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lunes, 9 de julio de 2018

La cultura del privilegio. El triángulo formado por el Estado, los ciudadanos y el mercado precisa de otro contrato social.

Muchos bienes públicos (la educación, la sanidad, el medio ambiente, la seguridad, la habitabilidad del lugar en que se vive, etcétera) y distintos derechos civiles y sociales (el conjunto del sistema de reglas que garantiza la igualdad de oportunidades)  no llegan de igual manera a todos los ciudadanosA este hecho es a lo que la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), organismo de las Naciones Unidas, ha denominado “la cultura del privilegio”. Un ejemplo sería el sistema fiscal de muchos países, tan desigual en la aplicación de exenciones, elusiones, la evasión, o el diferente trato que dan a las rentas del trabajo y del capital. Ello se ha agravado en la última década.

Esta “cultura del privilegio” está desarrollada en uno de los últimos estudios de la institución que preside la mexicana Alicia Bárcenas, titulado La ineficiencia de la desigualdadque ha sido presentado en Cuba hace unos días con el propósito de alinearse con la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, en especial con la intención de no dejar a nadie atrás. Una reflexión oportuna es la de si sus conclusiones y sus tendencias (desde luego no sus datos concretos) valen para el resto del mundo. Entre aquellas se pueden destacar las siguientes:

-Que la desigualdad (de medios, de oportunidades, de capacidades y de procedimientos) no sólo es injusta, sino que genera límites al crecimiento, como desde hace algún tiempo muestran algunos economistas y el propio Fondo Monetario Internacional en alguno de sus informes, en contra de la “gran disyuntiva” que defendió en la década de los setenta el economista Arthur Okun (un menor crecimiento es el coste que la sociedad debe pagar para reducir las desigualdades que surgen de los mercados).

-Que hay una creciente desconexión entre los ciudadanos y las instituciones públicas por mor de esa desigualdad creciente, que se manifiesta en la caída de los niveles de confianza en esas instituciones, en la falta de empleos de calidad (trabajo decente) y en una menor satisfacción en el funcionamiento de los principales servicios públicos del Estado de Bienestar como la salud y la educación.

Según el estudio citado, la desigualdad de renta y de riqueza potencia la desigualdad de oportunidades y limita la sostenibilidad del crecimiento. Nuevos datos sugieren que, en general, la concentración de la riqueza (lo que se posee) es superior a la de la renta (lo que se gana). Según el Informe de la Desigualdad 2018, en todos los años entre 1980 y 2016, el 1% más rico concentra entre el 16% y el 22% de la riqueza total, cuando el 75% más pobre nunca llega al 10%. En España, durante el mismo periodo, el 10% de los hogares más ricos concentran entre el 50% y el 60% de la riqueza nacional, mientras que la riqueza en manos del 50% no llega al 9% del total.

Esta desconexión debilita el contrato social existente desde el final de la Segunda Guerra Mundial y apremia a crear uno nuevo entre el triángulo compuesto por el Estado, los ciudadanos y el mercado. La extrema polarización conduce al desastre.

 https://elpais.com/economia/2018/05/20/actualidad/1526834057_589469.html



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domingo, 27 de mayo de 2018

Casi 700.000 hogares españoles no alcanzan a tener una alimentación digna 2017: cada vez más pobres.


Ctxt


El número de excluidos por la crisis siguió creciendo el año pasado

“El mejor momento de la historia económica de España”, como lo definió recientemente el ministro Cristobal Montoro, con un crecimiento del PIB anual de más del 3% en los últimos dos años, sigue dejando atrás a millones de españoles. La mejora en los datos macroeconómicos contrasta con las condiciones de vida de ciudadanos que, por ejemplo, no alcanzan a tener una alimentación digna. El avance del informe anual sobre pobreza en la UE de Eurostat, la oficina estadística oficial de la Comisión Europea, muestra que más de 683.000 hogares españoles, el 3,7% del total, no pudo acceder a una comida proteínica cada dos días en 2017; se trata del porcentaje más alto desde que empezó la Gran Recesión: 1,7 puntos más que en 2008 (2,2%) y 0,2 puntos más que en los años más duros de la crisis (3,5% en 2013). Las familias monoparentales son las que más sufren, pasando del 4,9% en 2015 y 2016 a un 8,1% en 2017, lo que se traduce en casi 150.000 hogares con este problema. Estas familias están gestionadas en un 83% por mujeres, según el INE.

Fuente: Eurostat. Elaboración propia

La incapacidad de los ciudadanos para afrontar gastos económicos inesperados también está lejos de los niveles anteriores a la crisis. En el año 2008, el 29,6% de la población no era capaz de lidiar con este tipo de pagos no previstos, y, pese a las mejoras con respecto a años anteriores, en 2017 ese porcentaje se sitúa 7 puntos por encima de entonces (36,6%). En este caso son las personas menores de 65 años, quienes más han sufrido las restricciones económicas en esta década: en 2008, un tercio del total (33,2%), no podía afrontar gastos extra; hoy, le sucede a 4 de cada 10 menores de 65 (42,8%).

Fuente: Eurostat. Elaboración propia

El índice de privación material severa, un cálculo que estima la carencia de necesidades básicas (lavadora, calefacción, vacaciones, verdura en la nevera...) se situó el año pasado en el 5,1%. Supone una mejora de 0,7 puntos respecto a 2016 (5,8%), pero afecta todavía a más de 2,3 millones de ciudadanos, frente a los 1,5 millones de personas que vivían situaciones de extrema privación en 2007 (el 3,5% de 45,2 millones).

En el caso de los jóvenes entre 16 y 24 años, el porcentaje se eleva casi dos puntos (un 7% del total) sobre la media del país. En los principios de la crisis, 2008, los jóvenes afectados por la privación extrema eran el 4,4% del total, según los datos de Eurostat.

Estos datos de Eurostat se complementan con los que revela, en su último informe, la Asociación de Ciencias Medioambientales (ACA) sobre pobreza energética. El trabajo, en el que se tienen en cuenta por primera vez indicadores europeos, revela que el 15% de los españoles sufrió temperaturas inadecuadas, retraso del pago en los recibos, o ambas cosas, durante 2016. Este dato es 5 puntos superior al que el ACA registraba en 2008 (10%) sumando temperaturas inadecuadas y retraso en el pago de las facturas. Además, el 2% de la población, alrededor de 900.000 personas, sufrió algún cese de actividad por impago o corte de suministro eléctrico en España en ese año.

Mientras tanto, el Gobierno de España anuncia a bombo y platillo “los presupuestos más sociales de la historia”. La realidad, como contó en CTXT Emilio de la Peña, es que, desde la llegada de Rajoy al poder, las partidas sociales, excluidas las pensiones, han disminuido un 27%. Este año, son las más bajas desde 2009.

Recortes sociales y trucos contables

Desde la llegada del Partido Popular al gobierno en 2011 –y su renovado mandato en 2016–, han sido mucho las técnicas que ha usado el Ejecutivo, de la mano de su ministro de Hacienda, para hacer creer que el gasto social seguía aumentando. El problema ha residido siempre en la lectura o parcialidad de los datos. Los trucos son variados: porcentajes frente al gasto bruto (o viceversa), o ejecuciones finales muy alejadas de lo presupuestado.

La batalla de narrativas presupuestarias se ha desarrollado en paralelo a la situación en la Cámara: durante cuatro años, el rodillo popular permitió que todo quedara en un mero acto informativo. Desde las últimas elecciones, los 134 diputados del Partido Popular tienen la obligación de buscar socios con los que sacar adelante el plan económico. En este sentido, y con el objetivo de convencer a futuros –o presentes– compañeros de viaje, otras de las grandes asas del actual ejecutivo ha sido la sombra de una crisis que inevitablemente, y básicamente por la gestión propia, es cada vez más cosa del pasado. La semana pasada, el nuevo intento de Montoro en el Congreso apeló precisamente a esto. Aprobar los presupuestos es, según el ministro, “la forma de abrir la puerta al final de la crisis”. Según Montoro, la crisis no ha terminado, pero está “derrotada”, y depende de la voluntad de sus señorías enterrarla definitivamente.

Parecería que, con un país que crece a más del 2,8% anual –dato recientemente revisado al alza por el FMI para 2018–, la oportunidad para lograr “estabilidad económica" no se puede dejar pasar. El desglose de algunos de los datos provisionales de Eurostat anteriormente citados, sin embargo, indica que el día a día de muchos ciudadanos aún queda lejos de ser digno.

Indicador AROPE

El indicador AROPE es una de las principales referencias para evaluar la situación socioeconómica de la población. El indicador, incluidos en la estrategia de crecimiento de la UE ‘Europa 2020’, mide el riesgo de pobreza y exclusión social de la población en base a distintas variables: renta, privación material. Desde el estallido de la crisis, este indicador ha alcanzado picos sobresalientes en nuestro país, hasta el punto de que 13,4 millones de personas –casi el 28% de la población– estaban en riesgo de pobreza y exclusión social en 2014. En 2016 sólo se redujo a un 27,8%, consolidándose en más de 12,9 millones las personas en esta grave situación. Fuente:
http://ctxt.es/es/20180502/Politica/19352/pobreza-datos-eurostat-economia-Espa%C3%B1a-vida-condiciones.htm

viernes, 2 de marzo de 2018

Elogio de la bondad

Daniel Raventós, Julie Wark

Julie Wark y Daniel Raventós han escrito un libro que Counterpunch acaba de publicar en enero de 2018 con el título de Against Charity. Están previstas las traducciones al catalán y al castellano. Ofrecemos a continuación la traducción del prefacio de Against Charity.

La palabra inglesa kind (tipo, clase)—palabra raíz de kindness (bondad)—en inglés antiguo cynd(e), es de origen germánico y está relacionada con kin (familiares). El sentido original era naturaleza o característica innata, por lo que vino a significar una clase de algo, distinguido por sus características innatas y, para el siglo XIV, cortesía o acciones nobles que expresaban el sentimiento que los familiares o semejantes tienen entre sí. Hay un sentido de igualdad forjado en esta palabra. También de fraternidad. Y de respeto.

La caridad, al menos en su forma institucional, casi ha dejado atrás sus muy tempranos significados de la bondad en sus sentidos de "disposición para hacer el bien" y "buenos sentimientos, buena voluntad y amabilidad" para asumir su forma actual de relación entre el que da y el que recibe, que es desigual porque el receptor no está en posición de corresponder. Pero todavía se presenta generalmente como bondad, o como una forma de enmascarar la poco amable (unkind) disparidad construida en la relación y, a veces, quizás, expresando el deseo de que nunca haya renunciado a su pasado más amable. Por ejemplo, Jack London escribía: “Un hueso para el perro no es caridad. La caridad es el hueso compartido con el perro cuando estás tan hambriento como el perro”. La “caridad” que describe se remonta a los orígenes y se parece más a la bondad que a la caridad tal y como la conocemos porque sugiere igualdad, una suerte de familiaridad o parentesco (kinship) en el hambre entre el que da y el perro. Y tal vez el perro pueda corresponder al hombre dándole calor.

El tipo de caridad más habitual, la que ha sido institucionalizada, es de la que habla Chinua Achebe en su Anthills of the Savannah: “Mientras llevamos a cabo nuestras buenas obras, no olvidemos que la solución real reside en un mundo donde la caridad se habrá vuelto innecesaria”. Este es, por desgracia, el tipo de caridad que se ha vuelto casi sacrosanta, el tipo de caridad que atrae la atención sobre lo diferente, y se enmascara como bondad cuando generalmente beneficia al donante más que a quien recibe. Una de las revelaciones menos jugosas de las grabaciones de Lady Di recientemente lanzadas es que, cuando se le preguntó por qué participaba en obras de caridad, se ríe y dice: “¡No tengo nada más que hacer!”. Demasiado para los destinatarios.

Dado que, en su sentido más antiguo, la bondad (kindness: el tratamiento otorgado a los familiares o a los miembros de una comunidad de semejantes) se ocupa del bien de los familiares y de la comunidad, Aristóteles nos dice en el primer parágrafo de la Política: “Todo estado es una comunidad de algún tipo, y cada comunidad se establece con miras a algún bien [...] Pero si todas las comunidades aspiran a algún bien, el estado o la comunidad política que es superior, y que abarca a todas las demás, apunta al bien en mayor grado que cualquier otra, y al más alto bien”. Hoy en día, sin embargo, la palabra operativa en política es “división”, el gran abismo entre los muy ricos y la gran cantidad de pobres, la división entre hombres y mujeres, ciudadanos y refugiados, negros y blancos, el enfrentamiento de un grupo étnico contra otro, una religión contra las otras, el “progreso” contra el planeta, lo privado contra lo público, y así sucesivamente. El gobierno, y especialmente la Administración Trump, está incitando a la división en beneficio de unos pocos poderosos en lo que equivale a una guerra abierta contra la esfera pública, lo público en sí y el bien público. La caridad institucional, que enriquece aún más a los millonarios y multimillonarios exentos de impuestos mientras reparten su filantropía entre sus proyectos preferidos, solo contribuye a sostener esta división.

La historia, por supuesto, y los estudios psicológicos -siendo el experimento de Milgram uno de los más notorios- han mostrado cómo en un contexto autoritario y egocéntrico, seres humanos aparentemente razonables pueden llegar a ser insensibilizados ante el sufrimiento de los otros y actuar cruelmente entre sí. El coste psicológico de esta insensibilización sobre los perpetradores o los instrumentos humanos de falta de amabilidad o la crueldad (unkindness) (donde kind se toma como adjetivo [bondadoso] y sustantivo [semejantes]) no recibe mucha atención, pero, por poner un ejemplo, el Centro RAND para Investigación de Políticas de Salud Militar estima que el 20% de los veteranos que sirvieron en Irak o Afganistán sufren depresión grave o trastorno de estrés postraumático. Ser cruel (unkind) y, por tanto, actuar en contra de la propia familia humana (kin), no es bueno para los humanos. Sin embargo, la misantropía sistemática de líderes políticos para quienes la gente común tiene escaso valor, y los multimillonarios que no son personas como nosotros, sino que se pavonean como personajes extravagantes que hacen extrañas declaraciones en sus demostraciones de irrealidad [i], insensibilizan a naciones enteras ante la difícil situación de los demás, llevando, a nivel individual, a crímenes de odio, ataques racistas y un resurgimiento de la extrema derecha, y a nivel nacional, a los que imponen políticas de austeridad que, con conocimiento de causa (y sólo hace falta leer las memorias recientes de Yanis Varoufakis, Comportarse como adultos, para ver lo bien que conocen la causa) destruyen millones de vidas, y a gobiernos que están gastando miles de millones de dólares para dañar a refugiados e inmigrantes, para vergüenza y angustia de muchos ciudadanos ante este tratamiento de nuestros semejantes.

La compulsión terrible y estúpida de la vida capitalista está, en nombre de la libertad, restringiendo cada vez más nuestras opciones de elección de vida y estrangulando nuestra capacidad para apreciar la belleza de nuestro planeta y aprender de otras especies más humildes hasta tal punto que lo estamos matando todo sin pensar, con tal de obtener bienes de consumo innecesarios e idiotas distracciones. Los científicos están hablando de una Sexta Extinción. Si no somos capaces de reconocernos y respetarnos mutuamente, reclamar nuestra especie (kin), nuestra familia humana, reconocer a todos los seres humanos como nuestros parientes, y practicar la bondad (kindness) con nuestros semejantes y otras especies animales y vegetales no tan semejantes con las que compartimos el planeta, la alternativa a la que nos dirigimos es realmente aterradora.

Nuestro título es Against Charity, pero podría ser igualmente "For Kindness" (también en el sentido común de reconocer a todos, a cada uno, de nuestro tipo), que de hecho sería un llamado por los derechos humanos universales y sus tres grandes principios de libertad, justicia y dignidad. Casi cualquier ser humano dirá que él o ella aspira a tenerlos y disfrutarlos. Pero no pueden ser dados por la caridad porque la igualdad y la fraternidad son sus otras dos cualidades esenciales. Solo pueden ser efectivos cuando reconocemos que todos somos parientes (kin). Y cuando actuamos en (y para el bien de la) especie. Entonces, al escribir este libro, no nos limitamos a revelar la caridad como la estafa de "bondad" (kindness) que es, sino que también hemos descrito los medios por los cuales podemos ser más amables (kinder) entre nosotros como criaturas, -como familiares -que comparten el mismo planeta.

Tal medida debería ser universal. Nadie puede ser excluido o tratado como diferente. Una renta básica universal e incondicional no es una quimera. En términos económicos, es perfectamente factible. Y podría garantizar el derecho a existir absolutamente de todos. La pobreza podría ser abolida y la violencia de lo que Pankaj Mishra describe en su reciente libro La edad de la ira como una pandemia global de ira podría al menos atenuarse. Con una renta básica universal e incondicional, sería posible compartir los valores de libertad, justicia y dignidad con toda nuestra familia humana por el simple hecho de respetar el derecho básico (o “primer derecho”) de la existencia material. Si pudiéramos lograrlo, la caridad sería innecesaria y podría sentar las bases para que la amabilidad y la bondad (kindness) prevalezcan. 

http://www.sinpermiso.info/textos/elogio-de-la-bondad