jueves, 15 de enero de 2026

Más calma, más claridad: 9 claves para cuidar tu salud mental en 2026

Ilustración de la cabeza de una mujer de espaldas frente a un cielo estrellado. Se muestran algunas estrellas dentro de la cabeza de la mujer, incluida una estrella fugaz.
Credit...Lorena Spurio
Estas estrategias respaldadas por expertos te ayudarán a cultivar tu bienestar mental y cognitivo.

Ahora que 2025 llegó a su fin y concluye otra ajetreada temporada de fiestas, vale la pena detenerse un momento para pensar en tu cerebro.

¿Necesitas algo de cariño y atención? Estos consejos pueden ayudarte a cuidar —y mejorar— tu salud mental y cognitiva ahora y a lo largo de 2026.

Aquí reunimos algunos de los mejores consejos que aprendimos de los expertos este año sobre cómo tratarnos con más amabilidad, mantener la agudeza mental, dormir mejor y liberarnos del teléfono.

Sal a caminar
La actividad física es una de las cosas más beneficiosas que puedes hacer por tu salud mental y cognitiva a cualquier edad. Además, las investigaciones muestran de forma consistente que, a medida que envejeces, mantenerte activo puede ayudar a reducir el riesgo de demencia.

Un estudio reciente descubrió que, entre los adultos con riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer, quienes promediaban más pasos diarios presentaron un menor deterioro cognitivo en el transcurso de nueve años. A las personas que daban entre 5001 y 7500 pasos les iba mejor, pero las que caminaban entre 3001 y 5000 pasos al día también tenían un deterioro más lento que las personas más sedentarias.

Lee la nota completa

Caminar podría reducir el riesgo de alzhéimer

Ocúpate del cajón de triques
Si tu casa —y tu mente— se sienten un poco desordenadas, prueba a hacer una limpieza suave”. No intentes hacer una limpieza profunda de todo tu hogar; elige un punto problemático y reserva tiempo para ordenar solo ese pequeño espacio.

Este tipo de minirenovación puede ser suficiente para darnos lo que muchos buscamos cuando pensamos en organizarnos: una carga mental más liviana y un antes y después satisfactorio. “A veces se necesita una pequeña medida de control en un mundo que se siente caótico”, dijo Tara Bremer, organizadora profesional del hogar en Birmingham. “Si es un solo cajón de trastos, sé la jefa del cajón de trastos”.

Lee la nota completa

Sé más amable contigo mismo
¿Te pasa que eres empático con los demás, pero excesivamente duro contigo mismo? Tal vez necesites una dosis extra de autocompasión.

La próxima vez que notes que eres demasiado autocrítico, prueba hacer una pausa de compasión. Primero, reconoce las emociones que estás sintiendo. Luego, cuídate: ¿qué es lo que más necesita en este momento la parte de ti que está sufriendo? ¿Comprensión? ¿Perdón? ¿Un mensaje reconfortante? Dite algo amable: “Está bien sentirse así” o “Estás haciendo lo mejor que puedes”.

Lee la nota completa

Cómo dejar de ser tan duro contigo mismo


Habla con un amigo
Los llamados super-agers, o superancianos —personas de 80 años o más con la capacidad de memoria de alguien 20 o 30 años menor— no comparten una dieta mágica, una rutina de ejercicio específica ni un medicamento milagroso. Lo único que sí los une es “la manera en que entienden la importancia de las relaciones sociales”, dijo Sandra Weintraub, catedrática de psiquiatría y ciencias del comportamiento de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern. “Y en términos de personalidad, tienden a ser más bien extrovertidos”.

Aunque los superancianos probablemente también cuenten con otros factores a su favor (la genética y la estructura cerebral pueden influir), hablar con un amigo es beneficioso para todos.

“Las personas que socializan más son más resistentes al deterioro cognitivo a medida que envejecen”, dijo Ben Rein, neurocientífico y autor del libro Why Brains Need Friends. (por qué el cerebro necesita amigos)

Lee la nota completa

¿Cómo se mantienen jóvenes los ‘superancianos’?


Ve al bosque
¿Sientes que te cuesta concentrarte?  Tómate un descanso en la naturaleza. Los estudios han demostrado que estar al aire libre mejora la atención, la creatividad y el estado de ánimo. Los investigadores creen que esto puede deberse a que estar rodeados de árboles, agua, rocas y otros elementos naturales resulta “suavemente fascinante”, lo que permite que el cerebro descanse y se reinicie sin aburrirse.

En un estudio publicado el año pasado, las personas que paseaban por una arboleda obtuvieron mejores resultados en pruebas cognitivas que las que paseaban por un campus médico urbano.

El grupo de la arboleda también mostró menor actividad cerebral inmediatamente después de la caminata, seguida de picos más altos mientras realizaban una tarea de atención. Esto sugiere que el cerebro descansó “y luego volvió a activarse de forma más eficiente y fuerte que nunca tras la exposición a la naturaleza”, dijo Amy McDonnell, investigadora posdoctoral en la Universidad de Utah, quien dirigió el estudio.

Lee la nota completa


Aléjate de tu teléfono (de verdad, en serio)

Clare Morell, autora de The Tech Exit, recomienda reservar un día a la semana para separarte del teléfono. Si recibes una llamada, puedes mirar para ver quién es, por si se trata de una emergencia. Pero, fuera de eso, tu teléfono permanece fuera de la vista.

Jason Nagata, pediatra y profesor adjunto de la Universidad de California en San Francisco, sugiere poner más barreras físicas entre tú y la tecnología. Por ejemplo, él da prioridad a la natación para sus entrenamientos de verano, ya que la piscina es naturalmente una zona libre de teléfonos.

Freya India, autora del boletín Substack GIRLS, recomienda fijarse una meta elevada y darse un plazo para cumplirla. Una idea: invita a tus amigos a cenar antes de saber cocinar. Con la fecha inminente, tu tiempo libre se llena de preparación y práctica; no te puedes permitir ponerte a escrolear.

Lee la nota completa

Usa tapones para los oídos
Las personas mayores con pérdida de audición tienen un mayor riesgo de desarrollar demencia. Los científicos creen que puede deberse a que la parte del cerebro que procesa la audición está cerca de la parte responsable de la memoria, y al recibir menos estímulos, esa región puede atrofiarse. Las personas con pérdida auditiva también tienden a retraerse de actividades sociales que podrían mantener su mente activa.

Para proteger la capacidad del cerebro de procesar señales sensoriales, utiliza tapones u orejeras de protección contra el ruido cuando estés cerca de sonidos fuertes, dijo Elizabeth Bevins, neuróloga de UC San Diego Health. Además, las personas mayores de 50 años, y cualquiera que se exponga con frecuencia a ruidos fuertes, deben someterse a una prueba de audición cada uno o tres años, dijo.

Lee la nota completa


Duerme bien
Prácticamente todo el sueño es beneficioso para el cerebro, pero los científicos creen que dos etapas —el sueño profundo y el sueño de movimientos oculares rápidos (REM, por su sigla en inglés)— son especialmente importantes para la cognición y la recuperación.

Durante el sueño profundo, el sistema de autolimpieza de tu cerebro se pone en marcha y elimina los residuos moleculares. El sueño REM es el momento en que el cerebro procesa las emociones y la nueva información adquirida durante la vigilia, consolidándolas en la memoria a largo plazo.

Dar prioridad a la higiene del sueño puede ayudar a mejorar el sueño en general, incluido el sueño profundo y el sueño REM. Los expertos recomiendan reservar tiempo suficiente para dormir bien por la noche, y procurar acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora cada día.

Lee la nota completa


En lugar de contar ovejas, prueba la alternancia cognitiva
Si conciliar el sueño te resulta difícil, quizá quieras probar una actividad sencilla llamada href="https://www.nytimes.com/es/2025/03/26/espanol/tecnica-dormir-alternancia-cognitiva.html" title, alternancia cognitiva. href="https://www.nytimes.com/es/2025/03/26/espanol/tecnica-dormir-alternancia-cognitiva.html" 

 Empieza tomando una palabra al azar: “Plutón”, por ejemplo. Luego piensa en todas las palabras que puedas que comiencen con la misma letra inicial, como “pájaro, perro, puente, pera”. Tómate un segundo más o menos para visualizar cada palabra.

Cuando se te acaben las palabras con “P”, pasa a la siguiente letra de tu palabra original (en este caso, “L”) y repite el proceso.

La tarea pretende distraerte de los pensamientos que pueden estar impidiendo el sueño, sin activar demasiado tu cerebro.

Lee la nota completa Una técnica sencilla para ayudarte a conciliar el sueño 

Christina Caron es reportera del Times y cubre salud mental, en particular el envejecimiento y la salud cerebral.

miércoles, 14 de enero de 2026

Estabilidad perfecta en un avión

La última vez vimos los fundamentos de la estabilidad y qué comportamientos estables se consideran deseables. Siguiendo con el tema de la estabilidad, esta vez analizaremos los métodos utilizados para lograr la estabilidad longitudinal:

Probablemente la forma más sencilla de visualizar la estabilidad longitudinal sea imaginar la aeronave como un balancín con su punto de apoyo en el centro de gravedad. Sobre este balancín actúan todas las fuerzas aerodinámicas e inerciales a las que está expuesta la aeronave. Cuando una aeronave vuela con su ángulo de ataque (AOA) de trimado, las fuerzas combinadas que actúan sobre ella se encuentran en equilibrio, es decir, se anulan entre sí, lo que provoca que el balancín se equilibre. Este equilibrio es un buen punto de partida, pero para lograr la estabilidad existe un requisito adicional: si la aeronave se desvía de su AOA de trimado, debe generarse una fuerza que actúe para devolverla a su posición de trimado. Existen diversas maneras de lograr esto, pero para los aviones convencionales la solución consiste en instalar un estabilizador horizontal que vuela con un ángulo de ataque menor que el del ala principal; esta característica se denomina «décalage» o «diedro longitudinal» (según la región).

Estabilidad 2 Fig. 1a Figura 1a – Estabilidad longitudinal en un avión convencional con estabilizador horizontal (clic para ampliar)

Veamos cómo funciona, comenzando con la Figura 1a, que muestra una aeronave con décalage volando en condiciones de trimado: El perfil alar principal tiene curvatura, lo que genera un momento de cabeceo hacia abajo y una fuerza de sustentación, que actúa en el centro aerodinámico del ala (CA). En este ejemplo, estas fuerzas aerodinámicas se equilibran con el peso de la aeronave, que actúa a través del centro de gravedad (CdG) y que, en este caso particular, se encuentra a la distancia exacta detrás del centro aerodinámico del ala para equilibrar la aeronave (¡qué conveniente!). En este caso, el estabilizador horizontal no interviene, y al ser un perfil alar simétrico (es decir, sin curvatura) volando con un ángulo de ataque de cero grados, no genera sustentación.

La situación descrita es una idealización, ya que el estabilizador no genera sustentación y, por lo tanto, no produce resistencia de compensación. Sin embargo, si el centro de gravedad se desplazara, la aeronave aún podría trimarse, pero el estabilizador tendría que empezar a generar sustentación. Para simplificar el ejemplo, he omitido que el estabilizador vuela en la corriente descendente del ala principal (lo que reduce su ángulo de ataque y, por ende, su eficacia). En la práctica, este efecto reduce la estabilización del estabilizador; sin embargo, no altera el principio básico de estabilidad, por lo que lo ignoro aquí para facilitar la explicación.

Sin embargo, esto no altera el principio básico de estabilidad, así que lo ignoraré aquí para simplificar la explicación.

Tenemos una aeronave que vuela en equilibrio, pero esto no significa que posea estabilidad positiva. A continuación, examinaremos la Figura 1b y veremos qué sucede si volamos a través de una corriente ascendente:

Estabilidad 2 Fig. 1b

Figura 1b – Estabilidad longitudinal en respuesta a una corriente ascendente

Todas las aeronaves tienen masa y, por lo tanto, inercia, lo que significa que no cambian instantáneamente de dirección ni de velocidad en respuesta a una ráfaga (una de las razones por las que las aeronaves pesadas se comportan mejor en condiciones de turbulencia). Por lo tanto, desde la perspectiva de un avión, una corriente ascendente repentina se experimenta inicialmente solo como un cambio en la dirección del viento aparente, lo que produce un aumento en el ángulo de ataque (AOA) tanto en el ala como en la cola (mostrado como Δα en el diagrama). Este aumento del AOA tiene dos efectos inmediatos:

El ala principal produce una mayor fuerza de sustentación debido al aumento del centro de gravedad (CL) en respuesta al aumento del AOA.

El estabilizador horizontal también presenta ahora cierto ángulo de ataque y comienza a generar sustentación.

Si retomamos la situación de equilibrio: el ala principal tiene una mayor superficie y, por lo general, una relación de aspecto mayor que el estabilizador, por lo que su fuerza de sustentación habrá aumentado más que la del estabilizador. Sin embargo, la distancia entre el centro aerodinámico del ala y el centro de gravedad es muy corta, por lo que el momento de cabeceo adicional hacia arriba es mínimo. En comparación, la fuerza de sustentación del estabilizador es pequeña en relación con el aumento de la sustentación del ala, pero el estabilizador tiene un brazo de palanca mucho mayor hasta el centro de gravedad, generando así un momento de cabeceo considerable hacia abajo.

«¿Pero qué ocurre con el momento de cabeceo del ala principal debido a la curvatura?», dirán ustedes. «¡Seguro que eso también habrá cambiado!».

Pues bien, dado que la velocidad de la aeronave aún no ha variado, el momento de cabeceo del ala principal respecto a su centro aerodinámico tampoco habrá cambiado. Esto puede parecer contraintuitivo para muchos, pero es consecuencia directa de medir el momento de cabeceo del ala en el centro aerodinámico, donde, por definición, es independiente del ángulo de ataque (AOA). Precisamente por eso, el centro aerodinámico es un concepto tan útil.

Como resultado, obtenemos un momento de cabeceo neto hacia abajo que alinea la aeronave con el viento aparente… ¡es decir, estabilidad longitudinal positiva!

En resumen, lo que sucede a continuación es que el avión, en su conjunto, acelera hacia arriba (tanto el ala como la cola generan más sustentación, pero el peso no ha cambiado), y el morro cabecea hacia abajo debido al momento de cabeceo desequilibrado. Ambas acciones hacen que el viento aparente vuelva al ángulo de ataque de trimado, momento en el que el avión recupera el equilibrio.

Es importante señalar que esta descripción es una simplificación. En una aeronave real, el flujo descendente del motor, los efectos de la hélice y la aerodinámica del fuselaje, las superficies de control y los flaps influyen en la estabilidad general, por lo que deben considerarse. Esto supone un desafío de diseño complejo, e incluso tras exhaustivas pruebas en túnel de viento y modelado informático, los vuelos de prueba de nuevos diseños suelen revelar comportamientos de estabilidad inesperados, sobre todo en los extremos del rango de vuelo. Estos problemas deben corregirse… pero ese es tema para otro momento.

¿Sientes inestabilidad?

¡Esperemos que tu respuesta a la pregunta anterior sea un rotundo «No»!, especialmente si estás en un avión. La estabilidad positiva es una característica deseable en prácticamente cualquier diseño de aeronave y un requisito de certificación en muchas categorías, incluidas las aeronaves ligeras deportivas (LSA). En aire tranquilo, permite que un avión vuele con las manos libres durante un breve periodo, lo cual resulta útil si necesitas volver a doblar una carta náutica o recuperar un lápiz que se te ha caído. En aire turbulento, ayuda a minimizar la sensación de estar luchando contra un animal salvaje. Sin embargo, todo en exceso es malo, y una estabilidad excesiva puede hacer que el vuelo sea incómodo, ya que la aeronave intentará corregir bruscamente su rumbo y ángulo de ataque con cada ráfaga.

Un avión que carece de estabilidad positiva no es necesariamente imposible de volar, pero requerirá mucho esfuerzo y una vigilancia constante para evitar que cualquier pequeña desviación de la trayectoria de vuelo deseada se convierta en una pérdida total de control. Sin embargo, la estabilidad reducida tiene sus ventajas: los aviones diseñados para acrobacias aéreas a veces presentan una estabilidad marginal o incluso neutra, y los modernos aviones de combate logran su extrema agilidad incorporando deliberadamente una estabilidad aerodinámica negativa, la cual se controla únicamente mediante sistemas de control electrónico (fly-by-wire) y sistemas de control computarizados que ocultan esta falta de estabilidad al piloto.

¿Qué es la estabilidad?

La tecnología de vanguardia es muy atractiva, pero la mayoría de nosotros preferimos el control por cable al control electrónico (fly-by-wire), así que volvamos a lo básico: ¿qué es la estabilidad y cómo afecta al manejo de un avión? En el contexto aeronáutico, la estabilidad se divide en dos tipos: «estabilidad estática» y «estabilidad dinámica». El término «estabilidad estática» es un tanto engañoso, ya que no implica que el avión esté completamente quieto, sino que se refiere a la respuesta inmediata de la aeronave ante una perturbación. Si se tira de la palanca de control, elevando ligeramente el morro, y luego se suelta rápidamente, el avión volverá a bajar el morro automáticamente. Esto es la estabilidad estática positiva en acción, que devuelve al avión a su ángulo de ataque de trimado.

La estabilidad dinámica, por otro lado, se refiere a lo que sucede a continuación, es decir, la respuesta del avión durante un período de tiempo más prolongado. Si se mantiene la actitud de morro arriba durante un tiempo mayor, permitiendo que disminuya la velocidad, al soltar la palanca se producirá el mismo movimiento inicial de morro abajo. Sin embargo, siempre que la potencia y el ajuste del trimado permanezcan constantes, el avión acelerará e intentará recuperar su velocidad original. En la mayoría de las aeronaves, esta respuesta resultará en una sobreoscilación de la velocidad de referencia, lo que provocará que el avión vuelva a cabecear hacia arriba. Si la aeronave tiene estabilidad dinámica positiva, este ciclo se repetirá con divergencias de velocidad progresivamente menores hasta que finalmente se alcance el equilibrio en la velocidad de referencia. La Figura 1 ilustra esto y el impacto que los diferentes tipos de estabilidad de cabeceo tendrán en el comportamiento de una aeronave tras la maniobra de ascenso descrita.

Figura 1: Estabilidad (Gráfico de estabilidad)

Figura 1: Diferentes respuestas de estabilidad ante una perturbación inicial.

Además de los dos tipos de estabilidad descritos anteriormente, la estabilidad de una aeronave se divide convencionalmente en tres planos de rotación: longitudinal (cabeceo), lateral (alabeo) y direccional (guiñada). Esto puede resultar confuso para quienes no están familiarizados con el tema, ya que la rotación en el plano longitudinal se produce alrededor de un eje lateral y viceversa. Por suerte, ¡la estabilidad direccional es evidente!

Figura 2: Ejes de estabilidad

Figura 2: La estabilidad se divide en tres planos: longitudinal, lateral y direccional.

Como pilotos, solemos dar por sentada la estabilidad longitudinal, ajustando el trimado decenas o incluso cientos de veces durante el vuelo y luego dejando que el avión mantenga obedientemente el ángulo de ataque seleccionado sin pensarlo dos veces. Pero pensemos por un momento en lo extraordinaria que es la capacidad de trimar a un ángulo de ataque específico. Después de todo, ¿cuántos objetos, al ser liberados a gran altura, no solo no caen en picado inmediatamente, sino que salen disparados lateralmente a más de diez veces su velocidad de descenso vertical? Desde cualquier punto de vista, ¡eso es bastante inusual!

Compárese lo anterior con la estabilidad direccional, una cualidad mucho más intuitiva que, básicamente, consiste en «apuntar en la dirección en la que uno se mueve». Se le puede añadir una cola a casi cualquier cosa y será direccionalmente estable; basta con que el centro de gravedad esté separado del centro de sustentación, y el efecto veleta alineará naturalmente el objeto con el viento predominante. Las bombas y las flechas son dos ejemplos claros de formas direccionalmente estables. A pesar de sus diferencias, podría argumentarse que la estabilidad direccional y la longitudinal operan según los mismos principios; simplemente, la estabilidad direccional está inherentemente ajustada para proporcionar un ángulo de ataque cero.

La estabilidad lateral es muy diferente a las otras dos. En el caso de aeronaves de ala alta…

El efecto péndulo, derivado de tener el centro de gravedad situado debajo del ala, proporciona de forma natural cierto grado de estabilidad lateral, pero en las aeronaves de ala baja, la estabilidad de alabeo debe generarse aerodinámicamente. Afortunadamente, la gravedad también contribuye, provocando que un avión inclinado derrape lateralmente, lo que permite que el diedro del ala cree un momento adrizante (más sobre esto la próxima vez).

Encontrar el equilibrio perfecto

La mayoría de los aviones son muy estables en cabeceo y bastante estables en guiñada, pero la estabilidad lateral suele ser mucho menor. Esto se debe principalmente a la interacción entre alabeo y guiñada, denominada «acoplamiento transversal lateral-direccional», que obliga al diseñador a buscar un equilibrio entre estabilidad y maniobrabilidad para lograr un manejo aceptable:

Las aeronaves con poca estabilidad direccional pero buena estabilidad lateral poseen inherentemente una buena «estabilidad espiral», lo que significa que son resistentes a entrar en picado en espiral por falta de atención del piloto. Sin embargo, esta configuración es propensa a producir «balanceo holandés» (un movimiento de serpenteo mal amortiguado donde el avión alterna continuamente entre guiñada y alabeo, haciendo que el morro describa una trayectoria en forma de ocho lateral). Una excesiva estabilidad de alabeo también resulta en un avión difícil de maniobrar, una característica poco apreciada por los pilotos. Por otro lado, un avión con buena estabilidad direccional pero poca estabilidad lateral se sentirá más ágil y será resistente al balanceo lateral, pero presentará una leve inestabilidad espiral que hará que se incline gradualmente y entre en picado en espiral si no se controla. Lograr un equilibrio entre estas dos configuraciones es un desafío, y los diseñadores suelen optar por la segunda, minimizando el balanceo lateral y confiando en que el piloto controle la leve inestabilidad espiral (que suele ser tan lenta que se maneja de forma subconsciente).

Tras haber cubierto los conceptos básicos de qué es la estabilidad y sus efectos, la próxima vez profundizaré un poco más y analizaré cómo se diseña un avión para proporcionar la estabilidad positiva necesaria, además de por qué el peso y el equilibrio son tan importantes.



Todo en un Flap

Hay mucho que decir sobre aterrizar a la menor velocidad posible, especialmente si el aterrizaje resulta ser una llegada inesperada a un prado (o peor), debido a una falla del motor en un momento inoportuno. Al aterrizar, se disipa energía cinética no deseada que, como se aprende en las clases de física, es proporcional al cuadrado de la velocidad; por lo tanto, un aterrizaje a 45 nudos tendrá la mitad de energía que uno a 64 nudos. Esto es crucial en caso de un aterrizaje forzoso; ir más despacio siempre será mejor, razón por la cual los ultraligeros tienen una velocidad máxima de pérdida limitada a 45 nudos.

Por supuesto, un requisito previo para una baja velocidad de aterrizaje es una baja velocidad de pérdida, y habiendo leído mis artículos anteriores (¿los leyeron, verdad?), sabrán que una baja velocidad de pérdida requiere una gran superficie alar o un perfil alar capaz de generar mucha sustentación (es decir, uno con un CLmax elevado). Pero no hay soluciones mágicas, y las alas grandes con mucha curvatura implican mayor resistencia y una reducción de la velocidad de crucero. Para obtener lo mejor de ambos mundos, necesitamos alas que puedan reconfigurarse, lo que requerirá algún tipo de dispositivo hipersustentador.

Los dispositivos hipersustentadores se presentan en diversas variantes: flaps, ranuras, slats, etc. Todos ellos logran su objetivo mediante uno o más de los siguientes mecanismos: aumentando la superficie alar; modificando la curvatura del ala; o aumentando el ángulo de ataque de pérdida.

Aumentar la superficie alar es la solución obvia, pero no es la forma más eficiente en cuanto a peso para generar sustentación adicional, especialmente si se compara con la alternativa de aumentar la curvatura del perfil alar. Un flap simple del 30% de la cuerda, deflectado a 45°, logrará un aumento en el Clmax local equivalente a alargar la cuerda del ala en un 50%. Ambas técnicas requieren mecanismos de accionamiento, pero aumentar la superficie alar exige estructura adicional y espacio para guardarla cuando está retraída. En cambio, aumentar la curvatura del ala solo requiere un mecanismo para pivotar hacia abajo parte de la superficie alar existente.

Aumentar la curvatura para generar sustentación adicional tiene algunas consecuencias: en primer lugar, aumenta la resistencia, especialmente con mayores deflexiones del flap. Esto no es necesariamente negativo, ya que reduce el rendimiento de planeo, permitiendo un ángulo de aproximación más pronunciado para superar mejor los obstáculos. En segundo lugar, añadir curvatura a la parte trasera del ala incrementa el momento de cabeceo hacia abajo. Esto es significativo, ya que contrarrestar un gran aumento del momento de cabeceo a baja velocidad puede ser crucial para dimensionar el estabilizador horizontal y, si se requieren grandes fuerzas en la cola, también para la estructura de la parte trasera del fuselaje. Reducir los grandes momentos de cabeceo aumenta la resistencia aerodinámica, lo que, sumado a los demás aumentos de resistencia ya mencionados, podría causar problemas a los pilotos si no disponen de suficiente potencia de reserva y se encuentran en la zona de baja potencia. Por último, extender los flaps modifica el ángulo de incidencia efectivo del ala con respecto al fuselaje, lo que permite realizar la aproximación y el aterrizaje con el fuselaje ligeramente inclinado hacia abajo. En algunas aeronaves, esto puede mejorar significativamente la visibilidad de la pista para el piloto.

Tipos de flaps

Veamos las opciones de flaps. Primero, tenemos el flap simple: simplemente se gira la parte trasera del ala hacia abajo. Es una solución sencilla, pero su eficacia se ve limitada por la tendencia del flujo de aire a separarse en el brusco cambio de dirección que se produce en la superficie superior del ala al desplegarse los flaps. Los flaps divididos evitan este problema al dejar la superficie superior inalterada y solo deformar la inferior, lo que proporciona una ligera mejora en la sustentación, pero a costa de un mayor momento de cabeceo y una mayor resistencia. Los flaps Zap son similares en concepto a los flaps divididos, pero el mecanismo de extensión mueve el flap hacia atrás al girar, lo que aumenta la superficie alar y, por consiguiente, la curvatura:

Flaps - Fig. 1

En los diseños más recientes, tanto los flaps simples como los divididos han caído en desuso, siendo los flaps ranurados la opción más popular. La ventaja de una ranura es que el aire se acelera a través de ella, de forma similar a una tobera, lo que favorece que el flujo de aire se mantenga adherido, retrasando la entrada en pérdida y mejorando el rendimiento. Los flaps Junkers son similares en principio a los flaps ranurados, pero no se retraen; simplemente se alinean con el flujo de aire cuando están "retraídos" para minimizar la resistencia. Colocar el punto de pivote de un flap ranurado debajo del ala provoca que la extensión del flap no solo altere la curvatura, sino que también aumente la superficie alar, proporcionando una ventaja adicional. Los grandes aviones de transporte suelen llevar este enfoque un paso más allá al incorporar múltiples flaps Fowler ranurados. Estos se extienden hacia atrás, aumentando la superficie alar y la curvatura, lo que permite grandes incrementos de sustentación, pero a costa de mayores momentos de cabeceo y una complejidad mucho mayor.

Flaps - Fig. 2

En aviones más pequeños, la función del flap y del alerón a veces se combina en una única superficie de control en cada ala llamada "flaperón". Los flapperones funcionan de forma independiente para el control de alabeo, pero también pueden desplegarse conjuntamente para actuar como flaps. Este enfoque simplifica la construcción del ala y permite una mayor superficie de flap/alerón, pero requiere un mezclador mecánico para combinar los controles de flap y alerón, lo que obviamente complica el sistema de control.

Los dispositivos de borde de fuga no son la única opción para aumentar la sustentación; las ranuras, los slats y los deflectores de borde de ataque siguen siendo comunes, especialmente si se requiere un rendimiento STOL. Los slats se extienden desde el borde de ataque, abriendo una ranura que guía y acelera el flujo de aire a través de ella, permitiendo que el ala alcance un mayor ángulo de ataque antes de entrar en pérdida. Las ranuras funcionan de forma idéntica a los slats, pero son fijas; dependen únicamente de su geometría para limitar el flujo de aire a través de la ranura a ángulos de ataque bajos y, por lo tanto, evitar una resistencia excesiva a altas velocidades.

Flaps - Fig. 3

Si bien no son comunes en ultraligeros, los aviones comerciales suelen equiparse con flaps Krueger o deflectores de borde de ataque. Ambos aumentan la curvatura del ala, y los flaps Krueger también proporcionan superficie alar adicional. Debido a que afectan al borde de ataque del ala, estos dispositivos a menudo se combinan con flaps ranurados para ayudar a equilibrar los grandes momentos de cabeceo que se generan al extender los flaps.

Para quienes buscan innovación, se ha investigado considerablemente el «control activo de la capa límite»: inyectar o aspirar aire a través de aberturas en la superficie superior del ala para dinamizar el flujo de aire o aspirar la parte menos dinámica de la capa límite hacia el ala. Si bien esta investigación es interesante, excede el alcance de esta discusión, ¡y no creo que la veamos en un ultraligero común en un futuro próximo!

Consideraciones de diseño

Los flaps deben ser lo suficientemente grandes para funcionar eficazmente a bajas velocidades, pero, como consecuencia, también pueden generar grandes momentos de cabeceo y cargas estructurales si se despliegan a velocidades más altas. El aumento de peso que implica diseñar la estructura y el sistema de flaps de una aeronave capaces de soportar el despliegue a alta velocidad es prohibitivo, por lo que se establece un límite de velocidad para el despliegue de los flaps en lugar de reforzar la estructura.

Una consideración secundaria importante para cualquier sistema de flaps es que siempre debe operar ambos flaps de forma simétrica, incluso tras el fallo de un componente. El despliegue asimétrico de los flaps puede generar enormes momentos de alabeo, mucho mayores de los que los alerones pueden contrarrestar, lo que prácticamente garantiza un accidente.

En definitiva, la instalación de flaps requiere una estructura adicional para distribuir las cargas generadas, además del peso de los mecanismos de accionamiento, motores, etc., y la mayor complejidad del sistema de control e indicación; todo ello añade posibles puntos de fallo. En resumen, para una aeronave lenta, ligera y con alta resistencia aerodinámica, el mejor diseño de flaps probablemente sea prescindir de ellos.

Flaps - Fig. 2 - ProjExFlapDown

Fig. 2: La versión actual de mi diseño «Proyecto Ex» cuenta con flaps ranurados que deberían proporcionar una velocidad de pérdida estimada de 42 nudos con una carga máxima al despegue (MTOW) de 600 kg.

Publicado el

martes, 13 de enero de 2026

Física. Sonia Contera, catedrática de Física en Oxford: “Una de las cosas más terribles de la IA es que nos invita a dejar de pensar”

La experta española publica ‘Seis problemas que la ciencia no puede resolver’ y advierte de los peligros del “marco” neoliberal en el que se desarrollan la ciencia y la tecnología actuales.

Sonia Contera se autodefine como una “inadaptada” de la física en su página personal de la Universidad de Oxford, en la que trabaja como catedrática de Física Biológica. Esta madrileña de 55 años ha dedicado su carrera a estudiar y reflexionar profundamente sobre la física, sí, pero también sobre su relación con la biología, la nanotecnología, la informática, la filosofía el poder y la política. De todo ello habla en su libro más reciente, Seis problemas que la ciencia no puede resolver (Arpa), que explora los grandes enigmas sin solución que, sin embargo, mueven la ciencia y la tecnología en el mundo actual: la mecánica cuántica, la teoría del todo, el origen de la vida, el envejecimiento, la inteligencia artificial y la conciencia. Seis problemas fundamentales que, según Contera, la ciencia lleva décadas sin poder descifrar pero a los que paradójicamente dedica cada vez más recursos y atención.

Contera habla con EL PAÍS por videoconferencia desde su despacho en Oxford, donde reconoce añorar la luz que observa a través de la pantalla de su interlocutora. La experta reflexiona en la entrevista sobre los riesgos del “barbarismo de la especialización” del que hablaba José Ortega y Gasset, la perversión del sistema neoliberal de hacer ciencia y tecnología y el peligro más grave de todos: que la inteligencia artificial nos invite a dejar de pensar.

Pregunta. ¿Por qué escribir un libro sobre problemas que no se pueden resolver en lugar de hacerlo sobre los que sí?
Respuesta. Me decidí a escribir este libro porque, aunque no lo parezca, la ciencia está atascada en sus problemas más fundamentales. Y lo más interesante es que, cuanto menos los podemos resolver, más nos enfocamos en esas preguntas precisamente: la inteligencia artificial, los viajes planetarios, el origen de la vida, las computadoras cuánticas... Todo esto está en una ciencia que no entendemos y que llevamos sin entender mucho tiempo. Es una excusa también para observar cómo la ciencia ha ido mutando en los últimos 100 años y cómo los cambios económicos y geopolíticos se entrelazan con la tecnología. Y, además, creo que en estas preguntas fundamentales es donde la física va más allá de la ciencia utilitaria y racional del dinero, y conecta a las personas con los misterios profundos de la vida.

P. Decía Carl Sagan que vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de la ciencia y la tecnología, donde nadie entiende de ciencia y tecnología, y eso es una receta para el desastre. Algo así se desprende de su libro...
R. Sí, es también lo que decía Ortega y Gasset del barbarismo de la especialización. El científico se ha convertido en una parte de la maquinaria. Y por eso es importante volver a estas preguntas profundas. La mayor parte los científicos sabemos de nuestro campo de especialización, y no solemos opinar de otras áreas de la ciencia. El especialista no reflexiona sobre preguntas fundamentales, y además ahora tenemos unas tecnologías que nos llevan en volandas. Estamos en un momento muy catastrófico para el conocimiento. Los que sobreviven en la academia son los que tienen una capacidad de sufrir sin límites, y eso no tiene sentido. Tenemos que cuestionar el marco.

P. ¿El marco es el capitalismo?
R. No, hay muchos tipos de capitalismo. Es lo que estamos haciendo con él. A partir de la caída de la Unión Soviética, entramos en el neoliberalismo, este invento de la optimización de los beneficios para los que son los dueños de ellos. El marco en el que estamos haciendo la ciencia se está desmembrando. Y nos han vendido también una idea, la de la disrupción, que es una cosa muy perversa. Los científicos nos sentíamos encorsetados en la academia, porque no podíamos sacar ideas nuevas, y veíamos la disrupción de las start-ups como un paso hacia la libertad. Pero era un truco. Han usado la disrupción para destrozar lo público y que se quede en manos de grandes compañías, las “tecnofeudales”. Aunque tengan muy buenas intenciones, si el sistema es capaz de pervertirlas, acabamos en una situación muy complicada, que es en la que estamos ahora.

P. ¿Por qué los seis problemas de los que habla en su libro? ¿Cuál fue el criterio a la hora de seleccionarlos?
R. Están muy unidos y en el centro de los problemas científicos actuales. Por ejemplo, el primero, la mecánica cuántica. Surge a principios del siglo XX, con unos experimentos que no se pueden resolver con la lógica lineal normal. Esto cambia la manera de ver el mundo y todavía no lo entendemos, no comprendemos lo que significa ese salto. Hay un mundo clásico en el que las causas tienen efectos y el tiempo va hacia adelante, y hay un mundo cuántico donde hay otras reglas. Eso rompe con todo el bagaje de la Ilustración, la idea de que la razón puede resolver el mundo. Ese problema sin resolver sigue siendo totalmente central. Todas las preguntas modernas surgen de la mecánica cuántica.

P. El segundo problema es la teoría del todo. ¿Se van a poder alguna vez unificar todas estas teorías de la física?
R. Es muy interesante ese capítulo para mí, porque pensaba que lo iba a odiar. Creía que era una cosa totalitaria, de que los físicos lo quieren controlar todo. Pero es mucho más interesante. Es un anhelo muy profundo y muy antiguo de la humanidad, de intentar cerrar nuestro entendimiento del mundo, sabiendo que no vamos a poder hacerlo, y que está muy relacionado con el problema de la consciencia, con sabernos uno. Y esto cobra un cariz especial ahora, cuando estamos creando máquinas sin consciencia y sin ética.

P. En el libro pasa de la física a la biología con la pregunta que parece fundamental: el origen de la vida. ¿Por qué es la tercera y no la primera?
R. Porque el origen de la vida, como se trata en la ciencia moderna, surge de los físicos cuánticos. Fueron ellos los que se empiezan a obsesionar sobre por qué la vida surge en la Tierra. Esta escala, que es la escala de las moléculas, del ADN, de las proteínas, la escala nanométrica, es la frontera entre el mundo clásico y el mundo cuántico. Es el principio de la máquina de Turing, de los ordenadores. ¡Y eran los mismos personajes! Ahora este conocimiento está separado pero, en esa época, los mismos científicos se dedicaban al origen de la vida, a la mecánica cuántica, a fabricar los primeros ordenadores... Está todo entrelazado y luego lo hemos separado. Se nos ha olvidado la historia.

P. Por esa ultraespecialización científica actual que comenta, quizás hemos perdido una visión de la ciencia más amplia y rica...
R. Al escribir el libro me doy cuenta de que en el Proyecto Manhattan están todos: los físicos que comienzan a hacer los primeros ordenadores y a estudiar la cuántica también estaban preocupados por el origen de la vida. Son problemas muy filosóficos. Y cuando se acaba la guerra entramos en la ciencia de la reconstrucción. Es una agenda mucho más utilitarista, que más o menos cancela todas estas ciencias que se dedican más al significado profundo de la existencia. Era la racionalización de todo el sistema de conocimiento, y entra en sinergia con la fabricación de los primeros ordenadores. Y en ese momento nosotros nos hacemos parte de la máquina y se olvidan esas preguntas fundamentales. Se olvida la parte más trascendental, la cuántica, acaba siendo una cosa de hippies.

P. La siguiente pregunta que usted se hace en el libro intenta entender los límites biológicos del ser humano, el envejecimiento...
R. Es un tema muy interesante porque es profundo. ¿Qué significa envejecer? Movemos el tiempo hacia adelante, somos capaces de romper la simetría del tiempo, y eso son problemas de la física. La del envejecimiento es una ciencia muy multidisciplinar. Lo más problemático es que esto se hace sin control. Hay empresas privadas que no sabemos muy bien lo que están haciendo. Y todos estos magnates que quieren vivir para siempre... El psicoanálisis de los personajes que están en esta batalla sería interesante [risas].

P. Problema cinco. ¿Podemos crear máquinas verdaderamente inteligentes?
R. Ese es el principal problema de la actualidad. Nos obsesiona mucho, y por muchas razones: porque hablamos con ChatGPT, porque los drones inteligentes matan gente, porque nuestra relación con la IA es ya bastante distópica. Vivimos en la época del engaño. También estamos obsesionados con la inteligencia artificial general, pero es bastante improbable que en modelos digitales podamos tener lo que llamamos inteligencia general. Hay algo diferente en lo vivo respecto a lo digital.

P. Y eso entronca con la última pregunta. ¿Qué es la conciencia?
R. Me parece fascinante, porque ha sido siempre un tema tratado desde la pseudociencia, pero en los últimos 20 años hay un boom de neurocientíficos interesados en esto. El asunto es que solo somos individuos cuando reconocemos al otro. Sin el otro no hay yo. Pero tenemos una conciencia fragmentada por la especialización, y sin conciencia, sin unidad, no hay ética.

P. ¿Es posible una inteligencia artificial con conciencia de sí misma?
R. Creo que es imposible porque, realmente, no hay suficiente energía en el mundo para ello. Con 20 vatios funciona el cerebro humano, ¿cuánto necesitaría una IA? Lo único que sí puede pasar es que estemos dando tantos datos y en tantas dimensiones que el sistema de computación se nos escape y quizá no llegue a ser consciente, pero sí muy poderoso. Además, estas empresas [tecnológicas] empiezan a mutar también, no tienen límites, se les está olvidando lo que es ser humanos. En el libro hablo de la nueva banalidad del mal. Hannah Arendt está muy vigente.

P. ¿Hay alguna forma de controlar estas compañías?
R. Ahora mismo parece que no. En Estados Unidos nadie las puede controlar y Europa ha perdido esta batalla. Un primer paso es empezar a hablar de estos temas desde la ciencia. La reflexión del libro es que necesitamos misterios, porque nos humanizan, y estamos perdiendo la humanidad. El conocimiento es necesario para el bien común, por eso me gusta estar en la universidad. Una de las cosas más terribles que está haciendo la IA es que nos invita a dejar de pensar. Nos está separando del acto de reflexionar, y la ciencia es pensar.

P. Perder la capacidad de pensar, dice usted en el libro, es el desafío más relevante de la humanidad. ¿Lo ve en sus estudiantes, incluso en una universidad como Oxford? ¿Están perdiendo esa capacidad?
R. Esta es una universidad un poco especial, quizá sus estudiantes no sean muy representativos. Pero es verdad que antes muchos se enfocaban en el éxito profesional, el dinero, porque era posible. Sin embargo, la mitad de los estudiantes que tuve el año pasado haciendo proyectos de máster en mi laboratorio no encuentran trabajo. Y eran los mejores. Ahora vienen con una gran necesidad de filosofía, de pensar las cosas profundamente. Por eso he escrito el libro; estoy respondiendo a una necesidad de mis estudiantes. Y quiero darles esperanza.

lunes, 12 de enero de 2026

_- El mundo vive una nueva era de impunidad 80 años después del juicio de Núremberg


De la guerra en Ucrania a Oriente Próximo o Sudán, la justicia internacional sufre su mayor crisis tras los avances de los años noventa

La sala número 600 del monumental Palacio de Justicia de Núremberg es desconcertante a primera vista. Es más pequeña de lo que el visitante se imagina al abrir la puerta. El mobiliario es distinto al que existía durante  el juicio a los líderes nazis al final de la II Guerra Mundial, hace 80 años.

Aquí siguieron celebrándose, hasta hace cinco años, juicios ordinarios, y la estancia conserva el aire anodino y funcional de un tribunal regional alemán. Es un lugar como a medio hacer, igual que la idea que nació en esta misma sala entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946.

En una época de guerras y matanzas impunes, desde Ucrania a Oriente Próximo y pasando por Sudán y otros puntos del planeta, el edificio de la justicia internacional que nació en Núremberg presenta grietas severas.

“Si las personas que han sufrido el horror en Ucrania, en Sudán, en Israel el 7 de octubre, y en Gaza, en Palestina, se preguntan a sí mismas lo que ha hecho por ellas el derecho internacional, responderán que no demasiado”, dice por teléfono el jurista y escritor Philippe Sands. Núremberg y lo que derivó de aquel juicio “no ha sido capaz de evitar horrores en nuestra época”, añade.

Pero Sands advierte que la idea de una justicia penal internacional es, en perspectiva histórica, muy reciente: “Es un sistema que se encuentra en su infancia”. Tiene recorrido.

Hace ocho décadas, en Núremberg, por primera vez los cargos más altos de un Estado se sentaron en el banquillo de un tribunal internacional. Eran 21 hombres asociados a los mayores crímenes del siglo XX. Estaban el líder nazi vivo de mayor rango, Hermann Göring (Hitler, Goebbels y Himmler se habían suicidado antes). El ministro y arquitecto Albert Speer. El jefe nazi Rudolf Hess. El diplomático Joachim von Ribbentrop. Hans Frank, jurista, gobernador en Polonia y perpetrador del Holocausto. Ideólogos como Alfred Rosenberg o Julius Streicher. Y militares como el general Keitel o el almirante Dönitz.

Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido y Francia organizaron el tribunal para juzgar unos crímenes “tan calculados, tan malignos y tan devastadores que la civilización no puede tolerar que se ignoren, porque no podrá sobrevivir si se repiten”. Son palabras, en su declaración inicial, del fiscal jefe estadounidense, Robert H. Jackson, quien añadió: “Que cuatro grandes naciones, eufóricas por la victoria y laceradas por la afrenta, refrenen su sed de venganza y sometan voluntariamente a sus enemigos cautivos al juicio de la ley, es uno de los tributos más significativos que el poder haya rendido jamás a la razón”.

Núremberg debía juzgar tres tipos de crímenes: contra la paz, de guerra y contra la humanidad. Terminó con tres absoluciones, siete condenas a cadena perpetua o a largos años de prisión y 13 condenas a muerte.

Así nació lo que Gurgen Petrossian, jurista en la Academia Internacional de los Principios de Núremberg, denomina la idea de Núremberg, y es la siguiente:. “Cuando una persona comete un crimen internacional ―se trate de genocidio, crímenes contra la humanidad, crimen de guerra o crímenes de agresión― esta persona debe asumir la responsabilidad. Y esto significa que, independientemente de quién, de cuándo y de dónde se haya cometido el crimen, el destino de estas personas está decidido: solo será cuestión de tiempo que acabe compareciendo ante un tribunal”.

Después de las condenas a los dirigentes nazis, se celebraron 12 juicios más en Núremberg hasta 1949. Un año antes, la ONU había adoptado la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención para la prevención y la sanción del genocidio.

Después hubo juicios nacionales en Alemania, a partir de finales de los años cincuenta, que ayudaron a este país a afrontar por sí solo ―ya no por imposición de los vencedores― la responsabilidad en el asesinato de seis millones de judíos. Hubo procesos como el de Adolf Eichmann en Jerusalén en 1961 o el de Klaus Barbie en Lyon en 1987. Pero la idea de una justicia internacional entra en hibernación. Hasta los años noventa, con las matanzas en los Balcanes y en Ruanda, que llevaron a la creación del Tribunal Penal Internacional de La Haya y el de Arusha.

Fue la época dorada de la idea de Núremberg. “Fuimos muy optimistas”, apunta la historiadora francesa Annette Wieviorka, autora de Los juicios de Núremberg (Rialp, en castellano), en referencia a “este breve momento histórico entre la caída del Muro y el atentado contra las Torres Gemelas”. Por eso, añade, “las lecciones de Núremberg son difíciles de aplicar hoy”.

Philippe Sands ve el espíritu de Núremberg en el actual Tribunal Penal Internacional, en cuya gestación participó, y en la detención del dictador chileno Augusto Pinochet en Londres en 1998, argumento de su último libro argumento de su último libro, Calle Londres 38. Dos casos de impunidad: Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia (Anagrama). También en el incipiente Tribunal Especial para el Crimen de Agresión contra Ucrania, que retoma la acusación principal contra los líderes nazis, por crimen de agresión. “Sin Núremberg, todo habría sido muy distinto”, dice el jurista franco-británico.

Algunas disfunciones actuales de la justicia internacional pueden remontarse a los pecados originales de Núremberg. Fue un juicio, por ejemplo, organizado por las potencias vencedoras y sus líderes (y uno de ellos, Stalin, ya había perpetrado algunos de sus mayores crímenes). Este “desequilibrio” persiste.

Sands cita las guerras de Afganistán e Irak, a principios de este siglo, y el papel de Estados Unidos y el Reino Unido. O la imputación reciente del expresidente filipino, Rodrigo Duterte, el pasado marzo, por parte del Tribunal Penal Internacional, por crímenes contra la humanidad en su guerra contra el narcotráfico. Le suscita una reflexión: “Lo que sucede en el Caribe y el Pacífico, con 76 supuestos traficantes ejecutados sumariamente [por EE UU], ¿es compatible con el derecho internacional? ¿Es un crimen contra la humanidad?”

Más desequilibrios. Hay líderes buscados por el Tribunal Penal Internacional (TPI),  como el ruso Vladímir Putin o el israelí Benjamín Netanyahu. Pero parece complicado que acaben sentándose en el banquillo.

“Pinochet viajó a Londres en octubre de 1998 pensando que estaba totalmente seguro, así que nunca se sabe”, responde Sands. “Es improbable, pero lo que sabemos es que ellos reciben consejo sobre esta cuestión y no lo ignoran. Es mejor que nada”.

Ante la tentación del cinismo, de pensar que lo que empezó en Núremberg es papel mojado, recuerda el caso de juez Thomas Buergenthal, superviviente de Auschwitz, quien le decía hace unos años que ojalá en 1943 hubiese existido un Convenio contra el genocidio y un TPI. Probablemente, no habría detenido los crímenes, sostenía Buergenthal. “Pero nos habría dicho que no estábamos solos y que se sabía que se estaban cometiendo crímenes”, añadía. “Y nos habría dado esperanza. Esto es más que nada”.

En la sala 600 se evita entrar en casos concretos, pero Petrossian también tiene claro: “El derecho internacional siempre ha estado en crisis”. “Que políticamente la situación sea difícil”, añade, “no significa que jurídicamente haya dejado de existir, o que la idea de Núremberg haya desaparecido”.

domingo, 11 de enero de 2026

_- Mamdani y el futuro de la izquierda

Zohran Mamdani

La perplejidad de la izquierda a lo largo de los últimos años no tenía tanto que ver con la ausencia de éxitos electorales cuanto con el hecho de que gran parte de su electorado natural abrazara las propuestas de la extrema derecha. Ahí es donde duele. Y donde, más que nunca, estaba llamada a revolucionar su discurso.

Su caída en las políticas identitarias, en eso que ya no hay quien le quite el calificativo de wokismo, se acabó demostrando poco eficaz. Quizá por su arrogancia hipermoralizadora y sus indudables sesgos inquisitoriales. Y porque, como decía John Gray, el problema del wokismo es ser “un tipo de hipercristianismo vacío de trascendencia y perdón”.

Cuando se actúa en política, uno no puede evitar dejarse llevar por convicciones morales. Pero un político no debe dar lecciones de moralidad, sino ser capaz de traducir su idea de la justicia a las lógicas del inclemente mundo de la política, tan cargado de contradicciones y dentro de un universo donde predomina el pluralismo de concepciones del bien.

La clamorosa victoria de Zohran Mamdani en Nueva York se explica precisamente por eso, porque supo ensamblar el ideario de la izquierda radical estadounidense a todo un conjunto de propuestas dirigidas a mejorar la vida cotidiana del ciudadano común; y dentro de estos, atendiendo a las necesidades de los más menesterosos. Con un añadido que no es baladí en estos tiempos que corren: enhebrando una estrategia de comunicación simple y libre de ampulosas declaraciones doctrinarias. La izquierda no como doctrina moralizante, sino como programa de acción sustentado sobre premisas claras, precisas y ajustadas al milímetro a los problemas específicos de los ciudadanos. El coste de la vida (affordability) como idea central: vivienda asequible, transporte y guarderías gratuitas, protección del pequeño negocio, cooperativismo, ecologismo urbano.. Todo ello sin renunciar, por cierto, a sus convicciones woke, pero sin presentarlas como dogma infalible.

Lo más relevante de su ideario es que se atreve a plantar cara a los presupuestos del neoliberalismo rampante; a saber, que carece de alternativa. En pleno núcleo central del mundo del dinero, reivindica un socialismo de base apoyado sobre algo así como un activismo de proximidad, destabuizando por el camino el potencial para un socialismo democrático. Y luego va y, encima, gana la elección. No es de extrañar que ahora mismo estén acudiendo a Nueva York representantes de todo un conjunto de partidos izquierdistas europeos para que les den la receta de su éxito. O que incluso alguien como Bannon, quien personaliza mejor que nadie a su antagonista, reconozca lo acertado de su estrategia comunicativa y advierte que los republicanos están ante un serio enemigo, sobre todo por su capacidad para movilizar a sectores hasta entonces renuentes a participar en política. Y acaba profetizando que “veremos un grupo nuevo de estos mamdanis en las grandes ciudades”.

Esto último es lo que constituye la gran incógnita ahora mismo, ¿puede tener un efecto multiplicador o acabará siendo un caso aislado ajustado a la peculiar situación objetiva de Nueva York? ¿Servirá de modelo para una estrategia política generalizada en el partido demócrata o, como con Bernie Sanders, quedará como un mero chispazo incapaz de prender una llama duradera?

No lo tiene fácil, desde luego: la alcaldía de la ciudad carece de los medios fiscales para poder financiar todas sus propuestas, aparte de que aún falta ver el contraataque de Trump. Pero, sea como sea, ha señalado un camino para la reconstrucción de una izquierda otrora mortecina. Y lo ha hecho de forma tan astuta y eficaz como elegante. Importan las ideas, pero también las cualidades de quien las representa.

sábado, 10 de enero de 2026

_- Italia investiga acusaciones de que turistas habrían pagado para disparar a civiles en Sarajevo durante la guerra de Bosnia

Un soldado francés de la ONU junto a un grupo de habitantes de Sarajevo que buscan refugio.

_- Los civiles arriesgaban sus vidas al cruzar la avenida principal de Sarajevo durante la guerra de Bosnia.


    • Sarah Rainsford
    • Título del autor,Corresponsal para Europa del este y el sur

La Fiscalía de Milán abrió una investigación por las denuncias sobre ciudadanos italianos que presuntamente viajaron a Bosnia-Herzegovina en "safaris de francotiradores" durante la guerra a principios de la década de 1990.

Las denuncias alegan que italianos y personas de otras nacionalidades pagaron grandes sumas de dinero para disparar contra civiles en la ciudad sitiada de Sarajevo.

La denuncia fue presentada por el periodista y novelista Ezio Gavazzeni, quien describe una "cacería humana" llevada a cabo por "personas muy ricas", con una gran afición por las armas.

Gavanezzi asegura que "pagaban para poder matar a civiles indefensos" desde posiciones serbias en las colinas que rodean Sarajevo.

Según algunos informes, se cobraban tarifas diferentes por matar a hombres, mujeres o niños.

Más de 11.000 personas murieron durante el brutal asedio de cuatro años a Sarajevo.

Yugoslavia quedó devastada por la guerra y la ciudad fue rodeada por fuerzas serbias y sometida a constantes bombardeos y fuego de francotiradores.

A lo largo de los años han surgido varias acusaciones similares sobre supuestos "cazadores de personas" extranjeros.

Las pruebas reunidas por Gavazzeni, que incluyen el testimonio de un oficial de inteligencia militar bosnio, están siendo examinadas por el fiscal antiterrorista italiano Alessandro Gobbis.

Civiles de Sarajevo atraviesan una zona asediada por francotiradores en 1992.


Civiles de Sarajevo atraviesan una zona asediada por francotiradores en 1992.

Fuente de la imagen,Christophe Simon/AFP

Pie de foto,
Más de 11.000 civiles murieron en los tres años de asedio a Sarajevo.

"Le pusimos fin a esto"

El oficial reveló que sus colegas bosnios se enteraron de los supuestos safaris a finales de 1993 y comunicaron la información al Sismi, la inteligencia militar italiana, a principios de 1994.

La respuesta del Sismi llegó un par de meses después. Descubrieron que los turistas que participaban en los "safaris" volaban desde Trieste, ciudad fronteriza del norte de Italia, y luego viajaban a las colinas cercanas a Sarajevo.

"Le pusimos fin a esto y no habrá más safaris", le dijeron al oficial. En dos o tres meses, los viajes cesaron.

Ezio Gavazzeni, quien suele escribir sobre terrorismo y la mafia, leyó por primera vez sobre los viajes de francotiradores a Sarajevo hace tres décadas, cuando el periódico italiano Corriere della Sera publicó la noticia, aunque sin pruebas contundentes.

Retomó el tema tras ver "Sarajevo Safari", un documental de 2022 del director esloveno Miran Zupanic, que alega que los implicados en los asesinatos provenían de varios países, entre ellos Estados Unidos, Rusia e Italia.

Gavazzeni profundizó en la investigación y en febrero entregó a la Fiscalía sus hallazgos, que constaban de un expediente de 17 páginas, incluyendo un informe del exalcalde de Sarajevo, Benjamina Karic.

Pero la investigación en Bosnia parece haberse estancado.

Una mujer corre por las calles en el centro de Sarajevo, el 4 de agosto de 1993.


Una mujer corre por las calles en el centro de Sarajevo, el 4 de agosto de 1993.

Fuente de la imagen,Michael Evstafiev/AFP

Pie de foto,

Francotiradores disparaban contra civiles desde zonas controladas por los serbios de Bosnia con vistas a Sarajevo.

"Al menos un centenar"

En declaraciones al diario italiano La Repubblica, Gavazzeni alega que "muchos" participaron en esta práctica, "al menos un centenar" en total, y que los italianos pagaron "mucho dinero" por ello, hasta US$116.000 (alrededor de 100.000 euros).

En 1992, el fallecido escritor y político nacionalista ruso Eduard Limonov fue grabado disparando ráfagas contra Sarajevo con una ametralladora pesada.

El líder serbobosnio Radovan Karadzic, quien posteriormente fue condenado por genocidio en un tribunal internacional de La Haya, le estaba mostrando posiciones en las laderas.

Sin embargo, Limonov no pagó por su "turismo de guerra". Estaba allí como admirador de Karadzic, a quien llamó el "Carnicero de Bosnia": "Los rusos deberíamos seguir su ejemplo", aseguró.

La noticia de que la Fiscalía de Milán abrió esta investigación se dio a conocer en julio, cuando el portal Il Giornale publicó que los italianos llegaban a las montañas en furgoneta, pagando sobornos exorbitantes para pasar los controles de seguridad, fingiendo estar en una misión humanitaria.

Tras un fin de semana de tiroteos en la zona de guerra, regresaban a sus casas para retomar sus vidas.

Gavazzeni describió sus acciones como la "indiferencia del mal".

Se dice que la Fiscalía y la policía identificaron a varios testigos, mientras intentan determinar quiénes podrían estar involucrados.