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jueves, 14 de julio de 2022

_- Los límites de la física y la economía que evitan que los megabuques sigan aumentando de tamaño

_- Hay alrededor de 5.500 portacontenedores en el mundo.

Cuando el Ever Ace, uno de los portacontenedores más grandes del mundo, salió del puerto de Yantian el 14 de agosto del año pasado y maniobró con cautela hacia el Mar de China Meridional, se había embarcado en un viaje sin precedentes.

Hasta la fecha, ningún otro barco había transportado un volumen tan grande de contenedores: 21.710 unidades de 6 metros.

El barco de 399,9 metros de largo y 61,5 metros de ancho es un verdadero gigante, pero hoy en día navegan docenas de portacontenedores de un tamaño similar.

Muchos más están en construcción. Solo dos de ellos apilados verticalmente serían casi tan altos como el edificio más alto del mundo, el Burj Khalifa en Dubái.

Los busques de carga más grandes del mundo tienen 400 metros de largo y alrededor de 60 metros de ancho. Es más o menos el límite superior actual para estos buques y hay una cantidad sorprendente de razones que hacen que no crezcan más.

Es poco probable que se vean buques portacontenedores mucho más grandes que esos.

Barcos que superan los límites
Hay alrededor de 5.500 portacontenedores en el mundo y juntos son capaces de transportar 25 millones de TEU (Unidad Equivalente a Veinte Pies), o el equivalente a alrededor de 25 millones de contenedores de 6 metros si todos estuvieran completamente cargados al mismo tiempo.

George Griffiths, editor de mercados globales de contenedores en S&P Global Platts, explica que el libro global de pedidos para nuevos buques de carga aumentará esa capacidad colectiva total en un gigantesco 25% en solo unos pocos años.

"Estamos viendo que se están construyendo muchos más buques portacontenedores ultragrandes", dice. "La proporción de barcos nuevos que mueven más de 14.000 contenedores es asombrosa".

 La flota de portacontenedores en el mundo está aumentando.
Solo en la última década, la capacidad promedio de un buque portacontenedor ha aumentado de menos de 3.000 TEU a alrededor de 4.500 TEU. Y actualmente hay más de 50 barcos con una capacidad de 21.000 TEU o más. Prácticamente todos ellos fueron construidos en los últimos cinco años.

Sin embargo, estos barcos superan los límites incluso de los puertos más grandes del mundo, dice Griffiths. Para cargar y descargar contenedores, las grúas deben atravesar los buques.

Los buques portacontenedores también tienen que girar y pasar por esclusas y canales, incluidos los canales de Suez y Panamá, que tienen restricciones de tamaño.

También es crucial que los barcos eviten encallar. En algunos puertos, los barcos más grandes están tan sumergidos en el agua que tocan el fondo y se deslizan a través del sedimento en lugar de flotar, asegura Stavros Karamperidis, director del Grupo de Investigación de Transporte Marítimo de la Universidad de Plymouth, en Reino Unido. Tal maniobra debe manejarse con extremo cuidado.

¿Qué opciones hay?
Para acomodar barcos mucho más grandes que los más grandes que existen hoy, se requeriría de una gran revisión de la infraestructura portuaria. Y eso sería increíblemente costoso.

"¿Por qué invertirías en barcos más grandes si eso significa que también tienes que invertir enormes cantidades de dinero en los puertos?", señala Griffiths.

Karamperidis agrega que los barcos más grandes también están restringidos en cuanto a las rutas por las que navegan porque son muy vulnerables a las inclemencias del tiempo. Tienden a no cruzar el Pacífico, por ejemplo, debido a las violentas tormentas. Los portacontenedores de tamaño mediano a veces pierden cientos de contenedores en el Pacífico.

"Es por eso que los barcos [ultragrandes] se acercan a la costa, para que no enfrenten grandes olas. Es una cuestión de estabilidad", dice Karamperidis. Agrega que la mayoría de los puertos estadounidenses no son lo suficientemente grandes para albergar los buques portacontenedores más grandes. Solo un puñado de barcos con capacidades cercanas a los 20.000 TEU han llegado a puertos estadounidenses.

Las limitaciones en el tamaño de las embarcaciones no tienen tanto que ver con los desafíos de ingeniería de construir barcos realmente grandes, sino más bien con la economía y la logística de operar tales gigantes.

"Físicamente, en realidad no hay ningún límite", dice Rosalind Blazejczyk, socia gerente y arquitecta naval de Solis Marine Consultants.

Los contenedores también están amarrados para mantenerlos en su lugar y dichos sistemas tienen límites superiores para la cantidad de cajas que pueden resguardar de manera segura, indica John Simpson, colega de Blazejczyk en Solis.

Otro problema es cómo estos barcos grandes y anchos manejan las olas. Cuando navegan directamente en una secuencia de olas, los barcos pueden experimentar un fenómeno llamado balanceo paramétrico.

Cuando las olas pasan a lo largo de un buque portacontenedores muy ancho, su proa y su popa pueden despejar el agua siempre que el pico de la ola esté en el punto medio del buque. Esto deja a la parte superior de la proa y la popa sin el apoyo del agua. La variación en este soporte, a medida que las olas pasan, puede hacer que el barco se balancee de forma extraña de un lado a otro.

"Se obtienen ángulos de balanceo muy grandes con alturas de ola no muy grandes", dice Blazejczyk.

Los barcos de gran tamaño corren más riesgos. Y los buques portacontenedores también tienen escotillas muy grandes en sus cubiertas, lo que significa que su estructura general es más débil que la de otros buques y más susceptible a torcerse.

Un inconveniente es cómo los barcos muy grandes y anchos manejan las olas.

"Son como una caja de zapatos sin tapa", agrega Blazejczyk. No hay problema en mares tranquilos pero, de nuevo, limitar cuándo o dónde navega un barco probablemente también limita su utilidad. 

Economía en contra
Además de todas las razones anteriores, hay un clima económico con el que lidiar. Griffiths señala que el precio del petróleo es extremadamente alto en este momento y que los portacontenedores más grandes requieren grandes volúmenes de combustible.

Sin embargo, invertir en embarcaciones aún más grandes podría no ser la opción financiera más inteligente en el futuro. En este momento estos costos están más que cubiertos por las astronómicas tarifas de flete en todo el mundo. Tal es la demanda actual de movimiento de mercancías.

Para que los buques portacontenedores con una capacidad muy superior a 25.000 TEU sean viables, la economía de operarlos tendría que cambiar, asegura Karamperidis.

El Canal de Suez probablemente siempre actuará como un cuello de botella para los barcos que viajan desde Asia a Europa, pero no es imposible imaginar un barco de 30.000 TEU o similar atravesando una ruta desde China, por ejemplo, a un puerto africano en auge, dice Karamperidis.

"Tal vez veamos ese tipo de barcos yendo de Asia a Mombasa", agrega, refiriéndose al puerto más grande de Kenia.

El techo de 24.000 TEU en la capacidad de los buques portacontenedores que vemos hoy a nivel mundial es, más o menos, un reflejo de los límites económicos tanto como los de la infraestructura portuaria, la forma de las vías fluviales más transitadas del mundo y la ingeniería.

Pero bajo las condiciones adecuadas, siempre existe la posibilidad de que alguien con suficiente dinero comisione algún día un barco que eclipse incluso a los gigantescos barcos de hoy. Sin duda sería algo maravilloso de ver.

https://www.bbc.com/mundo/especial-62085392

martes, 14 de diciembre de 2021

Malcolm McLean, el visionario que inventó los contenedores para barcos (e hizo explotar el comercio y la globalización)

Malcom McLean imaginó cómo lo contenedores podían crear un nuevo sistema de comercio internacional.

El 90% del comercio internacional es transportado por el mar. Computadores de China, camisetas de Bangladesh, cobre de Chile, autos de Japón, tomates de España y todo, todo lo que se te pueda ocurrir, viaja en una de las 20.000 cajas de metal que puede llegar a transportar un buque de carga.

Una caja de acero con 548. 000 plátanos, 55 neveras, 400 televisores, 13.000 botellas de ron o un automóvil.

Un humilde contenedor.
"La globalización, tal como la conocemos hoy, no habría sido posible sin el contenedor", dice Marc Levinson, economista, historiador, y autor de libros como "La Caja", donde explica cómo la innovación hizo posible la expansión del comercio internacional, y "Fuera de la Caja", donde reflexiona sobre la historia y el futuro de la globalización.

Poca atención le habíamos prestado a los contenedores, hasta que se produjo este año la famosa crisis de las cadenas de suministros (derivada de la pandemia de covid-19), dejando atascados muchos de los productos que consumimos regularmente en alguno de los puertos por donde transitan las mercancías.

Efectivamente, no podemos vivir sin ellos. Aunque la historia nos dice que eso no fue siempre así.

El primer viaje de contenedores con éxito comercial ocurrió en abril de 1956 a bordo de un buque militar reconvertido, el Ideal X, que transportó 58 contenedores desde Nueva Jersey a Texas, donde 58 camiones estaban esperando su llegada para trasladar las mercancías.

El artífice de la travesía fue Malcom McLean, el visionario creador del sistema de transporte marítimo comercial moderno con contenedores.

"Mr. contenedor", podríamos llamarle, reconociéndole que inventó el sistema logístico, más que la caja metálica propiamente tal.

Y se hizo multimillonario.

Cómo llegó a la idea
Antes de que McLean -un empresario camionero nacido en 1914 en una familia de agricultores de Carolina del Norte- utilizara el contenedor como la pieza clave de su imperio comercial, el transporte marítimo era casi una pesadilla.

En la década de 1950 sólo la logística de cargar y descargar barcos era un desafío gigantesco.

Los estibadores encargados de hacerlo apilaban, por ejemplo, barriles de aceitunas y cajas de jabón sobre un palé de madera.

Éste se elevaba con una cuerda gruesa y era depositado en la bodega del barco, donde otros estibadores acomodaban cada artículo para optimizar el espacio al máximo y para que la carga no se moviera en alta mar.

Solía haber grúas y carretillas elevadoras disponibles, pero al final muchas de las mercancías terminaban siendo movidas a pulso.

Era un trabajo mucho más peligroso que el de la manufactura o la construcción. En los puertos grandes cada pocas semanas había alguna víctima fatal.

La carga y descarga de un barco demoraba la misma cantidad de días que el viaje por mar.

Tenía que existir una mejor manera de hacerlo. Y esa respuesta fue la que encontró McLean.

El empresario se había dedicado al negocio del transporte terrestre de mercancías.

Comenzó con un camión durante los difíciles años de la Gran Depresión y terminó con una flota de 1.700 cuando vendió la compañía a mediados de los años 50.

McLean estaba convencido de que el uso de contenedores era el futuro del comercio internacional, pero para eso, requería toda una cadena logística que hiciera viable el modelo de negocio y convencer a todos los que participaban en el antiguo sistema de que debían transformarlo.

El primer desafío: cómo convencer a los demás
Para empezar, las compañías de camiones, las navieras y los puertos no se ponían de acuerdo en un estándar común para fabricar los contenedores.
Después, estaban los poderosos sindicatos de los puertos, que se resistían a la idea porque la mayor parte de los estibadores perdería su empleo.

Por otro lado, las autoridades que regulaban la carga pesada en Estados Unidos también preferían el statu quo.

Diferentes normativas establecían cuánto debían cobrar las compañías navieras y las empresas de camiones.

¿Por qué no permitir que éstas cobraran lo que el mercado dictara? ¿O permitir que se unieran y ofrecieran un servicio integrado?

No, la primera respuesta fue una frontal oposición a las ideas de McLean.

Pese a las dificultades, el empresario continuó trabajando en la manera de fabricar contenedores que se pudieran ajustar a los requerimientos de un barco y los de un camión que pudiese transportar la misma caja metálica llena de productos.

Hasta que llegó el día en que consiguió a su gran cliente: el ejército de Estados Unidos.

La guerra en Vietnam
McLean aprovechó una laguna legal para obtener el control de una compañía naviera y de una empresa de camiones.

Luego, cuando los estibadores entraron en huelga, aprovechó ese tiempo de inactividad para adecuar los barcos viejos a las especificaciones de los nuevos contenedores.

El ejército de Estados Unidos fue un cliente clave.

Y animó a la Autoridad Portuaria de Nueva York a crear a un lado del muelle de la ciudad un centro para los contenedores.

Pero la maniobra más importante ocurrió en 1960, cuando McLean le vendió la idea del transporte con contenedores a los militares.

El ejército vio en la idea de McLean la solución a sus problemas para enviar equipamiento militar a Vietnam.

El transporte con contenedores es mucho más eficiente si forma parte de un sistema integral de logística, de manera que el ejército de EE.UU. era el cliente ideal.

Además, McLean se dio cuenta que al regresar de Vietnam, sus buques podían traer los contenedores llenos de carga útil de la economía que más rápido estaba creciendo del mundo, la de Japón.

Y así comenzó en serio la relación comercial transpacífica.

Siete décadas de evolución
Una relación precipitada por una guerra que finalmente terminó convirtiéndose en la base de lo que actualmente es el sistema de comercio internacional.

Hoy toda la gestión del transporte marítimo se dirige desde unas computadoras, que controlan cada uno de los contenedores que se mueven a través de un sistema logístico global.

Los contenedores refrigerados se colocan en el casco, donde hay electricidad y monitores de temperatura, y los más pesados al fondo.

Y mientras las grúas cargan el barco, lo van descargando de otros contenedores.

"Por supuesto que no todo el mundo disfruta de los beneficios de esta revolución", dice Tim Harford, uno de los autores de la serie de la BBC "50 cosas que hicieron la economía moderna".

Muchos puertos de los países más pobres, como los de África Subsahariana, se parecen al de Nueva York durante la década de 1950.

Sin embargo, con esas excepciones y para un número creciente de destinos, ahora las mercancías se pueden transportar de una forma más rápida y barata.

"Y eso es, en gran parte, gracias al contenedor", apunta Harford.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-59528534