, y otro montón aún mayor que prefiere creerse sus falacias y patrañas en vez de guiarse por el mejor instrumento de conocimiento que tenemos –y tendremos—, que es la ciencia. Lee lo que dice Gilbert y sé feliz si puedes. Confórmate con la verdad.

http://elpais.com/elpais/2016/07/15/ciencia/1468582643_207029.html