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lunes, 8 de junio de 2026

_- La receta del bizcocho genovés, un básico de repostería perfecto para convertir en tarta



_- Listo para rellenarlo o cubrirlo con lo que quieras
Miriam García Martíne
Solo lleva huevos, harina y azúcar, su sabor es neutro y su miga es ideal para absorber almíbares o la humedad de rellenos y coberturas

El bizcocho genovés o genovesa –de la denominación francesa genoise–, es un clásico para usar en tartas con rellenos y coberturas (la famosa tarta San Marcos lleva genovesas) porque reúne ciertas características muy convenientes. Es relativamente ligero porque no suele llevar grasa, solo huevos, azúcar y harina; esto lo hace ideal para acompañarlo con cremas, rellenos y coberturas varios. La miga es más bien seca, idónea para calarla con almíbares o para que absorba bien los jugos de los rellenos/coberturas y el sabor es neutro, por lo que no resta protagonismo al resto de los sabores.

Aunque no se suele indicar en las recetas para el profano, lo más correcto es pesar los huevos que se vayan a usar y promediar todos los demás ingredientes respecto a ellos. La receta canónica de genovesa es sencilla: X peso de huevos sin cáscara, X/2 (la mitad de ese peso) de harina de repostería y X/2, de nuevo la mitad de peso de azúcar.

De este modo, es sencillísimo extrapolar la receta que os damos a cualquier cantidad que se os antoje; esta corresponde a un bizcocho estándar de 22-23 centímetros que puede servir para dividir en dos capas. Los huevos se montan con el azúcar hasta que están bien esponjosos y se mezcla la harina. También hay fórmulas en que se montan por separado las claras y las yemas.

Nuestros vecinos franceses enriquecen a veces la genoise con mantequilla pomada, pero nuestra versión es la sencilla sin grasa. Hay fórmulas que incluyen algo de levadura química, que ayuda a darle a la masa otro empujoncillo para arriba en el horneado, más allá del que aportan los huevos montados. Si te apetece, puedes aromatizar esta base con ralladura de limón o un extracto de vainilla, aunque está rico tal cual.

Dificultad: Montar bien los huevos con unas varillas eléctricas o un robot, y mezclarlos suavemente con el resto de los ingredientes, manipulándolos lo mínimo para que no se desinflen

Ingredientes
Para un bizcocho de 22-23 cm
150 g de huevo sin cáscara (unos 3 huevos M) a temperatura ambiente 75 g de harina corriente o de repostería 75 g de azúcar

Instrucciones
1. Poner el horno a calentar a 180 °C para que esté perfectamente caliente en el momento de meter la masa.

Consejo
Es importante tener el horno perfectamente caliente antes de meter la masa, no hacerlo es uno de los errores que se cometen con frecuencia.

2. Engrasar y enharinar el molde elegido o forrarlo con papel de horno (conviene usar un molde desmontable).

3. Poner los huevos a temperatura ambiente –esto es importante, incluso se pueden calentar algo poniendo el bol con los huevos sobre un bol con agua caliente– con el azúcar en un bol amplio. Mezclar de inmediato.

4. Montar la mezcla con varillas eléctricas o robot por lo menos ocho minutos, hasta que aumenten claramente de volumen, espesen y adopten un color amarillo claro. Lo suyo es llegar a lo que se llama punto de cinta, o ruban en francés, en que la mezcla está tan espesa y aireada que escurre como una cinta de las varillas al levantarlas y deja un dibujo sobre el montado.

5. Agregar la harina tamizada sobre el montado y mezclar con una espátula y movimientos suaves y envolventes, con delicadeza para que no se bajen los huevos montados y hasta que no se aprecie harina suelta.

6. Verter la masa de inmediato en el molde, darle un par de golpes sobre la mesa para eliminar burbujas gordas y meterlo enseguida en el tercio inferior del horno con calor arriba y abajo, unos 25-30 minutos.

7. Cuando el bizcocho genovés esté cocido –se prueba pinchando el centro del bizcocho con una brocheta, que debe salir seca–, sacar del horno y reposar cinco minutos en el molde. Después desmoldar y dejar enfriar sobre una rejilla.


viernes, 29 de mayo de 2026

_- Lasaña de verduras para principiantes





















_- No se prepara en dos segundos, pero su procedimiento es muy sencillo. Vale la pena hacer más cantidad y congelarla para que puedas repetir este platazo donde no echarás de menos la carne.


No tenemos nada contra la lasaña tradicional: la veneramos y ya publicamos su receta hace tiempo, hecha al más puro estilo italiano. Sin embargo, creemos que la arquitectura básica de este plato –láminas de pasta con distintos ingredientes o salsas en medio– puede funcionar perfectamente con otras fórmulas. Por eso hoy servimos una de verduras, que no solo es más ligera, sino que deja tranquilas un ratito a las vacas y a los cerdos.

Esta lasaña tiene, además, la virtud de la sencillez. Por un lado lleva una simple salsa de tomate con setas, y por otro, una mezcla de ricota, espinacas y parmesano. No hace falta cocer previamente las láminas de pasta, y también pasamos de la bechamel, una salsa habitual en la lasaña que nos rechifla pero que nos complicaría la existencia y haría el plato más pesadote. Vamos, que son todo facilidades. Mira el vídeo de arriba para ver cómo se hace.


Ingredientes

Para 4 personas
Un paquete de placas de pasta para lasaña que no requieran cocción previa (18 placas)
Mantequilla o aceite para engrasar la fuente
Salsa de tomate y setas
300 g de setas (champiñones u otras)
1 cebolla
½ rama de apio
1 zanahoria grande
2 dientes de ajo
800 g de tomate triturado
Unas hojas de romero fresco o una cucharadita de seco
Unas hojas de tomillo fresco o una cucharadita de seco
Aceite de oliva Sal
Espinacas
600 g de espinacas frescas
250 g de ricota o requesón
150 g de parmesano rallado fino (u otro queso curado similar)
Pimienta negra
Sal

Instrucciones

1. Picar fino la cebolla, la zanahoria, el apio y los dientes de ajo.

2. Ponerlos a dorar a fuego medio en una sartén grande o cazuela baja con un chorro de aceite de oliva y una pizca de sal.

3. Picar las setas, y cuando las verduras ya estén blandas y ligeramente doradas (unos 10 minutos), añadirlas a la sartén con otra pizca de sal, el romero y el tomillo.

4. Cuando las setas hayan perdido su agua y reducido -unos cinco o 10 minutos-, incorporar el tomate. Salar y cocinar unos 15 minutos más.

5. Mientras el tomate se hace, poner a calentar el horno a 200 grados.

6. Mojar las espinacas y poner la mitad de en un bol tapado con un plato o en un estuche de silicona. Cocinar en el microondas a máxima potencia unos cinco minutos, o hasta que estén cocidas y blandas. Repetir la operación con la otra mitad.

Consejo
Si no tienes microondas, las puedes cocer en agua hirviendo o al vapor.

7. Escurrirlas muy bien aplastándolas contra un colador. El líquido que suelten se puede añadir a la salsa de tomate.

8. Picar las espinacas y mezclarlas en un bol con la ricota, dos terceras partes del parmesano (100 gramos), pimienta negra y sal.

9. Para montar la lasaña, engrasar una fuente de horno de unos 30x20 centímetros con aceite o mantequilla.

10. Poner la primera capa de láminas de pasta. 

Consejo
Si no encajan justo, las láminas se pueden romper para formar la capa.

11. Cubrir con salsa de tomate y repartir unas cucharadas de mezcla de espinacas y ricota por encima (ver vídeo).

12. Tapar con otra capa de pasta y repetir el proceso hasta acabar la mezcla de espinacas. Terminar con una capa de pasta, salsa de tomate, el resto del parmesano rallado espolvoreado por encima y, si se quiere, un poquito de mantequilla.

Consejo
La última capa de láminas de pasta debe quedar bien cubierta por todos los bordes, porque si no se endurece en exceso en el horno.

13. Hornear la lasaña unos 30 minutos, hasta que esté bien gratinada. Dejar que se enfríe un poco antes de servir.

Consejo
Para que se dore bien, la puedes subir a la parte alta del horno los últimos 10 minutos.


sábado, 28 de marzo de 2026

Caldo verde portugués

Caldo verde portugués



Ingredientes

400 g. de col gallega (también valdría berza). Suelen utlilizar una variedad de la col gallega, couve portuguesa.
500 g. de patatas gallegas o batata portuguesa
200 g. de chorizo ahumado
1 cebolla
2 dientes de ajo
Agua
Sal
Aceite de oliva virgen extra


El caldo verde portugués es uno de los platos más tradicionales de nuestro vecino y amigo Portugal. Soy un enamorado de su gastronomía, de todo tipo de caldo (entre ellos el caldo gallego) y esta receta en concreto no podía faltar en el blog. Un plato que podemos encontrar en las cartas y menús de todo su territorio, aunque su origen y su mayor presencia los situamos en la zona norte del país, de Oporto hasta Galicia.

Esta particularidad geográfica influye en sus ingredientes, entre los que encontramos la col gallega o berza y los chorizos ahumados, procedentes de las matanzas del cerdo. En Portugal, es un plato tan predominante como el bacalao, y es típico tomarlo en la madrugada de Nochevieja, como reconstituyente.

viernes, 6 de marzo de 2026

_- Así se hacen las moscovitas: las galletas de chocolate y almendra de Oviedo que conquistan el mundo (y la cesta de Navidad de Inditex)

Moscovitas: galletas de chocolate y almendra de Oviedo
La receta data de finales de los años 20 del siglo pasado, cuando fue creada por un pastelero asturiano. Actualmente, elaboran 20 millones de unidades al año, que se venden en ocho países fuera de España

Moscovitas: galletas de chocolate y almendra de Oviedo.

Las Moscovitas De Rialto Las moscovitas fueron creadas por un pastelero asturiano y se elaboran siguiendo una receta que se mantiene intacta desde los años veinte del siglo pasado.

Sara Castaña

Las moscovitas no se pueden copiar. “No es fácil”, advierte Francisco Gayoso (Oviedo, 50 años), refiriéndose al producto estrella de la confitería Rialto: una fina pasta de almendra bañada en chocolate. La casa —bautizada así por el famoso puente de Venecia y la corona de la R de Royalty— fue fundada por su abuelo en pleno centro de Oviedo y hoy la dirige él, al frente desde 2008.

Tras estudiar Económicas y Empresariales, y después de que su padre le animara a continuar el negocio familiar iniciado por su bisabuelo en 1926, en Luarca, Gayoso se marcó un objetivo claro: llevar las moscovitas por el mundo. El primer paso llegó hace 20 años, cuando abrieron un pequeño despacho en la calle Núñez de Balboa, en Madrid, a petición de clientes que ya conocían el producto. “Lo abrió mi padre, con buena visión. Mucha gente nos las pedía y fue un acierto”, recuerda.

El siguiente salto lo dio él: colocar las moscovitas en unos 400 puntos de venta y tiendas de productos selectos fuera de Asturias. También sacó la producción del obrador histórico y la trasladó al polígono de Argame, en Morcín. “Necesitábamos espacio. La confitería ya no daba abasto”, explica, sentado en una mesa de Rialto, en plena hora punta del café de media tarde. Con el traslado se llevó a siete pasteleros y confirmó lo que intuía: el recorrido era enorme. “Vamos a ampliar con otro obrador. En total serán unos 2.000 metros cuadrados”, señala. La inversión supera los dos millones de euros. El crecimiento se mide también en empleo. “Cuando tomé las riendas del negocio éramos responsables de 16 familias; hoy somos 132. Si mi padre, que falleció hace dos años, viera estas cifras, caería para atrás”, dice. En el obrador trabajan actualmente 80 personas y está previsto incorporar otras tantas con la nueva ampliación.

En 2024 elaboraron manualmente, una a una, 18 millones de moscovitas. Este año esperan cerrar en torno a los 20 millones. Y en 2026, coincidiendo con el centenario de Rialto, reforzarán su expansión internacional. Hoy ya venden en República Dominicana, Filipinas, Países Bajos, Estados Unidos, Alemania, Francia, Portugal y Reino Unido.

La facturación de Rialto en 2024 alcanzó los 12 millones de euros, con las moscovitas representando el 50%. “Esperamos mejorar esta cifra este año. Los últimos meses son los más fuertes, por la venta a particulares y a empresas que nos incluyen en sus regalos de Navidad”, explica Gayoso. Entre esos clientes figuran compañías cotizadas y fondos de inversión con sede en Londres.

Entrada a la sala de trabajo del obrador de Rialto en Argame (Morcín, Asturias), donde se elaboran las moscovitas. Sara Castaño

Una de ellas es Inditex. En 2015, según relata, recibieron la visita de un responsable llegado de Arteixo (A Coruña) que encargó 60.000 bolsas —con diez pastas cada una— para la cesta navideña de sus empleados. Desde entonces, el pedido se repite cada año. “No sabemos cómo llegaron a conocernos, pero para nosotros es un orgullo: llegamos a 60.000 hogares”.

Aunque existe cierta leyenda sobre la receta y los ingredientes de las moscovitas, aquí no hay trampa ni cartón. Incluso circuló la historia de un niño de la guerra que regresó a Asturias desde la Unión Soviética con una matrioska que contenía un escrito con la receta. Por el 80º aniversario de la casa, prepararon una muñeca rusa con el cuento novelado del niño y la receta. De ahí puede que surgiera esta historia rusa. Lo que le consta a la familia, que no tiene documentado el origen, es que la galleta nació a finales de la década de los años veinte del siglo pasado. Desde entonces se ha mantenido igual. “Así como no me voy a atrever a cambiar ni una columna de este salón, igual ha ocurrido con la receta. Es la misma elaboración y la manera de hacerlo”, afirma Gayoso, que, en aras de la transparencia, permite a EL PAÍS entrar y fotografiar las entrañas del obrador, a pocos kilómetros de Oviedo, bordeado por el río Caudal.

Elaboran cuatro variedades: la clásica con chocolate con leche (el 80% de la producción), las de chocolate blanco y negro, y otra sin gluten. Todas se elaboran con chocolate belga, del que consumen 120 toneladas al año, y con almendra Marcona de cosecheros del Mediterráneo, de la que usan 100 toneladas anuales. “Nos peleamos con los turroneros; es una almendra pura porque no está modificada genéticamente y la trituramos nosotros mismos en el obrador”, explica Gayoso. El secreto, asegura, está en la calidad de la materia prima y en la elaboración artesanal. La receta también lleva nata líquida y azúcar. Nada más.

En el obrador, abierto de 5 de la mañana hasta las 23 horas, en dos turnos de trabajo, la mayoría son mujeres, aunque también hay hombres. Todos van uniformados y llevan la cabeza cubierta con una balaclava —una especie de pasamontañas que cubre la cabeza, el cuello y el rostro, dejando al descubierto solo los ojos—. Las manos van sin guantes. Haciendo la base de la pasta, con nata y azúcar, se encuentra Arcadio Cadaviego, de 25 años, que lleva cuatro años y medio elaborando con gran precisión moscovitas. No es tarea sencilla. “Tienes que poner la medida exacta para que la galleta no se desborde y quede con la forma perfecta. Requiere de mucha concentración”, afirma este joven, que llegó a este oficio después de estudiar Informática, y que al día puede elaborar 30.000 unidades. “Hoy puede que se hagan en total unas 120.000”.

Más tiempo, una década, lleva Borja Terón, de 32 años, procedente del Gremio de Artesanos del Principado de Asturias, elaborando las masas de nata, azúcar y almendra, y el dosificado de este emblema dulce de Oviedo. “Parece un trabajo fácil, pero no lo es. Hay que estar muy pendiente de todo porque esto es artesanal, lo hacemos manualmente”, explica. La sala está en silencio.

En una mesa, varias mujeres se afanan a buen ritmo cubriendo solo por un lado la pasta tostada con un baño de chocolate líquido. Una de ellas es María Fernández, con 12 años de oficio en la casa. “Cuando la masa se ha enfriado es cuando la bañamos en chocolate atemperado. Es importante que no esté frío y, para eso, vamos añadiendo frío para que esté a unos 29 grados”, afirma, mientras va pasando la espátula a la galleta —es importante pasarla una sola vez para que la cubierta quede lisa—. “En este trabajo no se puede perder la concentración ni el tiempo”, concluye. Y advierten que las moscovitas no llevan ni conservantes ni estabilizantes; por eso, la caducidad del producto es de tres meses. Del diseño del envoltorio y de la puesta en escena, como la bolsa que hace las veces de tienda en la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid, se ocupa la esposa de Gayoso, Ana Fernández. Todo sigue quedando en casa.

martes, 17 de febrero de 2026

Sopa de cebolla con pan y huevo, la cena ideal para noches frías Una interpretación libre de esta receta francesa para convertirla en un plato más completo. Solo necesitas un poco de paciencia para pochar la aliácea protagonista



No, la sopa de cebolla auténtica francesa no lleva huevo, pero aquí hacemos un híbrido con este guiño a la sopa de ajo completa. Que, al fin y al cabo, ambas sopas, la francesa y la española –como tantas otras–, van de reconfortar el cuerpo y el ánimo con ingredientes humildes al alcance de todo el mundo. 

La sopa de cebolla no es solo un plato francés, también hay zonas de España donde se practican versiones con esta aliácea cuando el grajo vuela bajo.

Ya sabes: empezamos con una cebolla pochadita, que posteriormente se cuece en caldo –o agua, en las versiones más ascéticas–, y se sirve con un huevo que se cuaja en el calor de la misma sopa. Como pochar cebolla es una de esas cosas que cuesta lo mismo hacer para cuatro raciones que para ocho y soporta perfectamente la congelación; siempre que lo hagas en un recipiente bien sellado, ya que arrancas a llorar haz el doble de cantidad y la próxima sopa será exprés.

Rematamos la receta con una rebanada de pan con queso gratinado, que puedes gratinar sola antes de ponerla en el caldo, o ya dentro de la sopa poniendo el bol en el horno (en este caso asegúrate de que resistirá la temperatura). Si te apetece una versión más cremosa, usa esta base con la cebolla caramelizada, el huevo añadido y tan pimpante. El momento en el que se rompe la yema y se esparce entre el caldo es glorioso, aunque también puedes poner una cucharada de huevo sobre el pan antes del desparrame. Tú eliges.

Dificultad: La paciencia de pochar bien la cebolla

Ingredientes

Para 4 personas

2 cebollas dulces grandes
4 rebanadas de pan
4 huevos
1 litro de agua o caldo al gusto
Queso rallado al gusto
50 ml de aceite de oliva virgen
Sal y pimienta

Instrucciones

1. Cortar las cebollas en juliana.

2. Verter el aceite de oliva en una sartén amplia, calentar a fuego bajo y pochar la cebolla con un buen pellizco de sal hasta que esté transparente, el tiempo que sea necesario, con paciencia (si quieres, puedes llevar el pochado al límite de la caramelización, aunque no es lo tradicional).

3. Verter el caldo y cocer el conjunto 10 minutos. Comprobar la sazón y rectificar con más sal si hiciera falta. Agregar pimienta recién molida.

4. Tostar el pan y cascar los huevos.

5. Servir la sopa en cuatro cazuelas de barro, a poder ser, que guardan bien el calor. Agregar en cada cazuela una rebanada de pan tostado y un huevo crudo (si la sopa está suficientemente caliente, el huevo debería cuajarse con el calor remanente).

6. Espolvorear queso rallado sobre el pan y gratinar un poco en el horno, lo justo para que se derrita (o gratinar la rebanada con el queso aparte y ponerla después en la sopa), y servir de inmediato.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Mi boeuf bourguignon clásico francés, buey al vino.

Beef Bourguignon
Christopher Testani for The New York Times
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2½ hours, plus marinating
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Mi boeuf bourguignon clásico 

Al igual que el coq au vin, su plato hermano de la región francesa de Borgoña, el boeuf bourguignon es un guiso de carne cocinado a fuego lento en un vino tinto intenso, acompañado de cebollas perla, champiñones y tocino crujiente en cubos. Use un buen vino, algo sencillo pero fácil de beber. Marca la diferencia en el resultado final. Como todos los guisos de carne, es mejor prepararlo con uno o dos días de antelación; no saltee los champiñones ni las cebollas hasta justo antes de servir. Esta receta forma parte de "Los nuevos imprescindibles de la cocina francesa", una guía de platos imprescindibles que todo cocinero moderno debería dominar. 


Rinde: 4 a 6 porciones 
1.4 kg de carne de res deshuesada para guisar, cortada en cubos de 5 cm y secada con papel absorbente 
2¼ cucharaditas de sal kosher, más al gusto 
½ cucharadita de pimienta negra recién molida 
140 g de lardones, panceta o tocino, en cubos (aprox. 30 ml) 
1 cebolla, finamente picada 
1 zanahoria grande, en rodajas 
2 dientes de ajo, picados 
1 cucharadita de pasta de tomate 
2 cucharadas de harina para todo uso 
1 botella de vino tinto de 1750 ml 
1 hoja de laurel grande 
1 ramita grande de tomillo 
225 g de cebollas perla, peladas (aprox. 12 a 15 cebollas) 
225 g de champiñones cremini, cortados por la mitad si son grandes (aprox. 110 ml) 
1 cucharada de aceite de oliva virgen extra 
Una pizca de azúcar 
Perejil de hoja plana picado, para decorar 

Añadir ingredientes a Lista de la compra 
Guía de sustitución de ingredientes 
Información nutricional 

Preparación 

Prepara la receta con nosotros 

Mira 

Paso 1 
Sazona la carne con 2 cucharaditas de sal y ½ cucharadita de pimienta. Deja reposar al menos 30 minutos a temperatura ambiente o refrigera hasta por 24 horas. 

Paso 2 
En una olla grande de hierro fundido o una olla de fondo grueso con tapa hermética, cocina los lardones a fuego medio-bajo hasta que la grasa se haya derretido y los lardones estén dorados y crujientes, aproximadamente de 10 a 15 minutos. Con una espumadera, transfiere la carne a un plato forrado con papel absorbente. Reserva la grasa en la olla. 

Paso 3 
Precalienta el horno a 175 °C. Sube el fuego a medio-alto y cocina hasta que la grasa empiece a humear. Coloca la mitad de los cubos de carne en una sola capa en la olla, dejando espacio entre los trozos. Cocina hasta que estén bien dorados por todos lados, de 10 a 15 minutos; transfiere los trozos a un plato a medida que se doren. Repita con el resto de la carne. 

Paso 4 
Reduzca el fuego, si es necesario, para evitar que se queme. Incorpore la cebolla, la zanahoria y el ¼ de cucharadita de sal restante y cocine hasta que estén blandas, unos 10 minutos, revolviendo ocasionalmente. 

Paso 5 
Incorpore el ajo y la pasta de tomate y cocine durante 1 minuto. Incorpore la harina, cocine durante 1 minuto y luego agregue el vino, la hoja de laurel y el tomillo, raspando los restos dorados del fondo de la olla. Vuelva a colocar la carne dorada y la mitad de los lardones cocidos en la olla, tape y transfiera al horno. Cocine hasta que la carne esté muy tierna, aproximadamente una hora y media, volteando la carne a la mitad de la cocción. 

Paso 6 
Mientras tanto, en una sartén grande a fuego alto, combine las cebollas perla, los champiñones, ¼ de taza de agua, el aceite de oliva y una pizca de sal, pimienta y azúcar. Deje hervir a fuego lento, luego tape y reduzca el fuego a medio, cocinando durante 15 minutos. Destape, suba el fuego a alto y cocine, revolviendo con frecuencia, hasta que las verduras estén bien doradas, de 5 a 7 minutos. 

Paso 7 
Para servir, esparza la cebolla, los champiñones y el resto de los tocinos cocidos sobre el guiso y espolvoree con perejil.

Coq au vin, pollo al vino, clásico francés

Coq au Vin
Christopher Testani for The New York Times. Food Stylist: Simon Andrews.
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2½ hours, plus marinating
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El coq au vin es un guiso francés clásico en el que el pollo se cocina lentamente en vino tinto y un poco de brandy para obtener una salsa exquisita, llena de carne tierna, crujientes trocitos de tocino, champiñones y cebollitas de perla. Las recetas tradicionales requieren un pollo entero troceado, pero usar solo carne oscura da como resultado un plato especialmente suculento sin el riesgo de que la carne blanca se cocine demasiado. Sin embargo, si prefiere sustituirlo por un ave entera troceada, simplemente añada las pechugas en los últimos 30 minutos de cocción a fuego lento. Si prefiere omitir los crutones como guarnición, puede hacerlo, pero aportan un delicioso toque crujiente y mantecoso junto con la carne y las verduras tiernas y cocidas a fuego lento. Esta receta forma parte de "Los nuevos imprescindibles de la cocina francesa", una guía de platos imprescindibles que todo cocinero moderno debería dominar.

Ingredientes

Rinde: 4 porciones 

1,4 kg de muslos y contramuslos de pollo 
2½ cucharaditas de sal kosher, más al gusto 
½ cucharadita de pimienta negra recién molida, más al gusto 
3 tazas de vino tinto fuerte, preferiblemente de Borgoña 
1 hoja de laurel 
1 cucharadita de hojas de tomillo fresco picadas 
113 g de lardones, panceta o tocino, cortados en cubos de 6 mm (aproximadamente 1 taza) 
3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, más al gusto 
1 cebolla grande, cortada en cubos 
1 zanahoria grande, pelada y cortada en cubos 
225 g de champiñones blancos o marrones, cortados por la mitad si son grandes, y luego en rodajas (aproximadamente 4 tazas) 
2 dientes de ajo, picados 
1 cucharadita de pasta de tomate 
1 cucharada de harina común 
2 cucharadas de brandy 
3 cucharadas de mantequilla sin sal 
225 g de cebollas perla peladas (aproximadamente de 12 a 15 cebollas) 
Una pizca Azúcar 
2 rebanadas de pan blanco, cortadas en triángulos, sin corteza 
¼ taza de perejil picado, más para servir 

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Guía de sustitución de ingredientes 


Preparación 

Paso 1 
Sazonar el pollo con 2¼ cucharaditas de sal y ½ cucharadita de pimienta. 
En un tazón grande, mezclar el pollo, el vino, la hoja de laurel y el tomillo. Tapar y refrigerar durante al menos 2 horas o, mejor aún, toda la noche. 

Paso 2 
En una olla grande de hierro fundido o una olla de fondo grueso con tapa hermética, cocinar los lardones a fuego medio-bajo hasta que la grasa se haya derretido y los lardones estén dorados y crujientes, de 10 a 15 minutos. Con una espumadera, transferir los lardones a un plato forrado con papel absorbente, dejando la grasa derretida en la olla. 

Paso 3 
Retirar el pollo del vino y reservar la marinada. Secar bien los trozos de pollo con papel absorbente. Calienta la grasa de lardón a fuego medio hasta que esté a punto de humear. Si es necesario, añade el pollo en una sola capa y cocina hasta que esté bien dorado, de 3 a 5 minutos por lado. (Añade aceite si la olla se ve un poco seca). Pasa el pollo a un plato mientras se dora. 

Paso 4 
Añade la cebolla picada, la zanahoria, la mitad de los champiñones y el ¼ de cucharadita de sal restante a la olla. Cocina hasta que las verduras estén ligeramente doradas, unos 8 minutos, removiendo los restos dorados de la olla y ajustando el fuego si es necesario para evitar que se quemen. 

Paso 5 
Incorpora el ajo y la pasta de tomate y cocina durante 1 minuto. Luego, incorpora la harina y cocina durante un minuto más. Retira del fuego, aparta las verduras a un lado de la olla, vierte el brandy en el lado vacío y enciéndelo con una cerilla. (Si te da miedo encenderlo, simplemente reduce el brandy durante 1 minuto). Una vez que se apague el fuego, agrega la marinada reservada, deja que hierva y reduce el fuego a la mitad (a 1½ tazas), aproximadamente 12 minutos. Retira la espuma que se forme en la superficie. 

Paso 6 
Agrega el pollo, los jugos acumulados y la mitad de los tocinos cocidos a la olla. Tapa y cocina a fuego lento durante 1 hora, dándoles la vuelta a la mitad. Destapa la olla y cocina a fuego lento durante 15 minutos para que espese. Prueba y agrega sal y pi   mienta, si es necesario. 

Paso 7 
Mientras tanto, derrite 1 cucharada de mantequilla y 2 cucharadas de aceite en una sartén antiadherente o grande a fuego medio-alto. Agrega las cebollas perla, una pizca de azúcar y sal al gusto. Tapa, reduce el fuego a bajo y cocina durante 15 minutos, moviendo la sartén con frecuencia para que las cebollas se muevan. Destapa, aparta las cebollas a un lado de la sartén, agrega los champiñones restantes y sube el fuego a medio-alto. Continúe cocinando hasta que se doren, removiendo los champiñones con frecuencia y removiendo la cebolla con cuidado de vez en cuando, de 5 a 8 minutos. Retire la cebolla y los champiñones de la sartén y séquela bien. 

Paso 8 
En la misma sartén, derrita 2 cucharadas de mantequilla y 1 cucharada de aceite a fuego medio hasta que burbujee. Agregue el pan y tuéstelo por todos lados hasta que esté dorado, aproximadamente 2 minutos por lado. (Ajuste el fuego si es necesario para evitar que se queme). Retire de la sartén y espolvoree con sal. 

Paso 9 
Para servir, sumerja los crutones en la salsa de vino y luego cúbralos con perejil. Agregue las cebollas perla, los champiñones y la mitad restante de los lardones cocidos a la olla. Rocíe con la salsa de vino, espolvoree con perejil y sirva con los crutones por encima. 

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Sopa bullabesa

Elaboración Para la sopa: 

1. Prepara una cazuela bien grande. Vierte en ella las espinas de los pescados junto con las cabezas de los langostinos, y añade 1l de agua hirviendo. Cocina el caldo durante 40 minutos a fuego bajo. Una vez cocinado cuélalo. 

2. Mientras tanto, en una sartén con un chorrito de aceite, dora los ajos previamente laminados. 

3. En la misma sartén, rehoga la cebolla cortada en brunoise , dejala cocinar completamente y luego incorpora el tomate en dados. 

4. Deja cocinar el sofrito, añade las hebras de azafrán, el laurel y el caldo de pescado elaborado anteriormente. 

5. Deja cocinar unos 10 minutos y tritura el caldo junto a las verduras. Debe quedar una sopa espesa. 

6. Cuela el caldo y devuélvelo a la cazuela. 

7. Añade los pescados con un poco de sal y deja cocinar todo junto unos 6 minutos. Cuando queden un par de minutos añade los langostinos

8. Mientras dora en el horno las rebanadas de pan para que queden tostadas y crujientes. 

Para la salsa Rouille: 

1. Coloca los ajos pelados en un vaso batidor junto el pimiento, el azafrán, la sal, las yemas de huevo y el aceite. Tritura a velocidad baja hasta formar una salsa cremosa como una mahonesa. 

Presentación: 

Sirve cada ración de sopa de pescado decorada con un par de langostinos. Acompáñala con unas rebanadas de pan tostado junto con la salsa Rouille. 

Sopa bullabesa Consejos y trucos 
🔸 Si no tienes demasiado tiempo puedes usar un caldo comercial
🔸 Se pueden añadir mejillones y almejas a la sopa. 

 Consideraciones 
🔹 No apto para veganos 
🔹 Contiene gluten 
🔹 No contiene lactosa 
🔹 No contiene frutos secos

 

sábado, 23 de agosto de 2025

_- Salsa de tomate para pasta, la receta más famosa creada por Marcella Hazan

_- Ingredientes 
Rinde: 4 porciones 

2 tazas de tomates, además de su jugo (por ejemplo, una lata de 800 g de tomates San Marzano enteros y pelados) 
5 cucharadas de mantequilla 
1 cebolla, pelada y cortada por la mitad 
Sal 

 Preparación 

Paso 1 
En una cacerola, combine los tomates, su jugo, la mantequilla y las mitades de cebolla. Añada una o dos pizcas de sal. 
 
Paso 2 
Cocine a fuego medio y deje hervir a fuego lento. Cocine sin tapar durante unos 45 minutos. Remueva de vez en cuando, machacando los trozos grandes de tomate con una cuchara. Añada sal al gusto. 

 Paso 3 
Deseche la cebolla antes de mezclar la salsa con la pasta. Esta receta rinde suficiente salsa para 450 g de pasta. 

Esta es quizás la receta más famosa creada por Marcella Hazan, la autora de libros de cocina que cambió la forma en que los estadounidenses cocinan la comida italiana. También puede ser la más fácil. 

Use sus tomates enlatados favoritos y no se deje intimidar por la mantequilla. Le da a la salsa una riqueza aterciopelada incomparable. —The New York Times

domingo, 6 de julio de 2025

Calabacín crujiente sin freír: el rebozado definitivo para horno o freidora de aire. Si crees que la fritura es imprescindible para cocinar empanados deliciosos, te equivocas: esta fórmula con clara de huevo y parmesano cruje sin necesidad de pasar por la sartén

¿Es el calabacín una de las verduras más sosainas que existen? Sí. ¿Hay maneras de convertirla en algo sugerente y excitante? Por supuesto. Puedes juntarlo con otros ingredientes que le den vidilla, como en el pisto, la fritada o los sanjacobos vegetarianos. O saltearlo y aliñarlo con alegría, como en esta receta. O asarlo al grill, como dictan las redes. También puedes rebozarlo y freírlo, con lo que su natural ternura contrastará con un exterior crujiente.

Esta última solución es una delicia, pero presenta un pequeño inconveniente: el circo que montas en la cocina, consustancial a cualquier fritura. ¿Hay alguna manera de obtener ese mismo contraste en el horno o la freidora de aire? El empanado que proponemos hoy, cortesía de la web Serious Eats, es un rotundo sí a esa pregunta, y su fórmula mágica, que incluye clara de huevo y parmesano, vale igual para freír que para hornear. Con los calabacines, liberados de la parte que suelta más agua (las semillas), funciona como un tiro. Tienes todo el procedimiento en el vídeo de arriba.

Ingredientes

Para 4 personas

3 calabacines medianos
100 g de pan rallado grueso
100 g de parmesano rallado
3 o 4 claras de huevo
2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
Harina
Sal
Salsa para untar
250 g de yogur griego o queso batido
Hierbas frescas picadas al gusto (albahaca, menta, cilantro, perejil)
½ limón
2 cucharadas de aceite de oliva
Sal


Instrucciones

1. Si se va a usar el horno, calentarlo a 230 grados con ventilador.

2. Cortar la punta y el trocito de tallo de los calabacines. Cortarlo a lo largo en cuartos.

3. Quitar la parte de las semillas con un cuchillo (ver vídeo), y reservarla para otras preparaciones.

Consejo
La parte de las semillas se puede usar para una crema, o saltearla y tomarla con pasta o en tortilla.

4. Cortar cada cuarto a lo largo por la mitad, y después cortar todos los bastones por la mitad (ver vídeo).

5. Repartir los bastones de calabacín sobre una bandeja o unos platos cubiertos con papel de cocina, procurando que quede una sola capa. Salar.

6. Mientras los calabacines sudan por efecto de la sal, poner harina en un plato hondo, las claras de huevo en otro, y el pan rallado y el parmesano en otro.

7. Poner una pizca de sal y el aceite en el pan rallado y el parmesano, y mezclar bien. 

 Consejo

El mezclado se hace mejor con las manos.

8. Batir ligeramente las claras hasta que estén un poco espumosas.

9. Preparar dos bandejas de horno cubiertas con papel de ídem.

10. Secar bien los bastones de calabacín presionándolos por encima con papel de cocina. Pasarlos primero por harina, luego por clara de huevo y por último, por la mezcla de pan rallado y parmesano, e ir dejándolos un poco separados en las bandejas (ver vídeo).

11. Si se usa horno, asarlos 12 minutos, darles la vuelta y dejarlos 10 minutos más, o hasta que estén bien dorados. En la freidora de aire se cocinan a 205 grados durante 12 minutos, y se les da la vuelta y se dejan unos seis u ocho minutos más. 

 Consejo

Si tu satisfryer llega solo hasta 200 grados, hazlo a esa temperatura y, si lo necesitan, dales un par de minutos más.

12. Si se quieren freír, hacerlo en una sartén o cazuela baja con aceite caliente a fuego medio alto.

13. Mezclar el yogur, el zumo de limón, el aceite, la sal y las hierbas picadas de la salsa y ponerla en un bol.

14. Servir los bastones de calabacín calientes con la salsa para untar. 

viernes, 29 de septiembre de 2023

LEGUMBRES DE TODA LA VIDA. La receta infalible para dominar las lentejas. Para cocinillas y para negados en la cocina, adaptable a tus gustos o a lo que tengas en la nevera y con trucos que multiplican el sabor: así es nuestra fórmula mágica de lentejas guisadas.

Sofrito, cocción, añadidos y toppings: el combo para hacer buenas lentejas
Sofrito, cocción, añadidos y toppings: el combo para hacer buenas lentejasMÒNICA ESCUDERO
Para cocinillas y para negados en la cocina, adaptable a tus gustos o a lo que tengas en la nevera y con trucos que multiplican el sabor: así es nuestra fórmula mágica de lentejas guisadas.

Hacer fuego con dos palitos, orientarse con las estrellas o potabilizar agua son conocimientos que te pueden salvar la vida, pero para nosotros no hay nada más imprescindible para la supervivencia que saber preparar unas lentejas. Estas humildes legumbres han permitido seguir en este mundo a familias, estudiantes y siervos del táper durante generaciones, y si no sabes cocinarlas -o las cocinas y te salen regulinchi- es hora de que te pongas las pilas y aprendas.

Nuestra fórmula paso a paso no sólo es apta para cocinillas y para zotes en la cocina e incluye trucos para multiplicar el sabor, sino que puedes adaptarla a tus gustos / manías o a lo que tengas en la nevera. ¿Admite chorizos, morcillas y otras carnes? Sí, pero desde aquí hacemos un llamamiento a probarla sin ellos, porque jugando bien la baza del sofrito y las especias -especialmente el pimentón-, no los echarás de menos. Mira el vídeo de arriba para conocer el método, y si eres de los que necesita una receta concreta porque si no se pierde, también la tienes aquí abajo.

Tiempo: 50 minutos

Dificultad: Muy fácil

Ingredientes

Para 4-6 personas

400 g de lentejas, a poder ser pardinas
1 patata grande o 2 pequeñas
2 zanahorias
1 cebolla grande
1 diente de ajo
4 cucharadas de tomate triturado o rallado
¼ de pimiento rojo o ½ verde
1 cucharadita generosa de pimentón ahumado
1 cucharadita de comino
100 ml de vino blanco o de fino (opcional)
1 hoja de laurel
Aceite de oliva
Pimienta negra
Sal

Instrucciones

1. Poner las lentejas en una olla grande con 1,6 litros de agua fría (es posible que durante la cocción haya que añadir más, pero mejor empezar con esta cantidad).

Consejo
Si vives en una zona con aguas duras, mejor remoja previamente las lentejas durante un par de horas.

2. Añadir media cebolla entera, el ajo, el laurel, pimienta negra y sal.

3. Calentar a fuego medio alto. Cuando hierva, bajar el fuego a suave y dejar tapado casi del todo. El tiempo de cocción puede variar entre 30 y 45 minutos: lo mejor es ir probándolas y añadiendo más agua si se quedan demasiado secas.

Consejo
Puedes reducir el tiempo a unos 15-20 minutos usando olla rápida.

4. Arrancar el sofrito picando la otra media cebolla y el pimiento. Ponerlo con un buen chorro de aceite y una pizca de sal en una sartén a fuego medio bajo para que se vaya pochando.

Consejo
Al sofrito le puedes poner también ajo, zanahoria, apio o puerro picados.

5. A los cinco o 10 minutos, cuando la cebolla y el pimiento se hayan ablandado, añadir el tomate.

6. Pelar la patata y cortarla en dados o trozos pequeños. Pelar la zanahoria y cortarla en rodajas finas. Añadirlas a las lentejas cuando estas lleven unos 20 minutos cocinándose.

Consejo
Puedes usar otras verduras como calabaza, boniato, alcachofas, espinacas o acelgas, pero siempre teniendo en cuenta sus tiempos de cocción. También carnes o embutidos previamente blanqueados aparte en agua hirviendo para que pierdan parte de su grasa.

7. Añadir el pimentón y el comino al sofrito y remover un minuto. Si se quiere, incorporar el vino blanco o jerez otro minuto o hasta que deje de oler a alcohol.

Consejo
Se pueden usar otras especias al gusto, como curry o cúrcuma, o hierbas aromáticas como orégano, tomillo o romero.

8. Juntar el sofrito con la media cebolla y el ajo de las lentejas en un vaso batidor. Triturar y sumarlo a la olla de las lentejas, remover y cocer un par de minutos más. Corregir de sal.

Consejo
Si las lentejas se ven muy densas, añadir agua o caldo de verduras. Si se ven muy líquidas, se puede triturar un cazo de lentejas y devolverlo a la cazuela.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

_- Ensaladilla (Sí, la llamada rusa)

_- MIKEL LÓPEZ ITURRIAGA
07/05/2020

El confinamiento se ha relajado levemente, pero nosotros no. Así que seguimos haciendo nuestro directo semanal de los miércoles, ésta vez con una superestrella del tapeo, el terraceo, el vermuteo y el patateo: la ensaladilla rusa.

El miércoles 6 de mayo hicimos la versión clásica panespañola -pero con algunos truquillos para intensificar el sabor- y otra que miraba más bien hacia Murcia. Lo podéis ver en riguroso diferido en el vídeo de arriba. Como siempre os pedimos que, si la preparáis en casa con nosotros, le saquéis una foto y la compartáis en las redes sociales con el jasca #EnsaladillaConfinada.

Los ingredientes que se necesitan para 4 personas son:

400 g de patatas aprox.
2 zanahorias
200 g de bonito o atún en aceite (¡no tirar este último!)
3 huevos
1 bote pequeño de picadillo de variantes (pepinillos, zanahoria y coliflor encurtidas) o de pepinillos (opcional). Ojo porque usaremos también su líquido.
2 cucharadas de mayonesa (puede ser de bote, la vamos a tunear para que no lo parezca)
Aceite de oliva
Sal
Anchoas o boquerones (opcional)

Y el instrumental:
Microondas o vaporera
Cazuela pequeña
Bol
Unas varillas o un tenedor
Tabla de cortar
Pelador
Cuchillo


Preparación

1. Poner agua abundante a hervir con un puñado de sal. Lavar bien las patatas y las zanahorias. Cocerlas enteras y sin pelar. A los 25 minutos, pinchar las patatas y las zanahorias. Si el pincho o cuchillo entra con facilidad, es que están. Si no dejarlas 5 minutos más. Usar el mismo agua para cocer los huevos durante 10 minutos. Pasarlos por agua fría y pelarlos. Dejar que todo se enfríe.

2. Hacer medio litro aproximadamente de mayonesa: poner un huevo, un chorro de vinagre, otro de aceite y sal en un recipiente alto. Batir con la batidora hasta que se mezcle y emulsione. Ir añadiendo aceite a hilo mientras se sigue batiendo y moviendo la batidora arriba y abajo con suavidad. Corregir de vinagre y sal, y si está demasiado espesa, añadir un par de cucharadas de agua y remover bien.

3. Pelar las patatas y las zanahorias y cortarlas en dados pequeños de 1 cm. aproximadamente. Juntarlas en un bol con los guisantes lavados y bien escurridos, las aceitunas cortadas en dos mitades y el atún escurrido y desmigado.

4. Rociar la ensaladilla con un chorrito de aceite y mezclar todo bien. Sumar la mitad de la mayonesa y mezclar. Ir añadiendo el resto de la mayonesa hasta dar con la densidad justa: ni muy pastosa ni demasiado cremosa o líquida. Corregir de sal, meter en la nevera y servir fría.

https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2010/09/17/receta/1284703200_128470.html

martes, 22 de septiembre de 2020

LAS LEYES DE LA ENSALADILLA RUSA ¿Se puede vivir sin ensaladilla rusa? Algunos creemos que no. Aquí tienes unos cuantos consejos para hacerla y comerla a la manera clásica, sin que te den gato por liebre.

La ensaladilla es uno de esos platos raros que me apetece siempre: para comer, para acompañar cualquier plato de verdura o de carne... y hasta para desayunar. Una tostadita con ensaladilla por la mañana, y te quedas más ancho que largo (recomiendo llevar a cabo esta práctica sólo de forma ocasional, para no quedarte más ancho que largo para siempre). Por la noche, puedo prometer y prometo que es mano de santo contra la resaca: cuando llegas a las 4 de la mañana a casa, te metes un buen pincho de ensaladilla y a la mañana siguiente estás como una rosa. Bueno, vale, como una rosa un poco pocha y despeluchada, pero rosa al fin y al cabo.

Hay trillones de recetas diferentes de ensaladilla, y no encontraréis una más en este vídeo. Las proporciones y los ingredientes son cosa vuestra: nuestra tarea es daros algunos trucos para mejorar la receta y no caer en errores demasiado frecuentes en lo que se sirve en algunos bares. Muchos de los consejos del vídeo provienen de Antonio Casado, presidente del Observatorio de la Ensaladilla Rusa, y Jesús Becerra, del restaurante Becerrita. Ambos son de Sevilla, la ciudad de España en la que más culto se rinde a la ensaladilla: hacedles caso que saben de qué hablan.

La ensaladilla rusa es un plato de lo más vulgar. Está en todas partes. ¿Pero por qué es cada vez más complicado encontrar muestras decentes en bares y restaurantes? Las diferentes versiones de la ensaladilla-engendro acechan en los establecimientos de toda España: la escarchada hecha con patatas y hortalizas congeladas de bolsa, la rácana que es todo patatorra, la crujiente y "sana" en plan nueva cocina -¡qué manía con las cocciones cortas!-, la mazacote que no lleva suficiente mayonesa, la semilíquida que lleva demasiada... y la peor: la que se ha convertido en cemento portland después de pasar tiempo inmemorial en la barra refrigerada.

El caso es que, a pesar de su omnipresencia, la ensaladilla es un plato que tiene su dificultad. Aparte de la calidad de los ingredientes y sus proporciones, para mi gusto el punto de cocción de las patatas y las zanahorias es fundamental: debe ser el justo para que estén bien hechas pero no se deshagan del todo. Otra clave es la cantidad de mayonesa: el exceso o el defecto pueden convertirla en intragable.

Mi ensaladilla rusa favorita, gran sorpresa, es la que se ha comido en los últimos 40 años en casa de mis padres. Su artífice es Juli, la supermujer que ha cuidado de la familia durante toda esa era. Probablemente mi juventud habría sido otra si cuando llegaba de juerga los fines de semana no hubiera encontrado en la nevera un bol de tamaño XXXXL con su ensaladilla, dispuesta a ser maridada con unas insuperables albóndigas. Desde luego, mis resacones habrían sido mucho peores.

En cuanto a los ingredientes, a mí me gusta con mayonesa hecha con aceite de girasol, porque es más neutro, pero si se quiere hacer con oliva, adelante. Y sí, los guisantes son de bote: creo que es el único plato del mundo en el que me encantan así. En cuanto a posibles extras -judías verdes, pimiento rojo asado, jamón, cebolla, anchoas-, que cada cual dé rienda suelta a sus perversiones.

Dificultad
Alta. La ensaladilla es un arte.

Ingredientes
Para cuatro personas

3 patatas grandes
2 zanahorias grandes
150 gr. de bonito en aceite
100 gr. de guisantes finos de bote
100 gr. de aceitunas rellenas de anchoa
3 huevos
Aceite de girasol
Vinagre
Sal

Preparación

1. Poner agua abundante a hervir con un puñado de sal. Lavar bien las patatas y las zanahorias. Cocerlas enteras y sin pelar. A los 25 minutos, pinchar las patatas y las zanahorias. Si el pincho o cuchillo entra con facilidad, es que están. Si no dejarlas 5 minutos más. Usar el mismo agua para cocer los huevos durante 10 minutos. Pasarlos por agua fría y pelarlos. Dejar que todo se enfríe.

2. Hacer medio litro aproximadamente de mayonesa: poner un huevo, un chorro de vinagre, otro de aceite y sal en un recipiente alto. Batir con la batidora hasta que se mezcle y emulsione. Ir añadiendo aceite a hilo mientras se sigue batiendo y moviendo la batidora arriba y abajo con suavidad. Corregir de vinagre y sal, y si está demasiado espesa, añadir un par de cucharadas de agua y remover bien.

3. Pelar las patatas y las zanahorias y cortarlas en dados pequeños de 1 cm. aproximadamente. Juntarlas en un bol con los guisantes lavados y bien escurridos, las aceitunas cortadas en dos mitades y el atún escurrido y desmigado.

4. Rociar la ensaladilla con un chorrito de aceite y mezclar todo bien. Sumar la mitad de la mayonesa y mezclar. Ir añadiendo el resto de la mayonesa hasta dar con la densidad justa: ni muy pastosa ni demasiado cremosa o líquida.

Corregir de sal, meter en la nevera y servir fría.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Tortillas en Galicia. Parece sencilla y "sin secretos", pero el secreto está en su sencillez, la calidad de sus productos y la habilidades prácticas en su elaboración. Y gran paciencia para aprender

LA TORTILLA DE BETANZOS

Si te gusta muy hecha, eres un talibán pro-cebolla o necesitas una proporción de huevo-patata en la que la segunda gane, casi mejor que te ahorres el viaje a Betanzos. 
 El secreto de la tortilla de Betanzos
Lo que te vas a encontrar en este pueblo es una tortilla a veces muy melosa, a veces directamente líquida –los que disfrutan comiéndose la patata caliente mojada en el huevo antes de cuajarla vana llorar de felicidad– en la que no hay lugar al asco a la textura babosa. Es sí, si pides una tortilla entera aceptan gentilmente pasarla un poco más a gusto del cliente.

La tortilla de Betanzos solamente lleva 4 ingredientes:
-huevo,
-patata gallega,
-aceite de oliva virgen y sal.

Parece fácil, pero no lo es tanto: ellos solo usan patata gallega, idealmente de la variedad kennebec. Este tipo de patata se cultiva en muchos otros sitios, pero si alguien quiere vivir la experiencia betancera al completo, hay varios sitios donde comprarla online. Los huevos son camperos, de productores locales, de gallinas que corretean a su antojo y comen cereales además de pienso.

Este es uno de los secretos de la textura de la tortilla de Pepa Miranda, que poco tiene que envidiar a la de una cremosa carbonara italiana, hecha solo con yemas. “Es que estos huevos tienen bastante más yema que los normales, y además es más dura, cuesta más romperla y batirla”, nos cuenta.

Le pregunto un buen truco para los que no tenemos acceso a esa maravilla podría ser poner dos o tres yemas sueltas, sin clara, y me dice que sí, que seguramente funcione. En la tortilla de O´Pote es más difícil detectar esta melosidad de la yema, porque la tortilla es mucho más gruesa y cruda, y el huevo en general queda mucho más líquido.

Las patatas se cortan pequeñas, finas e irregulares, y es necesario un buen aceite de oliva y una sartén que no se pegue para poder darle las vueltas sin sufrir: hasta aquí nuestros dos prescriptores tortilleros están de acuerdo y coinciden en la elaboración. De aquí al plato, entramos en una serie de matices, diferencias y detalles que hacen que consigan dos tortillas igual de ricas, pero sustancialmente diferentes.

LAS RECETAS

La tortilla de Casa Miranda

Para hacer una buena tortilla al estilo de Pepa Miranda (no especifica para cuántas personas, sino que “depende del hambre que tengan pueden ser 6, 8 o 10”) necesitaremos una sartén bastante grande. Si la que tenemos es más pequeña o somos poco duchos en el juego de muñeca, podemos usar la mitad o un tercio de los ingredientes.

“Todo lo hacemos en la sartén. Una vez compramos una freidora, pero la verdad es no la hemos usado nunca, está guardada”, confiesa Pepa con un guiño. Si la sartén se pega lo vamos a pasar mal, así que “mejor tener una solo para esto y limpiarla con cuidado”.

Pelamos 1,5 k de buena patata blanca nueva gallega (“si la hay, kennebec”, matiza) y la cortamos en trozos finos –sin llegar a ser una chip, pero poco más gruesa– y de tamaño irregular. Una mandolina puede ayudarnos en esta parte del trabajo.

Ponemos una buena cantidad de aceite de oliva virgen extra en una sartén a fuego fuerte y ponemos las patatas bien secas: pronto bajamos el fuego a medio-bajo para conseguir que la patata quede ligeramente confitada, nos instruye Miranda.

Cuando las patatas empiezan a estar translúcidas y ligeramente doradas en los bordes, es el momento de cascar unos 14 o 15 huevos camperos en un recipiente grande (o 12 huevos y 4 yemas, para  conseguir un efecto parecido al de los suyos). “Hay que romper las claras y mezclarlos para que no queden trozos blancos, pero sin pasarse para que no quede muy batido”.

Un poco de sal en el huevo –el truco del pellizco por huevo en total suele funcionar para los principiantes, Pepa asegura que no tiene una medida concreta y que simplemente “va probando”– y otro poco en la patata recién escurrida y caliente. Es el momento de mezclarlo un poco –"esmagarlo", en gallego– y, poco tiempo después, llega el momento de devolver la mezcla a una sartén bien caliente a la que añade un chorrito de aceite.

Pocos segundos después, Pepa le da la vuelta a la tortilla –se puede usar una tapa o plato, con esto lo que consigue que el cuajado no sea uniforme, que haya como pequeñas zonas en las que el huevo está un poco más hecho– y repite el proceso unas dos o tres veces más. “No te puedo decir exactamente porque depende de la sartén, los huevos y otras cosas, pero por ahí va la cosa”, nos sonríe, antes de despedirse con un abrazo de abuela y volver a los fogones.

La tortilla de Mesón O´Pote
Alberto nos cuenta cómo elaboran en O´Pote una tortilla para 4 personas. “Usamos medio kilo de patata kennebec cortada muy fina e irregular. La ponemos en la freidora a 160 grados, que es un fuego bastante alto, hasta que la patata se deshidrata y las puntas están doradas”. Es el momento de verterlas rápidamente en un bol con entre 10 y 12 huevos camperos “mezclados, pero no batidos”, y un pellizco de sal por huevo. “Se deja reposar la mezcla tres minutos para que el huevo coja un poco de temperatura y la patata se ablande lo justo”

En una sartén mediana –esta tortilla queda bastante gordita, más del doble que la de su vecina– y justo antes del punto de humo, se añade un poco de aceite y se vierte la mezcla de huevo y patata, bajando el fuego al mínimo. “Doy la primera vuelta a la tortilla a los 30 segundos, la segunda la dejo un minuto más y después lo dejo otro minuto con el fuego apagado y calor residual”. Se sirve con una pala, que ayudará no solo a romperla sino también a servirla: el que inventó la expresión “menudo desparrame”, seguramente lo hizo después de darse un homenaje con una de las fastuosas tortillas de Alberto.
































Tortilla de Betanzos
Así se hace, paso a paso, la mejor tortilla Alberto García y Lidia Vargas, del Mesón O Pote, explican con detalle esta receta tradicional



Patata, huevo, aceite y sal. Son los ingredientes que se necesitan para realizar uno de los platos más deliciosos de la cocina española.
La sencillez -es probable que si bucea en la despensa de su casa no le falte ninguno de estos productos- ha sido, sin duda, uno de los factores que más ha contribuido a la expansión de la tortilla de patata.

Salvando la eterna batalla entre los defensores y detractores de añadir cebolla, los ingredientes son comunes en todas las cocinas. Aunque sus resultados muy distintos.Sobra decir que la más rica siempre será la de la abuela de cada uno, pero si hay una que se ha ganado el respeto de todos los paladares esa es la de Betanzos, a donde todos los años peregrinan los amantes de este plato. Aparcan el coche ya con la servilleta colgando del cuello y se disponen a localizar una de esas cuatro o cinco casas de comidas en las que se borda la tortilla.

Uno de ellos es el Mesón O Pote, con Alberto García Ponte y Lidia María Vargas a los mandos. Ubicado en el 9 de la calle del Progreso (una de las bulliciosas callejas que bajan desde la plaza del pueblo), su tortilla logró en el 2011 el primer puesto en el certamen Lo mejor de la gastronomía, celebrado en Alicante. Un concurso que no volvió a convocarse, por lo que técnicamente sigue en su poder el cinturón de campeones.

«Respetamos tanto la tradición que no pasamos las tortillas aunque un cliente nos lo pida. Solo hacemos excepciones con embarazadas», sostiene orgulloso Alberto. Aquí se viene a disfrutar de una tortilla con mucho color, cocinada con las mejores materias primas, con patata doradita y huevo muy jugoso».

No está ofertado en carta, pero si alguien tiene un capricho de añadirle cebolla, jamón o cualquier otro producto, desde cocina acceden.
Lo único con lo que no se negocia es con el punto. «Al que le guste pasada, que vaya a otro», zanja el cocinero.

Receta
Se fríe la patata en abundante aceite a 160 grados hasta que esté dorada. En ese momento se introduce en un bol en el que previamente reposaban «mezclados con espátula, no batidos» los huevos. Añadir sal al gusto, «mezclar un poco todo y dejar reposar tres minutos».
Mientras, «atemperamos una sartén de 28 centímetros.
Antes de que llegue a humear echamos un chorrito de aceite de oliva virgen, bajamos al mínimo el fuego y añadimos la mezcla».
Tras saltear brevemente se procede a la primera vuelta «ayudándonos con una virandeira» o plato de apoyo.
«Esperar medio minuto e ir a por la segunda.
Otros 10 o 15 segundos y a por la tercera».
Apagar el fuego y dejar que repose medio minuto. Y al plato.

Ingredientes
Para 4 o 6 raciones se emplean
-«doce huevos de corral ecológicos,
-450 gramos de patata en finas lascas (de Coristanco el 75 % del año, cuando no fríe bien hay que buscarla en otro lado),
-aceite de oliva suave para freír, aceite de oliva virgen para cuajar y sal».

Para acompañar Alberto sugiere «una ensalada de tomate y pimientos de Padrón bien fritos». Todo regado con vino gallego. «Blanco o tinto, da igual. Pero de aquí».

Fuente:
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/coruna/betanzos/2015/07/28/betanzos-secreto-tortilla-puntocuatro-variedades-participaron-primera-cata-patata-gallega/0003_201507G28E7992.htm

lunes, 25 de julio de 2016

Mayonesa o mahonesa, su ciencia,

Ingredientes

Para unos 220 g de mayonesa

1 huevo mediano o 2 yemas a temperatura ambiente
4 g (media cucharadita) de sal
7 g (una cucharada) de zumo de limón o vinagre
160 ml aprox. de aceite (girasol, oliva o mezcla)


Preparación
Cascar en un bol aparte el huevo y una vez comprobado que no contiene nada de cáscara echarlo en un recipiente alto y estrecho (como el vaso de la batidora) completamente limpio y seco.

Añadir la sal, el vinagre y un poco de aceite (20g o una cucharada). Introducir el brazo de la batidora hasta el fondo y batir todo junto durante un par de minutos hasta que se amalgame la mezcla.

Verter poco a poco el resto del aceite en un hilo fino mientras se sigue batiendo, más rápido a medida que espese la salsa.

Cuando tenga el espesor deseado, probar el gusto y rectificar de sal si es necesario.

 http://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2016/06/30/receta/1467272904_066484.html

El comidista, El País.