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jueves, 8 de octubre de 2015

Me siento solo. Cuatro millones de españoles sufren la soledad, según un estudio reciente.


Ella nada sola mañanas enteras en la piscina municipal del barrio obrero de Carabanchel (Madrid), porque la entrada cuesta un euro y medio. Otras, las pasa en la biblioteca pública, donde puede conectarse a Internet y mirar Facebook. Él cuida de las plantas de su terraza cuando amanece un día soleado y cocina con tiempo y esmero platos para uno. A veces se da cuenta de que hace días que no sale de casa.

Ella nunca se casó, ni tuvo hijos, sus padres murieron y los hermanos se distanciaron. Él se divorció, tampoco tuvo descendencia, y la familia está a 10.000 kilómetros de su piso de Castellón, en la Argentina que dejó hace 21 años. El dinero apenas entra en la cuenta del banco.

Conchi Rico y Gustavo Ferrarese tienen —es casualidad— 53 años. Les separan muchas otras cosas: ella, auxiliar de enfermería, nunca tuvo un trabajo estable, siempre ha ido a remolque, llegó a pasar “hambre de verdad” antes de ser aceptada en el comedor social. Él era un directivo de una multinacional de materiales cerámicos al que le iba muy bien, aficionado a la música, socio de la Asociación Filarmónica de Valencia y abonado del Palau.

Los dos viven solos y se sienten solos. A la soledad llegaron ambos a través del paro. Un paro que poco a poco va haciendo desaparecer a los amigos, que cada vez llaman menos porque para qué, si va a rechazar la invitación porque no puede pagar la cena o el cine. Cuando no se tiene ni para un café, los amigos se pierden.

Conchi no trabaja desde agosto del año pasado y cobra una prestación de 375 euros al mes “sin pagas extras”. Gustavo lleva seis años desempleado, agotó el último subsidio y ahora espera —sin cobrar nada— a que se cumpla un año de plazo y pueda volver a percibir 426 euros. “La soledad pesa mucho, se te caen las paredes”, dice Conchi, que no sabe si podrá celebrar con alguien su cumpleaños este próximo mes de diciembre. “Uno se siente solo cuando prepara una comida muy buena y se la come uno mismo. O cuando han florecido los jazmines de la terraza y en 15 días no ha venido ningún amigo a verlos”, apunta Gustavo.

Ambos forman parte de un nuevo perfil de víctima de la soledad: el parado. “El desempleo es una pérdida de dinero, de prestigio y de poder. Te puede aislar socialmente”, reflexiona Juan Díez Nicolás, premio Nacional de Sociología, que ha dirigido una investigación, publicada la semana pasada, titulada La soledad en España, que aporta el significativo dato de que cuatro millones de españoles se sienten solos.

El trabajo de Díez Nicolás, basado en entrevistas a expertos y 1.206 encuestas, revela que un 20% de los españoles viven solos. De ese porcentaje, la mayoría, casi el 60%, dice que lo hace porque quiere. Solo un 8% de los españoles mayores de 18 años “se puede considerar como realmente aislado, en cuanto a que vive solo por obligación, y no por voluntad propia”, según el estudio, que también ha constatado que no es lo mismo sentirse solo que no estar acompañado. Quienes viven en familia tienen incluso tasas de sentimiento de soledad más elevadas que aquellos que viven solos por opción personal. “La situación laboral es la variable que más contribuye a la sociabilidad. Las personas con trabajo a tiempo completo tienen mayor sociabilidad que quienes no”, subraya el informe.

“Los caladeros de la relación social son fundamentalmente la familia, el vecindario, el colegio, la universidad y el trabajo. Si falta el trabajo falta uno importante”, apunta Rocío Fernández Ballesteros, catedrática emérita de Psicología de la Universidad Complutense, que señala además que el sentimiento de soledad “produce un bucle, porque el individuo no tiene energía suficiente para salir a buscar la relación”.

“Sientes que estás estorbando en todas partes, como nunca tienes dinero parece que vas a que te inviten…”, cuenta Conchi. “Mi soledad no solo es física, es también cultural, intelectual y profesional”, señala Gustavo, que dejó de ir a conciertos y museos porque no puede pagarlos. “Ahora estoy mejor, pero he llegado a estar ingresada por estrés”, relata Conchi. "Hoy me pilla bien, pero hay días que no estoy de ánimo, que no veo luz al final del camino”, reconoce Gustavo.

En última instancia, la patología de la soledad es la depresión, “pero no todos los sentimientos de soledad van acompañados de depresión”, incide Fernández Ballesteros. De hecho, estos “pueden considerarse normales en la vida del individuo, lo importante es la frecuencia en que se tienen”, explica la catedrática, que indica que es necesario también estar solo para el desarrollo personal y la reflexión. El estudio de Díaz Nicolás revela que más de la mitad de la población ha experimentado soledad durante el último año y cerca de uno de cada diez, con mucha frecuencia.

Pero la soledad es un problema “creciente” en la sociedad española, según el sociólogo, ligado también a los nuevos hábitos. “La vida en la gran ciudad, las relaciones afectivas más de usar y tirar, como casi todo en la vida. Se vive el momento”, explica. ¿Es preocupante? “Debe serlo, la soledad no es felicidad”. “La familia y el Estado deben afrontarla”, concluye.

http://politica.elpais.com/politica/2015/10/04/actualidad/1443982460_300003.html

Ideas para evitar la soledad

1. Utilizar todos los medios posibles para relacionarse y participar en actividades.
2. Mantenerse laboralmente activo. 
3. Continuar aprendiendo cosas nuevas a lo largo de la vida.
4. Actualizarse en el campo de las nuevas tecnologías.
5.Cuidar las relaciones con familiares y amigos.
6. Tener aficiones y pasatiempos.
7.  Practicar deporte.
8. Profundizar para detectar los motivos de dicho sentimiento.

lunes, 13 de enero de 2014

Cinco claves para combatir la soledad en el espacio

Richard Hollingham BBC Future
La lejanía del hogar puede incrementar la sensación de soledad.
Los astronautas deben enfrentar numerosas dificultades, pero la falta de compañía puede a veces volverse la más desalentadora. Para aquellos interesados en lanzarse hacia la frontera última, aquí les presento las mejores formas de vencer la desolación espacial, desde tuitear hasta conversar con robots.
El 28 de marzo de 1934 el almirante estadounidense Richard Byrd estaba de pie frente a su refugio antártico, viendo cómo dos tractores rojos desaparecían en el vacío de la barrera de hielo de Ross. Era su segunda expedición al continente blanco y el aviador y explorador polar había decidido vivir solo, en una aislada base, para estudiar el clima durante el invierno. No vería tractores ni ningún otro indicio de humanidad por más de cuatro meses. Byrd escribió en su diario que al perder de vista a los vehículos, "las cosas del mundo se redujeron a nada".
Esa es una sensación que probablemente se vea magnificada en futuros viajeros a Marte o a otros planetas más lejanos. A medida que sus naves espaciales aceleren hacia nuevos mundos, la Tierra se reducirá primero a una pequeña mancha azul, antes de desvancerse entre las constelaciones.
Sabiendo que las misiones serán cada vez más largas, las agencias espaciales están sirviéndose de estudios sobre la vida en las bases antárticas para desarrollar formas de mantener a los astronautas cuerdos. También están poniendo un especial énfasis en la selección y compatibilidad de los miembros de las tripulaciones, además de fijarse en posibles soluciones tecnológicas. A modo de servicio para los futuros viajeros espaciales, aquí les ofrecemos cinco consejos para mantener a raya a la soledad fuera de la Tierra

1) Llévate bien con tus compañeros de tripulación
Se acabaron los días en que los hombres de fuerte ego y carácter eran considerados "de buena madera". Ahora, para ser seleccionado para un viaje espacial tendrás que tener algunos de los atributos que más valoran los gerentes de recursos humanos, como ser alguien que trabaja bien en equipo. Los psicólogos espaciales rusos llegan incluso a analizar el lenguaje corporal y tono de voz de los candidatos para asegurarse de que serán compatibles entre sí.

Al Worden, quien piloteó el módulo de comando del Apollo 15, es un experto en la soledad del espacio.
El arquetipo de camaradería espacial fue el de la tripulación del Apollo 12: Charles Conrad, Alan Bean y Dick Gordon, quienes pasaron la mayor parte de sus horas juntos, llegando incluso a manejar los mismos automóviles. Las tripulaciones más disfuncionales fueron probablemente las de las misiones Shuttle-Mir (colaboración entre transbordadores de EE.UU. y la estación espacial rusa) de los años 90. Con su limitado manejo del idioma ruso los primeros enviados de la Nasa se sentían aislados de sus compañeros. A eso se sumaron cortes de energía en la estación Mir, un incendio y el choque con una nave de reabastecimiento, pero todo fue exacerbado por una ruptura en las relaciones entre los controladores y los jefes en tierra.
Esos problemas pueden hacer que la tripulación sienta que no se los tiene en cuenta e inclusive puede llevarlos a un leve estado de paranoia. Tres astronautas que visitaban la estación Skylab en 1973-74 se declararon en huelga por la carga de trabajo que se les había asignado. Algo semejante ocurrió en la Tierra, hace pocos años, entre jefes con base en Reino Unido y el personal de una base en la Antártica británica; un conflicto que requirió una rápida cintura diplomática para recomponer relaciones.
Una estrategia alternativa es desarrollar un clima ameno de trabajo sin volverse amigo de los colegas. Después de todo, se trata de una tripulación, no de un grupo de amigos de vacaciones. Este es el enfoque que recomienda el piloto del módulo de comando del Apollo 15 Al Worden. "La relación tiene que ser profesional", dice. "Tienen que haber alguien que comanda, y tiene que haber gente trabajando para (esa persona) y se tiene que mantener ese estatus durante el vuelo si se quiere mantener una mínima salud mental".

2) Hazte amigo de un robot
Kochi Wakata y Kirobo
Digamos que no te estás llevando muy bien con tus compañeros de misión. ¿Qué tal un cibercolega? La ciencia ficción nos ha dado una larga lista de robots listos para compartir emociones humanes, como K-9 de Doctor Who o el afable C3PO de la "Guerra de las Galaxias". En la actualidad los astronautas de la Estación Espacial Internacional (EEI) comparten el lugar con Robonaut 2, un torso humanoide de cabeza dorada montado sobre un poste. La idea es que con el tiempo los robonautas sean capaces de llevar a cabo tareas repetitivas que requieren precisión, sin cometer el tipo de errores que cometen los humanos.
El más simpático robot hoy día puede ser Kirobo, que mide 34 cm de alto, habla y se sumó hace poco a la tripulación de la EEI. Fue diseñado con el objetivo de ofrecer apoyo emocional al astronauta japonés Kochi Wakata. El robot es capaz de reconocer a su amo y responder a sus órdenes.
Japón ha estado experimentando durante varios años con máquinas capaces de ofrecer algo cercano a respuestas emocionales. Mi favorita es Paro, que vi por primera vez en una visita a Japón en 2005. Al levantarla, esta suave e irresistible versión cibernética de un cachorro de foca, emite unos suaves grititos.

Paro, la foca robot.
La idea detrás de la foca robot es que ayude a mejorar la calidad de vida de personas internadas en centros de salud, especialmente personas mayores que se sienten solas o padecen demencia. Muchos hospitales utilizan perros para ayudar a los pacientes a recuperarse, y los investigadores que desarrollaron Paro aseguran que una mascota robot puede ser igual de efectiva; al menos en ciertas situaciones, como ayudar a reforzar funciones cerebrales en adultos mayores con problemas cognitivos. Cualquiera que haya tenido la oportunidad de acariciar a Paro y sentido cuán fácil es olvidar que sus ojos son de plástico, su piel sintética y sus gemidos generados por un microprocesador, podrá imaginar con facilidad que Kochi, el astronauta, no encontró dificultad en adaptarse a Kirobo, a verlo como uno más de la tripulación.

En el futuro inmediato será impracticable llevar al espacio un gato o un perro de verdad -además de ser poco práctico-, al menos hasta que alguien invente la gravedad artificial. Así que una mascota robot parece ser una buena idea.

3) Intenta mantenerte en contacto
Es posible que cualquier persona sensata considere que Clouds Across the Moon, de Rah Band, sea una de las peores canciones pop de los 80. El tema habla de las dificultades del protagonista de mantener una conversación con el comandante Johnson, en el vuelo 247 a Marte. Aunque el viaje de Johnson es al Planeta Rojo, inclusive los astronautas que están más cerca de casa encuentran dificultades a la hora de comunicarse con la Tierra. Aún estando en órbita alrededor de nuestro planeta, donde no hay demoras, la mayoría de la conversaciones en audio y video se dan en horarios fijados por el equipo en tierra y a veces sucede que conversaciones que deberían ser privadas son escuchadas por terceros. El correo electrónico les ha hecho la vida más fácil pero también puede ser interceptado.

Hoy los viajes son a distancias en las que aún se puede hablar con la Tierra.
En cualquier caso, los astronautas que han pasado largos períodos en el espacio sugieren que es extremadamente importante mantener los lazos emocionales con la gente en tierra. Unas fotos de casa, una respuesta en Twitter o una charla con un entusiasta de radio de onda corta pueden hacer una gran diferencia en el estado de ánimo de un astronauta. También ayuda, en el caso de la EEI, que todas las comunicaciones son a través de individuos llamados "comunicadores de cápsula": habitualmente son también astronautas y pueden entender qué les está sucediendo a sus compañeros que están en el espacio.
Las comunicaciones con una nave en viaje a Marte serán mucho más difícil. Los astronautas en la EEI están tan sólo a 350 km de la Tierra, así que tampoco hay demoras en la comunicación. Marte, por el contrario, está a un promedio de 225 millones de kilómetros, una distancia que puede llevarle 22 minutos a una señal de radio. Será entonces imposible mantener conversaciones de ida y vuelta, con lo cual es probable que los intercambios de correo electrónico y redes sociales se vuelvan indispensables.

4) Mantente ocupado
Hasta hace poco un vuelo hasta la EEI llevaba casi tres días en una estrecha cápsula rusa Soyuz. Un astronauta europeo que pasó por esta experiencia (y prefiere no revelar su nombre) dice que lo peor es el aburrimiento. Luego del entusiasmo de los días previos al despegue y la excitación del lanzamiento, se encontró atrapado en una lata sin nada que hacer.

Es difícil imaginar qué se puede hacer dentro de una de estas cápsulas Soyuz.
Quienes participaron de la misión Mars500 experimentaron una sensación similar. Aunque el viaje de 520 días y el aterrizaje fueron simulados y tuvieron lugar en una maqueta de una nave espacial en un suburbio de Moscú, la tripulación tenía muchas actividades para mantenerse ocupada. Fue en el viaje de regreso, habiendo completado el objetivo de la misión y sin mucho que hacer, que llegó el aburrimiento.
Los exploradores antárticos confinados en invierno en sus refugios han tenido que lidiar con el mismo problema. En el viaje del capitán Scott de 1910-1912 los miembros de la expedición se pasaron el invierno reparando su equipo, jugando, tocando música e incluso publicando su propio diario. Hoy en día el personal que se encuentra en Antártica ocupa el tiempo libre con pasatiempos como la fotografía, el arte o la música. Los conciertos de invierno son muy comunes.
Así que aprende a tocar un instrumento o a cantar y súmate a los primeros músicos espaciales, rebosa de contenido tu lector de libros electrónicos (no olvides el cargador) o pasa tu tiempo libre con una cámara en las manos, tomando imágenes de las vistas.

5) Disfruta de tu propia compañía
Si necesitas tener una constante interacción social es posible que el espacio no sea para ti. Cualquiera que pasa un tiempo importante fuera de casa aprende a disfrutar de su propia compañía y de la privacidad de tener su espacio propio. Aún en la relativamente menuda EEI hay lugares donde estar solo, desde los pequeños compartimentos de los que se apropian los astronautas hasta módulos desocupados. Para algunas personas el problema puede no ser la soledad sino el exceso de compañía.

Al Worden tiene este consejo: "Tienes que mantener la distancia entre las personas. Si llegas a un punto en un vuelo en que tienes que descansar, no hacer nada por un rato, necesitas saber que puedes estar solo sin sentirte obligado a hablar con todo el mundo".

¿Cómo le fue entonces al almirante Byrd en su refugio antártico? El capítulo de su libro que narra los sucesos de principios de junio llevar por título "desesperanza". Cuando un grupo que venía a tomar su lugar lo encontró, finalmente, el 11 de agosto, se encontraba en muy mal estado, débil, abatido. Él mismo describe como "en ese milagroso instante, toda la desesperanza y sufrimiento... desapareció y me sentí como si hubiera vuelto a nacer".

Así que si acabas de aceptar un viaje de ida a Marte, tal vez te interese conseguir una copia de “Solo” (Alone, en inglés), su relato de cómo logró soportar los largos y oscuros silencios de la noche antártica.
Además, hazte amigo de otros astronautas, practica conversar con robots, cultiva tus habilidades en redes sociales, interésate en un pasatiempo y aprende a disfrutar de tu propia compañía.