A pesar de no tener formación militar previa, su capacidad analítica le permitió ascender rápidamente al estallar la guerra en 1936. Su papel más relevante tuvo lugar en el verano de 1938 cuando, con tan solo veinticinco años y el rango de teniente coronel, asumió el mando del XV Cuerpo de Ejército durante la Batalla del Ebro, donde destacó por su pericia estratégica y por coordinar la retirada ordenada de las tropas republicanas al final de la ofensiva.
Tras la derrota republicana en 1939, Tagüeña comenzó un largo exilio por la Unión Soviética, Yugoslavia y Checoslovaquia, países donde ejerció como profesor militar y asesor científico.
Durante este periodo sufrió un profundo desencanto ideológico debido al dogmatismo y las purgas del estalinismo, lo que le llevó a romper definitivamente con la disciplina comunista. En 1955 se instaló de forma definitiva en México, país en el que pudo retomar su carrera científica trabajando para laboratorios farmacéuticos y donde residió hasta su muerte en 1971.
Su compleja trayectoria vital quedó plasmada en su célebre libro autobiográfico Testimonio de dos guerras, considerado una de las memorias más lúcidas y equilibradas del conflicto español.
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