martes, 30 de diciembre de 2025

La historia de los aperreadores españoles que usaron jaurías para dominar a los incas en Perú

Un grabado que muestra a Vasco Núñez de Balboa y otros de su grupo militar en un ataque de perros a varias personas.

Para dominar a los pueblos prehispánicos hace unos 500 años, los exploradores españoles contaban con un arma traída desde Europa que aterraba tanto como las espadas, las ballestas, los cañones y los caballos: los perros.

Varios expedicionarios de la Corona española llevaron consigo ejemplares de razas imponentes, como el alano español o el bullenbeisser alemán, no solo para usarlos en el resguardo y vigilancia de las misiones o asentamientos, sino en la ofensiva contra las poblaciones indígenas.

En el caso de la avanzada frente al Imperio inca, los perros fueron parte de la estrategia para aterrorizar a los locales, que si bien conocían razas más pequeñas y amigables de ese animal, quedaron asombrados al ver jaurías con un instinto tan agresivo.

"El perro se convierte en arma. Había toda una logística sobre el tamaño del perro, su entrenamiento y el soldado aperreador, que era el encargado", le explica a BBC Mundo el escritor y coronel del ejército peruano Carlos Enrique Freyre.

Su última novela, "Tierra de canes", sigue a uno de esos "aperreadores" encargados de entrenar y resguardar a las jaurías del contingente español en su campaña de la toma española en Perú.

La obra se presenta en el Hay Festival Arequipa 2025, que se celebra en la localidad peruana entre el 6 y el 9 de noviembre.

Leoncico y Becerrillo

Sobre la presencia de perros entre las filas españolas existe poca literatura y solo algunas representaciones en el arte de la época.

Freyre cuenta que llegó al tema al viajar a localidad peruana de Tumbes, capital de la región de mismo nombre, situada en el noroeste del país, donde revisó los escritos de algunos cronistas de la época como Juan de Betanzos o Bartolomé de las Casas, ambos españoles que se adentraron en las culturas indígenas e incluso describieron los abusos de la conquista.

"Ellos hablan de estos perros y los nombran, con sus características en muchos casos", explica el escritor. "Los perros habían llegado a Tumbes y habían acabado con la población que existía".

Una litografía del uso de perros por parte de españoles como castigo en la conquista de los incasFuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

Algunos artistas ilustraron escenas narradas por fray Bartolomé de las Casas, incluido esta del uso de perros como medio de castigo a indígenas.

En su novela de ficción basada en hechos históricos, Tomás de Xerez se vuelve el aperreador de un imponente perro llamado Baldomero. Pero ya desde las primeras exploraciones de América, el líder militar Vasco Núñez de Balboa contaba con perros, incluido un alano español bautizado Leoncico.

Este fue parte de la camada de otro imponente can, Becerrillo, que tenía el jefe militar Juan Ponce de León desde su avanzada por la isla La Española y lo que hoy es Puerto Rico.

"La relación de Vasco Núñez de Balboa con su perro, Becerrillo, era un muy profunda", señala Freyre.

"Hay una escena -que sucedió en la vida real- en la que va a ver el océano Pacífico por primera vez. Se reserva el derecho de ver por primera vez ese mar y de hacerlo con su perro. Todos sus oficiales y tropas se quedan atrás", explica el escritor sobre lo descubierto al documentarse para su novela.

"Eso me hizo ver el fuerte vínculo que había entre ellos dos", perro y aperreador, concluye.

Los perros eran valorados desde aquellas primeras épocas de exploración y dominio de territorios indígenas americanos en la primera mitad del siglo XVI.

Una ilustración de Vasco Núñez de Balboa y otras personas en el momento de su descubrimiento del Pacífico en el oeste de lo que hoy es Panamá

Vasco Núñez de Balboa se reservó el derecho de ver por primera vez el Pacífico junto a su perro.

Arma de guerra y castigo

En la exploración de la región de la Amazonía, los españoles llevaron hasta unos 2.000 perros. Francisco Pizarro fue uno de los que lideró la incursión que terminó por avasallar al imperio inca. Y uno de los primeros puntos por los que pasó fue Tumbes.

"No tenían tantos caballos como se cree. Y las armas de fuego eran mucho más limitadas que las que conocemos hoy", explica Freyre. "Donde no podía entrar el arma, la espada, o el caballo, entraba el perro".

Los aperreadores los lanzaban contra las poblaciones indígenas que no conocían razas de perros tan grandes y entrenados para la ofensiva como aquellos traídos de Europa.

"Estos perros de los españoles eran gigantescos. El animal que come carne se vuelve más grande y estas razas también habían sido trabajadas con anticipación. Entonces ellos [los indígenas] lo que veían era un león, no un perro", explica.

"Su función era ser perros de guerra".

Una ilustración de Francisco Pizarro avanzando con sus hombres en la conquista de los incasFuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,Francisco Pizarro también echó mano de perros para su avance en el territorio inca.

El uso de jaurías no fue exclusivo del avasallamiento del Imperio inca, sino una práctica común en muchas regiones del Caribe, Centroamérica y en los territorios de Mesoamérica, incluido el pueblo mexica.

Los perros fueron empleados para amedrentar la resistencia indígena e infligir castigos.

"A mediados del siglo XVI, Coatle de Amitatán fue sentenciado a morir aperreado y quemado por practicar sahumerios e idolatrías, por ser invocador de demonios, por no guardar ni querer guardar las cosas de la fe ni respetar la doctrina cristiana, por descuidar la limpieza de la Iglesia y por ordenar a los indios de su pueblo que no asistiesen a la doctrina", se lee en "El magnífico señor Alonso López, Alcalde de Santa Maria de la Victoria y aperreador de indios", un libro editado por la Universidad Nacional Autónoma de México.

El historiador Miguel León Portilla incluso rescata relatos de los pueblos originarios de lo que hoy es México en "El destino de la palabra".

"Y sus perros son muy, muy grandes: tienen las orejas dobladas varias veces, grandes mandíbulas que les tiemblan; tienen ojos inflamados, ojos como de brasas; tienen ojos amarillos, ojos de fuego amarillo; tienen vientres delgados; vientres acanalados, vientres descarnados; son muy grandes, no son tranquilos; trotan jadeando, con la lengua colgando; tienen manchas como de jaguar, tienen manchas de colores variados", reza un relato en la lengua náhuatl.

Freyre buscó centrar "Tierra de canes" en Perú, para "evitar que la historia se desbordara", explica. Creyó que los crudos relatos antiguos tenían que ser atemperados.

"El uso de la violencia en el texto es descriptiva, pero no como para que la gente cierre el libro y diga: 'Qué feo es esto'. Tenía que tener un poco de equilibrio", señala el autor.

Una ilustración de un ataque de españoles e indígenas al pueblo purépecha de Michoacán

En las ofensivas contra pueblos de Mesoamérica, como los de Michoacán, también fueron empleados perros.

El abandono

Luego de dominar territorios y poblaciones, los perros perdían su utilidad principal y con el tiempo se volvieron un dolor de cabeza para los españoles.

Ya que necesitaban mano de obra, incluida la esclavizada, diezmar más a las poblaciones indígenas no era una opción y la presencia y agresividad de los perros comenzó a ser un inconveniente.

Freyre explica que desde la Corona en España fueron enviadas cartas para pedirles a los distintos mandos en América que se deshicieran de los perros para evitar más problemas, incluso contra los mismos españoles.

"Habían visto que dejarlos sueltos los llevaba a formar jaurías que terminaban combatiendo tanto a españoles como indígenas. Y por eso surgen las ordenanzas de la reina sobre el perjuicio de los perros", asegura el escritor.

Sin embargo, con los años y las batallas juntos, los aperreadores habían creado un vínculo especial con sus perros, y viceversa, algo que también refleja la trama de "Tierra de canes".

"Es una vinculación muy cercana del perro al del soldado que lo llevaba", dice Freyre.

Como consecuencia, para algunos aperreadores era inconcebible deshacerse de sus favoritos pese a las ordenanzas reales.

Con la consolidación del dominio español en las tierras indígenas, los perros fueron perdiendo aquel carácter de arma de guerra y el recuerdo de que fueron una de las claves para el sometimiento de los pueblos indígenas se fue difuminando.

Poco a poco su función fue cerrándose en el resguardo y el acompañamiento. Solo algunos como Becerrillo o Leoncico perduraron en la memoria.

La portada de "Tierra de canes", de Carlos Enrique Freyre



La portada de "Tierra de canes", de Carlos Enrique Freyre


lunes, 29 de diciembre de 2025

canciones francesas

Hier encore
J'avais vingt ans, je caressais le temps
Et jouais de la vie
Comme on joue de l'amour
Et je vivais la nuit
Sans compter sur mes jours
Qui fuyaient dans le temps
J'ai fait tant de projets
Qui sont restés en l'air
J'ai fondé tant d'espoirs qui se sont envolés
Que je reste perdu, ne sachant où aller
Les yeux cherchant le ciel
Mais le cœur mis en terre
Hier encore
J'avais vingt ans, je gaspillais le temps
En croyant l'arrêter
Et pour le retenir, même le devancer
Je n'ai fait que courir
Et me suis essoufflé
Ignorant le passé
Conjuguant au futur
Je précédais de moi toute conversation
Et donnais mon avis
Que je voulais le bon
Pour critiquer le monde
Avec désinvolture
Hier encore
J'avais vingt ans
Mais j'ai perdu mon temps
À faire des folies
Qui ne me laissent au fond
Rien de vraiment précis
Que quelques rides au front
Et la peur de l'ennui
Car mes amours sont mortes avant que d'exister
Mes amis sont partis
Et ne reviendront pas
Par ma faute, j'ai fait le vide autour de moi
Et j'ai gâché ma vie
Et mes jeunes années
Du meilleur et du pire
En rejetant le meilleur
J'ai figé mes sourires
Et j'ai glacé mes pleurs
Où sont-ils à présent?
À présent

Mes vingt ans

Justo ayer
Tenía veinte años, acariciaba el tiempo
Y jugaba con la vida
Como se juega con el amor
Y vivía de noche
Sin contar mis días
Que se esfumaron en el tiempo
Hice tantos planes
Que quedaron en el aire
Fundé tantas esperanzas que se fueron
Que sigo perdida, sin saber a dónde ir
Mis ojos buscando el cielo
Pero mi corazón enterrado en la tierra
Justo ayer
Tenía veinte años, perdí el tiempo
Creyendo que podía detenerlo
Y contenerlo, incluso adelantarme
No hice más que correr
Y me quedé sin aliento
Ignorando el pasado
Conjugando en futuro
Precedí cada conversación
Y di mi opinión
Que quería tener razón
Criticar al mundo
Con indiferencia
Justo ayer
Tenía veinte años
Pero perdí el tiempo
Haciendo tonterías
Que al final me dejan
Sin nada realmente claro
Que unas pocas arrugas en mi frente
Y el miedo al aburrimiento
Porque mis amores murieron antes de existir
Mis amigos se han ido
Y nunca lo harán Regresar
Por mi propia culpa, creé un vacío a mi alrededor
Y arruiné mi vida
Y mi juventud
De lo mejor y lo peor
Al rechazar lo mejor
Congelé mis sonrisas
Y congelé mis lágrimas
¿Dónde están ahora?
Ahora
Mis veinte



Et si tu n'existais pas


Et si tu n'existais pas
Dis-moi pourquoi j'existerais ?
Pour traîner dans un monde sans toi
Sans espoir et sans regret
Et si tu n'existais pas
J'essayerai d'inventer l'amour
Comme un peintre qui voit sous ses doigts
Naître les couleurs du jour
Et qui n'en revient pas

Et si tu n'existais pas
Dis-moi pour qui j'existerais ?
Des passantes endormies dans mes bras
Que je n'aimerais jamais
Et si tu n'existais pas
Je ne serais qu'un point de plus
Dans ce monde qui vient et qui va
Je me sentirais perdu
J'aurais besoin de toi

Et si tu n'existais pas
Dis-moi comment j'existerais ?
Je pourrais faire semblant d'être moi
Mais je ne serais pas vrai
Et si tu n'existais pas
Je crois que je l'aurais trouvé
Le secret de la vie, le pourquoi
Simplement pour te créer
Et pour te regarder

Et si tu n'existais pas
Dis-moi pourquoi j'existerais ?
Pour traîner dans un monde sans toi
Sans espoir et sans regret
Et si tu n'existais pas
J'essayerai d'inventer l'amour
Comme un peintre qui voit sous ses doigts
Naître les couleurs du jour
Et qui n'en revient pas




Y si no existieras

Dime, ¿por qué existiría?

Para vagar en un mundo sin ti

Sin esperanza ni arrepentimiento

Y si no existieras

Intentaría inventar el amor

Como un pintor que ve nacer bajo sus dedos los colores del día

Y que se maravilla con ello


Y si no existieras

Dime, ¿para quién existiría?

Para los transeúntes dormidos en mis brazos

A quienes nunca amaría

Y si no existieras

Sería solo un punto más

En este mundo que va y viene

Me sentiría perdido

Te necesitaría


Y si no existieras

Dime, ¿cómo existiría?

Podría fingir ser yo mismo

Pero no sería real

Y si no existieras

Creo que lo habría encontrado

El secreto de la vida, el porqué

Simplemente para crearte

Y para mirarte


Y si no existieras

Dime, ¿por qué existiría? Vagar en un mundo sin ti

Sin esperanza y sin arrepentimiento

Y si no existieras

Intentaría inventar el amor

Como un pintor que ve nacer bajo sus dedos los colores del día

Y que se maravilla con ello



Non, je ne regrette rien


Non, rien de rien
Non, je ne regrette rien
Ni le bien qu'on m'a fait
Ni le mal, tout ça m'est bien égal

Non, rien de rien
Non, je ne regrette rien
C'est payé, balayé, oublié
Je me fous du passé

Avec mes souvenirs
J'ai allumé le feu
Mes chagrins, mes plaisirs
Je n'ai plus besoin d'eux
Balayés les amours
Avec leurs trémolos
Balayés pour toujours
Je repars à zéro

Non, rien de rien
Non, je ne regrette rien
Ni le bien qu'on m'a fait
Ni le mal, tout ça m'est bien égal

Non, rien de rien
Non, je ne regrette rien
Car ma vie, car mes joies
Aujourd'hui, ça commence avec toi



No, nada en absoluto

No, no me arrepiento de nada

Ni del bien que me hicieron

Ni del mal, me da igual


No, nada en absoluto

No, no me arrepiento de nada

Pagado, borrado, olvidado

No me importa el pasado


Con mis recuerdos

Encendí el fuego

Mis penas, mis placeres

Ya no los necesito

Llevados, los amores

Con sus trémolos

Llevados para siempre

Vuelvo a empezar


No, nada en absoluto

No, no me arrepiento de nada

Ni del bien que me hicieron

Ni del mal, me da igual


No, nada en absoluto

No, no me arrepiento de nada

Porque mi vida, por mis alegrías

Hoy, empieza contigo


La Bohemia


Je vous parle d'un tempsQue les moins de vingt ansNe peuvent pas connaîtreMontmartre, en ce temps-làAccrochait ses lilasJusque sous nos fenêtres
Et si l'humble garniQui nous servait de nidNe payait pas de mineC'est là qu'on s'est connuMoi qui criais famineEt toi qui posais nue
La BohèmeLa BohèmeÇa voulait direOn est heureuxLa BohèmeLa BohèmeNous ne mangionsQu'un jour sur deux
Dans les cafés voisinsNous étions quelques-unsQui attendions la gloireEt, bien que miséreuxAvec le ventre creuxNous ne cessions d'y croire
Et quand quelque bistroContre un bon repas chaudNous prenait une toileNous récitions des versGroupés autour du poêleEn oubliant l'hiver
La BohèmeLa BohèmeÇa voulait direTu es jolieLa BohèmeLa BohèmeEt nous avions tous du génie
Souvent, il m'arrivaitDevant mon chevaletDe passer des nuits blanchesRetouchant le dessinDe la ligne d'un seinDu galbe d'une hanche
Et ce n'est qu'au matinQu'on s'asseyait enfinDevant un café-crèmeÉpuisés mais ravisFallait-il que l'on s'aimeEt qu'on aime la vie
La BohèmeLa BohèmeÇa voulait direOn a vingt ansLa BohèmeLa BohèmeEt nous vivionsDe l'air du temps
Quand, au hasard des joursJe m'en vais faire un tourÀ mon ancienne adresseJe ne reconnais plusNi les murs, ni les ruesQui ont vu ma jeunesse
En haut d'un escalierJe cherche l'atelierDont plus rien ne subsisteDans son nouveau décorMontmartre semble tristeEt les lilas sont morts
La BohèmeLa BohèmeOn était jeunesOn était fousLa BohèmeLa BohèmeÇa ne veut plusRien dire du tout

Hablo de una época
que aquellos menores de veinte
no pueden conocer
Montmartre, en aquel entonces
Colgaba sus lilas
Justo bajo nuestras ventanas
Y aunque la humilde pensión
que nos servía de nido
no parecía gran cosa
ahí nos conocimos
yo, hambriento
y tú, posando desnuda
La Bohème
La Bohème
Significaba
somos felices
La Bohème
La Bohème
solo comíamos
día por medio
en los cafés cercanos
éramos algunos
mientras esperábamos la fama
y, aunque indigentes
con el estómago vacío
nunca dejamos de creer en ella
y cuando algún bistró
a cambio de una buena comida caliente
nos llevaba un cuadro
recitamos versos
reunidos alrededor de la estufa
olvidando el invierno
La Bohème
La Bohème
Significaba
eres hermosa
La Bohème
La Bohème
y todos tuvimos de genio
A menudo me pasaba
frente a mi caballete
pasar noches en vela
retocando el dibujo
de la línea de un pecho
de la curva de una cadera
y era solo por la mañana
que por fin nos sentábamos
a tomar un café con leche
agotados pero encantados
teníamos que amarnos
y amar la vida
La Bohème
La Bohème
Significaba
que teníamos veinte años
La Bohème
La Bohème
y vivíamos
del espíritu de la época
cuando, por casualidad, un día
salgo a pasear
a mi antigua dirección
ya no reconozco
ni los muros ni las calles
que presenciaron mi juventud
en lo alto de una escalera
busco el estudio
del que no queda nada
en su nuevo entorno
Montmartre parece triste
y las lilas están muertas
La Bohème
La Bohème
éramos jóvenes
estábamos locos
La Bohemia
La Bohème
No significar nada más
En absoluto

Les feuilles morte
Oh, je voudrais tant que tu te souviennesDes jours heureux où nous étions amisEn ce temps-là, la vie était plus belleEt le soleil plus brûlant qu'aujourd'hui
Les feuilles mortes se ramassent à la pelleTu vois, je n'ai pas oubliéLes feuilles mortes se ramassent à la pelleLes souvenirs et les regrets aussi
Et le vent du Nord les emporteDans la nuit froide de l'oubliTu vois, je n'ai pas oubliéLa chanson que tu me chantais
C'est une chanson qui nous ressembleToi tu m'aimais, et je t'aimaisNous vivions tous les deux ensembleToi qui m'aimais, moi qui t'aimais
Mais la vie sépare ceux qui s'aimentTout doucement, sans faire de bruitEt la mer efface sur le sableLes pas des amants désunis
La, la, la, laLa, la, la, laLa, la, la, laLa, la, la, laLa, la, la, laLa, la, la, laLa, la, la, laLa, la, la, la
Mais la vie sépare ceux qui s'aimentTout doucement, sans faire de bruitEt la mer efface sur le sableLes pas des amants désunis

Oh, desearía tanto que recordaras
Los días felices cuando éramos amigos
En aquellos días, la vida era más hermosa
Y el sol más caliente que hoy
Las hojas muertas se recogen a paladas
Ya ves, no he olvidado
Las hojas muertas se recogen a paladas
Recuerdos y arrepentimientos también
Y el viento del norte se los lleva
A la fría noche del olvido
Ya ves, no he olvidado
La canción que solías cantarme
Es una canción que es como nosotros
Me amabas y yo te amaba
Vivimos juntos
Tú que me amabas, yo que te amaba
Pero la vida separa a los que se aman
Tan suavemente, sin un sonido
Y el mar borra de la arena
Los pasos de los amantes se separaron
La, la, la, la
La, la, la, la
La, la, la, la
La, la, la, la
La, la, la
La, la, la, la
La, la, la, la
La, la, la, la
Pero la vida separa a quienes se aman
Suavemente, sin un sonido
Y el mar borra de la arena
Los pasos de los amantes  separardos

Hay que reírse con el arte contemporáneo

En ‘Arte parece, plátano es’ la periodista Laura Revuelta ofrece 21 claves para aproximarse al arte del siglo XXI a través de algunos de sus grandes hitos recientes
 

Laura Revuelta (Madrid, 60 años) lleva más de tres décadas en la primera fila del gran desfile del arte contemporáneo. Como informadora y crítica, no se ha perdido ningún evento en el que los artistas quisieran dar a conocer su talento. Como redactora jefa del suplemento cultural de Abc y ahora desde Abril, Revuelta se ha podido codear con todos aquellos que tuvieran alguna novedad que aportar ya fuera en bienales, ferias, exposiciones o cualquier tipo de happening artístico. El resultado de ese profundo conocimiento es un ensayo o guía para acercarse con juicio al arte más actual: Arte parece, plátano es. 21 claves para entender el arte del siglo XXI (Taurus).

El argumento elegido para desarrollar y titular el libro es Comedian, la obra conceptual del hiperrealista italiano Maurizio Cattelan que se expuso en Art Basel Miami en 2019. Era un auténtico plátano pegado a la pared con cinta adhesiva. Se llegaron a pagar 6,5 millones de dólares y la noticia dio la vuelta al mundo con las mismas risas que antes soportaron otros a los que ahora nadie niega la categoría de artistas: Marcel Duchamp y su urinario o Andy Warhol y sus latas de sopa.


 

Latas de sopa Campbell', de Andy Warhol, expuestas en el Museo de Arte Moderno de Queens. MATT CAMPBELL (AFP / Getty Images)

Pero el libro no es un compendio de disparates del arte contemporáneo, que también, sino una profunda reflexión sobre la creación más inmediata. La autora, fervorosa admiradora de toda clase de arte, ha dividido el libro en 21 capítulos que resumen para el lector cuáles han sido los episodios más significativos a lo largo del siglo XXI. Arranca poniendo a Picasso en calzoncillos, sigue con la inmortalidad de Duchamp o cómo Damien Hirst se toma el arte a cachondeo; aborda el fenómeno Banksy, la espuma de humo de Ferran Adrià o el sarampión de Yayoi Kusama. Al margen de nombres de superestrellas artísticas, Revuelta también escribe sobre los hombres que no aman a las artistas, la incorrección del arte en tiempos de corrección política, el big bang de las redes sociales, el brevísimo fenómeno de los NFT, la descolonización de los museos o, entre otras cosas, la eficacia de emprenderla a tartazos contra la Gioconda para salvar el clima.

El libro es un interesante y divertido manual con el que cualquier lector puede aproximarse sin recelo al arte contemporáneo. Todo está contado con un lenguaje sencillo y comprensible con el que la autora ha querido huir de la ampulosidad y opacidad que utilizan a veces los “grandes expertos” en la materia. Además de un lenguaje próximo, Revuelta utiliza la ironía y sentido del humor con los que impregna sus críticas y artículos. Contagiada del humor de Marcel Duchamp, la periodista y a veces comisaria quiere que contemplemos el arte como una broma infinita a la que conviene seguir el juego porque el arte es reflejo de la vida.

Arte parece, plátano es. 21 claves para entender el arte del siglo XXI  

Laura Revuelta   
Taurus, 2025
256 páginas. 21,90 eu
 https://elpais.com/babelia/2025-11-08/hay-que-reirse-con-el-arte-contemporaneo.html

_- La principal invención de las élites: los pobres de derecha

_- Fuentes: El tábano economista

Élites rentistas y la fabricación del pobre de derecha en el laberinto sudamericano (El Tábano Economista) 

 América Latina se debate en una paradoja estructural que define su tragedia contemporánea: la coexistencia de dos dispositivos sociales profundamente incompatibles, pero funcionalmente entrelazados. Por un lado, unas élites que han resignado cualquier pretensión de constituir una burguesía moderna, orientada a la inversión productiva de largo plazo y al fortalecimiento del Estado-Nación como proyecto colectivo.

En su lugar, se han consolidado como una aristocracia rentista, una clase parasitaria que prioriza la preservación de privilegios feudales a expensas del bien común, perfeccionando el arte de capturar los recursos del Estado para beneficio de una minoría cada vez más reducida y más rica. Frente a esta oligarquía extractiva, se erige su creación más perversa y efectiva: la clase baja reaccionaria, el «pobre de derecha».

Este fenómeno sociológico representa la culminación de una ingeniería social deliberada: los excluidos del sistema, intoxicados por un resentimiento comprensible pero canalizado en direcciones catastróficas, encuentran en el discurso de la derecha más recalcitrante un «poder simbólico» que les ofrece una dosis de dignidad moral y una compensación psicológica basada en la denigración de «los otros» la izquierda, las minorías, los vagos, todos aquellos que pueden ser señalados como inferiores en una jerarquía imaginaria de merecimiento.

El objetivo fundamental de las élites sudamericanas no es la construcción nacional, sino la preservación y ampliación del patrimonio familiar y grupal en un entorno de alta volatilidad política y económica. La lógica de poder de estas aristocracias es inherentemente extractiva y defensiva, centrada en la captura sistemática de recursos estatales y la neutralización metódica de cualquier amenaza redistributiva. No aspiran a fortalecer el Estado-Nación como un actor global con soberanía real, sino a utilizarlo como un instrumento maleable para sus intereses privados, un patrón que las hermana con las élites globales analizadas en el artículo “La captura estatal en la batalla fiscal de los multimillonarios”.

Dentro de este panorama general, es posible identificar al menos tres proyectos o trayectorias divergentes que delinean el mapa del poder en la región. La élite globalizada o «desacoplada» constituida por grandes conglomerados familiares que han logrado diversificar sus activos a nivel global, cuyo objetivo primordial es insertarse de manera subordinada en las cadenas de valor mundial como exportadores especializados de commodities de alta calidad, desvinculando su destino del devenir de sus países de origen.

La élite nacional-rentista o «del atraso» abarca sectores industriales protegidos, constructoras que subsisten de la obra pública, grupos mediáticos con una influencia política desmesurada y segmentos del sector financiero; su riqueza depende directamente de una relación simbiótica y parasitaria con el Estado, es profundamente antipopular y su discurso público suele adoptar un tono moralista y autoritario para enmascarar su voracidad extractiva.

Finalmente, la élite criminal transnacional —carteles de la droga, minería y tala ilegal, redes de contrabando— representa la forma más pura y violenta de acumulación de capital, un poder que se está fusionando peligrosamente con partes de las élites tradicionales a través del blanqueo de capitales y la cooptación de políticos, desafiando el monopolio estatal de la violencia y constituyendo una amenaza existencial para cualquier proyecto de desarrollo soberano.

El proyecto hegemónico que parece imponerse en la región es una alianza pragmática y a menudo incómoda entre la élite globalizada y sectores de la élite nacional-rentista, articulada bajo un discurso de «modernización conservadora» que promete eficiencia mientras consolida privilegios. Sin embargo, para comprender las trayectorias divergentes de los dos gigantes sudamericanos, es esencial diseccionar las diferencias fundamentales entre las élites brasileña y argentina. Aunque ambas comparten un origen colonial y lógicas rentistas profundamente arraigadas, han evolucionado de forma distinta, forjando destinos nacionales igualmente disímiles.

La élite brasileña cimentó su riqueza en el latifundio esclavista —durante los ciclos del azúcar y el café— y luego en la extracción minera a gran escala. Esta historia generó una estructura profundamente patrimonialista, donde la línea que separa la fortuna familiar del interés estatal siempre fue difusa, porosa y corruptora. Históricamente, utilizó el Estado no para aniquilar al capital nacional, sino para crearlo y protegerlo, dando forma a un modelo de «capitalismo de Estado» y sustitución de importaciones que creó conglomerados privados-nacionales gigantescos —Vale, Odebrecht, Friboi/JBS, Embraer— que funcionan como campeones nacionales.

La fusión entre lo público y lo privado es tan profunda que resulta difícil discernir dónde termina uno y comienza el otro, con instrumentos como el BNDES financiando la internacionalización de estas empresas. Esta élite se siente cómoda con un estado grande y poderoso, siempre y cuando pueda influenciarlo y dirigirlo desde dentro. Su poder está distribuido entre élites regionales fuertes —paulista, mineira, gaúcha, nordestina— que negocian constantemente su participación en el poder central, creando un sistema de poder más «federalizado» y complejo. La élite brasileña, especialmente su sector industrial-financiero, alimenta una visión de Brasil como potencia global, lo que implica defender una política exterior con pretensiones de soberanía, un desarrollo militar autónomo y un liderazgo regional incuestionable. Aspira a ser un proveedor global de commodities, pero también un exportador de manufacturas y servicios complejos, desde la aviación hasta la tecnología del petróleo.

Esta ambición se refleja nítidamente en su relación con China, que ha evolucionado de un vínculo puramente comercial a una asociación estratégica de primer orden. Siendo China el principal socio comercial de Brasil desde 2009, en 2024 el 30% de las exportaciones brasileñas tuvieron como destino el país asiático, y de los 26 estados brasileños, 16 tienen a China como su principal socio comercial. Los BRICS actúan como el marco institucional que afianza esta cuña geopolítica que Brasilia introduce frente a la histórica hegemonía de Washington. El flujo de inversiones es abrumador: China invirtió US$379 millones en participaciones accionarias brasileñas en 2024, superando todos los totales anuales previos, con una presencia avasalladora en sectores clave como la energía —donde controla redes eléctricas vitales—, la minería —con la compra estratégica de activos en litio y níquel para la industria de baterías— y la infraestructura crítica —puertos, ferrocarriles—.

Empresas chinas como BYD y Huawei expanden su dominio en tecnología y autos eléctricos, mientras el yuan domina el 40% del comercio bilateral en 2025, erosionando la hegemonía del dólar y facilitando transacciones directas sin la intermediación del sistema financiero estadounidense.

Este pragmatismo geoeconómico contrasta violentamente con la trayectoria de la élite argentina, cuya herencia se forjó en el modelo agro-exportador y la ganadería extensiva de la Pampa Húmeda. Al basarse en una mano de obra mayoritariamente asalariada o inmigrante, y no esclava, generó una élite más cosmopolita y europeizante que soñaba con ser el «Granero del Mundo», pero cuyo conflicto social fue primordialmente de clase y distribución del ingreso, creando una dinámica distinta y una élite con mayor capacidad de integración simbólica, pero también más temerosa y traumatizada por la movilización popular urbana, resumida en el peronismo.

La relación de la élite argentina con el Estado es esquizofrénica y permanentemente conflictiva. Por un lado, lo denigra como un obstáculo para sus ganancias — impuestos y regulaciones— y, por el otro, lo anhela como la principal fuente de renta —a través de subsidios, obra pública y protección arancelaria—. A diferencia de Brasil, carece de megacorporaciones industriales nacionales con vocación global, predominando en su lugar grupos económicos flexibles, holdings diversificados y el poderosísimo sector agroexportador trasnacionalizado. Esta élite está más ideologizada, esgrimiendo un discurso liberal antiestatal cuando está en la oposición, pero practicando un rentismo voraz cuando accede al poder.

El mecanismo de dominación más efectivo de estas élites no reside, sin embargo, en su poder económico bruto, sino en su capacidad para cooptar a los propios sectores populares que victimizan, creando una base reaccionaria que vota consistentemente contra sus propios intereses económicos materiales. El sociólogo brasileño Jessé Souza, en su libro “Los pobres de derecha; la venganza de los bastardos”, desentraña este fenómeno no como una simple «alienación» o ignorancia, sino como una respuesta psicológica comprensible a humillaciones sistemáticas.

En Brasil, el neopentecostalismo integra este dispositivo a la perfección: sus iglesias prometen prosperidad espiritual y material, alineándose con el bolsonarismo para crear una identidad donde los pobres se sienten «elegidos» en una guerra santa contra los «corruptos» de izquierda. En Argentina, Milei utiliza las redes sociales y los medios afines para canalizar la rabia popular contra «la casta», un enemigo abstracto del cual él y sus aliados forman parte estructural, desviando así la atención mientras implementa políticas que protegen y amplían los privilegios de las élites económicas. El resultado es un triunfo perverso de la ingeniería social: los pobres defienden con fervor políticas que profundizan su propia miseria material, creyendo en la fantasía de un ascenso individual que el sistema estructuralmente les niega.

Souza enfatiza que este fenómeno es, en esencia, la «venganza de los bastardos»: un resentimiento acumulado por la exclusión social y la falta de reconocimiento, que genera una adhesión visceral a la extrema derecha, la cual ofrece una «igualdad» puramente simbólica —la posibilidad de sentirse «duro» y superior frente a otros grupos aún más vulnerables— sin tocar para nada la distribución real de la riqueza. Esto explica sociológicamente fenómenos como el apoyo masivo de sectores evangélicos pobres a Bolsonaro en Brasil, o el voto popular antiperonista que llevó a Milei al poder en Argentina.

La clave de la dominación en el siglo XXI sudamericano está en esta disputa por el reconocimiento social dentro de la propia base de la pirámide. La élite, en alianza con una clase media temerosa, promueve incansablemente una narrativa que culpabiliza al pobre por su propia condición. Según este relato, el pobre es pobre porque es «flojo», «inmoral» o «inculto». El «pobre de derecha» internaliza esta narrativa venenosa y, al apoyar a políticos y discursos que atacan a los más pobres que él, está realizando un acto performativo de distinción: «Yo no soy como esos vagos; yo soy trabajador, soy decente, soy parte de la gente de bien«.

La gran hazaña, la obra maestra de las élites sudamericanas, fue crear un mecanismo de dominación casi perfecto, donde una parte significativa de las víctimas del sistema defiende con pasión a sus propios victimarios, porque ha internalizado la lógica moral que justifica la desigualdad como un orden natural.

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domingo, 28 de diciembre de 2025

Seymour Hersh, un periodista que cambió la historia

<p>Seymour Hersh en la oficina de The New York Times en Washington en 1975. / <strong>Netflix</strong></p>

Seymour Hersh en la oficina de The New York Times en Washington en 1975. / Netflix


Un documental de Laura Poitras y Mark Obenhaus rinde homenaje al legendario reportero de investigación que destapó la matanza de Mỹ Lai (1969), los abusos en la cárcel de Abu Ghraib (2004) y el sabotaje del gasoducto Nord Stream (2023)

Hay un momento en Cover-Up, el documental sobre Seymour Hersh que se estrena estos días en Netflix, que ilustra perfectamente el método de trabajo del legendario periodista de investigación estadounidense. Ocurre cuando Hersh les explica a Laura Poitras y Mark Obenhaus, los realizadores de la película, cómo dio con el soldado que estaba en el centro de la masacre de Mỹ Lai, uno de los mayores escándalos de la guerra de Vietnam, que Hersh reveló en 1969.

Hersh ya llevaba cierto tiempo cubriendo el Pentágono. Pero en lugar de hacer piña con los otros periodistas y transmitir lo que los mandamases se dignaban a comunicarles en sus ruedas de prensa diarias, Hersh iba a la cafetería, donde forjaba amistades con funcionarios y oficiales. Un día, recibe una llamada de una persona desconocida que le transmite un rumor: un soldado se ha vuelto loco en Vietnam, matando a mucha gente. Poco después, Hersh se topa en un pasillo del Pentágono con un coronel amigo al que no ha visto en años y que acaba de ser no solo promovido a general, sino nombrado jefe de gabinete del comandante de las fuerzas norteamericanas en Vietnam, William Westmoreland. Bromeando con su amigo, Hersh le pregunta a bocajarro: “Oye, ¿qué sabes del tipo que se ha cargado a una aldea entera?”.“Mira, Sy”, le contesta el otro, “a ese tal Calley, espero que se lo lleve el mismísimo diablo”.

Así, sin darse cuenta, el general no solo le confirmó el rumor, sino que además le proporcionó una pista clave: el apellido del soldado. Esto le permitió a Hersh emprender una búsqueda rocambolesca –incluida una visita al despacho de un abogado, donde logró transcribir una página de un expediente que el abogado había dejado expuesto sin querer, mientras charlaban de otra cosa– que finalmente le llevó a una base militar, donde consiguió entrevistar al soldado. Paso a paso, descubrió que la masacre de Mỹ Lai no había supuesto ninguna atrocidad aislada o individual, sino que encajaba en un patrón de violencia militar contra civiles.

La combinación de atrevimiento, persistencia e ingenio que le llevó a esta primicia marcaría toda la carrera de Sy Hersh, un outsider por antonomasia. Nació en plena Gran Depresión, en 1937, en el seno de una familia judía en un barrio negro del South Side de Chicago. Después de la muerte repentina de su padre, se tuvo que encargar del negocio familiar, una tintorería. Fue una casualidad (un profesor que apreció su talento) la que le llevó a la Universidad de Chicago, y otra casualidad (un encuentro fortuito con alguien que trabajaba en un diario) la que le permitió descubrir su vocación de periodista. Como joven reportero, le tocó cubrir a la policía municipal en una ciudad aún dominada por la mafia. Se enamoró del oficio al instante; el flechazo le ha durado más de 60 años.

Cover-Up, que combina un repaso de su carrera con entrevistas en las que Poitras y Obenhaus no esquivan las preguntas incómodas, es un tributo a su protagonista octogenario. Pero también es un retrato de toda una generación. De hecho, nos permite inferir cuáles son los rasgos que han definido a la escuela periodística que Hersh ayudó a consolidar y que consiguió destapar algunos de los mayores escándalos políticos de los siglos XX y XXI, desde el Watergate hasta los desmanes de la CIA en Latinoamérica o los abusos de Estados Unidos en Irak.

Aunque Hersh y compañía se nutren de las filtraciones, nunca caen en lo que hoy conocemos como periodismo de filtración. Las fuentes que acaban por compartir información secreta con el periodista son importantes, pero no controlan el relato. La confianza que ponen en el reportero se basa, ante todo, en que este tratará la información filtrada con responsabilidad y protegerá su identidad a toda costa. De hecho, Hersh –que tardó 20 años en aceptar la propuesta de Poitras de hacer un documental sobre él– se queja una y otra vez ante el equipo de rodaje, al que ha dado acceso a todos sus apuntes. Varias veces se arrepiente y amenaza con tirar la toalla. Lo que están haciendo, dice, “es malo para mi gente”. Llama la atención que se refiera a sus fuentes como si fueran parientes suyos.

Cuando Poitras le pregunta por qué, a lo largo de los años, tantas personas se han mostrado dispuestas a compartir datos sensibles con él, contesta: “La gente filtra por muchas razones diferentes. Yo les ofrezco un servicio. Si la filtración es buena, voy a por ella a toda leche”. Las y los filtradores no siempre comparten los objetivos de Hersh –destapar abusos–, pero no son pocos los que se deciden a dar el paso por motivos éticos.

La primicia de Mỹ Lai, que le valió un Premio Pulitzer, fue publicada por una pequeña agencia porque los grandes medios no se atrevían

Un segundo rasgo que destaca es que las y los reporteros de la generación de Hersh suelen operar en solitario. Desconfían de los colectivos y de las instituciones, incluidos los propios medios para los que trabajan. No suelen ser colegas de trato fácil; de team players tienen poco. Van a contracorriente, son más bien tercos y se enojan con facilidad. Ponen mucha más fe en su intuición que en el criterio de sus superiores o en los protocolos oficiales. Por otro lado, este modus operandi solitario también les confiere un humanismo y una flexibilidad que les ayudan a mantener sus amplias redes de contactos personales.

En tercer lugar, Hersh y compañía no han sido quisquillosos con respecto a los medios de los que se han servido para difundir su trabajo. Han sido importantes los grandes diarios y las revistas establecidas, claro está. Pero la primicia de Mỹ Lai, que le valió un Premio Pulitzer, fue publicada por una agencia de medio pelo porque los grandes medios no se atrevían. Hersh también ha escrito libros –incluido un relato desmitificador sobre el gobierno de John F. Kennedy– y ha colaborado en documentales. Desde hace varios años, escribe en Substack, donde tiene doscientos mil suscriptores. 

Seymour Hersh en una imagen promocional del documental 'Cover-Up' (Poitras y Obenhaus, 2025).

Seymour Hersh en una imagen promocional del documental ‘Cover-Up’ (Poitras y Obenhaus, 2025

Con todo esto, algo más difícil de precisar ha sido la orientación política de Hersh. Richard Nixon le consideraba un peligroso comunista, por el que, sin embargo, sentía un curioso respeto (“El hijoputa es un hijo de puta, pero suele estar en lo cierto”, espeta el presidente en una conversación con Kissinger cuya grabación reproducen Poitras y Obenhaus). Cuando Hersh se dedicaba a descubrir las atrocidades norteamericanas en Vietnam, hubo quien sugirió que fuera deportado a Cuba.

Pero aunque Hersh suele identificarse como “viejo progre” (“an old leftie”), en realidad opera desde un marco político bastante más básico: es un patriota norteamericano que, como hijo de inmigrantes, se toma muy en serio los valores democráticos y republicanos que le enseñaron en la escuela pública (“Es la persona más patriótica que conozco”, me dijo Dan Kaufman, un antiguo colaborador). Desconfía de toda forma de poder, empezando por su propio gobierno. Al final del documental, Hersh se emociona al abordar el coste emocional de cubrir episodios de violencia extrema. Poitras le pregunta por qué, a pesar de todo, sigue dedicado a esta labor. “Es que no puedes tener un país que haga esto y dejar que [ese país] mire hacia otro lado”, dice Hersh. “No puedes”.

La conclusión más importante del documental, sin embargo, quizá sea otra: el periodismo de verdad –el que cuenta y cambia el mundo– es humano. En todos los sentidos. Puede parecer obvio, pero no sobra reafirmarlo en un momento en que la mayor amenaza que se cierne sobre la profesión es el parasitismo robótico de la inteligencia artificial. Por más que se dediquen a ordenar y sintetizar información, la labor de Hersh y compañía es un producto, por un lado, de valores éticos, solidarios y, por otro, de relaciones interpersonales atravesadas por la confianza y el escepticismo, la intuición y el afecto y, a menudo, una fe francamente irracional en la posibilidad de descubrir y contar la verdad.

Que este periodismo sea humano –ético, intuitivo, interpersonal– también significa que es falible. La intuición no siempre acierta. Hersh tiene fama de terco e irascible, pero cuando Poitras y Obenhaus le preguntan por algunos de sus trabajos más criticados –incluida su cobertura amable del gobierno de Bashar al-Assad, que quiso desmentir el uso de armas químicas– Hersh admite que se dejó embaucar por el líder sirio. “Le vi tres o cuatro veces y no creí que fuera capaz de hacer lo que hizo”, confiesa. “Podemos decir que estuve equivocado. Muy equivocado”. “¿Es un ejemplo de lo que puede pasar cuando uno se acerca demasiado al poder?”, le pregunta Poitras. “Por supuesto”, contesta Hersh.

El periodista se muestra menos contrito respecto a una historia de 2023 que afirma que el sabotaje del gasoducto Nord Stream, en el mar Báltico, fue obra de los servicios de inteligencia estadounidenses. Esta investigación, como otras recientes de Hersh, tiene toda la pinta de estar basada en una única fuente, algo que muchos del gremio considerarían una práctica deontológicamente dudosa. “La crítica es legítima”, dice Hersh, “pero ¿qué quieres que haga?”. “¿Qué pasa si la fuente se equivoca?” le pregunta Poitras. “Pues entonces llevo veinte años equivocándome”, contesta Hersh impertérrito. “Porque llevo veinte años trabajando con este tipo. Y al final siempre se demostraba que lo que me contaba era verdad”.

“A pesar de que no he estado de acuerdo con todo lo que ha hecho, Sy Hersh es uno de mis héroes”, me dice por teléfono David Kaplan, un periodista veterano norteamericano que ha dirigido el Centro de Integridad Pública (CPI), el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ICIJ) y la Red Mundial del mismo nombre (GIJN). “Todas y todos los que nos dedicamos a esto le debemos mucho. Su obra marca un hito en una tradición norteamericana de largo abolengo, que comienza con los muckrakers del fin de siglo: gente como Upton Sinclair, Lincoln Steffens e Ida Tarbell”, agrega Kaplan. “Son periodistas que, como Sy, parten de la indignación moral. No es casualidad que, cuando se fundó la asociación estadounidense de periodistas de investigación, adoptara las siglas I.R.E. [ira en inglés]. Además de este punto de partida ético, los principios básicos del gremio siguen siendo los mismos. Se trata de emprender investigaciones sistemáticas, de largo aliento, que partan de hipótesis y busquen evidencia sólida para probarlas o refutarlas”.

“Eso sí”, agrega Kaplan, “los muckrakers de antes eran lobos solitarios, como lo ha sido Hersh. Hoy, los cambios tecnológicos y las presiones políticas han hecho que los modelos más efectivos sean colaborativos: muchos trabajamos en equipos de investigación que unen varios medios y que, muchas veces, trascienden las fronteras nacionales. La tecnología, por un lado, ha supuesto una presión añadida, dadas las formas de vigilancia constantes y cada vez más intrusivas que afrontamos las y los periodistas. Por otro lado, las filtraciones también son mucho más fáciles. Hoy es extremadamente difícil guardar un secreto. Todos los registros de un banco, por poner un caso, caben en un solo USB. Y disponemos de métodos de computación que nos permiten analizar datos a una escala que habría sido inimaginable hace quince años”.

Pero incluso Hersh, ese lobo solitario, ha tenido colaboradores y equipos de apoyo. “Era siempre impaciente y duro, pero nos tenía un gran respeto”, me dijo el periodista Dan Kaufman, que trabajó varios años con él como fact checker (contrastador de información) en la revista The New Yorker, en la época en que Hersh destapó, en tres piezas sucesivas, los abusos en la cárcel de Abu Ghraib.

“Nos apreciaba”, recuerda Kaufman, “porque le importaba que reforzáramos el rigor de sus piezas”. “No hay relación más simbiótica que la de un reportero y sus contrastadores”, dijo Hersh en 2018 en una presentación de libro, “porque se basa en la confianza: según las reglas del New Yorker, el contrastador tiene que hablar con todas mis fuentes, por más secretas que sean”.

Su relación con los editores, en cambio, solía ser más tensa. “Hay que entender la presión que pesaba sobre cualquiera de las historias de Hersh. Dados sus temas, la revista siempre se enfrentaba a amenazas legales. Él solía trabajar con dos editores –Amy Sorkin y John Bennet, otra leyenda– y dos contrastadores. Eran días largos, con 40 o 50 llamadas de Hersh, todas brevísimas, impacientes y excitadas. Pero una vez terminado el trabajo, nos agradecía nuestra labor con gran generosidad”.

“Como periodista, aprendí mucho de Sy”, dice Kaufman. “En mi propio trabajo, he asimilado a fondo su mantra personal: quítate de en medio para dejar paso a la historia. Uno de los aspectos que más admiro de él es su capacidad para crear un espacio para la voz de los testigos, a quienes a veces trata con algo parecido a la ternura. Otro es su desconfianza perpetua de los relatos oficiales y de las élites que los propagan. En ese sentido, son cruciales sus raíces obreras. Cuando sabe que el relato oficial que se propaga es falso, se ofende personalmente. La indignación moral que le mueve es genuina y constante, como lo es su patriotismo”.

“No conozco a ningún periodista que persiga sus historias con más tesón”, agrega Kaufman. “Es increíble que, con sus 88 años, escriba al menos una pieza por semana. Y me consta que en Substack sigue trabajando con verificadores. Aunque las piezas que publica allí tienen menos peso que en una revista como el New Yorker, estar en Substack le permite asumir más riesgo –por más que signifique que puede equivocarse–. A estas alturas, se lo puede permitir. Al fin y al cabo, dos de sus primicias, la de Mỹ Lai en 1969 y la de Abu Ghraib en 2004, expusieron las dimensiones ocultas del poder de Estados Unidos. Y al hacerlo, cambiaron el curso de la historia”. 

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