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lunes, 27 de abril de 2026

El dios dinero no tiene ateos

La guerra de aranceles pone encima del tapete lo que verdaderamente importa. ¿Cómo se puede ganar más dinero, aunque sea perjudicando al resto del mundo?

Cuando Donald Trump bombardea lugares estratégicos de Venezuela, mata a decenas de personas, secuestra a su presidente y nombra a Delcy Rodríguez presidenta encargada, no lo hace guiado por principios morales sino por intereses económicos. Lo que le importa es el petróleo del país y los minerales que necesita para que funcionen sus industrias. Y así lo manifiesta descaradamente: él tiene que controlar directamente la producción y la comercialización del petróleo. La democracia de Venezuela, el bienestar de sus habitantes, el respeto a las leyes internacionales y nacionales le traen al pairo. Es más, se burla de las gentes del país diciendo que son personas muy feas.

Ahora quiere anexionarse Groenlandia (por las buenas o por las malas). La isla helada es parte de la Unión Europea porque Dinamarca es uno de sus 27 miembros y está integrada en la OTAN. No le importa extorsionar a uno de sus aliados. Y la razón es muy sencilla: le interesa para sus negocios, para sus industrias, para el control de la navegación comercial. «Necesitamos que Groenlandia sea nuestra», dice como si esa necesidad fuese un argumento válido para ocuparla con dólares o por las armas.

Respecto al conflicto de Gaza es conocido su plan. Montar un resort de lujo sobre las ruinas y los cadáveres de las víctimas del genocidio más execrable de la historia. Resulta obsceno pensar que donde ha existido tanto dolor, tantas lágrimas, tantas heridas, tanta destrucción, tanta muerte, se pueda pensar en hacer un negocio de proporciones tan gigantescas.

La guerra de aranceles pone encima del tapete lo que verdaderamente importa. ¿Cómo se puede ganar más dinero, aunque sea perjudicando al resto del mundo? América primero quiere decir la bolsa primero.

Cuando visité por primera vez la Torre Trump en la Quinta Avenida de Manhattan en la ciudad de Nueva York pensé cómo había sido posible reunir la cantidad de dinero necesaria para construir ese monstruo en el ombligo del mundo. También descubrí que la Torre era una fuente inagotable de producir dinero. Pensé con asombro, cómo era posible que el dueño fuese una sola persona, y que esa persona estuviese inmersa en innumerables negocios que incrementan sin cesar su patrimonio. ¿Dónde está el límite?

Esta obsesión por el dinero no solo domina al presidente de los EEUU. Domina a muchos políticos que, aprovechando su situación privilegiada para el enriquecimiento, se enriquecen de manera fraudulenta burlando la confianza de quienes les habían colocado en puestos relevantes para que cuidaran de su bienestar y de sus intereses. La avaricia lo pudre todo. Ahí está, en nuestro país, el escándalo que estamos padeciendo de dos secretarios de organización del Partido Socialista, José Luis Ábalos y Santos Cerdán. ¿Cómo es posible que militantes de un partido que pretende distribuir equitativamente la riqueza se dediquen a cobrar mordidas y a enriquecerse fraudulentamente?

Y ahí está el caso del señor Rato y del exministro de Hacienda, señor Montoro y del ciudadano particular con el que está emparejada la señora Ayuso. Y ahí está la Gürtel nacional y los ERES andaluces. Y tantos otros ladrones. Cuando esos ladrones son descubiertos, juzgados y condenados, van a la cárcel. Pierden la libertad, pero no devuelven el dinero robado. Ya lo disfrutarán cuando acabe la condena. Creo que la justicia debería exigir para la completa liberación la devolución de todo lo robado.

Quienes más ganan, más quieren seguir ganando, así que las diferencias entre pobres y ricos siguen aumentando vertiginosamente. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres.

Acabo de leer una novela de Sabina Berman titulada ‘Los billonarios desaparecen’. Sabina Berman es una destacada escritora, dramaturga, guionista y periodista mexicana, reconocida por su profunda exploración de la identidad femenina, la política y la sociedad. ¿De qué va su novela? En un mundo donde las diferencias entre ricos y pobres son cada vez más abismales y los cambios tecnológicos y ecológicos tienen efectos expansivos, encontrar soluciones a la crisis humanitaria se convierte en algo urgente. Sabina Berman piensa que quizás el lugar más indicado para hacerlo sea la Cumbre de Líderes Globales que se realiza en Davos, Suiza. Con el lema «La desigualdad es nuestro desafío», durante tres días y bajo la batuta de Christine Jambes, presidenta del Banco Mundial, se reunirá el 1% de los hombres y mujeres que acumulan las mayores fortunas del planeta. Entre ellos está el profesor Wermer, uno de los matemático más sobresalientes, Premio Nobel y autor de un teorema que lleva su nombre. Wermer tiene un firme y oscuro propósito: unirse a las protestas de los disconformes con el modelo neoliberal que se manifiestan en la Cumbre y acabar de una vez por todas con ese pequeño porcentaje que enferma a la sociedad. No haré espóiler para que el lector o lectora no me reprochen la ruptura de su curiosidad.

Siempre me ha llamado la atención esa irrefrenable e inusitada ambición de quienes tienen cantidades de dinero exorbitante que no podría gastar la familia ni muchas generaciones de herederos. ¿Para qué se necesita más dinero del que puede permitir comprarlo y tenerlo todo? ¿Por qué es ilimitada la ambición?

La codicia se desarrolla a gran escala y a pequeña escala. Porque, cuando desde las alturas se ofrecen ejemplos tan lamentables de codicia, parece desprenderse un lema: que cada cual robe en el lugar que se encuentre y en la medida que pueda. El que no lo haga es un imbécil. El que no aproveche la ocasión es un ingenuo.

El dinero no solo corrompe la política, corrompe también los negocios. Los robos pueden empezar por cantidades pequeñas. Me gusta contar la historia de un joven que, en una localidad rural, quiere comprar un burro. Se entera de que un campesino tiene en venta su burro. Y acude a su casa para comunicarle su deseo de comprarlo. Después de la negociación llegan a un acuerdo. Es ya de noche, así que el campesino le dice:

-El trato está cerrado. Ahora ya es de noche. Ven por la mañana y te daré al animal limpio y bien preparado.
- ¿Hace falta que firmemos un documento?, dice el joven.
- No hace falta. Mi palabra vale más que todos los papeles y todas las firmas, contesta con aplomo el vendedor.
El joven, a primera hora del día siguiente, se presenta en la casa del campesino y, después de los pertinentes saludos, dice:
- Vengo a pagar y a llevarme el burro.
- Tengo que comunicarte una mala noticia. Cuando he ido esta mañana a prepararlo para entregártelo, lamentablemente, el burro estaba muerto.
- No importa. Me lo voy a llevar igual. Voy a hacer con él un negocio y claro, como está muerto, no me cobrará usted nada.
El joven se lleva el burro muerto en su furgoneta. Pasados algunos meses el campesino se encuentra con el joven y le pregunta:
- ¿Hiciste el negocio con el burro? ¿Cómo te fue?
- Muy bien, le dice el joven.
- ¿Y qué negocio era ese si el burro estaba muerto?
- Una rifa. Vendí mil papeletas a diez euros cada una.
- Y gané 9990 euros sin ningún esfuerzo.
- ¿Y no protestó nadie?, preguntó el campesino.
- Sí, protestó el afortunado al que tocó la papeleta y a ese le devolví los diez euros.
Este joven podrá llegar a ser presidente de importantes sociedades financieras. Tiene interesantes cualidades para alcanzar el éxito.

He vivido en muy poco tiempo seis experiencias de cargos fraudulentos en una cuenta de mi Banco a través de la tarjeta. Desde Países Bajos, desde Irlanda, desde España… Sesenta cargos, veinticinco, cuarenta… La extorsión es grave. No solo porque te han robado sino porque la solución tiene un proceso largo y enojoso: relación de los cargos firmada por el Banco, denuncia en la policía, envío de los documentos… Cuando fui a presentar una de ellas me dijeron en la comisaría que de cada diez denuncias que reciben ocho son de este tipo.

El dios dinero lo controla todo. En muchas ocasiones, la elección de carrera y de profesión depende, fundamentalmente, del dinero que se puede conseguir ejerciéndola. ¿No sería mejor pensar dónde se puede ser más feliz, qué es lo que más gusta hacer y dónde se puede ayuda a los demás?

Algunas veces, el dinero corrompe hasta el amor. Existe el amor «a primera visa». Un joven se dirige al padre multimillonario de tres hijas y le confiesa el amor apasionado que siente por una de ellas. El padre quiere saber de cuál de sus hijas se ha enamorado. Y le pregunta:
- ¿De cuál de las tres?
El joven, sin vacilar un momento, contesta:
- De la que sea.

Hay otros dioses a los que venerar con devoción: la felicidad, la justicia, la paz, la solidaridad, la libertad, la empatía, la igualdad, la compasión… Si al morir te sobra dinero y tienes el corazón empobrecido es que has hecho mal las cuentas.

lunes, 25 de agosto de 2025

_- Lo que un "terapeuta de ricos" aprendió sobre la felicidad al escuchar los problemas de los millonarios

Los actores de la serie de televisión Succession, aparecen en la terraza de un moderno edificio de cristal. En primer plano está el padre, y detrás están sus hijos y otros miembros de la familia ficticia.

_- El terapeuta para los ricos de Nueva York usa el programa de televisión Succession (arriba) como ejemplo de exceso tóxico en el mundo de los millonarios.

Desde que se especializó en el tratamiento de pacientes millonarios, el psicoterapeuta estadounidense Clay Cockrell dijo haber renunciado a intentar hacerse rico él mismo.

"Dejé de jugar a la lotería. Me di cuenta de los peligros de tener demasiado de todo".

Cockrell, quien dirige una clínica de terapia en Nueva York, dice que intenta ayudar a sus clientes a lidiar con lo que él llama el "efecto tóxico de la abundancia": la idea de nunca tener suficiente.

"Esa idea de que 'cuando tenga US$10 millones, estaré a salvo'. Y luego llegas a los US$10 millones y te das cuenta de que realmente necesitas US$50 millones. La conclusión es que la felicidad no va a venir de la cuenta bancaria. Simplemente no va a venir", dijo Cockrell en una entrevista a BBC News Brasil.

Un aspecto de la terapia, por lo tanto, es ayudar a los pacientes a identificar sus propósitos más allá de acumular dinero.

"Si la felicidad no está en un número, ¿dónde está? Y a partir de ahí, empezamos a experimentar. ¿Está en la filantropía? ¿está en las relaciones? ¿está en construir algo nuevo, desde cero? La ambición es genial, pero solo si se analiza y se alinea con un propósito".

Ayudando al 1%

Clay Cockrell mientras habla a la pantalla de su computadora

Clay Cockrell mientras habla a la pantalla de su computadora
 
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Clay Cockrell dirige una clínica de terapia en Nueva York que se especializa en atender a millonarios.

Paseos por el parque

Cockrell se especializó en el tratamiento de personas con mucho dinero por casualidad, después de que a un paciente con altos ingresos le gustara su método de realizar sesiones durante paseos por el parque, en vez de consultas tradicionales, y lo hubiera recomendado a otras personas en su círculo.

El terapeuta dice que él mismo se sorprendió con los problemas que conlleva la riqueza, incluso aquellos que se descartan como "problemas del primer mundo".

"Como mucha gente, creía que el dinero solucionaba los problemas. Resuelve algunos, pero no todos. Muchos de mis clientes dicen que terapeutas anteriores escuchaban sus quejas y respondían: 'No deberías tratar cosas como dónde aparcar tu yate o cómo repartir la herencia de tus hijos como problemas'. Pero siempre he creído en un enfoque de comprensión y aceptación, de reconocer sus problemas como legítimos", dijo.

"Puede que no sean los mismos problemas que los míos, pero ahora sé que el dinero es un factor que complica la vida de las personas".

Esta, enfatiza Cockrell, es la experiencia de una pequeña fracción de la población mundial.

Para la mayoría, los problemas relacionados con la escasez —no la abundancia— de dinero son factores que complican la situación.

Por ejemplo, una encuesta de la Asociación Británica de Psicoterapia reveló que casi todos (el 94%) los terapeutas del país identificaron que la salud mental de sus pacientes había empeorado debido a las preocupaciones financieras y al aumento del coste de la vida.

Los expertos explican que la sobrecarga mental de hacer que el dinero "rinda" hasta fin de mes afecta a nuestra toma de decisiones y nuestro rendimiento cognitivo.

Dificultades para relacionarse

Una mujer golpeando un Tesla con un martillo, con un gran letrero atrás que dice "Todo el Mundo odia a Elon".

Una mujer golpeando un Tesla con un martillo, con un gran letrero atrás que dice "Todo el Mundo odia a Elon".

Fuente de la imagen,Getty Images

 
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Uno de los problemas que reportan los millonarios es sentirse aislados de los demás.

Volviendo al tema de los superricos, Cockrell señala que sabe que muchos de los que él ve son infelices porque su muestra, por su propia naturaleza, está sesgada: "La gente no busca un terapeuta cuando es feliz".

Pero señala que "las personas que veo son aquellas cuyo dinero les ha complicado la vida y les ha traído cierta negatividad, (...) falta de empatía, falta de comprensión hacia quienes no han alcanzado el mismo nivel de éxito".

En la misma línea, afirma que los superricos acaban desarrollando dificultades en las relaciones familiares, tienden a desconectarse del mundo real y desconfían mucho de quienes se acercan a ellos.

"Los ricos tienden a interactuar solo con quienes los comprenden. Esto es muy común. Y lo que sucede es que se aíslan muchísimo y desconfían de la gente nueva", afirma.

"El miedo es: '¿Entras en mi vida solo por lo que puedo hacer por ti? ¿Por mi fama o por mi riqueza?' Quizás paranoia sea una palabra fuerte, pero hay mucha sospecha y eso impide que se formen nuevas relaciones".

Vida de un heredero

Mikey Madison interpreta a Anora Mikheeva y Mark Eidelstein a Vanya en la película Anora, la gran ganadora de los Oscar 2025.

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Mikey Madison interpreta a Anora Mikheeva y Mark Eidelstein a Vanya en la película Anora, la gran ganadora de los Oscar 2025.

Exponer a los hijos a tantos lujos afecta su percepción de la realidad, dice el terapeuta de los multimillonarios. Y pasar la infancia y la adolescencia en una familia adinerada también conlleva desafíos.

"Los padres a menudo quieren ahorrarles a sus hijos las dificultades que ellos mismos enfrentaron y darles una vida más fácil. Es normal. Pero hay que entender que superar las dificultades es lo que te ha hecho quien eres", dice eel terapeuta.

"Además, cuando expones a tu hijo a este mundo de jets privados, restaurantes maravillosos y vacaciones en lugares increíbles, para cuando cumpla 21 años, tendrá la sensación de 'lo he visto todo, lo he probado todo' y se aburrirá. Y entonces empezará a poner a prueba sus límites, ya sea mediante el consumo de drogas o conductas de riesgo, para sentir la adrenalina. Simplemente para sentir que están haciendo algo nuevo".

Cockrell también señala que los hijos de los superricos se enfrentan a una "enorme presión para superar a sus padres", especialmente aquellos que siguen la misma trayectoria profesional, como las celebridades del mundo del espectáculo, llamadas peyorativamente en inglés nepobabies.

Es mucha presión, lo cual contrasta con la idea de seguir tu propio camino, descubrir tus pasiones y tener derecho a equivocarte y fracasar. Por otro lado, muchos también sufren de falta de ambición.

"¿Por qué debería ir a la universidad o emprender?". Tener tanta riqueza puede ser deprimente, ya sea porque pierdes tu propósito o porque siempre estás bajo presión para superar a tus padres.

Fascinación por los superricos

Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta Platforms Inc., de izquierda a derecha, Lauren Sanchez, Jeff Bezos, fundador de Amazon.com Inc., Sundar Pichai, director ejecutivo de Alphabet Inc., y Elon Musk, director ejecutivo de Tesla Inc., durante la 60.ª inauguración presidencial en la rotonda del Capitolio de los Estados Unidos en Washington, D.C., EE. UU., el lunes 20 de enero de 2025.

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Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta Platforms Inc., de izquierda a derecha, Lauren Sanchez, Jeff Bezos, fundador de Amazon.com Inc., Sundar Pichai, director ejecutivo de Alphabet Inc., y Elon Musk, director ejecutivo de Tesla Inc., durante la 60.ª inauguración presidencial en la rotonda del Capitolio de los Estados Unidos en Washington, D.C., EE. UU., el lunes 20 de enero de 2025.

Los multimillonarios generan fascinación, particularmente por la gran influencia que tienen sobre la sociedad.

De hecho, Clay Cockrell ha cobrado mayor relevancia en los últimos años precisamente por escribir sobre los paralelismos entre su práctica y la serie Succession (2018-2023), que retrata las luchas de una familia multimillonaria por controlar el conglomerado mediático creado por el patriarca.

"La serie es bastante precisa" al retratar el "efecto tóxico del exceso" en los multimillonarios, a pesar de sus licencias dramáticas, afirma Cockrell.

Parte del éxito de Succession se debe a que los superricos a menudo evocan fascinación o desdén.

Los multimillonarios se han convertido en ídolos, han alcanzado una enorme influencia política y, para algunos, son visionarios e innovadores. Pero para otros, se han convertido en símbolos de un sistema fiscal global considerado injusto, que, según los críticos, favorece la concentración de la riqueza a expensas de la población más pobre.

Por ejemplo, cuando el multimillonario Jeff Bezos organizaba una lujosa boda en el centro de Venecia, Italia, en junio, fue recibido por manifestantes con pancartas que se quejaban diciendo: "Si puedes permitirte alquilar Venecia, puedes permitirte pagar más impuestos".

Manifestantes en Venecia con un cartel dirigido a Jeff Bezos en junio, que decía: "Si puedes alquilar Venecia para tu boda, puedes pagar más impuestos".

Fuente de la imagen,Reuters

 
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Manifestantes en Venecia con un cartel dirigido a Jeff Bezos en junio, que decía: "Si puedes alquilar Venecia para tu boda, puedes pagar más impuestos".Fuente de la imagen,Reuters 

La boda finalmente se trasladó fuera del centro de la ciudad.

La organización británica Oxfam estima que la riqueza de los cinco hombres más ricos del mundo se ha duplicado desde 2020, "mientras que la de 5.000 millones de personas ha disminuido". Esto es lo que la ONG denomina la "crisis de la desigualdad".

Clay Cockrell afirma que sus pacientes ultrarricos son conscientes de estas diferentes percepciones sobre ellos.

"Es algo que va y viene en ciclos: hay momentos en los que la sociedad admira a los más ricos por su esfuerzo, y otros en los que eso cambia y se convierte en sentimientos negativos, como si lo hubieran logrado todo por medios nefastos. Muchas de estas personas son increíblemente inteligentes, trabajadoras y han logrado cosas admirables en sus vidas. A veces son admiradas y a veces vilipendiadas. Y se sienten muy confundidos al respecto".

Para la gente común, Cockrell cree que la mayor lección de su práctica es no creer que hacerse millonario es el secreto de la felicidad.

"Para el resto de nosotros que creemos que 'con solo ese aumento, si trabajo aún más duro, seré feliz', debemos mirar a quienes ya lo tienen todo y no son felices. Eso nos reta a pensar: ¿qué me traerá felicidad y alegría? Ahí reside el valor. En las relaciones, en la familia, en la contribución que hacemos a la comunidad. De ahí proviene la felicidad.


sábado, 12 de julio de 2025

La felicidad no tiene por qué ser otra tarea pesada. Solo necesitas unos minutos para mejorar tu estado de ánimo.

Ilustración de una gran mano con un pequeño pájaro apoyado en la punta del dedo índice.
Credit...Matt Chase
Últimamente me siento un poco abrumada, tanto por las noticias como por algunas cosas de la vida. Me gustaría poder retirarme a la cima de una montaña, pero mi plan más realista es buscar las cosas más pequeñas que pueda hacer cada día para darme ánimos.

Todas las mañanas, por ejemplo, abro mi aplicación Merlin Bird ID para ver si ha aparecido algún pájaro nuevo en mi patio (una mañana me enteré de la existencia de un carpintero de pechera, un ave que no sabía que existía).

El Times Una selección diaria de notas en español que no encontrarás en ningún otro lugar, con eñes y acentos. Get it sent to your inbox. Los micromomentos de positividad como este realmente pueden mejorar tu bienestar, dijo Barbara Fredrickson, directora del Laboratorio de Emociones Positivas y Psicofisiología de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Aunque estos momentos sean fugaces, dijo, pueden “actuar como nutrientes para la salud psicológica y el crecimiento, ayudándote a convertirte en una mejor versión de ti mismo, poco a poco”.

Su investigación, y la de otros, sugiere que reconocer, cultivar y saborear estos pedacitos de felicidad aumenta el bienestar, la resiliencia y el ingenio.

Pregunté a los expertos cómo incorporar más placeres sencillos a tu vida.

Busca ‘manías inversas’
“Una manía es algo pequeño que te molesta desproporcionadamente”, dijo Bree Groff, autora del libro de próxima aparición Today Was Fun. Por el contrario, dijo, “una ‘manía inversa’ es algo pequeño que te produce una alegría desproporcionada”.

Esto puede ser tan peculiar como quieras, añadió Groff. “Me he dado cuenta de que me gusta colocar todas las cosas de mi escritorio en ángulo recto”, dijo. “Me hace sentir cierta sensación de paz y control sobre mi pequeño mundo”.

Programa unas cuantas pequeñas alegrías
MaryCatherine McDonald, investigadora de traumas y autora de The Joy Reset, utiliza otro término para referirse a esos pedacitos brillantes de felicidad: pequeñas alegrías, o TLJ (la sigla en inglés de Tiny Little Joy).

Los clientes de McDonald le han contado que sus TLJ incluyen el primer sorbo de café de la mañana o la satisfacción de pelar un plátano en tiras perfectamente uniformes.

Empieza por enumerar todos tus TLJ. Una vez lo hayas hecho, intenta convertir uno de ellos en un hábito en un momento determinado del día, añadió Groff.

Hace poco, un amigo mío me dijo que ya no iba a utilizar las cajas o quioscos de autopago del supermercado. Dijo que se había dado cuenta de que le gustaba hablar con una persona en la caja, y que estaba intentando recuperar la interacción humana en su vida.

Haz algo ‘en cámara lenta’ a propósito
Sue Varma, profesora clínica adjunta de psiquiatría en la Escuela de Medicina Grossman de la NYU y autora de Practical Optimism, dijo que le gustaba hacer una actividad diaria “a 0,5 de velocidad”.

Las investigaciones sugieren que breves periodos de atención plena pueden mejorar tu salud psicológica. Así que Varma elige hacer algo con la mente a velocidad media, como lavar los platos o aplicarse su tratamiento favorito para la piel (que describió como “dos minutos que me hacen sentir querida”).

Normalmente soy una persona que tacha los pendientes de una lista y se apresura con todo, pero seguí el consejo de Varma y preparé limonada a velocidad media: corté lentamente los limones, los olí para capturar su aroma y removí con calma el azúcar. (Fingir que estás en un programa de cocina en tu cocina y narrar en voz alta mientras cortas los alimentos es otro TLJ, dijo McDonald).

Replica un detalle de tus vacaciones
A veces las actividades que nos dan “grandes alegrías”, como las vacaciones, requieren demasiada planificación, dinero, tiempo y esfuerzo, explicó Groff.

Aunque no puedas irte de vacaciones todos los días, puedes encontrar un trocito de vida vacacional para saborearlo ahora mismo, dijo. Quizá en casa puedas repetir los cocteles que tomaste en vacaciones (y comprarte un paquete de las sombrillitas para decorar bebidas).

En lugar de darse un masaje corporal completo, que es caro, dijo Groff, se mete en un salón de manicura y pide un masaje en silla de 10 minutos. Y en vez de salir a cenar a lo grande, se prepara un batido por la tarde y lo pone en un vaso con tallo, que “resulta más divertido”.

Si te encanta pintar, pero no tienes tiempo de sacar el lienzo y los pinceles, puedes proponerte hacer un garabato al día, dijo Groff. Si la jardinería te produce una gran alegría, lleva una pequeña planta de albahaca al trabajo y ofrece a tus compañeros una o dos hojas de albahaca para su almuerzo.

Algunos de mis TLJ favoritos duran menos de un minuto. Por ejemplo, tengo una botella de agua de rosas en mi mesa de trabajo. A veces, cuando la energía decae por la tarde, le pregunto a un compañero: “¿Quieres que te rocíe?”.

Me preocupa estar convirtiéndome en la compañera excéntrica de la oficina, pero la mayoría de mis colegas se ponen en fila y cierran los ojos.

sábado, 24 de febrero de 2024

Traficantes de felicidad.

Felicidad
Una mujer siendo feliz en plena naturaleza.
El pensamiento actual no ha resuelto la tensión entre el hedonismo y la devoción, pero sí ha añadido una nueva dimensión al debate: la búsqueda de una vida psicológicamente rica.

Como todo el mundo quiere ser feliz y nadie lo consigue, la felicidad se ha convertido en una droga legal que venden los oportunistas y compran los adictos al género. Este tráfico de esperanzas infundadas ya se había consolidado antes de las redes sociales, aunque con ellas está a punto de alcanzar el paroxismo. Si cometes la osadía de poner “libros sobre la felicidad” en cualquier buscador te verás sepultado bajo estratos de títulos seductores sobre la “auténtica” felicidad, el flow, los hábitos de un cerebro feliz, la ciencia de la felicidad y la vida que florece, junto a una ensalada de inventarios de los 12 mejores libros sobre la felicidad, los 10 mejores libros para ser feliz y los mejores libros sobre la felicidad para niños. De las webs ya ni hablemos.

Conscientes de que la búsqueda de la felicidad es un asunto central para la naturaleza humana, los filósofos llevan milenios analizando el asunto con su lupa analítica de alta precisión. Han identificado dos categorías muy diferentes en este apartado de apariencia tan simple. La primera es el hedonismo, la recomendación clásica de priorizar el placer, la estabilidad y el disfrute sobre otras consideraciones. Y la segunda, llamada a veces eudaimonía, aconseja buscar un significado a la vida, tener un propósito, una devoción, un espíritu virtuoso. Ya sé que comprarías los dos paquetes enteros, pero el problema es que hay que elegir entre uno y otro. Ambas filosofías de vida persiguen la felicidad por caminos contradictorios. No se puede ser Bertrand Russell y Frank Sinatra al mismo tiempo, y solo se vive una vez.

El pensamiento actual no ha resuelto la tensión entre el hedonismo y la devoción, pero sí ha añadido una nueva dimensión al debate: la búsqueda de una vida psicológicamente rica. El énfasis se pone ahora en los compromisos mentales complejos, la amplitud de las emociones profundas y las experiencias novedosas, como resume el psicólogo Scott Barry Kaufman. Ni entregarse al placer ni cocerse en la devoción, sino buscar una vida intensa, interesante e inteligente (las tres intes, si me permites el chascarrillo). El demonio ya no es la inestabilidad ni la falta de propósito en la vida, sino el puro y simple aburrimiento. Se trata de buscar la riqueza psicológica. Es un cambio de óptica interesante.

Según los experimentos con voluntarios, la riqueza psicológica muestra una fuerte correlación con la curiosidad, el espíritu abierto al mundo y la capacidad de experimentare emociones intensas, sean positivas o negativas. La aversión al riesgo está muy bien si paseas por un acantilado, pero no como guía vital ni tabla de los mandamientos.

Cuando los investigadores preguntan a sus voluntarios si prefieren el hedonismo, la entrega a un propósito o la riqueza psicológica, la mayoría (del 50% al 70% según los países) opta por el hedonismo, y bastante gente (del 14% al 39%) elige la devoción. Solo una minoría prefiere la riqueza psicológica, y curiosamente son muchos menos en Singapur (7%) que en Alemania (17%). De entrada, esto da la razón a la filosofía clásica, pues la gran mayoría de la gente encaja muy bien en las dos categorías tradicionales. Pero la diferencia entre Singapur y Alemania también indica que la cultura recibida tiene un peso sustancial en las decisiones vitales. Tal vez la riqueza psicológica se pueda estimular en las poblaciones humanas, y tal vez eso incremente el bienestar de las personas. Tal vez lo incremente más que los traficantes de felicidad que hemos padecido hasta ahora.

El filósofo austriaco-israelí Martin Buber (1878-1965) escribió: “No acepto ninguna fórmula absoluta para vivir. Ningún código preconcebido puede prever cualquier cosa que pueda ocurrir en la vida (…). Apostemos nuestra existencia entera por nuestra voluntad de explorar y experimentar”. El consejo es gratis.