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sábado, 29 de enero de 2022

Gramsci y la vigencia del análisis dialéctico

Los hechos que todo el mundo ve suceder ante su atónita mirada, han puesto en evidencia el hecho histórico, no solo que el destino del Homo sapiens es el mismo que el de la Naturaleza, de la cual siempre ha formado parte y con la que se ha relacionado dialécticamente y ha conocido mediante su práctica transformadora; sino que como nunca en la Historia se había hecho tan claro e indiscutible un momento como en el que estamos:

En el cual, el proceso de la globalización capitalista (en su forma neoliberal) se ha concluido en el orbe, sacando a flote varios y nuevos poderosos Estados capitalistas rivales y antagónicos, contrarios al Hegemón unilateral dominante establecido después de la2° guerra mundial, inaugurando así un nueva etapa histórica que puede definirse como “el paso del Unilateralismo al Multilateralismo” en la geografía universal.

Asistimos pues al hecho nuevo de que todos los problemas de la naturaleza y del homo sapiens que forma parte de ella, sin excepción, se han tornado GLOBALES, y que, para aprehenderlos correctamente y superarlos es necesario volver a la dialéctica establecida por el marxismo revolucionario (como llamaba Lenin a los comunistas de su época) y del cual formó parte esencial Antonio Gramsci.

Ya no es posible analizar una realidad social o un país, cualquiera que sea o donde quiera que se encuentre geográficamente, obviando (o pasando por alto) el complejo sistema de contradicciones sociales, es decir históricas, que lo sobredeterminan, mueven en su desarrollo y precipitan su superación, como hasta ahora lo venían haciendo escolásticos y metafísicos interesados de todo el mundo. Ya no hay posibilidad de evitar el retorno al pensamiento dialéctico marxista.

¿Porqué invoco la ayuda de Gramsci?
A riesgo de incurrir en una liviandad con el profundo y rico pensamiento gramsciano esparcido en toda su obra y en toda su praxis, pretendo poner un acento en la forma dual, opuesta y sintética como Gramsci utilizó en sus análisis y escritos como un hilo rojo conductor, la dialéctica legada por Marx y Engels (superación-conservada de la filosofía de Hegel y la filosofía clásica europea):

Uno, como Método, como técnica del conocimiento filosófico y político. Dos, como una nueva manera de pensar, como una nueva filosofía que se vuelve política y a la vez una política que se transforma en filosofía, unidad y lucha de contrarios cuya novedosa síntesis superadora es “la Filosofía de la Praxis”.

No es solo en sus debates escritos con Croce, con Gentile, o con el estalinista Bujarin (tal y como los revisionistas y reformistas de derecha y de izquierda han pretendido mostrar para quitarle su esencia de marxista revolucionario), sino en casi toda su obra y sus potentes conceptos trascendidos, en donde se puede palpar el movimiento de su atormentado pensamiento por encontrar los contrarios unidos en lucha que van a generar ese salto y una transformación hacia una nueva calidad, hacia un nuevo concepto síntesis, abarcador del fenómeno analizado en su desarrollo histórico y práctico.

Tal es el caso de los novedosos conceptos de la Historia como Devenir, como proceso social sin límites y siempre abierto; como el concepto de Estado, bien sea en el momento de la lucha y Coacción o en el momento del Consenso y Hegemonía; o en el complejo concepto e Reforma Pasiva o “revolución-restauración” con el que aborda la comprensión del fenómeno fascista en Italia.

Gramsci como Marx y Engels, lo mismo que Lenin, no prioriza el momento de la unidad de los contrarios (lo que sí es fundamental para los reformistas y su práctica conciliadora asimilatoria), sino que siempre destaca el momento de la lucha, de la antítesis preñada de superación destructora y transformadora, es decir llena de potencial revolucionario que conducirá a la síntesis, al “Aufheben” hegeliano, a la superación-conservando del nudo contradictorio en cuestión.

La novedad que me interesa destacar en este intento; es cómo Gramsci, basado en su experiencia negativa en el Movimiento de los Consejos en el norte de Italia o bienio rojo 1919-20, y en su concepción materialista, abierta y dialéctica de la Historia; llama la atención sobre la síntesis transformadora, que si bien puede ser revolucionaria también puede ser regresiva y recuperar en el “Aufheben” elementos reaccionarios y negativos contenidos en la contradicción.

Lo negativo del pasado que sea conservado en el proceso dialéctico de unidad, lucha de contrarios y superación (la tesis, antítesis y síntesis de los lógicos formales) advierte Gramsci, es y será abierto: “no puede ser determinado a priori, sino que resultará del proceso mismo”. Es la base para su concepto de revolución pasiva y su aporte a la concepción de la dialéctica marxista: El que la Superación dialéctica puede tener dos soluciones: Una, revolucionaria y Otra regresiva. Este resultado estará determinado por el proceso de la lucha de los contrarios.

Trayendo estas ideas a los hechos que el mundo actual nos está poniendo en evidencia (mencionados en el primer párrafo), es indudable la importancia que reviste la advertencia de Gramsci: El paso histórico del Unilateralismo dominante al Multilateralismo en el que nos encontramos, es y será un proceso dialéctico complejo y difícil.

El Hegemón imperialista, su Troika y sus Estados lacayos, ofrecerá una inmensa y vigorosa resistencia a ser desplazado del escenario Natural donde se desarrolla la Historia humana, y el fin de este gran proceso dialéctico no está determinado de antemano como alegremente han expresado algunos idealistas eufóricos (posiblemente bien intencionados) que han confundido algunos signos de decadencia en el Imperialismo agravados por la confluencia de las múltiples crisis que ha generado el Covid 19 (crisis ecológica, económica, demográfica, sanitaria, financiera, racial, geoestratégica, civilizatoria, etc.), y quienes pensando con el deseo, perciben un colapso Imperial inminente, casi que para ya. Lo que no pasa de ser una peligrosa subestimación de la Potencia Imperialista que puede tener efectos negativos dentro de los Pueblos y Países que se encuentran en lucha definitiva por ocupar el lugar que les corresponde en la Historia real y material y sacar de la escena al Hegemón. ¿Lo lograrán?

Es esta pequeña advertencia de Gramsci, donde se puede apreciar la profundidad y grandeza futurista de su pensamiento, es decir su actualidad. Y esa ha sido la pretensión de este escrito.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Por Alberto Pinzón Sánchez

https://rebelion.org/gramsci-y-la-vigencia-del-analisis-dialectico/

miércoles, 3 de febrero de 2021

Antonio Gramsci y los intelectuales


En la sociedad capitalista el trabajo se especializa y requiere mayor conocimiento generando que la distinción entre intelectuales y no intelectuales se refiera a la profesionalización.

Durante siglos el intelectual ha ocupado un lugar privilegiado en la sociedad, justamente por eso, su responsabilidad es mayor, aunque en los últimos años, su imagen y papel se ha puesto en entredicho con el surgimiento de las nuevas tecnológicas y el supuesto “fin de las ideologías”. En este panorama, el pensamiento del marxista Antonio Gramsci, adquiere relevancia para el replanteamiento de la función social de los intelectuales, obras como La formación de los intelectuales y Cuadernos de la Cárcel, son referencias indispensables, que, al cumplirse 130 años de su natalicio en Ales, Italia, el 22 de enero de 1891, adquieren vigencia.

Para Gramsci “todos los hombres son intelectuales, pero no todos tienen en la sociedad la fusión de intelectuales”. La formación de los intelectuales responde a las necesidades de los grupos sociales con una función esencial en el mundo de la producción económica. Menciona que todo grupo en el poder necesita producir y reproducir su hegemonía y para ello se vale de los intelectuales, quienes están “encargados de elaborar y difundir mediante los más diversos tipos de organizaciones e instituciones las relaciones económicas, jurídicas, políticas, filosóficas, artísticas, científicas, ideológicas y religiosas”. Son ellos los que construyen la hegemonía, un concepto fundamental en su legado filosófico.

Los intelectuales llevan a cabo la instrumentación del carácter dirigente de la clase dominante, contribuyendo a crear las condiciones políticas e ideológicas que le posibilita conseguir la aceptación de la clase y sectores oprimidos. Pero, al mismo tiempo, son ellos los que construyen las ideas y organizan a los grupos sociales para liberarse de la hegemonía del otro, y, para desarrollar sus propios sistemas hegemónicos. Gramsci habla de dos tipos de intelectuales: el orgánico y el tradicional. No concibe la existencia de intelectuales independientes, ya que según los vínculos que tengan con las distintas categorías actúan a favor de los intereses de una o de otra clase social. No se olvide que en su artículo “Odio a los indiferentes” escribió: “Vivir significa tomar partido […] La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso odio a los indiferentes”.

Los intelectuales orgánicos tienen la función de asimilar y conquistar ideológicamente a los intelectuales tradicionales para beneficio de la clase social que quiere ser dominante y dirigente. Esto con el fin de crear y expandir la hegemonía de la clase que representa, pero además busca evitar que otras clases desarrollen sus propios dirigentes y, en consecuencia, sus proyectos de hegemonía. El intelectual tradicional es aquel que por lo general esta enlazado a una clase que, pudiendo no haber dejado de ser esencial, ya ha sido desplazada de la dirección estatal. Los intelectuales tradicionales tienen experiencia en la organización y dirección política e ideológica de los grupos sociales.

El capitalismo busca incorporar a los tradicionales como intelectuales subordinados y obtener el consenso de los grupos sociales a los que se encuentran ligados. Por ello, la organización de los intelectuales y su consecuente conversión en “educadores nacionales” es, según Antonio Gramsci, una de las necesidades básicas para la lucha contra la hegemonía capitalista.

https://rebelion.org/antonio-gramsci-y-los-intelectuales/

viernes, 25 de enero de 2019

España mantiene su hegemonía mundial en trasplantes y donación de órganos. Las donaciones de órganos españolas representan el 6,6% de las registradas en el mundo

España continúa siendo el líder en el campo de los trasplantes y las donaciones de órganos

en Europa y en el mundo. Con 2.019 donantes y 4.818 órganos trasplantados, España supera con creces las cifras del resto de países: en 2016, aportó el 18,5% de las donaciones efectuadas en la Unión Europea y el 6,6% de las mundiales. En trasplantes, con 102,3 pacientes trasplantados por millón de habitantes, España se acerca a casi el doble de la media europea (64 por millón de habitantes) y se sitúa muy por encima de la estadounidense (99 por cada millón de personas), según indica el último informe publicado por el Registro Mundial de Trasplantes.

El documento también revela que el número de trasplantes realizados en el mundo creció en 6797 operaciones hasta las 126.670 intervenciones, lo que supone un aumento del 5,8%. De estos trasplantes, 84.347 fueron de riñón, 27.759 hepáticos, 7.023 de corazón, 5.046 de pulmón, 2.299 de páncreas y 196 intestinales. Todos ellos han sido posibles gracias a 31.812 donantes fallecidos, y a los 41.086 donantes vivos.

Para la doctora Beatriz Domínguez-Gil, directora de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) y gestora del Registro Mundial de Trasplantes, este crecimiento “es el más importante de los últimos años y pone de manifiesto que muchos países están imitando algunas de las claves del sistema español, y que estas comienzan a dar sus frutos”. Domínguez-Gil, también señala que en el aumento se nota la influencia de los países latinoamericanos, que siguen mejorando su tasa de donación “gracias al asesoramiento en gestión y formación de profesionales que le ha proporcionado España”. Otros países como Australia y Canadá, también asesorados por España, han visto mejorar su tasa de donación en los últimos años. Australia ha alcanzado los 20,7 donantes por millón de habitantes y Canadá los 20,1 donantes por millón.

Ranking de países por pacientes trasplantados por millón de habitantes Registro Mundial de Trasplantes

En Europa, las cifras de donación y trasplantes han crecido ligeramente hasta alcanzar un total de 10.893 donaciones. La doctora Domínguez-Gil, que participa este sábado en Suiza en un encuentro con motivo del Día Europeo del Donante, ha celebrado las mejoras logradas por Austria, Francia, Italia o Reino Unido, con sistemas “muy influenciados por el modelo español”. En cambio, otros países con sistemas de donación y traspla

nte distintos al español no tienen tanto éxito. Es el caso de Alemania, que apenas tiene una tasa de 10 donantes por millón de habitantes. Un modelo exitoso

Los datos de la ONT del primer semestre de 2017 muestran un aumento del 6,7% en el número total de donantes en España. La donación en muerte encefálica se mantiene como la primera y crece un 1%, mientras que la donación en asistolia (o corazón parado) sube un 25,3%. El informe también refleja que el 24% de los donantes fueron captados mientras se encontraban en el área de urgencias. La colaboración con los profesionales de esta área con intensivistas y coordinadores de trasplante en la detección de posibles donantes junto con la donación en asistolia, se han convertido en los elementos clave del aumento en el número de donantes españoles. Si se continuase este ritmo de crecimiento, podrían alcanzarse a finales de 2017 una tasa superior a 45 donantes por millón de habitantes. Sin embargo, para la directora de la ONT estas cifras aún no son suficientes “pese a que España bate cifras récord con respecto a los demás y a sí misma, tenemos que seguir trabajando para mejorarlas aún más”.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Bella Ciao, reapropación cultural y lucha de clases

Volvió a primera línea como banda sonora de La Casa de Papel. La versión electrónica está sonando en las salas de fiesta y fue la causante de uno de los momentos de mayor subidón en el Medusa Festival. Es cultura popular por largo tiempo desligada del pueblo y apropiada ahora por la cultura de masas. No hay mejor momento que este para su reapropiación.

Sabemos que uno de los mecanismos más eficaces para desactivar la cultura crítica es su asimilación por parte del mercado. Se vacía su contenido subversivo y se des/re-contextualiza para orientarla al consumo. Sirva de ejemplo el anuncio de Pepsi que utiliza representaciones de la protesta social en las calles y termina resolviendo algún problema que no queda reflejado en el anuncio con la modelo Kendall Jenner regalando una lata a un policía. Estética sin ética. Significante cool con poco significado. Lo importante es que el deseo se oriente al consumo y no al cambio social.

Pero la cultura es un terreno de batalla en el que participan fuerzas diferentes, a menudo antagónicas. Ahora que la industria ha puesto Bella Ciao en primera línea como mero fetiche de consumo es momento de recuperar su significado anti-fascista original y contextualizarla en el periodo socio-histórico presente. En lugar de representar una libertad vacua (como ironizaba Leño, “bebemos, fumamos y nos colocamos, tenemos plena libertad”), puede representar ese espíritu humano que busca conjugar la libertad creativa con la solidaridad igualitaria en el actual contexto de auge del neoautoritarismo.

Eric Fassin argumenta en contra del populismo de izquierdas que lo que hace falta es un frente anti-fascista. Creo que tan complicado es que tenga éxito el populismo de izquierdas como el anti-fascismo. La historia no se repite ni como tragedia ni como farsa, pero conocerla sirve para comparar y extraer lecciones. Aprender del pasado con memoria histórica en un contexto desmemoriado para entender el presente y poder imaginar un futuro más digno.

Esa conexión pasado-futuro pasa hoy por construir lazos entre la clase obrera, el precariado cognitivo y el interculturalismo. Esa es la lucha de clases de hoy contra la oligarquía internacional y nacional y sus aliados políticos neo-autoritarios.

Una canción que eriza la piel como Bella Ciao puede contribuir a lograr una fraternidad entre colectivos diferentes, un mayor sentido de dignidad compartida, un espíritu combativo y un sentimiento de esperanza que conecte las esperanzas y triunfos del pasado con el deseo de caminar hacia una sociedad más libre e igualitaria.

Fuente:
https://amanecemetropolis.net/bella-ciao-reapropacion-cultural-y-lucha-de-clases/