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lunes, 24 de agosto de 2026

_- Recuerda el verano de 1936

_- Las voces que recogió el historiador Ronald Fraser en su libro sobre la Guerra Civil permiten reconstruir el clima en el que los españoles aprendieron a matarse

 El golpe de Estado que impulsaron Mola, Franco y compañía fracasó en julio de 1936. El plan de liquidar a la República de forma fulminante chocó con una fuerte resistencia, y a partir de entonces estalló por todas partes una violencia salvaje y desordenada. En cada pueblo en el que no se había impuesto claramente uno de los bandos se produjo una minúscula guerra civil en miniatura. El desgarro se produjo en el interior de las familias.

Uno de los testimonios que recoge Ronald Fraser en Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, (Crítica) es el de un oficial del Estado Mayor que trabajaba en el Ministerio de la Guerra. Tenía claro que su deber era servir al Gobierno legalmente constituido. "Al mismo tiempo, sabía que su hermano, oficial como él, se hallaba en la zona insurgente" No había pasado demasiado tiempo y ya estaba claro lo que los rebeldes habían conseguido: partir un país en dos -unos hermanos contra otros- e iniciar una larga y desbastadora guerra.

Fue en los meses de verano de 1936 cuando, cuando bajo un calor sofocante, los españoles empezaron a matarse unos a otros con una furia desalmada. Han pasado ya 90 años de aquello, y son muy pocos los españoles que estuvieron ahí y todavía viven. Y los que quedan eran en esos días muy pequeños. Por eso el libro de Fraser permite recuperar hoy, como si las cosas hubieran ocurrido anteayer, las historias de quienes padecieron aquel viaje al infierno. En los años setenta, Fraser realizó más de 300 entrevistas -a terratenientes y campesinos, obreros y empresarios, estudiantes, sacerdotes, mineros soldados, militantes de partidos y sindicatos, etcétera y a partir de esos testimonios reconstruyó cómo ocurrieron las cosas a ras de suelo durante los años que ocurrió aquel cataclismo.

Al volver a aquel verano en el que empezó todo, llama la atención las distintas motivaciones con las que que cada cual combatía por una causa. Y la intensidad del compromiso, menor o mayor, que se adquiría y que variaba según la zona y la capacidad que tenían los lideres para imponer la disciplina. El caos era la norma. Los milicianos de Madrid se organizaban cada día para acercarse al Guadarrama a pelear contra el enemigo. Salían por la mañana volvían por la tarde. " Un chico de 14 años del barrio obrero de Lavapiés tenia gravada en la memoria aquella escena cotidiana", escribe Fraser. Los llamaban por sus nombres y salían de sus casas con el fusil en la mano. "Debajo del otro brazo llevaba la comida que la esposa les había preparado". Algunos no regresaban. En el otro lado un estudiante monárquico se apuntó en Salamanca con las fuerzas que se dirigían a conquistar Madrid. Cuando había refriega estaba atemorizado. "El ruido de los disparos de mi fusil me producían un agudo malestar físico". A los tres o cuatro días empezó a hartarse. "Teníamos pulgas. Pasábamos frío". Así que pasó un camión de suministros y se subió en él para volver a casa.

Un obrero metalúrgico que iba con las fuerzas de la CNT a recuperar Zaragoza, que había quedado en manos de los rebeldes, le explica a Fraser: "Nos importaba un comino la Republica. Lo único que nos importaba era la revolución". Así sucedían las cosas en el verano del 1936. Todavía la guerra estaba en pañales, pero la muerte ya marcaba las horas de una población gobernada por el miedo. En los distintos frentes se combatía; en la retaguardia empezaron los ajustes de cuentas y la carnicería gratuita y asesina. "Recuérdalo tú y recuérdalo a otros" es un verso de Luis Cernuda. Sigue siendo una tarea necesaria (y dolorosa)


El País

martes, 21 de febrero de 2012

Ha fallecido Ronald Fraser

Ronald Fraser, fallecido a la edad de 81 años, fue uno de los historiadores e hispanistas británicos más respetados, talentosos y prolíficos. Su obra más conocida Blood of Spain (1979) [Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, Crítica, Barcelona, 1979], constituye un relato incomparable de la Guerra Civil española, cuidadosamente elaborado a partir de entrevistas con participantes de ambos bandos. Guiado por una voz firme y de una consistente cortesía, el libro ayudó a establecer la historia oral como disciplina por derecho propio. A Ronnie le disgustaba esa descripción, "como si fuera una categoría de historiografía a la par con la historia 'económica' o 'política', en lugar de lo que en realidad supone: crear nuevas fuentes con el fin de promover la investigación histórica".
Su última obra, Napoleon's Cursed War (2008) [La maldita guerra de España, Crítica, Barcelona, 2006], una magistral reconstrucción de la Guerra de la Independencia entre 1808 y 1814, siguió el mismo principio, pero esta vez se vio obligado a excavar en los archivos para dar con las voces y hechos de la gente del común.
Ronnie nació en Hamburgo en 1930, de padre escocés, empleado de una naviera, y de madre norteamericana, una heredera cuya fortuna ayudó a adquirir la casa señorial de Amnersfield, en el condado de Hampshire, en la que vivieron después de dejar Alemania en 1933. Su hermano Colin nació dos años más tarde...
Tras la muerte de su madre, y con el dinero de una herencia, Ronnie se mudó a Andalucía: "Fue en 1957 – el año en que, según me enteré después, la producción agrícola española, alcanzó el nivel anterior a la Guerra Civil. Nada indicaba en el empobrecido pueblecito de montaña de Mijas al que había ido a parar la recuperación de la guerra que había terminado hacía 18 años".
Fue allí donde, por pura casualidad, conoció a un joven francés, André Gorz, autor Le Traître (El traidor), una exploración autobiográfica y teórica. Desarrolló una íntima amistad intelectual con Gorz, entonces periodista de L'Express y luego notable filósofo social y pionero de la ecología política, lo que llevaría a Ronnie a París.
La atmósfera política de la rive gauche de París era difícil de resistir. Fueron las ideas de Jean-Paul Sartre y su círculo las que convirtieron a Ronnie en socialista para el resto de su vida. Y fue Gorz quien introdujo a su nuevo amigo inglés en el Soho [el barrio bohemio de Londres por aquel entonces] y la New Left Review en 1963. Allí conoció a otros parias políticos semejantes; por fin estaba en casa...
Deja dos hijos, Mark y Jessica, de dos parejas distintas – su primera mujer, Fern Fraser, y Rosalind van der Biek–-, pero durante los últimos 25 años convivió felizmente con su segunda mujer, la historiadora Aurora Bosch, en Valencia, la ciudad natal de ella. Ronnie me llamaba por teléfono rabiando por los provincianos que le resultaban los valencianos, más todavía que los ingleses, pero a los que, con todo, estimaba. Era un inglés español que conocía su país mejor que la mayoría y, en cierto modo, un inglés chapado en eso a la antigua. Le sobreviven Aurora y sus hijos. Fuente: http://www.guardian.co.uk/books/2012/feb/15/ronald-fraser?INTCMP=SRCH
Leer aquí en el NYT, la nota. "Ronald Fraser, People’s Historian, Dies at 81" Ronald Fraser, an English oral historian known for his deftness at collecting and presenting ordinary people’s experiences during momentous events like the Spanish Civil War, died on Feb. 10 in Valencia, Spain. He was 81... Mr. Fraser used transcriptions of interviews, the oral historian’s principal tool, to write books chronicling working-class life, the ways of a Spanish village, the 1968 student uprisings in the United States and Europe, and even his own life...