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jueves, 26 de marzo de 2026

Estos pequeños gestos ayudan a navegar el duelo. Nuestros lectores compartieron prácticos actos de amabilidad que marcaron una diferencia.

Una ilustración de una mano extendida que ofrece emojis de apoyo. como flores y un corazón.
Credit...Matt Chase
Matthew Fleming ha pasado los últimos 25 años como capellán asesorando a personas en situaciones de dolor y trauma, incluso tras catástrofes como el 11 de septiembre y el huracán Katrina. Sin embargo, a pesar de toda su experiencia y formación, la muerte de su padre lo tomó desprevenido.

Cuando Fleming, psicólogo y ex oficial naval, se vio inmerso en el dolor, descubrió que el mejor apoyo que recibía era el de las personas que permanecían constantemente a su lado.

En la formación de capellán, dijo Fleming, le enseñaron que “el nuestro es un ministerio de la presencia”. La muerte de su padre le ayudó a darse cuenta de lo cierto que era esto.

“La presencia es importante”, dijo. “Sentarse con los afligidos. Ni siquiera hablar. Simplemente, asimilar juntos la pérdida”.

“Intento recordarlo aún más cada vez que entro en la casa del duelo”, añadió.

Hace unos meses escribí una columna sobre el duelo anticipado, el dolor que a veces sentimos cuando esperamos una pérdida, y les pedí a ustedes que me contaran algo que hubiera hecho o dicho una persona que los hubiera ayudado a aliviar su dolor.

Recibí cientos de respuestas. He aquí algunas de mis favoritas, editadas y condensadas.


Cuando mi marido murió repentinamente, mi amiga Marilyn vino con un balde, jabón y guantes de goma y dijo: “Voy a limpiarte el baño”. Y así lo hizo.

Nada de “llámame si necesitas algo”. Nada de pedirme que resolviera nada, porque yo no podía resolver nada.

Theresa Miller, Milwaukee


Cuando mi padre murió hace tres años y medio de cáncer de pulmón, un grupo de amigos me envió una planta, no una planta de interior diminuta, sino una monstera grande y hermosa que sigue invadiendo cualquier ventana o mesa donde la coloque. Necesita esfuerzo y cuidados; cuando la veo y trato de manejarla, pienso en mi padre y en aquel gran grupo de amigos.

Brittany Vegso, Strasburg, Pensilvania.


Mis hermanas siempre me cuentan cuando hacen una de las recetas de mi difunto marido (era un cocinero gourmet). Me consuela que su espíritu generoso y su amor por una buena comida continúen.

Erin Stimmell-Clark, West Barnstable, Massachusetts.


Tenía una amiga que me enviaba emojis periódicamente (un sol, corazones, un arco iris, lo que fuera) para hacerme saber que pensaba en mí. Recibir esos emojis me hacía sonreír. Y no tenía que responder: podía darle “me gusta” o devolverle otro emoji. Me ayudó mucho en los días oscuros.

Marianne Bloomberg, Farmington Hills, Michigan.


Cuando falleció mi madre, mi marido ponía comida delante de mí con delicadeza para que yo comiera, ya que yo no buscaba activamente alimentarme como hacía normalmente.

Cory Warden, Pagosa Springs, Colorado.


El consejo más útil que he recibido fue conservar una prenda de ropa de mi ser querido. Tengo el cárdigan de mi abuelo, el suéter negro de mi padrastro y la camiseta de The Golden Girls de mi tía.

Me reconforta ponérmelas y recordar los momentos divertidos que pasamos. No puedo estar triste mucho tiempo cuando Sophia, Blanche, Rose y Dorothy me dicen “stay golden”.

Amy Miles, Alexandria, Virginia.


Lo que más me sirvió cuando estaba en duelo por la pérdida de mi marido fue que alguien me animara a iniciar caminatas frecuentes al aire libre. El aire fresco, un poco de ejercicio y la conversación me ayudaron a soportar momentos muy duros.

Lucille Duguay, Bloomfield, Connecticut.


Un amigo me dijo una vez que, cuando falleció su padre, se dio cuenta de que estaba en duelo no solo por su padre, sino también por el padre que le hubiera gustado tener. Eso es algo que me ha quedado grabado a lo largo de los años, porque es aplicable a muchas relaciones familiares.

Catharine Gimbel, San Rafael, California.


Lo que más me ayudó fue oír que el dolor viene en oleadas, a menudo de repente, y que no es una progresión suave. Puedes estar bien un minuto y ser un desastre al siguiente, incluso después de pensar que “ya deberías haberlo superado”.

En realidad no hay un “ya”, y con el tiempo puedes observar el sentimiento y dejarlo pasar sin agobiarte.

Jann Becker, San Luis


Duelo, pequeños gesto que ayudaron