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domingo, 15 de septiembre de 2013

El IV Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea debate sobre “Los teatros de lo bélico” Cultura, imaginarios y representaciones de la guerra

Enric Llopis

“Los teatros de lo bélico. Violencia, memoria, identidad y sociedad de masas”. Éste es el título de uno de los talleres insertos en el IV Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea, organizado por la Facultat de Geografia i Història de Valencia entre el 10 y el 13 de septiembre. Once investigadores han presentado ponencias al citado taller, que pueden consultarse, como todas las del Encuentro, en http://valencia2013.net/ (apartado “comunicaciones”).

En “El teatro como arma de combate durante la Guerra Civil en la España nacional (Valladolid, 1936-1939), la historia Nelly Álvarez, de la Universidad de Valladolid, ha destacado el contexto en el que se representan las obras teatrales. “Durante la Guerra Civil española el teatro se utilizó en los dos bandos como arma de combate mediante la puesta en escena de obras de urgencia, destinadas al adoctrinamiento de la población”. En Valladolid, ciudad emplazada en la España “nacional”, se estrenaron veinte obras de alto contenido ideológico, sobre todo comedias de escasa calidad, que buscaban denigrar al enemigo, hacer apología del ideario de los sublevados y provocar la exaltación de los espectadores, resume la investigadora.

El franquismo “revisó” la Historia de España y proclamó su versión oficial, sus mitos fundacionales y su exégesis imperial. La historiadora María del Pilar Loranca ha estudiado, dentro de esa línea de investigación, la imagen de la Guerra de Independencia española durante el franquismo, sobre todo en el cine y el cómic. Resume que la imagen que se da del conflicto bélico es “escasamente fidedigna; lo que se busca es crear mitos y mostrar la concepción histórica que desde el estado se quería”. Agrega que dos de los episodios más repetidos son los sucesos del Dos de Mayo (“se representa un pueblo en armas que se levanta y defiende contra el enemigo exterior, que en el caso del franquismo era el comunismo”) o los guerrilleros, a los que no se identifica con bandoleros, sino como a personas valerosas que defienden la patria y la unidad de España.

En la ponencia “España en lucha contra la revolución”, el historiador Pablo Gómez Nogales, de la Universidad de Zaragoza, analiza las imágenes del discurso contrarrevolucionario. Así, la noción de “orden” durante la Guerra Civil negaba que los conflictos obedecieran a situaciones de injusticia y desigualdad. ¿Y la revolución? “se presentaba –según Pablo Gómez- como el producto de una influencia exterior corruptora” que destruía el “orden” allí donde triunfaba. De hecho, para el franquismo la revolución suponía la destrucción de las bases de la civilización, religión, propiedad y familia, que quedaban unidas en la Nación Española. En todo esto no era original el estado español: “Existía una larga tradición contrarrevolucionaria europea que se remontaba a la revolución francesa, o incluso a la inglesa; en España este discurso se había revitalizado desde la proclamación de la Segunda República”, sintetiza el historiador.

Por otra parte, David Veiga, de la Universidade de Santiago de Compostela, ha presentado una ponencia sobre la Hermandad Provincial de la División Azul de Alicante, analizada a través de su boletín “Blau Division”. Ésta célula provincial de veteranos, una de las más representativas de las hermandades, se creó a mediados de los años 50 con tres objetivos básicos: la organización de actos conmemorativos; la camaradería y el socorro mutuo entre los veteranos; y procurar el enaltecimiento moral y político de los excombatientes. El boletín “Blau Division” da eco a las actividades del grupo, desde el socorro social a las viudas y madres de los “caídos”, a las ayudas en general que se preste a los divisionarios; también se presenta la publicación como nexo de unión entre los miembros de la Hermandad.

Igor Barrenetxea, de la Universidad del País Vasco, ha centrado su comunicación en el conflicto palestino a través del cine de ficción, con el análisis de tres películas: “Caminar sobre las aguas”; “Los limoneros” y “Una botella en el mar de Gaza”. Tras un detenido estudio de los filmes, el investigador los califica como “antibelicistas” y concluye que denuncian la “mutua incomprensión” entre las sociedades israelí y palestina.

Abundando en el campo del audiovisual, la historiadora Eloísa Zamorano ha expuesto su análisis de la película “Tres cantos a Lenin”, de Dziga Vertov. Avanza que comenzó a rodarse mucho antes de su estreno y se realizó con trozos de película que Vertov y su grupo habían grabado y recopilado durante el periodo revolucionario. “El documental se encargó para el décimo aniversario del fallecimiento de Lenin, durante el periodo más duro y represivo de Stalin, que hizo lo imposible para desvirtuar y machacar, literalmente, la idea original del cineasta”, contextualiza la investigadora.

Otra de las ponencias presentadas es “La violencia y la creación de la realidad libertaria durante la Guerra Civil (julio de 1936-mayo de 1937), a cargo de José Manuel Lafoz. El historiador subraya la fuerte carga simbólica de la violencia en “la construcción de la realidad libertaria”. Destaca en su comunicación, asimismo, “la conquista de la calle como espacio donde implantar su soberanía y desde el que iniciar la construcción de ese nuevo mundo, y el culto al caído o recuerdo a los mártires que cayeron por la revolución”. Se trata, por lo demás, de procesos que pudieron apreciarse especialmente en los primeros meses de guerra y, sobre todo, en la ciudad de Barcelona, según el historiador.

Por otra parte, la investigadora Ximena Machado ha negado en su ponencia la idea, extendida desde la década de los sesenta del siglo XX (por la repercusión del juicio de Adolf Eichmann en Israel), de que los judíos no opusieron resistencia al exterminio nazi, es más, se sostenía habitualmente, los judíos se habrían dirigido a las cámaras de gas o a los campos de concentración “como ovejas al matadero”. Para miles de judíos confinados en guetos (la historiadora se centra en los casos de Varsovia y Lodz, 1939-1942), “la continuidad de su comunidad se convirtió en un reto y en un objetivo central”. “Unos decidieron registrar los acontecimientos del gueto y reunir documentación para la posteridad, otros participaron en actividades educativas y culturales y otros muchos en actividades de ayuda social; todos de forma clandestina y poniendo en riesgo su propia vida”, sostiene la investigadora.

En “1936-1939. La movilización militar del ejército sublevado en Galicia”, Francisco J. Leira-Castiñeira, de la Universidade de Santiago de Compostela, niega la idea de una Galicia leal a los sublevados. ¿Por qué razón? El ejército denominado “nacional” reclutó en Galicia, durante los tres años que duró el conflicto, a todos los jóvenes comprendidos entre los 18 y 35 años. “Una movilización forzosa que provocó que esta generación tuviera que participar en la construcción del nuevo régimen franquista; la no incorporación a filas estaba penada por el Código de Justicia Militar y a lo largo del conflicto se intensificaron las medidas en contra de los prófugos del ejército”, explica Francisco J. Leira-Castiñeira.

Por último, Miguel Ángel Melero, de la Universidad de Málaga, ha abordado en su ponencia la participación ciudadana durante la Guerra Civil, la ocupación del ejército “nacional” y los procesos de represión en el municipio de Antequera. Subraya el historiador que la represión genera, por un lado, “el rechazo de una parte de la población sobre la que el Régimen desarrolla sus planes de aniquilamiento”; pero también el apoyo de otra, “que se convierte en agente de la represión y partícipe de la misma”. Melero detalla la implicación en las diferentes formas de violencia y control social por parte de quienes se suman a las filas falangistas, o de quienes, junto a Guardia Civil, Falange, Alcaldía o la Iglesia, participan en delaciones de “responsabilidad republicana”, o de quienes toman parte en los procesos incoados por los tribunales militares en Antequera, a partir de 1937. Pero también en la represión del “día a día”, en la materialización de su venganza por daños físicos o económicos sufridos, o como forma de mostrar adhesión al Nuevo Estado.